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Poder o Servicio

viernes, 25 de julio de 2025
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Fiesta de Santiago 

25 julio 2025

Mt 20, 20-28

Parece que la búsqueda de poder, en todos los niveles, es tan antigua como la humanidad. También en el reducido grupo de Jesús, que siempre lo denunció con fuerza, afloró la lucha interna por ese motivo. El evangelista Mateo, tratando de “suavizar” la situación, pone la petición en boca de la madre de los Zebedeos, aunque sabemos por Marcos (10,35) que no fue ella, sino los propios hermanos, quienes reclamaban de Jesús los lugares de privilegio.

  ¿Qué tiene el poder que lo convierte en objeto prioritario de deseo? Fundamentalmente, promesa de autoafirmación, de bienestar y de seguridad. Veamos cada una de ellas.

  El yo se afirma en la comparación, confrontándose con los otros -si dejara de confrontarse, saldría de la consciencia de separatividad y terminaría diluyéndose- y marcando su (imaginada) superioridad. El poder le promete una posición de superioridad e incluso de dominio, sumamente golosa para él.

  El yo trata de eludir constantemente la frustración. Desde su pretensión de que la realidad responda a sus deseos, cree encontrar en el poder la posición privilegiada para conseguir todo lo que se propone.

  El yo, como vacío que es, hambrea seguridad. Ahí nace su necesidad compulsiva de aferrarse a todo aquello que puede sostenerlo: posesiones, bienes, títulos, imagen, relaciones… Pues bien, el poder promete otorgarle una aureola de fuerza y de superioridad, haciéndole creer que se encuentra a salvo de los miedos.

  Eso es lo que el poder promete. Pero la realidad es bien distinta: lo que realmente produce es división y enfrentamiento. Y es aquí donde se hace patente la sabiduría de Jesús, constatando cómo funciona el ejercicio del poder, previniendo de su trampa (no será así entre vosotros) y compartiendo su propio camino de servicio.

 La sabiduría -el acierto en la existencia- no pasa por acumular poder, sino por servir hasta dar la vida. La búsqueda de poder es el programa del ego, que terminará en frustración; el servicio nace de la comprensión de lo que somos.

¿Qué hay en mí de búsqueda de poder, aunque solo sea en mis relaciones más cercanas, y qué hay de servicio?


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Santiago: ¿España católica? ¿Euskaldun fededun?

viernes, 25 de julio de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Las raíces de nuestra fe y de nuestra Fe y de nuestra Traditio.

Celebramos hoy la fiesta de Santiago Apóstol hermano de Juan, hijos del Zebedeo y apodados, hijos del trueno.

Santiago, aunque evangelizó fuera de Jerusalén probablemente muere en Jerusalén, al poco tiempo de la muerte y resurrección de Xto, el año 44.

Estas celebraciones de las fiestas de los apóstoles: Pedro y Pablo, Andrés, Bartolomé, Santiago., etc. nos invitan a pensar en las raíces de nuestra fe, así como de nuestra tradición cultural, que viene a ser lo mismo.

02. Vivir es recordar y proyectar.

RECORDAR

Tradición significa “lo que se nos entrega” (tradere: entregar). Un pueblo, una Iglesia vive de lo que ha recibido, de lo que “recuerda”.

Nuestra “gran tradición”, lo que nos ha llegado a nosotros en gran parte es cultura y fe judías, no poco de Grecia. Al mismo tiempo hemos recibido la gran tradición cristiana, JesuCristo, que insertado en nuestro “hábitat” vasco: idioma, cultura, tradiciones, etc. nos ha configurado como pueblo y como Iglesia.

Nos comprendemos a nosotros mismos y vivimos de y en un recuerdo: hemos nacido en una época determinada, en una familia, , en un pueblo. Recordamos y vivimos en nuestros idiomas, en nuestras fiestas, en nuestro modo de entender la afectividad, la ciudad – convivencia, la vida, el trabajo, la muerte. Vivimos de y en nuestro recuerdo histórico, en la memoria de nuestro pueblo, de nuestra cultura, de nuestra Iglesia.

Es imposible, es insensata una vida humana sin memoria. No sería humana. Una persona sin familia, sin idioma, sin modos de vida recibidos es absolutamente impensable. Sin memoria, no somos. Quien no recuerda, no vive humanamente.

Vivir es, pues, recordar.

Demos un paso más, hoy en día ¿Podemos decir hoy en día que el País Vasco y España siguen en la tradición cristiana? ¿Es cierto hoy aquello de la “España católica” y “euskaldun fededun?”

Mucho me temo que no

Todos somos conscientes de la honda descristianización -desreligiosización- que se ha producido y sigue ganando terreno en nuestro pueblo.

El problema no es tanto de tipo moral, aunque la ética y lo moral tienen gran importancia en la vida. Creo que hemos llegado a la época del vacío, de la nada, a vivir errantes en una noche inmensa

Ya Nietzsche nos condenó a vivir en la noche de la nada: no existe Dios, ni valores, no hay nada “más allá”, los grandes valores y los “grandes relatos”: Dios, el Éxodo: la libertad, la justicia, la transcendencia son un “cuento de hadas”, y mejor dejarlos en el “trastero” de la historia, pero ·no os preocupéis, no pasa nada. Tenéis que aprender en la nada, en el vacío, en la noche espesa, errantes por la vida.

Y en esas estamos…

PROYECTAR

El ser humano, los pueblos, las iglesias y religiones vivimos entre el recuerdo y el futuro, entre recordar y mirar hacia adelante. Vivir es también proyectar.

Y con el panorama que tenemos delante, ¿qué podemos proyectar?

Nosotros los europeos tenemos instalado en “nuestro Windows ilustrado” (la Ilustración) el programa que dice que la razón tecnológica nos va a solucionar los grandes problemas de la vida. Proyectamos una sociedad tecnológica, científica, pero no nos damos cuenta de que la salida no está ahí.

Bien están los proyectos y progresos tecnológicos, el superdordenador cuántico IBM en Ibaeta, etc. Pero el progreso tiene que ser humano, de y para el ser humano.

Despreciamos la traditio por ser una antigüalla, el Concilio de Trento es para “carcamales”, etc…

Pero la humanidad siempre ha pensado: los filósofos griegos, árabes, S Agustín, S Tomás, la Escuela de Salamanca, determinadas reflexiones de un concilio, etc. han pensado mucho y bien.

¡Ya quisiéramos hoy tener curas y obispos tridentinos!

El pensamiento y el cristianismo (o el mundo religioso) no pueden estar ausentes de los proyectos de los pueblos.

El proyecto de los pueblos o es humanista, para todo el ser humano y para todos los seres humanos o, si no, se convierte en un progreso meramente tecnológico.

Vivir es recordar y proyectar.

03. La Fiesta de Santiago.

El recuerdo de los primeros creyentes, los apóstoles, nos hace bien.

No es mal programa de vida recordar desde JesuCristo y proyectar hacia JesuCristo.

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“ ‘Poneos en camino’ – la espiritualidad del camino del peregrino – ”, por Joseba Kamiruaga Mieza, CMF

viernes, 25 de julio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

¿Quién te llama, peregrino?

¿Qué fuerza misteriosa te atrae?

Así reza un poema sobre el Camino de Santiago. 

Una vez tomada la decisión de peregrinar, ya has partido interiormente.

Partir significa dejar todas las seguridades para entrar en la precariedad sin saber lo que encontrarás en el camino.

Dejar todo lo superfluo que abarrota nuestra vida para reencontrar lo esencial: todo lo que necesitas está en tu mochila y la mochila debe ser ligera.

Partir sin medir el tiempo y, tras apenas tres o cuatro días de camino, te invade una sensación de calma y paz. Todo lo que ocupaba mis días parece ya muy lejano. Lo único que hay que hacer es ir, caminar.

El poeta español, Antonio Machado, escribió un poema ‘místico’ sobre el camino que dice:

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

El camino se descubre al recorrerlo.

Es una experiencia vital, personal, difícil de narrar. No sé por qué, pero en camino y en el siempre he sido feliz. Fui feliz y se regresa feliz, dicho y lleno con todo.

Lo que hace que el Camino sea diferente a ir por senderos es la meta y la sensación de que en Santiago hay alguien esperándonos. La meta no es Santiago, sino el que nos precede, el que camina delante de nosotros, el que nos espera en la casa y el que ya ha preparado el banquete.

Partir hacia otro lugar no es lo mismo que partir hacia Santiago. El destino da sentido a la marcha. Si la vida no lleva a ninguna parte, no somos peregrinos, somos vagabundos.

La magia del Camino está en el entusiasmo con el que cada mañana se vuelve a partir, sea cual sea el tiempo, el cansancio, las ampollas y sea cual sea el idioma, siempre se saluda con un «buen camino».

La magia está en sentir que formamos parte de un flujo secular. Ponemos nuestros pasos en los pasos de los millones que han pasado antes que nosotros por un Camino milenario.

En una alternancia de dudas y certezas, hay que buscar y saber ver las señales, metáfora de la vida, para encontrar el camino a seguir y el sentido de lo que estamos haciendo.

No hay vuelta atrás. Quien se ve obligado a renunciar no tiene paz hasta que vuelve a completar el Camino.

Es un movimiento exterior e interior que exige el respeto de los propios ritmos y del propio cuerpo.

En un mundo que se mueve rápidamente, hay una especie de profecía en este moverse al ritmo de nuestro cuerpo sin prisas, en busca de una armonía perdida. Nos dejamos llevar por el Camino, dejándonos enseñar por nuestro cuerpo, dejándonos guiar por el espíritu.

Encontramos la paz en la naturaleza, en el ritmo natural, en reducir a pocas cosas las necesidades diarias.

El cuerpo, ocupado durante horas en la repetición de los pasos, deja libre al espíritu para vagar, y en la mente fluyen imágenes, palabras, sin un orden preciso, como si el cerebro recuperara la libertad de imaginar, pensar, soñar…

Resuenan en la mente muchos pasajes del Evangelio que hablan del camino: «Seguidme», «Yo soy el camino, la verdad y la vida» y, finalmente, la pregunta «¿Quién decís que soy yo?».

En un mundo de ruidos y estruendos, aquí el silencio es el único murmullo que te acompaña y te rodea.

Se experimenta lo que yo llamo un ermitaño itinerante.

Especialmente cuando estás en la meseta o durante kilómetros y kilómetros, intentas vaciar la mente para hacer espacio a Dios, como en la meditación, pero mil preguntas surgen en la mente para las que no encuentras respuesta y, en ese momento, Dios te parece realmente un Dios oculto, su misterioso silencio.

Sin embargo, ante una repentina explosión de colores en un prado o una extensión de trigo mecida por el viento, te quedas embelesado contemplando las bellezas de la creación y entonces sientes que Dios se revela siempre elocuente y majestuoso en sus obras.

Y así, sin darte cuenta, te encuentras alabando y dando gracias.

A menudo, el mantra Maranatha! acompaña a lo largo del día marcando el ritmo de los pasos, bajo el sol, bajo la lluvia, contra el viento. Si te dejas llevar, incluso caminar bajo la lluvia es hermoso y, mientras te encoges sobre ti mismo, obligado al silencio, te escondes bajo el poncho y bajas la cabeza para protegerte de la lluvia, sientes que puedes resistir y que puedes lograrlo. En ese momento sientes que Dios camina contigo.

Incluso el barro o un río crecido te ponen a prueba, te obligan a prestar atención para superar dificultades imprevistas que, en otras circunstancias, te habrían hecho rendirte.

Encontrarte cada día con tus propias debilidades, con tus propios límites, te hace más humilde y te hace ver tu realidad, te hace consciente de tu insignificancia frente al universo, pero reanudar el Camino y seguir adelante te da la conciencia de que dentro de ti hay una fuerza a la que puedes recurrir en los momentos de desánimo y soledad.

En el Camino se producen encuentros sorprendentes cuando menos te lo esperas y es increíble la facilidad con la que, tras solo unas horas de marcha, se puede entablar una relación de amistad con personas nunca vistas, procedentes de todas partes del mundo.

Cuánta gente, cuánta diversidad. Cada uno lleva consigo el secreto de su camino y de su relación con lo sagrado y lo divino, todos con creencias diferentes, todos en busca de algo. Pero al final creo que todos se encuentran con Dios o, al menos, descubren lo sagrado del misterio que nos precede y nos acompaña.

De los encuentros se aprende la gratuidad, porque hay que aprender a apreciarlos sin apegarse, a apreciar el don del encuentro en sí mismo. Una vez más, nos liberamos de nuestro deseo de poseer.

Estos momentos son regalos para la alegría. Querer retenerlos es desnaturalizarlos, pero los mil rostros quedan grabados en nuestra memoria, tejiendo un hilo que nos une a todos los rincones del mundo.

Hay una regla no escrita según la cual por la noche se puede cenar juntos, pero por la mañana cada uno se marcha sin molestar al otro ni esperar compañía.

Estar solo en el Camino facilita los encuentros. Siempre me han impresionado las muchas y diferentes personas solas que he conocido. Las considero muy valientes porque se enfrentan a la soledad, a los miedos y a todo lo positivo y negativo que puede suceder. Tienen que saber valerse por sí mismas, algo que para mí sigue siendo un obstáculo por superar.

En el Camino se encuentran los que yo llamo ángeles de la guarda y nosotros mismos podemos convertirnos en ángeles de la guarda de otra persona con una palabra de ánimo, una indicación, una sonrisa, un momento de escucha, compartiendo emociones con quien está solo.

Se encuentran comunidades de oración que te acogen con una bendición de bienvenida en mil gestos y con una oración en muchos idiomas diferentes.

Se encuentran ermitas solitarias donde podemos detenernos en el silencio pleno de la presencia de Dios y rezar por nuestros seres queridos, por la paz, por el mundo.

Este tipo de vida y de relaciones tiene algo de la sencillez monástica, crea comunidad.

No se es peregrino solo, se es con los demás, en medio de los demás. No importa lo que uno haga en la vida cotidiana, todos los peregrinos son iguales, no hay ricos ni pobres, ni débiles ni fuertes. No es que se anulen las diferencias sociales pero el Camino nos iguala a todos como peregrinos en camino, de paso.

Por la noche es bonito reunirse en los refugios. Si alguna vez dormimos en otro sitio, tenemos la desagradable sensación de haber salido del coro, de ser falsos peregrinos.

Se aprende a convivir. Se comparten cosas materiales de forma espontánea y natural: agua, comida, medicinas, cuidados, incluso molestias, como los ronquidos o el ruido de las bolsas de plástico a las 5 de la mañana…

Se aprende la humildad, a necesitar a los demás, una palabra, un consejo, una indicación, una sonrisa.

Todo se hace con ligereza, de la manera más sencilla del mundo.

Se crea una comunicación profunda, a menudo no se habla de trivialidades.

Al hablar, se acoge y se es acogido. Se puede decir una palabra, compartirla entre peregrinos porque se comparte la misma vida.

En los últimos días, cuanto más te acercas a Santiago, te asalta a veces la sensación de que no quieres llegar, de que no quieres que todo esto termine. No quieres abandonar este ambiente, esta forma de vida.

El día de la llegada se experimentan sentimientos diferentes: alegría, sorpresa, tristeza, extrañeza, nostalgia…

Alegría porque se ha alcanzado la meta. Sorpresa de estar allí, tanto que muchos se quedan mucho tiempo tumbados en la plaza mirando la catedral con incredulidad.

Sorpresa de haber conseguido lo que no creías posible y de una manera totalmente natural. En casa a menudo te preguntan cómo es posible caminar tanto. Sin embargo, es posible y sin ser héroes.

Se siente tristeza porque el sueño ha terminado, la sencillez está a punto de perderse, hay que volver a la vida cotidiana, porque los amigos conocidos en el Camino se van y es casi seguro que no volverán a verse. El Camino es duro también por esto, no tanto por el caminar como por la separación. 

Sentimos una sensación de extrañamiento. Aún no estamos preparados para el ritmo de la ciudad, por lo que sentimos aún más la necesidad de recuperar la calma y el silencio que nos han acompañado durante tantos días. Así que nos refugiamos en la Catedral, donde la paz nos envuelve en un todo de corazón, mente y cuerpo donde dar gracias a Dios sale espontáneamente de nuestros labios.

Todos, creyentes o no, entran en la Catedral y salen con el alma en paz y el corazón alegre.

Fuera, en la plaza, mil fotos de recuerdo y una sucesión continua de gritos de alegría por el placer y la sorpresa de volver a abrazar a alguien que se creía perdido para siempre… Abrazos de alegría para los que llegan, abrazos velados de tristeza para los que se despiden quizá o seguramente para siempre.

En dos días, se busca en vano algún rostro conocido y se comprende que ha llegado el momento de partir, para no dejarse abrumar por la nostalgia.

La paradoja es que el Camino de Santiago comienza al volver.

La ida y la vuelta son dos viajes diferentes, al volver hay un cambio de perspectiva.

Se vuelve con el corazón y el espíritu ligeros. Se es más esencial, más tolerante, más en paz con uno mismo.

Se vuelve diferente porque, parafraseando a Etty Hillesum, hemos experimentado que se puede vivir incluso sin nada, porque siempre hay un pedacito de cielo que se puede mirar.

Se descubre, en palabras del Hermano Roger, que «Dios ilumina nuestras almas con una luz inesperada y descubrimos que en nosotros, más allá de una parte de oscuridad, hay sobre todo el misterio de Su presencia».

«Cuando encuentro a alguien, no le pregunto de dónde viene. No me interesa. Le pregunto adónde va. Le pregunto si puedo acompañarle un trecho» (San Juan XXIII).

«Esperar no es desear. Es obedecer el camino de Dios, reconocer las etapas marcadas por las promesas y permanecer abiertos y disponibles a la siguiente etapa, hasta el paso final» (José Comblin, teólogo brasileño).

«Que el camino venga a nuestro encuentro. Que el viento sople siempre a nuestra espalda. Que el sol brille cálido sobre nuestros rostros. «Que la lluvia caiga suavemente sobre nuestros campos. Y hasta que nos volvamos a encontrar que Dios nos tenga en la palma de su mano» (Antigua bendición celta).

La salvación ocurre tantas veces

mientras se va de camino.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Tres reflexiones a propósito del Apóstol Santiago… el Camino de Santiago y el camino/la peregrinación como clave cristiana.

 

1.- «Poneos en camino» – la espiritualidad del camino del peregrino –.

2.- Apóstol Santiago, elogio del peregrino de la fe.

3.- A paso de discípulo: esbozo de una espiritualidad peregrina.

 P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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“Padre Nuestro”, por Josep Miquel Bausset

jueves, 24 de julio de 2025
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Así comienza la oración que Jesús enseñó a los apóstoles (Lc 11:1-4), cuando éstos le pidieron que les enseñara a rezar, como el Bautista lo hizo con sus discípulos.

Jesús comienza su oración llamando a Dios: Padre nuestro. No, Padre mío. Y es que el Padrenuestro es esencialmente una oración comunitaria, nunca una oración individual. Por eso decimos Padre nuestro. De aquí que de la paternidad de Dios, nace, necesariamente, la fraternidad de los unos con los otros. Porque no es posible rezar a un mismo Padre, sin que nos reconozcamos hermanos todos los que nos dirigimos al mismo Dios.

¿Cómo rezará el Padrenuestro el presidente Putin, cuando en Ucrania está masacrando a sus hermanos, hijos de un mismo Padre? Cuando está asesinando a los hijos del Padre, al cual él reza.

¿Cómo rezará el Padrenuestro (porque seguro que lo reza), el presidente Trump, cuando, por una parte juró su cargo sobre la Biblia y por la otra, está criminalizando y persiguiendo a los inmigrantes, intentado hacer deportaciones masivas de las personas que llama “ilegales” y que son hijos de un mismo Padre?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los que, a través de las redes sociales, incitan a la violencia contra los inmigrantes, hijos de un mismo Padre?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los dirigentes de la derecha española, que desprecian y señalan a los inmigrantes “irregulares” y de una manera especial a los menores no acompañados?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los grupos violentos que agreden a sus hermanos en Torre Pacheco, haciendo daño a los hijos de un mismo Padre?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los que han incendiado mezquitas (como la de Piera) o lugares de culto de los musulmanes, haciéndolo, seguramente, invocando el nombre de Dios y la “defensa” de España?

¿Cómo rezará el Padrenuestro el presidente del País Valenciano y sus consellers, que con su acción negligente durante la Dana del pasado 29 de octubre, no evitaron la muerte de 228 hermanos suyos, valencianos también, ahogados por la desidia y la parálisis de un gobierno que, de haber avisado a tiempo, habría evitado la  muerte 228 personas, hijas de un mismo Padre?

¿Cómo rezará el Padrenuestro el concejal del PP de mi pueblo, que escribió en las redes sociales: “Cada día entran ilegalmente a nuestro país personas que no vienen a sumar, vienen a hacer daño”? (Levante, 1 de julio de 2025).

Cuando rezamos el Padrenuestro estamos invocando a un mismo Padre y por eso mismo, estamos reconociendo a los demás, como a hermanos. De aquí que el Padrenuestro nos urge a la fraternidad, a descubrir en los demás a unos hermanos. No a unos enemigos, ni a unos que vienen a “hacer daño”, como dicen de sus hermanos inmigrantes, los que después “devotamente”, e hipócritamente rezan el Padrenuestro.

Decía Plauto (254-184 aC), que “el hombre es un lobo para el hombre”. Y los filósofos de la sospecha decían: “El otro es el infierno”. Los cristianos Putin, Trump, los políticos que criminalizan a los que llaman “inmigrantes irregulares”, los salvajes que incendian mezquitas o agreden a las personas “sin papeles que vienen de otros países, ¿ven a estas personas como enemigas? ¿Cómo pueden rezar el Padrenuestro, con sinceridad, despreciando y criminalizando a sus propios hermanos?

En su competición con VOX, para ver quién es más racista, el señor Feijóo ha pedido la deportación “inmediata” de cualquier inmigrante irregular que delinca. “Debemos ser contundentes”, ha expresado el señor Feijóo. (El Mundo, 16 de julio de 2025). El presidente del PP habría de empezar a ser contundente con los políticos de su partido condenados recientemente por la Audiencia de València, por fraude, prevaricación y malversación, como lo han sido dos exalcaldes del PP, uno de Enguera y otro de Requena (La Veu del País Valencià, 16 de julio de 2025). Pero claro, estos exalcaldes no eran inmigrantes y por eso el señor Feijóo no será contundente con ellos.

San Juan, en su primera carta, nos dice: “El que dice que está en la luz y odia a su hermano, todavía está en la tiniebla” (1Jn 2:9). Y también: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos” ya que “todo aquel que odia a su hermano, es un homicida” (1Jn 3:14-15).

El Padrenuestro nos evita que caigamos en la aporofobia, que como la definió la profesora Adela Cortina, es “el rechazo, la aversión, el miedo y el desprecio hacia el pobre”. Simplemente por el hecho de ser pobre, ya que el racismo (normalmente), no se manifiesta en los futbolistas que llegan de Latinoamérica o de África, que no solamente no sufren ningún rechazo, sino que son aplaudidos y admirados. Tampoco hay ningún problema con el color de la piel, con los turistas que llegan con las carteras llenas de dinero. El único problema que encuentran los racistas es con los inmigrantes pobres.

Aquellos que, llenos de odio, quieren expulsar a los inmigrantes “ilegales”, criminalizándolos, los que incendian mezquitas o los que incitan al odio y agreden a los extranjeros, demuestran su hipocresía cuando rezan el Padrenuestro, porque rezan esta oración sin reconocer como hermanos a todos los hijos de Dios. A todos éstos, más les valdría no rezar el Padrenuestro, porque odiando a sus hermanos inmigrantes, rezan hipócritamente la oración del Señor, ya que no reconocen como a hermanos a los inmigrantes que vienen a nuestro país, no a hacer daño (como dicen algunos), sino a buscar una vida más digna.

Josep Miquel Bausset

Fuente Religión Digital

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“María…”

martes, 22 de julio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Me parece significativo que sean precisamente las mujeres biblistas las que insistan, por ejemplo, en que el término hebreo traducido en las lenguas neolatinas como «misericordia» pueda traducirse como «ternura».

En realidad, el vocabulario hebreo del amor es muy rico – chen, chesed, rechem/rachamim -, términos que a veces se influyen mutuamente y mezclan sus significados, aunque hay que reconocer que en la traducción del hebreo al griego y luego al latín de la Vulgata, esta variedad léxica se ha ido condensando progresivamente en torno al término «misericordia».

Las versiones bíblicas actuales siguen esta tradición, aunque desde hace algún tiempo se alzan voces que piden traducir ‘rachamim’ por «ternura», abogando por el desarrollo de una teología bíblica de la ternura de Dios.

Dado que ‘rechem/rachamim’ designa un movimiento íntimo, instintivo, causado por un estremecimiento de amor que se convierte en compasión, en sufrir con, en sensibilidad; y dado que se trata de un sentimiento maternal, que nace de las entrañas, de las vísceras de la madre, parecería más adecuado traducirlo por ternura en lugar de misericordia.

También hay que reconocer que a menudo se entiende la misericordia no en su auténtico sentido bíblico, sino que se confunde con un término que designaría un sentimiento de piedad, de arriba abajo (como, por otra parte, también puede ocurrir con el término «compasión»).

Al mismo tiempo, sin embargo, el concepto de ternura tampoco está exento de los mismos riesgos, sobre todo cuando se utiliza el adjetivo «tierno», que puede adquirir connotaciones empalagosas: decir que alguien es tierno a menudo suena inadecuado para definir su capacidad de afecto y compasión.

También puede ser útil recordar su etimología: «ternura» proviene del latín ‘tenerum’, que significa «de poca dureza, que cede al tacto», por lo tanto, «sensible»; y es significativo que en algunos diccionarios se asocie, en sentido figurado, con «empalagoso», incluso con «afeminado».

Estas precisiones léxicas son necesarias para interpretar con fidelidad la revelación del Dios bíblico. ¿Por qué se hace necesaria esta insistencia en la ternura? Porque la vida es un oficio duro, porque las relaciones hoy se han vuelto duras, distantes, desapegadas, y los hombres y mujeres de nuestro tiempo sienten sobre todo la necesidad de ternura. Ternura como sensibilidad, apertura al otro, capacidad de relaciones en las que afloran el amor, la atención, el cuidado.

La ternura no es un sentimiento empalagoso, pero es cierto que, sobre todo los hombres, deudores de una cultura del hombre fuerte, sólido, que siempre sabe usar la razón a costa de no escuchar al corazón, de una cultura recelosa de las emociones, no han cultivado en el pasado y quizá tampoco cultivan hoy esta extraordinaria virtud.

En realidad, la ternura es realmente lo que más falta hace hoy en día. Cuántas relaciones entre cónyuges o amantes se rompen, ven debilitada la pasión o acaban afectadas por la violencia y la cosificación del otro, precisamente porque falta la ternura; cuántas relaciones de amistad se vuelven grises porque no se es capaz de renovar el vínculo con la ternura; cuántos encuentros no florecen en una relación por falta de ternura…

Por eso la ternura debe verse y reconocerse en un rostro: ¡de lo contrario, el rostro se vuelve rígido, duro, inexpresivo! Si la ternura es un sentimiento visceral materno, entonces también es sinónimo de misericordia, y por eso la revelación bíblica de Dios las asocia. Las Sagradas Escrituras nos proporcionan imágenes extraordinarias, verdaderas alabanzas a las caricias de Dios.

Basta pensar en la historia de Oseas, profeta que ama perdidamente a su mujer, prostituta y adúltera: quiere atraerla hacia sí, a pesar de sus infidelidades, quiere llevarla al desierto, a un lugar apartado, para poder hablarle en la intimidad «cor ad cor» (cf. Os 2,16). No solo eso, sino que cuando Oseas tiene que describir el amor de Dios por su pueblo, habla de un Dios que atrae hacia sí con lazos de bondad, con vínculos de amor, como un padre que levanta a su hijo y lo lleva a su mejilla, mejilla con mejilla (cf. Os 11,4), en un ejercicio de sensibilidad táctil recíproca que narra la dulzura del amor.

E Isaías nos entrega con audacia la imagen de un Dios con rasgos maternales, que amamanta, lleva en brazos, acaricia y consuela a su hijo (cf. Is 66,12-13), hijo al que nunca podrá olvidar ni abandonar (cf. Is 49,14-15).

En estos textos, el amor de Dios se revela ante todo como ternura, aquella que Dostoievski definió como «la fuerza de un amor humilde». Precisamente porque la ternura es misericordia, cuando fue practicada y narrada por Jesús, suscitó escándalo.

Independientemente del uso de la terminología de la misericordia, la ternura de Jesús es visible en su comportamiento habitual: cuando, al encontrarse con los niños, reprende a los discípulos que quieren apartarlos (cf. Mc 10,13-16 y par.); cuando se deja acariciar por la mujer pecadora (cf. Lc 7,37-38) o por la que le unge la cabeza con perfume (cf. Mc 14,3; Mt 26,7) o los pies (cf. Jn 12,3); cuando se conmueve al ver a la multitud desorientada, semejante a un rebaño sin pastor (cf. Mc 6,34; Mt 9,36); cuando, después de la resurrección, llama por su nombre a «María», la Magdalena que lo busca llorando (cf. Jn 20,16)…

Jesús «manso y humilde de corazón» (Mt 11,29), es decir, dulce y humilde de corazón, lleno de ternura y humilde de corazón: esto es lo que debemos comprender de Él, y si a veces los Evangelios nos lo presentan enfadado, no debemos olvidar que esta es la otra cara de su compasión. Solo quien conoce la compasión, de hecho, puede recurrir a la ira y así declarar su no indiferencia ante el sufrimiento.

En los Evangelios no está escrito que Jesús acariciara a nadie, salvo a los niños (cf. Mc 10,16; Mt 19,15); sin embargo, estoy convencido de que tenía el arte de la caricia, que acarició algún rostro de los discípulos, algún rostro lloroso, algún rostro preso del sufrimiento por la enfermedad.

La ternura es un aspecto de la misericordia, es la misericordia que se hace tan cercana que se convierte en una caricia, en tomar la mano del otro en la propia, en secar las lágrimas de los ojos del otro: la ternura es misericordia hecha tacto y la misericordia, a su vez, es una caricia.

Me gusta imaginar a Jesús como Aquél no se dejaba ver o escuchar, sino que se dejaba tocar. Y creo que hay al menos algo de verdad en esta imagen porque Jesús sabía mostrar la ternura divina: y quien sentía falta de ternura acudía a Él, no tanto para verlo ni para escucharlo, sino con la esperanza de ser mirado, tocado abrazado con ternura por Él.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF


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Tres reflexiones a propósito de Santa María Magdalena.

1.- “María…”

2.- ¡María! ¡Maestro!.

3.- La Pascua de María Magdalena: la dinámica entre el permanecer y el caminar.

 P Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Hospitalidad, bienvenida y las lesbianas en la crisis del SIDA

lunes, 21 de julio de 2025
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La reflexión de hoy está escrita por Allison Connelly-Vetter, colaboradora de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Decimosexto Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar haciendo clic aquí.

En un momento en que la mayor parte de Estados Unidos cree que estamos más divididos que unidos en cuanto a nuestros valores más importantes, las lecturas litúrgicas de hoy están repletas de antídotos: hospitalidad, cuidado y bienvenida.

En nuestra primera lectura, Abraham está en su tienda cuando pasan tres hombres. Abraham sale corriendo de su tienda e insiste en darles la bienvenida, dándoles la comida y bebida más selectas y brindándoles descanso.

La segunda lectura se sitúa en el contexto de los numerosos e importantes debates internos que la multitud de judíos seguidores de Jesús ha mantenido sobre si acoger a los gentiles en su movimiento. Finalmente, los líderes deciden que sí, que los gentiles son bienvenidos al movimiento de Jesús tal como son, sin necesidad de convertirse primero a la fe y las tradiciones judías. Esta decisión es un claro ejemplo de bienvenida y hospitalidad entre dos grupos que históricamente han experimentado conflicto y división.

Y en nuestro Evangelio, tenemos la conocida historia de María y Marta, dos de las amigas más cercanas de Jesús, que le brindan acogida, hospitalidad y cuidado a su manera. María lo hace escuchando las historias de Jesús y dando testimonio de su camino, mientras que Marta demuestra su cariño sirviendo.

Ofrecer hospitalidad, atención y bienvenida ha sido parte de las comunidades queer durante generaciones. Un ejemplo destacado que me viene a la mente, como lesbiana, es la forma en que las lesbianas cuidaron a las personas VIH positivas, especialmente a los hombres gay, durante la crisis del sida de las décadas de 1980 y 1990. Mientras todos los niveles de gobierno ignoraban deliberadamente la epidemia, lo que resultó en miles de muertes evitables, las lesbianas se ofrecieron para brindar apoyo y atención a las personas que viven con el VIH.

Las lesbianas ayudaron de diversas maneras. Muchas organizaron campañas de donación de sangre para pacientes VIH positivos que necesitaban transfusiones. Esto fue especialmente importante porque los hombres que tenían relaciones sexuales con hombres tenían prohibido universalmente donar sangre hasta 2023. Enfermeras y profesionales de la salud lesbianas brindaron atención médica a pacientes VIH positivos y a hombres gay y bisexuales que fueron rechazados en clínicas y hospitales debido a la discriminación. Estas lesbianas también brindaban cuidados paliativos a pacientes VIH positivos que habían sido abandonados por sus familias y morían solos por complicaciones relacionadas con el sida. Además, las lesbianas también brindaron educación muy necesaria sobre el VIH al público en general y desempeñaron un papel especial en la difusión del VIH entre las mujeres, y en particular entre otras lesbianas, en una época en que el VIH se consideraba una enfermedad que solo afectaba a hombres que tenían sexo con hombres.

Al igual que los gentiles y los judíos del siglo I, antes de la epidemia del sida, los hombres gay y las mujeres lesbianas no siempre se veían positivamente. El sexismo entre los hombres gay a veces conducía a un trato negativo hacia las lesbianas y, por lo tanto, generaba una falta de confianza en los hombres gay por parte de estas mujeres. Estos patrones a veces conducían a una falta de solidaridad entre los grupos, incluso en cuestiones políticas clave o en respuesta a experiencias similares de discriminación, debido a sus diferencias culturales y de género. El hecho de que las lesbianas se presentaran y cuidaran a estos hombres con tanta valentía y constancia en su momento de crisis, incluso después de haber sufrido un trato negativo por parte de algunos de ellos, demostró verdadera generosidad y una claridad moral excepcional. Mencioné al principio de este artículo que una abrumadora mayoría (el 81%) de los estadounidenses cree que nuestra nación está más dividida que unida en cuanto a nuestros valores más importantes. Me pregunto cuál habría sido esa estadística entre judíos y gentiles en el primer siglo, o entre lesbianas y hombres gays en la década de 1980. ¡Incluso María y Marta estaban divididas en cuanto a sus valores sobre cómo mostrar la mejor hospitalidad a sus invitados!

Me pregunto cuál sería, para mí, el equivalente a cruzar esas líneas de diferencia con una bienvenida generosa. Si hubiera una epidemia que afectara principalmente a quienes votaran en contra de mis derechos y libertades como mujer queer, ¿lo dejaría todo para cuidarlos? Si quienes protestaran en los festivales del Orgullo cambiaran de opinión y pidieran unirse a mi comunidad religiosa, ¿los dejaría entrar? Debo admitir que no estoy segura.

Seamos claros: nadie debería sentirse presionado a relacionarse con personas que no son seguras o que le causarán daño personal. Cada persona tiene derecho a tomar decisiones sobre la seguridad de sus relaciones. Y, sin embargo, me pregunto cómo sería mi vida si, como Abraham, me esforzara por encontrar a desconocidos y ofrecerles lo mejor de mí. Si interrumpiera mis rutinas habituales para dar testimonio de la historia de un ser querido, incluso si otros pensaran que era una pérdida de tiempo. Si animara a mi propia gente a conectar con otros a pesar de las diferencias, confiando en que en una comunidad más amplia, una revelación compartida se manifestaría más plenamente.

A menudo tengo tan poca valentía en las relaciones y actúo de forma muy egoísta. Las lecturas de hoy me desafían a ir más allá de lo cómodo y familiar con la esperanza de ofrecer una acogida, hospitalidad y atención aún más radicales, más allá de los límites de mi tienda, hacia lo desconocido del mundo. Que juntos emprendamos este viaje con fe y amor.

—Allison Connelly-Vetter, 20 de julio de 2025

Fuente New Ways Ministry

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“Una cosa es necesaria”. 16 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,38-42)

domingo, 20 de julio de 2025
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Casi sin darnos cuenta, las actividades de cada día van modelando nuestra manera de ser. Si no somos capaces de vivir desde dentro, los acontecimientos cotidianos tiran de nosotros y nos llevan de un lado para otro, sin otro horizonte que la preocupación de cada día. Por eso es bueno que escuchemos las palabras de Jesús a aquella mujer tan activa y trabajadora: «Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas, y solo una es necesaria».

Agitados por tantas ocupaciones y preocupaciones, necesitamos tomarnos de vez en cuando un tiempo de descanso para sentirnos de nuevo vivos. Pero necesitamos además pararnos y encontrar el sosiego necesario para recordar de nuevo «lo importante» de la vida.

Las vacaciones tendrían para nosotros un contenido nuevo y enriquecedor si fuéramos capaces de responder a estas dos sencillas preguntas: ¿cuáles son las pequeñas cosas de la vida que la falta de sosiego, de silencio y de oración han agrandado indebidamente hasta llegar a matar en mí el gozo de vivir?, ¿cuáles son las cosas importantes a las que he dedicado poco tiempo, empobreciendo así mi vida diaria?

En el silencio y la paz del descanso podemos encontrarnos más fácilmente con nuestra propia verdad, pues volvemos a ver las cosas tal como son. Y podemos también encontrarnos con Dios para descubrir en él no solo la fuerza para seguir luchando, sino también la fuente última de la paz.

Recordemos la experiencia de «abandono en Dios» predicada con tanta hondura por el Maestro Eckhart y tan bellamente comentada por Dorothee Sölle: «No necesito aferrarme a mí, puesto que soy sostenido. No necesito cargar con el peso, porque soy soportado. Puedo salir de mí mismo y entregarme».

Cuando somos capaces de encontrar en Dios nuestro descanso y nuestra paz interior, la vacación se convierte en gracia. Tal vez una de las mayores gracias que podemos recibir en medio de nuestra vida tan agitada y nerviosa.

José Antonio Pagola

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” Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor”. Domingo 20 de julio de 2025. 16º domingo del Tiempo Ordinario

domingo, 20 de julio de 2025
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Leído en Koinonia:

Génesis 18, 1-10a: Señor, no pases de largo junto a tu siervo.
Salmo responsorial: 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
Colosenses 1, 24-28: El misterio escondido desde siglos, revelado ahora a los santos.
Lucas 10, 38-42: Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor

El texto de la primera lectura nos presenta una escena familiar. Abraham, sentado ante la tienda, recibe la visita del Señor. Abraham lo recibe con hospitalidad. Dios lo premia con la fecundidad de Sara.

Tres rasgos fundamentales caracterizan el texto: la fe de Abraham al reconocer al Señor. La hospitalidad con que se recibe al Señor y la familiaridad de Dios con Abraham y su familia. Es un bello ejemplo de la relación y acogida de Dios por el ser humano, la única posible para caminar.

Volvemos a encontrar en la segunda lectura de hoy el pensamiento de Pablo sobre el misterio de Dios y su revelación por medio de la predicación y lo que Pablo aporta a esa revelación por el sufrimiento. Cristo revela la riqueza de Dios en la pobreza de la cruz y el apóstol será el distribuidor de la misma a hombres y mujeres.

Un primer comentario al evangelio de hoy:

Lucas nos presenta finalmente una anécdota perteneciente al fondo de las tradiciones recibidas por el evangelista en el círculo de sus discípulos, especialmente mujeres. Marta y María, hermanas de Lázaro, reciben en su casa al Señor.

El caso de Marta y María es aprovechado una vez más por Lucas para resaltar el valor de la escucha de la Palabra de Dios. Sin entrar en la teoría del valor de la contemplación sobre la acción, que se ha querido ver en las dos actitudes opuestas de Marta y María, lo cierto de la anécdota es que el Reino de Dios no puede dejarse distraer por una preocupación demasiado exclusiva por las realidades terrenas. Por otra parte escuchar la Palabra de Dios es todo, menos ocasional.

Nos encontramos con un cuadro familiar en el que Jesús visita en su casa a unas amigas suyas. Ellas, Marta y María lo reciben en su casa. Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio para atender al huésped, y Jesús la reprende porque anda inquieta “con tantas cosas”.. Marta no encuentra la colaboración de nadie. La hermana, en efecto, se ha sentado a los pies de Jesús y está ocupada completamente en la escucha de su palabra.

El Maestro no aprueba el afán, la agitación, la dispersión, el andar en mil direcciones “del ama de casa”. ¿Cuál es, pues, el error de Marta? El no entender que la llegada de Cristo significa, principalmente, la gran ocasión que no hay que perder, y por consiguiente la necesidad de sacrificar lo urgente a lo importante.

Pero el desfase en el comportamiento de Marta resulta, sobre todo, del contraste respecto a la postura asumida por la hermana. María, frente a Jesús, elige “recibirlo”, Marta, por el contrario, toma decididamente el camino del dar, del actuar; María se coloca en el plano del ser y le da la primacía a la escucha.

Marta se precipita a “hacer” y este “hacer” no parte de una escucha atenta de la palabra de Dios, por lo que corre el peligro de convertirse en un estéril girar en el vacío. Marta se limita, a pesar de todas sus buenas intenciones, a acoger a Jesús en su casa. María lo acoge “dentro de sí”, se hace recipiente suyo. Le ofrece hospitalidad en aquel espacio interior, secreto, que ha sido dispuesto por él, y que está reservado para él. Marta ofrece a Jesús cosas, María se ofrece a sí misma.

Según el juicio de Jesús, María ha elegido inmediatamente, “la mejor parte” (que, a pesar de las apariencias, no es la más cómoda: resulta mucho más fácil moverse que “entender la palabra”). Marta, desgraciadamente, que no quiere que falte nada al huésped importante, que pretende llegar a todo, acaba dejando pasar clamorosamente por alto “la única cosa necesaria”. Marta reclama a Jesús, no sabe lo que él prefiere. El problema es precisamente éste: descubrir poco a poco qué es lo que quiere Jesús de mí. Por eso es necesario parar, dejar el ir y venir, y sacar tiempo para escuchar la Palabra de Jesús y comprender cuál es realmente la voluntad de Dios sobre mi vida.

Un segundo comentario al evangelio de hoy:

En el evangelio de Lucas el camino de Jesús a Jerusalén marca una progresiva manifestación del Reino. A medida que avanza va formando a los discípulas y discípulos en actitudes de misericordia, de abandono de las pretensiones de poder, y en la atenta escucha de la Palabra. En ese camino, al igual que los misioneros que han venido anunciando su presencia, Jesús es recibido por dos mujeres en una casa de familia.

Allí se topa con dos actitudes diferentes. Una de total atención y escucha, la otra, de afán por los quehaceres habituales y de distracción. El trajín de la vida cotidiana había atrapado a Marta y, probablemente, la había vuelto sorda a la Palabra de Dios. Ella recibe a Jesús pero no lo escucha. Aunque Jesús entra a su casa, ella lo deja por puertas. Jesús propone un plan encaminado a formar verdaderos oyentes de la Palabra -auténticos discípulos- que Marta no está dispuesta a atender.

María, al contrario, comprende bien el proyecto de Jesús y rompe con los prejuicios culturales de su época. En lugar de andar atareada con los oficios domésticos “propios de las mujeres” (las “labores propias de su sexo”, como se ha dicho y pensado durante tanto tiempo), se pone “a los pies del Señor para escuchar su palabra”. Este gesto, reservado entonces culturalmente a los discípulos varones, la acredita como discípula.

Marta, al fatigarse con el interminable trabajo de la casa, cuestiona la contradictoria actitud de María e interpela al Maestro para que “ponga a la mujer en su sitio”. Jesús le da una respuesta inesperada: felicita a María porque ha acertado en su elección y reprende a Marta por dejarse envolver en las preocupaciones cotidianas sin atender a lo importante. Efectivamente, María ha hecho la mejor opción, la única necesaria para ponerse en el camino de Jesús y ser su discípulo: ha decidido aprender a escuchar la Palabra y se deja interpelar por la presencia del Maestro.

En su camino Jesús va formando, pues, a sus seguidores en las actitudes indispensables para llegar a ser verdaderos discípulos. Una de esas actitudes es la de escuchar atenta y serenamente su Palabra. Actitud que exige romper con el ritmo loco e interminable de la vida cotidiana para ponerse, serena y atentamente, a los pies del Maestro. Esta elección que a los ojos de la eficiencia puede parecer superficial e inútil, es una condición fundamental para llegar a ser un auténtico discípulo.

Nosotros hoy nos enfrentamos a un ritmo de vida más agitado que el de épocas anteriores. Los medios proporcionados por la tecnología para ahorrar tiempo… también multiplican las ocupaciones y acaban haciéndonos caer en un activismo desenfrenado. Y el exceso de preocupaciones nos lleva a olvidarnos de lo fundamental…

Nuestro cristianismo se convierte así en un tímido cumplimiento de algunas obligaciones religiosas, sin espacio para la escucha de la Palabra. Se nos exhorta, se nos bombardea continuamente con mensajes que nos invitan a ser “eficaces, productivos y competitivos”… Pero con Marta y María, Jesús nos interpela y nos llama a respetar la jerarquía de valores y a poner en su sitio la “opción por lo fundamental”: ponernos a sus pies y escuchar su palabra. Jesús nos invita a que nuestro cristianismo sea un verdadero discipulado.

Para aprender la lección del Maestro, debemos formarnos en la escucha atenta de la Palabra en la Biblia y en la vida. La Biblia no puede permanecer guardada en un cajón mientras nosotros nos ahogamos en el interminable torbellino de los quehaceres cotidianos. La Palabra de Dios está hecha para caminar con nosotros paso a paso, día a día, minuto a minuto. Para enseñarnos a vivir en comunidad la solidaridad que hace efectivo aquí y ahora el reinar de Dios. Para ayudarnos a escuchar la Palabra que Dios nos dirige en la difícil realidad de nuestros pueblos: en las inhumanas condiciones de las grandes ciudades, en la soledad y el aislamiento de los campos. Debemos pues optar por las actitudes que nos conviertan en verdaderos discípulos de Jesús y auténticos cristianos. Leer más…

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20.7.25 Marta y María, iglesia de hermanas. Lamento de Ratzinger

domingo, 20 de julio de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:

El volumen 3 de Obras completas de J. Ratzinger contiene una serie de trabajos de juventud sobre sobre iglesia y fraternidad. En uno de ellos, el futuro papa lamenta la falta de fraternidad de la iglesia de la iglesia post-constantiniana. Así decía Ratzinger:

La Iglesia en su conjunto no se siente ya como fraternidad, sino que se constituye como sistema jerárquico y escalonado de parentesco espiritual. En esa línea, sólo aparecen como hermanos los miembros de la jerarquía, que se apropian así de una dignidad que en principio es de todos los creyentes. De esa forma, los obispos se llaman «hermanos» entre sí, mientras que conciben al resto de los cristianos como «hijos espirituales». Por su parte, los monjes se dicen hijos del abad; el Papa es mirado como padre espiritual del emperador bizantino y, a partir de Carlomagno, del emperador de Occidente.

| Xabier Pikaza

Así seguía diciendo Ratzinger: Estrechamiento de la fraternidad. Se expresa y confirma a partir del siglo III d.C., de manera que sólo se llaman hermanos los miembros del clero o de una comunidad monástica. La conciencia de fraternidad que tenía la Iglesia primitiva, se repliega y aplica sólo a una élite de Iglesia…. De esa manera, el resto de los fieles aparecen como cristianos inferiores, frente miembros del “estado superior de la Iglesia”, que son los Padres obispos y los superiores de la vida religiosa. Para decirlo brevemente, ha surgido así una situación que, hasta el momento actual, no ha podido ser superada (cf. J. Ratzinger, Fraternidad. Obras completas 3,  BAC, Madrid 2014.)

Texto clave: Lucas 10, 38-42. 

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»

Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán»

Lucas, una casa de hermanas (Lc 10, 38-42)

            Mateo había destacado la fraternidad de la Iglesia, como familia mesiánica que resuelve en comunión sus problemas, sin jerarquías superiores, en apertura a los necesitados. En un sentido convergente, Lucas ha desarrollado muchos textos de fraternidad tanto su evangelio como en Hechos. Entre ellos he querido comentar uno, que evoca el sentido y tarea de dos hermanas en la iglesia.

  1. Dos hermanas, una casa. Organizar la sororidad.

Yendo de camino con sus discípulos, Jesús “entró en una aldea y una mujer llamada Marta lo recibió…”.  Marta es una persona concreta, pero, al mismo tiempo, es figura de la comunidad, un signo importante de la Iglesia o del grupo de aquellos que acogen a Jesús en su casa, en su familia. Frente a una aldea de los samaritanos que no han recibido a Jesús (Lc 9, 52-56) y a diferencia de las poblaciones de Galilea que no le han  escuchado (10, 13-16), Lucas destaca el ejemplo de dos hermanas que le reciben:

 Marta tenía una hermana,  y su relación con Jesús va a quedar matizada por ella, de manera que ambas aparecen vinculadas (y enfrentadas) por causa de un hombre o de una tarea que deben realizar. Este modelo de amigas-hermanas rivales ha tenido una importancia especial en la Biblia Hebrea, donde normalmente la causa principal del conflicto entre ellas no es la lucha por el amor del hombre (el hecho de que puedan compartir su amor, en un matrimonio polígamo), sino por la descendencia, pues sólo el hijo/heredero ofrece a la madre el estatuto de señora(gebîra), como aparece en toda la historia hebrea.

– Pueden ser hermanas en sentido familiar  de sangre(conforme quizá en Jn 11, donde  tienen un tercer hermano llamado Lázaro). Leído el texto así podemos suponer que María es más joven. No actúa como «dueña» de la casa (no es la que recibe a Jesús), aunque puede realizar y realiza una función importante. Parece subordinada (es hermana menor), pero da la impresión de que ocupa un lugar significativo en la vida (y corazón) del único varón de la escena. Es como si las dos mujeres se disputaran la atención de Jesús, cada una con lo que sabe hacer (una trabajando para él, otra escuchándole).

Es más probable que sean hermanas en sentido eclesial,miembros de la familia cristiana.  Ciertamente, la palabra hermano tiene a veces un sentido literal en Lc-Hech (cf. Lc 14, 26; 20, 28-29; Hech 12, 2; 23, 16), pero en otros casos ha recibido también un sentido más extenso: son hermanos los miembros del pueblo judío (cf. Hech 7, 2.26; cf. 9, 17) y de un modo especial los cristianos (cf. Hch 1, 15; 11, 29; 15, 3; 16, 2.40; 21, 7). Todo nos permite suponer que Marta y María son hermanas en ese último sentido, como creyentes con una responsabilidad especial en la iglesia. De esa forma, su relación  nos ayuda a entender los elementos y riesgos de la fraternidad en la familia cristiana.

Desde esa perspectiva más extensa de fraternidad(sororidad) pueden verse mejor las funciones que realizan. Es normal que en el fondo siga estando el símbolo de las hermanas carnales enfrentadas por un hombre (varón, amigo, esposo). Pero el mismo texto nos ayuda a superar ese nivel, como indican sus tareas. Marta realiza una función activa, al servicio de la casa (comunidad); María es, más bien, una discípula, sentada a los pies del Kyrios (10, 39), escuchando directamente su palabra (en contra de lo que supone 1 Cor 14, 34-35; 1 Tim 2, 11-12). Jesús aparece por su parte como Kyrios, lo que muestra que él no es un puro hombre histórico, amigo o marido discutido, sino el Señor pascual que está presente en la iglesia que le escucha. Pues bien, en este contexto, la Iglesia está representada por dos hermanas, amigas y  enfrentadas.

Hermanas distintas

            Es significativo que Lucas acuda a este modelo de hermanas enfrentadas para ilustrar las tensiones interiores de una familia/iglesia. El NT recoge el recuerdo de un enfrentamiento entre varones a causa de los primeros puestos o ministerios (cf. Lc 10, 46-48; Hech 6). Pero aquí estamos ante el signo de una disensión de hermanas dentro de una familia/comunidad (cf en cap. 2, historia de Jacob, cf. Gen 28-38):

Agar y Sara. Aparecen vinculadas, en planos distintos (una sierva, otra libre) al mismo marido (Abraham) cuyo favor quieren conseguir, por medio de un hijo que aparece como principio de dignidad y poder (y causa de disensión), tanto para una como para la otra. Esta historia ha sido «espiritualizada» por la tradición judía y cristiana, que ha visto simbolizadas en la esclava y la libre dos momentos o formas de la acción de Dios (cf. Gal 4, 21-5,1), pero sabiendo que en su fondo hay una disputa de familia.

Lía y Raquel. El mismo tema de las dos mujeres en torno a un varón reaparece en la historia de Jacob, con la particularidad de que aquí las dos hermanas son libres y se enfrentan entre sí (ellas y la sierva de cada una) disputando no sólo por los hijos sino también por el amor del mismo varón. Esa historia nos muestra el riesgo de lucha y ruptura entre hermanas en una familia o comunidad.

Caín y Abel. Tan pronto como Lucas dice que Marta tenía una hermana podemos esperar un conflicto (como en Gen 4, cf. cap. 1). Es normal que ellas se enfrenten, pero sin que una mate a la otra. En principio, el texto ha presentado a Marta como figura positiva,  signo de la iglesia. Pero a partir de aquí pone de relieve la figura de su hermana María, que tiene también una función importante en la familia-iglesia.

Reorganizaciòn de familia

Dentro del judaísmo es raro hallar mujeres «discípulas»; el hecho de escuchar y estudiar la Ley no parece propio de ellas. También la iglesia primitiva ha tendido a dar el monopolio de la Palabra a los varones. Pues bien, este pasaje nos sitúa ante una mujer que “escucha”, es decir, que recibe y acoge la palabra. Desde ese fondo se entiende la intervención de Marta, que toma la iniciativa y se queja ante Jesús, diciendo  que está fatigada porque su hermana le ha dejado sola ante el “trabajo”. Evidentemente, en un sentido ella tiene razón: la tarea podría y debería haberse repartido (y quizá el Señor debería acompañarlas, barriendo, fregando o cociendo comida…). Si ella, Marta, está dividida y distraída es por culpa de su hermana, centrada en la “palabra”.

María ha abandonado un tipo de trabajo, para escuchar a Jesús, apareciendo así como «desertora» de unas funciones de servicio que parecen propias de mujeres. En sentido general, podemos pensar que su actitud es positiva: Es una mujer liberada que puede dedicarse al cultivo de la Palabra, escuchando a Jesús. Pero eso significa que la carga de funciones y servicios (sociales, familiares) han de recaer sobre la espalda de su hermana. Parece que María escucha la Palabra a costa de Marta.

Marta se afana… porque le han dejado sola… La venida de Jesús  se ha convertido para ella en causa de un servicio que le cansa… Muchos han entendido ese servicio en línea de asistencia doméstica: limpiar, cocinar, servir la mesa… Pero el sentido principal de servir (diakonein, diakonía) en el NT y sobre todo en Lucas (Lc-Hech) no es atender a la mesa como hace un criado/a, sino realizar una tarea ministerial al servicio de la Iglesia (de Jesús, de su comunidad/familia).

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¿Afanarse o escuchar? . Domingo 16 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 20 de julio de 2025
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Vermeer, Marta y María

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

El domingo pasado, la parábola del buen samaritano terminaba con una invitación a la acción: «Ve, y haz tú lo mismo». Imaginemos que quien tenemos delante no es un pobre hombre apaleado y medio muerto, sino Jesús. Se ha presentado en la casa a mediodía. ¿Qué es más importante: afanarnos por darle bien de comer o sentarnos a escucharle?

            Como el evangelio va de invitación a comer, para la primera lectura se ha elegido la famosa escena en la que Abrahán invita a tres personajes misteriosos que llegan a su tienda.

            La preciosa miniatura que adjunto contiene todos los elementos del relato: la encina de Mambré, los tres hombres, representados como ángeles, Abrahán y Sara. El artista ha convertido la tienda de Abrahán en una casa, casi una iglesia. El texto nos ayudará a comprender mejor el evangelio.

Abrahán invita a comer al Señor (Génesis 18,1-10)

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo:

            ‒ Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.

Contestaron:

‒ Bien, haz lo que dices.

Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo:

            ‒ Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.

Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron.

Después le dijeron:

            ‒ ¿Dónde está Sara, tu mujer?

Contestó:

‒ Aquí, en la tienda.

  Añadió uno:

            ‒ Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.

¿Cuántos son los invitados?

            Este breve relato ha supuesto uno de los mayores quebraderos de cabeza para los comentaristas del Génesis. Empieza diciendo que el Señor se aparece a Abrahán, pero lo que ve el patriarca son tres hombres.

            Al principio se dirige a ellos en singular, como si se tratara de una sola persona (no pases de largo), pero luego utiliza el plural (“os lavéis, descanséis, cobréis fuerzas). El plural se mantiene en las acciones siguientes (comieron, dijeron), pero la frase capital, la gran promesa, la pronuncia uno solo.

            En resumen, un auténtico rompecabezas, resultado de unir tradiciones distintas. No faltaron comentaristas cristianos que vieron en esta escena un anticipo de la Santísima Trinidad. Aunque la idea carece de fundamento serio, sirvió de base para una de las creaciones artísticas más maravillosas: el icono de Andréi Rubliov, pintado hacia 1422-1428.

            Hospitalidad

            La ley de hospitalidad es una de las normas fundamentales del código del desierto. El hombre que recorre estepas interminables sin una gota de agua ni poblados donde comprar provisiones, está expuesto a la muerte por sed o inanición. Cuando llega a un campamento de beduinos o de pastores no es un intruso ni un enemigo. Es un huésped digno de atención y respeto, que puede gozar de la hospitalidad durante tres días; cuando se marcha, se le debe protección durante otros tres días (unos 100 kilómetros). Esta ley de hospitalidad es la que pone en práctica Abrahán.

El menú, dos cocineros y un maître.

            Abrahán no se limita a hospedar a los visitantes. Entre él y su mujer, con la ayuda también de un criado, organiza un verdadero banquete con un ternero hermoso, cuajada, leche y una hogaza de flor de harina. A diferencia de las comidas actuales, no hay prisa. Pasan horas desde que se invita hasta que se preparan los alimentos y se termina de comer.

La cuenta

            Al invitado no se le cobra. Pero el huésped principal paga de forma espléndida: prometiendo que Sara tendrá un hijo. El tema de la fecundidad domina toda la tradición de Abrahán y se cumple a través de muchas vicisitudes y de forma dramática.

Marta invita a comer a Jesús (Lucas 10, 38-42)

            El texto del evangelio también se ha prestado a mucho debate. Este relato es exclusivo de Lucas, no se encuentra en Mateo, Marcos ni Juan.

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:

            ‒ Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.

            Pero el Señor le contestó:

            ‒ Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.

¿Cuántos invitados a comer?

            En la historia de Abrahán resultaba difícil saber si los invitados eran uno o tres. El relato de Lucas nos deja en la mayor duda. Jesús siempre iba acompañado, no sólo de los Doce, sino también de muchas mujeres, como afirman expresamente Marcos y Lucas, citando el nombre de algunas de ellas. ¿Los recibe a todos Marta? ¿Se limita a invitar a Jesús? Las palabras “Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio” sugieren que no se trataba de un solo invitado. Pero la escena parece tan simbólica que resulta difícil imaginar la habitación abarrotada de gente.

El menú, y una cocinera sin ayudante

            No sabemos el número de invitados, pero sí está claro el de cocineras. Aquí no ocurre con en el relato del Génesis, donde Sara amasa y cuece la hogaza, mientras Abrahán colabora corriendo a escoger el ternero, dando órdenes de prepararlo, encargándose de la cuajada y de la leche.

            En la casa del evangelio hay también dos personas, Marta y María. Pero María se sienta cómodamente a los pies de Jesús mientras Marta se mata trabajando. ¿Por qué tanto esfuerzo? ¿Porque son muchos los invitados? ¿O porque Marta pretende prepararle a Jesús un banquete tan suculento como el de Abrahán, y le faltan tiempo y manos para el ternero, la hogaza, la cuajada y la leche?

            Desgraciadamente, ignoramos el menú. Según algunos comentaristas, las palabras que dirige Jesús a Marta, “sólo una cosa es necesaria significarían: “un plato basta”, no te metas en más complicaciones.

Dos actitudes

            El contraste entre María sentada y Marta agobiada se ha prestado a muchas interpretaciones. Por ejemplo, a defender la supremacía de la vida contemplativa sobre la activa, sin tener en cuenta que esas formas de vida no existían en tiempos de Jesús ni en la iglesia del siglo I. Entre los judíos de la época existían grupos religiosos con tintes monásticos (los esenios de los que habla Flavio Josefo y los terapeutas de los que habla Filón de Alejandría), pero Lucas no presenta a María como modelo de las monjas de clausura frente a Marta, que sería la cristiana casada o la religiosa de vida activa.

            El evangelio no contrapone pasividad y trabajo. Jesús no reprocha a Marta que trabaje sino que “andas inquieta y nerviosa con tantas cosas”. Esa inquietud por hacer cosas, agradar y quedar bien, le impide lo más importante: sentarse un rato a charlar tranquilamente con Jesús y escucharle.

            Todos tenemos la tendencia a sentirnos protagonistas, incluso en la relación con Dios. Nos atrae más la acción que la oración, hacer y dar que escuchar y recibir. Nos sentimos más importantes. La breve escena de Marta y María nos recuerda que muy a menudo andamos inquietos y nerviosos con demasiadas cosas y olvidamos la importancia primaria del trato con el Señor.

Marta-María y el buen samaritano

           Este episodio sigue inmediatamente a la parábola del buen samaritano, que leímos el domingo pasado. Los dos textos son exclusivos del evangelio de Lucas, y pienso que se iluminan mutuamente.

            La parábola del buen samaritano es una invitación a la acción a favor de la persona que nos necesita: ve y haz tú lo mismo.

            Para mantener la acción a favor del prójimo la mejor preparación es sentarse, como María, a escuchar la palabra de Jesús.

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Domingo XVI del Tiempo Ordinario. 20 julio, 2025

domingo, 20 de julio de 2025
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Según iban de camino, Jesús entró en una aldea…

(Lc 10, 38-42)

 “Según iban de camino…”, así empieza el evangelio de hoy. Nada más leer estas cuatro palabras tal vez nos surjan dos preguntas: ¿quiénes iban además de Jesús?, y de camino ¿a dónde?

Dos pistas a las que, sin duda, damos importancia en nuestra cotidianidad. El quién, el otro. Infinidad de veces buscamos a alguien, un culpable o un cómplice, pero alguien: ¿quién ha hecho esto?, ¿a quién se le ha roto un plato?… El «a dónde», el destino, la meta, el objetivo o como lo queramos llamar en cada situación.

¿Y qué pasa si como cristianas que somos nos tomamos la vida, nuestro paso por el mundo, como el camino hacia el banquete eterno?, ¿también queremos atajar para llegar antes?

Así vamos, queriendo “ahorrarnos” camino, trayecto y que lo que hay en él nos distraiga lo menos posible, que no desvíe nuestra atención tan bien dirigida a nuestro propio ombligo… y en el fondo, lo sabemos. Nos ponemos los auriculares a todo volumen y no escuchamos, fijamos la mirada en la pantalla del móvil, de la tablet o del libro que vamos leyendo y no vemos lo que hay ni quién hay a nuestro lado, si vamos en un trayecto largo en transporte público incluso somos capaces de simular que estamos durmiendo y no hablamos con la persona con la que compartimos asiento.

Jesús de Nazaret entró en una y en muchas aldeas, comió en una y decenas de casas con gente que sufría y que pasaba por épocas malas, habló, escuchó, miró, animó, curó a una y a un montón de personas, también se retiró del grupo para orar a solas al Padre una y mil veces. Todo esto lo hizo según iba de camino, sin prisas por llegar a su destino; interrumpía su marcha porque veía y escuchaba lo que ocurría a su alrededor. Disfrutaba del camino, disfrutaba de la vida. Algo me dice que Jesús también cantaba por ese camino, animando, alegrando y facilitando el caminar de quienes iban con él.

Oración

Ojalá, Jesús, aprendamos a disfrutar del camino. Y de la vida.

Ojalá, aprendamos a cantar por el camino como sólo tú, Señor, lo sabes hacer.

Amén.

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Debemos integrar en nosotros a Marta y María.

domingo, 20 de julio de 2025
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DOMINGO 16 (C)

Lc 10,38-42

Ya me gustaría tener una mayor capacidad de persuasión, porque vamos a tratar un tema crucial en toda verdadera espiritualidad. En todos los tiempos ha habido falsos místicos que se contentaron con meditar sin preocuparse por los demás. Y en todos los tiempos ha habido una falsa dedicación a los demás sin una verdadera meditación profunda.

Este relato lo narra solamente el evangelio de Lucas, pero encontraría un marco más adecuado en el de Juan. En Juan todos los relatos son simbólicos y es inútil buscar el ellos informaciones históricas de lo que pudo pasar. Esto pasa con el relato que comentamos.

Para interpretarlo correctamente el primer obstáculo es seguir pensando en una historia de dos hermanas. El relato es una parábola en toda regla. Marta y María son personajes que encarnan los dos aspectos de un verdadero seguimiento de Jesús.

La contemplación y la acción son dos hermanas. Pero además son gemelas, es decir, nacidas del mismo óvulo y, por lo tanto, idénticas. Pero es que, además, son siamesas, es decir, están unidas por partes esenciales de su cuerpo. Separarlas sería asesinarlas a las dos. Aunque a través de la historia del cristianismo se ha intentado separarlas con frecuencia.

No tiene ningún sentido haber sacado de este relato, una distinción entre la vida contemplativa y la vida activa. Mucho menos si, en vez de distinción, lo que se pretende es una oposición. Tampoco aparece por ninguna parte la pretendida superioridad de la vida contemplativa sobre la vida activa. Si son inseparables no puede haber superioridad.

Tampoco es correcto el interpretar este evangelio como fundamento para defender un cristianismo a dos velocidades: 1ª los de la vida contemplativa; 2ª los que se dedican a la vida activa. Parece que el primero que levantó esta falsa liebre fue Orígenes, y durante 18 siglos hemos seguido corriendo detrás de un señuelo de trapo sin entidad alguna.

Toda contemplación que se quede ensimismada en ella mismo sin empujar a la acción sería una ensoñación ilusoria. Y toda acción que no tenga su origen en una auténtica contemplación no pasaría de una programación que en nada enriquecería a la persona. En ningún caso puede haber una contemplación sin acción, ni acción sin contemplación.

El principal escollo para aceptar esta interpretación es que tenemos una idea equivocada de la contemplación. Pensamos que contemplar es cosa solo de místicos que adentran en experiencia sobrehumanas. Este es un error que tenemos que superar. Todo el que busca descubrir lo esencial de sí mismo en lo hondo de su ser, está contemplando.

Estas ideas no son novedosas. Al principio del S. XV, el Maestro Eckhart, explicando este pasaje del evangelio, lo dejó meridianamente claro. Decía que Marta aventajaba a María en el seguimiento de Jesús, porque María estaba aprendiendo, pero Marta estaba poniendo en práctica lo que ya había aprendido. Una intuición que pasó desapercibida durante siglos.

Para terminar una observación muy simple. La contemplación de la que aquí hablamos no consiste en un mayor conocimiento de las realidades trascendentes ni del mensaje de Jesús. Aquí contemplar significa bajar a lo hondo del ser y descubrir nuestra esencia.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El poder de la Palabra.

domingo, 20 de julio de 2025
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Lc 10, 38-42

«Sentada a los pies del señor, escuchaba su palabra»

Jesús es la Palabra, y la Palabra es la sabiduría de Dios ofrecida a los seres humanos. Para que alumbre a todos, Jesús deja la comodidad de Nazaret y se lanza a los caminos de Galilea. Le siguen los que se sienten necesitados de ella, y le acosan los sabios, los santos, los ricos y los importantes, que prefieren su propia sabiduría. Luego asume el compromiso de subir a Jerusalén para universalizarla, se enfrenta a los poderosos, lo prenden, lo torturan y lo crucifican. Pero, consciente de la necesidad de que la Palabra, es decir, la sabiduría de Dios, prevalezca más allá de su muerte, hace un testamento inequívoco y sus discípulos más cercanos lo asumen sin reservas: «Id por el mundo y proclamad la buena Noticia a todas las gentes».

Así, los primeros cristianos, unidos por la fe en Jesús resucitado y animados por el Espíritu, tienen conciencia clara de que su tarea misionera es fruto de la voluntad expresa de Jesús, y la desarrollan con arrojo y valentía. Y es tal la fuerza con que la proclaman, que despiertan el recelo de las autoridades y llegan las persecuciones. Mueren a millares, pero gracias a su compromiso y su sacrificio, nosotros hemos tenido la oportunidad de conocer a Jesús y acceder a la Palabra veinte siglos después.

Y no solo gracias a ellos, porque a lo largo de la historia se ha creado una cadena de infinidad de cristianos que han trasmitido de padres a hijos esa herencia de valor incalculable que nos mueve a compartir y a perdonar; que nos humaniza y da sentido a nuestra vida; que nos señala, como ningún otro, el destino de la humanidad y el camino que nos lleva a alcanzar ese destino.

Pero nosotros (en posesión de nuestra propia sabiduría) hemos roto la cadena milenaria de transmisión de la Palabra, hemos dinamitado sus cauces, hemos hurtado a nuestros hijos el legado precioso del que nosotros hemos disfrutado, los hemos privado de los criterios que han dado sentido a nuestra vida y los hemos dejado a merced de los criterios del mundo.

¿Y por qué?… Quizá porque hemos renunciado a adoctrinarlespara no vernos señalados por una sociedad que se dice tolerante aunque es implacable con quienes discrepan. Quizás porque no nos apetece nadar a contracorriente y la corriente en contra nos arrastra. Quizá porque hemos relativizado la importancia de Jesús en nuestras vidas deslumbrados por otras sabidurías que nosotros mismos hemos puesto de moda. Quizá porque los encargados de proclamar la Palabra no están a la altura y no son capaces de ilusionar a nadie. Quizá porque pensamos que ya somos maduros e ilustrados y no necesitamos de los criterios de aquel carpintero crucificado hace veinte siglos. Quizá simplemente por pereza… pero el hecho cierto, indudable, es que con nuestra actitud hemos dado la espalda a la misión y hemos roto la cadena.

Y esto es un desastre de consecuencias impredecibles, porque supone renunciar al poder de la Palabra, que –incluso en los momentos más oscuros de la historia– ha sido capaz de mantener en el seno de las comunidades cristianas una enorme y bienintencionada multitud de creyentes que ha construido lo mejor de nuestra humanidad. Jesús, los criterios de Jesús, la Palabra, ha contribuido de forma decisiva a la formación de sociedades más justas, más compasivas, solidarias e igualitarias… y esto es lo que estamos poniendo en riesgo quizá sin ser conscientes de ello.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Elegir la mejor parte.

domingo, 20 de julio de 2025
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COMENTARIO AL EVANGELIO Lc 10, 38-42

Seguimos de camino con Jesús a través del evangelio de Lucas y, este domingo, nos encontramos con dos mujeres, hermanas, aparentemente en tensión y diferentes. Jesús está de camino y entra en una aldea donde una mujer llamada Marta le da alojamiento. Allí vivía también su hermana María y parece que se relacionan con él de manera diferente. Quizá no muy acertadamente se ha interpretado que detrás de estas mujeres nacen dos formas de seguir a Jesús; la vida activa, con un compromiso de proyección más social, activista y la vida contemplativa desde una dimensión más espiritual. Y nada más lejos de lo que entraña este texto, aunque tendría su coherencia desde otras claves.

El protagonismo de las mujeres en la vida de Jesús no es una moda que ahora se rescata. Cualquier persona que se acerca a su vida, narrada en los Evangelios y en los inicios del cristianismo, enseguida percibe una clara intención de liberar a la mujer y reconocer su dignidad en público, abiertamente, aunque suponga una ruptura con las tradiciones judías. Y uno de esos ejemplos es el evangelio que nos ocupa. Jesús se muestra libre y acepta la hospitalidad que le ofrecen dos mujeres que no parecen encajar en los roles de las mujeres del judaísmo.

En esta escena, como ya se ha indicado, Jesús entra en casa de una mujer llamada Marta. Si recurrimos al significado de los nombres bíblicos, Marta significa “señora” lo que podría llevarnos a pensar que es la dueña-señora de la casa y la que puede tener una actitud de hospitalidad con Jesús. De hecho, el texto dice explícitamente que esta mujer le dio alojamiento. No es la primera vez que Lucas habla de esta actitud de las mujeres con Jesús. En Lc 8, 2-3 se narra que había mujeres que acompañaban a Jesús y lo servían con sus bienes. Y hay que subrayar que es tremendamente revolucionario porque las mujeres judías no podían disponer de bienes, administrarlos y mucho menos decidir con quién compartirlos.

Pero hay otra mujer, llamada María, hermana de Marta, es decir, unidas por un vínculo sororal y que tiene otra forma de relacionarse con Jesús. María no habla, está sentada a los pies de Jesús escuchando. Dice el texto que Marta se queja porque no tiene ayuda de su hermana a lo que Jesús responde que es María quien ha elegido la mejor parte. Da por supuesto que María sí ha tomado la decisión de situarse así frente a Jesús. La queja de Marta, la tensión que expresa, conlleva un grito silencioso por sentirse condenada como mujer al servicio que le impone la presión de las creencias sociales, religiosas y patriarcales, aunque sea la dueña de la casa. Es lógico que se sienta sola, incómoda, porque el clima generado por Jesús es un espejo en el que se ve reflejado lo que supone elegir con libertad aquello que es esencial y no dejarse llevar por lo que otros y otras, la sociedad, la cultura, la religión, espera de las mujeres.

María se sitúa como una auténtica discípula, actitud subversiva y claramente provocadora. Las mujeres no podían participar en la sinagoga y mucho menos recibir las enseñanzas de la Torá.  No podían ser discípulas como lo eran los varones. Los rabinos nunca enseñaban a las mujeres porque la ley no lo permitía. María se muestra con una actitud de escucha radical y activa; está a los pies de Jesús, es decir, no hay nada que pueda interferir entre la Palabra de Jesús y su conciencia, no necesita mediadores, ni ritos, ni palabras mágicas para vincularse al Maestro. No se sitúa como una esclava que hace cosas compulsivamente y mendiga un poco de ayuda y reconocimiento. No. Es una persona que puede tomar decisiones por sí misma ya que, saber escuchar con toda atención y profundidad, es la madre de la libertad, el elemento primero para discernir y poder seguir la voz esencial, aquella que nos conecta con nuestra verdadera dignidad y nos permite avanzar con firmeza. Una vez más la palabra de Jesús es liberadora.

Casi nadie ya duda de que estamos asomándonos a una nueva era, a un cambio muy profundo en la humanidad, en la visión del ser humano, de la sociedad, de la economía, de la cultura, de la religión; se habla ya de un cambio de conciencia que no es sólo de visión sino de sistemas de referencias, incluso de sistema de funcionamiento cerebral. Casi nada ya se sostiene con los parámetros que han regulado la evolución humana. Estas dos mujeres, de la mano de Jesús, nos invitan a estar alertas, a no caer en un laberinto sin salida en el que los quehaceres propios de la humanidad llena de retos, nos aboque a una tierra de nadie donde salga lo peor de nuestra condición humana.

Se hace necesario estar alertas para que la dignidad que nos iguala a todos los seres humanos no sea enterrada bajo los escombros de una vida superficial y violenta. Nuestro momento histórico necesita de una sana sincronización entre la inteligencia artificial y el despertar de la inteligencia espiritual. Nuestras Martas y Marías. Y sí, claro que hay hambre de profundidad, de interioridad, de trascendencia, de escucha, de elegir la mejor parte como dice Jesús. Será, sin duda, esta dimensión profunda, bien vivida, la que nos libere de la ansiedad de nuestro ego y nos conecte con el anhelo de la vida auténtica de nuestro ser. Ojalá el cristianismo no pierda este tren y, como hizo Jesús de Nazaret, seamos cocreadores, cocreadoras, de una nueva humanidad donde las noticias sean que, por fin, hemos entendido que la dignidad humana es siempre una prioridad.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

20 de julio de 2025

 

Fuente Fe Adulta

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Somos Marta y María.

domingo, 20 de julio de 2025
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Comentario al evangelio del domingo 20 julio 2025

Lc 10, 38-42

Los humanos solemos ser dados a analizar y juzgar a los demás, mientras descuidamos conocernos a nosotros mismos. Con facilidad y rapidez colocamos etiquetas a los otros, mientras permanecemos lejos de saber cómo somos, por lo que ignoramos que, con mucha frecuencia, lo que percibimos en los demás habita también en nuestro interior.

No sé si Marta y María fueron dos personajes históricos, como tampoco sé si su comportamiento era tan opuesto como el texto -escrito con un evidente interés catequético- quiere poner de relieve. Lo que sé es que en cada una y cada uno de nosotros hay un personaje inquieto y nervioso, movido por la ansiedad, conviviendo con otro que anhela y es capaz de saborear la quietud y la paz del corazón.

Y ambos personajes (pequeños yoes) merecen nuestro respeto y nuestra atención. La inquietud o ansiedad puede ser una manifestación de nuestro niño interior herido, que reclama nuestro cuidado, o puede ser un mecanismo de defensa, es decir, un protector que, con las luces y la información de que disponía, ha tratado y sigue tratando de protegernos o de aliviar nuestro malestar, por lo que merece además nuestra gratitud.

Con ambos habremos de dialogar e integrarlos en nuestro puzle completo. Y podrá darse que, al hacerlo con la parte de anhela la quietud y la paz, terminemos por descubrir que no es solo otro yo más, entre tantos que nos habitan, sino que justamente en él se refleja nuestra identidad profunda, la quietud y la paz que somos, aun en medio de “oleajes” de todo tipo.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Marta y María: hospitalidad, hospicio, huesped, hospital: todo muy humano y cristiano

domingo, 20 de julio de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Hospitalidad.

Las lecturas de hoy: (Génesis – Abrahán) y el Evangelio (Marta y María nos hablan de acogida y hospitalidad. Acogida y hospitalidad de Abrahám así como de Marta y María.

Abrahám recibe a aquellos tres hombres y les da lo mejor que tiene: les acoge en su casa, en su tienda, se sienta con ellos, les ofrece pan y carne. Abrahám era un hombre hospitalario.

Abrahám, atendiendo a aquellos tres hombres, estaba acogiendo a Dios mismo. Poéticamente se ha interpretado en la historia de la Iglesia, que las tres personas que Abraham acogía eran la Trinidad de Dios. (Como se dice en italiano: se non é vero, é ben trovato: si no es verdad, está bien hallado y dicho).

Pueda que tal afirmación -acoger a Dios- no sea de mucha precisión dogmática, pero sí de gran sentido cristiano.

Jesús nos dirá que cada vez que acogimos y dimos pan a un hambriento, o cada vez que visitamos y ayudamos a un enfermo, a un necesitado, a Él mismo se lo hicimos.

        Abraham fue hospitalario con aquellos tres hombres (con Dios). Lo mismo hacen Marta y María que acogen en su casa a Jesús.

Es una actitud noble, humana y cristiana saber acoger a los demás: en la vida familiar, en la amistad, en situaciones de dificultades, debilidad y sufrimiento.

02.- Corren tiempos de acogida.

        Siempre han habido migraciones. En la misma tradición bíblica se repite un cantus firmus: “no maltrataréis ni oprimiréis al extranjero, porque extranjeros fuisteis vosotros en Egipto” (Ex 22,21)”. Ya entonces, 1.350 años antes de Cristo, había desplazamientos migratorios.

+      En tiempos no lejanos -que muchos de nosotros hemos conocido- hubo mucha emigración por motivos políticos.

+      Por los años 1960’ muchos españoles, italianos, portugueses, turcos, yugoslavos, griegos, etc. emigraron a trabajar a países europeos…

+      En estos momentos estamos viendo y viviendo grandes movimientos migratorios: África, Latinoamérica, China, Ucrania, etc…

+      Estos mismos días entre nosotros un grupo de malienses (Malí) vive en la calle en el barrio de Amara.

La hospitalidad es anterior e infinitamente más importante que los “papeles” y que la legalidad o ilegalidad que permite -o no- una ideología, unos partidos, etc. La hospitalidad es muy anterior y más noble que la “pureza étnica”.

Sin embargo el Mediterráneo sigue siendo un cementerio. Algunas ideologías propugnan la “deportación” de los emigrantes; se construyen muros para que no se puedan traspasar fronteras. Se habla también por desgracia de que los inmigrantes atentan contra nuestra identidad étnica y nacional…

El ser humano, todo ser humano es “anterior” es más importante en sí mismo que su pasaporte, que el color de su piel y su religión, y merece un respeto.

Como seres humanos y como cristianos seamos conscientes de que siempre y en estos momentos más, corren tiempos y situaciones de acogida y de hospitalidad como Abraham, como Jesús, como Marta y María.

03.- Marta y María

Sería un reduccionismo hacer una competencia entre la acción y la contemplación, entre el trabajo y la oración, entre Marta y María…

Marta y María representan dos vertientes de la persona humana. Por una parte está el pensamiento, la ideología, la fe (María), por otra parte la acción, el trabajo, (Marta).

En la medida en que le es posible uno vive conforme a lo que piensa. Lo primero es el pensamiento, la ideología, la fe… Como consecuencia vendrá la actividad

De ahí que hemos de cuidar el pensamiento, la ideología, la fe.

El evangelista San Lucas pone el acento en que María ha optado por la mejor parte y la mejor parte es escuchar a Jesús. Lo decisivo es encontrar y escuchar a Cristo. Tal es la mejor parte. Luego ya vendrá la actividad.

La fe de una persona es aquello de lo que espera la salvación, el bienestar supremo. Muchas personas viven, -vivimos-, fascinados por la nación, por el dinero, la ideología política, por el placer, por el progreso tecnológico, el éxito social, la Iglesia, etc.

Si quieres saber cuál es tu fe y tu Dios piensa en lo que te fascina en la vida, aquello por lo que estarías dispuesto a darlo todo.

La fe tiene una cierta tonalidad contemplativa, extática (éxtasis, contemplación): uno queda sobrecogido y fascinado: en éxtasis. Es fe contemplativa y mística:

María ha escogido la mejor parte: JesuCristo.

Para el cristiano la mejor parte es Cristo.

04.- Seremos místicos o no seremos.

        Quizás ahora podamos captar mejor aquello que decía Rahner: el cristiano del futuro será místico o si no, no será.

Nuestras preguntas son muy clericales y de tipo pragmático: se puede no se puede hacer… está permitido o no… Y posiblemente por eso el mensaje eclesiástico no tiene ya mucho interés.

Escojamos la mejor parte.

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«Discipulado de mujeres en el tiempo de Jesús «, por Consuelo Vélez

domingo, 20 de julio de 2025
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De su blog Fe y Vida:

XVI Domingo del Tiempo Ordinario 20-07-2025

Jesús entra a casa de Marta y María y la situación que allí se da, es la del valor del discipulado

El texto no se refiere a dos tipos de vocaciones: activa y contemplativa, como tradicionalmente se ha entendido. El texto habla de un valor cultural: la hospitalidad (practicada por Marta) y un discipulado: estar a los pies y escuchar a Jesús (practicada por María). Esto último eslo que alaba Jesús

Que estas discípulas de Jesús animen nuestro discipulado, eligiendo la mejor parte -el reino- por encima de cualquier otra realidad

Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra. Marta, que muy estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús:

– «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude».

Pero el Señor le respondió:

+ «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y, sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria, María eligió la mejor parte, que no le será quitada»

(Lucas 10, 38-42).

Las figuras de Marta y María son bien conocidas entre los creyentes. Además, también se sabe que tienen un hermano llamado Lázaro. Sin embargo, pocos saben que es el evangelio de Juan el que se refiere a los tres, mientras que el evangelio de Lucas, que hoy consideramos, solo habla de Marta y María. Si tomamos en cuenta este dato del evangelio de Lucas, podemos pensar que Jesús entró a casa de Marta y María, es decir, no están bajo la tutela de un varón, como se esperaría en aquellos tiempos.

Marta recibe a Jesús, mostrando con ello uno de los valores culturales más importantes de aquel tiempo: la hospitalidad. Y esto es lo que le reprocha Marta a su hermana: no estar ejerciendo el servicio correspondiente a dicho valor. Por tanto, no debemos pensar solo en los estereotipos de género que atribuyen a las mujeres el oficio de ocuparse de la casa, sino pensar en un valor cultural que todos, varones y mujeres, debían practicar.

María, por el contrario, está sentada a los pies de Jesús, escuchándolo. Estas dos actitudes nos hablan del discipulado. Recordemos el pasaje en que la madre y los hermanos de Jesús van a buscarlo y él responde que su madre y sus hermanos “son los que escuchan la palabra” (Lc 8, 21). Es decir, la familia del reino ya no es la familia de sangre sino la del discipulado. Por otra parte, la actitud de estar a los pies, recuerda la actitud de otros personajes de los evangelios (la pecadora arrepentida (Lc 7, 38); el endemoniado de Gerasa (Lc 8,35); Jairo pidiendo la curación de su hija (8, 41); Pablo a los pies de Gamaliel (Hc 22,3), etc.). Esa actitud de sumisión, habla también de la persona que, en verdad, sigue al maestro, siendo verdadero discípulo.

La respuesta que le da Jesús a Marta por su reproche frente a la actitud de María, está entonces relacionada con la primacía del discipulado, sin que esto signifique critica a los valores de la época. Lo más importante es el seguimiento, la escucha a la Palabra de Dios, la dedicación de toda la persona al anuncio del Reino.

Algunas veces este texto se ha interpretado como dos tipos de vocación: la activa y la contemplativa y haciendo creer que la contemplativa tiene más valor ante Dios. Con lo dicho antes podemos ver que el sentido es otro: el discipulado supone escucha y la entrega de toda la vida a la misión encomendada. Ya depende de las configuraciones personales o institucionales que se realice con unas características u otras. Pero la santidad alcanzada es la misma -si hay esa primacía del discipulado- y es esto lo que Jesús alaba, figurado en este caso, en la persona de María.

Que estas discípulas de Jesús animen nuestro discipulado, eligiendo la mejor parte -el reino- por encima de cualquier otra realidad.

 (Foto tomada de: https://catedu.net/parroquia/media/blogs/a/congetmarta19.jpg?mtime=1563426607)

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«¡Es el Señor! – San Lucas 10, 38-42 -«, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 20 de julio de 2025
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Jesús, María Magdalena y Marta en Betania. James Tissot, Brooklyn Museum

De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Sucede, sí. Me ha pasado.

Sucede que Dios te visita cuando menos te lo esperas.

Cuando estás agotado por el calor y ya no tienes esperanzas. Cuando has aguantado durante mucho tiempo, has conservado la fe, te has atrevido a creer. Y justo cuando no te queda ningún futuro, llegan las plagas bíblicas: la peste, la hambruna, la sequía, la guerra. Solo que Dios no tiene nada que ver.

Sucede que Dios te visita en el momento en que desearías no existir, no ser, no estar.

Como le sucede a Abraham.

Han pasado diez años desde la promesa de un descendiente. Y aventuras dignas de una novela. Pero el hijo no, no ha llegado.

Abraham se sienta, resignado, a la sombra de las encinas de Mambré, en la hora más calurosa del día.

Y cuando menos lo espera, Dios lo visita. Y le trae la noticia, por fin, de la llegada de un hijo.

Dios está ahí. Y te visita. Date cuenta.

Esto es lo que estamos llamados a contar a los muchos desanimados, enfadados y desconsolados que encontramos.

Como ministros a quienes Dios confía la misión de revelar a los hombres el secreto de su amorosa presencia, como escribe san Pablo.

Aunque cueste esfuerzo y sufrimiento.

Porque en este momento las personas tienen el corazón endurecido y resignado, como el de Abraham.

Y a los peregrinos en las encinas de Mambré, en lugar de abrirles la casa como hizo el padre Abraham, la gente, exasperada, les ordenaría que se marcharan.

Qué tristeza.

Más allá del samaritano

El «en cambio» del Buen Samaritano aún resuena en nuestros oídos.

Amar se declina a partir de quienes tenemos a nuestro lado. De quienes elegimos amar. De quienes tenemos el valor de cargar en nuestro burro. De quienes nos dan compasión (no pena). De aquellos de quienes nos hacemos cargo. De aquellos a quienes elegimos cuidar.

Pero para no correr el riesgo de caer en el eficientismo, de confundir la comunidad cristiana con una organización (meritoria, por supuesto) de ayuda social, para no convertirnos en los aplaudidos enfermeros de la Historia que hacen lo que la sociedad no puede (y no quiere) hacer, entonces debemos aprender a sentarnos a escuchar.

Como hace María, la hermana de Marta.

 Betania

Dios necesita abandonar las disputas teológicas del templo, las inútiles contraposiciones de quienes se pelean en nombre del Altísimo, para encontrar una familia, un hogar, una cena.

Para poder ser Él mismo, reconfortado, cuidado. En Betania.

El nuestro es el Dios del pan, del buen aroma de la comida que se cocina, de la flor del campo puesta en el centro de la mesa para celebrar al invitado.

El Dios de las pequeñas cosas.

El Dios de los detalles que ensanchan el corazón, que lo inundan.

Que nos ayudan a vivir, que nos ayudan a comprender el horizonte alto y otro.

Me conmueve ver a Dios tejer una relación, que pide ser escuchado, que ama sentarse con sencillez alrededor de una mesa y reír y bromear.

Si pudiéramos, de vez en cuando, invitar a Dios y escucharlo, prepararle, como Abraham, una buena comida y yogur fresco.

¡Hagamos de Betania nuestra vida!

El Dios de Jesús es también un en cambio.

No es el Dios que habita en Templos fastuosos construidos por el ingenio humano, sino el Dios de los apartamentos de dos habitaciones, de los suburbios abrasados, de los pueblos que se vacían.

Sorprendente.

Mujeres

Qué sorprendente, políticamente incorrecto, excesivo es lo que ocurre en Betania.

Acoger al huésped era tarea del cabeza de familia. O, al menos, del varón.

Y en esa casa hay un varón: Lázaro, a quien conocemos bien gracias al evangelista Juan.

Solo había hombres sentados con las piernas cruzadas escuchando a los Rabinos en la renacida Jerusalén. Las mujeres no se consideraban aptas para leer la Torá, era mejor quemarla que entregársela a una mujer.

Una mujer, Marta, acoge al Maestro. Una mujer, María, lo escucha como discípula.

Una página tan fuerte que incluso las primeras comunidades cristianas tendrán que mitigarla de alguna manera, dejarla caer, armonizarla con el machismo imperante.

Jesús, en cambio, invierte esta lógica machista y, como ya hizo con su madre, propone como modelo de escucha a una mujer.

 Escucha y acción

María y Marta representan las dos dimensiones de la vida interior: la oración y la acción.

María escucha con atención las palabras del Maestro, las memoriza, se nutre de ellas. Como muchos, aún hoy, pende de los labios del Señor, espera que él le hable a su corazón.

En el origen de toda fe, el corazón de toda experiencia religiosa es y sigue siendo el encuentro íntimo y misterioso con la belleza de Dios. Dios, a quien solo vislumbramos a través de la espesa niebla de nuestras limitaciones, pero del que, sin embargo, podemos tener una experiencia cristalina temporal.

Volvamos a poner la oración y el silencio en el centro de nuestro día, como fuente de serenidad y alegría. También durante el verano llevemos con nosotros de vacaciones el deseo de entrar en nuestra alma, tal vez sentados a escuchar las olas del mar.

Marta realiza la bienaventuranza de la acogida, la concreción del amor y de la hospitalidad.

Ella también sabe que escuchar al Maestro es el origen de todo encuentro, pero también sabe que si este encuentro no cambia la vida, queda estéril e inconcluso.

Marta alimenta al Cristo que María adora.

No existe una oración auténtica que no desemboque en el servicio.

Es estéril una caridad que no comienza y termina en la contemplación del misterio de Dios.

A Marta se le invita a no agitarse (¡no a dejar de cocinar!) y a sacar su servicio de la escucha (no de la clausura…). Marta y María son la representación de cómo debe conducirse nuestra vida de fe.

En mi casa trato de tener presente este lema: Hic Christus adoratur et pascitur.

 Aquí se adora y se alimenta a Cristo.

Marta y María.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo 20 de julio de 2025

1.- Marta, corazón del servicio; María, corazón de la escucha.

2.- Marta y María, el Señor busca amigos, no siervos.

3.- Marta y María, el Señor no busca siervos, sino amigos.

4.- Dios no busca siervos, sino amigos.

5.- Escuchar, primer servicio a Dios

6.- Las dos caras de un mismo amor.

7.- La mejor parte.

8.- ¡Es el Señor! – San Lucas 10, 38-42 –.

 ***

 P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Hermanos, sedientos de escucha y Justicia..!

jueves, 17 de julio de 2025
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Del blog de Alfonso J.Olaz El Rincón del Peregrino: 

 

| Alfonso Olaz OFS

Hermanos, sedientos de escucha y Justicia..!

Abrasados por nuestra brutal indiferencia de cada día

Quemados por nuestro salvaje egoísmo.

¿Qué esperas, alma mía,?
sino descansar
en los prados tranquilos
de la escucha y la acogida

Muchedumbres vagan
en la soledad sonora
del desierto de nuestra indiferencia.

Esperanzas rotas.
Cánticos apagados…
Son los clamores
de millones de hermanos y hermanas
que caminan bajo el peso
de una soledad que cada día hiere.
Que cada día mata.

Jóvenes
que no encuentran respuesta a su soledad
y solo saben mal sufrir
con su inquietud.

Adultos
que pagan a prostitutas
para ser escuchados.

Ancianos
que padecen el calvario
de morir cada día
por la ausencia de ser oídos.

¡Necesitamos,!
Con la urgencia de una vida
¡Qué se nos escapa entre los dedos!

¡Testigos de la escucha!
Almas que ofrezcan la sonrisa sin medida.
Que desgasten su tiempo en el otro.
Que partan el pan
y derramen el agua y la miel
de la fraternidad humana.

Sin juzgar.
Mirando al otro
Cómo nos miramos a nosotros mismos.

Porque allí —solo allí—
Se revela la verdad del otro.
La palabra sagrada.

Quien no es testigo de la escucha…
Aún no se conoce.
Ni conoce a Jesús de Nazaret.
Y nada bueno puede hacer por el Reino.

Del Evangelio a la vida.
De la vida al Evangelio.

***

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Amor. Encuentro. Inclusión. Pertenencia.

lunes, 14 de julio de 2025
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Margie Winters (derecha) con su pareja, Andrea Vettori (izquierda).

La reflexión de hoy corre a cargo de la bloguera invitada Margie Winters, facilitadora de retiros y directora espiritual, quien fue despedida de su ministerio como Directora de Educación Religiosa debido a su matrimonio con otra mujer. Su historia se presenta en Cornerstones: Sacred Stories of LGBTQ+ Employees in Catholic Institutions (Piedras Angulares: Historias Sagradas de Empleados LGBTQ+ en Instituciones Católicas).

Las lecturas litúrgicas de hoy correspondientes al Decimoquinto Domingo del Tiempo Ordinario  se pueden encontrar aquí.

En la parábola del Buen Samaritano, Jesús invierte las expectativas: ¿un samaritano —un forastero, un enemigo— es el modelo de la Misericordia? Ese es el poder de las parábolas de Jesús: transformar nuestra comprensión, transformar nuestras expectativas y llamarnos a una nueva comprensión. Sus parábolas nos invitan a la oración, la reflexión y la acción, invitándonos a preguntarnos: ¿Quién soy yo en esta historia? ¿El samaritano, el sacerdote, el levita, el herido?

En las lecturas litúrgicas de hoy, esta parábola evangélica se complementa con las palabras de Moisés en el Deuteronomio, recordándonos que amar a Dios con todo el corazón y el alma no es nuevo; ya está en nosotros. ¡Solo necesitamos vivirlo! El intérprete de la ley del evangelio sigue esta misma ley, pero desafía a Jesús sobre cómo debe vivirla. ¿Quién es mi prójimo? ¿Con cuánta amplitud debo amar?

Jesús responde con una historia, sus personajes: un hombre herido (presumiblemente judío), un sacerdote, un levita y un samaritano. El hombre herido es desnudado, golpeado y abandonado a un lado del camino. El sacerdote y el levita lo ven y pasan junto a él, alejándose del hombre.

Detengámonos aquí. Tanto el sacerdote como el levita ven y pasan al otro lado del camino. Ambos ven, pero no se detienen. Se alejan tanto del encuentro, el amor y la compasión que caminan hacia el otro lado. No se dejan llevar por la difícil situación del hombre, impidiendo así que sus corazones se conecten y se abran a la compasión. ¿Con qué frecuencia hacemos lo mismo? ¿Evitamos el contacto visual, seguimos caminando, dejamos que la incomodidad o el miedo nos bloqueen?

¿Qué perdemos cuando no encontramos a alguien?

He estado allí. Esto me sucedía a menudo al caminar por las calles de Filadelfia y encontrarme con personas sin hogar. Su situación me hacía sentir impotente y avergonzada. Pero más tarde, trabajando con esta comunidad, aprendí que simplemente ver, detenerse y hablar con alguien puede restaurar la dignidad y la conexión, la mía y la suya. El encuentro me cambió, me abrió el corazón y profundizó la compasión.

Esto es lo que el Papa Francisco llamó la Cultura del Encuentro: un llamado a acercarnos, a dejar que las historias de los demás nos interpelen y nos transformen. A través de ella, «¡nuestros corazones comenzarán a crecer, crecer y crecer! Porque la cercanía multiplica nuestra capacidad de amar«, dijo el Papa Francisco. El difunto pontífice nos dio este ejemplo con frecuencia, consciente de su propia necesidad de una mayor comprensión y conversión. Lo ejemplificó en su relación con las mujeres trans de Torvaianica, Italia, quienes compartieron sus historias con él, visitaron regularmente sus audiencias generales (sentadas en asientos VIP) y algunas incluso le prepararon comidas. Su apertura a sus vidas y testimonio lo transformó a él y, a su vez, a la Iglesia, que ahora tiene un tono más suave e inclusivo hacia ellas. Quienes antes se sentían rechazados por la Iglesia encontraron acogida gracias a su apertura. «Entonces llegó el Papa Francisco y las puertas de la iglesia se abrieron para nosotros«, dijo una de ellas en una entrevista.

En estos tiempos en que se ha lanzado tanto odio y veneno contra las personas transgénero de nuestra comunidad, la Iglesia y las personas de fe deben acoger el llamado de Francisco al encuentro y al acompañamiento. El encuentro tiene el potencial de cambiarnos y transformar los sistemas, pero requiere compromiso y humildad para permitir que obre en nosotros.

¿Qué hay del hombre herido? ¿Cómo es ver esta parábola desde su perspectiva? Hace unos años, sufrí una profunda herida por parte de la Iglesia debido a mi relación con mi pareja, Andrea. Me sentí sola, aislada de la comunidad, angustiada y desesperanzada. Durante ese tiempo, muchas personas me acompañaron y marcaron mi vida de una manera muy positiva.

Una mujer con autoridad se acercó y simplemente me pidió visitarme, escuchar cómo estaba, comprender mis necesidades y expresar su dolor por lo que estaba pasando. Al escucharme atentamente, ambas reconocimos que sanar tomaría tiempo y que no podía hacerlo sola. Juntas, reunimos a algunas otras personas para formar un círculo compasivo que pudiera cuidar la herida con cariño. Estas mujeres me acompañaron, me escucharon sin juzgarme, se adentraron en mi dolor y permanecieron conmigo hasta que comencé a sanar y pude mirar hacia el futuro. Pero la sanación no fue solo mía. A través de esta experiencia, ellas también cambiaron. Al igual que yo fui restaurada, ellas también lo fueron. Al actuar con Misericordia, ellas también la recibieron.

Estos encuentros profundos y auténticos tienen el poder de sanar no solo a individuos, sino a comunidades enteras. Crean espacios de inclusión y pertenencia; espacios que solo pueden surgir cuando estamos dispuestos a entrar en la herida, asimilar la incomodidad, a atender lo que encontramos allí y a avanzar juntos hacia la sanación, tanto personal como comunitaria.

Y así llegamos al samaritano, despreciado por sus compañeros judíos. El samaritano «se acercó a él [el hombre herido] y sintió compasión al verlo». El samaritano, a diferencia del sacerdote y el levita, no solo vio al hombre herido, sino que permitió que su sufrimiento le perturbara el corazón, moviéndolo a la compasión. Su «sufrimiento con» el hombre, que presumiblemente era judío y su enemigo, lo impulsó a actuar en su favor. Se acercó, curó sus heridas, lo llevó a un lugar seguro y lo cuidó, y atendió sus necesidades inmediatas y a largo plazo. El samaritano prodigó amor, compasión, restauración… Misericordia… a este hombre.

Con qué frecuencia, en la comunidad LGBTQ+, nos encontramos en el papel del samaritano despreciado, brindando bondad y misericordia a quienes no desean recibirla de nosotros. Siempre debemos estar dispuestos a responder con la misma caridad que él a los necesitados. La Iglesia también debe estar abierta a reconocer la imagen de Dios en nosotros y en nuestras acciones amorosas, y acogernos plenamente.

Jesús, el Buen Samaritano, invita a todos a acercarse, a ver con compasión y a actuar con amor. A través del encuentro, nos asemejamos más a él —y nos convertimos más plenamente en nosotros mismos— en una comunidad marcada por el Amor. El Encuentro. La Inclusión. La Pertenencia.

—Margie Winters, 13 de julio de 2025

Para leer la historia de Margie sobre su despido del ministerio educativo, así como otras historias, positivas y negativas, sobre personas LGBTQ+ que trabajan en espacios católicos, consulte la última publicación de New Ways Ministry, Cornerstones: Sacred Stories of LGBTQ+ Employees in Catholic Institutions (Piedras Angulares: Historias Sagradas de Empleados LGBTQ+ en Instituciones Católicas).

El libro es una antología de 12 historias de fe, sacrificio, alegría y dolor de personas LGBTQ+ que han trabajado en parroquias y escuelas católicas. Para más información, haga clic aquí.

Fuente New Ways Ministry

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