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«Reflexiones sobre el Corpus», por Christi Walter Heras Segarra, OFM

domingo, 7 de junio de 2015
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solidaridad3Leído en Adital:

«Tomen, esto es mi cuerpo”
(Mc 14,22b)

La fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, (Corpus Christi), hace presente la relación de Dios con su pueblo y del pueblo con Dios. Un aspecto fundamental es la fidelidad de las promesas de Dios, porque cumple y acompaña al pueblo, no lo deja solo ni que muera de hambre. El libro del Éxodo, presenta esta dimensión del Dios de la alianza. El pueblo que clama al Señor en la necesidad y Dios que está pronto a responder, a satisfacer dando lo que el pueblo necesita.

Reprodución.

La característica fundamental de esta fiesta, se enfatiza en la Palabra que se proclama hoy: Dios se da, se entrega, está pronto a «dar” al hombre lo que le pide, es un Dios cercano y familiar, es el Dios de la confianza, el que responde a la necesidad concreta del ser humano. Pero, en Jesucristo, el Dios cercano se manifiesta visiblemente, no da solo lo que necesita, sino que se da, se entrega El mismo, se da como alimento de vida, de comunión, de esperanza, de reconciliación y de paz. Jesucristo, se entrega totalmente, a la humanidad, y quiere estar presente siempre «yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo”.

Esta es la caridad de Dios, el amor que se manifiesta con profundidad, su entrega y presencia son el signo del gran amor con que ama a la humanidad; porque no hay amor más grande que el «dar la vida por los amigos”, y Jesucristo, dio todo hasta su vida para estar con nosotros.

La presencia de Jesús, es un llamado constante a toda la humanidad a vivir con él y cumplir el mandato que hizo en la noche del jueves santo: «Tomen, esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes, hagan esto, en memoria mía”. Las palabras de Jesús, son un mandato a cumplir lo que El hizo, se entregó por todos y para todos, y pide hagamos lo mismo, en memoria suya; por eso, el seguidor de Cristo, debe hacer lo que hizo el Maestro, debe seguir su camino, debe entregarse a Él, entregándose a los hermanos, manifestando concretamente su amor y su Caridad, porque la Caridad de Dios, desborda en la caridad y entrega de Jesucristo.

La fiesta del Corpus Christi, es la fiesta de la Caridad, del verdadero amor, de la entrega total y de la cercanía de Dios, por eso es la gran oportunidad para celebrar el día de CÁRITAS, hacer visible el amor de Dios en la entrega al hermano. La Iglesia Ecuatoriana, ha instituido este día, como el día de Cáritas y todas las parroquias deben vivir este día con amor y como una fiesta de la Caridad. Cristo se entregó a sí mismo por todos, ahora nos toca a todos los miembros de la comunidad parroquial, de la Iglesia entera, entregarnos por amor al servicio, en particular de los más necesitados.

La Cáritas Parroquial es el organismo pastoral que tiene la responsabilidad de animar, promover, coordinar el testimonio de la caridad en la comunidad cristiana siendo la parroquia el lugar de la construcción de comunidad, de encuentro fraterno, donde todos los hermanos son responsables de los demás hermanos, por ello animamos a su conformación y organización en cada parroquia. La Cáritas es el espacio para ir al encuentro de los demás y salir del pecado de la indiferencia, que nos recalcaba el papa Francisco en la Carta de cuaresma de este año.

Que contemplemos el Cuerpo de Cristo, en el cuerpo sufriente de tantos hermanos enfermos, desamparados, excluidos, heridos por distintas situaciones y que movidos por el amor y la Caridad vayamos siempre a su encuentro con entrega generosa y desinteresada.

Por Por Walter Heras Segarra, OFM, Vicario Apostólico de Zamora – Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social Cáritas | Editorial Cáritas Ecuador

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«El Misterio tirita tras la fanfarria del Corpus», por Juan Rubio

domingo, 7 de junio de 2015
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16851F29-F534-C334-A201FA52758080B7communionDe su blog A ras del suelo:

Hoy es fiesta del Corpus en Toledo y Granada. También en Madrid por un caprichoso ajuste de calendario laboral.En 1989, esta fiesta pasó al domingo y dejó de ser uno de los “tres jueves que relucen más que el sol”. Nacida en Lieja en el siglo XIII, se extendió a toda la Iglesia. En algunos lugares, la procesión aparece como un cortejo de vanidades con vitola turística.

Se vacían vitrinas de museos y se saca brillo al oro y la plata de copones, cálices y ajuar litúrgico. Enhiestas custodias, labradas con nobles metales, avanzan raudas por las calles. Entre el incienso asoma un tufo de vanidad.

En las filas de la clerecía se reivindica el lugar que la reforma litúrgica conciliar le arrebató. El sacerdote denunciará las situaciones de pobreza sin atreverse a detener la ostentación de riqueza de la procesión posterior. El Misterio de la Eucaristía tirita tras la fanfarria. Se difuminan los pies cansados y las llagas abiertas que acarician y lavan las manos del Maestro, invitando a repetir el gesto supremo del amor entregado.

La Iglesia debería revisar las formas de esta fiesta para hacer creíble la Transustanciación. La rodilla que se dobla ante el oropel debe doblarse también ante la injusticia del dolor. Lo demás es fanfarria; y hasta podría ser blasfemia

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«Haced esto en memoria mía»,

jueves, 2 de abril de 2015
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David Lachapelle(Imagen David LaChapelle)

HACED ESTO EN MEMORIA MÍA”

Luis Sandalio

ECLESALIA, 30/03/15.-

 ¿No os suena a rito por los siglos de los siglos repetido?

Lo dijo Jesús aquella tarde de despedida

en la que la negrura del horizonte

y la angustia fiera todo se lo comía.

Aquella noche en que, nerviosos y confundidos,

como ladrón forzudo y a deshora sentían

que se acercaba a ellos penosamente su renacer.

¿Y si aquellos amigos más íntimos

no supieron entenderlo bien?

No nos extrañe, ¡era tan nuevo

e inesperado todo lo que salía de Él!

A veces le hacían preguntas idiotas

y Él con paciencia se lo hacía ver:

Felipe, tanto tiempo con vosotros

y aún no podéis comprender?”

 

Recordad quiénes son los dichosos

¿Cuántas veces os lo repetiré?

Los pobres, los hambrientos los que lloran…

¡dadles vosotros de comer!

Este pan que nos une como un cuerpo,

este vino de alegría que nos ayuda a crecer

como humanos, como hermanos,

como hijos de Aquel que nos dio el ser.

 

Recordad tantas comidas que hicimos juntos

entre nosotros que no siempre nos caímos bien.

Había que limpiar la mente de prejuicios

y acoger a aquellos otros, más despreciados, también.

Sin miedo a la impureza, sin asco, sin orgullo,

haciendo para ellos un hueco, que tal vez

algunos no lo quieran y aún rechacen,

un hueco confortable e íntimo tendrá que ser.

 

Recordad lo que os decía: el que me quiera

seguir que se niegue a sí mismo. Bien;

pero no basta. Que deje de controlar su vida

y la ponga vacía y clara en las manos de Él.

Que luego se una a los hermanos y busquen

esa misión que parece imposible. Fiel

y poderoso es Aquel que inició su obra

en nosotros, la sostiene y la hará florecer.

 

Ahora en esta última cena y de despedida

quiero abriros mi corazón y poneros frente a Él:

No os confundáis por favor, ¡es muy fácil!

no multipliquéis más ritos que os armen de poder.

Todo es sencillo y claro, lo habéis vivido

conmigo y llenó de luz y gozo vuestro ser.

Ahora toca a vosotros continuarlo sin medida

Sin calendario, sin miedo, sin que me podáis tocar ni ver.

 

Yo estaré con el Padre velando por vosotros

repitiéndoos: dadles vosotros de comer;

Llenándoos de un gozo sin medida

para que lo podáis sentir y  sembrar y ver crecer;

Haciéndoos comprender la fiesta de la Vida:

Amaos los unos a los otros como yo os amé.

Sed luz del mundo y hacedlo en memoria mía

Buscad el manantial inagotable que desborde vuestro ser.

 

            Y si hay que pagar un precio. Sea la vida.

Ya os lo advertí: alzad la copa y brindad por Él.

*

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Eucaristía de Navidad en Zaragoza

sábado, 27 de diciembre de 2014
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IMG-20141225-WA0022_resizedNuestros hermanos de Zaragoza celebraron esta Eucaristía «Urbi et Orbi»:  en y para Zaragoza, con y para todos nosotros, dispersos por elmundo… Gracias, Señor por este regalo de Comunión y de Fraternidad. Os dejo con su relato:

Navidad, encuentro de ternura, Dios-con-nosotros viene a habitar nuestro corazón…

Acá en Zaragoza decidimos, encontrarnos algunos de los cristianos gays que venimos haciéndolo a lo largo de todo el año para celebrar, con cariño en torno a una mesa, la fracción del Pan, el recuerdo del Señor Resucitado, por nosotros entregado en el día de su nacimiento…

Dorian, Álamo, Abdias, Irimego, Ignaciano, luis manuel, Santi y Jon.  Hasta hubo sorpresa y apareció, como por arte de magia (esa magia de Navidad que se obra cuando las personas se quieren de verdad) En Arje que, viajando dos horas y media… casi sin comer quiso acompañarnos en esta Eucaristía de Navidad.

Hora y media de encuentro con Él… tranquilo, sabroso… Gracias Padre Dios porque te haces presente entre nosotros, aúnas esperanzas… Cristianos católicos y reformados juntos… alabando al Señor que viene… Marannatha!

Después, un compartir, un pica pica para celebrar que Dios nace, y viene a visitarnos.

En el dia de Navidad encontramos a Dios en el hermano… en el encuentro, en la alegría y en los rostros… Otros, los llevamos en el corazón, y sentimos que no estuviesen físicamente, desde el País Vasco, Valencia… Os recordamos con cariño…

A todos, desde acá… FELIZ NAVIDAD! Como dice Sta Teresa… «No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama» V, 85.

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La Eucaristía: Presencia real de Cristo en nuestras vidas.

domingo, 14 de septiembre de 2014
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jpegLeído en la web Evangelizadora de los Apóstoles

La Eucaristía un acto subversivo: Juan 6, 51-58

Celebrando: Una Eucaristía, un Bautismo y un Matrimonio en la dimensión de la Eclesiología

¡Cada Eucaristía una Pascua!

 Olga Lucia Álvarez Benjumea  ARCWP*

 ¿Cómo puede suceder esto? ¿Será posible, celebrar la Eucaristía, sin pan y sin vino?  ¿Cuál es el efecto del rito y los símbolos en una celebración? ¿Acaso no perderá la liturgia su sentido?  ¿Quién o quienes pueden dar sentido a la Liturgia Eucarística?

Un rito, con símbolos, estáticos, sin motivación, sin explicar, es una liturgia sin vida, y  lleva a que los fieles se duerman.

La Eucaristía, tiene el encanto de lo divino, del saber compartir, con todos los hermanos/as. Es través del rito y los símbolos, hacer presente lo invisible de la Esencia Divina, entre nosotros/as. Esto es posible, si hay una participación activa La Eucaristía además de ser agradecimiento, es un compromiso, en el que todas/os estamos invitados a realizar de manera concreta. La entrega y el compromiso no es solo de quien preside, nos atañe a todas/os.

Todo parte del conocer y vivenciar  nuestro Bautismo. Allí se inicia, el proceso de nuestro crecimiento en la fe y compromiso con la Iglesia Pueblo de Dios.

Es el momento del Ofertorio. ¿Qué vamos a ofrecer? Quien preside, presenta el cáliz y la patena, sin pan y sin vino. “Todos somos responsables de las injusticias, pobreza y violencia que se vive en el mundo. Si hemos venido a celebrar la Eucaristía, qué vamos a ofrecer, a la Esencia Divina, que le vamos a presentar?” El cáliz y la patena, se fue pasando de mano en mano, en silencio…hubo lágrimas.Cada uno de los participantes, fue sintiendo el desafío de su compromiso: “Ofrezco mis debilidades”, “mis temores”, “mis cobardías”, “mi silencio cómplice”, “mi falta de compromiso”, para que la Esencia Divina de la Vida; “me sane”, “me liberé”, “me de coraje”. “La ausencia de pan y vino, nos habla de pobreza, hambre, injusticias, corrupción, egoísmo,  marginación, falta de amor, paz y generosidad.”  Alguien dijo: “es hora a celebrar verdaderamente la Eucaristía y hacerla realidad, es hora de renovar nuestro compromiso bautismal y entregarnos en cuerpo y alma”. Somos cada uno de nosotros/as quienes nos debemos presentar al Cielo, sin intermediarios, que nos estropeen la relación con el Divino.No podemos  desconocer  la Iglesia Pueblo de Dios como comunidad cristiana adulta, como lo expresa  Vaticano II:

“En la Iglesia hay una admirable variedad, pero es uno solo el Pueblo de Dios, sin desigualdades de los fieles en Cristo y en la Iglesia…” L.G 32.

La parábola del Buen Samaritano así nos lo reafirma: no se necesitan sacerdotes, ni intermediarios, espacios sagrados ni instituciones; hombres y mujeres que encontremos en nuestro camino, ellas/os son el templo de Dios. (Lucas 10:30-37).  La Esencia Divina, esta presente en nosotros/as.”Hemos sido creados a su imagen y semejanza”.

A medida que se van escuchando estas intervenciones, sientes la presencia Divina y los pelos se nos ponen de punta. Es hora de hacer los cambios, y no esperar que los van a hacer por nosotros/as. Presentimos que al terminar la celebración, no vamos a salir iguales, en el fondo de nuestros interior, la Esencia Divina no ha estado sacudiendo.

La  Comunidad es invitada a participar en la Consagración extendiendo sus manos sobre el Pan y el Vino, diciendo las palabras de la consagración con la persona que preside la liturgia eucarística.

Cuando todas/os estamos participando, se activa la presencia de Dios, en cada uno de nosotras/os. Su Presencia fluye de manera extraordinaria en cada uno/a inundándonos de energía, coraje, amor y ternura, haciéndonos sentir que todos somos importantes, y todos/as nos necesitamos los unos/as de los otros/as, por eso delante de Dios y de la Comunidad, nos damos el abrazo de Reconciliación y de Paz. Somos hermanos/as, somos una sola familia! Sentimos que se eleva, la autoestima de los presentes. Sienten que ellos/as también tienen algo que decir, algo que compartir, algo que aportar, no son desconocidos/as, son familia reunida convocados/as por la Palabra de Dios, (Mateo 18:20):  “Allí donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, Yo estoy en medio de ellos”.

Cautivando la atención de los presentes, haciéndoles una motivación a participar activamente, rompiendo la timidez y mutismo, en que nos han sumergido, el clericalismo, nos atrevemos a celebrar la Eucaristía, ofreciendo el pan y el vino, símbolos de vida, de alegría, de abundancia, de salud, de energía. Cristo esta presente y nos invita: “hagan esto en memoria mía”: 1 Corintios 11:24.

Mujeres y hombres, con sentido religioso,en todos los tiempo, han buscado su relación con el Dios Creador, en todos los pueblos (indígenas y afros) los  hemos encontrado en sus ritos y símbolos, evocando su Presencia.

Es fascinante descubrir, el poder influyente del rito, sus símbolos y sus beneficios en la Comunidad. El símbolo es capaz de hacernos transcender, al Infinito. Es la unión entre el Cielo y la Tierra, es el acceso a la Esencia Divina. No pueden ser acartonados, o estáticos, exigen flexibilidad y movimiento. Son la presencia de Dios, hecha luz, a través de nuestra fe.

“Que la Iglesia sea el lugar de la misericordia y de la esperanza de Dios, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado, animado a vivir la vida buena del evangelio. Y para que el otro se sienta acogido, amado, perdonado, alentado, la Iglesia debe estar con las puertas abiertas, para que todos puedan entrar. Y nosotros tenemos que salir de aquellas puertas y anunciar el evangelio.”  

Papa Francisco

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Hacia un idolatría de la Eucaristía.

domingo, 22 de junio de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

lidolatrie-de-leucharisrie

[…] El mismo Cristo  debe asfixiarse en nuestros ostensorios de oro, en nuestros cálices incomparables, en nuestros copones incrustados de joyas, Él quiso sólo la paja del Pesebre o la madera de la cruz. El culto exagerado de la Eucaristía tiende a hacer de nuestras iglesias templos paganos.

Louis Evely
*

Condúceme de lo irreal a lo real, condúceme de las tinieblas a la luz, condúceme de la muerte a la inmortalidad.

Brihadaranyaka Upanishad
*

Una liturgia sin compromiso místico

Los faraones de Egipto han sido divinizados y los monumentos no dejan de representar su investidura divina. Cuando, más tarde, Alejandro el Grande conquistó Egipto, no creyó que pudiera asegurar su dominación sobre las colonias sin hacerse reconocer como Dios. Del mismo modo los emperadores romanos, para consolidarr la unidad de su imperio, aceptaron, luego finalmente impusieron, esta divinización de Roma y de su persona.

Pero esta divinización del faraón provocaba también, casi necesariamente, la «faraonización» de dios. Había una simbiosis, una suerte de comunidad de vida en la que las reacciones eran recíprocas y, finalmente, la imagen de la divinidad se amoldaba a la del faraón divinizado.

¿Hasta qué punto esta situación ha sido reproducida a lo largo de los siglos, incluso en el pensamiento de Israel? ¿En qué medida nuestra liturgia no guarda vestigios de este intercambio ambiguo entre la realeza terrestre y la realeza divina? ¿Hasta qué punto incluso el concepto de la realeza divina no es simplemente una emanación de la realeza humana?

¿En qué medida, en Bizancio, la liturgia de Palacio y la liturgia de Santa Sofía no coincidían en una misma imagen, donde la realeza divina y la realeza humana se confundían de nuevo?

Y en qué medida nuestra liturgia no es todavía una supervivencia de las liturgias reales que no comprometennunca el fondo del alma? ¿No podemos pensar, a veces, que en nuestra misma liturgia, se trata de rendir homenaje a un soberano, de procesiónar alrededor de su altar, de erigirle un santuario dedicado a él, y una vez hecho esto, queda con Dios, todo esto que puede realizarse y celebrar sin ninguna especie de compromiso místico?

Algo extremadamente peligroso

Es evidente que, si el hombre de la calle es tan a menudo completamente extraño a lo que pasa en nuestras iglesias, es porque no pasa allí ningún acontecimiento susceptible de tocarlo aunque sea un poco. El no se siente allí de ninguna manera alcanzado y concernido a lo más íntimo de él mismo.

Hay una religión aparente que  no asume compromiso profundo. Esto es extremadamente grave, y podemos preguntarnos hasta qué punto esto no es a causa de la Eucaristía que llegamos a una confusión tan radical sobre la esencia misma del mensaje de Jesús.

Una especie de materialismo religioso, el peor de todos; puede trágicamente establecerse alrededor de la Eucaristía; tenemos un catalizador de paladio, un pararrayos celeste, sobre la casa, podemos dormir tranquilo, Dios está allí en su cajita y lo tenemos constantemente a nuestra disposición.

¿Nos hemos cuestionado suficientemente sobre  el valor de nuestras comuniones? ¿sobre ell valor de esos niños? ¿Qué producen? ¿Qué cambian?

En las comuniones sin compromiso, donde se cuenta con el opus operatum (un efecto producido infaliblemente por el hecho de que se recibe el sacramento), en las comuniones donde mecánicamente se debe ser santificado porque se abrió la boca o se tendió la mano para recibir la hostia: hay allí algo extremadamente peligroso porque no se ve en absoluto toda la exigencia que está en la base de una conversión verdadera, y que supone a un nuevo nacimiento; no vemosen absoluto la exigencia de la comunión que implica esta transformación radical donde se pasa del mí posesivo al mi oblativo. ¿ Incluso, cuántos sacerdotes  que celebran la misa cada día todavía puede, quizá, estar todavía allí?

Resituar la Eucaristía en la perspectiva evangélica

Debemos pues resituar la Eucaristía, hay que situarla allí dónde la vida de la Iglesia debe encontrar su unidad, hay que situarla en su sitio, es decir en la perspectiva evangélica que se nos impone en los últimos encuentros del Señor con sus discípulos.

La última consigna que resuena en todas las páginas delrelato joánico, es que «os améis unos a otros como yo os he amado «. Y esta consigna es también el criterio que hace reconocer a los discípulos de Jesús: » en esto os reconocerán que sois mis discípulos, si os amais los unos a los otros. «

Y para dar una lección a sus discípulos, Jesús les lavó los pies. «Esto es lo que es amar a tu prójimo: lo que he hecho es para que hagáis vosotros lo mismo los unos a los otros.

Por extraño que pueda parecer, la Eucaristía parece haber desaparecido, ni siquiera se nombra en este lugar, ¿por qué? Debido a que está implícita en esta mandato (lavatorio de los pies). Está implícitamente contenida en el mandato y en la consigna final del Señor: «Amaos los unos a los otros», ya que es exactamente la misma cosa.

«Os conviene que yo me vaya «

Recordemos las trágicas palabras de Jesús en el discurso después de la Última Cena: «Es bueno que yo me vaya porque, si no me voy, el Paráclito, el Espíritu Santo, no vendrá a a vosotros». ¿Cómo no ver en estas palabras la confesión de un fracaso? Jesús nunca convirtió a nadie … ¡a nadie! Ni la muchedumbre, ni los sacerdotes, ni las autoridades, ni Herodes ni sus discípulos, ni incluso el discípulo amado que se dormirá como los otros enseguida en el Jardín de la Agonía: no ha convertido a nadie.

Y la llamada suprema que lesdirige  a sus discípulos en el lavamiento de los pies se quedará sin eco: no comprenden que el reino de Dios está dentro de ellos mismos.

No comprenderán que es para hacer nacer este reino interior que Jesús se arrodilla delante de ellos para lavarles los pies, y no comprenden  que es para arrancar la piedra de nuestros corazones que Jesús muere sobre la cruz. Y la última pregunta que le harán a Jesús justo antes de la Ascensión será significativa de estatotal  incomprensión.

¡La humanidad de Jesús debe pues desaparecer! Y es sólo en lo invisible, en el fuego del Pentecostes, como encontrarán a su Maestro como una presencia interior, no lo verán en lo sucesivo ya más delante de ellos sino dentro de ellos, y es en aquel momento cuando lo reconocerán. ¿Podemos desde entonces imaginar un solo instante que Nuestro Señor nos haya dado la Eucaristía para que refabriquemos con este sacramento un culto idolátrico, para que pudiéramos poseerlo allí, al alcance de nuestra mano, encerrándole en una caja para que nos pertenezca? ¿ Podemos concebir un materialismo igual por parte del Señor? ¿Cómo podemos imaginar que les hubiera robado su presencia visible a los Apóstoles para restituirnos en la hostia un foco de idolatría, como si pudiéramos disponer de Dios como el resultado de un objeto? Es absolutamente imposible, es exactamente lo contrario que sucede cuando Jesús nos da la Eucaristía.

*

Maurice Zundel

La Rochette, 1963

(Fuente)

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Dom 22. 06.14. Cuerpo de Cristo, el cuerpo-a-cuerpo de la Eucaristía.

domingo, 22 de junio de 2014
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images (2)Del blog de Xabier Pikaza:

Fiesta del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, que es la Eucaristía. Juan 6, 51-58. Nos hemos acostumbrado al gesto de Jesús que dice “esto es mi cuerpo”, dándonos su pan, para que lo compartamos, de manera apenas nos causa extrañeza, porque lo entendemos en forma puramente teológica, como palabra que el Hijo de Dios ha pronunciado, desde arriba, desde fuera de la trama de la vida.

Pues bien, esta palabra y el gesto de Jesús (al decir “éste es mi Cuerpo” y partir/compartir el pan) constituyen la esencia afectiva y social (de amor y justicia) del cristianismo, la verdad del evangelio. Ciertamente, respetamos el misterio y, en un nivel, podemos decir: Es así porque Dios así lo quiso. Pero en otro plano debemos añadir: Es así porque así es la vida, la unión de los hombres y mujeres para formar un cuerpo.

En este gesto y palabra de Jesús (partir el pan concreto, el de cada día, el de los pobres, y decir ¡es mi cuerpo!) se anuda todo el evangelio, centrado en la creación de un “cuerpo mesiánico” bien visible, que no es un tipo de fraternidad puramente espiritual, ni un club de ricos y sabios empeñados en lograr el dominio sobre el mundo… ni una institución dedicada al control sagrado del mundo, sino un cuerpo concreto, de personas siempre concretas.

Un cuerpo, donde todos se relacionan de un modo directo, mano a mano, beso a beso, respeto a respeto, en el nivel concreto de la vida y del pan, bendiciendo al Dios de quien lo recibimos… Eso es la Iglesia, eso es la eucaristía de la vida, tal como ha sido ratificada por Jesús, como sentido y permanencia de su vida.

Algunos cristianos posteriores han querido construir una institución «sabia», con libros importantes y buenas genealogías, pero han corrido el riesgo de perder el «cuerpo a cuerpo» de Jesús, que eso su Iglesia, un encuentro concreto de personas, mujeres y hombres, que se dan la vida y la comparten, formando de esa forma una comunión visible, simbolizada y expresada en el pan compartido, que es el signo supremo de Jesús “cuerpo”, un lugar donde son privilegiados los pobres y excluidos, en contra de los «cuervos» (fondos-cuervos) que viven a costa de los otros.

jesus comparte mesa- cerezoLa Iglesia aparece así cómo “cuerpo” real, es decir, como unión cercana de (entre) personas.Un cuerpo, eso es, algo visible y concreto, una forma de comunión entre hombres, mujeres y niños, abierta a todos, en torno al pan que comparten, en nombre de Jesús, recordando y expresando su entrega… sin poderes ni jerarquías de dominio, porque “el Cristo es cuerpo” (cf. 1 Cor 12, 27), un cuerpo donde, en este contexto radical, ni él mismo es Cabeza, pues todos miembros unos de (y con) los otros.

(El tema está tomado de mi libro: Fiesta del pan, fiesta del vino Mesa común y eucaristía, Verbo Divino, Estella 2005). Buen Corpus, amigos.

Texto. Juan 6,51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

10416965_296579797185886_4815025130495230993_nNo voy a comentar el texto en forma exegética, ni compararlo a los textos de la fundación de la eucaristía en la Última Cena, según los sinópticos. Sólo quiero evocar el sentido del «cuerpo» ¿Quién y cómo puede decir: esto es mi cuerpo? ¿De qué forma se puede dar y compartir el cuerpo, la vida concreta formando así un “cuerpo” humano?

– El signo de Jesús es el pan compartido. No el alimento de las purificaciones y los ázimos rituales (que comen separados los buenos judíos), sino el pan de cada día, al que alude el Padrenuestro: la comida que se ofrece a los pobres, se comparte con los pecadores y se expande en forma universal. Este es su signo: todo lo que ha dicho, todo lo que ha hecho se condensa y expresa en forma de alimento que sustenta y vincula a los humanos. Sin justicia social y comunicación económica no existe de verdad eucaristía.

– El pan suscita y crea Cuerpo… Jesús no anuncia una verdad abstracta, separada de la vida, una pura ley social, un principio religioso… Al contrario, mesías de Dios, Jesús es cuerpo, esto es, vida expandida, sentida, compartida. El evangelio nos sitúa de esta forma en el nivel de la corporalidad cercana, que la mujer del vaso de alabastro (Mc 14, 3-9) expresaba en forma de perfume y que Jesús ofrece como pan (comida). Sin comunión personal (de cuerpo y sangre) no existe eucaristía, ni existe sociedad humana.

– El pan hecho Cuerpo expresa la vida mesiánica, que se da y acoge, se goza y comparte, en comida de solidaridad y de justicia, de comunión mutua y de fiesta. Una tradición del cristianismo ha entendido esa experiencia de dar y compartir el cuerpo en término de “liturgia sacrificial”, es decir de cuerpo en cruz, de expiación. Pero antes que eso, el pan compartido es regalo (que se da y disfruta), la unión de un cuerpo es un gozo de vivir y compartir en compañía.

ESTO ES MI CUERPO, PALABRA DE…

‒ Palabra amante y de madre… Al principio de la historia está el cuerpo que se admira y comparte, en gozosa compañía, como dijo Adán cuando descubrió a su lado a Eva: “Ésta es carne de mi carne, hueso de mis huesos…” (Gen 2, 24-25). Al principio está igualmente la madre que dice a hijo/a eres mi cuerpo… En el origen de la vida está la eucaristía de novio/novio y de madre/padre, que consiste en dar el cuerpo, a fin de que otro viva, en proceso de amor y de generación, que ha descubierto y cantado el libro del Apocalipsis cuanta el gozo de las bodas finales, cuando todos formarán un cuerpo de amor y de vida. (cf. Ap 12 y Ap 21-22).

‒ Palabra de identidad y comunión, individualidad y comunicación, la vida entera alimentada por el pan. La antropología de Jesús no es dualista, en el sentido posterior, que separaba el cuerpo (que se debe al rey) y alma (que es de Dios), según el drama hispano del siglo XVII. En esa línea de dualismo se sitúan algunos pasaje del evangelio como aquel que dice “no temáis a los que pueden matar el cuerpo, sino a quien puede mandar cuerpo y alma a la gehena” (cf. Mt 10, 28). Pero aquí, en esta fiesta del pan de Jesús, cuerpo no es aquello que se opone al alma, exterioridad de la persona, sino la persona y vida entera, la comunión mesiánica.

‒ Palabra de la vida…
 Cuerpo es el mismo ser humano en cuanto comunicación y crecimiento, exigencia de comida y posibilidad de muerte: fragilidad y grandeza de alguien que puede enfrentarse a los demás, en violencia homicida, para defender su identidad individual o social, pero que puede regalar también su vida a los demás, creando así un cuerpo más alto (comunión) con ellos. Leer más…

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«¿Celebrar la Eucaristía sin un sacerdote?», por Pierre Collet.

domingo, 1 de junio de 2014
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Mujeres concelebrandoLeído en Atrio:

Como es normal, toda la red de Nosotros Somos Iglesia (movimiento cristiano de base iniciado en Austria) se ha movilizado ante la noticia del post anterior. Nos llega de Chile (Enrique Orellana) este comunicado de Pierre Collet, miembro de Movimiento Somos Iglesia de Bélgica.

En Bélgica, obviamente estamos sorprendidos como todos ustedes y queremos ofrecer a Marta y a su marido nuestro apoyo y nuestra solidaridad. Como muchos ya han dicho, nos parece que no sería apropiado responder a un anatema con el mismo idioma, con una proclama a la inversa: sólo el diálogo, un diálogo constructivo, podría ser beneficioso. Y nos parece que tenemos que concentrarnos rápidamente en la razón y en el contenido de esta sanción. De esta manera, me gustaría recordar que la celebración de la Eucaristía sin sacerdote fue uno de los temas clave del encuentro europeo de las comunidades de base en 2009 en Viena, Martha asistió y también pronunció allí un discurso. Les ofrezco aquí el documento que en aquella ocasión había preparado por los belgas sobre la base de nuestra práctica y nuestro pensamiento. Fue entonces publicado en cuatro idiomas en nuestra página de PAVÉS (Pour un Autre Visage d’Église et de Société):   Es un punto de partida que sigue teniendo actualidad, visto lo visto…


Bélgica.

¿Celebrar la Eucaristía sin un sacerdote?

Comunicación presentada al Encuentro Europeo de 2009.

Se solicita la participación del grupo belga en  el encuentro europeo del 2009 de las comunidades de base. Nosotros aportamos  nuestra experiencia en la celebración de la Eucaristía sin un sacerdote: ¿transgresión, escándalo, temeridad, avance del futuro, sentido profético? Muchas interpretaciones son posibles.

Para evitar caer en una visión ideológica, nosotros hemos hemos  querido entrevistar a aquellas y aquellos  que lo vivieron y se les solicitó su testimonio. De las 30 a 40 comunidades que componen nuestra pequeña red de habla francesa en Bélgica, diez respondieron a la encuesta y es sobre la base de esa información que hemos preparado este informe. Por tanto, no es un informe exhaustivo de todas las experiencias de las comunidades y, no se puede incluso afirmar que en la mayoría de las comunidades  se celebre la Eucaristía sin un sacerdote. Para ser honestos y completos, debemos añadir también que, para algunos, el tiempo de celebración no es imprescindible, al menos en forma estructurada: quieren sobre todo un centro de recursos, de compartir, de apoyo y de amistad y, a veces, también para la acción conjunta.

Pero en la celebración de la Eucaristía sin un sacerdote, las respuestas son significativas: por un lado, varias comunidades que han participado en las encuestas reconocieron que en efecto, lo hacen bonito y bien,  ya sea siempre ya sea excepcionalmente; otros plantean la posibilidad pero sin  decir más; por otra parte, existen similitudes  reales, tanto a nivel de prácticas  como de justificaciones que ellas dan.

Un poco de historia

image10Es a principio de los años 90 cuando las comunidades comienzan a celebrar la Eucaristía, habiendo o no un sacerdote presente. Dos grupos dicen que lo llevan haciendo desde 1980. Dos razones son a menudo avanzadas.

Al igual que en otros países europeos, nuestra comunidades de base surgieron a raíz del impulso generado por la participación del concilio y una cierta impaciencia de los cristianos para hacer frente a los retrasos, incluso a la dilación de las autoridades de la Iglesia. Ella se compone principalmente de  personas de cierta edad, y los sacerdotes que participaron en su creación no son una excepción a esta característica. Esto es a menudo la ausencia, enfermedad, la muerte del sacerdote líder que ha sido el detonante de la situación actual. Y la idea de ir a buscar en otra parte, en el lateral de la parroquia por ejemplo, el sacerdote que sería “buena reputación” nunca se ha considerado como relevante: es siempre percibido como artificial.

Pero desde el principio, la opción que se tomó fue la preparación y realización de la celebración por parte de los miembros de la comunidad. Así, aun en presencia de un sacerdote, como fue el caso, ningún celebrante titulado no tenia un poder diferente de los otros participantes. Esta práctica de la responsabilidad compartida fue unánime: ya sea confiando la responsabilidad cada vez en un miembro, o en pequeños equipos de preparación, o el reconocimiento de la igualdad y la complementariedad de los carismas particulares, lo que es el objetivo y la experiencia  no es nada menos que la acogida de cada una y cada uno , el reconocimiento de su contribución a la comunidad, afirmando su función.

Podemos incluso afirmar sin temor a equivocarnos que la razón principal es el reconocimiento de una igualdad fundamental entre sacerdotes y laicos, y esta conciencia se ha desarrollado progresivamente en las comunidades, y, por tanto, en las celebraciones. Varios testigos  informaron de que este desarrollo  pudo ser alcanzado por iniciativa de algunos sacerdotes que se  borraron  deliberadamente para favorecer esta dinámica comunitaria: los que lo conocieron recordarán con gratitud  una de las grandes  ideas de Pierre de Locht que él bien ha conseguido compartir.

Una tercera razón esta a veces, también estrechamente ligado a esta última: “Queríamos terminar con una visión de lo sagrado muy similar a la magia. El sacerdote tenía hasta ahora competencia exclusiva casi mágica para “transformar” – “transubstanciación” … – El pan y el vino ,palabras inmutables, sagradas, él era  el único que podía pronunciarlas. Nosotros estábamos a miles de kilómetros de distancia dev este punto de vista. El Compartir eucarístico para nosotros se ha convertido en una reunión, una comida de forma simbólica, pero entre mujeres y hombres, bien en carne, muy arraigados en las personas, radicalmente en la igualdad de condición y los derechos, sin dejar de ser impulsados por una fe común, que la experiencia de un encuentro con el Señor Jesús y que se alimenta en profundidad. Algunos pasajes de las Escrituras sugieren esta concepción  no clerical de las prácticas litúrgicas .

Es La comunidad quien celebra

El documento Kerk en Ambt de holandeses dominicanos en septiembre de 2007 vino a confirmar si era necesario la convicción de estas comunidades. En la fidelidad al Concilio Vaticano II, el texto se basa en una verdadera “vuelta a lo básico” de la fe cristiana: la Iglesia es el Pueblo de Dios, y la estructura es, literalmente, “secundaria” porque todo entero al servicio de esta gente. Desde esta perspectiva se ve la Iglesia como  cuerpo cuya cabeza  sólo puede ser Cristo, por lo tanto, propone a las comunidades locales a elegir su propio representante y su equipo para celebrar la Eucaristía. La comunidad debe solicitar al obispo que confirme después  su elección de representante por la imposición de manos.

Un poco provocadores, los dominicanos agregaron: “Si algún obispo se niega a tal confirmación -” la ordenación “- Seguimos confiando en  las comunidades :ellas celebran una verdadera Eucaristía  cuando se reúnen en la oración y  comparten el pan y el vino “.

Incluso si nuestras comunidades de base por lo general no se sienten muy preocupadas por la dimensión estructural tratadas así, ellas  comparten la convicción de que es la comunidad la que celebra, no una persona en particular. Las dos razones para ello son muy complementarias: la parte democrática de nuestra cultura en general y de nuestra lucha en la sociedad, no sería lógico que, en nuestras reuniones de la comunidad, dejáramos en el felpudo  esta preocupación que llevamos todos los días  de la participación y la igualdad entre hombres y mujeres, jóvenes y viejos, entre los intelectuales y manuales, etc. Por supuesto, esta opción da algo de color a las comunidades socio-político, pero no creemos que puede ser diferente en el Reino anunciado por Jesús … La segunda razón es aún más evidente: es de ser fiel a la forma en que el mensaje de Jesús ha sido recibida y vivida por los primeros cristianos, muchas comunidades tratan de recordar :

“Ellos se dedicaron a la enseñanza de los Apóstoles, fieles a la comunión fraternal, a la fracción del pan y a las oraciones. ” (Hechos 2:42)

“Día tras día, un solo corazón, asistieron asiduamente al Templo y partían  el pan en sus hogares, tomando los alimentos con alegría y sencillez de corazón.” (Hch 2,46)

– “Para vosotros, no os hace falta llamar” maestro “, porque sólo tenéis un maestro y todos ustedes son hermanos. No llaméis a nadie sobre  la tierra ” padre “, ya que solamente tenéis uno , el Padre celestial. No hace falta que llaméis a nadie  “doctor”, ya que sólo tienes un médico,  Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor, quien se exalta a sí mismo será humillado, y quien se humilla será enaltecido. » (Mt 23,8-12).

– “Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos. “(Mateo 18:20)

Preguntas abiertas

No cabe duda de que la opción de celebrar la Eucaristía sin un sacerdote no fue sin pena  o sin complejos; las comunidades dicen que el  proceso de decisión se tomó hace casi 10 años, otros dos admiten que esto puede haber causado  la salida de algunos miembros, pero en general la valoración es muy positiva por las razones citadas. Esto no impide que muchas preguntas sigan abiertas y que podríamos formularlas.

A nivel de funcionamiento, la primera fue el gran riesgo de la anarquía (”nadie, nada, no importa cómo”)  el peligro de la sustitución de la dirección de la cura por el de algún otro gurú … Ningún  testimonio  ha probado el hecho de desviaciones explicitas  en el testimonio  o “estatus privilegiado”, pero todas hacen hincapié en la necesidad de respetar las normas (a veces incluso una “Carta Magna”), de evaluar periódicamente, de confiar en el sistema de la delegación temporal: las «asambleas de los discípulos de Jesús siempre han sido “estructuradas” ansioso por demostrar que su origen estaba en la iniciativa de Jesús y no en la suya, y expresando que por una división de funciones, sobre la base de los carismas dada por el Espíritu».

Más delicada es la cuestión de una “trivialización de lo sagrado”. Aún no hemos salido totalmente  de la confusión entre lo sagrado y lo mágico, y el respeto a la fe personal y el viaje de todos, varios testigos informaron de los momentos de silencio y de recogimiento, y de la expresión formal de la oración en relación a la puesta en común de la palabra.

La última pregunta es finalmente sobre los vínculos entre las comunidades y  otros cristianos, los que podrían llamarse de riesgo “sectarios”. Había probablemente un poco de eso en la voluntad de Ernest Michel cuando puso en marcha una “coordinación” de las comunidades locales. Pero más allá de ese círculo,  se trata de mantener también las puertas abiertas, de  rechazar las réplicas de pequeños grupos cerrados y nostálgicos, y asegurar los vínculos con la sociedad y la iglesia local. El “cómo” de este reconocimiento mutuo es necesariamente variable, depende mucho de las personas y lugares, pero nunca parece descuidado.

Dos citas para concluir la prueba de síntesis. El primero proviene de La Parroquia Libre de Bruselas. “Sin pretender que nuestra práctica litúrgica es la única correcta, la única válida, pero sobre todo que se imponga en todas partes, al menos podemos decir que nuestras reuniones son pacíficas, de paz, llenas de esperanza, de que vivimos con sensación de que poco a poco han encontrado un modus operandi humana y espiritualmente satisfactorio, es decir, en particular, donde cada uno de nosotros tiene su lugar, su papel, su voz, sea cual sea su sexo, la formación, su compromiso personal público o privado”.

Y estas palabras de Gerard Fourez quien participa en una comunidad de base en Namur, “¿Qué es lo que hace que exista una Eucaristía? ¿Es la presencia del sacerdote o la existencia de una comunidad que, después de Jesús, dice, ‘Esta es mi vida que yo doy?  No son las palabras de la consagración las que hacen que haya  Eucaristía, y que Dios esté presente. Es el compromiso de la comunidad suscitado por el Espíritu y el Evangelio. Por lo tanto, cuando una comunidad se reúne para hacer memoria – en palabras y acciones – de las buenas nuevas de Jesucristo, ella  celebra la Eucaristía, sea que un sacerdote ordenado esté presente o no. ”

Pierre Collet

Vienne, 1er mai 2009

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«Acoger la fuerza del Evangelio». 4 de mayo de 2014. 3 Pascua (A). Lucas 24, 13-35.

domingo, 4 de mayo de 2014
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25-PascuaA3Dos discípulos de Jesús se van alejando de Jerusalén. Caminan tristes y desolados. En su corazón se ha apagado la esperanza que habían puesto en Jesús, cuando lo han visto morir en la cruz. Sin embargo, continúan pensando en él. No lo pueden olvidar. ¿Habrá sido todo una ilusión?

Mientras conversan y discuten de todo lo vivido, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos. Sin embargo, los discípulos no lo reconocen. Aquel Jesús en el que tanto habían confiado y al que habían amado tal vez con pasión, les parece ahora un caminante extraño.

Jesús se une a su conversación. Los caminantes lo escuchan primero sorprendidos, pero poco a poco algo se va despertando en su corazón. No saben exactamente qué. Más tarde dirán: “¿No estaba ardiendo nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?”

Los caminantes se sienten atraídos por las palabras de Jesús. Llega un momento en que necesitan su compañía. No quieren dejarlo marchar: “Quédate con nosotros”. Durante la cena, se les abrirán los ojos y lo reconocerán. Este es el primer mensaje del relato: Cuando acogemos a Jesús como compañero de camino, sus palabras pueden despertar en nosotros la esperanza perdida.

Durante estos años, muchas personas han perdido su confianza en Jesús. Poco a poco, se les ha convertido en un personaje extraño e irreconocible. Todo lo que saben de él es lo que pueden reconstruir, de manera parcial y fragmentaria, a partir de lo que han escuchado a predicadores y catequistas.

Sin duda, la homilía de los domingos cumple una tarea insustituible, pero resulta claramente insuficiente para que las personas de hoy puedan entrar en contacto directo y vivo con el Evangelio. Tal como se lleva a cabo, ante un pueblo que ha de permanecer mudo, sin exponer sus inquietudes, interrogantes y problemas, es difícil que logre regenerar la fe vacilante de tantas personas que buscan, a veces sin saberlo, encontrarse con Jesús.

¿No ha llegado el momento de instaurar, fuera del contexto de la liturgia dominical, un espacio nuevo y diferente para escuchar juntos el Evangelio de Jesús? ¿Por qué no reunirnos laicos y presbíteros, mujeres y hombres, cristianos convencidos y personas que se interesan por la fe, a escuchar, compartir, dialogar y acoger el Evangelio de Jesús?

Hemos de dar al Evangelio la oportunidad de entrar con toda su fuerza transformadora en contacto directo e inmediato con los problemas, crisis, miedos y esperanzas de la gente de hoy. Pronto será demasiado tarde para recuperar entre nosotros la frescura original del Evangelio.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora Buenas Noticias

Difunde la fuerza transformdora del Evangelio. Pásalo

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«Lo reconocieron al partir el pan». Domingo 4 de mayo de 2014 3º Domingo de Pascua

domingo, 4 de mayo de 2014
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timthumb.phpLeído en Koinonia:

En la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, encontramos a Pedro pronunciando su primera predicación pospascual, dirigida tanto a los judíos presentes como a todos los habitantes de Jerusalén. El sermón es de tipo kerigmático, con la presentación de tres aspectos de la vida de Jesús, que componen el credo de fe más antiguo del cristianismo: un Jesús histórico, acreditado por Dios con milagros, prodigios y señales; su muerte a mano de las autoridades judías, y finalmente, su resurrección obrada por Dios para salvación de toda la humanidad. Pedro termina su discurso con un sello de autenticidad: de todo esto, «nosotros somos testigos» (Hch 2,32). Creer en Jesús resucitado era reconocerlo como Mesías, lo que según las Escrituras, abría las puertas para su segunda venida y el fin del mundo. Esto explica las actitudes de recogimiento y miedo que llevan a los discípulos a encerrarse bajo llave. Sin embargo, Pentecostés cambia para siempre las cosas, pues antes que miedo por el fin del mundo, el Espíritu les indica que el mundo apenas comienza, y que la iglesia que acaba de nacer tiene el compromiso de contribuir en la reconstrucción de este mundo con la clave del amor. Así comenzó la Iglesia su misión, cambiando los miedos del fin del mundo, por la alegría, el optimismo y el compromiso de hacer que cada mañana el mundo nazca con más amor, justicia y paz.

La referencia a la primitiva comunidad cristiana nos hace descubrir la importancia que la praxis del amor y de la solidaridad tuvo en el surgimiento del cristianismo. No fue sin más una teoría, sino un cambio de vida, una praxis, una transformación social, lo que estaba en juego. Importante tenerlo presente, cuando tantos piensan que el cristianismo es cuestión de aceptar intelectualmente un paquete de verdades, teorías o dogmas.

En la segunda lectura, el apóstol Pedro hace un llamado a mantener la fidelidad a Dios aún en situaciones de destierro, desplazamiento, marginación o exclusión, porque Dios, en un nuevo Exodo, nos libera de una sociedad sometida a leyes injustas e inhumanas, que protegen sólo al que paga con oro o plata. Esta liberación fue asumida por Jesús con el sello de su propia sangre, como una opción de amor, consciente y voluntaria, por los hombres y mujeres del mundo entero. El precio que debemos pagar a Jesús por tanta generosidad, no es con oro ni plata, sino, dando vida a los hermanos que siguen muriendo, víctimas de la injusticia y la deshumanización. Eso será realmente «devolver con la misma moneda».

En el evangelio, dos discípulos, que no eran del grupo de los once (v.33) se dirigen a Emaús. Probablemente se trata de un hombre y una mujer, casados, (también había mujeres discípulas), que regresaban a su pueblo natal frustrados por los últimos acontecimientos de la capital. Mientras conversaban, Jesús se acerca y comienza a caminar con ellos, al fin y al cabo es el Emmanuel. Pero ellos no pueden reconocerlo, sus ojos están cerrados. ¿Por qué? Porque en el fondo todavía tenían la idea de un mesías profeta-nacionalista, que conquistaría el mundo entero para ser dominado por las autoridades de Israel, un mesías necesariamente triunfador… Por eso, estaban viendo en la cruz y en la muerte del maestro, el fracaso de un proyecto en el cual habían puesto sus esperanzas.

Serán las Escrituras las primeras gotas que Jesús echa en los ojos del corazón de estos discípulos, para que puedan ver y entender que no es con el triunfalismo mesiánico, sino con el sufrimiento del siervo de Yavé, como se conquista el Reino de Dios; un sufrimiento que no es masoquismo, sino un cargar conscientemente con las consecuencias de la opción de amar a la humanidad, actitud difícil de entender en una sociedad dominada por un poder de dominio que mata a quien se interpone en su camino. Por la vida, hasta dar la misma vida, es el testimonio de Jesús ante sus dos compañeros.

El relato de los discípulos de Emaús es una pieza bellísima, evidentemente teológica, literaria. No es, en absoluto, una narración ingenua directa de un hecho tal como sucedió. Es una composición elaborada, simbólica, que quiere dar un mensaje. Y como todo símbolo, que no lleva adjunto un manual de explicación, permanece «abierto», es decir, es susceptible de múltiples interpretaciones. Y desde cada nuevo contexto social, en cada nueva hora de la historia, los creyentes se confrontarán con ese símbolo y extraerán nuevas lecciones…

En una página adjunta (http://servicioskoinonia.org/biblico/textos/emaus.htm) presentamos una glosa a este texto de Lucas, leído desde la situación psicológica de los «militantes latinoamericanos en los 90». La situación, actualmente, por fortuna, ha cambiado, pero las situaciones de depresión, de derrota y de desánimo, lamentablemente forman parte esencial de nuestra vida, por lo que puede ser interesante leer la interpretación que allí se ofrece del tema de Emaús desde América Latina. Leer más…

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CP 3 (Dom 4.5.14). En Emaús nos vemos, él no fallará

domingo, 4 de mayo de 2014
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CLOFAS~1Del blog de Xabier Pikaza:

Domingo 3 de Pascua. Lc 24, 13-35.

Ésta es quizá la más bella historia de resurrección. Por el camino de Emaús pasó Jesús, por allí sigue pasando, como ha narrado Lucas, que recoge la tradición de dos fugitivos que le encuentran y se dejan acompañar por él cuando les explica la Escritura y comparte con ellos el pan.

— Sucedió esa historia, con dos personajes concretos: Cleofás y María su esposa (cf. Jn 19, 29), el primer matrimonio expresamente cristiano de los comienzos de la Iglesia.

— Puede suceder también en cada uno de nosotros , que somos Cleofás o su mujer (o su hermano/amigo o hermana), en camino de pascua.

— Buen domingo a todos, buena Pascua, amigos caminantes del evangelio,en esta Pascua de gracia 2014. Nos vemos en Emaús, si os parece y no fallamos el camino. Él no fallará.

Dos fugitivos

No van con las mujeres al sepulcro, para ungir al cuerpo muerte, ni quedan en Jerusalén, como los otros, sino que escapan. Es como si tuvieran más dolor; como si la aventura de Jesús hubiera aparecido ante sus ojos como un bello y duro engaño. Cuanto antes pudieran olvidarla sería mejor: la vida no se puede edificar sobre recuerdos vacíos, sobre palabras vanas, como las de las mujeres del sepulcro (cf 24, 11-22).

Escapan por los caminos de la vida y para volver hacia el Cristo y su mensaje necesitan más razones que la catequesis pascual de las mujeres de Mc 16, 1-8; a ellas les bastaba el recuerdo de aquello que Jesús había dicho, estando como estaban al borde de su tumba vacía. Estos necesitan toda la palabra de Escritura, necesitan la fracción del pan, tienen que ver a Jesús. De esa manera, su misma gran incredulidad se hará motivo de una más honda y larga catequesis pascual.

Son muchos los motivos que podríamos destacar en esa catequesis, convertida en principio de la más intensa teología de la pascua. Podríamos hablar de una hermenéutica, es decir, de una nueva comprensión de la Escritura, desde el Cristo muerto. También podemos hablar de una revelación, pues Dios se manifiesta por medio del Cristo como vencedor sobre la muerte, y de una iluminación transformadora, pues los antiguos fugitivos descubren que su vida cambia al contacto con Jesús resucitado. Hay en el fondo de todo una experiencia de conversión/vocación, pues aquellos que escapaban de Jesús y de su grupo vuelven y descubren a la iglesia como una comunidad que se reúne en torno a la confesión pascual…

Desde ese fondo, en contraste con las mujeres del sepulcro que no creen (cf. Lc 24,10) presenta Lc 24, 13-35 a estos testigos de la pascua, realizando un camino de resurrección que va del desengaño (¡Jesús fue sólo una ilusión!) al reconocimiento del misterio completo del Cristo.

Experiencia de Emaús. El comienzo.

El texto es una joya de teología narrativa: la verdad no se argumenta ni demuestra a base de razones; la verdad viene a expresarse en forma de relato; sólo convence quien sepa contar una historia de forma que su verdad (su mensaje) vuelva a hacerse presenta allí donde se cuenta.

Y he aquí que dos de ellos
(del grupo de Once y los otros: cf 24,9),
en aquel mismo día caminaban hacia una aldea llamada Emaús,
que distaba como una sesenta estadios de Jerusalén.
Y ellos dialogaban entre sí sobre todas estas cosas
que habían acontecido.
Y sucedió que mientras dialogaban y hablaban
el mismo Jesús se acercó y caminaba con ellos.
Y sus ojos estaban cerrados, para no reconocerle. Y él les dijo:
– ¿Qué son esas palabras que os decís entre vosotros,
mientras camináis?
Y ellos se pararon, quedando tristes.
Y uno, llamado Cleofás, respondiéndole le dijo:
– ¿Eres tú el único habitante de Jerusalén que ignoras
las cosas que han pasado en ella en estos días?
Y les preguntó: ¿Cuáles? Y ellos le dijeron:
– Las referentes a Jesús de Nazaret, que fue varón profeta,
poderoso en acción y palabra, ante Dios y ante todo el pueblo,
cómo le entregaron nuestros sacerdotes y jefes,
en juicio de muerte y le crucificaron.
Nosotros esperábamos que él fuera quien debía redimir a Israel,
pero con todas estas cosas, han pasado ya tres días…
(Lc 24, 13-21)

Estos fugitivos de Emaús son signo de todos los han ido caminando con Jesús pero después se han decepcionado. No pueden entender la cruz, no saben situar su muerte en el esquema salvador del reino: ¡pensábamos que tenía que redimir a Israel! Como fracasados escapan, huyendo de su propia historia, del pasado de su encuentro con Jesús, con la esperanza rota.

Escapan y sin embargo siguen hablando de Jesús, como si tuvieran necesidad de recrear su recuerdo, de recuperar su figura. Uno se llama Cleofás (24, 18). El otro permanece innominado (¿su mujer Maria, una hermana, un amigo?). Si María, la mujer de Cleofás que estaba bajo la cruz (cf. Jn 19, 25) es la misma que ahora acompaña a Cleofás (y este Cleofás es el mismo de aquel texto), tenemos que afirmar que ella no cree, ni ella ni su marido, que vuelven a su casa.

Sea como fuere, ellos abandonan la comunidad donde sigue reunido el resto de discípulos incrédulos con las mujeres creyentes (cf 24, 9-10.33-35). Parecen el comienzo del fin; empieza a disgregarse el grupo que Jesús había formado a lo largo de su vida. Escapan de Jesús, pero le llevan en su mente y conversación (cf. Lc 24, 14). Pues bien, la misma huida viene a convertirse en principio de un nuevo encuentro.

Muchas veces resulta necesaria la distancia: separarse del lugar de la experiencia inmediata, tomar tiempo para revivir lo que ha pasado. Quien no sufra el choque fuerte del fracaso de Jesús, quien no sienta la tentación de escaparse no podrá entender el evangelio. Ese momento de decepción, ese intento de evadirse de recuperar la tranquilidad de un pasado sin cruz, constituye un elemento integrante de la resurrección cristiana.

El desconocido de pascua. Catequesis del camino.

Se suele decir que no existe verdadera conversación si es que no viene “un tercero” para ofrecer nueva luz. Pues así viene Jesús, como un desconocido, que empieza preguntando: se interesa por el dolor de los fugitivos y permite que ellos hablen y digan aquello que esperaban (liberación de Israel) y aquello que ahora sufren (fracaso de Jesús). Para que la conversación resulte verdadera debemos empezar acogiendo la palabra de los otros, no sólo para aprender lo que ellos digan sino también (y sobre todo) para dejar que ellos se expresen y con ello manifiesten su verdad, su intimidad más honda. Leer más…

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Del desencanto al entusiasmo. Domingo 3º de Pascua. Ciclo A.

domingo, 4 de mayo de 2014
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20._jesus_appears_at_emmaus-lowresDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

26 de abril de 2014

La víspera de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, volviendo al Instituto Bíblico, encuentro a un compañero jesuita acompañado de un visitante que ha venido a la ceremonia. Me lo presenta, me pregunta qué enseño y le respondo: Antiguo Testamento. «¿No estamos ya en el Nuevo? Para qué sirve el Antiguo?» «Sin el Antiguo no se puede entender el Nuevo», le contesté. El evangelista Lucas, en su relato sobre la aparición a los dos discípulos que van camino de Emaús, parece darme la razón.

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:

― ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?

Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:

― ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?

Él les preguntó:

― ¿Qué?

Ellos le contestaron:

― Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.

Entonces Jesús les dijo:

― ¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:

― Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron:

― ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?

Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:

― Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Hay que olvidar lo que sabemos

Para comprender el relato de los discípulos de Emaús hay que olvidar todo lo leído en los días pasados, desde la Vigilia del Sábado Santo, a propósito de las apariciones de Jesús. Porque Lucas ofrece una versión peculiar de los acontecimientos. Al final de su evangelio cuenta sólo tres apariciones:

1) A todas las mujeres, no a dos ni tres, se aparecen dos ángeles cuando van al sepulcro a ungir el cuerpo de Jesús.

2) A dos discípulos que marchan a Emaús se les aparece Jesús, pero con tal aspecto que no pueden reconocerlo, y desaparece cuando van a comer.

3) A todos los discípulos, no sólo a los Once, se aparece Jesús en carne y hueso y come ante ellos pan y pescado.

Dos cosas llaman la atención comparadas con los otros evangelios: 1) las apariciones son para todas y para todos, no para un grupo selecto de mujeres ni para sólo los once. 2) La progresión creciente: ángeles – Jesús irreconocible – Jesús en carne y hueso.

Jesús, Moisés, los profetas y los salmos

Hay un detalle común a los tres relatos de Lucas: las catequesis. Los ángeles hablan a las mujeres, Jesús habla a los de Emaús, y más tarde a todos los demás. En los tres casos el argumento es el mismo: el Mesías tenía que padecer y morir para entrar en su gloria. El mensaje más escandaloso y difícil de aceptar requiere que se trate con insistencia. Pero, ¿cómo se demuestra que el Mesías tenía que padecer y morir? Los ángeles aducen que Jesús ya lo había anunciado. Jesús, a los de Emaús, se basa en lo dicho por Moisés y los profetas. Y el mismo Jesús, a todos los discípulos, les abre la mente para comprender lo que de él han dicho Moisés, los profetas y los salmos. La palabra de Jesús y todo el Antiguo Testamento quedan al servicio del gran mensaje de la muerte y resurrección.

La trampa política que tiende Lucas

Para comprender a los discípulos de Emaús hay que recordar el comienzo del evangelio de Lucas, donde distintos personajes formulan las más grandes esperanzas políticas y sociales depositadas en la persona de Jesús. Comienza Gabriel, que repite cinco veces a María que su hijo será rey de Israel. Sigue la misma María, alabando a Dios porque ha depuesto del trono a los poderosos y ensalzado a los humildes, porque a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Los ángeles vuelven a hablar a los pastores del nacimiento del Mesías. Zacarías, el padre de Juan Bautista, también alaba a Dios porque ha suscitado en la casa de David un personaje que librará al pueblo de Israel de la opresión de los enemigos. Finalmente, Ana, la beata revolucionaria de ochenta y cuatro años, habla del niño Jesús a todos los que esperan la liberación de Jerusalén. Parece como si Lucas alentase este tipo de esperanza político-social-económica.

Del desencanto al entusiasmo

El tema lo recoge en el capítulo final de su evangelio, encarnándolo en los dos de Emaús, que también esperaban que Jesús fuera el libertador de Israel. No son galileos, no forman parte del grupo inicial, pero han alentado las mismas ilusiones que ellos con respecto a Jesús. Están convencidos de que el poder de sus obras y de su palabra va a ponerlos al servicio de la gran causa religiosa y política: la liberación de Israel. Sin embargo, lo único que consiguió fue su propia condena a muerte. Ahora sólo quedan unas mujeres lunáticas y un grupo se seguidores indecisos y miedosos, que ni siquiera se atreven a salir a la calle o volver a Galilea. A ellos no los domina la indecisión ni el miedo, sino el desencanto. Cortan su relación con los discípulos, se van de Jerusalén.

En este momento tan inadecuado es cuando les sale al encuentro Jesús y les tiene una catequesis que los transforma por completo. Lo curioso es que Jesús no se les revela como el resucitado, ni les dirige palabras de consuelo. Se limita a darles una clase de exégesis, a recorrer la Ley y los Profetas, espigando, explicando y comentando los textos adecuados. Pero no es una clase aburrida. Más tarde comentarán que, al escucharlo, les ardía el corazón.

El misterioso encuentro termina con un misterio más. Un gesto tan habitual como partir el pan les abre los ojos para reconocer a Jesús. Y en ese mismo momento desaparece. Pero su corazón y su vida han cambiado.

Los relatos de apariciones, tanto en Lucas como en los otros evangelios, pretenden confirmar en la fe de la resurrección de Jesús. Los argumentos que se usan son muy distintos. Lo típico de este relato es que a la certeza se llega por los dos elementos que terminarán siendo esenciales en las reuniones litúrgicas: la palabra y la eucaristía.

Del entusiasmo al aburrimiento

Por desgracia, la inmensa mayoría de los católicos ha decidido escapar a Emaús y casi ninguno ha vuelto. «La misa no me dice nada». Es el argumento que utilizan muchos, jóvenes y no tan jóvenes, para justificar su ausencia de la celebración eucarística. «De las lecturas no me entero, la homilía es un rollo, y no puedo comulgar porque no me he confesado». En gran parte, quien piensa y dice esto, lleva razón. Y es una pena. Porque lo que podríamos calificar de primera misa, con su dos partes principales (lectura de la palabra y comunión) fue una experiencia que entusiasmó y reavivó la fe de sus dos únicos participantes: los discípulos de Emaús. Pero hay una grande diferencia: a ellos se les apareció Jesús. La palabra y el rito, sin el contacto personal con el Señor, nunca servirán para suscitar el entusiasmo y hacer que arda el corazón.

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Jueves 17 de Abril de 2014. «Jueves Santo».

jueves, 17 de abril de 2014
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De Koinonia:

13506410035081256bea18c_passion021ª Lectura:

Éxodo 12,1-8.11-14

Prescripciones sobre la cena pascual

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: «Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: «El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido.

Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones.»»

Salmo responsorial: 115

El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.

¿Como pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor. /
Cumpliré al Señor mis votos /
en presencia de todo el pueblo. R.

2ª Lectura:

1Corintios 11,23-26

Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor

Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con él cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Evangelio:

Juan 13,1-15

Los amó hasta el extremo

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?» Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.» Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.» Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.» Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.» Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

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Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy

Queridos hermanos:

Con esta ceremonia en honor de la institución de la Eucaristía se inicia lo que litúrgicamente se llama el Solemne Triduo Pascual. Tres días para celebrar el acontecimiento religioso cristiano más grande de la historia y naturalmente, del año litúrgico. San Agustín llamaba a este triduo: la fiesta de la Pasión, la muerte y la resurrección del Señor. Esta noche, pues, es como una síntesis, como un resumen de toda la Pascua que estamos celebrando. Para comprenderlo, las lecturas de hoy nos han colocado en una historia vieja de Israel que desemboca en Cristo Nuestro Señor y que El, Cristo, la encarga a su Iglesia para que la lleve hasta la consumación de los siglos.

He aquí tres pensamientos de esta noche santísima del jueves Santo: una historia de Israel.

Un Cristo que la encarna

Y una prolongación eucarística hasta la consumación de los siglos.

1 º UNA HISTORIA DE ISRAEL

La vieja historia nos la ha contado el libro del Exodo que se acaba de leer. Los judíos celebraban en esta luna llena del mes de Nisan, un mes hebreo que coincide con nuestro marzo-abril. «Este será el primer mes del año -les había dicho- celebraréis la Pascua». La Pascua era la celebración de dos grandes ministerios del Viejo Testamento: la liberación de Egipto y la Alianza con el Señor. Pascua y Alianza. La Pascua era aquel momento en que los israelitas esclavizados por el Faraón en Egipto no podían salir hasta en la décima plaga terrible, que consistió en que todos los primogénitos de Egipto iban a morir esa noche. Y para que se libraran las familias hebreas Dios les dijo, por medio de Moisés, que mataran un cordero y que con su sangre marcaran los dinteles de las puertas porque esa noche iba a pasar el ángel. El paso del ángel, eso quiere decir la Pascua: el paso de Dios que para los egipcios va a ser castigo y para Israel va a ser liberación.

Y aquella noche, mientras los egipcios lloraban a sus primogénitos que morían, los israelitas marcados con la sangre del cordero, salían de la esclavitud todas las familias para atravesar el desierto y encaminarse hacia la tierra prometida. Todos los años celebraban algo así como nuestro 15 de septiembre, la fiesta de la emancipación, la fiesta de la libertad, la fiesta en que Dios pasó salvando a Israel. Y al mismo tiempo que hacían actualidad esta fiesta del pasado, recordaban que había una alianza entre Dios y aquel pueblo, por la cual Israel se comprometía a respetar la ley de Dios y Dios se comprometía a proteger de manera especial a ese pueblo. La Pascua y la Alianza encontraron eco en fiestas que ya se celebraban entre los pastores pero que a través de estas revelaciones y de estos signos, tenían ya un sentido de profecía. La Pascua y la Alianza iban a encontrar una personificación cuando el más grande de los judíos, el nacido de Abraham, de David, de la descendencia santa de Israel, va a celebrar la Pascua.

Esta noche, Cristo Nuestro Señor, como buen israelita, con su grupo de israelitas que eran los apóstoles formando una familia, mandaron también a matar su corderito para comerlo en la noche del jueves Santo como lo comían todas las familias de Israel, recordando la vieja historia de la liberación y de la Alianza. ¡Cómo bullían en la mente de Cristo tantos recuerdos de la historia sagrada, cómo se hacían presente en la vida del Señor esta noche de emociones profundas toda la historia de Israel! No ha habido un patriota con más cariño a su pueblo, y a su tierra, y a sus costumbres, que Nuestro Señor Jesucristo. Cuando queramos ser auténticos salvadoreños miremos a Cristo que fue el auténtico patriota que vio la historia de su pueblo, que sintió como suya y como presente la esclavitud de Egipto, y vivió con agradecimiento a Dios la libertad y la alianza entre Dios y el pueblo.

Todo eso había en el corazón de Cristo esta noche de tantos recuerdos. Pero que para El significaba un misterio especial.

2º. UN CRISTO QUE SE ENCARNA

Este es el segundo pensamiento de esta noche: Cristo encarna toda la historia de la salvación. Le habla dicho Cristo a la samaritana: «Y llega el tiempo en que ni en Jerusalén ni en este monte se ha de adorar a Dios porque Dios busca adoradores en espíritu y en verdad». Habla dicho Cristo en estos días y había sido una de las acusaciones mas graves en el tribunal de esta noche ante el Sanedrín. «Ha dicho que va a destruir el templo y que lo va a reedificar en tres días». Y el evangelio aclara: lo que había dicho es destruir este templo que era su cuerpo porque su cuerpo era el templo donde se daba cita la alianza, la victoria de Dios, la libertad del pueblo de Israel. El era templo, víctima, sacerdote, altar. El es todo para la redención. En Cristo Nuestro Señor se encarna toda la gratitud del pueblo israelita a su Dios que lo ha liberado. En Cristo Nuestro Señor se encarna toda la esperanza patriótica de Israel, toda la esperanza de los hombres. Cristo Nuestro Señor siente esta noche que El es el cordero que quita los pecados del mundo, que es su sangre la que va a marcar de libertad el corazón del hombre que quiera ser verdaderamente libre. El es el sacerdote que eleva ya desde esta noche, la adoración al Padre y trae del Padre el perdón, las bendiciones a su pueblo. Leer más…

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