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“Una esclavitud que suprime toda esclavitud”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Miércoles, 4 de septiembre de 2019

450_1000De su blog Nihil Obstat:

Una de las claves de la enseñanza de Jesús es la reciprocidad, que es una consecuencia directa de la fraternidad: “amaos los unos a los otros”. La plenitud del amor evangélico no va en una sola dirección (el amor al enemigo, por ejemplo), siempre es bidireccional: es mutuo. En este amor mutuo, el de los unos a los otros, está el signo de los discípulos de Cristo, el gran signo para que el mundo crea.

Se diría que San Pablo lleva a su extremo la bidireccionalidad al emplear la siguiente formulación: “sed esclavos los unos de los otros por el amor”. La esclavitud, en tiempos de san Pablo, comportaba derechos absolutos del amo sobre el esclavo. San Pablo se enfrentó a un problema social con repercusiones cristianas, pues se encontró con amos y esclavos cristianos. Su contexto social no le permitía cambiar las leyes y costumbres de la época. De ahí que emplea lo que hoy llamaríamos componendas, y recomienda a los amos que traten bien a sus esclavos.

Pero, junto con las componendas, aparecen en san Pablo auténticas “bombas de relojería”, que sólo con el tiempo producirán sus necesarios efectos. Una de estas “bombas” pudiera ser la exhortación a que los cristianos sean “esclavos los unos de los otros”. Si mi hermano tiene derecho a mi servicio incondicional, yo tengo el mismo derecho sobre él. Eso significa la conversión de la esclavitud en amor absoluto e incondicional.

En una comunidad cristiana solo hay hermanos. No hay maestros ni señores. Ya lo dijo Jesús: no llaméis a nadie maestro ni director, porque sólo uno es vuestro maestro, el Padre del cielo. Esta fraternidad debe traducirse siempre en reciprocidad, llegando a lo más concreto. De ahí la exhortación de san Pablo al servicio mutuo, incluso en los detalles que requieren más humildad, esos detalles que estaban reservados a los esclavos de inferior categoría como, por ejemplo, lavar los pies al amo y señor. Si yo soy esclavo de mi hermano y mi hermano es esclavo mío, entonces los dos estamos exactamente al mismo nivel, somos totalmente iguales en dignidad, gobierno y servicio.

La clave de las relaciones entre cristianos es la reciprocidad: lo que yo soy para el otro, el otro lo es para mí. Cuando no hay reciprocidad, no hay amor cristiano. Mejor dicho: puede haber amor cristiano sin reciprocidad, es el caso del amor al enemigo. Pero ya he dicho que ese no es el ideal del amor cristiano. La plenitud del amor cristiano es el amor mutuo: amaos los unos a los otros. El mejor ejemplo de esta reciprocidad es el amor de Jesús al Padre y del Padre a Jesús: “como el Padre me amó, así os he amado yo”; permaneced en un amor como el mío. De ahí esta palabra de Jesús a sus discípulos: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

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José Ignacio López Vigil: “San Pablo inventó el cristianismo y la Iglesia católica homófoba y machista”

Lunes, 19 de noviembre de 2018

frente-a-frente2“Magdalena era una mujer extraordinaria, una galilea peleadora, que se enamoró de Jesús y Jesús de ella”

“Pablo escribió sus cartas sin saber nada, absolutamente nada de Jesús. Ni conoció a Jesús ni comió pescado con él”

“Todos los que van a comulgar han rezado antes la oración de un gay, el centurión romano, que le dice a Jesús: ‘Señor. No soy digno de que entres en mi casa (a curar a mi pareja), pero una palabra tuya bastará para sanarlo'”

(José M. Vidal).- “Pablo de Tarso, que no conoció a Jesús de Nazaret, inventó a Jesucristo y, además, como era misógino, esclavista y homófobo, creo una Iglesia a su imagen y semejanza”. Lo dice todo de un tirón y, al terminar, pregunta a los presentes: “¿He dicho muchas herejías?” Y la verdad es que, con su barba larga, su pelo cano y sus gafas, José Ignacio López Vigil parece un santo padre más que un hereje. Eso sí, habla y escribe muy claro, como viene demostrando, desde hace años, en sus programas de radio y en sus libros.

Ayer, precisamente, presentaba su última obra¡Frente a frente! San Pablo Apóstol, el que inventó a Cristo y María Magdalena, la que conoció a Jesús (feadulta), ante un numeroso público, que llenaba el auditorio del colegio mayor Chaminade. Un nuevo libro que, como todos los anteriores, está escritos a cuatro manos, con su hermana, María López Vigil, también periodista.

La presentación de la mesa, en la que figuraba el autor, junto al teólogo Xabier Pikaza, corrió a cargo de África de la Cruz, profesora emérita de psicología de la Universidad autónoma de Madrid, que comenzó recordando “el importante papel que los dos hermanos escritores desempeñaron en mi evolución espiritual”. Con varias de sus obras, pero sobre todo con ‘Un tal Jesús’, la más famosa y la más polémica, pero que sirvió de alimento a generaciones de creyentes, que, de su mano, “dieron el salto mortal del Jesús del credo al ‘Moreno de Nazaret’, de un Dios al que hay que temer y, en el fondo, odiar, al Dios amor y sólo amor”

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Del nuevo libro, objeto de la presentación, la profesora alabó su “estilo desenfadado e irreverente, su aparente sencillez y su simplificación e, incluso, su sentido del humor y su forma de narrar periodística que engancha”.

A continuación, se proyectó un video del teólogo José María Castillo, autor de varios libros sobre el tema y que suele decir que “el problema empezó con Pablo“. Tras saludar a los presentes, calificó a los hermanos López Vigil de “personas de una profundidad evangélica importante y de una notable competencia intelectual”.

Respecto a la obra, Castillo quiso subrayar que la sencillez expositiva no está reñida con la profundidad, aunque “hay personas que confunden la sencillez y la clarividencia de la comunicación directa con la falta de profundidad intelectual”. A su juicio, hablar sencillo y claro, como Jesús, “no es bajar el nivel de fiabilidad” y, además, de esta forma se llega a mucha más gente.

“Hay mentalidades formadas en la alta especulación, que dan más valor a las teorías, pero Jesús hablaba en parábolas y su enseñanza era teología narrativa, una teología que es tan valiosa como la puramente especulativa y, en muchas ocasiones, va más allá y llega a lo más profundo de la fe de los sencillos”, concluyó el teólogo, asegurando que los autores “tienen ese don de la teología narrativa”. Un don “que pocos tienen”.

Tras dar las gracias a Castillo, que aparece en la serie, compuesta inicialmente como crónicas de radio, uno de los autores, José Ignacio López Vigil salta a la arena, coge el micrófono y con su acento mezcla de español de Asturias pasado por Latinoamérica durante muchos años (y allí sigue), va directo al grano desde el principio. Como si tuviese ganas de sacudir y provocar a los presentes, que, por otra parte, venían con ganas de ser zarandeados.

Y lanza una serie de afirmaciones claras y tajantes:Pablo escribió sus cartas sin saber nada, absolutamente nada de Jesús. Ni conoció a Jesús ni comió pescado con él. Sólo tuvo una revelación camino de Damasco y se puso a escribir, sin ni siquiera regresar a Jerusalén a hablar con María, su madre, ni con María Magdalena, su compañera”.

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Por eso, “en las cartas de Pablo no hay geografía ni historia”. Tanto es así que Pablo, el viajero, el intelectual de la escuela farisaica de Gamaliel, que sabía tres idiomas (arameo, hebreo y griego) y que sabía escribir, mientras “los demás discípulos y el propio Jesús eran analfabetos”, ese Pablo “inventó a Jesucristo”.

Más aun, “Pablo de Tarso no sólo era homófobo, misógino y esclavista, sino que, además, inventa la teoría del pecado original y, como consecuencia, la tesis de la expiación. Para redimir al mundo de ese terrible pecado, Dios, enfurecido, manda a su propio Hijo, para que lo maten y con su sangre lave el pecado y Dios quede tranquilo. Algo terrible”.

La cara opuesta del cristianismo naciente la ofrece, según López Vigil, María Magdalena, “la fundadora del cristianismo, la que proclamó ‘esta vivo y su proyecto no terminó en la cruz'”. La que se opone en el libro, a la homofobia de Pablo de Tarso. Entre otras cosas, porque “todos los que van a comulgar han rezado antes la oración de un gay, el centurión romano, que le dice a Jesús: ‘Señor. No soy digno de que entres en mi casa (a curar a mi pareja), pero una palabra tuya bastará para sanarlo”.

Lo peor de estos dos cristianismo enfrentados es, para López Vigil, que “la Iglesia optó por el de Pablo de Tarso y marginó por completo el de María Magdalena”. Por eso, a su juicio, “es urgente recuperar los Evangelio y a María Magdalena”.

Terminada la primera intervención del autor, Xabier Pikaza, como gran biblista que es, quiso matizar un poco las afirmaciones de López Vigil y aseguró que, en contra de lo que se suele pensar, “el Pablo del que tú hablas es el Pablo popular, al que se le atribuyen algunas afirmaciones que son evidentes intrapolaciones, como lo que dice sobre las mujeres”.

marialopezvigilyhermanoMaría y José Ignacio López Vigil,

Según Pikaza, Pablo hizo cosas admirables y la más importante: dijo que Jesús era Dios”. El biblista reconoce que “parece que Pablo tuvo un problema de misoginia, pero en su Iglesia las mujeres eran iguales que los hombres“. Y terminó subrayando que “Pablo fue fundamental y, sin él, el cristianismo no podría seguir adelante” y pidiendo a los autores nuevas entregas de su obra sobre el Pablo auténtico.

López Vigil aceptó el reto de seguir discutiendo y escribiendo sobre Pablo de Tarso en nuevos libros, para someterse a continuación a las preguntas de los presentes. En sus respuestas, recordó, por ejemplo, que escribió ‘Un tal Jesús’ “en los bellos tiempos de la Teología de la Liberación, que Juan Pablo II se ocupó de arruinar”.

Preguntado, de nuevo, sobre Magdalena, aseguró que, “aunque la Iglesia, para marginarla, la calificó de prostituta, era, en realidad, una vendedora de pescado, que se enamoró de Jesús y Jesús de ella, una mujer extraordinaria, una galilea peleadora”. Por eso, a su juicio, “hay que reivindicarla, porque ella fue la apóstol de los apóstoles”.

Para conectar la Iglesia actual con el cristianismo de María Magdalena, López Vigil pidió al Papa una Iglesia que abola el celibato y una Iglesia con mujeres protagonistas, no sacerdotas, porque si la Iglesia no tiene rostro femenino, no es la Iglesia de Jesús”.

Preguntado sobre la relación entre el celibato y los abusos del clero, López Vigil negó una relación directa, pero aseguró que la Iglesia prohibió el matrimonio a los curas para defender su patrimonio e impuso el celibato para que no heredasen las mujeres de los curas” y proclamó que “el celibato es una ley antinatural, que puede provocar reacciones antinaturales y, por eso, tiene que ser abolida”.

En contra de lo que suele sostenerse, López Vigil aseguró que Jesús era un campesino alegre y dicharachero, al que le gustaba contar chistes y adivinanzas , asi como alguien radicalmente revolucionario, aunque no sabía escribir y leía a duras penas, trastabillándose”.

Y terminó proclamando que la Iglesia tiene que “quitar miedos y culpas, porque, si se cree en el infierno, no se cree en Dios” a invitando a la esperanza, porque “otro Dios es posible”, como reza el título de otra de sus obras.

Fuente Religión Digital

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Personas rescatadas por el Open Arms denuncian torturas y explotación sexual

Jueves, 12 de julio de 2018

tagnabou-elvis-rescatado-por-el-open-armsTagnabou Elvis, rescatado por el Open Arms (Olmo Calvo/El Diario)

“En Libia, cada noche violaban delante de nosotros a quien iban a matar”

“Decían ‘ven, ven’ y disparaban. Yo vi como mataron a mi amigo. Cuando estás en esa situación, solo Dios puede ayudarte”

A pesar de los testimonios, la Unión Europea defiende la devolución de migrantes al país vecino

(Gabriela Sánchez, El Diario).- Elvis vivió durante un año y medio encerrado en un búnker oscuro del que no podía escapar. Cada día, cada hora y cada minuto sobrevivía sumido en sus pensamientos para evitar concentrarse en el exterior.

Despertarse a gritos, llamar a su madre para explicarle, entre sollozos de dolor, que ha sido capturado mientras su secuestrador le golpea con su rifle en la misma zona de su cuerpo que la tarde anterior. Escuchar a su madre llorar, pidiéndole perdón por no tener dinero suficiente para pagar lo exigido y acabar con el sufrimiento de su hijo. Esta es solo una pequeña parte de ese “infierno libio” descrito por cada migrante rescatado en el Mediterráneo.

Esta es la Libia a la que la Unión Europea apuesta por devolver a quienes tratan de llegar a Italia arriesgando su vida en el mar, a través del traspaso de las labores de rescate ejercidas hasta ahora por la Guardia Costera italiana y las ONG a una supuesta guardia costera libia.

Dos grandes cicatrices inflamadas le recuerdan los golpes diarios de las milicias que lo mantenían en cautiverio. El dolor más profundo, detalla, no venía de las armas con las que dejaban en carne viva su hombro y su cabeza. El mayor sufrimiento procedía de la voz que le obligaban a escuchar cada día al otro lado del teléfono: Mi madre lloraba pero no tenía dinero. No podía hacer nada pero oía mis gritos. Me forzaban a llamarla”, relata Tagnabou Elvis a bordo del Open Arms.

“Los criminales libios lo hacían cada día, excepto cuando se cansaban de pegar. Como nos golpeaban tanto, había días que estaban agotados y se hartaban de pegarnos”, normaliza el joven de Burkina Faso.

No recuerda el número de asesinatos presenciados. “Cada día uno debía morir”, sentencia Elvis con entereza. Cuando llegaba la noche al búnker sin ventanas en el que eran hacinadas decenas de personas, “si te llamaban, era mala señal”, continúa. “Decían ‘ven, ven’ y disparaban. Yo vi como mataron a mi amigo. Cuando estás en esa situación, solo Dios puede ayudarte, lamenta.

tagnabouelvis_560x280Cicatrices recuerdan a Tagnabou Elvis los golpes de las milicias libias

A las llamadas forzadas, las lesiones y el sentimiento de culpa se añadía el ritual de cada día. “Antes de matarles, los violaban delante de nosotros. Les bajaban los pantalones y después los asesinaban”, dice tras ser preguntado por posibles casos de explotación sexual. Ninguno de sus compañeros agredidos sexualmente sobrevivió: “Si te violaban debías morir”, dice Elvis en el barco español por el que fue rescatado tras su huida de Libia.

En su caso, solo había hombres en la habitación donde él permanecía encerrado. “Cada día asesinaban a uno delante de nosotros. Antes solían violarle. Todas las semanas traían a gente nueva. Mataban, dejaban hueco, para encerrar a otras personas capturadas”, añade el joven burkinés.

Las quemaduras de cigarrillo, las breves descargas eléctricas, los cortes con cuchillos o pellizcos con tenazas son otros de los métodos de tortura a los que se refieren muchas de las personas rescatadas por el Open Arms que han atracado este miércoles en Barcelona. Las mujeres y los hombres muestran señales que su paso por los calabozos libios ha dejado en su cuerpo. Algunas de estas provocadas tras las devoluciones realizadas por la supuesta guardia costera libia.

dos-migrantes-hablan-y-observan-el-mar-desde-el-open-armsDos migrantes hablan y observan el mar desde el Open Arms (Olmo Calvo/Afp)

Elvis logró escapar del cautiverio que le mantuvo encerrado durante la mayor parte de su paso por Libia. “El carcelero se emborrachó y se dejó la llave puesta. Huimos todos. Me acuerdo de correr mucho, me quedé solo. Eran las cinco de la mañana. Entonces encontré a la persona que más me ha ayudado, mi padre en Libia”, recuerda el burkinés. Se trataba de un hombre libio que, junto a su familia, lo acogió en su casa. “Durante un mes, me curó las heridas con agua caliente. Hasta que se frenó la hemorragia”, apunta Elvis, quien le contó su necesidad de escapar de Libia. Hasta que la familia debía irse a vivir a Egipto. “Me dejaban su casa de libia para que viviese allí, pero tenía mucho miedo de que volviesen a capturarme las milicias. Al final, él me pagó el viaje a Europa, asegura el joven. Dos semanas después, viajaba sobre una barca neumática con 60 personas a bordo.

Tras siete horas de travesía, observaron a lo lejos un gran barco. Pensaban que se trataba de una patrullera libia. “Sigamos, sigamos”, dije a mis compañeros. “Habíamos hablado que si venían los agentes libios a devolvernos nos íbamos a tirar al agua, sentencia. “Es demasiado Libia”.

No era una patrullera libia. Era el barco español de Open Arms que este miércoles los ha desembarcado en un puerto seguro. “Si hubiese sido un barco de Libia el que nos hubiese encontrado, todos nosotros estaríamos muertos. Lo habíamos acordado”, concluye el burkinés horas antes de tocar por fin suelo europeo.

 

Fuente Religión Digital

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“La desigualdad programada” por José M. Castillo, teólogo

Martes, 21 de julio de 2015

desigualdad jodidaLeído en su blog Teología sin censura:

No pretendo descubrir nada oculto. Ni permitamos que nos lo pretendan ocultar. Lo sabemos de sobra. ¿Es que se puede poner en duda la desigualdad aterradora que existe entre África y Europa? Y si nos atenemos a lo que pasa entre nosotros, ¿hay alguien en España que, a estas alturas, no se ha enterado de que la desigualdad entre los más ricos y los más pobres se hace cada día más profunda y más devastadora?

Pero, antes de seguir, debo hacer una precisión importante. No es lo mismo la “diferencia” que la “desigualdad”. La diferencia es un hecho. La igualdad es un derecho. La diferencia es un término descriptivo: quiere decir que de hecho, entre las personas hay diferencias. La igualdad es un término normativo: quiere decir que los “diferentes” deben ser tratados y respetados como iguales (L. Ferrajoli). Por eso, al hablar de la “desigualdad programada”, lo que estoy diciendo es que se ha proyectado respetar y asegurar los derechos de unos pocos (los mejor situados en esta sociedad nuestra), sobre la base de quitarles derechos a los demás. De ahí que, con todo derecho, unos pocos se están forrando, al tiempo que los demás nos sentimos cada día más inseguros. Y los últimos, ya desesperados, huyen de España, se quedan sin trabajo, sin casa, sin futuro y hasta hay quienes se quitan la vida.

Lo peor de esta situación no es lo que está pasando, sino lo que se ve venir. Y lo que se ve venir – si a esto no se le pone pronto remedio – es la quiebra interna del sistema a base de indecibles sufrimientos. Hace más de 60 años, el profesor E. R. Dodds pronuncio unas conferencias en la Universidad de Berkeley, en las que explicó la relación de la antigua Grecia con “lo irracional”. ¿Por qué se hundió aquella civilización que todavía nos alimenta y nos impresiona? La respuesta más razonable es ésta: en el hundimiento de aquella civilización, intervino un factor decisivo: no se desarrolló aquel proyecto porque no existió una tecnología seria; no existió una tecnología seria porque la mano de obra era barata; la mano de obra era barata porque abundaban los esclavos. Por eso se hundió la civilización griega. Y después se hundió también el imperio romano. Hasta que terminó por imponerse la concepción medieval del mundo. Una concepción que fue posible porque resultó devastadora la abundancia de esclavos.

Cuando el peso de la sociedad se carga sobre las espaldas de esos esclavos, es evidente que los señores triunfan y se divierten. Pero tan cierto como eso es que una sociedad así, no tiene futuro. ¿Por qué? Lo diré sirviéndome, de nuevo, del pensamiento del profesor Dodds: los elementos irracionales de la naturaleza humana, que gobiernan nuestro conocimiento, determinan una parte enorme de nuestra conducta. Y también, en gran medida, determinan igualmente lo que pensamos. Pero si esto es así, confieso que, a mí por lo menos, me da miedo. Mucho miedo.

Es verdad que ya no hay “esclavos”. Pero, ¿es que no lo son quienes se ven privados de los derechos que habíamos conquistado con sangre, sudor y lágrimas? Y me permito recordar que, en este país nuestro, cuando se nos calienta la sangre, lo irracional se impone con un furor imprevisible. Mucho me temo que por ahí puede ir nuestro futuro.

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El debate en las iglesias. 150 años antes del Sínodo, esclavitud y “ley natural”, por Andrea Grillo

Miércoles, 22 de abril de 2015

esclavosInteresante artículo que publica la web de Proyecto Gionatta:

by Gionata · 15 aprile 2015

 Artículo de Andrea Grillo publicado en la revista semanal de la Diócesis de Adria-Rovigo La Settimana nº 8, con fecha 22 de febrero de 2015. Texto traducido por Blanca Chaves Ortega, Federica Maggiotto, Sheila Hernández Rodríguez y Carmen Romero Lorenzo. Revisión de Estefanía Flores Acuña

Mientras nos aproximamos al Sínodo Ordinario del próximo octubre, debemos considerar las secuelas que dejaron algunas intervenciones que ­–­desde mucho antes del Sínodo Extraordinario y luego durante su celebración, además de en los análisis que lo siguieron– evocaron, con tonos dramáticos, el peligro de “traición a la tradición” y la pérdida potencial de fidelidad al depositum fidei. Para calmar a estas voces alarmistas es útil volver a empezar con unas palabras muy significativas pronunciadas por el papa Francisco en su famosa entrevista [1] concedida a La Civiltà Cattolica, revista quincenal fundada por la orden franciscana:

[…] ciertamente la comprensión del hombre cambia con el tiempo, y la conciencia de sí mismo se hace más profunda. Pensemos en cuando la esclavitud era cosa admitida y cuando la pena de muerte se aceptaba sin problemas. Por tanto, se crece en la comprensión de la verdad. Los exegetas y los teólogos ayudan a la Iglesia a madurar su propio juicio. La visión de la doctrina de la Iglesia como un monolito que debe defenderse a toda costa sin matices es errónea [2].

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La cabaña del tío Tom

13Es relevante que esta declaración haya sido publicada por la revista de los jesuitas, cuya historia forma parte, con pleno derecho, de ese “cambio” en el que la conciencia de la Iglesia se afina y se hace más profunda. En este lento camino de “refinamiento”, es preciso reexaminar no solo las ideas, sino también las modalidades de la argumentación y los datos de la experiencia. El ejemplo citado por el papa Francisco debe invitar a reflexionar sobre cómo en el pasado la esclavitud era admitida y encontraba su justificación en la “ley natural” de la misma Iglesia. El prejuicio más grave se ocultaba y se sustentaba en una supuesta “evidencia natural”.

Resulta útil consultar dos textos antiguos, muy ilustrativos. En la misma revista jesuita que hoy publica las entrevistas proféticas del papa Francisco, apareció en 1853 la reseña de un libro que corría el peligro de aparecer en el Índice expurgatorio de la época, La cabaña del tío Tom. En esta reseña, “La schiavitù in America e la Capanna dello zio Tom”, [3] se comentaba con amarga ironía la cuestión de la esclavitud, añadiendo una serie de consideraciones a propósito de la “servidumbre”. El libro, a pesar de ser considerado “no perjudicial”, provocó estas terribles palabras:

El esclavo negro o de otro color que no sea blanco es, como el mancipio en la época de los romanos, en esencia, no persona sino cosa, aunque (obviamente) cosa viva y semoviente… Una raza, digamos, que se sitúa en el último escalafón de la especie humana, en la tez tan negra que avergüenza al ébano, en el cabello lanoso e hirsuto, en la cara aplastada y extrañamente obtusa, en el ojo que, cuando no es estúpido, o es feroz o te revela una astucia vulpina, en las facultades intelectuales lentas, limitadas, totalmente inertes… De esta manera, en ellos la condición de esclavitud parece corroborar lo que la naturaleza estableció; y la repulsión que las otras razas sienten al acercárseles parece condenarlos a una esclavitud eterna. Ahora cada uno observa que dichas diferencias no se eliminan con los artículos de los códigos. Sea admitida legalmente o no la esclavitud en un Estado de la Confederación, lo cierto es que un blanco no se sentará jamás en la misma mesa que un negro, ni querrá subir a un carruaje con él o compartir el mismo banco, ya no solo en el teatro, sino tampoco en la iglesia

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La decimotercera enmienda

Del mismo modo, una instrucción [4] publicada trece años después por la Sagrada Congregación del Santo Oficio, establecía lo siguiente:

A pesar de que los Romanos Pontífices hayan intentado por todos los medios abolir la esclavitud en todos los pueblos, y a esto se le deba principalmente el hecho de que, desde hace varios siglos, ya no existan esclavos en muchos pueblos cristianos, sin embargo […] la esclavitud, de por sí, no es totalmente contraria ni al derecho natural ni al derecho divino, y puede haber varios motivos justos según la opinión de renombrados teólogos e intérpretes de los cánones sagrados. De hecho, la posesión del esclavo por parte del patrón no es más que el derecho a disponer de forma perpetua del servicio del siervo para sus propias necesidades, ya que es justo que un hombre cubra las necesidades de otro. Como consecuencia, el hecho de que el siervo sea vendido, comprado o regalado no es contrario ni al derecho natural ni al derecho divino. Por lo tanto, los cristianos… pueden comprar esclavos, o entregarlos como pago, o recibirlos como regalo, de manera lícita, siempre y cuando estén moralmente seguros de que dichos siervos no hayan sido ni arrebatados a su legítimo patrón ni arrastrados injustamente a la esclavitud… puesto que no es lícito comprar, sin el permiso del dueño, los bienes ajenos obtenidos mediante el robo.

Por último, podemos reconocer, en una reciente película de éxito como Lincoln, dirigida por Steven Spielberg, la meticulosa reconstrucción de la abolición formal de la esclavitud en EE.UU., mediante la aprobación de la decimotercera enmienda, el 31 de enero de 1865. Para llegar a este logro histórico, hace 150 años, fue necesario un choque de argumentos y fuerzas muy grande.

Hoy parece que hemos adquirido el “valor”, pero el método aún parece bastante oscuro. Es curioso escuchar, en su discurso en la Cámara de Representantes, cómo un honesto “defensor de la esclavitud” planteaba el efecto “reacción en cadena” que podría desencadenar la aprobación de la decimotercera enmienda: «La ley natural impone la diferencia entre blancos y negros ante la ley. Si hoy equiparásemos a los negros con los blancos, mañana los negros querrían votar, y al final, terminarían por pedir el voto… ¡incluso las mujeres!».

Abrazos tiernosCiento cincuenta años después de esas gravísimas declaraciones, en el Sínodo de los Obispos que se está preparando, se deberá evitar recurrir a estos zafios argumentos, que ya no se aplican a la esclavitud, sino a familias rotas, a familias reconstituidas y a parejas de hecho.

A quien recurra a argumentos parecidos y plantee tales “reacciones en cadena”, es posible que, dentro de 150 años, se le mencione como una persona –ya sea laico o clérigo, filósofo o teólogo− que vivía en una época que ahora resulta del todo incomprensible. Sin embargo, no es necesariamente cierto que la inadecuación de este enfoque no pueda saltar a la vista ya hoy, 150 años antes

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[1] Spadaro, A., “Intervista a papa Francesco”, La Civiltá Cattolica, 3918/III (2013), 449-477, aquí 475-476
[2] Extracto traducido por ACI Prensa http://www.aciprensa.com/entrevistapapafrancisco.pdf
[3] “La esclavitud en Estados Unidos y la Cabaña del tío Tom” (traducción nuestra, La Civiltà Cattolica, 1853, IV, 2, 2, 481-499).
[4] Instrucción del 20 de junio de 1866 publicada por la Sagrada Congregación del Santo Oficio, aprobada por el papa y recogida en Colectanea S. Congregationis de Propaganda Fide seu Decreta Instructiones Rescripta pro apostolicis Missionibus, vol. I, Roma, 1907, p. 719 (texto en latín traducido)

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Texto original: 150 anni prima del Sinodo, schiavitù e “legge naturale”

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“La dignidad compartida”, por Gema Juan OCD

Martes, 17 de febrero de 2015

16459854845_0f0a9ecb16_mDe su blog Juntos Andemos:

En la primera Jornada Internacional de oración y reflexión contra la trata de personas.

Para hablar de los seres humanos, Teresa de Jesús utilizó las mejores palabras que encontró, las imágenes más preciosas y valiosas que tenía a mano. Decía que una persona es «como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas».

Un castillo: el ser humano es inmenso. De diamante: es fuerte y del material más preciado. De cristal: puede irradiar e iluminar y puede acoger la luz. Con muchos aposentos: es rico y plural en sí mismo, no es gris, su escala de colores es infinita y su profundidad es inmensa.

Y no contenta con eso, Teresa, como si se hubiera quedado corta, lo comparaba con el cielo. Y el cielo, para ella, era la suma absoluta de los bienes, el lugar de la buena eternidad. El cielo era la casa de Dios. De modo que veía al ser humano como el lugar donde Dios se encontraba.

Muy pronto, Teresa observó que se podía tratar de diferentes maneras a las personas y llamó poderosamente su atención cómo lo hacía su padre, Alonso de Cepeda. De él cuenta:

«Era mi padre hombre de mucha caridad con los pobres y piedad con los enfermos y aun con los criados; tanta, que jamás se pudo acabar con él tuviese esclavos, porque los había gran piedad, y estando una vez en casa una de un su hermano, la regalaba como a sus hijos».

No fue capaz de tener esclavos, en una época en que no era raro tenerlos y en la que, sin embargo, no era frecuente tratarlos con humanidad y, menos aún, regalarlos y cuidarlos.

Bastaría recordar que cuando, pocos años después de la muerte de Teresa, se lleve a cabo la expulsión de los moriscos, se incluirá una salvedad en la ley: se podía retener a los que fueran esclavos. No eran seres humanos, eran propiedades.

A la mentalidad actual se le antoja una barbaridad y, sin embargo, la esclavitud existe en el siglo XXI y ha logrado tomar unas formas tan sutiles que, en ocasiones, termina por ser legal el tráfico humano. Cambiando el nombre, por supuesto, porque los eufemismos son un arma en este terreno.

Encontrar trabajo, salir de la pobreza, ayudar a la familia, prosperar… el comercio humano, la trata de personas no solo persiste sino que lo hace fuerte y refinadamente, que es el peor sello que puede llevar. Porque se desfigura la verdad de modo que llegue a no percibirse.

Teresa alzó la voz, intentando despertar a los padres que no eran capaces de ver que tenía más valor la vida sus hijos que la honra, es decir, el puesto en el mundo, el escalafón que podían ocupar. ¿Qué diría a quienes son incapaces de percibir el valor de la vida ajena, a quienes trafican con sus propios hijos o hermanos? «Abridles, Dios mío, los ojos; dadles a entender qué es el amor» —así seguiría levantando la voz Teresa.

Percibía, con dolor, la ceguera que puede arrastrar hacia la sinrazón: «No es pequeña lástima y confusión que, por nuestra culpa, no entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos». No darse cuenta de que todo ser humano tiene en sí mismo valor es el principio para usarlo como si fuera un objeto.

Teresa era una mujer muy realista, con conciencia de que el ser humano es capaz de echar a rodar todo y estropearlo. Sabía la oscuridad en la que puede quedar el cristal humano: «Si sobre un cristal que está al sol se pusiese un paño muy negro, claro está que, aunque el sol dé en él, no hará su claridad operación en el cristal». Y sabía que «no hay tinieblas más tenebrosas» que las de vivir negando la dignidad humana.

Ora y le «recuerda» a Dios que, a pesar de todo, somos imagen suya: «Resplandezca vuestra misericordia en tan crecida maldad; mirad, Señor, que somos hechura vuestra». Y, a la vez, grita a sus hermanos: «¡Oh mortales, volved, volved en vosotros!… acábese ya tanta maldad… tornad en vosotros, abrid los ojos» y reconoced al mismo Dios en cada ser humano.

Y, con todo, la esperanza y el optimismo –palabra con mala prensa–, sostienen el pensamiento de Teresa y su convencimiento de que el ser humano puede cambiar. Por eso, cuando definió qué es ser cristiano, habló de amistad con Dios y dijo que orar es «tratar de amistad» con el Dios que ama siempre, pero añadiendo algo fundamental: «Para ser verdadero el amor y que dure la amistad, hanse de encontrar las condiciones».

Y explicaba que a vueltas con el Amigo, la condición va cambiando. Que el amor puede transformar una vida, que la amistad auténtica devuelve la dignidad. Que la bondad es más fuerte que todo el mal que puede llevarse a cabo. Por eso, pedía a sus hermanas estar siempre «ocupadas en oración… ocupadas en cosa que sea provecho de algún alma». Ocupadas en todo lo que recupera la dignidad compartida.

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Recordatorio

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