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“De las oraciones a la oración – San Lucas 11, 1-13 -”, por Joseba Kamiruaga Meza CMF

domingo, 27 de julio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa cristiana):

Damos el salto cuando descubrimos que tenemos alma. Y al seguir a nuestra alma aprendemos a dialogar con Dios. Un Dios desconocido, al principio (y nos parece un poco tonto hablar con alguien que aún no sabes si existe), hasta que poco a poco descubrimos que ese diálogo nos lleva a otro lugar, a un mundo desconocido.

Nos acercamos a la fe por lo que hemos oído, y luego, paso a paso, experimentamos al Dios de Jesús y nos descubrimos amados y capaces de amar.

Nos descubrimos amados.

Es una mirada suave, sutil, libre, pura, la que descubrimos en nosotros mismos.

Eres engendrado a una nueva vida.

Tú sigues siendo el mismo y tu vida también, pero tu corazón y tu mirada cambian, se hacen profundos, ves más allá del horizonte.

Más allá del caos, los miedos, las angustias, los lugares comunes. Ves el diseño oculto a lo largo de los siglos.

Cuando, finalmente, dejamos de lado los muchos prejuicios, las cosas que creemos creer, nos abrimos a escuchar verdaderamente el mensaje evangélico. Y, después de haber seguido al Señor, después de habernos sentado también nosotros a escuchar su Palabra, llega un momento en el que pedimos, como hacen los discípulos: Maestro, enséñanos a orar.

No piden: enséñanos oraciones.

Esas ya las saben, como nosotros, fórmulas breves memorizadas. Pero lo que hace Jesús es otra cosa.

Algo nuevo. Intenso. Verdadero.

Un verdadero encuentro.

 ¡Por favor!

No sabemos rezar, no bromeemos.

Tratamos a Dios como a un poderoso al que hay que convencer. Para que nos haga felices, para que nos conceda alguna gracia, al fin y al cabo.

La oración, por desgracia, goza de muy mala fama entre los católicos.

Como algo inútil, que debe dejar espacio, en cambio, a la acción.

Detrás de esta idea hay siglos de invitaciones a la devoción, a la recitación de fórmulas que nacieron espléndidas y murieron distraídas, de rosarios rezados pensando en otra cosa.

La oración concebida como un agotamiento para convencer a Dios. Un agotamiento que lleva al agotamiento, el nuestro y el de Dios. El término mismo, «oración», se ha convertido en sinónimo de «recitación», de cantinela, de insistencia para convencer a alguien de nuestras buenas intenciones.

 ¡Por favor, hazme un favor!

Se ha convertido en el estribillo de nuestra petición, de nuestra oración cotidiana.

Antes de hablar de oración, debemos hacer el enorme esfuerzo de borrar todas estas ideas falsas y ponernos a escuchar.

 Escuchar

Como María, la oración es, ante todo, sentarse a escuchar.

Escuchar a alguien a quien se ama, se estima, se admira.

Ese Jesús que rezaba como nadie había rezado jamás, que sorprendía y fascinaba a los Apóstoles cuando, en plena noche, se levantaba para hablar en su corazón con el Padre. Un estilo nuevo, diferente de la oración colectiva, en el templo, en la sinagoga. Una oración íntima que los apóstoles intuyen como origen de la serenidad y la fuerza del Señor, del Maestro.

Por eso le piden que les enseñe a rezar.

Y Jesús lo hace, entregándoles la oración por excelencia, el Padrenuestro, que en la versión de Lucas es aún más esencial. Y que ya nos dice lo que es la oración: diálogo con el Padre, para pedir, sí, pero también para actuar, para cambiar de actitud ante la vida.

La oración es confianza

Jesús nos revela el rostro del Padre: es a Él a quien dirigimos nuestra oración. No a un déspota caprichoso, ni a un poderoso al que hay que convencer. Nos hemos convertido en hijos, nos dice San Pablo, Dios nos trata como trata a su hijo amado. Un buen padre sabe lo que necesita su hijo, no le deja sufrir. Muchas de nuestras oraciones no son escuchadas porque se dirigen al destinatario equivocado: no se dirigen a un padre, sino a un padrastro o a un tutor antipático al que pedir algo que, en realidad, creemos que nos corresponde.

Tantas veces confieso algo que he descubierto en mi pobre vida: pedí y no me fue dado. Entonces, en esos momentos, me desanimé. Hoy, años después, sé que obtuve todo lo que necesitaba y que, a menudo, no era lo que pedía.

La oración es amistad y constancia

Como aquel que va a pedir pan en plena noche.

Cuando rezamos, nos dirigimos a un amigo. Y lo hacemos para pedirle algo con lo que alimentar a los huéspedes de nuestra vida, no para ganar la lotería.

Amistad recíproca, como leemos en la hermosa página del Génesis: la relación con Abraham se consolida y Dios decide hablarle de su proyecto de abandonar Sodoma a su maldad. Abraham siente un vuelco en el corazón: en Sodoma vive Lot, su sobrino, y comienza una dura negociación. Al final, Abraham se sale con la suya: si Dios encuentra en Sodoma tan solo diez justos, salvará toda la ciudad, dando la vuelta a la teoría de la solidaridad según la cual todos pagan por la culpa de uno. En este caso, todos serán salvados por los méritos de diez.

La oración es una conversación íntima, un intercambio de opiniones, un entendimiento mutuo.

No es una lista de la compra, ni un intento de corrupción, ni una letanía para dar suerte.

Concebimos la oración como una serie de fórmulas de buenos deseos, pero la oración es ante todo escuchar, escuchar a Dios, e interceder, interceder por el mundo, no por mis necesidades.

¿Por qué no?

¿Por qué no aprender a rezar?

La oración te necesita a ti, ante todo: tal como eres, devoto o ateo, santo o pecador. Pero un «tú» verdadero, no falso, no aparente. La oración necesita tiempo: cinco minutos, para empezar, el tiempo en el que no estás completamente atontado o distraído, apagando el móvil y aislándote. La oración necesita un lugar: tu habitación, el metro, la pausa para comer. La oración necesita una palabra que escuchar: mejor si es el Evangelio del día, para leerlo con calma y saborearlo. La oración necesita una palabra que decir: las personas con las que te encuentras, las cosas que te angustian, un «gracias» dicho a Dios. La oración necesita una palabra que vivir: ¿qué cambia ahora que retomas tu actividad cotidiana?

Venga el Espíritu prometido por el Señor, amigos, el Espíritu que nos permite ver con una mirada diferente incluso las cosas que nos parecen indispensables para nuestra felicidad, comprendiendo, finalmente, que lo que consideramos un obstáculo insuperable no es tan importante resolverlo y, tal vez, ni siquiera es un obstáculo.

Porque, en la oración, descubriremos que nada nos puede impedir decir con verdad: Padre.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo 27 de julio de 2025

1.- Si rezamos, haremos circular el pan del amor.

2.- Dios siempre cumple sus promesas.

3.- Para rezar bien hay que tener hambre de vida.

4.- En el «Padre nuestro», Jesús nos enseña la gramática de Dios.

5.- Padre Nuestro, la oración que une la tierra y el cielo.

6.- El Padrenuestro, gramática de Dios.

7.- La oración según Jesús.

8.- De las oraciones a la oración – San Lucas 11, 1-13 –.

 P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Soledad contigo.

jueves, 24 de julio de 2025
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Del blog de Pedro Migue Lamet:

Lo incomunicable

Hay algo incomunicable dentro de nosotros. Ni el ser más querido es capaz de penetrar plenamente en mi conciencia interior

La fe no elimina esa soledad de mi más íntima conciencia, pero añade algo más: el “contigo”. La “soledad contigo” no deja de ser soledad, pero es una soledad iluminada

Todo creyente tiene derecho a un pedazo de mística en su vida

“A veces por las venas de las cosas / sube una luz azul, cual de presencia

 

El poeta Juan Bautista Bertrán, SJ, escribía Cuando atardece, quédate conmigo / le tengo miedo a mi soledad sola, no contigo. En el crepúsculo, cuando cesan los ruidos y el mundo se sumerge en la oscuridad de la noche, es frecuente que tomemos conciencia del misterio de nuestro ser: hemos sido arrojados a la vida sin saber por qué; somos frágiles, limitados e ignorantes del futuro; es más, con una certeza de que vamos a envejecer e incluso abandonar esta vida. Hay además algo incomunicable dentro de nosotros. Ni el ser más querido es capaz de penetrar plenamente en mi conciencia interior.

Quizás estos sean algunos motivos de la soledad radical de todo ser humano a la que tenemos miedo, como dice el poeta. La fe no elimina esa soledad de mi más íntima conciencia, pero añade algo más: el “contigo. La “soledad contigo” no deja de ser soledad, pero es una soledad iluminada.

Todo creyente tiene derecho a un pedazo de mística en su vida, momentos de silencio en que conecta con un rescoldo interior que le calienta y acompaña, una sensación de que somos chispa de un gran fuego u ola de un infinito mar. Como canta el mismo poeta: “A veces por las venas de las cosas / sube una luz azul, cual de presencia”. Mi parte resuena con el Todo, mi pequeña arpa vibra con la sinfonía del Ser, y siento, aunque sea por un instante, que Dios no solo me acompaña y me habita, sino que, como dice Pablo, “en él vivo, me muevo y existo”.

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“Padre Nuestro”, por Josep Miquel Bausset

jueves, 24 de julio de 2025
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Así comienza la oración que Jesús enseñó a los apóstoles (Lc 11:1-4), cuando éstos le pidieron que les enseñara a rezar, como el Bautista lo hizo con sus discípulos.

Jesús comienza su oración llamando a Dios: Padre nuestro. No, Padre mío. Y es que el Padrenuestro es esencialmente una oración comunitaria, nunca una oración individual. Por eso decimos Padre nuestro. De aquí que de la paternidad de Dios, nace, necesariamente, la fraternidad de los unos con los otros. Porque no es posible rezar a un mismo Padre, sin que nos reconozcamos hermanos todos los que nos dirigimos al mismo Dios.

¿Cómo rezará el Padrenuestro el presidente Putin, cuando en Ucrania está masacrando a sus hermanos, hijos de un mismo Padre? Cuando está asesinando a los hijos del Padre, al cual él reza.

¿Cómo rezará el Padrenuestro (porque seguro que lo reza), el presidente Trump, cuando, por una parte juró su cargo sobre la Biblia y por la otra, está criminalizando y persiguiendo a los inmigrantes, intentado hacer deportaciones masivas de las personas que llama “ilegales” y que son hijos de un mismo Padre?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los que, a través de las redes sociales, incitan a la violencia contra los inmigrantes, hijos de un mismo Padre?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los dirigentes de la derecha española, que desprecian y señalan a los inmigrantes “irregulares” y de una manera especial a los menores no acompañados?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los grupos violentos que agreden a sus hermanos en Torre Pacheco, haciendo daño a los hijos de un mismo Padre?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los que han incendiado mezquitas (como la de Piera) o lugares de culto de los musulmanes, haciéndolo, seguramente, invocando el nombre de Dios y la “defensa” de España?

¿Cómo rezará el Padrenuestro el presidente del País Valenciano y sus consellers, que con su acción negligente durante la Dana del pasado 29 de octubre, no evitaron la muerte de 228 hermanos suyos, valencianos también, ahogados por la desidia y la parálisis de un gobierno que, de haber avisado a tiempo, habría evitado la  muerte 228 personas, hijas de un mismo Padre?

¿Cómo rezará el Padrenuestro el concejal del PP de mi pueblo, que escribió en las redes sociales: “Cada día entran ilegalmente a nuestro país personas que no vienen a sumar, vienen a hacer daño”? (Levante, 1 de julio de 2025).

Cuando rezamos el Padrenuestro estamos invocando a un mismo Padre y por eso mismo, estamos reconociendo a los demás, como a hermanos. De aquí que el Padrenuestro nos urge a la fraternidad, a descubrir en los demás a unos hermanos. No a unos enemigos, ni a unos que vienen a “hacer daño”, como dicen de sus hermanos inmigrantes, los que después “devotamente”, e hipócritamente rezan el Padrenuestro.

Decía Plauto (254-184 aC), que “el hombre es un lobo para el hombre”. Y los filósofos de la sospecha decían: “El otro es el infierno”. Los cristianos Putin, Trump, los políticos que criminalizan a los que llaman “inmigrantes irregulares”, los salvajes que incendian mezquitas o agreden a las personas “sin papeles que vienen de otros países, ¿ven a estas personas como enemigas? ¿Cómo pueden rezar el Padrenuestro, con sinceridad, despreciando y criminalizando a sus propios hermanos?

En su competición con VOX, para ver quién es más racista, el señor Feijóo ha pedido la deportación “inmediata” de cualquier inmigrante irregular que delinca. “Debemos ser contundentes”, ha expresado el señor Feijóo. (El Mundo, 16 de julio de 2025). El presidente del PP habría de empezar a ser contundente con los políticos de su partido condenados recientemente por la Audiencia de València, por fraude, prevaricación y malversación, como lo han sido dos exalcaldes del PP, uno de Enguera y otro de Requena (La Veu del País Valencià, 16 de julio de 2025). Pero claro, estos exalcaldes no eran inmigrantes y por eso el señor Feijóo no será contundente con ellos.

San Juan, en su primera carta, nos dice: “El que dice que está en la luz y odia a su hermano, todavía está en la tiniebla” (1Jn 2:9). Y también: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos” ya que “todo aquel que odia a su hermano, es un homicida” (1Jn 3:14-15).

El Padrenuestro nos evita que caigamos en la aporofobia, que como la definió la profesora Adela Cortina, es “el rechazo, la aversión, el miedo y el desprecio hacia el pobre”. Simplemente por el hecho de ser pobre, ya que el racismo (normalmente), no se manifiesta en los futbolistas que llegan de Latinoamérica o de África, que no solamente no sufren ningún rechazo, sino que son aplaudidos y admirados. Tampoco hay ningún problema con el color de la piel, con los turistas que llegan con las carteras llenas de dinero. El único problema que encuentran los racistas es con los inmigrantes pobres.

Aquellos que, llenos de odio, quieren expulsar a los inmigrantes “ilegales”, criminalizándolos, los que incendian mezquitas o los que incitan al odio y agreden a los extranjeros, demuestran su hipocresía cuando rezan el Padrenuestro, porque rezan esta oración sin reconocer como hermanos a todos los hijos de Dios. A todos éstos, más les valdría no rezar el Padrenuestro, porque odiando a sus hermanos inmigrantes, rezan hipócritamente la oración del Señor, ya que no reconocen como a hermanos a los inmigrantes que vienen a nuestro país, no a hacer daño (como dicen algunos), sino a buscar una vida más digna.

Josep Miquel Bausset

Fuente Religión Digital

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Protégeme en tu pecho (salmo 16)”, por Miguel Ángel Mesa.

miércoles, 23 de julio de 2025
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De su blog Otro Mundo es posible:

Dios bueno y compasivo,
ayúdame a silenciar solo por un momento
tanto dolor, soledad, tristeza y opresión
en la que está sumida la humanidad
y la madre Tierra.

Protégeme, guárdame en tu pecho,
acógeme en tus brazos, dame calor,
trátame como a tu hijo más querido,
como a las niñas de tus ojos.

Pero no quiero evadirme de este mundo
al que tanto amas, del que te enamoraste y dijiste
que todo era bueno, que todo estaba bien;
presérvame del odio, del egoísmo
y de olvidarme de los demás.

Y cuando me despierte, después de tu abrazo,
estaré tan satisfecho que no podré hacer otra cosa
que comunicar tu amor a los cuatro vientos.

***

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Hospitalidad, bienvenida y las lesbianas en la crisis del SIDA

lunes, 21 de julio de 2025
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La reflexión de hoy está escrita por Allison Connelly-Vetter, colaboradora de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Decimosexto Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar haciendo clic aquí.

En un momento en que la mayor parte de Estados Unidos cree que estamos más divididos que unidos en cuanto a nuestros valores más importantes, las lecturas litúrgicas de hoy están repletas de antídotos: hospitalidad, cuidado y bienvenida.

En nuestra primera lectura, Abraham está en su tienda cuando pasan tres hombres. Abraham sale corriendo de su tienda e insiste en darles la bienvenida, dándoles la comida y bebida más selectas y brindándoles descanso.

La segunda lectura se sitúa en el contexto de los numerosos e importantes debates internos que la multitud de judíos seguidores de Jesús ha mantenido sobre si acoger a los gentiles en su movimiento. Finalmente, los líderes deciden que sí, que los gentiles son bienvenidos al movimiento de Jesús tal como son, sin necesidad de convertirse primero a la fe y las tradiciones judías. Esta decisión es un claro ejemplo de bienvenida y hospitalidad entre dos grupos que históricamente han experimentado conflicto y división.

Y en nuestro Evangelio, tenemos la conocida historia de María y Marta, dos de las amigas más cercanas de Jesús, que le brindan acogida, hospitalidad y cuidado a su manera. María lo hace escuchando las historias de Jesús y dando testimonio de su camino, mientras que Marta demuestra su cariño sirviendo.

Ofrecer hospitalidad, atención y bienvenida ha sido parte de las comunidades queer durante generaciones. Un ejemplo destacado que me viene a la mente, como lesbiana, es la forma en que las lesbianas cuidaron a las personas VIH positivas, especialmente a los hombres gay, durante la crisis del sida de las décadas de 1980 y 1990. Mientras todos los niveles de gobierno ignoraban deliberadamente la epidemia, lo que resultó en miles de muertes evitables, las lesbianas se ofrecieron para brindar apoyo y atención a las personas que viven con el VIH.

Las lesbianas ayudaron de diversas maneras. Muchas organizaron campañas de donación de sangre para pacientes VIH positivos que necesitaban transfusiones. Esto fue especialmente importante porque los hombres que tenían relaciones sexuales con hombres tenían prohibido universalmente donar sangre hasta 2023. Enfermeras y profesionales de la salud lesbianas brindaron atención médica a pacientes VIH positivos y a hombres gay y bisexuales que fueron rechazados en clínicas y hospitales debido a la discriminación. Estas lesbianas también brindaban cuidados paliativos a pacientes VIH positivos que habían sido abandonados por sus familias y morían solos por complicaciones relacionadas con el sida. Además, las lesbianas también brindaron educación muy necesaria sobre el VIH al público en general y desempeñaron un papel especial en la difusión del VIH entre las mujeres, y en particular entre otras lesbianas, en una época en que el VIH se consideraba una enfermedad que solo afectaba a hombres que tenían sexo con hombres.

Al igual que los gentiles y los judíos del siglo I, antes de la epidemia del sida, los hombres gay y las mujeres lesbianas no siempre se veían positivamente. El sexismo entre los hombres gay a veces conducía a un trato negativo hacia las lesbianas y, por lo tanto, generaba una falta de confianza en los hombres gay por parte de estas mujeres. Estos patrones a veces conducían a una falta de solidaridad entre los grupos, incluso en cuestiones políticas clave o en respuesta a experiencias similares de discriminación, debido a sus diferencias culturales y de género. El hecho de que las lesbianas se presentaran y cuidaran a estos hombres con tanta valentía y constancia en su momento de crisis, incluso después de haber sufrido un trato negativo por parte de algunos de ellos, demostró verdadera generosidad y una claridad moral excepcional. Mencioné al principio de este artículo que una abrumadora mayoría (el 81%) de los estadounidenses cree que nuestra nación está más dividida que unida en cuanto a nuestros valores más importantes. Me pregunto cuál habría sido esa estadística entre judíos y gentiles en el primer siglo, o entre lesbianas y hombres gays en la década de 1980. ¡Incluso María y Marta estaban divididas en cuanto a sus valores sobre cómo mostrar la mejor hospitalidad a sus invitados!

Me pregunto cuál sería, para mí, el equivalente a cruzar esas líneas de diferencia con una bienvenida generosa. Si hubiera una epidemia que afectara principalmente a quienes votaran en contra de mis derechos y libertades como mujer queer, ¿lo dejaría todo para cuidarlos? Si quienes protestaran en los festivales del Orgullo cambiaran de opinión y pidieran unirse a mi comunidad religiosa, ¿los dejaría entrar? Debo admitir que no estoy segura.

Seamos claros: nadie debería sentirse presionado a relacionarse con personas que no son seguras o que le causarán daño personal. Cada persona tiene derecho a tomar decisiones sobre la seguridad de sus relaciones. Y, sin embargo, me pregunto cómo sería mi vida si, como Abraham, me esforzara por encontrar a desconocidos y ofrecerles lo mejor de mí. Si interrumpiera mis rutinas habituales para dar testimonio de la historia de un ser querido, incluso si otros pensaran que era una pérdida de tiempo. Si animara a mi propia gente a conectar con otros a pesar de las diferencias, confiando en que en una comunidad más amplia, una revelación compartida se manifestaría más plenamente.

A menudo tengo tan poca valentía en las relaciones y actúo de forma muy egoísta. Las lecturas de hoy me desafían a ir más allá de lo cómodo y familiar con la esperanza de ofrecer una acogida, hospitalidad y atención aún más radicales, más allá de los límites de mi tienda, hacia lo desconocido del mundo. Que juntos emprendamos este viaje con fe y amor.

—Allison Connelly-Vetter, 20 de julio de 2025

Fuente New Ways Ministry

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“Una cosa es necesaria”. 16 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,38-42)

domingo, 20 de julio de 2025
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Casi sin darnos cuenta, las actividades de cada día van modelando nuestra manera de ser. Si no somos capaces de vivir desde dentro, los acontecimientos cotidianos tiran de nosotros y nos llevan de un lado para otro, sin otro horizonte que la preocupación de cada día. Por eso es bueno que escuchemos las palabras de Jesús a aquella mujer tan activa y trabajadora: «Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas, y solo una es necesaria».

Agitados por tantas ocupaciones y preocupaciones, necesitamos tomarnos de vez en cuando un tiempo de descanso para sentirnos de nuevo vivos. Pero necesitamos además pararnos y encontrar el sosiego necesario para recordar de nuevo «lo importante» de la vida.

Las vacaciones tendrían para nosotros un contenido nuevo y enriquecedor si fuéramos capaces de responder a estas dos sencillas preguntas: ¿cuáles son las pequeñas cosas de la vida que la falta de sosiego, de silencio y de oración han agrandado indebidamente hasta llegar a matar en mí el gozo de vivir?, ¿cuáles son las cosas importantes a las que he dedicado poco tiempo, empobreciendo así mi vida diaria?

En el silencio y la paz del descanso podemos encontrarnos más fácilmente con nuestra propia verdad, pues volvemos a ver las cosas tal como son. Y podemos también encontrarnos con Dios para descubrir en él no solo la fuerza para seguir luchando, sino también la fuente última de la paz.

Recordemos la experiencia de «abandono en Dios» predicada con tanta hondura por el Maestro Eckhart y tan bellamente comentada por Dorothee Sölle: «No necesito aferrarme a mí, puesto que soy sostenido. No necesito cargar con el peso, porque soy soportado. Puedo salir de mí mismo y entregarme».

Cuando somos capaces de encontrar en Dios nuestro descanso y nuestra paz interior, la vacación se convierte en gracia. Tal vez una de las mayores gracias que podemos recibir en medio de nuestra vida tan agitada y nerviosa.

José Antonio Pagola

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” Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor”. Domingo 20 de julio de 2025. 16º domingo del Tiempo Ordinario

domingo, 20 de julio de 2025
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Leído en Koinonia:

Génesis 18, 1-10a: Señor, no pases de largo junto a tu siervo.
Salmo responsorial: 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
Colosenses 1, 24-28: El misterio escondido desde siglos, revelado ahora a los santos.
Lucas 10, 38-42: Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor

El texto de la primera lectura nos presenta una escena familiar. Abraham, sentado ante la tienda, recibe la visita del Señor. Abraham lo recibe con hospitalidad. Dios lo premia con la fecundidad de Sara.

Tres rasgos fundamentales caracterizan el texto: la fe de Abraham al reconocer al Señor. La hospitalidad con que se recibe al Señor y la familiaridad de Dios con Abraham y su familia. Es un bello ejemplo de la relación y acogida de Dios por el ser humano, la única posible para caminar.

Volvemos a encontrar en la segunda lectura de hoy el pensamiento de Pablo sobre el misterio de Dios y su revelación por medio de la predicación y lo que Pablo aporta a esa revelación por el sufrimiento. Cristo revela la riqueza de Dios en la pobreza de la cruz y el apóstol será el distribuidor de la misma a hombres y mujeres.

Un primer comentario al evangelio de hoy:

Lucas nos presenta finalmente una anécdota perteneciente al fondo de las tradiciones recibidas por el evangelista en el círculo de sus discípulos, especialmente mujeres. Marta y María, hermanas de Lázaro, reciben en su casa al Señor.

El caso de Marta y María es aprovechado una vez más por Lucas para resaltar el valor de la escucha de la Palabra de Dios. Sin entrar en la teoría del valor de la contemplación sobre la acción, que se ha querido ver en las dos actitudes opuestas de Marta y María, lo cierto de la anécdota es que el Reino de Dios no puede dejarse distraer por una preocupación demasiado exclusiva por las realidades terrenas. Por otra parte escuchar la Palabra de Dios es todo, menos ocasional.

Nos encontramos con un cuadro familiar en el que Jesús visita en su casa a unas amigas suyas. Ellas, Marta y María lo reciben en su casa. Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio para atender al huésped, y Jesús la reprende porque anda inquieta “con tantas cosas”.. Marta no encuentra la colaboración de nadie. La hermana, en efecto, se ha sentado a los pies de Jesús y está ocupada completamente en la escucha de su palabra.

El Maestro no aprueba el afán, la agitación, la dispersión, el andar en mil direcciones “del ama de casa”. ¿Cuál es, pues, el error de Marta? El no entender que la llegada de Cristo significa, principalmente, la gran ocasión que no hay que perder, y por consiguiente la necesidad de sacrificar lo urgente a lo importante.

Pero el desfase en el comportamiento de Marta resulta, sobre todo, del contraste respecto a la postura asumida por la hermana. María, frente a Jesús, elige “recibirlo”, Marta, por el contrario, toma decididamente el camino del dar, del actuar; María se coloca en el plano del ser y le da la primacía a la escucha.

Marta se precipita a “hacer” y este “hacer” no parte de una escucha atenta de la palabra de Dios, por lo que corre el peligro de convertirse en un estéril girar en el vacío. Marta se limita, a pesar de todas sus buenas intenciones, a acoger a Jesús en su casa. María lo acoge “dentro de sí”, se hace recipiente suyo. Le ofrece hospitalidad en aquel espacio interior, secreto, que ha sido dispuesto por él, y que está reservado para él. Marta ofrece a Jesús cosas, María se ofrece a sí misma.

Según el juicio de Jesús, María ha elegido inmediatamente, “la mejor parte” (que, a pesar de las apariencias, no es la más cómoda: resulta mucho más fácil moverse que “entender la palabra”). Marta, desgraciadamente, que no quiere que falte nada al huésped importante, que pretende llegar a todo, acaba dejando pasar clamorosamente por alto “la única cosa necesaria”. Marta reclama a Jesús, no sabe lo que él prefiere. El problema es precisamente éste: descubrir poco a poco qué es lo que quiere Jesús de mí. Por eso es necesario parar, dejar el ir y venir, y sacar tiempo para escuchar la Palabra de Jesús y comprender cuál es realmente la voluntad de Dios sobre mi vida.

Un segundo comentario al evangelio de hoy:

En el evangelio de Lucas el camino de Jesús a Jerusalén marca una progresiva manifestación del Reino. A medida que avanza va formando a los discípulas y discípulos en actitudes de misericordia, de abandono de las pretensiones de poder, y en la atenta escucha de la Palabra. En ese camino, al igual que los misioneros que han venido anunciando su presencia, Jesús es recibido por dos mujeres en una casa de familia.

Allí se topa con dos actitudes diferentes. Una de total atención y escucha, la otra, de afán por los quehaceres habituales y de distracción. El trajín de la vida cotidiana había atrapado a Marta y, probablemente, la había vuelto sorda a la Palabra de Dios. Ella recibe a Jesús pero no lo escucha. Aunque Jesús entra a su casa, ella lo deja por puertas. Jesús propone un plan encaminado a formar verdaderos oyentes de la Palabra -auténticos discípulos- que Marta no está dispuesta a atender.

María, al contrario, comprende bien el proyecto de Jesús y rompe con los prejuicios culturales de su época. En lugar de andar atareada con los oficios domésticos “propios de las mujeres” (las “labores propias de su sexo”, como se ha dicho y pensado durante tanto tiempo), se pone “a los pies del Señor para escuchar su palabra”. Este gesto, reservado entonces culturalmente a los discípulos varones, la acredita como discípula.

Marta, al fatigarse con el interminable trabajo de la casa, cuestiona la contradictoria actitud de María e interpela al Maestro para que “ponga a la mujer en su sitio”. Jesús le da una respuesta inesperada: felicita a María porque ha acertado en su elección y reprende a Marta por dejarse envolver en las preocupaciones cotidianas sin atender a lo importante. Efectivamente, María ha hecho la mejor opción, la única necesaria para ponerse en el camino de Jesús y ser su discípulo: ha decidido aprender a escuchar la Palabra y se deja interpelar por la presencia del Maestro.

En su camino Jesús va formando, pues, a sus seguidores en las actitudes indispensables para llegar a ser verdaderos discípulos. Una de esas actitudes es la de escuchar atenta y serenamente su Palabra. Actitud que exige romper con el ritmo loco e interminable de la vida cotidiana para ponerse, serena y atentamente, a los pies del Maestro. Esta elección que a los ojos de la eficiencia puede parecer superficial e inútil, es una condición fundamental para llegar a ser un auténtico discípulo.

Nosotros hoy nos enfrentamos a un ritmo de vida más agitado que el de épocas anteriores. Los medios proporcionados por la tecnología para ahorrar tiempo… también multiplican las ocupaciones y acaban haciéndonos caer en un activismo desenfrenado. Y el exceso de preocupaciones nos lleva a olvidarnos de lo fundamental…

Nuestro cristianismo se convierte así en un tímido cumplimiento de algunas obligaciones religiosas, sin espacio para la escucha de la Palabra. Se nos exhorta, se nos bombardea continuamente con mensajes que nos invitan a ser “eficaces, productivos y competitivos”… Pero con Marta y María, Jesús nos interpela y nos llama a respetar la jerarquía de valores y a poner en su sitio la “opción por lo fundamental”: ponernos a sus pies y escuchar su palabra. Jesús nos invita a que nuestro cristianismo sea un verdadero discipulado.

Para aprender la lección del Maestro, debemos formarnos en la escucha atenta de la Palabra en la Biblia y en la vida. La Biblia no puede permanecer guardada en un cajón mientras nosotros nos ahogamos en el interminable torbellino de los quehaceres cotidianos. La Palabra de Dios está hecha para caminar con nosotros paso a paso, día a día, minuto a minuto. Para enseñarnos a vivir en comunidad la solidaridad que hace efectivo aquí y ahora el reinar de Dios. Para ayudarnos a escuchar la Palabra que Dios nos dirige en la difícil realidad de nuestros pueblos: en las inhumanas condiciones de las grandes ciudades, en la soledad y el aislamiento de los campos. Debemos pues optar por las actitudes que nos conviertan en verdaderos discípulos de Jesús y auténticos cristianos. Leer más…

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20.7.25 Marta y María, iglesia de hermanas. Lamento de Ratzinger

domingo, 20 de julio de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:

El volumen 3 de Obras completas de J. Ratzinger contiene una serie de trabajos de juventud sobre sobre iglesia y fraternidad. En uno de ellos, el futuro papa lamenta la falta de fraternidad de la iglesia de la iglesia post-constantiniana. Así decía Ratzinger:

La Iglesia en su conjunto no se siente ya como fraternidad, sino que se constituye como sistema jerárquico y escalonado de parentesco espiritual. En esa línea, sólo aparecen como hermanos los miembros de la jerarquía, que se apropian así de una dignidad que en principio es de todos los creyentes. De esa forma, los obispos se llaman «hermanos» entre sí, mientras que conciben al resto de los cristianos como «hijos espirituales». Por su parte, los monjes se dicen hijos del abad; el Papa es mirado como padre espiritual del emperador bizantino y, a partir de Carlomagno, del emperador de Occidente.

| Xabier Pikaza

Así seguía diciendo Ratzinger: Estrechamiento de la fraternidad. Se expresa y confirma a partir del siglo III d.C., de manera que sólo se llaman hermanos los miembros del clero o de una comunidad monástica. La conciencia de fraternidad que tenía la Iglesia primitiva, se repliega y aplica sólo a una élite de Iglesia…. De esa manera, el resto de los fieles aparecen como cristianos inferiores, frente miembros del “estado superior de la Iglesia”, que son los Padres obispos y los superiores de la vida religiosa. Para decirlo brevemente, ha surgido así una situación que, hasta el momento actual, no ha podido ser superada (cf. J. Ratzinger, Fraternidad. Obras completas 3,  BAC, Madrid 2014.)

Texto clave: Lucas 10, 38-42. 

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.

Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»

Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán»

Lucas, una casa de hermanas (Lc 10, 38-42)

            Mateo había destacado la fraternidad de la Iglesia, como familia mesiánica que resuelve en comunión sus problemas, sin jerarquías superiores, en apertura a los necesitados. En un sentido convergente, Lucas ha desarrollado muchos textos de fraternidad tanto su evangelio como en Hechos. Entre ellos he querido comentar uno, que evoca el sentido y tarea de dos hermanas en la iglesia.

  1. Dos hermanas, una casa. Organizar la sororidad.

Yendo de camino con sus discípulos, Jesús “entró en una aldea y una mujer llamada Marta lo recibió…”.  Marta es una persona concreta, pero, al mismo tiempo, es figura de la comunidad, un signo importante de la Iglesia o del grupo de aquellos que acogen a Jesús en su casa, en su familia. Frente a una aldea de los samaritanos que no han recibido a Jesús (Lc 9, 52-56) y a diferencia de las poblaciones de Galilea que no le han  escuchado (10, 13-16), Lucas destaca el ejemplo de dos hermanas que le reciben:

 Marta tenía una hermana,  y su relación con Jesús va a quedar matizada por ella, de manera que ambas aparecen vinculadas (y enfrentadas) por causa de un hombre o de una tarea que deben realizar. Este modelo de amigas-hermanas rivales ha tenido una importancia especial en la Biblia Hebrea, donde normalmente la causa principal del conflicto entre ellas no es la lucha por el amor del hombre (el hecho de que puedan compartir su amor, en un matrimonio polígamo), sino por la descendencia, pues sólo el hijo/heredero ofrece a la madre el estatuto de señora(gebîra), como aparece en toda la historia hebrea.

– Pueden ser hermanas en sentido familiar  de sangre(conforme quizá en Jn 11, donde  tienen un tercer hermano llamado Lázaro). Leído el texto así podemos suponer que María es más joven. No actúa como «dueña» de la casa (no es la que recibe a Jesús), aunque puede realizar y realiza una función importante. Parece subordinada (es hermana menor), pero da la impresión de que ocupa un lugar significativo en la vida (y corazón) del único varón de la escena. Es como si las dos mujeres se disputaran la atención de Jesús, cada una con lo que sabe hacer (una trabajando para él, otra escuchándole).

Es más probable que sean hermanas en sentido eclesial,miembros de la familia cristiana.  Ciertamente, la palabra hermano tiene a veces un sentido literal en Lc-Hech (cf. Lc 14, 26; 20, 28-29; Hech 12, 2; 23, 16), pero en otros casos ha recibido también un sentido más extenso: son hermanos los miembros del pueblo judío (cf. Hech 7, 2.26; cf. 9, 17) y de un modo especial los cristianos (cf. Hch 1, 15; 11, 29; 15, 3; 16, 2.40; 21, 7). Todo nos permite suponer que Marta y María son hermanas en ese último sentido, como creyentes con una responsabilidad especial en la iglesia. De esa forma, su relación  nos ayuda a entender los elementos y riesgos de la fraternidad en la familia cristiana.

Desde esa perspectiva más extensa de fraternidad(sororidad) pueden verse mejor las funciones que realizan. Es normal que en el fondo siga estando el símbolo de las hermanas carnales enfrentadas por un hombre (varón, amigo, esposo). Pero el mismo texto nos ayuda a superar ese nivel, como indican sus tareas. Marta realiza una función activa, al servicio de la casa (comunidad); María es, más bien, una discípula, sentada a los pies del Kyrios (10, 39), escuchando directamente su palabra (en contra de lo que supone 1 Cor 14, 34-35; 1 Tim 2, 11-12). Jesús aparece por su parte como Kyrios, lo que muestra que él no es un puro hombre histórico, amigo o marido discutido, sino el Señor pascual que está presente en la iglesia que le escucha. Pues bien, en este contexto, la Iglesia está representada por dos hermanas, amigas y  enfrentadas.

Hermanas distintas

            Es significativo que Lucas acuda a este modelo de hermanas enfrentadas para ilustrar las tensiones interiores de una familia/iglesia. El NT recoge el recuerdo de un enfrentamiento entre varones a causa de los primeros puestos o ministerios (cf. Lc 10, 46-48; Hech 6). Pero aquí estamos ante el signo de una disensión de hermanas dentro de una familia/comunidad (cf en cap. 2, historia de Jacob, cf. Gen 28-38):

Agar y Sara. Aparecen vinculadas, en planos distintos (una sierva, otra libre) al mismo marido (Abraham) cuyo favor quieren conseguir, por medio de un hijo que aparece como principio de dignidad y poder (y causa de disensión), tanto para una como para la otra. Esta historia ha sido «espiritualizada» por la tradición judía y cristiana, que ha visto simbolizadas en la esclava y la libre dos momentos o formas de la acción de Dios (cf. Gal 4, 21-5,1), pero sabiendo que en su fondo hay una disputa de familia.

Lía y Raquel. El mismo tema de las dos mujeres en torno a un varón reaparece en la historia de Jacob, con la particularidad de que aquí las dos hermanas son libres y se enfrentan entre sí (ellas y la sierva de cada una) disputando no sólo por los hijos sino también por el amor del mismo varón. Esa historia nos muestra el riesgo de lucha y ruptura entre hermanas en una familia o comunidad.

Caín y Abel. Tan pronto como Lucas dice que Marta tenía una hermana podemos esperar un conflicto (como en Gen 4, cf. cap. 1). Es normal que ellas se enfrenten, pero sin que una mate a la otra. En principio, el texto ha presentado a Marta como figura positiva,  signo de la iglesia. Pero a partir de aquí pone de relieve la figura de su hermana María, que tiene también una función importante en la familia-iglesia.

Reorganizaciòn de familia

Dentro del judaísmo es raro hallar mujeres «discípulas»; el hecho de escuchar y estudiar la Ley no parece propio de ellas. También la iglesia primitiva ha tendido a dar el monopolio de la Palabra a los varones. Pues bien, este pasaje nos sitúa ante una mujer que “escucha”, es decir, que recibe y acoge la palabra. Desde ese fondo se entiende la intervención de Marta, que toma la iniciativa y se queja ante Jesús, diciendo  que está fatigada porque su hermana le ha dejado sola ante el “trabajo”. Evidentemente, en un sentido ella tiene razón: la tarea podría y debería haberse repartido (y quizá el Señor debería acompañarlas, barriendo, fregando o cociendo comida…). Si ella, Marta, está dividida y distraída es por culpa de su hermana, centrada en la “palabra”.

María ha abandonado un tipo de trabajo, para escuchar a Jesús, apareciendo así como «desertora» de unas funciones de servicio que parecen propias de mujeres. En sentido general, podemos pensar que su actitud es positiva: Es una mujer liberada que puede dedicarse al cultivo de la Palabra, escuchando a Jesús. Pero eso significa que la carga de funciones y servicios (sociales, familiares) han de recaer sobre la espalda de su hermana. Parece que María escucha la Palabra a costa de Marta.

Marta se afana… porque le han dejado sola… La venida de Jesús  se ha convertido para ella en causa de un servicio que le cansa… Muchos han entendido ese servicio en línea de asistencia doméstica: limpiar, cocinar, servir la mesa… Pero el sentido principal de servir (diakonein, diakonía) en el NT y sobre todo en Lucas (Lc-Hech) no es atender a la mesa como hace un criado/a, sino realizar una tarea ministerial al servicio de la Iglesia (de Jesús, de su comunidad/familia).

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¿Afanarse o escuchar? . Domingo 16 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 20 de julio de 2025
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Vermeer, Marta y María

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

El domingo pasado, la parábola del buen samaritano terminaba con una invitación a la acción: «Ve, y haz tú lo mismo». Imaginemos que quien tenemos delante no es un pobre hombre apaleado y medio muerto, sino Jesús. Se ha presentado en la casa a mediodía. ¿Qué es más importante: afanarnos por darle bien de comer o sentarnos a escucharle?

            Como el evangelio va de invitación a comer, para la primera lectura se ha elegido la famosa escena en la que Abrahán invita a tres personajes misteriosos que llegan a su tienda.

            La preciosa miniatura que adjunto contiene todos los elementos del relato: la encina de Mambré, los tres hombres, representados como ángeles, Abrahán y Sara. El artista ha convertido la tienda de Abrahán en una casa, casi una iglesia. El texto nos ayudará a comprender mejor el evangelio.

Abrahán invita a comer al Señor (Génesis 18,1-10)

En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo:

            ‒ Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.

Contestaron:

‒ Bien, haz lo que dices.

Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo:

            ‒ Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.

Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron.

Después le dijeron:

            ‒ ¿Dónde está Sara, tu mujer?

Contestó:

‒ Aquí, en la tienda.

  Añadió uno:

            ‒ Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.

¿Cuántos son los invitados?

            Este breve relato ha supuesto uno de los mayores quebraderos de cabeza para los comentaristas del Génesis. Empieza diciendo que el Señor se aparece a Abrahán, pero lo que ve el patriarca son tres hombres.

            Al principio se dirige a ellos en singular, como si se tratara de una sola persona (no pases de largo), pero luego utiliza el plural (“os lavéis, descanséis, cobréis fuerzas). El plural se mantiene en las acciones siguientes (comieron, dijeron), pero la frase capital, la gran promesa, la pronuncia uno solo.

            En resumen, un auténtico rompecabezas, resultado de unir tradiciones distintas. No faltaron comentaristas cristianos que vieron en esta escena un anticipo de la Santísima Trinidad. Aunque la idea carece de fundamento serio, sirvió de base para una de las creaciones artísticas más maravillosas: el icono de Andréi Rubliov, pintado hacia 1422-1428.

            Hospitalidad

            La ley de hospitalidad es una de las normas fundamentales del código del desierto. El hombre que recorre estepas interminables sin una gota de agua ni poblados donde comprar provisiones, está expuesto a la muerte por sed o inanición. Cuando llega a un campamento de beduinos o de pastores no es un intruso ni un enemigo. Es un huésped digno de atención y respeto, que puede gozar de la hospitalidad durante tres días; cuando se marcha, se le debe protección durante otros tres días (unos 100 kilómetros). Esta ley de hospitalidad es la que pone en práctica Abrahán.

El menú, dos cocineros y un maître.

            Abrahán no se limita a hospedar a los visitantes. Entre él y su mujer, con la ayuda también de un criado, organiza un verdadero banquete con un ternero hermoso, cuajada, leche y una hogaza de flor de harina. A diferencia de las comidas actuales, no hay prisa. Pasan horas desde que se invita hasta que se preparan los alimentos y se termina de comer.

La cuenta

            Al invitado no se le cobra. Pero el huésped principal paga de forma espléndida: prometiendo que Sara tendrá un hijo. El tema de la fecundidad domina toda la tradición de Abrahán y se cumple a través de muchas vicisitudes y de forma dramática.

Marta invita a comer a Jesús (Lucas 10, 38-42)

            El texto del evangelio también se ha prestado a mucho debate. Este relato es exclusivo de Lucas, no se encuentra en Mateo, Marcos ni Juan.

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:

            ‒ Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.

            Pero el Señor le contestó:

            ‒ Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.

¿Cuántos invitados a comer?

            En la historia de Abrahán resultaba difícil saber si los invitados eran uno o tres. El relato de Lucas nos deja en la mayor duda. Jesús siempre iba acompañado, no sólo de los Doce, sino también de muchas mujeres, como afirman expresamente Marcos y Lucas, citando el nombre de algunas de ellas. ¿Los recibe a todos Marta? ¿Se limita a invitar a Jesús? Las palabras “Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio” sugieren que no se trataba de un solo invitado. Pero la escena parece tan simbólica que resulta difícil imaginar la habitación abarrotada de gente.

El menú, y una cocinera sin ayudante

            No sabemos el número de invitados, pero sí está claro el de cocineras. Aquí no ocurre con en el relato del Génesis, donde Sara amasa y cuece la hogaza, mientras Abrahán colabora corriendo a escoger el ternero, dando órdenes de prepararlo, encargándose de la cuajada y de la leche.

            En la casa del evangelio hay también dos personas, Marta y María. Pero María se sienta cómodamente a los pies de Jesús mientras Marta se mata trabajando. ¿Por qué tanto esfuerzo? ¿Porque son muchos los invitados? ¿O porque Marta pretende prepararle a Jesús un banquete tan suculento como el de Abrahán, y le faltan tiempo y manos para el ternero, la hogaza, la cuajada y la leche?

            Desgraciadamente, ignoramos el menú. Según algunos comentaristas, las palabras que dirige Jesús a Marta, “sólo una cosa es necesaria significarían: “un plato basta”, no te metas en más complicaciones.

Dos actitudes

            El contraste entre María sentada y Marta agobiada se ha prestado a muchas interpretaciones. Por ejemplo, a defender la supremacía de la vida contemplativa sobre la activa, sin tener en cuenta que esas formas de vida no existían en tiempos de Jesús ni en la iglesia del siglo I. Entre los judíos de la época existían grupos religiosos con tintes monásticos (los esenios de los que habla Flavio Josefo y los terapeutas de los que habla Filón de Alejandría), pero Lucas no presenta a María como modelo de las monjas de clausura frente a Marta, que sería la cristiana casada o la religiosa de vida activa.

            El evangelio no contrapone pasividad y trabajo. Jesús no reprocha a Marta que trabaje sino que “andas inquieta y nerviosa con tantas cosas”. Esa inquietud por hacer cosas, agradar y quedar bien, le impide lo más importante: sentarse un rato a charlar tranquilamente con Jesús y escucharle.

            Todos tenemos la tendencia a sentirnos protagonistas, incluso en la relación con Dios. Nos atrae más la acción que la oración, hacer y dar que escuchar y recibir. Nos sentimos más importantes. La breve escena de Marta y María nos recuerda que muy a menudo andamos inquietos y nerviosos con demasiadas cosas y olvidamos la importancia primaria del trato con el Señor.

Marta-María y el buen samaritano

           Este episodio sigue inmediatamente a la parábola del buen samaritano, que leímos el domingo pasado. Los dos textos son exclusivos del evangelio de Lucas, y pienso que se iluminan mutuamente.

            La parábola del buen samaritano es una invitación a la acción a favor de la persona que nos necesita: ve y haz tú lo mismo.

            Para mantener la acción a favor del prójimo la mejor preparación es sentarse, como María, a escuchar la palabra de Jesús.

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Domingo XVI del Tiempo Ordinario. 20 julio, 2025

domingo, 20 de julio de 2025
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Según iban de camino, Jesús entró en una aldea…

(Lc 10, 38-42)

 “Según iban de camino…”, así empieza el evangelio de hoy. Nada más leer estas cuatro palabras tal vez nos surjan dos preguntas: ¿quiénes iban además de Jesús?, y de camino ¿a dónde?

Dos pistas a las que, sin duda, damos importancia en nuestra cotidianidad. El quién, el otro. Infinidad de veces buscamos a alguien, un culpable o un cómplice, pero alguien: ¿quién ha hecho esto?, ¿a quién se le ha roto un plato?… El «a dónde», el destino, la meta, el objetivo o como lo queramos llamar en cada situación.

¿Y qué pasa si como cristianas que somos nos tomamos la vida, nuestro paso por el mundo, como el camino hacia el banquete eterno?, ¿también queremos atajar para llegar antes?

Así vamos, queriendo “ahorrarnos” camino, trayecto y que lo que hay en él nos distraiga lo menos posible, que no desvíe nuestra atención tan bien dirigida a nuestro propio ombligo… y en el fondo, lo sabemos. Nos ponemos los auriculares a todo volumen y no escuchamos, fijamos la mirada en la pantalla del móvil, de la tablet o del libro que vamos leyendo y no vemos lo que hay ni quién hay a nuestro lado, si vamos en un trayecto largo en transporte público incluso somos capaces de simular que estamos durmiendo y no hablamos con la persona con la que compartimos asiento.

Jesús de Nazaret entró en una y en muchas aldeas, comió en una y decenas de casas con gente que sufría y que pasaba por épocas malas, habló, escuchó, miró, animó, curó a una y a un montón de personas, también se retiró del grupo para orar a solas al Padre una y mil veces. Todo esto lo hizo según iba de camino, sin prisas por llegar a su destino; interrumpía su marcha porque veía y escuchaba lo que ocurría a su alrededor. Disfrutaba del camino, disfrutaba de la vida. Algo me dice que Jesús también cantaba por ese camino, animando, alegrando y facilitando el caminar de quienes iban con él.

Oración

Ojalá, Jesús, aprendamos a disfrutar del camino. Y de la vida.

Ojalá, aprendamos a cantar por el camino como sólo tú, Señor, lo sabes hacer.

Amén.

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Debemos integrar en nosotros a Marta y María.

domingo, 20 de julio de 2025
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DOMINGO 16 (C)

Lc 10,38-42

Ya me gustaría tener una mayor capacidad de persuasión, porque vamos a tratar un tema crucial en toda verdadera espiritualidad. En todos los tiempos ha habido falsos místicos que se contentaron con meditar sin preocuparse por los demás. Y en todos los tiempos ha habido una falsa dedicación a los demás sin una verdadera meditación profunda.

Este relato lo narra solamente el evangelio de Lucas, pero encontraría un marco más adecuado en el de Juan. En Juan todos los relatos son simbólicos y es inútil buscar el ellos informaciones históricas de lo que pudo pasar. Esto pasa con el relato que comentamos.

Para interpretarlo correctamente el primer obstáculo es seguir pensando en una historia de dos hermanas. El relato es una parábola en toda regla. Marta y María son personajes que encarnan los dos aspectos de un verdadero seguimiento de Jesús.

La contemplación y la acción son dos hermanas. Pero además son gemelas, es decir, nacidas del mismo óvulo y, por lo tanto, idénticas. Pero es que, además, son siamesas, es decir, están unidas por partes esenciales de su cuerpo. Separarlas sería asesinarlas a las dos. Aunque a través de la historia del cristianismo se ha intentado separarlas con frecuencia.

No tiene ningún sentido haber sacado de este relato, una distinción entre la vida contemplativa y la vida activa. Mucho menos si, en vez de distinción, lo que se pretende es una oposición. Tampoco aparece por ninguna parte la pretendida superioridad de la vida contemplativa sobre la vida activa. Si son inseparables no puede haber superioridad.

Tampoco es correcto el interpretar este evangelio como fundamento para defender un cristianismo a dos velocidades: 1ª los de la vida contemplativa; 2ª los que se dedican a la vida activa. Parece que el primero que levantó esta falsa liebre fue Orígenes, y durante 18 siglos hemos seguido corriendo detrás de un señuelo de trapo sin entidad alguna.

Toda contemplación que se quede ensimismada en ella mismo sin empujar a la acción sería una ensoñación ilusoria. Y toda acción que no tenga su origen en una auténtica contemplación no pasaría de una programación que en nada enriquecería a la persona. En ningún caso puede haber una contemplación sin acción, ni acción sin contemplación.

El principal escollo para aceptar esta interpretación es que tenemos una idea equivocada de la contemplación. Pensamos que contemplar es cosa solo de místicos que adentran en experiencia sobrehumanas. Este es un error que tenemos que superar. Todo el que busca descubrir lo esencial de sí mismo en lo hondo de su ser, está contemplando.

Estas ideas no son novedosas. Al principio del S. XV, el Maestro Eckhart, explicando este pasaje del evangelio, lo dejó meridianamente claro. Decía que Marta aventajaba a María en el seguimiento de Jesús, porque María estaba aprendiendo, pero Marta estaba poniendo en práctica lo que ya había aprendido. Una intuición que pasó desapercibida durante siglos.

Para terminar una observación muy simple. La contemplación de la que aquí hablamos no consiste en un mayor conocimiento de las realidades trascendentes ni del mensaje de Jesús. Aquí contemplar significa bajar a lo hondo del ser y descubrir nuestra esencia.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El poder de la Palabra.

domingo, 20 de julio de 2025
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Lc 10, 38-42

«Sentada a los pies del señor, escuchaba su palabra»

Jesús es la Palabra, y la Palabra es la sabiduría de Dios ofrecida a los seres humanos. Para que alumbre a todos, Jesús deja la comodidad de Nazaret y se lanza a los caminos de Galilea. Le siguen los que se sienten necesitados de ella, y le acosan los sabios, los santos, los ricos y los importantes, que prefieren su propia sabiduría. Luego asume el compromiso de subir a Jerusalén para universalizarla, se enfrenta a los poderosos, lo prenden, lo torturan y lo crucifican. Pero, consciente de la necesidad de que la Palabra, es decir, la sabiduría de Dios, prevalezca más allá de su muerte, hace un testamento inequívoco y sus discípulos más cercanos lo asumen sin reservas: «Id por el mundo y proclamad la buena Noticia a todas las gentes».

Así, los primeros cristianos, unidos por la fe en Jesús resucitado y animados por el Espíritu, tienen conciencia clara de que su tarea misionera es fruto de la voluntad expresa de Jesús, y la desarrollan con arrojo y valentía. Y es tal la fuerza con que la proclaman, que despiertan el recelo de las autoridades y llegan las persecuciones. Mueren a millares, pero gracias a su compromiso y su sacrificio, nosotros hemos tenido la oportunidad de conocer a Jesús y acceder a la Palabra veinte siglos después.

Y no solo gracias a ellos, porque a lo largo de la historia se ha creado una cadena de infinidad de cristianos que han trasmitido de padres a hijos esa herencia de valor incalculable que nos mueve a compartir y a perdonar; que nos humaniza y da sentido a nuestra vida; que nos señala, como ningún otro, el destino de la humanidad y el camino que nos lleva a alcanzar ese destino.

Pero nosotros (en posesión de nuestra propia sabiduría) hemos roto la cadena milenaria de transmisión de la Palabra, hemos dinamitado sus cauces, hemos hurtado a nuestros hijos el legado precioso del que nosotros hemos disfrutado, los hemos privado de los criterios que han dado sentido a nuestra vida y los hemos dejado a merced de los criterios del mundo.

¿Y por qué?… Quizá porque hemos renunciado a adoctrinarlespara no vernos señalados por una sociedad que se dice tolerante aunque es implacable con quienes discrepan. Quizás porque no nos apetece nadar a contracorriente y la corriente en contra nos arrastra. Quizá porque hemos relativizado la importancia de Jesús en nuestras vidas deslumbrados por otras sabidurías que nosotros mismos hemos puesto de moda. Quizá porque los encargados de proclamar la Palabra no están a la altura y no son capaces de ilusionar a nadie. Quizá porque pensamos que ya somos maduros e ilustrados y no necesitamos de los criterios de aquel carpintero crucificado hace veinte siglos. Quizá simplemente por pereza… pero el hecho cierto, indudable, es que con nuestra actitud hemos dado la espalda a la misión y hemos roto la cadena.

Y esto es un desastre de consecuencias impredecibles, porque supone renunciar al poder de la Palabra, que –incluso en los momentos más oscuros de la historia– ha sido capaz de mantener en el seno de las comunidades cristianas una enorme y bienintencionada multitud de creyentes que ha construido lo mejor de nuestra humanidad. Jesús, los criterios de Jesús, la Palabra, ha contribuido de forma decisiva a la formación de sociedades más justas, más compasivas, solidarias e igualitarias… y esto es lo que estamos poniendo en riesgo quizá sin ser conscientes de ello.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Elegir la mejor parte.

domingo, 20 de julio de 2025
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COMENTARIO AL EVANGELIO Lc 10, 38-42

Seguimos de camino con Jesús a través del evangelio de Lucas y, este domingo, nos encontramos con dos mujeres, hermanas, aparentemente en tensión y diferentes. Jesús está de camino y entra en una aldea donde una mujer llamada Marta le da alojamiento. Allí vivía también su hermana María y parece que se relacionan con él de manera diferente. Quizá no muy acertadamente se ha interpretado que detrás de estas mujeres nacen dos formas de seguir a Jesús; la vida activa, con un compromiso de proyección más social, activista y la vida contemplativa desde una dimensión más espiritual. Y nada más lejos de lo que entraña este texto, aunque tendría su coherencia desde otras claves.

El protagonismo de las mujeres en la vida de Jesús no es una moda que ahora se rescata. Cualquier persona que se acerca a su vida, narrada en los Evangelios y en los inicios del cristianismo, enseguida percibe una clara intención de liberar a la mujer y reconocer su dignidad en público, abiertamente, aunque suponga una ruptura con las tradiciones judías. Y uno de esos ejemplos es el evangelio que nos ocupa. Jesús se muestra libre y acepta la hospitalidad que le ofrecen dos mujeres que no parecen encajar en los roles de las mujeres del judaísmo.

En esta escena, como ya se ha indicado, Jesús entra en casa de una mujer llamada Marta. Si recurrimos al significado de los nombres bíblicos, Marta significa “señora” lo que podría llevarnos a pensar que es la dueña-señora de la casa y la que puede tener una actitud de hospitalidad con Jesús. De hecho, el texto dice explícitamente que esta mujer le dio alojamiento. No es la primera vez que Lucas habla de esta actitud de las mujeres con Jesús. En Lc 8, 2-3 se narra que había mujeres que acompañaban a Jesús y lo servían con sus bienes. Y hay que subrayar que es tremendamente revolucionario porque las mujeres judías no podían disponer de bienes, administrarlos y mucho menos decidir con quién compartirlos.

Pero hay otra mujer, llamada María, hermana de Marta, es decir, unidas por un vínculo sororal y que tiene otra forma de relacionarse con Jesús. María no habla, está sentada a los pies de Jesús escuchando. Dice el texto que Marta se queja porque no tiene ayuda de su hermana a lo que Jesús responde que es María quien ha elegido la mejor parte. Da por supuesto que María sí ha tomado la decisión de situarse así frente a Jesús. La queja de Marta, la tensión que expresa, conlleva un grito silencioso por sentirse condenada como mujer al servicio que le impone la presión de las creencias sociales, religiosas y patriarcales, aunque sea la dueña de la casa. Es lógico que se sienta sola, incómoda, porque el clima generado por Jesús es un espejo en el que se ve reflejado lo que supone elegir con libertad aquello que es esencial y no dejarse llevar por lo que otros y otras, la sociedad, la cultura, la religión, espera de las mujeres.

María se sitúa como una auténtica discípula, actitud subversiva y claramente provocadora. Las mujeres no podían participar en la sinagoga y mucho menos recibir las enseñanzas de la Torá.  No podían ser discípulas como lo eran los varones. Los rabinos nunca enseñaban a las mujeres porque la ley no lo permitía. María se muestra con una actitud de escucha radical y activa; está a los pies de Jesús, es decir, no hay nada que pueda interferir entre la Palabra de Jesús y su conciencia, no necesita mediadores, ni ritos, ni palabras mágicas para vincularse al Maestro. No se sitúa como una esclava que hace cosas compulsivamente y mendiga un poco de ayuda y reconocimiento. No. Es una persona que puede tomar decisiones por sí misma ya que, saber escuchar con toda atención y profundidad, es la madre de la libertad, el elemento primero para discernir y poder seguir la voz esencial, aquella que nos conecta con nuestra verdadera dignidad y nos permite avanzar con firmeza. Una vez más la palabra de Jesús es liberadora.

Casi nadie ya duda de que estamos asomándonos a una nueva era, a un cambio muy profundo en la humanidad, en la visión del ser humano, de la sociedad, de la economía, de la cultura, de la religión; se habla ya de un cambio de conciencia que no es sólo de visión sino de sistemas de referencias, incluso de sistema de funcionamiento cerebral. Casi nada ya se sostiene con los parámetros que han regulado la evolución humana. Estas dos mujeres, de la mano de Jesús, nos invitan a estar alertas, a no caer en un laberinto sin salida en el que los quehaceres propios de la humanidad llena de retos, nos aboque a una tierra de nadie donde salga lo peor de nuestra condición humana.

Se hace necesario estar alertas para que la dignidad que nos iguala a todos los seres humanos no sea enterrada bajo los escombros de una vida superficial y violenta. Nuestro momento histórico necesita de una sana sincronización entre la inteligencia artificial y el despertar de la inteligencia espiritual. Nuestras Martas y Marías. Y sí, claro que hay hambre de profundidad, de interioridad, de trascendencia, de escucha, de elegir la mejor parte como dice Jesús. Será, sin duda, esta dimensión profunda, bien vivida, la que nos libere de la ansiedad de nuestro ego y nos conecte con el anhelo de la vida auténtica de nuestro ser. Ojalá el cristianismo no pierda este tren y, como hizo Jesús de Nazaret, seamos cocreadores, cocreadoras, de una nueva humanidad donde las noticias sean que, por fin, hemos entendido que la dignidad humana es siempre una prioridad.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

20 de julio de 2025

 

Fuente Fe Adulta

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Somos Marta y María.

domingo, 20 de julio de 2025
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Comentario al evangelio del domingo 20 julio 2025

Lc 10, 38-42

Los humanos solemos ser dados a analizar y juzgar a los demás, mientras descuidamos conocernos a nosotros mismos. Con facilidad y rapidez colocamos etiquetas a los otros, mientras permanecemos lejos de saber cómo somos, por lo que ignoramos que, con mucha frecuencia, lo que percibimos en los demás habita también en nuestro interior.

No sé si Marta y María fueron dos personajes históricos, como tampoco sé si su comportamiento era tan opuesto como el texto -escrito con un evidente interés catequético- quiere poner de relieve. Lo que sé es que en cada una y cada uno de nosotros hay un personaje inquieto y nervioso, movido por la ansiedad, conviviendo con otro que anhela y es capaz de saborear la quietud y la paz del corazón.

Y ambos personajes (pequeños yoes) merecen nuestro respeto y nuestra atención. La inquietud o ansiedad puede ser una manifestación de nuestro niño interior herido, que reclama nuestro cuidado, o puede ser un mecanismo de defensa, es decir, un protector que, con las luces y la información de que disponía, ha tratado y sigue tratando de protegernos o de aliviar nuestro malestar, por lo que merece además nuestra gratitud.

Con ambos habremos de dialogar e integrarlos en nuestro puzle completo. Y podrá darse que, al hacerlo con la parte de anhela la quietud y la paz, terminemos por descubrir que no es solo otro yo más, entre tantos que nos habitan, sino que justamente en él se refleja nuestra identidad profunda, la quietud y la paz que somos, aun en medio de “oleajes” de todo tipo.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Marta y María: hospitalidad, hospicio, huesped, hospital: todo muy humano y cristiano

domingo, 20 de julio de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Hospitalidad.

Las lecturas de hoy: (Génesis – Abrahán) y el Evangelio (Marta y María nos hablan de acogida y hospitalidad. Acogida y hospitalidad de Abrahám así como de Marta y María.

Abrahám recibe a aquellos tres hombres y les da lo mejor que tiene: les acoge en su casa, en su tienda, se sienta con ellos, les ofrece pan y carne. Abrahám era un hombre hospitalario.

Abrahám, atendiendo a aquellos tres hombres, estaba acogiendo a Dios mismo. Poéticamente se ha interpretado en la historia de la Iglesia, que las tres personas que Abraham acogía eran la Trinidad de Dios. (Como se dice en italiano: se non é vero, é ben trovato: si no es verdad, está bien hallado y dicho).

Pueda que tal afirmación -acoger a Dios- no sea de mucha precisión dogmática, pero sí de gran sentido cristiano.

Jesús nos dirá que cada vez que acogimos y dimos pan a un hambriento, o cada vez que visitamos y ayudamos a un enfermo, a un necesitado, a Él mismo se lo hicimos.

        Abraham fue hospitalario con aquellos tres hombres (con Dios). Lo mismo hacen Marta y María que acogen en su casa a Jesús.

Es una actitud noble, humana y cristiana saber acoger a los demás: en la vida familiar, en la amistad, en situaciones de dificultades, debilidad y sufrimiento.

02.- Corren tiempos de acogida.

        Siempre han habido migraciones. En la misma tradición bíblica se repite un cantus firmus: “no maltrataréis ni oprimiréis al extranjero, porque extranjeros fuisteis vosotros en Egipto” (Ex 22,21)”. Ya entonces, 1.350 años antes de Cristo, había desplazamientos migratorios.

+      En tiempos no lejanos -que muchos de nosotros hemos conocido- hubo mucha emigración por motivos políticos.

+      Por los años 1960’ muchos españoles, italianos, portugueses, turcos, yugoslavos, griegos, etc. emigraron a trabajar a países europeos…

+      En estos momentos estamos viendo y viviendo grandes movimientos migratorios: África, Latinoamérica, China, Ucrania, etc…

+      Estos mismos días entre nosotros un grupo de malienses (Malí) vive en la calle en el barrio de Amara.

La hospitalidad es anterior e infinitamente más importante que los “papeles” y que la legalidad o ilegalidad que permite -o no- una ideología, unos partidos, etc. La hospitalidad es muy anterior y más noble que la “pureza étnica”.

Sin embargo el Mediterráneo sigue siendo un cementerio. Algunas ideologías propugnan la “deportación” de los emigrantes; se construyen muros para que no se puedan traspasar fronteras. Se habla también por desgracia de que los inmigrantes atentan contra nuestra identidad étnica y nacional…

El ser humano, todo ser humano es “anterior” es más importante en sí mismo que su pasaporte, que el color de su piel y su religión, y merece un respeto.

Como seres humanos y como cristianos seamos conscientes de que siempre y en estos momentos más, corren tiempos y situaciones de acogida y de hospitalidad como Abraham, como Jesús, como Marta y María.

03.- Marta y María

Sería un reduccionismo hacer una competencia entre la acción y la contemplación, entre el trabajo y la oración, entre Marta y María…

Marta y María representan dos vertientes de la persona humana. Por una parte está el pensamiento, la ideología, la fe (María), por otra parte la acción, el trabajo, (Marta).

En la medida en que le es posible uno vive conforme a lo que piensa. Lo primero es el pensamiento, la ideología, la fe… Como consecuencia vendrá la actividad

De ahí que hemos de cuidar el pensamiento, la ideología, la fe.

El evangelista San Lucas pone el acento en que María ha optado por la mejor parte y la mejor parte es escuchar a Jesús. Lo decisivo es encontrar y escuchar a Cristo. Tal es la mejor parte. Luego ya vendrá la actividad.

La fe de una persona es aquello de lo que espera la salvación, el bienestar supremo. Muchas personas viven, -vivimos-, fascinados por la nación, por el dinero, la ideología política, por el placer, por el progreso tecnológico, el éxito social, la Iglesia, etc.

Si quieres saber cuál es tu fe y tu Dios piensa en lo que te fascina en la vida, aquello por lo que estarías dispuesto a darlo todo.

La fe tiene una cierta tonalidad contemplativa, extática (éxtasis, contemplación): uno queda sobrecogido y fascinado: en éxtasis. Es fe contemplativa y mística:

María ha escogido la mejor parte: JesuCristo.

Para el cristiano la mejor parte es Cristo.

04.- Seremos místicos o no seremos.

        Quizás ahora podamos captar mejor aquello que decía Rahner: el cristiano del futuro será místico o si no, no será.

Nuestras preguntas son muy clericales y de tipo pragmático: se puede no se puede hacer… está permitido o no… Y posiblemente por eso el mensaje eclesiástico no tiene ya mucho interés.

Escojamos la mejor parte.

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«Discipulado de mujeres en el tiempo de Jesús «, por Consuelo Vélez

domingo, 20 de julio de 2025
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De su blog Fe y Vida:

XVI Domingo del Tiempo Ordinario 20-07-2025

Jesús entra a casa de Marta y María y la situación que allí se da, es la del valor del discipulado

El texto no se refiere a dos tipos de vocaciones: activa y contemplativa, como tradicionalmente se ha entendido. El texto habla de un valor cultural: la hospitalidad (practicada por Marta) y un discipulado: estar a los pies y escuchar a Jesús (practicada por María). Esto último eslo que alaba Jesús

Que estas discípulas de Jesús animen nuestro discipulado, eligiendo la mejor parte -el reino- por encima de cualquier otra realidad

Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra. Marta, que muy estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús:

– «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude».

Pero el Señor le respondió:

+ «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y, sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria, María eligió la mejor parte, que no le será quitada»

(Lucas 10, 38-42).

Las figuras de Marta y María son bien conocidas entre los creyentes. Además, también se sabe que tienen un hermano llamado Lázaro. Sin embargo, pocos saben que es el evangelio de Juan el que se refiere a los tres, mientras que el evangelio de Lucas, que hoy consideramos, solo habla de Marta y María. Si tomamos en cuenta este dato del evangelio de Lucas, podemos pensar que Jesús entró a casa de Marta y María, es decir, no están bajo la tutela de un varón, como se esperaría en aquellos tiempos.

Marta recibe a Jesús, mostrando con ello uno de los valores culturales más importantes de aquel tiempo: la hospitalidad. Y esto es lo que le reprocha Marta a su hermana: no estar ejerciendo el servicio correspondiente a dicho valor. Por tanto, no debemos pensar solo en los estereotipos de género que atribuyen a las mujeres el oficio de ocuparse de la casa, sino pensar en un valor cultural que todos, varones y mujeres, debían practicar.

María, por el contrario, está sentada a los pies de Jesús, escuchándolo. Estas dos actitudes nos hablan del discipulado. Recordemos el pasaje en que la madre y los hermanos de Jesús van a buscarlo y él responde que su madre y sus hermanos “son los que escuchan la palabra” (Lc 8, 21). Es decir, la familia del reino ya no es la familia de sangre sino la del discipulado. Por otra parte, la actitud de estar a los pies, recuerda la actitud de otros personajes de los evangelios (la pecadora arrepentida (Lc 7, 38); el endemoniado de Gerasa (Lc 8,35); Jairo pidiendo la curación de su hija (8, 41); Pablo a los pies de Gamaliel (Hc 22,3), etc.). Esa actitud de sumisión, habla también de la persona que, en verdad, sigue al maestro, siendo verdadero discípulo.

La respuesta que le da Jesús a Marta por su reproche frente a la actitud de María, está entonces relacionada con la primacía del discipulado, sin que esto signifique critica a los valores de la época. Lo más importante es el seguimiento, la escucha a la Palabra de Dios, la dedicación de toda la persona al anuncio del Reino.

Algunas veces este texto se ha interpretado como dos tipos de vocación: la activa y la contemplativa y haciendo creer que la contemplativa tiene más valor ante Dios. Con lo dicho antes podemos ver que el sentido es otro: el discipulado supone escucha y la entrega de toda la vida a la misión encomendada. Ya depende de las configuraciones personales o institucionales que se realice con unas características u otras. Pero la santidad alcanzada es la misma -si hay esa primacía del discipulado- y es esto lo que Jesús alaba, figurado en este caso, en la persona de María.

Que estas discípulas de Jesús animen nuestro discipulado, eligiendo la mejor parte -el reino- por encima de cualquier otra realidad.

 (Foto tomada de: https://catedu.net/parroquia/media/blogs/a/congetmarta19.jpg?mtime=1563426607)

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«¡Es el Señor! – San Lucas 10, 38-42 -«, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 20 de julio de 2025
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Jesús, María Magdalena y Marta en Betania. James Tissot, Brooklyn Museum

De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Sucede, sí. Me ha pasado.

Sucede que Dios te visita cuando menos te lo esperas.

Cuando estás agotado por el calor y ya no tienes esperanzas. Cuando has aguantado durante mucho tiempo, has conservado la fe, te has atrevido a creer. Y justo cuando no te queda ningún futuro, llegan las plagas bíblicas: la peste, la hambruna, la sequía, la guerra. Solo que Dios no tiene nada que ver.

Sucede que Dios te visita en el momento en que desearías no existir, no ser, no estar.

Como le sucede a Abraham.

Han pasado diez años desde la promesa de un descendiente. Y aventuras dignas de una novela. Pero el hijo no, no ha llegado.

Abraham se sienta, resignado, a la sombra de las encinas de Mambré, en la hora más calurosa del día.

Y cuando menos lo espera, Dios lo visita. Y le trae la noticia, por fin, de la llegada de un hijo.

Dios está ahí. Y te visita. Date cuenta.

Esto es lo que estamos llamados a contar a los muchos desanimados, enfadados y desconsolados que encontramos.

Como ministros a quienes Dios confía la misión de revelar a los hombres el secreto de su amorosa presencia, como escribe san Pablo.

Aunque cueste esfuerzo y sufrimiento.

Porque en este momento las personas tienen el corazón endurecido y resignado, como el de Abraham.

Y a los peregrinos en las encinas de Mambré, en lugar de abrirles la casa como hizo el padre Abraham, la gente, exasperada, les ordenaría que se marcharan.

Qué tristeza.

Más allá del samaritano

El «en cambio» del Buen Samaritano aún resuena en nuestros oídos.

Amar se declina a partir de quienes tenemos a nuestro lado. De quienes elegimos amar. De quienes tenemos el valor de cargar en nuestro burro. De quienes nos dan compasión (no pena). De aquellos de quienes nos hacemos cargo. De aquellos a quienes elegimos cuidar.

Pero para no correr el riesgo de caer en el eficientismo, de confundir la comunidad cristiana con una organización (meritoria, por supuesto) de ayuda social, para no convertirnos en los aplaudidos enfermeros de la Historia que hacen lo que la sociedad no puede (y no quiere) hacer, entonces debemos aprender a sentarnos a escuchar.

Como hace María, la hermana de Marta.

 Betania

Dios necesita abandonar las disputas teológicas del templo, las inútiles contraposiciones de quienes se pelean en nombre del Altísimo, para encontrar una familia, un hogar, una cena.

Para poder ser Él mismo, reconfortado, cuidado. En Betania.

El nuestro es el Dios del pan, del buen aroma de la comida que se cocina, de la flor del campo puesta en el centro de la mesa para celebrar al invitado.

El Dios de las pequeñas cosas.

El Dios de los detalles que ensanchan el corazón, que lo inundan.

Que nos ayudan a vivir, que nos ayudan a comprender el horizonte alto y otro.

Me conmueve ver a Dios tejer una relación, que pide ser escuchado, que ama sentarse con sencillez alrededor de una mesa y reír y bromear.

Si pudiéramos, de vez en cuando, invitar a Dios y escucharlo, prepararle, como Abraham, una buena comida y yogur fresco.

¡Hagamos de Betania nuestra vida!

El Dios de Jesús es también un en cambio.

No es el Dios que habita en Templos fastuosos construidos por el ingenio humano, sino el Dios de los apartamentos de dos habitaciones, de los suburbios abrasados, de los pueblos que se vacían.

Sorprendente.

Mujeres

Qué sorprendente, políticamente incorrecto, excesivo es lo que ocurre en Betania.

Acoger al huésped era tarea del cabeza de familia. O, al menos, del varón.

Y en esa casa hay un varón: Lázaro, a quien conocemos bien gracias al evangelista Juan.

Solo había hombres sentados con las piernas cruzadas escuchando a los Rabinos en la renacida Jerusalén. Las mujeres no se consideraban aptas para leer la Torá, era mejor quemarla que entregársela a una mujer.

Una mujer, Marta, acoge al Maestro. Una mujer, María, lo escucha como discípula.

Una página tan fuerte que incluso las primeras comunidades cristianas tendrán que mitigarla de alguna manera, dejarla caer, armonizarla con el machismo imperante.

Jesús, en cambio, invierte esta lógica machista y, como ya hizo con su madre, propone como modelo de escucha a una mujer.

 Escucha y acción

María y Marta representan las dos dimensiones de la vida interior: la oración y la acción.

María escucha con atención las palabras del Maestro, las memoriza, se nutre de ellas. Como muchos, aún hoy, pende de los labios del Señor, espera que él le hable a su corazón.

En el origen de toda fe, el corazón de toda experiencia religiosa es y sigue siendo el encuentro íntimo y misterioso con la belleza de Dios. Dios, a quien solo vislumbramos a través de la espesa niebla de nuestras limitaciones, pero del que, sin embargo, podemos tener una experiencia cristalina temporal.

Volvamos a poner la oración y el silencio en el centro de nuestro día, como fuente de serenidad y alegría. También durante el verano llevemos con nosotros de vacaciones el deseo de entrar en nuestra alma, tal vez sentados a escuchar las olas del mar.

Marta realiza la bienaventuranza de la acogida, la concreción del amor y de la hospitalidad.

Ella también sabe que escuchar al Maestro es el origen de todo encuentro, pero también sabe que si este encuentro no cambia la vida, queda estéril e inconcluso.

Marta alimenta al Cristo que María adora.

No existe una oración auténtica que no desemboque en el servicio.

Es estéril una caridad que no comienza y termina en la contemplación del misterio de Dios.

A Marta se le invita a no agitarse (¡no a dejar de cocinar!) y a sacar su servicio de la escucha (no de la clausura…). Marta y María son la representación de cómo debe conducirse nuestra vida de fe.

En mi casa trato de tener presente este lema: Hic Christus adoratur et pascitur.

 Aquí se adora y se alimenta a Cristo.

Marta y María.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF
***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo 20 de julio de 2025

1.- Marta, corazón del servicio; María, corazón de la escucha.

2.- Marta y María, el Señor busca amigos, no siervos.

3.- Marta y María, el Señor no busca siervos, sino amigos.

4.- Dios no busca siervos, sino amigos.

5.- Escuchar, primer servicio a Dios

6.- Las dos caras de un mismo amor.

7.- La mejor parte.

8.- ¡Es el Señor! – San Lucas 10, 38-42 –.

 ***

 P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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“¿Demasiado tarde para Dios?”, por José Bautista

jueves, 17 de julio de 2025
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Id también vosotros a mi viña.” (Mt 20,4) Cuando Dios llama, lo hace con delicadeza. Y lo hace a cualquier hora del día.

Introducción

Algunas voces no se apagan con el paso del tiempo. Más bien, se vuelven más nítidas. Así es el llamado de Dios: no conoce prisa, ni responde a calendarios. Llega cuando quiere, a quien quiere, y en el momento exacto en que el alma está lista para escuchar.

Esta reflexión brota desde dentro, no desde el análisis ni la teoría. Es el eco sereno de una experiencia personal: la de quien ha caminado largo trecho, ha amado, ha perdido, ha buscado… y en medio del silencio, ha sentido una voz que no se impone, pero que insiste con amor.

Y sin embargo, al tocar algunas puertas dentro de la Iglesia, uno descubre que hay límites que no están en el Evangelio: la edad. Algunos caminos se cierran con cautela, no por falta de fe, sino por estructuras que han sido pensadas para otros tiempos.

Este texto no nace como queja, sino como plegaria. Como una invitación a la escucha. Como un susurro que pide ser acogido en el discernimiento eclesial.

1. La voz de Dios no tiene edad

La Biblia está llena de historias donde la vocación llega en la madurez. Abrahán recibe la promesa cuando ya no espera hijos. Moisés es enviado a liberar a su pueblo cuando lleva años en el desierto. Pedro y Andrés no eran adolescentes cuando dejaron sus redes para seguir a Jesús.

En la historia de la Iglesia, lo mismo: San Ignacio de Loyola, herido en batalla y quebrado por dentro, escucha el llamado a los treinta. Camilo de Lelis encuentra a Dios después de una juventud errante. Santa Ángela de Mérici funda una comunidad siendo ya mayor. La vocación no es privilegio de la juventud. Es don de Dios.

El Concilio Vaticano II, en Optatam Totius, afirma que la formación debe adaptarse a las personas y a los tiempos. Y Pastores Dabo Vobis (Juan Pablo II) nos recuerda que la llamada requiere acompañamiento, en toda etapa de la vida.

2. Límites no siempre visibles

Con comprensión y respeto, es justo reconocer que muchas instituciones han establecido criterios de edad con buenas intenciones: asegurar la duración del servicio, facilitar la formación, prever la salud física o comunitaria.

Sin embargo, estos filtros prácticos, si no se acompañan de discernimiento espiritual profundo, pueden cerrarle el paso a llamadas verdaderas. La lógica administrativa, por comprensible que sea, nunca debe ahogar la lógica de la gracia.

Vita Consecrata (1996) nos invita a acoger las vocaciones con fe y apertura. Porque la Iglesia no es una empresa que contrata perfiles. Es madre, y las madres no preguntan la edad al corazón que llega buscando hogar.

3. Lo que he vivido

Podría citar experiencias de otros. Pero esta es una realidad que no me contaron: la he vivido. El llamado no vino temprano. Llegó en el cruce de caminos, en la oración silenciosa, en medio de heridas convertidas en luz.

Y con ese “sí” que brota del alma, he tocado puertas con esperanza. Algunas se han cerrado amablemente, pero con firmeza. No por mi fe, no por mi deseo, sino por la edad. Y lo entiendo. Pero también lo comparto, no para reprochar, sino para sembrar una pregunta: ¿y si Dios llama en la tarde?

4. Vocaciones adultas: un signo de nuestro tiempo

Según el Center for Applied Research in the Apostolate (CARA), más del 26 % de los seminaristas en EE.UU. comenzaron su camino vocacional después de los 30 años. Comunidades como los Benedictinos de Nursia y los Dominicos en Francia han acogido vocaciones adultas con creciente apertura.

Son hombres y mujeres que no vienen del entusiasmo juvenil, sino del desierto y del fuego. Vocaciones templadas por la vida, que han descubierto a Dios como destino inesperado. ¿No será esta una señal de los tiempos?

5. Objeciones comprensibles, respuestas posibles

¿Y si no se adaptan a la vida comunitaria?  La formación está para discernir. Muchas veces, la madurez favorece la convivencia, la humildad y la escucha.

¿Y si su tiempo de servicio será breve?  La fidelidad no se mide en años. Un alma encendida por un año puede encender a muchas otras para siempre.

¿Y si la vocación nace en medio de una crisis? Dios también habla desde el dolor. Lo importante es discernir, no descartar.

6. Francisco y el llamado que no envejece

El papa Francisco ha insistido en que “la vocación es un camino que dura toda la vida”. En mensajes vocacionales recientes, ha afirmado: “Todos estamos llamados. Nadie es demasiado joven ni demasiado mayor para Dios».

Y ha pedido a la Iglesia que no tenga miedo de los llamados que llegan tarde. Que no cierre el oído al Espíritu por temor o por costumbre. Que acoja como madre y como hogar.

7. Caminos posibles

– Itinerarios pastorales para vocaciones adultas.  – Comunidades abiertas al discernimiento sin filtros cronológicos.  – Espacios de consagración laical, oblaturas o terciariados.  – Revisar con caridad los criterios de admisión, poniendo en el centro la verdad de la llamada.

Conclusión

Esta reflexión no quiere cambiar normas, ni proponer soluciones mágicas. Solo quiere abrir una ventana. Dejar que entre luz. Y que quienes acompañan vocaciones puedan, también, escuchar con nuevos oídos.

Dios sigue llamando. A veces, lo hace en la tarde. Y no porque llegue tarde, sino porque el corazón se abre entonces.

“No es tarde cuando Dios llama; es tarde cuando dejamos de escuchar.

José Bautista*, filósofo y teólogo laico

Religión Digital

* José Bautista es filósofo y teólogo laico. Su reflexión nace del encuentro entre la experiencia personal y la mirada contemplativa sobre la vocación, el tiempo y el llamado de Dios. Desde la frontera entre lo vivido y lo soñado, escribe para dejar constancia de que la gracia nunca llega tarde.

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“El Dios amigo”, por Isabel Gómez Acebo

martes, 15 de julio de 2025
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Leído en su blog:

El Dios amigo

Es un tema difícil y poco tratado porque hay una idea universalmente compartida de que no puede existir una relación de amistad auténtica cuando no hay el mismo nivel entre los sujetos. Ni que decir tiene que las diferencias entre Dios y los hombres no pueden ser mayores. A estas ideas había que sumar la trascendencia e inmutabilidad de Dios que nos daba la imagen de una divinidad alejada de su creación e incapaz de sentir. Los clásicos que han defendido esta postura son la Ética a Nicómaco de Aristóteles, el Banquete de Platón y sobre todo la Amicitia de Cicerón. Sus textos han servido de plantilla para todas las obras posteriores, en el ámbito de las ciencias sociales.

Tan es así, que la única obra que yo he encontrado sobre la amistad a nivel de Dios es de un autor medieval, Aelred de Rievaulx, que intenta compaginar las ideas de Cicerón con la Biblia. Su conclusión es muy bella pues considera que por el hecho de ser Dios amor, su amistad con los hombres queda implícita.

El primer escollo para vencer estas ideas estaba en un texto del Nuevo Testamento Flp 2,6-12 donde se afirma la idea de que Jesucristo no retuvo su condición divina, se despojó de sí mismo para hacerse semejante a los hombres. Desde ese momento se empeñó en afirmar que Dios buscaba la amistad con todos los hombres, cualesquiera fuera su condición y donde mejor aparecía esta amplia amistad es en la comensalía abierta ya que comer juntos es una actitud propia de amigos. La física moderna ha cambiado el paradigma negativo de la amistad entre desiguales colocando el mundo de las relaciones, antes consideradas secundarias y accidentales, como esenciales para la existencia de todo ser, incluido el divino. De forma que ya no escandaliza hablar del Dios amigo

Además en el Evangelio de Lucas escuchamos hablar a Jesús amigo en varios textos: «os digo esto amigos míos«. El texto más cercano que nos enfrenta a la necesidad de Jesús de contar con sus amigos es en la agonía del Huerto. No está hablando Jesús de la amistad como referencia intelectual sino real pues cuando la enfermedad de Lázaro, el texto habla del amor que Jesús siente por su amigo y en el momento que acude al sepulcro, Juan hace una referencia al discípulo que Jesús quería.

Pero donde mejor se refleja una amistad más amplia con todos los hombres es en el escándalo de la comensalía abierta de Jesús que nos presentan todos los evangelios, un Jesús que no hace ascos a comer con pecadores, publicanos o prostitutas cuando las relaciones de amistad solo eran posibles entre los que podían devolver los convites. En Jesús esta comida abierta no se da una solo vez sino muchas, tantas que se le ha llegado a llamar el Señor del banquete. Tampoco es un amigo cualquiera pues si nos adentramos en la medida de su amistad comprobamos que «nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos«

Decía Epicuro que la amistad hace su ronda alrededor del mundo y como un heraldo nos convoca a todos para que nos despertemos para colaborar en la mutua felicidad. Nosotros los cristianos no tenemos más que sustituir la palabra philia, amistad, por Jesús de Nazaret que es el que nos despierta y convoca a la construcción de esa difícil mutua felicidad. Y no lo hace desde un plano abstracto sino recorriendo primero el camino de amigo para que no nos equivoquemos de senda.

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La sobrina lesbiana de Trump afirma que las creencias religiosas de su familia le enseñaron a venerarse a sí mismo.

sábado, 12 de julio de 2025
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Mary Trump | Captura de pantalla

Mary Trump criticó duramente a su tío por invocar a «un Dios en el que no cree» para justificar el bombardeo de Irán.

Molly Sprayregen (Ella)
1 de julio de 2025

La sobrina lesbiana de Donald Trump, la psicóloga clínica Mary Trump, criticó duramente a su tío por invocar a Dios como justificación para bombardear Irán y dejó claro que solo adora a un hombre: a sí mismo.

En un discurso reciente a la nación sobre su decisión de atacar Irán, Donald Trump declaró: «Quiero agradecer a todos, y en particular a Dios. Quiero decir que te amamos, Dios, y amamos a nuestras grandes fuerzas armadas. Protégelas. Que Dios bendiga a Oriente Medio. Que Dios bendiga a Israel. Y que Dios bendiga a Estados Unidos. Muchas gracias. Gracias«.

En una entrada de blog, Mary Trump enfatizó que su tío no solo no cree en Dios, sino que también es ofensivo usar la religión para justificar la violencia. «En el contexto de bombardear un país de Oriente Medio, recuerda a las Cruzadas«, añadió.

Luego compartió algunas anécdotas familiares para explicar la verdadera irreligiosidad del presidente. Su abuelo, Fred Trump (padre de Donald Trump), era fan del entonces enormemente popular pastor Norman Vincent Peale.

Las enseñanzas de Peale, explicó, fueron precursoras del evangelio de la prosperidad, la creencia en algunas sectas cristianas de que cuanto más devoto sea uno a Dios, más riqueza material obtendrá. A menudo se critica este concepto por su énfasis en el materialismo y por utilizarse para explotar a las personas para que donen dinero a sus instituciones religiosas.

Peale predicaba que lo único que se interponía en el camino del éxito de una persona era la falta de confianza en sí mismo.

Mary Trump compartió dos citas de su libro, El poder del pensamiento positivo: «Simplemente no se permite que los obstáculos destruyan tu felicidad y bienestar. Solo necesitas ser derrotado si estás dispuesto a serlo» y «Es aterrador pensar en la cantidad de personas patéticas que se vieron obstaculizadas y sumidas en la miseria por la enfermedad conocida popularmente como complejo de inferioridad».

La visión de Peale confirmó claramente lo que mi abuelo ya pensaba: era rico porque se lo merecía”, dijo. “La inseguridad no era parte de la naturaleza de mi abuelo, y nunca consideró la posibilidad de su propia derrota”.

Fred Trump, explicó, usó las enseñanzas de Peale para defender su creencia de que dar a los demás simplemente lo hacía valer menos y a ellos más. “El valor financiero era lo mismo que la autoestima”, explicó. “El valor monetario era el valor humano. Cuanto más tenía Fred Trump, mejor era que los demás”.

Transmitió estas opiniones a Donald Trump, dijo.

¿Qué dice eso sobre la religión en mi familia? Empezando por mi abuelo, lo único que importaba, lo único en lo que creían, era el dinero. Dios no entraba en la ecuación y nunca vi una profesión sincera de fe en Dios”.

Acusó a su tío de usar la religión “como un arma para exculpar la fe de sus seguidores”. Dijo que nunca ha leído la Biblia, pero que aun así la usa para “convencer a personas predispuestas a ser convencidas, de que comparte sus creencias y es el mensajero de Dios”.

Donald y sus aliados usan la religión para justificar todo lo que hacen, por diabólico que sea. Es cínico, hipócrita y, francamente, una explotación grotesca de la fe sincera de millones de estadounidenses”.

Enfatizó que Donald Trump no estaba escuchando a Dios cuando decidió atacar a Irán; estaba escuchando al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

Cualquiera que piense que un cristiano o el Jesucristo descrito en el Nuevo Testamento instaría a cualquier individuo a llevar a cabo un bombardeo no provocado de otra nación es tan iluso como quienes siguen pensando que Donald Trump es una especie de santo”.

También se burló del embajador de Estados Unidos en Israel por afirmar que Donald Trump tuvo una conversación directa con Dios que lo llevó a tomar la decisión de atacar a Irán.

Lo que me preocupa no es que Dios esté en contacto directo con Donald, porque eso es absurdo”, escribió. “Sino que hay muchas voces que le hablan, y todas están en su cabeza”.

También aclaró que no hay problema con que no crea en Dios, sino con que afirme hacerlo para su propio beneficio. Solo cree en un poder superior”, concluyó, “y, en su cabeza, ese es él”.

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Molly Sprayregen es la editora adjunta de LGBTQ Nation y lleva casi una década informando sobre historias queer. Ha escrito para Them, Out, Forbes, Into, Huffington Post y otros medios. Tiene una licenciatura en Inglés y Escritura Creativa por la Universidad de Pensilvania y una maestría en Bellas Artes por la Universidad Northwestern.

 

Fuente LGBTQNation

Cristianismo (Iglesias), General, Homofobia/ Transfobia. , , , , , , , , , ,

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