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Alegría, esperanza, amor. Domingo 6º de Pascua.

domingo, 25 de mayo de 2014
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jsalvDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Las lecturas continúan las tres situaciones de la iglesia que comenté el domingo pasado.

Iglesia naciente: modelo de una nueva comunidad (Hechos de los apóstoles)

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Tras la institución de los diáconos, Lucas nos cuenta la actividad de uno de ellos, Felipe, en la fundación de la comunidad de Samaria. Esto le sirve para indicar las características que debería tener cualquier nueva comunidad.

1) No debe excluir a nadie. Felipe se dirige a Samaria, la región más despreciada y odiada por un judío.

2) Felipe predica a Cristo. Los misioneros no proponen una filosofía moral ni una ética; su intención primordial no es reformar las costumbres sino dar a conocer a Jesús.

3) La palabra va acompañada de la acción. Lucas la concreta en signos y prodigios semejantes a los que realizaron Jesús y los apóstoles: curación de todo tipo de enfermos.

4) El fruto de esta actividad es que «la ciudad se llenó de alegría». El evangelio no es un mensaje triste.

5) Sólo falta algo que el diácono Felipe no puede dar: el Espíritu Santo. Eso lo concede la oración de los apóstoles Pedro y Juan, que simbolizan al mismo tiempo con su presencia la unión entre la nueva comunidad y la iglesia madre de Jerusalén.

Iglesia sufriente: calumnias y esperanza (1 de Pedro)

Queridos hermanos: Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. Porque también Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.

La carta de Pedro menciona el tema de las calumnias que sufrían los primeros cristianos. Recuerdo dos de ellas, tomadas de textos de Tertuliano y Minucio Félix.

Se decía que cuando uno iba a incorporarse a la comunidad e iniciarse en los misterios, se tomaba a un niño muy pequeño, se lo recubría por completo de harina y se lo colocaba sobre una mesa. Cuando el neófito entraba en la sala, le ordenaban golpear con fuerza aquella masa. Él lo hacía, pensando que no se trataba de nada grave. Y golpeaba una y otra vez hasta matar al niño. Entonces, todos se lanzaban sobre el niño muerto para lamer su sangre y repartirse sus miembros, sellando de ese modo la alianza con Dios.

Otra acusación era la del incesto. Según ella, los cristianos se reúnen en sus días de fiesta para celebrar un gran banquete. Acuden con sus hijos, hermanas, madres, personas de todo sexo y edad. La sala está iluminada sólo por un candelabro, al que se encuentra atado un perro. Cuando han comido y bebido abundantemente, ya medio borrachos, excitan al perro tirándole trozos de carne a un sitio al que no puede llegar, hasta que el perro tira el candelabro, se apaga la luz, y todos se abrazan al azar y se entregan a la mayor orgía entre hermanos y hermanas.

En este contexto, la carta de Pedro recomienda:

1) Saber dar razón de nuestra esperanza con mansedumbre y respeto. Es decir, saber explicar qué creemos y esperamos, pero sin usar condenas y descalificaciones.

2) Es mejor padecer haciendo el bien que padecer haciendo el mal.

Esta conducta, humanamente tan difícil, sólo se puede conseguir recordando el ejemplo de Jesús que, siendo inocente, murió por los culpables. E igual que él resucitó, también nosotros recibiremos el premio de nuestra paciencia.

Iglesia creyente: «obras son amores» (evangelio de Juan)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.»

El evangelio, en pocas palabras, reúne temas tan distintos que resulta difícil encontrar un elemento común. No se puede pedir un discurso lógico y ordenado a una persona que se despide de sus seres más queridos poco antes de morir. Destaco tres temas.

1) Este breve fragmento comienza y termina con palabras muy parecidas: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.» «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama». Como dice el refrán: «Obras son amores, y no buenas razones».

La relación entre el amor y la observancia de los mandamientos es muy antigua en Israel: se remonta al Deuteronomio, donde amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser, se concreta en la observancia de sus leyes, mandatos y decretos. En el caso de Jesús hay una gran diferencia, sus mandamientos se resumen en uno solo: «Esto os mando: que os améis los unos a los otros como yo os he amado».

2) Teniendo en cuenta la proximidad de la fiesta de Pentecostés, son importantes las palabras: «Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.» Parece una contradicción manifiesta pedir al Padre que nos dé algo que ya vive en nosotros. Son los dos tiempos en los que se mueven a menudo estos discursos: el de Jesús, que mira al futuro y pide al Padre que nos dé un defensor; y el nuestro, que ya hemos recibido el Espíritu y vive en nosotros.

3) La unión plena del cristiano con el Padre y con Jesús. «No os dejaré huérfanos, volveré.» «Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros

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«¿Es Jesús una buena noticia?», por Jon Sobrino.

viernes, 23 de mayo de 2014
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00 jesus_choco_cerezoLeído en Koinonia:

1. Una pregunta chocante, pero necesaria

Que Jesús de Nazaret anuncia el reino de Dios como buena noticia a los pobres y que él mismo, su muerte y resurrección sobre todo, es presentado como eu-aggelion, es evidente en el Nuevo Testamento. A pesar de ello hemos formulado conscientemente el título de este artículo en forma chocante para que la respuesta a tan decisiva pregunta no sea rutinaria, como en nuestra opinión suele ocurrir con frecuencia.

Y es que, por decirlo desde el principio, no es lo mismo aceptar que Jesús es Dios y hombre, Señor y mesías -y nada digamos de quienes se entusiasmaban al pensarlo como rey del mundo a quien deben consagrase las naciones- que aceptar algo tan sencillo como que Jesús es «una buena persona», es alguien que «cae bien», que «da gusto conocerlo». No es lo mismo adorar, rezar, obedecer a Cristo y rendirle culto -y nada digamos de organizar cruzadas para seguir su santa voluntad- que sentir gozo en el Dios que se ha manifestado en él. Pues bien, esto es precisamente a lo que estas breves líneas quisieran ayudar.

Dicho en lenguaje más conceptual, a la doble perspectiva de ortodoxia y de ortopraxis en nuestra relación con Jesucristo, queremos añadir una tercera que, a falta de mejor expresión, pudiéramos llamar ortopathos, es decir, el modo correcto de afectarnos por la realidad de Cristo. Y en ese afectarse debe estar centralmente presente en el gozo que causa el que Cristo es Jesús de Nazaret y no otro. Con esto no queremos caer en modo alguno en sentimentalismos baratos, pero sí queremos recalcar que al Cristo le es esencial -tan esencial, pudiéramos decir, como su ser humano y divino- el ser buena noticia, y que eso se tiene que hacer notar. Así como el creyente ha de aceptar su verdad y proseguir su praxis para corresponder a su realidad, así al Cristo que es buena noticia se le corresponde con gozo.

Lo que está, pues, en juego en estas reflexiones es simplemente si la realidad (ontológica y salvíficamente verdadera) de Jesucristo se muestra existencialmente también como buena noticia, lo cual -desde un punto de vista histórico- no es tan obvio. Y es que, en definitiva, se puede ser Dios, se puede se hombre e incluso se puede ser salvador de distintas maneras. El quid de la cuestión está, entonces, en ver desde Jesús cómo Dios, hombre y el salvador pueden ser un Dios, hombre y salvador buenos para nosotros. Esto es lo que vamos a analizar en estas breves líneas, pero antes hagamos algunas precisiones.

a) La primera es sobre su significado pastoral. Aunque pueda parecer puramente teórico y sólo pertinente a la cristología, el tema lleva por su naturaleza a una cuestión fundamental más amplia: si en el mundo de hoy existe o no la expectativa siquiera de que pueda haber de eu-aggelion en la Iglesia y en la realidad, en lo cual creemos, se puede estar jugando, tal como van las cosas, el futuro de la Iglesia y el aporte de la fe cristiana a la humanidad. Por eso digamos una breve palabra sobre cada una de estas cosas.

Por lo que toca a la vida de la Iglesia, quizás podrán decir algunos en el primer mundo que, después de la secularización, bastante haremos los cristianos con aceptar en oscuridad la verdad de la fe como para que nos pidan ir más allá y acoger con gozo su dimensión de buena noticia. Creemos, sin embargo, que sin ello nuestra fe se hará vana e irrelevante, como ya se constata, ciertamente en el primer mundo: «la razón principal de que nuestras iglesias se vacíen parece residir en que los cristianos estamos perdiendo la capacidad de presentar el evangelio a los hombres de hoy… como una buena nueva» (1). Preguntarnos, pues, por lo que hay de buena noticia en la fe no es empresa puramente teórica, sino que es esencial para otorgar la dirección correcta a la evangelización -redundancia, por cierto, evidente por la tautología que implica relacionar la evangelización con una buena noticia, pero muy descuidada (2).

Pero lo que toca a la realidad de nuestro mundo, hay que estar claros en que éste no está para buenas nuevas, ni en teoría ni en la práctica, y que por ello mejor parecería ahorrarse el esfuerzo del concepto y evitar que lo tilden a uno de ingenuo. Vivimos en un mundo, en efecto, en el que las noticias no son buenas, ciertamente para los pobres y víctimas, y en el que la bondad no suele ser noticia, pues mucho más se habla de política, economía, arte, deporte, ejércitos, religión -y sus protagonistas- que de bondad y de gente buena. Pero -lo que es peor-, si a la modernidad le era constitutivo y esencial la proclamación de una buena noticia: el advenimiento del reino de la libertad, de la sociedad fraterna y sin clases…, la postmodernidad ha limitado o ha hecho desaparecer la expectativa misma de que pueda existir una buena noticia. Se nos inculca, más bien, la inevitabilidad de lo real, con la consecuencia -necesaria cuasi-metafísicamente- de que aprendamos a pactar con lo posible y a aceptar el desencanto. Nada, pues, de utopías ni de buenas noticias.

A pesar de ello, sigue siendo urgente preguntarse por una buena noticia. Lo es para que el mundo del sur, mundo de pobreza infligida injustamente, pueda mantener la esperanza de que la vida es posible -la mejor de las noticias. Y lo es para que el mundo del norte, mundo de insultante abundancia -absoluta y sobre todo comparativamente- pueda lograr esa «calidad de vida» que busca de mil modos, pero a la que mal se encamina (3). Este es, pues, el contexto pastoral y social de nuestra reflexión.

b) La segunda es sobre el significado de una buena noticia. En los sinópticos, sobre todo en Lucas, siguiendo a Isaías, eu-aggelion es la buena noticia del reino de Dios (Lc 4,43), lo bueno que Dios quiere para su creación, y evangelizar es «llevar la buena noticia a los pobres». El contenido de la buena noticia es, entonces, la cercanía del reino de Dios y su destinatario primario son los pobres. En palabras actuales, la buena noticia es la utopía de la vida justa y digna, y su destinatario son las mayorías de este mundo para quienes la vida es su tarea más urgente y la muerte antes de tiempo su destino más probable, es decir, los débiles, pobres y víctimas; e indirectamente destinatario son también aquellos que se solidarizan con ellos.

Desde un punto de vista antropológico, esa buena noticia es algo que se espera en medio de y en contra de malas realidades y por ello es esperada con ansiedad e incertidumbre por lo difícil de su realización, y con desconfianza por la fuerza de los poderes que se le oponen y por la experiencia histórica acumulada. Es anuncio de algo q2ue toca y nos lleva a los más hondo de nuestra existencia, y que -por todo ello- trae consigo luz, ánimo, ganas de vivir y hacer, genera dignidad, generosidad, fraternidad, libertad y comunión. Es anuncio, finalmente, que formalmente produce gozo y mueve a responder con un gracias.

c) La tercera es sobre cómo una persona puede ser buena noticia. Si lo anterior es cierto, hay que preguntarse si y en qué sentido la misma persona de Jesús, no sólo su mensaje, es también buena noticia: y esto desde una doble perspectiva. Por un lado hay que analizar objetivamente y según los relatos evangélicos en qué sentido se puede llamar a la persona de Jesús buena noticia. Y, por otro lado, hay que preguntarse por la posibilidad subjetiva de apropiación personal de Jesús en cuanto es formalmente buena noticia. Lo primero es problema más bien doctrinal, por así decirlo, y exige un esclarecimiento mínimo de lo que significa eu-aggelion en el Nuevo Testamento. Lo segundo es problema más bien existencial y exige una mystagogia, es decir, una vía que nos introduzca en la captación existencial de un Jesús que es eu-aggelion. Esto es lo que queremos analizar en los dos apartados siguientes.

2. Jesús: un mediador «bueno»

2.1. Perspectiva metodológica: se puede ser «mediador» de diversas maneras

En el Nuevo Testamento, ciertamente en Pablo, también de la persona de Jesús, sobre todo de su cruz y resurrección, se dice que es eu-aggelion. Aquí, sin embargo, no vamos a analizar la buena noticia del misterio pascual, sino la buena noticia de la persona de Jesús en relación con el reino de Dios (4). Esto quiere decir, en lenguaje que hemos usado en otra parte (5), que existe la mediación de Dios: el reino de Dios, el mundo renovado en justicia y fraternidad según la voluntad de Dios, y existe el mediador de Dios: la persona de Jesús. Leer más…

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En el secreto del alma…

martes, 20 de mayo de 2014
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Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

01237

 

«Es en el secreto del alma individual

donde se cumple primero

todo lo que es bueno para mí. «

*

El 10 de mayo, Dios llama.

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

«El Camino». 18 de mayo 2014. 5 Pascua (A). Juan 14, 1-12.

domingo, 18 de mayo de 2014
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27-PascuaA5 cerezoAl final de la última cena, los discípulos comienzan a intuir que Jesús ya no estará mucho tiempo con ellos. La salida precipitada de Judas, el anuncio de que Pedro lo negará muy pronto, las palabras de Jesús hablando de su próxima partida, han dejado a todos desconcertado y abatidos. ¿Qué va ser de ellos?

Jesús capta su tristeza y su turbación. Su corazón se conmueve. Olvidándose de sí mismo y de lo que le espera, Jesús trata de animarlos: ”Que no se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí”. Más tarde, en el curso de la conversación, Jesús les hace esta confesión: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. No lo han de olvidar nunca.

“Yo soy el camino”. El problema de no pocos no es que viven extraviados o descaminados. Sencillamente, viven sin camino, perdidos en una especie de laberinto: andando y desandando los mil caminos que, desde fuera, les van indicando las consignas y modas del momento.

Y, ¿qué puede hacer un hombre o una mujer cuando se encuentra sin camino? ¿A quién se puede dirigir? ¿Adónde puede acudir? Si se acerca a Jesús, lo que encontrará no es una religión, sino un camino. A veces, avanzará con fe; otras veces, encontrará dificultades; incluso podrá retroceder, pero está en el camino acertado que conduce al Padre. Esta es la promesa de Jesús.

“Yo soy la verdad”. Estas palabras encierran una invitación escandalosa a los oídos modernos. No todo se reduce a la razón. La teoría científica no contiene toda la verdad. El misterio último de la realidad no se deja atrapar por los análisis más sofisticados. El ser humano ha de vivir ante el misterio último de la realidad

Jesús se presenta como camino que conduce y acerca a ese Misterio último. Dios no se impone. No fuerza a nadie con pruebas ni evidencias. El Misterio último es silencio y atracción respetuosa. Jesús es el camino que nos puede abrir a su Bondad.

“Yo soy la vida”. Jesús puede ir transformando nuestra vida. No como el maestro lejano que ha dejado un legado de sabiduría admirable a la humanidad, sino como alguien vivo que, desde el mismo fondo de nuestro ser, nos infunde un germen de vida nueva.

Esta acción de Jesús en nosotros se produce casi siempre de forma discreta y callada. El mismo creyente solo intuye una presencia imperceptible. A veces, sin embargo, nos invade la certeza, la alegría incontenible, la confianza total: Dios existe, nos ama, todo es posible, incluso la vida eterna. Nunca entenderemos la fe cristiana si no acogemos a Jesús como el camino, la verdad y la vida.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Jesús es el camino, la verdad y la vida. Pásalo.

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«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida». Domingo 18 de mayo de 2014. 5º Domingo de Pascua.

domingo, 18 de mayo de 2014
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cristo_caminando1Leído en Koinonia:

Hch 6,1-7: Eligieron a siete hombres llenos de espíritu
Salmo responsorial 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
1Pe 2,4-9: Ustedes son una raza elegida, un sacerdocio real
Jn 14,1-12: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida

En la comunidad lucana descrita en la primera lectura, los apóstoles tienen plena conciencia que no lo pueden hacer todo y que necesitan valerse de otros para atender a las necesidades urgentes de la comunidad pero sin desatender el ministerio de la Palabra. Pero ellos no imponen. Invitan a la comunidad a escoger sus propios servidores, animadores. Les presentan a siete personas que son «autorizados» por los apóstoles para satisfacer las necesidades de la comunidad. No son servidores de segunda. Son personas encargadas o enviadas a realizar ministerios diferentes. Pero todos estaban empeñados en la difusión de la Palabra y en el crecimiento numérico y cualificado de la comunidad.

Así mismo, el autor de la carta de Pedro quiere subrayar el papel de todos los miembros de la comunidad creyente en la construcción del templo vivo de Dios. Jesús es la piedra viva, el fundamento, la base para construir la casa de Dios. Sobre esa piedra se instalan las demás piedras, los seguidores de Jesús. De manera pues que no somos sólo espectadores de la construcción. Somos artífices y al mismo tiempo materia fundamental para alcanzar la construcción del gran edificio humano, levantado sobre la roca, Jesucristo, sostenido por la columna del Espíritu Santo y estructurado con la activa cooperación de cada uno de los bautizados. El sacerdocio, más que un honor, un privilegio, una casta… es un dinamismo desatado por el Espíritu para el servicio de la comunidad eclesial. Todos somos ministros, todos sacerdotes, todos servidores en una densa experiencia fraternal al servicio del Reinado de Dios.

El evangelio de Juan revela la situación crítica que vive la comunidad naciente provocada por el ambiente hostil y peligroso en que se va desarrollando. Jesús no sólo es la piedra fundamental, sino que Jesús es también camino, verdad y vida. Los discípulos están confundidos ante las Palabras de Jesús. En los anteriores versículos Jesús ha anunciado la traición de Judas y la negación de Pedro. Este episodio refleja la situación de crisis de los discípulos porque no entienden el camino de Jesús. Las palabras que Jesús pronuncia pretenden alentarles en la esperanza, fortalecerlos en medio de la angustia, devolverles el horizonte de vida.

Jesús es camino, es decir, es proyecto, horizonte de vida para muchos. Su muerte está llena de sentido porque en ella se manifiesta el amor de Dios por la Humanidad y les devuelve la razón de vivir en momentos de confusión y desesperación.

Jesús es verdad: la mentira, el engaño, la corrupción se apodera del corazón de la persona humana. La Palabra anunciada y testimoniada por Jesús, que es la Palabra del Padre, se convierte en criterio de verdad, en transparencia que devuelve la luz.

Es vida: frente a las fuerzas de la muerte que causan terror, Jesús da sentido a la vida, se revela como Señor de la vida y vencedor de la muerte. Y en él todos los que apuestan a favor de un proyecto de vida, de verdad y amor como horizonte que puede salvar a la Humanidad del caos, la injusticia, la corrupción, la exclusión y la maldad.

Quién cree en Jesús cree en el Padre y será transparencia del Resucitado. En el fondo eso es ser cristiano, que es una forma de ser en plenitud hijos/hijas de Dios. Pero la propuesta de Jesús no es un asunto meramente individual, intimista, espiritualista. El proyecto de su seguimiento es exigente y radical. También la persona cristiana, integrada al cuerpo comunitario, debe ser camino, verdad y vida. Estamos llamados a ser una alternativa de vida, junto con otras alternativas de vida -representadas por otras personas y comunidades inspiradas por otras religiones- en medio de un mundo desorientado que con frecuencia no encuentra el sentido de la existencia. Somos servidores de la Vida aún en medio de la muerte que siembra el egoísmo humano cuando desatiende la sabiduría que se manifiesta «por los muchos caminos de Dios». La desatención a esta sabiduría divina manifestada por tantos caminos, repercute en las crecientes injusticias sociales y guerras que pretenden justificarse con apelos a la defensa de la libertad y de la seguridad, o a la imposición de la democracia o de la «libertad de comercio»… pero que en el fondo esconden mezquinos intereses económicos y hegemónicos de las grandes potencias y plagan de hambre y de miseria a los pueblos pobres.

Nuestra misión, pues, como personas cristianas, es juntarnos con muchas otras personas y comunidades creyentes, practicantes de otras religiones, y ser alternativa de vida, de resistencia y esperanza para todos.

En una época como la que vivimos, marcada por la entrada en curso en un nuevo paradigma, el paradigma pluralista, hemos de leer y proclamar con cuidado tanto la expresión de Pedro de un «linaje escogido», como la expresión de Juan, que él pone en labios de Jesús: «Yo soy ‘el’ Camino»… Esta última sobre todo no deja de ser una expresión propia de un lenguaje confesional, un lenguaje de amor y de fe, cultual, y en ese contexto hay que entenderla. No hay que perder de vista que, en otro sentido, son muchos los caminos de Dios, «sus caminos, que no son nuestros caminos», y que nos pueden sorprender siempre con el descubrimiento de «nuevos caminos» de Dios. Recomendamos la lectura de la serie «Por los muchos caminos de Dios», de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo, en la colección «Tiempo axial» (http://latinoamericana.org/tiempoaxial). O el libro de José María VIGIL Teología del pluralismo religioso, disponible en la red (http://cursotpr.adg-n.es/?page_id=3). Leer más…

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Tú eres mi verdad y mi casa, tú eres el camino.

domingo, 18 de mayo de 2014
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10342455_285294378314428_5787848721486897512_nDel blog de Xabier Pikaza:

Presenté ayer una reflexión del evangelio del domingo 5 de Pascua (Juan 14,1-12), y hay dos «amigos» que siguen discutiendo en los comentarios. No voy a terciar, «sabios» son (aunque distintos, y uno tiene a mi juicio más razón que el otro). Pero puedo retomar y exponer algunos matices del pasaje:

Mi verdad es el otro,

es por ejemplo la mujer sudanesa a la que van a condenar por convertirse al evangelio (como condenaron hace un tiempo en Sudán al presidente por decir que se debía humanizar el Islam en la línea de las suras primeras de Medina…).

Pero mi verdad falsa son también los jueces que la acusan y quieren condenarla. Mi verdad torcida, que me obliga a superar mis violencias y a convertirme. Esos jueces se han parado en un Muhammad falso, falsísimo, en un Corán mentiroso (no el verdadero Corán), sin pasar por el Jesús de Jn 8…

En la casa de mi Padre hay muchas moradas

Las hay en el cielo, y espero en su gracia, pues él sabrá, podrá, ser padre de todos, y en sus manos me pongo y pongo a los hombres y mujeres de esta triste historia.

Pero quiero y necesito que haya también una morada y casa digna en esta tierra, para todos, para jueces convertidos y para mujeres que quieren ser cristianas (o musulmanas)…entre el Vaticano y la Meca, entre USA y Afganistán…, una casa-tierra donde todos puedan vivir, comunicarse, compartir, en Ucrania y Rusia…, casa para todos con respeto mutuo, con fuego y pan, con cama y mesa… Una casa para las niñas secuestradas y liberadas en un lugar de África, para obligarlas a ser musulmanas de secta, no del Dios clemente y misericordioso…

Tú eres mi casa, digo… pero debo hacer que mi casa sea para ti, como me dice Jesús: «fue exiliado, emigrante, y me abristes tu casa…». Que bajo la niebla que nos enfrenta y confunde podamos darnos todos la mano.

Vosotros haréis cosas mayores que las que yo hice….

Hizo Jesús cosas grandes, pero en plan chiquito… No arregló el tema del templo, aunque fue con látigo, pero abrió una vía de luz, para que nosotros lo arreglemos; no solucionó el tema de Roma, aunque ofreció unas directrices, para mandar «al diablo» Imperio, viviendo de otra forma, en gesto de acogida cercana, de casa para los sin casa, de respeto para los no respetados (sin gigantomaquias de imperios inmensos…).

Nosotros, ahora, los creyentes, podemos y debemos hacer las cosas grandes que Jesús dejó iniciadas… Cosas mayores que las suyas, si nos decidimos y creemos, y nos dejamos transformar por su Espíritu. Éste es el momento, a comienzos del siglo XXI, momento de empezar a ser cristianos, en fe y confianza abierta a todos, en humanidad…

Podemos hacer, si hay petroleo y dinero, casas grandes y altas… dicen que en China, en Omán o en Arabia pueden hacer casas de un kilómetro de altas, con muchas «moradas»… pero nos cuesta hacer casas sencillas, humanas, donde podamos vivir todos en concordia.

Yo soy el camino, tú eres camino, nosotros somos camino…

Los sabios del mundo han hallado, con dineros del gran capital, un camino que lleva a la luna, muy lejos, caminos de drones con armas

Pero necesitamos hallar el camino que nos lleve a la puerta del vecino, para darnos cada mañana un saludo, y aprender unos de otros… Sí, tutto il mondo è paese, todo el mundo es aldea global. Empecemos por hacer casa en esta tierra de Dios, descubriendo que yo sólo podré tener casa y verdad si abro un espacio para que todos sean verdad, tengan casa.

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Dom 18.5.14. Tú eres mi verdad, una casa de muchas moradas.

domingo, 18 de mayo de 2014
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amigo-tu-eres-realmente-el-mas-ciertoDel blog de Xabier Pikaza:

Dom, 5 de Pascua. Juan 14,1-12. Jesús nos dice este domingo varias cosas fundamentales, entre ellas:

1. En la casa de mi padre hay muchas moradas... Eso significa que la verdad es sinfónica, es múltiple. Caben en ella diversas tendencia, lugares distintos… No se puede imponer en ella la dictadura de la verdad única, la única morada.

2. Yo soy la verdad… Eso significa que también tú eres la verdad. La verdad es de personas no de ideas o sistemas, no de estados ni de capitales… La verdad eres tú, somos nosotros, todos los hombres y mujeres; que podamos vivir en sinfonía, en abundancia, sin excluir a nadie.

3. Yo soy el camino… Jesús ha podido atreverse a decir «yo» porque ha dado la vida, porque no es un «yo» que se impone, sino que se ofrece, acompaña, comparte… un camino que lleva a las múltiples moradas de la concordia, cien caminos, mil caminos de iluminación y de concordia…

4. El que cree en mí hará las cosas que yo hago… y aún mayores. Jesús no dice «yo» y cierra la puerta. Dice yo y añade «hagamos», haced vosotros. Por una parte él parece todo, y sin embargo nos dice que podemos ser más grandes, que debemos hacer cosas más grandes que las suyas. Él no es tope, es principio…Nos dice «haced», hagamos pues, seamos y vivamos, en la vía de las múltiples verdades que se unen en la verdad de dar/regalar y compartir la vida.

Buen domingo a todos.

imagesJesús dice yo soy la verdad…

ocultándose a sí mismo, para que podamos ser nosotros, haciendo camino… y respondiendo tú eres la verdad.

La verdad no soy nunca yo para mí mismo, sino que la verdad es siempre el otro, aquel que me sale al encuentro y me espera y necesita, aquel que me hace amar.

Jesús muerto y resucitado puede decir así «yo soy la verdad», para que cada uno descubramos la verdad en el otro. De aquí brotan y aquí se condensan los temas del evangelio de este domingo.

Temas principales.

Quizá nunca se han dicho las cosas que dice nuestro texto, condensadas, luminosas, palabras como rayos que rasgan la oscuridad e iluminan la noche de la vida. Éstos son algunos de los temas:

Las moradas del Padre. “En la casa de mi Padre hay muchas moradas o estancias…”. Parece que en la tierra no hay sitio para todos…
Por eso luchamos por obtener un lugar. Pero en la casa del Padre hay lugar para todos… hay muchas moradas, de manera que cuanto más tiene uno más pueden tener los otros.

Jesús, el Camino. Caminantes somos (¡navegantes!), y todos los caminos y los mares se centran y condensan para los creyentes en el Cristo. Por eso, quien toma su estela, que es estela de Evangelio, está ya en manos del Padre.

dos maestros que preguntas.
En este evangelio se elevan dos voces que preguntan: uno es Tomás, otro es Felipe. Significativamente, ellos aparecen más tarde como autores de los dos evangelios gnóstico, apócrifos, más significativos de la Iglesia (esos a los que apelan todos los que buscan tradiciones ocultas de Jesús). Pues bien, aquí no aparecen como autores de evangelio, sino como discípulos del único Cristo.

Jesús dice “yo soy”: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida… Éste es el Jesús pascual que se atreve a decir “yo”, como el Dios del Antiguo Testamento (¡Yo soy el que soy!), pero no un yo aislado en sí, sino abierto al Padre (un yo-camino) y dirigido a todos los que quieran acogerle (un yo-ensanchado, que se hace verdad y vida para todos).

El que me ve a mí ve al Padre… Ésta es la experiencia de los cristianos: ver a Jesús resucitado es ver a Dios. Quien ha visto de verdad a un hombre o a una mujer ha visto a Dios, porque se ha revelado en la vida de los hombres.

El que cree en mí hará las “obras que yo hago”. Jesús no está cerrado, como maestro exclusivo, sino como maestro que ofrece y comparte, que enseña y promueve. Por eso, sus seguidores, que somos nosotros, podemos hacer no sólo sus obras, sino aún mayores… La obras del Espíritu de Dios.

Al que le importen esos temas vaya al texto

a. Introducción. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»

b. Pregunta 1, con respuesta. — Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»

c. Pregunta 2, con respuesta.— Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia.

d. Conclusión. — El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.» (Jn 14, 1-12).

a. Introducción, las moradas del Padre.

En la casa de mi Padre hay muchas moradas o estancias; hay lugar para todos, quizá de formas distintas, por caminos diversos, pero hay lugar abundante. La casa de Dios es amplia, hay en ella lugar para altos y bajos, montes y ríos, llanuras. Es la casa de todos los hijos, es decir, de todos los seres humanos, casa de reconciliación y justicia, abierta ante todo para aquellos que han sido y son oprimidos.

Los que no caben en la casa de este mundo (los expulsados de todas las casas del capital) pueden entrar y entran de balde en la casa de la Vida de Jesús. Leer más…

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Iglesia naciente, sufriente, creyente. Domingo 5º de Pascua

domingo, 18 de mayo de 2014
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Caminando-con-Jesus-300x300Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Como indiqué el domingo pasado, las tres lecturas de los domingos de Pascua nos hablan de los orígenes de la Iglesia, de las persecuciones de la Iglesia, y de nuestra relación con Jesús.

Iglesia naciente

La primera lectura nos cuenta la institución de los diáconos y el aumento progresivo de la comunidad, subrayando el hecho de que se uniesen a ella incluso sacerdotes.

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:

No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

La comunidad de Jerusalén estaba formada por judíos de lengua hebrea y judíos de lengua griega (probablemente originarios de países extranjeros, la Diáspora). Los problemas lingüísticos, tan típicos de nuestra época, se daban ya entonces. Los de lengua hebrea se consideraban superiores, los auténticos. Y eso repercute en la atención a las viudas. Lucas, que en otros pasajes del libro de los Hechos subraya tanto el amor mutuo y la igualdad, no puede ocultar en este caso que, desde el principio, se dieron problemas en la comunidad cristiana por motivos económicos.

Los diáconos son siete, número simbólico, de plenitud. Aunque parecen elegidos para una misión puramente material, permitiendo a los apóstoles dedicarse al apostolado y la oración, en realidad, los dos primeros, Esteban y Felipe, desempeñaron también una intensa labor apostólica. Esteban será, además, el primer mártir cristiano.

Iglesia sufriente

La primera carta de Pedro recuerda las numerosas persecuciones y dificultades que atravesó la primitiva iglesia. Lo vimos el domingo pasado y lo veremos en los siguientes. Pero este domingo, aunque se menciona a quienes rechazan a Jesús y el evangelio, la fuerza recae en recordar a cristianos difamados e insultados la enorme dignidad que Dios les ha concedido: «Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa».

Queridos hermanos: Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Dice la Escritura: «Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.» Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la «piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular», en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino. Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.

Iglesia creyente

El evangelio nos sitúa en la última cena, cuando Jesús se despide de sus discípulos. Sabe el miedo que puede embargarles a quedar solos. Y los anima a no temblar, insistiéndoles en que volverán a encontrarse y estarán definitivamente juntos.

Aparece en este texto una de las mejores definiciones de Jesús, de las más adecuadas para presentar su persona: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

Camino para llegar al Padre (el evangelio parece sugerir que para llegar a Dios hay muchos caminos, pero para llegar a Dios como Padre el único camino es Jesús).

Verdad en medio de las dudas y frente al escepticismo que mostrará poco más tarde Pilato preguntando: «¿Qué es la verdad?»

Vida que todos anhelamos que no termine nunca, la vida eterna, que empieza ya en este mundo y que consiste «en que te conozcan a ti, único dios verdadero, y a quien enviaste, Jesucristo».

Como ocurre siempre en el cuarto evangelio, el texto supone también un reto para la fe. Nos invita a creer en Jesús como se cree en Dios; a creer que, quien lo ve a él, ve al Padre; quien lo conoce a él, conoce al Padre; que él está en el Padre y el Padre en él. Y al final, el mayor desafío: creer que nosotros, si creemos en Jesús, haremos obras más grandes que las que él hizo. Parece imposible. El padre del niño epiléptico habría dicho: «Creo, Señor, pero me falta mucho. Compensa tú a lo que en mí hay de incrédulo».

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice:
-«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde:
-«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»
Felipe le dice:
-«Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica:
-«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.»

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«Creer (III)», por Gema Juan, OCD.

miércoles, 14 de mayo de 2014
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14027474442_cb475e0120_mLeído en su blog Juntos Andemos:

El breve recorrido hecho apunta continuamente a la fe como encuentro y a la certidumbre de que «no estamos huecos en lo interior», sino habitados. El ser humano es más de lo que aparenta, como recuerda la misma Teresa: «Veo secretos en nosotros mismos que me traen espantada muchas veces».

Habitados por un Dios inmenso que, a la vez, está muy cerca. A Teresa le preocupa que se presente a Dios como un ser lejano e inalcanzable, porque impide encontrarse con Él: «viene todo el daño de no entender con verdad que está cerca, sino imaginarle lejos». Y anima a «no extrañarse de [tener] tan buen huésped», porque la grandeza de Dios está en que no se le «pueden agotar sus misericordias».

Como tantos creyentes, Teresa de Jesús ha vivido de fe y a través de la confianza se ha unido a Dios. Del mismo modo que ella, son muchos los que desde todos los márgenes, han buscado al verse asaltados por una presencia, al intuirla o, sencillamente, al desearla.

Algunos desde muy lejos, como Simone Weil, que decía: «en toda mi vida, jamás, en ningún momento, he buscado a Dios». Sin embargo, tendrá una experiencia de una intensidad estremecedora. Siente que Cristo se hace presente y la toma. Y dirá que era «una presencia más personal, más cierta, más real que la de un ser humano».

Pascal hablará de «una invasión» que le conmueve la vida, para expresar cómo Dios se le había acercado. Y, al igual que sucede a Simone y Teresa, una certeza inamovible se instala en su vida. Cuando Dios irrumpe, cuando se hace presente y caen las barreras interiores que impiden el encuentro, no queda rastro de duda —«queda una certidumbre grandísima», dirá Teresa.

Edith Stein, en cambio, refleja una experiencia serena y silenciosa, pero que contiene un impulso íntimo y una «certeza embriagadora», como ella misma dice. Hablará de un «hecho real, no sentimiento», de los testigos que la han despertado, de poner la vida entera «en contacto con Dios» y de «estar protegido por una bondad y un amor infinitos e inmutables».

Descubre la presencia viva: «Percibo nueva vida en mí… Esta corriente vivificadora proviene de una actividad y una energía que no son las mías, pero que se realizan en mí». Y una aventura que envuelve la vida entera: «Es un mundo infinito que se abre como algo absolutamente nuevo, si uno comienza, en lugar de vivir hacia fuera, hacia adentro».

A Manuel García Morente, que se había llegado a sentir roto en medio del mundo, resentido y perdido de sí, el Dios inmenso, desdeñado por su lejanía e insultante omnipotencia, se le presenta como real, de carne y hueso, tan cercano que no pudo esquivarlo: «Yo no lo veía, yo no lo oía, yo no lo tocaba. Pero Él estaba allí». En adelante, una «convicción inquebrantable» acompañará a Manuel: «era Él». Era Dios.

Son solo unos pocos testigos, entre la muchedumbre de los que se ha encontrado con Dios, de quienes se han dado cuenta de que «es muy buen vecino». Han dejado atrás las dudas, porque la experiencia íntima que han vivido tiene efectos que se prolongan en el tiempo. Esa vivencia no quita las vacilaciones que acompañan la vida, ni otras soledades, pero regala una certeza única: «sabemos que siempre nos entiende Dios y está con nosotros. En esto no hay que dudar».

Creer es una decisión profundamente personal que se puede tomar de modos muy diversos. Desde la periferia de las religiones, tal vez sin confesar un Dios personal, pasando por encuentros arrebatadores o pacíficos, hasta decisiones como la de Teresa de Lisieux que, desde el seno mismo del cristianismo, elige creer en medio de la duda más dolorosa y radical.

Teresa explica que Dios «da de muchas maneras a beber», según es cada persona. Y que «hay muchos caminos en este camino del espíritu», para que cada ser humano pueda llegar a encontrarse con Dios. Tiene «tantas maneras y modos» de comunicarse, que no hay obstáculo que sea insalvable para «quien es la misma Sabiduría».

Y añadirá que, como quiera que se dé la experiencia, cualquiera que sea la manera en que Dios se comunica, ese contacto deja un rastro inequívoco: «Queda el deseo de vivir, si Él quiere, para servirle más; y si pudiese, ser parte que siquiera un alma le amase más y alabase».

«Servirle más» es conectar el impulso íntimo del que habla Edith con el «inextinguible impulso, sostenido contra la realidad, de que esta debe cambiar… y se abra paso la justicia». Horkheimer definía de esta manera la religión «en el buen sentido». Así se puede definir la experiencia espiritual en el buen sentido y la mística, cuando lo es en verdad. La fe, en definitiva, cuando es auténtica y personal.

Los testigos que hablan de su encuentro con Dios son los mejores sherpas en el camino de la fe. Unos como destellos y otros como faros, todos dando luz y esperanza para no andar ciegos. Ellos, como Moisés, han visto la «espalda» de Dios: han experimentado su misericordia y su lealtad hecha carne, compañera de vida. Y, viendo, han creído.

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El centro de tu vida…

martes, 13 de mayo de 2014
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Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

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«Haz de mí el centro de tu vida.

Sí, centrar juntos todo tu ser en Mí.

Entonces, como un instrumento delicado,

estarás perfectamente equilibrado. «

*

El 14 de abril, Dios llama.

***

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Creer (II)

martes, 13 de mayo de 2014
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14006424836_06317de5a9_mDe su blog Juntos Andemos:

A Teresa de Jesús le apasionaba la idea de que Dios pudiera comunicarse con los seres humanos. Para ella, creer significaba vivir en relación con Dios, y eso había supuesto adentrarse en un océano infinito y encontrar la amistad verdadera. Abrirse a un misterio inagotable y sacar lo mejor de sí.

Por eso, le entusiasmaba «engolosinar», contar a los demás sus descubrimientos y su experiencia —«no diré cosa que no la haya experimentado mucho», decía. Todo, para mostrar esa verdad: Dios se comunica y busca a los seres humanos para trabar amistad con ellos. Si desgrana su experiencia, es más para contagiar que para convencer.

Hoy, resulta tanto más increíble que haya un Dios que quiere relacionarse con los seres humanos. Y, de hecho, son muchos los que no creen. J. Sádaba afirmaba, y muy razonablemente, que es comprensible que se busque un «Ser salvador que nos espere al final de una cansada vida, que la comunidad nos proteja» y un «Más Allá que redima de todos los males». Se entiende que haya «ganas de creer» –decía– pero no que se crea.

Sin embargo, el ser humano busca. En su interior, un deseo sigue llamando a la puerta cuando intuye que su vida es «algo más» y que no está solo en lo profundo de sí. Quiere ver, sentir profundamente y tocar, saber de verdad. Y no solo para calmar ansiedades.

Para vivir la fe, el escepticismo no es una traba, ni los recurrentes racionalismos. Tampoco los sistemas que reprimen –como en el caso de Teresa a quien, por ser mujer, querían reducir a una vida sin espíritu–. En todo caso, hasta en los contextos más impensables para ello, Dios ha mostrado que quiere y puede comunicarse. Y que siempre lo hace de manera gratuita y sin imponerse, sin crear élites aislantes.

Teresa, como si escuchara a lo largo del tiempo, habla a unos y otros: a quienes quisieran ver para creer y a quienes quieren ver porque creen. «Si os da pena no verle con los ojos corporales»… podéis «esforzar la fe» y procurar «cerrar los ojos del cuerpo y abrir los del alma y miraros al corazón». Y, en todo caso, «haced lo que pudiereis de vuestra parte para que os la dé [la amistad que deseáis]».

Pensaba ella que para mostrar que su Dios tenía unas «entrañas tan amorosas… que no nos dice pidamos cosas imposibles», lo mejor era verle actuando. Porque así se abría para todos la esperanza de entrar en contacto con ÉL. Y decía: viendo que Dios «es tan bueno que a una persona ruin tanto se comunica, a muchos les parece que así hará a ellos». Y al decir «ruin», quería decir cualquier persona, alguien del mismo barro, desconchado y precioso.

Para iniciar en la fe y aprender a ver no sirven las recetas y no valen los rituales, aunque la experiencia auténtica no suele desdeñar fácilmente los andamios de las tradiciones religiosas. Porque, cuanto mayor es el calado del espíritu humano, mayor es el respeto por todo lo que concierne a la vida de las personas. Sin embargo, se relativiza todo medio y método, porque avanzar en el espíritu es, también, entrar en un camino de des-absolutización de todo.

Teresa avisaba, con ironía preocupada, del peligro de querer prescindir de todo –y para ella, el centro de ese todo era Jesús humanado–: «Apartados de todo lo corpóreo, para espíritus angélicos es estar siempre abrasados en amor, que no para los que vivimos en cuerpo mortal».

Y compartía sus intuiciones: a la fe, que es un encuentro regalado, se accede a través de la sinceridad y la libertad, porque sin ellas no hay verdadera relación. Y necesita ser discernida, porque no es difícil autoengañarse —de ahí su afición a los letrados.

Tampoco es cuestión de muchas menudencias, sino de corazón grande y entendimiento abierto. Importa mucho la confianza en uno mismo y la sensatez en todo. Y, más que nada, el amor sincero, sin el cual se desdibuja todo, hasta corromperse el viaje de la vida.

Para «esforzar la fe», Teresa crea un clima de confianza: «No hayáis miedo que, aunque no se vea con estos ojos corporales, de sus amigos esté muy escondido. Estaos vos con él de buena gana». Y empieza a escalar hacia el interior, compartiendo sus vivencias. Por ejemplo, cuando tenía «un sentimiento de la presencia de Dios que en ninguna manera podía dudar que estaba dentro de mí o yo toda engolfada en Él».

En los escritos de Teresa, hay muchas páginas dedicadas a inspirar aliento y confianza en un Dios amigo y buen conversador, que no se cansa de hacer bien. Por eso dice: «A los que se han de aprovechar de su presencia, Él se les descubre; que aunque no le vean con los ojos corporales, muchos modos tiene de mostrarse al alma por grandes sentimientos interiores y por diferentes vías».

Revivir con otros creyentes el encuentro que arrancó de sus entrañas la confesión sencilla y total: ¡Señor mío y Dios mío!, es un estímulo. Con esas u otras palabras, confiesan la presencia viva de Dios y renuevan la convicción de que un contacto profundo, real y personal es posible.

Recordar la fe compartida es un modo de abrirse a la confianza de «que es posible… comunicarse un tan gran Dios»
, sencillamente porque se ve que Él «de buena gana se está con nosotros».

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Dom 11. 5. 14. Buen Pastor, una forma de «gobierno» de la Iglesia.

lunes, 12 de mayo de 2014
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10337717_283237178520148_504772487667709_nDel blog de Xabier Pikaza:

He desarrollado ayer la imagen del pastor, analizando el evangelio de domingo 4º de Pascua (Juan 10,1-10), y un comentarista me ha dicho “agudamente” que he podido perder algún hilo de la trama, que resulta más compleja de lo que he pensado.

Le agradezco el comentario y sigo pensando sobre el tema, analizando desde ese fondo la forma distintiva de gobierno de la Iglesia. En ese contexto (cambiando el título anterior de la postal) he querido retomar y recrear las reflexiones de un antiguo libro sobre el tema (Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños, Mt 25, 31-46, Sígueme, Salamanca 1984) .

Me ocupé entonces del «gobierno pastoral» de la Iglesia, presidido por un Cristo que es Pastor Celeste… y representado en la tierra por un Papa que se presenta como Pastor supremo de la Iglesia. Por su parte, los obispos católicos se dicen pastores… Los curas en general se llaman “sacerdotes” (otro título complejo), aunque también son pastores….

De un modo significativo, los dirigentes de las comunidades protestantes (que no quieren llamarse sacerdotes, por el carácter sacrificial de esa palabra) se llaman en general Pastores (aún siento la extrañeza que me producía el hecho de que en tierras germanas protestantes me llamaran Herr Pastor).

imagesDesde ese fondo me importa el “gobierno pastoral” de la Iglesia, y el hecho de que la acción ministerial cristiana se llame “pastoral”.

Papas, obispos y curas (con sus subordinados) “pastorean” a la Iglesia, como el pastor a su rebaño (así vemos en la imagen al papa, con cayado quizá poco pastoril, hablando de olor a oveja). Sin duda, ésta fue una imagen normal en oriente, en tiempo de Jesús. Pero hoy no resulta ya nada clara (a no ser en los concursos de pastor, perro y ovejas que siguen haciendo en mi tierra, como indica la primera imagen). Tres son a mi juicio los problemas vinculados con ella:

a) Jesús (el NT) utiliza la imagen del “pastor”, pero la invierte y transforma de un modo radical, de manera que el pastor al final es otra cosa. Quizá desde la misma Biblia habría que superar hoy la palabra pastor y la pastoral.

b) La imagen del pastor (convertida en programa de gobierno pastoral) puede ir en contra del mensaje y proyecto de Jesús, fundado en la fraternidad y en la comunión entre los hombres (a partir de los últimos), más que en el cuidado del pastor, que se ocupa de unas ovejas inferiores.

c) Muy posiblemente, la imagen y tarea del pastor/pastoral tendría que superarse en la actualidad, pues no responde a nuestra experiencia de la vida, ni al mensaje de fondo de Jesús.

Así dejo el tema abierto, planteando una cuestión de fondo y volviendo a enhebrar el hilo de la trama del pastor, como me pedía ayer un comentarista. Buen domingo a todos.

41Pls6iwomL._AA160_1. GOBIERNO PASTORAL, GOBIERNO PERSONAL

La Biblia (el NT) ofrece unas imágenes de rico simbolismo, no para quedarse en ellas, sino para superarlas de un modo paradójico. Lo malo de una parte de la práctica eclesial es que ha codificado esas imágenes y se ha quedado en ellas, sin asumir la dinámica del Jesús y del NT. Pienso que el autor que más sagazmente a estudiado el tema ha sido M. Foucault, en varias obras donde estudia el tipo de gobierno pastoral y democrático.

1. Gobierno pastoral.

Es más propio de los imperios de oriente, y ha sido especialmente destacado por los israelitas en el AT, donde presentan a Dios como un Pastor que va guiando al pueblo de Israel por el desierto… Los reyes son auténticos pastores, como seguiré viendo. Éstos son (según M. Foucault) los rasgos principales de un gobierno pastoral:

“1. El pastor ejerce el poder sobre un rebaño más que sobre un territorio. […] Dios da, o promete, una tierra a su rebaño.
2. El pastor reúne, guía y conduce a su rebaño. […] basta con que el pastor desaparezca para que el rebaño se disgregue; o dicho en otros términos, el rebaño existe
gracias a la presencia inmediata y a la acción directa del pastor […].
3. El papel del pastor consiste en asegurar la salvación de su grey. […] No se trata únicamente de salvar a todos, a todos en conjunto, cuando se aproxima el peligro,sino que es más bien una cuestión de benevolencia constante, individualizada y orientada a un fin. […] constante, ya que el pastor vela por la alimentación de su rebaño; cotidianamente satisface su sed y su hambre. […] individualizada, ya que el pastor vela para que todas sus ovejas, sin excepción, sean recuperadas y salvadas.
4. […] el ejercicio del poder es un “deber”. […] la benevolencia pastoral está mucho más próxima de la “abnegación”. Todo lo que hace el pastor lo hace por el bien del rebaño. Tal es su preocupación constante. Cuando sus ovejas duermen él vela.”
( Cf. M.Foucault, Omnes et sigulatim: hacia una crítica de la razón política en La vida de los hombres infames, Ed. Altamira, Argentina 1996, 182-183, 204)

Éste es, por tanto, un gobierno de “dictadura ilustrada”. El pastor sabe lo que necesitan sus ovejas, por eso las cuida y dirige desde arriba, las alimenta y las cuida. Más aún, el pastor vela por las ovejas, tiene responsabilidad sobre su vida y su misma “conciencia” (si son ovejas humanas), de manera que no hay reciprocidad entre pastor y ovejas. El pastor puede “cuidar” muy bien a las ovejas, pero está arriba siempre.
El pastor está solo a la cabeza del rebaño y su trabajo consiste en velar por la alimentación de sus animales; en cuidarlos cuando están enfermos; en servirse de la música para reunirlos y guiarlos; en organizar su reproducción preocupándose de obtener la mejor descendencia…

El pastor ejerce por tanto un “dominio” bueno de dirección (y de sumisión) sobre los súbditos, a los que dirige en sentido físico y psíquico, religioso y social… (pero es un gobierno no personal, y en el fondo acaba siendo no cristiano). En esa línea, los “pastores” de la Iglesia se han sentido llamados a “salvar” a las ovejas desde arriba, con autoridad superior, como guías que saben lo que ellas necesitan

En esa línea se podría decir que un tipo de pastoral de la iglesia ha sido pre-cristiana, pues ha tomado los rasgos del pastor del AT y de los reinos orientales, y no la novedad de Jesús, que utiliza la imagen del pastor para superarla por dentro. Un tipo de pastoral de la iglesia, por su forma de entender la autoridad propia de los pastores y la sumisión de las ovejas, evidentemente para su bien (se dice), no es cristiana.

2. Un gobierno personal

A partir del evangelio de Jesús (y desde una perspectiva que ha sido desarrollada después por la misma Iglesia cristiana, fundándose en la experiencia democrática de Grecia) se puede hablar de un gobierno personal, fundado en la palabra y en el diálogo.

El que gobierna (en la línea de la imagen desarrollada por Jn 10 y Jn 15) no es un pastor que dirige desde arriba a las ovejas, sino un amigo que dialoga con amigos, un hombre libre que comparte el camino con otros hombres libres. Leer más…

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La mesa.

domingo, 11 de mayo de 2014
Comentarios desactivados en La mesa.

Del blog de la Communion Béthanie:

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Hay  días en que la mesa es sagrada,
porque el pan que partimos
tiene el gusto maravilloso
del encuentro y del amor.
Ese día, Dios está en el umbral de tu casa.

Hay días en que el vino es sagrado,
porque provoca la embriaguez,
no la que vuelve loco el espíritu
sino la embriaguez que te coge el corazón.
Ese día, Dios está muy cerca de ti.

Hay días en que la acogida es sagrada,
porque tu hermano está en la puerta,
busca su lugar,
tiene hambre de pan y sed de vino y posiblemente más…
Ese día, Dios está de rodillas para servir .

Hay días en que el pueblo es sagrado,
porque es llamado a compartir en memoria de Jesús…
Y, si tú también, te unes a ellos
para recibir y para dar,
Ese día, Dios, eso es seguro,
está sentado a tu lado.

*

Robert Riber
Mil Textos, Fenêtres Ouvertes

***

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«Nueva relación con Jesús». 11 de mayo de 2014. 4 Pascua (A). Juan 1, 1-10.

domingo, 11 de mayo de 2014
Comentarios desactivados en «Nueva relación con Jesús». 11 de mayo de 2014. 4 Pascua (A). Juan 1, 1-10.

26-PascuaA4 cerezoEn las comunidades cristianas necesitamos vivir una experiencia nueva de Jesús reavivando nuestra relación con él. Ponerlo decididamente en el centro de nuestra vida. Pasar de un Jesús confesado de manera rutinaria a un Jesús acogido vitalmente. El evangelio de Juan hace algunas sugerencias importantes al hablar de la relación de las ovejas con su Pastor.

Lo primero es “escuchar su voz” en toda su frescura y originalidad. No con fundirla con el respeto a las tradiciones ni con la novedad de las modas. No dejarnos distraer ni aturdir por otras voces extrañas que, aunque se escuchen en el interior de la Iglesia, no comunican su Buena Noticia.

Es importante sentirnos llamados por Jesús “por nuestro nombre”. Dejarnos atraer por él personalmente. Descubrir poco a poco, y cada vez con más alegría, que nadie responde como él a nuestras preguntas más decisivas, nuestros anhelos más profundos y nuestras necesidades últimas.

Es decisivo “seguir“ a Jesús. La fe cristiana no consiste en creer cosas sobre Jesús, sino en creerle a él: vivir confiando en su persona. Inspirarnos en su estilo de vida para orientar nuestra propia existencia con lucidez y responsabilidad.

Es vital caminar teniendo a Jesús “delante de nosotros”. No hacer el recorrido de nuestra vida en solitario. Experimentar en algún momento, aunque sea de manera torpe, que es posible vivir la vida desde su raíz: desde ese Dios que se nos ofrece en Jesús, más humano, más amigo, más cercano y salvador que todas nuestras teorías.

Esta relación viva con Jesús no nace en nosotros de manera automática. Se va despertando en nuestro interior de forma frágil y humilde. Al comienzo, es casi solo un deseo. Por lo general, crece rodeada de dudas, interrogantes y resistencias. Pero, no sé cómo, llega un momento en el que el contacto con Jesús empieza a marcar decisivamente nuestra vida.

Estoy convencido de que el futuro de la fe entre nosotros se está decidiendo, en buena parte, en la conciencia de quienes en estos momentos nos sentimos cristianos. Ahora mismo, la fe se está reavivando o se va extinguiendo en nuestras parroquias y comunidades, en el corazón de los sacerdotes y fieles que las formamos.

La increencia empieza a penetrar en nosotros desde el mismo momento en que nuestra relación con Jesús pierde fuerza, o queda adormecida por la rutina, la indiferencia y la despreocupación. Por eso, el Papa Francisco ha reconocido que “necesitamos crear espacios motivadores y sanadores… lugares donde regenerar la fe en Jesús». Hemos de escuchar su llamada.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a reavivar la relación con Jesús. Pásalo.

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«Yo soy la puerta de las ovejas». Domingo 11 de mayo de 2014. 4º Domingo de Pascua.

domingo, 11 de mayo de 2014
Comentarios desactivados en «Yo soy la puerta de las ovejas». Domingo 11 de mayo de 2014. 4º Domingo de Pascua.

Other-Sheep-logoLeído en Koinonia:

Hch 2,14a.36-41: Dios lo ha constituido Señor y Mesías
Salmo responsorial 22: El Señor es mi pastor, nada me falta.
1Pedro 2,20b-25: Habéis vuelto al pastor de vuestras vidas
Juan 10,1-10: Yo soy la puerta de las ovejas

La 1ª lectura, tomada del libro de los Hechos, pertenece al discurso de Pedro, ante el pueblo reunido en Jerusalén, a raíz del hecho de Pentecostés. Después de interpretarles el fenómeno de las lenguas diversas en que hablaban los discípulos invadidos por el Espíritu Divino, Pedro les evoca la vida y la obra de Jesús, les anuncia el «Kerygma», la proclamación solemne de la Buena Nueva, del Evangelio: Cristo ha muerto por nuestros pecados, ha sido sepultado y al tercer día Dios lo hizo levantarse de la muerte librándolo de la corrupción del sepulcro y sentándolo a su derecha, como habían anunciado los profetas. Se trata ya, evidentemente, de una primera elaboración teológica del llamado «kerigma», o síntesis o núcleo de la predicación.

Lógicamente, esa formulación del kerigma está condicionada por su contexto social e histórico. No es que porque aparezca en el Nuevo Testamento ya haya de ser tenida como intocable e ininterpretable. Las palabras, las fórmulas, los elementos mismos que componen ese kerigma, hoy nos pueden parecer extraños, ininteligibles para nuestra mentalidad actual. Es normal, y por eso es también normal que la comunidad cristiana tiene el deber de evolucionar, de recrear los símbolos. La fe no es un «depósito» donde es retenida y guardada, sino una fuente, un manantial, que se mantiene idéntico a sí mismo precisamente entregando siempre agua nueva.

En muchos países tropicales son casi desconocidos los rebaños de ovejas cuidadas por su pastor. Eran y son muy comunes en el mundo antiguo de toda la cuenca del Mediterráneo. Muy probablemente Jesús fue pastor de los rebaños comunales en Nazaret, o acompañó al pastoreo a los muchachos de su edad. Por eso en su predicación abundan las imágenes tomadas de esa práctica de la vida rural de Palestina. En el evangelio de Juan la sencilla parábola sinóptica de la oveja perdida (Mt 18,12-14; Lc 15,3-7) se convierte en una bella y larga alegoría en la que Jesús se presenta como el Buen Pastor, dueño del rebaño por el cual se interesa, no como los ladrones y salteadores que escalan las paredes del redil para matar y robar. Él entra por la puerta del redil, el portero le abre, El saca a las ovejas a pastar y ellas conocen su voz. La alegoría llega a un punto culminante cuando Jesús dice ser «la puerta de las ovejas», por donde ellas entran y salen del redil a los pastos y al agua abundante. Por supuesto que en la alegoría el rebaño, las ovejas, somos los discípulos, los miembros de la comunidad cristiana. La alegoría del Buen Pastor está inspirada en el largo capítulo 34 del profeta Ezequiel en el que se reprocha a las autoridades judías no haber sabido pastorear al pueblo y Dios promete asumir Él mismo este papel enviando a un descendiente de David.

La imagen del Buen Pastor tuvo un éxito notable entre los cristianos quienes, ya desde los primeros siglos de la iglesia, representaron a Jesús como Buen Pastor cargando sobre sus hombros un cordero o una oveja. Tales representaciones se conservan en las catacumbas romanas y en numerosos sarcófagos de distinta procedencia. La imagen sugiere la ternura de Cristo y su amor solícito por los miembros de su comunidad, su mansedumbre y paciencia, cualidades que se asignan convencionalmente a los pastores, incluso su entrega hasta la muerte pues, como dice en el evangelio de hoy «el buen pastor da la vida por sus ovejas».

La imagen de «ovejas y pastores» ha de ser manejada con cuidado, porque puede justificar la dualidad de clases en la Iglesia. Esta dualidad no es un temor utópico, sino que ha sido una realidad pesada y dominante. El Concilio Vaticano I declaró: «La Iglesia de Cristo no es una comunidad de iguales, en la que todos los fieles tuvieran los mismos derechos, sino que es una sociedad de desiguales, no sólo porque entre los fieles unos son clérigos y otros laicos, sino, de una manera especial, porque en la Iglesia reside el poder que viene de Dios, por el que a unos es dado santificar, enseñar y gobernar, y a otros no» (Constitución sobre la Iglesia, 1870). Pío XI, por su parte, decía: «La Iglesia es, por la fuerza misma de su naturaleza, una sociedad desigual. Comprende dos categorías de personas: los pastores y el rebaño, los que están colocados en los distintos grados de la jerarquía, y la multitud de los fieles. Y estas categorías, hasta tal punto son distintas entre sí, que sólo en la jerarquía residen el derecho y la autoridad necesarios para promover y dirigir a todos los miembros hacia el fin de la sociedad. En cuanto a la multitud, no tiene otro derecho que el de dejarse conducir y seguir dócilmente a sus pastores» (Vehementer Nos, 1906). La verdad es que estas categorías de «pastores y rebaño», a lo largo de la historia de la Iglesia han funcionado casi siempre -al menos en el segundo milenio- de una forma que hoy nos resulta sencillamente inaceptable. Hay que tener mucho cuidado de que nuestra forma de utilizarlas no vehicule una justificación inconsciente de las clases en la Iglesia.

El Concilio Vaticano II supuso un cambio radical en este sentido, con aquella su insistencia en que más importante que las diferencias de ministerio o servicio en la Iglesia es la común dignidad de los miembros del Pueblo de Dios (el lugar más simbólico a este respecto es el capítulo segundo de la Lumen Gentium del Vaticano II).

Como es sabido, en las últimas décadas se ha dado un retroceso claro hacia una centralización y falta de democracia. La queja de que Roma no valora la «colegialidad episcopal» es un clamor universal. La práctica de los Sínodos episcopales que se puso en marcha tras el concilio, fue rebajada a reuniones meramente consultivas. Las Conferencias Episcopales Nacionales, verdadero símbolo de la renovación conciliar, fueron declaradas por el cardenal Ratzinger como carentes de base teológica. Los «consejos pastorales» y los «consejos presbiterales» establecidos por la práctica posconciliar como instrumentos de participación y democratización, casi han sido abandonados, por falta de ambiente. La feligresía de una parroquia, o de una diócesis, puede tener unánimemente una opinión, pero si el párroco o el obispo piensa lo contrario, no hay nada que discutir en la actual estructura canónica clerical y autoritaria. «La voz del Pueblo, es la voz de Dios»… en todas partes menos en la Iglesia, pues en ésta, para el pueblo la única voz segura de Dios es la de la Jerarquía. Así la Iglesia se ha convertido -como gusta de decir Hans Küng- en «la última monarquía absoluta de Occidente». A quien no está de acuerdo se le responde que «la Iglesia no es una democracia», y es cierto, porque es mucho más que eso: es una comunidad, en la que todos los métodos participativos democráticos deberían quedarse cortos ante el ejercicio efectivo de la «comunión y participación». En semejante contexto eclesial, ¿se puede hablar ingenuamente de «el buen pastor y del rebaño a él confiado» con toda inocencia e ingenuidad? El Concilio Vaticano II lo dijo con máxima autoridad: «Debemos tener conciencia de las deficiencias de la Iglesia y combatirlas con la máxima energía» (Gaudium et Spes 43).

En la Iglesia de Aquel que dijo que quien quisiera ser el primero fuese el último y el servidor de todos, en algún sentido, todos somos pastores de todos, todos somos responsables y todos podemos aportar. No se niega el papel de la coordinación y del gobierno. Lo que se niega es su sacralización, la teología que justifica ideológicamente el poder autoritario que no se somete al discernimiento comunitario ni a la crítica democrática. ¿Qué la Iglesia no es una democracia? Debe ser mucho más que una democracia. Y, desde luego: no ha de ser un rebaño. Leer más…

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Señor, Mesías, modelo, puerta del aprisco. Domingo 4º de Pascua.

domingo, 11 de mayo de 2014
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Young ShepherdDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Estos cuatro títulos resumen lo que afirman de Jesús las lecturas del próximo domingo: que es Señor y Mesías lo dice Pedro en el libro de los Hechos (1ª lectura); como modelo a la hora de soportar el sufrimiento lo propone la Primera carta de Pedro (2ª lectura); puerta del aprisco es la imagen que se aplica a sí mismo Jesús en el evangelio de Juan. En resumen, las lecturas nos proponen una catequesis sobre Jesús, lo que significó para los primeros cristianos y lo que debe seguir significando para nosotros.

No quedarnos en el próximo domingo, mirar hasta el 7º

Cabe el peligro de vivir la liturgia de las próximas semanas sin advertir el mensaje global que intentan transmitirnos las lecturas dominicales. Pretenden prepararnos a las dos grandes fiestas de la Ascensión y Pentecostés, y lo hacen tratando tres temas a partir de tres escritos del Nuevo Testamento.

1. La iglesia (1ª lectura, de los Hechos de los Apóstoles). Se describe el aumento de la comunidad (4º domingo), la institución de los diáconos (5º), el don del Espíritu en Samaria (6º), y cómo la comunidad se prepara para Pentecostés (7º). Adviértase la enorme importancia del Espíritu en estas lecturas.

2. Vivir cristianamente en un mundo hostil (2ª lectura, de la Primera carta de Pedro). Los primeros cristianos sufrieron persecuciones de todo tipo, como las que padecen algunas comunidades actuales. La primera carta de Pedro nos recuerda el ejemplo de Jesús, que debemos imitar (4º); la propia dignidad, a pesar de lo que digan de nosotros (5º); la actitud que debemos adoptar ante las calumnias (6º), y los ultrajes (7º).

3. Jesús (evangelio: Juan). Los pasajes elegidos constituyen una gran catequesis sobre la persona de Jesús: es el pastor y la puerta (4º); camino, verdad y vida (5º); el que vive junto al Padre y con nosotros (6º); el que ora e intercede por nosotros (7º).

Jesús, puerta del aprisco

En aquel tiempo, dijo Jesús:

-«Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:

-«Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

El autor del cuarto evangelio disfruta tendiendo trampas al lector. Al principio, todo parece muy sencillo. Un redil, con su cerca y su guarda. Se aproxima uno que no entra por la puerta ni habla con el guarda, sino que salta la valla: es un ladrón. En cambio, el pastor llega al rebaño, habla con el guarda, le abre la puerta, llama a las ovejas, ellas lo siguen y las saca a pastar. Lo entienden hasta los niños.

Sin embargo, inmediatamente después añade el evangelista: “ellos no entendieron de qué les hablaba”. Muchos lectores actuales pensarán: “son tontos, está clarísimo, habla de Jesús como buen pastor”. Y se equivocan. Eso es verdad a partir del versículo 11, donde Jesús dice expresamente: “Yo soy el buen pastor”. Pero en el texto que se lee hoy, el inmediatamente anterior (Juan 10,1-10), Jesús se aplica una imagen muy distinta: no se presenta como el buen pastor sino como la puerta por la que deben entrar todos los pastores (“yo soy la puerta del redil”).

Con ese radicalismo típico del cuarto evangelio, se afirma que todos los personajes anteriores a Jesús, al no entrar por él, que es la puerta, no eran en realidad pastores, sino ladrones y bandidos, que sólo pretenden “robar y matar y hacer estrago”.

Resuenan en estas duras palabras un eco de lo que denunciaba el profeta Ezequiel en los pastores (los reyes) de Israel: en vez de apacentar a las ovejas (al pueblo) se apacienta a sí mismos, se comen su enjundia, se visten con su lana, no curan las enfermas, no vendan las heridas, no recogen las descarriadas ni buscan las perdidas; por culpa de esos malos pastores que no cumplían con su deber, Israel terminó en el destierro (Ez 34).

La consecuencia lógica sería presentar a Jesús como buen pastor que da la vida por su ovejas. Pero eso vendrá más adelante, no se lee hoy. En lo que sigue, Jesús se presenta como la puerta por la que el rebaño puede salir para tener buenos pastos y vida abundante.

En este momento cabría esperar una referencia a la obligación de los pastores, los responsables de la comunidad cristiana, a entrar y salir por la puerta del rebaño: Jesús. Todo contacto que no se establezca a través de él es propio de bandidos y está condenado al fracaso (“las ovejas no les hicieron caso”). Aunque el texto no formula de manera expresa esta obligación, se deduce de él fácilmente.

En realidad, esta parte del discurso termina dirigiéndose no a los pastores sino al rebaño, recordándole que “quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos”.

Ya que es frecuente echarle la culpa a los pastores de los males de la iglesia, al rebaño le conviene recordar que siempre dispone de una puerta por la que salvarse y tener vida abundantes.

La segunda lectura recuerda a los cristianos perseguidos y condenados injustamente que ese mismo fue el destino de Jesús, y que lo aceptó sin devolver insultos ni amenazas. En ese contexto lo presenta como modelo con unas palabras espléndidas: “Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas”. Al final de esta lectura encontramos la imagen de Jesús como buen pastor (“Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas”.). Como he indicado, no es la esencial del evangelio.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 20b-25

Queridos hermanos: Si, obrando el bien, soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios. Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas os han curado. Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas.

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Dom 11. V. 14. Buen Pastor, la puerta de la Libertad.

domingo, 11 de mayo de 2014
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

El Buen Pastor, 4º Domingo de Pascua (Jn 10). Todos nosotros podemos y debemos ser pastores y puerta de libertad para los otros.

‒ La primera imagen pascual de este es el mismo Jesús-Pastor que dirige y guarda, anima y protege a sus amigos que, conforme a un símbolo usual del oriente, aparecen como ovejas.
‒ La segunda imagen pascual de este domingo es la Puerta de Libertad, por la que salen y entran las ovejas, es decir, todos nosotros, sin que nadie nos persiga ni domine. Es la puerta de la libertad, el mismo Cristo resucitado.

— La tercera imagen somos nosotros, convertidos por Jesús en pastores y puerta de libertad, en un mundo que tiende a quedar esclavizado, en manos de los primeros engañadores de turno (y en especial por un tipo de dinero que esclaviza a la gran mayoría).

10271620_282807718563094_178388889834788443_nEstamos ante el signo de un mundo inquietante, asesino, de ovejas encerradas, aterrorizadas, ante el riesgo de duros señores de engaño, guerra y muerte. En el tiempo de Jesús (del 30 al 70 d.C.) los falsos pastores, asaltantes de “apriscos” hicieron que más de medio Israel pereciera de engaño, de guerra y de muerte. Hoy, año 2014, puede suceder algo parecido pues sigue habiendo como entonces, y aún con más fuerza, pastores religiosos y civiles que saltan por las bardas del aprisco, que engañan y aterrorizan, que destruyen y matan.

Tres planos:

‒ Un filósofo pro-nazi llamado Heidegger hablaba del hombre como “pastor del Ser”, con un lenguaje de destino, dominación y muerte. Pues bien, en contra de eso, nosotros, los cristianos, celebramos a Jesús como pastor de libertad. Ciertamente, no somos ovejas en sentido literal, sino personas… Pero Jesús, buen pastor, abre la puerta de la Vida y nos permite salir al Espacio de la Libertad y de la Pascua.

Queremos “buenos pastores”, hombres y mujeres como Jesús, que nos ayuden a salir del aprisco donde estamos encerrados, para así buscar y celebrar la libertad, con él (Jesús), con todos los hombres y mujeres de la tierras.

Nosotros mismos podemos y debemos ser pastores y puerta de libertad para los otros… Todos nosotros (ovejas de Jesús) hemos de ser puerta de libertad para los demás, pastores que les ayudan a encontrar el camino y les acompañan. Buen domingo a todos.

Juan 10,1-10. La parábola de los malos pastores

En aquel tiempo, dijo Jesús «Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.«

COMENTARIO BÁSICO

Hay un gran aprisco cerrado (y nosotros dentro)

Esta imagen puede tener varios sentidos. Ciertamente, el aprisco, redil o paridera es el lugar donde se reúnen muchas ovejas que pasan la noche (un tiempo largo) protegidas por muros o bardas… Puede haber allí miles de ovejas de dueños diversos, ovejas que responden a voces distintas y que parecen estar vigiladas por un misterioso “thyroros”, un ostiario que guarda la puerta, como el clavero o llavero de las ciudades amuralladas (pero que no puede impedir que vengan y asalten los muros los ladrones).

Este aprisco puede ser el templo de Jerusalén, donde quisieron encerrarse y guardarse las ovejas el año 67-70 d.C. muriendo casi todas a manos de bandidos y ladrones religiosos y civiles.

Este aprisco puede ser la sociedad cerrada de Israel en tiempos de Segundo Templo y años siguientes. Una sociedad donde quedaron muchos judíos cautivos de su propio miedo, de sus leyes mudas…

Este aprisco puede ser en fin un tipo de Iglesia que también se cierra en sí misma, incapaz de lograr que caminen sus “fieles ovejas”, que salgan y salgan como quiere el Papa Francisco (Evangelii Gaudium). Tiene que venir alguien para sacar a las ovejas al campo de la vida, para que caminen… par que amen, para que vivan en libertad.

Hay un thyroros, ostiario bueno pero impotente

Ese thyroros, ostiario, que guarda la puerta es en principio un buen vigilante… pues abre la puerta al buen pastor. En ese sentido podría ser Dios, o un tipo de Ángel de la Guarda del Templo-Ciudad-Aprisco… Quizá es un tipo de Papa/Padre que protege (quiere proteger a las ovejas…).

Pero hay algo inquietante en ese ostiario… que guarda la puerta, pero no vigila las “bardas” o muros del redil donde se hacinan las ovejas, de manera que los ladrones (que vienen a robar) y los bandidos/lêstai (que vienen a esclavizar) parecen campar a las anchas… Vivimos en medio de un mundo de ladrones (los dueños del gran capital) que destruyen a las ovejas.

El ostiario o guardián de las ovejas parece bueno (he dicho que parece un Sumo Sacerdote o Papa), pero no logra defender los muros… de manera que los ladrones/terroristas de un tipo o de otro vienen, sacrifican, matan…

Muchos ladrones/bandidos había en tiempos de Jesús y del evangelio de Juan, ladrones que entraban al aprisco por los huecos de las piedras… o que saltaban por los muros… Ellos llevaron a la gran catástrofe del 67-70, cuando perecieron casi todas las ovejas de Israel. Leer más…

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«Mis vivencias sobre la Resurrección», por Juan Cejudo, miembro del MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares

domingo, 11 de mayo de 2014
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Resurrección2Leído en El Blog de Juan Cejudo

Entiendo que para los no creyentes éste sea un asunto especialmente difícil de asumir por ellos. Pero para los que creemos, la Resurrección de Jesús es un asunto fundamental. Nuestra fe no es una fe de muertos, sino de vivos. No todo termina con la muerte de Jesús.

Él vence a la muerte. No sabremos explicar bien cómo ni de qué manera. Pero la lectura de los diversos pasajes de los evangelios lo dejan muy claro. En el de Mateo, quienes primero lo confirman son las mujeres: María la de Salomé y la otra María. ¡Curioso! Las mujeres son las primeras testigos de la resurrección de Jesús. Son ellas quienes lo comunican a los demás apóstoles que andaban dispersos y llenos de miedo…Se aparecerá a todos ellos, en presencia de Tomás, el incrédulo, a los discípulos de Emaús que se transforman llenos de ilusión con su presencia y en varias ocasiones más.

El Resucitado consigue reunir a los discípulos , darles de nuevo ilusión y, con la fuerza del Espíritu en Pentecostés, salir a todos los caminos, pueblos y ciudades para anunciar el Evangelio a los pobres, enfermos, tullidos, lisiados, para curarles y hacer el bien con ellos, anunciando el Reino de Dios.

Y ése es el mensaje para mí de la Resurrección: Jesús da fuerza para superar el mal y luchar contra él, para dar fuerza a los que sufren, para estar cerca de quienes nos necesitan.

Hoy las fuerzas del mal son muy poderosas. El capitalismo hace estragos como nunca dejando en la miseria a millones de personas en todo el mundo. También en España, también en Cádiz. Ahí están los millones de parados, los centenares de miles de desahuciados, los miles y miles de personas que viven en la calle tirados, como animales abandonados. A veces algunos mueren de frío en las calles.

No pocos desahuciados, se suicidan desesperados.

Ahí están los recortes que hacen estragos en la sanidad, en la educación, en la falta de atención social para los que lo necesitan…: familias sin ningún tipo de recursos, inmigrantes que mueren por intentar llegar a Europa o que se destrozan sus cuerpos con cuchillas suicidas que le cortan por todas partes de sus cuerpos… Ancianos abandonados a su suerte por falta de atención…

A nivel mundial: miseria, guerras, hambre en la mayoría de los países de África, latinoamérica o Asia por culpa de un sistema injusto que funciona a favor de las grandes multinacionales y los grandes grupos financieros mundiales…que son insaciables…
NOVECENTO

Para mí Resurrección es la lucha de los pueblos por su dignidad y sus derechos. Son los grupos que se organizan para luchar contra este sistema económico y político injusto: las marchas de la dignidad del 22M que se concentraron en Madrid, los grupos organizados para luchar contra los injustos desahucios; las mareas blancas , verdes, naranjas, violetas etc… que luchan por la sanidad pública, por la educación pública, por los derechos sociales, de las mujeres etc…las numerosas asambleas populares del 15M, los colectivos que luchan por los derechos humanos en todos sus frentes, por la dignidad de los inmigrantes y los muy numerosos grupos alternativos que buscan nuevas vías en otros muchos campos ….

La Resurrección de Jesús me aporta un mensaje cargado de esperanza, de utopía. Hay que seguir luchando con otros grupos y colectivos por esa Sociedad nueva, por esa Iglesia nueva, como la quería Jesús: donde exista igualdad, justicia, fraternidad…

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«¿Está la Iglesia enfrentada con Dios?», por Jesús Bastante

domingo, 11 de mayo de 2014
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diacres2Leído en su blog El Barón Rampante:

Kasper: «El Papa me dijo que cree que 50% de los matrimonios no son válidos»

El cardenal sostiene la necesidad de una apertura a los divorciados vueltos a casar»

«La Iglesia debería ser capaz de perdonar si Dios lo hace. De lo contrario habría una oposicion entre Dios y la Iglesia»

Ando toda la mañana dándole vueltas a una frase que me parece esencial. La ha formulado el cardenal Kasper en una entrevista a la revista Commonweal, en la que da cuenta de su postura -de la de Francisco, mal que les pese a los amantes del gélido invierno- sobre los divorciados vueltos a casar, la misericordia y una pastoral activa, realista y esperanzada. «La Iglesia debería ser capaz de perdonar si Dios lo hace. De lo contrario habría una oposicion entre Dios y la Iglesia«.

La frase se las trae, espero me lo reconozcan. Si Dios perdona, ¿por qué la Iglesia no? ¿Por qué tantos archivos guardados, esperando mejor ocasión, para recordar a tal o cual que «traicionó sus votos» o «no fue fiel»? Reconociendo -que ya es mucho reconocer- que detrás de muchas posturas vitales existió pecado -¿puede haberlo realmente en el caso de los cónyuges abandonados, las mujeres maltratadas, las convivencias insostenibles….?-, lo cierto es que el Dios en el que creemos es un Dios misericordioso y de acogida. De puertas abiertas y de renglones torcidos. No el Dios del carro de fuego y la condenación atronadora.

Por fortuna, los tiempos están cambiando, y la Iglesia debería adaptarse a ello, sin perder un ápice de su esencia. Porque Dios ya lo ha hecho. Quiero decir: Dios no tiene necesidad de cambiar, pero sí entiende la situación en la que viven sus hijos, sí está detrás de todas las cosas que suceden, pues en Él vivimos, nos movemos y existimos.

¿Está la Iglesia enfrentada con Dios?
¿Qué hacer cuando buena parte de sus responsables prefieren el poder frente al servicio, el castigo frente a la perdón, la espalda frente al abrazo? ¿Qué debemos hacer los que formamos parte de ese cuerpo? «Allá donde dos o más se reúnan en mi nombre, ahí estaré yo», dijo el Señor. Los matices ya los fueron colocando los hombres -casi todos fueron hombres- de distintas épocas, más preocupados en construir sus edificios y estatuas de sal que por apuntalar los cimientos de la fe en el Hijo de Dios. Unos cimientos que son los ojos de los que sufren, las manos rotas, los llantos ahogados.

«La Iglesia debería ser capaz de perdonar si Dios lo hace. De lo contrario habría una oposicion entre Dios y la Iglesia», dice Kasper. Si eso ocurre, mejor plantear una moción de censura a los que mandan. Y que todos sirvamos. También los que tienen rota alguna de sus costuras.

Espiritualidad, General, Iglesia Católica , , , , , ,

San José.

miércoles, 7 de mayo de 2014
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Por algo Santa Teresa recomendaba dirigirse a San José…

Del blog de la Communion Béthanie:

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José, te llamamos el justo, el carpintero, el silencioso …
Yo, quiero llamarte amigo mío.
Con Jesús, tu hijo y mi Salvador, con María tu esposa y madre mía,
tienes tu sitio en mi corazón, tienes tu sitio en mi vida.
Toma mi mano y condúceme cuando la sombra y la noche
vuelven mis pasos inciertos.
¡ Tú que has buscado al Señor,
ti qué lo has encontrado, dime donde está!
¡ Dime donde está cuando los días suceden a los días,
llenos de trabajo y de preocupaciones o de soledad y de aburrimiento!
¡ Dime donde está cuando la prueba y el sufrimiento son el pan de cada día!
¡ Dime donde está cuando la esperanza levanta mi valor
y me invita a avanzar con más ánimo!
¡ Dime donde está cuando a mi corazón quiere amarle,
A él primero y a los demás, con él y en él!
¡ Dime donde está cuando se acercan a mí
para buscar consuelo, amistad y alegría!
José, amigo mío, tú que has caminado a través de las luces y las sombras,
enséñame a encontrar al Señor en lo ordinario de mi vida.
Tú, el testigo asombrado por la acción del Espíritu,
ayúdame a reconocer sus maravillas y a entregarme a él.
Tú, el gran atento a las necesidades de los tuyos,
mantén bien abiertos mi corazón y mi mano.

*
Mons. León Soulier
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Recordatorio

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