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Archivo para diciembre, 2018

Escandaloso y triste: estudiantes de Chile se niegan a leer libro de Pedro Lemebel porque “es asqueroso”

lunes, 10 de diciembre de 2018
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LiceoSQ-820x394El Liceo San Francisco de Quito sometió a votación el libro “La Esquina es mi corazón”, luego de que los escolares se negaran a leerlo. El Movilh advirtió que la dirección del Liceo han “incurrido en abierta homofobia, además de canalizar la discriminación y el bullying de los estudiantes”.

El Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) lamentó hoy que estudiantes del Liceo San Francisco de Quito (SFQ), de la comuna de Independencia, se negaran a leer un libro de Pedro Lemebel por considerarlo “asqueroso” y repudió que la dirección del establecimiento sometiera a votación el conflicto, según informó El Dínamo.

El libro “La esquina es mi corazón”, de Lemebel se ofreció como lectura a los estudiantes de tercero medio, en el marco del ramo Lenguaje y Comunicación. Un grupo de alumnos rechazó la lectura, por considerar que el autor es “asqueroso”, mientras que apoderados acusaron intentos de “homosexualización”.

En este escenario, relata El Dínamo, el director del Liceo, Enrique White, sometió a votación a mano alzada la lectura del texto, imponiéndose la opción de no incluirlo como trabajo escolar.

“Que un grupo de jóvenes califique de asquerosa a una persona en razón de su orientación sexual y que al mismo tiempo boicoteen, solo por prejuicios e ignorancia, la lectura de un libro, es muy triste y da cuenta de la lamentable labor que juegan el colegio y sus familias para educar en el respeto a la diversidad”, sostuvo el dirigente del Movilh, Ramón Gómez.

Añadió que “más repudiable y escandalosa es la manera como la dirección del liceo enfrenta este conflicto, pues está diciendo, en otras palabras, que se puede promover el odio, el bullyng homofóbico, y el desprecio y la violencia si es que una votación lo permite. Con esta acción, el liceo abandonó, a todo luces, la labor que le compete en el campo de la enseñanza y el aprendizaje. Llamamos a las familias de Independencia a no matricular a sus hijos en este violento y peligroso Liceo”

El Movilh valoró, por último, “que un grupo de docentes se revelara contra este abuso y lo denunciara a través de El Dínamo. Igualmente aplaudimos la reacción del alcalde de Independencia, Gonzalo Durán, quien junto con rechazar este episodio, ha encomendado que se investigue para sancionar a los responsables”.

Fuente MOVILH

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“Maricón y socialista”: aparecen cientos de papeles insultando a un profesor de la Universidad de Valladolid

lunes, 10 de diciembre de 2018
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Alfredo Corell es profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid y hace unos días se llevó una desagradable sorpresa al descubrir que por toda la facultad habían aparecido cientos de papeles como éste:

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Como explica Corell: “Me enteré el pasado 15 de noviembre de la manera más casual. Un alumno me preguntó que en qué había quedado lo de las octavillas y yo, sorprendido, le dije que no tenía ni idea de lo que me hablaba y me lo contó“.

Al descubrir que esos papeles parecían estar circulando por la Universidad, Corell preguntó a otros profesores, conserjes y empleadas de la limpieza y se enteró de que desde el pasado 6 de noviembre esos papeles habían aparecido al menos tres veces antes de que él supiera que existían. Una trabajadora de limpieza le entregó uno de los papeles, que Corell ya ha presentado ante la Policía como prueba para la denuncia que ha interpuesto, y le explicó que el 6 de noviembre se había encontrado cientos de esos papeles en el pasillo en el que está el despacho del profesor y en los baños.

Al día siguiente de enterarse de que estaban circulando esos papeles, el 16 de noviembre, el personal de limpieza de la Universidad de Valladolid le entregó más papeles con el mismo mensaje que habían encontrado en el baño y que habían sido tirados a la basura. “Es lo que me contó otro profesor y las trabajadoras que, como entran tan pronto a limpiar la facultad, los vieron y los tiraron a la basura sin decírselo a nadie. En todo esto ha habido una especie de manto de silencio“.

17188CDB-2937-4C4D-9BC6-4C63F84EC3F1Alfredo Corell, profesor de la Universidad de Valladolid. (Foto: ElDiario.es)

Tras confirmar a través de profesores, alumnos y personal de la Universidad que los panfletos homófobos aparecían de forma continuada y no parecía que fueran a parar, el profesor Corell puso el tema en conocimiento del decano de la Facultad de Medicina, José María Fidel Fernández; de la Secretaria General, Helena Castán y del rector de la Universidad de Valladolid, Antonio Largo Cabrerizo. La institución ha mostrado todo su apoyo al profesor y la Defensora de la Comunidad Universitaria propuso iniciar una investigación. Así descubrieron que al menos una decena de alumnos, un profesor y tres trabajadoras de la limpieza habían visto los papeles. Con toda esa información, Corell acudió el pasado 23 de noviembre a la Policía Nacional para interponer una denuncia.

Como recuerdan en Eldiario.es, el caso de Corell recuerda al del exvicerrector de la Universidad de Murcia, José Ángel López, que denunció que durante una comisión académica un compañero dijo “que el despacho que yo había dejado de ocupar ya había sido fumigado“; como explicó López a la prensa. A pesar de que López puso el insulto en conocimiento de la Universidad, nadie ha movido un dedo y la Inspección de Servicios de la Universidad de Murcia ni siquiera contesta cuando le preguntan.

Aunque Corell sí ha contado con el apoyo de la Universidad de Valladolid, se lamenta del “silencio cómplice” que se ha generado a su alrededor. “Me he enterado de los hechos, casualmente, diez días después de que acontecieran. Todos los que lo habían visto pensaron que, quitando de en medio estos papeles, retirándolos por la mañana temprano, ocultándolos o, simplemente, eliminándolos… se acabaría el problema“. Algo que él mismo considera un error aunque la intención fuera la de protegerle. “A pesar de que mucha gente no esté entendiendo que lo esté aireando“, explica Corell, “yo necesito hablarlo” porque, como recuerda, es necesario visibilizar este tipo de acciones para combatir la LGTBfobia. “Callarme no es una opción“.

Fuente | ElDiario.es, vía HazteQueer

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Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.

domingo, 9 de diciembre de 2018
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Juan Bautista

 Cual greñudo y piloso nazareno,
amigo de alimañas y de fieras,
piel de camello sobre cuerpo enjuto,
como hijo del ayuno y de la estepa,
Juan Bautista predica en el desierto,
-inhóspito desierto de Judea-
y anuncia la llegada del Mesías,
de quien es precursor y fiel profeta.
Y dice que se siente indigno siervo
de soltar sus sandalias y correas.

¡Allanad y hacer rectos los senderos;
preparad los caminos del señor,
porque a punto de llegar está el Mesías
y exige “metanoia”, conversión.
Los que esperáis ansiosos su llegada
del Mesías -Ungido del Señor-
purificad los cuerpos y las almas
en las aguas del Jordán y del perdón!

Y cuando aquel cobarde rey Herodes
mande un día te corten la cabeza,
y Salomé, danzante, se la sirva
en preciosa plateada bandeja,
todos verán, beodos y asombrados,
que tú aún sigues con la boca abierta
gritando la Verdad que nunca muere,
gritando la Verdad a boca llena.

¡Qué bien supiste, Juan, ser de Jesús
su precursor, testigo y fiel profeta!

*

José Luis Martínez

***

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:

“Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.”

*

Lucas 3, 1-6

***

La soledad es el horno de la transformación. Sin soledad seguimos siendo víctimas de nuestra sociedad, seguimos enredados en las ilusiones de nuestro falso yo. Jesús mismo entró en este horno Para entender el verdadero significado de la soledad, es necesario desenmascarar algunas ideas deformadas de la misma. Todos admitimos la necesidad de algunos ratos de soledad. Sin embargo, lo que queremos a veces decir es la necesidad que tenemos de un tiempo y un lugar para nosotros mismos, un tiempo y un lugar en que nadie nos moleste. Soledad es a menudo para nosotros sinónimo de privado.

Es más, pensamos en la soledad como una especie de estación de servicio en la que podemos cargar nuestras baterías, o como el rincón de un ring de boxeo en el que ponen aceite en nuestras heridas, dan masaje a nuestros músculos y nos animan a seguir en la lucha mediante eslóganes apropiados. Para ser breves, pensamos en la soledad como en el lugar en que reparamos nuestras fuerzas para proseguir la competencia incesante de nuestras vidas.

No es ésta la soledad de Juan Bautista, san Antonio o san Benito, de Carlos de Foucauld o los hermanos de Taizé. Para ellos, la soledad no es un lugar terapéutico privado, sino el lugar de la conversión, el lugar donde muere el viejo yo y nace uno nuevo, el lugar donde emerge el hombre nuevo y la mujer nueva.

*

H. J. M. Nouwen,
El camino del corazón,
Madrid 1986, 21 -23.

***

***

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“Abrir caminos nuevos”. 2 Adviento – C (Lucas 3,1-6)

domingo, 9 de diciembre de 2018
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02_adv_c-600x400Los primeros cristianos vieron en la actuación del Bautista al profeta que preparó decisivamente el camino a Jesús. Por eso, a lo largo de los siglos, el Bautista se ha convertido en una llamada que nos sigue urgiendo a preparar caminos que nos permiten acoger a Jesús entre nosotros.

Lucas ha resumido su mensaje con este grito tomado del profeta Isaías: «Preparad el camino del Señor». ¿Cómo escuchar ese grito en la Iglesia de hoy? ¿Cómo abrir caminos para que los hombres y mujeres de nuestro tiempo podamos encontrarnos con él? ¿Cómo acogerlo en nuestras comunidades?

Lo primero es tomar conciencia de que necesitamos un contacto mucho más vivo con su persona. No es posible alimentarnos solo de doctrina religiosa. No es posible seguir a Jesús convertido en una sublime abstracción. Necesitamos sintonizar vitalmente con él, dejarnos atraer por su estilo de vida, contagiarnos de su pasión por Dios y por el ser humano.

En medio del «desierto espiritual» de la sociedad moderna, hemos de entender y configurar la comunidad cristiana como un lugar donde se acoge el Evangelio de Jesús. Vivir la experiencia de reunirnos creyentes, menos creyentes, poco creyentes e, incluso, no creyentes, en torno al relato evangélico de Jesús. Darle a él la oportunidad de que penetre con su fuerza humanizadora en nuestros problemas, crisis, miedos y esperanzas.

No lo hemos de olvidar. En los evangelios no aprendemos doctrina académica sobre Jesús, destinada inevitablemente a envejecer a lo largo de los siglos. Aprendemos un estilo de vivir realizable en todos los tiempos y en todas las culturas: el estilo de vivir de Jesús. La doctrina no toca el corazón, no convierte ni enamora. Jesús sí.

La experiencia directa e inmediata con el relato evangélico nos hace nacer a una nueva fe, no por vía de «adoctrinamiento» o de «aprendizaje teórico», sino por el contacto vital con Jesús. Él nos enseña a vivir la fe, no por obligación sino por atracción. Nos hace vivir la vida cristiana, no como deber sino como contagio. En contacto con el evangelio recuperamos nuestra verdadera identidad de seguidores de Jesús.

Recorriendo los evangelios experimentamos que la presencia invisible y silenciosa del Resucitado adquiere rasgos humanos y recobra voz concreta. De pronto todo cambia: podemos vivir acompañados por Alguien que pone sentido, verdad y esperanza en nuestra existencia. El secreto de toda evangelización consiste en ponernos en contacto directo e inmediato con Jesús. Sin él no es posible engendrar una fe nueva.

José Antonio Pagola

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“Todos verán la salvación de Dios”. Domingo 9 de diciembre de 2018. 2º de Adviento

domingo, 9 de diciembre de 2018
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02advientoB2cerezoDe Koinonia:

Baruc 5, 1-9: Dios mostrará tu esplendor.
Salmo responsorial: 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6: El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres.
Filipenses 1, 4-6. 8-11:  Que lleguéis al día de Cristo limpios e irreprochables.
Lucas 3, 1-6: Todos verán la salvación de Dios.

El tiempo de adviento es tiempo de esperanza y de apertura al cambio: cambio de vestido y de nombre (Baruc), cambio de camino (Isaías). Cambiar, para que todos puedan ver la salvación de Dios.

En un bello poema Baruc canta con fe jubilosa la hora en que el Eterno va a cumplir las promesas mesiánicas, va a crear la nueva Jerusalén, va a dar su salvación. Jerusalén es presentada como una “Madre” enlutada por sus hijos expatriados. Dios regala a Sión, su esposa, la salvación como manto regio, le ciñe como diadema la “Gloria” del Eterno. La Madre desolada que vio partir a sus hijos, esclavos y encadenados, los va a ver retornar libres y festejados como un rey cuando va a tomar posesión de su trono. Le da un nombre nuevo simbólico: “Paz de Justicia-Gloria de Misericordia”; es decir, Ciudad-Paz por la salvación recibida de Dios. Ciudad-Gloria por el amor misericordioso que le tiene Dios.

Haciéndose eco de los profetas del destierro, Baruc dice una palabra consoladora a un pueblo que pasa dificultad: “El Señor se acuerda de ti” (5,5). Ya el segundo Isaías se había preguntado: “¿Puede una madre olvidarse de su criatura? (…) pues aunque ella se olvide, yo no me olvidaré” (Is 49,15). El Dios fiel no se olvida de Jerusalén, su esposa, que es invitada ahora a despojarse del luto y vestir “las galas perpetuas de la Gloria que Dios te da” (5,1). Es la salvación que Dios ofrece para los que ama, de los que se acuerda en su amor.

¿Dónde está nuestro profetismo cristiano? El profeta no es un adivino, ni alguien que pre-dice los acontecimientos futuros. El profeta se enfrenta a todo poderío personal y social, habla desde el “clamor de los pobres” y pretende siempre que haya justicia. Obviamente le preocupa el futuro del pueblo, la situación sangrante de los pobres. Los profetas surgen en los momentos de crisis y de cambios para avizorar una situación nueva, llena de libertad, de justicia, de solidaridad, de paz.

La misión del profeta cristiano es cuestionar los “sistemas” contrarios al Espíritu, defender a toda persona atropellada y a todo pueblo amenazado, alentar esperanzas en situaciones catastróficas y promover la conversión hacia actitudes solidarias. Tiene experiencia del pueblo (vive encarnado) y contacto con Dios (es un místico), y de ahí obtiene la fuerza para su misión. Por medio de los profetas, Dios guía a su pueblo “con su justicia y su misericordia” (Bar 5,9). El profeta “allana los caminos” a seguir.

En el evangelio, al llegar la plenitud de los tiempos, el mismo Dios anuncia la cercanía del Reino por medio de Juan y asegura con Isaías que “todos verán la salvación de Dios” (Lc 3,6). Para el Dios que llega con el don de la salvación debemos preparar el camino en el hoy de nuestra propia historia.

Juan Bautista, profeta precursor de Jesús, fue hijo de un “mudo” (pueblo en silencio) que renunció al “sacerdocio” (a los privilegios de la herencia), y de una “estéril” (fruto del Espíritu). Le “vino la palabra” estando apartado del poder y en el contacto con la bases, con el pueblo. La palabra siempre llega desde el desierto (donde sólo hay palabra) y se dirige a los instalados (entre quienes habitan los ídolos) para desenmascararlos. La palabra profética le costó la vida a Juan. Su deseo profético es profundo y universal: “todos verán la salvación de Dios”. La salvación viene en la historia (nuestra historia se hace historia de salvación), con una condición: la conversión (“preparad el camino del Señor”). ¿Qué debemos hacer para ser todos un poco profetas?

La invitación de Isaías, repetida por Juan Bautista y corroborada por Baruc, nos invita a entrar en el dinamismo de la conversión, a ponernos en camino, a cambiar. Cambiar desde dentro, creciendo en lo fundamental, en el amor para “aquilatar lo mejor” (Flp 1,10). Con la penetración y sensibilidad del amor escucharemos las exigencias del Señor que llega y saldremos a su encuentro “llenos de los frutos de justicia” (1,11).

Esa renovación desde dentro tiene su manifestación externa porque se “abajan los montes”, se llenan los valles, se endereza lo torcido y se iguala lo escabroso (Bar 5,7). Se liman asperezas, se suprimen desigualdades y se acortan distancias para que la salvación llegue a todos. La humanidad transformada es la humanidad reconciliada e igualada, integrada en familia de fe: “los hijos reunidos de Oriente a Occidente” (Bar 5,5). Convertirse entonces es ensanchar el corazón y dilatar la esperanza para hacerla a la medida del mundo, a la medida de Dios. Una humanidad más igualitaria y respetuosa de la dignidad de todos es el mejor camino para que Dios llegue trayendo su salvación. A cada uno corresponde examinar qué renuncias impone el enderezar lo torcido o abajar montes o rellenar valles. Nuestros caminos deben ser rectificados para que llegue Dios.

Adviento es el tiempo litúrgico dedicado por antonomasia a la esperanza. Y esperar es ser capaz de cambiar, y ser capaz de soñar con la Utopía, y de provocarla, aun en aquellas situaciones en las que parece imposible.

Dejémonos impregnar por la gracia de este acontecimiento que se nos aproxima, dejemos que estas celebraciones de la Eucaristía y de la liturgia de estos días nos ayuden a profundizar el misterio que estamos por celebrar.

Unidos en la esperanza caminamos juntos al encuentro con Dios. Pero al mismo tiempo, Él camina con nosotros señalando el camino porque “Dios guiará a Israel entre fiestas, a la luz de su Gloria, con su justicia y su misericordia” (Bar 5,9). Leer más…

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9. XII. 18. Levántate Jerusalén, en marcha Iglesia. Pregón de Adviento.

domingo, 9 de diciembre de 2018
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5D4AB842-08B2-4B43-8AC7-D5042414F30EDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 2º de Adviento, ciclo c, Baruc 5, 1-9. . El pecado mayor de la Iglesia es que no espera.

– Se ha parado hace tiempo, no camina. Se paró en el siglo IV d.C., pactando con un tipo de jerarquía imperial.
– Se paró en el siglo XI, al imponer un tipo de poder clerical y de nuevo en el XVI-XVII, con su absolutismo.
– Y ahora nos parece a muchos que ha decidido sentarse en su pasado, como si no fuera Adviento, un camino abierto a la utopía real de la Nueva Humanidad.

Contra todos los mensajes de fracaso, contra todos los intentos de quedar en lo que fuimos (en el siglo IV, en el XI, en el XVI-XVII), nuestra Iglesia de Adviento debe levantarse ya y ponerse en marcha, ligera de equipaje, arrojando por la borda el lastre del siglo IV, XI y XVII, para ser de esa manera lo que siempre ha sido sido, sin un tipo de jerarquías clericales, de poderes feudales, de absolutismos… como dijo el mismo Papa Benedicto XVI en Spe Salvi (2009): hemos sido salvados en esperanza, siendo caminantes que nos dirigimos a la Nueva Jerusalén, la montaña de la Fraternidad Universal, sin armas, ni violencia.

Muchos afirman que no hay camino, que la esperanza ha terminado, pues somos lo que somos, sin más (¡ha llegado el fin de la historia!) en un mundo de poderes superiores y de miedos que nos paralizan… Muchos afirman que la Iglesia ha sido colonizada por un tipo de parálisis sagrado, sin más salida ni tarea que vivir de recuerdos que, al no renovarse, se mueren.

En este momento debemos superar nuestro complejo de museo, para ser de nuevo lo que somos: Una aventura «salvaje» de vida (perdónese la palabra), una tarea admirada de Jesús, que hizo camino en la línea de la lectura de Baruc, de este domingo, Así quiero y debo debe decir levántate Jerusalén, añadiendo en marcha iglesia.

Desde ese fondo, con la primera lectura de la misa, tomada del viejo Baruc, un escriba recuperado para la esperanza, quiero ofrecer yo también mi sencillo manifiesto de adviento, retomando algunos pasajes fundamentales de la esperanza y tarea de la Nueva Jerusalén, que llevamos dentro y que esperamos.

Imagen 1: Luz de ocaso/amanecer en Jerusalén
2. Cenáculo cristiano en Jerusalén. Signo de la venida del Espíritu
3. Sueño de la nueva Jerusalén

1ª Lectura: Baruc 5, 1-9

Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y vístete las galas perpetuas de la gloria que Dios te da, envuélvete en el manto de la justicia de Dios y ponte en la cabeza la diadema de la gloria del Eterno, porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo. Dios te dará un nombre para siempre: «Paz en la justicia» y «Gloria en la piedad».

Levántare, Jerusalén, sube a la altura, mira hacia el oriente y contempla a tus hijos, reunidos de oriente a occidente a la voz del Santo, gozosos invocando a Dios.A pie se marcharon, conducidos por el enemigo, pero Dios te los traerá con gloria, como llevados en carroza real.

Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados y a las colinas encumbradas, ha mandado llenarse a los barrancos hasta allanar el suelo,para que Israel camine con seguridad, guiado por la gloria de Dios.Ha mandado al boscaje y a los árboles aromáticos hacer sombra a Israel. Porque Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia.

Texto. La utopía de la Nueva Jerusalén

Al final de los tiempos estará firme el Monte de la casa del Señor…
hacia él confluirán las naciones, caminarán pueblos numerosos.
Dirán: venid, subamos al monte del Señor;
él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas…
Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra
(Is 2, 2-5; cf. Miq 4, 1 ss.)

Monte Sión, escuela de paz

Los profetas de Israel definieron al Dios de Dios como fuente de paz para los hombres. Por eso, sus fieles no necesitaban acudir a las armas, porque él mismo les defendía. De esa manera desarrollaron el tema de la no-violencia activa. Para responder al Dios de paz, sus fieles tienen que renunciar a la guerra, es decir, des-armarse, respondiendo así al ofrecimiento creador de Dios:

Ay de los que bajan a Egipto por auxilio, confiados en su caballería…
Porque los egipcios son hombres y no dioses;
sus caballos son carne y no espíritu (Is 31, 1-3).

La paz bíblica no se alcanza con pactos militares, que son una forma larvada de guerra, sino a través de una confianza superior en Dios, que se expresa en la comunión, a través de la palabra. Por eso hay que invertir de un modo radical el tipo de educación. Existía entonces y sigue existiendo ahora una educación para la guerra, expresaba en los ejercicios y pactos militares. En contra de eso, debe instaurarse una educación para paz, expresada en el diálogo y comunicación entre todos los hombres.

La misma existencia de un ejército va en contra de Dios, pues está mostrando, físicamente, que sus fieles no creen en la paz por la palabra. En esa línea, el ejército en cuanto tal aparece como idolatría: una forma falsa de entender la realidad. El verdadero ídolo de un pueblo (el más peligroso) no es una estatua de piedra o madera, sino su armamento y soldados.

Las mismas torres militares, los caballos y carros de combate, es decir, las armas de guerra, van en contra de la identidad de Dios y del don y promesa de vida, que se muestra en cada niño que nace (cf. Is 2, 7-9). Por eso, cuando los reyes de Damasco y Samaria amenazan con su ejército a Sión, el profeta responde presentando a un niño:

Ten cuidado, está tranquilo, no temas, ni desmaye tu corazón…
He aquí que la doncella concebirá y dará a luz un hijo
y le pondrán por nombre Emmanuel, Dios con nosotros (cf. Is 7, 13-14)
.

En otro tiempo, muchos israelitas habían pedido a Dios que les ayudará en la Guerra Santa y así luchaban, confiando en que el mismo Dios les daría la victoria. Pero ahora el profeta les pide que crean, sin hacer guerra, sin entablar batalla, siguiendo el modelo de Ex 14-15, cuando los fugitivos de Egipto habían confiado su defensa a Dios y Dios les había liberado. Pues bien, en otro tiempo, el signo de la liberación había sido el paso por el mar, a pie enjuto (mientras se ahogaban los enemigos). Ahora, en cambio, el signo de paz es un niño, en quien se halla encarnada la promesa de Dios.

Desde aquí se entiende la profecía del Emmanuel, en cuyo contexto se sitúa Is 7, 13-14:

«Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado… y se llamará Admirable Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz» (Is 9, 6).

En este ambiente surgen y se entienden las palabras más consoladoras y exigentes de la utopía pacificadora de los israelitas que han renunciado a las armas para defenderse. Al lado de Dios, no hay lugar para las armas, pues Dios lo ha creado todo a través de la Palabra (Gen 1), no por medio de algún tipo de guerra. La Palabra de amor crea (es Dios), la guerra destruye (no es divina). El Dios israelita no tuvo que luchar cuando creaba el mundo; tampoco los israelitas habrán de hacerlo, como muestras las palabras centrales del manifiesto ya citado:

Al final de los tiempos estará firme el monte de la casa del Señor…
De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra
(Is 2, 2-5; cf. Miq 4, 1 ss.)

Para superar la violencia de un sistema que para imponerse utiliza las armas, el Dios del Advient0 nos ofrece una enseñanza divina (nos instruirá en sus caminos…) y un compromiso humano, en una línea más personal (no se adiestrarán para la guerra) y más material (de las espadas forjarán arados…).

Esa nueva forma de actuar, definida aquí en forma negativa (¡no se adiestrarán…!) y positiva (¡de las espadas forjarán arados!), no puede ser el resultado de un pacto del sistema (pues los pactos necesitan armas, han de ser sancionados por la fuerza), sino que ha entenderse como alianza de humanidad, gratuitamente.

El Dios que supera la guerra

En otro tiempo, la ley del Monte Sinaí (cf. Ex 19-24), centrada en el decálogo y dirigida a los israelita, seguía manteniendo la paz de este mundo con medios de violencia y así justificaba la guerra y la pena de muerte. En contra de eso, la nueva ley del Dios de Monte de Sión, será enseñanza de paz, para todos los pueblos (pues es imposible la paz sin universalismo). Leer más…

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¿Hay motivos para estar alegres? Domingo 2º de Adviento. Ciclo C.

domingo, 9 de diciembre de 2018
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Preparad el camino al SeñorDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

«Preparad el camino al Señor…»

Vivo ahora mismo en Roma, en una comunidad internacional, y cuando se comenta la situación del propio país, desde Italia hasta Japón, pasando por la India, Francia, Estados Unidos, etc., es raro que alguien se muestre muy optimista. Nuestro mundo, el cercano de cada día, y el lejano, ofrece motivos de preocupación y tristeza. Y cuando un católico entra en la iglesia en los domingos de Adviento, la casulla morada del sacerdote parece confirmarle en su pesimismo.

Sin embargo, lo que intentan transmitirnos las lecturas de este domingo es alegría. La del profeta Baruc ordena expresamente a Jerusalén: “quítate tu ropa de duelo y aflicción”. Si el sacerdote que preside la eucaristía quisiese realizar una acción simbólica, al estilo de los antiguos profetas, podría quitarse la casulla morada y cambiarla por una blanca y dorada. También el Salmo habla de alegría: “la lengua se nos llenaba de risas, la lengua de cantares”; “el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Pablo escribe a los cristianos de Filipos que reza por ellos “con gran alegría”. Y el evangelio recuerda el anuncio de Juan Bautista: “todos verán la salvación de Dios”. Las lecturas de este domingo no justifican que se suprima el Gloria, todo lo contrario. Hay motivos más que suficientes para cantar la gloria de Dios.

Primer motivo de alegría: la vuelta de los desterrados (Baruc 5,1-9)

Jerusalén, quítate tu ropa de duelo y aflicción, y vístete para siempre el esplendor de la gloria que viene de Dios. Envuélvete en el manto de la justicia que procede de Dios, pon en tu cabeza la diadema de gloria del Eterno. Porque Dios mostrará tu esplendor a todo lo que hay bajo el cielo. Pues tu nombre se llamará de parte de Dios para siempre: Paz de la Justicia y Gloria de la Piedad.

Levántate, Jerusalén, sube a la altura, tiende tu vista hacia el Oriente y ve a tus hijos reunidos desde oriente a occidente, a la voz del Santo, alegres del recuerdo de Dios.

Salieron de ti a pie, llevados por enemigos, pero Dios te los devuelve traídos gloria, como un trono real. Porque ha ordenado Dios que sean rebajados todo monte elevado y los collados eternos, y colmados los valles hasta allanar la tierra, para que Israel marche en seguro bajo la gloria de Dios. Y hasta las selvas y todo árbol aromático darán sombra a Israel por orden de Dios. Porque Dios guiará a Israel con alegría a la luz de su gloria, con la misericordia y la justicia que vienen de él.

La lectura de Baruc recoge ideas frecuentes en otros textos proféticos. Jerusalén, presentada como madre, se halla de luto porque ha perdido a sus hijos: unos marcharon al destierro de Babilonia, otros se dispersaron por Egipto y otros países. Ahora el profeta la invita a cambiar sus vestidos de duelo por otros de gozo, a subir a una altura y contemplar cómo sus hijos vuelven “en carroza real”, “entre fiestas”, guiados por el mismo Dios.

¿Qué impresión produciría esta lectura en los contemporáneos del profeta? Sabemos que a muchos judíos no les ilusionaba la vuelta de los desterrados; había que proporcionarles casas y campos, y eso suponía compartir los pocos bienes que poseían. Otros, mejor situados económicamente, verían ese retorno como un punto de partida de un resurgir nacional.

Y esto demuestra la enorme actualidad de este texto de Baruc. A primera vista, hoy día Jerusalén es Siria, Iraq, tantos países de África que están perdiendo a sus hijos porque deben desterrarse en busca de seguridad o de trabajo. Pero también nosotros podemos identificarnos con Jerusalén y ver a esos cientos de miles de personas no como una amenaza para nuestra sociedad y nuestra economía, sino como hijos y hermanos a los que se puede acoger y ayudar en su desgracia.

Segundo motivo de alegría: la bondad de la comunidad (Filipenses 1,4-6.8-11)

Rogando siempre y en todas mis oraciones con alegría por todos vosotros a causa de la colaboración que habéis prestado al Evangelio, desde el primer día hasta hoy; firmemente convencido de que, quien inició en vosotros la buena obra, la irá consumando hasta el Día de Cristo Jesús.

Pues testigo me es Dios de cuánto os quiero a todos vosotros en el corazón de Cristo Jesús.  Y lo que pido en mi oración es que vuestro amor siga creciendo cada vez más en conocimiento perfecto y todo discernimiento, llenos de los frutos de justicia que vienen por Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios.

Pablo sentía un afecto especial por la comunidad de Filipos, la primera que fundó en Macedonia. Era la única a la que le aceptaba una ayuda económica. Por eso, en su oración, recuerda con alegría lo mucho que los filipenses le ayudaron a propagar el evangelio. Y les paga rezando por ellos para que se amen cada día más y profundicen en su experiencia cristiana. La actitud de Pablo nos invita a pensar en la bondad de las personas que nos rodean (a las que muchas veces solo sabemos criticar), a rezar por ellas y esforzarnos por amarlas.

Tercer motivo de alegría: el anuncio de la salvación (Lucas 3,1-6)

En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios.

A diferencia de los otros evangelistas, Lucas sitúa con exactitud cronológica la actividad de Juan Bautista. No lo hace para presumir de buen historiador, sino porque los libros proféticos del Antiguo Testamento hacen algo parecido con Isaías, Jeremías, Ezequiel, etc. Con esa introducción cronológica tan solemne, y con la fórmula “vino la palabra de Dios sobre Juan”, al lector debe quedarle claro que Juan es un gran profeta, en la línea de los anteriores. El Nuevo Testamento no corta con el Antiguo, lo continúa. En Juan se realiza lo anunciado por Isaías.

Juan, igual que los antiguos profetas, invita a la conversión, que tiene dos aspectos: 1) el más importante consiste en volver a Dios, reconociendo que lo hemos abandonado, como el hijo pródigo de la parábola; 2) estrechamente unido a lo anterior está el cambio de forma de vida, que el texto de Isaías expresa con las metáforas del cambio en la naturaleza.

Pero, a diferencia de los grandes profetas del pasado, Juan no se limita a hablar, exigiendo la conversión. Lleva a cabo un bautismo que expresa el perdón de los pecados. Se cumple así la promesa formulada por el profeta Ezequiel en nombre de Dios: “Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará”.

Las dos conversiones

¿Se podría mandar a una persona como penitencia estar alegre? Parece una contradicción. Sin embargo, las lecturas de este domingo y de todo el Adviento nos obligan a examinarnos sobre nuestra alegría y nuestra tristeza, a ver qué domina en nuestra vida. Es posible que, sin llegar a niveles enfermizos, nos dominen altibajos de cumbres y valles, momentos de euforia y de depresión, porque no recordamos que hay motivos suficientes para vivir con serenidad la salvación de Dios.

Al mismo tiempo, las lecturas nos invitan también a convertirnos al prójimo, acogiéndolo, amándolo, rezando por ellos.

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9 de Diciembre de 2018. Segundo Domingo de Adviento. Ciclo C.

domingo, 9 de diciembre de 2018
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“…vino la Palabra de Dios sobre Juan.”

(Lc 3,1-6)

¡Anunciad!. Si este adviento empezaba con la invitación a levantarnos, a ponernos en pie y alzar la cabeza, ahora nos urge a anunciar.

Nos presenta a Juan Bautista, un personaje peculiar, de esos a los que uno se vuelve a mirar cuando te los cruzas por la calle. Así fue, una persona peculiar de las que Dios nos regala con una cierta frecuencia. Un inconformista valiente, de los que no se callan la verdad, le pique a quien le pique. Es más, de esos que se atreven a gritar verdades y por eso se buscan problemas.

Juan Bautista era de esas personas que se han dejado transformar y por eso la esperanza habita en ellas. Saben que la realidad está llena de posibilidades y de bondad y están convencidas de que todo ser humano es capaz de cambiar, que lo bueno es patrimonio de todos, “…todos verán la salvación de Dios”.

A sus ojos no existen los obstáculos: los caminos se pueden allanar, los valles se pueden elevar, los montes y las colinas pueden descender y hasta lo torcido se puede enderezar. Su confianza no tiene límites por eso atraen a otras personas.

Necesitamos “Juanes”.  Cada uno de nosotros podríamos intentar esta semana ser un poco “Juan Bautista”, lo de vestirse de piel de camello es opcional, pero llevemos allá donde vayamos un mensaje lleno de esperanza. ¡Que se nos note que la Palabra de Dios nos ha tocado el corazón!
Confiemos y que esa confianza se dilate, se contagie. Quien tiene fe, aunque esa fe sea pequeña como un granito de mostaza, si se agarra a esa fe pequeñita, ¡podrá mover montañas!

Oración

¡Anunciad! para que lo torcido empiece a enderezarse.

¡Anunciad! para que la esperanza reverdezca.

¡Anunciad! para que todos vean la salvación de Dios.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Jesús aprendió de Juan pero fue más allá.

domingo, 9 de diciembre de 2018
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battistaLc 3, 1-6

Las tres figuras de la liturgia de Adviento son: Juan Bautista, Isaías y María. El evangelio de hoy nos habla del primero. La importancia de este personaje está acentuada por el hecho de que hacía trescientos años que no aparecía un profeta en Israel. Al narrar Lc la concepción y el nacimiento de Juan, antes de decir casi lo mismo de Jesús, manifiesta lo que este personaje significaba para las primeras comunidades cristianas. Para Lc la idea de precursor es la clave de todo lo que nos dice de él. Se trata de un personaje imprescindible.

Los evangelistas se empeñan en resaltar la superioridad de Jesús sobre Juan. Se advierte una cierta polémica en las primeras comunidades, a la hora de dar importancia a Juan. Para los primeros cristianos no fue fácil aceptar la influencia del Bautista en la trayectoria de Jesús. El hecho de que Jesús acudiese a Juan para ser bautizado, nos manifiesta que Jesús tomó muy en serio la figura de Juan, y que se sintió atraído e impresionado por su mensaje. Juan tuvo una influencia muy grande en la religiosidad de su época. En el momento del bautismo de Jesús, él era ya muy famoso, mientras que a Jesús no le conocía nadie.

Es muy importante el comienzo del evangelio de hoy. Estamos en el c. 3, y curiosamente, Lc se olvida de todo lo anterior. Como si dijera: ahora comienza, de verdad, el evangelio, lo anterior era un cuento. Intenta situar en unas coordenadas concretas de tiempo y lugar los acontecimientos para dejar claro que no se saca de la manga los relatos. Hay que notar que el “lugar” no es Roma ni Jerusalén sino el desierto. También se quiere significar que la salvación está dirigida a hombres concretos de carne y hueso, y que esa oferta implica no solo al pueblo judío, sino a todo el orbe conocido: “todos verá la salvación de Dios”.

Como buen profeta, Juan descubrió que para hablar de una nueva salvación, nada mejor que recordar el anuncio del gran profeta Isaías. Él anunció una liberación para su pueblo, precisamente cuando estaba más oprimido en el destierro y sin esperanza de futuro. Juan intenta preparar al pueblo para una nueva liberación, predicando un cambio de actitud por parte de Dios pero que dependería de un cambio de actitud en el pueblo.

Los evangelios presentan el mensaje de Jesús como muy apartado del de Juan. Juan predica un bautismo de conversión, de metanoya, de penitencia. Habla del juicio inminente de Dios, y de la única manera de escapar de ese juicio, su bautismo. No predica un evangelio – buena noticia- sino la ira de Dios, de la que hay que escapar. No es probable que tuviera conciencia de ser el precursor, tal como lo entendieron los cristianos. Habla de «el que ha de venir» pero se refiere al juez escatológico, en la línea de los antiguos profetas.

Jesús por el contrario, predica una “buena noticia”. Dios es Abba, es decir Padre-Madre, que ni amenaza ni condena ni castiga, simplemente hace una oferta de salvación total. Nada negativo debemos temer de Dios. Todo lo que nos viene de Él es positivo. No es el temor, sino el amor lo que tiene que llevarnos hacia Él. Muchas veces me he preguntado, y me sigo preguntando, por qué, después de veinte siglos, nos encontramos más a gusto con la predicación de Juan que con la de Jesús. ¿Será que el Dios de Jesús no lo podemos utilizar para meter miedo y tener así a la gente sometida?

La verdad es que la predicación de Jesús coincide en gran medida con el mensaje de Juan. Critica duramente una esperanza basada en la pertenencia a un pueblo o en las promesas hechas a Abrahán, sin que esa pertenencia conlleve compromiso alguno. Para Juan, el recto comporta­miento personal es el único medio para escapar al juicio de Dios. Por eso coincide con Jesús en la crítica del ritualismo cultual y de la observancia puramente externa de la Ley.

Dios no tiene ni pasado ni futuro; no puede “prometer” nada. Dios es salvación, que se da a todos en cada instante. Algunos hombres (profetas) experimentan esa salvación según las condiciones históricas que les ha tocado vivir y la comunican a los demás como promesa o como realidad. La misma y única salvación de Dios llega a Abrahán, a Moisés, a Isaías, a Juan o a Jesús, pero cada uno la vive y la expresa según la espiritualidad de su tiempo.

No encontraremos la salvación que Dios quiere hoy para nosotros si nos limitamos a repetir lo políticamente correcto. Solo desde la experiencia personal podremos descubrir esa salvación. Cuando pretendemos vivir de experiencias ajenas, la fuerza de atracción del placer inmediato acaba por desmontar la programación. En la práctica, es lo que nos sucede a la inmensa mayoría de los humanos. El hedonismo es la pauta: lo más cómodo, lo más fácil, lo que menos cuesta, lo que produce más placer inmediato y es lo que motiva nuestra vida.

Más que nunca, nos hace falta una crítica sincera de la escala de valores en la que desarrollamos nuestra existencia. Digo sincera, porque no sirve de nada admitir teóricamente la escala de Jesús y seguir viviendo en el más absoluto hedonismo. Tal vez sea esto el mal de nuestra religión, que se queda en la pura teoría. Apenas encontraremos un cristiano que se sienta salvado. Seguimos esperando una salvación que nos venga de fuera.

En la celebración de una nueva Navidad, podemos experimentar cierta esquizofrenia. Lo que queremos celebrar es una salvación que apunta a la superación del hedonismo. Lo que vamos a hacer en realidad es intentar que en nuestra casa no falte de nada. Si no disponemos de los mejores manjares, si no podemos regalar a nuestros seres queridos lo que les apetece, no habrá fiesta. Sin darnos cuenta, caemos en la trampa del consumismo. Si podemos satisfacer nuestras necesidades en el mercado, no necesitamos otra salvación.

En las lecturas bíblicas debemos descubrir una experiencia de salvación. No quiere decir que tengamos que esperar para nosotros la misma salvación que ellos anhelaban. La experien­cia es siempre intransferible. Si ellos esperaron la salvación que necesitaron en un momento determinado, nosotros tenemos que encontrar la salvación que necesitamos hoy. No esperando que nos venga de fuera, sino descubriendo que está en lo hondo de nuestro ser y tenemos capacidad para sacarla a la superficie. Dios salva siempre. Cristo está viniendo.

El ser humano no puede planificar su salvación trazando un camino que le lleve a su plenitud como meta. Solo tanteando, puede conocer lo que es bueno para él. Nadie puede dispensarse de la obligación de seguir buscando. No solo porque lo exige su progreso personal, sino porque es responsable de que los demás progresen. No se trata de imponer a nadie los propios descubrimientos, sino de proponer nuevas metas para todos. Dios viene a nosotros siempre como salvación. Ninguna salvación puede agotar la oferta de Dios.

Es importante la referencia a la justicia, que hace por dos veces Baruc y también Pablo, como camino hacia la paz. El concepto que nosotros tenemos de justicia es el romano, que era la restitución, según la ley, de un equilibrio roto. El concepto bíblico de justicia es muy distinto. Se trata de dar a cada uno lo que espera, según el amor. Normalmente, la paz que buscamos es la imposición de nuestros criterios, sea con astucia, sea por la fuerza. Mientras sigan las injusticias, la paz será una quimera inalcanzable.

Meditación-contemplación

Vivir lo que vivió-experimentó Jesús,
ha hecho libres a muchísimas personas.
¿Te está ayudando a ti a alcanzar la libertad total?
Ese es el primer objetivo de tu existencia.
El segundo es ayudar con tu Vida a liberar a otros.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Gozar del esplendor, dejar atrás la oscuridad.

domingo, 9 de diciembre de 2018
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0Esta noite chora uma gitarra, (Fado portugués)

9 de diciembre. DOMINGO II DE ADVIENTO

Lc 3, 1-6

Una voz grita en el silencio: y verá todo mortal la salvación de Dios

La misión mesiánica no podrá ser asimilada si no hay una disposición interior, un camino “allanado” para recibir a Jesús.

Ese camino a que hace referencia el profeta Baruc en 5, 7 en el que Dios mostrará su esplendor: “Dios ha mandado aplanarse / a los montes elevados / y a las colinas perpetuas, / ha mandado llenarse a los barrancos / y a las colinas perpetuas / hasta allanar el suelo, / para que Israel camine / con seguridad / guiado por la gloria de Dios”.

La Navidad se acerca y es preciso que abajemos a flor de tierra el orgullo de nuestros montes elevados, y la presunción de nuestro henchido ego. En otro caso el Niño, no podrá recorrerlo. Quizás haya que cruzar también ríos y pantanos. Y entonces, precisaremos estar bien pertrechados de energías para que, como el gigante San Cristóbal, podamos subirlo a nuestros hombros, y llevarlo hasta la orilla opuesta sin cansarnos.

Jesús cargó sobre los suyos a quienes tenían necesidad de algo. Necesidad de atravesar desiertos, de desprender las hojas en otoño, de tiritar en invierno, de florecer en primavera, y de dar frutos en verano.  Sólo así se garantiza que podamos cruzar con júbilo el Mar Rojo (Éxodo 14, 16), apagar nuestra sed con el agua de la roca golpeada por el bastón de Moisés (Números 20,) y saciarnos de maná, blanco como la semilla de cilantro y gusto parecido a obleas de miel (Éxodo 16, 31).

Allí estaba la voz recia del Profeta manteniendo continuamente en Ley a los israelitas, y aquí la de Juan Bautista, clamando en el desierto, porque tampoco a él le hacían mucho caso.

Situación triste y tensa, en cuya noche de los tiempos lloraron las guitarras. Sobre el Negueb hebreo y el Algarbe portugués se oyó en la oscuridad un fado lusitano, compuesto y entonado por Maja Milikovic, que decía:

Esta noite chora uma guitarra
Só por mim, só para mim
Esta noite saudade amarra. 

Llegó el amanecer, y con él un “Gozar del esplendor, dejar atrás la oscuridad”, que acallaba el silencio, y permitía ver a todo mortal la salvación de Dios.

Ó LUZ DA ALEGRÍA

Eu ouvi um sereno canto
Nas alturas do céu cantar
E as montanhas da minha terra em silêncio a escutar…
Eu ouvi um canto sereno
Nas douradas ondas do mar
E nas praias da minha terra, muita gente a escutar…
Ó Luz da Alegria, Ó Alma da Vida!
Ó Luz da Alegria, só te vê quem dá…

Das montanhas da minha terra
Às sagradas praias do mar
Toda a gente escutando espera o Divino Cantar…
Ó Luz da Alegria. Ó Alma da Vida!
Ó Luz da Alegria, só te vé quem dá…
não tem fim.

Madredeus

Disco: Um amor infinito

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Escucha la voz de lo esencial.

domingo, 9 de diciembre de 2018
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john_the_baptist_002Lc 3, 1-6

Este 2º Domingo de Adviento nos sitúa ante el inicio del Capítulo 3 del Evangelio de Lucas. Ya hemos dejado atrás los capítulos de la Infancia cuya intención no era mostrar un rigor biográfico de Jesús sino la historicidad de su persona y su impacto socio-religioso. El personaje central de este texto parece ser Juan. Sin embargo, ya sus palabras enfocan al que será el verdadero protagonista de la trama que se irá desarrollando a lo largo de todo el Evangelio. Sin perder la tradición, Lucas va a desvelar a un Jesús que trasciende la historia, pero en la misma historia a través de sus hechos y dichos.

Comienza el texto con una datación histórica: “…el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio…”  que no pretende una precisión del dato concreto sino mostrar a Jesús como un elemento nuevo en la cultura socio-religiosa de Palestina. Aunque no existe acuerdo entre los biblistas, seguimos preguntándonos si podríamos encuadrar a Juan en la colectividad de los esenios. Los esenios formaban una comunidad (¿secta?) en el extrarradio de las ciudades, aunque algunos de ellos se fueron de estos lugares al entrar en conflicto con el Templo y desacuerdos con el sacerdocio. Estos esenios formaron la comunidad de Qumrán en el desierto del Mar Muerto, pues creían ser el último resto del verdadero Israel. Los esenios estaban totalmente convencidos de la proximidad de la llegada del Reino de Dios, que vendría tras la lucha contra el mal, representado por todos aquellos pueblos que rechazaban la Ley de Moisés, principalmente los romanos. El Bautista, claramente, no desentonaría en este grupo pero lo que nos interesa es que intuye la palabra de Dios en el desierto “…Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados…” y fiel a la tradición profética recupera “…lo que está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías…” La figura de Juan aparece como un paso previo a la transformación que traerá Jesús, un anuncio-voz para despertar la necesidad de encontrar una ruta alternativa a lo que ya iba careciendo de sentido en el judaísmo más excéntrico.

Es en esta cita de Isaías donde podemos encontrar el origen de un nuevo tiempo anunciado por Juan. Anunciará al Mesías como restaurador del nuevo pueblo de Israel que será transformado en una nueva Humanidad cuyas raíces serán el Reinado de Dios. Juan, retomando a Isaías, nos invita a preparar el camino del Señor, a allanar sus senderos. Está claro que Jesús va a irrumpir en la historia y trae un mensaje que no todos pueden comprender. Pero en nuestro momento Jesús ya está, ya vino y se quedó y lo divino se hizo unidad con lo humano. Este es el profundo sentido de la Encarnación: Dios en la realidad humana para que la humanidad se haga consciente de su profunda identidad.

Cuando conectamos con la esencia de lo que somos, las murallas de nuestra mente se convierten en contornos que podemos traspasar, como bien indica el profeta. Se genera un nuevo paisaje existencial por una fuerza, una nueva energía creadora que va transformando todo aquello que parecía imposible. No se están violentando las leyes de la naturaleza, simplemente es el inicio de una nueva percepción de lo que somos. Los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajados: todo hueco, todo vacío no existe en la experiencia de un Dios que forma parte de nuestra realidad más radical; todo aquello que sobresale, que va haciendo puntiaguda la vida, va perdiendo su aspecto para apreciar una nueva visión que ordena nuestro conocimiento más allá de las fronteras que conocemos.

Como consecuencia “lo torcido será enderezado”; se da, pues, el enderezamiento de la persona haciendo pie en ese espacio compartido con lo Divino. En este sendero de conexión con la Fuente, lo escabroso se diluye para mostrar un camino llano porque, muchas veces, lo pedregoso de nuestra mente nos va liando hasta que el camino puede llegar a ser intransitable. Revisemos nuestra capacidad de ser desde una nueva interpretación de lo que verdaderamente nos mueve en la vida. Esta nueva percepción impacta claramente en nuestras relaciones humanas, en la visión de la vida, en el compromiso con ese Reinado de Dios, la nueva Humanidad que está llegando permanentemente y que cambia el orden de lo que superficialmente podemos percibir, creer y crear.

Termina este texto con un oráculo profético: Y toda carne verá la salvación de Dios. El Adviento no es para “hacer” mucho sino para conectar con otro nivel de conciencia. Es un momento que litúrgicamente recorremos en cuatro semanas; ahora bien, si trascendemos lo temporal, nos invitaría a vivir cada momento conscientes del suelo que nos sostiene en camino hacia la plenitud. “Ver la salvación” es recuperar una nueva mirada hacia la realidad interior y exterior, una oportunidad para experimentar que la Encarnación de lo Divino en lo humano es una acción permanente que vigoriza nuestra capacidad de avanzar en la vida en coherencia y profundidad. Escuchemos la voz que nos anuncia una vida llena de posibilidades y de transformación de aquello que daña nuestro mundo y nuestros pequeños mundos.

¡¡FELIZ DOMINGO!!

9 de Diciembre de 2018

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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Preparar el camino de la vida.

domingo, 9 de diciembre de 2018
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1172982384_f[1]Domingo II de Adviento, 9 de diciembre de 2018. Lc 3, 1-6

De manera solemne, Lucas presenta el inicio de la actividad del Bautista situándolo en un marco histórico con referencias al emperador, al gobernador romano, a los virreyes judíos y a los sumos sacerdotes de Jerusalén. Con ello, parece perseguir un objetivo preciso: magnificar la figura y la obra de Juan, en cuanto “precursor” del Mesías, a la vez que sincronizar los hechos que va a narrar con la historia del mundo en el que se desarrollarán.

Las palabras que el evangelista pone en boca de Juan están tomadas de Isaías (40,3-5). Sigue así la estela de Marcos (1,3) y de Mateo (3,3), si bien Lucas alarga la cita. En los tres casos, se asume la traducción que hicieron “Los LXX”, que modificaba el inicio de la misma. No se decía: “Una voz grita en el desierto…”, sino: “Una voz grita: en el desierto…”.

En ambos casos, la riqueza simbólica del texto permanece en su verdad y en su belleza, así como en su capacidad evocadora. Con frecuencia, la “voz” que nos llama a la Vida –a vivir conscientemente lo que somos– cae “en el desierto”, es decir, no encuentra destinatario, porque nos hallamos despistados, distraídos en mil ocupaciones vividas desde la inconsciencia. Y se produce lo que recuerda la sabiduría popular: “predicar en el desierto” es tiempo perdido.

En la segunda acepción, la voz interior invita a “preparar el camino del Señor [justamente] en el desierto”. El “camino del Señor” no es otro que el camino de la Vida, por cuanto “el Señor” no es “alguien” separado, un Ente que dirigiera el mundo desde fuera, sino justamente ese Fondo último de todo lo real que constituye también –no podría ser de otro modo– nuestra verdadera identidad. Por eso, el “camino del Señor” es el camino que conduce a “casa”, el que nos ancla en lo que realmente somos.

La invitación –una llamada urgente porque en ello se ventila nuestro ser o no ser– podría traducirse de este modo: en el desierto de tu existencia en el que sueles andar perdido, busca el “camino” que conduce a lo que eres y transita por él de manera decidida y perseverante. Esa opción tendrá que plasmarse en cambios visibles: elevar los valles, abajar los montes, enderezar lo torcido, igualar lo escabroso… Todo ello se produce en cuanto nos abrimos a la comprensión de lo que somos y nos vivimos en conexión con ello: lo que ahí brota es precisamente ecuanimidad, paz y compasión.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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María… pequeña María…

sábado, 8 de diciembre de 2018
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El 8 de diciembre de 1854, Pío IX definió este dogma con las siguientes palabras: «Para honor de la santa e indivisa Trinidad…, declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles». Antes, la Orden Franciscana, en su Capítulo celebrado en Toledo el año 1645, «escogió a la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en cuanto la confesamos y celebramos inmune de la culpa original en su misma Concepción, como Patrona singular de toda la Orden de los Frailes Menores». Y aquello no fue una novedad rara en la historia de la familia franciscana, que desde sus primeros tiempos se distinguió como defensora acérrima de este privilegio sin par de María. El beato Juan Duns Escoto fue su adalid, y la campaña por él iniciada la prosiguió la Orden, sin desmayos, a lo largo de los siglos. Así celebramos hoy el “gran momento de la historia cuando cielos y tierra, la creación entera enmudeció esperando escuchar el «FIAT» de nuestra Señora”

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MADRE DEL MUNDO NUEVO

Estamos otra vez en el Principio.
Dios quiere hablar y el aire se acrisola.
Como un niño, en la sangre, nace el mundo;
y del caos emerge la Esperanza, con sus flores salvadas de la muerte.
(Este ramo de olivo que crece en tus pisadas, paloma de Sus Ojos,
tendrá toda la Tierra penitente para echar las raíces…).

Aún no mugía el mar, ni tendía sus lonas el cielo por los montes,
y tú jugabas ya -la consentida- en la plaza infinita de Sus Manos:
primera siempre al mimo de Su Gozo…
Si estamos otra vez en el Principio, tendrás que amanecer: el Mundo Nuevo
necesita la puerta de tu seno para llegar incólume,
(Belén se apuesta siempre detrás de tus espaldas).

Mientras los hombres buscan sus tesoros piratas -¡los bajeles perdidos de sus rutas sin norte!-,
un día, inesperado, tú surges de las simas del Paranagua, viva,
como un tesoro tierno a la memoria,
antigua de ternura y de favores, coronada de espuma de sorpresas,
con el Niño en los brazos, ofrecido…
La Tierra está en mantillas, dormida en tu regazo.

La Europa verdadera, como un cruzado loco que vuelve escarmentado
de tantas aventuras,
espera tu venida junto a Chartres y en la umbría sagrada de Einsiedeln.
Los almendros latinos aún tienen primavera para acoger tus plantas.
Todavía hay pastores y un buey manso en la cumbre.
¡Todo el cuerpo de Europa se ha hecho gruta, en la herida,
para enmascarar la luz de tu presencia!

América sacude sus pañales, con un grito rebelde, contra el mar transitado,
pero en su boca niña balbucea, cantando, tu nombre, Guadalupe,
y late la manigua como un puerto que siente tu llegada:
-¡Vendrá Santa María, libre de carabelas!
Como una diosa estéril y fecunda, empapada en la lluvia de la Espera,
como una cruz cansada de martirio,
Asia cruje, sangrando por sus lotos…
¡Pero el bambú ya ensaya cañas de profecía detrás de las Comunas;
la Luna sabia sigue tus pies para calzarte,
y en la liturgia hindú llama a tu Hijo el arpa de Tagore y de los parias!

Mientras llegan los sueños en cayuco inestable,
y acosada por todos los pájaros secretos que hierven en la selva con la noche,
Africa arrulla, alborotadamente, sus veinte cunas nuevas.
Se quiebran sus tambores en parches de alegría
y las lanzas preguntan por la aurora:
¡porque el mar no termina en la mirada!
Y danzan sus miningas, con las anillas rotas,
enarbolando el sol entre las risas,
¡porque hay una Mujer sobre las chozas, detrás de las estrellas,
con el sol en los hombros, como un clote!
Con los sueños que llegan en cayuco inestable, arriba el Evangelio mecido por tus manos;
llegan tus manos fieles, con la Paz en la proa.

Neófitas de sal y de promesas, las Islas balbucientes acuden al marfil de tu garganta,
con un abrazo tenso de siglos de impaciencia, seguras del Encuentro.

¡Todos los meridianos se enhebran en la rosa de tu Nombre…!

Estamos otra vez en el Principio
y nace el mundo, nuevo, del seno de tu Gracia,
hermosamente grande y sin fronteras.
¡Que callen los profetas fatídicos! Cabemos
todos juntos, hermanos, en la mesa que el Padre ha abastecido.
¡Que calle todo miedo, para siempre!

Los átomos dispersos se engarzarán, sumisos, en tu manto;
y el cielo, descubierto en mil caminos,
se hará pista a tus viajes de ¡da y vuelta -de Dios hasta los hombres-,
¡nostalgia nuestra, Asunta!

…Dios llega al aeropuerto de la Historia;
a tiempo en todo Tiempo, el heredado pulso de tu sangre.

Los sellos del Concilio acuñan tu figura sobre la piel lavada de la Iglesia,
y llega una corona de voces alejadas, en pleamar dichosa,
al pie de tu Misterio…

Estamos otra vez en el Principio y ha empezado tu era:
¡por derecho de Madre tú patentas la luz amanecida!

*

Pedro Casaldáliga
“Llena de dios, y tan nuestra”. Antología mariana

***

pieta-kim-ki-duk

La aurora es un momento fabuloso: el que precede inmediatamente al salir el sol. Antes sólo eran tentativas. Un leve palidecer el cielo por oriente, apenas visible en la noche. Sigue un clarear creciente, lentamente al comienzo, luego más rápidamente, siempre más rápidamente. Finalmente un instante en el que el surgir de la luz es tan victorioso y ardiente, el esplendor tan cegador a los ojos habituados a la noche, que nos podríamos creer ante el mismo sol: apenas un instante después, como una llamarada, su luz arde en el hilo del horizonte. Y finalmente el sol. Hasta ese momento, nos podíamos haber engañado, pues ya se transparentaba en lo que sólo era la aurora. Lo mismo la Inmaculada concepción. Primero, a lo largo de los siglos precedentes, se trataba del alba de Cristo, de los comienzos de su pureza y santidad, ya maravillosos considerando que se realizaban en la naturaleza humana, pero aún oscuros respecto a El. María es el culmen de la aurora, el surgir del día. Pero su luz ilumina a todos. La Inmaculada concepción distingue a María de los demás humanos sólo para unirla más a Cristo, que pertenece a todos (…).

Tras el decreto que estableció la venida de Cristo, se da esta larga preparación que ya la realiza inicialmente y que llena toda la historia antigua de la humanidad. Ahora bien, toda esta preparación lleva a María, porque ella (…) es portadora de Cristo. La preparación es inmensa: es la única obra de Dios mismo en este mundo; se compromete con todo su amor: haciendo confluir, en virtud de su gracia, todo lo que en nuestros esfuerzos humanos hay de verdaderamente bueno: se plasma una naturaleza humana que será la suya.

Llega un día en que todo está preparado. En la Virgen todo se reúne para pasar de ella al Hijo (…). María es la figura absoluta y total, y lo es para siempre, porque, siendo Madre de Dios, es la que une el Hombre-Dios con la humanidad.

*

É. Mersch,
La théologie du Corps mystique,
I
, Tournai 1944, 219-221.

***

La misión maternal de María hacia los hombres no oscurece ni disminuye de ninguna manera la única mediación de Cristo, sino más bien muestra su eficacia.

Porque todo el influjo salvífico de la bienaventurada Virgen en favor de los hombres nace del divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de la misma saca toda su virtud; y lejos de impedirla, fomenta la unión inmediata de los creyentes con Cristo.

La bienaventurada Virgen, predestinada, junto con la Encarnación del Verbo, desde toda la eternidad, cual Madre de Dios, por designio de la divina providencia,  fue en la tierra la esclarecida Madre del Divino Redentor y, de forma singular, la generosa colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Señor.

Y esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación y lo mantuvo sin vacilación al pie de la cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación.

Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso, la bienaventurada Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de abogada, auxiliadora, socorro, mediadora.

La Iglesia no duda en atribuir a María ese oficio subordinado: lo experimenta continuamente y lo recomienda al corazón de los fieles para que, apoyados en esta protección maternal, se unan más íntimamente al Mediador y Salvador .

*

Del Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 60-62.

***.

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Solemnidad de la Inmaculada Concepción

sábado, 8 de diciembre de 2018
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Leído en Koinonia:

Génesis 3,9-15.20

 Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre:

– “¿Dónde estás?”

Él contestó:

– “Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.”

El Señor le replicó:

– “¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?”

Adán respondió:

– “La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.

El Señor dijo a la mujer:

– “¿Qué es lo que has hecho?”

Ella respondió:

– “La serpiente me engañó, y comí.”

El Señor Dios dijo a la serpiente:

– “Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.”

El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Salmo responsorial: 97

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado /
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Efesios 1,3-6.11-12

Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.

 

Lucas 1,26-38

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:

– “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.”

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

– “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Y María dijo al ángel:

– “¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?”

El ángel le contestó:

– “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.”

María contestó:

– “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.”

Y la dejó el ángel.

 

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (8 de Diciembre de 1977)

AGRADECIMIENTOS AL SACERDOTE Y RELIGIOSAS

Yo quiero aprovechar esta oportunidad, pues, para agradecer a los padres norteamericanos este servicio tan insigne que nuestra diócesis aprecia inmensamente, así como también a las hermanas de San José que, junto con ellos los sacerdotes, están cultivando este mensaje de la palabra de Dios y alimentando con él a nuestro pueblo.

Quiero alegrarme también, porque junto a los sacerdotes y las religiosas un grupo de hombres y de mujeres, celebradores de la palabra, catequistas, asociaciones parroquiales y católicos que sienten la responsabilidad de la Iglesia en este momento tan trascendental de la historia de El Salvador no desfallecen en su difícil misión de predicar este mensaje del Señor. Celebrar la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, es tener la oportunidad de acercarnos a la fuente misma desde donde brota todo ese río que no terminará de correr hasta la consumación de los siglos. La Iglesia, con su mensaje, con su palabra, encontrará mil obstáculos, como el río encuentra peñascos, escollos, abismos; no importa; el río lleva una promesa: “estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos” y “las puertas del infierno no podrán prevalecer”, contra esta Voluntad del Señor.

EL PECADO DE ORIGEN

¿Cuál es la Voluntad del Señor?. El misterio de la Inmaculada Concepción de María nos está ofreciendo a la luz de esas lecturas que acaban de escuchar cuáles son los designios de Dios para con nosotros los hombres.

En la lectura se nos ha recordado la gran tragedia. Nuestros primeros padres, creados en Gracia de Dios para transmitirnos no sólo la vida natural, sino transmitirnos también la filiación Divina, pero bajo la condición de que hubieran sido obedientes a Dios, no obedecieron. Seducidos por el demonio, Eva seduce a Adán, los dos padres del género humano pierden la amistad de Dios porque han desobedecido. Desde entonces la humanidad ha caído en lo que se llama el pecado original, el pecado de origen, el pecado que traemos de nuestros primeros padres. Ahora se preguntan muchos: ¿qué culpa tengo yo de que Adán y Eva hayan pecado para decir que yo soy pecador?. Distingamos, hermanos, hay dos clases de pecados, el pecado original y el pecado personal. El pecado personal es el que tú cometes con tu propia voluntad cuando desobedeces un mandamiento de la ley de Dios; tú has pecado, tú eres responsable de ese pecado. Como Adán y Eva que personalmente desobedecieron a Dios, cometieron un pecado personal.

Pero ¿qué sucede cuando se comete un pecado personal?. Se pierde la amistad de Dios, el pecador es un desobediente a la ley de Dios; todo el que peca rompe la amistad con el Señor, prefiere su pasión a la Voluntad, a la ley del Señor. Así, Adán y Eva prefirieron alcanzar la felicidad no por los caminos de la ley de Dios sino por el engaño del demonio que se rió después del engaño; los hizo caer en pecado y ya están en la desgracia privados de la Gracia de Dios. De esa pareja, privada de la Gracia de Dios, ya no pueden nacer hijos que en el mismo momento de ser concebidos Dios le transmita también su vida divina, si la han perdido, y, habiendo perdido la vida de Dios, no la pueden transmitir; sólo transmiten la vida natural. Pero la vida natural que Adán y Eva comenzaron a transmitir a sus hijos y que esa vida ha llegado hasta nosotros a través de nuestro padre y de nuestra madre que nos engendraron es una vida privada de la Gracia de Dios. No supone una culpa personal, supone una herencia. Supongamos una comparación: un señor, dueño de hacienda, le dice al administrador: por premio y confianza que tengo vas a ser el dueño de mis fincas, pero mientras me obedezcas; todos los hijos que nazcan de tu familia considérense de esta hacienda, pero con tal que me obedezcan. Y un día, este administrador, creyéndose ya el dueño de todo, comienza a mal baratar la hacienda, a desobedecer a su jefe, a su patrón. El patrón le dice: te lo daba con la condición de obedecerme, no me has obedecido, lo siento mucho, vete de mi hacienda, quedas desheredado. Y naturalmente desde entonces, aquellos hijos que hubieran nacido también participantes de la felicidad de aquella hacienda, nacen ya fuera de la hacienda, desheredados, desechados de su patrón. Este es el caso del pecado original. Adán y Eva cometieron un pecado personal y Dios los arroja del Paraíso, les quita la amistad divina y tienen que nacer sus hijos, nosotros, privados de la Gracia. No es una culpa, el pecado original, es la falta de una herencia. Dios no está obligado a darnos su amistad divina cuando los que la perdieron, ya la perdieron para toda la familia, es una herencia que se ha perdido.

EL CRISTIANO REGENERADO

Esto nos decía la primera lectura, de tal manera que María, hija también de Adán tenía que nacer desheredada de la Gracia de Dios, en pecado. Sin embargo, hoy estamos celebrando que María fue concebida sin pecado, ¿cómo es esta excepción? San Pablo nos ha traído hoy la explicación. Si ahora cristianos -nosotros- tenemos la dicha de volver a encontrarnos en la Gracia de Dios porque un sacerdote administró el bautismo, y el hijo del pecado original que fue el niño que nació, que fui yo, ya le borró el bautismo, por la sangre de Cristo en la cruz, el pecado original; ese niño se ha vuelto a hacer hijo de Dios, el paraíso se ha recuperado gracias a Cristo. Y si por desgracia, yo bautizado, cometo un pecado personal, una desobediencia a la ley de Dios, Cristo ha dejado un sacramento de reconciliación. El sacerdote en el confesionario está devolviendo el paraíso a muchas almas que han perdido la amistad con Dios. Leer más…

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Dios está en María y está en cada uno de nosotros.

sábado, 8 de diciembre de 2018
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inmaculada_isabel_guerraInmaculada de Isabel Guerra

Lc 1, 26-38

Estamos celebrando una fiesta entrañable, como todas las de María. Es una fiesta a la que podemos sacar mucho más jugo hoy que en ningún momento anterior de la historia. Si no existiera, tendríamos que inventarla. Vamos a intentar profundizar en su significado. El que me siga, intentando comprender, podrá descubrir una increíble riqueza de contenido. Os recuerdo que no escribo para que penséis como yo, sino para que os atreváis a pensar.

Un primer paso sería superar el error de confundir Inmaculada concepción con concepción virginal. La ‘Inmaculada’ hace referencia a la manera en que fue concebida María en el seno de su madre. La concepción ‘virginal’ se refiere a la manera de concebir María a su hijo Jesús. Son dos realidades completamente diferentes, y de muy diversa importancia desde el punto de vista teológico. Hoy tratamos de María totalmente pura desde su concepción.

Otra aclaración imprescindible es que ser fiel a los dogmas no es repetirlos como papagayos sin enterarnos del contenido teológico, que siempre está más allá de las palabras. En el caso que nos ocupa, hay que tener en cuenta que, aunque solo ha pasado siglo y medio de la proclamación del dogma, la manera de entender a Dios, al hombre y el pecado (sobre todo el original) ha cambiado drásticamente. Esta distinta perspectiva permite que el sentido teológico del dogma se profundice y se enriquezca.

Hoy sabemos que la grandeza del ser humano consiste en manifestar a Dios, no en su poder o en su grandeza, sino en su capacidad de darse, de amar. María es grande por su sencillez, porque acepta ser nada, separada de Dios. María no es una extraterrestre, sino una persona humana exactamente igual que cada uno de nosotros. Lo único extraordi­nario fue su fidelidad y disponibilidad, su capacidad de entrega. Toda la grandeza de María esta encerrada en una sola palabra: «FIAT». María no puso ningún obstáculo a que lo divino que había en ella se desplegara totalmente; por eso, llegó a la plenitud de lo humano. Debemos alegrarnos de que un ser humano pueda enseñarnos el camino de la plenitud, de lo divino.

¿Cómo fue posible que María alcanzara esa plenitud? Para mí, está aquí el verdadero sentido del dogma. Dentro de cada uno de nosotros, constituyendo el núcleo de nuestro ser, existe una realidad trascendente, que no puede ser contaminada. Lo divino que hay en nosotros, permanecerá siempre puro y limpio. María desplegó esta parte de su ser hasta empapar todo lo que ella era, alma y cuerpo, si queremos hablar así. Lo que celebramos es su plenitud, no un privilegio que consistiría en quitarle una mancha antes de tenerla.

Sabemos que Dios no actúa a la manera de las causas segundas. Dios es siempre causa primera. Dios no puede hacer o deshacer, poner o quitar, restar o sumar. Dios es acto puro. Actúa siempre, pero desde el ser, no desde fuera de él. Dios es la causa de que todo ser, mi propio ser, sea lo que es en su esencia. Dios no puede tener privilegios con nadie. Pablo nos acaba de decir que nos ha predestinado, a todos, a ser santos e inmaculados ante Él por el amor. (la Vulgata traduce amomous, por “immaculati”) ¿Hay que romperse la cabeza para traducirlo por “inmaculados”? Cuánto nos cuesta aceptar la evidencia.

No caigamos en la trampa de pensar que la elección de Dios es como la nuestra. Nosotros somos limitados y la elección lleva consigo siempre una exclusión. Dios no funciona así. Dios puede elegir a uno sin excluir a nadie, es decir puede elegir a todos con la misma intensidad. Si no entendemos esto, devaluamos a Dios y la fiesta perderá su verdadero sentido, que consiste en descubrir en nosotros lo que hemos descubierto en María. Lo que tiene de original María, lo puso ella, no Dios. Lo que celebramos es su respuesta a Dios. Si consideramos a María como una privilegiada, podemos decir: si yo hubiera tenido los mismos privilegios, hubiera sido igual que ella; y nos quedamos tan anchos. No, tú tienes todo lo que ella tuvo, porque Dios se te ha dado totalmente como a ella. Si no has llegado a lo que ella llegó, es por tu culpa. En todo caso, sigue siendo tu meta.

En el fondo, esta fiesta nos hace descubrir en María, lo que hemos descubierto en Jesús, la absoluta presencia de Dios en un ser humano. El único título que Jesús se dio a sí mismo fue “Hijo de hombre”, es decir modelo de hombre, hombre acabado. Claro que cuando decimos que Jesús es el “Hombre” queremos decir “ser humano”, es decir varón y mujer. Pues bien, María es la “Hija de mujer”, es decir la mujer acabada.

Lo que de verdad celebramos en esta fiesta es la posibilidad de descubrir en todo ser humano lo divino. Tú, hombre o mujer, descubrirás que eres inmaculado si eres capaz de ir más allá de toda la escoria que envuelve tu verdadero ser. Ese caparazón que confundimos con nuestro ser, es el “ego”. Jesús lo dejó muy claro, no solo cuando nos habla del tesoro escondido, de la perla preciosa, etc. sino cuando nos descubre el valor interior de una prostituta, de un pecador público o de una adúltera.

En María, como en Jesús, podemos descubrir que Dios es encarnación. Ya algunos santos dijeron hace mucho tiempo que en María se había dado una “casi encarnación”. Yo me atrevo a quitar el “casi”. Es muy fácil de comprender. En Dios, el obrar y el ser son lo mismo, pertenecen ambos a su esencia. Dios, todo lo que hace, lo es. Si en Jesús descubrimos que Dios se encarnó, podemos decir que Dios es encarnación. Si en la figura de Jesús, esto se nos escapa, porque tendemos a pensar que es un extraterrestre, en María lo podemos descubrir con total transparencia.

El núcleo íntimo de María es inmaculado, incontaminado porque es lo que de Dios hay en ella. Es el don de sí mismo que Dios hace a todos. Lo que debemos admirar en María es el haber vivido esa realidad y haber transparentado lo divino a través de todos los poros de su ser humano. María deja pasar la luz que hay en su interior sin disminuirla ni tamizarla. De esta manera, María nos ayuda a descubrir el auténtico Jesús: Dios hecho hombre.

Que nadie saque conclusiones apresuradas. No estamos hablando de una auto-salvación. Dios es el que salva al 100 por 100 y además salva siempre. Sin esa salvación, que se manifestó en Jesús, no tendríamos nada que hacer. Pero si Él salva siempre y a todos, que uno la alcance y que otro no alcance la salvación, no depende de Dios, sino de cada uno, porque mi salvación depende también al 100 por 100 de mí mismo.

En esta fiesta que estamos celebrando queda meridianamente claro el principio de que Dios no reacciona a las acciones de la criatura, sino que Él es el primero en actuar, y siempre por pura gracia y sin que lo merezcamos. María está llena de gracia desde el principio de su existencia, como todos los seres. Es curioso que el evangelio dice “llena de gracia” y el dogma diga: “preservada de pecado”. Podemos descubrir ahí, el maniqueísmo, que desde S. Agustín, enseña la oreja por todas partes en nuestro cristianismo.

Imagina tu “yo”, tu individualidad, como una cáscara, como un caparazón cerrado. Siempre has creído que no eras más que eso. Incluso la religión ha insistido que eras algo vacío, y lo has aceptado. Intenta romper ese cascarón y deslízate dentro de él… No has salido de ti, si no que has entrado hasta tu verdadero ser. No tenías ni idea. No lo conocías. Es el tesoro escondido. Es la perla preciosa. Es mucho más que eso. Es lo que hay de Dios en ti. Es la parte de ti, aún no manchada, que ni tú mismo puedes deteriorar. Ahí, eres inmaculado, eres inmaculada. Todo lo que no es esa realidad, son vestidos, son capisayos, son adornos o suciedad que impiden descubrir lo que cubren.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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8.12.18. El reto de la Inmaculada (descolonizar a las mujeres en la Iglesia)

sábado, 8 de diciembre de 2018
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A7CD1BBA-FBC9-4D65-BEAC-E92B133C4C56Del Blog de Xavier Pikaza:

La advocación y fiesta de la Inmaculadaha cumplido funciones distintas a lo largo de la historia cristiana y posiblemente debe ser replanteada, para así ofrecer un mensaje de vida y esperanza a las nuevas generación.

– (1) La figura «semi-divina» de María Inmaculada ha servido para romper el círculo asfixiante de un tipo de pecado originalque muchos eclesiásticos habían impuesto sobre los creyentes: Hay una,María, que no tiene pecado, de forma que no tiene que someterse a los varones de la Iglesia.

(2) Siguiendo en esa línea, esta figura ha servido también para contrapesar el «dominio» patriarcal y masculino de un tipo de catolicismo, situándose en el centro de la vida de la iglesia, dominada por hombres, al lado de Jesús, como signo de la verdadera humanidad, querida por Dios en sí misma.

(3) Pero esta mujer Inmaculada que es María ha sido en gran medida una mujer colonizada por (al servicio de) los varones,un tipo de mujer ideal (des-humanizada, des-sexualizada), mientras las mujeres concretas han seguido estando dominadas por varones.

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En esa línea, este dogma se ha podido utilizar para elevar a una mujer distinta, pero manteniendo sometidas a las otras, como primera posesión y colonia de los hombres, y en especial de los sacerdotes.

Pues bien, reinterpretando el dogma de la Inmaculada, ha llegado el momento de «descolonizar» a las mujeres no sólo en la sociedad en general, sino, de un modo especial, en la iglesia, . En esa línea puede y debe actualizarse la fiesta de la Inmaculada:

1. Conforme al evangelio de esta fiesta (Lc 1, 26-38), María actúa como mujer libre, que decide por sí misma. No depende de un padre, ni tampoco de un marido, ni de una «tribu» de pretendidos hermanos o protectores, sino que dialoga con Dios y responde por sí misma. Ella aparece así como «tipo» y signo de mujeres autónomas, que no dependen de varones, sino que dialogan y deciden «con su espíritu» (el Espíritu de Dios), en libertad, ante sí mismas y ante sus posibles hijos). No pide permiso a nadie, quiere tener un hijo porque quiere.

2.María no es sólo una mujer «descolonizada» (no actúa como servidora de nadie), sino también descolonizadora, conforme al relato de la visitación (va a compartir su experiencia con otra mujer, sin someterse a padre o marido o hermanos), que culmina en el canto de la libertad suprema del evangelio, que es el Magnificat (Lc 2,46-55), en el que proclama, por sí misma que «Dios» derriba del trono a los poderosos y eleva a los oprimidos, que llena de bienes a los pobres y despide vacíos a los ricos…

F2CEC51B-39CC-4CCC-B75A-BD76AEA8F348Según eso, María es «Inmaculada» porque es libre ante Dios (por sí misma) y porque inicia un camino de liberación para todos los pobres y hambrientos, un himno de liberación de la mujeres, a servicio no sólo de ellas, sino de todos los seres humanos.

Desde este fondo quiero presentar unas reflexiones sobre María Inmaculada, desde la perspectiva de «descolonizar» a mujeres y a varones, para que todos podamos vivir en libertad el proyecto de vida que (según el cristianismo) nos ha ofrecido el mismo Dios.

Imagen 1 y 3: La mujer de la paloma-pandero es Miriam, la del éxodo, cantando la victoria de los pobres y oprimidos, con otras mujeres. Ella es el signo bíblico más hondo de María de Nazaret, dialogando en libertad y gozo con el Dios de la libertad, al servicio de la vida. Buen día a todas las inmaculadas.

AMIGA DE DIOS, MUJER LIBRE: INMACULADA

En la línea de Abraham, el amigo de Dios (cf. Is 41, 4), el evangelio de Lucas presenta a María también como amiga de Dios con quien dialoga y comparte un tarea (Lc 1, 26‒38), siendo madre de Jesús, de manera que la Iglesia le ha llamado Inmaculada, no en sentido negativo (sin pecado), sino muy positivo de cooperadora de Dios.

Ella aparece así como mujer de fe (bienaventurada tú porque has creído, Lc 1, 45), y como portadora de amor, conforme a la palabra de Jesús, no os llamo siervos sino amigos (cf. Jn 15, 15), y en esa línea el ángel de Dios le ha llamado kekharitômenê, llena de gracia, esto es amada (Lc 1, 28). En esa fe y amor se centra el dogma de la Inmaculada, que consiste en decirle a Dios “hágase y hagamos”, de tal forma que tu Palabra se haga carne en la historia de los hombres.

La madre de Emmanuel. Dios en busca de los hombres

luciara_virgenDios no ha querido trazar a solas el camino de la historia hombres (desde arriba, desde fuera), sino que lo ha hecho por ellos y con ellos, de manera que su Hijo, nacido en plena guerra de judíos, israelíes y sirios, se llamará Emmanuel, Dios con nosotros (Is 7, 14), como ratifica Mt 1, 23.

Dios había creado cielo y tierra, estrellas y mares, pero no había recibido una respuesta de amor, pues esos elementos no sabían decir lo que él quería, en diálogo de amor. Sólo al crear al ser humano, capaz de responderle, él ha quedado satisfecho, dialogando en amor con la madre de Emmanuel, una joven fiel a la Palabra y a la verdadera humanidad, en medio de guerra general de los reinos de oriente, entre Egipto y Asiria.

Y de esa manera, la madre de Emmanuel, aparece en la Biblia como la primera Inmaculada, signo de la Madre de Jesús, como dice el ángel de Mateo 1, 18‒25, pidiendo a José y a todos los creyentes que la acojan (la acojamos) en la casa de nuestro corazón y nuestra vida, como sigue indicando el evangelio de Juan 19, 25‒27, cuando afirma que el Discípulo Amado la recibió entre sus bienes.

Dios aparece así, en busca de amor, en el centro de la Biblia,desde el tiempo busca de Abraham (Gen 12, 1‒3) y de David (encontré a David, mi siervo: Sal 89, 20‒22), como si necesitara un pueblo amigo, un hombre fiel en el que reposar (Eclo 24). Pero en general los hombres no quisieron responderle, o lo hicieron a medias, de un modo parcial, egoísta, o poniendo siempre condiciones, como sabe la Biblia, desde el mismo “paraíso”. (Gen 2-3), hasta la encarnación de su amor hecho Palabra y Vida huma (vino a los suyos, y los suyos no le recibieron: Jn 1, 12)

Este ha sido y sigue siendo el pecado: La falta de comunicación con Dios, un diálogo roto, de forma que los hombres, en general, han caído en manos de su propia violencia de muerte. Pues bien, a pesar de ello, Dios ha seguido teniendo fe en los hombres que le han escuchado (Abraham, David, Isaías, el buen pueblo israelita…), t no ha querido dejarles morir en su pecado. Por eso, a pesar de las negaciones de los hombres, Dios ha vuelto a dirigirles siempre la Palabra, ofreciéndoles su amor, a través de los profetas, en un diálogo que él siempre ha renovado.

Israel, morada y casa de Dios

En esa línea, la historia mundial puede entenderse como intento repetido de Dios por dialogar con los hombres, por compartir vida con ellos, como dice el comienzo de hebreos (Hbr 1, 1‒3) y el prólogo de Juan (Jn 1, 9‒14). Grande ha sido el rechazo, fuerte el olvido y violencia de los hombres por siglos; pero más grande ha sido la fe y la gracia de Dios que ha seguido confiando en ellos. Leer más…

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Para Dios nada hay imposible.

sábado, 8 de diciembre de 2018
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anunciacion_ustungLc 1, 26-38

El relato de la Anunciación es un texto ante el que podemos sentirnos tanto un poco incomodos/as ante los elementos sobrenaturales que parecen describirse en la historia como tentados/as a sublimar la actitud obediente de María ante el milagro que acaece en ella. Ambas percepciones impiden, sin embargo, entender del todo el horizonte de fe y esperanza con que Lucas lo propone en su evangelio.

El relato se inscribe dentro de un género literario (anunciación) muy conocido en la antigüedad con el que se quiere dar a conocer el nacimiento y misión de una figura relevante y el lugar que en esos hechos tiene la divinidad. Con él, el evangelista sitúa, en paralelo con la historia de Juan el bautista, el cumplimiento de la promesa mesiánica en Jesús y a la vez recrea el comienzo de su biografía.

Esta centralidad de Jesús en el relato no hace, sin embargo, a la figura de María un personaje secundario. Las palabras que le dirige el mensajero divino al inicio del encuentro no son meros piropos, sino que expresa mucho más. Ella es agraciada, regalada por la elección divina con la misión que se le va a anunciar y ante la que se le asegura de ante mano la presencia de Dios junto a ella.

El desconcierto de María no nace por la visita sorpresiva de un enviado divino, sino que lo que le turba es el hecho de que Dios pueda querer contar con ella para algo especial. Al escuchar al ángel se siente desafiada, situada ante algo desconocido y que le asusta. El mensajero divino a continuación, y antes de explicarle el motivo de su visita, le conforta diciendo: “No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor”. Las palabras del ángel tienen fuertes resonancias veterotestamentarias y aparecen en contextos de misión y vocación. Ella, es así incluida en la larga lista de figuras que en momentos significativos de la historia de Israel, Dios convoca para ser mediadores de su acción salvadora.

María escucha, como un día escuchó Sara la promesa de su maternidad (Gn 18, 10). Una maternidad cargada de incertidumbre, pero ante la que María responde con profunda confianza porque comprende, como también lo hizo la matriarca que nada hay imposible para Dios (Lc, 1, 37; Gn 18,14). La promesa y la misión se convierten en la vida de la joven Nazarena en un camino de fidelidad en el que, a pesar de las dificultades, se sentirá acompañada y sostenida como lo sintió Israel tantas veces a lo largo de su historia: ¡Sed fuertes y valientes, no temáis, no os acobardéis ante ellos!, que el Señor, tu Dios, avanza a tu lado, no te dejará ni te abandonará”. (Dt 31, 6). En palabras de Lucas: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc 1, 35)

María, de este modo, se hace agente activo del amor gratuito de Dios y engendra en su seno la palabra salvadora: Jesús. Acompañará su crecimiento, aceptará sus decisiones y acogerá su destino, Su maternidad, no será una misión fácil. Estará cargada de silencios y ausencias, pero también de risas y cantos. Ella es así testigo de que nada es imposible para Dios, no solo en su vida, sino en la de cada ser humano.

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

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“8 de Diciembre: Agraciadas concepciones, benditos nacimientos”, por Juan Masiá sj

sábado, 8 de diciembre de 2018
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ppvirgenmaria-726630De su blog Vivir y pensar en la Frontera:

Diciembre 8: Virginidad simbólica y materno-paternidad agraciada

Ave María, plena de gracia. Agraciada al ser concebida por Ana y Joaquín con la gracia del Espíritu Santo. Agraciada al concebir con José a Jesús por cooperación con el Espíritu Santo. Agraciada al dar a luz a Jesús y a sus hermanos y hermanas.

Ave, María y José, agraciados y bendecidos, junto con todas las madres y padres que reciben como un don del Espíritu los hijos que procrean y, al engendrarlos , consuman la virginidad simbólica que se realiza en la maternidad y paternidad.
Porque no es incompatible la unión de los progenitores con la acción del Espíritu: la criatura nace por la unión de sus progenitores y por gracia del Espíritu Santo.

El Espíritu entró en Ana por la puerta de la vida a través de Joaquín. El Espíritu entró en María por la puerta de la vida a través de José. María salió del seno de Ana por la puerta de la vida, empujada y atraída por el Espíritu. Jesús salió del seno de María por la puerta de la vida, empujado y atraído por el Espíritu. Sin comadrona a mano, José ayudaría en el parto.

Hoy es la fiesta de la gracia original. Pero María llena de gracias no es una excepción. Toda criatura nace en gracia original. Las metáforas del bautismo como borrador de manchas originales y la metáfora de la inmaculada como preservada de manchas originales provienen de una confusión y malentendido sobre el pseudo-símbolo del pecado original.

El mal llamado pecado original no es originario ni mancha antes de nacer. Su nombre exacto es el pecado del mundo. La criatura, que nace sin ninguna mancha, sale a la luz en un mundo en el que está ya extendida una red de pecado. Como quien entra en una sala de fumadores y se contamina con el humo. No es apropiado comparar el bautismo con una lavadora; más pertinente sería la comparación con la vacuna.

En todo caso, dejando aparte malentendidos sobre culpas originales y concepciones manchadas, en vez de hablar de la Inmaculada como excepción, deberíamos celebrar a María, como el símbolo de la gracia original y purísima gratuidad de la criatura creada para ser creadora.

María recuerda a todo padre y madre que su unión esponsal y el nacimiento de su prole son obra de la pareja por gracia de Espíritu Santo. Agraciada al ser concebida, agraciada al unirse a José, agraciada al concebir a Jesús. Bendita y agraciada “la que escuchó, la que creyó y la que concibió” : estos son los tres sentidos profundos de la virginidad como acogida simbólica de la gratuidad del amor.

Ojalá en nuestras catequesis podamos hablar a los adultos como a niños y a los niños como a adultos sobre el sentido profundo de la virginidad simbólica es perfectamente compatible con la procreación biológica o la pluralidad de formas de adopción y de unión de vida y amor en las diversas orientaciones de la sexualidad.

(Para ver más: El Que Vive. Relecturas de Evangelio, caps 7 y 8: Sueños de alumbramiento virginal, Sueños de virginidad procreadora,ed. Desclée Dd Brouwer, Bilbao, 2017).

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María para Herejes

sábado, 8 de diciembre de 2018
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magnificat-wDel blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

01. GABRIEL, ZACARÍAS: JERUSALÉN, MARÍA: NAZARET.

Gabriel, el mensajero de Dios trae una buena noticia de parte de Yahvé, y se daban todas las condiciones favorables para su acogida.

Gabriel debía llevar la noticia a Jerusalén, al lugar más santo y religioso de la ciudad, a la parte más sagrada del Templo: al Santuario, a un sacerdote, Zacarías, observante escrupuloso no solo de los mandamientos, sino también de las más mínimas prescripciones de la ley. Con el Templo, con un sacerdote, Zacarías, se daban todas las premisas para un buen resultado de la misión.

Y sin embargo Zacarías, el sacerdote irreprensible, no ha creído al mensajero Gabriel, quien ofendido por tanta incredulidad, lo ha castigado por su torpeza: no podía hablar, (Lc 1,5ss).

Ahora el ángel tiene otro mensaje que llevar, pero las condiciones son del todo desfavorables. Gabriel no debe ir a la religiosa Judea-Jerusalén, sino a la descreída Galilea, tierra de gente chabacana. Gabriel ahora tiene que ir no a la santa Jerusalén, sino a Nazaret, pueblo de la peor fama, no al Templo, sino a un “tugurio” en las afueras del pueblo; no a donde un sacerdote de pura raza, sino a una mujer casada y, tal vez, en estado de impureza.

Además el mensaje presentaba enormes dificultades para ser acogido. Si el sacerdote Zacarías no había creído el anuncio (que, por otra parte, suele ocurrir en ocasiones: que una anciana quede embarazada), ¿cómo se las arreglará Gabriel para proponer a una niña algo que nunca ha ocurrido? Era algo imposible e inimaginable, y sobre todo algo que para su religión era una blasfemia,

fray-angelico-la-anunciacion-museo-nacional-del-prado¿Podrá María llegar a ser madre y madre del hijo de Dios?

¿Cómo irán las cosas?

La mujer no podía tomar ninguna decisión sin haberla consultado con el marido y haber obtenido su aprobación. María no informa a José, no pide ninguna autorización a su marido. María acepta:

María responde: Hágase en mí, según tu Palabra, (Lc 1,38)

Zacarías era un hombre piadoso, religioso, tan ocupado en sus ritos y en sus devociones que permanece sordo al anuncio de Dios.

María, que contrariamente a Zacarías no es descrita como “irreprensible” observante de todas las leyes y preceptos del Señor como Zacarías e Isabel:

Ambos eran justos delante de Dios y cumplían los mandatos y leyes del Señor, de tal manera que nadie los podía tachar de nada, (Lc 1, 6).

María es capaz de vibrar en sintonía con la Palabra que continuamente crea y renueva el universo. María llega así a ser colaboradora con Dios en el comunicar vida a la humanidad.

María sabía que Dios no puede ser visto, Dios es aquel que no puede ser conocido. María sabía todo esto. Lo ha escuchado muchas veces en la familia, en la sinagoga. Sin embargo María acepta la propuesta de Gabriel, en último término de Dios.

Será la madre del hijo de Dios.

La desconocida chica de Nazaret, que “nadie conocía” (Orígenes), será “proclamada por todas las generaciones”, (Lc 1,48).

La mujer, que no podía osar acercarse al santuario, “contendrá” al Dios que el santuario pretendía guardar-encerrar en sus muros, el arca en el Templo.

La mujer, que ni tan siquiera podía tocar la Biblia, acogerá dentro de sí la Palabra hecha carne.
La mujer, que no podía dirigirse al sacerdote y mucho menos tocarlo, será la madre del “Santo de los santos”.

La propuesta de Gabriel no ha sido nada más que la formulación y confirmación de lo que María siempre había intuido y nunca había sabido expresar: la esperada respuesta a aquellas profundas exigencias de plenitud de vida que había sentido dentro de sí, a aquella sed de eternidad que Dios había puesto en su corazón:

(Dios) puso además en la mente humana la idea de lo infinito,aun cuando el hombre no alcanza a comprender en toda su amplitud lo que Dios ha hecho y lo que hará. (Ecle 3,11).

La virgen de Nazaret, en profunda sintonía con Dios que hace nuevas todas las cosas (Ap 21,5), responde a la llamada de la vida que se abre y que, para nacer, exige que no se quede en las cosas pasadas:

María abandona lo viejo, “lo cierto”, lo seguro, la tradición de los padres para abrirse a lo nuevo, a lo desconocido. Se quita la camisa de fuerza de la ortodoxia, para poder ser plenamente libre para acoger la sacrílega-herética propuesta de Gabriel.

Herética (hereje) es, por tanto, María para la religión oficial.

Blasfemo herético será considerado su hijo y, por lo mismo, condenado y ejecutado, (Mt 26,65; Jn 8,48; 10,33).

Heréticos serán considerados los continuadores de la obra iniciada por Jesús: Os llevarán al sanedrín, seréis perseguidos en las sinagogas, seréis odiados por todos a causa de mi nombre, (Mc 13,9-13).

“MARÍA, SEÑORA DE LOS HEREJES”.

María será señora de hombres y mujeres que por deseo de plenitud de vida y ansia de libertad se han liberado de la prisión de la ortodoxia, de la moral, del orden establecido, de la tradición para ponerse, incluso con limitaciones y errores, a la búsqueda de la verdad, de lo auténtico y vital.

María será señora de los “enfermos que tienen necesidad de médico” (Mc 2,17), de quienes tienen sed…

En el camino de la búsqueda de la verdad y de la vida, encontraremos en el hombre de Nazaret la plena respuesta nuestras exigencias. Quien beba de esta agua no tendrá más sed, (Jn 4,14). Herejes, transgresores, pecadores, hambrientos y sedientos de la verdad (Mt 5,6), que los evangelistas presentan como antítesis de los satisfechos de sí mismos: los ortodoxos, los píos observantes, los justos, todos completamente cerrados y hostiles a la propuesta de vida que Dios, a través de Jesús, trata de ofrecerles.

Serán los paganos impuros (magos) y los excluidos de Israel (pastores) los primeros en captar y acoger el don de Dios a la humanidad. No los sacerdotes y los teólogos del Templo. Serán un pagano y un marginado los primeros en creer en Jesús: el centurión romano y un leproso infectado samaritano quien dé gracias por la curación. Igualmente será la hereje y adúltera samaritana quien comprenda lo que le resulta incomprensible al piadoso fariseo Nicodemo. Cómo puede un hombre viejo … (Jn 3,4.9; 4, 19-26.42).

Las autoridades civiles y religiosas se mantendrán muy distantes de Jesús, hijo de Dios. Los fariseos, Herodes y los herodianos, etc. buscaban matarlo, (Mc 3,6).

Prostitutas e incrédulos formarán parte de la comunidad de Jesús, no así los observantes de la ley.

Ladrones como Leví y Zaqueo abrirán las puertas de su casa y de su vida al Hijo de Dios (Mc 2,13-15; Lc 19, 1-10). Los religiosos, por el contrario, se burlaban de él.

Los fariseos, que eran amigos del dinero, al oír estas cosas se burlaban de Jesús.(Lc 16, 14).

Los piadosos le expulsarán de su pueblo:

los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira. Se levantaron y echaron del pueblo a Jesús. (Lc 4,29)

Los paganos lo acogerán con los brazos abiertos.

Agonizando en la cruz, ante la mofa de los sumos sacerdotes y de los teólogos, su propuesta de salvación será plenamente acogida por un criminal crucificado a su lado, (Lc 23, 40-43).

La historia continúa y se repite. Por cada “sumo sacerdote” que “mandará expresamente no enseñar” el subversivo mensaje de la libertad y de la vida, habrá siempre un “Ángel del Señor”, un “Gabriel”, que “abrirá las puertas de la prisión” e invitará a predicar la Palabra de vida, (HH 5,17-20.28).

Es el comienzo de la hereje aceptación de María.

ASÍ ES COMO MARÍA FUE INMACULADA

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¡Adentro!

viernes, 7 de diciembre de 2018
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Del blog Nova Bella:

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En vez de decir: “¡Adelante!” o “¡Arriba!”, di: “¡Adentro!” Reconcéntrate para irradiar. Déjate llenar para que reboses luego, conservando el manantial. Recógete en ti mismo para mejor darte a los demás, todo entero e indiviso. “Doy cuanto tengo”, dice el generoso. “Doy cuanto soy”, dice el héroe. “Me doy a mí mismo”, dice el santo; di tú con él al darte: “Doy conmigo el universo entero”. Para ello tienes que hacerte universo, buscando dentro de ti. ¡Adentro!

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Miguel de Unamuno

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