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María… pequeña María…

Sábado, 8 de diciembre de 2018

El 8 de diciembre de 1854, Pío IX definió este dogma con las siguientes palabras: «Para honor de la santa e indivisa Trinidad…, declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles». Antes, la Orden Franciscana, en su Capítulo celebrado en Toledo el año 1645, «escogió a la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en cuanto la confesamos y celebramos inmune de la culpa original en su misma Concepción, como Patrona singular de toda la Orden de los Frailes Menores». Y aquello no fue una novedad rara en la historia de la familia franciscana, que desde sus primeros tiempos se distinguió como defensora acérrima de este privilegio sin par de María. El beato Juan Duns Escoto fue su adalid, y la campaña por él iniciada la prosiguió la Orden, sin desmayos, a lo largo de los siglos. Así celebramos hoy el “gran momento de la historia cuando cielos y tierra, la creación entera enmudeció esperando escuchar el «FIAT» de nuestra Señora”

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MADRE DEL MUNDO NUEVO

Estamos otra vez en el Principio.
Dios quiere hablar y el aire se acrisola.
Como un niño, en la sangre, nace el mundo;
y del caos emerge la Esperanza, con sus flores salvadas de la muerte.
(Este ramo de olivo que crece en tus pisadas, paloma de Sus Ojos,
tendrá toda la Tierra penitente para echar las raíces…).

Aún no mugía el mar, ni tendía sus lonas el cielo por los montes,
y tú jugabas ya -la consentida- en la plaza infinita de Sus Manos:
primera siempre al mimo de Su Gozo…
Si estamos otra vez en el Principio, tendrás que amanecer: el Mundo Nuevo
necesita la puerta de tu seno para llegar incólume,
(Belén se apuesta siempre detrás de tus espaldas).

Mientras los hombres buscan sus tesoros piratas -¡los bajeles perdidos de sus rutas sin norte!-,
un día, inesperado, tú surges de las simas del Paranagua, viva,
como un tesoro tierno a la memoria,
antigua de ternura y de favores, coronada de espuma de sorpresas,
con el Niño en los brazos, ofrecido…
La Tierra está en mantillas, dormida en tu regazo.

La Europa verdadera, como un cruzado loco que vuelve escarmentado
de tantas aventuras,
espera tu venida junto a Chartres y en la umbría sagrada de Einsiedeln.
Los almendros latinos aún tienen primavera para acoger tus plantas.
Todavía hay pastores y un buey manso en la cumbre.
¡Todo el cuerpo de Europa se ha hecho gruta, en la herida,
para enmascarar la luz de tu presencia!

América sacude sus pañales, con un grito rebelde, contra el mar transitado,
pero en su boca niña balbucea, cantando, tu nombre, Guadalupe,
y late la manigua como un puerto que siente tu llegada:
-¡Vendrá Santa María, libre de carabelas!
Como una diosa estéril y fecunda, empapada en la lluvia de la Espera,
como una cruz cansada de martirio,
Asia cruje, sangrando por sus lotos…
¡Pero el bambú ya ensaya cañas de profecía detrás de las Comunas;
la Luna sabia sigue tus pies para calzarte,
y en la liturgia hindú llama a tu Hijo el arpa de Tagore y de los parias!

Mientras llegan los sueños en cayuco inestable,
y acosada por todos los pájaros secretos que hierven en la selva con la noche,
Africa arrulla, alborotadamente, sus veinte cunas nuevas.
Se quiebran sus tambores en parches de alegría
y las lanzas preguntan por la aurora:
¡porque el mar no termina en la mirada!
Y danzan sus miningas, con las anillas rotas,
enarbolando el sol entre las risas,
¡porque hay una Mujer sobre las chozas, detrás de las estrellas,
con el sol en los hombros, como un clote!
Con los sueños que llegan en cayuco inestable, arriba el Evangelio mecido por tus manos;
llegan tus manos fieles, con la Paz en la proa.

Neófitas de sal y de promesas, las Islas balbucientes acuden al marfil de tu garganta,
con un abrazo tenso de siglos de impaciencia, seguras del Encuentro.

¡Todos los meridianos se enhebran en la rosa de tu Nombre…!

Estamos otra vez en el Principio
y nace el mundo, nuevo, del seno de tu Gracia,
hermosamente grande y sin fronteras.
¡Que callen los profetas fatídicos! Cabemos
todos juntos, hermanos, en la mesa que el Padre ha abastecido.
¡Que calle todo miedo, para siempre!

Los átomos dispersos se engarzarán, sumisos, en tu manto;
y el cielo, descubierto en mil caminos,
se hará pista a tus viajes de ¡da y vuelta -de Dios hasta los hombres-,
¡nostalgia nuestra, Asunta!

…Dios llega al aeropuerto de la Historia;
a tiempo en todo Tiempo, el heredado pulso de tu sangre.

Los sellos del Concilio acuñan tu figura sobre la piel lavada de la Iglesia,
y llega una corona de voces alejadas, en pleamar dichosa,
al pie de tu Misterio…

Estamos otra vez en el Principio y ha empezado tu era:
¡por derecho de Madre tú patentas la luz amanecida!

*

Pedro Casaldáliga
“Llena de dios, y tan nuestra”. Antología mariana

***

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La aurora es un momento fabuloso: el que precede inmediatamente al salir el sol. Antes sólo eran tentativas. Un leve palidecer el cielo por oriente, apenas visible en la noche. Sigue un clarear creciente, lentamente al comienzo, luego más rápidamente, siempre más rápidamente. Finalmente un instante en el que el surgir de la luz es tan victorioso y ardiente, el esplendor tan cegador a los ojos habituados a la noche, que nos podríamos creer ante el mismo sol: apenas un instante después, como una llamarada, su luz arde en el hilo del horizonte. Y finalmente el sol. Hasta ese momento, nos podíamos haber engañado, pues ya se transparentaba en lo que sólo era la aurora. Lo mismo la Inmaculada concepción. Primero, a lo largo de los siglos precedentes, se trataba del alba de Cristo, de los comienzos de su pureza y santidad, ya maravillosos considerando que se realizaban en la naturaleza humana, pero aún oscuros respecto a El. María es el culmen de la aurora, el surgir del día. Pero su luz ilumina a todos. La Inmaculada concepción distingue a María de los demás humanos sólo para unirla más a Cristo, que pertenece a todos (…).

Tras el decreto que estableció la venida de Cristo, se da esta larga preparación que ya la realiza inicialmente y que llena toda la historia antigua de la humanidad. Ahora bien, toda esta preparación lleva a María, porque ella (…) es portadora de Cristo. La preparación es inmensa: es la única obra de Dios mismo en este mundo; se compromete con todo su amor: haciendo confluir, en virtud de su gracia, todo lo que en nuestros esfuerzos humanos hay de verdaderamente bueno: se plasma una naturaleza humana que será la suya.

Llega un día en que todo está preparado. En la Virgen todo se reúne para pasar de ella al Hijo (…). María es la figura absoluta y total, y lo es para siempre, porque, siendo Madre de Dios, es la que une el Hombre-Dios con la humanidad.

*

É. Mersch,
La théologie du Corps mystique,
I
, Tournai 1944, 219-221.

***

La misión maternal de María hacia los hombres no oscurece ni disminuye de ninguna manera la única mediación de Cristo, sino más bien muestra su eficacia.

Porque todo el influjo salvífico de la bienaventurada Virgen en favor de los hombres nace del divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de la misma saca toda su virtud; y lejos de impedirla, fomenta la unión inmediata de los creyentes con Cristo.

La bienaventurada Virgen, predestinada, junto con la Encarnación del Verbo, desde toda la eternidad, cual Madre de Dios, por designio de la divina providencia,  fue en la tierra la esclarecida Madre del Divino Redentor y, de forma singular, la generosa colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Señor.

Y esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación y lo mantuvo sin vacilación al pie de la cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación.

Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso, la bienaventurada Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de abogada, auxiliadora, socorro, mediadora.

La Iglesia no duda en atribuir a María ese oficio subordinado: lo experimenta continuamente y lo recomienda al corazón de los fieles para que, apoyados en esta protección maternal, se unan más íntimamente al Mediador y Salvador .

*

Del Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 60-62.

***.

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Solemnidad de la Inmaculada Concepción

Sábado, 8 de diciembre de 2018

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Leído en Koinonia:

Génesis 3,9-15.20

 Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre:

– “¿Dónde estás?”

Él contestó:

– “Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.”

El Señor le replicó:

– “¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?”

Adán respondió:

– “La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.

El Señor dijo a la mujer:

– “¿Qué es lo que has hecho?”

Ella respondió:

– “La serpiente me engañó, y comí.”

El Señor Dios dijo a la serpiente:

– “Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.”

El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Salmo responsorial: 97

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado /
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Efesios 1,3-6.11-12

Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad. Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.

 

Lucas 1,26-38

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:

– “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.”

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

– “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Y María dijo al ángel:

– “¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?”

El ángel le contestó:

– “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.”

María contestó:

– “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.”

Y la dejó el ángel.

 

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (8 de Diciembre de 1977)

AGRADECIMIENTOS AL SACERDOTE Y RELIGIOSAS

Yo quiero aprovechar esta oportunidad, pues, para agradecer a los padres norteamericanos este servicio tan insigne que nuestra diócesis aprecia inmensamente, así como también a las hermanas de San José que, junto con ellos los sacerdotes, están cultivando este mensaje de la palabra de Dios y alimentando con él a nuestro pueblo.

Quiero alegrarme también, porque junto a los sacerdotes y las religiosas un grupo de hombres y de mujeres, celebradores de la palabra, catequistas, asociaciones parroquiales y católicos que sienten la responsabilidad de la Iglesia en este momento tan trascendental de la historia de El Salvador no desfallecen en su difícil misión de predicar este mensaje del Señor. Celebrar la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, es tener la oportunidad de acercarnos a la fuente misma desde donde brota todo ese río que no terminará de correr hasta la consumación de los siglos. La Iglesia, con su mensaje, con su palabra, encontrará mil obstáculos, como el río encuentra peñascos, escollos, abismos; no importa; el río lleva una promesa: “estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos” y “las puertas del infierno no podrán prevalecer”, contra esta Voluntad del Señor.

EL PECADO DE ORIGEN

¿Cuál es la Voluntad del Señor?. El misterio de la Inmaculada Concepción de María nos está ofreciendo a la luz de esas lecturas que acaban de escuchar cuáles son los designios de Dios para con nosotros los hombres.

En la lectura se nos ha recordado la gran tragedia. Nuestros primeros padres, creados en Gracia de Dios para transmitirnos no sólo la vida natural, sino transmitirnos también la filiación Divina, pero bajo la condición de que hubieran sido obedientes a Dios, no obedecieron. Seducidos por el demonio, Eva seduce a Adán, los dos padres del género humano pierden la amistad de Dios porque han desobedecido. Desde entonces la humanidad ha caído en lo que se llama el pecado original, el pecado de origen, el pecado que traemos de nuestros primeros padres. Ahora se preguntan muchos: ¿qué culpa tengo yo de que Adán y Eva hayan pecado para decir que yo soy pecador?. Distingamos, hermanos, hay dos clases de pecados, el pecado original y el pecado personal. El pecado personal es el que tú cometes con tu propia voluntad cuando desobedeces un mandamiento de la ley de Dios; tú has pecado, tú eres responsable de ese pecado. Como Adán y Eva que personalmente desobedecieron a Dios, cometieron un pecado personal.

Pero ¿qué sucede cuando se comete un pecado personal?. Se pierde la amistad de Dios, el pecador es un desobediente a la ley de Dios; todo el que peca rompe la amistad con el Señor, prefiere su pasión a la Voluntad, a la ley del Señor. Así, Adán y Eva prefirieron alcanzar la felicidad no por los caminos de la ley de Dios sino por el engaño del demonio que se rió después del engaño; los hizo caer en pecado y ya están en la desgracia privados de la Gracia de Dios. De esa pareja, privada de la Gracia de Dios, ya no pueden nacer hijos que en el mismo momento de ser concebidos Dios le transmita también su vida divina, si la han perdido, y, habiendo perdido la vida de Dios, no la pueden transmitir; sólo transmiten la vida natural. Pero la vida natural que Adán y Eva comenzaron a transmitir a sus hijos y que esa vida ha llegado hasta nosotros a través de nuestro padre y de nuestra madre que nos engendraron es una vida privada de la Gracia de Dios. No supone una culpa personal, supone una herencia. Supongamos una comparación: un señor, dueño de hacienda, le dice al administrador: por premio y confianza que tengo vas a ser el dueño de mis fincas, pero mientras me obedezcas; todos los hijos que nazcan de tu familia considérense de esta hacienda, pero con tal que me obedezcan. Y un día, este administrador, creyéndose ya el dueño de todo, comienza a mal baratar la hacienda, a desobedecer a su jefe, a su patrón. El patrón le dice: te lo daba con la condición de obedecerme, no me has obedecido, lo siento mucho, vete de mi hacienda, quedas desheredado. Y naturalmente desde entonces, aquellos hijos que hubieran nacido también participantes de la felicidad de aquella hacienda, nacen ya fuera de la hacienda, desheredados, desechados de su patrón. Este es el caso del pecado original. Adán y Eva cometieron un pecado personal y Dios los arroja del Paraíso, les quita la amistad divina y tienen que nacer sus hijos, nosotros, privados de la Gracia. No es una culpa, el pecado original, es la falta de una herencia. Dios no está obligado a darnos su amistad divina cuando los que la perdieron, ya la perdieron para toda la familia, es una herencia que se ha perdido.

EL CRISTIANO REGENERADO

Esto nos decía la primera lectura, de tal manera que María, hija también de Adán tenía que nacer desheredada de la Gracia de Dios, en pecado. Sin embargo, hoy estamos celebrando que María fue concebida sin pecado, ¿cómo es esta excepción? San Pablo nos ha traído hoy la explicación. Si ahora cristianos -nosotros- tenemos la dicha de volver a encontrarnos en la Gracia de Dios porque un sacerdote administró el bautismo, y el hijo del pecado original que fue el niño que nació, que fui yo, ya le borró el bautismo, por la sangre de Cristo en la cruz, el pecado original; ese niño se ha vuelto a hacer hijo de Dios, el paraíso se ha recuperado gracias a Cristo. Y si por desgracia, yo bautizado, cometo un pecado personal, una desobediencia a la ley de Dios, Cristo ha dejado un sacramento de reconciliación. El sacerdote en el confesionario está devolviendo el paraíso a muchas almas que han perdido la amistad con Dios. Leer más…

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Dios está en María y está en cada uno de nosotros.

Sábado, 8 de diciembre de 2018

inmaculada_isabel_guerraInmaculada de Isabel Guerra

Lc 1, 26-38

Estamos celebrando una fiesta entrañable, como todas las de María. Es una fiesta a la que podemos sacar mucho más jugo hoy que en ningún momento anterior de la historia. Si no existiera, tendríamos que inventarla. Vamos a intentar profundizar en su significado. El que me siga, intentando comprender, podrá descubrir una increíble riqueza de contenido. Os recuerdo que no escribo para que penséis como yo, sino para que os atreváis a pensar.

Un primer paso sería superar el error de confundir Inmaculada concepción con concepción virginal. La ‘Inmaculada’ hace referencia a la manera en que fue concebida María en el seno de su madre. La concepción ‘virginal’ se refiere a la manera de concebir María a su hijo Jesús. Son dos realidades completamente diferentes, y de muy diversa importancia desde el punto de vista teológico. Hoy tratamos de María totalmente pura desde su concepción.

Otra aclaración imprescindible es que ser fiel a los dogmas no es repetirlos como papagayos sin enterarnos del contenido teológico, que siempre está más allá de las palabras. En el caso que nos ocupa, hay que tener en cuenta que, aunque solo ha pasado siglo y medio de la proclamación del dogma, la manera de entender a Dios, al hombre y el pecado (sobre todo el original) ha cambiado drásticamente. Esta distinta perspectiva permite que el sentido teológico del dogma se profundice y se enriquezca.

Hoy sabemos que la grandeza del ser humano consiste en manifestar a Dios, no en su poder o en su grandeza, sino en su capacidad de darse, de amar. María es grande por su sencillez, porque acepta ser nada, separada de Dios. María no es una extraterrestre, sino una persona humana exactamente igual que cada uno de nosotros. Lo único extraordi­nario fue su fidelidad y disponibilidad, su capacidad de entrega. Toda la grandeza de María esta encerrada en una sola palabra: “FIAT”. María no puso ningún obstáculo a que lo divino que había en ella se desplegara totalmente; por eso, llegó a la plenitud de lo humano. Debemos alegrarnos de que un ser humano pueda enseñarnos el camino de la plenitud, de lo divino.

¿Cómo fue posible que María alcanzara esa plenitud? Para mí, está aquí el verdadero sentido del dogma. Dentro de cada uno de nosotros, constituyendo el núcleo de nuestro ser, existe una realidad trascendente, que no puede ser contaminada. Lo divino que hay en nosotros, permanecerá siempre puro y limpio. María desplegó esta parte de su ser hasta empapar todo lo que ella era, alma y cuerpo, si queremos hablar así. Lo que celebramos es su plenitud, no un privilegio que consistiría en quitarle una mancha antes de tenerla.

Sabemos que Dios no actúa a la manera de las causas segundas. Dios es siempre causa primera. Dios no puede hacer o deshacer, poner o quitar, restar o sumar. Dios es acto puro. Actúa siempre, pero desde el ser, no desde fuera de él. Dios es la causa de que todo ser, mi propio ser, sea lo que es en su esencia. Dios no puede tener privilegios con nadie. Pablo nos acaba de decir que nos ha predestinado, a todos, a ser santos e inmaculados ante Él por el amor. (la Vulgata traduce amomous, por “immaculati”) ¿Hay que romperse la cabeza para traducirlo por “inmaculados”? Cuánto nos cuesta aceptar la evidencia.

No caigamos en la trampa de pensar que la elección de Dios es como la nuestra. Nosotros somos limitados y la elección lleva consigo siempre una exclusión. Dios no funciona así. Dios puede elegir a uno sin excluir a nadie, es decir puede elegir a todos con la misma intensidad. Si no entendemos esto, devaluamos a Dios y la fiesta perderá su verdadero sentido, que consiste en descubrir en nosotros lo que hemos descubierto en María. Lo que tiene de original María, lo puso ella, no Dios. Lo que celebramos es su respuesta a Dios. Si consideramos a María como una privilegiada, podemos decir: si yo hubiera tenido los mismos privilegios, hubiera sido igual que ella; y nos quedamos tan anchos. No, tú tienes todo lo que ella tuvo, porque Dios se te ha dado totalmente como a ella. Si no has llegado a lo que ella llegó, es por tu culpa. En todo caso, sigue siendo tu meta.

En el fondo, esta fiesta nos hace descubrir en María, lo que hemos descubierto en Jesús, la absoluta presencia de Dios en un ser humano. El único título que Jesús se dio a sí mismo fue “Hijo de hombre”, es decir modelo de hombre, hombre acabado. Claro que cuando decimos que Jesús es el “Hombre” queremos decir “ser humano”, es decir varón y mujer. Pues bien, María es la “Hija de mujer”, es decir la mujer acabada.

Lo que de verdad celebramos en esta fiesta es la posibilidad de descubrir en todo ser humano lo divino. Tú, hombre o mujer, descubrirás que eres inmaculado si eres capaz de ir más allá de toda la escoria que envuelve tu verdadero ser. Ese caparazón que confundimos con nuestro ser, es el “ego”. Jesús lo dejó muy claro, no solo cuando nos habla del tesoro escondido, de la perla preciosa, etc. sino cuando nos descubre el valor interior de una prostituta, de un pecador público o de una adúltera.

En María, como en Jesús, podemos descubrir que Dios es encarnación. Ya algunos santos dijeron hace mucho tiempo que en María se había dado una “casi encarnación”. Yo me atrevo a quitar el “casi”. Es muy fácil de comprender. En Dios, el obrar y el ser son lo mismo, pertenecen ambos a su esencia. Dios, todo lo que hace, lo es. Si en Jesús descubrimos que Dios se encarnó, podemos decir que Dios es encarnación. Si en la figura de Jesús, esto se nos escapa, porque tendemos a pensar que es un extraterrestre, en María lo podemos descubrir con total transparencia.

El núcleo íntimo de María es inmaculado, incontaminado porque es lo que de Dios hay en ella. Es el don de sí mismo que Dios hace a todos. Lo que debemos admirar en María es el haber vivido esa realidad y haber transparentado lo divino a través de todos los poros de su ser humano. María deja pasar la luz que hay en su interior sin disminuirla ni tamizarla. De esta manera, María nos ayuda a descubrir el auténtico Jesús: Dios hecho hombre.

Que nadie saque conclusiones apresuradas. No estamos hablando de una auto-salvación. Dios es el que salva al 100 por 100 y además salva siempre. Sin esa salvación, que se manifestó en Jesús, no tendríamos nada que hacer. Pero si Él salva siempre y a todos, que uno la alcance y que otro no alcance la salvación, no depende de Dios, sino de cada uno, porque mi salvación depende también al 100 por 100 de mí mismo.

En esta fiesta que estamos celebrando queda meridianamente claro el principio de que Dios no reacciona a las acciones de la criatura, sino que Él es el primero en actuar, y siempre por pura gracia y sin que lo merezcamos. María está llena de gracia desde el principio de su existencia, como todos los seres. Es curioso que el evangelio dice “llena de gracia” y el dogma diga: “preservada de pecado”. Podemos descubrir ahí, el maniqueísmo, que desde S. Agustín, enseña la oreja por todas partes en nuestro cristianismo.

Imagina tu “yo”, tu individualidad, como una cáscara, como un caparazón cerrado. Siempre has creído que no eras más que eso. Incluso la religión ha insistido que eras algo vacío, y lo has aceptado. Intenta romper ese cascarón y deslízate dentro de él… No has salido de ti, si no que has entrado hasta tu verdadero ser. No tenías ni idea. No lo conocías. Es el tesoro escondido. Es la perla preciosa. Es mucho más que eso. Es lo que hay de Dios en ti. Es la parte de ti, aún no manchada, que ni tú mismo puedes deteriorar. Ahí, eres inmaculado, eres inmaculada. Todo lo que no es esa realidad, son vestidos, son capisayos, son adornos o suciedad que impiden descubrir lo que cubren.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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8.12.18. El reto de la Inmaculada (descolonizar a las mujeres en la Iglesia)

Sábado, 8 de diciembre de 2018

A7CD1BBA-FBC9-4D65-BEAC-E92B133C4C56Del Blog de Xavier Pikaza:

La advocación y fiesta de la Inmaculadaha cumplido funciones distintas a lo largo de la historia cristiana y posiblemente debe ser replanteada, para así ofrecer un mensaje de vida y esperanza a las nuevas generación.

– (1) La figura “semi-divina” de María Inmaculada ha servido para romper el círculo asfixiante de un tipo de pecado originalque muchos eclesiásticos habían impuesto sobre los creyentes: Hay una,María, que no tiene pecado, de forma que no tiene que someterse a los varones de la Iglesia.

(2) Siguiendo en esa línea, esta figura ha servido también para contrapesar el “dominio” patriarcal y masculino de un tipo de catolicismo, situándose en el centro de la vida de la iglesia, dominada por hombres, al lado de Jesús, como signo de la verdadera humanidad, querida por Dios en sí misma.

(3) Pero esta mujer Inmaculada que es María ha sido en gran medida una mujer colonizada por (al servicio de) los varones,un tipo de mujer ideal (des-humanizada, des-sexualizada), mientras las mujeres concretas han seguido estando dominadas por varones.

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En esa línea, este dogma se ha podido utilizar para elevar a una mujer distinta, pero manteniendo sometidas a las otras, como primera posesión y colonia de los hombres, y en especial de los sacerdotes.

Pues bien, reinterpretando el dogma de la Inmaculada, ha llegado el momento de “descolonizar” a las mujeres no sólo en la sociedad en general, sino, de un modo especial, en la iglesia, . En esa línea puede y debe actualizarse la fiesta de la Inmaculada:

1. Conforme al evangelio de esta fiesta (Lc 1, 26-38), María actúa como mujer libre, que decide por sí misma. No depende de un padre, ni tampoco de un marido, ni de una “tribu” de pretendidos hermanos o protectores, sino que dialoga con Dios y responde por sí misma. Ella aparece así como “tipo” y signo de mujeres autónomas, que no dependen de varones, sino que dialogan y deciden “con su espíritu” (el Espíritu de Dios), en libertad, ante sí mismas y ante sus posibles hijos). No pide permiso a nadie, quiere tener un hijo porque quiere.

2.María no es sólo una mujer “descolonizada” (no actúa como servidora de nadie), sino también descolonizadora, conforme al relato de la visitación (va a compartir su experiencia con otra mujer, sin someterse a padre o marido o hermanos), que culmina en el canto de la libertad suprema del evangelio, que es el Magnificat (Lc 2,46-55), en el que proclama, por sí misma que “Dios” derriba del trono a los poderosos y eleva a los oprimidos, que llena de bienes a los pobres y despide vacíos a los ricos…

F2CEC51B-39CC-4CCC-B75A-BD76AEA8F348Según eso, María es “Inmaculada” porque es libre ante Dios (por sí misma) y porque inicia un camino de liberación para todos los pobres y hambrientos, un himno de liberación de la mujeres, a servicio no sólo de ellas, sino de todos los seres humanos.

Desde este fondo quiero presentar unas reflexiones sobre María Inmaculada, desde la perspectiva de “descolonizar” a mujeres y a varones, para que todos podamos vivir en libertad el proyecto de vida que (según el cristianismo) nos ha ofrecido el mismo Dios.

Imagen 1 y 3: La mujer de la paloma-pandero es Miriam, la del éxodo, cantando la victoria de los pobres y oprimidos, con otras mujeres. Ella es el signo bíblico más hondo de María de Nazaret, dialogando en libertad y gozo con el Dios de la libertad, al servicio de la vida. Buen día a todas las inmaculadas.

AMIGA DE DIOS, MUJER LIBRE: INMACULADA

En la línea de Abraham, el amigo de Dios (cf. Is 41, 4), el evangelio de Lucas presenta a María también como amiga de Dios con quien dialoga y comparte un tarea (Lc 1, 26‒38), siendo madre de Jesús, de manera que la Iglesia le ha llamado Inmaculada, no en sentido negativo (sin pecado), sino muy positivo de cooperadora de Dios.

Ella aparece así como mujer de fe (bienaventurada tú porque has creído, Lc 1, 45), y como portadora de amor, conforme a la palabra de Jesús, no os llamo siervos sino amigos (cf. Jn 15, 15), y en esa línea el ángel de Dios le ha llamado kekharitômenê, llena de gracia, esto es amada (Lc 1, 28). En esa fe y amor se centra el dogma de la Inmaculada, que consiste en decirle a Dios “hágase y hagamos”, de tal forma que tu Palabra se haga carne en la historia de los hombres.

La madre de Emmanuel. Dios en busca de los hombres

luciara_virgenDios no ha querido trazar a solas el camino de la historia hombres (desde arriba, desde fuera), sino que lo ha hecho por ellos y con ellos, de manera que su Hijo, nacido en plena guerra de judíos, israelíes y sirios, se llamará Emmanuel, Dios con nosotros (Is 7, 14), como ratifica Mt 1, 23.

Dios había creado cielo y tierra, estrellas y mares, pero no había recibido una respuesta de amor, pues esos elementos no sabían decir lo que él quería, en diálogo de amor. Sólo al crear al ser humano, capaz de responderle, él ha quedado satisfecho, dialogando en amor con la madre de Emmanuel, una joven fiel a la Palabra y a la verdadera humanidad, en medio de guerra general de los reinos de oriente, entre Egipto y Asiria.

Y de esa manera, la madre de Emmanuel, aparece en la Biblia como la primera Inmaculada, signo de la Madre de Jesús, como dice el ángel de Mateo 1, 18‒25, pidiendo a José y a todos los creyentes que la acojan (la acojamos) en la casa de nuestro corazón y nuestra vida, como sigue indicando el evangelio de Juan 19, 25‒27, cuando afirma que el Discípulo Amado la recibió entre sus bienes.

Dios aparece así, en busca de amor, en el centro de la Biblia,desde el tiempo busca de Abraham (Gen 12, 1‒3) y de David (encontré a David, mi siervo: Sal 89, 20‒22), como si necesitara un pueblo amigo, un hombre fiel en el que reposar (Eclo 24). Pero en general los hombres no quisieron responderle, o lo hicieron a medias, de un modo parcial, egoísta, o poniendo siempre condiciones, como sabe la Biblia, desde el mismo “paraíso”. (Gen 2-3), hasta la encarnación de su amor hecho Palabra y Vida huma (vino a los suyos, y los suyos no le recibieron: Jn 1, 12)

Este ha sido y sigue siendo el pecado: La falta de comunicación con Dios, un diálogo roto, de forma que los hombres, en general, han caído en manos de su propia violencia de muerte. Pues bien, a pesar de ello, Dios ha seguido teniendo fe en los hombres que le han escuchado (Abraham, David, Isaías, el buen pueblo israelita…), t no ha querido dejarles morir en su pecado. Por eso, a pesar de las negaciones de los hombres, Dios ha vuelto a dirigirles siempre la Palabra, ofreciéndoles su amor, a través de los profetas, en un diálogo que él siempre ha renovado.

Israel, morada y casa de Dios

En esa línea, la historia mundial puede entenderse como intento repetido de Dios por dialogar con los hombres, por compartir vida con ellos, como dice el comienzo de hebreos (Hbr 1, 1‒3) y el prólogo de Juan (Jn 1, 9‒14). Grande ha sido el rechazo, fuerte el olvido y violencia de los hombres por siglos; pero más grande ha sido la fe y la gracia de Dios que ha seguido confiando en ellos. Leer más…

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“Concepción de María y otras concepciones”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Sábado, 8 de diciembre de 2018

7a1064f2b3e59c84de81340f95688148--temporary-storage-santa-claraDe su blog Nihil Obstat:

La concepción es una participación de los padres en el acto creador de Dios. Y toda la creación es santa, salida de las manos de Dios. No es extraño que Juan Pablo II dijera que, en la procreación, los padres, como colaboradores de Dios, transmiten a sus hijos la imagen y la semejanza de Dios. Por su parte el Papa Francisco ha llegado a decir que la sexualidad es mediadora de gracia.

No es bueno identificar concepción y pecado. Entre los esposos cristianos, el matrimonio, para ser indisoluble, tiene que ser rato y consumado. El rato y no consumado puede ser disuelto en determinadas circunstancias; luego solo cuando es rato y consumado puede decirse que es matrimonio en sentido pleno, matrimonio definitivo. La consumación del matrimonio realiza el sacramento, o sea, la presencia de Cristo que une a los esposos con su amor.

Según la doctrina católica, los humanos nacemos en pecado original (ese pecado del que fue preservada la Virgen María), entramos en un mundo de pecado (María también entró en un mundo de pecado). Por eso todos necesitamos salvación (María también, como reconoce la constitución que proclamó el dogma de la Inmaculada). Inmaculada concepción, dicho de María, significa que fue concebida sin pecado original, o sea, que desde el primer instante de su vida fue preservada del pecado. Pero eso no significa que las demás concepciones sean pecado.

Entre esposos cristianos, concebir es un modo de vivir el sacramento del matrimonio. Ocurre que, cuando una persona es concebida, según el dogma católico, está afectada por el pecado conocido como original. Ahora no es cuestión de entrar en qué significa “pecado original”. Lo que interesa es aclarar que la concepción no es pecado. Pues el pecado original no se transmite por medio del acto sexual. Se transmite, como dice el concilio de Trento, por propagación. En el contexto de este concilio, propagación se opone a “imitación”. El concilio no dice exactamente que la generación es causa física del pecado. El concilio rechaza que el pecado original se transmite sólo por influjo del mal ejemplo. Eso no quita que también puede influir el mal ejemplo.

La oración colecta de la fiesta de la Inmaculada indica las repercusiones antropológicas del dogma, o sea, en qué sentido nos afecta y se aplica a nosotros lo que se dice de María. Ella, en previsión de la muerte de Jesucristo (ahí está la salvación para María y para todos: en la Pascua de Cristo), fue preservada de todo pecado. Mirándola a ella, la Iglesia pide que todos podamos presentarnos ante el Señor limpios de todo pecado. Pues como bien dice la carta a los romanos, todos hemos sido llamados, desde antes de la creación del mundo, a ser santos e inmaculados ante Dios por el amor. Lo que se realiza en María es exactamente aquello mismo a lo que está destinado todo cristiano.

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Para Dios nada hay imposible.

Sábado, 8 de diciembre de 2018

anunciacion_ustungLc 1, 26-38

El relato de la Anunciación es un texto ante el que podemos sentirnos tanto un poco incomodos/as ante los elementos sobrenaturales que parecen describirse en la historia como tentados/as a sublimar la actitud obediente de María ante el milagro que acaece en ella. Ambas percepciones impiden, sin embargo, entender del todo el horizonte de fe y esperanza con que Lucas lo propone en su evangelio.

El relato se inscribe dentro de un género literario (anunciación) muy conocido en la antigüedad con el que se quiere dar a conocer el nacimiento y misión de una figura relevante y el lugar que en esos hechos tiene la divinidad. Con él, el evangelista sitúa, en paralelo con la historia de Juan el bautista, el cumplimiento de la promesa mesiánica en Jesús y a la vez recrea el comienzo de su biografía.

Esta centralidad de Jesús en el relato no hace, sin embargo, a la figura de María un personaje secundario. Las palabras que le dirige el mensajero divino al inicio del encuentro no son meros piropos, sino que expresa mucho más. Ella es agraciada, regalada por la elección divina con la misión que se le va a anunciar y ante la que se le asegura de ante mano la presencia de Dios junto a ella.

El desconcierto de María no nace por la visita sorpresiva de un enviado divino, sino que lo que le turba es el hecho de que Dios pueda querer contar con ella para algo especial. Al escuchar al ángel se siente desafiada, situada ante algo desconocido y que le asusta. El mensajero divino a continuación, y antes de explicarle el motivo de su visita, le conforta diciendo: “No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor”. Las palabras del ángel tienen fuertes resonancias veterotestamentarias y aparecen en contextos de misión y vocación. Ella, es así incluida en la larga lista de figuras que en momentos significativos de la historia de Israel, Dios convoca para ser mediadores de su acción salvadora.

María escucha, como un día escuchó Sara la promesa de su maternidad (Gn 18, 10). Una maternidad cargada de incertidumbre, pero ante la que María responde con profunda confianza porque comprende, como también lo hizo la matriarca que nada hay imposible para Dios (Lc, 1, 37; Gn 18,14). La promesa y la misión se convierten en la vida de la joven Nazarena en un camino de fidelidad en el que, a pesar de las dificultades, se sentirá acompañada y sostenida como lo sintió Israel tantas veces a lo largo de su historia: ¡Sed fuertes y valientes, no temáis, no os acobardéis ante ellos!, que el Señor, tu Dios, avanza a tu lado, no te dejará ni te abandonará”. (Dt 31, 6). En palabras de Lucas: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc 1, 35)

María, de este modo, se hace agente activo del amor gratuito de Dios y engendra en su seno la palabra salvadora: Jesús. Acompañará su crecimiento, aceptará sus decisiones y acogerá su destino, Su maternidad, no será una misión fácil. Estará cargada de silencios y ausencias, pero también de risas y cantos. Ella es así testigo de que nada es imposible para Dios, no solo en su vida, sino en la de cada ser humano.

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

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“8 de Diciembre: Agraciadas concepciones, benditos nacimiento”, por Juan Masiá se.

Sábado, 8 de diciembre de 2018

ppvirgenmaria-726630De su blog Vivir y pensar en la Frontera:

Diciembre 8: Virginidad simbólica y materno-paternidad agraciada

Ave María, plena de gracia. Agraciada al ser concebida por Ana y Joaquín con la gracia del Espíritu Santo. Agraciada al concebir con José a Jesús por cooperación con el Espíritu Santo. Agraciada al dar a luz a Jesús y a sus hermanos y hermanas.

Ave, María y José, agraciados y bendecidos, junto con todas las madres y padres que reciben como un don del Espíritu los hijos que procrean y, al engendrarlos , consuman la virginidad simbólica que se realiza en la maternidad y paternidad.
Porque no es incompatible la unión de los progenitores con la acción del Espíritu: la criatura nace por la unión de sus progenitores y por gracia del Espíritu Santo.

El Espíritu entró en Ana por la puerta de la vida a través de Joaquín. El Espíritu entró en María por la puerta de la vida a través de José. María salió del seno de Ana por la puerta de la vida, empujada y atraída por el Espíritu. Jesús salió del seno de María por la puerta de la vida, empujado y atraído por el Espíritu. Sin comadrona a mano, José ayudaría en el parto.

Hoy es la fiesta de la gracia original. Pero María llena de gracias no es una excepción. Toda criatura nace en gracia original. Las metáforas del bautismo como borrador de manchas originales y la metáfora de la inmaculada como preservada de manchas originales provienen de una confusión y malentendido sobre el pseudo-símbolo del pecado original.

El mal llamado pecado original no es originario ni mancha antes de nacer. Su nombre exacto es el pecado del mundo. La criatura, que nace sin ninguna mancha, sale a la luz en un mundo en el que está ya extendida una red de pecado. Como quien entra en una sala de fumadores y se contamina con el humo. No es apropiado comparar el bautismo con una lavadora; más pertinente sería la comparación con la vacuna.

En todo caso, dejando aparte malentendidos sobre culpas originales y concepciones manchadas, en vez de hablar de la Inmaculada como excepción, deberíamos celebrar a María, como el símbolo de la gracia original y purísima gratuidad de la criatura creada para ser creadora.

María recuerda a todo padre y madre que su unión esponsal y el nacimiento de su prole son obra de la pareja por gracia de Espíritu Santo. Agraciada al ser concebida, agraciada al unirse a José, agraciada al concebir a Jesús. Bendita y agraciada “la que escuchó, la que creyó y la que concibió” : estos son los tres sentidos profundos de la virginidad como acogida simbólica de la gratuidad del amor.

Ojalá en nuestras catequesis podamos hablar a los adultos como a niños y a los niños como a adultos sobre el sentido profundo de la virginidad simbólica es perfectamente compatible con la procreación biológica o la pluralidad de formas de adopción y de unión de vida y amor en las diversas orientaciones de la sexualidad.

(Para ver más: El Que Vive. Relecturas de Evangelio, caps 7 y 8: Sueños de alumbramiento virginal, Sueños de virginidad procreadora,ed. Desclée Dd Brouwer, Bilbao, 2017).

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María para Herejes

Sábado, 8 de diciembre de 2018

magnificat-wDel blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

01. GABRIEL, ZACARÍAS: JERUSALÉN, MARÍA: NAZARET.

Gabriel, el mensajero de Dios trae una buena noticia de parte de Yahvé, y se daban todas las condiciones favorables para su acogida.

Gabriel debía llevar la noticia a Jerusalén, al lugar más santo y religioso de la ciudad, a la parte más sagrada del Templo: al Santuario, a un sacerdote, Zacarías, observante escrupuloso no solo de los mandamientos, sino también de las más mínimas prescripciones de la ley. Con el Templo, con un sacerdote, Zacarías, se daban todas las premisas para un buen resultado de la misión.

Y sin embargo Zacarías, el sacerdote irreprensible, no ha creído al mensajero Gabriel, quien ofendido por tanta incredulidad, lo ha castigado por su torpeza: no podía hablar, (Lc 1,5ss).

Ahora el ángel tiene otro mensaje que llevar, pero las condiciones son del todo desfavorables. Gabriel no debe ir a la religiosa Judea-Jerusalén, sino a la descreída Galilea, tierra de gente chabacana. Gabriel ahora tiene que ir no a la santa Jerusalén, sino a Nazaret, pueblo de la peor fama, no al Templo, sino a un “tugurio” en las afueras del pueblo; no a donde un sacerdote de pura raza, sino a una mujer casada y, tal vez, en estado de impureza.

Además el mensaje presentaba enormes dificultades para ser acogido. Si el sacerdote Zacarías no había creído el anuncio (que, por otra parte, suele ocurrir en ocasiones: que una anciana quede embarazada), ¿cómo se las arreglará Gabriel para proponer a una niña algo que nunca ha ocurrido? Era algo imposible e inimaginable, y sobre todo algo que para su religión era una blasfemia,

fray-angelico-la-anunciacion-museo-nacional-del-prado¿Podrá María llegar a ser madre y madre del hijo de Dios?

¿Cómo irán las cosas?

La mujer no podía tomar ninguna decisión sin haberla consultado con el marido y haber obtenido su aprobación. María no informa a José, no pide ninguna autorización a su marido. María acepta:

María responde: Hágase en mí, según tu Palabra, (Lc 1,38)

Zacarías era un hombre piadoso, religioso, tan ocupado en sus ritos y en sus devociones que permanece sordo al anuncio de Dios.

María, que contrariamente a Zacarías no es descrita como “irreprensible” observante de todas las leyes y preceptos del Señor como Zacarías e Isabel:

Ambos eran justos delante de Dios y cumplían los mandatos y leyes del Señor, de tal manera que nadie los podía tachar de nada, (Lc 1, 6).

María es capaz de vibrar en sintonía con la Palabra que continuamente crea y renueva el universo. María llega así a ser colaboradora con Dios en el comunicar vida a la humanidad.

María sabía que Dios no puede ser visto, Dios es aquel que no puede ser conocido. María sabía todo esto. Lo ha escuchado muchas veces en la familia, en la sinagoga. Sin embargo María acepta la propuesta de Gabriel, en último término de Dios.

Será la madre del hijo de Dios.

La desconocida chica de Nazaret, que “nadie conocía” (Orígenes), será “proclamada por todas las generaciones”, (Lc 1,48).

La mujer, que no podía osar acercarse al santuario, “contendrá” al Dios que el santuario pretendía guardar-encerrar en sus muros, el arca en el Templo.

La mujer, que ni tan siquiera podía tocar la Biblia, acogerá dentro de sí la Palabra hecha carne.
La mujer, que no podía dirigirse al sacerdote y mucho menos tocarlo, será la madre del “Santo de los santos”.

La propuesta de Gabriel no ha sido nada más que la formulación y confirmación de lo que María siempre había intuido y nunca había sabido expresar: la esperada respuesta a aquellas profundas exigencias de plenitud de vida que había sentido dentro de sí, a aquella sed de eternidad que Dios había puesto en su corazón:

(Dios) puso además en la mente humana la idea de lo infinito,aun cuando el hombre no alcanza a comprender en toda su amplitud lo que Dios ha hecho y lo que hará. (Ecle 3,11).

La virgen de Nazaret, en profunda sintonía con Dios que hace nuevas todas las cosas (Ap 21,5), responde a la llamada de la vida que se abre y que, para nacer, exige que no se quede en las cosas pasadas:

María abandona lo viejo, “lo cierto”, lo seguro, la tradición de los padres para abrirse a lo nuevo, a lo desconocido. Se quita la camisa de fuerza de la ortodoxia, para poder ser plenamente libre para acoger la sacrílega-herética propuesta de Gabriel.

Herética (hereje) es, por tanto, María para la religión oficial.

Blasfemo herético será considerado su hijo y, por lo mismo, condenado y ejecutado, (Mt 26,65; Jn 8,48; 10,33).

Heréticos serán considerados los continuadores de la obra iniciada por Jesús: Os llevarán al sanedrín, seréis perseguidos en las sinagogas, seréis odiados por todos a causa de mi nombre, (Mc 13,9-13).

“MARÍA, SEÑORA DE LOS HEREJES”.

María será señora de hombres y mujeres que por deseo de plenitud de vida y ansia de libertad se han liberado de la prisión de la ortodoxia, de la moral, del orden establecido, de la tradición para ponerse, incluso con limitaciones y errores, a la búsqueda de la verdad, de lo auténtico y vital.

María será señora de los “enfermos que tienen necesidad de médico” (Mc 2,17), de quienes tienen sed…

En el camino de la búsqueda de la verdad y de la vida, encontraremos en el hombre de Nazaret la plena respuesta nuestras exigencias. Quien beba de esta agua no tendrá más sed, (Jn 4,14). Herejes, transgresores, pecadores, hambrientos y sedientos de la verdad (Mt 5,6), que los evangelistas presentan como antítesis de los satisfechos de sí mismos: los ortodoxos, los píos observantes, los justos, todos completamente cerrados y hostiles a la propuesta de vida que Dios, a través de Jesús, trata de ofrecerles.

Serán los paganos impuros (magos) y los excluidos de Israel (pastores) los primeros en captar y acoger el don de Dios a la humanidad. No los sacerdotes y los teólogos del Templo. Serán un pagano y un marginado los primeros en creer en Jesús: el centurión romano y un leproso infectado samaritano quien dé gracias por la curación. Igualmente será la hereje y adúltera samaritana quien comprenda lo que le resulta incomprensible al piadoso fariseo Nicodemo. Cómo puede un hombre viejo … (Jn 3,4.9; 4, 19-26.42).

Las autoridades civiles y religiosas se mantendrán muy distantes de Jesús, hijo de Dios. Los fariseos, Herodes y los herodianos, etc. buscaban matarlo, (Mc 3,6).

Prostitutas e incrédulos formarán parte de la comunidad de Jesús, no así los observantes de la ley.

Ladrones como Leví y Zaqueo abrirán las puertas de su casa y de su vida al Hijo de Dios (Mc 2,13-15; Lc 19, 1-10). Los religiosos, por el contrario, se burlaban de él.

Los fariseos, que eran amigos del dinero, al oír estas cosas se burlaban de Jesús.(Lc 16, 14).

Los piadosos le expulsarán de su pueblo:

los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira. Se levantaron y echaron del pueblo a Jesús. (Lc 4,29)

Los paganos lo acogerán con los brazos abiertos.

Agonizando en la cruz, ante la mofa de los sumos sacerdotes y de los teólogos, su propuesta de salvación será plenamente acogida por un criminal crucificado a su lado, (Lc 23, 40-43).

La historia continúa y se repite. Por cada “sumo sacerdote” que “mandará expresamente no enseñar” el subversivo mensaje de la libertad y de la vida, habrá siempre un “Ángel del Señor”, un “Gabriel”, que “abrirá las puertas de la prisión” e invitará a predicar la Palabra de vida, (HH 5,17-20.28).

Es el comienzo de la hereje aceptación de María.

ASÍ ES COMO MARÍA FUE INMACULADA

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