Archivo

Archivo para la categoría ‘Espiritualidad’

Amar a los enemigos.

domingo, 23 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en Amar a los enemigos.

IMG_0027Comentario al evangelio del domingo 23 febrero 2025

Lc 6, 27-38

Parece innegable que nuestra especie no está programada para amar a los enemigos. De hecho, en nuestra evolución moral, la llamada “ley del talión” supuso un progreso notable. “Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”, se lee en el Libro del Éxodo (21,24-25), cuya versión definitiva puede datarse en el siglo VI a.C. Con esa norma, presente también en el Código de Hammurabi -en torno al siglo XVIII antes de nuestra era-, se trataba de preservar el principio de reciprocidad, que suponía un paso adelante en el comportamiento ético de los humanos, en cuanto buscaba evitar una venganza desmedida y sin control.

Afirmar que, como especie, no estamos programados para amar al enemigo no significa conceder que la energía que ha movido nuestro desarrollo haya sido básicamente la agresión, el enfrentamiento y la competitividad. Estudios recientes vienen a demostrar, por el contrario, que el principio de cooperación ha sido, a lo largo de la historia, tanto o más frecuente y más poderoso que el de competitividad. Pero, en cualquier caso, al “enemigo” -a todo el que era percibido como tal para el propio grupo- se le privaba incluso de su condición de “humano”, lo cual establecía las bases para eliminarlo.

Han sido las tradiciones sapienciales las que nos invitan a mirar la realidad desde otro ángulo, un ángulo que ahora vienen a confirmar las ciencias como el más ajustado.

Aunque es indudable que podemos hacer daño a otros, de la misma manera que podemos recibirlo de ellos, no lo es menos que cada cual, en cada momento, hace lo mejor que sabe y puede. Entender el daño que se hace no significa justificarlo. Pero no entenderlo revela solo narcisismo por parte de quien no puede ver más allá de sus propios “mapas” mentales. Dado que, si pudiéramos ponernos en la piel del otro, seríamos capaces de entender -aunque no justificar- todo lo que hace.

Las tradiciones sapienciales han insistido siempre en que el ser humano se halla constitutivamente orientado hacia el bien. Y la ciencia actual -biología, neurociencias- nos van mostrando que la culpa no existe. Y que, hablando con rigor, llamamos “libre albedrío” a lo que todavía desconocemos de la biología.

Eso explica que, en línea con la propuesta de Jesús, si supiéramos o pudiéramos mirar en profundidad, veríamos que no existen “enemigos”; existen personas que hacen daño, desde su propio sufrimiento no resuelto y desde una ignorancia radical de la que tampoco son culpables.

Esa mirada en profundidad es la que nos permite situarnos en la consciencia de unidad donde, más allá del comportamiento de cada cual, nos percibimos Uno con todos.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

La clave para acercarnos al Dios de Jesús no es el poder, sino el amor.

domingo, 23 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en La clave para acercarnos al Dios de Jesús no es el poder, sino el amor.

IMG_9910Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

0.1.- ¿Qué Dios hemos experimentado en la vida?

        Cada cual vive y habla de lo que ha percibido y de lo que experimenta en la vida. Esto nos ocurre en todos los ámbitos de la vida y también en el de la fe.

        Nosotros hablamos de un Dios fuerte: “todo-poderoso”: todo poder, que muchas veces ha derivado en Dios “milagrero”, cuando no en un Dios justiciero, que está siempre juzgando y, por menos de nada, nos castiga. En esa experiencia de Dios hemos sido educados. Y hablamos de un Dios prepotente porque es el Dios que hemos experimentado.

        En nuestra educación religiosa Dios era un ser temible, “Dios era peligroso”. (En tiempos de la Inquisición era sospechoso de herejía hablar y predicar sobre la misericordia de Dios).

Cuestiones como el pecado, la culpa – la culpabilidad, la angustia, el escrúpulo, el juicio, la condenación, el infierno configuraban en gran medida el centro de nuestra vivencia de Dios. Y lo peor era y es que esa mentalidad queda grabada como a fuego en la conciencia de muchas personas. Y esa mentalidad sigue vigente hoy en día en muchos sermones, catequesis, confesonarios, ideologías eclesiásticas, etc.

A veces da la impresión de que las catequesis y homilías son autoescuelas sobre lo que hay que hacer y evitar. La primera catequesis y más importante catequesis es el afecto al niño, a la persona.

        El habitat “normal” de un católico era ¿y es? tener miedo a Dios.

02.- El Dios de Jesús.

        Sin embargo el Dios de Jesús es completamente distinto. Dios es amor, (1Juan 4,7) y en el amor no hay temor (1Juan 4,18).

        Malamente ha pasado la experiencia de la bondad de Dios Padre a nuestra teología, a nuestra moral, a los confesonarios, liturgias, a las catequesis y homilías, etc… Sin embargo la clave para acercarnos al Dios de Jesús no es el poder, sino el amor.

        Jesús ve a Dios como a su Padre que le ama y eso es lo que vive y nos comunica: Dios no es juez, Dios es nuestro Padre.

        Pensamos que Dios un ser prepotente que podría curar un cáncer, que incluso podría parar las guerras, un ser que nos va a juzgar y posiblemente nos mande al infierno.

Pero lo que Jesús nos dice de Dios es que es nuestro Padre y nos ama. Lo genuino y propio de unos padres es amar a sus hijos, luego la vida irá como vaya. Pero los padres y Dios aman. Lo primero y ante todo es el amor.

En el amor no hay temor.

03.- Experimentar el amor.

        Creer en el Dios de Jesús, ser cristiano no es atragantarse de dogmas (Denzinger), de normas, de ritos y de “puertas”, sino sentirnos queridos por Dios.

        Es esencial y decisivo en la vida sentir, vivir en el amor.

Podemos vivir -hemos vivido- con escasos medios económicos, sin dinero, sin libertad, si justicia, lo que no podemos vivir sanamente es sin amar y sin ser amados.

        Un niño, un hijo no deseado y no querido en la familia (quizás maltratado) lo va a tener muy difícil después en la vida.

        El amor no es una dimensión especialmente cristiana -que también-, sino humana. El amor humano, el amor familiar es sacramento del amor de Dios.

        Cuidemos esta dimensión de amor en la vida, que será acogida, a veces será respeto, otras veces cercanía, en ocasiones perdón…

04.- La experiencia fundamental del cristiano.

La experiencia primordial y fundante del cristiano es la de ser amado por Dios. Dios nos ama siempre y, sobre todo, en nuestra condición de pecadores y seres débiles:

Dios nos ama cuando aún éramos (y somos) pecadores, (Rom 5,8).

        Ni tan siquiera se trata de un amor recíproco, de amistad (filia), sino de que Dios nos ha amado primero, (1Jn 4,10.16). Dios no nos ama porque nosotros cumplimos lo que nos manda, sino que nos ama porque es nuestro Padre.

En una plegaria eucarística del Misal romano dice: “cuando por desobediencia perdimos tu amistad, no nos abandonaste… ¿Quién les ha dicho a los liturgistas que Dios retiró su amistad al ser humano? ¿Quién les ha dicho a los liturgos que el padre retiró su amistad al hijo perdido?

        La experiencia cristiana más genuina es el amor. Donde hay amor, hay cristianismo. Si no hay amor estamos lejos de ser cristianos. Es lo que tantas veces hemos cantado en nuestra vida: Ubi charitas et amor, Deus ibi est: donde hay caridad y amor, allí está Dios.

        Somos cristianos cuando y porque nos sentimos amados por Dios, incluso -y sobre todo- cuando nos vemos hundidos en la vida. Cuando no se tiene la experiencia de ser amado en la vida es muy difícil ser cristiano, sentirse bienaventurado en la vida (recordemos lo que escuchábamos el domingo pasado: sed bienaventurados, felices en la vida).

Uno puede ser un perfecto religioso cumplidor de la ley, aceptar militarmente el dogma y la disciplina eclesiástica. Eso es ser religioso. Pero ser cristiano es amar y ser amado.

05.-    Ama y haz lo que quieras

        Jesús nos llama a vivir en el amor de Dios y de la humanidad.

        Pero el amor no es un mandamiento más de  “moralina barata” que se le ocurriera a Jesús lo mismo que podría haber dicho que los viernes no se puede comer carne o que los domingos hay que venir a Misa.

        Decía K Rahner (1904-1984) que el único criterio moral en el cristianismo es el amor. Después cada cual habrá de extraer las pautas de comportamiento para su vida.

        En último término es lo que decía San Agustín (350-430): ama y haz lo que quieras. O si preferimos podemos darle la vuelta: ama y lo que quieras, hazlo.

 

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

“ Brindar al mundo “exceso” de amor misericordioso como lo hace nuestro Dios “, por Consuelo Vélez

domingo, 23 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en “ Brindar al mundo “exceso” de amor misericordioso como lo hace nuestro Dios “, por Consuelo Vélez

IMG_0029De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio del VII domingo del TO 23-02-2025

El evangelio presenta tres actitudes concretas en las que se presenta la diferencia entre una sociedad donde cada uno ve por su propio interés y lo que ha de ser el actuar cristiano.

La vida cristiana tiene algo más que ofrecer al mundo. Allí donde impera la violencia puede ponerse la paz. Allí donde impera el egoísmo, puede implementarse el compartir. Allí donde prima la indiferencia, puede ponerse la atención a los otros, buscando también lo mejor para ellos

La vida cristiana, por tanto, está llamada a testimoniar el amor misericordioso de Dios y esa misericordia siempre es “generosa, apretada, sacudida, rebosante«

A ustedes que me escuchan yo les digo:

Amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian; bendigan a los que los maldicen, recen por los que los injurian.
Al que te golpee en una mejilla, ofrécele la otra, al que te quite el manto no le niegues la túnica.
Da a todo el que te pide, al que te quite algo no se lo reclames.
Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a sus amigos.  Si hacen el bien a los que les hacen el bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores lo hacen. Si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan para recobrar otro tanto.
Por el contrario, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Así será grande su recompensa y serán hijos del Altísimo, que es generoso con ingratos y malvados.
Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida generosa, apretada, sacudida y rebosante.
Porque con la medida que ustedes midan serán medidos

(Lucas 6, 27-38)

 El domingo pasado reflexionábamos sobre el pasaje de las bienaventuranzas. El evangelio de hoy continúa esa presentación de los valores del reino mostrando tres actitudes concretas en las que se presenta la diferencia entre una sociedad donde cada uno ve por su propio interés y lo que ha de ser el actuar cristiano. La primera se refiere a los enemigos, a los que tratan mal o injurian. Sobre ellos se dice que se han de amar, tratar bien, bendecir, rezar por ellos. La segunda se refiere a los que usan la violencia o roban las pertenencias. La respuesta es no poner resistencia y darle todo lo que se tiene. La tercera es dar todo lo que pidan y si alguien quita algo, no reclamarle. Vistas estas actitudes en sociedades como las nuestras tan llenas de violencia y de aprovechamiento de unos sobre otros, resulta muy difícil ponerlo en práctica. Pero la cuestión no es tomar al pie de la letra los ejemplos señalados sino entender el espíritu de lo que significa la vida cristiana. En realidad, se resume en la llamada “regla de oro”: hacer a los otros lo que queremos que ellos nos hagan. Y la fundamentación de tal actuar también radica en que la gente se porta bien con los que se portan bien, con las personas que ama. Pero no lo hace con los que no ama. Y aquí viene la pregunta para el cristiano: ¿Qué mérito se tiene si solo se hace el bien a los que se ama? Eso lo hacen todas las personas. La vida cristiana tiene algo más que ofrecer al mundo. Allí donde impera la violencia puede ponerse la paz. Allí donde impera el egoísmo, puede implementarse el compartir. Allí donde prima la indiferencia, puede ponerse la atención a los otros, buscando también lo mejor para ellos.

Ahora bien, la razón para este comportamiento lo explicita la segunda parte del evangelio: “Ser compasivos o misericordiosos como Dios es misericordioso”. En este mismo texto, pero en la versión de Mateo, se dice “sean perfectos como el Padre celestial es perfecto”. Y ambos textos remiten al texto del Levítico (19,2): “sean santos como Dios es santo”. Ahora bien, la santidad en Israel implicaba la “separación” para participar de lo sagrado y se hablaba de ello en el ámbito ritual. Conocemos que Jesús cuestiona esa pureza ritual que excluye a muchos. Por tanto, hablar de Dios como misericordioso puede ser mucho más significativo que los otros términos. De hecho, el Antiguo Testamento también habla de Dios como misericordioso y el evangelio de Lucas lo presenta en este texto muy diciente para sus destinatarios que son los pobres y excluidos.

La vida cristiana, por tanto, está llamada a testimoniar el amor misericordioso de Dios y esa misericordia siempre es “generosa, apretada, sacudida, rebosante”. Si hay algo que los cristianos pueden ofrecer al mundo de hoy es ese “exceso” de misericordia porque, efectivamente, todos necesitan de ese amor gratuito en muchos momentos de la vida y para algunos es la única posibilidad de levantarse de las situaciones de injusticia a las que las estructuras de pecado los someten. El evangelio termina con el refrán de oro expresado de otra manera: “de la forma que midan, así serán medidos”. Ojalá que estos valores del reino sean vividos con mayor radicalidad, con total generosidad como Dios mismo lo hace con absolutamente todos sus hijos, aunque sean ingratos y malvados.

(foto tomada de: https://www.ecognitiva.com/salud/ayuda-a-domicilio-mayores/#google_vignette)

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

María: La vida no puede equivocarse.

sábado, 22 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en María: La vida no puede equivocarse.

Del blog Amigos de Thomas Merton:

408008753_825444299379909_5713337213017587637_n

«En la tradición cristiana, María es la mujer del “sí”. Quizás, en una lectura mítica –unida a intereses espurios que nada tienen que con el evangelio ni con la espiritualidad–, tal actitud se presentó como “sumisión” pasiva que anulaba a la persona. Sin embargo, no es nada de eso: se trata, por el contrario, de una actitud sabia que sabe alinearse con el momento presente, porque reconoce su verdadera identidad en la Vida única que todo lo rige. Es a esa Sabiduría mayor a la que la persona dice “sí”. Y no es anulación, porque esa sabiduría –y no el yo o ego– constituye, en lo profundo, nuestra verdadera identidad. Es ella la que dice: que todo sea; amo lo que es. Y es entonces, solo entonces, cuando, paradójicamente, la Vida se manifiesta a través de nosotros de un modo adecuado: todo fluye.

 Ahora bien, para vivir tal actitud sabia y humilde, se requiere silencio interior: silencio de la mente y de todos los movimientos mentales y emocionales. Se requiere aprender a “guardar las cosas en el corazón”, dejar reposar todo, en actitud de paciencia. Todo lo que sucede tiene que suceder: la Vida no puede equivocarse. Lo que ocurre es que nuestra mente no alcanza a entenderlo y automáticamente genera resistencias. Por eso necesitamos aprender a calmar o aquietar la mente: para no vivirnos en el oleaje, sino en el fondo del océano, donde todo es quietud«.

*

Enrique Martínez Lozano

Otro modo de leer el Evangelio

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“La educación ante la alarma ecológica”, por Leonardo Boff, teólogo

sábado, 22 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en “La educación ante la alarma ecológica”, por Leonardo Boff, teólogo

madre-tierraDe su blog La fuerza de los pequeños:

«El destino común nos convoca a un nuevo comienzo»

«Un planeta pequeño y con bienes y servicios (recursos) limitados como la Tierra no soporta un proyecto de desarrollo/crecimiento ilimitado, el motor teórico y práctico que puso en marcha toda la modernidad»

«La Deep Seek china, la más avanzada de todas las plataformas y de libre acceso, anunció la ‘insostenibilidad humana y la obsolescencia histórica del neoliberalismo del modelo económico occidental’

«Todos los seres vivos tenemos el mismo código genético. Tal paradigma tendría la facultad de crear la conciencia colectiva de que debemos tratarnos, entre nosotros los humanos y con todos los demás seres de la naturaleza, como hermanos y hermanas»

«Quiero detenerme en un valor que se suele olvidar y que debe estar presente en la escuela: la espiritualidad natural, que forma parte de la naturaleza humana»

Por más que haya negacionistas, no se puede negar el hecho de que la Tierra y la humanidad han cambiado. En primer lugar se da como cierta la constatación de que un planeta pequeño y con bienes y servicios (recursos) limitados como la Tierra no soporta un proyecto de desarrollo/crecimiento ilimitado, el motor teórico y práctico que puso en marcha toda la modernidad. Es la conocida Sobrecarga de la Tierra (The Earth Overshoot).

La Deep Seek china, la más avanzada de todas las plataformas y de libre acceso, anunció la “insostenibilidad humana y la obsolescencia histórica del neoliberalismo del modelo económico occidental. Está destinado a desaparecer, por más que prolongue la agonía con violencias, agresiones y guerras. Tal anuncio dejó aterrorizados a los dueños de las grandes plataformas que en un momento perdieron en total un billón de dólares.

En otras palabras: la Tierra, considerada como un superorganismo vivo, sintiéndose agredida sistemáticamente por la forma como los occidentales decidieron relacionarse con ella y con la naturaleza en los últimos tres siglos, explotándola al máximo para conseguir una ilimitada acumulación de riqueza material privada, hecha mediante la competición más feroz, está reaccionando cada vez con más frecuencia. Envía señales tales como una gama enorme de virus, de bacterias, el último más universal, el coronavirus, eventos extremos como severas sequías, inundaciones avasalladoras, erosión de la biodiversidad y, últimamente, con incendios, inaugurando más allá del vigente antropoceno y del necroceno una nueva era geológica, tal vez la más peligrosa, el piroceno (la era del piros en griego, del fuego).

Pero la reacción más sensible y violenta de Gaia es el calentamiento global. No estamos yendo hacia él. Estamos ya dentro de él. El Acuerdo de París de 2015 de disminuir al máximo la emisión de gases de efecto invernadero para que no llegásemos a 1,5C en 2030 no se ha respetado. La fecha se ha anticipado. El año 2024 ha sido el más caliente de la historia conocida, llegando a un aumento de 1,55ºC de media y en algunos lugares hasta de 2ºC o más. Los científicos reconocen que la ciencia ha llegado demasiado tarde. Ya no puede hacer retroceder ese calentamiento. Todo lo más puede advertir de la llegada de eventos extremos y mitigar los daños. Ni siquiera necesitamos la ciencia para hacer esta constatación: por todas partes ocurren eventos extremos, que hacen que nos demos cuenta de que el planeta Tierra ha perdido su equilibrio y está buscando otro. Este, más caliente, puede asolar gran parte de la biosfera y diezmar millones de seres humanos que no conseguirán adaptarse a un clima más caliente.

¿Cómo salir de esta crisis planetaria? No vemos otro camino realista que inaugurar otro paradigma en la relación con la naturaleza y la Tierra viva: buscar vivir aquel valor presente en todas las culturas al cual dediqué dos libros: “la búsqueda de la justa medida”: cuánto extraer de la naturaleza para nuestra subsistencia y cuánto preservarla para que pueda regenerarse y continúe ofreciéndonos lo que necesitamos para vivir.

Si el paradigma dominante era el del dominus, el ser humano amo y señor de la naturaleza, no sintiéndose parte de ella, y nos ha llevado a la crisis sistémica actual, ahora se impone aquello que el sentido común y la propia biología nos han enseñado: el frater (el hermano y la hermana). Todos los seres vivos tenemos el mismo código genético de base como lo demostraron Watson y Crick en los años 50 cuando identificaron la fórmula de cómo se construye la vida, lo que nos hace objetivamente hermanos y hermanas unos de otros. Tal paradigma tendría la facultad de crear la conciencia colectiva de que debemos tratarnos, entre nosotros los humanos y con todos los demás seres de la naturaleza, como hermanos y hermanas.

El cuidado, la cooperación, la solidaridad, la compasión y el amor constituirían las bases de esta nueva forma de habitar el planeta Tierra. Evitaríamos los peligros de autodestrucción y crearíamos las condiciones para la continuidad de nuestra vida sobre este planeta. De lo contrario podríamos conocer el camino recorrido por los dinosaurios, que hace 67 millones de años no consiguieron adaptarse a los cambios de la Tierra y desaparecieron definitivamente.

Dentro de este contexto se hace urgente enriquecer la educación con el valor del cuidado, con la ética de la solidaridad, con el sentimiento de amorosidad hacia todos los seres y la iniciación a la espiritualidad natural. Como afirmaba Hannah Arendt: podemos informarnos durante toda la vida sin educarnos nunca. Hoy tenemos que educarnos de forma adecuada a los cambios que están ocurriendo. No se trata de tener una cabeza llena con todo tipo de información, sino una cabeza bien organizada. Educar no es llenar una vasija vacía sino encender una luz en la mente.

Nos advierte la Carta de la Tierra: “como nunca antes en la historia, el destino común nos convoca a un nuevo comienzo. Esto exige una nueva mente y un nuevo corazón”. Es decir: asumir que la Tierra está viva y es nuestra Gran Madre; rescatar los derechos del corazón: el lazo de amorosidad para con todos los seres y superar el uso utilitarista, pues cada uno posee un valor en sí. Enriquecer la razón intelectual, tan desarrollada en la modernidad, con la sensibilidad del corazón que nos hace sentirnos realmente hermanos y hermanas unos de otros, con el imperativo ético de guardar y cuidar de la herencia sagrada que es la Tierra, nuestra única Casa Común.

Entre otros valores quiero detenerme en uno que se suele olvidar: recuperar la espiritualidad natural. Ella no es una derivación de las religiones, más bien estas beben de esta fuente que es más originaria. La espiritualidad natural es parte de la naturaleza humana como la inteligencia, la voluntad, el poder y la libido. La espiritualidad natural se expresa por el amor que no excluye a nadie, por la solidaridad, por el lazo afectivo con todos los seres, por la compasión con los que sufren. Esta espiritualidad debe estar presente en la escuela, desde la más tierna infancia. Así se formarán no consumidores y usuarios de los medios tecnológicos, sino ciudadanos conscientes, críticos, sensibles, profundamente humanos.

*Leonardo Boff teólogo, filósofo, escritor, ha escrito: La búsqueda de la justa medida: el pescador ambicioso y el pez encantado, Vozes 2022.

Espiritualidad, General , , , , , , ,

Dios conoce nuestros silencios

viernes, 21 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en Dios conoce nuestros silencios

cantiique-symc3a9on

«Creemos que no sabemos rezar. En el fondo, no tiene importancia, porque Dios escucha nuestros suspiros, conoce nuestros silencios. El silencio es toda la oración y Dios nos habla en un soplo de silencio, nos alcanza en esta parte de la oración. “Una soledad interior que ningún ser humano puede llenar”.

*

Hno. Roger de Taizé

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“Ideas sobre una religión decepcionante”, por Beto Vargas.

viernes, 21 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en “Ideas sobre una religión decepcionante”, por Beto Vargas.

Diseño sin título - 1¡Qué maravilla de texto!

De su blog dios, en minúscula:

No hay un milímetro de coincidencia entre Jesús y los totalitarismos.

Poco se habla de aquel día en el que la familia de Jesús sintió algo que podría ser decepción o vergüenza, desconcierto o frustración, porque ese hijo, hermano, sobrino, no parecía querer ser lo que se esperaba de él. Básicamente lo buscaron, lo encontraron e intentaron reclamarle. Tenían motivos para hacerlo, no solo estaba abandonando su lugar en la familia, algo que por mandato de dios estaba prohibido, sino que además estaba trayendo deshonra sobre todos. Mira a tu hijo, qué son esas compañías, no le hace caso a nadie, quiere saber más que los maestros, rodeado de esas mujeres, de esos vagos, y hablando de dios.

Poco se predica sobre lo que supuso para las familias de quienes le siguieron, el abandono de sus casas y sus oficios que aquellos hermanos, hermanas, hijos, sobrinas, hicieron para ir tras un predicador sin futuro, un transgresor obstinado, en una escuela de andariegos sin techo y sin destino. No han aparecido ni para el entierro de su padre. No han venido a despedirse de nosotros. Ahí, junto a la orilla, dejaron las barcas, las redes y todo lo que le daba un sustento a esta familia, y se fueron a tocar gente impura y enferma, pero por dios en qué cabeza cabe todo esto.

Poco se escribe sobre lo que significó que Saulo, hombre con todas las credenciales para ser considerado un religioso confiable y ortodoxo, de sana doctrina y recto proceder, fiel defensor de los valores tradicionales, de las enseñanzas de toda la vida, un día se hiciera uno más de aquel movimiento sospechoso, dejando atrás sus estudios en la escuela más prestigiosa de la zona, y convirtiéndose en un divulgador de ideas raras y peligrosas, en las que ya no se sabe quién es quién. Ahora cree unas cosas que aquí nunca hemos creído. Ha perdido el rumbo, qué lástima, era una promesa para la teología. Se le ha metido en la cabeza que podemos juntarnos con los de fuera, que podemos hasta comer con ellos.

El cristianismo, desde el minuto 1 provocó vergüenza, reclamo, prejuicio, intolerancia. Pero ojo, el cristianismo no es provocación, ni esas reacciones son su objetivo, ni su propósito, ni su ideal. Solo personas con una sospechosa necesidad de exhibir su apatía social predicarían que seguir a Jesús implica hacer todo lo posible por convertirte en alguien «funado«, «cancelado«. Buscar el escarnio o el martirio no tiene nada de cristiano. Está de moda entre la ortodoxia victimizarse por motivos religiosos, cosa que suele distraer la atención de las verdaderas víctimas de segregación, exclusión, violencia y barbarie. Para los vulnerables, a diferencia de los apologetas, el mundo es mucho más que un meme.

Entonces, ¿De dónde viene esa reacción odiosa, esa respuesta tosca y a veces agresiva contra la fe? Bueno, si la fe es genuina, viene de la amenaza que significa para quienes viven de las ventajas que les otorga una posición sostenida en la injusticia y la desigualdad. Imagina un mundo en el que todos los amos (amos oficiales de la antigüedad o amos modernos de las maquilas) trataran a sus subalternos como Pablo pide a Filemón tratar a su siervo. Imagina un mundo en el que los creyentes políticos o empresarios salieran de sus misas a actuar como Zaqueo al salir de aquella comida. Imagina un mundo en el que los religiosos profesionales trataran a los de fuera de la iglesia como… como el cristianismo del nuevo testamento trata a los de fuera. Imagina un cuerpo de Cristo en la que las mujeres tuvieran el lugar que tuvieron en el movimiento de Jesús. Otro mundo.

Pero el cristianismo no es una amenaza por su fuerza física sino por su fuerza afectiva. Su oferta no es terquedad ni protesta, sino una forma de juntarse y convivir. No es una contracultura en el sentido modernista de la palabra (Hay que ver cómo les gustan a los antimodernistas los conceptos modernistas!), de exhibir unas convicciones para plantarse en oposición a lo que consideran amenaza – porque odian a Marx pero le siguen – sino que es una alternativa que ofrece un sentido, una esperanza y una plenitud que ninguna oferta religiosa, política, económica, ideológica, puede ofrecer. No es un enfrentamiento, sino una apertura de mirada que evidencia que ciertas promesas no son más que un espejismo.

Por eso, cuando la fe no es genuina, cuando es apenas un pretexto para dejar salir la propia incapacidad, el desprecio no resuelto, la superioridad enfermiza, el afán de control, reconocimiento y estatus, entonces la reacción contraria no es fruto de un «odio a los valores» ni una «campaña contra la gente decente» sino un sacudirse el fastidio que provocan las imposiciones, las intolerancias, las tiranías.

En un mundo en el que hay que explicar que no hay un milímetro de coincidencia entre Jesús y los totalitarismos, en el que hay que decir que el amor al prójimo no tiene ningún orden de prioridades que justifique la xenofobia y el exterminio, en el que hay que recordar que el lugar central de viudas, huérfanos y forasteros no es una idea woke sino el núcleo de la alianza entre israel y Yhwh, está bien saber que hacer las opciones de Jesús puede traer cierto desprecio, pero no vendrá de las calles, ni de las personas que están buscando un lugar que nunca han tenido, sino que vendrá principalmente de los templos y las procesiones. Como en el minuto 1.

Espiritualidad , , ,

La otra mitad del corazón: la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), la transfobia y el fracaso de la solidaridad

viernes, 21 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en La otra mitad del corazón: la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), la transfobia y el fracaso de la solidaridad

IMG_0939Dr. Nicolete Burbach

La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Dr. Nicolete Burbach, responsable de justicia social y ambiental en el Centro Jesuita de Londres, Reino Unido. Su investigación se centra en utilizar las enseñanzas del Papa Francisco para abordar las dificultades en el encuentro de la Iglesia con la transscendencia.

Donald Trump ha comenzado a declarar la guerra contra las personas trans. A través de una serie de órdenes ejecutivas, busca nada menos que la eliminación de la transexualidad y, por extensión, de las personas trans, de la vida pública. De hecho, incluso nos están eliminando de la historia: el día que me senté a escribir este artículo, se informó que las referencias a las personas trans habían sido eliminadas del Monumento Nacional Stonewall y del sitio web. La intención, por supuesto, es eliminarnos también del futuro: hacer que la vida trans sea imposible hoy, para que no haya personas trans mañana.

Ellos fracasarán. Siempre ha habido personas trans y siempre estaremos aquí.

Estas órdenes vienen acompañadas de una serie de otras directivas que atacan una variedad de derechos de las minorías. La respuesta de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos a este ataque ha sido, en el mejor de los casos, poco entusiasta: condenó las políticas de Trump hacia los inmigrantes y acogió con agrado sus políticas transfóbicas en la misma declaración, y respondió de manera inequívocamente positiva en otros casos.

IMG_9992La aceptación por parte de los obispos de la transfobia de Trump no es simplemente una muestra de intolerancia. Es un tipo de intolerancia más complejo que gira en torno a proteger y celebrar lo que entienden que es la naturaleza humana. Consideran que la naturaleza humana está bajo ataque por parte de la transexualidad, por lo tanto piensan que protegerla significa luchar contra la transexualidad. También creen que esto, en última instancia, es bueno para las personas trans, porque significa proteger nuestra naturaleza de nuestros propios supuestos intentos de ponerla en peligro. Y creen que están protegiendo a otros (en particular, a las niñas jóvenes y fértiles) de la corrupción mediante lo que imaginan que son nuestros delirios contagiosos y autodestructivos. Éstas –y no la marginación trans, ni la pobreza, ni la exclusión– son sus prioridades políticas en nuestras vidas.

Están desesperadamente equivocados.

En primer lugar, hay muchas interpretaciones diferentes de la naturaleza humana. Se pueden encontrar muchos relatos sofisticados en los estudios de género y trans, sin mencionar la teología trans, y de hecho la teología en general, que ponen en tela de juicio tanto la antropología (altamente simplista) imaginada por la USCCB, su análisis de la transidad y sus respuestas a las cuestiones éticas asociadas con ella.

La existencia de esta literatura muestra que la cuestión de si la naturaleza humana se protege al suprimir la transexualidad en la sociedad es muy compleja y difícil de resolver. La posición de la USCCB sobre estas cuestiones es correspondientemente muy tenue: hay muchas maneras en las que podrían estar equivocados. Tampoco parecen tener la experiencia necesaria para determinar rigurosamente cuáles son las mejores políticas.

De hecho, la retórica católica oficial en torno a la transexualidad no sólo ignora, sino que activamente contribuye a oscurecer todo este cuerpo de literatura. Aún no he visto un documento de la Iglesia que ilustre esta experiencia entre los tomadores de decisiones.

En cambio, la cuestión de si una política perjudica a las personas trans de maneras más mundanas es mucho más simple. Como he argumentado en otras partes de este blog, las iniciativas destinadas a eliminar la transexualidad de la vida pública también sirven para eliminar a las personas trans. De la misma manera, supuestamente “proteger la naturaleza humana” de nosotros en realidad se produce a costa del bienestar trans. Desde esta perspectiva, las personas trans son, en el mejor de los casos, individuos pobres y enfermos, incapaces de lidiar con nuestra naturaleza sexuada, a quienes se debe abrazar con misericordia en una base interpersonal y reprimir en la esfera social y política. El resultado es que cada vez estamos más vigilados y marginados por intentar vivir una vida trans.

Por supuesto, estas cuestiones más concretas todavía son difíciles de resolver en ciertos aspectos. Una gran cantidad de desinformación y pánico ideológico enturbian las aguas. Esta situación oculta el hecho de que gran parte de lo que se ha convertido en transfobia de “sentido común” es en realidad más dudosa de lo que parece, ya sea en relación con la atención sanitaria para niños trans, la seguridad en espacios de un solo sexo o las supuestas ventajas universales de las mujeres trans sobre las cis en el deporte. Los medios de comunicación también hacen que la transfobia parezca respetable y la introducen en la mente de la gente en un proceso que se asemeja a la radicalización política. Pero estas preguntas concretas son aún más obvias que las preguntas sobre la naturaleza humana. En muchos casos, sólo hay que mirar.

En este contexto, es frustrante que la USCCB parezca más preocupada por defender políticas que surgen de sus tenues opiniones que por proteger a las personas trans de los daños obvios e incontrovertibles que esas políticas causan. La solidaridad material y concreta con los pobres y marginados ha quedado relegada a un segundo plano frente a la abstrusa metafísica de la guerra cultural.

Mirar la política transfóbica de esta manera más fundamentada, concreta y materialista también arroja luz sobre una segunda deficiencia en el enfoque de la USCCB, una que creo que es aún más grave. Durante su campaña presidencial, Trump utilizó la transfobia como parte de una retórica más amplia de “nosotros y ellos” (o “ellos/ellos”) que convirtió en chivos expiatorios a varios grupos minoritarios, incluidos inmigrantes y personas trans. Además, sus ataques a la transexualidad son una expresión de su autoritarismo político más amplio, que intenta justificar utilizando esta actitud de chivo expiatorio para construir una imagen de amenaza. Sus ataques a los derechos de las personas trans también son parte de su ataque más amplio a la legislación sobre igualdad. Por último, sus ataques a la transexualidad (y, de hecho, los ataques católicos a la homosexualidad) son una parte de larga data de la política nacionalista en general.

En resumen, Donald Trump tiene un proyecto político más amplio –uno de violencia, explotación y represión– y su transfobia es parte integral de éste. Esto significa que cuando aceptas la transfobia, aceptas un aspecto de la política de Trump. Cuando promueves la transfobia, promueves su política. Y no importa si criticas otros aspectos de su política, como su política de inmigración, porque todavía estás apoyando una parte clave de su agenda. Su política es un todo cohesivo; No puedes separar las piezas.

Tampoco es importante por qué la gente apoya la política antigénero como para que ayuden al proyecto más amplio de Trump de estas maneras. Puedes afirmar que tienes “preocupaciones razonables” sobre la atención sanitaria, o preocupaciones feministas sobre los baños y los vestuarios. Incluso puedes afirmar, como los obispos, que tu compromiso católico con la dignidad humana te pone en desacuerdo con los derechos de las personas trans. Nada de esto importa. Lo único que se necesita es vuestro apoyo.

En este contexto, la USCCB simplemente se ha aliado con Trump. Su apoyo parcial sigue siendo apoyo, y no sólo a su transfobia, sino a su proyecto más amplio, incluidas sus acciones hacia las minorías que no quieren que sean eliminadas de la sociedad.

El proyecto político cohesivo de Trump exige una oposición igualmente cohesiva. La condena a medias de la USCCB suscita la pregunta: ¿qué pasa con la otra mitad del corazón? ¿Que esta haciendo?

La respuesta: colaborar.

-Dr. Nicolete Burbach (ella), 15 de febrero de 2025

Fuente New Ways Ministry

Espiritualidad, General, Homofobia/ Transfobia. , , , , ,

«Solidaridad cotidiana», por Miguel Ángel Mesa.

jueves, 20 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en «Solidaridad cotidiana», por Miguel Ángel Mesa.

De su blog Otro Mundo es posible:

Solidaridad-cotidiana_2750134990_17550425_660x371

«Las fuerzas que se asocian para el bien no se suman, se multiplican»
(Concepción Arenal).

En el libro de El Profeta, Kalil Gibrán nos describe con sumo acierto, la filosofía de la entrega, de la donación, de la solidaridad en su esencia más pura: «Dais muy poca cosa cuando dais de lo que poseéis. Cuando dais algo de vosotros mismos es cuando realmente dais… Hay quienes dan y no saben del dolor de dar, ni buscan la alegría de dar, ni dan conscientes de la virtud de dar. Dan como, en el hondo valle, da el mirto su fragancia al espacio… A través de las manos de los que dan así, Dios habla y, desde el fondo de sus ojos, Él sonríe sobre la tierra».

Podemos seguir hablando de la solidaridad en los términos que expresa esta famosa oración: «Jesús, no tienes manos. Tienes solo nuestras manos para construir un mundo donde reine la justicia». Las palabras de Jesús son clarísimas en el evangelio de Mateo, capítulo 25: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui emigrante y me acogisteis…». O en el capítulo 14: «Dadles vosotros de comer».

El buen Dios, su hijo Jesús, Buda o Mahoma, no van a volver a nuestro mundo para sustituirnos en nuestra obligación de ser justos y solidarios. Y en estos tiempos, donde la escasez, el paro, las injusticias sociales y laborales, la corrupción dominan todos los espacios, la solidaridad es la virtud más importante a implementar para sentirnos como hermanos y miembros de una sola familia humana. Porque la solidaridad lleva de la mano a sus distintas hermanas: la ternura, la justicia, la libertad, la paz, la dignidad. Englobadas todas ellas en el hermano mayor: el Amor.

La solidaridad se tiene que vivir y demostrar en cada una de nuestras acciones cotidianas. Y cuando se vive así se traduce en alegría, gozo, ganas de vivir, esperanza. Se nota en el brillo de los ojos y en el cariño que transmite todo el ser.

La persona solidaria, superando todas las dificultades, va tejiendo con constancia y paciencia, la tela de araña de las redes solidarias que en nuestros días siguen construyendo día a día las bases de un mundo mejor, desde el compromiso con los más necesitados y marginados.

Para cualquier hombre o mujer solidaria, las fronteras no existen, toda persona es bienvenida en cualquier país, no existe discriminación por el color de piel, por su cultura, religión, pensamiento social o político o condición sexual. Porque todos y todas somos importantes, porque nadie debe quedar excluido del bien común y de una vida digna, porque cada ser humano es necesario para llevar el barco, en el que estamos navegando todos juntos, a buen puerto. Porque ningún sufrimiento en ningún lugar de la tierra nos tiene que resultar ajeno, y lo tenemos que sentir como propio.

Un gran profeta de nuestros días, monseñor Proaño, definía así la solidaridad:

«Mantener siempre atentos los oídos /
al grito del dolor de los demás /
y escuchar su llamada de socorro /
es solidaridad…

Mantener la mirada siempre alerta /
y los ojos tendidos sobre el mar, /
en busca de algún naufrago en peligro /
es solidaridad. Sentir como algo propio el sufrimiento /
del hermano de aquí y del de allá, /
hacer propia la angustia de los pobres /
es solidaridad».

«Felices quienes anuncian con su comportamiento, que la solidaridad es la ternura de los pueblos, el actual y siempre nuevo nombre del amor».

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Teología en la adversidad”, por Gabriel Mª Otalora

jueves, 20 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en “Teología en la adversidad”, por Gabriel Mª Otalora

bajarcruzpobresDe su blog Punto de Encuentro:

Hans Küng logró sintetizar en un párrafo lo que luego ha sido la idea central ante el dolor y el sufrimiento: “El seguimiento de la cruz no significa imitación ética de la vida de Jesús sino el desafío de asumir el propio sufrimiento, no buscando el dolor, sino soportándolo. No solo soportar el dolor, sino combatirlo. No solo combatirlo, sino transformarlo.” En menos palabras no se puede expresar mejor lo que me parece una teología de la cruz.

Estamos ante un mensaje de implicación ante la adversidad de quien lo padece para transformarlo en madurez al actuar como ofrenda de amor. Por supuesto que dicha actitud incluye el sufrimiento propio. Está constatado que sufrir sin darle ningún sentido, acaba en la desesperación; por el contrario, puede activarse una llamada para conocer nuestros resortes en lo más escondido de la psique y el corazón humanos; ellos esperan a que nuestra voluntad y nuestro esfuerzo se activen para superar las adversidades, o para transformarlas en amor cuando no es posible superarlas.

No es de extrañar que existan tantas patologías y toxicologías en personas que probablemente entraron en una espiral de deshumanización por no tener fuerzas suficientes para arrostrar determinados dolores. Las imagino sintiendo incomprensión Y la insensibilidad, la injusticia de quienes denegaron ayuda porque nadie les introdujo en la cultura de la liberación del sufrimiento (cultura en el sentido primario de cultivar).

La teología de la cruz nos lleva inevitablemente a reflexionar sobre qué hacemos con los talentos recibidos, y en qué invertimos nuestras capacidades. La felicidad es consecuencia de la que a otros hemos procurado. Parece claro que estamos ante una de reglas básicas de la existencia.

Son tiempos difíciles incluso para quienes tienen resueltas las necesidades básicas y no tan básicas; qué decir de los millones de personas sin medios ni dignidad humana que malviven por la codicia violenta de sus semejantes ¿Dónde está Dios en este pandemónium? Anthony de Mello se refería a esto en forma de parábola: “Viendo a una niña marginada, aterida y con pocas perspectivas de conseguir una comida decente, me encolericé y le dije a Dios: ¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para solucionarlo? En pleno silencio, esa noche Él me respondió: “Ciertamente que he hecho algo. Te he hecho a ti” como alguien que puede ayudar y amar.

El silencio de Dios ante tanto dolor no deja de ser una llamada para que le dejemos actuar a Dios a través de nuestras manos ¿Dónde está Dios? Pues está manifestándose en cada gesto de amor que realizamos al próximo, a quien Él quiere que le tratemos como a un hermano. Enredarnos en otras prioridades puede resultar un escándalo para tantísimas personas que buscan al Dios de la comprensión y misericordia, y a lo peor encuentran superficialidad y buenas palabras.

Para salir de esta crisis existencial, es preciso amar más alrededor y dejarnos transformar desde los acontecimientos de la vida, aceptando el riesgo de una nueva manera de ver y obrar, de comprender y actuar. Pues solamente quienes se mantienen firmes en la voluntad de avanzar en esta dirección llegan a descubrir donde nos espera Dios y nuestro mejor Yo: junto a tanta inocencia que sufre.

Espiritualidad , , , , , ,

Como los árboles.

miércoles, 19 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en Como los árboles.

IMG_4979


«Los monjes son como los árboles: rezan en silencio por la noche, como los árboles que crecen en silencio, y como ellos… purifican el aire, así el monje purifica con su oración.«

*

Thomas Merton

Merton

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

“Germinar en lo imposible”, por Ianire Angulo Ordorika, ESSE

miércoles, 19 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en “Germinar en lo imposible”, por Ianire Angulo Ordorika, ESSE

IMG_9123De su blog A pie de calle:

Llevo unas semanas de estancia al norte de Portugal y, si se tratara de una mera cuestión de climatología, está claro que tendría que haber cambiado de destino por uno que, en estos meses, tuviera un clima más… tropical. Al índice de humedad, ya alto de por sí, se le añade esa costumbre invernal de los lugares del norte que, de tanto estar por Granada, se me había olvidado de mi Bilbao natal: llover.

La borrasca Herminia tampoco ha colaborado demasiado en este retorno mío a los lugares lluviosos, pues ha habido días en los que una servidora ha comprobado por propia experiencia que, a pesar de la fuerza del viento, son sus dimensiones y no la fuerza de la gravedad lo que le sujeta al suelo y le impiden salir volando paraguas en mano, como si de una nueva ‘Mary Poppins’ se tratara. A pesar de que, a su paso, la amiga Herminia había dejado calles bastante semejantes a piscinas públicas, el agua es un compañero tan habitual de los habitantes de Braga que sus calles drenan a una velocidad que me resultó muy llamativa.

Con todo esto, no sorprende que el musgo y la vegetación campen a sus anchas, no solo en los espacios que les son más propios, sino también ahí donde parece que no habría espacio para su crecimiento. Muchas paredes, el empedrado de sus vías y un número nada desdeñable de troncos de árbol están cubiertos por una capa verde, más o menos fina.

Y es probable que sea una tontería, pero, ante esta imagen, me viene el asombro que sugiere esa parábola propia del evangelio de Marcos que provoca contemplar cómo la semilla crece sin que el sembrador sepa cómo (cf. Mc 4,26-27). No es que me admire cómo se produce ese fenómeno, obviamente, sino el hecho de que crezca algo ahí donde parece que nada puede arraigar. Donde parece que es imposible que brote algo, la humedad y la lluvia colaboran en una especie de milagro cotidiano y desapercibido: que los adoquines y los troncos alberguen una vida que no viene de ellos.

Algo parecido nos sucede a cada uno de nosotros. Aunque haya aspectos de nuestra vida que nos parezcan duros como la piedra de las calles de Braga o rugoso e inquebrantable como la corteza de un árbol, cualquier ranura puede convertirse en espacio suficiente para que, si se dan las condiciones necesarias, pueda surgir aquello que no esperamos y que nos parece impredecible.

Así nos sucede también en lo que se refiere a la relación con Dios, que tiene la costumbre de aprovecharse de nuestras grietas para colarse en nuestra existencia de un modo nuevo, generando vida ahí donde parecía insospechable,haciéndonos crecer ahí donde nunca lo hubiéramos dicho y convirtiendo en ganancia aquello que nos podía parecer una pérdida irreparable. Está claro que el norte de Portugal en esta época se parece bastante poco al Caribe, pero este paisaje, urbano pero lleno de verdor, me ayuda a agradecer todas esas tormentas capaces de hacer germinar en nosotros lo que parecía imposible.

Fuente Vida Nueva

Espiritualidad , ,

Consejos para un buscador espiritual

martes, 18 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en Consejos para un buscador espiritual

aeefdd34-bf23-4b49-bc67-c7f074ec8191


Toda aventura interior comienza con la capacidad de apertura y acogida”

El pasado 12 de febrero llegaba  a las librerías Devoción, el último trabajo del escritor y sacerdote Pablo d’Ors, una versión narrativa del clásico de la espiritualidad ortodoxa Relatos de un peregrino ruso. En él D’Ors reflexiona sobre sus principales enseñanzas espirituales, algunas de las cuales hace llegar en respuesta a las preguntas de Alfa y Omega.

1. Escucha y ponte en camino

Nadie puede dar lo que no tiene, así que la aventura interior comienza con la capacidad de apertura y acogida. Es preciso estar muy abierto al aprendizaje y, sobre todo, irse desprendiendo de todo prejuicio. Si de veras escuchamos, no podemos por menos de ponernos en camino; y si nos ponemos en camino, el camino se hace en nosotros. Solo hemos de preocuparnos por estar ahí, lo demás se nos dará por añadidura. Si te ocupas de las cosas de Dios, Él se ocupa de las tuyas. Tal cual.

2. Busca y encuentra un maestro

No puedes recorrer la senda tú solo. Al igual que no venimos a este mundo por nosotros mismos, sino porque una madre y un padre nos traen a él, así ingresamos en la Vida —con mayúscula— por mediación de un maestro o maestra, lo que nos otorga una tradición concreta, un estilo determinado, una estela. Como se ha dicho tantas veces, el maestro aparece cuando el discípulo está preparado. Tu verdadero maestro es aquel que marca un antes y un después en tus hábitos; y es por eso, precisamente, como puedes reconocerlo. Podrás tener con él afinidad afectiva o intelectual, o no, eso no importa. Lo decisivo es que en su presencia sientes paz, amor y alegría; y que te impulsa a ser mejor.

3. Obedece las pautas que tu maestro te proponga con buen ánimo y fidelidad

Sigue la disciplina que te indique, dale un voto de confianza —aunque solo sea durante unos meses— para así verificar la eficacia de sus enseñanzas. La obediencia es la expresión más perfecta de la humildad; y la humildad es el punto de partida y de llegada en el camino espiritual. No te quedes en las técnicas, pero sé riguroso con ellas. Y apunta siempre al fondo de las cosas, que es el amor.

4. Entra en una nueva perspectiva, en una forma diferente de ver a Dios, al mundo y a ti mismo

Comprende que la visión materialista, en la que probablemente has sido educado, está equivocada. Es el Espíritu de la Vida quien lo sostiene todo. Accedes a la conciencia de esa energía vital gracias al cultivo de la atención, que entrenas en la meditación y en los quehaceres de la vida cotidiana, pues ninguna actividad es en sí misma mejor que otra.

5. Date cuenta de que todo obstáculo es necesario para tu aprendizaje

Si sufres por su causa, es porque lo necesitas. Date cuenta también de que todos esos obstáculos no son, en realidad, impedimentos para hacer el camino, sino el camino mismo. Piensa que cualquier sufrimiento que te sobrevenga es emocional, físico o sentimental, pero que tú estás llamado a una vida espiritual.

6. Mira breve y amorosamente cualquier pensamiento nocivo o emoción malsana en cuanto te asalte o sobrevenga

Hazlo brevemente porque las tinieblas son peligrosas y te arrastran a su territorio si permaneces demasiado tiempo en ellas. Amorosamente porque solo es el amor, en definitiva, lo que salva. Sustituye lo oscuro con lo luminoso: tal vez una afirmación positiva, o una jaculatoria, o una simple respiración consciente que te conecte con tu corazón…

7. Mantente sereno pase lo que pase

Para ello, piensa que siempre sucede lo que conviene y, en ese sentido, aunque a veces pueda no parecerlo, es lo mejor. Respeta todo lo que suceda en el exterior, sin reaccionar o intervenir. Auto-responsabilízate de todo lo que sientas por dentro, comprendiendo que solo es cosa tuya. Acepta que nada es bueno o malo, sino que todo está bien como está, aunque siempre en su nivel de evolución. Con el tiempo —menos del que imaginas— comprenderás que absolutamente todo es para bien.

8. Comprende que la muerte no existe, puesto que la vida es inmortal

Percibe que a cada instante morimos a lo que no somos, pero que lo que en el fondo somos permanece inalterable. Si frecuentas ese fondo del ser —más allá de las formas—, si te habitúas a estar en él, puedes perfectamente vivir en paz y degustar la plenitud. No seas tonto y te ensoberbezcas por haber llegado hasta este punto.

9. Cumple los preceptos, que son como nuestra segunda naturaleza

Si vives conforme a un código moral claro y preciso comprobarás cómo la vida te sonríe, pues todo lo que ves fuera es un espejo perfecto de lo que tienes dentro.

10. Dedica tu tiempo a Dios y ama a tus semejantes.

Ama a los demás como a ti mismo, porque eres tú mismo. Siente cómo el alma es el deseo de hacer el bien, y disfruta del hecho de vivir para crecer y servir.

*

Pablo d’Ors

***

Fuente Alfa y Omega

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

«Yo confieso. Y salve», por Gerardo Villar

martes, 18 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en «Yo confieso. Y salve», por Gerardo Villar

jesus-abraza-a-joven-fotoEstamos en un gran tribunal. En el centro y arriba, Dios. Alrededor y bajando María, los ángeles, santos y la comunidad de hermanos. Confesamos a Dios Todopoderoso. Que nos perdone. Pero como no nos fiamos y tenemos miedo, pedimos a María, a los hermanos, a los santos, a los ángeles que intercedan por nosotros. Los tenemos como abogados defensores.

¿Es que no confiamos en Dios? ¿No le sentimos como perdonador, siempre y en toda ocasión? Él es siempre perdón. De nosotros depende si aceptamos su perdón o no.

No lo rezo porque me fío y confío en Padre misericordioso que sale en todo momento a mi encuentro como hijo pródigo y confío en su perdón y en que me concede su anillo porque me ama siempre y en toda ocasión.

Me fío de Dios todo bondadoso y misericordioso. Es como en la Eucaristía cuando rezo: “Señor, sí soy digno de que entres en mi casa porque una palabra tuya ha bastado para sanarme”. Lo veo más como positivo.

Y da la impresión de que en el sustrato de la Iglesia prevalece el sentido de pecado. No nos anuncia la alegría de Dios.

Lo podemos ver en otra oración muy popular “LA SALVE”: “Desterrados en este valle de lágrimas”. Tan triste es la vida… LO que fue un género literario se acepta como verdad de fe y la manifestamos en el rezo. Y además pedimos ayuda a María para que seamos dignos de “alcanzar”… Con Jesús resucitado todo nos es posible.

Me gustaría más un rezo positivo. Como, lo digo a todas horas, el “Magníficat”. Reconocernos bendecidos por Dios y colmados de su Amor en el mundo de los pobres y desvalidos. Me lleva más al compromiso con Dios en bien de los hermanos.

Me gustaría cambiar las oraciones de nuestra fe.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad , ,

Hilos para entender las bienaventuranzas.

lunes, 17 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en Hilos para entender las bienaventuranzas.

tumblr_oo220oR4cw1vn2bdjo1_1280

Cómo podrá alguien ayudar,
si nunca ha necesitado un hombro amigo.

Cómo podrá alguien consolar,
si nunca sus entrañas han temblado de dolor.

Cómo podrá alguien curar,
si nunca se ha sentido herido.

Cómo podrá alguien ser compasivo,
si nunca se ha visto abatido.

Cómo podrá alguien comprender,
si nunca en su vida ha tenido el corazón roto.

Cómo podrá alguien ser misericordioso,

si nunca se ha visto necesitado.

Cómo podrá alguien dar serenidad,
si nunca se ha dejado turbar por el Espíritu.

Cómo podrá alguien alentar,
si nunca se quebró por la amargura.

Cómo podrá alguien levantar a otros,
si nunca se ha visto caído.

Cómo podrá alguien dar alegría,
si nunca se acercó a los pozos negros de la vida.

Cómo podrá alguien ser tierno,
si en su vida todo son convenios.

Cómo podrá alguien acompañar a otros,
si su vida es un camino solitario.

Cómo podrá alguien compartirse,
si en su vida todo lo tiene cubierto.

Cómo podrá alguien gozar el evangelio,
si lleva cuenta hasta del comino.

Cómo podrá alguien encontrar,
si nunca ha estado perdido.

¡Cómo podrá alguien si no ser dichoso…!

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad

¿Podemos encontrar un lado positivo en las terribles noticias de las últimas semanas?

lunes, 17 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en ¿Podemos encontrar un lado positivo en las terribles noticias de las últimas semanas?

IMG_0015La reflexión de hoy es de Angela Howard McParland, colaboradora de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas del Domingo VI del Tiempo Ordinario  se pueden encontrar aquí.

Soy típicamente optimista. Me gusta hacer todo lo posible para asumir las mejores intenciones de las personas, tener en cuenta los posibles traumas subyacentes que podrían explicar el mal comportamiento y, en general, esperar que todas las cosas estén obrando para bien de alguna manera aún por verse, incluso cuando todas las señales indican lo contrario.

Y, sin embargo, seré honesta al decir que estas últimas semanas trabajando en la intersección de la fe y la justicia en medio de oleadas de órdenes ejecutivas, miedo y caos han puesto a prueba mis habilidades para encontrar ese lado positivo.

A primera vista, las lecturas de las Escrituras de hoy ofrecen una visión igualmente desoladora de la naturaleza humana, o al menos nos advierten que no pongamos nuestra esperanza en las capacidades de la humanidad para trabajar en pos de la construcción de la Comunidad Amada. En su típica manera cascarrabias, el profeta Jeremías declara que quienes tienen esperanza en los esfuerzos humanos son “como un arbusto estéril en el desierto que no disfruta del cambio de estación”.

A mediados de febrero en Nueva Inglaterra, bajo condiciones climáticas opuestas, pero igualmente extremas, esa imagen se siente especialmente desoladora. Cuando la actual administración presidencial tiene en la mira a las personas transgénero y se intenta borrar sus identidades, impedirles participar en deportes, limitar sus opciones laborales y negarles atención médica que podría salvarles la vida, puede parecer que Jeremías tiene razón en cuanto a depositar la esperanza en las obras de los seres humanos, especialmente en aquellos que tienen poder y privilegios.

El Sermón de Jesús en la llanura en el Evangelio de Lucas retoma esta condena del poder y el privilegio al predicar bendiciones para quienes sufren, son excluidos, ridiculizados y denunciados. Esta inversión radical de la bendición y la esperanza (que los más oprimidos sean amados por Dios y mantenidos cerca de la presencia de Dios) no significa que simplemente nos quedemos de brazos cruzados mientras la comunidad LGBTQ+ es el blanco del odio y la discriminación. Más bien, esta inversión sirve como recordatorio de que este mundo todavía está muy lejos de la visión de Dios para todos nosotros y que tenemos mucho trabajo por delante mientras construimos una solidaridad arraigada en la esperanza y el amor.

Jeremías imagina que quienes confían en Dios son como un árbol plantado cerca de un río que corre, siempre nutrido y que da fruto. Así también nosotros debemos enraizarnos firmemente en nuestro compromiso de que todas las personas deben florecer como imagen de Dios y en el amor incesante de Dios por cada uno de nosotros, tal como somos. Debemos extender nuestras propias raíces para hacer esta obra.

Si bien el recordatorio de las Escrituras es que debemos depositar nuestra esperanza firmemente en Dios y no en la humanidad, se necesitan nuestras manos, pies y corazones muy humanos para sembrar el amor en lugar del odio y la inclusión en lugar de la división.

—Angela Howard McParland (ella), New Ways Ministry, 16 de febrero de 2025

Fuente New Ways Ministry

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Bienaventurados

domingo, 16 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en Bienaventurados

 

28dc716dce975a7835f9f86afe5f3a60

Bienaventurados los que se vacían
de pensamientos, imágenes y sentimientos
porque ellos serán llenados por Dios.

Bienaventurados los que aprenden
a estarse quietos,
porque descubrirán la fuerza de Dios
que se mueve en su interior.

Bienaventurados los que se cultivan por dentro,
porque quedarán limpios de toda sombra
y actuarán con libertad.

Bienaventurados los hambrientos de ser,
puesto que sólo ellos alcanzarán la auténtica humanidad.

Bienaventurados los compasivos,
pues han comprendido
que el destino de cualquier persona
es el propio.

Bienaventurados los silenciosos,
puesto que han descubierto su verdadero hogar.

Bienaventurados los pacificados,
porque darán al mundo
lo que el mundo realmente necesita.

Bienaventurados los orantes,
porque han comprendido
que si nos preocupamos por las cosas de Dios,
Él se preocupa por las nuestras.

Bienaventurados vosotros
cuando os reprochen
que huis del compromiso
para retiraros a vuestra soledad.
Yo os digo que vuestra recompensa
será grande en este mundo
pues lo veréis en su verdadero color.

*

Pablo d’Ors.

***

En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:

«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo,porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya habéis recibido vuestro consuelo.

¡Ay de vosotros, los que estáis saciados!, porque tendréis hambre!

¡Ay de los que ahora reís,porque haréis duelo y lloraréis!

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con losfalsos profetas»

*

Lucas 6, 17. 20-26

***

Las bienaventuranzas nos indican el camino de la felicidad. Con todo, su mensaje suscita con frecuencia perplejidad. Los Hechos de los apóstoles (20,35) refieren una frase de Jesús que no se encuentra en los evangelios. Pablo recomienda a los ancianos de Efeso: «Tened presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Mayor felicidad hay en dar que en recibir”». ¿Debemos concluir de ahí que la abnegación sea el secreto de la felicidad?

Cuando evoca Jesús «la felicidad del dar», habla apoyándose en lo que él mismo hace. Es precisamente esta alegría -esta felicidad sentida con exultación- lo que Cristo ofrece experimentar a los que le siguen. El secreto de la felicidad del hombre se encuentra, pues, en tomar parte en la alegría de Dios. Asociándonos a su «misericordia», dando sin esperar nada a cambio, olvidándonos a nosotros mismos hasta perdernos es como somos asociados a la «alegría del cielo». El hombre no «se encuentra a sí mismo» más que perdiéndose «por causa de Cristo».

Esta entrega sin retorno constituye la clave de todas las bienaventuranzas. Cristo las vive en plenitud para permitirnos vivirlas a nuestra vez y recibir de ellas la felicidad. Con todo, para quien escucha estas bienaventuranzas, queda todavía el hecho de que debe aclarar una duda: ¿qué felicidad real, concreta, tangible, es la que se ofrece? Ya los apóstoles le preguntaban a Jesús: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos sequido; ¿qué recibiremos, pues?» (Mt 19,27). El Reino de los Cielos, la tierra prometida, la consolación, la plenitud de la justicia, la misericordia, ver a Dios, ser hijos de Dios. En todos estos dones prometidos, en todos estos dones que constituyen nuestra felicidad, brilla una luz deslumbrante, la de Cristo resucitado, en el cual resucitaremos. Si bien ya desde ahora, en efecto, somos hijos de Dios, lo que seremos todavía no nos ha sido manifestado. Sabemos que, cuando esta manifestación tenga lugar, seremos semejantes a él «porque le veremos tal cual es»

*

(1 Jn 3,2) (J.-M. Lustiger
Sed felices,
San Pablo, Madrid 1998.

***

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Tomar en serio a los pobres”. 6 Tiempo ordinario – C (Lc 6,17.20-26)

domingo, 16 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en “Tomar en serio a los pobres”. 6 Tiempo ordinario – C (Lc 6,17.20-26)

IMG_9915Acostumbrados a escuchar las «bienaventuranzas» tal como aparecen en el evangelio de Mateo, se nos hace duro a los cristianos de los países ricos leer el texto que nos ofrece Lucas. Al parecer, este evangelista –y no pocos de sus lectores– pertenecía a una clase acomodada. Sin embargo, lejos de suavizar el mensaje de Jesús, Lucas lo presenta de manera más provocativa.

Junto a las «bienaventuranzas» a los pobres, el evangelista recuerda las «malaventuranzas» a los ricos: «Dichosos los pobres… los que ahora tenéis hambre… los que ahora lloráis». Pero, «ay de vosotros, los ricos… los que ahora estáis saciados… los que ahora reís». El Evangelio no puede ser escuchado de igual manera por todos. Mientras para los pobres es una Buena Noticia que los invita a la esperanza, para los ricos es una amenaza que los llama a la conversión. ¿Cómo escuchar este mensaje en nuestras comunidades cristianas?

Antes que nada, Jesús nos pone a todos ante la realidad más sangrante que hay en el mundo, la que más le hace sufrir, la que más llega al corazón de Dios, la que está más presente ante sus ojos. Una realidad que, desde los países ricos, tratamos de ignorar, encubriendo de mil maneras la injusticia más cruel, de la que en buena parte somos cómplices nosotros.

¿Queremos continuar alimentando el autoengaño o abrir los ojos a la realidad de los pobres? ¿Tenemos voluntad de verdad? ¿Tomaremos alguna vez en serio a esa inmensa mayoría de los que viven desnutridos y sin dignidad, los que no tienen voz ni poder, los que no cuentan para nuestra marcha hacia el bienestar?

Los cristianos no hemos descubierto todavía la importancia que pueden tener los pobres en la historia del cristianismo. Ellos nos dan más luz que nadie para vernos en nuestra propia verdad, sacuden nuestra conciencia y nos invitan a la conversión. Ellos nos pueden ayudar a configurar la Iglesia del futuro de manera más evangélica. Nos pueden hacer más humanos: más capaces de austeridad, solidaridad y generosidad.

El abismo que separa a ricos y pobres sigue creciendo de manera imparable. En el futuro será cada vez más difícil presentarnos ante el mundo como Iglesia de Jesús ignorando a los más débiles e indefensos de la Tierra. O tomamos en serio a los pobres o nos olvidamos del Evangelio. En los países ricos nos resultará cada vez más difícil escuchar la advertencia de Jesús: «No podéis servir a Dios y al Dinero». Se nos hará insoportable.


José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

“Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros, los ricos!”. Domingo 16 de febrero de 2025. 6º Ordinario. Ciclo C

domingo, 16 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en “Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros, los ricos!”. Domingo 16 de febrero de 2025. 6º Ordinario. Ciclo C

IMG_9832De Koinonia:

Jeremías 17, 5-8: Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor.
Salmo responsorial: 1: Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.
1Corintios 15, 12. 16-20. Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido.
Lucas 6, 17. 20-26: Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros, los ricos!

El texto de Jeremías pertenece a un pequeño bloque compuesto por tres oráculos de estilo sapiencial (Jr 17,5-8; 17,9-10 y 17,11). Jr 17,5-8 parafrasea el Sal 1. Presenta el contraste entre el que confía y busca apoyo en «un hombre» o «en la carne», y el que confía o tiene su corazón en el Señor. Entonces, ¿la invitación es a no confiar en el otro? No. Aquí se entiende hombre como carne, que significa debilidad y caducidad humana manifestada en el egoísmo, la corrupción, etc. Por tanto, la invitación de Jeremías es a no confiar en las autoridades de su tiempo que se han hecho débiles, por no defender la Causa de Dios que son los débiles, sino la causa de los poderosos de su tiempo. En este sentido, el que confía en la carne será estéril, es decir, no produce, no aporta, no contribuye al crecimiento de nada. Por eso es maldito. En cambio, el que opta por Dios, será siempre una fuente de agua viva que permite crecer, multiplicar, compartir, y sobre todo, no dejar nunca de dar fruto.

Todo el capítulo de esta carta a los corintios se refiere a la resurrección de los muertos, por las dudas que se habían suscitado en la comunidad de Corinto sobre la resurrección misma de Cristo. Pablo, a través de los “absurdos” -estilo literario típico de los razonamientos rabínicos-, ahonda sobre el impacto trascendental que debe tener la resurrección de Cristo en la vida del creyente. Sólo la fe en Cristo resucitado fortalece nuestra esperanza de resurrección. A partir de una negación de la resurrección Pablo alista sus argumentos. Comienza con una pregunta que refleja su indignación: “Si proclamamos un Mesías resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos ahí que no hay resurrección de los muertos?” (v. 12).

El primer absurdo es negar nuestra resurrección porque niega la resurrección de Cristo (v. 16). El segundo absurdo, es que al negar la resurrección de Cristo echamos por la borda nuestra fe y el proceso de conversión y experiencia cristiana llevado hasta el momento. Estaríamos ante una fe virtual (v. 17). El tercer absurdo deja sin esperanza a los creyentes que han muerto en Cristo y a los que creen que no morirán para siempre (v. 18-19). El v. 20 cambia los absurdos por una certeza innegociable: Cristo sí resucitó, y además es primicia de los que ya murieron.

Las Bienaventuranzas con los pobres de protagonistas y las malaventuranzas (los ayes) con los ricos como destinatarios, continúan el plan programático de Jesús en el evangelio de Lucas.

Las Bienaventuranzas son una forma literaria conocida desde antiguo en Egipto, Mesopotamia, Grecia, etc. En Israel tenemos varios testimonios en la Biblia, especialmente en la literatura sapiencial y profética. En los salmos y en la literatura sapiencial en general, se considera bienaventurada a una persona que cumple fielmente la ley: “Bienaventurado el hombre que no va a reuniones de malvados ni sigue el camino de los pecadores… mas le agrada la ley del Señor y medita su ley de día y de noche” (Sal 1,1); “Bienaventurados los que sin yerro andan el camino y caminan según la ley del Señor” (119,1).

Las malaventuranzas o los “ayes” son más comunes en los profetas, en momentos donde se quiere expresar dolor, desesperación luto o lamento por alguna situación que conduce a la muerte: “Ay de los que disimulan sus planes y creen que se esconden de Yahvé” (Is 29,15); “ay de estos hijos rebeldes, dice Yahvé, que traman unos proyectos que no son los míos…” (Is 30,1). También para llamar la atención de los que acaparan: “¡ay de los que juntáis casa con casa, y añadís campo a campo hasta que no queda sitio alguno, para habitar vosotros solos en medio de la tierra!” (Is 5,8); “¡Ay de los que decretan estatutos inicuos, y de los que constantemente escriben decisiones injustas!” (Is 10,1). Las Bienaventuranzas y maldiciones de Jesús con relación a las del AT tienen diferencias fundamentales. En la literatura sapiencial del AT se insiste en un comportamiento acorde con la ley para poder ser bienaventurado, en el evangelio en cambio, Jesús no exige ningún comportamiento ético determinado, como condición para ser declarado bienaventurado. Simplemente los pobres (anawin), los que lloran, los perseguidos… son bienaventurados.

Comparando las bienaventuranzas de Lucas con las de Mateo encontramos algunos datos interesantes. El lugar del discurso según Mateo es la montaña, con la intención de releer la figura de Jesús a la luz de la de Moisés en el Sinaí. Según Lucas es en un llano. Muchos incluso los diferencian llamándolos “sermón de la montaña” o “sermón del llano”. En las primeras bienaventuranza Mateo tiene una de más: “bienaventurados los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia” (Mt 5,5). En total, Lucas tiene cuatro que son equivalentes a las nueve de Mateo. En Mateo hay una inversión con relación a Lucas, pues aparecen los “hambrientos” detrás de los “afligidos”. En Mateo están redactadas en tercera persona mientras en Lucas todas están en segunda persona. Mateo subraya actitudes interiores con las cuales se debe acoger el Reino, por ejemplo, la misericordia, la justicia, la pureza de corazón, en cambio Lucas se preocupa por mostrar la situación real y concreta de pobreza, hambre, tristeza.

La bienaventuranza clave es la de los pobres, ya que las otras se entienden en relación a ésta. Son los pobres los que tienen hambre, los que lloran o son perseguidos. Lucas recuerda la promesa del AT de un Dios que venía a actuar a favor de los oprimidos (Is 49,9.13), los que tienen a Dios como único defensor (Is 58,6-7) que claman constantemente a Dios (Sal 72; 107,41; 113,7-8). Todas estas promesas van a ser cumplidas en Jesús, quien ha definido desde el principio su programa misionero en favor de los pobres y oprimidos (Lc 4,16-21. Cf. Is 61,1-3).

La última bienaventuranza (vv. 22-23) tiene como destinatarios a los cristianos que son perseguidos y excluidos a causa de su fe. Su felicidad no consiste en padecer sino en la conciencia de estar llamados a poseer una “recompensa grande en el cielo”. ¿Dios, entonces, nos quiere pobres?, y ¿qué tipo de pobres? Los pobres no son bienaventurados por ser pobres, sino porque asumiendo tal condición, por situación o solidaridad, buscan dejar de serlo.

La pobreza cristiana va ligada a la promesa del reino de Dios, es decir a tener a Dios como rey. Este reinado se convierte en la mayor riqueza, porque es tener a Dios de nuestro lado, es tener la certeza de que Dios está aquí, en esta tierra de injusticias y desigualdades, encarnado en el rostro de cada pobre, invitándonos a asumir su causa. La causa es también la causa del Reino. Y disfrutaremos el Reino cuando no haya empobrecidos carentes de sus necesidades básicas, sino «pobres en el Señor» que son todos los que mantienen la riqueza de un pueblo basada en el amor, la justicia, la fraternidad y la paz. En otras palabras, “Pobres no son los miserables sino los que libremente renuncian a considerar el dinero como valor supremo -un ídolo- y optan por construir una sociedad justa, eliminando la causa de la injusticia, la riqueza. Son los que se dan cuenta de que aquello que ellos consideraban un valor -éxito, dinero, eficacia, posición social, poder- de hecho va contra el ser humano. El reino de Dios es la sociedad alternativa que Jesús se propone llevar a término. La proclama del reino no la efectúa desde la cima del monte, sino desde el «llano», en el mismo plano en que se halla la sociedad construida a partir de los falsos valores de la riqueza y el poder.

En Lucas las bienaventuranzas van seguidas de cuatro “ayes” o maldiciones contra los ricos. Las dos primeras van directamente contra los ricos y satisfechos por su indiferencia ante la situación de los pobres. Las dos últimas se dirigen a los que ríen y a los que tienen buena fama. La contraposición entre pobres y ricos está claramente planteada en el Magníficat: “A los hambrientos ha colmado de bienes y ha despedido a los ricos con las manos vacías” (Lc 1,53). Y en la parábola del pobre Lázaro (Lc 16,19-31). Es claro para Lucas que toda confianza puesta en la riqueza es engañosa (Lc 12,19). Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

16.2.25 Dom 6 TO. Declaración universal de paz: Bienaventuranzas

domingo, 16 de febrero de 2025
Comentarios desactivados en 16.2.25 Dom 6 TO. Declaración universal de paz: Bienaventuranzas

IMG_0012Del blog de Xabier Pikaza: 

No podía tocar un evangelio más adecuado: Lc 6, las bienaventuranzas, toda la vida de Jesús, el evangelio entero.

Casi todos los medios hablan hoy de la guerra y/o paz impuesta o buscada en Ucrania, de la paz posible y/o imposible en Gaza y en otros lugares del mundo.

La liturgia nos pide que leamos las bienaventuranzas de Lc 6… He hecho un esfuerzo, he preparado una vez más el tema. y así lo presento, desde la perspectiva de la paz  de Cristo.

El material es largo. Son suficientes las dos primera páginas… Si alguien quiere, con calma, puede seguir.  Buen día a todos. Mucha paz que es tema y clave de las bienaventuranzas.

Jesús, Mesías de los pobres. Bienaventuranzas de Lucas

Asumiendo un mensaje central de Israel (de la tradición profética y apocalíptica) Jesús ha optado por los perdedores, pero no por aquellos que han luchado de un modo violento y han perdido, sino (sobre todo) por aquellos que no han podido ni luchar. No ha proclamado felices a los que vencen o han vencido, imponiendo su poder sobre los otros, sino precisamente a los derrotados de la guerra de la vida:

  • ¡Felices vosotros, los pobres, porque es vuestro el reino de Dios,
  • felices los que ahora estáis hambrientos, porque habéis de ser saciados,
  • felices los que ahora lloráis, porque vosotros reiréis…! (Lc 6, 20-21).

 En un primer momento, en algún sentido, esas tres bienaventuranzas podrían encontrarse en los capítulos finales de 1 Henoc, Test XII Pat o en las sentencias de rabinos no cristianos que entendieron el mensaje de Israel en una perspectiva apocalíptica. Jesús llama felices a los pobres, especificados después como hambrientos y llorosos (derrotados de la vida), no por lo que tienen (o les falta), sino porque está llegando el Reino de Dios y ellos son sus primeros destinatarios.Jesús no habla sólo de un futuro, sino de un presente de felicidad para los campesinos perdedores de Galilea.

En esa línea, estas palabras podrían entenderse como inversión, es decir, como cambio final y venganza: los ahora derrotados (alienados, oprimidos) vencerán al fin, recibiendo la herencia de la vida. Bastará con que resistan por un tiempo y se mantengan fieles mientras pasa la gran calamidad. Al fin tendrán la dicha. Lógicamente, en ese contexto podrían entenderse las antítesis o malaventuranzas dirigidas a los vencedores, a quienes se anuncia la venganza

  •  ¡Ay de vosotros los ricos, porque ya habéis recibido el consuelo!
  • ¡ay de vosotros los ahora saciados, porque tendréis hambre!
  • ¡Ay de vosotros, los que ahora os reís, porque lamentaréis y lloraréis! (Lc 6, 24-25).

 Los profetas habían dicho palabras de amenaza, para promover así la conversión de los violentos. También Jesús lo hace, debe hacerlo, pues este aviso y exigencia de conversión, su evangelio no sería creíble, no sería verdadero. Pero, bien miradas, estas palabras no son de venganza, sino de afirmación profética: los que luchan y vencen, viviendo de esa forma a costa de los derrotados o no-luchadores, se pierden a sí mismos.

La misericordia de Dios se extiende y abre a partir de los pobres y, de un modo especial, a partir de aquellos pobres que no pueden ni siquiera luchar o que renuncian a la lucha como medio de afirmación y triunfo. La misericordia se abre a todos, pero no de la misma forma, pues no todo da lo mismo, ni todo es igualmente verdadero y justo. Por eso, el evangelio incluye las malaventuranzas.

Miradas en ese contexto, las bienaventuranzas no son algo que se cumplirá al final de la historia, sino que han de vivirse desde aquí, como palabra y programa de vida que comienza ya en la tierra. Jesús no habla sólo de aquello que “serán” los bienaventurados al final, sino de aquellos que son ya (han de ser) desde ahora.

Según eso, las bienaventuranzas ofrecen un programa de felicidad, que es el punto de partida y principio de toda paz, desde la pobreza, el hambre y el llanto. Por eso, ellas pueden y deben entenderse como un proyecto y propuesta de inversión (superación) de los principios y estrategias de guerra que antes habían dominado sobre el mundo. Los hombres han combatido entre sí básicamente por motivos económicos (¡nuevas tierras, tesoros, mercados!); han hecho guerra también para saciarse y disfrutar, encontrando su gozo en la victoria. Pues bien, Jesús proclama su ¡ay! más intenso sobre este programa de gozo de los triunfadores (riqueza, saciedad, satisfacción…) que se destruyen a sí mismos [1].

Tomamos el texto de Lucas, que consta de cuatro bienaventuranza y dejamos a untado, por ahora, la última (de los perseguidos: Lc 6, 22), para fijarnos en las tres grupos primeras (que tratan de los pobres, hambrientos y tristes). Ellos vienen a mostrarse ahora como portadores de la felicidad de Dios (de la felicidad de la vida), que es la única fuente paz para los hombres. Por ley puede cambiarse el “sistema”. La vida de los hombres sólo puede transformarse por amor, por un amor que es capaz de ofrecer felicidad.

  1. Bienaventurados vosotros, los pobres, porque es vuestro el Reino de Dios (Lc 6, 20). Ésta es la bienaventuranza más general, tanto por el sujeto (pobres: todos los oprimidos, tristes y/o enfermos del mundo) como por el predicado (se les ofrece el Reino, el mundo nuevo). Al decir bienaventurados los pobres, Jesús está expresando la lógica de Dios: los portadores de su paz son precisamente los vencidos, expulsados de los grandes programas imperiales, perdedores (quizá tras haberse defendido, quizá sin haber luchado).

Al llamarles bienaventurados, Jesús interpreta la historia al revés, desde aquellos derrotados que no quieren responder con violencia (para vengarse de los vencedores), sino descubrir y desplegar la mano y presencia de Dios en su derrota. No son bienaventurados a pesar de la pobreza (ni porque un día serán ricos, al estilo antiguo), sino en su misma pobreza, entendida como espacio de fraternidad y riqueza compartida. Esos pobres no quieren ya luchar al modo antiguo (para hacerse ricos), sino que descubren a Dios desde su misma pobreza, en un camino abierto para todos (incluso para los ricos), iniciando un proceso de pacificación, que les permite curar a los enfermos (cf. Mt 10, 8 par), para que al fin puedan servirse unos a otros (cf. Mt 25,31-46)..

  1. La segunda y tercera bienaventuranza (¡Bienaventurados los hambrientos, los que lloran…!: Lc 6, 21) pueden entenderse como una expansión de la primera, pues los mismos pobres, de los que antes se hablaba de un modo general, aparecen ahora como necesitados, pues no tienen suficiente comida (son derrotados económicos), ni causa exterior de alegría (son derrotados psíquicos, lloran). En este contexto, la promesa del Reino se expresa también en dos signos de inversión radical: el hambre se vuelve hartura (más económica) y el mismo llanto del mundo se convierte en felicidad de Reino (más personal).

El seguidor de Jesús no llora por lo que lloran otros, sino que, al contrario, encuentra una fuente de gozo precisamente allí donde la mayoría de los hombres y mujeres lloran… No goza porque lloran sino todo lo contrario porque  estos que lloran son principio, testimonio y promesa de una felicidad superior…. En contra de otros grupos, que presentan a los derrotados (hambrientos…) como un material de derribo, Jesús les señala y define como iniciadores de un Reino que no se construye a partir de los fuertes (a través de una victoria militar y de un boomeconómico), sino a partir de la humanidad, es decir, desde el hambre y el llanto de los que escuchan la Palabra.

 Es evidente que allí donde se acogen estas palabras la vida de los hombres debe convertirse en expansión (explosión) de fuerte gracia. Jesús no quiere conquistar el Reino por tristeza, ni por negaciones, sino por ofrecimiento de felicidad. En esa línea, el camino de Reino de Dios (es decir, de la paz) debe entenderse como terapia de gozo. En este contexto no son bienaventurados los ricos que pueden ayudar a los pobres (dándoles de comer o consolándoles desde fuera, como podría pensarse desde Mt 25, 31-45), sino que la verdadera bienaventuranza y alegría está en los pobres y hambrientos, en aquellos que descubren su situación como promesa de Reino. Los mismos pobres aparecen así como privilegiados, como portadores de la bienaventuranza de Dios, iniciando sobre el mundo una terapia de alegría, abriendo un camino de Reino.

Los ricos-saciados-satisfechos no pueden ofrecer un Reino hecho de amor universal, sino sólo un imperio como el de Roma, fundado en la riqueza y poder de los soldados. Sólo los pobres de verdad (los que no quieren hacerse ricos, sino simples seres humanos) pueden construir el Reino de Dios, para todos los hombres, con Jesús (como Jesús). Sólo ellos pueden introducir hartura donde hay hambre, felicidad donde se impone la desdicha. En este contexto, la “malaventuranza” de Jesús (que dice ¡ay de vosotros los ricos-saciados-satisfechos!) no es señal de venganza, sino aviso y deseo de cambio, para que también ellos, los ricos, puedan asumir el camino de paz de Jesús, su estrategia gratuita de Reino [2].

Mateo: de los pobres a los constructores de paz

Mateo ha interpretado las bienaventuranzas desde el contexto general del mensaje y de la vida de Jesús, tal como se está viviendo en su iglesia (hacia el 80 d. C.). Por eso no añade malaventuranzas (incluidas, de algún modo, en otros pasajes como Mt 25, 31-46: “Apartaos de mí…”). Para convertirlas una “lección de catequesis”, Mateo aumenta su número (hasta siete) y las presenta como programa de vida integral de la Iglesia. Desde ese fondo se entienden algunos cambios que él mismo (o su iglesia) han introducido en el texto de Lucas y así las presentamos, como siete peldaños de una Escala de Paz, Via Pacis del Evangelio.

 (1) Bienaventurados los pobres de Espíritu (Mt 5, 3). Sólo pueden hablar de paz aquellos que asumen e instauran un camino de pobreza. En esa línea, Mateo dice pobres de espíritu donde Lc 6, 20 decía simplemente pobres. Con eso no ha negado la bienaventuranza de aquellos que son pobres por necesidad (cf. Mt 18, 1-14), pero ha querido destacar de un modo especial la opción por la pobreza, dentro de la Iglesia, pues sólo pueden construir activamente el Reino y hablar de paz aquellos que aceptan voluntariamente la pobreza (y no toman el camino de los ricos-saciados-satisfechos, que es propio del Imperio romano). En ese sentido, Mateo habla de los pobres de espíritu, esto es, de aquellos que, en vez optar por la riqueza, asumen voluntariamente un camino de pobreza, por solidaridad y por servicio a los demás, como Jesús, que, pudiendo haberse puesto al lado de los vencedores, se unió a los pobres, iniciando con ellos un camino de salvación (cf. 2 Cor 8, 9; Flp 2, 6-11).

Esta bienaventuranza nos pone ante Jesús, el siervo que no grita, no se ensalza, no esclaviza (cf. Mt 12, 15.21), sino que inician un camino de solidaridad, que se abre al Reino desde la misma pobreza. Quien quiera ante todo hacerse rico no puede hablar de paz, pues miente cuando habla de ella. Donde se busca el dinero pueden lograrse otras cosas, pero nunca la paz, porque el dinero/capital oprime a los pobres y enciende la envidia de los ladrones (Mt 6, 19).

(2) Bienaventurados los que sufren (Mt 5, 4). Sólo aquellos que saben sufrir pueden ser constructores de paz. Lucas hablaba de los que lloran (hoi klaiontes), destacando más sólo el llanto externo, quizá no aceptado. Mateo, en cambio, dice hoi penthountes, término que parece referirse ya en concreto a los que “saben” sufrir, es decir, a los que aceptan el dolor, pudiendo así convertirlo en principio de vida fecunda.Ciertamente, podemos decir como Lucas, que son bienaventurados todos los que lloran, por la razón que fuere, sin distinguir la forma en que asumen o no su sufrimiento. Pero Mateo parece haber puesto de relieve el valor de maduración e incluso de revolución radical del sufrimiento.

Los que no saben sufrir, los que no soportan el dolor, reaccionan con violencia, siendo capaces de matar a otros con tal de sentirse ellos seguros, satisfechos. En contra de eso, sólo aquellos que, quizá con miedo, saben aceptar el sufrimiento pueden ayudar a los demás, abriendo con ellos y para ellos un camino de vida. Quien no sabe sufrir termina siendo un dictador; quien hace sufrir a los demás (por hambre o terror, guerra o dictadura) no será jamás hombre de paz. Sólo aquellos que saben aceptar el sufrimiento, acompañando a los que sufren y sufriendo con ellos, pueden iniciar el camino del Reino de Dios y hacer la paz del evangelio. De la incapacidad de sufrir nace la violencia; los que saben padecer pueden ser pacíficos.

(3) Bienaventurados los mansos… (Mt 5, 5). Ésta es una bienaventuranza nueva, que Mateo o su iglesia han creado, siguiendo el testimonio de Jesús, que ha sido pobre y pequeño (sin poder económico o social), pero que ha sabido elevar y enriquecer a los pequeños, convirtiendo su pobreza en fuente de gracia y vida para muchos. Mansos son los que actúan sin imponerse, los que ayudan a los demás desde su pobreza. Así ha dicho Jesús: «Acercaos a mí todos los que estáis rendidos y abrumamos, que yo os daré respiro. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde…» (Mt 11, 28-29). Siendo pobre (manso, no violento), él puede acoger y ayudar a los pobres.

Pues bien, esa bienaventuranza (tomada del Salmo 37, 11), expresa una experiencia radical, de tipo político: “los manos heredarán la tierra”, no al modo actual (por violencia), sino al modo de Dios: por herencia de gracia. Esta palabra (los mansos heredarán la tierra) abre una utopía de pacificación, que va en contra de todos los principios y tácticas de guerra. Sólo los mansos, los que renuncian a la imposición militar para “conquistar la tierra” podrán poseerla de verdad, pues la tierra no se conquista, sino que se recibe de aquellos que nos han precedido, para regalarla y compartirla con aquellos que nos sigan o esta a nuestro lado. La tierra que se conquista y somete por fuerza se vuelve un infierno de guerra y destrucción: cuanto más la dominemos más la estropeamos. Sólo los mansos podrán heredar y compartir la tierra. Los otros, los violentos, la destruyen y se destruyen a sí mismos.

(4) Hambrientos de justicia (Mt 5, 6). En vez de hambrientos sin más (como Lc 6, 21), Mateo dice hambrientos y sedientos de justicia. Ciertamente, son bienaventurados los carentes de comida, como supone Mt 25, 31-46 (pues el mismo Jesús habita y sufre en ellos), pero, como indica ese pasaje, Mateo sabe también que hay hambrientos mesiánicos, que entregan la vida por los otros, dando de comer a los necesitados, buscando así la justicia de Dios que es la liberación de los oprimidos (Antiguo Testamento) y la justificación y perdón de los pecadores (San Pablo).

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.