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Pobres y odiados – Ricos y estimados. Domingo 6º. Tiempo Ordinario. – Ciclo C

domingo, 16 de febrero de 2025
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sermon-on-the-mountainDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El Discurso de la llanura (domingos 6º, 7º, 8º)

Hasta ahora, Lucas ha hecho frecuente referencia a la actividad de Jesús como predicador, pero solo ha ofrecido una intervención algo extensa, en la sinagoga de Nazaret, donde se enfrentó a todo su auditorio, provocando incluso el deseo de matarlo.

En esta segunda intervención, Jesús se dirige a sus partidarios, pero teniendo presentes a sus enemigos.

La primera parte del discurso contrapone a estos dos grupos (domingo 6º).

Pero no seguirá una guerra entre ellos. La segunda parte exhorta a amar a los enemigos (domingo 7º).

¿Y cómo comportarse con los amigos, con los otros miembros de la comunidad? La tercera parte responde a esta pregunta recogiendo frases sueltas de Jesús (domingo 8º).

En conjunto, un discurso parecido al “Sermón del monte” del evangelio de Mateo. Mucho más breve, con menos temas, pero de sumo interés y novedad.

Bienaventuranzas y ayes (Lc 6, 17. 20-26) (domingo 6º)

El Discurso en la llanura, igual que el Sermón del monte, comienza con unas bienaventuranzas. Pero no son ocho, como en Mt, sino cuatro. Las cuatro declaraciones siguientes comienzan con “ay”, término usado por las plañideras en el antiguo Israel para empezar un canto fúnebre. A los cuatro primeros grupos se les promete una vida feliz. A los cuatro siguientes se les anuncia la muerte.

En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:

Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.

Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo.

¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre.

¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis.

¡Ay si todos los hombres hablan bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»

En realidad, solo tenemos dos grupos: el de los pobres, que pasan hambre, lloran y son odiados; y el de los ricos, saciados y sonrientes, alabados por la gente. Al primero lo tratan mal, como a los antiguos profetas; al segundo bien, como a los falsos profetas.

Pobres y odiados

Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Sin el matiz: “de espíritu”, que añade Mateo, y que se presta a interminables disquisiciones. Los pobres, sin más. Los que pasan hambre y lloran. Declararlos “dichosos, precisamente por eso, suena casi a blasfemia. Pero las desgracias no terminan aquí. Al hambre y el llanto se añaden las persecuciones. A diferencia de las primeras declaraciones, muy breves, la cuarta admira por su extensión: Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Ahora no hay que esperar a la otra vida para recibir el consuelo. Ya en esta, cuando se experimenta el odio, la exclusión, el insulto, la descalificación, por ser discípulos de Jesús y querer seguirlo, ese mismo día, el cristiano debe alegrarse y saltar de gozo.

¿Está loco Jesús? ¿Es un masoquista consigo mismo y un sádico con sus discípulos? Volviendo a releer el evangelio, en su nacimiento van unidas la suma pobreza (“no había sitio para ellos en la posada”) y la inmensa alegría (os anuncio un gran gozo”, dice el ángel a los pastores). Al comienzo de su actividad, en Nazaret, experimenta el odio y la exclusión, sin que eso lo desanime. No se trata de locura, masoquismo ni sadismo, sino de una visión distinta de la realidad. Para Jesús, lo esencial no es la situación presente, sino la futura. La primera bienaventuranza promete el Reino de Dios; la cuarta, “una recompensa grande en el cielo”. Aquí, en la tierra, queda el consuelo de ser tratados como los antiguos profetas.

Las primeras comunidades cristianas experimentaron también la pobreza, el hambre y la persecución, sin que esto les impidiese estar alegres. La de Jerusalén debió solicitar la ayuda de comunidades más ricas para poder sobrevivir a la hambruna en tiempos del emperador Claudio. Las comunidades de Macedonia, a pesar de su extrema pobreza desbordaban de alegría (2 Corintios 8,2). Y los apóstoles, después ser azotados, marcharon del tribunal contentos de haber sido considerados dignos de sufrir desprecios por su nombre [de Jesús]” (Hch 5,41).

Aunque he interpretado las cuatro primeras bienaventuranzas como dirigidas a las primeras comunidades cristianas (y a las actuales que se les parecen), esto no excluye la interpretación individual. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis anticipa lo que contará Lucas poco después de dos mujeres que lloran por motivos muy distintos: la viuda de Naim, que ha perdido a su único hijo, y una prostituta anónima necesitada de perdón y de consuelo. Ambas historias tienen un final feliz, ya en esta vida, antes de la llegada del Reinado de Dios.

Ricos y alabados

            Algunos pueden pagar 100.000 euros (¡cien mil!) por una noche en un hotel de Macao. Si su presupuesto no da para tanto, puede contentarse con una noche en Cannes por 25.000. Naturalmente, la cena debe pagarla aparte: bastarán 2.000 euros. Y mientras come puede mirar la hora en un reloj que le ha costado dos millones. Son casos extremos, pero hay millones de personas que pueden permitirse una vida de lujo y comodidad.

¿Se refiere el último “ay” a este mismo grupo? ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! No parece que “todo el mundo” hable bien de esas personas, aunque sigan sus andanzas en las revistas del corazón, la televisión y las redes sociales.

Salvadas las distancias, los escribas aparecen en el evangelio de Lucas como ejemplo de personas que desean ser estimadas y amantes del dinero:Guardaos de los escribas, que gustan de pasear con hábitos amplios, aman los saludos por la calle y los primeros puestos en sinagogas y banquetes; que devoran las fortunas de las viudas con pretexto de largas oraciones. Su sentencia será más severa (Lc 20,46).

Y que la riqueza puede ser causa de tristeza, ya en esta vida, lo demuestra el episodio del personaje importante incapaz de renunciar a lo que Jesús le pide: “Al oírlo, se entristeció, porque era muy rico” (Lc 18,23).

El mejor comentario: la parábola del rico y Lázaro

A propósito de las tres primeras bienaventuranzas y los tres primeros ay”, el mejor comentario lo ofrece Lucas en esta parábola. Comienza por el final, por el rico que viste con lujo y banquetea espléndidamente todos los días; sigue el pobre, cubierto de llagas, ansioso de comer las migajas que caen de la mesa del rico.

María alabó a Dios en el Magnificat porque “a los pobres los colma de bienes, y a los ricos los despide vacíos”. Si alguien piensa que eso va a ser en esta vida, se equivoca. Jesús deja que Lázaro muera de hambre, en la miseria. Será después de muerto cuando entre en el Reino de Dios para ser eternamente feliz, mientras el rico suspirará por una simple gota de agua, atormentado para siempre. «¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis

¿Está condenado el rico?

La respuesta, de acuerdo con la técnica de Lucas, no la encontrará el lector hasta mucho más adelante, en el episodio de Zaqueo. El rico también es hijo de Abrahán, puede acoger a Jesús en su casa y dar a los pobres la mitad de sus bienes.

Una reflexión

¿Por qué puede expresarse Jesús de forma tan radical, proclamando dichosos a los pobres, los que pasan hambre, los que lloran, los perseguidos? Por dos motivos: 1) porque él también era pobre, vivió de limosna y sufrió persecución hasta la muerte; 2) porque creía firmemente en la recompensa futura en el Reino de Dios, donde quedaría saciada el hambre y enjugado el llanto.

Una advertencia

Las cuatro bienaventuranzas se dirigen a comunidades pobres o a los pobres como Lázaro. Las comunidades ricas o las personas que no carecemos de nada no podemos apropiárnoslas; no podemos utilizarlas para tranquilizar nuestra conciencia pensando en la dicha futura de los pobres.

1ª lectura (Jeremías 17, 5-8)

Se ha elegido este texto por motivos literarios, para indicar que la contraposición de bienaventuranzas y ayes es algo conocido por los profetas, aunque Jeremías usa términos distintos: maldito y bendito. Pero los temas y las metáforas se oponen perfectamente. Es una forma de animar a confiar en Dios, no en los hombres.

Así dice el Señor:

Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita.

Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto.

2ª lectura (1 Corintios 15, 12. 16-20)

Aunque no está elegida buscando una relación con el evangelio, la esperanza en la resurrección encaja muy bien con la recompensa grande en el cielo de la que habla Jesús.

Hermanos: Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que los muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.

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16 de Febrero. Domingo VI. Tiempo Ordinario

domingo, 16 de febrero de 2025
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“Jesús bajó del monte con los Doce y se paró en un llano con un grupo grande de discípulos y de pueblo…”

(Lc 6, 17.20-26)

Lo bueno del mensaje de Jesús es que es abierto, es para todo aquel que quiera escucharlo: los Doce, el grupo grande de discípulos, el pueblo…

Jesús no guarda celosamente para él y para unos pocos escogidos las Buena Noticia, al contrario, la dice en voz alta. Pero esta Buena Noticia tiene también sus advertencias, es para todos siempre que queramos acogerla. Pero acogerla no es sencillamente escucharla con agrado y luego comentar lo bonita que es. Acogerla significa dejarnos transformar.

Las Bienaventuranzas que nos presenta Lucas son muy distintas a las que encontramos en Mateo. En Mateo encontramos nueve bienaventuranzas, en Lucas cuatro, y además, a las bienaventuranzas le siguen cuatro “ayes”.

Por un lado, se muestra el camino que se abre hacia la esperanza y la confianza. Podemos estar seguras de que si ponemos nuestra confianza en Dios podremos atravesar el sufrimiento humano y alcanzar la alegría que Dios nos tiene preparada.

Pero al mismo tiempo se nos advierte de las exigencias de ese camino. No podemos andar tras las huellas de Jesús, camino del Reino, poniendo nuestra confianza en nuestras propias seguridades.

Si no soltamos las muletas no podemos avanzar por el camino de las bienaventuranzas. Porque el requisito indispensable es poner toda nuestra confianza en Dios. Todo lo demás sobra.

Llegadas a este punto es cuando tenemos la tentación de olvidar las advertencias finales y quedarnos contemplando la belleza de las bienaventuranzas. Ponernos el impermeable y no dejar que la Palabra trastoque nuestras seguridades.

Oración

Líbranos, Trinidad Santa, de hacer de tu Palabra un adorno bonito e inofensivo. No dejes que escapemos de su efecto trasformador.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Dichoso el que no es causa del hambre ni de la pobreza espiritual de otro

domingo, 16 de febrero de 2025
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Felices pobres.Cerezo 1DOMINGO 6º (C)

Lc 6,17-26

Siempre que tengo que hablar de las bienaventuranzas me viene a la mente: “pase de mí este cáliz”. La verdad es que ni me entienden los pobres ni los ricos. Lo grave es que esta actitud tiene la más férrea lógica, porque trato de explicarlas racionalmente y las bienaventuranzas sobrepasan toda racionalidad. Cualquier intento de aclararlas desde la razón está abocado al rotundo fracaso. Sin experiencia profunda de lo humano, las bienaventuranzas son un sarcasmo. Ni el sentido común ni el instinto pueden aceptarlas.

Es el texto más comentado del evangelio, pero también el más complicado. Intentaré llevarte lo más lejos posible en su comprensión, sabiendo que no tienen explicación posible. El primer problema lo encontramos en los mismos evangelios. Lucas propone solo tres o cuatro y de la manera más breve posible: bienaventurados los pobres, los que lloran, los que pasan hambre. Mateo narra ocho o nueve, pero, además, añade un matiz que trata de explicar ya la dificultad para entenderlas. Dice: pobre de espíritu, hambre y sed de justicia. Es también muy significativo que Marcos y Juan ni siquiera las mencionen.

No tenemos ni idea de cómo las formuló Jesús, con toda seguridad en arameo. Tampoco podemos saber el sentido que le dieron al traducirlas al griego. Hoy estamos en condiciones de afirmar que la interpretación literal no tiene ni pies ni cabeza. El colmo del cinismo llegó cuando se intentó convencer al pobre de que aguantara estoicamente su pobreza, incluso diera gracias a Dios por ella, porque se lo iba a pagar con creces en el más allá. Si para mantener la esperanza tenemos que echar mano de un más allá, malo.

No se puede separar el primer término de cada propuesta del segundo. A nadie se le ocurriría decir al que lleva dos días sin comer: ¡Qué suerte tienes! Debías estar feliz y contento. Sería dar a entender que Dios está encantado de que la gente sufra. Pero tampoco se pueden unir automáticamente. El hecho de ser pobre no garantiza por sí la verdadera riqueza. Ni el hecho de ser rico determina una condenación automática. Lo que determina una mayor o menor plenitud humana es la actitud vital de cada uno.

Pero es que el nexo de unión entre las dos partes de cada propuesta también es problemático. El “porque” no tiene ninguna connotación causal. El pobre es dichoso, no por ser pobre, sino porque él no es causa de que otro sufra. Dichoso porque, a pesar de todo, él puede desplegar plenamente su humanidad. Este es el profundo mensaje de las bienaventuranzas. De la misma manera el rico no es maldecido por ser rico sino por poner su confianza en la riqueza y desentenderse de los demás seres humanos.

Descubiertas todas estas dificultades, yo haría una formulación distinta: Bienaventurado el pobre, si no permite que su “pobreza” le atenace. Bienaventurado el rico, si no se deja dominar por su “riqueza”. No sabría decir qué es más difícil. En ningún momento debemos olvidar los dos aspectos. Ser dichoso es ser libre de toda atadura que te impida desplegar tu humanidad. Se proclama dichoso al pobre, no la pobreza. Se declara nefasta la riqueza no al rico. Tanto la pobreza como la riqueza son malas si me impiden ser humano.

Tampoco quiere decir el evangelio que tenemos que renunciar a la riqueza para asegurarnos plenitud de humanidad. Debemos renunciar a ser la causa del sufrimiento de los demás. Las bienaventuranzas no son un “” de Dios a la pobreza ni al sufrimiento, sino un rotundo “no” de Dios a las situaciones de injusticia. Siempre que actuamos desde el egoísmo hay injusticia. Siempre que impedimos que el otro crezca hay injusticia.

Las bienaventuranzas invierten radicalmente nuestra escala de valores. En contra de lo que damos por supuesto, puede ser feliz el pobre, el que llora, el que pasa hambre, el oprimido. La misma formulación nos despista porque está hecha desde la perspectiva mítica. Solo desde la perspectiva de un Dios que actúa desde fuera se puede entender “Dichoso los que ahora pasáis hambre porque quedaréis saciado”. Si para mantener la esperanza tenemos que acudir a un más allá, podemos caer en la trampa de dar por buena la injusticia que estamos causando, esperando que un día Dios cambie las tornas.

Las bienaventuranzas quieren decir, que, aún en las peores circunstancias que podamos imaginar, las posibilidades de ser humanos en plenitud, no nos las puede arrebatar nadie. Recordad lo que decíamos el domingo pasado: “Rema mar adentro”, busca en lo hondo de ti, lo que vale de veras. Si creemos que la felicidad nos llega del consumir, no hemos descubierto la alegría de ser. Al poner la confianza en las seguridades externas, en el hedonismo absoluto, estamos equivocándonos y en vez de felicidad encontramos desdicha. Nunca se ha consumido más y sin embargo nunca ha habido tanta infelicidad.

Al añadir Lucas ¡Ay de vosotros los ricos!, deja claro que no habría pobres si no hubiera ricos. Si todos pudiéramos comer lo suficiente, nadie nos consideraría ricos. Si todos pasáramos la misma necesidad, nadie nos consideraría pobres. La parábola del rico Epulón lo deja claro. No se le acusa de ningún crimen; No se dice que haya conseguido las riquezas injustamen­te. El problema era no haberse enterado de que Lázaro estaba a la puerta. Sin Lázaro a la puerta, su riqueza no tendría nada de malo. El evangelio no da valorar a la pobreza en sí, sino a no ser causa de la pobreza de otros.

Llevamos dos mil años intentando armonizar cristianismo y riqueza; salvación y poder. Nadie se siente responsable de los muertos de hambre. Vivimos en el hedonismo más absoluto y no nos preocupa la suerte de los que no tienen un pedazo de pan para evitar la muerte. Jesús nos dice que, si tal injusticia acarrea muerte, alguien tiene la culpa. Buscar en primer lugar mis seguridades y, si me sobra, dar a los demás, no es suficiente.

Decimos: Yo no puedo hacer nada por evitar el hambre. Tú puedes hacerlo todo, porque no se te pide que elimines el hambre en el mundo sino de que tú salgas de toda injusticia. No se trata de hacer un favor a otro, aunque sea salvarles la vida, se trata de que tú salgas de toda inhumanidad. Los “ricos” somos los que tenemos que cambiar buscando esa humanidad que nos falta. Tu salvación está en no ser causa de opresión para nadie. Si damos de comer al pobre le salvamos la vida. Si salgo de mi egoísmo, salvo la vida al pobre y me libero de mi inhumanidad, que es más importante.

Las bienaventuranzas ni hacen referencia a un estado material ni preconizan una revancha futura de los oprimidos ni pueden usarse como cebo con la promesa de lo mejor para el más allá. Las bienaven­turanzas presuponen una actitud vital escatológica, es decir, una experiencia del Reino de Dios, que es Dios mismo como fundamento de mi ser. El primer paso hacia esa actitud es el superar el egoísmo que nos lleva al individualismo, dejar de creer que somos lo que no somos y dejar de vivir de ese engaño.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Fiarse

domingo, 16 de febrero de 2025
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«Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino De Dios»

Podemos tomar las bienaventuranzas como una propuesta de felicidad individual, y también como un estilo de vida capaz de cambiar el mundo. Pero ¿cambiarlo para qué?… pues cambiarlo para que no se aparte de su destino. La humanidad es el sueño de Dios y está destinada a alcanzar la plenitud para la que ha sido concebida, pero en su propia naturaleza hay un germen que le tienta con fuerza a equivocar el camino, a olvidar su esencia, a “deshumanizarse”. Y la propuesta de Jesús, toda la propuesta de Jesús, puede entenderse como una invitación a enderezar el rumbo; a asumir la tarea de sembrar humanidad en torno a cada uno de nosotros.

Pero para aceptar una tarea de esta envergadura es preciso tener mucha fe en quien nos la propone, y esto nos lleva a preguntarnos: ¿Qué significa para mí creer en Jesús?…

El verbo “creer” tiene una primera acepción que lo define como “tener por cierto”. De acuerdo con ella, creer en Jesús es aceptar una serie de asertos propuestos por los teólogos cristianos, como, por ejemplo, “Creo en Jesucristo, su único hijo nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo… etc.” Pero esta fe, concebida como simple aceptación de una doctrina o un dogma, puede resultar estéril si no afecta a nuestra vida. Podemos creer todos los postulados de la Iglesia y actuar con unos criterios opuestos a los de Jesús.

Pero el verbo creer también tiene otra acepción: “fiarse de”. Por ejemplo, yo creo en mi médico, es decir, me fío de mi médico y me pongo en sus manos para que me abra en canal. Este segundo significado cuadra mucho mejor con la fe en Jesús, y a él nos vamos a atener en esta breve reflexión.

El mundo me dice que seré feliz si soy rico, si tengo poder o prestigio social, si no me dejo avasallar, si soy más listo que los demás para los negocios, si voy de diversión en diversión, si no me meto en líos, si no me insultan ni me persiguen… Jesús, en cambio, me hace una propuesta radicalmente distinta: ¿Quieres ser feliz…? pues confórmate con poco, comparte lo que tienes con los que no tienen, aprende a sufrir, di siempre la verdad, no seas violento, trabaja para que prevalezca la justicia, no trates de aprovecharte de nadie, y no te preocupes si te insultan y te persiguen por ello, pues a la larga serás mucho más dichoso… En otras palabras, ¿quieres ser feliz?… pues siembra humanidad.

Y ante esta propuesta la pelota queda en mi tejado: ¿Me lo juego todo apostando por unos criterios de locos; viviendo de acuerdo a unos valores tan estrafalarios como poco evidentes? Decir que sí, es apostar la vida a sus criterios, es avanzar en la línea que él nos propuso, es comprometerme con la tarea de marcar el rumbo de la humanidad en la medida de mis fuerzas, es colaborar seriamente con el proyecto de Dios de llevar a este mundo a su destino…

Es difícil imaginar una tarea más apasionante que ésta, pero es preciso fiarse mucho de Jesús para abrazarla con fervor y llevarla hasta las últimas consecuencias. Nos entusiasma lo de Jesús, pero sólo nos fiamos de él hasta el momento en que nos invita a salir de nuestra zona de confort. Entonces ya no nos convence. Un ejemplo de esto son las bienaventuranzas, porque las leemos y nos encantan, pero no nos apetece nada renunciar a la abundancia, ni compartir, ni trabajar por la paz y la justicia, y mucho menos, ser insultado o perseguido por ello

Y no dudamos de que es Jesús el que tiene razón; que el camino propuesto por él me lleva a la felicidad, pero nos falta el coraje necesario para emprenderlo. Como dijo Jon Sobrino en una charla en Pamplona: «A eso es a lo que tenemos miedo; a ser felices a lo cristiano».

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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¿Felices o saciados?

domingo, 16 de febrero de 2025
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Lc-620-26Lc 6, 17.20-26

La dicha del Reino no consiste en estar saciados, sino en buscar más: más paz, más justicia, más alegría para todos…

Como en otras ocasiones, os invito a leer el evangelio de este domingo como si no lo conociéramos, como si fuera la primera vez que llega a nosotros. Seguro que nos asombra su alegría y desenfado. Su lenguaje directo, concreto y positivo.

Nuestro asombro crecerá aún más si recordamos el contexto en el que se escribió. Pensemos  también en esas primeras comunidades cristianas que son excluidas, silenciadas, que no tienen ninguna relevancia social ni religiosa e incluso son perseguidas.

¿Cómo es posible que estos hermanos y hermanas logren transmitirnos su testimonio de alegría, de sentirse afortunados, dichosos? Es más, ¿cómo nos explicamos que esta sea su experiencia más profunda? Posiblemente es difícil para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, que ponemos tantas condiciones y necesitamos tantas seguridades para sentirnos felices. Las palabras del texto, sus detalles, nos pueden ayudar a descubrir el mensaje que nos trae el evangelio de hoy.

Jesús, ha bajado del monte, de su encuentro con Dios y “levanta los ojos”. Mira a sus discípulos, a las numerosas personas que le siguen de todas las aldeas y ciudades. Y al mirarlos, lo que se le ocurre es llamarlos DICHOSOS.

No les dice lo que deben hacer para serlo, lo que hubiera “enganchado” con los oyentes. Proclama, grita, que “son dichosos”. Y para que no quede duda, añade dos cosas que nos pueden desconcertar aún más: son dichosos AHORA, en presente. Es distinto a “llegarán a serlo”; tampoco les dice eso de “aguanten que luego…

Y lo son porque son pobres, hambrientos, tienen lágrimas en los ojos…  esta es su situación y, en esta situación Jesús manifiesta que son felices. ¿Cómo mira Jesús la realidad de los que le rodean? ¿En qué descubre que es suyo el Reino de Dios? ¿Con qué fuerza lo dice para que los que le escuchan sientan que está expresando su experiencia más honda?

¡La dicha es estar con Él! Sentirse de los suyos, confiar en su amor, sentir su cercanía…  ¿No hemos tenido cada uno de nosotros experiencias similares? ¿No nos hemos sentido dichosos y dichosas en medio de dificultades, críticas, incomprensiones, enfermedades propias o sufrimientos de personas muy queridas? ¿No hemos sentido que más allá de todo eso hay una persona, un amor, una confianza sin medida que todo lo supera?

Esta es la fe que nuestros primeros hermanos quieren transmitirnos. Creer en Jesús, confiar en su salvación y su amor, es fuente de dicha y felicidad, es experimentar ya otro tipo de amor, de relaciones con Dios y con los hermanos.

Y, por si aún nos quedan dudas,  Lucas, muy didáctico, nos advierte de que lo que a veces buscamos: sentirnos saciados, pasarlo bien siempre, que todos hablen bien de nosotros… es un camino equivocado. No es el camino de la felicidad que da el Reino, de la dicha que da el seguir a Jesús.

Es como si nos dijera: ¡Cuidado con buscar el camino que os prometían ayer los entendidos de la Ley, o la publicidad barata y facilona hoy! Si os sentís saciados, si reís, si no aspiráis a nada más que lo logrado, si todos hablan bien de vosotros… ¡Lloraréis y lo pasaréis mal!

La dicha del Reino no consiste en estar saciados, sino en buscar más: más paz, más justicia, más alegría para todos… ¡Porque sabemos que es posible! No consiste en que “lo pasemos bien”, al contrario, lloramos y sufrimos por muchas personas y situaciones… La dicha del Reino no se expresa en que todos hablen bien de nosotros, al contrario, apenas nos entenderán, nos pasarán por delante, se burlarán de nosotros, nos excluirán porque con nuestra forma de pensar –la de Jesús– somos una amenaza…

Pero, sin saber muy bien cómo, sin que sea una empresa a conquistar o unas virtudes a conseguir, ahí, en la realidad que vivimos AHORA somos dichosos y nada, ni nadie nos quitará esta alegría, porque sus claves no están en lo que pasa ni en lo que nos pasa. La clave es la persona de Jesús, nuestra fe en él, nuestra vinculación con él. Todo lo demás, se nos dará por añadidura. Y se nos dará hoy, ahora… ¿nos lo creemos? ¿Desbordamos y contagiamos alegría?

El evangelio de hoy no nos trae un programa moral, ni una explicación teórica sobre la felicidad, nos acerca la experiencia de los primeros cristianos que han encontrado en Jesús su alegría y nos recuerdan que estamos invitados a vivir su misma experiencia. ¿Nos atrevemos?

Mª Guadalupe Labrador. Fmmdp.

Fuente Fe Adulta

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Bienaventuranzas: un mensaje social, religioso y espiritual.

domingo, 16 de febrero de 2025
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IMG_9903Comentario al evangelio del domingo 16 febrero 2025

Lc 6, 17.20-26

La que es considerada por muchos, cristianos o no, como la más bella página del evangelio, contiene un profundo mensaje de sabiduría atemporal, que puede contemplarse desde diferentes ángulos.

Desde la perspectiva social -o incluso sociopolítica-, se remarca la primacía de los pobres y sufrientes de todo tipo. Allí donde las personas más vulnerables sean las más atendidas, estará emergiendo una sociedad más humana. Dicho de otro modo: también en el plano social, el criterio decisivo es la compasión.

Desde una perspectiva religiosa, el mensaje de Jesús es radicalmente subversivo, incluso -o sobre todo- para la propia religión. Resulta que Dios no es “imparcial”, sino que opta preferentemente por los pobres y los sufrientes. Y no porque sean “mejores personas” que los demás, sino simplemente porque sufren. El Dios de Jesús es un Dios indiscutiblemente parcial.

Desde una perspectiva espiritual, ser “pobre” significa estar desidentificado del propio ego. Es pobre quien se sabe “nadie”, no por algún tipo de moralismo, sino porque ha comprendido que su verdadera identidad no se reduce al yo. A partir de ahí, vive una actitud de docilidad ante la vida y de comunión con los otros. Renuncia a “llevar las riendas” de la vida, se libera de la pulsión por controlar todo y aprende a fluir con lo que es.

Al adoptar una visión de conjunto, se aprecia la admirable convergencia de las tres perspectivas, reclamándose mutuamente. Solo en la medida en que comprendo qué soy, puedo liberarme de la reducción al yo (a la personalidad), dejando que la Vida que soy (somos) se viva en mí, viendo y actuando con los otros desde la consciencia de unidad, que se plasma en respeto, amor y compasión.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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El «ay de vosotros»… no es una amenaza de Dios, sino la compasión de Jesús.

domingo, 16 de febrero de 2025
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IMG_9837Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- NOTA PREVIA: LAS BIENAVENTURANZAS EN S MATEO Y EN S LUCAS.

San Mateo sitúa a Jesús proclamando las bienaventuranzas en un monte (que evoca el Sinaí): es el nuevo decálogo. Son las bienaventuranzas proclamadas para cristianos de origen judío que conocen muy bien la ley promulgada en el Sinaí.

San Lucas -por contraposición- dice que Jesús no subió, sino que bajó de la montaña y en una llanura proclama las bienaventuranzas a muchos discípulos y al pueblo.

En San Lucas Jesús baja al pueblo que no puede subir a la montaña de Dios. Es Dios quien se acerca a la gente sencilla por medio de Jesús.

Jesús es un hombre “llano” y en la llanura del pueblo enseña y cura.

Jesús no nos mira arrogantemente de arriba abajo, sino que levantando los ojos a la gente nos mira amablemente y está cerca del pueblo, le enseña y le cura.

Las bienaventuranzas, al mismo tiempo, no son una normativa moralista-legalista pronunciada en la sinagoga o en el Templo, sino que es una llamada a ser felices en la existencia: dichosos, bienaventurados…

02. DICHOSOS / BIENAVENTURADOS

Es difícil convencernos de que seremos bienaventurados y felices en la pobreza, en el sufrimiento, en la persecución…, pero es verdad.

La primera lectura de hoy, tomada del profeta Jeremías, nos dice: MALDITO el que confía en las fuerzas humanas, BENDITO quien confía en el Señor.

La cuestión de fondo en la vida es en quién o dónde pongo yo la confianza y la esperanza en la vida.

Normalmente solemos confiar y esperar en la fuerza, en el poder, en la actividad política, económica, quizás en las ciencias, en un buen sueldo, etc…

Para Trump -y para otros muchos políticos y economistas- la felicidad consiste en el poder, en la riqueza, en que la franja de Gaza se convierta en un paraíso terrenal tipo Miami o Benidorm…

Jesús nos dice que la felicidad no está ni en dólar ni en el euro. Feliz y bienaventurado es el pobre que apela a Dios como único defensor con la confianza puesta en Él: BENDITO quien confía en el Señor (Jeremías / 1ª lectura)

Nos podemos preguntar en el fondo de nuestra conciencia en quién confiamos en la vida.

03. CONTENTO Y FELICIDAD

Dios quiere la felicidad del ser humano y no meramente que el ser humano “esté contento”. Confundimos continuamente la “felicidad / bienaventuranza” con el “contentamiento”.

La felicidad, la paz son de carácter hondamente humano, espiritual, moral. La felicidad tiene que ver con la plenitud interna. El “contentamiento” viene por el placer y la satisfacción de unos logros inmediatos y de corta duración, por lo que son incapaces de llenar el la vida y el corazón.

Muchos de nosotros hemos hecho en nuestra vida el paso de una sociedad dura y difícil, de gran escasez y necesidad, si no de hambre en aquellos años de la larga posguerra española, a una sociedad del bienestar, de cierto lujo, con un consumismo desenfrenado.

Lógicamente habríamos de ser hoy más felices, más serenos, más pacíficos, más honestos, etc. que en otros tiempos. Pero no parece que las cosas sean así.

La felicidad, el equilibrio en la vida, la esperanza, la justicia, la paz no parecen estar en el poder, ni en el dinero. Medio mundo se muere de hambre, mientras el otro medio nos morimos de colesterol.

Probablemente a gran parte de la gente le interesa vivir contenta inmediatamente sin ser feliz ni bienaventurada.

04. ¡AY DE VOSOTROS! NO SE TRATA DE UNA AMENAZA.

San Lucas nos presenta cuatro bienaventuranzas y cuatro lamentaciones.

Estos “ayes” (lamentaciones) no son amenazas de Jesús: ¡Ay de vosotros los ricos que ahora reís porque un día la pagaréis!

El ¡ay de vosotros! Es la compasión y lástima que Jesús siente ante la gente y el pueblo, ante los enfermos, los que sufren. Por eso dice Jesús: ¿qué pena que confiéis en el dinero, que os gusta que hablen bien de vosotros… porque tal vez estéis contentos pero no llegaréis a ser felices.

Estos “ayes” de Lucas hemos de interpretarlos como cuando unos padres ven que su hijo derrota por caminos no del todo sanos: ¡es una pena! Ni los padres, ni Jesús, van a condenar a su hijo, pero ¡es una pena!

Dios no amenaza: ¡ay de vosotros”, Dios siente compasión: me da pena que no seáis felices.

05. LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO ES LA CONFIANZA ÚLTIMA DEL CREYENTE.

La confianza última del creyente es la resurrección de JesuCristo y nuestra esperanza de resucitar. Nos lo recordaba hoy San Pablo en la 1ª carta a los corintios. Cristo ha resucitado y esa es la roca de nuestra confianza y felicidad.

Hemos vivido tres o cuatro años a vueltas con la sinodalidad, que por otra parte, está dando poco de sí. Ahora han puesto en el candelero eclesiástico el año del Jubileo: puertas, procesiones, mitras, báculos, viajes, etc. Bien estarán estas cosas, pero no son –ni de lejos

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“El programa del reino de Dios es para el hoy de nuestra realidad”, por Consuelo Vélez

domingo, 16 de febrero de 2025
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IMG_9950De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio del VI domingo del TO 16-02-2025

Las bienaventuranzas constituyen el programa del reino de Dios que tiene como mensaje central el cambio de situaciones que ha de comenzar a acontecer en este presente

Lucas nos presenta, a lo largo del evangelio, a un Jesús profeta y la misma suerte han de correr sus discípulos

El evangelio de hoy nos invita a vivir la vida cristiana con las consecuencias sociales que ella tiene siendo capaces de comprometernos con su transformación

Jesús bajó con sus discípulos y se detuvo en un llano. Había un gran número de discípulos y un gran gentío del pueblo, venidos de toda Judea, de Jerusalén, de la costa de Tiro y Sidón. Dirigiendo la mirada a los discípulos, les decía:

Felices los pobres, porque el reino de Dios les pertenece. Felices los que ahora pasan hambre, porque serán saciados. Felices los que ahora lloran, porque reirán. Felices cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y desprecien su nombre a causa del Hijo del Hombre.  Alégrense y llénense de gozo, porque el premio en el cielo es abundante. Del mismo modo los padres de ellos trataron a los profetas.

Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen su consuelo!; ¡ay de ustedes, los que ahora están saciados!, porque pasarán hambre; ¡ay de los que ahora ríen!, porque llorarán y harán duelo; ¡ay de ustedes cuando todos los alaben! Del mismo modo los padres de ellos trataron a los falsos profetas

(Lucas 6, 17.20-26).

El texto de las bienaventuranzas que hoy nos relata el evangelio de Lucas, tiene su correspondiente en la versión de Mateo (5, 1-12), con diferencias de destinatarios y de énfasis. En Mateo Jesús se dirige a la muchedumbre, en Lucas a los discípulos y, en este evangelio, además de las bienaventuranzas, están los “ayes” o lamentos por la situación que van a vivir aquellos que ahora se creen plenos. De todas maneras, en los dos casos, este texto constituye el programa del reino de Dios que tiene como mensaje central el cambio de situaciones que ha de comenzar a acontecer en este presente, no pensando que el cambio se dará solo en el cielo. El mismo Lucas, en el libro de los Hechos, al hablar de la comunidad cristiana nos muestra cómo es posible ese cambio, cuando se comparte lo que se tiene y nadie pasa necesidad (Hch 2,42.44-45; 4,32.34-35).

Lucas nos presenta cuatro bienaventuranzas y cuatro “ayes referidos a los pobres, a los que pasan hambre, los que lloran y a los que les persiguen y en los cuatro casos muestra el cambio de situación: a los pobres les pertenece el reino, sus primeros destinatarios; los hambrientos serán saciados, los que lloran reirán y a los que los persiguen les recuerda que es la suerte que corren los profetas, pero su recompensa será grande. En realidad, Lucas nos presenta, a lo largo del evangelio, a un Jesús profeta, con lo cual, los discípulos viven la misma realidad que su maestro.

En los “ayes” la situación se revierte también: los ricos no recibirán nada más, los saciados pasarán hambre, los que ríen, llorarán y harán duelo y a los que los alaban -es decir no los persiguen- les recuerda que las adulaciones y alabanzas son las que reciben los falsos profetas.

Hoy, por tanto, se nos invita a vivir la vida cristiana con las consecuencias sociales que ella tiene, siendo capaces de mirar la realidad y comprometernos con su transformación. La situación de pobreza que siguen viviendo multitudes en la humanidad no puede ser ajena a los que dicen seguir Jesús “profeta del reino”. No se compagina una vida cristiana con la desigualdad, la injusticia social, la exclusión, la resignación, la indiferencia, la falta de solidaridad, Menos con un compromiso político que no mire al cambio de estructuras para transformar la realidad. En este último aspecto queda la gran preocupación sobre qué pasa con los cristianos que eligen gobernantes que, explícitamente, en sus programas de gobierno fomentan el individualismo, la riqueza desmedida, la indiferencia con la creación, el desprecio a los pobres, la exclusión por razones de clase, de etnia, de género, etc. Convendría reflexionar, muy seriamente, si hemos comprendido el programa del reino de Dios y lo ponemos en práctica. Nuestro mensaje no se pude quedar en una “ideología” de un mundo justo para vivirlo en el más allá sin el compromiso efectivo de hacerlo posible en el hoy de nuestra historia. Hoy Jesús también dirige su mirada a nosotros y nos predica las Bienaventuranzas. Ojalá encuentre una respuesta efectiva y generosa en los que hoy decimos seguirlo.

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“Levantad vuestros ojos”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 16 de febrero de 2025
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IMG_9079Comentario a la lectura evangélica (Lucas 6, 17.20-26) de la Misa del VI Domingo del Tiempo Ordinario – 16 febrero 2025 -.

Levantad vuestros ojos

Levanta tus ojos, Señor, mira más allá del horizonte.

Como quizás deberíamos hacer en estos tiempos desgarrados y sin resolver.

Mirar hacia arriba para no dejar que el miedo nos coma el corazón. Miedo a tanto. Miedo a todo. Miedo que se ha convertido en enemigo. Miedo al presente, miedo al futuro, miedo a no lograrlo.

Mirando hacia arriba para encontrar, más allá del mar tormentoso, un lugar de desembarco. Una Palabra, un Salvador.

Habla, Señor. Indica un camino, un camino, un camino. Loco.

Mucha gente se reunió. Desde lejos. Muchos extraños.

Esperan una Palabra. La Palabra que nos empuja a aglomerarnos. Apoyar a cualquiera que tenga algo auténtico que decir, que nos muestre cómo ser felices. Más allá de demasiados vendedores de humo que están apagando nuestros sueños. Y nosotros, los idiotas, nos dejamos guiar.

Jesús mira hacia arriba. Y ve a sus discípulos.

Son personas sencillas, rudas y confiadas. No hay muchos intelectuales y los que lo son han comprendido que junto con la mente hay que ensanchar el corazón.

La Palabra llega, por fin. Y no es lo que queríamos oír.

Benditos vosotros. Pobres. Hambrientos. Llorosos. Perseguidos

¡¡¡Vamos!!!

No comprendo. No lo entendemos. No quiero ser pobre. Ni siquiera hambre ni llanto ni persecución. ¿Confirma esta página el prejuicio de muchos contra los cristianos que aman el sufrimiento? ¿Dedicados a cepillar la cruz día y noche con la mirada llorosa?

¿Dios exalta la desgracia?

Desafortunadamente, muchos lo han pensado al leer esta página.

Muchos, y cuánto me duele este hecho, verdaderamente han exaltado el dolor pensando en agradar a Dios. Muchos, en serio, piensan que Dios prueba a sus hijos enviándoles desgracias, enfermedades y duelos. ¿Pero qué padre haría algo así?

No es así.

No somos bienaventurados, es decir, felices, porque somos pobres, o tenemos hambre, o lloramos, o somos perseguidos.

Somos felices porque Dios cuida de nosotros, ya seamos pobres, hambrientos, llorosos y perseguidos.

Porque Dios pone a los pobres en el centro de su corazón. Y satisface al hambriento. Y hace reír a la persona que llora. Y acoge con él a todos los que entre nosotros sufren persecución en su nombre.

Al igual que los padres que prestan más atención a su hijo enfermo, Dios también lo hace.

Que da a cada uno según su necesidad.

Por tanto, Jesús, al ver a sus discípulos, ya ve consuelo.

Las Bienaventuranzas nos dicen quién es Dios.

Pero ¡ay de vosotros!

Pienso en la hemorragia de humanidad que estamos viviendo día tras día.

Pienso en la costra que está creciendo en nuestras almas. Todos enojados, todos víctimas, todos sospechosos.

Pienso en la indiferencia elevada a sistema, en la globalización de la indiferencia.

No, no tengo soluciones simples, por supuesto.

Pero no quiero cerrar los ojos. Y leo la realidad imitando la mirada de Dios.

Jesús insiste, a diferencia de Mateo.

Lucas relata cuatro “ayes”.

Él no amenaza, el Hijo del hombre, el Maestro.

Advierte, sacude, abofetea.

Si la riqueza se convierte en tu horizonte y llena tu mente y tu alma, no habrá lugar para Dios.

Si lo que importa en tu vida es la codicia, poseer, aparecer, contar, descubrirás que la gloria no alimenta tu alma.

Si tu vida es superficial, tonta, nunca sabrás qué tesoro precioso tiene Dios escondido en tu corazón.

Si sólo prestas atención a lo que dicen de ti, terminarás viviendo de las apariencias.

El bienaventurado

Precisamente porque el Dios de Jesús es manso, pacificador y misericordioso, paga personalmente y sabe llorar, quienes se le parecen lo experimentan.

Locura, ¿verdad? Sí, es demasiado incluso para un loco como yo.

Sin embargo, Jesús lo dijo.

No busquemos la pobreza ni las lágrimas ni la miseria, sino pongamos nuestra confianza en Dios; entonces experimentaremos una felicidad que se llena de emoción y la supera.

La bienaventuranza es experimentar el Absoluto de Dios, el Dios de Jesús, su deslumbrante belleza y compartir con él el sueño de una vida verdadera, a cualquier precio.

Esta página me desgarra el corazón.

Yo, que soy pobre, quisiera hacerme rico.

A mí, que tengo hambre, me gustaría no tener problemas en el futuro.

Yo que sufro y lloro quisiera no preocuparme y reírme a carcajadas.

Yo, a quien se me acusa de ser un buenista porque pongo el Evangelio en práctica, me siento tentado de desencadenar la ira general.

La Palabra, hoy, escudriña y corta.

Como escribe Jeremías, profeta inaudito y perseguido en su Jerusalén, la única posibilidad es levantar la mirada, no confiar sólo en el hombre. Nuestra esperanza, nos recuerda Pablo, está puesta en el Señor resucitado, en alguien que está vivo y se hace presente a través de nuestra mirada, no en un proyecto humano.

Bienaventurados los que no nos damos por vencidos, porque este es el camino de Dios.

Como estacas clavadas en la tierra, creemos.

Sepámonos que somos amados, descubramos que somos amados.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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Todo está bien

sábado, 15 de febrero de 2025
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«La dicha nace de la “fe”, entendida esta no como una creencia a la que asentir mentalmente, sino como la certeza experimentada de que el Fondo de lo real es fuente de confianza. “Todo terminará bien”, repetía Juliana de Norwich. O mejor aún, todo está bien. En el nivel de lo relativo –de la “apariencia”–, todo es variable, impermanente e inexorablemente polar; en lo profundo, todo está pleno de sentido. Si vivimos en la superficie –en el nivel de lo relativo, en la creencia que somos el yo individual–, nos sentiremos víctimas del oleaje incesante; si, por el contrario, nos reconocemos en la Consciencia donde todo ocurre, permaneceremos en la ecuanimidad. Las olas no son otra cosa que el “juego” del agua. La clave radica en no creer que somos una “ola”, sino en reconocernos como el “Agua” misma y única, ilimitada y atemporal, que simplemente adopta infinidad de formas, entre ellas la que llamamos “yo”.

 *

Enrique Martínez Lozano
Otro modo de leer el Evangelio

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“Tomen nota señores obispos”, por Juan Zapatero Ballesteros

sábado, 15 de febrero de 2025
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IMG_9654Conocen ustedes, señores obispos, las palabras de la obispa episcopaliana Mariann Edgar Budde, pronunciadas en la Catedral Nacional de Washington, durante el Servicio Nacional de Oración, con motivo de la toma de posesión de Trump como presidente de los EEUU.

No encuentro, en nuestro diccionario, calificativos suficientes para atribuir a dichas palabras su verdadero y profundo significado.

Si lo miro desde la perspectiva humana, solo puedo calificarlas como decididas y valientes. Muy valientes, diría incluso, si tenemos en cuenta a quien iban dirigidas en ese momento, nada menos que al hombre que se cree más poderoso del mundo. Y, lo que aún es peor, al hombre que se considera enviado por Dios para salvar a la humanidad.

Si nos adentramos en la vertiente religiosa, no puedo por menos de considerarlas como profundamente proféticas y en total consonancia con el Evangelio de Jesús.

Qué sana, no sé si se puede decir también santa, envidia siente uno, cuando oye pronunciar semejantes palabras a una ministra de una iglesia cristiana. Qué subidón, al constatar que solamente han podido ser pronunciadas por alguien, a quien en ese momento, el Espíritu le ha infundido sus dones, concretamente el don de sabiduría y el don de fuerza.

Perdónenme ustedes mi atrevimiento, pues considero que no soy nadie como para darles lecciones a sus Excelencias reverendísimas. No son lecciones lo que les quiero dar. Pretendo sencillamente mostrarles mis sentimientos.

Son pastores ustedes de millones de católicos, pertenecientes a un país aconfesional, según la Constitución, como es el nuestro, pero que, sin embargo, gozan de una autoridad moral muy grande, a pesar de la que han perdido y se han dilapidado desde unos tiempos a hoy, debido a procederes muy tristes y lamentables que han tenido lugar dentro de la Iglesia. Pero no es de esto de lo que quiero hablar en este momento, aunque por ganas no me queda, debido a su tremenda gravedad.

IMG_8690El Presidente del Ventorro, católico él, genuflexo ante el Profeta de calamidades… ¿Le habrá absuelto por los más de 200 fallecidos por la DANA?

Saben ustedes, igual que yo, que somos un país de llegada de inmigrantes. Me gustaría decir que somos un país de acogida, pero, tal y como están las cosas en esta cuestión, muy agravadas en los últimos tiempos, me temo que estemos en las antípodas de ello. Día sí y día también se suceden escenas trágicas en nuestras costas, a las que intentan llegar pateras cargadas de inmigrantes hacinados, menores de edad muchos de ellos. Frente a los esfuerzos de acogida por parte de organizaciones solidarias, se levantan las voces inmisericordes de ciertos partidos políticos y asociaciones afines que piden que se les deje a su suerte en el mar o se les repatríe de forma inmediata. Amén de criminalizar, también, a quienes han logrado entrar, y, de entre ellos, de manera más contundente, a quienes aún no han conseguido los papeles de regularización. Acusándolos de que, más pronto que tarde, acabarán destrozando nuestra buena moral y nuestras sanas costumbres.

Qué casualidad que dichos partidos, junto a los grupos y asociaciones que les apoyan, se declaren católicos, hijos obedientes de la Iglesia y defensores a ultranza de los principios católicos de esta.

En ningún momento los he oído a ustedes, como jerarquía eclesiástica, denunciar semejantes aberraciones y a los grupos políticos que las apoyan y las difunden. A veces quiero pensar, por lo que intuyo según lo que les oigo decir en algunos momentos, que lo que ustedes pretenden es no meterse en cuestiones políticas ni inmiscuirse en temas partidistas.

Claro que a un servidor semejantes palabras le suenan a excusas baratas y a no quererse implicar debido a las posibles consecuencias que les pudieran acarrear, traducidas en retirada de ciertos privilegios, principalmente.

Claro que, cuando se trata de otras cuestiones morales, dígase el matrimonio homosexual, por poner solo un ejemplo, les falta a ustedes tiempo para salir en tromba, atacando con fuerza. Y, si no, que se lo pregunten a los diocesanos de Alcalá de Henares, tiempo atrás, o a los actuales fieles de la diócesis de Oviedo, por citar solo

IMG_9852El arzobispo Rouco Varela durante una manifestación contra el matrimonio igualitario en 2005 (foto: Luis Magán) Obsérvese el tierno abrazo…

No saben ustedes, señores obispos, cómo se agradece una bocanada de aire fresco, con sabor a Evangelio, como la que nos ha dado la obispa Mariann, en medio de una sequía de nada o de lo contrario.

Y, además, con efectos colaterales muy positivos, pues ha tenido que ser, precisamente, una mujer quien haya recordado a este gran mandatario que el proyecto de Dios está en las antípodas del suyo.

Les ruego, les suplico,  señores obispos, que tomen nota y utilicen su palabra para denunciar a quienes pretenden conculcar la sagrada ley de Dios, que nos recuerda que la verdadera religión consiste en acoger al extranjero y al pobre.

Juan Zapatero Ballesteros

Fuente Fe Adulta

 

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¿Eres de las Bienaventuranzas, o de la mundanalidad?

viernes, 14 de febrero de 2025
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Ddel blog de Alfonso Olaz El Rincón del Peregrino:

| Alfonso Olaz OFS

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 ¿Eres de las Bienaventuranzas, o de la mundanalidad?

Señor
En esta vida contigo, te alabaré por siempre
ya que así me has hecho
¡Bendito seas por ello!

¡Humildad, sencillez!
Sin el sombrero del ego
Sin el dedo acusador de la arrogancia
Sin los guantes del orgullo y la ostentación
Con la capa del buen peregrino que todo lo soporta por amor

Dejarse hacer en tu sueño,  Maestro
Y No preocuparse de nada
Y nada más …

¡Tú ya te ocupas de mí como me lo has prometido!

Al estilo cristiano, el de las bienaventuranzas

¡ Oración, Humildad,  Misericordia, para avanzar al estilo del Maestro
Y dejarse hacer como tú lo hiciste
Aceptando todo lo que venga, Todo…

Siendo libre como las aves del cielo
peregrino de la confianza
Sin llevar nada para el camino
sin importarme nada más…

¡Para comenzar a entender el sueño del maestro!

Del Evangelio a la Vida
De la Vida al Evangelio

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«Ni negar la comunión, ni escandalizarse», por Juan Masiá sj

viernes, 14 de febrero de 2025
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soy-homosexual-tengo-hijos-soy-catolico1De su blog Vivir y pensar en la frontera:

Comerte es ser por Tí comido

¿Quién soy yo para excluir a nadie?

  Estaba un servidor ensimismado con el tema siguiente en este blog unamuniano: comer el Pan de Vida es ser comido por el Aliento de Vida,!…pero me interrumpen “amistades linked in” con cariñosa amonestación por e-mail:

“¿Qué te pasa, Juan, olvidaste la bioética y las cuestiones fronterizas?¿A qué viene tanto post de poesía y espiritualidad? No decepciones a tus fan que quieren saber qué opinas de la prohibición de comulgar por condición homosexual…”

Gracias amigos/as por seguir leyendo el blog, aunque no baile al ritmo del día. Precisamente iba de comunión el esbozo de esta semana comentando una frase eucarística de [san] Miguel de U. . : “… es comerte ser por Tí comido”, (Cristo de Velázquez, I, 22) ,

Me sorprende la prohibición de la comunión por la condición homosexual de la persona civilmente casada. A estas alturas ya deberíamos haber asimilado las enseñanzas del Papa Francisco en Amoris laetitia.

Me sorprende aún más que se trate como cuestión política o como cuestión ética o como   cuestión de normativa canónica, lo que es una cuestión de conciencia y de fe, en la que nadie tiene derecho a sustituir la decisión personal y el discernimiento responsable, porque vulneraría el respeto a la conciencia y a la dignidad de la persona como persona y como creyente bautizada.

A quienes tratan la causa como cuestión política habrá que avisarles del peligro de intervenir en la libertad religiosa.

A quienes se escandalizan habrá que avisarles de que “no juzguen y no serán juzgados”, “misericordia quiero y no holocaustos”.

Y a quienes se acogen a “normativas canónicas” habrá que decirles que “de internis neque ecclesia”, que nadie tiene derecho a negar la comunión. Y que eso de que es condicion para recibirla estar en estado de gracia… ¿Quién es usted (sea cura u obispo) para presuponer que esta perssona no lo está?…

Además, antes de comulgar, todos rezamos la frase evangélica : Señor no soy digno  . Esa oracion es un reconocer que no somos dignos, y dejarnos acoger. Como dice el papa Francisco, no vamos a recibir un premio sino una medicina.

Pero reconozcamos que la Iglesia tiene la gran asignatura pendiente de reformar las sequelas de la juridificación canónica de los sacramentos (hay que sacar los sacramentos fuera del derecho canónico, como repetía en los cursos de formación permanente el teólogo Adolfo Nicolás), hay que reformar la enseñanza sobre la penitencia y el  matrimonio. Lamentablemente el fracaso del Sínodo de la sinodalidad nos muestra lo difícil que es la reforma de la iglesia (“misión imposible” incluso para el Papa Francisco, que no consigue suprimir las estructuras de exclusión dentro de la iglesia).

Ahora con motivo del Año Santo hablamos de esperanza, pero… de hecho se siguen usando metáforas jurídicas y comerciales para hablar de indulgencias, y cuando se habla de las “condiciones para ganarlas” volvemos a hacer una catequesis inapropiada sobre confesión y comunión…

Por eso no se extrañen mis amigos y amigas del blog de que no me apetezca hablar de teología moral y prefiera rezar con el Cristo de Velázquez y … ¿qué hacer para evitar el pesimismo eclesial?  Pues… como Don Quijote, poetizar y tratar de ser buenas personas, ahora que uno se acerca al final de la jornada, eso es lo que queda: se misericordioso y metaforiza, que algo queda…

Apéndice: Podemos meditar los siguientes Kôan de[san Miguel de U.]

Cordero blanco del Señor, que quitas

los pecados del mundo y que restañas

la sangre de Caín con la que corre

de tu hendido costado… (CV I, 16)

Por Tí comulga Dios con sus mortales (CV, 17)

Y hay en el vino de tu sangre, oh Cristo,

agua también de cumbre y sin mancilla,

licor de vida que la sed apaga

para siempre jamás a quien la bebe

Y vuelve en su dentro manadero

que le da un sempiterno revivir (CV 18)

Es comerte ser por Tí comido (CV I, 22)

 

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Cuando el «Yo» es protagonista.

jueves, 13 de febrero de 2025
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«La historia de los grupos humanos –incluidos los grupos religiosos– está llena de luchas por cuestiones de poder o preeminencia. Si bien la lucha era ya el modo de establecer la jerarquía dentro de diferentes especies animales, con la emergencia de la mente, se exacerbará. La mente va a dar lugar al nacimiento del yo que, progresivamente, irá ocupando un lugar cada vez más central y protagónico.

El yo vive únicamente para subsistir o, si se prefiere, para mantener la ficción de su existencia. Pero como es absolutamente vulnerable y, en última instancia, vacío, no tiene otro camino que la apropiación de todo lo que le rodea, y el recurso al poder como medio de exorcizar la inseguridad que lo atenaza. Por eso, mientras el protagonista sea el yo, todo lo demás vendrá de su mano. No habrá, por tanto, salida, sino cuando comprendamos que no somos ese yo.

Lo que llamamos “yo” es solo un “punto” pequeño dentro de una identidad más amplia, la “red” total que incluye todo. Si acallas la mente, trascenderás el mundo de las formas y percibirás la consciencia común que las contiene».

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Enrique Martínez Lozano

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“En el principio…”, por Dolores Aleixandre.

jueves, 13 de febrero de 2025
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IMG_9817De su blog Un grano de Mostaza:

Cuenta un midrash que,  en la tarde del último día de la creación, las letras del alefeto  hebreo se fueron presentando ante el Creador para pedirle: “Por favor, ¡elígeme como primera letra de la Torah”! La agraciada resultó ser la bet por la que comienza la palabra berakah(bendición) y beresit “En el principio…

Su forma se parece a un cuadrado incompleto, cerrado por la derecha y por ambos lados, dejando el lado izquierdo completamente abierto.  Y como la escritura hebrea va de derecha a izquierda, parece que nos está indicado el sentido del camino: – “¡Camina siempre hacia delante! Avanza sin dispersarte, no te empeñes en empinarte por encima de tu estatura ni te pegues tampoco al suelo; y ni se te ocurra retroceder porque chocarás con el tope del punto de partida”.

El comienzo de un año tiene mucho de apertura, de estreno y de novedad. Está ante nosotros como un germen sin “residuos”, sin acumulación, rigidez o endurecimiento. Algo que germina posee un máximum de libertad, de juego, de agilidad,  de gracia.  Decía Charles Péguy: “Un germen es lo menos habituado que existe, lo menos fijado por la memoria o por el hábito, donde hay menos legajos, memorias papeleo o burocracia. Es lo que está más cerca de la creación, lo más fresco, lo más reciente y salido verdaderamente de las manos de Dios”.

Excelente momento para las decisiones de cambios significativos como los que quizá estén ya aconteciendo: Fray Severiano del Divino Celo ha puesto a remojo en noches alternas su santa observancia, a ver si se le reblandece un poco. Sor Maura del Perpetuo Recuerdo está tomando un vasodilatador antioxidante para ensanchar su mentalidad. Fray Bruno del Santo Sepulcro se ha puesto a leer la vida de san Felipe Neri que dijo: “Conservar el buen humor en medio de las penas es señal de un alma buena”. Sor Albertina de la Santa Faz aplica cada día a su entrecejo un algodón impregnado en agua de Lourdes para ver si le desaparece el gesto de mal genio.

Todos ellos y todos nosotros estamos invitados a entonar: “Cantad al Señor un cántico nuevo” que en hebreo suena así: Siru laSem sir jadas

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“Radiografía del amor. Y algunos ejemplos”, por Gabriel Mª Otalora.

jueves, 13 de febrero de 2025
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IMG_9884Recien “salido del horno”, me encuentro entre las novedades de la librería diocesana este nuevo libro de Gabriel Mª Otalora, bien conocido en esta página por las reflexiones que, gracias a su generosidad, podemos leer, meditar y rumiar en nuestros momentos de oración…

Un libro para profundizar en eso que, a menudo de forma banal, llamamos amor. Amor que constituye lo esencial del ser humano y que, algunos de entre nosotros descubrieron felizmente, como nos muestran los ejemplos que el autor elige como modelos.

Os animamos a pasear, ojear y hojear entre sus páginas, y a leer esta interesante entrevista en Religión Digital:

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 Gabriel Mª Otalora: «Ser buena persona es una característica de las personas inteligentes de verdad»

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¡Qué bello libro este de La radiografía del amor! ¡Qué agradable de leer! ¡Cuánto he gozado con su lectura! Amor, esa palabra extraña que evoca y es tantas cosas. Y es que adentrándose en esta radiografía uno aprende antropología, psicología, historia, teología, espiritualidad, hagiografía...

De la presentación, escrita por 

Joxe Mari Arregi, Ministro provincial franciscano de Arantzazu, 

Con un estilo claro y cercano, el autor reivindica, frente a los significados poliédricos, superficiales o alejados de lo que significa el amor verdadero, la actitud de amar en su mejor versión. Que por algo es nuestra principal necesidad: amar y que nos amen. En este recorrido visualizaremos a fondo esta realidad tan radicalmente humana y tan desvalorizada, la de amar de verdad, por eso, el ensayo no se olvida de que no todo lo que llamamos amor lo es, su incidencia en la salud, así como la evidente conexión que existe entre Psicología y EvangelioLa superficialidad con la que muy a menudo vivimos se confronta con las diferentes variables, incluido el verdadero amor a uno mismo: la pareja, el amor a los animales, a la Naturaleza, a Dios…

Como refuerzo de lo anterior, se incluyen nueve testimonios biográficos, verdaderos arquetipos del amor sacados de diferentes parcelas de la vida real:trabajo, pareja, política, amistad, amor en la exclusión, personas que, como Francisco de Asís, Concepción Arenal, Dag Hammarskjöld, la madre de Niestzche o Florence Nightingale, hicieron del amor el motor principal de sus vidas.

Nada importante resulta fácil, y tampoco lo es ejercitarse en la actitud de amar como la fortaleza humana transformadora más importante.

El mensaje esencial, en definitiva, es vivir centrados en nuestro verdadero fundamento en la vida cotidiana, tal como se apunta al final del libro, lejos de imposturas y sucedáneos que solo conducen al sinsentido y a la desesperanza. Nada importante resulta fácil, y tampoco lo es ejercitarse en la actitud de amar; pero vale la pena porque solo amando somos capaces de crecer como personas y amar mejor. Esta es nuestra fuerza transformadora principal.

El libro de Gabriel Mª Otalora acaba con el necesario mensaje de que tenemos que vivir despiertos en lo cotidiano, que es donde se fragua lo esencial de cada día y siempre es un regalo lleno de dones, da igual que nos parezca una jornada exitosa o insignificante, si estamos saturados de actividades o necesitados de humilde paciencia. La vida toda es un regalo de amor y desde el Amor debe ser vivida. El mensaje es claro: ser buena persona es cosa de inteligentes.

Finalmente, acostumbrados como estamos a que sean siempre religiosos “especializados” los que nos muestren los caminos de la espiritualidad, uno de los atractivos del libro es que quien lo escribe es un laico comprometido en su comunidad eclesial, casado y padre. ¿Quién si no podría hablar con conocimiento del  amor y sus formas?

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Radiografía del amor. Y algunos ejemplos

Editorial:SAN PABLO COMUNICACION SSP
Año de edición:2025
MateriaEspiritualidad
ISBN:978-84-285-7250-7
Páginas:208
Encuadernación:Rústica
Colección:CAMINOS

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«Bendición a Trump, el nuevo Mesías «, por Miguel Ángel Mesa

miércoles, 12 de febrero de 2025
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¡Oh Dios Poderoso, Señor nuestro y Padre de nuestra gran nación, los Estados Unidos de América!

Hoy estamos radiantes de gozo porque de nuevo ha sido tu voluntad la que se ha cumplido, al ser elegido legítimamente (no como en las anteriores elecciones con el triunfo fraudulento del izquierdoso Biden) tu Mesías, tu Hijo predilecto; tenemos la esperanza cierta de que tu amada Nación vuelva a ser grande de nuevo. Una de sus primeras medidas ha sido firmar la amnistía para más de 1.500 patriotas, hijos también muy queridos tuyos, condenados o procesados por tomar el Congreso, cuyo motivo fue el robo de las pasadas elecciones presidenciales.

Una edad de oro se anuncia y avecina según las palabras de tu Elegido para la tierra de la Promesa. Los principales Ceos de las más importantes transnacionales de tecnología y de la comunicación mundiales estaban presentes en la jura de Trump como presidente de U.S.A., comandados por su mano derecha (alzada hacia el cielo para pedir también tu sabiduría y protección) Elon Musk, quién ya se está encargando de deshacer el maldito estado del bienestar que solo significa derroche para atender a los miserables y descartados. Todos los directores ejecutivos pondrán sus empresas a disposición del nuevo Presidente, para que esta nueva edad de oro beneficie aún más a sus empresas y por lo tanto a la bendita nación norteamericana.

¡Altísimo Señor de la riqueza, como fruto del trabajo incansable por las personas emprendedoras, cumplidoras, elegidas por ti! ¡Dios del orden y la ley! Donald Trump, el Salvador de tu país por excelencia, ya ha firmado sus primeras medidas, cumpliendo su palabra y dejando así constancia de su entereza moral, su ética intachable y sus compromisos, tal como se había comprometido con sus benditos electores:

Aplicación con más determinación de la pena de muerte para disuadir los crímenes más atroces; retirada de la Organización Mundial de la Salud (OMS) por su mala gestión y falta de independencia; retirada inmediata el Acuerdo de París, ya que impide a EE.UU. su pleno desarrollo y porque mienten descaradamente los defensores de que está en marcha un cambio climático; restaurar la verdad biológica, reconociendo solo el género masculino y femenino, ampliando aún más la legislación estatal contra la comunidad LGBTIQ+ y, por lo tanto, fomentando un clima de intolerancia y discriminación contra la diversidad sexual de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales (cumpliendo así tu santa voluntad, excluyendo y abominando de estas actitudes perversas y contra natura); se reforzará la frontera sur, se suspenderá el programa de admisión de personas refugiadas y se expulsará a todos los refugiados ilegales, persiguiéndolos hasta en las iglesias; se apoyará diplomática y militarmente sin ningún tipo de rubor ni titubeos al gobierno de Israel contra el terrorismo de Hamás y todos los seguidores que le apoyan, sin importar los daños colaterales que se produzcan, e intentar que Egipto y  Jordania acojan a un millón y medio de los denominados palestinos…

Y así muchas medidas más que eliminarán todas las trabas para que la vida, la moral, la educación, la familia… en este tu bendito país, sea íntegra, se aumente la riqueza, la seguridad, con la venta ilimitada de armas, y para que todos los enemigos de este proyecto de una Renovada y Gran América desistan en su intento de tratar de intimidar a nuestro país por cualquier medio, porque encontrarán en su intento el ojo por ojo, diente por diente y mil veces más.

Por todo esto te pedimos, ¡oh Dios de los Ejércitos, Todopoderoso, vengador sin piedad del mal realizado a tus fieles a lo largo y ancho de nuestra tierra prometida!, bendice a tu Enviado y Mesías Donald Trump, muéstrale tu voluntad y dale fuerza para seguir tus deseos, que como mejor cumplidor hijo tuyo, los siente como sus propios deseos.

Y por último aleja de nosotros y cierra los oídos y el corazón de los ciudadanos norteamericanos, creyentes en Ti y en tu Biblia bendita, a las infamias que los líderes heréticos de las Iglesias, como el papa Francisco o la obispa Mariann Budde (que se atrevió a aleccionar a Trump frente a frente; la compasión, la misericordia y el cuidado son palabras vanas dirigidas a gentes débiles y delicadas, no virtudes de hombres fuertes y poderosos) y algunos líderes de otras religiones, pregonan diabólicamente contra tu Mesías. Hay que seguir luchando a brazo partido contra la teología de la liberación y otras ideologías como esta, ateas y marxistas.

In God we trust. En el Dólar y en nuestro bendito Presidente Donald Trump creemos.  Amén.   

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«Con la libertad del Espíritu: A propósito de la comunión y bendición de parejas homosexuales», por Julio Millán

miércoles, 12 de febrero de 2025
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soy-homosexual-tengo-hijos-soy-catolico1«Algunos pastores parecería como si quisieran llevar un control de quién, cómo, cuándo y dónde» 

Me cuesta entender y mucho más aceptar que haya gente dentro de la Iglesia, y más en concreto dentro de la jerarquía, que se erijan en árbitros de la conciencia y de la fe de la gente, por muy pecadores que sean. Sobre todo por aquello de que “el que esté libre de culpa, que tire la primera piedra”

En todo este lenguaje habría que ser humildes y aprendiendo del papa Francisco potenciar la misericordia de Dios en nuestras vidas por encima de todo y dejar de condenar ni excluir. ¿Quién soy yo para decidir sobre nadie o tengo la patente del amor de Dios?

Me cuesta entender y mucho más aceptar que haya gente dentro de la Iglesia, y más en concreto dentro de la jerarquía, que se erijan en árbitros de la conciencia y de la fe de la gente, por muy pecadores que sean. Sobre todo por aquello de que “el que esté libre de culpa, que tire la primera piedra”.

A estas alturas en el siglo XXI hay gente que cree tener esa potestad de analizar y juzgar la conciencia de los demás y, también, a estos mismos se les olvida que “hay que mirar primero la viga del ojo propio y luego ver la mota del ojo del amigo”. Sigo oyendo con cierta frecuencia casos concretos de cristianos que sienten la humillación de sentirse excluidos del amor y de la gracia de participar plenamente en la Eucaristía y de acercarse con miedo a la comunión pensando si serán aceptados o rechazados públicamente. Es humillante que alguien te diga: “tú, no.

Últimamente todo se complica con los casos de parejas homosexuales y matrimonios en situaciones irregulares y y tantos otros casos que tenemos en el día a día. Lo más reciente es lo sucedido en la Diócesis de Huelva, donde parece ser que algún párroco había organizado “cursos de pre-bendicion a parejas homosexuales”. A lo cual el obispo del lugar responde: “Esta manera de acompañamiento a los fieles cristianos en esta situación no corresponde con el magisterio”.

Leído eso, inmediatamente me viene a la cabeza una respuesta a modo de reflexión: el Magisterio no está de acuerdo con esa manera de actuar, pero, ¿y el evangelio de Jesús lo aprobaría? Imagino que con la mejor intención del mundo, y en la línea de la doctrina del Papa Francisco, que dicho sea de paso, cada vez esta más en el ojo del huracán de cardenales que le critican fuertemente. Estos últimos días se han juntado mas de 80 cardenales del mundo en Fátima y lo han puesto “a caer de un burro”, mientras rezaban para así sentirse más unidos. Lo que no sé es qué habrán aportado estos a la sinodalidad.

Humildes y misericordiosos

En todo este lenguaje habría que ser humildes y aprendiendo del papa Francisco potenciar la misericordia de Dios en nuestras vidas por encima de todo y dejar de condenar ni excluir. ¿Quién soy yo para decidir sobre nadie o tengo la patente del amor de Dios?

Yo sé lo que dirán algunos canonistas y cada vez me importa menos, meter en una norma las avatares y sufrimientos del corazón creyente. Lo importante no es la norma, sino la pastoral del día a día. Aquí no está en juego la política ni la ética, aquí están en juego la conciencia y la fe, en las que nadie tiene derecho a decidir por los demás y menos vulnerar la dignidad de nadie.

Si en algo la Iglesia tiene que ser madre y maestra es en acogida, ternura, comprensión, misericordia. Para condenar siempre hay tiempo. Y mirar siempre al Maestro que nos enseñoó que “no juzguéis y no seréis juzgados, y misericordia quiero y no sacrificios”.

Nadie somos nada para decidir por nadie y nadie somos nada para presuponer si ciertas personas están en gracia o están en pecado. ¿Quién soy yo para excluir o para decir tú sí puedes, tú no puedes?

Algunos pastores desde su atalaya se cuestionan cómo es posible que comulgue tanta gente si luego apenas hay que gente que se confiesa. Parecería como si quisieran llevar un control de quién, cómo, cuándo y dónde

Algunos pastores desde su atalaya se cuestionan cómo es posible que comulgue tanta gente si luego apenas hay que gente que se confiesa. Parecería como si quisieran llevar un control de quién, cómo, cuándo y dónde. Otros se entretienen en las preguntas inoportunas que más que nada molestan y hacen daño y solo sirven para curiosear sobre la conciencia del otro.

Otros dicen reiteradas veces: “No se puede comulgar si no estás en gracia de Dios” y se lo repiten a sus fieles a lo largo de sus celebraciones insistentemente. ¿Cómo puedo yo llevar el control de quién confiesa o comulga con asiduidad? ¿Cómo puedo yo saber quién está en gracia y quién no? ¿Acaso Dios me ha puesto ahí para ser “aduana y controlador de conciencias”?. Yo solo soy un receptor del perdón y un transmisor del mismo. El que perdona es Otro, no soy yo.

Muchos cristianos a veces atraviesan momentos difíciles en su fe o en su vida y tienen la necesidad de comulgar porque ahí encuentran la gracia y la fuerza para el camino. Y a veces pueden que lo hagan sin confesar, pero yo no soy el que debe saber la cualidad o gravedad o no del pecado ni cuándo cada cual debe acudir a un sacramento. Además, cada Eucaristía tiene sus momentos de perdón que presiento que a veces ni los mismos cristianos le hacemos valer. Pero sabemos que al comenzar cada celebración pedimos varias veces perdón al Señor y a los hermanos. ¿Acaso esos momentos de fe y de perdón no sirven también para que Dios perdone?

Y sobre todo hay algo importante parafraseando al Papa: “comulgar no es recibir un premio, sino recibir una medicina para la vida. Muchos se quedan en comulgar como precepto y cumplimiento y hasta creen merecérselo, sin embargo estas experiencias personales y comunitarias son profundamente expresión del amor de Dios. Y siempre dije y me digo a mí mismo: “Yo acudo a la Eucaristía y a participar de la palabra y del pan, porque lo necesito, porque soy un ser limitado y pecador y porque ahí encuentro la fuerza para el camino, y sintiéndome pecador, ahí recibo la gracia y el amor de Dios«. Porque soy pecador, necesito la eucaristía; si me sintiera bueno, seguramente no la necesitaría. Los buenos tal vez no necesitan salvación, yo sí.

Fuente Religión Digital

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Perseguir una santidad ajena

martes, 11 de febrero de 2025
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La perfección no es algo que puedas adquirir como un sombrero: entrando en una tienda, probando varios y saliendo diez minutos más tarde con uno que ajuste bien en la cabeza. Sin embargo, hay personas que entran en un monasterio con esta idea. Están ansiosos por probarse el primer sistema disponible y pasar el resto de su vida con esa cosa en la cabeza.

Devoran libros de piedad indistintamente, sin pararse a considerar cuánto de lo que leen conviene, o puede aplicarse, a su propia vida. Su principal preocupación es adquirir tantas muestras externas como sea posible y decorar su persona con los rasgos que tan rápidamente han llegado a asociar a la perfección. Y se pasean con ropa cortada a la medida de otras personas y situaciones.

Si hacen esta tarea esmeradamente, es fácil que sus disfraces espirituales sean muy admirados. Como los artistas de éxito, se vuelven comerciales. Tras esto, no hay mucha esperanza para ellos. Son buena gente, sí; pero están fuera de su sitio y se desperdiciará gran parte de su bienintencionada energía. Han llegado a estar satisfechos con su propia marca de santidad y con la perfección que tejieron para sí con los hilos de su propia imaginación.

Y Dios mismo, que deseaba crear su especial perfección y su gozo, habrá de aguardar a que pasen por un laborioso purgatorio antes de poder hacerlo finalmente».

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Thomas Merton
Semillas de contemplación

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“Lecciones de una obispa, no solo a Trump”, por Gabriel María Otalora

martes, 11 de febrero de 2025
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IMG_9654De su blog Punto de Encuentro:

La obispa Mariann E. Budde pertenece a una rama de la iglesia anglicana, por tanto, cristiana, que no es dominante en Estados Unidos. Es la primera mujer que dirige la Diócesis Episcopal de Washington, desde 2011. Leo que su diócesis tenía previsto celebrar un servicio de oración en la catedral al día siguiente de la toma de posesión del nuevo presidente de Estados Unidos, independientemente de quién fuera el ganador. Y así ocurrió… ante Donald Trump.

Anteriormente (2020) ya declaró sentirse “indignada” y “horrorizada” por el uso que Trump hizo de la Biblia mientras “defendía posturas contrarias a la Biblia”. Se refería a cuando Trump sostuvo en alto dentro de la iglesia de St. John tras utilizar la policía gases lacrimógenos contra los manifestantes que pedían justicia racial en una plaza cercana. Esta vez, todo el mundo ha podido ver y escuchar el servicio religioso que Budde realizó ante el nuevo presidente estadounidense. Igualmente conocemos la respuesta destemplada y despectiva de Trump. Han pasado algunas fechas y he sacado algunas lecciones:

1.- A veces nos enredamos con la “denuncia profética” confundiendo política con actitudes profundamente jesuánicas. Me parece que la conducta de la obispa es un ejemplo perfecto de respeto en las formas y de aldabonazo a las conciencias siguiendo el ejemplo del Maestro.

2.- Si esta mujer ha sido noticia, lo ha sido por el contenido de su mensaje, por ser mujer y por decir lo que dijo a quién se lo dijo, en calidad de miembro del clero cristiano. Las tres circunstancias tienen su motivo de reflexión para cualquier persona cristiana, incluidos quienes pertenecemos a la iglesia católica.

3.- En este sentido, llama la atención el silencio estrepitoso de la Conferencia Episcopal Española y, hasta lo que conozco, el de cualquiera de sus cardenales, arzobispos u obispos a título particular: no han dicho ni mu… ¿Fue imprudente la obispa Budde, o actúa con cobardía la jerarquía católica? Al menos, leo que las parroquias jesuitas del Norte de Madrid convocan un acto de apoyo a la obispa por sus palabras ante Trump.

4.- Vayamos con el contenido de lo que dijo la obispa Budde. Apeló a la misericordia, algo que echamos en falta en el día a día cercano, tanto en el lenguaje como en practicarlo. Algunos bienintencionados apelan a vivir el Evangelio como un constructo social, siguiendo la estela sanadora de Jesús de Nazaret. Pero se olvidan de dos cosas: que Él se dedicó a sanar, a predicar y a orar, como elementos indisolubles y lección para sus seguidores. “Sin mí no podéis hacer nada”, “orad para no caer en la tentación…” tal como destacan los textos evangélicos. Y se olvidan también que nuestra labor sanadora debe hacerse con actitud compasiva y misericordiosa; si no, no es cristiana.

5.- Fue un sermón especial: una mujer con responsabilidad episcopal desde el presbiterio dirigiéndose al presidente de los Estados Unidos, sentado en la parte delantera de la iglesia catedral, ella citando a las personas LGBTQ y a los migrantes ante la llamada de Trump a reprimir la inmigración ilegal y a desmantelar las protecciones sociales para las personas transgénero. “Le pido que tenga piedad, presidente”, y añadió que “Todos fuimos una vez forasteros en esta tierra”, en clara alusión al pasado emigrante de la familia Trump. Cerró su sermón instándole “a que tenga piedad de la gente de nuestro país que ahora tiene miedo”. La lección de esta obispa es lo que dijo y cómo lo dijo dando la mayor solemnidad institucional posible a su mensaje.

6.- En una entrevista posterior, aclaró que su objetivo había sido que Trump “tuviera en cuenta que se le ha confiado el país, y una de las cualidades de un líder es la misericordia”. Pero también dijo que esperaba que sus comentarios tuvieran eco más allá de los oídos de Trump, como ocurre con el mensaje profético. Por ejemplo, en la Unión Europea hay cada vez más Trumps.

7.- Si los obispos españoles han sido capaces de expresar un “no rotundo» a la vulneración de la libertad religiosa con motivo de la Shoah judía, ¿no sería tan necesario expresar su “no rotundo” colegiado, en nombre del Evangelio, a la caza de tantas personas vulnerables por serlo, sin ninguna compasión ni misericordia?

Las iglesias se vacían, no somos Buena Noticia, y los culpables no son “los otros” siempre. Busquemos pues conductas inclusivas, defensoras de los débiles, fraternas. Entre nosotros y con quienes sufren cualquier tipo de exclusión o desamparo. Y denunciemos cualquier abuso institucional de poder con los más pequeños en nombre del Evangelio. Vaya lección ejemplar la conducta manifestada por esta obispa cristiana.

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