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El mito del pecado original ha saltado por los aires

domingo, 8 de diciembre de 2024
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Lc 1,26-38

Estamos celebrando una fiesta entrañable, como todas las de María. Es una fiesta a la que podemos sacar mucho más jugo hoy que en ningún momento anterior de la historia. Si no existiera, tendríamos que inventarla. Vamos a intentar profundizar en su significado. El que me siga, intentando comprender, podrá descubrir una increíble riqueza de contenido. Os recuerdo que no escribo para que penséis como yo sino para que os atreváis a pensar.

Una aclaración imprescindible es que ser fiel a los dogmas no consiste en repetirlos como papagayos sino en descubrir y aceptar su contenido teológico, que siempre está más allá de las palabras. En el caso que nos ocupa, hay que tener en cuenta que, aunque solo ha pasado siglo y medio de la proclamación del dogma, la manera de entender a Dios, al hombre y el pecado (sobre todo el original) ha cambiado drásticamente. Esta distinta perspectiva permite que el sentido teológico del dogma se profundice y se enriquezca.

Hoy sabemos que la grandeza del ser humano consiste en manifestar a Dios, no en su poder o en su grandeza, sino en su capacidad de darse a los demás. María es grande por su sencillez, porque acepta ser nada, separada de Dios. María no es una extraterrestre, sino una persona humana exactamente igual que cada uno de nosotros. Lo único extraordi­nario fue su fidelidad y disponibilidad, su capacidad de entrega. Toda la grandeza de María esta encerrada en una sola palabra: «FIAT«. María no puso ningún obstáculo a que lo divino que había en ella se desplegara totalmente; por eso, llegó a la plenitud de lo humano.

¿Cómo fue posible que María alcanzara esa plenitud? Para mí, está aquí el verdadero sentido del dogma. Dentro de cada uno de nosotros, constituyendo el núcleo de nuestro ser, existe una realidad trascendente que no puede ser contaminada. Lo divino que hay en nosotros, permanecerá siempre puro y limpio. María desplegó esta parte de su ser hasta empapar todo lo que ella era, alma y cuerpo, si queremos hablar así. Lo que celebramos es su plenitud, no un privilegio que consistiría en quitarle una mancha antes de tenerla.

Dios no actúa a la manera de las causas segundas. Dios es siempre causa primera. Dios no puede hacer o deshacer, poner o quitar, restar o sumar. Dios es acto puro. Actúa siempre, pero desde cada ser, no desde fuera de él. Dios es la causa de que todo ser, mi propio ser, sea lo que es en su esencia. Dios no puede tener privilegios con nadie. Pablo nos acaba de decir que nos ha predestinado a todos a ser santos e inmaculados ante Él por el amor (la Vulgata traduce amomous, por “immaculati”). No hay que romperse mucho la cabeza para traducirlo por “inmaculados”. ¡Cuánto nos cuesta aceptar la evidencia!

No caigamos en la trampa de pensar que la elección de Dios es como la nuestra. Nosotros somos limitados y la elección lleva consigo siempre una exclusión. Dios no funciona así. Dios puede elegir a uno sin excluir a nadie, es decir puede elegir a todos con la misma intensidad. Si no entendemos esto, devaluamos a Dios y la fiesta perderá su verdadero sentido, que consiste en descubrir en nosotros lo que hemos descubierto en María. Lo que tiene de original María lo puso ella, no Dios. Lo que celebramos es su respuesta a Dios.

Si consideramos a María como una privilegiada, podemos decir: si yo hubiera tenido los mismos privilegios, hubiera sido igual que ella; y nos quedamos tan anchos. No, tú tienes todo lo que ella tuvo, porque Dios se te ha dado totalmente como a ella. Si no has llegado a lo que ella llegó, es por tu culpa. En todo caso, sigue siendo tu meta.

En el fondo, esta fiesta nos hace descubrir en María lo que hemos descubierto en Jesús, la absoluta presencia de Dios en un ser humano. El único título que Jesús se dio a sí mismo fue “Hijo de hombre”, es decir modelo de hombre, hombre acabado. Claro que cuando decimos que Jesús es el “Hombre” queremos decir “ser humano”, es decir varón y mujer. Pues bien, María es la “Hija de mujer”, es decir la mujer acabada.

Lo que de verdad celebramos en esta fiesta es la posibilidad de descubrir en todo ser humano lo divino. Tú, hombre o mujer, descubrirás que eres inmaculado si eres capaz de ir más allá de toda la escoria que envuelve tu verdadero ser. Ese caparazón, que confundimos con nuestro ser, es el “ego”. Jesús lo deja muy claro, no solo cuando nos habla del tesoro escondido, de la perla preciosa sino cuando nos descubre el valor interior de una prostituta.

En María, como en Jesús, podemos descubrir que Dios es encarnación. Ya algunos santos dijeron hace mucho tiempo que en María se había dado una “casi encarnación”. Yo me atrevo a quitar el “casi”. Es muy fácil de comprender. En Dios, el obrar y el ser son lo mismo, pertenecen ambos a su esencia. Dios todo lo que hace lo es. Si en Jesús descubrimos que Dios se encarnó, podemos decir que Dios es encarnación. Si en la figura de Jesús, esto se nos escapa, en María lo podemos descubrir con total transparencia.

El núcleo íntimo de María es inmaculado, incontaminado porque es lo que de Dios hay en ella. Es el don de sí mismo que Dios hace a todos. Lo que debemos admirar en María es el haber vivido esa realidad y haber transparentado lo divino a través de todos los poros de su ser humano. María deja pasar la luz que hay en su interior sin disminuirla ni tamizarla. De esta manera, María nos ayuda a descubrir el auténtico Jesús: Dios en el hombre.

Que nadie saque conclusiones apresuradas. No estamos hablando de una auto-salvación. Dios es el que salva al 100 por 100 y además salva siempre. Sin esa salvación, que se manifestó en Jesús, no tendríamos nada que hacer. Pero si Él salva siempre y a todos, que uno la alcance y que otro no alcance esa salvación, no depende de Dios, sino de cada uno, porque mi salvación depende también al 100 por 100 de mí mismo.

En esta fiesta que estamos celebrando queda meridianamente claro el principio de que Dios no reacciona a las acciones de la criatura, sino que Él es el primero en actuar, y siempre por pura gracia y sin que lo merezcamos. María está llena de gracia desde el principio de su existencia, como todos los seres. Es curioso que el evangelio dice “llena de gracia” y el dogma diga: “preservada de pecado”. Podemos descubrir ahí, el maniqueísmo que desde siempre enseña la oreja por todas partes en nuestro cristianismo. En María el mito del pecado original ha saltado por los aires para quedar recluido en los libros de teología.

Imagina tu “yo”, tu individualidad, como una cáscara, como un caparazón cerrado. Siempre has creído que no eras más que eso. Incluso la religión ha insistido en que eras algo vacío, y lo has aceptado. Intenta romper ese cascarón y deslízate dentro de él… No has salido de ti, si no que has entrado hasta tu verdadero ser. Es el tesoro escondido. Es la perla preciosa. Es Dios en ti. Es la parte de ti, aún no manchada, que ni tú mismo puedes deteriorar. Ahí, eres inmaculado, eres inmaculada. Todo lo demás no importa.

Fray Marcos

Fe Adulta

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María

domingo, 8 de diciembre de 2024
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la-virgen-de-pasoliniLc 1, 26-38

«Bendita tú entre las mujeres»

Los pueblos primitivos consideraban a los dioses gente peligrosa, poco de fiar, a la que había que mantener alejada y aplacada. El pueblo judío dio un salto de gigante en la concepción de Dios al considerarle su aliado, pero el salto definitivo se produjo con Jesús, que superó la idea de Dios-juez justísimo que premia a los justos y castiga a los impíos, y nos dio a conocer a “Abbá”; la madre que nos ha engendrado por amor y nos ama con ese amor incondicional que sólo las madres son capaces de sentir.

Y ésta es la mejor noticia que los seres humanos podíamos recibir. Es el corazón de la buena Noticia, porque en Jesús hemos conocido a Dios y es mucho mejor de lo que nadie jamás había sido capaz de imaginar: no es el juez; es Abbá. Gloriosa Noticia.

Pero poco les duró a los cristianos la alegría de este feliz hallazgo, pues desde época muy temprana, la teología erudita se encargó de dar un cambiazo nefasto sustituyendo a Abbá por la primera persona de la Santísima Trinidad, es decir, por el Padre que, como todos los padres, tiene exigencias, establece principios y leyes, supedita su amor a la obediencia, tiene predilección por los más obedientes y capacitados… y las cosas ya no son lo mismo. Aquellos sabios habían retrotraído la historia a la época de los juicios, los premios y los castigos, y ni siquiera Jesús salió bien parado de este envite, pues se convirtió en el rey que volverá entre trompeteos de ángeles para separar las ovejas de las cabras y enviar a las cabras al castigo eterno.

¡Había muerto la buena Noticia!

Pero cuando los fieles cristianos se sintieron desamparados y a expensas de un juez que iba a determinar su destino, se apresuraron a buscar una buena abogada; y no puede haber mejor abogada que una madre, porque no lleva las cuentas del mal… Por supuesto, la mejor madre que podían encontrar era María, la madre de Jesús, así que la revistieron de todos los atributos de Dios-Abbá y recuperaron en María lo que los sabios les habían arrebatado… Y eso que debería haber sido Dios-Abbá, fue para los cristianos (y lo sigue siendo) la madre de Jesús. Bendita devoción popular a María.

Y nos viene a la memoria una de aquellas cosas tan raras que decía Jesús… «Te doy gracias Padre porque has ocultado estas cosas a los sabios…»

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

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Hágase en nuestra humanidad

domingo, 8 de diciembre de 2024
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fray-angelico-la-anunciacion-museo-nacional-del-pradoLc 1, 26-38

8 de diciembre de 2024

La liturgia de este domingo nos sitúa la fiesta de la Inmaculada en el marco del Adviento. Nos propone una honda reflexión sobre el texto de la Anunciación del nacimiento de Jesús adquiriendo la figura de María un protagonismo indiscutible. Para una comprensión más ajustada hemos de inscribir este relato en el contexto del pueblo de Israel y su esperanza mesiánica. Éste sería su aspecto de continuidad, pero es importante notar también sus puntos discontinuos y que son fuerza de arranque del cristianismo. Hay mucho silencio en torno a María y su historia, existen más antecedentes de reflexión teológica que históricos pero los datos de su vocación la sitúan en un primer plano en la historia cristiana.

Todos los líderes de Israel llevan asociados un relato de vocación, pero en este caso es la vocación de María la que es narrada por Lucas con una explícita intencionalidad. Se trata de un texto muy profundo que alterna la vocación de María con el anuncio del nacimiento de Jesús. Esta narración discurre en paralelo con el anuncio del nacimiento de Juan anunciado a Zacarías. La anunciación del nacimiento de Juan se realiza a un sacerdote en el Templo, en María, Dios se hace presente en el pueblo, en la realidad del mundo; el mensaje salvador ahora se inscribe en la historia. En este anuncio hay una doble particularidad que rompe con los esquemas de la tradición judía: es a una mujer con nombre propio (ni varón, ni sacerdote) y el impacto de este encuentro no es una misión para cumplir, sino la misma entrada de Dios en la historia como humano. La revelación ya no es a través de un rol religioso sino en la cotidianidad del ser humano que ahora es susceptible de la acción de Dios. Es la persona el lugar sagrado, el nuevo escenario de Dios.

Comienza el texto con un saludo del personaje del ángel que representa a Dios, un saludo que incluye un desglose de la identidad de María. Antes de revelar la misión, revela su identidad: “llena de Dios”. No la convierte en un instrumento del “Altísimo” sino que reconoce su condición de persona usando la misma expresión que con otros líderes israelitas: “el Señor está contigo”. María reacciona como persona; primero desde la emoción “se turbó…” y posteriormente racionaliza lo que vive: se preguntaba por el significado de aquel saludo. Ya hay una elaboración importante de lo que está viviendo. El ángel continúa con su mensaje y ahora presenta la misión de María con expresiones indicadas en futuro. La maternidad de María, como misión explícita, no es una imposición de nadie, pero sí tiene un sentido que trasciende lo biológico porque su Hijo será un nuevo referente de humanidad a través del cual Dios se hace liberación. La evolución del conocimiento humano hace consciente a un Dios que habita y actúa en su misma entraña.

Continúa el texto aludiendo a que María pide datos para avanzar en la comprensión de lo que se le está proponiendo para una aceptación responsable.  Es un diálogo que va revelando la identidad humana y divina en unidad y distinción. Dios no anula a María, espera su respuesta porque el amor más auténtico es aquel que respeta la libertad, el que no invade, sino el que espera a ser aceptado.

Termina María con unas palabras que vuelven a recordarnos a los grandes líderes de Israel: “he aquí la sierva del Señor”, palabras que la liberan de toda dependencia de otro semejante y la vinculan a la Historia de Israel con voz propia y como potencia mesiánica. Sus últimas palabras “Hágase en mi” renueva el hágase pronunciado por Dios en la Creación para dar paso a una nueva humanidad; ahora Dios ya no es un Otro que llega sino sustrato que construye desde dentro lo humano en una dinámica de “encarnación”.

Desde estas claves la Inmaculada Concepción de María adquiere todo su sentido: Dios ha suscitado un nuevo modo de existencia y María se convierte en la primera persona de la cadena humana que es consciente del origen divino de su Ser. Se establece un nuevo orden en la trama humana: el pecado y la ruptura con Dios queda en un plano inferior porque existe un espacio de gracia y de conexión con Dios indestructible. Creer que es destructible es darle poder al pecado y minimizar el amor liberador de Dios.  María es un referente de persona liberada de todo aquello que mutila la dignidad y la inviolabilidad de nuestra existencia. Hay una nueva revelación de la Creación, una confirmación de que la realidad divina forma parte de nuestra humanidad. María, mujer que coopera en la liberación del género humano, nos invita este domingo a recuperar nuestra capacidad de encarnar la VIDA en nuestra historia personal y eclesial. Una Iglesia consciente de que vive “llena de Dios” es capaz de avanzar hacia lo esencial.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

Fe Adulta

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II Domingo de Adviento – Solemnidad de la Inmaculada Concepción.

domingo, 8 de diciembre de 2024
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anunciacion_ustungComentario a la lectura evangélica (Lucas 1,26-38) del II Domingo de Adviento – Solemnidad de la Inmaculada Concepción

Vamos llegando a la Encarnación.

Un acontecimiento humilde y modesto. Como Dios.

Una invitación a acoger a este Cristo de Dios. Nadie nos impedirá hacernos una cueva. Nadie nos impedirá, finalmente, hacer de este tiempo un tiempo de cambio, de conversión, incluso de renacimiento.

Esto nos es dado. Podemos hacerlo.

Y estamos aquí para preguntarnos si todavía lo queremos, a un Dios así. Si todavía tenemos el deseo de implicarnos, de despertar, de asombrarnos y maravillarnos.

Dios sigue naciendo, viniendo, provocándonos, pidiéndonos hospitalidad y acogida.

Basta con que no cometamos el error fatal de tomarnos por Dios.

Él viene, todavía, llamando a las puertas de nuestro corazón. Irrumpe en nuestra vida cotidiana, tal como somos, en medio de este mundo que parece fragmentarse e implosionar, en esta Iglesia tan tenaz y compasiva a pesar de nuestras evidentes limitaciones.

Aquí viene. Dios nace. Renace en cada uno de nosotros.

¿Estamos preparados para acogerlo? Escuchemos: contemplemos a María.

Un ángel

María fue tocada por Dios.

No sabemos cómo. Sí sabemos que tuvo la certeza de una teofanía, de la irrupción de Dios en su vida. No fue una ilusión, sino una percepción real en su interior, una profunda experiencia interior. No, no tengo ninguna dificultad en creer que Dios se manifiesta en el alma de quien lo busca. Que Dios es otro que nuestras creencias y no creo en absoluto que la fe sea un sentimiento religioso, sino un encuentro real. Tan real que asusta. María, en ese saludo, comprende que debe alegrarse porque Dios la ha colmado de gracia, porque el Señor está con ella.

El saludo del ángel es una invitación a la alegría.

La alegría del cristiano. La alegría de saberse en compañía de Dios.

Está llena de gracia porque Dios precede y suscita nuestra conversión, acompaña nuestra búsqueda, orienta nuestras decisiones.

También nosotros estamos llenos de gracia. También nosotros estamos llenos, si antes tenemos el valor de vaciarnos. También nosotros nos hacemos capaces de Dios. Contenedores del Absoluto.

Agitación.

María está agitada. Debería estarlo.

¿Cómo no sentirse abrumada y sobrecogida por la repentina visita de Dios? ¿Cómo no rendirse ante el soplo de Dios? ¿A la belleza del Altísimo? ¿Cómo no sentir una emoción cuando nos damos cuenta de que es Dios, y está presente, y es hermoso?

¿Y de que nos visita? María está turbada, estremecida. Dios es y está ahí.

El ángel invita a María a no asustarse. Y añade: serás madre.

El tuyo será un gran hijo y se llamará hijo del Altísimo.

Reinará en el trono de David. Estamos hablando del Mesías…

Dios irrumpe en la vida de María para hacerla fructificar, para hacer grandes cosas a través de ella.

Su hijo será grande, como cualquier hijo, pero también será fuente de bendición para muchos. Dios siempre viene a hacer grandes cosas en nosotros para los demás. También en mí.

María, como toda hija de Israel, sabe que el pueblo espera un libertador, un nuevo rey David que devuelva el valor y la gloria al pueblo elegido de Dios.

Ahora por fin está sucediendo.

¿Pero cómo?

Concreción.

Entonces María dijo al ángel: «¿Cómo será esto, pues no conozco varón?» (Lc 1,34).

Estas son las primeras palabras de María.

Hasta aquí la habíamos imaginado intimidada, una adolescente ensimismada escuchando el rimbombante anuncio del príncipe de los ángeles. Nada de eso.

María no es tímida ni torpe.

Es escalofriante ver cómo se enfrenta a Gabriel, cómo interactúa con determinación y lucidez. Sus primeras palabras -una petición de aclaración- revelan a una mujer adulta, una creyente inteligente y aplomada, una persona concreta con los pies firmemente plantados en el suelo.

¡Mirad a la niña que interroga al asombrado príncipe de los ángeles!

Enorgulleceos, hijas de Eva, de tanta fuerza, de tanta gracia, de tanta audacia.

¡Aprended, hijos de Adán, de tanta concreción y determinación!

La adolescente que se atreve, que rebate, que pregunta.

Sin embargo, así es como debemos hacerlo. Ésta es la actitud que debe adoptar el creyente.

El Dios que relata la Biblia, el que se revela definitivamente en Jesús, es un Dios que no trata a los hombres como siervos (Jn 15,15), sino como hijos, que los pone en pie de igualdad (Sal 8,5-6), que acepta ser interpelado (Gn 18).

Explicaciones.

El ángel explica, interviene, sin esperar una objeción tan sensata, tan oportuna.

Dios entra en su vientre, el infinito se contrae en su seno inmaduro, y ella pregunta: ¿cómo es posible si no he tenido relaciones conyugales con José?

Se hace el silencio. Todo está quieto. Todo permanece en suspenso.

Dios espera una respuesta.

María es joven, ciertamente, pero no ingenua.

¿Qué pasará al día siguiente? ¿Con José? ¿Con Ana, su madre? ¿Con Joaquín, su padre?

¿Quién la habría creído? ¿Cómo podría ella misma haber pensado en aquel momento sin sentirse abrumada por las dudas? ¿Sin creerse agotada?

¿Qué habríamos respondido nosotros?

Sí.

Se rompe el silencio. María ha elegido.

Sabe que su vida no es suya, que es un don y hace de ella un regalo.

Una respuesta directa, precisa, la suya, una disponibilidad razonada que revela la profundidad del alma adolescente. Uno se prepara, para las grandes elecciones, día a día, y ella está preparada. Hace tiempo que hizo de su vida un servicio a Dios. Sabe que todos somos servidores de la felicidad de los demás. Sabe que la vida se da o se marchita. Lo sabe.

Si he abrazado la fe, si tengo un horizonte de esperanza, si creo, con fatiga pero con tenacidad, después de tantos años, si viviré sin embargo esta Navidad como una gracia, es gracias a ese «sí».  El sí pronunciado por un adolescente en el recóndito espacio de un pueblo en medio de la nada.

Estoy aquí gracias a ese sí.

Y comienza la salvación tomando cuerpo, carne humana.

  1. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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María de Nazaret”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

sábado, 7 de diciembre de 2024
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02_Adv_A-02-MariaMaría de Nazaret. Con motivo de la Solemnidad de su Inmaculada Concepción.

El mito es importante: siempre ha servido para contar la realidad. Es la forma que tiene el hombre de contar la realidad y de contarse a sí mismo en la realidad. Es una «razón»; es una «verdad». Pero más allá de las narraciones, lo que queda es el núcleo de la vida.

Y si para los griegos el mito hablaba de dioses superiores y caprichosos (un poco como el hombre y la naturaleza), hablaba del destino inexorable, de la eternidad en movimiento sobre sí misma, de la materia eterna y transformadora, para la tradición judeocristiana el mito habla de la cercanía, la esperanza, la alianza, la apertura de Dios.

Es como si el aburrimiento de los mitos cosmogónicos y antropogónicos fuera sustituido por una tensión llena de energía, de relación viva, de amor.

Sean cuales sean las palabras que queramos utilizar para describir la vida y la experiencia de María (concepción inmaculada, virginidad, anunciación, dormición, realeza, asunción, corredención), un hecho permanece: la de María fue una vida atravesada por una energía viva, a veces enormemente dramática, pero marcada por el amor y la tensión.

De este modo, María de Nazaret se convierte para nosotros en una provocación constante y continua.

La suya es una belleza contagiosa y provocadora.

La necesidad de vivir en gracia de Dios, el deseo de combatir el pecado, nuestro egoísmo, nuestra incapacidad de diálogo, todo esto es María para nosotros: Ella es un estímulo profundo, una provocación constante, continua.

No podemos levantar inútilmente la mirada hacia Ella; ante María no podemos arrodillarnos sin más, como Ella; si nos arrodillamos, es para inclinarnos sobre el estanque de agua y contemplar más de cerca nuestras manchas, nuestros pecados, nuestras faltas, y encontrar en Ella una fuerte provocación, para salir de esta situación de ineptitud, de cansancio, de aburrimiento.

La rutina diaria, la repetición, la rutina es terrible, ¿no? Por eso hay que superarlo constantemente. María se regeneraba continuamente; cada momento era nuevo para ella, nunca repetía nada.

Nunca se puede entrar dos veces en el río. Cuando entro en el río, toco el agua. Cuando entro por segunda vez, es un agua diferente, físicamente es diferente, las moléculas son diferentes. Así también, en gracia de Dios, nunca entramos como en una rutina.

Que María provoque en nosotros este impulso de renovación interior. Que Ella sea también la fuente de nuestras esperanzas.

¿Hay algo más sorprendente, motivador y significativo que el amor, la bondad, que se nos ha regalado a través de la Madre?

Joseba Kamiruaga Mieza CMF (Remitido por el autor)

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“El Cantar de los Cantares”, por Isabel Gómez Acebo

sábado, 7 de diciembre de 2024
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IMG_7826Leído en su blog:

He estado buscando en la liturgia católica referencias al Cantar de los Cantares y lo he debido de hacer mal porque no he encontrado ninguna. Tan es así, que este libro bíblico es totalmente ignorado por la mayoría de los laicos y me parece una pena.

Trata del amor humano que sirvió para los místicos de prefiguración del amor divino, del amor de Dios por sus criaturas. Lo malo es que este maravilloso trabajo de los místicos cegó la fuente inicial que era simplemente el amor de dos jóvenes entre sí. Muchos autores españoles han remedado sus estrofas consiguiendo maravillosas páginas de literatura religiosa y humana, como hiciera San Juan de la Cruz

            En este momento de una sexualidad desenfrenada y falta de poesía convendría volver a estos versos que describen a los amados en términos poéticos. Es verdad que utilizan simbología anticuada ya que, para el pastor, el pelo de la amada es semejante a las mejores cabras que pastorea. Pero no sería difícil cambiar estos símbolos por los que utilizan los anuncios de champús para dejar el pelo brillante y sedoso, por el que desea pasar la mano el varón.

            Tengo la impresión de que como estos versos son obra fundamentalmente de mujer a los hombres no les resultan atractivos, porque reflejan una ternura que a los varones se les ha vedado durante siglos y les da vergüenza o no la entienden. Solo se atreven a utilizarla en la intimidad de la pareja

            Estos maravillosos versos también pueden servir para misas de funeral. El amor humano tiene momentos sublimes e inalcanzables en otros amores, pero no puede llegar a la plenitud que solo se alcanza cuando se da el paso que conduce a la muerte. En el capítulo 5, 2-5 se habla de una puerta que atraviesa el amado y que puede sugerir el umbral de la muerte ya que el joven no vuelve a aparecer. Y la amada llora y lo busca desesperadamente, incluso pide a sus amigas que le ayuden a encontrarlo

            Creo sinceramente que ha llegado el momento de traducir los versos del Cantar de los Cantares a nuestro lenguaje porque sería para la Iglesia Católica una forma de reconocer el amor humano, al que tantas veces le ha puesto peros por miedo a sus consecuencias. Muchas veces, no solo nuestra institución, estos amores de juventud fueron vedados, por razones varias no siempre adecuadas, como los guardias que impiden a nuestra joven su intento de unirse con su pastor.

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La Biblia como arma opresora: la letra que mata”, por Renato Lings

sábado, 7 de diciembre de 2024
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IMG_8261215995010biblia-arco-irisImprescindible vídeo de la  sesión de formación de CRISMHOM que tuvo tlugar el 19 de octubre desde la Iglesia del Salvador (C. del Noviciado, 5, Centro, 28015 Madrid). Esta sesión forma parte de un ciclo de tres sesiones que se enmarcan dentro de la internacionalidad como espacio de formación bíblica para ayudar a conectar la fe y la diversidad sexual y de género dentro de las iglesias cristianas. Están disponibles los registros de AUDIO y VÍDEO de esta charla.

19/10/2024 La Biblia como arma opresora: la letra que mata

La primera sesión expone el mal uso que se ha hecho de la Biblia como arma arrojadiza hacia las personas con diversidad sexual y de género. ¿Es justificable hablar de estos temas como un desorden? ¿De qué manera influyen negativamente las traducciones históricas de los textos bíblicos? ¿En qué medida la letra muerta traducida se aleja del contenido de los escritos originales redactados en hebreo y en griego? ¿Hasta qué punto son sesgadas las traducciones de nuestro tiempo?

09/11/2024 La Biblia como terapia liberadora: el Espíritu que vivifica

La segunda sesión aborda el uso de la Biblia desde el punto de vista contrario, es decir, la Biblia como recurso, fuente de inspiración y medio terapéutico que permite encontrarnos con nosotros mismos, con Dios y con las personas que nos rodean. ¿Qué ejemplos liberadores contiene la Biblia que nos invitan a explorar la diversidad sexual y la identidad de género? ¿De qué maneras nos invita a recorrer el camino del amor? ¿En qué medida podemos confiar en el Espíritu vivo de Dios como guía?

18/01/2025 El cuaquerismo: un camino de exploración espiritual

La Semana de Oración por la Unidad de los cristianos nos invita a entrar en aquellos espacios que más y mejor nos acerquen a la comunión con Dios y con las personas que nos rodean. Esta sesión se enlaza orgánicamente con las dos anteriores ya que describe el encuentro personal que Renato ha tenido con el cuaquerismo. En el contexto, juega un papel importante el horizonte amplio que posee esta denominación en relación con la interpretación de las Escrituras. La metodología practicada generalmente tiene poco de literal y mucho de espiritual al contar con una dimensión mística. Hace algunos años, Renato se sintió motivado para traducir del inglés al castellano un ensayo titulado Una visión cuáquera de la Biblia.

Renato Lings es traductor e intérprete, doctor en Teología, profesor y escritor. Ha trabajado como intérprete en el Parlamento Europeo, como profesor en la Universidad Bíblica Latinoamericana o como investigador en la Queen’s Foundation for Ecumenical Theological Education (Inglaterra). En 2011 publicó en español Biblia y homosexualidad ¿Se equivocaron los traductores? y en 2013 en inglés Love Lost in Translation: Homosexuality and the Bible (“Amor perdido en las traducciones: homosexualidad y Biblia”). En 2018 ha escrito el prólogo del libro de Carlos Osma titulado Sólo un Jesús Marica puede salvarnos: reflexiones cristianas en clave gay. En 2020, Renato aporta al volumen Homosexualidades y cristianismo en el siglo XXI (Editorial Dykinson, Madrid) el ensayo El corazón al descubierto. Reflexiones sobre el Levítico. En 2021 Renato publica su libro Amores bíblicos bajo censura. Sexualidad, género y traducciones erróneas (Editorial Dykinson, Madrid). Más recientemente, en la antología Diversidad sexual y cristianismo en el siglo XXI (2023, Dykinson, Madrid), figura su ensayo El patriarca Job y el colectivo LGTBIQ.

Fuente CRISMHOM

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Experto locutor anti-LGBTQ+ del MAGA dice que la Constitución de Estados Unidos se basa en “Sodoma y Gomorra”

sábado, 7 de diciembre de 2024
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 Tim Pool, (imagen de su perfil en X)

Sus comentarios demuestran que no sabe nada ni de la Constitución ni de la Biblia.

Por Daniel Villarreal miércoles 27 de noviembre de 2024

Tim Pool, un locutor anti-LGBTQ+ que apoya a Trump y a quien el gobierno ruso le pagó para llevar propaganda y desinformación rusas a las audiencias estadounidenses, ha afirmado que las enmiendas cuarta, quinta y sexta de la Constitución de los Estados Unidos se derivaron todas de la historia bíblica de Sodoma y Gomorra.

En la historia bíblica, Dios hace llover fuego del infierno sobre las dos ciudades de Sodoma y Gomorra por su injusticia y falta de hospitalidad después de que la gente del pueblo amenazara con dañar a dos de los mensajeros angelicales de Dios. Los fundamentalistas cristianos anti-LGBTQ+ dicen repetidamente que las ciudades fueron destruidas por tolerar la homosexualidad, pero esa es una lectura estrecha de toda la historia.

De todos modos, en una transmisión reciente con Milo Yiannopoulos, un troll de derecha ex gay que fue repudiado en gran medida por los conservadores después de decir que estaba personalmente agradecido de que un sacerdote abusara sexualmente de él cuando era niño porque eso lo hacía bueno en el sexo oral, Pool argumentó que Estados Unidos fue fundado como una nación cristiana.

Durante su argumento, Pool dijo: “¿Sabe por qué los Padres Fundadores crearon la cuarta, quinta y sexta [enmiendas]? Es la historia de Sodoma y Gomorra. Es literalmente como la palabra hablada de los Padres Fundadores. Benjamín Franklin dijo: ‘Es mejor que 100 culpables escapen a que sufra un inocente’, lo que era un juego de palabras con la formulación de [el jurista británico William] Blackstone; es mejor que 10 culpables escapen a que un inocente sufra, que es literalmente la historia de Sodoma y Gomorra [donde Dios dijo] ‘Si existe una sola persona justa, no destruiré esta tierra’. Era literalmente la Biblia,por eso dijeron que deberíamos consagrar esto en la Constitución”.

El grupo de vigilancia del discurso de odio Right Wing Watch calificó los comentarios de Pool como “en gran medida incoherentes y desinformados”. Benjamin Franklin no tuvo nada que ver con la redacción de la Declaración de Derechos que se produjo alrededor de 1789. James Madison redactó las enmiendas basándose en las recomendaciones de otros estados de EE. UU. que estaban ratificando sus propios documentos fundacionales. La Declaración de Derechos enumeró en gran medida protecciones contra ciertas acciones tomadas contra los colonialistas estadounidenses por las fuerzas imperiales británicas.

La Cuarta Enmienda protege a los ciudadanos estadounidenses contra registros e incautaciones irrazonables por parte del gobierno. La Quinta Enmienda establece que nadie puede ser privado de “la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal”. La Sexta Enmienda establece los derechos de los ciudadanos en los juicios judiciales. Ninguno de ellos tiene nada que ver con la mencionada historia bíblica.

Right Wing Watch escribió sobre el comentario de Pool: “Una de las características definitorias de los nacionalistas cristianos es su voluntad de tergiversar la historia, ya que una y otra vez  ellos difunden flagrantes falsedades en defensa de su ideología de derecha. A menudo, esto se debe a su propia ignorancia sobre la época de la fundación y la creación de la Constitución”.

Pool ha hecho numerosos comentarios anti-LGBTQ+ en el pasado. Afirmó que Dios usa huracanes para castigar a las drag queens por vestirse como monjas y que las personas queer son abusadores de niños responsables de sus propios asesinatos.

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Fuente LGTBQNation

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“La sacudida del sophar”, por Dolores Aleixandre

viernes, 6 de diciembre de 2024
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OLYMPUS DIGITAL CAMERADe su blog Un grano de Mostaza:

¿Una convocatoria intempestiva e inoportuna?

Lo mismo que los Jericonenses  –  o como quiera que se llamen los habitantes de Jericó – ,  nos hemos construido murallas defensivas a prueba de asaltos. Pero un día,  lo cuenta la Biblia, sonaron las trompas y, cuando el pueblo oyó el sonido de las trompas, lanzó el grito de guerra y las murallas de Jericó se derrumbaron(Jos 6, 20). Qué cosas pasaban entonces.

Parecidísimos a los israelitas asentados en la Tierra,  vivimos vagamente conscientes de que nuestros modos de relacionarnos y de poseer son injustos, pero  no vamos a ponernos a cuestionarlos después de tanto tiempo y además estamos bastante a gusto sin complicarnos  con  inquietudes,   expectativas o esperanzas.  Al fin y al cabo.

–  Lo canta Sabina –, no se vive mal  en la calle Melancolía y para qué empeñarnos en  esperar que tranvía nos lleve a otra parte.          Por eso nos sobresalta la publicación de la bula de convocatoria del  Jubileo 2025, como algo intempestivo e inoportuno:  ¿otro documento largo como suelen ser los vaticanos, con un montón de notas y repitiendo una y otra vez lo de “como ya dijeron mis venerables predecesores…”? Aparte de lo poco estimulante que resulta la palabra bula.

También a Israel le chirriaba el sonido insistente del cuerno de  carnero que,   convertido  en  trompeta,  inauguraba el tiempo jubilar:Haréis resonar la trompeta…, celebraréis jubileo… , proclamaréis la liberación de todos los moradores del país…, cada uno recuperara su propiedad(Lev 25,9-10).

El precepto era más deseo que realidad pero tenía el poder de remover las conciencias:  la mirada de los esclavos se convertía en un reproche,  la opresión aparecía como barbarie, las desigualdades mostraban su rostro horrendo. Aquel sonido estridente los despertaba de su letargo y les devolvía el recuerdo de su verdadera identidad: eran un pueblo liberado de la servidumbre por el Dios que los había sacado de Egipto, había hecho alianza con ellos y los había conducido a una tierra que manaba leche y miel.

Se les ofrecía un nuevo comienzo dejando atrás su vieja condición y reencontrar su identidad verdadera: eran un pueblo elegido, una nación santa, propiedad de Aquel que los había arrancado del poder de las tinieblas y los había llevado a Su luz maravillosa.

La esperanza no defrauda escuchamos nosotros hoy, y esa esperanza nos dispone a lo que está por-venir, al ad-ventus  que, como todo lo de Dios, irrumpe de forma inesperada e imprevisible.

Nos invita a una confianza absoluta en Su presencia en nuestra historia y no es un optimismo fácil que cierra los ojos a la realidad, sino un ancla que sostiene la certidumbre de Su cercanía y de ese Reino proclamado por Jesús que nada ni nadie puede revocar.

Y sus signos se pueden encontrar ya – palabra de Francisco- en los lugares más inesperados de la tierra.

(Galilea 153. Noviembre 2024)

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Adviento: Tiempo de liberación y esperanza para las mujeres

jueves, 5 de diciembre de 2024
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IMG_8919Del blog Tras las huellas de Sophia:

Adviento: Tiempo de Liberación y Esperanza para las Mujeres

1.⁠ ⁠Introducción: Tiempo de Adviento, Tiempo de Esperanza Feminista

Hoy comenzamos un nuevo año, no solo litúrgico, sino también un tiempo para renovar nuestra lucha por la justicia, la igualdad y la liberación de todas las mujeres. El Adviento, que significa “llegada”, ya no anuncia al emperador victorioso ni a los opresores de los pueblos. En nuestro horizonte de fe feminista, esta es la llegada de la Ruah, la fuerza liberadora de Dios que nos acompaña y nos llama a la acción. Este tiempo nos invita a revisar nuestra vida, nuestra historia y nuestro compromiso por construir un mundo donde la dignidad de todas las personas sea reconocida y respetada.

El Adviento no es solo preparación espiritual; es un llamado urgente a mantener despierta nuestra conciencia, a reconocer las cadenas que nos atan y a soñar con la llegada de la liberación, no como un acto pasivo, sino como una construcción colectiva, tejida en las luchas de cada día.

2.⁠ ⁠Las señales de los tiempos: Escuchar el clamor de la creación y de las mujeres

El evangelio nos habla de un cosmos estremecido, de un mundo que parece derrumbarse. Hoy, esta imagen resuena en las injusticias que vivimos: el grito de las mujeres silenciadas, la violencia que nos acecha, y los sistemas que perpetúan la opresión. Pero estas señales no son motivo de miedo; son un llamado a la acción.

Así como el Adviento nos invita a revisar nuestra historia, nosotras leemos estos signos desde la perspectiva feminista y teológica: ¿qué estructuras debemos derribar para construir “cielos nuevos y tierras nuevas”? ¿Cómo podemos sanar este mundo herido, no desde el poder, sino desde la sororidad, el cuidado mutuo y la justicia?

3.⁠ ⁠La liberación está cerca: Levantemos la cabeza

Levanten la cabeza porque se acerca la hora de su liberación.” Estas palabras resuenan como un grito de esperanza para todas las mujeres que han sido oprimidas, invisibilizadas y relegadas. Este Adviento no es solo la espera de un acontecimiento; es el anuncio de que la liberación es posible y está en camino.

En la perspectiva feminista de la fe, levantar la cabeza es un acto de rebeldía y dignidad. Es reafirmar nuestra lucha diaria, sabiendo que Dios, como Ruah, camina con nosotras. Es reconocer que el mundo puede parecer caótico y lleno de adversidades, pero también está lleno de mujeres valientes que se levantan, que luchan, que transforman. Este Adviento nos dice: “Otra realidad es posible, y tú eres parte de ella.”

4.⁠ ⁠Velen y oren: Actuar desde la fe y la sororidad

El Adviento nos llama a estar alertas, a no adormecernos frente a las injusticias ni caer en la desesperanza. Este tiempo es una invitación a pasar del lamento a la acción. La oración no es pasiva; es un acto de comunión con todas las mujeres que han resistido antes que nosotras, que siguen luchando hoy y que lucharán mañana.

La Navidad nos recuerda que Dios no se quedó en los templos ni en las jerarquías patriarcales; se hizo Emmanuel, Dios-con-nosotras, Dios que habita en la vida cotidiana, en nuestras alegrías y dolores, en nuestras luchas y sueños. Desde esta certeza, asumimos nuestra historia con valentía, sabiendo que no estamos solas.

5.⁠ ⁠Reflexión final: Un Adviento de justicia y esperanza

En un mundo lleno de desigualdades, violencia y polarización, el Adviento feminista nos impulsa a levantar la cabeza y encontrar fuerza en nuestras comunidades. Nos invita a formar parte de esa “gente buena” que organiza, que sueña, que resiste. Pero también nos desafía: ¿cómo puedo colaborar activamente en la construcción de un mundo más justo? ¿Qué pasos concretos voy a dar en este tiempo para tejer redes de solidaridad, justicia y amor?

Adviento es la espera activa de un Dios que se hace presente en cada acto de liberación. Es tiempo de creer que la liberación está cerca porque la construimos juntas. Es tiempo de soñar con una tierra nueva y un cielo nuevo donde todas podamos vivir en libertad y dignidad. Es tiempo de esperanza. ¡Es tiempo de Adviento!

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Viene de camino, si le das posada. Meditación de Adviento.

miércoles, 4 de diciembre de 2024
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IMG_8893Del blog de Xabier Pikaza:

He comentado ayer el evangelio del primer domingo de Adviento, tomado de Lucas. Pero el verdadero comienzo de adviento para los cristianos sigue siendo Moisés, con la revelación de Dios como Yahvé (el que nos hace ser) , retomando el camino del Éxodo, gran Salida, la marcha que nos lleva  a la tierra prometida.

Toma el libro del Éxodo, si te parece. Vuelve al Dios de Moisés, con las reflexiones que ofrezco a continuación. Pero no olvides que tú mismo eres Moisés, si quieres hacer el camino de Adviento de Dios. Mi reflexión puede acompañarte. Lo importante es la posada 

Los vecinos de Israel y muchos judíos adoraban a Dios como Baal, Señor Toro, y le unían a la Ashera, Gran Madre. Ese Dios Toro podía engendrar y luchar y vencer, pero no podía amar ni cuidar a los hombres y mujeres. Era signo del sexo fecundo y la riqueza (oro), como indica el texto central de Ex 32, que le contrapone a Yahvé. Muchos judíos preferían al Dios-Toro, según la confesión del Sumo Sacerdote Aarón, hermano de Moisés, que decía: «Éste es tu Dios, Israel, que te sacó de Egipto» (Ex 32, 4). Ése Toro/Dios importante, como sabían otros pueblos antiguos (que adoraban a Indra y Zeus, Baal y Hadad etc.), pero no podía dialogar con los hombres, ni enseñarles un camino de vida, ni darles una ley social, ni amarles.

            Superando ese nivel del Dios-Toro, los creadores de la nueva religión israelita han interpretado a Dios como Persona y Presencia salvadora, alguien que puede hablar con los hombres, y enseñarles a vivir como con una Ley, sin imágenes sagradas ni signos sexuales divinos. Los responsables de esa revolución de Dios han sido los profetas del VIII al V a.C. y su influjo ha quedado reflejado en los textos fundamentales del Pentateuco, que le presentan como Yahvé, Aquel que Es.

Dios sin imagen (Ex 20, 2-6).Ese Dios Yahvé no es macho ni hembra, ni cielo ni tierra, nada que podamos conocer o ignorar, sino Amigo y Protector supremos de los hombres, Aquel que es por sí mismo, sin que nosotros podamos manejarle. Por eso, la Biblia prohíbe poner a su lado a otros dioses o representarle con signos del mundo y rechaza las imágenes sagradas (de madera o bronce) y las representaciones políticas (reyes sagrados):

  •  Yo soy Yahvé, tu Dios, que te saque de Egipto, de la esclavitud.
  • No tendrás otros dioses frente a mí.
  • No te harás ídolos, imagen alguna
  • de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o  debajo de la tierra.   (Ex 20, 2-6).

Es un Dios celoso de su identidad, Yahvé, el Señor, sin esposa sin hijos, sin hermanos ni compañeros, por encima de todo lo que puede hacerse, decirse o pensarse. Es Dios invisible y no puede compararse con ninguna realidad del mundo (cielo, tierra, infierno). Y sin embargo es fuente de amor, de presencia liberadora, de responsabilidad humana, en línea de libertad. Así dice Moisés a los israelitas:

  • No os pervirtáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna,
  • efigie de varón o hembra, imagen de animales terrestres, imagen de aves que vuelan por el aire…de peces que nadan por el agua, debajo la tierra….
  • Porque Yahvé, tu Dios, los ha repartido entre todos los pueblos.
  • Pero a vosotros os ha tomado Yahvé de la mano
  • y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto,
  • para que seáis el pueblo de su heredad (Dt 4, 11-20).

             Ésta es la palabra clave: “No os hagáis imagen de varón ni hembra, de padre o madre, de lo masculino o femenino…” Estrictamente hablando, los israelitas deben superar todos los signos humanos de Dios, de manera que no pueden llamarle ni siquiera padre… Sin embargo, paradójicamente, este Dios sin imagen aparece como alguien muy amigo, muy cercano, pues la Biblia sabe desde el principio que él les ha creado a su imagen y semejanza (cf. Gen 1, 28), ocupándose en especial de los oprimidos de Egipto, a quienes ama y libera de un modo eficaz:

‒ Yahvé es trascendente, supera todo límite cósmico y social, de manera que no podemos llamarle ni siquiera Padre, pues al hacerlo le identificaríamos con un tipo de función humana. Dios desborda, al mismo tiempo, todo poder impositivo, representado por el Faraón y el sistema de Egipto (¡horno de hierro!).No se impone con autoridad, pero abre para los oprimidos un camino de libertad. No se confunde con nada, está más allá de todo lo que conocemos y desconocemos, pero nos impulsa a vivir.

‒ Yahvé es creador, un Dios cercano, y así ofrece a los hombres su “palabra” (mandamientos), de forma que ellos puedan vivir en libertad y justicia sobre el mundo. Él se revela por encima de los grandes poderes del cosmos (nube, oscuridad y fuego; cf. Ex 19), sin que podamos verle, siendo, al mismo tiempo, totalmente cercano a nosotros. No le vemos, pero podemos escuchar su Palabra, acoger sus mandamientos y cumplirlos, sabiendo que él cuida de nosotros, pues somos su tesoro (es decir, su heredad).

             Ésta formulación tiene grandes consecuencias sociales y políticas: Los israelitas han in­terpretado la estructura y práctica religiosa de los pueblos vecinos (egipcios, babilonios, cananeos) como idolatría (adoración de pode­res cósmicos) y como sometimiento social y político (el Dios falso avala y ratifica la opresión de Egipto y de los cananeos). Sólo rechazando el paganismo y descubriendo a Dios como liberador de los oprimidos, los israelitas han podido descubrir la verdad de Dios como fuente e impulso de todo lo que existe.

 Dios amor. Shema (Dt 6, 4-5).Dios no es padre ni madre, ni tiene figura, de forma que no le vemos, pero nos habla; no tiene rostro, pero nos acompaña. No se confunde con nada, y sin embargo crea todo, desde su trascendencia personal. ¿Cómo podremos representarle? Éstos son los momentos de su historia, vinculada de un modo especial con su Pueblo Israel:

‒ Yahvé, Dios del Éxodo: nos libera del pasado de opresión y nos hace dueños de nuestra propia vida. Algunos ante­pasados de Israel, queriendo superar la esclavitud de Egipto, sintieron la ayuda protectora de Dios en el Mar Rojo. Desde entonces, su forma de entender la historia estuvo vinculada a esa experiencia: Dios es mano poderosa que libera a los oprimidos, es voz de gracia y libertad que convoca a los hebreos (esclavos, expulsados de un sis­tema imperial, pobres de toda raza y lengua), abriendo para ellos un camino de vida. Así lo siguen celebrando todavía judíos y cristianos en su fiesta pascual, con Moisés y Jesús (cf. Ex 1-15).

‒ Dios, Prome­sa de Vida: así impulsa a los hombres abriendo para ellos un futuro. Les libera de la esclavitud cósmica (por hermosa que ella sea), de la repetición cíclica del tiempo y de la vida, instaurando para ellos un camino personal (humano) de fidelidad y de esperanza. Él es poder de vida que, venciendo las limitaciones del miedo y de la muerte, la esclavitud social y la violencia cósmica, abre a los creyentes un futuro de existencia liberada. Así aparece en la Biblia desde Gen 12, con Abraham).

‒ Dios es Alianza, se une con los hombres como amigo, estableciendo con los suyos un contrato o compromiso de fidelidad mutua en amor, como persona con persona: no es un poder cósmico (un toro fuerte, con gran sexo y mucho oro),sino el Viviente Amigo: Aquel que sostiene y garantiza la vida de los hombres y mujeres de Israel, que así aparece como pueblo de la alianza, que mantiene con Dios un diálogo incesante, de libertad a libertad, de persona a persona, a lo largo del Éxodo (cf. Ex 19-34) y del Deuteronomio

             La visión de Dios que aparece en estas tradiciones es fruto de un proceso teológico (y vital), es el resultado de un camino  que los israelitas fueron descubriendo y recorriendo en una marcha religiosa (histórica y social) llena de riesgo y tensiones, a lo largo de siglos (del XII al V-IV a.C). Desde ese fondo se pueden precisar sus rasgos más significativos:

 ‒ Yahvé es trascendente (está siempre más allá). No es la vida del cosmos, ni lo más alto del mundo, ni su totalidad. No es cielo estrellado ni la extensión de la tierra ni los mares. No es el todo, ni una zona especial dentro del todo. Tampoco es poder político, ni principio de estabilidad de los imperios de la tierra, sino el Infinito, Trascendente; existe por sí mismo, más allá de todo. Cambian y mudan las cosas que conocemos: todas se mantienen en constante movimiento de unión y separación, de nacimiento y de muerte, pero él está siempre como amor, cerca de su pueblo.

Es Dios del pueblo y libremente ha querido vincularse a Israel, a través de la “historia” ya citada (de Éxodo, Promesa y Alianza). En ese sentido, utilizando una palabra que es propia de la tradición teológica posterior, podemos afirmar que (siendo trascendente) Dios se ha hecho “inmanente” (se ha introducido) en la historia del pueblo. Más aún, siendo “eterno” (inmutable), él se ha hecho tiempo (mudable) para compartir la vida de los hombre. En este sentido podemos afirmar que él es Padre (protector, amigo) del pueblo.

            En esa línea, los israelitas más fieles a la alianza saben que Dios no es  padre ni madre, esposo ni esposa, hijo ni hermano, en sentido biológico, sino en sentido vital y personal mucho más hondo. Dios actúa como Padre y Amigo, porque es amor vivo y efusivo y porque actúa de esa forma,  de un modo personal (amoroso) en nuestra vida. No le conocemos, y sin embargo sabemos que nos ama. No necesita nada de nosotros, y sin embargo quiere que le amemos. Así lo muestra la gran Confesión de Fe de Israel, llamada “shema” (escucha):

   Amar a Dios, amar a los hombres. Dios  No tiene figura, y no le podemos ver, pero nos habla. Carece de imagen material, pero nosotros somos su imagen, su presencia en el mundo y así acompaña. No se confunde con nada, y sin embargo  está en todo y mantiene en su ser todo, desde su trascendencia (sin hacerse una cosa más entre las cosas). No conocemos su rostro, pero sabemos que nos ama y pide nuestro amor, estando así presente en cada uno de los hombres y mujeres que encontramos en la vida en camino de amor, siendo su imagen (cf. Gen 1, 27-28). No necesita nada de nosotros, pero quiere que le respondamos. Es trascendente y, sin embargo, es el más cercano, aliado en amor:

  •  Escucha, Israel: Yahvé, nuestro Dios, es Yahvé Uno.
  • Amarás a Yahvé, tu Dios,
  • con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
  • Estas palabras que yo te mando estarán en tu corazón.
  • Las repetirás a tus hijos y las dirás sentado en casa o haciendo camino,
  • cuando te acuestes y cuando te levantes (Dt 6, 4-7).

 La Biblia sabe que hay otros amores (de padre o madre, hijo o hermano, amigo o compañero), pero descubre y proclama como principio de todos el amor originario de Dios, Gran Amado, que pone en movimiento la vida de los hombres con su mandamiento primero: Amarás a Yahvé, tu Dios… Ésta es la palabra creadora del cielo y de la tierra: “Amarás”, es decir “amadme, quiero ser amado, en mi amor encontraréis vuestro  camino”.

Ese amor que Dios reclama queriendo ser Amado despierta a los seres humanos, les hace carne de amor, les pone en camino, y así en camino seguimos desde los primeros “limos iníciales”. Esta es la tarea de Dios, este su oficio: Atraernos con amor, impulsarnos y darnos compañía, de manera que en él y por él vivamos, nos movamos y seamos (Discurso de Atenas: Hechos 17). Amarle con todo el corazón, con toda el alma… significa escuchar su llamada, acogiendo su presencia, respondiendo a su llamada, de persona a persona. Respuesta al amor de Dios, eso es la vida de los hombres. Este pasaje, convertido en centro de la experiencia israelita (shema), incluye dos artículos: Dios Amado, los hombres como amantes.

 (1) Dios amado, fondo y meta de  vida  de los hombres, más allá de todo lo sabido e ignorado. Conforme a la Biblia judía, él, se vincula de un modo especial con los israelitas (y por medio de ellos con todos los hombres y mujeres del mundo) diciéndoles “amadme”. Es como si él dependiera en un sentido muy hondo del amor y la respuesta de los seres humanos. No es solamente el que ama, como indica la tradición profética, sino también el que quiere ser amado, no por carencia o deficiencia, sino por plenitud suprema.

(2) Israel, pueblo Adviento, expresión de la venida de Dios en el mundo, en su vertiente judía (que es muy importante, no la única) ha escogido para hacerse presente, diciéndole “amarás…” (=amadme), desde su transcendencia, confiándole así una misión de amor y fidelidad entre todas las naciones, como si fuera su esposa querida, no en un pleno de hierogamia sexual cerrada en sí misma, sino de identidad abierta y y comunión comunicativa  (y al al servicio de) todos los pueblos de la tierra[1].(cf. Eclo 17, 14-17) Éste es el primer mandamiento, y, en el fondo, el único: Dios, como trascendencia absoluta de amor quiere que le amemos, como si su esencia dependiera del amor que nosotros le damos, como espejo donde su luz se refleja Dios es para ser amado; existe en sí mismo existiendo en aquellos que le aman, es decir, que se aman entre sí, pues, como Jesús, el amor a Dios se expresa y despliega en el amor entre los seres humanos, que entre sí prójimos (cercanos, en la vida y camino: cf. Mc 12, 28-32).

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“Tiempo de Adviento”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

miércoles, 4 de diciembre de 2024
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No entiendo los ‘Calendarios de Adviento‘ que hacen corresponder el Adviento con los 24 días ates de la Navidad. El Adviento es para hacer espacio, para abrir el alma. El Adviento no forma parte del calendario civil, porque no tiene que ver con nuestro tiempo y nuestras medidas. El Adviento no es la cuenta atrás para la Navidad, aunque el recuerdo agradecido de ese (¡ese!) nacimiento nos llene de dulzura y nos haga maravillarnos ante cada vida que viene tenazmente al mundo.

El Adviento no nace de nosotros, pero es una provocación: es una invitación, que la liturgia -a menudo aburrida, pero en el fondo tan sabia- nos ayuda a reconocer y cultivar.

«¿A quién buscáis?» – dice Jesús, volviéndose hacia los discípulos del Bautista que habían sido «enviados» tras él. La misma pregunta se aplica a nosotros hoy: no es la palabra «Navidad» la que salva, de hecho podría ser engañosa, sobrecargada como está de significados añadidos -como un pastel demasiado relleno y empalagoso- o gastada y privada de su fuerza original. ¿A quién buscamos?

La proclamación que el tiempo de Adviento quiere hacer resonar es que la vida no nos viene dada, que no somos dueños de nuestro comienzo, sino que todo comienzo, toda fecundidad, toda benevolencia proviene de un Rostro que, en Jesús, encuentra su retrato más fiel, inesperado y, en cierto modo, improbable. Por eso el Adviento cristiano es un tiempo hermoso, más allá de todo cálculo y de toda pretensión: un tiempo que nos libera, que nos sana, que nos ayuda a cambiar de horizonte. Y nos abre al asombro y al don.

El actual tiempo de Adviento nos brinda la oportunidad de dejar que se instale en nuestro corazón la gran advertencia de Jesús: estad alerta porque no sabéis cuándo será el tiempo (Mc 13,33). En el texto griego, la misma expresión se traduce con un léxico que es importante en el contexto bíblico: oīda (saber) y kairós (momento fijo). En los hombres judíos, conocer no sólo indica un acto de razón sino que puede expresar unión en el acto sexual y, por tanto, una manifestación de amor; en cambio, kairos indica el tiempo visitado por la presencia de Dios, el cumplimiento del mundo.

Partiendo de estos significados, creo que la verdadera vigilancia se expresa en aquellos gestos de ternura, de amor que todo hombre está llamado a dar, en los que es posible ver los signos de la presencia del Señor. De esta afirmación surge la pregunta: ¿cuál es el espacio en el que estamos llamados a velar y ser signo de la visita de Dios al mundo? Son los lugares donde viven los humanos hoy.

El Sínodo de la sinodalidad convocado por el Papa Francisco tuvo como intención original el deseo de llegar al hombre en el presente de la historia. Y sin embargo, parece que persiste en la Iglesia un cierto temor que corre el riesgo de bloquear a los cristianos en el interior de las salas litúrgicas y de las sacristías, un ambiente apagado y con olor a cerrado, que hace que los cristianos viajen en un camino opuesto al mundo.

Todavía seguimos reivindicando roles, hablando de pirámide, viviendo de delirios y con la ilusión de que el mundo cuelga de nuestros labios. Esta ilusión no ha hecho más que quitar o debilitar la vitalidad de la comunidad cristiana -al menos la europea-, empujando a los hombres a distanciarse de la Iglesia pero, tal vez, no de Dios.

Durante mucho tiempo -probablemente para los más nostálgicos siga siendo así- se echó la culpa al mundo, a las ideologías del pasado y a aquellos movimientos que revolucionaron la sociedad; sin embargo, pocas veces se ha hecho un examen de conciencia que nos haya permitido a los cristianos vencer nuestro propio mea culpa porque, quizás -pero sólo quizás-, seguimos comunicando el Evangelio con las categorías del pasado que nos hacen quedar estancados en aquel tiempo pretérito de grandes pronunciamientos magisteriales, de grandes condenas y de liturgias llenas de encaje pero pobres de humanidad.

La crisis afecta a una jerarquía que todavía quiere hacer valer su voz reivindicando su papel dentro de la comunidad cristiana y a la que se exige obediencia como un soldado que debe seguir órdenes ciegamente. Esto nos lleva a creer que la autoridad de la palabra surge de una manera de vivir la paternidad todavía anclada en el modelo del patriarcado, un modelo cultural que, a pesar de haber sido recientemente exhumado de la tumba por la mayoría, ya está acabado.

Aunque sigamos hablando de la figura del padre en una visión patriarcal, con el debido respeto a muchos obispos y sacerdotes, debemos afirmar la ‘muerte del padre’, indicando en esta expresión que la imagen de la paternidad ligada al pasado generaciones, ya se acabó. Las relaciones paternas, y evidentemente también las maternas, deben verse hoy desde la perspectiva del acompañamiento, la escucha mutua y la aceptación.

El mundo no es un enemigo sino el lugar donde Dios nos colocó y por el cual envió a su Hijo. ¿Es posible seguir hablando de pirámides y jerarquía en una época en la que en Italia y Europa la experiencia jerárquica y monárquica, tal como se vivió en el pasado, ya no existe?

La Iglesia por vocación tiene la tarea de hacer presente el kairos al hombre de hoy y, más que nunca, el hombre necesita vivir experiencias que tengan sabor a esencialidad, sencillez, belleza, escucha mutua que, contenidas en una sola palabra, son la experiencia de amor.

Si queremos seguir estancados en un mundo que ya ha desaparecido, la esposa de Cristo corre el riesgo de fracasar en su misión. Para evitar que esto suceda, debemos tener el coraje de salir a la calle, habitar menos las salas litúrgicas y vivir en las nuevas ágoras donde vivir una experiencia humana que tenga tono de familiaridad y sabor a vida.

No es el Adviento tiempo de nostalgias del pasado… ni de miedos ante el futuro.

¡Es tiempo de Adviento!

Estamos casi al comienzo del nuevo año litúrgico y, lo que comienza, trae consigo algo del pasado, prefigurando ya la esperanza de renovación del corazón, de los gestos, de las acciones.

Todo esto debe insertarse en una dimensión que vincule la experiencia terrena con la divina, porque es precisamente el deber de la persona volar alto para ser plenamente feliz.

Conscientes de este tiempo especial, que nos acercará a la Navidad, «vamos gozosos al encuentro del Señor» con una perspectiva de futuro, la de la casa del Señor, de llegar al final de esta gran «peregrinación» que debe ser la vida terrena.

Estamos hechos para el cielo”, pero muchas veces lo olvidamos y de aquí surge el aburrimiento, la pesadez, la nada, el abandono, la incapacidad de lidiar con las pequeñas cosas, la ruptura de las relaciones de lealtad y amistad, el alejamiento de Dios.

El cristiano no encuentra una teoría o una filosofía, sino un hombre que es también Dios, Jesucristo.

El aspecto espiritual se une al histórico y concreto, pero el Adviento no quiere ser sólo el recuerdo del período histórico que precedió al nacimiento del Salvador, aunque éste, así entendido, ya tiene un altísimo significado espiritual en sí mismo; quiere recordarnos que toda la historia del hombre y de cada uno de nosotros debe entenderse como un gran «Adviento«, como una espera, momento a momento, de la venida del Señor, para que Él nos encuentre preparados y vigilantes para ser capaces de adelantar su Reino y de acogerlo dignamente. Estar preparados requiere una actitud de centinela, por lo tanto de alerta y lucidez.

En este tiempo de Adviento, en el que resuenan las palabras de los antiguos profetas, mientras el tiempo que atravesamos está marcado por la sed y la búsqueda de palabras y gestos que indiquen un presente habitable y un futuro de esperanza, se nos invita a estar atentos y, en consecuencia, escuchar. La profecía siempre exige escucha pero, muchas veces, no la encuentra. Sin embargo, no está cerrada la invitación a la escucha, que vuelve insistentemente en la Palabra: «Oídme, los que buscáis la justicia, los que buscáis al Señor» (Is 51,1). Así, la invitación es a escudriñar, a prestar oído, a captar la acción de Dios en la historia: «Aquel día los sordos oirán las palabras de un libro; liberados de las tinieblas y de las tinieblas, los ojos de los ciegos verán» (Is 29, 18). El arte de observar, coger y re-coger es difícil, muy difícil.

En Adviento la Palabra nos invita a estar despiertos y vigilantes: con una verdadera metanoia existencial podemos todavía ver los signos de los tiempos y los signos de nuestra vida, especialmente hoy, cuando abundan las palabras, donde la comunicación es omnipresente.

El Adviento es tiempo de decir poco, de un silencio maduro, de arraigarse en la escucha como tensión hacia la humanidad y hacia Dios, esa tensión que quiere alumbrar los nuevos cielos y la nueva tierra en los que Dios enjugará toda lágrima y ya no habrá muerte, llanto, clamor, dolor (Ap 21, 1ss).

Joseba Kamiruaga Mieza CMF (Remitido por el autor)

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“El Adviento es también el tiempo de leer el tiempo”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

martes, 3 de diciembre de 2024
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imageHay un tema, entre muchos, que destaca a la Iglesia de hoy, y es el de los «signos de los tiempos». Es el gran horizonte dentro del cual la Iglesia ha querido moverse, no ya en el conflicto y el rechazo de lo contemporáneo, sino en la escucha de la historia como lugar teológico donde el Espíritu se manifiesta e indica posibles caminos de bien evangélico.

A partir de la Gaudium et Spes, que declara que «es deber permanente de la Iglesia escrutar los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio» [4], se ha renovado, por tanto, la atención a lo que se mueve en el presente para captar los signos de la acción y del decir de Dios. El Adviento puede ser también inspirador y movilizador de ese núcleo hermenéutico y profético, tan actual también por el paso epocal y eclesial que estamos viviendo -pensemos, por ejemplo, en el Sínodo sobre la sinodalidad-.

¿Qué características deben tener los signos de los tiempos para que un acontecimiento se configure como tal de tal manera que no sobre interpretemos los fenómenos atribuyendo al Espíritu lo que, por el contrario, no le pertenece?

Los signos de los tiempos son acontecimientos que conciernen a lo humano y no al mundo natural. No se trata de episodios puntuales, sino de tramas entrelazadas de hechos que parten de un cruce capaz de abrir un espacio, un hiato, una apertura que dan lugar a nuevas direcciones. La lectura de los signos de los tiempos deben hacerse a la luz de la Revelación, es decir, deben comprenderse en Cristo y en el Espíritu -el signo por excelencia es Cristo mismo-, por lo que Él abre la posibilidad de que todo acontecimiento humano brille con luz mesiánica.

La emancipación de la mujer; la actitud del personal sanitario en las pandemias, a quienes se ha confiado también la tarea del acompañamiento espiritual en las coyunturas decisivas de la enfermedad y de la muerte; la nueva sensibilidad climática entendida como cuidado de lo humano y de la creación, o ya sea el movimiento migratorio de millones de personas,…, nos encontramos así ante signos de los tiempos que hay que leer, interpretar y dar un impulso evangélico, para tratar de entender lo que Dios está diciendo a los cristianos.

La pregunta sigue siendo, sin embargo: ¿qué hemos hecho de ciertas intuiciones fecundas, que proféticamente captamos como Iglesia y que, sin embargo, hemos dejado de lado con demasiada precipitación? Me refiero a cuestiones que abren a la reflexión y llaman a la responsabilidad, sobre las que con demasiada frecuencia nos detenemos demasiado poco en la vida cotidiana de la Iglesia.

El discernimiento sobre los signos de los tiempos debe realizarse siempre juntos, en la escucha recíproca, en la apertura, en la parusía, en un camino común, ya que la capacidad de captar aperturas de fe presupone relaciones. Es éste el «criterio relacional» que también hemos visto actuar en los Sínodos del pontificado del Papa Francisco, un criterio que requiere siempre una pluralidad de puntos de vista en la integración. Así es todo discernimiento comunitario.

El objetivo, por supuesto, es siempre madurar un seguimiento evangélico para hoy, en la perspectiva mesiánica, en el continuo alimento de la fe -tanto del individuo como de la Iglesia. Leer los signos de los tiempos no es nunca, por tanto, una acción neutra, sino profundamente transformadora, porque conduce a una comprensión siempre nueva del Evangelio que hay que profundizar.

En la base, como siempre, está el misterio de Dios encarnado en Cristo, cuyo redescubrimiento es, sigue siendo, el gran desafío del siglo XXI.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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En busca de la esperanza de Adviento en un mundo de sol oscurecido

lunes, 2 de diciembre de 2024
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IMG_8861Nichole M. Flores

Las reflexiones bíblicas anuales de Adviento de Bondings 2.0 comienzan hoy. Este año, presentamos reflexiones de cuatro teólogos y líderes pastorales católicos aliados y LGBTQ+ hispanos.

La reflexión de hoy es de Nichole M. Flores, profesora asociada de estudios religiosos en la Universidad de Virginia, donde también es directora de la Iniciativa de Estudios Católicos y codirectora del Foro sobre Religión y Democracia. Es autora de The Aesthetics of Solidarity: Our Lady of Guadalupe and American Democracy.

Las lecturas del primer domingo de Adviento, ciclo C. Las lecturas litúrgicas de hoy del Primer Domingo de Adviento están disponibles aquí.

Este año, el Adviento trae consigo la sensación de que vivimos en un final de era violento e implacable. Encendemos velas en la oscuridad, rezando para que nos den suficiente luz para encontrar nuestro camino en estos tiempos sombríos e inciertos.

La lectura del evangelio de hoy de Lucas 21 pinta un cuadro igualmente sombrío del mundo que enfrentan los discípulos de Jesús. Anteriormente en este capítulo del evangelio, tenemos una idea de los inquietantes “signos de los tiempos” que anunciarían que el fin se acercaba: la destrucción del templo (v. 5-6), guerras e insurrecciones (v. 9-11), la destrucción de Jerusalén (v. 20-24).

Las escenas angustiosas de la primera parte de este capítulo culminan en la visión apocalíptica que se presenta en la lectura del Evangelio de hoy. La lucha y el miedo permanecen; incluso el sol, la luna y las estrellas se convierten en signos de los tiempos turbulentos: “La gente desfallecerá por el temor y la expectación de lo que vendrá sobre el mundo, porque las potencias de los cielos serán sacudidas”. (v. 26)

IMG_8865Este pronunciamiento nos suena disonante en nuestros tiempos, especialmente en tiempos en los que vivimos en los que la vida y la dignidad de las personas LGBTQ+ están bajo constante amenaza. Las guerras y los rumores de guerras contra la vida queer perturban las mentes y los corazones de todos los que creen en la promesa de Dios de dignidad, justicia y prosperidad para todos. Las amenazas contra la vida LGBTQ+ y contra quienes son vulnerables parecen justificadamente cataclísmicas en nuestros tiempos. El pronunciamiento apocalíptico de Jesús reconoce los temores de sus discípulos: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra las naciones estarán consternadas, perplejas por el rugido del mar y de las olas” (v. 25)

Pero la invocación que hace Jesús del sol, la luna y las estrellas nos ofrece indicios de la promesa de liberación contenida incluso en estas señales inquietantes. Los estudiosos bíblicos Richard A. Henshaw y Marvin Sweeny explican que esta dramática imagen apocalíptica se entrelaza tanto en las escrituras hebreas como en las cristianas: “La imagen está asociada con el Hamsin (árabe) o Sharav (hebreo), el viento seco del desierto… que llena el cielo de polvo y marca las transiciones entre las estaciones secas de verano y las lluviosas de invierno tanto en el Israel antiguo como en el moderno”. De hecho, los vientos cálidos oscurecen el sol y enrojecen la luna en estos tiempos: es aterrador. Pero la sangre, el fuego y las columnas de humo también recuerdan el éxodo, signos de la guía de Dios en tiempos difíciles, hacia un desierto desconocido que, no obstante, promete liberación.

Al encender la primera vela del Adviento, sabemos que no estamos solos en nuestra incertidumbre y temor. Pero al recordarnos los signos del sol, la luna y las estrellas, Jesús nos guía hacia la promesa de liberación que reside incluso en tiempos como estos. Dejemos que ese recordatorio nos guíe en esta temporada de anticipación de su nacimiento.

—Nichole M. Flores, 1 de diciembre de 2024

Fuente New Ways Ministry

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“Reflexiones de Adviento”, por Carmiña Navia.

lunes, 2 de diciembre de 2024
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IMG_8797PRIMERA SEMANA.

Iniciamos nuevamente el tiempo de adviento, cuyo sentido se despliega para quienes tenemos en el horizonte la persona y palabra de Jesús el maestro galileo. Tiempo de espera. Una espera activa y plena de esperanzas. ¿Qué esperas anunciamos hoy a nuestro mundo tan lleno de prisas, tan copado por el minuto que pasó y por el que viene?

La Biblia en sus palabras del primer testamento nos deja testimonios de esperanzas de un pueblo, que desde situaciones muchas veces desesperadas, soñaba con otras realidades posibles que mejoraran su existencia. Las voces reunidas bajo el nombre de Isaías, son de las más potentes en transmitirnos estos sueños, con una inmensa fuerza poética.

En el capítulo 11 de este profeta, leemos:

Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Dios…  No juzgará por las apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos. Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito, el novillo y el cachorro pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, juntas acostarán sus crías, el león, como los bueyes, comerá paja. Hurgará el niño de pecho en el agujero del áspid, y en la hura de la víbora el recién destetado meterá la mano. Nadie hará daño, nadie hará mal en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahveh, como cubren las aguas el mar.

En estas líneas se nos dibuja un horizonte utópico. Sólo las utopías llevan el mundo hacia adelante. Nuestro actual punto de partida es difícil: Esperamos desde una oscuridad grande. Una sociedad global llena de injusticias que no respeta la vida humana, que no respeta la naturaleza, que ha expulsado el amor de sus corredores de vida. Una sociedad que cada día que pasa pierde más su calidad humana. Esperamos desde situaciones personales, comunitarias y colectivas duras y desesperanzadoras. Pero hay promesas y llamadas en nuestros horizontes, validemos esas promeses y tomemos decisiones personales y colectivas que nos impulsen a caminar hacia ellas.

Mucho hay para transformar en nuestras sociedades y en nuestros interiores. Rumi dice: Trabaja en el mundo invisible al menos tan duro como trabajas en el mundo visible. La realidad exterior nos abruma hoy: La guerra general se nos viene encima arrasando, con sus horrores, toda forma de vida; en Colombia se nos pierden los planos de la reconciliación, la paz, la honestidad y la justicia. Como sociedad no podemos vivir el adviento colectivamente, pero sí podemos tomar familiar o comunitariamente estos días para sopesar nuestro aporte. Hacia dónde llevarlo… ¿Cómo anunciar a otros y otras esa utopía que jalone horizontes hacia relaciones más amables, más hermanas, más amigas de la dignidad?

El espíritu que anima el adviento nos debe penetrar los días cotidianos, las tareas que nos reclaman, los descansos que nos esperan…  para que logremos contagiarnos de una “espera” sin límites que guíe nuestros pasos a la tarea de hacernos más humanos y de preparar nuestras vidas para albergar la luz de un  nacimiento que alumbre atardeceres. Entremos a este tiempo con el corazón rebosante de esperanza y de amor.

Carmiña Navia Velasco

Adviento 2024

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“Sin matar la esperanza”. 1 Adviento – C (Lucas 21, 25-28.34-36)

domingo, 1 de diciembre de 2024
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IMG_8775Jesús fue un creador incansable de esperanza. Toda su existencia consistió en contagiar a los demás la esperanza que él mismo vivía desde lo más hondo de su ser. Hoy escuchamos su grito de alerta: «Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Pero tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero».

Las palabras de Jesús no han perdido actualidad, pues también hoy seguimos matando la esperanza y estropeando la vida de muchas maneras. No pensemos en los que, al margen de toda fe, viven según aquello de «comamos y bebamos, que mañana moriremos», sino en quienes, llamándonos cristianos, podemos caer en una actitud no muy diferente: «Comamos y bebamos, que mañana vendrá el Mesías».

Cuando en una sociedad se tiene como objetivo casi único de la vida la satisfacción ciega de las apetencias y se encierra cada uno en su propio disfrute, allí muere la esperanza.

Los satisfechos no buscan nada realmente nuevo. No trabajan por cambiar el mundo. No les interesa un futuro mejor. No se rebelan frente a las injusticias, sufrimientos y absurdos del mundo presente. En realidad, este mundo es para ellos «el cielo» al que se apuntarían para siempre. Pueden permitirse el lujo de no esperar nada mejor.

Qué tentador resulta siempre adaptarnos a la situación, instalarnos confortablemente en nuestro pequeño mundo y vivir tranquilos, sin mayores aspiraciones. Casi inconscientemente anida en nosotros la ilusión de poder conseguir la propia felicidad sin cambiar para nada el mundo. Pero no lo olvidemos: «Solamente aquellos que cierran sus ojos y sus oídos, solamente aquellos que se han insensibilizado, pueden sentirse a gusto en un mundo como este» (R. A. Alves).

Quien ama de verdad la vida y se siente solidario de todos los seres humanos sufre al ver que todavía una inmensa mayoría no puede vivir de manera digna. Este sufrimiento es signo de que aún seguimos vivos y somos conscientes de que algo va mal. Hemos de seguir buscando el reino de Dios y su justicia.

José Antonio Pagola

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“Se acerca vuestra liberación”. Domingo 01 de Diciembre de 2024. Primer Domingo de Adviento (Comienza el ciclo C)

domingo, 1 de diciembre de 2024
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01-advientoC1Leído en Koinonia:

Jeremías 33, 14-16. Suscitaré a David un vástago legítimo.
Salmo responsorial: 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14: A ti, Señor, levanto mi alma.
1Tesalonicenses 3, 12-4, 2: Que el Señor os fortalezca internamente, para cuando Jesús vuelva.
Lucas 21, 25-28. 34-36: Se acerca vuestra liberación.

Este primer domingo de adviento sirve de puente entre el tiempo ordinario y el tiempo de adviento. El tiempo ordinario termina reflexionando sobre la segunda venida de Jesús, sobre los acontecimientos del fin de los tiempos. En esta medida el primer domingo del adviento se inaugura con el tema del final de los tiempos, y nos va a introducir en el tiempo de la espera y de la esperanza, el tiempo de adviento.

La lectura del libro de Jeremías nos sitúa en el tiempo inmediatamente posterior a la destrucción de Jerusalén en el año 587 a.C. El pueblo está desolado y empieza a tomar conciencia de su situación. Jeremías dirige su palabra profética a su pueblo para decirle que Dios no los ha abandonado, que hará regresar a los cautivos y los perdonará, se construirán de nuevo las ciudades, los campos volverán a granar y los ganados a pastar. Es esos días el Señor hará brotar en rey justo, no como los reyes que los llevaron al destierro, el cual será llamado «Dios es nuestra justicia». Vendrá un rey justo a restaurar al pueblo de Israel.

El salmo responsorial expresará que esa esperanza que leemos en la primera lectura, no quedará defraudada, pues quien espera y quien es fiel al Señor no queda defraudado. Yahvé siempre lleva al cumplimiento su palabra. Por esta razón el salmo enfatiza la idea de Jeremías, el rey de justicia que esperamos sí llegará. Ese rey esperado es para nosotros los cristianos, Jesús el señor.

El Segundo Testamento a partir de la novedad de Jesús nos introducirá en otro tipo de espera y esperanza. Supone claramente que el rey esperado del Primer Testamento es Jesús, pero abre la puerta a una espera en el esperado, hacia el final de los tiempos. Jesús vino en humildad, como el campesino de Nazaret que fue obediente al Padre, y que por esa obediencia fue muerto y resucitado. Pero al final de los tiempos, él regresará a manifestar su gloria. Por eso en la carta de los Tesalonicenses, Pablo exhorta a la comunidad a mantenerse fieles a Jesús y prepararse para esa segunda venida. El evangelio de Lucas describe de manera metafórica, los acontecimientos que precederían a esa segunda venida de Jesús. Por este acontecimiento final es que Lucas invita a los hermanos y hermanas a mantenerse fieles y vigilantes para mantenerse en pie (fieles) ante el Hijo del Hombre.

El texto del evangelio de hoy es un texto difícil: la liberación llega. En los versículos anteriores Lucas nos hablaba del asedio a Jerusalén (21,20-23). Ahora, alude a la segunda venida de Jesús: es decir a lo que llamamos la parusía. El discurso de Jesús es apocalíptico y adaptado a la cultura de su tiempo (apocalipsis no significa catástrofe, como tendemos a pensar, sino revelación), y nosotros tenemos que releer esas señales del mundo natural en el mundo de la historia, que es el lugar en que el Espíritu se manifiesta. La segunda venida del Señor revelará la historia a sí misma. La verdad que estaba oculta aparecerá a plena luz. Todos llegaremos a conocernos mejor (1Cor 13,12b).

En nosotros existe la angustia, el miedo y el espanto, no causados por “las señales en el sol, la luna y las estrellas”. Nuestras angustias e inseguridades están causadas más bien por las crisis económicas, por los conflictos sociales, por el abuso del poder, por la falta de pan y trabajo, por la frustración… de tantas estructuras injustas, que solo podrán ser removidas por el paso -del amor de Dios y su justicia- en el corazón del ser humano.

El mensaje de Jesús no nos evita los problemas y la inseguridad, pero nos enseña cómo afrontarlos. El discípulo de Jesús tiene las mismas causas de angustia que el no creyente; pero ser cristiano consiste en una actitud y en una reacción diferente: lo propio de la esperanza que mantiene nuestra fe en las promesas del Dios liberador y que nos permite descubrir el paso de ese Dios en el drama de la historia. La actitud de vigilancia a que nos lleva el adviento es estar alerta a descubrir el “Cristo que viene” en las situaciones actuales, y a afrontarlas como proceso necesario de una liberación total que pasa por la cruz.

Por eso el Evangelio nos llama a “estar alerta”, a tener el corazón libre de los vicios y de los ídolos de la vida (la conversión), para hacernos dóciles al Espíritu de Cristo que habita las situaciones que vivimos en nuestro entorno. Nos llama a “estar despiertos y orando”, porque este Espíritu se descubre con una Esperanza viva, punto de encuentro entre las promesas de la fe y los signos precarios que hoy envuelven esas promesas. La esperanza es una memoria que tiende a olvidarse, se nutre con la oración, nos adhiere a las promesas de la fe y nos inspira, cada día, la búsqueda de sus huellas en las señales del tiempo. La Esperanza cristiana se hace por nuestra entrega a trabajar para que las promesas se verifiquen en nuestras vidas.

El adviento es tiempo de preparación de espera. Jesús cumplió las promesas del Antiguo Testamento con su vida y predicación. No esperamos su nuevo nacimiento. Esperamos que él vuelva a juzgar la creación. Es ese momento el que esperamos, y para ese momento en que creemos que la justicia, que la igualdad, que la solidaridad se impondrán. Leer más…

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1.12.24 Dom 1º Adviento: Verán al Hijo del Hombre.

domingo, 1 de diciembre de 2024
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IMG_8848Del blog de Xabier Pikaza:

Lucas 21, 25-28. 34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.

Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»

| Xabier Pikaza

Éste es un texto de larguísima historia. Básicamente es un texto del Evangelio de San Lucas, que nos ofrece su propia visión de la historia de los hombres, marcada para siempre por el nacimiento de Jesús. Pero en ese texto y en esa historia del texto  hay menos cuatro o cinco estratos:

(a) En el fondo del texto pueden verse rasgos de miedo universal (¡todos los pueblos han sufrido terrores ante el cosmos!), vinculados a la exigencia y esperanza de los profetas de Israel y de los apocalípticos judíos. Se trata de un texto universal de miedo y de esperanza, muy propio de nuestro momento (año 2024/2025), marcado por grandes crisis políticas y económicas, y en especial por la “pandemia” y la gran amenaza ecológica (calentamiento global, polución del agua y del aire). Llevamos meses de guerra en Ucrania y Palestina/Israel,  con miedo de bombas

(b) Este pasaje recoge también la experiencia de Jesús y de las primeras comunidades cristianas, especialmente aquella que se ha expresado en el  libro del Apocalipsis, en algunos pasajes de la tradición de Pablo (1 y 2 Corintios) y en el evangelio de Marcos (Mc 13, capítulo del que Lucas toma los temas principales de su texto). Es un texto que nos sitúa en el principio del cristianismo. Hubo entonces inmensas esperanzas, pero también miedos de guerra con Roma, de Guerra en todo el Oriente

(c) El texto recoge igualmente, los rasgos de la comunidad de Lucas, con la propia inspiración del evangelista. Para entenderlo bien hay que leerlo y comprenderlo desde el conjunto de au Evangelio de Lucas y de su comunidad creyente, a caballo entre el judaísmo y la cultura griega, en un momento de cambios muy fuertes, de tipo social y cultural. Ayudan en esta línea los comentarios de J. L. Sicre, y también los de J. A. Fytzmyer (Fitzmyer, J. A., El evangelio según san Lucas, I-4. Cristiandad, Madrid 1986/7 y 2004) y F. Bovon (F. El evangelio según san Lucas. I-IV, Sígueme,

(d) El texto ha sido recortado y pegado por la liturgia católica, que toma pasajes de aquí y de allí (de Lc 21, 25-36) para recomponerlos de un modo más o menos convencional, creando así un pasaje nuevo, apropiado para el comienzo del adviento católico. En ese sentido, es un texto de la Iglesia, que nos sirve para pasar del fin de la historia a su comienzo, de Cristo Rey al Adviento. Por eso, comento el texto litúrgico, paso a paso, no el texto de fondo Lucas, que ofrece otros rasgos y motivos que aquí se han omitido. Una vez más, la liturgia nos pone ante el gran amino de Jesús, unido al camino del mundo

(e) Éste es un texto que debo hacer  mío, un texto nuestro… Cada uno de nosotros tenemos que elaborarlo, situándolo dentro de nuestras esperanzas, miedos y alegrías. No puedo recoger toda la historia y teología de Adviento de Jesús, de la iglesia primitiva y de Lucas. Por eso, me limito a comentar del modo más sencillo las palabras del texto actual, conforme a mi visión particular, de creyente y lector de la Biblia, que quiero compartir con vosotros. Para ello divido el texto, de un modo un poco convencional en cuatro escenas (que puede dividirse cada una en tres partes):

Primera escena: Un contexto de miedo

  •  a. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas;
  • b. y en la tierra la angustia se apoderará de los pueblos,
  • c. asustados por el estruendo del mar y de sus olas

Dividido el texto en tres partes que leemos desde los extremos, pasando del a y del c al b, como ahora diremos.

(a) Nos hallamos ante un desquiciamiento cósmico, que se expresa en la tríada celeste : cielo, tierra, mar (falta el infierno, las partes inferiores, vinculadas con la condena). En el cielo están los grandes (sol, luna, estrellas) que empiezan a dar señales falsas, ya no alumbra; lo que era principio de estabilidad suprema aparece como expresión de locura.

(c) Por su parte, el mar destruye sus “amarras”, se elevan las olas y tienden a inundar toda la tierra. Según Gen 1, Dios había construido el mundo “domando” los mares, colocando las aguas en sus límites y cauces, permitiendo que surgiera la tierra. Ahora se rompen los límites: sube el agua de los mares en una especie de diluvio invertido, un inmenso tsunami que llega a cubrir los montes más altos.,, Es como si viniera la Dana de Valencia, multiplicadas por miles y miles de torrentes bajando de las nubes, sin pausa, en diluvio universal.

(b) En medio queda la angustia: los hombres están hechos de miedo. El miedo es como un cáncer que se va extendiendo y les va dominando desde fuera, como un sida que les inunda desde el cielo loco, desde el mar desmadrado.

Segunda escena. Superar el miedo: llega el Hombre

  • (a) Los hombres se morirán de miedo, al ver esa conmoción del universo;
  • (b) pues las potencias del cielo quedarán violentamente sacudidas.
  • (c) Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y gloria.

 Dividido también el texto en tres partes, pero ahora las leemos seguidas, destacando aquellos rasgos que pueden resultar más significativos en nuestro tiempo.

(a) Vuelve el miedo, un miedo de muerte, terror apocalíptico ante la conmoción del cosmos, la gran sacudida de las “potencias” del cielo. Morir es aquí “salir de sí”, perder la “psyche”, el alma, el aliento. De pronto, al descubrir la fragilidad de los elementos, los hombres pierden el alma, el valor, las ganas de la vida.

(b) Esta muerte por terror (¡puro terror cósmico, más que guerra y peste, más que sida…!) tiene un fundamento cósmico: la sacudida de las “potencias”, que en griego se llaman “dynameis”. Potencias son en lenguaje bíblico los principios rectores del cosmos, los ángeles astrales, los principios matemáticos que rigen el movimiento de los astros…. Este mundo tiene una fecha de caducidad; cielos y tierra pasarán, dice el AT y el evangelio. En un sentido, todo ese mundo superior de equilibrio en el que estamos sustentados se sacuda y quiebra. Crecen las grietas del gran cosmos, morimos de miedo. Ésta es la más horrorosa de todas las muertes de la humanidad: morir de miedo al descubrir nuestra nada, la nada del cosmos. Muchos temen literalmente la llegada de un fin del cosmos… Normalmente pasarán miles y miles de milenios antes de que el mundo termine, pero estamos en riesgo, siempre en riesgo, pues al ritmo de vida en que vivimos  podemos destruir la vida de este planeta tierra en unas pocas generaciones.

(c) Entonces “verán al Hijo del Hombre…”. No se dice que verán a Dios, ni siquiera al Cristo, ni a los ángeles del cielo: Verán al Hijo del Hombre, es decir, la humanidad verdadera. Éste es el arco iris tras la tormenta del diluvio (Gen 9, 13-16), el arco iris de la paz de Dios, del amor de Dios, Puede morir todo, pero el hombre no acabará… Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán… (Lc 21, 33). Pues bien, las palabras de Dios se concretan en el Hombre que viene, la nueva humanidad, que nace de arriba, del trono de Dios, con poder y gloria… Éste es el misterio del nacimiento.

Tercera escena. Levantad la cabeza

  • (a) Cuando empiecen a suceder estas cosas,
  • (b) cobrad ánimo y levantad la cabeza,
  • (c) porque se acerca vuestra liberación.

IMG_8850 He dividido también esta estrofa en tres versos sencillos, que comentaré de un modo más breve. Ellos marcan el centro del pasaje, en forma de “llamada.

(a) Estas cosas han empezado a suceder… Los hombres y mujeres vivimos en medio del gran miedo. En la antigüedad era miedo de tipo cósmico, miedo al destino. En el comienzo de la Edad Moderna ha sido miedo a la destrucción social, a la peste, a la locura colectiva de las grandes violencias armadas, a las inquisiciones y autoridades perversas. Ahora, en estos últimos años, es miedo a la bomba y al sida, a la guerra mundial y al terrorismo, a la pandemia y a la ruptura ecológica.

(b) Pues bien, en medio del gran miedo se nos dice que recobremos el ánimo, que no demos que se nos valla el “alma”, que no nos abajemos y arrastremos. El hombre (hombre-mujer) es un ser que eleva la cabeza y vive de esperanza. Esto es lo que nos dice el texto, que elevemos los ojos y queramos vivir… Se trata de vivir de esperanza, sabiendo lo que somos, reconociendo nuestra limitación, pero sin dejarnos dominar por ella. Vivir “a cuerpo”, es decir, en humanidad, sin llenarnos de puras pastillas, sin andar de mano en mano, de psiquiatra en psiquiatra… Creer en Dios significa elevar la cabeza.

c) Porque se acerca la liberación… Antes se decía que se acerca el “Hijo del Hombre” (el hombre nuevo, el hombre-mujer de Dios)… Ahora se dice que se acerca la liberación, la “apolytrôsis”: una liberación que se nos ofrece como regalo de Dios (¡don de la vida!), pero que, al mismo tiempo, es regalo de nuestros amigos, es trasformación social (¡justicia!), es plenitud interna… No tener miedo, vivir en el gozo de sabernos Hijos de Dios, llamados a la vida, al nacimiento. Se acerca… ésta es la palabra. Se acerca y nos acercamos.

Cuarta escena: Parénesis o advertencia

(a) Procurad que vuestros corazones no se emboten por el exceso de comida, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, (b) porque entonces ese día caerá de improviso sobre vosotros. (c) Ese día será como una trampa en la que caerán atrapados todos los habitantes de la tierra.

 He dividido también esta escena en tras partes, aunque la primera (a) podría dividirse a su vez en otras dos. Después de la gran esperanza de las estrofas anteriores (segunda y tercera) viene esta estrofa sobria, de advertencia.

(a) Que vuestros corazones no se “emboten” (no se hagan pesados, no se cierren). El tema es el corazón, mantener el corazón abierto, tenso hacia la vida, fresco al amor, dispuesto a la ternura. Éste es el lugar del adviento, el principio de la vida, el signo de Dios: ¡Mantener los corazones limpios, capaces de sentir, de mirar de esperar¡  Vivir en dimensión de corazón. Los corazones se embotan por tres cosas, que han de tomarse de un modo simbólico.

(1) La comida: querer tenerlo todo, devorarlo todo, a costa de los demás, mientras sigue extendiéndose el hambre sobre el mundo. Es el riesgo de divinizar un tipo de capital, un tipo de progreso propio (aparente) a costa de la vida de los otros.

(2) La embriaguez: perder la conciencia en el vino o la droga y, sobre todo, en el frenesí de una vida hecha de olvidos, de falsa propaganda, de ansiedades siempre insatisfechas; vivimos de medicinas y drogas, de excitaciones rápidas, de un tipo de sexo sin amor, viajando de parte a parte del mundo (los que pueden), sin salir de su egoísmo, , como si quisiéramos huir de nosotros mismos.

(3) Las preocupaciones de la vida…: el deseo de tener, la búsqueda de seguridad absoluta… El mundo se nos ha hecho un gran mercado y querernos atesorarlo todo, para que nada pueda sorprendernos…

(b) Pero llegará “ese día”…  el día de la plena transparencia, el día del hombres verdadero. Vendrá ese día y corremos el riesgo de no saber acogerlo: estamos perdidos y cuando llegue el momento no sabemos acogerlo. Corremos el peligro de quedar en los elementos externos del miedo, sin “ver al hombre” que viene. Así sucedió en Belén: vino Jesús y sólo unos pastores, fuera del orden social dominante, lograron verle y recibirle. Nosotros, hombres y mujeres del gran mundo occidental: ¿podremos acoger al Hombre que viene? Quizá no. Pero habrá otros, en el margen de nuestro mundo, que sabrán acogerlo, para dejar así que Dios construya (que ellos construyan con Dios) la nueva humanidad.

(c) Porque ese día será como una trampa… Ésta no es la trampa que no pone Dios, ni siquiera un diablo con cuernos y cola, sino la que nos ponemos nosotros mismos. Nuestros abuelos ponían trampas a los animales del bosque. Los grandes jefes actuales ponen trampas por doquier, bombas y sensores para dominar al mundo de la humanidad con vallas electrificadas, con cárceles, con controladores humanos. . No se dan cuenta (¡no nos damos cuenta!) de que se ponen trampas a sí mismos… Vivimos inmersos en una gran trampa. Por eso nos dice el evangelio: ¡tened cuidado, no se emboten vuestros corazones!

Quinta escena: Conclusión. Estad en vela

  • (a) Velad, pues, y orad en todo tiempo,
  • (b) para que os libréis de todo lo que ha de venir
  • (c) y podáis presentaros sin temor ante el Hijo del hombre.

IMG_8849El tema concluye de forma solemne y sencilla, invitando a vivir en “vela”, es decir, a mantener la humanidad, a cultivar el amor, a crear esperanza… a confiar en el Dios que es Vida por encima de la muerte, el Dios de Cristo, principio de resurrección . Antes he dicho que se trata de “vivir a cuerpo”, de un modo directo, sin armaduras de miedo y engaño. Ahora podría decir: ¡Vivid a corazón abierto” (¡que vuestros corazones no se emboten…!

(a) Vivir a corazón abierto es “velad”, mantener el corazón en vela de amor con todos y la mente en diálogo de verdad con el Dios de la vida… Velad significa simplemente ser personas, en esperanza, en confianza, por encima de los miedos cósmicos y las violencias sociales. (b) Sólo así podremos “liberarnos” de los terrores que vienen. Ciertamente, hay terrores y violencias; no hace falta recordarlos, los terrores de fuera (las bombas, las luchas sociales, la pandemia, la dictadura de un tipo de política, economía y cultura de o0presiòn…), los terrores de dentro (la angustia y locura, la falta de amor…). Hay terrores, pero podemos liberarnos de ellos viviendo en vela de amor, en acogida gozosa y confiada de la vida.

(c) Sabiendo que lo que viene (¡el que viene!) es el verdadero ser humano, porque Dios lo quiere así, porque somos de Dios y él ha creado el mundo para compartirlo con nosotros. Por ahora no sabemos cómo vendrá, pero sabemos que el hombre nuevo será hombre de amor (pues sin amor no habrá ser humana, sin amor nos destruiremos todos). Para nosotros, los cristianos, el “hijo de hombre que viene” será el Jesús de la Navidad (el niño para ser amado, para que aprendamos a amar); será la Novia del Apocalipsis, será el Novio Cordero del mismo Apocalipsis (Ap 21-22), para que aprendamos a querernos cara a cara, cuerpo a cuerpo, luz a luz, sobre un mundo transformado en Paraíso. … Pero dejemos el tema así. Ya es suficiente, en este primer domingo del Adviento.

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Justicia, amor, y vigilancia. Domingo 1 de Adviento. Ciclo CJusticia, paz y liberación. Domingo 1 de Adviento. Ciclo C

domingo, 1 de diciembre de 2024
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imageDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Comenzamos un nuevo año litúrgico, preparándonos, como siempre, para celebrar la Navidad, que recuerda el nacimiento de Jesús hace más de veinte siglos. Pero la segunda lectura y el evangelio hablan de su vuelta, no sabemos cuándo, con pleno poder y gloria. ¿Por qué une la liturgia dos acontecimientos separados por tantos siglos? Intentaré explicarlo con la siguiente historia.

La esposa del astronauta y la Iglesia

            Un día la NASA decidió una misión espacial fuera de los límites de nuestro sistema solar. Una empresa arriesgada y larga que encomendaron al comandante más experimentado que poseía. Cuando se despidió de su mujer y sus hijos, la familia pasó horas ante el televisor viendo como la nave se alejaba de la tierra.

            Los niños, pequeños todos ellos, preguntaban continuamente: “¿Cuándo vuelve papá?” Y la madre les respondía: “Vuelve pronto, no os preocupéis”. Al cabo de unos meses, cansada de escuchar siempre la misma pregunta, decidió organizar una fiesta para celebrar la vuelta de papá. Fue la fiesta más grande que los niños recordaban. Tanto que la repitieron con frecuencia. La llamaban “la fiesta de la vuelta de papá”. Pero la inconsciencia de los niños creaba una sensación de angustia en la madre. ¿Cuándo volvería su marido? ¿El mes próximo? ¿Dentro de un año? “La fiesta de papá”, que podía celebrarse en cualquier día del mes y en cualquier mes del año, se le convirtió en una tortura. Hasta que se le ocurrió una idea: “En vez de celebrar la vuelta de papá ‒dijo a los niños‒ vamos a celebrar su cumpleaños. Sabéis perfectamente qué día nació, así que no me preguntéis más cuándo vamos a celebrar su fiesta».

            A la iglesia le ocurrió algo parecido. Al principio hablaba de la pronta vuelta de Jesús, la que menciona el evangelio de este domingo. Pero esa esperanza no se cumplía, y la iglesia pasó de celebrar su última venida a celebrar la primera, el nacimiento. Sin embargo, no ha querido olvidar la estrecha relación entre ambas venidas, y así se explica que encontremos textos tan distintos.

De reyes inútiles y canallas a un rey justo (Jeremías 33, 14-16)

YA llegan días —oráculo del Señor— en que cumpliré la promesa

que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá.

En aquellos días y en aquella hora,

suscitaré a David un vástago legítimo

que hará justicia y derecho en la tierra.

En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos,

y la llamarán así: “El Señor es nuestra justicia”.

Las últimas décadas del reino de Judá son de trágica ironía. A un rey que muere luchando contra los egipcios (Josías), le sucede otro que es deportado a los tres meses de reinado (Joacaz), y otro famoso por sus terribles injusticias (Joaquín). Entonces Nabucodonosor, rey de Babilonia, nombra rey a Matanías, cambiándole el nombre por el de Sedecías, que significa “Yahvé es mi justicia. Este nombre parece una broma, un insulto. ¿De qué justicia habla Nabucodonosor, el monarca que acaba de destrozar a los judíos? ¿Qué se puede esperar de un fantoche impuesto por el babilonio? La gente se preguntaría: ¿de qué sirve la promesa hecha por Dios a David de una dinastía eterna? ¿Para qué queremos un descendiente de David, si todos los reyes son inútiles o sinvergüenzas?

En este contexto se entiende la promesa hecha por Dios a Jeremías de un rey que se llamará “Yahvé es nuestra justicia. Un monarca cuyo mismo nombre expresa la estrecha relación de Dios con todo el pueblo, y que salvará a Judá y Jerusalén mediante un gobierno justo. Frente a la angustia y la incertidumbre, implantará la tranquilidad.

Lo fundamental es la idea de un monarca que procura el bienestar del pueblo. En el contexto del Adviento, esta lectura nos recuerda que Dios no se desentiende de los graves problemas políticos y sociales de la humanidad. Aunque un volteriano le pediría a Dios que en vez de salvar a Judá y procurar la paz de Jerusalén, salve a los de Gaza y traiga la paz al Líbano.

El amor como preparación a la Navidad: 1 Tesalonicenses 3, 12- 4,2

Esta lectura indica con qué espíritu debemos vivir siempre la vida cristiana, en especial estas semanas del Adviento: amor mutuo y amor a todos, comportamiento que agrade a Dios. Parece algo muy etéreo; habría que leer los consejos que da la carta para concretar esas recomendaciones. Pero también es bueno que cada cual se examine sobre su amor a todos y si su comportamiento agrada a Dios.

         Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos a vosotros; y que afiance así vuestros corazones, de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos.

            Por lo demás, hermanos os rogamos y os exhortamos en el Señor Jesús: ya habéis aprendido de nosotros cómo comportarse para agradar a Dios; pues comportaos así y seguir adelante. Pues ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús. 

Esperar y preparar nuestra liberación: Lucas 21, 25-28. 34-36.

El evangelio comienza con las señales típicas de la literatura apocalíptica a propósito del fin del mundo (portentos en el sol, la luna y las estrellas) que provocan en las gentes angustia, terror y ansiedad. Pero sustituye el fin del mundo con algo muy distinto: la venida de Jesús con gran poder y gloria; y esto no debe suscitar en nosotros una reacción de miedo, sino todo lo contrario: “cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación”.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

A continuación, nos dice el evangelio cómo debemos esperar esta venida de Jesús. Negativamente, no permitiendo que nos dominen el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de la vida. Positivamente, con una actitud de vigilancia y oración.

Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».

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Reflexión final: acción de Dios y colaboración nuestra

Lo que pide Pablo a los tesalonicenses no se consigue a base del propio esfuerzo. Es preciso que Dios nos colme y haga rebosar de ese amor. Pero nosotros debemos colaborar. Hay que comportarse de acuerdo con lo aprendido. O, como dice el evangelio, tener cuidado, estar despiertos, mantenerse en pie. Algo que no es muy frecuente en estos días de diciembre, cuando lo que más preocupa es la celebración de la fiesta y la elección de los regalos.

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01 de Diciembre de 2024. Primer Domingo de Adviento. Ciclo C.

domingo, 1 de diciembre de 2024
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“Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.”

(Lc 21, 25-28.34-36)

 

¡Levantaos!”. Este tiempo de adviento irrumpe invitándonos no solo a la esperanza sino también al coraje. Porque hace falta ser valiente para “ponerse en pie y alzar la cabeza”, pues solo cuando estamos de pie es posible vivir el evangelio de verdad.

Quizá por eso Jesús se pasó buena parte de su “ministerio” (léase “servicio”) poniendo en pie a todas aquellas personas que encontraba postradas: paralíticas, poseídas, encorvadas, ciegas, muertas, incluso un recaudador de impuestos se puso en pie cuando descubrió lo que la presencia de Jesús significaba en su vida (Cfr. Lc 14, 1-9).

Pero, ¿por qué de pie? Porque solo quien se levanta se predispone a servir y solo desde el servicio descubrimos quién es el Dios de Jesús.

En la última cena, una vez más, Jesús, el que había dedicado tanto tiempo a “levantar” a otras y otros, “se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomo la toalla… y se dispuso a servir, se puso a lavarle los pies a sus discípulos, a esos mismos discípulos a los que unos días antes había invitado a esperar la liberación levantados y con la cabeza alzada.

Esperar”, en cristiano, es sinónimo de servicio, el Reino llega en forma de semilla, Dios viene al mundo en la fragilidad de un recién nacido y todos nosotros, que esperamos el gran acontecimiento de su venida, tenemos que vivir nuestra espera al estilo del Maestro. Es decir con la “toalla ceñida”.

Por eso no vale esperar de manos cruzadas, ni a medio gas. El seguimiento de Jesús requiere el 100% de disponibilidad, esperanza y servicio. ¿A qué esperas?

Oración

¡Levantaos!, de pie y con la cabeza bien alta.
¡Levantaos! con una sonrisa en el alma.
¡Levantaos! para derrochar un tierno servicio.
¡Feliz Adviento!


*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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