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«Venimos de Oriente para adorar al Rey». Domingo 3 de enero de 2016. Fiesta de la Epifanía del Señor

domingo, 3 de enero de 2016
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08-epifania (C) cerezoAllí donde se celebre hoy la fiesta de la Epifanía (casi todo el mundo excepto en España que se celebra el próximo día 6 de Enero)

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Leído en Koinonia:

Isaías 60, 1-6: La gloria del Señor amanece sobre ti.
Salmo responsorial: 71: Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.
Efesios 3, 2-6: Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos.
Mateo 2, 1-12: Venimos de Oriente para adorar al Rey

 La época en que se escribe esta parte del libro del profeta Isaías (Tercer Isaías) corresponde a la restauración, es decir, al regreso a Jerusalén de los exiliados en Babilonia, regreso a la gran ciudad de Dios. Cuando este grupo de exiliados llegó a Israel encontró sus ciudades destruidas, sus campos abandonados o apropiados por otras familias, las murallas derruidas y el templo, el lugar donde Yahvé habitaba, incendiado. Esta dramática realidad los desanimó completamente, centrando sus esperanzas y sus motivaciones únicamente en la reconstrucción de sus viviendas y sus campos, dejando de lado la restauración del templo y, con ello, la confianza en la venida gloriosa de Yahvé, quien traería para Israel la salvación plena en la misma historia. Isaías anima la fe de su pueblo, los invita a poner nuevamente su fe y su corazón en la fuerza salvífica de Yahvé, quien traerá la paz y la justicia a su pueblo, por ello Jerusalén será una ciudad radiante, llena de luz, en donde la presencia de Dios como rey hará de ella una nación grande, ante cuya presencia se postrarán todos los pueblos de la tierra. El profeta manifiesta con esta gran revelación que Dios es quien dará inicio a una nueva época para Israel, una época donde reinará la luz de Dios y serán destruidas todas las fuerzas del mal, pues Dios se hace presente en Israel y ya más nadie podrá hacerle daño.

Esta visión profética posee una comprensión muy reducida de la acción salvífica de Dios, ya que es asumida como una promesa que se cumplirá en beneficio única y exclusivamente del pueblo de Israel y no de toda la tierra. Pablo, a través de la carta a los Efesios, ampliará esa comprensión, afirmando que la salvación venida por Dios, a través de Jesús, es para “todos”, judíos y paganos. El plan de Dios, según Pablo, consiste en formar un solo pueblo, una sola comunidad creyente, un solo cuerpo, una sola Iglesia, un organismo vivo capaz de comunicar a toda la creación la vida y la salvación otorgada por Dios. La carta a los Efesios expresa que el misterio recibido por Pablo consiste en que la Buena Nueva de Cristo se hace efectiva también en los paganos, ellos son coherederos y miembros de ese mismo Cuerpo; esto significa que Dios se ha querido revelar a toda la humanidad, actúa en todos, salva a todos, reconcilia a todos sin excepción.

El evangelio que leemos hoy, en la Fiesta de la «Epi-fanía», confirma este carácter universal de la salvación de Dios. Mateo expresa, por medio de este relato simbólico, el origen divino de Jesús y su tarea salvífica como Mesías, como rey de Israel, heredero del trono de David; para ello el evangelista insiste en nombrar con exactitud el lugar donde nació Jesús y en confirmar, a través del Antiguo Testamento, que con su presencia en la historia se da cumplimiento a las palabras de los profetas. Por otro lado, el rechazo de este nacimiento por parte de las autoridades políticas (Herodes) y religiosas (sumos sacerdotes y escribas) del pueblo judío y el gozo infinito de los magos, venidos de Oriente, anuncian desde ya ese carácter universal de la misión de Jesús, la apertura del evangelio a los paganos y su vinculación a la comunidad cristiana. La Epifanía del Señor es la celebración precisa para confesar nuestra fe en un Dios que se manifiesta a toda la humanidad, que se hace presente en todas las culturas, que actúa en todos, y que invita a la comunidad creyente a abrir sus puertas a las necesidades y pluralidades del mundo actual.

En un tiempo como el que vivimos, marcado radicalmente por el pluralismo religioso, y marcado también, crecientemente, por la teología del pluralismo religioso, el sentido de lo «misionero» y de la «universalidad cristiana» han cambiado profundamente. Hasta ahora, en demasiados casos, lo misionero era sinónimo de proselitismo, de «convertir al cristianismo» a los «gentiles», y la «universalidad cristiana» era entendida desde la centralidad del cristianismo: éramos la religión central, la (única) querida por Dios, y por tanto, la religión-destino de la humanidad. Todos los pueblos (universalidad) estaban destinados a abandonar su religión ancestral y a hacerse cristianos… Tarde o temprano el mundo llegaría a su destino: a ser «un sólo rebaño, con un solo pastor»…

Hoy todo esto ha cambiado, aunque muchos cristianos (incluidos muchos de sus pastores) todavía siguen en la visión tradicional. Buen día hoy, pues, para presentar estos desafíos y para profundizarlos. No desaprovechemos la oportunidad para actualizar también personalmente nuestra visión en estos temas. En la RELaT (servicioskoinonia.org/relat) hay muchos materiales para estudiar el tema, así como para debatirlo en grupos de estudio o de catequesis.

En el Nuevo Testamento, además de Juan 7,42, encontramos referencias a Belén en las narraciones de Mateo 2 y Lucas 2 acerca del nacimiento del Salvador en la ciudad de David. La tradición de que el Mesías debía nacer en Belén tiene su base en el texto de Miqueas 5,2, donde se señala que de Belén Efrata debía salir quien gobernaría Israel y sería pastor del pueblo. Hoy ya sabemos que Jesús nació probablemente en Nazaret, y que la afirmación de que nació en Belén es una afirmación con intenció teológica.

El término “magos” procede del griego “magoi”, que significa matemático, astrónomo y astrólogo. Estas dos últimas disciplinas eran una misma en la antigüedad, por lo que con ambas se podía estudiar el destino y designio de las personas. Es decir, los «reyes magos» no fueron ni reyes ni magos en el sentido actual de estas palabras; habrían sido astrólogos o estudiosos del cielo. Fue el teólogo y abogado cartaginés Tertuliano (160-220 d.C.) quien aseguró que los magos serían reyes y que procederían de Oriente. En la visita de los magos a Jesús, los Padres de la Iglesia vieron simbolizadas la realeza (oro), la divinidad (incienso) y la pasión (mirra) de Cristo. Leer más…

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Dom 3.1.16. La Palabra se hizo Carne

domingo, 3 de enero de 2016
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Oasis-smaller-672x372Del blog de Xabier Pikaza:

Dom 2. Después de Navidad. Ciclo C. Según el evangelio, que se lee y canta de forma solemne este domingo, los cristianos afirmamos que Dios es de tal forma divino que se ha hecho carne (vida humana) en la vida de Jesús. Más que eso no se puede decir, ni menos tampoco si se quiere mantener el cristianismo

— Un tema conciliar. En esa línea afirmará el concilio de Nicea que Jesús es Dios (de naturaleza divina) y el de Calcedonia que es perfecto Dios y perfecto hombre (de naturaleza divina y de naturaleza humana)…

— Un tema de experiencia. En la base de esas formulaciones conciliares está la experiencia y la vida de aquellos que dicen que han encontrado a Dios en Jesús (en su vida proyecto de Reino). Éste es el principio del cristianismo, que se puede y se debe articular en tres formulaciones:

(a) Dios “es” (se hace) historia. El mismo Jesús histórico, nacido, muerto y resucitado es la Carne de Dios. Por eso, los cristianos buscamos y vemos a Dios en la «carne de todos los hombres», es decir, en la vida compartida, en amor que es justicia, misericordia, ternura y esperanza.

(b) Dios es (se hace) comunión de “carne”, de tal forma que vemos y tocamos a Dios vemos, tocamos, ayudamos a los hombres y mujeres, en especial a los más necesitados. En esa línea, conforme al lenguaje más filosófico de los Concilios (Nicea y Calcedonia) hay que decir que toda la «naturaleza» humana es carne de Dios (revelación de su Ser).

(c) Creer es crear humanidad «de carne». Celebrar la encarnación de Dios en Jesús significa celebrar el valor divino de lo humano y comprometerse al servicio del hombre, de todos los hombres, y en especial de los excluidos de esta sociedad imperial de consumo, que son hermanos de Jesús, carne de su carne, sangre de su sangre, para emplear un lenguaje bíblico y eucarístico.

En la reflexión de hoy, dejo en penumbra ese último aspecto (tratado con frecuencia en este blog) para centrarme de un modo especial en la encarnación de Dios en Jesús, siguiendo el texto del evangelio de Juan 1, 1-8, que comentaré y presentaré desde una perspectiva de «pre-existencia» de Dios. Dios es en nosotros «primero» (nos pre-existe) para así poderse poner a nuestro servicio.

(Imagen: Caminando con los magos hacia el oasis de Jesús). Buen domingo a todos, buen camino.

El texto básico

[Palabra] En el principio era la Palabra y la Palabra era junto a Dios, y la Palabra era Dios. Esta era en principio junto (hacia) Dios.

[Palabra Creadora] Todas las cosas fueron hechas por ella, y sin ella no se ha hecho ninguna. Lo que fue hecho era (tenía) vida en ella y la vida era la luz de los hombres (Jn 1,1-4)

[Luz] Existía la Luz verdadera, que alumbra a todo ser humano, viniendo al mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella y el mundo no la conoció. Vino a los suyos y los suyos no le recibieron; a cuantos le recibieron les dio poder para hacerse hijos de Dios… (1, 9-12)

[Encarnación] Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria, gloria de Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad (1, 14)

[Revelación] A Dios nadie le ha visto jamás, el Dios unigénito, que estaba en el seno del Padre, ese nos lo ha revelado (1, 18)

He citado los versos principales del himno de Jn 1, 1-18, aquellos que destacan la mediación creadora de la Palabra y Luz de Dios. La Palabra es comunicación verbal (¿más masculina?), la Luz es apertura visual (¿más femenina?). Dios se muestra en ambas casos (por los dos caminos) como Padre, porque habla y porque alumbra, suscitando de esa forma la existencia de las cosas.

El himno culmina allí donde se dice que la Palabra/Luz se hace carne, es decir, vida humana, recibiendo así el nombre de Hijo. De esa forma se ilumina todo lo anterior y recibe un contenido cristiano: Dios se llama Padre, la Palabra/Luz su Unigénito. Después que ha dicho eso, el prólogo puede terminar, con el comentario de 1, 18:

– A Dios nadie la ha visto jamás. Esta frase puede interpretarse en un sentido israelita; han sido precisamente ellos, los judíos, los que han afirmado que nadie puede ver a Dios sin morir; ellos son los que después han añadido que el nombre de Yahvé es silencio, que no puede ni decirse; ellos son los que, conforme a 2 Cor 3-4, han querido poner un velo sobre los ojos para no profanar el misterio de Dios.

A Dios nadie le ha visto: su misterio sigue siendo inaccesible. Esta es la verdad final del más hondo judaísmo que, sin embargo, de forma admirable, siglo tras siglo, ha sabido sacar fuerzas de esa trascendencia divina, para confesar a Dios, a través de la fidelidad a la Ley y tradiciones. No creen los judíos en el Hijo de Dios que es Jesús, pero la confesión del misterio divino les ha hecho vivir en actitud de confesión intensa.

– El Dios (Hijo) Unigénito que estaba en el seno del Padre ése nos lo ha manifestado... Algunos manuscritos dicen “el Hijo Unigénito”, pero los más significativos mantienen esta lectura más difícil, llamando a Jesús Dios Unigénito (monoguenes de dios), que habita en el seno del Padre, como Luz y Palabra. Estrictamente hablando, la palabra que traducimos como seno del Padre (kolpos, pecho,seno) significa pecho y, en algún sentido, corazón. Es como si el Hijo existiera reclinado en el pecho del Padre, como el Discípulo Amado lo estuvo en el pecho de Jesús. Esa esa imagen puede llevarnos a tomar a Dios como “un seno de madre” donde habita y crece el Hijo/Dios unigénito. Esta afirmación paradójica del Dios materno, del Padre en cuyo seno (materno) ha surgido y se mantiene el Hijo, es el culmen de la confesión cristiana.

– Ése nos lo ha revelado. Habitando en el Seno del Padre, Jesús vive (ha vivido) al mismo tiempo entre los humanos, en una historia bien concreta de amor y entrega en favor de ellos. Sólo aquel que ha vivido en los pechos de Dios puede revelar su amor de Padre. Este es el secreto, este el misterio radical del evangelio, que todo el resto del libro de Jn ha querido describir.
No podemos resumir aquí el mensaje de Jn sobre el Padre, pues ese mensaje se expande en todo el evangelio, de manera que sólo leyéndolo entero podemos conocerlo. Para ello deberíamos escribir otro libro, un tratado completo sobre el amor del Padre y del Hijo según Juan. Pero con esto rompemos nuestro esquema. Baste, por tanto, lo ya dicho.

Evangelio de Juan. Una teología de la pre-existencia y de la encarnación Leer más…

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«Una historia en cinco etapas». Domingo 2º después de Navidad

domingo, 3 de enero de 2016
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imagesDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Presupuesto para entender el Prólogo

Las conquistas de Alejandro Magno, a finales del siglo IV a.C., supusieron una gran difusión de la cultura griega. En Judea, como en todas partes, los griegos ejercían un influjo enorme: cada vez se hablaba más su lengua, se imitaban sus costumbres, se construían edificios siguiendo su estilo, se abrían gimnasios, se enseñaba la doctrina de sus filósofos. Los judíos, al menos la clase alta, estaban encandilados con la sabiduría de Grecia. Sin embargo, algunos autores no compartían ese entusiasmo. Para ellos, la sabiduría griega era un producto reciente, obra del ingenio humano, y tenía su templo en un lugar pagano, Atenas. La verdadera sabiduría es eterna, procede de Dios, y reside en Jerusalén. Esto puede decirse con palabras vulgares, o poéticamente, presentando a la sabiduría como una mujer y contando su historia. Basándonos en diversos textos bíblicos podemos reconstruir esa historia de la Sabiduría.

La historia de la Sabiduría de Dios

1ª etapa: la Sabiduría junto a Dios desde el comienzo (Proverbios 8,22-36).

El Señor me estableció al principio de sus tareas,
al comienzo de sus obras antiquísimas.
En un tiempo remotísimo fui formada,
antes de comenzar la tierra.
Antes de los océanos fui engendrada,
antes de los manantiales de las aguas.
Todavía no estaban encajados los montes,
antes de las montañas fui engendrada.
No había hecho aún la tierra y la hierba
ni los primeros terrones del orbe.

2ª etapa: la Sabiduría y la creación

Cuando colocaba el cielo, allí estaba yo;
cuando trazaba la bóveda sobre la faz del océano;
cuando sujetaba las nubes en la altura
y fijaba las fuentes abismales.
Cuando ponía un límite al mar,
y las aguas no traspasaban su mandato;
cuando asentaba los cimientos de la tierra,
yo estaba junto a Él, como aprendiz, yo era su encanto cotidiano,
todo el tiempo jugaba en su presencia;
jugaba con la bola de la tierra
disfrutaba con los hombres.

Tercera etapa: la Sabiduría se instala en Jerusalén (Eclesiástico, 24).

Por todas partes busqué descanso
y una heredad donde habitar.
Entonces el creador del universo me ordenó,
el creador estableció mi morada:
Habita en Jacob, sea Israel tu heredad.
En la santa morada, en su presencia ofrecí culto
y en Sión me establecí;
en la ciudad escogida me hizo descansar,
en Jerusalén reside mi poder.
Eché raíces entre un pueblo glorioso,
en la porción del Señor, en su heredad.

Sin embargo, cabe la posibilidad de que algunos rechacen los consejos de la sabiduría. De hecho, muchos judíos no aceptaban este mensaje. Otro autor presenta a la Sabiduría como una mujer que se queja de no ser escuchada (Proverbios 1,22-25).

Os llamé, y rehusasteis;
extendí mi mano, y no hicisteis caso;
rechazasteis mis consejos,
no aceptasteis mi reprensión.

En resumen: la sabiduría de Dios está junto a él desde el principio, lo acompaña en el momento de la creación, disfruta con los hombres, se establece en Israel. Pero muchos no disfrutan con ella. Prefieren seguir otro camino, no le hacen caso.

La historia de la Palabra

El autor del Prólogo aplicó las ideas anteriores a Jesús, introduciendo algunos cambios. Ante todo, en vez de llamarlo sabiduría de Dios, prefirió llamarlo la Palabra.

Primera etapa: la Palabra junto a Dios

Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios;
ella estaba al principio junto a Dios.

Hay una diferencia notable con el texto sobre la Sabiduría. La sabiduría es creada por Dios. La Palabra, no; existe con él desde el principio. Además, el autor del himno es muy sobrio, no se le ocurre decir que la Palabra jugaba en presencia de Dios.

Segunda etapa: la Palabra y la creación

Todo fue hecho mediante ella,
y sin ella no se hizo nada de lo hecho.
Lo que surgió en ella fue la vida,
y la vida era la luz de los hombres;
y la luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no consiguió derrotarla.

Parece un trabalenguas, pero es muy sencillo: todo fue creado por la Palabra de Dios. El sol, la luna, las estrellas, las montañas, el mar…, el mármol, la madera, el cristal… Todo ha sido creado por la Palabra de Dios. Y ella, además de haber creado a los hombres, es también nuestra luz. La única novedad, muy importante, es que desde el principio se entabla una lucha entre la luz y la tiniebla; pero la tiniebla no logra imponerse, no puede derrotarla.

Tercera etapa: el mundo, creado por la Palabra, la ignora.

Hasta ahora todo ha ido bien. Dios y la Palabra pueden estar contentos. De pronto, advierten que la Palabra es ignorada por el mundo.

En el mundo estaba,
y aunque el mundo se hizo mediante ella,
el mundo no la conoció.

El mundo no se refiere aquí a los seres inanimados sino a las personas que ignoran a Dios, no lo adoran, o prescinden de él. En autor del Prólogo piensa en todos los pueblos paganos, que podrían haber conocido al Dios verdadero, pero que habían caído en diversas formas de idolatría.

Cuarta etapa: la Palabra decide instalarse en Israel; su pueblo la rechaza

¿Qué hará la Palabra cuando se vea ignorada por el mundo? Para un judío, la respuesta es clara: refugiarse en Israel, el pueblo elegido, igual que hacía la sabiduría: “Eché raíces entre un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad”. Eso mismo hace la Palabra, pero se encuentra con una desagradable sorpresa:

Vino a su casa,
y los suyos no la recibieron.

Quinta etapa: la Palabra decide hacerse carne y habitar entre nosotros.

La Palabra ha sufrido dos derrotas: el mundo la ignora, su pueblo la rechaza. ¿Qué haría cualquiera de nosotros en su lugar? Quedarse junto a Dios y olvidarse de todos. Afortunadamente, Dios no es así. La Palabra toma la decisión más asombrosa que se puede imaginar.

Y la Palabra se hizo carne
y puso su tienda entre nosotros
y contemplamos su gloria,
gloria de Hijo único del Padre,
pleno de gracia y de lealtad.
Pues de su plenitud todos hemos recibido
gracia tras gracia.

Del optimismo ingenuo al realismo mágico

La historia de la Sabiduría resulta demasiado optimista. El himno puede parecer muy pesimista. Sin embargo, no lo es. Aunque no sea todo el mundo ni todo Israel, hay un grupo, formado por judíos y paganos, dispuestos a acoger a Jesús, a creer en él. Y ésos, todos nosotros, reciben una enorme recompensa.

Pero a los que la recibieron
los hizo capaces de ser hijos de Dios.

Y este grupo contempla su gloria, y de su plenitud recibe gracia tras gracia.

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Navidad. Trinidad creada del Dios increado.

sábado, 2 de enero de 2016
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31R3QeXDyBL._SX312_BO1,204,203,200_Navidad mística: Concebir a Dios, nacer de Dios (con Juan de la Cruz)

Navidad es la celebración del Dios que nace como hombre (de los hombres). Cada uno somos así «belén», somos Nacimiento de Dios. Encontramos a Dios, le concebimos, porque él ha querido hacerse encontradizo en nuestra vida, nacer y vivir en nosotros.

Éste es el sentido de la Navidad, como Trinidad creada del Dios increado.

Eso significa que los hombres «concebimos» a Dios y que Dios nace en nosotros (no simplemente porque le concebimos, como si fuera invento nuestro, que lo es), sino porque él es Dios , y nos da el poder de concebirle (es decir, de inventarle, es decir, de encontrarle, de invenio), en el sentido más profundo del término, inventándonos así y descubriéndonos a nosotros mismos.

Éste es un misterio de amor, que sólo en amor puede formularse, como sabe San Juan de la Cruz cuando dice: “Más vive el alma donde ama que en el cuerpo donde anima” (CB 8, 3).

Estas palabras constituyen la mejor definición de la Navidad, que es nacer y vivir en el amado: Dios en los hombres, los hombres en Dios, unos hombres en otros. El amante nace y habita en aquel a quien ama. Así nace Dios y así vive en nosotros.

Así vivimos nosotros en Dios: le concebimos, viviendo unos en otros, conforme a la palabra audaz y hermosa de San Juan de la Cruz, que ahora comentamos, siguiendo el texto de un libro dedicado al tema: Amor de Hombre, Dios enamorado . Animarse a nacer, nacer de nuevo, dar y recibir la vida, para compartirla: eso es Navidad

1. La Navidad es esta fiesta del Dios enamorado.
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Vivir es quererse, comunicándose el aliento. Por eso, vivir en Navidad es un milagro: ¿Cómo mantenernos y seguir (animando nuestro cuerpo), si sabemos que nuestra realidad más honda se halla fuera de nosotros? ¿Cómo vivirá en sí la amante si tiene su vida en el Amado? (CB 8):

Mas ¿cómo perseveras,
¡oh vida! no viviendo donde vives,
y haciendo por que mueras,
las flechas que recibes,
de lo que del Amado en ti concibes?

¿Cómo perseveras…? La vida es un milagro, lo más frágil, lo más fuerte: (1) El amor es frágil, siempre inmerecido, transitorio, temeroso de la muerte, que al fin siempre llega. (2) El amor es duradero, poderoso, vencedor sobre la muerte, fuente de resurrección , como irá mostrando el resto del poema. Para situarlo mejor empezaremos retomando las tres palabras centrales de este canto:

2. Los versos del canto

1. Vida: “Mas ¿cómo perseveras, oh vida, no viviendo donde vives…?”. Estos versos definen al amante, hombre o mujer (como hacían los poemas de amor del renacimiento), presentándole como alguien que habita fuera de sí mismo, de manera que su misma existencia (su perseverancia) es un milagro.

Por eso, la amante se admira y pregunta: No sabe cómo puede vivir dislocada, fuera de su sitio. Todo amante es vagabundo, un pobre que no tiene donde reclinar su cabeza, pues sólo vive en el Amado, como SJC ha supuesto en Noche 8 y como afirma, en otra perspectiva, Mt 8, 20.

2. Muerte: “Y haciendo porque mueras las flechas que recibes…”. Un antiguo mito griego representa al Amor como un niño o joven ciego (con ojos vendados) que empuña el arco y dispara sus flechas, de un modo que parece descuidado, pero siempre certero. Así pudo verlo SJC en la escalera principal de su Universidad de Salamanca.

Las flechas del amor evocan la guerra más honda en que los hombres y mujeres se buscan, se hieren y se curan, perdiendo y ganando su vida. La amante sabe que la flecha de amor tendría que haberle matado y, sin embargo, ella vive.

3. Concepción: “De lo que del Amado en ti concibes”. Las flechas provienen de un amado que está dentro y penetran en el mismo corazón de la amante (como supone el signo de la transverberación de Santa. Teresa: estatua de Bernini, en Roma). Esas flechas provienen de fuera, viniendo de dentro: de la misma idea interna de la amante que concibe y engendra en sí al Amado. El conocimiento de amor se define y presenta, según eso, como fecundidad y concepción amorosa: mente y corazón de quien ama son todo el universo.

3. Navidad, concebir a Dios

1604745_530649110445619_4424849191203987291_nLa Biblia identifica conocimiento personal y encuentro enamorado: así dice que Adán “conoció” a su mujer y que ella dio a luz un hijo (Gen 4, 1). En esa línea se sitúa nuestra amante, diciendo que las flechas del Amor arquero le han fecundado, de forma que alumbra con dolor, aunque de un modo insuficiente: concibe de la idea del Amado (dentro) más que del Amado en sí (fuera). Pero ¿qué es dentro y es fuera? ¿Dónde vive ella en verdad? En ese contexto ha formulado San Juan de la Cruz su más honda verdad antropológica:

El alma más vive donde ama que en el cuerpo donde anima,
porque en el cuerpo ella no tiene su vida,
antes ella la da (vida) al cuerpo,
y ella vive por amor en lo que ama.
Pero, demás de esta vida de amor,
por el cual vive en Dios el alma que le ama,
tiene el alma su vida radical y naturalmente
– como también todas las cosas criadas –
en Dios, según aquello de San Pablo, que dice:
en él vivimos, y nos movemos y somos…
Y como el alma ve que tiene su vida natural en Dios
por el ser que en Él tiene,
y también su vida espiritual por el amor con que le ama,
quéjase y lastímase que puede tanto
una vida tan frágil en cuerpo mortal, que la impida
vivir una vida tan fuerte, verdadera y sabrosa
como vive en Dios por naturaleza y amor.
(Cf. Hech 17, 28. Coment 8, 3).

La forma exterior de este pasaje es poética en sentido simbólica y distingue una vida corporal, con el alma animadora (que alienta en el cuerpo), y una más alta o de Dios, donde encontramos a su vez dos planos, uno natural (ser en Dios, por inmersión de esencia) y otro espiritual (comunicarse en Dios, por comunión de amor, de gracia).

4. Navidad. Las tres vidas del hombre

Desarrollando esas intuiciones anteriores, podemos distinguir tres vidas, distintas y vinculadas:

1.Vida corporal, el regalo de la Vida. El hombre es viviente del mundo: alma “animadora” de un cuerpo emparentado con plantas y animales, en fragilidad y riesgo. Sin embargo, “el alma vive más donde ama que en el cuerpo donde anima”: está más cerca de aquellos con quienes comparte su afecto, que del cuerpo al que mueve; más vive en los amigos (sobre todo en el Amado) que en sí misma, como sabía el Cantar y como sabe nuestra amante, que es capaz de regalar su vida a los amigos (al Amado), muriendo por ellos, pues en ellos vive, en esperanza de resurrección.
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2.Vida natural en Dios, inmersión divina. En este nivel, SJC comparte una teoría común del pensamiento teológico antiguo, presente incluso en muchos no cristianos (platónicos, estoicos…), que se trasluce en Hech 17, 28 («en Dios vivimos, nos movemos y somos») y en Jn 1, 4, citado por SJC («todo lo que fue hecho era Vida en Dios») . Esto significa que el hombre vive de una forma natural en Dios, pues Dios es Vida de todos los seres y, de un modo especial, de los hombres que se saben inmersos en su esencia .

3.Vida espiritual en Dios,
comunión de personas. En este nivel se despliega la vida más honda, en sentido dialogal o comunión de amor, como iremos indicando en lo que sigue. El hombre no está inmerso en lo divino por naturaleza (como en el plano anterior), sino que comparte en Dios (con Dios) la vida, en comunicación personal, de entrega, de regalo mutuo. En este nivel se sitúan las palabras centrales de SJC, que venimos comentando: “Más vive el alma donde ama que en el cuerpo donde anima, porque en el cuerpo ella no tiene su vida, antes ella la da al cuerpo, mientras que ella vive por amor en lo que ama”.

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Santa María Madre de Dios. Viernes 01 de Enero de 2016

viernes, 1 de enero de 2016
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De Koinonia:

0108

 

 

Números 6,22-27

Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré

El Señor habló a Moisés:

“Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas:

“El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor se fije en ti
y te conceda la paz”.

Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.”

Salmo responsorial: 66

El Señor tenga piedad y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe. R.

Gálatas 4,4-7

Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer

Hermanos:

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones al Espíritu de su Hijo que clama: “¡Abbá! (Padre).” Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Lucas 2,16-21

Encontraron a María y a José, y al niño.

A los ocho días, le pusieron por nombre JesúsEn aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy
(1 de enero de 1978)

Amados hermanos, amados radio-oyentes:

Con el saludo bíblico que Dios mandaba cuando se dirigía a su pueblo, ya que los cristianos hoy somos el Israel espiritual de Dios, somos el pueblo de Dios, y para nosotros es este precioso augurio de Año Nuevo: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz”, no podía hacerse un saludo más oportuno y espléndido para el año nuevo que estas palabras que la Biblia pone a nuestra consideración esta mañana, y al mismo tiempo unir a esta buena voluntad de Dios la presencia de María, la Virgen Madre.

Hay una fiesta oficial de la Iglesia en honor de María y es hoy, 1º de enero. Ocho días después de dar a luz al Redentor del mundo la Iglesia quiere llamar la atención de todos sus hijos para celebrar la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Así se inicia el año bajo la bendición directa de Dios y bajo este título que es toda una inspiración de confianza en el poder de la Virgen, por ser de Dios. Leer más…

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Santa María, Madre de Dios – C (Lucas 2,16-21)

viernes, 1 de enero de 2016
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07_María_MdD_C-390x247Preguntas de Año Nuevo

Hoy comenzamos un «año nuevo». ¿Cómo será?, ¿qué espero yo del nuevo año?, ¿qué deseo de verdad?, ¿qué es lo que necesito?, ¿a qué dedicaré mi tiempo más precioso e importante?, ¿qué sería para mí algo realmente nuevo y bueno en este año que hoy comienza?

¿Viviré de cualquier manera, pasando de una ocupación a otra, sin saber exactamente qué quiero ni para qué vivo, o aprenderé a distinguir lo importante y esencial de lo que es secundario? ¿Viviré de forma rutinaria y aburrida, o aprenderé a vivir con espíritu más creativo?

¿Seguiré este año alejándome un poco más de Dios o empezaré a buscarlo con más confianza y sinceridad? ¿Seguiré un año más mudo ante él, sin abrir mis labios ni mi corazón, o brotará por fin de mi alma maltrecha una invocación pequeña, humilde pero sincera?

¿Viviré también este año preocupado solo por mi bienestar o sabré preocuparme alguna vez de hacer felices a los demás?, ¿a qué personas me acercaré?, ¿sembraré en ellas alegría, o contagiaré desaliento y tristeza? Por donde yo pase, ¿será la vida más amable y menos dura?

¿Será un año más, dedicado a hacer cosas y más cosas, acumulando egoísmo, tensión y nerviosismo o tendré tiempo para el silencio, el descanso, la oración y el encuentro con Dios?, ¿me encerraré solo en mis problemas o viviré tratando de hacer un mundo más humano y habitable?

¿Seguiré con indiferencia las noticias que día a día me llegarán desde los países del hambre?, ¿contemplaré impasible los cuerpos destrozados de las gentes de Irak o los ahogados de las pateras?, ¿seguiré mirando con frialdad a los que vienen hasta nosotros buscando trabajo y pan? ¿Cuándo aprenderé a mirar a los que sufren con corazón responsable y solidario?

Lo «nuevo» de este año no nos vendrá de fuera. La novedad solo puede brotar de nuestro interior. Este año será nuevo si aprendo a creer de manera nueva y más confiada, si encuentro gestos nuevos y más amables para convivir con los míos, si despierto en mi corazón una compasión nueva hacia los que sufren.

José Antonio Pagola

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Santa María del Año Nuevo (2016). Meditación bíblica

viernes, 1 de enero de 2016
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1511239_532686990241831_5284116805109442509_nDel blog de Xabier Pikaza:

Termina el 2015 y se abre así el 2016, con María, como Ianua/Puerta de Enero/Ianuario:

– Es la Fiesta de la Circuncisión, del Nombre de Jesús:alianza/salvación de Dios.
– Es Fiesta de Santa María, Madre de Dios y del Año Nuevo católico

El texto principal del día es el Pablo, que anuncia la llegada de la plenitud de los tiempos (Gal 4,4), diciendo que Dios envío a su Hijo, nacido de mujer (de gynaikos).

— En un plano, Pablo afirma lo más obvio: Jesús,hijo de mujer, es por eso un ser humano (cf Job 14,1; 15,14; 25,4) y ha nacido en un momento determinado (hacia el 6 a.c.), de la estirpe de Abraham.

— En otro plano, el mismo Jesús es Hijo de Dios, de manera que el mismo Dios nace de mujer, inaugurando el Año Nuevo Cristiano, que es el 2016 todos los años de la historia de los hombres, que son Historia de Dios.

Éste es el núcleo teológico de la Navidad como destaca la meditación bíblica que sigue, retomando el motivo de una postal anterior en que hablaba de las ocho navidades.

Así ofrezco a mis lectores una página de teología «dura», y su comprensión exige cierta dedicación filológica e histórica. El Dios de Navidad está en los pesebres y cortizos, en los caminos perdidos del exilio, en los suburbios y hospitales… Pero el Evangelio de Pablo nos ayuda a entenderlo mejor.

A quienes siguen ese rastro de Dios dedico esta reflexión teológica de fin de año. Buen día 31 de Diciembre 2015 y gracias por haberme acompañado a lo largo de estos meses, con cientos de miles de lectores. Feliz 1, I, 2016.

Texto: Gálatas 4, 4-6

Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo
a – nacido de mujer,
b – nacido bajo la ley 4,5
b’- para rescatar a los que estaban bajo la ley
a’- para que alcanzáramos la filiación

Y la prueba de que sois hijos, es que Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, gritando:¡Abbá, oh Padre!- por lo tanto ya no eres siervo sino hijo y si eres hijo heredero, de parte de Dios.

Cristología de Pablo. El doble nacimiento de Jesús.

Vengamos a Gal 4,1-7 Pablo está evocando todo el misterio cristiano desde una perspectiva de nacimiento liberador del Hijo de Dios. Todas las frases, todos los términos han sido cuidadosamente escogidos para indicar la novedad cristiana, abriendo dentro de la tradición del judaísmo un nuevo y fuerte contenido simbólico. Aquí no se dice lo que pasa siempre, lo que sucede al ser humano en cuanto nacido de mujer (en general) sino lo que acontece cuando nace el Hijo de Dios, a quien se define en particular como nacido de mujer.

a. La tradición sinóptica y juanea ha presentado a Jesús como hijo del hombre, en terminología muy significativa (1) que, teniendo un sentido genérico (significa simplemente un ser humano) conserva sin embargo la referencia al origen. Jesús es hijo (huios), alguien que nace; no proviene de sí mismo, ha recibido todo lo que tiene.

b. En esa línea, Jesús es hijo de lo humano, es decir, del anthropos (se dice anthropos, Adán integral, que varón-mujer, y no anêr, simple varón). Pablo no recoge de manera directa esa tradición, pero utiliza para hablar de Jesús una serie de símbolos que debeos precisar con cuidado. Lo primero que hay que distinguir es el doble nacimiento.

1. Por un lado, Jesús aparece como Hijo de Dios y Señor en la pascua, de tal manera que su nacimiento divino (mesiánico) se identifica con su resurrección (cf 1Tes 1,10; Rom 4,25; 10,9; Flp 2,20-11). En esta línea parece que la vida histórica de Jesús ha sido poco importante; su primer nacimiento ha sido normal (igual que el de todos los humanos); lo que importa y salva es su renacimiento pascual.

2. Pues bien, el mismo Pablo, situándose en otra perspectiva, ha interpretado aquel nacimiento histórico de Jesús (su venida a la historia) como un acontecimiento salvador, situándose así en una línea teológica que ha sido más elaborada por Juan, según parece.

Jesús, hijo de Adán, de David, de Abraham

Aquí nos situamos en esta segunda perspectiva, ofreciendo un primer análisis de tradiciones. Entramos en un campo difícil de estructure u organizar, de tal manera que nuestro planteamiento será sólo inicial (y quizá sólo aproximativo). Pero juzgamos que es necesario para entender el lugar que puede ocupar una mariología dentro del esquema general de Pablo (y del conjunto de la teología cristiana).

– Pablo no presenta a Jesús sólo como hijo o descendiente de Adán (que lo es, en un nivel) sino también como antitipo de Adán (como un nuevo Adán, que viene de Dios). Por eso, frente al primer ser humano (Adán de la tierra) que es principio de muerte, ha presentado Pablo al segundo ser humano que es fuente de vida, que viene del cielo (de Dios) (1 Cor 15,22); frente al primer Adán que pertenece a la tierra (Adam de la ‘Adamah o tierra roja) está el segundo/último Adán que es Cristo, como Espíritu vivificante, como nueva realidad que proviene de los cielos (1Cor 15,44-48).

En ese nivel superior, Jesús no es descendiente del Adán antiguo, no proviene de su genealogía de muerte (siendo, sin embargo, en otro plano, un hombre del mundo, un Adán de la tierra). En esta perspectiva es claro que Pablo no puede definir a Jesús solamente como un «hijo del hombre» (hijo de Adán), pues de esa forma le haría esclavo del pecado y de la muerte.

Cristo es el Segundo Adán, el Hombre definitivo, que viene de Dios para superan el camino antiguo de la humanidad (cf Rom 5). Pues bien, al decir que este Jesús, último Adán, es pneuma dsôopoioun o vivificante (1 Cor 15,45), Pablo está asumiendo una terminología que Gen 3,20 atribuía a la mujer en cuanto Eva, Jawah o donadora de vida. Los LXX le llaman la dsoê (Vida), madre de todos los dsôntôn (vivientes).

images1La mujer de Gen 3, 20 en Donadora de Vida, es la Viviente
El Jesús de Pablo es en un plano más alto el Viviente, el donador de vida.

Frente al viejo Adán de muerte (que simboliza y contiene la humanidad caída), surge el último Adán que es Jesús, asumiendo y cumpliendo en su vida los rasgos vivificadores de la E¬va/Madre del principio.

De esa manera se ha esbozado una línea de interpretación cristológica de tipo materno/femenino que la teología ha desarrollado poco, que yo sepa:

frente y contra el antiguo Adán de muerte ha surgido
Cristo el verdadero Adán de vida

que posee elementos muy cercanos a la Eva/madre (vida-vificadora) del principio de la historia humana (2) .

– Dentro de la perspectiva nacional israelita, Pablo ha presentado a Jesús como hijo de David según la carne (Rom 1,3). Esa fórmula, de nuevo con la terminología de semilla/descendencia/esperma (zara, sperma)) nos sitúa en el centro de la esperanza mesiánica de los judíos.

Veremos después que Abrahán es padre de Jesús kata pneuma, es decir, en plano de fe, en perspectiva de apertura universal. David,en cambio, sólo ha sido padre sólo en un nivel de historia, de humanidad que pasa, es decir kata sarka (según la carne) Sólo quien supera el plano davídico, de mesianismo nacional, y descubre la acción de Dios en la pascua entiende el verdadero nacimiento de Jesús que es Hijo de Dios por la resurrección (3).

– Más que como Hijo de David, Pablo ha presentado y definido a Jesús como hijo de Abrahán, , en perspectiva de espíritu y no de carne, precisamente en el contexto donde prepara los símbolos fundantes de Gal 4,4.

Ciertamente, Jesús es Hijo de David según la carne (Rom 1, 3), pero él es sobre todo Hijo de Araham por la fe.

Este es en el centro de la disyuntiva que enfrenta dos realidades:
la ley (judaísmo nacional, cumplimiento de los ritos alimenticios y sociales)
la promesa, entendida aquí como libertad frente a la ley.

Esa promesa está simbolizada en Abrahán y su descendencia o esperma. Pues bien, para Pablo, ese esperma o semilla, ha de entenderse en singular y se refiere al Cristo (Gal 3,16) (4)

El esperma del que proviene Jesús

Hemos aludido ya al motivo del esperma o semilla vital de Abrahán ecomparándola al esperma o descendencia de Eva, la madre (cf Gen 3,1 y Gen 12,7).

–Jesús, es, por un lado, esperma de Eva (es su descendiente, vencedor de la serpiente).
–Por otro lado, Pablo le presenta como sperma de Abrahán, su verdadero descendiente.

Todo el argumento de Pablo se dirige a mostrar que Jesús es hijo de Abrahan por la fe y no por las obras, es hijo según el espíritu (kata pneuma) y no por descendencia puramente carnal o ley del mundo, conforme a la ley de los judíos «legalista» que se cierra en las normas de su pueblo (Gal 4,29).

La filiación de Abrahán sitúa a Jesús en un plano de surgimiento de fe, desbordando el nivel de genealogía nacional.

Así podemos afirmar que Abrahán pertenece a la historia israelita lo mismo que David (es padre del pueblo), pero su figura no queda limitada al plano de la carne (es decir, al nivel de la herencia nacional), sino que él puede presentarse como verda¬dero padre de Jesús, en una línea abierta a la mariología (5). Aahora podemos resumir los motivos.

a) Sabemos por un lado que Jesús no es hijo de Adán en el sentido de «heredero», portador de su «espíritu», sino que, siendo en un plano heredero de Adán, Jesús es su antagonista (segundo o último Adán); eso significa que, en un sentido estricto, Jesús no nace para quedar cerrado en el camino de la humanidad pervertida, condenada a la muerte; no brota de la semilla del varón dominador que actúa en línea de carne (de violencia).

b) Ciertamente, en un plano, Jesús es hijo de David, pero tenemos que añadir que que es hijo según la carne, es decir, en plano de este mundo viejo. Eso significa que no está «determinado» por el mesianismo davídico, que pertenece el mundo de antiguo de violencia de la historia. Jesús no es mesías en el plano nacional y militar del mesianismo davídico(6).

c) Jesús, en cambio, es verdadero hijo de Abrahán: brota en ámbito de fe, por gracia de Dios, es decir, según el Espíritu, en la línea de eso que Rom 1,3-4 ha presentado como centro del misterio pascual. Jesús nace de la fe (es decir, nace en un plano de gracia)…, naciendo en este mundo. En esa línea, Pablo le vincula con Abrahám, el creyente

Eso significa que el nacimiento mesiánico (salvador) de Jesús ha de entenderse en un plano de resurrección (es decir, de superaciòn del puro mesianismo político, que acaba en la muerte). Solamente allí donde podemos aplicar al nacimiento humano de Jesús los principios de la pascua (la gratuidad y la fe, el don de Dios que supera los límites de egoísmo nacionalista de la carne) puede elaborarse de una mariología.

Gal 4,4: nacido de mujer, nacido del Espíritu.

Llegamos así al tema de fondo de Gal 4,4: ¿en qué plano ha de entenderse la mujer que da a luz a Jesús? Si pertenece al ámbito de la carne (al viejo Adán o al rey David del mesia¬nismo nacional judío de Rom 1,3-4), la madre de Jesús sería sólo una figura más dentro del mundo de muerte: una madre como otras, en línea de egoísmo, de violencia y muerte.

La madre de Jesús sólo puede ser significativa para el cristianismo si es que ella sobrepasa ese nivel de carne (de pura descendencia davíca) y nos sitúa en el plano de la vida (dsoe, pneuma) es decir, en el ámbito o plano de gracia (de Espíritu) que Jesús ha venido a suscitar con su pascua… La Madre de jesús se sitúa en el nivel de Eva, la portadora de Vida (según Gen 3, 20). Leer más…

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Tres actitudes para el nuevo año. Fiesta de Santa María, Madre de Dios

viernes, 1 de enero de 2016
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00-Maria, madre de DiosDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Un extraño cambio en 1970

Cualquier judío sabe que a un niño hay que circuncidarlo a los ocho días de nacer. Así lo ordenó Dios a Abrahán: “A los ocho días de nacer, todos vuestros varones de cada generación serán circuncidados” (Génesis 17,12). Por consiguiente, cuando la iglesia adoptó el 25 de diciembre como fecha del nacimiento, el 1 de enero pasó a celebrarse la fiesta de la circuncisión e imposición del nombre de Jesús.

            Existía también una fiesta de Santa María, Madre de Dios, solemnidad que se había introducido en las iglesias orientales hacia el año 500 y que la iglesia católica romana terminó celebrando el 11 de octubre. Parecía lógico relacionar más estrechamente esta fiesta de la maternidad de María con el nacimiento de Jesús. Por eso, a partir de 1970 se trasladó la fiesta al 1 de enero.

            Esto implicó unir dos celebraciones importantes el mismo día: nombre de Jesús y Maternidad divina de María. Por si fuera poco, a Pablo VI se le ocurrió celebrar también el 1 de enero la Jornada Mundial por la Paz.

            Dado que incluso los cristianos más piadosos celebran el Fin de Año y no están al día siguiente con la cabeza demasiado despejada, se ha decidido aligerar un poco de celebraciones el 1 de enero.

            Y lo ha pagado quien menos se podía imaginar. La fiesta del Nombre de Jesús pasa este año a celebrarse el día 3 de enero, aunque se mantiene en la misa del día 1 la referencia a la circuncisión e imposición del nombre.

El libro bíblico de los Números no lo escribió san Francisco de Asís

            La primera lectura de hoy dice:

            El Señor habló a Moisés:

            Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz.» Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.»

       He conocido personas, sobre todo en Argentina, convencidas de que esta bendición es de san Francisco de Asís. La escribió muchos siglos antes un autor bíblico para que la pronunciaran los sacerdotes sobre los israelitas. Se encuentra en el libro de los Números, capítulo 6, versículos 22-27. Es tan breve, clara y profunda que cualquier comentario sólo sirve para estropearla.

Tres actitudes para el nuevo año (Lucas 2,16-21)

        En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.

         Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores.

       Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

         Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

      Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

            El texto relaciona dos acontecimientos muy distintos, separados por ocho días de distancia. El primero, la visita de los pastores, es lo mismo que leímos el 25 de diciembre en la segunda misa, la del alba. En la escena se distinguen diversos personajes: empieza y termina con los pastores, que corren a Belén y vuelven alabando y dando gloria a Dios; está también presente un grupo anónimo, que podría entenderse como referencia a la demás gente de la posada, pero que probablemente nos representa a todos los cristianos, que se admiran de lo que cuentan los pastores. Finalmente, el personaje más importante, María, que conserva lo escuchado y medita sobre ello.

            Estas tres actitudes se complementan: la admiración lleva a la meditación y termina en la alabanza de Dios. Tres actitudes muy recomendables para el próximo año.

            La segunda escena tiene lugar ocho días más tarde. Algo tan importante y querido para nosotros como el nombre de Jesús lo cuenta Lucas en poquísimas palabras. Su sobriedad nos invita a reflexionar y dar gracias por todo lo que ha supuesto Jesús en nuestra vida.

En vez de propósitos y buenos deseos, una buena compañía

            El comienzo de año es un momento ideal para hacer promesas que casi nunca se cumplen. También se formulan deseos de felicidad, generalmente centrados en la clásica fórmula: salud, dinero y amor.

            La liturgia nos traslada a un mundo muy distinto. Abre el año ofreciéndonos la compañía de Dios Padre, que nos bendice y protege, de Jesús, que nos salva, de María, que medita en todo lo ocurrido.

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Los sabores de María

viernes, 1 de enero de 2016
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1163590193_0Juan Yzuel
Zaragoza.

ECLESALIA, 23/12/15.- Vivimos un renacimiento de la gastronomía como arte y como dimensión esencial de toda cultura humana. Siempre hemos tenido la buena mesa como un placer esencial, pero actualmente vivimos la democratización de la alta cocina a través de la televisión. El mensaje es: en cada uno de nosotros, hay un chef en potencia esperando ser despertado… Sólo necesitamos una cosa: experimentar nuevas sensaciones gustativas, estar dispuestos a romper los tabúes culinarios y mezclar ingredientes que antes eran pensados como absolutamente opuestos, redescubrir sabores, darnos cuenta de que queda mucho aún por inventar. Y nuestra cocina, antes un lugar de sal, pimienta, ajo, aceite y vinagre, se ve invadida por decenas de botellitas con especias diversas, aromas exóticos y hierbas de nuestros montes que hasta hace poco habían quedado relegadas a las herboristerías.

Pero, para hallar nuevos mundos de sabor, hay que “deconstruir” nuestra memoria de sabores, educada y condicionada desde la más tierna infancia. Allí se nos dijo lo que estaba bueno, lo que estaba malo, lo que no se podía comer y lo que estaba reservado a momentos o personas especiales. Sólo cuando nos hemos enfrentado, en los viajes por todo el mundo, a culturas diferentes, hemos aprendido que el mundo de los sabores es muchos más amplio y rico de lo que nunca imaginamos.

Hay cinco sabores básicos: dulce, salado, amargo, ácido y umami. Este último se ha ido incorporando en la última década al catálogo que los niños aprenden en la escuela, pero aún no ha llegado a la cultura general de los adultos. Por ello, quedémonos por ahora con nuestros cuatro sabores principales.

El problema que hemos tenido es que se han extendido, sobre todo, dos sabores principales en nuestra cultura, el dulce y el salado. Casi todo está excesivamente azucarado o cubierto de sal. Esto no nos permite apreciar muchas veces el aroma de los frutos secos poco manipulados, el sabor de la carne en su propio jugo, el ácido natural de los cítricos o gusto fuerte del café solo y no edulcorado.

¿A qué me sabe esto?

En mis talleres de escritura del Diario personal me gusta proponer analogías sensitivas de nuestras experiencias. Si aquella mañana fuera un paisaje, ¿de qué paisaje se trataría? ¿O qué canción elegiríamos para asociarla con lo que pasó aquella tarde en el hospital? ¿Cuál es el olor primordial que parece flotar en esta memoria? También propongo sabores, que definamos nuestras experiencias vitales por el gusto. Esto descoloca al escritor, pues normalmente hacemos comparaciones visuales o auditivas con más facilidad que con sabores y los olores. ¿Qué sabor tenía ese día de tu cumpleaños? ¿Qué sabor domina en esta experiencia que estás describiendo? ¿Qué sabor me evoca esta persona tan importante en mi vida? ¿A qué me sabe, por ejemplo, mi hermano, mi padre, mi madre…? Cuando pienso en ella, ¿qué sabor fundamental me recuerda?

¿A qué me sabe María?

Vamos a aplicar esta exploración de sabores a María de Nazaret, madre de Jesús y madre nuestra. Para empezar, hemos de darnos cuenta de que muchas veces tenemos tan metida en nuestra memoria de sabores una forma exageradamente edulcorada de la Virgen, una versión dulzona y acaramelada que olvida, enmascara y oculta los ricos matices de una personalidad inabarcable. Para redescubrirla en todo su sabor, habremos de volver a los evangelios. Naturalmente, hay muchos textos sobre María que los exégetas analizan con lupa porque la María de Nazaret histórica no debió ser exactamente igual a la que vemos en el evangelio. No entraremos ahora en esas sutilezas; nos quedaremos con el retrato evangélico sencillo, el del pueblo llano.

DULCE

Posiblemente es el sabor fundamental de María. Como madre, evoca en nosotros la dulzura, el cariño, las caricias, el amor incondicional. María se muestra dulce en los evangelios: en Belén, junto a Jesús recién nacido, arropado y amamantado por su madre. En Ain Karén, cuidando a su prima. En Caná, preocupándose por la fiesta y la alegría de los recién casados. En Pentecostés, llenándose del vino dulce del Espíritu que alegra el corazón. María es alegría, servicio, acogida, amabilidad… Las letanías del Rosario la reconocen así: Causa de nuestra alegría, Madre amable, Madre del amor, refugio de los pecadores, estrella de los mares, esperanza nuestra,… Celebramos el “Dulce Nombre de María”. Infinidad de canciones la cantan en este sabor: “María tú, que velas junto a mí… enséñame a vivir con ritma alegre de juventud” (Gabaraín); “Madre de los hijos pobres” o “María, la madre buena” (Kairoi) nos invitan a acercarnos al amor materno de María.

María vive la alegría y la expresa. El Magníficat es todo una revelación de esa dulzura interior. Lo analizaremos en sus diferentes sabores, pero se arranca con la alegría: ¡Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador!

SALADO

La expresión “persona salada” incluye, en español, el ser graciosa, chistosa, divertida, chisposa,… Vemos a María como persona con encanto, que llega a ver a su prima y se arranca por soleares cantando al Señor su Magníficat. La podemos imaginar moviéndose por la casa prodigándose en este servicio, llenando la vivienda de vida y optimismo, de pasión y energía. También se necesita tener salero para resolver el problema de Caná de Galilea. “¡Ea, no tienen vino! Hay que hacer algo… Venga, Jesús, que tú puedes ayudar si quieres…”

Hay canciones como “María, Música de Dios” (Kairoi) que canta a esta mujer salada que comunica la alegría. “Madre de los jóvenes” (Gabaraín) nos habla de las tristezas de la juventud, de los peligros y la soledad de los adolescentes, pero que María puede sacarnos de las tristezas: “¡Ven, María a nuestra soledad,… a tantas esperanzas que se han muerto, a nuestro caminar sin ilusión…!

La sal nos recuerda también a las lágrimas. Y María tiene su ración de tristeza en los evangelios: ver a su hijo recién nacido en un establo porque no había para ellos dónde quedarse; contemplar a su pequeña familia huyendo a Egipto; buscar a su hijo con inquietud durante tres días en Jerusalén; verlo insultado y ensangrentado en las calles de Jerusalén camino del Calvario; contemplarlo en la cruz, pobre, desnudo, sufriente…; tenerlo frío y muerto en sus brazos al ser descolgado de la cruz… Se necesita un mar de lágrimas para vivir todas estas experiencias.

Si la María dulce es el primer tema de canciones de María, la María de las lágrimas es el segundo. La Salve nos recuerda que caminamos por un valle de lágrimas. “Hoy he vuelto” (Gabaraín) canta la nostalgia por la infancia; “Pienso en ti” (Matéu) nos dice que caminamos tristes sin María.

Por otro lado, la sal es la analogía elegida por Jesús en el evangelio para simbolizar que debemos ser sal de la tierra para que esta no se corrompa. María, como madre, fue sal con su propio hijo, sembrando en su corazón una forma de mirar al mundo que evitaba el nacionalismo, el extremismo, el machismo, el sexismo y todas las ideologías que ensucian la mirada limpia de un niño. María estuvo entre los apóstoles como sal, para que no se desvirtuara el mensaje del Maestro ni la esperanza en que su promesa se cumpliría. De allí que recibiera el encargo de Jesús crucificado “cuida de tu hijo” y formara parte de aquella primera iglesia a la que el Espíritu Santo animó en Pentecostés. No tenemos documentación sobre el papel de María entre los apóstoles, pero seguro que fue muy importante. Además del testimonio de su presencia en Pentecostés, está la tradición joánica de haber vivido con San Juan en Éfeso, y la jacobea de su aparición en Zaragoza, apoyando, animando, dando “rasmia”, como decimos en Aragón.

AMARGO

La amargura la tenía María garantizada en cuanto dijo “sí” en la anunciación del ángel Gabriel. Por si no lo tenía claro, así se lo aseguró Simeón: “Los bendijo y dijo a María, la madre: —Mira, éste está colocado de modo que todos en Israel o caigan o se levanten; será una bandera discutida  y así quedarán patentes los pensamientos de todos. En cuanto a ti, una espada te atravesará el corazón”. (Lc 2,34-35) María, guardaba todas estas cosas en el corazón (2,19), las meditaba y, a veces, las sufría en silencio, sin aspavientos, con serenidad. Fue amargo tener que ver que José sospechaba de ella y hasta hizo planes de repudiarla en secreto. Fue amargo tener que huir a Egipto, como lo es todo proceso de emigración forzosa. Fue difícil encajar las respuestas desconcertantes de Jesús (en el templo, en Cafarnaúm…) que parecen dar a entender que su Madre no es tan importante en su vida como lo es Dios o su Pueblo. ¡Es la experiencia de tantas madres de religiosos, religiosas, misioneros, cooperantes y locos del evangelio! Es la mezcla agridulce de saberse bendecida por un hijo especial, maravilloso, pero que no le dará las seguridades ni las alegrías pacíficas y sencillas que otro tipo de hijo le habría dado. María experimentará esa espada que atraviesa el alma al ver a Jesús en su pasión y muerte.

María vive su experiencia de amargura desde el silencio y la meditación. De igual manera que exteriorizaba su alegría, es parca en su lamento y su llanto. Lucas repite dos veces en el capítulo 2 que María guardaba todo esto en su corazón. Ni siquiera los artistas la han presentado en un gemido desesperado. Una de las obras más sublimes de la historia de la escultura es la Pietá de Miguel Ángel. Allí, María muestra dolor, pero no desesperación. Su amargura es mitigada por su gran confianza en el poder del amor del Padre.

María vive la amargura desde la salida hacia el otro, para cuidarlo y animarlo. De allí nace la petición de Jesús: “Mujer, he ahí a tu hijo”. María se sacude su propia amargura para dar consuelo, apoyo, paz, confianza… También desde la valentía. Se enfrenta a los problemas con resolución, sin evitar los conflictos.

Las letanías del Rosario no pueden dejar de bendecir a María en este trance: Consoladora de los afligidos, auxilio de los cristianos, reina de los mártires… Canciones como “Tú estás cerca” (Kairoi) canta el hecho de que María vive cerca del dolor de los hombres y mujeres. Muchas canciones están dedicadas a Nuestra Señora de los Dolores, como “Dolorosa” (Espinosa), “Madre de los creyentes” (Palazón), “Madre de todos los hombre” (Espinosa), “María, madre del dolor, das tu corazón al pie de la cruz” (Kairoi), “Quiero decir que sí” (Luis Alfredo)… Yo mismo compuse una canción para los presos de la cárcel de Rickers Island, en Nueva York, titulada “Señora de la prisión” con esta temática. Si la dulce María es la fuente de himnos de alabanza y María la salerosa de cantos de amor, María dolorosa es la fuente de las baladas, de la explicación detallada de nuestras dificultades y dudas y del camino largo e incierto pero, a la vez, alumbrado por la fe.

ÁCIDO

El ácido es un sabor unido a todo lo que limpia hasta el hueso y levanta las postillas, lo que hace salir el mal y lo sana de raíz, lo que quita la podredumbre y señala la fuente de la injusticia y la corrupción. Es el sabor de la crítica, de la denuncia, de la indignación, del descontento, de la manifestación en la calle, de la rebelión y de la lucha contra el tirano y el opresor. Es el sabor del visionario, del profeta, del rebelde.

María nos sorprende con este sabor en el Magníficat:

«Él hizo proezas con su brazo:
dispersó a los soberbios de corazón,
derribó del trono a los poderosos
y enalteció a los humildes,
a los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió vacíos
Lc1,51-53

María hace así una afilada crítica social. Con acidez asegura que los poderosos, los famosos, los prestigiosos, los saciados, los adinerados, los escandalosamente ricos… nada tienen que ver con lo que Dios quiere. El Magníficat es un cántico judío; no hay atisbo todavía de cristianismo en él. María canta todavía desde el Antiguo Testamento, desde la teología de la promesa mesiánica que comienza a despuntar en esta joven muchacha de Nazaret. La promesa se ha hecho realidad. Sólo ella e Isabel lo saben. El Mesías no nacerá de entre los poderosos y los sabios, sino de entre los humildes y pequeños. No será rico ni buscará el poder y la influencia, sino que dejará que el mismo poder de Dios actúe en él. Y vendrá a instaurar un nuevo orden, basado en la fraternidad y la igualdad.

María la ácida, la activista, la revolucionaria, no está ahora en las grandes basílicas, sino en los barrios pobres y embrutecidos, en las largas horas de trabajo bajo el sol en los inmensos terrenos expropiados por las multinacionales, en las chozas de las mujeres agredidas sexualmente en las guerras africanas, en las luchas por los derechos de las mujeres en los países patriarcales y machistas, entre las abuelas de la Plaza de Mayo, en los círculos de silencio de quienes quieren acabar con la violencia sexista. María se hace así cercana al cambio y la causa del “otro mundo es posible”. Se hace voluntaria de una ONG, cooperante en un campo de refugiados, maestra en un barrio marginal, educadora en un piso de acogida para niños de la calle, médica que lucha incansablemente contra el ébola, guerrillera ecologista en el Rainbow Warrior de Greenpeace, analista de seguridad que denuncia el atropello de los derechos y libertades de todos y todas, abogada laboralista, enamorada de las causa de los últimos pueblos indios del Amazonas…

Su acidez le hace tomar partido, optar por los marginados, haciendo una opción preferencial por los pobres. No acepta ni la indiferencia ni la neutralidad ante lo injusto y lo inhumano. Es la Madre de todos, y como tal opta sobre todo por sus hijos más débiles y vulnerables. Es un amor duro, tajante, claro. No puede admitir en su casa el desorden del hambre, de la miseria, de la desigualdad, del abandono…

María la contestataria, la profetisa, es la más cantada por la Teología de la Liberación. Los poemas de Casaldáliga hablan de ella así. Su “Señora de Guadalupe” es una María que no se queda en el dolor pasivo, sino que sale a luchar por la justicia y la dignidad. Entre las canciones con esperanza ácida, con terca confianza en el compromiso, está “Mientras recorres la vida” (Gabaraín) y el más reciente proyecto artístico de varias cantantes: “Nuestra señora de los indignados”. Algunas canciones de Domingo Pérez, Pepe Laguna (Anawin), Vicente Morales (Brotes de Olivo), canta así a María. Un ejemplo claro: “Romance guadalupano”, de Domingo Pérez, con la letra de Pedro Casaldáliga.

Redescubrir los sabores de María

En las últimas décadas muchos cristianos hemos echado a María de nuestra oración y de la Eucaristía, donde durante siglos tuvo un lugar inapropiado y exagerado. Es tiempo de redescubrir sus sabores y saber combinarlos adecuadamente, encontrando el toque justo, como en la alta cocina. Es importante hacerlo también por razones ecuménicas, dado que el exceso de “salazón” mariano dificultó el diálogo durante siglos. Ni tanto, ni tan poco. La religiosidad popular necesita redescubrir otros sabores de María. Ella fue el regalo que nos dio Jesús y la puerta que han usado mucho para encontrarse con Él. Está allí, dispuesta a servir, como siempre. Gracias, Madre. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

*alcierzo.com

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«¿Qué familia?». Sagrada Familia – C (Lucas 2,41-52)

domingo, 27 de diciembre de 2015
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06_Sagrada-Familia_C-293x300Hoy es el Día de la familia cristiana. Una fiesta establecida recientemente para que los cristianos celebremos y ahondemos en lo que puede ser un proyecto familiar entendido y vivido desde el espíritu de Jesús.

No basta defender de manera abstracta el valor de la familia. Tampoco es suficiente imaginar la vida familiar según el modelo de la familia de Nazaret, idealizada desde nuestra concepción de la familia tradicional. Seguir a Jesús puede exigir a veces cuestionar y transformar esquemas y costumbres muy arraigados en nosotros.

La familia no es para Jesús algo absoluto e intocable. Más aún. Lo decisivo no es la familia de sangre, sino esa gran familia que hemos de ir construyendo los humanos escuchando el deseo del único Padre de todos. Incluso sus padres lo tendrán que aprender, no sin problemas y conflictos.

Según el relato de Lucas, los padres de Jesús lo buscan acongojados, al descubrir que los ha abandonado sin preocuparse de ellos. ¿Cómo puede actuar así? Su madre se lo reprocha en cuanto lo encuentra: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados». Jesús los sorprende con una respuesta inesperada: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?».

Sus padres «no le comprendieron». Solo ahondando en sus palabras y en su comportamiento de cara a su familia, descubrirán progresivamente que, para Jesús, lo primero es la familia humana: una sociedad más fraterna, justa y solidaria, tal como la quiere Dios.

No podemos celebrar responsablemente la fiesta de hoy sin escuchar el reto de nuestra fe.

  • ¿Cómo son nuestras familias? ¿Viven comprometidas en una sociedad mejor y más humana, o encerradas exclusivamente en sus propios intereses? ¿Educan para la solidaridad, la búsqueda de paz, la sensibilidad hacia los necesitados, la compasión, o enseñan a vivir para el bienestar insaciable, el máximo lucro y el olvido de los demás?
  • ¿Qué está sucediendo en nuestros hogares? ¿Se cuida la fe, se recuerda a Jesucristo, se aprende a rezar, o solo se transmite indiferencia, incredulidad y vacío de Dios? ¿Se educa para vivir desde una conciencia moral responsable, sana, coherente con la fe cristiana, o se favorece un estilo de vida superficial, sin metas ni ideales, sin criterios ni sentido último?

 

José Antonio Pagola

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Domingo 27 de diciembre de 2015. Sagrada Familia

domingo, 27 de diciembre de 2015
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06-sagradafamilia (C) cerezoLeído en Koinonia:

Eclesiástico 3, 2-6. 12-14: El que teme al Señor honra a sus padres.
Salmo responsorial: 127, 1-2. 3. 4-5: Dichosos los que temen al Señor.
Colosenses 3, 12-21: La vida de familia vivida en el Señor.
Lucas 2, 41-52: Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, que éste no dejará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todos estos consejos, aún conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de pérdida de sus funciones.

Desde una perspectiva cristiana, la familia continúa teniendo una función insustituible: ser una comunidad de amor en donde los que la integran puedan abrirse a los demás con una total sinceridad y confianza. Dejando aparte los consejos que en último lugar da San Pablo, y que son puramente circunstanciales y muy ligados a las costumbres y mentalidad de la época, la exhortación a la mansedumbre, a la paciencia, al perdón y, sobre todo, al amor, es algo realmente básico para la familia de nuestro tiempo.

El evangelio de Lucas en el que se nos cuenta la pérdida del niño Jesús en el Templo, fue escrito probablemente unos cincuenta años después de este suceso. Doce años es, aproximadamente, la época en que los niños comienzan a sentirse independientes. Para Lucas, esta primera subida de Jesús a Jerusalén es el presagio de su subida pascual y por ello, estos acontecimientos hay que leerlos a la luz de la muerte y resurrección del Señor.

La sabiduría de Cristo ha consistido para Lc en entregarse desde su joven edad “a su Padre”, sin que esto quiera decir que supiera ya adónde le llevaría esa entrega. Pero en ella va incluida ciertamente la decisión de anteponer su cumplimiento a toda otra consideración. Sus padres no tienen aún esa sabiduría. María parece que llega a presentirla. Pero, de todas formas, respetan ya en su hijo una vocación que trasciende el medio familiar. Y esto es algo muy valioso para cada una de nuestras familias. La educación de los hijos tiene que comenzar por una actitud de sincero respeto. Si no, es imposible que surja la compresión y el amor.

Pablo da algunos consejos para la convivencia con otros. Se requiere humildad, acogida mutua, paciencia. Y si fuese necesario, perdonar. Así procede Dios con nosotros. Su actitud debe ser el modelo de la nuestra (v.12-13). Pero, “por encima de todo”, está el amor, de Él tenemos que revestirnos, dice Pablo empleando una metáfora frecuente en sus cartas (v.14). De este modo “la paz de Cristo” presidirá en nuestros corazones (v.15).

Si el amor es el vínculo que une a las personas, la paz se irá construyendo en un proceso, los desencuentros irán desapareciendo (los enfrentamientos también) y las relaciones se harán cada vez más trasparentes. En el marco de la familia humana, esos lazos son detallados en el texto del Eclesiástico (3,3-17).

Lucas nos presenta a la familia de Jesús cumpliendo sus deberes religiosos (vv. 41-42). El niño desconcierta a sus padres quedándose por su cuenta en la ciudad de Jerusalén. A los tres días, un lapso de tiempo cargado de significación simbólica, lo encuentran. Sigue un diálogo difícil, suena a desencuentro; comienza con un reproche: “¿Por qué nos has hecho esto?”. La pregunta surge de la angustia experimentada (v. 48). La respuesta sorprende: “¿Por qué me buscaban?” (v. 49), sorprende porque la razón parece obvia. Pero el segundo interrogante apunta lejos: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”. María y José no comprendieron estas palabras de inmediato, estaban aprendiendo (v.50).

La fe, la confianza, suponen siempre un itinerario. En cuanto creyentes, María y José maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se harán paulatinamente más claras. Lucas hace notar que María “conservaba todas las cosas en su corazón” (v. 51). La meditación de María le permite profundizar en el sentido de la misión de Jesús. Su particular cercanía a él no la exime del proceso, por momentos difícil, que lleva a la comprensión de los designios de Dios. Ella es como primera discípula, la primera evangelizada por Jesús.

No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María “entiende”. Pero hay tres exigencias fundamentales para entrar en comunión con Dios: 1) Buscarlo (José y María “se pusieron a buscarlo”); 2) Creer en Él (María es “la que ha creído”); y 3) Meditar la Palabra de Dios (“María conservaba esto en su corazón”). Leer más…

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Navidad: Lo que sabemos de Jesús

domingo, 27 de diciembre de 2015
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historia-de-jesus---epubDel blog de Xabier Pikaza:

Con ocasión de este domingo de la Sagrada Familia (27.12.15) quiero ofrecer una una reflexión de base sobre la realidad de Jesús:

— Lo que sabemos de ella con seguridad,
— lo que puede cuestionarse en un plano de historia,
— lo que podemos decir en un plano de fe.

Salen estos días en la prensa noticias extrañas, y algunos afirman incluso que Jesús nació 5.000 años antes de su nacimiento, pues todo lo que de él se dice sería puro mito, sin fundamento histórico alguno. Otros afirman que no sabemos nada…

Pues bien, en ese contexto, podemos y debemos afirmar, en esta Navidad, algunas cosas importantes de la vida, empezando por su nacimiento (sabiendo siempre que la fe en Jesús como hijo de Dios se sitúa en un otro plano, que no puede demostrarse):

1. Es indudable que Jesús nació, en torno al año 6 a.C. en algún lugar de Judea o Galilea, aunque los datos concretos de su nacimiento han sido recreados simbólicamente, para así indicar mejor la importancia que ellos tienen para los creyentes.

2. También es indudable que fue un hombre significativo, que planteó unos problemas y abrió unos caminos de importancia en la sociedad de su entorno judío y romano, aunque (¡por eso!) las autoridades oficiales del judaísmo de Jerusalén no le aceptaron y el gobernados romano le condenó a morir en una cruz (hacia el año 30 d.C.).

3. Los discípulos de Jesús crearon «iglesias», o grupos de «creyentes mesiánicos», apoyándose para ello en la certeza de que él estaba vivo (=había resucitado), impulsándoles a recrear su misión, no sólo en Israel, sino entre todos los pueblos. Ciertamente, se puede discutir la «realidad» y/o sentido de esa resurrección, pero es indudable que los primeros cristianos creyeron en ella y así continuaron y recrearon la obra de Jesús (entre el 30 y 60 d.C.) y fueron uniéndose hasta crear entre el 100 y 120 d.C. la Gran Iglesia (la comunidad unitaria de los creyentes de Jesús).

El nacimiento y vida de Jesús abre así una pregunta, a la que podemos responder de tres maneras:

(a) Jesús nació, y tuvo cierta importancia, pero ya no es significativo para nosotros, de manera que no podemos llamarle Hijo de Dios, ni Cristo o Mesías. Más aún, el testimonio de las iglesias creadas en su nombre resulta actualmente poco edificante, incluso escandaloso. Quizá sería mejor olvidar a Jesús.

(b) Jesús nació y tuvo importancia durante casi dos mil años, y aún puede servirnos de ejemplo, pero ya no decide el sentido de la historia. Por eso podemos recordar su nacimiento como sólo como un dato simbólico o folklórico, igual que podríamos recordar el nacimiento de Buda o Muhammad (o de otros personajes significativos).

(c) Por el contrario, los creyentes pueden seguir y siguen afirmando que Jesús es Hijo de Dios, de manera que su Navidad (su Nacimiento) es una revelación sagrada del sentido y la tarea «divina» de la vida.

Así dejo el campo abierto para la reflexión histórica y creyente, indicando a continuación lo que de verdad sabemos sobre Jesús. Buen día a todos.

Un personaje significativo

En nuestra cultura no hay quizá personaje más popular, y le recordamos incluso al contar los años: Antes o después de Jesucristo. Se conoce bastante bien su vida, aunque sigue habiendo en ella huecos fascinantes (¿por qué hizo lo que hacía, por qué se dejó matar?), de manera que algunos han dicho que no pudo existir, que fue sólo un mito condensado como historia: Un faraón judaizado, un héroe griego incardinado en Galilea, la avatara palestina de un Dios indio…. Pero tras veinte siglos su vida real resulta más sorprendente y rica que las fantasías o dogmas posteriores.

Muchos cristianos le han llamado y le llaman Hijo de Dios, Señor Celeste, Segunda Persona de la Trinidad… Pero él sigue siendo un rabino y carismático judío de Galilea, ajusticiado en Jerusalén en la Pascua de Primavera del 30 d. C. Fue un hombre de pueblo, que recogió y quiso cumplir con su mensaje la tradición israelita, condensada de un modo especial en la Biblia.

Se llamaba Jesús (=Dios Salva), como Josué/Jesús, un antiguo conquistador judío, y sus seguidores le han llamado Cristo (Mesías), dándose así un nombre compuesto: Jesucristo.

Debió nacer el 6 a. C., porque un tal Dionisio (470–544 d.C.), apellidado Exiguo (por su poca perspicacia), que fijó la fecha de su nacimiento, erró por seis años y llamó año 1 al que debía ser el 6 d. C. La trayectoria “oficial” de su vida ha estado modelada y manejada por teólogos y sacerdotes cristianos, pero en los dos siglos, empezando en Alemania y siguiendo en Francia, Inglaterra, Estados Unidos, miles y miles de historiadores neutrales han fijado al detalle su figura.

No hay en el mundo personaje más estudiado, y aunque se publican cada año cientos de libros sobre su vida, unos divulgativos, otros muy científicos, escritos por especialistas cristianos o no cristianos, él sigue ante nosotros un enigma.

Un enigma en parte conocido, con preguntas que siguen abiertas

Cuando más se le conoce más preguntas plantea. Unos le llaman rebelde fracasado, otros anarquista, vidente o profeta ejemplar, hijo de Dios, mago sanador, alquimista oculto, poeta, amante o gnóstico asesinado… La mayoría le tiene como bueno y añaden que su influjo a través de la Iglesia o fuera de ella ha sido positivo, aunque otros contestan que la Iglesia ha manipulado su figura para mal…

No conocemos el día de su nacimiento, pues la Navidad (25 de Diciembre, solsticio de invierno en el hemisferio norte) es una armonización simbólica de la liturgia cristiana (Jesús = Sol naciente…). Su vida parece sencilla, pero resulta enigmática.

Era un hombre de pueblo (artesano), sin formación especializada, pero se sintió enviado por Dios, como los antiguos profetas de Israel, y así comenzó a proclamar la llegada del Reino de Dios, lo que implicaba el fin y cumplimiento de todos los restantes reinos, incluido el de Roma. Con ese convencimiento inició una marcha mesiánica en Galilea, pero fue rechazado en Jerusalén por los sacerdotes judíos y ajusticiado por el gobernador romano. .

Fue y sigue siendo un hombre de muchos testimonios. Como es normal, su historia ha sido recogida en la memoria y en los textos de sus seguidores, que formaron la Iglesia Cristiana, en la que se recordó siempre la historia de Jesús, empezando por las cartas de San Pablo (49‒57 d.C.), y siguiendo por los evangelios de Mateo y Marcos, Lucas y Juan (70‒100 d.C.).

Esos evangelios son biografías religiosas, es decir, confesionales, para uso de la Iglesia, pero insisten en su historia, recogiendo los recuerdos de su vida, las causas de su muerte. Leer más…

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Fiesta de la Sagrada Familia. Ciclo C

domingo, 27 de diciembre de 2015
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Sagrada_Familia_iconoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Dos lecturas que encajan

En una fiesta de la Sagrada Familia, esperamos que las lecturas nos animen a vivir nuestra vida familiar. Y así ocurre con las dos primeras.

El libro del Eclesiástico insiste en el respeto que debe tener el hijo a su padre y a su madre; en una época en la que no existía la Seguridad Social, “honrar padre y madre” implicaba también la ayuda económica a los progenitores. Pero no se trata sólo de eso; hay también que soportar sus fallos con cariño, “aunque chocheen”.

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

La carta a los Colosenses ha sido elegida por los consejos finales a las mujeres, los maridos, los hijos y los padres. En la cultura del siglo I debían resultar muy “progresistas”. Hoy día, el primero de ellos provoca la indignación de muchas personas: “Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor.” Cuando se conoce la historia de aquella época resulta más fácil comprender al autor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

¿Un evangelio impropio?

Después de los consejos anteriores, que animan a obedecer y respetar a los padres, lo que menos podíamos esperar es un evangelio en el que Jesús parece ofrecer un pésimo ejemplo de falta de respeto.

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: 

− Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. 

Él les contestó: 

− ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? 

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres. 

No sólo el hecho de quedarse en el templo sin avisar, sino también la respuesta tan chulesca que da a María, le habrían merecido una bofetada en cualquier cultura anterior a la nuestra. Mal ejemplo para una fiesta de la familia. ¿Qué quiere decirnos Lucas con este extraño episodio que solo cuenta él?

Lo que quiere decir a María y de María

En el relato inmediatamente anterior se ha contado que Simeón, al tener a Jesús niño en sus brazos, además de hablar de su futuro anunció a María que una espada le atravesaría el alma. Jesús no iba a ser para ella puro motivo de alegría, sino también de angustia y preocupación. Saltando por alto doce años, la visita al templo le sirve a Lucas para ejemplificar esa espada que atravesaría a María durante toda su vida: sufrimiento y desconcierto (porque, aunque Jesús se explique, “ellos no comprendieron lo que quería decir”). Cuando hablamos de los sufrimientos de María, de sus “dolores”, pensamos casi siempre en la pasión y muerte de Jesús. Sin embargo, Jesús hizo sufrir a María toda su vida, no solo al final. La hizo sufrir con su actividad y sus palabras, que suscitaban la oposición y el rechazo de mucha gente y que terminarían provocando su muerte.

Lo que quiere decir de Jesús

¿Qué pensaba Jesús de sí mismo? ¿Era simplemente un buen israelita que, un día, acudió a que Juan lo bautizara y después tuvo la experiencia de que Dios le hablaba y le encomendaba una misión, como parece sugerir el comienzo del evangelio de Marcos? Lucas quiere corregir esta imagen. La estrechísima relación de Jesús con Dios no empieza en el bautismo, se da desde siempre.

Este episodio se comprende mucho mejor si se recuerda la historia del profeta Samuel. Consagrado por su madre al templo, ha pasado toda su vida junto al sacerdote Elí. Hasta que, a los doce años (según Flavio Josefo), una noche Dios lo llama: “Samuel, Samuel”. Naturalmente, no puede imaginar que Dios lo llame y va corriendo junto al sacerdote Elí. Este le dice que no lo ha llamado, que vuelva a acostarse. Pero la escena se repite al pie de la letra, y el narrador se siente obligado a comentar: “Samuel no conocía todavía a Yahvé”. Lleva doce años en el templo, viviendo con el sumo sacerdote, asistiendo al culto, pero “no conocía todavía a Yahvé”. Jesús, en cambio, a los doce años, sabe perfectamente cuál es su relación con él: “¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Dios es su Padre, y ese conocimiento se lo ha comunicado ya a José y María con anterioridad. Estas palabras contrastan no solo con la ignorancia de Samuel sino también con lo que le ha dicho María: “Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.” Para Jesús, su único Padre es Dios. Y su misión la ha recibido mucho antes del bautismo.

Lucas, tan buen conocedor de la Escrituras, cuando dice que Jesús asombraba a todos los maestros con su sabiduría, es posible que esté aludiendo al Salmo 119: “Soy más docto que todos mis maestros porque medito tus preceptos. Soy más sagaz que los ancianos porque observo tus decretos” (vv.99-100). Aunque Jesús no pondrá nunca el acento en la letra de los preceptos y decretos, sino en la entrega plena a la voluntad de su Padre.

María y nosotros

Lucas tiene especial interés en presentar a María como modelo del cristiano. Con pocas palabras (“He aquí la esclava del Señor”), con el silencio (como en el caso de los pastores y de Simeón) y, sobre todo, con su actitud de reflexionar y meditar todo lo que se relaciona con Jesús. María no es tan lista como los teólogos, y mucho menos que los obispos y papas. Ella no entiende muchas cosas. Jesús la desconcierta. Pero conoce el gran remedio para el desconcierto: la oración. Cuando estamos a punto de recomenzar el contacto con la actividad de Jesús, es muy bueno acordarnos de ella e intentar imitarla.

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«María y José: Decisiones y sueños en las familias lesbianas y gays», por Carlos Osma

domingo, 27 de diciembre de 2015
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paternidad1De su blog Homoprotestantes:

María y José no tenían conciencia de su orientación sexual, al menos como la tenemos hoy en día, ya que vivían en un mundo con categorías muy distintas a las nuestras. Por eso cuando nos aproximamos a ellos a través de los evangelios es tan absurdo insinuar que eran homosexuales como dar por sentada su heterosexualidad. Sin embargo, sorprende ver como las reacciones de María y José ante el ángel de Dios que les anuncia que tendrán un hijo, reflejan muchos de los miedos e inseguridades que las personas LGTBI tienen a la hora de ser madres o padres.

Cuando en el relato de la Anunciación[1], el ángel Gabriel le dice a María: “Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús”, ella responde lo que muchas mujeres lesbianas han interiorizado desde niñas: “¿Cómo será esto?, pues no conozco varón”. La maternidad parece estar ligada inevitablemente a la necesidad de un hombre, de una experiencia heterosexual, por lo que el reconocimiento de la homosexualidad lleva asociado en no pocos casos la renuncia a la maternidad.

Hay muchas mujeres que son conscientes muy pronto de los límites imaginarios con los que el patriarcalismo pretende anularlas, y otras aprenden a reconocerlos cuando deciden tomar ellas mismas la iniciativa, cuando pretenden escoger, elegir lo que desean, lo que quieren ser. En el relato de la Anunciación la divinidad elige a María y le propone ser madre, pero es María la que decide serlo. Es ella la que dice sí al ángel, la que voluntariamente y sabiendo que su decisión la enfrentará a una sociedad que le hará pagar caro su atrevimiento, elige ser madre de una forma poco convencional, poco heterosexual.

“Nada es imposible para Dios”, nada es imposible para quien decide ser madre. El hijo de Dios según la tradición no nació por un accidente, por un impulso sexual irrefrenable; nació como los hijos e hijas de las mujeres lesbianas, de una decisión libre, meditada y consciente. Nació, mirado con los ojos de la fe, del amor que Dios puso en el corazón de María, y que sigue poniendo hoy en el corazón de tantas y tantas mujeres lesbianas. Un amor para el que no hay imposibles y donde se hace presente, se encarna, Dios mismo. La salvación no vino a este mundo por vía heterosexual, sino por la voluntad de una mujer que se saltó esa lógica y eligió ser madre.

En el evangelio de Mateo[2] encontramos la reacción de José cuando el ángel le anuncia que iba a tener un hijo. Para empezar se resiste a acatar la ley[3], lo que estaba establecido, como miles y miles de hombres gays que se niegan a cumplir unas leyes patriarcales que tratan de impedir que sean padres. Tampoco quiere proteger su honor, su nombre manchado por el qué dirán. Se mueve con la determinación de quien quiere conseguir su sueño: “Quería ser padre y tener hijos, ¡mis hijos! Fue un impulso tal que la idea de vivir mi vida sin hijos fue imposible de imaginar[4]”.

Sin embargo José no fue en la dirección correcta, no se dirigió hacia el lugar donde estaba su futuro hijo, sino que huyó. No entendió en aquel momento que la paternidad no viene establecida por la sangre o el ADN, sino por el cuidado, la responsabilidad y el amor. Y mientras intentaba escapar de la voluntad divina, mientras corría hacia el lugar donde le habían dicho que era posible tener hijos, se cansó, se quedó dormido y soñó. Y en sus sueños descubrió que los hijos no se tienen, sino que se reciben, y que Dios iba a darle uno para que lo amase y le acompañase hasta que se convirtiera en un salvador.

Al despertar José se levantó y fue en busca de su hijo, como miles y miles de hombres gays que hoy van en busca de sus hijas, de manera incansable, con temor, pero con determinación. Y al final la encuentran, y ella sale disparada y se lanza en sus brazos, como si les “estuviera esperando desde que entró en el centro, esperando a alguien que la quisiera, esperando a su familia[5]”. Y ellos se dan cuenta de que hace ya mucho tiempo que Dios mismo les había hecho padre e hija.

El cristianismo nos explica que la heterosexualidad no tuvo nada que ver con el nacimiento de la salvación. Dios decidió explorar otra posibilidad para ser madre, para ser padre: el camino del amor y la libertad. El mismo camino que mujeres y hombres LGTBI escogen todos los días para hacer realidad su deseo de ser madres y padres. Y es que cuando creemos al mensajero de Dios, y cuando somos capaces de seguir nuestros sueños, la navidad es posible.

Carlos Osma

[1] Lc 1,26-38

[2] Mt 1,18-25

[3] Dt 22,23-24

[4] Borrás, V. “Familias también” (Ediciones Bellaterra. Barcelona 2014), Pág. 187.

[5] Ibíd. 113

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«Virginidad y alumbramiento: la sexualidad, transformada», por Juan Masiá Clavel

sábado, 26 de diciembre de 2015
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nativity-storyDe su blog Vivir y pensar en la frontera:

Cuando confesamos en el Credo que «Jesucristo nació de la Virgen María por obra y gracia del Espíritu Santo”, la incredulidad escéptica se sonríe y nos tacha de ignorar la fisiología.

Cuando explicamos la virginidad como receptividad para la gracia y creatividad de la criatura agraciada,o la procreación como cooperación con el Espíritu Creador que nos creó como criaturas creadoras , la credulidad fundamentalista se escandaliza y nos acusa de negar la virginidad o contaminar la cristología con la sexualidad. No entienden la sexualidad navidalmente transformada.

A quienes entienden la virginidad literalmente en sentido biológico, les parece incompatible con la maternidad y paternidad.

A quienes entienden la sexualidad como algo contaminante y contaminador, les parece inapropiada para la relación de María y José y para la de ambos con Jesús.

Por eso el antiguo catecismo de Ripalda se creía obligado a decir que Jesús “salió del seno de su madre como un rayo de sol atraviesa un cristal sin romperlo ni mancharlo”.

Hay que superar estos dos malentendidos: el de la incredulidad, que no reconoce el sentido simbólico de la virginidad; y el de la credulidad fundamentalista, que entiende virginidad y sexualidad maniqueamente como dos polos opuestos de bien y mal. Para superarlos hay que entender bien el mensaje del Génesis sobre la creación por el Espíritu Creador de criaturas con vocación y misión de ser co-creadoras y cuidadoras de la vida.

Leemos en el Génesis que Dios encargó a los humanos “crecer, llenar la tierra y cultivarla” ( Gen 1, 22; 1, 28). Crecer, pero cuidando el crecimiento. Multiplicarse, pero cuidando la población. Transformar lo natural, pero sin destruirlo. Les encargó colaborar a la creación, ser creadores y cuidadores de lo creado, cuidarse mutuamente y cuidar el jardín de la casa común (como recuerda el Papa Francisco en Laudato si).

Creced, dice el Espíritu Creador, creced y cuidad, creced y cuidaos; ayudaos a crecer mutuamente, haciendo los cónyuges de dos personas una.

Vio Dios que lo creado es bueno. La sexualidad es buena, cuidadla y cuidad a la persona. El criterio al manipular téccnicamente la sexualidad (desde la contracepción a la procreación médicamente asistida, etc) será que utilicéis la técnica al servicio de la salud y de la relación personal respetada. Cuidad y cuidaos.

Multiplicaos y cuidad el crecimiento; por tanto, regulad la natalidad: ni escasa, ni exagerada; cultivad la tierra, usando la técnica para favorecer la creación, en vez de destruirla.

Con esta teología de la creación, con este “eco-evangelio”, se puede hablar de la compatibilidad de virginidad y alumbramiento, así como se puede hablar también de la compatibilidad de los diversos métodos de regulación de la natalidad con la procreación responsable.

Las palabras claves de esta teología son “procreación y co-creación», porque el Espíritu Creador nos creó como criaturas creadoras.

Por eso se puede decir que cuando cultivamos la tierra y usamos responsablemente la tecnología estamos procreando o co-creando.

También cuando estamos fomentando la unión en paz, igualdad y concordia de todos los vivientes, sin exclusión, estamos procreando.

Y la pareja que se inter-penetra íntimamente para fomentar su unión y crecimiento personal, está procreando, no solo cuando engendra una criatura, sino cuando se unen para construir esa realidad de una persona en dos personas; aspiran a lo largo de la vida a hacer que sea indisoluble el matrimonio (que no lo sería tan solo por bendición litúrgica o determinación canónica el día de la boda; la indisolubilidad, como se decía en el Sínodo, es don y tarea a realizar…).

En ese sentido también la unión de la pareja no heterosexual puede estar abierta a la vida, al darse vida mutuamente y ayudarse a crecer mutuamente y hacer de dos personas una.

Todo esto es co-creación, pro-creación o cooperación con la acción del Espíritu que nos creó como criaturas co-creadoras.(Y por eso inseparables la bioética, la ecoética y la ética de la justicia, como insiste Laudato si).

A quienes hacen una lectura fundamentalista de la Biblia les escandaliza que expliquemos la Anunciación a María y el sueño de José como narraciones mito-poéticas, quizás porque piensan o temen que las reduzcamos a mera ficción literaria. Pero en estas narraciones, que no son ni hechos científicos de laboratorio ni ficciones imaginativas, se desvelan realidades profundas, como también en muchos sueños que desvelan nuestra conciencia profunda, difícilmente expresable.

Cuando Mateo cuenta en forma de narración onírica el anuncio de que nacerá el Salvador, –la pesadilla de José, a quien se le dice en sueños una verdad profunda-, cita una frase conocida de Isaías: “Mirad, una joven está encinta, dará a luz un hijo, cuyo nombre apropiado será Emanuel, que significa Dios con nosotros»(Is 7, 14). La interpretación de esa frase como “la virgen está encinta” (en vez de decir “una joven está encinta”), al juntarse con la interpretación del concebir “por obra del Espíritu Creador” como si fuese incompatible con “intervención de varón o mujer, sin relación sexual”, han servido a lo largo de los años para reforzar la lectura fundamentalista.

Cuando Lucas cuenta en forma de aparición angélica –no exenta de elementos relacionables con lo onírico y mitopoético del sueño de José- el descubrimiento por María de que no basta la relación con la otra persona para el alumbramiento de una vida, sino que hace falta “que la cubra el poder del Espíritu Creador”, está abriendo los ojos de la conciencia profunda a la realidad de que engendrar no es fabricar, sino procrear.

Han de penetrarse mutuamente los progenitores; pero, además, han de dejarse penetrar ambos por el poder del Espíritu Creador que los convierte en procreadores.

Dejarse penetrar por el Espíritu Creador es ser receptivo y virginal, dejarse hacer criatura creadora; hay que ser muy “virginal” para poder procrear. Y, a la inversa, no se pierde la virginidad al unirse, sino se realiza como creatividad. Por eso son compatibles virginidad y alumbramiento.

Virginidad significa dejarse agraciar, receptividad total para dejarse fecundar por el Espíritu de Vida, por el Espíritu Creador que nos convierte en co-creadores y hace a la criatura creativa.

Otro cantar será que, dado lo ambiguo y paradójico de la sexualidad del animal vulnerable, la unión sexual conlleve la doble posibilidad de unir a las personas o distanciarlas, de ayudarlas a crecer o impedir el crecimiento, de ser constructiva o destructiva, de ser éxtasis o violación, de ser o no ser virginal en el sentido receptivo y creativo de la palabra. Pero ese es otro tema, el de la sexualidad ambigua del animal vulnerable…que hay que dejar para otro capítulo.

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Natividad del Señor

viernes, 25 de diciembre de 2015
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05-navidad (C) cerezo

Leído en Koinonia:

Misa del día

Isaías 52,7-10

Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios¡

Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: “Tu Dios es rey”! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Salmo responsorial: 97

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Tañed la cítara para el Señor
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R.

Hebreos 1,1-6

Dios nos ha hablado por el Hijo

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado que los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: “Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado”, o: “Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo”? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios.”

Juan 1,1-18

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [Juan da testimonio de él y grita diciendo: “Éste es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”” Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

 

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy
(25 de diciembre de 1977)

Hoy llega a nosotros la noticia del nacimiento de Cristo a través de su Iglesia. Cómo María, como nos cuenta el evangelio, al irse los pastorcitos que vinieron invitados por los ángeles a adorar al Niño Jesús, María se quedó reflexionando todo esto en su corazón. Para una comunidad cristiana la Navidad no tiene sentido si no es a base de una profunda reflexión, por eso para muchos cristianos la Navidad no es más que una fiesta que se espera y que luego pasa efímera, como la pólvora que se quema, y no deja más que basura en las calles. Para el cristiano es algo más que un cohetillo, es la gran noticia que debe reflexionarse y comprometer al hombre con este episodio en que Dios se hace hombre, no en una forma transitoria, sino para siempre, y el hombre debe también reflexionar ante el Señor.

Ese Cristo en Belén lo podemos representar hoy en esta homilía con este título: Cristo manifestación de Dios, Cristo manifestación del hombre y en tercer lugar, la Iglesia manifestación de Cristo.

PROLONGAR LA ENCARNACIÓN

Por eso la Iglesia, que prolonga la encarnación, o sea el Dios hecho hombre, no puede prescindir de la historia. Desde aquel momento Dios ha asumido la humanidad y ha dejado ese encargo de seguir asumiendo hacia Dios a todos los hombres, a la Iglesia, la cual, por tanto, peregrina en la historia, va recogiendo, no puede dejar de vivir las circunstancias en las cuales ella va prolongando esa encarnación. Por eso hermanos, estas noticias en las cuales yo reflejo lo más sobresaliente de la semana, no es con el afán de hacer aquí un noticiero. Lo hace mucho mejor cualquier instrumento de comunicación social, sino que es simplemente decirles a todos mis queridos hermanos, que vivimos en esta semana, en esta hora, que esta Navidad de 1977, siendo la eterna Navidad de Cristo, se ha vivido aquí en El Salvador en estas circunstancias de las cuales no podemos prescindir.

NAVIDADES TRISTES

Así es como tienen un sentido profundo, en medio de tarjetas y telegramas de Navidad, me hayan llegado cartas que son lamentos profundos, por ejemplo de aquellas madres y esposas que “en esta celebración de Navidad que con júbilo espera todo el pueblo cristiano, nosotras expresemos no una Navidad sino el profundo dolor de un calvario al albergar en nuestro corazón esa separación insuperable de nuestros hijos y esposos”. En otra carta parecida dice: “Estamos angustiadas y tristes por el llanto de nuestros hijitos que a cada momento que se despiertan en la noche están llamando a sus padres y de ellos no nos dan ninguna razón en los cuerpos de seguridad”. Y cartas de expresión así dolorosa, pues, son muchas las que llegan. Por nuestra parte hemos tratado de hacer todo lo que está a nuestro alcance recurriendo a recursos jurídicos y estamos dispuestos siempre, pues, a ayudar el dolor de la humanidad.

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«La Nostalgia de la Navidad». Navidad – C (Juan 1,1-18)

viernes, 25 de diciembre de 2015
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05_Día-de-Navidad-C-287x300La Navidad es una fiesta llena de nostalgia. Se canta la paz, pero no sabemos construirla. Nos deseamos felicidad, pero cada vez parece más difícil ser feliz. Nos compramos mutuamente regalos, pero lo que necesitamos es ternura y afecto. Cantamos a un niño Dios, pero en nuestros corazones se apaga la fe. La vida no es como quisiéramos, pero no sabemos hacerla mejor.

No es solo un sentimiento de Navidad. La vida entera está transida de nostalgia. Nada llena enteramente nuestros deseos. No hay riqueza que pueda proporcionar paz total. No hay amor que responda plenamente a los deseos más hondos. No hay profesión que pueda satisfacer del todo nuestras aspiraciones. No es posible ser amados por todos.

La nostalgia puede tener efectos muy positivos. Nos permite descubrir que nuestros deseos van más allá de lo que hoy podemos poseer o disfrutar. Nos ayuda a mantener abierto el horizonte de nuestra existencia a algo más grande y pleno que todo lo que conocemos.

Al mismo tiempo, nos enseña a no pedir a la vida lo que no nos pueda dar, a no esperar de las relaciones lo que no nos pueden proporcionar. La nostalgia no nos deja vivir encadenados solo a este mundo.

Es fácil vivir ahogando el deseo de infinito que late en nuestro ser. Nos encerramos en una coraza que nos hace insensibles a lo que puede haber más allá de lo que vemos y tocamos. La fiesta de la Navidad, vivida desde la nostalgia, crea un clima diferente: estos días se capta mejor la necesidad de hogar y seguridad. A poco que uno entre en contacto con su corazón, intuye que el misterio de Dios es nuestro destino último.

Si uno es creyente, la fe le invita estos días a descubrir ese misterio, no en un país extraño e inaccesible, sino en un niño recién nacido. Así de simple y de increíble. Hemos de acercarnos a Dios como nos acercamos a un niño: de manera suave y sin ruidos; sin discursos solemnes, con palabras sencillas nacidas del corazón. Nos encontramos con Dios cuando le abrimos lo mejor que hay en nosotros.

A pesar del tono frívolo y superficial que se crea en nuestra sociedad, la Navidad puede acercar a Dios. Al menos, si la vivimos con fe sencilla y corazón limpio.

José Antonio Pagola

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¿Eran tontos los pastores? Día de Navidad 2015

viernes, 25 de diciembre de 2015
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Nat-Adoration-bergers-02-Lc-2--15-19Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La liturgia católica celebra tres misas el día de Navidad: la de la noche, la del alba y la del día. En las dos primeras se lee el evangelio de Lucas; en la tercera, el prólogo de Juan. Ya que el prólogo vuelve a leerse en el segundo domingo después de Navidad, me limito a las lecturas de Lucas. La de la noche recuerda el nacimiento de Jesús y el anuncio del ángel a los pastores; la de la aurora, la visita de los pastores al niño.

¿Pasó desapercibido el nacimiento de Jesús?

Desde un punto de vista histórico, el nacimiento de Jesús debió de pasar totalmente desapercibido fuera del ámbito familiar y de las amistades más cercanas. Como ocurre con el nacimiento de cualquier niño en un pueblecito pequeño.

Sin embargo, cuando se escriben los evangelios, unos cuarenta años después de su muerte, Jesús no es para sus seguidores un hombre cualquiera: es el Mesías prometido, el salvador, el enviado de Dios, el camino la verdad y la vida… De acuerdo con la mentalidad de algunos historiadores paganos de la época, el nacimiento de un personaje excepcional no puede pasar desapercibido. Suetonio habla de los prodigios ocurridos en el cielo cuando nace un futuro emperador romano. Algo parecido ocurre en los evangelios de Mateo y Lucas. Ellos quieren indicarnos la importancia que tuvo el nacimiento de Jesús. Pero lo hacen con dos puntos de vista muy distintos.

Mateo, admirado de que Jesús esté teniendo tanto éxito entre los paganos, mientras su propio pueblo no lo acepta mayoritariamente, retrotrae ese contraste a la venida de los magos de oriente, que realizan un largo viaje para adorar al Mesías, mientras Herodes, los sacerdotes y los escribas, que saben dónde tenía que nacer y estaban a solo nueve kilómetros de distancia, no dan un paso en su busca, e incluso intentan matarlo.

Lucas elige un enfoque muy distinto: quiere indicar desde el primer momento que el cristianismo no es una religión para intelectuales, poderosos y ricos. Y toma como punto de partida a un grupo de pastores, de vida muy dura (pasan la noche a la intemperie, vigilando el rebaño) y odiados por los campesinos. Ellos no ven una estrella, como los magos de Mateo, se les aparece un ángel y les transmite un mensaje desconcertante: ha nacido el Mesías, pero no está en un palacio, sino acostado en un pesebre.

Al lector moderno, la aparición del ángel y la posterior aparición de una legión del ejército celeste cantando “Gloria a Dios en el cielo…” le resulta más cercana a un cuento de Navidad que a la realidad histórica. Pero hace veinte siglos la forma de contar era distinta, y para Lucas esta es la mejor forma de sugerir que el nacimiento de Jesús es algo maravilloso.

El ejemplo de los pastores

                En la misa de la aurora el protagonismo es por completo de los pastores. Hablan entre ellos, cuentan lo dicho por el ángel, se vuelven alabando a Dios. María y José no dicen una palabra. Pero lo más admirable es el comentario de Lucas: “Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho”. ¿Qué han visto y oído? Oído, nada. Visto, un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

                Las casas populares de la época tenían a menudo una habitación amplia, en la que se guardaban los animales por la noche, y otra en la que dormía la familia. Cuando la casa tenía dos plantas, en la de abajo quedaban los animales y en la de arriba las personas. La posada de la que habla Lucas debía ser algo parecido. Y el evangelista sugiere que María, por ser pobre, tuvo que dar a luz junto a los animales y acostar a su hijo en un pesebre. La escena no difiere mucho de las que observamos a menudo en televisión a propósito de familias migrantes. A todos nos inspiran compasión, todos pensamos: “No hay derecho a que esta pobre gente padezca esta situación inhumana”. Sin embargo, la reacción de los pastores es muy distinta: se vuelven dando gloria y alabanza a Dios por lo que han visto y oído. ¿Son tontos los pastores? ¿Son insensibles ante las necesidades ajenas?

                En la obra de Lucas (Evangelio y Hechos de los apóstoles) los pastores son los primeros misioneros. Adviértase la curiosa frase: “Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores”, sugiriendo que tenían un auditorio mucho más amplio que el de José y María. Y estos misioneros anuncian, como los ángeles, una inmensa alegría, pero en medio de la mayor debilidad y pobreza. Algo muy difícil de entender y de creer. Por eso, Lucas nos propone también el ejemplo de María, que “conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”.

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Vivir la Navidad – 1. Una fiesta diferente

viernes, 25 de diciembre de 2015
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05_Navidad_B-225x300Uno de los rasgos más tristes de nuestra sociedad contemporánea es su capacidad de vaciar de contenido y de verdad las fiestas y acontecimientos más entrañables.

Y la Navidad es, tal vez, una de las fiestas más estropeadas por el hombre actual. Unas fiestas de hondo significado para los creyentes, que son celebradas hoy entre nosotros, sin que muchos vivan su motivación original y su verdadero contenido.

La Navidad es mucho más que todo ese ambiente superficial y manipulado que se respira esos días en nuestras calles. Una fiesta mucho más honda y gozosa que todos los artilugios de nuestra sociedad de consumo.

Estos comentarios han nacido del deseo de recuperar de nuevo el corazón de la Navidad y descubrir, detrás de tanta superficialidad y aturdimiento, el misterio que da origen a esta fiesta. También hoy, en medio de esta sociedad, es posible abrirnos al misterio de Dios cercano, saborear con gozo la fiesta de la llegada de un Dios Amigo y celebrar con hondura cristiana las fiestas navideñas.

Antes que nada hemos de lograr que la alegría navideña no sea una alegría vacía y sin contenido, la alegría de quienes están alegres sin saber por qué. Hemos de esforzarnos para que estas fiestas no pasen sin que hayamos podido escuchar algo nuevo, vivo y gozoso en nuestro corazón.

El ambiente navideño en nuestra sociedad

Al aproximarse la Navidad, es fácil advertir entre nosotros un empeño especial por crear un ambiente de fiesta. Son muchos los que adornan el interior de sus hogares con diversos motivos navideños (belenes, estrellas, luces, cirios, árboles…). Lo mismo sucede en las calles y en las plazas, y hasta en los escaparates, bares y centros comerciales. Al mismo tiempo, se comienza a escuchar por todas partes la melodía de los villancicos y la música propia de esta época.

Se diría que, de pronto, se despierta en nosotros el deseo colectivo de crear un clima que rompa el ritmo de nuestra vida diaria y nos ayude a olvidar, aunque sea durante algunos días, los problemas a los que hemos de enfrentarnos día a día.

Sin embargo, estas fiestas poseen un carácter diferente al de otras que se suceden a lo largo del año. Todavía se puede observar entre nosotros un clima de intimidad, de hogar, de hondura… del que carecen otras fiestas. Pero, ¿cuál es la verdadera motivación de estas fiestas para el hombre contemporáneo de nuestra sociedad?

  • Para bastantes, se trata sencillamente de una fiesta religiosa que perdura todavía en la conciencia de una sociedad que se va descristianizando rápidamente.
  • Para otros, estas fiestas representan la añoranza de un mundo imposible de inocencia, paz, fraternidad y felicidad que los hombres somos incapaces de construir.
  • Para muchos, las Navidades se han convertido en las fiestas de invierno de esta sociedad moderna. De hecho, nuestra sociedad de consumo utiliza durante estos días todos los recursos y mecanismos imaginables para incitar a la gente a comprar, gastar y disfrutar. Parece como si solamente los que tienen dinero y pueden comprar, pudieran celebrar estas fiestas.
La verdadera raíz de la Navidad

Para los creyentes, el origen y la razón de estas fiestas son muy sencillos. Hacemos fiesta y celebramos nuestra alegría porque Dios ha querido compartir nuestra vida. Ya no estamos solos, perdidos en medio de nuestros problemas, sufrimientos y luchas. Dios está con nosotros. Hay esperanza para la humanidad.

Estas fiestas son la celebración de aquella Buena Noticia que se escuchó en Belén: «Os anuncio una gran alegría que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy en la ciudad de David, un Salvador que es el Cristo Señor» (Lc 2,10).

Esta invitación a la alegría, dirigida a todo el pueblo y, de manera especial, a la gente sencilla, es la que debe dar su verdadero significado también hoy a nuestras fiestas navideñas. Como ha dicho L. Boff: «Nosotros tenemos motivos para el júbilo radiante, para la alegría plena y para la fiesta solemne: Dios se ha hecho hombre, y ha venido a habitar entre nosotros».

Esta es la gran verdad que dio origen a estas fiestas: Dios está con nosotros. Oculto para unos, desconocido para muchos, sin embargo, Dios comparte nuestra vida. No el dios frío de la razón ni el dios distante y enigmático del puro misterio, sino un Dios hecho carne, hermano y amigo.

La Navidad no es una fiesta fácil. Solo puede celebrarla desde dentro quien se atreve a creer que Dios está con los hombres y puede volver a nacer en nuestra vida diaria. Dios es infinitamente mejor de lo que sospechamos. Más cercano, más comprensivo, más tierno, más audaz, más amigo de lo que nosotros podemos imaginar. ¡Dios es Dios!

Los hombres no nos atrevemos a creer del todo en su cercanía, su bondad y ternura. Necesitamos detenernos ante lo que significa un Dios que se nos ofrece como niño débil, vulnerable, indefenso, irradiando solo paz, gozo y ternura. Se despertaría en nosotros una alegría diferente y nos inundaría una confianza desconocida.

Ese Dios nacido en Belén es más grande que todas nuestras imágenes tristes y raquíticas de la divinidad. Ese Dios es el mejor regalo que se nos puede ofrecer a los hombres. Nuestra equivocación es pensar que no necesitamos de Él. Creer que nos basta con un poco más de bienestar, un poco más de dinero, salud, suerte y seguridad.

Celebrar la Navidad no es despertar una euforia pasajera con unas copas de champán, sino alimentar nuestra alegría interior y nuestra confianza en la cercanía de un Dios que está presente en nuestro vivir diario. Si supiéramos detenernos en silencio ante ese Niño y acoger desde el fondo de nuestro ser toda la cercanía y la ternura de Dios, entenderíamos por qué el corazón de un creyente ha de estar transido de una alegría diferente estos días.

Fuente Grupos de Jesús

Biblia

Navidad, tener misericordia de Dios en un mundo de muerte

viernes, 25 de diciembre de 2015
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nassterea-dlui Del blog de Xabier Pikaza:

Navidad es tiempo de gozo… Pero es un gozo en medio del gran dolor de los que mueren (en especial de los niños). Navidad es un tiempo para empezar a llevar la Cruz en el doble sentido de la palabra:

(a) Dios lleva la cruz de los hombres. En Navidad celebramos la historia del Dios que se ha encarnado para compartir nuestra cruz (la cruz de los asesinados, y en especial de los niños que mueren), y así podremos contemplarlo en la próxima Pascua de la Pasión y resurrección de Jesús.

(b) Debemos llevar la Cruz de Dios. Pero, al mismo tiempo, los hombres (con Jesús) pueden y deben llevar la cruz de Dios, teniendo misericordia de él,, pues, en un sentido muy profundo, es quien más lo necesita. Com-padecer a (y con) Dios: Ésta ha sido una de las tareas más honda de la espiritualidad cristiana.

http://www.secretariadotrinitario.org/revistas/326-revista-estudios-trinitarios-suscripcion.html (cf. de Trinidad y Liberación (XII, 2015)

— Éste misterio de la Navidad lo muestra claramente el icono tradicional del nacimiento: Jesús nace bajo tierra, en una tumba; y su cuna es ya un sepulcro. Es como si la liturgia quisiera decir que Jesús nace en (con) todos los niños y mayores que mueren.

— Nadie, que yo sepa, ha destacado mejor este misterio (esta experiencia) que E. Hillesum, una judía, amiga de Jesús, asesinada en Auschwitz por ser fiel al legado de sus padres judíos y a la experiencia más honda del evangelio.

Se trata de compadecer a/con Dios, en sentido espiritual (de oración más honda) y en sentido social y personal: ¡Ayudar al Dios que sufre en los hombres, como sabe Mt 25, 31-46!.

Dios ha tenido misericordia de los hombres; nosotros hemos de tener misericordia del Dios que nos empieza a decir en Navidad: Tenía hambre, era extranjero, estaba enfermo o en la cárcel….

LLEVAR LA CRUZ DE DIOS

Una estación del Via-Crucis presenta a Simón de Cirene llevando la cruz de Jesús hasta el Calvario (Mc 15, 20-21), indicando así que también nosotros podemos y debemos llevar la Cruz de Dios.

1. Un mundo de cruces.

Dios ha creado hombres libres, personas llamadas a ser y responderle en libertad, pero capaces de pecar, convirtiendo el mundo en una gran Cruz. De esa forma se ha arriesgado con nosotros. ¿Por qué lo ha hecho, permitiendo que nos matemos unos a otros desde Caín y Abel? ¿Quizá no nos ama? ¡Al contrario! Él nos ama infinita¬mente y quiere que podamos responderle en amor y dialogar con él, acompañándole en su tarea de crear el mundo.

Sólo en este contexto podemos hablar de la misericordia de Dios y con Dios, y lo hacemos con palabras y experiencias que provienen del Antiguo Testamento.

Como Padre que nos quiere, nos ha puesto Dios en una tierra austera, bella, fuerte y frágil, y ha previsto, sin duda, nuestros fallos: El rechazo cotidiano de pensarnos dueños de todo, y, en especial, el deseo de dominar a otros hombres con injusticia… Todo eso está vinculado a la Cruz de su hijo Jesús, y las cruces de los hombres.

Dios lo ha tenido en cuenta, ha previsto los miles de millones de cruces hambre y epidemia, de asesinatos y guerras… y a pesar de eso ha querido hacernos libres. ¿Por qué? ¿Porque no le interesamos?

¡Al contrario! Porque le interesamos muchos, y quiere que vayamos caminando, y lo hace él con nosotros, encarnándose en la historia de muerte de la tierra, aunque muchos perezcan en la marcha… sabiendo que él mismo ha de morir (sera matado) también en ellos. No quiere que marchemos solos, y así va nosotros, para sostenernos en nuestras caídas, esperando que también nosotros le sostengamos, pues siendo omnipotente él se ha vuelto creatura frágil y misericordioso, como han dicho de manera impresionante los profetas como Isaías.

2. E. Hillesum. Tener misericordia de Dios.

De todas formas, por mucho que Isaías clame, el Dios del Antiguo Testamento sigue estando de alguna forma lejos: No ha sufrido nuestra historia, no ha sentido nuestra angustia, no ha vivido en nuestra carne, no ha luchado ni anhelado en esta masa de tensiones, esperanzas y rupturas que formamos sobre el mundo, de manera que no sabe lo que es vivir en desgarro, morir en cruz siendo inocente… Por muy cercano que sea, ese Dios no puede acompañarnos del todo, ni ser acompañado por nosotros.

Pero los cristianos confesamos que ese mismo Dios ha dado su paso final en Jesucristo, haciéndose plenamente humano, de manera que ha sufrido en la Cruz el máximo abandono, y ha preguntado desde allí al mismo Dios: ¿Por qué me has abandonado? (Mc 15, 34).

¿Por qué “abandona” Dios a los que sufren, a millones y millones, condenados al hambre o a la cámara de gas por la maldad de otros “hermanos”? Entre las propuestas de respuesta que se han dado a esa pregunta destaca la E. Hillesum (1943-1943), condenada a muerte, en un campo de concentración:

Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones, pero no puedo asegurarte nada por anticipado. Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: Que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos (cf. Una vida compartida, Anthropos, Barcelona 2007, 142)
.

“Te ayudaré para que no me abandones”. Así dice esta judía enamorada del Dios de Jesús, desde un campo de exterminio nazi, descubriendo su vocación de acompañar y de ayudar con su misericordia al mismo Dios de la misericordia.

Ella ha visto así que Dios se ha encarnado y sufre en la entraña de de unos hombres y mujeres empeñados en matarle, descubriendo su más alta vocación, que es consolar al Dios que sufre, desde una infame cárcel de muerte. Éste ha sido y sigue siendo un signo supremo de la misericordia, y sólo una mujer, como Hillesum, ha podido descubrirlo, para que también otros podamos compartir su ejemplo.

3. Una tarea de Dios.

E. Hillesum ha descubierto y proclamado de esa forma una experiencia y tarea que sólo algunos grandes cristianos, como Juan de la Cruz (¡y Unamuno!), habían puesto de relieve, al decir que podemos y debemos tener misericordia de Dios, como él la tiene de nosotros, haciendo así en él (por él) lo que él hace en nosotros (Comentario Cántico Espiritual B, 39). Ciertamente, él nos consuela, sufriendo con nosotros. Pero nosotros debemos también consolarle, caminando a su lado en amor, muriendo incluso por él y con él, como Jesús.

Muchas veces tenemos miedo, y queremos desertar de esta misión de consolar a Dios, pero Jesús nos invita a realizarla, tomando su cruz (la nuestra, la de aquellos que sufren), para acompañar y “animar” de esa manera al mismo Dios, como dijo de forma admirable san Pablo, afirmando que él quería “completar” en su carne los sufrimientos de Cristo, que son los de Dios (Col 1, 24). A veces queremos desertar, pero el Dios de Jesús pide que nos mantengamos, caminando con él, en la obra de su vida.

No nos saca de este mundo, no nos quita el dolor, pero nos ofrece la certeza de que está con nosotros, con su misericordia, queriendo que le acompañemos, acompañando a los que sufren, como decía otro testigo y mártir del Holocausto nazi, hermano cristiano de E. Hillesum, la judía:

“Siendo infinitamente grande, no te encuentras infinitamente lejos, sino cerca de nosotros. Y cuando estamos derrotados, tú no quieres asentarnos en tu fuerza, sino en la debilidad de tu Hijo Jesucristo. Por eso… ya seamos justos o injustos, enfermos o fuertes en la vida, nos arrojamos completamente en tus brazos… ¿Cómo hundirnos en el fracaso cuando superamos con tu Hijo la prueba del desierto? ¿Cómo orgullecemos en el triunfo si llevamos con el Salvador la cruz de nuestras culpas? (cf. D. Bonhöffer, Resistencia y sumisión).

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Recordatorio

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