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Actitudes ante la Iglesia

Lunes, 18 de marzo de 2019

quieres-ganar-mas-dinero-cambia-tu-actitud_ampliacionPedro Zabala
Logroño.

ECLESALIA, 25/02/19.- La célebre frase que Cervantes puso en boca de Sancho Panza “con la Iglesia hemos topado”, sirve muy bien para describir las diversas actitudes que se dan respecto a la Iglesia católica -mejor dicho, a su jerarquía- en nuestro país y… aun fuera de él. E incluso dentro de los mismos seguidores de Jesús en la actualidad.

Están los anticlericales. No hace mucho, se decía que los españoles se dividían en dos bandos: los que iban sumisamente detrás de los clérigos con un cirio encendido y los que se dirigían a su encuentro con garrotes para apalearlos. “Acabar como el rosario de la aurora” es un dicho popular, parece que nacido de los altercados que se producían en Valencia entre devotos marianos y blasquistas (grupo político inspirado en el novelista Blasco Ibáñez).

Hoy siguen existiendo anticlericales. Quizá no sigan usando el garrote. Aunque no faltan en todo el mundo templos incendiados y algunos sacerdotes asesinados por el hecho de serlo. Pero más bien, se usan medios de comunicación y redes sociales para atacarlos. Algunas veces con razón, (como en los abominables casos de pederastia, tanto por los hechos en sí, como por su encubrimiento). Y otras sin ella.

Están también los antirreligiosos. Su oposición es frontal, en muchos casos a cualquier religión, pero sobre todo a la católica. En nombre de la ciencia la acusan de oscurantismo. Y apelando a la autonomía del poder civil, ven en ella un contrapoder que intenta dominar a la sociedad. O viendo el fanatismo de algunos facciones religiosas, creen que es un factor de división, de violencias e incluso de guerras. Dentro de esa mentalidad, hay quienes -ateos fanáticos- no dudan en intentar proscribirlas, convirtiendo en delito la pertenencia a alguna de ellas. La mayoría, sin embargo, se contenta con reducirlas al ámbito de las conciencias, excluyendo su pretensión de incidir en el área pública.

Quizá se está extendiendo hoy mayoritariamente una tercera postura: el pasotismo de la indiferencia. Preocupados exclusivamente por su bienestar individual, no se plantean la cuestión de la trascendencia, ni la existencia de las religiones: las ven como algo totalmente lejano a su vida.

La pluralidad de posturas se da también dentro de las Iglesias. En la católica, a la que pertenezco y creo conocer un poco, se dan los integristas que defienden a capa y espada la rigidez doctrinal, normativa y litúrgica. En esta corriente, se encuentran los lefebrianos -si siguen siendo católicos- y los que dudan de la ortodoxia del pastor Francisco por sus gestos y su tímida apertura. No faltan en sus filas eminentes purpurados, nombrados por Juan Pablo II. Ponen el derecho canónico y el catecismo de la Iglesia por encima del Evangelio.

Luego estamos los cristianos de la periferia, recogedores del espíritu del Concilio Vaticano II, que intentamos seguir a Jesús y llevar a nuestras vidas y a la sociedad su Mensaje. Nos duele esta Iglesia de muros cerrados, aferrada al “fuera de la Iglesia no hay salvación”, a la división entre docentes y discentes, de clérigos sabios y legos ignorantes. Soñamos con una comunidad de hermanas y hermanos, superadora de la discriminación secular de la mujer, de una visión deformada de la sexualidad y de la alianza con el poder político. Creemos en una organización no piramidal, sino sinodal de comunidades erigidas de abajo arriba, con ministerios temporales, en función de los diversos carismas existentes en la misma y de sus necesidades.

Conseguir esta mudanza no es fácil, exigirá tiempo. ¿Lo tenemos? Una consigna recorre hoy la Iglesia: salir a las periferias. Algunos ya estábamos. Dentro de las filas de anticlericales y antirreligiosos hay muchos que antaño fueron miembros sumisos de esa jerarquía. Al convertirse en adultos se fueron. ¿Les atraerá hoy otra Iglesia, pobre y débil, que sólo ponga su esperanza en seguir a Jesús y que ofrezca sin imposiciones su mensaje radical de que los últimos son los preferidos del Señor?.

El diálogo respetuoso es el único camino válido. Primero, entre todos los que nos decimos seguidores de Jesús para restablecer la unidad perdida y acabar con el escándalo de nuestra secular división. La figura del sucesor de Pedro puede ser, en esa vía, un obstáculo si se empeña en imponer la uniformidad y el acatamiento, o un cauce de unión si sostiene la diversidad en la caridad.

Diálogo con las otras religiones, empezando por las otras monoteístas -Judaísmo e Islam- y con las demás para trabajar conjuntamente por la paz. Y diálogo con todas las personas de buena voluntad en defensa de los Derechos Humanos y de la Casa Común que habitamos.

¿No es la hora de la escucha y de aprender unos de otros?. ¿No debemos aportar la alegría de la esperanza y la tenacidad en el trabajo por todos los seres vivientes y de las futuras generaciones?

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , , , , , , ,

Tres actitudes para el nuevo año. Fiesta de Santa María, Madre de Dios

Martes, 1 de enero de 2019

santa-maria-madre-de-diosDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Un extraño cambio en 1970

Cualquier judío sabe que a un niño hay que circuncidarlo a los ocho días de nacer. Así lo ordenó Dios a Abrahán: “A los ocho días de nacer, todos vuestros varones de cada generación serán circuncidados” (Génesis 17,12). Por consiguiente, cuando la iglesia adoptó el 25 de diciembre como fecha del nacimiento, el 1 de enero pasó a celebrarse la fiesta de la circuncisión e imposición del nombre de Jesús.

            Existía también una fiesta de Santa María, Madre de Dios, solemnidad que se había introducido en las iglesias orientales hacia el año 500 y que la iglesia católica romana terminó celebrando el 11 de octubre. Parecía lógico relacionar más estrechamente esta fiesta de la maternidad de María con el nacimiento de Jesús. Por eso, a partir de 1970 se trasladó la fiesta al 1 de enero.

            Esto implicó unir dos celebraciones importantes el mismo día: nombre de Jesús y Maternidad divina de María. Por si fuera poco, a Pablo VI se le ocurrió celebrar también el 1 de enero la Jornada Mundial por la Paz.

            Dado que incluso los cristianos más piadosos celebran el Fin de Año y no están al día siguiente con la cabeza demasiado despejada, se ha decidido aligerar un poco de celebraciones el 1 de enero.

            Y lo ha pagado quien menos se podía imaginar. La fiesta del Nombre de Jesús pasa este año a celebrarse el día 3 de enero, aunque se mantiene en la misa del día 1 la referencia a la circuncisión e imposición del nombre.

El libro bíblico de los Números no lo escribió san Francisco de Asís

            La primera lectura de hoy dice:

            El Señor habló a Moisés:

            Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz.” Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.»

       He conocido personas, sobre todo en Argentina, convencidas de que esta bendición es de san Francisco de Asís. La escribió muchos siglos antes un autor bíblico para que la pronunciaran los sacerdotes sobre los israelitas. Se encuentra en el libro de los Números, capítulo 6, versículos 22-27. Es tan breve, clara y profunda que cualquier comentario sólo sirve para estropearla.

Tres actitudes para el nuevo año (Lucas 2,16-21)

        En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.

         Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores.

       Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

         Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

      Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

            El texto relaciona dos acontecimientos muy distintos, separados por ocho días de distancia. El primero, la visita de los pastores, es lo mismo que leímos el 25 de diciembre en la segunda misa, la del alba. En la escena se distinguen diversos personajes: empieza y termina con los pastores, que corren a Belén y vuelven alabando y dando gloria a Dios; está también presente un grupo anónimo, que podría entenderse como referencia a la demás gente de la posada, pero que probablemente nos representa a todos los cristianos, que se admiran de lo que cuentan los pastores. Finalmente, el personaje más importante, María, que conserva lo escuchado y medita sobre ello.

            Estas tres actitudes se complementan: la admiración lleva a la meditación y termina en la alabanza de Dios. Tres actitudes muy recomendables para el próximo año.

            La segunda escena tiene lugar ocho días más tarde. Algo tan importante y querido para nosotros como el nombre de Jesús lo cuenta Lucas en poquísimas palabras. Su sobriedad nos invita a reflexionar y dar gracias por todo lo que ha supuesto Jesús en nuestra vida.

En vez de propósitos y buenos deseos, una buena compañía

            El comienzo de año es un momento ideal para hacer promesas que casi nunca se cumplen. También se formulan deseos de felicidad, generalmente centrados en la clásica fórmula: salud, dinero y amor.

            La liturgia nos traslada a un mundo muy distinto. Abre el año ofreciéndonos la compañía de Dios Padre, que nos bendice y protege, de Jesús, que nos salva, de María, que medita en todo lo ocurrido.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Tres actitudes para el nuevo año. Fiesta de Santa María, Madre de Dios

Viernes, 1 de enero de 2016

00-Maria, madre de DiosDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Un extraño cambio en 1970

Cualquier judío sabe que a un niño hay que circuncidarlo a los ocho días de nacer. Así lo ordenó Dios a Abrahán: “A los ocho días de nacer, todos vuestros varones de cada generación serán circuncidados” (Génesis 17,12). Por consiguiente, cuando la iglesia adoptó el 25 de diciembre como fecha del nacimiento, el 1 de enero pasó a celebrarse la fiesta de la circuncisión e imposición del nombre de Jesús.

            Existía también una fiesta de Santa María, Madre de Dios, solemnidad que se había introducido en las iglesias orientales hacia el año 500 y que la iglesia católica romana terminó celebrando el 11 de octubre. Parecía lógico relacionar más estrechamente esta fiesta de la maternidad de María con el nacimiento de Jesús. Por eso, a partir de 1970 se trasladó la fiesta al 1 de enero.

            Esto implicó unir dos celebraciones importantes el mismo día: nombre de Jesús y Maternidad divina de María. Por si fuera poco, a Pablo VI se le ocurrió celebrar también el 1 de enero la Jornada Mundial por la Paz.

            Dado que incluso los cristianos más piadosos celebran el Fin de Año y no están al día siguiente con la cabeza demasiado despejada, se ha decidido aligerar un poco de celebraciones el 1 de enero.

            Y lo ha pagado quien menos se podía imaginar. La fiesta del Nombre de Jesús pasa este año a celebrarse el día 3 de enero, aunque se mantiene en la misa del día 1 la referencia a la circuncisión e imposición del nombre.

El libro bíblico de los Números no lo escribió san Francisco de Asís

            La primera lectura de hoy dice:

            El Señor habló a Moisés:

            Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz.” Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.»

       He conocido personas, sobre todo en Argentina, convencidas de que esta bendición es de san Francisco de Asís. La escribió muchos siglos antes un autor bíblico para que la pronunciaran los sacerdotes sobre los israelitas. Se encuentra en el libro de los Números, capítulo 6, versículos 22-27. Es tan breve, clara y profunda que cualquier comentario sólo sirve para estropearla.

Tres actitudes para el nuevo año (Lucas 2,16-21)

        En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.

         Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores.

       Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

         Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

      Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

            El texto relaciona dos acontecimientos muy distintos, separados por ocho días de distancia. El primero, la visita de los pastores, es lo mismo que leímos el 25 de diciembre en la segunda misa, la del alba. En la escena se distinguen diversos personajes: empieza y termina con los pastores, que corren a Belén y vuelven alabando y dando gloria a Dios; está también presente un grupo anónimo, que podría entenderse como referencia a la demás gente de la posada, pero que probablemente nos representa a todos los cristianos, que se admiran de lo que cuentan los pastores. Finalmente, el personaje más importante, María, que conserva lo escuchado y medita sobre ello.

            Estas tres actitudes se complementan: la admiración lleva a la meditación y termina en la alabanza de Dios. Tres actitudes muy recomendables para el próximo año.

            La segunda escena tiene lugar ocho días más tarde. Algo tan importante y querido para nosotros como el nombre de Jesús lo cuenta Lucas en poquísimas palabras. Su sobriedad nos invita a reflexionar y dar gracias por todo lo que ha supuesto Jesús en nuestra vida.

En vez de propósitos y buenos deseos, una buena compañía

            El comienzo de año es un momento ideal para hacer promesas que casi nunca se cumplen. También se formulan deseos de felicidad, generalmente centrados en la clásica fórmula: salud, dinero y amor.

            La liturgia nos traslada a un mundo muy distinto. Abre el año ofreciéndonos la compañía de Dios Padre, que nos bendice y protege, de Jesús, que nos salva, de María, que medita en todo lo ocurrido.

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