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«Pedid y se os dará». Domingo 24 de julio de 2016. 17º domingo del Tiempo Ordinario

domingo, 24 de julio de 2016
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42-ordinarioC17 cerezoLeído en Koinonia:

Génesis 18, 20-32: No se enfade mi Señor, si sigo hablando. 
Salmo responsorial: 137: Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.
Colosenses 2, 12-14 Os dio vida en Cristo, perdonándoos todos los pecados.
Lucas 11, 1-13: Pedid y se os dará.

Primera lectura

Este texto, continuación del que se leía el domingo pasado, nos muestra a Abraham, padre de la fe y antepasado de Israel, como gran intercesor antes los habitantes de estas ciudades. Muestra una actitud a imitar: apertura y ayuda a los demás. La negociación entre el intercesor y Dios, recuerda el estilo oriental (y muy latinoamericano, también) del regatear. Lo que se busca es acentuar la insistencia intercesora de Abraham y la magnitud del pecado de Sodoma y Gomorra. El texto es el mejor ejemplo de oración como diálogo audaz y comprometido con Dios, en el que vemos a Abraham hablar con el Señor y tratar de convencerlo a partir de su bondad y justicia, pero, al parecer, abusando de su confianza. El estilo y modo de proceder es, obvio, de una mentalidad semítica: poner en juego el honor de Dios, su reputación de justicia pero que muestran la confianza en Dios y la proximidad de los hombres a El. Por otra parte , este texto, puede ser modelo para el tema de la hospitalidad: Al narrar como estos “tres seres” escuchan a Abraham atentamente. Esta “atención” le permite entrar en el misterio. Uno se revela como el Señor (18,10.13.20) y los otros dos como sus ángeles (19,1). La narración, que al principio hablaba tres hombres, adquiere aquí un carácter teofánico y manifiesta el sentido profundo de la hospitalidad.

Segunda lectura

A partir de este texto los cristianos consideraban la pila bautismal como un sepulcro en el que somos sepultados con Cristo; por otra parte, es también como la madre que engendra a la vida; de ahí, el expresivo ritual de la inmersión. Pero el ritual que representa esta muerte y esta resurrección sólo tiene eficacia si corresponde a la fe en Dios que resucitó a Cristo de entre los muertos. Esta expresa, pues, la vinculación entre bautismo y fe. Pecado y muerte, fe y bautismo son correlativos. La inserción al misterio de Cristo acontece en el bautismo, pero se funda en la fe. Haber resucitado significa en realidad vivir en Cristo, como consecuencia de haber obtenido el perdón de los pecados como resultado de la muerte del Señor. Siendo coherente, Pablo dice que “el perdón del pecado es liberación de la ley y de su observancia, porque existe una correspondencia entre Ley, muerte y pecado (cf. Rom 7,7-9). La mejor expresión paulina al respecto se encuentra aquí como imagen. La Ley ha sido clavada en la cruz.

Evangelio

La oración forma parte de la vida del pueblo judío. Los piadosos volvían su espíritu a Dios varias veces al día. Jesús aprende, desde el pueblo y su tradición a orar. Como buen judío, aprendió a rezar en la familia y en la sinagoga. En su ministerio, su oración toma adquiere una particularidad: su acercamiento a Dios, “su Abbá”. Lucas lo describe en oración varias ocasiones (3,21; 5,16; 6,12; 9,29). Los exegetas reconocen en Lucas la transmisión más fiel de la oración del Padrenuestro y que es la más breve. Del arameo pasó al griego y así la incluyó Lucas en su narración.

PADRE, SANTIFICADO SEA TU NOMBRE: o sea que Dios sea conocido, dado a conocer, alabado, amado, bendecido, glorificado y agradecido por todas las gentes del mundo. Que el nombre del Señor, o sea el mismo Dios, reciba estimación, amor veneración, y piadosa adoración por todos y cada vez más. Hay que volver a notar el orden de la oración en el Padrenuestro. Primero que Dios sea reverenciado y amado.

VENGA TU REINO: es una oración misionera. Lo que buscan los misioneros es hacer que Dios reine en las gentes de las tierras que ellos están misionando desde sus culturas e idiosincrasia. Y es lo que debemos desear y pedir y buscar todos en todos los tiempos: que reine Dios. Que venga su Reino. Si primero buscamos el Reino de Dios, todo lo demás vendrá por añadidura. Es un deseo de que Dios reine en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestro hogar, en la sociedad, en la nación y en el mundo entero. Y en cuantas naciones y personas todavía no reina!

DANOS EL PAN DE CADA DÍA. Pedimos para cada día el pan, sin afanarnos por el futuro, porque Dios estará también en el futuro y El proveerá. Como el Maná del desierto, el pan de cada día es un don maravilloso de la bondad del Señor. Con esta petición del pan diario le estamos queriendo pedir que nos libre del desempleo o de la demasiada carestía, y de las inundaciones y sequías que acaban con los cultivos, y de las guerrillas que impiden a los campesinos recoger sus cosechas, empleo para el esposo que tiene que mantener una familia, ayudas económicas para esa madre abandonada; protección para el anciano echando a un lado por la sociedad. El corporal y el espiritual. Todos los días los necesitamos, por eso tenemos que pedirlo todos los días.

PERDONANOS NUESTROS PECADOS, COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN. El perdón es un arte que se consigue con infinitos ejercicios. San Agustín enseña que a algunos no les escucha Dios la oración que le hacen, porque antes no han perdonado a los que los han ofendido, o no le han pedido perdón al Señor por sus pecados. Sin pedirle excusas por los disgustos que le hemos proporcionado, ¿cómo queremos que nos conceda las gracias que le estamos suplicando?. Es un recuerdo muy oportuno para que no se nos vaya a ocurrir nunca la mentirosa idea de creernos buenos. Dios pone una condición para perdonarnos: no podemos obtener perdón del cielo, si no perdonamos en la tierra. El día del Juicio no tendrás disculpas: te juzgarán como hayas juzgado. Te condenarán si no quisiste perdonar a los demás, y te absolverán si supiste perdonar siempre (San Cripriano): El Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan.

ÉL LES DARÁ EL ESPÍRITU SANTO. El objetivo final y el contenido de la oración cristiana es llegar a recibir el Espíritu que es capaz de renovar la faz de la tierra, incluidos nosotros. El Espíritu Santo es la fuerza que viene de lo alto con poder avasallador y aleja los vicios y nos trae muchos buenos pensamientos y deseos. El Espíritu Santo quiere ser nuestro Huésped, y es enviado por el Padre Celestial si se lo pedimos con fe y perseverancia. El Espíritu Santo es el que nos hace comprender las Sagrada Escrituras. El Espíritu Santo cuando viene nos ofrece: orar mejor, arrepentirnos de nuestros pecados y tener deseo de dedicarnos a agradar a Dios.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 47 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su guión y su comentario puede ser tomado de aquí: http://www.radialistas.net/category/un-tal-jesus

Para la revisión de vida
¿Nuestra oración está plena de confianza en Dios y su Providencia, o sólo busca sacar algo que deseamos, aún sabiendo que El no querría darnos?

¿Oramos al Padre pidiendo que intervenga en la vida sin respetar la autonomía del mundo y de las libertades?

¿Cuándo oramos deseamos que el Espíritu disponga nuestras perspectivas, deseos y capacidades de actuación para que sintonicen con las del Padre?

Para la reunión de grupo
– Comparar entre los sinópticos, teniendo a Lucas como base, los momentos de oración en Jesús.

– Hay fundamentos y/o motivos para deducir que en verdad el pecado de Sodoma fue la falta de hospitalidad, o se puede deducir otra falta que ocasionó su destrucción?

– Reflexionar como grupo ¿cuáles son las tentaciones que hoy pedimos al Padre que aleje?.

Para la oración de los fieles
– Escucha, Padre, el clamor de tus hijos

– Por la Iglesia que comparte y te eleva el grito de la humanidad. Oremos.

– Para que haya más justicia y paz.

– Por las órdenes contemplativas, llamadas a servir al mundo por la oración.

– Por los que no tienen el pan de cada día.

Oración comunitaria
Padre, que a través de tu Hijo nos enseñaste a pedir, buscar y llamar con insistencia, escucha nuestra oración y concédenos la alegría de sabernos escuchados. Por nuestro Señor Jesucristo

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Dom 24.7.16. ¡Padre! El pan nuestro cada día… (el pan más alto)

domingo, 24 de julio de 2016
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el-padrenuestro-3-638Del blog de Xabier Pikaza:

Domingo 17. Tiempo ordinario(Lc 11, 1-13) El evangelio de este domingo recoge la catequesis central del evangelio de San Lucas sobre la oración, centrada en el Padre-nuestro, que no es Padrenuestro, sino simplemente Padre.Recordemos que el evangelio de Lucas ha destacado mucho la oración:

— El evangelio de la infancia (Lc 1-2) ha conservado antiguas fórmulas de oración cristiana: Benedictus, Magnificat, Nunc dimittis…

— Lucas presenta con frecuencia a Jesús en oración, como si todo su compromiso de Reino un despliegue y consecuencia de su comunión con Dios.

— Desde ese fondo ha de entenderse el pasaje especial de este domingo en el que los discípulos le piden que les enseñe a orar, y Jesús responde proclamando su oración:

Padre,

santificado sea tu Nombre
venga tu Reino.

Danos cada día nuestro pan más alto,
y perdona nuestros pecados, pues nosotros perdonamos a nuestros deudores,
y no nos introduzcas en tentación

p-nu-espanolÉsta es la oración de Jesús:
-Una invocación: Padre
-Dos peticiones «divinas» (centradas en el Nombre de Dios y el Reino)
-Tres peticiones «humanas» (pan, perdón de las deudas y liberación)
Éste es para muchos el texto más significativo del evangelio de Jesús y de toda la tradición cristiana, y desde ese fondo, en estos tiempos de crisis, en que muchos parecen dejar a un lado la oración, quiero comentarlo, conforme a la versión de Lucas.

Esta oración proviene sin duda de Jesús, y ha sido conservado por la tradición cristiana en dos formas, ligeramente distintas, la de Mateo, más litúrgica, ampliada por el mismo evangelista o por su iglesia (cf. Mt 6), y esta de Lucas (cf. Lc 11), más cercana al mensaje de Jesús. Éstas son algunas de las diferencias más significativas:

1. La oración de Lucas no es un Padre-Nuestro, pues a diferencia del de Mateo no empieza diciendo Padre-Nuestro sino simplemente Padre,
poniendo de relieve el don y gracia de Dios que es Padre, sin más…principio amoroso de toda realidad, persona a la que nosotros, los creyentes, nos atrevemos a invocar.

2. El Padre-nuestro de Lucas… no contiene la tercera petición del de Mateo: hágase tu voluntad… Ciertamente, el orante de Lucas se sitúa ante la voluntad de Dios tal como se revela en Jesús, pero no tiene que decirlo expresamente. Este Jesús de Lucas sabe bien que la voluntad de Dios no se impone por la fuerza, sino que se descubre en oración y en gesto de servicio a los demás….

13707638_620862324757630_7764109112387674512_n3. La petición del perdón tiene en Lucas un matiz especial, pues vincula el pecado (contra Dios) y las deudas (frente al prójimo). De manera extraña y muy significativa pide a Dios que perdone nuestros pecados, pero añadiendo como nosotros perdonamos a nuestros deudores.
Éstos y otros matices iré precisando en lo que sigue, con el deseo de que los lectores puedan adentrarse de un modo personal en la oración de Jesús.

Imágenes.

1. Las dos versiones del Padre-nuestro (la que yo ofrezco de Lucas está más ajustada al texto, como verá quien siga leyendo)

2-3 El Padre-nuestro, en versión castellana y euskera, en las paredes del Santuario del Padrenuestro, en la colina del Monte de los Olivos, en Jerusalén. El lector interesado podrá encontrar fácilmente otras versiones del Padrenuestro, desde hebreo o arameo, pasando por el griego y latín, hasta muchas lenguas modernas. Buen domingo a todo (sigue)

Enséñanos a orar…

«Aconteció que, estando Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos (Lc 11, 1).

Lucas quiere presentar a Jesús como “maestro de oración” y así le muestra varias veces, orando en la montaña, de noche (Lc 6, 12; 9, 28) y diciendo a sus discípulos que oren sin cesar (18, 1). También en esta ocasión se encuentra orando y sus discípulos le ven y le piden: “enséñanos a orar….como Juan enseñó a sus discípulos”.

Ese añadido (como Juan enseñó…) es muy significativo y muestra en conjunto (con lo que sigue) cuatro cosas… Así lo muestra este texto que comentaremos de un modo muy sencillo, palabra a palabra, siguiendo el texto de Lucas 11, 1-13.
(1) Los discípulos de Juan formaban una “comunidad orante”, que tenía una oración específica, distinta de las oraciones de otros grupos judíos (sacerdotes, fariseos). Quizá lo que más distinguía a los discípulos de Juan era un tipo de oración escatológica, pidiendo la llegada del Reino de Dios, en actitud de ayuno (pues de dice que ellos ayunaban, y el ayuno y la oración solían ir unidos: cf Mc 2, 18).

(2) Es muy posible que, al principio, los discípulos de Jesús oraran lo mismo que los de Juan. Además, todo nos permite suponer que los discípulos de Juan eran más orantes que los discípulos de Jesús… Juan era más “piadoso”. Por el contrario, Jesús ponía más de relieve otros aspectos de la vida: el pan compartido, la acogida mutua, la solidaridad…En ese primer momento, los cristianos es no tenían una oración característica, de tal manera que ni Pablo ni Marcos recogen una oración típicamente cristiana de cierta extensión. Sólo el “Abba” y el “Maranatha” parecen haber distinguido a los cristianos, que en el resto de las oraciones serían como los judíos… como los discípulos de Juan.

(3) De todas formas, la tradición cristiana recuerda una oración específica de Jesús, el Padrenuestro, que aparece transmitida por la tradición del Q (Mateo y Lucas), aunque en formas distintas. Podemos suponer que Jesús enseñó de alguna forma esa oración, que está vinculada a todo su mensaje, a su visión del reino. La versión de Lucas parece más cercana a las palabras de Jesús. Los añadidos de Mateo (nuestro, que estás en los cielos; hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo; más líbranos del mal…) forman parte de la liturgia de la Iglesia.

(4) Tanto en su forma reducida (Lucas) como en su su forma externa, el Padrenuestro podría ser (es) una oración judía, pues todas sus palabras tienen una resonancia israelita. No tiene nada cristiano específico: ni Trinidad, ni Jesús como Hijo de Dios, ni Iglesia, ni Espíritu Santo, ni Eucaristía, ni sacramento… Jesús oró como un “judío mesiánico” y así nos enseñó a orar.

Pero, al mismo tiempo, el Padrenuestro es una oración universal, pues pueden asumirla todos los que creen en Dios y se atreven a invocarle con el símbolo de «Padre», pidiéndole pan compartido y perdón. No contiene tampoco ninguna referencia que sea exclusivamente judío (nombre de Yahvé, patriarcas, Moisés, Ley, templo, ciudad/tierra sagrada, expiación ritual, tradiciones nacionales, alimentos puros, purificaciones, fiestas o Mesías especiales…). Todo lo que el Padrenuestro pide es universal (padre, pan, perdón), siendo, al mismo tiempo, muy judío, muy cristiano, es decir, humano. Aquí comentamos el texto de Lucas:

Padre

El paralelo de Mateo es más extenso: Padre nuestro que estás en los cielos (Mt 6, 9). El Lucas es más sobrio y reza simplemente «Patêr ¡Padre!».

A Jesús y a sus compañeros les basta decir eso. Han dejado a un lado los restantes títulos y nombres de Dios, vinculados a la tradición de Israel (Yahvé, Dios de patriarcas o templo, de Ley o de pueblo), han superado las posibles elevaciones sacrales (o metafísicas) y sólo ponen de relieve aquello que vincula a Dios con todos los hombres, diciendo: ¡Padre!
Por situarse en un contexto más litúrgico, Mt 6, 9 ha querido ampliar la invocación: «¡Padre nuestro que estás en los cielos!».

De esa forma se acerca a los modos de orar del judaísmo, pues palabras como esas aparecen en textos rabínicos que empiezan diciendo: Abinu she-ba-shamayim (¡Nuestro Padre de los cielos!) o, de un modo más usual, Abinu Malkenu (¡Padre nuestro, Rey nuestro!), como en la plegaria de las Dieciocho Bendiciones. El orante de Lucas decía simplemente «Padre», en actitud de confianza radical, en gesto de nuevo nacimiento y eso resultaba suficiente.

Poder decir Padre (Padre/Madre) eso es ser cristiano: Saber que estamos en manos del Padre, que somos presencia de Dios (que él vive y se expresa en nosotros), esa es la oración cristiana. Nada más, eso sólo: Abba, Padre/Madre, dicho y vivido…para así crecer y ser personas desde Dios, eso es orar…

Santificado sea tu Nombre (hagiasthêtô to onoma sou).

El nombre de Dios es Padre (no es Rey, ni Ser Excelso, ni Señor Infinito…). Por eso, pedirle que su nombre sea santificado es decirle: Muéstrate como Padre; nosotros queremos mostrar que tú eres Padre. Hay que fijarse en la formulación, que está en una forma que suelen llamar “pasivo divino”: ¿Quién tiene que santificar el nombre de Dios? ¡Dios mismo! Por eso le decimos a él que santifique su nombre, que se muestre como Padre. Pero, al mismo tiempo, nosotros nos comprometemos a hacerle: queremos que, a través de nuestra vida, Dios se muestra en todo el mundo como Padre.

Pero aquí se utilizar la palabra “santificar”, es decir, mostrarse como “santo”. Éste es un tema tradicional israelita, que aparece ya en Ez 36, 23, donde el profeta pide a Dios que manifiesta su santidad… ¿Cómo debe hacerlo? liberando y salvando a los oprimidos y liberando a los presos…

Eso es lo que hace aquí Jesús, es lo que hacen aquellos que le siguen: piden a Dios que manifieste su honor y su gloria de Padre, que no se expresa a través de un tipo de victoria cósmica o militar, sino con la vida y honor de sus hijos. Dios santifica su Nombre (mostrándose santo) allí donde libera en amor a sus hijos oprimidos. Leer más…

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«Regateo insistente». Domingo 17 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 24 de julio de 2016
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140422150126-rwanda-artificial-families-praying-horizontal-large-galleryDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Uno de los temas típicos del evangelio de Lucas es la oración. Según una opinión bastante aceptada, él escribe para cristianos procedentes del paganismo, que no están habituados a rezar. Hay que descubrirles ese mundo, y Lucas lo hace de la forma más sencilla y convincente: proponiendo modelos.

Un regateo inútil (Génesis 18, 20-32)

            La primera lectura nos ofrece un tipo de oración muy curioso: la intercesión a través del regateo. Los occidentales hemos perdido esta costumbre, esencial en el mundo semítico. Nada se compra al primer precio. Hay que ir bajándolo, regateando, hasta que se consigue el que uno considera adecuado. En cualquier caso, aunque el comprador termine contento, siempre sale perdiendo. Eso es lo que le ocurrirá a Abrahán.

            En aquellos días, el Señor dijo:

            ‒ La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.

            Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán.

            Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios:

            ‒ ¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?

            El Señor contestó:

            ‒ Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.

            Abrahán respondió:

            ‒ Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?

            Respondió el Señor:

            ‒ No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.

            Abrahán insistió:

            ‒ Quizá no se encuentren más que cuarenta.

            Le respondió:

            ‒ En atención a los cuarenta, no lo haré.

            Abrahán siguió:

            ‒ Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?

            Él respondió:

            ‒ No lo haré, si encuentro allí treinta.

            Insistió Abrahán:

            ‒ Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?

            Respondió el Señor:

            ‒ En atención a los veinte, no la destruiré.

            Abrahán continuó:

            ‒ Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?

            Contestó el Señor:

            ‒ En atención a los diez, no la destruiré.

            He titulado este episodio “Un regateo inútil” porque, en definitiva, no sirve de nada. Sodoma y Gomorra desaparecen irremisiblemente porque no se encuentran en ella ni siquiera diez personas inocentes.

            En realidad, el mensaje fundamental de este episodio no es la oración de intercesión sino la dificultad de compaginar las desgracias que ocurren en la historia con la justicia y la bondad de Dios. Este tema preocupó enormemente a los teólogos de Israel, sobre todo después de la dura experiencia de la destrucción de Jerusalén y del destierro a Babilonia en el siglo VI a.C.

            En una religión monoteísta, como la de Israel, el problema del mal y de la justicia divina se vuelve especialmente agudo. No se le puede echar la culpa a ningún dios malo, o a un dios secundario. Todo, la vida y la muerte, la bendición y la maldición, dependen directamente del Señor. Cuando ocurre una desgracia tan terrible como la conquista de Jerusalén y la deportación, ¿dónde queda la justicia divina?

            El autor de este pasaje del Génesis lo tiene claro: la culpa no es de Dios, que está dispuesto a perdonar a todos si encuentra un número mínimo de inocentes. La culpa es de la ausencia total de inocentes.

            El lector moderno no está de acuerdo con esta mentalidad. Tiene otros recursos para evitar el problema. El más frecuente, no pensar en él. Si piensa, decide que Dios no es el responsable de invasiones, destrucciones y deportaciones. De eso nos encargamos los hombres, que sabemos hacerlo muy bien. Con este planteamiento salvamos la bondad y la justicia divina. Los antiguos teólogos judíos veían la acción de Dios de forma más misteriosa y profunda. No eran tan tontos como a veces pensamos.

* * *

            Pero esto nos ha alejado del tema principal de este domingo, que es la oración.

        El texto del evangelio recoge dos cuestiones muy distintas: la oración típica del cristiano, la que distingue a sus discípulos, y la importancia de ser insistentes y pesados en nuestra oración, hasta conseguir que Dios se harte y nos conceda… ¿Qué nos concederá Dios? Demasiada materia para un solo domingo. Comentaré los dos temas por separado.

Aprendiendo a rezar (Lucas 11,1-4)


            Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

            ‒ Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. 

            Él les dijo:

            ‒ Cuando oréis decid:

            “Padre,

            santificado sea tu nombre,

            venga tu reino,

            danos cada día nuestro pan del mañana,

            perdónanos nuestros pecados,

            porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo,

            y no nos dejes caer en la tentación.”

Nota a la traducción

            En Lucas faltan dos peticiones que conocemos por Mateo: “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, y “líbranos del mal”.

            La liturgia traduce “nuestro pan del mañana; debería traducir, como en la misa, “nuestro pan de cada día, ya que la fórmula griega es la misma en Mateo y Lucas (to.n a;rton h`mw/n to.n evpiou,sion). Pero existe una discusión muy antigua sobre si epiousion se debe interpretar del alimento cotidiano o como referencia a la eucaristía. Parece que la liturgia se ha inclinado en este caso por la interpretación eucarística.

Breve comentario al Padre nuestro

            El “Padre nuestro” es la síntesis de todo lo que Jesús vivió y sintió a propósito de Dios, del mundo y de sus discípulos. En torno a estos temas giran las peticiones (sean siete como en Mateo o cinco como en Lucas).

            Frente a un mundo que prescinde de Dios, lo ignora o incluso lo ofende, Jesús propone como primera petición, como ideal supremo del discípulo, el deseo de la gloria de Dios: “santificado sea tu Nombre”; dicho con palabras más claras: “proclámese que Tú eres santo”. Es la vuelta a la experiencia originaria de Isaías en el momento de su vocación, cuando escucha a los serafines proclamar: “Santo, santo, santo, el Señor, Dios del universo” (Is 6). La primera petición se orienta en esa línea profética que sitúa a Dios por encima de todo, exalta su majestad y desea que se proclame su gloria.

            Ante un mundo donde con frecuencia predominan el odio, la violencia, la crueldad, que a menudo nos desencanta con sus injusticias, Jesús pide que se instaure el Reinado de Dios, el Reino de la justicia, el amor y la paz. Recoge en esta petición el tema clave de su mensaje (“está cerca el Reinado de Dios”), en el que tantos contemporáneos concentraban la suma felicidad y todas sus esperanzas.

            Como tercer centro de interés aparece la comunidad. Ese pequeño grupo de seguidores de Jesús, que necesita día tras día el pan, el perdón, la ayuda de Dios para mantenerse firme. Peticiones que podemos hacer con sentido individual, pero que están concebidas por Jesús de forma comunitaria, y así es como adquieren toda su riqueza.

            Cuando uno imagina a ese pequeño grupo en torno a Jesús recorriendo zonas poco pobladas y pobres, comprende sin dificultad esa petición al Padre de que le dé “el pan nuestro de cada día”.

            Cuando se recuerdan los fallos de los discípulos, su incapacidad de comprender a Jesús, sus envidias y recelos, adquiere todo sentido la petición: “perdona nuestras ofensas”.

            Y pensando en ese grupo que debió soportar el gran escándalo de la muerte y el rechazo del Mesías, la oposición de las autoridades religiosas, se entiende que pida “no caer en la tentación”.

            El Padre nuestro nos enseña que la oración cristiana debe ser:

            Amplia, porque no podemos limitarnos a nuestros proble­mas; el primer centro de interés debe ser el triunfo de Dios;

            Profunda, porque al presentar nuestros problemas no podemos quedarnos en lo superficial y urgente: el pan es importante, pero también el perdón, la fuerza para vivir cristianamente, el vernos libres de toda esclavitud.

            Íntima, en un ambiente confiado y filial, ya que nos dirigimos a Dios como “Padre”.

            Comunitaria. “Padre nuestro«, danos, perdónanos, etc.

            En disposición de perdón.

Necesidad de ser insistentes en la oración (Lucas 11,5-13)

            Y les dijo:

            ‒ Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.” Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.” Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. 

            Pues así os digo a vosotros:

            Pedid y se os dará,

            buscad y hallaréis,

            llamad y se os abrirá;

            porque quien pide recibe,

            quien busca halla,

            y al que llama se le abre. 

            ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?

            ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente?

            ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

            Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

El ejemplo del amigo importuno

            En las casas del tiempo de Jesús los niños no duermen en su habitación. De la entrada de la casa a la cocina no se va por un pasillo. No existe luz eléctrica ni linterna. Un solo espacio sirve de todo: cocina y comedor durante el día, dormitorio por la noche. Moverse en la oscuridad supone correr el riesgo de pisar a más de uno y tener que soportar sus quejas y maldiciones.

            El “amigo” trae a la memoria un simpático proverbio bíblico: “El que saluda al vecino a voces y de madrugada es como si lo maldijera”. Este amigo no saluda, pide. Y consigue lo que quiere.

            Este individuo merecería que le dirigiesen toda la rica gama de improperios que reserva la lengua castellana para personas como él. Sin embargo, Jesús lo pone como modelo. Igual que más tarde, también en el evangelio de Lucas, pondrá como modelo a una viuda que insiste para que un juez inicuo le haga justicia.

La bondad paternal de Dios y un regalo inesperado

            En realidad, no haría falta ser tan insistentes, porque Dios, como padre, está siempre dispuesto a dar cosas buenas a sus hijos.

            Aquí es donde Lucas introduce un detalle esencial. Las palabras tan conocidas “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá…” se prestan a ser mal entendidas. Como si Dios estuviera dispuesto a dar cualquier cosa que se le pida, desde un puesto de trabajo hasta la salud, pasando por aprobar un examen. Esta interpretación ha provocada muchas crisis de fe y la conciencia diluida de que la oración no sirve para nada.

            El evangelio de Mateo, que recoge las mismas palabras, termina diciendo que Dios “dará cosas buenas a los que se las pidan”. La oración de Jesús en el huerto de los olivos demuestra que Dios tiene una idea muy distinta de nosotros, incluso de Jesús, de lo que es bueno y lo que más nos conviene.

            Pero las palabras del evangelio de Mateo a Lucas le resultan poco claras y ofrece una versión distinta: “vuestro Padre celestial dará Espíritu Santo a los que se lo piden”. Para Lucas, tanto en el evangelio como en el libro de los Hechos, el Espíritu Santo es el gran motor de la vida de la iglesia. En medio de las dificultades, incluso en los momentos más duros de la vida, la oración insistente conseguirá que Dios nos dé la fuerza, la luz y la alegría de su Espíritu.

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Domingo XVII del Tiempo Ordinario. 24 julio, 2016

domingo, 24 de julio de 2016
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TO-D-XVII

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

Lc 11,1

Lo habitual en la vida de Jesús es orar, los textos hacen referencia a su oración muchas veces, tiene importancia. En esta ocasión Jesús no está solo, cerca de él están sus discípulos, que oran con él, o al menos observan al Maestro en una actitud que cautiva el corazón de quien está cerca. Jesús ora con frecuencia, y se deja ver orando, no se esconde, el testimonio creíble del poder de la oración, y despierta el deseo de Dios en los corazones que lo ven: “Enséñanos a orar”.

Son ellos, sus discípulos, quienes toman la iniciativa, de quienes sale la propuesta… Esto no deja de ser un reto para nosotras, monjas, y para todas las personas que llevan en el corazón la Buena Noticia y desean cantarla a quienes están a su lado. A veces, nos perdemos en fórmulas y teorías que no despiertan ningún deseo en quienes nos miran; y eso que los textos de nuestra tradición ya nos dicen que “la letra mata y el Espíritu da vida. (2 Cor. 3,6). Hace poco una amiga me contaba que su hijo lloraba porque no se sabía las oraciones de la catequesis y el cura no le iba a dejar hacer la comunión. ¿Habrá comulgado con un corazón abierto a Dios o una cabeza llena de fórmulas, como si la catequesis fuera un lugar para memorizar? No imaginamos a Jesús haciendo exámenes a sus discípulos sobre el Padre Nuestro…. más bien al contrario, ayudando a que en ellos despertase el deseo de Dios.

Estamos viviendo tiempos convulsos, violentos, agresivos. Duele vernos tan perdidos, tan rapaces, tan devoradores. Indigna verse tan manipulada por las noticias, donde nos presentan buenos buenísimos y malos malísimos, como en las películas de indios y vaqueros. Como si nos existieran las personas que trabajan por la paz, que oran por la paz, que encuentran en la religión la consistencia de la vida. Como si no fueran muchos más quienes mueren fieles a Dios que quienes matan por un pseudodios. Y en este tsunami la gente busca, y busca con deseo de algo más profundo, y aparecen los guías espirituales, gurús, chamanes…

¿Y en la Iglesia? ¿Dónde están las maestros de oración que tanto estamos necesitando? Esos que despiertan el deseo de Dios, como lo hace Jesús.

El Papa escribe a las monjas: “Vivid (….) contribuyendo a que Cristo nazca y crezca en el corazón de las gentes sedientas, aunque a menudo de manera inconsciente, de Aquel que es camino, verdad y vida.” (cfr. Vultum Dei nº.37). El reto está en mostrarnos, en dejarnos ver orando, con hondura, sencillamente, sin fórmulas vacías, con espontaneidad y sobre todo, sobre todo, con profunda confianza. Y Cristo nacerá en los corazones sedientos, nacerá y crecerá con raíces hondas, libres, fuertes.

¿Cómo, dónde, cuando? No tenemos respuestas, ni teorías, solo deseo, un profundo deseo de relacionarnos con Dios, Abba, como Jesús lo hace, de sumergirnos en la relación amorosa de la Trinidad. Para ello ya nos lo dice

Jesús, ¡pidamos el Espíritu a nuestro Padre!
Derrama tu Espíritu Abba, en nuestros corazones,
en el corazón de tu Iglesia
tu Espíritu que todo lo hace nuevo.

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Jesús Maestro de oración

domingo, 24 de julio de 2016
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jesus orando“A través de la oración silenciosa y sin palabras, Jesús nos llama a un camino interior que, a la larga, conduce a una profundización esencial de la misión apostólica” (Franz Jalicz)

24 de julio, domingo XVII del TO

Lc 11, 1-13

Y yo os digo: Pedid y se os dará, buscad y encontraréis,, llamad y os abrirán, pues quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre

Jesús, el Maestro –que está siempre ahí: “Yo te instruiré, y te mostraré el camino a seguir y me ocuparé de ti constantemente” (Sal 32, 8)–, enseña a orar a sus discípulos y les exhorta a ser perseverantes en la oración. Lo hace de camino a  Jerusalén; quizás queriéndonos indicar  que orar es caminar; es realizar un proyecto que empeña toda la vida del cristiano; un compromiso con el prójimo, con quien y por quien nos comprometemos a luchar por la justicia para que todo lo que Dios ha creado, los bienes de la creación, los materiales y los inmateriales, los de la cultura, la ciencia y la tecnología, sean de verdad para todos cada día, como proponen algunos exégetas.

El óleo manierista Oración del Huerto, -Botticelli y Tintoretto también la dibujaron- nos muestra un Jesús un Jesús sumido en profundo éxtasis y arrodillado. Los discípulos, plácidamente dormidos y ajenos a la escena. Una luna compasiva ilumina entre nubes una parte del cuadro. También aquí su luz de plata es ofertada a manos llenas para todos. Y no sólo el arte visual le otorga este significado trascendental. Igualmente el auditivo, como apunta en esta cita de su obra Música y Religión, Hans Küng: “Pues bien, la música puede, en definitiva, ser expresión y referencia de lo trascendente, de lo divino, encauzamiento hacia ello”.

Se ha dicho que orar es conversar con Dios; lo que a mi me parece correcto siempre que no pensemos en un “Padre nuestro que estás en los cielos” como ser personal ajeno a nosotros mismos que atiende las peticiones que la propia oración evangélica de Lucas y de Marcos nos señalan. En la película  Hasta donde los pies me lleven, citada el pasado domingo, el mismo protagonista se queja y grita desesperado y hambriento: “¡El pan nuestro de cada día!… ¿Por qué no nos lo das ahora? El pintor danés Carl Heinrich Bloch (1834-1890) recogió la escena en El Sermón del Monte, cuando quiso enseñar a orar a sus seguidores. Éstos sí parecen estar más interesados y despiertos que los discípulos de la de Botticelli. ¿Por qué será que sus representantes jerárquicos son más dormilones?

En Biografía del silencio, Pablo D’Ors viene a identificar en cierto modo oración con meditación, y nos dice que: “La meditación nos concentra, nos devuelve a casa, nos enseña a convivir con nuestro ser.  Sin esta convivencia con uno mismo, sin ese estar centrado en lo que realmente somos, veo muy difícil, por no decir imposible, una vida que pueda calificarse de humana y digna”Una visión que el monje cisterciense Thomas Keating percibe como un espacio interior que nos abre a la sanación, a la terapia divina, por así decirlo. La oración cura y ayuda a mantener buena salud: Médico, Meditación y Medicina, tienen raíz común.

Y no sólo cura en su particular consulta –¿por qué a los clérigos católicos encargados de la “cura de almas” de una parroquia- se les llamará “cura”?- sino que cuando la oración es comunitaria, el consultorio se torna Hospital General de Sanidad Pública.

“A través de la oración silenciosa y sin palabras, Jesús nos llama a un camino interior que, a la larga, conduce a una profundización esencial de la misión apostólica”(Franz Jalicz en Jesús, Maestro de meditación).

LA TORTUGA CAREY

Soñó en la playa un sueño la carey:
Soñó que no soñaba, que era cierto
que en su caparazón de mar abierto,
brillaba el sol con aires de virrey.

Oraba la tortuga en son de amores
y agradecía a Dios el don del viento,
el vaivén de las olas, y el acento
soñador de la luz y los colores.

Y yo doblé con ella mi rodilla.
Oré también piadosamente y luego,
tornando a retomar timón y remo,
seguí mi viaje a Dios en mi barquilla

(NATURALIA. Los sueños de las criaturas, Ediciones Feadulta)

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Padre celeste de mi ser terrenal

domingo, 24 de julio de 2016
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jesus_oraLc 11, 1-13

El Padrenuestro es mucho más que una oración de petición. Es un resumen de las relaciones de un ser humano con el absoluto, consigo mismo y con los demás. Es muy probable que el núcleo de esta oración se remonte al mismo Jesús, lo cual nos pone en contacto directo con su manera de entender a Dios. El Padrenuestro nos trasmite, en el lenguaje religioso de la época, toda la novedad de la experiencia de Jesús. La base de ese mensaje fue una vivencia única de Dios como “Abba”, y la experiencia de ser Hijo.

Esto no quiere decir que Jesús se sacó el Padrenuestro de la manga. Todas y cada una de las expresiones que encontramos en él, se encuentran también en el AT. No es probable que lo haya redactado Jesús tal como nos ha llegado, pero está claro que tiene una profunda inspiración judía. Tanto Jesús como los primeros cristianos eran judíos sin fisuras. No nos debe extrañar que la experiencia de Jesús se exprese o se interprete desde la milenaria religión judía. Esto no anula la originalidad de la nueva visión de Dios y de la religión. La originalidad no está en la letra sino en la nueva relación del hombre con Dios que destila.

Entendido literalmente, el Padrenuestro no tiene sentido. Ni Dios es padre en sentido literal; ni está en ningún lugar; ni podemos santificar su nombre, porque no lo tiene; ni tiene que venir su Reino de ninguna parte, porque está siempre en todos y en todo; Ni su voluntad tiene que cumplirse, porque no tiene voluntad alguna. Ni tiene nada que perdonar, mucho menos, puede tomar ejemplo de nosotros para hacerlo; ni podemos imaginar que sea Él el que nos induzca a pecar; ni puede librarnos del mal, porque eso depende solo de nosotros.

Es imposible abarcar todo el padrenuestro en una homilía. Cuentan de Sta. Teresa, que al ponerse a rezar el padrenuestro, era incapaz de pasar de la primera palabra. En cuanto decía “Padre” caía en éxtasis… ¡Qué maravilla! Efectivamente, esa palabra es la clave para adentrarnos en lo que Jesús vivió de Dios. Comentar esa sola palabra nos podía llevar varias horas de meditación. De todas formas, vamos a repasarlo todo brevemente, el de Lc.

Padre. En el AT se llama innumerables veces a Dios padre, sin embargo, el “Abba” es la piedra angular de todo el evangelio. En los evangelios se pone una sola vez en labios de Jesús, pero lo hace con tal rotundidad, que se ha convertido en clave de su mensaje. Es la fuente inagotable de sus vivencias. El llamar a Dios Papá supone sentirse niño pequeño, que ni siquiera sabe lo que debe pedir. Esta actitud es muy distinta de la nuestra, que nos comportamos como personas mayores, que podemos decir a Dios lo que nos debe dar en cada momento. La aparente oración debe convertirse en confianza absoluta en aquel que sabe mejor que yo mismo lo que necesito y está siempre dándomelo.

Dios es Padre en el sentido de origen y fundamento de nuestro ser, no en el sentido de dependencia biológica. Queremos decir mucho más de lo que esas palabras significan, pero no tenemos el concepto adecuado; por eso tenemos que intentar ir más allá de las palabras. Procedemos de Él sin perder nunca esa dependencia, que no limita mis posibilidades de ser, sino que las fundamenta absolutamente. El padre natural, da en un momento determinado la vida biológica. Dios nos está dando constantemente todo lo que somos y tenemos.

Hay que eliminar de Dios la idea del padre dominador y represor, que ha veces le hemos atribuido y que nos ha llevado a proyectar sobre Él los complejos que con frecuencia sufrimos con relación al padre natural. No podemos proyectar sobre Dios la idea negativa de padre que aplicamos al padre biológico. Por eso decimos hoy que Dios es también Madre. No se trata de un superficial progresismo. Se trata de superar la literalidad de las palabras y de tomar conciencia de que Dios es más de lo que podemos decir y pensar de Él. Uniendo el concepto de padre y el de madre, superamos la dificultad de dejar cojo el concepto de Dios, pero además nos obligamos a ampliar el abanico de los atributos que le podemos aplicar.

No hay padre ni madre si no hay hijo; y no puede haber hijo si no hay padre y madre. Para la cultura semita, Padre era, sobre todo, el modelo a imitar por el hijo. Este es el verdadero sentido que da Jesús a su advocación de Dios como Padre. “Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre”. Cuando Jesús dice que no llaméis a nadie padre, quiere decir que el único modelo a imitar por el seguidor de Jesús, es únicamente el mismo Dios. Si todos somos hijos, todos somos hermanos y debemos comportarnos como tales. Ser hermano supone el sentimiento de pertenencia a una familia y de compartir todo lo que se tiene y lo que se es.

Santificado sea tu nombre. Ya sabéis que aquí “nombre” significa persona, ser. En el AT se manifiesta en numerosas ocasiones, que la tarea fundamental del buen judío era dar gloria a dios; pero esa gloria a dios sería el hacer obras dignas de ese Dios. Nada ni nadie puede añadir algo a Dios. Está siempre colmado su ser y no se puede añadir ni una gota más. Lo que quiere decir es que nosotros debemos descubrir esa presencia en nosotros y en los demás. Debemos vivir esa realidad y debemos darla a conocer a los demás tal como es a través de nuestra propia existencia. Santificamos su nombre cuando somos lo que tenemos que ser, respondiendo a las exigencias más profundas de nuestra naturaleza.

Venga tu reino. El Reino es la idea central del mensaje evangélico. Pero el mismo Jesús nos dijo que no tiene que venir de ninguna parte ni está aquí ni está allí, está dentro de vosotros.Nuestra tarea consiste en descubrirlo y manifestarlo en la vida con nuestras obras. Debemos contribuir a que ese proyecto de Dios, que es el Reino, se lleve a cabo en nuestro mundo de hoy. Todo lo que tiene que hacer Dios para que su Reino llegue, ya está hecho. Al expresar este deseo, nos comprometemos a luchar para que se haga patente.

Danos cada día nuestro pan de mañana.Encontramos aquí una clara alusión al maná, que había que recogerlo cada mañana. Dios no puede dejar de darnos todo lo que necesitamos para ser nosotros mismos. Sería ridículo un dios que se preocupara de dar solo al que le pide y se olvidara del que no le pide nada. No se trata solo del pan o del alimento en general, sino de todo lo que el ser humano necesita, tanto lo necesario material como lo espiritual. Jesús dijo: “Yo soy el pan de Vida”. Al pedir que nos dé el pan de mañana, estamos manifestando la confianza en un futuro que se puede adelantar.

Perdónanos, porque también nosotros perdonamos. En la biblia hay unas referencias a que Dios solo perdona cuando nosotros hemos perdonado. Sería ridículo (Abrahán en la primera lectura) que nosotros pudiéramos ser ejemplo de perdón para Dios. Más bien deberíamos aprender de Él a perdonar. Dios no perdona, en Él los verbos no se conjugan, porque no tiene tiempos ni modos. Dios es perdón.El descubrir que Dios me sigue amando sin merecerlo es la clave de toda relación con Él y con los demás.Si perdonamos es señal de que hemos descubierto y aceptado el perdón (amor) de Dios.

No nos dejes ceder en tentación. También esta formulación es complicada. Y también encontramos en el AT muchos pasajes en los que se pide a Dios que no lleve la tentación a los que rezan. Se creía efectivamente, que Dios podía empujar a un hombre a pecar. De ahí que tanto el griego como el latín apuntan a que “no nos induzca a pecar” el mismo Dios, lo cual no tiene para nosotros ni pies ni cabeza. Los intentos que se hacen al traducirlo no terminan de aclarar los conceptos. Pensar que Dios puede dejarnos caer o puede hacer que no caigamos es ridículo. La única manera de no caer es precisamente la oración, es decir, la toma de conciencia, (conocimiento) de lo que verdaderamente soy y lo que es Dios para mí.

Meditación-contemplación

Dios es Abba.
Como Padre, es fundamento de todo lo que yo soy.
De mi ser material y de mi ser espiritual.
Mi existencia depende totalmente de Él en todo momento.
………………………

Como Padre es el único modelo al que debo imitar.
Mi plenitud consiste en imitarle.
Cuando sea capaz de experimentar que yo y el Padre somos uno,
Habrá terminado mi camino de perfección.
………………………..

Como padre de todos, todos participamos de lo que Él es.
Somos todos mucho más que hermanos.
Somos idénticos. Somos una sola cosa en Él.
Éste es el fundamento del amor que nos pide Jesús.
…………………….

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Sólo le pido a Dios

domingo, 24 de julio de 2016
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cruz-recordatorio-padre-nuestro-1-153Lc 11,1-13. Comentario al evangelio del 24 de julio de 2016.

Pedir o no pedir… Seguro que todo creyente se ha planteado esa disyuntiva en algún momento. Por un lado, ¿para qué pedir a Dios si Él sabe con certeza lo que precisamos? San Pablo ya nos advirtió que nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene (Rm 8,26) ¿No es mejor dejarle actuar sin más? Pero, por otro lado, nos asalta la duda. ¿Cómo no pedir a quien es Todopoderoso? ¿No es todo posible para Dios (Mc 10,27)? ¿A quién acudir en caso de necesidad sino a Él? Y sobre todo, ¿qué pedir?

Jesús nos ofrece varias claves para aprender a hacer peticiones. Porque igual que desde niños nos enseñan a dar las gracias, debemos estar igualmente dispuestos a que nos instruyan en el arte de “la demanda”. ¿Y quién mejor que el Maestro?

En esta primera parte del capítulo 11 de Lucas que leemos el domingo 24 de julio, el Señor nos da algunas pistas:

Jesús vincula la petición a un contexto de oración y amistad. Por tanto, a un lugar de diálogo y encuentro con el Padre. Cuando hay confianza es más fácil pedir, porque si las dos partes se entienden y se conocen, todo fluye con naturalidad. Con el ejemplo del amigo importuno lo deja claro. A un desconocido difícilmente se le abre la puerta a medianoche.

La petición es insistente. Un modo de mostrar el valor de lo que se pide. Por cosas pequeñas no merece la pena molestar a los demás, pero cuando nos va la vida en ello se hace lo que sea: gritar, golpear la puerta, suplicar, volver una y otra vez… La obstinación da la medida de nuestra convicción sobre la importancia de lo que queremos.

El Señor, para no perdernos, nos ofrece una oración plagada de peticiones. Nos deja claro, desde la perspectiva de Dios, lo que es realmente vital para el hombre: la llegada del Reino, donde los cojos andan y los ciegos recobran la vista; el alimento de cada día; el perdón de nuestro pecado que causa heridas irreparables; que todos estemos unidos en el Padre, el Único que ordena todas las cosas; que nos fortalezca para no caer en las tentaciones que nos conducen a alejarnos de Él y de los demás. Y que entendamos que cada petición conlleva implícitamente un compromiso: ¿Cómo pedir el perdón si luego no perdonamos? ¿Cómo reclamar alimento, sanación, fortaleza… solo para mí, si todos somos sus hijos y el bien de cada uno repercute en el de todos? Por eso, como decía el cantautor argentino León Gieco en su canción: “solo le pido a Dios…, que el dolor no me sea indiferente; que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente”.

Ahora bien, si alguna vez queremos pedir una sola cosa o resumir en una todas las demás, lo mejor es decir: “solo le pido a Dios que se haga su voluntad”, pues nunca encontraremos ninguna mejor que la suya.

María Dolores López Guzmán

Fuente Fe Adulta

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La comensalidad de los discípulos de Jesús

sábado, 23 de julio de 2016
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«Jesús se convierte en altar, víctima y sacerdote»

«El sacrificio de Jesús sostiene la celebración actual»

(Benjamín Forcano y Rufino Belasco).- Al comenzar este tema, confesamos que nos acompañan dos sentimientos importantes: primero, que no vemos que dentro de la cristiandad haya una disponibilidad general a entender la Cena de Jesús -que hoy llamamos Misa o Eucaristía- tal como El la vivió y nos la quiso transmitir. Y segundo que, de ser esto verdad, el reto que se nos plantea es enorme: cómo reintroducir en los ámbitos de la vida cristianas la visión originaria de Jesús.

Si uno está un poco familiarizado con la liturgia eucarística verá enseguida dos cosas: que es tema obsesivo el del sacrificio y el de que Jesús se convierte en altar, víctima y sacerdote. La Ultima Cena se reduce a «sacrificio», siendo Jesús la víctima santa e inmaculada , que nos redimió del pecado original y queda, por tanto, como víctima preparada por el Padre para la Iglesia.

Creemos que transcurre por ahí el meollo de la cuestión: la ideología de sacrificio. Y la pregunta inevitable entonces es ésta: ¿Si la Ultima Cena no es sacrificio, por qué y cómo se ha reducido históricamente a esa categoría? ¿Qué significa propiamente esa reducción? ¿Cómo habría que entenderla y qué reformas serían necesarias?

Cuatro consideraciones previas

1.La Cena pascual de Jesús

La pascua judía coincide con aquel mes de Nissan (Marzo-Abril) en que la naturaleza se libera de las cadenas del invierno y que el israelita asimila con la esclavitud , cadenas que los padres tuvieron que soportar en Egipto durante siglos.

Esclavitud y liberación son, pues, las piedras fundantes de Israel, una experiencia que requiere una continua travesía , de manera que ninguno olvide la alianza que Dios quiso establecer con un pueblo de esclavos. La cena pascual es la madre de todas las fiestas. El Exodo de Egipto indica la necesidad de una liberación permanente.

Jesús, en su pueblo de Nazaret, revivía cada año en familia esta fiesta de la liberación del Faraón. La celebran en casa, sentados, en torno a una mesa con parientes y amigos, con los elementos que les llevan a recordar la historia de la liberación. Tal comida no se celebraba en la sinagoga ni el templo, ni contaba con sacerdotes, ni con lecturas estandarizadas, gestos ritualmente definidos, hábitos o útiles «sagrados».

Hoy, sin embargo, la Eucaristía presenta una articulación estricta y meticulosa según el canon de cuanto en ella se desenvuelve. Y esto de manera uniforme, una y mil veces, por uno y mil sacerdotes, en todos los rincones de la tierra, y aunque se trate de una variedad infinita de personas, edades. situaciones, pueblos y culturas distintas.

La manera monóloga y ritualizada de entender la Eucaristía explicaría el hecho de que después de millones de Misas celebradas semanalmente en los cinco continentes, no acaezca nada nuevo en la sociedad, mientras la cena pascual de Jesús, teóricamente idéntica, ha marcado una vertiente en la historia de las religiones.

2.El Sacrificio de Jesús en el rito, clave de bóveda que sostiene el modo celebrativo de la Eucaristía actual

El concepto de sacrificio aplicado a la Eucaristía, subyace como base de un proceso histórico de la Iglesia, que condiciona la desigualdad entre sus miembros con la división entre clérigos y laicos y la sacralización de un poder destinado a mantener un orden y clases sociales.

Basta con recordar algunos textos del Magisterio elesiástico hasta el concilio Vaticano II: La comunidad de Cristo no es una comunidad de iguales, en la que todos los fieles tuvieran los mismos derechos, sino que es una sociedad de desiguales» (Constitución sobre la Iglesia, Vaticano I, 1870). – Por su misma naturaleza, la Iglesia es una sociedad desigual con dos categorías: la jerarquía y la multitud de fieles; sólo en la Iglesia Jerarquía reside el poder y la multitud no tiene más derecho que el de dejarse conducir y seguir dócilmente a sus pastores» (Pio X, Vehementer, 12.)

Estas ideas han arraigado profundamente en la cristiandad. Tan profundamente que aún hoy son guía y criterio de muchos.

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La Cena del Señor centro de la liturgia de la Iglesia

1º) La Cena de Jesús como sacrificio

El concepto de sacrificio reaparece como centro de la oración de la liturgia. He aquí tan sólo unos textos: -«Oh Señor, que te sea agradable nuestro sacrificio que hoy se cumple delante de ti» .-«Padre clementísimo, te suplicamos que aceptes estos dones, este santo e inmaculado sacrificio».- «En este sacrificio, oh Padre, nosotros tus ministros y tu pueblo santo, celebramos el memorial de la santa pasión del Cristo tu hijo». -«Mira con amor, oh Dios, la víctima que tú mismo has preparado para la Iglesia» (SC, 7).»Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios Padre todopoderoso».

El mismo concilio Vaticano II recoge esta tradición, aun cuando luego la modifique y enriquezca profundamente: «Nuestro salvador, en la última Cena, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con que perpetuara por los siglos , hasta su vuelta, el Sacrificio, memorial de su muerte y resurrección, y así confiara a su esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección; signo de unidad, vínculo de caridad , banquete pascual, en el cual se come a Cristo» (SC, 47).

2º) La interpretación dada a la Cena como sacrificio

Admitamos que la Ultima Cena sea un Sacrificio, ¿pero en qué sentido?
La historia de lo que le ocurrió a Jesús es muy simple: El es un profeta, se opone a toda ley inhumana, repudia el rumbo exhibicionista de una religiosidad interesada en las apariencias, propone una nueva imagen de Dios como Bondad sin fín y sin discriminaciones, ataca el objeto más sagrado para el israelita, el Templo, asociado a mercado y cueva de bandidos, hace el bien en modo y tiempos no oficiales, atestigua con autoridad que en el Reino del Padre entran primero los samaritanos que los fariseos, las prostitutas primero que los justos, los que han padecido primero que los que han gozado, los bondadosos de corazón primero que los poderosos, los operadores de la paz y de la justicia primero que los mojigatos que sacrifican animales.

Ciertamente, Jesús no dice que va a morir por los pecados del mundo, sino que es espiado, perseguido y condenado por blasfemo y sedicioso. Se ha hecho hijo de Dios y es un revolucionario político que pone en peligro la legitimidad del Gobenador romano. Y, para estos casos, las autoridades reservan la crucifixión.

3º) El sacrificio de los fieles

La ideología del sacrificio deforma ciertamente la figura histórica de Jesús y también de los congregados en su nombre en la asamblea de los fieles.

En la Cena última, Jesús trata de que los discípulos aprendan a hacer lo que él hizo, volviéndose disponibles y serviciales para que otros se beneficien. Es una cena pedagógica, internamente estimuladora.

La Eucaristía de hoy es, por lo general, impositiva, hay que limitarse a escuchar, repetir y hacer mecánicamente cuanto está reglamentado. La relación entre el sacerdote y la asamblea es vertical. Un único actor en escena, varón y ordenado, célibe, sentado sobre un trono, separado de los «súbditos», y detrás del altar sacrificial, incapaz de intercambiar con los otros sus experiencias, por lo que lógicamente acaban por sentirse extraños los unos a los otros. La imagen del celebrante arriba y de los fieles abajo, visibiliza la separación de ambos polos. A través del rito se sanciona, en nombre de Dios, la disyunción irreparable entre quien retiene el poder de la palabra y quien está privado de ella; entre quien ordena y obedece; entre quien está sobre y quien está abajo; entre quien está sentado en un trono y quien es siervo.

5º) ¿Tran-sustanciación del pan o de los cristianos?

Primero. El concilio de Trento es taxativo: «En la Eucaristia, después de la consagración del pan y el vino, Jesucristo se contiene verdaderamente, realmente y sustancialmente bajo la apariencia de esas cosas sensibles».

Son dos las condiciones para que Jesús descienda a la Asamblea: 1.Que esté la materia (pan y vino de uva). 2.Y que haya un celebrante (ordenado, célibe y varón).

Si el sacramento no es administrado por un sujeto «ordenado» tal sacramento no se da. Paradójicamente, la Misa es nula si se celebra por una comunidad reunida en nombre del Señor pero sin un sacerdote. Y es válida si se celebra por un célibe «consagrado» de una forma absolutamente privada. Leer más…

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«Necesario y urgente». 16 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,38-42)

domingo, 17 de julio de 2016
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16-TO-300x298Mientras el grupo de discípulos sigue su camino, Jesús entra solo en una aldea y se dirige a una casa donde encuentra a dos hermanas a las que quiere mucho. La presencia de su amigo Jesús va a provocar en las mujeres dos reacciones muy diferentes.

María, seguramente la hermana más joven, lo deja todo y se queda «sentada a los pies del Señor». Su única preocupación es escucharle. El evangelista la describe con los rasgos que caracterizan al verdadero discípulo: a los pies del Maestro, atenta a su voz, acogiendo su Palabra y alimentándose de su enseñanza.

La reacción de Marta es diferente. Desde que ha llegado Jesús, no hace sino desvivirse por acogerlo y atenderlo debidamente. Lucas la describe agobiada por múltiples ocupaciones. Desbordada por la situación y dolida con su hermana, expone su queja a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano».

Jesús no pierde la paz. Responde a Marta con un cariño grande, repitiendo despacio su nombre; luego, le hace ver que también a él le preocupa su agobio, pero ha de saber que escucharle a él es tan esencial y necesario que a ningún discípulo se le ha de dejar sin su Palabra «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán».

Jesús no critica el servicio de Marta. ¿Cómo lo va a hacer si él mismo está enseñando a todos con su ejemplo a vivir acogiendo, sirviendo y ayudando a los demás? Lo que critica es su modo de trabajar de manera nerviosa, bajo la presión de demasiadas ocupaciones.

Jesús no contrapone la vida activa y la contemplativa, ni la escucha fiel de su Palabra y el compromiso de vivir prácticamente su estilo de entrega a los demás. Alerta más bien del peligro de vivir absorbidos por un exceso de actividad, en agitación interior permanente, apagando en nosotros el Espíritu, contagiando nerviosismo y agobio más que paz y amor.

Apremiados por la disminución de fuerzas, nos estamos habituando a pedir a los cristianos más generosos toda clase de compromisos dentro y fuera de la Iglesia. Si, al mismo tiempo, no les ofrecemos espacios y momentos para conocer a Jesús, escuchar su Palabra y alimentarse de su Evangelio, corremos el riesgo de hacer crecer en la Iglesia la agitación y el nerviosismo, pero no su Espíritu y su paz. Nos podemos encontrar con unas comunidades animadas por funcionarios agobiados, pero no por testigos que irradian el aliento y vida de su Maestro.

José Antonio Pagola

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» Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor». Domingo 17 de julio de 2016. 16º domingo del Tiempo Ordinario

domingo, 17 de julio de 2016
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41-ordinarioC16 cerezoLeído en Koinonia:

Génesis 18, 1-10a: Señor, no pases de largo junto a tu siervo.
Salmo responsorial: 14: Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
Colosenses 1, 24-28: El misterio escondido desde siglos, revelado ahora a los santos.
Lucas 10, 38-42: Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor

El texto de la primera lectura nos presenta una escena familiar. Abraham, sentado ante la tienda, recibe la visita del Señor. Abraham lo recibe con hospitalidad. Dios lo premia con la fecundidad de Sara.

Tres rasgos fundamentales caracterizan el texto: la fe de Abraham al reconocer al Señor. La hospitalidad con que se recibe al Señor y la familiaridad de Dios con Abraham y su familia. Es un bello ejemplo de la relación y acogida de Dios por el ser humano, la única posible para caminar.

Volvemos a encontrar en la segunda lectura de hoy el pensamiento de Pablo sobre el misterio de Dios y su revelación por medio de la predicación y lo que Pablo aporta a esa revelación por el sufrimiento. Cristo revela la riqueza de Dios en la pobreza de la cruz y el apóstol será el distribuidor de la misma a hombres y mujeres.

Un primer comentario al evangelio de hoy:

Lucas nos presenta finalmente una anécdota perteneciente al fondo de las tradiciones recibidas por el evangelista en el círculo de sus discípulos, especialmente mujeres. Marta y María, hermanas de Lázaro, reciben en su casa al Señor.

El caso de Marta y María es aprovechado una vez más por Lucas para resaltar el valor de la escucha de la Palabra de Dios. Sin entrar en la teoría del valor de la contemplación sobre la acción, que se ha querido ver en las dos actitudes opuestas de Marta y María, lo cierto de la anécdota es que el Reino de Dios no puede dejarse distraer por una preocupación demasiado exclusiva por las realidades terrenas. Por otra parte escuchar la Palabra de Dios es todo, menos ocasional.

Nos encontramos con un cuadro familiar en el que Jesús visita en su casa a unas amigas suyas. Ellas, Marta y María lo reciben en su casa. Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio para atender al huésped, y Jesús la reprende porque anda inquieta “con tantas cosas”.. Marta no encuentra la colaboración de nadie. La hermana, en efecto, se ha sentado a los pies de Jesús y está ocupada completamente en la escucha de su palabra.

El Maestro no aprueba el afán, la agitación, la dispersión, el andar en mil direcciones “del ama de casa”. ¿Cuál es, pues, el error de Marta? El no entender que la llegada de Cristo significa, principalmente, la gran ocasión que no hay que perder, y por consiguiente la necesidad de sacrificar lo urgente a lo importante.

Pero el desfase en el comportamiento de Marta resulta, sobre todo, del contraste respecto a la postura asumida por la hermana. María, frente a Jesús, elige “recibirlo”, Marta, por el contrario, toma decididamente el camino del dar, del actuar; María se coloca en el plano del ser y le da la primacía a la escucha.

Marta se precipita a “hacer” y este “hacer” no parte de una escucha atenta de la palabra de Dios, por lo que corre el peligro de convertirse en un estéril girar en el vacío. Marta se limita, a pesar de todas sus buenas intenciones, a acoger a Jesús en su casa. María lo acoge “dentro de sí”, se hace recipiente suyo. Le ofrece hospitalidad en aquel espacio interior, secreto, que ha sido dispuesto por él, y que está reservado para él. Marta ofrece a Jesús cosas, María se ofrece a sí misma.

Según el juicio de Jesús, María ha elegido inmediatamente, “la mejor parte” (que, a pesar de las apariencias, no es la más cómoda: resulta mucho más fácil moverse que “entender la palabra”). Marta, desgraciadamente, que no quiere que falte nada al huésped importante, que pretende llegar a todo, acaba dejando pasar clamorosamente por alto “la única cosa necesaria”. Marta reclama a Jesús, no sabe lo que él prefiere. El problema es precisamente éste: descubrir poco a poco qué es lo que quiere Jesús de mí. Por eso es necesario parar, dejar el ir y venir, y sacar tiempo para escuchar la Palabra de Jesús y comprender cuál es realmente la voluntad de Dios sobre mi vida.

Un segundo comentario al evangelio de hoy:

En el evangelio de Lucas el camino de Jesús a Jerusalén marca una progresiva manifestación del Reino. A medida que avanza va formando a los discípulas y discípulos en actitudes de misericordia, de abandono de las pretensiones de poder, y en la atenta escucha de la Palabra. En ese camino, al igual que los misioneros que han venido anunciando su presencia, Jesús es recibido por dos mujeres en una casa de familia.

Allí se topa con dos actitudes diferentes. Una de total atención y escucha, la otra, de afán por los quehaceres habituales y de distracción. El trajín de la vida cotidiana había atrapado a Marta y, probablemente, la había vuelto sorda a la Palabra de Dios. Ella recibe a Jesús pero no lo escucha. Aunque Jesús entra a su casa, ella lo deja por puertas. Jesús propone un plan encaminado a formar verdaderos oyentes de la Palabra -auténticos discípulos- que Marta no está dispuesta a atender.

María, al contrario, comprende bien el proyecto de Jesús y rompe con los prejuicios culturales de su época. En lugar de andar atareada con los oficios domésticos “propios de las mujeres” (las “labores propias de su sexo”, como se ha dicho y pensado durante tanto tiempo), se pone “a los pies del Señor para escuchar su palabra”. Este gesto, reservado entonces culturalmente a los discípulos varones, la acredita como discípula.

Marta, al fatigarse con el interminable trabajo de la casa, cuestiona la contradictoria actitud de María e interpela al Maestro para que «ponga a la mujer en su sitio». Jesús le da una respuesta inesperada: felicita a María porque ha acertado en su elección y reprende a Marta por dejarse envolver en las preocupaciones cotidianas sin atender a lo importante. Efectivamente, María ha hecho la mejor opción, la única necesaria para ponerse en el camino de Jesús y ser su discípulo: ha decidido aprender a escuchar la Palabra y se deja interpelar por la presencia del Maestro.

En su camino Jesús va formando, pues, a sus seguidores en las actitudes indispensables para llegar a ser verdaderos discípulos. Una de esas actitudes es la de escuchar atenta y serenamente su Palabra. Actitud que exige romper con el ritmo loco e interminable de la vida cotidiana para ponerse, serena y atentamente, a los pies del Maestro. Esta elección que a los ojos de la eficiencia puede parecer superficial e inútil, es una condición fundamental para llegar a ser un auténtico discípulo.

Nosotros hoy nos enfrentamos a un ritmo de vida más agitado que el de épocas anteriores. Los medios proporcionados por la tecnología para ahorrar tiempo… también multiplican las ocupaciones y acaban haciéndonos caer en un activismo desenfrenado. Y el exceso de preocupaciones nos lleva a olvidarnos de lo fundamental…

Nuestro cristianismo se convierte así en un tímido cumplimiento de algunas obligaciones religiosas, sin espacio para la escucha de la Palabra. Se nos exhorta, se nos bombardea continuamente con mensajes que nos invitan a ser «eficaces, productivos y competitivos»… Pero con Marta y María, Jesús nos interpela y nos llama a respetar la jerarquía de valores y a poner en su sitio la «opción por lo fundamental»: ponernos a sus pies y escuchar su palabra. Jesús nos invita a que nuestro cristianismo sea un verdadero discipulado.

Para aprender la lección del Maestro, debemos formarnos en la escucha atenta de la Palabra en la Biblia y en la vida. La Biblia no puede permanecer guardada en un cajón mientras nosotros nos ahogamos en el interminable torbellino de los quehaceres cotidianos. La Palabra de Dios está hecha para caminar con nosotros paso a paso, día a día, minuto a minuto. Para enseñarnos a vivir en comunidad la solidaridad que hace efectivo aquí y ahora el reinar de Dios. Para ayudarnos a escuchar la Palabra que Dios nos dirige en la difícil realidad de nuestros pueblos: en las inhumanas condiciones de las grandes ciudades, en la soledad y el aislamiento de los campos. Debemos pues optar por las actitudes que nos conviertan en verdaderos discípulos de Jesús y auténticos cristianos. Leer más…

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Dom 17.7.16. Marta y María. Sobre la mujer y los ministerios en la Iglesia

domingo, 17 de julio de 2016
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Lázaro_Marta_y_Maria_Magdalena_hacia_Provenza_Museo_della_Foi_webLeído en el blog de Xabier Pikaza:

Dom 16. Tiempo ordinario. Lc 10, 38-42. El evangelio de este domingo es uno más ricos y sabios de la historia cristiana, y lo comento a modo de continuación de la postal anterior, que trataba de Marta y de la Resurrección. Hoy me ocupo de Marta y María, dos mujeres que han sido para el evangelio de Lucas y el de Juan el signo de toda la Iglesia, mirada desde su perspectiva femenina.

Una mujer (Marta) sería la mujer-obispo/diácono (es decir, la encargada del ministerio o diakonía, en la línea de los obispos). Ella ejerce así la función de «señora» de la casa (eso significa su nombre) y así organiza y dirige la comunidad doméstica, cuando las iglesias al principio eran casas grandes. Así la presenté ayer como «pareja» de Pedro o, mejor dicho, como un Pedro mujer

La otra (María) sería la mujer-maestra/testigo de la gracia (es decir, la orante y teóloga, encargada de escuchar y entender a Jesús). Ella es la que acoge la palabra, la entiende y aplica, es el pensamiento del evangelio, en la línea del Discípulo Amado.

De la vinculación y ayuda de estas dos hermanas (de sangre o de comunidad) depende la vida de la Iglesia. Ellas son al principio «toda la iglesia», entendida en perspectiva de mujer. Me gustaría que los amigos del blog meditaran sobre el tema y dijeran (leyendo lo que sigue) si ese motivo de las mujeres-iglesia ha sido conservado o se ha perdido (se ha marginado) en una Iglesia de varones donde sólo los «hombres» pueden ser obispos, presbíteros y diáconos.

imagesEl Papa Francisco ha puesto en marcha este tema de los «ministerios» diaconales de mujeres, es decir, episcopales y presbiterales, de la Iglesia, sin necesidad de mitras, pero con la autoridad creadora de los ministros de Jesús.

Hay mujeres católicas que han sido ordenadas como presbíteros y obispos en la Iglesia, como indiqué hace unos días, apelando precisamente a este pasaje. Por eso es importante leerlo con profundidad.

Estamos ante una nueva etapa de la vida de la Iglesia, que puede estar representada por esta pareja ministerial de dos mujeres liberadas por Jesús, libres para la comunidad.

Éste es un tema antiguo, que he desarrollado en este blog desde diversas perspectivas. Me gozo de poderlo ofrecer una vez más, desde una perspectiva nueva. Una vez más, dos mujeres, toda la Iglesia.

Primera imagen: Tradición medieval: Marta y María navegan con su hermano a Provenza, para crear allí la primera iglesia cristiana. Segunda imagen: dos mujeres obispos (Marta y María) de la tradición anglicana.

Texto. Mientras iban de camino:

38 Mientras iban ellos de camino, él entró en cierta aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. 39 Y ella tenía una hermana que se llamaba María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.40 Marta, en cambio, estaba afanada (distraída) con mucho servicio; y acercándose {a él, le} dijo: Señor ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el servicio? Dile, pues, que me ayude.41 Respondiendo el Señor, le dijo: Marta, Marta, te preocupas y estás perturbada por muchas cosas; 42 una (sola) cosa es necesaria; en efecto, María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada (Lc 10, 38-42)

1. El camino de Jesús.

Así comienza la escena: mientras iban de camino… No se trata de un «ir» cualquiera sino de un camino mesiánico, iniciado en 9, 51-52 (los enviados de Jesús no son recibidos porque van de camina hacia Jerusalén) y explicitado en 9, 57 (la llamada al seguimiento que Jesús dirige se inscribe en su camino de ascenso y cumplimiento mesiánico).

En ese contexto de camino, que culmina de forma inmediata en el final de la parábola del samaritano (poreuou: ¡Vete!: 10, 37) se inscribe e inicia nuestro texto, que comienza con la misma palabra (en de tô poreueisthai: mientras iban de camino: 10, 38). Por eso es bueno precisar el tema en Lucas:

– Camino implícito. Se inicia en el contexto de la confesión de Pedro: Jesús es el Hijo del hombre que debe dar la vida y sus discípulos, es decir, aquellos que le siguen en el camino, deben negarse a sí mismos: 9, 21-27). Ese mismo camino queda ratificado en la transfiguración: en contra de lo que sucede en los paralelos de Mc y Mt, Lucas ofrece el tema del diálogo de Jesús con Moisés y Elías, diciendo que ellos hablaban sobre el «éxodo» que él debe culminar/plenificarse con plêroun en Jerusalén: 9, 31).

– Camino explícito. Se inicia en la gran afirmación de 9, 51-52: Jesús inicia el ascenso hacia Jerusalén y lo hace de forma explícita, con los Setenta y dos discípulos (cf. 10, 1), que son signo de toda la iglesia. Lucas emplea aquí el mismo lenguaje de culminar/plenificarse (plêroun) que había utilizado en la transfiguración, al hablar del éxodo que Jesús tenía que culminar en Jerusalén (cf. Lc 9, 31). Así afirma, al iniciar el gran que le lleva a Jerusalén que comienzan los días en que se cumple su subida, es decir, su plenificación mesiánica (Lc 9, 51). Jesús quiere culminar su camino (syn-plêroun) en compañía de sus discípulos. Su mismo ascenso hacia Jerusalén se convierte así en proceso y campo de surgimiento de la iglesia.

Todo lo que sigue ha de entenderse según eso en contexto de camino mesiánico. No es una verdad abstracta, no es una teoría sobre el ser humano. Lucas interpreta la historia de Jesús como lugar fundante desde el que se entiende el surgimiento comunitario. En ese sentido, los textos del evangelio (Lc) se convierten en referencia y clave para entender lo que ne otra perspectiva cuenta el mismo Lucha en el libro de los Hechos. Jesús envía a los discípulos a los lugares donde debe «venir él», para que le precedan. Hay aquí un elemento de «simbolismo» en el que se vinculan dos planos:

– Subida histórica de Jesús a Jerusalén, en el contexto de su vida. Lc estructura su evangelio como gran subida a Jerusalén, que se inicia aquí (9, 51) y culmina en la pascua. De un modo especial definen a Lc como ascenso los capítulos de la «gran inserción» (Lc 9, 51-18, 15) en los que se aparta de la narración de Mc para ofrecer su propio esquema eclesial.

– Subida de Jesús como parábola mesiánica. El mismo camino de Jesús viene a presentarse así como cumplimiento de la promesa israelita (conforme a las profecías de la gran subida de los pueblos hacia Jerusalén) y como anuncio y principio del camino de la humanidad, que viene a encontrar su sentido en ese camino de Jesús. El «éxodo» histórico y escatológico de Jesús y sus discípulos se interpreta así como espacio (contexto) donde se puede inscribir la historia eclesial. Lo que se dice aquí será reasumido en otra perspectiva, en el libro de los Hechos.

Así podemos volver al texto: Y sucedió que mientras iban de camino… (10, 38a). Jesús ha decidido dirigirse a Jerusalén (9, 51), proponiendo las condiciones de su seguimiento a quienes quieran acompañarle (9, 57-62). Le preceden los Setenta y Dos discípulos (cf. 10, 1-12.17-24) y con ellos va abriendo un camino de iglesia, tanto en perspectiva de misión (los que le acompañan) como en perspectiva de acogida (los que le reciben, formando con él una casa). En las reflexiones que siguen desarrollamos este último aspecto, estudiando el sentido de la comunidad que forman las dos hermanas.

2. Jesús y los discípulos…

De manera sorprendente, el texto pasa del plural al singular: ellos siguen de camino, mientras él entra en una aldea y casa… Es como si la experiencia eclesial se dualizara, de manera que se precisan los dos contextos fundamentales, los dos «espacios» básicos del evangelio:

– Por una parte están ellos (autous)… que siguen de camino… Estrictamente hablando no sabemos quiénes son.
– Por otra parte está Jesús, separado de los 72… Nuestro texto (10, 38) supone que, mientras ellos siguen, él (Jesús) queda, entra en una aldea, es recibido en una casa. De esta forma pasamos de la iglesia del envía y camino (los 72) a la iglesia de la acogida y la casa (las dos mujeres que van a recibir a Jesús).

Este Jesús acogido en la aldea (o casa) es símbolo del conjunto eclesial. No aparece ya en forma individual histórica, como un hombre del pasado, sino como figura pascual: es el Señor al que se acoge, el Señor que forma parte profunda de la vida de la comunidad.

3. Él entró en una aldea y una mujer llamada Marta lo recibió…

El tema de la acogida se encuentra preparado en 9, 52-56. Dejemos por ahora el posible añadido de en (su) casa. Acentuemos el contexto más extenso de la aldea (kômen) como lugar de referencia. Desde esta perspectiva, las dos escenas pueden entenderse como variantes de un mismo modelo narrativo:

– 9, 52-56. La aldea de los que no reciben a Jesús. Jesús envía a sus mensajeros para que le anuncien y preparen el camino. Ellos (en plural, los mensajeros) entran en una aldea samaritana …, pero sus habitantes no le quieren recibir. Recibir (en el pueblo, en la casa) es la señal suprema de acogida mesiánica, como sabemos por 10, 4-10, aunque en un caso, en contexto más galileo-palestino se hable de aldea (kômen: 9, 52), y en el otro, en contexto más amplio de misión helenista se hable de ciudad y lugar (polin: 10,1ss). Esta aldea de los samaritanos es signo de todas las ciudades y lugares que no aceptaran la misión de Jesús a través de sus discípulos. Frente al deseo de Santiago y Juan que quieren hacer que baje fuego del cielo contra los no hospitalarios Jesús permite que no le reciban y va a otra aldea.

– 10, 38-42. Marta y María. La aldea de los que reciben a Jesús. Se repite el esquema y las palabras principales del pasaje anterior, aunque ahora no se dicen que son los discípulos (los mensajeros) los que preparan el camino de Jesús, sino simplemente que van (verbo poreuein en 9, 52.56 y 10, 38). El pasaje anterior acababa diciendo que ellos (Jesús y discípulos) fueron a otra aldea) que les recibe (9, 56); pues bien, la nueva escena comienza diciendo que Jesús entra (eiselthen, 38, lo mismo que 9, 52) en una aldea donde les recibe Marta (10, 38). Frente a los samaritanos anónimos que no reciben a Jesús aparece aquí Marta, como signo y representante de toda la aldea que recibe a Jesús. Leer más…

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Todas contra Jesús. Domingo 16 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 17 de julio de 2016
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

No hay error en el título. No es TODOS, sino TODAS. Todas las mujeres en desacuerdo con Jesús. Todas las mujeres que conozco le reprochan que alabe a María en vez de mandarla a la cocina a ayudar a su hermana Marta.

            Como el evangelio va de invitación a comer, para la primera lectura se ha elegido la famosa escena en la que Abrahán invita a tres personajes misteriosos que llegan a su tienda.

            La preciosa miniatura que adjunto contiene todos los elementos del relato: la encina de Mambré, los tres hombres, representados como ángeles, Abrahán y Sara. El artista ha convertido la tienda de Abrahán en una casa, casi una iglesia. El texto nos ayudará a comprender mejor el evangelio.

Abrahán invita a comer al Señor (Génesis 18,1-10)

Salterio. Museo Conde. Chantilly,

  En aquellos días, el Señor se apareció a Abrahán junto a la encina de Mambré, mientras él estaba sentado a la puerta de la tienda, porque hacía calor. Alzó la vista y vio a tres hombres en pie frente a él. Al verlos, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda y se prosternó en tierra, diciendo:

            ‒ Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo. Haré que traigan agua para que os lavéis los pies y descanséis junto al árbol. Mientras, traeré un pedazo de pan para que cobréis fuerzas antes de seguir, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo.

            Contestaron:
‒ Bien, haz lo que dices.

            Abrahán entró corriendo en la tienda donde estaba Sara y le dijo:

            ‒ Aprisa, tres cuartillos de flor de harina, amásalos y haz una hogaza.

            Él corrió a la vacada, escogió un ternero hermoso y se lo dio a un criado para que lo guisase en seguida. Tomó también cuajada, leche, el ternero guisado y se lo sirvió. Mientras él estaba en pie bajo el árbol, ellos comieron.

            Después le dijeron:

            ‒ ¿Dónde está Sara, tu mujer?

            Contestó:
‒ Aquí, en la tienda.

            Añadió uno:

            ‒ Cuando vuelva a ti, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.

¿Cuántos son los invitados?

            Este breve relato ha supuesto uno de los mayores quebraderos de cabeza para los comentaristas del Génesis. Empieza diciendo que el Señor se aparece a Abrahán, pero lo que ve el patriarca son tres hombres.

            Al principio se dirige a ellos en singular, como si se tratara de una sola persona (“no pases de largo”), pero luego utiliza el plural (“os lavéis, descanséis, cobréis fuerzas”). El plural se mantiene en las acciones siguientes (“comieron, dijeron”), pero la frase capital, la gran promesa, la pronuncia uno solo.

            En resumen, un auténtico rompecabezas, resultado de unir tradiciones distintas. No faltaron comentaristas cristianos que vieron en esta escena un anticipo de la Santísima Trinidad. Aunque la idea carece de fundamento serio, sirvió de base para una de las creaciones artísticas más maravillosas: el icono de Andréi Rubliov, pintado hacia 1422-1428. 

Rublëv, Andrei Icono de la Trinidad 1411

            Hospitalidad

            La ley de hospitalidad es una de las normas fundamentales del código del desierto. El hombre que recorre estepas interminables sin una gota de agua ni poblados donde comprar provisiones, está expuesto a la muerte por sed o inanición. Cuando llega a un campamento de beduinos o de pastores no es un intruso ni un enemigo. Es un huésped digno de atención y respeto, que puede gozar de la hospitalidad durante tres días; cuando se marcha, se le debe protección durante otros tres días (unos 100 kilómetros). Esta ley de hospitalidad es la que pone en práctica Abrahán.

El menú, dos cocineros y un maître.

            Abrahán no se limita a hospedar a los visitantes. Entre él y su mujer, con la ayuda también de un criado, organiza un verdadero banquete con un ternero hermoso, cuajada, leche y una hogaza de flor de harina. A diferencia de las comidas actuales, no hay prisa. Pasan horas desde que se invita hasta que se preparan los alimentos y se termina de comer.

La cuenta

            Al invitado no se le cobra. Pero el huésped principal paga de forma espléndida: prometiendo que Sara tendrá un hijo. El tema de la fecundidad domina toda la tradición de Abrahán y se cumple a través de muchas vicisitudes y de forma dramática.

Marta invita a comer a Jesús (Lucas 10, 38-42)

marta_e_maria            El texto del evangelio también se ha prestado a mucho debate. Este relato es exclusivo de Lucas, no se encuentra en Mateo, Marcos ni Juan.

En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo:

            ‒ Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio?  Dile que me eche una mano.

            Pero el Señor le contestó:

            ‒ Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.

¿Cuántos invitados a comer?

            En la historia de Abrahán resultaba difícil saber si los invitados eran uno o tres. El relato de Lucas nos deja en la mayor duda. Jesús siempre iba acompañado, no sólo de los Doce, sino también de muchas mujeres, como afirman expresamente Marcos y Lucas, citando el nombre de algunas de ellas. ¿Los recibe a todos Marta? ¿Se limita a invitar a Jesús? Las palabras “Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio” sugieren que no se trataba de un solo invitado. Pero la escena parece tan simbólica que resulta difícil imaginar la habitación abarrotada de gente.

El menú, y una cocinera sin ayudante

            No sabemos el número de invitados, pero sí está claro el de cocineras. Aquí no ocurre con en el relato del Génesis, donde Sara amasa y cuece la hogaza, mientras Abrahán colabora corriendo a escoger el ternero, dando órdenes de prepararlo, encargándose de la cuajada y de la leche.

            En la casa del evangelio hay también dos personas, Marta y María. Pero María se sienta cómodamente a los pies de Jesús mientras Marta se mata trabajando. ¿Por qué tanto esfuerzo? ¿Porque son muchos los invitados? ¿O porque Marta pretende prepararle a Jesús un banquete tan suculento como el de Abrahán, y le faltan tiempo y manos para el ternero, la hogaza, la cuajada y la leche?

            Desgraciadamente, ignoramos el menú. Según algunos comentaristas, las palabras que dirige Jesús a Marta, “sólo una cosa es necesaria” significarían: “un plato basta”, no te metas en más complicaciones.

Dos actitudes

            El contraste entre María sentada y Marta agobiada se ha prestado a muchas interpretaciones.

            Por ejemplo, a defender la supremacía de la vida contemplativa sobre la activa, sin tener en cuenta que esas formas de vida no existían en tiempos de Jesús ni en la iglesia del siglo I. Entre los judíos de la época existían grupos religiosos con tintes monásticos (los esenios de los que habla Flavio Josefo y los terapeutas de los que habla Filón de Alejandría), pero Lucas no presenta a María como modelo de las monjas de clausura frente a Marta, que sería la cristiana casada o la religiosa de vida activa.

            El evangelio no contrapone pasividad y trabajo. Jesús no reprocha a Marta que trabaje sino que “andas inquieta y nerviosa con tantas cosas”. Esa inquietud por hacer cosas, agradar y quedar bien, le impide lo más importante: sentarse un rato a charlar tranquilamente con Jesús y escucharle.

            Todos tenemos la tendencia a sentirnos protagonistas, incluso en la relación con Dios. Nos atrae más la acción que la oración, hacer y dar que escuchar y recibir. Nos sentimos más importantes.

            La breve escena de Marta y María nos recuerda que muy a menudo andamos inquietos y nerviosos con demasiadas cosas y olvidamos la importancia primaria del trato con el Señor.

Marta-María y el buen samaritano

            Este episodio sigue inmediatamente a la parábola del buen samaritano, que hemos leído el domingo anterior. Los dos textos son exclusivos del evangelio de Lucas, y pienso que se iluminan mutuamente.

            La parábola del buen samaritano es una invitación a la acción a favor de la persona que nos necesita: “ve y haz tú lo mismo”.

            Para mantener la acción a favor del prójimo la mejor preparación es sentarse, como María, a escuchar la palabra de Jesús.

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Domingo XVI del Tiempo Ordinario. 17 julio, 2016

domingo, 17 de julio de 2016
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TO-D-XVI

“Según iban de camino, Jesús entró en una aldea…”  (Lc 10, 38)

Lc 10, 38-42

“Según iban de camino…”, así empieza el evangelio de hoy. Nada más leer estas cuatro palabras tal vez nos surjan dos preguntas: ¿quiénes iban además de Jesús?, y de camino ¿a dónde?

Dos pistas a las que, sin duda, damos importancia en nuestra cotidianidad. El quién, el otro. Infinidad de veces buscamos a alguien, un culpable o un cómplice, pero alguien: ¿quién ha hecho esto?, ¿quién ha hecho lo otro?, ¿a quién se le ha roto un plato?… El “a dónde”, el destino, la meta, el objetivo o como lo queramos llamar en cada situación: si voy al trabajo cojo el metro o el coche para llegar antes que caminando, si me voy de vacaciones elijo ir en avión porque se tarda menos que en coche, si me presento a unas oposiciones busco conseguir una plaza y no me detengo a observar que posiblemente el camino que me lleva a ella para mí es llano y para otra persona es cuesta arriba… ¿y qué pasa si como cristianas que somos nos tomamos la vida, nuestro paso por el mundo, como el camino hacia el banquete eterno?, ¿también queremos atajar para llegar antes?

Así vamos, queriendo “ahorrarnos” camino, trayecto y que lo que hay en él nos distraiga lo menos posible, que no desvíe nuestra atención tan bien dirigida a nuestro propio ombligo… y en el fondo, lo sabemos. Nos ponemos los auriculares a todo volumen y no escuchamos, fijamos la mirada en la pantalla del móvil, de la tablet o del libro que vamos leyendo y no vemos lo que hay ni quién hay a nuestro lado, si vamos en un trayecto largo en transporte público incluso somos capaces de disimular que estamos durmiendo y no hablamos con la persona con la que compartimos asiento.

Jesús de Nazaret entró en una y en muchas aldeas, comió en una y decenas de casas con gente que sufría y que pasaba por épocas malas, habló, escuchó, miró, animó, curó a una y a un montón de personas, también se retiró del grupo para orar a solas con el Padre una y mil veces. Todo esto lo hizo según iba de camino, sin prisas por llegar a su destino; interrumpía su marcha porque veía y escuchaba lo que ocurría a su alrededor. Disfrutaba del camino, disfrutaba de la vida. Y aunque a esta reflexión me está viniendo aquello de “cántame por el camino…”, algo me dice que Jesús también cantaba por ese camino, animando, alegrando y facilitando el caminar de quienes iban con él.

Ojalá, Jesús, aprendamos a disfrutar del camino.

Ojalá, Jesús, aprendamos a disfrutar de la vida.

Ojalá, aprendamos a cantar por el camino como sólo tú, Señor, lo sabes hacer.

Amén.

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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La hospitalidad pide servicio

domingo, 17 de julio de 2016
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2000 --- Partners' Hands --- Image by © Royalty-Free/Corbis “El cristianismo es una red social. Ser cristiano significa pertenecer a una Iglesia y contrbuir a que la vida de esa comunidad sane y permanezca sana” (Franz Jalics)

17 de julio, domingo XVI del TO

Lc 10, 38-42

Marta se afanaba en múltiples servicios. Hasta que se paró y dijo: Maestro, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en esta tarea? Dile que me ayude.

Abrahán acoge al Señor hospedándole en su casa, como hombre necesitado de techo, y le proporciona alimento: “No pases de largo junto a tu siervo”. Dios recompensa su hospitalidad con el don de la vida: un hijo para Sara (Gn 18, 1-10). Y el Salmista pregunta:“Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?”(Sal 15, 1). Lucas nos dice en su evangelio que Marta y María,  hermanas de Lázaro acogieron a Jesús en su casa, y que la hospitalidad pide servicio y escucha. Una acogida de escucha y servicio que, como sugiere Pablo en Col 1, 24-28, permita la madurez plena en Cristo.

Es hora ya de que la Iglesia se libere y nos libere de la camisa almidonada –de fuerza, a veces– que constriñe y aprisiona en una estrechez de fronteras provinciales. Una actitud tribal que con frecuencia nos impide cumplir obras de misericordia tan humanamente trascendentales como dar de comer al hambriento, vestir al desnudo y dar posada al peregrino. Y no porque, desgraciadamente, vivamos en un mundo ausente de necesitados. Es conmovedor el episodio de la película alemana 2001 Hasta donde los pies me lleven, del director Hardy Martins, donde el protagonista Clemens Forrel dispuesto siempre a ayudar a los demás, dice: “No creo en Dios, pero sí creo que donde haya una herida hay que curarla”.

El escritor francés Romain Rolland (1866-1944) hablaba, en la correspondencia mantenida con el vienés Sigmund Freud, de un sentimiento que designaba como “sensación de eternidad; un sentimiento como de algo sin límites ni barreras, en cierto modo oceánico”Es decir, menos tribalidad y más ecumenismo. Cosa relativamente fácil si leemos con espíritu universalista lo que Beethoven escribió en el autógrafo de su Missa Solemnis, refiriéndose a la música:del corazón… al corazón. Una unión cordial que nos lanza al sacramento universal de todos los seres entre sí.

John H. Hick (1922-2012), filósofo y teólogo inglés, dice en su libro La nueva frontera de la religión y la ciencia, que la vida espiritual es el corazón de la religión. Y los latidos del corazón humano repican siempre a misericordia. Los sentía la hacendosa Marta y María la contemplativa. Como lo sentía Fausto cuando en la ópera Mefistófeles, de Arrigo Boito, decía: Mi pecho se agita en una sola emoción: ¡El amor de Dios y de los hombres!.

Franz Jalics, ha escrito en su  obra Jesús, Maestro de meditación, esta sugestiva sentencia: “El cristianismo es una red social. Ser cristiano significa pertenecer a una Iglesia y contribuir a que la vida de esa comunidad sane y permanezca sana”.

 

LA MUJER HACENDOSA

Mujer que buscas lana y lino,
y lo trabajas hacendosa
con la rueca y el huso con tus manos,
como de ti cantaron los Proverbios.

Luego tiendes tu mano al desvalido.

¿Quién te enseñó, mujer, tanto Evangelio?

(SOLILOQUIOS. Ediciones Feadulta)

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Ni de Marta ni de María podemos prescindir

domingo, 17 de julio de 2016
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marta-y-mariaLc 10, 38-42

Si queremos entender el verdadero sentido del texto, no debemos olvidar el contexto en el evangelio de Lc. Enmarcado dentro del viaje a Jerusalén, este relato intenta determinar el perfil de aquellos que quiere seguir a Jesús. Durante esa subida, va formando a sus discípulos. Lc es el único que relata este episodio y no es casualidad que una vez más se sienta interesado en destacar la importancia de la mujer en la vida pública de Jesús. No debemos interpretar el texto como una condena de la actitud de Marta. Es solo el contrapunto para resaltar la necesidad que todo cristiano tiene de escuchar al único Maestro.

No tiene ningún sentido haber sacado de este relato, una distinción entre la vida contemplativa y la vida activa. Mucho menos si, en vez de distinción, lo que se pretende es una oposición. Tampoco aparece por ninguna parte la pretendida superioridad de la vida contemplativa sobre la vida activa. No es correcto el interpretar este evangelio como proclamación de dos clases de cristianos, unos que se dedican a la vida activa y otros a la contemplativa. Parece que el primero que levantó esta falsa liebre fue Orígenes, y durante 18 siglos hemos seguido corriendo detrás de un señuelo de trapo.

En los primeros siglos del cristianismo se desarrolló la idea de que no se podía vivir el evangelio en medio del mundo. Surge así la idea del monacato y de la huída del mundo en el desierto. Esto no tiene nada de cristiano, porque el evangelio no invita a una separación de la vida, sino a vivirla en plenitud dentro de las situaciones normales para la mayoría. No debemos interpretar la falta de vocaciones a la vida religiosa como un desastre para la comunidad. Nuestra verdadera preocupación debía estar en que todos los que somos cristianos por el bautismo, desarrollemos de verdad esa vida cristiana como decía hoy Pablo.

El domingo pasado terminaba el evangelio con esta frase: “Anda, haz tú lo mismo”. Del evangelio se deduce que no puede darse un amor a Dios directo, que no se refleje en el amor a los demás. Aplicado a tema que nos ocupa, no puede haber auténtica contemplación que no se manifieste en la acción. Tampoco puede haber una acción verdaderamente espiritual que no surja de la contemplación. Claro que puede haber acciones buenas sin contemplación, pero serán solo programaciones, que no nos enriquecen espiritualmente. Y puede haber contemplación sin acción, pero será siempre una falsa ilusión.

Una vez más debemos superar la aparente contradicción del evangelio. En otro lugar dice Jesús: “el que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre necio, que edificó su casa sobre arena”. Edificar sobre roca es escuchar y obrar en consecuencia. Por lo tanto, nada más lejos puede estar este relato de un espiritualismo desencarnado. Eso sí, para actuar con verdadero sentido espiritual, debemos primero escuchar a Jesús y descubrir en su vida y enseñanzas los motivos de la acción. Esto, que parece tan sencillo, es la clave para entrar en la dinámica del mensaje de Jesús. Todo lo que no sea entrar por este camino, será engañarnos.

Marta, al quejarse, no tiene en cuenta lo que María está haciendo. Solo tiene en cuenta las consecuencias de esa actitud que le perjudica. Jesús no critica a Marta por estar ocupada, sino por estar preocupada e inquieta por realidades materiales, que tienen muy poca importancia. Tampoco dice que lo que hace sea malo. Fijaos, que dice: “María ha escogido la parte mejor; lo cual significa que lo que hacía Marta era también bueno. El mensaje es que toda acción verdaderamente cristiana debe nacer de la contemplación. Todos tenemos que ser a la vez, Marta y María. No es nada fácil mantener el equilibrio. En un árbol frutal, ¿qué es lo más importante, las raíces o el fruto? La pregunta es absurda. Sin las raíces es impensable el árbol. Sin los frutos, el árbol sería completamente inútil. Es muy fácil resbalar hacia una u otra dirección. En todas las épocas ha habido místicos que despreciaron el trabajo y hombres y mujeres de acción que despreciaron como inútil la contemplación.

El maestro Eckhart tiene una interpretación desconcertante de este relato. Suponiendo que la primera consecuencia de una escucha de la Palabra sería el servicio y descubriendo que Marta ya está cumpliendo esa tarea, deduce que Marta adelanta a María porque ella ha escuchado y ya está cumpliendo. Viniendo esta reflexión de uno de los más grandes místicos de todos los tiempos, nada sospechoso de menospreciar la contemplación, debemos tomar muy en serio esta advertencia. La contemplación será primero, pero no es más importante.

A la luz de este relato, se abre una nueva perspectiva para la mujer. María, es aceptada por Jesús como interlocutora válida. Tal vez sea el relato más subversivo de todo el evangelio. “Sentada a los pies de Jesús escuchaba su palabra”. María está allí como discípula. Esto trastoca todos los valores en que estaba fundada la sociedad de la época. Algunos dichos rabínicos nos dan una pista de lo que pensaban de la mujer: “El que enseña la Torá a una mujer, le enseña necedades”. “Mejor fuera que desapareciera en las llamas la Torá, antes de ser entregada a la mujer”. “Maldito el padre que enseña a su hija la Torá”.

También la mujer tiene que desarrollar su interior, tiene que buscar el enriquecimiento como ser humano. Tiene que descubrir que la realización como ser humano es más importante que todas las tareas asignadas a la mujer. Jesús invita a las mujeres a desarrollar sus valores espirituales. La actitud de María, ayuda a Jesús a descubrir todo eso. Vio que había adquirido unos valores espirituales que a él mismo le servían de referencia. Después de esto, Jesús está en condiciones de responder a la mujer que le quiso hacer una alabanza diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero Jesús responde: «Dichosos más bien todos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen». No es el parir a los hijos el valor fundamental de una mujer, aunque el varón sigue empeñado en mantener esta valoración. La mujer no es una criada, a la que ni siquiera hay que pagar.

Esta actitud de Jesús para con la mujer, se manifiesta también en otros muchos lugares del evangelio. El comportamiento de Jesús con la mujer está completamente libre de misoginia o antifeminismo. Ni asomo de miedo al sexo o machismo, ni siquiera paternalismo. Los evangelios nos dicen que en el grupo de seguidores había también mujeres. Los relatos de la mujer adúltera, la pecadora, la Magdalena, la Cananea, la Hemorroisa, nos indican esa preocupación constante por la mujer, que en su tiempo estaba completamente marginada. Lástima que esa actitud de Jesús haya quedado relegada al olvido en la Iglesia, que sigue manteniendo después de dos mil años, su ideología machista.

El Concilio Vaticano II rechazó toda forma de discriminación por razón de sexo como contraria al plan de Dios; pero a renglón seguido nos demuestra, en la práctica, que eso no tiene vigencia en la institución. Las mujeres que se sintieron comprendidas y liberadas por Jesús, son discriminadas por sus sucesores. La opresión de las mujeres en la Iglesia es solo una manifestación externa de la represión de lo femenino en la jerarquía. Es hora de superar un patriarcado ciego, inconsciente y fanático. Si la mujer hubiera tenido algo que ver en las decisiones de la Iglesia, no se habrían cometido tantas barbaridades.

No es que el cristianismo haya incrementado la marginación de la mujer, pero sí ha mantenido actitudes ancestrales que habían sido superadas por Jesús. Lo que los cristianos hemos hecho con la mujer no es solo mantener una mala costumbre; con el evangelio en la mano podemos afirmar que es una injusticia en toda regla. Contra esa injusticia no sólo tienen que luchar las mujeres, tenemos que luchar todos; y no por hacer un favor a la mujer, sino porque es un despilfarro de energías, prescindir de un plumazo de más de la mitad de sus miembros a la hora de buscar soluciones a sus problemas.

Meditación-contemplación

“¡Andas preocupada e inquieta por tantas cosas!”
Hoy se propone un análisis personal de nuestra vida.
Nadie puede dar por supuesto el difícil equilibrio.
Como el volante de un automóvil, siempre tendremos que estar rectificando.
………………………….

No hay parte mejor o peor.
Como en el frutal, raíz y fruto son igualmente importantes.
En el tiempo, echar raíces (escuchar a Jesús) es lo primero.
El objetivo será siempre el fruto (el servicio a todos)
……………………

Intenta ser cada día más Marta y más María.
Es la única manera de madurar en la vida cristiana.
Cada día más enraizado en Cristo
y más volcado hacia los demás.
…………

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Dios judío, cristiano, musulmán…. Un Dios migrante

sábado, 16 de julio de 2016
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Ayer comenté la experiencia de las migraciones, antiguas y nuevas, con ocasión del próximo Congreso de Aveiro, apelando de un modo especial a la Biblia.

Hoy quiero retomar ese motivo desde Dios a quien presento como Dios Migrante, no sólo porque camina con los hombres, sino porque él mismo es camino, en las tres grandes versiones del monoteísmo profético (dejo a un lado las religiones de Oriente)

La experiencia israelita de Dios (¡Yo soy!, Soy el que soy), está en la base de gran parte de las interpretaciones posteriores de Dios, como indican las reflexiones que ahora siguen. Por un lado, Dios no es judío, ni cristiano, ni musulmán: Es el que Es. Por otro lado, es Dios de los judíos, cristianos y musulmanes (y de todos los hombres).

imagewsPues bien, ese Dios israelita que dice «soy el que soy», como si no caminara se ha vuelto caminante en nuestra historia… de manera que podemos afirmar que somos una migración de Dios. Se esa forma, su nombre se ha vuelto, como en el Éxodo de Egipto: Yo soy el que camino con vosotros.

El yo más profundo de los emigrantes que somos, eso es Dios, y así quiero contar con brevedad su historia en estas reflexiones, que se inscriben dentro del diálogo y discusión que vengo manteniendo en este blog sobre el tema de las migraciones, desde una perspectiva cristiana… que quisiera ser europea, aunque ya no está tan claro si Europa quiere ser un lugar de migraciones abierto al encuentro de los pueblos


Punto de partida.

Para los judíos, Yahvé (Soy el que Soy)se ha hecho Nombre de misterio, de manera que no lo pronuncian. Los gnósticos antiguos y modernos se sienten molestos con Yahvé, no aceptan su presencia liberadora, su opción por los pobres: prefieren un Dios de interioridad, separado de la historia, sin comprometido de justicia.

La filosofía ilustrada intepretó el ¡Yo soy! como ontología: expresión del Ser Supremo o de la Idea Fundante (de la mente que se dice a sí misma), separando así a Yahvé de nuestra historia de liberación humana. Los cristianos afirman que el Nombre de Yahvé se ha expresado plenamente, como misterio de liberación, por medio de Jesús, viniendo a presentarse al fin como Padre… Los musulmanes identifican al “Yo soy el que Soy” con Allah, de quien hablé con cierta extensión en un post anterior, que ha sido enriquecido por muchos participantes y en especial por Disidente y Fernando.

Las interpretaciones de esta palabra originaria (Yahvé: Yo-Soy) han sido y siguen siendo diferentes, definiendo de algún modo las más hondas visiones de Dios en occidente. Destacaremos las más importantes, para fijarnos al final en la cristiana. Evidentemente, ofrecemos una visión muy general del tema, que debería matizarse con muchísimo cuidado.

1. Judaísmo

Los judíos han destacado el valor de este Nombre, condensando en Yahvé su experiencia de misterio. Por un lado, han seguido vinculándolo al pueblo, como dice el Shema (Escucha, Israel, Yahvé, tu Dios es un Dios único….: Dt 6, 4-9), retomado por el doble mandamiento de Mc 12, 28-34 par.. Por otro, lo han sacralizado, de tal forma que procuran no escribirlo ya ni pronunciarlo, en signo de respeto religioso. Yahvé [D»S, G’’D, YHWH] es Dios en sí, en su absoluta plenitud y lejanía, separándolo así de su pueblo.

De esa manera, al separar el Nombre de Dios y dejarlo fuera de la «circulación» social y religiosa, los judíos posteriores han tenido que buscarle «sustitutos». Por eso han dicho y siguen diciendo en su lugar palabras más o menos equivalentes (pero nunca iguales) como Adonai, Kyrios, Dominus o Señor (the Lord) y, sobre todo, Ha-Shem (El Nombre). Así expresan de algún modo la grandeza de Dios, pero sin expresarla. Estas palabras ya no actúan como «nombres» (no expresan lo que es Dios), sino como adjetivos que evocan de algún modo su grandeza. Los judíos han optado por divinizar de algún modo el Nombre (Yahvé), dejándolo así, distinto, separado, como expresión de absoluta transcendencia.

Como guardianes de la Lejanía divina, testigos de la separación inefable de su Dios, han querido mantenerse a lo largo de los siglos los judíos. Este es su tesoro, esta su grandeza: ellos conocen un Nombre que no puede pronunciarse, pero que les hace distintos y ricos sobre el mundo. Las traducciones cristianas de la Biblia han seguido la costumbre judía poniendo (y algunas lo hacen todavía) Señor o su equivalente allí donde la Biblia Hebrea dice Yahvé. Es buena esta reserva, si ayuda a descubrir y explicitar mejor el contenido misterioso del Dios personal de la historia israelita, pero quizá nos impide recordar que Yahvé es ante todo un Nombre propio de redención, signo de la presencia liberadora de Dios entre los humanos, como ha vuelto a descubrirlo el evangelio.

2. Gnosis

Los gnósticos (quizá de origen judío y cristiano) de los siglos II y III d. de C. han invertido esa visión del judaísmo, interpretando el nombre de Yahvé no como señal del más alto misterio, sino como expresión de un «dios opresor», que mantiene a los humanos sometidos. Así tienden a identificar este Nombre con el principio divino del error y el egoísmo, es decir, con un Dios falso: Yahvé, Dios del AntiguoTestamento, sería en el fondo un demonio (=Satanás); sólo el Padre de Jesús o un Dios puramente espiritual es para ellos verdadero.

Por eso, allí donde en la Escritura israelita (Ex 3, 14) el Dios Yahvé proclama Yo soy (o sus equivalentes), algunos textos gnósticos hacen que se escuche la voz del «Verdadero Dios» (superior y contrario al Dios israelita) que le responde ¡Te equivocas, Samael, Dios ciego! . Así llaman a Yahvé con nombres despectivos, como Dios de vergüenza (Samaél), Dios ciego de lucha y egoísmo, Yavaot, Yaldabaot, Yaot, o salvador material que sólo se ocupa de las cosas externas, incapaz de iluminar a los humanos, ofreciéndoles una experiencia espiritual de superación del mundo. En esa línea, podemos añadir que la crítica del Dios israelita constituye el principio de todo antisemitismo religioso. Conforme a la visión de esta Gnosis el Dos judío sería seria egoísta, estaría vinculado sólo a un pueblo, como fuerza irracional que mata con violencia a los contrarios: a los egipcios en el Mar Rojo, a los cananeos en Palestina. Los gnósticos entienden el ¡Yo soy! de Jahvé en la línea de ¡Nosotros, los judíos, somos! como pueblo separado de los otros). Por eso, frente al ¡Yo soy! judío, materialistra y tribal, quieren situar el Absoluto de la divinidad universal.

Conforme a la visión gnóstica carece de sentido la encarnación cristiana: Dios no podría intorducirse de verdad en este mundo. Precisamente para defendere la encarnación han aceptado los cristianos el Antiguo Testamento, entendiendo el ¡Yo soy! de Dios no en forma egoísta, sino liberadora. De todas formas, debemos recordar con todos los auténticos judíos y cristianos que el ¡Yo soy! no puede interpretarse en la línea de una autoridad arrogante y egoísta, como expresión de un Señor que se afirma a sí mismo en contra (a costa) de los otros. Al contrario, nosotros sabemos que el Yahvé israelita sólo dice Yo soy para afirmar Yo estaré con vosotros, os libraré devuestras opresones. («Sobre el origen del mundo» en J. M. Robinson (ed.), The Nag Hammadi Library in English, Brill, Leiden 1977, II, 5, 103, 5-19. Para lectura ulterior: F. García Bazán, Gnosis.La esencia del dualismo antiguo, Castañeda, Buenos Aires 1978; H. Ch. Puech, En torno a la Gnosis I-II, Taurus, Madrid 1982).

3. Islam. Religiones monoteístas

Los musulmanes han evitado en general la hondura del «Yo soy», afirmando que Dios se ha expresado para siempre por Mahoma, de manera sencilla y segura, para todos los humanos, sin distinción de razas o culturas. El mensaje teológico ha sido siempre el mismo, desde Moisés hasta Jesús, pero los receptores no han sabido conservarlo limpio, lo han mezclado con palabras que no vienen de Dios, lo han adulterado. Por eso ha sido necesaria la profecía de Mahoma, como hemos puesto de relieve en otro post.:

La piedad no estriba en que volváis vuestro rostro
hacia el Oiente o hacia el Occidente (=rezar mirando a Jerusalén o la Meca)
-sino en crer en Dios y en el ültimo día,
-en los ángeles, en la Escritura y en los profetas,
-en dar de la hacienda, por mucho amor que se le tenga,
a los parientes, huérfanos, necesitados, viajeros, mendigos y esclavos,
en hacer la azalá (oración) y el azaque (=la limosna)… (Corán 2, 177).

Estos son los pilares de la fe musulmana. En ella quedan incluidas las Escrituras (las antiguas están contenidas en el único Corán, manifestación suprema de la Suprema Verdad de Dios) y los profetas (enviados de Dios, tal como culminan en el mismo Mahoma), con los ángeles que son signo del misterio. De esa forma, los musulmanes universalizan y simplifican de algún modo la confesión de fe judía o Sahadá, diciendo: La ilaha illa Allah: no hay más dios que Allah, no hay más divinidad que el Divino.

En esa línea, el Islam se encuentra cerca del judaísmo. No hay en el Islam teología intradivina: no puede haber especulación sobre Dios, pues Él sigue siendo un misterio; ha revelado su Libro/Palabra en el Corán, pero su esencia sigue estando escondida, de tal forma que resulta imposible decir que Jesucristo es su «Hijo», como afirman los cristianos. Para el Islam la esencia de Dios sigue siendo misteriosa, incognoscible. Lógicamente, judíos y musulmanes se sienten vinculados en su teología más profunda, tanto en la visión del Dios trascendente (no trinitario), como en la visión de su revelación (por la ley de Moisés, por la profecía de Mahoma). Esta vinculación es tan honda que algunos llegan a sostener que judaísmo e Islam son variantes de una misma religión de fondo: afirman unos que el Islam es herejía (simplificadora, universalizadora) del judaísmo; añaden otros que el judaísmo es una herejía (concretización nacional) del Islam eterno. Pero los judíos siguen manteniendo en el fondo de su experiencia y recuerdo el «Yo soy» de Yahvé en la montaña sagrada, como secreto de libertad, mientras los musulmanes apelan al conjunto del Corán, evitan ese misterio del Nombre secreto, limitándose a decir que «no hay más dios que Allah».

Esta Sahada o confesión de fe musulmana, proclamada desde todos los almuédanos y repetida sin cesar por los creyentes, resume la fe musulmana. Ella sola basta para expresar la sumisión religiosa y expresar que un hombre (o mujer) es musulmán. Dios ya no tiene un nombre especial (como el Yahvé de los israelitas), ni aparece vinculado de forma intradivina (trinitaria) a su mesías o revelador (como el Padre de Jesús para los cristianos). Pero debemos añadir que, siendo transcendente, Dios habla (revela su Corán/Libro eterno) a su profeta o enviado que es Mahoma. Esto es confesar la fe para un musulmán: someterse a Dios y aceptar su manifestación por medio de Mahoma

Es normal que judíos y musulmanes rechacen la encarnación de Dios en Jesús, viendo en ella una especie de recaída en el politeísmo pagano. Lógicamente, ellos rechazan también la Trinidad: piensan que Dios se ha revelado, pero no ha penetrado de verdad en el mundo, no se ha identificado con la persona y obra de Jesús de Nazaret. En ese sentido, Judíos y musulmanes parecen más humildes: piensan que Dios está arriba y que nunca podemos conocerle del todo. Por el contrario, los cristianos se atreven a definir a Dios como Padre de Jesús (Trinidad), arriesgándose a penetrar en su misterio, afirmando que en el origen y base de todo está el amor del Padre al Hijo en el Espíritu.

4. Filosofía

La filosofía occidental, fundada en la experiencia griega del Ser (vinculando así helenismo y judaísmo) ha interpretado el ¡Yo soy! (Soy el que Soy) israelita en perspectiva de trascendencia (Dios separado) y plenitud ontológica (el ser divino es lo absoluto). De esa forma, el Nombre de Dios pierde su referencia salvadora (su raíz israelita, su vinculación a Moisés) y viene a convertirse en expresión de la Realidad en sí, de eso que pudiéramos llamar la identidad ontológica.

Lógicamente, Yahvé deja de ser el Nombre propio de aquel con quien debemos dialogar de un modo personal, presencia liberadora, y viene a interpretarse como Ser en sí (=Aseidad ontologica). Al presentarse como Yahvé, Soy el que soy, Dios se vuelve Ser Supremo, Esencia pura y plena, el primero y más alto de todos los Conceptos. Decir Yahvé es decir Divinidad, como puede verse en San Anselmo: es el Ser más alto, la más perfecta realidad que puede ser pensada.

Gran parte de la crítica moderna anti-teísta ha combatido al Dios de la filosofía, que aparece como Gran Ser (ontología original) y/o como Concepto Supremo (idea perfecta). Este es el Dios separado de la historia (no es salvador), impasible (no sufre con el sufrimiento de su pueblo), autosuficiente (no se vincula a los humanos). Contra ese Dios en sí (Yo soy ontológico o ideológico), contra ese Señor autosuficiente donde que se vinculan (e identifican) un tipo de Ser del pensamiento griego y un Yo soy israelita vaciado de su fuerza salvadora, se dirige gran parte de la crítica religiosa de la modernidad.

Gnosis antigua y filosofía moderna se vinculan de algún modo: ambas vacían al Dios israelita (a su Yo soy) de la experiencia y fuerza de la historia. La gnosis criticaba a Yahvé porque no acepta su revelación en la historia y porque quiere elaborar una visión religiosa partiendo de una sabiduría intimita, propia de los iniciados sabios. La filosofía moderna ha rechazado a Yahvé porque ha querido vincular a Dios con el Ser de su pensamiento y de sus obras (con el Todo del Mundo) o con el propio pensamiento, olvidando también el sufrimiento de los pobres.

Pues bien, en contra de eso, después de treinta siglos de dolor y esperanza, judíos y cristianos (unidos en esto y separados de los musulmanes) seguimos vinculados a la experiencia israelita de Yahvé, a quien vemos como Dios liberador. Yahvé no es para nosotros un simple signo de identidad ontológica o interioridad sagrada, sino el Nombre personal de aquel que se revela (despliega su presencia) liberando a los pobres y oprimidos de la tierra. No es alguien que se impone desde arriba, exigiendo sumisión (como parece buscar el Islam), sino Aquel que nos quiere y por querernos dice Yo soy, es decir, Estoy con vosotros en medio del camino de la vida. Sobre esta base seguimos vinculados judíos y cristianos, aunque luego interpretemos a Yahvé en perspectivas diferentes, como indicaremos en todo lo que sigue ((No podemos entrar en la gran polémica entre Dios judío y Dios filosófico. Siguen siendo significativos en este campo trabajos como los de H. Mühlen, El concepto de Dios, en Varios, Trinidad ¿mito o misterio?, Sec.Trinitario, Salamanca 1973, 153-179; E. Jüngel, Dios como misterio del mundo, Sígueme, Salamanca 1985.))

5. Cristianismo

Los cristianos interpretamos a Yahvé como presencia salvadora (liberadora) que se compromete en favor de todos los hebreos oprimidos. Seguimos, por eso, en la línea de la Biblia Israelita. Pero damos un paso más y añadimos que el mismo Yahvé, Nombre supremo del Dios liberador, se identifica con el Padre de Nuestro Señor. Jesucristo. Por eso, en un sentido, los cristianos seguimos vinculados a la revelación del Sinaí: nos situamos con Moisés ante la Zarza Ardiente, escuchamos su palabra de liberación, nos comprometemos a seguir su camino. Pero pensamos que eso resulta al fin insuficiente. Leer más…

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Congreso en Aveiro. Éxodo: Migraciones y Fronteras

viernes, 15 de julio de 2016
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8c2401_7cf6370677a646bfb269fdd5a8e1c508~mv2Del blog de Xabier Pikaza:

El próximo mes de septiembre se celebra en la Universidad de Aveiro, Portugal, un gran congreso sobre Emigración, desde las diversas perspectivas sociales y culturales, económica y políticas, personales y comunitarias.

Allá, a la vera del gran mar que fue testigo de la primera gran aventura de migración,descubrimiento, conquista y dominio del mundo moderno (a finales del siglo XVI) podrá verse lo que ha sido el resultado de cinco siglos de emigraciones marinas que están culminando ahora, a principios del siglo XXI.

En ese contexto ofreceré un trabajo sobre migraciones en la Biblia, que es un libro del Éxodo, desde la nueva perspectiva de una Europa (y América) que parece convertirse en un campo de alambradas que no deja penetrar a los de fuera, ni vivir en paz a los de dentro. Presento aquí simplemente un esquema del posible trabajo

Será buena ocasión para comenzar el nuevo curso escolar 2016/2017, desde Aveiro, en las rías y playas del gran mar que ha sido espacio de encuentros a lo largo de siglos… planteando de un modo académico, humanista, portugués y universal, el gran reto del hombre del siglo XXI.

LUGAR/LOCATION/LUOGO: Universidad de Aveiro (Aveiro, Portugal)
INFO: web – dlc-exodus@ua.pt
CALL:

Estimadas Señoras, estimados Señores:
Nos complace anunciar la próxima realización del Congreso Internacional «Exodus: migraciones y fronteras», que tendrá lugar en el Departamento de Línguas e Culturas de la Universidad de Aveiro (Portugal) del 21 al 23 de septiembre de 2016. Las lenguas del congreso son las siguientes: portugués, español, francés e inglés. Pueden ustedes encontrar más información en http://blogs.ua.pt/exodus/
Agradeciendo de antemano la divulgación de este Congreso, el comité organizador invita a la comunidad académica a participar -con la presentación de propuestas de comunicaciones orales o pósteres- en este evento que pretende ser transdisciplinar.

Un saludo muy cordial, El comité organizador.

Introducción

En este blog he tratado diversas veces de los emigrantes y refugiados. Son muchas las noticias que sobre ellos pueden encontrarse en los diversos medios de comunicación. Pienso que lo que yo pudo aportar en este día es una reflexión sobre el fundamento de nuestras religiones monoteístas: Judaísmo e Islam son religiones de emigrantes (y también el cristianismo)..

Como gran parte de los emigrantes que han venido a Europa son musulmanes, he querido poner de relieve lo que dice sobre ellos no sólo la Biblia Judía (nuestro Antiguo Testamento), sino también la historia de Mahoma y el Corán.

1. BIBLIA ISRAELITA

La Biblia Hebrea, que los cristianos toman como Escritura y los musulmanes veneran como “libro santo”, contiene unos capítulos y temas básicos centrados en el “derecho de los emigrantes”

1. Principios

image1sLos judíos nacieron como grupo de personas que busacaban una tierra donde fuera posible el pan y la libertad, una tierra donde puedan vivir los hijos y los hijos de los hijos. El “credo” de Israel dice así:

– Dios, el que ayuda y libera a los emigrantes: Decálogo: “Yo soy Yahvé, tu Dios, que te he sacado de Egipto” (Ex 20, 2; Dt 5, 6; cf. 1 Rey 12, 28; Jer 2, 6 etc). Esas palabras de introducción del Decálogo constituyen la expresión más clara de la identidad israelita como pueblo de emigrantes a los que Dios ayuda. En ese sentido, los mandamientos son aparecen como una guía de vida para los emigrantes, es decir, para todos aquellos que tienen que dejar su tierra y sus seguridades antiguas, para crear un nuevo orden social en otra tierra, en una tierra nueva.

– Credo histórico: Uno de los credos más importantes de la Biblia judía es aquel donde cada israelita se presenta como hijo de emigrantes. «Mi padre era un arameo errante; bajo a Egipto y residió allí con unos pocos hombres… Pero los egipcios nos maltrataron y humillaron… Gritamos a Yahvé, Dios de nuestros padres, y Yahvé escuchó nuestra voz, vio nuestra miseria… y nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido y nos trajo a este lugar…» (Dt 26, 5-10; cf. Jos 24, 2; Sal 136, 78). Lo más importante de est pasaje y de todos los pasajes de las Escrituras es que el tema de la emigración no de “otros”, sino nuestro, de todos los hombres y mujeres.

– Abrahán, un emigrante… Las tres tradiciones (israelita, musulmana y cristiana) presentan a Abrahán, Padre de la fe, como emigrante que salió de su tierra, obedeciendo a la “Palabra” de Dios, pero también siguiendo la ruta de todos los nómadas que buscaban una tierra estable, desde Ur de los Caldeos. «Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Yo haré de ti una gran nación. Te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra» (Gen 12, 1-3). Abrahán, emigrante y exilado aparece como principio de bendición para todas las “familias” o pueblo de la tierra.

2. Moisés y los hebreos en Egipto: un pueblo de emigrantes

Moisés nace en Egipto, en una tierra donde su familia ha tenido que emigrar para comer… En una tierra donde los hebreos se sienten perseguidos… Tiene una experiencia de Dios, que aparece como protector de emigrantes… y tiene la tarea de crear un “pueblo nuevo” a partir de los emigrantes que se hallaban en tierra extraña. En la línea de Moisés se situarán los otros profetas como Muhammad y Jesús:

1. El Dios de los emigrantes. «El ángel de Yahvé se le mostró en forma de llama…». Moisés siente curiosidad, se acerca y escucha la palabra: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham…» (Ex 3, 1-6). «He visto la aflicción de mi pueblo de Egipto y he escuchado el grito que le hacen clamar sus opresores, pues conozco sus padecimientos. Y he bajado para liberarlo del poder de Egipto y para subirlo de esta tierra a una tierra buena y ancha, a una tierra que mana leche y miel, el país del cananeo, del heteo…» (Ex 3, 7-8). Dios aparece así vinculado a los emigrantes y pobres, el les defiende.

2. La “guerra” de liberación de Moisés. Moisés inicia y promueve un movimiento de liberación de los emigrantes y esclavos, pero no en línea de alzamiento armado, pues en ese nivel los “faraones” de este mundo tendrán siempre ventaja. Nosotros (año 2007) sabemos que el tiempo de las guerras militares en contra del sistema ha terminado ya… No podremos derrotar a los poderes de opresión con armas, sino a través de una trasformación personal y social, como la de Moisés. Estos son los momentos fundamentales de de su jihad o movimiento liberador, expuesto en Ex. 7-13.

(1) La guerra de Moisés esta vinculada a la vida cósmica, a la defensa de la naturaleza: los opresores tienen que sufrir el castigo de la naturaleza que ellos manejan de un modo egoísta para su provecho.

(2) Esta es una guerra de valores, es decir, de humanidad. El Faraón representa la violencia del sistema que se diviniza a sí mismo y que al hacerlo se destruye. Moisés, en cambio, representa la confianza del hombre en los valores de su humanidad, es decir, de su libertad, fundados en Yahvé (Soy el que soy), es decir, «Soy principio y futuro de libertad». Así entendió ya el libro de la Sabiduría (Sab 16-19) en tema de las plagas de Ex 7-13.

3. La libertad de los oprimidos. Un relato simbólico, narrado en el libro del Éxodo, capítulo 14: «El Faraón se acercaba, los israelitas alzaron la vista y vieron a los egipcios que avanzaban tras ellos» (Ex 14, 10). Precisamente entonces, cuando amenazaba el pánico, se escucha la palabra creadora:

«No tengáis miedo. Estad firmes y veréis la victoria que Yahvé os concederá hoy…; Yahvé peleará por vosotros; vosotros esperad en silencio» (Ex 14, 13-14). Los hebreos no tienen que alzarse en pie de guerra, ni luchar con armas militares, ni comprar con fianzas de dinero su salida de la cárcel, pero se les pide algo más grande: que crean y escuchen en silencio la palabra que les llega y les libera. Esa libertad implica una decisión por parte de los emigrantes pobres. . Perseguidos, prácticamente atrapados por Egipto que se acerca, los cautivos dan un paso y se arriesgan: «Di a los israelitas que avancen: tú alza el bastón y extiende la mano sobre el mar y el mar abrirá en dos, de modo que los israelitas puedan atravesarlo a pie enjuto» (Ex 14,16).

4. Moisés, un hombre y un camino actual. Moisés ha sido y sigue siendo iniciador de una «religión de libertad» en la que pueden incluirse estos momentos. 1. Nos enseña a ser libres, en éxodo constante, para que salgamos de las varias situaciones de opresión en que estamos. 2. Nos invita a compartir y ofrecer libertad, en gesto de acogida, comunión y comunicación: hay hombres que viven aplastados o se aplastan ellos mismo, entrando así en un túnel o vacío donde les domina el miedo interno, el odio o resentimiento; por eso hay que ofrecerles espacios de comunicación personal. A veces no basta compartir: hay que esforzarse por crear condiciones sociales de libertad para los demás, incluso de un modo arriesgado. 3. Moisés traza, finalmente, un signo de esperanza, como testigo y precursor de una revolución que no ha llegado a cumplirse todavía, pues sigue habiendo hebreos oprimidos y encarcelados bajo el poder de los faraones de este mundo.

3. Las leyes sobre emigrantes de la Biblia Israelita

Leyes especiales para proteger a tres “colectivos”, es decir, a tres tipos de personas oprimidas. Los emigrantes no se pueden tomar pos aislado, sino que han de verse vinculados a otros grupos oprimidos. En el tiempo de la Biblia Hebrea se unen viudas, huérfanos y extranjeros:

(1) Las viudas (mujeres sin familia o protección social) forman una parte considerable de los rechazados del sistema, que sigue marcado por la violencia de género y la manipulación sexual. Hay en el mundo millones de mujeres sometidas a un durísimo comercio sexual: no hace falta encerrarlas en cárceles estrictamente dichas, pues su misma forma de vivir constituye ya una cárcel.

(2) Los huérfanos (niños y jóvenes sin arraigo familiar) son los candidatos más idóneos para la explotación, la delincuencia y la cárcel, especialmente en países donde existe una fuerte descomposición de las tramas familiares y sociales.

(3) Finalmente, los extranjeros
(o miembros de razas distintas) siguen viviendo en una situación de violencia permanente: casi la mitad de los encarcelados de algunos países de Europa son extranjeros, la mayoría de los presos de USA son negros.

1. Dodecálogo (=Doce leyes) de Siquem (Dt 27, 15-26).

Parece el código más antiguo de la tradición israelita y comienza evocando la maldición sobre aquellos que fabrican ídolos, porque destruye la identidad de Dios. En quinto lugar, dice:

– ¡Maldito quien defraude en su derecho al extranjero, huérfano y viuda!
Y todo el pueblo responda: ¡amén, así sea! (Dt 27, 19). Leer más…

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«Haz tú lo mismo». 15 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,25-37)

domingo, 10 de julio de 2016
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15-TO-300x294Para no salir malparado de una conversación con Jesús, un maestro de la ley termina preguntándole: «Y ¿quién es mi prójimo?». Es la pregunta de quien solo se preocupa de cumplir la ley. Le interesa saber a quién debe amar y a quién puede excluir de su amor. No piensa en los sufrimientos de la gente.

Jesús, que vive aliviando el sufrimiento de quienes encuentra en su camino, rompiendo si hace falta la ley del sábado o las normas de pureza, le responde con un relato que denuncia de manera provocativa todo legalismo religioso que ignore el amor al necesitado.

En el camino que baja de Jerusalén a Jericó, un hombre ha sido asaltado por unos bandidos. Agredido y despojado de todo, queda en la cuneta medio muerto, abandonado a su suerte. No sabemos quién es, solo que es un «hombre». Podría ser cualquiera de nosotros. Cualquier ser humano abatido por la violencia, la enfermedad, la desgracia o la desesperanza.

«Por casualidad» aparece por el camino un sacerdote. El texto indica que es por azar, como si nada tuviera que ver allí un hombre dedicado al culto. Lo suyo no es bajar hasta los heridos que están en las cunetas. Su lugar es el templo. Su ocupación, las celebraciones sagradas. Cuando llega a la altura del herido, «lo ve, da un rodeo y pasa de largo».

Su falta de compasión no es solo una reacción personal, pues también un levita del templo que pasa junto al herido «hace lo mismo». Es más bien una actitud y un peligro que acecha a quienes se dedican al mundo de lo sagrado: vivir lejos del mundo real donde la gente lucha, trabaja y sufre.

Cuando la religión no está centrada en un Dios, Amigo de la vida y Padre de los que sufren, el culto sagrado puede convertirse en una experiencia que distancia de la vida profana, preserva del contacto directo con el sufrimiento de las gentes y nos hace caminar sin reaccionar ante los heridos que vemos en las cunetas. Según Jesús, no son los hombres del culto los que mejor nos pueden indicar cómo hemos de tratar a los que sufren, sino las personas que tienen corazón.

Por el camino llega un samaritano. No viene del templo. No pertenece siquiera al pueblo elegido de Israel. Vive dedicado a algo tan poco sagrado como su pequeño negocio de comerciante. Pero, cuando ve al herido, no se pregunta si es prójimo o no. Se conmueve y hace por él todo lo que puede. Es a este a quien hemos de imitar. Así dice Jesús al legista: «Vete y haz tú lo mismo». ¿A quién imitaremos al encontrarnos en nuestro camino con las víctimas más golpeadas por la crisis económica de nuestros días?

José Antonio Pagola

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«¿Quién es mi prójimo?». Domingo 10 de julio de 2016. Domingo 15º Ordinario

domingo, 10 de julio de 2016
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40-ordinarioC15 cerezoLeído en Koinonia:

Deuteronomio 30, 10-14: El mandamiento está muy cerca de ti; cúmplelo.
Salmo responsorial: 68: Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Colosenses 1, 15-20: Todo fue creado por él y para él.
Lucas 10, 25-37: ¿Quién es mi prójimo?

Primera lectura. La época del destierro fue para Israel una situación que confrontó el modelo de Alianza entre Dios y su pueblo, como principio de cambio y conversión. Esta conversión incluye la vuelta personal a Dios y el cumplimiento de todos su mandatos, “con todo corazón” como pide Dt 6,4.

Aunque el capítulo 30 está redactado en segunda persona del singular, es de sentido plural en la época del exilio: “cuando te sucedan estas cosas” (v. 1) ya les han sucedido. Todo el capítulo presupone la destrucción de Judá y Jerusalén el año 587 a.e.c..

La buena nueva para el pueblo se centra en el capítulo 30. Se presenta mostrando que el precepto no supera las fuerzas, ni está fuera del alcance (v. 11) aunque el pueblo esté en el exilio. No está en el cielo, ni más allá de los mares (vv. 12-13). La Palabra de Dios ya ha sido pronunciada y se encuentra en nuestra boca y en nuestro corazón. Si nos llenamos de su palabra, se realizará su voluntad en nosotros (v. 14). Tener cerca la Palabra es amar a nuestro prójimo.

Hoy necesitamos también estar abiertos a la palabra que se nos dirige en los signos de los tiempos y los lugares, como palabra reveladora de la acción de Dios en nuestra historia, con el compromiso de escucharla y vivirla en radicalidad y compromiso

El himno de Colosenses presenta poéticamente la primacía de Cristo, como hijo de Dios y como principio de toda la nueva humanidad que renace en él. Conecta la acción salvadora de Cristo con la obra de la creación, unidas a un mismo tronco, con las raíces profundas de la fe.

La nueva creación que surge con Cristo, en esta visión entusiástica de Pablo, se presenta en el modelo de nueva humanidad, por el mundo y la historia, donde hay que trabajar por ellas para cumplir el plan salvador de Dios en su Hijo. Es una confesión de amor, más que confesión de fe o de toelogía, por parte de Pablo.

Visión panorámica de esta parábola del evangelio de Lucas. Sólo él nos trnsmite esta parábola.

La mentalidad judía del tiempo de Jesús, absorbida por el legalismo, se había convertido en una conciencia fría, sin calor humano, a la que no le importaban las necesidades ni los derechos del ser humano. Solo se hacía lo que permitía la estructura legal y rechazaba lo que prohibía dicha estructura. El legalismo impuesto por la estructura religiosa era la norma oficial de la moral del pueblo. Se había llegado, por ejemplo, a establecer, desde la legalidad religiosa, que la ley del culto primaba sobre cualquier ley, así fuera la ley del amor al prójimo. Esto asombraba y preocupaba a Jesús pues no era posible que en nombre de Dios se establecieran normas que terminaran deshumanizando al pueblo.

Este era el contexto en que nació la parábola del buen samaritano: un hombre necesitado de ayuda, caído en el camino, más muerto que vivo, sin derechos, violentado en su dignidad de persona, es abandonado por los cumplidores de la ley (sacerdotes y levitas) y en cambio es socorrido por un ilegal samaritano (que no tenían buenas relaciones con los israelitas). Jesús hizo una propuesta de verdadera opción por los derechos de ese ser humano caído, condenado por las estructuras sociales, políticas, económicas y religiosas que aparecen excluyentes (estructuras que se encargan de no respetar los derechos de las personas y no les permitan vivir en libertad y en autonomía). Jesús quiere decirnos cómo la solidaridad es un valor que hay que anteponer no solo a la ley del culto, sino también a la misma necesidad personal, buscando el bienestar social y comunitario, la defensa de los derechos de tantos y tantas que viven en situaciones de falta de solidaridad y de reconocimiento de sus derechos, nos hace pensar en la opción por continuar el camino de compromiso y de trabajo en nuestras comunidades y organizaciones, desde el compromiso solidario con los hermanos y hermanas que están caídos en el camino, por el no reconocimiento de sus derechos.

La parábola es todo menos un juego de palabras bonitas, es algo más que una pieza literaria de la antigüedad. Es una constante interpelación para hoy.

Este texto, tan ampliamente conocido en la liturgia, se inicia con una pregunta de un maestro de la ley, o letrado, frente lo que hay que hacer para ganar la vida eterna. Jesús, a su vez, le devuelve la pregunta para que el letrado la busque en su especialidad, él tiene la respuesta en la ley… El letrado, citando de memoria Dt 6,5 y Lv 19,18, hace una apretada síntesis del sentido frente a los 613 preceptos y obligaciones que se alcanzaban a contar en la cuenta de los rabinos, para responder en dos que son fundamentales: Amar a Dios y al prójimo… Jesús aprueba la respuesta..

El letrado interroga nuevamente, pues en el Levítico el prójimo es el israelita y en el Deuteronomio se reserva el título de hermanos únicamente para los israelitas…Jesús, en lugar de discutir y entrar en callejones sin salidas, no busca plantear nuevas teorías e interpretaciones frente a la ley antigua y su práctica, sino que propone una parábola como ejemplo vivo de quién es el prójimo.

Podemos contemplar en la parábola los personajes y sacar de allí las consecuencias de enseñanza para el día de hoy: un hombre (v. 30) anónimo que es victima de los ladrones y cae medio muerto en el camino; un samaritano (v. 33) un medio pagano – o tal vez un pagano completo- cuyo trato y relación con los judíos era casi un insulto a sus tradiciones; un sacerdote (v. 31) y un levita (v. 32), la contraposición y la diferencia entre dos rangos de poder religioso, pues el levita era un clérigo de rango inferior que se ocupaba principalmente de los sacrificios, “testimonios” de un culto oficial y de los rituales a seguir en la religión establecida.

La relación entre cada uno de los personajes de la parábola es distinta: el sacerdote y el levita frente al hombre caído en el camino no se basa en el plan de la necesidad que tiene este último, sino en el de inutilidad que presentaría ante la ley y el desempeño del oficio, el prestarle cualquier atención al hombre caído, impediría a estos representantes del culto oficial poder ofrecer los sacrificios agradables a Dios. El samaritano, por el contrario, no encuentra ninguna barrera para prestar su servicio desinteresado al desconocido que está tendido y malherido, que necesita la ayuda de alguien que pase por ese camino. El samaritano únicamente siente compasión por la necesidad de ese hombre anónimo y se entrega con infinito amor a defender la vida que está amenazada y desposeída.

Prójimo, compañero, dice Jesús en esta parábola, debe ser para nosotros, en primer lugar el compatriota, pero no sólo él, sino todo ser humano que necesita de nuestra ayuda. El ejemplo del samaritano despreciado nos muestra que ningún ser humano está tan lejos de nosotros, para no estar preparados en todo tiempo y lugar, para arriesgar la vida por el hermano o la hermana, porque son nuestro prójimo. Leer más…

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Dom 10.7.16. Europa ha puesto cepos para cazar samaritanos

domingo, 10 de julio de 2016
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img_4347_buon_samaritano_c0Del blog de Xabier Pikaza:

Dom 15, tiempo ordinario, ciclo C. Las dos postales anteriores han tratado del Dios emigrante, como cigüeñas de la imagen… pero con dos diferencias:

‒ El Dios Samaritano no vuelve cada año a los mismos campanarios, pues no tiene iglesia, ni se para vigilando desde la torre la vida de los parroquianos, como en San Morales, sino que baja a la calle y camina abriendo cada día nuevos surcos para aquellos que están derrotados a la vera del camino. En ese sentido, él vuelve siempre. Quizá no le vemos, pero está. Morirá un día Europa, él seguirá viviendo y haciendo vivir a los caídos del camino.

El Dios samaritano es siempre un Dios extraño, por ser el más cercano. No es el Dios del templo de Jerusalén, ni del oráculo sagrado de Roma, ni de la Moncloa, ni de una determinada emisora que se justifica a sí misma… Es siempre un Dios que viene de los otros, de los que pensamos malditos, y así nos sorprende cada día de nuevo, desde el fondo del evangelio.

13606479_612279835615879_2187902094625664756_nLos ministros de Europa (entre ellos el de España) están empeñados en cazar samaritanos, impidiendo que sigan haciendo su labor en los lugares fuertes de Europa y del mundo, en Ceuta y Lampedusa, en torno a las islas griegas… ¡Nunca se hubiera pensado…, una Europa de fondo cristiano impidiendo que existan y actúen los samaritanos…!

Pero Dios es Dios y el nueva samaritano quizá no camina ya a lomo de mula en un mundo sin fronteras… Ese Dios samaritano ha tenido que encontrar nuevas formas de acoger, de ayudar, de llevar… como las cigüeñas de la imagen.

Es el Dios de Jesús, Dios de la humanidad que sigue haciendo humanidad, como termina pidiendo la parábola: ¡haz tú lo mismo!. Eso nuestro Dios, hemos de ser nosotros el Dios samaritano. Buen domingo.

Un septenario del Dios samaritano

Texto. Lc 10, 25-37

Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»

Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él, y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: «Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta.» ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»

Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»

Septenario

1. El Dios Samaritano (=de la Parábola del Buen Samaritano) ha sido objeto de un largo estudio en la tradición teológica de los Padres de la Iglesia, que identifican al Samaritano con Jesús, Hijo de Dios, revelación del Padre, que “desciendo” (se encarna) para realizar su obra salvadora (como han dicho los Padres de la iglesia, desde San Agustín).

A ese Dios-Jesús (Samaritano) le mataron los buenos, le acusaron algunos perfectos de la casa diciendo que era un samaritano (Jn 8, 52: ¡Eres un samaritano, tienes un demonio!) precisamente por actuar de Buen Samaritano. Queda así abierto el camino de la cristología e iglesia samaritana

2. Este Dios Samaritano (es decir, que terminará caminando con el samaritano, fuera del templo de Jerusalén) ha creado un mundo complejo y difícil de explicar, en el que se dice todo es bueno (Gen 1), pero donde nacen como setas los bandidos, tras cualquier tipo de lluvia: Bandidos con diverso tipo de pedigrí o de RH, bandidos políticos, religiosos o simplemente cuatreros y ladrones de caminos.

No se sabe por qué el Dios Samaritano permite eso, pero debe ser por algo (¿por libertad, por caridad, por despiste?). Él está allí, permitiendo que sigan existiendo los bandidos, en un mundo en el que resulta distinguir a los buenos bandidos de los malos, como quiso hacer el evangelio de Lucas, aunque parece que con poco éxito (historia de Dimas y Gestas, Lc 23, 43)

3. El Dios Samaritano parece que va poco al templo. No se le encuentra en el santuario de Jerusalén, donde andan por su casa sacerdotes y levitas. Se dice (decían los Padres de la Iglesia) que tampoco anda por las curias de Roma y Constantinopla, y ahora por la de Lambeth o la CEE de las Españas, ocupadas en cuestiones que tienen poco que ver con su tarea de Samaritano.

Ciertamente, éste Dios samaritano tiene algo que ver con los templos y a veces va también por allí, pero no se queda demasiado tiempo, tiene ocupaciones en la calle de la vida, entre Jerusalén y Jericó, que es el mundo entero.

4. El Dios Samaritano va por los caminos de la vida (cuesta arriba, cuesta abajo), o por llanuras sin fin, como andaba el Señor Don Quijote (esto lo dijo muy bien Unamuno). No hay estarta ni carrejo de la vida humana por donde no pase; no hay crimen que él no sepa y quiera curar con su aceite y su vino. Este Dios Samaritano tiene un programa de tolerancia cero, para todo aquello que destruya al ser humano (por pederastia o bandidaje de navaja en la faca, o de guante blanco en el Banco).

No, no es un pobretón, ni un ignorante. Tiene caballería, tiene aceite y vino, tiene algún dinero para las posadas, pues también en las posadas anda Dios, como sabía santa Teresa de Jesús, aunque se dice que dormía poco en ellas.

5. Dicen que a este Dios Samaritano le preguntaron por cuestiones candentes, relacionados, por ejemplo, con la “ordenación de la mujer” y respondió que no sabía, no entendía el tema. Dijo que esas eran cuestiones importantes, pero quizá más de salón y de poder que de camino. Respondió que él no entendía de esas cosas: no había venido a repartir herencias, como dice Lucas (Jesús respondió: “¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?” (Lucas 12:13-14). , ni a dirimir sacerdocios, como quería Caifás y Anán el Joven, pues a su juicio, al borde del camino, varones y mujeres eran iguales.

La cuestión candente de Dios son los caídos a la vera del Camino de Jerusalén a Jericó, que es ahora el camino de Senegal a Ceuta, de México a USA, de Siria a Austria… Resulta que hemos puesto policías en las fronteras no sólo para cazar ladrones, sino también para impedir que actúan loe samaritanos, para cerrar el paso de Dios.

6. El Dios Samaritano es un Dios Eficaz que, por alguna razón (Él sabrá) ha dejado que salgan al camino los bandidos, pero que siempre ha resuelto en el fondo los problemas. Sigue estando en la raíz de la vida, en los barrancos del camino, con su cabalgadura, en la que lleva una alcuza de aceite (elaion: remedio universal) y su bota de vino (oinon: que es también remedio universal), como sabe Lc 10, 34). Por eso, si quieres saber si hay Dios sal al camino de la vida, ponte en contacto con los hombres y mujeres… vete a buscar a los caídos del camino.

Sí, es un Dios eficaz… El Ministro del Interior de España ha puesto cepos más inteligentes para cazar a samaritanos (¡dicen que en nombre de Dios…!)… Ése es el problema de Europa, desde Grecia hasta la Gran Bretaña, desde España a Rumanía… Poner aparatos para que no pasen los caídos del camino, para que no actúen los samaritanos…

7. Finalmente, y repitiendo lo anterior, este Dios Samaritano es Dios de Cabalgadura (en ella carga a todos los heridos…); es Dios de aceite, que es suavidad, que es alimento, que es medicina; es Dios de vino, que es alegría y es canto (dice una leyenda apócrifa que hasta llegar a la posada acabaron la bota Dios y el Herido, y cantaron junto…). Es quizá un Dios de guitarra, que conoce los mesones del camino donde para la gente…

Este Dios samaritano es testarudo y sigue. Se hundirá el barco de Europa en los mares, morirá la luz de esta España ciega en los estrechos… Pero el Dios Samaritano seguirá empeñado en recorrer caminos, desde Gibraltar hasta Estambul, desde el DF de México hasta El Paso… para que los hombres y mujeres puedan caminar, soñar, emigrar, vivir.

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