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En torno a la Asunción (I): Las cuatro mujeres del Apocalipsis

domingo, 15 de agosto de 2021
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CE53A7BC-0DBB-4F20-962B-224605189ACBDel blog de Xabier Pikaza:

Un interesante trabajo que iremos publicando en los próximos días…

«El próximo domingo (Hoy, 15.8) celebramos la fiesta de la Asunción de María, Madre de Jesús. En años anteriores he ofrecido en este blog algunas reflexiones generales sobre el tema. Este año he querido situar su figura en el contexto de las mujeres del Apocalipsis, un tema fascinante de simbología, teología y espiritualidad cristiana»

«En ese contexto quiero ofrecer una comentario de la Mujer celeste, vestida de sol, que aparece en Ap 12, 1-6. Ella ha sido fuente de inspiración no sólo para la simbología de la Asunción, sino para el despliegue y desarrollo de algunas advocaciones marianas (como la Virgen de Guadalupe de México). Así lo haré a lo largo de seis días, presentando esa figura de la Mujer Celeste en el contexto general de las mujeres del Apocalipsis«

«Éste es un trabajo exegético y teológico algo largo, pero es importante  para situar no sólo la figura y culto de María, Madre de Jesús, sino para conocer la función de la mujer en el despliegue de la Biblia y en el pensamiento de la Iglesia. La  Mujer‒Madre celeste quedó integrada simbólicamente en la divinidad, al lado de Dios Padre, completando así un tipo de arquetipo divino y su manifestación en la historia humana[1]»

«Esta madre celeste y terrestre, vencedora, vencida y luego  elevada nuevamente a la “divinidad”  forma parte de la  transmutación de lo femenino en la historia de occidente”. Por un lado, es una mujer, por otro lados son tres (o cuatro) mujeres que han marcado y siguen marcando el imaginario femenino de la apocalíptica judía y cristiana del I d.C., tal como culmina en el Apocalipsis de Juan, en su lucha contra los poderes satánicos de muerte que amenazan con destruir la historia humana

| X Pikaza


Esquema general

Mi trabajo sobre la mujer (mujeres) del Apocalipsis consta de seis partes, que iré presentando en los seis días que siguen.

1 Tres o cuatro mujeres

Metamorfosis. Cuatro mujeres
Una misma mujer: Madre, perseguida, novia
2. Primera mujer. Madre cósmica y Dragón (Ap 12, 1-5

Introducción. Mujer y Dragón en el cielo (Ap 12, 1-4
Comienzo del drama. Dio a luz un Hijo Varón… (Ap 12, 5)
3. Segunda mujer. La compañera de las bestias (Ap 12, 6-13, 18)

Mujer fugitiva. Dragón expulsado del cielo (Ap 12, 6-12).
Mujer perseguida (12, 13-17).Se le dieron alas de águila
Mujer amenazada. El Dragón y las Bestias (12, 18-13, 18)
4.Tercera mujer. Prostituta universal, economía perversa (Ap 17-18)

Jezabel. “Prostituta” discutida de Tiatira
Desarrollo temático. La prostituta Roma (Ap 17, 1-6)
Culminación. Asesinato y robo (Ap 18, 1-19,8)
Conclusión. Asesina asesinada, muerte de la Prostituta
5.Cuarta mujer. Ciudad-novia, bodas del Cordero (Ap 21-22)

Arquetipo femenino de Dios. La novia del Cordero
Un tema abierto. El arquetipo bíblico de Dios y la mujer del Apocalipsis
6-Conclusión hermenéutica. Mito, apocalíptica e identidad antropológica

Comienzo. Mujer celeste, tiempo originario
Desarrollo. Madre Israel, Antiguo Testamento
Experiencia cristiana. El mito se hace historia
INTRODUCCIÓN. LAS CUATRO MUJERES DEL APOCALIPSIS

En un comentario del Apocalipsis he desarrollado algunos rasgos (símbolos) de la Mujer (cuatro mujeres) del libro, partiendo de Ap 12, 1‒6. En ese fondo se ha vuelto necesario un nuevo estudio simbólico y literario, histórico y social de esos motivos, partiendo de una visión dramática de conjunto que destaque la vinculación (diferencia y unidad) de las escenas y figuras del Apocalipsis, en una línea simbólica y existencial, abierta a la esperanza de futuro de la Biblia en su conjunto[2].

En esa línea, podemos afirmar que Ap 12, 1‒6 constituye el centro dramático del libro del Apocalipsis (y en algún sentido la culminación de toda la Biblia), de manera que sus temas y figuras (Mujer, Dragón, Hijo) sólo pueden entenderse desde el conjunto del texto que desemboca en el descenso y bodas de la Novia y el Cordero (Ap 21-22). Por eso quiero elaborar una exégesis simbólica y social del texto, desde una perspectiva de identidad cristiana, teniendo en cuenta el conjunto de la Biblia cristiana, que culmina de algún modo en esta escena. Este arquetipo de la Mujer, que es al mismo tiempo Gran Madre, Iglesia o comunidad perseguida y Novia del Cordero constituye uno de los centros simbólicos de la Biblia[3].

METAMORFOSIS. TRES O CUATRO MUJERES

Ap 12, 1‒6 nos sitúa en el punto de partida de una historia dramática que es, al mismo tiempo, la historia de Dios (humanidad) y la de cada uno de los hombres, en los que se individualiza y encarna su figura, en línea universal, judía y cristiana[4]. En esa línea, reinterpretando lo anterior, he querido situar a la Mujer en el contexto de la historia social (comunicativa) de la humanidad.

No es una mujer-‒ya‒fijada, sino una mujer-haciéndose (in fieri), en un proceso dramático, definido por el nacimiento pascual de Jesús (Ap 12) y por su victoria final como Hijo Cordero (Ap 19-20), conforme a los cuatro momentos ya indicados, que ahora retomo en línea más dramática:

Madre celeste, conflicto social primigenio (Ap 12, 1-5). La Madre es el punto de partida de la historia. Humanamente hablando no podemos avanzar (más allá sólo queda Dios, el gran silencio bíblico). Ella es la generación originaria, fuerza engendradora de vida, cielo original en forma de mujer, paraíso del principio del que provenimos. Este aspecto materno de la vida (amenazado por el Dragón) sigue definiendo la vida de los hombres. Para que exista humanidad tiene que haber unaMadre primera.

Pero la Madre no está sola: a su lado, como fuerza que parece posterior (no se dice de donde proviene, lo mismo que en Gen 3), pero que es determinante, se eleva el Dragón o Serpiente. Este conflicto de Madre‒Engendradora y Dragón‒Homicida no es sólo un mito cosmogónico o existencial, sino que retoma el recuerdo genético de la lucha primigenia, siempre repetida que define el sentido de la humanidad. Muchos han pensado que el principio de todo ha sido y sigue siendo la guerra (Heráclito), es decir, la envidia mimética, la lucha sin fin de los contrarios.

Pues bien, en contra de los análisis posteriores de Hegel y Marx, de Freud o de R. Girard, nuestro pasaje sabe que la “madre” de todas la guerras no fue un conflicto de “conciencias” masculinas (Hegel), ni una oposición entre clases sociales por dinero (Marx), ni un tipo de “edipo” o guerra de los hijos contra el padre (Freud), ni la rebelión mimética de uno en contra del modelo de vida que señalan y, al mismo tiempo les impiden gozar sus “modelos” (o antecesores). Ap 12, 1‒6 sabe y dice que la primera de todas las guerras de los hombre es la guerra en contra de la “madre”, eso es en contra de aquel/aquella que les ha dado la vida. Antes de todas las reflexiones, importantes pero derivadas de Hegel‒Marz y de Freud‒Girard, en un contexto bíblico, Ap 12, 1‒6 ha sabido describir el primero de todos los conflictos de la historia, como oposición entre la mujer‒madre (don de la vida) y demonio‒dragón, que vive devorando (matando) vida ajena. Ésta es como he dicho “la madre de todas las guerras”[5].

Madre en la tierra, mujer perseguida (Ap 12, 6-18). La figura anterior (Madre celeste) era un símbolo o proyección social del origen y riego de la vida: releyendo la meta-relato bíblica del origen de la humanidad (Gen 2-3), el autor del Apocalipsis había destacado el signo primigenio de la Madre que da a luz sobre los cielos. Pues bien, pasando ya al plano de la humanidad concreta, él la presenta en la historia, como mujerfugitiva y perseguida, en el espacio y tiempo de conflictividad del mundo. Ha dado a luz al Hijo vencedor y continúa oponiendo al Dragón, que la persigue; por eso debe escaparse y vivir en el desierto, como saben las tradiciones del Éxodo judío, reinterpretadas por nuestro pasaje (cf. Ap 12, 6).

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Asunción y pandemia.

domingo, 15 de agosto de 2021
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30C1785A-D005-4032-A2FB-FB61499B57D0Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Misa vespertina de la vigilia

Para que una verdad sea proclamada dogma por la Iglesia católica es preciso que tenga un fundamento bíblico. En el caso de la Asunción de la Virgen es casi misión imposible, porque ningún texto del Nuevo Testamento cuenta su muerte ni su asunción. Sin embargo, con buena voluntad se encuentra un mensaje muy actual en las lecturas, especialmente en esta época de pandemia. Me limito a las de la misa de la vigilia, que me resultan más sugerentes.

El premio merecido de María (Lucas 11,27-28)

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo:

– «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él repuso:

– «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

El dicho popular: «Bendita sea la madre que te parió» tiene en el ambiente de Jesús una formulación más completa: «Bendito sea el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron». Nuestro dicho se limita al momento del parto; el que le dirige a Jesús una mujer desconocida tiene en cuenta los meses de gestación y los años de crianza. Es todo el cuerpo de la madre, vientre y pechos, lo que recibe la bendición.

Y esta es la relación con la fiesta: el cuerpo y alma de María, tan estrechamente unidos a Jesús, debían ser glorificados, igual que él. Si echamos la vista atrás, la vida de María no fue un camino de rosas. El anciano Simeón le anunció que una espada le traspasaría el alma. Y el primero en clavársela fue su propio hijo, que a los doce años se quedó en Jerusalén sin decirles nada. «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?». «Porque tengo que estar en las cosas de mi Padre». Y eso supondrá para María un sufrimiento continuo desde que comienza la actividad pública de Jesús. Oír que a su hijo lo acusaban de endemoniado, de comilón y borracho, de amigo de ladrones y prostitutas, de blasfemo… para terminar muriendo de la manera más infame. El cuerpo y el alma de María merecían una compensación. Esa glorificación es lo que celebramos hoy.

El premio inmerecido de todos nosotros (1 Corintios 15,54-57)

El destino de María es válido para todos nosotros, aunque por motivos muy distintos. Pablo alude al primer pecado: la ley de no comer del árbol de la vida provocó el pecado y, como consecuencia, la muerte. Pero de todo ello nos ha liberado Jesucristo, y la última palabra no la tiene la muerte sino la inmortalidad.

Hermanos:

Cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?». El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la Ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!

En esta larga etapa de pandemia, donde la muerte se ha hecho tan cercana y tantos cuerpos han sufrido y siguen sufriendo las consecuencias de la enfermedad, la fiesta de la asunción nos anima y consuela sabiendo que «esto corruptible se revestirá de incorrupción, y esto mortal de inmoralidad».

Un complemento poético (1 Crónicas 15,3-4.15-16; 16,1-2)

La misa de una solemnidad debe tener tres lecturas, la primera del Antiguo Testamento. Recordando que en las letanías se invoca a María como Arca de la alianza (Foederis arca), se pensó que el texto más adecuado para esta fiesta era el que describe la entrada del arca de la alianza en Jerusalén (el templo todavía no estaba construido). De la misma forma solemne y alegre entraría María en el cielo.

 En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todos los israelitas, para trasladar el arca del Señor al lugar que le había preparado. Luego reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas se echaron los varales a los hombros y levantaron en peso el arca de Dios, tal como había mandado Moisés por orden del Señor. David mandó a los jefes de los levitas organizar a los cantores de sus familias, para que entonasen cantos festivos acompañados de instrumentos, arpas, cítaras y platillos. Metieron el arca de Dios y la instalaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión a Dios y, cuando David terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

José Luis Sicre

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Solemnidad de la Asunción de María. 15 de Agosto de 2021

domingo, 15 de agosto de 2021
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En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: -¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”

(Lc 1, 39-56)

El evangelio de la solemnidad de la Asunción de María nos coloca en una de las escenas más alegres y llenas de color de todo el Evangelio.

El encuentro de estas dos mujeres, que están gestando en sus entrañas las más grandes promesas de Dios para la humanidad, es un canto eterno de esperanza.

Todo es tan incipiente y oculto que es difícil creer en ello, pero el encuentro de las dos experiencias deja fuera de juego a las dudas.

Isabel escucha la voz de María y la vida salta dentro de ella. Más tarde el Evangelio acabará con otro saludo, con otra voz la de Jesús que también hará saltar la vida en el corazón de María Magdalena. Podemos decir que la historia de Jesús empieza y termina (comenzando) con un salto. Primero saltó Juan, más tarde saltó María Magdalena. Son saltos de alegría y de vida porque es eso lo que nos regala Dios por medio de Jesús.

Y María aceptó ser cómplice de Dios en toda esta aventura. Dijo hágase e hizo de su vida un continuo espacio para los planes de Dios. Se atrevió con lo inesperado e incluso con lo imposible. Se puso en camino y se hizo abrazo con Isabel. Ellas dos no enseñan a ser abrazo, prolongación del abrazo que es Dios Trinidad. En ese encuentro estrecho somos la más bella imagen de nuestro Creador.

Oremos

Trinidad Santa, Abrazo Tierno, que seamos portadoras y transmisoras de abrazos, que llevemos la sorpresa de tu mensaje que hace saltar de alegría y transforma la soledad en compañía. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La Virgen María, “Nuestra Señora de las Ecologías”

domingo, 15 de agosto de 2021
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la-virgen-de-la-ecologia_560x280Nuestro país se viste de advocaciones marianas relacionadas con el medio ambiente

Montaña, Paloma, del Arroyo, Guadalupe, Montserrat, Manzano, Castañar, Encina, Nieves…

(Antonio Aradillas).- En su expresión ecológica tan sublime, como espectacular y religiosa, la Santísima Virgen María, con sus advocaciones piadosas, se hace popularmente presente sobre todo en el calendario festivo propio del verano.

De ahí nuestras prisas en destacar tal realidad y reconocimiento, con lo que poder contribuir de alguna manera a la conservación del planeta “mundo” , en cuya destrucción egoísta se da la triste y estadística impresión de estar tantos empeñados, hasta impiadosa y sacrílegamente.

Desde el pináculo de cualquier calendario mariano festivo, me asomo aquí y ahora, con el deseo de adscribirnos de alguna manera a ritos, ceremonias, tradiciones y comportamientos del pueblo- pueblo, en la relación establecida religiosamente con la Divinidad, por la mediación de la Virgen, en el rosario de sus advocaciones “naturales”, tanto o más teológicas que las misteriosamente “sobrenaturales” , antes y después de dejar constancia brillante de que son tantos, tan bellos y tan reparadores los nombres y los sobrenombres, que no todos pueden caber en el resplandeciente listado de sus letanías.

El Camino -Nuestra Señora del Camino- lo inicia en las tozudas y empobrecidas tierras turolenses de una de sus comarcas -quince son los pueblos que componen su Cofradía-, patroneados por la Santísima Virgen de la Langosta“, con inexcusables referencias no a los crustáceos marinos tan preciados en la gastronomía, sino “a los insectos salteadores que se alimentan de vegetales y se multiplican con tal rapidez, que forman plagas con efectos devastadores para la agricultura”, con flagrante ruina de quienes pueblan y viven de sus tierras. Gracias a la protección de la Virgen, y a la fe de sus gentes, estas pudieron pervivir y superar dificultades tan graves, en unos tiempos o edades en las que el campo y sus cosechas solo estaban en manos de Dios y no en las de la química.

Madrid, capital de las Españas, lo es también de advocaciones marianas tan representativas ecológicamente como la Almudena, Atocha –“atochar”– y Paloma. Los accidentes geográficos relacionados con el terreno en los que “aparecieron” sus imágenes, le confieren en multitud de versiones nombres tan sagrados como el Mar, Collado. Montaña, Navahonda, Prado, Monte, Castellar, Castillo, Valle, Sierra, Dehesa, Cabeza, Finisterre. Muela o Cerro, Peñalosa, Piélago, Puerto, Fuente -en singular o en plural-, Fuensanta, Fuencisla, Aguasantas, Fuensalida, del Río, del Arroyo, Guadalupe, Covadonga, Monserrat….Árboles y frutos les salen al paso a los peregrinos por los caminos y santuarios ecológicos marianos, que demandan protección y ayuda a favor de la salvación del mundo, con denominaciones tales como Guía, Manzano, Castañar, del Castaño, Encina, Olmos, de la Oliva, Peral, Navalazarza, de las Flores, Rosario, Poveda, Paular, Alameda, Espinar, del Espino, Huertas y Huerto, Madroño…

La Estrella es referencia de seguridad, de Esperanza y de Luz. Las Nieves lo son de pureza y blanco -Blanca-, aún en pleno verano. Con sobrenombres de aves y pájaros  las advocaciones de la Virgen tachonan los cielos, y multitud de pueblos, regiones y Comunidades Autónomas, con mención reiterada, verbenera y popular, para la Paloma Palomares, el Águila y la Divina Pastora.

Por su abundancia y matices en sus nombres oficiales o populares, es de difícil catalogación exacta, entre otras, la Candelaria, Begoña, Aránzazu, del Refugio, Aurora, del Pazo, Altamira, Sonsoles, Los Llanos, Trabajo, Destierro, de la Leche, del Buen Parto, del Santo Celo, Azucena, Alarilla, Butarque, –“lugar de légamos”-, Chavela -“lugar de robles”-, Buena Vista, Somosierra ,-“la Sierra por antonomasia”-, el Rocío.. Piedra Escrita,- o del Enigma-, Roncesvalles, del Yugo, del Puy, Riánsares, Piedras Albas, Fuentes Claras…

No hay una necesidad que atender por esos mundos de Dios, y más si estos son hispanos y además, rurales, en cuya presurosa atención no se haga presente la Virgen en cualquiera de sus piadosas y exactas advocaciones, con ritos, preces, letanías, sermones, procesiones, cánticos e himnos, peregrinaciones, y hasta dulces o platos típicos en el listado de su rica y variada gastronomía, por supuesto, que todos ellos, con nombres muy santos, y algunos, aún indulgenciado, previas las gestiones canónicas de sus cofrades. En esta tarea intervienen con idéntica piedad, las advocaciones, cuyas identidades hayan respondido, y respondan, a las lenguas llamadas vernáculas, sin exclusión de las de procedencia latina, griega, celta, ibérica o pre-ibérica, sin faltar a la cita las provenientes de “allende los mares”, y más cuando patrióticamente se alardea de que “en cuyos dominios jamás se ponía el sol…

Es posible “que no sea oro todo cuanto reluce” . Pero hay mucho oro en todo, reluzca o no reluzca. La devoción popular tiene nombres y atributos de Virgen. Si la ecología, y parte de lo que todavía queda de “mundo” -limpio y reluciente- al mundo, se cuidara, por creyentes y no tanto, es de confiar en la efectividad de la protección de la Virgen, una de cuyas advocaciones más socorridas es precisamente la de la Esperanza.

Todo el mundo es templo de Dios y santuario de la Virgen. También lo es de cuantas personas lo habitan y viven, aunque posiblemente, y con más activas responsabilidades, de quienes dicen profesar la fe cristiana como acto de adoración a Dios, mediante el servicio a los más necesitados.

En unos tiempos de tantas y tan graves profanaciones del mundo universo, Nuestra Señora de las Ecologías – ciencia que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con el medio ambiente-, ¡rogad por nosotros¡“, es -será- oración, y programa de vida, prevalentes. Y es que “el hombre no es ya simplemente un servidor de los dioses, sino un ser que piensa”, gracias sean dadas a Dios, AMÉN,

Fuente Religión Digital

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María pudo identificarse totalmente con Dios porque lo divino estaba en ella desde el principio.

domingo, 15 de agosto de 2021
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3750880Lc 1, 39-56

No debemos caer en el error de considerar a María como una entidad paralela a Dios sino como un escalón que nos facilita el acceso a Él. El cacao mental que tenemos sobre María se debe a que no hemos sido capaces de distinguir en ella dos aspectos: uno la figura histórica, la mujer que vivió en un lugar y tiempo determinado y que fue la madre de Jesús; otro la figura simbólica que hemos ido creando a través de los siglos, siguiendo los mitos ancestrales de la Diosa Madre y la Madre Virgen. Las dos figuras han sido y siguen siendo muy importantes para nosotros, pero no debemos confundirlas.

De María real, con garantías de historici­dad, no podemos decir casi nada. Los mismos evangelios son extremadamente parcos en hablar de ella. Una vez más debemos recordar que para aquella sociedad la mujer no contaba. Podemos estar completamente seguros de que Jesús tuvo una madre y además, de ella dependió totalmente su educación durante los doce primeros años de su vida. El padre en aquel tiempo se desentendía totalmente de los niños. Solo a los 12 ó 13 años, los tomaban por su cuenta para enseñarles a ser hombres, hasta entonces se consideraban un estorbo.

De lo que el subconsciente colectivo ha proyectado sobre María, podíamos estar hablando semanas. Solemos caer en la trampa de equiparar mito con mentira. Los mitos son maneras de expresar verdades a las que no podemos llegar por vía racional. Suelen ser intuiciones que están más allá de la lógica y son percibidas desde lo hondo del ser. Los mitos han sido utilizados en todos los tiempos, y son formas muy valiosas de aproximarse a las realidades más misteriosas y profundas que afectan a los seres humanos. Mientras existan realidades que no podemos comprender, existirán los mitos.

En una sociedad machista, en la que Dios es signo de poder y autoridad, el subconsciente ha encontrado la manera de hablar de lo femenino de Dios a través de una figura humana, María. No se puede prescindir de la imagen de lo femenino si queremos llegar a los entresijos de la divini­dad. Hay aspectos de Dios que, solo a través de las categorías femeninas, podemos expresar. Claro que llamar a Dios Padre o Madre son solo metáforas para poder expresarnos. Usando solo una de las dos, la idea de Dios queda falsificada porque podemos quedar atrapados en una de las categorías masculinas o femeninas.

El hecho de que la Asunción sea una de las fiestas más populares de nuestra religión es muy significativo, pero no garantiza que se haya entendido correctamente el mensaje. Todo lo que se refiere a María tiene que ser tamizado por un poco de sentido común que ha faltado a la hora de colocarle toda clase de capisayos que la desfiguran hasta incapacitarla para ser auténtica expresión de lo divino. La mitología sobre María puede ser muy positiva, siempre que no se distorsione su figura, alejándola tanto de la realidad que la convierte en una figura inservible para un acercamiento a la divinidad.

La Asunción de María fue durante muchos años una verdad de fe aceptada por el pueblo sencillo. Solo a mediados del siglo pasado se proclamó como dogma de fe. Es curioso que, como todos los dogmas, se defina en momentos de dificultad para la Iglesia, con el ánimo de apuntalar sus privilegios que la sociedad le estaba arrebatando.

Hay que tener en cuenta que una cosa es la verdad que se quiere definir y otra la formulación en que se mete esa verdad. Ni Jesús ni María ni ninguno de los que vivieron en su tiempo, hubiera entendido nada de esa definición dogmática. Sencillamente porque está hecha desde una filosofía completamente ajena a su manera de pensar.

La fiesta de la Asunción de María nos brinda la ocasión de profundizar en el misterio de toda vida humana. A todos nos preocupa cuál será la meta de nuestra existencia. Se trata de la aplicación a María de toda una filosofía de la vida, que puede llevarnos mucho más allá de consideraciones piadosas.

Allí donde encontramos multiplicidad, falsedad, maldad, debemos profundizar hasta descubrir en lo hondo de todo ser, la unidad, la verdad y la bondad. Toda apariencia debe ser superada para encontrarnos con la auténtica realidad. Esa REALIDAD está en el origen de todo y está escondida en todo. En el momento que desaparezcan las apariencias, se manifestará toda realidad como una, verdadera y buena. Es decir que la meta de todo ser se identificará con el origen de toda realidad.

La creación entera está en un proceso de evolución, pero aquella realidad hacia la que tiende es la realidad que le ha dado origen. Ninguna evolución sería posible si esa meta no estuviera ya en la realidad que va a evolucionar. Ex nihilo nihil fit, (de la nada, nada puede surgir) dice la filosofía. Si como principio de todo lo que existe ponemos a Dios, resultaría que la meta de toda evolución sería también el mismo Dios.

Lo que queremos expresar en esta fiesta, es precisamente esto. No podemos entender literalmente el dogma. Pensar que un ser físico, María, que se encuentra en un lugar, la tierra, es trasladado localmente también en el cuerpo, a otro lugar, el cielo, no tiene ni pies ni cabeza. Hace unos años se le ocurrió decir al Papa Juan Pablo II que el cielo no era un lugar, sino un estado. Pero me temo que la inmensa mayoría de los cristianos no ha aceptado la explicación, aunque nunca la doctrina oficial había dicho otra cosa.

El dogma es un intento de proponer que la salvación de María fue absoluta y total. Esa plenitud consiste en una identificación con Dios. Como en el caso de la ascensión, se trata de un cambio de estado. María ha terminado el ciclo de su vida terrena y ha llegado a su plenitud. Pero no a base de añadidos externos sino por un proceso interno de identificación con Dios. En esa identificación con Dios no cabe más. Ha llegado al límite de las posibilidades. Esa meta es la misma para todos. “Cielos” significa lo divino.

Cuando nos dicen que fue un privilegio, porque los demás serán llevados al cielo pero después del juicio final, ¿de qué están hablando? Para los que han abandonado esta vida, no hay tiempo. Todos los que han muerto están en la eternidad, que no es tiempo acumulado, sino un instante. Concebir el más allá como continuación del más acá nos ha metido en un callejón sin salida; y muchos se encuentran muy a gusto en él.

Cuando hablamos de Jesús y de María, debemos hacer una distinción. Por ser seres humanos históricos y reales, sí podemos hablar de ellos con propiedad desde la perspectiva terrena. Pero cuando tratamos de expresar lo divino que hay en ellos, nos encontramos con el mismo problema de Dios. No podemos hablar de esa conexión con lo divino si no es por medio de metáforas y signos.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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María, parábola de Dios.

domingo, 15 de agosto de 2021
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magnificat-wLc 1, 39-56

«Por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso».

La buena Noticia es que en Jesús hemos visto que Dios es mucho mejor de lo que nadie había sido capaz de imaginar, y por eso “Abbá” es el corazón de esa buena Noticia. A Abbá le conocemos en Jesús, el hombre tan lleno de su espíritu que se le transparentaba, o dicho en lenguaje coloquial, el hijo que “había salido” a su Padre.

Pero poco les duró a los cristianos la alegría de este feliz hallazgo, pues desde época muy temprana, la teología erudita se encargó de dar un cambiazo nefasto sustituyendo a Abbá por el Dios Todopoderoso que juzga nuestros pecados. Tampoco Jesús salió bien parado de este envite, pues se convirtió en el Señor (el amo) que volverá para separar las ovejas de las cabras y enviar a las cabras al castigo eterno.

¡Había muerto la buena noticia!

Pero cuando en lo más recóndito de su ser, allá donde no llega la conciencia, los fieles  cristianos se sintieron desamparados y a expensas de un juez que iba a determinar su destino, se apresuraron a buscar una buena abogada; y no puede haber mejor abogada, mejor intercesora, que una madre, porque su amor es incondicional y no lleva cuentas del mal… Por supuesto, la mejor madre que podían encontrar era María, la madre de Jesús, así que la revistieron de los atributos más destacados de Dios-Abbá y recuperaron lo que les habían arrebatado.

La devoción a María se convirtió así en la más entrañable, y a sus devotos todo les parecía poco para adornar a la que se había convertido en su mejor garantía ante la fría justicia de Dios. Era nuestra madre amantísima, el refugio de los pecadores, el auxilio de los cristianos, la consoladora de los afligidos… Por supuesto, la madre del cielo no podía estar sometida al pecado, y nació el dogma de su Concepción Inmaculada. Tampoco podían sus restos corromperse bajo tierra como los de cualquier mortal, y eso dio lugar al dogma de su Asunción en cuerpo y alma a los cielos…

Y desde nuestra mentalidad ilustrada y pedante, todo esto nos resulta gazmoño y pueril; pensamos que ninguna persona culta del siglo XXI puede creer en estas simplezas que lo único que revelan es la inmadurez de la fe de nuestros abuelos… Pero en el fondo es una historia preciosa que muestra que el Espíritu sopla dónde y cuándo se le necesita, y muestra también que se encuentra mucho más a gusto entre la gente sencilla que entre los sabios y entendidos.

Ruiz de Galarreta llamaba a María “Parábola de Dios”, y añadía: «No hay palabras ni sentimientos capaces de agradecer suficientemente a María la salvación de todo lo que más caracteriza a la religión de Jesús, a la buena Noticia: sentirse querido, saber que alguien siempre te comprende, te perdona y te acoge, alguien a quien no temer, alguien que no lleva cuentas de mal… Eso, que debería haber sido Dios-Abbá, fue para los cristianos la madre de Jesús».

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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¿Nos animamos a ponernos en camino?

domingo, 15 de agosto de 2021
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2D162234-A166-4839-80E0-7920D20956B7Lc 1, 39-56

Celebrar hoy a María que es llevada al encuentro definitivo con Dios nos compromete a vivir, como ella, esos otros encuentros transformadores en los que compartimos y cantamos la vida que Dios nos regala.

Este domingo celebramos la fiesta de la Asunción de María. Lo normal es que acudan a nuestra mente las muchas imágenes que hemos visto de María, mirando a lo alto, con las manos juntas, rodeada de ángeles, sobre nubes que indican cómo es elevada al cielo. Es realmente una fiesta que nos habla del triunfo y la santidad de María, pero que apenas nos dice nada, si nos quedamos en las imágenes, porque nuestra propia experiencia tiene poco que ver con ellas.

Pero, como tantas veces, el evangelio de hoy nos saca de estas imágenes que nosotros mismos nos hacemos y nos presenta a María con los pies en la tierra. Viviendo salidas y encuentros que sí pueden parecerse a los nuestros. Vamos a intentar acoger toda la riqueza de este texto, precioso y claro, ayudándonos de dos imágenes que nos presenta:

1. El encuentro de dos mujeres embarazadas

Según Lucas, María acaba de recibir la noticia de que ha sido elegida para ser madre del Mesías, del Hijo de Dios, y lo que hace es “ponerse en camino” y añade el texto “con prontitud”, aunque también puede traducirse con diligencia, con empeño, con cuidado… Como una decisión que brota de su nueva condición de madre, de sentir que en sus entrañas crece la nueva vida que viene de Dios.

Dios ha salido a su encuentro y ella va al encuentro de Isabel, una mujer también embarazada. Dos embarazos que se nos invita a contemplar a la luz de la fe, porque se realizan en circunstancias que humanamente son imposibles. En el caso de María porque “no conoce varón” y en de Isabel porque es anciana, “ha concebido en la vejez”. Y es que la vida que nace de Dios, nos dice el evangelio, rompe todas las normas, supera nuestros cálculos, nos sorprende irrumpiendo con fuerza allí donde nosotros no vemos posibilidades.

Esta experiencia de que para Dios “nada hay imposible”, de que Él sale al encuentro y hace surgir vida en dos mujeres sencillas, como entre tantos pobres y humildes, es una experiencia de las primeras comunidades cristianas, pobres, pequeñas y perseguidas. ¿No puede ser hoy la nuestra? ¿No se sienten nuestras comunidades a veces como Isabel, demasiado mayores y cansadas para algo nuevo, o demasiado solas y llenas de dificultades para ello?

Dos mujeres embarazadas, que se encuentran, ¿de qué hablan? Sin duda de sus hijos, de su alegría, del futuro… En este caso nos dice el evangelio que la alegría es desbordante y contagiosa, tan honda que “el niño salta de gozo en sus entrañas” y se llena del Espíritu de Dios. Y desde este Espíritu hablan de un futuro que las transciende, que no es solo el futuro de sus hijos, es el futuro de todo el pueblo, de toda la humanidad.

La hondura de gozo y de fe hace que este encuentro adquiera otra dimensión, del encuentro de dos mujeres pasa a ser el encuentro definitivo y permanente de Dios y nuestro mundo, su mundo.

2. Una mujer que se pone a cantar a Dios y al mundo nuevo que Él hace posible

Esta es la segunda imagen, María consciente de lo que está viviendo prorrumpe en un cantico que expresa una de las imágenes de Dios más rotundas y esperanzadoras del Nuevo Testamento.

Es importante considerar cómo Lucas pone en boca de María este canto que conocemos como el Magníficat. No vamos a entrar en su origen, ni a tratar de desentrañar las imágenes del AT que evoca… Vamos a dejar que nos toque el corazón desde su sencillez y frescura, a la vez que desde su hondura y tremendas afirmaciones.

María expresa su conciencia maravillada de la acción de Dios en ella, más allá de su pequeña realidad o precisamente por ella. Descubre que Dios es grande porque actúa en su sierva pobre y sin méritos. Y afirma con contundencia que es a ella, humilde mujer nazarena, a quien todas las generaciones llamarán bienaventurada. No solo a su hijo ni a su Dios.

Y esta experiencia de que Dios hace maravillas en ella, es la razón por la que afirma que Dios es misericordioso y que esta misericordia realizada en ella, se extiende, de generación en generación, sobre los que le temen, sobre los que le toman en serio, sobre los que creen en él y le aman.

Su experiencia personal, es la que le hace descubrir cómo actúa Dios en el mundo y como está dispuesto a hacer nuevo nuestro futuro, con acciones desestabilizadoras a favor de los pequeños, de los necesitados:

“Dispersa a los soberbios de corazón, derriba a los poderosos y ensalza a los humildes. Llena de bienes a los hambrientos y despide vacios a los ricos”

Esta es la promesa de Dios para con su pueblo, la promesa que hace cantar de gozo a María. Esta es la promesa que Dios nos hace hoy a nosotros, que hace a nuestra Iglesia y a nuestro mudo.

Aclamar y celebrar hoy a María que es llevada al encuentro definitivo con Dios nos compromete a vivir, como ella, esos otros encuentros transformadores en los que compartamos y cantemos la vida que Dios, por su misericordia, derrama en nosotros, en nuestra pobre realidad. ¿Nos animamos a ponernos en camino?

¡Feliz domingo! ¡Feliz día de la Asunción de María!

Mª Guadalupe Labrador Encinas, fmmdp

Fuente Fe Adulta

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Nuevas imágenes para la Asunción de María.

domingo, 15 de agosto de 2021
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estos_son_mi_madre_y_hermanosLa imagen de Asunción despierta imágenes de movimiento, de atracción hacia arriba, de impulso ascensional; nuestra mirada es atraída hacia la altura y vemos a María elevada hacia ese ámbito que llamamos “cielo” donde, con palabras de Pablo, están “las cosas de arriba“, por contraposición a “las cosas de abajo” (Col 3,1). Pero además de esta imagen espacial, podemos explorar otras que nos acerquen a María:

La obra terminada

Al hablar de la Asunción nos referimos al resultado final y a la culminación del proceso vital de María. Pero la meta supone siempre un camino, el fruto ha tenido una larga maduración en el árbol, la piedra preciosa ha cristalizado lentamente durante miles de años en la hondura de la roca. Cuando se emprende una obra pública de envergadura se suele construir una maqueta que muestre el proyecto que se está construyendo y se expone en un lugar visible para que todos puedan ver cómo va a ser el final: al mirarla, contemplamos e imaginamos la obra ya terminada. La Iglesia nos pone hoy ante una “maqueta” que nos muestra el resultado final de la obra de Dios en la mujer que no opuso ninguna resistencia a su acción: “Hágase en mí…”, dijo María, la mujer de la Nueva Creación, acogiendo sobre ella la presencia del mismo Espíritu que “se cernía sobre la faz de las aguas” (Gen 1,2) en la mañana de la primera creación.

El fruto de la nueva Tierra

Cuando Moisés no sabía cómo convencer a un pueblo cansado, escéptico y desmotivado para entrar en la tierra de la promesa, envió exploradores a Canaan que volvieron cargados con gigantescos racimos de uvas dulces, frescas y apetitosas: ¡Estos son los frutos de la tierra hacia la que nos dirigimos!”, dijo Moisés al mostrárselos a los israelitas (Num 13). Algo así hace la Iglesia cuando nos presenta la Asunción de María, como si nos dijera: “Mirad las primicias de la humanidad nueva, ella es el fruto ya granado de la Tierra hacia la que nos dirigimos. Dichosos vosotros por haber recibido la buena noticia del campo donde echa sus raíces el Árbol de la Vida que produce semejante fruto, compartid con otros ese secreto a voces, ese sabor del vino que llena de alegría”. La existencia ya glorificada de María y su alegría, son los únicos instrumentos de que dispone para decirnos: “Es una tierra que mana leche y miel. Vale la pena subir a conocerla”.

La casa preparada

Me voy a prepararos lugar, decía Jesús, y cuando vaya y os prepara el lugar, vendré de nuevo a llevaros a mi casa para que donde yo esté, estéis también vosotros (Jn 14, 2-3).

María, la primera en llegar a la Casa, toma parte con su Hijo en la tarea de preparar ese lugar para que un día, donde ella esté, estemos también nosotros. Ella nos espera “a mesa puesta” en ese banquete del que le gustaba hablar a su Hijo.

La meta alcanzada

La imagen es de Pablo en su carta a los Filipenses: Hermanos, yo no lo he alcanzado aún, ni he llegado ya a ser perfecto, sino que continúo mi carrera a fin de poder alcanzar a aquel por quien yo mismo fui alcanzado, Cristo Jesús. (Fil 3,12). El evangelio nos presenta a María desde el comienzo “caminando deprisa” desde Nazaret de Galilea a la sierra de Judea para llegar a casa de su prima Isabel y en aquella primera “meta” de su carrera, recibió de labios de Isabel la primera bienaventuranza: “Dichosa tú que has creído…”. Y aquello no fue sino un anticipo de la felicitación que iba a recibir en el final definitivo de su trayectoria. Toda la vida de María consistió en dirigirse apasionadamente hacia esa meta definitiva que no podía ser otra cosa que su propio Hijo. Como cuando llega la primavera y el ánade salvaje emprende el vuelo de retorno y nada puede detener su impulso ascensional.

Dolores Aleixandre

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Quien comprende es feliz

domingo, 15 de agosto de 2021
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2A8ED1C6-34B3-48EC-9575-ED8BF22B8FC9Fiesta de la Asunción

15 agosto 2021

Lc 1, 39-56

Entendida en su literalidad, la expresión “dichosa tú, que has creído” no se sostiene, porque la dicha o la felicidad no puede apoyarse en una creencia. La creencia, en cuanto constructo mental, únicamente puede ofrecer una sensación de seguridad mientras la persona mantiene su adhesión a ella. Pero, en sí misma, carece de consistencia.

 Eso mismo ocurre cuando pensamos que la felicidad es “algo” a conseguir. La convertimos así en un objeto, sin caer en la cuenta de que todo objeto es, por definición, impermanente y, por tanto, incapaz de otorgar dicha o felicidad estable.

  La felicidad no nos viene de fuera ni nos espera en el futuro. Tampoco se halla en “algo” que deberíamos alcanzar. La felicidad es una con lo que somos, es otro nombre de nuestra identidad profunda, por lo que trasciende toda circunstancia que nos pueda ocurrir.

 Al escribir esto, me vienen a la memoria las palabras de Nisargadatta: “Compare usted la conciencia y su contenido con una nube. Usted está dentro de la nube, mientras que yo la miro. Está usted perdido en ella, casi incapaz de ver la punta de sus dedos, mientras que yo veo la nube y otras muchas nubes y también el cielo azul, el sol, la luna y las estrellas. La realidad es una para nosotros dos, pero para usted es una prisión y para mí un hogar”.

 O aquellas otras de Ramana Maharshi: “Usted es ignorante de su estado de plena felicidad”. Ya somos felicidad. El problema es que nos identificamos con lo que no somos y, en esa misma medida, nos alejamos de la felicidad y, a continuación, la objetivamos en “algo” y la proyectamos “fuera”. Pero la felicidad no es un “estado de ánimo” -que puede variar-, sino un “estado de ser”, que nace justamente de la comprensión profunda y que es capaz de abrazar todos los estados de ánimo.

 De manera inmediata, nuestra mente coloca etiquetas sobre aquello que supuestamente nos haría felices y aquello otro que supuestamente nos arrebataría la felicidad. Ante esto, la pregunta decisiva es: ¿Estamos dispuestos a incluir todo tipo de situaciones dentro de la felicidad?… ¿Estamos verdaderamente dispuestos a ser felices en cualquier situación… o queremos “salirnos con la nuestra”? Eso requiere ser honestos. Al llevar la honestidad al mundo de nuestras imágenes mentales acerca de la felicidad, nos damos cuenta de que rechazamos la felicidad constantemente. Rechazamos la felicidad cada vez que el presente no se parece a nuestra imagen feliz. ¿Cómo vamos a ser felices si renunciamos a ella constantemente? Dicho de modo más simple: el mayor obstáculo para ser felices no es otro que la imagen mental que tenemos de la felicidad.

 La felicidad -no podía ser de otro modo- nace de la comprensión experiencial de lo que somos. La ignorancia introduce en la confusión y en el sufrimiento; la comprensión ilumina y nos hace reconocernos en “casa”, sea lo que sea lo que ocurra. Sin duda, solo quien comprende es feliz. Tenía razón Sócrates al afirmar que “solo hay una virtud: la sabiduría [o comprensión]; y solo hay un único vicio: la ignorancia”.

¿Qué es, para mí, la felicidad? ¿Dónde la pongo o la busco?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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El ser humano no es una sinfonía incompleta: La Asunción es también nuestro final.

domingo, 15 de agosto de 2021
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im22090asuncion-maria-02jpgDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. La fiesta de la Asunción.

  En el Nuevo Testamento no hay testimonios de la Asunción de la Virgen María a los cielos. Pero la tradición de la veneración a la Virgen proviene desde el comienzo de la Iglesia.

      El Concilio de Éfeso (año 431) ya dijo que María era theo-tokos (theos: Dios – tokos: parto): madre de Dios (la que ha dado a luz a Dios).

    Las primeras referencias histórico-litúrgicas de la fiesta de la Asunción datan del siglo VI.

      Sin embargo la definición del dogma de la Asunción es reciente. Fue el papa Pío XII, quien el 1 de noviembre de 1950, propuso a la fe de la Iglesia que María, la madre del Señor fue llevada a los cielos en cuerpo y alma.

     ¡Cómo no vamos a creer que María terminó con y como su Hijo, Jesús, en la casa del Padre, en el cielo!

    La definición dogmática de Pío XII está construida desde una filosofía griega: cuerpo y alma, los cielos, etc… filosofía de la que podemos prescindir: cuerpo, alma, los cielos, etc. Es más que suficiente y esperanzador pensar y creer que María terminó en Dios, eso es lo decisivo.

  1. UNA FIESTA LLENA de VIDA y alegría

     El relato evangélico de hoy está lleno de vida y vitalidad:

     Dos mujeres que están creando vida, de qué van a hablar si no es de la misma vida, llenas de alegría, esperanza y, seguramente, algo de preocupación. El relato de hoy es un canto a la vida y por eso está lleno de alegría, de esperanza.

  • El encuentro de dos familias, dos mujeres que están gestando dos nuevas vidas: María e Isabel, Jesús y Juan.
  • Bendita entre las mujeres
  • La criatura salta de alegría en el seno materno de Isabel
  • María canta a Dios: Proclama mi alma
  • Se alegra mi espíritu en Dios.
  • Le felicitarán todas las generaciones.

     Sabemos que la vida tiene dificultades, pero la existencia humana es encuentro, es crear vida, es bendición, es alegría, es felicitarse por las pequeñas -y las grandes- cosas que acontecen en la historia y en nuestras vidas.

  1. María: madre y mujer creyente.

     A veces se ha presentado a María como una mujer-madre que ya se lo sabía todo: su hijo, Jesús, era el hijo de Dios, y por lo tanto todo estaba claro y resuelto.

    Pero las cosas no fueron así. María, lo mismo que José, no entendían las actitudes de Jesús, su modo de vida, su comportamiento ante los fariseos, ante el Templo y los sacerdotes.

    Jesús “aprendió” de María, su madre. Como toda madre, transmitió a su hijo la cultura, la ley judía, el amor a la Palabra, los salmos, las costumbres, las fiestas, etc. Pero Jesús se distanció mucho del pensamiento y de la tradición del Antiguo Testamento. Incluso la familia de Jesús pensaba que estaba loco: Sus parientes fueron para hacerse cargo de Él, porque decían: Está fuera de sí, estaba loco. (Mc 3,21).

     Por eso, no les fue fácil ni a María ni a José comprender la forma de comportarse Jesús frente a la ley, en el Templo. Menos podían entender la gente con la que Jesús trataba y los discípulos que le seguían: publicanos, pecadores, prostitutas, zelotas, etc.

    ¿Cómo les sentaría a María y a José aquello que Jesús les contesta tras su “desmarque” en el Templo de Jerusalén: ¿No sabíais que he de ocuparme de las cosas de mi Padre?

     De ahí que María hubo de creer -fe- en su propio hijo. María llegó a la fe en que su hijo Jesús era expresión, palabra de Dios. María comprendió y vio en Jesús a Cristo.

     De ahí que pudiéramos decir que María es la primera creyente. María se fio de Dios. María es madre de Jesús, pero sobre todo es creyente en Jesu-Cristo.

04   La fiesta de la Asunción es canto de esperanza a la vida.

     Dios no nace, no llega a nosotros como un extraterrestre en una nave espacial. Dios vino a nosotros -y viene- como venimos todos. Por medio de personas embarazadas de vida que, como Isabel o María, traen vida a la humanidad, dan luz a la vida, aportan esperanza desde su estado de buena esperanza.

     María e Isabel se visitaron en ese estado por una parte de dificultad y, por otra, de buena y gran esperanza.

    ¿Y si nosotros visitáramos con esperanza a nuestros hermanos en situaciones de dificultad?

     El nivel de esperanza de nuestra civilización está bajo mínimos. La fiesta de la Asunción es una palabra que sostiene la esperanza de los sencillos, apoyando la causa de los pobres, dando sentido al clamor de los hambrientos, estando siempre al lado de quienes nos necesitan, dando vida a quienes se encuentran abatidos por el pesimismo de quien no tiene fe y no ve más allá de los límites de este pequeño mundo que es nuestra historia.

     Pensando en voz alta: nuestra civilización ha sustituido la esperanza por el progreso. Confiamos en el progreso pero no tenemos esperanza. Sin embargo el progreso no termina de dar razón de nuestras vidas. El progreso es lo que es y da de sí lo que da de sí. Pero no se puede decir que porque un caníbal utilice microondas, plato, cuchillo, tenedor y servilleta haya progresado mucho la humanidad.

     El futuro absoluto está en Dios, y si no, no hay un futuro dotado de sentido.

    La existencia dotada de esperanza absoluta vive no fácil, pero sí serenamente las cuestiones de la vida: la libertad, la culpa, la gratuidad, la familia, el pueblo, el futuro.

  1. La Asunción: no somos una sinfonía incompleta.

     La Virgen María, Jesús completaron su existencia en Dios. Algo de eso es lo que significan las fiestas de la Ascensión (Jesús) y la Asunción (María). Habremos de acallar nuestra curiosidad de cómo sea ese final, el cielo. Podemos tener dificultades sobre el cómo será, dónde, cuándo, etc., pero mantengamos firme la esperanza de que “será”. Confiemos en que será. Será en Dios.

     No somos una sinfonía incompleta. Nuestro final es el mismo de Jesús y de María: el cielo. También para nosotros se abrió en el cielo la casa de Dios. (Apocalipsis).

 

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María…

sábado, 12 de junio de 2021
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En la narración evangélica relativa a María hemos de señalar una circunstancia muy importante: ella fue, a buen seguro, iluminada interiormente por un carisma de luz extraordinario, como su inocencia y su misión debían asegurarle; en el evangelio se manifiesta la limpidez cognoscitiva y la intuición profética de las cosas divinas que inundaban su privilegiada alma. Y, sin embargo, la Señora tuvo fe, la cual supone no la evidencia directa del conocimiento, sino la aceptación de la verdad a causa de la palabra reveladora de Dios. «También la Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe», dice el Concilio (LG 58). Es el evangelio el que indica su meritorio camino, que nosotros recordaremos y celebraremos con el único elogio de Isabel, elogio estupendo y revelador de la psicología y de la virtud de María: «¡Dichosa tú, que has creído!» (Lc 1,45).

Y podremos encontrar la confirmación de esta virtud fundamental de la Señora en todas las páginas del evangelio donde aparece lo que ella era, lo que dijo, lo que hizo, de suerte que nos sintamos obligados a sentarnos en la escuela de su ejemplo y a encontrar en las actitudes que definen la incomparable figura de María ante el misterio de Cristo, que en ella se realiza, las formas típicas para los espíritus que quieren ser religiosos según el plan divino de nuestra salvación; son formas de escucha, de exploración, de aceptación, de sacrificio; y, a continuación, también de meditación, de espera y de interrogación, de posesión interior, de seguridad calma y soberana en el juicio y en la acción, y, por último, de plenitud de oración y de comunión, propias, ciertamente, de aquella alma única llena de gracia y envuelta por el Espíritu Santo, pero formas también de re, y por eso próximas a nosotros, no sólo admirables por nosotros, sino imitables.

*

Pablo VI,
Audiencia general del 10 de mayo de 1967,

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La Virgen sube al cielo en vaqueros: así es el provocador retablo en una iglesia románica alemana

sábado, 12 de junio de 2021
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El altar ha sido diseñado por Thomas Jessen, e inaugurado en Pentecostés

«El arte, al menos el mío, no quiere provocar. Ofrece una imagen auténtica, una persona auténtica, una escena auténtica. Simplemente está ahí y todo el mundo puede posicionarse en relación a él y decir sí o no, o esta es María y esto es un retablo”, explica el autor

El párroco, encantado con la imagen: «A pesar de todas las grandes cosas que creemos y confesamos acerca de María en nuestra fe, esto no se puede negar, ella también era una mujer como cualquier otra. Una mujer del pueblo»

La Virgen María, en vaqueros y con jersey de cuello alto. Santo Tomás, con el torso desnudo, a su lado. Al fondo, santa Verónica, también con jeans, esculpe el pañuelo en el que quedó impregnado el resto de Jesús. No es una ‘performance‘, sino un altar real, que se encuentra en la iglesia de Sant-Clemens, en la localidad alemana de Drolshagen.

El retablo, diseñado por el artista contemporáneo Thomas Jessen, muestra a la Virgen subida a una escalera, entregándole a Tomás un cinturón, como prueba de su ascensión a los cielos, sobre un fondo rojo. El diseño es absolutamente rompedor, y más aún teniendo en cuenta que se trata de un templo románico.

El pastor Markus Leber encargó el trabajo a Jessen y este ha sido el resultado. El párroco está encantado con la imagen.  «El arte, al menos el mío, no quiere provocar. Ofrece una imagen auténtica, una persona auténtica, una escena auténtica. Simplemente está ahí y todo el mundo puede posicionarse en relación a él y decir sí o no, o esta es María y esto es un retablo”, explica el autor.

Por su parte, el clérigo incide en que «a pesar de todas las grandes cosas que creemos y confesamos acerca de María en nuestra fe, esto no se puede negar, ella también era una mujer como cualquier otra. Una mujer del pueblo»El arte eclesiástico siempre se ha atrevido a hacer algo nuevo: “Tenemos que seguir intentando volver a hablar el viejo mensaje”, dijo Leber.

Fuente Religión Digital

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Juan Zapatero: Con flores a porfía.

martes, 18 de mayo de 2021
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corazonmaria“Con flores a porfía, con flores a María”. Era el canto que, llegado el mes de mayo, resonaba cada tarde, siempre al finalizar la jornada laboral, y de qué manera, en las iglesias de todas ciudades y pueblos y, cómo no, en las capillas de todos los seminarios, noviciados, centros de formación religiosa y conventos en general. Era un mes muy especial, vaya, era el mes dedicado por excelencia a cantar las alabanzas a la Virgen, figura clave en la vida cristiana en general, pero de manera muy especial en la de los futuros sacerdotes, religiosos y religiosas. Era el mes en que los campos rebosaban de vida y de belleza de manera exuberante, con sus flores por doquier y rosas, muchas rosas que adornaban todos los parques y jardines; unas rosas algunas que parecían hechas de terciopelo. Vaya, un mes en el que cantar a María resultaba fácil, muy fácil y tremendamente gratificante a nivel interior.

No se puede poner en duda el enorme entusiasmo con que en aquellos momentos se cantaba a María, porque, no en vano, como rezaba la letra del canto “madre nuestra es”.

Qué lástima que toda aquella fuerza, aquella “porfía” a ver quién cantaba más y con más vehemencia, etc., no dio como resultado un descubrimiento de María como la mujer a quien imitar como modelo de persona, de ciudadana, de madre y, sobre todo, de modelo de “confianza” en el proyecto de Jesús: “Haced lo que Él os diga”; a “Jesús por María”.

Posiblemente era debido, entre otras cosas, a que el sentimiento jugaba un papel excesivo. Y no es que el sentimiento sea malo; tampoco, por supuesto, cuando lo referimos a la religión y a la vivencia de la fe o a la expresión de lo espiritual. Sí que puede convertirse en un obstáculo para conseguir los mejores propósitos, cuando dicho sentimiento deja de ser un medio o un instrumento para quedar convertido en un fin en sí mismo: el sentimentalismo. Había demasiada sublimación en aquellos cantos; había que buscar algo, o alguien para ser más exactos, que justificara tanta afectividad reprimida o, por lo menos, mal enfocada y peor proyectada. Y qué mejor que la figura de aquella muchacha de Nazaret, en plena efervescencia de la vida, que se ofrece para ser la madre de Dios “sin conocer varón” y, por tanto, consiguiendo que su virginidad quedase “intacta”.

Era, sin embargo, una muchacha demasiado parecida a la mayoría de las que aparecen pintadas en cuadros y óleos de los mejores pintores de siempre; a las que abundan en museos, iglesias y lugares de culto. Y muy poco, en cambio, a las chicas y jóvenes mujeres que la vida nos acostumbra a mostrar por las calles de nuestros pueblos y ciudades. Y, si se me permite, nada en absoluto a esas otras jóvenes y mujeres explotadas, abusadas, violadas, maltratadas, asesinadas y un suma y sigue de ignominias a cuál más grande y peor. Era la chica ideal, “purísima doncella”, joven y guapa, tierna, que justificaba con creces todas las renuncias y más respecto no solo al goce y disfrute legítimo del sexo como parte integrante de la persona, vivido y compartido con amor; sino incluso a la relación sexual como condición necesaria en todos los seres pertenecientes a la especie animal para engendrar una nueva creatura.

Creo que lo que se ponía en juego muchas veces era una especie de urgencia y de necesidad de destacar por encima de todo la virginidad física, aunque la “virginidad de corazón” brillase por su ausencia. O, a lo mejor, se pretendía potenciar las dos, ¿por qué no?, pero con la intención de salvaguardar la primera por encima de todo. Una virginidad física, por otro lado, que apareciera como tal a la vista de todos, aunque a nivel privado pudiera estar mancillada por haberla transgredido en algún momento o estar transgrediéndola de manera habitual; eso sí, siempre de manera oculta. Era esa virginidad que concedía una especie de “estatus” superior socialmente; más aún en un país como el nuestro, en el que, por entonces, el catolicismo, y la Iglesia en concreto, gozaba de privilegios suculentos y de reconocimientos excelsos.

Qué oportunidad perdida para haber descubierto a María como verdadero modelo de fe, no precisamente como cúmulo de verdades, sino como actitud confiada en un proyecto capaz de llenar de sentido la vida “Dichosa tú, que has creído”. Como modelo de absoluta confianza en Jesús, respecto al que no tuvo el más mínimo reparo en cuanto al momento de avanzar su manifestación mesiánica. “Haced lo que Él os diga”.

Para haber descubierto, también, el valor del servicio humilde, decidido y generoso como actitud obligada y necesaria de la fe. “María se encaminó con presura hacia la montaña a visitar a su prima Isabel que estaba embarazada”.

Una María creyente en todo momento, confiada y servicial desde la actitud de mujer del pueblo; no desde una actitud de “virgen”, que más bien ha sido sinónimo durante siglos, para la mayoría de las personas cristianas, de mujer “selecta y apartada”, a quien venerar sobre todo y pedirla también intercesión para “poder sobrellevar” la vida en este “valle de lágrimas”.

Con flores a porfía, con flores a María, pues, además de madre, es, sin ningún tipo de dudas, para quienes intentamos vivir el proyecto de su hijo, nuestro mejor modelo de fe y de confianza, desde su manera de vivir como mujer, como ciudadana, como creyente.

Juan Zapatero Ballesteros

Fuente Fe Adulta

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Ante la Cruz…

viernes, 2 de abril de 2021
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ANTE LA CRUZ

Ante la cruz me llamas
en tu agonía.
Ante la cruz me llamas.
Y he aquí que tropiezo
con las palabras.

Porque si dices ante
¿no me pides, Señor,
sino que mire
frente a frente la cruz
y que la abrace?

Si te miro, Señor,
y Tú me miras,
es un horno de amor
lo que en ti veo,
y lo que veo en mí,
Señor, no es nada,
nada, nada, Señor,
sino silencio.

Un silencio vacío:
si Tú lo llenas
se habrá hecho la luz
en las tinieblas.

Y si en la cruz te abrazo
y Tú me abrazas,
el silencio, Señor,
es más palabra.

Ante la cruz, Señor,
aquí me tienes,
ante la cruz, Señor,
pues Tú lo quieres.

II

VÍA DOLOROSA

I

PARA DECIR LO QUE PASÓ AQUEL VIERNES…

…a Jesús, en cambio, lo hizo azotar
y lo entregó para que fuese crucificado.
(Mt.27,26)

Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén y en sus afueras
no bastan las palabras.
Por eso no hay
en las avenidas del relato
-Mateo, Marcos, Juan- sino una capa
de misericordia, un leve
y condensado recuerdo a los azotes.
Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén: la sangre,
los insultos, los golpes, la corona
de espinas,
los gritos, la locura, la ira desatada
contra el más bello y puro de los hombres,
contra el más inocente…
para decir lo que pasó aquel viernes
solo valen las lágrimas.

II

SIMÓN DE CIRENE SE ENCUENTRA CON LA CRUZ

Al salir encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón,
y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús.
(Mt. 27, 32)

Pesan los días y pesan los trabajos
y en las venas el cansancio es veneno
que apresura los pasos hacia el dulce
reposo del hogar;
los pasos hacia el dulce
abrazo del amor y del sueño.
Ni siquiera
hay espacio en el alma para el canto
de un pájaro. Tampoco para el sordo
rumor que empieza a arder
sobre el polvo en la plaza.
Viene Simón el de Cirene convertido
en pura sed, en pura
materia de fatiga.
Esa cruz
le sobreviene como un alud de asombro
y rebeldía.
Pero
entre la náusea de la sangre sabe
que siempre hay un dolor que añadir al dolor.
Entre la náusea de la sangre mira
y encuentra esa mirada como un pozo
encendido,
como un pozo
donde se funde el Galileo
con el dolor del mundo.
Apenas un instante y el abrazo
del corazón y la madera hasta la cima.
Vuelve Simón el de Cirene. Queda
una cruz en su piel.
Y una mirada.

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III

MUJER EN JERUSALÉN

Lo seguía muchísima gente, especialmente
mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.
(Lc. 23, 27)

Mis ojos suben por las calles de Jerusalén
bajo una lluvia de dolor,
bajo una lluvia
que va a lavar el mundo.
Mis ojos suben arrimados
a la cal de las paredes
mientras todo el fragor del sufrimiento
se hace eco en mis párpados.
Puedo sentir tu sed,
la quemazón de tus rodillas rotas
sobre los filos de la tierra.
Toma mi corazón, toma mis lágrimas,
déjalas que ellas laven tus heridas
ahora que soy
mujer en Jerusalén y que te sigo.
Mis ojos se adelantan
por los empedrados de Jerusalén
para encontrar los tuyos.
Y no hay en ellos
rebeldía.
Bajo la cruz
Tú eras una antorcha
de mansedumbre. Derramabas
una piedad universal con cada aliento.

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí
(Lc.23,28)

¿Y cómo no llorar, Señor?
Déjame, al menos,
si no llorar por Ti, llorar contigo.

III

GÓLGOTA

I

EL CORAZÓN DE LAS MUJERES

Muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea
para asistirlo, contemplaban la escena desde lejos.
(Mt 27, 55)

Estirándose sobre la distancia,
el corazón de las mujeres
se hizo cruz en el Gólgota.
¡Oh corazón de las mujeres, cruciforme,
arca lúcida,
oscura estancia del amor y permanente
arcaduz del misterio!
¡Oh corazón de las mujeres,
prodigioso arroyo fiel que mana
desde el mar de Galilea hasta el Calvario!
¡Y más allá del Calvario, hasta los límites
verticales y alzados,
hasta la orilla de la fe donde se trueca
el destino del hombre!
Mujeres, con vosotras he visto
la salvación del mundo,
su rostro ensangrentado, la medida
de sus brazos abiertos,
la extensión de su abrazo,
que acerca hasta nosotros
la dádiva incansable de sus manos
abiertas y horadadas para siempre.
Y he visto su corazón de par en par,
su corazón como una cueva dulce,
su corazón, abrigo
para toda intemperie.
He visto con vosotras
los pies del redentor, nunca cansados
de venir hacia mí, también heridos
de mí, por mí, también clavados
para la eternidad.
¡Oh pies de Cristo
impresos
sobre la arena de mi corazón!
¡Oh Cristo que atrajiste
hasta Ti el corazón de estas mujeres,
déjame ahora
latir en su latido:
contemplarte.

2007-04-06T11_29_59-07_00

II

STABAT MATER

Estaba la madre al pie
de la cruz. La madre estaba.
Enhiesta y crucificada,
color de nardo la piel.
En el pecho el hueco aquel
que vacío parecía.
No me lo cierres, María
que quiero encerrarme en él,
que quiero encerrarme y ver
todo lo que tú veías.
Sé tú mi madre, María,
como lo quería Él.

theotherchristandresserrano

III

CIERRA EL CIELO LOS OJOS …

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde
la tierra se cubrió de tinieblas.
(Mt. 27, 45)

Cierra el cielo los ojos:
cae
la noche a plomo sobre el mediodía
de aquel viernes de abril en el Calvario.
No puede el cielo ser tan impasible
cuando en la cruz está muriendo un hombre,
ya solo sufrimiento y sangre,
cuando muere
el amado de Dios.
¿O acaso vuelve el rostro el cielo
también
y es abandono
lo que creían sombra?
Pesa, pesa, pesa…
Pesa esta oscuridad
que hace crujir los hombros
mientras el ser se vence
inexorablemente hacia el abismo.
Esta tiniebla tiene
peso, longitud, altura,
y penetra en el alma
y duele y vela
la mirada de Dios en la distancia.
¿No hay otro modo, Señor, no hay otro modo
de morir, de vivir, que hacer a ciegas
esta larga jornada de camino?
Pues si ha de ser así, Señor, te pido
que al menos en la muerte no me falte
un bordón de plegaria: que no olvide
tu nombre dulce con el que llamarte.

IV

EL GRITO

Y Jesús, dando de nuevo un fuerte grito entregó su espíritu
(Mt.27, 50)

Un grito. Luego el silencio.
Y en silencio estoy aquí
mientras resucitas Tú
y resucitan los muertos.
¡Cristo, ten piedad de mí!

Con Cristo

*

Mercedes Marcos Sánchez,

Poeta ante la Cruz (Meditación en Mateo)

***

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Magnificat

sábado, 20 de febrero de 2021
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El Magníficat se nos presenta como modelo de oración por sus contenidos y sus aspectos formales: es un cántico de acción de gracias y de alabanza; es memoria de las maravillas llevadas a cabo por Dios; expresión de concreción y de arraigo en la hora presente; mirada proyectada hacia el futuro. Es ejemplo de cómo, al dirigirnos a Dios, debemos conjugar el sentido de la trascendencia absoluta de Dios (él es el Señor, el Omnipotente, el Santo) con el de su sorprendente proximidad (dirige la mirada a los humildes, extiende su misericordia a los que le temen, se acuerda de sus promesas).

En el Magníficat, aquel a quien los teólogos llaman el «Totalmente Otro» se manifiesta muy próximo al hombre: el Dios inaccesible de la zarza ardiente se ha convertido ya en el Enmanuel, en el Dios-con-nosotros, en el seno de la virgen de Nazaret.

*

Capítulo general de los hermanos Siervos de María,
Siervos del Magníficat: el cántico de la Virgen a la vida consagrada,
Publicaciones Claretianas,
Madrid 1997.

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Ni la Virgen ni Dios «inmatricularon» una casa en Belén

viernes, 8 de enero de 2021
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ABF59562-0716-4FAD-8B9A-25FD7C5AF34EDel blog de Xabier Pikaza:

La Iglesia puede tener casas… pero sólo para «venderlas» y dar el dinero a los «pobres»

 Ahora, en cambio, en Navidad 2020, un tipo de iglesia de España y del mundo sigue inmatriculando bienes, entre ellos muchas casas, desde la Grande de Vaticano hasta otras más pequeñas.
 
El tema de fondo es complejo, y no se resuelve con ensoñaciones generales, pero exige una respuesta radical de la Iglesia de Jesús, si quiere ser coherente con el mensaje y vida de su Cristo
 
La Iglesia puede tener casas… pero sólo para «venderlas» y dar el dinero a los «pobres», esto es, para que sean expresión de vida compartida (Mc 10). La Iglesia puede «negociar»  iglesias, casas (escuelas, universidades u hospitales… etc.), pero sólo al servicio de los pobres (Mt 25), para recibir y ofrecer espacio de vida a  exiliados, descartados…, de manera que su capital no sea para sí, sino los otros,para todos
 
En ese sentido,la Iglesia no puede matricular nada como propiedad particular (ni la Catedral de X, ni siquiera el Vaticano), pues toda propiedad cristiana es común. En esa línea, sus bienes (¡sin excepción alguna!) sólo pueden ser suyos en la medida en que ella hace que sean de todos, de forma que los da y reparte, invirtiendo el camino de inmatriculaciones y capitalizaciones que parecen estar buscando algunos.

Planteamiento inicial

          En este contexto, sabiendo que Jesús nació sin casa en Belén, quiero reflexionar sobre el tema en un plano de fondo  «cristiano» (no en línea jurídica o político…). Empiezo por el caso de las inmatriculaciones (tal como se da en España). Muchos dicen que la forma en que la Iglesia inmatricula sus pretendidos bienes no es clara, que no se sabe bien los que ella tiene, que tiene ni cómo los ha inmatriculado. Así podemos empezar reflexionando:

(a) No es que la iglesia sea muy «rica», Ricos son los estados, las multinacionales, el gran Capital… Pero mientras ella no sea totalmente desprendida y clara en este campo  de las casas y el dinero, empezando por la cabeza (¡el mayor problema actual del Vaticano es su capital!), no podrá decir que es fiel al evangelio… ni podrá acoger  a Jesús cuando viene como vino en Belén.

(b) En un contexto de inmatriculaciones como el nuestro, la iniciativa debía partir de la Iglesia, que tendría que presentar mañana mismo, un lunes, claramente sus razones y papeles,  esté o no jurídicamente obligada, mostrando con toda claridad que todos los bienes que ella «administra» no son «suyos»,  sino de todos, mostrando con plena transparencia, que ella así lo hace, poniendo su «capital «espiritual» (que el Cristo de Dios), y también histórico, cultural, artístico, asistencial, afectivo etc. al servicio de aquellos que los necesitan.

(c) Pero el tema de la Iglesia no es inmatricular, sino  poner todas las posesiones y bienes de la Iglesia al servicio del bien común, y en especial de los oprimidos y/o excluidos,  incluso en contra (por encima) de algunas leyes (conforme a la palabra de Jesús: No podéis servir a Dios y a la Mamona.

      En sí misma, como Jesús, la iglesia en sí (no para alguna de sus obras) no necesita inmatriculaciones, pero si las tiene ha hacerlas para servicio de aquellos que, como Jesús, no tenían espacio en la “posada legal de Belén”. ¿Para qué necesita la iglesia 2020, en España y en el mundo, inmatricular a su nombre (teóricamente en el nombre de Jesús) unos bienes?

  1. Muchos piensan que la iglesia inmatricula bienes para ser rica…, para tener poder. Pues bien, para responder a su verdad más honda, la Iglesia tiene que invertir ese proceso de enriquecimiento egoísta haciendo que todos sus bienes muebles e inmuebles estén limpiamente al servicio de todos, en especial de los más pobres,  es decir, que sean de verdad de los más pobres, no en un tipo de retórica piadosista (no piadosa).
  2. ¿Puede la iglesia inmatricular para sí unos bienes, al modo en que lo hacen las empresas capitalistas, en un mundo donde miles de instituciones de poder, desde estados a corporaciones, quieren «inmatricularlo» todo, incluso el agua, como «bien» de mercado dominado por algunos?  ¿Puede sumarse la iglesia a la carrera de un capitalismo que en el fondo (e incluso en la forma) va en contra del evangelio.
  3.  La Iglesia no puede inmatricular nada para sí (como iglesia «particuar»), sino sólo para “Jesús y su gente”, es decir, para todos, y en especial para aquellos que no tienen casa, ni bienes propios, por encima naciones y estados, de multinacionales y leyes de propiedad particular…  Es absolutamente necesario (por evangelio)  que todos los bienes de la iglesia (inmatriculados o no) sean para servicio de todos, no para lucro particular, sino para comunicación gratuita entre todos y para todos.
  4. Quiero una iglesia a contra-corriente. En ese sentido “la inmatriculación eclesial” no puede ser un “acto de apropiación particular”, sino más bien de “desapropiación”. Ella puede y deber tener un capital, pero sólo un capital-servicio, un capital de “bienes verdes”,  que ella “administra” (¡no posee!) para bien de todos, siempre que la sociedad civil (el Estado) se lo permita, para servicio de los más pobres.
  5. La “administración de esos bienes inmatriculados por la Iglesia”… constituye la prueba de fe del cristianismo (o, mejor dicho, el “dogma” fundante de la iglesia). Sólo en la medida en que no capitalice para sí (no tenga nada frente a otros) la Iglesia se podrá llamar cristiano.  En ese sentido, quiero que la iglesia «tenga mucho», pero nada para para ella, ni para enriquecimiento de su gente (su staff), sino para iniciar y recorrer un camino de total gratuidad.

Desarrollo teórico. Tres principios

                La iglesia no es una corporación económico-social (o doctrinal), sino espacio de  comunicación y gratuidad al servicio de los más pobres, para que todas las “casas de Belén, es decir, del mundo” sean posadas de acogida para los pobres y excluidos de la sociedad.   Éste es el dogma cristiano, que los hombres y mujeres puedan darse unos a otros y acogerse, escucharse y dialogar, en donación gratuita, en esperanza de vida: eso es religión para los cristianos. En esa línea, la verdad cristiana es la comunicación creyente, la estructura de comunicación y acogida de la iglesia cobra un valor teológico especial, queda integrada en la dogmática.

  1. La fe en Dios  según Jesús se identifica con el despliegue de la comunión personal gratuita, una sociedad de renacidos, donde nada “capitaliza” para uno mismo, de un modo egoísta, sino para los demás. Ese proyecto comunicativo de Jesús ha sido combatido por los poderes del sistema que le han condenado. Pero invirtiendo esa condena, Dios le resucita, haciéndole en medio de la historia humana garantía y camino de comunicación gratuita de la vida.
  2. El Dios que nació en Belén si casa (sin propiedad particular), quiere que todos los hombres compartan lo que tienen, que nadie se encuentre sin casa, porque solo se tiene de verdad aquello que se regala a los otros… En esa línea “inmatricular” algo en nombre de Jesús significa “des-matricularlo”, ponerlo por principio al servicio de todos. En esa línea, la iglesia o comunidad de “amigos de Jesús” tiene que presentarse como como la comunidad de aquellos que, creyendo en la Palabra de Jesús resucitado, la celebran con su vida y la comparten… En esa línea, los bienes de la comunidad de Jesús (edificios, locales, servicios…) no son para ella, para su staff, sino para todos los hombres.  Jesús dijo al “joven rico”: Inmatricula todo lo que quieras, para con la condición de que lo pongas inmediatamente al nombre y servicio de todos.
  3. La iglesia no puede inmatricular bienes para su staff o personal administrativo. Los ministros de la iglesia han de ser mujeres y hombres al servicio de la comunicación, hombres y mujeres cuyo bien supremo es compartir. Su “grandeza” no está en tener, sino en dar. Por eso, los ministerios cristianos son mediaciones comunicativas: no expresan el poder de un Dios rico en sí (principio superior y separado, que se goza imponiendo su dictado), sino del Dios de Jesús, que nace en Belén, entre pobres, para pobres.

La Iglesia de Jesús como anti-sistema

               No tiene intereses económicos, ni finalidades comerciales o administrativas, pues solamente busca la vida y comunión de los humanos: pretende que las cosas se resuelvan, pues en su nivel no hay cosas para resolver, sino que los creyentes dialoguen y vivan. Por eso decimos que es autogestionaria.

El sistema, en cuanto institución económico-administrativo, no deja lugar para ese tipo de gestiones: no le importa el diálogo personal, sino que las cosas funcionen y los problemas se revuelven con eficacia, en un todo donde los diversos elementos están conectados. Por el contrario, cada comunidad eclesial puede y debe ser autogestionaria, a nivel de fe y comunicación humana, pues no busca el funcionamiento legal, sino que los creyentes puedan dialogar en Cristo, acojan  y expandan la fe, celebren el amor mutuo y esperen en amor la vida eterna.

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Bendiciones.

viernes, 1 de enero de 2021
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Jesús-y-María-ft-imgEn la Biblia, “bendecir” se emplea en dos sentidos: en primer lugar, Dios bendice al ser humano dándole la vida, la fecundidad, el éxito. Después, a su vez, éste bendice a Dios por la gracia de sus dones, le da las gracias. La palabra «bendecir» procede del verbo latino bene-dicere, «decir bien».

En la primera lectura de hoy esa bendición es todavía más explícita:

Dios nos aconseja que pidamos no sólo la bendición sino también su  protección

Nada es más propio de un padre y de una madre que el proteger. Ellos, no sólo comunican la vida sino que acompañan la vida del retoño en todo momento: cuidándolo, aconsejándole, enseñándole…sobre todo con el ejemplo de sus propias vidas.

En algunos países de Latinoamérica todavía se guarda una bonita costumbre de “pedir la bendición” a uno de los progenitores, antes de salir de casa y al irse a dormir… “Padre, madre, bendición”-dicen-y se colocan a sus pies, agachan la cabeza y esperan esa  oración con la mano extendida sobre su cabeza, que es un gesto de la bendición misma de Dios.

¿Pedimos entonces una protección para que nada malo nos ocurra? ¿Y qué pasa cuando están ocurriendo tantas cosas malas como la pandemia, los desastres naturales, las guerras con todas sus consecuencias?

La imagen de un Dios “intervencionista” que todo lo ve, que todo lo juzga y a quien debemos implorar todavía está presente en algunos ambientes y si nos descuidamos nos atrapa a nosotrxs también. Dios no nos envía calamidades para que cambiemos de actitud; nosotrxs nos buscamos nuestra propia ruina cuando pisoteamos a los demás pensando sólo en nuestro propio bienestar.

El problema de entender la bendición de Dios como el éxito, la abundancia, el progreso es que quien no participa de estos bienes puede ser considerado como objeto de maldición; esa imagen que nos presentaron en el catecismo de un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos.

Nuestras decisiones, nuestras opciones y también nuestras omisiones van decidiendo el curso de la historia. En este momento tan coyuntural tenemos más información de la que necesitamos para cambiar nuestros estilos de vida para proteger la vida en la Tierra y así cambiar la suerte de los más débiles y desprotegidos.

La bendición, el bien-decir de Dios es creador y protector. Su bien-decir sobre nosotrxs, sobre toda la creación, nos va convirtiendo en criaturas a su imagen y semejanza, pero sólo si nosotrxs lo queremos.

Por eso, en un día como hoy, al comienzo de un nuevo año que quisiéramos que fuera diferente al año pasado, podemos tomar algunas decisiones que nos harán cambiar la perspectiva de los acontecimientos que vayan sucediendo. Por ejemplo: puedo decidir pensar más lo que voy a decir y cómo lo voy a decir para no descalificar al otrx, escuchar más para entender su punto de vista, ben-decir con mi palabra, mis actitudes, mi compromiso; intentar construir más que destruir.

Hoy, primer día del año celebramos esa vida que se nos regala y de una manera especial a María, como madre que no solo gesta y da a luz a Cristo sino que bendice y es bendecida por Dios.

Ella, a través de lo que vive y observa va creciendo en conciencia de su papel en la historia, de la manera de actuar de Dios en su vida: “bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”…, y lo hace “conservando y meditando todas estas cosas en su corazón”. En unas pocas palabras Lucas nos describe la actitud de quien está atenta a los acontecimientos, los escucha, los rumia y actúa en consecuencia.

Una invitación a “ponderar”, a saborear para alcanzar la verdadera sabiduría que no viene de los grandes conocimientos sino de la experiencia de nutrir el misterio en nuestro interior.

Se irá revelando nuestro auténtico yo y más que luchar contra nuestro “ego”, éste irá desapareciendo para dar paso al hijx de Dios que somos.

El fruto será la paz.

Una paz que  no es sólo ausencia de conflictos interpersonales, familiares, entre países. Tampoco una paz ñoña, una sensación placentera de bienestar. SHALOM, es un deseo mucho más profundo: “que seas una persona completa, acabada” y que eso lo podamos extender a todas las áreas de nuestra vida.

Lo mismo que deseo para mí te lo deseo a ti, y me comprometo a hacer todo lo que esté en mi mano para que lo logremos.

Ese el verdadero “rostro” de Dios. Ojalá lo veamos.

Carmen Notario, SFCC

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«Llena eres de gracia», por Carlos Osma

viernes, 1 de enero de 2021
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woman-356141_1280De su blog Homoprotestantes:

Cuando el ángel se le apareció a María para decirle que tendría un hijo, primero la saludó con la palabra “salve” o “Dios te guarde”, bueno en realidad Lucas utiliza la palabra χαῖρε, que parece ser era un saludo bastante habitual en la época en la que se escribió el evangelio. Fue después cuando añadió lo de “llena eres de gracia”, una expresión que al leerla me ha parecido tan protestante que me he preguntado si el ángel Gabriel no era amigo íntimo de Lutero.

Tendría que haber ido al griego para saber cuál es la palabra exacta que utiliza el evangelista, pero en vez de hacer eso, he cometido el error de ir a Google para intentar entender que significa lo de “llena eres de gracia”. Y en la primera entrada he encontrado la siguiente explicación: “al tener el privilegio de nacer inmune al pecado, la plenitud de gracia verifica la parte positiva de esa admirable limpieza original del alma de María”. ¡Qué maravillosa la María de esta interpretación! Pero qué poco practica para el resto de Marías que vivimos hoy en el mundo y no hemos sido bendecidas con su limpieza original. Sobre todo para las bolleras, maricas o trans, que en los entornos donde esta interpretación es mayoritaria, hemos tenido más bien la mala fortuna de ser unas desviadas alejadas de la gracia innata de María.

Pero bueno, en vez de tirar la toalla y cerrar mi Biblia, he decidido seguir leyendo el relato para ver que puede aportar esta María llena de gracia a pecadoras como nosotras, y me he topado con que, al escuchar lo que el ángel le decía, se “turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta”. O como lo dirían algunas de mis alumnas adolescentes que tienen aproximadamente la misma edad que ella en el relato: “se quedó rayada con lo que le había dicho”. A María le asustó escuchar que era llena de gracia, que había sido favorecida por dios. Y es importante este matiz, porque creo que esa gracia de la que nos habla el relato, no pertenece a ninguna María, sino que tiene su único origen en dios. Además no hace perfecta a nadie, sino que nos muestra el amor de dios por todas las Marías, aquellas que no poseemos ninguna limpieza original. Ese es uno de los elementos más relevantes que encuentro en el texto, que en palabras de Pablo se expresaría de la siguiente forma: lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es”. [1] Por eso la vil María del evangelio de Lucas, sobre la que dios puso su gracia, tiene algo que decirnos a quienes no llegamos a los estándares religiosos, sociales o familiares que se nos imponen.

La gracia que recibió María fue una gracia cara, no como las gracias baratas y sensibleras que regalan muchos iluminados, porque la gracia divina no le ha salido gratis a nadie que se deja invadir por ella. “Has hallado gracia delante de Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús” [2]. Si aceptaba la gracia, se haría evidente, no habría forma de esconderla ante los demás. Y esa gracia no la situaría encima de ningún altar, sino en un lugar marginal que no solo ponía en peligro su matrimonio, sino su propia vida. Y he dicho conscientemente “si la aceptaba” porque aunque el texto parece dar por hecho que aquello ocurriría, María podía decir sí o no, podía escoger llevar adelante el embarazo o rechazarlo. El dios de Lucas no escogió una vasija, sino una mujer, y le reconoció el derecho a decir sí o no. Y siempre funciona así cuando hablamos de la gracia de dios, de la gracia cara de dios, que podemos aceptarla o rechazarla libremente. Hay personas, instituciones y legislaciones que coartan el derecho de las mujeres sobre su cuerpo, su ministerio, su responsabilidad… pero el dios de María lo respetó. De la misma forma, también creo que dios respeta el derecho de las personas LGTBIQ a mostrar, o a no mostrar, la identidad con la que dios nos ha dado su gracia. De decir sí o no a trabajar para que el reino de dios se haga presente en nuestras vidas, visibilizando la riqueza de la diversidad con la que nos ha bendecido, aunque eso nos sitúe en los márgenes de nuestras familias, iglesias o amistades. Cuando no hay decisión, cuando no hay libertad de elección, no hay presencia de Dios, sino dogma e imposición, porque “Dios respeta absolutamente la libertad del hombre. Él la crea, y no para petrificarla o violarla. Por eso Dios no grita ni se impone nunca”. [3]

María aceptó, le dijo que sí a dios, “hágase conmigo conforme a tu palabra”. Estos días recordamos y celebramos lo que la valentía de María ha supuesto para la vida de cristianas y cristianos de todos los tiempos: la irrupción de la salvación, la llegada de la vida de dios para todos los seres humanos. Sabemos también por el evangelista, que esa salvación no fue como ella esperaba, que pareció fracasar en más de una ocasión, pero la gracia de dios no se alejó nunca más de ella. A veces confundimos la gracia con la alienación, con la dependencia ciega respecto a un dogma o una institución, y muchas machorras, mariconas y travelos cristianas creemos que hemos perdido la gracia porque hemos sido expulsadas de nuestras comunidades. Pero lo que hemos perdido ha sido solo la gracia barata, la gracia cara de la que nos habla Lucas tiene que ver con asumir el riesgo que supone poder respirar, gritar, vivir, tal y como Dios nos ha pensado y amado. Y es un riesgo que, aunque no lo percibamos, no tiene solo que ver con nuestra vida, ya que en cada una de nuestras acciones por vivir de verdad, ayudamos a que muchas otras personas se atrevan también a hacerlo. En cada pluma gay que dejamos caer al movernos, la salvación de dios se hace presente para quienes están a nuestro alrededor.

Dietrich Bonhoeffer escribió que “la gracia barata es la negación de la palabra viva de Dios, es la negación de la encarnación del Verbo de Dios” [4], y me permito añadir yo a esto: la negación de la encarnación por medio de una mujer que libremente aceptó la gracia cara de dios. Porque María representa otra gracia, una que no puede ser entregada a los perros, una que va indisolublemente unida al seguimiento, a la valentía, aunque quede a la intemperie de las teologías de la gracia barata. Y las personas LGTBIQ estos días de Navidad somos interpeladas por esta María, y por la gracia que recibió. Y debemos responder como ella, sí o no a la vida que dios pone dentro de nosotros, si o no a la gracia cara. Porque “la gracia cara es la encarnación de Dios”. [5]

 Carlos Osma

 Notas:

[1] 1 Cor 1,28.

[2] Lc 1,30-31.

[3] Paul Lebeau, Etty Hillesum. Un itinerario espiritual. Ámsterdam 1941- Auschwitz 1943, Santander: Sal Terrae 2000, 113.

[4] Dietrich Bonhoeffer, El precio de la gracia, Salamanca: Ediciones Sígueme 1995, 15.

[5] Ibid.17.

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Consulta dónde encontrar «Solo un Jesús marica puede salvarnos»  

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En el pórtico de la Navidad: Historia, símbolo de fe, mito

miércoles, 23 de diciembre de 2020
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Navidad1Del blog de Xabier Pikaza:

Al principio, los cristianos (Pablo, Marcos…) no se ocuparon del nacimiento de Jesús, pues pensaron que sólo importaba su vida y especialmente su muerte… Pero después (a partir de los año 70), empezando por el evangelio de Mateo y siguiendo por los de Lucas y Juan, ellos descubrieron que la vida de Jesús como «encarnación» de Dios era inseparable de su origen. Ellos supieron así que no hay cristianismo sin Pascua, pero tampoco sin Navidad.

Pero la Navidad del Hijo de Dios,  y en especial la función de su madre,  ha sido discutida, de tal forma que los cristianos han venido a dividirse por su forma de entender la Navidad, no sólo en tiempo antiguo (entre los grupos enfrentados en el concilio de Éfeso, 381), sino en la actualidad,de forma que algunos han llegado a decir que todo lo referente a María (excepto su nombre y que era Madre de Jesús) no es más que puro mito.

(Belén del Vaticano 2020. ¿Nacerá un Jesús marciano, venido de o dirigido hacia otros planetas o estrellas? Jesús se encuentra todavía envuelto en rojo).

 En el principio, Historia de María 

Fue una mujer galilea: mediterránea y judía de comienzos de nuestra era. Todo lo que ha vivido y sentido ha de entenderse en ese fondo. Quizá debemos añadir que ella ha expresado los rasgos primordiales de lo humano, en clave de mujer. Sólo de esa forma puede iluminar y motivar nuestra existencia.

Esposa de José y madre de Jesús, un pretendiente mesiánico judío. Sus relaciones con José forman parte de una historia humana y religiosa que se adentra en el misterio de toda vida y relación profunda entre dos seres humanos.  Parece que estaba viuda cuando Jesús inició su vida pública. De manera sorprendente, Mc 6, 3 llama a Jesús el hijo de María.

Mantuvo relaciones complejas con Jesús y parece que al principio no aceptó su mensaje y camino mesiánico, como supone Mc 3, 31-35 y 6, 1-6 y el conjunto del evangelio de Juan. Pero Hch 1, 12-14 Testamento añade que ella se integró en la iglesia o comunidad de los discípulos de su hijo, entre los que jugó un papel significativo , viniendo a convertirse en figura simbólica o paradigmática de la fe, sea en sentido crítico (no pudo imponer sus derechos sobre Jesús: cf Mc 3, 31-35) sea en sentido ejemplar y edificante, de tal forma Lc 1-2 y en algún sentido Jn 19, 25-27 la presentan como modelo de cristiana.

Ha sido “creída” dentro de la iglesia. Por razones que algunos suponen evidentes y otros deben precisar y justificar, ella vino a convertirse pronto en lugar de referencia o modelo para la comunidad cristiana, como testifica en perspectivas diferentes el conjunto del NT.

Navidad abierta,Historia de Jesús 

1.  Nació, en torno al 6 a.C. probablemente en Nazaret de Galilea, aunque los evangelios hablen de Belén de Judá, para entroncarle  con el Rey David… al menos de un modo simbólico.  Fue un hombre significativo, que planteóproblemas y abrió caminos de importancia en la sociedad de su entorno judío y romano, aunque (¡por eso!) las autoridades oficiales no le aceptaron y el gobernados romano le condenó a morir en una cruz (hacia el año 30 d.C.).

2.Se conoce bastante bien su vida, aunque sigue habiendo en ella huecos fascinantes (¿por qué hizo lo que hacía, por qué se dejó matar?), de manera que algunos han dicho que no pudo existir, que fue sólo un mito condensado como historia: Un faraón judaizado, un héroe griego incardinado en Galilea, la avatara palestina de un Dios hindú…. Pero tras veinte siglos su vida real resulta sorprendente y sigue dando mucho que pensar y que vivir

3. Los que primero escribieron su vida exaltaron mucho su figura sagrada, olvidando casi su base humana, como hizo San Pablo (que escribió sobre Jesús a los veinte años de su muerte), que casi sólo se ocupó de la muerte de Jesús y de su resurrección entendida en línea de misterio. Por el contrario los que vinieron después, es decir, los cuatro evangelistas tuvieron que esforzarse por recuperar su historia humana para que no se perdiera, pues pensaron que sólo siendo un hombre podía ser modelo y «salvador» para los que creían en él.

4. Los historiadores judíos y romanos del siglo I d. C. apenas le citaron, pensando que no merecía la pena recordarle, porque su figura les parecía margina… o peligrosa Pero Flavio Josefo estuvo más atento y en su libro sobre las Antigüedades Judía (Ant)  le presentó como taumaturgo, y profeta escatológico…  Algunos historiadores greco-romanos del siglo II (Tácito, Suetonio o Plinio el Joven) le recuerdan como un revoltoso, ajusticiado por la autoridad romana, pero su figura les sigue pareciendo carente de importancia.

4. Los discípulos de Jesús crearon «iglesias», o grupos de «creyentes mesiánicos», apoyándose para ello en la certeza de que él estaba vivo (=había resucitado), impulsándoles a recrear su misión, no sólo en Israel, sino entre todos los pueblos. Ciertamente, se puede discutir la «realidad» y/o sentido de esa resurrección, pero es indudable que los primeros cristianos creyeron en ella y así continuaron y recrearon la obra de Jesús (entre el 30 y 60 d.C.) y fueron uniéndose hasta crear entre el 100 y 120 d.C. la Gran Iglesia (la comunidad unitaria de los creyentes de Jesús).

La celebración de la Navidad forma parte de las interpretaciones de la vida de Jesús

Al principio, los cristianos (Pablo, Marcos…) no se ocuparon del nacimiento de Jesús, pues pensaron que sólo importaba su vida y especialmente su muerte… Pero después (a partir de los año 70), empezando por el evangelio de Mateo y siguiendo por los de Lucas y Juan, ellos descubrieron que la vida de Jesús como «encarnación» de Dios era inseparable de su nacimiento. Ellos supieron así que no hay Jesús «cristiano» sin cruz, pero tampoco sin nacimiento.

Esa interpretación creyente  del  nacimiento de Jesús, y en especial de su madre, María,, ha sido discutida, de tal forma que los cristianos han venido a dividirse y distinguirse por su forma de entender el símbolo mariano de la Navidad, no sólo en tiempo antiguo (entre los grupos enfrentados en el concilio de Éfeso, 381), sino en la actualidad,de forma que algunos han llegado a decir que todo lo referente a María (excepto su nombre y que era Madre de Jesús) no es más que puro mito.

Finalmente, esa interpretación (símbolo creyente) se sitúa en un campo que puede y debe compararse con los «mitos» de nacimiento de diversas religiones y culturas. Por eso, la historia y símbolo de la Navidad (aunque sin verdadera Encarnación) puede celebrarse y se celebra fuera del cristianismo.

María entre la confesión de fe  y el mito.

– Muchos creyenteshan recreado simbólicamente la figura de María, descubriendo y/o expresando en ella elementos  fuertes de la confesión cristiana.  Los evangelios  (Mt, Lc y Jn)  no elaboran su recuerdo para saciar una curiosidad, sino para expresar mejor el origen y la novedad de Cristo, de forma que ellos presentan casi a María como un catalizador simbólico del mesianismo  de su hijo.

– Pero la figura de María se sitúa también desde tiempo  antiguo (desde el Nuevo Testamento, cf. Ap 12) en el principio de un camino de apertura tendencial al mito. Llamo mito a un  símbolo de tipo intemporal que se desliga de la historia y expresa en forma imaginaria aquello que parece haber sido y será siempre, el eterno y divino retorno de las cosas. l mito unifica lo divino con lo humano en un tipo de simbiosis suprahistórica, al proyectar hacia lo eterno (lo divino) los elementos fundamentales de la vida histórica: el nacer y el morir, lo masculino y femenino, la guerra y la concordia etc.

– En ese fondo María podría convertirse al fin en diosa y la Navidad en una expresión de la unidad originaria de lo divino y lo humano. De manera muy normal, al situarla en el lugar donde el hombre y Dios se unen, la mariología coloca a la madre de Jesús, al menos de manera tendencial, en una línea abierta al mito; ella termina asumiendo (sin negar la historia) temas que el mito había desarrollado en plano transhistórico al hablar de la madre divina o la mujer sagrada[2].

 Mariología y teología de la Navidad

– La mariología cristiana constituye el descubrimiento y cultivo creyente (consecuente) de la hondura simbólica de la historia de María… y de la «revelación natal» de Dios en Jesús.  Por medio de María (no de un modo excluyente, sino inclusivo: María como verdadero Israel, María con José, en un contexto de familia ampliada) Dios se hace carne de un modo «natal», siendo concebido, naciendo y viviendo como un ser humano concreto, llamado Jesús.

– Al situar a María cerca del espacio donde se reciben o/y elaboran mitos religiosos casi universales (hierogamia, madre divina, feminidad sagrada…), la mariología asume como propia la tarea crítica de superar (negar y recuperar en forma nueva) lo que esos mitos han descubierto o inventado. Quizá podamos decir que la mariología es una disciplina abierta por esencia al diálogo cultural interreligioso con sus valores (nos sitúa en el lugar donde el ser humano ha buscado, sufrido y soñado con más intensidad) y sus riesgos (el evangelio de la historia de Jesús y de la iglesia puede diluirse con María y por María en los pretendidos valores eternos de los dioses y diosas del entorno mediterráneo y del oriente antiguo).

TRASFONDO MÍTICO DE LOS RELATOS DE LA NAVIDAD

   Estudié extensamente el tema en un libro titulado Los Orígenes de Jesús  donde podrán verse datos, tendencias e interpretaciones.  Aquí me limito a recoger algunos datos de U. Luz, Evangelio de Mateo, Sígueme, Salamanca  2010.  Dejo para mañana la interpretación cristiana de Lc 1, 26-38 (evangelio del dom.  4º de Adviento). Prescindo de las notas e interpretaciones eruditas. Quien quiera fijarlas  deberá acudir al libro de U. Luz. Aquí recojo sólo el esquema básico de su planteamiento:

Moisés . Jos, Ant. 2; PsFilón; Tg Ex; ExR; Mekh Ex

  1. Sueño del faraón (Tg Ex 1, 15); sueño de Amrán (Jos); profecía de Miriam (=Apocalipsis).
  2.  Interpretación por letrados (Jos), magos  (Tg Ex), por astrólogos (ExR 1, 22)
  3. Sobresalto del faraón. Reacción: matanza de niños
  4. Salvación: sueño de Amrán; ocultamiento de la cesta en el río. Hija del Faraón
  5. Sacrificio supletorio: matanza de niños.

Abrahán.  Bill. I, 77s

  1. Visión de la estrella.
  2. Interpretación por sabios y astrólogos.
  3. Angustia de Nimrod.
  4. Reacción: Nimrod quiere matar al hijo de Teraj.
  5. Salvación: ocultación de Abrahán.
  6. Sacrificio supletorio: matanza de muchos niños.

Rómulo/Remo  Livio 1, 3-6

  1. Rea embarazada de Marte; sueño de Rea.
  2. Exterminio de los descendientes de Numitor: los niños en el Tíber.
  3. Salvación por la loba.

Augusto (Suetonio, Aug. 94, 3; Dión C., 45, 1ss.

  1. Sueño de la madre y del padre (Dión C.); relámpago (Suet.), sueño de Atia (¿nacimiento virginal?).
  2. El Astrólogo Nigidio Fígulo interpreta.
  3. Sobresalto del Senado.
  4. Reacción: decreto del Senado: no educar a ningún niño (Suetonio).
  5. Salvación: se anula la decisión anterior.

Gilgamés

  1. El. Var. Hist., 12, 21.
  2. (¿Nacimiento virginal?).
  3. Los caldeos advierten del riesgo a Sokharos.
  4. Reacción: el niño es arrojado por la torre.
  5. Salvación por medio del Águila. Un campesino educa a Gilgamés.

Sargón 1 Pritchard, The Ancient Near East, London 1958, 85ss.

  1. Reacción: lo arrojan en un cesta al Éufrates.
  2. Salvación a través del Akki, creador del agua.

Ciro. Herodoto I, 107-122; Justino, Epítome,1, 4; Binder*, 17-28.

  1. Sueño de Mandane, sueño de Astiages.
  2. Interpretación de los magos.
  3. Astiages horrorizado.
  4. Reacción. Astiages quiere matar al niño.
  5. Salvación: desobediencia y salvación a través de unos pastores (ofrenda).
  6. Ofenda sustitutoria, de un niño muerto.

Frêdun, Sha-Name (Fridausi), 5, 6; Binder *, 176-179.

  1. Sueño de Sohak, rey de los dragones.
  2. Interpretación de los magos.
  3. Impotencia de Sohak.
  4. Reacción: persecución de Frêdun.
  5. Salvación por medio de los pastores y de la vaca Birmaje.

Krishna

  1. Harivansa (Mahabarata), 56-59; BaghavataPurana, 10, 3; Binder*, 207s.
  2. Kansa es advertida por Narada.
  3. Inquietud.
  4. Reacción: asesinato de todos los descendientes de Devagnis.
  5. Salvación: trueque de niños; desaparecen las insignias divinas de Krishna.
  6. Ofrenda sustitutoria: muerte de los niños falsos.

Otros paralelismos lejanos:

  1. Perseo (Binder*, 132s; Saintyves*, 239).
  2. Heracles (R.v. Ranke-Graves, Griechische Mythologie II, Reinbek 1960, 81-90).
  3. Apolo (Ranke-Graves I, Reinbeck 1960, 46ss).
  4. Neleo/Peleo (Saintyves*, 236s; Binder*, 148s).
  5. Agatocles (Diodoro de Sicilia 19, 2, 2-7).
  6. Dionisos (Schwarzenau*, 81-100).
  7. Hija de Dorketo (Saintyves*, 236).
  8. Leyenda árabe de Nimrod (Binder*, 260s).
  9. Seth-Horus (Plutarco, Isis y Osiris, 13).
  10. Ardaschir (Binder*, 184-189).
  11. Schapur (Binder*, 189-191).
  12. Ormuzd (Binder*, 191-193).
  13.  Gen Gis Kan (Saintyves*, 242).
  14. Leyenda de Buda (Saintyves*, 256; Schwarzenau*, 42-50).
  15. Candrahâsa (Binder*, 199-201).
  16. Elakamara Yataka (Binder*, 203s).
  17. Trakhan de Gilgit (Binder*, 211-213).
  18. Vanaraja (Binder*, 211-213).

Biblia, Espiritualidad , ,

Madre del Mundo Nuevo

martes, 8 de diciembre de 2020
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El 8 de diciembre de 1854, Pío IX definió este dogma con las siguientes palabras: «Para honor de la santa e indivisa Trinidad…, declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles». Antes, la Orden Franciscana, en su Capítulo celebrado en Toledo el año 1645, «escogió a la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en cuanto la confesamos y celebramos inmune de la culpa original en su misma Concepción, como Patrona singular de toda la Orden de los Frailes Menores». Y aquello no fue una novedad rara en la historia de la familia franciscana, que desde sus primeros tiempos se distinguió como defensora acérrima de este privilegio sin par de María. El beato Juan Duns Escoto fue su adalid, y la campaña por él iniciada la prosiguió la Orden, sin desmayos, a lo largo de los siglos. Así celebramos hoy el “gran momento de la historia cuando cielos y tierra, la creación entera enmudeció esperando escuchar el «FIAT» de nuestra Señora”

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MADRE DEL MUNDO NUEVO

Estamos otra vez en el Principio.
Dios quiere hablar y el aire se acrisola.
Como un niño, en la sangre, nace el mundo;
y del caos emerge la Esperanza, con sus flores salvadas de la muerte.
(Este ramo de olivo que crece en tus pisadas, paloma de Sus Ojos,
tendrá toda la Tierra penitente para echar las raíces…).

Aún no mugía el mar, ni tendía sus lonas el cielo por los montes,
y tú jugabas ya -la consentida- en la plaza infinita de Sus Manos:
primera siempre al mimo de Su Gozo…
Si estamos otra vez en el Principio, tendrás que amanecer: el Mundo Nuevo
necesita la puerta de tu seno para llegar incólume,
(Belén se apuesta siempre detrás de tus espaldas).

Mientras los hombres buscan sus tesoros piratas -¡los bajeles perdidos de sus rutas sin norte!-,
un día, inesperado, tú surges de las simas del Paranagua, viva,
como un tesoro tierno a la memoria,
antigua de ternura y de favores, coronada de espuma de sorpresas,
con el Niño en los brazos, ofrecido…
La Tierra está en mantillas, dormida en tu regazo.

La Europa verdadera, como un cruzado loco que vuelve escarmentado
de tantas aventuras,
espera tu venida junto a Chartres y en la umbría sagrada de Einsiedeln.
Los almendros latinos aún tienen primavera para acoger tus plantas.
Todavía hay pastores y un buey manso en la cumbre.
¡Todo el cuerpo de Europa se ha hecho gruta, en la herida,
para enmascarar la luz de tu presencia!

América sacude sus pañales, con un grito rebelde, contra el mar transitado,
pero en su boca niña balbucea, cantando, tu nombre, Guadalupe,
y late la manigua como un puerto que siente tu llegada:
-¡Vendrá Santa María, libre de carabelas!
Como una diosa estéril y fecunda, empapada en la lluvia de la Espera,
como una cruz cansada de martirio,
Asia cruje, sangrando por sus lotos…
¡Pero el bambú ya ensaya cañas de profecía detrás de las Comunas;
la Luna sabia sigue tus pies para calzarte,
y en la liturgia hindú llama a tu Hijo el arpa de Tagore y de los parias!

Mientras llegan los sueños en cayuco inestable,
y acosada por todos los pájaros secretos que hierven en la selva con la noche,
Africa arrulla, alborotadamente, sus veinte cunas nuevas.
Se quiebran sus tambores en parches de alegría
y las lanzas preguntan por la aurora:
¡porque el mar no termina en la mirada!
Y danzan sus miningas, con las anillas rotas,
enarbolando el sol entre las risas,
¡porque hay una Mujer sobre las chozas, detrás de las estrellas,
con el sol en los hombros, como un clote!
Con los sueños que llegan en cayuco inestable, arriba el Evangelio mecido por tus manos;
llegan tus manos fieles, con la Paz en la proa.

Neófitas de sal y de promesas, las Islas balbucientes acuden al marfil de tu garganta,
con un abrazo tenso de siglos de impaciencia, seguras del Encuentro.

¡Todos los meridianos se enhebran en la rosa de tu Nombre…!

Estamos otra vez en el Principio
y nace el mundo, nuevo, del seno de tu Gracia,
hermosamente grande y sin fronteras.
¡Que callen los profetas fatídicos! Cabemos
todos juntos, hermanos, en la mesa que el Padre ha abastecido.
¡Que calle todo miedo, para siempre!

Los átomos dispersos se engarzarán, sumisos, en tu manto;
y el cielo, descubierto en mil caminos,
se hará pista a tus viajes de ¡da y vuelta -de Dios hasta los hombres-,
¡nostalgia nuestra, Asunta!

…Dios llega al aeropuerto de la Historia;
a tiempo en todo Tiempo, el heredado pulso de tu sangre.

Los sellos del Concilio acuñan tu figura sobre la piel lavada de la Iglesia,
y llega una corona de voces alejadas, en pleamar dichosa,
al pie de tu Misterio…

Estamos otra vez en el Principio y ha empezado tu era:
¡por derecho de Madre tú patentas la luz amanecida!

*

Pedro Casaldáliga
“Llena de dios, y tan nuestra”.
Antología mariana

***

pieta-kim-ki-duk

Pieta,
de Kim Ki-duk.

La aurora es un momento fabuloso: el que precede inmediatamente al salir el sol. Antes sólo eran tentativas. Un leve palidecer el cielo por oriente, apenas visible en la noche. Sigue un clarear creciente, lentamente al comienzo, luego más rápidamente, siempre más rápidamente. Finalmente un instante en el que el surgir de la luz es tan victorioso y ardiente, el esplendor tan cegador a los ojos habituados a la noche, que nos podríamos creer ante el mismo sol: apenas un instante después, como una llamarada, su luz arde en el hilo del horizonte. Y finalmente el sol. Hasta ese momento, nos podíamos haber engañado, pues ya se transparentaba en lo que sólo era la aurora. Lo mismo la Inmaculada concepción. Primero, a lo largo de los siglos precedentes, se trataba del alba de Cristo, de los comienzos de su pureza y santidad, ya maravillosos considerando que se realizaban en la naturaleza humana, pero aún oscuros respecto a El. María es el culmen de la aurora, el surgir del día. Pero su luz ilumina a todos. La Inmaculada concepción distingue a María de los demás humanos sólo para unirla más a Cristo, que pertenece a todos (…).

Tras el decreto que estableció la venida de Cristo, se da esta larga preparación que ya la realiza inicialmente y que llena toda la historia antigua de la humanidad. Ahora bien, toda esta preparación lleva a María, porque ella (…) es portadora de Cristo. La preparación es inmensa: es la única obra de Dios mismo en este mundo; se compromete con todo su amor: haciendo confluir, en virtud de su gracia, todo lo que en nuestros esfuerzos humanos hay de verdaderamente bueno: se plasma una naturaleza humana que será la suya.

Llega un día en que todo está preparado. En la Virgen todo se reúne para pasar de ella al Hijo (…). María es la figura absoluta y total, y lo es para siempre, porque, siendo Madre de Dios, es la que une el Hombre-Dios con la humanidad.

*

É. Mersch,
La théologie du Corps mystique,
I
, Tournai 1944, 219-221.

***

La misión maternal de María hacia los hombres no oscurece ni disminuye de ninguna manera la única mediación de Cristo, sino más bien muestra su eficacia.

Porque todo el influjo salvífico de la bienaventurada Virgen en favor de los hombres nace del divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de la misma saca toda su virtud; y lejos de impedirla, fomenta la unión inmediata de los creyentes con Cristo.

La bienaventurada Virgen, predestinada, junto con la Encarnación del Verbo, desde toda la eternidad, cual Madre de Dios, por designio de la divina providencia,  fue en la tierra la esclarecida Madre del Divino Redentor y, de forma singular, la generosa colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Señor.

Y esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación y lo mantuvo sin vacilación al pie de la cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación.

Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso, la bienaventurada Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de abogada, auxiliadora, socorro, mediadora.

La Iglesia no duda en atribuir a María ese oficio subordinado: lo experimenta continuamente y lo recomienda al corazón de los fieles para que, apoyados en esta protección maternal, se unan más íntimamente al Mediador y Salvador .

*

Del Concilio Vaticano II,
Lumen gentium, 60-62.

***.

Espiritualidad ,

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