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Leer la Biblia

sábado, 18 de agosto de 2018
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biblia

Esta es una muy buena propuesta para este verano: leer la biblia.

En cada celebración, en todas las celebraciones en las que nos reunimos los cristianos, escuchamos textos bíblicos, sea en la Eucaristía, sea en la Liturgia de las Horas, sea en una oración comunitaria preparada por alguna persona de nuestro grupo. La Palabra es por tanto la protagonista. La teoría la sabemos: Cristo es la Palabra encarnada. En el Evangelio de ayer, día de la Transfiguración, recibíamos una invitación “Escuchadle”.

Cuando no tenemos ni idea de lo que estamos escuchando realmente es más difícil prestarle atención, nos parecen palabras anacrónicas, fuera de nuestro tiempo, ajenas a nuestra vida. Lo siguiente es tomar lo que entiendo, lo que me vale y desechar lo que me suela raro, agresivo o abstracto.

Pero hay otra posibilidad: ponernos manos a la obra y acercarnos a los textos con reverencia, humildad y corazón de aprendiz. Es cierto que no es fácil porque así de sopetón no sabremos ni por dónde empezar… No vamos a proponeros ninguna concreta. Os vamos a dejar una propuesta que os ayudará a comprender mejor lo que leéis. Tal vez a algunos os está interrogando un Evangelio en concreto o las cartas de Pablo o algún libro del Antiguo Testamento. Por ahí podéis de empezar, y después Dios os guiará a través de la riqueza de Su Palabra para que tu mente comprenda y acoja con más profundidad el texto sagrado. Todo es una línea, Antiguo y Nuevo Testamento, pero no una línea recta, con sus curvas, sus subidas y bajas. Pero lo que sí está claro es que es todo un conjunto. No podemos acercarnos a Jesús, y comprender sus palabras, sin escuchar y conocer el antiguo Testamento, la Torá, los Profetas, los sapienciales..

Canal de youtube

Hay un canal en youtube que se llama PROYECTO BIBLIA, en castellano y en inglés, con más vídeos y subtitulados en castellano y un montón de idiomas más: BIBLE PROJECT En él encontraréis vídeos cortos, animados, muy fáciles de entender sobre los libros de la biblia o sobre temas bíblicos. Todo un trabajo hecho gratuitamente para ayudarnos a acercarnos a la Biblia. Esperamos que lo disfrutéis. Que sea un estímulo para comprender y ahondar en vuestra vida cristiana. Que os acerque más a Dios, a Dios Trinidad, como se nos revela en la Biblia.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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“Atraídos por el Padre hacia Jesús”. 19 Tiempo Ordinario – B (Juan 6,41-51)

domingo, 12 de agosto de 2018
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Según el relato de Juan, Jesús repite cada vez de manera más abierta que viene de Dios para ofrecer a todos un alimento que da vida eterna. La gente no puede seguir escuchando algo tan escandaloso sin reaccionar. Conocen a sus padres. ¿Cómo puede decir que viene de Dios?

A nadie nos puede sorprender su reacción. ¿Es razonable creer en Jesucristo? ¿Cómo podemos creer que en ese hombre concreto, nacido poco antes de morir Herodes el Grande y conocido por su actividad profética en la Galilea de los años treinta, se ha encarnado el Misterio insondable de Dios?

Jesús no responde a sus objeciones. Va directamente a la raíz de su incredulidad: «No sigáis murmurando». Es un error resistirse a la novedad radical de su persona obstinándose en pensar que ya saben todo acerca de su verdadera identidad. Les indicará el camino que pueden seguir.

Jesús presupone que nadie puede creer en él si no se siente atraído por su persona. Es cierto. Tal vez, desde nuestra cultura, lo entendemos hoy mejor. No nos resulta fácil creer en doctrinas o ideologías. La fe y la confianza se despiertan en nosotros cuando nos sentimos atraídos por alguien que nos hace bien y nos ayuda a vivir.

Pero Jesús les advierte de algo muy importante: «Nadie puede aceptarme si el Padre, que me ha enviado, no se lo concede». La atracción hacia Jesús la produce Dios mismo. El Padre que lo ha enviado al mundo despierta nuestro corazón para que nos acerquemos a Jesús con gozo y confianza, superando dudas y resistencias.

Por eso hemos de escuchar la voz de Dios en nuestro corazón y dejarnos conducir por él hacia Jesús. Dejarnos enseñar dócilmente por ese Padre, Creador de la vida y Amigo del ser humano: «Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza me acepta a mí».

La afirmación de Jesús resulta revolucionaria para aquellos judíos. La tradición bíblica decía que el ser humano escucha en su corazón la llamada de Dios a cumplir fielmente la Ley. El profeta Jeremías había proclamado así la promesa De Dios: «Yo pondré mi Ley dentro de vosotros y la escribiré en vuestro corazón».

Las palabras de Jesús nos invitan a vivir una experiencia diferente. La conciencia no es solo el lugar recóndito y privilegiado en el que podemos escuchar la Ley de Dios. Si en lo íntimo de nuestro ser nos sentimos atraídos por lo bueno, lo hermoso, lo noble, lo que hace bien al ser humano, lo que construye un mundo mejor, fácilmente nos sentiremos invitados por Dios a sintonizar con Jesús.

José Antonio Pagola

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“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”. Domingo 12 de agosto de 2018. Domingo 19º de tiempo ordinario

domingo, 12 de agosto de 2018
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44-ordinarioB19 cerezoDe Koinonia:

1Reyes 19,4-8: Con la fuerza de aquel alimento, caminó hasta el monte de Dios.
Salmo responsorial: 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor.
Efesios 4,30-5,2: Vivid en el amor como Cristo.
Juan 6,41-51: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.

La narración del primer libro de los Reyes está sumamente cuidada y llena de detalles que hacen de esta simple huida algo más profundo y simbólico. Para empezar, las alusiones al desierto, a los padres, a los cuarenta días y cuarenta noches de camino, al alimento, al monte de Dios, son demasiado claras y numerosas como para no reconocer en el camino de Elías el camino inverso al que realizó Israel en el éxodo. No se trata sólo de una huida; también hay una búsqueda de las raíces que terminará en un encuentro con Dios. También los grandes héroes como Elías y Moisés (cf. Num 11,15) han sentido nuestra debilidad. Elías, desanimado del resultado de su ministerio huye porque «no es mejor que sus padres» en el trabajar por el reino de Dios y es mejor reunirse con ellos en la tumba (v.4). Cuando el hombre reconoce su debilidad, entonces interviene la fuerza de Dios (2Cor 12,5.9). Con el pan y el agua, símbolos del antiguo éxodo, Elías realiza su propio éxodo (símbolo de los cuarenta días, v.8) y llega al encuentro con Dios. Tal como está narrado este episodio de Elías nos habla del camino, de los empeños, de las tareas demasiado grandes para hacerlas con las propias fuerzas y de la necesidad de caminar apoyados en las fuerzas del alimento que nos mantiene.

La segunda lectura es la continuación de esta exhortación apostólica que desciende a detalles hablando de aquello que el cristiano debe evitar (aspecto negativo) o debe hacer (aspecto positivo). Así, el cristiano puede trabajar en la edificación de la iglesia y no entristecer al Espíritu rompiendo la unidad (4,25-32a; 4,3). Este modo de vivir encuentra su fundamento en aquello que Cristo ha realizado o el Padre ha cumplido por Cristo. Vivir de manera cristiana y vivir en el amor como Cristo y el Padre (cf. Mt 5,48). Como el Padre perdona, así debe hacer el cristiano (v. 32b); Mt 6,12.14-15). Como Cristo ama y se dona en sacrificio, así hace el cristiano. La unidad es fruto del sacrificio personal. El tema de la imitación de Dios, consecuencia y expresión de ser hijos suyos, revela la referencia evangélica de esta exhortación de Efesios (cf. Mt 4,43-48). El Espíritu es el elemento determinante del comportamiento cristiano. En línea con otros pasajes paulinos sobre el Espíritu, en éste su recepción se vincula (indirectamente) al bautismo y se le considera como sello/marca que identificará en la parusía a cuantos pertenecen a Cristo.

El evangelio de Juan que hoy leemos comienza con el escándalo que se produce en los judíos porque Jesús se equipara al pan; pero más aun porque dice que ha “bajado del cielo”. Para ellos esto no tiene explicación, puesto que conocen a Jesús desde su infancia y saben quiénes son sus padres. Para ellos su vecino Jesús, visto en su sola dimensión humana, no guarda relación alguna con las promesas del Padre y con su proyecto de justicia revelado desde antiguo.

Juan utiliza esta figura del escándalo y del no poder ver más allá de la dimensión humana de Jesús, para dar a conocer la dimensión que encierra la persona y la obra del Maestro. En primer lugar, la adhesión a Jesús es obra también de Dios; es él mismo quien suscita la fe del creyente y lo atrae a través de su hijo.

Conocer a Jesús es apenas un primer paso en el cual se encuentran sus paisanos; pero adherir la propia fe a él es el siguiente paso, que exige un despojarse totalmente para poder encontrar en él el camino que conduce al Padre. Sólo este segundo momento permite descubrir que Dios se está revelando en Jesús tal cual es; esto es, un Dios íntimamente comprometido con la vida del ser humano y su quehacer.

Jesús propone asumir el paso de la vida humana con un total compromiso. El alimento, que es indispensable para vivir, es utilizado como metáfora para hacer ver que más allá de la dimensión humana de cada persona hay otra dimensión que requiere también ser alimentada. El ser humano, llamado a trascenderse a sí mismo, tiene que esforzarse también continuamente para que su ciclo de vida no se quede sólo en lo material.

Así pues, el conocimiento y aceptación de la propuesta de Jesús alimenta esa dimensión trascendente del ser humano, que es la entrega total y absoluta a la voluntad del Padre; y la voluntad del Padre no es otra que la búsqueda y realización de la Utopía de la Justicia en el mundo en todos los ámbitos (Reinado de Dios), para que haya «vida abundante para todos» (Jn 10,10). Leer más…

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Dom 12.8.18. Pan vivo. Todos discípulos de Dios

domingo, 12 de agosto de 2018
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38781047_1052461438264381_607642803282903040_oDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 19 B. Jn 6, 41-45. Sigue el tema del domingo anterior, sobre la auténtica comida. Frente a un pan “muerto” (que lleva al dominio de unos, con la opresión de otros, y termina en la muerte), Jesús habló en Cafarnaúm de un pan vivo que es Dios: en él vivimos, pudiendo ser también pan vivo (como él, como Jesús),dando así vida a otros.

En ese fondo presenta el evangelio una de las palabras más sorprendentes de la Biblia: ¡Todos serán discípulos (didaktoi) de Dios! “Todos” tiene un sentido universal, y significa aquellos que escuchen la voz interior, alimentados y enseñados por Dios (=que es su comida) y que así pueden y deben hacerse comida (alimento) unos para otros.

Es evidente que este evangelio puede y debe entenderse también en línea de economía material (¡que todos los hombres coman, que nadie muera de hambre!), pero ha de entenderse sobre todo en clave de “economía integral”, sabiendo que un hombre nace y vive vive de otros hombres (empezando por sus padres), y que sólo es total y plenamente humano si se vuelve alimento para otros.

38831449_1052456324931559_967970643653951488_nHay una economía que, en general, va en contra de este evangelio, pues hombres y pueblos no quieren descubrir la enseñanza de Dios ni hacerse para para los otros, sino que escuchan otras enseñanza y convierten su vida en gran lucha por el pan material, con millones de muertos materiales cada año, y con cientos de millones de muertos más hondos (carentes de verdadera humanidad).

Lógicamente, la respuesta al problema del pan no es más pan, sino más humanidad, en una línea de transformación (de meta-noia, trans-humanización). Sin un nuevo y más alto Capital Humano (sin la conversión del hombre en pan para los otros), nuestra humanidad siglo XXI no tiene salida. En esa línea quiero interpretar el texto del Evangelio de Juan. Buen fin de semana a todos.

Texto

— En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: «No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?»

— Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día.

— Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios». Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.

— Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan de vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo (Juan 6, 41-51).

1. Evocaciones históricas

Este pasaje recoge y condensa toda la tradición de la Biblia, que es un libro de Comidas, esto es, de alimentación integral del hombre.

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a. En esa línea culmina la creación, cuando Dios ofrecía a Adán y Eva los frutos del jardín… (Gen 2), diciéndoles que podían comer de todo, pero sin hacerse “dioses” (es decir, sin comer del árbol del bien y del mal, que consiste en “adorar” un tipo de capital in-humano y de matarse unos a otros…). El gran pecado es la “mamona” (el capital divinizado en forma de violencia).

Frente a ese pecado está la revelación de la verdad de Dios: Que hombres y mujeres sean (se hagan) pan, unos para los otros. Para eso es preciso que todos sean “discípulos de Dios”, como Jesús.

b. Ésta es la verdad del Éxodo judío, donde se dice que Dios mismo regalaba el maná (pan del camino) para hombres y mujeres, por igual a todos, de manera que ninguno tuviera más que otros, sino todos lo bastante y suficiente para comer y para amarse (cf. Ex 16; Núm. 11).

Éste es el signo: Que todos puedan comer en fraternidad e igualdad y libertad (como dirá la Revolución francesa…). Que todos puedan comer lo que necesitan, pues lo que sobre se pudre. Se les pudre a los ricos su riqueza sobrante, es decir, aquella que no ponen al servicio de todos, y ellos mismos se pudren con ella… y así los hombres mueren también, aunque quizá de otra manera.

c. Éste es el mensaje del evangelio de este domingo, siempre que sepamos leerlo de un modo integral, aplicando a los cristianos (a los hombres y mujeres) aquello que Jesús dice de sí mismo, conforme al principio de la encarnación… Que todos podamos decir (y digamos con la vida): Yo soy pan de vida…

Como (y porque Jesús es Eucaristía) y porque compartimos su vida, como discípulos de Dios, también nosotros podemos y debemos ser pan de vida. En ese sentido, todos somos hijos de José, pan de Eucaristía, como seguiré indicando en los números que siguen.

2. Simplemente un hombre, pero un hombre hecho comida

Hemos visto en los domingos anteriores el tema de la multiplicación de los panes, con las primeras palabras de Jesús sobre el pan de vida. Avanzando en esa línea, el evangelio de Juan nos descubre el secreto más hondo de Jesús: Escuchando a Jesús podemos y debemos hacernos “discípulos de Dios”, siendo así para para los otros.

Los “judíos” (en este caso no son los “judíos de raza”) sino todos aquellos que no quieren escuchar a Jesús y le critican diciendo: «No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?».

Éste es el tema: Critican a Jesús porque no le ven suficientemente elevado, como un ángel poderoso, un emperador sobre la tierra, sino simplemente un hombre que viene de José y de María… ¿Cómo puede decir que él es pan “bajado del cielo”? ¿Cómo podemos decir igualmente nosotros que somos (¡hemos de ser!) pan de vida y de cielo para los hombres y mujeres que están a nuestro lado.

Éste es el tema: la salvación de Dios (pan del cielo) forma parte de nuestra propia historia. Jesús no es pan superior por ser un prodigio celeste, sino, porque, siendo un simple ser humano, ha querido que su vida sea pan para los otros.

3. Revelación del Padre, el verdadero Pan de vida.

Ha nacido de José y María y, sin embargo (¡por eso!), de esa forma, ha venido de Dios, porque el mismo le envía y sostiene, haciéndole pan para los otros. Es un hombre normal y, sin embargo (¡por eso!), puede ser y es Dios/pan para los otros.

Jesús hombre se hace “pan”, humanidad convertida en alimento para los demás, en la línea de aquel adagio de Plauto: “Mortalem mortali iubare, hoc est Deus”. Que un mortal (¡no un dios supereior!) ayude y alimente a otro mortal ¡eso es Dios! Que un hombre como Jesús se haga “eucaristía” (y nos capacite a todos para ser eucaristía, pan compartido): Esa es la revelación de Dios, que atrae a los hombres.

(a) Dios mismo les atrae hacia Jesús, de tal forma que pueden descubrir en él un potencial de vida que les alimenta, les emociona, les sacia. De esa forma, ellos descubren en Jesús el “poder” de Dios que se expresa en la humanidad solidaria, en la entrega de la vida por los otros.

(b) En el fondo de esta “atracción” de Jesús, y de la saciedad que brota de ella se descubre el poder de la resurrección, que consiste en descubrir y vivir ya desde aquí en el nivel más alto de la vida. A Jesús le han matado precisamente por hacerse “pan” (por regalar la vida por los otros). Pues bien, Dios mismo le ha “resucitado”, o, mejor dicho, Dios mismo es su resurrección.

4. Todos discípulos de Dios…

Jesús cita una palabra bíblica que no aparece directamente en el Antiguo Testamento, pero que está su raíz: «serán todos discípulos de (enseñados por: didaktoi) Dios», tendrán su Espíritu, expresarán su vida, como proclama la más honda palabra de promesa de Joel, citada por Pedro en el primer sermón de la Iglesia:

En aquellos días efundiré mi espíritu sobre todo ser humano,
y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas;
vuestros ancianos tendrán sueños de vida,
y vuestros y vuestros jóvenes verán visiones nuevas (de nueva humanidad)
También sobre los siervos y siervas (esclavos/esclavas)
derramaré mi espíritu en aquellos días (Joel 2, 28- 29; Hechos de los Apóstoles (2, 17-18

Este es un texto claro de revelación del Espíritu, donde se descubre el sentido de “todos serán discípulos de Dios”, Dios mismo les dará su Espíritu para que descubran el sentido de la vida y se vuelvan pan (fuente de pan) para los otros.

“Todos” significa aquí todos, de un modo directo, acogiendo la más honda “palabra/espíritu” de Dios que les hace “discípulos” de Dios (conocedores, portadores, de su obra), para así convertir su propia vida en pan de vida para los demás.

Todos son los mayores y jóvenes, hombres y mujeres, esclavos/esclavas y libres… Todos se descubren de esa forma portadores de Dios, pan de Dios, unos para los otros, superando la división de estado, de sexo/género y de situación social. La mujer ya no es menos que hombre, ni el joven que el mayor, ni el esclavo que el libre… Aquí se revela, en la línea de Gal 3, 28, la verdadero dignidad universal del ser humano, sin jerarquías sacrales, sin dominios sacerdotales (en este contexto se sitúa lo mismo la cita original de Joel como la de Pedro)

La historia de las religiones (e incluso de la Iglesia católica) ha sido a veces una disputa de maestros y escuelas, de jerarcas buenos y falsos maestros… Pues bien, Jesús sabe que el único Maestro es Dios, de manera que todos, cada uno de los hombres y mujeres, puede recibir y recibe la palabra de Dios, como adultos, como mayores de edad.

5. Venir a Jesús, ser como Jesús: hacerse pan

El texto indica que es Dios mismo quien enseña, quien hace a todos discípulos suyos, de manera que puedan vincularse a Jesús, compartir con él la revelación de la vida, el pan compartido. Leer más…

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Tres tipos de pan. Domingo 19. Ciclo B

domingo, 12 de agosto de 2018
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9604cc58-3a5c-4126-bade-9d1e2256c0f8Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La primera lectura y el evangelio nos hablan de tres clases de pan: el que alimenta por un día (maná), el que da fuerzas para cuarenta días (Elías) y el que da la vida eterna (Jesús). Pero comencemos recordando lo ocurrido en la sinagoga de Cafarnaúm.

Desarrollo de Juan 6,42-52

El pasaje es complicado porque mezcla diversos temas.

  1. Objeción de los judíos: ¿Cómo puede este haber bajado del cielo?
  2. Respuesta de Jesús: si creyerais en mí, lo entenderíais.

              – Pero solo cree en mí aquel a quien el Padre atrae.

              – Mejor dicho: Dios enseña a todos, pero no todos quieren aprender.

              – Atención: El que Dios enseñe a todos no significa que lo veamos.

  1. Jesús y el maná: el pan que da la vida y el pan que no la garantiza.
  2. Final sorprendente: el pan es mi carne.

Exposición del contenido

El domingo pasado, Jesús ofrecía un pan infinitamente superior al del milagro de la multiplicación. Ese pan es él, que ha bajado del cielo. El evangelio de este domingo comienza contando la reacción de los judíos ante esta afirmación. ¿Cómo puede haber bajado del cielo uno al que conocen desde niño, que conocen a su padre y a su madre?

     Jesús no responde directamente a esta pregunta. Ataca el problema de fondo. Si los judíos no aceptan que ha bajado del cielo es porque no creen en él. Y si no creen en él, es porque el Padre no los ha llevado hasta él. Esta afirmación tan radical sugiere que todo depende de Dios: solo los que él acerca a Jesús creen en Jesús. Por eso, inmediatamente después se añade: «Dios instruye a todos… pero no todos quieren aprender». Solo el que acepta su enseñanza viene a Jesús, lo acepta, y cree que ha bajado del cielo. Ningún judío puede echarle a Dios la culpa de no creer en Jesús.

     La idea de que Dios instruye a todos cabe interpretarla como si fuese un profesor sentado delante de sus alumnos, al que pueden ver. No. A Dios no lo ha visto nadie. Solo el que procede de él: Jesús.

     Tras este paréntesis sobre la fe, la acción del Padre y la visión de Dios, Jesús vuelve al tema del pan que baja del cielo, el que da la vida, a diferencia del maná, que no la da. Pero termina añadiendo una afirmación más escandalosa aún: «el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». La reacción de los judíos no se hace esperar: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». La solución, el próximo domingo.

En aquel tiempo los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo», y decían: «¿No es este Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?».

   Jesús les dijo: «Dejad de criticar. Nadie puede venir a mí si el Padre que me envió no lo trae, y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y acepta su enseñanza viene a mí. Esto no quiere decir que alguien haya visto al Padre. Sólo ha visto al Padre el que procede de Dios. Os aseguro que el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron. Éste es el pan que baja del cielo; el que come de él no muere». «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

   Los judíos discutían entre ellos: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?».

Tres notas al evangelio

  1. El auditorio cambia. Ya no se trata de los galileos que presenciaron el milagro, sino de los judíos. En el cuarto evangelio, los judíos representan generalmente a las autoridades que se oponen a Jesús. Sin embargo, lo que dicen («conocemos a su padre y a su madre») no encaja en boca de un judío, sino de un nazareno. Esto demuestra que no estamos ante un relato histórico, que recoge los hechos con absoluta fidelidad, sino de una elaboración polémica.
  2. El tema de la fe interrumpe lo relativo a Jesús como pan bajado del cielo, pero es fundamental. Solo quien cree en Jesús puede aceptar eso. Lo curioso, en este caso, es cómo se llega a la fe: por acción del Padre, que nos lleva a Jesús. Normalmente pensamos lo contrario: es Jesús quien nos lleva al Padre. «Yo soy el camino… nadie puede ir al Padre sino por mí». Aquí se advierte, como en todo el evangelio de Juan, la acción recíproca del Padre y de Jesús.
  3. Tras este inciso, Jesús vuelve a contraponer el maná y su pan. En la primera parte (domingo 18), adoptó una actitud muy crítica ante el maná. Cuando los galileos, citando el Salmo 78,24, dicen que Dios «les dio a comer pan del cielo», Jesús responde que el maná no era «pan del cielo»; el verdadero pan del cielo es él. Ahora añade otro dato más polémico: los que comían el maná morían; su pan da la vida eterna.

El pan de Elías (1ª lectura: 1 Reyes 19,4-8).

            elias-y-el-panEl siglo IX a.C. fue de profunda crisis religiosa. El rey de Israel, Ajab, se casó con una princesa fenicia, Jezabel, muy devota del dios cananeo Baal. La gente ya era bastante devota de este dios, al que atribuían la lluvia y las buenas cosechas. Pero el influjo de Jezabel y la permisividad de Ajab provocaron que Yahvé dejase de tener valor para el pueblo. A esto se opuso el profeta Elías, denunciando a los reyes y matando a los profetas de Baal, lo que le habría costado la vida si no llega a huir hacia el sur, al monte Horeb (el Sinaí). El viaje es largo, demasiado largo, y Elías se desea la muerte. Un ángel le ofrece una torta cocida sobre piedras; la come dos veces, y con la fuerza de aquel manjar camina cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte en el que tuvo lugar la gran revelación de Dios a Moisés. Este relato se ha usado a menudo en relación con la eucaristía, y por eso se ha elegido para este domingo.

En aquellos días, Elías llegó a Berseba de Judá y dejó allí a su criado. Él se internó en el desierto una jornada de camino y fue a sentarse bajo una retama, deseándose la muerte y diciendo: «¡Ya basta, oh Señor! Quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres». Luego se acostó y se quedó dormido debajo de la retama. Un ángel le tocó y le dijo: «Levántate y come». Miró en derredor, y vio a su cabecera una torta cocida sobre piedras ardiendo y un vaso de agua. Comió, bebió y luego se volvió a acostar. El ángel del Señor volvió por segunda vez, le tocó y le dijo: «Levántate y come, pues te resta un camino demasiado largo para ti». Se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquel manjar caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb.

Tres clases de panes

            Las lecturas de hoy sugieren una reflexión.

            Antes de la reforma de Pío X, la comunión no era frecuente. Los cristianos más piadosos comulgaban una vez a la semana; normalmente, una vez al mes. La comunión era para ellos como el pan de Elías, que da fuerzas para vivir cristianamente durante un período más o menos largo de tiempo.

            Con la reforma de Pío X, a comienzos del siglo XX, se difunde la comunión diaria, aunque no se oiga misa. (Recuerdo de joven, en la iglesia de los franciscanos de Cádiz, la gran cantidad de gente que iba a comulgar en un altar lateral mientras en el altar mayor se decía una misa que muy pocos seguían). Es como el maná, que da fuerzas para ese día, pero conviene repetirlo al siguiente.

            El evangelio de Juan nos hace caer en la cuenta de que la eucaristía no solo da fuerzas para un día o un mes. Garantiza la vida eterna. Se comprende que Jesús interrumpa su discurso para hablar de la fe y de la acción del Padre.

Una anécdota

Cuenta san Ignacio de Loyola en su Autobiografía (§ 96) que «estando un día, algunas millas antes de llegar a Roma, en una iglesia, y haciendo oración, sintió tal mutación en su alma y vio tan claramente que Dios Padre le ponía con Cristo, su Hijo, que no tendría ánimo para dudar de esto, sino que Dios Padre le ponía con su Hijo». Una experiencia que encaja perfectamente con el evangelio de hoy y nos invita a pedir lo mismo.

La vida eterna en la vida diaria (2ª lectura: Efesios 4,30-5,2)

            Se cuenta en el libro del Éxodo que, en la noche de Pascua, los israelitas mojaron con la sangre del cordero el dintel y las dos jambas de la puerta de la casa para que el ángel del Señor, al castigar a los egipcios, pasase de largo ante las casas de los israelitas. Esta costumbre se remonta a los pastores, que al comienzo de la primavera sacrificaban un cordero y untaban con su sangre los palos de la tienda para preservar al ganado de los malos espíritus y garantizar una feliz trashumancia.

            El autor de la carta a los Efesios recoge la imagen y la aplica al Espíritu Santo, que nos ha marcado con su sello para distinguirnos el día final de la liberación. Y añade una serie de consejos para vivir esa unidad en la que ha insistido en las lecturas de los domingos anteriores. Sirven para un buen examen de conciencia y para ver cómo podemos vivir, ya aquí en la tierra, la vida eterna del cielo.

Hermanos No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, que os ha marcado con su sello para distinguiros el día de la liberación. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor, como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.

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Domingo XIX del Tiempo Ordinario. 12 de agosto de 2018

domingo, 12 de agosto de 2018
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“No critiquéis. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre, que me ha enviado”

(Jn 6,41-51)

Podemos comenzar transformando en positivo este versículo: “Bendecid. Solo puede venir a mí quien es atraído por el Padre”.

El seguimiento de Jesús no tiene su origen en nosotras, la iniciativa primera es de Dios. Es Dios quien atrae, quien despierta la sed, quien suscita el deseo… Nuestra parte está en ese ir a Jesús, acercarnos y seguirle, escucharle y dejarnos hacer por Él.

Los judíos que le escuchaban le criticaban porque creían saber quién era, de dónde venía, quiénes eran sus padres… Pero parece que Jesús les pide que vayan más allá, que traspasen ese muro de creer saberlo todo… y se dejen acariciar por el regalo de la novedad de su amor.

Juan, en esta parte del Evangelio, nos propone recordar a los israelitas que, al poco de huir de Egipto, en Éxodo 16, se quejan a Moisés y a Aarón por no tener qué comer.

También se nos invita hoy a mirar nuestras críticas y nuestras murmuraciones. En la Iglesia nos es muy fácil criticar a otras personas que no siguen a Cristo como nosotras, que oran de diferentes maneras, que tienen otros compromisos y otra forma de expresar su fe… Ojalá, cuando lo hagamos, escuchemos a Jesús diciéndonos: todas las personas que vienen a mí han sido atraídas por el Padre. Quizás comencemos a sentirnos realmente hermanadas, nos alegremos al descubrir la riqueza de las seguidoras de Cristo…

Cuando era adolescente, discutía mucho con mi hermano y luego iba quejándome a nuestra madre. Ella intentaba calmarme y me decía: “Pero, ¿por qué discutís tanto? ¡Si en el fondo sois los dos iguales!”. No le entendía nada. Luego me he dado cuenta “de mayor” que nos pasa lo mismo… Nos molesta y criticamos a las demás personas pero, en el fondo (nos guste o no), nos parecemos muchísimo… Hemos sido creadas a imagen y semejanza de Dios, ¿no?

Oración

Gracias, Trinidad Santa, por atraernos hacia Ti.

 

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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En la “carne”, en Jesús, debemos descubrir lo divino.

domingo, 12 de agosto de 2018
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050319090901Jn 6, 41-52

Seguimos en el c. 6 del evangelio de Jn. Aumenta la tensión entre los judíos y Jesús. A medida que Jesús va profundizando en la enseñanza y ellos creen entender lo que quiere decir, se hace más insoportable su mensaje. La propuesta sigue siendo la misma, pero va apareciendo la enorme diferencia que existe entre lo que ellos han aprendido de los rabinos y lo que Jesús les quiere trasmitir. Recordemos que el balance final no puede ser más desolador; de los cinco mil quedaron doce, y uno es Judas.

Lo criticaban porque había dicho: yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Bajar del cielo es una de las claves para comprender a Jesús en este evangelio. Siguen las alusiones al AT. “Criticaban” es el mismo verbo que la versión de los LXX utiliza para hablar de las murmuraciones en el desierto. Los israelitas murmuraron contra Moisés en el desierto por no darles de comer como comían en Egipto. Les recuerda que el pueblo estuvo contra Moisés en los momentos difíciles. Aquellos no confiaron en Moisés y estos no confían en él.

¿No es este el hijo de José? En los sinópticos, hacen el mismo comentario los vecinos de su pueblo. El mayor obstáculo para acercarse a Jesús, es conocerlo demasiado. Para su mentalidad, que no superaba la idea del dios antropomórfico, la lógica es aplastante. Si es hijo de José y de María, no puede ser hijo de Dios. Hoy apreciamos el ridículo que supone contraponer la paternidad de Dios y la de José. Son realidades de naturaleza distinta. Hemos caído en la trampa al revés: Jesús no puede ser hijo de José, porque es hijo de Dios.

Nadie viene a mí si el Padre no lo atrae. Más de 90 veces hace Juan referencia al Padre, Pero lo entendemos mal. Nuestro concepto de padre tenemos que cambiarlo por el de principio, origen, fundamento, germen, comienzo, razón de ser, realidad última. La última realidad no se puede expresar con palabras ni con imágenes, por eso encontramos en los evangelios tantas aparentes contradicciones. El mismo Jesús dice en otro lugar: “Nadie va al Padre si no es por mí”. Para llegar a la Verdad, tenemos que ir más allá de los contrarios.

Y yo lo resucitaré el último día. Debemos tener mucho cuidado con esta frase. Lo que normalmente hemos entendido por resurrección, no sirve para descubrir el sentido. Es una manera de decir que está tratando de una Vida, a la que no afecta la muerte. “Hemos pasado de la muerte a la vida, lo sabemos porque amamos a los hermanos”. La Vida definitiva tiene que tener un alimento también trascendente. Ese alimento tiene el mismo origen que tiene esa Vida: Dios. “El último día” esa Vida permanecerá idéntica a hoy.

Serán todos discípulos de Dios. También Jesús es discípulo, el mejor; por eso puede ser a la vez maestro. Ir a Jesús, ir al Padre, es conocerlos, no por vía racional, sino por vía vivencial. La fe es actitud vital y no asentimiento a verdades teóricas. “Esta es la salvación, que te conozcan a ti, único Dios verdadero y a tu enviado, Jesucristo”. Solo la persona que ha tenido experiencia de Dios, puede comprender lo que otra diga de Él. Ellos estaban incapacitados para comprender a un Dios que está al servicio del hombre. Para ellos, Dios es el Soberano, el Señor. La única relación que cabe con Él es un servilismo de toma y da acá.

Vuestros padres comieron el maná en el desierto, pero murieron. Una nueva referencia al maná para dejar bien clara la diferencia. El maná alimenta el cuerpo que tiene que morir. Jesús, como pan de Vida, alimenta el espíritu con una Vida a la que no afecta la muerte. Esa es la diferen­cia. La expresión «pan de Vida» no se encuentra en ninguna otra parte de la Biblia; eso indica la originalidad de la doctrina de Juan. La VIDA, con mayúsculas, es el tema fundamental de todo el evangelio de Juan. Se trata de la misma Vida de Dios. Más adelante nos dirá: “El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre”. No se trata de vida material ni algo parecido pero espiritual. Se trata de la VIDA que es el mismo Dios.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que come de este pan vivirá para siempre. Jesús es el alimento de la verdadera Vida. Este es el mensaje de Juan. Dios lo es todo para Jesús, y lo tiene que seguir siendo para todo cristiano. Jesús no puede suplantar en ningún momento a Dios. En este capítulo, más de quince veces se hace referencia a Dios, para dejar claro que el verdadero protagonista es Él, no Jesús. Es verdad que, con el tiempo, los cristianos terminaron predicando a Cristo, pero era solo una manera de comunicar su mensaje. Ya en las primeras comunidades se pasó del Jesús que predica, al Cristo predicado. En el evangelio de Juan se ha dado ya claramente este paso.

El pan que yo os daré es mi carne para la vida del mundo. No pueden comprender que su Dios se pueda manifestar en la carne. Recordemos que “carne”, para los judíos, era el mismo ser humano pero en su aspecto más bajo; lo que le hacía limitado y contingente; aquello por lo que le venían todos sus “males”: dolor, enfermedad, muerte… Es tal vez la afirmación más rotunda sobre la encarnación en todo el NT. Para ellos, Dios era lo contrario de cualquier limitación. Para ellos un Dios-carne, un Dios ‘limitado’ es inaceptable. Jesús quiere hacerles ver que el Espíritu se manifiesta siempre en la carne. No puede haber don del Espíritu donde no hay carne. El significado de esta afirmación hay que entenderlo bien.

La grandeza de la carne consiste en que está informada y trasformada por el Espíritu, sin dejar de ser carne. Desde ahora, solo se puede encontrar a Dios en la realidad concreta y en el Hombre. Esa transformación es la que está manifestando el evangelio de Juan desde el principio. Pensemos en el diálogo con Nicodemo: “Hay que nacer de nuevo”. “Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es Espíritu”. La carne es neutral; puede ser la base de lo más bajo y de lo más sublime; depende de cada uno. Nuestro gran error consiste en seguir pensando que, para acercarse a Dios, hay que alejarse de la carne.

Lo que no aguantaron aquellos judíos, seguimos sin aceptarlo nosotros. Un Dios involucrado en la carne sigue siendo inaceptable. Por eso hemos descarnado la persona misma de Jesús. La carne sigue siendo para nosotros perversa. La Escritura dice que el Verbo se hizo carne, pero nosotros nos empeñamos en decir que la carne (Jesús) se hizo Dios. El Dios identificado con la carne (con toda carne) no interesa a los dirigentes, porque hace imposible la manipulación de los intermediarios. Pero es inaceptable también para los cristianos de a pie, porque nos impide la relación intimista que no pasa por el encuentro con los demás.

Hemos convertido la misma eucaristía en cosa sagrada en sí, olvidándonos de que es, sobre todo, sacramento (signo) del amor y de la entrega a los otros. El fin de la eucaristía no es el consagrar un trozo de pan y un poco de vino sino hacer sagrado (consagrar) a todo ser humano, identificándolo con Dios mismo y haciéndole objeto de nuestro servicio y adoración. Cada vez que nos arrodillamos ante Dios, estamos creando un ídolo. Dios no es objetivable. Cuando me arrodillo estoy poniendo a Dios de rodillas ante mi falso yo, que intento potenciar. Seguimos empeñados en que en la eucaristía, el pan se convierte en Jesús, pero el evangelio dice que Jesús se convierte en pan. No tengo que adorar a Jesús, convertido en pan sino convertirme yo en pan, como él, para que todos me coman.

Meditación

La vida biológica no tiene más remedio que acabar.
Si hago mía la misma Vida de Jesús,
ya estoy en la eternidad, aquí y ahora,
porque he entrado a formar parte de la Vida de Dios.
Cuanto antes deje de identificarme con mi yo,
antes alcanzaré la plenitud de ser en una Vida definitiva.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Vida que debe ser comunicada.

domingo, 12 de agosto de 2018
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juan-6-41-51-2“Igual que una flor bella y de brillante color, y asimismo rebosante de perfume, son de fructíferas las buenas palabras de quien las pone en práctica” (El Dhammapada)

12 de agosto. Domingo XIX del TO

Jn 6, 41-51

Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma de este pan vivirá para siempre

La vida no ha sido creada para nacer, crecer y morir prisionera en la celda de sí misma. Entonces muere como un aborto sin sentido de la Naturaleza. La vida es amor que nace, expansión que crece, luz permanente y libremente viva, que ilumina los confines de todos los extremos de la Tierra.

En sus anotaciones al comentario del evangelio de Juan, dice Schökel: “Comiendo la carne gloriosa de Jesús, pan de vida, el creyente recibe con sobreabundancia la vida divina. Esta comunicación de vida participada acontece en un contexto de misión. No se trata de una vida que se confina, sino que debe comunicarse a los demás”.

El pintor Claude Monet (1840-1926), al igual que toda la generación de los impresionistas, fue el pintor de las fiestas alegres, del alborozo popular. Con él, el arte se apodera de la calle, de la vida. La calle Montorgueil. Fiesta del 30 de junio de 1878 es un óleo sobre lienzo (Museo de Orsay, Paris). El cuadro irradia una energía y una vitalidad extraordinarias. Las banderas, como una materia viva, formando líneas oblicuas, ocupan la parte esencial del espacio, creando una especie de desfile donde se precipita la multitud. Este lienzo transmite toda la fuerza de la felicidad en su pleno apogeo.

Jesús nos oferta un bodegón de sabrosa comida para que la comamos y ofertemos a los demás participar en el banquete, como La Rue Montorgueil de París era fiesta para todo el pueblo. El lienzo de sus palabras –“quien coma de este pan vivirá para siempre”- transmiten vitalidad y fuerza, garantiza a todos felicidad, salud y vida eterna.

Oración de súplica: Dame, Señor, pinceles que pinten mil colores y sensibilidad artística suficiente que me permitan llenar de lienzos los museos, y colgar de las farolas de las calles del mundo mis cuadros, con escenas de vida plena que alimente almas. Y suplico también que se abran infinitamente las compuertas del cielo para que el agua de las nubes inunden mis sentimientos y los de cuantos me conocen.

Uno de los protagonistas de la película Ventanas abiertas (2014), dirigida por Nacho Vigalondo, dice: Tengo que dirigir en el teatro / el alegre ballet de mis ideas / pues quiero que las bailen también / músicos y poetas”. Y otro comenta: “También aquí las ventanas se abren de par en par para que la vida vivida en su interior se transmita a la vida de todos”. Quiero que las de mi corazón y mente jamás se cierren al corazón y mente de los otros.

Anselm Grün (1945), monje alemán benedictino, escribió en Atrévete a ser nuevo: “La persona que no se arriesga a ser ella misma, que se endurece como el faraón o que se deja mandar por capataces, como hacían los israelitas, y se transforma en una caricatura de la figura humana”. Riesgo que habitualmente corren quienes se cierran a cal y canto sobre sí.

El Dhammapada, una compilación de las enseñanzas de Buda, nos habla igualmente de lo positivo que es expandir la belleza, el olor y el perfume de nuestro buen comportamiento: “Igual que una flor bella y de brillante color, y asimismo rebosante de perfume, son de fructíferas las buenas palabras de quien las pone en práctica”.

¿Y acaso no fue ésta la oferta que, según Jn 6, 51, nos hizo Jesús cuando dijo: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien coma de este pan vivirá para siempre”?

Lo importante es no pasarse la vida en la sala de espera, y pedirle a Dios que nos habrá la sala de consultas para poder comunicarnos, con Él y con los demás, la vida.

EL CIERVO

Como el ciervo sediento busca el agua…, canta el salmo.

Y la Esposa, en San Juan de la Cruz, dice al Esposo:
“Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido”. 

Así te busco yo, mi Dios, y no te encuentro;
mi cita contigono ha sido concertada todavía.
¿Por qué no abres consulta y me das hora? 

¡Toda una vida en la sala de espera! 

Al fin me cercioré
que sólo había sala de clientes. 

……………………….

Expuse el caso a las restantes criaturas,
y a coro unas, y otras a capella,
entonaron el Himno de la Duda. 

(NATURALIA.
Los sueños de las criaturas.
Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Tú eres el pan de vida.

domingo, 12 de agosto de 2018
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eucaristia0(Jn 6,41-52)

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”.

A oídos de los contemporáneos de Jesús, esta expresión debía sonar radical y contundente. Para un judío el “pan del cielo” evocaba, sin duda, la dura experiencia de huida y éxodo del pueblo por el desierto después de haber sido esclavos en Egipto (Ex 16,1ss). En aquellos largos años, como le sucedió también a Elías (1Re 19,4-8), el pueblo fue alimentado por un pan que bajó del cielo y apareció como don para que pudieran recobrar las fuerzas y no morir.

En ambas experiencias la situación era similar: la de haber llegado hasta la extenuación, hasta ese pequeño hilo que separa la vida de la muerte. Seguramente sólo quien lo experimenta puede saber lo que, en esas circunstancias, supone un trozo de pan. Un pequeño elemento que devuelve la vida, que repara las fuerzas y sosiega el desánimo, que recupera la esperanza perdida y alimenta la capacidad para seguir caminando. Para Elías supuso la posibilidad de caminar cuarenta días y cuarenta noches… para el pueblo huido de Egipto, cuarenta años. Toda una vida.

Pero Jesús dice que su pan es aún mucho más que eso. “Vuestros antepasados comieron el maná en el desierto y, sin embargo, murieron”. “El que coma de este pan vivirá para siempre”. Jesús se ofrece como pan de vida eterna, como el alimento que sobrepasa todo lo imaginado y esperado.

El pan es signo de vida. Lo es también de mesa compartida, de solidaridad entre quienes lo dividen, de conversación, de comunión, de trabajo, proceso y esfuerzo. El pan se come a diario y aunque todos lo valoramos, lo aprecia mejor quien deja en él su sudor y dedicación.

Jesús, al hacerse pan, acoge todo esto en sí y se nos da como alimento que no sólo repara las fuerzas sino que redime y salva. Porque en su pan hallamos mucho más: vida entregada hasta el extremo, amor infinito que humaniza y hermana, que nos acerca a Dios y nos aproxima al otro, que nos ofrece camino y dirección, sentido y alegría.

Al saber que los judíos le criticaban por haber dicho esto -como murmuró el pueblo en el desierto contra Moisés y Aarón y contra el mismo Dios (Nm 14,2.28; Ex 16,8)- Jesús les exhorta: “no critiquéis, no murmuréis entre vosotros”. Así como Israel comió el maná y se alimentó mediante la adhesión a la Ley, ahora Jesús convoca a aceptar la nueva revelación de Dios en Él, en su amor entregado, en el cuerpo partido y repartido del Hijo amado.

Una interpelación que hoy nos llega a nosotros: “no critiquéis, no desconfiéis, no os alejéis de mi propuesta de vida. Yo me hago pan para daros vida eterna. Acogedme, comedme y sed uno en mí. Haceos vosotros también pan, descended y sed alimento los unos para los otros”.

Celebrando un día más la Eucaristía, suplicamos que todo esto se realice en nosotros, haciéndonos eco del bello poema de Pedro Casaldáliga, cmf:

Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida.

El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.

Inma Eibe, ccv

Fuente Fe Adulta

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Elías postmoderno

domingo, 12 de agosto de 2018
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7e0875a9-4ad8-4a75-bc9b-2608b2132be5Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. PAN DE VIDA
Continuamos hoy escuchando el capítulo 6º de san Juan que desarrolla la cristología del PAN de VIDA. YO SOY EL PAN DE VIDA.

02. ELÍAS: UN HOMBRE POSTMODERNO
Hoy hemos asistido en la primera lectura a un momento en el que Elías huye de la reina Jezabel que ha jurado matarlo. Elías desaparece de escena y se va al desierto. Elías se cansa ya de vivir y se desea la muerte: no valgo más que mis mayores.

Dios le dice: Levántate, come que el camino es superior a tus fuerzas.

Cansancios y canseras hay muchos en la vida y de muchos tipos: postraciones, abatimientos y desánimos hay mil en la vida. Hay que tener coraje: audacia para levantarse, comer y seguir el camino que es superior a nuestras fuerzas.

En el fondo la llamada depresión es un cansancio existencial que en castellano podemos denominamos cansera: ya no quiero, no vale la pena vivir más. Personalmente, como sociedad-política, como iglesia podemos llegar a momentos en los que sentimos harto cansados, siempre igual y no cambia nada…

03. ALIMENTARSE DEL PAN DE VIDA: LEVÁNTATE Y COME.
496dc431-4fa3-4376-ae04-914be3906f35Levantarse y comer no son cuestiones meramente físicas, sino más bien personales: levantarnos de nuestros cansancios, cuando no caídas en la vida, comer del pan que alimenta el cuerpo, pero sobre todo, el alma y ponernos de nuevo en camino.

La salud, la creatividad, el tono vital no son cuestiones meramente físicas, ni tan siquiera médicas. La alimentación, la medicina, la higiene, la psicología son cuestiones importantes, pero no son la “varita mágica”.

Hay que alimentarse de pan de vida. Esto significa alimentarse de valores, de cultura, de criterios sanos.

Hay panes que sedan o distraen el hambre de la existencia, pero no alimentan.

04. CRISTO ES EL PAN DE VIDA.

Cristo pudo haber dicho que la vida y la felicidad radicaba en otras cuestiones:

o cuantas más pagas extraordinarias tengáis tendréis más vida, sin embargo proclamó la pobreza cuando fuente de felicidad.

o cuanto más poder económico, político o eclesiástico tengáis, viviréis más, sin embargo proclamó el servicio y rechazó el poder.

o Cuantos más tanques y misiles tengáis, mejor; sin embargo, JesuCristo proclamó la paz como fuente de felicidad y de vida.

o Cuantos más ritos religiosos hagáis y mejor cumpláis las leyes de la Iglesia, tendréis más salvación.

El pasado domingo, 5 de agosto decía el papa Francisco en el ángelus:

Es una tentación común reducir la religión sólo a la práctica de las leyes.

En esas cuestiones aludidas no está la vida.

Cristo se presenta como PAN DE VIDA.

05 ESTE ES EL HIJO DEL CARPINTERO. ELEVARSE POR ENCIMA DE LOS SÍMBOLOS.

Jesús es la clave y el escándalo. Se presenta como pan de vida que baja del cielo, se presenta como hijo de Dios, que habla de lo que Dios le ha dicho. Pero para los ojos de la mayor parte de sus contemporáneos, como para nuestros contemporáneos, Jesús es el hijo de la señora María, del carpintero que “ya sabemos quiénes son”…

Esta es una de las diferencias ente el cristianismo y otro tipo de concepciones religiosas. El cristianismo es profundamente materialista: efectivamente Dios está en Jesús, en la humanidad de Jesús: el Verbo se hizo carne.

Las personas religiosas no pueden comprender que un hombre sea expresión de Dios porque les va mejor un “Dios lejano, etéreo, que no toque la vida concreta”.

El ser humano es quien va siempre un paso más allá de la realidad. La realidad es un símbolo que hemos de transcender.

Del texto de hoy podemos sacar una conclusión: la razón no es la medida de la realidad. Si miramos las cosas, las personas, los problemas únicamente -únicamente- desde la razón, no llegaremos al ser de la vida. Decía Pascal que la fe tiene razones que la razón no conoce. Hay que ser razonables en la vida, pero hay muchas dimensiones que están un paso más allá de la razón:

o Por vía racional no llegaremos de la creación a Dios. Habrá que activar otros mecanismos como son la poética y la fe.

o El perdón no es fruto de la razón. El perdón será fruto del amor.

o Escuchando la pasión de San Mateo de Bach o una melodía podemos “tocar” la belleza, la redención, el amor, llegar a Dios pero no por vía racional, sino por la emoción estética, muy diversa de la racional.

o Jesús fue un hombre. Nunca llegaremos por vía racional a afirmar que el hijo del carpintero es hijo, expresión de Dios.

o El celibato es irracional, lo cual no significa que no sea valioso que algunas personas, renuncien elegante y espiritualmente a una dimensión de su vida por el ideal del reino de los cielos.

o La esperanza no es lo más mínimo demostrable por vía racional; sin embargo nos es absolutamente necesaria para vivir.

La crisis de la modernidad radica en pensar que únicamente es verdad lo demostrable y verificable. Lo que no puedo demostrar no existe, ni es.

Recuperemos el mundo del símbolo, de la transcendencia, del relato, de la poesía, de la delicadeza, de la teología narrativa.

La realidad, el ser, es más amplio que lo que yo sé o puedo conocer.

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Dudas, de un par de legos, acerca de la misa

lunes, 30 de julio de 2018
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En esta fotografía proporcionada por el periódico del Vaticano L'Osservatore Romano, el papa Francisco celebra su primera misa como pontífice con los cardenales, en la Capilla Sixtina del Vaticano, el jueves 14 de marzo de 2013. (Foto AP/L'Osservatore Romano, ho)Juan de Burgos Román
Madrid.

ECLESALIA, 02/07/18.- Querido Oibas: Espero que sepas perdonarme por venir a importunarte; te cuento:

Tengo un amigo, llamado Ubaldo, que es hombre inquieto, de no muchos estudios y con notoria inteligencia natural. Él cree que yo sé más de lo que yo sé y me acribilla a preguntas; la mayoría de las veces no atino a darle respuesta certera, como me pasa ahora. Y es que, en casi todo, soy yo tan lego como lo es él. Y ocurre además que, en los asuntos que a Dios se refieren, ambos tenemos una visión pueril, casi la de nuestra infancia. Así que vengo aquí esperanzado en que tú me eches una mano en esto de aclararle las cosas a Ubaldo y, de paso, también a mí.

El otro día me vino Ubaldo con que había leído que, no hace mucho, un obispo excomulgó a un matrimonio, pues en su casa se decían misas sin cura (simulacros de misas, creo que las llamaba el obispo en su alegato excomulgatorio). Ubaldo se interesó vivamente por aquel asunto y, en respuesta, me lanzó un cúmulo de dudas, preguntas y comentarios. Te los resumo:

A los comienzos, Ubaldo estaba dominado por la idea de que los curas tienen mucho poder; bueno, después de hablar un rato los dos, resultó que en lo del poder de los curas había tres componentes: el poder que ellos realmente tienen, el que creen tener y él que nosotros creemos que tienen; a los dos últimos los daba él por seguros, del primero dudaba un tanto. Y es que, se preguntaba, ¿tan importantes son los curas que el propio Jesús no puede personarse, en la misa, si no es invocado por un cura? y, aún más, ¿cómo es que Jesús se ve obligado a bajar de inmediato cada vez que un cura se lo demanda? (con la pertinente formula litúrgica, por supuesto). Alguien nos dijo que en esto las cosas funcionar de acuerdo con lo que en latín llaman ex opere operato (aplicado a los sacramentos, significa que son eficaces por sí mismos, que sus efectos no dependen ni de quienes los administran ni de quienes los reciben); nos quedamos aturdidos, confusos con aquel automatismo, pues nos parecía, y sabrás perdonar la forma chanflona de expresarme, como si estuviéramos hablando de una máquina tragaperras, de la que, al meter la moneda, sale automáticamente la chocolatina. Era evidente que algo importante se nos estaba escapando, que todo eran dudas y conflictos con la ortodoxia eclesiástica.

En otro momento, me dijo Ubaldo que en eso del personarse Jesús estaba él un tanto confuso, pues si, como es bien sabido, Dios está en toda partes, Ubaldo opinaba que allí, en la misa, también había de estar, y ello desde el principio, sin necesidad de que se le invocase. Entonces Ubaldo dio en suponer que, quizá, para poder salir del atolladero en el que se estaba metiendo, habría que distinguir entre: que Dios estuviera presente entre nosotros, que de seguro lo estaba, y que nosotros lo percibiéramos; y me decía Ubaldo que de nada nos ha de valer lo primero sin lo segundo y que, por ello, habíamos de ir tras de esto último, es decir, del ir en pos de percibir la indudable presencia de Jesús.

Reincidiendo en lo de la presencia de Jesús en la misa, decía Ubaldo que, si antes de la lectura del Evangelio el cura dice “El Señor esté con vosotros” (alguno dicen está, en vez de esté, que parece más acertado), resulta entonces que lo de que el Señor ya está por allí es cosa admitida, por lo que cabe imaginarse, decía Ubaldo, con humor irreverente, que “el Jesús que llega con la consagración quizá sea otro Jesús, uno distinto del que ya estaba”. Dijo también Ubaldo que lo que no le parecía de recibo era lo que le tenía oído a un cierto clérigo, que venía a ser algo así como que Jesús está: a los comienzos de un modo difuso, tenue, liviano y luego, tras la plegaria eucarísticas, más vigoroso, como concentrado, con perdón.

Ubaldo tampoco entendía que, sabiendo lo mucho que Jesús nos amaba, como era posible que no accediera a hacerse presente entre los asistentes a la misa hasta no ser llamado ritualmente por un cura. Así que no le cabía a él en la cabeza como era que la Iglesia hubiera establecido que los curas tienen ese poder y que, además, son los únicos que lo tienen; y, entonces, vinimos los dos a pensar que la cosa había de tener su origen en aquello de “lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos” (Mateo 16,19) y a que la Iglesia había hecho un uso inmoderado de ello. Ubaldo dijo entonces que, de seguro, Jesús se había pillado los dedos con aquella promesa, pues le estaba trayendo muy malas consecuencias, salvo, dijo, que la tal promesa hubiera sido mal entendida, que todo era posible y añadió irónicamente: bueno, todo no, que parece que la Iglesia no puede equivocarse (otra promesa, parece). Así que algo importante se nos escapaba también ahora.

Aunque de distinto carácter, Ubaldo también me hizo la siguiente reflexión acerca de la misa: él estimaba que en poco se parecen nuestras misas a lo que debió ser la Última Cena, que en las misas hay rito, ceremonia preestablecida, liturgia, orden, seriedad, recogimiento, respeto y veneración hacia un personaje muy importante, Jesucristo Rey del Universo y, sin embargo, aquella cena debió ser un acontecimiento franco en el que primó la espontaneidad, los abrazos cálidos entre amigos, la camaradería y la atenta escucha al maestro-amigo Jesús de Nazaret ¿Y dicen, decía Ubaldo, que las misas reproducen la Cena del Señor? ¿Qué reproducir, copiar, imitar, calcar, repetir, duplicar es ese?, ¿Con que criterio se puede detectar?

En estas estamos Ubaldo y yo, amigo Oibas, llenos de dudas, incertidumbres, titubeos. Así que, animado por tu buena disposición para conmigo, te pido que te animes a darme respuestas apropiadas a las dudas de Ubaldo y que, aunque pudiera ser mucho pedirte, intentes hacerlo a la pata la llana, que no han de alimentarnos doctas explicaciones, que son difíciles de entender para nosotros. Espero que esto último no te sea muy trabajoso; recuerda aquello de: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños”, Lucas 10, 21

Con todo cariño, Juan.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre.

domingo, 3 de junio de 2018
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Mi cuerpo es comida

Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida,

El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.

*

Pedro Casaldáliga

***

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:

“¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?”

Él envió a dos discípulos, diciéndoles:

“Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?” Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.

Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:

– “Tomad, esto es mi cuerpo.”

Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo:

“Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.”

Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

*

Marcos 14,12-16.22-26

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Vivir la misa. La expresión se ha vuelto ya un lugar común. Pero nunca es suficiente: especialmente en un período como el nuestro, en el que cristianismo está sometido a un trabajo de esencialización, en el que se ve disminuida toda estructura y ayuda desde el exterior, se hace más urgente que nunca la insistencia en estas ideas «esenciales». Urge enseñar de qué modo concreto puede y debe ser introducida la eucaristía en la vida de cada día, de qué manera puede y debe convertirse verdaderamente en aquella luz que explica y da su significado a los acontecimientos humanos.

Quien no tiene nada para ofrecer-sufrir no puede «participar» en la eucaristía: Cristo sufre y se inmola; también nosotros debemos sufrir-inmolarnos con él. Y estos sentimientos de víctima constituyen el alma de la misa. ¿Cómo se puede aplicar a la vida esta doctrina? Con un método muy sencillo: a menudo nuestras ¡ornadas laborales están llenas de cruces: el frío, el calor, el cansancio; contratiempos, fracasos, incomprensiones; enfermedades, fastidios, soledades; desánimos, depresiones, angustias: todo esto constituye un material preciosísimo para ofrecer durante la misa, que -para decirlo con el Concilio de Trento asume valor en virtud de los dolores de Cristo; es ofrecido por Cristo al Padre y por amor a la pasión de Cristo es aceptado por el Padre. Saber aceptar la vida con paciencia es vivir el sacrificio de la misa.

Vivir la comunión. Se trata de otro axioma clásico que implica convertir en «mística» la unión sacramental durante la jornada laboral: ésta debe llegar a ser un continuo «permanecer en Cristo». De este modo se prolonga «místicamente» la comunión: debemos adquirir la costumbre de trabajar, hablar, pensar por-con-en Cristo; se trata de adquirir la costumbre de hacerlo todo bajo el influjo, lo más actual-continuo que sea posible, de Cristo.

Es menester que nos ejercitemos en preguntarnos con frecuencia: «¿Cómo se comportaría Cristo si estuviera en mi lugar?». Es preciso que adquiramos la costumbre de «conmesurarnos» con él.

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A. Dagnino,
La vida cristiana o el misterio pascual del Cristo místico,
Gnisello B. 19887, pp. 509-511; 534-539, passim).

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«Los tres mandatos de Jesús: ¿Somos anticristianos?», por José María Castillo.

miércoles, 25 de abril de 2018
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cena-del-corderoDe su blog Teología sin Censura:

El Evangelio no es igualitario, es preferencial, porque Jesús prefirió a los últimos.

El “jueves santo” de cada año, los cristianos recordamos (o tendríamos que recordar) los tres mandatos que Jesús nos dejó a quienes decimos – o pensamos – que creemos en Cristo y, por tanto, somos cristianos.

Primer mandato es el del lavatorio de los pies. Después de lavar, él mismo, los pies a los discípulos, les dijo: “Si yo…, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros” (Jn 13, 14). En la cultura del Imperio, la tarea de lavar los pies era una de las obligaciones a las que estaban sometidos los esclavos. El Evangelio expresa este deber mediante el verbo griego “opheilo”, que significa “estar obligado”, como bien explican quienes mejor han estudiado este término griego. Ya Jesús había dicho esto mismo, con otras palabras y en otro momento: “Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo” (Mt 10, 24).

Por tanto, el primer mandato de Jesús a los cristianos consiste en que vayamos por la vida comportándonos como esclavos de lo que necesitan los demás. Aunque se trate de quienes están por debajo de nosotros.

Segundo mandato es el de la eucaristía: “Haced lo mismo en memoria mía”. Palabras que Jesús pronunció dos veces, después de dar a los discípulos el pan, del que Jesús dijo que es su cuerpo; y después de darles el cáliz, “la nueva alianza en su sangre” (1 Cor 11, 24-25). Se explique como se explique este “recuerdo peligroso” (J. B. Metz), lo que podemos decir hoy con seguridad es que, para entender lo que Jesús quiso decir, no podemos depender ni del pensamiento de Platón (que predominó hasta el s. X), ni de lo que decía Aristóteles (a partir del s. XI). Nuestra fe no depende de cómo explicaban la realidad los sabios de la Antigüedad. Lo que sabemos por la fe en la eucaristía, es que, al comer el pan consagrado y al beber el cáliz, Jesús se hace presente en nuestra vida. Y, por tanto, nuestra vida tiene que reproducir lo que fue la “peligrosa existencia” de Jesús en este mundo. Tan peligrosa que, como sabemos, acabó como acabó.

Por tanto, el segundo mandato de Jesús, en jueves santo, nos viene a decir que “no nos refugiemos en la práctica sacramental”, para quedarnos ahí y sólo en eso, satisfechos y tranquilos en nuestra conciencia, porque somos cristianos “de comunión diaria” (o quizá semanal), que podemos entrar en la iglesia (o ir por la calle) con la cabeza alta. El día que comulgar – o simplemente ir a misa – represente un peligro real, ese día hacemos el “recuerdo” o la “memoria” de Jesús tan auténtica como peligrosa. Porque será una “memoria subversiva”.

Tercer mandato es el más radical y el más complicado. Porque es el más profundamente humano. El IV evangelio no recuerda la institución de la eucaristía en la cena de despedida. En su lugar, pone el “mandamiento nuevo”: “que os améis unos a otros, como yo os he amado… En esto conocerán que sois mis discípulos” (Jn 13, 14-15). ¿Por qué este mandamiento es “nuevo”? Antes que Juan, los tres evangelios sinópticos habían insistido en que el amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables. Aquí, Jesús da un paso más. Y ya, ni menciona a Dios. El mandato es: “que os améis unos a otros”. Porque, dado que Dios “se humanizó” (eso es lo que entraña la “encarnación”), “lo que hicisteis por uno de estos, a Mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40). Esta es la sentencia del “juicio final”.

¿Es España un país “cristiano”? Según la vigente Constitución no lo es (Art. 16, 3). Según el Evangelio y tal como están organizadas nuestras leyes y nuestra economía, el problema no está en que sea o no sea constitucionalmente “confesional”. Desde el punto de vista estrictamente religioso, es que España es un país “anti-cristiano”. Por lo que decretan nuestros gobernantes, por lo que aprueban nuestros electores y por lo que nos callamos y “tragamos” los demás. Con el silencio de nuestros obispos. Seguramente, con más cobardía que desvergüenza. Pero, a fin de cuentas, es lo que “tragamos”.

El Evangelio no es “igualitario” (como los Derechos Humanos). Es “preferencial”. Porque Jesús prefirió sobre todo a los últimos, los más pequeños, los más desgraciados. Justamente prefirió a todos aquellos que, en este país tan cristiano (y otros semejantes), se ven pisoteados, despreciados, maltratados. Y con una subida de pensiones, que se reduce a unos céntimos al mes. ¿Y no somos “anti-cristianos”? Lo estamos diciendo a gritos.

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Carta 5 _ Sábado Santo 2018. 31 marzo, 2018

sábado, 31 de marzo de 2018
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carta5

Aquí, 31 de marzo de 2018

¡Tachán! Llegamos a la última parte. Si no sabes qué elemento es el que falta será porque te has echado una buena siesta todo el día. Por cierto, ¿has comido? Estaba bueno el bocata, ¿eh? Con estos días de “ayuno” empieza a haber sinfonía en el estómago, jajaja.

Pues sí, ¡tierra a la vista! Y menuda alegría les daba a los marineros que llevaban meses en alta mar.

Ese es nuestro cuarto elemento, ¡la tierra! La tierra de la que formamos parte ya que somos barro (¿pero no éramos agua?, qué lío), de la que nos alimentamos, la tierra que nos permite estar erguidos, y la que nos acogerá el día de mañana. La bendita tierra que Dios nos ha dejado para que la cuidemos, la embellezcamos, la hagamos crecer,… Igual podemos esmerarnos más en esto, que la tierra es la casa común, pero… eso sería para otra carta.

La cuarta parte de la celebración de esta noche es la eucaristía. Es verdad que llamamos así a toda la celebración pero ahora me refiero a esa parte que transcurre en torno a la mesa del altar. Porque hay otra mesa, que no os lo he dicho antes, la de la Palabra, y ambas alimentan por igual, aunque por cuestiones de tradición le hayamos dado más preponderancia a este momento.

¡Uff!, se podrían contar un montón de cosas de esta cuarta parte de la celebración, pero me quedo solo con un par de aclaraciones que son importantes.

Hay un momento que no siempre le damos importancia y es ese en el que llevamos pan y vino a la mesa. Así, sin más, pan (o las formas que pretenden imitarlo) realizado por alguien a través de la manipulación del trigo, por manos humanas, y vino que procede de uvas y que, tratado se ha convertido en ese alegre líquido.

Bueno, los “regalitos” en sí no son para tirar cohetes, ¿no? Pero unos minutos después, volveremos a hacer esa misma procesión, y ahora ya no para dar sino para recibir, y ahí Dios, se pasa, sieeempre tan exagerado. No puede corresponder con un pan mejor o un vino aún más exquisito, no, lo ha transformado en el mismo cuerpo y en la misma sangre de Jesús.

En el ajo estás tú y Él, es decir, el ser humano y Dios. Porque es la suma de la colaboración humana más la fuerza del Espíritu quien transforma esos humildes objetos en Presencia.

Vale, ¿y ahora? La segunda cuestión: ¿lo vas a comer?, ¿lo vas a beber?, ¿te atreves?, ¿te comprometes? Porque ya no es solo que te dé fuerza, o entres en comunión con Dios, no, es más, eso es muy íntimo, a veces intimista, que no es bueno. Aquí lo chungo está en que te compromete con quien está a tu lado, o quien te espera en casa, o el lunes en el trabajo. No, perdona, no confundas, vivir esta parte de la celebración es hacerte tú cuerpo de Cristo, y eso requiere más fe, y más Espíritu. ¿Qué? , ¿te escaqueas?, ¿vas a comulgar por costumbre? No, piénsatelo, si te atreves a comer y a beber hoy… estarás diciendo Sí a ser cuerpo de Cristo. Y, si echas un vistazo al día de ayer, ya ves cómo le fue a Él, aunque sabemos que la cosa se solucionó, pero el trago fue durillo.

Hala, traga esta parte. Mira a la luz, inspira, bebe agua y… buena digestión.

Nos vemos esta noche, ven de blanco, ¿eh? Ahora ya conoces los ritos, vendrás, ¿no? ¿Sabes a qué? A celebrar la Vida.

¡Un abrazo enooooooooorme!

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Mi Cuerpo es Comida

jueves, 29 de marzo de 2018
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Mis manos, esas manos y Tus manos

hacemos este Gesto, compartida

la mesa y el destino, como hermanos.

Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,

iremos aprendiendo a ser la unida

Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.

Comiéndote sabremos ser comida,

EI vino de sus venas nos provoca.

El pan que ellos no tienen nos convoca

a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,

marchamos hacia el Reino haciendo Historia,

fraterna y subversiva Eucaristía.

*

Pedro Casaldáliga

(en su 90 cumpleaños)

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Jueves Santo: “Los amó hasta el extremo”

jueves, 29 de marzo de 2018
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(Robert Recker gay Passion of Christ)

Éxodo 12,1-8.11-14

Prescripciones sobre la cena pascual

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:

“Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido.

Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones.“”

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Salmo responsorial: 115

El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.

¿Como pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R.

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1Corintios 11,23-26

Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor

Hermanos:

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:

Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:

– “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.”

Lo mismo hizo con él cáliz, después de cenar, diciendo:

“Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.”

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

*

Juan 13,1-15

Los amó hasta el extremo

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:

“Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?”

Jesús le replicó:

“Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.”

Pedro le dijo:

“No me lavarás los pies jamás.

Jesús le contestó:

“Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.

Simón Pedro le dijo:

“Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.”

Jesús le dijo:

“Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.”

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: “No todos estáis limpios.

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

“¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.”

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Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (23 de marzo de 1978)

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Queridos hermanos:

Con esta ceremonia en honor de la institución de la Eucaristía se inicia lo que litúrgicamente se llama el Solemne Triduo Pascual. Tres días para celebrar el acontecimiento religioso cristiano más grande de la historia y naturalmente, del año litúrgico. San Agustín llamaba a este triduo: la fiesta de la Pasión, la muerte y la resurrección del Señor. Esta noche, pues, es como una síntesis, como un resumen de toda la Pascua que estamos celebrando. Para comprenderlo, las lecturas de hoy nos han colocado en una historia vieja de Israel que desemboca en Cristo Nuestro Señor y que El, Cristo, la encarga a su Iglesia para que la lleve hasta la consumación de los siglos.

He aquí tres pensamientos de esta noche santísima del jueves Santo: una historia de Israel.

Un Cristo que la encarna

Y una prolongación eucarística hasta la consumación de los siglos.

1 º UNA HISTORIA DE ISRAEL

La vieja historia nos la ha contado el libro del Exodo que se acaba de leer. Los judíos celebraban en esta luna llena del mes de Nisan, un mes hebreo que coincide con nuestro marzo-abril. “Este será el primer mes del año -les había dicho- celebraréis la Pascua”. La Pascua era la celebración de dos grandes ministerios del Viejo Testamento: la liberación de Egipto y la Alianza con el Señor. Pascua y Alianza. La Pascua era aquel momento en que los israelitas esclavizados por el Faraón en Egipto no podían salir hasta en la décima plaga terrible, que consistió en que todos los primogénitos de Egipto iban a morir esa noche. Y para que se libraran las familias hebreas Dios les dijo, por medio de Moisés, que mataran un cordero y que con su sangre marcaran los dinteles de las puertas porque esa noche iba a pasar el ángel. El paso del ángel, eso quiere decir la Pascua: el paso de Dios que para los egipcios va a ser castigo y para Israel va a ser liberación.

Y aquella noche, mientras los egipcios lloraban a sus primogénitos que morían, los israelitas marcados con la sangre del cordero, salían de la esclavitud todas las familias para atravesar el desierto y encaminarse hacia la tierra prometida. Todos los años celebraban algo así como nuestro 15 de septiembre, la fiesta de la emancipación, la fiesta de la libertad, la fiesta en que Dios pasó salvando a Israel. Y al mismo tiempo que hacían actualidad esta fiesta del pasado, recordaban que había una alianza entre Dios y aquel pueblo, por la cual Israel se comprometía a respetar la ley de Dios y Dios se comprometía a proteger de manera especial a ese pueblo. La Pascua y la Alianza encontraron eco en fiestas que ya se celebraban entre los pastores pero que a través de estas revelaciones y de estos signos, tenían ya un sentido de profecía. La Pascua y la Alianza iban a encontrar una personificación cuando el más grande de los judíos, el nacido de Abraham, de David, de la descendencia santa de Israel, va a celebrar la Pascua.

Esta noche, Cristo Nuestro Señor, como buen israelita, con su grupo de israelitas que eran los apóstoles formando una familia, mandaron también a matar su corderito para comerlo en la noche del jueves Santo como lo comían todas las familias de Israel, recordando la vieja historia de la liberación y de la Alianza. ¡Cómo bullían en la mente de Cristo tantos recuerdos de la historia sagrada, cómo se hacían presente en la vida del Señor esta noche de emociones profundas toda la historia de Israel! No ha habido un patriota con más cariño a su pueblo, y a su tierra, y a sus costumbres, que Nuestro Señor Jesucristo. Cuando queramos ser auténticos salvadoreños miremos a Cristo que fue el auténtico patriota que vio la historia de su pueblo, que sintió como suya y como presente la esclavitud de Egipto, y vivió con agradecimiento a Dios la libertad y la alianza entre Dios y el pueblo.

Todo eso había en el corazón de Cristo esta noche de tantos recuerdos. Pero que para El significaba un misterio especial.

2º. UN CRISTO QUE SE ENCARNA

Este es el segundo pensamiento de esta noche: Cristo encarna toda la historia de la salvación. Le habla dicho Cristo a la samaritana: “Y llega el tiempo en que ni en Jerusalén ni en este monte se ha de adorar a Dios porque Dios busca adoradores en espíritu y en verdad”. Habla dicho Cristo en estos días y había sido una de las acusaciones mas graves en el tribunal de esta noche ante el Sanedrín. “Ha dicho que va a destruir el templo y que lo va a reedificar en tres días”. Y el evangelio aclara: lo que había dicho es destruir este templo que era su cuerpo porque su cuerpo era el templo donde se daba cita la alianza, la victoria de Dios, la libertad del pueblo de Israel. El era templo, víctima, sacerdote, altar. El es todo para la redención. En Cristo Nuestro Señor se encarna toda la gratitud del pueblo israelita a su Dios que lo ha liberado. En Cristo Nuestro Señor se encarna toda la esperanza patriótica de Israel, toda la esperanza de los hombres. Cristo Nuestro Señor siente esta noche que El es el cordero que quita los pecados del mundo, que es su sangre la que va a marcar de libertad el corazón del hombre que quiera ser verdaderamente libre. El es el sacerdote que eleva ya desde esta noche, la adoración al Padre y trae del Padre el perdón, las bendiciones a su pueblo. Leer más…

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El cuerpo de Cristo, nuestro cuerpo

miércoles, 21 de marzo de 2018
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Al reunirnos para la eucaristía nos reunimos en el nombre de Jesús que nos convoca para recordar juntos su muerte y resurrección en la partición del pan. En ella Él está verdaderamente entre nosotros. ‘Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos‘. (Mateo 18,20).

La presencia de Jesús entre nosotros, y bajo las especies de pan y vino, son la misma presencia. Así como le reconocemos en la partición del pan, le reconocemos también en nuestros hermanos. Cuando nos damos el pan los unos a los otros diciendo ‘Este es el cuerpo de Cristo’. nos damos también los unos a los otros diciendo ‘Nosotros somos el cuerpo de Cristo’. Es uno y el mismo acto de dar, es uno y el mismo cuerpo y uno y el mismo Cristo. «

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Henri Nouwen

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«La Misa», por Gabriel Mª Otalora

miércoles, 21 de marzo de 2018
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4-synod-handover-e1519595304393Gabriel Mª Otalora

Bilbao (Vizcaya)

ECLESALIA, 26/02/18.- “Haced esto en memoria mía”, nos dijo Jesús, o lo que es lo mismo, recrear y no solo recordar, el signo de la presencia de Cristo desde el acto de compartir la vida en comunidad de acción de gracias, que esto significa “eucaristía”. Desde entonces, los cristianos hemos mantenido la celebración del día del amor fraterno que fue aquel Jueves Santo, recreando como digo la presencia amorosa de Dios que se derrama en nuestros corazones. Tras los ritos litúrgicos de la misa late el amor de Dios a la espera de nuestra capacidad de apertura y escucha. Por tanto, quien no ama no puede acceder a ese amor; al menos, debe mantener una actitud humilde de sincero cambio que llegará con la fuerza del Espíritu. La misa, pues, se vive desde el corazón dejándose interpelar por Dios con el ojo puesto en el hermano porque, en definitiva, todo amor en una forma de eucaristía.

Dicho lo anterior, nuestras misas languidecen y no son precisamente celebrativas, al menos en el Primer Mundo. En este contexto, creo que pasó desapercibido el Motu proprio del Papa Francisco Magnum Principium (de 3 de septiembre de 2017) con la que se modifica el canon 838 del Código de Derecho Canónico. La explicación de estas variaciones la ofrece el mismo documento pontificio.

La finalidad del cambio es definir mejor el papel de la Sede apostólica y de las conferencias de obispos, llamadas a trabajar dialogando entre ellas, respetando sus propias competencias, que son diferentes y complementarias, tanto para la traducción de los libros típicos latinos, como para eventuales adaptaciones de textos y ritos. Lo que el Papa pretende es modificar la liturgia desde abajo, dando carta blanca a las Conferencias Episcopales y a las Diócesis para que actualicen y hagan más vivas las celebraciones según las exigencias locales y al lenguaje moderno.

A partir de aquí, tampoco ha sido noticia relevante que el cardenal arzobispo de Wellington, Nueva Zelanda, ordenase un cambio creativo en la Misa siguiendo el contexto del Motu Proprio de Francisco al que me estoy refiriendo. El cardenal John Dew pidió a las iglesias que se desvíen del protocolo litúrgico de la lectura del Evangelio conducido por el clero, como está ordenado, con una lectura de la Lectio Divina del Evangelio del día realizada por un laico. Algo que es “completamente contrario” al documento de gobierno para todas las celebraciones de la Misa Católica; pero que él ha insistido en que lo hizo inspirado por el Papa Francisco:

“Esta iniciativa en clave de Lectio Divina es una manera en que la Archidiócesis está respondiendo a la súplica del Papa Francisco de hacer que las Sagradas Escrituras sean más conocidas y difundidas”. Él nos ha recordado que podemos tomar iniciativas creativas en nuestras parroquias para que podamos convertirnos en ‘vasijas vivientes para la transmisión de la palabra de Dios’”, dijo el cardenal.

¿Qué es lo más importante de todo esto, según lo veo yo? Que la cerrazón ante una norma litúrgica, da igual el resultado práctico, es contraria, como toda cerrazón, a la esencia del evangelio o Buena Noticia; porque hoy la Misa no es una buena noticia y quienes asisten al culto, tienen una media de edad por encima de los sesenta años.

Jesús encandilaba, atraía, arrastraba a las gentes, sobre todo a las más sencillas de corazón, a los pobres en su aceptación más primaria y a personas de otro nivel pero que abrieron su corazón a la escucha. De la misma manera que una fe sin obras es una fe muerta, una celebración de la Misa como la actual no puede verse como lo que realmente es: una “celebración” del amor cristiano que nos impele a cambiar el día a día empezando por cada uno de nosotros.

Mala noticia si es más importante la vasija que su contenido: odres nuevos para vinos nuevos… ¿nos suena?

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

 

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«Lo efímero y lo eterno», por Gerardo Villar.

miércoles, 7 de marzo de 2018
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indiceMe ha gustado. En un encuentro de espiritualidad nos hablaba Fidel Delgado sobre lo efímero y lo eterno. Y lo hacía –como suele hacerlo él tan magníficamente– con un muñeco a quien ponía y quitaba prendas. Lo efímero se puede quitar de nuestra vida. Es más, tarde o temprano se quita… ¡Con qué pocas cosas se puede vivir!

Pero eso lo aplico a todos los aspectos. Si quitamos todo lo que es efímero en la Iglesia y en nuestra fe cristiana, sacaríamos trenes llenos de creencias y prácticas que no son substanciales al Evangelio. Lo malo es cuando no distinguimos lo efímero y lo eterno. Y le damos categoría de esencial a lo que es accidental. Decía un profesor: “creo en Dios Padre, Hijo, Espíritu y poquísimas cosas más”. Luego hemos ido poniendo ropajes, adhesivos a nuestra fe, y llega un momento en que ya no sabemos distinguir lo que es esencial y lo que hemos añadido.

Veo que hoy hay muchas expresiones doctrinales, litúrgicas, morales que son fruto de los tiempos pasados y que no son consustanciales al evangelio. Buena labor podemos hacer, sobre todo si empezamos a hacer limpieza, como dice el papa Francisco, limpiando con los pobres y desde la periferia.

Hay una cosa muy tradicional y con mucha raigambre evangélica pero que tengo ganas de que recupere su esencia. Es la colecta en las misas. Me decía una persona de una tienda “vienen a pedirme calderilla para echar en los cestaños de misa”. ¿No es momento de recuperar esa costumbre…? pero que sea compartir de verdad: problemas, vida, preocupaciones, trabajos, alegrías, dinero… Aquel valor eterno de compartir se ha convertido en la costumbre de echar una limosnita.

Conozco a algunos sacerdotes que, después del ofertorio, se lavan las manos. Lo hacen como signo de purificación. Lo veo más como limpieza, después de recoger los frutos de todo tipo en el ofertorio para compartir con los pobres, porque se “habían manchado las manos”.

Después de misa, veo que hay personas que se quedan para dar gracias a Dios. Y pienso ¿pues qué han hecho en la Eucaristía sino acción de gracias? Es como después de un banquete, comerse una bolsa de pipas.

Rezamos el Señor mío Jesucristo y ahí decimos: “Dios y hombre verdadero, creador Padre y Redentor mío” ¿En qué quedamos…? Y mucho más cuando decimos “porque podéis castigarme con las penas del infierno”.

Descubrir lo eterno y lo efímero según Jesús. Aunque a veces nos quedemos un poco desnudos. Porque lo eterno es Jesús y el Amor: “Dios es Amor”; “Amar a los demás como a uno mismo”. Esta ropa sí que me sirve para lo eterno de mi yo.

Gerardo Villar

Fuente Adulta

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Cardenal Sarah: «Comulgar en la mano es un ataque diabólico a la Eucaristía»

miércoles, 28 de febrero de 2018
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Le-cardinal-Robert-Sarah-nouveau-prefet-Congregation-pour-culte-divin_0_730_333A uno que se le ha ido la olla…

El polémico purpurado cree que es «una falta de respeto al Santísimo»

«El ataque malvado más insidioso (…) sembrando errores y favoreciendo una forma inadecuada de recibirlo»

«¿Por qué esta actitud de falta de sumisión a los signos de Dios? Recibirlo de rodillas y en la lengua es mucho más adecuado para el sacramento mismo»

«Francisco desautoriza a Sarah y le pide «evitar malentendidos» sobre la reforma litúrgica «

(Jesús Bastante).- Es uno de los líderes de la oposición al Papa Francisco. Seguramente, el que atesora un mayor poder en la Curia, como máximo responsable de Liturgia. Ahora, el cardenal Robert Sarah da un paso más, y arremete contra aquellos católicos que, legítimamente, solicitan recibir la comunión en la mano: «Es un ataque diabólico a la Eucaristía», proclama.

Sarah, quien ya recibió dos amonestaciones públicas por parte de Francisco tras sugerir que los curas volvieran a celebrar la Eucaristía a espaldas del pueblo y por tildar la misa del Vaticano II, al menos en muchas de sus manifestaciones, de «profana y superficial», ha escrito un prefacio al libro de un sacerdote italiano, Federico Bortoli, titulado ‘La distribución de la comunión en la mano. Perfiles históricos, jurídicos y pastorales‘, en el que asegura que la forma de dar la Comunión en la mano es una «falta de respeto« al Santísimo.

«El ataque malvado más insidioso consiste en tratar de extinguir la fe en la Eucaristía sembrando errores y favoreciendo una forma inadecuada de recibirlo«, apunta Sarah, quien añade que «la guerra entre el arcángel Miguel y sus ángeles, por un lado, y Lucifer, por el otro, continúa hoy en los corazones de los fieles: el objetivo de Satanás es el sacrificio de la Misa y la presencia real de Jesús en la hostia consagrada».

Para el cardenal, es necesario que los fieles vuelvan a arrodillarse para recibir, en la boca, la Eucaristía. «¿Por qué esta actitud de falta de sumisión a los signos de Dios? Recibirlo de rodillas y en la lengua es mucho más adecuado para el sacramento mismo».

No es única ocasión en que Sarah ha criticado la forma de comulgar. Así, el pasado año, el Prefecto de Culto Divino advirtió contra la «devastación, destrucción y guerras» que ha provocado la misa vernácula en la Iglesia a nivel doctrinal, moral y disciplinario.

El Vaticano II, admitió Sarah, ha sido responsable de algunas «buenas iniciativas» en cuanto a la participación activa de los fieles en la misa y a su progreso en la vida cristiana. Sin embargo, denunció, «no podemos cerrar los ojos al desastre, la devastación y el cisma que los promotores modernos de una liturgia viviente causaron al remodelar la liturgia de la Iglesia de acuerdo con sus ideas».

«Muchos creen y declaran alto y fuerte que el Concilio Vaticano II ocasionó una verdadera primavera en la Iglesia», escribía Sarah. «Sin embargo, un número cada vez mayor de líderes eclesiales consideran esta «primavera» como un rechazo, un renuncio a su herencia milenaria, o incluso como un interrogatorio radical de su pasado y tradición». Y todo esto como consecuencia de la «tendencia sacrílega» en la Iglesia posconciliar «de reducir la sagrada misa a una simple comida social».

Fuente Religión Digital

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