De viaje por el (in)feliz mundo de Trump.
| Luis Carlos Pinzón
Un umbral muy oscuro se cierne sobre el mundo. Una manera de combatir la oscuridad es llamarla por su nombre, sin dejar de nombrar a los siniestros promotores de tanto dolor planetario. ¡Gracias, Sr. Luis Carlos Pinzón, por este y otros textos rotundos, sangrantes, luminosos!
Luis Carlos Pinzón
El mundo feliz que anticipó Donald Trump cuando ganó las elecciones de noviembre alcanzó para sus partidarios su culmen el pasado lunes, cuando el magnate asumió la presidencia de EE UU. Rodeado de “muy pocas personas ultrarricas” —en palabras del expresidente Biden—, el republicano inauguró esa supuesta “edad de oro” en la que se exacerbará la desigualdad: solo los más privilegiados gozarán de todas las delicias materiales que puede ofrecer la vida. La rentabilidad pasa a ser, en cierto modo, el único criterio para medir el valor de una idea: cada uno se salva a sí mismo, y la solidaridad, la igualdad y la justicia social dejan paso a la desconfianza entre los hombres. Los Estados pierden, también, peso frente a “una oligarquía con riqueza extrema, poder e influencia que literalmente amenaza toda nuestra democracia”, de nuevo en palabras de Biden, aunque bien pudieran haber sido pronunciadas por Carlos Marx.
Aquel mundo estuvo representado por las 600 personas que acompañaron a Trump en su investidura: Elon Musk, Mark Zuckerberg y Jeff Bezos, tres hombres cuya riqueza acumulada es mayor que el PIB de 130 países —y que con un clic deciden la información a la que accedemos—, que rodearon al nuevo presidente mientras anunciaba, a merced de sus impulsos, que el golfo de México pasaría a ser golfo de América. O que, en EE UU, los hombres serán hombres, y las mujeres, mujeres. En ese supuesto mundo feliz, un selecto grupo de milmillonarios —apenas 2.769 personas que tienen un patrimonio de 15,3 billones de dólares— decidirá con absoluta libertad —e impunidad— los destinos de la humanidad, sin las complicaciones propias de una democracia que se difumina.
Más allá de la explanada del Capitolio, lejos de los privilegios, está el resto. Excluidos de la toma de las decisiones, en el mundo (in)feliz, 3.500 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza. Trabajando sin descanso —como en el universo de Aldous Huxley—, se desenvuelven con lo justo, con estrés, sin derecho a la vivienda, a la alimentación, a la educación o a la salud.
En este boletín, cuya tarea es contarles las claves de la información internacional, vamos a transitar por ambos mundos para entender qué ha sucedido en nuestro planeta durante los últimos días. Salgamos de Washington, donde con razón se ha centrado la atención mediática, y demos una vuelta para intentar comprender una de las semanas más complejas que hemos vivido en esta generación.
América Latina y el Caribe. Donald Trump decretó la emergencia fronteriza y reactivó la construcción del muro con México. Un muro construido no solo de acero, sino de palabras soberbias: «Estados Unidos no necesita a Latinoamérica, ellos nos necesitan a nosotros«, aseguró el presidente en su primer día en el Despacho Oval. El republicano ha declarado una guerra contra los migrantes, ha reincorporado a Cuba a la lista de Estados patrocinadores del terrorismo —pese a las innumerables consecuencias que ello tiene, junto al bloqueo económico, sobre la población de la isla— y ha redoblado sus amenazas contra Panamá, con su intención de «retomar» el control del Canal. Un Trump imperial que posa la mirada sobre América Latina.
México. La presidenta Claudia Sheinbaum ha recordado a Trump que «México no es colonia de nadie«, y que EE UU sí los necesita. «¿Qué, a poco tendrían comida en la mesa los estadounidenses si no fuera por las mexicanas y los mexicanos?», afirmó la mandataria tras recordar que 7 de cada 10 trabajadores del campo en EE UU son de origen mexicano. A México, «tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos» -la frase del intelectual Nemesio García Naranjo que se suele atribuir al presidente mexicano Porfirio Díaz- le ha correspondido asumir la primera línea de defensa de los pueblos al sur del río Bravo. La jefa de Estado ha optado por responder con «la cabeza fría«, a la espera de las medidas que ha anunciado Washington. Entre ellas, la amenaza de imponer aranceles de 25% a las importaciones de sus vecinos.
Colombia. Estados Unidos es el mercado más grande para los vendedores de cocaína, con cerca de siete millones de consumidores. Este negocio ilícito alimenta el conflicto armado en Colombia, donde en apenas una semana los combates entre la guerrilla del ELN y las disidencias de las antiguas FARC ha causado al menos 60 muertos y 32.000 desplazados —en su mayoría campesinos e indígenas— en el Catatumbo, una región del nororiente que concentra la mayor cantidad de cultivos de hoja de coca en el mundo. El presidente Gustavo Petro ha anunciado el estado de conmoción interior, y ha calificado la situación como “uno de los hechos más dramáticos de la historia contemporánea”.
Europa. El Viejo Continente tuvo su representante en la explanada del Capitolio. La líder ultraderechista y primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, fue la única jefa de Gobierno de la Unión Europea presente en la toma de posesión de Trump. Como resalta nuestro corresponsal en Roma, Íñigo Domínguez, Meloni quiere ser la interlocutora de los Veintisiete con la Casa Blanca y con Elon Musk, quien ha intervenido públicamente a favor de la extrema derecha mundial, también presente en el evento. Estuvieron allí Santiago Abascal, Eric Zemmour, Javier Milei y la alemana Alice Weidel (líder de la AfD apoyada por Musk). Desde Budapest, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, se frota las manos pensando en cómo la llegada del magnate le permitirá a los ultraderechistas cumplir con el sueño de “ocupar Bruselas”.
Bruselas. Quien no estuvo presente en la investidura fue la presidenta de la Comisión Europea, la conservadora Ursula von der Leyen. Ni ella, ni los jefes de Estado de Alemania, Francia o España fueron invitados. Tampoco el primer ministro británico, Keir Starmer, objeto de fuertes críticas por parte de Musk en las últimas semanas. Desde Davos, Von der Leyen aseguró estar dispuesta a negociar con la nueva Administración estadounidense, sin renunciar a los principios europeos. Entre ellos, la integración comunitaria, énfasis con el que busca responder en bloque a las medidas que pueda adoptar Trump. Bruselas, además, ha subido sus apuestas frente al desafío de Musk, al ampliar la investigación contra X por la laxa moderación de sus contenidos.
España y Groenlandia. En el mundo feliz de Trump, España también forma parte del BRICS+, el bloque geopolítico del sur global al que esta semana se han sumado Bielorrusia, Bolivia, Kazajistán, Cuba, Malasia, Nigeria, Tailandia, Uganda y Uzbekistán. “España. ¿Sabes lo que es un país BRICS? Ya lo averiguarás”, soltaba el presidente de EE UU antes de amenazar con imponer a Madrid aranceles del 100%. España, sin embargo, no es parte del bloque, algo que el Gobierno de Pedro Sánchez tuvo que aclarar de inmediato, al tiempo que resaltaba que Europa ve a Estados Unidos como “un aliado natural”. Al otro lado del Atlántico, la lectura es distinta: Trump reitera su sueño de anexar Groenlandia a su país, pese a ser territorio del Reino de Dinamarca.
Franja de Gaza. El domingo pasado, el alto el fuego llegó sobre una franja de Gaza destrozada por las bombas del Gobierno de Benjamín Netanyahu. La Defensa Civil gazatí estima que hay 10.000 cuerpos de palestinos sepultados bajo los 50 millones de toneladas de escombros. El lunes, el total de muertos en Gaza superó los 47.000. Reconstruir la Franja, de acuerdo con la ONU, demoraría cerca de 21 años y costaría 1.200 millones de dólares. Washington, el principal proveedor de armas de Israel (representó el 69% de las importaciones de las principales armas convencionales entre 2019 y 2023), destinó 18.000 millones de dólares en armamento al Estado judío durante el Gobierno de Biden. El presidente Trump aseguró, por su parte, no estar «seguro« de que el alto el fuego continúe.
Cisjordania. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha señalado que le preocupa que Israel «piense que es el momento de anexionarse Cisjordania«, lo que sería «una violación total del derecho internacional«. La ONU ha descrito el campamento de refugiados de Yenín, en el norte, como una zona «casi inhabitable«. Cerca de 2.000 familias palestinas han sido desplazadas en un mes de redadas. Con la llegada de Donald Trump, la situación en los Territorios Ocupados Palestinos se augura cada vez más difícil. El abrebocas fue la decisión de derogar las sanciones contra los colonos violentos que, con agresiones, quema de casas y de campos de cultivo y hostigamientos contra los palestinos, se han hecho con sus tierras a la fuerza.
Elon Musk. De vuelta en Estados Unidos, el hombre más rico del mundo decidió emular con un gesto idéntico el saludo nazi en el contexto de la investidura de Trump. En el mundo feliz, la posverdad es la principal moneda de cambio: con ella, los hechos verificados pasan a un segundo lugar por detrás de las emociones. El ejército digital de la ultraderecha se apresuró a decir que Musk no hizo lo que hizo, y el eufemismo del «saludo romano«, ese mismo que reivindicaban haber hecho el millar de fascistas reunidos en Roma hace un año, volvió a ser la excusa perfecta.
Luis Carlos Pinzón
(Publicado en EL PAÍS el 23/01/2025)
(X/Cumbre nacional en favor de la vida)
«Queremos que la religión vuelva, más fuerte, más grande y mejor que nunca».
La religión, muy presente en la toma de posesión del presidente de EEUU
10 de enero. Escrito por Sophie Perry
No saben qué hizo, pero el hecho de que sea gay, dicen, demuestra que fue contratada por la diversidad.
A propósito de las elecciones presidenciales en USA y del artículo de Juan José Tamayo -“El racismo en Estados Unidos, una enfermedad crónica”-.
Una vez que Donald Trump fue primero santificado, después resulto coronado como candidato en las próximas e inmediatas elecciones presidenciales por un partido republicano ahora indecorosamente arrasado por el fascismo/trumpismo, siendo Donald Trump el último oligarca en la larga historia oligárquica de Estados Unidos. “Tenía a Dios de mi lado”, dijo Donald Trump, describiendo cómo sobrevivió a un disparo en el oído. Y si fuera cierto habría que pensar que Dios también tiene algunos problemas si apoya y defiende a Donald Trump, demostrando así que ya no sabe distinguir el bien del mal, el bien del mal. Por supuesto, estoy ironizando. El asesinato siempre debe ser condenado y estoy feliz de Donald Trump siga vivo; pero lo digo para recordar que poner en tela de juicio a Dios es una antigua práctica de poder (del peor poder), y a Dios siempre se le echa mano cuando sirve también, por ejemplo, para su propia santificación: como precisamente para Donald Trump – y si el 52% de los estadounidenses se reconocen en él, significa que Dios siempre trabaja muy bien para la máquina de propaganda-.
El primer informe de transparencia del sitio de redes sociales muestra que toma significativamente menos acciones contra el discurso de odio que antes de la adquisición por parte de Elon Musk.
(U.S. Air Force photo by Justin R. Pacheco)
La hija transgénero de Elon Musk, Vivian Jenna Wilson, respondió a las afirmaciones transfóbicas que su padre multimillonario hizo sobre ella en una entrevista reciente con el provocador de derecha canadiense Jordan Peterson.
«Estoy muy seguro de que tenemos una legislación sólida que protegerá a la gente contra la marea de odio que vemos en todo el mundo».
Las personas trans que no tienen hijos es una de las razones por las que es transfóbico, según su ex. ¿También va tras los gays?
El discurso de odio anti-LGBTQ+ en la plataforma ha aumentado exponencialmente desde que Elon Musk asumió el mando.
Durante más de una década, Twitter ha sido un lugar donde las personas LGBTQ+ pueden organizarse, conectarse y denunciar injusticias. Pero ahora que la plataforma parece estar a punto de desaparecer, ¿qué futuro les espera a los activistas, periodistas y comunidades queer?
Elon Musk ahora posee Twitter. (Getty/Twitter)
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