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Homosexuales, el paradigma de la «maldad» al que se aferra la Iglesia católica

viernes, 28 de febrero de 2014
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350-homosexuales-el-paradigma-de-la-maldad-al-que-se-aferra-la-iglesia-catolicaAntonio Gala y una reflexión sobre la Iglesia

Para muchos prelados, los gays siguen siendo sinónimo de «deficiencia», «anormalidad», «corrupción moral», «patología»

Algunos incluso los vinculan directamente con la pederastia o justifican enfermedades como «divina providencia«

Sebastián, cardenal: «El señalar a un homosexual una deficiencia no es una ofensa, es una ayuda porque muchos casos se pueden recuperar y normalizar»

Reig Pla prologó un libro que considera la homosexualidad una «patología» que se puede «tratar» y «combatir»

Eduardo Sánchez

Enfermos, anormales, corrompedores, desordenados, aniquiladores de la humanidad, responsables de pandemias y crisis económicas, propagadores de enfermedades, pederastas… Los homosexuales siguen siendo el colectivo -como antaño fueron las mujeres- hacia el que los prelados católicos dirigen sus báculos más envenenados a la mínima oportunidad.

El último en sumarse a esta legión de sotanas homófobas es el recién nombrado cardenal Fernando Sebastián, quien sostuvo este fin de semana, en una entrevista en el diario Sur, que la homosexualidad «es una manera deficiente de manifestar la sexualidad, porque ésta tiene una estructura y un fin, que es el de la procreación». Sebastián, de 84 años, llega a comparar la homosexualidad con la enfermedad de hipertensión que él padece. «En nuestro cuerpo tenemos muchas deficiencias. Yo tengo hipertensión, ¿me voy a enfadar porque me lo digan? […] El señalar a un homosexual una deficiencia no es una ofensa, es una ayuda porque muchos casos de homosexualidad se pueden recuperar y normalizar con un tratamiento adecuado. No es ofensa, es estima. Cuando una persona tiene un defecto, el buen amigo es el que se lo dice».

Parece que las palabras del Papa Francisco sobre los homosexuales –«¿quién soy yo para juzgarles?»– aún no han calado entre muchos pastores de su rebaño. Su predecesor en la silla de Pedro, Benedicto XVI, dedicó gran parte de su papado a atacar el amor entre personas del mismo sexo. De ellos dijo que van «en contra de lo que Dios ha querido originalmente»; que la homosexualidad supone «una destrucción del trabajo de Dios» o que la aprobación en algunos países del matrimonio gay socava «el porvenir mismo de la humanidad». Su mano derecha en el Vaticano, Tarcisio Bertone, fue un paso más allá y directamente relacionó homosexualidad y abusos sexuales a menores.

Precisamente el matrimonio homosexual y los numerosos escándalos de pederastia que se van conociendo desde hace años dentro de la Iglesia Católica han sido aprovechados por curas, obispos, arzobispos y cardenales para atacar la homosexualidad.

Para obispos como el de Ávila, Jesús García Burillo, la ley aprobada en 2005 por el Gobierno de Zapatero ponía «en peligro la educación afectiva de nuestros jóvenes»; para el de Segorbe-Castellón, Casimiro López Llorente, esta reforma del Código Civil acarreaba un «notable aumento de hijos con graves perturbaciones de su personalidad» y el «desarrollo de un clima que termina con frecuencia en violencia». El ex secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Juan Antonio Martínez Camino, sostuvo que esta legislación fue una «acción de satanás» -además de considerar «desordenada» la conducta homosexual-, y su jefe directo, el cardenal arzobispo de Madrid Antonio María Rouco Varela, que la norma atentaba contra la «razón humana». Ambos encabezaron manifestaciones contra la decisión de llamar matrimonio a las uniones homosexuales y fueron muy combativos contra esta y otras políticas sociales del Ejecutivo socialista.

Pero, sin duda, el prelado que más se ha significado en los últimos años por su clara hostilidad hacia los homosexuales es el obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla. En abril de 2012, aprovechó una homilía retransmitida por Televisión Española para lanzar un mensaje a aquellos que «llevados por tantas ideologías que acaban por no orientar bien lo que es la sexualidad humana, piensan ya desde niños que tienen atracción hacia las personas de su mismo sexo». Reig Pla aseguraba que para comprobar esta orientación, estas personas «a veces se corrompen y se prostituyen. O van a clubes nocturnos de hombres [donde] encuentran el infierno».

El obispo, que preside la subcomisión episcopal para la Familia, también ha defendido que muchos menores «pueden dudar de su condición e identidad sexual […] llevados por una ideología» que se imparte «en las escuelas». No dudó tampoco en presentar el verano pasado un «manual»Amar en la diferenciaque considera la homosexualidad una «patología» y «una gravísima vulnerabilidad, que por el bien de la persona y de su entorno debemos tratar y combatir», según expuso el propio obispo alcalaíno en el prólogo de este libro.

La patología, la enfermedad, la contra natura… Ese es otro de los leitmotiv a los que recurre la Iglesia para atacar a los homosexuales desde la época del Nacionalcatolicismo. Durante el franquismo, desde los púlpitos, las escuelas, los medios de comunicación, incluso desde sus asientos de procuradores en Cortes, las jerarquías católicas no cejaron en su empeño de colgarle a los homosexuales la cruz de «peligrosos sociales», «corruptores de la moral» o «desviados» a los que había que «reconducir» a través de una supuesta «rehabilitación social» que consistía en años de prisión y en ser utilizados como cobayas humanas para experimentos de afamados psiquiatras.

 Desde la década de los ochenta, la Iglesia se encargó de estigmatizar a los homosexuales con el sida -hoy todavía hay quien como el arzobispo belga André-Joseph Leonard considera esta enfermedad como un «acto de justicia»-. En la actualidad, los prelados españoles suelen ser más sutiles y se mueven entre la misericordiosa «compasión» con quien «padece» la homosexualidad, como sostuvo el obispo de Segovia, Ángel Rubio, y aquellos que como su homólogo de Córdoba, Demetrio Fernández, creen que hay una conspiración de la UNESCO «para hacer homosexual a la mitad de la población mundial». Incluso desde algunas cavernas mediáticas se podía escuchar hace pocos días cómo un sacerdote, apologista del franquismo, afirmaba públicamente que el cáncer que padece el concejal socialista Pedro Zerolo -muy activo en reconocer los derechos de los homosexuales- podía ser un «castigo de la divina providencia, que intenta ejemplarizar». Todo muy cristiano.

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Fuente ZoomNews

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«Los papas y la pederastia», por Guillermo Sánchez

domingo, 23 de febrero de 2014
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NiñollorandoLeído en La Excepción:

Un informe del Comité de los Derechos del Niño de la ONU del 5 de febrero de 2014 destaca el incumplimiento por el Vaticano de la Convención de los Derechos del Niño.

La Iglesia Católica Romana (ICR) ha sido tradicionalmente, y sigue siendo, más dura que nadie en su moralismo sexual. No se ha limitado a establecer unos criterios y normas de conducta sobre sus fieles, sino que siempre ha intentado imponerlos sobre el conjunto de la sociedad (algo que ha conseguido en los estados confesionales). Es una organización que presume de su identidad cristiana y de su excelencia moral.

Para colmo, la ICR introdujo en la Edad Media normas absurdas y totalmente contrarias al evangelio, como el celibato de los ministros. Aunque ciertos estudios afirman que el celibato no incide en un mayor índice de abusos, lo cierto es que hasta representantes de la propia ICR han reconocido esa relación. Por ejemplo, el cardenal británico O’Brien declaró: «Me doy cuenta de que muchos curas han encontrado muy difícil gestionar el celibato» (La Razón, 25.2.13); él mismo renunció ante Benedicto XVI «por motivos de edad» tras ser acusado por sacerdotes y seminaristas «que supuestamente fueron víctimas de la conducta indebida del cardenal cuando se encontraban bajo su tutela durante la década de los 80» (La Razón, 25.2.13). Por cierto, pidió perdón y renunció, pero no se entregó a las autoridades para responder de sus delitos.

Desde que se han ido destapando los incontables abusos cometidos en el seno de la ICR en las últimas décadas (en realidad estos hechos han ocurrido siempre, como demuestra la historia –p. ej., ya en el siglo XVII «san» José de Calasanz encubrió a un abusador–), muchos jerarcas y apologetas (como el cardenal Dolan) se han defendido diciendo que otros colectivos presentan unas tasas más altas de abusos a niños. Pero el caso es que, aparte de la exactitud o no del argumento y de la miseria moral que implica, esos otros colectivos no han tejido nunca una red jerárquico-administrativa tan gigantesca para tapar los abusos del colectivo, como ha hecho el papado. Esa es la clave.

La misma estrategia victimista aplicó el cardenal Ratzinger en 2002, cuando afirmó: «Estoy personalmente convencido de que la permanente presencia de pecados de sacerdotes católicos en la prensa, sobre todo en Estados Unidos, es una campaña construida, pues el porcentaje de estos delitos entre sacerdotes no es más elevado que en otras categorías, o quizá es más bajo. En Estados Unidos vemos continuamente noticias sobre este tema, pero menos del 1% de los sacerdotes son culpables de actos de este tipo. La permanente presencia de estas noticias no corresponde a la objetividad de la información ni a la objetividad estadística de los hechos. Por tanto, se llega a la conclusión de que es querida, manipulada, que se quiere desacreditar a la Iglesia» (citado en Zenit, 19.4.05; añadimos negrita en las citas).

Las implicaciones de Juan XXIII, Juan Pablo II y Benedicto XVI

El veneradísimo Juan XXIII (en proceso de canonización por la ICR) ya emitió en 1962 un documento que «se centra, en principio, en la relación sexual entre un sacerdote y un miembro de su congregación. Sin embargo, en la medida en que se avanza en la lectura del texto se hallan instrucciones referidas a «las obscenidades perpetradas por un clérigo con un joven de cualquier sexo, o con animales». Los obispos de todo el mundo eran llamados a manejar estos casos de la manera «más secreta posible»» (Diario de Córdoba, 18.8.03).

Posteriormente, tal como resumía y documentaba Paolo Flores d’Arcais en un artículo imprescindible (El País, 14.4.10), el papa Juan Pablo II y su cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y después papa, Joseph Ratzinger «impusieron una obligación taxativa a todos los obispos, sacerdotes, personal auxiliar, etcétera, para que no llegara a las autoridades civiles nada de lo que tuviera que ver con casos de pedofilia eclesiástica». Un motu proprio de Wojtyla señalaba: «Cada vez que el ordinario o el superior tuvieran noticia con cierta verosimilitud de un delito reservado, tras haber realizado una indagación preliminar, la señalarán a la Congregación para la Doctrina de la Fe». Como explica Flores d’Arcais, «papa y prefecto informados de todo (es más, siendo los únicos en saberlo todo) son, exclusivamente, quienes tienen la primera y última palabra acerca de los procedimientos que se han de seguir. La «pena» máxima (casi nunca infligida) no va más allá de la reducción al estado laico del sacerdote. Por lo general, el castigo se limita a trasladar al sacerdote de una parroquia a otra. Donde, obviamente, reiterará su delito. «Pena» exclusivamente canónica, en todo caso. No ha de efectuarse denuncia alguna ante las autoridades civiles: «Las causas de esta clase quedan sujetas al secreto pontificio«», secreto cuya terrible naturaleza criminal se explica en el artículo.

Siendo Ratzinger papa, el cardenal de Nueva York Timothy Dolan pidió permiso al Vaticano en 2007 para blindar 57 millones de dólares ante la avalancha de demandas por abusos sexuales. «Entre los archivos hay una carta que Dolan envió al Vaticano en la que se explica esta transferencia de fondos en 2007: «Con este movimiento preveo una mejor protección de los fondos ante cualquier reclamo legal o de responsabilidad», recoge. El Vaticano aprobó la solicitud en cinco semanas. […] Los archivos también revelan que persuadió a sacerdotes acusados de abuso para que abandonaran voluntariamente la Iglesia a cambio de sustanciosos beneficios, y cómo frenó los procedimientos canónicos impulsados desde Roma para echar a los que no cooperaban. En una ocasión, el Vaticano tardó cinco años en expulsar a un sacerdote abusador. […] «A medida que las víctimas se están organizando y se hacen públicos más casos, la posibilidad de un escándalo es cada vez más real«, escribió Dolan en 2003 en otra carta dirigida al entonces cardenal Joseph Ratzinger» (El País, 2.7.13).

En 2010 el Tribunal Supremo de Estados Unidos atendió el caso de una víctima que había sido objeto de abusos en Oregón en los años 60 por parte de un cura irlandés que ya había sido acusado de pederastia en Irlanda y posteriormente en Chicago. El Tribunal Supremo (con una mayoría de jueces católicos desde hace años) solicitó opinión al gobierno de Obama, quien «pidió a la Corte Suprema de su país otorgar al Vaticano inmunidad en los juicios de sacerdotes acusados de haber cometido abusos sexuales contra menores de edad en Estados Unidos» (TeleSur, 26.5.10). De este modo, Ratzinger y los jerarcas vaticanos se libraban de la posibilidad de tener que declarar en un tribunal. Ya en 2005 George Bush había otorgado inmunidad a Ratzinger, cuando la «Santa» Sede la había solicitado al convertirse este en jefe de estado por su cargo de papa (Diario Vasco, 29.3.10). Como siempre, los grandes poderes del mundo se unían para apoyarse en la impunidad y el abuso (ver El Eje Washington-Vaticano).

Posteriormente, el Tribunal Penal Internacional también cerró la vía de procesar a Ratzinger y sus colaboradores (Religión Digital, 15.5.13), y el Tribunal de Apelación de Oregón dictaminó contra la responsabilidad del Vaticano, con el argumento de la «Santa» Sede no tiene control de lo que hacen todos los sacerdotes en el mundo (La Razón, 7.8.13). Pero se obviaba la clave del asunto, que son las medidas obstruccionistas establecidas sistemáticamente por el papado.

Sólo como consecuencia de los escándalos difundidos por los medios de comunicación, Benedicto XVI, gravemente implicado en los encubrimientos durante décadas, comenzó a tomar algunas medidas, más de prevención que de resolución de casos del pasado (es decir, hasta hoy se mantiene la impunidad). Ha sido recientemente cuando la jerarquía ha empezado a dar instrucciones (y no lo está haciendo siempre) de que no se limiten a denunciar la pederastia internamente, sino que además se denuncie ante las autoridades civiles.

Ratzinger actuó enérgicamente en el caso del abusador Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, cuyos crímenes Juan Pablo II (también en proceso de canonización) y él mismo habían tapado sistemáticamente, como siguen denunciando sus víctimas. (Maciel falleció oportunamente, y sin haber sido procesado por sus fechorías, poco después de ser forzado a retirarse.) Por estas medidas, algunos cubrieron a Ratzinger de elogios, calificándolo de «barrendero de Dios» (¡!).

Con ocasión del último cónclave, el obispo maltés Charles Scicluna, fiscal del tribunal de la Doctrina de la Fe, ante la pregunta de si era justo que cuatro cardenales implicados por los escándalos de abusos estuvieran habilitados para elegir al nuevo papa, respondió: «Todos somos pecadores, y Dios sabrá obtener también cosas buenas de su presencia en el cónclave. Debemos tener cuidado al apuntar con el dedo acusador. Por lo demás, el primer colegio de apóstoles tampoco era para canonizarlo enteramente» (Páginas Digital, 26.2.13).

Como señala Alberto Athié, un antiguo sacerdote que denunció durante años sin éxito los sistemáticos abusos sexuales de Maciel (y cuyas denuncias ante la ONU finalmente consiguieron que ésta emitiera el reciente informe): «El procedimiento de desprecio a las víctimas, de encubrimiento a los pederastas, procede no solo de estrategias locales. Es una estrategia institucional. Con su fuente en el territorio del Vaticano y operado por la Santa Sede» (El País, 5.2.14).

Incluso algunos ultrapapistas sinceros han protestado, «sorprendidos» de ciertas conductas papales. Por ejemplo, Luis F. Pérez se escandalizaba de que ni Wojtyla ni Ratzinger hubieran tomado medidas contra el cardenal Law (Infocatólica, 3.3.10); hoy por hoy, Francisco sigue manteniéndolo en su retiro dorado en Roma.

Responsabilidad de Francisco

¿Qué tratamiento ha dado el papa Francisco a estos asuntos? Una de sus medidas ha sido establecer nuevas normas penales que incluyen disposiciones sobre abusos sexuales (Zenit, 11.7.13). Otra, nombrar una comisión de expertos sobre el tema (como suele decirse, crear una comisión es la forma elegante de quitarse un asunto de encima…).

El pasado 15 de enero Francisco puso en evidencia que, aparte de previsiones para el futuro, la interpretación del pasado sigue siendo la que se ha hecho hasta ahora. Dos enviados suyos comparecieron ante el Comité de la Convención de Derechos del Niño en Ginebra. Los miembros del Comité «no se mostraron muy satisfechos con las palabras del representante del Vaticano ante la ONU, Silvano Tomasi, que reconoció que entre el clero hay abusadores; aunque matizó que también los hay «entre los miembros de las profesiones más respetadas del mundo». «Este hecho es especialmente grave» en el seno de la Iglesia, dijo, «ya que estas personas están en posiciones de gran confianza y son llamados a promover y proteger todos los elementos de la persona, como la salud física, emocional y espiritual»», reconoció, pero eludió una vez más la cuestión del encubrimiento papal desarrollado durante décadas. Y «tanto Tomasi como el obispo auxiliar de Malta, Charles Scicluna, el otro representante que participó en la comparecencia de más de seis horas ante los 18 miembros del comité de la ONU, respondieron con evasivas a las agudas e insistentes preguntas de estos expertos sobre los supuestos traslados de diócesis de los responsables de abusos, denunciados por las organizaciones de víctimas, la falta de transparencia en las investigaciones de la propia Iglesia o la respuesta del Vaticano ante estos casos. El mensaje de la Santa Sede fue constante: los religiosos no son funcionarios del Vaticano, dijo Tomasi, que argumentó que investigar y juzgar estos delitos corresponde a los Estados donde tuvieron lugar» (El País, 16.1.14). Leer más…

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Santiago Agrelo: «La línea de 13TV es antievangélica, por no calificarla simplemente de deshumanizada»

jueves, 20 de febrero de 2014
Comentarios desactivados en Santiago Agrelo: «La línea de 13TV es antievangélica, por no calificarla simplemente de deshumanizada»

tarajalagrelo_560x280Ya era hora de que alguien denunciara la línea editorial de la cadena de los obispos… Inhumana, inaceptable, antievangélica… Leemos en Religión Digital:

(Jesús Bastante).- El arzobispo de Tánger, Santiago Agrelo, tildó anoche de «inaceptable» el tratamiento de 13TV sobre el drama de la inmigración. En su perfil de Facebook, denunció que «la línea del canal es antievangélica, por no calificarla simplemente de deshumanizada, y la CEE no puede permitirse que alguien piense que ésa es su manera de ver a los emigrantes y de hacer frente a sus problemas».

Alfonso_MERLOS-noticiaEl pensamiento de Agrelo es compartido por buena parte de los católicos españoles, visiblemente molestos ante la «línea editorial» de 13TV que, como recuerda el mismo Agrelo, «es una televisión considerada de la Iglesia española«. Los obispos tienen la mayoría en el accionariado, y algunos de los responsables de la Casa de la Iglesia dirigen la comisión de contenidos.

La recién creada «Comisión de seguimiento y mejora» de 13TV está formada por José María Mas, Presidente de 13tv; Alejandro Samanes, Consejero Director General de la televisión; José Pablo López, director de la Cadena; José Gabriel Vera, Consejero de 13tv y Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social; José Luis Restán, director editorial de COPE; Juan Pedro Ortuño, Consejero de 13tv y delegado de medios del Arzobispado de Madrid; e Isidro Catela, que dirigirá los trabajos de la Comisión.

La gota que ha colmado el vaso de la paciencia de monseñor Agrelo ha sido el tratamiento que la cadena episcopal ha hecho, en sus informativos y programas de tertulias, sobre la tragedia del Tarajal, que se ha cobrado la vida de 15 inmigrantes que trataban de entrar, a nado, en Ceuta, y que fueron repelidos con pelotas de goma y balas de fogueo por la Guardia Civil.

La cadena se ha caracterizado por una visión de la inmigración como un problema y un foco de delincuencia, en evidente contradicción con las palabras del Papa Francisco y con la propia visión de la Comisión Episcopal de Migraciones. La palabra más repetida por Bergoglio ante el drama de las muertes en el mar de inmigrantes es «Vergüenza». Una expresión muy repetida entre los ciudadanos -creyentes o no- al ver determinadas líneas informativas en un canal propiedad de la Iglesia española.

Éstas son las palabras de Santiago Agrelo en su perfil de Facebook:

Tenemos un problema: con razón o sin ella, 13 TV es una televisión considerada de la Iglesia española. Y es inaceptable que en esa televisión el tema de la inmigración sea tratado sin que alguien autorizado deje meridianamente claro a todo el mundo cuál es la posición de la Iglesia en esa materia. La línea ‘del canal’ es antievangélica, por no calificarla simplemente de deshumanizada, y la CEE no puede permitirse que alguien piense que ésa es su manera de ver a los emigrantes y de hacer frente a sus problemas

http://www.youtube.com/watch?v=ed-4JByT9Ho https://www.youtube.com/watch?v=unQpPBo16_0

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La Iglesia de base se «rebela» contra la política de la jerarquía en materia de familia y moral sexual.

miércoles, 19 de febrero de 2014
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243331_590_500_0_0_0_0Leemos en Religión Digital:

Religión Digital y Esglèsia Plural recogen 6.000 respuestas para el Sínodo

Reclaman «respeto a todo tipo de uniones», el papel de la mujer y el celibato opcional

El cuestionario enviado por Francisco en octubre a las diócesis de todo el mundo para obtener una fotografía real de la Iglesia confirma el cisma que se vive en España entre los católicos de base y la doctrina oficial en materia de familia y moral sexual.

Las casi 6.000 respuestas recogidas entre parroquias, comunidades, cristianos particulares y teólogos y remitidas al Vaticano «sin filtros ni cocinas» por Església Plural en Catalunya y el portal Religión Digital en Madrid, revelan que la mayoría de los católicos no viven ni están de acuerdo con la prohibición de los métodos anticonceptivos o de las relaciones prematrimoniales, por ejemplo. Lo cuenta Antonio Yagüe en El Periódico.

En las observaciones enviadas a Roma, también piden quienes han respondido a Esglèsia Plural y Religión Digital respeto a todo tipo de uniones, incluidas las uniones de personas del mismo sexo y la adopción de niños por ellas, revisar el papel del mujer en la Iglesia y que el celibato opcional de los sacerdotes.

En paralelo, la Conferencia Episcopal Española (CEE), todavía regida por el cardenal de Madrid, Antonio María Rouco, remiso al sondeo, recogerá los informes de todas la diócesis y los enviará la próxima semana con una síntesis o «resumen nacional» que se está elaborando actualmente.

Matrimonios, religiosos, novios, viudos, y comunidades de jesuitas, dominicanas, franciscanas, Acción Católica o la asociación de Mujeres Teólogas, entre otras, coinciden en que es muy poco conocido el magisterio de la Iglesia sobre la familia, mayoritariamente rechazado y mal comunicado. También resaltan que falta credibilidad en el emisor.

La institución del matrimonio que la Iglesia mantiene no dista mucho, en opinión de los encuestados, de la de en tiempos de los primeros cristianos, con una unión «para toda la vida» «cuando la esperanza de vida era de 30 años». «Su visión es demasiado inmovilista y patriarcal», señalan, y se quejan de que «la Iglesia no reconoce en España otra unión que la matrimonial sacramental».

El cuestionario del Papa pregunta si hay uniones de personas del mismo sexo equiparadas «de alguna manera» al matrimonio y cuál es la actitud de la Iglesia. «Francamente mejorable», explica un grupo de profesores universitarios y de curas casados.

Las relaciones sexuales en general y dentro del matrimonio es uno de los apartados más contestados. Los encuestados consideran que «urge una revisión a fondo de la normas morales que las regulan«, ya que son un «compendio de prohibiciones absurdas planteadas por personas que jamás -en teoría- han tenido que afrontar estas cuestiones».

Algunos plantean que la mayor parte de los «medios naturales» que se proponen, especialmente la abstinencia, son rotundamente antinaturales. Mayoritariamente se está a favor del uso de los sistemas anticonceptivos y especialmente el preservativo.

En el epígrafe «otros desafíos y protestas», una especie de cajón de sastre, con el que concluye el largo cuestionario de Francisco, los fieles piden al Papa que con urgencia se revise el papel de la mujer dentro en la Iglesia, se incluya una pastoral sobre el final de la vida, que se aceleren los procesos de dispensas matrimoniales y se revise el celibato obligatorio de los sacerdotes.

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José María Gil: «No hay intención de menosprecio a personas o colectivo» en las declaraciones de Sebastián.

miércoles, 12 de febrero de 2014
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gil-tamayoMal empezamos… ¿Y este ciudadano sacerdote era el símbolo de la moderación? Está claro que ha sido elegido para decir lo mismo pero sin la cara de vinagre del anterior… ¿»Inquisición laica» un ejemplo muy acertado con la historia de hogueras que hay detrás…. Como siempre, echando la culpa a otros. Lo que ha dicho la ONU es quese han encubierto delitos y que no se puede seguir tensionando la convivencia social con la condena inmisericorde de la  homosexualidad … 

Por cierto, si dijéramos que ser obispo es una «deficiencia» que se cura como la insuficiencia cardiaca, ¿sería menospreciar a un colectivo?, por cierto, un colectivo abdolutamente minoritario y que, por cierto también, no contribuye en absoluto al fin «natural» de la perpetuación de la especie, y sin pagar el IBI… No mienta con eso de que los curas sospechosos de pederastia son retirados del sacerdocio…   Y ahora  va a resultar que los que criticaos el oscurantismo de la Jerarquía ocultando los abusos, somos partidarios de la guerra de Irak… Definitivamente este señor nos toma por idiotas.

Leemos en religion Digital:

«Se verán caras nuevas dentro de mes y pico, pero lo esencial permanecerá»

«Aparece una inquisición laica con unos dogmas establecidos al amparo de Naciones Unidas»

El portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), José María Gil Tamayo, advierte de la aparición de una «inquisición laica» con unos dogmas «ideológicos» establecidos al amparo de Naciones Unidas como «universales para todo el mundo».

En una entrevista concedida a Efe, el secretario general de los obispos se refiere al reciente informe de la ONU que critica el tratamiento que ha hecho la Iglesia sobre los casos de pederastia y su posición en otros temas como el aborto y la homosexualidad.

Pregunta: ¿Qué debe hacer la Iglesia para que los casos de pederastia no se repitan?

Respuesta: En España, esto ha sido y es minoritario; entre casi 19.000 sacerdotes, apenas hay unos cuantos casos, aunque sólo uno ya es enormemente trágico y dramático. Un sacerdote tiene un deber de ejemplaridad.

Hay que afrontar las cosas. No debe haber un juicio mediático antes de un juicio y hay que tener una disponibilidad absoluta hacia la justicia, pero sobre todo estar de parte de las víctimas. También hay que ir en la prevención en la formación de los nuevos sacerdotes.

Benedicto XVI ha dado unos pasos importantísimos, valientes, de tolerancia cero, y eso se ha destacado muy poco en el informe de Naciones Unidas, que ha obviado la tarea que desarrolla la Iglesia con cambios en su legislación y la asunción de acuerdos y convenciones internacionales.

Se aprovecha ese informe para entrar en cuestiones claramente ideológicas, en las que la Iglesia ha tenido un punto de vista distinto al de sus autores, como en temas de salud reproductiva, en cuestiones que son innegociables para la doctrina cristiana.

No se puede, de paso que se hace un informe, hacer un proceso a la religión católica.

P.- ¿Los curas sospechosos de abusos deberían ser retirados del sacerdocio?

R.- Lo son, es la práctica de la Iglesia y su legislación, inmediatamente.

P: ¿Y ocurre lo mismo en otros países?

R: Sí, está expresamente establecido por la Santa Sede. Pero estos procesos, además, han tenido un contagio político. La oposición de la Santa Sede a la guerra de Irak hizo que automáticamente empezara en los EEUU toda una campaña dirigida de sectores y medios favorables a esa intervención para enfilar a la Santa Sede como responsable de todo este asunto. No está exento de unos contagios políticos y de unos intereses ideológicos el tratamiento de este tema. Justicia, sí; reparación, sí; prevención, sí, pero ideologización de las cuestiones, no, porque entonces se falta al principio de la libertad religiosa.

P: ¿Está amenazada la libertad religiosa y la de expresión de los contrarios al aborto o al matrimonio homosexual?

R: Lo que no puede aparecer ahora es una inquisición laica con unos dogmas establecidos al amparo de Naciones Unidas como universales para todo el mundo. O aceptas esos dogmas, que son ideológicos, o quedas excluido.

En este sentido, hay que evitar la espiral del silencio. La Iglesia no va a silenciar su voz y será respetuosa con otras voces.

P: Hablando de respeto, ¿necesitan protección los obispos después del incidente en el que un grupo de activistas de Femen abordaron al cardenal Rouco Varela al grito de «aborto sagrado»?

R: La Iglesia no va a poner una guardia suiza, ni vamos a militarizar… Va a vivir con la normalidad que exige su condición de plena ciudadanía, con el respeto exquisito a las conciencias de los demás.

Tenemos el mandato de no responder a quien nos agrede. El perdón forma parte de nosotros. La Iglesia no ha hecho ninguna denuncia porque no es nuestro estilo, pero pedimos a la ciudadanía un respeto a la libertad religiosa y a las autoridades una vigilancia y una protección en el sentido de esa libertad religiosa que hemos de vivir en democracia.

P: Dentro de esa libertad de expresión en el espacio público ¿qué le parecen las declaraciones del cardenal Fernando Sebastián sobre la homosexualidad? La Fiscalía de Málaga ha abierto diligencias.

R: Estoy convencido de que no constituyen ninguna infracción penal porque es una pura apreciación coloquial y no hay una intencionalidad de ofensa, de herir, como él ha manifestado y ha reiterado; no hay intención de menosprecio a unas personas o colectivo.

Eso no es un delito, porque nos estaríamos cargando la libertad de expresión. No hay ninguna intención de concitar a la opinión pública contra ningún colectivo en absoluto.

P: ¿Cree que las manifestaciones a favor del aborto pueden influir en el Gobierno para que incluya el supuesto de malformación?

R: En la vida no puede haber tasación. ¿Quiénes somos nosotros para establecernos en un tribunal de este tipo? Habría que preguntarle también a los discapacitados, a los padres que están con niños en situaciones difíciles, y no establecer nosotros unos estándares de calidad de vida por los que quien no los cumpla no tiene el derecho a vivir.

Si no, convertimos a las personas con minusvalías y deficiencias en gente que son unos sin papeles ya en el vientre de su madre, y convertimos el propio vientre de la madre en una valla que les impide salir a una mayor esperanza de vida.

En cuanto a las presiones, hay más ideología que ciencia, hay más líneas de oposición política que razones.

La cuestión del aborto es un drama, la mujer es también víctima. No es un derecho, no es una conquista social. Es una deshumanización.

valla-ceutaP.- Hablando de deshumanización, ¿no somos demasiado indiferentes ante la tragedia de la inmigración clandestina?

R.- La Iglesia va a estar con los inmigrantes porque tenemos un mandato de misericordia.

Tiene que haber una estrategia de la UE que vaya mas allá de la seguridad de sus fronteras.

P.- ¿Para cuándo se espera la renovación en la CEE?

R.- Hay una continuidad en lo esencial, eso no puede cambiar. Sí, se verán caras nuevas dentro de mes y pico, pero lo esencial permanecerá.

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