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Jueves, 11 de noviembre de 2021

Del blog Nova Bella:

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De algunos lugares que están siempre ardiendo

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Plinio el viejo

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“Espiritualidad y transcendencia. Como vivir la vejez”, por José Arregi

Jueves, 11 de noviembre de 2021

mayores_lgtbDe su blog Umbrales de luz:

Abro estas reflexiones con dos sentencias bíblicas y tres observaciones introductorias.

“Una rica experiencia es la corona de los viejos”, dice el sabio Ben Sirak en un libro escrito hacia el 160 a.C. (Si 25,6).

“Enséñanos a calcular nuestros días para que adquiramos un corazón sabio”, dice el salmo 90 (Sal 90,12).

Tres observaciones introductorias en torno al título: “Espiritualidad y trascendencia. Cómo vivir la vejez”.

1) ¿Cómo vivir la vejez?, dice el título. Tal vez sea demasiado pretencioso. No vengo a dar consejos ni recetas sobre cómo vivir la vejez, condición de un sector social cada vez más numeroso afortunadamente, un sector social del que formo parte. Lo que os digo me lo digo, pues, humildemente, conociendo bien la distancia que va del dicho al hecho, y, a pesar de todo, convencido de que la vejez puede ser edad de plenitud vital, es decir, de libertad en el desapego, de fecundidad en la pérdida. A eso aspiramos, estoy seguro, cada uno a su manera.

2) En eso, en ese milagro del desapego, que nos permite abrirnos a una nueva plenitud en medio de crecientes pérdidas, en eso consiste en última instancia la llamada “espiritualidad”. “Espiritualidad” es un término muy equívoco. Yo la traduciría como el “Buen Vivir” o “la vida con hondura” o con “alma”, o, en palabras del anciano sabio Marià Corbí, la “cualidad humana profunda”.

3) El título dice también “Espiritualidad y transcendencia”. Nuevo equívoco. La OMS, en el informe 804 (Cancer pain relief and palliative care) de 1990, tras afirmar que la espiritualidad es un componente de la salud intregral, la define como “aquellos aspectos de la vida humana que tienen que ver con experiencias que transcienden los fenómenos sensoriales. No es lo mismo que religioso”. Que la espiritualidad no es lo mismo que religión me parece indiscutible, pero que tenga que ver con experiencias que transcienden los fenómenos sensoriales no me parece tan claro. La experiencia espiritual no se da fuera de los sentidos, sino en los sentidos y gracias a los sentidos, como el afecto amoroso o la emoción estética. La transcendencia no se refiere a un supuesto mundo superior más allá del universo, ni a un Ente o divinidad suprema ni a una vida más allá de esta vida después de la muerte. La transcendencia es la hondura sin fondo de todo cuanto es, el aliento vital que nos anima en esta vida y más allá del paso, el tránsito, que llamamos muerte.

Paso a señalar algunos rasgos de esta transcendencia en la inmanencia, de esta sabiduría vital profunda, unos rasgos que pueden ser de alguna forma más propios y específicos de la vejez.

  1. Tiempo de crecer, tiempo de decrecer

La vejez es tiempo de decrecer o, más bien, de crecer decreciendo.

Entre tantas paradojas que nos constituyen, nos encontramos con ésta: Nadie quiere morir joven (salvo algunos, demasiados jóvenes, que quieren pero desgraciadamente no pueden vivir), pero nadie –digámoslo así– quiere ser viejo. Lo tenemos difícil. Uno de los grandes retos de hoy es el aprendizaje de la vejez: la aceptación de las pérdidas y el disfrute de los bienes propios de la vejez. La indudable carga y la innegable bendición de ser viejo. Aceptar que somos viejos y aprender a serlo.

Hace algo más de 2200 años que un sabio judío escribió un librito de 10 páginas sin desperdicio que se conoce como Qohelet. Dice, por ejemplo: “Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: Tiempo de nacer y tiempo de morir (…), tiempo de destruir tiempo de construir (…), tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar, tiempo de buscar y tiempo de perder, tiempo de guardar y tiempo de tirar (…), tiempo de callar y tiempo de hablar” (Qoh 3,1-8). Y podríamos seguir diciendo: Hay tiempo de crecer y tiempo de decrecer, tiempo de ganar y tiempo de perder, tiempo de adquirir y tiempo de despojarse, tiempo de esforzarse y tiempo de descansar, tiempo de aprender y tiempo de olvidar, tiempo de cuidar y tiempo de dejarse cuidar, tiempo de poder y tiempo de no poder…

Todos esos tiempos de lo uno y de su contrario –contradicciones aparentes– son propios de cada edad, pero la vejez es más particularmente tiempo de perder, de descansar, de desprenderse, de dejarse llevar. El aprendizaje esencial de la vida, en todas las edades de la vida, se vuelve radical en la vejez. Y la raíz y lo radical, lo más radical, de la vida, fuente de los mayores bienes, es el aprendizaje de la pérdida, del decrecimiento. Solo decreciendo podremos crecer en hondura, crecer hacia el fondo. Solo aprendiendo a perder podremos ser más plena y libremente sin aferrarnos a ninguna forma ni posesión. Es la gran exigencia y la gran oportunidad de la vejez: vivir cada vez más con cada vez menos. Somos viejos, pero es hora de vivir. Es la hora de perder – de perder fuerzas, poder, protagonismo, salud–, sí, pero el saber perder forma parte del saber vivir más a fondo.

La vejez es la hora de vivir más a fondo, más plenamente, más desprendida y libremente, más serena y reconciliadamente. Por todo ello, la vejez es, o debiera ser, la edad privilegiada para vivir la espiritualidad, es decir, la aceptación en paz de la pérdida y del decrecimiento.

Es el gran reto personal de quienes ya somos viejos. Pero saber decrecer para ser más  es uno de los grandes retos de la sociedad a nivel local y mundial. Aprender la sabiduría de vivir mejor con menos, y compartiendo lo que tenemos, es todo un reto cultural, político, económico, ecológico. Un reto espiritual en el fondo. Es también un reto mayor el ofrecer a los viejos los medios para vivir más plenamente decreciendo cada vez más. No solo de pan y de confort vivimos los viejos.

  1. Tiempo de liberación

En el hinduismo tradicional se enseña que la vida del ser humano comprende cuatro etapas, llamadas ashrama. Os las presento con cierta libertad:

1) La primera etapa comprende los primeros 20 años: en ellos, el niño nace y crece, se hace joven, se desarrolla, adquiere capacidades; como joven aprendiz célibe (Brahmacharya) se prepara para el breve y complejo viaje de la vida.

2) La segunda etapa va desde los 20 a los 40 años: el joven ya adulto forma pareja, cría una familia, o crea sociedad, trabaja y se afana, participa de lleno en la vida social, se ocupa, es protagonista, es un Grihastha que vive atareado en mil quehaceres y responsabilidades.

3) A los 40 años – eso era en aquel tiempo…–, ya se encuentra libre de las cargas de la familia y de la sociedad, y puede pasar a la tercera etapa, hasta los 60: para ello se retira, se vuelve ermitaño (Vanaprastha), hace silencio, viaja al interior, a lo más profundo de sí y de todo, haciéndose uno con el Misterio y la Presencia y el Todo en cada parte, más allá de toda categoría de interioridad-exterioridad.

4) Por fin, a partir de los 60, puede acceder a la libertad última de la que es capaz, se libera de sus aspiraciones, éxitos o fracasos, de la atadura de sí y de todas las demás ataduras, lo abandona todo –casa, familia, bienes– y se vuelve renunciante  (Sannyasa), caminante vagabundo, sin techo ni lugar propio; en cualquier recodo de camino, la muerte le saldrá al paso, pero le encontrará sin nada propio y uno con todo, de modo que nada podrá contra él, solo será su paso al ser pleno sin forma o a la Vida que ni nace ni muere.

No es mi intención presentaros como modelo válido y aplicable hoy estas cuatro etapas que, por cierto, se referían originariamente a varones de la casta de los brahmanes, de modo que la mayoría de la población no tenía ni siquiera la oportunidad de recorrer las cuatro etapas y llegar a ser libres. ¿Qué joven puede hoy, a los 20 años, tener un empleo digno, una casa adecuada, lograr una autonomía económica, formar una pareja, crear una familia si así lo desean? ¿Qué adulto queda libre de sus cargas a los 40 años o  dedicarse a la contemplación a los 60?

Es impensable aplicar el modelo ideal de la tradición hindú, y no sé ni si es deseable. Pero el reto está ahí, y los interrogantes sobre nuestra civilización también. El mundo ha cambiado mucho en estos dos mil años, y observad lo que ha cambiado solo en los últimos 200, desde el comienzo de la Revolución industrial hasta la era postindustrial en la que ya nos hallamos. Muchas cosas han cambiado para bien, pero no es nada seguro que el balance global del desarrollo esté resultando positivo para la vida común: jóvenes en masa entre 20 y 40 años, mejor preparados que nunca, se ven excluidos de la sociedad, sin un empleo digno ni una casa propia; los equilibrios del planeta, comunidad de vivientes, se desgarran. ¿Será que a más progreso hay más opresión? ¿A dónde se encamina nuestra especie Homo Sapiens, tan sorprendentemente capacitada y tan terriblemente contradictoria, pues lo que le capacita para hacer mayor bien que nunca eso mismo le sirve igualmente para provocar heridas y desgracias personales y planetarias?

Necesitamos la sabiduría de Oriente y de Occidente. La sabiduría del auténtico progreso humano liberador. ¿De qué nos sirve un progreso sin liberación?

La espiritualidad consiste en la liberación personal y política, y eso vale en todas las edades de la vida. Pero vuelvo a la sabiduría hindú tradicional, al fondo de su enseñanza más allá del detalle literal. Su intuición de fondo nos vale hoy como entonces: la vejez como tiempo de una difícil, pero necesaria y posible liberación radical. Esto es verdad ayer como hoy.

Llega una edad –ojalá llegara para todas y para todos– en la que nos vemos libres de muchas cargas familiares y sociales, de la competitividad, de responsabilidades profesionales, de estresante protagonismo, de planes y proyectos de futuro. Claro que, una vez libres de esas cargas –eso en el mejor de los casos–, llegan otras: achaques de salud, pérdida de fuerzas, irrelevancia social, soledad, proximidad de la muerte… Es la hora de la gran liberación, la hora de ser libre de todo y de sí mismo, la hora de renunciar a proyectos, éxitos y ganancias, la hora de aprender a perder o, mejor, a ser más con menos, de ganar perdiendo. La enfermedad y la muerte son ataduras severas, radicales, que trae consigo la vejez, pero quien accede a la raíz de su ser se libera también de ellas, nada le puede atar porque nada tiene.

Para eso es necesario un trabajo interior de toda la vida. La liberación no se improvisa en la vejez. Pero, llegados a la vejez, libres de muchas cargas, no estaría mal que nos dedicáramos un poco más a ese viaje interior que nos libere más profundamente.

  1. Tiempo de desapego

La liberación profunda exige desapego. Desapego es el término clave de todas las tradiciones sapienciales. Aprender a vivir es aprender a desapegarse de éxitos y fracasos, de lo logrado y malogrado, de proyectos y protagonismos, de lo ganado y de lo perdido. Del propio ego, en definitiva.

El Bhagavad Gita (del s. III a.e.c.) es uno de los textos en que mejor se resume la sabiduría hindú, y el más popular y leído. La clave de la liberación, de la paz y de la felicidad, viene a decir, es el desapego. Leemos, por ejemplo, en el capítulo II:

“Porque la acción, oh Dhananjaya, es muy inferior a la acción desinteresada; busca refugio en la actitud de desapego. Desgraciados son los que buscan el fruto en sus acciones (49).¡Oh Partha! Cuando un hombre pone a un lado todos los anhelos que surgen en la mente y se reconforta solamente en el Atman, entonces es llamado el hombre de sabiduría estable (55). El que no es perturbado por las penas y no anhela las alegrías, el que está libre del apego, miedo e ira, ese es llamado el asceta de sabiduría estable (56). El que no siente apego en ninguna parte, el que no se alegra ni se entristece ya le sobrevenga un bien o un mal, la sabiduría de ese hombre es estable (57)”.

Y en el capítulo VI: “Para aquel que se ha conquistado a sí mismo y que permanece en perfecta calma, su ser está tranquilo en el frío y en el calor, en el placer y en el dolor, en el honor y en el deshonor (7). El Yogui que está satisfecho con la sabiduría y el conocimiento, firme como una roca, dueño de sus sentidos y para quien un puñado de tierra, una piedra o el oro son lo mismo, él está en posesión del Yoga (8). Es superior el que considera igual al bienhechor, al amigo y al enemigo, al desconocido, al indiferente y al aliado, como también al santo y al pecador (9). Tal como la llama de una lámpara no vacila en un lugar sin viento, así el Yogui con su pensamiento controlado busca la unión con el Atman (19). Tal estado debe ser conocido como el Yoga, la desconexión de toda unión con el dolor. Uno debe practicar este Yoga con resolución firme y fervor inagotable (23)”.

Quien se hace uno con su verdadero “sí mismo”, su propio ser profundo (eso significa “Yoga” o unión), se desapega o libera de su ego inquieto e infeliz, el ego engañoso con sus éxitos y fracasos, ambiciones y sus miedos, sus filias y fobias. Y quien, desapegándose de todo cuanto no es en verdad, se centra y unifica en su verdadero ser profundo, se realiza plenamente, es feliz. Jesús de Nazaret dijo lo mismo con otra imagen: “Quien quiera salvar su vida la perderá, quien pierda su vida la conservará” (Mt 16,25). Quien se aferra a su ego pierde su ser o su vida. Quien se desapega de su ego gana su ser o su vida. Para aprender a vivir hay que aprender a morir.

Se dice fácil, me diréis, también lo digo yo. “Ser feliz es muy sencillo, lo difícil es ser sencillo”. Pero no es cuestión de voluntad férrea o de puños. Es cuestión de relajar nuestro afán, dejar que fluya nuestro ser, dejar que todo venga y se vaya, sin rechazarlo ni retenerlo, dejar también que a menudo nos visite el sufrimiento, solo el sufrimiento inevitable, sin someternos ni rebelarnos. La vejez es quizá la edad propicia para el desapego radical y, por lo tanto, para la plena realización de nuestro ser. Es la edad en la que, como el barco que deja el puerto, podemos levar el ancla y partir a alta mar, pues el Océano es nuestro puerto.

  1. Tiempo de silencio

Vivimos en la vorágine del ruido. La palabra, las imágenes, los reclamos, los mensajes, la información nos inundan como nunca en la historia de la humanidad. Sabemos más que nunca, pero somos incapaces de discernir y procesar lo que vemos y oímos. Todo cambia sin cesar, sin darnos tiempo ni a mirar o a pensar. Vivimos aturdidos. La aceleración creciente, el primado de la producción, la competitividad de todos contra todos, el torbellino universal –cuya imagen más plástica pueden ser las redes sociales, el tráfico y la bolsa– asfixian la vida de la humanidad y de la naturaleza entera. El ruido interior y exterior nos ahogan.

La espiritualidad es silencio: no solo ni en primer lugar el silencio físico, sino más aun el silenciamiento del ruido emocional y mental. Y más todavía el silencio profundo del ser, que no es aislamiento, sino muy al contrario, comunión honda con nuestro ser profundo, que es también el ser profundo de todos los seres. En el silencio del ser nos comunicamos a fondo, pues ahí se nos revela la llamada del prójimo con su fragilidad y su belleza. En el silencio, todos los seres se vuelven prójimos.

Me invito y os invito a sumergirnos en el silencio. La vejez es un tiempo privilegiado para practicar el silencio profundo del ser, a pesar de la vorágine que también nos atrapa. Podemos tomarnos un tiempo para parar y callar. Para escuchar la música silenciosa que emana de todo, en la soledad de la habitación, en los ruidos de la calle o en medio del campo. Podemos tomarnos un tiempo para deshacernos de nuestras prisas, para contemplar con calma, para mirar y querer simplemente, tal vez en silencio, a la gente que pasa, o para meditar o practicar la atención silenciosa, o para conversar tranquilamente, o para escuchar música, o para disfrutar de una fruta o de una galleta o de un café, o para informarnos reposadamente sobre lo que pasa en el mundo con sus mentiras y verdades.

Eso es espiritualidad. No es cosa de creencias, templos y rezos, sino de adentrarnos a través de los sentidos más allá de los sentidos, en ese silencio originario, primordial y sereno que sustenta todo cuanto es. Y aquella persona a la que un sencillo rezo o el silencio de un templo le ayuden, hará muy bien en servirse de ello. Pero otras prácticas podrán ayudar igualmente a otras personas a sumergirse en el mismo silencio hondo del Ser desnudo o en la misma comunión universal liberadora.

  1. Tiempo de respiro y de aliento

En esto se resume todo lo dicho. La vejez es, debería ser y podría ser un tiempo de respiro. Un tiempo de calma, de profunda tranquilidad, de paz. Un tiempo de respiro y aliento. ¿Pero, cuanto más viejos somos, no estamos acaso más cerca de perder el aliento vital, dejando de respirar definitivamente? Yo diría más bien que estamos más cerca de que nuestra respiración se haga una con la respiración universal eterna, más cerca de que nuestro aliento vital se funda con el Aliento Vital en maýuscula que no tiene comienzo ni fin. Miro el cosmos infinito y eterno sostenido por esa misteriosa, profunda y universal energía, respiración, aliento vital. De eso nacimos y en ello nos refundimos como la gota de agua en el mar.

Y notad que Espiritualidad (derivada de espíritu) y respiro (como inspirar y espirar) tienen una misma raíz: sp, la misma raíz de la que se deriva también espacio. Dicen los lingüistas que la raíz indoeuropea sp significa justamente amplitud, anchura, espaciosidad.

Pues bien, eso es en el fondo la espiritualidad: espíritu o energía vital, ancho espacio vital. O respiro (inspirar y espirar, recibir y dar aliento vital). Todos necesitamos respirar, hoy más que nunca. Las religiones (con sus credos, códigos y cultos), no son imprescindibles, pero la respiración sí. Cuando la vida se convierte en pura competencia con nosotros mismos y con los demás, cuando vivimos jadeantes y agitados en una loca carrera, cuando han caído los sólidos marcos religiosos y culturales de antaño y perdido las certidumbres confortables, se hace más patente la necesidad de respirar. Necesitamos espiritualidad, con religión o sin religión, pero más allá de la religión.

Todos necesitamos respiro, aliento vital. Y en la medida en que, con los años, la respiración se va haciendo más corta y estrecha, y nos vamos encontrando con nuestros últimos límites, los viejos más que nadie necesitamos respiro. El respiro profundo o la paz profunda de nuestro ser.

La vejez es un tiempo propicio para vivir en paz: con nuestro pasado, con nuestros fracasos, con las heridas que hemos sufrido y provocado. En paz con nuestro entorno familiar, en el que más abundantes suelen ser los conflictos enquistados, pequeños o grandes rencores, resentimientos no curados que necesitamos curar para vivir en paz. En paz con el mundo de hoy, a pesar de sus dramas y amenazas. En paz con la naturaleza, de la que nos comportamos como enemigos.

El Dao De Jing, texto referencial de la sabiduría taoísta, atribuido al legendario Laozi, enseña desde hace más de 2000 años:

La persona buena no gusta de discutir,
quien gusta de discutir no es persona buena.

 El sabio no es erudito,
el erudito no es sabio.

El sabio no atesora: cuanto más hace por los demás,
tanto más posee;
cuanto más da, tanto más pleno es.

 He ahí el Camino del Cielo:
hacer bien y no hacer daño.
He ahí el Camino del Sabio:
hacer lo que ha de hacer y no competir

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(cap. 81, último).

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Nota:

(Conferencia en los CURSOS DE VERANO de la UPV-EHU, dentro del Curso “Sentido y espiritualidad para la vida. Abordando nuevas dimensiones en los paradigmas de la vejez”, en el Palacio Miramar, Donostia, 13 de septiembre de 2021)

Espiritualidad , ,

Dos de cada tres católicos franceses no confían en la Iglesia tras el escándalo del ‘informe Sauvé’

Jueves, 11 de noviembre de 2021

80527F05-E01A-4520-92AE-E39FE566BCD3El 90% apuesta por la igualdad hombre-mujer y un cambio en la moral sexual

Los datos, obtenidos de un sondeo del instituto Ifop, un mes después de la publicación del informe, son tumbativos, especialmente entre los católicos no practicantes. Tres de cada cuatro (76%) no creen que la Iglesia sea un lugar seguro para los menores. El porcentaje baja al 45% entre los católicos practicantes

El estudio, publicado por La Croix, se ha llevado a cabo un mes después de la publicación del horror en la Iglesia francesa: 330.000 menores abusados desde 1950 a la actualidad. Ocho de cada diez están a favor de indemnizar a las víctimas

Tras la publicación delinforme Sauvé‘, que desveló el horror de la pederastia en la Iglesia francesa (330.000 menores abusados desde 1950), la confianza en la institución se ha desplomado entre los católicos galos. Según una encuesta publicada por La Croix, dos de cada tres bautizados afirman “no confiar en que la Iglesia proteja a los menores”.

Los datos, obtenidos de un sondeo del instituto Ifop, un mes después de la publicación del informe, son tumbativos, especialmente entre los católicos no practicantes. Tres de cada cuatro (76%) no creen que la Iglesia sea un lugar seguro para los menores. El porcentaje baja al 45% entre los católicos practicantes.

Fin del secreto de confesión

Un porcentaje similar de los católicos encuestados sostiene que la reacción de la jerarquía no ha estado a la altura, poniendo como ejemplos el estéril debate sobre el secreto de confesión –un 69% de los católicos se muestra de acuerdo con levantarlo en estos casos-. La mitad de los católicos practicantes (49%), en cambio, sí creen que la respuesta ha sido la adecuada.

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Sobre el futuro y los cambios en la Iglesia, el 90% de los católicos encuestados se posicionó a favor de una mayor igualdad hombre-mujer en puestos de responsabilidad, así como a cambiar el discurso sobre la sexualidad. El 80%, por su parte, se muestra a favor de indemnizar a las víctimas.

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Los obispos franceses admiten su “responsabilidad institucional” en los abusos “sistémicos” a menores en la Iglesia

“Esta responsabilidad implica un deber de justicia y reparación”

“Los obispos en su conjunto reconocen esa responsabilidad institucional y esa dimensión sistémica”

Las 485 páginas de ese informe reflejaban un panorama “aterrador”, según el presidente de la comisión, Jean-Marc Sauvé, según el cual esas prácticas no eran cosa del pasado.

Las violencias sexuales en la iglesia no han sido erradicadas”, advirtió en su presentación a principios de mes

Los obispos franceses reconocieron este viernes la responsabilidad institucional de la Iglesia católica en los miles de casos de abusos sexuales registrados en su seno, y admitieron la dimensión sistémica” de esos delitos.

Esos actos fueron posibles por un “contexto general, modos de funcionamiento, mentalidades y prácticas dentro de la Iglesia”, indicó el presidente de la Conferencia Episcopal, Eric de Moulins-Beaufort.

“Esta responsabilidad implica un deber de justicia y reparación, subrayó en el marco de la asamblea de la Conferencia Episcopal, que se celebra desde el martes en Lourdes, y centrada en las agresiones denunciadas por una comisión independiente, que cifró en más de 216.000 los casos desde 1950.

Las dimensiones del horror

Si se tienen en cuenta los abusos perpetrados por laicos que trabajaban en ámbitos religiosos, ese número se eleva hasta los 330.000, según las conclusiones de la Comisión Independiente sobre Abusos en la Iglesia Católica (Ciase), en un informe encargado por la propia Conferencia Episcopal y que superó las peores previsiones.

Al comenzar el encuentro en Lourdes, los obispos ya habían avanzado su “gran vergüenza” ante lo sucedido, y prometido que se emprenderían medidas que irían más lejos que la condena expresada hasta entonces.

En su anterior asamblea plenaria, en marzo, la Iglesia católica dijo asumir ante la sociedad civil “su responsabilidad” y pidió perdón, pero con su declaración de este viernes, tal y como insistió Moulins-Beaufort, lo hace de forma “más fuerte y categórica”.

El portavoz de la Conferencia Episcopal, Hugues de Woillemont, había señalado el martes que el ambiente en la institución era “serio y que eran conscientes de las expectativas puestas en ellos.

“Los obispos en su conjunto reconocen esa responsabilidad institucional y esa dimensión sistémica”, añadió hoy en una asamblea en que se ha invitado a algunas víctimas para colaborar en el trabajo que debe emprenderse para evitar nuevos casos y analizar cómo indemnizar los pasados.

Un panorama “aterrador

De acuerdo con un sondeo difundido por el diario católico La Croix el pasado 28 de octubre el 85 % de los católicos encuestados estaban enfadados tras la publicación del informe y el 76 % consideraba que la reacción de la jerarquía eclesiástica no había estado a la altura.

El reconocimiento de la responsabilidad “civil y social” de la Iglesia católica en lo sucedido era una de las recomendaciones de la Ciase, que también abogaba por revisar el secreto de confesión para que no pueda ser aplicado en caso de la comisión de delitos.

Las 485 páginas de ese informe reflejaban un panorama “aterrador“, según el presidente de la comisión, Jean-Marc Sauvé, según el cual esas prácticas no eran cosa del pasado. “Las violencias sexuales en la iglesia no han sido erradicadas”, advirtió en su presentación a principios de mes.

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Francisco  dirige una carta de aliento a los obispos franceses tras “la tormenta de la vergüenza”

Francisco se dirigió a Monseñor Éric de Moulins-Beaufort, Arzobispo de Reims, Presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, con motivo de la apertura de la Asamblea Plenaria de Obispos

(Vatican News).- El Papa ofrece a los obispos franceses su cercanía y oración en la Asamblea Plenaria. Sobre todo, los animó en estos momentos en que la Iglesia francesa está atravesando “la tormenta causada por la vergüenza y el drama de los abusos a menores en la Iglesia”. El Papa los alentó a llevar la carga “con fe y esperanza”, y yo la llevo contigo, le dijo Francisco al también Arzobispo de Reims.

El Pontífice a principios de octubre, en una catequesis, la dedicó al tema de los abusos a menores por parte de la Iglesia francesa, tras hacerse público el informe de la Comisión designada por los obispos y religiosos de los Alpes. En palabras de Francisco, tristeza y dolor, pero también el ánimo de hacer todo lo posible para que no se repitan tragedias similares.

El Papa en su carta al presidente de la Conferencia Episcopal expresó además su alegría, al saber que, durante la Plenaria, se abordarán otros temas importantes como el cuidado de la casa común mediante la profundización de la Encíclica Laudato si’, y el ecumenismo.

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El clero francés reza en Lourdes por las víctimas de abusos

El santuario se convierte en “lugar de memoria” de la pederastia clerical

Obispos, sacerdotes, responsables de órdenes religiosas y fieles franceses recordaron este sábado a las víctimas de los abusos sexuales cometidos por el clero en el santuario de Lourdes, al sur del país, y participaron en una oración de penitencia

Más de 120 obispos acompañados por laicos participaron en una oración de penitencia, algunos de ellos arrodillados

Obispos, sacerdotes, responsables de órdenes religiosas y fieles franceses recordaron este sábado a las víctimas de los abusos sexuales cometidos por el clero en el santuario de Lourdes, al sur del país, y participaron en una oración de penitencia.

Queremos dejar plasmado en Lourdes un testimonio visual que recordará tanta violencia, dramas y agresiones”, dijo Hugues de Woillemont, portavoz de la Conferencia Episcopal Francesa (CEF).

En octubre, la Comisión Independiente sobre los Abusos Sexuales en la Iglesia (Ciase) estimó que unos 216.000 menores fueron víctimas de abusos por parte de sacerdotes y religiosos en Francia entre 1950 y 2020.

El informe aseguró además que hubo entre 2.900 y 3.200 pederastas” entre los 115.000 sacerdotes o religiosos censados durante esas siete décadas y que el 80% de sus víctimas fueron chicos de 10 a 13 años.

Este sábado en Lourdes se colocó una fotografía que muestra la escultura de un niño que llora. Será una especie de primera piedra de un “lugar de memoria, que los obispos decidieron crear en este santuario.

Memorial por las víctimas

La fotografía fue tomada por una víctima y durante la ceremonia otra víctima leyó un texto sobre la violencia sufrida por otra persona víctima de abusos.

Posteriormente más de 120 obispos acompañados por laicos participaron en una oración de penitencia, algunos de ellos arrodillados.

En Lourdes, según la tradición, la Virgen María se apareció en 1858 a una adolescente de 14 años. Por ello, este santuario era visitado por millones de peregrinos cada año, hasta que llegó la pandemia del coronavirus.

El viernes, los obispos franceses reconocieron la “responsabilidad institucional de la Iglesia católica en los abusos sexuales a menores, una de las recomendaciones del demoledor informe publicado semanas antes.

Fuente Religión Digital

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Nuevo programa de televisión celebra el amor queer en el contexto de una escuela secundaria católica

Jueves, 11 de noviembre de 2021

51esx9orrl._uxnan_fmjpg_ql85_Una nueva serie limitada de televisión celebra el amor queer y promueve la aceptación en la comunidad LGBTQ, todo dentro del marco de una escuela católica.

Love Beneath the Stars, producida por Dolly Dulu y transmitida en iWantTFC, continúa la historia de The Boy Foretold by the Stars, una película que ganó múltiples premios en el Festival de Cine de Metro Manila 2020, incluida la segunda Mejor Película y el Premio a la Sensibilidad de Género, informó Yahoo News.

Los personajes principales, Dominic y Luke, interpretados por Adrian Lindayag y Keann Johnson, son estudiantes de la Escuela Católica St. Francis en Filipinas e inicialmente se unen en un retiro escolar, y luego comparten un beso frente a sus compañeros en la graduación. El beso llega a un video en línea visto por la administración de la escuela, lo que lleva al director y al cuerpo docente a considerar su respuesta. En particular, los líderes de la escuela son retratados como más abiertos que críticos, incluido un hermano religioso que argumenta que los niños no hicieron nada malo.

Sin rehuir la lucha que a menudo es parte de la experiencia de las personas LGBTQ, la serie también presenta un momento emocional en el que Dominic se sincera con su padre sobre su necesidad de tener éxito en la escuela, sintiendo la presión de compensar en exceso porque es gay. La escena revela ideas de autoestima e identidad y proporciona un modelo de comunicación para padres y niños LGBTQ.

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Love Beneath the Stars celebra y toma en serio las experiencias difíciles de la comunidad LGBTQ. Yahoo News señaló que la elección de Dulu de elegir a Lindayag “que es abiertamente queer y afeminado como uno de los protagonistas … es una gran victoria en términos de representación, porque no solo es una historia de amor queer, sino que la retrata alguien de la comunidad”. Este compromiso con la inclusión fomenta la solidaridad y ayuda a los jóvenes LGBTQ a abrazar su identidad y sus relaciones en toda su belleza y complejidad.

Love Beneath the Stars se está transmitiendo en iWantTFC. Para ver un avance, vea a continuación o haga clic aquí.

—Angela Howard McParland, New Ways Ministry, 8 de noviembre de 2021

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Los propagandistas arremeten contra la corrección política y aseguran que “la libertad está en riesgo en España”

Jueves, 11 de noviembre de 2021

Screenshot 2021-06-21 at 20-48-11 cartel-23-congreso pdfLos perseguidores se quejan… Homofobia e integrísimo, viven en otro mundo…¿y se preguntan el por qué han perdido presencia pública?

Rafael Sánchez Saus: “La Iglesia está mucho más dividida ahora”

“Vivimos la peor de las persecuciones, que se hace de forma larvada y sibilina. Hay una desaparición total de la religión de todos los espacios públicos, que son absolutamente marginados”

“La Transición cogió a la Iglesia con el pie cambiado, y desde entonces se ha dedicado a copiar modelos que se han demostrado fallidos”

“La Iglesia no parece tener armada una respuesta propia, en consecuencia de su aproximación al mundo. La Iglesia está mucho más dividida ahora (…). Eso puede ser bueno o malo. En estos momentos hay varias posiciones, sin que se llegue a ese ‘cisma’ que con tanta facilidad pregonan algunos”

La libertad está en riesgo en España (…). Vivimos la peor de las persecuciones, que se hace de forma larvada y sibilina. Hay una desaparición total de la religión de todos los espacios públicos, que son absolutamente marginados”. Este es el crudo diagnóstico del director del Congreso Católicos y Vida Pública, Rafael Sánchez Saus, durante la presentación de la 23 edición de este evento, antaño soñado lugar de encuentro de todas las sensibilidades católicas y hoy, lamentablemente, escorado hacia la ultraderecha eclesial. Aunque les dé risa hablar de ‘cisma’.

El simposio, que el fin de semana del 12 al 14 de noviembre abordará laCorrección política: libertades en peligro, y que mañana (4 de noviembre) será presentado oficialmente por los arzobispos de Los Ángeles, José Horacio Gómez; y Burgos, Mario Iceta, busca tomar conciencia de las “limitaciones evidentes” de la libertad que se dan en España, desde la enseñanza a la empresa, pasando por la familia o la moral sexual, en la que, según sus organizadores, “se oprime la posición católica mayoritaria” con la “ideología de género” y las leyes LGTBI.

¿Qué hacer frente a ello? Sánchez Saus lo tiene claro: “El deber inicial es resistirse”, lamentando que “poco a poco se está haciendo más difícil una presencia directa de lo católico”. ¿Qué responsabilidad tiene la Iglesia en este supuesto proceso? La cobardía es muy mala”, respondió el director del Congreso, quien admite que “se ha perdido la hegemonía cultural”, desde hace años.

Transición y Agenda 2030

Saus coloca, incluso, un momento clave: “La Transición cogió a la Iglesia con el pie cambiado, y desde entonces se ha dedicado a copiar modelos que se han demostrado fallidos”. De ahí a la defensa de la agenda de lo políticamente correcto, o la Agenda 2030, los propagandistas sostienen que “está desapareciendo la capacidad de la Iglesia para transformar el mundo”.

“La Iglesia no parece tener armada una respuesta propia, en consecuencia de su aproximación al mundo. La Iglesia está mucho más dividida ahora (…). Eso puede ser bueno o malo. En estos momentos hay varias posiciones, sin que se llegue a ese ‘cisma’ que con tanta facilidad pregonan algunos”, concluyó Saus.
Fuente Religión Digital

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Asesinado Pedro Pablo Prada, histórico activista LGTBI y por los derechos de las personas con VIH en Perú

Jueves, 11 de noviembre de 2021

Pedro-Pablo-Prada

Terrible noticia la que nos llega desde Perú. Pedro Pablo Prada, histórico activista LGTBI y por los derechos de las personas con VIH en ese pais, fue asesinado en la madrugada del pasado 1 de noviembre en La Victoria (Lima). Prada fue una de las personas que más lucharon en su momento para conseguir el acceso gratuito a los tratamientos contra el VIH en Perú.

Según relata Wayka, Pedro Pablo Prada de 68 años, fue asesinado en su domicilio junto a Raúl Huapaya, de 52. El activista había organizado una pequeña celebración en la que también estuvieron presentes dos hombres a los que recientemente había contratado para que le ayudaran con la limpieza. Al día siguiente, al no tener respuesta a sus llamadas, sus familiares acudieron su domicilio, donde encontraron los dos cadáveres con signos de haber sufrido torturas. Las primeras sospechas recaen sobre los dos invitados antes mencionados, en paradero desconocido. Activistas peruanos reclaman que se haga justicia y que se investigue como un posible delito de odio, y para ello se están movilizando en redes sociales bajo es hashtag #JusticiaParaPedroPablo. El Ministerio peruano de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, por su parte, ha lamentado el asesinato y ha demandado también justicia.

Pedro Pablo Prada, que llevaba 32 años viviendo con VIH, presidía el colectivo Peruanos Positivos y era colaborador de la organización AIDS Healthcare Foundation en Perú (AHF Perú). Prada fue, de hecho, una de las personas que luchó con más ahínco en favor de las personas con VIH en ese país. En el año 2000, junto a otros cuatro pacientes seropositivos, demandó al Estado peruano para exigir el acceso gratuito y universal a la terapia antirretroviral, una demanda que llegó hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Gracias en parte a esta lucha, en el 2004 el Gobierno firmó un acuerdo con el Fondo Rotatorio Mundial para la lucha contra el VIH para otorgar tratamiento gratuito.

Hace pocos meses, el propio Pedro Pablo Prada recordaba cómo fue el proceso en una entrevista a Salud con lupa, un medio latinoamericano especializado en Salud Pública. «La demanda duró unos tres años. Demoró mucho y mientras tanto las personas con VIH seguíamos muriendo sin tener la posibilidad de recibir un tratamiento. Al final, tuvimos una respuesta negativa», contó. En ese momento acudieron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. «Tuvimos que esperar tres años más para recibir una respuesta. Pero el hecho de llevar la demanda a instancias internacionales hizo que cuando llegó el Fondo Mundial para comprar antirretrovirales, el Estado sintiera la presión de crear un plan de atención de VIH en el Perú y dar acceso universal a los fármacos», explicó.

Una demanda que se acabó ganando, lo que sin duda contribuyó a mejorar la atención a las personas con VIH en Perú. «No fue exactamente la demanda, porque nosotros ganamos un año después de que llegó el Fondo Mundial. Yo diría que fuimos una parte del cambio. El solo hecho de acceder a los antirretrovirales ya era un gran cambio. Pero después los médicos se informaron más sobre la enfermedad, poco a poco fueron dejando de vestirse de astronautas para atendernos. También, se nos incluyó en la mesa de trabajo para la creación del programa de VIH, es decir, dejamos de ser conejillos de indias para convertirnos en personas con una voz. Sin embargo, aún hay muchas cosas que se deben mejorar, como el trato más humanizado, aún se siente la discriminación (a través de gestos, por ejemplo) y nosotros somos muy sensibles a ellos. Yo pienso que el personal de salud debe recibir capacitaciones para saber cómo tratar a personas con VIH», añadía a Salud con lupa.

Insertamos a continuación el tuit de Conexión Vida que incluye un vídeo con imágenes y declaraciones del activista:

Fuente Dosmanzanas

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