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Archivo para la categoría ‘Espiritualidad’

Ecuanimidad

viernes, 8 de noviembre de 2024
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Del blog Pays de Zabulon:

Por zabulon el 7 de octubre de 2024

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Titán de Philip Timmermans

Imperturbable Titán ...

Cuando te veas obligado por las circunstancias a sentirte confuso e indefenso, vuelve  a ti mismo  cuanto antes, y no pierdas la medida más de lo necesario. Serás tanto más dueño de tu armonía interior cuanto más frecuentemente regreses a ella“.

*

Marco Aurelio

***

Con un comentario original sobre esta cita de Marc-Arrèle de Gianni Bergandi:

Muchos de los consejos que se dan en los libros sapienciales de la Biblia apuntan en esta dirección. Y en definitiva, respecto a los rumores y temores fundados o irracionales sobre el fin de los tiempos, ésta es también la instrucción de Jesús a sus discípulos: no os dejéis turbar, seguid haciendo lo que tenéis que hacer.

De ahí la elección de esta imagen que representa a un titán, imperturbable, que continúa con su tarea de mantener el universo entre el cielo y la tierra. En la mitología griega, los Titanes son hijos de Urano, dios del cielo (en su noche estrellada que muestra la inmensidad del mundo) y de la tierra (Gaia), diosa de la tierra. Gigantes con una fuerza impresionante, reconocen como soberano a Cronos, el más joven de ellos y el dios dueño del tiempo. La leyenda griega afirma que los hombres aparecieron durante el reinado de Cronos y que vivían entonces una existencia feliz y pacífica sin necesidad de trabajar, muy parecida a la descripción del Edén en el Génesis.

Sobre la foto : Titan, 1957, escultura de Philip Timmermans.

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“Paz, violencia y religiones…”, por Juan José Tamayo

viernes, 8 de noviembre de 2024
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Leído en su blog:

«La paz, un bien preciado, pero frágil y amenazado»

«La paz es uno de los bienes más preciados y anhelados por la humanidad, pero, al mismo tiempo, uno de los más frágiles y amenazados»

«La humanidad, o por mejor decir, sus dirigentes, también los religiosos, parecieran seguir la consigna belicista: ‘Si quieres la paz, prepara la guerra'»

«Y las religiones, ¿qué actitud adoptan ante la violencia, ante las guerras?»

«Comprobamos en las religiones una falta de sintonía entre los mensajes de paz que predican y algunas de sus manifestaciones históricas violentas»

La paz es uno de los bienes más preciados y anhelados por la humanidad, pero, al mismo tiempo, uno de los más frágiles y amenazados. Rastreando las huellas de la historia, en vano buscaríamos un estado duradero de paz. A lo más, encontraríamos armisticios, es decir, breves periodos intermedios entre dos guerras, que no son precisamente remansos de paz, sino tiempo dedicado de manera calculada a preparar nuevas guerras con nuevos y más destructivos mortíferos de los seres humanos y de la naturaleza.

IMG_7728La humanidad, o por mejor decir, sus dirigentes, también los religiosos, parecieran seguir la consigna belicista: «Si quieres la paz, prepara la guerra«. Una consigna muy alejada del ideal ilustrado de la «Paz perpetua» que propusiera Immanuel Kant -cuyo tercer centenario de su nacimiento estamos celebrando este año- en la obra del mismo título, publicada en 1795, donde podemos leer:

“Esta facilidad para hacer la guerra, unida a la inclinación que sienten hacia ella los que tienen la fuerza y que parece congénita a la naturaleza humana, es el más poderoso obstáculo para la paz perpetua. ¡Kant, siempre tan oportuno, certero y actual!

«La humanidad, o por mejor decir, sus dirigentes, también los religiosos, parecieran seguir la consigna belicista«

SpinozaY las religiones, ¿qué actitud adoptan ante la violencia, ante las guerras? Lo que comprobamos es que existe una falta de sintonía entre los mensajes de paz que predican y algunas de sus manifestaciones históricas violentas a través de las cuales han logrado imponer las creencias por la fuerza de las armas y dominar las mentes y las conciencias de la gente. Lo que decía con gran lucidez de los cristianos Baruc Spinoza, que sufrió en su propia carne la expulsión de la comunidad judía, es aplicable a no pocos creyentes y dirigenets de otras religiones:

«Me ha sorprendido a menudo ver a hombres que profesan la religión cristiana, religión de paz, de amor, de continencia, de buena fe, combatirse los unos a los otros con tal violencia y perseguirse con tan terribles odios, que más parecía que su religión se distinguía por este carácter que por lo que antes señalaba. Indagando la causa de este mal, he encontrado que proviene, sobre todo, de que se colocan las funciones del sacerdocio, las dignidades y los deberes de la iglesia en la categoría de las ventajas materiales, y en que el pueblo imagina que toda religión consiste en los honores que tributa a sus ministros».

«Comprobamos en las religiones una falta de sintonía entre los mensajes de paz que predican y algunas de sus manifestaciones históricas violentas«

Dios, «la palabra más vilipendiada«

IMG_7731Más contundente se muestra el filósofo judío Martin Buber en torno a la utilización de la palabra “Dios” para legitimar la violencia e incluso para ejercerla en su nombre y por mandato suyo.

“Dios -afirma- es la palabra más vilipendiada de todas las palabras humanas. Ninguna ha sido tan mancillada, tan mutilada… Las generaciones humanas han hecho rodar sobre esta palabra el peso de su vida angustiada y la han oprimido contra el suelo. Yace en el polvo y sostiene el peso de todas ellas. Las generaciones humanas, con sus partidismos religiosos, han desgarrado esta palabra. Han matado y se han dejado matar por ella. Esta palabra lleva sus huellas dactilares y su sangre… Los hombres dibujan un monigote y escriben debajo la palabra ‘Dios’. Se asesinan unos a otros, y dicen: ‘lo hacemos en nombre de Dios…’.

Debemos respetar a los que prohíben esta palabra, porque se rebelan contra la injusticia y los excesos que con tanta facilidad se cometen con una supuesta autorización de ‘Dios’. ¡Qué bien se comprende que muchos propongan callar, durante algún tiempo, acerca de las ‘últimas cosas» para redimir esas palabras de las que tanto se ha abusado!’. Bien seguro que ya no será posible purificar la Palabra de «Dios» de tanto vilipendio y mancillamiento, de tanto desgarro y mutilación, de tanto secuestro y manipulación a que ha sido sometida a lo largo de los siglos. Pero no nos descorazonemos. Porque sí, podemos, mancillada y mutilada como está, levantarla del suelo y erigirla en un momento histórico trascendental”.

Budismo, Comunidad Bahá'í, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Hinduísmo, Islam, Judaísmo , ,

Nazaret…

jueves, 7 de noviembre de 2024
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El hermano Carlos de Jesús en Beni-Abbès (1901-1905), con Paul Embarek y el pequeño Abd Jesus, esclavos que redimió.

Jesús te ha establecido para siempre en la vida de Nazaret:

La vida de misión y de soledad no son para ti sino excepciones: practícalas cada vez que su voluntad te lo indique claramente; tan pronto como deje de ser indicado, vuelve a entrar en la vida de Nazaret.

Toma por objetivo-ora estés solo, ora con otros Hermanos – la vida en Nazaret, en todo y por todo, en su sencillez y en su amplitud que miras…, sin hábito, como Jesús en Nazaret – sin clausura, como Jesús en Nazaret-, no vivas lejos de todo lugar habitado, sino cerca de una aldea, como Jesús en Nazaret – no menos de ocho horas de trabajo por día, (manual u otro; si posible manual), como Jesús en Nazaret-, ni grandes terrenos, ni grandes limosnas, ni grandes construcciones, ni grandes gastos, sino más bien una pobreza extremada en todo cómo Jesús de Nazaret…. En una palabra haz en todo como Jesús de Nazaret.

No te afanes en organizar; prepara el establecimiento de los Hermanitos del Sagrado Corazón de Jesús; si estás solo, vive como si debieras vivir y quedar solo; si sois dos, tres o algunos más, vivir como si nunca hubieras de ser más.

Ora como Jesús, tanto como Jesús, dando, como El, una gran cabida a la oración… Como El también, da amplia cabida al trabajo manual, que no es un tiempo robado la oración, sino dado más bien a la oración. Reza cada día con toda fidelidad el Breviario y el Rosario. Ama a Jesús con todo tu corazón…, y a tu prójimo como a ti mismo, por amor de Él.

La vida de Nazaret puede llevarse por doquier; llévala allí donde fuere más provechosa para tu prójimo”.

*

Carlos de Foucauld

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(Sacado de un carnet – diario del Padre Foucauld con la fecha del 22 de julio de 1905, en Beni-Abbés)

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Somos reservas de silencio

jueves, 7 de noviembre de 2024
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IMG_6645Sé que el título es provocativo. ¿Qué significa que somos reservas de silencio? Quisiera reflexionar contigo, despacio, sin prisa. Si estás liada, déjalo para otro momento. No quiero aumentar la cantidad de palabras que consumimos al día, deseo comunicarme desde otro registro.

Es frecuente que la gente nos pregunte que repitamos lo que acabamos de decir porque no lo han escuchado o leído bien, o que le demos información de algo que está todo en la presentación, me refiero a nuestro ministerio, nos hacen repetir mucho.  Es frecuente la falta de atención, las prisas en terminar algo para ir a otra cosa.

La escucha atenta es un lujo que pocas personas proporcionan.

A veces la vida nos para, podemos padecer una enfermedad o una simple torcedura de pie; algo así hace que de pronto todo se ralentice y que la perspectiva de la vida cambie en un momento. Ya no puedes ir agitada haciendo cosas, yendo a sitios, de pronto estás sentada o tumbada, sola, con tiempo infinito en tus manos.

¿Y, entonces qué?  En lenguaje agrícola esos tiempos «de no hacer nada» se llaman tiempo de barbecho.  Período de mínimo uno o dos años en que la tierra se recupera sola si la dejamos descansar.

El barbecho es fundamental para evitar el agotamiento del terreno y para que pueda renovarse y equilibrarse. La vida, los nutrientes, todos están deseando apoyar a esa tierra hoy agotada, para que vuelva a ser ella misma, con toda su energía y fecundidad.

Para que recupere su propia vida natural interior sin químicas, sin maquinaria que la hiere, sin la mano humana que le mete prisa ¿qué necesita la tierra?

Necesita silencio. Necesita que la dejen tranquila. Que la respeten. Que le dejen  respetarse a sí misma, dándose su tiempo.

Algo parecido nos ocurre a las personas conscientes de que necesitamos recuperar la vitalidad interior, o seguir dando sentido a un día a día, a veces oscuro o por lo menos difícil de gestionar con serenidad ante los numerosos retos sociales y planetarios.

También es importante para personas que tal vez menos conscientes de su necesidad expresan síntomas de ansiedad, o desazón o insatisfacción…

El trabajo de no-trabajar, de estar en «modo barbecho» es difícil pero no imposible. La clave de recuperar nuestro humus fecundo, la clave de ser de nuevo yo misma, la clave de saborear la interioridad como nunca antes llegué a gustarla, ni siquiera en retiros si no entro a fondo en ese registro; la clave está en situarme cerca de las grandes reservas de silencio.

El barbecho necesita silencio. Yo necesito silencio. Sin esas reservas de silencio prolongado que permea mi día, es difícil que me entere del evangelio, del encuentro personal con el Amor, ni del sentido de todo.

El evangelio se predica en campos y montañas y lagos, lugares de intensos silencios.  Como la tierra en barbecho, el evangelio necesita silencio para que sea fecundo en nuestra vida. Solo la tierra que ha estado en barbecho recibe la semilla de un modo que la fortalece y dignifica.

Y ¿qué ocurre con la escucha del Evangelio?

El Evangelio necesita de tierras en barbecho,  tierras de surcos abiertos, de oídos y corazones  sencillamente disponibles.

Escuchar a la vez el llanto de la tierra y el dolor y el hambre de la humanidad supone ir más allá de las noticias, supone estar cerca de las reservas de silencio, como de las grandes antenas que nos ofrecen cobertura segura.

El deseo de compartir y de ayudar a las personas es muy  bueno pero podemos no compartir evangelio sino más de nosotras, de nuestras conversaciones medio pesadas, o de nuestros silencios huecos y estériles, si nosotras no estamos en silencio.

Vivir cerca de reservas de silencio significa empezar y terminar el día envueltas y sumergidas como en un baño de silencio. Silencio que suaviza tensiones, que equilibra nuestra respiración, nuestro aliento vital. Que nos devuelve el color a nuestras mejillas, porque al fin oxigenamos, respiramos bien, estamos bien, en el silencio.

Entra en tu silencio. Déjale entrar. Dale permiso para quedarse. Es el mejor compañero de camino.

En la vida de Jesús hay muchas ocasiones en las que se nos indica que se escapa al monte, o al mar, y pasa la noche en el silencio. Su noche, sus dudas, sus miedos, no son tan distintos de los nuestros. Jesús lo recoloca todo en el silencio.

Hay lugares que invitan al silencio: decoraciones de nuestras casas que invitan a la sencillez del silencio vivo, acogedor. Hay muebles que ocupan demasiado espacio, armarios demasiado cargados, despensas con alimentos caducados y almacenados. Todo lo que sobra es ruido, lo que sobra puede romper el equilibrio en el que reside la belleza y la sencilla sabiduría y la fuerza del evangelio.

El silencio no se improvisa. Es la consecuencia de un vaciamiento consciente y liberador de cosas y de actividades que nos ocupan, y como «okupas» no es buena su presencia, le roban el espacio vital a «otros amores y ocupaciones«.

Cuando nos acercamos a nuestras reservas de silencio rápido conectamos con lo que es auténtico, con lo que nos construye y nos predispone a recibir la semilla.

Una casa en barbecho, una vida en barbecho, todo a la espera de en su momento acoger la semilla, que no sabemos cuándo se nos regalará, este es el gran lujo fruto del silencio que pocos descubren. Esto es ya la antesala del reino.

Con el tiempo el silencio va siendo el mejor amigo. Acompaña nuestra noche, y también nuestro amanecer; siempre está cuando lo busco, nunca falla en su sabiduría. Siento su presencia que me llama, que me descansa, que me reconduce a mi espacio de barbecho para que, cuando la Ruah lo disponga, pueda dar vida.

En este maravilloso mes de Septiembre, inicio de otoño y de cosecha, inicio de primavera y de siembra en otras latitudes, te deseo que en tu apretada agenda pongas «barbecho» en algunas de las páginas de tu vida.

Desde el silencio, buen principio de otoño y de primavera

Magda Bennásar Oliver, sfcc

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad

“Gustavo Gutiérrez: Hacia un magisterio de las víctimas“, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

jueves, 7 de noviembre de 2024
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IMG_8251De su blog Beste joan zen Jesus”,

«¿Existe un «magisterio de las víctimas» como ejercicio del ‘sensus fidei’ y cómo éste puede ser reconocido y valorado por la teología?»

«Con humildad estamos llamados a reconocer que cada persona herida tiene algo muy importante que enseñarnos»

«Nadie puede transmitir el significado del drama del dolor y del sufrimiento del abuso como quien ha sufrido abuso»

Puede ser hasta evidente que la expresión «magisterio de las víctimas« es tan inapropiada como las expresiones «magisterio de pastores, teólogos y médicos«, utilizada por la Comisión Teológica Internacional o, por poner otro ejemplo, «magisterio de la fragilidad«, utilizado por el propio Papa Francisco en la audiencia general del 1 de junio de 2022 y en el discurso con motivo del Día Internacional de la Discapacidad el 3 de diciembre de 2022. Junto a estas expresiones, sería necesario recordar lo que el Papa Benedicto XVI afirmó en la audiencia general del 7 de julio de 2010:

“El Pueblo de Dios precede a los teólogos, y todo ello gracias a ese sensus fidei sobrenatural, es decir, a esa capacidad infundida por el Espíritu Santo, que permite abrazar la realidad de la fe con humildad de corazón y de mente. En este sentido, el Pueblo de Dios es el «magisterio que precede», y que luego debe ser profundizado y acogido intelectualmente por la teología. ¡Que los teólogos escuchen siempre esta fuente de la fe y conserven la humildad y la sencillez de los pequeños!”

Frente a esta brecha, y en el caso específico del «magisterio de las víctimas«, quizá pudiera ser necesario adoptar una posición metodológica correcta, que evitara descartar arbitrariamente estos usos como errores o aceptarlos acríticamente. Se podría sugerir, de hecho, no utilizar categorías conceptuales como «bien/mal«, sino reconocer una «novedad«, que merece ser investigada, conocida y, finalmente, valorada.

¿Existe un «magisterio de las víctimas» como ejercicio del ‘sensus fidei’ y cómo éste puede ser reconocido y valorado por la teología? Para hablar de ello podríamos acudir a múltiples y diferentes pasajes, tomados del Antiguo o del Nuevo Testamento, más relevantes para el tema del magisterio de las víctimas. Ciertamente el paragón cristiano de las víctimas es, por excelencia, la crucifixión de Jesús de Nazaret.

Sí, se trata del magisterio de las víctimas de la historia que son los pobres. Así lo fue, por ejemplo, para el religioso dominico y presbítero Gustavo Gutiérrez-Merino Díaz (q.e.p.d.).

Pero también puede ser, por qué no, el magisterio de las personas víctimas de abusos.

Con humildad estamos llamados a reconocer que cada persona herida tiene algo muy importante que enseñarnos. Su testimonio es una palabra que indiscutiblemente tiene una autoridad capaz de ayudarnos a distinguir el bien del mal; la víctima del culpable; los débiles de los poderosos; el deseo de vida a partir de las acciones de la muerte. Estamos llamados a escuchar para aprender. Esa es una parte de su magisterio. La fuerza de un «magisterio de las víctimas«, también se podría llamar, por ejemplo, «cátedra del sufrimiento«, se basa en el carácter sagrado de la herida y exige ser acogido con fe y desde la fe.

Tal vez haya a quien le parezca expresión excesiva, fuera de lugar. Nadie puede transmitir el significado del drama del dolor y del sufrimiento del abuso como quien ha sufrido abuso, y no sólo en lo que respecta a su experiencia personal, sino también en lo que respecta al abuso en sí, a la personalidad del abusador, a la dinámica del abuso, a sus dramáticas consecuencias. Esta enseñanza no puede faltar en la Iglesia.

Por eso es importante y más oportuno que nunca involucrar, escuchar y poder abrir un diálogo en la Iglesia con las personas que han sobrevivido al abuso, que lo han procesado e integrado suficientemente, o que no lo han hecho así. Este encuentro/escucha, que requiere delicadeza y respeto, y antes que voluntad de aprender del otro -especialmente de quien habla desde la «cátedra del sufrimiento«-, es necesario para comprender cuántas y qué heridas causa el abuso y cuáles huellas deja en los corazones y cuerpos de las personas.

Incluso el de una lucha profunda y dolorosa con Dios y con la Iglesia, ante la cual todos los que trabajan en la misma Iglesia deben dejarse humildemente interpelar. Si el ministerio ordenado y religioso se ha convertido dramáticamente en el lugar y el instrumento del abuso que abrió esa herida, el mismo ministerio ordenado y religioso puede convertirse en el lugar y el instrumento para sanar esa herida. Escuchar a las víctimas es encontrarse con «las llagas de Cristo«. Su centralidad, por tanto, es ante todo teológica.

Frente a una fe creyente cuestionada en la «escucha» de las personas víctimas en general y de las abusadas en particular, la pregunta sigue siendo evidente: ¿Qué valor y significado puede tener para la fe creyente en general y, por ejemplo, para la teología este «magisterio de las víctimas«?

El término ‘magisterio’ proviene del latín ‘magister’ y pertenece al campo semántico de la enseñanza, común también a los términos griegos ‘didaskalos’ y ‘didaskalia’, muy difundidos en el Nuevo Testamento. Se ha utilizado en el contexto eclesial, indicando una tarea docente genérica, ejercida ya sea en función de algunos carismas o en función de una autoridad, derivada de los propios carismas. En el latín clásico, sin embargo, la expresión no estaba muy extendida y ha conservado un aura de autoridad, hasta el punto de que el magister no designaba sólo al maestro, al guía o al ejemplo, sino a un liderazgo, ejercido con autoridad.

Parafraseando al poeta Blas de Otero a las víctimas les queda la palabra (En el principio). A las víctimas les debemos, pues, el ejercicio de la voz y hacerlo con la autoridad del que ha sido probado.

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Señor, en tu presencia dejé mi ausencia, en la ausencia del mundo me hice presencia, para ser uno contigo!

miércoles, 6 de noviembre de 2024
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Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

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  ¡Señor, en tu presencia dejé mi ausencia,

En la ausencia del mundo me hice presencia, para ser uno contigo!

No te dejes creer en lo que digan
Ni te dejes hacer en lo que hacen
Cree sin medida en lo que tienes
Ama sin cesar con lo que llevas
Que tienes al amor entre tus manos
Que todo de Él lo has recibido
Para darlo a todos, a todos

Si confio en Ti, ya todo me da igual
Y ya nada será igual
Entre los iguales serás el último
Siendo el primero en servirte
Para ser distinto con los indiferentes

Respirando en un instante
Lo respirado por TÍ
Para ser Respiro permanente con el hermano
Para ser respiro para siempre con todos

Entender que recibes lo mejor de su vida, para ser ya vida

Viviendo en la presencia del amado y dejando toda tu ausencia ausente

Viviendo en sus mismos sentimientos
Palpando con sus mismas actitudes

Entendiendo el amor de las criaturas que solo aman,
Y aman y te alaban en gratuidad eterna

Viviendo con el hermano Sol y la hermana Luna
Y siendo ya hermano de la creación toda entera

Vibrando entre la hojarasca del amanecer
En la humildad y alegría de la mariposa por ser mariposa
Calentándome con tus dedos, con los rayos del sol mientras comienza el día

Padre
Dame la gracia de saberte por tenido desde siempre
Para teniéndote amarte en el presente
Y amarte sabiendo que siempre te tengo,
Pues nunca más podré dejarte
Porque tú nunca me dejaste

Padre
Dame la gracia de amarte
Y no espantarme
en lo que tú quieres
Aunque nada entienda y nada sepa

Que nada hay que entender, ni saber,
Para amar verdaderamente
Solo dejarse llevar por el amor del amado
En la confianza de pasar por donde tú pasaste
En la alegría de amar, por donde tú amaste

Padre
El hombre está hecho para TI
Para hacer lo que tú quieras
Llevarle, Traerle, Esconderte
Hasta que crea que todo es de Él, todo
Que nada es nuestro

Padre
Nada tengo
Nada soy
Todo es tuyo, gratuidad y alegría
Todo me lo das
De ti alegre lo recibo

Nada puedo dar, nada
Si de ti nada quiero
Y si de ti quiero
Todo podrá ser
Tú eres el Ser
Porque tú así lo has querido

Ya ni mis planes no seran mios
Ni mis noches, ni mis días
Todos serán tuyos

Y dejándome amar todo, todo
Seré ya amigo tuyo que sirve a todos

Testigo de tu vida
Testigo tuyo
Testigo para siempre
Para todo
Para todos

Del Evangelio a la Vida
De la vida al Evangelio

*

Alfonso Olaz

***

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“El valor de una imagen. Valencia: hora de despertar del espejismo de la inocente ingenuidad del optimismo”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

miércoles, 6 de noviembre de 2024
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imagePor su actualidad, publicamos juntos estas dos reflexiones que nos envía su autor:

Un comentario a la imagen

 

La catástrofe de Valencia desvela el futuro de todos nosotros en las pantallas. Será así en las consecuencias, aunque de diferentes maneras, cada vez más a menudo y en todas partes, ahora aquí y ahora allá.

Algunas cosas son seguras: el progresivo derretimiento de los casquetes polares y de los glaciares, que hará que el caudal de los ríos sea irregular, y la subida incontrolable de los mares, que sumergirá muchas ciudades y países enteros, la desertificación y las temperaturas intolerables, que harán inhabitables grandes zonas de varios continentes. Otros, como inundaciones, incendios y huracanes, son aleatorios, pero se multiplicarán en frecuencia, extensión e intensidad. El hecho de que hayan ocurrido una vez no significa que no puedan volver a ocurrir pronto, como nos enseñan los repetidos desastres. Y esto incluso si por algún milagro la emisión de gases que alteran el clima se detuviera mañana. Se han activado mecanismos que seguirán produciendo y multiplicando sus efectos perversos durante décadas.

Desde hace al menos treinta años, los expertos nos enseñan la distinción entre ‘tiempo’ y ‘clima’: el primero es una manifestación local, concentrada o extensiva, el segundo es global y afecta a todo el planeta. Sin embargo, cada vez que ocurre un «evento extremo», incluso los meteorólogos más famosos sólo nos dan explicaciones técnicas en la televisión o en los periódicos de por qué ocurrió allí: por ejemplo, la burbuja fría que se detuvo en el cielo. Pero sólo hacen una pequeña mención a que esto tiene que ver con el clima (los periódicos de derecha, negacionistas obstinados, ni siquiera mencionan eso. De hecho, hacen desaparecer incluso a Valencia y las imágenes más crudas de la primera plana). También ellos, los meteorólogos entrevistados, como todos, tienen miedo de soltar la verdad desnuda, que es tan grave y grande que nadie sabe realmente cómo afrontarla, porque deberíamos gritar a los cuatro vientos, no que el tiempo corre (mucha gente lo dice ahora, aunque quizás ya sea demasiado tarde), sino que necesitamos cambiar radicalmente nuestra forma de vivir y convivir, de producir y de consumir.

La catástrofe de Valencia nos ha sorprendido por el número de muertos, aunque aún no sabemos cuántos: seguramente menos que los de un día de guerra en Ucrania o una semana en Gaza. Ahora nos estamos acostumbrando a estos, a los «meteorológicos», todavía no, pero nos acostumbraremos. También porque están destinados a crecer y superar a los de las guerras (que también contribuyen al deterioro del clima).

Además del número de muertos (que no vemos), lo que más ha llamado la atención son los cientos, si no miles, de coches amontonados unos encima de otros por la furia de las aguas. Es la imagen que mejor nos muestra el sinsentido de nuestro modo de vida y su fin; la congestión del tráfico en la que está inmersa nuestra vida diaria se transformó en una masa casi inamovible de barro y chatarra.

Pero es también el que debería advertirnos que para hacer frente a la crisis climática y medioambiental ya no basta con la mitigación (la supresión de las causas, es decir, de los combustibles fósiles, con los que se enfrentan todos los gobiernos del mundo en las reuniones periódicas de decenas de miles de funcionarios, expertos, lobbystas y periodistas (la próxima será en Bakú, Azerbaiyán) que no han logrado nada en 32 años), pero que debemos comprometernos más con la adaptación: la coexistencia con un clima y un tiempo que seguirá haciendo nuestra existencia cada vez más difícil. Pero que, dicho sea de paso, es también la única forma realista de promover la mitigación «desde abajo«, dado que la mitigación «desde arriba» nunca llega.

El coche particular sigue siendo el símbolo más evidente del consumismo y la aspiración más importante de quienes aún no lo tienen, pero también la principal causa del consumo de suelo, de su sobre-construcción y de la convulsión de territorios que transforman las inundaciones en desastres. Para muchas víctimas de la Dana de Valencia el coche se ha convertido en un ataúd, para muchos más en un desastre económico: no todo el mundo tendrá dinero para comprarse otro, lo que alimenta la demanda en el sector, que languidece (primero habrá que pensar en la casa o en el trabajo). Pero es una oportunidad para hacerse algunas preguntas.

¿Encontrarán medios alternativos para desplazarse? ¿Podrán las autoridades locales proporcionárselos, dado que hasta ahora no lo han hecho? Y si todos los coches fueran eléctricos, ¿habría cambiado algo? ¿Y vale la pena volver a congestionar las calles, tal vez con coches eléctricos, si la ciudad sigue expuesta al mismo riesgo? El coche, sin embargo, es sólo una metáfora de un sistema de vida absurdo -en este caso, la movilidad-, incompatible con el clima y el tiempo que nos espera. Hay alternativas al coche particular, como muchos otros productos y otras obras insostenibles, pero primero debemos sustituirlas, antes del siguiente desastre, para no quedar paralizados después.

No se trata sólo de dar la alarma «a tiempo«. Como mínimo, deberíamos preparar refugios seguros para las personas y para los bienes, y disponer de vehículos esenciales y equipos de rescate adecuados, compuestos por voluntarios capacitados y tal vez también soldados preparados para salvar vidas en lugar de destruirlas. Seguramente todos estamos muy atrasados ante la siguiente catástrofe o desastre, pero al menos debemos empezar a pensar en ello y hablar de ello como el principal problema al que nos enfrentamos. Los meteorólogos que comentan lo que está sucediendo deberían empezar a hacerlo, quizás sin sugerir a ocho mil millones de humanos «subir a las montañas«.

¿Podría haber sido peor que esto? No. En Valencia se presentó lo peor de la ecuación del desastre:

  • Cantidad promedio de lluvia que cae en un año entero.
  • Infraestructuras, poblaciones, ciudadanos no preparados.
  • Fragilidad hidrogeológica.
  • La política y la administración locales no están atentas o, peor aún, son inadecuadas para comprender la emergencia y dar la alarma a tiempo.

Número de víctimas: al menos 205 muertos, 121.000 desplazados, pero el recuento aún se está actualizando porque hay muchos desaparecidos. Cadáveres por todas partes. Atrapados en coches, en garajes, arrastrados por la corriente, abrumados por los escombros, arrastrados junto con carreteras, puentes, casas. En un instante o con una lentitud inexorable, te ahogas o te asfixias mientras buscas en vano la última burbuja de oxígeno. Todas las escenas de las películas apocalípticas que hemos visto se condensan en un día de devastación y muerte: muy real, muy cierto, muy cercano a nosotros. Y todo bajo torrentes de aguas… y montones de lodo…

***

Valencia: hora de despertar del espejismo de la inocente ingenuidad del optimismo

Mientras el hombre, con sus guerras esparcidas por el mundo y actos terroristas, persevera en su destrucción y la de otras especies y el medio ambiente, señalo un poema sobre un fenómeno natural, el terremoto de Lisboa de 1755, creyendo que la inestabilidad del planeta ya requiere suficiente esfuerzo y energía como para no malgastarla en guerras y guerrillas de diversa índole.

«¡Pobres humanos! ¡Y nuestra pobre tierra! ¡Terrible mezcolanza de desastres! ¡Consoladores siempre de penas inútiles! Filósofos que osáis gritar que todo está bien, venid a contemplar estas horribles ruinas: muros hechos jirones, carne despedazada y cenizas. Mujeres y niños amontonados unos sobre otros bajo pedazos de piedras, miembros esparcidos; cien mil heridos que la tierra devora, desgarrados y ensangrentados pero aún palpitantes, sepultados por sus techos, perdiendo sus miserables vidas sin ayuda, entre atroces tormentos».

Así comienza el «Poema sobre la catástrofe de Lisboa» -de lectura aconsejada y recomendada- de François Marie Arouet de Voltaire (1694-1778), no un poema científico, sino un texto histórico y filosófico sobre los derechos humanos y las relaciones entre el hombre, la religión y la naturaleza.

La tesis expuesta por Voltaire es sencilla: el mal en el mundo no puede ser obra de Dios, pues entonces no sería un Dios bueno y justo, ni puede ser obra de otros, pues entonces no sería un Dios todopoderoso. Sin embargo, el mal existe y tenemos que enfrentarnos a él. Pero que el mal aparezca como tal para los humanos y que, en cambio, forme parte del bien universal, tesis recurrente en ciertas teodiceas y núcleo del pensamiento leibniziano, es una distorsión de la realidad en la medida en que niega el sufrimiento y es un insulto a esos hombres, mujeres, ancianos y niños -que, sin culpa alguna, fueron aplastados en Lisboa por los muros de sus propias casas o han sido, en general, víctimas de las leyes de la naturaleza.

Y si el mencionado Poema aún terminaba con una palabra de esperanza, Voltaire escribiría poco después Cándido, la obra considerada como su obra maestra literaria, en la que su pesimismo se haría total. El mal está representado en todas sus manifestaciones posibles a lo largo de la aventura humana de Cándido, de modo que representa la denuncia más eficaz del todo está bien leibniziano, esa «filosofía cruel bajo un nombre consolador», como escribió en una carta del 18 de febrero de 1756.

Propongo releer el mencionado texto de Voltaire y el hecho -el terremoto de 1755- porque ya entonces, en el Siglo de las Luces, muchos cuestionaban las certezas afirmadas por filósofos y religiosos: la necesidad y conveniencia del dominio siempre del hombre sobre la Naturaleza. La explotación extrema de los recursos naturales sin una necesidad real, a menudo con guerras de por medio, ha implicado desde entonces hasta nuestros días también a las fuentes fósiles de energía y la liberación de contaminantes en el medio ambiente.

La quizá posible elección del nuevo presidente de los Estados Unidos de América, el Sr. Donald Trump, y su visión extremista y negacionista de los problemas medioambientales y del cambio climático en curso, muestran lo lejos que nos queda aún a los ‘homo sapiens’ el camino hacia un «desarrollo sostenible» que respete las necesidades de las generaciones futuras y el papel actual de la Naturaleza y de nuestra inestable corteza terrestre.

En cuanto a los terremotos, en unos pocos casos (Japón, California) las políticas han sido previsoras y se han orientado a la prevención de estos catastróficos acontecimientos, con la construcción de edificios adecuados para soportar los temblores. Ojalá que así ocurra, mutatis mutandis, en España con respecto a las catástrofes/desastres naturales -Danas o no Danas- , o menos naturales, que puedan ocurrir en el futuro.

El Poema de Voltaire se inspiró en uno de los terremotos más catastróficos de los últimos siglos. La magnitud se estimó retrospectivamente entre 8,5 y 8,7 en la escala de Richter. En aquella época, la escala de Richter, basada en la energía liberada por el temblor sísmico, aún no se había ideado: el geofísico estadounidense Charles Richter la desarrolló en 1935. La escala Mercalli-Cancani-Sieberg, basada únicamente en los daños causados por los terremotos y, por tanto, empírica, también es posterior: 1883, con modificaciones en 1902.El terremoto de Lisboa de 1755 causó al menos 60.000 muertos, hasta 90.000 según otras fuentes.

En Wikipedia hay una descripción precisa de la catástrofe que asoló la capital portuguesa, escrita por el famoso geólogo escocés Charles Lyell (1797-1875), que también tuvo una gran influencia en Charles Darwin y en la publicación de «El origen de las especies»: «Primero se oyó un estruendo como un trueno procedente de las entrañas de la tierra, y poco después un violento temblor sacudió gran parte de la ciudad. Durante seis aterradores minutos murieron 60.000 personas. El mar primero retrocedió, dejando secos el muelle y la orilla, con todos los barcos y botes allí amarrados, y luego volvió a rugir, elevándose quince metros por encima de su nivel habitual…».

Por lo que se refiere a “Cándido o el optimismo” (cuya lectura y estudio es también siempre recomendada) es un ejemplo de relato filosófico escrito entre 1757 y 1758 por Voltaire, que lleva este tipo de novela a su máxima perfección. El libro escenifica, a través de personajes y situaciones, las ideas que el autor quería combatir o defender. Cándido es también una novela de formación: la historia es la de un adolescente que crece intelectual, psicológica y afectivamente.

Cándido no es un ser humano real, sino un medio utilizado por el autor para demostrar algunas de sus ideas y algunas consideraciones irónicas sobre el hombre real vistas con mucho humor. El objetivo de Voltaire son las ideas optimistas del filósofo Leibniz, que quería demostrar que el mundo en que vivimos es el mejor de los mundos posibles. El libro deja claro que, en cambio, el mundo está lleno de tanta maldad que uno duda de que exista una providencia divina.

Esto no significa que Voltaire no fuera creyente; era deísta y pensaba que Dios creó el mundo con un propósito, pero el hombre no sabe cuál es y debe limitarse y contentarse con vivir sin hacerse demasiadas preguntas. Este es también el mensaje final del libro: hay que «cultivar el propio jardín», una moraleja práctica que se aplica a todo el mundo, basta con usar la razón.

Fuente: remitido por el autor

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Escucha hijo…

martes, 5 de noviembre de 2024
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Escucha, Hijo, mi enseñanza
y pon fin al sueńo
que pesa sobre ti.

Sal del aturdimiento
que te inunda de tinieblas.
żPor qué seguir en tinieblas
si está a tu disposición la luz?
¿Por qué beber el agua turbia
si está al alcance de tu corazón la pura? […]

No ames el oro ni la plata
y, si te aferra el afán, la preocupación,
échalos sólo en Dios
y revístete de la Sabiduría
como de un manto.

Vuelve de continuo al Padre;
no tengas un corazón altanero,
sino sé tú mismo un hombre
plasmado por el logos (la Palabra de Dios).

Vence la hipocresía, la codicia y la vanagloria.
No digas palabras arrogantes
ni malas al juzgar,
porque todo hombre malo hace mal
antes que nada a su propio corazón.

Hijo mío,
deja a tu espalda a tu ‘hombre viejo’
y tú, en Cristo, toma altura
como un águila

*

Abbá Silvano el Egipcio,
Vosotros sois mis amigos,
Magnano 1999, passim

***

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“La ciudad sin ellas”, por Koldo Alday Agirretxe

martes, 5 de noviembre de 2024
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IMG_7578Un precioso artículo que me pone junto a mi madre, muy, muy conocida de la madre del autor… Gracias, Koldo, porque sin tú saberlo, me has dado un gran regalo…

Las guerras tienen la única y exclusiva virtud de templar corajes, de auspiciar valores. Nuestra trágica contienda civil fue prolija en esa forja. Nuestros padres fueron los legatarios del horror, pero también de la valentía, la generosidad y el altruismo inherentes a esa hora. Más por ósmosis que por meditada pedagogía, sin saber que debían transmitir esos valores, lo hicieron y de una forma tan discreta y silente, como ejemplar.

La severidad del momento alumbró mucha nobleza. ¿Cómo será la ciudad sin ellas, las que amamantaron a los suyos, pero cuidaron a la vez de tantos otros, las que tiraron tantos colchones a los suelos, las que añadieron tantos platos a sus mesas, las que ensancharon tanto sus aleros…? ¿Cómo será la ciudad sin esos testigos, no de un tiempo mejor, pero sí de otro de apuesta humana más honda y desafiante?

Durante tiempo he querido imaginar, no sin cierto temor, cómo sería la ciudad sin ellas, nuestras «amatxos» que ya se arrancan en vuelo y se alejan de nuestra bahía, cómo podríamos pasearla sin un carrito que empujar, sin una misa en la que fichar, sin unas esquelas que leer en el banco de Alderdi-Eder… Más temprano de lo que auguré, esa hora ya ha llegado.

Quizás no frecuentemos la iglesia, no nos santiguemos necesariamente en el oficio de las doce, pero de alguna forma habremos de colarnos en el templo cuando las voces entonan, con devoción desbordada, el “Gure Aita” o finalizan la eucaristía con el recio “Agur Jesusen Ama”. Por más que recelemos de fronteras religiosas, que prescindamos de cristalizadas y algo anacrónicas liturgias…, de alguna manera habremos de mantener viva una suerte de fe. No cargaremos con el carro, pero habremos de llenar el bolsillo de monedas. Siempre había parada allí donde la necesidad obligaba a alargar la mano, por más que en los últimos años a la mendicidad se le habrían caído los nombres y los rostros. Ya no era fácil distinguir a los últimos y desposeídos.

Su entrega, gozo de vivir y positivismo perduraron en medio de un mundo que ya no se esforzaban en comprender. Tanto léxico extraño, tantos vocablos anglosajones, tanta virtualidad devorando tertulia… La realidad se les escapaba, pero se sobrepusieron a lo desconocido, no se apocaron ante lo que sabían a la postre pasajero. La vida siempre fue mucho más grande que el reducido tamaño de un “smart-phone”. Van marchando “sin épica alguna” como diría Xabier Lete. Nos van dejando huérfanos en medio de la ciudad que de repente se torna ajena, no sólo porque ya nos falte el hogar familiar, no porque ya dudes hacia dónde dirigir tus pasos al salir de la hoy moderna estación de tren, sobre todo porque siempre fueron uno e indiviso, los progenitores y su urbe acogedora.

Adolecemos de su discreta “épica” de hierro, salitre y silencio. El mundo para ellas también tornó ajeno, pero siempre atesoraron dentro de sí los mentados principios de los que la modernidad carecía. Sí, máximas con perfume de incienso, adobadas en la sacristía, evocadas por una letanía algo cansina, pero principios superiores y eternos, si es que algo dura por siempre… Cuando mañana estemos de lleno metidos en esa Inteligencia, en ese mundo de artificio, no olvidemos nunca esos valores encarnados, personificados que empujábamos sobre ruedas junto a la barandilla universal. Los podremos privar de doctrina y formas caducas…, pero no prescindir de su esencia.

El turismo uniforme y masificado añade otro plus de distancia con respecto a la ciudad, pero el coreano que contempla el Cantábrico inmenso desde la «Batería de las Damas» tiene también derecho a sus minutos de contemplación y maravilla. ¿Ahora que la ciudad es tomada por desconocidos, que nosotros mismos no terminamos de conocernos plenamente…, dónde pondremos la épica? Huelga ponerla en nuestros ombligos, en un arañar callejero constante, en una reivindicación permanente que pide y pide más para sí, pero que se resiste a dar, en una reclamación interminable cuyos dividendos nos hunden más y más en el sofá anestesiante… Bastará con dar recorrido actualizado a esos valores que nuestros mayores nos mostraron, ahora en medio de unas circunstancias absolutamente diferentes. La épica y con ella un relevo a digna altura, la podremos poner en la contribución a una sociedad más justa, responsable y sostenible, más amable y solidaria, más unida en su diversidad…; un nuevo mundo en el que por fin haya un sitio para todos sin excepción.

Perseguiremos de nuevo el tren, pronto con morro de AVE. Desembarcaremos ilusionados a la vera del río. Volverá a brillar la Perla. Pasearemos la ciudad, viajaremos a otras sin empujar sus carros, sin entrar en sus confesionarios, sin detenernos para “estudiar” las esquelas bajo el tamarindo… Intentaremos rehacernos sin su presencia física, pero nunca sin los principios que en silencio, a menudo incluso con exceso de recato, felizmente nos contagiaron.

Koldo Aldai Agirretxe

Fuente Fe Adulta

* Gure Aita: Padre Nuestro

** Agur Jesusen ama: Adiós/salve Madre de Jesús

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«Si las palabras crean mundos, las palabras de mierda crean un mundo de mierda», por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

martes, 5 de noviembre de 2024
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 imageA propósito de las elecciones presidenciales en USA y del artículo de Juan José Tamayo -“El racismo en Estados Unidos, una enfermedad crónica”-.

Escribo esta reflexión a propósito, no tanto del interesante artículo de Juan José Tamayo titulado “El racismo en Estados Unidos, una enfermedad crónica”, sino más propiamente del tema del racismo en los Estados Unidos de América. Hace unos días publiqué en otra página web un artículo titulado “El fascismo eterno”. Recomiendo su lectura aunque sea un artículo mío.

Desafortunadamente, y como nos enseñan la lingüística y la neurociencia, las palabras no describen el mundo sino que lo crean. Es más, el relato del Génesis bíblico nos muestra que Dios llama al hombre a poner nombre al mundo y a lo que en él habita. Cuando dices algo, esa cosa «es«, «está«, es traída al mundo. Decir “criminal” o decir “animales” nombra un mundo y lo crean. Hablar de «trabajo forzado» y «pudrirse en prisión» hace que estas expresiones existan al presentarlas como realidades mundanas y posibles, de hecho, ya existentes.

La transgresión que se convierte en regla; el coro de voces cantando para cantar fuera del coro; la seguridad que se persigue a través del aumento de las armas en circulación y la incitación a su uso; salvar vidas humanas se convierte en un crimen; el victimismo como discurso de poder (según la moderna enseñanza de Donald Trump): todas estas, y más, son articulaciones homólogas a la anti libertad de los partidarios de la libertad.

La paradoja que, en lugar de negarlo, se alía con el sentido común es la paradoja que anula las laboriosas conquistas y las costosas adquisiciones de la especie humana y devuelve a sus individuos, uno a uno, a clichés ya obsoletos, a creencias enterradas, a orígenes ancestrales: el miedo al hombre negro; la segregación de los diferentes; el actual confinamiento de los colectivos LGTBQ; la responsabilidad de los poderes ocultos por cada dolencia; la defensa armada de espacios cerrados; la justicia sumaria y ejemplar en sujetos identificados por estereotipos; la deuda para la reestructuración del balance; la meritocracia de quienes no tienen curriculum; la inocencia de lo inerte. Además del conformismo de que “te jodan”, existe el conformismo de la paradoja. La lista de sus manifestaciones se puede hacer incluso más larga.

Quiero decir que seamos realistas: las palabras de mierda crean un mundo de mierda. Es el título de esta reflexión.

En un país civilizado, en una democracia auténtica y no sólo formal, en una modernidad racional e ilustrada, esto ciertamente no habría sucedido: ‘santificar un golpista como Donald Trump’. Y en cambio es hasta lo que ocurrió tras el ataque que sufrió. Porque la retórica dominante ha eliminado el hecho de que Trump era (y sigue siendo) un golpista, un antidemócrata radical, un soberanista y un racista, y no sólo en la propaganda de la espectacular verborrea electoral, sino esencialmente un fascista, pero con detrás de él, según las encuestas, hasta el 52% de los estadounidenses que evidentemente comparten su ideología.

En realidad, Estados Unidos no es (nunca lo ha sido realmente, excepto en la guerra contra el nazifascismo y en los movimientos juveniles contra la guerra en Vietnam o en favor de los derechos civiles) un país racional, ilustrado y liberal (bastaría con recordar a los asesinos de dos Kennedy y a Martin Luther King).

Sobre todo, nunca han sido un país verdaderamente democrático, incluso si quieren hacer creer a la gente que lo son, que son efectivamente la mejor democracia del mundo, un modelo y un faro para toda la humanidad. En nombre de su exportación, su modelo de democracia ha provocado los peores desastres de su y de nuestra historia reciente, desde la ex Yugoslavia hasta Irak, pasando por Libia y hoy apoyando militarmente el genocidio -o como queramos llamarlo- y el colonialismo israelí en Palestina, sancionado por la Internacional Tribunal de Justicia por ser contrario al Derecho Internacional, sin olvidar el apoyo estadounidense al golpe del fascista Pinochet en Chile en 1973).

Más bien -y no digo nada nuevo, pero tal vez sea útil recordarlo- es un país gobernado por las oligarquías del dinero y de la industria, por el complejo militar-industrial (el presidente Eisenhower ya lo había entendido en 1961), hoy por Silicon Valley, con el contorno de los fundamentalismos religiosos de una América donde incluso la fe se ha convertido en una industria para consumidores de bienes religiosos.

Un país imperialista -¿cómo podemos negarlo, con más de 800 bases militares repartidas por todo el mundo y el deseo, ahora, de crear efectivamente una OTAN global-, ciertamente no para defender la democracia, en todo caso para defender sus intereses y los de su economía? Un modelo que produce también de este modo siempre nuevos enemigos contra los cuales luchar.

imageUna vez que Donald Trump fue primero santificado, después resulto coronado como candidato en las próximas e inmediatas elecciones presidenciales por un partido republicano ahora indecorosamente arrasado por el fascismo/trumpismo, siendo Donald Trump el último oligarca en la larga historia oligárquica de Estados Unidos. “Tenía a Dios de mi lado”, dijo Donald Trump, describiendo cómo sobrevivió a un disparo en el oído. Y si fuera cierto habría que pensar que Dios también tiene algunos problemas si apoya y defiende a Donald Trump, demostrando así que ya no sabe distinguir el bien del mal, el bien del mal. Por supuesto, estoy ironizando. El asesinato siempre debe ser condenado y estoy feliz de Donald Trump siga vivo; pero lo digo para recordar que poner en tela de juicio a Dios es una antigua práctica de poder (del peor poder), y a Dios siempre se le echa mano cuando sirve también, por ejemplo, para su propia santificación: como precisamente para Donald Trump – y si el 52% de los estadounidenses se reconocen en él, significa que Dios siempre trabaja muy bien para la máquina de propaganda-.

En su discurso en la Convención Republicana también dijo, y lo ha repetido en diferentes ocasiones, que quería ser una figura unificadora -él que ha hecho de la violencia verbal y física su ideología- y que se postula «para ser el presidente de toda América, no de la mitad de América«, añadiendo que Estados Unidos debe ser «salvado de un gobierno fallido e incompetente«, porque «bajo la administración Biden, Estados Unidos se ha convertido en una nación en decadencia«. Olvidando que la decadencia ha durado mucho más y que se vuelve cada vez peor cuanto más crece la arrogancia del poder estadounidense y su incapacidad (por egocentrismo y narcisismo de identidad y por el deseo mesiánico de omnipotencia como verdadero y único pueblo elegido) para entender que el mundo ha cambiado. El candidato republicano se presenta como quien puede hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande cuando en realidad hasta puede ser sólo la expresión de la última etapa de este declive.

El oligarca Donald Trump está obviamente al servicio de la oligarquía económica y financiera, incluida la fósil, para la cual, como dicen, es más fácil imaginar el fin del mundo -y el nuestro- que el fin del capitalismo. Es decir, Donald Trump es una mezcla mortal -para la democracia y para la biosfera- de soberanismo, negacionismo climático, neoliberalismo, racismo, anarcocapitalismo, egoísmo/solipsismo del pueblo elegido, teocracia, oligarquía y no democracia (ni siquiera formal), soberbia y soberbia, belicista siempre y en cualquier caso – en fin (llamemos las cosas por su nombre) del fascismo.

Si esta es la América trumpiana (también muskiana) que nos espera, tal vez deberíamos abandonarla a su decadencia para salvarnos, es decir, evitando convertirnos en aliados de su arrogancia -la decadencia puede ser muy arrogante, la arrogancia de la voluntad de poder que se opone a su propia decadencia. Sabiendo, sin embargo, que si Donald Trump es un oligarca temporal, la de Musk y Silicon Valley es una oligarquía -y recordemos que la oligarquía, desde la antigua Grecia, siempre está en contra de la democracia; y por tanto la democracia, si quiere ser democracia, debe ser siempre antioligárquico- que ahora parece consolidado y aceptado por muchos. Es fascismo tecnológico. Mucho más peligroso que el fascismo político, que sin embargo siempre ha estado y está al servicio del capital y hoy del tecnocapitalismo.

Por lo tanto, tal vez deberíamos -como Europa- dejar a Estados Unidos a su suerte y participar en la construcción de un mundo diferente y, sobre todo, mejor. El problema es que nosotros, los europeos, también somos americanos.

Fuente: remitido por el autor

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Amarte y amarnos.

lunes, 4 de noviembre de 2024
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buensamaritano

Si me olvido del amor y de la justicia,
me separo de Ti, Dios mío,
y todo lo que haga, aunque te lo ofrezca,
no puede agradarte.
Mi culto es paja e idolatría

Si me olvido de tu mandato,
de amarte con todo mi ser y fuerzas
y de amar al prójimo de igual manera,
¿de qué me sirven mis saberes,
títulos y creencias?

Si me olvido de tus tiernas preferencias,
¿de qué me sirve lo demás?,
¿dónde pongo mi centro, eje y meta?
Me pierdo sin remedio.
Soy persona hueca y vacía.

Aunque me haga a holocaustos y sacrificios,
penitencias, rezos y obediencias,
no estaré mas cerca de tu casa solariega.
Sólo tu mandato de amarte y amarnos
es senda clara y segura.

Para creer en Ti
necesito creer en el amor y la justicia,
en tus tiernas preferencias.
Y vale mucho más creer en estas cosas
que pronunciar o adorar tu nombre con osadía.

Fuera del amor y de la justicia,
de tus tiernas preferencias,
es imposible que yo, con mi historia,
aunque te llame Padre y me considere hijo,
pueda llegar a tu casa solariega..

¡Llévame por tus sendas y caminos
aunque me haga el torpe,
me despiste
o resista!!

*

Florentino Ulibarri
Fuente Fe Adulta

P.-14-BUEN-SAMARITANO

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Arzobispo Wester: Escuchar a las personas LGBTQ+ pone el amor en práctica

lunes, 4 de noviembre de 2024
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IMG_8410 Arzobispo John C. Wester

La reflexión de hoy es del Arzobispo John C. Wester, quien fue designado para dirigir la Arquidiócesis de Santa Fe por el Papa Francisco en 2015.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el trigésimo primer domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

Hace unos años, fui a hacerme una prueba de audición. La audióloga, sentada al otro lado de la cabina insonorizada, se tapó la boca con un trozo de papel y pronunció la palabra «lohs» en mis auriculares. Repetí la palabra según las instrucciones y luego le dije que no existía la palabra «lohs«. Ella respondió: No dije «lohs«, dije «pan«. ¡Ahora tengo audífonos! Y también aprecio más que nunca el don de oír. El Evangelio de hoy, acompañado de la primera lectura del Deuteronomio, nos recuerda aún más lo importante que es escuchar, especialmente en un nivel más profundo.

En la lectura del Evangelio de hoy según Marcos, escuchamos a Jesús responder al escriba que le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús responde citando Deuteronomio 6 (primera lectura de hoy) y Levítico 19, combinando el amor a Dios y el amor al prójimo. Note que Jesús y Deuteronomio introducen estos dos mandamientos con la gran revelación de que Dios es Uno: “¡El Señor nuestro Dios es Señor solo!” Esta gran verdad ha galvanizado la fe del pueblo judío y la de los cristianos durante siglos. El versículo completo de Deuteronomio, y la oración que se basaría en él, se conoce como la oración Shemá porque la palabra que introduce toda la perícopa, «shemá«, significa «escuchar» u «oír«: Oye, oh Israel. Escucha, presta atención. Por lo tanto, la respuesta de Jesús al escriba es primero escuchar lo que Dios ha estado diciendo a lo largo de los pasillos del tiempo: escucha a Dios, escucha a quien te habla, el Mesías.

El difunto padre Joseph Donders, misionero en Kenia, dijo que la respuesta de Jesús al escriba está contenida en la palabra “escucha”: “Esa palabra indicaba todo el resto que siguió. Esa palabra resumió el amor de Dios y el amor por los demás y el amor por uno mismo”. El padre Donders estaba convencido de que la escucha está en el centro del amor. El Papa Francisco se hizo eco de este sentimiento en la clausura del sínodo en Roma cuando dijo que “seguir a Dios en el camino sinodal implica cultivar la capacidad de escuchar al Señor pasar y la confianza para seguir sus pasos”.

El Verbo hecho carne habla a nuestro corazón y nos llama a seguirlo amando a su Padre, Abba, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Nos enamoramos de Dios y de los demás al escucharnos primero y luego tener la seguridad de que el otro nos está escuchando. Este tipo de escucha exige presencia, exige tiempo, exige sacrificio y exige amor.

Escuchar a Dios y al prójimo en este contexto es amar “con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas”. El difunto Reginald Fuller, el maravilloso erudito episcopal de las Escrituras, señala que en el pensamiento hebraico, el corazón, el alma, la mente y la fuerza no son facultades humanas separadas, sino que representan a la persona humana en su totalidad. No sólo amamos con toda nuestra persona sino que el objeto de nuestro amor es también toda la persona. En otras palabras, a través del Shemá, Jesús nos llama a escuchar y amar a la persona en su totalidad, no sólo las partes que nos gustan o con las que estamos de acuerdo. Cualquier cosa menos no es digna de un seguidor de Cristo. Estamos llamados a amar al Dios que está en toda la gloria y maravilla de Dios, no al dios que nosotros mismos hemos creado. Estamos llamados a amar la totalidad de nuestro prójimo, escuchando atentamente todo lo que hace de esa persona un ser humano único e irrepetible, incluidos aquellos atributos que tal vez no disfrutemos.

En el evangelio del domingo pasado, en el que Jesús le devolvió la vista a Bartimeo, los que seguían a Jesús sólo vieron una parte de Bartimeo, diciéndole a Nuestro Señor que no merecía el tiempo de Jesús, que era sólo un mendigo, que estaba sufriendo por sus pecados o los de sus padres. Pero Jesús vio a la persona entera, escuchó su sincera súplica por la vista y vio en él a un ser humano precioso que anhelaba la luz. Cuando Bartimeo fue “escuchado” por Jesús, encontró nueva vida y dejó su manto en el camino para convertirse en discípulo del Señor en el camino.

Amar a Dios y a nuestro prójimo con todo nuestro ser significa que no ponemos a Dios ni a nuestro prójimo en categorías de nuestra propia elección. Significa que tengo la humildad de permitir que el otro sea quien esa persona es, un Hijo de Dios, precioso a los ojos de Dios y a los míos. El Padre James Martin, SJ, al reflexionar sobre el Sínodo para una Iglesia sinodal, toca este punto cuando dijo: “…pero pedimos a la iglesia que escuche a aquellos que ‘experimentan el dolor de sentirse excluidos o juzgados, debido a su situación conyugal’. situación, identidad o sexualidad’”. Escuchar honestamente exige que nos abramos a horizontes que eclipsan nuestra visión limitada de las cosas.

Escuchar y amar de una manera holística permanece infundado a menos que tomemos en serio el llamado único de Cristo a unirnos a nuestro amor por Dios y el prójimo. Ciertamente no fue el primero en enfatizar los dos mandamientos de amar a Dios y amar al prójimo, pero fue el primero en hacerlos absolutamente dependientes el uno del otro. Una vez más, Reginald Fuller lo expresa bien:

“El amor a Dios es ilusorio si no nace del amor al prójimo, y el amor al prójimo es amor propio refinado si no procede del amor de Dios”.

En el pensamiento judío, oír y hacer son la misma cosa. Los dos mandamientos del amor sobre los que estamos reflexionando aquí comienzan con «Escucha, oh Israel«. Pero también podrían haber sido introducidos por: “¡Actúa, oh Israel! ¡Escuche y luego obedezca lo que Dios le está diciendo! ¡Pon en acción tu amor a Dios como amas a tu prójimo!”. En el evangelio de Marcos, el milagro de Bartimeo precede al evangelio de hoy, pero en Lucas, a los dos mandamientos del amor de hoy le sigue la parábola del buen samaritano. En esa parábola, Jesús nos da un ejemplo espléndido y conmovedor de amor en acción. El Buen Samaritano escuchó los gritos del hombre dado por muerto y dijo algo al respecto. Puso su amor en acción e hizo grandes gastos y grandes inconvenientes para vivir el mandato del amor.

¿Qué acciones estamos dispuestos a realizar para poner nuestro amor en práctica, en una realidad concreta? Podemos escuchar más atentamente a quienes son perseguidos y marginados debido a nuestros prejuicios y parcialidades. ¿Hay personas en la comunidad LGBTQ a quienes me he tomado el tiempo de escuchar de manera significativa, escuchando sus historias y conociéndolas mejor? ¿O voy a lo seguro y simplemente los descarto como inadaptados, como el P. Martin, en su libro Building a Bridge, ha observado que hacen algunas personas? El Evangelio de hoy nos llama a escucharnos unos a otros de manera significativa para que podamos derribar los muros que nos dividen, muros que nos mantienen a todos en una especie de prisión.

Por ejemplo, admito que hay muchas cosas que no entiendo sobre las personas transgénero. Pero tengo una perspectiva muy diferente al respecto, ya que he asistido a varias conferencias en las que teólogos, médicos, personas transgénero y obispos se han reunido para compartir historias, ideas y sabiduría. Estas experiencias y sesiones de escucha no resuelven todos los problemas, pero sí nos acercan a todos como una comunidad de creyentes cuyo amor a Dios se materializa al conocernos mejor unos a otros.

Este tipo de escucha es lo que significa amar al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas nuestras fuerzas, y a tu prójimo como a ti mismo. Los muros que nos separan son derribados y nuestro amor concreto por Dios y por los demás se convierte en el fundamento firme de una comunidad de creyentes.

Al final del Sínodo en Roma el mes pasado, el Papa Francisco repitió la frase que se ha convertido en un estribillo desde que la pronunció por primera vez en la Jornada Mundial de la Juventud en Portugal en 2023: “¡Todos, todos, todos! Nadie excluido, todos”. Esta es la visión de Cristo en el Evangelio de hoy: todos están reunidos mientras nuestro amor por Dios se derrama en los corazones de todos los creyentes que se aman unos a otros como Cristo nos amó primero.

El Papa también mencionó que la iglesia es “signo e instrumento de cómo Dios ya ha puesto la mesa y está esperando. Su gracia, a través del Espíritu, susurra palabras de amor en el corazón de cada persona. Nos es dado amplificar la voz de este susurro, sin obstaculizarlo; abrir puertas, sin levantar muros”. Esta amplificación sólo puede ocurrir si escuchamos a Dios y al prójimo con amor.

Supongo que se podría decir que el Evangelio de hoy es una especie de prueba de audición. ¡Oh Señor, danos oídos para oír!

—Arzobispo John Wester, 3 de noviembre de 2024

Fuente New Ways Ministry

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Sh’ma Israël –

domingo, 3 de noviembre de 2024
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je-toffre

*
שמע ישראל,
אלוהים הוא אלוהים שלנו,
אלוהים הוא אח

Sh’ma Israel

Adonai eloheinu

adonai ehad

*

Escucha Israel:

El Señor es nuestro dios,

El señor es uno.

(Deuteronomio 6:4)

***

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:

-“¿Qué mandamiento es el primero de todos?”

Respondió Jesús:

-“El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.

El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

No hay mandamiento mayor que éstos.”

El escriba replicó:

-“Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.”

Jesús. Viendo, que había respondido sensatamente, le dijo:

“No estás lejos del reino de Dios.”

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

*

Marcos 12, 28b-34

***

1aff28989090ca2455a908e196f71786

 

El rabí de Sasson contaba:

Aprendí de un campesino cómo deben amar los hombres. Este campesino se encontraba con otros en una hospedería y estaba bebiendo. Se quedó callado durante mucho tiempo con los otros, pero cuando el vino le movió el corazón, dirigiéndose a un compañero que se sentaba a su lado, le preguntó:

Dime, ¿me quieres o no?

El otro respondió:

Te quiero mucho.

Y dijo el campesino a su vez:

Dices que me quieres mucho; sin embargo, no sabes lo que necesito. Si verdaderamente me quisieras, lo sabrías.

El amigo no se atrevió a rebatirle, y el campesino que le había preguntado calló de nuevo. Yo, en cambio, comprendí: amar a los hombres significa intentar conocer sus necesidades y sufrir sus penas

*

Martin Buber,
«Legenda del Baal Sem»,
en G. Ravasi [ed.], El libro de los salmos: comentario y actualización, Bolonia 1985, p. 694).

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“Lo primero de todo”. Domingo 31 Tiempo ordinario – B (Marcos 12,28-34)

domingo, 3 de noviembre de 2024
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IMG_8022Hay pocas experiencias cristianas más gozosas que la de encontrarnos de pronto con una palabra de Jesús que ilumina lo más hondo de nuestro ser con una luz nueva e intensa. Así es la respuesta a aquel escriba que le pregunta: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

Jesús no duda. Lo primero de todo es amar. No hay nada más decisivo que amar a Dios con todo el corazón y amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos. La última palabra la tiene siempre el amor. Está claro. El amor es lo que verdaderamente justifica nuestra existencia. La savia de la vida. El secreto último de nuestra felicidad. La clave de nuestra vida personal y social.

Es así. Personas de gran inteligencia, con asombrosa capacidad de trabajo, de una eficacia sorprendente en diversos campos de la vida, terminan siendo seres mediocres, vacíos y fríos cuando se cierran a la fraternidad y se van incapacitando para el amor, la ternura o la solidaridad.

Por el contrario, hombres y mujeres de posibilidades aparentemente muy limitadas, poco dotados para grandes éxitos, terminan con frecuencia irradiando una vida auténtica a su alrededor sencillamente porque se arriesgan a renunciar a sus intereses egoístas y son capaces de vivir con atenta generosidad hacia los demás.

Lo creamos o no, día a día vamos construyendo en cada uno de nosotros un pequeño monstruo de egoísmo, frialdad e insensibilidad hacia los otros o un pequeño prodigio de ternura, fraternidad y solidaridad con los necesitados. ¿Quién nos podrá librar de esa increíble pereza para amar con generosidad y de ese egoísmo que anida en el fondo de nuestro ser?

El amor no se improvisa, ni se inventa, ni se fabrica de cualquier manera. El amor se acoge, se aprende y se contagia. Una mayor atención al amor de Dios revelado en Jesús, una escucha más honda del evangelio y una apertura mayor a su Espíritu pueden hacer brotar poco a poco de nuestro ser posibilidades de amor que hoy ni sospechamos.

José Antonio Pagola

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“No estás lejos del reino de Dios”. Domingo 03 de noviembre de 2024. 31º Ordinario

domingo, 3 de noviembre de 2024
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58-ordinariob31-cerezoLeído en Koinonia:

Deuteronomio 6, 2-6: Escucha Israel: Amarás al Señor con todo el corazón.
Salmo responsorial: 17: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
Hebreos 7, 23-28: Como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa.
Marcos 12, 28b-34: No estás lejos del reino de Dios.

En las estepas de Moab, Moisés da sus últimas instrucciones al pueblo que se prepara para entrar a la tierra de Canaán. Atrás quedó Egipto, debió quedar. Y atrás quedó también el desierto donde supuestamente el pueblo tuvo que haber aprendido muchas cosas que tendrán que ser muy útiles para su proyecto como pueblo en la tierra de la libertad. Egipto será un lugar para nunca volver, al desierto será necesario volver cuando el pueblo olvide o pierda su horizonte ya que ése es el espacio ideal para el reencuentro con su Dios, para dejarse reconquistar por él (cf. Os 2,14). Aquí, pues, en su despedida, Moisés insiste en lo más importante para que el pueblo tenga vida: cumplir las instrucciones y normas que el Señor ha dado. El texto del Deuteronomio que leemos hoy es el alma, la guía, la hoja de ruta que Israel no puede descuidar ni cambiar por otra cosa so riesgo de perderse y perecer como nación. La connotación en hebreo del verbo shemá lleva implícito el imperativo de obedecer, poner en práctica, y eso era lo que tenía que haber hecho el pueblo: escuchar obedeciendo, escuchar poniendo en práctica.

La redacción de este pasaje, aunque aparenta ser de una época previa a la conquista y posesión de la tierra, en realidad es de una época en la cual Israel ha probado y experimentado en carne propia lo que significa no escuchar poniendo en práctica los mandatos y preceptos del Señor. Estamos en la llamada época del post-exilio, Israel ha pasado por las experiencias históricas más crueles y difíciles: desaparición del sistema solidario tribal, aparición de la monarquía (punto de partida de todos sus pecados), división del reino, destrucción de ambos reinos, deportación… En todo momento Israel fue instruido por medio de los profetas que siempre lo invitaban a reorientar su camino, pero la queja de Dios fue siempre constante: «Israel no me escucha» (Sof 3,2), no me obedece, va camino a la perdición…

Las experiencias históricas obligan a Israel a aprender qué significa escuchar a su Dios y poner en práctica su Palabra, su instrucción. Con base en todo lo que le ha pasado, Israel descubre que los mandatos del Señor no buscan atarlo, cerrarle horizontes ni poner a todo un pueblo bajo la dirección de un Dios caprichoso. No es un Dios cualquiera el que libre y espontáneamente ha optado por este pueblo, es un Dios de Vida que sólo busca orientar al pueblo por sendas de vida. Israel no entendió siempre así el propósito de Dios y se fue detrás de otros dioses, y cuando se metió en el proyecto de otras divinidades empezó a perderse, se confundió y resultó siendo peor que otros pueblos que no conocían al verdadero y único Dios. Así pues, después de sobrevivir a las más duras experiencias, Israel vuelve a recordar cuál era desde el principio la propuesta de su Dios: amarlo sólo a él, buscarlo sólo a él y no confiarse de ninguna otra propuesta por más llamativa que fuera para no volver a caer en un fracaso peor.

El evangelio nos presenta la versión «marquiana» (de Marcos) de la pregunta a Jesús sobre el mayor y más importante de los mandamientos. La versión mateana (Mt 22,34-40) tuvimos oportunidad de reflexionarla hace unos días. Ambas versiones están ubicadas en el mismo contexto de la discusión de los saduceos con Jesús a cerca de la resurrección de los muertos. Cuando los fariseos ven que Jesús ha callado a los saduceos, se juntan con los escribas para ponerlo ellos también a prueba, pensarán que con ellos tal vez no saldrá tan bien librado. Y es que «pasar el examen» con los fariseos y maestros de la ley, seguramente no era fácil dado que para ellos la ley no era sólo aquella que Dios había dado a su pueblo por medio de Moisés, recordemos que en tiempos de Jesús esta gente manejaba ¡más de medio millar de mandatos y preceptos! Dependiendo de su forma de ver y de pensar, un mandato podía variar de importancia para unos y para otros, pues como es normal había distintas tendencias o escuelas, alguna muy liberal, y otras no tanto. ¿Cuál de ellas está representada aquí? No lo sabemos. Por la respuesta del escriba a Jesús, uno podría pensar que se trataba de una tendencia bastante liberal (vv. 32-33), al punto que a Jesús le pareció simpática su respuesta y le advierte lo cerca que está del reino de Dios.

Jesús se encuentra con que su pueblo cumple con una norma de varios siglos. Todos los días, tres veces al día todo israelita varón recita el «Shemá Israel, escucha Israel: el Señor nuestro Dios es uno sólo, a él amarás…», el shemá, pero ese shemá se quedó sólo en el campo auditivo, al campo de la práctica no se ve, y eso es lo que Jesús denuncia a lo largo de su ministerio, muchas palabras, muchas normas y preceptos, mucho apelo a Dios para todo, muchas frases de la ley en los bordes del manto, en el marco de la puerta, en el brazo, en la frente, pero nada en el corazón y menos aún en la vida ordinaria, en la práctica cotidiana.

En la comunidad de Marcos se están presentando situaciones similares a las del judaísmo. Las normas y preceptos que conocen los primeros cristianos son necesariamente aquellas que vienen del mundo judío; ahora, ¿serán de obligatorio cumplimiento todos esos preceptos en esta nueva experiencia de vida que se supone está animada por la presencia viva del Señor resucitado? Lo primero y más importante que los creyentes deben tener en cuenta es que no se trata de una adhesión a una divinidad distinta a la del judaísmo. Es el mismo Dios revelado a pueblo de Israel y en la Escritura, es el mismo Dios de Jesús, por tanto lo que primero tiene que hacer el cristiano es profesar su fe, amor y adhesión a ese Único Dios en términos de «escuchar» su Palabra y ponerse en función de obedecerle. Ese es el proyecto de vida de Jesús, eso fue lo que movió toda su vida y su obra y eso es lo que tiene que mantener vivo al cristiano, su adhesión a ese único y verdadero Dios a quien no le interesa otra cosa que el amor y adhesión a El lo vivan sus fieles en el amor mutuo y fraterno. No tiene sentido para Jesús hablar del amor a Dios sin tener en cuenta la ÚNICA puerta de acceso a Él: el prójimo. Leer más…

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El mandamiento más importante.

domingo, 3 de noviembre de 2024
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evangelio_08_06_17Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La curación del ciego Bartimeo nos dejó camino de Jerusalén. En la cronología de Marcos, el domingo tiene lugar la entrada triunfal; el lunes la purificación del templo; y el martes, en la explanada del templo, las autoridades interrogan a Jesús sobre su poder; los fariseos y herodianos sobre el tributo al César; los saduceos sobre la resurrección. Son enfrentamientos con mala idea, que desembocan en una escena inesperada, en la que un escriba reconoce la sabiduría de Jesús.

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:

¿Que mandamiento es el primero de todos?

Respondió Jesús:

El primero es: «Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amaras al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser». El segundo es este: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que estos.»

El escriba replico:

Muy bien, maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.»

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:

No estás lejos del reino de Dios.

Y nadie se atrevió a dirigirle más preguntas.

1. El protagonista es un escriba. Los escribas son los especialistas en la Ley de Moisés, parecidos a los actuales profesores de teología, pero con una formación mucho más intensa, porque tenían que aprender de memoria el Pentateuco y las interpretaciones de los rabinos; además, no podían ejercer su profesión hasta cumplir los cuarenta años. Gozaban de gran prestigio entre el pueblo, aunque su peligro era el legalismo: la norma por la norma, con todas las triquiñuelas posibles para evadirla cuando les interesaba. Por eso Jesús tuvo tantos enfrentamientos con ellos. En los evangelios aparecen generalmente como enemigos, pero en este caso las relaciones entre el escriba y Jesús son muy buenas y los dos se alaban mutuamente.

2. La pregunta por el mandamiento principal. La antigua sinagoga contaba 613 mandamientos (248 preceptos y 365 prohibiciones), que dividía en fáciles y difíciles. Fáciles, los que exigían poco esfuer­zo o poco dinero; difíciles, los que exigían mucho dinero o ponían en peligro la vida. P.ej., eran difíciles el honrar padre y madre, y la circuncisión. Generalmente se consideraba que los difíciles eran importantes; entre los temas importantes aparecen la idolatría, la lascivia, el asesinato, la profanación del nombre divino, la santificación del sábado, la calumnia, el estudio de la Torá (el Pentateuco). Ante este cúmulo de mandamientos, es lógico que surgiese el deseo de sintetizar, o de saber qué era lo más importante.

3. La respuesta de los contemporáneos de Jesús. Citaré dos casos. El primero se encuentra en una anécdota a propósito de los famosos rabinos Shammay y Hillel, que vivie­ron pocos años antes de Jesús. Una vez llegó un pagano a Shammay (hacia 30 a.C.) y le dijo: “Me haré prosélito[es decir, estoy dispuesto a convertirme al judaísmo] con la condición de que me enseñes toda la Torá mien­tras aguanto a pata coja”. Shammay lo echó amenazándolo con una vara de medir que tenía en la mano. Entonces el pagano fue a Hillel (hacia el 20 a.C.), que éste le dijo: “Lo que no te guste, no se lo hagas a tu prójimo. En esto consiste toda la Ley, lo demás es interpreta­ción”. Y lo tomó como prosélito.

También del Rabí Aquiba (+ hacia 135 d.C.) se recuerda un esfuer­zo parecido de sintetizar toda la Ley en una sola frase: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lv 19,18); este es un gran princi­pio general en la Torá”.

4. La respuesta de Jesús. El esfuerzo por sintetizar en una sola frase lo esencial se encuentra al final del Sermón del Monte en el evangelio de Mateo: “Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos, porque eso significan la Ley y los Profetas” (Mt 7,12).

En el evangelio de hoy, Jesús responde con una cita de la Escritura: “Escucha Israel, el Señor nuestro Dios es uno solo. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6,5), aunque añade también “con toda tu mente”. Estas palabras forman parte de las oraciones que cualquier judío piadoso recita todos los días al levantarse y al ponerse el sol. En este sentido, la respuesta de Jesús es irreprochable. No peca de originalidad, sino que aduce lo que la fe está confesando continuamente.

La novedad de la respuesta de Jesús radica en que le han preguntado por el manda­miento principal, y añade un segundo, tan importante como el primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19,18). Ambos preceptos están al mismo nivel, deben ir siempre unidos. Jesús no acepta que se pueda llegar a Dios por un camino individual e intimista, olvidando al prójimo. Dios y el prójimo no son magnitudes separables. Por eso, tampoco se puede decir que el amor a Dios es más importante que el amor al prójimo. A la pregunta del escriba por el mandamiento más importante (en singular) responde diciendo que son estos dos (en plural). Y no hay precepto más grande que ellos.

5. La reacción del escriba. El protagonista se muestra plenamente satisfecho de la respuesta, pero añade un comentario importantísimo: amar a Dios y al prójimo “vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Con estas palabras, abandona el plano teórico y saca las consecuencias prácticas. Durante siglos, muchos israelitas, igual que hoy muchos cristianos, pensaron que a Dios se llegaba a través de actos de culto, peregrinaciones, ofrendas para el templo, sacrificios costosos… Sin embargo, los profetas les enseñaban que, para llegar a Dios, hay que dar necesariamente el rodeo del prójimo, preocuparse por los pobres y oprimidos, buscar una sociedad justa. En esta línea se orienta el escriba.

            Un ejemplo vale más que mil palabras. En la basílica de la Virgen de Luján, en Argentina, que es un sitio de peregrinación nacional muy frecuentado, por lo visto era costumbre llevar ramos de flores para la Virgen. La última vez que estuve allí, me llamó la atención un letrero colocado de manera oficial y muy clara advirtiendo a los fieles que a la Virgen le agrada mucho más que se dé de comer al hambriento que el que le regalen a ella un ramo de flores.

La 1ª lectura,

Tomada del libro del Deuteronomio, es la base de la respuesta de Jesús.

En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo:

– «Teme al Señor, tu Dios, guardando todos sus mandatos y preceptos que te manda, tu, tus hijos y tus nietos, mientras viváis; así prolongarás tu vida. Escúchalo, Israel, y ponlo por obra, para que te vaya bien y crezcas en número. Ya te dijo el Señor, Dios de tus padres: “Es una tierra que mana leche y miel.” Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria

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Domingo XXXI del Tiempo Ordinario. 03 de noviembre de 2024

domingo, 3 de noviembre de 2024
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“Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:

-No estás lejos del Reino de Dios.

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.”

(Mc 12, 28-34)

Las palabras, así con minúscula, también tienen fuerza, bien lo saben quienes se dedican al mundo de la publicidad. No basta con tener un buen producto hay que saber venderlo.

Hace años que se oye decir que en la Iglesia tenemos que cambiar de lenguaje, que muchas de nuestras celebraciones ya no dicen nada a la gente de hoy. Y es enteramente cierto.

El mensaje que tenemos que anunciar es el mejor de los productos y es más necesario que nunca, pero si no nos atrevemos a cambiar de lenguaje no nos entenderá nadie.

Es admirable la audacia que tuvieron muchos autores bíblicos que al citar otros textos más antiguos, los reelaboran, los cambian sin ningún pudor.

Y hoy podríamos hacer nosotras lo mismo. Vamos a cambiar un poco el texto, en lugar de mandamiento vamos a hablar de misión. La cosa quedaría más o menos así:

“¿Qué es lo primero en la misión?

Y Jesús respondería: -Lo primero en la misión es que te enamores de Dios perdidamente, como si no hubiera nada más en el mundo. Y lo segundo, que ese amor te lleve a las personas, a todas las personas. Esto es lo más importante, todo lo demás irá llegando.

Y cualquier persona de hoy contestaría:

-Tienes razón, Maestro, lo único que realmente vale la pena y queremos todos es que nos quieran. El lenguaje del amor lo entiende todo el mundo.

Jesús, viendo una respuesta tan sensata, diría:

-Por el camino del Amor encontrarás la felicidad, que es otra manera de decir Reino de Dios.”

Ojalá nos atrevamos a ser tan osadas como aquellas primeras comunidades cristianas que no dudaron en emplear el lenguaje del Imperio para hablar de lo que habían experimentado con Jesús.

De todos modos el problema del lenguaje deja de ser un problema cuando tienes una experiencia transformadora. Porque no puedes callártela. Y precisamente eso es lo que hace que el mensaje sea contagioso, por mucha teología que sepamos. Y aunque hagamos un impecable máster en catequética, si no nos hemos encontrado con el Dios de Jesús, no tendremos nada que anunciar.

Las personas místicas de todos los tiempos han encontrado el lenguaje que necesitaban para transmitir su experiencia y con ella han acercado a mucha gente al Reino.

Oración

Trinidad Santa, que no queramos empezar anunciando, sino recibiéndoTe a ti como Buena Noticia. Que sea el encuentro Contigo el que nos haga buscar las palabras para darTe a conocer.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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En Dios el amor se identifica con unidad. no es un ser que ama, sino el AMOR.

domingo, 3 de noviembre de 2024
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img_5979DOMINGO 31 (B)

Mc 12,28-34

Hoy cambiamos de escenario. Jesús lleva ya unos días en Jerusalén. Ha realizado ya la purificación del templo; ha discutido con los jefes de los sacerdotes, maestros de la ley y ancianos sobre su autoridad para hacer tales cosas; con los fariseos y herodianos sobre el pago del tributo al César; con los saduceos sobre la resurrección. El letrado que se acerca hoy a Jesús no demuestra ninguna agresividad, sino interés por la opinión del Rabí.

La pregunta tiene sentido porque la Torá contiene 613 preceptos. Para muchos rabinos todos los mandamientos tenían la misma importancia, porque eran mandatos de Dios y había que cumplirlos solo por estar mandados. Para algunos el mandamiento más importante era el sábado. Para otros el amor a Dios era lo primero. Aunque Jesús responde recitando la “shemá”, da un salto en la interpretación, uniendo ese texto del Deuteronomio, que hablaba solo del amor a Dios, con otro en (Lv 19,18) que habla del amor al prójimo.

El amor a Dios fue un salto de gigante sobre el temor al Dios amo poderoso y dueño de todo. En el AT el amor a Dios debía ser absoluto, “sobre todas las cosas”. El amor al prójimo era relativo, “como a ti mismo”. Según la Tora, era perfectamente compatible un amor a Dios y un desprecio absoluto, no solo a los extranjeros sino también a amplios sectores de la propia sociedad judía, a quienes creían rechazados por el mismo Dios.

Según Jesús la palabra mandamiento tiene que dar un cambio radical y significar algo muy distinto cuando la aplicamos a Dios. Dios no manda nada. Dios no hace leyes, sino que pone en la esencia de cada criatura el plano, la hoja de ruta para llegar a su plenitud. Dios no “quiere” nada de nosotros ni para nosotros. Su “voluntad” es la más alta posibilidad que se encuentra en cada criatura, no algo añadido desde fuera después de haberla creado.

En Juan los dos mandamientos se convierten en uno solo: “que os améis unos a otros como yo os he amado”. Jesús no dice que le amemos a él, ni que amemos a Dios, ni que ames al prójimo como a ti mismo, sino que ames a los demás como él los ha amado. El cambio no puede ser más radical. Aún no nos hemos dado cuenta de esta novedad. Dios no es un ser separado de mí, al que debo amar, sino el amor que me permite sentirme uno con todos.

En nosotros el amor es una cualidad que puedo tener o no tener. En Dios el amor es su esencia. Si dejara de amar, dejaría de ser. Lo que queremos decir cuando hablamos del amor a Dios o del amor de Dios no tiene nada que ver con lo que queremos significar cuando hablamos del amor humano. El amor humano es siempre una relación entre dos. El amor de Dios es la identificación de dos. De este amor es del que habla el evangelio.

Se trata de una posibilidad específicamente humana. El amor-Dios y nuestro amor no son grados distintos de la misma realidad, sino realidades sustancialmente distintas. Dios no se puede relacionar con las criaturas como lo hacemos nosotros, porque no está fuera de ninguna de ellas. Nosotros podemos relacionarnos con las demás criaturas, pero no con Dios porque es nuestro ser. Vivir esto nos permite identificarnos con los demás y amarlos.

Una vez más el lenguaje nos juega una mala pasada. La palabra “amor” es una de las más manoseadas del lenguaje. Hablar con propiedad de Dios-Amor-Unidad, es imposible. Nuestro lenguaje es para andar por casa. Al emplearlo para hablar de lo divino se convierte en trampa que pretende ir más allá de lo que puede expresar. Intentar llegar a Dios con nuestros conceptos es inútil. La manera de trascender el lenguaje es la vivencia. Solo la intuición puede llevarnos más allá de todo discurso. Solo amando sabrás lo que es el amor.

En realidad, el camino hacia el amor empezó en las primeras millonési­mas de segundo después del Big-Bang; cuando las partículas primigenias se unieron para formar unidades superiores. Esta tendencia de la materia a formar entidades más complejas, lleva en sí la posibilidad de perfección casi infinita. La aparición de la vida, que consigue integrar billones de células, fue un gran salto hacia esa capacidad de unidad. No sabemos que es la vida biológica, pero conocemos sus efectos sorprendentes. Dios es otra Vida que unifica todo.

Llegada la inteligencia y superada la pura racionalidad el ser humano está capacitado para alcanzar una unidad que no es la del egoísmo individual. Un conocimiento más profundo y una voluntad que se adhiere a lo mejor, hacen posible una nueva forma de acercamien­to entre seres que pueden llegar a un grado increíble de unidad, aunque no sea física. Descubierta esa unidad, surge lo específicamente humano. Esta capacidad de salir de la individualidad e identificarme con Dios y con el otro, es lo que llamamos amor.

Este amor es consecuencia de un conocimiento, pero no racional. Es inútil que nos empeñemos en explicar por qué debemos amar a los demás. Este amor solo llegará después de haber experimentado la presencia en nosotros del Amor que es Dios. Lo mismo que llamamos vida a la fuerza que mantiene unidas a todas las células de un viviente, podemos llamar AMOR a la energía que mantiene unidos a todos los seres de la creación. Si descubro que la base de todo ser es lo divino, descubriré la “razón” del verdadero amor.

Todos los místicos de todas las religiones de todos los tiempos han llegado a la misma vivencia y nos hablan de la indecible felicidad de sentirse uno con el Todo y fuera del tiempo. Esa sensación de integración total es la máxima experiencia que puede tener un ser humano. Una vez llegado a ese estado, el ser humano no tiene nada que esperar. Fijaos hasta qué punto demostramos nuestro despiste, cuando seguimos llamando “buen cristiano” al que va a misa, confiesa y comulga, solo porque tiene asegurada la otra vida. Ser cristiano no es el objetivo último del hombre, solo un medio para llegar a amar.

No debo comerme el coco tratando de averiguar si amo a Dios. Lo que tengo que examinar es hasta qué punto estoy dispuesto a darme a los demás. Solo eso cuenta a la hora de la verdad. El amor teórico, el amor que no se manifiesta en obras y actitudes concretas, es una falacia. Ya lo decía Juan en su primera carta: “Si alguno dice que ama a Dios, a quien no ve, y no ama a su prójimo, a quien ve, es un embustero y la verdad no está en él”. Pero es imprescindible que nos examinemos bien. No debemos confundir amor con instinto. Si apartamos de nuestro amor a una sola persona, todo lo demás es egoísmo.

El amor planteado desde la razón no tiene sentido, porque la razón nunca te llevará a amar con el amor que nos propone Jesús. Tampoco podemos entenderlo como mandamiento que obliga desde fuera con normas o preceptos. Aprender a amar es la tarea más importante para todo ser humano. La religión debía ser un instrumento que me permitiera desplegar esa capacidad de amar. Nadie puede sustraerse a la necesidad de crecer en humanidad. Pues ser más humano es ser capaz de amar más. Todo lo demás será tarea inútil.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Amarás a Dios.

domingo, 3 de noviembre de 2024
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Mark-1228-34Mc 12, 28-34

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con toda tu mente»

 

A Dios se le puede temer, se le puede adorar, pero… ¿realmente se le puede amar?…

Las religiones primitivas consideran a los dioses gente peligrosa, poco de fiar, a la que hay que mantener alejada y aplacada. El amor a Dios no tiene en ellas el menor significado.

El Antiguo Testamento es el que introduce la idea de amar a Dios. Lo hace en forma de mandamiento, y resulta chocante, porque la imagen que el pueblo de Israel tiene de Yahvé no invita a amarle. ¿Se puede acaso amar al Juez «que castiga de los padres en los hijos y en los hijos de los hijos»? … ¿O al Señor que reparte bendiciones entre una minoría de justos y olvida que la gran mayoría del pueblo vive marginada y depauperada “a causa” de sus pecados?…

Jesús nos da una excelente razón para amar a Dios: Dios es Abbá, el padre que «tanto amó al mundo que le entregó a su hijo». Ésa es precisamente la buena Noticia que proclama el evangelio; que Dios es mucho mejor que lo que nadie había imaginado jamás; que no es el juez, que es Abbá. Pero Jesús no se limita a proclamarlo, sino que lo hace visible cuando se acerca al leproso, o defiende a la adúltera, o muere colgado del madero para que la buena Noticia llegue a nosotros. Dicho de otro modo, viendo y entendiendo a Jesús comprendemos a Dios…

¿Pero basta con comprenderle? …

Decimos que es cristiano “el que responde al amor de Dios amando a los demás”, pero si no sentimos el amor de Dios, es decir, si nos limitamos a aceptar intelectualmente que ese amor existe a través de un acto meramente racional, volitivo, será muy difícil que esa respuesta se produzca, pues habremos perdido la motivación primera y primordial para hacerlo; porque el corazón tiene una capacidad de motivar de la que carece la mente.

¿Pero cómo sentir el amor de Dios? … ¿Es algo reservado a los místicos contemplativos evadidos de la áspera realidad de la vida cotidiana?…

Probablemente no. Probablemente el contacto continuado con la Palabra en actitud receptiva y huyendo de la suficiencia de los sabios; su lectura sincera para empaparse de su mensaje y saborear las escenas que nos brinda… vaya poco a poco convirtiéndose en una íntima convicción que sobrepase lo intelectual para entrar en lo afectivo. Así lo vemos en algunas personas cercanas a nosotros que nos muestran, con su forma de estar en el mundo, que se puede sentir el amor de Dios; que ese sentimiento empuja a responder a ese amor de manera muy difícil de entender si no se siente de verdad.

En resumen, y como decía Ruiz de Galarreta: «El que se acerca al fuego se va calentando».

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

 

Fuente Fe Adulta

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En el laberinto de los mandamientos, Jesús nos da la brújula para el camino.

domingo, 3 de noviembre de 2024
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comandamento-amoreDOMINGO 31º T.O. (B)

Marcos 12, 28-38

Corren malos tiempos para los mandamientos. Las grandes religiones llevan siglos intentando que los creyentes no robemos, no matemos, no mintamos, respetemos a nuestros padres, amemos con un corazón limpio… Y basta con abrir el periódico o ver la televisión para darnos cuenta de que tenemos muchos comportamientos terribles; que podemos llegar a comportarnos peor que los animales.

Jesús se encontró con un laberinto de mandamientos. Era imposible “caminar” entre más de 600 preceptos sin incumplir muchos de ellos. Era imposible no sentirse bajo el yugo de la ley, que prohibía cosechar en sábado, cuando los pobres pasaban ese día por delante de un campo en el que podían coger las espigas que habían caído al suelo y saciar el hambre. ¿O, cómo se sentirían las madres, tras el parto de una niña, teniendo que cumplir la estricta pureza ritual durante 80 días?

Los 10 mandamientos se habían ido diversificando en otros, más pequeños y concretos, hasta formar una trama. Unas personas se jactaban de ser cumplidoras, pero otras sabían que estaban condenadas de antemano, porque su situación social les impedía cumplirlos.

Jesús sabía que la ley era intocable. Y “la tocó” para devolverle el sentido. Sin duda, sabía que se jugaba la vida al hacerlo, pero nos quería libres ante los mandamientos, porque son caminos que dan vida, personal y social.

Ahora, la palabra “mandamiento” evoca normas y obligaciones impuestas. Se viven como imposiciones que vienen de fuera y para muchos jóvenes es un fastidio que coarta la libertad. Solución: saltárselos para gozar libremente. Y surgen los enfrentamientos entre pandillas, los robos con violencia, los abusos sexuales, las agresiones en el seno de la propia familia, etc.

Pero cada mandamiento, expresa un valor muy profundo: el valor de la vida humana, del respeto a la propiedad ajena, el valor de la verdad en lo que decimos y hacemos, o la transparencia en las relaciones humanas y sexuales, para que no haya ningún tipo de engaño, violencia o abuso.

Es curioso que a través de la publicidad recibamos un montón de mandatos para comprar determinados productos, hacernos arreglos estéticos, viajar, tener el último modelo de automóvil… Recibimos una larga lista de mandatos que, supuestamente, nos harán más felices y seremos envidiados por los demás. Deben dar resultado, a la vista del enriquecimiento de muchas marcas.

Y, sin embargo, los mandamientos fundamentales, los que dan sentido a la vida y permiten que una sociedad viva en paz y se respeten los derechos humanos, se arrinconan. Es importante recordar, este domingo y siempre, las palabras de san Agustín: “Ama y haz lo que quieras… Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa, sino amor, serán tus frutos”. Él entendió muy bien el evangelio de hoy: Amar a Dios y al prójimo nos da calidad de vida, evita guerras, procura el bienestar ajeno, nos ayuda a considerar al prójimo como una persona digna de ser amada; el amor “derrite” el miedo y nos desarma. ¿Cómo sería el mundo si viviéramos los dos mandamientos fundamentales?

Marifé Ramos González

Fuente Fe Adulta

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