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Jean Paul Sartre: «Por momentos, María se olvida de que es Dios, lo toma en sus brazos y le dice: ‘¡Mi pequeño!'»

miércoles, 30 de diciembre de 2020
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jesusjoseymaria-blog_imagen‘Barjona o hijos del trueno’, texto navideño escrito por Sartre, entonces prisionero de guerra.

«Pero en otros momentos permanece turbada y piensa: «Dios está ahí», y se siente presa de un temor religioso ante este Dios mudo, ante este niño»

Ella lo mira y piensa: «¡Este Dios es mi hijo! Esta carne divina es mi carne. Está hecho de mí, tiene mis ojos y la forma de su boca es la mía. Se parece a mí. Es Dios y se parece a mí»

«Ninguna mujer ha tenido a su Dios todo para ella. Un pequeño Dios que puede tomar en sus brazos y cubrir con besos, un Dios cálido que sonríe y respira, un Dios que puede tocar y que vive»

«José sufre porque ve lo mucho que la mujer que ama se parece a Dios, lo cerca que está de Dios. Porque Dios ha estallado como una bomba en la intimidad de su familia. José y María están separados para siempre por este fuego de luz. E imagino que toda la vida de José será para aprender a aceptar»

388EFA8C-43FB-4A4D-B8BF-0F024E3FD066Recibí este texto de un amigo y colega de teología de la PUC-SP Fernando Altemeyer Junior, conocido pero poco divulgado por J.P.Sartre. Prisionero en la Segunda Guerra Mundial, a petición de algunos sacerdotes, también prisioneros, se le pidió que escribiera una meditación, lo más amplia posible para que todos pudieran entenderla. Ateo confeso y generoso, aceptó la invitación. Entró en el espíritu de la Navidad y les dio este conmovedor texto que nos ilumina hasta el día de hoy. En caso de duda, lo reconoció como suyo en 1962, explicando el contexto en el que fue escrito. Agradecemos al incansable investigador y profesor Fernando Altemeyer Junior por haber accedido a este texto en originales portugueses y franceses. Leonardo Boff

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 Barjoná o los hijos del trueno

Como hoy es Navidad, tiene derecho a exigir que se le muestre el pesebre. Ahí está. Mire a la Virgen, mire a José y mire al Niño Jesús. El artista ha puesto todo su amor en este dibujo, pero puede considerarlo un tanto ingenuo. La verdad es que los personajes tienen hermosos adornos, pero son rígidos, se diría que parecen marionetas. Ciertamente no eran así.

Para entederme, sólo tiene que cerrar los ojos y le diré cómo los veo dentro de mí. La Virgen está pálida y mira al niño. Lo que falta por reflejar en su rostro es una mueca de maravillosa ansiedad, una expresión de arrobamiento que sólo aparece una vez en la historia de una figura humana.

Porque Cristo es su hijo, la carne de su carne y el fruto de sus entrañas. Lo ha llevado nueve meses y le dará su pecho, y su leche se convertirá en la sangre de Dios. Y en ciertos momentos la tentación es tan fuerte que se olvida de que es Dios. Lo toma en sus brazos y dice: «¡Mi pequeño!»

Pero en otros momentos permanece turbada y piensa: «Dios está ahí», y se siente presa de un temor religioso ante este Dios mudo, ante este niño. Porque todas las madres se sienten así, por momentos, ante ese pedazo rebelde de su carne que es su hijo y se sienten exiliadas ante esa nueva vida que se ha hecho con su vida y que pueblan pensamientos extraños.

Pero ningún hijo ha sido arrancado más cruel y más rápidamente a su madre, porque este niño es Dios y está más allá de todo lo que ella pueda imaginar. Y es una dura prueba para una madre avergonzarse de sí misma y de su condición humana delante de su hijo.

4D8F97A0-2224-4BE9-AC92-FEA3C46E699APero creo que también debió haber otros momentos, rápidos y huidizos, en los que ella siente al mismo tiempo que Cristo es su hijo, su pequeño, y que es Dios. Ella lo mira y piensa: «¡Este Dios es mi hijo! Esta carne divina es mi carne. Está hecho de mí, tiene mis ojos y la forma de su boca es la mía. Se parece a mí. Es Dios y se parece a mí».

Y ninguna mujer ha tenido a su Dios todo para ella. Un pequeño Dios que puede tomar en sus brazos y cubrir con besos, un Dios cálido que sonríe y respira, un Dios que puede tocar y que vive.

Y es en esos momentos en los que yo pintaría a María, si fuera pintor, e intentaría representar la expresión de tierna audacia y timidez con la que ella avanza su dedo para tocar la dulce piel de este niño-Dios, cuyo cálido peso siente en sus rodillas y que le sonríe.

Esto es lo principal de Jesús y de la Virgen María. ¿Y José? A José yo no lo pintaría. Sólo mostraría una sombra en el fondo del portal y dos ojos brillantes. Porque no sé qué decir de José y José no sabe qué decir de sí mismo.

Adora y es feliz adorando. Le encanta y es feliz de amar al niño, pero se siente un tanto exiliado. Creo que sufre sin admitirlo. Sufre porque ve lo mucho que la mujer que ama se parece a Dios, lo cerca que está de Dios. Porque Dios ha estallado como una bomba en la intimidad de su familia. José y María están separados para siempre por este fuego de luz. E imagino que toda la vida de José será para aprender a aceptar.

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Víctor Codina: «Harto de la hipocresía y contradicción de la Navidad, Jesús ha salido del pesebre»

lunes, 28 de diciembre de 2020
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34-01_A2«¿Dónde está Jesús?, les preguntamos a los ángeles de Belén»

«¿Dónde está Jesús?, les preguntamos a los ángeles de Belén y nos dirán lo mismo que los ángeles dijeron a las mujeres que en la mañana de Pascua iban al sepulcro: en Galilea»

«¿Dónde está Galilea hoy?, ¿dónde está Jesús en estas Navidades? En los hospitales, en los médicos, enfermeras y sanitarios que cuidan los enfermos con riesgo de su propia vida, en quienes buscan vacunas, está en los enfermos y los que mueren solos»

«Jesús está también en los lejanos migrantes que atraviesan el Mediterráneo, en aquel niño que muere ahogado en el mar mientras su madre grita angustiada pidiendo que alguien lo salve»

«Soñemos juntos en construir un mundo diferente, un futuro mejor, de fraternidad y sororidad, cuidado de nuestra casa común y entonces, Jesús regresará de nuevo al pesebre»

La pandemia afecta a la Navidad: limitaciones de encuentros y de viajes, toque de queda, sin Misa del gallo a las 12, sin cabalgata de Reyes, muchos comercios y restaurantes cerrados, sin abrazos.

Humoristas dibujan a José y María con mascarillas, anuncian que los pastores estarán en fila, a metro y medio de distancia y con gel, que los Reyes Magos necesitarán PCR y permiso para viajar a otro país.

 Pero lo más nuevo de este año es que el pesebre estará vacío y los ángeles de Belén nos dirán lo mismo que los ángeles dijeron a las mujeres que iban al sepulcro de Jesús con aromas: No está aquí.

Jesús, harto de la hipocresía y contradicción de la Navidad, convertida en fiesta de consumo, iluminaciones, apariencia, superficialidad, Papa Noel y solsticio de invierno, lo más opuesto a su nacimiento, ha salido del pesebre. Navidad se ha desbordado. ¿Dónde está Jesús?

Jesús no está en las fábricas de armamentos, ni en los narcotraficantes, ni en Wall Street, ni en Davos, ni en las multinacionales que destruyen la Amazonía y el Congo, ni en los dirigentes que cierran sus puertas y sus puertos a los emigrantes, ni en los bancos que urgen los desahucios de gente vulnerable, ni en los que, como buitres, se aprovechan de la pandemia para sus intereses económicos o políticos, ni en los que esconden su dinero en paraísos fiscales, ni en los que silencian y agreden a mujeres, ni en los policías que asfixian a negros, ni en los terroristas que matan, ni en los que marginan a los homosexuales y al LGTB, ni en los dirigentes que juegan al golf mientras sus súbditos mueren de coronavirus.

¿Dónde está Jesús?, les preguntamos a los ángeles de Belén y nos dirán lo mismo que los ángeles dijeron a las mujeres que en la mañana de Pascua iban al sepulcro: en Galilea. Galilea era un lugar sencillo, pobre, desconocido y despreciado, donde estaban María y Jesús, donde Jesús vivió la mayor parte de su vida y comenzó a predicar el evangelio.

¿Dónde está Galilea hoy?, ¿dónde está Jesús en estas Navidades? En los hospitales, en los médicos, enfermeras y sanitarios que cuidan los enfermos con riesgo de su propia vida, en quienes buscan vacunas, está en los enfermos y los que mueren solos, en los que acompañan el duelo, en las residencias de gente anciana, en las familias que viven encerradas durante meses en pisos extremadamente pequeños, en las familias desahuciadas, en los aprisionados en los CIEs y en las cárceles.

Pero Jesús está también en los lejanos migrantes que atraviesan el Mediterráneo, en aquel niño que muere ahogado en el mar mientras su madre grita angustiada pidiendo que alguien lo salve. Jesús está en Lampedusa, Lesbos y Canarias, en los palestinos sin estado, en los rohinyas refugiados en Bangladesh, en los armenios que lloran sus muertos, en jóvenes que luchan por la libertad y democracia en Hong Kong o Bielorrusia, en quienes defienden los derechos de las mujeres y la ecología.

Jesús está en las maestras y maestros que se desviven para que los niños y jóvenes puedan estudiar, en el voluntariado que reparte comida, en quienes trabajan en comercios, transportes y limpieza para que no se colapse la sociedad, en los sin trabajo, techo ni futuro, en los sacerdotes, laicos y religiosas que a través de la radio, TV, You Tube o Zoom, animan la fe, anuncian la Palabra, rezan, consuelan, infunden esperanza.

Quizás este año no podamos cantar juntos el Fum, Fum, Fum, ni Noche de paz, ni Singing Bells, ni Campana sobre campana…pero sí podremos recordar y vivir que “Donde hay caridad y amor, allí está Dios”.

Soñemos juntos en construir un mundo diferente, un futuro mejor, de fraternidad y sororidad, cuidado de nuestra casa común y entonces, Jesús regresará de nuevo al pesebre.

Fuente Religión Digital

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La Navidad de las travas: a sala de hombres por no tener documento

sábado, 26 de diciembre de 2020
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00B6E0BC-717F-40C5-A2E1-1037F7120884Por Alma Fernández

Cuando llegué a Buenos Aires, llegué como todas. “Pobre marica de catorce años y soñadora”, me dijo. “¿Quién te paró aquí? ¿Cómo te llamás? ¿Vos sabés quién manda aquí? ¿Por qué viniste a Flores? ¿De dónde sos? ¿Vos sabés que aquí se paga la plaza?”

– Me llamo Alma, soy tucumana, me trajo la Débora Britos, yo no pago plaza- contesté.

Nos empujamos a los gritos con tironeo de cabellos, cachetazos, patrullero, sin documentos las dos a la comisaría y que no se diga más nada y calladitas.

Lo que se vino después fueron hermosos días de cumbia y copeteo entre clientes, robos y delincuencia para sobrevivir y ser felices también.

Carla Saracho, alias “Carlita de Flores” –tal como figuraba en las actas contravencionales de la comisaría– era de Mariano Acosta, localidad de Merlo, de mamá paraguaya y papá chaqueño. Habían llegado en el año `97 desde Paraguay corridos por el hambre y las ganas de salir adelante. El padre realizaba trabajos de albañilería, hasta que en el año 2000 tuvo un accidente. Desde entonces la mamá de Carlita trabajó todos los días por ella y sus hermanitos, que eran cinco en total. Carlita era una de las mayores en su casa y, como en toda familia atravesada por la necesidad, los hijos más grandes tienen que ver por el bienestar de los más chiquitos.

Así como si nada nada te toca crecer y empezar a tener responsabilidades. Qué invisibles, crueles, hasta violentos pueden ser el capitalismo y este sistema binario que tanto nos flagelan pretendiendo invisibilizar algo que jamás se podrá tapar. Tan arraigada está la cultura heterosexual a la institución familiar que vuelve ciegos de odio a nuestros padres, hermanos y parientes.

Carlita, no fuiste la excepción. Arrojada a los quince años de tu casa, a causa de la ignorancia y las desigualdades de las clases sociales, por el simple hecho de ser diferente, el único camino que elegiste fue el mismo que elegimos todas: prostituirte. Noche, drogas y alcohol, momentos de clientes mal disfrazados de Romeos. Siempre decíamos que esos no eran príncipes, esos eran ratitas, porque ni a ratas llegaban. Cuántas navidades paradas prostituyéndonos a las doce de la noche en la zona roja, cuántas travestis al igual que nosotras andan caminando solas por la zona como si fuera cualquier otro día, buscando algo para olvidar y desear que ese día se pase rápido, al mismo tiempo que en las casas de la ciudad todo el mundo se abraza, sonríe y festeja. Esos momentos también nos los merecemos, yo lo creo y también lo sueño.

  Fue unos días después de Navidad en la ribera de Quilmes cuando descubriste que se venía la noche. Los días que siguieron fueron ir al médico que inmediatamente te dio tu tratamiento. Lo tomabas siempre. El problema fue pagar el lugar donde vivías y esa mujer maldita que te veía temblar y no le importaba. Esa fiebre maldita que te ardía por todas las espaldas, que tan bien disimulabas como que no tenías nada, para que las otras trans no dijeran: “está picada”, “el bicho” o “estás muy flaca”. El problema fueron los clientes y la droga que traían en sus bolsillos, porque hasta esa suerte tenía la marica: mucho Chongo, mucho chongo con droga.

Había comenzado el otoño, al igual que las hojas secas vos te estabas secando. Bajar tan rápido de peso se nota y más en la mirada maliciosa de las maricas. Fuimos al Muñiz, no había cama en la sala de hombres, había una en sala de mujeres pero como no tenías hecho el cambio registral en el documento no podías entrar, porque “las otras internas se quejan”. Eso nos dijeron.

Esa semana fue todo muy duro. Teníamos que pagar la quincena del hotel y todo lo que necesitabas para curarte. No me iba a conformar con verte padecer triste y apagada, con esos ojos intentando sobrevivir, incluso a esto. Recorrer la zona roja buscando colaboración en esas amigas que tanto querías y que tan ausentes estuvieron a la hora de tu ocaso.

 Necesitábamos juntar 800 pesos para gastos en materiales descartables, para que te puedan atender. Moví cielo y tierra para poder juntarlos. Salí a trabajar un lunes, llegué a 200. Salí un martes, llegue a 500. El miércoles con todas las pilas, apenas llego a la zona, la brigada de investigaciones me manda a la fiscalía por no tener documentos. Te voy a ver un jueves, yo vestida de prostituta, y vos agonizando sola en una punta de la sala, al lado de un baño húmedo que tenía las ventanas rotas por donde entraba un viento que no te hacía bien. Pero claro, eso no le importaba a nadie. Total somos putos, nacimos para sufrir.

 Llego a mi casa a alistarme para bajar a la parada tempranito. Salgo del baño a la pieza y del lado de afuera siento tus pasos, esos pasos molestos y cortamambos que tenías cuando arrastrabas los pies.  Eso me pareció tan habitual que fui corriendo a abrir la puerta pensando que estabas vos. No había nadie. “Qué tonta soy”, pensé, “me confundí, cierto que la Carlita está internada”, dije y seguí en lo mío.

Esa  noche fue un éxito: junté para todo lo que te hacía falta. Salí corriendo, me tomé un taxi, me fui sin dormir para poder hablar con el medico que te atendía. Cuando llegué la cama estaba vacía y tus cosas amontonadas en un rincón. Justo en el momento en que junté para todo lo que te hacía falta, pero no llegué, nunca me lo perdoné. Yo tenía que haber llegado a tiempo.

Lo que vino después fue tristeza, y las mismas travestis diciéndome: “la vida sigue, no llores, no muestres debilidad, ya se te va pasar”. El mismo silencio reflejado en mis pares es el que escuché de una sociedad que históricamente no habla de nosotras, invisibilizándonos hasta en el trato cotidiano, agrediéndonos con palabras cargadas de odio y silencio, que el colectivo travesti y trans tanto supo resignificar –y lo seguirá haciendo.

¿Cómo no hablar de violencia, si de violencia hablamos todos los días? De violencia hablamos, claro que sí, desde nuestras palabras agresivas, cargadas de odios y represión, que nunca sintieron un poco de amor de parte de las personas y de la sociedad. De violencia hablamos todos los días, para que no nos sigan matando, para que esos calabozos que tanto nos desean no nos sigan llamando. De violencia hablamos hoy y todos los días hasta que logremos una sociedad más justa e igualitaria para todas. De violencia hablo, hoy y todos los días hasta que la sociedad entienda que sin oportunidades morimos a los 35 años y sólo el uno por ciento de mi colectivo llega a los sesenta. La prostitución a la que nos empujan es una madama de mal corazón, que va dejando al pasar un tendal de alcohólicas y drogadictas incurables. Cuántas veces con lo único que pudimos pagar un alquiler o llevar un plato de comida a nuestras bocas fue con nuestros cuerpos, fue con nuestras vidas.

Luchar contra un Estado que nos expulsó de todas partes hasta volvernos ilegales, incluso hasta en las prácticas, esas prácticas malditas que lo único que hacen día a día es quitarnos la poca dignidad que nos queda. Matándonos, alejándonos, juzgándonos hasta obligarnos a vivir una vida de represión violenta, inmerecida, innecesaria. Hasta cuándo seguiremos sobreviviendo camaleónicamente para así intentar ser felices, o simplemente vivir, como mi amiga Carla que vivió simplemente para morir olvidada. Recordarla en una Navidad más.

Fuente Agencia Presentes

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Navidad ¿qué va a cambiar?

viernes, 25 de diciembre de 2020
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¡Una vez más: NAVIDAD!

¿Qué va a cambiar?

Nada, excepto tú.

Hazte luz y verás la Luz …

Todo está ahí.

No busques en otra parte el significado de este  acontecimiento-advenimiento.

La humanidad fraterna de Jesús lleva el día que tiene que levantarse en ti.

El Dios vivo vuelve a ponerse en tus manos.

Por tí, para crear con Dios y a  su imagen, un mundo de alegría, luz, belleza.

*

Maurice Zundel

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El sentido de la fiesta navideña es la Palabra, de la que el himno de Juan (cf. Jn 1) dice que al principio estaba ¡unto a Dios. De esta Palabra se dice también que se hizo carne y habitó entre nosotros.

        Este es el acontecimiento que celebramos cada año en Navidad: Dios ha venido a nosotros. El nos quita la falta de sentido y las monótonas repeticiones de nuestra vida cotidiana. El mismo es el sentido que da contenido a nuestra vida.

        Estamos acostumbrados a traducir así la primera frase del evangelio de Juan: «En el principio ya existía la Palabra». Pero el término griego logos que se encuentra en nuestro texto, es mucho más amplio. Logos no connota tanto a la pura palabra sino más bien el sentido que viene expresado mediante la palabra. En logos, sentido y palabra son inseparables: el sentido, pues, que captamos en cualquier acontecimiento, supera siempre el episodio concreto que puede ser expresado solamente con palabras. Si uno dice: «Te deseo muchas felicidades» o «Feliz Navidad», no se dirige cordialmente a otro solamente en este momento, sino que con estas palabras expresa algo que trasciende el momento. Así cada sentido supera el momento y el concreto evento en que se produce el encuentro.

        Cuando en Navidad oímos decir: «Nos ha nacido un niño», pensamos en el Niño del pesebre y en todos los demás niños, si bien diferenciándolo de todos, porque él no ha nacido sólo para sus padres, sino también para todos nosotros. También así el sentido del acontecimiento supera siempre el episodio particular, a través del cual ha entrado en nuestra vida. Quien ve sólo lo que tiene ante los ojos no capta el sentido, ni el de la Navidad ni el de la vida en general. El sentido, es decir, la profundidad de la realidad que constituye su contenido. Y porque el sentido de cada acontecimiento trasciende lo que está ante los ojos, para captarlo tenemos necesidad de la palabra.

        Si ahora decimos que: «En el principio era el Sentido», queremos expresar que en el principio era lo que da contenido y significado a toda vida. Ésta es la profundidad de la realidad, de la que se habla cuando se usa la Palabra de Dios. Este sentido último, que confiere contenido y significado a cualquier otro evento, ha sido participado al mundo en el acontecimiento de Navidad.

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W. Pannenberg,
Presencia de Dios,
Brescia 1974, 119-120).

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Rondas de Navidad

jueves, 24 de diciembre de 2020
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Rondar por esos lugares poco frecuentados,
que no existen para los mercados
y están abandonados
de políticos, gobernantes y ricos.

Rondar por barrios periféricos,
parques tristes y sin alumbrado,
pabellones con nuevos esclavos
y campos de refugiados superpoblados.

Rondar por las costas del Mediterráneo
y ver pateras, cayucos y barcos a la deriva
llenos de hermanos nuestros
solo con lo puesto y el último soplo de vida…

Rondar por esos sitios olvidados
donde siguen naciendo niños
que tienen el futuro hipotecado
porque les negamos lo mínimo necesario.

Rondar por esos espacios cercanos,
con los ojos bien abiertos
y el corazón ardiendo,
para ver a los que se esconden o escondemos.

Rondar, saliendo de nosotros mismos
y de los belenes de exposición y concurso,
para encontrarnos con los sin techo
que son hermanos nuestros.

Rondar y estar despiertos,
porque Tú vienes, como vienen todos ellos,
sólo con lo puesto

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Fuente Fe Adulta
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Consuelo Vélez: Y llegamos a Navidad ¡con la pandemia a cuestas!

jueves, 24 de diciembre de 2020
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llegamos-Navidad-pandemia-cuestas_2295980381_15161048_660x371De su blog Fe y Vida:

«Asume la humanidad desde los más vulnerables y así continuará a lo largo de su vida»

«Ha sido un año para constatar la fragilidad, la limitación, la vulnerabilidad humana. Tal vez esta circunstancia nos ayude a entender la vulnerabilidad del Niño que nace»

«Jesús se hace ser humano con todas las consecuencias. No es una encarnación aparente o simbólica, es real y asume las circunstancias tal y como ellas son, buscando caminos para superarlas»

«Navidad nos introduce en esa lógica de Dios. Nos invita a mirar el mundo desde los más pobres, todos aquellos que viven en los pesebres de hoy porque no tienen trabajo, casa, educación, salud, alimento»

«Navidad es la esperanza renovada de que llegarán tiempos de pospandemia y nuestro mundo podrá ser distinto para entonces»

Este año hemos vivido en medio de la pandemia del covid-19, sin que lo hubiéramos esperado, ni imaginado. El mundo entero se ha visto afectado y se ha sentido impotente para detener el avance. Con mucho empeño se ha buscado una vacuna, pero ha sido un año para constatar la fragilidad, la limitación, la vulnerabilidad humana. Tal vez esta circunstancia nos ayude a entender la vulnerabilidad del Niño que nace, “en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (Lc 2, 7).

Pero esa vulnerabilidad no es lo más relevante de nuestras celebraciones de navidad. Por lo general, es un tiempo lleno de alegría, esperanza, festejos, regalos, que expanden el corazón y animan el espíritu. Todo esto es muy positivo y el ciclo litúrgico de adviento/navidad así lo expresa. Sin embargo, ese ambiente festivo puede impedirnos ver el nacimiento de Jesús como realmente fue. Su encarnación no llegó con festejos, ni fue esperada por las élites representativas de su tiempo. El evangelio de Lucas nos aproxima a lo que en realidad fue: Jesús nace en un lugar apartado y los que lo reconocen son los pastores del lugar: personas insignificantes en ese contexto, que no tienen mucho que ofrecerle, más que la sencillez de su vida (Lc 2, 8-18).

Esto marca la vida de Jesús y el lugar desde el que se sitúa para ejercer su misión. Asume la humanidad desde los más vulnerables y así continuará a lo largo de su vida. Incluso, cuando sus oponentes deciden asesinarlo lo hacen con el peor castigo -la cruz- que solo se infringía a los “malditos por Dios” (Dt 21,23; Gál 3,13).

Ahora bien, a los pastores se les anuncia la llegada del Niño, como “una gran alegría que lo será para todo el pueblo: hoy ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lc 2, 10-11). Esa es la paradoja de nuestra fe: desde la vulnerabilidad confesamos el poder de Dios; desde la pobreza, reconocemos la riqueza divina: “Conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por ustedes se hizo pobre, a fin de que se enriquezcan con su pobreza” (2 Cor 8, 9).

Tal vez este año lleno de incertidumbres, sufrimiento, pobreza, carencias, nos abra los ojos a la verdadera humanidad de Jesús y logremos entender mejor el misterio de su encarnación y la salvación que Él nos trae.  Jesús se hace ser humano con todas las consecuencias. No es una encarnación aparente o simbólica, es real y asume las circunstancias tal y como ellas son, buscando caminos para superarlas. En eso consiste la predicación de Jesús.

En un pueblo que excluía a muchos, inclusive en nombre de Dios, Él viene a anunciarles que Dios no quiere esa realidad y por eso invita a todos a sentarse en la mesa del Reino, comenzando por los últimos, por los que menos posibilidades tienen. Precisamente Él se hace uno de ellos para empezar “desde abajo”, haciendo efectiva la inclusión de los más pobres y marginados.

Navidad nos introduce en esa lógica de Dios. Nos invita a mirar el mundo desde los más pobres, todos aquellos que viven en los pesebres de hoy porque no tienen trabajo, casa, educación, salud, alimento, en otras palabras, los derechos fundamentales para una vida digna. Navidad nos confronta con la injusticia del mundo que deja a tantos en la insignificancia y en las márgenes. Navidad, desde la experiencia de la pandemia, nos hace mirar las consecuencias de las estructuras que sostienen nuestro mundo actual en las que unos pocos gozan de todos los beneficios y la mayoría solo puede comer las migajas que caen de las mesas de los dueños o mejor de los que se apoderaron de los bienes de la tierra, que en justicia deberían ser de todos.

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La pandemia ha dejado en evidencia esta injusta realidad de nuestro mundo. Demasiadas muertes porque los hospitales, por lo general, no tienen la infraestructura para contener casos como estos ya que solo se accede a buenos servicios si se paga grandes cantidades de dinero por una salud privada.

Demasiadas personas sin una casa digna para vivir la cuarentena y ha contrastado, por ejemplo, las grandes mansiones desde donde algunos artistas brindaron conciertos por internet, con aquellos barrios marginales, de calles llenas de gente, porque en la habitación en que vive toda una familia, es imposible estar encerrados, cuidándose del virus.

Tantas otras realidades quedaron evidentes en este año de pandemia y esto es lo que podemos traer en esta navidad para vivirla con la profundidad que el misterio de la encarnación supone. Si los reyes magos trajeron incienso, oro y mirra (Mt 2, 11-12), nosotros traemos un año lleno de dolor, muerte, enfermedad, temor, incertidumbre, pero también, lleno de solidaridad, de fortaleza, de esperanza, de apuesta por la vida. Ahora bien: ¿qué buena noticia nos trae el Niño que nace?

Navidad alienta la esperanza de que este mundo, tal y como ha manifestado ser en esta pandemia, tiene que cambiar para mejor. El Niño del pesebre ha venido para quedarse entre nosotros y acogerlo es construir un futuro que esté preparado para afrontar mejor la vulnerabilidad humana y, sobre todo, para garantizar -desde ahora- las condiciones necesarias para cuidar la vida en pandemia y sin ella, en tiempos difíciles y en tiempos fáciles. En otras palabras, Navidad es la esperanza renovada de que llegarán tiempos de pospandemia y nuestro mundo podrá ser distinto para entonces.

(Foto tomada de: https://periodicolaultima.com/2016/12/24/nino-jesus-en-el-pesebre/)

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Victorino Pérez Prieto: ¿Suprimir la Navidad?

jueves, 24 de diciembre de 2020
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Leía hace unos días en un diario que uno de los científicos que se ocupan de la pandemia (Javier Sampedro) decía que “suprimir la Navidad” este año era “ciencia”,  y que ese era el camino que deberían seguir los gobiernos para limitar la extensión de la pandemia; pues la Navidad es “un paraíso para un virus pandémico” por la multiplicación de reuniones sin precauciones. Y yo, con matices, estoy de acuerdo con eso.

 Estoy de acuerdo no sólo por las razones de salud que aconseja la situación actual, sino porque la Navidad ya dejó de ser hace tiempo lo que debería ser, y se convirtió en una caricatura esperpéntica de lo que fue en su origen y durante mucho tiempo. El gordo papá Noel inventado por la Coca-Cola y la orgía consumista –¡hay que comprar, comprar, comprar! sin compras no hay navidad- y derrochadora de un consumo energético, simbolizada ejemplarmente por la paranoia de los millones de luces que se gastan en la iluminación de nuestras ciudades, son la muestra de la degeneración del “espíritu de la Navidad”.

El origen de la Navidad es justamente lo contrario: la sencillez de la encarnación, del Dios-con-nosotros, de la encarnación humilde y el nacimiento en el seno de una familia humilde y en un lugar humilde; en armonía con la naturaleza y no en el derroche de recursos y la destrucción  de esa armonía, acogido por gente humilde y rechazado por los poderosos como una amenaza a su status. El origen de la Navidad es una luz en la oscuridad de un mundo opresor, violento, desigual y clasista.

El Evangelio –verdadero fundamento de la Navidad, aunque suele olvidarse, perdido en un mito infantilizado y manipulado- es una buena noticia, pero no para los ricos y los poderosos; para “los políticos que se dicen cristianos y niegan a los humillados de la tierra el derecho a salir de su humillación –como dice el obispo gallego Agrelo en su último mensaje-… No representa nada para un mundo que se olvida de cuidar a Cristo donde Cristo sufre, que no recibe a Cristo en los que tienen hambre, sed y frío, en las que carecen de un techo, en las que mueren de soledad… Las iglesias se llenaron de ahogaCristos y fingen comulgar con él”. El obispo de Tánger continúa su mensaje navideño: “Nos quedaremos sin buena noticia los obispos, curas, frailes y monjas, los poderosos y conformistas, que nos servimos de los pobres y del Pobre para mantener la posición, supuestos cristianos que justificamos el horror que padecen los pobres, haciéndonos culpables de los males que padecen, y pensamos que, después de todo, fueron los pobres los que buscaron la muerte, hasta pensamos que fueron tan tontos que, para morir, pagaron lo que no tenían”.

Pero el Evangelio es una buena noticia para los pobres, que son los verdaderos destinatarios y los únicos realmente dispuestos a acoger la Navidad. Nosotros –como sigue Agrelo- “corremos el riesgo de quedarnos sin Navidad, aunque nuestras mesas se llenen de cosas superfluas en las que gastamos los que los pobres necesitan”.

Por eso, yo no tengo ningún interés en “salvar” esa falsa Navidad, como quiere la presidenta de la comunidad de Madrid, Díaz Ayuso, que presume de cristianismos y de quien algún tonto dijo que se expresaba mejor que los teólogos actuales, por un discurso tópico y oportunista que pronunció hace unos días. No tengo ningún interés en salvar esa Navidad que ahogó hace tiempo la verdadera y se convirtió en un insulto para la Navidad de Jesús de Nazaret, el Cristo de Dios, que aún queremos celebrar muchos cristianos.

En realidad, el verdadero espíritu de la Navidad ni ha podido robárnoslo la orgía de consumo contemporáneo en que se han convertido estos días “navideños”, porque la verdadera Navidad no la ha inventado El Corte Inglés” -como cantaba Melendi-, ni podrán suprimirlo con el confinamiento por la pandemia, porque está entre nosotros y dentro de nosotros, como el Reino de Dios que anunció el Emmanuel. La seguiremos celebrando personal y comunitariamente –hasta donde se pueda-, como venimos haciendo desde los tiempos de Francisco de Asís, alrededor de nuestro humilde belén. Ojalá que como él sepamos tener presentes estos días no solo el misterio de Dios sino a los más pobres, que son su encarnación.

Estas palabras están dedicadas al Padre Angel, a los Mensajeros de la Paz y a tantas parroquias que abren sus puertas de par en par a los más necesitados; a ATD-Cuarto Mundo y a tantos voluntarios de Caritas y otras organizaciones que estos días se vuelcan en los verdaderos protagonistas de la Navidad: las más pobres, las mayores víctimas de esta pandemia. Y a los cristianos palestinos, que este año podrán celebrar la Navidad en la sufrida tierra de Jesús sin turistas, y ojalá al cobijo de las balas de sus hermanos judíos.

Biblia, Espiritualidad ,

Miguel Ángel Mesa Bouzas: No nos dejemos arrebatar la Navidad.

jueves, 24 de diciembre de 2020
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Refugiados_CaritasInternationalis_050117No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes desean mantener de manera inalterable lo más clásico y tradicional de la misma. Porque la verdadera Navidad nos invita cada día a volver a nacer, a renovarnos, a cambiar, a transformar, a reconstruir…

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes fomentan el odio contra los demás, contra el diferente y quien disiente. Porque la verdadera Navidad nos urge a buscar la armonía, el cuidado, la protección, la hospitalidad.

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes nunca dudan y se creen en la posesión de la verdad. Porque la verdadera Navidad nace de la fragilidad existencial, de las dudas y la incertidumbre, para poder seguir caminando. Todo eso nos hace más humildes y sencillos.

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes discriminan, marginan, alzan muros, ponen vallas, cierran fronteras… Porque la verdadera Navidad abre las puertas y las ventanas a la acogida, al entendimiento, a la integración, para crecer humanamente con el otro.

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes con su forma de obrar mantienen las diferencias de género, de clases sociales, de riqueza y de poder. Porque la verdadera Navidad invita a la sencillez de vida, nos compromete con las personas más vulnerables, buscando la igualdad y eliminando las diferencias económicas y sociales, para crear otro mundo más fraterno, sin ningún tipo de opresión.

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes piden mano dura contra los inmigrantes, contra los jóvenes que piden otro presente y futuro, contra las mujeres feministas que siguen luchando por la igualdad. Porque la verdadera Navidad es la de un Niño que tuvo que emigrar con su familia para poder sobrevivir, que se enfrentó a la tradición y a sus allegados para poder transformar la realidad, que se dejó acompañar e interpelar por las mujeres, que le ayudaron a buscar sin descanso la liberación, la igualdad, la compasión y la justicia.

No nos dejemos arrebatar la Navidad por quienes creen y predican un Cristo inalcanzable, perfecto, inflexible, excluyente. Porque la verdadera Navidad nos habla de un Jesús muy humano, débil, pobre entre los pobres, sencillo, acogedor, fraterno, revolucionario. Que perdona, reconcilia y nos llama a toda la humanidad a la más profunda felicidad, formando parte indisoluble de toda la creación.

Porque nunca dejó de ser el niño, el hijo abierto al Misterio más íntimo y apasionado de la Vida, que daba plenitud a su existencia y le enseñó a amar y solidarizarse, mediante las enseñanzas y el ejemplo que le dieron su madre y su padre, comprometidos también en la liberación de su pueblo y la construcción de un mundo mejor.

Miguel Ángel Mesa Bouzas

Fuente Fe Adulta

 

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José Arregi: La gloria de la carne.

jueves, 24 de diciembre de 2020
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08-navidada4-cerezoHace 2.700 años, el primer Isaías, poeta genial, escribió: Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Sobre sus hombres descansa el poder, y es su nombre: Maravilloso Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz (Is 9,5).

Siete siglos después, por los años 80 d.C., un médico evangelista llamado Lucas, otro poeta, contó: Unos pastores pasaban la noche al raso velando sus rebaños. Un ángel se les apareció y les dijo: Os anuncio una gran alegría. Os ha nacido un Salvador. Los pastores fueron de prisa y encontraron a María, a José y al niño acostado en un pesebre (Lc 2,8-16).

Una década después, un teólogo místico, autor del cuarto evangelio, cuya identidad histórica nadie conoce, pero que no es ciertamente el apóstol Juan, en el prólogo de su evangelio sentenció: La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14).

¿Hay forma de decir más en menos y con mayor belleza? Horizonte utópico, crítica política, sensibilidad humana, hondura mística, creación simbólica… No salgo de mi asombro, y debería simplemente escuchar, callar, mirar… y dejar que el corazón se ensanche y se fortalezcan las rodillas vacilantes. Pero déjame que vuelva a esas palabras navideñas desde estos umbrales de luz.

Un niño nos ha nacido, dice Isaías, dirigiéndose a un “pueblo que camina en tinieblas”, como tantos y tantos pueblos de hoy. No celebra el nacimiento de ningún niño, sino la entronización del nuevo rey, Ezequías, descrito como hijo de Dios dotado de atributos divinos. Pero es ironía profética. El profeta, enseñado por la historia, sabía que ningún rey será salvador y, por lo tanto, divino. Parece ensalzar al rey, pero en el fondo lo denuncia, pues dirige la mirada a un futuro liberador que no nacerá de la dinastía de David ni de ninguna otra dinastía de sangre azul. ¿Será posible? La tenacidad sufrida del pueblo, la lucha pacífica por la justicia, la bondad creadora, el Aliento que nos habita lo harán posible, si dejamos que aliente.

No temáis. Os anuncio una gran alegría, escribe Lucas. Unos pastores pobres –carentes de saber e impuros por oficio–, ángeles que les cantan y en lo más oscuro de la noche les anuncian: Os ha nacido un Salvador. María, José y un niño en un pesebre, nada de reyes, palacios, sacerdotes ni templos. Un niño en un pesebre. El mundo al revés. La pobreza solidaria, el poder de la ternura, la humanidad renaciendo desde abajo, la alegría de vivir recuperada, la paz y el respiro. He ahí lo divino, la gloria de Dios. Máxima ironía y la mejor noticia en un lenguaje de cuento para niños, para el corazón sin doblez.

La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, declara el prólogo del cuarto evangelio. El oráculo insumiso del profeta y el relato imaginario del evangelista dejan paso al vuelo simbólico del teólogo místico. Pero el vuelo no se abstrae de la tierra y de lo concreto. La Palabra Sabiduría bíblica, Logos griego, Alma universal– habita en el corazón del mundo, de la materia animada que somos todos los seres. Y la Palabra, concluye, se hizo carne gloriosa y herida en la vida de Jesús, llena de libertad y de compasión. De su vida recibimos gracia tras gracia, y ahí se resume la verdad de cuanto es.

Todo lo decible y lo indecible –el Misterio de la Navidad, el Misterio de Jesús, que es el Misterio de la vida y de todos los vivientes– estaba dicho en forma de profecía, mito y símbolo, y no era posible decirlo mejor. Pero hubo doctores y obispos que quisieron decirlo mejor, y lo convirtieron en doctrina y en el siglo IV definieron el dogma de la Encarnación: “El Hijo Único y eterno de Dios, sin dejar su naturaleza y su personalidad divinas, en Jesús nacido de madre virgen asumió la naturaleza (no la personalidad) humana, para, muriendo en la cruz, salvarnos del pecado original y de nuestros pecados personales”. Y enseñaron que Dios, desde toda la eternidad y en todos los tiempos pasados y venideros, solo se encarnó una vez: hace 2000 años, en el planeta Tierra, en la especie Homo Sapiens, en un hombre judío de Galilea llamado Jesús.

Ese y otros dogmas ya no nos dicen nada, nos alejan de la Tierra y del aliento que la mueve, nos alejan de la vida, que es la única verdad revelada e infalible. Hay que desandar el camino hasta la vida de la que esos dogmas nacieron. Todas las palabras nacieron de la vida para llevarnos a ella, para hacerse carne, para hacernos vivir y, renovadas, rebrotar de la vida. Desandemos, pues, el camino, volvamos simplemente a la esperanza creadora del oráculo de Isaías, a la ternura y belleza desbordantes del relato de Lucas, a los símbolos abiertos, simples y pletóricos del cuarto evangelio: palabra, carne, casa.

Liberemos el dogma de sus cerrojos. Quienes aún nos reconocemos en Jesús, hijo de María y de José, remontemos el dogma hasta la Fuente sin principio ni fin de la Encarnación abierta e inacabada, universal e incesante. La Encarnación no se realizó una sola vez ni de una vez para siempre. La Encarnación no está cerrada ni acabada.

La Palabra o Energía o Espíritu o Dios habita, anima y une el corazón del Cosmos. Se expresa en la onda y la partícula, en la piedra, la planta y el animal. Se hace carne viviente, sintiente, inteligente. Habla, responde, ama de diversas maneras en todas las formas cambiantes que fueron, son y serán. Se hizo y seguirá haciéndose carne en todas las especies humanas que han existido en este planeta y en las especies posthumanas o transhumanas que existirán después del Homo Sapiens. Pasarán las lenguas, pasarán las religiones, pasarán las Iglesias y el cristianismo con todos sus dogmas, pero seguirá la Encarnación, la llamen como la llamen.

Hoy, en esta Navidad y cada día, yo contemplo el Alma y la Gloria de la vida en la carne palpitante de Jesús y, con toda mi pobreza, yo también la quiero encarnar.

José Arregi

Fuente Umbrales de Luz

Biblia, Espiritualidad ,

Gabriel Mª Otalora: Feliz Navidad.

jueves, 24 de diciembre de 2020
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Seguimos manteniendo la costumbre de felicitarnos las fiestas unos a otros, a modo de estribillo en las conversaciones de estos días. Es un uso que va a menos, pero sigue teniendo su fuerza social navideña: felicidades, bon Nadal, Gabon zoriontsuak!, que pases buenas fiestas, feliz Navidad…

¿Qué estamos diciendo cuando nos mandamos estos mensajes verbales y en postales navideñas de papel o internet? No hay duda que hay ganas de regalar al menos una sonrisa junto a la frase navideña cargada de buenas intenciones. La pregunta que muchos se hacen es en torno al sentido que tiene repartir urbi et orbe buenos deseos navideños en estas fechas si, en el resto del año, andamos a la greña entre los felicitados; o procuramos que la Navidad y lo que representa se manifieste todo el año, o es hora de dejar las frases que pueden sonar más a farsa que a otra cosa. Así lo sienten muchas personas ¿Estamos pues ante otro uso social, incuestionable como tantos otros hasta que la inconsecuencia resuena más fuerte que las frases bonitas?

No falta base para la queja, aunque hay que decir bien alto que no son pocos los que desean y trabajan por una Navidad “diferente”; es decir, auténtica, solidaria, humanizada, esperanzada, de ternura con el desvalido y de comprensión con el débil. Personas que se esfuerzan desde sus limitaciones humanas para que las felicitaciones generalizadas de estas fechas, sean expresión de una actitud personal de todo el año, que ahora la desbordan en palabras y gestos cargados de buenos y sinceros deseos con sus seres queridos y con otros no tan queridos.

Es cierto que tras las luces de colores y los mensajes navideños solo hay el deseo de unas fiestas que tienen mucho de farsa consumista y de un uso social vacío más allá del cambio de solsticio y sin más fondo que el divertimento y derroche con barniz religioso que solo produce contradicción y escándalo. Pero esta es solo una parte de la realidad. Existe otra parte de la Navidad no menos visible a nada que agudicemos un poco la vista: familias que se sienten unidas y que sufren porque el coronavirus les impide juntarse, personas cargadas de buenos deseos, hechos solidarios con los más necesitados, gentes que ponen la mejor sonrisa del corazón especialmente en estas fechas, ¡y no solo en estas fechas! No pocos cristianos experimentan la Pascua de Navidad desde el deseo de vivirla de manera solidaria para que nazca la Buena Noticia desde la experiencia de la alegría, solidaridad y amor, ajeno al consumismo insolidario.

Fiestas estas que llevan su carga especial de tristeza, con los graves desajustes que la pandemia sigue causando, con soledades agudizadas por el tono mortecino del invierno,  una mala economía que impide sumarse a “la fiesta”, la tristeza que desempolva dolores que vuelven con más fuerza en estas fechas… Deberíamos sentirnos agradecidos por lo que nos sobra y girar la mirada hacia los que más sufren, a los pobres de todo tipo -no solo de dinero- que están bien cerca de nosotros: pobres de salud, de ánimo, de soledad, de amor, de desesperanza, de incomprensión, de trabajo, de ilusiones; todos aquellos que padecen más intensamente sus penas. Nuestra actitud, como casi siempre, para bien y para mal, es una poderosa herramienta ante el presente que se nos impone.

Es l única manera de que el deseo de un año mejor deje de ser un tópico y pueda calar en lo más hondo de quienes lo reciben, sean ateos o creyentes. No solo hay que regalar buenos deseos, lo importante es regalar nuestra mejor actitud. Es lo que nos gustaría que nos regalen no unos pocos días sino todo el año. En la Navidad del covid-19, se hace más necesario descubrir que no es un momento del año sino un estado del corazón. Mi mejor deseo cristiano, pues, que se haga verdadera Navidad entre nosotros.

Biblia, Espiritualidad

Natividad del Señor: Misa de medianoche

jueves, 24 de diciembre de 2020
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pastores

LECTIO

 Isaías 9,1-3.5-6

El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en tierra de sombras una luz les ha brillado.

Acreciste la alegría, aumentaste el gozo: se alegran ante ti con la alegría de la siega, como se regocijan al repartirse un botín.

Porque, como hiciste el día de Madián, has roto el yugo que pesaba sobre ellos, la vara que castigaba sus espaldas, el bastón opresor que los hería.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Sobre sus hombros descansa el poder, Y es su nombre: «Consejero prudente, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz».

Dilatará su soberanía n medio de una paz sin límites, asentará y afianzará el trono y el reino de David sobre el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará.

*•• Todas las lecturas bíblicas de las misas de Navidad, si bien con perspectivas diversas, intentan responder a una pregunta: ¿cuál es el sentido de la Navidad? Iniciamos el recorrido desde los antiguos profetas. El oráculo de Isaías presupone una situación dramática para el país de Israel, porque el estrépito de las armas resuena por doquier. La invasión asiría (siglo VIII a.C.) comenzada en Galilea amenaza ya la misma Judea y Jerusalén, y el pueblo, bajo el terror enemigo, camina en la oscuridad y no sabe adonde dirigirse. A esta gente sin esperanza anuncia el profeta: «El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz». Luego, dirigiéndose a Dios, exclama: «Acreciste la alegría, aumentaste el gozo» (v. 2).

¿Qué es lo que permite a los hombres pasar de las tinieblas a la luz, de la tristeza a la alegría? La alusión de Isaías se refiere a la huida de los Asirios, pero el profeta de Dios habla también de fuga de todo enemigo.

Anuncia la alegría por el que será: «Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz» (v. 5), el que, verdadero héroe de Israel, cumplirá todo esto. Pero ¿cómo será posible todo esto? Isaías responde: «El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará» (v. 6). He aquí, pues, el sentido y el mensaje más antiguo de la Navidad: el fin del miedo, la liberación de la dominación enemiga y todo ello gracias a que: «un niño nos ha nacido» (v. 5: cf. Is 7,14; Miq 5,1- 3; 2 Sm 7,12-16), un descendiente de David que dará vida a una sociedad en la que habrá justicia, paz, alegría y que dará a todos el coraje de vivir.

 *

Tito 2,11-14

Porque se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres.

Ella nos enseña a renunciar a la vida sin religión y a los deseos del mundo, para que vivamos en el tiempo presente con moderación, justicia y religiosidad, aguardando la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, el cual se entregó a sí mismo por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de que seamos su pueblo escogido, siempre deseoso de practicar el bien.

*» Pablo escribe a Tito, su discípulo convertido del paganismo y ahora obispo de Creta, explicándole el sentido de la venida de Jesús a nosotros con palabras llenas de esperanza: «Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres» (v. 11). La universalidad de la salvación es una dimensión esencial de la Navidad, y su verdadero mensaje es el anuncio de salvación y de vida nueva para toda la humanidad sin distinciones de razas ni colores, de clases sociales, ni de dotes intelectuales ni ninguna otra cosa. El Salvador que nos ha sido dado no es sólo un niño que ha elegido nacer en un pobre establo, entre incomodidades y queridos silencios, es sobre todo la sonrisa de Dios que se ha hecho visible, porque no ha perdido su esperanza en los hombres. Ha venido para enseñarnos el camino del bien, de la sobriedad y de la justicia, el desprecio de los atractivos malos e ilusorios del mundo, a la espera del retorno glorioso del Señor (v. 13). Libremente, dirá Pablo, «se entregó a sí mismo por nosotros» (v. 14), primero habiéndonos del Padre y llamándonos amigos, y después, al final, muriendo en la cruz por amor, nos ha liberado de toda esclavitud para reconducir al Padre, de una vez para siempre, a la humanidad reconciliada con él. Sólo la fe ayuda a descubrir el poder de Dios en la vivencia de un pobre. Desde que el Hijo de Dios se ha hecho hombre, quiere ser acogido y reconocido como hombre: aquí es posible la búsqueda de Dios, porque él se ha quedado entre nosotros.

*

Lucas 2,1-14

En aquellos días apareció un decreto del emperador Augusto ordenando que se empadronasen los habitantes del imperio. Este censo fue el primero que se hizo durante el mandato de Quirino, gobernador de Siria.

Todos iban a inscribirse a su ciudad. También José, por ser de la estirpe y familia de David, subió desde Galilea, desde la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta.

Mientras estaban en Belén le llegó a María el tiempo del parto, y dio a luz a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

Había en aquellos campos unos pastores que pasaban la noche al raso velando sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció, y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Entonces les entró un gran miedo, pero el ángel les dijo:

“No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será también para todo el pueblo: Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.

Y de repente se juntó al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!».

*

» Sobre el fondo de los anuncios proféticos (cf. Miq 5,1-4; 1 Sm 16,1-3), Lucas en el evangelio nos habla del nacimiento histórico de Jesús. El relato es simple, pero sugestivo, lleno de matices teológicos y construido sobre el modelo del anuncio misionero, que comprende tres momentos. Primero la narración del acontecimiento: el edicto de César Augusto en tiempos de Quirino, gobernador de Siria, y el nacimiento de Jesús en Belén, en la pobreza, en un país sometido a una potencia extranjera (w. 1-7); después el anuncio hecho por los ángeles a los pastores, primeros testigos del evento de la salvación (w. 8-14); y, por último, la acogida del anuncio, con los pastores que van a la gruta, encuentran a Jesús, y sucesivamente el relato de su experiencia a otros (w. 15-20).

El punto central del relato, sin embargo, son las palabras de los ángeles a los pastores, que consideran con respeto el sentido gozoso del acontecimiento y la fe en Jesús Salvador en la figura de un niño pobre, «envuelto en pañales, acostado en un pesebre» (v. 12). Dos motivos, pues, se iluminan uno a otro en el texto: la visible pobreza en la vivencia humana de Jesús y la gloria de Dios escondida en su presencia entre los hombres. Sólo unos cuantos pastores, representantes de gente pobre y humilde, reconocen al Mesías esperado: éste es el signo divino extraordinario del inicio de una época nueva en la historia de los hombres.

MEDITATIO

Para contemplar el misterio de Navidad necesitamos, sobre todo, simplicidad para asombrarnos ante su mensaje. Capacidad de asombro y mirada de niño son los medios necesarios para gustar el anuncio lleno de alegría de esta noche santa. Y esta alegría tiene una motivación clara: el nacimiento de un niño, Salvador universal, que trae motivos de esperanza para todos, que son paz, justicia y salvación. Y ¿qué signos cualifican a este niño? La debilidad, la pobreza, la impotencia y la humildad, cosas que el mundo ha rechazado siempre y que, por el contrario, ha hecho propias el Hijo de Dios.

Con la venida de Jesús las falsas seguridades de los hombres han zozobrado, porque Dios ha elegido no a los fuertes ni a los sabios, ni a los poderosos de este mundo, sino a los débiles, a los pequeños, a los necios, a los últimos: ha elegido «un niño acostado en un pesebre » (Le 2,7.12.16; cf. 1 Cor 1,27; Mt 11,26), pobre, marginado y desestimado. Precisamente sobre esta pobreza se despliega el esplendor del mundo del Espíritu, mientras nosotros estamos complicados en dramas de conciencia, porque nos tienta seguir principios de fuerza, de poder, de violencia. El niño de Belén nos dice que el milagro de la paz de la Navidad es posible para aquellos que acogen sus dones.

A esta luz el acontecimiento de esta noche no es sólo una fecha para conmemorar, sino evento capaz, también hoy, de contagio y de transformación. Cuatro son las noches históricas de la humanidad, según una antigua tradición rabínica: la noche de la creación (Gn 1,3), la de Abraham (Gn 15,1-6), la del Éxodo (Ex 12,1-13) y la de Belén, es decir, esta noche, que es la más importante, porque el Hijo de Dios ha traído su paz, distinta de la pax augusta, y es el fundamento de la «civilización del amor» (Pablo VI). ¿Somos capaces de vivir el misterio?

ORATIO

Te damos gracias, Señor del universo y de los hombres, porque en Jesús niño, que vino a la tierra portador de tus dones -la paz, la alegría, la justicia y la salvación-, se ha manifestado tu amor a todos. Queremos comprender, si bien con la pequeñez de nuestra mente, algo del misterio del Verbo encarnado, porque con ello se iluminará nuestro misterio humano.

Para los judíos era absurdo pensar que la Palabra definitiva de Dios apareciese en la debilidad del hombre Jesús. Para los paganos era escándalo aceptar la plena humanidad del Hijo de Dios, lugar indigno de la divinidad.

Nosotros, por el contrario, creemos que la Palabra, en un momento histórico muy preciso, «se hizo carne» en la fragilidad e impotencia como toda criatura, naciendo de una mujer, María (cf. 1 Jn 4,2-3), y creemos que en Cristo Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, reside la revelación definitiva del Padre y el anuncio de la fe que nos salva.

El hombre del tercer milenio tiene necesidad de Jesús, revelador de tu amor de Padre, para escapar de su individualismo y de su superficialidad, que lo privan de los verdaderos valores en que se puede encontrar la esperanza de vivir. Señor, el nacimiento de tu Hijo nos revela que también nosotros en Jesús hemos sido hechos hijos tuyos y te podemos conocer.

Haz que toda nuestra vida, sobre el modelo de la de Cristo, se vuelva en actitud de docilidad filial hacia ti y, para ello, en la noche de Navidad nos ponemos de rodillas, en adoración ante el rostro humano del Jesús-Niño, tu Hijo unigénito, en el que resplandece e irradia tu rostro invisible de Padre, para ver nuestro rostro divino.

CONTEMPLATIO

Pero ¿quién soy yo? ¿Podré decir algo digno de lo que se ve? Me faltan las palabras: la lengua y la boca no son capaces de describir las maravillas de esta solemnidad divina. Por eso yo con los coros angélicos grito y gritaré siempre: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!».

Dios está en la tierra; ¿quién no será celeste? Dios viene a nosotros, nacido de una Virgen; ¿quién no se hará divino hoy y anhelará la santidad de la Virgen, y no buscará con celo la sabiduría, para hacerse más cercano a Dios? Dios está envuelto en pobres pañales; ¿quién no se hará rico de la divinidad de Dios si acoge algo humilde?

Exulto como los pastores y me sobresalto escuchando estas voces divinas: ansío ir al pesebre que acoge a Dios y deseo llegar a la celestial gruta: anhelo ver el misterio manifestado en ella y allí, en presencia del Engendrado, levantar la voz cantando: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!» (Sofronio de Jerusalén, Le Omelie, Roma 1991, 55-57).

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: «Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado» (Is 9,5).

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

En aquella noche de Navidad una multitud del ejército celeste se apareció en Belén a los pastores, diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!»; en este mismo momento nosotros celebramos ¡untos el nacimiento de nuestro Señor y su pasión y muerte. Según el mundo, este modo de comportarse es extraño. Porque ¿quién en el mundo puede llorar y alegrarse al mismo tiempo y por el mismo motivo? En efecto, o la alegría será dominada por la aflicción, o la aflicción será aniquilada por la alegría; solamente en nuestros misterios cristianos podemos alegrarnos y llorar al mismo tiempo y por la misma razón. Pero pensad un poco en el significado de la palabra «paz». ¿No os parece extraño que los ángeles hayan anunciado la paz mientras el mundo está incesantemente azotado por la guerra o por el miedo de la guerra? ¿No os parece que las voces angélicas se hayan equivocado y que la promesa fue una desilusión y un engaño?

Reflexionad ahora sobre cómo habló de la paz nuestro Señor mismo. Dijo a sus discípulos: «Mi paz os dejo, mi paz os doy». ¿Entendía Él la paz como nosotros la entendemos: el reino de Inglaterra está en paz con sus vecinos, los barones están en paz con el rey, el jefe de familia que cuenta sus pacíficas ganancias, la casa bien limpia, su mejor vino sobre la mesa para el amigo, su mujer que canta a sus hijos? Aquellos hombres que eran sus discípulos no conocían nada de esto: ellos salieron a hacer un largo viaje, a sufrir por tierra y por mar, a encontrar la tortura, la desilusión, a sufrir la muerte con el martirio. ¿Qué cosa quería, pues, decir Él? Si queréis saberlo, recordad que dijo también: «No os la doy como la da el mundo». Así pues, Él dio la paz a sus discípulos, pero no como la da el mundo

*

T. S. Eliot,
Asesinato en la catedral,
Madrid 1996.

***

Biblia, Espiritualidad ,

Cristianos Gays os desea una Feliz Navidad

jueves, 24 de diciembre de 2020
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“Como nos ama
hacese a nuestra medida”

Santa Teresa de Jesús

Los Administradores y Moderadores de Cristianos Gays queremos desearos a todos una muy feliz Navidad, a pesar de la Pandemia y sabiendo que hemos de cuidarnos entre todos siguiendo las recomendaciones sanitarias.

Deseamos que el Niño Dios se encarne no solo en nuestros corazones, sino también en nuestras obras.

Que sepamos reconocer a este Dios que se hace carne en una madre soltera, criado por un padre que no es el suyo en lo humano. Al margen de lo establecido. Por eso felicitamos la Navidad con el Niño que nace en el hogar con dos madres. El hogar con dos padres. El hogar con una sola madre o con un solo padre. Porque hogar es donde hay amor, no un numero y tipo de personas. Y si hay amor, ahí nace Jesús.

Hoy contemplamos en el relato del Evangelio cómo la Palabra se hizo carne (Jn 1, 1-18). Nos suele resultar complicado pensar en Jesús tal y como nos lo presenta hoy Juan: preexistente, divino, revelador del Padre… Es un misterio que desborda pero que llena de gozo desmesurado. Dios se nos muestra de una forma inauditamente cercana porque el amor tiende a abajarse y a hacerse próximo. También mi amor debe tender a encarnarse en gestos hacia los demás que muestren cómo es Dios.

Gracias por los que entráis, leéis, compartís y nos regaláis vuestra amistad y oraciones.

Que el Niño Dios colme de bendiciones todos vuestros nobles deseos y esperanzas.

¡Feliz Navidad!

***

Cerremos la puerta detrás de nosotros. Escuchemos con oído atento la inefable melodía que resuena en el silencio de esta noche. El alma silenciosa y solitaria canta al Dios del corazón su canto más suave y afectuoso. Y puede confiar que él le escucha. De hecho, este canto no debe ya buscar al Dios amado más allá de las estrellas, en una luz inaccesible, donde habita y ninguno puede verle.

Como es Navidad, como la Palabra se ha hecho carne, Dios está cerca, y la dulcísima palabra, la palabra del amor, encuentra su oído y su corazón en la sala más silenciosa del corazón. Y quien se ha detenido cerca de sí, aunque es de noche, en esta paz nocturna, en las honduras del corazón de Dios, percibe la dulce palabra del amor. Es preciso estar tranquilos, no temer la noche, hay que callar. De otro modo no se escucha nada.

De hecho, la última cosa se dice solamente en el silencio de la noche, cuando, por la llegada llena de gracia de la Palabra en la noche de nuestra vida, se ha hecho Navidad, noche santa, noche de silencio.

*

Karl Rahner,
Dios se ha hecho hombre,
Brescia 31990, 72-73).

***

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

¡Señor de la noche, Dios de luz, Visita mi establo oscuro!

jueves, 24 de diciembre de 2020
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Para decir juntos nuestra fe.

¡Señor de la noche, Dios de luz,
Visita mi establo oscuro!
Prepara en mí una cuna
Para que la Navidad tenga lugar esta noche (…)

En tus tierna manos
deposito mi miedo de no ser …
Esta noche naceremos
de un mismo aliento;
Nacerás en mí
Para venir al mundo que me rodea,
Y yo naceré de ti,
Acogida como una reina
Acogido como un rey
Hasta en mis más sombríos rincones.

¡ Señor de la noche, Dios de luz,
Visita mi establo oscuro!
Prepara en mí una cuna
Para que Navidad se efectue esta noche (…)
Entonces, por fin, en mi desierto
habrá sitio para los otros,
Aquellos que te nombro ahora
En un silencio
Que implora tu compasión.

*

Lytta Basset

***

Nota:

Esta tarde a las 16:00, hora española, aparecerá la felicitación de Navidad y, a partir de las 18:00h, los textos y meditaciones de la Misa de Media Noche, y tres textos más para que nos acompañen los momentos previos a la cena de Nochebuena y a lo largo de esta noche santa… Acordémonos de quienes esta noche la pasan solos o no pueden celebrarlo por multitud de razones….

***

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Gerardo Villar: Carta para una familia en Belén.

jueves, 24 de diciembre de 2020
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Adviento Sagrada Familia (eligelavida)Amigos José y María: Todos los años celebramos el nacimiento de Jesús. Pero este año con el coronavirus, os voy a mandar ciertas advertencias para que las tengáis en cuenta, no vaya a ser que, con la covid, agarréis la enfermedad y lo compliquemos todo.

Ya sé que marcháis con tiempo hacia Belén porque si os pilla un confinamiento, por menos de nada, os quedáis encerrados a medio camino.

. Al hacer los trámites o papeleo, cuidado con estar junto a muchas personas. No paséis de media docena. Y vosotros sois tantos de familia y de antepasados….

. Cuidado al ir por las casas pidiendo posada, no os contagiéis.

. Que los pastores pasen a la cueva en turnos, para que nunca estéis más de seis personas.

. Y no se os olvide la mascarilla. Bueno, a Jesús no se la pongáis porque es tan pequeño…

. No sabéis los días que vais a tener que permanecer. A ver si hay suerte y no os confinan. Por eso, llevad un poco más de ropa y comida.

. Cuando nazca el Niño, dejadle en el pesebre. Primero lo purificáis con vuestras manos y lo dejáis sobre las telas tan limpias y desinfectadas que le ha preparado María

. Conviene que los ángeles canten bajito. Que es perjudicial el cantar muy fuerte y además en lugar pequeño. Y ojo, nada de muchos ángeles.

. Tenéis una ventaja: dicen que hace falta buena ventilación. Aire ya os sobra, el que entra por la boca de la cueva.

. Y este año, nada de cantos. Tenéis más tiempo para contemplar a Jesús y para hablar entre vosotros dos.

. Cuidado con las visitas, que Herodes es capaz de mandaros algún soldado contagiado. Así que silencio y recogimiento.

. Como sois tan espirituales los dos, vais a tener tiempo para dedicarlo a contemplar a vuestro Hijo y a decirle bajito vuestros cariños y alegrías.

. Ojo: limpiad las piedras y los troncos en que se sienten los que os visiten. Pasad luego un paño para limpiar. Y salvo, María, Jesús y José, guardad las distancias. Eso sí, haced una pequeña trampa y dejad darle un beso al Niño, que ese no puede transmitir nada malo.

. Si podéis, cuando lleguen los magos, mirad a ver si traen de oriente alguna hierba rara que cure los males y encargadle gran cantidad a ver si curan como vacuna este virus de la pandemia.

Y nada más. Felicidades y un beso para el Niño.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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«¿Quién es mi familia esta Navidad?», por Carlos Osma

jueves, 24 de diciembre de 2020
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Cheerful young man wearing Santa Claus hat greeting his family on New Year's Day, texting messages online on mobile phone. Funny hipster wishing Merry Christmas to his friends using electronic device De su blog Homoprotestantes:

Las diferentes medidas que los gobiernos están tomando para que las celebraciones de Navidad no sean el detonante de lo que se intuye como una tercera ola del coronavirus, nos obligan a algunos a tener que preguntarnos cosas como: ¿Quién forma parte de mi familia? Y es que, ante la necesidad de escoger a los afortunados familiares con los que podremos sentarnos a comer el turrón en Nochebuena sin sobrepasar el maravilloso número diez, debemos decidir cuál es el criterio que convierte a una persona en parte de nuestra familia. ¿El color de los ojos? ¿el apellido? ¿la afinidad religiosa? ¿el ADN? ¿el coeficiente intelectual? ¿la definición del diccionario? ¿lo que diga la Biblia?

Cierto es, que muchas personas no tendrán que debanarse los sesos para responder a estas preguntas, de hecho ni se las plantearán, porque llegar a diez comensales con los que compartir el pavo relleno, les es misión imposible. Otras, darán gracias a Dios de poder escaquearse, y enviarán un WhatsApp al grupo “Christmas family 2020” explicando que por precaución y responsabilidad este año no asistirán a tan deseado encuentro. Añadirán después, claro está, el Emoji “¡que triste estoy!”. Sin embargo, no todo el mundo tiene la misma fortuna, e inevitablemente estarán abocados a responderse cuestiones como: Mi hermana Rocío a la que no veo en todo el año, y que no vino a mi boda por homofobia, ¿es mi familia? Mi tío Antonio que me sigue llamando Alejandra, cuando ya por fin en mi DNI pone Alex, ¿es mi familia? Y mi amiga Miriam, que es la persona que más nos ha apoyado a Mertxe y a mí para que seamos madres, ¿por qué consideran algunos que no es mi familia?

Cristianas y cristianos de todo el mundo celebramos en Navidad el nacimiento de Jesús, la irrupción de la salvación enviada por Dios al mundo. Este acontecimiento lo presentan los evangelistas Mateo y Lucas como un espacio de encuentro entre María, José y Jesús, con ángeles, pastores, ovejas, estrellas y sabios. Si los evangelistas hubiesen integrado una pandemia mundial en sus construcciones teológicas, y el rey Herodes hubiera impedido reunirse aquel día a quienes no formaran parte de la misma familia (entendida esta de forma sanguínea, o sanguinaria como dice mi amiga Lucy), ni el mismo José hubiese podido estar presente, y la joven María tendría un parto de lo más solitario que se recuerda. Algo que, por otra parte, conectaría con la experiencia de las mujeres que este año han dado a luz en soledad debido a la covid-19, o también con la de aquellas que lo hacen desde hace mucho tiempo debido a otras pandemias como la lesbofobia, la pobreza, la transfobia, la guerra, o la explotación sexual.

Y siguiendo con la teología ficción sobre las burbujas de convivencia de las que Jesús formaba parte, es evidente que si el índice de rebrote hubiese estado por encima de mil pocos días antes de la crucifixión de Jesús, y Pilato hubiera decretado que las cenas debían reducirse únicamente a diez personas de la misma familia (tal y como la entendía él en aquel momento, claro), en la última cena no hubiera habido discípulo amado acurrucándose al lado de Jesús, ni Pedro llevándole la contraria, ni traidores como Judas. De hecho el pobre Jesús, como muchas personas este y otros años, se hubiera quedado más solo que la una. Tampoco hubieran tenido lugar las comidas que Jesús hacía a menudo con pecadores, comilones, bebedores o cobradores de impuestos. Ni la pobre María, la hermana de Marta y Lázaro, que no compartía ni una gota de sangre con Jesús, le hubiera podido ungir al maestro con un perfume de nardo puro. Y a los pies de la cruz, no hubieran acudido ni María Magdalena, ni el discípulo al que Jesús amaba. Lo acompañarían únicamente su madre y una tía, que por otra parte, son dos personas más que las que han acompañado a muchos de los que este año han fallecido por la pandemia.

¿Quién es de mi familia? Jesús contestó a esta pregunta diciendo que su familia no estaba determinada por la sangre ni por las disposiciones legales, y  que su madre y sus hermanos eran quienes aceptaban la llamada de Dios, al que él consideraba Padre. No deja de sorprender, por tanto, que tantas iglesias se erijan en defensoras de la familia biológica como único criterio para determinar quién es, o quién no es, familia. La familia tan atípica y disfuncional de Jesús, seguro que la compararían con la unión de un hombre con un animal, o la tacharían de provocación para desestabilizar las instituciones divinas. Pero hay que reconocer que también a nosotros nos resulta incómoda su propuesta, porque no la fundamenta en el amor entre sus miembros (al menos en un primer momento), sino en el amor de Dios que nos convierte en hijos e hijas suyos, y por tanto, en hermanas y hermanos. ¿Son mi familia quienes me discriminan, pero tratan de seguir al Dios de Jesús? ¿Realmente sigue al Dios de Jesús quienes hacen esto? ¿No son unos mentirosos quienes dicen que aman a Dios, pero aborrecen o discriminan a sus hermanas y hermanos?

Soy consciente de que la visión de Jesús sobre la familia es más inclusiva que la mía. Él considera que son mis hermanos y hermanas mucha gente con la que yo jamás me sentaría en la misma mesa el día de Navidad. La homofobia y el fundamentalismo son dos virus más letales que la covid-19, así que por experiencia sé que es necesario protegerse y no minimizar o relativizar su capacidad de destrucción. En demasiadas comidas de Navidad tuve que ponerme una mascarilla para taparme la boca, así que prefiero no tener que hacerlo más. Este año pediré a Dios que, como el de la covid-19, estos virus desaparezcan pronto, o que algún día no muy lejano haya una vacuna que cure a personas que he querido mucho. Pero por mi seguridad y la de mi familia, ni la sangre, ni decir que se sigue al Dios de Jesús, serán los criterios que utilizaré para saber quien es mi familia y con quién he de sentarme en Nochebuena o Navidad. Utilizaré otros que sé que son más restrictivos que los que me propone Jesús, pero son los que en este momento me hacen sentir seguro: mi familia son las personas con las que comparto la vida, que me quieren, y a las que yo quiero.

 Carlos Osma

Consulta dónde encontrar «Solo un Jesús marica puede salvarnos»

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En el pórtico de la Navidad: Historia, símbolo de fe, mito

miércoles, 23 de diciembre de 2020
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Navidad1Del blog de Xabier Pikaza:

Al principio, los cristianos (Pablo, Marcos…) no se ocuparon del nacimiento de Jesús, pues pensaron que sólo importaba su vida y especialmente su muerte… Pero después (a partir de los año 70), empezando por el evangelio de Mateo y siguiendo por los de Lucas y Juan, ellos descubrieron que la vida de Jesús como «encarnación» de Dios era inseparable de su origen. Ellos supieron así que no hay cristianismo sin Pascua, pero tampoco sin Navidad.

Pero la Navidad del Hijo de Dios,  y en especial la función de su madre,  ha sido discutida, de tal forma que los cristianos han venido a dividirse por su forma de entender la Navidad, no sólo en tiempo antiguo (entre los grupos enfrentados en el concilio de Éfeso, 381), sino en la actualidad,de forma que algunos han llegado a decir que todo lo referente a María (excepto su nombre y que era Madre de Jesús) no es más que puro mito.

(Belén del Vaticano 2020. ¿Nacerá un Jesús marciano, venido de o dirigido hacia otros planetas o estrellas? Jesús se encuentra todavía envuelto en rojo).

 En el principio, Historia de María 

Fue una mujer galilea: mediterránea y judía de comienzos de nuestra era. Todo lo que ha vivido y sentido ha de entenderse en ese fondo. Quizá debemos añadir que ella ha expresado los rasgos primordiales de lo humano, en clave de mujer. Sólo de esa forma puede iluminar y motivar nuestra existencia.

Esposa de José y madre de Jesús, un pretendiente mesiánico judío. Sus relaciones con José forman parte de una historia humana y religiosa que se adentra en el misterio de toda vida y relación profunda entre dos seres humanos.  Parece que estaba viuda cuando Jesús inició su vida pública. De manera sorprendente, Mc 6, 3 llama a Jesús el hijo de María.

Mantuvo relaciones complejas con Jesús y parece que al principio no aceptó su mensaje y camino mesiánico, como supone Mc 3, 31-35 y 6, 1-6 y el conjunto del evangelio de Juan. Pero Hch 1, 12-14 Testamento añade que ella se integró en la iglesia o comunidad de los discípulos de su hijo, entre los que jugó un papel significativo , viniendo a convertirse en figura simbólica o paradigmática de la fe, sea en sentido crítico (no pudo imponer sus derechos sobre Jesús: cf Mc 3, 31-35) sea en sentido ejemplar y edificante, de tal forma Lc 1-2 y en algún sentido Jn 19, 25-27 la presentan como modelo de cristiana.

Ha sido “creída” dentro de la iglesia. Por razones que algunos suponen evidentes y otros deben precisar y justificar, ella vino a convertirse pronto en lugar de referencia o modelo para la comunidad cristiana, como testifica en perspectivas diferentes el conjunto del NT.

Navidad abierta,Historia de Jesús 

1.  Nació, en torno al 6 a.C. probablemente en Nazaret de Galilea, aunque los evangelios hablen de Belén de Judá, para entroncarle  con el Rey David… al menos de un modo simbólico.  Fue un hombre significativo, que planteóproblemas y abrió caminos de importancia en la sociedad de su entorno judío y romano, aunque (¡por eso!) las autoridades oficiales no le aceptaron y el gobernados romano le condenó a morir en una cruz (hacia el año 30 d.C.).

2.Se conoce bastante bien su vida, aunque sigue habiendo en ella huecos fascinantes (¿por qué hizo lo que hacía, por qué se dejó matar?), de manera que algunos han dicho que no pudo existir, que fue sólo un mito condensado como historia: Un faraón judaizado, un héroe griego incardinado en Galilea, la avatara palestina de un Dios hindú…. Pero tras veinte siglos su vida real resulta sorprendente y sigue dando mucho que pensar y que vivir

3. Los que primero escribieron su vida exaltaron mucho su figura sagrada, olvidando casi su base humana, como hizo San Pablo (que escribió sobre Jesús a los veinte años de su muerte), que casi sólo se ocupó de la muerte de Jesús y de su resurrección entendida en línea de misterio. Por el contrario los que vinieron después, es decir, los cuatro evangelistas tuvieron que esforzarse por recuperar su historia humana para que no se perdiera, pues pensaron que sólo siendo un hombre podía ser modelo y «salvador» para los que creían en él.

4. Los historiadores judíos y romanos del siglo I d. C. apenas le citaron, pensando que no merecía la pena recordarle, porque su figura les parecía margina… o peligrosa Pero Flavio Josefo estuvo más atento y en su libro sobre las Antigüedades Judía (Ant)  le presentó como taumaturgo, y profeta escatológico…  Algunos historiadores greco-romanos del siglo II (Tácito, Suetonio o Plinio el Joven) le recuerdan como un revoltoso, ajusticiado por la autoridad romana, pero su figura les sigue pareciendo carente de importancia.

4. Los discípulos de Jesús crearon «iglesias», o grupos de «creyentes mesiánicos», apoyándose para ello en la certeza de que él estaba vivo (=había resucitado), impulsándoles a recrear su misión, no sólo en Israel, sino entre todos los pueblos. Ciertamente, se puede discutir la «realidad» y/o sentido de esa resurrección, pero es indudable que los primeros cristianos creyeron en ella y así continuaron y recrearon la obra de Jesús (entre el 30 y 60 d.C.) y fueron uniéndose hasta crear entre el 100 y 120 d.C. la Gran Iglesia (la comunidad unitaria de los creyentes de Jesús).

La celebración de la Navidad forma parte de las interpretaciones de la vida de Jesús

Al principio, los cristianos (Pablo, Marcos…) no se ocuparon del nacimiento de Jesús, pues pensaron que sólo importaba su vida y especialmente su muerte… Pero después (a partir de los año 70), empezando por el evangelio de Mateo y siguiendo por los de Lucas y Juan, ellos descubrieron que la vida de Jesús como «encarnación» de Dios era inseparable de su nacimiento. Ellos supieron así que no hay Jesús «cristiano» sin cruz, pero tampoco sin nacimiento.

Esa interpretación creyente  del  nacimiento de Jesús, y en especial de su madre, María,, ha sido discutida, de tal forma que los cristianos han venido a dividirse y distinguirse por su forma de entender el símbolo mariano de la Navidad, no sólo en tiempo antiguo (entre los grupos enfrentados en el concilio de Éfeso, 381), sino en la actualidad,de forma que algunos han llegado a decir que todo lo referente a María (excepto su nombre y que era Madre de Jesús) no es más que puro mito.

Finalmente, esa interpretación (símbolo creyente) se sitúa en un campo que puede y debe compararse con los «mitos» de nacimiento de diversas religiones y culturas. Por eso, la historia y símbolo de la Navidad (aunque sin verdadera Encarnación) puede celebrarse y se celebra fuera del cristianismo.

María entre la confesión de fe  y el mito.

– Muchos creyenteshan recreado simbólicamente la figura de María, descubriendo y/o expresando en ella elementos  fuertes de la confesión cristiana.  Los evangelios  (Mt, Lc y Jn)  no elaboran su recuerdo para saciar una curiosidad, sino para expresar mejor el origen y la novedad de Cristo, de forma que ellos presentan casi a María como un catalizador simbólico del mesianismo  de su hijo.

– Pero la figura de María se sitúa también desde tiempo  antiguo (desde el Nuevo Testamento, cf. Ap 12) en el principio de un camino de apertura tendencial al mito. Llamo mito a un  símbolo de tipo intemporal que se desliga de la historia y expresa en forma imaginaria aquello que parece haber sido y será siempre, el eterno y divino retorno de las cosas. l mito unifica lo divino con lo humano en un tipo de simbiosis suprahistórica, al proyectar hacia lo eterno (lo divino) los elementos fundamentales de la vida histórica: el nacer y el morir, lo masculino y femenino, la guerra y la concordia etc.

– En ese fondo María podría convertirse al fin en diosa y la Navidad en una expresión de la unidad originaria de lo divino y lo humano. De manera muy normal, al situarla en el lugar donde el hombre y Dios se unen, la mariología coloca a la madre de Jesús, al menos de manera tendencial, en una línea abierta al mito; ella termina asumiendo (sin negar la historia) temas que el mito había desarrollado en plano transhistórico al hablar de la madre divina o la mujer sagrada[2].

 Mariología y teología de la Navidad

– La mariología cristiana constituye el descubrimiento y cultivo creyente (consecuente) de la hondura simbólica de la historia de María… y de la «revelación natal» de Dios en Jesús.  Por medio de María (no de un modo excluyente, sino inclusivo: María como verdadero Israel, María con José, en un contexto de familia ampliada) Dios se hace carne de un modo «natal», siendo concebido, naciendo y viviendo como un ser humano concreto, llamado Jesús.

– Al situar a María cerca del espacio donde se reciben o/y elaboran mitos religiosos casi universales (hierogamia, madre divina, feminidad sagrada…), la mariología asume como propia la tarea crítica de superar (negar y recuperar en forma nueva) lo que esos mitos han descubierto o inventado. Quizá podamos decir que la mariología es una disciplina abierta por esencia al diálogo cultural interreligioso con sus valores (nos sitúa en el lugar donde el ser humano ha buscado, sufrido y soñado con más intensidad) y sus riesgos (el evangelio de la historia de Jesús y de la iglesia puede diluirse con María y por María en los pretendidos valores eternos de los dioses y diosas del entorno mediterráneo y del oriente antiguo).

TRASFONDO MÍTICO DE LOS RELATOS DE LA NAVIDAD

   Estudié extensamente el tema en un libro titulado Los Orígenes de Jesús  donde podrán verse datos, tendencias e interpretaciones.  Aquí me limito a recoger algunos datos de U. Luz, Evangelio de Mateo, Sígueme, Salamanca  2010.  Dejo para mañana la interpretación cristiana de Lc 1, 26-38 (evangelio del dom.  4º de Adviento). Prescindo de las notas e interpretaciones eruditas. Quien quiera fijarlas  deberá acudir al libro de U. Luz. Aquí recojo sólo el esquema básico de su planteamiento:

Moisés . Jos, Ant. 2; PsFilón; Tg Ex; ExR; Mekh Ex

  1. Sueño del faraón (Tg Ex 1, 15); sueño de Amrán (Jos); profecía de Miriam (=Apocalipsis).
  2.  Interpretación por letrados (Jos), magos  (Tg Ex), por astrólogos (ExR 1, 22)
  3. Sobresalto del faraón. Reacción: matanza de niños
  4. Salvación: sueño de Amrán; ocultamiento de la cesta en el río. Hija del Faraón
  5. Sacrificio supletorio: matanza de niños.

Abrahán.  Bill. I, 77s

  1. Visión de la estrella.
  2. Interpretación por sabios y astrólogos.
  3. Angustia de Nimrod.
  4. Reacción: Nimrod quiere matar al hijo de Teraj.
  5. Salvación: ocultación de Abrahán.
  6. Sacrificio supletorio: matanza de muchos niños.

Rómulo/Remo  Livio 1, 3-6

  1. Rea embarazada de Marte; sueño de Rea.
  2. Exterminio de los descendientes de Numitor: los niños en el Tíber.
  3. Salvación por la loba.

Augusto (Suetonio, Aug. 94, 3; Dión C., 45, 1ss.

  1. Sueño de la madre y del padre (Dión C.); relámpago (Suet.), sueño de Atia (¿nacimiento virginal?).
  2. El Astrólogo Nigidio Fígulo interpreta.
  3. Sobresalto del Senado.
  4. Reacción: decreto del Senado: no educar a ningún niño (Suetonio).
  5. Salvación: se anula la decisión anterior.

Gilgamés

  1. El. Var. Hist., 12, 21.
  2. (¿Nacimiento virginal?).
  3. Los caldeos advierten del riesgo a Sokharos.
  4. Reacción: el niño es arrojado por la torre.
  5. Salvación por medio del Águila. Un campesino educa a Gilgamés.

Sargón 1 Pritchard, The Ancient Near East, London 1958, 85ss.

  1. Reacción: lo arrojan en un cesta al Éufrates.
  2. Salvación a través del Akki, creador del agua.

Ciro. Herodoto I, 107-122; Justino, Epítome,1, 4; Binder*, 17-28.

  1. Sueño de Mandane, sueño de Astiages.
  2. Interpretación de los magos.
  3. Astiages horrorizado.
  4. Reacción. Astiages quiere matar al niño.
  5. Salvación: desobediencia y salvación a través de unos pastores (ofrenda).
  6. Ofenda sustitutoria, de un niño muerto.

Frêdun, Sha-Name (Fridausi), 5, 6; Binder *, 176-179.

  1. Sueño de Sohak, rey de los dragones.
  2. Interpretación de los magos.
  3. Impotencia de Sohak.
  4. Reacción: persecución de Frêdun.
  5. Salvación por medio de los pastores y de la vaca Birmaje.

Krishna

  1. Harivansa (Mahabarata), 56-59; BaghavataPurana, 10, 3; Binder*, 207s.
  2. Kansa es advertida por Narada.
  3. Inquietud.
  4. Reacción: asesinato de todos los descendientes de Devagnis.
  5. Salvación: trueque de niños; desaparecen las insignias divinas de Krishna.
  6. Ofrenda sustitutoria: muerte de los niños falsos.

Otros paralelismos lejanos:

  1. Perseo (Binder*, 132s; Saintyves*, 239).
  2. Heracles (R.v. Ranke-Graves, Griechische Mythologie II, Reinbek 1960, 81-90).
  3. Apolo (Ranke-Graves I, Reinbeck 1960, 46ss).
  4. Neleo/Peleo (Saintyves*, 236s; Binder*, 148s).
  5. Agatocles (Diodoro de Sicilia 19, 2, 2-7).
  6. Dionisos (Schwarzenau*, 81-100).
  7. Hija de Dorketo (Saintyves*, 236).
  8. Leyenda árabe de Nimrod (Binder*, 260s).
  9. Seth-Horus (Plutarco, Isis y Osiris, 13).
  10. Ardaschir (Binder*, 184-189).
  11. Schapur (Binder*, 189-191).
  12. Ormuzd (Binder*, 191-193).
  13.  Gen Gis Kan (Saintyves*, 242).
  14. Leyenda de Buda (Saintyves*, 256; Schwarzenau*, 42-50).
  15. Candrahâsa (Binder*, 199-201).
  16. Elakamara Yataka (Binder*, 203s).
  17. Trakhan de Gilgit (Binder*, 211-213).
  18. Vanaraja (Binder*, 211-213).

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Camiña Navia Velasco: Mensaje en la Navidad del 2020.

martes, 22 de diciembre de 2020
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unnamedPasar la voz…

La humanidad cristiana lleva dos mil años celebrando esta fiesta que se ha ido cargando a lo largo de los siglos de lenguajes, significados, símbolos, sentidos y sinsentidos. Si releemos los textos bíblicos del Primer Testamento, que han sido aplicados al anuncio del nacimiento de Jesús de Nazaret en el Segundo Testamento, si leemos especialmente a Isaías y a los profetas en general, podemos darnos cuenta de su potencia poética, de su fuerza expresiva para anunciar un cambio sustancial en el orden de cosas y aseverar la intervención de Dios en el mundo, en favor de la justicia, de la vida y del amor.

La conmemoración del nacimiento de ese niño en Belén ha sido expresada en la pintura de cientos de lienzos con fuerzas diferentes, desde la sensibilidad de cada tiempo y de cada artista. Se trata de expresiones culturales que van más allá de la religiosidad de los pintores y que han atravesado edades y territorios. En este siglo XXI, asistimos, sin embargo, a un alejamiento total de esta “cultura religiosa”: Intereses, sensibilidades y creencias caminan lejos de estas tradiciones y de estos mensajes. Como dije hace poco en otro artículo, la Navidad se ha alejado cada vez más de su sentido primigenio.

Y sin embargo para quienes creemos que Jesús de Nazaret tiene mucho que decir al mundo, se hace necesario encontrar la manera de transmitir hoy la fuerza y permanente novedad de su mensaje. Joan Chittister nos dice:

La tarea de una generación de mujeres mayores es ofrecer posibilidades a la generación venidera. No hemos cumplido nuestro cometido hasta que no les enseñamos toda lección, hasta que no les pasamos todo interrogante, hasta que no les preparamos a fondo, hasta que no les concedemos posibilidades de comenzar y hasta que  no les permitimos el privilegio de arriesgarse.

(Joan Chittister: Doce momentos en la vida de toda mujer).

Es importante encontrar la forma de “pasar la voz”. Para quienes estamos abiertos/as de una u otra manera a la trascendencia, la celebración de la Navidad tiene un hondo sentido: es la fiesta de la luz que llega a la oscuridad, es la fiesta en la que actualizamos el que la Divinidad se hace carne en nuestra historia, por tanto es la fiesta en la que nos abrimos a esa encarnación de la Divinidad en  nuestra persona y en nuestras rutas. Esa encarnación no tiene sentido si no se hace realidad en cada momento.

Pero es claro que no encontramos la manera de tocar a las nuevas generaciones con estas realidades. Invito a un ejercicio conjunto que nos ayude a encontrar los lenguajes para celebrar que:

Todavía es posible traer la luz a nuestras vidas y caminos

Todavía es posible hacernos como niños para mirar las cosas desde un corazón limpio

Estamos aún a tiempo de corregir el rumbo y lograr hermanarnos

Es importante afirmar y anunciar que los sueños aún pueden habitarnos: celebrar que aún hay mujeres y hombres que soñamos con un mundo equitativo y de justicia en el que los sencillos y los y las desposeídas encontrarán su pan

Soñar que al otro lado habrá una luna que ilumine una tierra respetada, un agua no desperdiciada, una naturaleza habitada con respeto sagrado

Cómo encontrar palabras para gritar al mundo que la estrella que guíe nuestros pasos sea estrella del amor y la equidad

Celebrar que la fiesta que puede reunirnos es la felicidad de todos y de todas y que ya nunca más será posible que unos pocos se atoren con los bienes de todos

Cantar en las colinas y los valles, en las pantallas de la televisión o del computador que llegó la mañana que animará los surcos de una cosecha nueva

Celebrar que aún es tiempo de corregir el rumbo y que llega el anuncio de una economía nueva, diferente y sencilla al alcance de todos y de todas

Cantar que la mañana llega con amaneceres de antorchas, con cantos de esperanza, con músicas de júbilo

Proponer que la vida puede mostrar su entraña más allá del whatsapp, del Instagram y redes de todos los pelajes

Que el canto de la alondra llegará a nuevos rumbos

Celebrar que soñamos y construimos sueños

Anunciar porvenires en los que las mujeres no teman por sus vidas y sus cuerpos no lloren por violaciones y atropellos

Celebrar que personas como el maestro de Galilea, o Gandhi o Luther King… María de Magdala o Hildegarda de Bingen y Juliana de Norwich… mostrarán sus caminos y haremos entre todos y todas relaciones distintas

Se hace necesario renovar la esperanza cada año, para repotenciar los horizontes y ampliar las utopías. Se hace imprescindible, vivir por unos días la potencia de vida que recorra los cuerpos y encienda el corazón. Saber que los encuentros, los regalos, los árboles hay que mirarlos en un más allá de sí mismos y los bailes sólo tienen sentido si expresan en nuestros cuerpos el anuncio de realidades nuevas.

Invito a redimensionar nuestras vidas, para alcanzar un más allá de cotidianidades baladíes. Hagamos realidad la afirmación de Octavio Paz:

Ver con los oídos, sentir con el pensamiento, combinar y usar hasta el límite nuestros poderes, para conocer un poco más de nosotros-as mismos-as y descubrir realidades incógnitas ¿no es ese el fin que asignan a la poesía espíritus tan diversos como Coleridge, Baudelaire y Apollinaire?… La poesía explora el universo…

(Octavio Paz: Corriente Alterna)

Busquemos las palabras, la expresión, el lenguaje para “pasar  la voz”. Para ello seamos conscientes del agotamiento de nuestros símbolos.

Carmiña Navia Velasco

15 de Diciembre del 2020

Biblia, Espiritualidad

Jesús Espeja: «¿Es posible una Navidad en tiempos de pandemia?»

lunes, 21 de diciembre de 2020
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32EA68FF-071D-4EE3-851E-AFBB74C373FCDe su blog La Iglesia se hace diálogo:

Celebrar estas fiestas desde nuestra experiencia de la fragilidad

«Esta dura y realista experiencia llega cuando, sin negar que hay muchos auténticos creyentes cristianos en la sociedad española, no solo la Iglesia es cada vez más echada fuera de la cultura, sino que entre los mismos bautizados son crecientes la indiferencia y el agnosticismo»

«Otros años en Navidad hemos celebrado la presencia de Dios en y con nosotros como ternura, relación de amor, abrazo de afecto y reconciliación entre todos. Este año podemos celebrarla en la experiencia de nuestra fragilidad»

En los desastres de la Pandemia experimentamos nuestra fragilidad. No solo es la incógnita de siempre ante la muerte. Es el miedo, la inseguridad, el dolor ante tanto sufrimiento, la impotencia para inmunizar al virus y para curar las heridas abiertas en nuestra organización social. El horizonte se oscurece y no es fácil mirar confiadamente al porvenir.

Aunque la celebración de Navidad había entrado ya en la lógica de la comercialización, y para muchos se había diluido su significado religioso, era oportunidad para despertar los sentimientos de amor y de amistad. Este año, por la pandemia, la situación ha cambiado. Apenas podremos tener reuniones e intercambios presenciales con familiares. Ni siquiera los más devotos podrán participar en celebraciones religiosas comunitarias como en otros años. Pero todos estamos viviendo una experiencia común: nuestra fragilidad, la certeza de que la vida terrena es perecedera y el empeño por superar esta tragedia. Esta dura y realista experiencia llega cuando, sin negar que hay muchos auténticos creyentes cristianos en la sociedad española, no solo la Iglesia es cada vez más echada fuera de la cultura, sino que entre los mismos bautizados son crecientes la indiferencia y el agnosticismo.

La pandemia no distingue pulmones de ricos y pobres.Todos los humanos somos una sola familia que hoy sufre la indefensión.   En 1947 A. Camus escribió “La Peste” una significativa novela que sigue teniendo actualidad. Al mismo tiempo que plantea con agudeza el tema del sufrimiento, sugiere la necesidad de cambiar nuestra forma de vida. Estamos viendo que la fuente de nuestro yo, lo que nos da consistencia, no es el dinero, ni el poder ni la buena salud u otras muletas que fallan cuando un virus microscópico nos invade ¿Por dónde tirar?

Es la hora en que todos nos sintamos solidarios, y explicitemos qué pensamos sobre el sentido y el destino de nuestra vida tan maltratada por desgracias y tan machacada por el sufrimiento. No faltan distintas respuestas. Entre ellas, y cuando ya parece que el cristianismo social se diluye, tiene actualidad y puede ser oferta para todos la fe o experiencia cristiana en la celebración de Navidad.

Distintas salidas

Seamos conscientes o no, todos llevamos dentro la tensión: experimentamos múltiples limitaciones, pero somos ilimitados en nuestros deseos; todos queremos más”, decía una canción de hace años más”. Muchos, tarados por el materialismo práctico, no quieren saber nada de esa tensión, y otros oprimidos por la miseria no tienen tiempo para pensar en ella. Pero en la sociedad de bienestar cada vez es más notoria la falta de sentido. Se va perdiendo confianza de que el progreso saciara plenamente ya en la tierra los deseos del ser humano. Algunos creen que la vida no tiene significación propia y se resignan la felicidad momentánea que les brinda el momento presente.

Pero la crisis de sentido es problema de nuestro tiempo. Por eso en los últimos años la búsqueda sentido u horizonte donde inscribir todos los proyectos ha pujado en muchas manifestaciones. En el fondo es el diálogo con ese misterio que nos envuelve, con el cual necesitamos reconciliarnos y que en las religiones se llama Dios. Según el contenido que se dé a esa palabra, tenemos distintas salidas al interrogante sobre el sentido de la vida humana con el aguijón del sufrimiento.

 No es posible aceptar la existencia de un Dios todopoderoso y bueno cuando no quita el sufrimientoque destruye a los seres humanos. Fue ya el argumento del filósofo griego Epicuro que todavía tiene vigencia en muchos. Claro que ese filósofo partía de una divinidad fabricada por él. Además aunque eliminemos la existencia de Dios no eliminamos el mal ni el sufrimiento.

En algunas corrientes religioso-filosóficas como solución al sufrimiento se ha propuesto la renuncia a todo deseo, pues el sufrimiento viene de no conseguir lo que se ansía. Muerto el perro se acabó la rabia. Pero el deseo es constitutivo del existencia humana y hay deseos muy laudables.

Una interpretación ya superada en la Biblia: el mal es castigo de Dios por nuestras fechorías. Pero el Libro de Job lo desmiente. Su autor es un creyente judío que trae a Job como figura universal del inocente que se ve maltratado y pregunta dónde está Dios que no interviene Job es “hombre íntegro que teme a Dios y se guarda del mal”; su conciencia le dice que es inocente. Sin saber por qué empiezan a llegarle desastres y desgracias hasta reducirlo a la miseria. Se acercaron sus amigos sabios y , al ver su deterioro en un primer momento, se quedan mudos: estuvieron siete días y siete noches sin dirigirle la palabra”; el sufrimiento del inocente recomienda silencio, ¿ quién es capaz de explicarlo? Pero Job grita cada vez con más fuerza: “Desaparezca el día en qué nací; no tengo paz ni calma ni descanso y me invade la turbación”. Se pone el tema sobre el tapete para el debate de los sabios que, siguiendo la tradición, exculpan a Dios y culpan Job; sus males deben ser castigo por su mala conducta o la de mala conducta de sus parientes. Pero desde su conciencia Job reacciona contra esa interpretación tradicional . Lo que dicen los sabios representantes de la tradición son “argumentos de polvo y réplicas de barro”, “palabras vacías”. Pero ¿cómo deshacer sus argumentos?

Job dice a sus amigos sabios que conoce bien sus explicaciones: “lo sé tan bien como vosotros, en nada me aventajáis”. Decide enfrentarse al Poderoso:”quiero defenderme; presento mi causa porque sé que tengo razón”. El Todopoderoso acepta el reto diciendo voy a interrogante y tu responderás”. Y en seguida vienen unas preguntas de la Sabiduría: “¿Dónde estabas tu cuando fundaba yo la tierra? ¿quién fijó sus medidas? ¿has penetrado hasta las fuentes del mar?¿has circulado por el fondo del abismo?” “¿el censor de Dios va a replicar aún?”. Y Job responde: “Yo te conocía solo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos; por eso retracto mis palabras”. En realidad Job no ha visto más que la incomprensibilidad de Dios. No llevan razón los sabios   que pretenden interpretar el sufrimiento como castigo de Dios ni Job que le hace responsable de los males   sufridos por el inocente.

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Fotografía Levante-EMV

En 1995 salió un interesante libro “¿Quién es creyente en España de hoy?” Y se constaba la variedad y la confusión que hoy son aún mayores. Hay bautizados que practican la religión, otros que no practican, bautizados y sin embargo en la indiferencia religiosa o en el agnosticismo .Sin embargo en muchos de estos bautizados practicantes o no sigue la visión descartada en el Libro de Job: el mal y el sufrimiento son efecto de nuestros pecados que merecen el castigo de Dios. Tenemos que soportarlos como sacrificio para reparar el honor de la divinidad ofendida; muriendo en la cruz, Jesús de Nazaret nos ha dado ejemplo. Esa interpretación no cuadra con el Evangelio: Dios es amor y nos ama también cuando somos pecadores.

Desde la fe o experiencia cristiana

El mal y el sufrimiento van anejos a nuestra condición de criaturas racionales. Como criaturas somos limitados. Como racionales abrigamos un deseo de infinitud sin dolor ni muerte. Al no poder satisfacer ya ese deseo, experimentamos no solo el dolor corporal sino el sufrimiento que es dolor del alma. Esa condición nos constituye. Pero estamos en proceso de realización, y en ese proceso sí es decisiva la presencia del Creador que también nos constituye. Mientras vamos de camino el mal y el sufrimiento pueden ser espacio para abrirnos a esa Presencia de amor en que habitamos y para crecer en más humanidad.

Los cristianos  hemos conocido Dios en el acontecimiento Jesucristo, en su vida, muerte y victoria sobre la muerte. Y la conducta humana de Jesús no se explica sin la intimidad con el “Abba”, presencia entrañable de amor. Jesús experimentó y se abrió incondicionalmente a esa Presencia: “no estoy solo porque el Padre esta conmigo”, “mi alimento es hacer su voluntad . Esa apertura en el amor, que le agradó y le sostuvo, supuso un éxodo del egocentrismo, el dolor de renunciar a muchas falsas seguridades y aceptación de situaciones conflictivas que implicaron sufrimiento. Los relatos evangélicos traen amplias catequesis sobre las tentaciones de Jesús y reflejan con toda claridad el dolor del Inocente condenado. En ese trance de oscuridad y de fracaso cabe preguntar:¿dónde estaba Dios? No estaba en el cielo contemplando el crimen como reparación de su honor ofendido. Tampoco estaba inactivo con los brazos cruzados ante la imposibilidad de hacer algo. Estaba dentro del Crucificado dándole fuerza y aliento para que el amor se manifestara con toda su intensidad y pureza en la entrega dolorosa y libre a favor de los demás. En la cumbre de la humillación y de la burla, Jesús confía en Dios y se da por amor. El cuarto evangelista concluye: “ahí tenéis al hombre”. La humanidad que a través del sufrimiento ha madurado en el amor.

Según la fe cristiana, la conducta Jesús de Nazaret revelaplenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” que incluye dos vertientes. Primera, crecer en el amor; estamos hechos para el don; prueba de ello es que el amor, lo más válido y valorado de nuestra existencia humana, nos saca de nosotros mismos y nos lleva sin remedio al otro: y esta salida implica éxodo del “ego”, renuncia y sufrimiento donde el amor prueba su verdad y madura. Segunda, en nuestro sufrimiento con amor, Dios mismo en nosotros y con nosotros, promueve la plena realización de la humanidad.

La salvajada contra la raza judía en el corazón de Europa fue tan execrable mientras el Todopoderoso parecía estar al margen, que algunos se preguntaban “ si después de Auschwitz podemos seguir creyendo en Dios”. Pero el neurólogo Viktor Frankl, que sufrió las atrocidades en el campo de exterminio comenta: “Mis experiencias me permiten afirmar que en Auschwitz recuperó su fe más gente y la fortalecieron más personas -por supuesto a pesar de Auschwitz -que cuantos allí la perdieron. No vale decir cómo Dios permitió tantas atrocidades, sino cómo el ser humano es capaz de hacer tales crueldades que Dios presencia de amor sufre en la cerrazón de los verdugos y en el dolor de las víctimas”. Elie Wiesel narra la cruel represalia en el campo nazi de extermino: un niño colgado en la horca. “¿Dónde está Dios, preguntó alguien detrás de mí. Y en mi interior escuché una voz que respondía: pues aquí colgado en está horca”.

Dios no puede impedir el sufrimiento anejo a nuestra condición y sólo con nuestra colaboración, cuando nos dejamos transformar por su Presencia de amor, el sufrimiento pierde su aguijón. En esta perspectiva se comprende la experiencia de Etty Hillesun, una mística judía víctima de la barbarie nazi. Mientras está sufriendo las mayores vejaciones con otros judíos redacta un diario buscando la presencia de Dios en medio del sufrimiento. “dentro de mí hay un pozo sin fondo, y ahí dentro está Dios” “Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos. Es lo único que tiene importancia en estos tiempos, Dios: salvar un fragmento de ti en nosotros. Tal vez así podamos hacer algo por resucitarte en los corazones desolados de la gente. Sí, mi Señor, parece ser que tú tampoco puedes cambiar mucho las circunstancias; al fin y al cabo, pertenecen a esta vida…Y con cada latido del corazón tengo más claro que tú no nos puedes ayudar, sino que debemos ayudarte nosotros a ti y que tenemos que defender hasta el final el lugar que ocupas en nuestro interior…”

Celebrar Navidad en la fragilidad

Otros años en Navidad hemos celebrado la presencia de Dios en y con nosotros como ternura, relación de amor, abrazo de afecto y reconciliación entre todos. Este año podemos celebrarla en la experiencia de nuestra fragilidad.

En el nacimiento de Jesucristo los cristianos percibimos la presencia de lo divino en lo humano. En estos aciagos tiempos de pandemia, debemos discernir la presencia benevolente de Dios en los anhelos de vida, en los gestos de solidaridad y en búsqueda de soluciones. Y ofrecer el significado de Navidad : “paz a los todos seres humanos porque Dios los ama”. La fuente de nuestro yo, lo que nos da consistencia es que somos incondicionalmente amados. Nos habita una Presencia de amor que siempre nos da fuerza para levantarnos de nuestras propias cenizas.

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Adviento

viernes, 4 de diciembre de 2020
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graciasLo sucedido en una conferencia celebrada en la Casa Blanca sobre la relación existente entre fe y etnia en los Estados Unidos no fue lo que yo había esperado, pero gracias aquella reunión empecé a comprender lo que es en realidad la Navidad. Allí había negros, blancos y morenos, musulmanes, hindúes, cristianos, bahaistas y nativos americanos, reunidos para hablar de las relaciones de la religión con la raza. Por paradójico que pueda parecer, fue el jefe indio quien me enseñó el significado del texto del Profeta Isaías.

En medio de las elucubraciones teológicas de aquellos de nosotros que deseaban redactar otra ponencia, celebrar otra reunión, realizar otro taller para combatir el racismo, el jefe indio citó de nuevo el mensaje de Isaías. Se puso en pie lentamente, juntó las manos sobre el pecho, miró por encima de nuestras cabezas y dijo apaciblemente: «Me he pasado la vida enseñando a nuestros niños a decir gracias: gracias por la hierba, gracias por la lluvia, gracias por los extraños, gracias por el fuego, gracias por toda la gente del mundo. Pienso que, si aprendemos a decir gracias por todas las cosas, llegaremos a comprender su valor, a respetarlas, a verlas como algo sagrado».

Fueron unas palabras sencillas, pero que produjeron el efecto de una especie de cataclismo en mi alma. Me hicieron reflexionar. Suscitaron en mí una vez más el espectro de Isaías. Me hicieron pensar de nuevo en lo que realmente quiere decir la escritura cuando nos recomienda que rectifiquemos el camino del Señor. De pronto comprendí que la Navidad es tiempo para gritar: gracias.

La Navidad es el compromiso con la vida que se ha encarnado. Es una llamada a ver a Dios en todas partes, y especialmente en aquellos lugares donde no esperaríamos encontrar Gloria y gracia. Es una llamada a exaltar la vida.

La Navidad es la obligación de ver que todo nos conduce directamente a Dios, de comprender que no hay nada ni nadie en la tierra que no sea para mi camino hacia Dios. Yo supe al instante que en el momento en que empezáramos a celebrar de verdad de la Navidad, a mirar todo y a todos como una revelación de Dios, a dar las gracias por ellos, se acabaría el racismo, no habría más guerras, desaparecería el hambre en el mundo, todo sería un don, y cada persona sería sagrada.

En realidad es muy sencillo y muy claro: todo lo que tenemos que hacer para rectificar el camino del Señor es decir gracias, aprender a vivir intensamente, a entusiasmarnos por la vida, a desarrollar la pasión de vivir».

Joan Chittister en su libro “El Evangelio, día a día”

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La desgarradora carta de un niño que le pide a Santa Claus que hable con Dios y descubra «si me ama por ser gay»

sábado, 28 de noviembre de 2020
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Foto: Shutterstock

En Estados Unidos el servicio de correo hace cada fin de año algo que, sin duda, es muy bonito. Los niños envían sus cartas a Papá Noel con destino al Polo Norte y UPSPS intercepta varias de ellas en lo que se conoce como la Operación Santa. La Operación Santa permite que la gente que se quiera involucrar, por ejemplo cumpliendo sueños de niños desfavorecidos, pueda hacerlo.

Una carta desgarradora de un niño que le pregunta a Santa si apoya a la comunidad LGBT + está generando respuestas en línea.

La Operación Santa del Servicio Postal de los Estados Unidos, que coordina las respuestas a las cartas dirigidas a Papá Noel, compartió un desgarrador mensaje de un niño llamado Will.

Su carta dice: “Querido Santa, ¿apoyas a la comunidad LGBTQ y si puedes hablar con Dios, puedes decirle que lo amo y si él me ama por ser gay? Gracias. El amor lo hará.»

Sin duda, conmueve. Y nos hace pensar lo realmente triste que puede ser que un niño tan pequeño sienta que Dios no lo quiere solo por ser homosexual. ¿Qué habrá escuchado en su casa, en el cole, en la televisión para llevarlo a tener ese temor?

En ejemplos como estos entendemos por qué es tan importante la educación sexual y diversa, que los niños no sientan rechazo por ser quienes son, que sepan que su orientación sexual es normal, y si profesan alguna religión, que alguien les cuente que el Papa ha expresado hace poco a padres y madres de jóvenes LGTB: Dios ama a vuestros hijos tal como son.

La carta ha recibido cientos de miles de «me gusta» en twitter. Pero como os podéis imaginar también mucha homofobia. Para muchos usuarios de twitter un niño no puede sentir que es gay. ¿Ah no? Pero sí puede saber que es heterosexual, ¿no? Si puedes preguntar a un niño de cuatro años si tiene muchas novias, pero no puedes entender que un niño de 8 crea que es gay. Mucho sentido… Pero además del odio, afortunadamente tenemos el amor. Y es lo que más ha recibido en las redes sociales la carta del pequeño Will.

La carta tocó la fibra sensible después de ser compartida en Twitter, donde ha atraído miles de respuestas de personas LGBT +.

Una respuesta decía: “Eso es lo más desgarrador. Y la peor parte es que si este niño pregunta esto, existe una gran posibilidad de que no esté recibiendo el amor que necesita «.

Otro usuario de Twitter agregó: «Me mata absolutamente que nuestra sociedad, en cualquier momento y especialmente en la actualidad, pueda grabar este horrible pensamiento en la mente de cualquiera».

Otros recordaron haber crecido con las mismas preguntas sobre si serían aceptados debido a su sexualidad y luchar contra la homofobia.

Otra respuesta dice: «¿QUIÉN LE ESTÁ DICIENDO A ESTOS NIÑOS QUEER QUE SANTA NO LOS AMA, NECESITO NOMBRES».

Una madre orgullosa escribió: “Es literalmente una de mis principales prioridades asegurarme de que mis hijos sepan que, sin importar quiénes son o a quién aman, nunca los negaré ni tampoco al Dios en el que creo”.

Lamentablemente, la carta ha provocado varias respuestas homofóbicas. «Según lo escrito, este chico es demasiado joven para saber si es gay o no. Y estoy seguro de que sus padres lo han estado presionando. – PsilosDipous (@PsilosDipous) 23 de noviembre de 2020

Otros fueron más comprensivos. «Para la gente que dice que sus padres le están forzando la idea de ser gay, es tan obvio que vive en un hogar cristiano. Así como es obvio que se piensa que está mal a los ojos de los dioses porque se pregunta si Dios todavía lo ama. Juro que todos ustedes dicen CUALQUIER COSA  Spooky Sunflowers (@ShookSunflowers) 23 de noviembre de 2020

Algunos señalaron que a los niños pequeños se les suele preguntar si están enamorados del sexo opuesto, así que ¿por qué es tan difícil de entender que algunos puedan tener sentimientos del mismo sexo? «El diagrama de Venn de la gente que dice que este chico es demasiado joven para saber si su gay y la gente que pregunta a los niños pequeños si tienen novia todavía es un círculo.» – Dalia (@xodahliagrace) 23 de noviembre de 2020

Algunos trataron de tranquilizar a Will y a otros jóvenes LGBTQ que Dios los ama: «Lo hace. Este mito de que Dios no ama a todo el mundo necesita ser abolido. El catolicismo no habla en nombre de Dios, y la idea de que lo hace ha cegado a millones. Dios nos ama a todos y cada uno de nosotros porque hemos sido creados de Él. Dios es amor y aquellos que viven en el amor viven en Dios.» – payton (@paytonagen) 23 de noviembre de 2020

Otros han expresado su simpatía por muchas de las otras cartas compartidas por los niños. Algunos están lidiando con padres que tienen una enfermedad grave o no tienen dinero para pagar las cuentas, mucho menos para los regalos.

Santa recibe miles de cartas cada año. Santa estaría encantado con esto: sus ayudantes más dedicados son una pareja gay. Por supuesto, no todas las cartas a Santa terminan en USPS, con una pareja gay de Nueva York que es famosa por aceptar la llamada después de recibir una inundación de cartas dirigidas a Santa.

santamen1-1024x538Jim Glaub y Dylan Parker comenzaron a recibir las cartas en 2010 después de mudarse a un apartamento en 22nd Street, Manhattan. Nadie sabe cómo el apartamento de la calle 22 llegó a ser etiquetado como la casa de Santa, pero la pareja ha pasado casi una década coordinando respuestas, uniendo cartas con personas dispuestas a ayudar y escribir respuestas.

2020 marca diez años del proyecto, mientras que un largometraje basado en la pareja que se informó anteriormente está en proceso.

Glaub dijo en una publicación de Facebook: “¡Este año marca DIEZ AÑOS conectando familias necesitadas con elfos de la vida real! Estamos probando incansablemente nuestro taller digital y lanzaremos la semana de Acción de Gracias con un nuevo sistema de emparejamiento. Gracias por su paciencia mientras luchamos contra la voluble bestia invernal de la tecnología «.

Fuente Pink News

General, Homofobia/ Transfobia. , , , , , , ,

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