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El amor a Dios y al padre no se pueden comparar porque son de naturaleza distinta.

domingo, 2 de julio de 2023
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Mt 10,37-42

La manera de hablar semita, por contrastes excluyentes, nos puede jugar una mala pasada si entendemos las frases literalmente. Lo que es bueno para el cuerpo, es bueno también para el espíritu. La lucha maniquea que nos han inculcado no tiene nada que ver con la experiencia de Jesús. El evangelio de hoy propone, en fórmulas concisas, varios temas esenciales para el seguimiento de Jesús. Todos tienen mucho más alcance del que podemos sospechar a primera vista.

El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. El problema del amor al padre y a Jesús no se puede comprar porque son realidades de distinta naturaleza ni se pueden comparar ni se puede decir que uno es “más” que otro. El amor a Dios no puede entrar nunca en conflicto con el amor a las criaturas, mucho menos con el amor a una madre. Jesús nunca pudo decir esas palabras con el significado que tienen para nosotros hoy. Solo un falso Dios puede plantear sus propias exigencias frente a otras instancias que requieren las suyas.

Ese Dios es un ídolo, y todos los ídolos llevan al hombre a la esclavitud, no a la libertad de ser él mismo. Hay que tener mucho cuidado al hablar del amor a Dios o a Jesús. En el evangelio de Juan está muy claro: “Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros”. Creer que puedo amar directamente a Dios es una quimera. Solo puedo amar a Dios amando a los demás, como Dios manda. Jesús no pudo decir: tienes que amarme a mí más que a tu Hijo. Recordad: porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve ser y me disteis de beber…

El evangelio nos habla siempre del amor al “próximo”. Lo cual quiere decir que el amor en abstracto es otra quimera. No existe más amor que el que llega a un ser concreto. Ahora bien, lo más próximo a cada ser humano son los miembros de su propia familia. La advertencia del evangelio está encaminada a hacernos ver que, desplegar a tope esos impulsos instintivos no garantiza el más mínimo grado de calidad humana. Pero sería un error aún mayor el creer que pueden estar en contra de mi humanidad. Se ha tergiversado el evangelio, haciéndole decir lo que no dice.

El evangelio no quiere decir que el amor a los hijos o a los padres sea malo y que debemos olvidarlo para amar a Jesús o a Dios. Pero nos advierte de que ese amor puede ser un egoísmo camuflado que busca la seguridad mayor para el ego, sin tener en cuenta a los demás. El “amor” familiar se convierte entonces en un obstáculo para un crecimiento verdaderamente humano. Ese “amor” no es verdadero amor, sino egoísmo amplificado. No es bueno para el que ama, pero tampoco es bueno para el que es amado, de esa manera. El verdadero amor solo puede surgir de nuestra categoría humana, es decir, de lo más hondo del ser.

Lo instintivo va contra la persona cuando el hombre utiliza su mente para potenciar su ser biológico a costa de lo humano. El hombre puede poner como objetivo de su existencia el despliegue exclusivo de su animalidad, cercenando así sus posibilidades humanas. Esto es degradarse en su ser especifico humano. Cuando estamos en esa dinámica y metemos a los demás en ella, estamos “amando” mal, y ese amor se convierte en veneno. Esto es lo que quiere evitar el evangelio. Nada que no sea humano puede ser evangélico. No amar a los hijos o a los padres no sería humano.

Un verdadero amor nunca puede oponerse a otro amor auténtico. Cuando un marido se encuentra atrapado entre el amor a su madre y el amor a su esposa, algo no está funcionando bien. Habrá que analizar bien la situación, porque uno de esos amores (o los dos) está viciado. Si el amor a Dios está en contradicción con el amor al padre o a la madre, o no tiene idea de lo que es amar a Dios o no tiene idea de lo que es amar al hombre. Sería la hora de ir a psiquiatra. ¡Nos han metido en la esquizofrenia, haciéndonos creer que, lo que Dios pedía era odiar a nuestros padres!

El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mí, la encontrará. En griego hay tres palabras para decir vida: “Zoe”, “bios” y “psiques”. El texto no dice zoe ni bios, sino psiques. No se trata de la vida biológica, sino de la vida psicológica, es decir, de la capacidad de relaciones interpersonales. No se trataría de dejarse matar, sino de poner tu humanidad al servicio de los demás. Esto no sería perder sino ganar. Quien pretenda reservar para sí mismo su ego malogrará su existencia, porque pasará por ella sin desplegar su verdadera humanidad.

El que dé a beber un vaso de agua fresca… El ofrecer un vaso de agua a un desconocido puede ser la manifestación de una profunda humanidad. El dar, sin esperar nada a cambio, es el fundamento de una relación verdaderamente humana. En nuestra sociedad de consumo nos estamos alejando cada vez más de esta postura. No hay absolutamente nada que no tenga un precio, todo se compra y se vende. Nuestra sociedad está montada sobre el ‘toma y da acá’, que dejaría de funcionar si la sacáramos de esa dinámica y nos decidiésemos a vivir el evangelio.

La misma institución religiosa está montada como un gran negocio económico, en contra de lo que dice el evangelio: “Gratis habéis recibido, dad gratis”. Hoy todos estamos de acuerdo con Lutero, en su protesta contra toda compraventa de bienes espirituales (bulas, indulgencias etc.). Pero seguimos cobrando un precio por decir una misa de difuntos. Es verdad que debemos insistir en la colaboración de todos para la buena marcha de la comunidad, pero no podemos convertir las celebraciones litúrgicas en instrumentos de recaudación de impuestos con apariencia de caridad.

El objetivo instintivo de todo ser vivo, es mantenerse en el ser. Casi cuatro mil millones de años de evolución han sido posibles gracias a esta norma absoluta. Pero la misma evolución ha permitido al ser humano ir más allá de los instintos y alcanzar conscientemente una meta más alta que no está en contradicción con la biología. Todo lo que le acerca a ese objetivo último le puede causar más felicidad que satisfacer sus instintos. La raíz última de todo acto bueno está en la misma biología, no es contrario a ella. Nada más falso que una lucha entre lo biológico y lo espiritual.

La trampa que quiere evitarnos el evangelio es quedarnos en el placer inmediato que nos proporciona nuestra biología y perder de vista el bien total del ser humano. Ahí está la causa de tanto desajuste en la conducta humana. Debemos tomar conciencia de que lo que es malo para nuestro verdadero ser, no puede ser bueno bajo ningún aspecto del ser humano. Todo egoísmo personal o amplificado que busca el bien material del individuo o la familia, nos lleva a la deshumanización.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El principio antrópico.

domingo, 2 de julio de 2023
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Mt 10, 37-43

«El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí»

La génesis del “principio antrópico” no es filosófica, sino puramente científica. Es el fruto del estudio minucioso del cosmos y de su proceso de evolución, y básicamente establece que “cualquier teoría válida sobre el universo tiene que ser consistente con la existencia de seres conscientes capaces de formularse estas preguntas”. Como afirma John Barrow, prestigioso matemático y cosmólogo británico: «La increíble serie de coincidencias que permiten nuestra presencia en el universo, parecen haber sido cuidadosamente preparadas para garantizar nuestra existencia».

El principio antrópico débil, aceptado mayoritariamente por la comunidad científica, afirma que «el mundo podría haber sido de muchas otras formas, pero en ninguna de ellas habríamos estado nosotros». Según esta formulación cabría el recurso al azar para explicar la aparición del hombre sobre la Tierra, pero el principio antrópico fuerte, más cuestionado, va más allá, rechaza el azar, y sostiene que todo el proceso ha estado diseñado con un único fin; propiciar nuestra existencia: «Nuestra existencia es la que ha determinado la estructura del universo», dice el principio antrópico fuerte. Muy parecido al argumento teleológico formulado desde la filosofía.

Esta última formulación requiere que alguien (Dios creador) haya diseñado el proceso de evolución con el propósito de que culminase en nosotros, pero no parece razonable que su objetivo final fuese la mera presencia del ser humano sobre la faz de la Tierra, sino del ser humano en plenitud; tanto a nivel individual como colectivo.

Hasta llegar a nosotros, han sido las leyes naturales las que han marcado la pauta de la evolución, pero la última etapa —la plenitud— es tarea nuestra. Y es aquí donde entroncamos con el evangelio, porque es Jesús, el hombre lleno del espíritu de Dios, quien nos marca la meta y señala el camino. Como decía Ruiz de Galarreta: «El sueño de Dios no es la raquítica salvación de media docena de perfectos. Toda la creación, realizada y perfecta, es su sueño, su proyecto, el Reino»

El evangelio, todo el evangelio, es una contundente invitación a ser colaboradores de Dios en la ejecución de su proyecto, y de aquí se desprende una buena definición de cristiano: cristiano es quien se compromete con la tarea de hacer de la humanidad una comunidad de Hijos que se aman como hermanos. Como dijo el propio Jesús: «En eso conocerán que sois mis discípulos».

Y desde esta perspectiva podemos entender mejor el texto de hoy, porque tamaño proyecto requiere de todo nuestro compromiso y de todo nuestro esfuerzo. Jesús nos está pidiendo ayuda para hacer realidad este ideal por el que él fue capaz de dar la propia vida, y lo hace a su estilo; un estilo paradójico, radical, casi desafiante, para recalcar la importancia excepcional de lo que nos está pidiendo:

«Como mi Padre me envió, así os envío yo a vosotros».

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer otro comentario sobre este evangelio publicado en fe adulta, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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La primera lealtad para Jesús.

domingo, 2 de julio de 2023
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14437838828006¿A qué o a quién has sido leal los últimos 25 años? ¿Qué ha caracterizado esa lealtad? ¿Ha sido muy duro? ¿En qué estaba basada?

¡Vaya! pensé cuando leí el evangelio para este domingo, pues ¡qué poca gracia tener que explicar algo que produce rechazo desde el primer momento! “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. (Mt 10: 37-38).

Es increíble cómo después de más de veinte siglos de cristianismo y de haber escuchado y leído tantos comentarios a este evangelio seguimos diciendo que este tipo de exigencia es inhumana y que no podemos llevar adelante este “requisito” de Jesús.

Pero ¿qué nos está pidiendo? ¿Cuál es su verdadera invitación o mejor dicho la de la comunidad cristiana detrás de este mensaje?

Al principio del capítulo 10 de este evangelio nos relatan la llamada de Jesús a sus doce discípulos dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y curar todo achaque y enfermedad. El envío con toda una serie de instrucciones es un mensaje transformador, primero para ellos cambiándoles sus valores, sus preferencias, sus preocupaciones y dotándoles de un amor universal que con el tiempo será capaz de traspasar todo tipo de fronteras, razas, religión, etc…Un mensaje liberador que solo puede proclamar quien antes ha sido liberado.

Por tanto, la lealtad a Jesús, a su mensaje, a su proyecto, es lo primero para quienes dicen seguirle. Eso no exige la renuncia al amor a nuestros seres queridos, a los más cercanos, todo lo contrario, pero sí se nos invita a amarles bien a no dejarnos atrapar por sus “chantajes emocionales” dándoles lo que nos piden, sino lo que sabemos que es mejor para ellos.

Amar a Jesús no descarta amar al prójimo, nada más lejos de su mensaje, sino discernir de qué manera podemos expresar nuestro amor de una forma práctica y real.

En el pasado, muchas personas religiosas, consideradas llamadas por Dios de una manera especial, renunciaban al amor de sus padres, alejándose de ellos hasta el punto de no estar presentes en sus últimos momentos o en tiempos de enfermedad, bajo capa de una mayor fidelidad a su compromiso con Jesús.

Hoy, entendemos que la fidelidad al mensaje de Jesús es para todos, no para unos cuantos “escogidos” de manera especial. Entendemos que ser fiel a Jesús es estar ahí donde se nos necesita y tanto puede ser en nuestra propia familia como en países lejanos. (A veces es más difícil estar con la propia familia que en tierras lejanas donde se aplaude nuestro trabajo).

No es más misionero quien vive en un país de Tercer Mundo ayudando al desarrollo de un pueblo, que quien permanece en el suyo haciendo una labor poco valorada; porque la misión es vivir y comunicar los valores de Jesús y eso suscita una gran oposición sobre todo en las sociedades capitalistas.

La lealtad a Jesús significa, en segundo lugar, no sólo división y rechazo dentro de la familia, sino también en el seno de la sociedad: y quien no toma la cruz y me sigue no es digno de mí.

¿Hasta dónde hay que llegar? Hasta dar la vida como él: ese es el distintivo del discípulo, de la discípula. Con pasión, con gozo, con fidelidad, no sin momentos de desaliento y de dificultad.

Es escoger un camino de marginación porque supone identificarse con quienes se oponen al “control imperial” como Jesús; y eso nunca resulta fácil: ni entonces ni ahora.

En tercer lugar, esa fidelidad nos habla de perder la vida por Jesús para encontrarla. Por el contrario, se entiende “encontrar la vida”  por nuestra propia cuenta como optar por lo seguro, por el propio interés, es dejarse llevar por la amenaza de la élite de crucificar a quienes ofrezcan resistencia. Sin embargo, la muerte no es el final.

¿Y quién y cómo escucha y recibe este mensaje? No está en nosotros medir los resultados, no vamos en nombre propio y el camino ya se encarga de proveernos con momentos de un gozo indescriptible cuando vemos que lo que nos ha sanado, cambiado la vida, liberado, también lo hace con muchos otros.

Quien recibe a Jesús recibe a quien le ha enviado. Profeta, justo, pobrecillo representan las actitudes de aquellos que ya han asumido el reino en sus vidas. Acogerles a ellos es acoger a Jesús y su mensaje y cualquier gesto, por pequeño que sea, incluso dar de beber un vaso de agua fresca, no quedará sin recompensa.

Sólo si conectamos con aquello que realmente nos llena la vida de pasión y de entusiasmo entenderemos la llamada de este evangelio; nada más lejos del deber moral o el sacrificio. Conecta con aquello o aquellos a quienes ofreces lealtad y verás como ya estás o puedes volver en cualquier momento al camino.

Carmen Notario Ajuria, SFCC

espiritualidadcym@gmail.com

 

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¿Quién es el “mí” del que habla Jesús?

domingo, 2 de julio de 2023
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IMG_9949Domingo XIII del Tiempo Ordinario

02 julio 2023

Mt 10, 37-42

Entendidas en su literalidad, las expresiones que aparecen en el texto, con matices comparativos (“más que a mí”) y carga autorreferencial (“por mí”) chirrían con razón a la conciencia moderna, testigo de tantos gurús que han demandado a sus fieles una incondicionalidad incuestionable.

¿Qué sentido tiene que un maestro pida ser amado más que los propios padres o los propios hijos? ¿Quién es el maestro que exige perder la vida por él? Todo ello suena más a una catequesis elaborada por la comunidad primitiva que a dichos auténticos de Jesús. Una comunidad que ya ha “divinizado” a Jesús y que lo presenta como referente absoluto, a cuya luz todo lo demás palidece en un segundo plano. Hoy conocemos también que se trata de un movimiento típicamente sectario, que enaltece hasta el infinito al propio líder.

Sin embargo, aun dejando de lado la cuestión de la autoría de esos dichos, cabe otra lectura de los mismos, no literal, sino espiritual o simbólica. ¿Quién o qué es ese “mí” del que se habla en términos absolutos, como lo único realmente real y lo único por lo que merece postergar todo lo demás?

Cuando se sale de la creencia dogmática y se vive un proceso experiencial de autoindagación, la respuesta se abre paso de manera luminosa: ese “” no es la persona del Maestro de Nazaret, ni tampoco otro yo particular. Ese “” alude a una realidad transpersonal -más allá de todos los yoes o personas-, a Aquello que constituye el Fondo de todo lo real, la identidad última, única y compartida, que somos.

Ese es el “tesoro escondido” -del que hablará el propio Jesús-, Aquello que somos en profundidad. Por tanto, en cuanto realidad transpersonal, no cabe la apropiación y carece de sentido la comparación. No se pide que ames a uno más que a otros, ni que mueras por alguien en particular, sino que vivas anclado en la verdad de lo que eres. Esta es la clave, válida para toda persona, cualquiera que sea su creencia. Cuando se vive así -dice Jesús en otro lugar-, “todo lo demás se os dará por añadidura”.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Un amor auténtico nunca se opone a otro amor auténtico

domingo, 2 de julio de 2023
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IMG_9957Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

01.- Placer y muerte

Decía el neurólogo y padre del psicoanálisis, Sigmund Freud (1856-1939) que la vida es al mismo tiempo: eros (placer) y thanatos (muerte).

La vida es una búsqueda del bienestar, del placer, de la felicidad pero, al mismo tiempo, un encuentro continuo con el esfuerzo, el sufrimiento, el dolor y la muerte. Esto es evidente, la vida humana es así.

La vida no es solamente placer, bienestar, felicidad, sino que la otra cara de la moneda es el sufrimiento, el dolor…

02.- Asumir el dolor

Siempre el ser humano ha tratado de paliar y aliviar el dolor -y la muerte-. Es natural.

Sin embargo el momento cultural actual margina y elude la dimensión de esfuerzo de la vida.

Es lógico que una civilización puramente hedonista no pueda admitir, ni sepa abordar el esfuerzo, el sufrimiento, el mismo trabajo como modo de colaborar con Dios y con la humanidad en la tarea de hacer un mundo habitable. Mucho menos afrontamos el problema de la muerte.

Todo lo queremos fácil, rápido y con el menor esfuerzo.

Pero la vida es placer y muerte.

03.- No es sano el masoquismo espiritual.

Tampoco era sana aquella vida oscurantista y exageradamente ascética, llena de negaciones y penitencias en muchos casos sin sentido alguno y más cercanas a un enfermizo masoquismo o sadismo que al esfuerzo cristiano y humano. No es deseable aquella espiritualidad ni aquel estilo de vida.

El Génesis es más saludable y vitalista que los cilicios y las disciplinas medievales y de tiempos posteriores. Lo que Dios había creado era bueno.

04.- El que se busca a si mismo se pierde.

Es una afirmación de gran contenido. Nos pasamos la vida «buscándonos» a nosotros mismos: una salud mejor, para lo cual hacemos footing, aerobic, nos volvemos medio macro.bióticos, nos perdemos por los sueños de una eterna juventud, que termina en una fugaz ancianidad. Nos buscamos y queremos «pasárnoslo» bien: “mi vida, mi casa, mi coche, mi partido político y mi partido de fútbol, mi dinero y mis vacaciones”. Al final uno vive sólo en el claustro de su soledad supuestamente placentera.

Nos hiciste poco inferior a los ángeles, dice el salmo 8, pero el capitalismo nos ha hecho poco –muy poco- superiores a los primates.

05.- La vida no es una existencia solitaria.

El que pierda su vida por MÍ, encontrará la vida.

La vida es comunidad y solidaridad, acogida. La forma humana de vivir es entregar la vida (lo demás es vegetar).

La madre no pierde la vida cuando da a luz.

La mujer sunamita, de la región de Sunam- (1ª lectura) le propone a su marido: acojamos al profeta Eliseo, le preparamos una habitación… Le reciben y le cuidan.

Eliseo se lo agradece con vida. Lo mismo que sucedió con Sara ya anciana que concibió a Isaac, o con Ana, la madre de Samuel, o con Isabel la madre de Juan Bautista, Dios les concede –en su ancianidad- una nueva vida. La maternidad en la ancianidad era signo de vida. Sean relatos históricos o míticos, Dios es Dios solidario, Dios de vida.

Un amor auténtico nunca se opone a otro amor auténtico. El amor a Dios no se opone al amor de la familia; el amor matrimonial no se opone al amor der Dios, ni al amor a los hijos, ni a la empatía de la amistad íntima o la fraternidad comunitaria y eclesial. El amor perfecciona, realiza la persona. El amor como la bondad crece cuando se comunican.

Seamos abiertos y generosos en la vida. Demos la vida, precisamente para vivirla en plenitud.

 

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Un dios murió …

sábado, 8 de abril de 2023
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Un dios ha venido esta mañana para
Cumplir sus deberes hacia los de abajo.
Se excusó, lloró,
miró una vez a los humanos.
Los miró, los comprendió
Todos ellos, transformados, diferentes.

(…)

Esta mañana un dios ha muerto:
Y nadie en el mundo se sorprende.

Un dios ha venido esta mañana para
Cumplir sus deberes hacia los de abajo.
Se excusó, lloró,
miró una vez a los humanos.
Los miró, los comprendió
Todos ellos, transformados, diferentes.

Un dios puso pie en tierra
Para mirar alrededor de él.
La sangre del universo se pierde,
Un dios hace frente al estado de hombre.
Ya ha comprendido:
el esqueleto del mundo muerto se corroe
Condenado a romperse,
En el interior, en sí mismo
Debido al peso de todo este tiempo perdido
Hasta ahora,
Por aportar nada más que palabras.
Un dios se ha negado,
Como un hombre encerrado en un mundo moribundo.

***

Fuente traducción : almanito

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Más humana…

viernes, 7 de abril de 2023
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Más humana,
sin brillos ni adornos,
sin la hermosura que luce
en muchas iglesias,
museos,
coronas
y joyas que nos adornan…

Quiero la cruz como fue en tu historia
en aquel tiempo y circunstancia:
cruz dura y pesada,
cruz amarga
y de sangre manchada,
cruz fracasada…
Pero cruz de vida llena,
cargada de entrega,
perdón
y misericordia…

Más humana,
quiero tu cruz más humana,
para que sea sacramento
de amor y esperanza.

Más humana,
quiero tu cruz más humana,
para que sea signo de tu alianza
hoy que la palabra no asegura nada..

Más humana,
quiero tu cruz más humana,
para que nos muestre tus entrañas
compasivas y divinas.

Más humana,…
¡y que señale la Pascua!

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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Viernes 07 de Abril de 2023. “Viernes Santo”.

viernes, 7 de abril de 2023
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De Koinonia:

Camino del Calvario

Isaías 52,13-53,12

Él fue traspasado por nuestras rebeliones

Mirad, mi siervo tendrá éxito,
subirá y crecerá mucho.
Como muchos se espantaron de él,
porque desfigurado no parecía hombre,
ni tenía aspecto humano,
así asombrará a muchos pueblos,
ante él los reyes cerrarán la boca,
al ver algo inenarrable
y contemplar algo inaudito.
¿Quien creyó nuestro anuncio?,
¿a quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote,
como raíz en tierra árida,
sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado de los hombres,
como un hombre de dolores,
acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultan los rostros,
despreciado y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso,
herido de Dios y humillado;
pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre él,
sus cicatrices nos curaron.
Todos errábamos como ovejas,
cada uno siguiendo su camino;
y el Señor cargó sobre él
todos nuestros crímenes.
Maltratado, voluntariamente se humillaba
y no abría la boca;
como cordero llevado al matadero,
como oveja ante el esquilador,
enmudecía y no abría la boca.
Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron,
¿quién meditó en su destino?
Lo arrancaron de la tierra de los vivos,
por los pecados de mi pueblo lo hirieron.
Le dieron sepultura con los malvados,
y una tumba con los malhechores,
aunque no había cometido crímenes
ni hubo engaño en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
y entregar su vida como expiación;
verá su descendencia, prolongará sus años,
lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
el justo se saciará de conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos,
porque cargó con los crímenes de ellos.
Le daré una multitud como parte,
y tendrá como despojo una muchedumbre.
Porque expuso su vida a la muerte
y fue contado entre los pecadores,
él tomo el pecado de muchos
e intercedió por los pecadores.

Salmo responsorial: 30

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle, y escapan de mí. /
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cachorro inútil. R.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: “Tú eres mi Dios.”
En tu mano están mis azares;
líbrame de los enemigos que me persiguen. R.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón, /
los que esperáis en el Señor. R.

Hebreos 4,14-16;5,7-9

Aprendió a obedecer
y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación

Hermanos:

Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado con todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

Juan 18,1-19,42

Pasión de N.S.Jesucristo según san Juan

C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús sabiendo todo lo que venia sobre él, se adelanto y les dijo:

+. “¿A quién buscáis?”

C. Le contestaron:

S. “A Jesús, el Nazareno.”

C. Les dijo Jesús:

+. “Yo soy.”

C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: “Yo soy”, retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:

+. “¿A quién buscáis?”

C. Ellos dijeron:

S. “A Jesús, el Nazareno.”

C. Jesús contestó:

+. “Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.”

C. Y así se cumplió lo que había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me diste.” Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:

+. “Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?”

* Llevaron a Jesús primero a Anás

C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.” Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:

S. “¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?”

C. Él dijo:

S. “No lo soy.”

C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentÁndose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contesto:

+. “Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.”

C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:

S. “¿Así contestas al sumo sacerdote?”

C. Jesús respondió:

+. “Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?”

C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

¿No eres tú también de sus discípulos? No lo soy

C. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:

S. “¿No eres tú también de sus discípulos?”

C. Él lo negó, diciendo:

S. “No lo soy.”

C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

S. “¿No te he visto yo con él en el huerto?”

C. Pedro volvió a negar, y enseguida canto un gallo.

Mi reino no es de este mundo

C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en le pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:

S. “¿Qué acusación presentáis contra este hombre?”

C. Le contestaron:

S. “Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.”

C. Pilato les dijo:

S. “Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.”

C. Los judíos le dijeron:

S. “No estamos autorizados para dar muerte a nadie.”

C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

S. “¿Eres tú el rey de los judíos?”

C. Jesús le contestó:

+. “¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?”

C. Pilato replicó:

S. “¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mi; ¿que has hecho?”

C. Jesús le contestó:

+. “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.”

C. Pilato le dijo:

S. “Conque, ¿tú eres rey?”

C. Jesús le contestó:

+. “Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.”

C. Pilato le dijo:

S. “Y, ¿qué es la verdad?”

C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:

S. “Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?”

C. Volvieron a gritar:

S. “A ése no, a Barrabás.”

C. El tal Barrabás era un bandido.

* ¡Salve, rey de los judíos!

C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los saldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:

S. “¡Salve, rey de los judíos!”

C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

S. “Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.”

C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:

S. “Aquí lo tenéis.”

C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:

S. “¡Crucifícalo, crucifícalo!”

C. Pilato les dijo:

S. “Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.”

C. Los judíos le contestaron:

S. “Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.”

C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:

S. “¿De donde eres tú?”

C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:

S. “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?”

C. Jesús le contestó:

+. “No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.”

¡Fuera, fuera; crucifícalo!

C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:

S. “Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.”

C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman “el Enlosado” (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:

S. “Aquí tenéis a vuestro rey.”

C. Ellos gritaron:

S. “¡Fuera, fuera; crucifícalo!”

C. Pilato les dijo:

S. “¿A vuestro rey voy a crucificar?”

C. Contestaron los sumos sacerdotes:

S. “No tenemos más rey que al César.”

C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

Lo crucificaron, y con él a otros dos

C. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado “de la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: “Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.” Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

S. “No escribas: “El rey de los judíos”, sino: “Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos.””

C. Pilato les contestó:

S. “Lo escrito, escrito está.”

Se repartieron mis ropas

C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba a abajo. Y se dijeron:

S. “No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca.”

C. Así se cumplió la Escritura: “Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica”. Esto hicieron los soldados.

Ahí tienes a tu hijo. – Ahí tienes a tu madre

C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:

+. “Mujer, ahí tienes a tu hijo.”

C. Luego, dijo al discípulo:

+. “Ahí tienes a tu madre.”

C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Está cumplido

C. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:

+. “Tengo sed.”

C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

+. “Está cumplido.”

C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

*Todos se arrodillan, y se hace una pausa

Y al punto salió sangre y agua

C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: “No le quebrarán un hueso”; y en otro lugar la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron.”

Vendaron todo el cuerpo de Jesús, con los aromas

C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

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*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy

(24 de marzo de 1978)

Queridos hermanos:

Después de escuchar la palabra de Dios en esta tarde del Viernes Santo, narrándonos la tragedia del Calvario, mejor sería guardar silencio y con el corazón agradecido adorar al Divino Redentor. Pero es necesario, es obligación del celebrante, aplicar esta palabra eterna a los que estamos viviendo esta ceremonia. Y es que la liturgia no es simplemente un recuerdo, la liturgia es actualización; aquí en la Catedral esta tarde de marzo de 1978, Cristo nos está ofreciendo la fuente inagotable de su redención a los que hemos venido con fe, con esperanza, a contemplar este misterio de la redención.

Es como si en este momento lo que se acaba de leer estuviera pasando aquí ante nuestros ojos y fuéramos nosotros los que nos estamos salpicando con esa sangre que se derrama en el Calvario. Las tres preciosas lecturas nos dan la medida sin medida de este gesto de amor que se llama la redención.

La primera lectura nos presenta el abatimiento de Cristo hasta la profundidad de una humillación que no tiene nombre. La segunda lectura, carta a los Hebreos exalta ese personaje humillado en la cruz hasta las alturas del cielo hecho pontífice supremo de nuestra salvación. Y el precioso relato de la pasión que los jóvenes seminaristas acaban de hacer, nos dice cómo sucedió todo esto: la humillación y la exaltación.

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La Pasión del Señor. Ciclo A

viernes, 7 de abril de 2023
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Pasión-del-Señor

“Jesús gustó el vinagre y dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.”

(Jn 19,30)

En la celebración de hoy proclamamos un largo texto del Evangelio de Juan, dos capítulos enteros. En ellos vemos todo lo que le sucede a Jesús desde la última vez que cena con sus discípulos hasta su muerte: la detención, los interrogatorios de Anás y de Pilato, la negación de Pedro, la crucifixión.

Son unos momentos que solamente Jesús vive con serenidad, con la confianza de estar cumpliendo la voluntad de su Padre. Jesús no pierde la vida, no se la quitan, sino que la entrega, y al hacerlo da su Espíritu a la humanidad. Si durante su vida había vivido en Dios y para los demás, su muerte también es entrega, porque es confianza en un proyecto más grande que su propia vida, el de su Padre, y porque da vida a los demás.

Jesús en la cruz es más vulnerable que nadie. La imagen de él crucificado es la expresión más clara de cómo ha vivido: con los brazos abiertos porque ya no hay nada que proteger, que poseer, que guardar, que retener; ya no hay temor a perder; ya no hay huida.

Hasta el último momento se preocupa de que no se pierda nadie de quienes Dios le ha confiado, y crea una nueva familia, su familia, al poner juntos a su madre y al discípulo amado.

En la muerte de Jesús, que es entrega de su vida, nosotros ya comenzamos a recibir Vida. Y todo esto se acabará de cumplir a primera hora del domingo, cuando Jesús recuperará su vida transformada y para siempre.

Oración

Padre, que la contemplación de Jesús en la cruz nos haga personas más entregadas y confiadas en ti. Que sintamos que a los pies de la cruz, con los ojos fijos en él, todos somos hermanos y hermanas, familia por tu Espíritu Santo.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Reflexión de Viernes Santo

viernes, 7 de abril de 2023
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¿Y quiénes somos?

Somos personas “capaces de Dios”, que decía san Agustín, es decir, capaces de asumir y aceptar, de encarnar al propio Dios.

No hay ni un solo trazo de la huella humana que no esté traspasado por la presencia de Dios. Ni un solo espacio, ni el más mínimo momento existen sin que Dios los haya “perforado” por su presencia. Es más, nada existe fuera de su presencia.

Dicho esto, y visto al Jesús humano capaz de pronunciar hágase  día tras día desde aquel hágase a dos voces de María, podemos deducir que somos expresión de Dios, semillas de su existencia, semillas buenas, claro, que a veces caemos en tierra no tan buena.

Cada una de las que estamos aquí somos personas llamadas a entregar la vida, a abrir los brazos en la cruz de la fidelidad y de la coherencia.

“Echarse en los brazos de Dios”.

Así con esto, con este reto que resulta de descubrir quién ese hombre tan increíblemente apasionado por la vida que fue capaz de entregar la suya para hacer eterna la nuestra, con este reto producido por la sorpresa al saber que somos parte de Dios… ¿qué hacemos con Cristo muerto, colgado de la cruz?

El Cristo de los brazos abiertos, que acoge en su gesto todo el dolor de la historia, el pasado y el futuro.

Cristo muere abrazando, de nuevo, el hágase del comienzo de su vida, cuando se reconoció como Hijo de Dios.

Desde la cruz, Jesús, desnudo como cuando nació, no oculta su debilidad, su fracaso; su sed es expresión de vulnerabilidad, de necesidad.

¿En los brazos de este hombre es donde queremos echarnos?

Sí, son los brazos de la libertad, de la acogida y del perdón. Los brazos que muestran un hueco infinito de reconciliación, de oportunidad y de vida eterna. En ellos cabemos todas y todos, sin fricciones ni negatividades. En sus brazos caben nuestros sueños, nuestras pequeñeces,… porque ocupamos un espacio de confianza, de sabernos en casa.

 

  Si quieres leer la reflexión entera pincha aquí.

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Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Debemos superar el mito de que Jesús murió por nosotros.

viernes, 7 de abril de 2023
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Georges-Rouault-CrucifixionJn 18,1-19,42

VIERNES SANTO (A)

Jn 18,1-19,42

La celebración ayer de la última cena, la celebración hoy de la muerte y la celebración mañana de la resurrección, son tres aspectos de una misma realidad: La plenitud de un ser humano que llegó a identificarse con Dios que es Amor. Este es el punto de partida para que cualquier ser humano pueda desarrollar su verdadera humanidad. Pero la meta a la que llegó Jesús y a la que tenemos que llegar nosotros es el amor. El amor es lo más dinámico que podemos imaginar, porque es el motor de toda acción humana.

El recuerdo puramente litúrgico de la muerte de Jesús, sin un compromiso de mantener en nuestra vida sus mismas actitudes, es un folclore vacío de contenido. Otro peligro que nos acecha en esta celebración es caer en la sensiblería. Tal vez no podamos sustraernos a los sentimientos ante la descripción de una muerte tan brutal. El peligro estaría en quedarnos ahí y no tratar de vivir lo que estamos celebrando. Nos importan los datos históricos, pero solo como medio de descubrir la cristología que en ellos se encierra: Jesús es para nosotros el modelo de lo humano y lo divino.

No podemos presentar la muerte de Jesús como el colmo del sufri­miento. La vida de Jesús se desarrolló con relativa normalidad y con una cierta comodidad. Los sufrimientos duraron solo unas horas. Millones de personas, antes y después de Jesús, han sufrido mucho más en cantidad y en intensidad. No podemos seguir hablando de sus sufrimientos como si fueran los únicos. Fue una muerte cruel, sin duda, pero no podemos presen­tarla como el paradigma del dolor humano. El valor de la muerte de Jesús no está en el dolor, sino en su actitud de fidelidad absoluta a sí mismo y a Dios.

Debemos superar la idea de que “murió por nuestros pecados”. El autor de la carta a los hebreos, (que seguramente no es de Pablo) lo que intenta es hacer ver a los judíos, que ya no tenía sentido el repetir los sacrificios que habían sido la base de su culto, porque ya estaba cumplida en Jesús toda la labor de mediación. Esta idea es posible, solo desde la perspectiva del Dios del AT que exige el pago por nuestros pecados. Este Dios no tiene nada que ver con el Dios de Jesús, que nos ama a todos siempre e infinita­mente.

¿Por qué le mataron? ¿Por qué murió? Si no hacemos esta distinción, entraremos en un callejón sin salida. Le mataron porque el Dios que él predicó no coincidía con la idea que los judíos tenían de YAHVE. El Dios de Jesús no es el soberano que quiere ser servido, sino Amor absoluto que se pone al servicio del hombre. Esta idea de Dios es demoledora para todos aquellos que pretenden utilizarlo como instrumento de dominio. Ningún poder puede aceptar ese Dios, porque no es manipulable ni se puede utilizar en provecho propio. Esta idea de Dios es la que no pudieron aceptar los jefes religiosos judíos. Este Dios nunca será aceptado por los jefes religiosos de ninguna época.

Jesús murió por ser fiel a sí mismo y a Dios. No se pueden separar las respuestas a las dos preguntas. Jesús, como todo ser humano, tenía que morir, pero resulta que no murió, sino que le mataron. Esto último tampoco hace de su muerte un hecho singular. La singularidad de esa muerte hay que buscarla en otra parte. La muerte de Jesús no fue un accidente, sino consecuencia de su manera de ser y de actuar. Creo que en la aceptación de las consecuen­cias de su actuación está la clave de toda la vida de Jesús.

El hecho de que no dejara de decir lo que tenía que decir, ni de hacer lo que tenía que hacer, aunque sabía que eso le costaría la vida, es la clave para compren­der que la muerte no fue un accidente, sino un hecho fundamental en su vida. El hecho de que le mataran, podía no tener mayor importancia, pero el hecho de que le importara más la defensa de sus convicciones, que la vida física, nos da la verdadera profundi­dad de su opción vital. Jesús fue mártir (testigo) en el sentido más estricto de la palabra.

Las palabras y los gestos de Jesús en la última cena pueden significar su más elevada toma de conciencia sobre el sentido de su vida. Tal vez en ese momento, cuando ya era inevitable su muerte, descubrió el verdadero sentido de una vida humana. Cuando un ser humano es capaz de consumirse por los demás, está alcanzando su plena consumación. En ese instante manifiesta un amor semejante al amor de Dios y puede decir: «Yo y el Padre somos uno». Dios está allí donde hay verdadero amor, aunque sea con sufrimiento y muerte. Un dios de “gloria” sería impensable ante la muerte de Jesús.

¿Qué tuvo que ver Dios en la muerte de Jesús? El gran interrogante que se plantea sobre esa muerte recae sobre Dios. No podemos pensar que planeó su muerte, ni que la exigió como pago de un recate por los pecados, ni que la permitió o la esperó. La paradoja está en que podemos decir que Dios no tuvo nada que ver en la muerte de Jesús, y podemos decir que fue precisamente Dios la causa de su muerte. Si pensamos en un Dios que actúa desde fuera, nada de lo que digamos en relación con esa muerte tiene sentido. Si pensamos que Dios era el motor de toda la vida de Jesús, de sus actitudes y de sus decisiones, entonces Él fue la causa de que Jesús fuera a la muerte.

Según todas las apariencias, Dios abandonó a Jesús a su suerte cuando le pedía a gritos que le ayudara. ¿Cómo podemos armonizar su silencio con la cercanía en el momento de morir? Aquí está la clave de comprensión del misterio Pascual. Dios no abandonó por un momento a Jesús para después reivindicarlo. Dios estuvo con Jesús en su muerte. Porque fue capaz de morir antes que fallarle, demuestra esa presencia de Dios como en ningún otro momento de su vida. En la entrega total se identificó con Dios y lo hizo presente. Cualquier otro intento de demostrar la presencia de Dios en Jesús, es ilusorio.

Intentemos comprender el significado que tuvo su muerte para él y para nosotros. Su muerte es el reflejo de su actitud vital. En ella podemos encontrar el verdadero sentido de su vida. Se trata de una muerte que manifiesta la verdadera Vida. No se trata de la muerte física, sino de la muerte del “ego”, que hizo posible una entrega total a los demás. Este es el mensaje que no queremos aceptar, por eso preferimos salir por peteneras y buscar soluciones que no nos exijan entrar en esa dinámica. Si seguimos centrados en el “yo”, no tiene sentido celebrar la muerte de Jesús ni su resurrección.

Nosotros tenemos que separar la vida, la muerte y la resurrección de Jesús para intentar entenderlas, pero solamente la podremos entender si descubrimos la unidad de las tres. La muerte fue consecuencia inevitable de su vida, pero en esa muerte estaba ya la gloria. La trayectoria humana de Jesús terminó alcanzando la más alta meta: desplegar al máximo su humanidad, alcanzando y manifestando la plenitud divina. Si no tenemos presente esto, nunca descubriremos lo que significa para nosotros que un ser humano, en todo semejante a nosotros, pudiera llegar a esa meta humana y divina.

Para profundizar

 Muerte y vida son dos caras de la misma moneda.
En el fondo, lo que importa es la moneda,
Que participa de las dos y las integra.
Nuestra limitación nos impide verlas al mismo tiempo.
Al fijarnos en una, olvidamos la otra.
Esta limitación distorsiona la Realidad,
Nos impide superar los contrarios.
En la muerte está la Vida plena.
Nada tiene que suceder para alcanzarla.
Hoy es día de gloria no de pena.
No tenemos que esperar a un tercer día
Para vivir la plenitud que celebramos.
Jesús no necesita resurrección alguna.
Su muerte ya está fundida con la Vida.
No hay antes y después en su andadura.
El vivir en el tiempo nos traiciona
E impide la experiencia de lo eterno.
Somos eternidad y somos Vida,
Aunque en un frágil cuerpo confinadas.
Lo limitado de mi ser no consigue
Borrar la huella firme de lo eterno.
La misma Vida de Jesús está ya en ti,
Descúbrela y despliega su grandeza.
No esperes a mañana, despierta hoy a la Vida.
Toda la eternidad está en tu mano,
Lo absoluto escondido en lo efímero,
Lo divino germinando en lo humano.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Viernes Santo. Pasión del Señor.

viernes, 7 de abril de 2023
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95_Maria-y-las-santas-mujeres-junto-a-la-cruz_350Jn 18,1-40; 19,42

Ante la muerte el ser humano se encuentra desamparado, abandonado, solo. El grito humano que se resiste a morir no encuentra por parte de Dios otra respuesta que el silencio “¿Por qué me has abandonado?. Tampoco los demás, tanto si son familiares, amigos, pueden hacer nada. Alrededor hay noche oscura.

La muerte nos da la oportunidad de realizar el acto de fe definitivo. Una fe contra toda evidencia, una esperanza contra toda esperanza; la confianza que traspasa la noche de la nada para encontrar unas manos que nos acogen con amor infinito. “A tus manos encomiendo mi espíritu”.

Esa es la muerte victoriosa, la que vence a la misma muerte en su propio terreno. Muerte con sentido que salva al ser humano y le conduce a la comunión con Dios, con los hermanos/as, con el universo. Esta muerte es la transformación necesaria para entrar a vivir en el nuevo mundo en el que hemos creído y esperado. En la cruz de Jesús se abren las puertas de la resurrección gloriosa del ser humano. El Vía Crucis estalla en el Vía Lucis.

En la Pasión según san Juan, se dice que las últimas palabras pronunciadas por Jesús fueron: “Todo está cumplido”. A todos nos ha encomendado Dios una tarea. A veces resulta paradójica; sólo se puede comprender través de la fe. Pero lo que realmente puede dar sentido a la vida es acabarla con este gran testimonio: “Está cumplido”.

Dentro de tu grito en la cruz caben todos nuestros gritos, desde el llanto de un niño hasta el lamento del moribundo. Todos los que se sienten abandonados en un misterio incomprensible encomiendan su vida “en tus manos”. Cuando llegamos a nuestros límites, donde se desvanecen los días, los esfuerzos, el último aliento de vida, inclinamos la cabeza y te entregamos el espíritu [1].

Este Viernes Santo, Jesús, que sabe de qué barro somos, nos invita a permanecer junto a él, a su lado, silenciosamente. En la cruz podemos hallar la paz, la liberación de tanta esclavitud, el sentido profundo del dolor del mundo, también podemos encontrar a Jesús. Para nosotros/as la cruz es Jesús.

Estamos apegados a nuestra vida. No la queremos gastar sino guardarla para nosotros mismos. Pero Tú nos muestras que únicamente entregando nuestra vida la podremos salvar… La cruz –nuestra propia entrega- nos angustia, nos inquieta. Nos olvidamos que Tú llevaste también nuestra cruz, mi cruz, no en un momento del pasado, ya que tu amor es presente, contemporáneo a mi existencia. Tú la llevas conmigo y por mí, y quieres que, como Cirineo/a, lleve tu cruz y te acompañe, que me ponga al servicio de la redención del mundo, que la gaste en tu nombre…

En tu cruz sigues hoy. Sufres el dolor, las penas y las lágrimas de los crucificados y los calvarios del mundo. Y nos pones frente al sufrimiento, la desolación y el desamparo de tantas víctimas de las desgracias naturales, de la violencia, de la injusticia. Los cristianos hemos celebrado muchas “pasiones y viernes santos” pero, sin embargo, hemos desviado nuestros ojos ante los crucificados que, cerca o lejos, viven sufriendo.

Señor Jesús: Ayúdanos a caminar por tus caminos, con los pasos de nuestra vida diaria. Líbranos del miedo a la cruz, del miedo a que nuestra vida se nos pueda gastar… Ayúdanos a desenmascarar las tentaciones que nos prometen la vida pero nos dejan decepcionados, sin rumbo. Ayúdanos a no hacernos dueños de la vida sino a entregarla, como “el grano de trigo que cae en tierra y muere para dar mucho fruto”. Ayúdanos a discernir, “perdiendo la vida”, el camino del amor, el camino que nos conduce de verdad a la vida en abundancia.

¡Reaviva nuestra fe, reaviva nuestra compasión!

Mª Luisa Paret

[1] Cf. B. Gzález. Buelta, La transparencia del barro, 38

 Fuente Fe Adulta

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¡Cuántos crucificados hoy en día!

viernes, 7 de abril de 2023
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bajarcruzpobresDel blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

Cuando levantéis al hijo del hombre, sabréis que “yo soy

(Jn 8,28)

Mirarán al que atravesaron

(Jn 19,37)

01.- El gran vacío de la Existencia humana.

    Que somos barro nos lo dice el Génesis. Que somos poca cosa lo sabemos por nuestra propia debilidad humana: debilidad física, psíquica y moral.

    Somos culpabilidad, no pocas veces frustración y tristeza profundas, a veces vacío; estamos emplazados por la muerte.

No podemos con nuestra alma”.

    El “Yo soy” (joánico) se hace densamente presente en la cruz. Jesús ya había dicho aquello de que: cuando sea elevado, sabréis que yo soy. (Jn 8,25-28).

    Miremos, contemplemos, pues, ahora al que es y al que atravesaron.

Contemplar al que traspasaron tiene un contenido y un valor absolutos para el creyente: redención, perdón y esperanza de vida causan una paz y serenidad interior infinitas.

Nuestra culpa-pecado, nuestra angustia, nuestra muerte encuentra sentido y descansan en el crucificado.

Hay que llegar hasta el final para darnos cuenta, para creer que Él es: Yo soy. Y lo es en la cruz.

Contemplemos al que transpasaron.

02.- Al pie de la cruz: la madre y el discípulo amado.

    De la cruz poco se puede esperar que descienda.

    Los discípulos de Jesús han ido quedando de lado: Judas quizás por dinero, Pedro y su familia por el poder, otros discípulos decepcionados de que Jesús no haya triunfado militarmente (zelotas).

Al pie de la cruz están la madre y el Discípulo Amado Solamente el amor está al pie de la cruz: la madre, fuente de amor y de vida y todo cristiano que se siente amado (Discípulo Amado) por el Señor.

Solamente desde el amor podemos comprender lo que supone el Viernes Santo de Cristo y los “viernes santos” de la humanidad.

03.- Agua y sangre: nacimiento de la Iglesia

    Del costado de Cristo brota agua y sangre: inclinando la cabeza, nos entregó su espírituDe su costado brotó sangre y agua…

Del costado de Cristo nace la Iglesia, nacimiento del Pentecostés joánico: El Espíritu desciende del crucificado. La Iglesia nace del agua (bautismo) y la sangre (redención).

    La Iglesia está naciendo al pie de la cruz, desde el espíritu del crucificado acogido por la Madre y los creyentes que se sienten amados por Jesús.

    Tal vez en la Iglesia hagan falta estructuras, Curias, Vaticano, etc…, pero lo que nos hace Iglesia es ponernos al pie de la cruz y que el Espíritu de Jesús descienda sobre nosotros. Necesitamos un bautismo de agua y sangre.

05.- Consummatum est. Todo está consumado.

Todo el Evangelio de Juan es un caminar hacia la hora en que se consumará la glorificación de Cristo y la salvación de la humanidad.

En las bodas de Caná no había llegado la hora. Ahora, en la Cena, sabiendo Jesús que había llegado su hora

    También a nosotros nos llegará la hora de la consumación de nuestra existencia. La consumación no es el apagamiento de la vida, la consumación no es la decepción total, sino la hora de la plenitud de nuestra existencia.

Estamos redimidos, justificados de nuestros fracasos, pobrezas y nuestro vacío existencial está lleno del Espíritu de vida de JesuCristo.

Jesús crucificado es la razón última de la esperanza cristiana, para superar el absurdo del mal y de la muerte,

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Una semana diferente…

lunes, 3 de abril de 2023
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En estos tiempos de LGTBIfobia asesina en muchas partes del mundo, como vemos casi a diario en esta página Cristianos Gays,  esta Semana será muy, muy diferente… Para algunos será una semana de confinamiento, para alguno, quizá, de vacación y ocio. Para otros, semana de fe y de oración, de Cristos yacientes y Dolorosas con lágrimas en los ojos y espadas en el corazón.

Pero si el pueblo recuerda a Jesús no es porque sufrió y murió, sino porque resucitó. Nadie evoca ni celebra la muerte de un fracasado. Ni se entiende el dolor del Viernes Santo, sin la apoteosis del Domingo de Resurrección. Por eso, la Semana Santa, no puede considerarse como una enfermiza y caduca forma de recrearse en el dolor, sino como afirmación rotunda y gozosa de que, a través de la Cruz, se llega a la Pascua.  Que es Luz, Vida y Esperanza para los creyentes. Es la base de nuestra fe cristiana.

Hay algo que los cristianos debemos evitar en Semana Santa: convertirnos en meros espectadores de la Pasión. A este Dios sólo se le entiende cuando sabemos amar a los que sufren, acercarnos a ellos y compartir su Pasión. Como la Verónica y el Cirineo del Evangelio. La Semana Santa es buena ocasión para mirar a nuestro derredor, porque  son muchos los cristos anónimos que cargan con su cruz y suben al Calvario. Arrimar el hombro al dolor de este mundo es el mejor modo de resucitar con Él.

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pintada

 

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Hay que salvar a Dios

En 1972, Maurice Zundel fue llamado al Vaticano por Pablo VI para predicar en el retiro de Cuaresma. Místico, teólogo, Maurice Zundel es un verdadero profeta del siglo XX.  En palabras del abbé Pierre: “Con él, nos encontrábamos en presencia de Alguien. Por su misma persona accedíamos casi naturalmente al misterio de Dios. A lo absoluto.

Os invitamos a seguir con Maurice Zundel, paso a paso, hasta Pascua …

Cristo en Auschwitz

Porque la Pasión de Jesucristo revela en el tiempo el amor eterno de Dios para con el hombre, Dios será eternamente crucificado mientras haya un único ser, una sola criatura que diga no. No hay parcialidad en Dios. Dios no es una madre que discierne entre sus hijos; cada criatura es el objeto de una ternura infinita y, mientras haya una sola que no sea recogida en las cosechas eternas, Dios será crucificado. Esto es el Infierno, el Infierno de Dios, el Infierno en la luz de la Cruz, el Infierno al cual condenamos a Dios y del cual absolutamente hay que librarlo. Es la única manera de escuchar la llamada de la Cruz. No se trata de un sacrificio ofrecido a Moloch por un inocente acosado y abandonado, se trata de esta inocencia del Dios revelado en Jesús. Se trata de la Pasión de un Dios que es madre, infinitamente más que todas las madres, y cuya justicia maternal contiene esta sustitución de la inocencia infinita a la culpabilidad ilimitada. Y si esto es verdad,  hay que revertir absolutamente todas las perspectivas: no es a nosotros, es a Dios a quien hay que salvar.  Hay que salvar a Dios de nosotros mismos, como es necesario salvar la música de nuestro ruido, la verdad de nuestros fanatismos y el amor de nuestra posesión. La Cruz finalmente es la cicatrización de todas las heridas que Dios noha cesado de sopotar en el curso de la Historia, ya que todos los males y las catástrofes que afectaron el Universo, la Vida y la humanidad, fueron otras tantas heridas en el Corazón de Dios.

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David Trullo+Ecce Homo

(David Trullo+Ecce Homo)

Señor Jesús, Tú que consentiste que te hirieran, gracias por venir para habitar mi gran herida. Dame la gracia de abandonarme en Ti en la confianza, Tú que conoces el peso de los días y la dureza del camino …

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Maurice Zundel
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Bendice, Señor, el espíritu quebrantado de los que sufren.

martes, 9 de agosto de 2022
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Con Santa Teresa Benedicta de la Cruz  (Edith Stein), mártir en Auschwitz, recordemos a las víctimas de tantos genocidios que el ser humano ha sido y sigue siendo capaz de perpetrar… Y que, a pesar de no ver, de no entender, sigamos siendo instrumentos de Paz y de Misericordia…

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Bendice, Señor
el espíritu quebrantado de los que sufren,
la pesada soledad de los hombres,
de aquél que no encuentra nunca reposo,
el sufrimiento que nunca se le confía a nadie…
Y bendice el cortejo de las gentes
que en la noche no se dejan amedrentar
por el espectro de los caminos desconocidos.
Bendice la miseria de los hombres que están muriendo ahora.
Dales, Señor, un buen fin.
Bendice los corazones, Señor, los corazones llenos de amargura.
Sobre todo, alivia a los enfermos,
concede el olvido a aquellos a quienes has privado
de su bien más querido.
No dejes que nadie en la tierra  viva angustiado
Bendice a los alegres, Señor y protégeles,
A mí nunca me has librado, hasta ahora, de la tristeza.
Y a veces me pesa demasiado;
pero Tú me das fuerza
y así puedo cargar con ella.

*

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Edith Stein,
Extracto de La Ciencia de la Cruz.

 

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https://www.youtube.com/watch?v=OqEtID-kArE

*

La séptima Morada, película sobre Edith Stein, video 1 de 8 en Youtube

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“La reina Letizia no quiso persignarse… ¿y qué?”, por Antonio Aradillas

viernes, 5 de agosto de 2022
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49A9C3C1-B4AF-4228-B0DF-E68D2E9A4166«La cruz es señal del cristiano y del compromiso y pertenencia de éste con el Evangelio»  

La liturgia y los “maestros de ceremonias” parecen estar más empeñados en la conservación de los ritos, como el de persignarse, que en riguroso trazado y significación.. Hay cruces y bendiciones y más las impartidas por la mayoría de los obispos, que no tienen absolutamente nada que ver ni asemejarse  con las del Monte Calvario

Con referencias al solemnísimo acto enmarcado en la catedral de Santiago de Compostela, presidido por los Reyes de España a propósito de la clausura de su Año Santo (bis), entre la multitud de sugerencias que suscita su celebración, aquí y ahora acentúo una de ellas. En tal menester, es imprescindible actualizar el sentido que la RAE le confiere al término persignarse “con el significado de “trazar  o tocar con los dedos de la mano derecha la frente, la boca y el pecho para que nos libre Dios de los malos pensamientos, de las malas palabras  y de los malos sentimientos”, tentaciones  que, según  el Catecismo, han de acompañar  de por vida a todos, también a los cristianos.

Quede clara y respetuosa constancia que, previamente adoctrinados  en la ceremonia,el Rey, la princesa y la infanta, se persignaron a la perfección, pese a las dificultades  que añadían las mascarillas  que cubrían parte de sus rostros “augustos”, y a la condición de zurda  de doña Leonor.

Quede asimismo patente que este símbolo de la cruz de cuyo uso hay ya devota constancia desde el año 312, perduró y perdurará  a lo largo del tiempo,  con claridad, indulgencias  y testimonios de vida y de muerte en la historia  de la Iglesia y más en su martirologio. La cruz es señal del cristiano y del compromiso y pertenencia de éste con el Evangelio y con cuanto presenta y representa a Jesús y a su mensaje en él encarnados, sin interpretaciones o glosas que difieran de la doctrina y del dogma, por ignorancia o por intenciones perversas.

Está de más reseñar que la cruz y su uso -abuso en algunos- , y sus persignaciones, no es el único signo cristiano . También le acompañan otros en la práctica litúrgica, pública y privada, que intentan destacar ideas tales como las relacionadas con el poder, la autoridad, la supremacía, el endiosamiento y representación en exclusiva de la divinidad mediante ornamentos que se dicen blasfemamente sagrados o, al menos, paganos por todos sus costados, tejidos, propósitos e intenciones, que desdicen e incapacitan cualquier  relación  religiosa con Jesús.

Persignándose solo o fundamentalmente, con frecuencia o no tanto, aunque sea una pizca -.”parte o cantidad muy pequeña”- no se manifiesta la verdadera religiosidad ni el buen trato con Dios, y menos en unos tiempos   en los que la libertad de conciencia  está en trámites   de ser reconsiderada  como el don primero de la persona  y más del cristiano o cristiana.

La liturgia y los “maestros de ceremonias” parecen estar más empeñados en la conservación de los ritos, como el de persignarse, que en riguroso trazado y significación.. Hay cruces y bendiciones y más las impartidas por la mayoría de los obispos, que no tienen absolutamente nada que ver ni asemejarse  con las del Monte Calvario, en una de las cuales Jesús  se entregara al Padre por la redención -salvación del género humano .

La mayoría de estas cruces-bendiciones episcopales  son otros tantos garabatos irregulares , que no representan nada de nada  y menos de carácter y sentido cristiano , con incuestionadas  interpretaciones  del ritualismo huero, hueco, hipócrita, suntuoso y mayestático , con arrodillamiento total del pueblo fiel, diocesano o advenedizo,  que le facilita el paseo-`procesión a  triunfal a los “Sucesores de los Apóstoles por la catedral de la que, en su día, “tomaron posesión”, en conformidad con la terminología canónica  y la práctica social y pastoral.

En el caso concreto de la cruz de Santiago, suscita adversas reacciones, con sus correspondientes rechazos, comprobar que  trazado  es el propio y específico  del puñal –“arma blanca  de acero”-  con malhadadas y desventuradas remembranzas de las Cruzadas y “guerras santas”,  en las que los Caballeros  de la Santa Orcen Militar  de Santiago “Matamoros” patrono de España,  lucharon y dejaron sus vidas  en defensa  de la fe  y de otros “valores” , ni siempre ni todos, canonizables. Eran otros tiempos, aunque todavía añorados por muchos y con expresas intenciones de hacerlos retornar, pese a quien pese, aunque sea y se llamea el mismo papa Francisco…

Sí, pero la reina Letizia no se persignó…¿Y qué? ¿Eso fue bueno, malo, o ni bueno ni malo y ni “todo lo contrario”? ¿Es posible que la misteriosa visita del emérito Cardenal Rouco Varela al papa Francisco respondiera a la petición de que Santiago deje de ser conocido y reconocido con el apellido de “Matamoros”, y lo sea de aquí en adelante con el cristianísimo de “El Peregrino”?

Fuente Religión Digital

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“ La mejor noticia desde la Cruz”, por Gabriel Mª Otalora

jueves, 26 de mayo de 2022
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Georges-Rouault-CrucifixionDe su blog Punto de Encuentro:

Reflexiones del libro «La Cruz. Variaciones sobre la Buena Noticia».

Ed. San Pablo, 2022. 182 págs.

La llegada del Mesías y su plan de liberación, anunciado por los profetas, no fue como la mayoría esperaba. El primer sorprendido fue su primo Juan el Bautista que suponía un Mesías más severo y vencedor, alejado de un sembrador de Vida que no logra ver la recolección de sus frutos. Esto interpela a nuestra vanagloria pues somos sembradores, no necesariamente recolectores.

Cristo condensa en la cruz el vaciamiento total por amor señalando una realidad trascendente que vamos descubriendo desde la oración y la entrega personal, no desde las certezas y seguridades. Cecile Saunders, impulsora de los cuidados paliativos, experimentó que la respuesta cristiana al misterio del sufrimiento y de la muerte no es una explicación sino una Presencia. Tanto es así que San Pablo dirigió palabras fuertes a los Gálatas  cuando les dijo que habían cedido ante la tentación de no entrar en el misterio de amor, sino de explicarlo. Y como dice el Papa, “Sólo con la contemplación activa se va adelante en este misterio amor”.

La historia sagrada, desde sus albores bíblicos, es una revelación progresiva en lo esencial, entre contradicciones y claroscuros en lo cotidiano, nunca desvelada totalmente. ¡Quién hubiera pensado que Dios iba a manifestarse en una cruz! Pero Dios se esconde en el Misterio. ¿Puede un criminal rechazado por todos y crucificado ser la mayor revelación de Dios? ¿Puede manifestarse Dios en la muerte, el dolor y la indigencia? ¿Puede revelarse ahí en toda su plenitud como Misericordia, como Amor eterno a todos? ¿Y al mismo tiempo, desenmascarar el mal en toda su crudeza? Misterio incomprensible el de la Cruz que tiene su cara en la resurrección de Cristo.

El que no podamos entender algo en su totalidad, no excluye que podamos entenderlo siquiera un poquito del amor, la fe, la justicia o la bondad de Dios. Pero, junto al misterio, aletean las tentaciones… ¿Cuáles son las dos tentaciones de las que alerta el Papa Francisco? La primera, abrazar a un Cristo sin la Cruz, a la manera de “un maestro espiritual” que te lleva adelante con tranquilidad sin tocar la vida. La segunda, la de una Cruz sin Cristo, la de permanecer rebajados y resignados con el peso de la injusticia y del pecado, sin esperanza. Una especie de “masoquismo espiritual” muy cristiano. La cruz solamente sin Cristo.

¿Cómo afecta esto a mi persona? La Cruz cristiana, para nada es abandonarnos en nuestros sufrimientos, sino trabajar para salir de ellos sin provocarnos dolores viviendo confiadamente en Dios. La cruz de aceptar lo que no podemos cambiar ni entender, la de ayudar incluso a quienes no son nuestros amigos, la cruz de rezar diariamente aun sintiendo tedio, la de escuchar, que es mucho más que poner cara de escuchar, la de transformar el sufrimiento en amor, la cruz de mejorar nuestras debilidades… La dicha de esta Cruz es descubrir a Jesús en todo aquél que se cruza en mi camino, y pensar que haría Jesús en mi lugar.

No podemos olvidar que triunfar en la vida, de verdad, es acertar en la respuesta. Cuando llega la noche, lo fecundo de Dios no está en que lo entendemos todo ni en que nos libra de las cosas inmediatas, sino en que libera en nosotros la capacidad de superar y ver más allá de lo inmediato. Nos obliga a ver lo exigente más allá de lo útil. Nos hace crecer por encima del dolor para ser mejores. Por eso nos capacita para el despojamiento. La pregunta que procede, entonces, sería: ¿Confío en el plan de Dios, a su manera, sin necesidad de seguridades por medio?

El deseo de Dios no es sufrir, sino vivir en plenitud, como si quisiera que todos hollemos bellas montañas con las vistas más espectaculares que nos llenan de gozo… Pero, claro, hay que subirlas para sentir ese gozo. Y cuando alguien sienta cansancio, dolores o desánimo, debemos pararnos en su camino para ayudarle a subir… La felicidad cuesta lograrla porque exige esforzarse en la dirección adecuada.

Cuando Jesús afirma que, para ser su discípulo, niéguese uno a sí mismo, tome su cruz y le siga, no significa que nos enfanguemos en cualquier sufrimiento. El dolorismo lleva a un Jesús que nos libra de la culpa a través del sufrimiento en la cruz, no por su amor. A partir de ahí, es fácil llegar a la conclusión de que el dolor es bueno en sí mismo y agrada a Dios como tal dolor, en lugar de acoger la llamada que Dios nos dirige para vivir sensibles al dolor de los demás, aquí y ahora, alejados del orgullo autocompasivo.

Venimos de una teología cristiana de la salvación no siempre percibida como Buena Noticia. Algunas prédicas y vivencias se apoyan más en el miedo que en el amor. ¿Y qué hizo Jesús? Pues más allá de la cura de enfermedades, sana la vida enferma dejando una inmensa paz en las personas. Su salvación comienza con las Bienaventuranzas. Es cierto que muchas cruces vienen sin llamar (enfermedades, limitaciones, soledades, abusos…) sin que ello haya de interpretarse como algo querido por Dios para vivirlo con resignación, mal llamada cristiana, sin hacer nada por liberarse de ellas o vivirlas de otra manera.

Si hay que mortificarse, es mejor hacerlo puliendo nuestras bajezas y debilidades que afloran desde el orgullo, la soberbia, la ira, la indiferencia, la pereza, la envidia, la falta de compasión y todas las actitudes que despliega el egoísmo. Para Ignacio Ellacuria, no se puede poner la cruz donde quiere cada uno sino donde fue colocada por Jesús, que no buscó para sí la muerte sino el anuncio de la Buena Nueva.

Dios quiere misericordia, no sacrificios. Casar ambas cosas es posible, pero cuando se trata del esfuerzo para domeñarnos y actuar con verdadera misericordia. Es verdad que el sacrificio está presente en casi todas las religiones con un carácter expiatorio y la intención de aplacar a los dioses o agradecerles las buenas cosechas. La Biblia, en cambio deja claro que Dios no bendice un sacrificio humano (Isaac). Los atletas hacen sacrificios para mantenerse en forma y competir; el ascetismo sería el estilo de vida austero que conduzca a la perfección moral y misericordiosa como ofrenda querida por Dios. Lo cierto es que eso de la “perfección moral” como medio para, suele quedarse a menudo en mero perfeccionismo, sin demasiada ligazón con la humildad de amar al prójimo al estilo de Jesús.

El riesgo, siempre latente, es vivir lo cristiano sobre rituales y sacrificios en lugar de con actitudes y hechos de amor, que son las cruces que Cristo nos pidió. En palabras del teólogo José Comblin, de la concepción que tengamos del sacrificio depende la concepción de Dios y de la vida humana, donde se refleja toda la teología. Lo cristiano no trata del sacrificio que cree necesario destruir una vida para lograr más vida. “¿De qué me sirve la abundancia de vuestros sacrificios?

La gran novedad gozosa reside justamente en esta gratuidad absoluta de Dios. La muerte de Jesús es la consecuencia de darse por entero sin un sentido de sacrificio, sino de martirio; y ningún mártir quiere morir. Dios podría cambiar el curso de la historia en un alarde de omnipotencia, pero se hace vulnerable al albur de nuestra libertad incluido el dejarse rechazar por nosotros. El poder de Jesús no es arrollador sino amor humilde y paciente ¡Cuánto cuesta seguirle aun sabiendo que su historia no acaba en el Viernes Santo!

Cristo como signo de contradicción, permanece intacto en la pandemia sanitaria y en medio de este mundo violento y en decadencia hedonista donde las grandes creencias están en crisis. El plan de Dios, pues, requiere de personas atentas a discernir dónde y cómo sale Jesús al encuentro, dispuestas a continuar la evangelización a la manera del grano de mostaza. Un Mensaje, en fin, que sigue siendo más fuerte que las deserciones, las inconsecuencias y los enemigos cosechados.

La Cruz como centro de la historia que supera la mediocridad, vence al egoísmo, mejora las relaciones humanas, ayuda a quien lo necesita. Lo demás, la Ley y los profetas, la Tradición patrística, los carismas, la institución eclesial con sus pastores y laicos, estamos al servicio de este Mensaje. Todo tiene sentido desde el amor verdadero, lo único digno de fe.

Biblia, Espiritualidad ,

Testigos fuertes

jueves, 19 de mayo de 2022
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cruz

Existe una compenetración entre el sufrimiento -llamémoslo cruz, una palabra que lo resume y transfigura- y el compromiso apostólico, esto es, la construcción de la Iglesia. No es posible ser apóstol sin cargar con la cruz. Y si hoy se ofrece el deber y el honor del apostolado a todos los cristianos de manera indistinta, para que la vida cristiana se revele hoy tal cual es y debe ser, es seńal de que ha sonado la hora para todo el pueblo de Dios: todos nosotros debemos ser apóstoles, todos nosotros debemos cargar con la cruz. Para construir la Iglesia es preciso esforzarse, es preciso sufrir.

        Esta conclusión desconcierta ciertas concepciones erróneas de la vida cristiana presentada bajo el aspecto de la facilidad, de la comodidad, del interés temporal y personal, cuando su rostro tiene que estar siempre marcado por el signo de la cruz, por el signo del sacrificio soportado y realizado por amor: amor a Cristo y a Dios, amor al prójimo, cercano o alejado. Y no es ésta una visión pesimista del cristianismo, sino una visión realista. La Iglesia debe ser un pueblo de fuertes, un pueblo de testigos animosos, un pueblo que sabe sufrir por su fe y por su difusión en el mundo, en silencio, de modo gratuito y con amor.

*

Pablo VI,
Audiencia general del 1 de septiembre de 1976.

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Gerardo Villar: «Y el globo reventó».

miércoles, 11 de mayo de 2022
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Cruz-640x427Un globo de colores. Si soplamos y metemos aire en él, va creciendo, se va aumentando. Hasta que llega un momento en que revienta y se extiende el aire que tiene dentro.

Jesús en la cruz, entregó su vida. Vivió la cruz, el dolor, la entrega. Se llenó de Amor. No podía tener más Amor. Y explotó. Exhaló su Espíritu. “En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu”. Lleno de Espíritu, se entregó al Padre. El globo no recibe más aire. Jesús no puede recibir más entrega, más ofrenda, más Amor. Y se dio por completo. Entregado al Padre y a la Humanidad.

Un globo repleto del Don. Por eso, resucitado, comunica a los apóstoles “mi paz os dejo, mi paz os doy”. Y encontramos ese Don en cada persona y en cada ser de la naturaleza. Cuando estos días asperjamos a las personas con el agua bendecida, siento que se derrama esa agua y rocía a las personas. Quedamos llenos del Espíritu. Nos dice el evangelio a menudo: “Jesús, movido por el Espíritu…” Ese mismo Espíritu y esa misma paz que la acogemos y la recibimos en el encuentro de Jesús resucitado: “La Paz os dejo, mi Paz os doy”; “La Paz sea con vosotros”.

Con esta experiencia, qué cristiana suena la expresión cuando hablamos de nuestros hermanos moribundos “entregó su espíritu”. Ojalá lo hagamos repletos del buen sentir y amar, borrachos de su don.

Y que toda la humanidad está repleta de ese germen de vida que Dios dio a los primeros seres: “insufló su espíritu sobre ellos”. El Espíritu que nos mantiene vivos y nos ayuda a crecer y avanzar en la vida.

Qué pena que también soplen los malos espíritus: la violencia, la agresividad, el odio. A ver si se acaban y renace una nueva creación.

Estoy rodeado de cientos de árboles y da gusto verlos moverse, impulsados por el viento. Que así sea toda la creación. Que el Espíritu, que emite Jesús, recree toda la creación y toda la humanidad. Jesús emitió su aliento y murió. Es el comienzo de resucitar. Ojalá su Aliento mueva toda la creación y la recree.

Gerardo Villar

Fuente Religión Digital

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Más humana…

sábado, 30 de abril de 2022
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Más humana,
sin brillos ni adornos,
sin la hermosura que luce
en muchas iglesias,
museos,
coronas
y joyas que nos adornan…

Quiero la cruz como fue en tu historia
en aquel tiempo y circunstancia:
cruz dura y pesada,
cruz amarga
y de sangre manchada,
cruz fracasada…
Pero cruz de vida llena,
cargada de entrega,
perdón
y misericordia…

Más humana,
quiero tu cruz más humana,
para que sea sacramento
de amor y esperanza.

Más humana,
quiero tu cruz más humana,
para que sea signo de tu alianza
hoy que la palabra no asegura nada..

Más humana,
quiero tu cruz más humana,
para que nos muestre tus entrañas
compasivas y divinas.

Más humana,…
¡y que señale la Pascua!

*

Florentino Ulibarri
Fuente Fe Adulta

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