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26.11.23. Cristo-Rey: Salvación en la historia, liberar a los condenados (Mt 25, 31-46)

domingo, 26 de noviembre de 2023
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IMG_1499Del blog de Xabier Pikaza:

Culmina el año litúrgico 2023 (año de Mateo), con un texto dividido en dos niveles:(a) El plano superior presenta la venida de Cristo-Rey (Hijo del hombre) que  separa a los hombres y pueblos según haya sido su conducta, poniendo a los buenos (ovejas) a su derecha en el cielo, y arrojando los malos (cabras) a su izquierda (al infierno). (b) El plano inferior distingue a los hombres conforme a sus obras: Dar de comer, acoger, vestir, curar, cuidar, liberar a los demás, o no hacerlo, mostrando así que Dios libera a los hombres haciendo que ellos se liberen a sí mismo.

La iglesia en general ha dado más importancia a la venida final del Cristo-Juez que a las obras de los hombres, sin advertir que hay una clara relación entre ambos planos: El Cristo-juez pide a los hombres que alimenten, acojan, curen y salven a otros seres humanos, comprometiéndose él mismo con su vida y muerte a liberarles.

Escribí sobre este texto una larga y premiosa tesis doctoral, Aquí me atrevo a condensarla, ofreciendo así un compendio de la historia y teología humana. Detalles, bibliografía y sentido del tema en  tesis citada,  en libro sobre teología bíblica   comentario de Mateo.

Mt 25, 31-46

Parábola del juicio, “obra de Dios:  25 31 Pues cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces se sentará en el trono de su gloria; 32 y serán reunidas delante de Él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. 33 Y colocará las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Obras de los hombres, historia humana:

[Salvación] 34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui extranjero y me acogisteis; 36 estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37 Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuando te vimos hambriento y te alimentamos, o sediento y te dimos de beber? 38 ¿y cuándo te vimos extranjero y te acogimos o desnudo, y te vestimos? 39 Y cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, vinimos a ti? 40 Respondiendo el Rey, les dirá: En verdad os digo: cada vez que lo hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí lo hicisteis.

[Condena] 41 Entonces dirá también a los de su izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el Diablo y sus ángeles. 42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; 43 fui extranjero y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis. 44 Entonces ellos también responderán, diciendo: Señor, cuando te vimos hambriento o sediento, o extranjero o desnudo o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? 45 El entonces les responderá, diciendo: En verdad os digo: cada vez que no lo hicisteis a uno de esto más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.

[Conclusión] 46 E irán estos al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna..

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Carta magna del cristianismo

Mt 25, 31-46 es un texto de revelación suprema de Dios y de juicio humano, elaborado por la Iglesia desde una perspectiva israelita de pacto, condensando de esa forma el mensaje de Jesús, en línea de apertura universal (revelación de Dios) y de compromiso creyente, identificando a Dios (a su representante) con los necesitados, en un camino que va del hambre a la cárcel:

‒ Este pasaje responde al mensaje de Jesús, según el evangelio de Mateo, que había vinculado su Reino con el juicio que ha de aplicarse a todos los hombres, partiendo de la misericordia de Dios, la curación de los enfermos y la salvación de los pecadores. En esa línea, el mismo Jesús o sus seguidores inmediatos han podido afirmar que Dios se identifica con los pequeños y los pobres, con quienes sufre y a quienes ofrece salvación. Éstos son sus rasgos principales:

– Juicio de Dios, las grandes necesidades de los hombresque pueden dividirseen tres niveles: material (hambre y sed), social (exilio y desnudez), radical (enfermedad y cárcel). Esas necesidades expresan y condensan los males más corrientes de los hombres y mujeres, bien conocidos en la historia de los pueblos.  No existe, que sepamos, ningún texto judío o pagano (egipcio, mesopotamio, chino…) que haya sistematizado las necesidades humanas de esa forma y las haya entendido como efecto de una falta de justicia de unos hombres que no ayudan a los otros y como expresión del sufrimiento de Dios, que padece en los necesitados.

 Este pasaje no discute la causa radical de esos males, aunque sabe que están vinculados con la injusticia humana (unos hombres no ayuda a los otros)… y sabe también que en esos males se expresa de un modo misterioso el mismo ser divino. El texto no razona sobre el origen del hambre o de la cárcel, sino que supone su existencia y busca una forma de solucionarlos, no en clave de imposición legal, sino de llamada a la conversión (transformación) humana, en una línea gratuidad, desde la experiencia del Dios que se hace presente en las necesidades de los hombres, y les pide que sean solidarios unos con los otros, en perspectiva de juicio final.

 Cielo: Venid, benditos de mi Padre.

 La trama del sufrimiento humano pide una respuesta que ha de darse en la historia, pero que la desborda, pues se expresa y ratifica en la culminación del tiempo (con la venida o manifestación del Hijo del Hombre). De esa manera, desde ese fin se entiende la acción en favor de los expulsados del conjunto social (hambrientos, exilados, enfermos, encarcelados…), una acción que no se ejerce en línea de antítesis violenta (lucha de pobres contra ricos, de libres  contra encarcelados), sino de solidaridad transformadora entre todos los hombres y mujeres, de manera que el reino de Dios se identifica con el amor gratuito que unos ofrecen entre sí, sabiendo que los necesitados son el signo supremo de Dios y que los justos (los servidores, los que acogen y cuidan a los otros) son la expresión de su presencia en la historia.

En un sentido, el texto se encuentra construido en forma de antagonismo simétrico entre ovejas y cabras, derecha a izquierda, servicio y no servicio, premio y castigo, situándose así en un plano legal, que responde de manera muy significativa al mensaje israelita y de la iglesia primitiva. Las  dos partes de esa escena del juicio (derecha e izquierda, bien y mal) forman una especie de tablero simbólico, de tipo universal, para que en su fondo se destaque mejor lo inaudito: la preponderancia plena de la gracia de Jesús, Hijo de Hombre, que, tras contar esta “parábola”, según Mateo, seguirá caminando hacia la cruz para ofrecer su redención a muchos, es decir, a todos (cf. 20, 28; 26, 28). Sólo en ese fondo de entrega de Jesús puede entenderse este pasaje.

  Del hambre a la cárcel. El camino de muerte de la historia humana

 ‒ Ésta es, quizá, la primera tabla social (universal) de los derechos humanos,la más concreta e importante de todas. Éstos no son los derechos de una nación, de un Estado social, de una Iglesia… sino los derechos de la humanidad empezando por los pobres. Éstos son ante todo los derechos de los pobres (hambrientos, encarcelados), no en sentido general, como en la Revolución francesa (libertad, igualdad, fraternidad), sino en una línea concreta, que implica y exige la presencia, ayuda y asistencia del conjunto social (=dar de comer, visitar al encarcelado).  Éstos son los derechos que todos los hombres y mujeres tienen a ser atendidos.

Esos derechos marcan y definen el carácter divino de la vida humana, pues son los deberes y derechos del mismo Dios, que se ha encarnado en Cristo, no sólo de un modo individual (en Jesús, un hombre concreto), sino en sentido universal: en todos los hombres, y de un modo especial, en cada uno de los pobres en concreto, que son “hermanos” de Jesús, presencia de Dios. Esta encarnación de Dios (de Cristo) en los pobres-necesitados marca identidad suprema de la vida humana, como vida de Dios.

Esos derechos suscitan unos deberes correspondientes, que se fundan en la gracia y compromiso básico de reconocer, acoger y ayudar al mismo Dios que está presente en los necesitados. En esa línea, el deber fundamental no es el de honrar a los poderosos, sino el de atender, acoger y cuidar a los necesitados.

 ‒ Estas seis necesidades no son en principio de tipo religioso ni de estructura eclesial (el problema de fondo no es la falta de evangelización estricta, de buena religión o sacramentos…), sino de tipo humano, en el sentido básico del término. La iglesia cristiana, comprometida a cumplir estas “obras” (dar de comer, acoger al extranjero, visitar al encarcelado…), según el evangelio, ha de ponerse ante todo al servicio de la humanidad necesitada, por encima de un pueblo concreto (Israel, Antiguo Testamento), no para negarlo, sino para universalizar su aportación, o por encima de la misma iglesia, como institución creyente, tampoco aquí para negarla, sino para indicar mejor el sentido universal de su experiencia de Dios y su tarea de servicio humano.

‒ Son obras abiertas a todos los pueblos, es decir, a todas las unidades sociales, entendidas en forma cultural o social, cada uno de esos pueblos con su propia identidad, conforme a una visión común del Antiguo Testamento, que divide a los hombres y mujeres en lenguas y naciones (no en imperios, estados o clases sociales), para vincularlos después desde las necesidades de cada uno de los hombres. Significativamente, este pasaje deja a un lado las grandes unidades políticas (imperios, estados, reino…) que, a su entender son secundarias, para situarnos ante los pueblos, entendidos como unidades culturales y sociales de convivencia. Pero después tampoco los pueblos como tales importan, pues en contra de las grandes diatribas de los mensajes proféticos contra los estados-pueblos (cf. Ez 25-32), aquí esos estados-pueblos  desaparecen inmediatamente, de manera que ante el juez final quedan sólo hombres concretos, de cualquier pueblo o nación. Esas necesidades son las que vinculan a todos los pueblos y las que suscitan una serie de “obras”.

Éstas obras está estructuradas de un modo creciente, entre el hambre y el encarcelamiento.Es muy importante poner de relieve el orden progresivo, como si formaran una “cadena”, es decir, un proceso o progreso que va desde el hambre a la cárcel, que aparece como culminación de todos los males de la historia humana. Resulta fundamental tener en cuenta este ordenamiento, pues nos permite descubrir que la cárcel no nace de sí mismo, sino que, según Mt 25, 31-45, es la consecuencia y culminación de un tipo de males que empiezan con el hambre.

               Como seguiré indicando, estas seis obras son de tipo humano integral, aunque después la Iglesia ha tendido a llamarles obras corporales, añadiendo una séptima (que sería enterrar a los muertos) y poniendo a su lado unas siete obras también importantes, que serían “espirituales” (enseñar a quien no sabe, dar buen consejo a quien lo necesita, corregir al que yerra…). Pues bien, conforme al esquema de Jesús, cuidadosamente estructurado por Mt 25, todas las obras de misericordia se condensan en estas seis, que son espirituales y corporales, que son cristianas siendo universales, que empiezan por el hambre y culminan en la cárcel, como seguiré indicando.

               Por eso, según Mt 25, 31-46, no se puede visitar (liberar) a los encarcelados de verdad si es que no se empieza desde el principio, es decir, dando de comer a los hambrientos, para ir pasando desde ahí a todas las restantes (dar de beber, acoger a los exilados, vestir a los desnudos…). En ese sentido el “apostolado carcelario” (es decir, el envío de los cristianos a las cárceles del mundo) ha de entenderse como culmen y compendio de un testimonio completo de vida mesiánica, es decir, de compromiso al servicio de los necesitados.

  1. Tuve hambre y me disteis de comer (Mt 25, 35)

En principio, el hambre es una necesidad material, y parece fácilmente remediable, pues la tierra ofrece mucho alimento, y el hombre actual sabe producir, de manera que hay comida suficiente para todos. Pero de hecho los hombres concretos no saben o no quieren compartir la comida (los bienes), de forma que unos tienen pan sobrante y otros mueren por falta de alimento. Por eso, aunque el hambre tiene varias raíces(escasez de recursos, desgracias, subdesarrollo de algunos colectivos…), en sentido más profundo, ella proviene de dos principales: el egoísmo de algunos y la injusticia del sistema social.

Ciertamente, hay otros temas y cuestiones en el fondo del hambre, como principio de un camino que, en su forma actual, desemboca en la cárcel. Pero es evidente que sin una transformación económica, si no se empieza replanteando y resolviendo el tema del hambre es imposible resolver el de la cárcel. En el principio de un camino de libertad, tal como lo ha propuesto Jesús, se encuentra el don y la exigencia (la experiencia concreta) de comer juntos, compartiendo panes y peces, a campo abierto, sin expulsiones ni exclusiones, como muestran los relatos de las multiplicaciones (cf. Mc 6, 35-44; 8, 1-9 par). Leer más…

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Dos regalos, con una condición. Fiesta de Cristo Rey. Domingo 34 Ciclo A.

domingo, 26 de noviembre de 2023
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IMG_1485Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj: 

El próximo domingo termina el año litúrgico, con más de un mes de anticipación al año civil. Los domingos siguientes los dedicaremos a preparar la Navidad (tiempo de Adviento) y a celebrarla. Ahora nos toca cerrar el año, y la Iglesia lo hace con la fiesta de Cristo Rey.

Motivo y sentido de la fiesta

            No se trata de una fiesta muy antigua, la instituyó Pío XI en 1925. Para comprenderlo hay que recordar los principales acontecimientos de la época. En 1917 ha tenido lugar la revolución rusa y la instauración del comunismo. Un año después termina la Primera Guerra Mundial; Alemania, Francia, Italia, Rusia, Inglaterra, Austria, incluso los Estados Unidos, han tenido millones de muertos. La crisis económica y social posterior fue tan dura que provocó la aparición del fascismo en Italia, con la marcha sobre Roma de Mussolini en 1922, y la del nazismo, con el Putsch de Hitler en 1923. Mientras en los Estados Unidos se vive una época de euforia económica, que llevará a la catástrofe de 1929, en Europa la situación de paro, hambre y tensiones sociales es terrible.

            Ante esta situación, Pío XI no hace un simple análisis sociopolítico-económico. Se remonta a un nivel más alto, y piensa que la causa de todos los males, de la guerra y de todo lo que siguió, fue el “haber alejado a Cristo y su ley de la propia vida, de la familia y de la sociedad”; y que “no podría haber esperanza de paz duradera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de Cristo Salvador”. Por eso, piensa que lo mejor que él puede hacer como Pontífice para renovar y reforzar la paz es “restaurar el Reino de Nuestro Señor”. Las palabras entre comillas las he tomado del comienzo de la encíclica Quas primas, con la que instituye la fiesta.

            La posible objeción es evidente: ¿se pueden resolver tantos problemas con la simple instauración de una fiesta en honor de Cristo Rey?, ¿conseguirá una fiesta cambiar el corazón de la gente? Los casi cien años que han pasado desde entonces demuestran que no.

            Por eso, en 1970 se cambió el sentido de la fiesta. Pío XI la había colocado en el mes de octubre, el domingo anterior a Todos los Santos. En 1970 fue trasladada al último domingo del año litúrgico, como culminación de lo que se ha venido recordando a propósito de la persona y el mensaje de Jesús.

            Ahora, la celebración no pretende primariamente restaurar ni reforzar la paz entre las naciones sino felicitar a Cristo por su triunfo. Como si después de su vida de esfuerzo y dedicación a los demás, hasta la muerte, le concedieran el mayor premio.

            Pero las lecturas no hablan de una celebración de campanas al vuelo y ceremonias deslumbrantes. Hablan de lo bien que se porta Cristo Rey con nosotros y de la respuesta que espera de nuestra parte.

Primer regalo: su preocupación por nosotros (Ezequiel)

            En el Antiguo Oriente, la imagen habitual para hablar del rey era la del pastor. Simbolizaba la preocupación y el sacrificio por su pueblo, como la de un pastor por su rebaño. En la práctica, no siempre era así. El c. 34 de Ezequiel habla de los reyes judíos como malos pastores que han abusado de su pueblo y luego se han desinteresado de él y lo han abandonado cuando se produjo la caída de Jerusalén y la deportación a Babilonia.

Pero Dios no va a permanecer impasible: eliminará a esos malos reyes y ocupará su puesto haciendo dos cosas: 1) como Rey-pastor, buscará a sus ovejas, las cuidará, etc. 2) como Rey-juez, juzgará a su rebaño, defendiendo a las ovejas y salvándolas de los machos cabríos (por eso llamamos en España “cabrones” a los que se portan mal con otros).

            El texto del evangelio (el Juicio Final) empalma con el segundo tema. Pero la liturgia se ha centrado en el primero, que subraya la preocupación de Dios por su pueblo. Es interesante advertir la cantidad de acciones que subrayan su amor e interés: «seguiré el rastro de mis ovejas, las libraré, apacentaré, las haré sestear, buscaré, recogeré, vendaré a las heridas, curaré a las enfermas». En el contexto de la fiesta de hoy, estas frases habría que aplicarlas a Jesús y ofrecen una imagen muy distinta de Cristo Rey: no lo caracterizan el esplendor y la gloria sino su cercanía y entrega plena a todos nosotros. Buen momento para recordar cómo se ha comportado con cada uno, buscándonos, librándonos, curando…

Así dice el Señor Dios:

«Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.  Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones. Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -oráculo del Señor Dios-. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré« como es debido.  Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.» 

Segundo regalo: victoria sobre la muerte (1ª carta a los Corintios)

            Pablo, influido sin duda por las campañas romanas de su tiempo, presenta a Dios Padre como el gran emperador que termina triunfando y sometiendo todo. Pero quien guerrea en su nombre es Cristo, que debe enfrentarse a numerosos enemigos. El último de ellos, el más peligroso, es la muerte, a la que Jesús vence en el momento de resucitar. De esa victoria sobre la muerte participamos también todos nosotros. El fin del año litúrgico, que recuerda el fin de la vida, es un momento adecuado para superar la incertidumbre y la angustia ante la muerte y agradecer la esperanza de la resurrección.

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos.

Una condición (evangelio)

            El evangelio no se centra en el triunfo de Cristo, que da por supuesto, sino en la conducta que debemos tener para participar de su Reino.

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:

̶  Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme. 

Entonces los justos le contestarán:

̶  Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? 

Y el rey les dirá: 

̶  Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis. 

Y entonces dirá a los de su izquierda:

̶  Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.

Entonces también éstos contestarán:

̶  Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?

Y él replicará:

̶  Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.

Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

            La parábola es tan famosa y clara que no precisa comentario, sino intentar vivirla. Pero indico algunos datos de interés.

  1. A diferencia de otras presentaciones del Juicio Final en la Apocalíptica judía, quien lo lleva a cabo no es Dios, sino el Hijo del Hombre, Jesús. Es él quien se sienta en el trono real y el que actúa como rey, premiando y castigando.
  2. Los criterios para premiar o condenar se orientan exclusivamente en la línea de preocupación por los más débiles: los que tienen hambre, sed, son extranjeros, están desnudos, enfer­mos o en la cárcel. Estas fórmulas tienen un origen muy antiguo. En Egipto, en el capítulo 125 del Libro de los Muertos, encontramos algo pareci­do: «Yo di pan al hambriento y agua al que padecía sed; di vestido al hombre desnudo y una barca al náufrago». Dentro del AT, la formulación más parecida es la del c. 58 de Isaías: «El ayuno que yo quiero es éste: partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no cerrarte a tu propia carne.» Lo único que Jesús tendrá en cuenta a la hora de juzgarnos será si en nuestra vida se han dado o no estas acciones capitales. Otras cosas a las que a veces damos tanta importancia (creencias, prácti­cas religiosas, vida de oración…) ni siquiera se mencionan.
  3. La novedad absoluta del planteamiento de Jesús es que lo que se ha hecho con estas personas débiles se ha hecho con Él. Algo tan sorprendente que extraña por igual a los condenados y a los salvados. Ninguno de ellos ha actuado o dejado de actuar pensando en Jesús; pero esto es secundario.

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Jesucriso Rey del Universo. 26 noviembre, 2023

domingo, 26 de noviembre de 2023
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Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.”

(Mt 25, 31-46)

Estos textos bíblicos en los que los buenos quedan separados de los malos me lleva a preguntarme: ¿somos imagen de Dios o hacemos a Dios a nuestra imagen?

Cada vez me cuesta más pensar en un Dios que se sienta a separar. ¿Cómo puede Dios Trinidad, que es comunión, sentarse a separar?

Tampoco me convence el otro extremo de pensamiento: “Total, si todo vale, vivo a mi bola sin preocuparme.” Creo que nuestra vida cuenta, y nuestras acciones y oraciones la encaminan en un sentido o en otro. Nos vamos haciendo personas cada vez más plenas o cada vez más vacías. Con todo, siempre, siempre, estamos a tiempo de volvernos hacia la plenitud.

La bondad y la maldad no son dos fuerzas iguales y contrarias. El mal no puede ya vencer porque ya fue vencido. No tiene poder sino que se encamina a su fin. Esta es nuestra esperanza, nuestra fe.

Creemos que Dios ha vencido al mal, a la muerte, a la oscuridad. Caminamos hacia la VIDA.

Muchas veces la realidad parece decir todo lo contrario. Seguramente más de una persona estará pensando: “¿cómo puede decir que el bien ya ha vencido cuando estamos viviendo una situación mundial de pandemia, cuando los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres y numerosos, cuando la naturaleza entera parece no resistir más… (aunque algunos sigan negado el cambio climático…)?

Es verdad, la lista de cosas que no funcionan es larga. Pero lo bueno es más grande y más resistente. Por cada gesto de violencia y desconfianza, por cada injusticia  hay cientos de gestos de generosidad, de acogida y de reconciliación que nos van trasformando. No los apreciamos porque nos parecen “lo normal”, lo que debiera ser. Eso significa que la inmensa mayoría de la humanidad desea lo bueno, lo justo, lo que nos permite convivir.

La fiesta de Jesucristo como Rey del Universo nos viene a recordar la bondad que ya somos en semilla y en la que debemos esforzarnos por crecer. Si Cristo comienza a Reinar es que la Vida, lo Bueno, el Bien…¡ha vencido!

Podemos repetir con confianza las palabras de la mística medieval Juliana de Norwich: ¡Todo irá bien, y todo irá bien y absolutamente todo acabará bien!

Oración

Aumenta nuestra fe y nuestra confianza. Danos una mirada llena de esperanza que sepa descubrir y agradecer la bondad escondida en cada corazón humano en todos los rincones de la creación. ¡Amén!

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Del Dios Todopoderoso al Jesús Rey del Universo.

domingo, 26 de noviembre de 2023
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00 jesus_choco_cerezoDOM 34 CRISTO REY (A)

Mt 25,31-46

Es muy difícil dar sentido “cristiano” a esta fiesta. Jesús nunca reivindicó ningún reino para sí. Todo lo contrario, afirmó de palabra y con su vida, que él “no venía a ser servido, sino a servir”. Después del ayuno en el desierto, el ser dueño y señor del mundo se le presenta como una tentación. ¿No hemos ocupado el lugar del tentador, cuando, sin pedirle consentimien­to, le hemos dado todos los reinos del mundo? Jesús criticó muy duramente todo poder. Después de la multiplicación de los panes, Nos dice Juan: «Viendo que querían proclamarle rey, se retiró a la montaña él solo.»

¿No hemos superado la burla macabra de los soldados, poniéndole una corona de oro, un manto real y un cetro cargado de brillan­tes? Este cetro y esta corona son mucho más denigrantes para Jesús que la caña y las espinas. Cuando Pilato escribe: «Éste es el rey de los judíos», lo hace para burlarse de él y de los judíos. ¿No será también una burla llamarle rey del universo? La intención de Pío XI al instituirla hace un siglo no nos ayuda a darle sentido hoy. Lo que él pretendió fue que todos los hombres y todas las naciones le reconocieran a él como representante de ese Cristo Rey.

El ego narcisista nunca podrá asumir su desaparición. Tiene una capacidad increíble para revolverse y salir con la suya. Como la propuesta de Jesús era inasumible, la presenta como una estrategia para conseguir plenitud de gloria. Así, cuando Jesús dice que la meta de su vida es el don total a los demás, el ego la interpreta como el único medio para ser glorificado por Dios. Una vez presentada así la trayectoria de Jesús, será muy fácil hacernos ver que la nuestra debe seguir el mismo camino.

El ser humano, como la vela, está hecho para dar luz, pero la vela nada más encenderla se empieza a consumir. La vela, hasta que no es encendida es un trasto que rueda por los cajones. El día que se va la luz, la buscamos y la encendemos. En ese momento empieza a ser vela. Nuestro ego nos impide aceptar esta perspectiva. Nada ni nadie le puede convencer de que su objetivo es desaparecer, menos aún, en beneficio de los demás. Pero descubrió la manera de emplear toda la parafernalia espiritual para conseguir su objetivo. No hay forma de que cambie de perspectiva.

Fijaros qué contradicción. Para celebrar la gloria de Jesús recordamos el momento de su vida donde mejor dejó reflejada su actitud vital, la eucaristía. Yo, como el pan, me parto y me reparto para que me coman. Me dejo masticar, tragar, asimilar para alimentar a otros, a costa de desaparecer. Yo entrego mi vida (sangre) a los demás para que la hagan suya y puedan trasformar su propia vida. La sangre solo se puede entregar a costa de la propia vida. Si la doy a los demás, me quedaré sin ella.

La importancia del rey para el pueblo de Israel se remonta a la época de la conquista de Palestina por el pueblo judío. Para un nómada, la idea de un rey nada significaba; pero cuando entran en contacto con las estructuras de las ciudades, los israelitas piden a Dios un rey. Esto fue interpretado por los profetas, como una traición a Yahvé. Poco a poco se va enriqueciendo esa idea y termina por ser la imagen clave. El final será un Reino de Dios que termina por sobreponerse a todos los demás.

Solo en este contexto cultural entenderemos la predicación de Jesús sobre el Reino de Dios. Sin embargo, el contenido que le da es muy distinto. En tiempo de Jesús, el futuro Reino de Dios se entendía como una victoria del pueblo judío sobre los gentiles y de los buenos sobre los malos. Jesús predica un Reino de Dios, del que van a quedar excluidos los buenos y van a entrar las prostitu­tas, los pecadores, los marginados. Los gentiles serán llamados y muchos judíos quedarán fuera.

El Reino de Dios está dentro de vosotros. Esta idea desbarata todo nuestro montaje. No se trata de preparar un reino para Dios, se trata de un Reino que es Dios, no de que Dios tenga un reino. Haremos que se vea con nuestra manera de actuar, pero solo después de haber descubierto su presencia en nosotros. Es un reinado del AMOR. No es un reino de personas físicas, sino de actitudes vitales. Cuando me acerco al que me necesita preocupándome por él, hago presente el Reino que es Dios.

Cuando Pilato le pregunta si es rey, contesta Jesús: “mi reino no es de este mundo”. No quiere decir que vendrá después o que estará en otro lugar, sino que no tiene nada que ver con lo que él entendía por reino. Al insistir Pilato, Jesús le dice: «sí, soy rey, yo para esto he venido al mundo, para ser testigo de la verdad.» Ser testigo de la verdad, ser auténtico, ser verdad, es la única manera de ser dueño de sí mismo y ser dueña de la realidad entera. Jesús es rey de sí mismo y así es Rey en absoluto.

El Reino de Dios, lo divino que nos inunda, es un fermento, un alma, una luz que transforma mi ser. Se manifiesta como una cualidad, pero en realidad, es mi esencia. Yo tengo que esforzarme por hacerla surgir desde lo hondo de mí mismo, aceptando que viene a absorberme. Es necesario que, tras haber cooperado con todas mis fuerzas a hacerla brotar, consienta en la comunión en la que mi propia individualidad se hundirá y acepte convertirme en su alimento (Teilhard de Chardin).

Después de lo dicho podemos comprender que no se trata de entronizar a Jesús ni antes ni después de morir. Lo que significa y encarna la figura de Jesús es lo que tiene que reinar entre nosotros. Cuando decimos: reina la armonía, reina la paz, etc. estamos hablando de un ambiente envolvente que permite su desarrollo. Hablar del reinado de Cristo significa que su mismo espíritu mueve también nuestra existencia. Jesús se dio totalmente, no para ser glorificado sino para llevar a plenitud el amor.

En el relato que hemos leído encontramos la clave. Dios no se hace un hombre, sino que se hace hombre. El que juzga es el Hombre, el punto de contraste para valorar una vida humana es la semejanza con Jesús “el Hombre”. No tenemos que esperar ningún juicio desde fuera. Mis actitudes van manifestando en cada momento el grado de identificación con el modelo de Hombre. En la medida que me identifique con el modelo, me salvo; en la medida que me separe de él, me voy condenando.

Hemos conseguido un cristianismo cómodo, colocando a Dios en el cielo. Sería demasiado peligroso descubrir a Dios encarnado en cada uno de los seres humanos. Pero no hay escapatoria. Dios es encarnación y lo tenemos que descubrir en las criaturas. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”. La pregunta de los rechazados deja bien claro que, si hubieran descubierto la presencia de Dios en el necesitado, lo hubieran socorrido.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Porque tuve hambre…

domingo, 26 de noviembre de 2023
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El Greco (Domenikos Theotokopoulos) (Greek, 1541 - 1614 ), Saint Martin and the Beggar, 1597/1599, oil on canvas with wooden strip added at bottom, Widener Collection

El Greco (Domenikos Theotokopoulos) (Greek, 1541 – 1614 ), San Martín y el mendigo

Mt 25, 31-46

«…Tuve sed y me disteis de beber»

Es una temeridad juzgar con criterios actuales unos hechos acaecidos en otra época histórica, pero lo cierto es que hoy nos cuesta entender las razones de Pío XI para proclamar la solemnidad de “Cristo Rey del Universo”. Imaginamos que en aquel contexto estas declaraciones pomposas provocaban la devoción de los fieles, pero nos tememos que hoy producen mayoritariamente rechazo. No; en el mundo no reina Jesús (los reyes no lavan los pies), sino la ambición, la opresión y el confort, y contra eso no se lucha haciendo grandes manifestaciones, sino siendo fieles al evangelio.

Pero todavía resulta más asombroso que los liturgos hayan situado esta solemnidad “tapando” el mensaje central del evangelio de Mateo, por lo que nos vamos a olvidar de ella (de la solemnidad) y centrarnos en lo verdaderamente importante.

Mateo nos presenta la parábola del juicio final como compendio y resumen de toda la predicación de Jesús. Para resaltar su importancia, la envuelve en una escenografía colosal propia de las grandes ocasiones, y a través de ella, nos transmite un mensaje que es la esencia misma de la predicación de Jesús. Todo el evangelio es importante, pero quizás hay dos expresiones que resaltan sobre todas las demás: «Abbá» y «A mí me lo hicisteis».

La esencia de la buena Noticia es la revelación de Dios. Saber que “Dios es Abbá” lo cambia todo. En primer lugar, nos quita el miedo a Dios; nadie teme a su madre y lo único que puede temer es disgustarle. En segundo lugar, nos da un inmenso sentido de dignidad; soy Hijo y no me conformo con menos; por supuesto, no hago lo que no es digno de mi padre. En tercer lugar, nos sitúa ante nuestra mayor responsabilidad como cristianos: atender a sus Hijos necesitados. Dios “no está” y no puedo responder directamente a su amor, pero sus hijos, mis hermanos, sí que están, y yo estoy aquí para lo que me necesiten.

Y desde esta perspectiva, la parábola de hoy cobra todo su sentido. Es mi hermano el que está hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o encarcelado, y soy yo quien se afana en darle de comer, o de beber, o acogerle, o vestirle o visitarle… Y aquí no caben coartadas, porque el mensaje es de una claridad meridiana y no admite interpretaciones abstractas, ni metafóricas, ni simbólicas. Es el núcleo más íntimo del mensaje evangélico dicho en el lenguaje más llano que cabe imaginar. Es la norma de conducta que, generalizada, cambiaría radicalmente la faz de la Tierra.

Como decía Ruiz de Galarreta: «El resumen de la buena Noticia es un gozoso descubrimiento: mi padre me quiere, mis hermanos me necesitan. Y, al contrario, yo necesito de ellos, de padre, de madre y de hermanos: y sé que puedo contar con su cariño»

Termino. No nos conocerán por ser piadosos, ni por ir mucho al templo a orar, ni por conocer al dedillo la exégesis más moderna e independiente, ni por meditar muy bien, ni por desarrollar planteamientos metafísicos fastuosos… nos conocerán por ser fraternos… «En esto conocerán que sois mis discípulos…»

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Jesucristo servidor de todos.

domingo, 26 de noviembre de 2023
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os_he_dado_ejemploMt 25, 31-46

Toda persona escucha una voz misteriosa en su interior, que lo impulsa a amar al prójimo por encima de todo

Desde el Concilio Vaticano II, la fiesta de Cristo Rey se sitúa en un nuevo contexto social dentro de las perspectivas litúrgicas del Viernes Santo, “ser testigo de la verdad” (Jn 18,37). La realeza de Cristo, no se visibiliza en la Iglesia por su poder o su grandiosidad, en un anacronismo que el mismo Papa Francisco denuncia, sino por la justicia, el servicio y la caridad. No es casual, que las lecturas de hoy hablen de un pastor, del servicio, del servidor de los más débiles, no de privilegios ni de poderosos.

La antigüedad familiarizada con la cultura pastoril acuñó la imagen del pastor, para referirse a los guías de los pueblos. Hoy podríamos utilizar una imagen sacada del mundo en que nos movemos… que, en definitiva, viene a significar lo mismo: frente a los pastores que explotan el rebaño o lo conducen al abismo, frente a los poderosos ávidos de poder, ambición, carentes de ética y conciencia moral para resolver los problemas de los ciudadanos y de la sociedad, Dios reúne a los dispersos, a los descartados… y les conduce a la fuente de la vida. El profeta Ezequiel (34,11-12. 16) anuncia la salvación de Dios al pueblo destruido. “Así seguiré yo el rastro de mis ovejas… las libraré sacándolas de los lugares donde se desperdigaron el día de los nubarrones y de la oscuridad… vendaré a las heridas, curaré a las enfermas”. Jesús actualizó esa imagen (Jn 10,1ss). El ejercicio del profetismo en el mundo que nos toca vivir es tarea esencial cristiana. Anuncio y denuncia.

Podríamos pensar que los cristianos tenemos la exclusiva de la salvación pero no así los demás. Ni unos ni otros somos conscientes de que al luchar a favor de los pobres, de los oprimidos, de los presos, luchamos a favor de Cristo. Y es que toda persona escucha una voz misteriosa en su interior, que lo impulsa a amar al prójimo por encima de todo. Aquellos que, por razones insondables, no han sabido reconocer o discernir explícitamente a Dios, son también creyentes… “ateos”, “escépticos”. No es ni siquiera una actitud religiosa, sino una actitud vital en relación con los más vulnerables.

Jesús habla muchas veces del Reino de Dios pero no reivindica para sí ningún reino, ni dice expresamente qué es, o en qué consiste esa “soberanía de Dios”. Lo único que dice es: “está cerca”, “está aquí”, “está dentro de vosotros” (Lc 17,20-22). Si estamos despiertos, atentos a las palabras y acciones de Jesús, podremos descubrir la clave para entender lo que significa y exige el Reino de Dios, y lo más importante, cómo hemos de vivir para entrar y construir el Reino.

El modo como Jesús anunció el Reino, así como el modelo del Reino que concibió, quién puede entrar en el Reino de Dios y quién no, provocó dos efectos simultáneos, entusiasmo por parte del pueblo y un rechazo brutal de los grupos dirigentes (fariseos, escribas, sumos sacerdotes, poder romano…) [1]

Entender la dinámica del Reino de Dios, podría compararse con las modernas Constituciones, en las que se recogen los principios que rigen la vida de los ciudadanos, el funcionamiento de los distintos poderes: el legislativo, encargado de elaborar las leyes, el ejecutivo que tiene como obligación hacer efectivas las leyes, que se cumplan, y el judicial, encargado de juzgar y decidir sobre las infracciones a las leyes o si las leyes se ajustan a lo que la Constitución determina.

El evangelio de Mateo (Mt 5, 2-12) explicita con claridad las leyes del Reino:

· Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de los Cielos.

· Dichosos los que estáis tristes, porque Dios os consolará.

· Dichosos los humildes, porque heredaréis la tierra.

· Dichosos los que tenéis hambre y sed de hacer la voluntad de Dios, porque Dios os saciará.

· Dichosos los misericordiosos, porque Dios será misericordioso con vosotros.

· Dichosos los que tenéis el corazón limpio, porque veréis a Dios.

· Dichosos los que construís la paz, porque seréis llamados hijos de Dios.

· Dichosos si os persiguen por hacer la voluntad de Dios, porque vuestro es el Reino.

· Dichosos si os insultan, piensan mal de vosotros, digan contra vosotros calumnias por mi causa. Alegraos porque vuestra recompensa será grande en los cielos, pues así persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

El poder ejecutivo nos dice cómo deben ser los gobernantes (Mc 10,42-45), y ¿cómo deben gobernar? (Jn 13,12-15)

– Jesús los llamó y les dijo: “Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que sus magnates las oprimen. No ha de ser así entre vosotros. El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea esclavo de todos. Pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su propia vida por todos”.

– Después de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a sentarse a la mesa y dijo a sus discípulos: “¿Comprendéis lo que acabo de hacer? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque efectivamente lo soy. Pues bien, si yo, que soy el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, vosotros debéis hacer lo mismo unos con otros. Os he dado ejemplo, para que hagáis lo que yo he hecho con vosotros”.

En cuanto al poder judicial: Mateo lo describe con rotundidad en el evangelio de hoy (Mt 25, 31-46). El criterio para juzgar es la actitud de amor o indiferencia ante los necesitados, los sencillos, los disminuidos por cualquier causa, las personas corrientes. Ellos se convierten así en la representación de Cristo como juez.

Las ovejas y los cabritos no se refieren a dos clases de personas, unas buenas y otras malas, sino a dos realidades dentro de cada persona. Se salvará, pues, lo bueno que hay en cada uno (amor) y se perderá lo malo de cada uno (indiferencia, mentira, ego, ambición…) Esto significa infierno; la pérdida definitiva de plenitud del ser.

Frente a la desesperanza, la mentira, la inequidad, la supremacía de unos sobre otros, apostemos por el coraje y la firmeza en tiempo de desolación. Hay muchas buenas personas que aman “la solidaridad entre los españoles, la igualdad ante la justicia, el bien común, y la unidad como un bien moral forjado en nuestra historia [2]. Alcemos nuestra palabra con respeto, con verdad. No entremos al trapo de quienes provocan enfrentamientos y división. No seamos cómplices de los veletas. La nueva humanidad está por encima de toda esa inmundicia. “Que nada sea capaz de quitarte tu paz. Cuando te  sientas apesadumbrado/a, triste, adora y confía…” (T. de Chardin)

¡Shalom!

Mª Luisa Paret

 

[1] Paz Garrido, Mujeres y Teología, Madrid.

[2] Santos Montoya, Obispo de Logroño.

Fuente Fe Adulta

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El amor, criterio de verdad.

domingo, 26 de noviembre de 2023
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IMG_1431Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario:

CRISTO REY.

26 noviembre 2023

Mt 25, 31-46

Incluso una parábola tan sabia y hermosa como esta puede quedar pervertida cuando se lee, no en clave sapiencial sino moralizante. En esta última, el acento se coloca de manera inmediata en el premio y el castigo, en las “ovejas” y las “cabras”, en la “derecha” y la “izquierda”.

La lectura sapiencial, por el contrario, se mueve en parámetros totalmente diferentes, ya que la sabiduría únicamente busca una cosa: favorecer la comprensión experiencial, es decir, evocar, facilitar y favorecer el acceso a la verdad de lo que somos.

Si se entiende bien, podría decirse que a la sabiduría no le interesa la moral, sino la verdad. Porque solo de tal comprensión -del reconocimiento de la verdad- podrá nacer la acción adecuada.

Tampoco la parábola quiere recrear el escenario de un imaginario “juicio universal” tras la muerte. Esa es únicamente la metáfora que le sirve de vehículo.

El objetivo de la parábola parece obvio: La Realidad es Amor. Por eso, acertamos cuando vivimos el amor y nos perdemos cuando lo ignoramos.

El amor del que se habla no tiene que ver, de entrada, con la emoción o el sentimiento, sino con la comprensión y la consciencia de unidad. No se basa en lo que pueda vibrar en mi sensibilidad -aunque requiera que esta se halle mínimamente limpia y vibrante-, sino en la certeza de que todos y todo somos uno.

Así entendida, la parábola es una invitación a pasar de la errónea consciencia de separatividad -característica del estado mental, que nos hace girar en torno a los intereses del ego- a la consciencia de unidad, en la que nos vivimos en comunión, entrega y servicio; no por un principio moral, ni por obedecer un mandato divino, ni por temor a ser enviados al infierno, sino porque hemos “visto” lo que somos.

Por ello, el amor no se queda en un sentimiento romántico, sino que es invitado a mirarse en el espejo de un criterio prioritario: la persona en necesidad. Y se concreta en el cuidado eficaz de quien más sufre.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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El núcleo del cristianismo no es la Curia, sino los pobres y hambrientos.

domingo, 26 de noviembre de 2023
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cropped-cristo-reyDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- FIESTA DE CRISTO, SEÑOR DEL UNIVERSO: PASTOR DE LA HUMANIDAD.

    Con la fiesta de Cristo Señor del universo –Cristo rey-  terminamos el año litúrgico.

    Fue el papa Pío XI quien en 1925 instituyó esta fiesta, por lo que es una celebración relativamente nueva y fue promovida en el contexto laicista del momento.

    Mejor olvidar viejas connotaciones socio-políticas sobre Cristo Rey, que subyacen a esta fiesta de Cristo como Señor del Universo.

Cristo como señor de la historia no tiene nada que ver con la monarquía, ni con ningún sistema político. Mejor dejar de lado lo que hace referencia a lo militar, a las patrias, al poder y la violencia.

Una curiosidad bíblica

El cuarto Evangelio (Juan) tiene una ironía muy fina.

    Resulta que San Juan es el único evangelista que no emplea nunca la expresión Reino de los cielos / Reino De Dios [1]. En cambio en el evangelio de Juan hay rey: Jesús. “Yo soy rey”

    El diálogo entre Pilato y Jesús es majestuoso y tiene su retranca: Pilatos le pregunta ¿Tú eres rey?

¿Qué clase de rey es uno que va a ser condenado a muerte?

Es condenado a muerte porque el Reinado de Jesús no es como los de este mundo. (Jn 18,37).

02.- Cristo: sentido de la vida, de la historia.

Fue casi el último pensamiento que redactó P. Teilhard de Chardin (si bien había presidido toda su vida).

Cosmogénesis = Biogénesis =  Noogénesis = Cristogénesis. [2]

    Cuando decimos: Creo en Dios Padre, creador… podemos pensar o soñar que, sea como fuere el comienzo, (un big-bang original del que nació uno o muchos universos), estábamos en los albores del cosmos (cosmogénesis). La complejidad del universo (o multiversos) hizo brotar la vida (biogénesis) y la evolución de la vida llevó al conocimiento (inteligencia, al hombre inteligente: noogénesis [3]), que concluyó en Cristo (Cristogénesis).

  • En lenguaje bíblico damos gracias a Dios por la vida original expresada en el barro de Adán y Eva.
  • Cantamos en el prólogo del evangelio de san Juan que: en el comienzo existía la Palabra (Cristo) y por Él fueron creadas todas las cosas (Jn 1,1ss). Y todo termina en el Señor: ¡Ven pronto, Jesús! (Jn 22,20).
  • En la liturgia (noche pascual) oramos: Yo soy el principio y el fin, alfa y omega. [4] Estamos llenos de sentido tanto en el origen, en el transcurrir de la historia y por el final. Cristo es el sentido del Universo, del tiempo, de nuestra existencia.

Cristo es Señor del Universo.

Cristo rey significa que el Señor es el comienzo y el fin de la historia.

03.- La imagen del Pastor.

La liturgia de hoy está impregnada por la amable imagen del buen Pastor:

  • Yo mismo buscaré mis ovejas, (Ezequiel).
  • El Señor es mi pastor, (salmo 22).
  • Cristo será el Pastor que acoja a su rebaño al final de la historia, (Mateo).

Late en la Palabra de hoy la bondad del Buen Pastor: Yo soy el Buen Pastor que conozco a mis ovejas y ellas me conocen, (Jn 10). Palpita igualmente el cuidado del Buen Pastor por las ovejas perdidas (Lc 15). Jesús siente lástima, porque aquel pueblo -y el nuestro- caminamos como ovejas sin pastor (Mc 6,34).

    Jesús es rey como un buen Pastor que cuida de su rebaño, de sus ovejas.

04.- La moral es el amor en la vida cotidiana.

Lo decisivo y central en la vida, al menos en el cristianismo,  no es lo dogmático, mucho menos lo ritual, sino las “pequeñas-grandes” cosas y gestos de la vida cotidiana.

La moral cristiana es el amor.

Curiosamente en la parábola del “juicio final” de Mateo, que hemos escuchado hoy, no se habla de otra cosa que de dar de comer, dar de beber, vestir al que está desnudo, visitar a los enfermos y encarcelados, acoger al forastero emigrante. Al atardecer de la vida me examinarán del amor.

Opción preferencial por los pobres

Dando un paso más, el centro de la moral cristiana es la opción preferencial por los pobres, que cultivaron las Iglesias latinoamericanas con la llamada: “Teología de la liberación” y el mismo papa Francisco.

Decía Helder Cámara: “Cuando le doy de comer a un pobre, me llaman santo. Pero cuando digo que los pobres no tienen qué comer, me llaman comunista”.

    Con el manto ensangrentado con el que fue “investido” Jesús, con la corona de espinas y desde la cruz, que es el trono de Jesús al que tenía que ser elevado para atraer a todos hacia sí (Jn 12,32), escuchemos y acojamos lo que Jesús nos dice:

[1] Para ser exactos hay que decir que aparece una vez y en el diálogo de Jesús con  Nicodemo: ¿Qué ha de hacer un hombre viejo para entrar en el Reino, (Jn 3,3.5).

[2]Última página del diario”, Pierre Teilhard de Chardin,  El corazón de la materia, Sal Terrae, Santander, 2002, 108-109.

[3] Nous es un término griego, que significa “conocimiento”. Está presente en algunas palabras románicas: diag –nóus-tico, pro-nóus-tico, etc.

[4] Alfa y omega son la primera y la última letra del alfabeto griego: el principio y el fin.

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Milagro

sábado, 25 de noviembre de 2023
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Del blog Nova Bella:

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El mundo entero es una serie de milagros,

pero estamos tan acostumbrados a ellos

que los llamamos cosas ordinarias

*

Andersen

***

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Carmen Notario: «Orar sí, y también cambiar».

sábado, 25 de noviembre de 2023
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salvando_al_mundo-760x505«El agua de tu cuerpo contiene el hidrógeno que se formó en los primeros segundos después del Bing Bang. Los átomos de carbono que te formaron se unieron después de la explosión de una supernova. La concentración de sal de tu cuerpo se corresponde con la concentración de sal de los mares antiguos. Tus células son descendientes directas de organismos unicelulares que se desarrollaron hace billones de años. Tú ves porque las moléculas de clorofila mutaron, por lo que, como las hojas de las plantas tus ojos puedan capturar la luz del sol. Y en el vientre de tu madre tu cuerpecito repitió todo el proceso de la vida multicelular en la tierra, empezando con una sola célula y después desarrollándose hacia una complejidad cada vez mayor.»            

Judy Cannato

 

¡Qué grandes y qué pequeños somos! Entretejidos en una red de vida de billones de años de la que hemos surgido y a la que pertenecemos. No hemos hecho nada para estar ahí y sin embargo somos la consciencia del universo. Tenemos en nuestras manos la decisión de cómo evolucionará nuestra especie y por otro lado como individuos nos sentimos muy impotentes.

Experimentamos los últimos coletazos de una civilización que ha confundido su origen, su valor, su propósito, poniendo en el centro y encumbrada a la persona humana, y que se ha atrevido a clasificar a unos como mejores que otros.

Nos hemos creído dueños y administradores de nuestro planeta como si se tratara de un planeta aislado, solo en el universo, y cerrando nuestros ojos nos hemos creído que podíamos poseer tierras y mares, y que su explotación sería infinita; que podíamos marcar fronteras y decidir quién y cómo podía vivir dentro de ellas… Por eso luchamos entre nosotrxs.

Es hora de cambiar. Claro que debemos orar por la paz… y también cambiar todo lo que está en mi mano por tener una nueva visión, un nuevo propósito, unos nuevos valores… por dar a luz y cuanto antes una nueva civilización.

Carmen Notario, SFCC

Fuente Fe Adulta

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La hora de ser trapense (Thomas Merton y Teresa de Lisieux)

viernes, 24 de noviembre de 2023
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IMG_1174Del blog de Amigos de Thomas Merton:

“Era a finales de noviembre. Todos los días eran cortos y oscuros. Finalmente, el jueves de esa semana, por la noche, me sentí de pronto presa de una intensa convicción:

– Me ha llegado la hora de ir a ser trapense.

¿De dónde había venido el pensamiento? Todo lo que sabía era que repentinamente estaba allí. Era algo poderoso, irresistible, claro.

Tomé un librito titulado La vida cisterciense, que había comprado en Gethsemaní, y volví las páginas, como si tuvieran algo que decirme. Me parecían estar todas escritas con palabras de llama y fuego.

Fui a cenar y volví a mirar el libro. Mi mente estaba literalmente colmada con esta convicción. Y, sin embargo, en medio, se mantenía la vacilación: aquella cuestión de siempre. Pero ahora no podía haber dilación. Debía acabar con eso, una vez para siempre, y obtener una respuesta. Podía conseguirse en cinco minutos. Y era la hora. Ahora.

¿A quién consultaría? El padre Filoteo estaba probablemente en su habitación de abajo. Bajé las escaleras y salí al patio. Sí, había una luz en la habitación del padre Filoteo. Muy bien. Entra y oye lo que tiene que decirte.

Pero, en lugar de eso, salí de golpe a la oscuridad y me dirigí al soto.

Era la noche del jueves. La Sala del Alumno empezaba a llenarse. Iban a pasar una película. Pero apenas lo observé: no se me ocurrió que acaso el padre Filoteo iría al cine con los demás. En el silencio del soto mis pasos resonaban en la grava. Caminaba y rezaba. Estaba muy oscuro junto a la capilla de la Florecita. «¡En nombre del Cielo, ayúdame!», murmuré.

Regresé hacia los edificios. «Muy bien. Ahora realmente voy a entrar allí a preguntarle. He aquí la situación, padre. ¿Qué piensa usted? ¿Debería ir yo a ser trapense?»

Había aún una luz en la habitación del padre Filoteo. Entré valientemente en la sala, pero cuando hube llegado a unos seis pies de su puerta sentí como si alguien me hubiera detenido y me retuviera donde me encontraba con manos físicas. Algo interfería en mi voluntad. No podía dar un paso más, aun cuando quería. Di como un empujón al obstáculo, que era acaso un demonio, entonces me volví y salí corriendo de la casa una vez más.

IMG_1175De nuevo me encaminé hacia el soto. La Sala del Alumno estaba casi llena. Mis pies resonaban en la grava. Me encontraba en el silencio del soto, entre árboles húmedos.

No creo que jamás hubo un momento en mi vida en que mi alma sintiera una angustia tan apremiante y especial. Había rezado todo el tiempo, por lo que no puedo decir que empezara a rezar cuando llegué allí donde estaba la capilla: pero las cosas se iban precisando.

– Por favor, ayúdame. ¿Qué voy a hacer? No puedo continuar así. ¡Tú puedes verlo! Mira el estado en que me encuentro. ¿Qué debo hacer? Muéstrame el camino. ¡Como si necesitara más información o alguna clase de signo!

Pero dije esta vez a la Florecita:

– Muéstrame lo que he de hacer.

– y añadí:

– Si entro en el monasterio, seré tu monje. Ahora enséñame lo que he de hacer.

Estaba peligrosamente cerca del camino equivocado para rezar … haciendo promesas indefinidas y pidiendo una especie de signo.

De repente, tan pronto como hube dicho esa plegaria, me sentí consciente del bosque, los árboles, las colinas oscuras, el viento húmedo de la noche, y luego, más distintamente que cualquiera de estas realidades obvias, en mi imaginación, empecé a oír la gran campana de Gethsemaní, tocando en la noche … la campana de la gran torre gris, tocando y tocando, como si sólo estuviera detrás de la primera colina. La impresión me dejó sin aliento, tuve que pensar detenidamente para darme cuenta de que era sólo en mi imaginación que oía la campana de la abadía trapense tocando en la oscuridad. Pero, como después calculé, era alrededor de la hora que la campana toca cada noche para la Salve Regina, hacia el final de Completas.

La campana parecía decirme cuál era mi sitio … como si me llamara a casa.

Esta fantasía ejerció tal determinación en mí que inmediatamente regresé al monasterio … desandando el camino, pasando por la capilla de Nuestra Señora de Lourdes y el final del campo de fútbol. Con cada paso que daba mi mente se decidía más firmemente en que ahora yo habría acabado con todas estas dudas, vacilaciones, preguntas y todo lo demás, y resolvería este asunto, e iría a los trapenses, donde estaba mi lugar.

Cuando entré en el patio, vi que la luz de la habitación del padre Filoteo estaba apagada. En realidad, todas las luces estaban apagadas. Todos habían ido al cine. Mi corazón desfalleció.

IMG_1176Pero había una esperanza. Fui directamente a la puerta, penetré en el corredor y doblé hacia la sala común de los frailes. Nunca me había acercado a aquella puerta. No me había atrevido nunca. Pero ahora subí, golpeé la vidriera, abrí la puerta y miré al interior.

No había nadie allí, excepto un solo fraile, el padre Filoteo.

Le pregunté si podía hablarle y fuimos a su habitación.

Era el fin de toda mi ansiedad, de toda mi vacilación. Tan pronto como le expuse todas mis vacilaciones y preguntas, el padre Filoteo dijo que no podía ver ninguna razón para que yo no entrara en un monasterio y me hiciera sacerdote.

Puede parecer irracional, pero en aquel momento sucedió como si tendiesen un puente ante mis ojos y, repasando todas mis preocupaciones e interrogaciones, pude ver con claridad cuán vacías y vanas habían sido. Sí, era evidente que era llamado a la vida monástica: todas mis dudas acerca de ello habían sido principalmente sombras”.

*

Thomas Merton,
La montaña de los siete círculos

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“José María Castillo: Humanizar a Dios y a Jesús de Nazaret“, por Juan José Tamayo.

viernes, 24 de noviembre de 2023
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«Con su fallecimiento, la teología española vive una profunda experiencia de orfandad»

«Con el fallecimiento de José María Castillo en Granada a los 94 años el 12 de noviembre la teología española vive una profunda experiencia de orfandad»

«Él me introdujo en la teología crítica y me ayudó a descubrir el sentido comunitario del cristianismo. Años después fuimos entrañables amigos y colegas durante más de cuarenta años en la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII»

«Su larga vida ha sido un permanente ejercicio de pensamiento crítico y liberador que le supuso no pocas censuras y “maltratos” de parte de la jerarquía eclesiástica como la expulsión de la cátedra de la Facultad de Teología de Granada y la censura de varios de sus libros»

«Se mostraba en plena sintonía con Francisco en su crítica del clericalismo. En el terreno teológico hizo contribuciones luminosas que resumo en estas cuatro: la humanización de Dios, la humanidad de Jesús de Nazaret, el declive de la religión y el futuro del Evangelio»

«Pues bien, la humanización de Dios y la humanidad de Jesús de Nazaret conducen derechamente a humanizar la teología: tarea que llevó a cabo ejemplarmente José María Castillo»

Con el fallecimiento de José María Castillo en Granada a los 94 años el 12 de noviembre la teología española vive una profunda experiencia de orfandad ya que desde principios de los sesenta del siglo pasado hasta su muerte ha sido uno de los teólogos más creativos e influyentes en el cristianismo español y latinoamericano.

Una orfandad que estoy viviendo en primera persona ya que fue profesor mío, y ciertamente uno de las más queridos, en la licenciatura de teología en la Universidad Pontificia de Comillas, ya con sede en Madrid, a principios de los setenta del siglo XX. Élme introdujo en la teología crítica y me ayudó a descubrir el sentido comunitario del cristianismo. Años después fuimos entrañables amigos y colegas durante más de cuarenta años en la Asociación de Teólogas y Teólogos Juan XXIII, de la que él era cofundador, vicepresidente y uno de sus miembros más activos hasta pocos días antes de su muerte. Participamos juntos en numerosos encuentros y congresos y en 2005 publicamos en Trotta el libro Iglesia y sociedad en España.

Durante cincuenta años fue miembro de la Compañía de Jesús, que abandonó a punto de cumplir los 80 en un gesto de coherencia intelectual y en un ejercicio de libertad pensamiento y de conciencia. Se doctoró en teología en Roma durante la celebración del Concilio Vaticano II, que dejó una profunda impronta en su vida y en su teología. Fue profesor en la Universidad Gregoriana de Roma, la Universidad Pontificia de Comillas, la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), de San Salvador (El Salvador), y la Facultad de Teología de Granada de la que fue expulsadojunto con su compañero Juan Antonio Estrada.

Su larga vida ha sido un permanente ejercicio de pensamiento crítico y liberadorque le supuso no pocas censuras y “maltratos” de parte de la jerarquía eclesiástica como la expulsión de la cátedra a la que acabo de referirme y la censura de varios de sus libros.

En su obra Memorias. Vida y pensamiento ofrece lúcidas reflexiones sobre sus experiencias vitales e intelectuales y sus vivencias políticas, sociales y religiosas en los diferentes momentos de la historia de España que le tocó vivir: la dictadura de Primo de Rivera, la II República, la larga dictadura franquista y los años cuarenta y cinco años de recuperación de la democracia. En las Memorias hace también un pormenizado, riguroso y ameno recorrido por la historia de la Iglesia católica bajo los ocho Papas que conoció: Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, quien lo recibió en el Vaticano y le confesó que leía sus libros.

«En su obra Memorias. Vida y pensamiento ofrece lúcidas reflexiones sobre sus experiencias vitales e intelectuales y sus vivencias políticas, sociales y religiosas en los diferentes momentos de la historia de España que le tocó vivir»

 IMG_1336Se mostraba en plena sintonía con Francisco en su crítica del clericalismo. Llamó la atención sobre la contradicción y la incoherencia en las que vive instalada buena parte de la jerarquía católica pues, afirma, “enseña lo contrario de lo que vive” y no respeta los derechos humanos en el seno de la institución eclesiástica.

En el terreno teológico hizo contribuciones luminosas que resumo en estas cuatro: la humanización de Dios, la humanidad de Jesús de Nazaret, el declive de la religión y el futuro del Evangelio.

Dirigentes religiosos y expertos en lo sagrado han deshumanizado a Dios y lo han presentado como autoritario, violento. justiciero, vengativo, imágenes todas ellas que están grabadas en el imaginario social de creyentes y no creyentes, y que llevan a alejarse de él e incluso a negarlo. Como respuesta a tamaño falseamiento, Castillo cree que la principal y más original aportación del cristianismo a las tradiciones religiosas de la humanidad es que Dios se humaniza en Jesús de Nazaret y el Trascendente se hace presente en la inmanencia. Pero no se encarna en lo religioso o lo sagrado, sino en lo humano, que lleva a luchar contra toda forma de deshumanización en el mundo.

Para demostrarlo hace un recorrido por algunas de las mejores tradiciones teológicas y místicas del cristianismo, desde Pablo de Tarso y su teología del “vaciamiento” de Dios hasta Rahner y Paul Tillich. Se detiene de manera especial en San Juan de la Cruz, que escribió un bellísimo poema sobre Dios sin citar ni una sola vez a Dios: el Cántico espiritual, basado varios libros de la Biblia hebrea, especialmente el Cantar de los cantares, que la gran especialista en la mística del Siglo de Oro español, Lola Josa, define como “despatriarcalizante” como lo es igualmente el Cántico. Castillo se refiere también al Maestro Eckhart, quien escribió: “Por eso le pido a Dios que me libre de Dios” y Dorothee Sölle lo reformula pidiendo a Dios que la libere del “Dios del patriarcado”.

La apología de lo divino ha llevado con frecuencia a las religiones a minusvalorar, e incluso a negar, lo humano. La religión ha caminado con frecuencia en dirección contraria a lo humano hasta el punto de que hay personas muy religiosas que tienen comportamientos rayanos en lo inhumano. Algo similar sucedió en la historia del cristianismo y en la teología cristiana con la persona de Jesús de Nazaret, de quien se aceptó sin dificultad su divinidad y se puso entre paréntesis y se cuestionó su humanidad. Castillo cree que tal planteamiento constituye una grave desviación de la relación entre lo humano y lo divino y un desenfoque en la relación entre la divinidad y la humanidad del fundador del cristianismo. Como respuesta afirma que solo se llega a alcanzar la plenitud de lo divino consiguiendo la plenitud de lo humano y que solo podemos pensar a Dios, acceder a él y encontrarnos con él desde nuestra humanidad. Esa fue la experiencia de Jesús de Nazaret y el camino que trazó a sus seguidores: encontrar a Dios en todos y cada uno de los seres humanos. El centro del cristianismo es Jesús de Nazaret que, a su juicio, no es propiedad exclusiva del cristianismo, y menos de la Iglesia, sino que puede ser considerado “patrimonio de la humanidad”.

«Solo se llega a alcanzar la plenitud de lo divino consiguiendo la plenitud de lo humano y que solo podemos pensar a Dios, acceder a él y encontrarnos con él desde nuestra humanidad»

Pues bien, la humanización de Dios y la humanidad de Jesús de Nazaret conducen derechamente a humanizar la teología: tarea que llevó a cabo ejemplarmente José María Castillo.

Su extenso y profundo legado teológico encuentra el mejor resumen en su último libro Declive de la religión y futuro del Evangelio, cuya tesis es que desde el siglo III de la era común la Iglesia concedió más importancia a la religión y al dogma que al Evangelio, que es Buena Noticia de la liberación de las personas y los colectivos empobrecidos y la Carta magna del cristianismo.

Sus opciones radicales

Junto a su extenso y original legado teológico, Castillo nos deja unas opciones radicales a las que nunca renunció: el seguimiento de Jesús y el proseguimiento de su causa, frente a la obediencia al Código de Derecho Canónico; la espiritualidad liberadora para gente insatisfecha, incluidas las personas no creyentes, frente a la ascética mortificadora del cuerpo; el compromiso social en los lugares de marginación, frente a la cómoda instalación en el sistema; la teología popular (no populista), vinculada a las comunidades de base y elaborada desde el dolor y el sufrimiento de las víctimas, frente a la teología sin compasión ni entrañas de misericordia; la conciencia crítica frente al sometimiento clerical a la institución eclesiástica; la libertad de conciencia, frente a la obediencia ciega al magisterio eclesiástico; la opción ético-evangélica por las personas y los sectores más vulnerables de la sociedad, frente al interclasismo que termina privilegiando a las clases acomodadas; la defensa de los derechos humanos en la Iglesia y en la sociedad, frente a su sistemática transgresión por aquellos organismos nacionales e internacionales cuya misión es velar por su práctica, sobre todo en favor de aquellas personas, pueblos y grupos humanos a quienes se les niega, y por el Código de Derecho Canónico, que no respeta la división de poderes, ni practica la democracia, ni, en con secuencia, respeta los derechos humanos y las libertades de los cristianos y las cristianas.

Termino esta semblanza con una deliciosa anécdota que cuenta de su madre en sus Memorias. A propósito de una pregunta que le hizo de pequeño Pepe Castillo a su madre sobre el misterio de la Santísima Trinidad, ella le contestó: “Pepito, en eso no se piensa”. Durante sus noventa y cuatro años de vida seguro que Pepito habrá seguido otros sabios consejos de su madre, pero este ciertamente no, porque ha pensado, y mucho, sobre la Trinidad, pero no a través de los complejos e ininteligibles razonamientos de la vieja neoescolástica, sino como experiencia comunitaria y solidaria de Dios, sobre todo del Dios de Jesús de Nazaret, el Cristo liberador.

Fuente Religión Digital

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Sobre el mar.

jueves, 23 de noviembre de 2023
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Del blog Nova Bella:

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Las palabras abren puertas sobre el mar

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Rafael Alberti

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“Comunidades de fe y de vida”, por Miguel Ángel Mesa.

jueves, 23 de noviembre de 2023
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De su blog Otro mundo es posible:

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No hay ningún género de duda al afirmar que Jesús, desde que decidió salir a los caminos a anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, lo primero que hizo fue rodearse de un grupo de amigos y amigas, con los que poder compartir sus preocupaciones, sus gozos, sus dificultades, sus alegrías y esperanzas.

Sabemos que las personas somos seres sociales, gregarios, necesitados del contacto con los otros para poder desarrollarnos íntegramente y mantener una buena salud psicológica. Fuera de algunos hechos aislados, en los que un hombre o mujer eligen conscientemente un aislamiento personal, por distintos motivos, cuando una persona se aísla de los demás, es debido a algún desequilibrio psíquico que es preciso tratar médicamente.

 En nuestros días las modernas técnicas de la comunicación nos han hecho mucho más cercano el contacto con los demás, eliminando las distancias geográficas y convirtiendo en inmediato el tiempo para establecer la conexión. En nuestras sociedades la gente no puede estar un momento sin llamarse por el móvil, sin entablar contacto por twitter, facebook, correo electrónico, skype, y un sinfín de nuevas redes sociales. Esto demuestra una necesidad vital de relaciones, de intercambios, de correspondencia, de hallazgos e inquietudes.

Cuando hablamos de solidaridad, de lucha política y social, de compromiso con la sociedad, de una fe viva que se transforma en implicación profunda con la realidad, no se puede vivir o trabajar desde el individualismo. La fe, en concreto, tiene que experimentarse y compartirse en comunidad. La fe vivida de forma aislada, en un contacto vertical, intimista, al margen de los demás no es una fe tal como la vivió Jesús ni la que pretendió que vivieran sus amigos y seguidores.

La comunidad, que implica la plena identificación de fe, compromiso y vida, debe ser un lugar de acogida, confianza, alegría, intimidad, escucha, perdón, diálogo y autocrítica. Cuando una comunidad cristiana es así, genera hombres y mujeres íntegros, satisfechos, solidarios, felices.

Esto es muy difícil que se dé en comunidades grandes, como las parroquiales, por eso es necesario crear comunidades cristianas más pequeñas, donde se puedan vivir de una forma más gozosa los valores evangélicos, en su máxima sencillez y radicalidad, dentro de las capacidades que tenga cada uno/a, su trayectoria vital, su carácter, el camino que haya recorrido hasta ese momento…

En una comunidad es necesario, para que haya una sana convivencia, que siempre se disculpen los errores y se aprecien más los aspectos positivos de cada persona. Que se celebre, los sacramentos de la vida, las alegrías y las penas que la vida nos ofrece diariamente, la Eucaristía de una forma creativa y vivencial, la Reconciliación entre unos y otros, para perdonar y sentirse perdonados; los logros y los avances, los pasos atrás, las dificultades de cada uno/a. La muerte, que forma también parte de la vida. Conociendo y disculpando las fragilidades de cada persona.

En su cena de despedida, Jesús, conmovido, les dijo que no se consideraran sus siervos, sino sus amigos, hijos como Él de un Dios, Madre y Padre bueno, que les acogía como a Él, como a hijos e hijas suyos, muy queridos.

«Felices quienes no idealizan a los miembros de su comunidad y van disculpando, conociendo y valorando, aún en las pruebas más difíciles, su fragilidad humana».

(Espiritualidad para tiempos de crisis, coed. Desclée y RD)

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Lo que sentimos no es lo que somos.

miércoles, 22 de noviembre de 2023
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Nuestra vida emocionalestá constantemente moviéndose de arriba a abajo. A veces experimentamos grandes cambios emocionales: de la excitación a la depresión, del gozo a la tristeza, de la armonía interior al caos. Un hecho pequeño, una palabra de alguien, una desilusión en nuestro trabajo, muchas cosas pueden desencadenar en nosotros cambios de estado de ánimo. La mayoría de las veces tenemos muy poco control sobre estos cambios. Parecen sucedernos a nosotros, y no que nosotros los hagamos.

 Por eso es muy importante saber que nuestra vida emocional no es lo mismo que nuestra vida espiritual. Nuestra vida espiritual es la vida del Espíritu de Dios dentro nuestro. Cuando sentimos que nuestras emociones se desplazan debemos conectar nuestros espíritus con el Espíritu de Dios y recordar que una cosa es sentir y otra cosa ser. Somos y seguiremos siendo, sean cuales fueren nuestros estados de ánimo, los hijos amados de Dios«.

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Henri Nouwen

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¿Un ramo de flores?

miércoles, 22 de noviembre de 2023
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IMG_1287IMG_1285“Falleció mi marido y él siempre me dijo: En mi funeral, las flores que me tienes que poner son solamente un centro de recuerdo. No tires el dinero en más flores, cuando hay tanta necesidad. No te las puedo agradecer. ¿Qué buscas entonces? Aunque grites y me las ofrezcas, tus lamentos no los podré oír”.

Llega la fiesta de los difuntos y vemos los sepulcros repletos de flores. Y es más, en los funerales están los altares con multitud de ramos. Lo mismo que en el tanatorio. Eso sí, con la cinta para que se note quién o qué familia los pone.

Quiero plantear una alternativa: que, en lugar de poner ramos de flores o rosas, no pongamos más que uno muy sencillo. Y para que las familias que quieren dedicar esas flores al difunto, lo sustituyan por unos carteles dignos con una cantidad para Caritas o alguna necesidad que queremos dedicar en memoria del muerto.

Cada vez son menos los entierros o incineraciones con funeral. Pero sobre todo es en los tanatorios donde manifestamos nuestro cariño.

Desde una visión cristiana está claro que es bueno agradecer el cariño hacia la persona difunta y hacia sus familiares. Pero los ramos no añaden nada. Dios ya los ha acogido. Y nosotros tenemos mil formas de manifestar la cercanía hacia esa familia.

Siempre me ha gustado el ejemplo de un pueblo en el que había una comunidad de Hijas de la Caridad. Cada vez que moría una hermana, solamente colocaban tres rosas sobre el féretro. Ya comprendo que es un gran negocio para los floristas. Pero, poco a poco, es necesario ir introduciendo un nuevo estilo cristiano.

Entiendo que las flores son una expresión del cariño y lo siento en los seis o siete millones de flores aportadas en Zaragoza a la Virgen del Pilar. Veo que es muy difícil transformar esa costumbre, pero me gustaría que entrásemos todos por el discernimiento cristiano ¿qué piensa María de esa cantidad? ¿Qué nos dice el Evangelio? Unas pocas… bien, como María ungiendo a Jesús, pero ¿tantos miles…?

Hoy me decía una abuela que cuanto más numerosos y grandes son los racimos de flores, indica que menos se ha visitado al enfermo en vida.

Que las flores y demás detalles no olviden lo principal: estamos celebrando que el Padre Dios ha acogido y glorificado al difunto y lo tiene consigo. Esa es la auténtica rosa.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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Esencia

martes, 21 de noviembre de 2023
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Del blog Nova Bella:

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Hazte esencial:

cuando el mundo pase,

lo que es del azar caerá;

la esencia quedará

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Angelus Silesius

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“No molestar”, por Dolores Aleixandre.

martes, 21 de noviembre de 2023
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IMG_1148De su blog un grano de mostaza:

La petición la hace nada menos que el apóstol Pablo

En tiempos en que en los conventos había que pedir permiso para casi todo, contaban que llegó a una comunidad masculina muy numerosa  un nuevo superior muy aficionado a leer y estudiar. Como llamaban con frecuencia a su puerta para darle recados y pedirle permisos, un día,  harto de que le interrumpieran, colgó  este anuncio: MENOS PARA CASARSE, HAY PERMISO PARA TODO.

Más allá de la historieta, lo  sorprendente es que la petición “no molestar” aparezca  nada menos que en boca de san Pablo en la carta a los Gálatas: “De aquí en adelante, que nadie me moleste porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús …” (Gal 6,17). Es evidente que el sentido cambia absolutamente y lo que Pablo viene a decir sería esto: a mí solo hay una cosa que me importe, así que todo lo que me distraiga, me entretenga o me disperse de ese único fin, me estorba y me fastidia; así que,  por favor, dejadme en paz.

Esta rotundidad  produce admiración y envidia de la sana y está en coherencia total con el talante apasionado de quien se sabía “alcanzado” por el Señor Jesús de una manera total y envolvente.

Su actitud  ayuda a entender mejor la conducta rara de las cinco muchachas que no compartieron su aceite con las otras. A mucha gente no le gusta esa  parábola y no entienden cómo se las llama  “prudentes” cuando se comportan de una manera tan egoísta y, sin embargo, están en la misma onda del Pablo centrado en una sola cosas: ellas han oído el grito en medio de la noche: “¡Llega el Novio!”, y a partir de ese momento, salir a su encuentro es lo más urgente para ellas y no consienten que nada ni nadie las entretenga o las distraiga.

La mitología griega representaba a la diosa Ocasión sin pelo – “la ocasión la pintan calva”- , y por eso era imposible agarrarla por detrás cuando ya había pasado. Podríamos  colgar este anuncio en la puerta de nuestro corazón dirigido a todas esas menudencias que nos enredan y entretienen tontamente: “No me molestéis con tonterías. Espero a Alguien que suele llegar  en cualquier momento y sin aviso y no puedo distraerme.”

 (Vida Religiosa, Octubre 2023)

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Oración del payaso.

lunes, 20 de noviembre de 2023
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Señor:
Soy un trasto, pero te quiero;
te quiero terriblemente, locamente,
que es la única manera que tengo yo de amar,
porque ¡sólo soy un payaso!

Ya hace años que salí de tus manos
lleno de talentos y dones,
equipado con todo lo necesario
para vivir y ser feliz
–tu amor, tu caja de caudales,
tus proyectos,
tus sorpresas y regalos de Padre–.
Pronto, quizá, llegue el día
en que vuelva a ti…

Aquí estoy, Señor.

Mi alforja está vacía,
mis pies sucios y heridos,
mis entrañas yermas,
mis ojos tristes,
mis flores mustias y descoloridas.
Sólo mi corazón está intacto…

Me espanta mi pobreza
pero me consuela tu ternura.
Estoy ante ti como un cantarillo roto;
pero, con mi mismo barro,
puedes hacer otro a tu gusto…

Aquí estoy, Señor.

Señor:
¿Qué te diré cuando me pidas cuentas?
Te diré que mi vida, humanamente, ha sido un fallo;
que he perdido todo lo tuyo y lo mío,
y me he quedado sin blanca;
que no he tenido grandes proyectos,
que he vivido a ras de tierra,
que he volado muy bajo,
que estoy por dentro como mi traje,
cosido a trozos, arlequinado.

Señor:
Acepta la ofrenda de este atardecer…
Mi vida, como una flauta, está llena de agujeros…,
pero tómala en tus manos divinas.
Que tu música pase a través de mí
y llegue hasta mis hermanos los hombres;
que sea para ellos ritmo y melodía
que acompañe su caminar,
alegría sencilla de sus pasos cansados…

Aquí estoy, Señor.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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Encontrar nuevas formas más allá de la vergüenza y el honor

lunes, 20 de noviembre de 2023
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IMG_1424Leslye Colvin

La publicación de hoy es de Leslye Colvin. Leslye es la Coordinadora de Programas y Comunicaciones Digitales del Ministerio New Ways. Es escritora, compañera espiritual y activista contemplativa. Su biografía y escritos anteriores para Bondings 2.0 están disponibles aquí.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el 33º Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

El Sínodo de la Sinodalidad nos invita a nuevas formas de escucharnos unos a otros. Muchos de nosotros pudimos participar en el proceso a través de nuestras comunidades de fe locales o electrónicas que compartieron nuestros pensamientos con el Vaticano. Al ver cómo se desarrollaban las reuniones en Roma el mes pasado, surgieron preguntas sobre lo que se estaba compartiendo. Si bien el resumen puede haber respondido algunas de nuestras preguntas, ha dado lugar a muchas otras y, en particular, preguntas sobre cómo la Iglesia nos abraza plenamente a cada uno de nosotros, incluidos sus hijos que son LGBTQ+.

Si bien puede ser doloroso reconocer la necesidad de esta cuestión de la aceptación de la iglesia, se fomenta un daño mayor con la simple aceptación del status quo. Conocer la verdad de que somos creados en la imago Dei, la validez de nuestras promesas bautismales y la presencia del Espíritu Santo entre nosotros afirman el lugar que nos corresponde en la Iglesia. Los desafíos sistémicos y las injusticias impiden que las personas realicen plenamente este conocimiento.

En lugar de memorizar de memoria palabras predeterminadas, Jesús enseñó en parábolas cómo abordar de nuevas maneras los desafíos sistémicos y las injusticias que presenció. Al igual que la gente de su época y lugar, nosotros también estamos moldeados por los sistemas dominantes en los que vivimos. Jesús fue creativo al llevar los márgenes de la sociedad al centro. ¿Cómo podemos hacer lo mismo?

En la lectura del Evangelio de hoy, Jesús cuenta una parábola que trae al centro a tres sirvientes de un rico terrateniente. Antes de viajar, el propietario transfiere temporalmente la responsabilidad de diferentes cantidades de sus activos financieros a los sirvientes. Por medios desconocidos, dos de los sirvientes logran duplicar los bienes recibidos. El tercer siervo protege lo que le ha sido confiado enterrándolo en la tierra. Cuando regresa el terrateniente, los dos primeros siervos son honrados y el tercero es avergonzado.

No existe una correlación simple entre los sistemas y estructuras de la época de Jesús y la nuestra. Sin embargo, una práctica que es anterior a su época y continúa prosperando en la nuestra es la asignación de honor y vergüenza. Este sistema es una forma dualista y defectuosa de elevarse y deshumanizarse unos a otros. En Estados Unidos, nuestro pasado y nuestro presente están moldeados por una cultura dominada por el capitalismo, el colonialismo, la heteronormatividad, el privilegio cisgénero, el patriarcado y la supremacía del cuerpo blanco.

Para encontrarnos con el Evangelio de hoy, debemos reconocer que estos sistemas en los que vivimos se basan en la práctica del honor y la vergüenza. Esta idea nos permite ver la parábola de hoy como una invitación a escuchar de nuevas maneras para superar las influencias del sistema de honor y vergüenza que impacta negativamente a la comunidad LGBTQ+, las mujeres, los pueblos indígenas y las personas de color.

¿En qué parte de la parábola vemos el amor, la misericordia o la sabiduría de Dios? ¿Qué no estamos escuchando? ¿Existe una nueva forma de considerar lo que Jesús está enseñando? ¿Puede el Sínodo sobre la sinodalidad guiar a la Iglesia para ir más allá de la práctica de la vergüenza y el honor? En este momento, sostengo a los participantes del Sínodo mientras oro para que mi Amada Iglesia permita que el Espíritu Santo le enseñe a escuchar de nuevas maneras.

—Leslye Colvin, Ministerio New Ways, 19 de noviembre de 2023

Fuente New Ways Ministry

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