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Sal 23/22. El Señor es mi Pastor (יהוה רעי). Buen Pastor, sacerdote frente a mis enemigos (Dom 4 Pascua)

domingo, 21 de abril de 2024
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IMG_4222Del blog de Xabier Pikaza:

Este breve salmo, atribuido lógicamente a David, pastor y rey, a quien la tradición atribuye el orden sagrado del templo de Jerusalén,  desarrolla dos motivos básicos  de vida de Israel, conectados entre sí de un modo histórico y religioso.

(a) 23, 1-4. Yahvé es pastor de estepa y monte, que protege, guía y alimenta a su rebaño (pueblo, orante) por caminos fuertes, peligrosos, de trashumancia y riesgo, desde el principio de los tiempos, cuando los israelitas eran patriarcas trashumantes, pastores de estepa

(b) 23, 5-6. El mismo Yahvé aparece después como Dios/Señor/sacerdote de templo,  (casa de oración y vida, nueva Jerusalén) donde unge al orante y le ofrece una mesa de misericordia, en la que podrá mantenerse por siempre como triunfador

(c) En una mesa frente a enemigos… Mesa para  comer y beber, mesa para  vivir y esperar, pero frente a enemigos, en el centro de una lucha final. ¿Siempre luchando para comer? ¿Teniendo que matar a otros para comer yo? ¿Matando a todos los malos para quedar sólo los buenos? ¿Convirtiendo la lucha en principio de reconciliación superior?¿Cómo entender aquí la canción del pastorcito de Juan de la Cruz? Texto tomado de mi comentario a Salmos

Origen

            Es posible que este salmo sea la oración de un “devoto”, un creyente (un sacerdote), a quien han acusado sus enemigos, persiguiéndole  y queriendo expulsarle del culto de los fieles del templo; pero se ha defendido, ha triunfado, y puede mantenerse en el santuario, confesando a Yahvé como su Dios, tanto en su entorno anterior de trashumancia (como oveja de un rebaño protegido por Dios), como en su contexto posterior (actual) de presencia y culto en el templo. Pero lo esencial es que este salmo evoca, de modo muy intenso, el arco histórico de la identidad israelita, en sus dos momentos fundamentales… que nos sitúan ante un tercero::

(a) Prehistoria: Tiempo de pastores, lucha contra fieras, en medio de duras quebradas.  En principio, el orante se identifica como “oveja” de un rebaño guiado y defendido por Dios, no sólo en la etapa de los patriarcas (Jacob pastor, con Abraham…), sino a lo largo de los tiempos de trashumancia por zonas de estepa y desierto, desde la salida de Egipto hasta su establecimiento en torno a Jerusalén. De pastores de campo y de riesgo venimos, de cazadores, pescadores, entre riesgos de un mundo duro, en el que hemos logrado avanzar….

(b) Historia, tiempo de templo, comer frente a enemigos… Lucha entre hombres/pueblos por la comida del templo.  Superando el tiempo anterior de pastores de estepa, nómadas y trans-humantes de vida, luchando contra animales fieros y riesgos de mar y montaña, guiados por un Dios de la vida, este salmo nos sitúa ante la comunidad de creyentes, reunidos de un modo sacral en torno al templo de Jerusalén, donde Dios mismo aparece como “anfitrión”, en la casa sagrada que acoge a sus devotos, les unge, les llena de gloria y les “alimenta”, de forma que ellos pasan de ser ovejas de su rebaño (cf. Is 40, 11; Ez 34, 21-22; Sal 95,7) y huéspedes y amigos de su casa… Una casa de Dios pero enfrentados unos con otros (es decir, con enemigos…).

(c) ¿Habrá un tiempo nuevo?  Ya no somos pastores de ovejas, en medio de tierras quebradas, entre lobos… somo orantes de “templo”, en la casa de un Dios que nos ofrece su protección y comida, pero enfrentados unos con otros… ¿Habrá futuro para nosotros? Habrá un Dios de vida y redención, reconciliación para el nuevo tiempo? En ese contexto resuena atronadora y suavísima la canción del pastorcico de Juan de la Cruz.

Salmo de cambio de tiempos. Invitación a un futuro distinto

Este paso de la religión trashumante del Yahvé pastor y su rebaño a la religión establecida del Yahvé del templo con sus fieles, que comparten la mesa y oración (y que más tarde el libro de la Ley), constituye la clave de la historia de Israel, y aparece aquí resumida en esta espléndida oración, que, en su forma final,  no es ya propia de un Rey como David (aunque se le puede aplicar la primera parte), ni de unos sacerdotes, gestores del culto del pueblo (aunque también se les puede aplicar la segunda parte), sino de un creyente, que se defiende y eleva como representante o portavoz de la historia israelita.

            Pero el problema no es ya lo que ahora somos y tenemos en un templo de vida…. Protegidos por Dios… El problemas es si podremos ser en el futuro, si podremos superar la tensión de vivir “en frente” (en contra) de enemigos… El tema es la llegada del tercer reino de la humanidad reconciliada.

            Cambian de un momento a otro los “peligros”, vinculados primero con el tiempo de pastoreo con riesgos concretos de carencia y peligros de campo  (falta de agua, de pastos, de oscuros caminos, de fieras o bandidos…) y después con el tiempo del templo, con enemigos humanos, que se sientan o vigilan al otro lado de la mesa del orante, acechándole siempre. Pero la defensa de Yahvé (su presencia protectora) es siempre la misma en un momento y el otro, de forma que el salmista original o los que repiten y asumen su canto en el templo o en la liturgia particular de las comunidad, pueden habitar tranquilos (23,5), libres de temor, porque el Dios pastor y anfitrión (amigos) va con ellos y les acompaña.

1 (Salmo de David).

Yahvé es mi pastor, nada me falta:

  1. 2 en verdes praderas me hace recostar; | me conduce hacia fuentes tranquilas
  2. 3 y repara mis fuerzas; | me guía por el sendero justo, | por el honor de su nombre.
  3. 4 Aunque camine por cañadas oscuras, | nada temo, porque tú vas conmigo:
  4. tu vara y tu cayado me defienden.

 Preparas una mesa ante mí, frente a mis enemigos;

  1. me unges la cabeza con perfume, | y mi copa rebosa.
  2. Bondad y tu misericordia me acompañan | todos los días de mi vida,
  3. Y  habitaré en la casa Yahvé | por años sin término
  4. En frente de mis enemigos

Éste salmo tiene, como he dicho, dos partes principales (Yahvé-Pastor, Yahvé rey sagrado de Templo) que van unidas de un modo inseparable, como es normal en otros salmos. Entre el pasado de los patriarcas-pastores y el presente de los devotos del templo queda un largo transcurso de historia simbólica (conquista de la tierra, monarquía de Jerusalén, quizá exilio…), que el salmo no necesita precisar, pasando como hace la etapa de pastores (promesa) a la etapa de fieles/levitas de un templo.

La imagen primera es de “pastores”, un símbolo  imagen que ha seguido vive en el mundo rural hasta tiempos muy recientes: La humanidad logró una madurez antes impensable cuando logró domesticar algunos animales (cf. Sal 8; Gen 2), de forma que, en vez de ser cazador fortuito de venados silvestres, se convirtió en pastor de animales domésticos (perros y caballos, vacas, ovejas…) a los que cuidaba y guiaba, para mantenerse de ellos. Éste fue un proceso doble, que está en el fondo de la “historia simbólica” de Gen 2:

Los hombres domesticaron animales, les pusieron nombres, vivieron en torno a ellos, los ofrecieron como sacrificio a Dios (a los dioses)… Sin animales domésticos, especialmente ovejas y cabras, perros y caballos no habrían subsistido sobre el mundo.

Por su parte, los animales (perros, ovejas, caballos…) domesticaron a los hombres… les ofrecieron un espacio de vida propia, d e humanidad…

Pero el gran salto se produjo cuando unos seres humanos crearon lazos de palabra-amor especial entre sí, varones y mujeres, antes el Dios de la palabra y de la vida, como sigue contando Gen 3, con los valores y riesgos que eso implica.

 Resulta esencial este recuerdo   de los israelitas posteriores, que seguían identificándose más con los pastores patriarcas nómadas (trashumantes) que con los agricultores sedentarios, simbolizados por los pueblos paganos cananeos. De esa forma pasa el salmo del recuerdo antiguo de los “jeques” pastores (patriarcas) a los fieles sedentarios del templo.

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PRIMER REINO. YAHVÉ, TÚ ERES MI PASTOR (23, 1-4).

No dice eres mi Rey, mi Padre o Sacerdote, sino mi Pastor, Ro’i (יהוה רעי לא אחס, El Señor es mi pastor, nada me falta) con acento de intensificación sobre la palabra hebrea, como para indicar que su vida (la vida de la humanidad) ha podido surgir y se ha desarrollado a través de una presencia gratuita, bondadosa y fuerte de Dios, como pastor que “domestica” a las ovejas, las guía, las protege… Eso significa que el hombre es un animal “domesticado”, educado por Dios, por una presencia superior de vida, a quien se conoce con el nombre de Yahvé (el que vive, hace vivir).

Actualmente, siglo XXI, al menos en el mundo occidental, esta imagen se nos ha hecho difícil de entender y de aceptar: No nos sentimos bien si alguien nos guía, no somos “animales domésticos”, dependientes de un Dios exterior, sino dueños y gestores de la propia vida, sin necesidad de “pastores”. En un plano, ese nuevo sentimiento de libertad es bueno, y este mismo salmo lo ratifica al final. Pero en otro sentido, la visión del “Dios pastor”, vinculado a nuestra propia identidad de “rebaño de hombres libres”, sigue siendo necesaria: Nuestro despliegue en la vida ha sido un prodigio, la mayor de las maravillas de la tierra; la humanidad ha surgido por obra especial de una Presencia y Guía que podemos comparar con la del pastor, que nos ha hecho capaces de tener lo que tenemos, que nada nos falte.

            Las notas principales de la presencia y obra de este Pastor divino son tradicionales y apenas necesitan comentario, teniendo en cuenta las condiciones del pastoreo trashumante antiguo, en una tierra de estepas semidesérticas, como las del entorno de Israel: Con la ayuda del Dios-Pastor, con su presencia educadora, el hombre ha sido capaz de encontrar verdes praderas y tranquilas fuentes,  en medio de una tierra calcinada,  reparando su cansancio y superando  los peligros, a través de “senderos justos”.

            Esta última expresión se puede y debe entender de dos maneras. (a) Los hombres han recorrido senderos “rectos”, esto es, apropiados, que les han llevado a la supervivencia física. (b) Pero también han recorrido caminos de “justicia”, en un sentido social y religioso, pues de otra manera ellos habrían perecido todos, víctimas de la violencia universal. Desde ese fondo se entienden las dos frases fundamentales.

 – Aunque camine por cañadas oscuras (de oscuridad de muerte) nada temo, porque tú vas conmigo (ydI_M'[i hT’îa;-yKi); este Dios-presencia, en medio del riesgo de muerte de la vida humana, define y sostiene la su existencia. El hombre ha sido y sigue siendo un viviente acompañado, bordeando sin cesar el riesgo de la muerte-oscura que le rodea y amenaza. Un camino por la oscuridad rodeada de muerte, pero abierta a la Vida es la existencia humana.

Porque tu vara y cayado me sosiegan-defienden; la vara es un tipo de “cetro” de orientación y mando (propio incluso de reyes); el cayado es más bien un bastón defensivo, que podía llevar punta de hierro, para luchar contra las fieras y contra posibles enemigos.

 Según esto, la vida de los grupos humanos y de las personas en particular ha sido un “milagro” de educación (maduración, crecimiento) que el salmista atribuye a la presencia de Dios, como Pastor y guía. En un sentido, el hombre es dueño de sí (capaz de defenderse); pero, al mismo tiempo, su vida ha sido y sigue siendo resultado de una presencia superior. El hombre es porque Yahvé (el que es), siendo su presencia y providencia activa, le ha hecho surgir y le mantiene en vida.

  1. SEGUNDO REINO. HABITAR EN LA CASA DE YAHVÉ (23, 5-6).

Como he dicho, el salmista da un gran salto, para situarse en el lugar en que ahora se encuentra (al menos simbólicamente): Ante la mesa que el mismo Yahvé le ha preparado en su casa. No camina ya buscando descanso de agua y sombra, en medio de duros senderos de muerte, sino que puede sentarse y se sienta ante la mesa de Dios, hasta saciarse sin fin. Su bienaventuranza no se expresa aquí en forma de visión (contemplar a Dios, cara a cara…), sino de banquete (comer siempre en la casa de Dios).

El mismo Dios-Pastor se vuelve así anfitrión, quizá mejor de Amigo, que acoge a los amigos en su casa, ofreciéndoles alimento, como ha sabido la tradición antigua (la carne de los sacrificios que se comen en el templo es “carne de Dios”) y más tarde el cristianismo (que ha interpretado el pan y vino eucarístico como cuerpo y sangre de Cristo, Dios encarnado). Es evidente que estas afirmaciones, como las que forman parte del “misterio” religioso han de tomarse “simbólicamente”, no para indicar que no son verdaderas, sino para afirmar que lo son de un modo más alto.

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Pasado, presente y futuro. Domingo 4º de Pascua. Ciclo B

domingo, 21 de abril de 2024
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buenpastor6Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

En los domingos anteriores se han recordado diversas apariciones de Jesús resucitado. A partir de este domingo, y hasta la Ascensión, las lecturas del evangelio, tomadas siempre del evangelio de Juan, se centrarán en diversos aspectos de la relación entre Jesús y el cristiano: buen pastor, vid y sarmientos, mandamiento nuevo, oración sacerdotal.

No es fácil encontrar una relación entre las tres lecturas de hoy porque se usan imágenes muy distintas: Piedra angular para hablar de Jesús (1ª lectura); Padre e hijos para hablar de Dios y nosotros (2ª lectura); pastor y rebaño, para hablar de Jesús y nosotros (evangelio). Buscando una relación entre ellas la vería en el ritmo del tiempo (pasado, presente y futuro) de Jesús y de nosotros.

Pasado y presente de Jesús (Hechos 4,8-12)

Se supone conocido el relato anterior. Pedro y Juan suben al templo para la oración de media tarde y en la puerta Hermosa encuentran tendido a un lisiado que les pide limosna. Pedro lo agarra de la mano derecha, lo levanta y lo cura. Ante el asombro del pueblo, Pedro pronuncia un discurso en el que atribuye la curación a Jesús (este discurso se leyó en parte el domingo pasado, 3º del ciclo B). Los sacerdotes, el comisario del templo y los saduceos, se irritan al escuchar sus palabras y al día siguiente los convocan ante el Consejo y los interrogan. La respuesta de Pedro es la siguiente:

En aquellos días, lleno de Espíritu Santo, Pedro dijo:

-Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros. Él es “la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular”; no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos.

Para un judío, el nombre equivale a la persona. El nombre de Jesús es Jesús. En estas pocas palabras se resume su pasado y su presente. El pasado ofrece una imagen de Jesús totalmente pasiva: no se recuerda su predicación ni sus milagros. Solo se cuenta lo que hicieron con él las autoridades judías y Dios. Las autoridades lo rechazaron y crucificaron; Dios los resucitó y convirtió en piedra angular. De esto se deduce su situación presente: él es quien ha curado al paralítico y el único que puede salvarnos a todos nosotros.

Presente y futuro del cristiano (1 Juan 3, 1-2) 

Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

La 1ª lectura hablaba del pasado y el presente de Jesús. Esta 2ª habla de nuestro presente y nuestro futuro. El presente: somos hijos de Dios. El futuro: seremos semejantes a Dios. Cuando nace un niño siempre se buscan parecidos con el padre, la madre y otros miembros de la familia. Para el autor de la carta, nuestra semejanza con Dios no es algo que se perciba ya desde ahora; se manifestará en el futuro, cuando veamos a Dios cara a cara. Pero eso no impide que seamos ya realmente hijos de Dios. Lástima que esto no se valore. Si fuéramos hijos de un deportista famoso o de un cantante de moda, todos querrían hacerse una foto con nosotros.

Pasado y futuro de Jesús (Juan 10, 11-18)

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor.

Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».»

La imagen del pastor era frecuente en el Antiguo Oriente para referirse al rey: simbolizaba la relación correcta con sus súbditos, que no debía ser despótica sino preocupada por su bienestar. Jesús se la aplica, pero llegando a un extremo que no se da entre los pastores: da la vida por sus ovejas. Es cierto que un pastor, a diferencia del asalariado, está dispuesto a luchar con el lobo para defender al rebaño. Pero no es normal que esté dispuesto a morir por sus ovejas. A tanto no llega. Jesús, en cambio, ve así su misión: dar la vida por ellas. No lo hace por obligación, forzado, sino libremente. Sabiendo que esa vida que entrega la podrá recuperar. Y esto tampoco puede hacerlo un pastor normal y corriente. Aunque el evangelio hable de Jesús como “el buen pastor” debería haber dicho: bueno y excepcional.

Este pasaje del evangelio concede también especial importancia al futuro de Jesús: a su labor con respecto a otras ovejas, a las que debe buscar para que haya un solo rebaño y un solo pastor. Es una referencia a las comunidades cristianas que se irían formando en países paganos y a todos nosotros.

Reflexión final

Relacionando las tres lecturas, Jesús, buen pastor nos ha salvado y nos ha conseguido el ser hijos de Dios. A nosotros nos corresponde escuchar su voz y agradecerle el don que nos ha hecho.

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4º Domingo de Pascua. 21 Abril, 2024

domingo, 21 de abril de 2024
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Conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí…”

(Jn 10, 11-18)

Hoy nos encontramos con el buen pastor. No un buen pastor, sino el Buen Pastor por excelencia, el que da su vida por las ovejas.

Bien… Aquí vemos a Jesús poniendo un ejemplo para describirse a sí mismo. ¿Qué ocurre? Que ese ejemplo es muy válido para la gente que lo seguía, pero para nosotras no tanto. Vivimos en otro tiempo, otro lugar y otra cultura. No es de extrañar que nos perdamos algo de lo que nos quiere decir Jesús.

Seguramente te haya pasado alguna vez que estando en oración, o incluso en algún momento de la jornada, te “haya venido” alguna idea o ejemplo sobre el evangelio que no te estaba diciendo gran cosa, y de repente, como que lo ves todo más claro. No se trata de que seas una iluminada sino de que Dios nos conoce perfectamente, mucho mejor que nosotras mismas, y sabe qué necesitamos, qué no entendemos, qué andamos “rumiando” en nuestro corazón… nos conoce como el buen pastor a sus ovejas, a cada una de ellas.

Una vez orando este evangelio, mi pensamiento se llenó de un “¡qué poco me estás diciendo, Señor!” y un rato despues me vino un recuerdo, mejor dicho, Dios me puso delante un recuerdo, un sentimiento, este ejemplo. Las primeras veces que mi hermana y yo nos quedábamos solas en casa, nos daba miedo que alguien llamara al timbre y, además de no abrir, llegábamos incluso a quedarnos muy quietas y contener la respiración para que “alguien” no nos oyera (como si la puerta fuera transparente). Realmente nos agarrotábamos. Pero, todo cambiaba, cuando oíamos en la escalera la voz de José, el portero de nuestro bloque. Era un hombre muy servicial, atento, entrañable, fiable… en fin; cuando estábamos solas en casa nos alegraba y tranquilizaba mucho oír, y con ello saber, que él andaba por la escalera, velando por los vecinos, especialmente, por la chiquillería del portal y los señores mayores que vivían solos.

Si haces un poco de memoria, seguramente reconozcas a Jesús como el Buen Pastor, en más de una persona que te haya acompañado o esté acompañando en tu vida. Tráelas al corazón con agradecimiento.

Oración

Trinidad Santa, abre nuestra escucha a tu voz. A tu silbido de Buen Pastor.

Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Jesús es modelo de oveja que va delante guiándonos.

domingo, 21 de abril de 2024
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Jn 10,11-18

Se acabaron los relatos de apariciones, pero sigue el lenguaje simbólico. Los textos simbólicos son los más propicios para hablar de la trascendencia, pero también son los más propensos a la manipulación. Basta con que no hagamos el esfuerzo de comprensión que requieren y nos quedemos en la literalidad. Mientras más profunda es la enseñanza que pretenden transmitir, más difícil es ponerse en la piel del que escribe. Todo lenguaje sobre las realidades trascendentes tiene que ser simbólico si no quiere ser idolátrico.

Este texto está enmarcado en un contexto más amplio de polémica entre Jesús y los fariseos, después de la curación del ciego de nacimiento. Quien no entra por la puerta es ladrón y bandido. Quien no es dueño de las ovejas, sino asalariado, no está dispuesto a dar la vida por ellas. No se trata de una propuesta anodina sino de una denuncia en toda regla. Todo poder que no se pone al servicio de los demás es contrario a Dios. Hemos abandonado los relatos pascuales, pero no nos salimos del tema pascual, la Vida.

No es verosímil que Jesús se declarara pastor de nadie. Este evangelio se escribió setenta años después de morir Jesús y nos cuenta, no lo que dijo, sino lo que aquellos cristianos pensaban de Jesús. Ellos sí se sentían dirigidos por Jesús e intentaban seguir sus directrices. En el AT el título se aplicaba a Dios o a los dirigentes. En tiempo de Jesús, el pastor era, casi siempre, el dueño de un pequeño número de ovejas, a las que cuidaba como si fueran miembros de la familia, incluso, cobijándolas bajo el mismo techo, llamándolas por su nombre propio. De ellas dependía el sustento de la familia.

El pastor modelo está en contraposición con el mercenario. El pastor, que es dueño de las ovejas, actúa por amor y no le importa arriesgar su propia persona para defenderlas de cualquier peligro. El mercenario actúa por dinero, las ovejas le traen sin cuidado. En (4 Esd 5,18) dice: “No nos abandones como pastor a su rebaño en poder de lobos dañinos”. La figura del lobo está en paralelo con la del ladrón y bandido, que arrebata y dispersa. Precisamente lo contrario de lo que hace Jesús, reunir las ovejas dispersas (Jn 11,52).

La imagen del pastor fue muy utilizada en el AT. Se aplicó a los dirigentes, muchas veces para llamar la atención de que no cumplían con su deber. Se aplicó al mismo Dios que, cansado de los malos pastores, terminaría por apacentar Él mismo a su rebaño. La única idea original de Jn es la de dar la vida por las ovejas. Seguramente es una interpretación de la vida y muerte de Jesús como servicio a los hombres. No se trata de un discurso de Jesús, sino de una manera de transmitir lo que aquellos cristianos pensaban sobre él.

Yo soy el ‘buen’ pastor. No se trata de resaltar el carácter de bondad o dulzura. La traducción oficial devalúa la expresión. “Bueno” en griego, sería (agathos). (Kalos) significa bello, ideal, excelente, único en su género. Denota perfección suma. No se dice solo de las personas (el vino en la boda de Caná (2,10). Pastores “buenos”, puede haber muchos. Pastor ideal solo puede haber uno. El tomar el evangelio que acabamos de oír como excusa para hablar de los obispos y de los sacerdotes no tiene ni pies ni cabeza. La tarea de los dirigentes no tiene nada que ver con lo que nos quiere decir el evangelio.

El buen pastor se entrega él mismo por las ovejas. La vida (psukhên) se identifica con la persona. En griego existen tres palabras para designar vida: “bios”, “zoê”) y “psukhê”. No significan lo mismo, y por eso pueden causar confusión. Psukhên significa persona, es decir, capacidad de sentimientos y afectos. “Tithesin” no significa dar, sino poner, o mejor, exponer, arriesgar. Como pastor excelente, Jesús pone su persona al servicio de los demás durante toda la vida. Jesús vive y se desvive por los demás.

Desvivirse: Mostrar incesante y vivo interés, solicitud o amor por una persona (DRAE). Es exactamente lo que quiere decir aquí Juan de Jesús. La entrega de la vida física es la manifestación extrema de su continua entrega durante toda su vida. Quien no ama hasta dar la vida no es auténtico pastor. El máximo don de sí es la comunica­ción plena de lo que él es. No se trata de que, por su muerte, se nos conceda algo venido de fuera. Se trata de que su vida, puesta al servicio de todos, prende y se desarrolla en nosotros.

Conozco a las mías y las mías me conocen.  No se trata de un conocimiento a través de los sentidos o de la razón. En el AT el conocimiento y el amor van siempre juntos. Ese conocimiento mutuo es una relación íntima, por la participa­ción del Espíritu. Esta reciprocidad nos lanza a años luz de la simple imagen de oveja y pastor. Este mutuo conocimiento-a­mor, lo compara con el que existe entre Jesús y el Padre. La comunidad de Jesús no es una filiación externa, sino una experiencia-vivencia de amor.

Tengo otras ovejas que no son de este atrio. Sitúa Juan su evangelio en el amplio contexto de la creación. De ahí deduce la visión universalista de la misión de Jesús. Los supuestos privilegios del pueblo de Israel, desaparecen. Ya en el prólogo habla de la “luz que ilumina a todo hombre”. Nada que ver con creernos elegidos o pensar en un Dios propiedad exclusiva nuestra. Todas las religiones han caído en esa trampa; la nuestra ha sido la más exagerada en esa reivindicación de una exclusividad de Dios.

Un solo rebaño, un solo pastor. La ausencia de conjunción «y» o preposición «con«, entre los dos términos, indica que la relación entre Jesús y el rebaño no es de yuxtaposición ni de compañía. Jesús, como fuente de Vida, es el aglutinante que constituye la comunidad como tal. No puede ser encerrada en institución alguna. Su base es la naturaleza del hombre acabado por el Espíritu que da cohesión interior. Jesús no ha creado un corral donde meter sus ovejas; todos los hombres forman parte de su rebaño.

El dar Vida empalma con el tiempo de Pascua, porque la experiencia pascual es que Jesús les comunica Vida. Nosotros tenemos la posibilidad de hacer nuestra esa Vida. Se trata de la misma Vida de Dios. «El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me come vivirá por mí«. El que me come, quiere decir el que me hace suyo, el que se identifica con mi manera de ser, de pensar, de actuar, de vivir. Si Jesús es pan de Vida, no es porque lo comemos sino porque nos dejamos comer.

En la medida que cada uno de nosotros hayamos hecho nuestra esa Vida, estaremos dispuestos a desvivirnos por los demás. El salir de sí mismo e ir a los demás, para potenciar sus Vidas, no depende de las circunstancias; es un movimiento que tiene su origen es esa misma Vida. El amor que nos pidió Jesús está reñido con cualquier clase de acepción de personas. No estamos acostumbrados a tener este detalle en cuenta, y así creemos que es amor lo que no es más que recíproco interés o simpatía visceral.

 Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El Buen Pastor.

domingo, 21 de abril de 2024
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Juan 10, 11-18

«Yo soy un buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí»

La figura del buen pastor ha inspirado a pintores y poetas durante siglos, pero quizás en este momento haya perdido parte de su significado. Dada nuestra mentalidad, nos resulta difícil concebirnos como un rebaño pastoreado por alguien en detrimento de nuestra libertad (aunque ése no sea el sentido del texto). En cualquier caso, esta expresión usada por Juan me interpela y me da pie a plantearme una pregunta que para mí importante: ¿Qué es Jesús para mí?…

En primer lugar, es el soporte de mi existencia. Corremos el riesgo de pensar que somos unos seres arrojados a este mundo sin otro propósito que deambular por la vida hasta que la muerte nos devuelva a la nada de la que procedemos, y Jesús nos dice que no; que detrás de todo esto está Dios. Pero no se limita a ello, sino que nos dice, además, cómo es Dios; que Dios no es un arcano inaccesible; que Dios es Abbá, que nos ama, nos hace el regalo de la Palabra y nos alienta con su Espíritu. Y no sólo lo dice, sino que en Jesús, un ser humano como nosotros, hemos podido ver a Dios.

Es también mi referencia vital. Somos propensos a entusiasmarnos con lo que no merece la pena, a optar por lo que no nos conviene; por lo que estropea nuestra vida, y Jesús nos muestra el camino para vivirla de verdad, para no echarla a perder. Y ese camino pasa por convertirnos en servidores, por perdonar siempre a los que nos ofenden, por ser misericordiosos, por compadecer a los que sufren, por conformarnos con poco, por compartir con los que no tienen; por trabajar por la paz y la justicia… En definitiva, por no tratar de hacer de este mundo una morada definitiva, sino el camino que nos dirige a nuestro destino.

Jesús es también el sentido de mi vida. Jesús nos invita a comprometernos con una misión capaz de llenar la vida de cualquiera que se tome en serio esa invitación, y esa misión es trabajar por el Reino; es decir, tomar parte en el proyecto de Dios; estar en las cosas de nuestro Padre. No se entiende el mundo si no está encaminado a un fin, y ese fin no puede ser otro que una humanidad en plenitud. La buena Noticia es que Dios ha querido hacer de nosotros (sus hijos) colaboradores necesarios de su obra.

Es finalmente quien mantiene viva mi esperanza de trascender a la muerte. Vemos que en este mundo todo muere y desaparece, y la lógica nos mueve a extender a nosotros ese destino inexorable. «Venimos de la nada de antes y vamos a la nada de después», decía Heidegger haciendo gala de un gran dominio de la lógica humana. Pero Jesús nos ha mostrado que no; que hay más vida tras la muerte; que nuestro destino es Vivir…

Jesús es para mí soporte, referencia, sentido y esperanza… un excelente pastor.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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¿Conocemos al pastor o declamamos sus mandamientos?

domingo, 21 de abril de 2024
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Jn 10, 11-18

¿Me siento una persona buscada, amada y cuidada por este “Buen Pastor”?

Jesús resucitado vive entre nosotrosEste es el mensaje que venimos repitiendo cada domingo de Pascua. Hasta ahora se nos ha dicho mediante los textos del sepulcro vacio o los de las apariciones, testimonios ambos de esa experiencia que cambió la vida de sus seguidores/as y los reunió en Iglesia. Hoy da un paso más, no nos habla solo de ese primer encuentro, sorprendente, con el Resucitado, en el huerto, en Tiberíades, en el cenáculo… Hoy nos anuncia que esta presencia de Jesús vivo a nuestro lado es continua, definitiva, como la del pastor con sus ovejas.

La imagen del pastor que socialmente puede quedarnos un poco lejana, también puede suscitar, en muchos de nosotros, más que una reflexión, un sentimiento entrañable, sentirnos amados, cuidados, protegidos…  Sabemos que desde los comienzos de la Iglesia es la imagen más querida y representada de Jesús. Ya en las catacumbas, ese pastor que carga sobre sus hombros una oveja es el consuelo y la fuerza para aquellos primeros hermanos y hermanas que se sienten perseguidos y amenazados. Muchos de ellos recordaban la imagen del “pastor” para referirse a Dios leída tantas veces en el A. T., como el único que guía y protege a su pueblo.

Os invito a acercaros a acoger este texto desde dos claves:

1ª  Intentar descubrir desde el corazón a este Buen Pastor

Recordemos cómo describen los evangelios en distintos momentos la imagen del pastor referida a Jesús: el que conoce a las ovejas, camina con ellas, las llama por su nombre, las guía hacia buenos pastos, las defiende en sus peligros…. En el texto de hoy la comunidad de Juan la contrapone a la del “asalariado”. Ser pastor no es un oficio es una forma de ser, de vivir y de relacionarse con las ovejas. Es la forma de ser y vivir que han visto en Jesús, que ha impresionado a sus seguidores. Le recuerdan pendiente del pobre, del ciego, de la mujer condenada, de los niños, de tantos enfermos… Nunca preocupado de sí mismo. Una forma de ser y vivir que se resume en ese estar dispuesto a jugarse la vida, a arriesgar su vida por los demás, a los que llama “sus ovejas”, que le importan hasta tal punto que entrega su vida por ellas.  Cuando se escribe este texto la comunidad tiene muy presente la imagen de Jesús crucificado. Desde ahí cobran nueva fuerza ahora sus palabras y su imagen de buen pastor.

Pero este buen pastor, ansía ser el pastor de todos, de tantas personas que están “como ovejas sin pastor” solas, necesitadas… y se plantea “tengo que buscarlas”. Es el pastor que sale a los caminos, como el de Emaús, a buscar a las ovejas perdidas, a las desilusionadas, a las que aun no creen.  Ese es el Dios del que Jesús nos habla: un Dios comprometido en buscarnos, a todos, a cada uno y cada una allí donde estamos. Un Dios al que “le importamos”. El Buen pastor nos habla de un Dios, como el padre del hijo pródigo que  sale al camino cuando nos ve lejos… que abandona el redil para buscarnos cuando nos hemos ido…  Este es el corazón de Dios que Jesús resucitado nos revela al caminar cada día con nosotros, este es el plan de Dios para todos, su Reino… que todas las personas seamos su rebaño, que solo El sea nuestro pastor. ¿Nos lo creemos? ¿Nos sentimos buscados, amados y cuidados por este buen pastor?

Porque esta es la gran noticia de la Pascua: Jesús vive entre nosotros para siempre como “buen pastor”. Solo esta experiencia puede cambiar nuestra vida y hacerla una vida nueva, pascual, de resucitados.

2º Buscar por encima de todo conocerle personalmente, entrar en su intimidad.

El evangelio nos habla de una relación personal de Jesús con sus ovejas: “conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas”. Conocer, amar, dar la vida están aquí en un mismo plano, o quizá mejor cada una de estas palabras explica, sostiene y revela todo el sentido de la otra. Este conocer en el sentido que usa la Biblia, que no es tener datos de algo, nos está hablando de ese conocimiento-relación íntimo y profundo, de elección, de intimidad, de confianza. El que puede darse en un matrimonio, entre amigos de verdad. Así conocer es acoger, aceptar, amar plenamente, amar al otro, a la otra, como es, no como esperamos o queremos que sea. Pero no se queda ahí, este conocimiento del buen pastor, esta relación con cada una de sus ovejas es similar al amor y la relación de Jesús con su Abbá, de la que en otro momento llega a decir “el Padre y yo somos uno”.

Palabras y realidades que nos sobrepasan sin duda, pero en las que hoy se nos invita a entrar. Porque lo importante es descubrir en lo más profundo de nosotros mismos, que Jesús es “mi buen pastor”, como dice el salmo 22 que rezaremos este domingo: Es “mi” pastor, el que me conduce cuando voy a oscuras, el que me prepara una fiesta y repara mis fuerzas cuando siento que no puedo más. El que hace que no tenga miedo, porque me lleva en sus hombros…

Termino hoy con un pequeño relato que puede ayudarnos:

“AI final de una cena en un castillo inglés, un famoso actor de teatro entretenía a los huéspedes declamando textos de Shakespeare. Luego se ofreció a declamar lo que Ie pidieran. Un sacerdote muy tímido preguntó al actor si conocía el salmo 22. EI actor respondió:

– Sí, lo conozco y estoy dispuesto a recitarlo sólo con una condición: que después también lo recite usted.

El sacerdote se sintió un poco incómodo pero accedió a la propuesta. EI actor hizo una bellísima interpretación, con una dicción perfecta, de “El Señor es mi pastor, nada me falta…” Los huéspedes aplaudieron vivamente.

Llegó el turno del sacerdote, que se levantó y recitó las mismas palabras del salmo 22. Esta vez, cuando terminó, no hubo aplausos, sólo un profundo silencio y lágrimas en algún rostro.

EI actor se mantuvo en silencio unos instantes, luego se levantó y dijo:

– Señoras y Señores, espero que se hayan dado cuenta de lo que ha ocurrido aquí esta noche. Yo conozco el Salmo, pero este hombre conoce, ama, al Pastor.

Que el Señor nos conceda conocer al Pastor y disfrutar agradecidos de caminar cada día a su lado.

 

Mª Guadalupe Labrador Encinas. fmmdp

Fuente Fe Adulta

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Desconfiar de los pastores.

domingo, 21 de abril de 2024
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IMG_4138Domingo IV de Pascua

21 abril 2024

Jn 10, 11-18

Una sociedad rígidamente jerarquizada se basaba en una obediencia ciega, incuestionable, a la autoridad, fuera esta paterna, política o religiosa. Autoridad, que se dotaba a sí misma de un halo de infalibilidad o incluso se hacía aparecer como constituida por Dios. De este modo, se aseguraba la sumisión completa de aquellos que, con frecuencia sin advertirlo, terminaban alienados.

Aquel estilo de sociedad quebró formalmente. Sin embargo, parecen quedar todavía, en el inconsciente colectivo, rasgos que lo caracterizaban. Por lo que no es raro encontrar en la actualidad “pastores” que, en forma de líderes o de gurús, siguen manteniendo una postura de superioridad y exigiendo, más o menos veladamente, sumisión y seguimiento acrítico.

Su “éxito” viene asegurado por el hecho de que todavía muchas personas prefieren la seguridad a la autoindagación. Les resulta más gratificante y tranquilizador asentir a un planteamiento con promesas de contener la verdad que buscar por ellas mismas fiándose de su propia intuición o “maestro interior”. Prefieren quedarse con creencias de segunda mano que adentrarse en la incertidumbre del no saber. Prefieren la sumisión cómoda al coraje que requiere la soledad.

Frente a tanto equívoco, parece urgente afirmar que no existen “pastores” ni maestros a tiempo completo: todos y todas somos, sin excepción, maestros y discípulos, a veces incluso sin ser conscientes de ello. Quien se asienta en su saber y renuncia a abrirse a lo nuevo y aprender, ha dejado, por ello mismo, de ser maestro fiable. Nadie se halla ni puede hallarse en posesión de la verdad. Esta se nos regala y se nos va mostrando en la medida en que estamos abiertos, y juega a hacernos guiños a través de lo que percibimos en los demás.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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El Buen Pastor, ama sus ovejas; el asalariado se aprovecha de ellas.

domingo, 21 de abril de 2024
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catedral-del-buen-pastorDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Yo soy el buen pastor.

El cuarto domingo de Pascua está centrado siempre en la imagen de Cristo con buen pastor. Yo soy el Buen Pastor y la puerta del aprisco.

        La imagen del Pastor es el símbolo más frecuente en la iglesia primitiva y está presente ya en los primeros momentos de la vida de las comunidades cristianas. La imagen aparece ya en las catacumbas.

        Curiosamente este año coincide este domingo del Buen pastor con las elecciones autonómicas en la que el pueblo elige en cierto sentido a sus pastores.

        La imagen del Pastor es propia del evangelio de San Juan, que despliega toda su visión de Cristo (fe y teología: cristología) desde el “yo soy”.

El evangelio de S Juan aplica a Jesús el “Yo Soy” del AT alrededor de una treintena de veces. Yo soy el pan de vida, yo soy el agua, el camino, yo soy la verdad, yo soy la luz, yo soy la resurrección, yo soy rey, o simplemente: “Yo soy” (en el prendimiento de Jesús en el Huerto de los Olivos a la pregunta de los soldados: ¿A quién buscáis?, Jesús responde: “Yo soy”, o tras la resurrección, Jesús les dice a los suyos: no tengáis miedo: “soy yo”.

        En el fondo la lectura que el evangelio de Juan nos ofrece de Jesús es que Jesús es. Se trata de una alta cristología que recoge la fe del AT sobre la “identidad” de Dios y se la aplica a Jesús: (Éxodo 3, 14: Dios le dice a Moisés: Yo soy el que soy).

        Es una forma elegante, mayestática de decirnos que Cristo es Dios.

        Y quien se acerca al que es, a Cristo, termina siendo.

Tras la curación del ciego junto al Templo, los fariseos dudan si es el mismo o no. El ciego dice: “soy yo” (Jn 9,9).

En tiempos de crisis, quizás en situaciones personales de crisis de identidad, de desorientación o de noches oscuras, nos hace bien acercarnos al que es, no al que tiene, sino al que es.

        Leamos con gozo y poesía el salmo 22 (23): es un poema al buen Pastor:

Él nos guía por valles de tinieblas… Él camina con nosotros, nada temamos… Él nos lleva a las verdes praderas del Reino…

¿Quién es el pastor que guía y orienta mi vida? ¿Qué ideologías, de qué líderes políticos, eclesiásticos, deportivos, culturales  soy “fan”? Un creyente no tiene más Pastor que el Señor.

02.- Asalariados, ladrones y saltaparapetos.

Jesús se manifiesta como Buen Pastor frente a los fariseos y los asalariados. Jesús no es un pastor más, sino que se muestra como “El Buen Pastor”.

El Buen pastor conoce a sus ovejas, y conocer en la Biblia es amar. Jesús ama a sus ovejas y da la vida por ellas.

La oposición entre el Buen Pastor y el asalariado o mercenario es la motivación.

El Buen pastor cuida sus ovejas por amor.

El asalariado dirige a las ovejas, al pueblo por poder, por dinero, por un puñado de votos, pero cuando llegan los malos momentos y el peligro, el asalariado abandona las ovejas y huye.

En el transfondo de esta parábola del Buen Pastor está el capítulo 34 de Ezequiel. El profeta hace una crítica fortísima a los falsos pastores de entonces y de ahora:

Habéis  explotado y os habéis aprovechado del pueblo (de las ovejas), en vez de ayudarlo.

No habéis cuidado a la enferma ni curado a la que estaba herida: no  habéis tornado a la descarriada ni buscado a la perdida; sino que las habéis dominado con violencia y dureza. Las ovejas se han dispersado.

Pero llegará un día en que Yo tomaré a las ovejas y buscaré a las perdidas. Como un pastor vela por su rebaño, cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré yo por mis ovejas. Las recobraré de todos los lugares donde se habían dispersado

Ezequiel vivió en el siglo VI a.C., pero parece que las cosas se repiten en la historia.

¿Cuidamos hoy de las ovejas, especialmente las enfermas y débiles? ¿Ayudamos a las ovejas perdidas? La situación que critica Ezequiel la vemos y vivimos todos los días.

Es triste y doloroso cuando esas cosas se hacen con los más pobres y débiles de la tierra.

¡Qué mal suena expresión asalariados! (al menos suena mal en el sentido en el evangelio que usa esta palabra). Asalariados de las ideologías, de las grandes cadenas informativas: prensa, radio, tv.

03.- Intimidad con el Buen pastor.

Este evangelio de San Juan no despliega gran sentido comunitario. Las comunidades joánicas han sufrido mucho y prefieren permanecer en Cristo: permaneced en mi amor.  Yo soy la vida: permaneced unidos a mí. Yo soy el pan de vida: comed de este pan y tendréis vida. Yo soy el agua: bebed de esta agua y viviréis eternamente.

        Ahora se trata de tener intimidad con el Buen Pastor: que ama y cuida de sus ovejas. El cristianismo no se resuelve en una buena legislación, sino en el amor del Señor. Sentíos -sintámonos- queridos y cuidados por el Buen Pastor.

Posiblemente estemos en un momento en el que nos hará bien volver  a la cercanía del Buen Pastor.

Quizás nos estamos perdiendo en mantener cuadros eclesiásticos, cuando lo que importa es vivir unidos a la Vida, seguir al Buen Pastor, pues de Él nos viene el agua, la vida, la verdad, la paz.

04.- Gracias a los pastores de nuestra vida.

        Este domingo del Buen Pastor puede ser una buena ocasión para dar gracias a Dios por los “buenos pastores” que hemos tenido en la vida. Un recuerdo agradecido a nuestros padres, a nuestros hermanos, algún sacerdote que nos encauzó en la vida, algún médico, psicólogo que nos descubrió facetas de nuestra personalidad y nos orientó en la vida, algún compañero o amigo que nos acogió, quizás nos guió, algún profesor que nos enseñó más que “cosas”, nos enseñó con su testimonio a trabajar, a vivir.

        Dice la 1ª Carta de san Pedro

Andabais descarriados como ovejas,

 pero ahora habéis vuelto al Pastor que cuida de vuestras vidas.

(1Ped 2,25)

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“Pensar en una iglesia toda ministerial”, por Consuelo Vélez

domingo, 21 de abril de 2024
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IMG_4215De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio del 4° domingo de Pascua 21-04-2024

Jesús aclara que la misión que lleva entre manos no es la de un asalariado; su misión es dada por el Padre y si implicara dar la vida, no va a ponerlo en duda

En la comunidad de discípulos, no hay pastores y ovejas en el sentido literal del término, sino comunidad de vida donde todos cuidan de todos

Hay que pensar en una iglesia toda ministerial en la que el servicio garantiza el cuidado mutuo, la entrega asegura la vida en plenitud para todos

Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas.  Pero el que es un asalariado y no un pastor, que no es el dueño de las ovejas, ve venir al lobo, y abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa.  Él huye porque sólo trabaja por el pago y no le importan las ovejas.  Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen, de igual manera que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas.  Tengo otras ovejas que no son de este redil; a ésas también me es necesario traerlas, y oirán mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor.  Por eso el Padre me ama, porque yo doy mi vida para tomarla de nuevo.  Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de mi Padre (Jn 10, 11-18).

Continuamos con los domingos de Pascua y el evangelio de Juan, que es el más elaborado teológicamente, nos ofrece discursos en los que es Jesús, quien se define a sí mismo, pareciendo conocer con claridad su misión e invitando a los suyos a reconocerlo como tal. En el capítulo 6 se define como el pan de vida (v. 35); en el capítulo 8 como luz del mundo (v.12); en el capítulo 10 como puerta de las ovejas (v.7) y, en el texto de hoy, como buen pastor (10, 11). No hay que olvidar que en el trasfondo de estos discursos ya se percibe la persecución, expresada en textos como “los judíos procuraban matarle” (Jn 7, 1); “entonces, procuraban prenderle; pero ninguno le echó mano porque aún no había llegado su hora” (Jn 7,30); “los fariseos oyeron a la gente que murmuraba de él estas cosas y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles para que le prendiesen (Jn 7, 32).

IMG_4217En ese contexto es fácil entender que cuando Jesús habla del lobo “que arrebata y dispersa a las ovejas”, se refiere a sus enemigos que en su vida histórica lo persiguen, pero también a los que perseguirán a sus seguidores. Jesús sabe que el anuncio del Reino trae resistencias y conflictos, trae persecución e incluso la muerte.

La comparación con el buen pastor es más que clara para aquellos ambientes campesinos donde los rebaños de ovejas eran bien conocidos con las implicaciones de cuidado absoluto por todas las ovejas y defensa de las mismas ante todos los peligros que las acechan. Aquí Jesús aclara que la misión que lleva entre manos no es la de un asalariado que tan pronto ve el peligro puede dejarla de lado. Por el contrario, su misión es dada por el Padre y si implicara dar la vida, no va a ponerlo en duda. No es simplemente que se siente en peligro y ya no tiene tiempo para huir. Es que, aunque pudiera hacerlo, su compromiso con el anuncio del Reino, lo constituye, de tal manera, que voluntariamente está dispuesto a dar la vida.

La comunidad que engendra la predicación de Jesús supone ese conocimiento mutuo entre el maestro y sus discípulos, entre el Dios Padre/Madre y todos sus hijos, buscando siempre la inclusión universal para que ninguno quede fuera.

Aunque en este día se hace especial mención de la jerarquía por su llamado a guiar al pueblo de Dios -a semejanza de un buen pastor-, en realidad, en la comunidad de discípulos, no hay pastores y ovejas en el sentido literal del término, sino comunidad de vida donde todos velan porque no haya lobos que dañen a ninguna oveja, ni haya ovejas que queden excluidas y terminen en otro redil. Resulta fácil pensar en todo lo que falta en la comunidad eclesial para vivir la inclusión de todas las personas sin permitir ninguna exclusión por ninguna causa.

IMG_4216Hace mucha falta esa iglesia que bendice a todos sin ninguna restricción. Falta esa iglesia que no busca la uniformidad sino la vida de todas las ovejas con todas las particularidades que cada una conlleva. En realidad, el único Pastor es Cristo a quien todos estamos llamados a testimoniar viviendo ese cuidado hasta arriesgar la vida por todos y cada uno de los hermanos y hermanas.

No significa esta reflexión que no se reconozcan los diversos ministerios en la vida de la Iglesia. Pero han de estar libres de clericalismo, de superiores e inferiores, de pastores y ovejas, en el sentido literal del término. Hay que pensar en una iglesia toda ministerial en la que el servicio garantiza el cuidado mutuo, la entrega asegura la vida en plenitud para todos. Por una iglesia así vale la pena arriesgar la vida, no porque se exija, sino voluntariamente, mostrando con ese gesto, el encargo que viene de Dios mismo y no de ningún interés propio.

 (Foto tomada de: https://blogs.20minutos.es/cronicaverde/2013/08/06/escuelas-de-pastores-una-profesion-con-futuro/pastor/)

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Bridas

sábado, 20 de abril de 2024
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Del blog Nova Bella:

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El amor ha puesto bridas en mi corazón
como un camellero pone bridas en su camello.

*

Ibn Abd Rabbihi

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“Primeras impresiones”, por Dolores Aleixandre

sábado, 20 de abril de 2024
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IMG_3795De su blog Un grano de mostaza:

El Evangelio cuida la primera impresión que ofrece de Dios

Dicen los psicólogos que los seres humanos estamos construidos para evaluarnos rápidamente unos a otros y que las primeras impresiones nos marcan mucho; por eso nos apegamos a ellas  fácilmente y nos resulta tan difícil cambiarlas después. En resumen: que es esencial cuidar cómo nos acercamos a los demás por primera vez.

A partir de esto se entiende mucho mejor por qué Marcos dice lo que dice en el inicio de su Evangelio y cómo cuida que sea positiva la primera impresión sobre Dios que aparece en ella. Después de presentar a Juan Bautista, cuenta la llegada de Jesús al Jordán para ser bautizado y al salir del agua presenta a Dios hablando en primera persona: “Se oyó una voz desde los cielos:-Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco. (Mc 1,11)

            A no ser que seamos un avefría, ya nos está marcando esta primera impresión  sobre Dios: es alguien que se complace,  es decir que siente placer, satisfacción, gusto, agrado, deleite, contento y gozo, algo que refuerza el verbo griego eu-dokeo con su  descarada carga eufórica.

 Vaya crack esta primera imagen de Dios y qué alucinante enterarnos de que lo que le habita por dentro no tiene que ver con su justicia, su omnisciencia o su omnipotencia,  sino con  ese mundo emocional que conocemos bien cuando queremos a alguien – hijos, pareja, amigos…:  se nos derrite el corazón, nos brillan los ojos y nos entran ganas de abrazar al mundo mundial.

Hacemos bien en aferrarnos a ese primer flash y en no consentir que vengan otros cargados de restricciones tipo: “complacido sí, pero condenando el pecado”; “misericordioso sí, pero sin pasarse”; “bendiciendo, claro, pero sin aprobar la promiscuidad”.

  Los de mi generación tenemos como tarea extra formatear el disco duro de nuestra memoria para borrar  algunas  grabaciones que han acompañado nuestra infancia:

Mira que te mira Dios, mira que te está mirando,

mira que te has de morir, mira que no sabes cuándo”

“Vamos niños al sagrario que Jesús llorando está

pero al ver a tantos niños, muy contento se pondrá”

“Perdón oh Dios mío, perdón e indulgencia,

perdón y clemencia, perdón y piedad.

No estés eternamente enojado…

Pues no, lo sentimos, ni vivimos bajo la mirada de un inspector de hacienda,  ni  está  llorando Jesús,  ni está Dios enojado sino eternamente contento porque su Hijo le da motivos de sobra siendo como es y nosotros afiliados, financiados, arracimados, patrocinados, esponsorizados, empadronados y domiciliados en ese Hijo, formamos parte del pack de Su contento.

Me pregunto por qué nos habremos montado unas imágenes tan enfadosas y malhumoradas de Dios, cuando desde el comienzo del Génesis la primera impresión que recibimos es de que está satisfecho y eufórico ante su creación: Vio entonces Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno.” (Gen 1,31)

 Una propuesta cuaresmal: apagar el móvil, cerrar los ojos y dejarnos envolver por la mirada del que nos llama por nuestro verdadero nombre: “Causa de mi alegría”.   Dicen los entendidos que esa es precisamente la experiencia de la gracia.

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“Seréis felices”, por Miguel Ángel Mesa

viernes, 19 de abril de 2024
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De su blog Otro Mundo es posible:

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«No hay más que una manera de felicidad: vivir para los demás»
(León Tolstoi).

Pensamos que hemos alcanzado la verdadera felicidad cuando creemos tenerlo todo controlado; si aseguramos el coche, la casa, la familia; cuando nuestra cuenta del banco crece en progresión geométrica; si progreso en mi vida profesional, aunque tenga que pasar por encima de alguien menos capacitado; si me monto en el carro del statu quo y no me complico la vida en cuanto a temas sociales, políticos, ideológicos, religiosos; cuando mi solidaridad se reduce a dar limosna ante cualquier catástrofe natural…  Y así vamos sobreviviendo, creyendo que somos plenamente felices, cuando nos acostumbramos a estos sucedáneos de felicidad.

Pero la auténtica felicidad, la que nos llena, la que nos hace crecer como personas, es otra muy diferente. Aunque no sea aceptada socialmente. Porque es cara y cuesta conseguirla. Porque no es la que nos presentan entre luces y cuerpos esculturales los anuncios y los programas-basura. La barata, la que se encuentra en las tiendas de libros de autoayuda, se adquiere con suma facilidad.

La legítima felicidad se adquiere cuando uno se ríe de sí mismo, de sus éxitos, de sus cualidades, de su sabiduría; cuando no nos llenamos de vanagloria con nuestros éxitos, ni cuando nos dejamos abatir por los problemas, los sufrimientos, los pequeños achaques diarios; muy al contrario, cuando sabemos ser agradecidos, aprendemos de las cosas positivas de la vida y, sobre todo, de las negativas.

Como dice Tolstoi, la auténtica felicidad se hace presente en nuestra vida, cuando salimos de nuestro yo egoísta, nos descentramos y volvemos nuestro rostro, nuestras manos y nuestro corazón hacia el otro. En el servicio, la entrega y la felicidad de los demás encontramos el generoso regalo de la nuestra, que nos envuelve como un traje nuevo.

La felicidad se contagia cuando se celebra la amistad, la vida en familia, las buenas noticias de los compañeros de trabajo, los éxitos de las luchas de los empobrecidos y marginados. Y también cuando las cosas no han ido muy bien y cubrimos con un abrazo la pesadumbre de unos y otros, hasta que va pasando el dolor de la herida abierta.

Somos de verdad felices cuando nos despertamos con una sonrisa en los labios, si sabemos disfrutar de nuestra melodía interior y nunca nos encontramos solos; si derrochamos a nuestro alrededor solidaridad, cariño y simpatía a raudales.

La felicidad verdadera llega cuando nuestra seguridad existencial no está puesta en los bienes que poseemos, ni en las medidas de protección, ni en el dinero que tenemos en el banco… sino en el tesoro del amor de los demás, en el servicio desinteresado ante cualquier necesidad que se nos presente; en la solidaridad que mostremos ante los empobrecidos, cuando podemos seguir jugando y disfrutando, mostrando buen humor, dialogando, entrando en nuestro propio hondón personal.

Somos felices cuando nos sentimos libres de todo y de todos, sin esclavizarnos a nada ni nadie, cuando mantenemos los sueños, pero sin despegarnos un milímetro de la realidad, si conservamos la perla preciosa de la esperanza y la rociamos sobre la desilusión de quienes sufren las heridas y sinsabores de la vida.

«Felices quienes han rellenado el álbum de la felicidad con fotos de compasión, sonrisas, solidaridad, amistad, ternura, sentimientos, alegría, superación, esperanza, amor…».

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“¿Y dónde quedó la “salvación de las almas?”, por Consuelo Vélez.

viernes, 19 de abril de 2024
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IMG_3969De su blog Fe y Vida:

Un lector de una revista misionera me escribió una carta manifestando su preocupación porque él ve que la Iglesia (con obispos incluidos) se ha convertido en una ONG que se dedica a programas sociales y a negociaciones de paz pero que no cumple su tarea fundamental que debería ser “la salvación de las almas. Incluso se pregunta si el crecimiento de otros grupos cristianos se debe a la falta de una pastoral que hable de la fe y se ocupe de lo espiritual y no de lo terrenal.

Todas estas preocupaciones son legítimas y no es fácil abordar estos temas cuando de entrada se percibe que se está hablando desde dos horizontes diferentes, dos antropologías diferentes, dos teologías diferentes, dos pastorales diferentes, dos espiritualidades diferentes. Pero, intentaré hacer algunas reflexiones, sin ánimo de convencer a nadie sino de explicitar, un poco más, el horizonte desde el que, a partir de Vaticano II, se mueve la iglesia, la teología, la pastoral, la espiritualidad.

Comencemos con la antropología. La visión griega es dualista y esta visión fue asumida por el cristianismo porque la fe se expresa en las categorías de cada tiempo y esas eran las categorías del imperio cuando el cristianismo comenzó a expandirse. Desde esos presupuestos, el ser humano se concibió como un compuesto de cuerpo-alma y al morir se separaban esos dos elementos, destruyéndose el cuerpo y salvándose o condenándose el alma. Además, esa visión se prestó para separar lo material de lo espiritual, con el agravante de que lo material es lo malo y lo espiritual es lo bueno. Por esto se veía positivo castigar el cuerpo y mortificarlo para salvar al alma, única realidad que importaba. Ahora bien, inclusive con esta visión dualista, todos los místicos y muchos cristianos han entendido que la salvación del alma se consigue con la práctica de la caridad. Amar al prójimo, realizar obras de misericordia, preocuparse por dar de comer al hambriento y de beber al sediento, es lo que ha dado origen a la variedad de carismas que se organizan en comunidades religiosas -masculinas y femeninas- y que, hasta el día de hoy, siguiendo la inspiración carismática de la comunidad, hacen obras de caridad y de servicio a los más necesitados. A través de estas obras, evangelizan, primero que todo con el testimonio y, en segundo lugar, con la palabra explícita.

Pero gracias al desarrollo de las ciencias, entre ellas la antropología, cada vez se consolida más una visión de un ser humano integral donde la dimensión espiritual no está separada de la corporal, sino que ambas constituyen al ser humano. La corporeidad es más que lo biológico, en el sentido de que es la posibilidad de expresión de la persona y de esa sed de infinito y de trascendencia que tiene todo ser humano (lo espiritual) que no tiene otra forma de vivirse más que en la corporeidad, en el aquí y ahora de nuestra historia. Además, esa es la comprensión semita propia de la Sagrada Escritura, con lo cual, la Iglesia ha ido asumiendo esa mejor comprensión del ser humano y tiene claro que hay que salvar al ser humano “entero”, es decir, con toda su realidad social, económica, política, cultural.

Con Vaticano II se enriqueció la teología y la pastoral porque se entendió que Dios se revela en este mundo y es ahí donde hay que concretar la fe, el compromiso, el amor cristiano. La teología actual sigue mostrando cómo fe y obras -como lo dice la carta de Santiago (2, 17)- son inseparables. Por su parte, la pastoral ha comprendido la urgencia de responder a todo el ser humano porque comunicar la fe no es “adoctrinar” a las personas con las ideas religiosas sino ayudar a que cada persona descubra la presencia de Dios en su historia, en sus luchas y realizaciones, en su vida cotidiana.

La espiritualidad cristiana debe basarse en las palabras y obras de Jesús de Nazaret, consignadas en los evangelios, correctamente interpretados con la exégesis bíblica. El Jesús anunciador del Reino solo trae “buenas noticias: “El Espíritu del Señor está sobre mí, me ha ungido, para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del señor” (Lc 4, 18-19). No habla de almas, de cielos, de huida del mundo. Habla de la vida plena a la que están llamados todos los hijos e hijas de Dios, vida plena que supone la integralidad de lo que el ser humano es.

Conviene recordar que, en las curaciones que Jesús realiza, el acento está en lo que significa la enfermedad en ese contexto: se creía que era castigo de Dios por algún pecado de la propia persona o de sus padres y por eso debería excluirse a los enfermos de la comunidad. Jesús rompe esa concepción y al curarlos, los incluye a la comunidad, realizando con sus obras el amor efectivo de Dios hacia los seres humanos. Dios no castiga, no condena, no separa. Dios acude en su ayuda, rompe todas las exclusiones, supera todas las barreras, hace visible su misericordia infinita hacia toda su creación.

Sería suficiente recordar el texto de Mateo 25, 31-46 -texto que está escrito en un género literario apocalíptico en el que se usan expresiones como juicio final, premio y castigo, etc., dando la clave profunda del amor que Dios nos invita a vivir por nuestra fe: “cada vez que hiciste algo a uno de estos hermanos míos, más pequeños, a mí me lo hiciste”. Encontrar a Jesús, amarlo y servirlo es reconocerlo en “todo” ser humano, amándolo y sirviéndolo, comenzando por los más necesitados.

Podríamos seguir anotando aquí la multitud de citas bíblicas donde Jesús hace presente a Dios en medio de su pueblo con gestos de servicio, de acogida, de misericordia, de romper barreras de exclusión como el acercarse a hablar con mujeres, con publicanos, con leprosos (todos aquellos que según la ley judía podían hacer impuro al que hablara con ellos) mostrando con sus actos que, efectivamente, Él vino “a dar vida y vida en abundancia (Jn 10,10). Jesús sigue la línea de los profetas que denuncian el culto vacío y llaman al pueblo a vivir “la justicia y el derecho, único culto que Dios desea: “Detesto vuestras fiestas y holocaustos … no quiero oír la salmodia de tus arpas. Que fluya, sí, el juicio como agua y la justicia como arroyo perenne” (Am 5, 21-14).

Mal harían los cristianos si no trabajan por la salvación del ser humano en todas sus dimensiones porque esto es lo que Dios quiere. Mal harían los obispos colombianos si no trabajan por la paz y la justicia porque esto es lo que Dios quiere. Por supuesto, la evangelización explícita, no ha de faltar, pero, aunque la evangelización no se hiciera con palabras, las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí” (Jn 10,25) y, los cristianos podrían decir “las obras que hacemos son las que dan testimonio de la fe que profesamos”. Nuestra fe es una fe “encarnada” y, por tanto, solo haciendo obras de misericordia estamos trabajando por la salvación de las almas y, en la comprensión actual, por la salvación del ser humano.

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Rebelión

jueves, 18 de abril de 2024
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Del blog Nova Bella:

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La rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos.

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Alejandra Pizarnik

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“Primero atender a los hermanos y después Orar contigo”. (S. Fco de Asís.) Amar, No es Amar como Amamos.

miércoles, 17 de abril de 2024
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Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

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Jesús,
Enseñanos a Amar,

Pues ya perdimos la inocencia del amado
Y Olvidamos el primer amor
El primer anuncio del amado

Primero atender a los hermanos y después Orar contigo.
(S. Fco de Asís)

Hermano

Rezamos sin darnos cuenta
Sin confianza, ni alegría
Más si la confianza es cierta,
Hay alegría verdadera-
Y ya teniendo esto,
Sabemos que Él Ora en nosotros.

Y así queremos amar al hermano Al que le llega nuestra oración por ser bien rezada.

¡Hermano eres Oración!

Porque hemos Orado bien,
¡Y gran pena da, que antes no lo supiéramos!

¡Jesús!

Incrústame en mi corazón, Ser Fraternidad con mis hermanos

Y si yo luego, Te negara, Tú que eres Misericordia, Haz lo que quieras conmigo.

¡Jesús, hermano!

Ahora sabemos contemplar tu amor,
Chispa de mil colores de misericordia que no cesa,
Y se difunde en tu fraternidad universal.

Fuego de amor que no se consume.
Y se fusiona en toda tu humanidad.

¡Jesús!

Haz que nosotros no nos consumamos en nuestra impaciencia.

Muéstranos nuestro rostro en la Fraternidad,
Haciendo que se funda con el tuyo
Y si así lo Viéramos, a TI te veríamos
Y así haríamos tu Voluntad.

Señor,

Haz que pasemos por esta Vida, la tuya, con tu sentido Orando.

Y así pasemos con sentido Obrando
Para llegar pronto el día
Para ser Fraternidad, la tuya.

De la Vida al Evangelio
Del Evangelio a la Vida.

Amar no es amar, como Amamos

Jesús,

Enséñanos a Amar
Pues ya perdimos la inocencia del amado
Y Olvidamos el primer amor
El primer anuncio del amado.

Jesús

Enséñanos al Amor,

Muéstranoslo Para ser alumnos de tu escuela divina.
Corre tu velo de Fraternidad

Abrázanos y fúndenos con tu espíritu que todo lo abrasa y lo transforma.

Jesús,

Cuando pedimos con sincero corazón,
Nuestros asuntos son los tuyos.

Jesús,

Enséñanos a Amar
Muéstranos al amado,
Para que descubramos nuestra vocación de enamorados.

Danos el sentido del amor
De la importancia de renacer otra vez
Para Ser Fraternidad Universal.

 *

 Alfonso Olaz
02.03.2024

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“Encuentro histórico de paz con el Evangelio en la mano”, por Gabriel María Otalora

miércoles, 17 de abril de 2024
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Hubo un tiempo, tan malo o peor que el nuestro, en lo que a la paz se refiere. Las Cruzadas del siglo XIII no estuvieron encaminadas a la recuperación de Jerusalén, ni a la protección de los cristianos, sino más bien a la conquista de nuevos lugares donde comerciar y dar rienda suelta a la codicia pensando enampliar los beneficios en Oriente. Lo religioso en casi todas las Cruzadas era un barniz más que otra cosa. La V Cruzada (1217-1221) pretendía tomar Egipto y desde allí avanzar a Palestina. Pero fracasó ante el sultán de Egipto en medio de enfrentamientos y disputas constantes entre los propios cruzados.

A Francisco de Asís no se le ocurrió idea mejor que embarcarse en una larga travesía para entrevistarse nada menos que con el sultán Al Kamil Muhammad al Malik,sobrino de Saladino, al mando de Egipto. Lo extraño fue que el sultán aceptara recibir a unos frailecillos insignificantes contra el consejo de su séquito que prefería matarles allí mismo.

Lo cierto fue que Al Kamil se encontró por primera vez con un cristiano pacífico y devoto de su fe sin fustigar a nadie, que no quería la guerra sino la paz. Quedó tan impresionado con el Poverello que exclamó: “Si todos los cristianos fueran como Francisco sería muy fácil ser cristiano”.

Francisco logró una paz temporal entre ambos bandos después que el sultán llegara a ofrecer a los cruzados una tregua que estos rechazaron. Solo tras desbordarse el Nilo, los cruzados terminaron pactando una tregua que duró 8 años. Desde entonces, los franciscanos custodian los Santos Lugares.

La mansedumbre del corazón del frailecillo logra cumplir su viaje, tocar el corazón del sultán y regresar sano y salvo como testigo de la paz, en nombre del Evangelio. Cuentan que al despedirse, el sultán dijo a Francisco “Ruega por mí, para que Dios se digne revelarme la ley y la fe que más le agrada”.

En el actual ambiente bélico mundial, especialmente centrado en la masacre en que se ha convertido Gaza, es necesario recordar un encuentro así. La foto de Francisco y el Sultán es la imagen poderosa que que ponga en valor al diálogo que vence a la lógica del conflicto. Diálogo a todos los niveles: en la familia, en el trabajo, en los Estados, pero también dentro de la Iglesia, ahora con el desafío de la sinodalidad. Y por supuesto, diálogo también entre el mundo cristiano y el mundo musulmán, saliendo al encuentro del Otro sin prejuicios.

La actitud de Francisco fue contra cultural, diríamos incluso ´poco eclesial´,frente a lo que se llevaba: ser “soldados de Cristo” para estar dispuestos a asesinar a los musulmanes y a ser asesinados por ellos como enemigos de la fe. Si la valentía del hermano de Asís fue sorprendente, no olvidemos la del sultán, que quiso colmarles de regalos a aquellos frailes, rechazando la opinión de sus asesores que preferían un baño de sangre. Un signo de que la paz construye. Yo echo en falta ensayos sobre las Escrituras y la historia de la humanidad, centrados en la paz y en las consecuencias de no haber apostado por ella; que es posible ganar más con ella que lo que se pierde.

Tras su experiencia, Francisco no volvió a su país de vacío. Frente a lo que se estilaba (morir y matar por Cristo era la mayor gloria que se podía conseguir), incluyó en su Regla la manera de evangelizar en territorios musulmanes junto al código de comportamiento a seguir en dichos lugares. No olvidemos que la actitud del sultán tuvo su importancia en la actitud posterior de Francisco hacia los musulmanes.

Un fruto reciente del corazón de paz de san Francisco lo tenemos en otro encuentro histórico de los frailes franciscanos de Betania, donde vivían María, Marta y Lázaro (los amigos de Jesús que siempre lo acogían). Se han reunido por primera vez en su convento con un grupo de musulmanes para compartir el iftar, el único momento del día durante el mes de ayuno del Ramadán en el que pueden comer. La preparación de la comida estuvo a cargo de Fátima Faroun, palestina musulmana,directora de la asociación Shoruq Society For Women, de Betania. Jesús resucitado, siempre invita al encuentro de paz.

Coda final para escépticos: El encuentro entre Francisco y el sultán se produjo, es histórico y está documentado en numerosas fuentes coetáneas. Son destacables dos textos del obispo de Acre, Jacobo de Vitry, fallecido en 1240, que confirman la historicidad del diálogo. A lo que hay que sumar otros relatos y las referencias a este hecho por parte de san Buenaventura (s. XIII).

Espiritualidad, General , ,

Umbral

martes, 16 de abril de 2024
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Del blog Nova Bella:

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El infierno tiene su boca en el umbral mismo de los cielos.


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Oscar Wilde

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“Llamadas a vivir la resurrección”, por Emma Martínez Ocaña.

martes, 16 de abril de 2024
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¿Qué significa y cómo quiero vivir yo hoy esta fiesta?

Hoy (31 de marzo) la comunidad cristiana celebramos la resurrección de Jesús, la experiencia de la primera comunidad de que Dios había resucitado a Jesús, que la muerte no fue la última palabra sobre su vida.

No sabemos en qué consistió esa experiencia, los relatos evangélicos guardan memoria de ella formulándolo de un modo metafórico y simbólico. Seguramente por la imposibilidad de poner palabra a una experiencia que a ellos mismos les sobrecogió.

Pero lo que sí es incuestionable es que sus vidas cambiaron radicalmente y ese es el dato histórico innegable de qué “algo” muy fundamental les pasó. Y ellos lo formulan como pueden utilizando todo tipo de géneros literarios.

No lo expresan como un milagro de la noche a la mañana, sino como un proceso; “al tercer día” es la metáfora que ellos utilizan. Un tiempo en el que fueron descubriendo la verdadera identidad de Jesús, la de saberse hijo amado y hermano” de todos/as, identidad última que no muere con la muerte física, que sigue viva Hijo amado”: fue su metáfora existencial para formular la seguridad de SER en el Amor Incondicional, SER relación amorosa, Ser vida en la Vida. Todo ello regalado no conquistado.

Una bella y expresiva metáfora de la seguridad de que nada ni nadie puede destruir esa identidad, nada podrá separarle del Amor que ES en él que, en definitiva, él mismo es.

Ese fue el secreto de su vida, la fuente de la que manaba su amor desbordante, su libertad profunda, su fuerza para permanecer fiel a ese sueño que él consideraba sueño de Dios: ayudar a descubrir a todas las personas que eso SOMOS: hijas e hijos amados incondicionalmente.

Hermano”: otra metáfora que expresa cómo Jesús se hizo transparencia de ese Amor que descubrió como su verdadero Ser.

Hermano y hermanado con toda la realidad como desvelación de ese Aliento de vida y de amor que lo sustenta y vincula todo.

Hermano como llamada a hacer verdad en su vida cotidiana, en su modo de vivir y relacionarse ese ser relación amorosa, ese construir comunidad, sororidad, ese vivir una fraternidad que no tolera la injusticia y la desigualdad. Por eso Jesús pudo pasar “haciendo el bien”, anunciando y denunciando todo lo que impedía vivir esta sororidad esta hermandad universal. Permaneciendo fiel a esa misión, aunque eso le costase la vida.

En ese tiempo “tercer día” fueron descubriendo que eso fue lo que Jesús quiso hacerles comprender y vivir que ellas y ellos eran también hijas/os y hermanas/os, que esa misma vida y experiencia que Jesús vivió empezaron a vivirla en su corazón. Fueron sintiendo que Jesús no vivía en la comunidad sólo como un recuerdo sino como una misma identidad con ellas y ellos. Que también cada una/o era y se iba sintiendo hija/o y hermana/o, que el amor que habían visto en Jesús empezaron a vivirlo en sus propias personas.

Jesús estaba vivo también en ellos haciéndolos sentir esa filiación y fraternidad y por tanto como una llamada a vivir, a hacer verdad entre su gente esa realidad, tal como lo vieron en Jesús. Lo que oyeron, vieron, tocaron, sintieron fue el amor de Jesús y en ese amor descubrieron a un Dios Amor. A esa experiencia le llamaron resurrección, revelación.

Vivir hoy la resurrección es descubrir que todas las personas somos hijas amadas incondicionalmente, es decir, que Somos en el Amor y hermanas, formamos una única familia, la familia humana y por tanto llamadas también a generar sororidad, fraternidad universal. Hoy esa “fraternidad” se nos desvela más amplia que la humanidad, al descubrir que somos comunidad biótica, tierra que es consciente, “polvo de estrellas”.

Eso” que Jesús vivió y que la primera comunidad descubrió ¿fue un privilegio de ellos?

No, esa es la Buena Noticia que Jesús descubrió y que le apasionó: ayudarnos a descubrir a toda la humanidad que SOMOS relación amorosa, energía amorosa. En lenguaje de Jesús hijas e hijos amados, llamadas a ser también, como lo fue él, transparencia de ese amor, es decir hermanas y hermanos.

Descubrir nuestra verdadera identidad es vivir hoy la resurrección.

Es descubrir que todas las personas somos hijas/os amadas/os incondicionalmente, es decir, que Somos en el Amor y hermanas/os, formamos una única familia, la familia humana y por tanto llamadas también a generar sororidad, fraternidad universal.

Hoy esa “fraternidad” se nos desvela más amplia que la humanidad, al descubrir que somos comunidad biótica, tierra que es consciente, “polvo de estrellas”.

Es importante no sólo descubrir nuestra verdadera identidad, sino vivir ya como personas resucitadas, es decir, cultivar apasionadamente nuestro ser verdadero, el que no muere nunca y cooperar con tantas personas y grupos en el mundo que ayudan a dar vida, la protegen y la defienden, esto es sembrar resurrección y éste es hoy mi sueño y mi gran deseo y creo que el de muchas personas en el mundo, aunque no lo nombren así.

Me pregunto y muchas veces escucho la misma pregunta ¿esa identidad profunda que somos cómo pervivirá después de la muerte física? No lo sé. ¿Tendrá identidad, será una energía fundida entre todas las energías? ¿Será una energía transformada y viva en otras realidades? ¿Será un amor disuelto en el Amor? No lo sé y la verdad no me preocupa mucho, ni gasto en ello mucho tiempo y energía, intento reservarla para tratar de vivir aquí como persona resucitada.

Realmente existen muchas teorías sobre cómo y qué seremos en la otra dimensión estas son elucubraciones porque no sabemos nada de cómo y qué seremos en la otra dimensión pero yo apuesto a creer que seremos al fin lo que ya Somos, pero que muchas personas aún no somos capaces de descubrir y hacer verdad como lo hizo Jesús de Nazaret y tantas personas en el mundo y en la historia que hicieron y siguen haciendo de su vida una entrega, viviendo su verdadero ser y sembrando vida en abundancia.

Esto es lo que en este momento de mi vida puedo expresar de lo que significa para mí vivir la resurrección, mejor aún tratar de vivir como persona resucitada al estilo del Nazareno, a su manera, dejándome seducir por su persona, como les pasó a quienes fueron sus discípulas y discípulos y aprendieron del maestro a ser resurrección cada día.

Emma Martínez Ocaña, Domingo de Resurrección, 31 de Marzo 2024.

Fuente Fe Adulta

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Vivir pascualmente,

lunes, 15 de abril de 2024
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Vivir pascualmente
es vivir cada momento intensamente,
como si fuese el último,
y dar cada paso, con sorpresa y gozo,
como si fuese el primero.

Es inspirar amor y conciencia
en nuestro frágil cuerpo e historia,
y entrar con gozo y paz
en el cuerpo universal y místico
que todos somos ya ahora.

Es acoger la liberación y sanación
de nuestro ser entero
que se hacen presentes, aquí y hora
y en el reverso de la historia,
rompiendo nuestros normas y credos.

Es mirar y ver las llagas
del cuerpo y del alma
tan sangrantes en tantas personas,
y no pensar que quienes las tienen
son aprovechadas o fantasmas.

Es compartir lo que tenemos,
con generosidad y gozo,
con los hemanos necesitados
aunque no los conozcamos
y sólo sea un trozo de pez asado.

Es desprendernos del sufrimiento y miedo,
que atenazan y cierran
nuestra mente, corazón y entrañas,
y abrir todas las ventanas
a tu brisa resucitada.

Es no perder la capacidad de asombro,
abrir nuestro entendimiento,
aprender día a día en cada encuentro,
alegrarse por todo lo bueno,
y ser testigos de lo vivido.

Es ver en cada paso humano
tu paso divino de enamorado,
tan pascual y cercano,
tan rompedor y solidario,
tan al lado de nuestros pies cansados…

*

Florentino Ulibarri

jesusgives

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Las lecciones de la resurrección para hacer un ministerio interseccional LGBTQ+

lunes, 15 de abril de 2024
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IMG_4136La reflexión de hoy es de  Yunuen Trujillocolaboradora de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Domingo III de Pascua  se pueden encontrar aquí.

“¿Por qué estáis preocupados?
¿Y por qué surgen dudas en vuestros corazones?
Mirad mis manos y mis pies,  soy yo mismo”.
—Lucas 24:38-39

Hace unos años, me invitaron a dar una presentación ante líderes del ministerio LGBTQ. Compartieron que tenían dificultades para que mujeres se unieran a su ministerio; casi todos los miembros del ministerio eran hombres. Cuando le pregunté: «¿Por qué crees que es así?« la respuesta fue: «Están demasiado enojadas«. No pude evitar reírme; Sabía que no pretendían desencadenar en mi cabeza la imagen estereotipada de “lesbiana enojada” y sabía que su respuesta no era mal intencionada. Realmente sintieron que no podían lidiar con la frustración y el sentido de urgencia que las mujeres (lesbianas y no lesbianas) traían a su ministerio.

Más recientemente, asistí a un Ministerio Católico de Espiritualidad Femenina que se centra en la inclusión femenina en la Iglesia. Este ministerio está abierto a todas las mujeres y no es específicamente un ministerio LGBTQ. Como actividad de apertura, todos fuimos invitados a compartir nuestras historias. Cuando llegó mi turno, dudé y pensé: “¿Debería compartir el hecho de que soy lesbiana? ¿Que soy marica? Decidí compartir mi historia sin omitir nada. Mi intercambio desencadenó una discusión muy productiva sobre la necesidad de ser más inclusivos con las personas LGBTQ en todos los esfuerzos ministeriales. Entonces, alguien preguntó: “¿Crees que existe el riesgo de diluir la misión de inclusión de las mujeres al hablar de cuestiones LGBTQ?” Mi respuesta fue: “Por supuesto que no; Ambas luchas están absolutamente interrelacionadas”.

Durante su presentación principal en la conferencia del ministerio Outreach LGBTQ 2022, el p. Bryan Massingale, profesor de teología de la Universidad de Fordham, conocido por abordar la necesidad de interseccionalidad en el ministerio LGBTQ, mencionó que las personas en el poder que se dirigen a personas LGBTQ, mujeres, personas de color, inmigrantes y otros grupos vulnerables son en sí mismas interseccionales: discriminar por igual a todas estas personas. Su estrategia ha sido extremadamente exitosa: al odiar a todos por igual, nos enfrentan entre sí en nuestra lucha por nuestro “pedazo del pastel”.

¿Por qué entonces los ministerios LGBTQ a veces luchan en sus esfuerzos por lograr la interseccionalidad?

Todos nacemos con algún nivel de privilegio y algún nivel de vulnerabilidad. Como miembros de la comunidad LGBTQ, ya somos un grupo vulnerable. Sin embargo, algunos de nosotros pertenecemos a múltiples grupos vulnerables. Las mujeres queer también enfrentan una infinidad de injusticias que sólo enfrentan las mujeres. En el caso del ministerio mencionado anteriormente, ubicado en un país donde los feminicidios son comunes, no sorprende que las mujeres queer quieran quemarlo todo.

Muchas mujeres queer tienen que lidiar con microagresiones, incluso dentro de sus ministerios LGBTQ. ¿Qué pasa si la persona también es una mujer queer de color? ¿Cómo afecta el racismo su sentido de pertenencia en ministerios a menudo mayoritariamente blancos? Para agregar una capa adicional de complejidad, ¿qué pasa con una mujer queer de color que es indocumentada? ¿Qué tal una mujer trans de color indocumentada? Creo que sabes a dónde voy con esto.

En el evangelio de hoy, aprendemos de un Jesús resucitado que se revela a sus discípulos en el camino a Emaús, donde lo reconocen al partir el pan. Más tarde, se revela a sus discípulos en una habitación cerrada con llave, donde lo reconocen por las heridas en las manos y los pies. Ya se reveló a María Magdalena y a otras mujeres en la tumba, y aún debe revelarse a otros. Al igual que en un proceso de salida del armario, se había revelado más de una vez a diferentes personas. Para ser reconocido en su totalidad, tuvo que mostrar sus heridas.

Para las personas LGBTQ que forman parte de otros grupos vulnerables, vivimos una vida de constante revelación, revelándonos a nosotros mismos y nuestras heridas, no solo en un nivel de vulnerabilidad, sino en múltiples. A menudo es difícil revelar el dolor propio en cada capa de vulnerabilidad, incluso a otros dentro de nuestros ministerios. Compartir ese dolor nos coloca en un lugar muy vulnerable y, dependiendo de la sensibilidad de los ministerios a los que pertenecemos, es posible que no nos sintamos cómodos haciéndolo. En el peor de los casos, esos ministerios no parecen lo suficientemente acogedores. En el mejor de los casos, elegimos qué heridas revelar y cuáles no.

¿Nuestros ministerios ven a Jesús resucitado en todas las personas LGBTQ? ¿Nos sentimos asombrados y agradecidos cuando alguien comparte su dolor interseccional? ¿Buscamos aprender más sobre las heridas más allá de una identidad LGBTQ? ¿Reconocemos que las heridas que no resultan de una identidad LGBTQ son reales e igualmente, o a veces más, dolorosas? ¿Entendemos que cuantas más heridas uno tiene, más terreno sagrado estamos? No se trata de quién sufre más: se trata de estar ahí para todas las heridas, no sólo las coloridas. Se trata de no reaccionar con sobresalto y terror, sino con humildad y curioso asombro.

No tenemos que luchar por un pastel, tenemos pescado y panes, tenemos el pan de Emaús y hay de sobra para todos.

—Yunuen Trujillo (ella/ella), 14 de abril de 2024
Fuente New Ways Ministry

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