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Afirmar que Dios es Trinidad es semejante a decir que Dios es comunidad

domingo, 26 de mayo de 2024
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IMG_4942Del blog de Consuelo Vélez Fe y Vida:

Comentario al evangelio del domingo de la Santísima Trinidad 26-05-2024

Afirmar que nuestro Dios es Trinidad es semejante a decir que Dios es acogida, comunidad, relación, don que se da y se recibe, salida de sí para encontrarse con los seres humanos

Nos urge vivir hoy la experiencia del Dios Trinidad, del Dios comunidad que nos habla de una espiritualidad más comunitaria que individual, de un compromiso más social que intimista, de una iglesia más abierta a todos, “sin miedo a mancharse o herirse”, como tanto repite el papa Francisco

Por su parte, los once discípulos, marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mando. Y he aquí que yo estoy con ustedes, todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,16-20).

Este domingo celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad. El evangelio de Mateo que hoy toma la liturgia, no habla propiamente de la Trinidad, sino que ofrece una fórmula trinitaria: “bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Y es que, hablar de la Trinidad, no siempre resulta fácil. Pero este texto nos podría ayudar a entender algo de este misterio. Lo que los primeros cristianos viven es la presencia de Dios mismo, a través de Jesús, al que reconocen como Hijo de Dios y, una vez ha resucitado, reciben su Espíritu que los empuja a realizar la misión que les ha encomendado. Esa experiencia se expresa en una confesión de fe, como esta que nos ofrece el evangelio de Mateo. Será en los primeros siglos del cristianismo, cuando la Iglesia traduzca esa experiencia a categorías griegas, para contrarrestar las herejías, llegando así al dogma del Dios uno y a la vez Trino.

Pero toda formulación lingüística es limitada y no abarca la riqueza de una experiencia. Por eso, al hablar de la Trinidad se hace necesario acudir a metáforas que ayuden a comprenderla mejor. Afirmar que nuestro Dios es Trinidad es semejante a decir que nuestro Dios es acogida, es comunidad, es relación, es don que se da y se recibe, es salida de sí para encontrarse con los seres humanos. En otras palabras, no seguimos a un Dios encerrado en sí mismo, de ahí que no tiene sentido una iglesia de puertas cerradas y con aduanas -como diría el papa Francisco- en la que no todos pueden entrar. No seguimos a un Dios solitario, de ahí que no tiene sentido retirarse del mundo para encontrarse con Dios cuando él está presente, indiscutiblemente, en medio del mundo, en cada persona, en toda la red de relaciones que podemos establecer, incluida la relación con la creación tan necesitada de cuidado y preservación por parte nuestra.

Y volviendo al texto de Mateo que estamos considerando, vemos cómo la comunidad de Mateo reconoce en el rito de bautismo una forma de incorporar a los nuevos miembros de la comunidad y cómo dicho bautismo ha de hacerse en el nombre del Dios Trino en quien creen y anuncian. Así mismo nosotros seguimos esa tradición bautismal, sabiendo que es el sacramento fundamental que nos hace a todos partícipes del mismo sacerdocio, profetismo y realeza del mismo Cristo. El evangelista pone en boca de Jesús el envío a todas las gentes, enseñándoles todo lo que han aprendido con él y prometiéndoles que él permanecerá en medio de ellos. En este último sentido, el Jesús de Mateo no asciende a los cielos (este evangelio no tiene un texto de ascensión) sino que se queda en medio de ellos, manteniendo lo que ya había anunciado desde el inicio de su evangelio: lo llamarán Emmanuel que significa “Dios con nosotros” (1,23).

Nos urge vivir hoy la experiencia del Dios Trinidad, del Dios comunidad que nos habla de una espiritualidad más comunitaria que individual, de un compromiso más social que intimista, de una iglesia más abierta a todos, “sin miedo a mancharse o herirse”, como tanto repite el papa Francisco. Seguramente, una Iglesia que anuncie al Dios Trinidad podrá convocar más y de distinto modo.

(Foto tomada de: https://abuelafinanciera.com/organizaciones-beneficas-de-usa-que-ofrecen-su-ayuda-a-la-comunidad-hispana/)

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Error

sábado, 25 de mayo de 2024
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Del blog Nova Bella:

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El error consistió en creer que la tierra era nuestra, cuando la verdad es que nosostros somos de la tierra.

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Nicanor Parra

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Espera que las nubes pasen

viernes, 24 de mayo de 2024
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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‘El caminante sobre el mar de nubes’, de Caspar David Friedrich

 «Hay días en que amanezco y hay una nube alrededor de mi corazón. Lo nubla todo excepto el peso que llevo dentro de mí. Pero el hecho de que no pueda ver la luz del sol no significa que ésta haya desaparecido. La verdad es que el corazón, así como la tierra, soporta todo el tiempo que las cambiantes atmósferas que lo cubren, vengan y vayan, interponiéndose entre quienes somos y la forma en que vivimos cada día.

 Es por ello que, aparentemente, podemos definir la fe como ese esfuerzo que hacemos para creer en la luz cuando nos cubren las nubes. Y es que aunque parezca que el sol no saldrá nunca más, la verdad es que no ha dejado de brillar. De hecho, en este preciso momento, detrás de cualquier nube que nos cubra, el calor del sol continua ardiendo.

 Ninguna nube es imperecedera. La tierra y todo lo que en ella crece lo saben. Y a pesar de nuestro comprensible dolor, sucede lo mismo con el corazón y todo lo que en él crece».

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Mark Nepo,
Un libro para renacer cada día

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La fe radiante de Dietrich Bonhoeffer (III), por José Arregi.

viernes, 24 de mayo de 2024
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Dietrich Bonhoeffer

Dietrich Bonhoeffer

Dietrich Bonhoeffer

De su blog Umbrales de Luz:

Rose-Marie Barandiaran: ¿No es gracias a la retirada de Dios” que el hombre se deja alcanzar por él? ¿Por qué entonces le invocamos en nuestros dramas?

¿Por qué separamos lo profano de lo sagrado? Jesús no era un sacerdote. Era simplemente humano. Si nos tomamos en serio los sufrimientos de Dios, si velamos con Jesús en Getsemaní, ¿nos ayudará eso a ser y seguir siendo cristianos?

José Arregi: La metáfora del “retiro” o del “retraimiento” es muy evocadora. Pero no podemos entenderla ni en el sentido teísta (“Dios”, una vez creado el universo, se retira de él, y solo interviene ocasionalmente: milagros, revelación, encarnación…), ni en el sentido deísta (“Dios”, una vez creado, se retira del todo y se vuelve un “Dios ocioso”, pasivo, idea que se encuentra ya en Aristóteles y culmina en el deísmo ilustrado de Voltaire, Rousseau y Montesquieu). La metáfora del “retirarse” de Dios habría que interpretarla más bien en el sentido del tzintzum de la Cábala judía: la creación significa que el Infinito se retira o se “estrecha” como la madre que dentro de sí “hace sitio” a la criatura que crece dentro de ella. Esta idea la han desarrollado en nuestros días autores como, por ejemplo, el rabino Marc-Alain Ouaknin, el filósofo Hans Jonas (cuya madre desapareció en Auschwitz) y el teólogo Jürgen Moltmann. Es revelador que el término hebreo bará, utilizado por el relato del Génesis para decir “crear”, significa “separar”. Crear significa “separar”, en el sentido de hacer sitio… dar lugar. “Dios crea el mundo como el mar la playa: retirándose”, escribió el poeta Hölderlin.

Pero esta imagen del retraimiento divino fácilmente evoca todavía una imagen dualista, pues la madre y el niño, como el mar y la playa, son dos. Dios y mundo no son dos (ni uno formado de dos partes, ni “uno y lo mismo” en contraposición a dos). Dios es –no podemos utilizar sino unas pobres metáforas– el Corazón de todo lo que es, el Fondo, el Fuego, el Aliento que inspira, la creatividad que todo lo mueve y relaciona… No tiene, pues, sentido, “rezar” para que “Dios” acuda a socorrernos. Cuando nos volvemos al fondo de nosotros mismos y nos inclinamos compasivamente haciéndonos prójimos de la persona herida, entonces realizamos lo divino que somos, Dios se manifiesta y crece como lo mundano y humano más profundo, como la posibilidad mejor del mundo. Dios no es alguien que pueda acudir a socorrernos, sino nuestro fondo mejor, lo profundo y más real de nuestro ser, que podemos ir despertando. Así es como oraba, por los mismos años y en circunstancias similares a las del teólogo Bonhoeffer, una agnóstica mística, Etty Hillesum, 8 años más joven que él: “Tú no puedes  ayudarme, pero yo te ayudaré, Dios mío. Y será la forma de que tú me ayudes”.

RMB: Intento comprender: el Dios infinito (¡y plural!) se contrae para hacer sitio a la creación, hace el vacío, lo que me hace pensar en: «la tierra era tohu y bohu, una oscuridad sobre el abismo, pero el soplo de Elohim se cernía sobre la faz de las aguas». Gen 1:2

Podríamos añadir: el movimiento de las olas se preparaba para acoger «la alteridad del mundo». Cuando Dios se retiró, dejó tras de sí algunas emanaciones de su luz, que podrían ser elementos de misericordia a los que podríamos agarrarnos para construir un mundo mejor. El hombre no es intrínsecamente bueno, pero puede llegar a serlo, es una elección. Esta versión me parece más interesante que la del pecado original y da un nuevo sentido a la crucifixión de Jesús…

J.A.: La realidad, toda ella, es divina, en todo aquello que la realiza para el bien común. Jesús fue divino en su humanidad compasiva, solidaria, comprometida. Cuanto más humanos somos, más divinos (libres y buenos, buenos y felices, sanos y salvos) nos volvemos.

Por eso, el “sufrimiento de Dios” del que habla Bonhoeffer no podemos entenderlo como sufrimiento de un “Dios” distinto y extrínseco al mundo; sería volver incurriendo así en un burdo teísmo dualista. El “sufrimiento” de Dios es el sufrimiento del mundo en su centro o su corazón –hecho de poder y de paciencia, de esperanza activa, de acción movida por el aliento–, el sufrimiento del mundo en busca de su plena realización común.

Así es como entiendo la vida de Jesús, imagen y anticipo (no único ni perfecto) del Cristo cósmico en devenir en todos los seres. Esto nos lleva más allá del teísmo y del deísmo, pero también más allá del ateísmo positivista.

R.M.B.: Hubo un tiempo en que la Iglesia era todopoderosa en casi todos los ámbitos. Hoy, ¿qué haría falta para que el discurso de la Iglesia sonara a verdad?

Según Dietrich, «el poder va en contra de la conversión y la purificación».

¿No hay otras formas de vivir con sabiduría y bondad?

J.A.: Bonhoeffer se preguntó siempre, y sobre todo en sus dos años de prisión, sus últimos años, acerca del lugar de la Iglesia en un mundo arreligioso, y acerca de la forma que debiera adoptar en este mundo. Es decir, sobre la forma de la Iglesia llegada a su “edad adulta”. Cuando llegue, afirma, “el rostro de la Iglesia habrá cambiado por completo”. Pero tampoco tuvo tiempo para concretar y sistematizar los rasgos de ese rostro adulto de la Iglesia. A pesar de ello, los criterios fundamentales para caminar hacia esa realización adulta son claros. Por ejemplo:

1) Que deje de considerarse “privilegiada en el plano religioso”, que “pertenezca plenamente al mundo”; 2) Que no se presente como mediación necesaria entre Dios y la sociedad, la humanidad; 3) Que cese de predicar la necesidad humana de Dios para así reafirmar la necesidad de sus servicios religiosos; 4) Que no busque su lugar allí donde fracasa la humanidad, sino “en medio de la aldea”, como Jesús, allí donde se juegan los gozos y los dramas, las fiestas y las luchas de la gente; 5) Que no ofrezca doctrinas, creencias y normas, y cuánto menos con pretensión de poseer el monopolio de la verdad y del bien; que, por el contrario, ofrezca una humilde palabra y testimonio sobre la Palabra de la reconciliación, de la misericordia, de la liberación, e infunda así inspiración y alma para vivir; 6) Que hable de Dios de otra forma, “mundanamente”; 7) Que no se ocupe de su propia autoconservación como institución, sino de su profunda transformación, y sobre todo de la profunda transformación del mundo; 8) Y la primera condición: que abandone el registro del poder, del dominio, de la superioridad; que, para ello, haga desaparecer en su organización interna todo vestigio clerical y jerárquico (que no faltan en las iglesias protestantes y anglicanas, aunque sean mucho más leves que en las Iglesias católica romana y ortodoxa).

Tales criterios de fondo plantean preguntas que el joven teólogo encarcelado y ejecutado no pudo abordar teórica ni prácticamente, por ejemplo: en un mundo sin religión y en un “cristianismo arreligioso”, para unos cristianos «arreligiosos” y “mundanos«, ¿qué podría significar, qué objetivo podría proponerse todavía, qué forma concreta podrían adoptar la comunidad eclesial, la parroquia, el templo, la predicación, la liturgia…? ¿Debería acaso desaparecer todo espacio comunitario para la oración y la reflexión, o todo espacio personal para la interioridad y la meditación inspiradas por la tradición cristiana de impronta “religiosa” y “teísta”? Son cuestiones vivas que se nos plantean todavía hoy, pues el cristiano es una persona social y toda comunidad viva, como todo viviente, necesita una forma. No son las cuestiones más importantes, pero no son desdeñables para muchas cristianas y cristianos en transición hacia una tierra desconocida para las religiones tradicionales.

R.M.B.: ¿De qué debe vivir la Iglesia para ser testigo auténtico del mensaje del que es depositaria? Dietrich llega incluso a decir que «la Iglesia es realmente Iglesia cuando ayuda a los no religiosos». «Cristo puede ser el señor de los no religiosos!”

J.A.: Se me presentan preguntas y perplejidades similares a las que acabo de formular: ¿de qué y para qué debe vivir la Iglesia en un mundo mayor de edad, “arreligioso”?  Ni ella misma puede ya seguir creyendo en un “Dios tutor”, ni profesando creencias hoy absurdas, o practicando extraños ritos medievales o milenarios, ni secundando normas morales obsoletas (por ejemplo en el campo del género y de la orientación sexual, de la sexualidad en general, del origen y fin de la vida…). Nada de eso puede ofrecer si quiere ser sal, levadura, aliento para la inmensa mayoría de las mujeres y hombres de hoy alejados de esas creencias y prácticas religiosas. Dietrich Bonhoeffer escribió con razón que la religión (creencias, ritos, códigos) no es más que es un ropaje histórico, cultural, prescindible.

Las cristianas y los cristianos de hoy, a título individual y comunitario, deberán dejar toda letra que mata y vivir del espíritu, que es respiro, amplitud, vida. Vivir la gracia y la liberación del Evangelio de Jesús releído en nuestros lenguajes y paradigmas de hoy. Y de lo que viven ellas/ellos mismos deberán ofrecer a todos los demás – cristianos o no cristianos, religiosos o no religiosos, indistintamente –, y ello por pura responsabilidad y sin sentimiento alguno de superioridad sobre nadie. Recibiendo de los demás y ofreciendo a los demás espíritu, vida, aliento, inspiración para una transformación personal y política profunda. Está en juego la vida común de la humanidad y del planeta.

Para ello, la Iglesia puede y debe prescindir de todo lenguaje y de toda forma religiosa que hoy carezca de sentido, allí donde carezca de sentido. Pero, en principio, no hay por qué desdeñar ninguna fuente de inspiración, religiosa o laica –tampoco, por lo tanto, la fuente cristiana–, pues la inspiración profunda y el agua son las mismas. El Espíritu alienta en todos los seres. A uno puede inspirarle el gregoriano o Bach, a otro el jazz o Dalida.

¿Deberá la Iglesia despojarse de los evangelios, de sus “mitos” fundacionales (el Cristo sanador, la Cena pascual, la Cruz solidaria, la resurrección del Crucificado, el Pentecostés universal…), de todas sus escrituras, símbolos y ritos? No necesariamente. Bonhoeffer mismo, a pesar de toda su crítica de la religión y de su insistencia en el carácter “arreligioso” del mundo y del propio cristianismo, ni antes ni después de su arresto renunció a todas las formas y expresiones religiosas de su fe en el “Dios centro de la realidad” y en el “Cristo de los no religiosos”. De hecho, en el patíbulo, ante la horca, se arrodilló y rezó…

Dígase lo que se diga, Jesús fue religioso y teísta. Eso sí, enseñó a no poner por encima de la vida ningún ninguna “tradición humana” (Mc 7,8) (y todas las creencias, ritos y normas lo son). Lo único absoluto de Jesús fue la confianza profunda, la comensalía abierta, la compasión sanadora, la solidaridad liberadora, ser “para los demás”. Y así es también “señor de los no religiosos”: no significa de ningún modo que los no religiosos estén sometidos a su poder, sino que también por él pueden ser inspirados para una vida más bondadosa y bienaventurada.

(Continuará)

Rose-Marie Barandiaran – José Arregi

(Publicado en GOLIAS Magazine 211, julio-agosto 2023, pp. 26-28)

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Apariencia

jueves, 23 de mayo de 2024
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Del blog Nova Bella:

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Pocos ven lo que somos,

pero todos ven lo que aparentamos.

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Maquiavelo

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Cómo la teología de Galileo del siglo XVII puede ayudar a la Iglesia a comprender mejor el género hoy

jueves, 23 de mayo de 2024
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Sin título1IMG_4799La publicación de hoy es del colaborador invitado Craig A. Ford (él/él), profesor asistente de Teología y Estudios Religiosos en St. Norbert College en De Pere, Wisconsin. También forma parte del cuerpo docente del Instituto de Estudios Católicos Negros de la Universidad Xavier de Luisiana, el único colegio o universidad católica históricamente negra (HBCU) del país. Escribe sobre temas en la intersección de género, raza, sexualidad y la tradición moral católica. Craig habló recientemente como parte del panel del Ministerio New Ways,“What Dignitas Infinita Ignored: Perspectives on LGBTQ+ Dignity,”  (“Lo que Dignitas Infinita ignoró: Perspectivas sobre la dignidad LGBTQ+”, que está disponible aquí.

Hace apenas unos cuatro meses, escribí un artículo titulado Our New Galileo Affair (“Nuestro nuevo asunto Galileo”) que se publicó en la revista de teología Horizons. El núcleo de su argumento era este: las acciones tomadas hoy por parte del Vaticano relacionadas con la orientación sexual y la identidad de género se parecen, de manera incómodamente análoga, a las declaraciones y acciones oficiales tomadas por el Vaticano en el siglo XVII contra el astrónomo Galileo Galilei. Las acciones tomadas contra Galileo se encuentran entre las más vergonzosas en la historia de la Iglesia. Galileo fue condenado como hereje porque creía (con razón, como sabemos ahora) que el sol se encuentra en el centro de nuestro sistema planetario, mientras que la Tierra y todos los demás planetas giran alrededor de él. El Vaticano no debería volver a cometer en el siglo XXI los mismos errores que cometió en el siglo XVII.

Muchos de nosotros estamos familiarizados con la condena injusta de Galileo, pero quizás menos familiar sea su argumento teológico extremadamente perspicaz. Este argumento teológico era necesario mientras la ciencia aún estaba en desarrollo para convencer a otros de por qué sería imprudente que el Vaticano condenara prematuramente el heliocentrismo. Esto no sería tarea fácil, ya que (1) el modelo dominante en ese momento, el sistema geocéntrico de Ptolomeo, con la Tierra en el centro del sistema planetario, fue ampliamente aceptado como modelo científico, y dado que (2) mucha gente creía ese geocentrismo estaba respaldado por las Escrituras (por ejemplo, Eclesiastés 1:5 y Josué 10:12-13). Galileo tuvo que presentar su argumento teológico tanto contra la ciencia aceptada de la época como contra lo que se consideraba la revelación de Dios en las Sagradas Escrituras.

Basándose en la autoridad de San Agustín, el teólogo más influyente del mundo cristiano occidental, Galileo esencialmente argumentó dos cosas. Primero, que la ciencia y la revelación son dos caminos hacia una verdad singular sobre el mundo que Dios creó. Entonces, al final del día, no pueden contradecirse. Y en segundo lugar, en los casos en los que la ciencia está subdesarrollada y puede parecer contradecir las enseñanzas de la Iglesia históricamente establecidas, el camino prudencial nos indica que no menospreciemos preventivamente el proceso científico. En cambio, la prudencia aconseja paciencia. Agustín lo dijo de esta manera:

En asuntos que son oscuros y están mucho más allá de nuestra visión… a veces son posibles diferentes interpretaciones sin perjuicio de la fe que hemos recibido. En tal caso, no deberíamos apresurarnos y tomar una posición tan firme de un lado que, si un mayor progreso en la búsqueda de la verdad socava con razón esta posición, nosotros también caeremos con ella”. (Agustín, La interpretación literal del Génesis, 1.18.37)

Y Galileo, aplicando el razonamiento de Agustín a su propia situación, se hizo eco de Agustín de la siguiente manera:

Creo que sería apropiado determinar primero los hechos, para que puedan guiarnos a encontrar el verdadero significado de las Escrituras; Se encontraría que esto concuerda absolutamente con los hechos demostrados, aunque prima facie las palabras suenen de otra manera, ya que dos verdades no pueden contradecirse entre sí”. (Galileo, “Carta a la Gran Duquesa Cristina”)

Debido a la resistencia del Vaticano, sabemos que Galileo no fue persuasivo. Hoy, en cuestiones relacionadas con la orientación sexual y la identidad de género, asistimos nuevamente a la resistencia del Vaticano. Basta recurrir a documentos recientes como Dignitas Infinita y Fiducia Supplicans para ver que este es el caso. Pero dado el número de teólogos y filósofos que afirman la existencia y la bondad de la homosexualidad y las identidades trans (y, además, dado el número de científicos que están haciendo lo mismo), creo que aquellos de nosotros que pedimos una aceptación total de nuestros hermanos LGBTQ+ vamos a llegar a serlo. tener razón también. Las vidas y los amores de las personas LGBTQ+ magnifican la luz divina en este mundo; no lo disminuyen .

Al abordar la homosexualidad y la identidad trans, la Iglesia debe aprender una lección de su propio pasado, y tampoco una lección drástica. La lección, como aconsejan Agustín y Galileo, es adoptar una postura de escucha. La Iglesia debería abrazar la “gracia de la duda”, como ofrece Margaret Farley en su ensayo “Ethics, Ecclesiology, and the Grace of Self Doubt.”(“Ética, eclesiología y la gracia de la duda”). Debería abrazar la sabiduría ofrecida por el difunto Richard Gaillardetz en su ensayo Power and Authority in the Church(“Poder y autoridad en la Iglesia: Porque “si la Iglesia es una Iglesia peregrina”, como la vemos descrita en Lumen Gentium no. 46, entonces “sus maestros oficiales deben compartir ese estatus de peregrino”.

En otras palabras, la lección es dejar que continúe el proceso de escuchar y aprender, y dejar de lado las condenas. En su discurso de 1992 sobre el asunto Galileo, Juan Pablo II reconoció que Galileo “había demostrado ser más perspicaz a este respecto que los teólogos que se le oponían”. No se debe menos a la memoria de Galileo, y nada menos a las personas LGBTQ+ cuyas vidas y amores dan testimonio de la bondad del Dios que creó el sol, la luna y las estrellas a las que Galileo dedicó su vida.

—Craig A. Ford, 15 de mayo de 2024

Fuente New Ways Ministry

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Discípulos radicales de Jesús.

miércoles, 22 de mayo de 2024
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

 

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 «Necesitamos alimentar y fortalecer nuestra identidad como discípulos radicales de Jesús. Necesitamos profundizar en una relación personal con Él. No podemos darlo por supuesto, sino que debemos cultivar nuestra vida espiritual. Durante décadas, parece que hemos minusvalorado este aspecto. Pero en estos momentos la necesidad de una espiritualidad profunda e intensa se ha convertido en algo evidente. La dimensión mística debe fortalecerse tanto en el nivel personal como en el comunitario. La oración es imprescindible. En particular, necesitamos redescubrir la liturgia como un modo de encarnar, de manera socialmente visible, la realidad alternativa que brota de nuestro Dios. Sólo podemos promover una alternativa radical al sistema dominante si estamos enraizados en Jesucristo».

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Daniel Izuzquiza, sj

Enraizados en Jesucristo. Ensayo de eclesiología radical.

Sal Terrae

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José Ignacio Calleja: “Vertebrar la fe desde Jesús de Nazaret, o adiós a todo”

miércoles, 22 de mayo de 2024
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medio-rostro-de-jesus«Los autoengaños de la virtud religiosa»

«Una frase feliz y hermosa sobre la religiosidad popular me sugiere esta reflexión. Es del arzobispo de Sevilla, D. José Ángel Saiz Meneses, y dice así: ‘La piedad popular es el ‘dialecto materno’ desde donde se vertebra la fe'»

Me refiero no a tanto la religiosidad popular, en sí misma, cuanto a su acogida como oportunidad evangelizadora

«Por desgracia, ninguna fe puede ser masiva, es decir, significativa socialmente para muchos, sin convertirse ante todo en religión de los misterios hechos culto y celebración de la trascendencia en la vida cotidiana»

«Si no se cuida con mimo, es probable que logremos algún crecimiento de la religión; los tiempos vienen así; pero el precio será un cristianismo sin encarnación constitutiva»

Una frase feliz y hermosa sobre la religiosidad popular me sugiere esta reflexióncomplementaria sobre algo que me atrapa sobremanera. La frase feliz es del arzobispo de Sevilla, D. José Ángel Saiz Meneses, y dice así: «La piedad popular es el ‘dialecto materno’ desde donde se vertebra la fe». A ella la sigue otra también muy interesante, de Peña: «Hemos pasado de una fe del carbonero, donde nos decían que las hermandades eran subsidiarias, a considerar la piedad popular como una verdadera mística popular«. (Ambas, en RD, 8.05.2024).

Voy directo al comentario sobre algo que he dicho que me atrapa como cuestión. Me refiero no a tanto la religiosidad popular, en sí misma, cuanto a su acogida como oportunidad evangelizadora. La perspectiva es muy interesante y opera, a la vez, entre nuevas tentaciones que, al verlas, nos permitirán discernirnos mejor.

La primera, que hay que aprovechar todo lo que se mueve en religión para recomponernos socialmente; vale prácticamente todo; no están los tiempos para ponernos exquisitos en la fe; no me refiero a lo que pido sino a lo que hacemos con desmedido contento.

La segunda, que detrás de la piedad popular vienen los teólogos y el magisterio para contar, en qué creemos, con conceptos y significados más precisos, pero es igual, son cosas de la predicación, las cartas y los textos entre selectos. Es otro nivel del relato creyente, que sirve para asegurar la continuidad conceptual del cristianismo pero a la religiosidad popular ni le va ni le viene; ella tiene su síntesis sentimental y ese discurso elaborado es propio de los que viven del oficio.

Y tercer elemento preciso y preocupante para unos y otros; el evangelio de los sinópticos y el Jesús-Cristo de esos relatos prácticamente no existe hasta el calvario y la resurrección. Es como si Jesús hubiera nacido el Domingo de Ramos.

Y así crece la forma más religiosa de la fe cristiana en este momento, una religión articulada en ministerios, reglas, creencias y prácticas piadosas a la medida de cada grupo. Todos se oyen, nos oímos, pero apenas se escuchan, nos escuchamos. Todos son necesarios para sí mismos, pero no tanto para el conjunto; y todos pasando de puntillas por el Jesús del Evangelio antes de la pasión, muerte y resurrección. Al final, y por desgracia, la sociología de la religión, la más extendida como saber secular y social, tiene razón: ninguna fe puede ser masiva, es decir, significativa socialmente para muchos, sin convertirse ante todo en religión de los misterios hechos culto y celebración de la trascendencia en la vida cotidiana. Las religiones de fuerte significado liberador -concluye esa rama social- lo tienen casi imposible en el mundo moderno, y por ende, ellas y sus rectores tienden a sobrevivir como religiones sacerdotales del culto. Es duro decir esto en el cristianismo. Da vértigo.

«Por desgracia, ninguna fe puede ser masiva, es decir, significativa socialmente para muchos, sin convertirse ante todo en religión de los misterios hechos culto y celebración de la trascendencia en la vida cotidiana»

¿Vértigo? Sí, el lector lo sabe. El Jesús, anterior a la pasión, y el modo preciso en que es Cristo del Padre, en todo ese recorrido histórico preciso y desconcertante para la religión, ¿qué es de él, cómo se asume, cómo se acepta, cómo se encarna en la fe, dentro y fuera del templo? ¿Qué queda cotidianamente del significado salvífico de su mesianismo histórico tan “ajeno” al templo? Porque entre capas pluviales, y hasta en la repetición instintiva de misas, no veo por lo general una conexión trasparente de los signos de los tiempos del Reino para encarnarlo.

Así que entender, entiendo casi todo en el proceso religioso del cristianismo, y veo bien darle su justa valía; pero dejar de lado tan claramente el Jesús de los Sinópticos y quebrar el debido significado de la encarnación sobre el kerigma –anuncio y celebración de la pasión, muerte y resurrección del Señor- es una trampa religiosa que nos hacemos al solitario. De esto hablamos en las diferencias del discernimiento católico de la fe: ese todo único de la vida y persona del Señor es lo que está en juego desde siempre; y eso es lo que reclama ser cuidado para salvar la fe de una traducción religiosa gnóstica. Dialecto materno de la fe popular -preciosa expresión que motiva estas líneas- que vertebra, a mi juicio, más que la fe, la piedad de todos y la conciencia tranquila de la mayoría. Pero, a mi juicio, estos son los autoengaños de la virtud religiosa, hecha piedad íntima y muy poco consciente del camino de la encarnación.

«Entender, entiendo casi todo en el proceso religioso del cristianismo, y veo bien darle su justa valía; pero dejar de lado tan claramente el Jesús de los Sinópticos y quebrar el debido significado de la encarnación sobre el kerigma –anuncio y celebración de la pasión, muerte y resurrección del Señor- es una trampa religiosa que nos hacemos al solitario»

No pretendo dar lecciones, sino interpelar a otros y a mí mismo de lo que siempre está en juego en la vida cristiana eclesial y personal. Siempre, siempre, siempre, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me distéis de beber, estuve enfermo y en la cárcel…, fui forastero… estuve desnudo…”. Esta vivencia tan concreta de la fe en las obras samaritanas y kenóticas de la salvación es inapelable. Esta es la referencia histórica más realista de la condición crística de la fe pensada, celebrada y vivida. La sacramentalidad de la Iglesia y la Fe siempre cobra en esa encarnación su visibilidad y realidad histórica  y esta visibilidad al hacer, celebrar y contar es lo que está más alcance de nuestra naturaleza humana. Y es que no se puede llegar a Dios sin pasar por la tierra y lo humano. Así somos. No la elijo por gusto, la elijo por humano y la elige Cristo en su vida de fe y donación. La toma del Padre, “digo y obro así, porque Dios es así”.

«Si no se cuida con mimo, es probable que logremos algún crecimiento de la religión; los tiempos vienen así; pero el precio será un cristianismo sin encarnación constitutiva«

Qué puedo decir, concluyo por mi parte, si lo veo tan claro como referencia no única, pero sí imprescindible y tan primera como la que más, de la verdad, la bondad y la belleza; o de otro modo, de la fe anunciada, celebrada y practicada. Si no se cuida con mimo, es probable que logremos algún crecimiento de la religión; los tiempos vienen así; pero el precio será un cristianismo sin encarnación constitutiva: y no cualquiera, sino la samaritana y kenótica de Jesús de Nazaret; qué le vamos a hacer, así se dio la misión crística y su olvido arruina todo lo demás. Paz y bien.

Fuente Religión Digital

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Agradecidos

martes, 21 de mayo de 2024
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Del blog Nova Bella:

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Seamos agradecidos con las personas que nos hacen felices, ellos son los encantadores jardineros que nos hacen florecer.

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Marcel Proust

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“Contra la cultura del malestar”, por Gabriel Mª Otalora

martes, 21 de mayo de 2024
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IMG_4612De su blog Punto de Encuentro:

La expresión “Welfare State” -Estado del bienestar- surge en Gran Bretaña (1942) donde se dan las bases para una democracia que cubra las necesidades básicas de una vida digna para todos. A partir de los impuestos de todo ciudadano en edad laboral, nace el derecho universal a una vivienda familiar, a la jubilación y a la sanidad pública. Fue el embrión de muchas otras coberturas y prestaciones.

La cultura del malestar sería el reverso por los efectos del neoliberalismo paralizante, dado que es mucho más que una teoría económica. Nos vendieron la globalización como positiva, y cedimos la soberanía financiera, cuando lo cierto es que la codicia era su principal razón de ser, cada vez en menos manos. Con la liberalización de la economía global descontrolada, el margen de maniobra de gobiernos y poderes públicos es limitado e insuficiente. La consecuencia mundial son las desigualdades en aumento, cuya onda expansiva llega hasta la clase media, a la economía real. El Estado del Bienestar no es la causa de la crisis económica.

No estoy proponiendo el modelo colectivista autoritario (soviético o maoísta) que nunca ha triunfado con la violencia y la falta de libertad. Pero es una falacia obligarnos a elegir entre comunismo y capitalismo, como únicas formas de gobernarse la sociedad. La involución neoliberal a la que me refería se aprecia en la calculada insatisfacción consumista, la obsesión por la acumulación como receta de bienestar, el deterioro de la política… mientras crece la superficialidad en los lazos sociales y familiares en beneficio de la conexión on line. Este ensimismamiento individualista produce malestar y profundiza la angustia social. Espectadores y víctimas a la vez.

Por supuesto que este asunto concierne a toda la eurozona, lugar privilegiado si comparamos la situación global del planeta. Aún así, la autocomplacencia de la UE en medio de una pérdida de confianza en sus organismos representativos va produciendo un declive (decadencia) del que se aprovecha la extrema derecha. Es el precio de aceptar pasivamente un modelo consumista que no atiende a los peligros de arrasar el planeta. El consumismo es intocable, a pesar de la  deuda pública y privada que acumula, imposible de estabilizar ni a medio plazo.

De hecho, ya percibimos la fragilidad social del modelo neoliberal que ahora se presenta cruel. En primer lugar con nosotros: mejor es que cada cual se pague sus necesidades, pero al hablar de impuestos, ese dinero lo guardamos para nuestras necesidades. ¿Y quién no lo tenga para sufragarlas? Como si la enfermedad fuese a voluntad y la desprotección estuviera justificada para legalizarla. Y en segundo lugar, con la inmigración justa teñida por la xenofobia.

La crisis social se ha instalado y amenaza con el Estado del Bienestar pareciéndose al estado del malestar, como ya ocurre en gran parte del planeta. Los logros alcanzados es el fruto de muchos años de trabajo y del empeño para que la mayoría viva dignamente desde los acuerdos entre diferentes.

Frente a la competitividad del mercado, es necesario reivindicar la igualdad de oportunidades real como requisito de ejercer la libertad solidaria  que lleva al bienestar. El reto está en el difícil equilibrio entre el libre mercado y los servicios universales estatales. O dicho mejor, el reto es evitar la pérdida del bien común al sustituirlo por el bienestar: ¡lo importante es el Estado del Bien Común! que exige derechos ¡y deberes responsables! con una iniciativa privada no capitalista para un Estado solidario fuerte.

No todo vale para salir del estado del malestar. Requiere función pública eficaz y actuación personal ética y comprometida; ocuparnos, cada persona, de los cimientos más que de los edificios vistosos; de generar bondad -desinteresada- a nuestro alrededor para lograr el bien común universal, el Estado del Bien Común que alcance también a tanto inmigrante desprotegido.

Jesús de Nazaret hizo política, aunque no fuera partidista: se implicó en las necesidades e injusticias y miró con amor a quienes lo padecían; es decir, denunció lo que deshumanizaba y se afanó en ayudar a quien lo necesitaba, también con amor. Esto es evangelizar hoy, ser nosotros Buena Noticia.

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No entristezcáis al espíritu.

lunes, 20 de mayo de 2024
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Tú, Santa Ruah, Espíritu de Dios, estás triste.
El maravilloso tapiz de la creación,
que con tanta sabiduría y amor habías tejido,
está desgarrado, hecho jirones, destrozado:
su belleza devastada por la violencia,
su armonía rota por la explotación,
sus hilos contaminados por el odio,
sus colores oscurecidos por el olvido…

Pero he aquí que tú, Espíritu creador,
te dispones a recrear tu obra con ternura:
reúnes los hilos y jirones dispersos
para tejerlos de nuevo con paciencia infinita;
acoges en tu regazo nuestras penas y tristezas,
las lágrimas, las frustraciones, el dolor,
los fracasos, los golpes, las cicatrices,
la ignorancia, las violaciones, la muerte…

Y reúnes también, en tu taller,
el trabajo de tantas personas generosas,
la compasión de muchos corazones,
las iniciativas de paz, los ríos de solidaridad,
las luchas contra la injusticia y el odio,
las flores débiles y vivas de la diversidad,
los cantos de esperanza y utopía
y los mimbres de la fraternidad…

Y nos invitas a sentarnos a tu lado,
y a recrear el tapiz de la creación,
empezando por nuestra casa, Iglesia y sociedad,
con ternura, paciencia y sabiduría;
a tomar parte en tu tarea y afán,
a pesar de nuestra pequeñez y debilidad,
y a rehacer así tu obra , trabajando en red,
para que surja la nueva creación anhelada.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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Reconciliando una amistad radicalmente inclusiva en el Cenáculo

lunes, 20 de mayo de 2024
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IMG_2675Fr. James Keenan, SJ

La reflexión de hoy es de James F. Keenan, S.J., presidente Canisius, director del Instituto Jesuita y vicerrector de Compromiso Global en Boston College. Ha editado o escrito más de 25 libros y publicado más de 400 ensayos, artículos y reseñas en todo el mundo. En 2003 fundó la Catholic Theological Ethics in the World Church, (Ética Teológica Católica en la Iglesia Mundial), una red activa de más de 1.000 especialistas en ética católica. En 2022, Paulist Press publicó su Una historia de la ética teológica católica y en 2023, Georgetown University Press publicó sus recientes conferencias de Oxford Martin D’Arcy, La vida moral..

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Domingo de Pentecostés  se pueden encontrar aquí.

Desde Stonewall en adelante, el modelo radicalmente inclusivo de amistad vivido y practicado en la comunidad LGBTQ+ creció como la principal forma de relación dentro de nuestra comunidad. Especialmente durante la crisis del VIH/SIDA, la amistad surgió como algo no negociable acerca de quién era uno entre los demás miembros de la comunidad. Rechazada por la familia y otras personas, la comunidad LGBTQ+ nació y se construyó sobre la base de una aceptación sensata de todos. Cada recién llegado fue aceptado tal como él, ella o ellos se presentaron. Esta dinámica fue y sigue siendo la amistad radicalmente inclusiva practicada y vivida en la comunidad LGBTQ+ mientras nos reconocemos, damos la bienvenida y nos damos la bienvenida unos a otros. (Recientemente examiné este modelo de amistad en un ensayo para Outreach).

Mientras celebramos Pentecostés, me gustaría reflexionar con ustedes sobre cómo una amistad tan radicalmente inclusiva surgió desde el Cenáculo donde los discípulos se reunieron después de la pasión y muerte de Jesús, a través de las apariciones de la Resurrección y la Ascensión, hasta que finalmente en Pentecostés emergieron. juntos desde ese espacio sagrado.

Primero debemos apreciar cuán central es el espacio del Cenáculo para los discípulos. En el evangelio de Marcos, los encontramos allí después de la muerte de Jesús, “llorando y lamentándose” (Mc 16,10), escuchando el relato de María Magdalena (Mc 16,11), y luego también a los discípulos de Emaús (Mc 16,12-13). . Posteriormente, no sabemos cuánto tiempo después, el mismo Jesús los visita en el Cenáculo (Mc 16,14-20).

El evangelio de Lucas es similar excepto que sugiere que los discípulos de Emaús estaban en el Cenáculo antes y después de encontrarse con Jesús resucitado (Lc 24:23).

En Juan, el detalle distintivo es que Jesús visita a los discípulos por segunda vez, una semana después, para revelarse a Tomás (Jn 20,19-31).

En los Hechos de los Apóstoles escuchamos que después de la Ascensión, los discípulos regresan inmediatamente al Cenáculo (Hechos 1,13) y que se encuentran “junto con ciertas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús, así como su hermanos” (Hechos 1:14). Hechos señala que están allí por días (Hechos 1:15) y que el Pentecostés ocurre allí también (Hechos 2:1-2).

En The Moral Life (La vida moral), escribo que el duelo de los Once, junto con María, la madre de Jesús, y María Magdalena, no fue un obstáculo para su capacidad de reconocer a Jesús, sino que, de hecho, fue el pasaje mismo para reconocerlo. Al llorar juntos, se volvieron más vulnerables a su amor por Jesús para poder reconocer su presencia resucitada. El dolor, la vulnerabilidad y el reconocimiento están indisolublemente ligados a la historia de Pentecostés y, en particular, al papel que desempeña el Espíritu en nuestras vidas y en la iglesia.

Más allá del duelo y el compartir, quiero enfatizar cómo la reconciliación y el nacimiento de una amistad radicalmente inclusiva en el Cenáculo van de la mano.

IMG_4848La amistad radicalmente inclusiva no es fácil, especialmente cuando los miembros abandonan, niegan, traicionan y dan por muertos a sus supuestos amigos. Hemos aprendido estas lecciones en nuestras propias vidas, pero en Pentecostés es bueno reconocer a otros que pagaron el costo de la reconciliación para crear una amistad radicalmente inclusiva. Una meditación en el Cenáculo antes de Pentecostés nos enseña a la comunidad LGBTQ+ que el mensaje que predicamos no siempre es tan fácil de practicar.

Imagine algunas de las escenas que sucedieron en el Cenáculo en las historias del evangelio antes de Pentecostés. Primero, Jesús les lavó los pies allí, diciéndoles que hicieran lo mismo unos por otros, y luego celebró la Última Cena en esa habitación. Pero cuando fueron a orar a Getsemaní, una vez ocurrido el arresto de Jesús, los discípulos huyen. De los doce, sólo Juan aparece, en todos los relatos, en la crucifixión con la madre de Jesús y María Magdalena, así como las demás mujeres.

Su decisión de regresar al Cenáculo es notablemente reconciliadora. Sin embargo, ¡cómo se atreven! Estos supuestos amigos del Señor lo abandonaron a él, así como a la madre de Jesús y a María Magdalena. ¿Cómo se atreven a regresar a esa habitación donde se convocó tal amistad?

Sin embargo, ¿adónde más irían?

¿Cómo entraron a la habitación? ¿Cómo fue cuando uno por uno regresaron? Cómo fue cuando apareció Pedro, cuya negación debía ser conocida. ¿Qué dijo Juan?

¿Qué vergüenza sintieron al entrar y ante esa vergüenza, cómo se entristecieron?

¿Cómo fue cuando María, la madre de Jesús, llegó por primera vez? ¿Qué sintió cuando vio por primera vez a quienes abandonaron a su hijo?

¿Cómo fue su vergüenza cuando ella entró en la habitación? ¿Cómo la saludaron? ¿Qué palabras pronunció? ¿Qué gestos se hicieron? ¿Cuánto tiempo les llevó reconciliarse después de tanta tragedia y traición?

¿Qué pasa con María Magdalena? En cada uno de los relatos, no sólo está presente en el Calvario, sino que acude el domingo por la mañana al sepulcro. ¡¡¡Ella no sólo es la primera en dar testimonio de Jesús Resucitado, sino que recibe instrucciones de contar esta noticia a sus cobardes discípulos!!! ¿Cómo tomó esa orden? Fueron inútiles en su muerte y en su entierro. ¿Qué sintió cuando los vio por primera vez desde el Gólgota?

Se nos dice que en Pentecostés salieron del Cenáculo y que cuando Pedro se dirigió a la multitud, “se puso de pie con los once”. Presumiblemente este es su primer testimonio público de Jesús desde la Última Cena. ¿Cómo es que estuvieron juntos de manera tan profética como uno solo?

Desde Pentecostés en adelante, los discípulos junto con María, la madre de Jesús, María Magdalena y otros son todos amigos en el Señor, pero ¿qué pasa con toda la vergüenza, el dolor y la desilusión en el Cenáculo durante esos 50 días anteriores?

Si bien creemos en la amistad radicalmente inclusiva, podría ser útil para nosotros, en la comunidad LGBTQ+, darnos cuenta de cuánta reconciliación hemos atravesado con los demás para ser tan incluidos y tan inclusivos. Cada uno de nosotros tuvimos nuestros encuentros en ese Cenáculo.

Cuando veamos y escuchemos a Pedro predicar hoy junto a sus “amigos”, podríamos pasar algún tiempo orando por cómo ellos se reconciliaron en el Cenáculo y cómo nosotros también nos hemos reconciliado unos con otros.

Desde el Cenáculo sabemos que las amistades radicalmente inclusivas requieren mucho perdón. Si vamos a continuar proclamando este tipo de relaciones, tendremos que perdonar y perdonar a medida que avanzamos, aunque ahora en el Espíritu que ciertamente está con nosotros mientras avanzamos juntos como amigos en el Señor.

—James Keenan, SJ, 19 de mayo de 2024

Fuente New Ways Ministry

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¿Quién eres Tú…?

domingo, 19 de mayo de 2024
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¿Quién eres Tú, dulce luz, que me llena
e ilumina la oscuridad de mi corazón?

Me conduces como una mano materna,
y si me soltaras no sabría dar ni un paso.
Tú eres el espacio que rodea mi ser y lo envuelve en sí.
Abandonado de ti caería en el abismo de la nada,
de donde Tú me llamaste a la existencia.

Tú estás más cerca de mí que yo mismo
y eres más íntimo que mi intimidad.
Al mismo tiempo eres inalcanzable e incomprensible,
ningún nombre es adecuado para invocarte.

¡Espíritu Santo, Amor Eterno!
Tú eres el dulce manantial
que fluye desde el Corazón del Hijo hacia el mío,
el alimento de los ángeles y de los bienaventurados.

¡Espíritu Santo, Vida Eterna!
Tú eres la centella
que cae desde el trono del Juez eterno
e irrumpe en la noche del alma,
que nunca se ha conocido a sí misma.

Misericordioso e inexorable,
penetras en los pliegues escondidos de esta alma
que se asusta al verse a sí misma.
¡Dame el perdón y suscita en mí el santo temor,
principio de toda sabiduría que viene de lo alto!

¡Espíritu Santo, Centella penetrante!
Tú eres la fuerza con la que el Cordero
rompe el sello del eterno secreto de Dios.
Impulsados por ti, los mensajeros del Juez
cabalgan por el mundo con espada afilada,
y separan el reino de la Luz del reino de la noche.

 Entonces surgirá un nuevo cielo y una nueva tierra
y todo, gracias a tu aliento, encontrará su justo lugar.
¡Espíritu Santo, Fuerza triunfadora!
*
Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein)
***

“Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

“Paz a vosotros.”

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

“Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo.”

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

“Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.”

*

Juan 20,19-23

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Era jueves. El cielo estaba gris; la tierra estaba cubierta de nieve y seguían cayendo voluminosos copos de nieve cuando el padre Serafín comenzó la conversación en un descampado cercano a su «pequeña ermita».

-«El Señor me ha revelado -empezó el gran stárets- que desde la infancia deseas conocer cuál es el fin de la vida cristiana… El verdadero fin de la vida cristiana es la adquisición del Espíritu Santo de Dios…»

-«¿Cómo “adquisición”? -le pregunté al padre Serafín-. No comprendo del todo…»

Entonces el padre Serafín me cogió por los hombros y me dijo:

-«Ambos estamos en la plenitud del Espíritu Santo. ¿Por qué no me miras?».

-«No puedo, padre. Hay lámparas que brillan en sus ojos, su rostro se ha vuelto más luminoso que el sol. Me duelen los ojos.»

-«No tengas miedo, amigo de Dios; también tú te has vuelto luminoso como yo. También ahora tú estás en la plenitud del Espíritu Santo; de lo contrario, no habrías podido verme.»

Inclinándose entonces hacia mí, me susurró al oído:

«Agradece al Señor que nos haya concedido esta gracia inexpresable. Pero ¿por qué no me miras a los ojos? Prueba a mirarme sin miedo: Dios está con nosotros».

Tras estas palabras levanté los ojos hacia su rostro y se apoderó de mí un miedo aún más grande.

-«¿Cómo te sientes ahora?», preguntó el padre Serafín.

-«¡Excepcionalmente bien!»

-«¿Cómo “bien”? ¿Qué entiendes por “bien”?»

-«Mi alma está colmada de un silencio y una paz inexpresables.»

-«Amigo de Dios, ésa es la paz de la que hablaba el Señor cuando decía a sus discípulos: “Os dejo la paz, os doy mi propia paz. Una paz que el mundo no os puede dar” (Jn 14,27). ¿Qué sientes ahora?»

-«Una delicia extraordinaria.»

«Es la delicia de que habla la Escritura: “Se sacian de la abundancia de tu casa, les das a beber en el río de tus delicias” (Sal 36,9). ¿Qué sientes ahora?»

-«Una alegría extraordinaria en el corazón.»

-«Cuando el Espíritu baja al hombre con la plenitud de sus dones, se llena el alma humana de una alegría inexpresable porque el Espíritu Santo vuelve a crear en la alegría todo lo que roza. Es la alegría de que habla el Señor en el Evangelio»

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Serafín de Sarov,
Vida y coloquio con Motovilov,
Turín 19892).

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“Aliento de vida”. Pentecostés – B. (Juan 20,19-23)

domingo, 19 de mayo de 2024
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IMG_4742Los hebreos se hacían una idea muy bella y real del misterio de la vida. Así describe la creación del hombre un viejo relato, muchos siglos anterior a Cristo: «El Señor Dios modeló al hombre del barro de la tierra. Luego sopló en su nariz aliento de vida. Y así el hombre se convirtió en un [ser] viviente».

Es lo que dice la experiencia. El ser humano es barro. En cualquier momento se puede desmoronar. ¿Cómo caminar con pies de barro? ¿Cómo mirar la vida con ojos de barro? ¿Cómo amar con corazón de barro? Sin embargo, este barro ¡vive! En su interior hay un aliento que le hace vivir. Es el Aliento de Dios. Su Espíritu vivificador.

Al final de su evangelio, Juan ha descrito una escena grandiosa. Es el momento culminante de Jesús resucitado. Según su relato, el nacimiento de la Iglesia es una «nueva creación». Al enviar a sus discípulos, Jesús «sopla su aliento sobre ellos y les dice: Recibid el Espíritu Santo».

Sin el Espíritu de Jesús, la Iglesia es barro sin vida: una comunidad incapaz de introducir esperanza, consuelo y vida en el mundo. Puede pronunciar palabras sublimes sin comunicar el aliento de Dios a los corazones. Puede hablar con seguridad y firmeza sin afianzar la fe de las personas. ¿De dónde va a sacar esperanza si no es del aliento de Jesús? ¿Cómo va a defenderse de la muerte sin el Espíritu del Resucitado?

Sin el Espíritu creador de Jesús podemos terminar viviendo en una Iglesia que se cierra a toda renovación: no está permitido soñar en grandes novedades; lo más seguro es una religión estática y controlada, que cambie lo menos posible; lo que hemos recibido de otros tiempos es también lo mejor para los nuestros; nuestras generaciones han de celebrar su fe vacilante con el lenguaje y los ritos de hace muchos siglos. Los caminos están marcados. No hay que preguntarse por qué.

¿Cómo no gritar con fuerza: «¡Ven, Espíritu Santo! Ven a tu Iglesia. Ven a liberarnos del miedo, la mediocridad y la falta de fe en tu fuerza creadora»? No hemos de mirar a otros. Hemos de abrir cada uno nuestro propio corazón

José Antonio Pagola

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“Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo”. Domingo 19 de mayo de 2024. Pentecostés

domingo, 19 de mayo de 2024
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34-PentecostesB cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 2,1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar:
Salmo responsorial: 103: Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
1Corintios 12,3b-7.12-13: Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo:
Juan 20,19-23: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo.

En el presente ciclo B pueden utilizarse tambien las siguientes lecturas:

Gálatas 5,16-25: El fruto del Espíritu.
Juan 15,26-27;16,12-15: El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena.

Cualquier gran ciudad de nuestro mundo rememora ya el ambiente de la torre de Babel: pluralidad de lenguas, pluralidad de culturas, pluralidad de ideas, pluralidad de estilos de vida y problemas inmensos de intolerancia e incomprensión entre los que la habitan. ¿Cómo convivir y entenderse quienes tienen tantas diferencias? La situación está volviéndose especialmente problemática en los países desarrollados, pero también en las grandes ciudades de todo el mundo. Inmigrantes del campo, del interior, de otras provincias o países que lo dejan todo para buscar un trabajo, un hogar, un lugar donde recibir sustento y calidad de vida. A la desesperada son cada día más los que abandonan su país para tocar a la puerta de los países desarrollados, aunque para ello haya que surcar mares tenebrosos en barcas desamparadas. Llegar a la otra orilla es la ilusión… Y cuando llegan, si es que los dejan entrar, comienza un verdadero calvario hasta poder situarse al nivel de los que allí viven. Nuestro mundo se ha convertido ya en paradigma de la torre de Babel, palabra que significaba «puerta de los dioses». Así se denominaba la ciudad, símbolo de la humanidad, precursora de la cultura urbana. Una ciudad en torno a una torre, una lengua y un proyecto: escalar el cielo, invadir el área de lo divino. El ser humano quiso ser como Dios (ya antes lo había intentado en el paraíso a nivel de pareja, ahora a nivel político) y se unió (-se uniformó-) para lograrlo.

Pero el proyecto se frustró: aquél Dios, celoso desde los comienzos del progreso humano, confundió (en hebreo, “balal”) las lenguas y acabó para siempre con la Puerta de los dioses (“Babel”). Tal vez nunca existió aquel mundo uniformado; quizá fue sólo una tentadora aspiración de poder humano. Después del castigo divino, las diferentes lenguas fueron el mayor obstáculo para la convivencia, principio de dispersión y de ruptura humana. El autor de la narración babélica no pensó en la riqueza de la pluralidad e interpretó el gesto divino como castigo. Pero hizo constar, ya desde el principio, que Dios estaba por el pluralismo, diferenciando a los habitantes del globo por la lengua y dispersándolos.

Diez siglos después de escribirse esta narración del libro del Génesis, leemos otra en el de los Hechos de los Apóstoles. Tuvo lugar el día de Pentecostés, fiesta de la siega en la que los judíos recordaban el pacto de Dios con el pueblo en el monte Sinaí, «cincuenta días» (=«Pentecostés») después de la salida de Egipto.

Estaban reunidos los discípulos, también cincuenta días después de la Resurrección (el éxodo de Jesús al Padre) e iban a recoger el fruto de la siembra del Maestro: la venida del Espíritu que se describe acompañada de sucesos, expresados como si se tratara de fenómenos sensibles: ruido como de viento huracanado, lenguas como de fuego que consume o acrisola, Espíritu (=«ruah»: aire, aliento vital, respiración) Santo (=«hagios»: no terreno, separado, divino). Es el modo que elige Lucas para expresar lo inenarrable, la irrupción de un Espíritu que les libraría del miedo y del temor y que les haría hablar con libertad para promulgar la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús.

Por esto, recibido el Espíritu, comienzan todos a hablar lenguas diferentes. Algunos han querido indicar con esta expresión que se trata de “ruidos extraños”; tal vez fuera así originariamente, al estilo de las reuniones de carismáticos. Pero Lucas dice “lenguas diferentes”. Así como suena. Poco importa por lo demás averiguar en qué consistió aquel fenómeno para cuya explicación no contamos con más datos. Lo que sí importa es saber que el movimiento de Jesús nace abierto a todo el mundo y a todos, que Dios ya no quiere la uniformidad, sino la pluralidad; que no quiere la confrontación sino el diálogo; que ha comenzado una nueva era en la que hay que proclamar que todos pueden ser hermanos, no sólo a pesar de, sino gracias a las diferencias; que ya es posible entenderse superando todo tipo de barreras que impiden la comunicación.

Porque este Espíritu de Dios no es Espíritu de monotonía o de uniformidad: es políglota, polifónico. Espíritu de concertación (del latín “concertare”: debatir, discutir, componer, pactar, acordar). Espíritu que pone de acuerdo a gente que tiene puntos de vista distintos o modos de ser diferentes. El día de Pentecostés, a más lenguas, no vino, como en Babel, más confusión. “Cada uno los oía hablar en su propio idioma de las maravillas de Dios”. Dios hacía posible el milagro de entenderse.. Se estrenó así la nueva Babel, la pretendida de Dios, lejos de uniformidades malsanas, un mundo plural, pero acorde. Ojalá que la reinventemos y no sigamos levantando muros ni barreras entre ricos y pobres, entre países desarrollados y en vías de desarrollo o ni siquiera eso. Leer más…

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18.5.24. Pentecostés, Carne y Espíritu de Dios: Profetas, reyes, sacerdotes

domingo, 19 de mayo de 2024
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IMG_4836Del blog de Xabier Pikaza:

Jesús ha dado por amor su vida (pascua) y a los «cincuenta días» (=Pentecostés) nace la Iglesia como presencia de Dios en todos los hombres y mujeres que comparten su vida como profetas (palabra), reyes (gestión social) y sacerdotes (celebración de amor, comida-bebida de fiesta).

En el fondo  de esa tríada (palabra, camino, fiesta) está el orden de poderes «romanos» que estudió G. Dumézil, convertidos en principios de vida/amor.

Así lo razonó Pablo (1 Cor 12-14) y lo ha justificó el Vaticano II (1962-1965), con el Catecismo de la Iglesia (1992), declarando que todos los cristianos son profetas-reyes-sacerdotes de Dios en Cristo, por medio del Espíritu Santo (como he puesto de relieve en Sistema-Iglesia, imagen 3).

Sobre esa base del profetismo, reino y sacerdocio,  siguiendo en la línea de los poderes sociales,  ha instituido más tarde unos ministros con autoridad especial (no superior) de manera que se ha podido pensar que ellos forman un “orden”  divino de diáconos, presbíteros y obispos/pastores.  

Pero, como dice la palabra, esos ·ministros” son minus/menos, siendo servidores (estando al servicio) del conjunto de la iglesia, pueblo profético, real y sacerdotal, como  celebramos este día Pentecostés 2024.

TRIA MUNERA, TRES SERVICIOS UNIVERSALES. VOLVER AL CATECISMO

 La iglesia tiene tres “autoridades” que equivalen de algún modo a los poderes de la sociedad civil (legislativo, ejecutivo, judicial). Esas autoridades (profética, sacerdotal y regia) vienen de Dios por Cristo y se identifican con el Espíritu Santo que actúa y vive en todos los creyentes . El Concilio Vaticano II aceptó en varios documentos ese esquema de las “tria munera” (tres autoridades) que proviene de la Biblia y de la primera iglesia y así lo confirmó el Catecismo  del año 1992

  1. El poder legislativo se puede vincular con la función profética. La normas de vida del judaísmo y de la Iglesia provienen de los “profetas”, que proclaman y codifican la Palabra de Dios. El Cristo profeta, todos los cristianos son profetas, «legisladores» de sí mismos y del conjunto de la iglesia.
  2. El poder ejecutivo se puede comparar con la función “real” (regia) de los gobernantes y, en especial, con la función de, Cristo, Rey-Mesías. Cristo es Rey, en él son reyes todos los cristianos, señores de sí mismo, hermanos de los demás, sin estar sometidos a nadie.
  3. Finalmente, en el lugar del poder judicial puede situarse en la Iglesia la función santificadora o sacerdotal. En Cristo-Sacerdote, todos los cristianos son por esencial (ontológicamente) sacerdotes.

CATECISMO. UN PUEBLO SACERDOTAL, PROFÉTICO Y REAL

Num. 783 Jesucristo es Aquél a quien el Padre ha ungido con el Espíritu Santo y lo ha constituido «Sacerdote, Profeta y Rey». Todo el Pueblo de Dios participa de estas tres funciones de Cristo y tiene las responsabilidades de misión y de servicio que se derivan de ellas (cf . Redemptor Hominis 18-21).

784 Al entrar en el Pueblo de Dios por la fe y el Bautismo se participa en la vocación única de este Pueblo: en su vocación sacerdotal: «Cristo el Señor, Pontífice tomado de entre los hombres, ha hecho del nuevo pueblo «un reino de sacerdotes para Dios, su Padre». Los bautizados, en efecto, por el nuevo nacimiento y por la unción del Espíritu Santo, quedan consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo»(LG 10).

785 «El pueblo santo de Dios participa también del carácter profético de Cristo». Lo es sobre todo por el sentido sobrenatural de la fe que es el de todo el pueblo, laicos y jerarquía, cuando «se adhiere indefectiblemente a la fe transmitida a los santos de una vez para siempre» (LG 12) y profundiza en su comprensión y se hace testigo de Cristo en medio de este mundo.

786 El Pueblo de Dios participa, por último, en la función regia de Cristo. Cristo ejerce su realeza atrayendo a sí a todos los hombres por su muerte y su resurrección (cf. Jn 12, 32). Cristo, Rey y Señor del universo, se hizo el servidor de todos, no habiendo «venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20, 28). Para el cristiano, «servir a Cristo es reinar» (LG 36), particularmente «en los pobres y en los que sufren» donde descubre «la imagen de su Fundador pobre y sufriente» (LG 8). El pueblo de Dios realiza su «dignidad regia» viviendo conforme a esta vocación de servir con Cristo.

«La señal de la cruz hace reyes a todos los regenerados en Cristo, y la unción del Espíritu Santo los consagra sacerdotes; y así, además de este especial servicio de nuestro ministerio, todos los cristianos espirituales y perfectos debe saber que son partícipes del linaje regio y del oficio sacerdotal. ¿Qué hay más regio que un espíritu que, sometido a Dios, rige su propio cuerpo? ¿Y qué hay más sacerdotal que ofrecer a Dios una conciencia pura y las inmaculadas víctimas de nuestra piedad en el altar del corazón?» (San León Magno, Sermo 4, 1).

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POR CRISTO, EN EL ESPÍRITU

Cristo es profeta, rey y sacerdote, en plenitud, como enviado-presencia (Hijo) de Dios de Dios y plenitud de la vida humana. En ese sentido, no hay en la iglesia otro profeta-rey-sacerdote que Cristo, la humanidad de Dios Unidos a Cristo, todos los bautizados son profetas, reyes y sacerdotes, con su misma palabra profética, su mismo poder real y su misma capacidad sagrada. Ésta es la novedad de Jesús. En ese sentido se habla del sacerdocio-realeza «común» de los fieles, en sentido ontológico, real. El bautismo (como principio y sentido de todos los sacramentos) les «consagra» profetas, reyes y sacerdotes. Así lo puse de relieve en mi libro sobre Sistema, Libertad, Iglesia

Todos los bautizados son profetas (es decir, legisladores, en el sentido pleno de la palabra… No reciben su doctrina de otros maestros exteriores, no son puros “dependientes” de un magisterio externo, sino portadores y testigos de la palabra de Dios que son “maestros”, en una línea que han puesto de relieve las Cartas de Juan: Cada cristiano recibe y despliega desde el fondo de sí mismo la palabra de Dos, cada uno «se es ley para sí mismo», en comunión con otros (Juan de la Cruz, Subida).

Todos los bautizados son reyes en Cristo. No son esclavos de nadie ni de Cristo, sino que son el m mismo Cristo. Nadie puede imponerles su dictado y mandar sobre ellos. Son reyes, responsables de sí mismos, capaces de realizar la obra de Cristo, en él y con él. En Cristo no hay reyes y súbditos, señores y esclavos, sino que todos son «uno» en Cristo, con su mismo poder de amor y servicio mutuo

Todos son, finalmente sacerdotes… en el sentido radical de la palabra. Éste es el sacerdocio verdadero, el más profundo, ése que suele llamarse “sacerdocio común de los fieles” (que es el sacerdocio «ontológico», si es que puede utilizarse esa palabra helenista). No hay una «tribu sacerdotal», como la de Leví-Aarón en el AT, sino un sacerdocio único, simbolizado por Melquisedec, que es Cristo (hebreos). La santidad de Cristo y su obra santificadora, representada y celebrada por la eucaristía, es por tanto un “carisma” de todos los bautizados, que se identifican con Cristo, varones o mujeres

ÉSTE ES EL PUNTO DE PARTIDA DE LA IGLESIA.

Ella es en cristo un “cuerpo” de profetas (palabra), reyes (poder de organizar em amor el mundo) y sacerdotes (capacidad de santificar la vida de los hombres. Ésta es la más alta profecía, reinado y sacerdocio de la Iglesia. No hay en ella como he dicho una tribu sacerdotal (Leví/Aarón)… No hay una dinastía regia como la de Judá/David en el Antiguo Testamento. Ni hay un clan especial de profetas… , Pues la palabra de la profecía (la palabra que se hace ley de vida) es de todos los creyentes.

Conforme a la experiencia de Pablo, proclamada en Gal 3, 28 (y en el conjunto de su epistolario) no hay en la iglesia distinción básica entre judíos y gentiles, varones y mujeres, reyes y no reyes, profetas y no profetas, sacerdotes y no sacerdotes, pues todos son (somos) uno en Cristo, todos profetas, todos reyes, todos sacerdotes.

MINISTERIOS SACERDOTALES.

SOLO EN UN SEGUNDO MOMENTO SE PUEDE HABLAR EN LA IGLESIA DE PROFETAS MINISTERIALES, REYES/GOBERNANTES MINISTERIALES Y SACERDOTES MINISTERIALES… que forman parte del «ordo», es decir, del ordenamiento social. La profecía-realeza-sacerdocio «ontológico» (bautismal, fundante) es la de todos los bautizados. Esta es la primera, la definitiva… y al servicio de ella es bueno que se instaure, en un segundo momento, un «orden/ordenamiento funcional» de profetas-sacerdotes-reyes.

  Por eso, los profetas (maestros, catequistas), los «ministros» (obispos, presbíteros) y los «sacerdotes presidentes de la celebración» no son más profetas, reyes o sacerdotes que el resto de los cristianos, sino igual que todos los demás, pero sl servicio del «ordenamiento» de la unidad y crecimiento de la Iglesia, tal como ha puesto de relieve Pablo en 1 Cor y Rom.

Estos profetas, reyes/animadores y sacerdotes ministeriales no tienen una profecía, reino y sacerdocio distinto, ni tienen más autoridad que el resto de los cristianos, sino la que en Cristo tienen todos los cristianos, aunque su «función» es importantísima como testimonio tarea de unidad para toda la Iglesia.

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Domingo de Pentecostés. Ciclo B

domingo, 19 de mayo de 2024
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250px-Pentecostés_(El_Greco,_1597)Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El “Gloria”, el himno que rezamos los domingos al comienzo de la misa, comienza alabando al “Dios Padre Todopoderoso”; sigue exaltando al “Señor nuestro Jesucristo”. Al final, casi de pasada, y como con vergüenza, termina: “Con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre”. Es un símbolo perfecto de la poca importancia que la mayoría de los católicos concede al Espíritu Santo. Aunque la situación ha cambiado notablemente en las últimas décadas, la fiesta de hoy ayuda a advertir la enorme importancia del Espíritu en nuestra vida cristiana y en la vida de la Iglesia.

La importancia del Espíritu (1 Corintios 12, 3b-7.12-13)

            En este pasaje Pablo habla de la acción del Espíritu en todos los cristianos. Gracias al Espíritu confesamos a Jesús como Señor (y por confesarlo se jugaban la vida, ya que los romanos consideraban que el Señor era el César). Gracias al Espíritu existen en la comunidad cristiana diversidad de ministerios y funciones (apostolado, enseñanza, gobierno, etc.). Y, gracias al Espíritu, en la comunidad cristiana no hay diferencias motivadas por la religión (judíos ni griegos) ni las clases sociales (esclavos ni libres). En la carta a los Gálatas dirá Pablo que también desaparecen las diferencias basadas en el género (varones y mujeres). Se cumple lo anunciado por el profeta Joel: «Después derramaré mi espíritu sobre todos: vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes verán visiones. También sobre siervos y siervas derramaré mi espíritu aquel día». En definitiva, todo lo que somos y tenemos los cristianos es fruto del Espíritu, porque es la forma en que Jesús resucitado sigue presente entre nosotros.

Hermanos:

Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Ciento veinte contra diez. Dos versiones del don del Espíritu Santo.

            Lucas y Juan cuentan el don del Espíritu de manera muy distinta. Lucas, en la línea del profeta Joel, lo presenta como un don a toda la comunidad cristiana, simbolizada por las ciento veinte personas reunidas en Jerusalén, que la impulsa a proclamar las grandezas de Dios. Juan, en cambio, lo relaciona con la promesa de Jesús durante la última cena: «Yo pediré al Padre que os dé otro abogado que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad» (Jn 14,15), ese Espíritu que «os enseñará todo y os irá recordando todo lo que yo os he dicho» (Jn 14,26). Una promesa hecha a los Once (Judas ya se ha ido de la cena) y que se cumple a los Diez (porque Tomás está ausente).

            En resumen, Lucas enfoca el don desde el punto de vista de la alabanza universal, Juan desde el punto de vista de la misión de los apóstoles.

La versión de Lucas (Hechos de los apóstoles 2,1-11)

            A nivel individual, el Espíritu se comunica en el bautismo. Pero Lucas, en los Hechos, desea inculcar que la venida del Espíritu no es sólo una experiencia personal y privada, sino de toda la comunidad. Por eso viene sobre todos los presentes, que, como ha dicho poco antes, era unas ciento veinte personas (cantidad simbólica: doce por diez). Al mismo tiempo, vincula estrechamente el don del Espíritu con el apostolado. El Espíritu no viene solo a cohesionar a la comunidad internamente, también la lanza hacia fuera para que proclame «las maravillas de Dios», como reconocen al final los judíos presentes.

Al llegar el día de pentecostés, estaban todos los discípulos juntos en el mismo lugar. De repente un ruido del cielo, como de viento impetuoso, llenó toda la casa donde estaban. Se les aparecieron como lenguas de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu Santo les movía a expresarse.

Había en Jerusalén judíos piadosos de todas las naciones que hay bajo el cielo. Al oír el ruido, la multitud se reunió y se quedó estupefacta, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Fuera de sí todos por aquella maravilla, decían: «¿No son galileos todos los que hablan? Pues, ¿cómo nosotros los oímos cada uno en nuestra lengua materna? Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, el Ponto y el Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y las regiones de Libia y de Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestras lenguas las grandezas de Dios».

La versión de Juan 20, 19-23

            Tratándose de algo tan importante, resulta curioso la brevedad con la que trata el don del Espíritu, relegándolo al final, después del saludo, la confirmación de que es Jesús quien se aparece, y el envío de los apóstoles.

El saludo es el habitual entre los judíos: “La paz esté con vosotros”. Pero en este caso no se trata de pura fórmula, porque los discípulos, muertos de miedo a los judíos, están muy necesitados de paz.

Ese paz se la concede la presencia de Jesús, algo que parece imposible, porque las puertas están cerradas. Al mostrarles las manos y los pies, confirma que es realmente él. Los signos del sufrimiento y la muerte, los pies y manos atravesados por los clavos, se convierten en signo de salvación, y los discípulos se llenan de alegría.

Todo podría haber terminado aquí, con la paz y la alegría que sustituyen al miedo. Sin embargo, en los relatos de apariciones nunca falta un elemento esencial: la misión. Una misión que culmina el plan de Dios: el Padre envió a Jesús, Jesús envía a los apóstoles. [Dada la escasez actual de vocaciones sacerdotales y religiosas, no es mal momento para recordar otro pasaje de Juan, donde Jesús dice: “Rogad al Señor de la mies que envíe operarios a su mies”].

Todo termina con una acción sorprendente: Jesús sopla sobre los discípulos. No dice el evangelistas si lo hace sobre todos en conjunto o lo hace uno a uno. Ese detalle carece de importancia. Lo importante es el simbolismo. En hebreo, la palabra ruaj puede significar “viento” y “espíritu”. Jesús, al soplar (que recuerda al viento) infunde el Espíritu Santo. Este don está estrechamente vinculado con la misión que acaban de encomendarles. A lo largo de su actividad, los apóstoles entrarán en contacto con numerosas personas; entre las que deseen hacerse cristianas habrá que distinguir entre quiénes pueden ser aceptadas en la comunidad (perdonándoles los pecados) y quiénes no, al menos temporalmente (reteniéndoles los pecados).

En la tarde de aquel día, el primero de la semana, y estando los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos, llegó Jesús, se puso en medio y les dijo:

«¡La paz esté con vosotros!».

Y les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Él repitió:

«¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros».

Después sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengáis, les serán retenidos».

Resumen

            Estas breves ideas dejan clara la importancia esencial del Espíritu en la vida de cada cristiano y de la Iglesia. El lenguaje posterior de la teología, con el deseo de profundizar en el misterio, ha contribuido a alejar al pueblo cristiano de esta experiencia fundamental. En cambio, la preciosa Secuencia de la misa ayuda a rescatarla, aunque se le podría objetar una visión demasiado intimista, en comparación con la eminentemente apostólica de Hechos y Juan.

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

El don de lenguas

«Y empezaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse». El primer problema consiste en saber si se trata de lenguas habladas en otras partes del mundo, o de lenguas extrañas, misteriosas, que nadie conoce. En este relato es claro que se trata de lenguas habladas en otros sitios. Los judíos presentes dicen que «cada uno los oye hablar en su lengua nativa». Pero esta interpretación no es válida para los casos posteriores del centurión Cornelio y de los discípulos de Éfeso. Aunque algunos autores se niegan a distinguir dos fenómenos, parece que nos encontramos ante dos hechos distintos: hablar idiomas extranjeros y hablar «lenguas extrañas» (lo que Pablo llamará «las lenguas de los ángeles»).

El primero es fácil de racionalizar. Los primeros misioneros cristianos debieron enfrentarse al mismo problema que tantos otros misioneros a lo largo de la historia: aprender lenguas desconocidas para transmitir el mensaje de Jesús. Este hecho, siempre difícil, sobre todo cuando no existen gramáticas ni escuelas de idiomas, es algo que parece impresionar a Lucas y que desea recoger como un don especial del Espíritu, presentando como un milagro inicial lo que sería fruto de mucho esfuerzo.

El segundo es más complejo. Lo conocemos a través de la primera carta de Pablo a los Corintios. En aquella comunidad, que era la más exótica de las fundadas por él, algunos tenían este don, que consideraban superior a cualquier otro. En la base de este fenómeno podría estar la conciencia de que cualquier idioma es pobrísimo a la hora de hablar de Dios y de alabarlo. Faltan las palabras. Y se recurre a sonidos extraños, incomprensibles para los demás, que intentan expresar los sentimientos más hondos, en una línea de experiencia mística. Por eso hace falta alguien que traduzca el contenido, como ocurría en Corinto. (Creo que este fenómeno, curiosamente atestiguado en Grecia, podría ponerse en relación con la tradición del oráculo de Delfos, donde la Pitia habla un lenguaje ininteligible que es interpretado por el “profeta”).

Sin embargo, no es claro que esta interpretación tan teológica y profunda sea la única posible. En ciertos grupos carismáticos actuales hay personas que siguen «hablando en lenguas»; un observador imparcial me comunica que lo interpretan como pura emisión de sonidos extraños, sin ningún contenido. Esto se presta a convertirse en un auténtico galimatías, como indica Pablo a los Corintios. No sirve de nada a los presentes, y si viene algún no creyente, pensará que todos están locos.

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19 de Mayo. Domingo de Pentecostés

domingo, 19 de mayo de 2024
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Cuando venga el Espíritu de la verdad, él os irá guiando hasta la verdad plena.»

(Jn 15, 26-27;16, 12-15)

Comenzamos este escrito con una pregunta. ¿Qué imagen de Dios tenemos? Porque es muy distinto relacionarnos con un Dios individual que con un Dios trinitario que habla de relación, de diversidad, de entrelazamiento, de no poder existir el Padre sin el Hijo y sin el Espíritu y viceversa. Son relaciones basadas en la libertad del amar.

Comienza este texto diciendo «cuando venga el espíritu de la verdad…» La palabra verdad tenemos que cambiarla por plenitud. La verdad es una categoría mental, que lleva a una categoría humana, donde cada uno vive según su verdad. La verdad a la que se refiere el texto es la plenitud, la completud.

Jesús envía el espíritu de la verdad cuando su presencia humana ya no está físicamente con nosotros y análogamente percibimos el espíritu de quienes queremos, su presencia de infinitud cuando ya no están físicamente con nostr@s.

Jesús envía el Espíritu que procede del Padre. La danza divina de la comunión, el entrelazamiento de lo que son. Metafóricamente el Misterio se asemeja a una infinita red constituida por su misma interrelación. El espíritu es el otro brazo del Padre, según la expresión de San Ireneo. Es importante caer en la cuenta de que Cristo significa el Ungido: “Aquél que ha recibido el Espíritu”.

“El Espíritu dará testimonio sobre mí, vosotros seréis mis testigos, porque habéis estado conmigo desde el principio”.

La palabra testimonio viene del griego mártirμάρτυρας», «testigo»). Que hace referencia a quien da fe de algo debido a que lo ha vivido o presenciado. Unificación de los polos divino y humano. Dos testimonios, el Espíritu, presencia divina y viva de Jesús y los discípulos manifestación real de la vida vivida junto al maestro.

Tendría que deciros muchas más cosas…” El espíritu nos introduce en una nueva manera de vivir, la de comprender. Sin el espíritu no podemos pasar del entendimiento a la “comprensión”.

“Él no hablará por su cuenta” porque vive en una relacionalidad que expresa la comunión profunda que transparenta la esencia que los une. No existen relaciones lineales ni jerárquicas sino de profundidad.

El Espíritu Santo es la fuerza vital divina que hace todo el espacio más transparente. El Espiritu transformador, surge de la libertad y creatividad ilimitadas.

Y os anunciará las cosas venideras”. Nos impulsa el pasado, pero nos atrae el futuro, que nos invita a movernos hacía delante, y aquí descubrimos que nuestra inquietud interior es divina, fruto del Espíritu que sopla como quiere y donde quiere y que nunca dejará de asombrarnos y sorprendernos. El Espíritu fuerza viva que abre caminos de novedad y Vida.

ORACIÓN

Espíritu Santo, descúbrenos la verdadera comunión, la danza ininterrumpida y flexible que es esencia de interrelacionalidad, profundidad y plenitud.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Dios-Espíritu es ‘Ruah’, Fuerza, Energía que empuja a la meta.

domingo, 19 de mayo de 2024
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listenerPENTECOSTÉS (B)

Jn 20,19-23

Para entender hoy lo que celebramos, debemos mirar a la Trinidad. Lo que digamos lo tenemos adelantado para el próximo domingo. Que yo sepa, la teología oficial nunca ha dicho que el Padre, el Hijo o el Espíritu actuaran por separado. La distinción de las personas en la Trinidad, solo se manifiesta en sus relaciones “ad intra”, es decir, cuando se relacionan una con otra. En sus relaciones “ad extra”, es decir, en sus relaciones con las criaturas, se comportan siempre como uno.

La fiesta de Pentecostés es la culminación de todo el tiempo pascual. Las primeras comunidades tenían claro que todo lo que estaba pasando en ellas era obra del Espíritu. Todo lo que había realizado el Espíritu en Jesús, lo estaba realizando ahora en cada uno de ellos y queda reflejado en la idea de Pentecostés. Es el símbolo de la acción del Espíritu a través de Jesús. También para cada uno de nosotros, celebrar la Pascua significa descubrir la presencia en nosotros de Dios-Espíritu.

Según lo que acabamos de decir, siempre que hablamos del Espíritu, hablamos de Dios. Y siempre que hablamos de Dios, hablamos del Espíritu, porque Dios es Espíritu. Pentecostés era una fiesta judía que conmemoraba la alianza del Sinaí a los cincuenta días de Pascua. Nosotros celebramos hoy la venida del Espíritu, también a los cincuenta días de la Pascua, pero sabiendo que no tiene que venir de ninguna parte. Para nosotros el fundamento de la nueva comunidad no es la Ley sino el Espíritu.

Tanto la “ruah” hebrea como el “pneuma” griego, significan viento. La raíz de esta palabra en las lenguas semíticas es rwh, que significa el espacio entre cielo tierra, que puede estar en calma o en movimiento. Sería el ámbito del que los seres vivos beben la vida. En estas culturas el signo de vida era la respiración. Ruah vino a significar soplo vital. Cuando Dios modela al hombre de barro, le sopla en la nariz el hálito de vida. En el evangelio que hemos leído hoy, Jesús exhala su aliento para comunicar el Espíritu. La misma tierra era concebida como un ser vivo, el viento era su respiración.

No es tan corriente como suele creerse el uso específicamente teológico del término «ruah» (espíritu). Solamente en 20 pasajes del las 389 veces que aparece en el AT, podemos encontrar este sentido. En los textos más antiguos se habla del espíritu de Dios que capacita a alguien para llevar a cabo una misión que salva al pueblo. Con la monarquía el Espíritu se convierte en un don permanente para el monarca (ungido). De aquí se pasa a hablar del Mesías como portador del Espíritu. Solo después del exilio, se habla también del don del espíritu al pueblo en su conjunto.

En el NT, «espíritu» tiene un significado fluctuante, hasta cierto punto todavía judío. El mismo término «ruah» se presta a un significado simbólico. Solamente en algunos textos de Juan parece tener el significado de una persona. El NT no determina con precisión la relación de la obra salvífica de Jesús con la del E. S. No está claro si el Pneuma es una entidad personal o si por el contrario significa un aspecto de Dios.

Es una pena que incluso hayamos materializado al Espíritu. Pensamos en él como un ser individual que anda por ahí haciendo de la suyas separado del Padre y del Hijo. La devoción al Espíritu Santo o las innumerables oraciones que le dirigimos dan cuenta de ello. Como nos pasa con el Padre y el Hijo estamos incapacitados para no hacernos ninguna imagen individual de ellos. Querer comprenderlos racionalmente se convierte en un nudo gordiano que nos tiene atados y no sabemos ni deshacer ni cortar.

Jesús es concebido por el Espíritu, baja sobre él en el bautismo, es conducido por él al desierto, etc. No podemos pensar en un Jesús teledirigido por otra entidad desde fuera de él. Según el NT, Cristo y el Espíritu desempeñan la misma función. Dios es llamado Pneuma; y el mismo Cristo en algunas ocasiones. En unos relatos lo promete, en otros lo comunica. Unas veces les dice que la fuerza del E. S. está con ellos, en otros dice que no les dejará desamparados, que él mismo estará siempre con ellos.

Hoy sabemos que el Espíritu Santo es un aspecto del mismo Dios. Por lo tanto, forma parte de nosotros mismos y no tiene que venir de ninguna parte. Está en mí, antes de que yo mismo empezara a existir. Es el fundamento de mi ser y la causa de todas mis posibilidades de ser en el orden espiritual. Nada puedo ser ni hacer sin él, pero tampoco estaré nunca privado de su presencia. Todas las oraciones que piden la venida del E. S. nacen de la ignorancia de lo que queremos significar con ese nombre.

Está siempre en cada uno de nosotros, pero no siempre somos conscientes de ello y como Dios no puede violentar ninguna naturaleza, porque actúa siempre conforme a ella, podemos pasar toda la vida sin descubrir su presencia. Dios-Espíritu es el mismo en todos y nos empuja hacia la misma meta. Pero como cada uno estamos en un “lugar” diferente, el camino que nos obliga a recorrer, será siempre distinto.

No es la meta la que distinguen a los que se dejan mover por el Espíritu, sino los caminos que llevan a ella. El labrador, el médico, el sacerdote tienen que tener el mismo objetivo vital si están movidos por el mismo Espíritu, pero su tarea es distinta. Una mayor humanidad será la manifestación de su presencia. La mayor preocupación por los demás, es la mejor muestra de que uno se está dejando llevar por él.

Si Dios está en cada uno de nosotros como Absoluto, no hay manera de imaginar que pueda darse más a uno que a otro. En toda criatura se ha derramado todo el Espíritu. Esgrimir el Espíritu como garantía de autoridad es la mejor prueba de que uno no se ha enterado de lo que tiene dentro. Porque tiene la fuerza del Espíritu, el campesino será responsable y solícito en su trabajo y con su familia. En nombre del mismo Espíritu, el obispo desempeñará las tareas propias de su cargo. Siempre que queremos imponernos a los demás con cualquier clase de autoridad, estamos dejándonos llevar de nuestro espíritu raquítico, no del Espíritu.

La presencia de Dios en nosotros nos mueve a parecernos a Él. Pero, si tenemos una idea masculina de Dios como poder, señorío y mando, que premia y castiga, repetiremos esas cualidades en nosotros. El intento de ser como Dios, en el relato de la torre de Babel, queda contrarrestado en este relato que nos habla de reunir y unificar lo que era diverso. El único lenguaje que todo el mundo entiende es el amor. Si descubrimos el Dios de Jesús que es amor total, intentaremos repetir en nosotros ese Dios, amando, reconciliando y sirviendo a los demás. Esta es la diferencia abismal entre seguir al Dios-Espíritu o a nuestro espíritu.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Pentecostés

domingo, 19 de mayo de 2024
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pentecostes

Jn 20, 19-23

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo»

El espíritu de Dios se cernió sobre la Tierra poniendo orden en el caos primitivo, se coló por las narices del muñeco de barro para que en el mundo pudiese haber amor, tolerancia, libertad, felicidad… suscitó profetas que guiasen a los hombres y mujeres por el camino de la vida y sopló como un huracán en Jesús de Nazaret.

El texto de hoy nos presenta al Espíritu empapando a los discípulos encerrados en Jerusalén tras la muerte de Jesús. Aquellos hombres y mujeres habían creído en él y lo habían dejado todo por seguirle, pero durante todo el tiempo que permanecieron a su lado estuvieron creyendo mal. Estuvieron creyendo que era el mesías esperado por Israel, el que iba a expulsar a los romanos e instaurar un reino de paz y justicia como nunca se había visto otro en el mundo… Y hasta discutían por ver cómo se iban a repartir los altos cargos de ese reino.

Pero subieron a Jerusalén y todo se desbarató.

La muerte de Jesús en la cruz supuso un golpe demoledor para su fe, porque los hechos demostraban que Dios no estaba con él, sino con los sacerdotes que lo habían vencido. Quizás en un primer momento esperaron que bajase de la cruz, o que resucitase tal como ellos le habían entendido, pero pasaron las horas, pasaron los días, y fueron perdiendo la esperanza.

Dicen los especialistas que permanecieron encerrados en Jerusalén hasta que finalizó la Pascua, y que salieron de allí mezclados con los peregrinos que volvían a sus lugares de origen tras celebrarla. Esta interpretación parece corroborada por el propio Juan, quien afirma en el capítulo 21 de su evangelio que regresaron a Galilea y retomaron sus ocupaciones. Pedro, Andrés y los Zebedeos volvieron a la mar.

Su fe había muerto y el mensaje de Jesús parecía irremisiblemente perdido, pero Dios estaba con él a pesar de las apariencias, y su Espíritu, el espíritu de Dios, actuó sobre ellos con tal fuerza, que sus ojos se abrieron definitivamente y al fin creyeron bien. Y recuperaron la esperanza, y con ella recuperaron también el coraje necesario para abrazar con ímpetu arrollador la misión —aparentemente imposible— de proclamar la fe en el profeta crucificado. Dice Lucas en Hechos que en su primera aparición pública se convirtieron tres mil personas.

Sin duda ha sido también el espíritu de Dios el que ha mantenido el mensaje de Jesús hasta nuestros días a pesar de las innumerables barbaridades que sus seguidores hemos cometido en el seno de “su” Iglesia, y ello nos hace albergar la esperanza de que seguirá soplando hasta llevar a la humanidad a plenitud.

Como decía Ruiz de Galarreta «Creer en el viento de Dios es una hermosa profesión de fe en que Dios no está ausente, sino presente y activo de una manera concreta: alentando, empujando».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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