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Vida después de la muerte.

sábado, 16 de febrero de 2019
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NOSOTROSESCOGEMOSEntrevista de Ima Sanchis a Luján Comas, licenciada en medicina, especializada en anestesiología y reanimación, en La Contra, de La Vanguardia

69 años. Barcelonesa. Viuda, tengo tres hijos. Trabajé como médico adjunto en el hospital Vall d’Hebron 32 años y ahora lo hago en una consulta privada de medicina integrativa. Soy apolítica, pero creo que las mujeres pueden cambiar las cosas. En la vida todo tiene sentido, estamos aquí para evolucionar.

Amiga de la muerte

Ejerciendo su especialidad, anestesiología y reanimación, se preguntó qué pasa con la conciencia mientras nuestros parámetros vitales son una línea inexpresiva. Pero el empujón final para dedicarse a investigar sobre la muerte y las ECM (experiencias cercanas a la muerte) fue cuando a su marido le diagnosticaron una enfermedad terminal. Es cofundadora de la asociación sin ánimo de lucro Merry Human Life Society (Merrylife) para la evolución de la conciencia, y coautora del libro ¿Existe la muerte? junto a Anji Carmelo. Será ponente de una jornada sobre la continuidad de la consciencia más allá de la muerte que tendrá lugar el sábado 6 de octubre en la Facultad de Psicología de la Blanquerna y organiza Merrylife.

“Considero que la muerte es el momento más importante de la vida. Aquí se queda todo lo denso, te llevas tu conciencia”.

 ¿Cuál es su experiencia con la muerte?

Trabajé como médico adjunto en el hospital Vall d’Hebron durante 32 años, de ellos 18 como anestesióloga en cirugía cardiaca.

¿Muerte y reanimación han sido su pan de cada día?

He estado en contacto con la muerte desde dos vertientes. Una es personal: yo nací tras la muerte de una hermana, recuerdo ir al cementerio desde muy pequeña. También viví tres abortos tardíos de mi madre, la muerte de un hermano a los 26 años y la muerte de mi marido.

¿A qué edad enviudó?

A los 48 años. Fue entonces, con el diagnóstico de enfermedad terminal de mi marido, médico reumatólogo, cuando empecé a investigar la muerte y la posibilidad de un más allá para ayudarle en ese tránsito.

¿Y en lo profesional?

Debido a mi especialidad he reanimado muchos paros cardiacos y he asistido a operaciones muy graves. Fui parte del equipo del primer trasplante bipulmonar de España y el primer unipulmonar de Catalunya. Todo esto me acerca mucho a la muerte y hace que me haga muchas preguntas.

Hablemos de ellas.

Había un tipo de operaciones que hacíamos en cirugía cardiaca bajo hipotermia profunda. Casos en los que la aorta se rompe en la zona de la que salen las arterias que irrigan el cerebro. Para que el cirujano pudiera coser teníamos que parar la circulación sanguínea, el corazón y la respiración.

¿Y eso no es la muerte?

Sí, aparentemente la persona está muerta. Luego, a través del calentamiento, el oxígeno y los fármacos, su actividad vuelve a la vida. Yo no podía evitar preguntarme: ¿dónde está la conciencia mientras tanto? Si la conciencia está en el cerebro, cuando este no recibe oxígeno, ¿qué pasa con ella?

¿Qué entendió?

Que la conciencia no es un producto de nuestro cerebro sino que utiliza a nuestro cerebro. Dediqué mucho tiempo a investigar las ECM (experiencias cercanas a la muerte).

Ha colaborado usted con el cardiólogo holandés Pin Van Lommel.

Sí, que desde 1988 se ha dedicado a documentar casos incuestionables de ECM. En el 2001, en The Lancet, publicó un estudio clínico prospectivo con 344 pacientes en el que participaron diez hospitales holandeses.

¿Sobre vivencias de ECM?

Sí, pacientes que mueren clínicamente, es decir, que corazón y cerebro dejan de funcionar, y aun así pueden explicar sus percepciones sensoriales como si fueran un ser completo (las personas ciegas ven como si tuvieran vista, los sordos oyen…), y pueden sentir, recordar y pensar. Pero su cerebro no tiene rastro de actividad porque simplemente está “muerto”.

¿Y qué cuentan?

Las situaciones más comunes descritas son que han podido verse a sí mismos y lo que pasaba en aquel momento en su entorno; han revisado toda su vida en el pasado y también en el futuro y comprendido el sentido de su existencia. Han sentido una paz y un amor incondicional indescriptible.

¿Pese a que su cerebro está muerto?

Sí, por tanto esa consciencia que continúa durante este trance no se encuentra en el cerebro. Es una energía, y como energía no se crea ni se destruye, se transforma y perdura.

¿Se da algún cambio en esas personas?

La mayoría modifican su escala de valores, pierden el miedo a morir y afrontan la vida de una forma radicalmente diferente: empiezan a dedicarse a trabajos que dan sentido a sus vidas, de servicio y ayuda a los otros…

Hay médicos que afirman que esas experiencias son meras alucinaciones.

Sí, debidas a la falta de oxígeno que todos sufrimos en ese momento, pero no todos tenemos un ECM, tan solo un 20%. También dicen que son causadas por el exceso de anhídrido carbónico o por una epilepsia del lóbulo temporal, pero todas son rebatibles.

¿Cómo se lo explica usted?

En 1990, Stuart Hameroff, psicólogo en la Universidad de Arizona, y Roger Penrose, físico matemático en la de Oxford, propusieron que los microtúbulos, las unidades más pequeñas del citoesqueleto de las células, actúan como canales para la transferencia de información cuántica responsable de la consciencia.

¿Somos como aparatos de radio?

Exacto, y cuando morimos el contenido de los microtúbulos vuelve a esa conciencia cuántica y si te reaniman se puede recuperar.

¿Me está diciendo que en nosotros hay una conciencia universal?

Sí, y cuando mueres esa conciencia a la que se suman tus experiencias pasa a la conciencia cuántica, pero no se pierde la información.

¿Se trata de una conciencia que está continuamente aprendiendo?

Sí, continuamente, y que está conectada a todo. El mundo de las subpartículas de las que todo está hecho, están interconectados, usted, yo, los árboles, la mesa, todo el universo… Puede ser una explicación. Lo que está claro es que si entendiésemos que no existe la muerte, no tendríamos miedo y viviríamos de otra manera.

Ima Sanchis

La Contra. La Vanguardia

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La vida: un regalo vulnerable.

lunes, 11 de febrero de 2019
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De blog de Henri Nouwen:

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«La vida es un bien precioso. No porque sea inmutable como un diamante, sino porque es vulnerable como una avecilla. Amar la vida significa amar su vulnerabilidad, solicitando cuidado, atención, guía, apoyo. La vida y la muerte están unidas por la vulnerabilidad. El recién nacido y el anciano en su lecho de muerte, nos recuerdan lo preciosa que son nuestras vidas. En los momentos en que somos poderosos, tenemos éxito o gozamos de popularidad, no debemos olvidar que la vida es un bien precioso… y vulnerable.»

*

Henri Nouwen

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«¿A dónde vamos tan deprisa?», por José Arregi

viernes, 8 de febrero de 2019
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46078393745_8882920463_zLeído en su blog:

El ritmo que llevamos me produce vértigo. Especialmente alarmante, y todo un síntoma cultural de la anticultura en que vivimos, es el estrés de las madres y de los padres jóvenes con hijos: la hipoteca, la cocina, la limpieza, la compra, el ambulatorio, la consulta, la guardería, el colegio, los extraescolares hasta las tantas, averías sin fin, facturas y más facturas.

Llega el fin de semana, deporte escolar: levántate, llévalo, tráelo. Hoy os toca con el padre, hoy os toca con la madre, haz y deshaz la mochila, carga, vete, alguien llora a solas cada vez. Es para volverse locos. Son unos héroes, o unos santos. ¿Cómo que santos? ¿No llaman el Concilio Vaticano II y el Derecho Canónico “estado de perfección” a la vida del convento?

Pero sigamos. Sin tiempo de respirar, llega la noche del domingo, y hay tanto que limpiar y preparar para mañana. Ya es lunes. Quien tiene la suerte de tener empleo corre, con el cuerpo cansado, el alma desganada. Trabaja ocho horas, con cien mil cosas en la cabeza, y sin saber si mañana podrá trabajar, todo ello por 1.000 € al mes, 1.600 sería una fortuna.

¿Pero sabes a cuánto equivaldría hoy, según el poder adquisitivo, el salario más humilde de los años 60 y 70? Equivaldría a 2.800 €. Sic. Pásmate. Yo tampoco me lo podía creer, pero lo ha demostrado Roberto Velasco, catedrático de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad del País Vasco.

¿A dónde habrá ido a parar la diferencia entre los 1.000 € que ganan muchos y los 2.800 que deberían ganar? No creo que todo se lo hayan llevado las empresas chinas e indias, cuyos productos tumban nuestros precios y, por lo tanto, nuestros salarios. Algo tendrá que ver el que las 26 personas más ricas del mundo posean tanta riqueza como los 3.800 millones de personas más pobres del planeta: lo ha denunciado OXFAM en el informe “Bienestar público o beneficio privado”, elaborado con ocasión de la última edición del Foro Económico Mundial que cada año reúne en Davos (Suiza) a los poderosos de la Tierra, esa “gente muy seria –ha dicho alguien– que se junta para discutir sobre cómo no hacer nada con la desigualdad”. Es la raíz estructural del mal.

¡Pobres hombres!, lo digo por todos:
por la especie humana de esta bendita Tierra, por las 3.800 millones personas más pobres que malviven en ella, por todos nosotros, y también por las 26 personas más ricas del planeta, pues no puedo creer que sean felices siendo tan inconscientes en su burbuja. Somos la única especie que ha decidido sacrificar el bienestar común por el beneficio privado. ¡Pobre humanidad!

¿Qué nos ha traído hasta aquí? Es la codicia de querer tener cada vez más, sobre todo más que el vecino. La codicia viene a su vez del miedo, el miedo a perder, sobre todo a tener menos que el vecino. Gran error, pura inconsciencia. La codicia nos lleva a competir con todos, hasta con nosotros mismos, para desgracia de todos. Si no le devoro, me devorará. Competir es la ley global sin regla. Es el medio y el fin. Ir más rápido que el otro, ganar la carrera. Ganar. ¿Es la ley de la vida? Es la ley de la muerte.

Esta competitividad, fruto y llave de la codicia, es la que ha acelerado la economía, la historia, la vida de nuestros jóvenes padres, nuestra vida. La era de los cazadores-recolectores tardó o, mejor, se tomó 290.000 para inventar la agricultura. La agricultura se tomó solo 12.000 años para pasar a la industria, inventando la máquina de vapor en 1769. Pero en apenas 250 años, la industria ya va por su cuarta revolución, y nadie sabe a dónde nos conduce, si a lo mejor o a lo peor. Una cosa es cierta: vamos cada vez más rápido. Huimos adelante. Cuantas más máquinas inteligentes fabricamos, menos descansamos. Si seguimos acelerando, nos estrellaremos.

¿Cómo podremos acompasar el ritmo, corregir el rumbo? Está claro: debemos parar, respirar a fondo, hacernos presentes, escuchar el silencio, sentir el jadeo, mirar al herido. Dejar de huir adelante, recuperar la calma, ser lo que somos, vivir en paz. Permitidme decirlo con una palabra: espiritualidad. Con o sin religión, pero espiritualidad.

¿Y las religiones? Las religiones nacieron del soplo vital libre que alienta cuanto es. Nacieron para infundirlo, y tomaron forma. Pero cuando se aferran a la forma –a la letra, al dogma, al rito, al poder, a la cosmovisión de otro tiempo, a su propia necesidad de supervivencia–, la forma las ahoga. Buscan seguridad en el pasado, desertando el presente con su cultura, sus preguntas, sus gozos y dramas. Se vuelven incapaces de infundir aliento.

Las religiones huyen atrás, y la gente huye de ellas. Les queda una de dos: liberarse o morir (o convertirse en gueto, que equivale a morir). Solo si aceptan liberarse de su forma pasada podrán todavía vivir e infundir aliento a una humanidad y un planeta sofocados por la prisa. Pero me pregunto si las religiones no son, también ellas, víctimas de la prisa, de la ambición de ganar, del empeño letal por defender su posesión del bien y de la verdad, de sus intereses privados frente al bienestar común.

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El sentido de la vida

miércoles, 2 de enero de 2019
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Del blog Pays de Zabulon:

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«Hay un problema con la navidad.
El recién nacido que se celebra, lo mataremos unos meses después, en Semana Santa …

Y luego aprendemos que de esta masacre, no nos culpamos.
Es el enigma más grande de todos:
La Pascua es más grande que la Navidad.
pero están vinculados, como las dos caras de una misma moneda.

¿Quién no ha visto el terror en los ojos de un recién nacido? Uno debe imaginar una estrella caída en la habitación sobrecalentada de una sala de maternidad. Esta estrella no entiende dónde está, o qué hace, y comienza a sentir los temblores del hambre y la sed, amenazas cuyo nombre no conoce.

Lo extraordinario es que el que está más expuesto es el mayor donante. Porque obviamente, nada es más agradable que un bebé. Pero, ¿cómo puede alguien que está en peligro cada segundo de su vida, alguien que está tan ansioso, complacernos tanto? Un bebé recién nacido es la encrucijada de la mayor angustia y del mayor apaciguamiento.

No podemos resolver esta paradoja.
Pero al vislumbrarla
Sabemos que tenemos una respuesta absolutamente imposible de formular.
A nuestras preguntas sobre el sentido de la vida.»

*

Christian Bobin,
Abécedaire intime de Noël in La Vie

***

Fuente fototo : The Conversation

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2018 ¡Canto de acción de gracias!

lunes, 31 de diciembre de 2018
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imagesRetomamos este artículo de 2015, de Carmen Herrero, Fraternidad Monástica de Jerusalén,
Estrasburgo (Francia).

ECLESALIA.- 30/12/15.- El final el año es un tiempo importante para la acción de gracias, para agradecer a Dios, nuestro Padre, por todo cuanto hemos recibido, ya que todo don procede de Él. La gratitud a Dios y a los hermanos es la nobleza más profunda del ser humano. Quien no es agradecido, es como si una parte de su existencia quedase muerta, sin vida. Por algo, la palabra “gracias”, es una de las primeras que se nos enseña en nuestra infancia. Del agradecimiento nace la alegría, el júbilo. Quienes son agradecidos, en general, son personas alegres, que viven gozosas; porque la persona agradecida vive desde la sencillez y reconoce los dones recibidos; y también reconocen los valores de los hermanos, de los cuales se alegra y los hace propios.

¡Tenemos tanto que agradecer a Dios! Al finalizar el año, pararnos un momento es esencial; una necesidad interior para, desde el silencio orante, hacer memoria de los dones, gracias y bendiciones recibidas. Y por todo ello queremos simplemente decir: ¡Gracias, Padre! San Pablo insiste en sus cartas que seamos agradecidos. “Sed agradecidos” (Col. 3,15). “Dad gracias en todo momento” (1 Tesalonicenses 5,18). Y Jesús, da gracias al Padre constantemente: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado” (Jn 11, 41).

Nosotros, creatura amadas de Dios, queremos dar gracias por el don de la vida, el don del bautismo, el cual nos confiere la gracia de ser hijos de Dios, miembros de una misma Iglesia y hermanos en Cristo, más aún hermanos de todos.

Gracias por el don de la fe, sin la cual la vida carece de sentido; porque todo es diferente cuando se vive desde la fe. A la fe se une la esperanza y el amor, los tres “pilares” que dan consistencia, seguridad y estabilidad a nuestra vida cristiana, a nuestra vida humana y espiritual. Cuando alguno de estos “pilares” falta, nuestra vida se tambalea y se desestabiliza, porque le falta el verdadero cimiento que es la vida teologal. Gracias sean dadas al Espíritu Santo que en el bautismo nos infunde estas tres virtudes teologales.

Gracias sean dadas al Creador, porque todos los humanos somos iguales, seres creados por amor y para el amor. Esta realidad es la que debe de unirnos y ayudarnos a crear la fraternidad universal; por encima de las diferentes profesiones de fe y modos de vida. Gracias sean dadas a Creador por tantos hombres y mujeres que luchan y dan su vida para que la fraternidad universal sea una realidad en el aquí y ahora.

Gracias por el don de la familia, la primera escuela y maestra que nos va educando en los valores humanos y cristianos; enseñándonos a caminar en la vida, desde el amor, la responsabilidad, el respeto a los demás, la tolerancia, bondad y la libertad.

Gracias porque por encima de las religiones está el Dios que nos ama, nos salva y nos atrae sin cesar a él y a vivir los valores que él mismo ha inculcado en nuestro corazón: el amor, la misericordia, la compasión.

Gracias por el don de la amistad, por las personas que a lo largo y ancho de nuestro camino, se van entrecruzando en nuestra vida; personas tan distintas, unas de otras, como maravillosas; las cuales nos ayudan a caminar con ilusión renovada y gozo en el corazón. La primera y principal amistad es la de Jesús: “A vosotros os he llamado amigos” (Jn 15,15), Jesús nos ofrece sinceramente su amistad; y de esta amistad con Jesús nace y crece toda amistad.

¡Y cómo no agradecer al Padre el don de su propio Hijo! “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). Y al Hijo, Jesús, que nos revela la ternura del Padre, y se entrega por amor, para salvarnos y llevarnos al Padre; ¡cómo no estar eternamente agradecidos por su entrega incondicional al plan de Dios para hacernos hijos en el Hijo e invitándonos a vivir en relación de intimidad con la Trinidad! Misterios que nos superar, y solamente podemos decir: ¡Gracias!

María, la madre de Jesús y nuestra madre, cantó su magníficat, su acción de gracias por las maravillas que Dios hizo en ella y con ella. Con María atrévete, tú también, a cantar las maravillas que Dios ha hecho en tu vida, nadie como tú las conoce. Sé sencillo, humilde y pequeño y reconoce los dones y gracias que Dios te ha dado. Atrévete a cantar tu propio magníficat, tu acción de gracias a Dios.

Vivir la acción de gracias al Padre en el Hijo por el Espíritu, significa vivir la vida en plenitud. Salir de tu pequeño mundo individualista egoísta, para abrazar con ternura la humanidad toda entera, así como nosotros somos abrazados por la Santísima Trinidad.

Dios, y Creador de todo y todos, al terminar este año 2015 queremos decirte Gracias: gracias por lo que somos y por lo que estamos llamados a ser, por cuantos dones nos has regalado y nos sigue regalando; gracias también por todo cuanto nos ha hecho gozar y sufrir; por aquello que no hemos comprendido y que queda envuelto en el misterio. También nos atrevemos a darte gracias por nuestras faltas, errores, omisiones, debilidades y hasta por nuestros pecados. Ellos nos muestran la realidad de nuestro ser de creaturas, seres imperfectos que estamos en camino hacia la perfección, hacia la santidad. Reconocemos que necesitados de tu perdón y salvación. Padre, bondad y misericordia ¡GRACIAS! Y en este año de la Misericordia, como hijos pródigos, nos dejamos estrechar entre tus brazos, poner el anillo, zapatos nuevos, el traje de gala, para festeja tu ternura y permanecer siempre en el hogar, en la intimidad de Hijos

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Algo más que un rito

lunes, 19 de noviembre de 2018
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cristojesusMe duele. Veo que en muchas parroquias se repiten siempre los mismos ritos: misas sin predicación, celebraciones, rosarios a toda marcha…  Pero los que escuchan, no profundizan en lo oído. Incluso muchas veces casi ni se entiende lo que se dice. Se cumplen los ritos y ya está, Y está habiendo un problema serio. Muchos sacerdotes son mayores y ya ni siquiera se les entiende cuando hablan. En los pueblos pequeños se celebra a toda prisa para ir al pueblo siguiente a todo correr y entonces no hay explicación ni comentario de la Palabra.

Todo ello repercute en que cada día va descendiendo la catequesis de la homilía. Cada vez sabemos menos del evangelio. Ya muchas veces ni conocemos el texto. Hay una necesidad urgente en nuestra iglesia de proclamar, profundizar, ahondar en la Palabra.

Hay mucho riesgo de rutina. Necesitamos creatividad para ayudar a que llegue la palabra a las personas. Ya hay muchas abuelas que leen cada día el evangelio del día. Y es una labor estupenda que se hace en general con mucha seriedad. Pero podemos dar un paso más.

Tan importante como la eucaristía, en las parroquias, resulta la lectura del  Evangelio. ¿Podemos crear grupos con los abuelos, donde con letra grande vayamos acercándonos a la Buena Noticia? ¿Podemos  hacer algún programa de radio o tele local?   ¿Podemos pasar unas hojas por las casas? ¿Sería mucho disparate sustituir la misa algún domingo por media hora de lectura comentada, muy sencilla, pero bajando al fondo?

Y por supuesto, hay oportunidades que aprovechar a tope: entierros, bautizos si se dan, novenas, fiestas… Esto requiere una programación hecha concienzudamente y trabajada.

Podríamos pedir a los obispos que se seleccionen las lecturas de distinta manera y se lean dos lecturas con el mismo tema y que traigan un mensaje fácil, positivo, animador.

Siento que las celebraciones, son muy a menudo, rutinarias ¿No se podría dar lugar a la creatividad y decir las oraciones más vivas, más creativas? Ahí tenemos los distintos prefacios, que se prestan a una catequesis más expansiva y que dicen mucho más.  Aprovechar todos los textos posibles y evitar repetir todos los días las mismas fórmulas. Y la oración de los fieles que no sea para pedir “la paz”, sino que nos supongan implicación propia en esa petición: “que construyamos nosotros la paz…” Y así en todas las peticiones.

Que los cantos no sean de oficio sino que expresen el sentimiento de la comunidad, que vayan de acuerdo con la Palabra, que sean nuevos y con ganas.

Que se recuerde y se traiga al altar la realidad, los problemas y las alegrías de hoy. Que las celebremos y las contemplemos.

Y hay un elemento fundamental. A ver si lo conseguimos: somos una comunidad de seguidores de Jesús, que le hacemos presente. Por eso, que estemos cerca físicamente del altar y unidos. No, uno en cada banco y muy atrás.

Que al salir de la celebración, podamos decir con alegría “cuánto lo he vivido” y no aquello de “ya me he quitado un cuidado”.

Se van dando cada día más las celebraciones de la Palabra. Pero que no caigamos en los mismos errores. Que sean sencillas, cercanas, acomodadas y con toda la participación de los fieles.  Puede ser una oportunidad maravillosa de escuchar y acoger la Palabra y para expresarse los fieles.

Todo menos hacer unos ritos, siempre iguales, a toda marcha y sin prisa. “Podemos celebrar en paz”.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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«Cosas grandes o grandes cosas», por Juan Zapatero

sábado, 3 de noviembre de 2018
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e2f9b565-eccc-4f82-8d13-b795e362ac67No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor”. Es una de esas frases lapidarias que tiene Teresa de Ávila. De nuevo, después de quinientos años, los escritos de la Santa de Ávila siguen siendo de actualidad.

Vivimos inmersos en una sociedad en la que la importancia de una persona le viene dada por las “cosas grandes” que hace. Sí, he cambiado expresamente el orden de las palabras, porque creo que existe una diferencia entre una acepción y la otra, que ahora no voy a explicar evidentemente, porque no es este el cometido que pretendo.

No sé si estaréis o no de acuerdo conmigo, pero cuando hablo de hacer “cosas grandes”, estoy pensando en algo que llama la atención por su enormidad física, por ejemplo, o en acciones que sobrepasan la capacidad normal de las personas en general. Cosas, realidades o logros que, entre otras cosas, provocan en nosotros una admiración inusitada y que muchas de ellas contribuyen, ¿por qué no admitirlo?, a hacernos más llevadera la vida, lo cual siempre es loable y totalmente plausible.

Estaríamos hablando, por citar algún caso, de una obra de arte en cualquiera de sus dimensiones, de un logro científico conseguido, de una gesta espectacular, etc. Dicho esto, está claro que, si nos paramos a pensar cuál es el criterio seguido a la hora de decidir semejante “grandeza”, tendríamos que admitir que no es otro que lo material, lo que produce algún beneficio, al menos a algunos sectores de la población, o de los resultados conseguidos por una persona en un campo concreto.

Me vienen ahora a la mente, por ejemplo, los límites existentes hasta ese momento y que supera un deportista en cualquier tipo de disciplina u otras acciones superadas por alguien y que muchas de ellas entran a formar parte del libro Guinness de los récords.

Si nos atenemos a estos criterios, nos daremos cuenta enseguida que algo grande depende, en primer lugar, del dinero; en este caso, la cantidad y la cualidad, muy subjetiva por cierto esta segunda, dependería del precio más o menos elevado que hubiera costado tal cosa o producto. Sí, mal que nos pese, el dinero continúa siendo, desde que este se convirtió en elemento esencial para conseguir bienes y servicios, en el referencial más claro a la hora de calificar la importancia de personas, cosas y acciones.

En segundo lugar, la grandeza a una persona le vendría dada por el esfuerzo que ha tenido que hacer para conseguir un logro o llegar a una meta. No me refiero solamente al esfuerzo físico, sino a cualquier tipo este, como el intelectual concretamente.

Por último, se me ocurre pensar que otro de los factores que nos influyen a la hora de calificar algo como grande sería el aplauso o la admiración que provoca en los demás lo que alguien ha hecho o realizado. Quien sea aficionado al deporte lo tiene muy claro a la hora de entender este tercer supuesto. Y también todas las personas relacionadas con el mundo de la música, del cine y del espectáculo en general.

Vistas así las cosas, está meridianamente claro que solamente pocas personas pueden hacer “cosas grandes”; quedaría en manos de unos cuantos dotados, privilegiados, o aupados, pero nada más; lo cual sería una lástima. La inmensa mayoría quedaríamos limitados a contemplar o a asentir sin más, sobre todo con nuestro aplauso.

Sin embargo, el poder hacer “grandes cosas” (el epíteto delante), lo que Teresa denomina “cosas pequeñas”, sí que está al alcance de cualquier persona independientemente de su condición social, raza, credo, ideología, etc. Por la sencilla razón que todo hombre y mujer lleva en su corazón el instrumento con el que se hacen “semejantes cosas”, que no es otro que el amor y que está muy por encima del dinero, de la fuerza y del poder y, por supuesto, de la admiración que pueda provocar en los demás.

Solamente me gustaría, para finalizar, añadir una cosa: no estaría de más aderezar este amor con unas cuantas dosis de humildad; lo convertirían en único y lo añadirían un grado de cualidad insuperable.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Dios es la vida

jueves, 18 de octubre de 2018
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Del blog de Amigos de Thomas Merton:

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«Dios no es un padre que espía agazapado esperando cazarnos en pecado. Dios no es algo con lo que tratar al final de la vida, sino cada poro de la misma. Dios es la gracia, la energía, el momento creativo. Dios es la materia misma de la vida, no un objetivo que alcanzar ni un premio que merecer. Dios es una presencia ahora, un modo de pensar ahora, una visión del universo ahora. Dios está en mí, por eso soy una valiosísima parte del universo, pero yo (mi raza, mi país, mi familia, mi voluntad…) no soy el centro del mismo.”

*

Joan Chittister.
Doce pasos hacia la libertad interior.

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Oración contemplativa

lunes, 8 de octubre de 2018
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Del blog Nova Bella:

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La oración contemplativa conduce al encuentro personal con el maestro viviente que habita en nuestros corazones, realiza la encarnación en nosotros, es decir, transforma nuestra vida por la acción de Espíritu Santo que actúa en la pasividad de la voluntad. La meditación contemplativa es la relación plena con Cristo, que habita en nosotros.

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John Main
Monastero senza mura. Lettere dal silenzio

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Señor, tengo mi esperanza en ti.

viernes, 7 de septiembre de 2018
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Del cuaderno de notas de un joven jefe scout, estudiante de agronomía, muerto de leucemia:

«En ocasiones quisiera irme a vivir a un lugar solitario, silencioso, donde no haya confusión, distracción, donde pudiera dedicarle a Él, sólo a Él, mi tiempo, todo mi tiempo. Me doy cuenta de que todo lo que hay a mi alrededor me distrae, me lleva a donde no quiero ir: a la envidia, a la maldad, al pecado corporal. Debo prepararme para aquel momento, debo estar preparado para cuando me llame a Él. No puedo dejar pasar los días. Cada segundo es importante, esencial, indispensable, y no debo malgastar de este modo mi tiempo.

Cuando me preguntan sobre mi enfermedad, rara vez soy yo quien empieza a hablar de ella y, al oír lo que pienso y cómo hablo de ella, me dicen que soy pesimista. ¡No! Soy realista.

Sé lo que me sucederá, cómo moriré; he visto morir a otros, apagarse lentamente, día tras día. Sé de qué modo, en qué hospital y cómo. He visto llorar a un hombre. Me decía: «Tengo que morir… Moriré». Sé que esto también me sucederá a mí. Ahora bien, ¿cómo decirle a alguien: «Sí, tengo miedo, pero no veo la hora»? Tú me llamas, yo responderé: «Aquí estoy». No lo diré a nadie, lo sabes Tú, lo sabe Él.

Ni siquiera puedo extrañarme de todo lo que me rodea: deben ponerme las inyecciones, darme las pastillas. ¡Todo esto sirve! Sirve para prepararme mejor, para recuperar el tiempo que he perdido y que perderé. ¡Ayúdame, Dios! Ayúdame a no ser hipócrita, a confiar sólo en ti. ¿Continuaré fingiendo estudiar, actuando como si todo fuera normal, como si no hubiera pasado nada? Dios, indícame el camino. Es de noche, no veo a dónde quieres que vaya. ¡Ilumíname el camino! Está oscuro, sé luz para mí. No me siento mártir. Muy diferentes y más duros son los sufrimientos de quienes han muerto por ti, de quienes han elegido morir por ti, Señor. ¡Qué valor, qué fuerza! Todo esto me hace sentirme pequeño e inútil, pero, Señor, tengo mi esperanza en ti» .

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Michelle Chinellato

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«¿Moral vivida, ética pensada?», por José María García Mauriño

miércoles, 5 de septiembre de 2018
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aika-etica-y-comunicacion-990x551Si profundizamos un poco, podemos ver que ética y moral no son lo mismo. En la sociedad, los que están en el poder, la clase dominante, nos inducen a pensar que son más o menos lo mismo. Nos imponen una única forma de pensar, sentir y valorar. Es parte del pensamiento único. Según ese pensamiento decimos que es Bueno lo que ellos dicen que es bueno. Y decimos que es Malo o que no está bien, a lo que ellos dictaminan que es Malo o que no está bien. ¿Cuándo se puede decir que una persona es ética, o cuando es moral? ¿Cuáles son la ética y la moral vigentes hoy?

El problema consiste en que hacerse estas preguntas nos hace pensar y nos hace valorar las cosas de distinta manera. Porque se trata nada menos que saber discernir de alguna manera lo que es Bueno y lo que es Malo. La ética y la moral, son dos niveles distintos, son dos maneras distintas de pensar y valorar las cosas y las personas. Y vuelvo a preguntar, por ejemplo, para llegar a alcanzar un cierto grado de felicidad, ¿hay que ser ético o hay que ser moral? ¿Con qué código, o norma de conducta, trato de orientar mi vida, con la normativa que me imponen, por parte del poder civil o religioso, o con el sistema de principios y valores que yo elijo y voy elaborando por mí mismo? La ética no responde sólo a la pregunta ¿qué debo hacer?, sino ¿por qué debo hacer esto o lo otro? O por qué no debo hacerlo.

Según la sentencia de Aranguren (la moral es la moral vivida, la ética es la moral pensada) la diferencia entre ética y moral sería esta. La moral es la que orienta las costumbres de la ciudadanía por los códigos de conducta imperantes en la sociedad. Lo que está vigente. Lo que hace todo el mundo. La ética es la reflexión filosófica sobre dichas conductas. Lo moral se refiere siempre al campo de la conducta, de las acciones: lo que se hace cada día, en cada institución (familia, parlamento, economía, etc.), regido por códigos concretos de conducta de tipo religioso o civil. Se trata de las costumbres vigentes en la sociedad, regidas por unas normas que emanan de la misma sociedad sin saber a punto fijo de quien o de dónde han salido esas normas concretas, de tipo familiar, social, económico o político. Responde a lo que todo el mundo hace, a los comportamientos diarios de la gente, que ordinariamente se rigen por los deberes u obligaciones impuestas por esta sociedad capitalista, sea de tipo civil o del ámbito religioso. Prescribe lo inmediato para la acción, dictado por el orden establecido por los poderes sociales, políticos o económicos

Sabiendo que se trata de una sociedad capitalista, muchos comportamientos que son manifiestamente inmorales, aparecen como “normales” porque se adaptan a las normas establecidas en la sociedad. Y seguimos pensando que la ética no es lo mismo que la moral. La ética no puede confundirse con la llamada «moral». No es lo mismo ética que moral. Cuando la ética se confunde con el orden existente, con lo que está establecido, con lo de siempre, con la moral vigente, se convierte en una máquina de construcción y de conservación del sistema social vigente, es decir, del sistema capitalista. Hemos visto cómo la moral de la guerra, por ejemplo, se identificaba con el destino del petróleo, y el derecho internacional con el reparto actual del poder. La cultura de la guerra que han creado los centros de poder, ha logrado presentar el conflicto armado como una pieza necesaria de la misma naturaleza de las cosas, algo propio del paisaje humano. La ética tiene un paisaje de principios, normas y valores que resulta irrenunciable: un síndrome de valores, como diría Erich Fromm, como son la libertad, la justicia, la Vida, la verdad, la solidaridad, la paz, el respeto por los derechos humanos, que se convierten en convicciones y orientaciones de conducta, muy distinto al que ofrece la “moral”.

La ética siempre será una reflexión crítica, a la luz de los Derechos humanos o de los valores éticos, que juzga al sistema social vigente. Y el pensamiento crítico siempre es molesto al orden establecido. Criticar es juzgar con valentía, es identificar méritos y debilidades; desvelar lo oculto, actuar de forma abierta y no dogmática; llamar a las cosas por su nombre. Es una actividad que implica riesgos porque teme los juicios que puedan descubrir sus errores y debilidades.

La crítica es, por naturaleza, polémica; genera discordias y enemigos, pero también amigos. Puede producir ideas y conocimientos, así como cambios, siempre necesarios, en las obras y en los seres humanos. De ahí que lo normal es que el poder establecido o dominante trate siempre de suprimir o de ocultar la crítica. No quiere, ni soporta un sistema de pensamiento que ponga al descubierto las contradicciones de unas conductas que se dicen “morales” porque siguen las normas y leyes establecidas, pero que esas conductas no son éticas. Y hay un cierto clamor popular de “falta de ética” en la sociedad, no de falta de moral.

Al llegar aquí no tengo más remedio que hacerme unos serios interrogantes: por ejemplo. ¿Qué significa la paz para los que hacen la guerra? ¿Es acaso la paz el fin que persiguen cuando acaben la guerra? ¿Es lo mismo paz que sumisión a las condiciones de paz que imponen los vencedores? ¿Se pueden llamar vencedores a los que ganan la guerra? San Agustín, en su obra «La ciudad de Dios» definía la paz como la «tranquilidad en el orden»; pero, nos preguntamos ¿de qué orden se trata? La guerra del Golfo se terminó en 1991, hubo desfiles militares victoriosos, medallas, condecoraciones, ascensos, ¿acaso hemos alcanzado la paz en el Golfo? ¿Ha alcanzado la humanidad una suficiente estatura moral para crear un nuevo orden? ¿Ya hemos establecido un criterio ético de convivencia, de diálogo y de comunicación humanas entre los pueblos y sus culturas? ¿Modificará alguien su sistema ético por lo ocurrido con los refugiados, por las muertes incesantes de emigrantes en el Mediterráneo? ¿Acaso no nos plantean problemas éticos estos escenarios?

Actuar moralmente es actuar conforme a los códigos de conducta de nuestra cultura, forma de vida o grupo social. En el límite es actuar conforme a algún código. Llamo ética a la reflexión sobre las morales concretas en las que siempre estamos.

El desafío ético que nos impone la sociedad mundial caracterizada por un gran pluralismo cultural y un sistema económico que hace crecer la diferenciación económica y la desigualdad social en el planeta, es el de encontrar un fundamento intercultural que respete la diversidad moral e incluso la favorezca, pero que al mismo tiempo pueda criticar a todas las morales por igual. En los países pobres la estructuración del poder mundial se hace muy visible y presente en la vida cotidiana de millones de personas. La filosofía moral en los países industrializados muchas veces obvia la pregunta de los efectos de su acción y de sus morales concretas sobre la mayoría de la humanidad aunque se hable de derechos humanos. Se reflexiona más sobre las condiciones del diálogo democrático, el lenguaje y sus implicaciones en el interior de los países ricos, que sobre las consecuencias y los efectos mundiales de su modo de vida respecto a los demás modos de vida del planeta. Quizás es en los países pobres donde pueden plantearse preguntas que muchas filosofías morales de los países ricos no pueden responder porque no están interesados en plantearse determinadas preguntas.

Una definición de ética podría ser ésta: es el conjunto de principios, normas y valores que cada uno/a va eligiendo libremente durante su vida, para orientar correctamente su conducta. Se podría dar otra definición. Por tanto, la ética no es intemporal: unos principios, normas y valores que sirven para todos los tiempos. Cada uno, cada una, va eligiendo (es el problema de la libertad) y priorizando una escala de valores que le sirven para orientar su conducta concreta, la de su vida personal y única. La vida siempre es temporal y por tanto, histórica.

La definición que da Wikipedia:

El término ética proviene de la palabra griega ethos, que originariamente significaba “morada”, “lugar donde se vive” y que terminó por señalar el “carácter” o el “modo de ser” peculiar y adquirido de alguien; la costumbre (mos-moris: la moral).

Esquematizando mucho lo expuesto podríamos concluir así: La ética tiene una íntima relación con la moral, tanto que incluso ambos ámbitos se confunden con bastante frecuencia. En la actualidad se han ido diversificando: la Ética es el conjunto de normas que vienen del interior de la persona y la Moral las normas que vienen del exterior; es decir, de la sociedad.

José María García Mauriño

Fuente Fe Adulta

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Salir del atasco.

miércoles, 29 de agosto de 2018
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00821-sacar-tornillo-atascado“Así como toda planta crece de una semilla y deviene, al fin, en un roble. Así un hombre se convierte en lo que ha nacido para ser. Debería llegar allí, pero la mayoría queda atascada”, dijo el psicoanalista suizo Carl Jung en 1957. Así me sentía yo hace un año cuando partí a Chile para hacer el Curso de Otoño que dictaron el biólogo y epistemólogo Humberto Maturana y su colega Ximena Dávila: atascada. ¿Quién no se ha sentido alguna vez identificado con esta sensación? En un proyecto, un vínculo, la resolución de algún asunto importante, en la búsqueda de la vocación o el tránsito de algún duelo. El atasco puede ocurrir por ausencia de movimiento, pero la mayoría de las veces suele ser un esfuerzo aparentemente estéril. Se intenta traspasar puertas, cambiar de postura, ir de un lado a otro, pero sin éxito. Es un movimiento interior que resulta extenuante.

De las conversaciones que surgieron en el curso, hubo una que me resonó especialmente, y fue en el momento en que hablábamos de la necesidad que tienen las empresas de innovar, de cambiar, y de la dificultad que existe para alcanzar las transformaciones deseadas. Maturana puso en jaque al auditorio y explicó que lo que ocurría era que estábamos errando en la pregunta. Si de innovar se trataba, la pregunta importante no era “¿Qué tengo que cambiar?” sino “¿Qué quiero conservar?”. Solo una vez que definiéramos aquello, dijo, se activaría la posibilidad de que todo cambiara en torno a lo que se conservaba.

En un momento determinado del curso, Maturana nos propuso que cada uno pensara en su propia vida y respondiera a la pregunta “¿Qué quiero conservar?”. Tamaña tarea… Podría asegurar que es infinitamente más fácil hacer un listado de las cosas que queremos cambiar de nosotros que de las que queremos conservar. Aun después de varios minutos de reflexión, yo apenas pude escribir una sola cosa: la libertad para ser capaz de vivir la vida que Dios pensó para mí, incluso a riesgo de que no coincidiera con la que yo tenía planeada. Fue una sola cosa, pero para mí fue sagrada.

Un año más tarde, pude ver que vivir sostenidamente esa libertad me llevó a que mi vida cambiara de una manera que nunca habría imaginado ni podría haber previsto. Bajé 34 kilos, solté mi trabajo en una corporación para empezar a hacerlo en una fundación y me mudé de Córdoba a Buenos Aires. La paradoja es que todos estos cambios externos me reforzaron la intuición de que el tesoro nunca está en la copa, sino que se esconde en las raíces.

Según Maturana, una de las claves para respondernos qué queremos conservar es preguntarnos antes “¿Dónde me duele la vida?”. Cuando pienso en las transformaciones que experimenté después de aquel curso, creo que no es menor el hecho de que el otoño pasado la vida me doliera en varios frentes. Venía de haber perdido de manera inesperada a personas muy queridas y aún estaba digiriendo la reciente separación de mis padres. Sentía que mi vida, tal cual la concebía, se derrumbaba sin que yo pudiera hacer nada para detener ese proceso. Fue un tsunami interior que podía ser tan devastador como fundante.

Logré tomar dimensión del proceso de fondo de los cambios posteriores al derrumbe con las palabras del filósofo e historiador de las religiones Mircea Eliade: “En la extensión homogénea e infinita, donde no hay posibilidad de hallar demarcación alguna, en la que no se puede efectuar ninguna orientación, la hierofanía [algo sagrado que se nos muestra] revela un ‘punto fijo’ absoluto, ‘un centro’ (…) Para vivir en el mundo hay que fundarlo, y ningún mundo puede nacer en el ‘caos’ de la homogeneidad y de la relatividad del espacio profano”.

En ese momento no fui consciente, pero al responder a la pregunta de Maturana lo que hice fue fundar mi mundo en un lugar más grande que mi ombligo. La vida se había encargado de echar por tierra mi omnipotencia, la de pensar que podía y debía controlarlo todo. Caídos mis sostenes conocidos, me pregunté: “¿Qué es eso que no se cae aun cuando todo lo demás se derrumba?”.

La respuesta nunca llega desde la razón, sino que aparece mientras andamos. La búsqueda de lo Sagrado, aun cuando sentía no haberlo encontrado, era en sí misma una respuesta; me daba un orden, una orientación. Intentar vivir coherentemente con el valor sagrado que de manera consciente decidí conservar me llevó a la creación de un nuevo cosmos que mi alma añoraba en aparente silencio. Un mundo que, parada desde mi ego, no había logrado construir, por mucho que hubiera intentado. Para eso tuve que, irremediablemente, emprender un camino que implicó sacrificio. La palabra sacrificio proviene del latín sacrum facere, que significa ‘hacer sagradas las cosas, honrarlas, entregarlas’. En el sacrificio sincero hay algo que ofrendo, que acepto “perder”, pero esa renuncia no es sufriente en tanto tengo conciencia de que me conduce a un bien más grande y valioso que le da sentido. Para que esto ocurra, tengo que reconocer que ese Bien, esa Presencia que me trasciende, existe.

El alma nos habla a través del cuerpo. Cuando fui capaz de registrar que mis 34 kilos de sobrepeso me estaban haciendo mal, ya no quise ser flaca. Quise ser libre. Aun de mí misma. Y eso me liberó de una carga más grande. Entendí que la verdadera libertad es autodeterminación hacia el Bien. Vivir esa libertad implicó renuncias y sacrificio, pero descubrí que mientras más nos entregamos en pos de un Bien que nos trasciende, más nos abrimos a posibilidades de transformación que nos llevan a la plenitud. Muchas veces reflexioné sobre la propuesta de la modernidad de vivir en un mundo desacralizado y racional como una suerte de evolución. Pero hoy no me quedan dudas. Mis aprendizajes del último año me mostraron que vale la pena emprender la aventura de fundar nuestra vida en una presencia sagrada que nos trascienda. Porque como ya dijo Jung: “No puedo definir para ustedes qué es Dios, ni siquiera puedo decirles que Dios es; lo que puedo decir es que toda mi obra ha probado científicamente que el patrón de Dios existe en cada hombre; y que este patrón tiene a su disposición las mayores energías transformadoras de las que la humanidad es capaz”.

Carolina Abarca

Fuente Fe Adulta

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Tú solo tienes palabras de Vida eterna

domingo, 26 de agosto de 2018
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Cristo en el Otero y Campesino Ibérico oteando

Imagen: Cristo en el Otero y Campesino Ibérico oteando (Palencia)

*

Te busco desde siempre. No te he visto
nunca. ¿Voy tras tus huellas? Las rastreo
con ansia, con angustia, y no las veo.
Sé que no sé buscarte, y no desisto.

¿Qué me induce a seguirte? ¿Por qué insisto
en descubrir tu rastro? Mi deseo
no sé si es fe. No sé. No sé si creo
en algo, ¿en qué? No sé. No sé si existo.

Pero, señor de mis andanzas, Cristo
de mis tinieblas, oye mi jadeo.
No sufro ya la vida ni resisto

la noche. Y si amanece, y yo no veo
el alba, no podré decirte: “He visto
tu luz, tus pasos en la tierra, y creo”.

*

Juan José Domenchina
incluido en Dios en la poesía actual (B.A.C., Madrid, 1970,
selec. de Ernestina de Champourcin).

***

 

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:

“Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?”

Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:

“¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen. “

Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo:

-“Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce:

-“¿También vosotros queréis marcharos?”

Simón Pedro le contestó:

-“Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.

*

Juan 6, 60-69

***

La experiencia de los que se encuentran en misión es que sólo rara vez es posible ofrecer el pan que da la vida y curar verdaderamente un corazón que ha sido destrozado. Ni siquiera el mismo Jesús curó a todos, ni tampoco cambió la vida cíe todos.

        La mayor parte de la gente simplemente no cree que sean posibles los cambios radicales. Los que se encuentran en misión sienten el deber de desafiar persistentemente a sus compañeros de viaje a escoger la gratitud en vez del resentimiento, y la esperanza en vez de la desesperación. Las pocas veces en que se acepta este desafío son suficientes para nacer su vida digna de ser vivida. Ver aparecer una sonrisa en medio de las lágrimas significa ser testigo de un milagro: el milagro de la alegría. Desde el punto de vista estadístico, nada de todo esto es demasiado interesante. Los que te preguntan: ¿cuántas personas habéis reunido? ¿Cuántos cambios habéis aportado? ¿Cuántos males habéis curado? ¿Cuánta alegría habéis creado?, recibirán siempre respuestas decepcionantes. Ni Jesús ni sus seguidores tuvieron gran éxito. El mundo sigue siendo todavía un mundo oscuro, lleno de violencia, de corrupción, opresión y explotación. Probablemente, lo será siempre.

        La pregunta no es «¿a qué velocidad y cuántos?», sino «¿dónde y cuándo?». ¿Dónde se celebra la eucaristía? ¿Dónde están las personas que se reúnen en torno a la mesa partiendo el pan ¡untas? ¿Cuándo tiene lugar esto? […] ¿Hay personas que, en medio de este mundo que se encuentra bajo el poder del mal, viven con la conciencia de que él vive y mora dentro de nosotros, de que él ha superado el poder de la muerte y ha abierto el camino de la gloria? ¿Hay personas que se reúnen alrededor de la mesa y que hacen en memoria suya lo que él hizo? ¿Hay  personas que continúan contándose sus historias de esperanzas y que marchan juntas a ocuparse de sus semejantes, sin pretender resolver todos los problemas, sino llevar una sonrisa a un moribundo y una pequeña esperanza a un niño abandonado?

*

H. J. M. Nouwen,
La fuerza de su presencia, Brescia 52000, pp. 85ss).

*

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Jesús es el pan vivo, la transparencia de Dios…

domingo, 12 de agosto de 2018
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La transparencia, Dios, la transparencia.

Dios del venir, te siento entre mis manos,
aquí estás enredado conmigo, en lucha hermosa
de amor, lo mismo
que un fuego con su aire.

No eres mi redentor, ni eres mi ejemplo,
ni mi padre, ni mi hijo, ni mi hermano;
eres igual y uno, eres distinto y todo;
eres dios de lo hermoso conseguido,
conciencia mía de lo hermoso.

Yo nada tengo que purgar.
Toda mi impedimenta
no es sino fundación para este hoy
en que, al fin, te deseo;
porque estás ya a mi lado
en mi eléctrica zona,
como está en el amor el amor lleno.

Tú, esencia, eres conciencia; mi conciencia
y la de otros, la de todos
con la forma suma de conciencia;
que la esencia es lo sumo,
es la forma suprema conseguible,
y tu esencia está en mí, como mi forma.

Todos mis moldes, llenos
estuvieron de ti; pero tú, ahora,
no tienes molde, estás sin molde; eres la gracia
que no admite sostén,
que no admite corona,
que corona y sostiene siendo ingrave.

Eres la gracia libre,
la gloria del gustar, la eterna simpatía,
el gozo del temblor, la luminaria
del clariver, el fondo del amor,
el horizonte que no quita nada;
la transparencia, dios la transparencia,
el uno al fin, dios ahora sólito en el uno mío,
en el mundo que yo por ti y para ti he creado.

*

Juan Ramón Jimenez
Dios en la poesía atual. B.A.C., Madrid, 1970

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Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez

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En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”, y decían:

“No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?”

Jesús tomó la palabra y les dijo:

“No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: “Serán todos discípulos de Dios.” Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan de vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.”

*

Juan 6,41-51

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La vida vivida eucarísticamente es siempre una vida de misión. Vivimos en un mundo que gime bajo el peso de sus pérdidas: las guerras despiadadas que destruyen pueblos y países, el hambre y la muerte de hambre que diezman poblaciones enteras, el crimen y la violencia que ponen en peligro la vida de millones de personas, el cáncer y el sida, el cólera y otras muchas enfermedades que devastan los cuerpos de incontables personas; terremotos, aluviones y desastres del tráfico… es la historia de la vida de cada día que llena los periódicos y las pantallas de los televisores […]. Este es el mundo al que hemos sido enviados a vivir eucarísticamente, esto es, a vivir con el corazón ardiente y con los ojos y los oídos abiertos. Parece una tarea imposible.

¿Qué puede hacer este reducido grupo de personas que lo han encontrado por el camino […] en un mundo tan oscuro y violento? El misterio del amor de Dios consiste en que nuestros corazones ardientes y nuestros oídos receptivos estarán en condiciones de descubrir que aquel a quien habíamos encontrado en la intimidad continúa revelándose a nosotros entre los pobres, los enfermos, los hambrientos, los prisioneros, los refugiados y entre todos los que viven en medio del peligro y del miedo.

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H. J. M. Nouwen,
La fuerza de su presencia,
Brescia 52000, pp. 82ss).

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Otra forma muy distinta de mirar… la Vida

sábado, 28 de julio de 2018
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De ECLESALIA, 09/07/15.-

 

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(todos llevamos, sepámoslo o no,

gafas mentales prejuiciosas;

pero nuestra visión interior

está aún por extrenar.)

Nos han enseñado a ver la realidad:

personas, cosas, naturaleza, sociedad…

desde las reglas y los logros de la normalidad:

ciencias, cultura, costumbres, legalidad…

Y así hemos llegado a forjar esta banalidad

de mundo inhumano, egoísta, materialista, fatal

donde la inmensa mayoría de los ciudadanos

se esfuerzan por vivir una vida tan chata y artificial.

El precio lo pagan sobre todo los desdichados:

los sobrantes, desechados, migrantes, refugiados,

los distintos e inadaptados… y ¡cuidado! también lo sufren

todos los seres que conforman nuestro entorno natural.

Necesitamos urgentemente otra forma diferente de mirar

que aprendamos desde dentro y nos dé humanidad.

Otra forma de sentir, y comportarnos, de proyectar

nuestra vida desde dentro de nosotros y pensando en los demás.

Una nueva educación de lo que somos y buscamos,

que desenmascare la mentira tan dañina

con la que nos han troquelado nuestra forma de pensar.

Urge encontrar nuestra hondura ¡Sí!

para desde allí atentamente mirar…

Tendremos que desprofesionalizar,

abrirnos a la Vida sorprendente que nos llega

y muy atentos caminar por sendas nuevas

que aún no conocemos e inseguros nos inquietan…

Pero sus frutos nos desbordarán.

Tendremos que prepararnos con esfuerzo,

confianza y valentía para hallar

esa claridad inexpugnable que nos llega

como regalo imposible de comprar…

Necesitamos con urgencia compañeras/os

decididas/os a apostar la vida entera

en este empeño.

¿Te animas? ¡Pues no mires hacia atrás!

Pd. Una cosa muy importante se me olvidaba ya:

En esta escuela de la Vida todos nos podemos enseñar:

chicos y grandes, jóvenes y ancianos,

¡Hay tanto que aprender juntos!

¡Tanto que compartir y regalar!

Bienaventurados aquellos que saben conjugar

generosidad y necesidad,

atención exquisita y convivir en gratuidad.

Lo decía el Principito: “Lo esencial es invisible para los ojos,

Solo se puede ver con el corazón”.

*

Luis Sandalio

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(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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En torno al “problema del mal” (VII), por Enrique Martínez Lozano.

jueves, 12 de julio de 2018
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58418. Lo decisivo es el “desde dónde

Ante lo que llamamos “mal”, la mente se queda sin respuesta. Ni lo sabe explicar ni sabe qué hacer ante él. Se ve incluso incapaz de aceptarlo. Por lo que, ante ello, solo le quedan dos salidas: hundirse en la desesperanza o instalarse en la resistencia que vive rebelada contra el “mal”.

La lucha contra el mal –aun vivida desde una actitud noble y compasiva– suele esconder motivaciones no tan limpias: desde la incapacidad de aceptar la realidad como es hasta la necesidad de paliar inconscientes sentimientos de culpabilidad, desde el afán de autoafirmación en un compromiso “noble” hasta la búsqueda de reconocimiento por parte de los demás.

Cuando tomamos distancia de la mente (del yo), todo se modifica. La comprensión no nos dirá qué tenemos que hacer, pero nos situará en la actitud y el “lugar” adecuado para que la acción que brote en cada momento sea también la ajustada.

Gracias a ella nos hacemos conscientes de que lo realmente decisivo es el desde dónde: desde dónde acojo el “mal” y desde dónde brota mi acción frente a él. Si estoy identificado con el yo, lo más probable es que, tanto mi percepción como mi acción (o mejor, reacción) no consigan otra cosa que incrementar el sufrimiento y, en último término, la locura del mundo.

Únicamente la comprensión de quién soy hará posible que me viva desde la Sabiduría que –aunque mi mente no lo entienda– rige todo el proceso. Es esa misma sabiduría la que nos muestra que somos Vida, Plenitud y Totalidad.

Eso significa, en primer lugar, que el “mal” nunca puede afectarnos decisivamente en lo que somos. Sentiremos dolor, miedo, tristeza, angustia…, porque somos seres sintientes y dotados de una rica sensibilidad. Pero, aun en medio de toda esa vorágine de sentimientos que parecen desbordarnos, lo que somos –Lo que es– se halla siempre a salvo.

Tal comprensión me capacita para acoger mi propio dolor desde la aceptación limpia, como oportunidad de aprendizaje, en una actitud equilibrada entre la resistencia estéril y la resignación paralizadora.

La misma comprensión me hace ver que todo sin excepción es la Totalidad misma desplegándose. Por lo que no caigo en la trampa de imaginar una Totalidad “al margen” o “más allá” de lo que en este mismo momento se está produciendo. Yo mismo soy –con todos los seres– esa misma Totalidad, también en este momento en que siento dolor, soledad, vacío… Todo, sin excepción, es la Totalidad una expresándose o manifestándose bajo todo tipo de “disfraces”. Carece de sentido querer encontrarme con la Totalidad después de que supere este sentimiento doloroso o aquella situación de injusticia: todo ello es ya, en este mismo instante, la Totalidad.

Lo que de ahí se deriva es una aceptación profunda, que no nace de algún tipo de voluntarismo, sino del hecho mismo de comprender que somos esa misma Totalidad. La aceptación es, sencillamente, alineación con lo Real, tal como han expresado los sabios en algunos textos que reproducía en una entrega anterior: “La esencia de la sabiduría –afirmaba Nisargadatta– es la total aceptación del momento presente”. “¿Cómo deberíamos vivir?” –se preguntaba la beguina Matilde de Magdeburgo–. Y ella misma respondía: “Vive dándole la bienvenida a todo”. San Juan de la Cruz apunta a esa misma clave: “Me parece que el secreto de la vida consiste simplemente en aceptarla tal cual es”. Y el propio Nietzsche, desde un marco ideológico aparentemente bien distante, expresa así en anhelo de su corazón: “«Amor fati»: ¡que ese sea en adelante mi amor!… Y, en definitiva, y en grande, ¡quiero ser, un día, uno que solo dice sí”. El sabio adopta la actitud que Ortega y Gasset expresara con estas palabras: “A ser juez de las cosas, voy prefiriendo ser su amante”.  Y vive la rendición lúcida que pregonaba Marco Aurelio: “Todo se me acomoda, oh Cosmos, lo que a ti se te acomoda”. La sabiduría es, por decirlo brevemente, amar lo que es.

La acción brotará también de esa misma comprensión, que me hace ver que todo otro soy yo. No será un yo que hace algo por los demás, sino la Totalidad que, en mí, se ofrece amorosa y servicial, comprometida y solidaria, a los demás. No sé lo que tendré que hacer, pero sé que se hará, a través de mí, en cada momento lo adecuado.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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Integración

jueves, 5 de julio de 2018
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«El hombre que ha logrado la integración final ya no se halla limitado por la cultura en la que ha crecido. Ha abrazado la totalidad de la vida… Ha experimentado las cualidades de todo tipo de vida: la existencia humana ordinaria, la vida intelectual, la creación artística, el amor humano, la vida religiosa. Trasciende todas esas formas limitadas, al tiempo que retiene todo lo mejor y universal que hay en ellas, “dando a luz finalmente un ser totalmente integral”. No sólo acepta a su propia comunidad, a su propia sociedad, a sus amigos y a su cultura, sino a toda la humanidad. No permanece atado a una serie limitada de valores, al punto de oponerlos a otros adoptando posturas agresivas o defensivas. Es totalmente “católico” en la mejor acepción de la palabra. Posee una visión y una experiencia unificadas de la única verdad que resplandece en todas sus diferentes manifestaciones, unas más claras que otras, unas más definidas y certeras que otras. No establece oposición entre todas estas visiones parciales, sino que las unifica en una dialéctica o en una visión interior de complementariedad. Con esta visión de la vida, puede aportar perspectiva, libertad y espontaneidad a la vida de los demás».

*

Thomas Merton,
Acción y contemplación.

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RUAH: del microcosmos al macrocosmos.

miércoles, 6 de junio de 2018
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ruahSin saber muy bien porqué, me encuentro, estos días, esperando pentecostés, como una niña esperando a los reyes. Digo que no sé muy bien, sólo lo sé un poco bien. Es decir, que sí que espero recibir algo esta celebración de la Ruah. Que sí que estoy expectante.

¿Qué más puedo esperar que no tenga?

Como una melodía, como un perfume, como el aire, permeas todo, estás en todo. Y… no invades ni controlas, ni vigilas ¡estás!

Estás desde lo más íntimo y recóndito de la persona a las galaxias, a las cataratas que rugen entonando su alabanza entre ríos, a la semillita que enterrada pasa desapercibida y está llena de vida de fruto de futuro.

¡Estás, Ruah! No tenemos que esperarte, ni invitarte. No tenemos que buscarte en nuestras noches o miedos… Sólo reconocer tu silencio, silencio preñado de vida. Sólo acoger tu palabra silenciosa y potente como la catarata y como la lluvia fina, el txirimiri que empapa la tierra, y que ayuda a la vida.

Sólo respirar tu “aire” que une el microcosmos que soy con el universo-macrocosmos del que participo. Mi respirar me une al respirar de todos los seres vivos. Posiblemente ha pasado por nuestros pulmones el aire que respiró Jesús, el aire que respiró María Magdalena… nada se pierde, todo vuelve, todo encaja. Todo es Vida.

Tu presencia Ruah me sobrecoge, espíritu de Dios, casi no me lo creo ¡estás! ¡Siempre estás! ¿Por qué vivo sin disfrutar más de ti? Me cansan las dificultades, y cuando las miro de frente, respirándote, cambia su impacto en mí.

Aunque prefiera la noche y atranque mis puertas ¡estás! Esperas el día, el año, mi “kairos” en que te deje que me cuentes, sentada en tus rodillas, lo que tengo de ti, ese aire de familia que me da identidad y fuerza.

La comunidad llama a esos parecidos “carismas o dones”. Yo sé que son tus regalos para andar mi camino hacia mi pascua y mi pentecostés. Para que sepa andarlos con las otras profetisas y ancianas, niños y familias. Respirando el mismo “aire”. Acogiendo los regalos de cada una de ellas, con respeto y veneración. Sin dejar que nadie imponga el suyo como mejor, sino que como en una orquesta, que cada una toque su instrumento escuchando a cada uno de los otros al ritmo de la conductora Ruah.

Mira el universo, me dices muchas veces, asómate al hermano bosque, a tu querido mar azul intenso que te devuelve el aliento. Eso es, su ser quien es, sin pretender ser otro origina esa belleza y creatividad indescriptible. El orden que tu aliento creador insufló al cosmos y al ser humano.

No sé dónde voy, ni dónde piso pero “estás”. Me lo dicen las estrellas a pesar de las nubes y críticas. Me lo dice la lluvia a pesar de sentir el barbecho.

Eres fuente de vida, aliento vital. Y estás, siempre estás. Nunca controlas. Empoderas, capacitas, animas, fecundas.

Joel 3,1-2

Así dice el Señor Dios:

Derramaré mi espíritu sobre toda carne: profetizarán vuestras hijas… también sobre mis siervas derramaré mi espíritu en aquellos días…

Me encantaría que compartiéramos dones y carismas. Si te animas, la Ruah es aire puro, fresco, y su presencia tiene el dinamismo del primer aliento.

Sería una bonita manera de empezar a profetizar. O seguir haciéndolo las muchas que ya lo hacéis y tanto bien aporta al universo. Gracias.

Magdalena Bennásar Oliver

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Como una brisa ligera

jueves, 31 de mayo de 2018
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Aunque comprendo que hace diez años no tenía ni la más remota idea de que iba a estar donde estoy ahora, todavía trato de mantener viva la ilusión de que estoy en completo control de mi vida. Quiero decidir lo que tengo que necesitar, lo próximo que voy a hacer, lo que quiero lograr, lo que otros van a pensar de mí. Mientras estoy tan ocupado dirigiendo mi propia vida, me voy volviendo ajeno a los suaves movimientos del Espíritu de Dios dentro de mí, que me puede estar apuntando en direcciones totalmente opuestas a las mías.

Se requiere mucha soledad interior y mucho silencio para ser consciente de estos movimientos divinos. Dios no grita ni empuja. El Espíritu de Dios es suave, tan suave como una vocecita o una brisa ligera. Es el espíritu del amor.

*

Henri Nouwen.

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***

(El sitio de la Henri Nouwen Society cita este fragmento del libro Aquí y Ahora tomándolo directamente del original. Nosotros lo hemos traducido para el blog, pero el libro existe en español publicado por la Editorial San Pablo.)

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Juego

miércoles, 23 de mayo de 2018
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Del blog Nova Bella:

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No dejéis nunca de jugar,

ni siquiera cuando seáis viejos

y tengáis el cabello blanco

y la espalda encorvada.

La vida, aunque corta,

es un juego.

*

Berta Vías
en, Una vida prestada, vida de Vivian Maier

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***

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