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Vivir es transfigurar la existencia, transformarla

domingo, 8 de marzo de 2020
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transfiguracion011Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

  1. Pablo VI. Una evocación: la noche transfigurada.

         Todavía la tarde – noche del 5 de agosto de 1978, Pablo VI, ya acostado, escuchó la lectura realizada por su secretario, Don Macchi, de unas líneas sobre JesuCristo de “Mi pequeño catecismo para niños” escrito por un amigo íntimo de Pablo VI, Jean Guitton. Terminada la lectura de aquellas páginas, Pablo VI dijo: ahora llega la noche (adesso viene la notte). Fueron las últimas palabras de Pablo VI, que fallecía al alba del 6 de agosto, fiesta de la Transfiguración: la noche quedó transfigurada.

  1. la transfiguración: evocaciones bíblicas.

El relato de la Transfiguración recuerda la permanencia de Moisés ante la gloria del Señor en el Sinaí, cubierto por la nube, y el resplandor de su rostro por haber tratado con Dios.

El texto de la Transfiguración es un mosaico de temas simbólicos:

La montaña: lugar cercano a los cielos, cercano a Dios) Jesús está en Dios.

La nube es el signo de la presencia y de la protección de Dios. La nube anuncia lluvia: bendición y fecundidad, la vida.

La luz: el rostro resplandeciente, los vestidos refulgentes. Jesús es el rostro de Dios.

La voz: Este es mi Hijo, escuchadle. Jesús es la Palabra que Dios nos quería decir.

  1. La Transfiguración es la experiencia (contemplación) cristiana.

         No pensemos que la Transfiguración fue una especie de desfile de moda con vestidos elegantes y resplandecientes.

La Transfiguración no fue un acontecimiento histórico. Probablemente este relato de la Transfiguración es la experiencia de fe en Cristo a la que llegaron los primeros cristianos, los discípulos de Jesús. En Jesús terminaron por ver la expresión, lo que Dios y la vida nos quería decir. Jesús es el rostro -el icono- de Dios. Terminaron por ver a Cristo en Jesús crucificado.

         Aquellos tres discípulos: Pedro, Santiago y Juan, los primeros cristianos discípulos de Jesús, conocían y convivían con Jesús, pero les costó llegar a ver a Cristo en Jesús.

         En algún momento, en algún camino, en algún recoveco de la vida” de la vida vieron, contemplaron a Cristo en Jesús. La Transfiguración es como un adelanto de la resurrección de Jesús. La experiencia contemplativa del Señor resucitado es lo que les llevó a los primeros cristianos (representados en Pedro, Santiago, Juan, etc…) a componer este relato de la Transfiguración.

Jesús se les transfiguró en el Cristo resucitado. La transfiguración no es algo externo, un cambio de disfraces como en carnaval, sino que la Transfiguración es abrir la realidad cotidiana y caer en la cuenta de que la vida y la historia están llenas de sentido. La realidad es un lenguaje que nos habla de algo más que la pura materialidad.

La transfiguración es un acontecimiento de oración.[1]

  • o Hay personas que todo lo que tocan o el ambiente en que viven lo transforman (transfiguran) en nervios y lo problematizan todo; sea en la vida familiar, comunitaria, política, laboral, eclesiástica, etc. Otros, más bien, trasfiguran la vida y los problemas en un clima de paz; hay quien transforma la vida, la enfermedad, los problemas en paz y serenidad.
  • o Hay quien transfigura la guerra en paz, el pecado en gracia, el odio en respeto y amor, la enfermedad en fuente de reflexión y aceptación de la propia finitud, la desesperación en esperanza.
  • o Es también el caso del arte, de la estética: en el fondo es una transfiguración del hierro, de la madera, de la piedra, del lenguaje, de los sonidos y nos transportan un “paso más allá”.
  • o Cuando escuchamos una misa de réquiem, quizás evocando la muerte de los seres queridos, nos transporta, nos transfigura, nos lleva a otras realidades de esperanza, casa del Padre, del cielo, etc.
  • o Un atardecer, un encuentro, una oración pueden transfigurar nuestro ser, nuestra existencia hacia la verdad, la bondad o la belleza.
  • o Nos llegará la noche, la noche de la transfiguración, que expresó y vivió Pablo VI en sus últimos momentos. Es –será- el momento de transfigurar la muerte en vida.

Muchas veces cuando te encuentras con determinadas personas, “no ves nada”, no translucen nada, al menos nada que valgan la pena. El encuentro con una persona sencilla, pobre, humilde, puede transmitir luz, bondad, cercanía…

         Vivir es transfigurar la existencia, transcenderla.

¿Soy persona que transfigura la realidad de la vida?: un nacimiento en la familia, un sufrimiento, transformar el trabajo, la convivencia? ¿Estaré abierto a la transfiguración de la gran noche de la vida?

Lo contrario de transfigurar, de transcender es la intranscendencia. Lo intranscendente es lo que no vale la pena…

Vivir es transfigurar la existencia.

  1. Transfigurar: salir de tu tierra. vivir humanamente es transfigurar la realidad.

         Dios le dice a Abram: Sal de tu tierra, haré de ti un gran pueblo y te bendeciré.

Emigrantes, en cierto sentido, somos todos, que caminamos como en tierra extraña mientras llegamos a la casa del Padre.[2]

  • o Es la misma voz que escuchó el concilio Vaticano II: sal, salid de esas posiciones teológicas fosilizadas, morales represivas, litúrgico-“tutamkamónicas”. Haré de ti un gran pueblo, una nueva Iglesia, pueblo de Dios y te bendeciré.
  • o Es la misma voz que podemos escuchar en nuestro interior: sal de tu tierra estéril, acomodada, adocenada. Haré de ti un gran pueblo y te bendeciré.
  • o Las personas de tono religioso pretenden ver a Dios en lo sagrado: en las cosas y ritos sagrados: en los pasos de semana santa, en la imaginería religiosa, en las grandes catedrales. El cristiano ve a Cristo en lo humano: en el pobre, hambriento, sediento, enfermo, encarcelado (Mt 25).

Transfigurar es transcender la materialidad para llegar a una tierra nueva, una comprensión nueva, una vivencia de la realidad llena de luz y sentido. Esto es ver a Cristo en Jesús: algo de esto es la Transfiguración y ello acontece en nuestro interior personal.

La Eucaristía es una transfiguración.[3] Es importante que la Transfiguración se realice en el pan y vino, pero más importante que seamos nosotros los que quedemos transfigurados.

Este es mi hijo amado, escuchadle

[1] J. Ratzinger – Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Primera parte. Desde el Bautismo a la Transfiguración, Ciudad del Vaticano, Librería Editrice Vaticana, 2007, Madrid, Ed La Esfera de los Libros, 2007, p 361.

[2]  Dios nos libre de quienes piensan que su patria es donde han nacido.

[3] Trento hablaba de transubstanciación, pero es la misma historia.

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Un nuevo comienzo…

domingo, 1 de marzo de 2020
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“La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar…

“Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma es el tiempo propicio para renovarse en el encuentro con Cristo vivo en su Palabra, en los sacramentos y en el prójimo. El Señor -que en los cuarenta días que pasó en el desierto venció los engaños del Tentador- nos muestra el camino a seguir. Que el Espíritu Santo nos guie a realizar un verdadero camino de conversión, para redescubrir el don de la Palabra de Dios, ser purificados del pecado que nos ciega y servir a Cristo presente en los hermanos necesitados. Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana.

Oremos unos por otros para que, participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la alegría de la Pascua.”

*

Papa Francisco.
Mensaje de Cuaresma 2017
(párrafos primero y último)

***

Algo tenemos, Roma, de romanos
todos los que heredamos
la leche del latín, la fe de Pedro.
A pesar del Imperio, detrás del Vaticano,
en la piedra y la sangre compartidas
todos tenemos mucho de romanos.

*

Pedro Casaldáliga
Todavía estas palabras, 1994

***

Nuestra espiritualidad,
Pedro Casaldáliga

***

 

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo:

“Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.”

Pero él le contestó, diciendo:

– “Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.””

Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice:

– “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras.””

Jesús le dijo:

“También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios.””

Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo:

– “Todo esto te daré, si te postras y me adoras.”

Entonces le dijo Jesús:

– “Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.””

Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

*

Mateo 4,1-11

***

La tentación más grave es la de la desesperación; es la que nos hace dudar de poder ser todavía perdonados y amados por el Padre. Ahí nos quiere llevar la astucia del diablo: a la desesperación.

Si desconfiamos de Dios, nosotros mismos nos separamos de él. Es tremenda esta tentación. La tentación de la desconfianza está en el origen de la trágica caída de los primeros padres y aparece a lo largo de todas las etapas de la historia de salvación. La encontramos desde el primer libro de la Biblia (Gn 3), donde la serpiente tentadora induce a Adán y Eva a desconfiar de Dios, hasta el Apocalipsis (ce. 3 y 12), donde el dragón se encona contra la Iglesia, dispuesto a devorar a los santos, los hijos engendrados en la gracia. La envidia empuja continuamente al maligno, aunque ya vencido por Cristo, a la tentativa desesperada de hacer caer a los hijos de Dios. Por eso el cristiano debe estar siempre alerta, dispuesto al combate que tiene que mantener con la armadura que Dios le procura (cf. Ef 6,12-18).

La Iglesia está sometida a la tentación lo mismo que todo cristiano; pero si perseveramos en la fe y en la oración, el Señor nos promete el auxilio para que no sucumbamos a la tentación (cf. Ap 3,10-12). La tentación es necesaria porque, después de la primera caída, todos deben someterse a la prueba. Nuestro corazón adolece de inconstancia y necesita robustecerse mediante una terapia intensiva y estimulante: la tentación libera nuevas y prodigiosas energías espirituales. El amor, en la prueba, se purifica y fortalece.

El Señor nos promete su ayuda: no seremos tentados por encima de nuestras fuerzas; el apóstol nos dice: «Dios es fiel, no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas; al contrario, junto con la prueba os proporcionará fuerzas suficientes para superarla» (1 Cor 10,1 3). El ancla de salvación es la cruz, a la que debemos estar fuertemente abrazados. Cristo padeció por nosotros la tentación y ha vencido-

*

A. M. Cánopi,
Si, Padre. Meditazioni sul Padre nostro,
Milán 1 999, 114-116, passim

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

“Las tentaciones de la Iglesia de hoy”. 5 de marzo de 2017. 1 Cuaresma (A). Mateo 4, 1-11.

domingo, 1 de marzo de 2020
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20130418-jesus_tentacion_en_el_desierto_pinturaLa primera tentación acontece en el «desierto»

Después de un largo ayuno, entregado al encuentro con Dios, Jesús siente hambre. Es entonces cuando el tentador le sugiere actuar pensando en sí mismo y olvidando el proyecto del Padre: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan». Jesús, desfallecido pero lleno del Espíritu de Dios, reacciona: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de Dios». No vivirá buscando su propio interés. No será un Mesías egoísta. Multiplicará panes cuando vea pasar hambre a los pobres. Él se alimentará de la Palabra viva de Dios.

Siempre que la Iglesia busca su propio interés, olvidando el proyecto del reino de Dios, se desvía de Jesús. Siempre que los cristianos anteponemos nuestro bienestar a las necesidades de los últimos, nos alejamos de Jesús.

La segunda tentación se produce en el «templo»

El tentador propone a Jesús hacer su entrada triunfal en la ciudad santa, descendiendo de lo alto como Mesías glorioso. La protección de Dios está asegurada. Sus ángeles «cuidarán» de él. Jesús reacciona rápido: «No tentarás al Señor, tu Dios». No será un Mesías triunfador. No pondrá a Dios al servicio de su gloria. No hará «señales del cielo». Solo signos para curar enfermos.

Siempre que la Iglesia pone a Dios al servicio de su propia gloria y «desciende de lo alto» para mostrar su propia dignidad, se desvía de Jesús. Cuando los seguidores de Jesús buscamos «quedar bien» más que «hacer el bien», nos alejamos de él.

La tercera tentación sucede en una «montaña altísima»

Desde ella se divisan todos los reinos del mundo. Todos están controlados por el diablo, que hace a Jesús una oferta asombrosa: le dará todo el poder del mundo. Solo una condición: «Si te postras y me adoras». Jesús reacciona violentamente: «Vete, Satanás». «Solo al Señor, tu Dios, adorarás». Dios no lo llama a dominar el mundo como el emperador de Roma, sino a servir a quienes viven oprimidos por su imperio. No será un Mesías dominador, sino servidor. El reino de Dios no se impone con poder, se ofrece con amor.

La Iglesia tiene que ahuyentar hoy todas las tentaciones de poder, gloria o dominación, gritando con Jesús: «Vete, Satanás». El poder mundano es una oferta diabólica. Cuando los cristianos lo buscamos, nos alejamos de Jesús.

José Antonio Pagola

 

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”Jesús ayuna cuarenta días y es tentado”. Domingo 01 de marzo de 2020. Domingo 1º de Cuaresma, ciclo A.

domingo, 1 de marzo de 2020
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14-CuaresmaA1Leído en Koinonia:

Gn 2,7-9; 3,1-7: Creación y pecado de los primeros padres
Salmo responsorial 50: Misericordia, Señor: hemos pecado
Rom 5,12-19: Si creció el pecado, más abundante fue la gracia
Mt 4,1-11: Jesús ayuna cuarenta días y es tentado

 Los comentarios bíblico-litúrgicos para ayudar a la elaboración de las homilías dominicales de este típico “domingo de las tentaciones”, el primero de cuaresma, suelen presentar en esta ocasión un sencillo paralelismo antagónico: la primera tentación fue la que se le presentó a Eva, que acabó en el pecado; pero ha habido otra tentación, la que sufrió Jesús en el desierto, que acabó en victoria, de la que podemos tomar ejemplo. En esta línea es muy fácil encontrar comentarios en la red. Por eso mismo quisiéramos nosotros hacer esta vez una aportación diferente, en sentido crítico. Obviamente, este aspecto no será apropiado en cualquier caso para convertirlo sin más en una homilía… pero creemos que tampoco sería bueno que una homilía olvide este aspecto crítico. En todo caso, cada agente de pastoral sabrá lo que su comunidad necesita, y sabrá encontrarlo en otros puntos de servicio bíblico-litúrgico de la red.

 La primera lectura de este domingo reúne, resumidamente, dos importantes relatos bíblicos: el de la creación y el del pecado original. Son muy significativos, muy importantes, y hoy día, también muy problemáticos.

 Es importante hacer recordar a los oyentes que estos textos, y todos los que forman el grupo de los once primeros capítulos del Génesis, que se refieren a los inicios de la «historia de la Salvación», han sido entendidos desde siempre de un modo literal. Todas las generaciones que nos precedieron en la fe los entendieron así. Seguramente que nuestros padres -y ciertamente nuestros abuelos- nunca pensaron otra cosa, y muchos cristianos mayores también lo piensan hoy día. Desde tiempo inmemorial, estos textos han fungido para muchísimas generaciones, como una fuente capital de su comprensión del mundo y de la historia. Las “coordenadas generales” que estos mitos trazan (Dios arriba, naturaleza abajo, un acto divino de creación que pone en marcha el cosmos, una creación del ser humano distinta a la creación de todos los demás seres, Dios que prohíbe comer el fruto del árbol, la desobediencia del ser humano que se convierte en el «pecado original» que transformará la suerte de toda la humanidad posterior –¡y del cosmos!–, el protagonismo principal de la mujer en este pecado, el enfado de Dios, su consecuente ruptura de relaciones con la Humanidad por haber comido ésta el fruto prohibido…), han sido para toda esa humanidad judeocristiana de los tres mil últimos años, el “paradigma” desde el que han entendido tanto el mundo, como a Dios, como a sí mismos, es decir, la realidad global. Estamos ante unos mitos religiosos ante los que hay que descalzarse, como quien pisa tierra sagrada.

 Hace apenas cien años, en 1906, la Pontificia Comisión Bíblica –respaldada obviamente por la Inquisición romana, la actual Congregación para la Doctrina de la Fe, que todavía no se llamaba Santo Oficio–, reafirmaba solemnemente, y bajo pena de excomunión a quien no lo aceptara, que el contenido de los once primeros capítulos del Génesis es histórico, no mitológico.

 Es importante recordar a los oyentes que hoy no creemos que estos relatos haya que entenderlos así, literalmente. Es decir: que hoy sabemos que la Biblia no puede decirnos cómo fue el origen del cosmos, ni el del ser humano. Que la Biblia no contiene mensajes de física, ni de química, ni de biología evolutiva, ni de geofísica o astrofísica… que nos informen sobre todos esos campos. Y que por tanto se puede ser cristiano y aceptar lo que la ciencia nos dice hoy, incluidas las opiniones contrarias a tantas afirmaciones y supuestos incluidos en estos relatos bíblicos.

 Es importante hacer caer en la cuenta de que esta nueva manera de entender los textos bíblicos no fue fruto de un descubrimiento fácil e ingenuo, sino una intuición laboriosamente trabajada por los biblistas y teólogos, que durante varios siglos han tenido que enfrentarse a la oposición y a la condena de las autoridades de sus respectivas Iglesias. Todavía hoy, en tiempo de Benedicto XVI, el biblista argentino Ariel Álvarez Valdés, doctor en teología bíblica por la universidad de Salamanca, fue públicamente adversado y perseguido por la Secretaría de Estado del Vaticano por no sostener de la historicidad de Adán y Eva y su pretendido pecado original (véase su propio testimonio en Youtube [http://www.youtube.com/watch?v=2Ys3kcwjbSY&list=PL84001F9AB27C6E32].

 Todo cristiano medianamente culto puede tener su opinión sobre el origen del mundo, igual que puede tener sus opiniones en medicina, en astronomía o en psicología, libremente, sin coacción, y sin que haya ninguna opinión «oficial» de la Iglesia en esos campos que pudiera ser «obligatoria». Los relatos bíblicos están en otro plano, un plano simbólico, que no afecta al campo autónomo de la ciencia. Esto es al menos lo que solemos decir hoy día, después del Vaticano II, pero sería más correcto reconocer que aquellos relatos no fueron concebidos, como decimos, meramente en un plano simbólico; para nuestros ancestros religiosos-y-culturales, esos relatos eran históricos, y con esa historia inventada, sin ningún fundamento científico, trataban de encontrar respuestas a problemas humanos y existenciales de muy diverso género (el mal, la felicidad, la vida, nuestro origen, nuestro fuuro…). Es ahora, sólo ahora, cuando nosotros, al ver que sus creencias expresadas en esos mitos estaba profundamente equivocadas –como hoy sabemos por la ciencia– sostenemos que esos mitos sólo podemos interpretarlos de un modo puramente simbólico. Nuestros antepasados –hasta nosotros mismos hace 50 años entre los católicos– los hemos considerado obligadamente históricos, literales, contados directamente por la misma boca reveladora de Dios.

 Hay que dar claramente al público cristiano la buena noticia de que hoy no sostenemos que el símbolo judeo-cristiano del llamado «pecado original» tenga un fundamento histórico. No hay por qué sostenerlo. Más bien resulta prácticamente imposible que lo tenga, por cuanto lo más probable es que no hubo un solo filum biológico evolutivo de surgimiento de nuestra especie, y el poligenismo es hoy la opinión más común de la ciencia. La proclamación que la Iglesia católica hizo del monogenismo en el siglo pasado se debió al espejismo (que todavía sufría) de pensar que el significado del símbolo del pecado original dependía efectivamente de un pecado histórico real que habría cometido una primera pareja de la que descendemos absolutamente todos los hombres y mujeres.

 Resulta especialmente importante aclarar que hoy día resulta del todo inverosímil -teológicamente hablando- todo el conjunto simbólico de la tentación y el pecado original: pensar que toda la humanidad esté en una situación de postración espiritual (que sea una massa damnata, una «muchedumbre condenada», como repetía san Agustín) a raíz de un supuesto primer pecado de una inexistente primera pareja, y pensar que debido a ello Dios habría roto sus relaciones con la Humanidad, y que esa ruptura no podría ser superada sino nada menos que con la sangre de la muerte en cruz del Hijo de Dios, tal y como ha sido presentado por la tradición más común y constante del cristianismo, resulta hoy absolutamente inaceptable. Deben por tanto sentirse aliviados todas las personas que se sienten incómodas ante las acostumbradas explicaciones homiléticas al respecto, tan parecidas a las catequesis infantiles que recibimos cuando fuimos niños, y como nosotros, todas las generaciones cristianas durante más de milenio y medio.

 Otras varias salvedades y comentarios críticos también muy importantes se podrían hacer entre los temas implicados en esos dos grandes relatos bíblicos que han sido juntados en la primera lectura de este domingo (por ejemplo sobre la «transcendencia» de Dios, que ahí se presenta como obvia, sobre la imagen misma de “theos”, la visión negativa de la realidad que conlleva la creencia en un primer «pecado primordial», la terrible inferiorización y culpabilización de la mujer causada por ese texto…). Ya hemos dicho que no pretendemos que esta lista de advertencias críticas sea el contenido de una homilía, sino simplemente el trasfondo crítico a tener en cuenta a la hora de hablar de las “tentaciones” y del “pecado”, para lo que sin duda se encontrará mucho material en los numerosos portales de servicio bíblico de la red.

 Es importante que digamos claramente, e insistamos, en que se puede ser cristiano y ser «persona de hoy» en las propias opiniones científicas. Y que hay otras formas de hablar del la realidad del mal y del pecado, que la de tomar como referencia unos mitos religiosos elaborados hace dos milenios y medio.

 Finalizamos diciendo que ya que tantas veces hemos insistido en el pecado original y en sus fatales consecuencias para toda la humanidad, sería bueno compensar esa actitud refiriéndonos a lo que hoy intuye la teología de frontera: que, más bien, lo original no fue un pecado, sino una bendición… Puede ayudar el libro de FOX, Mathew, “Original Blessing”, Bear & Company 1983; traducido como: La bendición original. Una nueva espiritualidad para el hombre del siglo XXI, Obelisco, Barcelona 2002, 410 pp Leer más…

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1.3.2020. Dom. I de Cuaresma, Ciclo A (Mt 4, 1‒11) Tentaciones de Jesús: ¿Marxismo, exégesis falsa, teología de la liberación?

domingo, 1 de marzo de 2020
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Del blog de Xabier Pikaza:

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Un camino de retorno: de Benedicto XVI al Evangelio de Mateo

He comentario varias veces este evangelio del Dom. 1 de Cuaresma, con las tentaciones de Jesús según el Mt 4, 1‒11 (cf. Lc 4). El tema es conocido: Viene el Diablo y le propone a Jesús, en nombre de Dios y buenas citas de la Biblia, una “hoja de ruta mesiánica” con tres proposiciones  que responden a los tres problemas fundamentales de la humanidad:

  1. El Diablo económico le pide a Jesús que multiplique infinitamente el  pan, empezando por las piedras del desierto, instaurando así el mesianismo del disfrute de los bienes económico. Benedicto XV supone que esta había en el siglo XX la tentación marxista. Pero Jesús responde de un modo inquietante: No sólo de pan vive el hombre.
  2. El Diablo teológico le pide a Jesús que funde una religión de maravillas, un teatro de milagros, saltando del alero del templo, con ángeles parando su caída, ante el hurra de  los espectadores de un circo jubiloso.  Según Benedicto XVI  este Diablo de los teólogos habría sido responsable de un gran derrumbamiento de la Iglesia en el siglo XX. Pero Jesús sigue respondiendo de un modo inquietante: No tentarás a Dios.
  3. El Diablo político pide a Jesús que tome el poder, que se haga rey supremo sobre todas las naciones, imponiendo de esa forma el “orden infinito”. Un mesías emperador de emperadores, eso es lo que el mundo necesita, dice el Diablo, para organizar bien el reparto de panes, para distribuir armónicamente lo milagros religiosos. Esta habría sido, según Benedicto XVI la tentación de un tipo de teología y práctica de liberación (en una línea en el fondo marxista). Pero Jesús termina respondiendo de un modo muy inquietante: Los hombres no son siervos de nadie (sólo a Dios servirás).

La historia de la interpretación de las tentaciones de Jesús sigue siendo esencial para entender el cristianismo. Desde ese fondo he compuesto esta “postal”, que tiene dos partes:

2e5f2e1217d7bc337c6fc2ac4df0e370--testament-lent(a) La interpretación de Benedicto XVI que identificaba al Diablo de las tentaciones con el marxismo, con una teología contraria al Dios verdadero y con una política de liberación, que identifica el cristianismo con la toma de poder político (terminando por perder su misma esencia religiosa).

(b) Una relectura rigurosa y actual del texto de las tentaciones de Mt 1, 1‒11. Quien siga leyendo verá la importancia que concedo a Benedicto XVI y a su proyecto de Iglesia, aunque pienso que es necesario volver al Jesús y proyecto de Iglesia de Mateo y Lucas).

  1. INTERPRETACIÓN DE BENEDICTO XVI

9788497346894El Papa jubilado publicó el año 2007 la primera parte de una famosa trilogía titulada J. Ratzinger/Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, La Esfera del Libro, Madrid 2007, donde ofreció una interpretación “magisterial” de las tentaciones de Jesús (cf. págs. 52-72), ofreciendo su mejor visión de conjunto de la tarea de Jesús y del compromiso actual de la Iglesia, desde la perspectiva. Éste era a su juicio el fondo y contenido actual de las tentaciones de Jesús (que son las tentaciones de muchos cristianos actuales y de parte del mundo.

Quien siga leyendo verá la importancia que concedo a su teología, aunque pienso que en el fondo estaba desenfocada, no sólo en su lectura del marxismo, sino, y sobre todo, en su forma de juzgar a los teólogos y de interpretar la propuesta y camino de la liberación.

1ª tentación: Convierte estas piedras en pan (marxismo)

Tema: «La prueba de la existencia de Dios que el tentador propone en la primera tentación consiste en convertir las piedras del desierto en pan. En principio se trata del hambre de Jesús mismo; así lo ve Lucas: «Dile a esta piedra que se convierta en pan» (Lc 4, 3). Pero Mateo interpreta la tentación de un modo más amplio, tal como se le presentó ya en la vida terrena de Jesús y, después, se le proponía y propone constantemente a lo largo de toda la historia. ¿Qué es más trágico, qué se opone más a la fe en un Dios bueno y a la fe en un redentor de los hombres que el hambre de la humanidad? El primer criterio para identificar al redentor ante el mundo y por el mundo, ¿no debe ser que le dé pan y acabe con el hambre de todos? Cuando el pueblo de Israel vagaba por el desierto, Dios lo alimentó con el pan del cielo, el maná. Se creía poder reconocer en eso una imagen del tiempo mesiánico: ¿no debería y debe el salvador del mundo demostrar su identidad dando de comer a todos? ¿No es el problema de la alimentación del mundo y, más general, los problemas sociales, el primero y más auténtico criterio con el cual debe confrontarse la redención? ¿Puede llamarse redentor alguien que no responde a este criterio? “ (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret I, 55).

Respuesta falsa. Marxismo (y cierto capitalismo). «El marxismo ha hecho precisamente de este ideal —muy comprensiblemente— el centro de su promesa de salvación: habría hecho que toda hambre fuera saciada y que «el desierto se convirtiera en pan». «Si eres Hijo de Dios…»: ¡qué desafío! ¿No se deberá decir lo mismo a la Iglesia? Si quieres ser la Iglesia de Dios, preocúpate ante todo del pan para el mundo, lo demás viene después» (Ibid. 56).

Más allá del pan (y del marxismo). Benedicto XVI cita unas palabras Alfred Delp, ejecutado por los nacionalsocialistas: «El pan es importante, la libertad es más importante, pero lo más importante de todo es la fidelidad constante y la adoración jamás traicionada». «Cuando a Dios se le da una importancia secundaria, que se puede dejar de lado temporal o permanentemente en nombre de asuntos más importantes, entonces fracasan precisamente estas cosas presuntamente más importantes. No sólo lo demuestra el fracaso de la experiencia marxista» (Ibid 57‒58). Ciertamente, la respuesta de Benedicto XVI es muy buena, pero quizá no ha articulado la relación entre la respuesta de Jesús (no sólo de pan…) y la exigencia de justicia evangélica entre los hombres sigue así el tema abierto.

2ª tentación: Échate del templo (falsos teólogos)

 Tema.Benedicto XVI sabía mucho del tema, pues (como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe y después como Papa) dedicó mucho esfuerzo a “evaluar” a los teólogos. Conforme a su visión, sigue habiendo en la iglesia muchos Diablos de Campanario que dicen a Jesús lo que tiene que hacer (como tirarse del pináculo del templo y arreglar la religión). En esa línea, Benedicto XVI ha identificado a ese Segundo Diablo (Diablo de campanario) con los malos teólogos (escrituristas) que manipulan la Palabra de Dios y esclavizan a los fieles.

El diablo “escriturista” (Falso teólogo). Para fundar su interpretación, Benedicto XVI apela (quizá de un modo sesgado) a un pensador ruso llamado V. Soloviev (perdónese la cita algo larga): «Vladimir Soloviev toma este motivo en su Breve relato del Anticristo: el Anticristo recibe el doctorado honoris causa en teología por la Universidad de Tubinga; es un gran experto en la Biblia. Soloviev expresa drásticamente con este relato su escepticismo frente a un cierto tipo de erudición exegética de su época. No se trata de un “no” a la interpretación científica de la Biblia como tal, sino de una advertencia sumamente útil y necesaria ante sus posibles extravíos. La interpretación de la Biblia puede convertirse, de hecho, en un instrumento del Anticristo. No lo dice solamente Soloviev, es lo que afirma implícitamente el relato mismo de la tentación. A partir de resultados aparentes de la exégesis científica se han escrito los peores y más destructivos libros de la figura de Jesús, que desmantelan la fe.

papa-emerito-benedicto-xvi-cardenal-sarah-libro-desde-lo-profundo-de-nuestros-corazones-celibato-defensaHoy en día se somete la Biblia a la norma de la denominada visión moderna del mundo, cuyo dogma fundamental es que Dios no puede actuar en la historia y, que, por tanto, todo lo que hace referencia a Dios debe estar circunscrito al ámbito de lo subjetivo. Entonces la Biblia ya no habla de Dios, del Dios vivo, sino que hablamos sólo nosotros mismos y decidimos lo que Dios puede hacer y lo que nosotros queremos o debemos hacer. Y el Anticristo nos dice entonces, con gran erudición, que una exégesis que lee la Biblia en la perspectiva de la fe en el Dios vivo y, al hacerlo, le escucha, es fundamentalismo; sólo su exégesis,  la exégesis considerada auténticamente científica, en la que Dios mismo no dice nada ni tiene nada que decir, está a la altura de los tiempos.

El debate teológico entre Jesús y el diablo es una disputa válida en todos los tiempos y versa sobre la correcta interpretación bíblica, cuya cuestión hermenéutica fundamental es la pregunta por la imagen de Dios. El debate acerca de la interpretación es, al fin y al cabo, un debate  sobre quién es Dios. Esta discusión sobre la imagen de Dios en que consiste  la disputa sobre la interpretación correcta de la Escritura se decide de un modo concreto en la imagen de Cristo: Él, que se ha quedado sin poder mundano, ¿es realmente el Hijo del Dios vivo?

Así, el interrogante sobre la estructura del curioso diálogo escriturístico entre Cristo y el tentador lleva directamente al centro de la cuestión del contenido. ¿De qué se trata?  Se ha relacionado esta tentación con la máxima del panem et circenses: después del pan hay que ofrecer algo sensacional. Dado que, evidentemente, al hombre no le basta la mera satisfacción del hambre corporal, quien no quiere dejar entrar a Dios en el mundo y en los hombres tiene que ofrecer el placer de emociones excitantes cuya intensidad suplante y acalle la conmoción religiosa. Pero no se habla de esto en este pasaje, puesto que, al parecer, en la tentación no se presupone la existencia de espectadores» (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret I, 60-61).

web3-jericho-mount-of-temptationsUna condena quizá simplista de los teólogos “diabólicos”. Las palabras anteriores constituyen el alegato más fuerte de Benedicto XVI en contra los malos escrituristas (=exegetas, teólogos) que serían el Segundo Diablo (la segunda tentación) a la que alude el relato de Jesús. Esos “malos” teólogos con su interpretación torcida de la Biblia, serían agentes satánicos, una gran tentación para los fieles. Da la impresión de que Benedicto XVI echa la culpa de la crisis mesiánica de Jesús (de la Iglesia actual) a los malos teólogos (que serían como una especie de encarnación del Diablo). Ciertamente, Jesús no se sometió a ellos, sino que supo responderles bien y vencerles, con una famosa cita de la Biblia donde se dice “no tentarás a Dios” (Mt 4, 7), pero la Iglesia moderna ha podido caer en manos de esta segunda tentación del Diablo.

3ª tentación: “tibi dabo”: Todo esto te daré (Teología de la liberación)

Tema, relato bíblico. El Diablo lleva a Jesús a una montaña altísima y le dice “todo esto te lo daré, si es que me adoras…”. El evangelio supone así que para alcanzar cierto poder hay que someterse al Diablo. Mt 4 está hablando de la “tentación mesiánica”, es decir, de Jesús y de su Iglesia. Su problema no son según eso los otros, esto es, lo que pueden hacer los soldados romanos o los celotas judíos, sino lo que ha de hacer él, lo que ha hacer su Iglesia.  En contra de eso, Benedicto XVI pasa de largo ante el tema eclesial, como si Jesús no tratara de él (como Papa) y de su Iglesia, sino de otros; como si Jesús quisiera dar una lección de filosofía política (cosa que hace también) y no de praxis mesiánica (que es lo que verdaderamente hace).

evangelio-de-mateoPara Benedicto XV el tema es Barrabás, una forma de toma revolucionaria del poder. Evidentemente, el Papa no cita a la “teología de la liberación”, pero todo nos lleva a suponer que está pensando en ella. Éste es su tema clave”: “La fusión entre fe y poder político siempre tiene un precio: La fe se pone al servicio del poder y debe doblegarse a sus criterios.La alternativa que aquí se plantea adquiere una forma provocadora en el relato de la pasión del Señor. En el punto culminante del proceso, Pilato plantea la elección entre Jesús y Barrabás. Uno de los dos será liberado. Pero, ¿quién era Barrabás? Normalmente pensamos sólo en las palabras del Evangelio de Juan: «Barrabás era un bandido» (18, 40). Pero la palabra griega que corresponde a «bandido» podía tener un significado específico en la situación política de entonces en Palestina. Quería decir algo así como «combatiente de la resistencia».

Barrabás había participado en un levantamiento (cf. Mt 15, 7) y —en ese contexto— había sido acusado además de asesinato (cf. Lc 23, 19.25). Cuando Mateo dice que Barrabás era un «preso famoso», demuestra que fue uno de los más destacados combatientes de la resistencia, probablemente el verdadero líder de ese levantamiento (cf. 27, 16). En otras palabras, Barrabás era una figura mesiánica.

La elección entre Jesús y Barrabás no es casual: dos figuras mesiánicas, dos formas de mesianismo frente a frente. Ello resulta más evidente si consideramos que «Bar-Abbas» significa «hijo del padre»: una denominación típicamente mesiánica, el nombre religioso de un destacado líder del movimiento mesiánico. La última gran guerra mesiánica de los judíos en el año 132 fue acaudillada por Bar-Kokebá,  «hijo de la estrella». Es la misma composición nominal; representa la misma intención (Ibid 65‒66).

No a la guerrilla religiosa, no a la toma del poder por los “cristianos de la liberación”. Benedicto XVI identifica a un tipo de teología de la liberación con Barrabás (que a su juicio tendría que haber sido condenado por los romanos)… Dando un paso en esa línea, Benedicto XVI identifica al nuevo Barrabás con el Imperio de la Ilustración sin Dios, con un mundo donde el hombre es ya todo, todo en sí mismo, sin necesidad de Dios. Frente a ese Barrabás (que sería la religión convertida en Imperio universal), Benedicto XVI sitúa a Jesús, que es el testigo del amor y de la gratuidad, aquel que es capaz de morir por los demás. En esa línea termina su interpretación de las tentaciones de Jesús en la actualidad: “El tentador no es tan burdo como para proponernos directamente adorar al diablo. Sólo nos propone decidirnos por lo racional, preferir un mundo planificado y organizado, en el que Dios puede ocupar un lugar, pero como asunto privado, sin interferir en nuestros propósitos esenciales” (Ibid 66‒67).  Leer más…

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“Adán, Eva y Jesús frente a la tentación». Domingo 1º de Cuaresma. Ciclo A.

domingo, 1 de marzo de 2020
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Tentación de Adán y Eva (Miguel Ángel)

Miguel Ángel. Tentación y expulsión del paraíso

Al comenzar la Cuaresma, tiempo de conversión y preparación para celebrar la Pascua, la Iglesia nos recuerda dos actitudes muy distintas frente a la tentación: la de Adán y Eva, en la que podemos vernos reflejados todos nosotros, y la de Jesús. En el primer caso triunfa la debilidad, la caída inmediata; en el segundo, la fuerza, la capacidad de resistir en la prueba. Pero esta contraposición no pretende desanimarnos ni denunciar lo débiles y malos que somos. Al contrario, como afirma Pablo en la segunda lectura, «si por la culpa de uno murieron todos, mucho más, gracias a un solo hombre, Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios desbordaron sobre todos».

La debilidad de Eva y Adán (1ª lectura: Génesis 2,7-9; 3,1-7)

El relato describe el proceso que lleva al pecado. No lo hace con un lenguaje intelectual, sino mediante un dialogo vivo. Para ello introduce a la serpiente, que ya en el poema mesopotámico de Gilgamesh, desempeñaba un papel capital como enemiga del hombre, al que roba la planta de la vida y la inmortalidad. Pero el autor de nuestro relato enfoque el tema de manera distinta, más profunda. La serpiente no roba la planta de la vida, sino que destruye al ser humano por dentro.

El Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.

La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer:

«¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?».

La mujer respondió a la serpiente:

—«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: «No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte»».

La serpiente replicó a la mujer:

«No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y del mal».

La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencia; tomó el fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió.

Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

La tentación comienza con una mentira, exagerando y falseando la prohibición de Dios (comparar sus palabras con 2,16‑17). Presenta al Señor como alguien inhumano y cruel, que impone al hombre algo terrible. Sus palabras son tan burdas que al principio es fácil rechazarlas. Pero la tentación insiste. Niega la existencia de peligro. Y entonces surge la atracción por lo prohibido y la apetencia. Hasta entonces, parece como si Eva y Adán no se hubiesen fijado en el árbol. El simple miedo a morir los retrae de su contemplación. Ahora, «la mujer vio que el árbol tentaba el apetito, era una delicia para los ojos y apetecible para adquirir conocimiento» (3,6). A partir de ese momento, está perdida, y también su marido.

Al punto, el pecado produce sus frutos. La serpiente había prometido que se les abrirían los ojos (3,5). Efectivamente, se les abren y adquieren un conocimiento nuevo (3,7). Pero lo que aprenden es que están desnudos, y esto provoca vergüenza mutua y vergüenza y miedo ante Dios. También surge el sentimiento de culpa, y el ansia de descargar en otro la propia responsabilidad. En su deseo de justificarse, el hombre culpa a la mujer, rompiendo con ello la solidaridad entre la pareja. La mujer, sin otra alternativa, culpa a la serpiente. [Esta última parte no se lee en la liturgia.]

La serpiente ha sido identificada: 1) con Satanás; 2) con una figura simbólica: el apetito humano, la curiosidad intelectual; 3) con una figura mitológica. Es fundamental la idea de que ha sido creada por Yahvé. Sugiere el carácter misterioso del mal.

  1. La fortaleza de Jesús (evangelio: Mateo 4,1-11)

Tentacion jesusEl contraste más fuerte con Eva y Adán lo representa Jesús en el momento de las tentaciones. El relato más antiguo, el de Marcos, es muy breve y misterioso. Mateo y Lucas lo completaron con las tres famosas tentaciones que todos conocemos, y que empalman con el episodio del bautismo, en el que la voz del cielo proclama: «Tú eres mi hijo amado, en quien me complazco». ¿Cómo entiende Jesús su filiación divina? ¿Cómo un salvoconducto para pasarlo bien y triunfar? Todo lo contrario. Inmediatamente después marcha al desierto, y allí va a quedar claro cómo entiende su filiación.

            Primera tentación: solucionar las necesidades primarias

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.

El tentador se le acercó y le dijo:

—Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.

Pero él le contestó, diciendo:

—Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».

Partiendo del hecho normal del hambre después de cuarenta días de ayuno, la primera tentación es la de utilizar el poder en benefi­cio propio. Es la tentación de las necesidades imperiosas, la que sufrió el pueblo de Israel repetidas veces durante los cuarenta años por el desierto. Al final, cuando Moisés recuerda al pueblo todas las penalidades sufridas, le explica por qué tomó el Señor esa actitud: «(Dios) te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Dios» (Dt 8,3).

En la experiencia del pueblo se han dado situacio­nes contrarias de necesidad (hambre) y superación de la necesidad (maná). De ello debería haber aprendido dos cosas. La primera, a confiar en la providencia. La segunda, que vivir es algo mucho más amplio y profundo que el simple hecho de satisfacer las necesidades primarias. En este concepto más rico de la vida es donde cumple un papel la palabra de Dios como alimento vivifica­dor. En realidad, el pueblo no aprendió la lección. Su concepto de la vida siguió siendo estrecho y limitado. Mientras no estu­viesen satisfechas las necesidades primarias, carecía de sentido la palabra de Dios.

En el caso de Jesús, el tentador se deja de sutilezas y va a lo concreto: «Si eres Hijo de Dios, di que las piedras éstas se conviertan en panes». Jesús no necesita quejar­se de pasar hambre, ni murmurar como el pueblo, ni acudir a Moisés. Es el Hijo de Dios. Puede resolver el problema fácilmente, por sí mismo. Pero Jesús tiene aprendida desde el comienzo esa lección que el pueblo no asimiló durante años: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de todo lo que diga Dios por su boca».

La enseñanza de Jesús en esta primera tentación es tan rica que resulta imposible reducirla a una sola idea. Está el aspecto evidente de no utilizar su poder en beneficio propio. Está la idea de la confianza en Dios. Pero quizá la idea más importante, expresada de forma casi subliminar, es la visión amplia y profunda de la vida como algo que va mucho más allá de la necesidad primaria y se alimenta de la palabra de Dios.

            Segunda tentación: pedir pruebas a Dios

Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice:

—Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras».

Jesús le dijo:

—También está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios».

Tentación pináculo del temploPináculo del templo de Jerusalén

La segunda tentación (tirarse desde el alero del templo) también se presta a interpretaciones muy distintas. Podríamos considerar­la la tentación del sensacionalismo, de recurrir a procedi­mientos extravagantes para tener éxito en la actividad apostóli­ca. La multitud congregada en el templo contempla el milagro y acepta a Jesús como Hijo de Dios. Pero esta interpretación olvida un detalle importante. El tentador nunca hace referencia a esa hipotética muchedumbre. Lo que propone ocurre a solas entre Jesús y los ángeles de Dios. Por eso parece más exacto decir que la tentación consiste en pedir a Dios pruebas que corroboren la misión encomendada. Nosotros no estamos acostumbrados a esto, pero es algo típico del Antiguo Testamento, como recuerdan los ejemplos de Moisés (Ex 4,1-7), Gedeón (Jue 6,36-40), Saúl (1 Sam 10,2-5) y Acaz (Is 7,10-14). Como respuesta al miedo y a la incertidumbre espontá­neos ante una tarea difícil, Dios concede al elegido un signo milagroso que corrobore su misión. Da lo mismo que se trate de un bastón mágico (Moisés), de dos portentos con el rocío nocturno (Gedeón), de una serie de señales diversas (Saúl), o de un gran milagro en lo alto del cielo o en lo profundo de la tierra (Acaz). Lo importante es el derecho a pedir una señal que tran­quilice y anime a cumplir la tarea.

Jesús, a punto de comenzar su misión, tiene derecho a un signo parecido. Basándose en la promesa del Salmo 91,11-12 («a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos; te llevarán en volandas para que tu pie no tropiece en la piedra»), el tentador le propone una prueba espectacular y concreta: tirarse del alero del templo. Así quedará claro si es o no el Hijo de Dios. Sin embargo, Jesús no acepta esta postura, y la rechaza citando de nuevo un texto del Deuteronomio: «No tentarás al Señor tu Dios» (Dt 6,16). La frase del Dt es más explícita: «No tentaréis al Señor, vuestro Dios, poniéndolo a prueba, como lo tentasteis en Masá (Tentación)». Contiene una referencia al episodio de Números 17,1-7. Aparentemente, el problema que allí se debate es el de la sed; pero al final queda claro que la auténtica tentación consiste en dudar de la presencia y la protección de Dios: «¿Está o no está con nosotros el Señor?» (v.7). En el fondo, cualquier petición de signos y prodigios encubre una duda en la protección divina. Jesús no es así. Su postura supera con mucho incluso a la de Moisés.

            Tercera tentación: el deseo de triunfar

Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo:

—Todo esto te daré, si te postras y me adoras.

Entonces le dijo Jesús:

—Vete, Satanás, porque está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto».

Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían.

Tentación de los reinosLa tercera tentación, a tumba abierta por parte del tentador, consiste en la búsqueda del poder y la gloria, aunque suponga un acto de idolatría. No es la tentación provocada por la necesidad urgente o el miedo, sino por el deseo de triunfar. Jesús rechaza la condición que le impone Satanás citando Dt 6,13. Como prueba de la victoria, Satán se aleja y los ángeles se acercan a servirlo.

* * *

Para Mt, Jesús en el desierto es lo contrario de Israel en el desierto. En aquella época, el pueblo sucumbió fácilmente a las pruebas inevitables de la marcha: hambre, sed, ataques enemigos. Dudaba de la ayuda de Dios, se quejaba de las dificultades. Jesús, nuevo Israel, sometido a tentaciones más fuertes, las supera. Y las supera, no remontándo­se a teorías nuevas ni experiencias personales, sino a las afirmaciones básica de la fe de Israel, tal como fueron propues­tas por Moisés en el Deuteronomio. Los judíos contemporáneos de Mateo y de su comunidad no tienen derecho a acusar a su fundador de no atenerse al espíritu más auténtico. Jesús es el verdadero hijo de Dios, el único que se mantiene fiel a Él en todo momento.

            El problema de la historicidad

El relato de Mt nos obliga a preguntarnos si se trata de hechos históricos o ficticios. Porque el diálogo con el tentador, el viaje a la ciudad santa y el otro a una montaña altísima no parecen tener nada de histórico.

Es interesante recordar que el cuarto evangelio no contiene un episodio de las tentaciones, pero habla de ellas a lo largo de la vida de Jesús. La más fuerte es la del poder, en el momento en que los galileos quieren nombrar a Jesús rey. Y tentaciones muy parecidas en su contenido, no en la forma, se repiten al final de la vida de Jesús, en la cruz: «Si eres Hijo de Dios, sálvate y baja de la cruz» (Mt 27,40). Estas tentaciones reflejan otro dato de gran interés: los tentadores son los hombres, no Satanás.

Reflexión final

La tentación es un hecho real en la vida de Jesús, a la que se vio sometida por ser verdadero hombre.

Mt ha recogido este tema para dejarnos claro desde el princi­pio cómo entiende Jesús su filiación divina: no como un privile­gio, sino como un servicio.

En el fondo, las tres tentaciones se reducen a una sola: colocarse por delante de Dios, poner las propias necesidades, temores y gustos por encima del servicio incondicional al Señor, desconfiando de su ayuda o queriendo suplantarlo.

Las tentaciones tienen también un valor para cada uno de nosotros y para toda la comunidad cristiana. Sirven para analizar nuestra actitud ante las necesidades, miedos y apetencias, y nuestro grado de interés por Dios.

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Primer Domingo de Cuaresma. 01 Marzo, 2020

domingo, 1 de marzo de 2020
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“Entonces le dijo Jesús:

-Vete, Satanás, porque está escrito:

Al Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto.

Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían”.

Mt 4, 1-11

Empieza este tiempo de preparación para la gran fiesta de la Pascua. No conviene olvidar que la Cuaresma debe conducirnos hasta la Pascua. A veces le damos tanta importancia a los preparativos que cuando llegamos a la fiesta estamos agotadas; ¡grave error! Vivamos en profundidad la Cuaresma pero orientando todas nuestras energías hacia la Pascua, no vaya a ser que nos perdamos la Resurrección…

A lo largo de estos cinco domingos vamos a recorrer escenarios muy diferentes: las tentaciones de Jesús, la transfiguración, el encuentro con la Samaritana, la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro. Conociendo el itinerario conviene dosificar las fuerzas.

Este primer domingo de Cuaresma nos sitúa en mitad del desierto y en compañía de nuestras contradicciones.

Podríamos identificar el desierto con ese lugar íntimo y personal: nuestro propio ser. Ese “adentro” que nos constituye, donde nos descubrimos como nosotras mismas y donde no puede entrar nadie (es nuestro desierto personal).

Pero en ese desierto interior sabemos de sobra que tienen lugar nuestras grandes batallas. Ahí se dan cita lo mejor de nosotras mismas (el mismo Espíritu de Dios que nos habita) y nuestras sombras más oscuras (Satanás en persona).

Y en esa soledad nos toca elegir. Lo que se pone en juego es, nada más y nada menos que, nuestra libertad. El poder que Dios ha puesto en nuestras manos y con el que podemos llegar a la plenitud o destruirnos como personas.

Hay oscuridad en nuestro interior (también en nuestro mundo) pero no tiene la última palabra, el poder para actuar se lo damos nosotras.

Satanás no puede hacer nada sin nuestro consentimiento. Jesús lo sabe y termina su lucha con un: “-Vete, Satanás.” Y Satanás se va, porque no puede hacer nada más que convencernos. No tiene la fuerza por eso viene a buscarnos. Sin nosotras se desvanece.

Oración

Ven, Trinidad Santa, a recordarnos que podemos dominar el pecado (Gn 4, 4-7). Amén.

Circuito Cuaresma, destino La Pascua

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Cuidar la biología no es malo. La trampa está en quedarse solo en eso.

domingo, 1 de marzo de 2020
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img_men_2011_2014-3-09_6Mt 4, 1-11

Debe cambiar radicalmente nuestra manera de afrontar el tiempo de cuaresma. Se nos ha insistido hasta la saciedad que la cuaresma era un tiempo de examen de conciencia para descubrir nuestros fallos, para concienciarnos de que habíamos ofendido a Dios, para sentirnos pecadores. Una vez que descubrimos que estábamos enfangados en la mierda, pedir a Dios que nos sacara de ella y si Dios era reacio a perdonarnos, ahí estaba la muerte de Jesús que nos daba derecho a ese perdón. Pasada la alegría de sentirnos perdonados, llegaba la angustia de volver a fallar.

La cuaresma es un tiempo privilegiado para analizar la trayectoria de nuestra vida y descubrir que, con demasiada frecuencia, nos equivocamos, dando pasos que nos alejan de la plenitud de humanidad que es nuestra meta. No tiene mucho sentido que nos paremos a analizar la piedra en la que hemos tropezado. Tampoco tiene sentido hacer penitencia pensando que es el requisito indispensable para que Dios nos perdone. Se trata de tomar conciencia de que alcanzar la meta supone esfuerzo y decisión para no caer en la trampa del hedonismo.

De lo dicho se desprende, que más importante que mirar hacia atrás mortificándonos por los pasos mal dados, es descubrir donde está la meta y comenzar a andar en esa dirección. Lo importante es tomar conciencia clara de donde está la meta. Pero resulta que no puedo saber donde está porque nunca estuve allí. Aquí puede venir en nuestro auxilio la experiencia de otros seres humanos que sí se aproximaron a ella. Para nosotros los cristianos, el hombre que más cerca estuvo de ella es Jesús, por eso debemos fijarnos en él y tomarlo como guía en nuestra vida.

Las tentaciones de Jesús, y las nuestras, nos advierten de la necesidad de esfuerzo para no ser engañados por el placer inmediato que puede proporcionarnos poner nuestra mente al servicio de los sentidos, las pasiones y los apetitos. Los animales disponen de un piloto automático que les conduce en todo momento a su propia meta. Al ser humano se le han entregado los mandos de la nave y no tiene más remedio que dirigirla él. No podemos conducir un vehículo manteniendo fijo el volante. Tampoco nadie puede conducirlo por nosotros, ni siquiera Dios.

La primera tentación pretende convertir a Jesús en oprimido y le ofrece liberarse a cambio de pan. La segunda le ofrece honor y gloria a cambio de servidumbre. Tanto oprimir a otro como dejarse oprimir son ofertas satánicas. La tercera es una oferta de poder desmedido sobre todo y sobre todos los hombres. La opresión es el único pecado, porque es lo único que nos impide ser humanos. Vamos a analizar las tentaciones de Jesús en lo que tienen de común con las trampas que el placer, con apariencia de bien, tiende a todos los hombres.

A nadie se le ocurrirá hoy tomar el relato del Génesis como un hecho histórico. El pecado de Adán es un mito ancestral que encontramos en muchas culturas. Esto no quiere decir que sea simplemente mentira. El mito, en sentido estricto, es un intento de explicar conflictos vitales del ser humano que no se puede entender de una manera racional. El relato de Adán y Eva intenta explicar el problema del mal, y lo hace partiendo de las categorías de aquel tiempo.

Tampoco el relato de las tentaciones es una crónica de sucesos. Jesús se retiró muchísimas veces al “desierto”. Se trata de resumir todas las pruebas que tuvo que superar a lo largo de su vida. En Jesús la tentación tiene una connotación especial, porque se plantea conforme a su situación personal. La talla de su humanidad tiene que darla en relación con la tarea que se le ha encomendado: cómo desarrollar su auténtico mesianismo.

Los posibles tropiezos, al recorrer su camino mesiánico, se relatan condensados en un episodio al comienzo de su vida pública, pero resumen la lucha que tuvo que mantener durante toda su vida. A Jesús no le tentó ningún demonio. La tentación es algo inherente a todo ser humano. Por eso es el mejor argumento a favor de su humanidad. Quien no se haya enterado de que la vida es lucha, tiene asegurado el más estrepitoso fracaso. A todos se nos dan unas posibilidades infinitas de plenitud, pero alcanzarlas supone poner toda la carne en el asador para conseguirlas.

A ver si soy capaz de haceros ver que no se trata de una elección entre el bien y el mal. El ser humano no es el lugar de lucha de dos fuerzas contrarias: el Espíritu y el diablo, el Bien y el Mal. Esa alternativa no es real porque el mal no puede mover la voluntad. Se trata de discernir lo bueno y lo malo, siendo capaces de ir más allá de las apariencias. La lucha se plantea entre el bien auténtico y el aparente. El plantear una lucha contra el mal no tiene ni pies ni cabeza. Una vez que descubro que algo es malo para mí, no tengo que hacer ningún esfuerzo para vencerlo.

Las tres tentaciones de Jesús no son zancadillas puntuales que el diablo le pone. Se trata de contrarrestar una inercia que, como todo ser humano, tiene que superar. Ni el placer sensible, ni la vanagloria, ni el poder, pueden ser el objetivo último de un ser humano. El poder y las seguridades, como fundamento de una relación con Dios, quedan excluidos. El poder podía haber dado eficacia a su mesianismo, pero no llevaría la libertad al hombre. La salvación tiene que llegar al hombre desde dentro de sí mismo, por lo que tiene de específicamente humano.

No necesitamos ningún enemigo que nos tiente. Somos lo bastante complicados para meternos solitos en esos berenjenales. La tentación es inherente al ser humano, porque en cuanto surge la inteligencia y tiene capacidad de conocer dos metas a la vez, no tiene más remedio que elegir. Como el conocimiento es limitado, la posibilidad de equivocarse está siempre ahí. Y suele suceder que adhiriéndose a lo que creía bueno, se encuentra con lo que es malo para él. Si esto no lo tenemos claro, pondremos el fallo en la voluntad que elige el mal, lo cual es imposible.

Si el problema no está en la voluntad, no se podrá resolver con voluntarismo. Aquí está una de las causas de nuestro fracaso en la lucha contra el pecado. Nos han insistido en la fuerza de voluntad para superar la tentación pero todos sabemos que esa estrategia es ineficaz. Si el problema es de entendimiento, solo se podrá resolver por el conocimiento. Mi tarea será descubrir lo que es auténticamente bueno o malo para mí. Ese “para mí”, se refiere a mi verdadero ser, no al yo egoísta e individualista. Ni siquiera podemos esperar de Dios que me saque del dilema.

Un peligro añadido es que en nuestra sociedad tendemos a considerar como bueno lo que la mayoría acepta como tal. El esfuerzo por alcanzar una verdadera humanidad es todavía una actitud de minorías. A través de la historia humana, han sido muy pocos los que han manifestado con su vida una plenitud humana. La mejor prueba es que los consideramos seres extraordinarios. La mayoría de los mortales nos contentamos con vivir cómodamente sin valorar el esfuerzo por llegar a ser algo más. Aquí el valor de la democracia queda muy relativizado.

El “está escrito, repetido por tres veces, tiene un profundo significado. Adán y Eva pretendieron ser ellos los dueños del bien y del mal, es decir, que sea bueno lo que yo determine como tal y que sea malo lo que yo quiero que lo sea. Es la constante tentación de todo ser humano. Cuando Jesús repite por tres veces: “está escrito”, reconoce que no depende de él lo que está bien o lo que está mal, está determinado, no por una voluntad externa de Dios, sino por la misma naturaleza del ser. Sin descubrir esa naturaleza nunca podremos acertar.

Meditación

La verdadera conquista de lo humano se consigue en el interior.
Solo lejos del bullicio, del ruido y de la vorágine de los sentidos
te puedes encontrar contigo mismo y dilucidar tu futuro.
No te dejes engañar por los cantos de sirena.
Son cada vez más y con más poder de seducción.
Pero la fuerza del Espíritu, siempre será mayor.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

 

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Servir a Jesús

domingo, 1 de marzo de 2020
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“El obispo, como todo cristiano, “servidor de todos” (San Agustín, obispo de Hipona)

1 de marzo. DOMINGO I DE CUARESMA

Mt 4, 1-11

Al punto lo dejó el diablo y unos ángeles vinieron a servirle

El relato de las tres tentaciones en el desierto que trae a nuestra consideración este primer domingo de cuaresma, relatando cómo el diablo intenta provocar la rebelión de Jesús contra los designios del Padre, nos trae a la memoria las triples relaciones opresoras -que también han tentado a la humanidad a lo largo de la historia- en el triple orden de lo económico (pan), lo político (reinos de la tierra), y lo religioso (milagro), como señala Schökel en La Biblia de nuestro tiempo.

Pero lo que no explica el evangelio es qué fue lo que los ángeles le sirvieron, y si por respeto a estos seres celestiales aceptó sus servicios quien en cierta ocasión dijo que él “no había venido a ser servido, sino a servir” (Mt, 20, 28).

“El obispo, como todo cristiano, “servidor de todos”, lo dijo una destacada autoridad de la Iglesia: San Agustín, obispo de Hipona, que conocía muy bien el Evangelio.

Y servir a los otros es redimir cautivos, como hacían y siguen haciendo los Mercedarios, fieles al lema de su Orden: “De cautivos a redimidos”, y en cuyas Constituciones, hoy vigentes todavía, que donde haya una necesidad social, allí estarán ellos presentes para liberar a los demás de sumisiones, pues como dice Sancho Panza en El Quijote“el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.

Cuando escuché todo lo aquí mencionado, me quedé estupefacto, apoyé mis manos sobre la faz de ello, y me tembló todo el cuerpo poblándomelo de energía, por cuya causa dejé volar mis pensamientos, que habían despegado de la pista de mi mente, y recogido el tren de aterrizaje se fueron de nuevo a un aeropuerto evangélico con el nombre de María Magdalena en el frontispicio.

Lo había construido una arquitecta argentina que había estudiado Bellas Artes, y por eso era tan “lindo”, como ella misma hubiera dicho.

Entré en aquel museo que Marisa Ventura, la arquitecta argentina que había estudiado Bellas Artes, y pasé la mañana disfrutando de su ciencia: “Un viaje de descubrimiento espiritual al corazón de María Magdalena”.

He aquí dos joyas, Marisa y María Magdalena, sonora una otra en silencio, a las que yo trataré de poner música emocionado, porque cuando nos conocimos en Parquelagos aquella tarde, tu cabello enjugó mi rostro, como un día enjugaron los pies del Nazareno, dejando sus pies y mi rostro florecidos.

“Ella fue la mujer y complemento divino de Jesús, la custodia de su mensaje original, de su descendencia y linaje, Mujer de inmensa fe, sabiduría y coraje”, cuya imagen sonora aparece en el Autorretrato con laúd: imagen de sonido, de Jan Havicksz Steen.

“Habitualmente se la describe como la líder del grupo de mujeres seguidoras de Jesús, como una mujer fuerte e independiente, leal seguidora de Cristo”.

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La primera en verle resucitado, Magdalena, y te dijo: Nolli me tángerecon su brazo levantado señalando el cielo, aunque seguro estoy, hubiera sido su deseo haberte dado con él un tierno abrazo: “Quiero morir en tus brazos, Magdalena, como Alfredo murió en los de Violetta”.

LLÉVAME DE LA MANO

Llévame de la mano a tus banquetes carnales

y convídame a la fiesta de tu cuerpo,

hecho de trágicos amores.

Te enseñaré las flores, Violetta,

y pediré a los pájaros que te canten canciones matinales,

y que las cítaras se bajen de los árboles,

donde los judíos deportados por Nabucodonosor a Babilonia las habían colgado,

y entonen de nuevo el coro, añorando su regreso a Judea:

Va, pensiero sull’ali dorate
va, ti posa sui clivi, sui colli,
ove olezzano trepide e molli
l’aure dolci del suolo natal!

Y tú dirás a Alfredo:

di questo cuore non puoi comprenderé tutto l’amore,

porque tan grande es el amor que le tienes, que no te cabe en el pecho.

Hasta que un día el doctor Grenvil le pronostica

que no vivirá mucho tiempo, y

Alfredo muere en los brazos de Violetta.

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Jesús de Nazaret vocero del Reino y digno de confianza.

domingo, 1 de marzo de 2020
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b22a3fce51f505a5a401188868d40d8272a45212ee87d5e9b9286b3f7d4fbe95Mt 4, 1-11

El evangelio de Mateo después de informar sobre el bautismo de Jesús en el Jordán introduce el relato de las tentaciones. Un relato que no busca recordar una experiencia ocurrida en un momento y lugar determinado de la vida del Maestro, sino que quiere ofrecer respuestas a algunas preguntas clave que tiene la comunidad receptora del evangelio.

Mateo pertenece a una comunidad cristiana procedente del judaísmo(judeocristianos), pero que han sido expulsados de la sinagoga por defender, ante sus hermanos judíos, que en Jesús se habían cumplido las promesas que Dios había dado a Israel y era el Mesías.  Esta situación les produce dolor y desarraigo y necesitan ahondar y afianzar su fe, por eso para Mateo es tan importante recordarles con frecuencia que Jesús desde su nacimiento está cumpliendo las Escrituras y que en su vida las cosas no ocurren por casualidad, sino que en todo está guiado por el Espíritu de Dios.

Mateo señala con fuerza que Jesús es el hijo de Dios, el mesías y, a pesar de la cruz, el Dios de Israel lo resucitó y confirmó toda su vida, sus palabras y sus obras. La comunidad ha de construir su nueva identidad en Cristo fuera de la sinagoga, pero sabe que el Dios que acompañó a Israel por el desierto hacia la tierra prometida os acompaña ahora también a ellos en su camino de seguimiento de Jesús el Cristo.

El relato de las tentaciones pone de manifiesto de qué manera Jesús es Mesías e Hijo de Dios. Este episodio presenta a Jesús afrontando la experiencia de ser tentado pero la intención primera de la narración no es exhortar a la excelencia moral, ni alertar sobre el carácter engañoso de muchos reclamos sociales que enfrentan y empequeñecen a las personas porque las hacen egoístas soberbias e incluso tiranas.

El relato muestra que Jesús es digno de confianza como lo había afirmado Dios, su padre/madre, en el bautismo. Jesús, al afrontar la misión recibida de proclamar que el Reino de Dios está llegando, no va a utilizar a Dios en su propio beneficio (4,3-4), ni va a vincular su mensaje a la espectacularidad o el éxito (4,5-7), ni va a reunir adeptos por su poder (4,8-10).

La escena se centra en Jesús afrontando el espejismo de las seguridades religiosas.  Las tentaciones lo llevan desde el desierto al Templo.  Dos espacios que, en la fe de Israel, evocan encuentros significativos con Dios.

El desierto es memoria del Dios liberador que acompaña y alimenta a su pueblo, pero también lugar de tentación, de cansancio y búsqueda de seguridades. El templo, lugar sagrado por excelencia para Israel se convirtió muchas veces en terreno donde crecía el orgullo y se levantaban muros de desigualdad y elitismo.  Jesús citando la Escritura rechaza entrar en ellos asumiendo sus tentaciones y los resignifica para convertirlos en espacios de la acción salvífica de Dios.

 Jesús afrontando la tentación deja fuera de su camino la manipulación de lo sagrado, la tranquilidad de las seguridades, el miedo a perder. Afrontando la tentación se hace digno de confianza, inaugurando un modo nuevo de escuchar a Dios, de creer en él. Afrontando la tentación se hace palabra encarnada del Dios del Reino, hogar de quienes tienen hambre y sed, de quienes no tienen poder ni político ni religioso.

Para Mateo y su comunidad contemplar a Jesús en este relato fortalece su fe en él, sostiene su esperanza, los invita a transitar una nueva sacralidad fuera ya de la sinagoga. Las palabras del Deuteronomio pronunciadas por Jesús suenan ahora de forma nueva:

No son los milagros los que hacen mesías a Jesús sino la liberación y sanación que sus signos ofrecen en nombre de Dios (Mt 4,4; Dt 8,3)

No es la construcción de un Reino poderoso lo que orienta la vida de Jesús, sino el hacer visible el amor gratuito de Dios que reconstruye lo que estaba perdido (Mt 4, 7; Dt 6,16)

No todo vale cuando se habla de Dios, no toda forma de creer es digna de Dios, solo la Palabra de la cruz (1 Cor 1, 17-31) balbucea la fe en el Abba de Jesús, locura y necedad para quienes esperan milagros o sabiduría donde solo puede haber amor y perdón (Mt 4,10; Dt 6, 13).

Carme Soto Varela, ssj

Fuente Fe Adulta

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Tentación e ignorancia

domingo, 1 de marzo de 2020
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Prisa-300x300Domingo I del Cuaresma 

1 marzo 2020

Mt 4, 1-11

En principio, parece claro que nos tienta todo aquello que promete seguridad y autoafirmación del yo. Mientras nos percibamos como seres separados –identificados con el “yo”– no podremos sino buscar cualquier cosa que fortalezca esa supuesta identidad, porque algo nos dice que en ello nos va la vida. Y dado que ese yo se descubre esencialmente frágil y vulnerable, se comprende que persiga a toda costa todo aquello que le ofrezca seguridad.

   El relato evangélico señala con agudeza las tres tentaciones que acechan al ser humano y que pueden resumirse en tener, poder y aparentar. Tres palabras que apuntan hacia aquello que, supuestamente, le permite mantenerse seguro y en pie.

      En cuanto vacío, el yo necesita ansiosamente bienes a los que llamar “míos” para sostener la ilusión de que él es “alguien”.

     Frente al miedo que acompaña inexorablemente a todo yo separado, necesita el poder, no solo para sostener la ilusión de que es inmune al peligro, sino como medio de autoafirmarse por encima de los demás. Es sabido que el yo se afirma gracias al contraste, la comparación y la prepotencia.

    Y ante el pánico que le supone ser un “don nadie” o desaparecer, el cultivo de la imagen parece otorgar al yo una aureola de grandeza a toda prueba.

     Así planteado, parece evidente que las tentaciones se anclan en una doble fuente: en la necesidad psicológica de seguridad y en la ignorancia espiritual acerca de nuestra verdadera identidad.

    Por tanto, si queremos comprender de dónde vienen nuestras tentaciones –trampas– y, a la vez, deseamos hallar el camino de superación de las mismas, tal vez sería bueno plantearnos una doble cuestión: ¿cómo me percibo a mí mismo? y ¿dónde pongo mi seguridad?

  Resulta obvio que ambas preguntas se hallan íntimamente relacionadas ya que, según me perciba a mí mismo, pondré la seguridad en una cosa u otra. O mejor todavía, depositaré la seguridad en algún objeto –del tipo que sea– o comprenderé que la seguridad no es algo añadido a lo que realmente soy.

     En síntesis, cuando comprendemos qué somos de una manera experiencial o vivencial, la inquietud por la seguridad desaparece. Y podremos vivir las tentaciones como oportunidad para afianzarnos en la comprensión de que somos aquello que no necesita seguridades ajenas porque se halla siempre a salvo. Tal comprensión es la fuente de la libertad.

    Y eso es lo que se pone de manifiesto en las respuestas del sabio Jesús. A cada tentación, él se remite –eso parece significar que cite palabras de la Escritura judía– a su verdadera identidad, a Aquello donde es uno con Dios.

¿Dónde pongo mi seguridad?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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No nos dejes caer en la tentación.

domingo, 1 de marzo de 2020
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E6A321A9-BBEB-4711-BEDB-0F1D542FFB3FDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. De nuevo al desierto.

Los hebreos se pasaron cuarenta años caminando por el desierto, es decir: toda la vida. Y es que, salir de Egipto (y de todos nuestros “egiptos y esclavitudes particulares”) y llegar a la tierra de promisión y a la libertad, eso cuesta toda la vida, “toda una vida”.

Así es que, ligeros de equipaje, comencemos esta santa cuaresma, pero mirando hacia la libertad y a la tierra de promisión, que a Egipto no quiero volver ni loco.

  1. Peligros y tentaciones.

            El primer domingo de cuaresma nos ofrece e invita siempre a pensar un poco en esto que se ha dado en llamar: las tentaciones. ¡Cuántas veces hemos rezado: No nos dejes caer en la tentación!

            ¿Y qué es la tentación o qué son las tentaciones?

            Yo no creo, -en sentido de fe-, no creo en la visión de una tentación como si Dios fuese un señor caprichoso al que le gustan las manzanas reinetas, por lo que se las reserva para él, prohibiendo que nadie toque su árbol, y cuando una mujer y su marido se comen amigablemente una de tales manzanas, Dios pilla un rebote y un enfado del que todavía no se ha repuesto, condenando a toda la humanidad, incluido su Hijo, a galeras. Si no fuese trágica la cosa, sería cómica.

            La tentación no es que Dios dice A, nosotros hacemos B, va y se enfada y, por lo tanto estamos condenados. Eso es de una simpleza infinita.

            Estamos ante un mito que piensa y expresa algunas cosas sobre la ética, la libertad, la tentación, el mal. Decía ya K. Marx que la primera reflexión sobre las grandes cuestiones de la vida es la bíblica, la religiosa.

  1. La tentación antídoto del sufrimiento humano

                        Quizás toda tentación -grande o pequeña- consiste en querer salir de un sufrimiento más o menos grande y hallar alivio o salida en alguna realidad.

Hay casos límite como puede ser el suicidio, las adicciones a la droga, al erotismo, cleptomanías, ludopatías, etc. En el fondo se busca calmar y salir de un gran dolor existencial: el dolor del rechazo, de la soledad, el dolor del desafecto, de los fracasos, de la ansiedad, del mal trato de la infancia, de las culpabilidades morales, el dolor de “muchas asignaturas pendientes en la vida” o cualquier otro tipo de dolor. La tentación (caer en la tentación) es intentar aliviar esos sufrimientos profundos con una “huida definitiva” o con un erotismo compulsivo, con un robo, que creo me conferirá un poco de seguridad, con un juego (ludopatía) que me va a reportar un sueño paradisíaco de dinero (ludopatía), etc.

            Por lo general, son “tentaciones de la vida cotidiana”, pero que responden al mismo esquema: huir del sufrimiento que la vida inevitablemente conlleva. La tentación reporta un cierto bienestar, al menos momentáneo.

  1. Cuando caemos en tentación, disfrazamos el dolor.

            Me parece a mí que lo que nos ofrecen las tentaciones edulcoran, disfrazan el dolor; son como el “orfidal o el valium” que calman, pero no curan. Y es que todo placer requiere eternidad (Nietzsche); nunca el placer es suficiente. El dolor existencial vuelve y vuelve en un ritornello sin fin.

  1. La libertad.

Las tentaciones tienen como sustrato la libertad humana.  El ser humano es libre y puede elegir, escoger. En el fondo de toda tentación, de toda elección hay un uso correcto -o menos- de la libertad

Ahora bien, ¿qué podemos entender por libertad?

Se puede considerar que la libertad tiene como tres niveles de profundidad:

  • La libertad es la capacidad de elección. Podemos escoger entre varios objetos: legítimos o no. Es la capacidad de elección, primer nivel elemental de la libertad y de una libertad más bien superficial: la capacidad de escoger.
  • Una segunda cota de la libertad son las libertades cívicas, los derechos humanos: libertad de expresión, libertades políticas, sindicales, libertad religiosa, etc. Es un nivel necesario y todo grupo humano tiene derecho a vivir en esas libertades. pero no significa que las libertades cívicas garanticen personas libres.

En tiempos de la dictadura no teníamos libertades cívicas, pero había personas libres. En estos tiempos democráticos, creo yo que tenemos libertades cívicas, pero hay infinidad de personas esclavas del consumismo, de las adicciones, de las ideologías, etc.

  • La libertad como capacidad de ser. Cuando escogemos una posibilidad en la vida, no escogemos meramente una posibilidad “externa”, sino que “me escojo a mí mismo en esa posibilidad”. Cuando un joven escoge la carrera de Magisterio o Derecho, en el fondo se está escogiendo a sí mismo como maestro o como abogado. Cuando una persona decide casarse o entrar en la vida célibe religiosa-contemplativa, se está escogiendo a sí mismo como persona capaz de formar una familia o de realizar su vida en el claustro, en el sacerdocio.

De manera que la libertad es la capacidad de ser, de construirnos como personas; capacidad que Dios nos ha dado y que ya desde el Génesis entra en crisis, porque no es una cuestión sencilla.

  1. No culpabilizar, ni amenazar.

            Es cierto que cuando “caemos en tentación”, “nos hacemos daño”, podemos hacer daño a los demás”, “destrozamos, más o menos, la creación” y “Dios está triste”.[1]

            Dios no castiga, no es inmisericorde. Por ello, no culpabilicemos, no amenacemos con castigos que no vienen de Dios, ni hurguemos en viejas heridas, no carguemos moralmente con fardos pesados a los demás. No culpabilicemos ni condenemos a los demás.

            Sobre todo quienes tenemos alguna responsabilidad como padres, educadores, presbíteros, no encaucemos a nuestras gentes al “colapso moral”. Abramos horizontes, caminos, puertas, Éxodos, liberación, paz, vida, resurrección[2]…

            Dios no se enfada con estas situaciones nuestras, no nos deja en la estacada, mucho menos nos manda al infierno. En una de las oraciones introductorias al rezo del Rosario se dice:

también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.

            Humano, desde luego, no. Pero ¿esto es cristiano? Más bien es mentira, simplemente mentira.

            En el cristianismo la salida a la caída en la tentación está en el perdón de Dios. El salmo 129 dice que el Dios de Jesús no es un Dios eternamente enojado, que cantábamos, sino que nuestro Dios se hace sentir por su bondad y misericordia:

de Ti procede el perdón, y así infundes respeto. (salmo 129)

Dios se hace respetar por el perdón a nuestras caídas en las tentaciones, no por el látigo. La salida a la tentación y a nuestras caídas está en descansar en el Señor, su respeto no está en la disciplina, en el castigo, sino en el perdón y la acogida (la casa del Padre y el hijo pródigo).

No nos dejes caer en la tentación, pero si caemos en tentación, que caeremos, después viene: líbranos del mal.

Somos barro, somos ceniza, somos dolor, tentación, somos caídas:

Si creció el pecado, más abundante fue la gracia (San Pablo)

[1] Dios, el padre del hijo pródigo, jamás se enfada: está triste, sufre, nos espera y siempre nos acoge

[2] Jesús no fue un predicador del infierno, sino de la vida.

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Un recordatorio importante

sábado, 29 de febrero de 2020
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ae3fd961d3990bda7a55d20a9be5798c-e1581181038133Gabriel Mª Otalora,
Bilbao (Vizcaya).

ECLESALIA, 10/02/20.- Los cristianos somos como los demás en la hora del dolor y del sufrimiento; quiero decir que no participamos de una raza superior entre los humanos, con asideros a mano para evitar el dolor ya que este es consustancial al ser humano. Quien vive, pasa dolores y sufrimientos y, por más que tratemos de evitarlos, entrarán antes o después en nuestra vida: enfermedades, frustraciones, fracasos, penalidades de todo tipo sabiendo, además, que la muerte es algo insoslayable con lo que ello significa ante las grandes preguntas de la existencia.

Otra cosa es que podamos desarrollar una madurez anclada en nuestra fe, esperanza y amor para sufrir menos ante un dolor concreto. Nuestra experiencia de fe en Cristo resucitado nos relaciona con el dolor de otra manera. De todo esto escribí en el libro El arte de no sufrir. Pero lo que ahora quiero resaltar es otro lado de la cuestión, que tomará mayor relevancia cuando comience la Cuaresma: el “valor” que tiene el dolor y el sufrimiento para un cristiano. Lo cierto es que no todos piensan igual desde la fe cuando nos golpea la adversidad hasta desestabilizarnos a nosotros o a nuestros seres más queridos.

No sabemos por qué existe el dolor pero lo cierto es que podemos hacer diferentes cosas con él: machacarnos el ánimo, relativizarlo, superarlo, aceptarlo, rechazarlo y sufrir más… las consultas de psiquiatras y psicólogos están llenas de personas ávidas de pautas para aliviar la carga de sufrimiento que padecemos ¿Qué decir desde la fe? Ha pasado el tiempo en que el dolor debe ser un arma buscada para la purificación o la santificación. Bastante tenemos con los dolores interiores y los que nos llegan cuando menos lo esperamos. Jesús se pasó la vida sanando, curando, liberando, aportando ejemplo y esperanza para que trabajemos nuestro interior puliendo las miserias y defectos y apostando claramente por liberar en lo posible los sufrimientos de los demás.

Si queremos mortificarnos para coger músculo espiritual evangélico, muy bien: hagamos el sacrificio de ser más humildes, de soportar mejor a quienes no tienen éxito social y son cargantes; trabarnos la actitud de ayudar a quienes lo están pasando peor, sobre todo dando de nuestro tiempo con el mejor talante. Misericordia quiero, y no sacrificios, es nuestro eslogan que todos deberíamos seguir.

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Me gustó mucho un librito en formato de entrevistas que le hicieron a  Ángela Volpini y a Teresa Forcades: Una nueva imagen de Dios y del ser humano. En ese fecundo diálogo hay una respuesta de la benedictina que, en mi opinión, arroja mucha luz sobre este tema. Habla de que la teología de la Cruz valora el sufrimiento aceptado por amor porque da fruto. Pero rechaza la tradición que defiende que, cuanto más se sufre, más se ayuda a la redención. Y lo rechaza porque esto impide que se activen los recursos para salir del dolor. Psicológicamente se trata de un mecanismo perverso que ve en el dolor algo bueno en sí mismo.

Jesús no quiso el dolor para sí ni para nadie, tampoco lo buscó; y cada vez que se encontraba con él, adoptó una actitud sanadora y liberadora. Cuando llegó su hora de sufrir por coherencia con lo que fue su mensaje, entonces lo transformó en amor. Devolver el bien por mal es un extraordinario sacrificio que nos libera y libera al otro. En definitiva, podemos sufrir mucho por amor pero el objetivo es el amor transformador, no el sufrimiento. Este es el mensaje revolucionario de Cristo, tan contrario a la mal llamada resignación cristiana.

No nos engañemos, resulta mucho más sacrificado y cristiano amar a los demás siguiendo la senda de Cristo que fustigarnos con ayunos, privaciones materiales, y otras limitaciones autoimpuestas que nos hacen reconocernos estupendos católicos. Mucho mejor resulta si buscamos, sobre todo, el sacrificio que supone liberar cruces a los demás y trabajar nuestros defectos. Este sufrimiento es el que nos pide Dios por encima de cualquier otro.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Vivir la cuaresma comprometidos con nuestra propia realidad

viernes, 28 de febrero de 2020
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El año litúrgico nos permite celebrar los misterios de la fe y, aunque da la impresión de una repetición cíclica, su objetivo es poder profundizar, celebrar, renovar, la historia de salvación que Dios teje con su pueblo y que ha de concretarse en nuestras propias vidas en cada contexto particular. Por eso, comenzar la cuaresma este miércoles de ceniza es ocasión de volver sobre su significado y llenarlo de experiencias actuales que mantengan la vitalidad de nuestro cristianismo y nos libre de una mera repetición litúrgica.

Con la imposición de la ceniza se nos dice: “conviértete y cree en el evangelio”. Pero, en estos tiempos que vivimos, ¿de qué convertirse?, ¿en cuál evangelio creer? Son necesarias estas preguntas porque, aunque parecerían obvias las respuestas, no lo son tanto. En efecto, la conversión no puede limitarse a la dimensión individual, sino que ha de abarcar también lo social. El profeta Isaías (58, 1-12) claramente habla del ayuno que Dios quiere, ayuno que cuestionaría las largas filas que se ven de gente imponiéndose la ceniza (no ocurre en todos los países, pero al menos en Colombia, muchas personas acuden a ponérsela) pero que no siempre implica un compromiso transformador por parte de aquellos que la reciben. El profeta deja claro que Dios quiere que se quiebre todo yugo, se parta el pan con el hambriento, se albergue al que no tiene casa, se vista al desnudo, en otras palabras, se enfrente la situación del hermano y se busque cambiarla.

Señalemos algunas de las situaciones que hoy se viven en Colombia y que no deberían estar ausentes en la cuaresma: el inmenso trabajo por construir la paz, tanto exigiendo que el gobierno implemente los acuerdos de paz ya firmados como el que busque instancias de diálogo con los otros grupos armados para seguir construyéndola. También está la situación de la migración venezolana que, efectivamente, está cambiando la realidad colombiana. Pero es fácil exigir a los europeos que no cierren las fronteras a los migrantes africanos que llegan a sus costas, pero ahora nos resulta duro abrir las nuestras a los migrantes de este país hermano. Que decir de los líderes asesinados y de todo este malestar social que se está expresando en las marchas que se han dado en los últimos meses. Ahora bien, tener estas situaciones y tantas otras presentes en cuaresma no puede ser con la lógica del que se empeña en acabar con los otros a la fuerza (los que no quieren diálogos de paz) o de creer que todos los que protestan son unos maleantes que quieren destruir lo público. Por el contrario, la vida cristiana debería ser esa “levadura” que va fermentando la masa (Mt 13,33) con los valores del reino: misericordia, perdón, reconciliación, paz, diálogo, discernimiento, denuncia y anuncio, etc., sin dejarse llevar por la lectura acrítica o ingenua o mentirosa (fake news), tan presente en estos tiempos.

Y ante la pregunta ¿en qué evangelio creer? No puedo menos que tener presente el Carnaval de Río de Janeiro que acaba de pasar, en el que una de las escuelas de samba “Mangueira” presentó en su desfile una canción titulada “la verdad te hará libre, con una letra que, en verdad, “sabe” a evangelio.  En la canción se identifica a Jesús con rostro negro, sangre indígena, cuerpo de mujer, joven de favela, “hijo de un carpintero desempleado y de María de los dolores de Brasil”, denuncia la situación que viven y sigue apostando por el compartir, por el desarme, por la esperanza en medio de las situaciones tan duras que atraviesan, donde Cristo es crucificado nuevamente “por los profetas de la intolerancia”. Es imposible describir el significado completo de esa canción sin meterse en el corazón del carnaval y en el sentimiento de las, tal vez 4.000 personas que componen ese grupo, cantándola durante una hora en su desfile por el Sambodromo, acompañados de la majestuosidad de las carrozas y disfraces de los integrantes. Lógicamente, el evangelio no es una presentación de carnaval, pero allí se dijo con más claridad, más vida, más encarnación, lo que muchas predicaciones no saben decir. Con seguridad algunos habrán quedado escandalizados de que se hablara y se personificara a Jesús en el carnaval. Pero seguro que Jesús no se escandaliza. Él vive en el corazón de los pueblos y sabe reconocer en sus expresiones una fe sincera, viva, con todo lo que son y sienten.

En fin, el objetivo no es discutir sobre el carnaval sino preguntarse, una vez más, sobre lo esencial del evangelio y sí es eso lo que vivimos y anunciamos. Cuaresma es tiempo de conversión al evangelio de Jesús, pero al de los orígenes, al del anuncio del reino, a aquel que no se acomoda al status quo establecido. Que este tiempo de preparación, reflexión, interiorización, compromiso para vivir la Pascua este lleno de la vida concreta, identificando las cruces actuales de manera que no ahorremos esfuerzos para hacer posible que la resurrección de Jesús las venza definitivamente.

(Foto tomada de:  https://www.flickr.com/photos/utpl/3313299935)

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X. Pikaza: «La religión de Jesús no es ayuno, sino celebración de bodas»

jueves, 27 de febrero de 2020
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Cena-Jesus_2153494632_13863870_667x375Del blog de Xabier Pikaza:

«Intimidad y comunión de mesas» 

«El mensaje y proyecto de Jesús no desemboca en un sistema de espiritualidad pura, separada de la vida, ni en un modelo de ley impositiva, sino en un proyecto y programa de bodas de amor»

«Los fariseos ayunan dentro de la lógica legal del judaísmo, para obedecer la ley de Dios que así lo ha mandado»

Fariseos y bautistas antiguos (y bastantes cristianos actuales) entienden la religión como renuncia, un modo de ayunar, y su signo más importante la prohibición, en dos campos fundamentales que son la comida y el sexo:

  • No comer (no gozar en la comida), ayunar por sacrificio, pues Dios nos pide grandes sacrificios para así ser perfectos.
  • No tener relaciones sexuales, optar por el celibato, y, de tenerlas, tenerlas bien reguladas, según norma, según ley (pues el matrimonio es de clase de tropa, de gente que no sabe moderarse).
 Pues bien, en contra de eso, la  religión de Jesús no es ayuno (como proponen algunos “virtuosos” de la religión), sino amor de bodas (intimidad) y comunión de mesa  (comidas),  como ha puesto de relieve Jesús en su doctrina más importante sobre el amor y el ayuno (cf. Mc 2, 18-20).

El evangelio oficial del miércoles de ceniza es el de Mt 6, 1-18, con normas importantes sobre la limosna, la oración y el ayuno… Pero he comentado varias veces ese texto en este blog, y así prefiero comentar hoy el de Mc 2,18-20 que es cristianamente hablando más significativo.

            Mc 2, 18 Y estaban los discípulos de Juan y los fariseos ayunando; y vinieron a decir a Jesús: ¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan y los tuyos no?19 Jesús les contestó: ¿Pueden acaso ayunar los hijos (=amigos) del novio mientras el novio está con ellos? Mientras tengan al novio con ellos, no pueden ayunar.20 Llegará un día en que el novio les será arrebatado. Entonces ayunarán.

«Iglesia de Jesús, experta en amores y comidas»

Temas de fondo

  1. Bautista y fariseos… Identifican la religión con el ayuno de tipo sexual y alimenticio, pues a Dios le placen los sacrificios de los hombres, que muestran así su sometimiento.
  2. Jesús identifica la religión con unas «bodas», esto es, con un camino de amor.El amor de bodas no es ayuno, sino don y aprendizaje en intimidad, en felicidad. Dios ha hecho a los hombres para que gocen en amor, no para que ayunen.
  3. Las bodas de amor son despliegue vida Comer juntos, que haya comida para todos, gozarse comiendo, aprender a disfrutar. Maestros de bodas, eso han de ser los discípulos y servidores de Jesús, una escuela y ejemplo de felicidad en el amor.
  4. Pero vendrá el ayuno cuando el novio sea arrebatado…  Ayunarán hombre y mujeres cuando no tengan «bodas», cuando se les vaya (arrebate) el amor… Pero tendrán que esforzarse para que llegue de nuevo el tiempo de bodas, de comida, de amor… (como seguiré indicando).
Explicación

Pregunta: ¿Por qué los discípulos de Jesús no ayunan? (2, 18). La formulación del texto nos sitúa en el tiempo de Marcos, cuando los fariseos constituyen ya un grupo organizado, con su propia religiosidad (lo mismo que los bautistas de Juan), separados del movimiento de Jesús, cosa que sólo parece haber sucedido en torno al año 70 d.C., cuando se van estabilizando las tendencias del nuevo judaísmo (evidentemente, aquí no aparecen ya celotas y sacerdotes, saduceos y apocalípticos, que han perdido su protagonismo tras el 70).

Nota erudita. Diferencias ante el ayuno  

  1. Fariseos. (a) Ayunan algunos días de penitencia, es decir, de expiación (Lev 16, 29-31) o duelo nacional y/o familiar. (b) Comen: Toman alimentos cultivados y sus comidas comunitarias, con pan y vino, son signo sagrado de Dios y esperanza de salvación. (c) Rechazan las comidas impuras (cerdo, sangre, animales ofrecidos a los ídolos…). De esa forma se separan de los no observantes (judíos impuros y todos los gentiles).
  2. Juan (y otros bautistas). (a) Ayunan siempre, no en tiempos especiales, oponiéndose al pecado del pueblo y de la humanidad, concebida como impura. Así pueden vincularse con los que pasan hambre, por razón de la injusticia social. (b) Comen sóloalimentos silvestres, en actitud de protesta contra-cultural (los alimentos cultivados/vendidos aparecen como patrimonio de los más ricos, al servicio del sistema) y quizá de retorno a una vida de naturaleza. En esa línea, compartir los alimentos injustos va para ellos en contra de la voluntad de Dios (c) Rechazan no sólo los alimentos impuros de la Escritura (cerdo, sangre…), sino los alimentos en sí buenos, pero culturalmente contaminados, como el pan y vino. Por eso, anuncian el juicio, no expresan el Reino. No podrían celebrar la eucaristía.
  3. Jesús (y los cristianos o mesiánicos). (a) No ayunan: Rechazan la visión penitencial de la existencia. Entienden y celebran las comidas como signo de Dios, pero han de ser comidas abiertas a los pobres, sin distinciones de pureza-impureza, como en las multiplicaciones (cf. Mc 6, 34-46; 8, 1-2 par). (b) Comen y beben, en medio de un mundo injusto, no para avalar la injusticia, sino para iniciar un camino de revelación de Dios (de Reino), compartiendo el pan y los peces (multiplicaciones) y el pan y el vino con los necesitados, por alegría y por solidaridad. En ese contexto ellos pueden afirmar que está presente el novio: el amor es más fuerte que la injusticia; la creación de Dios supera a la injusticia de los hombres (cf. Mc 2, 19). (3) No rechazan ningún alimento.En principio, comen de todo, superando así, como había hecho ya Juan, un tipo de leyes de pureza que ratificará (cf. Mc 7, 15-19). En esa línea, la Iglesia de Jesús superará pronto el régimen de comidas puras e impuras (cf. Hch 15), aunque quedará en el fondo, como indicaremos, el tema del ayuno por la ausencia del novio (cf. Mc 2, 20), que puede vincularse al ayuno por solidaridad con aquellos que sufren (o no pueden comer).

82568638_539057183626198_8333456269445186267_nEste comportamiento (y la comparación de Jesús con fariseos y bautistas) nos recuerda que el mensaje y proyecto de Jesús no desemboca en un sistema de espiritualidad pura, separada de la vida, ni en un modelo de ley impositiva, sino en un proyecto y programa de bodas de amor (con novio: símbolo de amor) y de comidas (es decir, de Reino).

Fariseos y bautista podrían aceptar el camino de Jesús, pero sólo a condición de que exigiera penitencia a los conversos (pecadores, publicanos…), creando así una una iglesia penitencial, centrada en el ayuno, pues ellos interpretan la religión como ejercicio programado de autodominio, en las márgenes del mundo (Bautista) o en el centro los pueblos habitados (fariseos). Ellos, bautistas y fariseos, son lo mejor que Israel ha ofrecido en clave nacional judía. Por eso, como representantes de la tradición legal, vienen y preguntan a Jesús: ¿por qué tus discípulos no ayunan?… (2, 18)[3].

En la línea de fariseos y bautistas, los discípulos de Jesús deberían ayunar, realizando así un gesto de ruptura frente a otros grupos de judíos ayunantes. (a) Los bautistas centran el camino de Dios en un «bautismo de conversión», en el que confiesan sus pecados; ellos tienen que reconocerse pecadores, por eso ayunan. (b) Por su parte, los fariseos ayunan dentro de la lógica legal del judaísmo, para obedecer la ley de Dios que así lo ha mandado; la mortificación constituye para unos y otros un aspecto esencial del camino de los hombres religiosos, que sólo así pueden evitar el contagio de un mundo destructor y someterse a la soberanía del Dios que impone su Ley para educarnos y mantenernos sumisos. Los cristianos, en cambio, no ayunan[4].

«Jesús ha definido su evangelio como amor activo»

Bautistas y fariseos son virtuosos de la ascesis, capaces de vencerse y dominar sus apetencias con esfuerzo, y así interpretan la vida y religión como heroísmo. Pero, a los ojos de Jesús su ayuno corre el riesgo de volverse elitista porque puede entender la salvación de Dios como resultado de la obra de los «buenos» y esforzados. Pero ¿qué pasa con los demás, con los millones de pobres del mundo que no logran comportarse como ascetas? Un tipo de ayuno corre el riesgo de silenciar (o de poner en un segundo plano) la gracia de Dios.

En contra de eso, Jesús ha definido su evangelio como amor activo, por encima de la ley-ayuno, como amor de bodas, amor de comidas…

Los amigos del novio no ayunan (2, 19). Siguiendo una técnica que es propia de las discusiones judías de aquel tiempo, este versículo se compone de una pregunta expresa (¿pueden ayunar los hijos/amigos del novio mientras el novio está con ellos?) y de una respuesta implícita (¡no pueden ayunar!). La respuesta era comprensible, y está recogida en diversos pasajes (posteriores) de la Misná. La mayor parte de los grupos judíos afirmaban que el gozo de las bodas está por encima de la ley del ayuno (e incluso de la recitación del Shema, para el novio), de manera que los ayunos quedaban dispensados en tiempo de bodas. Es normal que los oyentes respondan a Jesús: ¡No, los amigos del Novio no ayunan durante su fiesta! Hasta aquí todo es claro. La novedad de Jesús está en suponer que él ha venido como “novio” y que su tiempo mesiánico debe entenderse como fiesta de bodas, hasta que culmine el Reino de Dios.

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Pues bien, para Jesús todo tiempo es tiempo de bodas y comida, no es sacrificio de ayuno ni ascesis sexual.  De esa manera, Jesús está invitando a sus amigos (discípulos, pobres, enfermos) al gozo supremo del Reino de Dios, como heraldo de las Bodas de Dios, y Novio universal; por eso, él no quiere iniciar a poseídos y leprosos, paralíticos y publicanos, en técnicas de ascesis, que les seguirían encerrando sobre el mundo viejo de la lucha y de la muerte.

La religión de Jesús no es ayuno, sino gozo. No es terapia de negación, sino tiempo de vino y ropa nueva, pues él viene como “novio”, invitando a los hombres y mujeres a la fiesta de las bodas (fiesta universal de Dios). Por eso, la “religión” no es resultado de un esfuerzo (según la ley de los ayunos), sino regalo gratuito de Dios. No son los hombres (¡los pobres, leprosos…!) los que tienen que dar algo a Dios ayunando, sino que es Dios el que “da” su reino a los hombres. Por eso, la Iglesia de Jesús no se funda en ayunos y ritos, ni se eleva sobre leyes represivas y separaciones (como quieren fariseos y bautistas), sino que brota y culmina como Boda mesiánica, donde el mismo Jesús es novio, amigo universal que ofrece a los hombres y mujeres su alegría. Por eso, lógicamente, sus hijos (= amigos) no ayunan (2, 19)[5].

Jesús no ha venido levantando un estandarte de leyes y vedas, sino con el vino y vestido de bodas, para que todos coman y beban y se casen (=celebren al amor). Él es el nymphios o novio de la humanidad, en palabra que quizá debe entenderse desde la experiencia primera del gozo de amor del paraíso, cuando Adán canta su gozo por Eva (cf. Gen 2, 23-24). Por eso, frente a la ley de ayuno que imponen a sus comunidades los bautistas y los fariseos, Jesús ha proclamado la gracia de las bodas, que definen el sentido de la iglesia.

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40 días…

miércoles, 26 de febrero de 2020
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Hoy, miércoles de Ceniza, que marca la entrada en la Cuaresma se nos invita a volvernos totalmente a Dios y tomar el camino que nos llevará a la Pascua, para revestir con Cristo la posesión del Resucitado. Y cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio”… Conversión no es sino retomar el rumbo, encontrar el camino, hacer realidad el mandato de Jesús, único mandato en realidad:  “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”

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40 días que se nos dan para seguir un camino:

Ruta de conversión

Camino de fe

Ruta de confianza

Camino de Resurrección.

Es en la oración, el ayuno y el compartir con discreción y humildad a imagen de nuestra comunidad que Dios nos llama a tomar nuestro bastón de peregrino.

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¿Y si en el camino me dejo buscar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo mirar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo amar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejé servir por Cristo?

Entonces podría amar como Él.

Podría servir como Él.

Muéstrame Señor el camino del Amor para que la mañana de Pascua, en la alegría del encuentro yo reconozca al Resucitado.

*

Anne-Marie,
hermana de la Communion Béthanie.

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Lecturas para hoy

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Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser […].

El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.

La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la «ausencia de pasiones», un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor.

*

K. Ware,
Diré Dio ogg’i. Il cammino del cristiano,
Magnano 1998, 182-185 passim.

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Vales simplemente por lo que eres

martes, 25 de febrero de 2020
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        Muchas personas pasan por la misma experiencia de la mujer que sufría hemorragias. Se han agotado, su fuerza vital se ha consumido, han gastado todo su patrimonio sólo para ganarse la simpatía y el reconocimiento, el amor y la estima. Sin embargo, su condición se vuelve cada vez peor. Todo este dispendio de dinero no les ha permitido encontrar una amistad verdadera.

        No se puede comprar nuestro propio valor con dinero. […] Puesto que [Jesús] desprendía confianza, amor y simpatía, esta mujer consiguió encontrar el coraje necesario para decir toda la verdad. No podemos arrancar la verdad adoptando metodologías de diálogo, sino sólo si hemos creado una atmósfera de amor y confianza. […] «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu mal» Aquí se ha instaurado una relación verdadera. Jesús le desea la paz a la mujer y le da la esperanza de estar curada de su enfermedad. La mujer, tras haber experimentado su valor a través del encuentro, ya no puede sangrar. Al entrar en contacto con este hombre que la acepta sin reservas, se detiene su flujo de sangre, ya no tiene necesidad de continuar consumiéndose para ser aceptada y amada.

        Frente a la hemorroísa no puedo dejar de pensar en las muchas personas que se sacrifican por los otros, aunque lo hacen, de manera inconsciente, por una necesidad de tranquilidad y de reconocimiento. Ponen su patrimonio a disposición de los otros, dan su dinero para beneficencia, lo gastan todo. Sin embargo, esta generosidad no se traduce en una mayor interioridad y libertad. Esto no les produce satisfacción; es más, se sienten vacías y agostadas. Al final se sienten excluidas de la vida. Lo han entregado todo y ahora nadie las tiene en consideración; están vacías y agotadas. Han «bypassado» la vida. Su sacrificio no estaba dictado por un amor verdadero, sino por un deseo de gratificación, por el deseo de ser premiadas, de ser, finalmente, alguien. No es posible curar a estas personas pretendiendo aún más de ellas, mayores sacrificios, mayor compromiso a favor de la familia. En su encuentro con nosotros deben advertir ante todo que valen simplemente por lo que son. En este encuentro deben «tocar» a un ser humano, de suerte que fluya la energía, que experimenten el flujo vital. Si el encuentro tiene lugar simplemente entre seres humanos, no hay necesidad de nacerse más interesante aportando problemas; las dificultades se trasladan a un nivel razonable.

En este fragmento del evangelio de Marcos no se habla sólo de la mujer que padece hemorragias y que, al encontrarse con Jesús, toma conciencia de su valor cuando encuentra estima y simpatía, se habla asimismo de la hija de Jairo, que, evidentemente, no puede vivir en la casa de su padre, uno de los jefes de la sinagoga. Jesús cura a esta muchacha, que se había ido extinguiendo cada vez más hasta yacer inmóvil y rígida como muerta en el lecho, cogiéndole la mano y ordenándole que se levante. No continúa reteniéndole la mano, sino que la deja ir, deja que encuentre su camino. Y ordena que le den de comer. Comer es, bajo ciertos aspectos, un signo de sociabilidad. La muchacha es de nuevo capaz de entrar en la vida social. Este relato nos dice que no debemos atar a nosotros a las personas con un cuidado excesivo que no les permita crecer en libertad. No debemos tener [a una persona] de la mano durante toda la vida; de lo contrario, la haríamos permanecer en su enfermedad. Debemos reforzar su vitalidad y enseñarle a dar por sí sola los pasos necesarios.

*

Anselm Grün,
Descubrir la riqueza de la vida,
Editorial Verbo Divino, Estella 1999.

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La Ley del Corazón.

domingo, 23 de febrero de 2020
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Del blog de la Communion Béthanie:

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Señor enséñame la ley,
la ley del corazón,
la que respeta al otro.
Una ley de amor que despierta
y no una ley que vigila.
Concédememe el ver el sufrimiento de mi hermano
sin negarme a mirarlo.
Concédeme el escuchar la llamada de mi hermano
sin negarme a responder.
Concédeme el tomar la mano de mi hermano
sin negarme a apretarla.
Señor enséñame tu ley.
Tu ley del corazón.
Tu ley de amor.

Perdón Señor por las faltas a tu ley.
Y sobre todo por la ley aplicada al pie de la letra.
Perdón por todas las leyes
que han puesto al hombre de rodillas,
las que lo han humillado,
las que le arrancaron a su padre, a su madre,
a su mujer y a sus niños.

Perdón por todas estas leyes inicuas,
por estas caricaturas de la ley
que todavía hoy dictan la ley.
Las que permiten castigar injustamente
a causa del color de la piel,
a causa de la extrañeza del nombre.
A causa de su orientación sexual.

Perdón por todas estas leyes infames
que todavía hoy
por toda la tierra,
en todas las naciones,
civilizadas o no,
crucifican al hombre.

Concédeme, Señor,
el vivir alrededor de mí
una ley que en tu nombre
libere al hombre,
una ley que ponga en pie al hombre.

*
Según Robert Riber

***

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

– “Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente.” Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica; dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.

Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.”

*

Mateo 5,38-48

***

Deberíamos realizar un progresivo desarme intelectual, moral y religioso. No justificar lo injustificable. Creer en lo fuerza del amor Sacar de la eucaristía la certeza de curar nuestras heridas profundas. Quisiera detenerme en esta última idea; la fuerza terapéutica de la eucaristía como memoria. Cada vez que hacemos memoria de la muerte y resurrección de Cristo, el mismo Señor nos introduce, por el Espíritu, en la plenitud de su existencia pascual, donde se ha transformado por siempre en don ofrecido y alabanza perenne, incluido su humanidad. La memoria es un gran regalo del Creador y Redentor; nos permite recordar con gratitud el pasado, rememorar las grandes obras realizadas por Dios en favor nuestro, reanimar con atención y discernimiento el momento presente, insertarnos con vigor, esperanza y responsabilidad en lo historia de la salvación.

Durante la misa, cuando el sacerdote extiende las manos sobre el pan y sobre el vino, invoca al Espíritu Santo no sólo para que estos elementos se conviertan en el cuerpo y la sangre de Cristo, sino también para que nosotros, unidos con Cristo, nos transformemos en ofrenda agradable, capaces de comprometernos en la historia de la salvación por el reino de amor y de paz. En la eucaristía, el Espíritu actúa en nosotros para que nuestra memoria se cure de cualquier tipo de rencor resentimiento y se colme de recuerdos agradecidos. Uno de los frutos más preciosos es el vivir el presente can la máxima solicitud y caminar hacia el futuro con viva esperanza y fiel empeño como constructores de paz. En una memoria agradecida, moldeada por la espiritualidad eucarística, no cabe el rencor el odio, la venganza, la violencia. Conscientes de nuestra total dependencia de la gracia, pedimos «vivir en constante oración y súplica, guiados por el Espíritu» (Et 6,l8). Así crece en nosotros la «conformidad con la voluntad de Dios», aceptamos las cosas como desafío y kairés, como don e invitación para corresponder desde la Fe a nuestro empeño de ser testigos de la paz. La memoria agradecida de lo que Cristo ha hecho por nosotros se convierte en un medio formidable para transformar nuestras eucaristías en una ocasión donde nos revestimos con las armas de la paz, verdad y justicia.

*

Bernard Häring – V. Salvolcli,
Nón violenza. Per osare la pace,
Padua 1992, 26ss.

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“Incluso a los enemigos”. 23 de febrero de 2020. 7 Tiempo ordinario (A). Mateo 5, 38-48.

domingo, 23 de febrero de 2020
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enemigosEs innegable que vivimos en una situación paradójica. «Mientras más aumenta la sensibilidad ante los derechos pisoteados o injusticias violentas, más crece el sentimiento de tener que recurrir a una violencia brutal o despiadada para llevar a cabo los profundos cambios que se anhelan». Así decía hace unos años, en su documento final, la Asamblea General de los Provinciales de la Compañía de Jesús.

No parece haber otro camino para resolver los problemas que el recurso a la violencia. No es extraño que las palabras de Jesús resuenen en nuestra sociedad como un grito ingenuo además de discordante: «Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen».

Y, sin embargo, quizá es la palabra que más necesitamos escuchar en estos momentos en que, sumidos en la perplejidad, no sabemos qué hacer en concreto para ir arrancando del mundo la violencia.

Alguien ha dicho que «los problemas que solo pueden resolverse con violencia deben ser planteados de nuevo» (F. Hacker). Y es precisamente aquí donde tiene mucho que aportar también hoy el evangelio de Jesús, no para ofrecer soluciones técnicas a los conflictos, pero sí para descubrirnos en qué actitud hemos de abordarlos.

Hay una convicción profunda en Jesús. Al mal no se le puede vencer a base de odio y violencia. Al mal se le vence solo con el bien. Como decía Martin Luther King, «el último defecto de la violencia es que genera una espiral descendente que destruye todo lo que engendra. En vez de disminuir el mal, lo aumenta».

Jesús no se detiene a precisar si, en alguna circunstancia concreta, la violencia puede ser legítima. Más bien nos invita a trabajar y luchar para que no lo sea nunca. Por eso es importante buscar siempre caminos que nos lleven hacia la fraternidad y no hacia el fratricidio.

Amar a los enemigos no significa tolerar las injusticias y retirarse cómodamente de la lucha contra el mal. Lo que Jesús ha visto con claridad es que no se lucha contra el mal cuando se destruye a las personas. Hay que combatir el mal, pero sin buscar la destrucción del adversario.

Pero no olvidemos algo importante. Esta llamada a renunciar a la violencia debe dirigirse no tanto a los débiles, que apenas tienen poder ni acceso alguno a la violencia destructora, sino sobre todo a quienes manejan el poder, el dinero o las armas, y pueden por ello oprimir violentamente a los más débiles e indefensos.

José Antonio Pagola

 

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“Amad a vuestros enemigos” . Domingo 23 de febrero de 2020. 7º domingo de tiempo ordinario.

domingo, 23 de febrero de 2020
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love_enemyLeído en Koinonía:

Lv 19,1-2.17-18: Amarás a tu prójimo como a ti mismo
Salmo responsorial 102:  El Señor es compasivo y misericordioso
1Cor 3,16-23: Todo les pertenece, ustedes de Cristo, y Cristo de Dios
Mt 5,38-48: Amen a sus enemigos

***

Todos estamos llamados por Dios a ser santos, a ser perfectos, como el mismo Padre lo es; y el camino para llegar a la plena santidad es el amor: amor a Dios y a los hermanos, amor a los que sufren, amor a sí mismo, a la familia, amor a la naturaleza, al cosmos-caos entero.

Las tres lecturas de hoy podría considerarse que están centradas en el tema de la «santidad por el amor».

La primera lectura, un fragmento del «código de santidad» del libro del Levítico, presenta una imagen de santidad mediada por la responsabilidad con el prójimo; es decir, que el camino para llegar a Dios y lograr la santidad comienza con el respeto hacia la vida y la dignidad del otro. Este criterio es el centro de la Ley y los Profetas, el eje que determina nuestra verdadera relación con Dios, el elemento fundamental de la fe, ya que a través de la apertura a los demás es como ciertamente somos partícipes de la promesa de salvación dada por Dios a su pueblo.

Pablo, en la primera carta a los Corintios, considera al ser humano como templo de Dios y morada del Espíritu. Con ello está diciendo que cada persona es presencia concreta de Dios en la historia humana. Este templo del cual habla Pablo es la comunidad cristiana de Corinto, en donde la Palabra anunciada ha sido escuchada y ha surtido efecto. La intención, entonces, de Pablo es advertir a sus oyentes de los peligros que acechan ese templo y que amenazan con destruirlo; esos peligros se encarnan en aquellos que pretenden anular el mensaje de Cristo crucificado a través de discursos provenientes de la sabiduría humana, que rechazan la vinculación e identificación de Dios con la debilidad humana y la solidaridad de Dios con los marginados de la sociedad. El mensaje de Pablo es supremamente importante, pues comprende que el verdadero templo en donde habita Dios son las personas, es en la vida de la humanidad, en los hombres y mujeres de todo el mundo, sin distinción de raza, cultura o religión; de esta manera Pablo supera la reducción de la presencia viva de Dios a una construcción, a unas paredes o a un “lugar” específico de culto. Son las personas el lugar verdadero donde debemos dar culto a Dios; son las personas el lugar privilegiado en donde toda nuestra fe se debe expresar, especialmente con aquellos hombres y mujeres, que, siendo santuarios vivos de Dios, han sido profanados por la pobreza, la violencia y la injusticia social.

El elemento fundamental del proyecto cristiano es presentado en esta sección del evangelio de Mateo: el amor. Este amor propuesto por Jesús supera el mandamiento antiguo (Lv 19,18) que permite implícitamente el odio al enemigo. Lo supera porque es un amor que no se limita a un grupo reservado de personas, a los de mi grupo, o los de mi etnia, o a mis compatriotas, o a los que me aman, sino que alcanza a los enemigos, a los que parecerían no merecer mi amor, o incluso parecerían merecer mi desamor. Es un amor para todos, un amor universal, expresión propia del amor de Dios que es infinito, que no distingue entre buenos y malos. Ser perfecto, como Dios Padre lo es, significa vivir una experiencia de amor sin límites, es poder construir una sociedad distinta, no fundada en la ley antigua del Talión («ojo por ojo, diente por diente», que ya era una manera primitiva de limitar el mal de la venganza), sino en la justicia, la misericordia, la solidaridad, enmarcados todos estos valores en el Amor.

Como seres simbióticos que somos, que no podemos vivir nuestra vida aisladamente, sino que incluso para llegar a ser necesitamos de la convivencia, la compañía, el diálogo… la dimensión moral nos es de inevitable abordaje. No podemos convivir sin alimentar y suavizar continuamente los límites de nuestras relaciones. No hay sociedad humana sin moral, sin derecho, sin ley, sin normas de convivencia. Por su parte, la dimensión religiosa no podría no incluir esa dimensión esencial.

En el Primer Testamento vemos que la mayor parte de los mandamientos son negativos, marcando lo que no se puede hacer, los límites que no se deben traspasar. Es un primer estadio de la moral.

El Evangelio da un salto hacia adelante. Parecería no estar preocupado tanto por los límites cuanto por el «pozo sin fondo» que hay que llenar, la perfección del amor que hay que alcanzar, lo cual no se consigue simplemente evitando el mal, sino acometiendo el bien. Con el Evangelio en la mano, no estaríamos consiguiendo el bien moral supremo, la santidad, simplemente omitiendo el mal, porque podríamos estar pecando «por omisión del bien». Y, como dice santo Tomás, el mandamiento del amor siempre resulta de algún modo inasequible, pues nunca podemos dar cuenta plena de él, siempre se puede amar con más entrega, con más generosidad y más radicalidad. Es típica del Evangelio la propuesta del amor a los enemigos, el amor humanamente más inasequible y racionalmente más difícilmente justificable.

No obstante, la propuesta de esta liturgia de la palabra de una santidad a la que se accedería por el amor, casi como en un acceso privilegiado o casi único, habríamos de adicionarle alguna matización. A la santidad cristiana no se accede sólo por el amor práctico, por la práctica moral o ética. Es cierto que en la historia de las religiones el cristianismo se ha hecho famoso como la religión que más ha organizado la práctica del amor, y por el hecho de que su presencia va acompañada siempre con las «obras de caridad» (hospitales, escuelas, centros de promoción humana, leprosarios, atención a los pobres, a los excluidos…) que le son características. ¿Pero bastará el amor?

¿Y la dimensión espiritual? ¿La espiritualidad, la contemplación, la mística… dónde quedan?

Obviamente, no estamos ante una alternativa amor-caridad/espiritualidad-mística, y los grandes santos de la caridad han sido también grandes místicos. No se trata de una alternativa (o una cosa o la otra), sino de una conjunción necesaria: las dos cosas. Porque las dos se interpenetran perfectamente. De hecho, el santo también es un «contemplativus in caritate», vive la contemplación en el ejercicio de la caridad. La Espiritualidad de la liberación acuñó la famosa fórmula: «contemplativus in liberatione»… como un perfecto ensamblaje entre acción y contemplación, práctica moral y mística.

En realidad, cuando se vive la mística, la moral brota espontáneamente. Sin duda, el cristianiso está desafiado a cambiar su modo de acceder a lo moral, que no ha de ser ya tanto un acceso directo, «moralizante», insistiendo en los preceptos y sus amenazas o castigos, cuanto en un acceso indirecto, por la vía de la mística, de la experiencia mística, que no deja de ser la experiencia misma del amor.

El Concilio Vaticano II, cuyo 50 aniversario se aproxima, abrió un panorama hasta entonces inusitado, el de la «universal llamada a la santidad», una santidad que anteriormente muchos cristianos consideraban reservada a los considerados entonces «profesionales» de la santidad (los monjes, los religiosos, el clero…pero no el común de los fieles. Leer más…

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