Para ser “sociedad perfecta” la Iglesia ha tenido que renunciar al evangelio
Se ha dicho: ojo por ojo, diente por diente; yo en cambio os digo…
23.2.2020. Domingo 7 tiempo ordinario, ciclo A.
Como dice el título, para ser “sociedad perfecta” la Iglesia ha tenido que renunciar al evangelio. Esa “renuncia” ha sido necesaria y buena en un plano social, económico y político. Con las palabras centrales de las dos últimas antítesis de Jesús en Mt 5, 38‒48 (no os opongáis con violencia al malo, amad a vuestros enemigos…) se promueve e impulsa un movimiento mesiánica de transformación humana, pero no puede crearse una Iglesia Perfecta en pacto con el Imperio (como ley de Estado).
Por eso, con muy buen criterio socio‒político, para “humanizar” la sociedad, en pacto con el Poder, a partir (al menos) del siglo IV d.C., la iglesia en su conjunto renunció al evangelio (lo dejó para algunos más perfectos, en especial para los llamados «estados de perfección»), y aceptó como “ley” sagrada el Derecho Romano, la más perfecta de todas las leyes que nunca hayan existido hasta el día de hoy…
Pero el Derecho Canónico es ley de violencia legítima, que puede ser muy buena (y que es necesaria en un plano), pero que no es evangélica… El Derecho Canónico ha servido para enfriar el evangelio, para hacerlo digerible en una sociedad de poder… El evangelio como tal lo pueden (=deben) aplicar sólo para algunos cristianos especiales (como Francisco de Asís: Evangelio sin Glosa). En la iglesia institucional, empezando por el Vaticano, desde el siglo XI-XIII, la glosa se ha impuesto sobre la letra del evangelio.
De esa forma se ha creado una iglesia a dos velocidades. (a) La de los que están en el «siglo», que tienen el evangelio como ideal, pero que no deben cumplirse estrictamente. (b) La de los «religiosos» (especialmente mujeres) a los que se pide que cumplan en evangelio, a los que se pide que cumplan el evangelio.
Ya sé que ésta es una caricatura, pero es una caricatura que da en el blanco. Por eso, en este momento clave, en pleno siglo XXI, con el Papa Francisco, con un movimiento en salida. la Iglesia tiene que salir del Derecho Canónico en su forma actual. Tendrá que haber un tipo de derecho, pero no éste… De ello habrá que hablar más en concreto, en otro momento.
Según eso, la iglesia estructural, la de un tipo de jerarquía y riqueza cultural (la que civilizó a Occidente a lo largo de diez siglos: del V al XV d.C.), la que se extendió después como poder social y espiritual a lo ancho del mundo (del XVI al XX), tuvo que renunciar al evangelio, afirmando de hecho que ella, en cuanto estructura de orden y poder espiritual, estaba eximida de cumplir el evangelio, pues las cosas son como son (a pesar de Jesús).
El evangelio quedó, sin duda, en los libros, para el mundo futuro (el cielo), y en el ideal de algunos santos o grupos de “perfectos individuales en la línea de Jesús”; pero la iglesia en su conjunto se convirtió en un “espacio de buen orden”, con poder sobre lo sagrado (pero sin necesidad de cumplir el evangelio en su estructura).
De eso tratan las reflexiones que siguen, divididas en dos partes. (a) Principio general; los tres plano de la vida humana, partiendo de la visión de Jesús en las antítesis. (b) Comentario concreto de las dos últimas antítesis (Mt 5, 38‒48). Para el lector atento bastará la primera parte. Quede la segunda para los que tengan más tiempo, en la línea de mi Comentario de Marcos.
1.PRINCIPIO GENERAL. LOS TRES PLANOS DE LA VIDA HUMANA
- Los tres niveles de la vida
Según el evangelio, que recoge y culmina todo un despliegue milenario del Antiguo Testamento (con la visión más nítida que nunca se haya dado de la historia), podemos dividir el “mundo de la vida” en tres niveles:
‒ Nivel de violencia, el poder del más fuerte: Caín, los violadores de Gen 6, 1-6, Nimrod y los grandes guerreros etc. Éste es el plano de violencia la incontroladaque nace del deseo posesivo de tenerlo todo y dominarlo todo (en la línea de Cain). Ciertamente, en la vida prehumana había un tipo de equilibrio natural violento pero en el fondo “ajustado” al bien del conjunto de la realidad cósmica y de la vida vegetal y animal. Pero, en un momento determinado, los hombres hemos roto el equilibrio programado que nos mantenía unidos al entorno (al conjunto de los seres) y nos hemos vueltos violentos universales, potencialmente capaces de crear una cultura de justicia, pero también de matarnos todos contra todos.
‒ Nivel de la ley, regulada por el talión (ojo por ojo…) y por las instancias de poder social). Para evitar que la violencia incontrolada triunfe, los hombres han debido encontrar (trazar) un equilibrio propio, de tipo cultural (es decir, no programado por la naturaleza), un tipo de “armonía” judicial (de violencia legítima) que impera sobre todos, a fin de que los hombres no se acaben destruyendo unos a otros. Éste es el orden que responde quizá en principio a la violencia impuesta por los vencedores, aunque en algunos casos podría aparecer como expresión de la voluntad de un conjunto social que impone su ley por medios “democráticos”; en ese segundo nivel se sitúa el admirable Derecho Romano (que puede ser canónico en la Iglesia, pero que no responde a los evangelios canónicos).
‒ Del nivel del Derecho al camino del perdón la gratuidad creadora, según el Evangelio. El derecho del buen talión aparece codificado en el Código de Hammurabi en Mesopotamia (desde el IV al II milenio a.C.) y en el Derecho Judío del AT, pero ha culminado en el Derecho Romano (y en otros derechos semejantes desde China y la India hasta el África Tropical o América precolombina. En un plano, ese derecho ha mantenido y mantiene la vida humana sobre el mundo y sigue siendo necesario. Pero el evangelio (y algunas grandes religiones como el budismo) han querido superar ese nivel, pasando al perdón y gratuidad, por encima del sistema legal. Ése es el plano de la gracia, entendida como expresión de perdón (aceptar el mndo que hay) y de creatividad que se sitúa (y nos sitúa) por encima de ley, en un plano de amor supra-moral (supra-judicial), que nos permite amarnos gratuitamente unos a otros.
Principio evangélico. Del talión legal al perdón y la gratuidad creadora
Estos tres niveles pueden entenderse de manera progresiva, como expresión de un movimiento que habría empezado por la violencia incontrolada, tendiendo hacia controles siempre insuficientes y violentos de esa misma violencia, por medio de un talión impositivo (un tipo de lucha camuflada), para abrirse en el futuro hacia la plena gratuidad de un evangelio del perdón por encima de la ley.
1. Por una parte necesitamos la ley (es decir, el Talión), para superar así la amenaza de violencia incontrolada continúa manteniéndose en el fondo de nuestra vida. Seguimos llevando dentro de nosotros un deseo infinito e insaciable de tenerlo, juzgarlo y disponerlo todo, como se cuenta en la “historia” de Adán-Eva. Por eso apelamos a un tipo de Derecho. Eso es lo que ha hecho (ha tenido que hacer) en un momento la Iglesia, identificando en el fondo con el Derecho Romano con el evangelio. Esa ha sido la gran aportación y riesgo del “constantinismo” (312: Milán) y del “teodosismo” (380: Cristianismo ley de Estado). El cristianismo se convirtió en “poder” y vino en apoyo de la “ley romana”, que es en el fondo un talión perfeccionado.
2. Pero, si queremos ser cristianos en sentido radical necesitamos superar le ley del talión…, volver al evangelio. Ciertamente,a la Iglesia en su conjunto le atrae la llamada de la gracia, el perdón, el don generoso hacia los otros, en la línea de Jesús, el Cristo (en esa línea, la Iglesia en su fondo, aún como estructura quiere ser cristiana). Por eso, ella sigue diciendo que su “principio de vida es el evangelio”. Pero de hecho, ella, la Gran Iglesia (de oriente y occidente) se ha convertido en oficinas de expansión y expresión del derecho romano, esto es, de un talión “judicial” (canonizado, suavizado). La iglesia se aprovechó así del Estado (asumiendo su ley); pero el Estado por su parte se aprovechó de la Iglesia, pues en aquel momento (en el tiempo de Constantino y Teodosio), el Estado necesitaba de la Iglesia para consolidarse… Y en ese sentido la Iglesia ha sido más “constantiniana y teodosiana” (de Derecho Romano) que evangélica, es decir, cristiana.
3. Esa judicialización de la (talionización) de la Iglesia no ha sido ni buena ni mala…simplemente “ha sido” y ha hecho un servicio a la cultura y vida social. De ese pacto “romano” (judicial) de la Iglesia ha nacido el Occidente. De ese pacto o “talinización” surgió la “Gran Iglesia” tal como se expresó en los concilio de Nicea (325, tras Constantino) y en Constantinopla I (381, tras Teodosio), una Iglesia que ha mantenido en su código de barras el evangelio, pero que, en principio, como Institución no lo ha podido cumplir, distinguiendo así dos planos:
(a) El plano de los mandatos o leyes, regulado por el talión. Ese es el plano de la Iglesia en su conjunto; es lo que hace falta para salvarse, apelando a los mandamientos del Antiguo Testamento, como si no hubieran sido recreados por Jesús.
(b) Está por encima el plano de los consejos…, que es todo el sermón de la montaña, que no se aplica a la Iglesia en su conjunto, sino sólo para algunos “virtuosos” de la religión (anacoretas y montes, mendicantes y frailes de pobreza de verdad, monjas encerradas para cumplir el evangelio, pero no para extenderlo por el mundo).
4. En ese sentido se puede hablar de dos “principios” o, incluso, de dos leyesque son como las dos manos de la Iglesia, convertida en “poder social” por el pacto de Constantino‒Teodosio, y después por el de Justiniano en Oriente y por el de Carlomagno y las iglesias de poder de occidente
(a) Un principio de la Iglesia es el de la ley‒ley, regulada por el talión, propia de la institución como tal (de la Gran Iglesia), que se establecería en el nivel de base (infraestructura económico-social, política). La iglesia como institución se apoya en esa ley, que es la de Constantino y Teodosio y, más aún, la de Justiniano y sus juristas, que crean (recopilan) el Derecho Romano y lo instituyen como ley Eclesial.
(b) Por encima estaría la supra‒ley de gracia, donde ya no hay “talión”, sino perdón creador, en la línea del Sermón de la Montaña. Ésta es la ley del Código de Barras de la Iglesia…, una Supra‒Ley que ella predica como ideal, pero que no cumple, no puede cumplir, porque en el plano de su infra‒estructura institucional tiene que regirse por la ley del talión.
5. La Gran Iglesia actual cree en el evangelio, no faltaba más, pero está atada a la ley del Derecho Romano. Este tipo de Iglesia cree en el Evangelio, pero no puede cumplirlo pues para ello necesitaría superar su pacto con el “poder”, dejar de ser poder social y convertirse en fermento de evangelio. Voy a poner sólo tres ejemplos:
- El Vaticano cree en el evangelio…, pero como “Estado Religioso” no puede cumplirlo, tiene que regirse por las mejores tradiciones del Derecho Político Romano, que no es malo, pero que tiene el “defecto” de no ser evangélico. La gran iglesia como institución (no muchos obispos del Vaticano, empezando por Francisco) pueden hablar y hablan bien del evangelio en sentido personal (privado) lo cumplen, pero como institución no pueden cumplirlo. Admiro al Vaticano, formo parte de la Iglesia de Constantino y Teodosio, de Justiniano y de Carlomagno, de Carlos V y Felipe II…, pero a fin de triunfar como ha triunfado (y de fracasar como está fracasando) ha tenido que renunciar al evangelio
- Un ejemplo banal lo ofrece por ejemplo, en España, la emisora de la Iglesia (que se llama COPE). Ciertamente habla (y habla bien) de ciertos temas de iglesia, de monjas ejemplares, de misioneros… Pero en su ideología y en su forma de concebir la política, de entender la economía, de plantear el tema de los emigrantes y los pobres, la emisora de la Iglesia apela sólo al Derecho Romano (es decir, al talión, y a un talión poco suavizado), dejando el evangelio como “código de barras” del Escudo que está a la puerta, pero que no se puede cumplir. Admiro a la Cope por su profesionalidad y me parece que está bien en el juego de fuerzas y tendencias político‒económicas, pero como Emisora de Iglesia está haciendo mucho mal al evangelio.
- Otro ejemplo pequeño lo forman en España las propiedades económicas de la Iglesia… Me parece evidente que en el plano social y político (de Derecho Romano y Canónico y de su estructura como Sociedad Perfecta) ella tiene todo poder de defender sus propiedades y sus “pactos” con el poder (alguien diría sus privilegios). En ese plano le doy la razón a la Iglesia… Pero, al situarse en ese plano, ella renuncia a la inspiración mesiánica del evangelio, no se ajusta a los principios del Sermón de la Montaña, tal como lo muestran los textos que comentario del evangelio de hoy: 23, 2. 2020.
- Pienso que ha llegado el momento de volver a las raíces de Jesús… El tiempo del constantinismo del talión (del buen talión, no del malo) ha podido rendir un servicio a la sociedad y a un tipo de Iglesia… Pienso que el pacto del cristianismo con el pensamiento ontológico griego ha rendido sus servicios (a la sociedad y a un tipo de Iglesia)…, pero ese tiempo ha pasado (a pesar de lo que pensaba y decía el Papa Benedicto, el último de los papas constantinianos y ontológicos que conozco). Es tiempo de volver a Jesús. Estos son algunos de los principios de su propuesta, tal como presentaremos comentando el evangelio de este domingo (Mt 5, 38‒48) que comentaré después:
6. Jesús fue un ejemplo de resistencia no-violenta al Gran Violento, a quien aquí se llama Ponerós, el Mal personalizado, representado (como en Mt 6, 13 por el Diablo), que de algún modo puede identificarse con los poderes del Imperio Romano, en la línea de Ap 13. De la vida y doctrina de Jesús provienen las expresiones que se encuentran al fondo de Mt 5, 38-48 (y de Lc 6, 27-35): Poner la otra mejilla, no resistir a la violencia, no vengarse etc. Del mismo Jesús proviene el tema y la propuesta básica de esta antítesis (no oponerse al Malo), que constituye la “marca” o distintivo de su movimiento. Leer más…

























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