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El maná y el pan de vida. Fiesta del Corpus Christi. Ciclo A.

domingo, 11 de junio de 2023
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corpus-christiDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj: 

Esta fiesta comenzó a celebrarse en Bélgica en 1246, y adquirió su mayor difusión pública dos siglos más tarde, en 1447, cuando el Papa Nicolás V recorrió procesionalmente con la Sagrada Forma las calles de Roma. Dos cosas pretende: fomentar la devoción a la Eucaristía y confesar públicamente la presencia real de Jesucristo en el pan y el vino.

            Sin embargo, las lecturas del ciclo A conceden más importancia al tema de la vida, con el que es fácil sintonizar en un mundo de guerras y atentados como el que vivimos. El evangelio de hoy comienza y termina con las mismas palabras: «el que coma de este pan vivirá para siempre». Y en medio: «el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día».

Sobrevivir y vivir eternamente

            El 1 de junio de 2009, el vuelo 447 de Air France entre Rio de Janeiro y París desapareció en mitad de la noche con 216 pasajeros y 12 tripulantes. Se salvó un matrimonio, no recuerdo si porque llegó tarde al embarque o por un cambio de última hora. Pero ese matrimonio se hizo famoso porque murió en un accidente de automóvil pocos días después. La supervivencia a un accidente, a un ataque terrorista, a una calamidad, no garantiza vivir eternamente.

            Mucha gente acepta la muerte con resignación o fatalismo. Otros se rebelan contra ella, como Unamuno: «Con razón, sin razón, o contra ella, no me da la gana de morirme». El cuarto evangelio también se rebela contra la muerte. Comienza afirmando que en la Palabra de Dios «había vida». Y ha venido al mundo para que nosotros participemos de esa vida eterna.

            Para expresar el contraste entre “supervivencia” y “vida eterna” las lecturas de hoy contrastan el maná con el alimento que nos ofrece Jesús. El Deuteronomio (1ª lectura) habla del maná como de un alimento sorprendente, novedoso, «que no conocías tú ni conocieron tus padres». Pero no se detiene, como hace el libro del Éxodo, en sus cualidades sorprendentes y su carácter milagroso. Es un alimento de pura supervivencia, que no garantiza la inmortalidad. En el evangelio, las palabras de Jesús subrayan este aspecto: el pan que comieron vuestros padres no los libró de la muerte. En cambio, el alimento que da Jesús, su cuerpo y su sangre, sí garantiza la vida eterna: «yo lo resucitaré en el último día». Estas palabras, tomadas del largo discurso de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, anticipan la resurrección de Lázaro y el destino de todos nosotros.

Inmortalidad y vida eterna

            Sin embargo, el alimento que ofrece Jesús no se limita a garantizar la inmortalidad. Tiene también valor para el presente. «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él». Este es el sentido que tiene a veces el término «vida eterna» en el cuarto evangelio. No es vida de ultratumba, sino vida aquí y ahora, en una dimensión distinta, gracias al contacto íntimo, misterioso, con Jesús.

Unión con Jesús y unión con los hermanos

            La idea de que, al comulgar, Jesús habita en nosotros y nosotros en él, corre el peligro de interpretarse de forma muy individualista. La lectura de Pablo a los corintios ayuda a evitar ese error. La comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo no es algo que nos aísla. Al contrario, es precisamente lo que nos une, «porque comemos todos del mismo pan».

Lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16ª

Moisés habló al pueblo, diciendo:

El camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.»

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 16-17

Hermanos:

El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

―Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

Disputaban los judíos entre sí:

―¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Entonces Jesús les dijo:

―Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.

 

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Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. 11 Junio, 2023

domingo, 11 de junio de 2023
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«Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.»

(Jn 6, 51-58)

Jesús nos habla del pan vivo. Nos habla de un elemento material, que es el pan, y de  un verbo, que habla de dinamicidad y vida, es decir, habla del espíritu.

Nos sitúa en  la realidad total que somos y de cómo hemos de alimentarnos desde nuestra humanidad, para llenarnos de divinidad.

¿Cómo no comer y beber la vida de Jesús si es lo que me permite unificar mi vida? Nuestros cuerpos vibran  al llenarse de la energía que aportan el pan y el vino. Pero no es una energía cualquiera, es la que aporta el espíritu. Vivificando nuestras vidas. Llenándolas de esa vibración incontenible, de quién renueva haciendo novedad su vida todos los días, a través  de la  Eucaristía.

Jesús se nos entrega de una manera total. Entrega todo lo que es. Y eso nos  permite a nosotras entregarnos  también en todo lo que somos. Una entrega que se renueva todos los días, porque todos los días recibimos lo que somos  y entregamos lo que somos.

Muchos hablan de la Eucaristía como un símbolo, y esta palabra, símbolo  significa reunir.  La reunificación de una materia llena de espíritu, puede ser un símbolo. Pero para mí es auténtica presencia de quién se deja comer para dar nueva vida.

Es cierto que hay muchas más presencias de Jesús en el mundo, porque todo lleva semillas de divinidad si lo sabemos “mirar” con los ojos de la transparencia. Pero la Eucarística es la que recibimos a través del saboreo, diluyéndose Dios en nosotras en una unidad llena de común –unión.

La Eucarística es una Presencia viva que todos los días se quiebra para entregarse. Es una invitación a vivir en la plenitud que somos. En  totalidad. Porque sólo podemos  entregarnos cuando somos una con todo.  Entonces sí, la parte es el todo y el todo, la parte.

Dejarnos amasar en las vulnerables semillas que se unifican para formar la masa y, posteriormente, llenas de ese fuego que impregna, entregarse sin miedo, en una donación confiada para ser parte y todo de la humanidad.

ORACIÓN

Gracias Jesús por entregar tu cuerpo y sangre todos los días, siendo alimento de Vida Nueva, que nutre, vivifica y nos hace comprender que nuestra vida, como la tuya, es un entrega sin medida ni tiempo.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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La eucaristía es el signo del verdadero amor que se manifiesta en la entrega.

domingo, 11 de junio de 2023
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Panes y pecesJn 6,51-59

CORPUS (A)

Jn 6,51-59

La eucaristía es una realidad muy compleja que forma parte de la más antigua tradición. Tal vez sea la realidad cristiana más difícil de comprender y de explicar. Podíamos considerarla como acción de gracias (eucaristía), sacrificio, presencia, recuerdo (anamnesis), alimento, fiesta, unidad. Tiene tantos aspectos que es imposible abarcarlos todos en una homilía. Podemos quedarnos en la superficialidad del rito y perder así su riqueza. Vamos a intentar superar muchas visiones raquíticas o erróneas.

1º.- La eucaristía no es magia. Claro que ningún cristiano aceptaría que al celebrar una eucaristía estamos haciendo magia. Pero si leemos la definición de magia de cualquier diccionario, descubriremos que le viene como anillo al dedo lo que la inmensa mayoría de los cristianos pensamos de la eucaristía: Una persona revestida con ropajes especiales e investida de poderes divinos, realizando unos gestos y pronunciando unas palabras “mágicas”, obliga a Dios a producir un cambio sustancial en una realidad material. Cuando se piensa que se produce un milagro, estamos hablando de magia.

2º.- No debemos confundir la eucaristía con la comunión. La comunión debe estar siempre referida a la celebración de una eucaristía. Tanto la eucaristía sin comunión, como la comunión sin referencia a la eucaristía dejan al sacramento incompleto. Ir a misa solo con la intención de comulgar es sencillamente una trampa alejada de lo que significa el sacramento, es un autoengaño. Esta distinción entre eucaristía y comunión explica la diferencia de lenguaje entre los sinópticos y Juan en el discurso del pan de vida. Juan hace referencia al alimento, pero alimentarse es creer en él, identificarse con él.

3º.- “Cuerpo” no significa cuerpo, “sangre” no significa sangre. No se trata del sacramento de la carne y de la sangre físicas de Jesús. En la antropología judía, el hombre es una unidad indivisible, pero descubría en él cuatro aspectos: Hombre-carne, hombre-cuerpo, hombre-alma, hombre-espíritu. Hombre-cuerpo era el ser humano en cuanto sujeto de relaciones. Al decir: esto es mi cuerpo, está diciendo: esto soy yo, esto es mi persona. Para los judíos la sangre no era solo símbolo de la vida. Era la vida misma. Cuando Jesús dice: “esto es mi sangre, que se derrama”, está diciendo: esto es mi vida al servicio de todos, es decir, una vida totalmente entregada a los demás.

4º.- La eucaristía no la celebra el sacerdote, sino la comunidad. El cura puede decir misa. Solo la comunidad puede hacer presente el don de sí mismo que Jesús significó en la última cena y que es lo que significa el sacramento. Es el sacramento del amor. No puede haber signo de amor en ausencia del otro. Por eso dice Mt: “donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. El clericalismo que otorga a los sacerdotes un poder divino para hacer un milagro, no tiene ningún apoyo en la Escritura. La eucaristía la celebran todos los cristianos (sacerdocio de los fieles).

5º.- La comunión no es un premio para los buenos. Esta frase la dijo el Papa Francisco en una ocasión y me impresionó por su profundidad. No son los que “que están en gracia” los que pueden acercarse a comulgar. Somos los desgraciados que necesitamos descubrir el amor gratuito de Dios. Solo si me siento pecador estoy necesitado de celebrar el sacramento. Cuando necesito el signo del amor es cuando me siento separado de Dios. Es absurdo de dejar de comulgar cuando más lo necesito.

6º.- La realidad significada no es Jesús en sí mismo, sino Jesús como don. El don total de sí mismo, que ha manifestado durante toda su vida y que le ha llevado a su plenitud, identificándole con el Padre. Ese es el significado que yo tengo que descubrir. La eucaristía no es un producto más de consumo que me proporciona seguridades.  Podemos oír misa sin que nos obligue a nada, pero no podemos celebrar la eucaristía sin comprometernos con los demás. No se puede salir de misa como si no hubiera pasado nada. Si la celebración no cambia mi vida en nada, es que me he quedado en el rito.

7º.-Haced esto, no se refiere a que perpetuemos un acto de culto. Jesús no dio importancia al culto. Jesús quiso decir que recordáramos el significado de lo que acaba de hacer. Esto soy yo que me parto y me reparto, que me dejo comer. Haced también vosotros esto. Entregad la propia vida a los demás como he hecho yo.

8ª.- Los signos no son el pan y el vino sino el pan partido y el vino derramado. Durante siglos, se llamó a la eucaristíala fracción del pan. No se trata del pan como cosa, sino del gesto de partir y comer. Al partirse y dejarse comer, Jesús está haciendo presente a Dios, porque Dios es don infinito, entrega total a todos y siempre. Esto tenéis que ser vosotros. Si queréis ser cristianos tenéis que partiros, repartiros, dejaros comer, triturar, asimilar, desapare­cer en beneficio de los demás. Una comunión sin este compromi­so es una farsa, un garabato, como todo signo que no signifique nada.

Es más tajante aún el signo del vino. Cuando Jesús dice: esto es mi sangre, está diciendo esto es mi vida que se está derramando, consumiendo en beneficio de todos. Eso que los judíos tenían por la cosa más horrorosa, apropiarse de la vida (la sangre) de otro, eso es lo que pretende Jesús. Tenéis que hacer vuestra, mi propia vida. Nuestra vida solo será cristiana si se derrama, si se consume, en beneficio de los demás como la mía.

Celebrar la Eucaristía es comprometerse a ser para los demás. Todas las estructu­ras que están basadas en el interés personal o de grupo, no son cristianas. Una celebración de la Eucaristía compatible con nuestros egoísmos, con nuestro desprecio por los demás, con nuestros odios y rivalidades, con nuestros complejos de superioridad, sean personales o grupales, no tiene nada que ver con lo que Jesús quiso expresar en la última cena.

La eucaristía es un sacramento. Y los sacramentos ni son milagros ni son magia. Se produce un sacramento cuando el signo (algo que entra por los sentidos) nos conecta con una realidad trascendente que no podemos ver ni oír ni tocar. Esa realidad significada es lo que nos debe interesar. La hacemos presente por medio del signo. No se puede hacer presente de otra manera. Las realidades trascendentes, ni se crean ni se destruyen; ni se traen ni se llevan; ni se ponen ni se quitan. Están siempre ahí. Son inmutables y eternas.

El ser humano no tiene que liberar o salvar su «ego», a partir de ejercicios de piedad sino liberarse del «ego» que es precisamente lo contrario. Solo cuando hayamos descubierto nuestro verdadero ser, descubriremos la falsedad de nuestro yo individual y egoísta que se cree independiente. Estamos hablando del sacramento del amor, de la unidad, de la Presencia. Si la celebración no nos lleva a esa unidad, significa que es falsa. Conformarnos con asistir a Misa sin celebrar la eucaristía es un engaño total.

Hoy me siento incapaz de comunicaros la enorme cantidad de cosas que me gustaría trasmitiros. Me gustaría poder hablar horas y horas con cada uno de vosotros para sacaros de todos los disparates que se han dicho sobre este sacramento. Muchas veces os he dicho que de las realidades trascendentes no se puede hablar con propiedad. Pero es que un lenguaje exagerado y excesivo tampoco, en vez de aproximarnos a la verdad, nos aleja de ella. Es lo que ha pasado con este sacramento admirable.

Hemos oído cientos de veces que la eucaristía fue instituida por Cristo en la última cena. Jesús no instituyó nada. Ni siquiera podemos tener seguridad de lo que realmente hizo y menos aún del sentido que pudo dar él a los gestos que realizó.

La eucaristía fue el resultado de un proceso que pudo durar muchos años. En el que influyeron multitud de realidades. Para mí la influencia fundamental debemos buscarla en la cena pascual y en las comidas realizadas por Jesús durante su vida.

Los exégetas nos cuentan que seguramente comenzó por ser una comida fraterna en la que se daba gracias a Dios por los dones recibidos. La clave era el compartir y descubrir en esa actitud la presencia de Jesús vivo en la comunidad. Tanto el que compartía lo que tenía, como el que podía comer gracias a la generosidad de los demás, sentía esa presencia que les mantenía unidos. Al crecer las comunidades fue inviable esa comida compartida y se transformó en el rito que prevaleció hasta nuestros días.

Hoy todos estamos de acuerdo en que, para renovar el sacramento de la eucaristía, es preciso tener en cuenta la tradición. Pero mientras unos se paran en el concilio de Trento, otros queremos llegar hasta los orígenes y descubrir allí el sentido de sacramento.

La primera es una mala opción porque Trento no elaboró una doctrina sobre este sacramento. Se limitó a responder a las dos cuestiones puestas en entredicho por la reforma protestante: la presencia real y el sacrificio. La reacción del concilio fue violenta y con demasiado resentimiento para que pudiera ser ecuánime. En Trento dio comienzo la contrarreforma, que fue más nefasta para la Iglesia que la misma reforma. Sus exageraciones han marcado la doctrina durante los siglos posteriores y aún no nos hemos librado de su influencia.

Con relación a la presencia, se mezcló la metafísica con la realidad física y nos metió por un callejón del que no hemos salido todavía. Los conceptos de sustancia y accidente son metafísicos y no tienen nada que ver con la realidad física.

Con relación al sacramento como sacrificio, también se exageró el lenguaje, llegando a conclusiones descabelladas.

Me pregunto, ¿cómo dos aspectos que no se tuvieron en cuenta para nada durante los cinco primeros siglos, pueden ser lo esencial del sacramento?

Las exageraciones del concilio han marcado la pauta de toda la doctrina del sacramento durante los últimos cinco siglos. Aun hoy para la inmensa mayoría de los fieles el sacramento consiste en el sacrificio de Cristo y en la presencia real.

La eucaristía no es una realidad estática sino dinámica. Es algo que hacemos, que desplegamos, dentro de la comunidad. Del mismo modo la presencia real estática distorsiona la dinámica del sacramento y lo convierte en cosa. Aun cuando se comulgue fuera de la misa, no tiene sentido si no se hace referencia a lo que se celebró en la eucaristía, de la que procede el pan consagrado que comemos.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Las creencias y los frutos.

domingo, 11 de junio de 2023
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eucaristia0Jn 6, 51-58

«Si no coméis de mi carne y bebéis de mi sangre no tendréis vida en vosotros»

En la fiesta del Corpus Christi se celebra la presencia real de Jesús en las especies sacramentales del pan y del vino, y esto se manifiesta sacando la custodia a la calle e invitando a los fieles a adorarla. Desde nuestra óptica ilustrada, este tipo de devoción nos parece trasnochado y nuestro primer impulso suele ser criticarlo o descalificarlo, pero quizá convenga plantearnos una breve reflexión antes de hacerlo.

Son de admirar esas personas capaces de encerrar un pensamiento complejo en una frase sencilla, y un buen ejemplo lo encontramos en Ignacio de Loyola. Y es que San Ignacio fue capaz de condensar la esencia evangélica en una simple exhortación: «En todo amar y servir». Amar, porque mi Padre, Abbá, me quiere y yo respondo a su amor amando a sus hijos. Servir, porque es el paradigma que empapa todo el evangelio: «Yo soy el maestro y el Señor, y os he lavado los pies…»

Es cristiano quien responde a la Palabra, es decir, el que ama y sirve a los demás: «En esto conocerán que sois mis discípulos; en que os améis los unos a los otros» … Y ya está… y no hay más… y, desde esta perspectiva, todas esas elucubraciones doctas que tanto nos entusiasman no pasan de ser —en el mejor de los casos— una simple nota a pie de página que no afecta a nuestras vidas. Incluso el propio concepto de “ecumenismo” pierde una buena parte de su sentido.

El modo concreto en que yo crea resulta irrelevante, porque lo importante son los frutos. Para cada uno, sus creencias serán verdaderas cuando den buenos frutos, y no lo serán cuando no los den. Es indiferente que yo crea que la misa es un “Santo Sacrificio” que recrea la inmolación que aceptó el hijo de Dios para redimirnos de los pecados… o que la considere Eucaristía, acción de gracias, heredera de las “Cenas del Señor”. Si mi creencia —sea la una o la otra— me lleva a perdonar, a compadecer y a servir, mi creencia, sin lugar a dudas, será para mí verdadera. Si no, será falsa.

Y lo mismo ocurre si creo que las palabras del oficiante en la consagración producen la transustanciación del pan y del vino… o si considero la consagración como un recuerdo entrañable de las palabras de Jesús justo antes de morir. O si creo que al comulgar me estoy comiendo a Jesús… o si pienso que estoy comulgando con él; con sus criterios, con su proyecto y su misión… Y tantas cosas más.

Es muy característico de nuestra religiosidad quedarnos contentos y satisfechos con “saber”; creer que somos algo por estar bien informados; pero si nos quedamos solo en eso, lo único que estamos haciendo es «cansar la tierra»; como la higuera. En la parábola del buen samaritano, el sacerdote que pasa de largo sin socorrer al herido tenía un profundo conocimiento de la ley, pero se quedaba en el conocimiento. El samaritano, un hereje inculto y despreciado, es puesto de ejemplo por Jesús porque lleva la Ley en el corazón, aunque no la conozca, o la conozca mal.

Termino. Creo que la fe de César Arnulfo Romero o de la madre Teresa era una fe verdadera con independencia de lo que pensasen de la transustanciación. En cambio, tengo serias dudas de que mi fe lo sea, a pesar de que no creo en ella.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Fuente Fe Adulta

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Eucaristía y encarnación.

domingo, 11 de junio de 2023
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manoscorazJn 6, 51-58

Este evangelio forma parte del discurso eucarístico desarrollado por Juan y en el que expone de forma singular la relación entre eucaristía y encarnación. La espiritualidad cristiana no es una espiritualidad idealizante ni abstracta, sino que remite siempre a la vida y al compromiso histórico, sostenido e impulsado por el espíritu de Jesús en nosotros y nosotras.

Creer en la eucaristía como cuerpo de Cristo nos remite siempre a otros cuerpos vulnerables y vulnerados. Nos compromete con el reconocimiento de su dignidad, con su cuidado y solidaridad. Con ellos y sus causas. Por eso la eucaristía no es un acto fervoroso devocional, sino la identificación con Jesús y su proyecto, y la disposición a asumir las consecuencias que conlleva de forma agradecida y gratuita. La Eucaristía nos cristifica, nos hace uno o una con Él. Lo cual tiene profundas consecuencias en nuestra vida, en nuestra forma de estar en el mudo, interior y exteriormente.

Al comulgar el cuerpo de Cristo comulgamos también con su espíritu, con sus deseos más profundos: su deseo de una humanidad y una creación reconciliada donde ningún cuerpo sea maldito o excluido del derecho a la plenitud y la alegría. Por eso la a eucaristía es también pan de vida, porque es sustento y nutriente, fortaleza y energía que nos capacita para vivir el dinamismo al que nos envía: hacer de la vida un banquete, sin primeras ni últimas.

El evangelio de este domingo nos recuerda que la Eucaristía no puede ser nunca una evasión, sino compromiso y envío agradecido. De ahí que contemplarlo y proclamarlo se convierta para nosotras y nosotros hoy en una Buena Noticia exigente, no alienadora ni cómoda, sino con una profunda capacidad de desinstalación. Así les sucedió también a los primeros seguidores de Jesús, por eso la reacción desconcertante de los discípulos a la que se refiere el texto (v 52). Pero este Evangelio nos ayuda también a no caer en el pelagianismo ni la autoexigencia deshumanizante. Nos recuerda que el seguimiento de Jesús no es una cuestión de sólo empeño o voluntad, sino de Gracia, de abrirnos con confianza y abandonarnos a su Espíritu, porque Él es el pan de vida, Él es quien se nos ofrece como vida en plenitud y sustento, capacitándonos para ir más allá de nuestras propias fuerzas desde nuestra vulnerabilidad asumida y compartida.

Pepa Torres Pérez

Fuente Fe Adulta

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El símbolo del pan.

domingo, 11 de junio de 2023
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11 junio 2023

Jn 6, 51-58

“Yo soy la vida” (Jn 11,25).

Con el símbolo del pan, aplicado a Jesús en el cuarto evangelio, vuelve a producirse otra objetivación, como la que señalaba en el comentario de la semana anterior, a propósito de la Trinidad. Y parece que esa objetivación fue muy temprana. Si en un primer momento, el evangelio habla de que Jesús es la “palabra de vida” que alimenta al creyente, otro redactor posterior, llevado al parecer por el afán de recuperar el sentido de la eucaristía, cambia el acento para presentar al propio Jesús como alimento.

Sabemos que tal objetivación tuvo un recorrido muy exitoso a lo largo de la historia de la iglesia, alcanzando en el concepto de “transubstanciación” y en todo lo relacionado con la “adoración eucarística” el culmen más elevado.

Una y otra vez se ponen de manifiesto dos grandes dificultades que experimentamos los humanos para manejarnos con los símbolos religiosos: una es la tendencia a objetivarlos de manera constante y, con frecuencia, exagerada; la otra es la propensión a buscar la “salvación”, tal como hacen los niños, “fuera” de nosotros.

Me parece legítimo y adecuado que alguien diga que Jesús alimenta su vida y lo sostiene en su recorrido. Eso mismo podemos decir de muchas personas, del pasado y del presente, sabios famosos o compañeros que caminan a nuestro lado o conviven con nosotros. Todos podemos ser “alimento” vivo y nutritivo para otras personas. Todos podemos ayudar a vivir y agradecemos ser ayudados.

Sin embargo, y sin negar la necesidad y el regalo de tales ayudas cotidianas, el “alimento” real que nos sostiene, nos ilumina, nos fortalece y nos sacia no se halla “fuera” (¿dónde?), sino que es aquello mismo que somos en profundidad. Y nos nutrimos de él gracias a la comprensión de lo que realmente somos.

Y esto no tiene nada que ver con el orgullo, como no se cansan de repetir teólogos y personas religiosas. Porque aquello que nos salva no es el yo -ni nace del yo-, sino el Fondo, la Profundidad, el Misterio que nos constituye y constituye todo lo real. Al entrar en contacto con él, no nos encerramos de manera narcisista en el ego, sino que somos radicalmente des(ego)centrados. El Fondo nos alimenta y nos expande, nos libera de tendencias egoicas y nos abre a los demás.

El “pan” que nos alimenta -y Jesús nos lo recuerda admirablemente con su propia existencia- nos libera, como escribe de manera tan ajustada como bella Javier Melloni, de “toda reducción al yo y a lo mío [que] es algo tóxico, confuso y agresivo. [Porque lo cierto es que] cuanto más vacíos, más plenos; cuanto más profundos, más entregados”.

¿Dónde busco el alimento esencial?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Pan de vida, Eucaristía son también los comedores sociales, los bancos de alimentos, la solidaridad…

domingo, 11 de junio de 2023
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9FDE193A-80CD-4EE1-8C0A-D343111392EFDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Eucaristía

    Caminando por el desierto de la vida, Dios acompaña a su pueblo y le alimenta con el maná (Deuteronomio). El maná era el alimento físico, la ley (el pensamiento de Dios) es el alimento del alma. Todo es vida.

LA EUCARISTÍA Y LOS MUCHOS ENCUENTROS DE JESÚS.

La Eucaristía no es un precepto. Tampoco es magia. La Eucaristía tampoco es un rito que se le encarga a un cura en determinados acontecimientos o problemas de la vida.

La Eucaristía, es un encuentro de la asamblea de los creyentes con el Señor para celebrar y agradecerle la vida y la salvación, para orar por los momentos y circunstancias de la vida.

La Eucaristía es vida y se inserta en la infinidad de comidas y encuentros salvíficos que tuvo el Señor Jesús.

Recordemos : (mejor meditemos con calma):

  • El encuentro del hijo pródigo con su Padre se sella con un banquete, porque ese hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida (Lc 15, 11-32). A veces nosotros también celebramos a Eucaristía como “hijos pródigos”, que volvemos a casa.
  • A Jesús le echaban en cara que comía con pecadores y publicanos, (Mc 2,16). Siempre la asamblea de una Eucaristía está compuesta no por gente de “elite” moral o social, sino por pecadores.
  • Recordemos el encuentro de Jesús con Zaqueo: hoy ha entrado la salvación a esta casa (Lc 19, 1-10).
  • Jesús comía con pecadores y publicanos (Mt 22,1-14).
  • Jesús entra a casa de Zaqueo, (Lc 19): hoy ha entrado la salvación a esta casa.
  • El Reino de los cielos se parece a un banquete de bodas… (Mt 22,24).
  • San Juan no sitúa la Eucaristía tanto en la última Cena, cuanto en el cp. 6: en la multiplicación de los panes, (Jn 6). El pueblo tiene hambre. Cristo es el pan de vida: Yo soy el pan de vida (Jn 6).

La Eucaristía es encuentro con Cristo: Yo soy el pan del cielo, que se acerca a los seres humanos.

  • La multiplicación de los panes es una Eucaristía (Lc 9, 11b-17: v 16: Jesús tomando los cinco panes, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio para que los sirvieran a la gente).

Yo soy el pan de Vida. Dadles vosotros de comer. Multiplicar la Vida, el pan, el trabajo, los bancos de alimentos, la sanidad, la educación, la paz y la pacificación son también Eucaristía.

La mesa del Señor está abierta a todos incluso a Judas.

  • Recordemos cómo cristo resucitado come con sus discípulos, con pecadores y publicanos:
  • Los dos de Emaús reconocen al Señor resucitado al partir el pan (Lc 24, 13-35, v 30: Jesús tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio).
  • Junto al lago Jesús les pregunta a los suyos si tienen algo que comer, comen pan y pescado (Lc 24, 36-49) y cuando compartieron el pan, se les abrió la inteligencia y comprendieron (v 45).

02.-El que coma de esta pan, vivirá.

El que coma mi cuerpo y beba mi sangre, vivirá para siempre.

    No entendamos estas cosas de una manera fisiológica, anatómica. Cuerpo y sangresignifican, expresan la idea depersona. Comer el cuerpo de Cristo significa creer en Él. JesuCristo está presente en nosotros por la fe.

    Cuando nos alimentamos de Cristo: de la salvación, del perdón, del amor de Jesús, de la solidaridad, vivimos y viviremos.

03.- Celebremos con gozo la eucaristía

Celebremos con gozo la Eucaristía, la presencia de Cristo en nuestras vidas. Disfrutemos de la vida.

    Es una pena que esta cuestión haya quedado polarizada en el problema de quién pueda presidir la Eucaristía y de si hay curas o no. La Eucaristía la celebramos no el cura solo, sino la asamblea, la comunidad.

    Una comunidad, una iglesia puede vivir sin curas, de hecho la Iglesia nació sin curas; lo que no puede vivir es sin Eucaristía.

    Vivamos en paz cada Eucaristía en el grupo. En la asamblea en la que nos reunimos, quizás no muy brillante, ni muy perfecta.

Vivamos con serenidad interior la Eucaristía en acción de gracias.

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Mi hermano se ordenó sacerdote

martes, 6 de junio de 2023
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Sacerdote.version-finalMónica Isabel Quintero, CMMEM,
Barquisimeto (Venezuela).

ECLESALIA, 08/05/23.- Escuchando la inquietud de algunos y la mía propia de lo extraño que será llamar a nuestro hermano, que se ordenó sacerdote, padre, me puse a investigar y a reflexionar. Encontré lo siguiente: «Se hace referencia a los sacerdotes como padre por múltiples razones: como muestra de respeto y porque actúan como líderes espirituales en nuestras vidas. El sacerdote se asegura de que cada miembro de su congregación pueda confiar en él para recibir instrucción, perdón, un oído atento y alimento espiritual – al igual que otras figuras paternas en nuestras vidas» (Católico.net).

Tomando está definición, profundicemos un poco:

Respeto. Sí, mucho respeto pero, ¿acaso no todos merecemos el mismo respeto?, ¿no somos todos servidores y líderes? ¿Tengo entonces que llamar a mis hermanos diáconos, diácono? ¿Y así a cualquier servidor? ¿Es alguno más que otro? Es posible que caigamos en el clericalismo, algo que, como nos dice el papa Francisco, le está haciendo mucho daño a la iglesia.

Por otro lado, el Señor nos llama a renovar la iglesia y a vivirla como una familia. Los títulos rompen la familiaridad y la fraternidad. Somos hermanos de Jesús, hijos todos del padre celestial.

Figura paterna. ¿En verdad se da paternidad espiritual? «Cuando recibes instrucciones y alimento espiritual» ¿Qué significa? ¿Es eso paternidad o se trata de un ministerio, don y servicio más dentro de la iglesia?

Por otro lado, estamos en una relación de adultos, de misioneros todos (hablando de los que caminamos juntos en corresponsabilidad). Si estamos en el papel de hijos, es una imagen psicológicamente determinante en la relación puesto que implica que él (padre), es el que sabe, el que decide y lleva las pautas, el adulto. En una iglesia-familia, donde tú y yo asumimos la responsabilidades, quedarnos cómo hijos no nos deja avanzar.

Quizás sea una costumbre difícil de modificar pero es el llamado, si quieres mantenerla, es decisión de cada quien, pero tomemos conciencia (más aún los que queremos una renovación en la iglesia) de lo que significan o del poder de las palabras.

Esto supone una conversión de fondo, un reconocimiento de la manera en la que se organizó la Iglesia a lo largo de los siglos y cómo se fue alejando de la igualdad fundamental que comparten todos los hijos e hijas de Dios hasta generarse dos clases de miembros desiguales y la mayoría sin protagonismo: clérigos y laicado, donde las mujeres han tenido la peor parte. Quizás ha llegado el momento de “dar un giro” -conversión- para recuperar la novedad de los orígenes donde ya no hay “ni judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni varón y mujer, porque todos somos uno en Cristo Jesús” (Gal 3,28). Demos el giro. Sé que tenemos una larga y pesada historia sobre todos nosotros pero demos pasos en la renovación de la iglesia. Hermanos somos, familia, todos hermanos.

En esta familia, quizás para algunos, hermano sacerdote (y en ti todos los que ejercen ese ministerio sacerdotal) serás hijo, para otros compadre, amigo o simplemente hermano. Simplemente llamarte por tu nombre. El señor llama a cada uno por su nombre (Sal. 147,4)

Hermano es la palabra que te ofrece mi mayor respeto, la que mejor representa lo que eres, con la que caminamos juntos en corresponsabilidad en una iglesia-familia, pueblo de Dios.

Solo sueño con una iglesia verdaderamente fraterna y de hermanos dónde caminamos juntos acompañándonos mutuamente respetando cada uno su ministerio. Sin reglas injustas y todos incluidos en la diversidad de dones.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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Juan Ignacio Cortés: La Iglesia debe asumir el daño causado por los abusos a menores.

martes, 16 de mayo de 2023
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Javier-Lopez-1Javier Gómez Zapiain es doctor en psicología y especialista en psicología de la sexualidad. Jubilado como profesor titular de la Universidad del País Vasco, sigue impartiendo cursos de posgrado e investigando sobre la sexualidad humana. Es autor de numerosos artículos científicos sobre el tema y de los libros Apego y sexualidad y Psicología de la Sexualidad. Su trabajo en la Sociedad Vasca de Victimología le ha acercado últimamente al tema de los abusos sexuales a menores dentro de la Iglesia Católica y a investigar cómo las personas de vida consagrada viven su dimensión afectiva y sexual en España. Gran conversador, lo que sigue es tan solo un resumen de un extenso y rico diálogo.

 

Pregunta.- La sexualidad es un tema que nunca nos deja indiferentes. ¿Por qué?

Respuesta.- Hay temas que despiertan en nosotros unas actitudes y unas disposiciones muy marcadas, debido a nuestra implicación personal en el tema. En el caso de la sexualidad, no podemos dejar de referirnos a la tradición judeo-cristiana que ve el deseo como algo malo per se y que proclama que el ser humano perfecto es aquel que renuncia al placer.

La izquierda freudiana asegura que la regulación de la conducta sexual es un elemento de control político y social. Desde luego, en el caso del pueblo hebreo hay que tener en cuenta que el enfoque del comportamiento sexual tenía mucho que ver más con cuestiones de supervivencia. Hablamos de un pueblo nómada, enfrentado a numerosos enemigos y que tenía muy presente la posibilidad de la extinción. Por eso enfoca toda la sexualidad hacia la reproducción. Las restricciones perdieron su razón de ser después, pero se mantuvieron en el tiempo.

P.- Una de sus principales líneas de investigación es la relación entre apego y sexualidad. ¿Confundimos amor y sexo? ¿Con qué consecuencias?

R.- Son cosas que responden a dos objetivos distintos. Todo tiene que ver con la evolución. La naturaleza se da cuenta de que la reproducción sexual es mejor que la asexual, porque no es tan mecánica y da lugar a individuos diferenciados. Así, tiene que inventar un mecanismo para que esa reproducción sexual funcione: el instinto sexual. La evolución continúa y da lugar a crías muy sofisticadas, con una evolución muy lenta y que necesitan protección. Para crear ese sistema de protección, surgen los mecanismos afectivos, a los que podemos llamar amor o apego. Sexo y amor son cosas muy distintas, pero muy próximas, y de ahí nace la confusión. Siendo cosas tan distintas pero tan próximas, es necesario separarlas para entenderlas bien.

P.- Asegura que las necesidades afectivas y sexuales no son las mismas y que pueden potenciarse o interferirse. ¿Hay alguna receta para que suceda lo primero y no lo segundo?

R.- Es un arte nada fácil armonizar dos cosas tan distintas y cercanas. Depende mucho de la calidad de la vida socio-afectiva que se haya tenido. En los primeros años de vida de las personas se crean unos modelos internos que regulan las relaciones interpersonales en el futuro. Son el equivalente al sistema operativo del ordenador. Si ese sistema operativo está dañado, altera todas las relaciones de la persona. Especialmente, si hablamos de experiencias traumáticas.

El psicoanálisis distingue entre el instinto, que guía a los animales, y la pulsión, que incita a los humanos a actuar. El instinto no se puede regular, pero el ser humano sí puede regular su pulsión y darle significado a lo que hace. Ahí es posible hacer del sexo una forma de expresión del amor. Sin duda, no hay mayor afrodisiaco que estar enamorado. Por otra parte, si el modelo interno está dañado, el deseo sexual se va a poner al servicio de otras necesidades no resueltas, como la afirmación de la propia personalidad. En este caso, estamos a un paso de la agresión o el abuso sexual.

P.- A comienzos de los noventa, la única gran encuesta sobre abusos sexuales a menores que se ha hecho en nuestro país demostró la extensión del fenómeno: cerca del 20% de la población española había sufrido abusos y, de ese 20%, un 4% había sufrido abusos a manos de religiosos. No sé si hay datos que confirmen si la incidencia ha aumentado o disminuido.

abusos-Iglesia_2098300203_9807727_660x371R.- Hay algunos estudios interesantes sobre el tema de los abusos a menores, pero muy parciales. Parecería que sí, porque se presta más atención al fenómeno y hay más denuncias. Pero también puede deberse tan solo a que ahora hay más transparencia y es más fácil hablar del tema.

P.- Desde el punto de vista psicológico, ¿tienen los abusos a manos de religiosos un componente diferencial? ¿Son más graves que los que suceden en otros ámbitos?

R.- Si alguien es abusado por un religioso, una persona en principio vinculada a la idea de paz y de protección, se va a sentir especialmente traicionado, y puede que el efecto del abuso sea más agudo que en caso de ser abusado por alguien desconocido. Pero no hay datos concluyentes. Sería necesaria mucha más investigación.

P.- Las víctimas de abusos a menores en la Iglesia piden verdad, justicia y reparación y aseguran que la negación o disminución de la importancia del fenómeno, por parte de la Iglesia, provoca una revictimización que les hace difícil superar el trauma.

R.- La sanación y el posible perdón al agresor son procesos individuales, pero ese proceso individual puede ser potenciado o dificultado por el contexto. Ahí la Iglesia debería ser valiente y reconocer la gravedad del asunto. Es algo totalmente necesario y se le debe exigir a la Iglesia: que cuide del contexto y se haga responsable del daño causado. La negación hace mucho daño a las víctimas.

P.- Muchos expertos aseguran que, en los casos de abusos sexuales a menores en la Iglesia, lo sexual es tan solo un componente y, tal vez, no el más importante del fenómeno.

R.- Volvemos al tema de los modelos internos, del deseo sexual puesto al servicio de otras necesidades. Muchos abusadores buscan más la intimidad o la autoafirmación personal, la sensación de poder, que el orgasmo. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el deseo sexual debe satisfacerse en condiciones de seguridad. Si el individuo se siente amenazado, el deseo se inhibe. Para algunas personas cuyos modelos de relación son defectuosos, tener relaciones sexuales con adultos supone una amenaza. En cambio, con un menor es algo seguro, ya que la asimetría de poder es muy grande.

P.– Se ha especulado mucho con la importancia que tiene el celibato en el fenómeno…

R.- Es claro que no hay una relación causa-efecto entre celibato y abuso, pero sí que parece que la castidad obligatoria es un factor de riesgo. Muchos religiosos no respetan ese voto de castidad y su actividad sexual es relativamente alta, sobre todo si tenemos en cuenta el autoerotismo, la masturbación y la pornografía. Algunos religiosos viven esta disonancia con cierta naturalidad y otros con angustia. Creo que hay que tener en cuenta un problema que, en el caso de los religiosos, es mucho más importante que la no satisfacción de su deseo sexual: la soledad. Volvemos al tema de la necesidad de gestionar bien estas dos dimensiones del ser humano: el sexo y la afectividad.

P.- ¿Una formación diferente de las personas consagradas en lo que se refiere a esas dimensiones hubiera disminuido o podría disminuir el tema de los abusos?

R.- Sin duda, pero es una utopía en este momento. La Iglesia debería considerar el deseo sexual como una riqueza, como algo que dignifica al ser humano y contribuye a su bienestar. Desde ahí, debería considerar la renuncia al sexo como una opción personal, no una regla universal para todo el personal religioso. El celibato opcional mejoraría la salud sexual dentro de la Iglesia y disminuiría los niveles de soledad de los religiosos. Es un desastre psicológico esa formación que insta a los sacerdotes a no vincularse demasiado porque su celibato estaría en peligro.

P.- Ha puesto en marcha una investigación sobre la vivencia de la sexualidad en las personas consagradas cuyo punto de partida es que es necesario hablar de lo que nunca se habla.

R.- Sería bueno que la Iglesia abriese cauces para hablar de estos temas. Yo me acerco a la Iglesia todo lo que puedo. No solo por estar cerca de un objeto de estudio, sino porque forma parte de mi historia y formación. Cuando la conversación es informal, se habla del tema, pero es muy difícil formalizar ese diálogo. La investigación es un cuestionario muy sencillo y abierto, que no busca atacar, sino entender. Sin embargo, se está percibiendo como algo peligrosísimo.

P.- Se pregunta hasta qué punto la moral católica es compatible con la integración armoniosa del deseo sexual en la personalidad y creo que su respuesta es negativa.

abusosR.-Tal como está formulada actualmente la moral católica es imposible integrar el deseo sexual de manera normal. El ascetismo sexual está muy incrustado en los cimientos de la Iglesia. Los católicos han buscado sus propias formas de resolver las contradicciones entre su moral y su vida sexual ignorando algunos preceptos de la Iglesia. Es natural, porque la concepción más rígida de la moral sexual de la Iglesia es inasumible. El sexo no puede estar solo al servicio de la reproducción y limitarse al marco del matrimonio. De hecho, el placer sexual puede ser una experiencia trascendente. La unión profunda con una persona que se puede producir en el sexo es, sin duda, una experiencia espiritual. Y la Iglesia debería valorar eso como parte del proceso de crecimiento personal.

P.- ¿Cuál es el sentido de la investigación que está llevando a cabo?

R.– El proceso de descubrimiento de los abusos sexuales a menores dentro de la Iglesia ha sido muy traumático y ha creado alarma social. Se ha puesto el foco en las víctimas, los agresores y en por qué se produce el abuso. Yo soy más partidario de una psicología positiva, que no ponga el foco en lo patológico, sino en las personas que alcanzan un buen nivel de bienestar. La idea es levantar la mirada y explorar cómo multitud de personas consagradas han logrado integrar sus necesidades afectivo-sexuales en su vida y llegar a un equilibrio personal. Prestemos atención a eso. Veamos cuáles son las dificultades y qué se puede hacer para que sea más fácil superarlas.

Juan Ignacio Cortés

 He sido muchas cosas en la vida (hasta trabajé en una fábrica cuando el periodismo no me daba para vivir), pero sobre todo me considero alguien a quien le gusta escuchar y contar historias.

Algunas de las historias que me contaron para que las contase las recogí en dos libros: «Historia del Brasil» y «Lobos con piel de cordero. Pederastia y crisis en la Iglesia Católica».

Desde que en primera adolescencia (creo que voy por la tercera, aunque me estoy quitando) leí «Cien años de soledad» quise ser Gabriel García Márquez.

Aunque por supuesto no lo he conseguido, por el camino conseguí viajar numerosas ocasiones a América Latina y algunas a África; escribir reportajes sobre Brasil, Ecuador, Cuba, Chad o Mozambique y trabajar para una organización de derechos humanos a la que respeto mucho y para las Naciones Unidas.

En el campo de la cultura, fui parte del equipo político de la Consejería de Cultura de Castilla-La Mancha y del equipo de prensa del Círculo de Bellas Artes.
Hablando de guerras y otras injusticias, soy de los que pienso que las cosas tienen que cambiar, aunque es difícil que lo hagan.

14 de abril de 2023

 Fuente Alandar

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“ Castillo, Lamet y Halík”, por Gabriel Mª Otalora

viernes, 12 de mayo de 2023
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medio-rostro-de-jesusDe su blog Punto de Encuentro:

Este mes se ha presentado el libro «Declive de la Religión y futuro del Evangelio«, de José Mª Castillo. uno de los que le hicieron los honores fue Pedro Miguel Lamet y acaba de escribir una reflexión en Fe adulta muy interesante sobre el tema. Tomás Halík, por su parte, ha publicado “La tarde del cristianismo” en donde expone la transformación de la necesaria religiosidad más allá de la religión cultural (sic). Su tesis es que nuestra crisis cristiana se manifiesta en la estructura eclesiástica que facilita la crisis de fe. El desvarío institucional nos aboca a una crisis de fe, a lo verdaderamente importante.

Ante la expectación que ha levantado Castillo, este otro libro ha pasado más desapercibido, cuando lo cierto es que apunta a lo mismo desde los claroscuros -contradicciones que diría Castillo- de nuestra fe cristiana y las consecuencias de desafección que estamos constatando en la Iglesia -entendida como institución- pretendiendo enseñar lo contrario de lo que vive.

Para Castillo, lo que más daño ha hecho al cristianismo y a la Iglesia es convertirse en Religión establecida y renunciar a vivir el Evangelio. Y ahora, que hemos entrado, en picado, en la crisis de la Religión y de Dios, empezamos a tomar conciencia de que al Dios trascendente solamente podemos conocerlo en la humanización de Dios, tal como lo vemos y lo palpamos en el Evangelio, en la vida y en las obras de Jesús.

Su libro es una llamada de atención a que la Iglesia no tiene futuro si no es desde el seguimiento creíble de Jesús recuperando como centro el Evangelio. Pero no matiza si se refiera a la iglesia institucional religiosa o a la iglesia como comunidad que experimenta al Dios de Jesús… No es lo mismo, me parece. Lamet, al tiempo que destaca en su artículo la sintonía de Castillo con el Papa Francisco y su mensaje, plantea dos “dudas” (sic) que las convierte en sugerencia a modo de preguntas. Aquí me centro en la segunda duda, que la formula de la siguiente manera: ¿El concepto de Religión solo se puede circunscribir a estructuras de poder, dinero y sometimiento? ¿No hay algo más? ¿No ha puesto Dios en el fondo del hombre una semilla de radical inquietud y búsqueda de lo transcendente, donde quiera que esté? ¿No ha llegado el momento de maduración de la humanidad que pueda acceder a cierta mística, aunque sea en calderilla?

Efectivamente, reivindica la religiosidad como relación intensa con Dios y anhelo íntimo al que tendemos y buscamos, cada persona en su contexto con sus claroscuros y condicionantes. El problema está en otro lado, en la contradicción entre lo que se predica y lo que se vive. El escándalo eclesial de la contradicción entre la doctrina y la práctica. ¡No existe un Dicasterio para velar por la ortopraxis, es decir, por la caridad! Es lo que tantas veces he cuestionado, que la institución sea más importante que el Mensaje. Y eso es lo que Castillo, a mi entender, no diferencia explícitamente -religión sociológica que busca seguridades vs. experiencia de fe- y que Lamet se lo sugiere en sus preguntas poniendo en valor la espiritualidad trascendente. Para Halík, la religión como experiencia no debe regresar porque nunca se fue, simplemente sigue cambiando como lo ha hecho a lo largo de toda la historia.

Recuperemos nuestra fe en Jesús, como alienta Castillo, en la divinidad de Jesús que dice Halík, mediante nuestra apertura solidaria a la revelación de Dios Amor en el sufrimiento de los hombres y mujeres del mundo. La Iglesia que vive la religión como ligazón íntima anhelante y coherente, alimentada por la oración, no puede asimilarse a la institución eclesial cimentada en el clericalismo -del que participa buena parte del laicado- como ya ocurriera en tiempos de Jesús. Por eso estamos necesitados de denuncias proféticas contra la perversión religiosa que reivindiquen la necesidad de humanizar lo divino, como hace Castillo en su libro, y Halík en el suyo al referirse a una posible nueva Reforma; eso sí, que no cause el trauma rupturista de la anterior.

Una crisis eclesiástica como la actual que nos ha llevado a la crisis de fe habrá que remontarla con humildad, volviendo a lo esencial con actitudes ejemplares de amor (como el previo para evangelizar). Pero una cosa es el desvarío del poder eclesial (clericalismo, vanagloria, adoctrinamiento) y su declive, y otra la vivencia religiosa de la fe en Cristo (religare) que apunta a un nuevo amanecer con la barca sinodal impulsada por Francisco en la que cabemos todos. Laus Deo.

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Pedro Miguel Lamet: El futuro de la Religión según José María Castillo. Reflexiones sobre su último libro.

jueves, 4 de mayo de 2023
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9788433032188Leído en su blog:

Al prologar sus «Memorias», definí su libro como la confesión de un profeta de nuestro tiempo, y, como tal, de un hombre rompedor, libre, molesto para unos, providencial para otros, que a sus noventa y dos años de vida escribe sus memorias sin tapujos, con humildad y osadía

Llega a afirmar que la Teología es “un saber sometido a censura”. Su clave para entenderla es la encarnación como humanización de Dios

Castillo en su nuevo libro ha desarrollado de una manera, si cabe más radical y apasionada, esta tesis tantas veces defendida, de que lo que más daño ha hecho al cristianismo y a la Iglesia es convertirse en Religión establecida y renunciar a vivir el Evangelio

De ahí la importancia que el profesor Castillo concede al «Dios humanizado», que ve como única vía de hacer presente a Dios en nuestro lacerado mundo, y por una Iglesia que esté centrada en el Evangelio, porque “una Iglesia empeñada en observar fielmente la Religión es una institución que vive y comunica un Evangelio falsificado”

En su opinión, lo que la gente de hoy rechaza de La Iglesia no es la “maldad”, sino la “mentira”, la contradicción entre lo que predica y lo que vive

Al final pide como utopía cristiana diócesis más pequeñas, obispos nombrados por participación de la base, actualización de la liturgia inspirada en la primera Cena, estudio bíblico por parte de los fieles del Evangelio, diálogo con las Conferencias Episcopales y el obispo de Roma, y sobre todo insistencia en el Evangelio como una forma de vida y seguimiento de Jesús.

Mis preguntas sobre el futuro de la religión:

1: Aparte del cristianismo y la Iglesia: ¿no está buscando el hombre de hoy una experiencia de Dios por libre? ¿No era el tiempo dedicado a la oración la fuente del mensaje troncal de Jesús y  «la vid y los sarmientos»?

2: ¿No ha puesto Dios en el fondo del hombre una semilla de radical inquietud y búsqueda de lo transcendente, donde quiera que esté? ¿No ha llegado el momento de maduración de la humanidad que pueda acceder a cierta mística, aunque sea en calderilla?

A través de la oración o el silencio, un vacío, una nada ilimitada, no pocos hombres y mujeres buscan hoy su verdadera identidad. Ya lo dijo también Jesús: «Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. (Mt 6.6).

| Pedro Miguel Lamet

El pasado jueves 13 de abril tuve la oportunidad de presentar junto a José Manuel Vidal el último libro de José María Castillo, «Declive de la Religión y futuro del Evangelio», en la iglesia de San Antón, ese espacio de libertad que mantiene vivo el padre Ángel. Un libro excelente sobre muchas de las contradicciones que vivimos en la Iglesia. Pero quiero ofrecer aquí el texto escrito y completo de mi intervención porque considero importante que se conozcan algunos matices que expuse allí, ya que, aunque comparto enteramente la tesis de Castillo, creo que se están produciendo otros hechos que quizás puedan complementar y ampliar cómo se vive hoy la Religión en sentido amplio en muchos puntos de nuestro mundo.

Hace un par de años, cuando José María Castillo, me concedió el privilegio de prologar sus Memorias escribí: tienes entre las manos la confesión de un profeta de nuestro tiempo, y, como tal de un hombre rompedor, libre, molesto para unos, providencial para otros, que a sus noventa y dos años de vida escribe sus memorias sin tapujos, con humildad y osadía, gracias a una prodigiosa mezcla de vida y pensamiento, que constituye todo un aldabonazo a nuestra sociedad y sobre todo a la Iglesia católica a partir de la centralidad del Evangelio.

La experiencia del profesor Castillo

Subrayaba entonces su experiencia humana e intelectual en los centros de estudio donde ha ejercido su profesorado como Córdoba, Granada, Roma, El Salvador y otros muchos lugares. Sobre ello Pepe afirma: “Esta Iglesia, a la que tanto debo, es la Iglesia que vive en una enorme y palpable contradicción. Es la contradicción que consiste en que la Iglesia enseña (o pretende enseñar) exactamente lo contrario de lo que vive. Y es el “clero”, lo digo sin rodeos, el que lleva la batuta de esta enorme orquesta ruidosamente desafinada”. Particularmente sensible a las contradicciones, estas estallan en su vida cuando se le prohíbe enseñar en Granada y al mismo tiempo se le admite, e incluso se le anima, a hacerlo en la UCA de San Salvador. “¿En Granada yo era peligroso y en El Salvador no lo era? ¿Cómo se explica esta contradicción?”. ¡Por lo visto la razón formal es que la de Granada era facultad eclesiástica y la de San Salvador civil! Como si la verdad dependiera de etiquetas.

Sea como fuere, la trayectoria teológica de Pepe Castillo, insuflada de una enorme cultura y cientos de libros asimilados y otros escritos por él, es una continua superación de censuras y de problemas de libertad de cátedra. Llega a afirmar que la Teología es “un saber sometido a censura”. Su clave para entenderla es la encarnación como humanización de Dios. Por eso afirma en una estrecha unión de inmanencia y trascendencia: “Si luchamos en serio por ‘humanizar’ esta sociedad y este mundo, entonces y sólo entonces, podremos pensar en serio que estamos luchando por ‘divinizar’ nuestra existencia” Para señalar lo que distingue a un cristiano del que no lo es, afirma que se produce cuando “sólo queda en pie el amor, la bondad y el comportamiento que cada cual ha tenido en su vida con sus semejantes”.

Pues bien, en este libro que presentamos, titulado Declive de la Religión y futuro del Evangelio, Castillo ha desarrollado de una manera, si cabe más radical y apasionada, esta tesis tantas veces defendida, de que lo que más daño ha hecho al cristianismo y a la Iglesia es convertirse en Religión establecida y renunciar a vivir el Evangelio. Lo hace a través de 55 breves capítulos de fácil y amena lectura, donde expone esta contradicción desde muy diversos ángulos, como un berbiquí o vueltas de tornillo donde de forma histórica, exegética y teológica; lo que permite al lector taladrar de manera sencilla y a la vez implacable el fondo de estas contradicciones.

El Dios humanizado

Ya en sus Memorias y en sus otros libros Castillo defendía que el problema del hombre es Dios, y solamente en el Evangelio de Jesús, algo que en su opinión la Iglesia ha olvidado, volvemos a la centralidad. “Hizo falta pasar por la crisis religiosa, que provocó la Ilustración, para darnos cuenta de que a Dios no lo conocemos. Y ahora, que hemos entrado, en picado, en la crisis de la Religión y de Dios, empezamos a tomar conciencia de que al Dios trascendente solamente podemos conocerlo en la humanización de Dios, tal como lo vemos y lo palpamos en el Evangelio, en la vida y en las obras de Jesús”De ahí la importancia que el profesor Castillo concede al Dios humanizado, que ve como única vía de hacer presente a Dios en nuestro lacerado mundo, y por una Iglesia que esté centrada en el Evangelio, porque “una Iglesia empeñada en observar fielmente la Religión es una institución que vive y comunica un Evangelio falsificado”.

No hace falta recordar que Pepe ha declarado en muchas ocasiones su amor a la Iglesia, “pero precisamente porque la quiero tanto -afirma-, por eso no me puedo callar lo que yo veo como el fenómeno de fondo que ha desquiciado lo que quiso Jesús, mi verdadero Señor, cuando se despojó de todo rango y dignidad, de toda posesión de bienes y grandeza”. Por eso la Iglesia no tiene futuro si no es desde el seguimiento de Jesús y recuperando como centro el Evangelio. En su opinión lo que la gente de hoy rechaza de La Iglesia no es la “maldad”, sino la “mentira”, la contradicción entre lo que predica y lo que vive, y será creíble cuando sea capaz de romper las fronteras discriminatorias entre el clero y el laicado, el hombre y la mujer, y no convierta los ritos en una forma de liberarse de los miedos o de enorgullecerse como el fariseo frente al pobre publicano.

Quizás la mayor novedad, que ya ha apuntado Pepe en otros escritos, es su sintonía con el papa Francisco. La humanidad de un papa que a duras penas tolera distinciones y superioridades y centra su pastoral en la cercanía con los pobres, los ancianos, los inmigrantes, los enfermos, los más pequeños. Quizás un aspecto que corrobora este talante de Francisco es que en los diez años de su pontificado no ha condenado a un solo teólogo, en contraste con lo que he señalado en un reciente artículo publicado en «Vida Nueva»Los años de la mordaza, una época donde casi a diario asistíamos a un episodio de censura, condena, represión o castrantes medidas contra la investigación y libertad teológica, de opinión, información y expresión, fenómeno que, como sabemos, experimentó, el profesor Castillo en propia carne.

Frente a la Religión, entendida como estructura de poderío, dinero y corrupción, que está propiciando la desafección y decadencia de la Iglesia, defiende como solución la vuelta al seguimiento de Cristo y su Evangelio. Comulgo enteramente pues con la tesis de este lúcido último libro de mi maestro y amigo, así como sus consecuencias finales que rozan la utopía: diócesis más pequeñas, obispos nombrados por participación de la base, actualización de la liturgia inspirada en la primera Cena, estudio bíblico por parte de los fieles del Evangelio, diálogo con las Conferencias Episcopales y el obispo de Roma, y sobre todo insistencia en el Evangelio sobre todo como una forma de vida y seguimiento de Jesús, más allá de ritos y ceremonias, “que se revela la humanización  del Dios transcendente y en la que se humaniza el ser humano”.

Otra búsqueda de lo trascendente

Ahora bien, como Pepe es un hombre de diálogo y apertura humanista, tengo un par de dudas que me sugiere la lectura de esta obra profética y que ahora quiero proponerle:

Primero: La tesis de José María Castillo está dirigida al pueblo de Dios católico y cristiano. Pero ¿cómo proponer una liberación al que ya no lo es para un mundo secularizado, que más que anticlerical y ateo, da espalda definitiva a las religiones monoteístas y ante tanta angustia busca un camino, el que sea? ¿Se le puede ofrecer y presentar de forma ejemplar y creíble el estilo de Jesús a ese mundo? Pero ¿y si ya está, como sucede de hecho, de espaldas o indiferente a todo eso?

Segundo: Karl Rahner dijo antes de morir que “el siglo XX ha sido el siglo del Hombre, y el XXI será el siglo de Dios”. ¿Qué quería decir con esta osada afirmación? ¿Se puede decir que esta profecía se está cumpliendo? En mi humilde opinión, el hombre actual secularizado, desde la libertad y la mayoría de edad que arranca de su nueva autonomía alcanzada a partir de la Ilustración, busca, tomando de aquí y de allá, una vía propia de espiritualidad para relacionarse con la trascendencia por libre. Está, podríamos decir, en un proceso de acercarse a la divinidad o al fondo trascendente de la realidad desde una síntesis personal, donde hay mucha ganga, sí, pero también una búsqueda sincera desde “el sabor a más de este mundo, a través de prácticas de oración de Oriente y Occidente, meditación, silencio, yoga, zen, contemplación o como se quiera llamarlo. Esto no es una elucubración, es un hecho hoy también constatable, junto al sin sentido y el deterioro de una sociedad dominada por la tecnocracia

Castillo dedica un párrafo en la página 217 a la “intensa y frecuente vida de oración que practicaba Jesús”. Pero ¿no es lo más central de su vida? ¿No era su unión con el Padre la fuente esencial, principal y continua de su vida? ¿No es su imagen de la vid y los sarmientos, junto al mandamiento del amor, el mensaje troncal a sus seguidores poco antes de morir?

Por supuesto que comparto enteramente, como imprescindible y urgente, la tesis de que el seguimiento ha de ponerse en la vida, los principios éticos que nos legó, que suponen primero dejar, renunciar a todo, sobre todo del propio ego, principal escollo de los apóstoles para entender el Reino anunciado a los pobres. Pero esto, ¿no lo llegaron a alcanzar sus seguidores más comprometidos solo plenamente al recibir, después unidos en oración con María, la venida del Espíritu Santo en Pentecostés?

Y de aquí se deduce en consecuencia otra pregunta: ¿Qué hace un hombre perdido en una isla o en su mundo ajeno al mensaje del Evangelio o inmerso en tradiciones y religiones que nada tienen que ver con Jesús? A veces no tienen otro referente que su Religión, aunque sea primitiva y limitada ¿El concepto de Religión solo se puede circunscribir entonces a estructuras de poder, dinero y sometimiento? ¿No hay algo más? ¿No ha puesto Dios en el fondo del hombre una semilla de radical inquietud y búsqueda de lo transcendente, donde quiera que esté? ¿No ha llegado el momento de maduración de la humanidad que pueda acceder a cierta mística, aunque sea en calderilla?

La experiencia de lo Uno

El monje benedictino Willigis Jäger, maestro zen y autor de numerosos libros de espiritualidad, reconoce, a pesar de sus limitaciones, que las religiones han sido un factor importante en la evolución desde que el hombre se hace las preguntas “de dónde”, “hacia qué” y “por qué”, aunque concluye que la mística es al mismo tiempo el punto de partida y el fin de toda religión, y que es sobre todo una experiencia, la experiencia de lo Uno. “Lo Uno -exclama en su libro Sabiduría eterna- es mi verdadera naturaleza y la de todos los seres”. Una mística, una vivencia personal, que no deber ser una huida del mundo, sino la única fuente duradera de toda praxis.

A través de la oración o el silencio, un vacío, una nada ilimitados, no pocos hombres y mujeres buscan hoy su verdadera identidad. Ya lo dijo también Jesús: «Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt 6.6). Es lo que él mismo hacía tantas noches y amaneceres de su vida.  La recompensa no es otra que la conciencia de pertenencia a un mar de amor del que somos olas, y, por consiguiente, como olas también somos Mar. De aquí que el mandamiento de Jesús sea amarnos los unos a los otros, el único imperativo que nos devuelve a nuestra auténtica naturaleza como pedazos que somos de ese Uno. Es lo que han vivido los grandes maestros también del cristianismo con San Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola. Por ejemplo, la gran palanca de este último, los Ejercicios Espirituales, que tantas veces el propio Castillo ha practicado y dirigido para interiorizar el seguimiento de Jesús. Y es que no hay Marta sin María. El propio Pablo, con todos sus defectos señalados por Castillo, era un místico.

Pepe Castillo en este libro testimonial, profético y necesario, pone el acento, con lenguaje asequible, datos irrefutables y fuerza radical, en la contradicción que hemos vivido en nuestras instituciones respecto a esa doctrina hecha vida en Jesús. Ese es su mérito. Para que fuera un aldabonazo y despertarnos de tópicos y conciencias dormidas, quizás era necesario que se centrara solo en eso, en el escándalo eclesial de la contradicción entre la doctrina y la práctica. Muchas gracias una vez más, Pepe, por tu valentía, tu profesionalidad teológica y denuncia iluminada, cuando defiendes una y otra vez al subrayar “lo determinante y decisivo en el cristianismo, y por tanto en la Iglesia: porque Jesús es la encarnación de Dios, es la humanización de Dios. Dios se ha revelado a la humanidad humanizándose Él”.

Para adquirir el libro de José María Castillo, «Declive de la Religión y futuro del Evangelio».

Pedro Miguel Lamet

Religión Digital

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Magda Bennásar Oliver: «Mirad lo que nos pasó con dos peques.»

sábado, 22 de abril de 2023
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NINOS-MISA-3Estábamos preparando el oratorio, muy actualizado, de la parroquia, cuando fueron llegando las familias con sus hijxs. El semicírculo preparado, las velas encendidas, la música a punto, sonrisa puesta y muchas ganas de compartir con esa franja de 25 a 40 que van a tope, que no tienen tiempo… también estaba preparado el chico marroquí que vive junto con otros 24 en la parroquia, para jugar con lxs pequeñxs mientras los mayores rezábamos…

De pronto, por el rabillo del ojo veo a la niña de 5 años y al chiquitín de 2 que se van a buscar sus sillitas al fondo del oratorio y sin decir nada completan el semicírculo con sus sillitas y se sientan, los primeros, para que nadie se atreviera a cuestionar su pertenencia.

Me pareció un gesto digno de ser orado. Justo ahora que se preparan liturgias súper serias, largas, pesadas, de millones de palabras en tres días… que ni los mayores podemos digerir, mientras eso ocurre, ¿dónde está el lugar de los peques? ¿pegados a los dibujos o … para que no molesten?

Así tenemos un mundo de ancianxs en las iglesias, que como no hay nadie más, la mayoría quieren seguir con lo de siempre porque así está mandado por ancianos jerarcas que no tienen niñxs, ni tampoco mucha alegría como podemos comprobar.

Actualmente parece que los pequeños sólo son nombrados como víctimas de abusos, pasa lo mismo con las mujeres, sólo se nombra a las que reivindican el sacerdocio femenino… o puestos de autoridad.

¿No os parece que es hora de darle la vuelta al pastel, verlo desde el lado del futuro, de la vida nueva, de la creatividad… y preguntarle a Jesús como quisiera ser recordado en estos días tan significativos, en los que él se va al monte a rezar, que como buen introvertido sabía que la naturaleza le consolaría mucho más que los egos de los discípulos peleando por la herencia, por los puestos de honor en ese reino que no acababan de pillar?

El futuro y el presente es de lxs niñxs. En sus cerebros esponjitas podemos diseñar modelos de comunidad en los que ellxs entren, formen parte, porque ¿quién ha dicho que un niño no sabe hacer silencio? ¿Has probado de acompañarle en un sencillo momento de oración centrante? ¿Has podido comprobar, yo sí, que a diferencia de lxs adultxs, ellxs se centran enseguida, respiran, abren sus manitas y se les pone una sonrisa porque sus mofletes no están tensionados como los nuestros?

Por ahí entiendo las palabras de Jesús “dejad que los niños se acerquen a mí…” los niños no tienen miedo, no tienen prejuicios, y Jesús se refería a sus seguidores, que tenemos que aprender de su transparencia y capacidad de estar, de compartir, de reír, de danzar.

En otra ocasión, estábamos con un grupo de mamás con niños, y lo mismo, alguien cuidaba de ellos mientras las adultas teníamos un encuentro… de pronto el grupito de pequeños irrumpió en la sala, y cada uno se sentó encima de su madre, ya que no había sillas para ellos, entonces viendo la situación, pusimos música relajante, las madres abrazaron a lxs pequeñxs y medianxs y ofrecimos una meditación guiada, en la que los más cansaditos se quedaron fritos y los otros disfrutaron del momento. Al final, tomados de la mano hicimos una sencilla danza contemplativa, en la que quienes no perdían el paso eran ellos, claro, sobre todo ellas. Se inauguró un proceso de reuniones compartidas con merienda al final, una gozada de liturgia.

Ojalá esta semana santa no fuera pesada, y nos pudiéramos dejar inspirar por la Ruah encarnada en nuestrxs pequeñxs. A mí, el pequeño de la familia, hace unos días me mandó un audio en el que él meditaba varios minutos, con gestos y alguna palabra que tenía memorizada de su profe. Me dice en el whatsapp: “tieta, te comparto mi meditación de hoy”. Tiene 5 años y sus padres no van a misa, pero le enseñan amor a la naturaleza y meditan con él unos minutos varias veces a la semana. Su meditación se llamaba “arco iris”, y mientras le escuchaba decía bendita profesora, posiblemente no practicante, que junto con sus padres, preparan una sociedad nueva, completamente diferente.

Nosotras hemos aprendido la lección: lxs peques y sus madres y padres, están ahí, preparando el futuro, nosotras necesitamos aprender y acompañar. Todavía sonrío sola cuando recuerdo a los futuros discípulos, poniendo sus sillas. ¡Menuda autoridad!

Magda Bennásar Oliver, sfcc

Fuente espiritualidadcym@gmail.com

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La vida real, en persona, de cerca, en Carne y hueso.

lunes, 17 de abril de 2023
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TomasApostol1Las lecturas litúrgicas de hoy para el Segundo Domingo de Pascua (Domingo de la Divina Misericordia) se pueden encontrar aquí.

El Papa Francisco ha sido reconocido correctamente como un líder católico que ha promovido un enfoque positivo hacia las personas LGBTQ+ en la iglesia. Como líder de la Iglesia Católica Romana, incluso los pequeños gestos o palabras de apoyo para las personas LGBTQ+ tienen un efecto inmenso a nivel mundial. Francisco tiene mucho que aprender, particularmente en lo que respecta a la identidad de género, pero aún merece reconocimiento y aplausos por sus esfuerzos para difundir un mensaje de bienvenida y diálogo.

El Papa, sin embargo, no originó la idea de la aceptación LGBTQ+ en la Iglesia Católica. Esta idea proviene de la base: de muchas décadas de padres católicos que aceptan a sus hijos LGBTQ+, de ministros pastorales que se acercaron a las personas LGBTQ+ incluso cuando estaban amenazados con la censura eclesial, y de los mismos católicos LGBTQ+, cuyos testimonios y testigos han demostrado a la iglesia que el Espíritu de Dios está activo en sus vidas.

Me acordé de esta realidad histórica cuando leí las lecturas litúrgicas de hoy. La primera lectura de Hechos ofrece una descripción de cómo se difundió la fe cristiana en los primeros días de la iglesia. Si bien se mencionan los líderes apostólicos, los que se alaban en este pasaje son los cristianos comunes que dieron testimonio de lo que realmente son la fe y la vida en el Espíritu. Confiar en ese mensaje extraordinario del amor de Dios y de que Dios da nueva vida a todos los que sufren permitió a estos primeros cristianos transformar sus comunidades locales y difundir la fe.

Lo mismo ha ocurrido con los católicos LGBTQ+ en la iglesia contemporánea. Si bien la mayor apertura de la iglesia está relacionada con los mensajes positivos de algunos líderes de la iglesia, el cambio real, fuerte y duradero se ha producido porque las personas LGBTQ+ han seguido desempeñando un papel activo en la comunidad de la iglesia, incluso cuando han enfrentado discriminación, humillación. y persecución. Persistían incluso cuando las instituciones religiosas los rechazaban rotundamente, y tenían que “partir el pan en sus casas”, como nos dice Hechos que hicieron los primeros cristianos. Y, sobre todo, continuaron viviendo y celebrando “con júbilo y sinceridad de corazón”, sin dudar de que Dios estaba con ellos a pesar de su condición de minoría y la negación de su existencia por parte de otros.

La lectura del evangelio de hoy de Juan, que describe dos apariciones de Jesús a sus apóstoles después de la resurrección, es paralela a la historia de la gran cantidad de católicos en las bancas, quienes, incluso antes de que las personas LGBTQ+ fueran más aceptadas en la sociedad y la iglesia, se dieron cuenta de la santidad de sus vidas y los acogió abiertamente.

En la primera aparición de Cristo, el apóstol Tomás estaba ausente, y sólo llegó a creer que Jesús había resucitado cuando, en la segunda aparición, metió la mano en las llagas de Cristo. Tomás tuvo que tener un encuentro en la vida real, en persona, de cerca, en persona con Jesús para aceptar esta nueva realidad. Aún más importante, Tomás llegó a creer cuando pudo encontrar los lugares donde Jesús fue herido, los lugares donde experimentó dolor.

Los aliados pioneros de años pasados, e incluso del presente, han podido acoger a las personas LGBTQ+ no porque leyeran sobre ellas en un periódico o las vieran en la televisión. Estos aliados llegaron a aceptar y amar a las personas LGBTQ+ porque experimentaron estar en una relación con una persona o personas LGBTQ+ de la vida real. Nuestra fe cristiana es una fe encarnacional y, como tal, nos invita a relacionarnos con personas del mundo real, con todas sus heridas y dones. Y esa relación puede ser transformadora, no solo para nosotros o para las personas con las que nos encontramos, sino para toda la iglesia, cuando compartimos esa experiencia con los demás.

Como dije al comienzo de esta reflexión, el Papa Francisco realmente merece crédito por ayudar a nuestra iglesia a avanzar hacia enfoques más positivos para las personas LGBTQ+. No puedo evitar preguntarme que una de las principales razones por las que el Papa Francisco ha sido tan amigable con la comunidad LGBTQ es por su profunda amistad con dos hombres homosexuales, Yayo Grassi y Juan Carlos Cruz. El Papa sigue sus propias recomendaciones de estar abiertos al encuentro y al diálogo con los que son diferentes a nosotros.

Nuestra iglesia se está transformando no solo por la iniciativa personal del Papa Francisco, sino porque, como cualquier buen líder de la iglesia, él está articulando la fe de las personas en la iglesia, aquellos que viven vidas LGBTQ+ y aquellos que se han encontrado con ellos. Al igual que la «piedra desechada por los constructores que se convirtió en piedra angular«, el ministerio y la participación LGBTQ+ ahora está ayudando a transformar nuestra iglesia en una que sea más fiel al mensaje evangélico de amor y abierta al poder del Espíritu que constantemente renueva el mundo como Los cristianos continúan desarrollando el depósito de la fe a través de sus continuos encuentros humanos.  Como concluye la lectura de hoy de Hechos, es debido a las acciones de la gente común en la comunidad cristiana primitiva que “cada día Dios añadía a su número a los que iban a ser salvos”.

–Francis DeBernardo, New Ways Ministry, 16 de abril de 2023

Fuente New Ways Ministry

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“Abiertos al Espíritu”. 2 Pascua (A). Juan 20, 19-31.

domingo, 16 de abril de 2023
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thomas-et-jesusNo hablan mucho. No se hacen notar. Su presencia es modesta y callada, pero son «sal de la tierra». Mientras haya en el mundo mujeres y hombres atentos al Espíritu de Dios será posible seguir esperando. Ellos son el mejor regalo para una Iglesia amenazada por la mediocridad espiritual.

Su influencia no proviene de lo que hacen ni de lo que hablan o escriben, sino de una realidad más honda. Se encuentran retirados en los monasterios o escondidos en medio de la gente. No destacan por su actividad y, sin embargo, irradian energía interior allí donde están.

No viven de apariencias. Su vida nace de lo más hondo de su ser. Viven en armonía consigo mismos, atentos a hacer coincidir su existencia con la llamada del Espíritu que los habita. Sin que ellos mismos se den cuenta son sobre la tierra reflejo del Misterio de Dios.

Tienen defectos y limitaciones. No están inmunizados contra el pecado. Pero no se dejan absorber por los problemas y conflictos de la vida. Vuelven una y otra vez al fondo de su ser. Se esfuerzan por vivir en presencia de Dios. Él es el centro y la fuente que unifica sus deseos, palabras y decisiones.

Basta ponerse en contacto con ellos para tomar conciencia de la dispersión y agitación que hay dentro de nosotros. Junto a ellos es fácil percibir la falta de unidad interior, el vacío y la superficialidad de nuestras vidas. Ellos nos hacen intuir dimensiones que desconocemos.

Estos hombres y mujeres abiertos al Espíritu son fuente de luz y de vida. Su influencia es oculta y misteriosa. Establecen con los demás una relación que nace de Dios. Viven en comunión con personas a las que jamás han visto. Aman con ternura y compasión a gentes que no conocen. Dios les hace vivir en unión profunda con la creación entera.

En medio de una sociedad materialista y superficial, que tanto descalifica y maltrata los valores del espíritu, quiero hacer memoria de estos hombres y mujeres «espirituales». Ellos nos recuerdan el anhelo más grande del corazón humano y la Fuente última donde se apaga toda sed.

José Antonio Pagola

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“A los ocho días, llegó Jesús”. Domingo 16 de abril de 2023. 2º Domingo de Pascua.

domingo, 16 de abril de 2023
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24-PascuaA2Leído en Koinonia:

Hch 2,42-47: Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común
Salmo responsorial 117: Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia
1Pe 1,3-9: Nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva
Jn 20,19-31: A los ocho días, llegó Jesús

Si la resurrección de Jesús no tuviera efecto alguno en la vida del discípulo, es decir, si la Resurrección no tuviera como sentido final la re-creación del ser humano y por tanto la re-creación de un nuevo orden, entonces eso de la Resurrección de Jesús no habría pasado de ser un asunto particular entre el Padre y su Hijo. Pero, como la resurrección de Jesús es la base y fundamento de una comunidad y el horizonte hacia el cual tiende toda la creación, por eso, tanto el evangelio de hoy como la primera lectura de Hechos, tratan de iluminarnos sobre cuál es ese horizonte y cuáles, por tanto, son los efectos inmediatos, reales y concretos de la Resurrección.

Las fallas, los tropiezos y las caídas en el proceso de construcción de una comunidad igualitaria y justa no hay que verlos como la demostración de que no se puede lograr esa construcción; esos aspectos negativos se pueden percibir como el signo de que ciertamente no es fácil, pero en todo caso no es imposible, máxime si hay plena conciencia de que ése es el proyecto de Dios y que por ese proyecto Jesús hasta derramó su sangre y entregó su vida. Pero, también por ese proyecto, el Padre lo resucitó, para que quienes confesamos ser seguidores suyos veamos si nos comprometemos o no con ese “su” proyecto que él quiere compartir con nosotros y que ciertamente él respalda y acompaña en todo momento. Ese es el principal sentido de la Resurrección y eso es lo que los discípulos no entienden de manera inmediata.

Justamente el evangelio de hoy nos da la pista para entender que el descubrimiento de los efectos y alcances de la resurrección de Jesús no se comprenden rápidamente, de un momento a otro. Aunque los dos discípulos han comprobado que Jesús “no está” en la tumba y una vez que María Magdalena les anuncia que Jesús está vivo y que ha hablado con él (cf. Jn 20, 1-18), los discípulos siguen encerrados. Dos veces en el pasaje de hoy escuchamos estas dos expresiones, “los discípulos estaban con las puertas bien cerradas” (v.19) y “ocho días después los discípulos continuaban reunidos en su casa” (v. 26), lo cual es signo de que esto es un proceso de maduración de la fe. No nos dice el evangelista que los discípulos “no creyeran” en el Resucitado; con excepción de Tomás, todos lo habían visto y creían en él; pero una cosa es creer y otra abrirse a las implicaciones que tiene la fe, y ese es el proceso que le toma a la comunidad de discípulos un buen tiempo, tiempo por demás en el que Jesús, con toda paciencia y comprensión, está ahí cercano, acompañando, animando y ayudando a madurar la fe de cada discípulo.

Tal vez a nosotros, como creyentes de este tiempo, nos hace falta madurar aún mucho más el aspecto de la fe; tal vez nuestros conceptos tradicionales aprendidos sobre Jesús y su evangelio no nos permiten ver con claridad cuál es el horizonte de esa fe cristiana que confesamos tan folclóricamente y que, por tanto, no impacta a nadie. Valdría la pena hacer el ejercicio de desaprender; vaciar completamente nuestro ser, nuestro corazón, hacer lo de Tomás, viendo el caso de Tomás desde la óptica más positiva, claro está; es decir, si no lo juzgamos de entrada como “el incrédulo”, sino como el que quiere creer y poner en práctica su fe, pero que desde su vacío interior necesita ser llenado por la presencia de su Señor. Éste es el camino que estamos llamados nosotros hoy a recorrer. Leer más…

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16.4.23. Dom 2. Pascua de Tomás, resurrección: Ser iglesia (comunión) y tocar/curar las llagas de los crucificados (Jn 20, 19-31)

domingo, 16 de abril de 2023
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9777A289-2AE6-47A8-B235-72125F15AF06Del blog de Xabier Pikaza:

El domingo 1 fue la pascua de Magdalena: tocar a Jesús amigo y realizar su misión (no me sigas tocando…). Este domingo 2 es la pascua de Tomás (crear iglesia, compartir la vida con los crucificados).

El  pasaje de Tomás (Jn 20) forma con Jn 21 el epílogo y conclusión del Cuarto Evangelio, su mensaje final, en contra de unade “gnosis” de sabios que van a lo libre, con pretendida mística, pero poca iglesia (no comparten vida con los hermanos) y menos acción liberadora (no “tocan” ni curan las llagas de los crucificados.

Introducción.

Éste es un evangelio y programa de Iglesia “de carne” (comunidad real: compromiso por los crucificados y vinculación “carnal” entre los creyentes)  que ha de interpretarse a partir de los grandes textos anti-gnósticos de Juan, empezando por las bodas de Caná (Jn 2), siguiendo por el sermón del pan de vida  (Jn 7) y culminando en el Sermón de la Cena (Jn 13-17).

Este programa anti-gnóstico de Juandesemboca en el epílogo pascual (Jn 20-21), con Magdalena “tocando” en amor a Jesús y la “gran pesca” con el pacto/complementariedad de Pedro y el Discípulo, amado,  en el que,  como testigo y compañero “de carne” de la iglesia, emerge Tomás, con Natanael, los zebedeos y dos discípulos más. Éstos son son los siete u ocho fundadores de la iglesia (si el discípulo amado es uno de los dos discípulos innominados del finson siete; si es distinto son ocho).Divido mi exposición en 4 partes

(1)   Jn 20,19‒23. La Pascua es comunión de vida,  creación de una comunidad de discípulos/amigos comunión, que se expresa en forma de paz, presencia activa acción del Espíritu Santo y perdón mutuo.

(2)  Jn 24,31. La pascua es redención/liberación de los crucificados Sólo resucita aquel que mete su mano y toca (cura) las heridas de los crucificados de la historia para compartir con ellos el dolo y  el amor, la  redención de Jesús crucificado.

(3) Visión de conjunto de Tomas, apóstol de la pascua en los evangelios canónicos. Pablo no le cita entre los testigos de Jesús, (Pedro, los Doce) Santiago…: 1 Cor 15, 3-9), pero él es con Magdalena y las demás mujeres el representante más significativo de la Pascua cristiana.

(4) Contrapunto. El Tomás gnóstico del evangelio apócrifo de Tomas. Todo lo anterior se entiende y sitúa desde la perspectiva de ev.Tomás (apócrifo). En esa línea podemos decir que el Cuarto evangelio es el primero y más fuerte de todos los librosnti-gnósticos del NT, y eso aparece de un modo especial en nuestro pasaje.

 1)   JN 20,19‒23. PASCUA COMO PRESENCIA DE JESÚS EN LA COMUNIÓN DE SUS DISCÍPULOS

María Magdalena había “tocado a Jesús”, que le dijo “deja ya de tocarme” (noli me tangere), vete y diles a mis hermanos…  (Jn 20, 17). Ahora es Tomás el que toca a Jesús, un apóstol a quien la tradición concederá gran inmensa importancia (como indica el evangelio de su nombre, no incluido en el canon). Parece formar parte de un tipo de “gnosis” (cristianismo sin comunidad/iglesia ysin presencia liberadora en los heridos y crucificados). No vive en comunión de iglesia (de vida compartida con los hermanos); no puede haber visto a Jesús resucitado.  Así comienza el texto:

A la tarde de aquel día primero de la semana, y estando cerradas las puertas del lugar donde estaban los discípulos, por el medio a los judíos, vino Jesús y se colocó en medio de ellos diciendo:- ¡La paz con vosotros! Y diciendo esto les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron viendo al Señor. Y les dijo de nuevo: – ¡La paz con vosotros! Como me ha enviado el Padre os envío también yo. Y diciendo esto sopló y les dijo:- Recibid el Espíritu Santo, a quienes perdonéis los pecados les serán perdonados; y a quienes se los retengáis les serán retenidos (20, 19-23).

 Tomás andaba a lo libre y no  podía “ver” al resucitado, pues en soledad espiritual, sin iglesia (sin amor mutuo,) no hay salvación, ni hay pascua… porque la pascua y salvación de Jesús  es comunión de vida entre los creyentes… Pero los otros cristianos le invitan y él viene, y de esa forma, en unión con los hermanos, ve y toca a Jesús.

La iglesia, reunida aquí en comunidad, está formada por un grupo extenso  de creyentes; no son sólo los Doce apóstoles, sino más, hombre y mujeres, reunidos en oración y amor En este contexto se inscribe la experiencia de pascua. Tomás, que anda por libre, no puede ver/tocar a Jesús resucitado.

Estos  discípulos no son iglesia por estar sometidos a una autoridad superior, sino por ser todos hermanos en comunión de vida y perdón. Por eso se han separado  de un tipo de judaísmo de ley; ellos mismos son ley de vida en amor, pro tienen miedo, cierran las puertas, esperando y amando a   Jesús en su amor.

 Tienen miedo y Jesús les conforta con su palabra y su presencia sensible (manos y costado), su envío y su poder de perdón. Es el Jesús “real” que vive en ellos, no una fantasía. Ésta son las notas de su experiencia de resurrección.

La Pascua es ante todo paz, vivir en comunión.Jesús saluda a sus discípulos dos veces, con la misma palabra: paz a vosotros (Eirênê hymin: 20,19.21). Sobre un mundo atormentado por la guerra y la violencia, dividido, enfrentado en odios, ofrece Cristo paz entre y para todos. Sobre una comunidad encerrada por el miedo extiende el Cristo pascual la gracia de su vida hecha principio de misión universal, una vida que se abre a todos en perdón y resurrección. Jesús es paz para aquellos que le reciben y para todos. Eso es pascua.

La pascua es presencia gloriosa del crucificado. El Señor resucitado es el mismo Jesús que se entregó por los hombres. Como señal de identidad, como expresión de permanencia de su pasión salvadora, Jesús mostró a sus discípulos las manos con la llaga de los clavos y el costado herido por la lanza (20, 20). Jesús resucitado no es tipo de idea espiritual intimista, sino experiencia y principio de comunión de amor, desde los perseguidos y crucificados. La iglesia no empieza con los triunfadores o jerarcas de la ley, sin con los perseguidos, conforme a la palabra clave del evangelio:  ¡Era necesario que el Cristo  fuera perseguido y muriera…! (Lc 24, 26.46). Sólo los perseguidos, los humillados y crucificados pueden ser principio de la iglesia de pascua de Cristo.

La pascua se vuelve así Pentecostés: A través de los heridos y crucificados se hace presente en el mundo el Espíritu Santo, el camino de la nueva humanidad.. Jesús resucitado sopla sobre sus discípulos diciendo recibid el Espíritu Santo (Jn 20,22), en gesto que evoca sin duda una nueva creación. El mismo Dios había soplado en el principio sobre el ser humano, haciéndole viviente (Gen 2, 7). Ahora sopla Jesús, como Señor pascual, para culminar la creación que en otro tiempo había comenzado.

Ésta es la nueva creación que comienza con los perseguidos y los crucificados… La pascua se vuelve así Pentecostés: aquel que muere por los demás abre un camino de amor y de transformación en esta misma tierra. Éste es el don de Pascua: tener el mismo Espíritu de Jesús, vivir de su aliento.

La pascua es finalmente misión: ¡como el Padre me ha enviado así os envío yo! (20, 21). A lo largo de todo el evangelio, Juan ha presentado a Jesús como enviado de Dios: misión es toda su existencia. De ahora en adelante, los cristianos son enviados de Jesús. Realizan una obra que es propia del Señor resucitado: expanden y despliegan su camino, realizan su misterio sobre el mundo. Están cerrados por miedo, tienen que abrirse. Están a la defensiva: tiene que ofrecer su testimonio a todos, generosamente.

El texto de pascua y la pascua de Jesús culmina en un signo de perdón. Según el Padre nuestro, las notas de los creyentes (de la pascua) son el pan nuestro y el perdónanos como nosotros perdonamos… Juan insiste en el perdón de todos, para todos… Este es a los ojos de Jn el gran problema del mundo: no hay perdón, los hombres se encuentran divididos, destruidos; carecen de medios para expresar el perdón, no hay para ellos sacrificios que puedan transformarles. Ha perdido su sentido el sacerdocio de Jerusalén, no consigue perdonar el templo. Pues bien, sobre esa violencia y guerra de pecado (falta de perdón), Juan ha interpretado la pascua como experiencia transformante de perdón.

Éste no es el perdón que unos jerarcas de ley imparte sobre otros inferiores, no es el perdón que unos sacerdotes de templo declaran sobre los legos del pueblo, sino el de todos los creyentes. Todos los cristianos de la pascua son sacerdotes y mediadores del perdón, de manera que si no hay perdón y comunión de vida no hay Pascua (perdónanos como nosotros perdonamos). Esta experiencia de gracia pascual pertenece al conjunto de la comunidad. El perdón de la resurrección  no está reservado a los Doce, ni a presbíteros, ni a varones, sino a todos. En este texto pascual no se distinguen ni mujeres, pues todos son creyentes, todos con la misma experiencia, todos con la misma tarea.  Jesús confía su palabra y obra de perdón pascual a todos… de forma que si ellos no se perdonan no puede expresarse y realizarse en el mundo el perdón de Dios en Cristo.

2. PASCUA ES “TOCAR” LAS LLAGAS DE JESUS EN LOS CRUCIFICADOS, ACOMPAÑARLES Y CURARLES (Jn 20, 24-29).

El texto sigue diciendo que faltaba Tomás, precisamente uno de los Doce. No es un cristiano normal el que ha dejado de participar en la asamblea, sino uno de los antiguos compañeros de Jesús, de sus Doce seguidores. Precisamente Tomás, uno de los líderes de la iglesia primitiva, corre el riesgo de entender la resurrección de un modo espiritualista, individualista, sin comunión mutua, sin compartir la vida con los crucificados.  fuera de la comunidad.

Éste Tomás es un seguidor «especial» de Jesús, máxima autoridad en plano espiritualista, pero sin “carne y sangre”, es decir, sin compromiso social. Los otros discípulos le dicen hemos visto al Señor de las llagas, al Señor del Perdón para todos los pueblos (Jn 20, 25). Pero él duda, tiene su Jesús interior, no quiere otro. Por eso pide un signo (si no veo en sus manos la huella de los clavos…). No es un signo más, sino el signo y verdad  de la resurrección en la carne, como principio de misión y perdón universal. Pide un signo y Jesús se lo concede, en eta bellísima parábola pascual:

Y ocho días después, estaban de nuevo sus discípulos en casa y Tomás con ellos; llegó Jesús, estando las puertas cerradas,se puso en medio y dijo:- ¡Paz a vosotros!Luego dijo a Tomás: Trae tu dedo aquí y mira mis manos, trae tu mano y métela en mi costado y no seas incrédulo sino fiel! Respondió Tomás y dijo:- ¡Señor mío y Dios mío!Y Jesús le dijo: – Porque has visto has creído. ¡Felices los que no han visto y han creído! (Jn 20, 26-29).

 Tomás es como el dicho un cristiano espiritual, un tipo de gnóstico-líder separado del pueblo)… un pretendido cristiano, pero sin resurrección, es decir, sin verdadera comunión de iglesia, sin auténtico servició liberador, que empieza desde los crucificados y oprimidos.

 Probablemente cree en Jesús, pero en un Jesús espiritual (puramente interior), sin compartir la vida con los hermanos y con los crucificados.  Cree en un Cristo glorioso, pero desligado de la de amor y sufrimiento de los hombres. Pues bien, ese Tomás, sólo puede ver/tocar al Cristo resucitado si vive en comunión con los hermanos, si toca y ayuda a los perseguidos, a las víctimas.

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“El Tomás incrédulo y las comunidades creyentes”. Domingo 2º de Pascua. Ciclo A.

domingo, 16 de abril de 2023
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expo3Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Todas las apariciones de Jesús resucitado son peculiares. Incluso cuando se cuenta la misma, los evangelistas difieren: mientras en Marcos son tres las mujeres que van al sepulcro (María Magdalena, María la de Cleofás y Salomé), y también tres en Lucas, pero distintas (María Magdalena, Juana y María la de Santiago), en Mateo son dos (las dos Marías) y en Juan una (María Magdalena, aunque luego habla en plural: «no sabemos dónde lo han puesto»). En Mc ven a un muchacho vestido de blanco sentado dentro del sepulcro; en Mt, a un ángel de aspecto deslumbrante junto a la tumba; en Lc, al cabo de un rato, se les aparecen dos hombres con vestidos refulgentes. En Mt, a diferencia de Mc y Lc, se les aparece también Jesús. Podríamos indicar otras muchas diferencias en los demás relatos. Como si los evangelistas quisieran acentuarlas para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico. Uno de los relatos más interesantes, y diverso de los otros, es el del próximo domingo.

Un relato con dos partes y un epílogo (Jn 20,19-31)

            Lo que cuenta Juan se divide en dos partes, separadas por ocho días, y el final de su evangelio (al que más tarde se añadió otro final, el c.21).

            Lo que ocurre al anochecer del primer día de la semana contiene un clímax y un anticlímax. El clímax lo representa la aparición de Jesús, que transforma el miedo de los discípulos en alegría, y el don del Espíritu Santo. El anticlímax, la reacción incrédula de Tomás, que no estaba presente en aquel momento y su exigencia de unas pruebas claras para creer en la resurrección de Jesús. No olvidemos que Tomás fue el que dijo, cuando Jesús decidió ir a curar a Lázaro: «Vamos también nosotros y muramos con él». Tomás quiere mucho a Jesús, pero la otra vida no entra en su perspectiva.

            Al cabo de ocho días se presenta de nuevo Jesús y se dirige especialmente a Tomás, que nos representa a todos nosotros, para darle y darnos la gran lección: «Dichosos los que creen sin haber visto».

            El epílogo insiste en la finalidad del evangelio. Todo lo escrito, que podría haber sido mucho más, pretende que creamos «que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y con esta fe tengáis vida gracias a él». Este mensaje de fe y vida resulta muy adecuado en estos momentos, cuando estamos tan rodeados de noticias de enfermedad y muerte.

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

–Paz a vosotros.

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

– Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

– Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

– Hemos visto al Señor.

Pero él les contestó:

– Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

– Paz a vosotros.

Luego dijo a Tomás:

– Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

Contestó Tomás:

– ¡Señor Mío y Dios mío!

Jesús le dijo:

– ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Las peculiaridades de este relato de Juan

  1. El miedo de los discípulos. Es el único caso en el que se destaca algo tan lógico, y se ofrece el detalle tan visivo de la puerta cerrada. Acaban de matar a Jesús, lo han condenado por blasfemo y rebelde contra Roma. Sus partidarios corren el peligro de terminar igual. Además, casi todos son galileos, mal vistos en Jerusalén. No será fácil encontrar alguien que los defienda si salen a la calle.
  2. El saludo de Jesús: «paz a vosotros». Tras la referencia inicial al miedo a los judíos, el saludo más lógico, con honda raigambre bíblica, sería: «no temáis». Sin embargo, tres veces repite Jesús «paz a vosotros». Aunque parezca extraño, este saludo sólo se encuentra también en la aparición a los discípulos en Lucas (24,36). Lo más frecuente es que Jesús no salude: ni a los once cuando se les aparece en Galilea (Mc y Mt), ni a los dos que marchan a Emaús (Lc 24), ni a los siete a los que se aparece en el lago (Jn 21). Y a las mujeres las saluda en Mt con una fórmula distinta: «alegraos». ¿Por qué repite tres veces «paz a vosotros» en este pasaje? Vienen a la mente las palabras pronunciadas por Jesús en la última cena: «La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni acobardéis» (Jn 14,27). En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y especialmente durante su pasión.
  3. Las manos, el costado, las pruebas y la fe. Los relatos de apariciones pretenden demostrar la realidad física de Jesús resucitado, y para ello usan recursos muy distintos. Las mujeres le abrazan los pies (Mt), María Magdalena intenta abrazarlo (Jn); los de Emaús caminan, charlan con él y lo ven partir el pan; según Lucas, cuando se aparece a los discípulos, les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de palparlo, para dejar claro que no es un fantasma, y come delante de ellos un trozo de pescado. En la misma línea, aquí muestra las manos y el costado, y a Tomás le dice que meta en ellos el dedo y la mano. Es el argumento supremo para demostrar la realidad física de la resurrección. Curiosamente, se encuentra en el evangelio de Jn, que es el mayor enemigo de las pruebas físicas y de los milagros para fundamentar la fe. Como si Juan se hubiera puesto al nivel de los evangelios sinópticos para terminar diciendo: «Dichosos los que crean sin haber visto».
  4. La alegría de los discípulos. Es interesante el contraste con lo que cuenta Lucas: en este evangelio, cuando Jesús se aparece, los discípulos «se asustaron y, despavoridos, pensaban que era un fantasma»; más tarde, la alegría va acompañada de asombro. Son reacciones muy lógicas. En cambio, Juan sólo habla de alegría. Así se cumple la promesa de Jesús durante la última cena: «Vosotros ahora estáis tristes; pero os volveré a visitar y os llenaréis de alegría, y nadie os la quitará» (Jn 16,22). Todos los otros sentimientos no cuentan.
  5. La misión. Con diferentes fórmulas, todos los evangelios hablan de la misión que Jesús resucitado encomienda a los discípulos. En este caso tiene una connotación especial: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». No se trata simplemente de continuar la tarea. Lo que continúa es una cadena que se remonta hasta el Padre.
  6. El don del Espíritu Santo y el perdón. Mc y Mt no dicen nada de este don y Lucas lo reserva para el día de Pentecostés. El cuarto evangelio lo sitúa en este momento, vinculándolo con el poder de perdonar o retener los pecados. ¿Cómo debemos interpretar este poder? No parece que se refiera a la confesión sacramental, que es una práctica posterior. En todos los otros evangelios, la misión de los discípulos está estrechamente relacionada con el bautismo. Parece que, en Juan, perdonar o retener los pecados significa admitir o no admitir al bautismo, dependiendo de la preparación y disposición del que lo solicita.

Dos lecturas contra Tomás

Las dos primeras lecturas le quitan la razón a Tomás cuando piensa que para creer hace falta una demostración personal y científica. Las dos hablan de personas que creen en Jesús resucitado, y viven de acuerdo con esta fe sin pruebas de ningún tipo.

La primera, de Hechos, ofrece un cuadro espléndido, quizá demasiado idílico, de la primitiva comunidad cristiana. Que en medio de numerosas críticas y persecuciones un grupo de gente sencilla desee formarse en la enseñanza de los apóstoles, comparta la oración, los sentimientos y los bienes, es algo que supera todo expectativa. Estas personas creen, sin necesidad de prueba alguna, que Jesús ha resucitado y las salva.

Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén. Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes, y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo, y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.

La segunda, tomada de la Primera carta de Pedro, alaba a Dios por su gran misericordia y destaca la fe de la comunidad en medio de diversas pruebas. Para terminar con unas palabras, las que indico en rojo, que son el mejor comentario a lo que dice Jesús a Tomas:

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe –de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego– llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.

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Domingo II de Pascua. 16 Abril, 2023

domingo, 16 de abril de 2023
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Jesús hizo en presencia de sus discípulos muchos más signos de los que han sido recogidos en este libro. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el mesías, el Hijo de Dios; y para que, creyendo tengáis en él vida eterna.”

(Jn 20, 19-31)

Hoy es fácil hablar de los apóstoles reunidos “a puerta cerrada” o de las dudas de Tomás. También de la insistencia del resucitado en ofrecerles paz a aquellos discípulos amedrantados por el miedo.Y está muy bien hablar de todas estas cosas. Ya que muchas veces el conocer la experiencia de otras personas nos ayuda a confrontar nuestras vidas.

Pero lo cierto es que al leer el evangelio me han golpeado los dos últimos versículos. Los que la Biblia de la Casa de la Biblia titula: “Finalidad del evangelio”. Los dos versículos con los que hemos empezado este comentario:

“Jesús hizo en presencia de sus discípulos muchos más signos de los que han sido recogidos en este libro. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el mesías, el Hijo de Dios; y para que, creyendo tengáis en él vida eterna.” (Jn 20, 30-31)

De manera que el evangelio, los evangelios, no pretenden contarnos la vida de Jesús, un Galileo del siglo primero. Tampoco nos quieren contar lo que sucedió en un momento dado, no son una crónica. El evangelio es un despertador.

Su finalidad, lo que quiere conseguir es que CREAMOS y “para que creyendo tengáis en él (en Jesús) vida eterna.”

Por eso no podemos acercarnos a los evangelios buscado una respuesta. Algo así como la receta exacta para la felicidad plena.

No hay recetas. La fe no es una respuesta, es un camino. Casi podríamos decir que la fe es una pregunta. Y creer es tratar de dar respuesta a ese anhelo. Como enamorarse. Cuando te enamoras no encuentras una respuesta, lo que encuentras es un camino lleno de novedad.

Podemos decir que los evangelios fueron escritos para “enamorarnos. Para mostrarnos un camino lleno de novedad.

Si creemos, si amamos… entonces comenzamos a dar pasos, a entrar en la VIDA eterna, en la vida plena.

Oración

Trinidad Santa, despierta nuestro corazón para que CREAMOS.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Solo amando, podemos descubrir a Jesús vivo.

domingo, 16 de abril de 2023
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image2DOMINGO 2º DE PASCUA(A)

Jn 20,19-31

Es esclarecedor que en los relatos pascuales Jesús solo se aparece a los miembros de la comunidad. O como es el caso de hoy, a la comunidad reunida. No hace falta mucha perspicacia para comprender que están elaborados cuando las comunidades estaban ya constituidas. No tiene mucho sentido pensar, como sugieren los textos, que el domingo a primera hora de la mañana o por la tarde ya había una comunidad establecida. Los exégetas han descubierto que los textos quieren decir algo muy distinto.

“Todos lo abandonaron y huyeron”. Eso fue lo más lógico, desde el punto de vista histórico y teológico. La muerte de Jesús en la cruz perseguía precisamente ese efecto demoledor para sus seguidores. La muerte en la cruz no pretendía solo matar a la persona sino borrar completamente su memoria. Seguramente lo dieron todo por perdido y escaparon para no correr la misma suerte. Todos eran galileos, que habían venido a la fiesta para volver a su tierra. La muerte de Jesús solo pudo acelerar esa vuelta.

Cómo se fueron estructurando esas primeras comunidades, es una incógnita. Ese proceso de maduración de los seguidores de Jesús no ha quedado reflejado en ninguna tradición. Los relatos pascuales nos hablan ya de la convicción absoluta de que Jesús está vivo. Es una falta de perspectiva histórica el creer que la fe de los discípulos se basó en las apariciones. Los evangelios nos dicen que para “ver” a Jesús después de su muerte, hay que tener fe. El sepulcro vacío, sin fe, solo lleva a la conclusión de que alguien lo ha robado y las apariciones, a pensar en un fantasma.

Esa experiencia de que seguía vivo, y además, les estaba comunicando a ellos mismos Vida, no era fácil de comunicar. Antes de hablar de resurrección, en las comunidades primitivas, se habló de exaltación y glorificación, del juez escatoló­gico, del Jesús taumaturgo, de Jesús como Sabiduría. Estas maneras de entender a Jesús después de morir, fueron condensándose en la cristología pascual, que encontró en la idea de resurrección el marco más adecuado para explicar la vivencia de los seguidores de Jesús. En ninguna parte de los escritos canónicos del NT se narra el hecho de la resurrección. La resurrección no es un fenómeno constata­ble empíricamente.

La experiencia pascual de los seguidores sí fue un hecho histórico. Cómo llegaron los primeros cristianos a esa experiencia no lo sabemos. En los relatos se manifiesta la dificultad del intento de comunicar a los demás esa vivencia de una realidad que está fuera del tiempo y el espacio. Fueron elaborando unos relatos que intentan provocar en los demás lo que ellos estaban viviendo. Para transmitir esa experiencia, no tuvieron más remedio que encuadrarla en el tiempo y el espacio para que fuera comprensible.

Reunidos el primer día de la semana. Jesús comienza la nueva creación el primer día de una nueva semana. El texto manifiesta la práctica de reunirse el domingo que se hizo común muy pronto entre los cristianos. Los que seguían a Jesús, todos judíos, empezaron a reunirse después de terminar la celebración del sábado, que seguían manteniendo como buenos judíos. Al reunirse en la noche, era ya para ellos el domingo. En el texto se ve que estaba ya consolidado el ritmo de las reuniones litúrgicas.

Se hizo presente en medio sin recorrer ningún espacio. Jesús había dicho: “Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Él es para la comunicad fuente de Vida, referencia y factor de unidad. La comunidad cristiana está centrada en Jesús y solamente en él. Jesús se manifiesta, se pone en medio y les saluda. No son ellos los que buscan la experiencia, sino que se les impone. Después de lo que habían vivido, era imposible que no pensaran en Jesús que estaba vivo.

Los signos de su amor (las manos y el costado) evidencian que ese Jesús que están viendo es el mismo que murió en la cruz. Este es el objetivo de todos los relatos pascuales. Lo que ven no es un fantasma ni una elucubración o alucinación mental de cada uno. El miedo que les había atenazado al ser testigos de su muerte en la cruz, desaparece. Ahora descubren que la verdadera Vida nadie puedo quitársela a Jesús ni se la quitará a ellos. La permanencia de las señales indica la permanencia de su amor. La comunidad tiene la experiencia de que Jesús comunica su misma Vida.

Sopló» es el verbo usado por los LXX en Gn 2,7 para indicar que Dios convirtió el hombre barro en ser viviente. Ahora Jesús les comunica el Espíritu que da la verdadera Vida. Queda completada así la creación del hombre nuevo. «Del Espíritu nace espíritu» había dicho Jesús (Jn 3,6). Ahora toman conciencia de lo que significa nacer de Dios. Se ha Hecho realidad en Jesús y en ellos, la capacidad para ser hijos de Dios. La condición de hombre-carne queda transformada en hombre-espíritu, objetivo de la creación.

Al dejar claro en el relato que Tomás no estaba con ellos, pretende aportar una lección magistral para todos los cristianos. Separado de la comunidad, es imposible llegar a la experiencia de un Jesús vivo. El separado está en peligro de perderse. Solo cuando se está unido a la comunidad se puede ver a Jesús, porque solo se manifiesta en el amor a los demás que sería imposible si no hay alguien a quien amar. Nadie puede pensar en un amor intimista que pudiera existir sin hacerse efectivo en los demás.

Cuando los otros le decían que habían visto al Señor, le están comunicando la experiencia de la presencia de Jesús, que les ha trasformado. Les sigue comunicando la Vida, de la que tantas veces les había hablado. Les ha comunicado el Espíritu y les ha colmado del amor que ahora brilla en la comunidad. Jesús no es un recuerdo del pasado, sino que está vivo y activo entre los suyos. De todos modos, queda demostrado en el relato, que los testimonios de otros no pueden suplir la experiencia personal.

¡Señor mío y Dios mío! La respuesta de Tomás es tan extrema como su incredulidad. Se negó a creer si no tocaba sus manos traspasadas. Ahora renuncia a la certeza física y va mucho más allá de lo que ve. Al llamarle Señor y Dios, reconoce la grandeza, y al decir mío, el amor de Jesús y lo acepta dándole su adhesión. Naturalmente Tomás no es una persona concreta sino un personaje que representa a cada uno de los miembros de la comunidad que dudan, pero terminan por superar esas dudas.

Dichosos los que crean sin haber visto. Todos tienen que creer sin haber visto. Lo que se puede ver no hace falta creerlo. Lo que Jesús le reprocha es la negativa a creer el testimonio de la comunidad. Tomás quería tener un contacto con Jesús como el que tenía antes de su muerte. Eso ya no es posible. Solo el marco de la comunidad hace posible la experiencia de Jesús vivo pero desde una perspectiva nueva.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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“ La Iglesia misionera necesaria”, por Gabriel Mª Otalora

jueves, 30 de marzo de 2023
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7BA98D8E-515C-4E22-A4BC-DD2EAB32C5F6De su blog Punto de Encuentro:

28.02.2023 | Gabriel Mª Otalora

Si hubiese que sintetizar qué comunidad -iglesia- necesitamos, la respuesta sería la misma que en los albores del siglo I: una Iglesia que tome el amor por bandera con un marcado acento misionero entendido como vivencia, sin diferenciar lugares con mayor o menor presencia católica, es decir, universal, comenzando por nuestras actitudes.

La crisis religiosa que vivimos aquí nos está obligando a la revisión del modelo de vida cristiano; aquél espíritu pensado para el Tercer Mundo que pervive en nuestras misiones, debe ampliarse a un Primer Mundo necesitado de la urgente re-evangelización misionera. La realidad es que nuestra sociedad está dejando de ser referencia evangélica, convertida en el paraíso opulento que da la espalda al mensaje del Resucitado.

Una Iglesia de Cristo debe afanarse por ser reconocida por sus hechos de amor y ser la primera en aplicarse su propia medicina. Necesita trabajar la imagen borrosa que está quedando de sí misma. Las ideas se malean y hay que reafirmarlas; las actitudes y las prácticas se desvalorizan y hay que transformarlas. Estamos enfermos de materialismo consumista sin que se apenas nos reconozcan como portadores de Buenas Noticias que cautivan el corazón humano; hemos perdido buena parte de la radicalidad del amor evangélico lo que nos convierte en un objetivo misional preferente ¿Qué hacer? Aunque nuestra teología es excelente, sin obras no sirve.

Todo pasa, pues, por la recuperación de prácticas que nos hagan revivir el espíritu misionero siendo luz para otros:

* Una práctica religiosa adulta. Vivir para amar es lo primero, lo esencial. Amor como entrega y denuncia de situaciones que tanto hacen sufrir a una mayoría. Nos tienen paralizados con el mantra de que esto no es religión sino hacer política.

* Una práctica mejor vivida de la Eucaristía: acción de gracias siempre y mejor actitud comunitaria. ¿Celebramos algo con la actitud individualista y gregaria que sigue recordando que lo principal es el precepto dominical del “cumplo y miento”?

* Una mayor y mejor participación del laico y la mujer en la Iglesia. Es preciso desarrollar el Concilio Vaticano II, sin integrismos clericalistas que tanto condicionan la vida eclesial ¿Por qué no pueden formar parte mujeres y laicos en general en la cúpula de la Iglesia? ¿Qué nos impide, por ejemplo, ser cardenales a la hora de participar y votar un nuevo Papa? Esperamos que el desarrollo de la Sinodalidad abra puertas y ventanas…

* Una actitud evangélica centrada en el ejemplo de las actitudes más que en las ideas o, peor aún, frente a otras ideas. Necesitamos una jerarquía que escuche y acoja con humildad y misericordia, con escucha interesada y ternura, alejados del dogmatismo, la cerrazón y las imposiciones. Iglesia de pastores, no de jefes.

* Si queremos comunicar mejor el atractivo del seguimiento evangélico, su poder liberador y sanador de transformación a nuestro alrededor, es preciso un cambio de rumbo en la institución eclesial… El budismo está de moda porque ha calado su poder liberador.

* Apostar por ser luz del mundo implica que todo lo malo no está fuera de la Iglesia. Menos juzgar la paja ajena y más autocrítica. Menos condenas y más actitud evangélica en temas como la pederastia y las resistencias a colaborar con la justicia, que es lo cercano al Evangelio y el Código Penal: llevemos a la práctica los mensajes de la oveja descarriada, el buen pastor, el hijo pródigo, el publicano, la adúltera, la cananea, el centurión romano… No el de las autoridades religiosas que condenaron a Jesús

* Seamos consecuentes: a las Iglesias cristianas nos une mucho más que lo que nos divide. Incluso entre los católicos tenemos zanjas enormes por falta de diálogo sincero y autocrítica.

* Practicar mucho más la esperanza y la confianza en Dios: el “sólo Dios basta” de Santa Teresa. Sería un gran paso para que abandonemos lo ostentoso y palaciego que sintetiza el Estado vaticano, y recomencemos una vida cristiana apoyados en la fuerza del Espíritu Santo. Para ello, es imprescindible llevar una vida de oración.

En demasiadas ocasiones, lo esencial no ocupa los mejores esfuerzos. Estamos cómodos no viviendo creíblemente el Evangelio. Pero la realidad nos ha puesto en el siguiente dilema: o la Iglesia toda nos ponemos manos a la obra, sin clericalismos ni pasividades y con verdadero espíritu misionero, o seguiremos perdiendo credibilidad evangélica encerrados en nosotros mismos, a la espera soberbia de que los demás sean quienes cambien primero, que es exactamente lo contrario de la misión que nos encomendó Cristo.

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