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El Territorio del Norte, última jurisdicción de Australia en abrir la adopción a las parejas del mismo sexo

Lunes, 19 de marzo de 2018

300px-Mapa_Australia.es.V3El Parlamento del Territorio del Norte australiano aprobó este martes un proyecto de ley para equiparar a todas las parejas, independientemente del género de sus integrantes y su estado civil, en el acceso a la adopción de menores. Se trata del último estado o territorio del país que abre esta posibilidad a las familias homoparentales. Hasta ahora solo podían adoptar las parejas que llevaran casadas al menos dos años. Esta restricción excluía a las del mismo sexo, que solo han podido contraer matrimonio desde el pasado diciembre.

Una nueva discriminación de las personas LGTB que cae en Australia. La Asamblea Legislativa del Territorio del Norte dio su visto bueno el martes pasado a un proyecto de ley para permitir la adopción de menores por parte de parejas no unidas en matrimonio que lleven al menos dos años conviviendo. Hasta la aprobación de esta norma, solo las casadas (también durante dos años como mínimo) eran elegibles.

El Territorio del Norte era la última jurisdicción australiana que impedía la adopción por parte de parejas que no estuvieran casadas. El requisito de dos años de matrimonio excluía además a las del mismo sexo, que ni siquiera podían adoptar a los menores que tuvieran en acogida. Australia abrió el matrimonio a todas las parejas en diciembre de 2017, tras años de discusión política. La regulación de la adopción, sin embargo, siguió siendo competencia de los estados y territorios que conforman el país.

Las primeras jurisdicciones en permitir a las parejas del mismo sexo acceder a la adopción conjunta fueron el estado de Australia Occidental en 2002 y el Territorio de la Capital Australiana (ACT) en 2004. Los demás se fueron uniendo y Australia Meridional fue la penúltima en 2017. Este estado y el Territorio del Norte son los únicos que impiden la adopción por parte de personas solteras, salvo circunstancias especiales sobre las que decide un tribunal.

Anna Brown, del Human Rights Legal Center, saludó la medida por “reconocer que lo más importante es que los niños crezcan en hogares llenos de amor y seguros, con independencia del género de las personas que los cuidan”. Añadió que “ahora que se ha aprobado a nivel nacional la igualdad matrimonial, es importante que adaptemos las leyes en cada estado a los valores modernos de la comunidad y eliminemos hasta el último reducto de discriminación contra las personas LGTBI de la legislación en todo el país”. Destacó la relevancia de la “estabilidad emocional y legal” que generará la nueva norma en las familias homoparentales.

Fuente Dosmanzanas

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El estado australiano de Queensland prohibe la defensa del “pánico gay”

Jueves, 23 de marzo de 2017

paul-kelly-panico-gay-australiaEl sacerdote Paul Kelly con algunas de las firmas que recogió para acabar con la defensa del pánico gay

El Parlamento estatal aprueba que no se pueda usar como estrategia de defensa en un juicio por asesinato las proposiciones sexuales de una persona del mismo sexo

El doble crimen de Vigo, modelo en EEUU contra el “pánico gay”

El Parlamento de Queensland, en el este de Australia, acaba de eliminar de su código legal la posibilidad de usar el “pánico gay” como estrategia de defensa en las acusaciones de asesinato. Hasta ahora bastaba con declarar en un juicio que habías matado a una persona de tu mismo sexo porque se te había insinuado sexualmente para que lo consideraran un atenuante y rebajaran los cargos de asesinato a homicidio. Ahora sólo queda un estado, Australia Meridional, en el que siguen admitiendo este tipo de atenuantes y en el que de momento se empeñan en demostrar el serio retraso que tienen.

Esta reforma era una promesa electoral de la Primera Ministra Annastasia Palaszczuk y la propuso en el parlamento la Fiscal General Yvette D’Ath hace un año, que quiso dejar claro que Queensland no puede justificar la violencia contra la comunidad LGTB o contra cualquier otra comunidad y que aprobando este cambio quieren dar un mensaje de que no aceptan ningún tipo de discriminación. Todo esto debería ser lo normal, en realidad, pero hay muy pocos lugares (otro de ellos es California) que han dado un paso como el que acaba de dar Queensland.

Para llegar a esta conclusión tan evidente en el parlamento hicieron falta varios años y una petición en Change.org iniciada por un sacerdote católico.

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La Fiscal General Yvette D’Ath en el medio, con el padre Paul Kelly anunciando el pasado miércoles la reforma de la ley. Fotografía: change.org

Wayne Rucks, que según su familia no sólo no era homosexual,  sino que estaba en contra del matrimonio igualitario y decía que la  homosexualidad era algo innatural, fue asesinado de una brutal paliza en el patio que rodea la iglesia de Maryborough, en Queensland, en 2008.

En el juicio, los que lo mataron se libraron de ser acusados de asesinato, que se castiga con cadena perpetua porque uno de ellos dijo que Wayne le había tocado los genitales y se le había insinuado, lo que no era cierto tal como se pudo demostrar con las cámaras de seguridad de la iglesia. Oficialmente, esta defensa no se tuvo en cuenta porque no se pudo probar, pero finalmente los asesinos fueron condenados a unos pocos años de cárcel acusados de homicidio y la madre de Wayne asegura que la defensa del “pánico gay” tuvo mucho que ver.  Indigna ver que los asesinos de Wayne, al que todos recuerdan como una persona muy poco amiga del colectivo LGTB, se acabaran beneficiando de una norma homófoba y de los prejuicios del juez y del jurado.

El padre Paul Kelly, de la iglesia de Maryborough, afirma que se sintió asqueado durante el juicio al ver este intento de defensa y que más tarde pensó que ya estaba bien con el cuento del pánico gay cuando vio que se volvía a usar apenas unos meses después en el caso de un autoestopista asesinado. Fue él el que lanzó la petición en Change.org dirigida al gobierno de Queensland y el que empezó a presionar a los políticos para modificar la ley y después años de intensa campaña ha dicho que puede respirar tranquilo ahora que ve que se ha eliminado una norma arcaica y homófobica.

Tenemos que recordar que la defensa del terror insufrible a ser violado por un homosexual es un coladero legal que se sigue usando en muchas partes del mundo. Aquí mismo, en España, fue el argumento que se usó para absolver en un primer juicio a Jacobo Piñeiro asesino de dos chicos gays en Vigo en 2006 (a los que asestó 57 puñaladas, para luego prender fuego a su casa) fuera absuelto por un jurado popular en 2009. Por fortuna la justicia obligó a repetir el juicio con un nuevo jurado, y Piñeiro fue finalmente declarado culpable de doble asesinato y condenado a una pena de 58 años de cárcel, una sentencia que fue luego confirmada por el Tribunal Supremo. El alto tribunal estimó, tal y como ya había resuelto antes el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, el recurso de Piñeiro se hallaba “completamente huérfano de fundamentación”, tanto por las atenuantes invocadas de “miedo insuperable, trastorno mental transitorio y superación de una situación límite que le hacía temer por su vida” como porque los motivos formulados carecían “de amparo procesal”.

Fuente: SBS, vía EstoyBailando

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Un senador australiano asegura que aprobar el matrimonio igualitario llevará a legalizar los tríos

Jueves, 24 de marzo de 2016

130603-DAY-bob-005b_250x311De nuevo el debate en torno al matrimonio igualitario vuelve a suscitar los peores exabruptos. Esta vez es ha sido en Australia, donde un senador ha señalado la advertencia, por lo demás típica, de que su aprobación llevará a la legalización del matrimonio para los tríos.

De nuevo toca escuchar los ya clásicos argumentos contra el matrimonio igualitario, que hablan más de los prejuicios, miedos y quizá envidias de quienes los formulan antes que de cualquier cuestión realmente pertinente. Ahora es en Australia, donde vuelve a hablarse de la “infidelidad” de las parejas del mismo sexo, señalando que el matrimonio igualitario llevaría pronto a la legalización de los “paritríos” (traducción aproximada de la palabra “throuples”, que, con supuesto ingenio, combina “three” y “couples”). En palabras del senador por Australia Meridional, Bob Day: “En lugares donde los gais, normalmente hombres, han podido formar uniones reconocidas, no hacen equivaler necesariamente su compromiso con la monogamia”. Se refería con ello a una encuesta hecha en Vermont (Estados Unidos), según la cual el 58% de los hombres unidos civilmente a otros hombres habían tenido relaciones con otros hombres, frente al 15% de hombres casados con mujeres que habían tenido relaciones fuera del matrimonio. “¿Cuánto tiempo pasará hasta que desempolven de nuevo el matrimonio igualitario para los paritríos? No habrá dado ni tiempo a que el polvo se asiente y ya estaremos con ese asunto”, se preguntó, con supuesto ingenio, el senador.

Bob Day es en realidad una figura política con trayectoria en Australia. Entre 1987 y 2008 formó parte del Partido Liberal, ocupando diversas responsabilidades. Posteriormente abandonó dicho partido y entró en otro con el llamativo título de Family First (“La familia primero”), con el que ahora es senador. Este partido proclama en su propia página web el lema: “Familias fuertes, valores fuertes, una Australia fuerte”. Con estas bases, resultan más comprensibles las palabras del senador Day.

El argumento del senador adolece de problemas desde varios puntos de vista. En primer lugar, llama la atención la obsesión por focalizar en las parejas de hombres. Curiosamente, según la misma encuesta que Day utiliza como argumento, solo el 9% de las parejas de mujeres habían conocido relaciones fuera de la pareja, frente al 14% de las mujeres casadas con hombres… Además, está el problema de qué entiende exactamente por monogamia, pues no parece diferenciar una aventura ocasional de otras realidades. Y por encima de todo, y dejando de lado la validez de las encuestas para determinar este tipo de relaciones (¿están las parejas heterosexuales igual de dispuestas a admitir la existencia de otras relaciones que las parejas del mismo sexo?), cabe preguntarse si lo que hagan las parejas con su vida de a dos, a fin de cuentas, no es un asunto que les incumbe solo a ellas. El matrimonio, ciertamente, presupone un compromiso de lealtad y ayuda mutua, pero inferir una ausencia de estas características porque no haya monogamia estricta (aceptando la notable vaguedad del “argumento” del senador) supone, como mínimo, un atrevimiento.

Fuente Dosmanzanas

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Muere durante la luna de miel y Australia no le reconoce el matrimonio a su viudo

Sábado, 23 de enero de 2016

enhanced-mid-17122-1453232192-5-e1453318102986David y Marco el día antes del accidente

Marco y David Bulmer-Rizzi , un matrimonio británico del mismo sexo, decidieron pasar su luna de miel en la lejana Australia. Marco tuvo que enfrentarse a la horrible tragedia de la muerte de David debido a un desgraciado accidente. Pero además, para las autoridades del estado de Australia Meridional, el matrimonio de Marco y David nunca había tenido lugar, porque no reconocen los enlaces legales de parejas del mismo sexo. Marco, por tanto “no era nadie” para el Gobierno australiano, y no pudo tomar ninguna decisión sobre los servicios que debían proporcionar a su marido.

Que el matrimonio gay no esté reconocido en todas partes puede dar muchos problemas, incluso en países del primer mundo, y lo que les ha sucedido a esta pareja de británicos es un ejemplo triste y muy injusto.

Marco Rizzi, de 38 años, y David Bulmer, de 32, contrajeron matrimonio en Wandsworth, al sur de Londres, en junio de 2015, acompañados únicamente de los testigos necesarios. La gran celebración de su enlace, a la que acudieron familiares y amigos, tuvo lugar más tarde, en Santorini, Grecia. Desde entonces ambos adoptaron el apellido Bulmer-Rizzi, tal como permite la legislación del Reino Unido. Eran un matrimonio en sus corazones, pero también ante la sociedad y ante la ley de su país.

Aplazaron su luna de miel para poder disfrutar del cálido invierno del hemisferio sur, haciendo un recorrido por los exóticos territorios de Australia. Aquel viaje soñado era la expresión y el símbolo de su felicidad como pareja amorosamente unida. Pero un trágico accidente vino a troncar su dicha. Se encontraban visitando a unos amigos en Adelaide cuando David tropezó y cayó por unas escaleras, golpeándose gravemente la cabeza. Bañado en sangre, fue conducido hasta un hospital, donde le indujeron un coma e informaron a Marco de que sería apropiado que avisase a su familia en el Reino Unido. Marco se puso inmediatamente en contacto con sus suegros, que tomaron el primer vuelo disponible.

Desafortunadamente, las intervenciones a que fue sometido no obtuvieron el resultado buscado, dada la gravedad de su lesión. Los médicos informaron a Marco de que David fallecería apenas en 24 horas. Marco tuvo la fortaleza de explicar que David deseaba donar sus órganos, dado que él mismo estaba en lista de espera para un trasplante de riñón. Tres de sus órganos fueron donados a tres personas necesitadas. Finalmente falleció. Tras la obligada investigación policial cuando ocurre un fallecimiento por accidente, el cuerpo de David fue conducido a los servicios funerarios.

El matrimonio gay no está legalizado en Australia y en el estado de Sud Australia, donde se encontraban, tampoco se reconocen legalmente los matrimonios del mismo sexo de otros países, así que en el certificado de defunción de David se podía leer: “nunca se casó”. Esto significó que el suegro de Marco, que acudió a Australia para apoyar a su yerno en momentos tan duros, tuvo que aprobar todas las decisiones a tomar alrededor de la muerte de su marido. El suegro y padre del fallecido, Nigel Bulmer, también sufrió esta situación ya que argumenta que “menosprecia la memoria de su hijo y lo convierte en un ciudadano de segunda”.

Al dolor por su pérdida, Marco tuvo entonces que sumar la frialdad y la discriminación de la burocracia australiana. En el estado de Australia Meridional, donde se encontraban, no se reconocen los matrimonios entre personas del mismo sexo celebrados en otros países, por lo que, a los ojos de la administración, Marco no era el familiar más allegado de David. En realidad, oficialmente, “no era nadie”. El director de servicios funerarios, puesto en contacto con Marco, le facilitó el certificado de defunción. En la casilla correspondiente al estado civil, aparecía como “soltero” (never married). Eso significaba que Marco no podía tomar ninguna decisión sobre su funeral, el servicio que debía ofrecérsele o incluso el ataúd donde iba a ser depositado su cuerpo. Antes las protestas de Marco, la única respuesta fue que no “había otra opción”. No podían marcar que estaba casado, ni siquiera dejar la casilla en blanco.

A la llegada de los padres de David, los responsables de los servicios funerarios se dirigieron al suegro de Marco, Nigel Bulmer. Este les aclaró desde el principio: “Marco es el marido de David. Es el único que puede tomar esas decisiones. No deben dirigirse a mí”. Sin embargo, siguieron preguntándole exclusivamente a él. “Me ningunearon completamente”, explicaba Marco, “yo no era el pariente más cercano. Cada vez que preguntaban algo —como si quería que David fuere incinerado o no, si quería que hubiera un servicio religioso, o que lo lavasen, incluso el costo del ataúd que iban a utiliza— después de contestar yo, volvían a consultar al padre de David. También le preguntaron específicamente, ‘¿quiere revisarlo antes de firmarlo?’ Fue discriminación pura y dura. Si no hubieran estado mis suegros, no hubiera tenido ningún derecho”.

Nigel Bulmer, el suegro de Marco, también expresaba una profunda indignación, testimonio del cariño que siente por su yerno y del profundo amor y respeto hacia su hijo fallecido, sus decisiones y su vida. “No creo que me puedan herir más profundamente de lo que han lo han hecho”, afirmaba, “volé hasta aquí para apoyar a mi yerno. Soy un hombre de 60 años de edad, he estado en el cuerpo de bomberos durante muchos años, y pensaba que estaba hecho a prueba de golpes. Pero estoy horrorizado y profundamente dolido por las palabras que tuve que escuchar allí: pusieron en el certificado de defunción que estaba soltero. Eso no es aceptable. Ni tampoco es cierto. Yo estuve ahí. Las leyes deben arreglarse. Esto debe ser puesto en conocimiento de la opinión pública”.

Evidentemente Marco pidió ayuda a la embajada Inglesa para poder gestionar el fallecimiento de su marido bajo las leyes inglesas, pero parece que Australia está excluida de los tratados habituales del Reino Unido. Una situación que magnificó el sufrimiento del marido y el padre del fallecido que tuvieron que lidiar con la discriminación legal en una situación tan dura.

Marco se dirigió al consulado británico para explicar su situación y expresar su desacuerdo con la situación que estaba sufriendo. La respuesta oficial fue que “como usted sabe, la legislación varía en cada estado y en Australia Meridional, Australia Occidental y los Territorios del Norte no se reconocen los matrimonios entre personas del mismo sexo celebrados en el extranjero, y cuando se registra un fallecimiento, las autoridades locales no pueden declarar al fallecido como casado. Siento que este haya sido el caso”.

Tras la respuesta, Marco decidió protestar ante el propio primer ministro británico David Cameron, el Ministerio de Asuntos Exteriores y varios parlamentarios. “Comprendo que no pueden cambiar la ley australiana”, explicaba, “pero no estoy pidiendo que lo hagan. Estoy pidiendo que mi propio país defienda sus propias leyes. Si el gobierno británico es consciente de que otros países no reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo, deberían tratar de defender lo que dice la ley”.

270084-jay-weatherillJay Weatherill,

De quien sí que obtuvo respuesta es del primer ministro del estado de Australia Meridional, Jay Weatherill, que se puso personalmente en contacto telefónico con él. En su conversación, además de disculparse por lo ocurrido, se comprometió con Marco a cambiar la legislación estatal en los próximos meses para que no vuelva a ocurrir algo semejante. Además, le prometió que, en cuanto eso suceda, volverá a expedir un certificado de defunción en el que conste correctamente el estado civil de David como “casado”.

Marco le hizo llegar su dolor por comportamientos como el de los policías que investigaron el trágico accidente de David, que se dirigieron a él persistentemente como su “compañero” en vez como su marido. Independientemente de la legalidad, esa falta de consideración humana era dolorosamente homófoba.

También se ha puesto en contacto con Marco el activista LGTB Rodney Croome, de la asociación Australian Marriage Equality, con quien habló durante más de una hora, y le informó de que han iniciado un petición para que cambien las leyes de los estados y territorios australianos que no reconocen los matrimonios entre personas del mismo sexo de otros países.

A Marco le sirve de cierto consuelo que todo lo ocurrido sirva para que haya un cambio legal positivo para el colectivo LGTB, en un país como Australia. “Probablemente él estaría orgulloso”, comentaba emocionado, “aunque no sé si David se lo creería siquiera. El hecho de que debido a él pueda que esto nunca le vaya a pasar a otras personas es algo bueno”. También le reconforta el que muchos australianos heterosexuales se hayan puesto en contacto con él, a través de las redes sociales, para manifestarle su apoyo y su indignación con lo ocurrido.

Pese a todo la situación ha tenido su parte positiva. Por un lado están todas las personas que han tenido una segunda oportunidad gracias a los órganos de David, y por otro está el anuncio de premier de Sud Austrália, Jay Weatherill, quien al enterarse de lo sucedido por la prensa, ha anunciado que presentará una ley antes de final de año para reconocer los matrimonios homosexuales extranjeros, además de pedir disculpas a la familia.

De quien no ha tenido queja Marco, tal y como le comentó al propio primer ministro de Australia Meridional, es del equipo médico que atendió a David y de los responsables de los trasplantes, que mostraron hacia él la deferencia debida. Le hicieron saber que entre los beneficiados por los órganos de David estaba un hombre de 40 años, padre de dos niños, o una persona que llevaba 1.250 días en lista de espera.

Para Marco, ese es el mayor legado de su difunto marido: “La vida de David ha servido de regalo para otras tres personas, tres familias que lo disfrutan. Hay dos niños que tienen a un padre, que no se va a despertar mañana pensando si David era o no gay. Se despertará sabiendo que tiene una oportunidad y que puede ver a sus hijos crecer”. Algo consecuente con alguien a quien describe de esta manera: “David era increíble, apasionado, honesto, cariñoso, le gustaba luchar por la justicia. Tenía un corazón de oro”.

De esta historia podemos sacar varias lecciones, probablemente la más importante es no dar nunca nada por hecho.

Fuente | Buzzfeed, vía AmbienteG y Dosmanzanas

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