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Muere durante la luna de miel y Australia no le reconoce el matrimonio a su viudo

Sábado, 23 de enero de 2016

enhanced-mid-17122-1453232192-5-e1453318102986David y Marco el día antes del accidente

Marco y David Bulmer-Rizzi , un matrimonio británico del mismo sexo, decidieron pasar su luna de miel en la lejana Australia. Marco tuvo que enfrentarse a la horrible tragedia de la muerte de David debido a un desgraciado accidente. Pero además, para las autoridades del estado de Australia Meridional, el matrimonio de Marco y David nunca había tenido lugar, porque no reconocen los enlaces legales de parejas del mismo sexo. Marco, por tanto “no era nadie” para el Gobierno australiano, y no pudo tomar ninguna decisión sobre los servicios que debían proporcionar a su marido.

Que el matrimonio gay no esté reconocido en todas partes puede dar muchos problemas, incluso en países del primer mundo, y lo que les ha sucedido a esta pareja de británicos es un ejemplo triste y muy injusto.

Marco Rizzi, de 38 años, y David Bulmer, de 32, contrajeron matrimonio en Wandsworth, al sur de Londres, en junio de 2015, acompañados únicamente de los testigos necesarios. La gran celebración de su enlace, a la que acudieron familiares y amigos, tuvo lugar más tarde, en Santorini, Grecia. Desde entonces ambos adoptaron el apellido Bulmer-Rizzi, tal como permite la legislación del Reino Unido. Eran un matrimonio en sus corazones, pero también ante la sociedad y ante la ley de su país.

Aplazaron su luna de miel para poder disfrutar del cálido invierno del hemisferio sur, haciendo un recorrido por los exóticos territorios de Australia. Aquel viaje soñado era la expresión y el símbolo de su felicidad como pareja amorosamente unida. Pero un trágico accidente vino a troncar su dicha. Se encontraban visitando a unos amigos en Adelaide cuando David tropezó y cayó por unas escaleras, golpeándose gravemente la cabeza. Bañado en sangre, fue conducido hasta un hospital, donde le indujeron un coma e informaron a Marco de que sería apropiado que avisase a su familia en el Reino Unido. Marco se puso inmediatamente en contacto con sus suegros, que tomaron el primer vuelo disponible.

Desafortunadamente, las intervenciones a que fue sometido no obtuvieron el resultado buscado, dada la gravedad de su lesión. Los médicos informaron a Marco de que David fallecería apenas en 24 horas. Marco tuvo la fortaleza de explicar que David deseaba donar sus órganos, dado que él mismo estaba en lista de espera para un trasplante de riñón. Tres de sus órganos fueron donados a tres personas necesitadas. Finalmente falleció. Tras la obligada investigación policial cuando ocurre un fallecimiento por accidente, el cuerpo de David fue conducido a los servicios funerarios.

El matrimonio gay no está legalizado en Australia y en el estado de Sud Australia, donde se encontraban, tampoco se reconocen legalmente los matrimonios del mismo sexo de otros países, así que en el certificado de defunción de David se podía leer: “nunca se casó”. Esto significó que el suegro de Marco, que acudió a Australia para apoyar a su yerno en momentos tan duros, tuvo que aprobar todas las decisiones a tomar alrededor de la muerte de su marido. El suegro y padre del fallecido, Nigel Bulmer, también sufrió esta situación ya que argumenta que “menosprecia la memoria de su hijo y lo convierte en un ciudadano de segunda”.

Al dolor por su pérdida, Marco tuvo entonces que sumar la frialdad y la discriminación de la burocracia australiana. En el estado de Australia Meridional, donde se encontraban, no se reconocen los matrimonios entre personas del mismo sexo celebrados en otros países, por lo que, a los ojos de la administración, Marco no era el familiar más allegado de David. En realidad, oficialmente, “no era nadie”. El director de servicios funerarios, puesto en contacto con Marco, le facilitó el certificado de defunción. En la casilla correspondiente al estado civil, aparecía como “soltero” (never married). Eso significaba que Marco no podía tomar ninguna decisión sobre su funeral, el servicio que debía ofrecérsele o incluso el ataúd donde iba a ser depositado su cuerpo. Antes las protestas de Marco, la única respuesta fue que no “había otra opción”. No podían marcar que estaba casado, ni siquiera dejar la casilla en blanco.

A la llegada de los padres de David, los responsables de los servicios funerarios se dirigieron al suegro de Marco, Nigel Bulmer. Este les aclaró desde el principio: “Marco es el marido de David. Es el único que puede tomar esas decisiones. No deben dirigirse a mí”. Sin embargo, siguieron preguntándole exclusivamente a él. “Me ningunearon completamente”, explicaba Marco, “yo no era el pariente más cercano. Cada vez que preguntaban algo —como si quería que David fuere incinerado o no, si quería que hubiera un servicio religioso, o que lo lavasen, incluso el costo del ataúd que iban a utiliza— después de contestar yo, volvían a consultar al padre de David. También le preguntaron específicamente, ‘¿quiere revisarlo antes de firmarlo?’ Fue discriminación pura y dura. Si no hubieran estado mis suegros, no hubiera tenido ningún derecho”.

Nigel Bulmer, el suegro de Marco, también expresaba una profunda indignación, testimonio del cariño que siente por su yerno y del profundo amor y respeto hacia su hijo fallecido, sus decisiones y su vida. “No creo que me puedan herir más profundamente de lo que han lo han hecho”, afirmaba, “volé hasta aquí para apoyar a mi yerno. Soy un hombre de 60 años de edad, he estado en el cuerpo de bomberos durante muchos años, y pensaba que estaba hecho a prueba de golpes. Pero estoy horrorizado y profundamente dolido por las palabras que tuve que escuchar allí: pusieron en el certificado de defunción que estaba soltero. Eso no es aceptable. Ni tampoco es cierto. Yo estuve ahí. Las leyes deben arreglarse. Esto debe ser puesto en conocimiento de la opinión pública”.

Evidentemente Marco pidió ayuda a la embajada Inglesa para poder gestionar el fallecimiento de su marido bajo las leyes inglesas, pero parece que Australia está excluida de los tratados habituales del Reino Unido. Una situación que magnificó el sufrimiento del marido y el padre del fallecido que tuvieron que lidiar con la discriminación legal en una situación tan dura.

Marco se dirigió al consulado británico para explicar su situación y expresar su desacuerdo con la situación que estaba sufriendo. La respuesta oficial fue que “como usted sabe, la legislación varía en cada estado y en Australia Meridional, Australia Occidental y los Territorios del Norte no se reconocen los matrimonios entre personas del mismo sexo celebrados en el extranjero, y cuando se registra un fallecimiento, las autoridades locales no pueden declarar al fallecido como casado. Siento que este haya sido el caso”.

Tras la respuesta, Marco decidió protestar ante el propio primer ministro británico David Cameron, el Ministerio de Asuntos Exteriores y varios parlamentarios. “Comprendo que no pueden cambiar la ley australiana”, explicaba, “pero no estoy pidiendo que lo hagan. Estoy pidiendo que mi propio país defienda sus propias leyes. Si el gobierno británico es consciente de que otros países no reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo, deberían tratar de defender lo que dice la ley”.

270084-jay-weatherillJay Weatherill,

De quien sí que obtuvo respuesta es del primer ministro del estado de Australia Meridional, Jay Weatherill, que se puso personalmente en contacto telefónico con él. En su conversación, además de disculparse por lo ocurrido, se comprometió con Marco a cambiar la legislación estatal en los próximos meses para que no vuelva a ocurrir algo semejante. Además, le prometió que, en cuanto eso suceda, volverá a expedir un certificado de defunción en el que conste correctamente el estado civil de David como “casado”.

Marco le hizo llegar su dolor por comportamientos como el de los policías que investigaron el trágico accidente de David, que se dirigieron a él persistentemente como su “compañero” en vez como su marido. Independientemente de la legalidad, esa falta de consideración humana era dolorosamente homófoba.

También se ha puesto en contacto con Marco el activista LGTB Rodney Croome, de la asociación Australian Marriage Equality, con quien habló durante más de una hora, y le informó de que han iniciado un petición para que cambien las leyes de los estados y territorios australianos que no reconocen los matrimonios entre personas del mismo sexo de otros países.

A Marco le sirve de cierto consuelo que todo lo ocurrido sirva para que haya un cambio legal positivo para el colectivo LGTB, en un país como Australia. “Probablemente él estaría orgulloso”, comentaba emocionado, “aunque no sé si David se lo creería siquiera. El hecho de que debido a él pueda que esto nunca le vaya a pasar a otras personas es algo bueno”. También le reconforta el que muchos australianos heterosexuales se hayan puesto en contacto con él, a través de las redes sociales, para manifestarle su apoyo y su indignación con lo ocurrido.

Pese a todo la situación ha tenido su parte positiva. Por un lado están todas las personas que han tenido una segunda oportunidad gracias a los órganos de David, y por otro está el anuncio de premier de Sud Austrália, Jay Weatherill, quien al enterarse de lo sucedido por la prensa, ha anunciado que presentará una ley antes de final de año para reconocer los matrimonios homosexuales extranjeros, además de pedir disculpas a la familia.

De quien no ha tenido queja Marco, tal y como le comentó al propio primer ministro de Australia Meridional, es del equipo médico que atendió a David y de los responsables de los trasplantes, que mostraron hacia él la deferencia debida. Le hicieron saber que entre los beneficiados por los órganos de David estaba un hombre de 40 años, padre de dos niños, o una persona que llevaba 1.250 días en lista de espera.

Para Marco, ese es el mayor legado de su difunto marido: “La vida de David ha servido de regalo para otras tres personas, tres familias que lo disfrutan. Hay dos niños que tienen a un padre, que no se va a despertar mañana pensando si David era o no gay. Se despertará sabiendo que tiene una oportunidad y que puede ver a sus hijos crecer”. Algo consecuente con alguien a quien describe de esta manera: “David era increíble, apasionado, honesto, cariñoso, le gustaba luchar por la justicia. Tenía un corazón de oro”.

De esta historia podemos sacar varias lecciones, probablemente la más importante es no dar nunca nada por hecho.

Fuente | Buzzfeed, vía AmbienteG y Dosmanzanas

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