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Archivo para Sábado, 16 de mayo de 2020

A ti que mantienes la fe…

Sábado, 16 de mayo de 2020

Al ser mañana domingo, celebramos hoy el Día internacional contra la Homofobia con este texto perfecto para remarcar especialmente la lucha contra la LGTBIfobia, así que nos quedamos con estas palabras cargadas de esperanza en el futuro.

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“En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.”
Mateo 25, 40

A ti que mantienes la fe
En la dignidad del hombre,
En todos los países del mundo,
Y para siempre.

El futuro te pertenece,
Te dará la razón
Será a tu imagen,
Y para siempre.

Podrás ver retroceder
La intolerancia, el odio,
La ceguera, la ignorancia,
Y para siempre

Por todos los que han caído,
Por todos los que han llorado,
Juntos quedaremos,
Mano con mano. 

*

Amin Maalouf

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“Nueva normalidad”, por José Arregi

Sábado, 16 de mayo de 2020

En pleno duelo, y náufragos en un mar de incertidumbres, nos preguntamos cómo y cuándo podremos recuperar lo que el virus se llevó. Pero el aliento y la razón nos empujan a dar un pasito más allá, un gran paso decisivo, y a preguntarnos qué deberíamos recuperar, y qué no, de lo que el virus se llevó.

En ese sentido quiero entender la nueva consigna: “Transición a una nueva normalidad”. Curiosa expresión ésta, contradictoria o cuando menos ambigua, pues si es nueva no será normalidad, y si es normalidad no será nueva. Considero, sin embargo, que esa ambigüedad o esa contradicción es constitutiva de nuestra condición humana, y más en esta incierta época de pandemia en la que todo un mundo que nos parecía normal se ha desmoronado y otro mundo al que aspiramos aún está por construir. La normalidad nos calma, la novedad nos aviva.

Necesitamos normalidad, pues somos seres de costumbres. Cada día es una cadena de rutinas tan sencillas como vitales. Llega la primavera y el herrerillo anida, el manzano florece. La tierra gira, los astros y las galaxias se atraen, el universo se expande. Infinita armonía regida por una misteriosa fuerza profunda que no sabemos cómo llamar. Es la misma fuerza que empuja la rutina de la vida, la santa rutina que nos lleva. No podemos pararnos a sopesar en cada momento si debemos lavarnos las manos, volver la cabeza, medir la distancia. La rutina se vuelve rito, ahorra energías, simplifica la vida y la sostiene. Despedir a los muertos, festejar un nacimiento, celebrar una boda, pasear libres, abrazarse y besarse cuando el espíritu y el cuerpo lo pide… o simplemente comer juntos simplemente, y, para un cristiano, evocar la presencia real de Jesús, el crucificado viviente, recordando su palabra, comiendo y bebiendo simplemente, con televisión o sin ella de por medio, pero sin necesidad de un sacerdote revestido de alba y casulla y de poderes sagrados exclusivos: la eucaristía que Jesús practicó cada vez que comía con la gente y encarnaba el Reino de la libertad y de la comunión. Bendita normalidad.

Que llegue la normalidad que facilita la vida. La vida de todos. No la “nueva normalidad” a la que se apeló por primera vez en la crisis del 2008, y mirad lo que se hizo: se rescató a los Bancos y se desahució a la gente. No la vieja normalidad de unos a costa de otros, la violenta desigualdad establecida como norma, la inequidad impuesta como ley social, como desgobierno mundial. No la normalidad del expolio de las selvas y el exterminio de sus gentes, la Amazonía en cabeza, para beneficio de minerías, petroleras y monocultivos extensivos (las selvas son, como se sabe, el hábitat “normal” de infinidad de virus y microorganismos: los expulsamos de su medio y les abrimos paso hasta nuestras macro-ciudades, todo por un beneficio económico inmediato que pronto perderemos con creces combatiendo virus y pandemias: extraña inteligencia del Homo Sapiens).

No la normalidad del crecimiento insostenible, de la máxima producción, de la mayor ganancia, del derroche consumista. Y de su corolario: las otras nueve grandes pandemias –además de la Covid-19– de las que ya no se habla y que ha señalado recientemente la Comisión para el Futuro Humano de la Universidad Nacional Australiana: la falta de agua, el colapso del ecosistema, el aumento descontrolado de población, la inseguridad alimentaria, la contaminación química, las armas nucleares, el calentamiento global y cambio climático inducido por el ser humano, el desarrollo de poderosas tecnologías sin control, la incapacidad nacional y global para entender y actuar preventivamente sobre los riesgos.

No la normalidad de esta civilización fundada en la depredación, la prisa y la competición (ahí lo tenemos: el mundo ha parado, pero la Bolsa no, y las farmacéuticas compiten denodadamente por llegar primero a la vacuna y hacerse de oro gracias a la pandemia). No la normalidad de una estrecha cosmovisión antropocéntrica, reforzada por los grandes monoteísmos, según la cual el ser humano es el centro de la creación o el sentido y la flecha de la evolución y todo ha de servir para provecho de nuestra especie (¿acaso existen los virus para el bien humano?). No la normalidad regida por “nuestros demonios internos, nuestro propio odio, codicia e ignorancia” (Noah Yuval Harari), la madre de todas las pandemias.

A decir verdad, no soy optimista, pero la esperanza nunca fue cuestión de optimismo, sino de compromiso inspirado, gozoso a pesar de todo. Vivimos una hora grave, la hora más grave tal vez de toda la historia de nuestra especie humana. O ponemos las bases de una nueva normalidad basada en la compasión y la solidaridad, o no hará falta que este virus u otro acabe con nosotros, pues acabaremos unos con otros. Recapacitemos.

Recapacitad, diputadas y diputados de todos los partidos que legisláis en nombre de los ciudadanos, y dejad de lado, si os tenéis en algo, las rencillas y mentiras indignas de la gente que decís representar. Recapacitad, mandatarios y mandatarias del planeta. Os lo pedimos por el pan de cada día de tantas familias, por el porvenir de nuestros jóvenes, por el futuro común de la tierra. Os lo pedimos por la memoria de las personas queridas que se fueron tan solas, sin una última palabra, sin una última caricia, dejando tanto duelo difícil. Su aliento se hizo uno con el Aliento universal eterno. Descansan en paz.

Que su paz eterna cure nuestra memoria y nos libre de nuestros miedos y ambiciones, para que la vida humana, mucho más humana que hasta hoy, siga en esta tierra sagrada. Que las Bienaventuranzas (la solidaridad con los pobres, la sed de justicia, la honradez, la misericordia, la paz, la mansedumbre) del profeta Jesús y de todos los profetas, con religión o sin ella, inspiren una nueva normalidad para una nueva comunidad mundial.  Que la vida humana –humus y aliento– merezca este nombre, y hagamos verdad lo que dijo el poeta alemán: donde crece el peligro aumenta también lo que salva.

Espiritualidad , ,

José I. González Faus: “¿Fariseísmo católico? ¿Empeñarse en ir a Misa en tiempos de confinamiento?”

Sábado, 16 de mayo de 2020

Fariseos-actuales_2227887198_14566792_660x371De su blog Miradas cristianas:

‘El sábado fue hecho para el hombre, no el hombre para el sábado’

“Pocos datos hay más garantizados de la vida de Jesús que el que hacía curaciones en día de precepto”

“Antes que comer el cuerpo y beber la sangre del Hijo del Hombre es necessario ‘tragarse a Jesús'”

“Un fariseísmo católico equivaldría a un catolicismo no cristiano”

“Parece innegable que el fariseísmo es la gran tentación de un cierto catolicismo”

Durante estos días de confinamiento, y por parte de dos o tres obispos, algunos pocos sacerdotes y un grupo de laicos de todo el mundo, hemos asistido a una negativa a guardar las normas del confinamiento, exigiendo la apertura de los templos y la asistencia a misa, como un derecho de la libertad religiosa y como obediencia a un mandamiento divino que obliga a celebrar la eucaristía en días de precepto. No dudo en absoluto de la buena fe y buena voluntad de esas gentes. Por eso quisiera proponerles estas reflexiones.

1.- Tengamos en cuenta que, el confinamiento, no era solo por la propia salud sino, sobre todo, por la salud de los demás. Pues bien: pocos datos hay más garantizados de la vida de Jesús que el que hacía curaciones en día de precepto (el “Sabbat” mucho más sagrado para los judíos de lo que puede ser el domingo para nosotros).  Esta fue una de las causas que motivaron la condena de Jesús por “blasfemo”. Y la razón que daban contra él parece bien válida: “tenéis seis días para venir a curaros, no hay razón para hacerlo en día de precepto”.

A lo que Jesús respondía preguntando: “¿se puede hacer el bien en día de precepto?” O “esta mujer también es hija de Abrahán y lleva 18 años encorvada; tiene pues derecho a no esperar más”. Y en definitiva: “el día santo fue hecho para el hombre, no el hombre para el día santo”. Esos que predican desobedecer al confinamiento para poder ir a misa, ¿no deberían preguntarse si están poniendo el día de precepto por encima del hombre?

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Es sabido además que el cuarto evangelio, que habla tanto de la eucaristía (en su capítulo 6), luego no narra su institución sino que busca dos recursos para darle su verdadero sentido: el primero es el lavatorio de los pies, precisamente en aquella santa Cena. El segundo está en las palabras de Jesús en el mismo capítulo 6: antes que “comer la carne y beber la sangre del Hijo del Hombre”, es necesario (valga la expresión) “tragarse a Jesús”, es decir: aceptarle y seguirle hasta el final y con todas sus consecuencias. ¿No será también que algunos prefieren “dar culto a Dios” a su modo, que seguir a Jesús? Ahí estaría el fariseísmo.

Finalmente puede valer la pena una lectura lenta de todo el capítulo 23 de san Mateo que es la vez una perla cristiana y una perla literaria: “Ay de vosotros, fariseos, hipócritas…”. Y dejarse empapar por todas las descripciones del fariseísmo que hace ese capítulo.

Aquí tenemos lo que me he atrevido a llamar fariseísmo católico y que equivale a un “catolicismo poco cristiano”. Esta última expresión es de Fernando de los Ríos de la Institución Libre de Enseñanza (que, entre paréntesis, fue fundada por católicos fervientes como Giner de los Ríos y Gumersindo Azcarate). Si resulta una expresión muy dura podemos hablar de un “judaísmo aún no cristiano”: que ha sustituido el seguimiento de Jesús por el Sumo Sacerdote, el Templo y la Ley que están por encima del amor fraterno universal, sobre todo a los que menos hermanos parecen.

En cualquier caso, parece innegable que el fariseísmo es la gran tentación de un cierto catolicismo. Lo cual es paradójico puesto que kat-holicismo significa precisamente universalismo. Pero aquí se trata de una particularidad absolutizada. Por eso no quisiera yo que estas líneas sean un ataque sino solo una reflexión fraterna. A quienes ya las compartimos pueden ayudarnos a preguntar cuál podría ser nuestro propio fariseísmo: porque una de las más excelsas enseñanzas de Jesús es precisamente esta: que todas la grandes causas están amenazadas por algún fariseísmo.

Recordemos la frase de Jesús a la samaritana: a Dios no hay que adorarlo aquí o allá sino “en espíritu y verdad”. Por tanto, siempre queda la tarea de dedicar un largo rato de oración para abrirse al Dios que nos envuelve, para pedir luz y fuerza al Espíritu que está en lo más hondo de nosotros y para contemplas un poco ese camino de Jesús que tantas veces olvidamos. Y será una magnífica manera de santificar el día del Señor.

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«Sí, tengo dos mamás. Y así fue crecer con ellas». Emocionante testimonio de una mujer adulta

Sábado, 16 de mayo de 2020

tengo-dos-mamas-lesbianas«En septiembre de 2013, en un glorioso día de otoño, veinte personas se reunieron en el jardín de mi casa en Tillson, Nueva York, para celebrar una ocasión especial: el matrimonio legal de mis dos mamás.

La boda se hizo esperar por mucho tiempo. Fue un evento íntimo, muy ceremonioso, que mostró elementos de una variedad de culturas y religiones que reflejaban tanto a Judith, mi madre biológica, como a Estella, su pareja durante 17 años. Todos los invitados vestimos de blanco con collares de cuentas de los Orixas (Dios y Diosas) de Candomble, una religión afro-brasileña del norte de Brasil.

Sí, tengo dos mamás… pero no siempre fue así.

Me considero una persona afortunada por tener unos padres amorosos. Sin embargo, el sexo y “género” de dichos padres ha variado durante mi crianza. Mi mamá y mi papá –casados durante 10 años y con tres hijos– se divorciaron cuando yo tenía 7 años. Para ese entonces, mi mamá era principalmente quien cuidaba de mis dos hermanos y yo. Trabajaba incansablemente para proveer todo lo necesario económicamente, pero todavía más importante fue el aspecto emocional, que nunca faltó.

Mi mamá mantenía una tradición de honestidad en nuestro hogar y se aseguraba de que cualquier asunto que tuviera que ver con la familia lo platicáramos abiertamente. Nada era ignorado. Fuera bueno o malo, siempre lidiábamos con nuestros problemas y sentimientos directamente y aprendimos a interpretar el mundo a nuestro alrededor de forma justa y cariñosa. Entonces, cuando mi mamá nos dijo a mi hermano mayor y a mí que se había enamorado de una mujer, lo platicamos. En ese momento no me pareció algo particularmente significativo. Era algo que hacía feliz a mi mamá, así que yo no tenía problemas con eso. Yo me encontraba en la preadolescencia, época en la que estaba mucho más preocupada por mis propios problemas que por cualquier cosa que mi mamá estuviera haciendo.

Todo cambió en el verano, cuando yo tenía 11 años.

Recuerdo que era un día soleado, mi mejor amiga y yo estábamos acostadas cerca de la alberca cuando mi hermano menor, de 6 años, le dijo a mi amiga: “Mi mamá tiene una novia”. Yo no le había dicho a nadie que mi mamá era lesbiana, así que mi amiga supuso que él sólo estaba inventando historias y le dijo que dejara de decir esas cosas. Pero mi hermano no se detuvo. Yo sólo estaba ahí, sentada y mortificada, tratado de hacerlo callar para que no “soltara la sopa” sobre el secreto de nuestra familia. Mi amiga, curiosa e inquisitiva, decidió aclarar el asunto por si misma y sin ninguna vergüenza fue con mi mamá y le preguntó si era cierto que era lesbiana y estaba en una relación con una mujer. Mi madre, en su compromiso con la honestidad, le dijo que era cierto. Ver la expresión de asombro de mi amiga, y notar cómo los engranes de su cabeza comenzaban a girar para procesar este hecho, me espantó, así que corrí al baño y lloré largo y tendido.

No sé si mi amiga le reveló esa información a alguien más, pero la siguiente vez que nos vimos no le dio mucha importancia. Más bien, lo que ella tenía era curiosidad y me hacía muchas preguntas. Estaba interesada en el qué, cómo y por qué. Por un lado, contestar estas preguntas era fácil porque mi amiga también había vivido el divorcio de sus padres y fue testigo de cómo ellos buscaron otras parejas y posibles padrastros. Por otro lado fue difícil, porque ella esperaba que todo fuera muy diferente. Fue entonces cuando me di cuenta de que había implicaciones mucho más grandes acerca de la relación homosexual de mi mamá.

Esto es lo que puedo decirles acerca de tener mamás lesbianas siendo una adolescente en la década de 1990: la comunidad empezó a considerar a mi familia como “los otros”. Esta situación creó muchas interrogantes y expuso fisuras sociales y tabúes.

2moms-3 Judith y Estella el día de su boda en 2013

El vecindario en el que crecí era muy religioso, lo cual significa que mis vecinos asistían a la iglesia regularmente y consideraban lo que aprendían ahí como la verdad, especialmente lo relacionado con los “valores familiares”. Dichas nociones de “valores familiares” fomentaron animosidad en contra de mi familia, ya que no encajábamos en el modelo bíblico tradicional, el cual consiste en un hombre y una mujer. En una ocasión un vecino se detuvo para decirle a mi mamá que ella era el diablo por haberse divorciado de mi papá. Mi amiga de la infancia, que vivía cruzando la calle, tenía prohibido ir a mi casa porque mi mamá tenía una relación con una mujer. Rumores acerca de la depravación de mi familia llegaban a mis oídos de todas partes de la comunidad.

Este contexto de intolerancia y miedo del “otro” se extendía mucho más allá de mi vecindario y era algo generalizado en Estados Unidos, lo cual se hizo evidente en una ley aprobada en 1996 llamada “La ley en defensa del matrimonio” (DOMA – Defense of Marriage Act). La DOMA evitaba que el gobierno federal reconociera los matrimonios homosexuales para propósitos de las leyes y programas federales (como pensiones, herencias, seguridad social y seguro médico) aunque dichas parejas estuvieran legalmente casadas en sus lugares de origen.

Dichas nociones sobre los “valores familiares” y la homosexualidad desalentaron el hecho de que yo quisiera que mi comunidad supiera que mi mamá era lesbiana.

Mantuve la sexualidad de mi mamá como un secreto personal cuando estuve en la secundaria y durante la mayor parte de la preparatoria, ni siquiera mis mejores amigas lo sabían. Pero eso cambió durante una pijamada cuando tenía 14 años.

Teresa, Mary y yo estábamos haciendo nuestras típicas travesuras de tomar el alcohol del bar de casa de Teresa a escondidas y fumar furtivamente un par de cigarros que yo le robaba a mi mamá, evitando toda sospecha de la mamá de Teresa, la cual se encontraba en su casa en ese momento. Ya estábamos mareadas, un poco alcoholizadas y juguetonas. Nos divertíamos en la habitación de Teresa con “verdad o reto”, aquel juego en el que los participantes o responden una pregunta honestamente o realizan un reto que los otros jugadores establecen.

Durante el juego yo reté a mis amigas a besarse. Lo hicieron titubeantes, pero después pasó algo inesperado: lo estaban disfrutando y ¡continuaron besándose! Comencé a sentirme muy incómoda. Finalmente las interrumpí: “Oigan…¿chicas?” Hubo una pausa, y les dije – “me están asustando… porque mi mamá es lesbiana”. Esto las sorprendió. Estuvieron en silencio un momento, y poco a poco se fueron dando cuenta de lo que estaban haciendo. Mary lloró y todas nos fuimos a dormir algo incómodas.

Teresa no se tomó muy en serio lo que pasó aquella noche, pero Mary sí. A ella le costaba procesar el significado de lo ocurrido y necesitaba hablar con alguien al respecto. Quiso hablar con mi mamá, no tanto porque ya supiera que era lesbiana, sino porque se sentía muy cómoda con ella. Entendía que nosotros hablábamos honestamente sobre la vida sin juzgar ni condescender (a pesar de nuestra edad), y porque sabía que mi mamá tenía una gran variedad de experiencias. Los tabúes en la comunidad dificultaban que ella hablara con sus propios padres, así que buscó la ayuda de mi mamá para procesar su experiencia.

La pregunta principal de Mary era: “¿Si besé a una niña significa que soy lesbiana?” Mi mamá le aseguró que este tipo de exploración de su cuerpo y de lo que se siente bien era algo muy natural. Cuando ocurren cosas fuera del paradigma social convencional muchas personas se esconden y se sienten avergonzadas de lo que hicieron por temor a ser juzgadas sin piedad. Cuando hay más apertura social hacia lo que es diferente, las personas pueden ser ellas mismas y pueden verdaderamente descubrir cómo se sienten al respecto.

Crecer con dos mamás me ayudó a entender que no hay un molde único para el género y sexualidad de una persona. El hecho de tener esta estructura familiar “alternativa” abrió la puerta para pláticas y reflexiones sobre lo que todo esto significaba para mí. Nunca me forzaron a adoptar estereotipos rígidos de género, más bien me animaron a descubrir quién soy a través de la reflexión deliberada. Cuando nuestros pensamientos no están confinados, entonces nos sentimos más seguros de nosotros mismos y nos acercamos al mundo con mucha más autoestima. De hecho, muchos estudios han revelado que los niños que crecieron con padres del mismo sexo se sienten más seguros de si mismos y tienen un alto nivel de autoestima.

A lo largo de mi vida, la aceptación de matrimonios homosexuales ha crecido drásticamente en Estados Unidos. Un estudio realizado por Pew en 2015 reveló que el 73% de los millenials y 57% de todos los adultos están a favor del reconocimiento legal de matrimonios del mismo sexo. Cuando yo era adolescente en 1998, sólo el 35% de los adultos estaba a favor.

Incluso a algunos de los miembros de la primera familia de mi madre les costó trabajo aceptar su orientación sexual. Mi mamá era una de 11 hijos en un hogar muy católico, así que tengo muchas tías, tíos políticos y primos. En una familia tan grande había representación de una gran variedad de creencias y religiones. El lesbianismo de mi mamá rara vez surgía como tema de conversación, excepto cuando las creencias religiosas de alguna de mis tías políticas la impulsaba a hablar con ella al respecto.

Una de mis tías creía que estar en una relación con otra mujer era un “pecado”. Y en su preocupación por la “salvación” de mi madre, me dijo que Dios la perdonaría si ella aceptaba a Jesús en su corazón. También me preguntó: “¿No te gustaría estar con tu familia en el cielo?”

Yo no podía aceptar que mi mamá estuviera “pecando” debido al sexo de la persona que amaba. No podía aceptar esta idea, porque cuando Estella entró a nuestras vidas todo lo que podía ver era una relación saludable y amorosa que yo admiraba. Además, Estella se convirtió en una increíble fuerza estabilizadora para toda la familia, al darnos a cada uno de nosotros amor incondicional desde el momento en el que se convirtió en nuestra segunda mamá.

¿Cómo puede ser el amor un pecado? ¿Cómo es que algo tan positivo puede ser considerado malo? Al ver los efectos positivos que Estella había tenido sobre nuestra familia, jamás podría creer en un Dios que condena a alguien por algo tan superficial como el sexo o género de una persona. Para entonces, yo tenía 15 años y mi tía me hizo buscar y cuestionar los conceptos de moralidad, y me ayudó a encontrar mi propia verdad, un proceso que ahora llevo a cabo cada vez que las presiones sociales me empujan a aceptar algo como cierto a la primera.

 2moms-1Sarah y Estella

La verdad es que tener dos mamás no es diferente a tener una mamá y un papá. ¡Y ser un padrastro o madrastra no es nada fácil en ninguna familia!

Con los padres biológicos, los hijos notan los sacrificios y compromisos que éstos realizan para alimentar, vestir, enseñar y consolarlos cuando lo necesitan. Tus papás pueden regañarte, disciplinarte y decirte qué hacer, porque sabes que están interesados de corazón en tu bienestar. A menudo, los hijos se muestran escépticos cuando alguien nuevo se integra a la familia, porque sus intenciones son desconocidas. La confianza no es algo inherente, sino que es algo que se gana.

Estella hizo justamente eso. Desde el principio nunca intentó ser el reemplazo de uno de mis padres, sino que simplemente estuvo ahí para nosotros. Estella siempre tuvo una relación respetuosa, llena de apoyo y amor con mi mamá, y nunca intentó intervenir de forma obstructiva. Ella nos hacía saber que estaba ahí para apoyarnos, no sólo verbalmente sino a través de sus acciones generosas en el ámbito material y emocional: evidencia de una verdadera madre.

Estella es un ejemplo de una excelente madrastra, porque ella eligió amarnos a mis hermanos y a mí a pesar de todos los retos que presentábamos como adolescentes, y sus acciones hablaron claramente sobre cuánto le importábamos.

Cuando me gradué de la preparatoria me aceptaron en el Hunter College en Manhattan y, pese a mis limitados fondos, pude asistir en gran medida porque Estella me permitió vivir en un departamento suyo en Manhattan. Trabajé muy duro para obtener buenas calificaciones, pero también encontré aprendizaje y aventura en la gran diversidad de Nueva York. Estella me vio trabajar arduamente, estudiar y encontrar una comunidad de amigos. Podía darme cuenta de que ella estaba orgullosa de mi crecimiento como persona y quería asegurarse de que nada obstaculizara mi camino.

Tras haber cursado mi primer año de universidad, una tarde Estella me dijo que estaba redactando su testamento de tal forma que si algo llegara a sucederle, yo heredaría el departamento. En ese momento comencé a llorar debido al profundo significado de ese gesto. Ella pensó en mi futuro mucho antes de que yo comenzara a considerarlo. Esto me hizo entender que ella planeaba ser parte de mi futuro como una madre. Su consideración por mi bienestar como persona e hija iba más allá de su relación con mi mamá. Ésta es una acción de madre, y uno de los muchos gestos que solidificaron el amor entre nosotras.

El hecho de incluirme en su testamento fue todavía más conmovedor porque en ese momento ella y mi mamá no podían casarse legalmente, y por lo tanto no podían beneficiarse de los derechos hereditarios que se otorgan a las parejas heterosexuales legalmente casadas, entre muchos otros beneficios de un matrimonio legal.

Mis hermanos y yo reconocimos a nuestras madres como una pareja casada desde que éramos pequeños, aunque nuestros vecinos y nuestro país no lo hicieran. El valor de mi familia y otras familias como la nuestra, que se han puesto de pie para desmitificar las estructuras familiares “alternativas” ha ayudado a cambiar la opinión pública y ha modificado el tejido social de nuestro país.

En 2003, Massachusetts fue el primer estado en legalizar el matrimonio homosexual, y muchas parejas gays viajaron ahí para casarse, sin importar que no fuera reconocido en sus estados de residencia.

Mis madres no lo hicieron.

Ellas insistían en casarse en su propio estado y era nuestra responsabilidad, como la generación joven, cambiar las leyes en Nueva York para que sucediera. En 2011, el matrimonio de parejas del mismo sexo fue legalizado en Nueva York bajo la Ley de Igualdad del Matrimonio.

Pero mis mamás no estaban satisfechas aún.

No fue sino hasta el 26 de junio de 2013, el día en que la Ley en Defensa del Matrimonio (DOMA) fue invalidada y considerada inconstitucional por la Suprema Corte –la instancia más alta en los tribunales de Estados Unidos– que mis mamás llamaron para darme la alegre noticia: finalmente iban a casarse.

Unos cuantos meses después, en nuestro patio, amigos cercanos y familiares fueron testigos de su unión oficial, una que por fin sería reconocida por el estado y por el gobierno federal.

Con 29 años de edad (ahora 33), ese día fue importante para mí, porque pude celebrar y demostrar mi aprecio por tener dos mamás increíbles que me entregaron su amor incondicional, lo cual me ha convertido en la persona que soy hoy.

Traducción de @charliecarax

Publicado por Mal Vestida, vía Oveja Rosa

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Argentina: Vivienda: encuesta revela “violencia propietaria” hacia personas LGBT+

Sábado, 16 de mayo de 2020

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Por Alejandra Zani

Foto: Ariel Gutraich/Archivo Presentes

Una de las consecuencias de las medidas del aislamiento por el Covid-19 se reflejó en la incapacidad de lxs inquilinxs para afrontar el pago de los alquileres de sus viviendas. Según una encuesta realizada por la Federación de Inquilinos Nacional (FIN), 6 de cada 10 personas no podrá pagar ese monto durante mayo. Estos números aumentan en el caso de la población LGBTI+. “Del total de las compañeras trans y travestis que participaron en la encuesta, un 100% vive en condiciones de informalidad. Además, el 100% de las compañeras travestis y el 93,8% de las mujeres trans dijeron que no podrían pagar el alquiler porque dejaron de percibir ingresos”, explica Gervasio Muñoz, presidente de la FIN y referente de Inquilinos Agrupados.

De acuerdo a Muñoz, esta es la primera vez que una encuesta de la Federación refleja las condiciones habitacionales de un sector de la población LGBTI+. “El segmento entrevistado corresponde a 150 compañeras trans y travestis vinculadas a la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR). Desde que comenzó la cuarentena, el trabajo en la calle se desactivó por completo, y las compañeras denunciaron numerosas situaciones de hostigamiento y amenaza de desalojo por parte de los propietarios”.

“Cuando no tenés casa o cuando te estás endeudando para pagar un alquiler, el imperativo #QuedateEnCasa pierde sentido. La casa no puede ser un lugar de violencia machista ni de especulación inmobiliaria, explica Lucía Cavallero, socióloga y referente del colectivo Ni Una Menos, a Presentes. “La población LGBTI+ tiene muchos problemas para acceder a la vivienda porque generalmente estamos desheredados, no tenemos casas conyugales, así que en todas esas situaciones ameritaría el desarrollo de planes de vivienda o subsidios masivos para hacerse cargo de la imposibilidad de pagar el alquiler”.

A pocos días del comienzo de la cuarentena, el gobierno publicó en el boletín oficial el decreto de emergencia pública 320/2020 que dispuso, entre otras medidas, “la suspensión temporaria, hasta el 30 de septiembre del año en curso, de los desalojos de los inmuebles” destinados a vivienda única personal o familiar, actividades culturales y pequeñas producciones, entre otras situaciones de excepción, así como el congelamiento en el precio de los alquileres. Aun así, al día de hoy denuncian que se incumple la nueva medida.

En esta situación, explica Muñoz, no hay ley, no hay Estado ni hay Justicia. “Hay un sistema muy perverso que tiene el Gobierno de la Ciudad con el que subsidia a la persona y no al hotel. Es decir, la persona debe demostrar que alquila una habitación en ese lugar, lo que para alquileres informales es complicado, y les dan un subsidio para pagar la habitación. Pero frente a esto, el hotel aumenta el precio del alquiler. A esto hay que sumar que estamos hablando de pensiones donde se vive en condiciones indignas, celdas sociales. Se les llama hotel por una cuestión romántica, pero son prisiones en medio de la ciudad”.

A quiénes excluye el #QuedateEnCasa

Pamela (34) ejerce el trabajo sexual desde los 16 años. Nació en Salta y hace 18 años se mudó a Buenos Aires y actualmente reside en un hotel en Constitución ubicado en las calles México y San José. “El hecho de que seamos chicas trans y trabajadoras sexuales, y muchas veces migrantes, para los dueños de los hoteles no significa nada. No le dan importancia al decreto del presidente y nos hostigan y nos amenazan para que paguemos el alquiler sin importar el contexto”, cuenta a Presentes. 

Casi la totalidad de las personas trans y travestis entrevistadas en la encuesta de la FIN declaró que dejó de percibir ingresos durante la cuarentena. “Si nos amenazan con desalojo, no nos queda otra que salir a la calle, arriesgar nuestra vida en medio de la pandemia para pagar los gastos necesarios, y ahí empieza lo que ya sabemos. Se imcumple la cuarentena, somos chicas trans y trabajadoras sexuales, nos llevan presas. La historia de siempre”, continúa Pamela.

Formas de violencia propietaria

Para Cavallero, las mujeres cis, las lesbianas, las trans, las travestis y las madres con niñes son la población más expuesta a situaciones de violencia durante las medidas de aislamiento por el Covid-19. “Acuñamos el término violencia propietaria para pensar esta situación en la que muchas mujeres, lesbianas y travestis están expuestas por estar endeudadas con los propietarios y con las inmobiliarias, lo que las expone a situaciones de violencia. Esto, respecto al colectivo LGBTI+, se expresa en los desalojos de los hoteles donde radican compañeras travestis y trans, trabajadoras sexuales, y donde el acceso a la vivienda se da de manera informal”.

El término acuñado por la socióloga refleja las presiones, abusos, hostigamientos y demás tipos de amedrentamiento por parte de los propietarios de viviendas y por las inmobiliarias. Estas violencias van desde desalojos violentos hasta el cese de los servicios de la vivienda, como la luz, el agua o el gas. “Hubo situaciones en donde entraron por la fuerza por tener la llave y desalojaron a inquilinxs, sacaron las pertenencias de la persona al medio de la calle, esa es una situación extrema. Luego hay situaciones como que te presionen llamandote todos los días, que te corten la luz, o en el caso de las inmobiliarias, que intimen a través de cartas. Las condiciones que hacen posible esa violencia son el no acceso a la vivienda y la situación de restricción de ingresos, de tener que endeudarse con respecto a la posibilidad de poder pagar un alquiler”, explica Cavallero.

Hace tiempo que veníamos observando, desde la Federación de Inquilinos, que la mayor parte de estas violencias, casi en su totalidad, recaen sobre mujeres cis y trans, y quisimos comenzar a discutir esto con el colectivo Ni Una Menos para poder empezar a pensar en alguna solución”, explica Muñoz. Desde la FIN presentaron un proyecto de ley en donde proponen, entre otras cosas, que los corredores inmobiliarios deben formarse en Derechos Humanos y Género. “Nos parecía importante plantear eso y comenzar a transitar ese camino. Lxs inquilinxs dicen mi dueño, mi propietario, y los propietarios dicen mi inquilino, y ahí hay una reminiscencia de los viejos modos patronales, la versión moderna del patrón de estancia que maltrataba a la hija del peón”.

Soluciones solidarias en tiempos de pandemia

“En Constitución se está trabajando mucho con la contención habitacional. Los dueños de los hoteles, que los tienen en pésimas condiciones, entendieron que no pueden expulsar a nadie, y cuando lo intentaron, nos pusimos bravísimas y mediante distintas acciones detuvimos los desalojos”, cuenta Marcela Tobaldi, presidenta y fundadora de la Asociación Civil Rosa Naranja.Logramos que hasta nuestras compañeras más vulnerables, que no cuentan con subsidios habitacionales o que se encontraban en situación de calle, pudieran ingresar a habitaciones para ser contenidas”.

Por su parte, Pamela cuenta que gracias a la ayuda de AMMAR consiguieron contar con bolsones de comida y que cada fin de semana se reúnen en un comedor en el barrio de Constitución para ayudar a todas las trabajadoras sexuales. “Además, nos acercamos todas a la Casa Roja de AMMAR en donde nos ayudan con la Jornada de ciudadanía porteña, para entender los programas de subsidios a los que podemos acceder, y ahí dan mucha contención a las compañeras migrantes”.

“Lo que pedimos es que haya políticas activas de desendeudamiento por parte del Estado. Es inadmisible que la gente que está en situación de restricción en su posibilidad de obtener ingresos, cuando acabe el aislamiento termine hiperendeudada con las inmobiliarias o propietarias, así que pedimos que el Estado se haga cargo de esas deudas”, explica Cavallero. “También pedimos un abordaje específico para estas situaciones de violencia a mujeres cishetero y personas LGBTI+, que el Estado haga cumplir la prohibición de desalojos y que esta se extienda por 24 meses”.

Para la referente del colectivo Ni Una Menos, es necesario tomar una medida de fondo que regule la situación. “La ley de Alquileres permitiría que no lleguemos a estas instancias en las que estamos ahora en donde el Estado emite un DNU y es imposible que se traduzca en la efectiva regulación del mercado porque es un mercado que está desregulado hace muchísimos años. Lo que pedimos, en definitiva, es que se desarrollen planes que entiendan que la vivienda es un derecho”.

Fuente Agencia Presentes

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El Observatori contra l’Homofòbia registra 22 incidentes por LGTBIfobia durante el confinamiento en Cataluña

Sábado, 16 de mayo de 2020

logo-och-2017El Observatori Contra l’Homofòbia ha registrado hasta la fecha 22 incidencias por LGTBIfobia durante el confinamiento por la pandemia de coronavirus en Cataluña, un periodo durante el cual, según la entidad catalana, se ha agravado la situación de acoso y discriminación que sufren numerosas personas del colectivo LGTBI. El dato ha sido hecho público en un comunicado emitido por la entidad catalana con motivo de la conmemoración, este 17 de mayo, del Día Internacional contra la LGTBIfobia.

Hemos recogido alguno de los incidentes, como la agresión verbal que tuvo lugar en el Mercado Municipal del Clot hacia un joven por parte de un miembro del personal de seguridad. Pero no ha sido ni mucho menos el único. «Durante el confinamiento se ha dado un proceso de volver a encerrarse en el armario por parte de aquellos jóvenes que no pueden expresar su identidad u orientación en sus casas», ha denunciado el presidente del Observatori, Eugeni Rodríguez. Una situación que ya previamente han denunciado otras entidades, como la FELGTB, Rodríguez, además, alerta de la situación que viven las personas mayores LGTBI que viven en residencias y que «por evitar situaciones de discriminación y soledad deciden censurarse». Un colectivo del que desgraciadamente tendemos a olvidarnos con facilidad.

En relación al colectivo trans y las personas migrantes, Eugeni Rodríguez ha denunciado que su precaria situación laboral se ha visto agravada y que muchas personas trans están conviviendo con quienes no respetan su autodeterminación de género. El presidente del Observatori ha destacado otras situaciones de vulnerabilidad que se han producido a lo largo de estos días y la entidad ha recogido, como son casos de violencia intragénero y de violencia en la red. «El odio se ha trasladado al único canal del que disponía que son las redes sociales con mensajes de acoso, descrédito, descalificación o difusión de estereotipos negativos y estigmatizadores, ya sea en mensajes directos, comentarios en publicaciones o a través de emisiones en directo», comenta Rodríguez.

El presidente del Observatori ha insistido en que «las políticas feministas y LGTBI deben deben ir de la mano y ser el eje central de las políticas de cualquier administración», aunque ha querido destacar muy especialmente la importancia del municipalismo en la tarea de erradicar la LGTBIfobia. Y ha aprovechado para recordar la necesidad de la aprobación de las leyes estatales trans y LGTBI.

En 2019 se dispararon las incidencias registradas por el Observatori

Recordamos que el Observatori contra l’Homofòbia hacía pública al comenzar 2020 el número total de incidencias por LGTBIfobia registradas por la entidad en 2019 en Cataluña: 161, una cifra que suponía un aumento del 44% respecto al 2018, cuando se registraron 113.

Eugeni Rodríguez detallaba entonces que «el disparo de las incidencias se ha dado de forma muy pronunciada en la ciudad de Barcelona» y que «respecto al ámbito son el ocio nocturno y el transporte público donde más LGTBIfobia se registra». Es obvio que la situación de confinamiento que vivimos desde el mes de marzo, y que afecta muy especialmente a estos dos ámbitos, supondrá un cambio muy significativo en el perfil de las agresiones este año 2020: el contexto familiar y vecinal cobrará un mayor peso. Algo que no es, precisamente, una buena noticia.

Fuente Dosmanzanas

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Recordatorio

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