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Archivo para Domingo, 6 de septiembre de 2015

Effetá… Ábrete

Domingo, 6 de septiembre de 2015

Hoy, ante el drama humanitario que estamos viviendo en esta Europa sorda y muda, esta Palabra se hace realidad más que nunca… Una vez más, Jesús, María y José no encuentran posada… Mientras Herodes le persigue … otros ojos indiferentes no quieren ver la tragedia… Effeta, Ábrete… ¿Lo hará señor Rajoy,  lo hará señor  Ministro? ¿Qué más tiene que pasar para que se pongan de acuerdo las autoridades europeas?

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Effetá

Ruidos.
Nos rodean.
Nos envuelven.
Nos aturden.
Tertulias, canciones,
opiniones,
discursos, eslóganes.
Anuncios, promesas,
noticias, debates,
conversaciones.
Ruido, ruido incesante,
que termina
atronando
a base de exceso
hasta que las palabras
ya no significan nada.
Mientras,
como un rumor de fondo,
la Palabra trata de hacerse oír.
Habla de justicia,
de amor verdadero,
de camino, verdad y vida.
Toca, Señor, nuestros oídos,
que se abran de nuevo
al rumor de tu presencia.
Sé la Voz que grita,
en el desierto
de los indiferentes,
de los que están de vuelta,
de los ensordecidos.
Voz que despierta
los anhelos más nobles
que llevamos escritos
en la sangre y la entraña.
*
José Mª Rodríguez Olaizola, sj
***
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En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.

Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:

“Effetá”, esto es “Ábrete”.

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.

Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían:

“Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.”

*

Marcos 7, 31-37

***

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“Curar nuestra sordera”. 23 Tiempo Ordinario – B (Marcos 7,31-37)

Domingo, 6 de septiembre de 2015
23-852859-300x235Los profetas de Israel usaban con frecuencia la «sordera» como una metáfora provocativa para hablar de la cerrazón y la resistencia del pueblo a su Dios. Israel «tiene oídos pero no oye» lo que Dios le está diciendo. Por eso, un profeta llama a todos a la conversión con estas palabras: «Sordos, escuchad y oíd».

En este marco, las curaciones de sordos, narradas por los evangelistas, pueden ser leídas como «relatos de conversión» que nos invitan a dejarnos curar por Jesús de sorderas y resistencias que nos impiden escuchar su llamada al seguimiento. En concreto, Marcos ofrece en su relato matices muy sugerentes para trabajar esta conversión en las comunidades cristianas.

  • El sordo vive ajeno a todos. No parece ser consciente de su estado. No hace nada por acercarse a quien lo puede curar. Por suerte para él, unos amigos se interesan por él y lo llevan hasta Jesús. Así ha de ser la comunidad cristiana: un grupo de hermanos y hermanas que se ayudan mutuamente para vivir en torno a Jesús dejándose curar por él.
  • La curación de la sordera no es fácil. Jesús toma consigo al enfermo, se retira a un lado y se concentra en él. Es necesario el recogimiento y la relación personal. Necesitamos en nuestros grupos cristianos un clima que permita un contacto más íntimo y vital de los creyentes con Jesús. La fe en Jesucristo nace y crece en esa relación con él.
  • Jesús trabaja intensamente los oídos y la lengua del enfermo, pero no basta. Es necesario que el sordo colabore. Por eso, Jesús, después de levantar los ojos al cielo, buscando que el Padre se asocie a su trabajo curador, le grita al enfermo la primera palabra que ha de escuchar quien vive sordo a Jesús y a su Evangelio: «Ábrete».

Es urgente que los cristianos escuchemos también hoy esta llamada de Jesús. No son momentos fáciles para su Iglesia. Se nos pide actuar con lucidez y responsabilidad. Sería funesto vivir hoy sordos a su llamada, desoír sus palabras de vida, no escuchar su Buena Noticia, no captar los signos de los tiempos, vivir encerrados en nuestra sordera. La fuerza sanadora de Jesús nos puede curar.

José Antonio Pagola

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“Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.” Domingo 6 se septiembre de 2015. Domingo 23º del tiempo ordinario

Domingo, 6 de septiembre de 2015

49-ordinarioB23 cerezoDe Koinonia:

Isaías 35, 4-7a: Los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará.
Salmo responsorial: 145: Alaba, alma mía, al Señor.
Santiago 2, 1-5: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres para hacerlos herederos del reino?.
Marcos 7, 31-37: Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

El profeta Isaías es el profeta de la consolación. El pueblo en medio del dolor que ha generado el destierro, necesita de una voz de aliento y esperanza, por eso el profeta los invita a tener valor a que «no tengan miedo», es necesario confiar en Dios pues él va a salvar a su pueblo de la esclavitud.

El profeta evoca con sus palabras el recuerdo de la tierra de Palestina con sus riquezas naturales, torrentes y manantiales, una tierra fértil y espaciosa, un paraíso o una tierra prometida, que les espera después del exilio, a la que regresarán como en un nuevo éxodo. En esta tierra se volverán a instaurar y reconstruirán el Templo, la ciudad y la historia. Y vivirán en plenitud, llenos de vida y salud, con sus órganos de los sentidos completos, capaces de percibir lo que está pasando a su alrededor. En las mismas palabras del profeta, se puede descubrir la fuerza de Dios, que busca reanimar a los abatidos y transformar la tierra devastada. El profeta anuncia tantos bienes que parece la llegada de los tiempos mesiánicos.

La carta de Santiago es un reclamo fuerte a la fraternidad. El que hace distinción de personas en la asamblea, es decir, en la celebración litúrgica, no puede ser cristiano. Santiago en su carta nos habla de diferencias y desigualdades en el interior de la misma comunidad, paradójicamente donde se tendría que construir otro modelo que prefigure la relación que los seres humanos deben construir en la vida social. En una palabra: la fraternidad, como fruto del mandamiento del amor, empieza en la misma celebración litúrgica y se debe hacer realidad en las relaciones sociales de los miembros de la comunidad.

Cada vez que el cristiano celebra la eucaristía debe asumir el compromiso del amor real, un amor que se hace efectivo en las obras que enriquecen la vida y la llenan de contenidos de humanización. Ésta es una tarea que tenemos que asumir para hacer de la celebración cristiana un espacio de vida abundante y de experiencia profunda de amor.

El evangelio de hoy nos dice que los paganos también fueron destinatarios del anuncio del Reino de Dios por parte de Jesús. Que saliendo Jesús de nuevo de la región de Tiro se dirigió por Sidón hacia el mar de Galilea, por en medio de los límites de la Decápolis, todo en territorio pagano. Y le trajeron un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Es una de las poquísimas veces que vemos a Jesús fuera de su país; si creemos a los evangelios, Jesús, prácticamente, no viajó al extranjero. Es importante señalar que en aquel entonces, ir al «extranjero» es también ir al «mundo de los paganos»… no como hoy. En este fragmento del evangelio de Marcos observamos a Jesús pues en medio de gente de otra religión… Puede ser muy significativo para nosotros el comportamiento que tenga hacia esas personas que no creen en el Dios de Abraham que cree Jesús…

En efecto. Vemos en primer lugar cómo Jesús no está entre los gentiles o paganos con una actitud «apostólica», no lo vemos preocupado por catequizarles. Tampoco parece preocupado por hacer entre ellos proselitismo religioso: no trata de convertir a nadie a su religión, a la fe israelítica en el Dios de Abraham. Y tampoco vemos que Jesús aproveche su paso para «impartir la doctrina», «enseñar y divulgar las santas máximas de su religión». Más aún: observemos que ni siquiera predica, no da discursos religiosos. Más bien, simplemente «cura». Es decir: no teoría, sino práctica. Hechos, no dichos.

No podemos decir que Jesús pase por el territorio pagano con indiferencia, o con los ojos cerrados, como si no tuviera nada que hacer allí… Más bien diríamos que lo que considera es que no tiene mucho que decir. No lo vemos discurseando, ni dando su «servicio de la palabra», sino curando y sanando. No habla del Reino (lo que es su «profesión» y hasta su «obsesión» dentro de los límites de Israel); fuera de su territorio religioso calla sobre el Reino y «hace Reino». O como dice la gente al verle: «hace el bien», no habla sobre el bien. (Y ya sabemos que «ubi bonum, ibi Regnum», «donde se hace el bien, allí está el Reinado de Dios», una fórmula que nos hace caer en la cuenta de una cierta tautología que se da entre «bien» y «Reino»; ya lo decía la antífona-canto del salmo 71: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia, tu Reino es Paz, tu Reino es Gracia, tu Reino es Amor…»).

Bien mirado, aunque Jesús no predica en esa región pagana, sí «ev-angeliza», en el sentido más exacto de la palabra: da la «buena noticia» («eu-angelo»). No «informa sobre ella», no trata de trasmitir «conocimientos salvíficos», ni siquiera de «poner signos» o de simplemente «anunciar-decir», sino de «hacer presente», de «poner ahí», de construir esos «hechos y prácticas» que son, por sí mismos, la «buena noticia». «Evangelización práctica», pues, sin teorías, ni palabras. (No estamos despreciando la teoría, la doctrina, la teología, la palabra… ni creemos que para Jesús no tuviera importancia… Lo que estamos queriendo decir -fijándonos en Él- es que también para nosotros, como para Él, el puesto de estas dimensiones «teóricas» es un puesto segundo; el primer puesto es para la Vida, para la acción, para la práctica del bien que identifica el Reino, no para la palabra que lo anuncia. Lo último que en definitiva perseguimos, es la práctica, los hechos, la realidad. La teoría, la palabra, la concienciación… también forman parte de la realidad, pero no como objetivos, sino como «instrumentos» para su consecución plena).

Excelente lección para nuestros tiempos de pluralismo religioso y de diálogo interreligioso. Tal vez nuestro histórico celo apostólico y misionero por la «conversión de los infieles», por la «llamada de los gentiles a la fe cristiana», por la «cristianización de las naciones de otra religión», o por «la expansión de la Iglesia» o su «implantación en otras áreas geográficas»… debieran mirar a Jesús y tomar nota de su peculiar conducta misionera. Tal vez hoy necesitaríamos, como Jesús, callar más y simplemente actuar. Es decir, dialogar interreligiosamente comenzando –como se suele decir técnicamente- con el «diálogo de vida»: juntarnos con los «otros» y conjugar nuestros esfuerzos en la construcción de la Vida (en la construcción del bien –«¡ibi Regnum!», ¡allí está el Reino!-). Porque si logramos estar unidos en la construcción del «Reinado de Dios» (no importa el nombre con que se designe, claro está), estaremos de hecho unidos en la adoración (práctica) del Dios del Reino. La doctrina, el dogma, la teología… vendrán después. Y caerán por su propio peso, como fruta madura, cuando el diálogo ya sea una realidad palpable en la práctica de la vida diaria.

«Todo lo hizo bien, hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos»; este versículo 37 tal vez sea una mala traducción, o una derivación de la exclamación que, más probablemente, brotó a los observadores de la conducta de Jesús: «Ha hecho todo el bien [que ha podido], hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos». O sea, sí que predicó Jesús a los gentiles, pero con «el lenguaje de los hechos», y no pidiendo una conversión “mental” a su religión, o a una nueva Iglesia que él no estaba pensando fundar, sino compartiendo con ellos su «conversión al Reino». Jesús no trataba de convertir a nadie a una nueva religión, sino de convertir a todos al Reino, dejando a cada uno en la religión en la que estaba. La conversión importante no es hacia una (u otra) religión, sino hacia el Reino, sea cual sea la religión en la que se dé.

La misión del misionero cristiano se inspira en Jesús. El misionero -todos nosotros, en determinadas circunstancias- no debe buscar la conversión de los «gentiles» a la Iglesia, como su primer objetivo, sino su conversión al Reino (sea cual sea el nombre con el que el “otro” lo llame, y recordando que de nominibus non est quaestio, que «acerca de los nombres no hay que discutir»). Y esa conversión, claro está, no es de diálogo teórico, ni de predicación doctrinal solo… sino de «diálogo de vida» y de construcción del Reino. Leer más…

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Dom 6.9.15. EFETA: Ábrase, “milagro” en la tierra convulsa

Domingo, 6 de septiembre de 2015

Del blog de Xabier Pikaza:

imagesDom 23, ciclo b. Mc 7, 31-37. El “milagro” de este día consta de tres partes, muy significativas y actuales:

El lugar es un camino por tierras (casi) de ISIS, de las fronteras de Tiro-Sidón (actual Fenicia), a través de Fenicia-Siria o de la Alta Galilea y la Gaulanítide (Golán) a la Decápolis (en la actual Siria o Jordania), lugares de máxima actualidad en estos días.

‒ El “milagro” es la curación de un hombre que tenía cerrados el oído y la lengua. Curar es abrir, que este hombre pueda comunicarse con otros, en virtud de una palabra que ¡Efeta! Abríos oídos y labios, abríos fronteras y corazones de unos hombres (judíos y/o pagano, arameo, árabes, cristianos… en una tierra que sigue ensangrentada por falta de palabra.

‒ La tercera parte destaca la admiración de la gente y del mandato de silencio de Jesús: Quiere hacer, quiere curar, no hacer propaganda. Que cesen las palabras que acusan y/o mienten, que aprendamos a convivir, sabiendo escuchar, sabiendo hablar.

No hay mención de Dios en toda la escena a no ser la palabra éfeta (que puede ser un plural divino), pero todo es Dios en ella. Una palabra para aquella tierra hoy en manos de la guerra. Una palabra para todos nosotros, conmocionados por el niño que venía de allí hacia nosotros, pero que murió en la playa, como hemos podido ver estos días.

Para aficionados a la geografía antigua y moderna presento unos mapas, que nos pueden ayudar a situar el tema, en tiempo antiguo y en el nuestro:

Mapa 1º . El conjunto de la tierra, con Tiro y Sidón arriba, a la izquierda… y el lago de Galilea más abajo. Trazad un camino que vaya de Sidón…a la Decápolis al otro lado del Mar de Galilea (sin pasar por Galilea).

Mapa 2º. Zona norte, con Tiro-Sidón a la izquierda y Decápolis al otro lado del Mar de Galilea (zona actual de Siria y Jordania).

Mapa 3º, al final del texto. Tiro y Sidón al sur, izquierda, en el actual Líbano, a la altura de Damasco (a la derecha). Al sur izquierda el mar azul de Galilea, muy pequeño. La zona derecha de ese mar aparece como Siria, pero ahora está ocupada por Israel. Hacia el centro de Siria está Palmira. De allí al norte y oriente todo parece ocupado por ISIS.

El texto que presento aquí es más bien sencillo; quien quiera seguir profundizando puede ir a mi Comentario de Marcos (Verbo Divino, Estella 2013).

Texto: Mc 7

images3(a. Presentación) 31 Y de nuevo, saliendo de las fronteras de Tiro, llegó, a través de Sidón, al mar de Galilea, a través de las fronteras de la Decápolis. 32 Y le llevaron un hombre que era sordo y tartamudo y le suplicaban que le impusiera la mano;

(b. Milagro) 33 y separándolo de la gente y, a solas con él, le metió los dedos en los oídos y escupiendo tocó la lengua con saliva. 34 Luego, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: Effatha (que significa: ábrete).35 Y al momento se le abrieron sus oídos, se le soltó la traba de la lengua y comenzó a hablar correctamente.

(c. Conclusión) 36 El les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, más lo pregonaban. 37 Y en el colmo de la admiración decían: Todo lo ha hecho bien. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos (1) .

7, 31-32. PRESENTACIÓN

Jesús está recorriendo un camino que lleva de Tiro, al noroeste de Galilea, en el Mar Mediterráneo, en Fenicia-Siria (entonces unidas), por el camino del Norte, a través de Sidón (en el mismo Gran Mar) al Pequeño Mar de Galilea (lugar de encuentro de los diversos pueblos), pasando por la Decápolis, que está básicamente al oriente, al otro lado de Galilea, entre Siria, Jordania y Palestina . Leamos de nuevo el texto:

Y de nuevo, saliendo de las fronteras de Tiro, llegó, a través de Sidón, al mar de Galilea, a través de las fronteras de la Decápolis. Y le llevaron un hombre que era sordo y tartamudo y le suplicaban que le impusiera la mano

Es un camino en zigzag, difícil de fijar en el mapa, al menos de un modo rectilíneo, pues el quizá el relato tiene un sentido y una finalidad más teológica y pastoral que geográfica, indicando que Jesús quiere curar a los paganos del entorno de su tierra. Sea como fuere, el recorrido es muy importante:

‒ Jesús, que en Mc 7, 24 estaba en el territorio de Tiro, sube hacia el norte (por la zona de Sidón), abarcando de esa forma el conjunto de Felicia, zona muy significativa en la historia más antigua de Israel (en especial en los relatos de Elías y Eliseo) y también en el comienzo de la Iglesia.

‒ Pues bien, en vez de dirigirse después directamente hacia el sudeste, al mar de Galilea, Marcos dice que Jesús dio un gran rodeo, pasando por la Decápolis (=Las Diez Ciudades), un ancho territorio de metrópolis siro-helenistas (entre las que se hallaban Damasco y Gerasa), al norte y al este del Mar de Galilea.

‒ Para hacer ese camino, Jesús ha debido cruzar los valles del gran Hermón, entrando en la actual Siria, para descender a la Decápolis. No sabemos dónde está Jesús en el momento del “milagro” aunque todo nos permite suponer que se encuentra fuera de la tierra de Israel, en una zona que puede actualmente de mucho conflicto.

Ciertamente, el sordo-tartamudo de este relato puede ser judío (pues había muchos judíos en la zona), pero puede igualmente ser pagano; lo que importa es que es un sordomudo, alguien que no puede escuchar, ni hablar, ni comunicarse. Es un hombre que vive cerrado en sí mismo, como parecen estar actualmente los que combaten en aquel frente (como parecemos seguir estando nosotros, los de Occidente, tierra a la que entonces se llegaba por los puertos de Tiro y Sidón, abiertos a todas las naves de Grecia, de Roma y de Tarsis.

El texto que le traen a un hombre que es sordo (no es capaz de escuchar la palabra) y tartamudo (mogilalon: tiene la lengua impedida), de manera que apenas se expresa. Es un enfermo de comunicación: no puede hablar expresarse con soltura, ni puede escucha la voz de Dios, ni comunicarse de verdad con los demás.

Este hombre es es un esclavo de su propia sordera y tartamudez: no logra entender lo que dicen, no puede decir lo que quiere. Por eso vive encerrado en la doble distorsión de su lenguaje, como alguien que es incapaz de escuchar y hablar, sin poder conversar con los demás.

Así aparece como signo de aquellos que no entienden (¡no quieren entender!), prefieren mantenerse en sus esquemas viejos, escuchando sólo sus palabras y razones, que terminan siendo razones de violencia.

Parece condenado al aislamiento permanente, pero no está completamente sólo: tiene a su lado personas que le llevan (como los camilleros del paralítico en 2, 1-12) y que ruegan a Jesús, para que le imponga las manos, en gesto de autoridad (que se repite con los niños en 10,16) y de curación.

Está enfermo de sordera, pero lo reconoce, y se deja llevar. Está enfermo, pero vive en una comunidad humana que quiere ayudarle. Es un enfermo curable.

7, 33-35. ABRIR LOS OÍDOS, SOLTAR LA BOCA.

Para que este enfermo entienda y hable, es decir, para que pueda comunicarse con los demás, ha de haber alguien que le abra los oídos y le suelte la lengua. Y esto es lo hace con él Jesús, siguiendo probablemente un ritual de catequesis e iniciación humana, que se utilizaba en la Iglesia primitiva. Éste “milagro” es pues una terapia: Hacer que este hombre pueda escuchar, pueda hablar, comunicarse:

Y Jesús le llevó aparte y, a solas con él, le metió los dedos en los oídos y escupiendo tocó la lengua con saliva. Luego, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: Effatha/Efeta (que significa: ábrete). Y al momento se le abrieron sus oídos, se le soltó la traba de la lengua y comenzó a hablar correctamente.

Éste es un “milagro” en el sentido clásico de término, es decir, una terapia, una sanación. El evangelio lo cuenta de una forma que parece “mágica”, conforme a los rituales simbólicos de aquel tiempo. Pero se trata de lo más hondo y sencillo:

‒ Abrir los oídos, hacer que unos hombres y mujeres puedan escuchar, entender lo que dicen otros, aprender un lenguaje de comunión, saliendo de su sordera violenta;

‒ Curar la lengua, lograr que este hombre (estos hombres, los de aquella zona, nosotros…) pueda hablar. Todo está aquí, en que podamos comunicarnos. Que aquellos hombres escuchen, y que escuchemos nosotros. Que aquellos hombres hablen, y que hablemos nosotros… Una vez que hablemos, sin mentira, podremos resolver nuestros problemas. Leer más…

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¿Es Jesús un mago o el Mesías? Domingo 23. Ciclo B

Domingo, 6 de septiembre de 2015

porta23-12Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La dificultad de curar a un sordo

Cuando llegamos al final del capítulo 7 del evangelio de Marcos, Jesús ha curado ya a muchos enfermos: un leproso, un paralítico, uno con la mano atrofiada, una mujer con flujo de sangre; incluso ha resucitado a la hija de Jairo, aparte de las numerosas curaciones de todo tipo de dolencias físicas y psíquicas. Ninguno de esos milagros le ha supuesto el menor esfuerzo. Bastó una palabra o el simple contacto con su persona o con su manto para que se produjese la curación.

            Ahora, al final del capítulo 7, la curación de un sordo le va a suponer un notable esfuerzo. El sordo, que además habla con dificultad (algunos dicen que los sordos no pueden hablar nada, pero prescindo de este problema), no viene por propia iniciativa, como el leproso o la hemorroisa. Lo traen algunos amigos o familiares, como al paralítico, y le piden a Jesús que le aplique la mano. Así ha curado a otros muchos enfermos. Jesús, en cambio, realiza un ritual tan complicado, tan cercano a la magia, que Mateo y Lucas prefirieron suprimir este relato.

«Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua.  Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: «Effatá», que quiere decir: «¡Ábrete!». Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. Y se maravillaban sobremanera y decían: “Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.»

            Conviene advertir cada una de las acciones que realiza Jesús: 1) toma al sordo de la mano; 2) lo aparta de la gente y se quedan a solas; 3) le mete los dedos en los oídos; 4) se escupe en sus dedos; 5) toca con la saliva la lengua del enfermo; 6) levanta la vista al cielo; 7) gime; 8) pronuncia una palabra, effatá (se discute si hebrea o aramea), misteriosa para el lector griego del evangelio.

            Desde el punto de vista de la medicina de la época, lo único justificado sería el uso de la saliva, a la que se concede un poder curativo. Las otras acciones, el gemido, la palabra en lengua extraña, nos recuerdan al mundo de la magia.

            Sin embargo, los espectadores no piensan que Jesús sea un mago. Se quedan estupefactos, pero no relacionan el milagro con la magia sino con la promesa hecha por Dios en el libro de Isaías, que leemos en la primera lectura: «Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo.» La curación demuestra que con Jesús ha comenzado la era mesiánica, la época de la salvación.

La dificultad de curar a un ciego

Si la selección de los textos litúrgicos hubiera estado bien hecha (¡ojalá la Comisión de liturgia realice algún día su revisión!), dentro de dos o tres domingos habríamos leído un milagro parecido, de igual o mayor dificultad, y fundamental para entender el evangelio de hoy: la curación de un ciego. Como no se lee, recuerdo lo que cuenta Marcos en 8,22-26. Le presentan a Jesús un ciego y le piden que lo toque. Exactamente igual que ocurrió con el sordo.

            Jesús: 1) lo toma de la mano; 2) lo saca de la aldea; 3) le unta con saliva los ojos; 4) le aplica las manos; 5) le pregunta si ve algo; el ciego responde que ve a los hombres como árboles; 6) Jesús aplica de nuevo las manos a los ojos y se produce la curación total. Los relatos no coinciden al pie de la letra (aquí falta el gemido y la palabra en lengua extraña) pero se parecen mucho. No extraña que Mateo y Lucas supriman también este episodio.

La sordera y ceguera de los discípulos

            ¿Por qué detalla Marcos la dificultad de curar a estos dos enfermos? La clave parece encontrarse en el relato inmediatamente anterior a la curación del ciego, cuando Jesús reprocha a los discípulos: «¿Tenéis la mente embotada? Tenéis ojos, ¿y no veis? Tenéis oídos, ¿y no oís?» (Mc 8,17-18).

            Ojos que no ven y oídos que no oyen. Ceguera y sordera de los discípulos, enmarcadas por las difíciles curaciones de un sordo y un ciego. Ambos relatos sugieren lo difícil que fue para Jesús conseguir que Pedro y los demás terminaran viendo y oyendo lo que él quería mostrarles y decirles. Pero lo consiguió, como veremos el domingo 30, cuando Jesús cure al ciego Bartimeo.

Reflexión final

Tomado por sí solo, en el evangelio de hoy destaca la reacción final del público: «Todo lo ha hecho bien». Recuerda las palabras que pronunciará Pedro el día de Pentecostés, cuando dice de Jesús que «pasó haciendo el bien». El público se fija en la promesa mesiánica; Pedro, en la bondad de Jesús. Ambos aspectos se complementan.

Pero quien desea conocer el mensaje de Marcos no puede olvidar la relación de este milagro con la curación del ciego. Debe verse reflejado en esos discípulos con tantas dificultades para comprender a Jesús, pero que siguen caminando con él.

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“Bendita maldita muerte”, por Jesús Bastante

Domingo, 6 de septiembre de 2015

Arte_de_la_Muerte_de_Aylan_KurdiDe su blog El Barón Rampante:

Miles de niños mueren a diario en todo el mundo, víctimas del maltrato, los secuestros, el hambre… En una palabra, la injusticia de un mundo cada vez menos humano. Nos hemos hecho callo. Ya no apartamos la cuchara de la boca cuando vemos en las noticias las tragedias que continuamente sacuden los cuatro puntos cardinales. Nos da igual. No nos toca. Y, sin embargo, cada vez menos a menudo, pero aún sucede, algo remueve nuestras conciencias y nos anima al cambio.

La imagen del pequeño Aylan ahogado en la playa de la isla de Kos ha dado la vuelta al mundo. Un niño vestido “como los nuestros”, que parecía dormido pero que no despertará. No es el único, sólo es un caso. Uno más de las decenas de miles de refugiados que huyen de la guerra en Siria, que buscan mejores condiciones de vida para ellos y sus familias. La situación no es nueva, los muertos sí: siempre lo son. En Siria, en el Mediterráneo, en Centroáfrica, en Nigeria, en Irak, en China, en Brasil…. a diario muchos seres humanos, muchos silencios, muchas armas arrojadizas entre gobernantes y políticos de una Europa que no se reconoce a sí misma.

En ocasiones, como decía, una sola imagen consigue prender la mecha de la vergüenza, y nos hace actuar. Fue Aylan, como podían haber sido Ahmed, Lucas, Sofie… Malditas muertes de niños, injustas muertes de personas que sólo buscaban salvar sus vidas y que encontraron un muro, una valla, una verja, unos ojos mirando al suelo frente a sí. Detrás, el degüello, los secuestros, las violaciones…

Hay mucha pobreza en este mundo, demasiada hipocresía, una asfixiante miseria moral. Hoy, gracias a la imagen del pequeño Aylan (como antes las de los niños quemados por el napalm, o la pequeña acechada por un buitre), el mundo parece haber despertado de su letargo. Al menos hasta la próxima vez que otra imagen deje sin cenar a los Opulones de la Tierra. Bendita maldita muerte la de este niño y de su cuerpo mojado, salado, roto, mecido por el mar, que paradójicamente tal vez sirva para salvar miles de vidas.

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“Si no acogemos a los refugiados, tendremos que guardar el Evangelio en un congelador”

Domingo, 6 de septiembre de 2015

el-drama-de-los-refugiadosOsoro, Sistach, Barrio, Catalá o Cañizares capitanean la solidaridad de la Iglesia española

Los obispos piden a los fieles una actitud de acogida para con “estos hermanos necesitados”

Las principales diócesis españolas están tomando la iniciativa en la crisis de refugiados en toda Europa, que huyen de la guerra y la miseria. Madrid, Barcelona, Málaga, Valencia o Compostela, entre otras, han anunciado una batería de medidas que se suman a los comunicados de la Conferencia Episcopal, Cáritas, Confer, Justicia y Paz o Acción Católica.

Así, en Madrid, Carlos Osoro ha convocado una Mesa por la hospitalidad en la Iglesia en Madrid para abordar la situación de los refugiados y desplazados que llaman a las puertas de Europa y dar una respuesta conjunta y coordinada desde la Iglesia madrileña. La primera reunión de esta mesa, a la que han sido invitadas varias delegaciones y organismos que trabajan con migrantes y refugiados en Madrid, se celebrará el próximo lunes, 7 de septiembre, y estará presidida por el propio monseñor Osoro.

El arzobispo de Madrid ha mostrado su preocupación por esta crisis humanitaria en su última carta semanal, en la que pide que “no robemos la dignidad del hombre”: “Trabajemos incansablemente por quienes llegan de otros lugares. Hagamos que se reconozcan sus derechos, y todo lo que está en nuestra mano para que todos los que llegan encuentren hermanos que les reconocen en su dignidad de imagen y semejanza de Dios”.

Asimismo, en los próximos días, monseñor Osoro publicará una nueva carta dirigida a todos los católicos madrileños para recordar la enseñanza social de la Iglesia en este punto, la responsabilidad de los poderes públicos y la necesidad de realizar signos eficaces de acogida por parte de la comunidad cristiana.

Por su parte, el Arzobispado de Barcelona ha decidido destinar parte del edificio de La Conreria, el antiguo Seminario Menor Diocesano, para acoger familias de refugiados.

En los últimos meses, Cáritas Diocesana de Barcelona ha ido dando apoyo económico a muchas familias de refugiados en situaciones vulnerables que están gestionando sus peticiones de asilo y poniendo sus recursos para paliar las situaciones de sufrimiento de estas personas y familias.

El cardenal arzobispo de Barcelona, Dr. Lluís Martínez Sistach, pide a los diocesanos, familias e instituciones, que tengan una actitud de acogida y que ayuden a estos hermanos necesitados. Pide también a las parroquias y comunidades que recen para que desaparezcan las causas que provocan fundamentalmente las migraciones actuales: las guerras y la falta de trabajo en los lugares de origen.

El vicario de Acción Sociocaritativa de la Diócesis de Málaga, Gabriel Leal, ha animado este viernes a las comunidades cristianas, instituciones y administraciones públicas a que acojan a los refugiados que están llegando a Europa, la mayoría huyendo del conflicto de Siria.

Leal ha manifestado que desde el Obispado “estamos dispuestos a ayudar, a arrimar el hombro y a poner los pocos o muchos medios que tengamos, si son los adecuados“. También ha indicado a Europa Press que la Iglesia malagueña está colaborando con la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), ya que el Obispado posee una infraestructura de sitios habitables “muy reducida”, por lo que es esta entidad la que se encarga de gestionar los lugares de acogida.

Además, ha precisado que desde Cáritas también se está planteando, a través de la red de Cáritas Española, acoger a algunas personas, aunque “por desgracia tenemos pocas superficies”. En relación con las administraciones públicas, ha señalado que la Conferencia Episcopal Española y el Papa Francisco han demandado a los jefes de Estado europeos que actúen.

“Nosotros se lo pedimos a todos los cristianos, a las administraciones públicas malagueñas y a todas las instituciones de la Iglesia que tengan la posibilidad”, ha apostillado.

Además, ha apuntado que “no hemos hablado de este tema” con el Ayuntamiento de Málaga, pero ha añadido que la actitud del equipo de gobierno actual, especialmente, del alcalde, Francisco de la Torre, es “de una gran sensibilidad en estos temas, y no me cabe la menor duda de que arrimarán el hombro”, y “la Administración andaluza también”.

El vicario ha lamentado que se trata de una crisis “horrorosa” que “nos toca porque muchos de ellos son creyentes y han sido perseguidos, cristianos fundamentalmente, pero también musulmanes”, ha dicho. “Nos toca” porque si no los acogemos “tendremos que guardar el evangelio en un congelador”, ha agregado.

“Gracias a Dios, parece que se han despertado las conciencias en Europa, a nivel de jefes de Estado“, ha aplaudido, añadiendo quela Iglesia seguirá haciendo lo que ha venido haciendo, sólo que si hay que esforzarse más, intentaremos hacerlo hasta donde podamos”, ha señalado, preguntándose “cómo no lo vamos a hacer“.

Finalmente, ha destacado que existe colaboración: “animar a que no aparezcan brotes de rechazo y a que las comunidades cristianas acojan a los refugiados como son”, porque “la mayoría de los que vienen son cristianos, son hermanos nuestros, y tenemos que abrirles las puertas de par en par en todos los sitios. Vienen a su casa“.

 “Si les hablo con sinceridad”, dijo el arzobispo compostelano, Julián Barrio, “claro que nos preocupa si se abre o no la Puerta Santa Jacobea, pero me preocupa mucho más en este momento cómo ver cómo nuestra Diócesis puede contribuir a la acogida de algunos refugiados“.

Monseñor Barrio se refería al drama que están viviendo en estos momentos tantos refugiados procedentes de países en conflicto bélico o con dificultades económicas, cuyas imágenes recientes han conmocionado a la opinión pública europea. “Es verdad que nosotros no los hemos echado fuera de su país, pero nada que afecte a los demás nos puede ser ajeno, dijo monseñor Barrio.

El arzobispo compostelano aludió a la disponibilidad de la Iglesia española para afrontar este reto humanitario y recordó la acogida que “se está haciendo desde Cáritas” para atender las necesidades de tantas personas vulnerables que han tenido que abandonar sus países.

Finalmente, la archidiócesis de Valencia ha empezado a acoger en viviendas del propio Arzobispado a familias inmigrantes desplazadas por la crisis migratoria en el Mediterráneo.

De igual modo, en el Arzobispado ha sido creada la Comisión Diocesana de Ayuda a Refugiados y Cristianos Perseguidos, en la que participan responsables de Cáritas diocesana de Valencia así como de diferentes órdenes y congregaciones religiosas.

Ambas iniciativas han sido decididas por el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, “que dispuso la creación el pasado mes de julio de la comisión diocesana de ayuda `ex profeso´ ante esta catástrofe humanitaria”, según han indicado hoy a la agencia AVAN fuentes del Arzobispado.

De esta manera, cinco familias llegadas a Valencia han sido alojadas en las últimas semanas en otros tantos pisos del Arzobispado, que han sido convenientemente acondicionados.

Además, a través de las vicarías episcopales, el Arzobispado está consultando también a todas las parroquias de la diócesis para conocer su disponibilidad de viviendas en las que puedan ser alojadas más familias de desplazados, según las mismas fuentes.

“Estamos impresionados y desbordados ante la que es la mayor crisis migratoria en Europa desde la Segunda Guerra Mundial”, según ha señalado a la agencia AVAN el sacerdote Olbier Hernández, director del Secretariado Diocesano de Inmigrantes y Refugiados.

“Necesitamos motivar a las familias y a las parroquias para que se impliquen en esta ayuda urgente a los refugiados, a la que nos convoca también nuestro Arzobispo desde que tomó posesión de la archidiócesis”, ha precisado.

(RD/Agencias)

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Católicos, musulmanes, judíos y evangélicos, con los refugiados

Domingo, 6 de septiembre de 2015

vallaA los judíos, les recuerda los trenes nazis

Los musulmanes denuncian la reacción de República Checa o Hungría

Católicos, musulmanes, judíos y evangélicos de España prestarán su ayuda, su experiencia, sus profesionales y sus centros de acogida para atender a los refugiados que lleguen a España en medio de la crisis humanitaria que se vive en las fronteras europeas ante la llegada de miles de personas que huyen de la guerra en sus países, en su mayoría de Siria.

Los obispos españoles han llamado a las diócesis a que ofrezcan sus centros de acogida y comunidades para acoger a refugiados y han pedido “más generosidad” al Gobierno y a los ciudadanos.

“Reiteramos nuestra petición de la más amplia generosidad en este momento, para la acogida de quienes piden refugio y acogida de manera urgente. Pedimos también la comprensión y colaboración de todos los ciudadanos, a la vez que ofrecemos la de nuestras comunidades y centros de acogida”, señalan desde la Comisión Episcopal de Migraciones.

Según indican, hace dos años ya pidieron al Gobierno la acogida en España de algún grupo de refugiados sirios pero no obtuvieron respuesta. Ahora, vuelven a insistir por “razones humanitarias y evangélicas”, por “un especial deber de justicia y caridad” y reclaman a los gobiernos de Europa un mayor empeño en buscar “soluciones globales”.

CARTA A LA COMUNIDAD CRISTIANA

En esta línea, el arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Carlos Osoro, ha adelantado a Europa Press que, en los próximos días, enviará una carta a las comunidades cristianas de su diócesis para que acojan a refugiados tanto en parroquias como en familias cristianas.

Osoro ha explicado que la postura de acogida de la Iglesia es “clara” y ha subrayado que “no abrir las puertas” a los refugiados “no es cristiano”. “¿Cómo veo yo que haya situaciones en que no se abran las puertas? Esto no es cristiano”, ha advertido el arzobispo, al tiempo que ha pedido a los gobiernos que se “unan” y “busquen soluciones dignas y adecuadas”.

Entre otras diócesis, también se está movilizando la de Palencia desde la que han ofrecido toda su colaboración a la diputación de cara a la acogida de refugiados y donde ya hay familias que piensan ofrecer su segunda residencia a los refugiados que lleguen.

CON CUENTAGOTAS

Por otro lado, los musulmanes también se están preparando para recibir a estas personas con las que además comparten la fe. El responsable de la Comisión Islámica de España (CIE) y presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE), Riay Tatary, ha asegurado que ayudarán a los refugiados que lleguen a España, al igual que lo han hecho hasta ahora con los inmigrantes que han llegado a cuentagotas.

Vamos a colaborar y todos los esfuerzos que tenemos los vamos a poner con las administraciones del Estado dentro de las capacidades nuestras”, ha subrayado Tatary. Y aunque ha precisado que no disponen de centros de acogida, ha afirmado que colaborarán ayudando a orientarles, especialmente a los jóvenes.

Tatary ha afirmado que todos los musulmanes están muy afectados por lo que está ocurriendo y ha tachado de “no idónea” la reacción de algunos países europeos, como República Checa o Hungría ante la llegada de refugiados, máxime cuando, según ha indicado, “se vende en todo el mundo una Europa de derechos y libertades”.

RECUERDA A LOS TRENES NAZIS

También la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE) está pensando actuaciones para ayudar en la acogida de los refugiados que lleguen al país, ante esta crisis humanitaria que si bien creen que no puede compararse con el “horror” que vivieron sus antepasados judíos, que iban directamente a la muerte, sí “recuerda” de algún modo a aquellos trenes nazis.

Según explican a Europa Press, los judíos de España están “tan impactados y sensibilizados por lo que está ocurriendo en las fronteras europeas ante la llegada de miles de personas que huyen de la guerra, que les ha llevado a tomar decisiones que esperan se plasmen en breve.

Asimismo, desde la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE) y, concretamente, desde su departamento de acción social, Diaconía, están coordinándose para poner en marcha en España un programa de atención a estas personas.

El presidente de Diaconía, Enrique del Árbol, ha explicado que pueden aportar no solo sus centros residenciales sino también las experiencia de cerca de 20.000 profesionales que llevan años trabajando con los inmigrantes que han llegado a España en cayucos. Según ha precisado, las comunidades evangélicas podrían llegar a recibir entre 100 y 300 refugiados.

“Creemos que desde nuestras iglesias debemos colaborar ante este drama humano. Queremos prepararnos para aportar todo lo que podamos”, ha subrayado el secretario ejecutivo de FEREDE, Mariano Blázquez.

(RD/Ep)

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Acción Católica, ante el drama de los refugiados: «Que su grito se vuelva el nuestro»

Domingo, 6 de septiembre de 2015

refugiados-en-hungriaComunicado de la Acción Católica de España ante el drama de los refugiados

En tantas personas desplazadas y exiliadas vemos el rostro sufriente de Cristo necesitado de abrazo”

Comunicado de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Acción Católica General (ACG), Juventud Obrera Cristiana (JOC), Juventud Estudiante Católica (JEC), FRATER España, Profesionales Cristianos (PX), Mujeres Trabajadoras Cristianas (MTC), Movimiento Rural Cristiano (MRC) y Movimiento de Jóvenes Rurales Cristianos (MJRC).

Ante la dramática crisis migratoria de la que nuestro país y nuestro continente están siendo testigos durante las últimas semanas, queremos expresar nuestro profundo dolor por la realidad de miles de personas que, huyendo de la guerra, el conflicto y la persecución religiosa, buscan asilo y reclaman a Europa auxilio y acogida en un desolador éxodo que se ha cobrado ya multitud de vidas humanas, muchas de ellas de jóvenes y niños.

Somos conscientes de que se trata de un drama que lleva tiempo asolando a nuestros pueblos hermanos sin que Europa haya, hasta la fecha, encontrado una solución satisfactoria para tal problema de largo alcance que, más allá de sus implicaciones políticas y sociales, se ha convertido en una tragedia humana sin precedentes.

Multitud de esperanzas, proyectos de vida e ilusiones naufragan en las costas o agonizan en las carreteras y fronteras de nuestra Europa, sueño de paz y prosperidad para tantos hombres y mujeres que huyen del horror y la desesperación.

Como Acción Católica Española, Iglesia en el mundo, nos sentimos llamados a alzar nuestra voz como reclamo en favor de quienes consideramos hermanas y hermanos, habitantes de nuestra casa común, esta aldea global que, todavía hoy, palidece bajo los muros de la opresión y los signos de la separación que marcan las diferencias culturales, religiosas, sociales y políticas. Para nosotros, como afirma San Pablo, “ya no hay distinción entre judío o no judío, entre esclavo o libre, entre varón o mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal 3,28)

En tantas personas desplazadas, oprimidas y exiliadas vemos el rostro sufriente de Cristo necesitado de abrazo, cuidado y acogida, pues “cuando lo hicisteis con uno de estos, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40) y nos sentimos impelidos por las palabras del Papa Francisco en su invitación a poner la misericordia en el centro de nuestra mirada y en nuestro corazón: “Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo.”

Nos comprometemos a orientar nuestra reflexión y nuestra acción a promover una cultura de encuentro y acogida para todas las personas, signo del proyecto del Reino que Dios sueña para toda la humanidad.

Valoramos, apoyamos y llamamos a la ciudadanía a sumarse a las iniciativas de reivindicación y movilización que rápidamente han surgido en diversos puntos de nuestro país y en nuestra Iglesia, muestra de la preocupación y el deseo de la sociedad de comprometerse para solucionar esta situación.

Asimismo, reclamamos a los gobiernos, especialmente al nuestro, que asuman con solidaridad y valentía la responsabilidad de garantizar la protección y la acogida de toda vida humana desprotegida y víctima del conflicto y la persecución.

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A Mons. Carlos Osoro, y a la CEE: una propuesta

Domingo, 6 de septiembre de 2015

nic3b1o-sirioDel blog de xabier Pikaza:

Entre el cúmulo de comunicados sobre el tema de los extranjeros que llegan (con el fondo del niño ahogado en la playa, que ha sacudido la conciencia de muchos), quiero destacar dos que me parecen más significativos en un plano de Iglesia. El primera es de Mons. C. Osoro, y por eso (y por el hecho de haberle conocido ya hace muchos años) me atreveré a dirigirle después una propuesta (que va dirigida a toda la CEE):

COMUNICADOS

1. Mons. Carlos Osoro, Vicepresidente de la Conferencia Episcopa Española, acaba de publicar una carta pastoral en la que dice “Trabajemos incansablemente por quienes llegan de otros lugares. Hagamos que se reconozcan sus derechos, y todo lo que está en nuestra mano para que todos los que llegan encuentren hermanos que les reconocen en su dignidad de imagen y semejanza de Dios”. “Los problemas que surgen para su acogida solamente se pueden resolver colaborando todos los países y teniendo como meta el respeto a la persona”

(http://blogs.periodistadigital.com/religiondigital.php/2015/09/02/nunca-robemos-la-dignidad-del-hombre

2. Varias organizaciones cristianas (Caritas, Confer y Justicia y Paz) acaban de publicar un comunicado urgente, pidiendo un cambio real de estructuras (que se dejen de construir vallas… y de buscar ya sólo respuestas policiales…), en la línea de lo que está pidiendo el Papa Francisco: “… un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta…”. (http://www.periodistadigital.com/religion/ 3.9.15). En esa línea ofrecen y buscan respuestas y concretas al problema planteado por los emigrantes/extranjeros que llegan a nuestra puerta.

En este contexto, desde este humilde blog, retomando lo que he dicho en mis tres postales anteriores (dedicadas al tema), elevo a Mons. Carlos Osoro, en su condición de Vicepresidente de la CEE, una propuesta que considero urgentísima, porque (como dicen Caristas, Confor y Justicia y Paz) ha llegado la hora de pasar de las palabras hermosas y necesarias a los hechos.

PROPUESTA

En mi nombre, y en el de varios amigos y colegas con los que me he puesto en contacto, pido:

1. Que se celebre con toda urgencia (mañana mejor que pasado mañana) un pleno monográfico la CEE sobre el tema, con la colaboración de los agentes sociales de la Iglesia, entre los que se encuentran los ya citados y otros (como pueden ser Karibu, Manos Unidas, Pastoral Penitenciaria, Cofradías penitenciales…), para tratar del problema planteado por la llegada de cientos de miles de extranjeros.

2. Que la Iglesia en su conjunto ponga sus medios espirituales, sociales y materiales (escuelas y parroquias, conventos y cofradías…) al servicio de la acogida de los extranjeros que vienen y de los refugiados. Es una inmensa “vergüenza eclesial” (y un gozo humano) que muchos ayuntamientos e instituciones sociales (¡y más en manos de las llamadas “izquierdas”!) estén planeando y queriendo ofrecer unos servicios que las iglesias como tales no ofrecen.

Los responsables políticos del Estado Español y del conjunto de la Comunidad Europea están mostrando en este momento, en general poca sensibilidad ética (y política) ante este problema (como dicen los grupos antes citados). Éste es un buen momento para que la Iglesia sacuda ese fondo ético (y cristiano) de la solidaridad de este país, a favor de los refugiados, haciendo que cambie la conciencia de este país y la política de su Estado (y la política de conjunto de la Unión Europea).

Hay mucha gente que espera y pide en este campo una palabra urgente de la Iglesia. Necesitamos vuestra voz, una VOZ DE IGLESIA Y DE HUMANIDAD, querido Carlos

Con todo respeto
X. Pikaza

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