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Domingo II de Pascua. 16 Abril, 2023

domingo, 16 de abril de 2023
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Jesús hizo en presencia de sus discípulos muchos más signos de los que han sido recogidos en este libro. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el mesías, el Hijo de Dios; y para que, creyendo tengáis en él vida eterna.”

(Jn 20, 19-31)

Hoy es fácil hablar de los apóstoles reunidos “a puerta cerrada” o de las dudas de Tomás. También de la insistencia del resucitado en ofrecerles paz a aquellos discípulos amedrantados por el miedo.Y está muy bien hablar de todas estas cosas. Ya que muchas veces el conocer la experiencia de otras personas nos ayuda a confrontar nuestras vidas.

Pero lo cierto es que al leer el evangelio me han golpeado los dos últimos versículos. Los que la Biblia de la Casa de la Biblia titula: “Finalidad del evangelio”. Los dos versículos con los que hemos empezado este comentario:

“Jesús hizo en presencia de sus discípulos muchos más signos de los que han sido recogidos en este libro. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el mesías, el Hijo de Dios; y para que, creyendo tengáis en él vida eterna.” (Jn 20, 30-31)

De manera que el evangelio, los evangelios, no pretenden contarnos la vida de Jesús, un Galileo del siglo primero. Tampoco nos quieren contar lo que sucedió en un momento dado, no son una crónica. El evangelio es un despertador.

Su finalidad, lo que quiere conseguir es que CREAMOS y “para que creyendo tengáis en él (en Jesús) vida eterna.”

Por eso no podemos acercarnos a los evangelios buscado una respuesta. Algo así como la receta exacta para la felicidad plena.

No hay recetas. La fe no es una respuesta, es un camino. Casi podríamos decir que la fe es una pregunta. Y creer es tratar de dar respuesta a ese anhelo. Como enamorarse. Cuando te enamoras no encuentras una respuesta, lo que encuentras es un camino lleno de novedad.

Podemos decir que los evangelios fueron escritos para “enamorarnos. Para mostrarnos un camino lleno de novedad.

Si creemos, si amamos… entonces comenzamos a dar pasos, a entrar en la VIDA eterna, en la vida plena.

Oración

Trinidad Santa, despierta nuestro corazón para que CREAMOS.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Solo amando, podemos descubrir a Jesús vivo.

domingo, 16 de abril de 2023
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image2DOMINGO 2º DE PASCUA(A)

Jn 20,19-31

Es esclarecedor que en los relatos pascuales Jesús solo se aparece a los miembros de la comunidad. O como es el caso de hoy, a la comunidad reunida. No hace falta mucha perspicacia para comprender que están elaborados cuando las comunidades estaban ya constituidas. No tiene mucho sentido pensar, como sugieren los textos, que el domingo a primera hora de la mañana o por la tarde ya había una comunidad establecida. Los exégetas han descubierto que los textos quieren decir algo muy distinto.

“Todos lo abandonaron y huyeron”. Eso fue lo más lógico, desde el punto de vista histórico y teológico. La muerte de Jesús en la cruz perseguía precisamente ese efecto demoledor para sus seguidores. La muerte en la cruz no pretendía solo matar a la persona sino borrar completamente su memoria. Seguramente lo dieron todo por perdido y escaparon para no correr la misma suerte. Todos eran galileos, que habían venido a la fiesta para volver a su tierra. La muerte de Jesús solo pudo acelerar esa vuelta.

Cómo se fueron estructurando esas primeras comunidades, es una incógnita. Ese proceso de maduración de los seguidores de Jesús no ha quedado reflejado en ninguna tradición. Los relatos pascuales nos hablan ya de la convicción absoluta de que Jesús está vivo. Es una falta de perspectiva histórica el creer que la fe de los discípulos se basó en las apariciones. Los evangelios nos dicen que para “ver” a Jesús después de su muerte, hay que tener fe. El sepulcro vacío, sin fe, solo lleva a la conclusión de que alguien lo ha robado y las apariciones, a pensar en un fantasma.

Esa experiencia de que seguía vivo, y además, les estaba comunicando a ellos mismos Vida, no era fácil de comunicar. Antes de hablar de resurrección, en las comunidades primitivas, se habló de exaltación y glorificación, del juez escatoló­gico, del Jesús taumaturgo, de Jesús como Sabiduría. Estas maneras de entender a Jesús después de morir, fueron condensándose en la cristología pascual, que encontró en la idea de resurrección el marco más adecuado para explicar la vivencia de los seguidores de Jesús. En ninguna parte de los escritos canónicos del NT se narra el hecho de la resurrección. La resurrección no es un fenómeno constata­ble empíricamente.

La experiencia pascual de los seguidores sí fue un hecho histórico. Cómo llegaron los primeros cristianos a esa experiencia no lo sabemos. En los relatos se manifiesta la dificultad del intento de comunicar a los demás esa vivencia de una realidad que está fuera del tiempo y el espacio. Fueron elaborando unos relatos que intentan provocar en los demás lo que ellos estaban viviendo. Para transmitir esa experiencia, no tuvieron más remedio que encuadrarla en el tiempo y el espacio para que fuera comprensible.

Reunidos el primer día de la semana. Jesús comienza la nueva creación el primer día de una nueva semana. El texto manifiesta la práctica de reunirse el domingo que se hizo común muy pronto entre los cristianos. Los que seguían a Jesús, todos judíos, empezaron a reunirse después de terminar la celebración del sábado, que seguían manteniendo como buenos judíos. Al reunirse en la noche, era ya para ellos el domingo. En el texto se ve que estaba ya consolidado el ritmo de las reuniones litúrgicas.

Se hizo presente en medio sin recorrer ningún espacio. Jesús había dicho: “Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Él es para la comunicad fuente de Vida, referencia y factor de unidad. La comunidad cristiana está centrada en Jesús y solamente en él. Jesús se manifiesta, se pone en medio y les saluda. No son ellos los que buscan la experiencia, sino que se les impone. Después de lo que habían vivido, era imposible que no pensaran en Jesús que estaba vivo.

Los signos de su amor (las manos y el costado) evidencian que ese Jesús que están viendo es el mismo que murió en la cruz. Este es el objetivo de todos los relatos pascuales. Lo que ven no es un fantasma ni una elucubración o alucinación mental de cada uno. El miedo que les había atenazado al ser testigos de su muerte en la cruz, desaparece. Ahora descubren que la verdadera Vida nadie puedo quitársela a Jesús ni se la quitará a ellos. La permanencia de las señales indica la permanencia de su amor. La comunidad tiene la experiencia de que Jesús comunica su misma Vida.

Sopló» es el verbo usado por los LXX en Gn 2,7 para indicar que Dios convirtió el hombre barro en ser viviente. Ahora Jesús les comunica el Espíritu que da la verdadera Vida. Queda completada así la creación del hombre nuevo. «Del Espíritu nace espíritu» había dicho Jesús (Jn 3,6). Ahora toman conciencia de lo que significa nacer de Dios. Se ha Hecho realidad en Jesús y en ellos, la capacidad para ser hijos de Dios. La condición de hombre-carne queda transformada en hombre-espíritu, objetivo de la creación.

Al dejar claro en el relato que Tomás no estaba con ellos, pretende aportar una lección magistral para todos los cristianos. Separado de la comunidad, es imposible llegar a la experiencia de un Jesús vivo. El separado está en peligro de perderse. Solo cuando se está unido a la comunidad se puede ver a Jesús, porque solo se manifiesta en el amor a los demás que sería imposible si no hay alguien a quien amar. Nadie puede pensar en un amor intimista que pudiera existir sin hacerse efectivo en los demás.

Cuando los otros le decían que habían visto al Señor, le están comunicando la experiencia de la presencia de Jesús, que les ha trasformado. Les sigue comunicando la Vida, de la que tantas veces les había hablado. Les ha comunicado el Espíritu y les ha colmado del amor que ahora brilla en la comunidad. Jesús no es un recuerdo del pasado, sino que está vivo y activo entre los suyos. De todos modos, queda demostrado en el relato, que los testimonios de otros no pueden suplir la experiencia personal.

¡Señor mío y Dios mío! La respuesta de Tomás es tan extrema como su incredulidad. Se negó a creer si no tocaba sus manos traspasadas. Ahora renuncia a la certeza física y va mucho más allá de lo que ve. Al llamarle Señor y Dios, reconoce la grandeza, y al decir mío, el amor de Jesús y lo acepta dándole su adhesión. Naturalmente Tomás no es una persona concreta sino un personaje que representa a cada uno de los miembros de la comunidad que dudan, pero terminan por superar esas dudas.

Dichosos los que crean sin haber visto. Todos tienen que creer sin haber visto. Lo que se puede ver no hace falta creerlo. Lo que Jesús le reprocha es la negativa a creer el testimonio de la comunidad. Tomás quería tener un contacto con Jesús como el que tenía antes de su muerte. Eso ya no es posible. Solo el marco de la comunidad hace posible la experiencia de Jesús vivo pero desde una perspectiva nueva.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La misión.

domingo, 16 de abril de 2023
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Jn 20, 19-31

envio-misionero«Recibid el Espíritu Santo»

Tras la lectura de los relatos de la Pasión —eminentemente históricos— corremos el riesgo de pensar que los textos de la Resurrección siguen narrando los sucesos de aquel fin de semana; y no es así. El único suceso que podemos considerar histórico es la increíble transformación de los discípulos de Jesús, que pasaron de estar con las puertas atrancadas por miedo a los judíos, a jugarse la vida, y en muchos casos perderla, para dar testimonio de su fe en el crucificado.

¿Pero cuál fue la experiencia que provocó ese cambio? … El evangelio la expresa como apariciones del resucitado, pero sospechamos que el peso de lo simbólico y teológico apenas nos deja adivinar los sucesos que tuvieron lugar. Nos gusta suponer (quizá basados en los relatos evangélicos) que los discípulos creyeron de repente fulminados por una gracia espectacular. Así lo narra Juan en el texto de hoy: «Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”», pero en Jesús hemos visto que éste no es el estilo de Abbá; que su forma de actuar en el mundo se parece más a la de la semilla o la levadura.

La muerte de Jesús supuso un golpe mortal para la fe de sus seguidores, y todo indica que tras ella estaban en proceso de disolución. Lucas expresa esta idea con el pasaje de los dos discípulos de Emaús volviendo desmoralizados a su casa. Juan nos dice que Pedro, los Zebedeos y otros discípulos, había vuelto a Galilea y retomado sus ocupaciones…

Probablemente fue en este contexto de dispersión y desánimo cuando actuó en ellos el Espíritu; sin alardes, desde dentro, despacio, en silencio; como la semilla, como la levadura… Porque sólo la fuerza del Espíritu hace comprensible que recuperasen la fe contra toda evidencia; o, mejor dicho, que naciesen a otra fe, porque la anterior estaba muerta, enterrada con el cuerpo de Jesús en el sepulcro y sellada con la losa.

Y desde esta perspectiva, podemos aventurar que los relatos de la Resurrección son en realidad una profesión de fe en “Jesús Señor”, y solo seremos fieles a los textos leyéndolos así. Pero la curiosidad nos tienta y nos plantea preguntas: ¿Cuánto tiempo pasó hasta que los testigos manifestasen su fe? ¿semanas? ¿meses?… No lo sabemos ni nos importa, porque lo importante es que aquellos hombres, acobardados tras su muerte, se presentaron de nuevo en el Templo afirmando, y empeñando su vida en ello, que lo habían visto vivo después de su muerte y que habían recibido de él una misión: «Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros».

Excelente definición de la Iglesia: enviados por Jesús, con su misma misión. Ruiz de Galarreta invitaba a leer también en términos de misión esta otra frase del texto de hoy: «Lo que atéis quedará atado, y lo que desatéis quedará desatado» … Es decir, “Si perdonáis y compadecéis habrá perdón y compasión en el mundo, y si no lo hacéis no los habrá” … mucho más profunda que la meramente jurídica o fundacional

Es el compromiso con la misión lo que da sentido a la vida del cristiano, y lo hace hasta el punto que lo demás solo es importante en la medida que ayude a la misión.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fuente Fe Adula

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Carta abierta a Tomás, apóstol, (e incrédulo, como yo).

domingo, 16 de abril de 2023
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Juan 20, 19-31

Querido Tomás, apóstol y hermano:

El evangelio de hoy nos habla de ti, pero el evangelista Juan no nos lo pone fácil.  En primer lugar, apenas tenemos datos sobre tu vida. En segundo lugar, Juan no narra una situación, sino que ofrece una catequesis a su comunidad. Hoy, veinte siglos más tarde, ayúdame a recuperar el sentido de esa catequesis.

Para empezar, voy a imaginarme la escena, como si nos la contara alguien del grupo que hubiera presenciado lo que narra el texto. O, como decía San Ignacio de Loyola: “Como si presente me hallase”.

Anochecía. El día se nos había hecho muy largo, porque no podíamos hacer nada; estábamos con las puertas cerradas, sin hacer ruido. Los judíos nos buscaban; seguramente los romanos también, porque cuando ajusticiaban a uno de los nuestros, perseguían a su grupo, para ajusticiarlo. Lo sabíamos por experiencia.

Nos mirábamos en silencio, pero no acertábamos a decir nada. En el Gólgota nos habíamos hecho muchas preguntas: ¿Había merecido la pena acompañar al Maestro hasta el final? ¿Nos crucificarían los romanos por formar parte del grupo? ¿Cómo sería la morada que nos había prometido Jesús, para estar a su lado, cuando él se fuera? Ahora, sin la presencia de Jesús ¿qué íbamos a hacer? ¿Nos iríamos cada uno por nuestro lado? ¿Qué sería de nosotras, las mujeres del grupo, que habíamos dejado todo para seguirle y no podíamos volver a nuestras casas?  

Hoy ya no nos hacíamos preguntas, sólo cabía esperar… ¡Y ni siquiera sabíamos lo que esperábamos!

De repente, en la penumbra, oímos la voz inconfundible de Jesús:

– Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así os envío yo.

Quedamos desconcertados. Supimos que era Él. Su voz era inconfundible. Se había dado cuenta de que el miedo nos ahogaba, de que ni siquiera teníamos aliento para vivir, por eso sopló con fuerza sobre nosotros y nos dijo:

– Recibid el Espíritu Santo

Recordé que muchas veces nos había hablado del Espíritu Santo y nos lo había prometido. Que solía saludarnos dándonos su paz… Pero esta vez era diferente. En medio de nuestro miedo y de nuestra cobardía, el Maestro se hacía presente en la comunidad para comunicarnos el aliento de Vida.

Es más, se atrevía a enviarnos. Pero, ¿a dónde? ¿Cuál sería nuestra misión, de ahora en adelante? ¿No se daba cuenta de la situación de Jerusalén? Había crucifixiones casi a diario. La fiesta de la Pascua era una ocasión para que las autoridades políticas sembraran el pánico sobre el pueblo, especialmente sobre la gente de Galilea.

Esta noche no estaba Tomás en el grupo. Era un tipo curioso. En realidad, se llamaba Judas, pero le llamaban Tomás (que significa gemelo en arameo) y Dídimo (que significa gemelo en griego), aunque él nunca nos habló de quién había sido su hermano o hermana.

Cuando le contamos nuestro encuentro con Jesús, Tomás reaccionó como era habitual en él, como un “incrédulo”, pero, en el fondo, reconocíamos que todos éramos tan incrédulos como él, o más. Pero él era valiente y lo reconocía. Los demás disimulábamos nuestra falta de fe.

Pocos días después, cuando seguíamos reunidos en la casa, Tomás se quedó helado, como si viera a un fantasma. No se atrevía a acercarse a Jesús, pero el Maestro le ofreció sus manos y le invitó a tocarle; cuando le dijo: “No seas incrédulo, sino creyente”, supimos que nos lo estaba diciendo a cada uno de nosotros, a cada una. No era un reproche, era una invitación del Maestro a confiar, a entregarle nuestros miedos y acoger su paz.

Nuestros padres habían visto muchas señales. Habían sido liberados de Egipto, habían recibido a los profetas y habían creído, porque habían visto la mano de Yahvé que los acompañaba. Ahora Jesús, a través de Tomás, nos pedía creer sin haber visto.

Entendimos que nos pide creer, en lugar se sucumbir a la vida pagana de los romanos, que se extiende cada vez más. Creer, aunque por ello nos persigan los judíos y quienes no entienden nuestro discipulado. Creer que Jesús es el Hijo de Dios, aunque nosotros, con nuestros ojos, veamos a un proscrito, crucificado a las afueras de la ciudad. Creer que somos hijos e hijas de Dios, aunque continuamente toquemos nuestro barro. Creer que el Reino está dentro de nosotros y de cada persona, aunque veamos leprosos, pecadores o tiranos. Jesús nos pide dar un salto sobre el abismo, en lugar de quedarnos atrapados en lo que ven nuestros ojos…

——————

Tomás, hermano, ayúdanos, para que descubramos que HOY, en medio de los vaivenes del mundo, sigue haciéndose presente el Resucitado, en cada persona y en cada comunidad, con su saludo de paz. Que no olvidemos que sigue enviándonos su aliento de Vida. Que nos demos cuenta de que no podemos tocar las huellas de sus manos, pero nos ofrece “tocar” las huellas que ha ido dejando en nuestra vida y en la comunidad, para reconocerle. Que nos invita a “tocar” las heridas de las manos y el costado de l@s crucificad@s de la tierra. Y, que, al tocarlas y abrazarles, podamos decir contigo: ¡Señor mío y Dios mío!

 

Marifé Ramos

Fuente Fe Adulta

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¿Resurrección de la carne?

domingo, 16 de abril de 2023
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DD218862-6A09-4A61-BFDF-F52EFC1534A9Domingo II de Pascua

16 abril 2023

Jn 20, 19-31

Hace unas semanas, en una web de contenido religioso, Leonardo Boff, citando a Rumi, escribía: “Cuando muera, mi espíritu volverá al Espíritu del que nunca se separó. Cuando desaparezca mi forma, volverá al Sin-forma, del que ninguna frontera le separaba”.

Pues bien, comentando esas palabras, un participante escribió lo siguiente: “Nuestro Señor resucitado asó pescado en la orillica con su gente y me temo que las formas disueltas en formas espectrales no son del mismo placer. Francamente igual que adoro a Dios muerto en la cruz y arrojado a la fosa de los ajusticiados malditos, adoro a Jesús disfrutando del pescaico asado (sic) al amanecer”.

(El “pescaico asado” hace referencia a un “relato de apariciones” que se narra en el apéndice añadido al evangelio de Juan (21,1-14). Pero tal relato no quiere reflejar un hecho acaecido. Se trata, más bien, de una catequesis, construida con elementos simbólicos, sobre la presencia del Resucitado y la Eucaristía, simbolizada justamente en la imagen de los peces asados que, en la narración, Jesús les ofrece).

Está bien que alguien tenga unos gustos u otros. La cuestión, sin embargo, es que no se trata de gustos, sino de atender a la verdad. Si por gustos fuera, también los niños desearían que sus papás fueran omnipotentes y que los Reyes Magos existieran realmente. Y mucho me temo que, hablando del “más allá de la muerte”, los humanos tenemos tendencia a crear paraísos a nuestra medida, acordes con nuestros gustos personales, buscando perpetuar el yo, que se vería finalmente liberado de todo sufrimiento. Ahora bien, ¿no suena esto más a ilusión que a realidad? ¿Qué ocurre cuando se ha comprendido que el yo, como tal, no existe? Si no somos el yo que pensamos ser, si ninguna forma -el yo es una forma más- es permanente, si todo lo que nace muere…, ¿tiene sentido pensar que los yoes pervivirán más allá de la muerte? ¿No es más sensato y más verdadero tener el coraje de deshacernos de ilusiones infantiles?

Sabemos que el pensamiento griego, al partir de una antropología dualista, podía defender la inmortalidad del alma, aun aceptando la descomposición del cuerpo. Por el contrario, el mundo judío, sobre la base de una concepción antropológica monista -que no concebía un “alma” separada del cuerpo- únicamente podía hablar de una vida más allá de la muerte garantizado que habría de resucitar la persona “entera”, dado que toda ella sería indivisible. Y esto fue lo que llevó a hablar de la “resurrección de la carne”. Pero, ¿realmente alguien puede creer que los cuerpos -por más que se hable de “cuerpos gloriosos”- vayan a resucitar?

Carecemos de respuesta a lo que haya de ocurrir tras la muerte. Sin embargo, no parece difícil saber lo que no puede ser. En cualquier caso, la postura de cada cual ante ese tema, dependerá de la respuesta que de a la gran cuestión: ¿qué soy yo? Si, en la línea de Rumi, lo que somos es Consciencia, Lo sin-forma, Espíritu…, esto es lo único que permanecerá, porque solo eso es eterno, no la forma del yo.

Se comprende que el yo ame perpetuarse por toda la eternidad, incluso que disfrute del “pescaico asado al amanecer”. Pero quizás necesitemos abandonar sueños y ahondar en la verdad de lo que somos. Hemos “olvidado” que el yo es solo un hijo del pensamiento -una construcción de la mente- y nos hemos apegado tanto a él que hemos terminado pensando que era nuestra identidad. ¿Dónde está ese yo al que tanto queremos, cuando la mente se silencia y no hay pensamientos? Cuando nos atrevemos a mirar con rigor, descubrimos que la “forma espectral” no es la consciencia sin forma, sino el yo, realidad virtual (pensada), que añora el disfrute de aquello a lo que nuestra mente se había apegado.

¿Puedo ver más allá de la ilusión del yo?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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«Con Francisco, el paradigma y los criterios han cambiado y van volviendo al Evangelio»

domingo, 16 de abril de 2023
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010-主耶稣向门徒显现-远景-20160129Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

La comunidad de Jesús vive en paz, con serenidad-alegría,e ilusión (Espíritu). Lo demás son agencias de servicios religiosos

01.- Ni son todos los que están, ni están todos los que son.

    Aquel grupo inicial de creyentes –o no tan creyentes- y nosotros podríamos hacer nuestro el refrán castellano: ni están todos los que son, ni son todos los que están.

Y no estaban todos, porque faltaba Judas, que se había suicidado. Faltaba Tomás, que probablemente “había echado la toalla” y “había dejado ya la iglesia”. Probablemente faltaban muchos que terminaron decepcionados de Jesús y habían vuelto a sus tareas normales de pescadores. Por otra parte los “Once” que estaban, estaban “derrotados”.

¿Como nosotros?

Estaban los “Once” (número símbólico de los “Doce”), pero estaban encerrados y con el miedo metido en el alma.

¿También como nosotros?

02.- Cristo no estaba en el grupo, en la comunidad,

    Estaba el grupo, pero no estaba Cristo. Era un grupo “medio-judeo cristiano” pero sin JesuCristo.

    Y, porque no estaba Cristo, aquella comunidad naciente se encontraba agitada (sin paz),encerrada, triste, con miedo y sin ganas de vivir.

    El miedo bloquea, paraliza la mente y la creatividad y se echa mano del eterno “siempre se ha hecho así”, que hace unos días criticaba el papa Francisco [1].

03.- La resurrección, Cristo, impregna la vida de paz, alegría y espíritu

    Pocas huellas y poco testimonio de resurrección daba aquella comunidad eclesial: aquellos “Once”, y, sobre todo, faltaba Cristo.

    Pero, cuando Cristo está presente en nuestras vidas, en una comunidad cristiana, en la Iglesia, confiere: paz, alegría y Espíritu (aliento vital– ganas de vivir).

    Cuando Cristo está presente en nosotros experimentamos una profunda paz-serenidad, una inmensa alegría-gozo y su espíritu nos infunde vitalidad.

    El Evangelista San Juan de nuevo vuelve al Génesis, a la creación. Dios, para terminar la creación exhaló su aliento vital sobre el barro humano y así llegó, llegamos- a ser seres vivientes, (Gn 2,7).

    Una comunidad, una Iglesia en la que Cristo está presente, tiene y vive en paz, con serenidad-alegría, con ilusión (Espíritu). Lo demás son agencias de servicios religiosos y doctrinarios.

    ¿Y nuestra diócesis?

    Con el cambio de obispo hay expectativas de que la vida eclesial en nuestra diócesis, en nuestra iglesia local de San Sebastián cambie, mejore y se acerque al evangelio de Jesús y al Concilio Vaticano II. (Sería no querer ver la realidad decir que aquí no ha pasado nada)

    Se barajan nombres para los cambios en los cargos diocesanos que parecen más que necesarios. No se trata de derrocar a nadie, pero quiera Dios que quienes sean elegidos para tales tareas diocesanas sean personas que transmitan paz, alegría – serenidad e ilusión (Espíritu) a nuestra comunidad eclesial.

04.- Se intuye en la Iglesia una vuelta al origen en las intuiciones de Francisco

  Gracias a Dios que el estilo y tono cristiano y eclesial de Francisco es más evangélico del que pulula en algunas diócesis y jerarquía.

El paradigma ha cambiado con Francisco.

Aunque el papa Francisco no logre muchas cosas y cambios que quisiera y son necesarios, al menos el paradigma y los criterios han cambiado y van volviendo al Evangelio. Quedémonos con el “tono vital” de Francisco, el espíritu que Jesús infundió en la comunidad naciente. Desde el papa Francisco, lo principal en la Iglesia católica ya no es el miedo y la represión, la cerrazón, la condenación, y el infierno, la Inquisición y la doctrina, liturgia y moral fanáticas contra quien sea. Francisco no carga machacona y agresivamente contra todo lo que se mueve en la Iglesia.

    Si el poder eclesiástico y religioso te hace daño, si una moral legalista te ha hecho daño: el Señor te alivia, te confiere paz, alegría e ilusión.

El ¡Señor mío y Dios mío! es JesuCristo y nadie más ni en el ámbito social-político, ni ninguna jerarquía eclesiástica sustituye a JesuCristo.

05.- Tomás no está en el grupo: Vivir a descampado es difícil

   El ser humano es un haz de relaciones, no somos islotes en el Atlántico. Somos y vivimos en grupo, en familia, en amistades, pueblo, en ideologías, en iglesia, en comunidad, etc.

Es difícil vivir “afuera”, “a descampado”: fuera de la familia, del pueblo al que uno pertenece, de la cultura en la que uno ha nacido, de la fe que ha dado sentido a la vida.

Fuera del grupo uno vive dislocado, hace frío, se está mal.

    Mientras Tomás está “fuera”, no cree.

    ¿Cómo nos va la vida “al margen” de la comunidad, en las rupturas familiares, en las disensiones eclesiásticas, ideológico-políticas?

Tomás “dejó la Iglesia” como tantas personas han abandonado la fe, la práctica religiosa, la Iglesia.

06.- Tomás vuelve al grupo.

    A los ocho días, o cuando fuere, Tomás se reincorpora al grupo. Son “los otros discípulos” los que le comunican: hemos visto al Señor.

    La educación, la fe, la cultura nos la transmiten siempre “los otros”, la familia, el pueblo, la iglesia. Es muy difícil vivir siempre sólo y al margen de alguna comunidad humana y de la comunidad cristiana. No se puede ser “cristiano por libre”, como no se puede ser familia por libre o no se pertenece a un pueblo si no es con un cierto sentido comunitario

    Y es que vivir en comunidad es algo tan natural y espontáneo como difícil y, en ocasiones, duro. La vida matrimonial y familiar es muy problemática en determinadas situaciones, lo mismo que la vida socio-política, y eclesiástica, en las comunidades religiosas. Pero no es menos cierto que somos socio-comunitarios. [2]

    La mayor y mejor parte del “Windows” que configura nuestra existencia, lo hemos recibido del “grupo” familiar, social, eclesial al que pertenecemos.

07.- Jesús se acerca a Tomás, al ser humano: Sus heridas nos han curado (1Pedro 2,25)

Jesús se acerca a la frustración  y angustia de Tomás, como se acerca a todo ser humano: a los dos de Emaús, a la hemorroísa, la samaritana, al ciego, leprosos, epilépticos, etc.

Sus heridas nos han curado, (1Pedro 2,25).

La herida de Tomás, como las viejas cuestiones familiares, las polémicas eclesiásticas, enfrentamientos políticos, etc., no estaban sanadas todavía.

    La herida está curada cuando ya no rezuma amargura y rencor y es fuente de luz y de paz.

    Las heridas de Cristo han sanado y nos han sanado desde el amor.

La memoria eclesial de Cristo nos sana y ayuda a vivir en paz, ilusión (espíritu), y esperanza.

    Solamente a Cristo le decimos:

Señor mío y Dios mío

[1] Decía el papa Francisco en la audiencia de hace dos o tres miécoles: “En la Iglesia tenemos que evitar lógica del siempre se ha hecho así”

[2] En la vida eclesial se baraja con excesiva frivolidad y simplismo las ideas de comunión y obediencia, sin tener en cuenta otras dimensiones como son el pluralismo, la diversidad, las tradiciones varias, los estilos eclesiales y carismas, la armonía, que no van, ni mucho menos contra la vida comunitaria. La obediencia no es dominación ni sometimiento.

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Lo contrario de paz.

domingo, 16 de abril de 2023
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14-doubtingthomas_1“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos” (Jn 20, 19-31)

Apasionantes las lecturas de la primera semana de Pascua. Leerlas te adentra en el tiempo que vivieron los que luego les tocaría contarlo y dejar su testimonio escrito; aunque en esos momentos, su estado de ánimo sólo les permitiera estar atemorizados, mirando las puertas cerradas a un mundo hostil y excesivamente peligroso tras la pérdida de quien consideraban su guía y protector de cara al futuro.

El inicio de la Pascua es un camino lleno de luces y sombras, subidas y bajadas,  interrogantes y sorpresas y de profundos temores que echaron por tierra todo lo vivido antes la muerte de su Maestro.

Cayendo la noche escuchan con toda claridad. “¡Paz a vosotros”!… así, directo, de forma sencilla, coloquial.

Pero conociendo quiénes eran (y somos), ve que sería de ayuda aportar una prueba visible: “les enseñó las manos y el costado”. Los conocía bien, a nosotros también.

Viendo como reaccionaban, alegría en sus caras y posturas erguidas, se escuchó por segunda vez: “¡Paz a vosotros!

Me hice una pregunta directa: ¿Qué es lo contrario de Paz? Me ha servido a lo largo de la primera semana de Pascua para rumiar qué es lo que les ofrecías y que nos ofreces, más allá de un saludo.

He buceado intentando comprender qué es lo destruye la Paz. He preguntado a algunos amigos y personas cercanas, intentando abrir el abanico de posibilidades para saber qué entendemos como contrario a la Paz.

Alguien dijo que lo contrario de la paz es la guerra. Otro, la violencia. Una joven decía que es un estado de intranquilidad interior que genera desasosiego. Una amiga con mucho recorrido de vida dijo que es el dolor. La enemistad destruía la paz, dijo otra persona. Hostilidad y conflicto también salieron como contrarios a la Paz.

Mi respuesta es que lo contrario de Paz es miedo. El evangelio de Juan, antes de acabar el segundo renglón, lo deja claro. Pero he tenido que pasar la vista muchas veces para concretar.

El Miedo inyectado en el corazón humano mata la Paz. Todo lo demás son los hijos del Miedo que van minando el estado interior del ser humano, de la familia, comunidades, sociedad, estados y cualquier otro grupo humano por pequeño que sea.

El caso de Tomás que no estaba con los demás (quizás por miedo no se atrevió ni a salir a la calle) es ejemplo claro de lo que el miedo demanda: certezas y datos concretos: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado,  no lo creo”.

“A los ocho días, estaban otra vez los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “Paz a vosotros”. Aunque la mayoría había recibido el Espíritu Santo y la misión que Jesús les encomendaba, las puertas seguían cerradas. Necesitaban tiempo.

Tomás escuchó el saludo más lo que iba dirigido en exclusiva a él: el dato, la certeza y el resultado. Que no es a lo que Jesús da primacía sino a lo contrario: “Bienaventurados los que crean sin haber visto”.

¿Cómo es la Paz de Cristo?

“La paz de Cristo no es una fórmula de evasión individual ni de realización egoísta. No puede haber paz en el corazón del hombre que busca la paz para él solo. Para hallar la verdadera paz, la paz de Cristo, tenemos que desear que otros también tengan la paz y estar dispuestos a sacrificar parte de nuestra paz y felicidad, con el fin de que otros tengan paz y sean felices.

La paz que trae Cristo no es la paz de un orden tiránico que es desorden porque en él toda oposición queda suprimida, y las diferencias se borran violentamente. La paz no significa la supresión de todas las diferencias, sino su coexistencia y fecunda colaboración. La paz no consiste en un hombre, un partido o una nación, que aplauden y dominen a todo lo demás. La paz existe donde los hombres que pueden ser enemigos son, por el contrario, amigos en razón de los sacrificios que han hecho con el fin de encontrarse en un nivel más alto, donde las diferencias entre ellos no son ya origen de conflicto».  (Thomas Merton –  La paz monástica, 83)

Sí, dichosos y bienaventurados los que crean sin haber visto porque a través del perdón, la justicia, la acogida, la reconciliación la solidaridad… mantendrán abonada y bien regada la Paz que nos traes cada Pascua.

Vayamos por ahí cada día a repartirla gratis.

Mari Paz López Santos

II Domingo de Pascua –  16 abril 2023

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Portadoras de la buena noticia.

sábado, 15 de abril de 2023
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La fuerza contundente del amor nos llama en esta tarde
a regar por las sendas de la vida
el grito de la resurrección.

Salgamos de las tumbas
y arrojemos
las sábanas al viento
los amarres
las piedras
las estacas…
a morir en la orilla.

Vivamos en abrazos de hermandad
la fuerza del amor.

Que muera nuestra entraña endurecida
se rompan los sepulcros
y se instaure la gracia
entre los corredores y geranios.

Que muera la crueldad y la violencia
enterremos al fondo toda seña de nuestra indiferencia.

La sabia y su Palabra nos habiten
y riegue a nuestro paso su semilla.

Que muera todo daño que nos llegue a este albergue
y nazca toda flor que arome los jardines.

Sanemos a la tierra y sus entrañas
abramos nuestras manos con ternura,
que la Energía Divina nos habite
y las resurrecciones se propaguen a través de las manos y los ojos
de todo caminante de Evangelio.

Mujeres renovadas levantemos la voz desde las plazas
y desde las cocinas
que llegue a todo oído la noticia:

LA MUERTE SE VENCIÓ
y la vida se vierte en los tazones de todas las hornillas.

Abrazos de hermandad nos iluminen y  nos llenen de gozo.

Unamos nuestras voces
salgamos de las tumbas y colguemos las sábanas al viento
Jesús nos señaló los horizontes:
corazones gigantes
amores entrañables.

Unamos nuestros brazos en los cantos que salen de las grutas
y que llenan las calles con la Buena Noticia.

Hemos resucitado en nuestras fuentes, en nuestros propios pozos.

Gritemos ante el mundo una nueva dinámica
que muera nuestra entraña endurecida y se ilumine el mundo
con las rutas sororas
de un cielo por nacer.

Hermanas en la vida y en la muerte
cantemos nuestra Pascua.

*

Carmiña Navia Velasco

8-9 de Abril de 2023

Fuente Fe Adulta

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«Pascua de Jesús y Pascua universal», por José Arregi.

sábado, 15 de abril de 2023
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autonomie_paysanneDe su blog Umbrales de luz:

De nuevo es Pascua. Es la Pascua de Jesús, el profeta crucificado, imagen singular para los cristianos de la esperanza de todos los crucificados. Es la Pascua de la primera luna llena de primavera que tantas culturas han celebrado desde milenios antes de nuestra era cristiana: chinos, indios, sumerios, babilonios y hebreos, y los pueblos mayas de la América central que, miles de años antes de que a su tierra la llamáramos así, en el reflejo de la luna ya veían de noche el irresistible poder de la vida.

Es la Pascua de la Tierra. La Pascua del trigo y de todos los cereales: el grano muere, germina y vuelve a brotar en los campos, para convertirse en pan fraterno, pan de la eucaristía o pan de la mesa doméstica, el mismo pan sagrado para quien sabe mirar y saborear, partir y compartir. Es la Pascua de los agricultores y pastores del Neolítico, que vivían al compás de novilunios y plenilunios, solsticios y equinoccios, al ritmo de la Madre Tierra y del cosmos sin medida.

La vida revive. En cada brote de viña, en cada flor de cerezo se hace presente la energía de todo el universo, se manifiesta el fuego del Ser, la fuerza de la Vida, el misterio que llamamos Dios y que recibe otros muchos nombres y que ningún nombre puede expresar. El gorrión lleva ya su brizna en el pico al hueco del tejado, para construir su nido y criar. Hasta la tortuga de agua que tenemos en la terraza despierta ya de su letargo invernal. Uno de los dos términos griegos que los textos bíblicos cristianos conocidos como ‘Nuevo Testamento’ emplean para decir que Jesús resucitó significa literalmente eso: ‘despertar’. El otro término utilizado significa ‘levantarse’. La vida despierta y vuelve a levantarse después de la noche en todas sus formas. Es lo que confesamos los cristianos, y así lo esperamos a pesar de todo; en nuestras pobres manos llevamos esa brizna de esperanza, como la tierra el grano.

Pero más de un cristiano que haya leído los párrafos que preceden se habrán preguntado: ¿y dónde queda, entre tanta pascua la Pascua cristiana, la de Jesús? Comprendo tu perplejidad, hermano, hermana, pero déjame que te diga con la convicción y humildad de que soy capaz: No opongas la Pascua cristiana a la Pascua de la Tierra y de las demás religiones y culturas. No pienses que la Pascua de Jesús sea la única, ni siquiera la suprema, la realización perfecta de todas las pascuas. Jesús nunca lo pensó. Él vivió hasta morir, y murió hasta resucitar, como el grano, como el profeta mártir, como todos los profetas y mártires, sin etiquetas. La muerte es pascua, que en hebreo significa ‘paso’.

He dicho “no pienses que…”, pero me corrijo: acerca de todas estas cuestiones que se llaman de fe, pero donde la fe no se juega, piensa o “cree” libremente lo que más convincente y razonable te parezca, pero no te apresures a denunciar lo que digo como disolución del evangelio de Jesús. Lo universal sin forma solo se realiza en formas particulares. Así lo hizo Jesús. Hazlo así también tú. La Pascua plena está aún sin hacerse del todo. Hagamos Pascua. Hagamos revivir la llama de la vida en nosotros en las muchas sombras que nos habitan, en las muchas formas en que la muerte nos hiere.

Así lo hizo Jesús, y así resucitó. Su resurrección, como la nuestra, no tiene nada que ver –subrayo: nada– con que su sepulcro hubiese quedado vacío, con que su cuerpo muerto hubiese desaparecido de pronto ‘milagrosamente’ y luego aparecido de nuevo ‘milagrosamente’ a sus discípulas y discípulos. Su resurrección no tiene nada que ver con ningún hecho ‘milagroso’ fuera del milagro de la vida: la bondad más fuerte que la muerte. Jesús resucitó en su vida de profeta bueno, rebelde y sanador, libre y liberador. Resucitó en su compasión, su comensalía, su solidaridad con los últimos. Y por eso murió y, por eso, en su muerte resucitó, pues, como se dice en la dura y hermosa película La forma del agua, “la vida es lo que queda del naufragio de nuestros planes”.

Esa es la verdadera Pascua de Jesús, pero solo será verdad también en nosotros en la medida en que vivamos como él lo hizo, hasta morir de pura vida, como todas las personas que pasan la vida haciendo el bien, simplemente, como la semilla y la flor, sin mirar al fruto.

(Texto publicado el 1 de abril de 2018)

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La lealtad de Dios

viernes, 14 de abril de 2023
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Del blog de Henri Nouwen:

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«La resurrección no resuelve nuestros problemas sobre la agonía y la muerte. No es el final feliz de las adversidades de nuestra vida ni la gran sorpresa que Dios tiene guardada para nosotros. No, la resurrección es la expresión de la lealtad de Dios hacia Jesús y hacia todos sus hijos. A través de la resurrección, Dios le ha dicho a Jesús y a nosotros: «Tú eres mi hijo muy amado y mi amor es eterno«…  La resurrección es la forma que tiene Dios de revelarnos que nada de lo que le pertenece se perderá. Lo que pertenece a Dios nunca se pierde: ni siquiera nuestros cuerpos mortales. La resurrección no responde a ninguna de nuestras curiosas preguntas sobre la vida después de la muerte, pero nos revela que, efectivamente, el amor es más fuerte que la muerte. Tras esa revelación debemos permanecer en silencio, dejar los por qué, dónde y cuándo detrás, y, sencillamente, CONFIAR«.

*

Henri Nouwen

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Tiempo de Vida. Feliz Pascua.

viernes, 14 de abril de 2023
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Juan Zapatero Ballesteros
Sant Feliú dde LLobregat (Barcelona)

ECLESALIA, 10/03/23.- No puede ser otro tiempo, que no sea la primavera, para que la Pascua venga con fuerza anunciando y proclamando a voz en grito que es tiempo de vida. Ya han quedado atrás los rigores del invierno que no han hecho sino destruir y matar todo lo viejo y caduco que aún quedaba.

Es primavera y, por lo mismo, es tiempo de mirar los campos tupidos de verde y cargados de árboles henchidos de flor anunciando el fruto que llevan dentro, como si con ello nos estuvieran invitando a subirnos al carro de la más grande y profunda de las esperanzas.

La Pascua no es privilegio de nadie, a pesar de que a algunos les pueda parecer que eso es un ataque contra lo establecido «como dios manda«. Su dios con minúsculas, claro. O lo que es lo mismo: el dinero, el poder, la fuerza, el saber, las influencias.

Son los mismos que vociferan y no se cansan de decir que «harto que la primavera, la estación del año, que no se piensen otra cosa, llega también para los pobres, los débiles, los necios, los nadie. Que solo faltaba que también les tuviera que llegar la Pascua».

Precisamente por ello:

Feliz Pascua a quienes aman la vida. Pero también, y a su pesar, a quienes la odian con todas sus fuerzas. Pues la Pascua solo entiende la otra lógica. La ilógica, para ser más exactos: «devolver bien por mal y poner la otra mejilla».

Feliz Pascua, con el deseo de que sea para siempre, a todas y todos cuantos hacen camino mirando siempre a las orillas del mismo, no sea que alguien pueda estar necesitando de sus manos para comenzar a caminar o seguir caminando.

Feliz Pascua a quienes dicen que no creen. Pero también a quienes piensan que ellos no son como los anteriores, sino que sí que creen de verdad. Pues el Padre «bueno» ama a todas y a todos sin distinción, y hace salir el sol cada día, tanto para justos como para injustos.

Feliz Pascua a quienes se encuentran al frente de las religiones, iglesias, dicasterios y todos los demás centros de culto en general. Con el pleno convencimiento además, por su parte, de que sin ellos nada funcionaría en ese campo. Al menos eso es lo que ellos piensan.

Pero también Feliz Pascua, y con idéntica fuerza e intensidad, a quienes, perteneciendo al rebaño sin ningún tipo de «cualificación» espiritual ni religiosa, se esfuerzan simplemente por «amar a los demás como a ellos mismos».

Feliz Pascua, como no, a quienes confían únicamente en sí mismos, pues desconfían de todo «dios’, ya que, según dicen, hoy en día no te puedes fiar ni de tu padre.

Pero, de igual manera, Feliz Pascua a todas y todos cuantos, a pesar de dudar, desconfiar y flaquear, no se oponen nunca a la invitación que les pueda llegar desde fuera a «meter los dedos en la herida de tantos costados abiertos».

Feliz Pascua a quienes no se cansan de golpearse el pecho continuamente para conseguir aplacar al «dios» siempre enfadado e irascible en quien creen, porque así se lo enseñaron. Pero, de igual manera, semejante deseo de felicidad a quienes, reconocen que sus miserias, a pesar de ser grandes y profundas, son pura anécdota comparadas con la inmensa misericordia del Dios de Jesús.

Feliz Pascua a todas y todos, sin ningún tipo de distinción ni diferencia, y que lo siga siendo por los siglos, en el nombre precisamente de Aquel, cuyas palabras, «Yo estaré siempre con vosotros hasta el final de los tiempos», no son fruto de una promesa de pacotilla, sino la apuesta más sincera rubricada con su propia vida.

Feliz Pascua, finalmente, aunque pueda parecer paradójico, a quienes no se cansan de «hacer la pascua» de manera constante a todo hijo de vecino. Por la sencilla razón que las semillas de vida que hay en el corazón de todos esos hijos de vecino y sus ansias de hacer el bien son muchísimo más fuertes que las ganas constantes que ellos tienen de hacer permanentemente la «pascua».

¡FELIZ PASCUA!

Juan Zapatero Ballesteros

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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Pascua

jueves, 13 de abril de 2023
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Del blog Nova Bella:

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Libre de la opresión, de la venganza…,
A otro mundo de luz, ya renacido,
Donde dolor ni muerte, ya no alcanza…

*

Emilio Salamanca

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«Protagonistas ellas como apóstoles de la Resurrección», por Gabriel Mª Otalora

jueves, 13 de abril de 2023
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El Antiguo Testamento nos habla de la experiencia troncal que marcó para siempre a sus protagonistas: la liberación de la esclavitud en Egipto. Aquellos judíos querían libertad y aprendieron a ser la mejor posibilidad de sí mismos de una manera diferente a como lo habían pensado, entre la fe y la esperanza de la Alianza, en medio de sus flaquezas y deserciones. Al final, su éxodo hacia la Tierra Prometida se convirtió en una analogía de lo que es la vida del creyente con los mismos altibajos que aquel pueblo judío, pero en su desierto interior.

El antes y el después lo marcó el paso de Jesús por este mundo que, lejos de hacer las cosas más fáciles, continúa invitándonos a un éxodo más personal en una nueva Alianza con el Amor universal como la esencia de toda la existencia.

 La manifestación de Dios ya no ocurre en la montaña, sino en nuestro interior cada vez que acogemos la Buena Noticia de que Dios es amor y damos con nuestro ejemplo el sentido nuevo que dio el Mesías a toda la Escritura. De hecho, la Pascua del Resucitado es el día más importante del año litúrgico, el acontecimiento central de nuestra experiencia de fe. Incluso en los cuarenta días de Cuaresma no se incluyen los domingos porque cada domingo se considera una Pascua.

Desde aquél entonces, quienes tenemos el regalo de la fe -y la encomienda de evangelizar el Amor mediante el ejemplo- celebramos la Pascua, el paso del Señor entre nosotros con su entrega total que da sentido gozoso a toda la existencia. Aquellos testigos de su vida, muerte y Resurrección no dejan de interpelarnos nuestra fe. Y digo testigos en el sentido más amplio, ya que fueros ellas las primeras discípulas (enviadas), escogidas para anunciar que Cristo ha resucitado.

Si leemos de seguido el pasaje de la Resurrección en los cuatro evangelios, fueron al sepulcro seguidoras y seguidores de Jesús, pero se refleja claramente que es a ellas a quienes se les revela Cristo Resucitado y son ellas quienes reciben el encargo de comunicárselo a los discípulos. Las mismas que habían seguido a Jesús a Jerusalén… ¡desde Galilea!

Dicho lo anterior, hay dos momentos clave en el Evangelio, el nacimiento del Mesías y su Resurrección. Curiosamente, ambos protagonizados por mujeres: María es la que alumbra a Jesús como madre, y estas mujeres son las testigos de un nuevo tiempo Pascual, mientras los discípulos optaron por esconderse por miedo al haber sido seguidores de Jesús… Los 4 evangelistas mencionan solo a mujeres como testigos del Resucitado, y a la vez citan a María Magdalena entre las presentes, un grupo numeroso, nos dice Lucas.

Lo impactante es que esta realidad no se ha sido resaltada teológicamente a la hora de valorar la presencia de la mujer en la Iglesia. Sin embargo, son ellas las que reciben el encargo de proclamar la noticia de la Resurrección a los discípulos buscando la manera de hacerse creíbles cuando las mujeres no estaban consideradas como testigos fiables. En aquella época, la mujer no contaba para nada, ni siquiera podía ser testigo de un juicio pues se la consideraba poco creíble. Sin embargo, su testimonio anunciando la Resurrección a los once, fue protagonizado por mujeres.

Se inaugura, pues, el tiempo de la Iglesia, el de sus seguidores  como Pueblo de Dios que debemos continuar con la obra del Resucitado. Lucas relata en Hechos algunas pinceladas del nuevo tiempo y Pablo nos habla incluso de diaconisas presidiendo nuevas comunidades en el proceso de evangelización misionera por el Mediterráneo.

Hoy es el día en que la jerarquía eclesiástica no concede a las mujeres la voz debida por razón de su sexo, mientras retumba en cada Pascua de Resurrección, la necesidad de que desarrollemos una teología profunda sobre la mujer. Quizá descubramos algunas buenas razones por la que Dios dio a conocer al mundo a su Hijo por medio de una mujer y que mujeres fuesen las elegidas a la hora de desvelar al Resucitado y, más tarde a través de ellas, a los apóstoles.

¡Feliz Pascua, paz y bien!

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«Jesús nunca condenó explícitamente la homosexualidad»

jueves, 13 de abril de 2023
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215995010biblia-arco-iris James Martin y un grupo de expertos ofrecen una lectura de la Biblia para el colectivo LGTBQ

Con el objetivo de «ayudar a las personas LGBTQ, sus familias y sus amigos a comprender los pasajes individuales de la Biblia sobre la homosexualidad, a ser más capaces de responder cuando estos versículos se usan en su contra y, sobre todo, a sentirse más cómodos con la Biblia. donde Dios desea encontrarnos y abrazarnos a todos, incluidas las personas LGBTQ»

«Los cristianos no apedrean a las personas que trabajan en sábado (Ex. 35:2). No vendemos personas a la esclavitud (Ex. 21:7). Y si alguno maldice a Dios, no lo ejecutamos (Lev. 24:10-16)». Y es que, a diferencia de otras confesiones cristianas, «los católicos no son ni literalistas ni fundamentalistas». O, al menos, no todos

¿Cómo podemos entender mejor lo que dice la Biblia sobre la homosexualidad? ¿Qué significaban estos pasajes entonces y qué significan hoy? Y para los cristianos LGBTQ, quizás la pregunta más importante: ¿Cómo podemos cuadrar esto con Jesús, quien se acercó a los marginados? ¿Cómo pueden las personas LGBTQ, sus amigos, familiares y aliados leer estos versículos de la Biblia?«

«Jesús nunca condenó explícitamente la homosexualidad». ¿Es posible una nueva visión de la homosexualidad y el cristianismo, abierta a las nuevas realidades? Eso es lo que opinan una serie de expertos, capitaneados por James Martin sj., en Outreach, han preparado una Guía de divulgación de la Biblia y la homosexualidad con el objetivo de «ayudar a las personas LGBTQ, sus familias y sus amigos a comprender los pasajes individuales de la Biblia sobre la homosexualidad, a ser más capaces de responder cuando estos versículos se usan en su contra y, sobre todo, a sentirse más cómodos con la Biblia. donde Dios desea encontrarnos y abrazarnos a todos, incluidas las personas LGBTQ».

Porque, tal y como explica la publicación, «la Biblia proscribe muchas leyes, códigos morales y pautas éticas que los cristianos de hoy en día ignoran, no siguen o han rechazado por completo. Por ejemplo, aunque honran el Antiguo Testamento, los cristianos no apedrean a las personas que trabajan en sábado (Ex. 35:2). No vendemos personas a la esclavitud (Ex. 21:7). Y si alguno maldice a Dios, no lo ejecutamos (Lev. 24:10-16)». Y es que, a diferencia de otras confesiones cristianas, «los católicos no son ni literalistas ni fundamentalistas». O, al menos, no todos.

Análisis bíblica contra el desprecio

Entre los expertos, destaca, Walter Brueggemann, uno de los eruditos del Antiguo Testamento más influyentes del mundo, que recuerda que debemos leer estos textos dentro de su contexto específico, algo que a menudo se pasa por alto. En su artículo, Brueggemann resalta que «la razón por la que la Biblia parece hablar ‘con una sola voz’ sobre asuntos que pertenecen a las personas LGBTQ es que las voces fuertes con mayor frecuencia citan solo un conjunto de textos, con el desprecio decidido de los textos que ofrecen un contraataque«.

El resto de autores son los siguientes: Amy-Jill Levine, estudiosa del Nuevo Testamento judío, que apunta a los versículos específicos que abordan la homosexualidad en “ Cómo leer los ‘Pasajes de Clobber’ de la Biblia sobre la homosexualidadJohn R. Donahue, SJ, expresidente de la Asociación Bíblica Católica, quien nos invita a ver cómo los Evangelios revelan cómo Jesús se acercó específicamente a los marginados de la sociedad y lo que esto significa para las personas LGBTQ de hoy; Yunuén Trujillo, Esq. , abogada de inmigración y organizadora comunitaria, es coordinadora de formación religiosa en el Ministerio Católico con Personas Gay y Lesbianas en la Arquidiócesis de Los Ángeles, que brinda tres consejos para los católicos LGBTQ al interpretar las Escrituras; Harold W. Attridge, primer decano católico de la Escuela de Divinidad de Yale, quien aporta su mirada a los «pasajes de paliza» al mirar las cartas de San Pablo (una de sus especialidades) y el otro Las cartas del Nuevo Testamento y argumenta que » los pasajes del Nuevo Testamento sobre la homosexualidad deben leerse en su contexto«Brandan Robertson, un teólogo abiertamente gay que actualmente está cursando su doctorado en teología en la Universidad de Drew, y autor del libro The Gospel of Inclusion, quien apunta a los «versículos aplastantes» desde su punto de vista como persona LGBTQ en su artículo « La Biblia no condena a las personas LGBTQ«Thomas D. Stegman, SJ , ex decano y profesor de Nuevo Testamento en la Escuela de Teología y Ministerio de Boston College, fue autor de varios libros, entre ellos Texts Less Traveled: Exploring Hebrews, Catholic Epistles, and Revelation. En su comentario sobre la Epístola de San Pablo a los Romanos, » Leyendo a San Pablo sobre la homosexualidad, usando las dos «manos» de la exégesis «, desglosó la condena de Pablo de las relaciones entre personas del mismo sexo como «antinaturales»; o Grant Hartley , estudiante de teología y coautor del podcast «Life on Side B«, que analiza las intersecciones entre la fe, la sexualidad y el género, es un escritor independiente cuyo trabajo ha aparecido en Estados Unidos.

Por su parte, James Martin analiza un pasaje de la Biblia que ha encontrado especialmente útil en su ministerio con personas LGBTQ: la historia del encuentro de Jesús con Zaqueo , el diminutivo del impuesto colector en Jericó. “Si lo lees con atención”, dice el padre Martin, “este pasaje del Evangelio de Lucas, una obra maestra de la narración, tiene mucho que decir sobre todos aquellos que se encuentran marginados”.

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La Biblia, ¿el enemigo?

En su presentación, Outreach lamenta que, «para muchos cristianos LGBTQ, la Biblia puede sentirse como el enemigo«, especialmente en su utilización torticera. De hecho, recalca, «los pocos versículos bíblicos que abordan la homosexualidad se usan una y otra vez contra las personas LGBTQ: en el ámbito político; por líderes religiosos; en las redes sociales; en encuentros uno a uno; y, quizás lo peor de todo, en homilías y sermones en las mismas iglesias donde las personas LGBTQ buscan encontrarse con un Dios amoroso».

«Sin embargo, las preguntas permanecen», recalca la publicación: «¿Cómo podemos entender mejor lo que dice la Biblia sobre la homosexualidad? ¿Qué significaban estos pasajes entonces y qué significan hoy? Y para los cristianos LGBTQ, quizás la pregunta más importante: ¿Cómo podemos cuadrar esto con Jesús, quien se acercó a los marginados? ¿Cómo pueden las personas LGBTQ, sus amigos, familiares y aliados leer estos versículos de la Biblia?».

Fuente Religión Digital

Biblia, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , , , , , , , , , ,

Un amor más grande

miércoles, 12 de abril de 2023
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Esta es la principal intuición para la experiencia espiritual: somos conocidos en profundidad y con detalle por el amor que nos creó y que nos sostiene; conocidos también como miembros de una comunidad de creación que depende de nosotros y de la que dependemos. Este amor conoce nuestras limitaciones, así como nuestro potencial y nuestra capacidad tanto para el mal como para el bien; ese continuo centrarnos en nosotros mismos con el que explotamos a la comunidad en nuestro beneficio. Sin embargo, como amor, no busca anularnos ni manipularnos. En vez de eso nos ofrece la gracia constante del autoconocimiento y la aceptación que puede liberarnos para poder vivir un amor más grande«

*

Henri Nouwen,
Esta noche en casa.

***

 

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Fiesta

miércoles, 12 de abril de 2023
Comentarios desactivados en Fiesta

2023Del blog Tras las huellas de Sophia:

Salió llevando el mensaje que el festejado repitió

10.04.2023 | Martha Eugenia, Mujer Mariposa

 Le habían hecho la exhortación en dos horarios, a las 18 o a las 20 horas. De su decisión era, qué hora le acomodaría. Esta fiesta era muy especial, le habían dicho, solo se realizaba cada año. Era tan importante que habían tenido diferentes actividades preparatorias para que su participación fuera relevante. Le había llegado el aviso del convite con varias semanas de antelación. Quién la invitó le había hecho hincapié de que entre más se preparara, mejor iba a ser su disfrute durante el festejo.

Como toda planificación requería esfuerzo y disposición. Pero tenía tanto trabajo que aunque la invitación le gustaba, pensaba que descansar era tan importante para su ser, que con tantos detalles por organizar que le pedían realizara, no tendría oportunidad de relajarse como se lo merecía.

La notificación le había llegado cuarenta y dos días antes. Estaba asombrada que alguien tuviera el tiempo para recordárselo ca da uno de esos días. Pero así fue. Mil detalles le comunicaron que era invitada. Uno de esos días, le llegó la participación cuando un marginado social, tocó a su puerta y le entregó el recordatorio, pero al verlo tan amolado, le dio de comer. Otra vez, estando ocupadísima, le llamaron por teléfono, era alguien que antes de darle el recordatorio le contó de sus tristezas y soledad, hasta que muchos minutos después se lo dijo. Tuvo que tener mucha paciencia para escucharlo y darle unas palabras de consuelo. En una ocasión estaba celebrando un triunfo profesional, estaba muy contenta, le había costado mucho esfuerzo obtenerlo. Y leyendo en su Facebook, se da cuenta que una de sus amistades cercanas había vivido una pérdida importante y que escribía avisando. Tuvo que dejar el festejo por lo obtenido y comunicarse con esta persona, cuál no sería su sorpresa, que era la mensajera para recordarle del festejo, casi ni hablaron de la tragedia de esta mujer. En otra ocasión, había decidido dormir un poco más, cuando el timbre telefónico la despertó, era un amigo desde el otro lado del mar, compartiéndole sus pesares y vaya que eran grandes. Pero entre plática y risas, le hizo el recordatorio también. Otra vez, a la joven que le ayudaba con el aseo de la casa, se le cayó de manera inverosímil, un plato de las manos haciéndose añicos. La molestia subió desde sus entrañas, cuando esta joven le dijo: se lo pago. Al escucharla, contuvo las palabras de irritación de su boca, pero le dijo: Ten cuidado. Entonces observándola, se dio cuenta que la joven no veía bien. Y en su gracias, le recordó que el escrito de preparación para la fiesta que le habían dado, indicaba que cuando recibiera un gracias de alguien, era un recordatorio más. En otro momento hubo un problema muy difícil de alguien de su familia, en sus manos solo estaba el estar cercana. Sin hablar, pero estar. Lo hizo y también recibió otro gracias.

Y así no faltaron avisos, comunicados, acciones, advertencias, en fin, muchos detalles significativos que continuamente por 42 días le hicieron recordar de la invitación al festejo mayor.

Todavía más, hasta le daban a escoger dos horarios para que asistiera. ¡¡Uf!!, iría, si no le gustaba, se saldría, al fin entre tanta gente, ni notarían su presencia y menos su ausencia.

Llegó el día de la cita, cuando arribó al lugar indicado, todo estaba a oscuras y en silencio. Hasta pensó que se había suspendido, pero antes siquiera de tocar, percibió que la puerta estaba abierta de par en par, Entró, cuál no sería su sorpresa que había muchos, en silencio, esperando. Tal vez el organizador no había llegado o se le habían ido de las manos las cosas, como por ejemplo prender la luz. Se metió pensando que realmente en cualquier momento se podría escabullir, lo único que necesitaba era dejarse ver por uno o dos conocidos para comprobar que había estado.

Había muchos que no conocía, por lo que tuvo que esperarse a encontrarse con alguien conocido. En eso llegó el organizador, reconoció su voz pero aún seguían a oscuras. Empezó a hablarles de la importancia del festejo, pero ni sus luces del festejado. ¡Qué raro!, que fiesta tan desorganizada, pensó. Por un rato, el coordinador siguió hablando del agasajado, y con cada Palabra que compartía, ella sentía que su corazón ardía. Se le hacía conocido por lo que decían de Él, pero no estaba segura de ubicarlo bien.

Luego los invitó a cantar para irse alegrando, y cuando lo hacían, se prendieron las luces, sonaban cascabeles, campanas y el festejado con una sonrisa gloriosa los acogía, había estado todo el tiempo, pero como las luces habían estado apagadas no lo habían notado. Entonces les dijo: Bienvenidos, los he estado esperando desde hace mucho tiempo. Qué bueno que festejan conmigo mi triunfo.

Me siento muy pero muy contento de que estén aquí. Estaba observando cómo iban llegando y al reconocerlos a cada uno, me fui sintiendo muy feliz de que hubieran aceptado festejar conmigo. Era tan fuerte su personalidad y tan cálidas  sus Palabras que parecía que el corazón femenino iba diluyéndose en la alegría, la cercanía, la calidez y el amor que emanaba el anfitrión. Entonces el festejado dijo: Esta es una fiesta, así que bailemos, cantemos, gocemos y comamos. Empezó a sonar música, había dos grupos musicales, se alternaban dándole a la celebración un ambiente de alegría, a veces con canciones reflexivas y en otros momentos con melodías tan movidas que era casi imposible dejar de bailar. Hubo un momento en que se dieron un abrazo tan fraterno, que no importaba si eran conocidos o no, pues cada uno de los invitados sentían el gusto por estar ahí, que alegres lo compartieron con otros. Se veían varias formas de celebración, unos alzaban las manos mientras cantaban alegremente, otros también bailaban, los más serios o penosos, cantaban bajito, otros aplaudían. No obstante, el ambiente se llenó de tanta alegría porque el festejado les sonría, los acogía y les decía que los amaba, que era imposible permanecer impávidos ante Su regocijo, pues una yotra vez repetía que estaba muy contento de que estuvieran con Él.

Estaba asombrada, el ambiente de compañerismo, era tan fraterno, que seexperimentaba un sentido de comunidad y  cercanía entre todos los concurrentes. El organizador exultaba alegría contagiosa. El festejo duró lo necesario, pero muchos no se querían retirar, hasta el grupo de jovencitos y adultos jóvenes que tocaban amenizando, no paraban. Ella no dejaba de cantar y bailar.

Más allá de la alegría que vivió, salió llevando el mensaje que el festejado repitió de varias formas y que les invitó a compartir con todos, especialmente con los más necesitados, los tristes, con los que no lo conocían, con los que se sentían solos o incomprendidos, con los que no tenían un proyecto de vida, con los que estaban agobiados, con los enfermos del cuerpo o del alma o de la mente, Él dijo varias veces con mucha alegría: «Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo»;. Mat 28, 20b.

¡Felices pascuas de resurrección!

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Largo el olvido

martes, 11 de abril de 2023
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Del blog Nova Bella:

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Es tan corto el amor

y tan largo el olvido”.

*

Pablo Neruda

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«Educar en la interioridad prójima», por José Arregi

martes, 11 de abril de 2023
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buen-samaritanoLeído en su blog Umbrales de luz:

“¿Educamos para el sosiego y la paz ?” Con estas palabras se abre este libro breve y denso, unas palabras incluidas entre dos signos de interrogación en negro y rodeadas de un espacio vacío en blanco. En ese hueco blanco de la interrogación queda el lector atrapado, suspendido, atento al silencioso vacío blanco. Y en calma. Ahí nos conducen estas páginas del amigo Txemi Santamaría.

El es teólogo, psicólogo y psicoterapeuta. Educador, en definitiva. Menciono los “títulos” del autor solo para subrayar la esencia y finalidad del libro, a saber: que aprendamos a adentrarnos en el vacío silencioso de la interrogación, y ahí descubramos lo que realmente somos o aquello que somos capaces de ser, y nos pongamos en camino al fondo de nosotros mismos y de todo, al vacío y la plenitud de nuestro ser, a la libertad de la projimidad, a la paz. Y así seamos todos teólogos, psicólogos, psicoterapeutas, educadores.

 ¿Quién es realmente teó-logo, “alguien que habla de Dios?” No el que conoce y ofrece las respuestas de un supuesto “Señor de lo alto” [en vasco “Jaun-goiko”, que significa “Dios”], sino el que convierte las respuestas que vienen de lejos en preguntas de prójimo: “¿Qué te pasa? ¿Qué te duele?”. Pues “Dios” no es sino el infinito signo de interrogación hecho de projimidad compasiva. Ya seamos “creyentes” o “incrédulos”,  todos podemos ser verdaderamente teólogos, interrogadores compasivos de cuanto es, transcendiendo en paz todas las respuestas y creencias.

¿Y quién es psicólogo, es decir, “conocedor de la mente o psique” humana (inteligencia, voluntad, sentimiento, misteriosa memoria)? No lo es, principalmente, el experto académico que mira y explica desde fuera, desde arriba, las sinuosas y confusas zonas de esta nuestra problemática naturaleza, sino el que, iluminado por la conciencia de las propias sombras, ha aprendido, en la escuela de la vida y de la compasión, a comprender con empatía las debilidades del otro, a convertir sus extravíos en indicaciones, a ser humilde prójimo del prójimo, a ser fiel compañero de viaje. Porque sólo conociéndonos a nosotros mismos en profundidad podremos comprender al prójimo, y viceversa, solo conociendo al prójimo podemos comprendernos.

¿Y quién es verdadero psicoterapeuta, es decir, “sanador del espíritu o de la psique humanos”? No quien tiene a mano recetas fáciles para todos los problemas, sino quien, poniéndose en el lugar del prójimo herido, sabe ver con ojos de bondad sus dolores e impotencias como propios, pues efectivamente lo son. Quien mira con ojos de misericordia las faltas y carencias del prójimo como heridas, no con ojos acusadores como culpas. No somos seres “culpables”, ni “inocentes”, sino seres incompletos, caminantes y errantes hacia el Todo en busca de unos ojos de misericordia. El ungüento de la compasión es la mejor medicina. La compasión nos hace buenos, sanos, plenos. El compasivo es sano, aun siendo inacabado y caminante. Y es sanador. ¿Quién no puede ser compasivo compañero de viaje, a pesar de sus sombras, a pesar de sus heridas, a pesar de sus límites y a pesar de sus impotencias?

He ahí la visión del mundo, del ser humano, de la vida, que encontramos en el fondo de este libro. Es una propuesta educativa inspirada en la mirada profunda y en la projimidad compasiva. La primera frase se abre con esta pregunta: “¿Educamos para el sosiego y la paz ?”. Obviamente, la educación no se limita. La familia en todas sus formas, la acción cultural, el trabajo, la política, los medios de comunicación, el ocio, las redes sociales… son espacios de educación. Estemos donde estemos y seamos lo que seamos, todos podemos y debemos ser educadores, al igual que “teólogos”, psicólogos y psicoterapeutas.

¿Y en qué consiste ser educador? En enseñar a vivir bien, es decir, en bondad y en bienaventuranza. Es nuestro ser verdadero hecho de projimidad feliz. Educar consiste en aprender y enseñar a crecer decreciendo, acompañar en el camino hacia esa naturaleza revolucionaria hecha de compasión y paz, de vacío y plenitud. De otro modo seremos devorados por nuestra necesidad de crecer, este ritmo de crecimiento incontenible y sin rumbo que nos arrastra. La velocidad de lo que llamamos “progreso” arruina la vida buena, el bienestar común. ¿Educamos para respirar, para ser hermanos y hermanas compasivas y felices, para vivir en la justicia de la paz o en la paz de la justicia?

La interioridad es la base de la educación integral. Pero el término interioridad resulta equívoco, en la medida en que sugiere dualismo y aislamiento. La interioridad no es intimismo cerrado, no es mera introspección. La interioridad no es búsqueda y ejercicio de una trascendencia más allá de la inmanencia. La interioridad no es aislamiento, no se opone a exterioridad, pues el “dentro” y el “fuera” no existen en sí, sino en nuestra manera de ver. La interioridad no es estatismo ni inacción, porque nada es estático e inactivo. La interioridad no se opone a materialidad y corporalidad, pues nada existe –ni sentimiento, ni inteligencia, ni voluntad, ni memoria ni Dios sin alguna forma de cuerpo o de materia; y a la inversa: no existe nada que en su fondo no sea energía, aliento, “alma”, potencialidad de ser, de vivir, de actuar. Eliminemos, pues, la contraposición interioridad-exterioridad, lo mismo que el dualismo materialidad-espiritualidad.

“La interioridad es espacio integrador”, dice Txemi Santamaría. La interioridad no es una parte o dimensión de lo que somos, sino la conciencia que une todas las partes y dimensiones de nuestro ser con todo lo que es. Es la experiencia del Todo. Es la conciencia de que somos uno con la Unidad, la Comunión, la Interrelación cósmica infinita – con la piedra, el agua, el aire, el árbol, el pájaro, todos los seres humanos; con las partículas atómicas, las galaxias gigantescas, el universo o multiverso infinito.

Somos uno con todo. Venimos del Todo a esta corta vida, en comunión con todos los demás vivientes. Nos dirigimos al Todo, en unión con el Aliento Vital de todo, a través del tránsito liberador o pascua que llamamos muerte Somos minúsculos pulmones de la pascua interminable de la vida.

Si todo cuanto es y nuestro propio ser lo observáramos y sintiéramos como uno con Todo…, si desarrolláramos una cosmología, una antropología, una psicología, una filosofía de la comunión universal –o una “teología” del Misterio de Bien y de Bienaventuranza, más allá del “Dios Señor de lo alto” metafísico separado, más allá de la religión–…, si aprendiéramos y enseñáramos a detenernos, a callar, a escuchar, a mirar, a admirar, a sentir, a conmovernos, como primer aprendizaje y asignatura en todos los currículos…, si implementáramos una pedagogía de la comunión universal, de la projimidad compasiva en todos los ámbitos vitales y sociales –la educación, la ciencia, la política, la economía, toda la cultura–…, si practicáramos personal y públicamente lo que Ken Wilber llama “espiritualidad integral”…, todo se transformaría. Se nos abriría el aliento. Viviríamos.

He ahí el gran reto de hoy, el más grave de todos los tiempos: o bien crecemos y educamos en esa interioridad hecha de projimidad o nos asfixiamos a nosotros mismos y los unos a los otros en la competición acelerada por el crecimiento. Sin duda, el Aliento infinito de Lo que Es seguirá animando aun sin nosotros. Pero en aquello que nos concierne a nosotros, depende también de nosotros.

Aizarna, 21 de marzo de 2023
(Prólogo a Txemi Santamaria, Isilasunean jolaska, IDTP, Bilbao 2022, pp. 11-14)

Fuente www.josearregi.com

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Pascua florida

lunes, 10 de abril de 2023
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flores

A veces, Señor, a veces estalla la primavera
y Tú te muestras, acercas y ofreces
con todo lo que es y tiene la naturaleza.

Eres flor, hierbabuena y también pradera,
risa de junco, tapiz multicolor y agua de regato,
rama reverdecida columpiándose en una enredadera.

Eres bosque con su espesura y música,
llanura, valle y ladera, según la hora,
y esas cumbres que nos llaman y desafían.

Eres el fruto de los árboles que germinan en la tierra,
el trino de los pájaros que anidan y vuelan,
y las nubes y el viento que entre ellos se recrean.

Me sorprendes, gustas y enamoras como las cerezas,
como los melocotones de secano me perfumas
y en ese racimo de uvas dejas tu santo y seña.

A veces, Señor, a veces estalla la primavera
y mi corazón gusta tu savia, voz y palabra
para soñar, soñarte y seguir por tus sendas.

A veces, Señor, a veces, es Pascua florida.

*

Florentino Ulibarri
Fuente Fe Adulta

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“ Esperamos resucitar”, por Felisa Elizondo, teóloga

lunes, 10 de abril de 2023
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«Resurrección es el nombre de nuestra esperanza»

«En el ambiente de estos días cercanos a la Pascua vuelven a mi mente imágenes y palabras asociadas a ese día que comienza con una larga Vigilia»

«A lo largo de unos cuantos decenios, exegetas, historiadores y teólogos han analizado detenidamente los textos bíblicos en los que, a veces con sobriedad extrema, aparecen el término y sus sinónimos referidos, en primer lugar, a un crucificado»

«Exegetas e historiadores, y desde luego teólogos, no han dejado de señalar que la fe en la resurrección es un fogonazo de luz que nos alcanza y en la que puede descansar nuestra esperanza. Valgan como ejemplo algunas intervenciones que citaremos abreviándolas»

«‘Morir –ha dejado dicho el poeta Christian Bobin, mirando la lápida de  su padre– no cierra el libro en la última  página’. Y para quien cree, la promesa de resucitar contiene también la del reencuentro»

En el ambiente de estos días cercanos a la Pascua vuelven a mi mente imágenes y palabras asociadas a ese día que comienza con una larga Vigilia. En primer plano, la representación de enormes dimensiones, ideada por Pericle Fazzii, fundida en bronce y cobre que preside el Aula Nervi (llamada así por el arquitecto que la proyectó), la magnífica Sala vaticana destinada a las Audiencias. Pintores y escultores geniales han probado la dificultad de representar lo impensable del misterio, y no debió ser menor la del autor de la Rissurrezione que domina desde el trasfondo aquel recinto.

Es sabido que la obra fue encargada ya en 1964 por san Pablo VI, que se  expuso a la vista de todos en 1971. El escultor admite que quiso representarla “como un estallido de tierra, como una enorme tempestad en forma de un mundo en explosión” que rodea al Cristo que se alza sereno. El trabajo muestra un excepcional dominio de materiales duros, adelgazados y modelados hasta dar al conjunto una sorprendente impresión de ligereza. De ese modo, aparece como un imponente relieve que quiere dar idea del alcance y la fuerza de la resurrección de Jesús, que arrastra consigo, eleva y transfigura esta tierra nuestra.

Contemplada con calma, esta Rissurrezione parece decir en bronce algo que tampoco las palabras alcanzan a aferrar: que el Resucitado es “la tierra de los vivos. La cita llega desde la inscripción de una iglesia ortodoxa de Constantinopla, y Olivier Clément, que la recoge,  comenta: “No es la reanimación de un cadáver según las condiciones “de este mundo”, sino la inversión de dichas condiciones, la transformación universal que comienza en una humanidad convertida en la humanidad de Dios” (La alegría de la resurrección, 2016, 106-107).

En mi percepción –que es seguramente  la de muchos más–  esta representación, forjada por un broncista insigne, refleja el clima de la renovación conciliar que en pleno siglo pasado hizo revivir en las conciencias, con declaraciones solemnes, la promesa bíblica de “unos cielos nuevos y una  nueva tierra”. Y podría acogerse también al título de La Pascua de la creación,  que encabeza el libro póstumo de Juan Luis Ruiz de la Peña, uno de los tratados más apreciados en la teología reciente escrito en castellano. De hecho, el impacto de ese fondo espectacular en el que el metal parece aligerarse al máximo para dar idea de una materia que se transforma, encaja bien con las palabras y los textos que tratan de decir en el mundo de hoy, con la mayor justeza posible, lo que la memoria cristiana ha conservado desde los primeros decenios de nuestra era.

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Decir «resurrección» hoy

A lo largo de unos cuantos decenios, exegetas, historiadores y teólogos han analizado detenidamente los textos bíblicos en los que, a veces con sobriedad extrema, aparecen el término y sus sinónimos referidos, en primer lugar, a un crucificado. Y que apuntan también a lo que sus seguidores podían esperar. Sabemos que apenas transcurridos veinte años de la crucifixión, hacia el año 47, Pablo de Tarso recordaba a los corintios que lo primero que trasmitió fue “que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado, y que resucitó al tercer día”(Cor 15, 3-4). Y que en otros lugares del Nuevo Testamento, con el lenguaje de la vida o de la exaltación, se encuentra también el testimonio  de lo increíble pero real sucedido en Jesús de Nazaret. Un testimonio que llega desde seguidores primero desilusionados y luego exultantes. Anuncio que presagia lo que felizmente nos aguarda y aguarda a la creación entera.

Los estudios a que nos hemos referido han vuelto a poner de relieve lo nuclear y decisivo para la humanidad y la creación entera de la irrupción de vida realizada en Jesús, como “el primero de los hermanos”. Se trata de la experiencia fundante”, que los discípulos transmitieron con fórmulas y relatos diversos y que la tradición ha conservado. Una experiencia pascual vivida en la fe que los llevó hasta dar su vida por extender a más aquel anuncio feliz. Una memoria viva que culmina las celebraciones cristianas ahora mismo.

Exegetas e historiadores, y desde luego teólogos, no han dejado de señalar que la fe en la resurrección es un fogonazo de luz que nos alcanza y en la que puede descansar nuestra esperanza. Valgan como ejemplo algunas intervenciones que citaremos abreviándolas.

«Ha resucitado«, un anuncio glosado por Benedicto XVI

En su libro Jesús de Nazaret (1913), el papa Benedicto dedicó algunas páginas a las distintas lecturas de los pasajes de la Escritura que se ofrecen en el panorama teológico reciente. A lo largo de su pontificado, con ocasión de celebraciones pascuales, pronunció varias homilías en las que expresa, con profundidad y sencillez a un tiempo, cómo la confesión de fe en el Resucitado posibilita y reclama de quien cree una vida convertida y humildemente esperanzada.

En 2006, inició la Vigilia Pascual con la pregunta del ángel a las mujeres que acudían al sepulcro: “¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí, ha resucitado” (Mc 16, 6). Y añadía: “Lo mismo nos dice también a nosotros el evangelista en esta noche santa: Jesús no es un personaje del pasado. Él vive y, como ser viviente, camina delante de nosotros; nos llama a seguirlo a Él, el viviente, y a encontrar así también nosotros el camino de la vida (…) En Pascua nos alegramos porque Cristo no ha quedado en el sepulcro, su cuerpo no ha conocido la corrupción; pertenece al mundo de los vivos, no al de los muertos; nos alegramos porque Él es –como proclamamos en el rito del cirio pascual– Alfa y al mismo tiempo Omega, y existe por tanto, no sólo ayer, sino también hoy y por la eternidad (cf. Hb 13, 8)”.

Reconocía también la extrañeza que encuentra ahora mismo ese anuncio: “En cierto modo, vemos la resurrección tan fuera de nuestro horizonte, tan extraña a todas nuestras experiencias, que, entrando en nosotros mismos, continuamos con la discusión de los discípulos: ¿En qué consiste propiamente eso de «resucitar»? ¿Qué significa para nosotros? ¿Y para el mundo y la historia en su conjunto?”.

Un misterioso y decisivo acontecimiento

La interrogación –proseguía el Papa en la homilía–  no se satisface con  la respuesta de un milagro, el de un cadáver reanimado, sino que nos afecta de otra manera: La resurrección de Cristo es precisamente algo más, una cosa distinta. Es –si podemos usar por una vez el lenguaje de la teoría de la evolución– la mayor «mutación», el salto más decisivo en absoluto hacia una dimensión totalmente nueva que se haya producido jamás en la larga historia de la vida y de sus desarrollos: un salto de un orden completamente nuevo, que nos afecta y que atañe a toda la historia”.

Y argumentaba: “La pregunta se detiene en lo decisivo de que este hombre se encontraba… en un mismo abrazo con Aquel que es la vida misma, un abrazo no solamente emotivo, sino que abarcaba y penetraba su ser. Su propia vida no era solamente suya, era una comunión existencial con Dios y un estar insertado en Dios, y por eso no se la podía quitar realmente (…) Así destruyó el carácter definitivo de la muerte, porque en Él estaba presente el carácter definitivo de la vida. Él era una cosa sola con la vida indestructible, de manera que ésta brotó de nuevo a través de la muerte (…) Su comunión existencial con Dios era concretamente una comunión existencial con el amor de Dios, y este amor es la verdadera potencia contra la muerte, es más fuerte que la muerte”.

Estallido de luz y explosión de amor

La resurrección –prosigue la homilía– fue como un estallido de luz, una explosión del amor que desató el vínculo hasta entonces indisoluble del «morir y devenir». Inauguró una nueva dimensión del ser, de la vida, en la que también ha sido integrada la materia, de manera transformada, y a través de la cual surge un mundo nuevo”.

Se trata –viene a decir– de un estallido que nos afecta de lleno: “Es un salto cualitativo en la historia de la «evolución» y de la vida en general hacia una nueva vida futura, hacia un mundo nuevo que, partiendo de Cristo, entra ya continuamente en este mundo nuestro, lo transforma y lo atrae hacia sí”Semejante acontecimiento –sigue diciendo– nos llega mediante la fe y el bautismo, un rito que forma parte desde antiguo de la celebración pascual. Y a este propósito afirma que el bautismo, que implica nada menos que muerte y resurrección, comporta “renacimiento, transformación en una nueva vida”: “Un yo insertado en un nuevo sujeto más grande, transformado, bruñido, abierto a la inserción en el otro, en el que adquiere su nuevo espacio de existencia”.

“El gran estallido de la resurrección –insiste– nos ha alcanzado en el bautismo para atraernos. Quedamos así asociados a una nueva dimensión de la vida en la que, en medio de las tribulaciones de nuestro tiempo, estamos ya de algún modo inmersos…

Todavía antes de terminar se refiere a un tema siempre presente en la liturgia: la alegría pascual. En estos términos: “Ésta es la alegría de la Vigilia pascual. La resurrección no ha pasado, la resurrección nos ha alcanzado e impregnado. A ella, es decir al Señor resucitado, nos sujetamos, y sabemos que también Él nos sostiene firmemente cuando nuestras manos se debilitan. Nos agarramos a su mano, y así nos damos la mano unos a otros, nos convertimos en un sujeto único y no solamente en una sola cosa”.

Y en un último párrafo: “La vida eterna, la inmortalidad beatífica, no la tenemos por nosotros mismos ni en nosotros mismos, sino por una relación, mediante la comunión existencial con Aquel que es la Verdad y el Amor y, por tanto, es eterno, es Dios mismo. La meta”.

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El nombre de nuestra esperanza

Hemos prestado atención especial a esta exégesis del creer en la resurrección porque llega de un creyente, un papa teólogo muy consciente de hablar de algo tan singular como la resurrección de Jesús y la nuestra en un tiempo de realismo corto, tentado de inmanencia, aunque siga siendo sensible al dolor y desearía evitar desastres y desgracias. A las frases reseñadas podrían sumarse otras expresiones que han quedado impresas en escritos posteriores. Sin olvidar la actitud serena y la confianza humilde que, en coherencia con lo que había escrito y predicado, mostró ante la cercanía de su propia muerte.

Releyendo otras reflexiones hechas en la teología reciente sobre el significado y alcance de lo que confesamos, se podría encontrar afirmado que la fe-esperanza de resurrección hace de la nuestra “una humanidad realzada: La idea de salvación (también de la muerte) –insistía el  teólogo belga Adolf Gesché– se funda en una idea elevada del ser humano”. Y en el mismo tono añadía: “Es verdad que el hombre muere, pero… no debe creer que está hecho para la muerte: el hombre está hecho para la vida”. Y creer que Jesús ha resucitado supone o es inseparable de reconocer la dignidad incomparable de cada ser humano: “Proclamar que ya no puedo tratar a nadie como si no estuviera destinado a la resurrección”. Afirmaciones que responden a una convicción de fondo: “Creer en Dios y en su Cristo es un modo de creer en el hombre” (El destino (2004) p.105)

Una confianza humilde

Ahora bien, afirmar que el último destino es un destino de Vida no equivale a dejar en el olvido que, también para quien cree, la muerte sigue siendo “el último enemigo”, y el dique con que topan todas las expectativas. El realismo cristiano acepta que ni siquiera una fe sincera llega a vencer el temor cuando la debilidad de nuestro cuerpo se deja sentir o cuando nos estremecemos ante el silencio de quienes mueren.

Además, si no parece que en otro tiempo fuera fácil, ahora mismo no es extraño encontrar especialmente difícil el artículo del Credo que habla de la “resurrección de la carne”. De hecho, su traducción por “resurrección de los muertos” intenta restar dificultad. Con todo, se puede recordar que aquella formulación, situada en su contexto, quiso evitar el espiritualismo desencarnado. Y que no se aleja del lenguaje empleado por san Pablo al hablar de un “cuerpo espiritual/espiritualizado” un  “cuerpo de gloria”. Un lenguaje que honra nuestro entero vivir humano, que será al fin transfigurado.

Esta es, en último término, la esperanza audaz que el artículo del Credo expresa desde siglos atrás con “resurrección de la carne”. Una confesión que hoy suscita cierta extrañeza, hasta el punto de que algunas versiones prefieren hablar de “resurrección de los muertos”. Con todo, aceptado que el términocarne necesita ser situado en el contexto en que comenzó a usarse en el Símbolo de la fe, tiene razón de ser porque, a distancia de un espiritualismo desencarnado, sugiere que será cada uno, con su experiencia vital cumplida, quien tras la muerte entrará en la Vida que no cesa.

El nombre de nuestra esperanza

Ahora bien, afirmar que el último destino es destino de vida, no equivale a dejar en el olvido que, también para quien cree, la muerte sigue siendo “el último enemigo,  y el dique con que se topan todas las expectativas. Con realismo cristiano, hay que reconocer que ni siquiera una fe sincera llega a vencer plenamente al temorcuando la debilidad de nuestro cuerpo se deja sentir o cuando nos estremecemos ante el silencio de quien muere.

Pero hay frases en la liturgia que parecen cobrar mayor verdad y eficacia en los momentos de perplejidad, cuando asistimos al desmoronarse de nuestro cuerpo de carne o nos rodea un clima de realismo crudo, y hasta nihilista: “Aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la esperanza de la futura inmortalidad” (aquí por “resurrección”). Y en el decir escueto del latín han llegado hasta nosotros dos palabras que condensan toda una convicción:La vida no se pierde, se transforma”. Escuchar una y otra sentencia en las voces de otros creyentes han venido siendo y son ayudadoras de la esperanza.

Los relatos pascuales atestiguan que el mismo Jesús, que probó la fatiga, el dolor lacerante de una cruz y bajó a la tumba, fue reconocido al fin “glorioso”, “a la derecha del Padre”. Los textos recogen también su promesa de hacernos partícipes de su dicha. Aunque no podemos experimentar por anticipado lo que esperamos, dar crédito a su resurrección es aguardar, aunque sea en la penumbra, que se cumpla en nosotros ese último destino que nos asocia a Él y a cuantos “han pasado de la muerte a la Vida”.

De la Iglesia se dice, con una profundidad y urgencia que no escapa a un autor antes citado, que es “una matriz de resurrección, una escuela de resurrección. Tanto en lo más íntimo de las ermitas, de las cárceles o de los hospitales, como en la vida de cada día, Hoy –sigue nuestro autor– es necesario introducir de nuevo en la cultura signos de resurrección para abrir en la historia de los hombres un camino hacia la divino-humanidad” (O. Clément, op cit, 109).

Resurrección es el nombre de nuestra esperanza: “Morir –ha dejado dicho el poeta Christian Bobin, mirando la lápida de  su padre– no cierra el libro en la última  página”. Y para quien cree, la promesa de resucitar contiene también la del reencuentro con quienes siguen viviendo de otro modo y a los que el amor no nos deja olvidar.

Fuente Religión Digital

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