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Señor, no te canses de mí

domingo, 21 de enero de 2024
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Nínive: un breve dibujo animado, un Jonás nada católico.

         El libro de Jonás es una novela muy breve, quizás unos dibujos animados o un power point.

Dios le dice a Jonás: ve a Nínive, que allí las cosas van de mal en peor, la corrupción es enorme. El pobre Jonás no estaba para muchas filosofías y encíclicas; estaba cansado, más bien harto, de aquella postmodernidad que le tocaba vivir.

Nínive era una ciudad próspera, muy populosa, pero lamentablemente su situación humana y espiritual era peor que mala. Tal vez como nuestra postmodernidad, aunque en estos momentos estemos atrapados por la pandemia.

         Jonás quiere que le dejen de líos y se le antoja irse de vacaciones, a un crucero. Jonás se embarca en una nave y, aunque espera que el viaje transcurra como si fuese el mejor trasatlántico del mundo, sin embargo el barco de Jonás es zarandeado por el temporal y la cosa se pone mal hasta el punto de que los tripulantes le echan la culpa de la tempestad y arrojan a Jonás por la borda al mar.

         Entonces es cuando aparece la ballena (que es el mismo símbolo del arca de Noé y la barca de la iglesia), que se traga y salva así a Jonás. La ballena devuelve a Jonás a tierra firme.

Dios le llama y le dice por segunda vez a Jonás, sano y salvo: Haz el favor de ir a Nínive y proclama el mensaje de vida que yo te diré.

         Dios no deja nunca de su mano a nadie. Dios no abandona nunca la nave. Jonás se lo pensó, pero fue a Nínive, rezongando y a disgusto, y allí proclamó el mensaje de salvación.

         Y Nínive -los ninivitas- cambiaron de vida. Dios perdona siempre (Jonás 3,10). (Conversión).

Un apéndice poco -nada- cristiano

Un detalle curioso es que Jonás se enfada porque Dios ha perdonado a Nínive, a los ninivitas. Jonás dice: después de esto, que has hecho con Nínive (perdonarles), mejor morirse a seguir viviendo. (Jonás 4,3.8). Y Jonás se dijo a sí mismo: “que paren el mundo, que me bajo”, y se fue al “monte” con una tienda de campaña, se puso a la sombra de un ricino y a vivir. Pero hasta el ricino (el árbol) se le secó y Jonás se enfada hasta con aquel árbol al que un gusano había dañado

Dios le dice: ¿te enfadas ya hasta con los árboles? (Jonás 4,9).

Sí, me parece bien enfardarme hasta la muerte, responde Jonás.

Y Dios termina como lo que es, como un buen padre y un Dios, con un gran sentido común: ¿por qué no voy a tener compasión de Nínive en la que hay más de 120.000 personas que aún no distinguen entre el bien y el mal?

         La postura de Jonás es la de muchos católicos: ¿cómo va a recibir la misma recompensa ese o esa que han vivido “perdidamente” que yo, que me he privado o he sido austero, he vivido en ayunos, penitencias, con cilicios y entre liturgias. ¿Por qué esos perdidos van a recibir la misma recompensa, que yo, etc.?

         ¡Mucho cambiarían las cosas en la Iglesia, y fuera de ella, si en vez del “ordeno y mando”, viviéramos en bondad y misericordia, comprensión y libertad!

Jonás era un buen católico.

         Dios era ya un espléndido “cristiano”.

02.- De Jonás a Jesús.

         Jesús anuncia también la salvación, la vida, “el Reino de los cielos está cerca”. Y nos llama, como a los ninivitas, a creer en Él y a convertirnos. (La iniciativa salvífica siempre es de Dios).

         Conversión (metanoia) significa transformación personal, cambio de mentalidad. [1] Pero para que se dé un cambio tan profundo en mi ser, he de ver algo muy valioso que me llama con fuerza, algo que merece la pena, capaz de cambiar y mejorar mi persona, mi vida y la de mi iglesia, familia, la vida de mis conciudadanos.

         Se podría decir que la conversión “no la realizo yo”, sino que algo o Alguien me llama irresistiblemente.

         Muchas de las cosas y palabras que se barajan y presentamos en la iglesia no tienen el más mínimo interés, ni la más mínima fuerza y valor como para cambiar la vida de una persona.

         Solo el amor es digno de la fe, decía von Balthasar.

         Una iglesia que no sirve (servicio) no sirve para nada escribía, (Gaillot).

         Uno se convierte, dirige su mirada solamente al amor, a la bondad, al servicio, a la ayuda. Valores que el entramado eclesiástico actual son muy poco tenidos en cuenta. El Derecho canónico, la ley, los ritos litúrgicos convierten poco, más bien nada. Son poco más que el Código de tráfico. Una Iglesia que sirve a los pobres, pecadores, enfermos, encarcelados, adictos, que trabaja por la paz, es creíble, lo demás es papel mojado…

         Jesús trataba y comía con pecadores y publicanos, daba de comer, curaba enfermos, defendía a la mujer, sentía lástima de las gentes porque andaban como ovejas sin pastor. A Jesús nunca se le ve presidiendo una liturgia o un acto religioso en el Templo…

         Es ya clásica la afirmación del filósofo alemán M. Heidegger (1889-1976): solamente Dios puede salvarnos. Solamente el buen Dios de Jesús puede salvarnos.

03.- Conversión en la debilidad humana.

         Tal vez, por nuestra tradición tridentina frente al protestantismo naciente, en la que afirmamos nuestros méritos, pensamos que la conversión la realizamos nosotros con nuestra fuerza y nuestras capacidades.

         Nos parece que la conversión es un acto potente que yo realizo en unos Ejercicios espirituales o en un retiro, cuando en realidad el comienzo de la conversión está precisamente en nuestra incapacidad, en nuestra debilidad física, moral, espiritual, psíquica.

         El hijo pródigo recapacita cuando se ve hundido en la miseria. Seguro que al hijo perdido le vendrían a la mente unos cuantos retazos de los salmos, de la vida: Me envolvían redes de muerte, me alcanzaron los lazos del abismo, caí en tristeza y angustia. Invoqué el nombre del Señor: «Señor, salva mi vida», (salmo 114). Dios mío, ¡qué desgraciado soy!, (salmo 115). En estos momentos no soy nada, no tengo nada, ni fuerzas para pedirte perdón (Daniel 3). Espera en el Señor, ten ánimo, sé valiente, (salmo 26). Estando yo sin fuerzas, me salvó.

         La conversión en muchas ocasiones es únicamente ponerse como el publicano de la parábola y decir sin palabras: “Señor, ¡ten paciencia conmigo!”.

         La conversión la realiza Dios en nosotros, el Dios de Jesús, el Dios perdonador de Nínive y de San Sebastián.

Creed en la Buena nueva de Jesús

[1] Meta: más allá; nous conocimiento, mentalidad. En castellano hay algunas palabras que llevan esta componente: dia – nóus (diagnóstico), pro – nous (pronóstico).

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Los llamó y se marcharon con él.

domingo, 21 de enero de 2024
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IMG_2492Desde el concilio Vat.II se ha dicho continuamente que la vida cristiana consiste en el seguimiento de Jesús. Ser cristiano es ser seguidor y seguidora de Jesús de Nazaret.

El evangelio que hemos leído hoy lo dice explícitamente: “Los llamó y se marcharon con él”. Dejaron todo: casa, trabajo, familia, negocio y se fueron con Jesús. Algo así solamente es posible si uno no cae bajo el hechizo de la persona de Jesús, si uno se enamora de él. De lo contrario, la fe puede ser una creencia, pero no un seguimiento.

El seguimiento de Jesús tiene dos dimensiones, una dimensión que podríamos llamar mística y otra situacional. La dimensión mística es la oración, la Palabra, los sacramentos, la Iglesia, etc. En esos lugares miramos el rostro de Jesús para quedar “colgados” de él. Y luego está el componente situacional: acoger el dolor del otro, colaborar a que brote la paz, construir la buena relación, la ciudadanía. Las dos dimensiones han de estar siempre presentes y lo más equilibradas que posible.

¿Podremos nosotros, cristianos de a pie, llamarnos y ser seguidores de Jesús? Podemos, siempre que mejoremos nuestra vida cristiana. ¿Cómo?

· Asumiendo los criterios de Jesús: Tales como: se puede estar contento sirviendo, no hay amor más grande que amar al otro, nadie tiene que reclamar nada al Dios que le da todo, perdonar es imprescindible, etc. Estos criterios tienen que cambiar nuestra manera de pensar. Seguir a Jesús siendo los mismos es un autoengaño.

· Viviendo sus actitudes: Tales como: echarse a los hombros el dolor ajeno, hacerse encontradizo de quien anda perdido, saber que toda persona es digna aunque sea un pecador, no temer mezclarse con quien lleva una estigma social. Si no descubriéramos alguna de estas actitudes en nuestro comportamiento diario estaríamos aún lejos de ser seguidores.

· Copiando sus sentimientos: Tales como: el Padre nunca nos deja solos, hay más gozo en dar que en recibir, Dios es bueno siempre con sus criaturas, el Padre cuida a justos e injustos. Si no percibimos que alguno de estos sentimientos aflora en nuestra vida, es que aún nos falta un tramo para ser seguidoras y seguidores.

Hemos de repetirlo siempre que sea necesario: tener fe no es, principalmente, asumir una serie de ideas y de comportamientos morales, aunque esto sea importante. Mucho menos, agarrarse a unas prácticas religiosas, con frecuencia insignificantes (¡cuánto se han extrañado y hasta se han molestado algunos cuando hemos cambiado la ceniza por otros signos!). Tener fe es quedar cautivados por Jesús, considerar interesante para mí su manera de pensar, tratar de poner en pie sus actitudes, sentir como él sentía. Las ideas religiosas sin todo esto se quedan en meras ideas, peligrosamente vacías.

Es posible que todo esto parezca inconcreto. Ya dice el evangelio de Juan que las cosas de la espiritualidad son como el viento, que no lo ves pero oyes su ruido. Hay que pensar en esto muchas veces. Y, poco a poco, se irá haciendo la luz. Que no renunciemos a ser, de alguna manera, como aquellos que llamó y se marcharon con él.

Fidel Aizpurúa Donazar

21 de enero 2024

Fuente Fe Adulta

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Ecumenismo: La unidad no requiere uniformidad.

domingo, 21 de enero de 2024
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IMG_2483Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. OCTAVARIO POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS.

Durante la semana, del 18 al 25 de enero se celebra en todas las tradiciones cristianas, en todas las iglesias cristianas el octavario por la unidad de los cristianos. Es un momento para pensar sobre el ecumenismo.

ECUMENISMO (OIKOUMENE) es un término griego que viene de Oikos (hogar) y significa: el lugar habitado por la humanidad, las gentes que habitaban las tierras conocidas. Era usado en el Imperio Romano para referirse a la totalidad de las tierras supuestamente civilizadas. La oikoumene era la humanidad conocida, que coincidía, más o menos, con los pueblos en torno al mar Mediterráneo.

MOVIMIENTO ECUMÉNICO: es la nostalgia de la unidad de los cristianos concretada en un Movimiento surgido en el seno de la Iglesia anglicana de Inglaterra en el siglo XIX.

Este movimiento fraguaría en el Consejo Mundial de Iglesias fundado por 147 iglesias, el 1948 en Ámsterdam. Su sede está en Ginebra, Suiza; a él están afiliadas 348 iglesias y denominaciones con cerca de 600 millones de cristianos en más de 120 países.

02. RUPTURAS EN LA IGLESIA

         02.1 QUE TODOS SEAN UNO, (EVANGELIO DE JUAN).

Para cuando la tradición evangélica de Juan escribe esta nostalgia de Jesús: que todos sean uno, (Jn 17,21) ya se habían producido en la Iglesia naciente las primeras tensiones y rupturas.

La cuestión de los judaizantes (cristianos de tradición judía) habían causado muchas tensiones y enfrentamientos con los cristianos de tradición griega (greco-romana).

Pablo se enfrentó y echó en cara a Pedro su postura ambivalente respecto de los judaizantes. Pablo dice que: tuve que echarle en cara a Pedro su posición ambigua, (Gálatas 2,11).

           02.2 UN POCO DE HISTORIA

En la historia de la Iglesia se han producido dos grandes rupturas (y otras muchas “menores”):

           ORIENTE – OCCIDENTE

Las dos tradiciones cristianas: Oriente y Occidente, Roma y Constantinopla, en el fondo eran dos partes del Imperio romano, dos culturas: el latín y el griego, cada cual seguirá su camino a partir de la ruptura que se produce en el año 1054.

Oriente siguió su tradición, su teología y concepción diversa de la nuestra (latina) en no pocas cuestiones como la cristología, el modo de entender la Iglesia, el primado; cultivaron su espléndida liturgia en su -sus- idiomas. Surge así la gran tradición cristiana ortodoxa.

Occidente: Roma siguió, a su vez, otro camino con nuestros dogmas, nuestra concepción cristológica, un modo eclesiológico diverso, una liturgia hierática, el latín, una concepción diversa del primado, etc.

            NORTE – SUR DE EUROPA

En el siglo XVI se produce la fragmentación Norte – Sur de Europa.

La Iglesia necesitaba una Reforma que no terminaba de llegar: gran parte del clero se encontraba en una situación peor que deficiente en todos los órdenes: intelectual moral, estilos de vida, etc. Los obispos eran más señores feudales que pastores de la Iglesia. (Pamplona “tuvo” un obispo que no estuvo nunca en Pamplona).

También confluyeron cuestiones de poder.

Las circunstancias y los problemas hicieron que fuese Lutero (1483-1586), inicialmente monje agustino, quien leyese el Evangelio, san Pablo y la Teología desde otros acentos y perspectivas sobre todo en el modo de entender la justificación por Cristo y la fe como confianza en Cristo.

En 1521 Lutero fue excomulgado por el papa de Roma, León X, surgiendo así la llamada Reforma protestante, que daría lugar a la multiplicidad de Iglesias que irán desgajándose desde el siglo XVI. Son los que, más o menos, conocemos como protestantes: luteranos, Calvinistas, evangélicos, baptistas, adventistas, presbiterianos, etc… hasta más de trescientas iglesias afiliadas al Consejo Ecuménico de las Iglesias de Ginebra.

La Biblia, la Palabra (contra el Magisterio de Roma) es la piedra angular de la Reforma con sus principios: sola Fe, sola Escritura, sola Gracia.

            02.3 OTRAS RUPTURAS.

No es el momento en una homilía de entrar en ello, pero han ido produciéndose en la historia otras rupturas como el anglicanismo (Comunión anglicana) en el siglo XVI; en el siglo XIX surgirá la escisión de los “Viejos Católicos”; en el siglo XX la ruptura provocada por el obispo Lefevbre. Esperemos que en el siglo XXI no se produzcan más escisiones…

03. HACIA LA UNIDAD

Todos sentimos nostalgia por volver a la unidad originaria.

Habrá que dejar de lado viejas controversias y heridas, que no es fácil.

Si somos amplios de mente y de corazón, podemos pensar y admitir de buen grado que se puede ser cristiano en las diversas tradiciones cristianas.

La fe en Cristo Jesús, la relación con el Señor que veíamos el pasado domingo no es diferente en un luterano, en un ortodoxo o en un católico.

Si se produce la unidad habremos de pensar que cada uno seguirá siendo cristiano en y desde su propia tradición ortodoxa, reformada o católico romana.

No podemos ser tan simples como para exigir que los protestantes o los ortodoxos vengan a Roma y nos digan: miren ustedes, señores católicos romanos, nosotros los ortodoxos hemos vivido completamente equivocados durante 1000 años; o que nos vayan a decir los protestantes: Desde Lutero nosotros, pobres herejes, no sabemos lo que es ser cristianos.

En una futura y deseada unidad cada cual será cristiano en y desde su propia tradición.

Por otra parte la unidad no requiere uniformidad. Podemos vivir unidos la fe en una pluralidad y diversidad teológica, litúrgica, jurídica, etc…

H Küng lo expresaba muy bien en un texto que dice:

La Iglesia de Cristo, según el Nuevo Testamento, no es una Iglesia de unitarismo centralista e igualitarismo –y menos totalitario-. No conoce la uniformidad, sin alegría ni libertad, de una organización única o de tipo único de unidad. No entra en la esencia de la Iglesia ni el culto uniforme, ni la disciplina uniforme, ni la teología uniforme. Apoyándose en Efe 4,4-6 se podría más bien afirmar lo contrario.

PLURALIDAD EN EL CULTO: un solo Dios, un solo Bautismo, una sola Eucaristía, pero pueblos distintos, comunidades distintas, lenguas distintas, ritos y formas de piedad distintas, cantos y ornamentos distintos, distintas oraciones y, en este sentido,

iglesias distintas. PLURALIDAD TAMBIÉN EN LA TEOLOGÍA: Un solo Dios, un solo Señor, una sola fe y una sola esperanza, pero distintas teologías, distintos sistemas, distintos estilos de pensar, aparatos conceptuales y terminologías, distintas escuelas, tradición y tendencias en la investigación, distintas universidades y distintos teólogos y, en este sentido, una vez más, distintas iglesias. PLURALIDAD FINALMENTE TAMBIÉN EN EL ORDEN ECLESIÁSTICO: un solo Dios, un solo Señor, un solo Espíritu, un solo cuerpo, pero diversas ordenaciones de vida, diversas estructuras de derecho, diversas naciones y tradiciones, diversos usos y costumbres y sistemas de administración y así finalmente, también en este sentido, distintas iglesias.1

No menos importante es trabajar por un ecumenismo hacia dentro de la misma Iglesia católica, hacia una unidad plural y diversa conforme a las varias tradiciones, culturas, idiomas, modos de pensar, etc.

04. UN PROBLEMA CONCRETO: EL PRIMADO DEL PAPA.

Pablo VI decía del primado de Roma que, quien tenía que ser el vínculo de unidad, se ha convertido en la piedra de división.

¿Cómo podrá entenderse el ministerio de Pedro? Nos podríamos acercar a la pentarquía: las cinco sedes primaciales: Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén, de las cuales Roma sería la primera entre iguales, de modo que Pedro sería un primum inter pares.

K. Rahner se preguntaba si en un mundo tan amplio y complejo, ¿La figura de Pedro podrá seguir recayendo en una única persona? ¿Un estilo más sinodal / colegial? (en términos profanos, más democrático).

La sinodalidad no consiste en ver si Roma permite el ministerio de la mujer, el celibato opcional, la bendición a los homosexuales o que los divorciados puedan comulgar o volver a casarse. La sinodalidad consiste en que la Iglesia fuese gobernada de modo colegial, sinodal.

QUE TODOS SEAN UNO

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Para situar Fidutia Supplicans. Bendición y maldición en el AT.

sábado, 20 de enero de 2024
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IMG_2359Del blog de Xabier Pikaza:

La bendición de homosexuales  y de otros tipos de parejas que se suponen “irregulares” se ha vuelto objeto de durísima polémica en los últimos días, a partir del documento de la Congregación de la D. de la fe (Fidutia Supplicans: 8.12.2023),  y de un responsum anterior de la misma Congregación ( 22.2. 2021) como he puesto de relieve en mi última “postal” de RD y FB del pasado 8.1.24 (vuestra casa quedará desierta).

Quedaba al fondo el tema de la “bendición”, con el que comenzaban ambos documentos, con rasgos que, a mi juicio, han de ser mejor desarrollados, sobre todo en referencia a la “pareja” benditos-malditos.

¿Los no bendecidos son malditos? ¿Qué significa no bendecir a homosexuales y otros tipos de irregulares? ¿Tiene la iglesia el poder de no-bendecir/maldecir?

Benditos y malditos en Mt 25, 31-46

Este es un tema que estudié en mi tesis sobre Mt 25, 31-46 donde el pastor acoge a las ovejas diciendo “venid benditos de mi Padre” y se rechaza a las cabras diciendo “apartaos de mí malditos”. Este tema es uno de los más importantes de la iconografía y espiritualidad cristiana, que habla por un lado de  benditos/buenos/ovejas que van al cielo y por otros de  malditos/malos/cabras que son arrojados al infierno ardiente.

Parece que, según muchos críticos del documento de la Congregación de la fe, a los mal-casados se les quiere mandar sin bendición ipso facto al infierno. El tema no es tan simple, pero exige cierto discernimiento.

No pretendo ni puedo resolverlo, pero quiero plantearlo, para que otros sigan pensando y amando. En esa línea recojo aquí unas páginas mi tesis (Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños), que fueron publicados en una nota crítica de la revista Salmanticensis 26 (1979) 277-286). Otro día ofreceré, Dios mediante, una aplicación al tema de la bendición o no bendición de parejas “irregulares”

Introducción

Mt 25, 31-46 se ha convertido en uno de los textos decisivos del N.T. En las páginas que siguen intentamos estudiar el trasfondo veterotestamentario de sus palabras clave: benditos y malditos. De esa forma pensamos contribuir a un mejor conocimiento de la escena del juicio, iluminando la misma temática de la bendición en el mensaje del Jesús y el N.T.

Las palabras de -benditos» y «malditos» (Mt 25, 34.41) se sitúan dentro de un contexto que va del «venid» a «heredad el reino» y del «apartaos de mí» a «al fuego eterno». Son como un pequeño paréntesis, una definición que determina el sentido de cada grupo de los juzgados. “Hoi eulogemenoi” significa «vosotros, los benditos», como una clase absoluta, un tipo definitivo de personas. Hoi kateramenoi lo mismo, pero con el sentido opuesto. Estos vocativos enmarcan, por lo tanto dos tipos, dos formas definitivas del ser humano [1].

Un primer acceso al sentido de esas palabras lo constituye su diferenciación respecto de otro antagonismo clásico del N.T. Junto a la bendición-maldición (eulogemenoi-kateramenoi) de nuestro caso, el N.T. ha desarrollado la pareja bienaventuranza-malaventuranza/ayes (makarios-ouai, Lc 6, 20-26) que encuentra también sus raíces en el A.T. y tiene un sentido diferente.

 La bienaventuranza significa una forma de felicitación en la que se supone o se constata la dicha de algo que ya está realizado (lo opuesto es el ay). La bendición es, sin embargo, una palabra eficaz y creadora; no supone que ya exista la dicha sino que la crea. La bienaventuranza deja abierta la posibilidad de un cambio; la bendición, en cambio, realiza lo que en ella está expresado.

Estas precisiones nos parecen importantes para distinguir, al menos de una forma provisional, las bienaventuranzas mesiánicas de Mt. 5, 3-10 de la bendición escatológica de Mt. 25, 34.  Con el fin de dar un cierto valor de conjunto a nuestro estudio comenzamos presentando el tema en general para tratar después de aquellos elementos que pueden haber influido más poderosamente en Mt. 25, 34.41.

Lo primero que descubrimos es que la dualidad de bendición-maldición pertenece a un campo de experiencia religiosa que desborda el mundo israelita, pudiendo hallarse unida al plano de la magia (utilización de la divinidad) o al campo del encuentro libremente personal de la experiencia religiosa.

No podemos tratar del planteamiento genérico del problema. Aquí nos interesa la experiencia israelita. También la experiencia israelita de la bendición pertenece al campo de la  historia de las religiones. De una forma genérica, dentro de la concepción israelita pueden distinguirse tres estratos o momentos [2]:

  1. Un primer estrato, determinado por la religiosidad popular, sitúa la bendición en el campo de la magia: la palabra pronunciada por un hombre dotado de poderes tiene influjo necesario y automático de tal forma que se cumple inexorablemente Io que dice. En un estadio de ese tipo se sitúan numerosos relatos de la historia patriarcal antigua o de los primeros tiempos de Israel (Gen 27, 1-46;32, 26-32; Num. 22, 67).
  2. Un segundo estrato, determinado por la experiencia cúltica, sitúa la bendición en ámbito de encuentro religioso; dejando de ser palabra autónoma que cumple fatídicamente Io que dice y puede ser manipulada mágicamente, la bendición se convierte en elemento de un culto, que está regulado y sistematizado para la protección del individuo y del conjunto del pueblo; en esto contexto se sitúan los salmos de bendición o los textos de carácter cúltico (SaI. 21, 4ss. 118, 26; 8-9; 115, 12-15; Dt. 27, 12-13).
  3. c) Unido a este segundo estrato se encuentra a veces un tercer tipo de bendición que viene a estar determinado por una experiencia profética: la bendición o maldición de Dios no se liga a una liturgia sino a la vida moral de los hombres. En este tercer plano se hallaría el camino que conduce al NT; un camino que se manifiesta por e.j., en Prov. 3, 33 cuando se afirma que la maldición de Dios amenaza a la casa del malvado mientras que el hogar del justo es bendecido (cfr. Job 31, 30); la actitud cristiana desembocaría así en un puro intento de bendición, del que toda maldición quedaría desterrada (cfr. Lc 6, 28).

Comenzaré, muy brevemente, con una presentación de los aspectos cúlticos del tema,- sea en una forma mágica, sea en modelos más desarrollados y más cuidadosos respecto a la transcendencia de Dios, la bendición se halla unida al culto: forma parte de una experiencia de Dios que se cultiva y se desvela en la El olvido de esto nos puede llevar al olvido del carácter transcendente y gratuito de la bendición de Dios.

 En un segundo momento trataré de la bendición como elemento integrante de la visión histórica de Israel, en contexto de pacto: Dios como fuente de bendición es quien escoge a Israel, le bendice y le convierte en mediador de una bendición universal que se identifica con la promesa de salvación para la historia (Gen 12, 1-3).

 Finalmente, dentro de la estructura de Israel como pueblo del pacto, la bendición se incluye dentro de un compromiso de fidelidad. Recibir la bendición de Dios Israelita significa, según eso, alcanzar la plenitud de la vida en armonía, la paz que no se rompe, la justicia y transparencia Por la bendición que viene desde el principio (Gen. l, 28; 9, 1) Dios ha hecho al hombre portador de vida, ser que vive en la gracia de la comunicación, de una manera creadora, abierta hacia el misterio [3].

Bendición-maldición en contexto cúltico.

Más que abordar directamente el problema del culto nos importa situar la bendición en un contexto transcendente, como algo que se enraíza en Dios y brota de su misma vida y fuerza. Sólo Dios es en verdad Señor y dueño de la bendición; la religión israelita, en el proceso de profundización del monoteísmo, va descubriendo cada vez con mayor nitidez el carácter exclusivamente divino de la bendición: proviene de Dios y no existe ningún tipo de origen diferente para ella. Cada vez de una forma más clara, la bendición se identificará con la presencia creadora y transformante de Dios en medio de los hombres de su pueblo.

El problema consiste en el cómo se expresa o actualiza esta bendición entre los hombres. Un lugar fundamental en ese aspecto lo ha formado siempre el culto. La actualización y cercanía de la bendición de Dios en el ritual cúltico constituye uno de los primeros elementos de la experiencia religiosa; por eso, uno de los objetivos fundamentales del servicio del templo en Israel consistirá en asegurar, transmitir y aumentar la bendición de Dios entre los hombres de su pueblo. Una de las tareas originales de los levitas Israel consiste en «bendecir en nombre de Yahvé  (Dt 10, 8)12. Uno de los textos más antiguos y valiosos de bendición sacerdotal Io ofrece Núm. 6, 23-26:

“Di a Aarón y a sus hijos: Así bendeciréis a los israelitas: El Señor te bendiga y te guarde, el Señor te muestra su rostro radiante y tenga piedad de tí, el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz. Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré”.

 Nos encontramos ante una institución bien fijada (Aarón y sus hijos tienen que bendecir asl); una institución cúltica cuya finalidad consiste en transmitir la bendición de Dios para los hombres. Es normal que el gesto se realice dentro de un servicio cúltico. Así Ío indican de diversas formas numerosas salmos que aluden a la bendición del sacerdote sobre la comunidad (SaI 115, 11 s.; 118, 26: etc.) o sobre un individuo (Sal 91,121). En esta mediación cúltica de la bendición de Dios ocupa un lugar básico el templo. El templo se convierte en ámbito donde se hace presente la  bendición de Dios (cfr. 1 Rey 8), lugar de donde se difunde sobre todo el resto del pueblo y de la tierra.

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Vuestra casa quedará desierta…. Esta iglesia no bendecirá, pues nadie pedirá su bendición

jueves, 18 de enero de 2024
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IMG_2310Del blog de Xabier Pikaza:

El problema se planteó  el año 2021 cuando algunos cristianos “preguntaron” a la Congregación si había una bendición para los “matrimonios homosexuales” y la Congregación, presidida por el Card. Ladaria respondió que no (del 15.02.2021; cf.   Responsum   (imagen: Arco y ruinas de Gerasa, donde Jesús fue a echar demonios).

No han pasado ni tres años y la misma Congregación ha matizado aquel documento, con otro titulado Fidutia Supplicans (del 8.12.2023), afirmando que en determinadas circunstancias las parejas homosexuales pueden ser bendecidas.

Debe tratarse de un tema grave, con un cambio significativo de opinión del mismo Papa Francisco, antes a través de L. Ladaria y ahora a través del Card. V.M. Fernández. Expondré el tema de la bendición en los próximos días.  Aquí me limito a situarlo en la perspectiva Mt 23, 38: Vuestra casa quedará desierta.

Vuestra casa quedará desierta

23 37 ¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido! 38 He aquí que vuestra casa quedará desierta. 39 Porque os digo que ya no me volveréis a ver hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Jesús ha querido impedirlo,  pero no lo ha logrado, porque Jerusalén (la iglesia oficial) lo ha impedido.  El tema es claro:

-Jesús como gran ave materna ha querido reunir a todos los polluelos sus alas,  todos los expulsados sociales, a los excluidos a los oprimidos… y en nuestro contexto a los homosexuales(Mt 25, 31-46).  Pero los jerarcas de la antigua Jerusalén y de la reciente iglesia se han negado; no orecen bendición ni lugar de vida para los homosexuales (y otro tipo de personas estigmatizadas.)

He aquí que vuestra casa quedará desierta. Este es el final de las grandes lamentaciones de Jesús (Mt 23, 13-33). Jesús no maldice a nadie (ni a los jerarcas de un tipo de Jerusalén o de Iglesia), pero se lamenta, su duele: ¡Ay de vosotros”. El tema de fondo está tomado Dt 32, 22 y de la gran tradición profética. Jesús, como último de los grandes profetas anuncia la ruina de Jerusalén y de un tipo de iglesia que se niega a ofrecer su bendición a los “polluelos” de Dios (entre  ellos a los homosexuales).Jesús actúa así como defensor divino de los pobres y excluidos de Jerusalén.

 – El tema no son por tanto los homosexuales (los polluelos amenazados de diverso tipo), pues tienen en Dios su protector, el autor de bendición… El problema no son ellos, es Jerusalén, la gran iglesia que va a quedar (que está quedado). Mateo se muestra así convencido de que no hay remedio (al menos por un tiempo…) para la vida y culto de Jerusalén y de su templo, para un tipo de iglesia como la nuestra… aunque hay una posible conversión.

‒ Y ya no me volveréis a ver hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! (23, 39). Jesús no habla aquí solo a los escribas y fariseos del judaísmo rabínico, que optan por su ley en vez de optar por los pobres y excluidos. Como saben todos los lectores de Mt  23, esta palabra (vuestra casa quedará desierta) se dirige de un modo especial a aquellos “jerarcas de la iglesia” que no cuidan, acogen y bendicen a los oprimidos y expulsados. Los que vienen en nombre del Señor son los hambrientos, sedientos, desnudos, expulsados, encarcelados de Mt 25, 31-46.Una iglesia que no es bendición para hambrientos, expulsados, homosexuales y encarcelados (enfermos) se destruye a sí misma.

Vuestra casa quedará desierta… El templo de Jerusalén, la gran casa clerical de una iglesia triunfante que no acoge ni bendice a los pobres y excluidos… Cerrada en sí misma, no siendo bendición para homosexuales y expulsados de la tierra de la vida se destruye a sí misma.

 Mateo no ha inventado ese dicho, sino que lo ha recogido y situado en este lugar clave de su evangelio. Él sabe que la condena de Israel no es (no puede ser) definitiva, como lo sabía Pablo, treinta años atrás, cuando anunciaba que al final se convertirían (se volverían) los judíos, de manera que “todo Israel será salvado” (Rom 11, 26).

Desde una perspectiva israelita (que después no aparece retomada expresamente al final del evangelio, dirigido desde el Monte de Galilea a todos los pueblos (28, 16-20), Mateo supone aquí que Jesús como Mesías de Israel volverá a Jerusalén, en la línea de eso que suele llamarse la “segunda venida”, que debe integrarse en el esquema apocalíptico de Mt 24, en las parábolas del juicio de Mt 25 y sobre todo en la misión universal de la pascua Mt 28.

 Reflexión posterior. Tres concreciones

En un plano general, hoy por hoy, pienso que el matrimonio “oficial”, entre un varón y una mujer, debe dejarse como está, tal como fue establecido en la Edad Media, con papeles especiales, con una bendición  solemne.  Antes de la Edad Media hubo otras formas de celebrar el matrimonio, sin papeles ni ordenamientos jurídicos,  dentro de la tradición de cada iglesia. Pero lo que entonces hizo la Teología y el Derecho, al “canonizar” un tipo de matrimonio ha sido bueno,  y así es bueno que quede. De todas formas, eso que hizo entonces y sigue hoy haciendo la iglesia no es único, pues hay otras bendiciones, como la de Esaú al lado de la Jacob, en el Pentateuco.

Al lado de ese matrimonio canónico que viene del medioevo, desde su raíz de evangelio y de experiencia actual, la iglesia puede y debe ofrecer también su bendición a las parejas homosexuales que lo pidan (para que ella, la Iglesia entera reciba también la bendición del evangelio homosexual). Algunos no le llamarán “matrimonio”, sino bendición de amor.

Quizá no será necesario abrir unos libros distintos de “comuniones homosexuales”; no es necesario que haya nuevos papeles canónicos (como los de un tipo de la sociedad civil), pues los “papeles” de la Iglesia son la palabra el testimonio del amor celebrado en comunidad, con la bendición de la vida. En esa línea, me parece absolutamente necesario que la iglesia acepte como “parejas bendecidas” a las parejas de homosexuales cristianos que así lo pidan y que sean aceptados así como bendición… por el resto de los cristianos.

Lo que importa no es “la canonicidad” de ese rito, sino la bendición de la vida, la bendición del amor del que son transmisores los homosexuales cristianos que (a pesar de todo) aman a la iglesia: Que los homosexuales que se sientan cristianos no pidan bendición por obligación, sino porque lo quieren y se quieren como pareja ante la iglesia, pidan una bendición de Iglesia y que ella se la ofrezca, no por imposición, sino por gozo y tarea de amor. Los que más dan son en este caso los homosexuales que se amen en clave de libertad, de generosidad de evangelios…

Ese “matrimonio entre homosexuales” no es un “octavo sacramento”, distinto de los anteriores, sino una forma externamente distinta, internamente complementaria, de celebrar la unión de amor de dos personas, como un modo intenso de vivir el amor cristiano.

Homosexualidad y gracia, superar la ley. Pablo (Rom 1-2) condena la homosexualidad si es que ella es ley de un deseo que destruye al otro, si no arranca al hombre (varón o mujer) de su egoísmo, sino que le cierra en un plano de talión, de manera que cada uno se busca a sí mismo en el otro, sin salir de sí, sin experimentar la alteridad como gracia, sin convertir la vida en encuentro de fe, de apertura gratuita. Por eso, cuando Pablo se refiere a la homosexualidad está hablando en el fondo de un tipo de auto-erotismo, es decir, de un tipo unión sin gratuidad, de pareja como reino del puro egoísmo. Pablo no condena la homosexualidad como forma de amor, sino un tipo de homosexualidad (y de heterosexualidad) entendida como dictadura de unos sobre otros, sin fe, sin comunión personal de vida.

Al situarse en ese nivel, Pablo está planteando un tema que es mucho mayor que el de la homosexualidad físico-biológico; está planteando el tema de un erotismo sin respeto personal, como esclavizamiento de unos sobre/contra otros, una forma de buscarse uno a sí mismo no al otro ni en el otro. Pues bien, el tipo de mal erotismo puede darse no sólo en las relaciones homo-sexuales, sino también (e incluso mucho más) en las hetero-sexuales donde el varón domina y esclaviza a la mujer. 

La gracia de la homosexualidad. La homosexualidad (y la hétero-sexualidad) se opone al evangelio si es que niega el valor de la alteridad (la existencia y vida del otro) y destruye por tanto la gracia. Sólo así se pude afirmar que ella es pecado,  con los otros dos «pecados» que Pablo condena en Rom 1, 19-31: la idolatrízación  de uno mismo y la lucha de todos contra todos demás ).

Ciertamente, el  tema resulta complejo en plano psicológico y social, de manera que es difícil ofrecer en este plano unas respuestas que agraden a todos. Pero el intento de condenar toda forma de homosexualidad física desde la antropología bíblica y en especial desde Rom 1, 24-27 (donde se asume y culmina para los cristianos lo dice el Antiguo Testamento sobre el tema) carece de sentido y acaba siendo contrario al argumento de Pablo. Condenar la homosexualidad por ley implica caer en la peor de las leyes que Pablo ha querido superar en todo su evangelio.

Homosexualidad evangélica. Ser homosexual para ser cristiano. En la línea anterior,  si mantienen y desarrollan el principio y experiencia de la gracia, muchas uniones homo-sexuales pueden ser y son más evangélica (más paulinas) que aquellas uniones hetero-sexuales en los que cada uno se busca a sí mismo en el otro, e incluso en los hijos. Partiendo de estos principios se podría elaborar también una antropología del celibato (cf. 1 Cor 7), poniendo de relieve que la vida del célibe sólo tiene valor cristiano en la medida en que aparece como posibilidad de apertura a los demás en cuanto distintos (personales) y al Dios que es principio de toda alteridad amorosa.

Allí donde el celibato se vuelve expresión de clausura de un hombre o mujer en sí mismos (de auto-erotismo más o menos espiritualizado) va en contra del ideal cristiano. El ese sentido, el celibato cristiano como trascendimiento positivo (no de simple negación) del amor intersexual puede vincularse a un tipo de homosexualidad, que no se entienda sólo como pura negación de alteridad sexual, sino como búsqueda de otros tipos de comunicación personal y gratificante con los otros.

El problema no está por tanto en el sexo de aquellos que se aman (varones y/o mujeres), sino en la forma de relación personal que establezcan, en línea de alteridad, de manera que cada uno no se busque a sí mismo en el otro, sino que busque y encuentre al otro como distinto y así en el otro, con el otro, pueda compartir la vida como gracia, superando las diversas formas de imposición y dominio económico, social y personal que Pablo entiende como idolatría o negación de Dios. Por eso, todo lo que Pablo dice en Rom 1 sobre homosexualidad ha de reinterpretarse desde lo que va diciendo en Rom 1-3 (pecado universal) y desde lo que dice sobre el pecado y la gracia de Dios, a lo largo de la carta a los Romanos.

La «condena» de la homosexualidad greco-romana de Rom 1 forma parte del argumento retórico de Rom 2, donde Pablo condena la «no-homosexualidad egoísta» de aquellos que se cierran en su soledad soberbia para condenar a los otros, como ciertos cristianos que niegan la bendición de Dios y de la videa a los homosexuales.   Por eso, entender esa condena de la homosexualidad de un modo objetivista, como algo ya resuelto al comienzo de la carta, olvidando que se trata de un argumento retórico, que se invierte y recrea a través del desarrollo y, sobre todo, al final del espléndido despliegue de gracia y amor que ofrece Romanos (culminando en Rom 12-13), significa negarse a entender a Pablo. Vuestra casa quedará desierta… El único defecto de esta sentencia es que se queda corta…. Hoy, desde occidente, no podemos decir “quedará desierta”, sino que ha quedado ya… Se nos está quedando desierta la “casa de la iglesia”, pero no por el presunto pecado de los homosexuales, sino por el de aquellos que niegan el pan y la (la bendición) a los homosexuales.

En el camino tomado por la Congregación de la fe…, al menos en Europa y el mundo, occidental, está llegando la hora en que la iglesia no podrá bendecir a nadie, homo- o hétero-sexual, pues nadie pedirá su bendición.

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“¡Vivir esta diversidad debería hacer que nos regocijemos!”

lunes, 15 de enero de 2024
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IMG_2430“No hay que temer la diversidad de carismas en la Iglesia. ¡Más bien, vivir esta diversidad debería hacernos regocijarnos!”

Con estas palabras el Papa Francisco anunció su intención de oración para enero de 2024: “Por el don de la diversidad en la Iglesia”. Este mes, el Papa celebra que la Iglesia, desde los primeros cristianos hasta la actualidad, ha estado marcada tanto por la diversidad como por la unidad. El mensaje de Francisco se centra en la variedad ecuménica del cristianismo, pero sus ideas pueden aplicarse a todo tipo de diversidad eclesial, incluidas las identidades LGBTQ+.

El Papa Francisco también reconoce que siempre ha existido una tensión en la Iglesia entre diversidad y unidad. Su oración de enero para que entendamos la diversidad en la iglesia como un regalo llega en medio de un período de mayor tensión. La concesión de bendiciones por parte del Vaticano para parejas homosexuales ha perturbado a la iglesia desde hace semanas. Si bien muchas personas LGBTQ+ y aliados celebran la Fiducia Supplicans, la declaración que permite tales bendiciones, la reacción contra el documento y contra el Papa Francisco, ha sido fuerte y persistente. Los lectores de Bondings 2.0 sabrán que conferencias episcopales enteras rechazaron la declaración y prohibieron que las parejas queer fueran bendecidas, lo que llevó al Vaticano a aclarar que tales prohibiciones absolutas no estaban permitidas. Aún así, otros obispos acogieron con agrado la declaración e incluso prometieron bendecir personalmente a las parejas queer. El aluvión de estas declaraciones y comentarios continúa sin cesar.

Personalmente, sé que Fiducia Supplicans es un progreso que vale la pena celebrar. Las palabras del salmista en las lecturas litúrgicas de hoy resuenan debido a esto, con un ligero giro: “Esperé, esperé a [Dios], y [Dios] se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Y [Dios] puso en mi boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios”. Durante mucho tiempo, las personas LGBTQ+ hemos esperado que la iglesia reconozca nuestro amor. Dios estuvo con nosotros en esta espera. Es la iglesia institucional la que finalmente se agachó y escuchó. Y ahora, los católicos LGBTQ+ y sus aliados pueden cantar un nuevo himno de alabanza a Dios porque la Iglesia Católica institucional ha declarado formalmente que las relaciones entre personas del mismo género tienen algo de bueno.

En Fiducia Supplicans—y más aún en los movimientos pro-LGBTQ+ en Alemania, Flandes y otros lugares que lo generaron—veo la diversidad vivida que el Papa Francisco dice “¡debería hacernos regocijarnos!” Al exponer lo que significa “carisma” en la vida de la iglesia, el Papa dijo en 2014:

“¡La experiencia más hermosa, sin embargo,  es el descubrimiento de todos los diferentes carismas y de todos los dones de su Espíritu que el Padre derrama sobre su Iglesia! Esto no debe ser visto como motivo de confusión, de malestar: todos son dones que Dios da a la comunidad cristiana, para que crezca en armonía, en la fe y en su amor, como un solo cuerpo, el Cuerpo de Cristo. El mismo Espíritu que concede esta diversidad de carismas une a la Iglesia. Es siempre el mismo Espíritu. Ante esta multitud de carismas, nuestro corazón, por tanto, debe abrirse a la alegría y pensar: “¡Qué cosa más hermosa! Tantos dones diferentes, porque todos somos hijos de Dios, todos amados de manera única”. ¡Nunca estos regalos deben convertirse en motivo de envidia, o de división, de celos!

Sin embargo, a pesar de las exhortaciones del Papa a no permitir que la diversidad conduzca al miedo, los celos o la división, la reacción a la declaración de bendiciones ha demostrado que estas realidades existen a raudales. Hay tensiones inmensas, que algunos aventuran incluso amenazar la unidad de la Iglesia. Si bien me preocupa menos que esa posibilidad realmente suceda, estar en comunión con los católicos de todo el mundo es algo que aprecio. Vale la pena preservarlo, aunque tal vez no a costa de la justicia para los oprimidos, como a menudo se sugiere implícitamente.

¿Cómo planeo vivir una oración por el don de la diversidad en la iglesia? Imitar a Jesús, como suele ser cierto, es un buen punto de partida. En la lectura del Evangelio de hoy, cuando los futuros apóstoles Andrés y Pedro le preguntaron dónde se alojaba, Jesús responde: “Ven y verás”. Luego el Evangelio nos cuenta que los apóstoles y Jesús fueron a su alojamiento y permanecieron juntos durante el día. Del mismo modo, a las personas que no afirman y critican las identidades y el amor LGBTQ+, deberíamos, si es seguro y podemos, ofrecerles la invitación: “Ven y verás”. Y deberíamos sentarnos juntos un rato.

Afortunadamente, la iglesia está bien situada para estos encuentros gracias al Sínodo sobre la Sinodalidad, ahora en su último año. En los próximos meses, los defensores católicos LGBTQ+ deben centrarse en mostrar a nuestros correligionarios vacilantes e incluso resistentes que no hay nada que temer de una diversidad de identidades sexuales y de género, que esta diversidad es algo de lo que todos podemos y debemos regocijarnos.

El movimiento LGBTQ+ ha tenido éxito en gran parte gracias a estos encuentros personales. El eslogan inicial «¡Gay es bueno!» no fue simplemente un argumento retórico. Ha sido más poderoso cuando una persona que alguien conoce y ama sale del armario y puede ser testigo de primera mano de que ser gay es bueno. Se espera que bendecir abiertamente a las parejas queer permita que más católicos comprendan que su amor es bueno y, en términos más generales, que ser LGBTQ+ es un regalo de Dios y vale la pena celebrarlo.

En el último año del Sínodo sobre la Sinodalidad, renovemos nuestros esfuerzos para acercarnos, invitar y sentarnos con todos y cada uno, especialmente aquellos con quienes no estamos de acuerdo, para que cuando el Sínodo concluya, toda la iglesia pueda cantar junta un nuevo himno de alabanza a Dios por el glorioso don de la diversidad que nos ha sido dado.

IMG_2431Únase al New Ways Ministry para un seminario web sobre el Sínodo y las personas LGBTQ+ en 2024 con las delegadas del Sínodo Julia Oseka y la Dra. Cynthia Bailey Manns. El seminario web se llevará a cabo el martes 30 de enero de 2024 de 7:30 a 8:45 p. m. Hora del este de EE. UU. Para obtener más información y registrarse, haga clic aquí.

—Robert Shine (él/él), New WaysMinistry, 14 de enero de 2024

Fuente New Ways Ministry

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“Seguir a Jesús”. 2 Tiempo ordinario – B (Juan 1,35-42)

domingo, 14 de enero de 2024
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11_2-TO_B_1429673Dos discípulos, orientados por el Bautista, se ponen a seguir a Jesús. Durante un cierto tiempo caminan tras él en silencio. No ha habido todavía un verdadero contacto. De pronto, Jesús se vuelve y les hace una pregunta decisiva: «¿Qué buscáis?», ¿qué esperáis de mí?

Ellos le responden con otra pregunta: Rabí, «¿dónde vives?», ¿cuál es el secreto de tu vida?, ¿desde dónde vives tú?, ¿qué es para ti vivir? Jesús les contesta: «Venid y lo veréis». Haced vosotros mismos la experiencia. No busquéis otra información. Venid a convivir conmigo. Descubriréis quién soy y cómo puedo transformar vuestra vida.

Este pequeño diálogo puede arrojar más luz sobre lo esencial de la fe cristiana que muchas palabras complicadas. En definitiva, ¿qué es lo decisivo para ser cristiano?

En primer lugar, buscar. Cuando uno no busca nada en la vida y se conforma con «ir tirando» o ser «un vividor», no es posible encontrarse con Jesús. La mejor manera de no entender nada sobre la fe cristiana es no tener interés por vivir de manera acertada.

Lo importante no es buscar algo, sino buscar a alguien. No descartemos nada. Si un día sentimos que la persona de Jesús nos «toca», es el momento de dejarnos alcanzar por él, sin resistencias ni reservas. Hay que olvidar convicciones y dudas, doctrinas y esquemas. No se nos pide que seamos más religiosos ni más piadosos. Solo que le sigamos.

No se trata de conocer cosas sobre Jesús, sino de sintonizar con él, interiorizar sus actitudes fundamentales y experimentar que su persona nos hace bien, reaviva nuestro espíritu y nos infunde fuerza y esperanza para vivir. Cuando esto se produce, uno se empieza a dar cuenta de lo poco que creía en él, lo mal que había entendido casi todo.

Pero lo decisivo para ser cristiano es tratar de vivir como vivía él, aunque sea de manera pobre y sencilla. Creer en lo que él creyó, dar importancia a lo que se la daba él, interesarse por lo que él se interesó. Mirar la vida como la miraba él, tratar a las personas como él las trataba: escuchar, acoger y acompañar como lo hacía él. Confiar en Dios como él confiaba, orar como oraba él, contagiar esperanza como la contagiaba él. ¿Qué se siente cuando uno trata de vivir así? ¿No es esto aprender a vivir?

José Antonio Pagola

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“Vieron dónde vivía y se quedaron con él”. Domingo 14 de enero de 2023. 2º domingo de tiempo ordinario

domingo, 14 de enero de 2024
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11-ordinario (B) cerezoLeído en Koinonia:

1Samuel 3,3b-10.19: Habla Señor, que tu siervo escucha.
Salmo responsorial: 39. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
1Corintios 6,13c-15a.17-20: Vuestros cuerpos son miembros de Cristo.
Juan 1,35-42: Vieron dónde vivía y se quedaron con él

La primera y la tercera lecturas se complementan presentándonos el tema de «la vocación»: la vocación del pequeño Samuel en la primera, y la vocación o el llamado de Jesús a sus primeros discípulos.

El libro de Samuel nos presenta la infancia del joven Samuel en el templo al cual fue consagrado por su madre en virtud de una promesa. El niño duerme, pero una voz lo llama. Creyendo que es la voz de su maestro Elí, con ingenua obediencia se levanta el niño tres veces en la noche acudiendo a su llamado. Samuel no conoce aún a Yahvé, pero sabe de la constancia en la obediencia, y sabe acudir al llamado, una vez más, aun cuando en las primeras ocasiones le parecía haberse despertado en vano. Elí comprendió que era Yahvé quien llamaba al niño y le enseñó entonces a crear la actitud de escucha: “Habla señor, que tu siervo escucha”.

La vida actual está llena de ruido, palabras que van y vienen, mensajes que se cruzan y con frecuencia los seres humanos perdemos la capacidad del silencio, la capacidad de escuchar en nuestra interioridad la voz de Dios que nos habita. Dios puede continuar siendo aquel desconocido de quien hablamos o a quien afirmamos, creer pero con quien pocas veces nos encontramos en la intimidad del corazón, para escuchar contemplativamente.

Este texto sobre Samuel niño se ha aplicado muchas veces al tema de la “vocación”, palabra que, obviamente, significa “llamado”. Toda persona, en el proceso de su maduración, llega un día –una noche- a percibir la seducción de unos valores que le llaman, que con una voz imprecisa al principio, le invitan a salir de sí y a consagrar su vida a una gran Causa. Esas voces vagas en la noche, difícilmente reconocibles, provienen con frecuencia de la fuente honda que será capaz más tarde de absorber y centrar toda nuestra vida. No hay mayor don en la vida que haber encontrado la vocación, que es tanto como haberse encontrado a sí mismo, haber encontrado la razón de la propia vida, el amor de la vida. No hay mayor infortunio que no encontrar la razón de la vida, no encontrar la Causa con la que uno vibra, la Causa por la que vivir (que siempre es, a la vez, una causa por la que incluso merece la pena morir).

Pablo, en su carta a los corintios, nos recuerda que el cuerpo es templo, y que toda nuestra vida está llamada a unirse a Cristo, por lo que es necesario discernir en todo momento, qué nos aleja y qué nos acerca al plan de Dios. Por que la relación con Dios, no hace referencia solamente a nuestra experiencia espiritual sino a toda la vida: el trabajo, las relaciones humanas, la política, el cuidado del cuerpo, la sexualidad… En todo momento en cualquier situación debemos preguntarnos si estamos actuando en unidad con Dios y en fidelidad a su plan de amor para con todo el mundo.

En el evangelio de hoy, Juan nos relata en encuentro de Jesús con los primeros discípulos que elige. Es un texto del evangelio, obviamente simbólico, no un relato periodístico o una “crónica” de aquellos encuentros. Todavía, algunos de los símbolos que contiene no sabemos interpretarlos: ¿qué quiso Juan aludir, al especificarnos que… “serían las cuatro de la tarde”? Hemos perdido el rastro de lo que pudo tener de especial aquella hora concreta como para que Juan la detalle.

Dos discípulos de Juan escuchan a su maestro expresarse sobre Jesús como el “cordero de Dios”, y sin preguntas ni vacilaciones, con la misma ingenuidad que el joven Samuel que hemos contemplado en la primera lectura, «siguen» a Jesús, es decir, se disponen a ser sus discípulos, lo que conllevará un cambio importante para sus vidas. El diálogo que se entabla entre ellos y Jesús es corto pero lleno de significado: “¿Qué buscan?”, “¿Maestro donde vives?”, ”Vengan y lo verán”. Estos buscadores desean entrar en la vida del Maestro, estar con él, formar parte de su grupo de vida. Y Jesús no se protege guardando las distancias, sino que los acoge sin trabas y los invita nada menos que a venir a su morada y quedarse con él.

Este gesto simbólico se ha comentado siempre como una de las condiciones de la evangelización: no basta dar palabras, son precisos también los hechos; no sólo teorías, sino también vivencias; no «hablar de» la buena noticia, sino mostrar cómo la vive uno mismo, en su propia carne estremecida de gozo. O sea: una evangelización completa debe incluir una visión teórica, pero sobre todo tiene que ser un testimonio. El evangelizador no es un profesor que da una lección, sino un testigo que ofrece su propio testimonio personal. El impacto del testimonio de vida del maestro, conmueve, transforma, convence a los discípulos, que se convierten en testigos mensajeros.

Seguir a Jesús, caminar con él, no puede hacerse sino por haber tenido una experiencia de encuentro con él. Las teorías habladas –incluidas las teologías–, por sí solas, no sirven. Nuestro corazón –y el de los demás– sólo se conmueve ante las teorías vividas, por la vivencia y el testimonio personal.

En la vida real el tema de la vocación no es tan fácil ni tan claro como lo solemos plantear. La mayor parte de las personas no pueden plantearse la pregunta por su vocación, no pueden «elegir su vida», sino que han de aceptar lo que la vida les presenta, y no pocas tienen que esforzarse mucho para sobrevivir apenas. El llamado de Dios es, ahí, el llamado de la vida, el misterio de la lucha por la sobrevivencia y por conseguirla del modo más humano posible. Este llamado, la «vocación» vivida en estas difíciles circunstancias de la vida, son también un verdadero llamado de Dios, que debemos valorar en toda su dignidad. Leer más…

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14.1.24. Dom 2 TO. La iglesia nació de disputas entre Juan, Jesús y Pedro (Jn 1, 35-45)

domingo, 14 de enero de 2024
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IMG_2373Del blog de Xabier Pikaza:

Por doquier se habla actualmente de disputas de iglesia. (a) Entre el Papa y cardenales/obispos. (b) Entre grupos de poder iglesia: unos más tradicionales, otros que se llaman progresistas.

El hecho que haya discusiones y disputas es bueno. Si no las hubiera, la iglesia estaría muerta.

Juan, Jesús y Pedro fueron duros disputadores: Jesús se aprovechó de los discípulos de Juan (se supone que para bien). Pedro quiso aprovecharse de Jesús e incluso contribuyó a su muerte (pero se duce que fue para bien, pues hubo resurrección). Lo malo no es discutir, sino discutir para la muerte, sin resurrección

Texto inicial

Estando Juan Bautista con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Este es el Cordero de Dios». Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?». Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?». Él les dijo: «Venid y veréis».

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima. Andrés, hermano de Simón Pedro, que era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús, encontró primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)» (Jn 1, 35-45).

    Este pasaje se centra en tres personajes centrales: Juan Bautista, Jesús llamado el Mesías, y Simón llamado Pedro. Como amigos les presenta la tradición, pero como amigos discutidores. Aquí me fijaré en dos disputas: La de Juan y sus discípulo con Jesús; la de Jesús con Pedro y sus compañeros.

 PRIMERA DISPUTA: JESÚS DISCUTIÓ CON JUAN; LE QUITÓ SE DISCÍPULOS, PERO PARECE QUE FUE PARA BIEN

Jesús tuvo un maestro llamado Juan, a quien le pusieron el sobrenombre de Bautista porque ratificaba su mensaje con un rito de inmersión en el Jordán) como signo de paso a la tierra prometida y de preparación (purificación) para el juicio de Dios. Juan era profeta de frontera, desde el otro lado de la tierra prometida, introduciendo a sus seguidores en el agua del juicio, que sólo Dios puede “dividir”, para que, liberados de sus males pudieran entrar en la tierra santa, recreando el signo de Josué (apertura de las aguas, el paso del río), Dios decida y el pueblo se encuentre preparado para entrar en la tierra prometida (Jos 5).

Juan anuncia y prepara así la llegada del juicio de Dios, simbolizada por el gesto del bautismo, de manera que la tradición le llama Baptistés (=bautizador, bautista). No dice a los penitentes que se bauticen, sino que les bautiza él mismo, mostrando así su autoridad, como enviado de Dios, profeta del fin de los tiempos.

Las señales del juicio de Juan eran hacha, fuego y huracán. Su rito de bautismo retomaba imágenes de dura destrucción, que expresan el fin del mundo viejo para superar así el caos presente, como como si el mundo entero, y en especial la humanidad, debiera renacer, liberándose del abismo de muerte que le amenazaba (Mt 3, 11-12 par), de forma que el hacha-fuego-huracán pudieran convertirse en signo de presencia del Más fuerte ( entendido como Poder superior, a cuya luz quiere ponernos Juan Bautista, superando así la maldición de muerte que destruye a los hombres.

  Junto al Jordán creó Juan una comunidad de penitentes bautistas esperando el signo de Dios, a fin de pasar el río e iniciar una nueva vida en la tierra prometida. Jesús aceptó el mensaje de Juan Bautista, y esperó su signo para cruzar el río y entrar en la tierra prometida. Pero, según el evangelio, el signo esperado, no se cumplió en forma de juicio en el río (señal de Josué), sino como iluminación más honda de Jesús, a quien el mismo Dios infundió su Espíritu, a través de un bautismo superior. No sabemos si Juan y Jesús se conocían. Lc 1 supone que eran primos, pero ese parentesco parece más teológico que físico y sirve para trazar una conexión entre sus proyectos eclesiales, pero Jesús debía haber oído hablar de Juan, pues vino a formar parte de su grupo.

Por un tiempo, Jesús compartió el camino de Juan, pero después tuvo una experiencia distinta de Dios y empezó a proclamar un mensaje de Reino. No podía seguir esperando, sino que quiso comprometerse de un modo personal, poniendo su vida al servicio del Reino de Dios para impedir que la destrucción de Satán y Mammón se impusiera sobre el mundo [1].

Era ya un hombre maduro. Lc 3, 23 dice que tenía unos treinta años, edad avanzada en aquel tiempo. Había recorrido probablemente muchos caminos, pero éste era ya el definitivo.

Jesús fue por un tiempo discípulo de Juan, pero tuvo una “inspiración” especial y buscó entre sus colegas/compañeros, discípulos de Juan a varios especiales, para separarse de Juan y crean un camino propio. Entre esos compañeros, a los que Jesús llamó para que le siguieran a él, dejando a Juan está Simón Pedro, como indica el texto citado de Juan.

            Ciertos detalles de ese texto pueden ser creación del evangelista, pero  su fondo es histórico. (a) Jesús y algunos de sus seguidores habían sido previamente discípulos de Juan Bautista. (b) El movimiento de Jesús nació como una escisión del movimiento del bautista. (c) Parece que se trató de una escisión pacífica, aunque pudo haber entre los dos grupos ciertas disensiones. La mayoría de los historiadores y exegetas suponen que el bautismo en el Jordán marcó la “historia de la vida” de Jesús trazando una ruptura respecto a lo anterior y permitiendo que asumiera hasta el final (y superara) el juicio del Bautista, definiendo su opción profética y mesiánica al servicio del Reino de Dios.

El Cuarto Evangelio supone que, durante algún tiempo, Jesús fue discípulo, colega y cooperador de Juan Bautista, no sólo compartiendo su misión (iglesia), sino creando un grupo propio de discípulos…tomándonos (¿robándolos) de Juan, de manera que pudo haber competencia entre discípulos del grupo de Juan y el de Jesús:

Después de esto, Jesús fue con sus discípulos al país de Judea; y allí permanecía con ellos y bautizaba. Juan también estaba bautizando en Ainón, cerca de Salim, porque había allí mucha agua, y la gente acudía y se bautizaba. Pues todavía Juan no había sido encarcelado. Se suscitó una discusión entre los discípulos de Juan y un judío acerca de la purificación… (Jn 3, 22-25).

 Según este pasaje, Jesús creó su escuela/iglesia de “bautistas” a cierta distancia del grupo de Juan, quizá mmás al sur (en la orilla judía del río), después de haber sido bautizado por él, para ampliar y universalizar su experiencia de conversión, anunciando y adelantando el juicio de Dios. De esa forma se sitúan ambos: Juan al otro lado del río, sin entrar en la tierra de Israel; Jesús en la tierra prometida, en la zona de Judea. Según eso, los primeros seguidores de Jesús habían sido seguidores de Bautista (Jn 1, 19-51)[2].

 En este contexto, Jn 3, 25-30 habla de una discusión entre discípulos de Juan y un “judío”, que podría ser el mismo Jesús, según algunos manuscritos (cf. NT Graece, DB, Stuttgart 1993, 254). Eran disensiones normales. Si Jesús no se hubiera diferenciado del Bautista no habría creado su propio movimiento.

Dejando a un lado esa relación y el enfrentamiento entre discípulos de uno y otro, Marcos supone que Jesús no fue discípulo del Bautista, sino que vino a buscarle sólo de pasada, para dejarse bautizar por él (Mc 1, 9-11), marchando después, inmediatamente, tras una intensa experiencia de Dios (cf. Mc 1, 12-14). En contra de eso, el cuarto evangelio (Jn 1, 29-51; 3,22-30 y 4, 1-2) afirma que Jesús estuvo vinculado por un tiempo a la misión de Juan y que sólo después de un tiempo dejó a Juan, y no se fue solo él, sino con un grupo de discípulos de Juan, iniciando su propia misión de reino

Cuando supo que los fariseos habían oído que hacía más discípulos que Juan y que bautizaba [aunque él no bautizaba, sino que lo hacían sus discípulos], Jesús dejó Judea y fue de nuevo a Galilea (Jn 4, 1-2).

  Jesús no estuvo de paso con Juan Bautista, sino que formó parte de su escuela, recibió su bautismo y empezó realizando tras él (con ciertas novedades, al otro lado del río (quizá cerca de Jericó, por la zona de los vados bajos, por donde Josué había pasado a la tierra prometida) una misión y tarea distinta (de anuncio de Reino, no de bautismo). Según eso, antes de iniciar su misión propia, viniendo a Galilea, Jesús había descubierto y “madurado” su doctrina, primero bajo Juan, al otro lado del río, y después e la tierra prometida, en la zona baja de Judea.

En un principio, Jesús pudo pensar que había llegado el momento de subir directamente desde la zona de Jericó a Jerusalén, para anunciar ya directamente la llegada del reino de Dios, situando en ese contexto la tentaciones o pruebas (cf. Mc 1, 13; Mt 4; Lc 4), que la tradición posterior ha situado en esa zona. En ese contexto, Jesús pudo pensar (descubrir) que no era todavía el momento de subir a Jerusalén, que quedaban pendientes muchos temas de dinero/pan, de poder y de sacralidad.

Lo cierto es que, según la tradición, tras un tiempo, Jesús dejó la zona del bajo Jordán, en el entorno de Jericó (del paso de Josué y del ejército de Israel en la tierra prometida) y decidió volver a Galilea, su tierra, para iniciar allí su misión de Reino con algunos discípulos que él “tomó” de la escuela de Juan

SEGUNDA DISPUTA. PEDRO DISCUTIÓ CON JESÚS, PARA MAL (PERO CON HUBO RESURRCCIÒN)

      No era galileo puro, sino itureo de Betsaida, ciudad muy helenizada, del Bajo Golán que el rey Filipo había engrandecido, como “polis” helenista, segunda capital de su reino (la primera era Cesárea de Felipe), dándole además administración y nombre griego (Julia), en honor de una hija de Augusto.

Primera vocación, el Río Jordán(Jn 1, 36-42). El evangelio de Juan empieza presentando a Simón y Andrés, su hermano, como discípulos del Bautista en el Jordán. Eso supone que habían dejado la pesca (al menos por un tiempo) y se habían «liberado» para las tareas y esperanzas de la culminación escatológica de Israel, al lado del Bautista, lo mismo que Jesús, de manera que los dos (Simón y Jesús) habrían empezado siendo compañeros, discípulos “penitentes” de un mismo maestro, Juan Bautista. Su vocación y camino empezó siendo un camino de conversión para perdón de los pecados; ambos eran en un sentido “colegas”.

      Según eso, cuando Jesús recibió una vocación especial de Mesías e Hijo de Dios (Mc 1, 9-11) y quiso llamar para acompañarle a unos discípulos/compañeros, empezando por Andrés y, en especial por Simón de Betsaida, éstos no eran simples pescadores, sino hombres comprometidos en la tarea de Dios, bautistas penitente, voluntario al servicio de la transformación de Israel. Jesús se fijó en y especialmente en Simòn porque le quería (necesitaba) para la tarea de su reino y le prometió que sería Cefas/Petros, piedra/roca del nuevo edificio la iglesia mesiánica, hombre quizá problemático (como seguiré indicando), pero adecuado para liderar su movimiento de transformación mesiánica.

      Así comienza el camino de Simón/Pedro, junto al río de la conversión, un itinerario de compromiso mesiánico, desde el Jordán a los confines de la tierra (conforme a la misión final de Mt 28, 16-20). Siendo pescador de frontera (entre Betsaida y Cafarnaúm), Simón había querido dedicarse a las tareas de Dios, centrándose en la preparación del juicio (simbolizado por el hacha, huracán y el fuego: cf. Mt 3, 11-12).

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Primer profeta y primeros discípulos. 2º domingo. Ciclo B

domingo, 14 de enero de 2024
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seguimiento-de-jesusDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado leímos el relato del bautismo en el evangelio de Marcos. Si hubiéramos seguido leyendo este evangelio, hoy deberíamos leer las tentaciones de Jesús. Pero se reservan para el principio de la Cuaresma, y, en un prodigio de zapping litúrgico, cambiamos de evangelio y leemos este domingo un texto de Juan sobre la vocación de los primeros discípulos. Para ambientar este episodio, y con fuerte contraste, la primera lectura cuenta la vocación de Samuel.

La vocación de un profeta (1 Samuel 3,3b-10.19)

 En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel. Este respondió:

̶  Aquí estoy.

Corrió adonde estaba Elí y dijo:

̶  Aquí estoy, porque me has llamado.

Respondió Elí:

̶  No te he llamado; vuelve a acostarte.» 

 Fue y se acostó. El Señor volvió a llamar a Samuel.  Se levantó Samuel, fue adonde estaba Elí y dijo: 

̶  Aquí estoy, porque me has llamado. 

Respondió Elí:

̶  No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte.

Samuel no conocía aún al Señor, ni se le había manifestado todavía la palabra del Señor. 

El Señor llamó a Samuel por tercera vez. Se levantó, fue adonde estaba Elí y dijo:

̶  Aquí estoy, porque me has llamado.

Comprendió entonces Elí que era el Señor el que llamaba al joven, y dijo a Samuel:  

̶  Ve a acostarte. Y si te llama de nuevo, di: «Habla, Señor, que tu siervo escucha»

 Samuel fue a acostarse en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como las veces anteriores:

̶  ¡Samuel, Samuel!

Respondió Samuel:

̶  Habla, que tu siervo escucha.

Samuel creció. El Señor estaba con él, y no dejó que se frustrara ninguna de sus palabras.

El autor utiliza el frecuente recurso de plantear un problema (el Señor llama a Samuel sin que éste sepa quién lo llama), con dos intentos fallidos por parte del niño (dos veces acude a Elí) y la solución en un tercer momento («Habla, Señor, que tu siervo escucha»).

De los datos que ofrece el texto, el más interesante es la explicación de por qué Samuel confunde a Yahvé con Elí. «Samuel no conocía todavía al Señor». ¿Cómo es esto posible? Su madre lo dejó en el templo cuando era todavía un niño, vive con la familia del sumo sacerdote, ha debido de oír hablar de Yahvé infinidad de veces, escuchar su nombre en cantos y salmos. Samuel debía de tener una buena formación catequética. A pesar de todo, «no conocía todavía al Señor, no se le había revelado la palabra del Señor». Una cosa es conocer a Dios de oídas, por oraciones y lecciones mejor aprendidas, y otra muy distinta ese contacto profundo con él a través de su palabra.

Cabe el peligro de centrarse en la figura de Samuel y pasar por alto lo mucho que dice el texto a propósito de Dios. Ante todo, no comunica su voluntad al pueblo directamente, se sirve de una persona concreta. Al mismo tiempo, se revela como un ser extraño, desconcertante, que elige para esta misión a un niño de pocos años y parece jugar con él al ratón y al gato, haciendo que se levante tres veces de la cama antes de hablarle con claridad.

Además, ese Dios que más tarde se revelará como un ser cercano al profeta, acompañándolo de por vida, se revela también como un ser exigente, casi cruel, que le encarga al niño una misión durísima para su edad: condenar al sacerdote con el que ha vivido desde pequeño y que ha sido para él como un padre. Esto no se advierte en la lectura de hoy porque la liturgia ha omitido esa sección para dejarnos con buen sabor de boca.

En resumen, la vocación de un profeta no sólo le cambia la vida, también nos ayuda a conocer a Dios.

La vocación de los primeros discípulos (Juan 1,35-51) 

En el cuarto evangelio, Jesús no acude a Juan para que lo bautice, sino para entrar en contacto con sus primeros discípulos. Es una pena que el evangelio de este domingo se limite al encuentro con los tres primeros, porque el conjunto ofrece un mensaje muy interesante sobre la vocación.

Andrés y el discípulo anónimo (1,35-39)

 En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:

̶ Este es el Cordero de Dios.

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:

̶ ¿Qué buscáis?

Ellos le contestaron: 

̶ Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?

Él les dijo: 

̶ Venid y lo veréis.

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima [las cuatro de la tarde].

 En el primer encuentro, la iniciativa parte del Bautista que, al ver pasar a Jesús, dice de él: «Ese es el cordero de Dios». Antes había dicho algo más concreto: «Ese es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo». La referencia parece clara al personaje del que habla Isaías 53: uno que salva a su pueblo cargando con sus pecados, y que, cuando lo condenan a muerte, «como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante el esquilador, no abría la boca» (Is 53,6-7).

Las palabras de Juan, más que simple información parecen contener una invitación a sus discípulos a entrar en contacto con ese personaje misterioso. Juan, con esta actitud de desprendimiento y generosidad, está anticipando lo que dirá más tarde: «Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado por delante de él. (…) Él debe crecer y yo disminuir»(Jn 3,28.30).

Y los dos discípulos, aunque quizá no entendieron claramente lo que significaba «Ese es el Cordero de Dios», sintieron gran curiosidad, lo siguen, y escuchan las primeras palabras que pronuncia Jesús en el evangelio: «¿Qué buscáis?» No es una pregunta trivial, suena a desafío. Es la pregunta que Jesús dirige a cualquier lector del evangelio: «¿Qué buscas?». Y el lector se siente obligado a pensar si ha buscado o busca algo en su vida, o si ha dejado de buscar. Los dos muchachos podrían decir, con el salmista: «Tu rostro buscaré, Señor. No me escondas tu rostro». Pero su respuesta es más tímida. Se dirigen a él con profundo respeto, llamándolo «rabí», y se limitan a preguntarle dónde vive. Por desgracia (y esta vez no podemos culpar a los liturgistas) no sabemos de qué hablaron desde las cuatro de la tarde en adelante.

 Andrés y Simón Pedro (1,40-42)

 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:

̶ Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).

Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:

̶ Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro).

De esa larga conversación cuyo contenido ignoramos, Andrés sacó la conclusión de que aquella persona era alguien más que el Cordero de Dios, o un rabí cualquiera. Así lo comunica entusiasmado a su hermano: «Hemos encontrado al Mesías». ¿Qué quería decir con esto? Ateniéndonos al cuarto evangelio, la mentalidad popular esperaba del Mesías que realizara numerosos milagros, como sugiere la gente de Jerusalén: «¿Cuándo venga el Cristo, hará más signos de los que este ha hecho?» (Jn 7,31). En esta línea prodigiosa, otros piensan que «el Mesías permanecerá para siempre» (Jn 12,34). Sin embargo, el título de Mesías tenía por entonces una fuerte carga política, como se advierte en los Salmos de Salomón 17 y 18, de origen fariseo, procedentes del siglo I a.C. Es posible que esto fuera lo que más entusiasmara a Andrés e intentara transmitir a su hermano Simón Pedro.

La pretensión de haber encontrado al Mesías la considerarían absurda muchos judíos. Los fariseos llevaban más de un siglo pidiendo a Dios que enviara a su Rey Mesías. ¿Iba a encontrarlo precisamente este pobre muchacho galileo? Sin embargo, su hermano le hace caso y marcha al encuentro de Jesús.

Tiene lugar entonces una de las escenas más misteriosas. Cuando Andrés y Simón Pedro llegan ante Jesús, el evangelista introduce una pausa que crea fuerte tensión: «Jesús se le quedó mirando». ¿Qué siente Jesús al ver a Simón Pedro? ¿Qué experimenta este al verse examinado por Jesús? Una vez más, el evangelista omite cualquier comentario.

Jesús no lo saluda. No le pregunta qué busca. No necesita que Andrés se lo presente. Él sabe quién es y quién es su padre. Inmediatamente, con una autoridad suprema, le cambia el nombre por Cefas, sin explicarle por qué se lo cambia ni qué significa ese nombre.

Para un judío, el nombre y la persona se identifican. Lo que advierte Simón es que ese personaje está disponiendo de él sin consultarlo ni pedirle permiso. Sin embargo, no reacciona, no pide una explicación ni se rebela. Quien no lo conozca, imaginará a Simón como un muchacho tímido y callado. Veremos que no es así.

La escena simboliza el poder de Jesús sobre Simón y una cierta predilección por él, ya que es el único al que le cambia el nombre. El lector del cuarto evangelio sabe, desde este momento, que deberá conceder gran importancia a este personaje.

Dos relatos parecidos y diversos

El contraste entre el evangelio y la vocación de Samuel es enorme. Esta ocurre en el santuario, de noche, con una voz misteriosa que se repite y un mensaje que sobrecoge. En el evangelio todo ocurre de forma muy humana, normal: un boca a boca que va centrando la atención en Jesús, cuando no es él mismo quien llama, como en el caso (que no se ha leído) de Felipe. Y las reacciones abarcan desde la simple curiosidad de los dos primeros hasta el escepticismo irónico de Natanael, pasando por el entusiasmo de Andrés y Felipe. Pero hay también elementos parecidos.

  1. En ambos relatos, la vocación cambia la vida. En adelante, «el Señor estaba con Samuel», y los discípulos estarán con Jesús. Este cambio se subraya especialmente en el caso de Pedro, al que Jesús cambia el nombre.
  2. La vocación revela a Dios en el caso de Samuel, y a Jesús en el caso de los discípulos. Cada vocación aporta un dato nuevo sobre la persona de Jesús, como distintas teselas que terminan formando un mosaico: Juan Bautista lo llama «Cordero de Dios»; los dos primeros se dirigen a él como Rabí, «maestro»; Andrés le habla a Pedro del Mesías; Felipe, a Natanael, de aquel al que describen Moisés y los profetas, Jesús, hijo de José, natural de Nazaret; y el escéptico Natanael terminará llamándolo «Hijo de Dios, rey de Israel». Es una pena que la mutilación del texto impida captar este aspecto.

La liturgia nos sitúa al comienzo de la actividad de Jesús. Lo iremos conociendo cada vez más a través de las lecturas de cada domingo. Pero no podemos limitarnos a un puro conocimiento intelectual. Como Samuel y los discípulos, debemos comprometernos con Dios, con Jesús.

«Yo esperaba con ansia al Señor» (Salmo 39)

El Salmo elegido para el día de hoy comienza con las palabras: «Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito. Me puso en la boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios» (Sal 39,2). Más que a Samuel, estas palabras se aplican a los futuros apóstoles. Esperaban con ansia al Señor, y por eso han acudido a escuchar a Juan Bautista. Pero el Señor no se ha limitado a poner en sus bocas un canto nuevo. Los ha tomado completamente a su servicio.

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14 Enero. Domingo II del Tiempo Ordinario. Ciclo B

domingo, 14 de enero de 2024
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Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encontró primero a su hermano Simón y le dijo: -Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo). Y lo llevó a Jesús.”

(Jn 1, 35-42)

¡Abróchense los cinturones! Este Tiempo Ordinario arranca con fuerza. Estamos despegando, es un momento delicado y conviene estar muy atentos.

El texto de Juan nos sumerge de lleno en el tema del seguimiento de Jesús, de la vocación. Y en unos pocos versículos hay de todo. Hay material suficiente para varios tratados: mediaciones humanas, iniciativa de Dios, respuesta a la llamada…

Es simpático ver cómo Juan y Andrés convierten su propia vocación en vocación para otros. Hacen de su vida una señal que anuncia el camino.

Juan Bautista, ya en la madurez de su vocación, ha aprendido a descubrir la presencia de Dios. Por eso puede decir a sus discípulos: “-Este es el Cordero de Dios.” El afán de su misión es mostrar a Dios. No está preocupado por su realización personal, ni por conseguir muchos seguidores que sigan haciendo vida su carisma, ¡qué va! Sabe que la llamada que ha recibido es mucho más grande y orienta a quienes le rodean en dirección a esa llamada.

Es hermoso encontrarse con personas que tras años y años de compromiso viven felices su vocación. Monjas que, desgastadas por los años y el trabajo, sonríen trasparentando a Dios. Matrimonios que se miran con los ojos llenos de comprensión, de respeto y de admiración. Presbíteros que palpitan celebrando, que ves que creen en aquello que celebran.

Andrés también es muy interesante. Hace lo mismo. Dice el texto: “Y lo llevó a Jesús”. Pero lo hace desde otro momento vital. Él, que acaba de descubrir su propia vocación, su llamada, ¡no se puede callar! Tiene que ir a buscar a su hermano y compartir con él lo que acaba de encontrar. Es la fuerza de los inicios.

Es la cara que se le queda a una persona cuando se ha enamorado. ¡Se nota! Tiene otra luz, otra mirada, otra sonrisa y todo junto despierta una cierta curiosidad. Cuando alguien descubre el tesoro de su llamada y responde se convierte él mismo en llamada, en reclamo.

Y todo esto, ¿qué puede decirnos a nosotros hoy? Pues que estemos en el punto de nuestra vida en el que estemos, tanto si nos acabamos de encontrar con Jesús, como si somos viejos conocidos, tenemos exactamente la misma responsabilidad, la misma tarea. Tenemos que llevar a Jesús a quienes se encuentren con nosotros.

Oración

Envíanos, Trinidad Santa, grandes cantidades de humildad para que en todo momento sepamos mostrarTE a Ti, que llevemos a todas las personas con las que nos encontremos a Ti. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Ser cristiano es vivir lo que vivió Jesús.

domingo, 14 de enero de 2024
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101493197DOMINGO 2 º (B)

Jn 1,35-42

Este 2º domingo del tiempo ordinario sigue hablando del comienzo. Juan acaba de presentar a Jesús como el ‘Cordero de Dios’ que quita el pecado del mundo e ‘Hijo de Dios’. Lo que hemos leído, sigue refiriendo otros títulos: ‘Rabí’, ‘Mesías’. En los que siguen se refiriere a aquel de quien han hablado la Ley y los Profetas, para terminar diciendo Natanael: Tú eres el ‘Hijo de Dios’, tú eres el ‘Rey de Israel’. Juan hace un despliegue de títulos cristológicos al principio de su evangelio para dejar clara la idea que tiene de Jesús. Naturalmente es una reflexión de la comunidad de finales del s. I.

No tiene sentido que nos preguntemos si los primeros discípulos fueron Andrés y otros que siguieron a Jesús en Judea o si Pedro y su hermano fueron llamados por él junto al lago de Galilea. No me cansaré de repetir que los evangelios no se proponen decirnos lo que pasó sino comunicarnos verdades teológicas con ‘historias’ que pueden hacer referencia a hechos reales o pueden ser inventadas. En este caso lo importante es que desde el principio un pequeño grupo siguió a Jesús de cerca.

Este es el cordero de Dios. El cordero pascual no tenía valor sacrificial ni expiatorio. Era símbolo de la liberación de la esclavitud, al recordar la liberación de Egipto. El que quita el pecado del mundo no es el que carga con nuestros crímenes, sino el que viene a eliminar la injusticia. En el evangelio de Juan, el único pecado es la opresión. No solo condena al que oprime, sino que denuncia también la postura del que se deja oprimir. Esto no lo hemos tenido claro los cristianos, que incluso hemos predicado el conformismo y la sumisión. Nadie te puede oprimir si no te dejas.

La frase del Bautista no es suficiente para justificar la decisión de los dos discípulos. Para entenderlo tenemos que presuponer un conocimiento más profundo de lo que Jesús es. Si Juan lo conocía es probable que sus discípulos también hubieran tenido una estrecha relación con él. Antes había dicho que Jesús venía hacia Juan. Ahora nos dice que Jesús pasaba, lo adelanta, pasa delante de él. “El que viene detrás de mí…”

Siguieron a Jesús, indica mucho más que ir detrás de él, como hace un perro. “Seguirle” es un término técnico en el evangelio de Juan. Significa el seguimiento de un discípulo que va tras las huellas de su maestro, es decir, que quiere vivir como él vive. “Quiero que también ellos estén conmigo donde estoy yo” (17,24). Es la manera de vivir de Jesús lo que les interesa. Es eso lo que él les invita a descubrir.

¿Qué buscáis? Una relación profunda solo puede comenzar cuando Jesús se vuelve y les interpela. La pregunta tiene mucha miga. Juan deja claro que hay maneras de seguir a Jesús que no son adecuadas. La pregunta: ¿Dónde vives?, aclara la situación; porque no significa el lugar o la casa donde habita Jesús, sino la actitud vital de éste. La pregunta podría ser: ¿En qué marco vital te desenvuelves? Nosotros queremos entrar en ese ámbito. Jesús está en la zona de la Vida, en la esfera de lo divino.

No preguntan por su doctrina sino por su vida. No responde con un discurso, sino con una invitación a vivir. A esa pregunta no se puede responder con una dirección de correos. Hay que experimentar lo que Jesús es. ¿Donde moras? Es la pregunta fundamental. ¿Qué puede significar Jesús para mí? Nunca será suficiente la respuesta que otro haya dado. Jesús es algo único e irrepetible para mí, porque le tengo que ver desde una nueva perspectiva. La respuesta dependerá de lo que yo busque.

Venid y lo veréis. Así podemos entender la frase siguiente: “Vieron como vivía y aquel mismo día se quedaron a vivir como él. No tiene mucho sentido la traducción oficial, (y se quedaron con él aquel día), porque el día estaba terminando, (cuatro de la tarde). Los dos primeros discípulos todavía no tienen nombre; representan a todos los que intentan pasar al ámbito de lo divino, a la esfera donde está Jesús.

Serían las cuatro de la tarde, no es una referencia cronológica, no tendría la menor importancia. Se trata de la hora en que terminaba un día y comenzaba otro. Es la hora en que se mataba el cordero pascual y la hora de la muerte de Jesús. Nos está diciendo que algo está a punto de terminar y algo muy importante está a punto de comenzar. Se pone en marcha la nueva comunidad, el pueblo de Dios que permite la realización cabal de hombre. Es el modelo del itinerario que debe seguir todo discípulo.

Lo que vieron es tan importante que les obliga a comunicarlo a los demás. Andrés llama a su hermano Simón para que descubra lo mismo, hablándole del Mesías hace referencia a la bajada del Espíritu sobre Jesús. Unos versículos después, Felipe encuentra a Natanael y le dice: hemos encontrado a Jesús. Estas anotaciones tan simples nos están diciendo cómo se fue formando la nueva comunidad de seguidores.

Fijando la vista en él. Lo mismo que Juan había fijado la vista en Jesús. Indica una visión penetrante de la persona, mucho más que una simple visión. Se trata de un conocimiento profundo e interior. Pedro no dice nada. No ve clara esa opción que han tomado los otros dos, pero muy pronto va hacer honor al apodo que le pone Jesús: Cefas, piedra, testarudo; que se convertirá en fortaleza, una vez que se convenza.

En la Biblia se describen distintas vocaciones de personajes famosos. Eso nos puede llevar a pensar que, si Dios no actúa de esa manera, no hay vocación. En los relatos bíblicos se nos intenta enseñar, no como actúa Dios sino como respondieron ellos a la llamada de Dios. El joven Samuel no tiene idea de cómo se manifiesta Dios, ni siquiera sabe que es Él quien le llama, pero cuando lo descubre se abre totalmente a su discurso. Los dos discípulos buscan en Jesús la manifestación de Dios.

Dios no llama desde fuera. La vocación de Dios no es nada distinto de mi propio ser; desde el instante mismo en que empiezo a existir, soy llamado por Dios para ser lo que soy. En lo hondo de mi ser, tengo que buscar los planos para la construcción de mi vida. Dios no nos llama en primer lugar a desempeñar una tarea determinada, sino a la plenitud de ser. No somos más por hacer esto o aquello sino por cómo lo hacemos.

El haber restringido la “vocación” a la vida religiosa es inaceptable. Cuando definimos ese camino como “camino de perfección” estamos distorsionando el evangelio. La perfección es un mito que ha engañado a muchos y desilusionado a todos. Esa perfección, gracias a Dios, no ha existido nunca. Mientras seamos humanos, seremos imperfectos, a Dios gracias. Los “consagrados” constituyen un % mínimo de la Iglesia, pero son el noventa y nueve por ciento de los declarados “santos”. Algo no funciona.

 Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Comienza la aventura.

domingo, 14 de enero de 2024
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Jn 1, 35-42

«Venid y lo veréis»

Aparquemos por un momento la razón e imaginemos la escena.

Imaginemos a Jesús a orillas del Jordán. Hace cuarenta días ha sido bautizado por el Bautista en ese mismo lugar, luego ha permanecido en el desierto haciendo oración y penitencia, y ahora ha vuelto allí antes de regresar a Galilea. Sobre las cinco de la tarde, Juan se lo señala a dos de sus discípulos, y les dice: «Id con él y escuchadle». Los dos hombres se ponen a seguirle, pero no saben cómo abordarle. Viendo Jesús que le siguen, se vuelve y les pregunta: «¿Qué buscáis?»

Ellos ven un hombre alto, enjuto, de mirada profunda, afectuosa, y una voz recia que no obstante parece acariciar sus oídos. Ellos también son galileos; pescadores de Betsaida y Cafarnaúm. Jesús es artesano. Pertenecen por tanto al mismo estrato social, pero ellos, instintivamente, se dan cuenta de que aquel hombre tiene algo de lo que ellos carecen. No saben qué contestar, y balbucean: «¿Dónde moras?».

Uno de ellos se llama Andrés, hermano de Simón, hombre curtido en el mar que ha visto la muerte cara a cara en más de una ocasión. El otro es casi un muchacho. Se llama Juan y es hijo de Zebedeo. También tiene un hermano llamado Santiago. Santiago y Juan son decididos y pendencieros, hasta el punto que se les conoce como “los hijos del trueno” «Venid conmigo y os lo mostraré».

Jesús les espera, se pone en medio de ellos y los lleva al recodo del río donde ha pasado la noche anterior. Ellos le cuentan el comentario que les ha hecho el Bautista, y al cabo de un rato los tres ríen los dichos y chascarrillos con los que se ha iniciado la conversación. Luego hablan de su tierra, Galilea, de su insoportable situación política y social, de los pronunciamientos contra los romanos, de la pesca, de la cosecha que pronto habrá que recolectar…

Al atardecer, Juan trae dos peces todavía vivos que ha mantenido dentro de una red en la corriente del río. Jesús saca unas aceitunas, unas almendras y algo de pan duro que lleva en el morral. Andrés aporta unos dátiles y un pequeño pellejo de vino de Samaría. Asan los peces, recitan una oración de acción de gracias y despachan sus vituallas con buen apetito.

Aquella cena sirve para hacer desaparecer los últimos vestigios de inhibición y crea entre ellos un clima de franca confianza. No es por tanto de extrañar que Juan —siempre directo— le pregunte sin ambages por su doctrina. Jesús queda confuso ante esa pregunta, pues no sabe si tiene aún una doctrina que explicar. Había transmitido al Bautista lo esencial de su experiencia en el desierto, pero prefería madurar sus ideas antes de compartirlas con nadie. Ni siquiera sabía si quería hacerlo. Cuando se dispone a decírselo así, ve tal ansiedad en sus rostros, que cambia de opinión y comienza a hablarles de Abbá.

«¿Papá?», le pregunta Andrés, extrañado, cuando oye esta expresión cariñosa con la que Jesús se refiere a Dios… Jesús le contesta que así lo siente él en lo más profundo de su ser, y se inicia un diálogo en el que Jesús va desgranado el fundamento de su fe en Abbá, y el cambio radical que supone esta concepción de Dios en la respuesta que Él espera de nosotros.

La noche es tan clara que parece un atardecer. Las estrellas no caben en el cielo, aunque la luna, casi llena, las hace palidecer ante su luz más intensa. El campamento ha quedado prácticamente en silencio, y solo el pertinaz canto de las cigarras rompe el silencio de la noche. Comienza a refrescar y Andrés se levanta a reavivar el fuego. Los tres amigos gozan de la placidez del momento.

«Si Dios es nuestro Padre, nosotros somos Hijos y por tanto hermanos —prosigue Jesús—. No somos siervos que trabajan por un salario; que esperan una recompensa o temen un castigo… No. El que descubre a Abbá quiere ser digno hijo de su Padre, está orgulloso de ser su hijo, quiere parecerse a Él, quiere ayudarle en su tarea, quiere comprometerse en la aventura de sacar adelante este mundo… Quiere, en definitiva, estar en las cosas de su Padre».

Pasan las horas y Juan y Andrés quedan fascinados. En esa charla se han hecho añicos muchas cosas que siempre habían dado por supuestas… ¿Quién es ese hombre capaz de fascinarles con sus palabras y aturdirles con su personalidad? ¿Y aquella mirada, siempre profunda, unas veces apacible, otras, apasionada y vibrante?

Se despiden de él y recorren el trecho que les separa del campamento que comparten con otros galileos. Silenciosos y meditabundos, no terminan de creer lo que acababa de ocurrir. Luego viene la euforia. Despiertan a sus amigos y les cuentan una y mil veces la conversación que han mantenido con “aquel nazareno que parecía amigo del Bautista”: Se llama Jesús, y es un gran profeta.

A la mañana siguiente, muy temprano, Jesús se retira a orar a un pequeño altozano que se divisa desde allí. Un rato después ve acercarse a Andrés y a Juan con otros tres hombres. «Jesús —le dice Andrés cuando llegan hasta él—, éste es mi hermano Simón; y estos dos también son galileos: Felipe y Natanael».

Simón es un hombre corpulento, de nariz gruesa y barba poblada y descuidada. Llama la atención su mirada noble y sus ademanes bruscos y decididos. «Es un cabezota —interviene Juan, dando a su amigo un empujón que le hace trastabillar—, pero no podrás encontrar una amistad más firme que la suya». «¿Tan firme como una roca?», pregunta Jesús, mientras pone la mano sobre su hombro en señal de acogida. «Como la piedra más dura que puedas encontrar en el camino», contesta Simón con una sonrisa. «Entonces te llamaré Pedro».

Desde el primer momento se dan cuenta de que van a congeniar. A Jesús le gusta el aspecto noble y decidido de Pedro, y a éste, la forma de mirar de Jesús. «Este hombre —piensa— es de fiar; no es el charlatán que me había imaginado».

Tiene palabras amables para Natanael y Felipe, y pronto queda integrado en aquel grupo de compatriotas que habían ido hasta allí para ser bautizados por Juan. Durante el tiempo que permanecen junto al Jordán, Jesús comparte con ellos sus reflexiones. Les habla de Abbá, de sus valores, del reinado de esos valores en el mundo, del Reino de Dios; ese descomunal proyecto que comienza a tomar forma en su mente y con el que se siente cada vez más identificado.

Dos días después de su primer encuentro se ponen en camino hacia Galilea y allí empieza la gran aventura.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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¿Qué buscáis?

domingo, 14 de enero de 2024
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jn-1-35-42-eCOMENTARIO AL EVANGELIO

Jn 1, 35-42

14 de enero de 2024

Comienza una nueva etapa. El evangelio de este domingo parece mostrar que lo viejo ha pasado, que el Antiguo testamento, cerrado con Juan Bautista, ha perdido su sentido mesiánico y se necesita una nueva comunidad que haga `posible la liberación del pueblo de Israel. Ahora bien, Jesús sorprende porque su proyecto no es político, ni social, ni tampoco religioso en el sentido institucional, sino que apunta a reinventar al ser humano conectado a ese Dios que libera desde dentro y no desde fuera. No es un nuevo Israel lo que busca crear, sino una nueva Humanidad que rompa las fronteras e incluya a tod@s. Es esta la gran ruptura con el Pueblo elegido.

El texto comienza situando esta escena tras la narración del Bautismo de Jesús por parte de Juan. Los redactores de este evangelio sitúan los versículos que hoy nos ocupan después de haber confirmado la identidad divina de Jesús: es el Hijo de Dios, confirma en su discurso el Bautista.  Jesús emprende el despliegue de su identidad humana, como líder y referente de un proyecto que necesita una comunidad para facilitar la encarnación de este nuevo tiempo en la historia de la Humanidad.

Los nuevos miembros de esta comunidad se van enlazando unos a otros, como en racimo, para dar solidez a este nuevo proyecto.  Esta danza de personajes va dando movimiento a esta escena en la que se puede observar que Jesús no quiere seguidores teóricos sino TESTIGOS, es decir, personas que viven aquello que creen, que testimonian aquello que da un nuevo sentido a sus vidas, que anuncian con transparencia y coherencia aquello que vitalmente les hace ser y vivir conectados a la potencia de Dios que dinamiza lo profundo cada ser humano.

Ahora bien, Jesús tampoco busca personas que se dejen llevar por la emoción del momento, por las superficiales ilusiones o expectativas generadas por una promesa tal vez irrealizable. Jesús, como buen líder, acompaña a sus seguidores para que la decisión que tomen, seguirle o no, no sea ni emocional, ni racional, sino existencial. Por eso, toca su honestidad más profunda con la pregunta: ¿Qué buscáis? Con esta interpelación Jesús intenta hacer conscientes a sus discípulos de la verdadera motivación interior desde la dimensión de sentido y autenticidad de lo que son y de lo que hacen.

Una pregunta redirigida a nosotr@s que nos sitúa en lo que realmente mueve nuestra vida. ¿Buscamos emocionalidad, controlar todo cuanto somos y tenemos, apegarnos a las realidades temporales, vivir en un individualismo obsesivo, entablar relaciones asimétricas, justificar nuestra falta de valentía, una religiosidad de cumplimiento, de creencias alienantes y excluyente de quienes no están “en comunión” con lo de siempre?

La respuesta de Jesús es desafiante: Venid y veréis. Nada se construye si no es desde la experiencia, desde la vivencia consciente de lo que nace en nuestro interior en formato de deseo de agrandarnos, de ser focos de luz en este mundo tan necesitado de personas sólidas, auténticas, solidarias, pacificadoras, libres y valientes. Jesús llama a seguirle y busca discípul@s capaces de soltar la rigidez institucional y arrimar a tod@s desde la dignidad con la que Dios mismo nos iguala.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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Buscar y ver.

domingo, 14 de enero de 2024
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IMG_2167Domingo II del Tiempo Ordinario

14 enero 2023

Jn 1, 35-42

Desde el inicio de su existencia, el ser humano se autopercibe como buscador. Una búsqueda que tiene un doble origen: la necesidad y el Anhelo. En cuanto ser necesitado y ser anhelante, el humano se pone en camino para saciar su carencia y para responder a la aspiración profunda que lo habita.

En un primer momento, dirige la búsqueda hacia fuera, pensando que tiene que haber “algo”, fuera de él, que lo complete y lo sacie. Sin embargo, no tardará mucho en advertir que no hay, entre todos los objetos, absolutamente ninguno que pueda saciar su aspiración. Por lo que, con frecuencia, tras crisis y frustraciones, se verá obligado a dirigir la mirada hacia el interior.

En el camino por responder a su innegable Anhelo, todavía puede encontrar una trampa más: pensar que la respuesta habrá de venir de la mente. Sin embargo, también aquí terminará constatando otra frustración más.

Lo que responde a nuestro Anhelo profundo no se halla fuera de nosotros ni puede ser alcanzado por la mente. Seamos o no conscientes de ello, lo cierto es que anhelamos lo que ya somos, y el camino para descubrirlo pasa por el silencio de la mente.

La mente únicamente puede mostrarnos objetos -externos o internos, materiales o mentales, cosas o creencias-, pero, siendo radicalmente incapaz de trascender el mundo de las formas, erramos el camino cuando creemos que ella nos habrá de conducir a la verdad de lo que somos.

Solo el entrenamiento en el silencio mental abre ante nosotros otro modo de ver, que llamamos comprensión o sabiduría. Comprender no es entender algo mentalmente. Es experimentar de modo directo y evidente “eso que no tiene nombre” -en palabras de José Saramago- y que es, justamente, lo que somos. Al “verlo”, la búsqueda cesa. Hemos descubierto que estamos en “casa”. Porque, al silenciar la mente, comprendemos que somos consciencia.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Ven y sígueme no es la doctrina del catecismo, sino una relación de amor.

domingo, 14 de enero de 2024
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IMG_2351IMG_2309Del blog de Tomás Muro, La Verdad es libre:

01.- Llamadas (vocaciones) en la vida.

La vida nos llama de diversos modos y hacia diversas metas o realidades.

Pero, sobre todo la vida nos llama hacia su plenitud, que nos es desconocida pero deseada. Tal es el sentido de la vida.

Calderón de la Barca en su auto.sacramental: El gran teatro del mundo escenifica algunas de las posibilidades o llamadas de la vida: la llamada del poder, del dinero, la llamada del placer, de la envidia. Algo semejante refleja la película de Federico Fellini: Los espíritus de Giuletta.

También podemos entender la llamada desde lo que habitualmente hemos entendido por vocación: hay una vocación al matrimonio, a la vida religiosa, al ministerio en la Iglesia, vocación a la docencia, a la medicina, a la misión…

Yo creo que algunas profesiones no son simples puestos de trabajo, sino que requieren una vocación noble, que depende de las cualidades personales y sociológicas: la llamada o vocación para la enseñanza, para la medicina, para la asistencia social de los ancianos, personas con limitaciones, llamadas a escoger unos estudios u otros, para el servicio eclesial, etc.

02.- Vivir a la escucha.

Hemos escuchado la preciosa llamada de Dios a Samuel.

        El sueño es una situación un poco extraña. A veces soñamos dormidos y otras veces soñamos despiertos. Las culturas han tratado de interpretar siempre los sueños, que pueden tener muchas explicaciones, (S. Freud), pero podríamos decir que soñamos, al menos despiertos, con un mundo mejor, con una familia, una sociedad, una iglesia casi perfectas. Esos sueños son también como una llamada.

        En la biblia hay muchas alusiones a los sueños: estando Adán en sueños la mujer, Eva,  nace de su costado. Abraham, el rey David, Daniel, reciben noticias (revelación) en sueños, ¿dormidos o despiertos? José recibe en sueños noticias sobre Jesús.

Lo importante en la vida es vivir a la escucha como Samuel.

Rahner (1904-1984) tenía como piedra angular de su teología que el ser humano es Oyente de la Palabra; vivir a la escucha de lo que nos rodea en la existencia, Dios incluido.

Es importante escuchar la voz de la vida, la palabra de los demás, de los problemas, de la enfermedad, de la vida, de la muerte.

03.- Búsquedas en la vida.

Todos buscamos algo en la vida. La búsqueda está incrustada en la condición humana.

        Vivir atentos y en búsqueda es sano. Lo malo es el estancamiento, la instalación, la seguridad. Cuando una persona o institución afirma incluso con violencia su verdad, su doctrina, eso es síntoma de esclerosis, de estancamiento. Las aguas estancadas no son buenas…

        El papa Francisco  anima a los cristianos a seguir la búsqueda  de los discípulos de Jesús, de Abrahám, la búsqueda de los Magos.

Francisco abre la mente a los nuevos problemas que se van presentando en la sociedad

Resulta llamativo cómo el mismo entramado eclesiástico se enfrenta a las búsquedas, al Papa Francisco. El “clan de Toledo”, el cardenal Sarah piden al papa que retire o anule la posibilidad de la bendición de parejas homosexuales.

04.- ¿Dónde vives?

        Aquellos discípulos iban buscando en la vida. Cuando llegan donde Jesús le preguntan ¿Dónde vives?

        No es una pregunta teórica, doctrinal. No le preguntan por el catecismo de “Radio María”, sino por la vida de Jesús. ¿Dónde, cómo vives?

        ¿Dónde, cómo vivimos? ¿Cuáles son los criterios, el estilo de nuestra vida?

05.- Venid y lo veréis

        Jesús no les entrega a los discípulos un libro, el catecismo, unas “constituciones”, el Código de Derecho Canónico, etc., sino que les llama a una relación personal con Él. Venid a convivir y veréis qué es ser cristiano.

        Los católicos estamos muy habituados a vivir una religión cuyo centro es lo que se puede hacer o no, lo que está permitido o prohibido, lo que vale  o no vale. Y esta actitud se aplica lo mismo para la celebración de la penitencia con absolución general que para el control de natalidad. ¿Se puede o no se puede, vale o no vale?

        Pero Jesús no nos llama a eso, ni mucho menos. Jesús nos llama a vivir con él, a tener una relación personal de amor y misericordia con él. Jesús nos llama a vivir en gracia, que significa vivir agradecidos y unidos al Señor y desde Él a vivir amando a los demás.

        Mucha gente –más o menos cristiana- piensa que, si la Jerarquía pusiera unas normas más fáciles de cumplir respecto de los divorciados, de los homosexuales, de la Misa, de la confesión, la vida eclesiástica mejoraría mucho y aumentarían el número de cristianos en las Iglesias. No sé si mejoraría la vida eclesiástica, no creo que aumentase la vida cristiana.

        Eso sería una prolongación permisiva del clericalismo de la jerarquía y del clericalismo de los laicos. Sería una especie de “rebajas eclesiásticas de enero”.

         Ser cristiano es una relación con el Señor: “venid y lo veréis”. El cristianismo es un gozo que se vive en la relación personal con Cristo y que después se trasluce en la vida como buenamente podemos.

          Los ministros y maestros del cristianismo) no os llamamos al cristianismo, sino más bien al Nuevo Ser (JesuCristo), del cual el cristianismo debe ser testigo y nada más, sin confundirse jamás con ese Nuevo Ser (JesuCristo). Cuando oigáis la llamada de Jesús, olvidad todas las doctrinas cristianas, olvidad vuestras propias voluntades y vuestras dudas particulares. Si alguna vez Le seguís, olvidad toda la moral cristiana, vuestros logros y vuestras dudas particulares. Nada se os pide –ninguna idea de Dios, ninguna bondad especial propia, ni que seáis religiosos, ni que seáis cristianos, ni siquiera que seáis sabios, ni que os atengáis a una moral. Lo que se os pide es tan sólo que os abráis a lo que se os da y que queráis aceptarlo: el Nuevo Ser, el ser de amor, de justicia y de verdad que se manifiesta en Aquel cuyo yugo es llevadero y cuya carga es ligera. (Tillich)

Aquí estoy, Señor, para hacer tu Voluntad

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Jesús, el varón de dolores, da la bienvenida a los marginados, escribe un católico gay

miércoles, 10 de enero de 2024
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Aelbert Bouts (Netherlandish, Leuven ca. 1451/54–1549) The Man of Sorrows, ca. 1525 Oil on oak; Arched top, 17 1/2 x 11 1/4 in. (44.5 x 28.6 cm) The Metropolitan Museum of Art, New York, The Friedsam Collection, Bequest of Michael Friedsam, 1931 (32.100.55) http://www.metmuseum.org/Collections/search-the-collections/435760

Aelbert Bouts, “Varón de dolores

Al concluir el Adviento, un hombre católico gay ha ofrecido una reflexión sobre la forma en que los católicos queer pueden relacionarse con los temas del tiempo litúrgico de soledad, oscuridad y espera, como un camino para encontrar a Jesús, el Varón de los Dolores. ( A pesar de que estamos fuera del tiempo litúrgico para el que fue escrito, el texto es lo suficientemente sugerente como para leerlo en cualquier momento).

Jeromiah Taylor, un escritor que se describe a sí mismo como “un católico gay con pareja y una persona de ascendencia latina que permanece muy separada de sus raíces étnicas”, ofreció su reflexión sobre el Adviento en U.S. Catholic Estas identidades hacen que Taylor se identifique estrechamente con los marginados, incluido Jesús, y el imperativo del Evangelio de amar a los marginados en su artículo “¿A menudo te sientes como un extraño? Jesús también”:

En la canción “God Help The Outcasts” de la versión de Disney de El jorobado de Notre Dame. Esmeralda, la mujer “gitana” “inmunda”, entra en la catedral de Notre-Dame de París y, ante una estatua de la Virgen y el Niño, canta una canción, rogándoles que escuchen su oración, a pesar de que es una paria. Al principio, expresa su vacilación incluso en acercarse y hablar con Jesús. Pero, al mirarlo a la cara, se ve obligada a preguntar: “¿Tú también fuiste alguna vez un paria?”

La tradición responde a la pregunta de Esmeralda con un rotundo “sí”. Jesús fue, y sigue siendo, un paria. Los evangelios están llenos de ejemplos de Jesús ridiculizado, desacreditado y, por supuesto, finalmente ejecutado por el establishment, adornado con atributos burlones de su autoproclamado reinado. El Papa Francisco, en su Mensaje de Cuaresma de 2014, recuerda a los católicos que “en los pobres y marginados vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres, amamos y servimos a Cristo”.

“Ante la infidelidad al evangelio de la iglesia institucional, tales exhortaciones me brindan un gran consuelo… A menudo siento que no pertenezco a ningún lugar. Cuando navego por espacios católicos, me pregunto ante quién puedo salir del armario; Temo que si tuviera que anunciar mi estado civil a un sacerdote, me podrían negar la comunión. Cuando navego por espacios queer o espacios activistas, pronuncio la cargada palabra “católico” con mucha inquietud, por miedo a que me pidan cuentas por los pecados de mi iglesia. Sin embargo, no puedo separar ambas cosas: mi propia marginación y la formación que el catolicismo me ha dado para encontrarme con los marginados…

“Reflexionar sobre el propio sufrimiento de Jesús, su absoluta soledad en el camino de la encarnación, es el agua nutritiva de mi fe atormentada. . Quizás mejor que cualquier otra tradición iconográfica de la iglesia, el Varón de Dolores recuerda a aquellos que han sido agobiados por fuerzas culturales hegemónicas con una autoestima negativa que Dios encarnado era, en palabras de Isaías, “despreciado y el más abyecto de todos” los hombres, varón de dolores, experimentado en flaqueza”… No es sereno, ni deseable, ni especialmente noble ni sufrido; está desfigurado por una agonía física y espiritual inconcebible. Éste es nuestro Dios: un feo perdedor, un paria, una persona non grata.

“Esa es realmente una buena noticia. Buenas noticias no sólo para los católicos queer, sino para todos aquellos a quienes él es más cercano. Algo a lo que debemos aferrarnos frente a la angustia irremediable en Palestina, y en todas partes la vida es brutalizada, profanada y destruida.

Taylor concluye su reflexión vinculando la experiencia de los marginados, la descripción de Cristo del Varón de Dolores y el tiempo de Adviento:

“El Adviento es una oportunidad para dejarse conmover por Jesús y su abandono. Buscarlo en nosotros mismos y en los demás, buscar su imagen, cribar nuestras imperfecciones y las de los demás en busca del Varón de Dolores en cada persona. La temporada se trata de esperar, una experiencia similar a la fe, o ‘la evidencia de cosas que no parecen’. Esperar como lo hizo Nuestra Señora, preguntándose ante Dios ‘¿cómo se hará esto?’, pero aun así asumiendo su tarea, confiando su bienestar y la de su hijo a Dios… Debemos recordar en nuestros momentos más oscuros que “no podemos pasar desapercibidos” ante nuestro Dios marginado que nos ama”.

Para leer la reflexión de Taylor completa, haga clic aquí.

—Robert Shine (él/él), Ministerio New Ways, 23 de diciembre de 2023

Fuente New Ways Ministry

IMG_1998Jeromiah Taylor es un escritor de Wichita, Kansas.

Su trabajo aparece o se publicará próximamente en The Chicago Review of Books, Lambda Literary Review, The Millions, The New Territory, Chautauqua Journal, The Los Angeles Review y otros.

Como católico converso y hombre gay, el trabajo de Jeromiah a menudo explora las superposiciones de lo queer, la estética y la fe.

Es el fundador del emergente Vulnera Christi Catholic Worker (Trabajador Católico Vulnera Christi) en Wichita. Puedes encontrarlo en Instagram @byjeromiahtaylor y en X @JeromiahTaylor.

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La Epifanía muestra que no hay excepciones

lunes, 8 de enero de 2024
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IMG_2264La Adoración de los Magos, por  Edward Burne-Jones (1904)

La “Epifanía”, como se llama la fiesta litúrgica de hoy, suele definirse como revelación, manifestación, realización. En las narraciones de la infancia de los evangelios, la Epifanía marca la importancia del hecho de que las naciones no judías, representadas por los Magos, reconozcan la presencia de Cristo como Redentor. La primera lectura y el pasaje del evangelio de hoy enfatizan esa dimensión de esta fiesta.

Pero la segunda lectura, de Efesios 3, enfatiza que también se revela un misterio más específico: “que los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús mediante el evangelio”. Desde esta perspectiva, esta fiesta nos recuerda que Dios ha venido al mundo para redimir no sólo a quienes se consideran elegidos, sino a quienes tradicionalmente fueron excluidos por quienes se consideran elegidos.

¿Suena familiar? Sí,

El año 2023 fue un año en el que esa lección comenzó a volverse más tangible y real en la Iglesia Católica, a medida que los líderes, en particular el Papa Francisco, enseñaron con la palabra y el ejemplo que las personas LGBTQ+ son “miembros del mismo cuerpo” que otros en nuestra comunidad de fe. A finales de año, The National Catholic Reporter editorializó que el año pasado se produjo un “movimiento extraordinario, aunque tentativo” con respecto a “cómo la Iglesia Católica incluye y ministra a sus miembros LGBTQ. En los últimos 12 meses han sucedido cosas que alguna vez habrían parecido obra de un novelista desconectado de la realidad”. (Para obtener más evidencia de este hecho, basta con mirar la lista de los diez mejores eventos católicos LGBTQ de 2023 de Bondings 2.0).

La última frase de la cita del editorial de NCR resonó en mis oídos cuando leí la línea de la lectura de Efesios de hoy, que hablaba de cómo una nueva comprensión del amor de Dios «no se dio a conocer a personas de otras generaciones como se ha revelado ahora». Eso literalmente hizo que un escalofrío recorriera mi columna vertebral, al darme cuenta de lo increíblemente bendecido que soy (y todos nosotros) de vivir en una época en la que podemos ver que tales gracias se vuelven reales. Y estoy agradecido a todos nuestros antepasados que esperaron y trabajaron para que se produjera un año como el 2023.

La noticia culminante de un año tan maravilloso llegó justo antes de finales de diciembre, cuando el Vaticano anunció que los sacerdotes tenían permiso para bendecir a parejas del mismo sexo. Fiducia Supplicans, la declaración que concedió tal permiso, en realidad no se centró en las parejas del mismo sexo, sino en qué son las bendiciones en general y cómo deben administrarse. Aunque este documento provino del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF), tenía las huellas del Papa Francisco por todas partes, especialmente el mensaje que ha estado enseñando desde que se convirtió en pontífice: que el amor de Dios es paratodos, todos, todos”, y que los ministros de la iglesia no deben negar a nadie el cuidado pastoral.

En efecto, lo que el Papa Francisco y el DDF han estado haciendo es mostrar lo que describe la carta a los Efesios: “la mayordomía de la gracia de Dios” fue dada a los líderes de la iglesia, no para protegerla y atesorarla, sino que fue dada para el “beneficio” de la gente.» En otras palabras, los líderes de la iglesia no deberían preocuparse por preservar las ideas e ideales de la iglesia, sino por compartir extravagantemente el amor de Dios de manera tangible y significativa con todas las personas, sin excepciones. La mejor manera de compartir ese amor es dando bendiciones a cualquiera que tenga suficiente hambre como para solicitarlo a la iglesia.

Así que hoy, mientras acercas las estatuas de los Reyes Magos de tu Belén al pesebre, tómate un momento para recordar que la fiesta de hoy no se trata sólo de nuestros viajes hacia Jesús, sino del viaje de Dios hacia todas las personas del mundo, especialmente aquellos que tienen tradicionalmente ha sido excluido.

—Francis DeBernardo, Ministerio New Ways, 7 de enero de

Fuente New Ways Ministry

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La homosexualidad como tarea eclesial: Bendito sea Dios y bendito sea el hombre

lunes, 8 de enero de 2024
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IMG_1983«Ya no es ni sabio ni lícito confinar las tendencias homosexuales en la cárcel del pecado» 

«A la Iglesia le está costando mucho reconocer a fondo y con todas las consecuencias la humanidad que anida en todos los comportamientos humanos»

«Para mí está muy claro que la Iglesia católica no está para rechazar ni condenar a nadie, mucho menos para dar con su puerta en las narices a quien llama a ella en busca de amparo al pedir su bendición»

«Si se bendicen los coches y los barcos y los edificios, ¿cómo no se va a poder bendecir a un homosexual o a una pareja de seres humanos, sean cuales sean su orientación sexual y sus compromisos sociales, que precisamente demandan de la Iglesia católica comprensión y amparo?»

«Me atrevería a enviarle una palabra de aliento al actual papa Francisco para que no se amilane a la hora de contemplar toda la humanidad de los hombres y asumirla como tarea de incesante mejora»

RD entrevista al prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Víctor Manuel Fernández: «Se bendice a dos personas que están en pareja (…) Se ve que es un tema que provoca urticarias», por Jesús Bastante

En su mensaje con motivo de la Semana de Oración por la Unidad de los CristianosLos obispos piden a las parroquias «una inmensa capacidad de acogida» y perdón a quienes se han sentido excluidos, por José Lorenzo

Fiducia supplicans: El amor de Dios es inclusivo siempre, por Joaquín Sánchez Sánchez

La bendición de parejas del mismo sexo: «Los cristianos somos verdaderamente tales cuando somos más humanos», por Gregorio Delgado
Fiducia supplicans: «No es lo que cambia, sino el pánico a los pasos que puedan seguir», por José Mª Rojo G

Malitia supurans’: Sobre algunas críticas a ‘Fiducia supplicans’. «O no han leído la declaración o les importa una higa lo que diga», por Bernardo Pérez Andreo

Dada la trayectoria de las publicaciones que vengo haciendo en RD y desde mi convencimiento de ser un buen católico que trata de aquilatar y vigorizar su fe, lo primero ante Fiducia Supplicans es reconocer que se trata de un documento valiente, aunque de suyo no sea más que un pasito hacia adelante.

La razón principal es que a la Iglesia le está costando mucho reconocer a fondo y con todas las consecuencias la humanidad que anida en todos los comportamientos humanos. En nuestro tiempo ya sabemos que la procreación no depende de un determinado comportamiento del hombre y de la mujer, pues se han abierto otros caminos que la coyunda conyugal. Por otro lado, ya no es ni sabio ni lícito confinar las tendencias homosexuales en la cárcel del pecado. ¡Cuánto queda todavía por recorrer para que la Iglesia oficial reconozca la densidad de humanidad que hay en todos estos ámbitos!

Si de bendiciones se trata, no me cabe la menor duda que la más honda y determinante bendición del hombre es su propia existencia como tal, con las potencialidades y condicionamientos que sus genes predeterminan. Nada existe ni persiste que no haya sido bendecido antes por Dios.

Siguiendo esta pauta, para mí está muy claro que la Iglesia católica no está para rechazar ni condenar a nadie, mucho menos para dar con su puerta en las narices a quien llama a ella en busca de amparo al pedir su bendición. Si se bendicen los coches y los barcos y los edificios, ¿cómo no se va a poder bendecir a un homosexual o a una pareja de seres humanos, sean cuales sean su orientación sexual y sus compromisos sociales, que precisamente demandan de la Iglesia católica comprensión y amparo?

Lo de menos es si un enlace homosexual puede ser considerado un matrimonio al estilo de los matrimonios que reconoce y celebra la Iglesia católica, pues matrimonios hay fuera de su seno y de sus condicionantes que son, objetivamente, mucho más sanos, consolidados, hermosos y hasta sacramentales que los que ella acepta y bendice. Lo importante es saber que nada, absolutamente nada de lo humano, cae fuera de su ámbito misional. Y, pónganse como se pongan algunos pastores, obispos y teólogos, la homosexualidad es humana y, como tal, debe ser asumida, valientemente, por la Iglesia de un Jesús que desenredó todos los zarzales en que quisieron meterlo y dejó meridianamente claro que nuestra única obligación es “hacer el bien”.

Si algún eco tienen estas columnas y de algo vale cuanto en ellas se dice, desde ellas me atrevería a enviarle una palabra de aliento al actual papa Francisco para que no se amilane a la hora de contemplar toda la humanidad de los hombres y asumirla como tarea de incesante mejora. Llevamos tanta porquería en nuestra mochila que nos doblega las espaldas y no nos permite contemplar de frente el hermosísimo horizonte panorámico de un amor divino creativo, que demanda nuestra colaboración en tan importante y reconfortante tarea. De ahí que, cuanto más logre acercar el papa Francisco la Iglesia católica que gobierna a los seres humanos de nuestro tiempo, es decir, cuantos más consiga que llamen a Dios “padre” y se propongan hacer el bien, más la embellecerá y más gozosa será su tarea de evangelización.

No es necesario entrar aquí a valorar las enormes lagunas que hay en la doctrina de la Iglesia para analizar y comprender como es debido la sexualidad humana. Es ese un ámbito en el que hay mucha tela que cortar. Bástenos saber que la homosexualidad es algo que nos da la naturaleza de por sí y, precisamente por ello, algo que debemos asumir con todas sus consecuencias. Quien no vea la diferencia que hay en que una pareja de homosexuales se ponga a blasfemar o demande la bendición de la iglesia, que se rasgue las vestiduras para su propia vergüenza y desnudez.

Si yo tuviera alguna responsabilidad pastoral, no solo no dudaría un instante en bendecir a una pareja de homosexuales que me lo pidiera, sino que iría mucho más lejos ofreciéndoles mi apoyo para seguir llamando “padre” a Dios y haciendo el bien a todos sus semejantes. Es esa una postura o visión del tema que no me impide aplaudir con fervor al papa Francisco en los pequeños pasos que tan valientemente va dando en la buena dirección. ¡Chapeau, santo Padre!

Fuente Religión Digital

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“Jesús bautiza con Espíritu Santo”. Bautismo del Señor – B (Marcos 1,7-11)

domingo, 7 de enero de 2024
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El Bautista representa como pocos el esfuerzo de los hombres y mujeres de todos los tiempos por purificarse, reorientar su existencia y comenzar una vida más digna. Este es su mensaje: «Hagamos penitencia, volvamos al buen camino, pongamos orden en nuestra vida». Esto es también lo que escuchamos más de una vez en el fondo de la conciencia: «Tengo que cambiar, debo ser mejor, he de actuar de manera más digna».

Esta voluntad de purificación es noble e indispensable, pero no basta. Nos esforzamos por corregir errores, tratamos de cumplir con nuestro deber con más responsabilidad, intentamos hacer mejor las cosas, pero nada realmente nuevo se despierta en nosotros, nada apasionante. Pronto el paso del tiempo nos devuelve a la mediocridad de siempre. El mismo Bautista reconoce el límite de su esfuerzo: «Yo os bautizo solo con agua; alguien más fuerte os bautizará con Espíritu y fuego».

El bautismo de Jesús encierra un mensaje nuevo que supera radicalmente al Bautista. Los evangelistas han cuidado con esmero la escena. El cielo, que permanecía cerrado e impenetrable, se abre para mostrar su secreto. Al abrirse, no descarga la ira divina que anunciaba el Bautista, sino que regala el amor de Dios, el Espíritu, que se posa pacíficamente sobre Jesús. Del cielo se escucha una voz: «Tú eres mi Hijo amado».

El mensaje es claro: con Cristo, el cielo ha quedado abierto; de Dios solo brota amor y paz; podemos vivir con confianza. A pesar de nuestros errores y nuestra mediocridad insoportable, también para nosotros «el cielo ha quedado abierto». También nosotros podemos escuchar con Jesús la voz de Dios: «Tú eres para mí un hijo amado, una hija amada». En adelante podemos afrontar la vida no como una «historia sucia» que hemos de purificar constantemente, sino como el regalo de la «dignidad de hijos de Dios», que hemos de cuidar con gozo y agradecimiento.

Para quien vive de esta fe, la vida está llena de momentos de gracia: el nacimiento de un hijo, el contacto con una persona buena, la experiencia de un amor limpio… que ponen en nuestra vida una luz y un calor nuevos. De pronto nos parece ver «el cielo abierto». Algo nuevo comienza en nosotros; nos sentimos vivos; se despierta lo mejor que hay en nuestro corazón. Lo que tal vez habíamos soñado secretamente se nos regala ahora de forma inesperada: un inicio nuevo, una purificación diferente, un «bautismo de Espíritu». Detrás de esas experiencias está Dios amándonos como Padre. Está su Amor y su Espíritu «dador de vida».

José Antonio Pagola

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