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Luz en la noche, muchachas en vela (Mt 25, 1-13)

domingo, 9 de noviembre de 2014
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virgenes prudentesDel blog de Xabier Pikaza:

La humanidad entera son diez chicas que aguardan al Novio, con velas encendidas, y así lo indica esta parábola, evocando la esperanza del amor como don y tarea de la vida.

Es una parábola extraña, como todas, un cuento del oriente antiguo, mujeres en vela (con vela), con lámparas que parecen de Aladino, pero que no son para abrir la cueva del tesoro, sino el tesoro del amor en plenitud, para el que todos de algún modo nos estamos preparando.

No es un texto machista, sino al contrario, pues todos, hombres y mujeres, tenemos una misma tarea, simbolizada en diez doncellas que esperan al novio, preparando el aceite de su alcuza o lucernario: ¡Hombres y mujeres, sin distinción, somos aprendizaje de amor en la noche. Para eso hemos sido creados y crecemos, esperando, cuidando la vida, compartiendo.

imagesÉse amor es mutuo, un don compartido. Pero al mismo tiempo ha de ser personal, pues cada hombre, cada mujer, es destinatario de un amor único, de forma que ante el misterio de la Vida nadie puede sustituirle.

En esa línea, sabiendo con el evangelio que unos somos vida y luz para los otros, debemos recordar que cada uno somos y tenemos una responsabilidad personal, de manera que en un sentido simbólico podemos afirmar no sólo que «cada uno aguante su vela», sino que la tenga encendida, mientras llega el Cristo, es decir la plenitud. Éste es el único aprendizaje, la única tarea de la vida.

sCiertamente, al final de la vida cada uno será «examinado» en el Amor, es decir, desde y por el amor que es Dios, como dice Juan de la Cruz. Pero todo amor busca amor, y así Jesús (Dios que viene) quiere y espera el amor de los hombres, como mendigo, mendicante de cariño, en gesto de humanidad comprometida, no de magia como la que ofrecía aladino.

Ciertamente, en Cristo hemos de ser todos luz unos de otros, para otros, como expresión de la vida de Dios. Pero eso supone que cada uno debemos cuidar nuestra luz de amor Por eso pido a Dios que nos iluminemos mutuamente con la luz gozosa de la vida del resucitado, como se celebra en la Vigilia de Pascua.

Siga quien quiera evocar y entender mejor esta parábola extraña, propia del evangelio de Jesús, que traduce así, en un contexto nuevo, el mensaje del evangelio. Buen domingo a todos.

Parábola

La parábola es parábola: cinco eran sabias, cinco eran necias… Jesús ha venido para que todas sean buenas, porque es bueno él… Pero la diferencia entre las muchachas sigue siendo importante

«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!»

Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.»
Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.»

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos.» Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco.» Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»

Una parábola fuerte

Las parábolas son relatos provocadores, que replantean el sentido de la vida desde una perspectiva extraña. No son historias edificantes,ni meditaciones piadosas sino enigmas para pensar y para decidir el sentido de la vida.

Las parábolas no cierran el tema (no son dogmas, ni demostraciones), sino señales que cada uno debe interpretar y resolver desde su propia vida. Ante las parábolas uno puede rebelarse, para descubrir el lado oculto… Por eso son palabras interactivas que no tienen la solución dada de antemano.

Fondo cultural.

Esta parábola de las necias y las prudentes está contada desde el trasfondo de la historia de Israel, tal como la reinterpreta Mateo. Pero hay en ellas rasgos que son universales, entre ellos los siguientes: .

La vida un camino en la noche. Quizá algunos de los lectores recuerden la dolorosa parábola de D. Alonso: Mujer con Alcuza… ¿Una mujer, diez mujeres? ¿Un tren en la noche, que no sabemos dónde va…?

Las muchachas son toda la humanidad... Se nos ha dado un aceite y no sabemos del todo para qué sirve… ¿Para que vea yo mismo, para que vean otros? Este el signo preferido de los cristianas en las catacumbas… lugar y signo de la gran espera.

La travesía de la vida un aprendizaje de amor,un aprendizaje gozoso pero fuerte, lleno de misterio. Estamos esperando las bodas de la vida, todos como mujer, como muchachas que acompañan a la novia, en el cortejo de las bodas de Dios, con aceite en la alcuza, con luz en las manos…

Es inquietante el fifty/fifty (aquícinco/cinco) de la comparación… Pero ése es un motivo común de las parábolas, que tienden a dividir la humanidad en dos mitades. Buenos y malos ¿qué significa eso? ¡Cómo comportarnos en el camino?. Jesús cuenta, expone, no define… Deja que los lectores entren, entra también tú. Eres parte de la parábola.

Todos somos estas diez muchachas (¿amigas de la novia? ¿novias todas?: El tema queda abierto). Todos vamos haciendo un camino de aprendizaje para el amor, no tenemos otra tarea que ir avanzando en el gran aprendizaje del amor, en la noche.

Jesús ha venido para que todas sean buenas (para que todos seamos buenos)…

La parábola es provocadora, como tiene que ser, por su género literario y por su finalidad… Pero Jesús, que ha contado la parábola, ha venido y ha vivida, ha querido y ha muerto para que todas sean buenas… para que todos seamos luz…

La parábola no es final del final, sino el final de un determinado camino… Por eso debemos afirmar que Jesús no es el esposo egoísta que sólo se queda con cinco, dejando a otras cinco en la noche. El esposo universal, Jesús, hijo de Dios, las quiere a todas, nos quiere a todos, en las bodas de la vida. No es hombre ni mujer en cuanto aislados u opuestos, sino el mismo Dios, vida de la vida de todos. Leer más…

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«Preparando el examen final». Domingo 32. Ciclo A.

domingo, 9 de noviembre de 2014
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Jesús - Parábola 10 vírgenes - 09-parabola_10_verginiDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Se acerca el fin del año (litúrgico)

Nos acercamos al final del año litúrgico, que terminará el día 30 de noviembre. Como si nos aproximáramos al final de curso y tuviéramos que hacer un examen, la Iglesia quiere que nos preparemos a fondo y con tiempo. Para ello, en estos tres últimos domingos del año (32-34º), se leen tres parábolas que se complementan: las diez muchachas, los talentos, el Juicio Final. Estas parábolas sólo se encuentran en el evangelio de Mateo, que las añade con un fin muy concreto. El evangelio de Marcos termina la enseñanza de Jesús con el discurso sobre el fin del mundo. Quizá a Mateo le pareció un final demasiado sensacionalista y añadió estas tres parábolas, que animan a tomarse la vida muy en serio.

La parábola de las diez muchachas

«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo! Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.» Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.» Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos. «Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco. Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»

En tiempos de Jesús, cuando se celebraba una boda, un grupo de muchachas acompa­ñaba al novio a recoger a la novia para acompañarlo a la ceremonia. A partir de este hecho tan trivial crea Jesús la parábola. Nos encon­tramos ante diez muchachas divididas en dos grupos de cinco: unas necias, que se olvidan del aceite para los candiles; otras sensatas, que llevan aceite de repues­to. Hasta aquí todo es posible. Pero la parábola adquiere de repente un tono irreal, porque quien da el plantón no es la novia, sino el novio, que se retrasa hasta la medianoche.

Mientras, las diez se han quedado dormidas. Y los candiles siguen consumiendo aceite. Al llegar el novio, unas pueden reponerlo fácilmente, los otros están casi agotados. Las sensatas no quieren darles aceite, y el novio se niega a admitirlas después de cerrada la puerta.

La conclusión de la parábola es desconcertante: “Por tanto, estad en vela, porque no sabéis el día ni la hora”. Es desconcer­tante, porque ninguna de la diez ha velado, todas se quedaron dormidas. Lo cual significa que la vigilancia, en este caso, equivale a la sensatez de llevarse la provisión de aceite. Pero, ¿qué significa esto en la práctica?

Dos interpretaciones posibles

La parábola se ha interpretado en dos líneas principales.

Una concede especial importancia al aceite, viéndolo como imagen de la fe, del fervor, de las buenas obras. Lo que hace falta es estar preparados espiritualmente.

Otra línea no concede una importancia capital al simbolismo del aceite; lo que quiere decir la parábola es que hay que prepararse con antelación, porque entonces será demasiado tarde. Esta segunda línea parece la más exacta, como lo demuestra su traducción al lenguaje moderno. Diez universitarios se acercan al fin de curso. Cinco han estudiado durante todo el año, asistido a las prácticas, tomado apuntes; otros cinco han empalmado movida con movida. En el momento de entrar al examen piden a los primeros que les pasen las respuestas. Cosa a la que los otros se niegan, como es lógico. El examen se prepara con tiempo, no se improvisa ni se copia.

La clave de la 1ª lectura

La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, ofrece una perspectiva muy interesante. Se ha elegido porque su tema empalma con el de la sensatez de la cinco muchachas.

La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean. Quien madruga por ella no se cansa: la encuentra sentada a la puerta. en ella es prudencia consumada, el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones; misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen; los aborda benigna por los caminos y les sale al paso en cada pensamiento.

En esta lectura, la sabiduría no es algo intelectual, un conjunto de conocimientos, sino una persona a la que se ama, se busca y se encuentra, o que se encuentra sentada a nuestra puerta esperándonos. Los primeros cristianos aplicaron esta imagen personalizada de la sabiduría a Jesús, que es la Sabiduría de Dios.

Con esto, la parábola adquiere un sentido nuevo. ¿Cómo podemos estar preparados? ¿En qué consiste la vigilancia? En tener ese contacto con Jesús, pensar en Él, hablar con Él, dejarnos encontrar por Él. Para que no nos ocurra lo que dice el novio a las cinco muchachas insensatas: “No os conozco”. La amistad con Jesús, la capacidad de diálogo con Él, no se improvisan. Hay que ejercitarlas todos los días para poder disfrutar luego del banquete de bodas.

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«En las manos de Dios». 2 de noviembre de 2014. Conmemoración de los difuntos. Marcos 5, 33-39; 16,1-6

domingo, 2 de noviembre de 2014
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abrazoLos hombres de hoy no sabemos qué hacer con la muerte. A veces, lo único que se nos ocurre es ignorarla y no hablar de ella. Olvidar cuanto antes ese triste suceso, cumplir los trámites religiosos o civiles necesarios y volver de nuevo a nuestra vida cotidiana.

Pero tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros hogares arrancándonos nuestros seres más queridos. ¿Cómo reaccionar entonces ante esa muerte que nos arrebata para siempre a nuestra madre? ¿Qué actitud adoptar ante el esposo querido que nos dice su último adiós? ¿Que hacer ante el vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y amigas?

La muerte es una puerta que traspasa cada persona en solitario. Una vez cerrada la puerta, el muerto se nos oculta para siempre. No sabemos qué ha sido de él. Ese ser tan querido y cercano se nos pierde ahora en el misterio insondable de Dios. ¿Cómo relacionarnos con él?

Los seguidores de Jesús no nos limitamos a asistir pasivamente al hecho de la muerte. Confiando en Cristo resucitado, lo acompañamos con amor y con nuestra plegaria en ese misterioso encuentro con Dios. En la liturgia cristiana por los difuntos no hay desolación, rebelión o desesperanza. En su centro solo una oración de confianza: “En tus manos, Padre de bondad, confiamos la vida de nuestro ser querido”

¿Qué sentido pueden tener hoy entre nosotros esos funerales en los que nos reunimos personas de diferente sensibilidad ante el misterio de la muerte? ¿Qué podemos hacer juntos: creyentes, menos creyentes, poco creyentes y también increyentes?

A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más críticos, pero también más frágiles y vulnerables; somos más incrédulos, pero también más inseguros. No nos resulta fácil creer, pero es difícil no creer. Vivimos llenos de dudas e incertidumbres, pero no sabemos encontrar una esperanza.

A veces, suelo invitar a quienes asisten a un funeral a hacer algo que todos podemos hacer, cada uno desde su pequeña fe. Decirle desde dentro a nuestro ser querido unas palabras que expresen nuestro amor a él y nuestra invocación humilde a Dios:

“Te seguimos queriendo, pero ya no sabemos cómo encontrarnos contigo ni qué hacer por ti. Nuestra fe es débil y no sabemos rezar bien. Pero te confiamos al amor de Dios, te dejamos en sus manos. Ese amor de Dios es hoy para ti un lugar más seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer. Disfruta de la vida plena. Dios te quiere como nootros no te hemos sabido querer. Un día nos volveremos a ver«.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la confianza en Dios nuestro Salvador. Pásalo.

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«Transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso». Domingo 2 de noviembre de 201. Conmemoración todos los Difuntos. 31 del tiempo ordinario

domingo, 2 de noviembre de 2014
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CrossofLGBTQMartyrs800pxCruz «mártires gays»

Leído en Koinonia:

Job 19,1.23-27a: Yo sé que está vivo mi Redentor.
Salmo responsorial: 24: A ti, Señor, levanto mi alma.
Filipenses 3,20-21: Transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso.
Marcos 15,33-39;16,1-6: Jesús, dando un fuerte grito, expiró

El tema de la «vida eterna» no es un tema tan claro e intocable como en el ámbito de la fe tradicional nos ha parecido. Buena parte de la reflexión teológica renovadora actual está pidiendo replantear nuestra tradicional visión al respecto, la que habíamos aceptado con ingenuidad cuando niños, y que mantenemos ahí como guardada en el frigorífico del subconsciente, y que no nos atrevemos a mirar de frente.

 A la luz de lo que hoy sabemos, no es fácil, en efecto, volver a profesar en plenitud de conciencia lo que tradicionalmente hemos creído: que somos un «compuesto de cuerpo y alma», que el alma la ha creado Dios directamente en el momento de nuestra concepción, y que como tal es inmortal; que la muerte consiste en la «separación de cuerpo y alma», y que en el momento de la muerte Dios nos hace un «juicio particular» en el que nos juzga y nos premia con el cielo o nos castiga con el infierno, con lo que ya sabemos tradicionalmente de estas dos imágenes. No resulta fácil hablar de estos temas, ni siquiera con nosotros mismos, en la soledad de nuestra conciencia frente a la esperada hermana muerte. Pero es conveniente hacerlo. La teología está asumiendo este desafío. Citamos sólo tres obras:

– Roger LENAERS, Otro cristianismo es posible, colección «Tiempo axial», Abya Yala (www.abyayala.org), Quito, Ecuador, 2007, con un capítulo expreso sobre el más allá, la vida eterna. El libro está puesto en internet y es muy recomendable como manual de texto para un grupo de formación que quiera actualizar su fe con valentía. Puede tomarse libremente, por capítulos (http://2006.atrio.org/?page_id=1616).

– También, John Shelby SPONG, Ethernal Life. A new vision, HarperCollins, 2010, 288 pp, publicado en español por la editorial Abya Yala de Quito, en su colección «Tiempo axial» (tiempoaxial.org).

– Hace ya unos 30 años Leonardo BOFF publicó su libro sobre escatología: «Hablemos de la otra vida» (Sal Terrae, que sigue reeditándolo actualmente; y está en la red, por cierto). Es una visión de los temas escatológicos desde una filosofía actualizada y desde una espiritualidad liberadora.

Los tres son muy recomendables, tanto para la lectura/estudio/oración personal, como para tomarlos como un manual de base para un cursillo de formación/actualización de nuestra fe en este ámbito de temas.

 • La fiesta de los fieles difuntos es continuación y complemento de la de ayer. Junto a todos los santos ya gloriosos, queremos celebrar la memoria de nuestros difuntos. Muchos de ellos formarán parte, sin duda, de ese «inmenso gentío» que celebrábamos ayer. Pero hoy no queremos rememorar su memoria en cuanto «santos» sino en cuanto difuntos.

Es un día para hacer presente ante el Señor y ante nuestro corazón la memoria de todos nuestros familiares y amigos o conocidos difuntos, que quizá durante la vida diaria no podemos estar recordando. El verso del poeta «¡Qué solos se quedan los muertos!», expresa también una simple limitación humana: no podemos vivir centrados exhaustivamente en un recuerdo, por más que seamos fieles a la memoria de nuestros seres queridos. Acabamos olvidando de alguna manera a nuestros difuntos, al menos en el curso de la vida ordinaria, para poder sobrevivir.

Por eso, este día es una ocasión propicia para cumplir con el deber de nuestro recuerdo agradecido. Es una obra de solidaridad el orar por los difuntos, es decir, de sentirnos en comunión con ellos, más allá de los límites del espacio, del tiempo y de la carne.

 • En algunos lugares, la celebración de este día puede ser buena ocasión para hacer una catequesis sobre el sentido de la «oración de petición respecto a los difuntos», para la que sugerimos esquemáticamente unos puntos:

-el juicio de Dios sobre cada uno de nosotros es sobre la base de nuestra responsabilidad personal, no en base a otras influencias (como si la eficacia de la oración de intercesión por los difuntos pudiera actuar ante Dios como «argolla, enchufe, recomendación, padrino, coima…»);

-Dios no necesita de nuestra oración para ser misericordioso con nuestros hermanos difuntos…; nuestra oración no añade nada al amor infinito de Dios, en cierto es innecesaria;

-no rezamos para cambiar a Dios, sino para cambiarnos a nosotros mismos;

-la «vida eterna» no es una prolongación de nuestra vida en este mundo; la «vida eterna», como todo el resto del lenguaje religioso, es una metáfora, que tiene contenido real, pero no un contenido “literal-descriptivo”. Leer más…

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(2. XI. 14). Todos los difuntos. Purgatorio, un proceso de amor.

domingo, 2 de noviembre de 2014
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cruceiro_Porto_3Del blog de Xabier Pikaza:

Según la teología tradicional, purgatorio (en sentido figurado) es el «purificatorio», que no se entiende como «tiempo» sino como proceso de transformación creyente (nos atrevemos a decir «cristiana») de aquellos que han muerto sin hallarse aún preparados para alcanzar la bienaventuranza de Dios. Tiene un sentido básicamente medicinal: las purgas se empleaban antiguamente para curar a los enfermos de cuerpo. Del mismo modo, los enfermos de alma, necesitarían una purificación espiritual, a fin de limpiarse por dentro, para así recibir el amor de Dios y responderle igualmente en amor, amando a los demás hombres y mujeres, llegando de esa forma al cielo.

Por eso, más que de purgatorio e incluso de purificatorio, habría que hablar de amatorio, es decir, de aprendizaje y experiencia de amor, pues quien no ha conseguido amar o recibir en gratuidad el amor de Dios en Dios no está preparado para responderle en amor. Es, por tanto, una escuela de amor, donde el símbolo del fuego no emplea en clave de castigo, sino de creatividad de amor.

De todas formas, la Iglesia Católica no ha logrado explicar plenamente el purgatorio/amatoria, de manera que, en general, las iglesias protestantes se oponen a su visión del tema. Pero muy posiblemente esa oposición se dirige a un tipo de «mercado» del purgatorio (¡misas por los difuntos, en sentido casi comercial!) que a la visión recta del tema. Sea como fuere, esta experiencia del pugatorio tiene sus límites, pero incluye también grandes valores. Sobre ella quiero reflexionar este día de difuntos.

(Imágenes: en la honda devoción popular de países de gran tradición cristiana como Galicia, en las representaciones del purgatorio (petos das ánimas) aparecían casi sólo obispos, nobles y curas; los demás, la gente de a pie, bastante purgatorio había tenido en este mundo). Buen día de ánimas a todos..

Principio

Estrictamente hablando, el símbolo del purgatorio no aparece en la Biblia, aunque se conocen y aceptan en ella las oraciones por los difuntos, como aparece no sólo en 2 Macabeos 12, 43-46 (que es el texto clásico sobre el tema), sino en el conjunto de la piedad israelita y cristiana. En esa misma línea se puede entender un pasaje de Pablo (1 Cor 15, 29), donde se habla de aquellos que se “bautizan” (es decir, se purifican) por los muertos. Pero más que en unos textos aislados, la experiencia y teología del purgatorio ha de entenderse desde la visión completa de la fe cristiana, que es una fe en la vida, en la transformación y resurrección de los creyentes, es decir, de todos los hijos de Dios, por medio de Jesús.

En ese sentido, creo que el purgatorio forma parte del proceso de muerte y resurrecciòn de los hombres en Cristo, para integrarse en el camino de su muerte, para resucitar con él (desde Dios) a la vida eterna (que es Dios Todo en todos). Ese es el principio de purgatorio, la afirmación de que la «vida» de los creyentes no termina con la muerte, sino que se abre en y por ella al despliegue de la luz/amor de Dios

1. Reflexión básica. Una historia de las religiones

1977380_705858582770832_824648911_nEl purgatorio puede vincularse con las “pruebas de purificación” que aparecen en diversas religiones: ellas son como pasos que el novicio o candidato a la madurez debe superar, a fin de alcanzar la perfección y adquirir de esa manera el conocimiento perfecto del misterio y la integración en el grupo de los purificados.

a. Cárcel penitencial. El purgatorio tras la muerte se ha comparado con una cárcel temporal, donde los delincuentes expían por los pecados que han cometido y se purifican, con el fin de integrarse de nuevo en la sociedad, viviendo en ella en una situación de limpieza. Entendida así, la cárcel responde no sólo a la justicia del «talión» (cada uno debe “pagar” por lo que ha hecho), sino también a una exigencia de maduración personal. Los hombres, especialmente aquellos que son reos de una determinada culpa, tienen que compensar por el mal que han realizado y alcanzar de esa manera la madurez personal que se necesita para vivir en situación de libertad; no es una cuestión de justicia exterior, sino de plenitud interna.

b. Purgatorio tras la muerte. Aparece básicamente como una interpretación teológica de la necesidad de purificación de aquellos que han muerto sin haber logrado una pacificación interior y una maduración personal. Las religiones de la interioridad (hinduismo, budismo) tienden a interpretar esta necesidad de purificación a través de la doctrina de las reencarnaciones: los espíritus que no han llegado a estar pacificados y no han alcanzado su nivel de perfección, tienen que volver a introducirse en los ciclos de la vida, para así purificarse, hasta alcanzar el estado de inmersión total en lo divino (o en lo nirvana).

Por el contrario, los cristianos católicos han desarrollado la doctrina del purgatorio como medio de purificación individual (para cada hombre o mujer) y lo han concebido como un estado de vida intermedia entre este mundo y el cielo. Los que mueren en estado de imperfección no nacen de nuevo en la tierra, ni van directamente al “cielo” (ni son destruidos para siempre, como los posibles condenados del → infierno), sino que han de ser “purificados” tras la muerte, en un tipo de vida intermedia, que tiene precisamente esa función purgativa de limpieza.

c. Culto a las almas del purgatorio. Es de doble tipo, conforme a la doctrina de la “comunión de los santos”, que vincula a las tres “iglesias”: militante (de la tierra), purgante (del purgatorio) y triunfante (de los que han alcanzado el cielo, culminando de esa forma su camino de lucha).La visión de esa iglesia purgante, cuyos miembros difuntos (almas del purgatorio) pueden orar por los vivos de la iglesia militante y recibir la ayuda que ellos les ofrezcan (especialmente a través del sacrificio de la misa) ha formado una parte esencial de la piedad católica de la Edad Media y Moderna. Ese culto por las almas del purgatorio se ha realizado, según eso, en una doble dirección: los vivos han rogado por los muertos (para que culmine su purificación y salgan del purgatorio, triunfando en la vida superior del cielo); los difuntos del purgatorio han rogado por los vivos, protegiéndoles en los diversos peligros de la vida.

2. Disputa sobre el purgatorio. Un poco de protesta.

Está vinculada, sobre todo, con las formas externas de culto a las almas del purgatorio y, en especial, con las indulgencias. Fue una disputa que nació en torno al siglo XIII y culminó en el siglo XVI, con la crítica de los protestantes y las declaraciones del Concilio de Trento. Una gran parte de los católicos medievales vivieron muy preocupados (incluso obsesionados) por la idea de la salvación eterna, vinculada a la superación del purgatorio donde se suponía que penaban las almas de gran parte de los hombre y mujeres que habían fallecido, como puso de relieve Dante (1265-1321), de manera impresionante, en la segunda parte de la Divina Comedia, dedicada en especial al Purgatorio. Conforme a la visión común de aquel tiempo, el poeta pudo imaginar las diversas formas y tiempos de purificación de los muertos, hasta alcanzar la salvación eterna.

En este contexto, ha tenido (y sigue teniendo) una importancia especial la celebración de la Eucaristía como “sacrificio” por los muertos. Podemos recordar que, al menos en la mente de muchos creyentes devotos, la eucaristía dejó de ser celebración comunitaria de la muerte y de la vida de Jesús (expresada en la comunión de plegaria y de comida de los creyentes), para convertirse en un medio de expiación y remisión de los pecados de los difuntos. Con esta finalidad se multiplicó la celebración de “misas” y muchos tuvieron la impresión de que la superación del purgatorio estaba vinculada al número de veces que pudieran celebrarse a favor los difuntos (con los aspectos económicos, sociales y litúrgicos que esa suponía). En esa misma línea ha venido a situarse la concesión de “indulgencias” que papas y obispos han decretado, con el fin de ayudar a los difuntos a través de la recitación de determinadas oraciones o de la realización de algunos ejercicios de piedad e, incluso, de prestaciones económicas.

En contra de esta doctrina de las indulgencias y de la celebración de misas por los difuntos se empezó elevando la Reforma de Lutero, con sus 95 tesis del año 1517. Estrictamente hablando, en su raíz, el protestantismo no ha negado la posibilidad (o la existencia) de un purgatorio, entendido como signo (¿estado?) de purificación y transformación de los hombres y mujeres a los que Dios llama a su Reino por Cristo. Pero esa purificación no es algo que se pueda medir ni cuantificar en tiempos específicos (¡diaz años de purgatorio!) a través de un tipo y tiempo de indulgencias (¡plenarias, de cien años…!) o de celebraciones rituales, sino que forma parte del misterio de la “comunión” de los santos, es decir, de la comunicación creyente (mesiánica) de todos los hombres y mujeres de la historia.

Pienso que, de alguna forma, todos los cristianos, incluidos los católicos, nos hemos hecho un poco protestantes.. Admitimos el misterio de la comunión de los santos y de la oración que nos vincula a todos los creyentes (a todos los hombres, vivos y muertos) en el misterio de Cristo, pero nos cuesta mucho entender el sacrificio en un sentido antiguo, y más el sacrificio de la misa en línea penitencial.


3. Reflexión de conjunto.

El purgatorio ha sido (y en parte sigue siendo) uno de los elementos fundamentales de la visión religiosa de muchos católicos, especialmente en los medios populares. A pesar de los excesos que se han podido cometer en este campo, el purgatorio constituye uno de los símbolos más importantes de la experiencia cristiana, pues nos sitúa ante la puerta de la muerte y de la resurección, con sus sus grandes paradojas, con su inmanesa esperanza.

(a) Por un lado, aquellos que mueren (¡todos los hombres!) quedan en manos de la misericordia de Dios, que les ofrece su salvación en Cristo.
(b) Pero, al mismo tiempo, ellos quedan ante todo aquello que han sido y son (en sí mismos y desde los otros), de manera que necesitan rehacer su vida, desde el don de Dios, en comunicación con todos los restantes hombres y mujeres de la tierra.
(c) El purgatorio nos sitúa en el lugar donde se distinguen y encuentra las dos “comunidades” de creyentes: los que caminan en este mundo y los que ya han muerto. De un modo lógico, el recuerdo y el culto a los muertos formas parte de la vida y esperanza de aquellos que viven.

Ésta es una doctrina que sigue siendo importante para el cristianismo. Desde ese fondo podemos citar algunos números que el Catecismo de la Iglesia Católica ha dedicado al tema:

«Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de la muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. «La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos, que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al purgatorio sobre todo en los concilios de Florencia [1439] y de Trento [1563]. La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura -por ejemplo, 1 Corintios 3,15; 1 Pedro 1,7-, habla de un fuego purificador. Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: «Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado» (2 Mac 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos, y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos» (CEC 1030-1032).

«La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo, honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos, y también ofreció por ellos oraciones, «pues es una idea santa y provechosa orar por los difuntos, para que se vean libres de sus pecados» (2 Mac 12,45)». Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor». «La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados ya perdonados, en cuento a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos» (CEC 958 y 1371).

Ésta es la doctrina oficial del catecismo. Ella refleja la tradición venerable de la Iglesia católica. Pero apartir de ella se puede avanzar, en la experiencia y en la teología.

Quizá se pueda decir que el “purgatorio” es el mismo amor de Dios que será capaz de hacer que todos los hombres amen; no será “penorio” (lugar de penas), sino amatorio (experiencia y camino de de felicidad y amor, porque sólo aquellos que aprenden a amar (se dejan transformar en amor y por amor para la felicidad) podrán vivir plenamente en Dios. En ese sentido, el purgatorio forma parte de la experiencia cristiana de un Dios que quiere ser amor total, todo en todos por gracia.

El purgatorio es la experiencia y certeza de un excedente de gracia; es la certeza de que el infierno no podrá dominar sobre la Vida de Dios. La forma de “orar” por las almas de purgatorio y de acompañarlas (y de dejarnos acompañar por ellas) en el camino de la vida eterna forma parte del misterio de la comunión de los santos. Pero hay un modo infalible de ayudar a las almas del purgatorio (almas son las “personas”, en cuerpo y alma: es ayudar a vivir en amor y solidaridad a los hombres y mujeres de este mundo; es procurar que ese infierno de mundo se vuelva lugar de purificación para la vida y la esperanza, en ese mundo en que habitamos los hijos de Dios.

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Dos malos ejemplos y uno bueno. Domingo 31. Ciclo A

domingo, 2 de noviembre de 2014
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a_burke_8Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Los protagonistas de las tres lecturas (hoy tendré también en cuenta la segunda) son las personas que deberían estar al servicio de la comunidad. Unos se portan mal con Dios y con el prójimo; Pablo se entrega por completo a sus cristianos.

 El mal ejemplo de los sacerdotes (1ª lectura)

 La primera lectura nos traslada a Judá en el siglo IV a.C. Por entonces, los judíos están sometidos al imperio persa. No tienen rey, sólo un gobernador, y los sacerdotes gozan cada vez de mayor poder y autoridad. Pero no lo ejercen como correspondería. Contra ellos se alza este profeta anónimo (Malaquías no es nombre propio sino título; significa “mi mensajero”). Las acusaciones que hace a los sacerdotes son muy duras, pero parecen muy genéricas: no dar gloria a Dios, no obedecerle, no guardar sus caminos, hacer tropezar a muchos. Si la liturgia no hubiese mutilado el texto, quedarían claras algunas de las cosas con las que los sacerdotes desprecian a Dios: ofreciendo sobre el altar pan manchado, animales ciegos, cojos, enfermos o incluso robados. En definitiva, no dan importancia al altar ni a lo que se ofrece a Dios.

 Lectura de la profecía de Malaquías 1, 14-2, 2b. 8-10

«Yo soy el Gran Rey, y mi nombre es respetado en las naciones -dice el Señor de los ejércitos. Y ahora os toca a vosotros, sacerdotes. Si no obedecéis y no os proponéis dar gloria a mi nombre -dice el Señor de los ejércitos-, os enviaré mi maldición. Os apartasteis del camino, habéis hecho tropezar a muchos en la ley, habéis invalidado mi alianza con Leví -dice el Señor de los ejércitos-. Pues yo os haré despreciables y viles ante el pueblo, por no haber guardado mis caminos, y porque os fijáis en las personas al aplicar la ley. ¿No tenemos todos un solo padre? ¿No nos creó el mismo Señor? ¿Por qué, pues, el hombre despoja a su prójimo, profanando la alianza de nuestros padres?»

 El mal ejemplo de los escribas y fariseos (evangelio)

 En los domingos anteriores leíamos diversos enfrentamientos de grupos religiosos judíos con Jesús. Ahora le toca a él contraatacar. Y lo hace con un discurso muy extenso, del que hoy sólo se lee la primera parte, dirigido contra los escribas y fariseos, los principales representantes religiosos de los judíos después del año 70 (cuando los romanos incendiaron el templo de Jerusalén, los sacerdotes pasaron a segundo plano porque no podían ejercer su función cultual).

Los escribas eran los especialistas en la Ley de Moisés, algo así como nuestros canonistas y moralistas. Los fariseos eran los seglares piadosos, que se esforzaban sobre todo por cumplir las normas de pureza y por pagar el diezmo incluso de lo más pequeño.

           Ni buen ejemplo ni buena enseñanza

 En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. 

 El discurso comienza con una afirmación llena de ironía. Aparentemente distingue entre lo que dicen y lo que hacen. Lo que dicen es bueno, lo que hacen… es que no hacen nada. Sin embargo, esta afirmación hay que matizarla teniendo en cuenta el resto del evangelio. Entonces se advierte que Jesús no está de acuerdo con la enseñanza de escribas y fariseos, porque en otras ocasiones ha mostrado su desacuerdo con ellos, e incluso ha puesto en guardia a los discípulos contra su doctrina («la levadura de los escribas y fariseos»). Así lo demuestra la referencia a su enseñanza: toda ella se resume en agobiar a la gente con cargas pesadas, que ellos no se molestan en empujar ni con el dedo. Por consiguiente, la única forma adecuada de interpretar las palabras iniciales es la ironía. Jesús está en desacuerdo con la conducta de escribas y fariseos, y también con su enseñanza.

 Filacterias y alzacuellos, borlas y colorines

 Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.

El discurso sigue con el mismo enfoque irónico. Después de afirmar que «no hacen», dice que hacen muchas cosas, pero todas para llamar la atención. Y se detiene en algo a lo que Jesús daba mucha importancia: la forma de vestir.

Las filacterias eran pequeñas cajas forradas de pergamino o de piel negra de vaca que contienen tiras de pergamino en las que están escritos cuatro textos bíblicos (Dt 11,13-22; 6,4-9; Ex 13,11-16; Ex 13,2-10). Desde los trece años, durante la oración de la mañana en los días laborables, el israelita varón se ponía una sobre la cabeza y otra en el brazo izquierdo, pronunciando estas palabras: «Bendito seas, Yahvé, Dios, Rey del Universo, que nos has santificado por tus mandamientos y que nos has ordenado llevar tus filacterias». Mateo alude a una costumbre de los judíos beatos, que llevaban las filacterias todo el día y agrandaban las borlas para hacerlas más visibles.

El origen de las borlas se remonta a Nm 15,38s: «Di a los israelitas: Haceos borlas y cosedlas con hilo violeta a la franja de vuestros vestidos. Cuando las veáis, os recordarán los mandamientos del Señor y os ayudarán a cumplirlos sin ceder a los caprichos del corazón y de los ojos, que os suelen seducir». Los judíos beatos agrandaban esas borlas que llamar la atención. Escribas y fariseos caen en estos defectos, a los que se añaden otros detalles de presunción.

            Ni maestro, ni padre

            Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Mateo, que no quiere limitarse a ironizar, sino que desea evitar los mismos peligros en la comunidad cristiana, termina esta parte introductoria exhortando a evitar todo título honorí­fico: maes­tro, padre, consejero. En su opinión, no se trata de una cuestión secundaria: el uso de estos títulos equivale a introducir dife­rencias dentro de la comunidad, olvidando que todos somos igua­les: todos herma­nos, todos hijos del mismo Padre. Más aún, esos títulos signifi­can desposeer a Dios y al Mesías de la dignidad exclusiva que les pertenece, para atribuírsela a simples hombres. Por eso, frente al deseo de aparentar de escri­bas y fariseos, el principio que debe regir entre los cristianos es que «el más grande de vosotros será servidor vuestro». Y el que no esté dispuesto a aceptarlo, que se atenga a las consecuen­cias: «A quien se eleva, lo abajarán, y a quien se abaja, lo elevarán».

            Una anécdota que viene a cuento

 Me contaban hace poco que un compañero fue a visitar a un cardenal. Cometió el tremendo error de llamarle “Reverencia” (título de un obispo) en vez de “Eminencia”. Al interesado se le mudó la cara ante tamaña ofensa. Y mi compañero no consiguió lo que pedía. Lógico.

El buen ejemplo de Pablo (2ª lectura)

Por pura casualidad, y sin que sirva de precedente, la segunda lectura de hoy se puede relacionar con las otras dos. Frente al mal ejemplo de desinterés, autoritarismo, vanidad y presunción, Pablo ofrece un ejemplo de entrega absoluta a los cristianos de Tesalónica, como una madre, trabajando día y noche para no resultarles gravoso.

Hermanos:
Os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos. Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor. Recordad si no, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no serle gravoso a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios. Ésa es la razón por la que no cesamos de dar gracias a Dios, porque al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes.

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«Los invitados a la mesa del Señor», por Óscar Fortín, Québec, Canadá

domingo, 2 de noviembre de 2014
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15088939370_b127e8a731Leído en la página web de Redes Cristianas:

Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. »

Hace poco, cinco cardenales, juntos a unos teólogos, escribieron un libro en contra de que los divorciados vueltos a casar puedan comulgar. Los comentarios no se hicieron esperar, la mayoría cuestionando las conclusiones de estos doctores de la ley. Yo hice un breve comentario que quiero desarrollar un poco mas en el presente articulo.

¿Qué decía mi comentario?

“Hay dos lógicas, la de la doctrina y la de la fe. Las lógicas de una y de la otra no son las mismas. La primera anda con la lógica cartesiana y la segunda con la lógica del corazón. La primera se pierde en las lógicas de la compasión, de la misericordia, de la acogida, de la reconciliación generada por el amor. Jesús no vino a sanar a los que se piensan y se dicen en salud, sino a los enfermos, a los que piensan y sientan que necesitan ser sanados. 

Estos cinco cardenales y los unos teólogos que les acompañan, ilustran muy bien la salida de Jesús en contra los fariseos y doctores de la ley que nos cuenta el evangelista Mateo en el capitulo 23. Estos cardenales no encontraron la lógica de la fe, de la salvación, tampoco la del juicio final de que nos habla también Mateo en el capitulo 25. 

En lo que nos corresponde, basta que sepamos que el corazón de Jesús nos dice a todos y a todas Yo soy el pan de vida: el que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá jamás sed.”

La Fe no es una doctrina sino una vida

Me parece muy importante poner de relieve el hecho de que la fe no es una doctrina que se adquiere por conocimientos basados en razonamientos sino una gracia que nace de por adentro y que transforma nuestra vida. La fe es ante todo un principio de vida que se alimenta a una fuente que está encima de todos los conocimientos. En este sentido ella está accesible a todas las personas de buena voluntad poco importa el nivel de sus conocimientos.

En mi comentario yo hablo de las dos lógicas, la de la razón y la de la vida. La primera sirve a ordenar las doctrinas y las leyes, dándoles una coherencia interna. Los jueces del mundo se dejan guiar por ella para enjuiciar a los que no la respetan. La segunda lógica queda pendiente tanto de la vida que nos sorprende a cada paso que por la acogida que le damos. Se trata, en este ultimo caso, de la lógica del encuentro, del corazón, de la compasión, de la solidaridad, de la misericordia, de la verdad, de la justicia, del amor gratuito, del don absoluto y también de la esperanza.

A base de la lógica cartesiana es evidente que los doctores de las doctrinas no pueden entender esa lógica de la vida, del vivir. Su mundo en que se reconocen es mas el del saber que del ser. Todo tiene que encuadrarse en la coherencia de una lógica cartesiana.

Jesús se pone a la defensa de los pecadores

El discurso que dirige Jesús a los fariseos y doctores de la ley (Mt. 23) así que el juicio final (Mt.25) constituyen las referencias principales de su pensamiento sobre el uso de las dos lógicas.

Con los doctores de la ley que le buscan trampas Jesús les habla así:

Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran.

Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello

¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!

Por eso, yo voy a enviarles profetas, sabios y escribas; ustedes matarán y crucificarán a unos, azotarán a otros en las sinagogas, y los perseguirán de ciudad en ciudad.

Con el juicio final nos dice lo que es mas importante

«Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,
Tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver»

«Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo«

A los otros dirá

Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron».

Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo.

Conclusión

Ya vemos que el juicio final no se refiere a ningún pecado relacionado a la doctrina sino a los comportamientos humanos. Hay los que supieron responder a la solidaridad humana y los otros que se quedaron encerrados en sus doctrinas, en si mismos. La ley fundamental es la del amor fraternal. La lógica de esta ultima se encuentra en el dialogo de los unos con los otros y, fundamentalmente, con el Espíritu de Jesús que distribuye sus dones como bueno lo entiende. La lógica del Espíritu Santo supera todas las otras lógicas.

“No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. » Mc. 2:17

Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. » Jn. 6:35

El Jesús de la Ultima Cena no pone ni una condición a quien quiere acercarse para compartir en la fe el pan de la vida. Su pan lleva salud, animo, comprensión, humildad, confianza y amor renovado. No hay que cerrar la puerta a nadie. Jesús sabrá arreglárselo con sus visitantes.

Oscar Fortin

El 17 de septiembre 2014

http://blogs.periodistadigital.com/humanismo-de-jesus.php

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Sábado 01 de Noviembre de 2014. Todos los Santos

sábado, 1 de noviembre de 2014
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Leído en Koinonia:

58-TodoslossantosA

Apocalipsis 7,2-4.9-14

Apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lenguaYo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: «No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios.» Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.

Después esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!» Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: «Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén.»

Y uno de los ancianos me dijo: «Ésos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?» Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás.» Él me respondió: «Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.»

Salmo responsorial: 23

Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.Del Señor es la tierra y cuanto la llena, / el orbe y todos sus habitantes: / él la fundó sobre los mares, / él la afianzó sobre los ríos. R.

¿Quién puede subir al monte del Señor? / ¿Quién puede estar en el recinto sacro? / El hombre de manos inocentes / y puro corazón, / que no confía en los ídolos. R.

Ése recibirá la bendición del Señor, / le hará justicia el Dios de salvación. / Éste es el grupo que busca al Señor, / que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

1Juan 3,1-3

Veremos a Dios tal cual esQueridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él, se purifica a sí mismo, como él es puro.

Mateo 5,1-12a

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cieloEn aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy

1 de Noviembre de 1977
El Paisnal

Yo he querido venir con mucha devoción, con mucho cariño, a esta celebración que se está realizando en la Iglesia de El Paisnal. Fue una invitación, una invitación, una iniciativa, de las queridas religiosas oblatas al Sagrado Corazón que, en colaboración convalientes catequistas y asesoradas por la pastoral de la Arquidiócesis, están manteniendo esta llama de la fe, en este difícil ambiente de Aguilares, de El Paisnal y de todos los cantones.

Mi presencia aquí, quiere ser entonces, un apoyo a esta pastoral, a esta hora heroica, de quienes no se avergüenzan de la Iglesia en estas horas de prueba, como acaba de decir al Apocalipsis, «la gran tribulación».

PALABRA DE ÁNIMO

Quiero ser mi presencia de pastor, junto a las religiosas y a ustedes, queridos catequistas, casi como la presencia del Padre Grande aquí muerto entre dos campesinos: Manuel y Nelson Rutilio. Aunque el Padre Grande, don Manuel y Nelson ya terminaron su faena, y ahora se unen a esa turba de los santos en el cielo, para que nosotros contemplemos -pastor y fieles miremos a través de estas tumbas, no sólo el Día de Difuntos, que se celebrará mañana, sino a los santos del cielo, la gran muchedumbre venida de la gran tribulación por los caminos de las Bienaventuranzas, que se acaban de proclamar en el evangelio. Para decirles, también, no sólo a las hermanas y a los catequistas, sino a los fieles, sobre todo aquellos que se encuentran un poco acobardados, miedosos, huyendo: que no tengan miedo, que vale la pena seguir estos caminos que no terminan en una tumba sino que se abren al horizonte del cielo.

Y vengo, queridos hermanos, para decirles en este ambiente donde la persecución, el atropello, la grosería de unos hombres contra otros hombres ha marcado de sangre y de humillación, a decirles el lenguaje claro de la Iglesia. Que no se confunda este lenguaje, este mensaje de esperanza y de fe de la Iglesia, con el lenguaje subversivo, con el lenguaje político de la mala ley, de los que pelean por el poder, de los que disputan las riquezas de la tierra, de los que hablan de liberaciones únicamente a ras de tierra, olvidando las esperanzas del cielo, de los que han puesto sus ilusiones en sus haciendas, en sus haberes, en sus capitales, en su poder; para decirles a todos, hermanos, que el lenguaje de la Iglesia no hay que confundirlo con esas idolatrías; y que los idólatras y los que le sirven a los idólatras no tienen por qué temer este lenguaje nítido, limpio de corazón, claro que la Iglesia predica. Leer más…

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1. XI. 14. «Todos los Santos»

sábado, 1 de noviembre de 2014
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imagenes-de-santosDel blog de Xabier Pikaza:

Empecemos haciendo una breve distinción:

— En la terminología ordinaria de la iglesia católica, sólo algunos hombres y mujeres especialmente destacados por sus virtudes morales son llamados santos, y declarados tales (después de ser beatos) a través de un proceso de canonización canónica, bastante complejo (del que hablaré al final de la postal)

— En Nuevo Testamento, santos son todos los cristianos, pues han sido elegidos y santificados por el Espíritu de Cristo. Así dice Pablo a los de Roma que han sido «llamados a ser santos» (cf. Rom 1, 7; 1 Cor 1, 2). También llama santos a los ángeles de Dios, como hacía la apocalíptica judía (cf. 1 Tes 3, 13. Pero eso no ñe impide llamar santos a todos los cristianos (cf. Rom 16, 2. 15; 1 Cor 1, 2; 6, 1; 2 Cor 1, 1; Flp 1, 1 etc).

— En la línea anterior, conforme a la primera Iglesia de Jerusalén, santos son los pobres (como sabe el mismo Pablo: cf. 2 Cor 8, 4; 9, 1; Rom 15, 26), de forma que venerarles, alabando así la gloria de Dios, es acompañarles, en gesto de comunión y servicio social, concreto. Desde ese fondo, los textos más «judíos» (jesuánicos) del NT, como Mt 25, 31-45 (y la parábola de Lázaro y Epulón) suponen que son santos excluidos sociales, los hambrientos y oprimidos.

Desde ese triple fondo quiero ofrecer una simples reflexiones que pueden ayudarnos a situar mejor al tema, poniendo de relieve no sólo la santidad del «cielo» sino la de la «tierra» (Imágenes, junto a las más conocida que que evoca a los canonizados por Roma, con María, La madre de Jesús, presento otras dos muy significativas: una de «Santos inocentes», según la novela de Delibes (película de Camús), otra tomada de una pintura de Maximino Cerezo Barredo). Buen día a todos.

Texto litúrgico: Apocalipsis 7,9-14

Después esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!»

Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: «Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén.»

1. Un recuerdo histórico. Lo sagrado, numinoso y santo
cerezo-corazondemaria
En general, a partir de una obra R. OTTO, buen conocedor del judaísmo, titulada Das Heilige (Lo santo: 1917), se ha venido definiendo la religión como experiencia de santidad. Santo es aquello que se opone a lo profano (a las cosas ordinarias de cada día), viniendo a presentarse como pavoroso, tremendum (temor), porque se impone sobre el hombre, sacándole de sí mismo y atrayéndole de un modo muy fuerte. En ese contexto, las primeras notas de “lo santo”, que R. Otto deducía de la experiencia del judaísmo (partiendo, sobre todo de sus grandes teofanías: Ex 3; Is 6…) son la majestad y la energía.

(a) Lo santo o numinoso es majestad, del latín maius, algo que es siempre más grande. En ese sentido, lo santo es lo supremo, aquello que aparece como exceso de ser, como superabundancia o plenitud que desborda todas las posibles concreciones históricas y objetivas. En ese sentido, lo santo es siempre “más”, de manera que ante el despliegue de la Majestad surge el pavor, la sensación de pequeñez suprema: el hombre no puede esconderse o resguardarse, nada pueda hacer, sino sólo descubrirse criatura, nada, quitarse las sandalias, taparse el rostro, pues no se puede ver a Dios (cf. Ex 3, 5; 33, 20-23).

(b) Lo Santo es energía, es decir, poder originario, que se expresa en forma de fuego o de viento, de inmenso terremoto. Dios viene, todo tiembla, como en el Sinaí (cf. Ex 19, 16-22).

(c) Pues bien, en esa línea, desde el mensaje de Jesús, santo es cada hombre y mujer: es presencia del misterio de Dios, tiene valor infinito, no por sus virtudes morales (¡que son buenas!), sino por el hecho de que Dios ama a cada uno, y habita en su interior… de un modo especial, esa santidad de Dios se despliega, según la Biblia, en los pobres y excluidos, huérfanos, viudas, extranjeros… en todos los expulsados de la vida.

2. Primera lectura: Visión de Isaías 6, 1-13, el Dios Santo.
santos
Sanctus de Dios. Este pasaje marca un momento importante en la revelación del Dios israelita como santidad. El profeta ve a Yahvé sentado sobre un trono alto y sublime, llenando el templo con los bordes de su manto. A su lado había unos serafines que cantaban Qados, Qados, Qados Yhavé Seba’ot… (¡Santo!Santo!¡Santo!).

Éste es el atributo primordial de Dios, su santidad. Todo lo que existe sobre el mundo es realidad profana, valor que se consume, vanidad y muerte. A Dios se le define, en cambio, como Santo, en palabra que no pueden pronunciar los hombres de la tierra. Por eso la proclaman sin cesar, en alternancia antifonal, los músicos celestes, sacerdotes/serafines que expresan la potencia laudatoria, paradójica y sacral del cosmos.

Los hombres son santos. Éste es el canto de Yahvé, Dios que ha revelado su nombre a Moisés en el desierto (cf. Ex 3, 14). Los serafines no pueden contemplarle, pero cantan. No alcanzan su misterio más profundo pero pueden y quieren alabarle, pronunciando sacralmente su nombre y su mismo sobrenombre: es Seba´ot, el elevado, el que «hace la guerra» con su ejército de estrellas; es Dios victorioso, que reina y extiende desde el cielo su dominio sobre todo lo que existe. Por eso continúa el canto, en contrapunto de gozosa admiración: ¡la tierra toda está llena de tu gloria! Pues bien, este Dios de la santidad hace a los hombres santos, a todos…Por eso, Isaías se siente llamado a proclamar la santidad de Dios en la vida de todos los hombres.

3. Código de la santidad, una santidad más ritual.

El llamado Código de la Santidad, que constituye la culminación del libro del Levítico (Lev 17-26), constituye una especie de “ritual de la santidad”, que debe regular la vida de lo sacerdotes (y después de todos los israelitas), manteniéndoles separados de la contaminación del mundo. Es una santidad que no se expresa en la pobreza de los excluidos y en el amor de aquellos que les ayudan sino en el culto litúrgico y en el cumplimiento de los mandamiento. Así lo indica de un modo especial el conjunto de mandamientos incluidos en el capítulo 19, que empieza así:

«Sed santos, porque yo, Yahvé, vuestro Dios, soy santo. Cada uno de vosotros respete a su madre y a su padre. Guardad mis sábados… No acudáis a los ídolos, ni os hagáis dioses de fundición…» (Lev 19, 2-4).

Los israelitas han de ser santos en sentido ritual más que moral (¡no se excluye lo moral!) , en sentido religioso más que puramente ético… Son santos porque han resguardado su vida dentro del cerco de separación que Dios mismo ha fundado a través de su Ley sagrada. Leer más…

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«Recuperar lo nuestro. Matrimonio Igualitario. Aporte desde la teología cristiana», por Nicolás Alessio

martes, 28 de octubre de 2014
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243331_590_500_0_0_0_0El hermano Nicolás Alessio nos envía este artículo que publicó en el momento en que se discutía la aprobación del matrimonio igualitario en Argentina:

Matrimonio Igualitario
Aporte desde la teología cristiana

Pbro. Nicolás Alessio teólogo de la liberación

Argentina, Julio 2010

 

“Algunos cristianos y judíos afirman basarse en la Biblia para condenar la
homosexualidad. Cuando el último libro de la Biblia se escribió ni siquiera existía
una palabra para decir «homosexual».” Andrés Rivera [i]

“Dios es amor, el que permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él” San Juan

“Dios es espíritu, donde está el Espíritu esta la libertad San Pablo a los Corintios

“Ya no hay diferencia entre judío y griego, esclavo y hombre libre, entre varón y mujer, porque todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús” San Pablo a los Gálatas

Introducción

Ante la sanción de la Ley 26.618 y Decreto 1054/10 (Ley de Matrimonio Igualitario) que permite a personas del mismo sexo ser “matrimonio” y vivir profundamente el amor y la sexualidad, Ley que les reconoce ese derecho inalienable, entendemos que aprobarla, acompañarla y profundizarla nos puso en el camino del Evangelio de Jesús y nos hace una sociedad mejor, mucho mejor. Un Jesús que nos ha revelado el rostro amoroso de su Dios y es radicalmente contrario a todo tradicionalismo farisaico cuanto más, si se trata de un tradicionalismo religioso-ritual. No necesariamente ni siempre, las iglesias en la voz de sus autoridades y en sus posicionamientos, coinciden con el Evangelio, al menos en muchas de ellas. Este tema es uno de esos casos. El Episcopado Argentino, en sintonía con el Magisterio oficial de la Iglesia católica, sigue sosteniendo una única y dogmática visión de lo que entienden por «matrimonio».

Veamos

matrimoniogay1Jesús nunca fijó una doctrina cerrada sobre el matrimonio, simplemente siguió las costumbres de su época y avanzó en reconocer y defender, de una manera especial a las mujeres, en un contexto social machista y patriarcal….

Jesús jamás mencionó y mucho menos condenó, la homosexualidad, si se enfrentó a los soberbios, a los que se creían puros, a los que tenían el poder opresor, a los que esclavizaban, a los que humillaban…

Jesús siempre puso la Ley al servicio de una mayor humanización, donde el centro sea la persona y, sobre todo, los proscriptos, los olvidados, los últimos…

– el término “homosexual” no aparece en la literatura sino hasta fines del siglo XIX ( fue empleado por primera vez en 1869 por Karl-Maria Kertben y el libro Psychopathia Sexualis de Richard Freiherr von Krafft-Ebing popularizó el concepto en 1886) en los tiempos bíblicos no existía una comprensión elaborada de lo que actualmente entendemos por orientación sexual… (este punto es importante para sopesar correctamente el texto de Pablo a los Romanos)

– Toda la revelación bíblica apunta a centrarnos en el amor, sin exclusiones de ningún tipo, y con predilección por los marginados, los proscriptos, los ninguneados, los postergados, los acusados

– Si algunos textos del Antiguo Testamento, parecen condenar la homosexualidad, en realidad lo que están rechazando, es, o la idolatría que tal práctica revelaba, se trataba de faltas contra la pureza ritual, o en todo caso, como en el caso de Sodoma, la falta de hospitalidad [ii], en Ezequiel 16:49-50 por ejemplo, “Sodoma” es soberbia, gula y no socorrer al pobre y al indigente, es decir, no tiene nada que ver con un pecado “sexual”. Por otra parte, esos textos del Antiguo Testamento, jamás se refieren a las lesbianas, solo hablan de los varones.

– Si algunos textos de las cartas apostólicas incluyen en sus listas de “pecado” a la homosexualidad, es solo para adaptarse a los códigos morales greco romanos, y en ese sentido recordar el pecado de idolatría que tales costumbres significaban, o condenar las practicas de abuso, prepotencia, explotación sexual, sean estas hetero u homo sexuales, pero de ninguna manera expresan una condena a la homosexualidad como tal, recordemos que no podían conocer la realidad de la “orientación homosexual”…

Toda la revelación bíblica y con más razón, el Nuevo Testamento, no es un código de leyes morales, citar textos aislados para condenar la homosexualidad es un fundamentalismo anacrónico incapaz de entender los textos en su lugar histórico particular, es usar algunos textos para justificar los propios prejuicios. Hacer de la Biblia un manual de moral sexual sería caer en el legalismo fundamentalista judío duramente criticado por Jesús, la Biblia es la revelación de un Dios que nos quiere ver libres, gozosos y felices y, que por eso, nos invita a enfrentar a todo el que oprime, discrimina, rechaza, expulsa, odia, segrega, separa. Nuestros criterios éticos superan absolutamente el legalismo.

Por tanto

20091022-matrimonio-gay-iglesiaEntendemos la homosexualidad, como una manera distinta, diferente, diversa, de vivir la sexualidad y el amor, no como un “error”, una “desviación”, un “desorden” y menos como una enfermedad, un pecado o un delito. Desde hace 37 años la homosexualidad no se considera un trastorno psiquiátrico y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través de la OMS (Organización Mundial de la Salud) la eliminó como trastorno mental el 17 de mayo 1990 por considerar, con criterios científicos, que no correspondía a una patología, sino que es parte de la diversidad del ser humano.

Y decimos más aún, la homosexualidad es un don, un regalo de Dios. Es una realidad que enriquece, amplia, embellece a la realidad humana aportando a la diversidad, a la armonía de lo distinto.

Las personas del mismo sexo pueden vivir la relación homosexual de manera, adulta, libre y responsable con las mismas posibilidades y las limitaciones que tienen también los heterosexuales. Nadie puede, y menos en nombre de Dios, afirmar que hay una sola manera correcta, legítima de vivir la sexualidad y el amor. La naturaleza, rica en multiplicidad, también nos enseña que, la diversidad, no atenta contra ella, si no que la embellece. Citar a la “ley natural” para oponerse a esta legislación es solo una posición fijista, dura, congelada, de la realidad pretendida como “natural”, sin entender los complejos procesos culturales.

Concluimos

soy homosexual tengo hijos soy catolico1Por todo esto es que entendemos que un legislador, puede profesar profundamente su fe cristiana, católica o evangélica, y a la vez, con total libertad de conciencia, pensar, definir y actuar distinto a lo que proponen sus jerarquías eclesiales.

En la Iglesia Católica, y entendemos que tampoco en ninguna institución religiosa, se puede sostener un “pensamiento único”, debiera haber un lugar especial para la diversidad y la pluralidad. Por otra parte, un legislador, no legisla para ninguna comunidad religiosa, legisla para toda la ciudadanía.

Si la Iglesia Católica sigue sosteniendo en sus documentos oficiales que “Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados«. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso” [iii] continuara siendo cómplice de una triste y aberrante historia de demonización y criminalización de los homosexuales.

No debiera ofender ni molestar a nadie, por el contrario, debiera ser motivo de alegría, que las personas del mismo sexo, que tradicionalmente han sido objeto de burlas, discriminaciones, condenas, estigmas, anatemas, prejuicios y obligadas a vivir en la clandestinidad u ocultando sus más profundos sentimientos, hoy puedan sentirse libres y amparados por una ley de la Nación que les reconoce su derecho al amor y a la familia, no como una concesión de mala gana, si no como un derecho inalienable.

________________________________________
[i] Rafael S. V. Rivera Licenciado en Filología Bíblica por la Universidad Pontificia de Salamanca ¿Que dice la Biblia sobre la homosexualidad?
[ii] “Jesús consideró que el pecado de Sodoma fue atentar contra la hospitalidad: así lo demuestran las palabras de Jesús en Lucas 10:8-12 o en Mateo 10:5-15.” Rivera Rafael, O.cit
[iii] Catecismo Iglesia Católica N° 2357

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«Creer en el Amor». 26 de octubre de 2014. 30 Tiempo ordinario (A). Mateo 22, 34-40.

domingo, 26 de octubre de 2014
Comentarios desactivados en «Creer en el Amor». 26 de octubre de 2014. 30 Tiempo ordinario (A). Mateo 22, 34-40.

53-OrdinarioA30La religión cristiana les resulta a no pocos un sistema religioso difícil de entender y, sobre todo, un entramado de leyes demasiado complicado para vivir correctamente ante Dios. ¿No necesitamos los cristianos concentrar mucho más nuestra atención en cuidar antes que nada lo esencial de la experiencia cristiana?

Los evangelios han recogido la respuesta de Jesús a un sector de fariseos que le preguntan cuál es el mandamiento principal de la Ley. Así resume Jesús lo esencial: lo primero es “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser”; lo segundo es “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

La afirmación de Jesús es clara. El amor es todo. Lo decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos en cosas accidentales y secundarias, olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor todo queda pervertido.

Al hablar del amor a Dios, Jesús no está pensando en los sentimientos o emociones que pueden brotar de nuestro corazón; tampoco nos está invitando a multiplicar nuestros rezos y oraciones. Amar al Señor, nuestro Dios, con todo el corazón es reconocer a Dios como Fuente última de nuestra existencia, despertar en nosotros una adhesión total a su voluntad, y responder con fe incondicional a su amor universal de Padre de todos.

Por eso añade Jesús un segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir de espaldas a sus hijos e hijas. Una religión que predica el amor a Dios y se olvida de los que sufren es una gran mentira. La única postura realmente humana ante cualquier persona que encontramos en nuestro camino es amarla y buscar su bien como quisiéramos para nosotros mismos.

Todo este lenguaje puede parecer demasiado viejo, demasiado gastado y poco eficaz. Sin embargo, también hoy el primer problema en el mundo es la falta de amor, que va deshumanizando, uno tras otro, los esfuerzos y las luchas por construir una convivencia más humana.

Hace unos años, el pensador francés, Jean Onimus escribía así: “El cristianismo está todavía en sus comienzos; nos lleva trabajando solo dos mil años. La masa es pesada y se necesitarán siglos de maduración antes de que la caridad la haga fermentar”. Los seguidores de Jesús no hemos de olvidar nuestra responsabilidad. El mundo necesita testigos vivos que ayuden a las futuras generaciones a creer en el amor pues no hay un futuro esperanzador para el ser humano si termina por perder la fe en el amor.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde el mensaje del amor. Pásalo.

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«Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo». Domingo 26 de octubre de 2014. 30º domingo de tiempo ordinario.

domingo, 26 de octubre de 2014
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201110211226393d6463Leído en Koinonia:

Éxodo 22,20-26: Si explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros.
Salmo responsorial: 17: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
1Tesalonicenses 1,5c-10:Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo.
Mateo 22,34-40: Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

Podríamos decir que hoy comenzamos la recta final del año litúrgico; esto significa que dentro de un mes estaremos finalizando un ciclo para dar inicio al siguiente. Nos vienen entonces de maravilla las lecturas de hoy para que desde ya comencemos a revisar nuestra vida de fe y cada una de nuestras acciones a lo largo de este año y para que nos preparemos de manera adecuada para vivir con más radicalidad y compromiso el año que viene. La frase clave del pasado domingo nos puede ayudar a entender con más precisión el mensaje de hoy y el de los próximos domingos. Escuchamos hace ocho días la bien conocida frase de Jesús: “den al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21). Centrémonos en lo que hay que dar a Dios; de este modo, lo que habría que “dar al césar” tendrá que ir disminuyendo cada día más y más, pues en la medida que vamos ampliando nuestra conciencia de ciudadanos/as del Reino, todo lo que somos y tenemos estará únicamente en función de ese proyecto de Reino que es la sociedad solidaria, igualitaria y fraterna; el “césar” y su sistema, tendrán que desaparecer, por fuerza. Y la manera práctica cómo Dios tiene en mente la creación de ese sistema humano social distinto al egipcio, lo expone maravillosamente en el Sinaí, en el contexto de la Alianza con su pueblo. Para ello se vale de tres figuras que simbolizan lo que NO es su proyecto: la viuda, como símbolo del más desvalido de los seres por no tener un macho que le de identidad; el forastero, por no tener un pedazo de tierra donde realizar su proyecto personal y familiar, y el que no posee nada y va de préstamo en préstamo, como símbolo del indigente. Si el seguidor de Yahveh pasa por alto estos tres extremos o declaradamente se aprovecha de su situación, o no hace nada por mejorarla (lo más común aún en nuestros días), él mismo está atrayendo sobre sí la desgracia por ir en contravía del proyecto de la justicia que es la esencia misma del proyecto de Dios que mueve todo el aparato liberador de Egipto. Nada más claro para ayudarnos a entender, además, el pasaje del evangelio que hoy escuchamos; Jesús sienta su posición respecto al camino que hay que seguir si se quiere estar en sintonía auténtica con el proyecto del Padre: no es el legalismo, no es la preocupación de si estamos o no cumpliendo este o aquel mandato; no se puede dudar: “ama a Dios por sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo”; en esto se resume toda la Revelación de Dios.

La legislación de Israel estaba orientada a mitigar los efectos del empobrecimiento de las grandes masas de campesinos. El exilio, el desplazamiento forzado por causa de la guerra, la usura… se convertían en una amenaza para la convivencia y, sobretodo, contradecían los fundamentos éticos del pueblo de Dios.

El «código de la alianza» hacía énfasis, no sólo en las rúbricas litúrgicas o en las orientaciones religiosas, sino en la protección de los sectores más vulnerables de la sociedad: forasteros, viudas, huérfanos, jornaleros y pobres en general. Los forasteros porque, en la mayoría de los casos, eran exiliados de la guerra que habían sufrido el desplazamiento forzado y llegaban a las tierras de Israel sin otro recurso que sus propias manos. La legislación recuerda los beneficios del éxodo y el cambio de situación del pueblo hebreo que pasó de la servidumbre a la libertad. Las viudas y los huérfanos estaban a merced de los parientes varones que detentaban el monopolio jurídico de la tierra. Los jornaleros estaban a merced de los terratenientes que les pagaban cuando se les venía en gana y no al terminar el día, como lo determinaba la Ley. El clamor de estas personas se convertía en una preocupación del Dios liberador que no podía dejar impune a los opresores, explotadores y usureros.

Un hombre del antiguo Israel, como Jesús, se sorprendería al ver que nuestra sociedad se basa en la usura. Para ellos, los exagerados intereses de una deuda eran una auténtica vergüenza. Y más se asustaría al saber que los grandes usureros gobiernan las políticas de los países y determinan quién vivirá satisfecho y cuantos millones de pobres morirán de hambre. La usura es, en la Biblia, un delito comparable sólo con el asesinato. La usura es la mayor amenaza para la gente pobre que se ve obligada a empeñar hasta la propia ropa para poder comer. La usura se origina en la injusta percepción de los valores sociales, pues la ambición y la acumulación se convierten en el objetivo de las relaciones sociales, quitándoles su carácter de gratuidad y solidaridad.

Esta situación queda consagrada igualmente en el plano internacional. Tan consagrada, que se considera «natural» la situación de sometimiento absoluto con el que las finanzas internacionales, impúdicamente especulativas, dominan la vida y el trabajo de las mayorías de los distintos países, mediante la subida y la bajada, casi enteramente caprichosa, de los intereses de «los mercados» internacionales. Hace unos años fue con la Deuda Externa: países enteros gravados con deudas que equivalían a muchas veces su producto nacional bruto anual… es decir, que debían todo lo que podían producir durante varios años, podríamos decir que de hecho se debían a sí mismos. Y todo ello, proviniendo de unos préstamos que habían sido ofrecidos a intereses bajísimos, pero «fluctuantes», intereses que una vez contraídas las deudas fueron internacionalmente alzados hasta un 18%, cuando a lo largo de la historia tales intereses nunca habían subido más allá de un 6%. En los préstamos personales sabemos cuándo unos intereses comienzan a ser usureros. ¿Por qué no se sabe en qué cifra de interés comienza la «usura» en el plano internacional? ¿No estamos viviendo una situación de usura en el sistema financiero internacional? Solemos pensar que el mundo civilizado y moderno es muy distinto de aquel mundo de masas pobres y de esclavos que no eran dueños de sí mismos, pero la diferencia no es tan grande: las grandes estructuras de injusticia son ahora mucho más complejas, sofisticadas y masivas.

 Pablo interpreta el paso de una mentalidad legalista y opresora, hacia una mentalidad creativa y liberadora, como un cambio de la idolatría al culto al Dios verdadero, al Dios de la Vida. Mientras los hebreos eran prisioneros de los interminables preceptos de la Ley (la escrita y la oral), los así llamados paganos eran esclavos de la incesante marea de modas de pensamiento y de religiones que les impedían descubrirse a sí mismos como esclavos de la idolatría del imperio. Pablo propone a los gentiles no una religión más, sino un nuevo estilo de vida donde el discernimiento, la gratuidad y la conciencia de ser libres constituía el fundamento de la relación con Dios y con el prójimo.

 El evangelio apunta, precisamente, en la misma dirección al mostrarnos que para Jesús, el fundamento de la relación con Dios y el prójimo es el amor solidario. Jesús sintetiza el decálogo y casi toda la legislación en su principio de amor fraternal y recíproco.

Los juristas gustaban de probar los conocimientos que Jesús tenía sobre la Ley. Para ellos el mandamiento más importante era la observancia del sábado. Ese día debían dedicarse por completo al reposo y a escuchar la lectura de la Escritura. Con el tiempo convirtieron esta ley en una carga que a duras penas soportaban los pobres.

El sábado había dejado de ser fiesta del Señor y se había convertido en un día lúgubre, lleno de prescripciones ridículas que impedían a las personas movilizarse, cocinar e incluso auxiliar al necesitado.

Cuando los juristas preguntan a Jesús por la ley más importante esperan que el cometa un error y se pronuncie contra la Ley misma. Jesús se les adelanta y les hace ver que en la Ley lo más importante es el amor a Dios y el amor al prójimo. El amor es el espíritu mismo de la legislación divina.

Al colocar estos dos mandamientos como el eje de toda la Escritura, Jesús pone en primer lugar la actitud filial con respecto a Dios y la solidaridad interhumana como los fundamentos de toda la vida religiosa. Incluso, la adecuada interpretación de la Escritura (la Ley y los Profetas) depende de que sean comprendidos y asumidos estos dos imperativos éticos.

Nosotros vivimos hoy en sociedades que tienen muchas más normas que el pueblo judío, incluso nuestras iglesias tienen extensas legislaciones. Vivimos también en un mundo que tiene muchísimos más millones de pobres oprimidos bajo la usura internacional, que los pobres oprimidos por los que clamaron los profetas. La Palabra de Jesús que hoy recordamos y actualizamos en nuestra celebración es una invitación a sacudir nuestra pasividad, a recuperar la indignación ética ante la situación intolerable de este mundo llamado moderno y civilizado, y a volver a lo esencial del Evangelio, al mandamiento principal, a los dos amores. Leer más…

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Dom 26. X. 2014. Dos en uno: Amar Dios “y” amar el prójimo

domingo, 26 de octubre de 2014
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9788433034656Del blog de Xabier Pikaza:

Dom 30. Tiempo ordinario. Ciclo a, Mt 22,34-40. Tanto el escriba fariseo como Jesús a quien pregunta saben que mandamiento es aquello que se cree y hace, pues no hay división entre fe y praxis, ni “ortodoxia” separada de la vida, pues sólo se cree de verdad aquello que cumple.

Cuando el escriba pregunta por el mayor mandamiento, suponiendo que es uno, Jesús responde diciendo que hay dos (amar a Dios y amar al prójimo), que son distintos, pero inseparables.


Éstos son los dos primeros (y únicos) artículos del credo, las señales del cristiano:
Uno es sobre Dios, otro sobre el prójimo, inseparables ambos, pero distintos en su unidad. Buen domingo a todos, desde la «familia» que forman (formamos) Dios y el prójimo.

Texto. Mateo 22,34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»

Él le dijo: «»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero.

El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.»

Organizar los mandamientos

1194622198_fSe suele decir que este doble mandamiento recoge la experiencia más profunda de la teología israelita, que se funda en el Shema (amar a Dios: Dt 6, 4-9; cf. también Dt 11, 13-21 y Num 15, 37-41) y se abre en el mandato de amar a los demás, como propone Lev 19, 18 y otros textos semejantes de la Biblia.

Este “doble mandamiento” es muy judío, todas sus bases son bíblica, pero un investigador muy riguroso como J. P. Meier, Judío marginal IV, 483-505, ha demostrado que en su forma actual (como aparece aquí) no había sido formulado por ningún judío antiguo. Se trata, según eso, de algo nuevo (muy nuevo) de Jesús, siendo, al mismo tiempo, lo más antiguo.

Ciertamente, la pregunta es buena, aunque pueda haberse formulado con malicia, porque las diversas escuelas judías discrepaban sobre el “primer” mandamiento… (¡lo más importante!) y, además, porque parecía que Jesús no respetaba la unidad de Dios, tal como afirma el Shema: Dios es uno.

Los que así preguntan son hombres cumplidores de los mandamientos y, en contra de lo que suele decirse, su problema no está en que esos mandamientos sean numerosos (más tarde se recopilan 248 positivos y 365 negativos, en total 613), pues muchos resultaban evidentes en aquella sociedad, sino en la forma de “ordenarlos”, destacando lo importante, y entendiendo los demás como una aplicación o consecuencia.

Jesús, dos mandamientos

Le piden que diga el primero, pero él responde diciendo que hay dos, no basta uno:

a. Primero: amar a Dios (dejarse amar por Dios, según el Shema). En este contexto Jesús es plenamente. Mantiene la unidad de Dios por encima de todas las cosas.

b. El segundo es “igual” al primero… y se condensa en un solo mandato: Amar al prójimo como a sí mismo”…

‒ En el fondo de los mandamientos, el fariseo busca el mayor de todos, como si los 613 se pudieran condensar en una misma y única raíz.

‒ Pues bien, Jesús no responde con uno sino con dos, como indicando que al principio no hay un tipo de monismo (sólo Dios o sólo el hombre) sino un dualismo básico, un diálogo entre Dios y los humanos.

Respuesta 1ª. Amar a Dios (con el Shema de Dt 6 y de Mc 12, 28-34).

Jesús responde insistiendo en aquel fundamento del que brota la vida del hombre, diciendo: “escucha”, acoge la voz de Dios. Sólo quién oye bien puede cumplir lo mandado.

— Escucha (hebreo shema’, griego akoue): Déjate amar. Este es el principio de todo mandato: oye, es decir, atiende a la voz, acoge la Palabra, descúbrete querido. En el fondo dice: no te cierres, no hagas de tu vida un espacio clausurado donde sólo se escuchan tus voces y las voces de tu mundo. Más allá de todo lo que haces y piensas, de todo lo que deseas y puedes, está el ancho campo de la manifestación de Dios: abrirse a su voz, mantener la atención, ser receptivo ante el misterio, ese es el principio y sentido de toda religión, esa es la verdad del mandamiento. Leer más…

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«Aprenda a salvarse en treinta segundos». Domingo 30. Ciclo A.

domingo, 26 de octubre de 2014
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love-neighborDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj: 

¿Cuál es el mandamiento principal? Muchos católicos responderían: «Ir a misa el domingo». Los que piensan así probablemente no irán a misa este domingo. A los que piensen de otro modo y vayan, les gustará recordar lo que pensaba Jesús.

El problema de los contemporáneos de Jesús

En los domingos anteriores, diversos grupos religiosos se han ido enfrentado a Jesús, y no han salido bien parados. Los fariseos envían ahora a un especialista, un doctor de la Ley, que le plantea la pregunta sobre el mandamiento principal. Para comprenderla, debemos recordar que la antigua sinagoga contaba 613 mandamientos (248 preceptos y 365 prohibiciones), que se dividían en fáciles y difíciles: fáciles, los que exigían poco esfuer­zo o poco dinero; difíciles, los que exigían mucho dinero (como honrar padre y madre) o ponían en peligro la vida (la circuncisión). Generalmente se pensaba que los importantes eran los difíciles, y entre ellos estaban los relativos a la idolatría, la lascivia, el asesinato, la profanación del nombre divino, la santificación del sábado, la calumnia, el estudio de la Torá.

¿Se puede reducir todo a uno?

Ante este cúmulo de mandamientos, es lógico que surgiese el deseo de sintetizar, de saber qué era lo más importante. Este deseo se encuentra en una anécdota a propósito de los famosos rabinos Shammai y Hillel, que vivie­ron pocos años antes de Jesús. Una vez llegó un pagano a Shammai y le dijo: «Me haré prosélito con la condición de que me enseñes toda la Torá mien­tras aguanto a pata coja». Shammai lo despidió amenazándolo con una vara de medir que tenía en la mano. El pagano acudió entonces a Hillel, que le dijo: «Lo que no te guste, no se lo hagas a tu prójimo. En esto consiste toda la Ley, lo demás es interpreta­ción» (Schabat 31a). También el Rabí Aquiba (+ hacia 135 d.C.) sintetizó toda la Ley en una sola frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo; este es un gran princi­pio general en la Torá».

La novedad de Jesús

Mateo había puesto en boca de Jesús una síntesis parecida al final del Sermón del Monte: «Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos, porque eso significan la Ley y los Profetas» (Mt 7,12). Pero en el evangelio de hoy Jesús responde con una cita expresa de la Escritura:

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

̶ Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

Él le dijo:

̶  Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

            «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente» (Deuteronomio 6,5). Son parte de las palabras que cualquier judío piadoso recita todos los días, al levantarse y al ponerse el sol. En este sentido, la respuesta de Jesús es irreprochable. No peca de originalidad, sino que aduce lo que la fe está confesando continuamente.

            La novedad de la respuesta de Jesús radica en que le han preguntado por el manda­miento principal, y añade un segundo, tan importante como el primero: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Levítico 19,18). Una vez más, su respuesta entronca en la más auténtica tradición profética. Los profetas denunciaron continuamente el deseo del hombre de llegar a Dios por un camino individual e intimista, que olvida fácilmente al prójimo. Durante siglos, muchos israelitas, igual que muchos cristianos, pensaron que a Dios se llegaba a través de actos de culto, peregrinaciones, ofrendas para el templo, sacrificios costosos… Sin embargo, los profetas les enseñaban que, para llegar a Dios, hay que dar necesariamente el rodeo del prójimo, preocuparse por los pobres y oprimidos, buscar una sociedad justa. Dios y el prójimo no son magnitudes separables. Tampoco se puede decir que el amor a Dios es más importante que el amor al prójimo. Ambos preceptos, en la mentalidad de los profetas y de Jesús, están al mismo nivel, deben ir siempre unidos. «De estos dos mandamientos penden la Ley entera y los Profetas» (v.40).

El prójimo son los más pobres (1ª lectura)

            En esta misma línea, la primera lectura es muy significativa. Podían haber elegido el texto de Deuteronomio 6,4ss donde se dice lo mismo que Jesús al principio: «Escucha, Israel, el Señor tu Dios es uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón…» Sin embargo, han elegido un texto del Éxodo que subraya la preocupación por los inmigrantes, viudas y huérfanos, que son los grupos más débiles de la sociedad (la traducción que se usa en España dice los «forasteros», pero en realidad son los inmigrantes, los obligados a abandonar su patria en busca de la supervivencia, marroquíes, senegaleses, rumanos, etc.). Luego habla del préstamo, indicando dos normas: si se presta dinero, no se pueden cobrar intereses; si se pide el manto como garantía, hay que devolverlo antes de ponerse ponerse el sol, para que el pobre no pase frío. Es una forma de acentuar lo que dice Jesús: sin amor al prójimo, sobre todo sin amor y preocupación por los más pobres, no se puede amar a Dios.

Así dice el Señor: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos. Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

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«Parábola del padre gay que recobra a su hijo. «, por Carlos Osma

viernes, 24 de octubre de 2014
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shutterstock_103268435Del blog Homoprotestantes:

Cuando Jesús explicó la parábola del hijo pródigo hace ahora casi dos milenios, imagino que sus oyentes la situarían en su propio mundo simbólico. Imagino que cada persona pintaría la casa del padre bueno de una manera bien distinta, teniendo en cuenta su experiencia. Algo similar hacemos las personas LGTB, o al menos deberíamos hacerlo, si es que no seguimos empecinadas en leer el texto bíblico siendo quienes no somos.

Es por eso que al volverla a leer hoy, me he hecho algunas preguntas sobre la aparente soledad del padre bueno: ¿tenía un compañero ausente que no se implicaba en la educación de sus hijos? ¿era padre soltero y tenían que lidiar con la educación de dos hijos, mientras intentaba tener una vida afectivo-sexual con otros hombres medianamente sana? ¿había muerto su compañero? Después me han saltado otras dudas: ¿los hijos eran adoptados, acogidos, de un matrimonio heterosexual fracasado anterior? ¿o una amiga se ofreció para darle(s) los hijos que siempre había(n) soñado tener?

Al final me he dado cuenta de que ninguna de estas preguntas, o sus respuestas, parecen tener importancia cuando pretendemos aproximarnos al mensaje que, con la parábola, quería transmitir el maestro. Y es que en realidad nada de todo eso es esencial, y por esa razón todas las personas, independientemente de nuestras circunstancias y de las casas que somos capaces de construir para el padre bueno y sus dos hijos, estamos igualmente llamadas a reflexionar sobre lo que pretendía enseñar Jesús. No hay nadie, al que el maestro no dirija su parábola, no hay nadie al que se le pida disfrazarse o desprenderse de quien es para poder escucharla y aplicarla a su propia experiencia.

Así que, sin salir de nuestra realidad LGTB, me pregunto si la figura del padre bueno de la parábola refleja algo de nosotros y nosotras, y si todavía dos mil años después, tiene algo que enseñarnos.

“Todavía estaba lejos, cuando su padre le vio; y sintiendo compasión de él corrió a su encuentro y le recibió con abrazos y besos. El hijo le dijo: ‘Padre, he pecado contra Dios y contra ti, y ya no merezco llamarme tu hijo.’ Pero el padre ordenó a sus criados: ‘Sacad en seguida las mejores ropas y vestidlo; ponedle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies.Traed el becerro cebado y matadlo. ¡Vamos a comer y a hacer fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y le hemos encontrado!’ Y comenzaron, pues, a hacer fiesta….

….Tanto irritó esto al hermano mayor, que no quería entrar; así que su padre tuvo que salir a rogarle que lo hiciese…

El padre le contestó: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo.Pero ahora debemos hacer fiesta y alegrarnos, porque tu hermano, que estaba muerto, ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado[1]”.

Experiencia de abandono. Los dos hijos abandonan a su padre. El hijo pródigo se marchó porque pensaba que la felicidad y la libertad estaban lejos de su padre, y que con él, sólo podría vivir oprimido. El hijo mayor se había alejado mucho antes, porque aunque compartieran el mismo techo, no lo hacían como padre e hijo sino como amo y siervo. El padre era objeto de un abandono que llevaba consigo un borrado de lo que significaba ser padre. Ambos hijos habían hecho desaparecer de delante de sus narices la figura paterna, ahora ya no existía como tal para ninguno de ellos. La relación entre los tres había sido deconstruída, y la consecuencia de todo ello era que el padre, pero también los hijos, se habían quedado solos.

Creo que de esta experiencia podemos hablar largo y tendido las personas LGTB. En la experiencia de borrado que sufrió el padre vemos reflejada la que hemos vivido tantas y tantas veces. La deconstrucción de los lazos familiares, o de las relaciones fraternales dentro de la comunidad cristiana, que ha realizado con nosotros y nosotras la homofobia, queda bien ejemplificada en lo que los hijos hicieron al padre bueno. Hemos sido invisibilizados una y otra vez de miles de maneras y formas distintas, hemos visto negada la posibilidad de decir quienes somos y como somos, a quienes amamos o que nos gusta, cuales son nuestros sueños, o en que queremos convertirnos; en multitud de ocasiones nuestras familias o comunidades han decidido romper los lazos que nos unen, los del amor, para intentar aislarnos y hacernos pagar caro el no ser como ellos deseaban que fuésemos. Al final el abandono, el alejamiento, o la resignificación de lo que somos. Al final no somos ni hijos, ni hermanas, ni madres, ni abuelos… al final no somos hermanos o hermanas en la fe… al final, la familia parece estar completamente destruida.

Ser capaz de respetar la libertad de los demás. El padre no se opuso a la marcha de ninguno de sus hijos, vivió quien era, respetando quienes eran sus hijos y dejándolos ser libres. Es cierto que esa libertad producía su negación, y la pérdida de quienes amaba. Pero respetó la libertad de quienes no le trataron como merecía, quizás porque nunca renunció a la libertad de ser quien él era: su padre. Jamás se creyó la negación, era consciente de ella, pero por encima de todo estaba seguro de su identidad, y que esa identidad le unía a ellos.

Creo que este comportamiento en la parábola tiene bastante que decirnos a las personas LGTB. La mayoría hemos hecho hasta lo imposible para no perder a personas a las que queríamos. Nos hemos callado, hemos escondido nuestros sentimientos o hemos aceptado menosprecios, para que nuestros hijos, padres, amigas, o iglesias de las que formábamos parte, no nos abandonasen. Pero al final ese camino nunca ha traído la liberación, sino que nos ha hecho vivir atrapados en los chantajes homófobos de quienes tanto queremos. Sin embargo en la parábola que Jesús pronunció hace ya tanto tiempo, se nos dice que sólo cuando somos capaces de dar libertad a los demás, aunque los perdamos para siempre, podemos alcanzar la nuestra. Sólo cuando somos libres de prejuicios estúpidos, somos capaces de dejar marchar a quienes no pueden todavía escapar de ellos. Libertad de ser y de dejar ser, ese es uno de los mensajes más directos y que más nos interpelan en la parábola a las personas LGTB.

Mostrarse activos, creer que los cambios son posibles y formar parte de ellos. El padre podría haberse quedado en su casa pensando que su hijo pequeño jamás volvería, o en la fiesta con la seguridad de que su hijo mayor no entraría. Pero en ambos casos sale del lugar donde está y se dirige a ellos sin negarse; es su padre y actúa como tal. Siempre se muestra activo, tendiendo la mano hacia la reconciliación, sabe que sus hijos se han equivocado, pero para él es una fiesta que descubran ellos mismos su error y quieran volver a casa. No hay recriminación, ni vencedores ni vencidos, todos salen ganando si aceptan al otro tal y como es.

La media de las personas LGTB que trabajan por transformar su entorno, es mucho mayor que cualquier otro colectivo que conozco. Pocas personas LGTB de mi entorno han tirado la toalla con su madre, su padre, sus hijos, sus hermanas, o su iglesia; siempre creen que es posible, que todavía hay esperanza de que algún día sus seres queridos superen su homofobia y se dirijan hacia la casa común para abrazarse como quienes son, sin negaciones. Multitud de personas lesbianas y gays de mi alrededor salen cada día de la fiesta de la reconciliación y del amor en la que viven, para recordarle a alguien que le negó su identidad que también está invitado a la fiesta. Manos tendidas siempre, como el padre bueno… y mientras esa mano siga extendida su entorno puede ser transformado y reconciliado. Se trata de no perder jamás la esperanza, pero de no hacer depender la felicidad de la actitud que otras personas tengan hacia nosotros. Mano tendida, desde lo que somos, para amar a los demás tal y como son.

Sobre el perdón. Es evidente que en la parábola Jesús hablaba de un Dios que perdona siempre, y que si nos comparamos con ese amor infinito que demuestra, nos sentimos bastante poca cosa. Dios ama siempre, Dios perdona siempre, con Él siempre es posible empezar de nuevo, tener otra posibilidad. Y eso nos llena de fuerza, nos ilusiona, porque sabemos que jamás nos da por perdidos, que no depende de lo que hagamos o no hagamos, que su amor siempre estará allí con nosotros. Sabemos que quienes ponen condiciones al amor de Dios, es porque realmente no lo conocen. Quienes matizan con un pero ese amor, es porque confunden el amor humano, con el divino. Dios nos ama, a todos y a todas.

Las personas LGTB somos llamadas a imitar ese amor, y es difícil hacerlo cuando tienes que amar a alguien que te niega, te insulta, hace una caricatura de algo que tú no eres, que hace daño a tu familia, o que quiere acabar con todo lo que tiene que ver contigo. Pero aún así, la llamada de Jesús en la parábola sigue en pie: debemos imitar el amor del padre bueno. Creo sinceramente que muchas personas LGTB hacen cada día visible ese amor, aunque de forma imperfecta. Veo mucho amor cuando un padre es capaz de abrazar de nuevo a la hija que no le hablaba ni le veía desde hacía años porque era gay. Veo el amor del padre bueno cuando una hija decide cuidar a una madre enferma que la ha despreciado desde el momento que le dijo que era lesbiana. Pero también veo amor en el hermano que ha perdonado a la hermana con la que jamás volverá a coincidir porque no es un buen ejemplo para sus sobrinos. No siempre el amor es capaz de producir la reconciliación, hay veces que el padre sigue viviendo en su casa, feliz por ser quien es y por haber educado a dos hijos libres, pero sabiendo que no podrá compartir su vida con ellos. También en estas circunstancias es necesario haber perdonado.

Para imitar al padre bueno necesitamos no alejarnos de casa, no rechazar quienes somos, ni humillarnos y anularnos para conseguir el afecto de unos hijos que son incapaces de ver más allá de lo que ellos son. Para imitar al padre bueno debemos olvidarnos de convertirnos en héroes o heroínas, o pensar que el final todo acabará bien. Debemos sobre todo sacar de nosotros y de nosotras el resentimiento por el dolor sufrido, y entender que los demás tienen el derecho a equivocarse, a elegir un camino terrible que no sólo los aleja de nosotros, sino también de Dios, y lo más importante, de lo que ellos y ellas son. Y cuando hayamos acabado con el resentimiento y podamos vivir felices con nosotros mismos, en ese momento seremos capaces de recibir con un abrazo paterno a quienes tanto nos hicieron sufrir. Y si no vuelven, no deberíamos resignarnos, siempre es posible volver a construir otra familia donde el amor sea realmente lo que nos una.

Carlos Osma

[1] Fragmentos de Lc 15,11-32

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«Los pobres son de Dios». 19 de octubre de 2014. 29 Tiempo ordinario(A). Mateo 22, 15-21.

domingo, 19 de octubre de 2014
Comentarios desactivados en «Los pobres son de Dios». 19 de octubre de 2014. 29 Tiempo ordinario(A). Mateo 22, 15-21.

52-OrdinarioA29A espaldas de Jesús, los fariseos llegan a un acuerdo para prepararle una trampa decisiva. No vienen ellos mismos a encontrarse con él. Le envían a unos discípulos acompañados por unos partidarios de Herodes Antipas. Tal vez, no faltan entre estos algunos poderosos recaudadores de los tributos para Roma.

La trampa está bien pensada: “¿Es lícito pagar impuestos al César o no?”. Si responde negativamente, le podrán acusar de rebelión contra Roma. Si legitima el pago de tributos, quedará desprestigiado ante aquellos pobres campesinos que viven oprimidos por los impuestos, y a los que él ama y defiende con todas sus fuerzas.

La respuesta de Jesús ha sido resumida de manera lapidaria a lo largo de los siglos en estos términos: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Pocas palabras de Jesús habrán sido citadas tanto como éstas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada y manipulada desde intereses muy ajenos al Profeta, defensor de los pobres.

Jesús no está pensando en Dios y en el César de Roma como dos poderes que pueden exigir cada uno de ellos, en su propio campo, sus derechos a sus súbditos. Como todo judío fiel, Jesús sabe que a Dios “le pertenece la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes” (salmo 24). ¿Qué puede ser del César que no sea de Dios? Acaso los súbditos del emperador, ¿no son hijos e hijas de Dios?

Jesús no se detiene en las diferentes posiciones que enfrentan en aquella sociedad a herodianos, saduceos o fariseos sobre los tributos a Roma y su significado: si llevan “la moneda del impuesto” en sus bolsas, que cumplan sus obligaciones. Pero él no vive al servicio del Imperio de Roma, sino abriendo caminos al reino de Dios y su justicia.

Por eso, les recuerda algo que nadie le ha preguntado: “Dad a Dios lo que es de Dios”. Es decir, no deis a ningún César lo que solo es de Dios: la vida de sus hijos e hijas. Como ha repetido tantas veces a sus seguidores, los pobres son de Dios, los pequeños son sus predilectos, el reino de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.

No se ha de sacrificar la vida, la dignidad o la felicidad de las personas a ningún poder. Y, sin duda, ningún poder sacrifica hoy más vidas y causa más sufrimiento, hambre y destrucción que esa “dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” que, según el papa Francisco, han logrado imponer los poderosos de la Tierra. No podemos permanecer pasivos e indiferentes acallando la voz de nuestra conciencia en la práctica religiosa.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Defiende a los pobres de Dios. Pásalo.

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«Dadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Domingo 19 de octubre de 2014. 29º domingo de tiempo ordinario.

domingo, 19 de octubre de 2014
Comentarios desactivados en «Dadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Domingo 19 de octubre de 2014. 29º domingo de tiempo ordinario.

dad-al-cesarLeído en Koinonia:

Isaías 45,1.4-6: Llevó de la mano a Ciro para doblegar ante él las naciones.
Salmo responsorial: 95: Aclamad la gloria y el poder del Señor.
1Tesalonicenses 1,1-5b: Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza.
Mateo 22,15-21: Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?» Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.» Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?» Le respondieron: «Del César.» Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

En la primera lectura nos encontramos ante un texto que se encuentra ubicado en lo que se llama el «Segundo Isaías» o «libro de la consolación» de pueblo de Israel. Este dato, aparentemente simple, nos permite entrar al texto desde una clave de interpretación especial. Isaías, el profeta del juicio y el castigo, siempre tiene al final una palabra de ánimo, de esperanza, de consolación, sobre todo en estos tiempos en los que las propuestas alternativas son buscadas por el sistema globalizante para eliminarlas.

Yahvé habla a Ciro –una persona que «no conoce a Dios», insiste el texto- y le habla, para encomendarle una misión. Es decir: el no conocer a Dios no es una limitación para ser llamados por Dios a una misión, y la de Ciro va a ser la de anunciar palabras de consuelo. El monopolio de la elección de Dios por parte de sólo un pueblo entre todos los pueblos de la humanidad, se desdibuja ante este relato del profeta. Constatamos que un «no judío» puede servir también de mediación adecuada para la actuación de Dios. En buena parte, eso es una gran novedad.

En Pablo, la realidad que Isaías presenta como alianza es elección en comunidad («tenemos presente la obra de su fe, los trabajos y sobre todo la tenacidad de su esperanza»): Son las palabras de Pablo y compañía a la comunidad que se reúne en Tesalónica, quienes se dejan guiar por la acción del Espíritu Santo…

El evangelio de Mateo –el más comentado en la historia de la iglesia y a la vez el evangelio del cual se ha hecho la interpretación más dogmática y espiritualista– es el marco de un texto polémico en un contexto social en el que se divinizaba al Emperador. El evangelio de Mateo es la primera síntesis de la tradición judía y cristiana después de la destrucción del templo de Jerusalén en la guerra de los años 66-74 d.C. El fragmento que hoy leemos forma parte de una serie de controversias entre Jesús y los fariseos (y otros grupos) sobre temas como el tributo, la resurrección de los muertos, el mandamiento principal, el hijo de David… Todas estas controversias tienen como telón de fondo la confrontación de Jesús con la ley romana.

Bajo el tema del tributo, una realidad que sufrían las comunidades cristianas (en las que se fue elaborando el texto del evangelio) bajo el dominio del imperio romano, el pueblo de Israel –que siglos antes había soñado una sociedad como confederación de tribus, en la que el único Señor fuese Dios, el Dios de la liberación–, vive ahora las consecuencias de una monarquía que exprime al pobre para sostener su estructura. Los más pobres son los más afectados por la política fiscal, pues la tasación recaía más directamente sobre los que trabajaban la tierra, campesinos o inquilinos.

Pero yendo un poco más allá del tributo, fijémonos en la figura del Emperador. Roma cargaba sobre sí la influencia del mundo religioso de Egipto y Grecia. La relación de los romanos con estos dioses forma parte de la estructura ordinaria y cotidiana de la vida social: se entendía al Emperador como un dios; Roma era una teocracia.

Las comunidades cristianas que habían optado por otra forma de entender la relación con Dios, con el Dios de Jesús, con el Abba, no podían entender cómo el emperador se presentaba como Dios, y se enfrentan a la religión oficial optando por lo alternativo, que en este caso es la propuesta de vida en pequeñas comunidades de hermanos y hermanas.

Ante esta realidad, la comunidad cristiana busca en la experiencia vivida con el maestro y nos trae al escenario esta frase que ha conseguido ser aceptada como adagio popular: «al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Por tanto ya en los albores de la reflexión de la comunidad está la conciencia de que el emperador no es Dios, y nunca lo será, porque Dios es amor, justicia, amor, igualdad… valores ausentes en cualquier imperio, de cualquier época.

Con el correr del tiempo, lo que es alternativo se transforma en oficial, y se hace necesario reemprender el camino de la creatividad, de la renovación, de lo alternativo.

En la actualidad no hay emperadores que se presenten como Dios, pero sí nos encontramos con ciertas estructuras religiosas monárquicas e imperiales que lejos de reflejar la vivencia de la comunión entre los hermanos y hermanos, pretenden imponer la explotación de los pobres al mejor estilo del imperio Por eso, al leer este texto desde el hoy, tenemos que decir con voz profética: «a la estructura oficial religiosa lo que es de ella» y «a Dios lo que es de Dios», o sea, «a Dios Padre y a su Reino toda nuestra entrega y fidelidad».

El evangelio de Mateo con su fuerza eclesiológica renovadora, nos impulsa a trabajar incansablemente por una iglesia más cercana a la propuesta de Jesús, más centrada en las personas, en las relaciones entre los hermanos, y menos pendiente de la norma y estructura, que cuya atención no puede ponerse por encima de la Justicia y de la defensa de los pequeños, los predilectos de Dios. Leer más…

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Dom 19. X. 14. Devolver al César su denario, vivir «como Dios»

domingo, 19 de octubre de 2014
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monedacesarDel blog de Xabier Pikaza:

29º domingo de tiempo ordinario. Mateo 22, 15-21. Le preguntan si se puede pagar el denario al César, y Jesús responde de manera paradójica, poniendo otra vez la «patata caliente» en las manos de los preguntan. Su respuesta ha de entenderse en varios planos:

a) Por una parte, Jesús no responde… dice que se pague, ni que no se pague, de manera que aquellos que quieren acusarle ante el César o ante el pueblo que se opone al César no puede hacerlo. Eso significa que, en un plano de Reino, la pregunta está mal planteada o no es fundamental.

b) Por otra parte, él eleva el nivel de la pregunta, pues no dice «dad al César», sino «devolved»… Quiere que sus seguidores «devuelvan» al César lo que es suyo (un tipo de dinero), para situar su mesianismo (camino del Reino) en otro plano.

c) Él no necesita dinero para para ser Mesías (sólo la vida, solo el amor). Los que quieran ser suyos (instaurar su Reino) han de renunciar al denario del César, es decir, han de «devolverlo».

d) La Iglesia posterior ha debido replantearse y recrear la respuesta de Jesús, suponiendo, en general, que se debe dar (¡no ya devolver) al César lo que sería suyo y a Dios lo que es Dios (¿no es todo de Dios?), convirtiéndose así en una institución «honorable», que paga los tributos y acepta el orden del César, corriendo el riesgo de situarse en un plano espiritualista.

e) La interpretación del gesto y respuesta de Jesús, desde la nuevas circunstancias, ha definido y sigue definiendo la historia de la Iglesia y su forma de estar en el mundo.

 

Texto. Mateo 22,15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿Es lícito pagar impuesto al César o no?»

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.» Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?» Le respondieron: «Del César.» Entonces les replicó: «Pues devolved al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

Introducción:

Tres niveles

El mismo Jesús que ha dicho «no podéis servir o adorar a Dios y al dinero» (cf. Mt 6, 24) añade aquí «devolved al César las cosas del César y dad a Dios lo que es de Dios», una respuesta puede entenderse y aplicarse en tres momentos y niveles:

a. Nivel del Jesús histórico: No se ha de pagar tributo al César, sino “devolverle” todo lo que es suyo (su Imperio, su dinero), para construir así un Reino de Dios sin dinero, ni impuestos…

Vengamos a la escena: Jesús no tiene moneda, no le necesita para instaurar su Reino.La moneda la llevan otros otros (colaboradores del imperio): Fariseos y Herodianos, que asumen y aceptan el orden imperial (con su dinero). Por eso, ellos, si quieren recibir los “servicios” del César, deben entrar en su sistema y pagarle los impuestos. Pero Jesús y sus discípulos no llevan moneda, ni aceptan servicios del César, de forma que no necesitan su dinero, se lo devuelven todo.

No es que no quieran pagar impuestos, es que no quieren dinero. No es que luchen contra el César (con espadas o monedas), es que prescinden de él, no le necesitan. Están «indignados» con las cosas del César y quieren crean un estilo de vida alternativo, distinto, sin césares ni bancos, sin dinero imperial. Por eso lo devuelven (se liberan de todo lo que pertenece al César), para construir un Reino de Dios sin «mamona» del César (en la línea de Mt 6, 24).

Por eso, la respuesta de Jesús ha de entenderse en forma negativa. Él está con los «celotas» de Judas Galileo: Se niega a pagar los tributos del César. Pero lo hace de un modo radical: No rechaza el tributo, pero quedándose con el dinero del César. Rechaza el tributo devolviéndole todo el dinero al César, para no deberle nada, ni a su persona ni a su imperio.Jesús quiere crear un “orden alternativo”, sin impuestos al César ni a ningún otro señor (o Señor), en pura gratuidad.

Lógicamente, dentro del proyecto de Jesús (que no se construye con dinero) no tiene sentido pagar tributo al Cesar, porque él, Jesús, no tiene nada propio(¿qué puede pagar?)…y porque llega el Reino de Dios, donde no existen tributos; llega por decisión de los creyentes y por gracia de Dios, un Reino sin Grandes Césares de Roma o sin Pequeños Césares de Jerusalén.

b. Nivel de los evangelios, primera aplicación cristiana: Pagar tributo al César… mientras llega el Reino.

Jesús ha muerto sin que llegue (externamente)el Reino. Sus discípulos siguen en el mundo, dentro del Imperio, de manera que ellos deben “pactar” (esto es, aceptar) en este tiempo la política real del mundo. Así lo hizo Pablo (que reconoció en un plano civil el orden del Imperio de Roma, con sus impuestos…). Así lo hicieron los evangelios (Mc 12, 13-17 con Lc 20-20-26 y Mt 22, 15-20, nuestro texto, que sigue casi al pie de la letra a Marcos). Leer más…

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¿Qué tributo hay que pagar a Dios? Domingo 29. Ciclo A

domingo, 19 de octubre de 2014
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cristianismo-jacobismo_560x280Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Dos posturas ante el tributo al César

 Seguimos en la explanada del templo de Jerusalén, en medio de los enfrentamientos de diversos grupos con Jesús. Esta vez, fariseos y herodianos lo van a poner en un serio compromiso preguntándole sobre la licitud del tributo al emperador romano. Por entonces, además de los impuestos que se pagaban a través de peajes, aduanas, tasas de sucesión y de ventas, los judíos debían pagar el tributo al César, que era la señal por excelencia de sometimiento a él.

Fariseos y herodianos no tenían dudas sobre este tema; ambos grupos eran partida­rios de pagarlo. Los fariseos, porque no querían con­flictos con los romanos mientras les permitieran observar sus prácticas religiosas. Los herodianos, porque mantenían buenas relaciones con Roma. Como a nadie le gusta pagar, los rabinos discutían si se podía eludir el tributo. Y algunos adoptaban la postura pragmática que refleja el tratado Pesajim 112b: «… no trates de eludir el tributo, no sea que te descubran y te quiten todo lo que tienes» (consejo aplicable a otras actividades económicas, que no tuvieron presente muchos jefes de Caja Madrid).

Sin embargo, otros judíos adoptaban una postura de oposición radical, basada en motivos religiosos. Dado que el pago del tributo era signo de sometimiento al César, algunos lo interpretaban como un pecado de idolatría, ya que se reconocía a un señor distinto de Dios. Este era el punto de vista de los sicarios, grupo que comienza con Judas el Galileo, cuando el censo de Quirino, a comienzos del siglo I de nuestra era. Al narrar los comienzos del movimiento cuenta Flavio Josefo: «Durante el mandato del procurador Coponio, un hombre galileo, llamado Judas, indujo a los campesinos a rebelarse, insultándolos si consentían pagar tributo a los romanos y toleraban, junto a Dios, señores morta­les» (Guerra de los Judíos II, 118). Más adelante repite afirmaciones muy pareci­das: «Judas, llamado el galileo…, en tiempos de Quirino había atacado a los judíos por someterse a los romanos al mismo tiempo que a Dios» (Guerra de los Judíos II, 433).

 La trampa de la pregunta

 Con este presupuesto, se advierte que la pregunta que le hacen a Jesús sobre si es lícito pagar el tributo podía compro­meterlo gravemente ante las autoridades romanas (si decía que no), o ante los sectores más progresistas y politizados del país (si decía que sí). Además, la pregunta es especialmente insidiosa, porque no se mueve a nivel de hechos, sino a nivel principios, de licitud o ilicitud.

 En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:

̶  Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?

 La respuesta de Jesús

 Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:

̶  Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.

Le presentaron un denario. Él les preguntó:

̶  ¿De quién son esta cara y esta inscripción?

Le respondieron:

̶  Del César.

Entonces les replicó:

                ̶  Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.  

 Jesús, que advierte enseguida la mala intención, ataca desde el comienzo: «¿Por qué me tentáis, hipócritas?» Pide la moneda del tributo, devuelve la pregunta y saca la conclusión. Jesús, como sus contemporáneos, acepta que el ámbito de dominio de un rey es aquel en el que vale su moneda. Si en Judá se usa el denario, con la imagen del César, significa que quien manda allí es el César, y hay que darle lo que es suyo.

Estas palabras de Jesús, tan breves, han sido de enorme trascen­dencia al elaborar la teoría de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Y se han prestado también a inter­pretaciones muy distin­tas.

 Las cosas de Dios

 Si analizamos el texto, las palabras: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios», no constituyen una evasiva, como algunos piensan. Van al núcleo del problema. Los fariseos y herodianos han preguntado si es lícito pagar tributo desde un punto de vista religioso, si ofende a Dios el que se pague. La respuesta contundente de Jesús es que a Dios le interesan otras cosas más importantes, y ésas no se las quieren dar. Teniendo presente el conjunto del evangelio, «las cosas de Dios», lo que le interesa, es que se escuche a Jesús, su enviado, que se acepte el mensaje del Reino, que se adopte una actitud de conversión, que se ponga término al raquitismo espiritual y religioso, que se sepa acoger a los débiles, a los menesterosos, a los marginados. Eso no interesa ni preocupa a fariseos y herodianos, pero es la cuestión principal. Si el evangelio no fuese tan escueto, podría haber parafraseado la respuesta de Jesús de esta manera: ¿Es lícito poner el sábado por encima del hombre? ¿Es lícito cargar fardos pesados sobre las espaldas de los hombres y no empujar ni con un dedo? ¿Es lícito llamar la atención de la gente para que os hagan reverencias y os llamen maestros? ¿Es lícito impedir a la gente el acceso al Reino de Dios? ¿Es lícito hacer estúpidas disquisiciones sobre los votos y juramentos? ¿Es lícito dejar morir de hambre al padre o a la madre por cumplir un voto? ¿Es lícito pagar los diezmos de la menta y del comino, y olvidar la honradez, la compasión y la sinceridad? En todo esto es donde están en juego «las cosas de Dios», no en el pago del tributo al César.

Naturalmente, la comunidad cristiana pudo sacar de aquí conse­cuencias prácticas. Frente a la postura intransigente de los sicarios, defender que no era pecado pagar tributo al César. Y, con una perspectiva más amplia, fundamentar una teoría sobre la conviven­cia del cristiano en la sociedad civil, sin necesidad de buscar por todas partes enfrentamientos inútiles. Siempre, incluso en las peores circunstancias políticas, nadie podrá arrebatarle a la iglesia y al cristiano la posibilidad de dar a Dios lo que es de Dios.

 El emperador no siempre es enemigo (1ª lectura)

 En Israel, desde los primeros siglos, hubo gente fanática y enemiga de conceder el poder político a un hombre mortal. El único rey debía ser Dios, aunque no quedaba claro cómo ejercía en la práctica esa realeza. Otros grupos, sin negarle la autoridad suprema a Dios, aceptaban el gobierno de un rey humano. Pero siempre debía tratarse de un israelita, no de un extranjero. La novedad del texto de Isaías, una auténtica revolución teológica para la época, es que Dios, aunque afirma su suprema autoridad («Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios»), él mismo escoge al rey persa Ciro, lo lleva de la mano, le pone la insignia y le concede la victoria. Porque Ciro, al cabo de pocos años, será quien conquiste Babilonia y libere a los judíos, permitiéndoles volver a su tierra.

Este proceso de esclavitud – liberación – vuelta a la tierra recuerda al ocurrido siglos antes, cuando el pueblo salió de Egipto. La gran novedad, escandalosa para muchos judíos, es que ahora el salvador humano no es un nuevo Moisés sino un emperador pagano.

El texto ha sido elegido para confirmar con un ejemplo histórico que se puede respetar al emperador, pagar tributo, sin por ello ofender a Dios.

 Asi dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano: «Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán. Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios. Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay otro.

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«Invitación». 12 de octubre de 2014. 28 Tiempo ordinario. Mateo 22, 1-14

domingo, 12 de octubre de 2014
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51-OrdinarioA28Jesús conocía muy bien cómo disfrutaban los campesinos de Galilea en las bodas que se celebraban en las aldeas. Sin duda, él mismo tomó parte en más de una. ¿Qué experiencia podía haber más gozosa para aquellas gentes que ser invitados a una boda y poder sentarse con los vecinos a compartir juntos un banquete de bodas?

Este recuerdo vivido desde niño le ayudó en algún momento a comunicar su experiencia de Dios de una manera nueva y sorprendente. Según Jesús, Dios está preparando un banquete final para todos sus hijos pues a todos los quiere ver sentados, junto a él, disfrutando para siempre de una vida plenamente dichosa.

Podemos decir que Jesús entendió su vida entera como una gran invitación a una fiesta final en nombre de Dios. Por eso, Jesús no impone nada a la fuerza, no presiona a nadie. Anuncia la Buena Noticia de Dios, despierta la confianza en el Padre, enciende en los corazones la esperanza. A todos les ha de llegar su invitación.

¿Qué ha sido de esta invitación de Dios? ¿Quién la anuncia? ¿Quién la escucha? ¿Dónde se habla en la Iglesia de esta fiesta final? Satisfechos con nuestro bienestar, sordos a lo que no sea nuestros intereses inmediatos, nos parece que ya no necesitamos de Dios ¿Nos acostumbraremos poco a poco a vivir sin necesidad de alimentar una esperanza última?

Jesús era realista. Sabía que la invitación de Dios puede ser rechazada. En la parábola de “los invitados a la boda” se habla de diversas reacciones de los invitados. Unos rechazan la invitación de manera consciente y rotunda: “no quisieron ir. Otros responden con absoluta indiferencia: “no hicieron caso”. Les importan más sus tierras y negocios.

Pero, según la parábola, Dios no se desalienta. Por encima de todo, habrá una fiesta final. El deseo de Dios es que la sala del banquete se llene de invitados. Por eso, hay que ir a “los cruces de los caminos”, por donde caminan tantas gentes errantes, que viven sin esperanza y sin futuro. La Iglesia ha de seguir anunciando con fe y alegría la invitación de Dios proclamada en el Evangelio de Jesús.

El papa Francisco está preocupado por una predicación que se obsesiona “por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia”. El mayor peligro está según él en que ya “no será propiamente el Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas. El mensaje correrá el riesgo de perder su frescura y dejará de tener olor a Evangelio”.

José antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS

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