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No abandones

Miércoles, 31 de marzo de 2021

Del blog de José Arregi:

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No abandones


Aunque te parezca que la noche no tiene fin,
aunque te abrume esta época sin abrazos,
aunque el aliento se hiele en tus entrañas,
aunque no veas florecer la primavera.
Porque tras la más profunda oscuridad
siempre apunta un nuevo día,
porque la eternidad se transparenta
en este instante único,
porque la mirada apasionada
deshace la nieve del alma,
porque los almendros derramarán
a su tiempo una fina lluvia de alegría.

No te desentiendas.

Aunque haya quienes se retiren a su guarida,
aunque algunos ideales se transformen en quimeras,
aunque la vibrante palabra se desvanezca en el aire,
aunque la perversión enlode la certidumbre.
Porque debemos seguir caminando
por el sendero de la compasión,
porque la utopía es la mesa compartida
que ofrece el pan de la ilusión y el vino del anhelo,
porque la conversación serena
siempre recrea las tardes de la amistad,
porque la integridad favorece
la corriente límpida de la confianza.

No abandones, no te desentiendas,
no te rindas, no renuncies.

Reaviva el ánimo con la fuerza del empeño.
Porque llegará a su tiempo
la brisa que acaricie tu semblante ya sin velos.
Porque pasearás por la orilla del mar
que tanto te seduce y anhelas.
Porque la luz del alba te deslumbrará
cada día con la promesa del encuentro.

Porque aún llevas las brasas dentro,
porque cada minuto es el inicio de un futuro
constelado de rostros, estrellas y sueños.

*

Miguel Ángel Mesa Bouzas

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad

La Iglesia católica española pierde creyentes y practicantes: se desploman las bodas, bautizos y comuniones

Miércoles, 24 de junio de 2020

los-obispos-espanoles-con-el-papaEn 2001 el 70% de los enlaces se celebraban ‘por la Iglesia’. En 2019, apenas fueron el 20%

Más allá de lo formal –casi dos tercios de los españoles se declaran católicos, y más de tres cuartas partes han sido bautizados–, la práctica religiosa y sacramental en nuestro país ha vivido un brusco descenso en los últimos años

En apenas una generación, los fieles han ido abandonando los templos. Ya no se casan por la Iglesia, y cada vez menos se bautizan o hacen la primera comunión, históricamente los ritos de entrada en la Iglesia católica. Las primeras comuniones han pasado de 245.427 en 2012, a 222.345 en 2018, mientras que en el caso de los bautizos la cifra ha caído en picado: de 268.810 bautizos en 2012, a 193.394 en 2018

A finales de junio, diócesis como Plasencia o Valencia serán las primeras en comenzar a celebrar comuniones, bautizos y bodas en los templos católicos, ceremonias que se han visto frenadas por el impacto del coronavirus. Y, salvo algunas colas en lugares ‘de moda’ (Los Jerónimos en Madrid, y muchas de las basílicas en Sevilla, además de las catedrales de Burgos, Ávila o León), lo cierto es que el retorno de los ritos sacramentales no tendrán la afluencia de otros años. ¿La razón? No sólo la COVID–19, sino el hecho de que la sociedad española, en la práctica, ha dejado de ser católica.

Más allá de lo formal –casi dos tercios de los españoles se declaran católicos, y más de tres cuartas partes han sido bautizados–, la práctica religiosa y sacramental en nuestro país ha vivido un brusco descenso en los últimos años. Un descenso que se convierte en auténtico desplome cuando cruzamos los datos de bodas, bautizos o comuniones, las grandes celebraciones que históricamente han llenado los 23.000 templos católicos de nuestro país.

Incluso el Papa Francisco ha animado, en más de una ocasión, a volver a una Iglesia de pequeñas comunidades, sabiéndose –al menos en Europa– en clara minoría respecto a otras épocas en las que ser católico era parte consustancial del Viejo Continente.

Mientras se escuchan los exabruptos de más de un cardenal y varios obispos (Reig, Munilla, Cañizares, Sanz…), lo cierto es que la Iglesia española sigue estando en los niveles más bajos de aceptación social, aunque su peso sociopolítico sigue siendo muy fuerte en un país que apuesta por la laicidad.

Los datos del CIS de hace un año resultaban tajantes: por primera vez, los no creyentes se situaban por encima de los católicos practicantes. Así, aunque dos de cada tres españoles se declaran católicos, apenas el 22,7% acuden a misa o se confiesan. Los agnósticos o no creyentes suman el 29%. Si sumamos al 2,3% de los que afirman pertenecer a otra religión, concluimos que tres de cada diez ciudadanos no quiere saber nada de la Iglesia católica.

“Si no cambia la cosa, sólo celebraremos funerales”

¿Qué le queda a la Iglesia? Los ritos… y cada vez menos. La práctica religiosa de los últimos años ha vivido un auténtico desplome. Especialmente relevantes son los datos de las bodas. Si en 2001 el 70% de los enlaces se celebraban ‘por la Iglesia’, el año pasado el porcentaje descendió al 20%.

El derrumbe en las dos últimas décadas ha sido espectacular: en el año 2000 unas 163.000 parejas se unían por la Iglesia. El año pasado, la cifra se dividió por cuatro (41.975), según datos de la propia Conferencia Episcopal.

En apenas una generación, los fieles han ido abandonando los templos. Ya no se casan por la Iglesia, y cada vez menos se bautizan o hacen la primera comunión, históricamente los ritos de entrada en la Iglesia católica. Las primeras comuniones han pasado de 245.427 en 2012, a 222.345 en 2018, mientras que en el caso de los bautizos la cifra ha caído en picado: de 268.810 bautizos en 2012, a 193.394 en 2018.

Sólo han aumentado, y mínimamente, los sacramentos ‘de adultos’: confirmaciones (en 2012 110.065; en 2018, 129.171) y las unciones de enfermos (de 20.493 en 2012 a 25.663 en 2018).

¿Qué quiere decir esto? Los expertos consultados lo tienen claro. “Hemos perdido a la infancia, lo que quiere decir que estamos a punto de perder, si no lo hemos hecho ya, a la juventud. Y que, si no cambia la cosa, dentro de poco solo celebraremos funerales” lamenta un obispo español que prefiere mantenerse en el anonimato.

Los escándalos de abusos –”No sólo sexuales, sino de poder”–, la histórica ligazón de sectores católicos predominantes con los poderes económicos y políticos de este país, y la sensación de que la institución se ha alejado de los debates que interesan a la sociedad son algunas de las razones. “Curiosamente –analiza este prelado–, cuando tenemos en Roma a un Papa que es el paradigma de la globalización y de la cercanía. Algo hemos tenido que hacer muy mal para que no nos quieran”, asume.

Millones en las clases y en la ‘X’ de la Renta

Sin embargo, otros datos, precisan fuentes episcopales, podrían dar una imagen diferente de la situación. Según la Memoria de Actividades de la Iglesia española, más de 8,3 millones de personas acuden regularmente a las 9,5 millones de misas que anualmente se celebran en nuestro país. Una potencia de presencia pública que sólo pueden igualar algunos clubes de fútbol y que, en su día, la Iglesia utilizó en las calles para oponerse a los proyectos progresistas del primer Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, como Educación para la Ciudadanía y, especialmente, la ley del matrimonio igualitario.

Pese a notable descenso, más de tres millones de escolares optan por la clase de Religión Católica en las escuelas, que gracias a la llamada Ley Wert cuenta para nota en las escuelas, algo que el nuevo proyecto de ley educativo que se tramita en el Congreso pretende eliminar.

Además, las cifras de la Renta, obtenidas por los contribuyentes que marcaron la x correspondiente en su declaración han subido de forma espectacular en los últimos años, alcanzando un récord de 285 millones de euros en el último ejercicio.

Fuente Religión Digital

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Denuncian abandono médico de una mujer trans migrante privada de su libertad

Jueves, 18 de junio de 2020

ecuadro--598x299Por Verónica Stewart

Katalina Martínez Yancha es una mujer trans ecuatoriana privada de su libertad en Argentina. A principio de este año se encontraba en la Unidad penitenciaria N°32 de Florencio Varela, provincia de Buenos Aires, cuando comenzó a sentir dolores en el cuerpo. Le siguieron otros síntomas como dificultad para respirar, fiebre y falta de apetito. A pesar de que todos estos padecimientos se condecían con el diagnóstico de tuberculosis (TBC) -.enfermedad muy frecuente en los penales bonaerenses- los médicos que la revisaron afirmaron que se trataba de problemas psicológicos, y la mandaron una y otra vez de regreso a su celda. Según el comunicado publicado por Aramis, abogadx y activista y Naomi Lozano, prima de Katalina, “al momento de atenderla no revisaron su capacidad respiratoria y quien la atendió le dijo que no podía recetarle ‘ni un ibuprofeno porque no era doctor’.”

“Un viernes vino un médico de otra unidad al área de sanidad”, contó a Presentes Marilyn, compañera de Katalina en el penal. “La llevé con mucha fiebre, el médico la revisó y automáticamente la derivó al hospital “Mi Pueblo” de Florencia Varela”. Cinco días después, los resultados de los estudios arrojaban TBC. Tras dos semanas de internación, Katalina iba a ser internada en la Unidad N°22, un penal hospital en la Provincia de Buenos Aires. Sin embargo, por falta de lugar, la volvieron a trasladar a la Unidad N°32, aislada para no contagiar a sus compañeras. Allí, su cuadro empeoró.

A raíz de esto, el Tribunal solicitó un informe que diera cuenta tanto de las condiciones de detención de Katalina como de su estado de salud. Sin embargo, el mismo desmereció la gravedad de su condición y cómo las condiciones de encierro había contribuido a su detrimento. Según el comunicado, “el 1° de abril la Defensoría volvió a presentar otro escrito exigiéndole al Tribunal que se expida sobre la situación de Katalina, lo que se conoce en los pasillos judiciales como un “pronto despacho”. Sin embargo, no fue hasta fines de abril que fue internada nuevamente en el Hospital “El Cruce” de Florencio Varela. A las dos semanas, fue nuevamente trasladada al penal, y luego de que su cuadro se agravara aún más, fue trasladada a la Unidad N°22.

“La comida es muy poca y pasa frío”

Katalina y Naomi viajaron durante dos años y medio antes de llegar a Buenos Aires. Desde su partida de Ecuador en 2010, pasaron por Piura, Máncora, Chiclayo y Lima en Perú, luego por Santiago de Chile y  Mendoza, hasta terminar instalándose en La Plata. “Salimos de Ecuador en busca de mejores vidas”, explicó Naomi a Presentes. “No teníamos dinero y éramos discriminadas por ser trans. Recibíamos burlas y risas, como si fuéramos payasos. Por eso decidimos emigrar a otro país. Acá fuimos aceptadas por la sociedad. Es un país diferente con una sociedad que nunca nos cerró las puertas y nunca se burló”. A pesar de no sentir esa discriminación, no tuvieron otra opción que ejercer la prostitución para sobrevivir.

Ambas salían a trabajar todas noches, pero hace tres años Katalina fue detenida: “Vinimos sin ayuda ni apoyo de nadie. En nuestra familia nos discriminaban”, cuenta Naomi. “Después de mucho tiempo, fuimos aceptadas. Ahora, mi tía me llama y no puedo hablar con ella porque no sé qué decirle sobre Katalina. Nadie me da información”.

La comunicación desde la Unidad N°22 es, efectivamente, muy escasa. “La última vez que me llamó fue el lunes de la semana pasada y no tenía ni luz en la celda”, contó Marilyn. La comida es muy poca y pasa frío”.

Naomi, por su parte, ha intentado obtener novedades sobre el estado de salud de su prima por distintas vías. “Nunca me han dado nada porque es una persona que está detenida. No he sabido nada. Tengo tiempo yendo a la 22 y no me han dado información”, explicó a Presentes. “Fui muchas veces pero nunca me han dado un parte médico. Tantas veces fui al juzgado pero nunca escucharon”. Naomi cuenta que cuando Katalina estaba en la 32, previo a la pandemia, sí la visitaba frecuentemente. Las últimas veces había adelgazado tanto que, según Naomi, “no parecía la misma persona que antes.”

“Exigimos a la Sala 3° de la Cámara de La Plata la libertad de Katalina Martínez Yancha y responsabilizamos a las autoridades del Servicio Penitenciario Bonaerense y los funcionarios judiciales del Tribunal Oral en lo Criminal N°4 de La Plata por la situación que está atravesando y las consecuencias posteriores que sufra en su calidad de vida”, reclama el comunicado.

La población trans en los penales bonaerenses

Según un informe realizado por la organización OTRANS Argentina en 2019, el 73% de las travestis y trans en cárceles bonaerenses padece algún tipo de enfermedad. El informe se inició a partir de las muertes de cuatro mujeres trans mientras estaban detenidas en La Plata en 2017. Pamela Macedo Panduro, Angie Velázquez Ramírez y Damaris Becerra Jurado, fallecieron privadas de su libertad en la Unidad N°32 de Florencio Varela. Brandi Bardales Sangama murió en el hospital platense San Martín tras un allanamiento policial en su vivienda.

Esto es resultado de una atención sanitaria deficiente. En el ámbito federal, el 25% de las mujeres trans afirma no haber recibido atención a pesar de haberla necesitado. A esto se suma una situación habitacional crítica, ya que en la Provincia de Buenos Aires los penales están sobrepoblados y el hacinamiento es un problema que lleva años. Además, el informe resalta “las falencias respecto de una alimentación adecuada y de la provisión de medicamentos”.

El caso de Katalina se inscribe en una trama colectiva”, explicó Aramis a Presentes. Aramis destacó que, en muchas ocasiones, la falta de acceso a la salud en los penales probó ser letal. Además de las muertes mencionadas, trascendió el caso de Mónica Mego (36), una mujer trans peruana que quedó parapléjica tras pasar un año detenida en un penal sin condena. El comunicado resalta cómo estas prácticas institucionales “sistemáticamente ejercen violencias contra las mujeres trans y travestis detenidas en la provincia de Buenos Aires.” “Es posible reducir estos daños”, aseguró Aramis.

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Fuente Agencia Presentes

General, Homofobia/ Transfobia. , , , ,

Desde el abandono.

Martes, 17 de julio de 2018

Del Boletín Semanal Enrique Martínez Lozano:

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“No puedes saltar hacia el siguiente momento. Ya estás Aquí”

Puedes sentirte abandonado, sí.

Te puedes sentir solo, alejado del amor, de la vida y la calidez.

Otros pueden detonar sentimientos poderosos en ti, sí.

Pero haz a un lado la palabra, el concepto, la historia,

y regresa a la realidad del cuerpo vivo.

¿Cómo se siente ese abandono?

¿Cómo sabes que te han abandonado?

Pon atención a las sensaciones que surgen ahora en tu vientre, pecho, garganta.

Siente el aleteo, el pulso, la punzada de cada sensación.

Deja que crezcan en intensidad, o que se tranquilicen y se muevan.

Imprégnalas de curiosa, amorosa atención.

Ofréceles un espacio; ábrete suavemente a ellas.

Tienes que respirar en ti mismo ahora, amigo,

porque no hay nadie aquí que pueda respirar por ti,

y no podrían hacerlo, de todos modos.

El sueño del amor ha muerto;

estás despertando a la realidad del amor.

El amor no viene de fuera. Nunca lo hace.

Siempre estuvo dentro de ti. Ese fue tu poder.

Ese fue siempre tu trabajo, amarte a ti mismo,

no mendigar amor, o buscarlo externamente,

o esperarlo, o tratar de aferrarte a él,

sino empaparte con él, momento a momento precioso.

No te abandones a ti mismo cuando te sientas abandonado,

porque hay un dolor que es peor que el abandono mismo:

abandonarte a ti mismo, huir de la presencia.

La culpa no funciona aquí.

Enfócate en ‘quien te ha abandonado’, y te vuelves impotente.

Rompe el ciclo del abandono, entonces.

Enfócate en ‘el abandonado’, este precioso niño que llevas dentro.

Invita a que tu amorosa atención vaya a lo profundo de tu vientre, corazón, cabeza.

Respira en el propio suelo. Siente tu propia vitalidad.

Tú no has sido abandonado.

La vida está aquí. Tú estás aquí.

Y desde aquí, una nueva vida crece.

Y mientras aprendes a no abandonarte a ti mismo,

con el tiempo, atraerás a otros

que tampoco se abandonan a sí mismos;

otros que no te abandonarán.

Porque ahora tú no puedes ser abandonado:

Te niegas a abandonarte a ti mismo.

El abandono es una vieja palabra para ti ahora.

Demasiado dramática para tu cuerpo.

Nadie puede abandonarte:

ellos sólo pueden irse

a otro lugar,

con su dolor.

El abandono es la historia de un amor perdido,

una vieja historia, porque el amor no puede perderse,

sólo puede ser descubierto de nuevo en lo profundo de nosotros.

Eres lo suficientemente valiente para estar presente ahora.

Has roto la adicción de toda una vida:

Has descubierto la profunda alegría

de estar solo.

*

Jeff Foster

***

 

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Prefiere el abandono…

Martes, 6 de marzo de 2018

Del blog de la Communion Béthanie:

 

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” La abeja es pequeña entre los seres alados,

pero lo que produce es una dulzura exquisita ”

Medita esta Palabra en el curso de esta Cuaresma, y…

Deja a Dios arrancar la mala hierba,

no te consideres capaz de ello.

El heroísmo es vano.

Prefiere el abandono…

*

Jean-Michel +
hermano prior de la Comunión Béthanie

***

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Parábola del Pastor abandonado

Jueves, 16 de marzo de 2017

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En memoria del Padre Juan Viroche

Antonio Gustavo Gómez
Tucumán (Argentina).

ECLESALIA, 03/03/17.- La economía de Israel en tiempos de Jesús era eminentemente agrícola y pastoril. Por eso Nuestro Señor echa mano a imágenes como el trigo, los olivos, las ovejas, los cerdos, etc. y desde allí evangelizar. Esta es una parábola que tal vez puede aplicarse a esos lejanos tiempos.

Como les decía, la economía pastoril era el sustento patrimonial de los más poderosos. Ayer al igual que hoy la tierra está en manos de unos muy pocos hacendados que esclavizaban y explotaban al pueblo humilde de Judea. Los pastores se dedicaban a cuidar las ovejas de sus amos y su vida era muy sacrificada. Entre ellos mismos había enfrentamientos por los mejores pastos para alimentar a los animales que tenían a cuidado. No hace falta imaginación para tener en claro que a ovejas más gordas y con mejor lana, mas protección del amo. Y justamente era éste el que dirimía esos conflictos: Se establecían límites a modo de círculos concéntricos donde las mejores pasturas se entregaban a los pastores más obsecuentes y en la medida que la calidad se reducía el reparto caía en manos de otros servidores menos agraciados hasta que la periferia de la pasturas, en el límite del desierto y la roca, le tocaba a los pastores más postergados y débiles. Quizá hayan sido estos últimos los que en la Nochebuena fueron los que visitaron al Señor.

Esta es la historia de Juan el Pastor dedicado y sufriente que, a pesar de poder haber elegido un cargo mas importantes entre la peonada, prefirió ir en auxilio y protección de aquellas ovejas que fácilmente se perdían muriendo en los extensos desiertos o en la boca de los lobos. Juan recorría los vastos territorios llevando sus animalitos de un lado a otro. Sabía que no podía acercarse a las pasturas interiores que beneficiaban a su compañeros por cuando el Administrador del Amo había fijado límites muy claros. Si algo así ocurría lo despedían de su trabajo.

Pero en aquellos días llegó una sequía muy grande a Judá y los lobos se volvieron osados. Atacaban a los corderos primero y luego a las ovejas. Juan hacía lo que podía para espantarlos: armaba fogatas, hacía cercados con ramas y cañas e incluso pedía ayuda a sus otros compañeros que le mostraban su preocupación por lo que ocurría pero nada hacían para ayudarlo. Todo quedaba en algunas “palmaditas en la espalda”, promesas de oraciones y expresiones de consternación. Pero en los hechos nadie ayudaba al pastorcito Juan. Con el tiempo la sequía se extendió, los ataques se hicieron más frecuentes   y Juan ya en el límite de su compromiso y valentía –porque los lobos le mostraban sus dientes cuando su bastón se levantaba para defender algún cordero- decidió pedirle al Administrador que le enviara ayuda o lo cambiara por otro pastor ya que el estaba hambriento y enfermo de tantas noches sin dormir, la falta de agua y alimentos. Todo fue infructuoso. El Administrador no quiso atenderlo. Él no se preocupaba ya que lo único que le interesaba era comer, beber a costa de su amo y de lo que los demás pastores –muy obsecuentes y obsequiosos- le acercaban hasta su vivienda. Pero un día ocurrió lo que se preveía. Juan apareció muerto en el fondo de un barranco y las ovejas dispersas.

El Administrador temiendo una reprimenda del Amo rápidamente tomó cartas en el asunto. Concurrió al lugar y le dijo a todos los allí reunidos: “¡Pobre Pastor Juan! ¡Justo que había dispuesto que lo trasladaran a mi casa para curarlo y le enviaba un reemplazante! Seguro que no soportó tanto sacrificio y se suicidó”.

Ninguno de los pastores que estaban en el lugar le creyó porque conocían el compromiso del Pastor Juan con la Vida. Mucho menos cuando en el borde del barranco había huellas muy claras de patas de lobos. Todos daban por seguro que Juan había sido acorralado de espaldas al precipicio y en algún gesto con su bastón para defenderse había perdido su equilibrio, despeñándose. Pero nadie decía nada. Todos temían que el Administrador les quitara sus pasturas y los pusieran en riesgo. Eran tiempos duros y para su propio beneficio, debían callar.

El caso llegó a oídos de un Juez muy corrupto que, viendo la posibilidad de obtener un dinero, visitó al Administrador para “ofrecerle sus servicios”. El Administrador evaluó la propuesta. Sabía que si admitía el ataque de los lobos el amo lo iba a echar y los pastores que tenía a cargo entrarían en pánico. Poco le costó al Juez convencerlo de cerrar el caso como suicidio a cambio de algunos miles de denarios. Y además el magistrado le diría al Amo, que residía en Jerusalem, que todo lo ocurrido fue un acto desesperado del Pastor Juan por quitarse la vida.

Pero muchos lloraron en silencio tan dolorosa pérdida. Algunas ovejas se dispersaron, otras se fueron a rebaños de otros amos porque sabían que esos pastores, los que callaban la muerte de Juan, no las iba a cuidar.

Estoy seguro, queridos lectores que, ustedes como yo pueden identificar a muchos de nuestros pastores con “olor a oveja” como dice el Papa Francisco. Sabrán apreciar los esfuerzos de los que son como Juan. Otros seguirán con sus misas rezando por sus esfuerzos pero sin comprometerse en los hechos. Y los administradores infieles a la Palabra, seguirán aposentados en sus palacios episcopales.

Tal vez, si me nombran pastor alguna vez mi lema de ordenación será “Res non verba” y me tocará darle un abrazo al Pastorcito Juan

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

***

Espiritualidad ,

Jamás te abandonaré…

Martes, 13 de octubre de 2015

Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

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“Hijo mío, jamás te abandonaré a ti mismo.

No me detengo ante la debilidad humana.

Mis promesas,

por consiguiente,

deben un día cumplirse. “

*

El 10 de octubre, Vivir por el Espíritu.

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“Parábola del padre gay que recobra a su hijo. “, por Carlos Osma

Viernes, 24 de octubre de 2014

shutterstock_103268435Del blog Homoprotestantes:

Cuando Jesús explicó la parábola del hijo pródigo hace ahora casi dos milenios, imagino que sus oyentes la situarían en su propio mundo simbólico. Imagino que cada persona pintaría la casa del padre bueno de una manera bien distinta, teniendo en cuenta su experiencia. Algo similar hacemos las personas LGTB, o al menos deberíamos hacerlo, si es que no seguimos empecinadas en leer el texto bíblico siendo quienes no somos.

Es por eso que al volverla a leer hoy, me he hecho algunas preguntas sobre la aparente soledad del padre bueno: ¿tenía un compañero ausente que no se implicaba en la educación de sus hijos? ¿era padre soltero y tenían que lidiar con la educación de dos hijos, mientras intentaba tener una vida afectivo-sexual con otros hombres medianamente sana? ¿había muerto su compañero? Después me han saltado otras dudas: ¿los hijos eran adoptados, acogidos, de un matrimonio heterosexual fracasado anterior? ¿o una amiga se ofreció para darle(s) los hijos que siempre había(n) soñado tener?

Al final me he dado cuenta de que ninguna de estas preguntas, o sus respuestas, parecen tener importancia cuando pretendemos aproximarnos al mensaje que, con la parábola, quería transmitir el maestro. Y es que en realidad nada de todo eso es esencial, y por esa razón todas las personas, independientemente de nuestras circunstancias y de las casas que somos capaces de construir para el padre bueno y sus dos hijos, estamos igualmente llamadas a reflexionar sobre lo que pretendía enseñar Jesús. No hay nadie, al que el maestro no dirija su parábola, no hay nadie al que se le pida disfrazarse o desprenderse de quien es para poder escucharla y aplicarla a su propia experiencia.

Así que, sin salir de nuestra realidad LGTB, me pregunto si la figura del padre bueno de la parábola refleja algo de nosotros y nosotras, y si todavía dos mil años después, tiene algo que enseñarnos.

“Todavía estaba lejos, cuando su padre le vio; y sintiendo compasión de él corrió a su encuentro y le recibió con abrazos y besos. El hijo le dijo: ‘Padre, he pecado contra Dios y contra ti, y ya no merezco llamarme tu hijo.’ Pero el padre ordenó a sus criados: ‘Sacad en seguida las mejores ropas y vestidlo; ponedle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies.Traed el becerro cebado y matadlo. ¡Vamos a comer y a hacer fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y le hemos encontrado!’ Y comenzaron, pues, a hacer fiesta….

….Tanto irritó esto al hermano mayor, que no quería entrar; así que su padre tuvo que salir a rogarle que lo hiciese…

El padre le contestó: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo.Pero ahora debemos hacer fiesta y alegrarnos, porque tu hermano, que estaba muerto, ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado[1]”.

Experiencia de abandono. Los dos hijos abandonan a su padre. El hijo pródigo se marchó porque pensaba que la felicidad y la libertad estaban lejos de su padre, y que con él, sólo podría vivir oprimido. El hijo mayor se había alejado mucho antes, porque aunque compartieran el mismo techo, no lo hacían como padre e hijo sino como amo y siervo. El padre era objeto de un abandono que llevaba consigo un borrado de lo que significaba ser padre. Ambos hijos habían hecho desaparecer de delante de sus narices la figura paterna, ahora ya no existía como tal para ninguno de ellos. La relación entre los tres había sido deconstruída, y la consecuencia de todo ello era que el padre, pero también los hijos, se habían quedado solos.

Creo que de esta experiencia podemos hablar largo y tendido las personas LGTB. En la experiencia de borrado que sufrió el padre vemos reflejada la que hemos vivido tantas y tantas veces. La deconstrucción de los lazos familiares, o de las relaciones fraternales dentro de la comunidad cristiana, que ha realizado con nosotros y nosotras la homofobia, queda bien ejemplificada en lo que los hijos hicieron al padre bueno. Hemos sido invisibilizados una y otra vez de miles de maneras y formas distintas, hemos visto negada la posibilidad de decir quienes somos y como somos, a quienes amamos o que nos gusta, cuales son nuestros sueños, o en que queremos convertirnos; en multitud de ocasiones nuestras familias o comunidades han decidido romper los lazos que nos unen, los del amor, para intentar aislarnos y hacernos pagar caro el no ser como ellos deseaban que fuésemos. Al final el abandono, el alejamiento, o la resignificación de lo que somos. Al final no somos ni hijos, ni hermanas, ni madres, ni abuelos… al final no somos hermanos o hermanas en la fe… al final, la familia parece estar completamente destruida.

Ser capaz de respetar la libertad de los demás. El padre no se opuso a la marcha de ninguno de sus hijos, vivió quien era, respetando quienes eran sus hijos y dejándolos ser libres. Es cierto que esa libertad producía su negación, y la pérdida de quienes amaba. Pero respetó la libertad de quienes no le trataron como merecía, quizás porque nunca renunció a la libertad de ser quien él era: su padre. Jamás se creyó la negación, era consciente de ella, pero por encima de todo estaba seguro de su identidad, y que esa identidad le unía a ellos.

Creo que este comportamiento en la parábola tiene bastante que decirnos a las personas LGTB. La mayoría hemos hecho hasta lo imposible para no perder a personas a las que queríamos. Nos hemos callado, hemos escondido nuestros sentimientos o hemos aceptado menosprecios, para que nuestros hijos, padres, amigas, o iglesias de las que formábamos parte, no nos abandonasen. Pero al final ese camino nunca ha traído la liberación, sino que nos ha hecho vivir atrapados en los chantajes homófobos de quienes tanto queremos. Sin embargo en la parábola que Jesús pronunció hace ya tanto tiempo, se nos dice que sólo cuando somos capaces de dar libertad a los demás, aunque los perdamos para siempre, podemos alcanzar la nuestra. Sólo cuando somos libres de prejuicios estúpidos, somos capaces de dejar marchar a quienes no pueden todavía escapar de ellos. Libertad de ser y de dejar ser, ese es uno de los mensajes más directos y que más nos interpelan en la parábola a las personas LGTB.

Mostrarse activos, creer que los cambios son posibles y formar parte de ellos. El padre podría haberse quedado en su casa pensando que su hijo pequeño jamás volvería, o en la fiesta con la seguridad de que su hijo mayor no entraría. Pero en ambos casos sale del lugar donde está y se dirige a ellos sin negarse; es su padre y actúa como tal. Siempre se muestra activo, tendiendo la mano hacia la reconciliación, sabe que sus hijos se han equivocado, pero para él es una fiesta que descubran ellos mismos su error y quieran volver a casa. No hay recriminación, ni vencedores ni vencidos, todos salen ganando si aceptan al otro tal y como es.

La media de las personas LGTB que trabajan por transformar su entorno, es mucho mayor que cualquier otro colectivo que conozco. Pocas personas LGTB de mi entorno han tirado la toalla con su madre, su padre, sus hijos, sus hermanas, o su iglesia; siempre creen que es posible, que todavía hay esperanza de que algún día sus seres queridos superen su homofobia y se dirijan hacia la casa común para abrazarse como quienes son, sin negaciones. Multitud de personas lesbianas y gays de mi alrededor salen cada día de la fiesta de la reconciliación y del amor en la que viven, para recordarle a alguien que le negó su identidad que también está invitado a la fiesta. Manos tendidas siempre, como el padre bueno… y mientras esa mano siga extendida su entorno puede ser transformado y reconciliado. Se trata de no perder jamás la esperanza, pero de no hacer depender la felicidad de la actitud que otras personas tengan hacia nosotros. Mano tendida, desde lo que somos, para amar a los demás tal y como son.

Sobre el perdón. Es evidente que en la parábola Jesús hablaba de un Dios que perdona siempre, y que si nos comparamos con ese amor infinito que demuestra, nos sentimos bastante poca cosa. Dios ama siempre, Dios perdona siempre, con Él siempre es posible empezar de nuevo, tener otra posibilidad. Y eso nos llena de fuerza, nos ilusiona, porque sabemos que jamás nos da por perdidos, que no depende de lo que hagamos o no hagamos, que su amor siempre estará allí con nosotros. Sabemos que quienes ponen condiciones al amor de Dios, es porque realmente no lo conocen. Quienes matizan con un pero ese amor, es porque confunden el amor humano, con el divino. Dios nos ama, a todos y a todas.

Las personas LGTB somos llamadas a imitar ese amor, y es difícil hacerlo cuando tienes que amar a alguien que te niega, te insulta, hace una caricatura de algo que tú no eres, que hace daño a tu familia, o que quiere acabar con todo lo que tiene que ver contigo. Pero aún así, la llamada de Jesús en la parábola sigue en pie: debemos imitar el amor del padre bueno. Creo sinceramente que muchas personas LGTB hacen cada día visible ese amor, aunque de forma imperfecta. Veo mucho amor cuando un padre es capaz de abrazar de nuevo a la hija que no le hablaba ni le veía desde hacía años porque era gay. Veo el amor del padre bueno cuando una hija decide cuidar a una madre enferma que la ha despreciado desde el momento que le dijo que era lesbiana. Pero también veo amor en el hermano que ha perdonado a la hermana con la que jamás volverá a coincidir porque no es un buen ejemplo para sus sobrinos. No siempre el amor es capaz de producir la reconciliación, hay veces que el padre sigue viviendo en su casa, feliz por ser quien es y por haber educado a dos hijos libres, pero sabiendo que no podrá compartir su vida con ellos. También en estas circunstancias es necesario haber perdonado.

Para imitar al padre bueno necesitamos no alejarnos de casa, no rechazar quienes somos, ni humillarnos y anularnos para conseguir el afecto de unos hijos que son incapaces de ver más allá de lo que ellos son. Para imitar al padre bueno debemos olvidarnos de convertirnos en héroes o heroínas, o pensar que el final todo acabará bien. Debemos sobre todo sacar de nosotros y de nosotras el resentimiento por el dolor sufrido, y entender que los demás tienen el derecho a equivocarse, a elegir un camino terrible que no sólo los aleja de nosotros, sino también de Dios, y lo más importante, de lo que ellos y ellas son. Y cuando hayamos acabado con el resentimiento y podamos vivir felices con nosotros mismos, en ese momento seremos capaces de recibir con un abrazo paterno a quienes tanto nos hicieron sufrir. Y si no vuelven, no deberíamos resignarnos, siempre es posible volver a construir otra familia donde el amor sea realmente lo que nos una.

Carlos Osma

[1] Fragmentos de Lc 15,11-32

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Avanza…

Lunes, 14 de abril de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

avance1

¡Ánimo!

No te rindas!

Avanza …

Siempre hay una posibilidad de que te encuentres
con algo extraordinario.

¡Nadie ha tropezado con algo  mientras estaba sentado!

*

avance

***

 

 

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Recordatorio

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