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«Otro centenario ¿para qué?», por Gema Juan OCD

miércoles, 15 de octubre de 2014
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15092890487_4d0a00d5c3_mLeído en su blog Juntos Andemos:

Está a punto de empezar el V Centenario del nacimiento de Teresa de Jesús –el día 15 de Octubre de 2014–. Actos de todo tipo, celebraciones, encuentros, congresos… Resulta casi inevitable preguntarse para qué se hace todo eso.

Con este nuevo centenario, la grande y variada familia teresiana bucea en la figura de la Madre, de la hermana mayor y de la inspiración penúltima de un modo de ser, con diferentes formas de estar, en el mundo. Penúltima, porque toda la familia, como la misma Teresa, tiene una única raíz: Jesucristo.

La familia se sumerge, no por afición deportiva –aunque también– sino porque sabe que tiene un tesoro que no le pertenece y quiere compartirlo. Por eso tiene sentido otro centenario, el quinto ya, y con la certeza de que no se toca el fondo del océano. Porque, como decía Teresa, se trata de «de un fin que no tiene fin».

Pluma en mano, Teresa lega a la humanidad unos «cuadernillos» que se han convertido en obras maestras de la literatura. Conocerla es aprender y disfrutar. Pero también ir a lo profundo de todo porque en lo que escribe –se lea con ojos religiosos o no– se percibe una toma de postura clara, un modo de haberse y enfrentarse al mundo. Su escritura refleja, como bien se ha dicho, «su inconformismo existencial como mujer, como escritora y como mística».

Teresa anduvo por los caminos, para abrir «casitas» donde dar forma a la llamada que había recibido. A pie, en mula o sobre la carreta se puso en marcha. La dureza de semejante experiencia contrasta con el humor y la templanza que derrama, pero es acorde, en intensidad, a la pasión que la habitaba. Esas casitas siguen abiertas, se han multiplicado y la vida no deja de transmitirse.

Recorrer su historia puede iluminar el futuro. El Centenario revive la ruta teresiana, siempre inacabada, y con ello lanza un mensaje claro: lo verdadero no se cierra sobre sí ni caduca, mantiene abiertas sus venas para alumbrar y abrir nuevas vías.

El siglo XXI que acoge este V Centenario, todavía tiene necesidad de palabras como estas: «Veo los tiempos de manera que no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres». La sospecha y el desprecio, la violencia en las formas más variadas, se siguen cerniendo sobre muchas mujeres. Teresa de Jesús vivió hondamente su dignidad de mujer y trabajó por ella. Se sintió reconocida por Jesús, el hombre que desvelaba a Dios, y creyó que esa suerte debían correr todas las mujeres: la de ser reconocidas como seres humanos plenos e iguales en dignidad.

Celebrar y recordar a Teresa es mantener despierta la conciencia de la igualdad que debe reinar entre los seres humanos, sin distinción de ninguna clase. Y esa conciencia debe llevar –como la llevó a ella– a hacer opciones y elegir coordenadas muy concretas desde las que vivir.

Queda algo más por lo que importa celebrar este Centenario, algo que deja abierta la idea de que siempre habrá necesidad de centenarios y homenajes cuando se trata de recordar testigos, como es el caso de Teresa. Ella es testigo de que Dios vive, está presente y actúa. De que su presencia es amorosa y su forma de actuar es la bondad. Y es testigo, también, de que lo que glorifica a Dios es el amor compartido.

Dios no es una antigüedad inerte, no es un asunto del pasado. Está presente, aquí y ahora. Su esencia es infundir vida, por eso Teresa le llamaba «Vida de todas las vidas», y de Él decía que «nunca se cansa de dar ni se pueden agotar sus misericordias».

No se trata de que una mujer tuviera experiencias profundas y preciosas. Se trata de que Dios, hoy, actúa: «Para hacer grandes mercedes a quien de veras le sirve, siempre es tiempo». Eso es lo que dice Teresa: siempre es tiempo. Dios tiene tiempo para todos y no hay época en la que se dedique al retiro. Para Él, todo tiempo es bueno y siempre «está aguardando… que le miremos» para poder mostrar su rostro.

En el libro de Fundaciones, Teresa escribió: «Muchas veces me parecía como quien tiene un gran tesoro guardado y desea que todos gocen de él, y le atan las manos para distribuirle». Y, cuando acababa el de las Moradas, apuntó: «Su Majestad sabe que mi intento es que no estén ocultas sus misericordias, para que más sea alabado y glorificado su nombre».

Diseminado su trabajo por todo el mundo, en notas sueltas, formando pequeños coros o magníficas orquestas, cada centenario desata un poco las manos y los labios de Teresa y le ayuda a cumplir su deseo: cantar las misericordias del Señor.

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¿Jesucristo era gay?… ¿importa?

lunes, 29 de septiembre de 2014
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Kehinde Wiley  Ecce Homo (2009 – New York CHace justo dos años el pastor anglicano Paul Oestreicher se hacía esta pregunta en un artículo en el periódico británico The Guardian

La teoría de Oestreicher se basa en las últimas palabras de Jesús en la cruz. Cuando vio Jesús a su madre y al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo. “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa. Desde ese momento el discípulo se convierte en parte de la familia de Jesús.

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Ese discípulo era Juan, a quien, dicen los evangelios, Jesús amaba de una manera especial. Todos los otros habían huido atemorizados. A los pies de la cruz había tres mujeres, pero sólo un hombre tuvo el valor de acompañar a Jesús en su ejecución. En todas las representaciones clásicas de la Última Cena, un tema favorito del arte cristiano, Juan está al lado de Jesús, muy a menudo con la cabeza apoyada en su pecho de Jesús. 
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images1Sostiene Oestreicher que la sexualidad de Jesucristo era parte de su naturaleza humana y desdeña las teorías que apuntan a una relación con María Magdalena, carentes de base bíblica. Recuerda también que Hugh Montefiore, obispo de Birmingham se atrevió a sugerir esta misma posibilidad: la de que el rabino hebreo nacido en Belén, que nunca tuvo esposa –algo inusual para su condición- fuera homosexual.
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“Si Jesús era gay o heterosexual no afecta en absoluto quién era y lo que significa para el mundo de hoy. Espiritualmente es irrelevante. Lo que importa en este contexto es que hay muchos seguidores gays y lesbianas de Jesús -ordenados y laicos- que, a pesar de la iglesia, muy humildemente le son fieles”, concluye el pastor anglicano, quien además invita a las iglesias cristianas “en sus muchas formas” a aceptar, abrazar y amar abiertamente a los gays y lesbianas.
Fuente Ragap

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«El bando del Crucificado», por Gema Juan OCD

domingo, 14 de septiembre de 2014
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14910431410_7583182df7_mLeido en su blog Juntos Andemos:

En cierta ocasión, Teresa de Jesús escribía a un hermano carmelita: «No ha de faltar cruz en esta vida, aunque más hagamos, si somos del bando del Crucificado».

No es que ella no supiera que la vida trae cruces, dolores y dificultades para todos. Lo sabía bien, pero hablaba de otra cosa. De hecho, muy poco después de escribir esta carta, dirá en Moradas: «No penséis que está la cosa en si se muere mi padre o hermano, conformarme tanto con la voluntad de Dios que no lo sienta; y si hay trabajos y enfermedades, sufrirlos con contento. Bueno es, y a las veces consiste en discreción, porque no podemos más, y hacemos de la necesidad virtud».

El realismo de Teresa parece no tener límites, como no los tiene su conciencia de que lo que Jesús propone es algo diferente; cuenta con esa actitud sabia pero, además, invita a otra cosa. Ella entendió que seguir a un hombre que fue crucificado, significaba algo más que hacer de la necesidad virtud o resignarse, de la mejor manera, ante situaciones inevitables.

Puede sorprender que una mujer del s. XVI, imbuida de las ideas espirituales del momento, entendiera, tan de raíz, el sentido de la cruz de Cristo. Aunque, según propias palabras, no era muy letrada, es conocido su afán como lectora y que buscó la luz cuanto le fue posible para entender su fe y poder vivirla sinceramente. Pero lo que entendió sobre el Crucificado no lo aprendió en ningún libro, sino creyendo y orando, y llevando a la vida lo que iba intuyendo.

La teología actual sabe –mejor que la del tiempo de Teresa– que la cruz de Cristo alude, más aún que al dolor físico –sin duda, desmesurado– a la humillación que suponía la crucifixión: era una muerte vergonzosa y denigrante. Una muerte con la que Cristo cedió todos sus derechos y se degradó voluntariamente.

Teresa lo comprendió, y por eso hablaba de la cruz que puede aparecer en la vida por el hecho de elegir estar en el «bando del Crucificado». Por decidir seguirle y vivir tras su estela.

Solo desde ahí se puede entender –o mejor, vivir– ese ir «procurando perder de nuestro derecho», del que habla Teresa. Algo que a la mentalidad actual le resulta prácticamente inadmisible. Sin duda, hay gentes admirables, anónimas para muchos, que viven cediendo, es decir, renunciando de un modo u otro a sus legítimos derechos, en pro de los demás. Pero a nadie se le oculta lo difícil que resulta encajar esta idea en el pensamiento de hoy.

De hecho, a la gran comunidad de seguidores de Jesús se le hace muy difícil no encontrar argumentos y razones –¿excusas?– de todo tipo, para no perder o ceder sus derechos. Mientras que, desde la Encarnación hasta la cruz, el camino de Cristo es el de la desposesión de sí más absoluta en favor de los demás.

Tal vez por eso, Teresa decía con tanta fuerza: «Poned los ojos en el Crucificado y haráseos todo poco… ¿Pensáis que es poco un tal amigo al lado?». Teresa sabe que ese Cristo se hace compañero de vida, cuando se acoge su presencia: «No os faltará para siempre; ayudaros ha en todos vuestros trabajos; tenerle heis en todas partes».

El Crucificado va por delante. Por eso, es posible responder a su invitación –«Venid conmigo»– y decidirse a vivir como Él. Sin duda, supone un riesgo porque implica una profunda desinstalación. Lo intuyeron pronto los primeros discípulos, tambaleándose y queriendo convencer a Jesús de que no cediera su dignidad. Y lo intuye quien mira al Cristo vivo en sus palabras, en su interior y en quienes le siguen de verdad.

Para Teresa, ser del «bando del Crucificado» es ir entendiendo la vida de Jesús, asumir su estilo bienaventurado, que busca parecerse al Padre todo bueno, que pone su dignidad en el amor, hasta el punto de decir: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos».

Cuando Teresa pensaba en esa forma de dar la vida, animaba a cada una de sus hermanas a «ser la menor de todas… mirando cómo o por dónde las podéis hacer placer y servir». Por eso le molestaba tanto que se hiciera «caso de unas cositas que llaman agravios» y las cosas de «honra», la búsqueda de reconocimiento o ventajas. Porque, en definitiva –como había advertido san Pablo a los Corintios– era vaciar la cruz de Cristo, desfigurarla.

La comunidad de los que siguen a Jesús está llamada a ceder derechos y dignidades, a renunciar a sus ventajas, a no ofenderse cuando no es tratada con reverencia. Está llamada a reconocer, nuevamente, la cruz de Jesús. Será necesario recordar que Él pidió ser «cautos como serpientes e ingenuos como palomas», pero también que avisó de que un discípulo no es más que su maestro, si de verdad es discípulo. Y al Maestro, su vida le llevó a desposeerse y no salvarse a sí mismo, le llevó a la cruz.

A toda la comunidad que sigue a Jesús y a cada miembro de ella, se dirige Teresa: «Abrazaos con la cruz que vuestro Esposo llevó sobre sí y entended que esta ha de ser vuestra empresa; la que más pudiere padecer, que padezca más por El, y será la mejor librada». Padecer es servir como Cristo, no significa afligirse o castigarse sin razón. Es seguir al que dijo, cuando iba camino de Jerusalén: «Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve».

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Elton John: ‘Jesucristo aprobaría el matrimonio homosexual’

viernes, 11 de julio de 2014
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Ru, Jim, Jesus and beloved Detail Color CorrectedEl veterano Elton John no podría estar más ilusionado estos días ante su futura boda (posiblemente, el año que viene) con el cineasta David Furnish, con quien adoptó a sus hijos Zachary y Elijah, pero esa emoción también le ha servido para sacar su lado más reivindicativo y, en concreto, para defender a toda costa el matrimonio entre personas del mismo sexo como un símbolo más del «amor» que «Jesucristo predicó» entre sus discípulos y seguidores.

«Si Jesucristo estuviera vivo hoy en día y estuviera tan convencido de sus ideales como lo estaba entonces, celebraría el matrimonio homosexual con el mismo entusiasmo que cualquier otro tipo de boda, porque estas uniones no dejan de representar el mismo amor, la compasión y el perdón que él tanto predicaba. Al fin y al cabo, el matrimonio no deja de ser la expresión de lo mejor que tenemos en este mundo, y creo que la Iglesia debería centrarse en promover ese intercambio de sentimientos en lugar de condenarlo», aseguró el intérprete en una entrevista al canal Sky News.

El Papa es maravilloso’

Sin embargo, el artista está convencido también de que el cristianismo, y la Iglesia Católica en particular, merecen cierto «respeto» por, a su juicio, haber tratado de protagonizar una tímida evolución que se acomodara a las necesidades de la sociedad del momento, aunque al mismo tiempo expresa que todavía «queda mucho camino que recorrer» para llegar a una época en la que la homosexualidad deje de estar estigmatizada por el clero y las autoridades religiosas.

«No podemos olvidar que la religión siempre ha estado un paso por detrás de los demás, pero eso no significa que en los últimos años no se hayan hecho avances importantes, por eso mismo la respeto. Pero lo que no hay que hacer nunca es conformarse, yo al menos no lo haré. Lucharé por nuestros derechos hasta el día en que me muera, ya que todavía queda mucho camino que recorrer», añadió.

Asimismo, el cantante tuvo palabras de elogio para el Papa Francisco. «El nuevo Papa es maravilloso. Estoy totalmente entusiasmado por su humanidad, por su modo de concentrase sobre una fe hecha de humildad». «[Francisco] lleva a las cosas a lo esencial, al decir que todo es simplemente una cuestión de amor, de unir a la gente sin excepción», añadió, considerando que «la Iglesia [anglicana] de Inglaterra también debe incentivar esto».

En la entrevista, el cantante también reveló que pronto se reunirá con el presidente ruso Vladimir Putin para pedirle que «entierre de una vez» su campaña de difamación contra el colectivo gay. «Voy a intentar hablar con él. El único modo de alcanzar soluciones es hablar con la gente», aseguró el cantante, quien ya había denunciado el pasado diciembre, durante sus conciertos en Moscú, la ley rusa.

Fuente El Mundo

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El Centro de Gravedad.

martes, 10 de junio de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

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Me reprochas por situar el centro de gravedad de la fe cristiana en el futuro en lugar de situarla en el drama redentor de la muerte y resurrección de Jesucristo. El reproche es justo… ¡Pero es Jesús mismo quien sitúa el centro de gravedad de la fe cristiana en el futuro! No hago sino conformarme con ello como lo hacían el cristianismo primitivo y San Pablo, y como debemos hacerlo nosotros mismos/as. El centro de gravedad de la fe cristiana no es el drama redentor de nuestra dogmática, sino la llegada del Reino de Dios en nuestro corazón y en el mundo. La naturaleza del cristianismo está constituida por la predicación de Jesús del Reino que está próximo, no por la teoría de la redención de san Agustín. Lo que debe ocuparnos ante todo, es el Reino de Dios.

*
Albert Schweitzer, carta del 11 de julio de 1952 a Maurice Carrez

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Resurrección.

viernes, 25 de abril de 2014
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Del blog de la Communion Béthanie:

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Comienza justamente a amanecer,
Una luz tímida viene apenas para aclarar la bóveda celeste todavía noche pesada.
Con María Magdalena, me pongo delante de la tumba,
Pero ya la piedra ha sido quitada.
La tumba está vacía, Tú no estás.
Me esperas fuera,
estás allí, a plena luz y me llamas por mi nombre.
Y es que la muerte no consiguió retenerte entre sus lazos,
estás vivo, resucitado …
Me dices que abres un paso hacia tu Padre que es también mi padre,
Y es que esta vida que fluye en ti también me está destinada a mí.
Mi vida está en Dios,
ninguna fuerza en el mundo podrá poner fin a esta vida,
incluso el poder de la muerte.
Dios mío, en esta mañana de Pascua es mi canto lo que sube hacia ti,
canto de esperanza y de alegría,
Qué tu Espíritu de resurrección me tome,
Qué me devuelva a la vida.
Qué tu vida, tu amor y tu gracia fluyan en mí,
Qué vengan a irrigar cada parcela de mi ser,
Con el fin de que resucite y viva de con Tu Vida.
Amen
*
Nadine Heller
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¿Hubo un solo Cristiano, y ése murió en la Cruz (Sábado Santo)?

sábado, 19 de abril de 2014
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1623688_275679805942552_3583716925642603531_nDel blog de Xabier Pikaza:

Ésta es una de las frases más famosas sobre Jesús, y la escribió F. Nietzsche en su Der Anti-Christ (El Anticristiano, mejor que El Anticristo), frase que bien leída podría convertirse en una apología de Cristo, en este comienzo del siglo XXI.

Murió un Viernes preguntando: ¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?, y así hizo suyo el grito de la humanidad entera. Pero desde tiempo antiguo muchos cristianos han pensado que ese grito decía: ¡Iglesia mía, Iglesia mía! ¿por qué me has abandonado?

Más que abandono de Dios habría, según eso, un abandono de la iglesia, que parece haberse olvidado de Jesús, convirtiendo su evangelio en un sistema de creencias, o en un simple folclore, como sigue diciendo una pintada de azul, que apareció al comienzo de esta semana (15.4.14), en el gran pórtico de San Trokas/Torcuato de Abadiño. El grafito decía y dice:

Kristautasune ezin leike teoria ona izan, iñok ez dau ta praktikara erueten
(El Cristianismo no puede ser buena teoría, pues nadie lo ha practicado)

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Su mensaje se parece al de Nietzsche. Más que a Cristo critica a los cristianos o, mejor dicho, a un cristianismo interpretado como “teoría sacral o eclesial”, en el pórtico de una Iglesia significativa de Euskadi, como lema de Semana Santa.

Éste me parece un tiempo bueno para meditar en su sentido, en este hondo tiempo vacío de liturgia cristiana, lleno de interrogantes y promesas, que va de la Celebración del Viernes Santo (de la que venimos) a la gran Vigilia Pascual (a la que iremos mañana a la noche). Buen día a todos.

Una pintada distinta, en tierra de pintadas

Mi tierra (Euskadi) ha sido en los últimos cincuenta años un “paraíso” de pintadas, pero ésta es distinta. Así me escribió el pasado martes mi hermano Natxo:

“En mis 64 largos años es la primera llamada de atención mediante el sistema de “pintada o grafito” que he visto respeto a la práctica del cristianismo en nuestro entorno… Es curioso puesto que en el campo político es uno de los sistemas de comunicación más habitual. El grafito ha aparecido esta mañana 15 de Abril del 2014 en el pórtico de la iglesia parroquial de Abadiño. Los cada día menos cristianos/católicos practicantes alguna o mucha responsabilidad debemos de tener, dado que la mayoría de nuestros hijos y familiares han dejado de practicar esta religión. Te adjunto unas fotos…”.

Este “sistema” de pintadas “anticristianas” es muy antiguo, pues quizá el primer testimonio gráfico cristiano que conservamos es un burro crucificado del siglo II d.C., que apareció en un cuartel romano del Palatino, representando a un cristiano llamado, al parecer, Alexamenos, a quien un soldado listo comparó con el Cristo/Burro.

Nuestro grafitero de Abadiño (hijo y nieto de cristianos) ya no compara a los creyentes que celebran la Semana Santa en su iglesia con “burros orejudos tontos y además crucificados”, sino que les presenta (quizá con pena) como farsantes listos, que han construido grandes iglesias, con pórticos inmensos (hechos para jugar de niños, como hacíamos nosotros allí mismo, hace sesenta año, o para celebrar juntas de mayores, tras la misa)…

Pues bien, esos pórticos de iglesia parecen haber quedado vacíos de niños y de cristianismo…. Nadie ha cumplido el mensaje de Jesús, dice el grafito, no puede ser verdad, sigue diciendo. ¿Quién ha hecho mal las cosas, comenta mi hermano? ¿Qué puede decirse ante ese dato? Hay, al menos, tres posibilidades que debemos meditar estos días:

‒ ¿Ha hecho mal el grafitero al escribir esta leyendo en el atrio de la Iglesia, para que la lean todos los que pasan a celebrar el Jueves, Viernes y Sábado Santo? La respuesta estaría en mandar al alguacil o al policia, encontrar al culpable y meterlo por un tiempo en la cárcel, por manchar iglesias.

‒ ¿Hemos hecho mal los cristianos de Iglesia por ser incapaces de decir lo buenos que somos? Sería un problema de trasmisión de la fe o, mejor dicho, de vida cristiana. Nuestros antepasados, hace cuatro o cinco siglos, elevaron inmensas iglesias con pórticos para ferias, reuniones y juegos, mostrando así que eran buenos cristianos. Nosotros ya no sabemos decir lo que somos, si es que somos de verdad cristianos.

‒ ¿O el problema es, de verdad, que ya no practicamos el cristianismo, que nunca lo hemos practicado, que hemos camuflado a Jesús desde el principio? Así podríamos pensar con F. Nietzsche que “hacemos” misas y organizamos procesiones precisamente para olvidarnos de Jesús.

Una cuestión que planteaba F. Nietzsche

Esa cuestión del grafito de Abadiño 2014 no la planteó sólo Nietzsche, sino que había sido elevada de mil formas en toda la Edad Moderna. Recuerdo sólo dos ejemplos importantes, para citar al fin su texto:

M. Lutero, el gran cristiano reformador (al que cita Nietzsche en su texto)… tiene una visión semejante, pues al hablar del Sermón de la Montaña afirma que su doctrina (no juzgar, perdonar al enemigo, poner la otra mejilla, no exigir el pago de las deudas…) no puede cumplirse. Entonces ¿por qué dijo Jesús esas cosas?.

‒ Porque las cumplió él por nosotros, y eso era suficiente. Sólo Jesús fue de verdad cristiano.
‒ Nosotros, los demás, sólo somos cristianos “por fe y por humildad”. Creemos que lo Jesús hizo y dijo es verdad; sabemos que no podemos cumplirlo, y así (al escuchar esas palabras) nos humillamos y pedimos perdón a Dios.
‒ Eso significa que para Lutero y para un tipo de Reforma protestante, en el fondo, el cristianismo de verdad es imposible. Por eso tenemos que dejar este mundo en manos de los “poderes fácticos”, que no son cristianos.

F. Dostoiewsky, cristiano de gran fuerza (al que Nietzsche tiene presente en esa cita) piensa (y así lo dice en el poema del Gran Inquisidor), que la iglesia católica (precisamente la de Sevilla, que ahora está sacando a sus vírgenes y cristos por la calle) ha optado por seguir al Diablo, en vez de a Jesús. Lo que Jesús hizo y dijo es imposible de cumplir, y por eso le mataron. Jesús fue en el fondo el único cristiano. Entonces ¿qué ha pasado?

‒ Los demás, la Iglesia católica, hemos seguido hablando de Jesús, y diciendo que cumplimos sus mandamientos y ejemplos, según el Sermón de la Montaña, pero en la práctica hemos dejado nuestra vida en manos del Diablo (representado por el Gran Inquisidor).
‒ Eso significa que el Diablo domina y dirige de hecho este mundo. Las iglesias han sido buenas, para tener domada a la gente, en tiempos en que era necesaria la doma… pero ahora deben cambiar, si quieren seguir a Jesús.

Éste es el reto del grafito de Abadiño

Yo que no soy Lutero, ni Dostoiewsky (ni Nietzsche), pienso que ese grafito es bueno, engañoso y exigente, al mismo tiempo:

‒ En un sentido es verdad lo que dice el grafito. Hablando con toda sinceridad, en este Viernes Santo, al situarnos ante la Cruz de Jesús, debemos confesarnos pecadores, como quería Lutero. De un modo u otro, todos los cristianos hemos abandonado a Jesús, hemos dejado sólo al Hijo de Dios, que no ha venido para castigarnos, sino para morir por (con) nosotros.

‒ En otro sentido, ese grafito en engañoso, pues desde Jesús hasta el día de hoy han existido cientos y miles de cristianos que han querido seguirle y le han seguido, dando la vida por los demás, de un modo generoso, perdonando, amando. Ese grafitero tiene los ojos ciegos si no sabe o no quiere ver todo el germen de humanidad que ha sembrado y sigue sembrando la iglesia de Jesús.

‒ Finalmente, ese grafito es muy exigente, no para los otros, sino para nosotros, los cristianos, como muestra el mismo Dostoiewsky en su poema del Gran Inquisidor, que es un canto al verdadero cristianismo que vive del perdón y de la libertad, el cristianismo del Cristo que sigue caminando (curando, animando, queriendo…) por las calles de la misma Sevilla, sin que los inquisidores de turno puedan apagar su voz.

Una reflexión final

Quiero dejar para el final el texto entero de F. Nietzsche, que es una de las mayores alabanzas que conozco a Cristo y a los verdaderos cristianos, el año 1885, cuando él pensó que empezaba la nueva era de la humanidad:

a. Lo propio del cristianismo no es una teoría sobre Dios, ni un tipo de fe puramente interior, sino una forma de vida gozosa y arriesgada: únicamente la práctica cristiana, el vivir como vivió el que murió en la cruz es lo cristiano”. Ante el reto de esa práctica seguimos, un día como hoy, nosotros los cristianos.

b. El cristianismo es posible y necesario hoy, como sigue diciendo el mismo Nietzsche, con una inconsecuencia (¿?) genial: “Aun hoy, tal vida (como la de Jesús) es posible para ciertos hombres, y hasta necesaria: el verdadero, el originario cristianismo será posible en todos los tiempos. No una creencia, sino un obrar, sobre todo, un no hacer muchas cosas, un ser de otro modo”. No se trata por tanto de hacer muchas cosas, sino de ser de otra manera.

c. Voy a dejar para el final la cita entera de Nietzsche. Pero antes quiero dar grafitero de Abadiño, pueblo de mi infancia. En ese portal jugué a la pelota o al fútbol en tardes de lluvia (cuando frontón y plaza estaban mojados…). Por allí entré a la Iglesia muchas veces… Por eso me parece bueno que los que vayan a pasar mañana para la vigilia pascual lean lo allí dicho con humor y con amor. Un buen grafito no tiene por qué ser verdadero en su forma externa, pero debe ser provocador. Y éste me ha provocado.

d) Hasta el día de pascua os dejo a todo, con este grafito, dando gracia a Natxo por haberlo fotografiado y mandado. Sigue parte del texto de Nietzsche.

F. Nietzsche, El Anticrist(ian)o 39

Retrocedamos y contemos la verdadera historia del cristianismo.

Ya la palabra cristiano es un equivoco: en el fondo no hubo más que un cristiano, y éste murió en la cruz. El Evangelio murió en la cruz. Lo que a partir de aquel momento se llamó evangelio era lo contrario de lo que él vivió; una mala nueva, un Dysangelium. Es falso hasta el absurdo ver la característica del cristiano en una fe, por ejemplo, en la fe de le redención por medio de Cristo; únicamente la práctica cristiana, el vivir como vivió el que murió en la cruz es lo cristiano

Aun hoy, tal vida es posible para ciertos hombres, y hasta necesaria: el verdadero, el originario cristianismo será posible en todos los tiempos. No una creencia, sino un obrar, sobre todo, un no hacer muchas cosas, un ser de otro modo … Los estados de conciencia, por ejemplo, una fe, un tener por verdadero -toda sicología sobre este punto- son perfectamente indiferentes y de quinto orden, comparados con los valores de los instintos; hablando más rigurosamente, toda la noción de causalidad espiritual es falsa.

Reducir el hecho de ser cristianos, la cristiandad, al hecho de tener una cosa por verdadera, a un simple fenomenalismo de la conciencia, significa negar el cristianismo. En realidad, jamás hubo cristianos. El cristiano es simplemente una psicológica incomprensión de sí mismo. Si mira mejor en él verá que, a despecho de toda fe, dominan simplemente los instintos, ¡y qué instintos!

La fe fue en todos los tiempos, por ejemplo, en Lutero, sólo una capa, un pretexto, un telón, detrás del cual los instintos desarrollaban su juego; una hábil ceguera sobre la dominación de ciertos instintos … le fe -ya la he llamado yo la verdadera habilidad cristiana-: se habló siempre de fe, se obró siempre por sólo el instinto … En el mundo cristiano de las ideas no se presenta nada que tanto desflore la realidad; por el contrario, en el odio instintivo contra toda realidad reconocemos el único elemento impelente en la raíz del cristianismo. ¿Qué es lo que se sigue de aquí? Se sigue que también in psychologysis el error es radical, o sea determinante de la esencia, o sea de la sustancia.

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«El crucifijo más antiguo», por José María Castillo, teólogo.

sábado, 19 de abril de 2014
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2344985497_3422904de8De su blog Teología sin Censura:

Una de las cosas más complicadas, que entraña el cristianismo, está en saber y precisar debidamente cómo debemos los cristianos expresar la fe, el respeto y las exigencias que lleva consigo el recuerdo y la imagen de Jesús crucificado. De sobra sabemos que la cruz, el instrumento de muerte infamante en el que mataron a Jesús, se ha utilizado – y se sigue utilizando – para los fines más diversos: imagen de piedad y devoción, adorno de paredes y edificios, símbolo de identidad de una confesión religiosa, signo de autoridad y poder, ornato de bisutería y joyería, condecoración para personas importantes y tantas cosas más que quizá ni nos imaginamos.

Este nudo de cosas tan heterogéneas, y hasta tan contradictorias, resulta perfectamente comprensible. Baste pensar que, según la fe cristiana, en una cruz (lo más degradante que se ha inventado) murió Dios (lo más excelso, tan excelso que nos trasciende a los humanos). Y esa fusión de lo que (según la humana razón) no se puede fusionar, se realizó de forma que aquello no fue, ni pudo ser, un rito religioso, sino la ejecución de un delincuente. Así fue, si nos atenemos al hecho histórico. Otra cosa es la interpretación que le dio a ese hecho el apóstol Pablo, al afirmar que la muerte de Cristo fue un “sacrificio” y una “expiación” por nuestros pecados (1 Cor 5, 7; Rom 5, 9-11; Ef 5, 2). Pero la realidad es tozuda. La muerte de Jesús fue lo que fue, en aquella sociedad: la ejecución legal de un hombre “peligroso”, asesinado entre dos “lestaí” (Mc 15, 27 par), una palabra que, según el historiador F. Josefo, se utilizaba para designar a los “rebeldes” al orden establecido.

Por eso los cristianos primitivos no se atrevieron nunca ni a pintar cruces y crucifijos. Hubiera sido una provocación decir, en aquellos tiempos, que se veneraba a un “dios crucificado”. El crucifijo más antiguo que se conoce fue descubierto en 1856, en un sótano de las ruinas del viejo palacio del emperador Augusto. Lo que se encontró fue un “graffiti” (datado en torno al año 200) que representa a un hombre delante de una cruz en la que está crucificado un hombre desnudo con cabeza de burro. Y debajo, con grandes letras, una burla que dice en griego: “Alesamenos sebete Theon”, que significa “Alejandro adora a Dios”.

Esto fue escrito, si duda, por un irrespetuoso empleado del palacio imperial, que así se burlaba de los cristianos que empezaban a hacerse notar en Roma. La figura es indignante para quienes veneramos, con respeto y sentimientos de devoción, la imagen de Jesús crucificado. Pero confieso que a mí me indigna, tanto o no sé si más aún, que aquel subversivo del poder y la ostentación, que fue Jesús, se vea hoy representado, con oro y pedrería de gran lujo, para lucimiento de gentes sin escrúpulos, que ostentan así su vanidad, su prepotencia, su codicia o su ambición. Y lo peor de todo es que, con demasiada frecuencia, estos sentimientos se lucen a costa del dolor y la vergüenza de los más desamparados. ¿Y nos quejamos de que las cosas estén como están? ¿Es que nos hemos empeñado en hacer del fracaso de Jesús el triunfo del cristianismo? Y lo peor de todo es cuando vemos las cosas más disparatadas como lo más natural del mundo. Entonces es cuando yo empiezo a temer en serio que esto no tiene remedio.

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