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Domingo X del Tiempo Ordinario. 5 junio, 2016

domingo, 5 de junio de 2016
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TO-D-X

Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: Muchacho, a ti te digo: Levántate.”
(Lc 7, 11-17)

Al leer y dejar que este evangelio empape mi ser me descubro transida de esperanza en las posibilidades que el ser humano tiene de resucitar a otr@s.

Jesús se acerca, no hay otra posibilidad para nosotr@s, seguidor@s de Jesús, que acercarnos a quienes sufren… “El Señor al verla, se compadeció de ella y le dijo: -No llores” (Lc 7, 13). Jesús nos enseña a compadecernos, a acercarnos, a dejarnos conmover y sufrir con los que lloran. Sin embargo Jesús no dice: no llores y no hace nada, sino que se acerca, y después toca, acaricia, y le devuelve la vida.

Es un progresivo acercamiento que le posibilita tocar el féretro, palpa lo que contiene la muerte, y lo hace no para retener la muerte, sino para acariciar el dolor, que conlleva la separación y la soledad ante la pérdida de quien ama, y le devuelve la vida.

Jesús no retiene la muerte, la atraviesa con la compasión y se lo hace sentir al joven muerto, le otorga la vida a través del tacto.

No hay miedo a la muerte, hay calor humano y divino en Él, que comunica la vida a través de la sencillez del gesto que acaricia, con el cual se entrega y dona.

Traspaso lo que soy al otr@ y recibo del otr@ lo que es, sin miedo.

Dejar que mi vida le llegue y acoger su muerte, en un trasvase de lo que somos, más allá de lo que pensamos ser, y posibilitar que la vida fluya, para convertirse en Vida.

El “tocar” de Jesús es de vida porque no retiene, porque no es compulsivo, porque no es para poseer, sino para demostrar al otr@ que le importa, que le quiere, que se conmueve ante su sufrimiento, que SIENTE en el fondo de sí, su dolor y su muerte.

“ Y Jesús, se lo entregó a su madre” (Lc 7, 15)

¿Por qué nos da vergüenza acariciar y abrazar entregando lo más sagrado que somos, la vida que nos vive y que no es nuestra, traspasar las barreras de la sensualidad para compartir la sensitividad que somos y otorgar la VIDA de Dios en nosotr@s?

Si somos capaces de acercarnos y acariciar “las muertes” de nuestra humanidad quienes están muertos se INCORPORARÁN Y LEVANTARÁN.

Gracias Espíritu Santo por tantas manos que se atreven a acariciar, sin miedo a contagiarse ni mancharse .

Ayúdanos a pararnos

y a cercarnos a quienes viven muertos.

Que nuestras manos sean espacio vacío de apropiación,

DISPONIBLES para acoger el dolor

y entregar Tu Amor.

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El problema de Dios.

jueves, 2 de junio de 2016

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«Dios no es un ‘problema’ y nosotros, que vivimos la vida contemplativa, hemos aprendido por experiencia que nadie puede conocer a Dios mientras esté intentando resolver ‘el problema de Dios’.

Tratar de resolver el problema de Dios es tratar de verse los ojos. Uno no puede verse los ojos porque son aquello con lo que ve, y Dios es la luz por la que vemos – por la que vemos no un objeto claramente definido llamado Dios, sino todo lo demás, en el Único invisible-. Dios es entonces Aquel que ve y la Visión, pero Él no es visto en la tierra…»
(continúa)

*

Thomas Merton

***

También San Juan de la Cruz nos habla de su experiencia buscando el Misterio

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«Entréme donde no supe:
y quedéme no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Yo no supe dónde estaba,

pero, cuando allí me vi,

sin saber dónde me estaba,
grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí,
que me quedé no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida, vía recta;
era cosa tan secreta,
que me quedé balbuciendo,
toda ciencia trascendiendo.

Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado,
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado,
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo.
toda ciencia trascendiendo.

El que allí llega de vero
de sí mismo desfallece;
cuanto sabía primero
mucho bajo le parece,
y Su ciencia tanto crece,
que se queda no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Cuanto más alto se sube,
tanto menos se entendía,
que es la tenebrosa nube
que a la noche esclarecía:
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Y es de tan alta excelencia
aqueste sumo saber,
que no hay facultad ni ciencia
que la puedan emprender;
quien se supiere vencer
con un no saber sabiendo,
irá siempre trascendiendo.

Y, si lo queréis oír,
consiste esta suma ciencia
en un subido sentir
de la divinal esencia;
es obra de su clemencia
hacer quedar no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.»

*

San Juan de la Cruz

***

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29 6.16. Corpus. Cuando el pan era compartido, y toda comida eucaristía

lunes, 30 de mayo de 2016
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imagesTerminamos con este texto las reflexiones que Xabier Pikaza ha publicado en su blog acerca del sentido de la Solemnidad del Corpus Christi:

Se celebra este domingo el día solmene del Cuerpo y de la Sangre del Señor, la fiesta de la Eucaristía.

— En este contexto quiero comentar un texto eucarístico de 1 Corintios, para comprender mejor el mensaje eclesial de Pablo, básicamente centrado en la comida compartida.

Pasaré después a la visión eucarística del principio del libro de los Hechos, cuando los creyentes compartían con frecuencia la comida, y toda comida común, recordando a Jesús, era Eucaristía.

Me fijaré después en un texto posterior de la Didajé, donde la comida compartida era siempre, de algún modo, eucaristía.

Sin pan compartido en la comunidad, sin comunión de pan con los hambrientos no existe eucaristía.

— En algunas comunidades de Pablo (Galacia, quizá Antioquía) el problema había sido el de poner dos mesas separadas, si podían comer juntos todos los cristianos, los de origen judío y los de origen gentil, de manera que Jesús apareciera como principio de unidad y comunión entre todos los hombres.
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— Más adelante, en Corinto, el problema fue el de unir la comida de los ricos y los pobres, que todos pudieran compartir el mismo pan, pues sin comunión de vida no existe eucaristía (las respuesta de Pablo a ese problema siguen siendo importantes todavía).

— Finalmente, el problema está en haber creado una eucarístía sin comida, adorar el pan «sagrado», pero no compartirlo… Sacarlo en procesión, pero sin que haya comunión entre todos los creyentes… y entre los creyentes ricos y los pobres del mundo.

El problema está evocado, un problema que sigue siendo un tesoro y un reto de los cristianos en el mundo. Siga leyendo quien quiere entender lo que supone en nuestro tiempo el Corpus.

Texto básico, empezamos por Pablo (1 Cor 11, 18-34).

[Divisiones]

Me han dicho que, al reuniros como iglesia, asamblea, hay entre vosotros divisiones, y lo creo en parte… Cuando os reunís, pues, en común, no es comer la Cena del Señor, porque cada uno come primero su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro se embriaga. ¿No tenéis casas para comer y beber? ¿O es que despreciáis a la Iglesia de Dios y avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué voy a deciros? ¿Alabaros? ¡En eso no los alabo!

[Institución]

Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: Este es mi cuerpo, dado por vosotros; haced esto en recuerdo…

[Misterio]

Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga. Por tanto, quien coma el Pan o beba la Copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, por tanto, cada cual, y coma así el Pan y beba de la Copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo.

[Escatología]

Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos Si nos juzgásemos a nosotros mismos, no seríamos castigados Mas, al ser castigados, somos corregidos por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.

[Separación]

Así pues, hermanos míos, cuando os reunáis para la Cena, esperaos los unos a los otros. Si alguno tiene hambre, que coma en su casa, a fin de que no os reunáis para castigo vuestro (1 Cor 11, 18-34).

Divisiones en la Iglesia,

El texto es complejo y quien quiera estudiarlo a fondo deberá acudir a un comentario detallado de la Primera a los Corintios Aquí me limito a comentar los apartados básicos del texto, conforme a las palabras que he colocado entre corchetes:

El primer problema lo forman las divisiones de la iglesia, que son de varios tipos, como puede verse por el conjunto de la carta:

— la comunidad está formada por gentes de diverso origen y tendencia; hay líderes fuertes, coreados por unos y/o otros (cf. 1 Cor 1, 10.17);

— hay visiones diferentes sobre las relaciones sexuales y la forma de enfrentarse con los ídolos (cf. 1 Cor 7-8), lo mismo que sobre el valor del mundo actual y la resurrección (cf. 1 Cor 15).

Pues bien, entre esas divisiones, la más sangrante es aquella que divide a ricos y pobres, pues unos y otros celebran la cena fraterna en mesas distintas, con alimentos de valor muy desigual, de manera que unos pasan hambre y otros se exceden y emborrachan.

La respuesta de Jesús hubiera sido la participación plena: poner todo en común (panes y peces, vino y carne), bendiciendo a Dios sobre la comida compartida, que resulta suficiente y abundante para todos.

En este momento, dadas las circunstancias de la comunidad, el mismo Pablo que en Galacia (Antioquía) había mantenido la exigencia de comer juntos (sin separar el plano sacral y profano), se inclina ahora por una separación parcial de ambas comidas, al menos en casos como los que aparecen en Corinto, pues no quiere que en la reunión comunitaria existan diferencias. Por eso, los que quieran hacer ostentación de comida… que coman en casa.

Institución

Pablo funda esta separación en el recuerdo de Jesús, que él ha recreado a partir de la tradición eclesial, como indican nítidamente las palabras de la institución,

Ante la dificultad que siente en mantener unidas ambas mesas (Cena del recuerdo del Señor y la comida ordinaria), él ha optado aquí por separarlas de algún modo y destacar la primera…

Evidentemente, su respuesta no puede tomarse como una ley, para siempre, de forma que se escindan de un modo absoluto ambas mesas, como ha hecho parte de la iglesia posterior, que ha buscado la unidad eucarística de todos los cristianos (comiendo todos sólo un pedazo pequeñismo de pan)… y dejando la comida normal para las casas de cada uno.

En principio, la intención de Pablo había sido diferente: quiso que estuvieran unidas ambas meses, vinculadas las comidas; y así lo estableció, sin duda, al fundar la iglesia. Pero las dificultades posteriores le hicieron tomar esta medida de separación, que en aquellas circunstancias parecía necesaria, pero que no puede mantenerse de igual modo para siempre.

Misterio

De esa forma ha destacado Pablo el misterio de la Cena, estableciendo o ratificando un tipo de nueva sacralidad que ha triunfado a lo largo de la historia de la Iglesia. Pan y Copa del Señor reciben aquí valor sacral definitivo, vinculado a la Muerte de Jesús, que se interpreta como acontecimiento escatológico, momento del juicio de Dios.

En esa línea, lo que había sido Cena de Despedida, en comunión vital y entrega mesiánica de Jesús se concibe como misterio fundante de la iglesia, nueva revelación de la gracia de Dios.

Las discusiones sobre el sentido de ese texto han sido y siguen siendo muy intensas: algunos piensan que Pablo asume aquí el lenguaje religioso (pagano) del culto a los misterios; otros piensan que re-introduce concepciones sacrales del judaísmo apocalíptico… No podemos entrar en la discusión. Nos basta con decir que Pablo ha interpretado la eucaristía como centro y signo del misterio cristiano, presencia de Jesús entre sus fieles. Así lo ha visto, y ha visto bien. Por eso es cristiano.

Homeless children reach out from behind a fence as they wait to collect free clothes at a local charity in the northeastern Indian city of Siliguri September 27, 2006. REUTERS/Rupak De Chowdhuri (INDIA) BEST QUALITY AVAILABLE

El Pan eucarístico es el misterio de la Iglesia… es el Cuerpo y Sangre del Señor… En un momento determinado, ese “pan del recuerdo y presencia real del Señor” puede separarse de la comida normal de los creyentes…, pero sólo de un modo parcial, en un momento dado, no siempre… Esa “celebración del misterio” tiene que volver a la comida real, concreta, de los hombres y mujeres de Corinto y del mundo entero, creando así una comunidad de “comulgantes místicos”, pero también, al mismo tiempo, “comunidad de comulgantes concretos”, de hombres y mujeres que comparten el pan de la vida.

Escatología y separación

En ese fondo introduce Pablo unas observaciones escatológicas que nos resulta, al menos, muy extrañas, aunque acaban siendo muy certeras. Pablo piensa que la eucaristía es presencia definitiva del Señor, de tal manera que quien la celebra, en principio, no muere (tiene ya la vida eterna)… ¿Por qué? Porque aquellos que comen en fraternidad, unidos a Jesús, tienen la confianza de la Vida, saben que la Vida de Dios ha llegado, no pueden morir.

El problema está cuando esa certeza se entiende forma externa y así había aparecido en 1 Tes 4, 15-18: los cristianos tesalonicenses pensaban que no morirían, y Pablo tuvo que iluminar su fe por carta, diciéndoles que podían morir, pero que al fin, en la ya inminente parusía, todos (vivos y muertos) participarán del mismo triunfo del Señor. Leer más…

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Hacia un idolatría de la Eucaristía.

domingo, 29 de mayo de 2016
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lidolatrie-de-leucharisrie[…] El mismo Cristo  debe asfixiarse en nuestros ostensorios de oro, en nuestros cálices incomparables, en nuestros copones incrustados de joyas, Él quiso sólo la paja del Pesebre o la madera de la cruz. El culto exagerado de la Eucaristía tiende a hacer de nuestras iglesias templos paganos.

Louis Evely
*

Condúceme de lo irreal a lo real, condúceme de las tinieblas a la luz, condúceme de la muerte a la inmortalidad.

Brihadaranyaka Upanishad
*

Una liturgia sin compromiso místico

Los faraones de Egipto han sido divinizados y los monumentos no dejan de representar su investidura divina. Cuando, más tarde, Alejandro el Grande conquistó Egipto, no creyó que pudiera asegurar su dominación sobre las colonias sin hacerse reconocer como Dios. Del mismo modo los emperadores romanos, para consolidar la unidad de su imperio, aceptaron, luego finalmente impusieron, esta divinización de Roma y de su persona.

Pero esta divinización del faraón provocaba también, casi necesariamente, la “faraonización” de dios. Había una simbiosis, una suerte de comunidad de vida en la que las reacciones eran recíprocas y, finalmente, la imagen de la divinidad se amoldaba a la del faraón divinizado.

¿Hasta qué punto esta situación ha sido reproducida a lo largo de los siglos, incluso en el pensamiento de Israel? ¿En qué medida nuestra liturgia no guarda vestigios de este intercambio ambiguo entre la realeza terrestre y la realeza divina? ¿Hasta qué punto incluso el concepto de la realeza divina no es simplemente una emanación de la realeza humana?

¿En qué medida, en Bizancio, la liturgia de Palacio y la liturgia de Santa Sofía no coincidían en una misma imagen, donde la realeza divina y la realeza humana se confundían de nuevo?

Y en qué medida nuestra liturgia no es todavía una supervivencia de las liturgias reales que no comprometen nunca el fondo del alma? ¿No podemos pensar, a veces, que en nuestra misma liturgia, se trata de rendir homenaje a un soberano, de procesiónar alrededor de su altar, de erigirle un santuario dedicado a él, y una vez hecho esto, queda con Dios, todo esto que puede realizarse y celebrar sin ninguna especie de compromiso místico?

Algo extremadamente peligroso

Es evidente que, si el hombre de la calle es tan a menudo completamente extraño a lo que pasa en nuestras iglesias, es porque no pasa allí ningún acontecimiento susceptible de tocarlo aunque sea un poco. El no se siente allí de ninguna manera alcanzado y concernido a lo más íntimo de él mismo.

Hay una religión aparente que  no asume compromiso profundo. Esto es extremadamente grave, y podemos preguntarnos hasta qué punto esto no es a causa de la Eucaristía que llegamos a una confusión tan radical sobre la esencia misma del mensaje de Jesús.

Una especie de materialismo religioso, el peor de todos; puede trágicamente establecerse alrededor de la Eucaristía; tenemos un catalizador de paladio, un pararrayos celeste, sobre la casa, podemos dormir tranquilo, Dios está allí en su cajita y lo tenemos constantemente a nuestra disposición.

¿Nos hemos cuestionado suficientemente sobre  el valor de nuestras comuniones? ¿sobre el valor de esos niños? ¿Qué producen? ¿Qué cambian?

En las comuniones sin compromiso, donde se cuenta con el opus operatum (un efecto producido infaliblemente por el hecho de que se recibe el sacramento), en las comuniones donde mecánicamente se debe ser santificado porque se abrió la boca o se tendió la mano para recibir la hostia: hay allí algo extremadamente peligroso porque no se ve en absoluto toda la exigencia que está en la base de una conversión verdadera, y que supone a un nuevo nacimiento; no vemosen absoluto la exigencia de la comunión que implica esta transformación radical donde se pasa del mí posesivo al mi oblativo. Incluso, ¿cuántos sacerdotes  que celebran la misa cada día todavía pueden, quizá, estar todavía allí?

Resituar la Eucaristía en la perspectiva evangélica

Debemos pues resituar la Eucaristía, hay que situarla allí dónde la vida de la Iglesia debe encontrar su unidad, hay que situarla en su sitio, es decir en la perspectiva evangélica que se nos impone en los últimos encuentros del Señor con sus discípulos.

La última consigna que resuena en todas las páginas delrelato joánico, es que os améis unos a otros como yo os he amado. Y esta consigna es también el criterio que hace reconocer a los discípulos de Jesús: ” en esto os reconocerán que sois mis discípulos, si os amais los unos a los otros.

Y para dar una lección a sus discípulos, Jesús les lavó los pies. “Esto es lo que es amar a tu prójimo: lo que he hecho es para que hagáis vosotros lo mismo los unos a los otros».

Por extraño que pueda parecer, la Eucaristía parece haber desaparecido, ni siquiera se nombra en este lugar, ¿por qué? Debido a que está implícita en esta mandato (lavatorio de los pies). Está implícitamente contenida en el mandato y en la consigna final del Señor: “Amaos los unos a los otros”, ya que es exactamente la misma cosa.

“Os conviene que yo me vaya “

Recordemos las trágicas palabras de Jesús en el discurso después de la Última Cena: “Es bueno que yo me vaya porque, si no me voy, el Paráclito, el Espíritu Santo, no vendrá a a vosotros”. ¿Cómo no ver en estas palabras la confesión de un fracaso? Jesús nunca convirtió a nadie … ¡a nadie! Ni la muchedumbre, ni los sacerdotes, ni las autoridades, ni Herodes ni sus discípulos, ni incluso el discípulo amado que se dormirá como los otros enseguida en el Jardín de la Agonía: no ha convertido a nadie.

Y la llamada suprema que les dirige  a sus discípulos en el lavamiento de los pies se quedará sin eco: no comprenden que el reino de Dios está dentro de ellos mismos.

No comprenderán que es para hacer nacer este reino interior que Jesús se arrodilla delante de ellos para lavarles los pies, y no comprenden  que es para arrancar la piedra de nuestros corazones que Jesús muere sobre la cruz. Y la última pregunta que le harán a Jesús justo antes de la Ascensión será significativa de esta total  incomprensión.

¡La humanidad de Jesús debe pues desaparecer! Y es sólo en lo invisible, en el fuego del Pentecostes, como encontrarán a su Maestro como una presencia interior, no lo verán en lo sucesivo ya más delante de ellos sino dentro de ellos, y es en aquel momento cuando lo reconocerán. ¿Podemos desde entonces imaginar un solo instante que Nuestro Señor nos haya dado la Eucaristía para que refabriquemos con este sacramento un culto idolátrico, para que pudiéramos poseerlo allí, al alcance de nuestra mano, encerrándole en una caja para que nos pertenezca? ¿ Podemos concebir un materialismo igual por parte del Señor? ¿Cómo podemos imaginar que les hubiera robado su presencia visible a los Apóstoles para restituirnos en la hostia un foco de idolatría, como si pudiéramos disponer de Dios como el resultado de un objeto? Es absolutamente imposible, es exactamente lo contrario que sucede cuando Jesús nos da la Eucaristía.

*

Maurice Zundel

La Rochette, 1963

(Fuente)

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***

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.

Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle:

«Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado

Él les contestó:

«Dadles vosotros de comer.»

Ellos replicaron:

«No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.»

Porque eran unos cinco mil hombres.

Jesús dijo a sus discípulos:

«Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.»

Lo hicieron así, y todos se echaron.

Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

*

Lucas 9, 11b-17

***

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«Hacer memoria de Jesús». Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo – C (1 Corintios 11,23-26)

domingo, 29 de mayo de 2016
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10-CORPUS-256x300Al narrar la última Cena de Jesús con sus discípulos, las primeras generaciones cristianas recordaban el deseo expresado de manera solemne por su Maestro: «Haced esto en memoria mía». Así lo recogen el evangelista Lucas y Pablo, el evangelizador de los gentiles.

Desde su origen, la Cena del Señor ha sido celebrada por los cristianos para hacer memoria de Jesús, actualizar su presencia viva en medio de nosotros y alimentar nuestra fe en él, en su mensaje y en su vida entregada por nosotros hasta la muerte. Recordemos cuatro momentos significativos en la estructura actual de la misa. Los hemos de vivir desde dentro y en comunidad.

La escucha del Evangelio

Hacemos memoria de Jesús cuando escuchamos en los evangelios el relato de su vida y su mensaje. Los evangelios han sido escritos, precisamente, para guardar el recuerdo de Jesús alimentando así la fe y el seguimiento de sus discípulos.

Del relato evangélico no aprendemos doctrina sino, sobre todo, la manera de ser y de actuar de Jesús, que ha de inspirar y modelar nuestra vida. Por eso, lo hemos de escuchar en actitud de discípulos que quieren aprender a pensar, sentir, amar y vivir como él.

La memoria de la Cena

Hacemos memoria de la acción salvadora de Jesús escuchando con fe sus palabras: «Esto es mi cuerpo. Vedme en estos trozos de pan entregándome por vosotros hasta la muerte… Este es el cáliz de mi sangre. La he derramado para el perdón de vuestros pecados. Así me recordaréis siempre. Os he amado hasta el extremo».

En este momento confesamos nuestra fe en Jesucristo haciendo una síntesis del misterio de nuestra salvación: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús». Nos sentimos salvados por Cristo, nuestro Señor.

La oración de Jesús

Antes de comulgar, pronunciamos la oración que nos enseñó Jesús. Primero, nos identificamos con los tres grandes deseos que llevaba en su corazón: el respeto absoluto a Dios, la venida de su reino de justicia y el cumplimiento de su voluntad de Padre. Luego, con sus cuatro peticiones al Padre: pan para todos, perdón y misericordia, superación de la tentación y liberación de todo mal.

La comunión con Jesús

Nos acercamos como pobres, con la mano tendida; tomamos el Pan de la vida; comulgamos haciendo un acto de fe; acogemos en silencio a Jesús en nuestro corazón y en nuestra vida: «Señor, quiero comulgar contigo, seguir tus pasos, vivir animado con tu espíritu y colaborar en tu proyecto de hacer un mundo más humano».

José Antonio Pagola

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«Comieron todos y se saciaron». Domingo 29 de mayo de 2016. Festividad del cuerpo de Cristo

domingo, 29 de mayo de 2016
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35-CorpusC cerezoLeído en Koinonia:

Génesis 14, 18-20: Sacó pan y vino:
Salmo responsorial: 109, 1. 2. 3. 4: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.
1Corintios 11, 23-26: Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor.
Lucas 9, 11b-17: Comieron todos y se saciaron.

La primera lectura (Gen 14,18-20) es un antiguo texto legendario, originalmente quizás de naturaleza política-militar, en el que el misterioso personaje Melquisedec rey de Salem ofrece a Abraham un poco de pan y vino. Se trata de un gesto de solidaridad: a través de aquel alimento, Abraham y sus hombres pueden reponerse después de volver de la batalla contra cuatro reyes (Gen 14,17). El pasaje, sin embargo, parece contener una escena de carácter religioso, siendo Melquisedec un sacerdote según la praxis teológica oriental.

El gesto podría contener un matiz de sacrificio o de rito de acción de gracias por la victoria. El v. 19, en efecto, conserva las palabras de una bendición. Las palabras de Melquisedec y su gesto ofrecen una nueva luz sobre la vida de Abraham: sus enemigos han sido derrotados y su nombre es ensalzado por un rey-sacerdote. El capítulo 7 de la Carta a los Hebreos ha construido una reflexión en torno a Cristo Sacerdote a la luz de este misterioso texto del Génesis, según la línea teológica ya presente en las palabras que el Sal 110,4 dirige al rey-mesías: “Tú eres sacerdote para siempre al modo de Melquisedec”.

La segunda lectura (1Cor 11,23-26) pertenece a la catequesis que Pablo dirige a la comunidad de Corinto en relación con la celebración de las asambleas cristianas, donde los más poderosos y ricos humillaban y despreciaban a los más pobres. Pablo aprovecha la oportunidad para recordar una antigua tradición que ha recibido sobre la cena eucarística, ya que el desprecio, la humillación y la falta de atención a los pobres en las asambleas estaban destruyendo de raíz el sentido más profundo de la Cena del Señor.

Se coloca así en sintonía con los profetas del Antiguo Testamento que habían condenado con fuerza el culto hipócrita que no iba acompañado de una vida de caridad y de justicia (cf. Am 5,21-25; Is 1,10-20), como también lo hizo Jesús (cf. Mt 5,23-24; Mc 7,9-13). La Eucaristía, memorial de la entrega de amor de Jesús, debe ser vivida por los creyentes con el mismo espíritu de donación y de caridad con que el Señor “entregó” su cuerpo y su sangre en la cruz por “vosotros”.

Esta lectura paulina nos recuerda las palabras de Jesús en la última cena, con las que cuales el Señor interpretó su futura pasión y muerte como “alianza sellada con su sangre” (1 Cor 11,25) y “cuerpo entregado por vosotros” (1 Cor 11,24), misterio de amor que se actualiza y se hace presente “cada vez que coman de este pan y beban de este cáliz” (1 Cor 11,26). La fórmula del cáliz eucarístico, semejante a la fórmula de la última cena en Lucas (Mateo y Marcos reflejan una tradición diversa), está centrada en el tema de la nueva alianza, que recuerda el célebre paso de Jer 31,31-33. Cristo establece una verdadera alianza que se realiza no a través de la sangre de animales derramada sobre el pueblo (Ex 24), sino con su propia sangre, instrumento perfecto de comunión entre Dios y los hombres.

La celebración eucarística abraza y llena toda la historia dándole un nuevo sentido: hace presente realmente a Jesús en su misterio de amor y de donación en la cruz (pasado); la comunidad, obediente al mandato de su Señor, deberá repetir el gesto de la cena continuamente mientras dure la historia “en memoria mía” (1Cor 11,24) (presente); y lo hará siempre con la expectativa de su regreso glorioso, “hasta que él venga” (1 Cor 11,26) (futuro). El misterio de la institución de la Eucaristía nace del amor de Cristo que se entrega por nosotros y, por tanto, deberá siempre ser vivido y celebrado en el amor y la entrega generosa, a imagen del Señor, sin divisiones ni hipocresías.

El evangelio de hoy relata el episodio de la multiplicación de los panes, que aparece con diversos matices también en los otros evangelios (¡dos veces en Marcos!), lo que demuestra no sólo que el evento posee un cierta base histórica (no necesariamente milagrosa), sino que también es fundamental para comprender la misión de Jesús.

Jesús está cerca de Betsaida y tiene delante a una gran muchedumbre de gente pobre, enferma, hambrienta. Es a este pueblo marginado y oprimido al que Jesús se dirige, “hablándoles del reino de Dios y sanando a los que lo necesitaban” (v. 11). A continuación Lucas añade un dato importante con el que se introduce el diálogo entre Jesús y los Doce: comienza a atardecer (v. 12). El momento recuerda la invitación de los dos peregrinos que caminaban hacia Emaús precisamente al caer de la tarde: “Quédate con nosotros porque es tarde y está anocheciendo” (Lc 24,29). En los dos episodios la bendición del pan acaece al caer el día.

El diálogo entre Jesús y los Doce pone en evidencia dos perspectivas. Por una parte los apóstoles que quieren enviar a la gente a los pueblos vecinos para que se compren comida, proponen una solución “realista”. En el fondo piensan que está bien dar gratis la predicación pero que es justo que cada cual se preocupe de lo material. La perspectiva de Jesús, en cambio, representa la iniciativa del amor, la gratuidad total y la prueba incuestionable de que el anuncio del reino abarca también la solución a las necesidades materiales de la gente.

Al final del v. 12 nos damos cuenta que todo está ocurriendo en un lugar desértico. Esto recuerda sin duda el camino del pueblo elegido a través del desierto desde Egipto hacia la tierra prometida, época en la que Israel experimentó la misericordia de Dios a través de grandes prodigios, como por ejemplo el don del maná. La actitud de los discípulos recuerda las resistencias y la incredulidad de Israel delante del poder de Dios que se concretiza a través de obras salvadoras en favor del pueblo (Ex 16,3-4).

La respuesta de Jesús: “dadles vosotros de comer” (v. 13) es un recurso literario para poner en destaque la misión de los discípulos. Éstos, aquella tarde cerca de Betsaida y a lo largo de toda la historia de la Iglesia, están llamados a colaborar con Jesús, preocupándose por conseguir el pan para sus hermanos. Después de que los discípulos acomodan a la gente, Jesús “tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, los partió y se los iba dando a los discípulos para los distribuyeran entre la gente” (v. 16).

Al final todos quedan saciados y sobran doce canastas (v. 17). El tema de la “saciedad” es típico del tiempo mesiánico. La saciedad es la consecuencia de la acción poderosa de Dios en el tiempo mesiánico (Ex 16,12; Sal 22,27; 78,29; Jer 31,14). Jesús es el gran profeta de los últimos tiempos, que recapitula en sí las grandes acciones de Dios que alimentó a su pueblo en el pasado (Ex 16; 2Re 4,42-44). Los doce canastos que sobran no sólo subraya el exceso del don, sino que también pone en evidencia el papel de “los Doce” como mediadores en la obra de la salvación. Los Doce representan el fundamento de la Iglesia, son como la síntesis y la raíz de la comunidad cristiana, llamada a colaborar activamente a fin de que el don de Jesús pueda alcanzar a todos los seres humanos. Leer más…

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Dom 29.5.16. Corpus, fiesta de la Misericordia

domingo, 29 de mayo de 2016
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pan-y-vinoDel blog de Xabier Pikaza:

 Este domingo celebramos el Corpus de la Misericordia, como ha querido el Papa Francisco, y es buena ocasión para poner de relieve la relación que existe entre la Misericordia de Dios (entre los hombres) y Cuerpo de Cristo.

Como bien sabemos, Jesús ha rechazado (superado) un tipo sacralidad fundada en el sacrificio de animales y en el cumplimiento de unas leyes de pureza, para centrar su fiesta y su presencia en el pan compartido, como dicen dos textos famosos (Mt 9, 13; 12, 7: “misericordia quiero y no sacrificio”).

Así lo han puesto también de relieve los relatos de las “multiplicaciones”, que, en sentido estricto deberían llamarse “alimentaciones”, es decir, fiestas del pan compartido, abiertas a todos los hombres y mujeres del entorno, tanto a un lado del río y del lago de Galilea, como al otro, en la zona de los paganos y/o gentiles (Decápolis).

Marcos 6, 35-44 y 8, 1-10 (con los paralelos de Mateo, Lucas y Juan) han contado cuidadosamente esa “alimentaciones eucarísticas”, que son las primeras y más importantes de todas las fiestas del Corpus, es decir, del Cuerpo Mesiánico de Cristo.

Ciertamente, no están mal las procesiones de Toledo o Ledesma del Tormes, pero en sí mismas ellas se parecen menos a las fiestas del pan de Jesús en Galilea o Decápolis.

eucharist-adorationCorpus de verdad sería una fiesta del pan compartido en Ceuta o Idoumene (si es que queda allí alguien, si es que alguno logra superar las vallas de la policía “católica”), sin interesarse demasiado por la identidad personal y social de cada uno (soltero, casado, divorciado), para poner de relieve su hambre y su deseo de libertad y comunión. Sería bueno celebrar este año el Corpus de la Misericordia, como tiempo de comunión y presencia real de Cristo, en la eucaristía real de la comunión con los necesitados.

En este contexto quiero evocar y situar la fiesta del Corpus, que Jesús fue ensayando y preparando no sólo en sus “multiplicaciones” (alimentaciones) a campo abierto, sino también en otras comidas que compartió con hombres y mujeres de diversa condición, hasta la Última Cena, cuando le iban a matar por eso mismo (por dar de comer a y por comer con todos), con sus discípulos y amigos, en Jerusalén, diciéndoles que de esta dificultad ya no salía en este mundo, pues la policía le estaba persiguiendo los talones.

Fue cuando les dijo que la más honda comida termina siendo la de dar el propio cuerpo, compartir la vida y sangre con todos. Ésta es la fiesta del Corpus, es decir, de mi cuerpo entregado, compartido, al servicio de todos los cuerpos del mundo

13244690_594855500691646_4224160837643405285_nLos cristianos tenemos buena memoria y hemos conservado el recuerdo de las eucaristías de Jesús, en el campo y en las casas, hasta la última de Jerusalén, pero las hemos transformado tanto que ya casi nadie las conoce (¡iba a decir “ni la madre de Jesús”!).

Ciertamente, entre las comidas/corpus de Jesús en Galilea, Decápolis, Jerusalén… y la Eucaristía/Corpus de Toledo o Ponteareas hay una continuidad… pues aquellas llevan a estas, pero hace falta mucha imaginación y buena voluntad para descubrirlo.

Para trazar mejor ese argumento he querido escribir lo que sigue.

Imágenes: 1. «Especies». 2. Adoración. 3 (y final): Mercedarios de Sevilla en una procesión del Corpus.

Comidas mesiánicas, Corpus: Cristo es el pan compartido.

La verdad del Dios de Jesús se expresa en la comida, se vuelve comida compartida, anunciada ya por la profecía:

El Señor de los de Ejércitos prepara sobre este monte (Jerusalén, el mundo entero), un festín de manjares suculentos para todos los pueblos, (Is 25, 6).

Sólo podemos decir que Jesús es Mesías si se expresa y se despliega en forma de pan compartido. Ciertamente, no sólo de pan vive el ser humano, como sabe Mt 4, 4. Por eso, siendo pan “material” (=comida) el Pan del Corpus de Jesús es comida (banquete) de perdón y gratuidad, de comunicación entre los hombres:

1. La comida de Jesús es comida es perdón y fraternidad.

Así se dice que él ha compartido el pan con los pecadores (Mc 2,13-17), aceptando su hospitalidad y sentándose a su mesa. Lógicamente, ese gesto le lleva a superar el ritual judío de comidas (7, 1-23), centrado en la separación de puros e impuros, iniciando un proceso que culmina en la apertura a los gentiles (7, 24-30), es decir, a los llamados impuros, como indica el relato de la siro-fenicia.

Ésta es quizá la comida más importante de Jesús, cuando ofrece el “pan de los hijos”, de los buenos judíos puros… a la madre y a la hija que son siro-fenicias. También ellas, las “gentiles impuras” pueden comulgar, compartir el pan concreto de Jesús, en sentido material y religioso. Leer más…

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26.5.16. Corpus. Cuerpo y Sangre de Cristo, vida humana

domingo, 29 de mayo de 2016
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eucaristiaLeído en el blog de Xabier Pikaza:

El día del Corpus, que tradicionalmente se celebra el jueves después de la Trinidad, la Fiesta de Dios hecho carne y sangre humana, es la fiesta cristiana de la humanidad de Dios, de la divinidad del hombre

El conjunto de la iglesia la celebra ahora esta fiesta el próximo domingo, pero hay multitud de lugares (desde Toledo a Ledesma de Salamanca) en los que se sigue celebrando este jueves, mañana 26-5.16.

Por eso quiero ofrecer una reflexión eucarística fundamental, en la línea de lo que he venido haciendo otros años, desde 2007.

Esta fiesta tiene cien matices, mil riquezas que deben ponerse de relieve en diálogo con la humanidad (el cuerpo de Dios es por Cristo el ser humano entero, la humanidad completa)y en especial con otras confesiones cristianas, que han matizado el sentido de la Eucaristía, en otras perspectivas.

para-celebrar-fiesta-del-pan,-fiesta-del-vinoÉsta es una fiesta religiosa y social, es cristiana y quiere ser universal, la fiesta de todos aquellos que quieren vincularse entre sí, de un modo concreto, compartiendo pan, bebiendo juntos el vino de la vida, en alegría y esperanza, dispuestos a entregar su propia vida, unos por los otros.

Hoy quiero ofrecer simplemente un resumen de lo que significa esta fiesta, este día, desde una vertiente bíblica, católica, en la línea de lo que escribí en un libro titulado: Fiesta del Pan, Fiesta del Vino. Mesa común y Eucaristía. También he desarrollado el tema en el Gran Diccionario De la Bibía (entradas: Última Cena, Eucaristía).

Buen Corpus a todos, feliz día de mañana, feliz próximo domingo.

1. La Cena de Jesús.

Contexto histórico Jesús no ha sido un profeta de ayunos, sino que ha sabido beber y ha bebido, compartiendo con los marginados de su pueblo, el pan y los peces, como han destacado los evangelios en los diversos relatos de las “multiplicaciones”, que debemos entender como comidas mesiánicas de Jesús, a cielo abierto, con todos los que vienen (cf Mc 6,30-44; (, 1-10 par). En ese fondo se sitúa mejor su manera de asumir la muerte.

Sintiéndose amenazado, Jesús quiso beber con sus amigos el vino de fiesta final, prometiendo que la próxima vez lo bebería con ellos en el Reino. Por eso, es normal que las iglesias de Jerusalén y Antioquía (representadas por los textos de la institución eucarística) y luego todas las iglesias hayan conservado las palabras de la última cena sobre el vino como expresión radical de la entrega y esperanza de Jesús (uniéndolas a la palabra sobre el pan), como seguiremos indicando.

a. Mc 14, 25a par. Voto de abstinencia:

«En verdad os digo, que ya no volveré a beber del fruto de la vid…». Este pasaje vincula dos elementos:

(1) Voto de renuncia: Jesús se compromete a no tomar más vino mientras siga existiendo el mundo actual.

(2) Promesa de abundancia: Jesús anuncia a sus amigos el vino del Reino. El texto comienza de un modo elevado (en verdad os digo…), y sigue con una triple negación (no, no, no: ouketi ou mê…), que debe interpretarse como juramento o voto sagrado, en el que el mismo Dios actúa como testigo, en fórmula que podría traducirse: «así me haga Dios en el caso de que…».

En el momento más solemne de su vida, rodeado por sus discípulos, tomando con ellos la última copa, Jesús se compromete a no beber más hasta que llegue en plenitud el Reino que él ha prometido e iniciado (cf. Mc 9, 1; 13, 30), Este juramento puede interpretarse como voto de abstinencia escatológica, de tal manera que, de ahora en adelante, Jesús puede presentarse como nazareo del reino, renunciando al vino. Lógicamente, al acercarse el momento decisivo, Jesús proclama que ya no beberá más vino en este mundo viejo, en este orden de cosas, pero añade que llega (se está acercando de inmediato) el reino.

b. Mc 14, 25b. Vino nuevo del Reino.

Jesús promete abstenerse de beber vino “hasta que beba (con vosotros) el vino nuevo del Reino”. Eso significa que ha puesto su destino al servicio de la viña de Dios, es decir, de la plenitud escatológica. Con el “vino de este mundo”, en la fiesta de su despedida (entrega), ha prometido a sus amigos el “vino nuevo” (es decir, el vino de la nueva cosecha del Reino).

Este juramento escatológico deriva de todo su camino de evangelio: Jesús ha ofrecido su mesa (pan y peces) a los marginados y pobres, a los publicanos y multitudes. Ahora, en el momento final, asumiendo y recreando la mejor tradición israelita, él declara y proclama delante de sus amigos que ha cumplido su camino, ha terminado su tarea: sólo queda pendiente la respuesta de Dios, el vino del “año nuevo”, la fiesta del Reino.

Así pasa del “vino viejo” de esta fiesta de despedida (que el ritual de la institución eucarística interpreta como sangre de alianza: Mc 14, 23-24) al “vino nuevo” de la promesa de culminación mesiánica: al beber la última copa (copa vieja), en compañía de sus discípulos, Jesús les está invitando a tomar la “nueva copa” en el Reino, es decir, en la vida compartida para siempre. Entendido de esta forma, este logion desborda el nivel de los elementos centrales de la pascua judía (pan sin levadura, hierbas amargas o cordero sacrificado), abriéndose a la nueva tierra y vino del Reino.

2. Cena de Jesús.

Fundación de la Eucaristía. Podemos recordar los datos básicos

(a) Los defensores del sistema han condenado a Jesús como socialmente peligroso. Los sanedritas pueden acusarle de blasfemo, diciendo que ha querido colocarse en el lugar más alto, como Dios para su pueblo (cf. Mc 14, 64); en realidad le han rechazado por a-social o antisocial: no encaja dentro del orden de su “templo” (cf. Mc 12, 10-11). Los romanos le condenan a muerte porque quiere hacerse Rey de los judíos (Mc 15, 12), ocupando así un lugar que estaba ya ocupado por el César, rey de Roma y portador de un “orden sagrado” sobre el mundo.

(b) Jesús ha muerto como representante mesiánico de Dios. Profundizando en esa experiencia, los cristianos han comprendido que la última razón de su condena no ha sido la dureza de aquellos sus jueces y verdugos, sino el modo de actuar del mismo Jesús. Su forma de vida, su proyecto de reino, le ha convertido en un hombre peligroso. Por portarse como se ha portado, por defender lo que ha defendido, ha tenido que estar dispuesto a morir. Ciertamente, le han matado. Leer más…

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Fiesta del Corpus Christi. Ciclo C.

domingo, 29 de mayo de 2016
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Panes y pecesDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

Las tres lecturas

La primera, del libro del Génesis, ha sido elegida porque habla del pan y del vino que el rey de Jerusalén ofreció a Abrán (no es una errata, el nombre se lo cambió más tarde Dios en el de Abrahán). Parece un poco traída por los pelos, pero los Padres de la Iglesia y los artistas han visto siempre en esta escena un anuncio de la eucaristía, como la mejor ofrenda que se nos puede hacer.

En aquellos días, Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino, y bendijo a Abrán, diciendo:

            ‒ «Bendito sea Abrán por el Dios altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos.»

            Y Abrán le dio un décimo de cada cosa.

La segunda, de la carta a los Corintios, cuenta lo ocurrido en la última cena. Lo más típico de Pablo es la advertencia final: cuando celebráis la cena del Señor, no estáis celebrando una comida normal y corriente, en la que algunos se emborrachan o se hartan de comer mientras otros pasan hambre (como ocurría de hecho en la comunidad); estáis recordando el momento último de la vida de Jesús, su entrega a la muerte por nosotros. Celebrar la eucaristía es recordar el mayor acto de generosidad y de amor, incompatible con una actitud egoísta.

Hermano: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

En el evangelio, Lucas, siguiendo a Marcos con pequeños cambios, describe una escena muy viva, en la que la iniciativa la toman los discípulos. Le indican a Jesús lo que conviene hacer y, cuando él ofrece otra alternativa, objetan que tienen poquísima comida. La orden de recostarse en grupos de cincuenta simplifica lo que dice Marcos, que divide a la gente en grupos de cien y de cincuenta. Esta orden tan extraña se comprende recordando la organización del pueblo de Israel durante la marcha por el desierto en grupos de mil, cien, cincuenta y veinte (Éx 18,21.25; Dt 1,15). También en Qumrán se organiza al pueblo por millares, centenas, cincuentenas y decenas (1QS 2,21; CD 13,1). Es una forma de indicar que la multitud que sigue a Jesús equivale al nuevo pueblo de Israel y a la comunidad definitiva de los esenios.

Jesús realiza los gestos típicos de la eucaristía: alza la mirada al cielo, bendice los panes, los parte y los reparte. Al final, las sobras se recogen en doce cestos.

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle:

            ‒ «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.»

            Él les contestó:

            «Dadles vosotros de comer.»

            Ellos replicaron:

            «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.»

            Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos:

            «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.»

            Lo hicieron así, y todos se echaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

¿Cómo hay que interpretar la multiplicación de los panes?

Podría entenderse como el recuerdo de un hecho histórico que nos enseña sobre el poder de Jesús, su preocupación no sólo por la formación espiritual de la gente, sino también por sus necesidades materiales.

Esta interpretación histórica encuentra grandes dificultades cuando intentamos imaginar la escena. Se trata de una multitud enorme, cinco mil personas, sin tener en cuenta que Lucas no habla de mujeres y niños, como hace Mateo. En aquella época, la “ciudad” más grande de Galilea era Cafarnaúm, con unos mil habitantes. Para reunir esa multitud tendrían que haberse quedados vacíos varios pueblos de aquella zona. Incluso la propuesta de los discípulos de ir a los pueblos cercanos a comprar comida resulta difícil de cumplir: harían falta varios Hipercor y Alcampo para alimentar de pronto a tanta gente.

Aun admitiendo que Jesús multiplicase los panes y peces, su reparto entre esa multitud, llevado a cabo por sólo doce personas (a unas mil por camarero, si incluimos mujeres y niños) plantea grandes problemas. Además, ¿cómo se multiplican los panes?, ¿en manos de Jesús, o en manos de Jesús y de cada apóstol?, ¿tienen que ir dando viajes de ida y vuelta para recibir nuevos trozos cada vez que se acaban? Después de repartir la comida a una multitud tan grande, ya casi de noche, ¿a quién se le ocurre ir a recoger las sobras en mitad del campo? ¿No resulta mucha casualidad que recojan precisamente doce cestos, uno por apóstol? ¿Y cómo es que los apóstoles no se extrañan lo más mínimo de lo sucedido?

Estas preguntas, que parecen ridículas, y que a algunos pueden molestar, son importantes para valorar rectamente lo que cuenta el evangelio. ¿Se basa el relato en un hecho histórico, y quiere recordarlo para dejar claro el poder y la misericordia de Jesús? ¿Se trata de algo puramente inventado por los evangelistas para transmitir una enseñanza?

El trasfondo del Antiguo Testamento

Lucas, muy buen conocedor del Antiguo Testamento vería en el relato la referencia clarísima a dos episodios bíblicos.

En primer lugar, la imagen de una gran multitud en el desierto, sin posibilidad de alimentarse, evoca la del antiguo Israel, en su marcha desde Egipto a Canaán, cuando es alimentado por Dios con el maná y las codornices gracias a la intercesión de Moisés. Pero hay también otro relato sobre Eliseo que le vendría espontáneo a la memoria. Este profeta, uno de los más famosos de los primeros tiempos, estaba rodeado de un grupo abundante de discípulos de origen bastante humilde y pobre. Un día ocurrió lo siguiente:

«Uno de Baal Salisá vino a traer al profeta el pan de las primicias, veinte panes de cebada y grano reciente en la alforja. Eliseo dijo:

― Dáselos a la gente, que coman.

El criado replicó:

― ¿Qué hago yo con esto para cien personas?

Eliseo insistió:

― Dáselos a la gente, que coman. Porque así dice el Señor: Comerán y sobrará.

Entonces el criado se los sirvió, comieron y sobró, como había dicho el Señor»

(2 Re 4,42-44).

Lucas podía extraer fácilmente una conclusión: Jesús se preocupa por las personas que le siguen, las alimenta en medio de las dificultades, igual que hicieron Moisés y Eliseo antiguamente. Al mismo tiempo, quedan claras ciertas diferencias. En comparación con Moisés, Jesús no tiene que pedirle a Dios que resuelva el problema, él mismo tiene capacidad de hacerlo. En comparación con Eliseo, su poder es mucho mayor: no alimenta a cien personas con veinte panes, sino a varios miles con solo cinco, y sobran doce cestos. La misericordia y el poder de Jesús quedan subrayados de forma absoluta.

¿Sigue saciando Jesús nuestra hambre?

Aquí entra en juego un aspecto del relato que parece evidente: su relación con la celebración eucarística en las primeras comunidades cristianas. Jesús la instituye antes de morir con el sentido expreso de alimento: “Tomad y comed… tomad y bebed”. Los cristianos saben que con ese alimento no se sacia el hambre física; pero también saben que ese alimento es esencial para sobrevivir espiritualmente. De la eucaristía, donde recuerdan la muerte y resurrección de Jesús, sacan fuerzas para amar a Dios y al prójimo, para superar las dificultades, para resistir en medio de las persecuciones e incluso entregarse a la muerte. Lucas volverá sobre este tema al final de su evangelio, en el episodio de los discípulos de Emaús, cuando reconocen a Jesús “al partir el pan” y recobran todo el entusiasmo que habían perdido.

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Corpus Christi. 29 mayo, 2016

domingo, 29 de mayo de 2016
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CorpusA

“Cuando los apóstoles regresaron, le contaron cuanto habían hecho. Y Jesús, tomándolos consigo, se retiró aparte, hacia una ciudad llamada Betsaida. Pero las gentes lo supieron y le siguieron. Y él, acogiéndolas, les hablaba del Reino de Dios y curaba a las que tenían necesidad de ser curadas.”

Este es el pórtico del pasaje evangélico que conocemos como “la multiplicación de los panes”, que es el que este año nos propone la Iglesia para celebrar el Corpus Christi. ¿Qué puede decirnos hoy esta fiesta, que surge en la Edad Media  como una celebración de la Presencia de Jesús en la Eucaristía? Con este evangelio, la Iglesia nos ofrece una respuesta: volvamos nuestra mirada aún más atrás, a la vida misma de Jesús y al tiempo de las primeras comunidades cristianas que nacen de su Resurrección.

Para estas primeras comunidades, esta escena debió de ser tan esencial que aparece recogida  en los cuatro evangelios como una profundísima catequesis sobre la Eucaristía. La Presencia de Jesús en la Eucaristía se nos presenta en estos relatos como indisolublemente unida a:

  • la Comunidad de discípulos y discípulas que se deja incorporar a Cristo (“tomándolos consigo”) y, así, es introducida en misterio de Dios Trinidad (“se retiró aparte”);
  • y a esta misma Comunidad que, desde esta profunda comunión, se entrega, en pobreza y humildad, a la humanidad más herida y necesitada (“dadles vosotros de comer”).

Es a través de este doble movimiento como Jesús se hace Eucaristía, presencia viva en el mundo.

Podemos, pues, acoger hoy este evangelio dejándonos “tomar” por Jesús, que, como a los primeros discípulos, nos incorpora a su propio cuerpo y “se retira aparte”,  es decir, se adentra en su relación con el Padre. Permitamos que, con nosotras en su corazón, Jesús “acoja a las gentes que lo buscan” y se les entregue anunciándoles el Reino (la presencia de Dios) y sanando sus corazones y sus vidas. Dejemos resonar en nuestro interior su poderosa invitación: “dadles vosotros de comer”. Pongamos en sus manos nuestra pobreza para que Él la llene de su Presencia y nos la devuelva convertida en alimento de Dios para ser entregado a nuestros hermanos y hermanas.

Oración:

Tómanos, Señor Jesús, en tu corazón y haznos Comunidad. Toma nuestra pobreza y devuélvenosla llena de tu Santo Espíritu, para que podamos entregarla a nuestros hermanos y hermanas como alimento del Reino de Dios.

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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El error gramatical de los Republicanos que afirma que en Texas todos son gays

jueves, 26 de mayo de 2016
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partido-republicanoComo decía Mari Carmen en Perdona bonita, pero Lucas me quería a mí, “qué importantes son la amistad y la risa” y qué importante (digo yo ahora) es hacer un buen uso de la gramática.

Durante esta semana los Republicanos de Texas se han juntado en una convención para hacer cosas de republicanos (gritar mucho y aprobar muchos textos discriminatorios) y en uno de ellos intentaron dejar por los suelos a la homosexualidad basándose en algo tan científico como la religión.

El problema es que confundieron una persona verbal y la liaron parda.

El texto original, en inglés, dice así: “Homosexuality is a chosen behavior that is contrary to the fundamental unchanging truths that has been ordained by God in the Bible, recognized by our nations founders, and shared by the majority of Texans.

Que en castellano se lee así: “La homosexualidad es una elección de comportamiento que es contraria a las verdades fundamentales e inmutables que ha sido decretada por Dios en la Biblia, reconocida por los fundadores de nuestra nación, y compartida por la mayoría de los Tejanos

Efectivamente, como en la ley pone “has been” (ha sido) y no “have been” (han sido) ese verbo (y su persona) hace en realidad referencia a la homosexualidad (ella) y no a las verdades que Dios decreta en la Biblia (ellas). Con lo que en realidad lo que los Republicanos están diciendo es que “La homosexualidad es una elección de comportamiento, contraria a las verdades fundamentales e inmutables, que ha sido ordenada por Dios en la Biblia, reconocida por los fundadores de nuestra nación y elegida por la mayoría de los Tejanos“.

Tanto tiempo peleándonos por esto para que ahora vengan los republicanos de Texas a decirnos que Dios, los fundadores de la nación y los habitantes de Texas han elegido ser gays. Porque mola más, claro.

Evidentemente nadie del partido ha querido decir ni mú sobre el tema, pero nosotros desde aquí aplaudimos a los republicanos, a los tejanos, a Dios y a los padres fundadores por reconocer de una vez por todas que el Imperio Gay está cada día más cerca de la dominación mundial.

P.D.: Lo último, evidentemente, es ironía. Que luego sacáis estas cosas de contexto y no puedo ser concejal en el Ayuntamiento de Madrid.

P.D.: La mala noticia es que si hasta ellos cometen errores gramaticales de este tipo ¿cómo voy yo luego a corregirte las gilipolleces que pones en Facebook en inglés aunque en realidad tengas el mismo nivel que un niño de primaria?

Fuente | PinkNews, vía EstoyBailando

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Relación de Comunión

domingo, 22 de mayo de 2016
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relationdecommunion

Maurice Zundel escribió páginas emocionantes sobre el corazón humano, este espacio donde la conciencia que se despierta accede en el sentido de su dignidad de su inviolabilidad, y que se revela, detrás del mí prefabricado y condicionado que lo recubre, como un espacio de pura acogida del otro, el espacio que no puede ser violado por principios autoritarios, ni siquiera divinos, sino que vive de la apertura y de la comunión con el Otro, a la imagen del Dios de Pobreza que  se desposee de él mismo perpetuamente en la relación de ofrenda que mantienen entre ellas las tres Personas de la Trinidad.

” (…) La Trinidad es la liberación de una pesadilla en la que la humanidad se debate cuando se sitúa frente a una divinidad de la que depende y a la que es sometida: ¿Por qué Él bastante más que yo? ¿ Por qué soy la criatura, y Él el Creador? ¿ Por qué, si es mi creador, me puso en esta situación de saber que yo soy su esclavo? ¿ Por qué me dio justo bastante inteligencia para comprender que dependo de Él? ¡ Hay una rebelión sorda e implacable qué sube del corazón del hombre en esta confrontación de su espíritu con esta especie de Dios que aparece en él como la apisonadora del espíritu!

En la apertura del Corazón de Dios a través del Corazón del Cristo, hay justamente esta manifestación increíble y maravillosa que Dios es Dios porque se comunica, que es Dios porque se da todo, porque el es la desapropiación infinita y eterna, porque tiene la transparencia de un niño, la transparencia en la que toda especie de apropiación es imposible, donde la mirada siempre es dirigida hacia “El Otro”, donde la personalidad, donde el yo, es sólo un altruismo puro e infinito. ¡ Allí está la gran confidencia qué resplandece en el Evangelio de Cristo! ¡ La perla del reino, es para que Dios sea este Dios!

¡Jesús, revelándonos la Trinidad, nos libró de Dios! Nos libró de este Dios pesadilla, exterior a nosotros, límite y amenaza para nosotros: ¡ nos libró de aquel Dios! Nos libró de nosotros mismos que necesariamente estábamos, y sordamente, aunque no nos atrevíamos a reconocerlo, en rebelión contra este Dios.

Con la Trinidad, entramos en el mundo de la relación. (…)

Subsistir en forma de don, subsistir como una relación con los demás otro, subsistir en una respiración pura de amor, tenemos ahí el Dios que se transparenta y se revela personalmente en Jesucristo. (…)

Lo que justamente es tan patético, y lo que nos hace sensible la diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y el paso que trasciende que hay que obrar del uno al otro, es que, mientras que en el Antiguo Testamento el pecado supremo, el pecado original, es querer ser como Dios, en el Nuevo,  es esto mismo lo único que es necesario. (…)

¡ Se trata de ser como Dios! Y, en el fondo, esta intuición nietzscheana, esta voluntad de ser Dios, de no sostener a ningún Dios aparte de sí mísmo, es el bosquejo de una vocación auténtica. ¡ Pero atención! ¡ Sí, ser como Dios, pero después de haber reconocido en Dios justamente  la desapropiación infinita, la pobreza suprema, el despojo translúcido!

Si Dios es aquel Dios, si hay en nuestro corazón una espera infinita, ser como Dios, ahora esto quiere decir desapropiarnos fundamentalmente de nosotros mismos para que nuestra vida se cumpla como la suya en un don sin reserva.”

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Maurice Zundel, “Le Problème que nous sommes“, Le Sarment, Fayard, 2000, pp 39-42

relation-de-communion

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.

Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará

*

Juan 16, 12-15

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«Abrirnos al misterio de Dios». Fiesta de la Trinidad – C (Juan 16,12-15)

domingo, 22 de mayo de 2016
Comentarios desactivados en «Abrirnos al misterio de Dios». Fiesta de la Trinidad – C (Juan 16,12-15)

9-TRINIDAD-300x297A lo largo de los siglos, los teólogos han realizado un gran esfuerzo por acercarse al misterio de Dios formulando con diferentes construcciones conceptuales las relaciones que vinculan y diferencian a las personas divinas en el seno de la Trinidad. Esfuerzo, sin duda, legítimo, nacido del amor y el deseo de Dios.

Jesús, sin embargo, no sigue ese camino. Desde su propia experiencia de Dios, invita a sus seguidores a relacionarse de manera confiada con Dios Padre, a seguir fielmente sus pasos de Hijo de Dios encarnado, y a dejarnos guiar y alentar por el Espíritu Santo. Nos enseña así a abrirnos al misterio santo de Dios.

Antes que nada, Jesús invita a sus seguidores a vivir como hijos e hijas de un Dios cercano, bueno y entrañable, al que todos podemos invocar como Padre querido. Lo que caracteriza a este Padre no es su poder y su fuerza, sino su bondad y su compasión infinita. Nadie está solo. Todos tenemos un Dios Padre que nos comprende, nos quiere y nos perdona como nadie.

Jesús nos descubre que este Padre tiene un proyecto nacido de su corazón: construir con todos sus hijos e hijas un mundo más humano y fraterno, más justo y solidario. Jesús lo llama «reino de Dios» e invita a todos a entrar en ese proyecto del Padre buscando una vida más justa y digna para todos empezando por sus hijos más pobres, indefensos y necesitados.

Al mismo tiempo, Jesús invita a sus seguidores a que confíen también en él: «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios; creed también en mí». Él es el Hijo de Dios, imagen viva de su Padre. Sus palabras y sus gestos nos descubren cómo nos quiere el Padre de todos. Por eso, invita a todos a seguirlo. Él nos enseñará a vivir con confianza y docilidad al servicio del proyecto del Padre.

Con su grupo de seguidores, Jesús quiere formar una familia nueva donde todos busquen «cumplir la voluntad del Padre». Esta es la herencia que quiere dejar en la tierra: un movimiento de hermanos y hermanas al servicio de los más pequeños y desvalidos. Esa familia será símbolo y germen del nuevo mundo querido por el Padre.

Para esto necesitan acoger al Espíritu que alienta al Padre y a su Hijo Jesús: «Vosotros recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros y así seréis mis testigos». Este Espíritu es el amor de Dios, el aliento que comparten el Padre y su Hijo Jesús, la fuerza, el impulso y la energía vital que hará de los seguidores de Jesús sus testigos y colaboradores al servicio del gran proyecto de la Trinidad santa.

José Antonio Pagola

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«Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu tomará de lo mío y os lo anunciará». Domingo 22 de mayo de 2016. Santísima Trinidad

domingo, 22 de mayo de 2016
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34-TrinidadC cerezoLeído en Koinonia:

Proverbios 8, 22-31: Antes de comenzar la tierra, la sabiduría fue engendrada.
Salmo responsorial: 8: Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!.
Romanos 5, 1-5: A Dios, por medio de Cristo, en el amor derramado con el Espíritu.
Juan 16, 12-15: Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu tomará de lo mío y os lo anunciará.

(Comentario homilético elaborado en un ciclo anterior por Mons. Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua)

La revelación de Dios como misterio trinitario constituye el núcleo fundamental y estructurante de todo el mensaje del Nuevo Testamento. El misterio de la Santísima Trinidad antes que doctrina ha sido evento salvador. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han estado siempre presentes en la historia de la humanidad, donando la vida y comunicando su amor, introduciendo y transformando el devenir de la historia en la comunión divina de las Tres personas. Por eso se puede hablar de una preparación de la revelación de la Trinidad divina antes del cristianismo, tanto en la experiencia del pueblo de la antigua alianza tal como lo atestiguan los libros del Antiguo Testamento, como en las otras religiones y en los eventos de la historia universal.

El Nuevo Testamento, más que una doctrina elaborada sobre la Trinidad, nos muestra con claridad una estructura trinitaria de la salvación. La iniciativa corresponde al Padre, que envía, entrega y resucita a su Hijo Jesús; la realización histórica se identifica con la obediencia de Jesús al Padre, que por amor se entrega a la muerte; y la actualización perenne es obra del don del Espíritu, que después de la resurrección es enviado por Jesús de parte del Padre y que habita en el creyente como principio de vida nueva configurándolo con Jesús en su cuerpo que es la Iglesia.

La primera lectura (Prov 8,22-31) es un himno a la sabiduría divina considerada en su doble dimensión trascendente e inmanente. La Sabiduría es trascendente pues ella es el proyecto de Dios, su voluntad, sus designios, su Palabra, su Espíritu; pero también es encarnada ya que el proyecto divino se realiza en la creación y en la historia, la voluntad de Dios se manifiesta en la Escritura y a través de su Espíritu se convierte en una realidad interior al ser humano. De esta forma la reflexión sapiencial bíblica supera la simplificación panteísta o dualista en su visión de Dios.

En los vv. 22-25 el autor bíblico nos sitúa “antes” de la creación, en la eternidad de Dios, presentando la Sabiduría como una realidad divina y trascendente, anterior a todas las realidades cósmicas: “El Señor me creó al principio de sus tareas, antes de sus obras más antiguas… cuando no había océanos, fui engendrada, cuando no existían los manantiales ricos de agua”. En los vv. 26-31 la Sabiduría parecer ser una realidad creada pues aparece contemporánea a la creación. La Sabiduría está presente también en el ser humano, en su inteligencia, en su felicidad: “Cuando consolidaba los cielos allí estaba yo, cuando trazaba la bóveda sobre la superficie del océano, cuando señalaba al mar su límite… a su lado estaba yo como confidente, día tras día lo alegraba y jugaba sin cesar en su presencia; jugaba con el orbe de la tierra, y mi alegría era estar con los seres humanos”.

Este himno ha llegado a ser en la tradición cristiana un preanuncio de la encarnación de la Palabra (Jn 1), que “al principio estaba junto a Dios, todo fue hecho por ella y sin ella no se hizo nada de cuando llegó a existir” (Jn 1,2-3), y que al final de los tiempos “se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14).

La segunda lectura (Rom 5,1-5) es una especie de declaración paulina de sabor trinitario sobre la situación del ser humano que ha sido justificado gracias a la fe en Cristo: “Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo… y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (vv. 1.5). Pablo afirma la dimensión trinitaria de la vida creyente. Reconciliados con Dios por la fe, estamos en una situación de “paz” y de “esperanza”, paz que supera la tribulación y esperanza que transforma el presente.

El evangelio (Jn 16,12-15) constituye la quinta promesa del Espíritu en el evangelio de Juan. Se habla del Espíritu como defensor (“Paráclito”) y como maestro, llamándolo “Espíritu de la verdad”. La verdad es la palabra de Jesús y el Espíritu aparece con la misión de “llevar a la verdad completa”, es decir, ayudar a los discípulos a comprender todo lo dicho y enseñado por Jesús en el pasado, haciendo que su palabra sea siempre viva y eficaz, capaz de iluminar en cada situación histórica la vida y la misión de los discípulos.

El Espíritu tiene una función “didáctica” y “hermenéutica” con relación a la palabra de Jesús. El Espíritu Santo no propone una nueva revelación, sino que conduce a una total comprensión de la persona e del mensaje del Señor Resucitado. El Espíritu, por tanto, “guía” (v. 13) hacia la “Verdad” de Jesús, es decir, hacia su revelación, de tal forma que la podamos conocer en plenitud. Leer más…

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Dom 22.5.16. Trinidad, viaje al interior de Dios y al exterior de los hombres (con Mateo)

domingo, 22 de mayo de 2016
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13260236_591380797705783_381703335319565609_nLeído en el blog de Xabier Pikaza:

Celebra este domingo la iglesia la Fiesta de la Trinidad, como culmen y compendio de todas las fiestas del año: del Dios que es Padre, es Hijo y es Espíritu.

La formulación más clara de la Trinidad la ofrece el final Evangelio de Mateo, que culmina con la gran palabra del envío:

Id al mundo entero,
ofreced este camino (evangelio) a todas las naciones,
bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
y yo (Jesús) estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos.

Éste es el desenlace y fin del evangelio, que hoy quiero interpretar como viaje al interior de Dios, siguiendo el esquema y camino del evangelio de Mat3eo, con los textos más significativos que van jalonando esa marcha, con Jesús, desde su nacimiento hasta su pascua.

Es un viaje al interior de Dios, como vida de amor que se revela en la historia de los hombres, vida que los textos primordiales de Mateo (1, 18-25; 3, 17-17; 11, 25-30; 17, 1-8 y sobre todo 28, 16-20) interpretan y entienden como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

— Es un viaje que culmina en forma de Universalidad Humana, pues el Dios Padre, Hijo y Espíritu vincula en amor (en futuro de salvación) a todos los pueblos de la tierra, judíos y gentiles, cristianos y no cristianos. De esa forma, el vieja al interior se convierte en viaje al exterior de todos los hombres y mujeres.

Como verá el lector por la imagen, presentaré los momentos básicos de este «viaje trinitario», al interior de Dios y al Exterior de todos los hombres, en una Vigilia de Oración y Reflexión, que se celebrará en Valencia, el próximo sábado.

Allí invito a los que quieran acudir. Los otros podrán ver el esquema general, con los momentos básicos de este gran gran camino: Cuanto más entremos en Dios más podremos extendernos en solidaridad de amor y justicia hacia todos los hombres y mujeres de la tierra, porque el interior de Dios es principio de reconciliación y unidad (en la diversidad) de todos los pueblos y personas del mundo.

En los días próximos, como corresponde a este fiesta, presentaré otras facetas del Dios Trinitario. Buen fin de semana a todos.

MATEO, UN VIAJE AL INTERIOR DE DIOS

1. Introducción, dos nombres de Dios:
a. Biblia entera, la Iglesia: Itinerario de Dios a los hombres
b. Mateo: Un viaje al interior de Dios. Del Emmanuel, Dios con nosotros (1, 18-25) al “yo estoy con vosotros” del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (28, 16-20)

2. Evangelio de la infancia, Mt 1-2: Comienzo de un camino de oración-vida con Jesús
a. Oración de la historia (genealogía: 1, 1-17). Con todo tu pasado, las edades del hombre, tus edades.
b. La fe de José (1, 18-28): Toma a María y al niño, camina con ella, una vida acompañada
c. La oración de los “magos” (Mt 2): Una estrella en tu camino, desde tu propio Oriente

3. Iniciación y tentación, Mt 3-4. Despertar a la oración, una vida como prueba en Dios
a. Juan, el Maestro (Mt 3). Conversión, ante el río de la vida, ante la gracia del perdón
b. El Tentador, anti-trinidad (Mt 4): pan/capital, engaño/milagro y poder/opresión.

4. Una experiencia bautismal. Oración, bautismo en Dios, la vida (3, 16-17)
a. Al “salir” del agua, en el fondo de tu conversión: Dios viaja/vive en ti (eres su presencia).
b. La “paloma” de la vida (el Espíritu que vuela), la “voz” del Padre: ¡Eres mi hijo!

5. Decídete: con-versión, meta-noia, tu verdadera realidad (4, 17).
a. Todo se centra en con-vertíos, meta-noéite (shub): Juan ante el río (1, 2), Jesús en la Montaña (4, 7)
b. Conversión (meta-noia): es pensar/ser (noein) de otra manera, más allá del pensamiento
c. Esa meta-noia no es penitencia, sino revelación viaje y presencia de Dios en nuestra vida
d. Porque viene el Reino: Del Reino que viene (como don de Dios) nace la meta-noia

6. No hagáis vuestra justicia para que es vean… Justicia como transparencia ante el Padre (6, 1-18).
a. Justicia es limosna (6, 1-4): Que tu vida y posesiones sean don para los otros, ante el Padre.
b. Justicia es oración (6, 5-15): Que tu palabra sea diálogo de amor/vida, desde el Padre
c. Justicia es ayuno (6, 16-18): Que puedas así regalar tu vida, no cerrarte en ti mismo.

7. Cuando oréis… (6, 5-15). Manual de vida interior, una experiencia total
a. No hagas, como los hipócritas en la pura calle… Entra en tu “cámara secreta”, donde mora el Padre
b. No repitas palabras, como los gentiles: Dios “te sabe”, te conoce; déjate conocer y habitar por él
c. Oración universal, Padrenuestro: Reino y Santidad, Pan y Perdón, con Libertad
d. La oración es el Perdón: Perdonarlo todo y a todos, dejarte transformar por el perdón que es Dios

8. No os preocupéis, buscar el Reino y lo demás se os dará por añadidura (6, 25-34)
a. Como los pájaros del cielo… El pan es don: Recíbelo, compártelo, regálalo en amor. Confía
b. Como los lirios del campo… Tu “vestido” es Dios, Dios es tu honra. Goza por ello, resplandece
c. Dios es Amor, es Reino compartido, es Gratuidad. No te destruya la preocupación…

9. Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá (7, 7-11)
a. Las tres tareas del viaje: Pedir, buscar, llamar… El Reino y respuesta de Dios en el mismo camino
b. Pedir es influir en Dios, colaborar con él, abriendo juntos el camino. Dios busca en nosotros
c. Ante la Gran Puerta: ¡Rompe la tela/puerta de este dulce/fuerte encuentro! Que podamos nacer en ti

10. Gracias te doy, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado estás cosas… (11, 25-27)
a. Has ocultado estas cosas… (=los sabios/prudentes no entienden, se cierran en sí mismos)
b. Las has revelado a los pequeños (=oración como descubrimiento de Dios en la pequeñez de la vida)
c. Todo me lo ha dado mi Padre. Oración de Jesús, nuestra oración: Dios no regala todo su “ser”

11. Misericordia quiero y no sacrificio, oración encarnada (9, 13; 12,7, con Oseas 6,6).
a. La oración no es sacrificio, matar para Dios corderos, “matarse” uno a sí mismo, sino vivir, dar vida.
b. La oración es misericordia: perdonar (9, 13), hacer que todos coman (12, 7)
c. Misericordia (Ex 34) es rehem (amor entrañable), hen (gratuidad), hesed (pacto) y emunah (verdad).

12. Orar, acción de gracias por la comida: multiplicar/compartir los panes (14, 15-21; 15, 32-38)
a. Eulogêsen (bendecir) a Dios por el pan compartido (14, 19). Eulogía, oración israelita
b. Eukharistêsas (dando gracias)… partió/compartió el pan (15, 37). Eucaristía, oración cristiana

13. Orar, negarse uno a sí mismo, ganar (descubrir, recibir) la propia vida (16, 24-28)
a. Quien quiera seguirme, niéguese a sí mismo. Hay un “sí mismo” falso, que destruye al ser humano
b. Descubrir el “sí mismo” en el camino de Jesús, dejar así que Dios se expresa y sea en mi vida
c. Ganar todo el mundo, perder la propia vida… Lo que importa es que seas tú mismo (Dios en ti).

14. Orar es subir con Jesús a la montaña y escuchar la Voz: ¡Éste es mi Hijo, tú eres mi hijo! (17, 1-8)
a. Pedro, Santiago, Juan: Tres orantes, todos los orantes, en el monte (Sinai, Tabor, Carmelo, Gólgota)
b. El testimonio, más allá de la nube, Jesús y sus “compañeros”: Moisés y Elías (también tú)
c. La Voz: Dios Padre como una llamada: ¡Seguidle, escucharle!

15. Oración de sanación: bajar de la montaña, curar al hijo “lunático” (17, 9-21)
a. Bajar de la montaña, al valle de la vida (Salve: de lágrimas) donde nadie puede curar al niño enfermo
b. Un niño “selêniakós” (lunático): como poseído por un poder cósmico dislocado
c. Orar es fe para curar: ¡Si tuvierais fe (=oración…), como un grano de mostaza dirías a ese monte…

16. Donde dos o tres se unan: oración de comunión, oración de presencia (18, 19-20)
a. Donde dos se unan y pidan juntos, mi Padre se lo concederá (orar es pedir; orar es unirse…)
b. Donde dos o tres se unan en mi Nombre… allí estoy yo en medio de ellos (Jesús es la comunión)
c. El plano vertical (Dios) y el horizontal (unión de hermanos) se vinculan en el Cristo.

17. No llaméis a nadie Rabbi, Padre, Catequeta… Sólo hay un Padre, todos sois hermanos (23, 8-12)
a. Nadie es “maestro” de oración de nadie, todos somos compañeros de camino
b. Contra todo “dominio” espiritual, contra toda imposición orante. Orar es comunión en libertad

18. Que nadie os engañe, vendrán muchos en mi nombre diciendo “soy el Cristo” (23, 4-8 y 13, 17-20)
a. Contra todos los engaños apocalípticos de los agoreros del miedo, no os dejéis engañar (23, 4-8)
b. No os preocupéis de defenderos, el Espíritu de mi Padre os dará la Palabra, os defenderá… (13, 17-20)
c. En esa línea ha elaborado el evangelio de Juan la teología del “paráclito”: Espíritu consolador-defensor

19. Oración es Eucaristía: ¡Esto es mi cuerpo, ésta es la sangre de mi alianza…! (26, 26-30)
a. Orar es dar la vida a Dios por los otros, como pan. Así dice y hace Jesús: Esto es mi cuerpo
b. Orar es entregarse, regalar la propia vida (no cosas, bienes externos): Esta es la sangre de mi alianza

20 Oración es Getsemaní, prueba y don final: aparta de mí este cáliz (26, 36-46)
a. Descubrir la voluntad de Dios y cumplirla (Padrenuestro: hágase…), en el fracaso del propio plan…
b. Velad conmigo: mantenerse vigilantes en la hora (en la noche, en la prueba).
c. Es la soledad final ante Dios, la vida entera como don, el gran regalo en la impotencia poderosa.

21. Orar es confesar la propia identidad, no negarse y negarla ante el “Sanedrín” (26, 59-66)
a. El tribunal acusa, el mundo juzga…El camino de oración te lleva ante la justicia de este mundo
b. Jesús responde: ¡Yo soy, y veréis…! Veréis el Hijo del Hombre, el defensor de los pobres
c. Frente al riesgo de Pedro, que no confiesa. No ha sido capaz de mantener la oración…

22. Oración del silencio ante Pilato: ¿Eres el Rey de los judíos? ¡Tú lo dices! (27, 3-25)
a. Jesús no se defiende, no argumenta, sólo contesta: ¡Tú lo dices! El juicio está fijado de antemano.
b. Sin una meta-noia (un pensar distinto) no se entiende el camino de Jesús. Hacen con él, él calla.
c. Querer que todos vean (descubran) esa nueva dimensión (meta-noia), eso es la oración

24. Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado? (27, 46)
a. Diálogo con Dios, sin respuesta en este mundo (a este lado del velo: cf. 27, 51)
b. La vida entera como gran pregunta elevada a Dios, desde la fidelidad en ese mundo
c. La muerte como oración suprema: Una muerte preparada y acogida por fidelidad a Dios.

25. Del interior de Dios, al gran mandato de presencia/misión universal (28, 16-20)
a. La muerte de Jesús ha sido ya resurrección: culminación del “viaje” al interior de Dios
b. La muerte pascual de Jesús se expresa como experiencia de resurrección para sus discípulos
c. La pascua como es universal: “id a todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre, Hijo, Espíritu Santo
d. Yo estoy con vosotros todos los días… Para que así realicemos el mismo viaje de Jesús

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22. 5. 16. Fiesta de la Trinidad, con Ricardo de San Víctor

domingo, 22 de mayo de 2016
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vei-203Del blog de Xabier Pikaza:

Difícil es entrar en la fiesta de la Trinidad con mejor pie que volviendo a la obra clásica de Ricardo de San Víctor, que fue un monje de la Abadía de San Víctor en Paris, en el siglo XII.

Era de origen británico, especialista en oración, maestro de novicios, buen agustiniano, experto en el amor como principio de toda comunicación y toda vida, tanto en Dios como en la historia de los hombres.

Ricardo se mantuvo fiel a la gran tradición de la Iglesia, se inspiró en San Agustín, tomó como clave de bóveda de su pensamiento la comunidad de vida entre los hombres, y presentó de esa manera al mismo Dios, como génesis (despliegue) de amor y como amor cumplido (en comunión), tanto en la eternidad como en la historia de los hombres.

En esa línea quiso definir al ser humano como «ex-sistencia», una persona que proviene del amor de otras personas y que sólo tiene entidad en sí (sistencia) al ser desde (ex-) y al entregarse desde sí, viviendo de esa forma en otros y con otros.

Desde ese fondo escribió este tratado de la Trinidad, el más perfecto de todos los que se han escrito, de un modo unitario, tanto en oriente como en occidente, en un momento en que las iglesias no se hallaban todavía plenamente divididas, antes de la irrupción de la «escolástica» del siglo XIII, que ha marcado hasta hoy la historia de la teología y de la iglesia de occidente.

13260242_591999657643897_7436961372818295569_nÉste es el mejor canto que yo puedo elevar a la Trinitas-Unus-Deus, al Dios que es Padre, es Hijo y es Espíritu esta víspera de su fiesta.

He desarrollado el tema en otras ocasiones. Hoy quiero presentar gozosamente la traducción castellana de este libro, aquí precisamente, en Salamanca, en le Editorial Sígueme, a la que felicito por el buen trabajo realizado, al servicio de todos los amigos de los buenos libros sobre Dios. Buen día a todos.

Imagen 2: Maestro de San Víctor enseñando

Ricardo de San Víctor, La Trinidad, traducción, notas e introducción de E. Otero, Sígueme, Salamanca 2015, 368 págs.

Edición bilingüe de la obra clásica de Ricardo de San Víctor, con el texto latino fijado por la edición crítica de J. Ribaillier, Richard de Saint-Victo. De Trinitate, TPhMA 6, Paris 1958, que no ha sido mejorado, por el que ofrece G. Salet en Richard de Saint Victor: la Trinité, S.Ch, Paris 1959. La traducción, de tipo más filológico que teológico, ha sido realizada por E. Otero, que ofrece también una breve introducción, con una bibliografía básica (págs. 11-29), con algunas notas aclarativas, de tipo fundamental, que van apareciendo en los lugares algo más conflictivos del texto. El prof. A. Cordovilla ofrece un Breve Prólogo en perspectiva teológica (págs. 7-9), para situar la obra dentro de un contexto teológico básico.

Ésta es una obra básica de la teología católica y del pensamiento de occidente, que todos los especialistas hemos estudiado y comentado, al ocuparnos no sólo de la historia de la Trinidad en el pasado, sino también de su sentido actual, pues la experiencia eclesial y la argumentación de fondo de Ricardo de San Víctor no ha sido todavía plenamente asumida y desarrollada en la teología trinitaria. Los editores (Sígueme, Salamanca) han ofrecido la mejor presentación posible del texto latino y castellano, a dos caras, de manera que especialistas, los estudiantes y todos los interesados por la teología podrán situarse con toda fiabilidad (y facilidad) ante el texto.

Quiero ofrecer aquí mi felicitación al traductor y a los editores de esta obra que, a mi juicio, debería ser completada con un estudio, igualmente bien editado, del origen, aportación y actualidad de la teología trinitaria de Ricardo de San Víctor, en la línea de lo que yo mismo he venido realizando, desde mi tesis doctoral en Teología (Amor y Trinidad en Ricardo de San Víctor, Salamanca 1971), pasando por las reflexiones que orezco en El Dios Cristiano. Diccionario de Teología (Salamanca 1991), en Enquiridion Trintatis (Salamanca 2005) y en mi reciente tratado Trinidad. Itinerario de Dios a los hombres (Salamanca 2015). En esa línea me atrevo a condensar tres rasgos distintivos de la aportación de Ricardo a la teología y actualidad trinitaria de la Iglesia, que aparecen con toda claridad en esta edición de su obra:

Ontología del amor en comunión. Apoyado en la experiencia cristiana (Hch 2, 43-47; 4, 32-36) y en el valor radical de la amistad (en una línea cercana a la del Evangelio y Cartas de Juan, retomando intuiciones esenciales de San Agustín), Ricardo ha concebido a Dios como un itinerario de amor, conforme al cual las personas surgen unas de las otras y se implican mutuamente. En esa línea, él vincula dos modelos:
(a) Uno más metafísico, de carácter genético, propio de los neoplatónicos que conciben el ser como proceso de realización interna.
(b) Otro de tipo relacional, de tipo más cristiano, que interpreta a los hombres (personas) como miembros de un encuentro de amor, en un contexto en el que Dios se entiende como Padre que engendra a su Hijo Jesucristo.

Vinculando esos modelos e insistiendo en la experiencia original del cristianismo, Ricardo ha unido génesis y encuentro personal, entendiendo el amor como un proceso de ser (generación) que lleva de Dios Padre a Jesucristo, su Hijo, y como unidad relacional, comunión de amigos que se encuentran y gozan al hallarse mutuamente vinculados. De esta forma enlaza ontología y antropología trinitaria, concibiendo el ser fundamental (ousia) como amor, e insistiendo en la visión del hombre como realidad comunitaria. Por eso, a su juicio, no se puede hablar de Trinidad partiendo del proceso individual de una mente que se sabe y se ama (en una línea que desarrollará la tradición de San Anselmo y de Santo Tomás), pues sólo donde existe comunión de amor puede hablarse de personas, es decir, de Trinidad.

Esta ontología culmina en la visión del Espíritu Santo como “condilecto”: El amor de dos (Padre e Hijo) no puede encerrarse en ellos mismos, sino que ha de abrirse desde los dos a un “tercero”, suscitando el Espíritu común, fruto del amor que ambos se tienen, pues allí donde sólo hay dos personas no se puede hablar aún de personas verdaderas. Así pasamos de la fuente única de amor que es el Padre, y de la comunión de amor compartido, que forman el Hijo y el Padre, a la comunión ternaria, del Padre y el Hijo en el espíritu, pues sólo en comunión abierta a un tercero existen auténticas personas (cf. De Trin III, 2-4).

El tema del tercero. En esa línea culminan los grados del amor, la generosidad engendradora (Padre) y la acogida agradecida (Hijo), de tal forma que, amándose uno al otro, ambos aman juntos a un tercero o Condilecto (Espíritu Santo) a quien ofrecen aquello que ambos son en común, uno y otro. Por eso, el Espíritu Santo no puede concebirse sólo como amor de la naturaleza divina que culmina su proceso y, conociéndose a sí misma, ratifica su ser en plenitud y gozo. Tampoco es el amor de dos (Padre e Hijo) que se cierran en sí mismos, uno para el otro, en una especie de personalidad dual. El Espíritu es el amado en común, de forma que, siendo Amor de dos entre sí (en comunión dual), es el Tercero/Amado, el Condilecto que, procediendo del Padre y del Hijo, les vincula ya de forma definitiva.

El amor verdadero sólo surge allí donde, amándose uno al otro, los amantes (Padre e Hijo) suscitan en común a un tercero que es fruto y realidad del amor compartido. La Trinidad de amor perfecto es la que forman, por tanto, dos amantes (en latín diligentes), de los cuales uno brota del otro, y un co-amado (condilectus) que surge de ambos, ratificando y culminando así el amor dual, que, sin dejar de ser, es amor triádico. Se supera así una dualidad simétrica y cerrada (dos en sí mismos, uno para el otro, sin fecundidad), y surge una dualidad gratificante en la que, amándose entre sí, los dos amantes se abren no sólo uno al otro, sino ambos juntos a un tercero, que es fruto más alto y garantía de su amor (Espíritu Santo).

El tema de fondo es la persona en la historia, entendida no sólo como habens naturam (De Trin IV, I 1-12), es decir, como sujeto que posee una naturaleza (substancia), sino como donans/communicans naturam, pues el sujeto personal sólo puede poseer la naturaleza al darse (al darla), recibiéndola y compartiéndola. El Padre es dueño de sí en su mismo origen, como ingénito (no ha recibido la naturaleza de nadie, sino que la tiene por sí mismo), pero sólo puede tenerla (ser “dueño” de sí) al entregarla, dándose a sí mismo. El Hijo es dueño de su propia naturaleza, pero habiéndola recibido desde el Padre, y dándola (dándose a sí mismo, con el Padre) al Espíritu. El Espíritu posee esa misma naturaleza recibiéndola del Padre y el Hijo, para dársela de nuevo. Según eso, la posesión o dominio de sí puede vivirse desde diferentes perspectivas.

En ese contexto, en el lugar quizá más significativo de su obra, Ricardo de san Víctor define la persona como rationalis naturae incomunicabilis existencia. No es una substancia, como decía la tradición anterior (a partir de S. Boecio), ni persona en el sentido antropológico moderno, sino una existencia de naturaleza racional, es decir, capaz de conocer y amar, siendo incomunicable al comunicarse en plenitud (Trin IV, 17-18; V, 1). (a) Por una parte, la persona es incomunicable (dueña de sí misma, distinta de todas las demás, de manera que no puede confundirse ni cambiarse con ninguna otra). (b) Pero, al mismo tiempo, en sentido radical, la persona sólo puede ser incomunicable siendo comunicación plena, ex-sistencia, una realidad recibida y entregada (compartida). En esa línea decimos que la persona es incomunicable precisamente al comunicarse, no sólo en sí, sino en la historia.

Pues bien, esa comunicación de Dios en la historia forma el sentido (esencia) de la realidad humana, que es originariamente (en su fondo) divina. Según eso, un Dios pretrinitario, sin donación interna de amor, sin engendrar desde sí mismo, sin darse y compartir su naturaleza (sistencia) no sería divino, tal como se ha revelado en la misma historia humana en Jesucristo. En esa línea, quizá sin advertir todas las consecuencias de su planteamiento, Ricardo de San Víctor ha ofrecido la mejor visión de conjunto del Dios cristiano, en una perspectiva que ha sido explorada por Juan de la Cruz en el siglo XVI y que deberá serlo también, en una nueva perspectiva, en el siglo XXI. Por eso, recibo con gozo esta edición de la obra de Ricardo de S. Víctor, esperando que ella sea continuada en una segunda obra en la que se explore y exponga su sentido profundo y su actualidad.

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Fiesta de la Trinidad. Ciclo C.

domingo, 22 de mayo de 2016
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trinidadDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El ciclo litúrgico se abre con la venida de Jesús y culmina con la venida del Espíritu; el Padre está presente en todo momento. Es lógico que se dedique una fiesta en honor de la Trinidad. Para ella había que elegir textos que hablaran de las tres personas, al menos de dos de ellas. Pero no pretenden darnos una lección de teología sino ayudarnos a descubrir a Dios en las circunstancias más diversas. La primera, llena de belleza y optimismo, en los momentos felices de la vida. La segunda, incluso en medio de las tribulaciones, dándonos fuerza y esperanza.           La tercera, en medio de las dudas, sabiendo que nos iluminará.

Dios presente en la alegría (Proverbios 8, 22-31)

            Del Antiguo Testamento se ha elegido un fragmento del libro de los Proverbios que polemiza con la cultura de la época helenística: ¿cuál es el origen de la sabiduría? Para muchos, es fruto del pensamiento humano, tal como lo han practicado sobre todo los filósofos griegos. Frente a esta mentalidad, el autor del texto de los Proverbios afirma que la verdadera sabiduría es anterior a nuestras reflexiones y estudios; y lo expresa presentándola junto a Dios muchos antes de la creación del mundo, acompañándolo en el momento de crear todo.

Así dice la sabiduría de Dios:

            «El Señor me estableció al principio de sus tareas,

            al comienzo de sus obras antiquísimas. 

            En un tiempo remotísimo fui formada,

            antes de comenzar la tierra. 

            Antes de los abismos fui engendrada,

            antes de los manantiales de las aguas.

            Todavía no estaban aplomados los montes,

            antes de las montañas fui engendrada. 

            No había hecho aún la tierra y la hierba,

            ni los primeros terrones del orbe. 

            Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo;

            cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo;

            cuando sujetaba el cielo en la altura,

            y fijaba las fuentes abismales. 

            Cuando ponía un límite al mar,

            cuyas aguas no traspasan su mandato; 

            cuando asentaba los cimientos de la tierra,

            yo estaba junto a él, como aprendiz, 

            yo era su encanto cotidiano,

            todo el tiempo jugaba en su presencia: 

            jugaba con la bola de la tierra,

            gozaba con los hijos de los hombres.

            ¿Por qué se eligió esta lectura? San Pablo, en la primera carta a los Corintios, dice que Cristo es “sabiduría de Dios” (1,24). Y la carta a los Colosenses afirma que en Cristo “se encierran todos los tesoros del saber y del conocimiento” (Col 2,3). Este fragmento del libro de los Proverbios, que presenta a la Sabiduría de forma personal, estrechamente unida a Dios desde antes de la creación y también estrechamente unida a la humanidad (“gozaba con los hijos de los hombres”) parecía muy adecuado para recordar al Padre y al Hijo en esta fiesta.

Dios presente en los sufrimientos (Romanos 5, 1-5)

Curiosamente, en este texto, que menciona claramente a las tres personas, los grandes beneficiarios somos nosotros, como lo dejan claro las expresiones que usa Pablo: “hemos recibido”, “hemos obtenido”, “nos gloriamos”, “nuestros corazones”, “se nos ha dado”. Él no pretende dar una clase sobre la Trinidad, adentrándose en el misterio de las tres divinas personas, sino que habla de lo que han hecho por nosotros: salvarnos, ponernos en paz con Dios, darnos la esperanza de alcanzar su gloria, derramar su amor en nuestros corazones. Para Pablo, estas ideas no son especulaciones abstractas, repercuten en su vida diaria, plagada de tribulaciones y sufrimientos. También en ellos sabe ver lo positivo.

Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Dios presente en las dudas (Juan 16, 12-15)

            El evangelio también menciona a Jesús, al Espíritu y al Padre, aunque la parte del león se la lleva el Espíritu, acentuando lo que hará por nosotros: “os guiará hasta la verdad plena”, “os comunicará lo que está por venir”, “os lo anunciará”.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

            Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará. 

            Pienso que el texto se ha elegido porque habla de las relaciones entre las tres personas. El Espíritu glorifica a Jesús, y todo lo recibe de él. Por otra parte, todo lo que tiene el Padre es de Jesús. Tampoco Juan pretende dar una clase sobre la Trinidad, aunque empieza a tratar unos temas que ocuparán a los teólogos durante siglos.

            Para entender el texto conviene recordar el momento en el que pronuncia Jesús estas palabras. Estamos en la cena de despedida, poco antes de la pasión. Sabe que a los discípulos les quedan muchas cosas que aprender, que él no ha podido enseñarles todo. Surgirán dudas, discusiones. Pero la solución no la encontrarán en el puro debate intelectual y humano, será fruto del Espíritu, que irá guiando hasta la verdad plena.

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Fiesta de la Trinidad. 22 mayo, 2016

domingo, 22 de mayo de 2016
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Trinidad_vidriera

Dice Jesús:

“Mucho me queda por deciros, pero no podéis con ello por el momento. Cuando llegue él, el Espíritu de la verdad, os irá guiando en la verdad toda, porque no hablará por su cuenta, sino que os comunicará cada cosa que le digan y os interpretará lo que vaya viniendo”
(Jn 16,12-15).

Compartimos con vosotros, amigas y amigos, la alegría que esta comunidad de monjas trinitarias de Suesa tiene en esta jornada. Entra a borbotones el contento en un corazón cristiano en este día de la fiesta de la Santísima Trinidad. ¿Por qué? Sencillamente por el modo que Dios, nuestro Dios Trinidad, tiene de relacionarse con sus criaturas, con toda la creación y especialmente con el ser humano: “hombre y mujer los creó”. En este día la creación entera es la que desborda de gozo, a pesar de lo que nosotras “sus criaturas” la herimos, la maltratamos. Sin embargo salta de goce y canta a su Creador: “Señor, dueño nuestro, ¡que admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal, 8).

La fiesta de hoy, puede ser que no sea para los muy pensadores, sesudos, que buscan razones del actuar de Dios… y que te sueltan con la mayor frescura “esta fiesta no hay quien la entienda”; puede ser que les sobrepase.

Es posible que lo entienda mejor la gente sencilla, la que sabe de cercanía, bondad, de perdón para hacer la vida más bella, más en sintonía con nuestro Dios que se nos regala compartiendo con sus hijas e hijos lo que le es más consustancial: el AMOR, “Dios es amor” (1 Jn 1). Y el amor, a todas nos gusta recibirlo, ese amor que no sabe de fronteras, no sabe de listos y tontos, de ricos y pobres, no sabe de encasillados, de que yo soy más que tú, etc. No entiende que los ricos sean cada día más ricos y a los pobres les vayan arrancando la vida a girones por su ambición los poderosos.

“Mucho me queda por deciros, pero no podéis con ello por el momento”. Quizá lo que nos quiere decir Jesús con estas enigmáticas palabras sea que serán los corazones sencillos quienes descubran que será el Espíritu, la Santa Ruah, que perciben las personas humildes: “que el Espíritu de la verdad, os irá guiando a la verdad plena”.

Pues, a esta Santa Trinidad celebramos, con Ella nos gozamos y en Ella por ser “relación-comunión” nos descubrimos hermanas y hermanos; porque creemos en este Dios celebramos y descubrimos la vida más bella, más agradable, que plenifica la existencia. Por eso

¡FELIZ DÍA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD!

Trinidad Santa,

que nos has hecho semejantes a Ti,

que tu Palabra expresada en Jesús, nuestro Maestro,

sea nuestro Camino, Verdad y Vida.

Guíanos con la luz de tu Espíritu,

haznos portadoras del mensaje del Amor.

Gloria al Padre, al Hijo y Espíritu Santo.

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La red más social. 22 mayo, 2016. Dios Trinidad

domingo, 22 de mayo de 2016
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Trinidadtrinidad

Amor, Amar, Amante.

Fidelidad, Entrega, Dinamismo.

Compañía, Testimonio, Inspiración.

Lo que quieras, y más aún, es Dios Trinidad.

No me pidas que te explique el misterio de la Santísima Trinidad, no puedo entenderlo con mi cabeza. Solo sé que Dios Trinidad no es solo, no es un señor de barba blanca, acompañado de un joven con una cruz, y una paloma revoloteando alrededor. Eso seguro que no es, aunque durante mucho tiempo se ha representado así.

Dios Trinidad es comunión, y es diversidad, es la fuerza que nos empuja a aceptar y a enriquecernos con lo diferente, lo distinto y que, al mismo tiempo, nos incita a unificarnos, a vivir de manera auténtica, pensando sintiendo y diciendo lo mismo.

Dios Trinidad es hoy la gran apuesta de los movimientos alternativos, ¿o no?

¿No buscan la aceptación de todas las razas, culturas, religiones, ideas?

¿No pretenden la interrelación, el aprendizaje de los otros, el intercambio con lo diverso?

¿No se busca compartir todos los conocimientos de manera gratuita, generosa, cordial?

Pues, ¿qué es Dios Trinidad sino la experiencia de enriquecernos en la comunión con la profundidad de quienes somos?

Tan cierto es que hay culturas diversas como que todos los corazones son distintos. Por eso es maravilloso el empeño de querer llegar a lo profundo del corazón del otro. Esto también es alternativo, dentro del movimiemto “slow”, porque lleva tiempo adentrarse en los secretos del alma humana.

Por eso Dios Trinidad promueve la comunicación sincera, desnuda, entre los corazones, fomenta el hecho de compartir, gratuitamente, tus dones, capacidades, tus saberes y teneres, y, cómo no, compartir sobre todo el bello misterio del alma.

No hay red más social, más humana, que la de reconocernos imagen de Dios Trinidad. O Logo, como quieras llamarlo.

Sí, pienso que creer en Dios Trinidad es de lo más alternativo que existe en esta sociedad en la que vivimos.

Este domingo estamos de fiesta. Lo cierto es que ya nos sentimos de fiesta, danzando, alegrándonos, sintiendo, compartiendo con la buena gente que nos rodea…

Te invitamos a celebrar la alternativa de la vida.

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«Espiritualidad XXI», por José Arregi

sábado, 21 de mayo de 2016
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CE0LMHNXIAE3m94Leído en su blog:

Mañana, lunes 16 de mayo, en el centro cultural Koldo Mitxelena de San Sebastián, presentaremos el curso “Espiritualidad en el siglo XXI”. Se impartirá en Arantzazu durante el curso 2016-2017, un sábado al mes. Enseñarán conocimiento y experiencia testigos cualificados de nuestro tiempo y del Espíritu más allá del tiempo, más acá del espacio: sociólogas, psicólogas, artistas, científicos, filósofos, teólogos. Unos creyentes, otros agnósticos, pero ¿qué importan esas etiquetas para la espiritualidad? Nuestras aserciones no valen más que nuestras dudas, y nuestras certezas valen menos que nuestras preguntas, y todas las creencias –creaciones mentales, al fin y al cabo– no valen sino en la medida en que nos abren al Infinito más allá de nuestra mente. ¿Qué somos todos, al fin y al cabo, sino buscadores y caminantes, alumbrados por la sed y por el agua?

Necesitamos espiritualidad como necesitamos respirar. Hoy todavía, hoy sobre todo. Avanza el siglo XXI, y persiste la crisis, más aun, se agrava. La crisis económica es una crisis política. La crisis política es una crisis ética. La crisis ética es una crisis cultural. La crisis cultural es una crisis espiritual. Todas las crisis son una, como son uno el grito de la tierra y el grito de los pobres, el grito de la vida. Los pobres, la Tierra, la Vida reclaman una “valiente revolución cultural”, como ha escrito el papa Francisco. Y no será posible una revolución cultural sin una espiritualidad profunda.

Una espiritualidad de la vida. De la sensibilidad y del cuidado, de la emoción de la belleza, de la fe en la bondad. Una espiritualidad profética: realista, sí, pero también crítica e insumisa; pacífica, sí, pero también subversiva de todos los sistemas que nos ahogan. Una espiritualidad de la paz y de la justicia, pues no puede existir la una sin la otra. Una espiritualidad política, para una política planetaria digna de ese nombre, no prisionera de la Bolsa y de los paraísos fiscales.

Una espiritualidad que nos haga admirar el Misterio Que Es en el cosmos sin medida, en el cielo estrellado, en la piedrecilla del camino, en la hoja que vuelve a brotar, en los ojos de un niño, en el rostro de un refugiado o de un inmigrante. Una espiritualidad que nos abra los ojos para contemplar el universo como un inmenso corazón que late, la Tierra como un gran organismo que respira y quiere seguir respirando. Una espiritualidad que nos llene de asombro, respeto y humildad, de profunda compasión y ternura por todo lo que es, sufre y goza. Somos hermanos de todos los seres. Somos interser. Todos los seres intersomos.

Una espiritualidad que nos enseñe a estar presentes: a nosotros mismos, al otro, a todos los seres. A vivir el presente, sin aferrarnos al pasado ni temer el futuro, y a desapegarnos cada día de la ilusión de nuestro ego, fuente de tanto sufrimiento. Una espiritualidad que nos enseñe a vivir en la Presencia Buena que lo envuelve todo y habita en todo. A vivir atentos a lo Real que se manifiesta y se va haciendo, sin cesar, en todo lo real. A ser libres y hermanos. A escuchar el grito de los seres heridos. A presentir y acoger la Paz que sostiene y mueve todo, a sumergirnos en ella tanto en la meditación como en la acción.

Una espiritualidad con religión o sin religión, pero siempre más allá de la religión en cuanto sistema de creencias, ritos y normas, bajo la autoridad de un clero sagrado y masculino. La espiritualidad se está emancipando de las religiones: he ahí uno de los rasgos fundamentales de la revolución cultural de nuestro tiempo, ya emprendida hace 2.500 años por Confucio y Laozi en China, por Buda y Mahavira en la India, por Isaías y Jeremías en Israel, por Heráclito y Parménides en Grecia. Y luego por Jesús.

¿Se abrirá nuestra sociedad, laica por fin, a la brisa, al Silencio, al Misterio creador que une y mueve todo? ¿Se librarán nuestras religiones tradicionales, el cristianismo y el islam en especial, de sus lenguajes, creencias y estructuras del pasado? ¿Se dejarán prender por la chispa, la llama, el fuego de Pentecostés?

Espiritualidad, General , , , , , , , ,

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