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Archivo para Domingo, 24 de abril de 2016

Amaos unos a otros

Domingo, 24 de abril de 2016

Repetimos este poema del blog Pays de Zabulon, porque en este contexto mundial y local, refleja claramente dónde hemos de responder al mandato de Jesús…

Reflexiones de Rev. David Eck Asheville de Carolina del Norte, extraído del blog I’ m christian, I’ m gay, Del Let talk,  19 de noviembre de 2009.

“He escrito este poema que se inspira en Jn 13, 34-35. ¡Espero que te ponga en crisis tanto como a mí me ha puesto!

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Amaos los unos otros como yo os he amado.
Esto parece tan simple, tan lineal.
Pero … ¿ Querer al liberal de “corazón lleno de compasión “?
¿Amar al conservador de “valores familiares “?
¿Querer al musulmán? ¿Al judío? ¿Al budista? ¿Al hinduista?
¿Amar al inmigrante en situación irregular? ¿Amar el que tiene todos los privilegios?
¿Amar al gay? ¿La lesbiana? ¿Al transgénero?
¿Amar a los manifestantes por la paz? ¿Amar a los hacedores de guerra?
¿Amar al iraquí? ¿Al palestino? ¡Al norcoreano?
¿Amar al republicano y al demócrata?
Amar al sin techo? ¿Al mendigo?
¿Al enfermo de sida? ¿Al detenido condenado a muerte?
Tendemos a amar con los dedos cruzados en busca de una escapatoria,
Buscando la manera de limitar a aquellos a los que elegimos amar.
Así como el escriba que, una vez, le preguntaba a Jesús: “¿quién es mi prójimo?”
Tendemos a amar de modo selectivo, poniendo condiciones.
Amamos a los que se nos parecen, piensan como nosotros, creen como nosotros.
¿Quién sería odiado por Jesús? ¡Nadie!
La única cosa que enfurecía a Jesús era la hipocresía espiritual,
Los que proclamaban amar a Dios pero no conseguían decidirse a amar a sus prójimos,
Los que creían que ellos eran los elegidos de Dios mientras que trataban a otros como si fueran el mal personificado.
Amaos los unos a los otros como yo os he amado.
Posiblemente no sea tan simple, después de todo.
Pero es el signo por el cual otros reconocerán que somos discípulos de Jesús.

*
Citado por Loquito en anotherdaylight – 2 mayo 2012

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Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús:

“Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.

Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.

Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.

*

Juan 13, 31-33a. 34-35

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“No perder la identidad”. 5 Pascua – C (Juan 13,31-33a.34-35)

Domingo, 24 de abril de 2016

abrazoJesús se está despidiendo de sus discípulos. Dentro de muy poco, ya no lo tendrán con ellos. Jesús les habla con ternura especial: «Hijitos míos, me queda poco de estar con vosotros». La comunidad es pequeña y frágil. Acaba de nacer. Los discípulos son como niños pequeños. ¿Qué será de ellos si se quedan sin el Maestro?

Jesús les hace un regalo: «Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado». Si se quieren mutuamente con el amor con que Jesús los ha querido, no dejarán de sentirlo vivo en medio de ellos. El amor que han recibido de Jesús seguirá difundiéndose entre los suyos.

Por eso, Jesús añade: «La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros». Lo que permitirá descubrir que una comunidad que se dice cristiana es realmente de Jesús, no será la confesión de una doctrina, ni la observancia de unos ritos, ni el cumplimiento de una disciplina, sino el amor vivido con el espíritu de Jesús. En ese amor está su identidad.

Vivimos en una sociedad donde se ha ido imponiendo la «cultura del intercambio». Las personas se intercambian objetos, servicios y prestaciones. Con frecuencia, se intercambian además sentimientos, cuerpos y hasta amistad. Erich Fromm llegó a decir que «el amor es un fenómeno marginal en la sociedad contemporánea». La gente capaz de amar es una excepción.

Probablemente sea un análisis excesivamente pesimista, pero lo cierto es que, para vivir hoy el amor cristiano, es necesario resistirse a la atmósfera que envuelve a la sociedad actual. No es posible vivir un amor inspirado por Jesús sin distanciarse del estilo de relaciones e intercambios interesados que predomina con frecuencia entre nosotros.

Si la Iglesia «se está diluyendo» en medio de la sociedad contemporánea no es solo por la crisis profunda de las instituciones religiosas. En el caso del cristianismo es, también, porque muchas veces no es fácil ver en nuestras comunidades discípulos y discípulas de Jesús que se distingan por su capacidad de amar como amaba él. Nos falta el distintivo cristiano.

Los cristianos hemos hablado mucho del amor. Sin embargo, no siempre hemos acertado o nos hemos atrevido a darle su verdadero contenido a partir del espíritu y de las actitudes concretas de Jesús. Nos falta aprender que él vivió el amor como un comportamiento activo y creador que lo llevaba a una actitud de servicio y de lucha contra todo lo que deshumaniza y hace sufrir el ser humano.

José Antonio Pagola

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Domingo 24 de abril de 2016. 5º Domingo de Pascua

Domingo, 24 de abril de 2016

30-pascuaC5 cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 14, 21b-27: Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos.
Salmo responsorial: 144: Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi rey.
Apocalipsis 21, 1-5a: Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.
Juan 13, 31-33a. 34-35: Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros.

El libro de los Hechos nos sigue presentado el éxito misionero de Pablo y Bernabé entre los gentiles, pues “Dios les había abierto la puerta a los no judíos para que también ellos pudieran creer” (v.27). Sus desvelos misioneros serían fuente de esa propagación del Evangelio que, extendiéndose a lo ancho del mundo “gentil”, llegaría hasta nosotros.

Por su parte Juan, el vidente de Patmos, alienta nuestra esperanza con su magnífica visión de “un cielo nuevo y una tierra nueva”, como la gran meta de nuestros esfuerzos por transformar las realidades de muerte que nos rodean y redimir al mundo con la fuerza vital arrolladora del Resucitado. Una nueva realidad de justicia, paz y amor fraterno habrá de traer “la nueva Jerusalén que descendía del cielo enviada por Dios y engalanada como una novia”. Es la esperanza maravillosa que podemos enarbolar frente a los catastrofistas que nos amenazan con una destrucción inexorable del mundo, sobre la base de supuestas profecías que en nada se condicen con las promesas de la Nueva Alianza que Cristo ha sellado con su pasión y su triunfo sobre la muerte. “Esta es la morada de Dios con los hombres –señala un entusiasmado Juan-; acampará entre ellos. Serán su pueblo, y Dios estará con ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. El que estaba sentado sobre el trono dijo: Ahora hago el universo nuevo”.

El evangelio nos presenta unos cuantos versículos del gran discurso de despedida de Jesús en la noche de la Cena, donde el Maestro entrega su testamento espiritual a los discípulos: el gran mandato del amor como signo visible de la adhesión de sus discípulos a él y de la vivencia real y afectiva de la fraternidad. El mundo podrá identificar de qué comunidad se trata si los discípulos guardan entre sí este mandato del amor. Jesús rescata la Ley, pero le pone como medio de cumplimiento el amor; quien ama demuestra que está cumpliendo con los demás preceptos de la Ley. Es posible que en la comunidad primitiva se hubiera discutido cuál debía ser su distintivo propio e inequívoco. Para eso apelan a las palabras mismas de Jesús. En un mundo cargado de egoísmo, de envidias, rencores y odios, la comunidad está llamada a dar testimonio de otra realidad completamente nueva y distinta: el testimonio del amor.

Una de las principales causas por las que tantos cristianos abandonan la Iglesia radica justamente en la falta de un testimonio mucho más abierto y decidido respecto al amor. Con mucha frecuencia nuestras comunidades son verdaderos campos de batalla donde nos enfrentamos unos contra otros; donde no reconocemos en el otro la imagen de Dios. Y eso afecta la fe y la buena voluntad de muchos creyentes. Por cierto, no se trata de que nuestras comunidades y agrupaciones sean totalmente ajenas al conflicto, no; el conflicto es necesario en cierta medida, porque a partir de él se puede crear un ambiente de discernimiento, de acrisolamiento de la fe y de las convicciones más profundas respecto al Evangelio; en el conflicto –llevado en términos de respeto y amor cristiano mutuo- aprendemos justamente el valor de la tolerancia, del respeto a la diversidad, y el mejoramiento de nuestra manera de entender y practicar el amor. Del conflicto así entendido -inevitable donde hay más de una persona-, es posible hacer el espacio para construir y crecer. Para ello hacen falta la fe, la apertura al cambio y, sobre todo, la disposición de ser llenados por la fuerza viva de Jesús. Sólo en esa medida nuestra vida humana y cristiana va adquiriendo cada vez mayor sentido y va convirtiéndose en testimonio auténtico de evangelización. Leer más…

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Dom 24.4.16 Que os améis unos a otros, porque el amor es Dios (y el prójimo, también)

Domingo, 24 de abril de 2016

12998528_578007969043066_716728031404632059_nDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 5º de Pascua, domingo del mandamiento nuevo: “Que os améis unos a otros como yo os he amado”.

Es el mandamiento de la vida de Jesús, que “manda” siendo, que abre con su vida una mutación de vida, que es amor.

— Éste es el mandamiento de la revelación de Dios, de la revelación del ser humano, mujer y varón, varón y mujer, padres e hijos, hijos y padres… judíos y gentiles, del norte y del sur…

— Éste es el mandamiento de la nueva humanidad de Dios, un mandamiento cristiano precisamente por ser humano. Es la revelación de la esencia del hombre.

Éste es el único mandamiento, los diez mandamientos en uno: que os améis, como ama Dios, como os he amado.

Éste es el único mandamiento, los dos mandamientos en uno, porque “amar a Dios y amar al prójimo” se resume en esto: amaos unos a los otros, porque aquí está Dios y amando al prójimo estáis amando a Dios (y manifestáis en vuestra vida el amor de Dios)

10155508_760159217336398_34330471_nAsí presentaré el texto del domingo, del evangelio de Juan…. Y lo comentaré con la carta que el mismo Juan escribió para explicarlo, diciendo que Dios es amor, es decir, que nosotros somos (=hemos de ser) amor en Dios. Buen domingo.

Este mandamiento del amor, entendido como experiencia radical de gratuidad, como misericordia y justicia, define la vida del cristiano:

— Es amor íntimo, de gozo… Amar es ser, amar es vivir, en esperanza y fe, en gratuidad e intimidad

— Pero amor es, al mismo tiempo, misericordia… Es convertir la vida en pan para los otros (segunda imagen).

Buen domingo a todos… porque Dios es Amor, y si amamos somos en Dios, él en nosotros.

1. Texto: Juan 13, 31-33a. 34-35

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará.
Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros.
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.”

2. Comentario. Primera de Juan

La primera carta de Juan (1 Jn) ha relacionado de manera muy intensa el amor mutuo (amor interhumano) con el ser de Dios, entendido como amor y de esa forma ha comentado el mandamiento del amor.

Parece que en un determinado momento la comunidad de Juan (es decir, del Discípulo Amado) había sufrido el riesgo del exclusivismo, cerrándose en un tipo de amor puramente interior, entre los miembros del grupo. Pero, más tarde, esa comunidad se ha integrado en la Gran Iglesia, ofreciendo su experiencia y exigencia de amor no sólo a los cristianos sino a todos los hombres y mujeres, entendidos desde Cristo como hermanos y amigos. Esta es la palabra clave de la comunidad de Juan, la palabra clave de la revelación y teología cristiana, 1 Jn 4, 7-21

[a. A Dios nadie le ha visto].

Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

[b. Hemos conocido y creído. Confesión cristológica].

En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo, como Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él.

[b’ Dios es amor. Confesión teológica].

Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del Juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.

[a’. Conclusión y mandamiento].
Nosotros amemos, porque él nos amó primero. Si alguno dice: “Amo a Dios”, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano (1 Jn 4, 7-21).

13015271_577768145733715_7067850011313563772_nHe dividido el texto en cuatro partes, que voy a comentar.

Entre la primera (a) y la última (a’) hay una relación interna: ambas insisten en que Dios nos ha amado primero y vinculan amor a Dios y al prójimo, empleando el argumento de la visibilidad: nadie ha visto a Dios, pero su presencia se ilumina en el amor al prójimo a quien vemos. Las partes intermedias (b y b’) son de tipo más teórico/temático: una vincula el amor con Cristo, la otra con Dios.

a. A Dios nadie le ha visto (Amémonos unos a otros! (1 Jn 4,7-12).

Hemos puesto como título las palabras del final de este pasaje (“a Dios nadie le ha visto…”) donde se retoma y replantea, desde el amor, el argumento básico de Jn 1, 18: “a Dios nadie le ha visto jamás; el Dios único que está en el seno del Padre, ése nos lo ha manifestado”. Aquí se refleja un tema central del Antiguo Testamento, que dice: “no te fabricarás escultura, imagen alguna de lo que hay arriba en los cielos o abajo en la tierra o en los mares por debajo de la tierra” (Dt 5, 8; Ex 20, 4).

En el hueco que deja la invisibilidad de Dios emerge la Palabra: no vemos a Dios, pero le escuchamos y podemos cumplir sus mandamientos. Pues bien, dando un paso más, el mismo Antiguo Testamento sabe que no se pueden hacer imágenes de Dios, porque su imagen y presencia son hombres y mujeres: Dios creó al hombre; a su imagen y semejanza lo creó; varón y mujer los creó… (Gen 1, 26-27). No se pueden hacer imágenes de Dios porque el ser humano es imagen: sacramento de Dios sobre la tierra.

Ésta es la experiencia que está al fondo de nuestro pasaje: el Dios invisible se revela en el amor entre los hombres. Algunos judíos legalistas han tendido a identificar la presencia del Dios ausente con su Ley propia de pueblo separado. Algunos cristianos sacralistas han tendido a identificar al Dios ausente con ciertos ritos sacramentales o con posibles pertenencias eclesiales. Pues bien, nuestro pasaje identifica la presencia de Dios con el amor:

1. Conocer a Dios es amarnos (1 Jn 4, 7-8).

Recogiendo una tradición ilustrada, Feuerbach, identifica Dios y amor, pero lo hace en forma excluyente: no hay un Dios en sí, lo divino es sólo amor humano (La esencia del cristianismo). Es evidente que nuestro pasaje no polemiza contra Feuerbach, entre otras cosas porque es muy anterior. Pero, de una forma implícita, supera y refuta su postura: sabe que no existe Dios fuera del amor; pero añade que el Amor no es invento humano, sino el mismo “ser” de Dios, como origen y sentido de todo lo que existe. Por eso, el texto pide que nos amemos no para crear el amor, sino para reconocer nuestro origen, pues del amor (que es Dios) hemos nacido. Ésta es la experiencia original cristiana.

2. Revelación del amor (1 Jn 4, 9).

Feuerbach diría que nosotros revelamos (desplegamos, inventamos) el amor, al desplegar nuestro ser y realizarnos como humanos. Pues bien, sin negar la verdad parcial de esa postura, nuestro texto afirma que el amor es gracia antecedente: no lo hemos inventado nosotros; nos lo ha dado Dios por medio de su Hijo. La historia del amor nos precede y fundamenta. No venimos de un acaso, no estamos obligamos a imponer un ritmo de amor (perdón, justicia) sobre un mundo previamente informe, irracional, mezquino. Del amor nacemos. Por eso, nuestra acción de amar ha de entenderse como fidelidad a nuestro propio origen, expresión de nuestra esencia antecedente.

3. Esencia del amor (1 Jn 4, 10).

En esto consiste el amor (en toutô estin hê ágapè). El amor no es algo que hacemos a ciegas, dejando que actúe la naturaleza; ni es algo que logramos conquistar con nuestro esfuerzo como Prometeos que roban a los dioses celosos el fuego de la vida… No es tampoco una experiencia de nostalgia ante el fracaso de las cosas, ni equilibrio cósmico que acaba encerrándonos en medio de la trama de los astros. Leer más…

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De la persecución a la gloria pasando por el amor mutuo. Domingo 5º de Pascua. Ciclo C

Domingo, 24 de abril de 2016
viaje1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:
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Aunque no se advierta a primera vista, hay algunos temas comunes a las tres lecturas.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 14, 21b-27

            El domingo pasado se leyó la actividad de Pablo y Bernabé en Antioquía de Pisidia, y las dificultades que promovieron al final los judíos y algunas señoras importantes, obligándoles a huir de allí. Marchan entonces a Iconio, Listra y Derbe (el mapa ayuda a seguir el itinerario). Lo que allí ocurrió no se lee en la misa, pero es importante recordarlo brevemente para comprender la lectura de hoy (el que quiera puede leer el capítulo 14 de los Hechos, que es muy interesante).

En Iconio predican con bastante éxito, pero al final la gente se divide, algunos intentan apedrearlos y tienen que huir de nuevo.

En Listra curan a un tullido y la gente los consideran dioses; ellos consiguen con dificultad que no les den culto. Pero vienen judíos de Antioquía e Iconio que ponen a la gente contra Pablo; lo apedrean y lo arrastran fuera de la ciudad dándolo por muerto. Los discípulos lo recogen y al día siguiente huye con Bernabé hacia Derbe.

En Derbe anuncian el evangelio y ganan bastantes discípulos. Allí no se dan persecuciones. Terminada la predicación, emprenden el viaje de vuelta a Antioquía de Siria (donde habían comenzado el viaje misionero), pasando por las mismas ciudades que ya habían evangelizado. Este viaje de vuelta es el tema de la lectura de hoy.

    En aquellos días, Pablo y Bernabé volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquia, animando a los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios.

            En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Predicaron en Perge, bajaron a Atalía y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían enviado, con la gracia de Dios, a la misión que acababan de cumplir. 

            Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe.

El viaje de vuelta, contado tan esquemáticamente, debió de durar, como mínimo, uno o dos meses. Pero Lucas no se detiene a contar con detalle lo ocurrido. Para él es más importante indicar la conducta de los apóstoles. En todas las comunidades hacen lo mismo durante la vuelta:

1) Confortar y exhortar a perseverar en la fe. “Confortar” es un verbo exclusivo de Hch (14,22; 15,41; 18,23) y siempre tiene por objeto a los discípulos o a las comunidades (no a individuos). ¿Cómo se conforta y exhorta? Advirtiéndoles de la realidad: “hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios”. Igual que Pablo y Bernabé han tenido que sufrir para anunciar el evangelio; igual que Esteban fue apedreado hasta la muerte (Hch 11,19). Las persecuciones y tribulaciones forman parte esencial de la vida cristiana.

2) Designar responsables. Esta palabra griega, presbitérous, etimológicamente designa a los “ancianos”, pero en la práctica se aplica a los responsables de la comunidad y terminará adquiriendo un matiz muy concreto: sacerdote. Pero no es eso lo que designan los apóstoles, sino simples encargados de dirigir la comunidad, las asambleas litúrgicas, etc.

3) Celebrar liturgias de oración y ayuno, en las que encomiendan a la comunidad al Señor.

Finalmente, cuando llegan a Antioquía de Siria, pueden dar la gran noticia: Dios ha abierto a los paganos la puerta de la fe. Ha comenzado una etapa nueva en la historia de la iglesia y de la humanidad.

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a

            Si la primera lectura se fija sobre todo en las tribulaciones por las que hay que pasar para entrar en el reino de Dios, la segunda, del Apocalipsis, habla de ese reino de Dios, del mundo futuro maravilloso. No es literatura de ficción, aunque lo parezca. Los cristianos del siglo I estaban sufriendo numerosas persecuciones, y la certeza de un mundo distinto era el mayor consuelo que podían recibir.

            Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono:

            – «Ésta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo, y Dios estará con ellos y será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado.»
Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Todo lo hago nuevo.»

            Aunque el lenguaje es muy distinto, la idea de fondo es la misma en las dos primeras lecturas: ahora mismo, la comunidad padece grandes tribulaciones (Hch), hay lágrimas, muerte, luto, llanto, dolor (Ap), pero todo esto llevará al reino de Dios (Hch) y a un mundo maravilloso (Ap).

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 31-33a. 34-35

            El evangelio de hoy, aunque muy breve, lo podemos dividir en dos partes. La primera nos sitúa en la noche del Jueves Santo, cuando Judas acaba de salir del cenáculo para traicionar a Jesús y este pronuncia unas palabras desconcertantes.

            Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: 

            – «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. 

            ¿Qué quiere decir Jesús? La primera dificultad está en que usa cinco veces el verbo “glorificar”, que nosotros no usamos nunca, aunque sepamos lo que significa. Nadie le dice a otro: “yo te glorifico”, o “Pedro glorificó a su mujer”. Sólo en la misa recitamos el Gloria, y ahí el verbo va unido a otros más usados: “te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos”. Pero, en el fondo, después de leer la frase diez o doce veces, queda más o menos claro lo que Jesús quiere decir: ha ocurrido algo que ha redundado en su gloria y, consiguientemente, en gloria de Dios; y Dios, en recompensa, glorificará también a Jesús.

Pero, ¿qué es eso que ha ocurrido y que redunda en gloria de Jesús? Que Judas ha salido del cenáculo para ir a traicionarlo. Parece absurdo decir esto. Pero recuerda la primera lectura: “hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios”. A través de la pasión y la muerte es como Jesús dará gloria a Dios, y Dios a su vez lo glorificará.

La segunda parte es muy conocida, fácil de entender y muy difícil de practicar.

            Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

            El amor al prójimo como a uno mismo es algo que está ya mandado en el libro del Levítico. La novedad en este caso consiste en amar “como yo os he amado”, hasta dar la vida. Para Jesús, este rasgo es el único distintivo del cristiano, y no puede ser sustituido por actos cultuales (misas, etc.) ni por programas ideológicos de cualquier tipo.

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V Domingo de Pascua. 24 abril, 2016

Domingo, 24 de abril de 2016

Pascua16
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“La señal por la que os reconocerán como discípulos míos…”
(cfr.Jn. 13, 35)

¿Qué otra cosa podemos querer cada uno de nosotros en el momento de la muerte que dejar como legado a nuestros seres queridos un deseo de amor y unidad entre ellos, para nuestra familia, para nuestra comunidad, para nuestro grupo? Así, tan humano, se muestra Jesús en su última cena, en su última despedida: “amaos los unos a los otros”.

Sin embargo da un paso más y nos invita a recibir nuestra identidad conscientemente y trabajar por ser dignos, dignas, de llevarla encima. Se lo oí a un sacerdote en una homilía y mis oídos se estremecieron ante una afirmación tan rotunda y tan, he de reconocerlo, profundamente verdadera. Dijo: “la señal de los cristianos no es la cruz sino el amor”.

Como monja trinitaria la redención, el sentirme redimida, el saber a la humandad redimida, forma parte de nuestra manera particular de vivir en la Iglesia. La cruz es un elemento clave porque nos recuerda que Cristo se entregó hasta la muerte por cada una de nosotras, por cada uno de nosotros. Y a veces, es verdad, nos quedamos mirando las heridas que sangran y se nos pasa por alto el motivo, que no es el odio, ni la soledad, ni el abandono, el único motivo por el que Cristo está ahí clavado en la cruz es el amor. Tan fácil y tan complejo como amarnos a pesar de nuestras diferencias, a pesar de nuestras incomprensiones, a apesar de nuestros conflictos, siempre, por encima, Jesús nos recuerda que ha de estar nuestro amor mutuo y que solo ese amor será la manera de reconocernos como hermanos, como hijos.

Hoy también es el día del amor.

Feliz día. Feliz domingo.

Oración:
Tú me conoces y me sondeas,
tú me amas y confías en que el amor será el motor de mi vida,
el amor que tú has puesto en mi corazón
para entregar a mi prójimo
porque si no amo a quien veo,
¿cómo podré amarte a ti, a quien no veo?

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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“Los obispos tienen mucha culpa de la relajación litúrgica de los fieles en la celebración de la Vigilia de Pascua”, por Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Domingo, 24 de abril de 2016

2011-04-23_vigilia_pascual_4Leído en la página web de Redes Cristianas

Viene a cuento el explosivo titular a la vista de lo que está sucediendo en la celebración de la Pascua. En mi parroquia, de los más o menos 8.000 feligreses, han acudido a celebrar la Vigilia Pascual exactamente 18, de los que 8 ejercían alguna tarea litúrgica. Así que hemos juntado a los pocos que éramos, y hemos concelebrado todos en torno a la mesa. Después han sido unánimes en expresar su alegría por la cercanía, autenticidad de la celebración, y por la hondura que una pequeña comunidad de esas dimensiones han hecho posible. Y nos hemos preguntado, ¿por qué acude tan poca gente a la celebración centro, fuente y culmen del año litúrgico? La respuesta más sencilla y aparentemente lógica es la hora, a las 11 de la noche.

¿Seguro? En una ciudad bien iluminada, en un barrio en el que las ventanas están encendidas casi todas las noches hasta más de la una de la madrugada, y con una noche primaveral y olorosa, sin viento, ni amenaza de lluvia ni pizca de frío, el argumento de lo tardío de la hora no me convence. Mi opinión es que, simplemente, a nuestros católicos no les agrada, ni les emociona, ni les dice nada, celebrar la Vigilia Pascual

Se trata de una constatación triste, penosa, y que causa mucho desánimo entre los que nos dedicamos a dinamizar, coordinar y presidir las reuniones litúrgicas. Y las causas son varias, pero, la principal, el cansancio, tedio, aburrimiento y poca gracia y creatividad, espontaneidad, comunicación, y pasión, que, por lo general, faltan de manera flagrante en las celebraciones litúrgicas de nuestra Iglesia. Los maestros de Liturgia se contentan, generalmente, con el libro de normas y rúbricas, como si de su estricto cumplimiento se derivara, automáticamente, la dignidad y la añorada belleza de las funciones litúrgicas. Y no es así, lo que se produce con ese agarrotamiento no es otra cosa que una falsa frialdad hierática, que no tiene por qué representar la fuerza, la savia, el calor y hasta la pasión de una celebración comunitaria. Una de las razones más reconocidas de la increíble persistencia histórica del judaísmo es que el centro de su culto no se realiza en la hermosa, pero muchas veces gélida, armonía de un templo impecable, sino en calor acogedor del hogar. Ha sido fundamental para la supervivencia digna y creativa de los judíos que cada año celebren la Pascua en las entrañas de sus casas.

Hubo voces después del Concilio Vaticano II, que todavía perduran, de que se multiplicaban los abusos litúrgicos en muchas, y atrevidas, interpretaciones falsas, y falseadoras, de la reforma litúrgica conciliar. Y, ¿saben quiénes proferían esas voces? Pues los que más llevan abusando de la liturgia cristiana desde siglos: los monseñores, doctores y doctorcillos vaticanos de Liturgia, o de las diócesis más copetudas, serias y solemnes, -más lo primero que lo segundo-, satisfechos con la parafernalia de sus celebraciones, como las que nos llegan de los pontificales del Vaticano, o la Almudena, o del Pilar de Zaragoza, o de la catedral de San Patricio de Nueva York. ¿Abuso litúrgico, esas celebraciones?, se preguntará alguno. Pues sí, lo he escrito y lo reitero: comparen esos espectáculos, televisivamente muy conseguidos, con la celebración de la Cena del Señor, o las de los primeros cristianos, y me digan quién es el que abusa. Y, ¿qué tiene que ver la colección de ornamentos, mitras, tiaras, báculos, inciensos, venias, saludos, y ritos cortesanos, con la bella sobriedad de las asambleas litúrgicas de la Iglesia primitiva?

Ahora volveré al tema candente y, yo diría, sangrante, de la Vigilia Pascual. He preguntado, en la misa de 9,30 hs. del domingo siguiente a la Pascua, cuántos habían celebrado la Vigilia Pascual, y a qué horas, y de unos 35 sólo lo habían hecho tres mujeres, ¡qué casualidad!, una a las 22,00., y otras dos a la 2o,00 hs. Además me he enterado de que en Madrid se han celebrado Vigilias desde las 18,00 hs., seis de la tarde, todo ello con la ¿sana? intención de incomodar lo menos posible a los fieles con una hora intempestiva. Y así nos va. La Vigilia Pascual no se celebra todas las semanas, ni todos los meses, ni siquiera todos los trimestres, ni siquiera semestres. Se trata de una celebración anual, que podría, por su reiteración, complicar, interferir, o hasta dañar, el sano hábito de no cambiar ni un milímetro, ni un segundo, la dulce secuencia de los sueños plácidos, placenteros y tranquilizadores. No vayamos, pues, a exponer a nuestros fieles, más bien desgastados y decrépitos, a una ruina total.

Es decir, si no se puede celebrar la Vigilia de Pascua, no la celebremos, pero no convirtamos la Vigilia, ese momento único, mágico y arrebatador, en un rito más, que no vamos de dejar de celebrar, ¡faltaría más!, por los escrúpulos de unos puristas de la Liturgia. Pero, ¡de verdad!, no se trata de esto, sino de no engañar ni defraudar a los fieles en un momento litúrgico único, irrepetible, y que demanda, más que ninguna otra celebración, la total sintonía con el entorno físico de la Noche, y, -a ser posible, que lo es, normalmente-, que englobe, como supone el glorioso cántico del pregón pascual, por lo menos ¡parte de la noche de Pascua!. Yo no digo que los obispos impongan horarios litúrgicos, pero sí que marquen líneas. Y que dejen claro que no se trata de Vigilias de Pascua aquellas que de eso, de Vigilia, y de Pascua, tienen más bien poco. ¿No podrían emplear una de sus cartas pastorales, en los días previos a la Semana Santa, en animar, alentar y hasta provocar a los fieles a la celebración de la Vigilia Pascual, al mismo tiempo que en disuadir a los párrocos del empleo de horarios inadecuados, que solo consiguen maltratar, y rebajar hasta niveles ínfimos, lo que debería ser una vigilia honda, nocturna, tensa, pero festiva?

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“Ecuador o la importancia de mirar a la cara”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Domingo, 24 de abril de 2016

terremotoecuadorEl Servicio Jesuita a Migrantes solicita que se paralicen las repatriaciones de ecuatorianos

Tengo escritas algunas reflexiones, con referencias a la última exhortación del Papa, que pienso publicar en los próximos días. Hoy no cuelgo el artículo que tenía preparado, porque cuando hay una desgracia que te toca de cerca todo lo demás pasa a segundo plano. Me estoy refiriendo al terremoto que ha sacudido el Ecuador. Yo tengo allí algunos conocidos, pero no están en la zona sísmica. Sin embargo, parte de la familia de un hermano y amigo, sí está en la zona. La cara de tristeza de esta persona me ha conmovido. Las desgracias se ven de otra manera cuando las miras a través de rostros concretos que se sienten afectados. Del mismo modo que las situaciones irregulares (para emplear la palabra que el Papa utiliza para calificar determinadas situaciones familiares) se ven y se juzgan de otra manera cuando el irregular es un hermano, un hijo, o una persona querida. Ya no se trata de teoría, se trata de personas.

Mientras escribo estas líneas estoy recibiendo correos de alguna ONG que pide “ayuda urgente” para Ecuador. Con fotografías de niños durmiendo en lanchas, pues sus casas fueron afectadas por el terremoto. Les confieso que la cara de mi amigo, que está sano y que duerme en una buena cama, me resulta más conmovedora y me “mueve” más que las fotografías de personas desconocidas. Por eso es tan importante acercarse a la gente, mirarla a los ojos y escucharla. Eso cambia todo. Ya no hay teorías que valgan. Jesús de Nazaret no hacía teoría porque escuchaba a las personas y las tocaba.

En España viven casi medio millón de ecuatorianos. Los ecuatorianos nacionalizados españoles son más de 165.000. Si alguno de ellos es tu vecino, y tiene familia en la zona en la que ha golpeado el terremoto, mírale a la cara. Y surgirá espontánea la pregunta de cómo puedes ayudar a la gente alejada, aunque no puedas ver su cara. Porque hay personas que lo están pasando mal. No las conocemos, están lejos, pero son nuestros hermanos, son exactamente como nosotros, ahora con las ilusiones rotas, con tristeza y mucha necesidad.

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Nueve millones de niños viven en condiciones de esclavitud

Domingo, 24 de abril de 2016

rompe-sus-cadenasMisiones Salesianas lanza ‘Rompe sus cadenas’ para visibilizar la esclavitud infantil

Naya es una de ellas: su abuela la vendió por 80 rupias, el equivalente a un euro

(Misiones Salesianas).- Naya es hoy una persona diferente. Hace un año fue rescatada del infierno. “Sólo recuerdo el dolor y la vergüenza”. Naya sufrió quemaduras terribles después de que la señora del hogar donde trabajaba la echara agua hirviendo. Naya nació en una familia pobre de una aldea india.

Sus padres murieron siendo ella y sus hermanas pequeñas. Su abuela no podía hacerse cargo de todas y decidió venderla por 80 rupias (1 euro). Como Naya hay nueve millones de niños y niñas en todo el mundo que viven como esclavos. “Una realidad a la que nos enfrentamos en 2016 y que debería avergonzarnos porque la esclavitud fue abolida hace más de 200 años”, explica Ana Muñoz, portavoz de MISIONES SALESIANAS.

Millones de niños y niñas son víctimas de personas sin escrúpulos que los utilizan para trabajar en minas, industrias, en fincas agrícolas, como trabajadores domésticos, para mendigar o para prostituirlos. Para exigir medidas que protejan a estos menores, desde MISIONES SALESIANAS, lanzamos la campaña ‘Rompe sus cadenas’.

“La muerte de Iqbal Masih, por quien conmemoramos el Día contra la Esclavitud Infantil el 16 de abril, parece sin sentido cuando pensamos en la cantidad de niños y niñas que aún viven en condiciones de esclavitud”, añade Muñoz. La demanda de mano de obra barata, la pobreza y la falta de oportunidades, la desestructuración familiar y la pérdida de valores comunitarios son causas de que la esclavitud infantil y los abusos se sigan produciendo hoy en día.

En Colombia, en India, en Benín, en Costa de Marfil, en Malí… los misioneros salesianos se enfrentan a esta realidad y tratan de que los niños y niñas víctimas de la esclavitud tengan una segunda oportunidad. “Los misioneros acogen y dan educación a estos menores y les ofrecen un proyecto de vida”, explica Muñoz.

Fuente Religión Digital

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“Quiero ser monja: la ambigüedad de los medios”, por Peio Sánchez.

Domingo, 24 de abril de 2016

quiero-ser-monjaEntre la cursilería y la profundidad

“No representa bien a la vida religiosa femenina actual y tampoco acierta a presentar la motivación y el camino de discernimiento que realiza una persona que se acerca a una comunidad”

“El guion resulta respetuoso con la vida religiosa en un sentido general”

(Peio Sánchez).- El docureality de Mediaset/Cuatro sobre la llamada a la vida religiosa femenina se mueve entre la ficción y la objetividad, la cursilería y la profundidad, la exhibición y la autenticidad, el espectáculo y la difícil intimidad ante una cámara.

Entre los méritos del programa está la contención del guión que garantiza que las comunidades y religiosas se presten a la participación, así como colocar la vida religiosa en el paisaje de la vida normal venciendo estereotipos al uso. Entre los numerosos límites la presentación de la experiencia de Dios entre simplificaciones infantiloides, el desdibujamiento de Jesucristo como inspiración, una imagen de la mujer, y por tanto de la religiosa, sesgada hacia lo emotivo, aspecto que también afecta a lo comunitario, así como una banalización del compromiso de servicio hacia los otros.

Siguiendo la estela de “The Sisterhood: Becoming Nuns“, una serie de seis episodios realizada para la televisión de EEUU, la propuesta de Cuatro en prime time ha llegado a 1 390 000 espectadores (7,1%) en la primera entrega titulada “La llamada” y a 1 154 000 (6,2%) en la segunda parte bajo el título “El camino”, marcando una cierta tendencia a la baja. En el caso español las congregaciones que han participado son las hermanas del Santísimo Sacramento, de Santa María de Leuca y las Justinianas. Los productores han señalado que más que realizar un programa religioso han tratado de mostrar un mundo desconocido ante el público.

Desde el punto de vista de la vida religiosa femenina y, ante el drástico descenso de vocaciones, el programa pretende ofrecer esta forma de vida de manera atractiva y perfectamente normal. En este sentido late una intención vocacional en las protagonistas que se han prestado a dar razón de su vida.

El formato de docureality es un híbrido. Por una parte se presenta como un reality show que trata de hacer un espectáculo de la realidad reuniendo persona reales (no de ficción) en un mismo espacio físico para que interactuando atraigan a la audiencia (Gran Hermano, Supervivientes,…). Pero en realidad es un documental ficcionado que realiza un casting de tipologías en las candidatas a ser religiosas, que despliega un itinerario temático en los contenidos y experiencias de discernimiento en su viaje por tres comunidades distintas en Madrid, Alicante y Granada al mismo tiempo que ofrece testimonios reales de religiosas y del proceso de descubrimiento de los cinco jóvenes participantes.

El guion resulta respetuoso con la vida religiosa en un sentido general. El grupo de jóvenes buscadoras es significativo de una cierta tipología, aunque algunas de ellas quedan poco definidas como personajes, lo que dificultará el enganche de la audiencia a pesar del marketing que rodea la serie.

La dificultad principal de esta serie estriba en testimoniar la experiencia de Dios, como motivación central, a un público abierto que la desconoce. En primer lugar, la experiencia de discernimiento vocacional se despliega en un tiempo largo que en el formato de serie televisiva exige concentración. El lenguaje que se elabora resulta poco comunicativo ya que las fórmulas tipo “Jesús te llama” llegan a resultar ridículas si no alcanzan a describir la experiencia que está detrás. Además la oración resulta de lo menos televisivo ya que pretende hacer visible algo que acontece esencialmente de forma invisible.

Películas-documental como El gran silencio (2004) de Philip Gröning lo lograron, pero esto exigió del espectador y del narrador un auténtico ejercicio de contemplación. Algo que la inmediatez del medio televisivo no puede soportar.

Por otra parte, los testimonios, en breves cortes, de las religiosas tienen dificultad para trasparentar las verdaderas motivaciones. Los lenguajes adquiridos resultan un arcano que no funciona comunicativamente. El tránsito entre lo auténtico y lo risible es demasiado corto para acertar en el tono, la palabra o la mirada. Las buenas intenciones y la genuinidad de la experiencia de base no garantizan la verdadera comunicación. Por otra parte, las comunidades que forman parte de la serie difícilmente expresan el tono general de la vida religiosa femenina actual.

En este sentido la vida religiosa como disponibilidad a los otros y servicio a los más débiles queda francamente malparada. El documental posterior a la primera entrega resultó mucho más interesante y real que la ficción de la serie. La opción del Evangelio por los pobres como compromiso hacia las personas no se expresa significativamente repartiendo bocadillos. Y este punto crucial queda ciertamente desdibujada esta dimensión prioritaria.

A pesar de todo, en la serie late un cierto tono de normalidad. Las jóvenes protagonistas llegan a resultar creíbles. La música de fondo sintoniza bien con un público general. Sin embargo, el contexto de secularización de nuestra sociedad es bien diferente que el original de la serie en USA y en este sentido la traducción del guion-base ha sido más mimética que una verdadera adaptación al cambio de contexto.

La docureality “Quiero ser monja” no representa bien a la vida religiosa femenina actual y tampoco acierta a presentar la motivación y el camino de discernimiento que realiza una persona que se acerca a una comunidad. Pero coloca en el mapa al mundo religioso-cristiano para un público general. Al más afín le resultará entre interesante y controvertido, y el que se siente alejado de estos “mundos” poco aguantará ante la pantalla. En este momento de ocultamiento y falta de visibilidad bastará con que de qué hablar para recordarnos que cabalgamos.

Fuente Religión Digital, blog Cine espiritual para todos

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