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Domingo, 21 de junio de 2015
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TEMPESTAD EN EL RÍO

Se acaba toda playa.
El río entra en la tierra.
La floresta, en el río.
El cielo es como un río boca abajo.
Y es un cauce de verde sumergido
la orilla forestal.
Crecen las alas. Es un mar el río.
El agua baja turbia, roja,
fusilada de lluvia.

“Las aguas superiores,
las aguas inferiores”
del Génesis se llevan
el barco en los bandazos.

Leo cosas de Iglesia. Canto y grito,
elemental y loco de esperanza.
Moverse ya es vivir. Crecen las aguas
del Araguaia nuestro:
ha llegado la hora de la “enchente”,
y se puede cortar el lento viaje
entrando rectamente por los canales nuevos…

El barco ruge y marcha solo,
pobre,
libre, débil, seguro.
Y truena el cielo como un vientre grávido
hacia el glorioso parto teilhardiano.
Es Adviento en la misa y en las aguas.
Es Adviento en la tierra de los hombres.

*

Pedro Casaldáliga

(Clamor elemental. Editorial Sígueme, Salamanca 1971)

***

¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:

“Vamos a la otra orilla.”

Dejando a la gente, se lo llevaron en la barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole:

– “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?

Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:

– “¡Silencio, cállate!”

El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo:

– “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”

Se quedaron espantados y se decían unos a otros:

“¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!”

*

Marcos 4,35-40

**

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“¿Por qué somos tan cobardes?”. 12 Tiempo Ordinario – B (Marcos 4,35-40)

Domingo, 21 de junio de 2015
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12-852848-300x197«¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?». Estas dos preguntas que Jesús dirige a sus discípulos no son, para el evangelista Marcos, una anécdota del pasado. Son las preguntas que han de escuchar los seguidores de Jesús en medio de sus crisis. Las preguntas que nos hemos de hacer también hoy: ¿Dónde está la raíz de nuestra cobardía? ¿Por qué tenemos miedo ante el futuro? ¿Es porque nos falta fe en Jesucristo?

El relato es breve. Todo comienza con una orden de Jesús: «Vamos a la otra orilla». Los discípulos saben que en la otra orilla del lago Tiberíades está el territorio pagano de la Decápolis. Un país diferente y extraño. Una cultura hostil a su religión y creencias.

De pronto se levanta una fuerte tempestad, metáfora gráfica de lo que sucede en el grupo de discípulos. El viento huracanado, las olas que rompen contra la barca, el agua que comienza a invadirlo todo, expresan bien la situación: ¿Qué podrán los seguidores de Jesús ante la hostilidad del mundo pagano? No solo está en peligro su misión, sino incluso la supervivencia misma del grupo.

Despertado por sus discípulos, Jesús interviene, el viento cesa y sobre el lago viene una gran calma. Lo sorprendente es que los discípulos «se quedan espantados». Antes tenían miedo a la tempestad. Ahora parecen temer a Jesús. Sin embargo, algo decisivo se ha producido en ellos: han recurrido a Jesús; han podido experimentar en él una fuerza salvadora que no conocían; comienzan a preguntarse por su identidad. Comienzan a intuir que con él todo es posible.

El cristianismo se encuentra hoy en medio de una «fuerte tempestad» y el miedo comienza a apoderarse de nosotros. No nos atrevemos a pasar a la «otra orilla». La cultura moderna nos resulta un país extraño y hostil. El futuro nos da miedo. La creatividad parece prohibida. Algunos creen más seguro mirar hacia atrás para mejor ir adelante.

Jesús nos puede sorprender a todos. El Resucitado tiene fuerza para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Solo se nos pide fe. Una fe que nos libere de tanto miedo y cobardía, y nos comprometa a caminar tras las huellas de Jesús.

José Antonio Pagola

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“¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!”. Domingo 21 de junio de 2015. Domingo 12º ordinario

Domingo, 21 de junio de 2015
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37-ordinarioB12 cerezoLeído en Koinonia:

 Job 38,1.8-11: Aquí se romperá la arrogancia de tus olas.
Salmo responsorial: 106: Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
2Corintios 5,14-17: Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.
Marcos 4,35-40: ¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla.” Dejando a la gente, se lo llevaron en la barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: “¡Silencio, cállate!” El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?” Se quedaron espantados y se decían unos a otros: “¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!”

En la primera lectura vemos cómo el Señor le contesta a Job desde un torbellino, una forma muy común en el Antiguo Testamento para las apariciones de Dios. Le muestra lo que el Señor es capaz de hacer por el ser humano, hasta frenar el mar para que no irrumpa contra él. Las comunidades cristianas crecen en medio de dificultades y conflictos. Se encuentran asediadas por muchas amenazas internas y externas. Son como una pequeña barca navegando en altamar, en aguas turbulentas. Cunde la desesperación y el desencanto. Job es el símbolo de la paciencia y la resistencia. Se siente asediado por todas partes. Dios lo interpela haciéndole caer en cuenta de que él es el Señor de la historia. Las dificultades de la vida no podrán derrotar a quien pone toda su confianza en Dios.

En La carta a los Corintios se nos expone la nueva humanidad que a través de la muerte de Cristo recobra la vida plena. Cristo murió por todos para que todos tengamos vida por medio de él. El amor de Cristo ha sido tan grande que nos ha rescatado de la muerte y de la esclavitud del pecado, y nos ha hecho partícipes de la vida nueva. Lo antiguo ha sido superado por la muerte y resurrección del Señor.

En el evangelio, el llamado relato de la tempestad presenta las dificultades por las que atravesaba la Iglesia primitiva en el contexto del imperio romano. El mar es símbolo de peligro; es una amenaza para quienes viven cerca de él, porque saben que por ahí vienen los perseguidores. La comunidad es esa pequeña nave que navega a la deriva. La fe de muchos naufraga ante las amenazas y las presiones del medio. Entonces es cuando hay que recordar que Jesús no ha abandonado la barca. El navega con ellos. Es capaz de derrotar la tempestad. La certeza de la presencia de Jesús fortalece la frágil fe de la comunidad.

Nos sentimos amenazados de muchas formas. La injusticia, la violencia y la corrupción por una parte; el consumismo, el relativismo y el sensualismo por otra. Sentimos la tentación de ceder. Fácilmente caemos en el pesimismo y la resignación. Desistimos de todo esfuerzo y dejamos que la historia empuje la barca a su propio viento. El ambiente nos ahoga y nos sentimos perdidos, desorientados o perplejos. Las palabras de Pablo resultan alentadoras: Cristo murió y resucitó; con él hemos muerto nosotros, y tenemos la firme esperanza de participar en su resurrección. Sólo la certeza de que Jesús camina con nosotros nos puede ayudar a vencer los miedos y las incertidumbres y a “remar mar adentro, hacia aguas profundas”.

Temas clásicos relacionados con este tipo de milagros de Jesús, centrados en la acción sobre la naturaleza, que tal vez ya perdieron su aliciente, son los de la posibilidad misma del milagro, las relaciones entre Dios y la naturaleza, y el tema de la oración de petición, cuando la petición se centra en una acción sobre la naturaleza. Formulamos estos temas en el apartado «para la reunión de grupo» Leer más…

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Dom 2. 6. 15. “Vayamos a la otra orilla”

Domingo, 21 de junio de 2015
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tempestadDel blog de Xabier Pikaza:

Domingo 12. Tiempo ordinario. Ciclo B. Marcos 4,35-40. Es tiempo de hacerlo: dejar la casa resguardada, pero ya vacía; han emigrado para siempre las viejas golondrinas de un tipo de cristianismo, arriesgarse al otro lado. Para Jesús el otro lado estaba geográficamente muy cerca, unos de diez millas de lago, luego la “tierra incógnita”.¡Vayamos!

Ésta fue una de las palabras fundamentales de Jesús: no se pueden resolver las cosas desde esta orilla, si no vemos las cosas también desde la otra, sin arriesgarnos a pasar a tierras nuevas, con otras gentes y costumbres, para aprender y compartir con ellas el trabajo de la vida.

Ésta fue una palabra importante para la comunidad de Marcos, tras la muerte de Jesús, en tiempos de conflicto y miedo;frente a los que querían cerrarse en lo siempre sido, Marcos supo que el evangelio debía expandirse, en una marcha arriesgada de entrega creadora, descubriendo comunidades y formas de vida distinta, para recrear desde ellas el evangelio.

Ésta ha de ser una palabra clave en nuestro tiempo. Son muchos los que quieren que la Iglesia se siga cerrando, a pesar de lo que fue el Vaticano II, a pesar de lo que anuncia y quiere el Papa Francisco. Muchos hemos querido que el cofre del evangelio se conserve donde siempre ha estado, bajo siete llaves… Pero Jesús nos dice de nuevo, quizá al atardecer de nuestra vida: “id a la otra orilla”.

20070810p2_01Ciertamente, en medio está el mar y la tormenta. Pero él lo dice y nosotros, sus discípulos, debemos tomar la barca y arriesgarnos, más allá de un tipo instituciones milenarias, de las seguridades que se han vuelto inútiles, de basílicas cerradas. ¿Quién va a nuestras iglesias sino ancianos venerables y turistas curiosos

¿Iremos la a otra orilla? Quiero que esta sea la palabra clave de este domingo, día de meditación, pero también de decisión cristiana, mientras seguimos leyendo la encíclica de Francisco, que es una carta magna de la ecología: ¡Vayamos a la otra orilla para que así podamos seguir compartiendo también la nuestra. Buen domingo

Texto. Marcos 4,35-40

4, 35 Aquel mismo día, al caer la tarde, les dijo: -Pasemos a la otra orilla.

36 Ellos dejaron a la gente y lo llevaron en la barca, tal como estaba. Otras barcas lo acompañaban. 37 Se levantó entonces una fuerte borrasca y las olas se abalanzaban sobre la barca, de suerte que la barca estaba ya a punto de hundirse. 38 Jesús estaba a popa, durmiendo sobre el cabezal, y lo despertaron, diciéndole: Maestro ¿no te importa que perezcamos?

39 Él se levantó, increpó al viento y dijo al mar: -¡Cállate! ¡Enmudece!

El viento amainó y sobrevino una gran calma. 40 Y les dijo: -¿Por qué sois tan cobardes? ¿Todavía no tenéis fe?
41 Ellos se llenaron de un gran temor y se decían unos a otros: – ¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?

Parábola pascual.

Ésta es una parábola pascual. Ciertamente, contiene un recuerdo biográfico y un “milagro” o, mejor dicho, un signo cósmico de la vinculación de Jesús con la naturaleza.

Pero en un sentido más profundo es una narración de pascua: Jesús resucitado inicia con sus discípulos una dura travesía misionera, pidiéndoles que vayan con él a la otra orilla, que le lleven a nuevas tierras, nuevas gentes. En el camino del mar surge la tormenta. Ellos tienen miedo y le llaman, él responde despertándose y mostrando su poder, en la barca amenazada. Estamos en ámbito de iglesia.

Aquel mismo día, en ekeine te hemera.

Éste es el día de las parábolas, es decir, de la enseñanza que Jesús ha ido dirigiendo a sus discípulos a lo largo de todo Mc 4. El día de las parábolas que él empieza diciendo a la orilla del mar (Mc 4, 1) y que él explica después en la casa de la Iglesia (Mc 4, 10), a solas con los suyos, ofreciéndoles su enseñanza más honda.

Los discípulos recuerdan admirados al Jesús que era capaz de sentirse cerca de la naturaleza, del mar y de la tierra, sin miedo, sin angustia… Sabía Jesús y sentía que el mismo mar es casa para quienes saben respetar y admirar el mundo entero.

Para nosotros, los cristianos ya mayores, la casa era un espacio de familia resguardada, con las iglesias que se llenaban (¿?) de fieles los domingos, con la seguridad de unas instituciones “eternas”, de doctrinas sabias, de eternos vaticanos. Estábamos en la casa, así habíamos estado por siglos.

Pues bien, ahora Jesús dice a los suyos que se arriesguen a dejar la casa, para tomar con él la barca y llevarle a lugares de habitantes distintos, a través del mar bravío. Es evidente que su riesgo se encuentra calculado: forma parte de la misma estrategia eclesial del evangelio tras la pascua. Éste es el día de pasar a la otra orilla.

Iglesia en la tormenta de un camino arriesgado, éste podría ser el título del tema.

La tormenta es la dificultad en una travesía que debe conducir a la otra orilla (eis to peran, dice el texto original: 4, 35). Recordemos que muchos habían venido ya para escuchar a Jesús, desde la otra orilla (3, 7-8), es decir, desde la tierras del otro lado de Galilea, comarcas distintas, de gentiles a quienes en principio consideramos peligrosos, bárbaros…

Pero ahora es Jesús quien decide pasar al otro lado, a la tierra donde habitan los paganos de Decápolis. Está cerca: sus colinas se ven desde este lado. Pero sus gentes son lejanas: distintas por cultura y religión, por tradiciones y formas de existencia. Este paso implica un verdadero comienzo en la travesía del evangelio.

Ahora, año 2015, nos hallamos simbólicamente al inicio de una gran marcha, de la misión universal de la iglesia, que ha de hallarse dispuesta a llevar su semilla a tierra pagana, es decir, a toda tierra

La paradoja de la marcha: ¡La gran salida!.

Desde ese trasfondo se entienden mejor algunos rasgos:

– Jesús inicia el gesto, pero luego duerme en la popa (4, 35-38a). Embarca a los suyos, pero da la impresión de que no responde. Es como si no estuviera. Deja que los suyos sufran ante el riesgo, en la nave amenazada. En el cabezal trasero, él duerme. No le vemos, parece que no está.

– Los discípulos despiertan a Jesús, gritándole su miedo (4, 38b-41). Él se eleva y responde, ordenando al viento y diciendo al mar: ¡Calla, sosiégate!. Mar y viento se calman y la barca puede hacer la travesía.

Barca azotada, casa frágil, entre el viento exterior y el miedo interno, es la iglesia de Jesús.

Sus compañeros no pueden ya sentarse a su lado, en círculo agradable de palabra (como habían hecho en Mc 3, 31-35). Quizá no es ya ni eso… No hay barca ni tempestar, hay simplemente cansancio. ¿A quien de nuestros jóvenes le importa el evangelio? ¿A uno de cada mil? He sentido la novedad compartiendo unos días con un estudiante de medicina… Simplemente un chico normal, sin formar parte de ninguna institución clerical, ni grupo…Y sin embargo cristiano. Le he sentido uno entre mil, digamos que entre cien, y en él he podido sentir la soledad de los otros 99 de la parábola invertida del pastor… No hay uno sólo errante o sin interés. Errantes son los 99.

Jesús duerme, y los suyos combaten contra el viento y las olas. Parece que no pueden sembrar nada pues no hay campo, ni tierra firma donde asentar las plantas de los pies y plantar las semilla…. (en contra de Mc 4, 1-34). No hay nada, los cristianos nos limitamos a luchar contra el mar, aislados en medio de la gran tormenta, sin tierra firme ni ayuda sobre el mundo, en una travesía que muchos suponen que es puramente imaginaria. Así realizan la primera misión postpascual de la iglesia, al oriente de Galilea.

De la parábola de la tierra/semilla (Mc 4, 1-9) a la tarea de la navegación por el mar/tormenta

Ésta es una nueva parábola o, mejor dicho, la misma parábola anterior del Evangelio de Marcos: la siembra (Mc 4, 3-9) debe realizarse en otras tierras (misión de la iglesia). Probablemente el texto ha recogido recuerdos de historia prepascual, experiencias de un pasado en que Jesús calmó a su grupo temeroso sobre el lago familiar donde muchas veces navegaron con sus barcas.

Pero ofrece también una experiencia de Jesús resucitado, proyectada de un modo simbólico al pasado de su vida. Los discípulos son iglesia amenazada, barca en la tormenta, familia en miedo, sin cimientos permanentes, sin patria asegurada ni ciudades fijas, navegantes-misioneros sobre un mar embravecido, con un Maestro (didaskale, así le llaman por primera vez en Mc: 4, 38) que duerme en popa, eso son ellos.

Es lógico que teman.

¿Qué hallarán en la otra orilla? Los lectores sabemos que está esperando el loco violento de la otra orilla (Mc 5, 1-20), rodeado de porqueros miedosos, atrapado en la ciudad de la violencia, invadido por una legión interior (locura) y exterior (ejército romano), expulsado de la propia familia, solitario en los sepulcros. Los discípulos en barca no lo saben, pero lo presienten. Tienen miedo.
Quien haya escuchado la voz de Jesús (a la otra orilla!, embarcándose en la nave de su angustia entenderá este pasaje.

Quien no comparta el terror de los discípulos gritando en frágil barca no podrá comprenderlo. )Por cuánto tiempo van? ¿Cómo podrán resolver, al otro lado, los problemas? El texto no lo dice. Simplemente evoca el miedo del viento y de las olas, con un Jesús dormido en popa.

Jesús les había llamado para ser-con-el (cf. Mc 3, 14), reuniéndoles en torno a él (peri auton: 3, 32.34). Ahora parece que no está: )No te importa que perezcamos? (4, 38). Había invitado a los suyos (autois: cf. 4, 33.35). Ahora parece desinteresarse, ellos gritan:

– Y Jesús, levantándose (diegertheis =resucitando) mandó al viento… y el viento cesó.
– Y les dijo a ellos: )por que sois miedosos? )todavía no tenéis fe?
– Y temieron mucho y se decían : )quién es este, para que viento y mar le obedezcan? (4, 41).

Fe para pasar a la otra orilla

Estamos en la iglesia del Jesús dormido, atravesando con su barca el mar airado. Es una travesía pascual y en ese fondo ha de entenderse el miedo (cf. 16,8) y su superación. El mismo Jesús de la nueva familia eclesial, vencedor de los riesgos del mar (de la muerte) quiere que los suyos crean, decidiéndose a pasar al otro lado. Por eso les pregunta: ¿aún no teneis fe (pistis)? Había hallado fe en los camilleros del paralítico (Mc 2, 5) y más tarde la hallará en la hemorroísa (cf. 5, 34), la sirofenicia (7, 24-30), el padre del enfermo (9, 23-24) y el ciego de Jericó (10, 52). Ahora no la encuentra en sus discípulos miedosos.
Es fe de pascua, que cura y salva, supera la tormenta y crea vida.

Es fe que nos permite pasar con la iglesia (como iglesia) al otro lado de la tierra segura, del antiguo judaísmo (de las sacralidades actuales), para iniciar la misión universal, en tierra de paganos (cf. 11, 22-24). Con esa fe todo es posible.

La fe es el viento bueno de la vida en las velas de nuestro barco, es el milagro verdadero, fuente de misión para la iglesia.

Esta fe para pasar a la otra orilla no es algo opcional…, sino esencia de la iglesia. Los que quedan a este lado, en las seguridades establecidas, terminan muriendo. Una Iglesia que no se arriesga a pasar con Jesús a la otra orilla, superando las fronteras actuales donde se ha establecido, se encuentra condenada a muerte… Mejor dicho, esa iglesia (¿nosotros?) ya ha muerto. Pero otros montarán en la barca a la voz de Jesús y en medio del miedo le verán como Señor y llegarán a la otra orilla. Buen domingo.

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“Jesús salva a su familia”, Domingo 12. Ciclo B.

Domingo, 21 de junio de 2015
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mc 4 35-41Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Si en la liturgia se leyera el evangelio de Marcos tal como él lo escribió, no a saltos, trompicones y omisiones, habríamos advertido que la popularidad creciente de Jesús suscita tres reacciones muy distintas: desconfianza por parte de su familia, rechazo por parte de los escribas, aceptación por parte de su nueva familia (“estos son mis hermanos, mis hermanas y mi madre”). A esa nueva familia, Jesús la instruye en el capítulo de las parábolas (de las que sólo leímos dos el domingo pasado) e, inmediatamente después, la salva. Con este episodio de la tempestad calmada Marcos pretende también que el lector se pregunte una vez más quien es Jesús.

El mar como símbolo de las fuerzas caóticas (Job 38,1.8-11)

En el mito mesopotámico de la creación (Enuma elish) el dios Marduk debe luchar contra la diosa Tiamat, que representa el mar, para poder crear el universo. El mar simboliza el peligro, la amenaza a la vida. (En términos modernos, el tsunami que devora y destruye la tierra firme.)

La primera lectura, del libro de Job, recoge este tema, pero despojándolo de sus connotaciones politeístas. El mar no es una diosa, es una fuerza caótica que amenaza con cubrirlo todo. El Señor no le machaca el cráneo ni la descuartiza, como hace Marduk con Tiamat; se limita a encerrarlo con doble puerta, a fijarle un confín en el que «se romperá el orgullo de tus olas».

Entonces el Señor respondió a Job desde el seno de la tempestad: ¿Quién encerró con doble puerta el mar, cuando salía borbotando del seno, cuando una nube le puse por vestido y el oscuro nublado por pañales; cuando le fijé sus confines y le puse en torno puertas y cerrojos, y le dije: «No pasarás de aquí, aquí se romperá la soberbia de tus olas»?

El peligro del mar (Salmo 107)

El mar no es sólo una amenaza para la tierra firme, lo es también cuando se intenta cruzarlo en una pequeña nave como las antiguas. En el momento más inesperado se oscurece el cielo, estalla la tormenta, la nave sube y baja al ritmo frenético del oleaje. Sólo cabe la posibilidad de encomendarse a Dios. Esta es la experiencia que recoge el fragmento del Salmo 107, al que quizá mucha gente no preste atención, pero esencial para entender el evangelio de hoy.

Los que a la mar se hicieron con sus naves,

buscando su negocio en las aguas inmensas,

vieron las obras del Señor

y sus milagros en el alta mar.

A su palabra se desató una tempestad

que levantó unas grandes olas:

subían a los cielos, bajaban al abismo,

se vinieron abajo ante el peligro;

En su angustia gritaron al Señor,

y él los libró de sus apuros.

Redujo la tempestad a suave brisa

y las olas se calmaron.

Se llenaron de alegría al verlas ya calmadas,

y él los llevó al puerto deseado.

Den gracias al Señor por su amor,

por sus milagros en favor de los humanos.

Jesús, los discípulos y el mar
(Marcos 4,35-41)

El pasaje del evangelio podemos dividirlo en cinco partes: 1) introducción: Jesús y los discípulos se embarcan a la otra orilla; 2) la tormenta: reacción opuesta de Jesús, que duerme, y de los discípulos, que lo despiertan asustados; 3) Jesús calma la tormenta; 4) Palabras de Jesús a los discípulos; 5) reacción final de éstos.

1) Aquel mismo día, ya caída la tarde, Jesús dijo a sus discípulos: «Pasemos a la otra orilla». Y dejando a la gente, lo llevaron con ellos en la barca tal como se encontraba; y le acompañaban otras barcas.

2) Se levantó entonces una fuerte borrasca, y las olas saltaban por encima de la barca, de suerte que estaba a punto de llenarse. Jesús estaba durmiendo sobre un cabezal en la popa. Ellos lo despertaron y le dijeron: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».

3) Él se levantó, increpó al viento y dijo al mar: «¡Calla! ¡Cálmate!». Y el viento cesó y se hizo una gran calma.

4) Después les dijo: «¿Por qué sois tan miedosos? ¿Por qué no tenéis fe?».

5) Ellos quedaron sumamente atemorizados, y se decían unos a otros: «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?».

Tres de estas partes tienen especial relación con los textos de Job y el Salmo.

La segunda (la tormenta) recuerda la situación de grave peligro descrita en el Salmo. Pero, en este caso, los discípulos no se encomiendan a Dios, acuden a Jesús; no creen que pueda resolver el problema, simplemente les asombra que duerma tan tranquilo mientras están a punto de hundirse.

La tercera, en cambio, recuerda la lectura de Job, no por el tono poético, sino por el poder y la autoridad suprema que Jesús manifiesta sobre el mar, semejante a la de Dios en el Antiguo Testamento.

La quinta, que habla de la reacción de los discípulos, recuerda la reacción de los navegantes en el Salmo, pero con un cambio fundamental: los marineros del salmo se llenan de alegría y dan gracias a Dios, los discípulos sienten gran miedo y se preguntan quién es Jesús. Curiosamente, Marcos no ha dicho que los discípulos tuvieran miedo durante la tormenta, pero ahora sí lo tienen; es el miedo que provoca el contacto con el misterio.

Prescindiendo de la introducción, la parte que queda sin paralelo es la cuarta, las palabras de Jesús a los discípulos, que les interroga sobre su miedo y su fe. La ausencia de paralelo sugiere que estas dos preguntas son esenciales en el relato. De hecho, el pasaje dice al lector dos cosas: 1) el poder de Jesús es semejante al que se atribuye a Dios en el Antiguo Testamento; poder para dominar el mar y poder para salvar. 2) Al escuchar la lectura, el cristiano debe reconocer que sus miedos son muchos y su fe poca. Conocer a Jesús no es saberse de memoria unas fórmulas de antiguos concilios. El evangelio debe sorprendernos día a día y hacer que nos preguntemos quién es Jesús.

Desde antiguo se valoró el aspecto simbólico del relato: la nave de la iglesia, sometida a todo tipo de tormenta, esa salvada por Jesús. Un aspecto que también podemos valorar a nivel individual.

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“Conversar”, por Gema Juan OCD

Domingo, 21 de junio de 2015
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18891654116_552f14f6c8_mDe su blog Junto Andemos:

Teresa de Jesús es doctora de la Iglesia y maestra de espirituales, está reconocida como una de las grandes místicas de todos los tiempos, pero ha elegido un modo muy sencillo para enseñar y compartir su experiencia: conversar con quien desea crecer.

Era una mujer que se sentía hecha para la relación, que disfrutaba comunicando y que, a la vez, luchaba con las palabras, inmensas e insuficientes, para poder decir lo que quería. Por eso, había escrito: «¡Oh Dios mío, quién tuviera entendimiento y letras y nuevas palabras para encarecer vuestras obras como lo entiende mi alma!». Quería nuevas palabras, para decir algo del infinito amor que había descubierto.

Y para tanta grandeza, prefería un camino llano, para que fueran muchos los que lo transitaran. Por eso, Teresa conversaba. Quería «engolosinar» y a eso animaba a sus hermanas, cuando les pedía que aprendieran a conversar para «despertar a alguna alma para este bien»: el bien de vivir con el «amigo verdadero» que es Dios.

La escritora estadounidense, M. Wheatley decía que «la conversación humana es la forma más antigua y más fácil de cultivar las condiciones necesarias para cambiar, personal y comunitariamente, en las organizaciones y a nivel planetario». Teresa había experimentado algo de eso: que conversar puede hacer abrir los ojos, reorientar los caminos y abrir puertas selladas.

De joven, lo había comprobado en sí misma. Contaba que entre las agustinas del convento adonde la llevó su padre, para que se formase y madurase, había una monja cuya conversación caló en ella y decía: «Comenzando a gustar de la buena y santa conversación de esta monja, holgábame de oírla cuán bien hablaba de Dios, porque era muy discreta y santa… Comenzó esta buena compañía a desterrar las costumbres que había hecho la mala y a tornar a poner en mi pensamiento deseos de las cosas eternas».

Teresa tenía capacidad innata para la amistad, para crear lazos, para establecer redes de comunicación. Después de esta experiencia, a través de un largo camino, fraguará en ella la conciencia de que su don para la comunicación era una responsabilidad y lo pondrá al servicio de Dios y de las gentes.

Una buena parte de la conversación que lleva entre manos Teresa, al escribir sus grandes obras, tiene que ver con todo esto: con el imperioso deseo de comunicar lo que ha entendido, de clarificarlo también, y de compartir el camino que ha recorrido.

Sus textos están llenos de expresiones que reflejan la conversación: «Yo os digo… diréisme», «os diré, trataré, os pido yo… si decís que… ¿qué pensáis?». Y de recomendaciones, para animar a conversar, a tener trato unos con otros, los buenos amigos de Dios. Decía: «Grandísima cosa es tratar con los que tratan de esto» y aún añadía que quien mucho conversa con esos buenos amigos, crece y avanza más deprisa en el camino del amor.

Una de las primeras hijas de Teresa, María de san José, reconocía que la conversación de la «Madre» era lo que la había movido a comprometer su vida en el seguimiento de Jesús: «Tratando a nuestra Madre y a sus compañeras, las cuales movían a las piedras con su admirable vida y conversación, y lo que me hizo ir tras ellas fue la suavidad y gran discreción de nuestra buena Madre».

Ya no es solo Teresa, va a generar un estilo, un modo de vivir en permanente diálogo, es decir, en disposición de escuchar y de comunicarse. Quien conversa con ella, aprende a conversar: con Dios y con los demás.

Cuando habla del «amigo de amigos», dice: «Comenzóme mucho mayor amor y confianza de este Señor en viéndole, como con quien tenía conversación tan continua». Y aunque siga refiriéndose a este amigo, puede extenderse a toda buena compañía lo que poco antes había escrito: «Una compañía santa no hace su conversación tanto provecho de un día como de muchos; y tantos pueden ser los que estemos con ella, que seamos como ella».

Por todo eso, la maestra se sienta a conversar con quien quiere avanzar en la amistad con Dios y aconseja procurar «amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo». Después, dejará para todos los creyentes una consigna clara: conversar es tender puentes, es un modo de enseñar, de compartir la sabiduría y de crear comunión. Por eso, escribe:

«Procurad ser afables y entender de manera con todas las personas que os trataren, que amen vuestra conversación y deseen vuestra manera de vivir y tratar, y no se atemoricen y amedrenten de la virtud. A religiosas importa mucho esto: mientras más santas, más conversables».

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Obispos de México rechazan uniones homosexuales y el obispo mexicano de Nuevo Laredo Gustavo Rodríguez Vega, prefiere ir a la cárcel que casar parejas homosexuales

Domingo, 21 de junio de 2015
Comentarios desactivados en Obispos de México rechazan uniones homosexuales y el obispo mexicano de Nuevo Laredo Gustavo Rodríguez Vega, prefiere ir a la cárcel que casar parejas homosexuales

Monsenor-Gustavo-Rodriguez-Vega_MILIMA20150601_0397_8Pues nada, va a estar monísima su Ilustrísima con la mitra a rayas… Y Francisco sigue con su ambigüedad… gestos de buen rollito pero nombrando obispos cañeros.

La Iglesia mexicana carga contra el matrimonio igualitario

Ha supuesto un fuerte avance en la lucha por los derechos civiles y se adelanta a Estados Unidos 

Los obispos se enfrentan a la Suprema Corte y piden vetar los enlaces entre personas del mismo sexo como se prohíbe “el voto a los menores”

Aunque la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ha declarado inconstitucionales las prohibiciónes para legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo en todo el país, la Iglesia católica toma una postura más conservadora, tal como declara el obispo de Nuevo Laredo, Gustavo Rodríguez Vega, que acaba de ser nombrado por Francisco como arzobispo de Yucatán, quien dice que  prefiere ir a la cárcel antes que entrelazar a una pareja que no esté conformada por un hombre y una mujer.

Subrayó que aunque los homosexuales puedan casarse por lo civil, los eclesiásticos no deben darles la bendición ya que se trata de una “aberración” defendida por una ley terrenal, que la Iglesia católica tiene que tolerar.

En sus declaraciones hechas al periódico Excelsior, el obispo dijo: Que la Corte meta a la cárcel a quien quiera, pero la Iglesia no puede ir contra la ley de Jesucristo. Pues asegura que el matrimonio entre un hombre y una mujer es una tradición de hace más de 2 mil años, y su finalidad es la de procrear.

Gustavo Rodríguez Vega, obispo de Nuevo Laredo y arzobispo de Yucatán, recordó que la Biblia asegura que el matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer que quieren procrear.

“La postura oficial de la Iglesia, respetuosos de las instituciones de nuestro país, y de las diversas formas de sentir, pensar y vivir, reiteramos nuestra convicción basada en razones científicas, antropológicas, sociales y religiosas, de que la Biblia, cédula de la sociedad, se fundan en matrimonio un hombre y una mujer, como consta en la tradición jurídica milenaria de occidente, tradición de 2 mil años; es la unión de un hombre y una mujer que quieren procrear. Definitivamente es un parteaguas y no todo mundo va a estar de acuerdo y la Iglesia no está de acuerdo con esta definición”, dijo.

Dijo que si al estar en contra de lo que ellos llaman una “verdadera aberración”, nadie los puede obligar a casar a hombres con hombres o mujeres con mujeres, porque esa acción no la contempla la Iglesia católica y es una ley terrenal.

“Sabemos que podemos ir a la cárcel, si alguna pareja decide casarse por el civil, pero nosotros no le daremos la bendición; esta ley no puede obligar a la Iglesia, la Iglesia no puede ir contra sus principios y de hecho vendrán a la Iglesia solamente quienes compartan nuestros principios. No se puede obligar a una institución como esta Iglesia a ir contra sus principios. Que la Suprema Corte meta a la cárcel a los obispos y a los sacerdotes, a quien quiera, pero la Iglesia no puede ir contra la ley de nuestro Señor Jesucristo, aclaró.

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Como vemos, la Iglesia mexicana ha vuelto a la carga. La histórica decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de avalar los matrimonios homosexuales y dotarlos de plenos derechos ha desatado las iras de los obispos. En una calculada declaración pública, la conferencia episcopal clama por la finalidad procreativa de las bodas y niega a los jueces la capacidad para decidir sobre las nuevas formas de matrimonio. “Los obispos reiteramos nuestra convicción, basada en razones científicas, sociales y religiosas, de que la familia, célula de la sociedad, se funda en el matrimonio de un hombre con una mujer, que por su capacidad procreativa garantizan la supervivencia de la sociedad”, indica la nota. En su argumentario, los prelados se acogen a la “tradición bimilenaria de Occidente”, apelan al Código Civil de 1870 y llegan a comparar el rechazo a los matrimonios homosexuales con la prohibición del voto a los menores o a los extranjeros.

La Suprema Corte ha declarado la inconstitucionalidad de cualquier norma que establezca que la finalidad del matrimonio es la procreación o que lo defina como unión entre un hombre y una mujer. Con este paso, los jueces han puesto fin a la dispersión legal que reina en México, donde sólo en tres estados (Coahuila, Quintana Roo y el Distrito Federal) es legal y de pleno derecho este tipo de unión. El resto del país ofrece un puzle normativo que va desde el rechazo al reconocimiento parcial. “Ninguna norma, decisión o práctica de derecho interno, tanto por parte de las autoridades estatales como de particulares, pueden disminuir o restringir los derechos de una persona a partir de su orientación sexual”, sostienen los magistrados.

La resolución, de obligado cumplimiento en todo el territorio, ha supuesto un fuerte avance en la lucha por los derechos civiles. Con esta base jurídica, México se adelanta a Estados Unidos y se equipara a Argentina, Brasil y Uruguay. Pese a ello, el fin de la discriminación a los homosexuales ha sido acogida con enorme frialdad por los grandes partidos políticos, responsables de las dubitativas legislaciones estatales. Ninguna de las formaciones ha mostrado su apoyo oficial a la decisión de los jueces.

Frente a este silencio, la única declaración institucional de peso ha procedido de la Iglesia. Pero el texto, pese a la irritación que refleja, está escrito con mano fría. A diferencia de las explosivas notas de antaño, en sus líneas se aprecia la llegada a la Santa Sede de Francisco, impulsor de una nueva narrativa católica. Los obispos, cuya influencia aún es notable en las zonas más conservadoras del país, no sólo se muestran respetuosos con las “diversas formas de pensar y vivir” sino que intentan despolitizar sus palabras y llevarlas, aunque con dificultad, al terreno jurídico. En esta sentido, apelan en su escrito a la cultura “bimilenaria de Occidente” y a los códigos civiles de Benito Juárez (1870) y de Plutarco Elías Calles (1928). Bajo este paraguas tradicionalista, intenta soslayar la discriminación que supone impedir el matrimonio a los homosexuales comparándolo con la prohibición que tienen los extranjeros o los menores de votar. “En estos casos no se atenta a sus derechos sino que se salvaguarda la nación. La discriminación es una distinción injustificada, que en este caso no se da, ya que el matrimonio ha sido entre siempre entre personas de diferente sexo, hombre y mujer”, sostienen los obispos.

Esta postura de la Iglesia mexicana, una institución sometida desde hace décadas a una constante pérdida de seguidores, dista de contar con un amplio apoyo popular. Las encuestas del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación revelan que el 70% de la ciudadanía es favorable al reconocimiento de los derechos homosexuales. Y la realidad de los estados donde ya es legal muestra que su pleno reconocimiento es perfectamente asumible por una sociedad incardinada en el siglo XXI.

A continuación, El comunicado de los obispos mexicanos, que no tiene desperdicio…

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México, D.F, 18 de junio de 2015

DECLARACIÓN DEL CONSEJO DE PRESIDENCIA Y DE LA COMISIÓN EPISCOPAL PARA FAMILIA, JUVENTUD, LAICOS Y VIDA DE LA CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO RESPECTO AL DICTAMEN DE LA SUPREMA CORTE

Los cristianos obedecen las leyes establecidas, pero con su vida las sobrepasan (Carta a Diogneto, V, siglo II).

El 3 de junio, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que: “La Ley de cualquier entidad federativa que, por un lado, considere que la finalidad del matrimonio es la procreación y/o que lo defina como el que se celebra entre un hombre y una mujer, es inconstitucional”. Esta jurisprudencia, avalada sólo por 4 ministros, deberá ser acatada por todos los jueces del país.

Los obispos, respetuosos de las instituciones y de las diversas formas de pensar y vivir, ejerciendo nuestro derecho a la libertad de expresión, reiteramos nuestra convicción, basada en razones científicas, sociales y religiosas, que la familia, célula de la sociedad, se funda en el matrimonio de un hombre con una mujer, que por su capacidad procreativa garantizan la supervivencia de la sociedad. De ahí que, por ser de eminente interés social, el derecho civil confiera a esta unión un reconocimiento institucional, que el Estado ha de promover y tutelar para el bien común.

Esta convicción consta en la tradición jurídica bimilenaria de Occidente, recogida y profundizada a lo largo de nuestra historia por legisladores y juzgadores de diversas corrientes de pensamiento e ideologías, la cual se ve reflejada ya desde el Código Civil de 1870 emanado bajo el gobierno del presidente Benito Juárez, del Código Civil Federal de 1928 promulgado por el presidente Plutarco Elías Calles, y en la mayoría de los actuales Códigos Civiles o Familiares de los Estados de la República.

Por eso, como ciudadanos, consideramos que la sentencia de la Suprema Corte, además de romper con esta sólida tradición jurídica y el bien social que custodia, contraviene los principios del federalismo y la razón de ser de los diversos códigos civiles, que pretenden responder a la realidad concreta de cada entidad federativa y su pluralidad, lo que debe reflejarse en las acciones de los jueces.

Todos los seres humanos, por el hecho de serlo, tenemos dignidad y derechos. Y dado que toda persona es idéntica a sí misma y diferente a las demás, han de derivarse tratos variados según esas diferencias. Con esta convicción, la Iglesia sostiene que el matrimonio solo puede celebrarse entre un hombre y una mujer, y defiende este valor para el bien de las personas y de toda la sociedad.

La discriminación es una distinción injustificada, que en este caso no se da, ya que el matrimonio siempre ha sido entre personas de diferente sexo, hombre y mujer. No corresponde a la Suprema Corte crear nuevas formas de matrimonio, porque ya no sería matrimonio, sino otro tipo de unión. En el caso que nos ocupa, sí se justifica la distinción, como la hay, por ejemplo, al no permitir el voto a un menor de edad o a un extranjero, ya que no atenta a sus derechos políticos, sino salvaguarda la Nación.

Si bien valoramos que nadie deba ser objeto de discriminación, tal como lo consigna el artículo primero constitucional, esto no significa que deba modificarse la esencia del matrimonio, ni que se olvide el espíritu del Constituyente que en el artículo cuarto, primer párrafo de la propia Ley Fundamental reconoce la igualdad del varón y la mujer y establece el deber legal de proteger el desarrollo y organización de la familia.

Fuente Excelsior y Conferencia del Episcopado Mexicano

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Diputado mexicano del PRI pide respetar la “Ley Divina”

Domingo, 21 de junio de 2015
Comentarios desactivados en Diputado mexicano del PRI pide respetar la “Ley Divina”

770c0ccb-c745-474a-8063-ae5cf8e9cb57El legislador del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el Congreso del Estado de Guanajuato en México, Felipe Orozco, declaró que de aceptarse en la legislación mexicana la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo, será ir en contra de la “Ley Divina”.

Según informa el portal informativo ZonaFranca.mx, el diputado y presidente de la comisión de Derechos Humanos en el Congreso del Estado, enfatizó que de llegar el tema a la máxima tribuna legislativa de Guanajuato, él estaría en contra.

La postura del diputado originario de la ciudad de Irapuato, viene luego de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, diera a conocer una jurisprudencia en materia de matrimonios igualitarios, en donde se declara inconstitucional, que leyes locales estipulen que el matrimonio deberá ser exclusivo entre hombres y mujeres.

“¿Qué le dirán a un niño en la escuela? Tú mamá se llama Paquito y tu papá Javier’, el bullying que van a tener, por eso no le encuentro la cuadratura en lo personal”, cuestionó el legislador.

Agregó que una vez que la SCJN avaló la mencionada jurisprudencia, tocará a los Congresos Locales tomar las medidas pertinentes “y ya en ese momento cada grupo parlamentario emitirá su aprobación o desaprobación. En lo personal me lo voy a reservar hasta el día que me tocara votar”, enfatizó.

El priista remató diciendo no estar de acuerdo “en que un matrimonio del mismo sexo adopte a niños que no pueden decidir por ellos mismos”.

En el mismo espacio noticioso, se reportó que el Gobernador de Guanajuato, Miguel Márquez Márquez, del Partido Acción Nacional, se abstuvo de declarar en torno al tema y solo se dijo respetuoso de lo que se disponga en la ley.

Fuente Sin Etiquetas

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Arranca el Ramadán: Uno de cuatro habitantes del planeta vive el Ramadán.

Domingo, 21 de junio de 2015
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Feliz-RamadánEl mes sagrado de ayuno musulmán

Uno de los cinco pilares del Islam

Según la tradición islámica, este fue el mes en el que el profeta Mahoma empezó a recibir la revelación del libro sagrado, el Corán

Un período especial en el que las puertas del Paraíso se mantienen abiertas, según la tradición

 Como hermanos en la Fe en un mismo y único Dios, como hijos de Abraham, deseamos un provechoso Ramadán que traiga frutos provechosos, especialmente a nuestros hermanas y hermanos LGTB. Que  Al-lāh (الله), Santo sea su Nombre, les proteja y abra las mentes de los responsables islámicos para dar cabida a todos y todas.

Las autoridades musulmanas de todo el mundo, también de España, anunciaron el pasado martes que el mes sagrado de Ramadán daba comienzo oficialmente  pasado jueves, después de determinar que el mes de shaaban (el octavo en el calendario islámico) se prolongará hasta el m iércoles por la noche. El muftí de Egipto, el jeque Shauqi Alam, máxima autoridad religiosa del país, anunció que el mes sagrado, durante el cual los musulmanes deben ayunar en las horas diurnas, iba a dar comienzo de forma oficial el pasado jueves.

Alam explicó que los expertos religiosos no pudieron observar esta noche en el cielo la primera franja de la luna creciente, que marca el comienzo del mes de ramadán (el noveno del calendario islámico), lo cual indica que todavía falta un día para su inicio. El muftí aprovechó esta ocasión para felicitar al pueblo egipcio y a todos los pueblos musulmanes, y pidió que este mes “traiga todo el bien y aleje la maldad de Egipto y los países árabes y musulmanes”.

Por otra parte, el Gabinete Real saudí anunció que el ramadán empezaría en Arabia Saudí el jueves, según informó la agencia oficial SPA. Asimismo, la agencia de noticias yemení, Saba, también informó de que el ramadán empezaría el jueves, según dispuso el Gobierno yemení exiliado en la capital saudí, en base a un comisión islámica que no pudo divisar la luna creciente esta noche. Por su parte, el movimiento rebelde chií yemení de los hutíes, que controla la capital Saná y varias provincias del país, aún no ha anunciado el inicio del mes sagrado. Los chiíes musulmanes suelen dar comienzo a este mes en un día diferente a la mayoría suní, más por razones políticas que religiosas.

En Siria, donde la mayoría de la población es suní pero el Gobierno es chií, el jueves fue el primer día de ramadán, tal y como anunció hoy el juez religioso primero del país, Mahmud al Maraui. En un comunicado, difundido por los medios de comunicación oficiales, Al Maraui explicó que al atardecer del pasado martes no se avistó el cuarto creciente de la luna, con lo que el mes de shaaban, previo a ramadán, tendrá treinta días que se completaron el jueves.También Jordania, Catar, el Líbano y los territorios palestinos anunciaron que el Ramadán iba a empezar el jueves.

El Ramadán es un mes de gran importancia y simbolismo para los musulmanes, en el que los creyentes se abstienen de comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales desde el alba hasta la puesta del sol. Según la tradición islámica, este fue el mes en el que el profeta Mahoma empezó a recibir la revelación del libro sagrado, el Corán. El cumplimiento del ayuno es uno de los cinco pilares del islam y sólo quedan exentos las mujeres embarazadas o con la menstruación, los enfermos, los niños y los viajeros, tal y como establecen las normas religiosas.

Los musulmanes, casi un cuarto de la población mundial, han iniciado el Ramadán, un mes en el que dejan de comer y beber entre el alba y el ocaso, cambian sus comportamientos sociales y prodigan sus muestras de piedad para sentirse más cerca de Alá.

Durante el periodo que comienza, según la observación del creciente lunar en el cielo, se multiplican los ritos religiosos, la lectura del Corán y los actos de devoción y recogimiento como forma para lograr la purificación del cuerpo y del alma, sentido último del mes más sagrado.

Aparte de las cinco oraciones diarias decretadas en el islam que se practican durante todo el año, en el Ramadán se añaden ritos como Tarawih (oración especial que se hace antes de la medianoche) además de lo que se llama “tahayud” u oraciones voluntarias que se puede realizar en el último tercio de la noche.

Las mezquitas mantienen sus puertas abiertas casi todo el día y la noche para acoger a los fieles en cualquier momento que lo deseen, además de organizar diversas charlas religiosas y debates durante todo el mes.

Los ayunantes se abstienen no solo de comer y beber durante las horas de luz, sino también de fumar y mantener relaciones sexuales; además, deben evitar la mentira y la maledicencia.

Muchos musulmanes no practicantes, que toman bebidas alcohólicas o comen cerdo, ven el Ramadán como un mes de purificación en el que abandonan esas prácticas. El ambiente en los países musulmanes ayuda, porque los lugares donde se dispensan bebidas alcohólicas cierran todo el mes.

Además, los fieles intentan cambiar su comportamiento, multiplicar las acciones de bondad e incluso se notan cambios en la imagen de las mujeres, ropa más recatada y maquillaje menos llamativo.

Según la tradición musulmana, el Ramadán es un mes especial en el que las puertas del Paraíso se mantienen abiertas y las del infierno cerradas, así como los diablos se quedan encadenados, por lo que muchos fieles lo consideran un momento idóneo para que les sean perdonados y borrados todos sus pecados.

El Ramadán es también el mes donde se estrechan los lazos sociales: el iftar (ruptura del ayuno) es el momento que reúne a toda la familia alrededor de la mesa.

Los musulmanes aprovechan el mes para hacer visitas a sus familiares e incluso para resolver diferencias y reconciliarse con algún pariente.

En este mes también se prodigan los actos de beneficencia, se forman asociaciones caritativas que reparten todo tipo de ayudas a las familias precarias y se organizan banquetes colectivos en las calles cerca de las mezquitas para los ayunantes pobres o aquellos que están solos.

Por otra parte, el Ramadán es el mes de consumo por antonomasia, los gastos sobre los diferentes productos alimentarios se disparan, las pastelerías aprovechan el momento para ofrecer irresistibles y exclusivas creaciones saladas y dulces y registran inéditas colas durante todo el mes.

Es el periodo también en el que las mujeres dedican más horas a la cocina para preparar grandes cantidades de comidas y delicias específicas de este momento.

Y contrariamente a lo que aconsejan los médicos y nutricionistas, los musulmanes rompen sus ayunos con comida copiosa cargada de calorías y grasas con lo que terminan ganando peso y con problemas digestivos.

Y a pesar de que las personas enfermas o débiles y los muy ancianos son exonerados de hacer el Ramadán, muchos desafían esta autorización y los consejos de sus médicos y ayunan.

Los cambios afectan también los horarios diarios de trabajo que se reducen de 8 a seis horas en las diferentes administraciones y empresas, aunque citar la baja productividad del mes es casi tabú porque equivaldría a resaltar aspectos negativos del mes más santo.

240px-Arabic_components_(letters)_in_the_word_Allah.svgComponentes de la palabra árabe Al-lāh:
1. alif
2. hamzat waṣl (همزة وصل)
3. lām
4. lām
5. shadda (شدة)
6. dagger alif (ألف خنجرية)
7. hāʾ

RD/Agencias y Cristianos Gays

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