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Domingo IV de Pascua
30 abril 2023
Jn 10, 1-10
En la tradición bíblica, la imagen del pastor -que se asocia a Dios, al rey y a personas con responsabilidades en el pueblo- evoca cuidado y guía. Sin embargo, también esa misma tradición admite que, con frecuencia, ha habido “malos pastores” que, en lugar de cuidar del pueblo, se han servido de él, llegando a esquilmarlo en su propio beneficio.
Más allá del contenido que cada cual quiera asignarle, la imagen del pastor resulta radicalmente, además de ambigua, anacrónica, cuando no inasumible, para la cultura moderna. Porque “pastor” -aparte de ser una figura lejana para nuestros contemporáneos- evoca “rebaño”. Y la imagen del rebaño remite a seguidismo, sumisión, obediencia ciega…, en una palabra, borreguismo. Actitudes que chocan frontalmente con la consciencia de la propia autonomía, el valor de la libertad individual y el respeto al camino de cada persona.
Los “pastores”, por su propia condición, tienden a ver a la gente como “rebaño”. Pero el ser humano no está llamado a vivirse formando parte de un rebaño -aunque con demasiada frecuencia caiga en ese error de manera clamorosa, también en nuestras “avanzadas sociedades tecnológicas”-, sino a crecer en comprensión de lo que somos y a vivir la unidad con todos y con todo, en coherencia con aquella misma comprensión.
El mismo Jesús fue consciente de los riesgos que entraña situarse en la posición de “pastor” y previno de manera tajante contra cierta forma de ejercer el poder: “El que quiera ser grande, que sea vuestro servidor. Y el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea esclavo de todos” (Mc 10,43-44).
La humanidad no se divide en pastores y rebaño. Todos sin excepción somos necesitados y todos tenemos algo que ofrecer a los demás. Nadie hay tan poderoso que no necesite ser ayudado ni nadie tan limitado que no pueda ayudar.
Comentarios desactivados en El redil del Buen Pastor no coincide con muchos apriscos eclesiásticos
Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:
El Buen Pastor
Celebramos hoy el cuarto domingo de Pascua denominado: domingo del Buen Pastor con los símbolos de la Puerta, la puerta, el redil).
Hemos escuchado parte del cp. 10 de San Juan en el que nos presenta a Cristo como Puerta y Buen Pastor de las ovejas.
01.- Cristo buen Pastor y puerta del redil.
A nosotros, que no hemos conocido el mundo rural ni la trashumancia, nos pilla un poco de lejos hablar del buen pastor y del redil.
Sin embargo, estas imágenes son muy queridas en el mundo bíblico, que está vivido y pensado desde una cultura rural y pastoril.
Dios es el pastor de su pueblo, el Señor guía a su pueblo con todo lo que esta imagen significa de orientación, de protección, de ayuda.
La experiencia de tener a Cristo como guía, como luz, como Pastor nos hace bien.
En la vida podemos seguir a muchos «pastores», nos podemos poner bajo muchos cayados de toda ideología, entrar en apriscos de todo tipo…
El salmo 22 emplea esta expresión del buen Pastor: El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar.
02. Nada me falta (salmo 22, 1).
Cuando tenemos la experiencia de confiar en Dios y que Él es nuestro Pastor, ello infunde la confianza de que nada nos falta. La vida, los acontecimientos, los problemas están bien situados y fundamentados en el Señor.
La experiencia profunda del «sólo Dios basta» serna y calma el alma humana.
Santa Teresa dejó bien plasmada esta vivencia:
Nada te turbe,
nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda.
En la vida podemos tener miedo a mil cosas y podemos pasar por muchas situaciones difíciles: de enfermedad, de escasez, de pecado; podemos sentir miedo -por desgracia-incluso a Dios.
Si tenemos a Dios como pastor, nada temamos. El Señor va con nosotros en nuestro caminar, nos acompaña como a los dos de Emaús… Aunque pasemos por valles tenebrosos, nada temo, porque Tú vas conmigo. (Salmo 22, 4).
03.- En alguna medida, todos somos pastores.
Los padres de familia, los mayores de las familias, los políticos los profesores y maestros, los médicos y psicólogos, los periodistas y medios de comunicación, toda persona adulta, más o menos, somos pastores, guiamos a los demás.
Viene de la mano aludir a la pre-campaña electoral en la que ya estamos metidos. Los políticos son también pastores: asalariados o buenos pastores es ya otra cuestión, pero ciertamente son los que conducen la sociedad.
04.- Poder y autoridad de los pastores
No es lo mismo poder que autoridad.
El poder es la potestad que una persona (institución) tiene porque ha sido legítimamente instituido o constituido en tal cargo, puesto, sede, escaño, etc.
Un político ha obtenido determinado número de votos y, por tanto, legítimamente ocupa el escaño parlamentario correspondiente. Un obispo –tal y como están las cosas- es nombrado por Roma para tal diócesis y ocupa legítimamente esa sede.
Ahora bien, que una persona tenga poder no significa que tenga autoridad.
La autoridad la tiene y ejerce quien por su bondad, por su competencia y bien hacer, por su respeto y afecto a la grey que ha de gobernar, es querido, respetado y obedecido por el rebaño que Dios y la vida han puesto en sus manos.
De manera que, puede haber –hay- personas que tienen poder en el plano político, eclesiástico, cultural que tienen poder, pero ninguna autoridad sobre el pueblo. Y hay personas que no tienen poder, pero sí una gran autoridad en el pueblo o grupo en el que viven.
Hace unos días el arzobispo de Estrasburgo, fue obligado a dimitir por su talante «irascible, distante y autoritario”. (Religión Digital).
Tenía poder, pero ninguna autoridad…
Jesús no fue hombre de poder ni en el Templo, ni en la ley farisaica, ni perteneció a la élite saducea, ni tuvo poder político alguno. Pero Jesús tenía autoridad, hablaba con autoridad.(Mc 1,21-28)
El Buen Pastor es querido y seguido por sus ovejas. Los demás son asalariados y salteadores.
El Buen pastor no deja a nadie “tirado”. El Buen Pastor sale a buscar la oveja perdida
La autoridad no es una amenaza sino presencia de amor, de bondad, de paz que nos lleva a las verdes praderas del Reino…
Jesús es el Buen Pastor que nos guía con bondad.
05.- Cristo es la puerta del aprisco, es el paso, la Pascua.
La Iglesia y el redil
Es hermosa la imagen de la “puerta, del aprisco-redil”. La puerta es el acceso a la casa, a vivir a cubierto, confiados…
Cristo es la puerta que nos posibilita la entrada a la Pascua, a la vida.
El redil de Jesús es más amplio que la Iglesia. (El Reino de Dios es más amplio y hermoso que el sistema eclesiástico).
¿Fuera de la Iglesia no hay salvación, o fuera de la salvación no hay Iglesia? En el redil, en el aprisco del Buen Pastor hay muchas, “multitud» de personas que no conocieron la Iglesia.
El título me viene dado por unas jornadas en febrero, celebradas en Roma desde el centro de actividad pastoral de la Universidad Salesiana. Una entidad dedicada y especializada en el mundo de la adolescencia y juventud.
La etimología de la palabra salud es del latín: salus que significa «totalidad, entero». Se busca una estabilidad, una integridad. Y si llegamos a la raíz indoeuropea: solidez. Y si seguimos la definición de la OMS (Organización Mundial de la Salud): «Un estado de completo bienestar físico, mental y social no sólo la ausencia de afecciones o enfermedades». Y es necesario saber que esta definición es del año 1948. Los tiempos cambian. Y habría que modificarla para pasar de un bienestar a un bienser en nuestra lengua. Aun así, a la palabra salud se le añade un adjetivo para concretar el aspecto: físico, mental, espiritual y otros. Ahora “digital”, pero con la palabra “salud humana o integral”, se recogen todos los añadidos que sea necesario poner. Sin embargo, no va mal remarcar algún aspecto para intensificar la investigación no únicamente científica, que es imprescindible, pero no abarca la totalidad o la integridad del Ser Humano. Y por otra parte, querer ser la única que tiene las respuestas ciertas y acertadas está superado. Y con la aportación de la física cuántica, maravillosa aportación, debemos aceptar que tampoco tiene la última palabra… Nos resuelve enigmas, pero no el Misterio.
Tenemos la robótica, la inteligencia artificial y la digital. La digital se refiere a las relaciones humanas en uso de la técnica. Por eso se habla de “la mentalidad tecnológica” que empezamos a ser más consciente de ello. Buscamos la rapidez, la comodidad, la eficiencia en hacer las cosas. No sólo de forma consciente, sino que aprendemos el hábito de forma inconsciente y eso siempre que existe una nueva técnica o nuevos instrumentos. En pocos años ha habido un salto muy significativo en el mundo global o si desea en “la maquinaria global”. Algunos con el golpe de estado mundial financiero van consiguiendo construir una gran máquina que integre a toda la humanidad y manipularla. En parte se ha llegado, pero no en su totalidad. Por eso el gran grito: “Salud o liberación digital”
Por eso es necesaria una fuerte salud digital o de relaciones humanas. O bien la palabra que se utiliza: Humanizar las relaciones digitales. Es necesario educar a los entornos para no caer en disfunciones o disonancias o en desequilibrios. Cultivar sanamente las redes sociales para que nuestra identidad, nuestro simpático e imprescindible “ego” no quede diluido, pillado, atrapado, despreciado en las redes sociales. Es necesaria una salud liberadora. Los poderes fácticos inhumanos o reducidos a sus propios intereses individualistas esclavizan con engaños, mentiras, sofismas y otros medios a las masas. Es necesaria una capacidad crítica para poder cambiar sistemas.
El “ego” necesita saber autorregularse ante la técnica para responsabilizarse de sus capacidades y no ser tragado. Una labor de aprendizaje y educativa de valores. Ésta se transmite por ósmosis. Eso sí, comienza en la familia, tenga el formato que tenga. Y sino es necesario aceptar las consecuencias de falta de autocontrol en palabras y hechos de la hijada. Y se prolonga al ir al sistema de enseñanza. Y aquí es necesario un magisterio o maestría como un profesorado preparado, formado para cuestionar el mismo sistema de enseñanza donde el alumnado es el centro de atención, pero no el que dirige este centro. La autoridad en el sentir de ayudar a crecer es totalmente necesaria. Que el niño o niña en párvulos o primaria o en la enseñanza secundaria obligatoria o postobligatoria debe orientarse, no la autodirección porque no tiene la capacidad. Además, la pedagogía comprensiva, desgraciadamente mal interpretada, ha llevado a un desprestigio del sistema como de la autoridad de los docentes.
Es cierto que esta «maquinaria global» quiere «cerebros tecnificados, no críticos». O como dice Hanna Arendt (1906-1975), por citar a una autora muy conocida: “La digitalización conduce a la alteración de las capacidades humanas que no pueden modificarse sin cambiar la condición humana”.
Por tanto, es necesaria “una salud digital” que incluye aprender técnicas, pero al mismo tiempo transmitir valores, que respondan a la realidad actual en las coordenadas correspondientes de espacio y tiempo.
Y miento tres personas críticas: Slavoj Zizet con su libro: Hipocresía (diciembre de 2022) y Byung-Chul, Han: La vida contemplativa (2023). Y Esquirol, Josep Maria: Humano, más humano. Una antropología de la herida infinita (2021). Autores para fortalecer la «salud integral», que contiene la «digital a humanizar». Sin embargo, como hay muchas conexiones en las redes sociales, me pregunto: ¿Es comunicación? Otro ámbito a debate.
Como no podremos sacar esta maquinaria global, que en parte nos hace la vida mejor, y es necesario que toda la Humanidad pueda disfrutarla, pero no solo para un mundo privilegiado. Un mundo a controlar sanamente y vigilar las psicopatologías que se pueden inferir: adicción, acrítico, psicopatía, solipsista y tanto otros que irán manifestándose.
Autorregulación, responsabilidad, crítico y sobre todo “humanos”. Un tema en primera línea, afortunadamente. Y no en vano el responsable de las jornadas del mes de febrero, cerraba las jornadas diciendo: «Debemos seguir profundizando en el estudio del universo digital siempre con diálogo con la ciencia moderna y con una visión educativa íntegramente humana».
«La invitación de Jesús es una llamada a abandonar la zona de las relaciones seguras y convertirse en vulnerable, interdependiente, obedeciendo a la voz del amor incondicional. Implica vivir con agradecimiento y encontrar una solidaridad íntima con los hermanos y hermanas de la familia humana. Esta identificación con gente tan diferente a nosotros mismos es verdaderamente maravillosa, pero también extremadamente difícil, porque en lugar de reclamar el control de estas relaciones nos abrimos a un futuro incierto lleno de sorpresas».
Comentarios desactivados en Joan Planellas: Reencarnación, ¡no! ¡Resurrección!
«Lo que nos identifica como humanos no es nuestra biología sino nuestra biografía»
«Los rituales funerarios han existido siempre en la historia de la humanidad. También la incineración se ha impuesto entre nosotros desde hace unos años»
«Es la visión que el neopaganismo panteísta ha impuesto a nuestra cultura contemporánea como consecuencia de considerar la realidad desde un punto de vista estrictamente inmanente y cientificista»
«Ésta es una de las novedades importantes que aporta el cristianismo: más que la vida después de la muerte, que siempre ha estado presente en las diversas religiones, es la identidad de la persona humana antes y después de la muerte»
«Reencarnación y resurrección no son realidades homologables, por más que una determinada cultura contemporánea nos lo quiera hacer creer»
Estimadas y estimados. El corresponsal en Nueva York de La Vanguardia publicaba no hace mucho que, en esa localidad, se dio el visto bueno a la legislación que permite acelerar y convertir la descomposición del cadáver en fertilizante. No es el primer lugar en el que esta legislación se aprueba; ya había sucedido anteriormente en Washington (2019), Colorado y Oregón (2021), Vermont y California (2022).
Resulta que el «Recuerda que eres polvo, y en polvo te convertirás», ahora puede convertirse en: «Recuerda que eres materia orgánica, y que te convertirás en abono para la vida vegetal». Se trata de una forma de reencarnarse. Ya lo había cantado Joan Manuel Serrat en Mediterráneo: «Y a mí enterradme sin duelo / Entre la playa y el cielo / En la ladera de un monte / Más alto que el horizonte / Quiero tener buena vista / Mi cuerpo será camino / Le daré verde a los pinos / Y amarillo a la genista».
«Resulta que el ‘Recuerda que eres polvo, y en polvo te convertirás’, ahora puede convertirse en: ‘Recuerda que eres materia orgánica, y que te convertirás en abono para la vida vegetal'»
Los rituales funerarios han existido siempre en la historia de la humanidad. Son prácticas religiosas que han evolucionado con el tiempo, pero que han tenido siempre una relación con la vida de ultratumba: reflejan las creencias de los humanos en la vida del más allá. Según sea la creencia en el más allá, será el ritual. En el hinduismo, por ejemplo, siempre se han quemado los cadáveres y se han lanzado las cenizas al Ganges. Sólo se hizo una excepción con Gandhi, de quien se guarda una parte de las cenizas en un mausoleo en Nueva Delhi, por el prestigio y significado de su persona en la India. La cremación indica que el individuo vuelve al todo del que ha formado parte desde siempre.
También la incineración se ha impuesto entre nosotros desde hace unos años. Las cenizas son depositadas, a veces, en cementerios, como si fuera una tumba, aunque ocupando menos espacio. En cualquier caso, las cenizas depositadas en un cementerio, indican que son de alguien, como el cadáver de la tumba también era alguien, no sólo simple materia orgánica. Sin embargo, hoy se impone la tendencia a prescindir de las tumbas, como afirma Antoni Puigverd: se eliminan los cadáveres en los hornos de incineración y luego se esparcen las cenizas en cualquier lugar. Es la pérdida de la identidad. Formamos parte de un todo, al que retornamos una vez muertos.
Ésta es la visión que el neopaganismo panteísta ha impuesto a nuestra cultura contemporánea como consecuencia de considerar la realidad desde un punto de vista estrictamente inmanente y cientificista, obviando que lo que nos identifica como humanos no es nuestra biología sino nuestra biografía. Los humanos no somos sólo materia orgánica, sino materia y espíritu.
Ésta es una de las novedades importantes que aporta el cristianismo: más que la vida después de la muerte, que siempre ha estado presente en las diversas religiones, es la identidad de la persona humana antes y después de la muerte. Esto es lo que nos dicen los relatos de las apariciones de Jesús: el Cristo resucitado es el mismo que el crucificado.
Jesús dice al incrédulo Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente» (Jn 20,27). Creer en la resurrección no es sólo creer en la vida después de la muerte, sino creer en nuestra identidad antes y después de la muerte. Esto es lo que reflejan las tumbas de los cementerios: que no somos sólo materia orgánica, sino materia orgánica con una identidad propia. Y ésta es también la esperanza de la resurrección.
Por tanto, reencarnación y resurrección no son realidades homologables, por más que una determinada cultura contemporánea nos lo quiera hacer creer.
Comentarios desactivados en Leonardo Boff: «Debemos respetar la forma como Dios quiso aproximarse a nosotros»
El teólogo, filósofo y escritor publica su nuevo libro ‘La amorosidad de Dios-Abba y Jesús de Nazaret’ en Vozes
Uno de los mayores intelectuales del país, el teólogo, filósofo y escritor Leonardo Boff, 84 años, acaba de lanzar su nuevo libro La amorosidad de Dios-Abba y Jesús de Nazaret (Editora Vozes)
Boff se vuelve, en su nuevo trabajo, hacia la figura del Jesús histórico, el hombre, y el mensaje original que pasó a propagar en la Palestina del siglo I
La Iglesia se distanció del mensaje original al aliarse con el poder político de las clases dominantes. Lo cual, en su opinión, empieza a cambiar ahora con el Papa Francisco
«Jesús no vino a fundar una nueva religión. Vino a enseñarnos a vivir como él vivió»
| Bernardo Costa
Uno de los mayores intelectuales del país, el teólogo, filósofo y escritor Leonardo Boff, 84 años, acaba de lanzar su nuevo libro La amorosidad de Dios-Abba y Jesús de Nazaret(Editora Vozes).
Autor de más de 100 libros, traducidos a prácticamente todas las lenguas modernas, Boff se vuelve, en su nuevo trabajo, hacia la figura del Jesús histórico, el hombre, y el mensaje original que pasó a propagar en la Palestina del siglo I. Mensaje del cual, como afirma en esta entrevista por email a O DIA, la Iglesia se distanció al aliarse con el poder político de las clases dominantes. Lo cual, en su opinión, empieza a cambiar ahora con el Papa Francisco, que vuelve a acercar la Iglesia al mensaje original de Jesús.
-¿Cuál es la visión central de este nuevo libro suyo y por qué decidió escribirlo?
-Hay una antigua discusión sobre en qué momento el hombre Jesús de Nazaret se dio cuenta de que era el Hijo de Dios. La mayoría de los estudiosos evitan esta pregunta por miedo a psicologizar la conciencia de Jesús. A mí siempre me ha preocupado: si Jesús es realmente un hombre como nosotros, nuestro hermano, ¿cómo surgió lentamente su conciencia de ser Hijo de Dios? La concepción tradicional afirma que ya en el seno de María tenía esa conciencia y se relacionaba con el Padre. Esta visión destruye el concepto de encarnación, que es asumir todo lo que es humano y las distintas etapas de la vida, como el bebé que aún no piensa ni habla, y también las limitaciones, las crisis y las superaciones propias de la condición humana. Lloró la muerte de su amigo Lázaro, acariciaba a los niños y nunca criticó a las mujeres, sino que las defendió como a María Magdalena y a la Samaritana.
-El libro se atiene más al Jesús histórico que al Cristo de la fe. ¿Por qué es importante no perder de vista al Jesús histórico?
-Debemos respetar la forma en que Dios quiso acercarse a nosotros a través de su Hijo, que se encarnó en la condición humana con sus altibajos. No debemos pasar inmediatamente al Cristo de la fe. Debemos partir siempre de la historia concreta de Jesús, de cómo vivía, cómo pensaba, cómo se relacionaba con las mujeres, con los pobres, con los ricos, con el poder y con las amenazas de muerte. Ser cristiano, fundamentalmente, es seguir al Jesús histórico. Él no vino a fundar una nueva religión. Vino a enseñarnos a vivir como él vivió: con amor incondicional, con compasión hacia los que sufren en este mundo, con indignación contra quienes fingían ser piadosos pero eran falsos y fariseos. Incluso llegó a usar la violencia con quienes hacían negocios dentro del templo de Jerusalén. Y cultivaba una gran amistad con Lázaro y sus hermanas Marta y María.
-¿Qué fue y cómo se dio la experiencia mística que tuvo el hombre Jesús de esa amorosidad de Dios-Abba?
-Ante el asombro de sus padres, María y José, Jesús desde pequeño se refería a Dios como ‘Papá’ (Abba). Eso era extraño pues los judíos de aquel tiempo, y los de hoy también, muestran tanta reverencia hacia Dios que casi no pronuncian su nombre. Además, en la Biblia judaica, el Antiguo Testamento, jamás aparece esa expresión Abba aplicada a Dios. Es el nombre que los niños usan afectuosamente para su padre o para su abuelo. Que Jesús use esa palabra, Abba, revela cierta intimidad, cierta amorosidad hacia el Dios de la tradición de Abraham, Isaac y Jacob.
Pero cuando tenía cerca de 25-26 años oyó que Juan Bautista estaba bautizando a mucha gente en el río Jordán. El bautismo implicaba sumergirse en las aguas del río. Jesús, por curiosidad, fue a ver lo que pasaba allí. Conversó rápidamente con Juan Bautista y con algunos de sus discípulos. Entró en un grupo para dejarse bautizar. Se sumergió como todos. Ellos salieron y él se quedó parado en medio del río. Fue ahí cuando tuvo un profundo choque existencial, una verdadera sacudida en su interior. Tuvo la experiencia profunda de ser el Hijo del Padre, expresada en estas palabras: ‘Tu eres mi Hijo amado y en ti he puesto toda mi alegría’. Jesús tuvo la experiencia de la radical amorosidad de Dios-Padre, como ‘Papá’ (Abba).
Quien experimenta así al Padre se siente su Hijo. Las experiencias radicales, dicen los místicos y también los psicólogos, no se dejan expresar con palabras. Así, los evangelistas usan metáforas: una paloma descendió sobre él o se oyó una voz del cielo. Por eso, Jesús fue al desierto. Allí profundizó esta experiencia y definió cual sería su misión: ni un profeta que transforma piedras en pan, ni un Sumo Sacerdote que introduce una forma religiosa y ética, ni un rey poderoso sobre tierras y pueblos. Descubrió que debería ser, como está en el profeta Isaías, el Siervo sufriente, que se identifica con los que sufren en este mundo, que debía curar enfermos, consolar a los afligidos e incluso devolver la vida a quien había muerto, como Lázaro o la hija de Jairo. Y vivenció el amor y la ternura infinita de Dios, presente en la palabra Abba.
-¿Qué significados y proporciones podría asumir hoy el mensaje que Jesús comenzó a difundir a partir de esta experiencia?
-Jesús experimentó el amor radical de Dios por todos, sin importar su condición moral, ya fuera pecador o piadoso cumplidor de los mandamientos. Jesús se acerca a los pecadores, como se consideraba a los recaudadores de impuestos, entra en casa del rico Zaqueo, se encuentra especialmente con los pobres y los oprimidos: a todos quiere anunciar con sus palabras y su ejemplo este mensaje liberador: no temáis, Dios es un Padre amoroso de misericordia infinita. Nadie puede poner límites a su amor y a su misericordia. Todos, pecadores y santos, están bajo el arco iris de la misericordia de este Papá querido (Abba).
En otras palabras, dichas también por el Papa Francisco: no hay condenación eterna, es sólo de este mundo, Dios no puede perder a ningún hijo o hija que haya creado con amor. Si perdiera a alguien, no sería a Dios. Como se dice en el libro de la Sabiduría: “Él creó a todos por amor y a nadie con odio, de lo contrario no lo habría creado. Él es el apasionado amante de la vida”. Este mensaje liberador de Jesús es contrario a toda una tradición que anunciaba el Evangelio con el miedo y la amenaza del infierno. Así se ha hecho durante casi todos los siglos, algo que muchas iglesias pentecostales todavía practican.
-De qué forma la Iglesia Católica se distanció de ese mensaje original a lo largo de los años?
-La Iglesia se distanció del mensaje liberador de Jesús desde que se alió con el poder político de los emperadores romanos ya en los siglos II-III, comenzando con Constantino y continuando prácticamente hasta nuestros días. En lugar de ser un movimiento, se convirtió en una institución religiosa. Como cualquier institución, ella define quién está dentro y quién fuera, establece doctrinas y leyes, condena y premia. En este contexto, el método del miedo al infierno se utilizaba con todos aquellos que no se sometían a lo que ella ordenaba. A pesar de eso, debemos reconocer que ella guardó los cuatro evangelios, referencia común para todas las iglesias. Dentro de ellas, muchos asumieron el seguimiento de Jesús, pobre y amigo de los pobres, como San Francisco de Asís, la Hermana Dulce, la Madre Teresa de Calcuta y el actual Papa Francisco de Roma. Vivieron el seguimiento de Jesús sin amoldarse (sin desprecio) al camino religioso tradicional.
-Usted es amigo y consejero del Papa Francisco. ¿Cómo evalúa los 10 años de su pontificado?
-Durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI la Iglesia experimentó un retorno a la gran disciplina. Se reveló como un castillo cerrado e inmune a los avances de la modernidad, penetrada, según ellos, por muchos errores y desviaciones. Hubo mucha vigilancia sobre las doctrinas y condena a muchos teólogos, los más progresistas. La renovación de la Iglesia, iniciada por el Concilio Vaticano II (1962-1965), sufrió un retroceso. Se hablaba el invierno de la Iglesia.
Con el Papa Francisco, que viene de la periferia donde vive la mayoría de los católicos se ha producido un gran cambio. Este Papa siempre se entendió a sí mismo como un teólogo de la liberación de corte argentino: liberación del pueblo oprimido y de la cultura silenciada. Inauguró una nueva forma de ser Papa, sin los aparatos y títulos heredados aún del Imperio Romano y del Renacimiento. Abandonó el palacio papal y se fue a vivir a una casa de huéspedes, Santa Marta.
-¿En qué medida el pontificado de Francisco se aproxima del mensaje original de Jesús?
-El Papa Francisco ha traído una primavera a la Iglesia, con un aire de libertad y apertura a todas las diversidades. Ha dicho que la Iglesia debe ser como un hospital de campaña que acoge a todos sin preguntar por su origen, religión o condición moral. Como él dice con frecuencia, “una Iglesia siempre en salida” hacia los problemas humanos, especialmente los de los más pobres y los de la gran pobre que es la Madre Tierra, a la que debemos cuidar como nuestra Casa Común.
En mi opinión, Francisco está inaugurando una nueva genealogía de Papas que vienen de la periferia de la Iglesia y del mundo y que revelan un nuevo rostro del mensaje liberador de Jesús. Por eso, este Papa habla constantemente del Jesús histórico y del modo en que vivió, es decir, una existencia para los más vulnerables e invisibles. Jesús se distanciaba de la religión estricta de la época, ponía en el centro el amor y la misericordia. No hay que olvidar que fueron los religiosos quienes le condenaron a muerte en la cruz. Su resurrección, que es más que la reanimación de un cadáver, significa una insurrección contra la justicia perversa de la época. Él anticipó el fin bueno del ser humano, realizando todas sus potencialidades. El Papa Francisco actualiza y nos hace más accesible el mensaje original de Jesús, de su misericordia sin límites, tema fundamental de sus pronunciamientos.
-¿En qué momentos de la humanidad se ha puesto en práctica el mensaje original de Jesús? ¿Por los hombres o por las mujeres?
-Yo diría que en todas las generaciones ha habido mujeres y hombres cristianos que se sintieron fascinados por la figura y la práctica del Jesús histórico. Han llegado a decir: ‘humano como Jesús, sólo Dios mismo’. No buscaban el poder, sino el servicio a los más desamparados. La lista sería inmensa. Pero sin duda sobresalen Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, ambos místicos de ojos abiertos y manos trabajadoras. San Francisco de Asís fue quizá quien más se asemejó a Jesús de Nazaret, viviendo entre leprosos y pobres y llamando a todas las criaturas con el dulce nombre de hermanos y hermanas. Y muchas mujeres que también lo seguían y sólo ellas permanecieron al pie de la cruz. De América Latina no podemos dejar de mencionar al obispo y santo, Don Óscar Romero, obispo de El Salvador, que fue asesinado en la misa cuando levantaba el cáliz con la sangre de Cristo que se mezcló con su sangre.
-¿Está usted trabajando o dispuesto a trabajar en un nuevo libro? ¿De qué va a tratar?
-Vivo dando charlas por todo Brasil y también en el extranjero. Intento imprimir un tono liberador, propio de la teología de la liberación, sobre todo cuando atiendo a grupos de base y movimientos sociales. Además de eso, escribo a menudo, pues ya son más de cien libros.
En los últimos años he trabajado intensamente en ecología integral y he colaborado en la formación de una ecoteología de la liberación. Desde 2001 escribo un artículo semanal, que no ha fallado nunca, y es traducido al español, italiano, alemán y muchos en inglés.
Con casi 85 años estoy ya en el atardecer de la vida. Sigo trabajando, en la actualidad sobre la categoría Transparencia, ya que toda nuestra tradición grecolatina se ha estructurado sobre las categorías de Inmanencia y Trascendencia, colocándolas generalmente en oposición. La categoría Transparencia es típicamente cristiana, ya que la Trascendencia penetró en la Inmanencia a través de la Encarnación, haciendo transparentes la realidad humana y divina. La Transparencia es válida para todas las esferas, especialmente para la ética, y de modo particular para la política y para el mundo de los negocios.
Comentarios desactivados en Hacedlo todo por amor…
«El que hace la voluntad de mi Padre…, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre»
(Mateo 12,46-50)
«Mis pensamientos no son vuestros pensamientos», dice el Señor (Is.55,8). El mérito, no consiste en hacer mucho o en mucho dar, sino en recibir, en amar mucho. Se ha dicho, que «es mucho más dulce dar que recibir» (Hch. 20,35), y es verdad; pero cuando Jesús quiere reservarse para sí la dulzura de dar, no sería delicado negarse. Dejémosle tomar y dar todo lo que quiera, la perfección consiste en hacer su voluntad, y el alma que se entrega enteramente a él es llamada por Jesús mismo «su madre, su hermana» y toda su familia. Y en otra parte: «Si alguno me ama, guardará mi palabra» (es decir, hará mi voluntad) y «mi Padre le amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada» (Jn 14,23). ¡Oh, qué fácil es complacer a Jesús, cautivarle el corazón! No hay que hacer más que amarle, sin mirarse una a sí misma, sin examinar demasiado los propios defectos…
Los directores hacen progresar en la perfección, imponiendo un gran número de actos de virtud, y llevan razón; pero mi director, que es Jesús, no me enseña a contar mis actos, me enseña a hacerlo todo por amor, a no negarle nada, a estar contenta cuando él me ofrece una ocasión de probarle que le amo; pero esto se hace en la paz, en el abandono, es Jesús quién lo hace todo, y yo no hago nada.
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Teresa de Lisieux
(1873-1897),
carmelita descalza, doctora de la Iglesia
Carta 121 (Obras Completas, Monte Carmelo 1980)
Comentarios desactivados en «¿Una traición o traiciones? Jesús cena con los estigmatizados», por Julián Bedoya Cardona.
Jesús tenía tanta simpatía por las comidas, tanto que en ellas se despidió de los más cercanos, de sus allegados. Sabía que en cualquier momento lo iban a capturar y ya no podía escabullirse, una sombra espantosa se cierne sobre esta comida de amistad. Uno de los doce está del lado del enemigo. ¿Por qué? Jesús había hablado del Reino de Dios. Los evangelistas hacen notar que la incredulidad de Judas se daba la mano con su avaricia. Recordamos muy bien el momento de la cena cuando Jesús le dice: “vete y haz lo que tengas que hacer”. Parece que esta premisa sirviera para juzgar a Judas Iscariote como siempre lo hemos escuchado. Judas era un discípulo que quería a Jesús, y como todos los discípulos y espectadores de Jesús se preguntaba: ¿Cuándo llegaría ese Reino de Dios, del que Jesús nos habla? Ese Reino que traería paz, donde no habría hambruna ni sufrimiento… que Jesús le diga: “vete y haz lo que tengas que hacer” nos coloca frente a unas hipótesis:
Judas y Jesús posiblemente tuvieron un diálogo a solas para cuadrar toda esta artimaña de su captura, o por otro lado, Judas anhelaba el mesianismo militante, así como Pedro y los otros discípulos lo esperaban. Esto lo llevó a emprender la táctica de negociar la entrega de Jesús para adelantar ese Reinado de Dios, ya que muchos sitúan a Judas como un zelote (como lo ubica Oscar Cullmann y Martin Hengel). Los zelotes según el historiador Flavio Josefo eran un partido formado aproximadamente del año 66 a.c, en el periodo intertestamentario, y tenían una ideología religiosa, altamente eficaz, de lucha escatológica por la liberación… Sus axiomas fundamentales eran una ardiente espera del Reino de Dios y un celo fanático por la ley. Se sentían herederos de los Macabeos, este grupo ultranacionalista, usaban la fuerza y la violencia para mover sus ideales, buscaban terminar con el dominio romano y lograr la independencia política; “los zelotes insistían repudiar a cualquier rey, excepto Dios” (Kirsopp Lake). Judas no encuentra mejor ocasión que acelerar la acción mesiánica en pascua o cerca a esta fiesta (Cfr. Mc 14, 11), pues veía todo a su favor, la muchedumbre de peregrinos que había allí ya hablaba de Jesús, y teniendo muy presente este factor, Judas imaginaba una revuelta popular si apresaban a Jesús; tanto era así que, uno de los que andaba con Jesús (en el evangelio de Juan nos dice que era Pedro, en los otros lo omiten). Lucas nos da a entender que todos los que estaban con Jesús estaban armados cuando narra que uno de ellos dijo: “Señor ¿atacamos con espadas?” y tenía una espada en el momento en el que prendieron a Jesús (Cfr. Mt 26, 51; Mc 14, 47; Lc 22, 49 – 50; Jn 18, 10). Quizá esto lo pensó y lo ejecutó Judas, y Jesús se dio cuenta de ello, de ahí las palabras de Jesús dirigidas a Judas “Amigo, adelante con los planes” (Mt 25, 50).
Suponer que desde un principio Judas le traicionaría es un enigma que daña la imagen de Jesús. Por un lado, Jesús prometió a Judas, como a los restantes discípulos, sentarse con Él en el cielo “en uno de los doce tronos y juzgar a las doce tribus de Israel” (Mt 19,28). ¿Cómo Jesús pudo prometerle, a pesar de todo, un trono en el cielo y sobre todo, cómo pudo confiarle la bolsa común siendo Judas un “ladrón”? (Jn 12,6). La figura del traidor Judas es una figura de fábula religiosa. Este Judas tildado en los evangelios de maldad no existió. Se la da incluso la mayoría de los que le inculpan; en concreto los tres evangelios sinópticos. Ellos le hacen permanecer presente durante toda la comida pascual, no mencionan que Judas se ausentó; Lucas expresa que Judas estuvo presente hasta el final de la cena (Cfr. Lc 22, 21 – 30), luego Jesús sale con los discípulos hacia Getsemaní como lo relatan Mateo y Marcos. Lucas habla del monte de los olivos y es evidente que los doce le siguieron (Lc 22, 39). De un momento a otro aparece Judas con unos vándalos armados ¿Cómo es posible organizar todo con tanta rapidez? Además, si había sospecha resultaba fácil cambiar de escondite, por otro lado, sin la intervención de Judas también era fácil dar con Jesús, por lo tanto no era necesario una traición, pues Jesús manifiesta que los enemigos le conocen bien, le conocen con claridad. Respecto a que los sinópticos no cuentan sobre la ausencia de Judas, el evangelio de Juan cayó en la cuenta y corrige la presentación del relato, haciendo que Judas abandone la comida. Muchos dicen que la avaricia por dinero se absorbió a Judas, pero si hubiese sido por dinero, Judas hubiese salido mucho antes con la bolsa común donde se hallaban los fondos del grupo.
Judas es un producto de la fantasía. Se compone en gran medida de citas del Antiguo Testamento. El tema del traidor es un motivo corriente; y, puesto que también era bíblico, se prestaba a los evangelistas, que ven profetizado en el Antiguo Testamento el destino de Jesús, cuando David había sido traicionado por su asesor, Ajitófel Guilo, al unirse éste a la conjura de Absalón, hijo de David (2 Sm 15,12). Judas debió besar finalmente a Jesús como también Joab, el general de David, besó a Amasa, el enemigo de David, mientras le clavaba la espada (2 Sm 20, 9ss); “Si me hubiera ultrajado mi enemigo, sabría soportarlo. Si fuese mi adversario el que me oprime, me escondería de él. Mas fuiste tú, mi compañero, mi familiar y amigo. Con el que he compartido la dulce confidencia y a la casa de Dios marchamos juntos en cortejo festivo” (Sal 55, 13-15). “Hasta el amigo de mi confianza, el que mi pan comía, contra mí se ha levantado y me ha engañado” (Sal 41, 10)… además Pablo de Tarso dice en la carta a los Corintios: “que el resucitado se apareció a Cefas (Pedro) y luego se apareció a los doce” (1 Cor 15, 5).
Pero siempre hemos hecho malas lecturas de Judas ajusticiándolo y dando a entender que por Judas Jesús murió de manera temprana y trágica. Judas no existió como traidor, sí existió el odio cristiano vertido no sólo sobre este individuo, sino sobre todo su pueblo “los iscariotes – sicarios”, un odio real sobre una historia adaptada, acomodada e inventada, hasta lo constata las versiones que hay sobre su muerte; la versión en el evangelio de Mateo dice “Judas el que había traicionado a Jesús, al ver que lo habían condenado, tuvo remordimiento y devolvió las treinta monedas a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciéndoles: he pecado entregando a la muerte a un hombre inocente. Ellos les contestaron: ¿Y eso que nos importa a nosotros? Eso es cosa suya. Entonces Judas arrojo las moneda en el templo, se fue y se ahorcó” (Mt 27, 3 – 5), otra versión se halla en los Hechos de los Apóstoles que dice: “Judas era uno de los nuestros y tenía parte en nuestro trabajo, pero fue y compró un terreno con el dinero que le pagaron por su maldad; luego cayó de cabeza y se reventó, y se le salieron los intestinos” (Hch 1, 17 – 18), otra versión es posterior atribuida a Papías de Hierápolis este dice que Judas se hinchó supurando pus y gusanos, llego a punto de reventarse y sus entrañas se desparramaron, en forma irónica dice que nadie puede pasar por aquel lugar donde Judas murió sin taparse las narices… y así sigue la historia de señalamiento y de crear odio en la figura de Judas Iscariote.
No es fácil determinar si la última Cena de Jesús con sus apóstoles fue una cena pascual. Los Sinópticos la presentan como tal, pero Juan no. En el evangelio de Juan, Jesús muere en un día distinto comparándolo con los sinópticos. Mateo y Marcos dicen que cenaron “el primer día de los ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual” (Cfr. Mt 26,17; Mc 14,12). Los “ázimos” era el primero de los siete días que duraba la pascua, es decir, el viernes a la noche. Lucas, más explícito, aclara que Jesús se sentó a cenar en “la fiesta de los ázimos, llamada Pascua” (Lc 22,1.7.14). En los evangelios sinópticos, Jesús celebra la última cena el día de la Pascua y muere al día siguiente; mientras que, según el evangelio de Juan, cuando los judíos llevan a Jesús al pretorio, éstos no quisieron entrar para no contaminarse (sabemos el escrúpulo que manejaban ellos con lo impuro) y poder así comer la Pascua (Cfr. Jn 18,28). Ellos iban a celebrar la cena pascual después de que Jesús hubiera muerto en la Cruz, o sea, que en los evangelios sinópticos, por un lado, y en Juan, por otro, se trata de dos días distintos. La clave en el evangelio de Juan la encontramos en el episodio de la crucifixión, cuando los judíos no querían ver los crucificados el sábado porque el día era muy solemne (era pascua) y dialogan con Pilato (Cfr. Jn 19, 31). Con esto se puede deducir que, había que comer el cordero la tarde anterior a su muerte, queda claro que Juan coloca la última cena antes de la fiesta de Pascua, el jueves en la noche (Cfr. Jn 13, 1). ¿Cuál de las versiones será la correcta? Para responder a esto es necesario entender que “existían dos calendarios, este dato es trasteado de los manuscritos del Qumrán en el libro de los Jubileos y en el libro de Henoc” (Ariel Álvarez).
La santa cena y la cronología de la pasión, basadas en la tesis del uso de “dos calendarios diferentes entre los habitantes de Palestina en tiempo de Jesucristo: uno más tradicional (lo seguían en Qumrán y parte del pueblo) y otro más oficial (lo seguían los fariseos y parte del pueblo). Mientras el primero es de origen bíblico y de ritmo solar, el segundo es de origen helenístico y de ritmo lunar” (A. Jaubert). El calendario solar estaba dividido en 12 meses (8 meses de 30 días y 4 de 31) en compendio tenía 364 días y 52 semanas, todos los años iniciaban con el miércoles porque según el Génesis cuando Dios creó el mundo, fue el cuarto día, es decir, el miércoles por ser el día en el que Dios creó al sol, la luna, los astros; y estos que rigen el calendario (Cfr. Gn 1, 14 -19). El comienzo del día para el judío es muy distinto a lo que hoy entendemos; para nosotros el día inicia a la hora cero, mientras que para el judío iniciaba por la tarde cuando el sol se desvanecía o se ocultaba, tanto que los judíos el viernes (para nosotros, para ellos ya contaba como sábado) en la tarde dejaban de hacer sus actividades o labores, tenían que tener las cosas con antelación, por esta razón los judíos no querían ver los cuerpos en las cruces durante el sábado, hablan con Pilato para que quiebren los pies a los crucificados, al ver que Jesús ya había muerto no le quiebran los pies (nos deja al descubierto otro dato que Jesús fue el primero en morir), piden ejecutar esta acción para poder bajarlos de la cruz, porque el sábado esta próximo y debía respetarse, además era el día de la Pascua, aunque este día implica actividad religiosa (Cfr. Lv 16, 31; 23, 32). El termino hebreo shabbat (sábado) se forma a partir de la raíz shebet que significa cesar, desistir, descansar. El día de reposo semanal era un gran regalo para el pueblo de Dios. En Egipto el faraón no les permitía descansar de su arduo trabajo, sin embargo, Dios le dio a Israel el sábado como día de reposo cuando estaban en el desierto y ya habían abandonado Egipto (Cfr. Ex 16, 23 – 30). En el monte Sinaí se dio el mandamiento formal de respetar el sábado como día de reposo (Cfr. 20, 8 11; Dt 5, 12 – 15).
Es necesario entender el mesianismo como un asunto colectivo, que tuvo la iniciativa en Jesús el hombre de Nazaret, que siempre quiso sorprendernos con su manera de pensar, hablar y vivir. Hoy día vemos muchas personas que han creído en historias inventadas, hasta el punto de hacerlas ver como reales. Hoy que en la mayoría de los discursos nos hablan del amor y la amistad, no es posible cargar odio ante las personas que piensan diferente y quieren salirse de las estructuras que en tantas ocasiones oprimen. Recordemos que Jesús también nos exhorta a ser congruentes y coherentes en la vida con lo que decimos y hacemos.
ECLESALIA, 31/03/23.- Desde siempre, desde muy chica, que este pasaje de la Samaritana ha tenido para mí un gran atractivo. La escena y el largo detalle del encuentro lo hace especial en la vida de Jesús.
La primera cosa que siempre me impresionó es la manera como él se presenta: como necesitado. Porque tiene sed. Y no tiene ni balde ni cuerda ni conocimiento del pozo. Necesita ayuda: pide ayuda. Dame de beber.
Ella se da cuenta y aprovecha para señalárselo: ¿así que vos, judío y varón, venís a pedirme a mí, mujer y samaritana?
Él acusa recibo: ¡ah, qué tanto! Esa agua que vos das no quita para siempre la sed. Para que sepas yo soy tan importante que puedo darte un agua por la que no volverás a sufrir sed…
Después de ese escarceo, la maravilla. La buena noticia del templo espiritual, que es la buena noticia del padre Dios que está cerca de cada uno, de cada una, y puede ser accesible legítima y totalmente desde el propio corazón, “en espíritu y verdad”… Ahora sabemos por qué ni la condición de no judía ni la de ser una mujer pueden ser barrera alguna. Palabra de Dios.
Y la culminación de un Jesús que se revela plenamente, que ella reconoce y que se descubre conocida profundamente, en su ser y en su historia: toda la oferta de Jesús está ahora avalada por la intimidad del conocimiento y del amor…
De allí: la alegría de la confirmación, la buena noticia a todos…
Nosotras y nosotros también hemos salido a proclamar la buena noticia del mesías que se ha hecho vecino y el Dios que se ha revelado entrañable y presente. En todos lados, sin diferencias.
¿Cómo es nuestra buena noticia? ¿Comienza reconociendo que somos necesitados, necesitadas y que a quienes nos dirigimos lo hacemos reconociendo su capacidad de hacer y de dar? ¿O nos presentamos como quienes sabemos y tenemos y donamos a los demás?
El Dios que proclamamos: ¿está a la mano y al alcance de cada una, de cada uno…? ¿o lo hacemos distante y necesitado de procesos y pasos y ritos y palabra específicas para poder relacionarse con él?
¿Nuestro contacto produce alegría, confirmación, esperanza y entusiasmo… o llena de condiciones y sospechas sobre la capacidad, fortaleza y condición genuina de quienes se sumen? ¿surge de nuestra miseria y la riqueza ajena o desde nuestra superioridad?
Desde chica amo este pasaje: la descripción de este encuentro tan especial y único.
Desde entonces me pregunto por nuestra misión y su estilo, nuestras comunidades y su aceptación, nuestro celebrar y las fiestas de la presencia sin condiciones…
Comentarios desactivados en El encuentro con la esperanza en la historia de Emaús
Sr. Jane Aseltyne
La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Sr. Jane Aseltyne. La Hna. Jane está en primeros votos con las Hermanas IHM de Monroe, MI. Antes de ingresar, se desempeñó como gerente de comunicaciones en A Nun’s Life Ministry, una organización en línea enfocada en conectar a los discernidores con las Hermanas Católicas, además de proporcionar recursos para el crecimiento y la exploración espiritual. En ministerios anteriores, el trabajo de la Hna. Jane se centró en las poblaciones marginadas, incluidos los adolescentes y los ancianos. Actualmente, es estudiante de posgrado en la Unión Teológica Católica.
Las lecturas litúrgicas de hoy para el tercer domingo de Pascua se pueden encontrar aquí.
Mientras leía y oraba sobre la lectura del evangelio de hoy, la historia del Camino a Emaús, pensando en la relación de la iglesia con la comunidad LGBTQ+, la palabra que me vino fue “encuentro”.
La historia de Emaús nos es familiar. Dos discípulos caminan por el camino a un pueblo en las afueras de Jerusalén llamado Emaús después de la crucifixión de Jesús. Están “conversando y debatiendo” sobre los hechos que rodearon su muerte. Están confundidos y heridos, tratando de juntar las piezas de lo que acaban de pasar. Mientras camina, Jesús se acerca a ellos, pero no lo reconocen. Jesús pregunta: “¿De qué están discutiendo?” Imagino que se quedan con la boca abierta, los ojos muy abiertos y hablan con un poco de filo en la voz, respondiendo: «¿Eres el único visitante de Jerusalén que no sabe de las cosas que han sucedido en estos días?» Me imagino a los discípulos respirando hondo, sintiendo todas las sensaciones mientras relatan los últimos días: la inseguridad, la frustración y la sensación de desesperanza porque han perdido a Aquel a quien creían que redimiría a Israel.
Pero Jesús los empuja más allá, cuando comienza a interpretar las escrituras. Cuando están juntos a la mesa, Jesús dice la bendición, parte el pan y se lo da, y reconocen a Jesús por lo que era.
Quizás a veces nos hemos sentido como los discípulos en el camino a Emaús, cansados y abrumados con los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor. El ciclo de noticias de 24 horas nos recuerda constantemente que no somos ajenos a la lucha y los disturbios políticos, y que la comunidad LGBTQ+ continúa estando en el centro de algunas de las reacciones violentas más violentas en nuestro país.
Se siguen aprobando proyectos de ley que prohíben el acceso a la atención médica para personas transgénero, y una encuesta reciente realizada por Trevor Project mostró que casi la mitad de los jóvenes LGBTQ+ contemplaron el suicidio en el último año. Es difícil conciliar esta realidad en nuestro país, y aún más difícil leer sobre el apoyo de la jerarquía de la iglesia a las prohibiciones de atención médica y la legislación anti-LGBTQ. Nos deja preguntándonos cuánto tiempo tendremos que luchar por la inclusión y la aceptación, ¿cuánto tiempo debemos esperar para que las personas queer sean celebradas en la iglesia y la sociedad?
Creo que parte del odio es alimentado por la falta de encuentro, la falta de narración de historias y de compartir la verdad de quiénes somos unos con otros. El Papa Francisco es muy consciente de que el mundo necesita más comprensión, más escucha y más tolerancia. Él nos llama a crear una cultura de encuentro, un espacio donde podamos escuchar las historias de los demás y vernos como hijos amados de Dios. Pero Francisco señala que construir este tipo de cultura no es simplemente quedarse atrás y mirar a la distancia. Debemos acercarnos, caminar con, aprender y escuchar con el corazón para ofrecernos unos a otros “una gota de vida”.
El encuentro con Jesús en el camino y en la mesa cambia la percepción de los discípulos sobre lo que ha sucedido en sus vidas. Mientras Jesús les hablaba, sus corazones ardían dentro de ellos, pero al principio, no podían entender la conexión entre su experiencia y este extraño en el camino. Solo reconocieron a Jesús cuando ofrecieron hospitalidad y compartieron una comida juntos. Este encuentro personal con Jesús les permitió verlo como realmente era.
¿Cómo sería si el pueblo de Dios buscara un encuentro genuino con la comunidad LGBTQ+? ¿Estamos dispuestos a dejar que las personas se nos revelen en lugar de decirles quiénes deberían ser?
La historia de Emaús es un ejemplo de verdadero encuentro, y no termina con los dos discípulos en el camino. Después de reconocer a Jesús, inmediatamente regresan a Jerusalén para compartir su experiencia de Cristo resucitado con la comunidad. Recuerdan su experiencia que pasó de la confusión a la euforia, del anonimato al reconocimiento, del extraño al amigo. Me imagino que cuando la comunidad se enteró de su experiencia, fue un bálsamo para sus corazones doloridos por la violencia que habían presenciado. Era esperanza inyectada en sus almas cansadas. A medida que buscamos encuentros con personas de la comunidad LGBTQ+, traemos historias a las personas de nuestras otras comunidades. Estas historias son mensajeras de esperanza. Al compartir, construimos comunidad, nos entendemos unos a otros en un nivel más profundo y vivimos el llamado a darnos la bienvenida unos a otros. Es en estos momentos que recordamos que no estamos solos. Estamos llamados a la comunidad ya llevar las cargas los unos de los otros. No estamos solos en nuestro cansancio.
Comentarios desactivados en Emaús: la experiencia de una toma de distancia.
¿Y si el texto (Lc 13, 35) quería presentar justamente este alejamiento de Jerusalén, esta toma de distancia con relación a la Iglesia naciente (representada por los Once) y con relación a la muerte-resurección de Jesús como necesario para el progreso de la fe de estos dos discípulos? ¡En efecto, los discípulos son presentados como dando la espalda a Jerusalén, y a la fe de los Once (eh sí! Ya habían oído hablar del testimonio de las mujeres, pero sin poder compartir su fe). Observamos en seguida que este alejamiento no es que sea pasivo. El texto afirma que se interrogan por el camino. Procuran comprender. ¡ Podemos ver allí una toma de distancia, una reflexión, un tiempo de duda y de interrogación que es presentado por el texto como necesario para ellos!
¿Cuántos de nosotros no han vivido la misma experiencia? ¿Los discípulos de Emaús serían un ejemplo que hay que seguir, por lo menos para algunos de nosotros? Toda una enseñanza que hay que retener para los y las que temen tanto a los “distantes” y los “descolgamientos” …
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo:
–“¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?”
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replico:
–“¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?”
Él les pregunto:
–“¿Qué?”
Ellos le contestaron:
–“Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.“
Entonces Jesús les dijo:
–“¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?”
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:
-“Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.”
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron:
–“¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
–“Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.”
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
*
Lucas 24,13-35
***
Mientras los dos viajeros se encuentran de camino hacia su casa llorando lo que han perdido, Jesús se acerca y camina con ellos, pero sus ojos son incapaces de reconocerlo. De improviso, ya no son dos, sino tres las personas que caminan, y todo se vuelve distinto. El desconocido empieza a hablar, y sus palabras requieren una seria atención. Lo que había empezado a confundir hasta hace un momento, comenzaba a presentar horizontes nuevos; lo que había parecido tan oprimente, comenzaba a hacerse sentir como liberador; lo que había parecido tan triste, empezaba a tomar el aspecto de la alegría. Poco a poco empezaban a comprender que su pequeña vida no era después de todo tan pequeña como pensaban, sino parte de un gran misterio que no sólo abarcaba varias generaciones, sino que se extendía de eternidad en eternidad.
El desconocido no ha dicho que no hubiera motivo de tristeza, sino que su tristeza formaba parte de una tristeza más amplia, en la que estaba escondida la alegría. El desconocido no ha dicho que la muerte que estaban llorando no fuera real, sino que se trataba de una muerte que inauguraba una vida verdadera. El desconocido no ha dicho que no hubieran perdido a un amigo que les había dado nuevo valor y nueva esperanza, sino que esta pérdida había creado un camino para una relación que habría ido mucho más allá que cualquier amistad. El desconocido no tenía el más mínimo miedo de derribar sus defensas y de llevarlos más allá de su estrechez de mente y de corazón. El desconocido tuvo que llamarlos tontos para hacerles ver.
¿Y en qué consiste el desafío? En tener confianza. Alguien tiene que abrirnos los ojos y los oídos para ayudarnos a descubrir qué hay más allá de nuestra percepción. Alguien debe hacer arder nuestros corazones.
*
H. J. M. Nouwen, La fuerza de su presencia, Brescia 1997, pp. 31-35, passim
Comentarios desactivados en “No huír a Emaús”. 26 de abril de 2020. 3 Pascua (A). Lucas 24, 13-35.
No son pocos los que miran hoy a la Iglesia con pesimismo y desencanto. No es la que ellos desearían. Una Iglesia viva y dinámica, fiel a Jesucristo, comprometida de verdad en construir una sociedad más humana.
La ven inmóvil y desfasada, excesivamente ocupada en defender una moral obsoleta que ya a pocos interesa, haciendo penosos esfuerzos por recuperar una credibilidad que parece encontrarse «bajo mínimos». La perciben como una institución que está ahí casi siempre para acusar y condenar, pocas veces para ayudar e infundir esperanza en el corazón humano. La sienten con frecuencia triste y aburrida, y de alguna manera intuyen –con el escritor francés Georges Bernanos– que «lo contrario de un pueblo cristiano es un pueblo triste».
La tentación fácil es el abandono y la huida. Algunos hace tiempo que lo hicieron, incluso de manera ruidosa: hoy afirman casi con orgullo creer en Dios, pero no en la Iglesia. Otros se van distanciando de ella poco a poco, «de puntillas y sin hacer ruido»: sin advertirlo apenas nadie se va apagando en su corazón el afecto y la adhesión de otros tiempos.
Ciertamente sería un error alimentar en estos momentos un optimismo ingenuo, pensando que llegarán tiempos mejores. Más grave aún sería cerrar los ojos e ignorar la mediocridad y el pecado de la Iglesia. Pero nuestro mayor pecado sería «huir hacia Emaús», abandonar la comunidad y dispersarnos cada uno por su camino, hundidos en la decepción y el desencanto.
Hemos de aprender la «lección de Emaús». La solución no está en abandonar la Iglesia, sino en rehacer nuestra vinculación con algún grupo cristiano, comunidad, movimiento o parroquia donde poder compartir y reavivar nuestra esperanza en Jesús.
Donde unos hombres y mujeres caminan preguntándose por él y ahondando en su mensaje, allí se hace presente el Resucitado. Es fácil que un día, al escuchar el Evangelio, sientan de nuevo «arder su corazón». Donde unos creyentes se encuentran para celebrar juntos la eucaristía, allí está el Resucitado alimentando sus vidas. Es fácil que un día «se abran sus ojos» y lo vean.
Por muy muerta que aparezca ante nuestros ojos, en esta Iglesia habita el Resucitado. Por eso también aquí tienen sentido los versos de Antonio Machado: «Creí mi hogar apagado, revolví las cenizas… me quemé la mano».
Comentarios desactivados en “Lo reconocieron al partir el pan”. Domingo 23 de abril de 2023. 3º Domingo de Pascua
Leído en Koinonia:
Hch 2,14.22-33: No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio Salmo responsorial 15: señor, me enseñarás el sendero de la vida 1Pe 1,17-21: Los rescataron a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto Lc 24,13-35: Lo reconocieron al partir el pan
En la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, encontramos a Pedro pronunciando su primera predicación pospascual, dirigida tanto a los judíos presentes como a todos los habitantes de Jerusalén. El sermón es de tipo kerigmático, con la presentación de tres aspectos de la vida de Jesús, que componen el credo de fe más antiguo del cristianismo: un Jesús histórico, acreditado por Dios con milagros, prodigios y señales; su muerte a mano de las autoridades judías, y finalmente, su resurrección obrada por Dios para salvación de toda la humanidad. Pedro termina su discurso con un sello de autenticidad: de todo esto, «nosotros somos testigos» (Hch 2,32). Creer en Jesús resucitado era reconocerlo como Mesías, lo que según las Escrituras, abría las puertas para su segunda venida y el fin del mundo. Esto explica las actitudes de recogimiento y miedo que llevan a los discípulos a encerrarse bajo llave. Sin embargo, Pentecostés cambia para siempre las cosas, pues antes que miedo por el fin del mundo, el Espíritu les indica que el mundo apenas comienza, y que la iglesia que acaba de nacer tiene el compromiso de contribuir en la reconstrucción de este mundo con la clave del amor. Así comenzó la Iglesia su misión, cambiando los miedos del fin del mundo, por la alegría, el optimismo y el compromiso de hacer que cada mañana el mundo nazca con más amor, justicia y paz.
La referencia a la primitiva comunidad cristiana nos hace descubrir la importancia que la praxis del amor y de la solidaridad tuvo en el surgimiento del cristianismo. No fue sin más una teoría, sino un cambio de vida, una praxis, una transformación social, lo que estaba en juego. Importante tenerlo presente, cuando tantos piensan que el cristianismo es cuestión de aceptar intelectualmente un paquete de verdades, teorías o dogmas.
En la segunda lectura, el apóstol Pedro hace un llamado a mantener la fidelidad a Dios aún en situaciones de destierro, desplazamiento, marginación o exclusión, porque Dios, en un nuevo Exodo, nos libera de una sociedad sometida a leyes injustas e inhumanas, que protegen sólo al que paga con oro o plata. Esta liberación fue asumida por Jesús con el sello de su propia sangre, como una opción de amor, consciente y voluntaria, por los hombres y mujeres del mundo entero. El precio que debemos pagar a Jesús por tanta generosidad, no es con oro ni plata, sino, dando vida a los hermanos que siguen muriendo, víctimas de la injusticia y la deshumanización. Eso será realmente «devolver con la misma moneda».
En el evangelio, dos discípulos, que no eran del grupo de los once (v.33) se dirigen a Emaús. Probablemente se trata de un hombre y una mujer, casados, (también había mujeres discípulas), que regresaban a su pueblo natal frustrados por los últimos acontecimientos de la capital. Mientras conversaban, Jesús se acerca y comienza a caminar con ellos, al fin y al cabo es el Emmanuel. Pero ellos no pueden reconocerlo, sus ojos están cerrados. ¿Por qué? Porque en el fondo todavía tenían la idea de un mesías profeta-nacionalista, que conquistaría el mundo entero para ser dominado por las autoridades de Israel, un mesías necesariamente triunfador… Por eso, estaban viendo en la cruz y en la muerte del maestro, el fracaso de un proyecto en el cual habían puesto sus esperanzas.
Serán las Escrituras las primeras gotas que Jesús echa en los ojos del corazón de estos discípulos, para que puedan ver y entender que no es con el triunfalismo mesiánico, sino con el sufrimiento del siervo de Yavé, como se conquista el Reino de Dios; un sufrimiento que no es masoquismo, sino un cargar conscientemente con las consecuencias de la opción de amar a la humanidad, actitud difícil de entender en una sociedad dominada por un poder de dominio que mata a quien se interpone en su camino. Por la vida, hasta dar la misma vida, es el testimonio de Jesús ante sus dos compañeros.
El relato de los discípulos de Emaús es una pieza bellísima, evidentemente teológica, literaria. No es, en absoluto, una narración ingenua directa de un hecho tal como sucedió. Es una composición elaborada, simbólica, que quiere dar un mensaje. Y como todo símbolo, que no lleva adjunto un manual de explicación, permanece «abierto», es decir, es susceptible de múltiples interpretaciones. Y desde cada nuevo contexto social, en cada nueva hora de la historia, los creyentes se confrontarán con ese símbolo y extraerán nuevas lecciones… Leer más…
Comentarios desactivados en Dom 3, Pascua de Emaús: Jesús resucita en el pan compartido (23.4.23)
Del blog de Xabier Pikaza:
Se vacían en occidente las iglesias; muchos parecen cansados y se van, nos vamos, como estos dos de Emaús.
Pero en les sale al encuentro un «peregrino» (mendigo, emigrante, sin techo, expulsado, excluído…) y, tras escucharles, les cuenta la historia de las víctimas del mundo, sin tierra ni casa ni pan nifuturo. Se hace tarde, caen las sombres… y los dos fugitivos miedosos sacan fuerza de su miedo y piden al peregrino que se quede esa noche con ellos para contarlas el fin de esa historia.
| X.Pikaza
El peregrino acepta la invitación.
Entra en casa, se sienta, y, como maestro de la vida, toma el pan que le ofrecen y lo parte para compartirlo con ellos.Y entonces, solo entonces, los fugitivos entienden.
Esa historia son ellos, somos nosotros,es Jesús resucitado que camina en (con) todos los peregrinos, se sienta y comparte con ellos (nosotros) el pan de la vida: A la caida de la tarde nos examinarán en el amor.(en su amor) (Juan de la Cruz).
¿Qué hacer en un tiempo como éste en que parece que muchos abandonan su antigua iglesia? Ell evangelio de este domingo, la gran catequesis pascual (largo camino de Jerusalén a Emaús) nos da la respuesta: Sólo compartiendo el pan podremos descubrir y y recrear caminos de resurrección, la nueva pascua de Emaús.
Fugitivos de Jerusalén, mesianismo fracasado (Lc 24, 13-21).
En la raíz de este pasaje late el recuerdo histórico de unos personajes bien concretos que han quedado desilusionados de Jesús y marchan (huyen) nuevamente a casa. Sobre la base del fracaso pascual, ha construido Lucas (quizá con tradiciones anteriores, reflejadas en Mc 16, 12) una bellísima parábola que evoca aspectos hondos del encuentro eucarístico y/o pascual de los cristianos. Comencemos leyendo el texto, fijemos su estructura dramática, marcando los diversos momentos de la trama, la acción de los agentes.
Al principio hallamos dos fugitivos de Jerusalén (que para Lucas es principio y centro de la nueva comunidad). Son dos, como los varones de la tumba vacía, pues sólo así pueden ser testigos oficiales de aquello que han visto y oído. Escapan de la comunidad incrédula (que no ha escuchado el testimonio de las mujeres), pero Jesús les sale al paso y ellos, tras haberle descubierto en la fracción del pan, vuelven a Jerusalén, hallando a la comunidad reunida en confesión creyente: ¡ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón! (Lc 24, 34). Pero estos de Emaús responde: Ha resucitado y resucita cuando compartimos el pan.
No han ido con las mujeres al sepulcro, para ungir al cuerpo muerto, ni quedan en Jerusalén, como los otros; huyen. Es como si tuvieran más dolor; como si la aventura de Jesús hubiera terminado, como un bello y mentiroso engaño. Cuanto antes pudieran olvidarla mejor: parecen suponer que la vida no se puede edificar sobre recuerdos vacíos, palabras vanas, como las que dicen las mujeres del sepulcro (cf Lc 24, 11-22).
Escapan por los caminos del olvido imposible, y para que Cristo les haga retornar a su mensaje y vida necesitan más razones que la catequesis pascual de las mujeres:a ellas les bastaba el recuerdo de aquello que Jesús había dicho, al borde de su tumba vacía. Estos necesitan en pan partido y compartido con todos los pobres del mundo. Estos necesitan toda la Escritura y la fracción del pan: tendrán que ver a Jesús para creer, aunque no necesitarán fijarse de un modo detallado en sus manos y pies (como la iglesia pascual de Jn 20, 20 y Lc 24, 40). De esa manera, su misma incredulidad se hará motivo de una más honda y larga catequesis.
Empecemos leyendo el texto, saquemos nuestra Biblia, Lc 23. Ésta será nuestra catequesis de pascua. Son muchos los motivos que podemos destacar en esta catequesis de la pascua. Ningún comentario suple su lectura directa del texto.
[Fugitivos, Emaús]
Y dos de ellos (del grupo de los Once y los otros: cf. Lc 24, 9) caminaban aquel mismo día hacia una aldea llamada maús…
[Presencia de Jesús] Y ellos dialogaban entre sí sobre todas estas cosas que habían acontecido.Y sucedió que mientras dialogaban y hablaban el mismo Jesús se acercó y caminaba con ellos.
[Ojos cerrados] Y sus ojos estaban cerrados, para no reconocerle. Y él les dijo:– ¿Qué son esas palabras que decís entre vosotros, mientras camináis? Y ellos se pararon tristes. Y uno, llamado Cleofás, le dijo:
– ¿Eres tú el único habitante de Jerusalén que ignoras las cosas que han pasado en ella en estos días? Y les preguntó: ¿Cuáles?Y ellos le dijeron:
[Las cosas de Jesús] – Las referentes a Jesús de Nazaret, que fue varón profeta,poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo, cómo le entregaron nuestros sacerdotes y jefes, juzgándole a muerte y le crucificaron .Nosotros esperábamos que él fuera quien debía redimir a Israel,pero con todas estas cosas, han pasado ya tres días desde que esto ha sucedido.
[Mujeres] Ciertamente, algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado,pues han ido muy temprano al monumento y, no encontrando su cuerpo,han venido diciendo que han visto una visión de ángeles,que les han dicho que está vivo.
[Sepulcro vacío] ero algunos de los nuestros han ido al monumentoy han encontrado que es cierto lo que decían las mujeres,pero a él no le han visto (Lc 24, 13-21).
Huyen de Jerusalén, que les vacía del Cristo, buscan un refugio en Emaús. Ellos representan a todos los que han hecho camino de evangelio, pero después se decepcionan. No pueden entender la Cruz que dura hasta el tercer día, no saben situar la muerte del pretendiente mesiánico en el esquema salvador del reino. El signo del pan ha terminado; Jesús no tiene «pan» de reino (el que ellos quieren)… Ellos son el signo de los decepcionados de la humanidad, de los vencidos de Israel de lo que querían un reino de poder y de dominio… y lo han perdido, porque Jesús ha muerto.
No han podido resistir el fracaso de Jesús. Son los que querian coronas, millonrd de dinero. Han estado con Jesús por interésd, pero se marchna… Su historia es un relatode de perdedores mesiánicos orgullosos, hombres (¿un hombre y una mujer?) que van de retirada, envueltos en tristeza. Desde aquí se entienden las dos palabras principales de su discurso:
– ¡Pensábamos que tenía que redimir a Israel! Se han situado ante Jesús, le han visto y oído, han recibido el impacto de sus signos. Por eso, le definen como varón profeta, poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante el pueblo. En aquel duro tiempo de dolores y esperanzas, muchos actuaron como profetas de Dios, ofreciendo al pueblo un mensaje de salvación. Conforme a la terminología del tiempo, redimir a Israel significa liberar al pueblo del yugo de los enemigos, estableciendo desde Jerusalén un reino mesiánico de paz y concordia universal.
Las perspectivas de ese reino podían variar, según los textos proféticos (Isaías, Ezequiel) y apocalípticos (Daniel, 1 Henoc etc). Es evidente que Jesús ha suscitado una esperanza de ese tipo, como han entendido no sólo aquellos que le han condenado a muerte (sacerdotes de Jerusalén, procurador romano), sino sus mismos discípulos. Esto significa que, humanamente hablando, su vida y mensaje había quedado, en este plano, abierto.
– Cómo le entregaron nuestros sacerdotes y jefes, en juicio de muerte, y (los romanos) le crucificaron.Todo judío sabía que el mesianismo era objeto de disputa y recelos entre los diversos grupos del pueblo, especialmente para las autoridades. Algunos esenios, como los de Qumrán, habían tenido que establecerse en el desierto para mantener su mesianismo, opuesto al de los sacerdotes de Jerusalén; también Juan Bautista, que anunciaba el juicio de Dios había sido asesinado por Herodes, rey semi-judío de Galilea y Perea. Otros pretendientes mesiánicos fueron también asesinados, según Flavio Josefo. Por eso, en algún sentido, la muerte de Jesús forma parte de las disputas mesiánicas judías de aquel tiempo; los sacerdotes y jefes de Jerusalén, defensores del orden sacral establecido, pensaron que era necesario entregarlo a los romanos, para bien del pueblo. Los romanos le crucificaron. Hasta aquí todo es duro pero, de alguna forma, cabe en las expectativas judías del tiempo, al menos según nuestro pasaje. Estos fugitivos de Jerusalén contaban con la posibilidad de la muerte del Mesías, aunque esperaban su vuelta inmediata.
– Pero con todas estas cosas, han pasado ya tres días desde que esto ha sucedido. Tres días son el tiempo de la culminación, signo de plenitud escatológica. Estos discípulos no se han escapado al ver la cruz alzada en el Calvario, tampoco en el momento del entierro, ni el día siguiente…, ni siquiera al comienzo del tercero. Han resistido tres días en Jerusalén, aunque al final les ha entrado el desencanto. Parece que el milagro debía suceder al comienzo de este tercer día, cuando las mujeres fueron al sepulcro, queriendo ungir el cuerpo. Pero no ha pasado nada: simples visiones, fantasía femenina en torno a un cenotafio. Los hombres han ido y han chocado ante ese monumento, hecho para recordar a Jesús y que no sirve absolutamente para nada, pues está vacío. Eso es lo que queda de Jesús: ¡Una tumba abierta! Evidentemente, estos dos hombres razonables, sin esperar que acabe el tercer día, día de la plenitud, escapan.
Viven una muerte sin pascua, un recuerdo de Jesús sin eucaristía, es decir, sin comida compartida, sin gozo ni esperanza escatológica. Por eso, estos discípulos escapan. No les hemos llamado fugitivos de Emaús, sino de Jerusalén, pues de Jerusalén y de su entorno escapan: huyen, sin duda, de los sacerdotes que han matado a Jesús y de Dios que no le ha respondido. Rechazan la visión de las mujeres, que parecen empeñadas en tejer una red de fantasías en torno al pretendiente asesinado.Evidentemente, escapan sin escaparse, como indica su mismo lenguaje: por eso siguen hablando de unas mujeres de nuestro grupo (que han visto visiones y nos han sobresaltado) y de unos hombres de los nuestros (que no han visto nada…).
Escapan, pero se sienten vinculados a la historia de Jesús. Huyen de Jerusalén, pero (al menos en el recuerdo y desencanto) siguen siendo del grupo que Jesús ha reunido, en torno a su mensaje y su persona. Hasta entonces, la misma cercanía sorprendente de Jesús (hombre poderoso en obras y palabras) les mantenía protegidos. Ahora, sólo ahora, en el hueco de su muerte, deben mirar y buscar de verdad lo que buscaban. Este es el día tercero, tiempo de la verdad: cada uno de los actores del drama mesiánico de Jesús debe reaccionar, con la ayuda de Dios.
Fugitivos de Emaús, iglesia actual
Estos varones (¿varón y mujer?) representan a todos los cristianos, tentados de escapar, dejando a las mujeres con sus “ilusiones” y al resto de la comunidad con su falta de fe, ante la tumba vacía. Resulta sintomático que un Documento básico del CELAM, de la Conferencia Eclesial Latino-americaca (Santo Domingo, 1992) haya situado al conjunto de la iglesia ante este icono pascual. Ciertamente, este relato es un espejo de nuestra eucaristía. Estamos como en aquellos tiempos. Unas mujeres lloran ante la tumba vacío, otros huyen. Esto es la iglesia. Las mujeres creyentes (cf. Lc 24, 1-8)toman en serio el recuerdo y palabra de Jesús; ellas mantienen viva la fe de la iglesia y sobresaltan a los apóstoles oficiales. Pero estos fugitivos piensan que ellas siguen atadas a la tumba.
Los jerarcas (apóstoles) están en Jerusalén, en un tipo de gran curia eclesia miedosa. Parecen indecisos: van al sepulcro en busca de confirmaciones exteriores, son incapaces de escuchar la auténtica palabra y de asumir un liderazgo creador en la comunidad cristiana.
También los fugitivos, parecen formar parte del grupo dirigente, pero escapan,huyendo de su propia historia, del pasado de su encuentro con Jesús. Con un podo de humor diría que son cardenales fracasados de la gran iglesia…
. Escapan y sin embargo siguen hablando de Jesús, como si tuvieran necesidad de recrear su recuerdo, de recuperar su figura. Uno se llama Cleofás (24, 18). El otro, que puede ser varón o mujer (quizá mejor mujer) permanece innominado. Huyen de Jesús y de la eucaristía y, sin embargo, serán comienzo de una nueva eucaristía pascual.
La experiencia fundante de pascua sigue siendo un enigma. Pero Lucas nos ayuda a penetrar en algunos de sus motivos principales, distinguiendo entre los grupos de la iglesia. Muchos investigadores han elevado preguntas a su texto. ¿Por qué sitúa la meta de la huida en Emaús, que está en Judea, y no en Galilea, como suponía Mc 14, 28? ¿Por qué presenta como fugitivos a estos dos, y no al conjunto de los apóstoles? ¿Por qué ha centrado la experiencia pascual en Jerusalén y no en Galilea, como Mc 16, Mt 28 y Jn 21? Nadie ha escrito, que yo sepa, un relato histórico fiable sobre el desarrollo de los acontecimientos pascuales.
Recuperar el pasado: la «homilía» del peregrino desconocido (Lc 24, 25-27).
Estos fugitivos han abandonado la comunidad donde parecen reunidos otros discípulos incrédulos con las mujeres creyentes (cf. Lc 24, 9-10.33-35). Este sería el comienzo del fin: empieza a disgregarse el grupo que Jesús había formado. Escapan de él, pero le llevan en su mente y conversación (cf. 24, 14). Pues bien, su mismo alejamiento será principio de nuevo encuentro. Muchas veces resulta necesaria la distancia: separarse del lugar de la experiencia inmediata, tomar tiempo para revivir lo que ha pasado.
Para comprender el relato de los discípulos de Emaús hay que olvidar todo lo leído en los días pasados, desde la Vigilia del Sábado Santo, a propósito de las apariciones de Jesús. Porque Lucas ofrece una versión peculiar de los acontecimientos. Al final de su evangelio cuenta solo tres apariciones:
1) A todas las mujeres, no a dos ni tres, se aparecen dos ángeles cuando van al sepulcro a ungir el cuerpo de Jesús.
2) A dos discípulos que marchan a Emaús se les aparece Jesús, pero con tal aspecto que no pueden reconocerlo, y desaparece cuando van a comer.
3) A todos los discípulos, no sólo a los Once, se aparece Jesús en carne y hueso y come ante ellos pan y pescado.
Dos cosas llaman la atención comparadas con los otros evangelios: 1) las apariciones son para todas y para todos, no para un grupo selecto de mujeres ni para sólo los once. 2) La progresión creciente: ángeles – Jesús irreconocible – Jesús en carne y hueso.
Jesús, Moisés, los profetas y los salmos
Un elemento común a los tres relatos de Lucas son las catequesis. Los ángeles hablan a las mujeres, Jesús habla a los de Emaús, y más tarde a todos los demás. En los tres casos el argumento es el mismo: el Mesías tenía que padecer y morir para entrar en su gloria. Un mensaje tan escandaloso y difícil de aceptar requiere ser tratado con insistencia. Pero, ¿cómo se demuestra que el Mesías tenía que padecer y morir? Los ángeles aducen que Jesús ya lo había anunciado. Jesús, a los de Emaús, se basa en lo dicho por Moisés y los profetas. Y el mismo Jesús, a todos los discípulos, les abre la mente para comprender lo que de él han dicho Moisés, los profetas y los salmos. La palabra de Jesús y todo el Antiguo Testamento quedan al servicio del gran mensaje de la muerte y resurrección.
La trampa política que tiende Lucas
Para comprender a los discípulos de Emaús hay que recordar el comienzo del evangelio de Lucas, donde distintos personajes formulan las más grandes esperanzas políticas y sociales depositadas en la persona de Jesús. Comienza Gabriel, que repite cinco veces a María que su hijo será rey de Israel. Sigue la misma María, alabando a Dios porque ha depuesto del trono a los poderosos y ensalzado a los humildes, porque a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Los ángeles vuelven a hablar a los pastores del nacimiento del Mesías. Zacarías, el padre de Juan Bautista, también alaba a Dios porque ha suscitado en la casa de David un personaje que librará al pueblo de Israel de la opresión de los enemigos. Finalmente, Ana, la beata revolucionaria de ochenta y cuatro años, habla del niño Jesús a todos los que esperan la liberación de Jerusalén. Parece como si Lucas alentase este tipo de esperanza político-social-económica.
Del desencanto al entusiasmo
El tema lo recoge en el capítulo final de su evangelio, encarnándolo en los dos de Emaús, que también esperaban que Jesús fuera el libertador de Israel. No son galileos, no forman parte del grupo inicial, pero han alentado las mismas ilusiones que ellos con respecto a Jesús. Están convencidos de que el poder de sus obras y de su palabra va a ponerlos al servicio de la gran causa religiosa y política: la liberación de Israel. Sin embargo, lo único que consiguió fue su propia condena a muerte. Ahora sólo quedan unas mujeres lunáticas y un grupo se seguidores indecisos y miedosos, que ni siquiera se atreven a salir a la calle o volver a Galilea. A ellos no los domina la indecisión ni el miedo, sino el desencanto. Cortan su relación con los discípulos, se van de Jerusalén.
En este momento tan inadecuado es cuando les sale al encuentro Jesús y les tiene una catequesis que los transforma por completo. Lo curioso es que Jesús no se les revela como el resucitado, ni les dirige palabras de consuelo. Se limita a darles una clase de exégesis, a recorrer la Ley y los Profetas, espigando, explicando y comentando los textos adecuados. Pero no es una clase aburrida. Más tarde comentarán que, al escucharlo, les ardía el corazón.
El misterioso encuentro termina con un misterio más. Un gesto tan habitual como partir el pan les abre los ojos para reconocer a Jesús. Y en ese mismo momento desaparece. Pero su corazón y su vida han cambiado.
Los relatos de apariciones, tanto en Lucas como en los otros evangelios, pretenden confirmar en la fe de la resurrección de Jesús. Los argumentos que se usan son muy distintos. Lo típico de este relato es que a la certeza se llega por los dos elementos que terminarán siendo esenciales en las reuniones litúrgicas: la palabra y la eucaristía.
Del entusiasmo al aburrimiento
Por desgracia, la inmensa mayoría de los católicos ha decidido escapar a Emaús y casi ninguno ha vuelto. «La misa no me dice nada». Es el argumento que utilizan muchos, jóvenes y no tan jóvenes, para justificar su ausencia de la celebración eucarística. «De las lecturas no me entero, la homilía es un rollo, y no puedo comulgar porque no me he confesado». En gran parte, quien piensa y dice esto, lleva razón. Y es una pena. Porque lo que podríamos calificar de primera misa, con sus dos partes principales (lectura de la palabra y comunión) fue una experiencia que entusiasmó y reavivó la fe de sus dos únicos participantes: los discípulos de Emaús. Pero hay una grande diferencia: a ellos se les apareció Jesús. La palabra y el rito, sin el contacto personal con el Señor, nunca servirán para suscitar el entusiasmo y hacer que arda el corazón.
Los discípulos de Emaús
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
― ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:
― ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?
Él les preguntó:
― ¿Qué?
Ellos le contestaron:
― Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.
Entonces Jesús les dijo:
― ¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:
― Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron:
― ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
― Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Comentarios desactivados en III Domingo de Pascua. 23 de abril, 2023.
“Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.”
Nos ponemos en marcha, en camino, como los dos discípulos que iban a Emaus.
Y es que esto de la resurrección es un proceso.
La Vigilia Pascual tiene un día señalado en el calendario pero el encuentro de cada una con el resucitado no tiene por qué coincidir. Tampoco las primeras discípulas de Jesús se encontraron con el resucitado en el mismo momento ni de la misma manera.
Dios es mucho más original, mucho más sorprendente y, sobre todo, mucho más delicado. Nos conduce y sabe lo que necesitamos.
Sabe que hay personas que no pueden esperar a que amanezca y que llegarán al sepulcro al despuntar la aurora, como María Magdalena, sabe que otras correrán y creerán, al mismo tiempo que otras tomarán el camino contrario alejándose de Jerusalén, de Jesús.
Los dos de Emaus se marchan abrumados por una realidad que a sus ojos tiene un único nombre: FRACASO. Mientras caminan comparten sus esperanzas rotas. Conversan y discuten. Se hacen preguntas. Pero andan enredados en un torbellino sin salida.
Así el resucitado se hace presente sin ser reconocido y lo primero que hace es escucharles. Dejar que desahoguen el corazón.
¡Cuánta ternura y delicadeza en este gesto del resucitado! Él, que conoce mejor que nadie lo que ha sucedido, se deja contar la historia por dos discípulos que van abandonando el seguimiento…
Jesús sigue empeñado en que no se pierda ni uno solo y hace con cada una de nosotras el camino. Aun cuando el camino sea equivocado.
Sabe que lo mejor para nosotras es que Le sigamos, pero cuando la vida nos llena de dudas y decidimos caminar otro camino, nos acompaña. Pierde el tiempo con nosotras. Nos escucha, nos habla. Se toma tiempo para transformarnos.
Hace arder nuestros corazones.
Oración
Nuestra oración de hoy puede ser la misma súplica de los dos de Emaus: “-¡Quédate con nosotras porque atardece y el día va de caída! ¡Quédate!
Comentarios desactivados en A Jesús vivo debo encontrarlo en el otro.
DOMINGO 3º DE PASCUA(A)
Lc 24,13-35
Por tercer domingo consecutivo se nos propone un relato enmarcado en el “primer día de la semana”. Estos dos discípulos pasan de creer en un Jesús profeta, pero condenado a una muerte destructora, a descubrirlo vivo y dándoles Vida. De la desesperanza pasan a vivir la presencia de Jesús. Se alejaban de Jerusalén tristes y decepcionados; vuelven a toda prisa, contentos e ilusionados. El pesimismo les hace abandonar el grupo, el optimismo les obliga a volver para contar la gran noticia (todo según el relato).
El encuentro de los dos discípulos de Emaús con Jesús es un prodigio de teología narrativa. En ella podemos descubrir el verdadero sentido de los relatos de apariciones. El objetivo de todos ellos es llevarnos a participar de la experiencia pascual que los primeros seguidores de Jesús vivieron. En ningún caso intentan dar noticias de acontecimientos puntuales. Los discípulos de Emaús no son personas concretas, sino personajes. Lucas no quiere informarnos de lo que pasó una vez, sino de lo que está pasando cada día.
Es Jesús quien toma la iniciativa, como sucede siempre en los relatos de apariciones. Los dos discípulos se alejaban de Jerusalén decepcionados por lo que había pasado a Jesús. Solo querían apartar de su cabeza aquella pesadilla. Pero a pesar del desengaño sufrido por su muerte y muy a pesar suyo, llevan a Jesús en su corazón y van hablando de él. Lo primero que hace es invitarles a desahogarse, les pide que manifiesten su amargura. La utopía que les había arrastrado a seguirlo, había dado paso a la más absoluta desesperanza. Pero su mente todavía estaba con él, a pesar de su horrible muerte.
En este sutil matiz podemos descubrir una pista para explicar lo que sucedió a los primeros seguidores. La muerte les destrozó, y pensaron que todo había terminado; pero a nivel subconsciente, permaneció un rescoldo que terminó siendo más fuerte que las terribles evidencias tangibles. En el relato de la conversión de Pablo podemos descubrir algo parecido. Perseguía con ahínco a los cristianos, pero sin darse cuenta, estaba subyugado por la figura de Jesús y en un momento determinado, cayó del burro.
La manera en que el relato describe el reconocimiento (después de haber caminado y discutido con él durante tres kilómetros) y la instantánea desaparición, nos indican claramente que la presencia de Jesús, después de su muerte, no es la de una persona normal. Algo ha cambiado tan profundamente, que los sentidos ya no sirven para reconocer a Jesús. Estos detalles nos vacunan contra la tentación de interpretar de manera física los relatos que nos hablan de Jesús después de su muerte.
Nosotros esperábamos… Esperaban que se cumplieran sus expectativas. No podían sospechar que ya se habían cumplido. Fijaos bien cómo refleja esa frase nuestras propias decepciones. Esperamos que la Iglesia… Esperamos que el Obispo… esperamos que el concilio… Esperamos que el Papa… Esperamos lo que nadie puede darnos desde fuera y surge la desilusión. Lo que Dios puede darnos ya lo tenemos. El desengaño es fruto de una falsa esperanza. Por seguir esperando lo que Jesús ya nos está dando, llega la desilusión.
Según el relato, no es Jesús el que cambia para que le reconozcan, son los ojos de los discípulos los que se abren y se capacitan para reconocerle. No se trata de ver algo nuevo, sino de ver con ojos nuevos lo que tenían delante. No es la realidad la que debe cambiar para que nosotros la veamos. Somos nosotros los que tenemos que descubrir la realidad de Jesús Vivo, que tenemos delante de los ojos, pero que no apreciamos. Hay momentos y lugares donde se hace presente Jesús de manera especial, si sabemos mirar.
1) En el camino de la vida. Después de su muerte, Jesús va siempre con nosotros en nuestro caminar. Pero el episodio nos advierte que es posible caminar junto a él y no reconocerlo. Habrá que estar más atento si, de verdad, queremos entrar en contacto con él. Es una crítica a nuestra religiosidad demasiado apoyada en lo externo. A Jesús no lo vamos a encontrar en el templo ni en los rezos ni en los ritos sino en la vida real, en el contacto con los demás. Si no lo encontramos ahí, cualquier otra presencia será engañosa.
La concepción dualista que tenemos del mundo y de Dios nos impide descubrirlo. Con la idea de un Dios creador que se queda fuera del mundo, no hay manera de verle en nuestra realidad cotidiana. Pero Dios no es lo contrario del mundo, ni el Espíritu es lo contrario de la materia. La realidad es sensible, pero en la realidad podemos distinguir otro aspecto. Desde el deísmo que considera a Dios como un ser separado y paralelo de los otros seres, será imposible descubrir en las criaturas la presencia de la divinidad.
2) En la Escritura. Si queremos encontrarnos con el Jesús que da Vida, tenemos en las Escrituras un eficaz instrumento. Pero el mensaje de la Escritura no está en la letra sino en la vivencia espiritual que hizo posible el relato. La letra, los conceptos no son más que el soporte en el que se ha querido expresar la experiencia de Dios. Dios habla únicamente desde el interior de cada persona, porque el único Dios que existe es el que fundamenta cada ser. Dios solo habla desde lo hondo del ser. Esa experiencia, expresada, es palabra humana, pero volverá a ser palabra de Dios si nos lleva a la vivencia.
3) Al partir el pan: No se trata de una eucaristía, sino de una manera muy personal de partir y repartir el pan. Referencia a tantas comidas en común, a la multiplicación de los panes, etc. Sin duda el gesto narrado hace también referencia a la eucaristía. Cuando se escribió este relato ya había una larga tradición de su celebración. Los cristianos tenían ya ese sacramento como el rito fundamental de la fe. Al ver los signos, se les abren los ojos y le reconocen. Fijaos, un gesto es más eficaz que toda una perorata sobre la Escritura.
4) En la comunidad reunida. Cristo resucitado solo se hace presente en la experiencia de cada uno, pero solo la experiencia compartida me da la seguridad de que es auténtica. Por eso él se hace presente en la comunidad. La comunidad (aunque sean dos) es el marco adecuado para provocar la vivencia. La experiencia compartida empuja al otro en la misma dirección. El ser humano solo desarrolla sus posibilidades de ser, en la relación con los demás. Jesús hizo presente a Dios amando, es decir, dándose a los demás. Esto es imposible si el ser humano se encuentra aislado y sin contacto alguno con el otro.
El mayor obstáculo para encontrar a Cristo hoy es creer que ya lo tenemos. Los discípulos creían haber conocido a Jesús cuando vivieron con él; pero aquel Jesús, que creían ver, no era el auténtico. Solo cuando el falso Jesús desaparece, se ven obligados a buscar al verdadero. A nosotros nos pasa lo mismo. Conocemos a Jesús desde la primera comunión, por eso no necesitamos buscarle. El verdadero Jesús es nuestro compañero de viaje, aunque es muy difícil reconocerlo en todo aquel que se cruza en nuestro camino.
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