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En busca del tesoro.

domingo, 30 de julio de 2023
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IMG_0079Domingo XVII del Tiempo Ordinario

30 julio 2023

Mt 13, 44-52

Seamos o no conscientes de ello, existir implica buscar, por más que, en ese recorrido, puedan darse todo tipo de actitudes, que van desde la apatía escéptica hasta la pasión ansiosa o la desesperanza.

De entrada, nos percibimos como seres que se definen por su necesidad y su carencia, por lo que empezamos dirigiendo nuestra búsqueda hacia el exterior: tiene que haber “algo”, en algún lugar, que colme mi necesidad y sacie mi anhelo. Y ahí, según las situaciones y condiciones de cada cual, se abre todo un abanico de opciones, en las que proyectamos la respuesta ansiada.

Sin embargo, toda esa búsqueda acabará en frustración, ya que, aun sin advertirlo, nos habíamos equivocado de dirección: no hay nada “ahí afuera” capaz de saciar nuestro anhelo.

Esto explica que, llegados a un momento determinado, tras haber padecido alguna que otra frustración y atravesado alguna que otra crisis, nos preguntemos si no será necesario cambiar la mirada, dirigiéndola hacia nuestro interior. En ese momento es cuando iniciamos el llamado “camino espiritual” (o, simplemente, profundo). Es el camino de “vuelta a casa”.

Lo que sucede es que la dinámica de ese camino se va a ver modificada de manera sustancial. Tal vez, aunque sea en nuestro interior, todavía sigamos buscando, en la creencia errónea de que el “tesoro” es algo diferente a lo que ya somos. De nuevo, serán necesarias frustraciones y crisis, hasta llegar a comprender que, en lo profundo, somos ya eso que andamos buscando.

El tesoro siempre había estado aquí, pero éramos incapaces de reconocerlo. No había que conquistarlo, sino simplemente descubrirlo. Es entonces cuando toda búsqueda cesa -más aún, descubres que la propia búsqueda te alejaba del tesoro, porque te estabas diciendo que este se hallaba en “otro lugar”-. Lo que ha quedado es un “caer en la cuenta” de lo que realmente somos, más allá de la forma en que nos manifestamos.

Y lo que somos -lo que alienta, impulsa, sostiene y constituye nuestra persona- es aquello que sostiene a todos los seres, aquello de lo que, en último término, está hecho todo lo real. Somos consciencia pura, plenitud de presencia. A partir de ahí se abrirá un camino de integrar lo reconocido y dejarnos vivir en coherencia con ello. Pero habrá cesado la ignorancia original y la ansiedad insaciable.

Y comprendemos entonces la sabiduría que encierran las palabras de Nisargadatta: “Deja de buscar; déjate encontrar”.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Lo que más te importa en la vida es tu «dios», tu tesoro

domingo, 30 de julio de 2023
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Sin títuloDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Un corazón sensato y sabio.

    En la primera lectura (1Reyes) hemos escuchado lo que Salomón le pide a Dios. Salomón no le pide a Dios poder, ni escaños parlamentarios, ni una economía solvente. Sino que le pide: da a tu siervo un corazón dócil. Podía haber pedido al Señor otras cosas: poder, armas, etc., pero le pidió un corazón dócil, comprensivo y esa fue su Sabiduría.

Salomón le pide a Dios un corazón sabio y sensato. Dios se lo concede.

    Esta podría ser también nuestra oración: concédenos, Señor, tener cabeza en la vida y buen corazón. Es lo que dice el salmo 89: Enséñanos a calcular nuestros años para que tengamos un corazón sensato.

    El Señor no se molestó por la actitud de Salomón de sentirse débil, por sus dudas, sus búsquedas, sino más bien al contrario: al Señor le agradó que Salomón le hubiera pedido honradez y sensatez en la vida

        Vivir la vida con sensatez …

01.- Lo más central en la vida de una persona es el que se toma absolutamente en serio

Durante estos últimos domingos venimos escuchando en el evangelio alusiones y parábolas de lo que constituye el centro del pensamiento y de la actividad de Jesús: el Reino e los cielos. “El Reino de los cielos” se parece a la siembra, a un tesoro, a la perla fina…

El Reino de Dios, el Reino de los cielos, es el símbolo bíblico para expresar el deseo, esfuerzo y nostalgia de vivir bajo la acción y valores de Dios. Jesús se pasó la vida sembrando este Reino de Dios y nos dejó esta hermosa y noble tarea: Seguir sembrando el Reino.

    Lo más importante, el acto más central en la vida de una persona es aquello por lo que está dispuesto a entregarlo todo, incluso la vida y, al mismo tiempo está también dispuesto a dejarlo todo.

    Mañana, 31 de julio, celebramos la fiesta de San Ignacio. La primera meditación de los Ejercicios es “principio y fundamento” de la vida, que es otro modo de decir y plantear: ¿cuál es el centro, lo esencial y decisivo de nuestra vida? ¿Qué es lo absoluto en mi vida?

    Conviene ser sensatos y no equivocarse a la hora de elegir el eje de la existencia, la piedra angular, el tesoro de nuestra vida.

    El hombre de hoy sigue siendo tan religioso o siente la misma necesidad de absoluto que San Ignacio o que en los tiempos de Cristo. Lo que ha cambiado a este respecto no es el ser humano, sino los “reinos”, “los tesoros”, las “piedras preciosas”,  “los ídolos”. Muchos de nuestros conciudadanos tienen como horizonte de su vida el placer, el poder de todo tipo, dinero, consumismo, la nación, etc.

Hemos rezado en el salmo 118: El Señor es la porción de mi vida, mi herencia en la vida. Tiene mucha hondura. Los tesoros de este mundo, las riquezas de esta vida son lo que son, son buenos, pero no fundamentan la existencia humana.

02.- Corazón y sabiduría.

    Son dos dimensiones que configuran la vida humana: el corazón (el sentimiento) y la inteligencia (la razón).  Tal vez nosotros empleamos más la razón y la ciencia. Por los vericuetos de la historia occidental ha predominado la Ilustración, el progreso, lo tecnológico.

    Ciertamente todas son dimensiones válidas, pero:

  • No es lo mismo la razón que la verdad. (No es lo mismo tener la razón, que ser sensato). Hay momentos o situaciones en lo que se puede tener ciencia y disciplina, pero no sensatez ni sabiduría. Se trata de tener sensatez y bondad en la vida.
  • Restregar la razón en la cara hace daño. No es humano echar en cara siempre la razón. Vivir siempre de la razón sin corazón, sin caridad, no es muy humano y menos cristiano.
  • Una razón sin caridad, (bondad) no es “verdad”, es algo de venganza.

Concluyo.

    Este domingo estival puede ofrecernos un momento para pensar:

¿Cuál es el tesoro de mi vida?

Ciencia tenemos, y nos sobra, pero ¿tenemos corazón?

¿Sabemos -sabiduría, saborear-  vivir sensatamente? ¿Sabemos, -sabiduría- vivir?

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Estad siempre alegres

sábado, 29 de julio de 2023
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Cuando voy andando por la calle y miro a las modelos de los anuncios, observo que casi ninguna sonríe. Las miradas son frías, sumisas o desafiantes, según lo que la publicidad pretenda vendernos. Pero la alegría está ausente de sus rostros. Y no alcanzo a entender cuál es el sentido de esta estrategia publicitaria.

Este es un síntoma más de cómo vivimos cotidianamente en nuestras sociedades «avanzadas y civilizadas». Las crisis permanentes que sufrimos no hacen más que incrementar el sentimiento de pesar, al comprobar que no hay salida ni futuro para millones de personas, en especial para las más vulnerables.

 Siempre que salen reportajes de televisión en los que nos muestran la situación de los países empobrecidos, a cooperantes que intentan transformar esa realidad, o si hemos tenido la suerte de visitar alguno de estos lugares, hay algo que nos asombra y sobrecoge, contemplando las condiciones en las que viven: los ojos de los niños y las niñas, muchas veces, se muestran vivaces, chispeantes, acogedores, y una sonrisa recorre su rostro transformándolo. Esto no quiere decir que estén felices ni contentos por vivir en la miseria, intentando sobrevivir cada día, sin más futuro que el día de hoy. Pero hay… un algo más que a nosotros nos falta.

La situación de nuestro país, y la de muchos de nuestro entorno, está a años luz de la que se vive en la mayoría de los estados más pobres y explotados de África, Asia o Latinoamérica. Incluso con los inhumanos recortes que han practicado los gobiernos neoliberales de turno, haciéndonos volver a experimentar realidades que no contemplábamos desde hace muchos años.

La alegría no viene de la mano de los bienes que poseemos o por tener asegurado el futuro, aunque para vivir gozosamente necesitemos de unos bienes imprescindibles, de unos servicios esenciales de educación, casa, trabajo y sanidad, de una vida con un mínimo de dignidad y seguridad.

Pero la alegría profunda, la que nos hace dichosos, la que nos invita a gozar de la existencia con una sonrisa en los labios, nace de algo más profundo, que radica en nuestro interior. Aceptándose a sí mismo como uno es, admitiendo cómo son los demás, gozando de las sorpresas que se nos regalan cada día, admirándonos ante lo inesperado que nos aguarda a la vuelta de la esquina, disfrutando de la vida en familia o con los amigos, estando satisfechos con lo que tenemos, sin pretender vivir por encima de nuestras posibilidades, o pasando por encima de quien sea para conseguir un mejor puesto de trabajo, comprometiéndonos por sembrar a nuestro alrededor semillas de solidaridad, entendimiento, armonía, diálogo, tolerancia, respeto, felicidad…

Una persona alegre, que regala una sonrisa a cualquier persona que encuentra en su camino, renueva y hace respirable, acogedor, el ambiente en el que se mueve. Necesitamos, en estos momentos de tanta desesperación, tristeza y desencanto, recuperar el don de la alegría, del gozo de sentirse querido, y repartiendo a la vez cariño a nuestro alrededor.

La dicha interior va ligada también al sentido del humor. Debemos reírnos mucho más de lo que lo hacemos habitualmente. Algo muy aconsejable para el bienestar personal es reírse de uno mismo. Y de algunas de las circunstancias que nos rodean. Un humor, una alegría, que no significa evasión del sufrimiento y de los problemas, sino un recurso imprescindible para mirar de otra manera los acontecimientos diarios, una ayuda vital para no caer en la desilusión.

«Felices quienes sueñan, e intentan hacer realidad sus sueños, y en ese esfuerzo, sea positivo o no, experimentan la dulzura de haber sembrado estrellas de alegría».

*

Miguel Ángel Mesa
Espiritualidad para tiempos de crisis,
coed. Desclée y Religión Digital

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad

«Aunque no veamos los frutos, los caminos se van abriendo «, por Consuelo Vélez

sábado, 29 de julio de 2023
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veamos-frutos-caminos-van-abriendo_2573752600_16614517_660x371De su blog Fe y Vida:

29.06.2023 Consuelo Vélez

El pasado 15 de junio se realizó el Webinar: “Teología feminista en prosa, poesía y critica: muchas voces en concierto”, organizado por el grupo “Tras las huellas de Sofía”, en el que participaron cinco reconocidas teólogas: Judith Ress, Carmiña Navia, Isabel Gómez-Acebo; Mary E. Hunt e Ivone Gebara. Compartieron de manera testimonial algo de su recorrido personal y teológico, además de los nuevos caminos que transitan (todas coincidían en su interés actual por la literatura). Al escucharlas surgía rápidamente la admiración por todos sus logros, el agradecimiento por el camino que han abierto y que siguen abriendo, el respeto por la vida comprometida que han llevado y que respalda todas sus palabras y el deseo sincero de poder aprender más de todos sus aportes y continuar todo el legado que han sabido sembrar a lo largo de sus años.

Pero junto a todo lo anterior también quedaban interrogantes que interpelan, preocupan, duelen, comprometen. Estas fueron algunas de sus expresiones en las que más de una coincidía: “estoy cansada de escribir ensayos teológicos”; “la teología es una disciplina innecesaria porque es algo de la cabeza y quiero escribir algo que toque el corazón”; “la cosmovisión cristiana no cuaja con los nuevos desarrollos de la ciencia”; “estamos llamadas a experimentar la realidad desde el mundo de las ancestras y los ancestros”; “que sea posible dejar la propia cosmología y abrazar otras sin tener crisis”; “escribir teología pero al margen de la teología sistemática racional, más desde el sentimiento y la vivencia diaria de las mujeres”; “me encuentro en los límites de la Iglesia católica oficial con sus imaginarios patriarcales sobre Dios que no les dicen nada a las personas de este siglo XXI”; “es una etapa de más asombro o de más silencio ante el misterio”; “ya no me ubico en la teología como ciencia, con aparato científico; para mi edad ya es aburrido buscar aparatos científicos”; “tengo más preguntas que respuestas hechas”; “me molestan los feminismos radicales que son más dogmáticos que el mismo dualismo patriarcal”; “los discursos cristianos son de una inutilidad enorme, lo mismo las reglas morales y éticas que sigue formulando el clero diciendo que eso es lo que Dios quiere o no quiere, como si ellos fueran Dios”; “estamos en un tiempo histórico que ha superado la teología”; “ya nadie lee teología; en cambio, si leen novelas”. En fin, todas estas frases que casi las transcribo literalmente -aunque puede haber alguna pequeñísima variación- fueron expresándose a lo largo del webinar y es sobre las que quiero compartir algunas de las reflexiones que me suscitaron.

Estoy totalmente de acuerdo con que estamos en un nuevo momento en el que ya muchas de las tradiciones, expresiones, costumbres, visiones, definiciones, propuestas, metodologías, etc., que ostenta el cristianismo, ya no están diciendo casi nada a muchas personas, especialmente, a los/as jóvenes. Por esa misma razón la mayoría de mis escritos giran en torno a buscar actualizar la manera de comprender la revelación cristiana, de vivir la liturgia, la pastoral; insisto en entender la Sagrada Escritura -que considero ‘alma de la teología’ como afirmó Vaticano II- de una manera adecuada: dejando de lado todo literalismo para abrirnos a la pregunta hermenéutica: ¿qué quisieron decir los escritores sagrados para su tiempo y que podrían decir para el nuestro?

La reflexión sistemática busco hacerla desde las preguntas del contexto, desde la vida. Mis estudiantes conocen bien que mis clases de teología sistemática siempre están relacionadas con la vida concreta y que intento mostrar cómo aquello que se teologiza no es una teoría teórica sino una teoría que explica o sistematiza la vida para mejor entenderla y así poder recrear e impulsar nuevas prácticas en la existencia concreta. Hasta aquí, no estoy diciendo nada nuevo porque esta manera de proceder es el método latinoamericano, un método inductivo y encarnado en la realidad. Pero me atrevo a repetirlo porque ante algunas frases sobre la teología racional como innecesaria me permito disentir, al menos frente a la teología que intento hacer y que muchas personas hacen, donde se mantiene la tensión entre lo intelectual, lo afectivo, lo experiencial. Por eso no me parece adecuado generalizar así sobre la teología porque se pueden crear aprehensiones que no en todos los casos son justas. Si estas grandes teólogas no hubieran plasmado en teorías teológicas sus experiencias religiosas, ese legado no podría ser conocido más allá de su entorno inmediato, ni podría enriquecer a las generaciones siguientes. Pero es legítimo que los intereses vayan cambiando y haya nuevas dedicaciones. Pero me encantaría que no sientan cansancio ante la teología que hicieron, ni crean que es innecesaria.

Sobre vivir en los límites de la Iglesia católica oficial, va siendo la postura asumida por más personas porque a la Iglesia oficial no le interesa escuchar sus aportes, no quiere desinstalarse y, sobre todo, no quiere cambiar. Pero, al mismo tiempo diría a las teólogas, que con la riqueza que vamos teniendo desde nuestro trabajo teológico, no estamos en los límites sino en el corazón de la Iglesia, haciendo vida lo que reflexionamos, creemos, testimoniamos. El reino anunciado por Jesús no fue acogido por el centro, pero fue vivido en los límites y eso sigue vigente para el hoy. O, mejor aún, podríamos no hablar de límite ni de centro sino de lo que nadie nos puede impedir vivir, fruto de la propia coherencia con aquello que vivimos, teorizamos, practicamos.

Sobre los comentarios de las teologías feministas no me hago mucho problema porque hay tantas teologías feministas como teólogas. No tenemos por qué ser un colectivo homogéneo, como no lo han sido los teólogos de la liberación -a cada uno le respetan su teología y lo nombran individualmente-, ni tampoco las teologías renovadas europeas, con sus múltiples variantes en las que se habla de teólogos más que de colectivos. Creo que los aportes de las teólogas feministas han de individualizarse más y darle nombre propio a lo que cada una va proponiendo, sabiendo que no coinciden todas las propuestas, pero no por esto desvalorizar este horizonte de reflexión que nos ha permitido visibilizar a las mujeres en la Sagrada Escritura, en la teología, en las iglesias.

Finalmente, al final del webinar (y que me disculpen las teólogas si las interpreté mal) me hubiera gustado menos cansancio y más fuerza, menos decepción y más resistencia, menos pesimismo y más esperanza. Con esto no digo que estas teólogas no tengan todo esto y, precisamente, desde su dedicación actual a la literatura, muestran que siguen caminando con la riqueza de sus propias vidas. Pero quisiera recordar que, aunque no se vean con tanta claridad los frutos y, por eso, el cansancio surja, los caminos se van abriendo y nada de lo realizado se pierde. De hecho, como dice el evangelio de Juan: “porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador” (4, 37).

(Foto tomada de: https://losvalores.org/que-es-la-esperanza/)

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«Religarnos. Más allá del monopolio de la religión», el nuevo libro de Elías Fernández, en Kairós

sábado, 29 de julio de 2023
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‘Religarnos. Más allá del monopolio de la religión’ (Kairós, 2023), es el segundo libro de una trilogía en la que busco pensar en la intersección entre la mística, la filosofía y las luchas sociales

El libro consta de cinco partes y se desarrolla a dos niveles de interpretación. Cada una de las cinco partes trata una problemática específica, de tal modo que juntas completan el tejido del argumento que quiero presentar

Religarnos‘ quiere impulsar un debate en torno a la dimensión religiosa del colapso actual, así como invitar a reflexionar en serio el papel de la mística en la construcción de alternativas

La crítica a la religión se ha convertido en un lugar común. Abundan tanto las denuncias a sus abusos históricos e institucionales como las propuestas que apelan por una «espiritualidad sin religión». De lo que no se ha hablado suficientemente es de su papel en la crisis civilizatoria.

Este libro denuncia la dimensión religiosa de la crisis actual. Desvela a la religión como el monopolio radical que secuestra las capacidades personales y colectivas para relacionarnos con el Misterio, enajenándonos de la realidad en aras de un proyecto de mundo puramente artificial. El autor se aleja en su análisis tanto de las religiones institucionalizadas como de los rostros de la espiritualidad asimilada por el mercado. Busca la recuperación de la relación personal y comunitaria con la misteriosidad de lo real a través de la amistad y el retorno a los sentidos.

Religarnos. Más allá del monopolio de la religión (Kairós, 2023), es el segundo libro de una trilogía en la que busco pensar en la intersección entre la mística, la filosofía y las luchas sociales. El primer tomo, titulado El dinamismo místico. Mística, resistencia epistémica y creación del mundo nuevo (Aliosventos, 2022), se concentró en la pregunta por el saber místico y su pertinencia en la creación del mundo nuevo. En esta segunda entrega, mi intención es ofrecer una crítica a la religión y, junto con ella, a la sociedad contemporánea.

El libro consta de cinco partes y se desarrolla a dos niveles de interpretación. El primer nivel busca presentar una crítica sociohistórica al dispositivo “religión”, exponiendo genealógicamente la construcción del dispositivo y su papel dentro del sistema-mundo actual, subrayando la monopolización de la dimensión espiritual del ser humano. El segundo nivel -de orden más filosófico- trata de leer a la religión como una pretensión distópica y desproporcional por la cual la humanidad ha querido crear su propia realidad independientemente de los ciclos y ritmos de la vida. A esta pretensión le he nombrado como “artificialeza”, enfatizando la aspiración a construir un mundo totalmente artificial.

Religarnos_CBCada una de las cinco partes trata una problemática específica, de tal modo que juntas completan el tejido del argumento que quiero presentar. En la primera parte, ofrezco un desarrollo de la artificialeza en términos de colapso y crisis civilizatoria. Se describe el horror que atraviesa nuestras sociedades en tanto un afán por vivir desde mitos desencarnados que no se retroalimentan con la realidad, sino que, por el contrario, buscan implantar su propio proyecto en detrimento de todo aquello que sea diferente.

La segunda parte se enfoca en la crítica específica a la religión en tanto monopolización de la espiritualidad. También se evidencía la relación de la religión con el patriarcado, el colonialismo, la violencia sacrificial y el capitalismo. La tercera dialoga con distintas resistencias de comunidades y pueblos que enfatizan la dimensión comunal y convivial. En esta tercera parte se desglosa el argumento de la recuperación de los verbos frente a la sustantivación de la vida, de tal manera que hablemos no ya de salud sino de sanar -por ejemplo-, tomando la capacidad personal y colectiva de vivir nuestra propia vida.

Lejos de encontrar la respuesta en la máxima “espiritualidad sin religión”, en la cuarta parte analizo las supuestas “espiritualidades alternativas” que en realidad han caído bajo la lógica del mercado, repitiendo los mismos patrones que sus antecesoras institucionales. Finalmente, la quinta parte concretiza la reflexión en una propuesta de mística arraigada en la tierra, encarnada en el mundo y auténticamente alternativa a las lógicas civilizatorias que nos hunden en la catástrofe.

Religarnos quiere impulsar un debate en torno a la dimensión religiosa del colapso actual, así como invitar a reflexionar en serio el papel de la mística en la construcción de alternativas. Se agradece a la editorial Kairós por creer en este proyecto.

Fuente Religión Digital

Biblioteca, Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Hinduísmo, Islam, Judaísmo , , , ,

Silencio

viernes, 28 de julio de 2023
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Del blog Nova Bella:

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No es que el silencio no hable,

lo que no hace es dejar ecos.

*

Hugo Mugica

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Jesús Lozano Pino: Dios es amor y si no, merece que lo matemos. ¿Qué Dios ha muerto? Lo daban por muerto, pero sigue vivo (II).

viernes, 28 de julio de 2023
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Dios-amor_2338276186_15542336_660x371Fijémonos una vez más en la figura del Jesús de los Evangelios. Jesús en Getsemaní orando por segunda vez afrontó como hombre su final, el destino al que estaba abocado aunque fuese injusto. “Padre, si es posible pasa de mí este cáliz” (Mt 26,42). No era ni un cobarde ni un masoquista. Tampoco buscó atajos fáciles, cómodos, ni mucho menos huyó del precio de la coherencia porque en sus entrañas de misericordia siempre había un espacio para acoger el dolor y la soledad de los indefensos: hambrientos, enfermos, extranjeros y marginados. Nunca divorció espiritualmente alma y cuerpo, ni buscó subterfugios para que el sufrimiento de los socialmente humillados no le salpicara. Es más, en numerosas ocasiones los defendió públicamente: “Si me buscáis a mí, dejad ir a éstos” (Jn 18, 8), dijo justo cuando lo iban a apresar. Su historia nos invita a contemplar y no dar la espalda a aquellas desagradables escenas que también forman parte de la vida. Y nos pide no sólo que cambiemos las estructuras, sino que pongamos a la persona por encima de ellas. No hay mayor noticia que anteponer hombre y mujer a toda “santa doctrina” o “justa ideología”, si no queremos acabar -como decía Hölderlin- convirtiendo nuestro estado en un infierno (Hölderlin, 1976).

No podemos luchar contra el sufrimiento y las injusticias si no es implicándonos. Yo añadiría, por si alguien no lo presupone, implicándonos caritativamente, con nuestro testimonio, dando la vida, nunca quitándola ni reduciéndola o perjudicándola, sino dando alternativas, abriendo siempre ventanas de esperanza. He ahí la libertad y la dificultad del anuncio de Jesús. Donde hay sufrimiento y necesidad allí está su mensaje esperando que respondamos (Mt 25, 31-46). Ese sería su legado, que vive renovado por los siglos de los siglos y que remueve al mundo cuando alguien con entrañas de misericordia y una pizca de libertad en su ser pone creatividad y fe-confianza en sus palabras actualizándolas en la historia. Bajo mi punto de vista, Francisco de Asís, Mahatma Gandhi, Oscar Romero, Martín Luther King o, ahorita, el mismísimo Papa Francisco (16), al que tanto aprecia y admira nuestro querido filósofo, son algunas muestras de que hombres comunes y mortales pueden coger el testigo de Jesús, a quien pudiéramos considerar el hombre más divino de la historia (Medrano Ezquerro, 2012).

El siglo XXI es un siglo que ha consagrado en los máximos altares a la razón tecnológica, al cientifismo y al secularismo. Pero no olvidemos que el mismo Vattimo responde a ello afirmando contundentemente que «Hoy ya no hay razones filosóficas fuertes para ser ateo o, en todo caso, para rechazar la religión» (Vattimo, 1996: 22). Prácticamente nuestro autor viene a decirnos que hoy día es una pretensión casposa y trasnochada la lucha de un racionalismo cientificista o historicista que abogue por dejar fuera de juego socialmente a la religión. Me atrevo a afirmar que se trata de otro totalitarismo disfrazado de modernidad y cultura.

Uno de los objetivos de mi investigación doctoral fue –salvando las justas distancias- vincular Grecia y cristianismo a través del pensamiento de mis dos principales maestros: Teresa Oñate y G. Vattimo. No sé si lo logré, pero lo que sí quisiera compartir es una de las conclusiones a las que llegué: la razón y el amor son las dos condiciones que nos convierte en divinos. Me parece muy aceptable y comprensivo el deseo de muchos no creyentes a la hora de exigir aquel poder que entienden les pertenece como tales pero que acabó siendo entregado, transferido a los dioses. Lo curioso es que nuestra sociedad actual, heredera de los siglos XVIII, XIX y XX está empeñada en coger solamente la primera (libertad) olvidando el principio de solidaridad y fraternidad, y ello no garantiza la justicia, el respeto ni el orden. Razones tenemos para matar, invadir, saquear, condenar, justificar, abandonar. Solamente hay que poner los noticieros…

Al hilo del comprometido pensamiento por los DDHH de su compatriota Benedetto Croce, Gianni Vattimo llega a decir que nuestra existencia no sería la misma si dejásemos de creer en Jesús. Incluso nuestra historia europea y sus elementos culturales nos marcan de tal manera que “no podríamos llamarnos no cristianos” (Rorty y Vattimo, 2006: 80). Es imposible salirse de la tradición aun estando en contra de ella, nuestra interpretación es siempre histórica, concreta. En El futuro de la religión, escrita junto al pragmático norteamericano Richard Rorty, Vattimo llega a afirmar “gracias a Dios soy ateo”, viniendo a decir de algún modo que ya no hay razones fuertes ni para ser teístas ni para ser ateos y esto debido en gran parte al cristianismo, a Occidente (Caputo y Vattimo, 2010). Incluso para poder decir “Dios ha muerto” se hace necesario una concepción de dios débil, cristiana. Este concepto de la muerte de Dios desempeña un papel primordial en la filosofía vattimiana pero, curiosamente, en Después de la cristiandad sustituye dicha expresión por la de “el Dios que ha muerto”, bajo mi punto de vista más acertada con la idea que nuestro autor tiene en su cabeza, heredera en cierto modo de Heidegger: un Dios distante, metafísico y sobrenatural que muere con Jesús de Nazaret, el dios débil y humano.

El creyente en Jesús sabe que, además de tener una creencia personal no compartida por muchos, debe ofrecer ₋si quiere ser medianamente creíble y socialmente aceptado₋ razones vitales de su fe (1 Pe 3, 15) porque, aunque no pueda demostrar su tesis de que dios existe, posee razones serias para creer que sí, no contundentes desde el punto de vista científico, pero sí muy razonables y esperanzadoras, situadas humildemente a la base del testimonio sencillo de un hombre histórico y su predicación, de una ética de vida. Sus palabras y hechos se abren espacio en los que actúan como él, y para ello no es requisito indispensable conocerlo (Mt 25, 44-45). Uno de los daños más grandes que se le ha podido hacer al propio mensaje ha sido su institucionalización a nivel mundial convirtiéndolo en una religión masificada y colonizadora, transformándose de religión perseguida en religión institucional, oficial. La globalización religiosa a través del Imperio romano se apropió del alma de los débiles para convertirse en muchas ocasiones en el arma de los poderosos en Occidente.

Los creyentes del III milenio, si queremos que la fe exista, debemos abrazar a la gente. La prueba de que uno ama a Dios es que te re-envía a amar a los demás” (Guenard, 2010), decía Tim Guenard, un hombre maltratado y violado desde niño por su propio padre, que salió adelante descargando su furia como boxeador profesional hasta que se encontró con la experiencia sanadora de Jesús de Nazaret. Para Guenard, el señor es siempre delicado con las personas heridas aceptando que no le llamen por su nombre. Ya comentaba esta misma idea ahondando en su implicación teológico-política en mi disertación doctoral allá por el 2013:

Quien dice conocer a Dios conoce el lenguaje del amor, y conoce al hombre; si no, claramente damos la razón a quienes hablan de un dios prefabricado para justificar estructuras de poder. Si hay algo de divino en el hombre, esto es la cáritas, la philía, el ágapé, la traducción humana de lo divino que, junto a la razón creativa, nos hace elevarnos sobre el resto de los animales. «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza» dice Gn 1,26. Y es que Dios es amor. «El que no ama no conoce a Dios porque Dios es amor» (1 Jn 4,8). No existe auténtica justicia, si no se mueve en la órbita de la fraternidad y la solidaridad, si no supera la frontera de lo legal (…), ni verdadera caridad que no sea algo más que una mera compasión, pena que ignora las causas (…). Una institución, religiosa o no, que deshumaniza, que no ensancha ni suma en la pluralidad, que no nos devuelve la dignidad y brillo de hijos de un Dios, se convierte en una peligrosa secta por más tiempo y recursos que gaste en convencer a través del miedo y adoctrinamiento, la obediencia ciega o la propaganda. Nunca se dio un Dios sano en una mente enferma ni se maduró como persona, como sociedad, dejando a otros, individuos o instituciones, nuestras voluntades para responder y decidir (Lozano 2013: 109-110).

La sencillez y simpleza con que Jesús nos habla en los Evangelios (Mt 11, 25) no está reñida con el uso de la razón. Si fuese así, entonces habría que enmarcar el sentido religioso y la espiritualidad en la mera ignorancia, la incultura o la proyección psicológica inconsciente, donde hay que reconocer tristemente que en más ocasiones de las que debiera, habita (17). No me estoy refiriendo por tanto a esta clase de estupidez que algunos se atreven a llamar creencia y que acaba tantas veces sitiando a la razón en favor de un desproporcionado misterio, sino aquella sencillez que hace pasar por el corazón las miradas y los gestos facilitándonos la apertura a los pasados futuros posibles con libertad y responsabilidad. Precisamente Jesús invita a creyentes y no creyentes a trabajar en esta corresponsabilidad y a ella aludo en la pág. 117 de mi citada disertación doctoral cuando digo que no es hasta Jesús de Nazaret cuando la religión se hace evangelio (buena noticia) para el hombre, cuando lo humano y lo divino se acercan, cuando la verdad se traduce y conjuga en presente de indicativo, con el verbo amar. El cristianismo es, así, la religión del amor, la religión simple cuyo contenido se resume con los dedos de una mano, con cinco palabras: “a-mí-me-lo-hicisteis” (Mt 25, 40).

Hay dos lecturas provechosas a la hora de comparar la visión religiosa antes y a partir de Jesús de Nazaret. La primera es concretamente un pasaje del Antiguo Testamento donde aflora la separación entre lo divino y lo humano y se incita a guardarse de traspasar dichos límites: Ex 19, 12-13. Nadie podía “subir al monte”, porque en el monte, allá arriba, habitaba Dios. La segunda lectura, como es obvio, es del Nuevo Testamento. En ella encontramos un pasaje más que interesante que subraya esta idea de Jesús como reconciliador, aquel capaz de achicar los límites de los espacios-tiempos sagrados. El caso es que Jesús sí que permite que lo alcancemos, que lo toquemos. El único límite es el amor, la nueva koiné, porque el amor lo interpreta todo (Mt 5, 38-48). Jesús se presenta, pues, como aquel que supera a Moisés, la ley, porque el Hijo del hombre es mayor que el sábado (Mt 12, 8). De alguna forma Jesús está diciendo que no pongamos la ley y el sábado por encima del ser humano, cuestión esta esencial desde un punto de vista espiritual y teológico-político.

En el justo momento de su muerte en la cruz nos dice el Evangelio de Mateo (Mt 27, 51) que el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo y que la tierra tembló. Este hecho señala el sello definitivo que Jesús-amor hace entre lo humano y lo divino (18): la caridad queda como su único límite militante, como gozne, bisagra que abre y cierra ámbitos: es el amor quien distingue y separa la barbarie y la sinrazón del verdadero sentido religioso, el mismo límite que une fraternalmente todo lo que toca con el sello del amor, el brillo de lo divino. El velo, aquello que únicamente separaba el ámbito humano del divino, queda a la intemperie, des-velado. No hay nada ni nadie que nos impida ahora mantener una vía comunicativa entre estas dos dimensiones hasta ese momento casi irreconciliables.

Jesús, a partir de aquí -afirmo también en la pág. 87 de mi disertación doctoral- abre la vía del amor-logos: lo humano y lo divino se acercan, lo espiritual y lo material se funden entrando en la madurez histórica de la religión: en la edad hermenéutica comunitaria- espiritual, en contra de un pensamiento violento, único y objetivo que procura acallar cualquier nueva pregunta. Una nueva visión religiosa basada en la cultura del diálogo está acaeciendo. Tan sólo la cáritas está a salvo de los años y la interpretación porque es débil, porque no impone, porque su verdad es respetuosa y alternativa, porque hace de los otros su imperativo categórico.

Decía que uno de los objetivos de mi investigación académica era intentar acortar distancias entre Grecia y cristianismo y así lo intento dejar claro desde la segunda página de El amor es el límite, cuando afirmo que “El amor a la sabiduría y la sabiduría del amor se abrazan y conjugan en gerundio”. Pero la relación greco-cristiana también tiene un nexo con la herencia que nuestro filósofo de Turín recibe del pensador alemán Martin Heidegger. Vattimo sigue a Heidegger en que somos seres comprendientes desde que nacemos, nacemos comprendiendo. No es que conozcamos primero para después amar, sino que “amando conozco y conociendo amo, lo griego y lo cristiano se conjugan en gerundio, en un plano no diacrónico” (Lozano, 2013: 56).

Como afirma de forma tenaz nuestro querido crítico turinés en Después de la cristiandad. Por un cristianismo no religioso, la clave es debilitar las estructuras en los diversos ámbitos metafísicos de poder, disminuyendo social, política y religiosamente todo tipo de violencia: aminorando los conflictos, rebajando los poderes y desenmascarando los abusos en el mundo. En cambio, para René Girard en ¿Verdad o fe débil? Diálogo sobre cristianismo y relativismo, más bien se trataría “de reconocer una adhesión común a una perspectiva victimológica, de una victimología que no produzca nuevas víctimas” (Girard y Vattimo, 2011: 28).

No podemos olvidar que la base argumentativa de Girard consiste en interpretar a Cristo como el desenmascarador de las religiones naturales, basadas en el asesinato colectivo sobre una sola víctima elegida de forma arbitraria. El cristianismo precisamente lo que hace es invertir esta perspectiva logrando descifrar que la verdad reprimida oculta es otra. Así pues, una de las mejores noticias que aplaude Vattimo en la interpretación de las Escrituras que hace Girard es el reconocimiento de que la víctima es inocente, no culpable, y la exaltación al chivo expiatorio a través de su vida y palabras, especialmente de su “perdónales padre porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34).

Todo lo que no se reduzca a amar a dios y al prójimo acaba dentro de las redes de las religiones naturales sacrificiales. Quizá esta certeza represente la apertura de las puertas a Occidente como realización última del cristianismo en cuanto religión no sacrificial, a través de un concepto de secularización mucho más amable, natural y lógico. Para Vattimo “La secularización no sería el abandono de lo sagrado sino la aplicación concreta de la tradición sagrada a determinados fenómenos humanos” (Ob. Cit.:41).

Hemos ido comprobado en este artículo cómo nuestro autor es heredero del pensamiento de Nietzsche y Heidegger en el hecho de que toda fijación de estructura representa un acto de autoridad que merece la pena disminuir, debilitar, reducir. Y ahora vemos que si algo aprende Vattimo de Girard es que todos los saberes que se consideraban definitivos han demostrado su dependencia de paradigmas históricos y de condicionamientos de distinta índole (social, política, ideológica…), por lo que ya no podemos afirmar que si la ciencia no conoce a dios, dios no existe. Hemos aprendido a desmitificarla, ya que la ciencia no logra establecer otros muchos significados. Así pues, que Dios no sea objeto de la ciencia es más bien una razón añadida para creer en él y no para dejar de hacerlo, como explica y desarrolla hábilmente nuestro querido filósofo turinés en las páginas 55 y 56 de esta obra que escribe junto a René Girard.

Este último apunta que en el cristianismo coincide verdad y amor, mientras que Vattimo observa una prevalencia en la balanza a favor de la cáritas. La cuestión prioritaria –afirma en la página 64- estaría en reducir la violencia y no sólo reconocerla. Gianni nos recuerda que dios es relativista en el sentido de que no puede dejarse hipotecar-atrapar por meros convencionalismos histórico-temporales determinados por proposiciones dogmáticas pertenecientes a formas interpretativas epocales. En la sociedad hay que admitir, por razones de caridad, múltiples posiciones, pluralidad de opiniones y opciones, en definitiva, el diálogo, la búsqueda del consenso aceptando el disenso, nunca enterrándolo. Una de las mayores contribuciones que Vattimo hace a la hermenéutica y que baña por completo mi tesis (de que la única religión verdadera es aquella que pone al amor y respeto al otro como condición sine qua non) es aquella que hace en Después de la cristiandad cuando afirma que no decimos que nos ponemos de acuerdo cuando hemos encontrado la verdad, sino que decimos que hemos encontrado la verdad cuando nos ponemos de acuerdo. Se comprende que aún es posible hablar de verdad, pero sólo porque en el acuerdo hemos sido -en su más genuino sentido- caritativos. La caridad se convierte en verdad, sustituyendo dicho concepto en la medida en que se comparte. Rorty, en cambio, propone sustituir el término verdad por “solidaridad”. Gianni Vattimo observa que el cristianismo no es una religión como tal (19). Por eso, para afirmar su no creencia en el Dios del acto puro, decía “gracias a Dios soy ateo”. Al menos, y esta es otra buena noticia, Jesús se lo permitiría, porque el amor es siempre contra dogmático, y Jesús es amor encarnado.

Quisiera finalizar este artículo en torno al dios débil de Vattimo y el amor como límite cristiano-hermenéutico procurando unir las dos influencias filosóficas más importantes para Vattimo: Friedrich Nietzsche y Martin Heidegger. Existe una relación entre la “muerte de Dios” (Nietzsche) y el final de la metafísica (Heidegger). El nihilismo positivo y optimista es, pues, un producto de la secularización del cristianismo, no una pérdida de significado, sino la asunción del pensamiento heideggeriano. Ni la ciencia es la casa de la verdad ni la historia el camino del progreso hacia la emancipación, sino la cáritas. El amor cristiano es el fin de la modernidad violenta y fuerte. El fin de la metafísica es el fin de la estructura básica de la tradición onto-teológica destinada al pensamiento de la divinidad (Zabala, 2009: 319). Leer más…

Espiritualidad ,

Cuando pase la noche

jueves, 27 de julio de 2023
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Del blog de Miguel Ángel Mesa Otro mundo es posible:

puerta-estrecha

 Palabras que no llega a pronunciarlas,
nombres de la familia que confunde,
calles cercanas que desconoce,
el camino a casa, sin una mano cercana,
se transforma en laberinto.

Y le invade el miedo,
y surge el reproche indebido,
el rechazo violento,
el golpe instintivo,
la íntima soledad masticada en silencio.

Siente el desconsuelo a su alrededor,
el agotamiento, el mal humor,
las lágrimas de impotencia.

También el bálsamo de la ternura
y las estimulantes caricias de compasión.

Un nuevo día.

Un día más.

Con los recuerdos ahogados
en el océano del olvido.

– Cuando pase esta noche
seguro que estaré bien.

– Seguro, mamá, cuando pase la noche
volveremos a estar bien.

Y el beso de despedida evoca
y revive, hasta que la vence el sueño,
los ecos, sabores y olores del ayer.

*

Miguel Ángel Mesa

***

 

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad

Jesús Lozano Pino: Dios es amor y si no, merece que lo matemos. ¿Qué Dios ha muerto? Sólo el amor podrá salvarnos. (I)

jueves, 27 de julio de 2023
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Dios-amor_2338276186_15542336_660x371Dios ha muerto” o la “muerte de Dios” es quizá una de las frases más emblemáticas y polémicas que han pasado al Olimpo de la filosofía moderna. Su laureado filósofo, Friedrich Nietzsche (1), quien proclamaba que Dios había muerto y lo habíamos matado entre todos (2), por lo que la humanidad vagaba hacia una especie de vacío infinito (Nietzsche, 2014). Su precursor, G.W.F. Hegel, que en el capítulo acerca de la religión revelada de la Fenomenología del espíritu, nos habla de la pérdida de saber, cuyo dolor se expresa en las duras palabras que afirma que Dios ha muerto (Hegel, 1993). Su director de escena, Fiódor Dostoievski, que en los personajes de Los hermanos Karamazov pudo dramatizar, moralizar y, en cierto modo, espiritualizar dicha expresión. Su actualizador, Martin Heidegger, quien interpretando la perversión metafísica en la que el pensamiento había quedado tras la crítica nietzscheana la tradujo como idolatría conceptual de la modernidad (Heidegger, 2003). Y su hermeneuta postmoderno, Gianni Vattimo. El esquema heideggeriano influyó de tal manera en Vattimo que le ofreció la posibilidad de articular una alternativa postmoderna a la hasta ahora imparable apisonadora moderno-capitalista: el debilitamiento de las estructuras fuertes en todos los estratos de poder, conocido como “pensamiento débil

En este sentido me atrevo a decir que Vattimo resucita en la postmodernidad a Dios de su propia tumba metafísica, conceptual, dialéctica, atrapada por varios siglos. Existe una evolución en la trayectoria del pensamiento vattimiano. Teresa Oñate (3) y algunos de sus alumnos (yo entre ellos) señalamos como punto de inflexión sus últimas obras de final de siglo XX y principio del XXI destinadas a estas temáticas: Creer que se creeDespués de la cristiandad El futuro de la religión, esta última escrita con Richard Rorty. Especialmente significativa es la primera, ya que esta obra va a marcar un importante giro en la evolución de su pensamiento, que no es más que una vuelta hacia un Jesús de Nazaret latente, adormecido, que nuestro autor observaba apartado, arrinconado bajo el peso aplastante de la tradición y el moralismo doctrinal, un exceso de equipaje al que la Institución le había sometido ahogando, en cierto modo, su anuncio liberador.

Precisamente el Papa Francisco lo ha rescatado de los escombros: “Este Papa me quita la vergüenza de declararme católico”, reconoció Gianni Vattimo en una entrevista en Vatican insider, la sección del periódico digital La Stampa que privilegia toda la información relevante del Vaticano y que se publicó el 9 de julio de 2018 (4). Pero para que hoy podamos con total normalidad aceptar dicha situación, nuestro autor ha tenido necesariamente que pasar por unos años de transición no siempre fáciles en el muy exigente terreno de la fe. También la Iglesia, soy testigo, está pasando con Francisco por una etapa abierta y lúcida que pudiéramos calificar de “primavera eclesial”, como muy bien examina Cristianisme i Justícia en los múltiples artículos publicados al respecto (Cristianisme i Justícia, 2015). No uno sin lo otro, sino uno y otro. Para que hoy podamos hablar con plenas garantías de un Vattimo cristiano, católico y pro Francisco (últimamente bastante mejor aceptado este aspecto por sus estudiosos) ha hecho falta que algunos de sus seguidores (la verdad que muy pocos) nos arriesgásemos hace años adelantándonos a ello convergiendo distintos ángulos: teológicos, políticos, filosóficos e incluso bíblicos (5). Nada de ello habría sucedido si previamente nuestro autor, discípulo de Pareyson e influido por Gadamer, Nietzsche y Heidegger, no hubiera reseteado su disco duro como activo militante de Acción Católica, si no hubiera resituado la postmodernidad filosófica, no sólo desde un nivel social, económico, y político sino también religioso.

A esto se añade el también giro que la Iglesia católica está dando con Bergoglio (6). A pesar de las dificultades internas y el freno que está teniendo para llevar a cabo sus reformas (Religión Confidencial, 2016), Francisco está recibiendo la simpatía de los no católicos (y no creyentes) y, lo que es más interesante, consiguiendo la vuelta y aproximación de algunos intelectuales y teólogos distanciados con la Institución o incluso silenciados por ella (Codina, 2016). En nuestro polémico autor italiano este retorno religioso se fue abonando especialmente en los últimos años del pasado siglo. En medio de los distintos procesos y avatares socio-políticos en los que nuestro catocomunista se encuentra inmerso y a través de una conversación aparentemente trivial alguien le hace la pregunta clave: si todavía cree en Dios. Su posterior reflexión da lugar a uno de sus más importantes escritos: Credere di credere, traducida en su edición castellana por “creer que se cree”.

La pregunta podía haberse respondido con un monosílabo, pero como suele ocurrir con las cosas complejas, como las cuestiones que nos suelen hacer los niños, dicha interrogación resuena en él de un modo novedoso, incisivo, incluso podríamos decir “hermenéutico”, ya que lo primero que tiene que hacer es interpretar su propia historia personal replanteándose con la máxima honestidad posible si realmente cree o no en Dios y el sentido que pueda tener dicha pregunta hoy, sus consecuencias teológico-políticas. Pero cuando piensa en Dios, nuestro autor mira a Jesús, el dios (7) cristiano; ello matiza el condicional y la respuesta, “si realmente cree”, ya que el dios cristiano no es absolutista, prepotente ni arrasador, sino más bien abierto, humilde, acogedor.

Algunas segundas partes fueron mejores que las primeras y aquí, con mucho, Jesús reconduce y canaliza amablemente la fuerza de la historia de salvación y fe del pueblo de Israel. Y si lo pongo en minúscula es para dejar constancia que al turinés no lo representa el Todopoderoso y alejado Dios de los ejércitos (como el que la historia nos ha dado muestras en muchas de las etapas del judeocristianismo) ni el Dios de los filósofos de las garantías absolutas y razón objetivista, sino uno mucho más humanizado, encarnado y debilitado: Jesús. Como afirmo en El amor es el límite. Reflexiones sobre el cristianismo hermenéutico de G. Vattimo y sus consecuencias teológico-políticas (8), si Dios existe, es amor; y si no, merece que lo matemos (9), que lo olvidemos, que lo saquemos de nuestras vidas e Historia. Porque díganme ustedes: ¿qué sentido tiene un Dios que no sea capaz de amar y unir, ofrecer, integrar, ayudar e igualar? Mejor entonces dar la razón a los agoreros y profetas de calamidades y abandonar el presente en manos de los nuevos ídolos de masas: Trump, Le Pen o Matteo Salvini… (10) Utilicemos entonces la modernidad, la tradición y la tecnología para borrar del mapa de una vez por todas a los incómodos, a los nadies, los distintos. Todos ellos hambrean la esperanza que nuestro mundo hoy parece no está dispuesto a regalar.

Vattimo sabe leer aquella parte del evangelio de san Juan que dice que “A Dios nadie lo ha visto jamás” (Jn 1,18) y que el único que nos ha contado algo sobre él es Jesús, con sus palabras y obras. Eso sabe Vattimo que sabe. Eso y poco más. En eso cree que cree: un hombre histórico, que fue hombre pero, ¿por qué no?, pudo haber nacido mujer, una persona valiente, de buen corazón, que predicó sobre el amor y la no violencia y habló con su vida del riesgo latente que acarrea ser libre, la inseguridad como clave para no acabar acomodados y amarrados a nuestras pequeñas esclavitudes; un hombre que ofrecía transformar la realidad con el ejemplo y la escucha, con la acogida: la mejor educación contra las tradiciones angostas y moralinas excluyentes.

Contra las luchas desalmadas presenta la sencillez y el debilitamiento de las estructuras de poder, la cooperación. Somos únicamente administradores de unos bienes en común. Para no caer en manos del engaño del pensamiento único, la pluralidad y la diferencia, la necesaria apertura para querer y aceptar y procurar sentirse querido y aceptado. Ni dirigir ni obedecer ciegamente, acompañar y ser acompañados, la sabia terapia de perdonar y sentirse perdonado, conocer otras tierras y personas y dejarse conocer por ellas. Nada de ídolos de masa ni de personas llamadas a cambiar la historia a base de golpes y espada. Una felicidad que se pone en el diálogo, en lo pequeño, en el momento, en el aquí, en los de más acá y los de más allá, presente, paciente, aunque sea fugaz. Porque, aunque nunca fue uno de sus nombres “Triunfo”, seguimos empeñados en encontrar un Dios a la medida de nuestras necesidades: Todopoderoso, Omnipotente, que dirija a buen término y cubra nuestros insaciables deseos de eternidades y victorias, precisamente todo aquello que nos aleja de nosotros mismos, aquello que ni somos ni podemos (Buber, 2003). Desde las tradiciones rabínicas del siglo I hemos aclamado un Dios mayúsculo que nos facilitara la entrada a una dimensión ultraterrena, un Dios justiciero e implacable que pusiera las cosas y las personas en su sitio abriendo las puertas del cielo, no sólo a Dios y a los ángeles, sino también a las “almas justas”. Pues bien, ese Dios falso, meta-físico no existe. La propia vida se encarga de esconderlo. Se esfuma tan pronto como comenzamos a solicitarle cosas que no puede concedernos: esa larga lista de peticiones incumplidas que nos sitúa ante el misterio del acontecer, del sufrimiento del hombre y el devenir de la historia. ¿Por qué no arrasa, entonces, Dios a los “malos” y deja solamente a los “buenos”? Puede que eso sea lo que todavía estamos esperando de nuestro deseado y venerado Dios. Ante nuestra falta de aceptación de la realidad preferimos el mito, apostar a la lotería antes que afrontar nuestras miserias perdiendo la oportunidad que exige en nosotros un profundo calado existencial y una mayor creatividad al borde del vértigo de nuestros límites. Ya decía Vattimo que “La modernidad es la época de la legitimación metafísico-historicista. La posmodernidad es la puesta en cuestión de este modo de legitimación” (Vattimo, 1991: 20).

Preferimos seguir pensando en un ser con superpoderes, algo o alguien que nos evite la dificultad y supla nuestras limitaciones humanas, todo ello para dirigirnos a un espacio-tiempo en el que desearíamos perdernos. ¡Cómo si la asunción de nuestros límites estuviese dotada de un único y exclusivo polo negativo! Quizá por ello, aunque avanzan inexorablemente en su portentosa e imparable carrera, las tecnologías no logran borrar de nuestros rostros la tristeza de la infelicidad ni nos evita el sufrimiento, por más que uno de sus aspectos (su otro polo) consiga, eso sí, desembarazarnos de algunos tortuosos esfuerzos. La hermenéutica, como filosofía de la diferencia, es la única que puede desembarazarnos de la violencia metafísica onto-teológica (11).

Este Dios de las tradiciones rabínicas no podía estar colgado en la cruz. Este Dios en el que creían todos aquellos que rodeaban a Jesús tenía que bajar de la cruz (12), debía bajar de la cruz y destruir a los “malos”, a los que pensaban diferente. Pero allí murió sin descolgarse del madero, como un fracasado más. El Dios de Jesús es perdón y cariño, justicia no justiciera a la vez que transparencia sincera. Este es el verdadero evangelio (13), su “buena noticia”: tenemos alternativas para luchar de forma no violenta contra el mal de la violencia. Gandhi lo vio claro: el precio de la injusta situación que la India sufría no podía cobrarse una factura cuyo IVA (14) implicara usar el mismo método represivo contra los represores. No hay camino para la paz, decía este. La paz es el camino. Un precio muy alto, sí, pero el único gasto admisible si no queremos prostituir ni traicionar nuestro aceptable sueño utópico de jóvenes apasionados, levantándonos a la mañana siguiente como viejos refunfuñones que vienen de vuelta, que no creen en nada ni en nadie, ni siquiera en ellos mismos.

Se trataría, pues, de encontrar el sano y santo equilibrio entre juventud y madurez, justicia y caridad, cielo y suelo, sueño y realidad. Este concepto, muy relacionado con el sentido debilitado de las estructuras sagradas, lo acuño y designo como “utopía débil”. Jesús, “el dios débil” que Vattimo aprecia, sólo quiere la recuperación, no la destrucción de los hombres. Pero es tan débil que no puede lo que uno no desea. Ese es su límite-fracaso a la vez que su virtud-posibilidad. Lo curioso es que somos nosotros libremente quienes lo habilitamos o deshabilitamos. Por ello, como advertíamos con anterioridad, puede decir Nietzsche en la sección 125 de la Gaya ciencia que somos nosotros quienes lo hemos matado. Pero, ¿y Dios? ¿Puede negarse a sí mismo?¿Es su debilidad de tal calibre que según nuestra relación con él se inclina hacia un lado u otro de la balanza?¿Acaso quien se siente hermano de todos y “hace salir el sol sobre buenos y malos, llover sobre justos e injustos” (Mt 5, 43) puede desfondarse de sí buscando atajos al amor respetuoso? No, precisamente es esta su grandeza y su debilidad: que independientemente de nuestro rechazo o aceptación permanece fiel a su principio y fundamento. Por ello es tan débil que no puede obligar, y tan grande que no deja de amar. Es este, en cierto modo, el concepto vattimiano de cáritas y su kénosis (2 Cor 12, 10., Fp.2, 6-8; 1 Cor 13, 1-13).

Esta cuestión, hemos de reconocer, conlleva unas consecuencias interesantísimas en el ámbito teológico-político que aquí obviamos por razones de extensión pero que tenemos la obligación como filósofos de ir dando respuesta. Asuntos tales como si se justifica teológico-políticamente suprimir las libertades para instaurar un «mejor estado” que nos otorgue un orden ideal, más justo o si existe la posibilidad de que ello no acarree necesariamente vencedores y vencidos. Solemos pensar que lo que verdaderamente necesita nuestro mundo es un golpe de efecto contundente, una revolución que dé la vuelta a la tortilla para que los que están arriba acaben justamente abajo y los de abajo gobiernen, controlen y devuelvan la felicidad ¿a todos? Cuando los que gobiernan, desoyendo el clamor de los pisoteados, no realizan una lógica y necesaria evolución político-social, el pueblo, soberano legítimo, se levanta y coge lo que es suyo haciendo su justa revolución.

Hasta aquí bien, si se dan las posibilidades y se han quemado los cartuchos y pertinentes canales de protesta reivindicativas (siempre interpretables). Pero ante ello podemos preguntarnos, como en los finales de los cuentos infantiles, qué ocurre a partir de ahora que la bella protagonista consigue casarse con el príncipe, ahora que el pueblo consigue cambiar el poder. ¿Quién/-es ostenta/-n el poder y cómo se gestiona legítimamente? ¿Quién es “el pueblo”? ¿Es el disenso sólo un mero “garbanzo” en el zapato de los mandatarios? ¿Cómo hacemos para que las minorías que no se sienten representadas ejerzan su derecho político sin discriminación?

Por lo que ahora nos concierne y tenemos entre manos diremos que no es Jesús un revolucionario cualquiera que para forzar sus fines recurre a medios como la violencia, el poder o el engaño justificándolos. Si algo loable tiene Jesús es la coherencia de no desligar medios y fines. Es entonces cuando tenemos la tentación de pensar que Jesús es una persona con horchata en las venas, uno de esos tristes predicadores que ponen a salvo la paz interior, su calma y equilibrio mental por encima de las urgentes llamadas a la acción que la realidad precisa y, a la vez, acusa sacándonos los colores. Pero, ¿no hubiese sido una especie de engaño-trampa destruir a los culpables sin mostrarles el camino para que pudieran recuperarse? Entre otros, el pasaje del centurión (Lc 23, 47-48) es un claro ejemplo al respecto, al igual que el encuentro con Mateo (Mt 9, 9-13), Zaqueo (Lc 19, 1-10) y otros muchos… Pero si hay momentos llenos de significación, estos serían cada uno de aquellos episodios que el de Nazaret comparte especialmente con los estigmatizados de su época (pobres, mujeres, enfermos, viudas, pecadores, extranjeros…). Dichos pasajes son fuente inagotable de cómo interpretar el respeto y lucha por la dignidad humana, un tesoro hermenéutico más allá de nuestra capacidad y oído ante los temas religiosos.

A partir de los gestos, palabras y la sensibilidad de Jesús podemos afirmar que nunca la razón de la acción de un cristiano en el ámbito político-social (llámese de izquierdas o de derechas, más progresista o conservador) puede ser el castigo o la represión, ni tampoco aceptar los probables daños colaterales que genera la sociedad del bienestar o la propia democracia siempre imperfecta, sino la legítima recuperación y regeneración de la persona. El fracaso palpable de nuestra historia más reciente se ha dado cuando hemos justificado nuestros actos, a veces atroces, con nuestras ideologías y no hemos levantado el pie del acelerador, incluso viendo que no eran fruto del amor a las personas. Hemos aplastado en nombre de Dios, del nacionalsocialismo, del fascismo, del comunismo, del capitalismo… justificando nuestros medios y métodos en aras a un “justo destino” o por “Razón de Estado”. Leer más…

Espiritualidad ,

Debemos encontrar orgullo y poder en la espiritualidad queer, escribe un católico transgénero

jueves, 27 de julio de 2023
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índiceSin títuloEn un ensayo para National Catholic Reporter, Maxwell Kuzma, un católico transgénero, escribe sobre el poder y el orgullo de la espiritualidad queer, incluso ante el odio y la discriminación continuos.

Kuzma, quien ha contribuido anteriormente a Bondings 2.0, comienza su ensayo enfatizando que las identidades LGBTQ+ son “un objetivo único” en la iglesia institucional, específicamente cuando se trata del lenguaje y las historias de esta comunidad. El escribe:

“Nuestras historias son censuradas, editadas o recontadas de tal manera que se vuelven menos extrañas. El lenguaje inclusivo, como la identificación de los pronombres propios, se rechaza en un intento de hacer que lo queer sea menos amenazante para la teología cis-het y más aceptable en una sociedad heteronormativa.

“La vigilancia del lenguaje dentro del mundo católico queer, por ejemplo, la insistencia en usar términos como ‘atracción por personas del mismo sexo’ o ‘transgenerismo’, ninguno de los cuales son adoptados dentro de las comunidades a las que se refieren, no se trata de ser preciso o teológicamente preciso. Estos términos señalan una postura de no afirmación hacia las personas LGBTQ+ y, quizás aún más dañino, sirven para aislar a los católicos queer de la comunidad queer más amplia, alimentando la narrativa de que las dos comunidades son exclusivas e incapaces de conectarse”.

Kuzma enfatiza que estos intentos son completamente una «tradición hecha por el hombre». Después de todo, los católicos heterosexuales y cisgénero, al igual que sus cocreyentes queer, tienen un “credo compartido” y siguen el “mensaje de Jesucristo” de las Escrituras.

Si bien algunos cristianos asumen que las personas queer no son espirituales, Kuzma afirma con precisión que «la rareza no excluye la fe». Más bien, muchos católicos LGBTQ+ tienen vidas espirituales ricas. Algunos pueden participar en la comunidad de su iglesia a través de la música, el arte o el ministerio. Otros pueden encontrar a Dios en formas más singulares. Él observa:

“Verás, encontramos a Dios en los lugares que han dicho que se supone que no debemos hacerlo: en un corte de pelo, al usar ropa del otro lado del pasillo, al tomarnos de la mano con el que amamos. Vemos belleza en las cicatrices dejadas por una cirugía de afirmación de género, tal como vemos belleza en las heridas de Cristo…

“Las personas LGBTQ+ articulan las Estaciones de la Cruz de una manera que otros a menudo nunca han considerado, porque agregamos detalles únicos a nuestra experiencia: elevar el liderazgo de las mujeres, enfatizar la importancia de tener un aliado como Simón para ayudar a llevar su cruz, conocer un solidaridad con la experiencia de Jesús de traición y condenación, la forma en que fue profundamente incomprendido por la gente de su tiempo, incluso por algunos de sus amigos”.

Además, muchos católicos LGBTQ+ encuentran significado a través de interpretaciones queer de historias bíblicas tradicionales:

“Los católicos LGBTQ+ tienen ricas espiritualidades. Encontramos a los santos con código queer (Juana de Arco, San Esteban, Juliana de Norwich y muchos más) a pesar de los intentos de esconderlos o reescribir sus historias. Celebramos la intimidad de las amistades entre personas del mismo sexo en la Biblia (David y Jonatán, Noemí y Rut, incluso la relación entre Jesús y el apóstol Juan, «aquel a quien Jesús amaba»). Estos ejemplos de amistades sagradas entre personas del mismo sexo brindan una inspiración única para la comunidad queer porque sirven como modelos espirituales a seguir para las relaciones que nos son familiares; la representación queer no tiene que ser explícitamente romántica para resonar”.

Kuzma termina su artículo afirmando: “Encontramos a Dios cuando vivimos la identidad que se nos ha dado, compartiendo nuestros dones en el mundo con orgullo. Sí, orgullo.

Para el Mes del Orgullo en junio, Kuzma escribió un ensayo en Bondings 2.0 sobre cómo encontrar a Dios en su transición de género mientras la pandemia se desataba en 2020. Puede leer ese ensayo haciendo clic aquí. Para otras contribuciones de Kuzma, haga clic aquí.

—Sarah Cassidy (ella/ella), New Ways Ministry, 20 de julio de 2023

Fuente New Ways Ministry,

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Vacío

miércoles, 26 de julio de 2023
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Del blog Nova Bella:

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Me has dado un corazón que solo rebosa al vaciarse

*

Beatriz García Traba

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“Dios es vacío”, por Jairo Alberto Franco Uribe

miércoles, 26 de julio de 2023
Comentarios desactivados en “Dios es vacío”, por Jairo Alberto Franco Uribe

IMG_9993De su blog De Dios se habla caminando:

Pensamientos al regresar de la tierra samburu, Kenia

Dios es vacío, vacío porque así es el amor, se vacía

Evangelizar, hablar de Dios, es vaciarse y acoger; no creo en una misión llena de cosas que se imponen a la vista, de gritos que aturden, de poder que coacciona; creo en una misión que se vacía y da bienvenida a todo y a todos; porque si no hacemos vacío, si no somos vacío, no se podrá conocer a Dios que es vacío porque amor, se llegará si mucho a un ídolo que nos invade y limita, a la pompa que nos deja por fuera y se apodera; la misión vale cuando no ocupa el espacio ni el tiempo del otro y de lo otro; cuando la palabra y la obra sale del silencio.

Dios es vacío, vacío porque así es el amor, se vacía.  El Padre se vacía para dar su ser al Hijo, el Hijo se vacía para recibir el ser del Padre, y el Espíritu Santo es amor que vacía; y es de este vaciarse de Dios, de este quitarse, de olvidarse del yo para decir tú, es que sale el universo.  Dios es un vacío, no ocupa ni espacio ni tiempo, no existe y da origen a todo lo que existe; no vive aparte de nada y es la vida de todo; no está en sí, está en lo otro; no es más allá de lo que vemos y sí más allá de lo que pensamos.  Es un vacío que posibilita lo que hay, que le da acogida, que lo contiene, que lo sostiene; Dios es allí donde están las creaturas, su trascendencia respira en la inmanencia; es altísimo en lo bajísimo; el cielo está hundido en lo que miramos y tocamos, en las cosas, en la gente.

Y su vida es nuestra vida, la vida de todas las creaturas, nos amamos y por eso nos vaciamos para dar y para recibir, tan divino en nosotros es dar como recibir.  Así, hacemos un vacío para que sea  lo otro, el otro, para que no esté a la intemperie, para que tenga espacio y tiempo; lo que nos hace parecidos a Dios, a su imagen y semejanza, es dejarnos vaciar, vaciarnos, extender los brazos y dejar que el otro quepa en el pecho, dar la mano para apretar otra, abrir una puerta, desnudarnos y dejar que el otro habite nuestra piel, poner otro puesto en la mesa, ofrecer un trabajo, dar lo que nos hace falta, dar minutos y hasta años, exponer la vida, expirar para que el otro aspire, gestar y dar a luz, esperar en la playa al que se arriesga en el mar, dar oportunidad al que se reinserta, callar para no perderse los detalles de las historias que otros cuentan, decir una palabra, perdonar al enemigo; para hacer todo esto hay que vaciarnos y esta es la vida de Dios en nosotros, la tierra como en cielo.

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Daniele, un médico entre los samburu

Evangelizar, hablar de Dios, es vaciarse y acoger; no creo en una misión llena de cosas que se imponen a la vista, de gritos que aturden, de poder que coacciona; creo en una misión que se vacía y da bienvenida a todo y a todos; porque si no hacemos vacío, si no somos vacío, no se podrá conocer a Dios que es vacío porque amor, se llegará si mucho a un ídolo que nos invade y limita, a la pompa que nos deja por fuera y se apodera; la misión vale cuando no ocupa el espacio ni el tiempo del otro y de lo otro; cuando la palabra y la obra sale del silencio.

Y llega la muerte, está siempre llegando, nos vacía de todo y nos hace como Dios. El consejo de la serpiente, comerse el árbol de la vida para ser como Dios, era equivocado, es comer el árbol de la muerte, dar la vida, lo que nos hace como Dios; no era llenarse, era vaciarse.

Espiritualidad , ,

Santiago

martes, 25 de julio de 2023
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Esta noche ha pasado Santiago
su camino de luz en el cielo.
Lo comentan los niños jugando
con el agua de un cauce sereno.

¿Dónde va el peregrino celeste
por el claro infinito sendero?
Va a la aurora que brilla en el fondo
en caballo blanco como el hielo.

¡Niños chicos, cantad en el prado
horadando con risas al viento!

Dice un hombre que ha visto a Santiago
en tropel con doscientos guerreros;
iban todos cubiertos de luces,
con guirnaldas de verdes luceros,
y el caballo que monta Santiago
era un astro de brillos intensos.

Dice el hombre que cuenta la historia
que en la noche dormida se oyeron
tremolar plateado de alas
que en sus ondas llevóse el silencio.

¿Qué sería que el río paróse?
Eran ángeles los caballeros.

¡Niños chicos, cantad en el prado.
horadando con risas al viento!

Es la noche de luna menguante.
¡Escuchad! ¿Qué se siente en el cielo,
que los grillos refuerzan sus cuerdas
y dan voces los perros vegueros?

Madre abuela, ¿cuál es el camino,
madre abuela, que yo no lo veo?

Mira bien y verás una cinta
de polvillo harinoso y espeso,
un borrón que parece de plata
o de nácar. ¿Lo ves?
Ya lo veo.

Madre abuela. ¿Dónde está Santiago?
Por allí marcha con su cortejo,
la cabeza llena de plumajes
y de perlas muy finas el cuerpo,
con la luna rendida a sus plantas,
con el sol escondido en el pecho.

Esta noche en la vega se escuchan
los relatos brumosos del cuento.

¡Niños chicos, cantad en el prado,
horadando con risas al viento!

Una vieja que vive muy pobre
en la parte más alta del pueblo,
que posee una rueca inservible,
una virgen y dos gatos negros,
mientras hace la ruda calceta
con sus secos y temblones dedos,
rodeada de buenas comadres
y de sucios chiquillos traviesos,
en la paz de la noche tranquila,
con las sierras perdidas en negro,
va contando con ritmos tardíos
la visión que ella tuvo en sus tiempos.

Ella vio en una noche lejana
como ésta, sin ruidos ni vientos,
el apóstol Santiago en persona,
peregrino en la tierra del cielo.

Y comadre, ¿cómo iba vestido?
le preguntan dos voces a un tiempo.

Con bordón de esmeraldas y perlas
y una túnica de terciopelo.

Cuando hubo pasado la puerta,
mis palomas sus alas tendieron,
y mi perro, que estaba dormido,
fue tras él sus pisadas lamiendo.
Era dulce el Apóstol divino,
más aún que la luna de enero.
A su paso dejó por la senda
un olor de azucena y de incienso.

Y comadre, ¿no le dijo nada?
la preguntan dos voces a un tiempo.

Al pasar me miró sonriente
y una estrella dejóme aquí dentro.

¿Dónde tienes guardada esa estrella?
la pregunta un chiquillo travieso.

¿Se ha apagado, dijéronle otros,
como cosa de un encantamiento?

No, hijos míos, la estrella relumbra,
que en el alma clavada la llevo.

¿Cómo son las estrellas aquí?
Hijo mío, igual que en el cielo.

Siga, siga la vieja comadre.
¿Dónde iba el glorioso viajero?

Se perdió por aquellas montañas
con mis blancas palomas y el perro.
Pero llena dejome la casa
de rosales y de jazmineros,
y las uvas verdes en la parra
maduraron, y mi troje lleno
encontré la siguiente mañana.
Todo obra del Apóstol bueno.

¡Grande suerte que tuvo, comadre!
sermonean dos voces a un tiempo.

Los chiquillos están ya dormidos
y los campos en hondo silencio.

¡Niños chicos, pensad en Santiago
por los turbios caminos del sueño!

¡Noche clara, finales de julio!
¡Ha pasado Santiago en el cielo!

La tristeza que tiene mi alma,
por el blanco camino la dejo,
para ver si la encuentran los niños
y en el agua la vayan hundiendo,
para ver si en la noche estrellada
a muy lejos la llevan los vientos.

*

Federico García Lorca
Balada ingenua

***

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

Festividad de Santiago Apóstol

martes, 25 de julio de 2023
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Santiago, llamado «el mayor», era hijo de Zebedeo y de Salomé (Mc 15,40; Mt 27,56) y hermano mayor de Juan el evangelista. Junto con él fue llamado entre los primeros discípulos de Jesús, y siempre se le cita entre los tres primeros apóstoles en el Nuevo Testamento.

Fue testigo privilegiado de la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5,37), de la transfiguración de Jesús (Mt 17,1) y de la agonía de Jesús en Getsemaní (Mt 26,37). Fue decapitado hacia el año 44, en tiempos de Herodes Agripa, en los días de la Pascua (Hch 12,1-3).

LECTIO

Primera lectura: Hechos de los apóstoles

4,33.5.12.27b-33; 12,1b

En aquellos días, los apóstoles datan testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los trajeron y los condujeron a presencia del consejo, y el sumo sacerdote los interrogó: -¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.

Pedro y los apóstoles replicaron: -Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. «El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero». «La diestra de Dios lo exaltó haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión con el perdón de los pecados». Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen. Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos, y el rey Herodes hizo decapitar a Santiago, hermano de Juan.

 La primera lectura de la solemnidad de Santiago, patrón de España, presenta a nuestra consideración la idea del testimonio de la resurrección de Jesús por parte de los apóstoles. Este testimonio, mandato expreso del Señor, no puede ser encadenado por ninguna instancia humana, porque el testigo debe obedecer a Dios antes que a los hombres. Y puede hacerlo gracias al Espíritu Santo, «que Dios da a los que le obedecen». Esta obediencia llevó a Santiago a derramar su sangre, corroborando con ello su testimonio, su «martirio».

***

Salmo:

Sal 66, 2-3. 5. 7-8

R. Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines de la tierra. R

***

Segunda lectura: 2 Corintios 4,7-15

Hermanos:

Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que todos vean que una fuerza tan extraordinaria procede de Dios y no de nosotros.

Nos acosan por todas partes, pero no estamos abatidos; nos encontramos en apuros, pero no desesperados; somos perseguidos, pero no quedamos a merced del peligro; nos derriban, pero no llegan a rematarnos.

Por todas partes vamos llevando en el cuerpo la muerte de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.

Porque nosotros, mientras vivimos, estamos siempre expuestos a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.

Así que en nosotros actúa la muerte, y en vosotros, en cambio, la vida.

Pero como tenemos aquel mismo espíritu de fe del que dice la Escritura: Creí y por eso hablé, también nosotros creemos, y por eso hablamos, sabiendo que el que ha resucitado a Jesús, el Señor, nos resucitará también a nosotros con Jesús y nos dará un puesto junto a él en compañía de vosotros.

Porque todo esto es para vuestro bien; para que la gracia, difundida abundantemente en muchos, haga crecer la acción de gracias para gloria de Dios.

 El mensaje central de esta segunda lectura podríamos resumirlo de este modo: «Por todas partes vamos llevando en el cuerpo la muerte de Jesús» (v. 10a). Lo que Pablo dice por experiencia directa, lo aplica literalmente la liturgia al apóstol cuya solemnidad celebramos hoy: de Jesús a Pablo y de Pablo a Santiago, y así sucesivamente, se va creando, a lo largo de la historia, la cadena de los testigos o, mejor aún, de los «mártires» en sentido propio.

Puede decir que lleva la muerte de Jesús en su propio cuerpo no sólo quien recibe la gracia excepcional de derramar la sangre por amor a Cristo y a los hermanos, sino también quien, día tras día, vive con seriedad y serenidad la radicalidad evangélica. Quien realiza esta experiencia puede hablar en nombre de Jesús, puede decir que es siervo del Evangelio por lo que anuncia, pero sobre todo por lo que hace y por cómo vive: «Creí y por eso hablé» (v. 13).

La palabra de los testigos no sólo es significativa, sino también eficaz: precisamente porque tiene la elocuencia de la experiencia vivida, de la sangre derramada, del martirio padecido.

***

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya
Astro brillante de España, apóstol Santiago,
tu cuerpo descansa en la paz,
tu gloria pervive entre nosotros. R

***

Evangelio: Mateo 20,20-28

En aquel tiempo,

La madre de los Zebedeos se acercó a Jesús con sus hijos y se arrodilló para pedirle un favor. Él le preguntó:

-¿Qué quieres? Ella contestó: -Manda que estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda cuando tú reines.

Jesús respondió:

-No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa de amargura que yo he de beber?

Ellos dijeron:

-Sí, podemos.

Jesús les respondió:

-Beberéis mi copa, pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes lo ha reservado mi Padre.

Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo:

-Sabéis que los jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que los magnates las oprimen. No ha de ser así entre vosotros. El que quiera ser importante entre vosotros, sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero, sea vuestro esclavo. De la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por todos.

***

 Mateo nos refiere en esta página de su evangelio, tal vez con una sutil ironía, la petición que la madre de los Zebedeos -Juan y Santiago- presentó a Jesús. Si bien estamos dispuestos a mostrarnos un tanto indulgentes con la madre, lo estamos ciertamente un poco menos con los dos hermanos, que con una excesiva rapidez se declaran dispuestos a compartir con Jesús el cáliz, la copa, que ha de beber. Afortunadamente, Jesús sabe cambiar en bien lo que, humanamente hablando, podría parecer fruto de la intemperancia y de la precipitación.

El discurso se convierte de hipotético en profético: Jesús predice la muerte que Santiago padecerá por su fidelidad radical al Maestro y al Evangelio.

Y no sólo esto, sino que de este diálogo -que, por otra parte, suscita el desdén de los otros apóstoles- extrae Jesús también una lección de humildad para todos los que quieran seguirle por el camino del Evangelio. La grandeza de los discípulos de Jesús puede y debe ser valorada con unidades de medida bastante diferentes a las que conoce el mundo. En la escuela de Jesús se aprende a subvertir la escala de valores y a considerar válido sólo lo que lo es a los ojos de Dios. Precisamente, según

el ejemplo que nos dejó Jesús: siendo rico, se hizo pobre; aun siendo Señor, se hizo siervo-esclavo; siendo maestro, aprendió a obedecer al Padre; siendo sacerdote, se hizo víctima por amor.

MEDITATIO

«El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por todos» (Mt 20,28). Es más que lícito que nos preguntemos qué psicología brota de una afirmación autobiográfica como ésta, y la respuesta no puede ser equívoca. Estamos frente a un gran don que Jesús ha hecho a sus discípulos de ayer y de hoy, ofreciéndoles la posibilidad de penetrar en su corazón de Hijo inmolado por amor, en su espiritualidad de Cordero inmolado en rescate de los hermanos.

Todo esto es lo que se expresa mediante la metáfora del «servicio», un término que ha de ser bien entendido: hemos de rescatarlo de todo tipo de servilismo, de toda abdicación pasiva a la propia libertad, y hemos de inscribirlo en el horizonte de una total expropiación personal y de una entrega completa de nosotros mismos al Padre. La luz de esta afirmación de Jesús se difunde, obviamente, por todo el Evangelio.

Jesús, sin embargo, se presenta también como siervo «de muchos», a saber: de todos los que el Padre le ha confiado como hermanos, oprimidos por el pecado, pero abiertos al don de la liberación. El cáliz de la pasión, que Jesús acepta libremente de manos del Padre, sólo espera ser saboreado también por aquellos por los que el Maestro de Nazaret lo bebió hasta las heces.

ORATIO

Tu ley, Señor Jesús, es el signo de tu realeza: tú nos quieres obedientes porque sólo a través de la obediencia -como tú mismo demostraste- se llega a rey.

Tu ejemplo, Señor Jesús, manifiesta tu profunda identidad de Hijo: Hijo de Dios Padre que vive y expresa siempre su propia sumisión en su plena disponibilidad.

Tu Palabra, Señor Jesús, ilumina nuestro camino: el que tú nos muestras no vale sólo para ti, sino también para todos los que, libremente, te han elegido como maestro y te siguen con alegría por el camino del Evangelio.

Tu martirio, Señor Jesús, lo fuiste viviendo en cada momento de tu vida: quien ha aprendido a conocerte a través de las páginas evangélicas sabe que, para ti, ser siervo significaba vivir del todo para Dios y del todo para los hermanos. Ésta es la «ley real» de la que habla el apóstol Santiago en su carta.

CONTEMPLATIO

El objetivo de los dos discípulos [Juan y Santiago] es obtener el primado respecto a los otros apóstoles. […] ¿Os dais cuenta de cómo todos los apóstoles son aún imperfectos? Tanto los dos que quieren elevarse sobre los diez como los diez que tienen envidia de ellos. Ahora bien, fijémonos en cómo se comportan a continuación y les veremos exentos de todas estas pasiones. […]

Santiago no sobrevivirá mucho tiempo. En efecto, poco después del descenso del Espíritu Santo, llegará su fervor a tal extremo que, dejando de lado todo interés terreno, llegará a una virtud tan elevada que morirá inmediatamente (Juan Crisóstomo, Comentario al evangelio de Mateo, Roma 1967, pp. 98 y 99ss).

ACTIO

Repite y medita a menudo durante el día estas palabras: «El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir» (Mt 20,28).

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Las fiestas de los santos proponen ejemplos oportunos a la imitación de los fieles. A esta función de ejemplaridad ha querido unir siempre la Iglesia el reconocimiento de la intercesión de los santos en favor de sus hermanos los hombres. Éste es el motivo por el que, desde siempre, ha aceptado y fomentado gustosa la designación de determinados santos como patronos para los diversos pueblos.

La liturgia de la misa de Santiago, patrono de España, no hace sino corroborar esta misma idea. Santiago, que «bebió el cáliz del Señor y se hizo amigo de Dios», fue siempre, junto con su hermano Juan y con Pedro, uno de los apóstoles que gozó de las mayores intimidades de Jesús. Y si bien su acción en el evangelio no adquiere el relieve de la de los otros dos predilectos, fue él quien primero selló con su propia sangre la entrega al Señor y a la predicación de su doctrina. Esta misma acción, tras su muerte, es reconocida por nosotros en favor de «los pueblos de España», precisamente como respuesta a su elección como patrono. Pero, al mismo tiempo que reconocemos gustosos su acción en el pasado, pedimos de cara al futuro que, así como  él mantuvo su entrega plena a Jesús hasta el sacrificio de su propia vida, así también, «por el patrocinio de Santiago, España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos»(http://sagradaramiliadevigo.net).

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Biblia, Espiritualidad

25.7.23. Santiago Apóstol: No sabéis de qué espíritu sois: Dos comentarios “políticos” para la fiesta de Santiago

martes, 25 de julio de 2023
Comentarios desactivados en 25.7.23. Santiago Apóstol: No sabéis de qué espíritu sois: Dos comentarios “políticos” para la fiesta de Santiago

IMG_0092Del blog de Xabier Pikaza:

El apóstol Santiago ha sido desde el siglo XI d.C. una figura importante de la cultura religiosa (peregrinaciones) y política hispana, en el contexto del occidente europeo, al servicio de una visión nacional, social y militar del cristianismo. Desde ese fondo, tras una introducción general sobre los “signos jacobeos”, me atrevo a comentar en sentido “político” integral los dos textos fundamentales de la tradición jacobea (zebedea) de los evangelios: Mc 10, 35-45 y Lc 9, 55.

El texto que sigue está tomado básicamente de mi comentario a Marcos y del Diccionario de la Biblia. Las imágenes son de la Catedral de Santiago y del Mosáico de Mahourrek, sobre el Camino de Santiago. Monasterio de Poio, Pontevedra)

  1. INTRODUCCIÓN.

Hubo al principio de la Iglesia diversos «santiagos» (=jacobos), entre los que destacan dos:

— Santiago el hermano del Señor, a quien se suele llamar «el menor» o pequeño, dirigente máximo de la iglesia judeo-cristiana de Jerusalén, que participa en el «concilio» del año 49/50 y que mantiene una polémica apasionada y leal con Pedro y Pablo.

— Santiago el Zebedeo, hermano de Juan, llamado el “mayor” o “grande por su estatura o porque que tuvo un papel importante en la historia de Jesús y en la primera iglesia de Jerusalén.  Éste es el Santiago  a quien la tradición posterior ha vinculado a Compostela, cuya fiesta hoy celebramos y cuya historia bíblica quiero recoger brevemente.

Historia de Santiago Zebedeo.

Según la tradición de los sinópticos (no de Juan), los «zebedeos, Santiago (=Jacob) y Juan forman parte del grupo de los primeros llamados (Mc 1, 19) y aparecen como miembro del grupo de los tres o cuatro discípulos preferidos de Jesús (cf. Mc 1, 29; 5, 37; 9, 2; 13, 3; 14, 33 par), cuya historia he precisado en otro lugar (comentarios a Marcos y Mateo).

Jesús (o la primera tradición de la iglesia) les ha dado el nombre de Boanerges, hijos del trueno (Mc 3, 17), quizá por su ardor mesiánico (vinculado al fuego de Dios), aunque es posible que la palabra «trueno» se utilice en sentido apocalíptico (cf. Ap 10, 3-4; 11, 19; 16, 18). Ellos serían testigos apasionados de la obra de Jesús, preparando en Jerusalén la llegada del Reino de Dios.

También les encontramos entre aquellos que quieren ocupar los primeros puestos en el Reino (cf. Mc 10, 35.41) y quieren que el fuego de Dios destruya a los que no reciben a Jesús, en especial a los samaritanos (Lc 9, 54. En esa línea, Santiago y Juan han sido fuertemente criticados por Jesús (según Marcos y Lucas)

— Santiago representa en esa línea una iglesia de poder, una iglesia que espera a Jesús, que llegará muy pronto, en Jerusalén, para instaurar un Reino Universal, de tipo socio-político y religioso. Así aparece varias veces en los sinópticos, especialmente en el evangelio de Marcos.

— Este Santiago  ha sido un miembro importante de la iglesia, uno de los dirigentes de la comunidad primitiva de Jerusalén, pues Hech 12, 2 afirma que el rey Agripa (41-44 d. C.) le hizo matar, como supone de un modo indirecto Mc 10, 39, donde Jesús le asegura que será capaz de beber su cáliz, lo mismo que su hermano Juan.

— Este Santiago actuó en la iglesia de Jerusalén como miembro del «lobby más político/social de Jesús«… Y así lo vio el rey Agripa, que tomó el reino el año 41 d. C., y para contentar a otros «lobbis» judíos le mando matar, queriendo matar también a Pedro (quien logró escaparse, con la ayuda de un «ángel», es decir, de buenos amigos en la administración judía.

Tradición posterior, Santiago en Compostela 

— Durante 10 años (del 30 al 40 d.C.), Santiago Zebedeo fue con Pedro y Juan dirigente máximo de la Iglesia de Jerusalén (condenado a muerte precisamente por ello, hacia el año 41 d.C).

— Según eso, es difícil que Santiago pudiera llegar como misionero cristiano hasta Galicia. Durante esos años, la Iglesia de Jerusalén no mandó misioneros por el mundo, cosa que empezará a hacer sólo tras el Concilio del 49/50….

–Cuando al fin de la carta a los Romanos Pablo dice que quiere llegar a España está suponiendo (=afirmando) que ningún cristiano ha llegado antes allí como misionero.

Pero la tradición posterior ha actuado bien (simbólica y sabiamente) al llevar a Santiago Zebedeo por Zaragoza  hasta a Compostela… para volverle a llevar alli de muertoy  enterrarle, conservando allí su cuerpo (su memoria) como signo de la misión occidental del evangelio, hasta los límites de Finisterrae, fin de la tierra.  donde está enterrado en sentido simbólico muy profundo, en un campo de estrellas.

Esa ha sido para la iglesia de occidente la primera peregrinación «espiritual», simbólica… respondiendo al ardor de Santiago Zebedeo, el primer apóstol que muere por confesar a Cristo (siendo como era ardoroso, incluso en sentido político/militar, como le verá más tarde la tradición de Compostela).

Esa tradición posterior, que aparecen en los escritos apocalípticos de San Beato de Liébana, le ha vinculado desde el siglo XI con la ciudad hispana de Santiago de Compostela, donde estaría enterrado, al occidente del mundo antiguo, lugar que se ha convertido en uno de los santuarios preferidos de la cristiandad. Santiago aparece así como otro Pablo… Apóstol de Jesús que llegó con el evangelio militante al extremo de la tierra conocida. Ciertamente llegó «en espíritu», y sigue estando en Compostela, recibiendo a todos los que van… El tema real no es si Santiago llegó físicamente a Compostela o si está enterrado allí (que lo está, en espíritu). El problema es «qué santiago llegó…» y sigue estando en Compostela:

Si el primer Santiago Boanerges, hijo de trueno,  que quería imponerse políticamente sobre el mundo, haciendo que Dios mandara  fuego del cielo para matar a los enemigos…

O si el Santiago Santiago que fue ajusticiado por el rey Herodes Agripa hacia el año 41 d.C. porque causaba conflictos en s Reino.

De la identidad de Santiago Zebedeo y de su conversión depende el futuro de la Iglesia, no sólo de la iglesia compostelana (donde se conserva su memoria), sino de la Iglesia universal… pues a partir de la muerte de Juan Zabedeo, convertido al fin a Jesús, comenzó la gran salida de Pedro y Pablo, que ha llegado y sigue llevando el evangelio a todos los pueblos de la tierra.

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2. PRIMERA MEDITACIÓN. PETICIÓN Y PROFECÍA DE LOS ZEBEDEOS(Mc 10, 35-45)  PARA UNA VIGILIA MEDITATIVA EN EL CAMINO DE SANTIAGO

(a. Petición) 35 Y se le acercaron Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo, diciéndole: Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte.36 Jesús les preguntó: ¿Qué queréis que haga por vosotros? 37 Ellos le contestaron: Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu gloria.

(b. Respuesta.Profecía) 38 Jesús les replicó: No sabéis lo que pedís. )Podéis beber el cáliz que yo he de beber, o ser bautizados con el bautismo con que seré bautizado?39 Ellos le respondieron: Sí, podemos. Jesús entonces les dijo: Beberéis el cáliz que yo he de beber y seréis bautizados con el bautismo con que yo seré bautizado. 40 Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado.

(c. Confirmación) 41 Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Jacobo y Juan. 42 Jesús los llamó y les dijo: Sabéis que los que parecen mandar a las naciones las gobiernan tiránicamente y que sus magnates las oprimen. 43 No ha de ser así entre vosotros. El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; 44 y el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea esclavo de todos. 45 Pues tampoco el Hijo del humano ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por mucho (1)

Como representantes de la lógica del mando ha presentado Marcos a Jacobo y Juan, los primeros conspiradores de la iglesia, que utilizan a Jesús para saciar su sed de jerarquía. No buscan algo nuevo, insisten en la línea anterior de búsqueda de “poder”, de Roca (es decir Pedro) o de los Doce (9, 33-34; cf. 8, 33). Juan es sin duda un reincidente, pues ya quiso controlar el Nombre de Jesús, impidiendo que un exorcista no comunitario pudiera valerse del nombre de Jesús (9, 38-41). Ambos son “hijos del trueno” (Mc 3, 17), en línea de fuego y violencia, pues quisieron que el fuego del cielo destruyera a lo samaritanos, un día que no quisieron recibirles (cf. Lc 9, 54). Habían sido llamados al principio para la pesca final (1, 16-29); unidos a Pedro, acompañaron a Jesús en la “resurrección” de la hija del Archisinagogo (5, 37) y en la transfiguración (9, 2). Por eso, al pedirle ahora un puesto a la derecha e izquierda de su gloria, parecen responder con confianza a su confianza.

Es lógico y bueno lo que piden (estar siempre al lado de Jesús), pero lo piden con lógica de mando, elevándose sobre el resto de los discípulos, y sobre todos los que forman el reino de Jesús, ocupando los puestos fundamentales “en su gloria” (en tê doxê sou), compartiendo su poder o su realeza. Es evidente que, siguiendo el orden en que aparecen siempre, Jacobo (¡quizá el mayor!) ocuparía el trono o asiento a la derecha de Jesús y Juan a su izquierda. Así formarían con Jesús el triunvirato del Reino.

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Biblia, Espiritualidad

Sembrar

lunes, 24 de julio de 2023
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cristianos-sembrador

(Photo by Dương Trí on Unsplash)

***

Quien siembra
siembra con esperanza,
aunque el terreno
no sea el mejor
y tenga piedras,
zarzas,
calveros,
lugares yermos,
pisados caminos
y aves en el cielo al acecho.

Quien siembra
siembra con esperanza,
aunque no sea dueño
del tiempo,
de las lluvias,
de las heladas,
de los vientos,
de las sequías,
ni de los calores
que secan el terreno.

Quien siembra
siembra con esperanza,
aunque no distinga
la semilla,
ni entienda
los procesos
de germinación,
ni los milagros encerrados
en la simiente
que lanza a la tierra.

Quien siembra
siembra con esperanza,
aunque solo esparza
en la tierra y en los corazones
semillas pequeñas,
semillas sin prestancia,
semillas de mostaza,
pues sabe que el Señor
del campo y de la semilla
confía en él y en su tarea.

Quien siembra
siembra con esperanza,
aunque no sea suya la semilla,
ni el terreno,
ni sea dueño del tiempo,
ni sepa de climas;
aunque la experiencia le diga
que hay cosechas que fracasan
a pesar del cuidado
y de cántaros de gracia.

Quien siembra
vive la esperanza,
sueña en parábolas,
lanza buenas nuevas,
goza la temporada
y anhela la cosecha;
pero, a veces, las preocupaciones
le hacen pasar las noches en claro,
y nada se soluciona
hasta que se duerme en tu regazo.

¡Saldré a sembrar
para continuar tu tarea
y para que nos cuentes historias
que florezcan en gracia!

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

le-semeur

***

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Oraciones de lamento y esperanza para las personas LGBTQ+

lunes, 24 de julio de 2023
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IMG_9568Sr. Jane Aseltyne, IHM.

La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Sr. Jane Aseltyne, IHM. Hna. Jane, está en primeros votos con las Hermanas, Siervas del Inmaculado Corazón de María de Monroe, Michigan. Tiene una Maestría en Teología Sistemática y Espiritualidad de la Unión Teológica Católica de Chicago. Su tesis de maestría titulada“Beyond the Binary: Expanding Understandings of the Imago Dei,” – “Más allá de lo binario: Expansión de la comprensión de la Imago Dei”, busca desarrollar una comprensión más inclusiva de lo que significa ser hecho a imagen y semejanza de Dios, particularmente en lo que respecta al género y la orientación sexual.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el 16º Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

Recientemente escuché una homilía sobre nuestro llamado a ser una Iglesia acogedora. El sacerdote predicó sobre la importancia de acoger al extranjero, tender la mano a los marginados y estar dispuesto a correr riesgos para ser testigo vivo del amor de Dios. Pero nunca mencionó ningún grupo marginado en particular, como la comunidad LGBTQIA+.

Si bien sus sentimientos eran hermosos, no pude evitar preguntarme, ¿cómo se predica tal homilía e ignora el hecho de que muchos no se sienten bienvenidos por la iglesia? La comunidad LGBTQIA+ continúa marginada. Muchos en nuestra iglesia carecen de comprensión sobre la orientación sexual, la expresión de género y la identidad de género. En general, nuestra iglesia continúa operando con un pensamiento binario, lo cual perjudica a todo el pueblo de Dios. No hemos hecho un buen trabajo al escuchar las experiencias de las personas LGBTQIA+ y lo que significa para ellas vivir plenamente sus identidades queer.

Pero las lecturas litúrgicas de hoy nos llaman a mantener unida la tensión de lo que está aquí y lo que está por venir.

En la primera lectura del libro de la Sabiduría, dice el autor, “les diste a tus hijos un buen motivo para la esperanza de que permitirías el arrepentimiento de sus pecados”. Quizás el pecado del que debemos arrepentirnos es la exclusión del pecado de aquellos que no encajan dentro de los límites de la heteronormatividad o el género binario. Nuestro “buen terreno para la esperanza” comienza en Dios, y es a través de nuestra relación con Dios que estamos llamados a la inclusión radical de los más marginados.

En el salmo, vemos la tensión de alabar a Dios, pero también el anhelo de ser escuchado:

“Tú, oh SEÑOR, eres bueno y perdonador,

abundante en bondad para con todos los que te invocan.

Escucha, oh Señor, mi oración

y escucha el sonido de mi súplica.”

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El salmo se basa en la tradición del lamento que prevalece en todo el Antiguo Testamento. Los lamentos son, al mismo tiempo, declaraciones de esperanza y confianza en Dios y oportunidades para que las comunidades se reúnan y oren por el o los que sufren. Los Salmos y los textos proféticos están llenos de lamentaciones del pueblo de Dios (cf. Salmo 13; Miqueas 1:8; Jeremías 31:15). El lamento es parte de nuestro camino hacia Dios, y al practicar el lamento, expresamos la plenitud de nuestras emociones humanas: angustia y esperanza, anhelo y amor, miedo y alegría.

Cuando nos reunimos en misa o en otros contextos de oración comunitaria, ¿qué pasaría si saliéramos y ofreciéramos peticiones para nuestros hermanos queer? ¿Qué pasaría si el sacerdote que predicó sobre ser una iglesia acogedora incluyera peticiones enfocadas en la comunidad LGBTQIA+?

El testimonio público de las oraciones intercesoras centraría la experiencia de la comunidad queer y podría ser una forma de atraer a la gente. También mantendría la larga tradición de unir el lamento y la esperanza. A modo de ejemplo, ofrezco varias peticiones que pueden ser un buen punto de partida:

Por nuestra iglesia, para que podamos practicar lo que predicamos y, con los brazos abiertos, recibir a quienes se identifican como miembros de la comunidad LGBTQIA+. Que aquellos en posiciones de poder dentro de la iglesia recuerden que Jesús dio la bienvenida a todos a la mesa sin discriminación, oremos…

Para el Papa Francisco, que pastoree el Sínodo sobre la Sinodalidad con un corazón y una mente abiertos. Que él centre las experiencias de las personas LGBTQIA+ y escuche las súplicas de aquellos que anhelan una inclusión plena en la iglesia, roguemos…

Por nuestro mundo, para que podamos regocijarnos en la diversidad que constituye la raza humana. Para que podamos encontrarnos curiosos en lugar de condenar a aquellos que son diferentes a nosotros, y que nos regocijemos en las muchas formas en que el amor de Dios fluye a través de cada uno de nosotros, oremos…

Por las familias y amigos que han perdido seres queridos por la violencia y discriminación hacia las personas queer. Que el amor y la paz de Dios sean un bálsamo para sus corazones doloridos, y que sientan a sus seres queridos cerca en espíritu, roguemos…

Para aquellos que alguna vez se preguntaron si verdaderamente fueron hechos a imagen y semejanza de Dios por su orientación sexual o identidad de género. Que sepan que están hechos maravillosa y maravillosamente a la imagen amorosa de Dios, oramos…

Para aquellos en la comunidad LGBTQIA+ que se han sentido excluidos porque la Palabra de Dios se ha convertido en un arma y una herramienta de opresión. Que Dios rompa las barreras que han llevado a interpretaciones dañinas, roguemos…  Pedimos que Dios escuche el sonido de nuestras súplicas y nos sostenga en nuestro trabajo de reconocimiento y afirmación de la comunidad LGBTQIA+. Que podamos mantener unidas la desesperación que sentimos y la esperanza que anhelamos.

Amén.

—Sr. Jane Aseltyne, IHM, 23 de julio de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Los 21 cristianos coptos asesinados en Libia en 2015 por el Estado Islámico, testigos de la fe

lunes, 24 de julio de 2023
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139394_21_martires_coptos11Gracias a la creación por el papa Francisco de la «Comisión de los nuevos mártires» 

El martirio de los 21 hombres asesinados por el autodenominado Estado Islámico en 2015 fue una fuente de nueva vida para la comunidad cristiana de la Iglesia copta ortodoxa de Egipto

El jesuita de origen suizo, Philippe Luisier, explica la centralidad del martirio en esa Iglesia y señala la importancia de la creación de la «Comisión de los nuevos mártires» querida por el Papa para recordar a todos los testigos de la fe, no solo a los católicos

(Vatican Media).- «Quizá la mayor gloria de la Iglesia copta sea su cruz». Así está escrito en la página web de la diócesis de la Iglesia copta ortodoxa de Milán, donde se afirma además que «los coptos están orgullosos de las persecuciones que tuvieron que soportar, empezando por el martirio de su patrón San Marcos, especialmente durante la época romana», cuando incluso el emperador Diocleciano fue a Alejandría (Egipto) para practicar personalmente la persecución. Debido al gran número de mártires entre sus fieles y a su valentía al ir incluso hasta la muerte para dar testimonio de su fe, la Iglesia Ortodoxa Copta recibe de hecho el nombre de «Iglesia de los Mártires». Hoy constituye la mayor comunidad cristiana de Oriente Próximo, y en Egipto, de donde es originaria, representa la mayor minoría religiosa del país, con cerca del 15% de la población.

Un coraje que los coptos demostraron ante el mundo por los 20 egipcios y un ghanés que el 15 de febrero de 2015 fueron degollados en la playa de Esmirna (Libia), donde trabajaban. Fueron asesinados por hombres del autodenominado Estado Islámico en uno de los períodos más negros de la región por el fundamentalismo religioso. «Estos mártires fueron bautizados no sólo en el agua y en el Espíritu, sino también en la sangre, con una sangre que es semilla de unidad para todos los seguidores de Cristo», dijo el papa Francisco en un videomensaje el 15 de febrero de 2021 con motivo de la conmemoración de los coptos canonizados por su Iglesia.

Luego anunció, en su encuentro con Su Santidad Tawadros, Papa de Alejandría y jefe de la Iglesia copta ortodoxa de Egipto, el 11 de mayo de 2023 en el Vaticano, que «con el consentimiento de Su Santidad, estos 21 mártires serán incluidos en el Martirologio Romano como signo de la comunión espiritual que une a nuestras dos Iglesias». Un pensamiento reiterado por el Papa en la reciente Carta por la que se instituye la «Comisión de los nuevos mártires» con el objetivo de recoger los testimonios de vida, hasta el derramamiento de sangre por Cristo, de los últimos 25 años, una búsqueda extendida a todas las confesiones cristianas y no sólo a los católicos.

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Martirizados simplemente por ser cristianos

Los cuerpos de los 21 coptos aparecieron enterrados en una fosa común, vestidos con las mismas ropas naranjas que llevaban en el momento de su ejecución. En su honor se construyó una iglesia en Al-Aour, dedicada a los Mártires de la Fe y de la Patria, visitada por creyentes de todo Egipto. El padre jesuita Philippe Luisier, profesor de lengua copta en el Pontificio Instituto Oriental de Roma, habla con Vatican News sobre el valor del martirio en la Iglesia copta.

Padre Luisier, ¿cuál es la importancia de los mártires en el mundo copto actual y, especialmente, cuál es el significado de los 21 miembros cristianos de la Iglesia copta asesinados en 2015?

Si conocemos a fondo la realidad de la Iglesia copta, veremos que el martirio es algo fundamental en ella. Hay que decir que para los coptos tiene una gran importancia el monacato -que ha influido mucho en el monacato occidental, que debe todo al monacato de San Pacomio- y que hay una realidad muy fuerte de martirio, de mártires en la Iglesia copta. No sólo de los mártires -que son muy numerosos- de la época de Diocleciano, sobre todo en el Alto Egipto, casi todos de la región de Samàlut, a unos 200 kilómetros al sur de El Cairo, en el valle del Nilo. Allí, cada 10 kilómetros hay un santo o monje mártir que es el pilar de la Iglesia local. Además de los mártires de la época de Diocleciano, también están los neomártires, es decir, los que fueron martirizados tras la llegada de los musulmanes al país. Los mártires de hoy, los de 2015, continúan una tradición muy rica y también están vinculados a la liturgia de la Iglesia. Eran diáconos, por lo que las figuras de estos mártires están fuertemente arraigadas en la Iglesia copta del Alto Egipto. Y son testigos muy válidos para el Egipto de hoy.

La Carta del Papa Francisco creando la «Comisión de los Nuevos Mártires» confirma el valor de ese ecumenismo de sangre del que usted ha hablado a menudo en el pasado…

Sí, absolutamente. No olvidemos que nos estamos preparando para el Año Santo de 2025, y ya en el gran Jubileo de 2000 se abrió una visión mucho más ecuménica del martirio para dar a conocer a todos los mártires cristianos declarados tales por su testimonio del nombre de Jesucristo. Los mártires coptos fueron martirizados porque eran simplemente cristianos, no daban testimonio de nada más, no tenían nada más que testimoniar que el hecho de ser cristianos. Esto, en vista del Jubileo de 2025, puede ser un hermoso testimonio de ecumenismo de sangre, pero también de unidad en la misma fe en Jesucristo.

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Museo de los mártires coptos asesinados por el Estado Islámico en 2015 RRSS

Fuente Religión Digital

Espiritualidad, General, Iglesia Católica, Iglesia Ortodoxa Copta , ,

70 veces siete… La verdadera indulgencia

domingo, 23 de julio de 2023
Comentarios desactivados en 70 veces siete… La verdadera indulgencia

 

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 Piensa también
con los pies
sobre el camino
cansado
por tantos pies caminantes.

Piensa también, sobre todo,
con el corazón
abierto
a todos los corazones
que laten igual que el tuyo,
como hermanos,
peregrinos,
heridos también de vida,
heridos quizá de muerte.

Piensa vital, conviviente
conflictivamente hermano,
tiernamente compañero.

*

Pedro Casaldáliga
Todavía estas palabras, 1994

***

 

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente:

“El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?” Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho.” Los criados le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?” Pero él les respondió: “No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: ‘Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.’”

Les propuso esta otra parábola:

“El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.”

Les dijo otra parábola:

“El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.”

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: “Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.” Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle:

“Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.”

Él les contestó:

– “El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.”

*

Mateo 13,24-43

***

La indulgencia es una expresión finísima de la caridad, porque es a la vez comprensión, discreción, paciencia y confianza. Con ésta -y solo con ésta- se supera un gran obstáculo que normalmente se interpone entre nosotros y nuestro prójimo.

De hecho, lo que hace más difícil el ejercicio de la caridad son, frecuentemente, los defectos que encontramos en los demás. Y estamos fácilmente llevados a verlos, a verlos mucho mas que los nuestros, y así estamos siempre dispuestos a la crítica.

Este obstáculo no se supera espontáneamente, porque el defecto de por sí no acerca a las almas, ya que es una falta, y lo que falta no puede nunca ser un elemento positivo de unión. Por consiguiente, es necesario suplir voluntariamente lo que falta en la persona defectuosa, con algo que les permita a las almas encontrarse. Este algo lo da precisamente la “indulgencia”.

La indulgencia de la que hablamos no consiste, sencillamente, en “cerrar los ojos” a los defectos de los demás: el cerrar los ojos lleva, la mayoría de los veces, al desinterés. Sin embargo, con la verdadera indulgencia los defectos se ven bien; solo que se les “indulta”, es decir, se le “concede” el perdón, pero no al defecto, sino a la imperfección moral de la persona, en cuanto que nos concierne y nos choca, quitándonos algo. Por tanto, un perdón así implica también el propósito de enmienda de los demás, para que la persona no quede privada de aquel bien moral que se deriva de corregir aquel defecto. Y por esta enmienda se le concede confianza. La verdadera indulgencia consiste en esto.

¿Y hasta qué punto hay que emplear la indulgencia? La respuesta nos la proporciona el Señor diciéndonos que hay que perdonar a los hermanos “setenta veces siete”, es decir, siempre. Naturalmente, es difícil una indulgencia tan generosa y delicada; sin embargo, estamos llamados precisamente a hacer esto con los “hermanos” que “pecan” o -por seguir en nuestro contexto- con los defectos de nuestro prójimo.

La indulgencia permite así demostrar el amor con su exquisita delicadeza, que contiene realmente lo mejor del alma y del corazón. De hecho, en este caso, el amor no se busca a si mismo, ni busca su satisfacción; busca sólo el verdadero bien de la persona amada. Y es un amor profundamente activo, porque obra de verdad, es decir, “da”: da el perdón y da también la confianza a la persona con la que tiene indulgencia. Amar a una persona virtuosa no es difícil, pero tener indulgencia y amor a una criatura defectuosa exige la fuerza grande de la virtud, Ya que, además de una gran generosidad, que permite pasar por encima de uno mismo, se necesita aquí una paciencia confiada, que sabe esperar a que los demás se enmienden sin cansarse nunca. Y esto acrecienta todavía más la alta moral del amor.

*

R. Bessero Belti,
Lo que vale un corazón lleno de la presencia interior del Espíritu,
Eunate, Pamplona l995, 79-8] ; traducción, Julia Bellido.

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“La fuerza transformadopra de la levadura”. 16 Tiempo ordinario – A (Mateo 13,24-43)

domingo, 23 de julio de 2023
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36_TO-16_A_1698202Jesús lo repetía una y otra vez: ya está aquí Dios tratando de trasformar el mundo; su reinado está llegando. No era fácil creerle. La gente esperaba algo más espectacular: ¿dónde podían captar el poder de Dios imponiendo por fin su reinado?

Todavía recordaba Jesús una escena que había podido contemplar desde niño en el patio de su casa. Su madre y las demás mujeres se levantaban temprano, la víspera del sábado, a elaborar el pan para toda la semana. A Jesús le sugería ahora la actuación maternal de Dios introduciendo su «levadura» en el mundo.

Con el reino de Dios sucede como con la «levadura» que una mujer «esconde» en la masa de harina para que «todo» quede fermentado. Así actúa Dios. No viene a imponer desde fuera su poder, como el emperador de Roma. Viene a trasformar la vida desde dentro, de manera callada y oculta.

Así es Dios: no se impone, sino que trasforma; no domina, sino que atrae. Y así han de actuar quienes colaboran en su proyecto: como «levadura» que introduce en el mundo su verdad, su justicia y su amor de manera humilde, pero con fuerza trasformadora.

Los seguidores de Jesús no podemos presentarnos en esta sociedad como «desde fuera», tratando de imponernos para dominar y controlar a quienes no piensan como nosotros. No es esa la forma de abrir camino al reino de Dios. Hemos de vivir «dentro» de la sociedad, compartiendo las incertidumbres, crisis y contradicciones del mundo actual, y aportando nuestra vida trasformada por el evangelio.

Hemos de aprender a vivir nuestra fe «en minoría» como testigos fieles de Jesús. Lo que necesita la Iglesia no es más poder social o político, sino más humildad para dejarse trasformar por Jesús y poder ser fermento de un mundo más humano.

José Antonio Pagola

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