Henri Nouwen, tras su experiencia latinoamericana en la que conoció el rostro real de la Espiritualidad de la Liberación de mano del propio Gustavo Gutiérrez, publicó el prólogo a la edición estadounidense del libro de Gutiérrez Beber en su propio pozo (Sígueme, Salamanca, 1984). De un texto que Nouwen publicó el 15 de octubre de 1983, extraemos el siguiente comentario:
“Quiero examinar ahora de un modo más detallado algunos aspectos de esta espiritualidad de la liberación… La espiritualidad de la liberación afecta a todas las dimensiones de la vida. Es una espiritualidad realmente bíblica, en la que el acto salvador de Dios en la historia penetra en todos los niveles de la existencia humana… ‘Pobreza significa muerte’, escribe [Gustavo] Gutiérrez. Pero esta muerte no es sólo física, sino también mental y cultural. Implica la destrucción de individuos, pueblos, culturas y tradiciones… la lucha a la que el Dios de la Biblia convoca a su pueblo es mucho más amplia que la lucha por unos derechos políticos o económicos. Es una lucha contra todas las fuerzas se la muerte, dondequiera que éstas se manifiesten, y una lucha por la vida en el sentido más pleno de la palabra.
Comentarios desactivados en Hacia una presencia más profunda
Del blog Amigos de Thomas Merton:
«Somos convocados a la presencia de Dios por el hecho de nuestro nacimiento, pero nos hacemos presentes a Dios sólo por nuestro consentimiento. A medida que se desarrollan y despliegan gradualmente nuestras facultades y capacidades de relacionarnos, crece la capacidad de entrar en relación con Dios y cada paso hacia una presencia más profunda requiere un nuevo consentimiento. Cada nuevo despertar a Dios cambia nuestra relación con nosotros mismos, con todos y con todo lo demás. El crecimiento en la fe es crecimiento en la percepción correcta de toda la realidad«
Comentarios desactivados en El buen pastor da la vida por las ovejas
Pastor de tu pueblo.
Pastor de tu pueblo,
Tú nos guiaste por mesetas montes y cañadas,
con paciencia, ternura y sabiduría,
como los viejos pastores guían sus rebaños.
Hoy estamos desorientados y sin sueños.
¿Por qué no vienes a estar con nosotros un rato?
¿Por qué no nos sacas de estos apriscos vanos?
¿Por qué sigues sentado en tu trono de nubes?
Andamos errantes por campos agostados
sorbiendo el polvo y nuestro llanto;
nos flaquean el ánimo y las fuerza
y no encontramos un lugar de descanso.
Hemos perdido el horizonte que nos señalaste
y somos víctimas de nuestros miedos,
de nuestros anhelos frustrados en el camino,
de nuestros egoísmos y laberintos diarios.
Pero somos los mismos que sacaste de la esclavitud,
que guiaste y acompañaste por el desierto
y después invitaste a vivir en todos los rincones
y países que tú amas, cuidas y mantienes.
Crecimos como las estrellas del cielo.
Llegamos hasta los confines de la tierra.
Nos hicimos presentes en todos los continentes,
y ahora estamos aletargados, encogidos, con miedo.
Nos dijiste que éramos tu rebaño escogido,
tu pueblo, tu iglesia, tus hermanos…,
y nos hemos convertido en el cachondeo diario
de quienes caminan a nuestro lado.
Tú, que eres buen pastor, con entrañas y corazón…
Tú, que conoces a los tuyos por su nombre…
Tú, que los defiendes de lobos y otros peligros…
Tú, que prometiste darnos vida siempre…
¡Sílbanos tus alegres canciones que motivan,
llévanos por tus caminos preferidos,
condúcenos a los pastos que alimentan
y a las fuentes refrescantes que Tú conoces.
¡Muéstranos tu rostro alegre y luminoso,
como el sol nos ofrece generoso el suyo!
¡Guíanos, en estos tiempos de duda e incertidumbre,
con paciencia, ternura y sabiduría!
¡Reúnenos,
cúranos,
defiéndenos
y danos tu Espíritu!
*
Florentino Ulibarri
***
En aquel tiempo, dijo Jesús:
“Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir el lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que al Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.”
*
(Juan 10,11-18)
***
Cuando dice Jesús: «Yo soy el buen pastor y conozco a mis ovejas», es preciso atribuir al término conocer todo cuanto hay de más profundo, de más amoroso en los labios del Señor Jesús. «Y mis ovejas me conocen», porque así debemos conocerle nosotros, por nuestra parte, con ese conocimiento vital que supera todo conocimiento.
Un día comprendí de modo existencial lo que es el «conocimiento» del buen pastor. Estaba sentado a la mesa, a mediodía. Habíamos trabajado durante toda la mañana, un trabajo sucio, con sacos de azúcar que nos dejaban a todos embadurnados. Me encontraba en el lugar de presidencia de la mesa, y por eso, dada la disposición de los sitios, veía de frente a todos mis compañeros de trabajo. Me sorprendía el hecho de que sus rostros parecían cubiertos por una especie de máscara anónima, compuesta de polvo, suciedad, cansancio… Todos se parecían. Después de la comida, como nos quedaba un poco de tiempo libre, una media hora, antes de reemprender el trabajo, me fui con cinco o seis de ellos a un pequeño café, el bar Gaby, como se llamaba la dueña. Era una auténtica marsellesa, próspera, vivaz, alegre; y cada vez que iba al bar Gaby, pensaba yo en la frase de Jesús: «Yo conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen». En efecto, la dueña del bar Gaby conocía a las ovejas que iban a su abrevadero; conocía el nombre, el apellido y el apodo de cada uno. Y hasta los nombres que podían resultar injuriosos en boca de otros, dichos por ella asumían un tono amistoso. Ella me conocía. Para ella, yo era unas veces Jackie; otras, el «Gafotas». Cada uno era cada uno. Entonces, en contacto con aquella mujer que conocía a sus ovejas y que sus ovejas la conocían, vi caer la máscara que tanto me había sorprendido hace un momento en el comedor: ante aquella mujer se habían vuelto hombres de nuevo, con su propio nombre y apellido. Y -de improviso surgía algo limpio y sencillo en sus miradas, que volvían a ser como la mirada de un niño.
*
Jacques Loew, Ese Jesús al que se llama Cristo, Euramérica, Madrid 1973.
Comentarios desactivados en La relación primordial
Del blog de Henri Nouwen:
La vida de Jesús es una invitación a creer, no simplemente en él, sino en la relación que existe entre él y Dios, al que llama “Padre”. Su mensaje al mundo es que esa relación está también a nuestro alcance: “Mediante su vida y su muerte, Jesús nos anuncia que en el corazón del divino Amor anida el deseo de estar en relación con cada persona individual”. Y cuando establecemos esa relación, entre hijo y Padre, entre Dios y yo, vuelvo al hogar, a mi verdadero hogar. Ese es el foco de las enseñanzas de Jesús; él vino, no por sí mismo, sino enviado, y en relación con el Espíritu. Toda la vida de Jesús es relevante a causa de su relación con la Fuente, de la que procede, que es quien lo envía a nosotros.
Creer en Jesús, es creer que procede el Único, que le dice: Tú eres mi Hijo, muy amado; creer en Jesús es creer en sus palabras que provienen de su vínculo con el Padre, de quien las ha escuchado. Creer en Jesús es creer que el Padre obra a través de Jesús, y que es el Espíritu quien trabaja a través de él. Es creer que la gloria de Jesús no es suya, sino del Padre que lo envió. “Es esta una unión tan plena y tan llena que ni siquiera hay un lugar recóndito en el que se pueda experimentar ausencia o separación”. Ahí está en hogar: estar en esa relación es estar en casa.
Nosotros, en el seguimiento, debemos creer no solamente en esa unión entre Jesús y el Padre, sino también en mi relación con el Padre, que me envió también al mundo, como hijo suyo. El hombre Jesús refleja una relación “encarnada” con el Amor incondicional para revelarnos cómo estar en casa en nuestra humanidad. “Quien me ve a mí, ve al Padre”; “El Padre y yo somos uno. Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí”; “Como el Padre me ha amado, así les he amado yo”. El Padre dice a Jesús: “En ti me complazco”. Todo esto refleja también nuestra propia relación con el Padre; estamos llamados a vivir esta relación, y estar en Jesús, es estar en el Padre. “Permanezcan en mi amor”.
Jesús no hace distinción entre él y nosotros, al contrario; nos implica siempre en su relación con el Padre: “Todo lo que he escuchado gracias a mi comunión con el Amado que habita en mí, se los he dicho a ustedes, porque quiero que tengan la misma experiencia de conocimiento del Amor que tengo yo. Todas las cosas que realizo en nombre de mi Padre que tanto me ama, también ustedes pueden hacerlas, y aún más grandes. Y también la gloria que recibo del Padre, también les pertenece”. Tenemos que vivir nuestra condición de hijos como la vivió el Hijo, adultos del Amor incondicional, viviendo en comunión íntima con el mismo Amor, para visibilizar el Espíritu del Amor presente en el mundo.
En fin, que Jesús no vino simplemente a hablarnos sobre un Creador amoroso que está muy lejos, y que desde esa lejanía se ocupa de nosotros; Jesús vino para ofrecernos participar plenamente de esa misma comunión con el Espíritu-Padre-Madre-Amante de la que él disfruta. El vínculo entre Jesús y su Padre es como la respiración (La palabra griega para “espíritu”, es “pneuma”, aliento); Respirar es tan central e íntimo que ni siquiera nos damos cuenta de que estamos respirando, y si nos damos cuenta es porque algo anda mal. Respirar forma parte de nuestra vida: respiramos y vivimos. Así es la relación de Jesús y el Padre: inmediata, imprescindible y cercana. Y al resucitar, dice a los suyos: “Es necesario que yo me vaya, porque les enviaré mi Aliento. Entonces vivirán plenamente como vivo yo”.
Todas estas imágenes no alcanzan a explicar el misterio del Amor, pero pretender decirnos que amar es igualarse con aquel que amamos. Se trata de estar en el hogar, para vivir en el aliento de Dios, intimando con Él, y transformándonos para llegar a ser el Amor para los demás: amor compasivo, dispuesto a perdonar, creativo. Vivir como amantes (Cristo, hijos), respirando siempre (Espíritu) el aire de Dios (Padre).
***
(Notas tomadas tras la lectura de un capítulo del libro «Esta noche en casa. Más reflexiones sobre la parábola del hijo pródigo«, de Henri Nouwen)
Comentarios desactivados en Historias donde el cielo y la tierra se tocan
Del blog Amigos de Thomas Merton:
«Érase dos monjes que en un antiguo libro habían leído que en el otro extremo del mundo había un lugar en el que el cielo y la tierra se tocaban. Entonces decidieron buscarlo y no regresar hasta haberlo encontrado. Atravesaron el mundo, superaron incontables peligros, sufrieron todas las privaciones que una gira semejante con lleva y todas las tentaciones que a uno pueden apartarlo de su objetivo. Ellos habían leído que allí había una puerta, que bastaba con llamar, y que uno se encontraba en la presencia de Dios. Al fin, encontraron lo que buscaban; llamaron a la puerta y vieron, con el corazón palpitando a tope, cómo se abría, y cuando entraron… estaban en casa, en la celda de su convento. Entonces lo comprendieron: el lugar donde el cielo y la tierra se juntan se encuentra en esta tierra, en el lugar que Dios nos ha asignado«.
*
Jörg Zink
***
«Paseaba un alumno por una terraza con Confucio. Abajo, unos jóvenes danzarines ensayaban la coreografía para un nuevo ballet. Fíjate lo armónicos que son sus movimientos, dijo Confucio. A mí el baile me parece algo superficial –repuso el alumno–. ¿No sería mejor que los jóvenes pasaran su tiempo en meditación?. A lo que Confucio replicó: ¡Magnífica pregunta! Si creyéramos que solo hay un camino que conduce a la sabiduría, pronto nos cansaríamos y careceríamos de entusiasmo. Pero si recorremos diversos caminos, si meditamos, bailamos, cultivamos un jardín o pisamos la uva, entonces encontramos nuevas y distintas facetas en nosotros. Todo ello nos hace más fuertes, nos da aliento y nos ayuda a reaccionar si un día surgen obstáculos en nuestro camino. Entonces, esos obstáculos no nos perturbarán.
*
Willi Hoffsümmer
***
«Un erudito intelectual acudió a un rabí. Como había oído hablar muy bien de él, le expuso un deseo completamente personal y le dijo: Llevo estudiando teología muchos años y he leído un libro tras otro, pero hasta ahora nunca he encontrado a Dios. Respondió el rabí: Entonces, seguro que todavía no te has agachado lo suficiente.
«Rabí, hay algo que no entiendo: se acerca alguien a un pobre y se muestra amable y le ayuda en lo que puede. Pero llega a un rico y ni siquiera lo mira. ¿Qué pasa con el dinero?. Entonces dijo el rabí: Acércate a la ventana: ¿qué ves?.Contestó:Veo a una señora con un niño. Y un coche que va al mercado. «Bien. Ahora ponte delante del espejo. ¿Qué ves?». ¡Por Dios, rabí, qué voy a ver: a mí mismo!. «Pues ya ves: la ventana está hecha de cristal, y de cristal está hecho el espejo. Basta con poner un poco papel de plata detrás, y uno ya solo se ve a sí mismo».
Vivir pascualmente
es vivir cada momento intensamente,
como si fuese el último,
y dar cada paso, con sorpresa y gozo,
como si fuese el primero.
Es inspirar amor y conciencia
en nuestro frágil cuerpo e historia,
y entrar con gozo y paz
en el cuerpo universal y místico
que todos somos ya ahora.
Es acoger la liberación y sanación
de nuestro ser entero
que se hacen presentes, aquí y hora
y en el reverso de la historia,
rompiendo nuestros normas y credos.
Es mirar y ver las llagas
del cuerpo y del alma
tan sangrantes en tantas personas,
y no pensar que quienes las tienen
son aprovechadas o fantasmas.
Es compartir lo que tenemos,
con generosidad y gozo,
con los hemanos necesitados
aunque no los conozcamos
y sólo sea un trozo de pez asado.
Es desprendernos del sufrimiento y miedo,
que atenazan y cierran
nuestra mente, corazón y entrañas,
y abrir todas las ventanas
a tu brisa resucitada.
Es no perder la capacidad de asombro,
abrir nuestro entendimiento,
aprender día a día en cada encuentro,
alegrarse por todo lo bueno,
y ser testigos de lo vivido.
Es ver en cada paso humano
tu paso divino de enamorado,
tan pascual y cercano,
tan rompedor y solidario,
tan al lado de nuestros pies cansados…
Comentarios desactivados en Dios quiere ser vivido
Del blog Amigos de Thomas Merton:
¿Misticismo y corporalidad, espiritualidad y vida cotidiana, ¿acaso no se excluyen?
«Todo lo contrario, se compenetran. En este contexto me gusta citar a Josef Beuys: El misterio tiene lugar en la estación del ferrocarril. Así es: Dios se manifiesta en la vida cotidiana, y en ningún otro sitio se le va a encontrar. El Maestro Eckhart ha expuesto esta verdad de forma muy plástica en su exégesis, tan singular, de la historia bíblica sobre María y Marta (sermón 28). No debería ser María, la que está sentada en arrobamiento a los pies de Jesús, el ejemplo a seguir sino Marta, que se afana y sirve a Jesús. Marta está más adelantada que María en el camino espiritual, conoce la experiencia mística que impregna su vida cotidiana mientras que María aún disfruta del gozo del éxtasis. María tiene que atravesar todavía su experiencia de iluminación para volver a la vida cotidiana. Es allí, en las cosas sencillas, donde se trata de experimentar la realidad divina. Dios no quiere ser adorado, sino vivido. Solo por este motivo hemos nacido como seres humanos: porque Dios quiere ser persona en nosotros«.
Comentarios desactivados en Lo importante es confiar
Del blog de Henri Nouwen:
«Jesús nos llama a reconocer que el gozo y la pena nunca se separan, que la alegría y la tristeza van muy juntas, y que el luto y el baile son partes de un mismo movimiento. Por eso Jesús nos pide dar gracias por cada momento que hemos vivido, y afirmar nuestro particular camino como la manera con la que Dios moldea nuestro corazón para mayor armonía con Él. La cruz es el símbolo principal de nuestra fe, y nos invita a encontrar esperanza donde vemos dolor y a reafirmar la resurrección donde vemos muerte. El llamado a ser agradecido es para confiar que cada momento de nuestra vida es un viacrucis que conduce a una nueva vida«.
. . . Estamos hechos de su materia – su agua, su carbono, sus electrones, protones y neutrones. Tenemos masa y experimentamos inercia. La electricidad dentro de nuestras fibras nerviosas, por ejemplo, es parte de la electricidad del cosmos. Los átomos de nuestro cuerpo, como los de las sustancias que estudian los químicos, se mantienen unidos por enlaces. El núcleo de cada uno de nuestros átomos, y también de los que se encuentran en materiales distintos de nosotros, se mantiene unido por misteriosas fuerzas nucleares. El aliento de nuestra vida depende de la atmósfera que nos proporcione átomos de oxígeno. Sin embargo, no somos dueños de nuestros átomos. Los tomamos prestados para usarlos a lo largo de nuestras vidas y los entregamos al morir.
Our Bodies Are Part of the Cosmos . . .
. . . We are made of its matter – its water, its carbon, its electrons, protons, and neutrons. We have mass and we experience inertia. The electricity within our nerve fibers, for example, is part of the electricity of the cosmos. The atoms in our bodies, like those in the substances that chemists study, are held together by bondings. The core of each of our atoms, and also of those in materials apart from ourselves, is held together by mysterious nuclear forces. The breath of our life depends on the atmosphere that provide us with oxygen atoms. Yet we do not own our atoms. We borrow them to use throughout our lives and surrender them at death.
Pero entonces, ¿nuestra alma, nuestras energías, nuestro ser también?
La Biblia nos dice que Dios sondea los riñones y los corazones. Sin embargo, no son los órganos corporales los que se designan (aunque Dios puede preocuparse por nuestra salud física) sino más bien lo que los habita: las energías vitales y las intenciones, en el sentido de dirección de la vida. Los riñones son concebidos como la sede de la energía vital, y especialmente de la potencia sexual, pero no sólo. El corazón es concebido como el centro del ser, donde residen a la vez, tanto las emociones como la voluntad. El Antiguo Testamento no distingue entre corazón y cabeza como lo hacemos hoy. Para él, todo es uno, es lo mismo.
Cuando Jesús es resucitado, ¿qué es resucitado?
¿Qué es lo que está vivo?
Y yo, cuando resucite,
¿Qué es lo que resucitará
¿Tomo prestado del universo y lo devuelvo?
¿Es que cruzo el universo
y recupero mi integridad
después de estar un tiempo encerrado
en la materia?
Donde esta la vida
¿Qué es la vida?
No lo sabemos.
No completamente.
Y el acontecimiento de Pascua
viene a alimentar positivamente
todas estas preguntas.
Los amigos de Jesús dicen que lo han visto resucitado,
aunque les cuesta reconocerlo.
Hay, sin embargo, este impulso,
esta fuerza de vida.
Que los despierta, que los confirma, que los arrastra.
Señor Jesús, acuérdate
de esta pequeña casa, allí en Emaús,
y del fin del camino que conduce a ella cuando se viene de la carretera principal.
Acuérdate de aquellos a los que una tarde, abordaste allí,
acuérdate de sus corazones abatidos,
acuérdate de tus palabras que les abrasaron,
acuérdate del fuego en el hogar a cuyo lado te sentaste,
y de donde se levantaron transformados,
y de donde partieron hacia las proezas de amor…
Míranos.
Mira, todos somos peregrinos de Emaús,
somos todos los hombres que luchan en la oscuridad de la noche,
llenas de dudas después de los días malos.
Nosotros también somos los de los corazones cobardes.
Ven sobre nuestro camino, abrásanos el corazón a nosotros también.
Entra con nosotros a sentarte junto a nuestro fuego…
Y que exultando de alegría triunfal, a nuestra vez,
nos levantemos para saltar y revelar.
*
Abbé Pierre
***
En aquel tiempo, los discípulos [de Emaús] contaban lo que les había ocurrido cuando iban de camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Estaban hablando de ello, cuando el mismo Jesús se presentó en medio y les dijo:
– La paz esté con vosotros.
Aterrados y llenos de miedo, creían ver un fantasma.
Pero él les dijo:
– ¿De qué os asustáis? ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior? Ved mis manos y mis pies; soy yo en persona. Tocadme y convenceos de que un fantasma no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.
Y dicho esto, les mostró las manos y los pies.
Pero como aún se resistían a creer, por la alegría y el asombro, les dijo:
– ¿Tenéis algo de comer?
Ellos le dieron un trozo de pescado asado. Él lo tomó y lo comió delante de ellos. Después les dijo:
– Cuando aún estaba entre vosotros ya os dije que era necesario que se cumpliera todo lo escrito sobre mí en ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.
Entonces les abrió la inteligencia para que comprendieran las Escrituras y les dijo:
– Estaba escrito que el Mesías tenía que morir y resucitar de entre los muertos al tercer día y que en su nombre se anunciará a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén, la conversión y el perdón de los pecados. Vosotros sois testigos de estas cosas.
*
Lucas 24, 35-48
***
La paz no es una situación; ni siquiera un estado de ánimo, ni tampoco es, ciertamente, sólo una situación política; la Paz es Alguien. La paz es un nombre de Dios. Es su «nombre, que se acerca» (Is 30,27) y trae con él la bendición que funda la comunidad, que toca personalmente y reconcilia. La paz es Alguien, el Traspasado, que aparece en medio de nosotros y nos muestra sus manos y su costado diciendo: «La paz esté con vosotros».
La paz es verle a él: «¡Señor mío y Dios mío!» (Jn 20,28) y aceptar asimismo la muerte como algo que no puede ser separado de su amor. «El es nuestra paz. Paz para los que están cerca y para los que están lejos» (Ef 2,17). En este pasaje encontramos la identificación más fuerte de la paz con el nombre de Jesús.
«El ha hecho de los dos pueblos uno solo» (Ef 2,14). A partir de toda dualidad, desorden y separación, a partir de toda división, ha hecho el «Uno», ha fundado el Uno y «ha anulado la enemistad en su propia carne» (Ef 2,14). Quien por medio de la oración busca la paz con todo su corazón, busca a aquel que es la paz, en el único lugar en que se entregan la reconciliación, el perdón de los pecados y la paz: el lugar del sacrificio, el Gólgota, el Moria eterno.
*
B. Standaert, Paz y Oración, en G. Alberigo – E. Bianchi – C. M. Martini, La paz: don y profecía, Magnano 19912, pp. 129s).
Mi padre me preguntó si era gay.
Dije: ¿importa?
Él dijo: no, en realidad no.
Dije si.
Me dijo: sal de mi casa.
Entendí que importaba.
Mi mejor amigo me preguntó si era gay.
Dije: ¿importa?
Él dijo: no, en realidad no.
Me dijo: Ya no soy tu amigo.
Entendí que importaba.
Mi jefe me preguntó si era gay.
Dije: ¿importa?
Él dijo: no, en realidad no.
Dije si.
Me dijo: estás despedido, maricón.
Entendí que importaba.
Mi novio me preguntó si me gustaba.
Dije: ¿importa?
El dijo que sí.
Le dije que lo amaba.
Me dijo: déjame abrazarte.
Por primera vez en mi vida, algo importaba.
DIOS me preguntó: ¿TE AMAS A TI MISMO?
Dije: ¿importa?
El dijo que sí.
Dije: ¿cómo puedo? SOY GAY.
Me dijo: ¡ASÍ ES COMO TE HICE!
Ese día, me di cuenta de que ya nada importaría.
*
Texto compartido por Philippe Langlois
y publicado con su autorización verificada con el autor (anónimo)
¿Resucitaste del aislamiento?
¿Resucitaste del dinero?
¿Resucitaste de la tristeza?
¿Resucitaste de la queja lastimera?
¿Sigo oliendo a muerto o resucité?
¿Retorné a caminar por sendas de justicia?
¿Sigo en mis trece o me ganó la cordialidad?
¿Resucitaste en lo superado?
¿Te reencontraste con lo olvidado y no aceptado?
¿Qué ganó: mi empeño o su confianza fiel?
Cambiar en algo con alguien,
no grandes intenciones
sino humildes sueños.
Aunque parezca que nadie cambia,
renueva los intentos,
rompe los grilletes del desaliento.
Resucitó, resucitaste,
suscita utopía cotidiana,
remueve tus entrañas
resucitadas y vacilantes.
Cuando seamos libres desde el punto de vista espiritual, no deberemos mostrarnos ansiosos sobre lo que hayamos de decir o hacer en situaciones inesperadas o difíciles. Cuando no nos preocupemos de lo que los otros piensan de nosotros o de lo que vamos a ganar con lo que hacemos, entonces brotarán las palabras y las acciones justas desde el centro de nuestro ser, porque el Espíritu de Dios, que hace de nosotros hijos de Dios y nos libera, hablará y obrará a través de nosotros.
Dice Jesús: «Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros» (Mt 10,19-20).
Continuemos confiando en el Espíritu de Dios, que vive en nosotros, a fin de que podamos vivir libremente en un mundo que sigue entregándonos a quien quiere valorarnos o juzgarnos.
*
H. J. M. Nouwen, Pan para el viaje,
PPC, Madrid 1999.
El suizo Hans Küng, uno de los teólogos católicos más reconocidos del mundo, falleció hoy (6 de abril) en la ciudad alemana de Tubinga a la edad de 93 años. Küng, hombre de pensamiento crítico, fue suspendido en 1979 por el Vaticano para oficiar como sacerdote y enseñar teología católica por sus cuestionamientos a la doctrina oficial de la iglesia. En 1985 fundó la Fundación Weltethos (Ética Mundial) destinada a fomentar el diálogo interreligioso. De acuerdo con la información, Küng murió mientras dormía de manera plácida en su casa de Tubinga, en el sur de Alemania. Fue uno de los grandes pensadores católicos del siglo XX, participante del Concilio Vaticano II, filósofo y teólogo. Agradecido por lo que que sus libros aportaron a mi formación teológica, descanse en paz.
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«Sea como fuere, siempre me he experimentado como un ser humano contradictorio en múltiples sentidos, ambivalente, con virtudes y debilidades, muy alejado de la anhelada perfección. En ningún caso como un ser humano ideal, sino como un ser humano con altibajos, con lados diurnos y nocturnos, con todo lo que C. G. Jung llama la «sombra» de la persona, justo aquello que el ser humano, en vez de confrontarse con ello, prefiere apartar, reprimir, ocultar. ¿Y no desean algunos en su corazón ser distintos de cómo son? ¿Un poquito menos inteligentes, menos ricos, menos guapos? Con frecuencia nos resulta más fácil aceptar el mundo que aceptarnos a nosotros mismos, tal como —nos guste o no— somos o hemos sido hechos por otros. «Lo sencillo es siempre lo más difícil -leí en C. G. Jung-. Pues, en realidad, ser sencillo es un arte supremo; de ahí que aceptarse a sí mismo constituya la quintaesencia del problema de la moral y el núcleo de toda una visión del mundo» (Sobre la relación de la psicoterapia con la cura de almas, 1932)*.
No soy un representante del pesimismo vital que vea abocada de antemano al fracaso toda acción; en la vida existen igualmente éxitos, progresos, regalos, felicidad. Pero tampoco las personas exitosas están a salvo de crisis existenciales capaces de poner todo en cuestión. Eso puede ocurrirle a una persona ya en su juventud. O sólo cuando le llega la crisis, la crisis de la mitad de la vida; o a raíz de una enfermedad mortal, posible en cualquier momento, o de un fiasco profesional, una depresión, la jubilación o la vejez. Cuando una persona ha alcanzado todo lo que podía alcanzar y, se mire como se mire, ya no puede alcanzar nada más, entonces ¿qué…?«.
Tu presencia es un bálsamo en mi vida,
abre espacios,
Desplaza fronteras,
Y todo esto sin palabras.
Toco tu cuerpo
Y eres tú quien me tocas sin gestos.
Toco tu corazón
Y mi corazón se abrasa,
se expande, crece.
Escruto tu mirada
Y tus ojos me reenvían mis profundidades.
saboreo tu sonrisa
Y todavía la aumentas para mí.
Guauu,
Esta presencia, allí, de repente,
Entre nosotros, fuera de nosotros …
Guauu,
¿ Que haces, amigo mío,
Que haces?
¿Bienamado por Dios,
Pequeño enviado del cielo,
¿Cómo pues, eres tan sanador ?
Eres pascua,
aunque tus proyectos fracasen,
si mantienes la confianza en hombres y mujeres
y dejas a Dios ser Padre y Madre.
Eres pascua,
aunque tu vida parezca estéril,
si te sientes habitado por su presencia amiga
que misteriosamente te acompaña y salva.
Eres pascua,
aunque en nada destaques,
si bebes en sus manantiales
y te conformas con ser simplemente cauce.
Eres pascua,
aunque andes errante,
si compartes lo que eres y tienes
y despiertas alegría en otros caminantes.
Eres pascua,
aunque seas débil y torpe,
si escuchas su palabra serena y abierta
–»Soy yo, no temas»– y dejas que florezca.
Eres pascua,
aunque pidas pruebas para creer,
si besas las llagas que otros tienen
y esperas entre hermanos su presencia.
Eres pascua,
aunque tus manos estén vacías,
si te abres al otro, el que sea,
y le dejas que ponga tu corazón en ascuas.
Eres pascua,
aunque no lo creas,
aunque te rompas en mil pedazos,
aunque mueras en primavera…,
porque Él pasa y te libera.
Eres pascua,
aunque tengas las puertas y ventanas cerradas,
porque Él te ama y se hace presente
para abrirte a la vida y alegrarte.
*
Florentino Ulibarri
***
Aquel mismo domingo, por la tarde, estaban reunidos los discípulos en una casa con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo:
– La paz esté con vosotros.
Y les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús les dijo de nuevo:
– La paz esté con vosotros.
Y añadió:
– Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros.
Sopló sobre ellos y les dijo:
– Recibid el Espíritu Santo.
A quienes les perdonéis los pecados, Dios se los perdonará; y a quienes se los retengáis, Dios se los retendrá.
Tomás, uno del grupo de los doce, a quien llamaban «El Mellizo», no estaba con ellos cuando se les apareció Jesús.
Le dijeron, pues, los demás discípulos:
– Hemos visto al Señor.
Tomás les contestó:
– Si no veo las señales dejadas en sus manos por los clavos y meto mi dedo en ellas, si no meto mi mano en la herida abierta en su costado, no lo creeré.
Ocho días después, se hallaban de nuevo reunidos en casa todos los discípulos de Jesús. Estaba también Tomás. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo:
– La paz esté con vosotros.
Después dijo a Tomás:
– Acerca tu dedo y comprueba mis manos; acerca tu mano y mótela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente.
Tomás contestó:
– ¡Señor mío y Dios mío!
Jesús le dijo:
– ¿Crees porque me has visto? Dichosos los que creen sin haber visto.
Jesús hizo en presencia de sus discípulos muchos más signos de los que han sido recogidos en este libro.
Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis en él vida eterna.
*
Juan 20,19-31
***
El mundo tiene una ardiente sed de la paz de Dios, anhela ver resplandecer el arco iris de la divina gracia después de la tempestad, pero no consigue liberarse de la agitación y de la inquietud, puesto que es un mundo caído al que se le ha infligido el destino inexorable de no conocer la paz. Si se me preguntara en qué consiste esa paz, sólo podría sugerir la imagen de algo que sea transitorio para proporcionar la idea de lo que es imperecedero. Conocéis la paz de un niño adormecido, también sabéis algo de la paz que experimenta un hombre en sí mismo cuando encuentra a la mujer amada, algo de la paz que encuentra el amigo cuando mira a los ojos del amigo fiel; conocéis algo de la paz que experimenta un niño en brazos de su madre, de la paz que reposa en ciertos rostros maduros en la hora de la muerte; de la paz del sol vespertino, de la noche que lo cubre todo y de las estrellas perennes; conocéis algo de la paz de aquel que murió en la cruz. Pues bien, tomad todo eso como signo caduco, como símbolo pobre de lo que puede ser la paz de Dios. Estar en paz significa saberse seguro, saberse amado, saberse custodiado; significa poder estar tranquilo, tranquilo del todo; estar en paz con un hombre significa poder construir firmemente sobre la fidelidad, significa saberse una sola cosa con él, saberse perdonados por él. La paz de Dios es la fidelidad de Dios a pesar de nuestra infidelidad.
En la paz de Dios nos sentimos seguros, protegidos y amados. Es cierto que no nos quita del todo nuestras preocupaciones, nuestras responsabilidades, nuestras inquietudes; pero por detrás de todas nuestras agitaciones y de todas nuestras preocupaciones se ha levantado el arco iris de la paz divina: sabemos que es él quien lleva nuestra vida, que ésta forma unidad con la vida eterna de Dios.
Que Dios haga de nosotros hombres de su paz incomparable, hombres que reposen en él, aun en medio del trastorno de las cosas del mundo, que esta paz purifique y serene nuestras almas y que algo de la pureza y de la luminosidad de la paz que Dios pone en nuestros corazones irradie en otras almas sin paz; que nos convirtamos el uno para el otro, el amigo para el amigo, el esposo para la esposa, la madre para el hijo, en portadores de esta paz que viene de Dios.
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Dietrich Bonhoeffer,
Memoria y fidelidad,
Magnano 1995, pp. 146-149, passim.
Comentarios desactivados en Resurrección: Un acontecimiento íntimo.
Del blog de Henri Nouwen:
Mañana de Pascua. Una eucaristía muy simple y silenciosa alrededor de la mesa del comedor. Un grupo pequeño de amigos, contentos de estar juntos. Después del Evangelio, hablamos acerca de la Resurrección. Liz, que trabaja con mucha gente angustiada, dijo: Tenemos que seguir haciendo rodar las piedras enormes que le impiden a la gente salir de sus tumbas. Elizabeth, que vive con cuatro discapacitados en el hogar de El Arca, dijo: Después de la resurrección, Jesús tomó nuevamente el desayuno con sus amigos y les mostró la importancia de las cosas pequeñas y comunes de la vida. Alguien que se pregunta si puede ser llamada a ir a Honduras a trabajar allí con la comunidad, dijo: Es tan reconfortante saber que las heridas de Jesús permanecieron visibles en su cuerpo resucitado. Nuestras heridas no son quitadas sino que se transforman en fuentes de esperanza para otros.
A medida que todos hablaban me sentí muy cerca del acontecimiento de la Pascua. No era un acontecimiento espectacular que fuerza a la gente a creer. Más bien, era un acontecimiento espectacular para los amigos de Jesús, para aquellos que lo habían conocido, escuchado y creído en él. Era muy íntimo: una palabra aquí, un gesto allí, una toma de conciencia gradual de que algo nuevo estaba naciendo, pequeño, casi inadvertido, pero con la potencia de cambiar la faz de la tierra. María Magdalena escuchó su nombre. Juan y Pedro vieron la tumba vacía. Los amigos de Jesús sintieron que su corazón ardía en encuentros que tienen su expresión más acabada en las extraordinarias palabras: ¡Ha resucitado! Todo estaba igual que antes, mientras todo había cambiado.
Nosotros, sentados en círculo alrededor de la mesa, con un poco de pan y un poco de vino, hablando suavemente acerca de la forma en que lo reconocíamos en nuestras vidas, sabíamos, en lo profundo de nuestro corazón, que también para nosotros todo había cambiado mientras todo seguía igual. Nuestras luchas no han terminado. En la mañana de Pascua, todavía podemos sentir el dolor del mundo, de nuestras familias y amigos, de nuestros propios corazones. Todavía está allí, y estará allí por largo tiempo. Sin embargo, todo es diferente porque hemos encontrado a Jesús y hablado con Él.
Había una alegría simple y calma en nosotros, y una sensación muy profunda de ser amados por un amor que es más fuerte, mucho más fuerte que la muerte.
Comentarios desactivados en Pascua: Salvados, libres y amados.
Del blog Amigos de Thomas Merton:
«El misterio de Pascua no se celebra sólo en Pascua, sino en todos los días del año… es la celebración de nuestra libertad cristiana, y reaviva nuestra misma libertad… El poder de la Pascua ha irrumpido en nosotros con la resurrección de Cristo… La Pascua es la hora de nuestra liberación… Para comprender la Pascua y vivirla, debemos renunciar a nuestro temor a la novedad y a la libertad«.
«El cristiano no tiene más Ley que Cristo. Su Ley es la nueva vida misma, que se le ha dado en Cristo. Su Ley no está escrita en libros, sino en las honduras de su corazón, no por pluma de hombre sino por el dedo de Dios. Su obligación ahora no es simplemente obedecer sino vivir. No tiene que salvarse a sí mismo; está salvado por Cristo. Debe vivir para Dios en Cristo, no sólo como quien busca salvación sino como quien está salvado. Casi se diría que esta verdad es el gran escándalo del cristianismo. Es la piedra que constantemente es rechazada por los constructores. Es el elemento de nuestra fe que tememos y nos negamos a mirar de frente…».
«Para algunos cristianos, en la práctica, la cruz se ha hecho signo, no de la victoria de Cristo, sino de la victoria de la ley. Miran la cruz principalmente como el signo de ese castigo que correspondería a todos los que violan la Ley… No es la observancia de la obligación lo que nos salva del pecado, sino algo mucho más grande: es el amor«.
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