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Asunción: Dios nos libre de quien crea que su patria última es donde ha nacido

martes, 15 de agosto de 2023
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im22090asuncion-maria-02jpgDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- NOTA PREVIA. EL DOGMA DE LA ASUNCIÓN.

    La tradición de venerar a la Virgen proviene de la Iglesia primitiva. El Concilio de Éfeso (año 431) dijo que  María era theo-tokos: madre de Dios (la que ha dado a luz a Dios). Sin embargo la definición del dogma de la Asunción es muy reciente. Fue el papa Pío XII, quien el 1 de noviembre de 1950, María, proclamó la madre del Señor fue llevada a los cielos en cuerpo y alma.

    Aun puliendo la antropología y cosmología que subyace a esta definición: ¿Cuerpo? ¿Alma? ¿Subir? ¿Cielos espaciales? ¡Cómo no vamos a creer que María terminó con su Hijo, Jesús, en la casa del Padre, en el cielo!

Quizás sea una mera coincidencia, pero la definición de la Asunción la hizo Pío XII el 1 de noviembre, fiesta de Todos los Santos: toda la humanidad estamos llamados con JesuCristo y María a la plenitud del cielo.

La Asunción es, pues, una fiesta de honda esperanza.

02.- UNA FIESTA LLENA de VIDA y alegría.

    El relato evangélico de hoy está lleno de vida y alegría:

Isabel dice: “En cuanto vi que me visitabas, me llené de alegría”…

María canta: “se alegra mi espíritu en Dios mi salvador”…

  • El encuentro de dos familias, dos mujeres que están gestando “enigmáticamente” dos nuevas vidas: (Isabel es anciana y María es madre de un modo espiritual).
  • Bendita entre las mujeres
  • La criatura salta de alegría en el seno materno de Isabel
  • María canta a Dios: Proclama mi alma
  • Se alegra mi espíritu en Dios.
  • Le felicitarán todas las generaciones.

Sabemos que la vida tiene dificultades, pero la existencia humana es encuentro, es crear vida, es bendición, es alegría, es felicitarse por las pequeñas -y las grandes- cosas que el ser humano hace. La existencia humana es esperanza.

03.- FIESTA DE ESPERANZA. Esperanza y progreso

La fiesta de la Asunción nos habla de esperanza. Nuestro futuro absoluto es el cielo.

Pensando en voz alta: nuestra civilización ha sustituido la esperanza por el progreso. Confiamos en el progreso pero no tenemos esperanza. Sin embargo el progreso, siendo bueno, no termina de dar razón a nuestras vidas y, menos, a nuestra muerte. El progreso es lo que es y da lo que da de sí. Pero no se puede decir que, porque un caníbal utilice microondas, plato, cuchillo, tenedor y servilleta haya progresado mucho la humanidad.

    El futuro absoluto está Dios, o si no, no hay un futuro dotado de sentido.

    La idea de progreso de la Ilustración “no llega” a la plenitud. El cielo, el sentido, la realización es un don que no se logra en el “más acá”, sino que es un don, un regalo que nos llega del “más allá”, de Dios.

La existencia dotada de esperanza absoluta vive no fácil, pero sí serenamente las cuestiones de la vida: la libertad, la culpa, la familia, el pueblo, el futuro.

    Nuestra meta está en el cielo de la Ascensión de Cristo y de la Asunción de María.

    Podríamos decir que la Asunción es como la resurrección de María.

04.- Fiestas de muchas ciudades y pueblos.

    Muchos pueblos y ciudades celebramos en este día la fiesta central de la vida comunitaria.

    Celebramos los contenidos de la vida: el cumpleaños, un aniversario, un éxito, quizás una guerra. Se celebran contenidos

    El mes de agosto es un mes de vacaciones [1], pero no es lo mismo estar de vacaciones –necesarias, por otra parte- que celebrar una fiesta, un contenido. Celebrar, lo que se dice celebrar, celebramos poco o nada. Tenemos más días libres que nunca, pero celebramos menos que nunca.

    La fiesta de la Asunción es el contenido de nuestras fiestas de la ciudad, aunque sean más importantes los fuegos y los piratas que la Asunción. Los cristianos disfrutamos de la vida y de las fiestas como todo ser humano, pero con un plus de contenido, de esperanza y de futuro.

05.- UN APUNTE COLATERAL

Se encuentran y se visitan dos mujeres: Isabel y María.

La mujer, la madre, ha desempeñado y desempeña un papel fundamental en la vida familiar, en la educación de los hijos, en la transmisión de la fe. ¿Cómo será la comunicación del Evangelio cuando la mujer, la madre ya no lo haga?

¿Están suficientemente planteadas y pensadas estas cosas en los movimientos feministas, en las leyes sobre la homosexualidad, en el mundo científico, en la misma Iglesia, etc.?

    Algunos obispos dicen “tonterías pontificales” cuando, en torno a estas cuestiones, dicen cosas como que “Dios no se equivoca de cuerpo”.

06.- La Asunción.

    La Virgen María, Jesús culminaron su existencia en Dios. Algo de eso es lo que significan las fiestas de la Ascensión (Jesús) y la Asunción (María). Habremos de acallar nuestra curiosidad de cómo sea ese final, el cielo. Podemos tener dificultades sobre el cómo será, dónde, cuándo, etc., pero mantengamos firme la esperanza de que “será”. Confiemos en que será.

    Nuestro final es el mismo de Jesús y de María: el cielo. También para nosotros se abrió en el cielo la casa de Dios.

[1] La palabra “vacaciones” bien del latín: vacuo: vacío.

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¿Nos animamos a ponernos en camino?

martes, 15 de agosto de 2023
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2D162234-A166-4839-80E0-7920D20956B7Lc 1, 39-56

Celebrar hoy a María que es llevada al encuentro definitivo con Dios nos compromete a vivir, como ella, esos otros encuentros transformadores en los que compartimos y cantamos la vida que Dios nos regala.

Este domingo celebramos la fiesta de la Asunción de María. Lo normal es que acudan a nuestra mente las muchas imágenes que hemos visto de María, mirando a lo alto, con las manos juntas, rodeada de ángeles, sobre nubes que indican cómo es elevada al cielo. Es realmente una fiesta que nos habla del triunfo y la santidad de María, pero que apenas nos dice nada, si nos quedamos en las imágenes, porque nuestra propia experiencia tiene poco que ver con ellas.

Pero, como tantas veces, el evangelio de hoy nos saca de estas imágenes que nosotros mismos nos hacemos y nos presenta a María con los pies en la tierra. Viviendo salidas y encuentros que sí pueden parecerse a los nuestros. Vamos a intentar acoger toda la riqueza de este texto, precioso y claro, ayudándonos de dos imágenes que nos presenta:

1. El encuentro de dos mujeres embarazadas

Según Lucas, María acaba de recibir la noticia de que ha sido elegida para ser madre del Mesías, del Hijo de Dios, y lo que hace es “ponerse en camino” y añade el texto “con prontitud”, aunque también puede traducirse con diligencia, con empeño, con cuidado… Como una decisión que brota de su nueva condición de madre, de sentir que en sus entrañas crece la nueva vida que viene de Dios.

Dios ha salido a su encuentro y ella va al encuentro de Isabel, una mujer también embarazada. Dos embarazos que se nos invita a contemplar a la luz de la fe, porque se realizan en circunstancias que humanamente son imposibles. En el caso de María porque “no conoce varón” y en de Isabel porque es anciana, “ha concebido en la vejez”. Y es que la vida que nace de Dios, nos dice el evangelio, rompe todas las normas, supera nuestros cálculos, nos sorprende irrumpiendo con fuerza allí donde nosotros no vemos posibilidades.

Esta experiencia de que para Dios “nada hay imposible”, de que Él sale al encuentro y hace surgir vida en dos mujeres sencillas, como entre tantos pobres y humildes, es una experiencia de las primeras comunidades cristianas, pobres, pequeñas y perseguidas. ¿No puede ser hoy la nuestra? ¿No se sienten nuestras comunidades a veces como Isabel, demasiado mayores y cansadas para algo nuevo, o demasiado solas y llenas de dificultades para ello?

Dos mujeres embarazadas, que se encuentran, ¿de qué hablan? Sin duda de sus hijos, de su alegría, del futuro… En este caso nos dice el evangelio que la alegría es desbordante y contagiosa, tan honda que “el niño salta de gozo en sus entrañas” y se llena del Espíritu de Dios. Y desde este Espíritu hablan de un futuro que las transciende, que no es solo el futuro de sus hijos, es el futuro de todo el pueblo, de toda la humanidad.

La hondura de gozo y de fe hace que este encuentro adquiera otra dimensión, del encuentro de dos mujeres pasa a ser el encuentro definitivo y permanente de Dios y nuestro mundo, su mundo.

2. Una mujer que se pone a cantar a Dios y al mundo nuevo que Él hace posible

Esta es la segunda imagen, María consciente de lo que está viviendo prorrumpe en un cantico que expresa una de las imágenes de Dios más rotundas y esperanzadoras del Nuevo Testamento.

Es importante considerar cómo Lucas pone en boca de María este canto que conocemos como el Magníficat. No vamos a entrar en su origen, ni a tratar de desentrañar las imágenes del AT que evoca… Vamos a dejar que nos toque el corazón desde su sencillez y frescura, a la vez que desde su hondura y tremendas afirmaciones.

María expresa su conciencia maravillada de la acción de Dios en ella, más allá de su pequeña realidad o precisamente por ella. Descubre que Dios es grande porque actúa en su sierva pobre y sin méritos. Y afirma con contundencia que es a ella, humilde mujer nazarena, a quien todas las generaciones llamarán bienaventurada. No solo a su hijo ni a su Dios.

Y esta experiencia de que Dios hace maravillas en ella, es la razón por la que afirma que Dios es misericordioso y que esta misericordia realizada en ella, se extiende, de generación en generación, sobre los que le temen, sobre los que le toman en serio, sobre los que creen en él y le aman.

Su experiencia personal, es la que le hace descubrir cómo actúa Dios en el mundo y como está dispuesto a hacer nuevo nuestro futuro, con acciones desestabilizadoras a favor de los pequeños, de los necesitados:

“Dispersa a los soberbios de corazón, derriba a los poderosos y ensalza a los humildes. Llena de bienes a los hambrientos y despide vacios a los ricos”

Esta es la promesa de Dios para con su pueblo, la promesa que hace cantar de gozo a María. Esta es la promesa que Dios nos hace hoy a nosotros, que hace a nuestra Iglesia y a nuestro mudo.

Aclamar y celebrar hoy a María que es llevada al encuentro definitivo con Dios nos compromete a vivir, como ella, esos otros encuentros transformadores en los que compartamos y cantemos la vida que Dios, por su misericordia, derrama en nosotros, en nuestra pobre realidad. ¿Nos animamos a ponernos en camino?

¡Feliz domingo! ¡Feliz día de la Asunción de María!

Mª Guadalupe Labrador Encinas, fmmdp

Fuente Fe Adulta

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María: una vida plena a la que se le anticipó el cielo

martes, 15 de agosto de 2023
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133CE73F-AB23-4FBB-8CEF-7D798C4DF167Del blog de Consuelo Vélez Fe y Vida:

«María no es una semidiosa ni alguien distinto a nosotros»

El dogma de la Asunción de María nos invita no a mirar al cielo sino a la tierra, no a mirar la vida de plenitud alcanzada por María sino la vida real que hizo posible tal realización definitiva

María nos impulsa al seguimiento de Jesús como discípulos y discípulas, porque ella es modelo de discipulado, no solo para las mujeres -como tantas veces se invoca- sino para todo el pueblo de Dios

Las fiestas marianas tradicionalmente han convocado a muchos creyentes porque a María se le reconoce como madre cercana y atenta a las necesidades de sus hijos e hijas. Pero nuestras sociedades han cambiado y aunque algunos grupos continúan cultivando ese amor mariano hoy se necesita releer la figura de María para que pueda ser significativa para las juventudes actuales, que no logran comprender una virgen y madre, más situada en los altares con coronas y atuendos recargados, que una mujer del día a día con sus luchas, dolores, logros y conquistas. (Cabe anotar que algunos de los nuevos grupos marianos están muy alejados del espíritu de Vaticano II, con lo cual, aunque aparentemente favorecen la devoción mariana, en realidad, la desfiguran).

Por eso la fiesta que celebramos el 15 de agosto -la Asunción de María– merece una reflexión para hacerla más comprensible. Esta festividad se celebra desde 1950 cuando el Papa Pío XII proclamó el dogma de la Asunción. Es decir, el pueblo de Dios reconoce que María ya goza de la vida definitiva. Ese es el significado de haber sido llevada “en cuerpo y alma”, o mejor, “con toda su persona”, al cielo.

¿Qué puede decir esta celebración para nuestro presente?Es necesario volver a mirar toda la trayectoria de María para poder entender el final de su vida. No son muchos los textos bíblicos referidos a ella. Además, la Biblia no ofrece datos históricos sino interpretaciones teológicas de la historia vivida. De María se dice que aceptó ser la madre de Jesús -no sin preguntar- ¿cómo será esto? (Lc 1, 34). Es decir, asumió conscientemente su participación en el plan divino de salvación. Además, Lucas pone en sus labios el canto del Magnificat, condensando en unos versos, la acción de Dios sobre su pueblo: “su misericordia llega de generación en generación, enaltece a los humildes y derriba a los poderosos, como lo había prometido a Abraham y a su descendencia” (Lc 1, 46-55). María canta con júbilo no por ser ella una persona extraordinaria sino porque anuncia la salvación que está llegando con Jesús a todo el pueblo de Israel.

Por su parte Juan nos habla de las bodas de Caná donde María pide a su Hijo que actúe en favor de los novios (2, 1-12) y nos la presenta, valiente y firme, al pie de la cruz en el momento final de la vida de Jesús (Jn 19, 25-27). Es decir, la María del evangelio de Juan es una mujer activa, protagonista, decidida, fuerte.

Los tres evangelistas nos narran otro pasaje que a primera vista resulta extraño. A Jesús le avisan que “su madre y sus hermanos lo buscan” y su respuesta es que su familia, son todos “los que escuchan la Palabra de Dios y la guardan” (Mt 12, 46-50; Mc 3, 31-35; Lc 8, 19-21) Este texto bíblico resulta muy iluminador para entender la manera como María se sitúa frente a la misión de su Hijo. Ella supo ser discípula, animando a la comunidad formada por aquellos que acogen el mensaje del reino e instauran esa familia amplia que no está unida por la carne ni la sangre sino por la fidelidad al proyecto de Dios sobre la humanidad.

Podríamos profundizar más en los pocos datos que sobre María nos ofrecen los evangelios, pero basta lo dicho aquí para comprender el significado de este dogma mariano. La que supo vivir en el día a día el seguimiento de Jesús, no puede menos que haber alcanzado ya, la plenitud de vida a la que todos estamos llamados. Ella supo identificarse con el mensaje del reino y por su fidelidad, coherencia y fortaleza debe ser ya depositaria de lo que todos esperamos alcanzar cuando llegue la plenitud de los tiempos.

En otras palabras, el dogma de la Asunción de María nos invita no a mirar al cielo sino a la tierra, no a mirar la vida de plenitud alcanzada por María sino la vida real que hizo posible tal realización definitiva. María nos impulsa al seguimiento de Jesús como discípulos y discípulas, porque ella es modelo de discipulado, no solo para las mujeres -como tantas veces se invoca- sino para todo el pueblo de Dios. Su grandeza radica en su fe a lo largo de su vida, incluso en el momento más duro de su existencia: la crucifixión de su Hijo. Allí toda la obra de Jesús mostraba su fracaso, pero ella supo permanecer de pie, sosteniendo la naciente Iglesia. De esa manera la presenta también el libro de los Hechos cuando dice que “todos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María la madre de Jesús y de sus hermanos” (1, 14).

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Los dogmas marianos predicados como doctrinas que hay que creer casi sin entender, significan poco para las personas de hoy. Pero explicados a partir de la vida cotidiana de María, posiblemente pueden ayudar a ver su figura no tanto desde méritos extraordinarios -que ningún otro mortal tendría- sino desde su colaboración consciente y responsable con el plan divino de salvación: “Hágase en mí según tu palabra (Lc 1, 38), a lo que todos somos llamados.

La Asunción de María nos habla del cielo que a ella se le anticipó por su vida -de amor, servicio, fortaleza, fidelidad- vivida en su historia concreta. María no es una semidiosa ni alguien distinto a nosotros. Es una persona humana, creatura como todos, capaz de amar en toda circunstancia, Por supuesto su papel único como Madre de Jesús, no es insignificante. Y los dogmas marianos son primero que todo cristológicos que mariológicos, o sea, en función de Cristo, para afirmar su divinidad. Pero, en un segundo momento, nos confrontan con nuestra propia realidad al mostrarnos la posibilidad de vivir como lo hizo María desde su propia humanidad. En otras palabras, la Asunción nos invita a no detener el paso porque como ella y con ella, ¡podemos alcanzar el cielo!

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¡Vamos de visita!

martes, 15 de agosto de 2023
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Ilustración: Maximino Cerezo Barredo, cmf

Lc 1, 39-56

Cuando era pequeña y escuchaba a mi abuela o mis tías decir: “Me llevo a la niña de visita”, a mí se me ponían los pelos de punta. El plan era un soberano aburrimiento para una niña que lo que quería era estar jugando en casa, o mejor aún, en la calle, pues en la ciudad donde vivía mi abuela, los niños todavía jugaban en la calle.

La lectura de Lc 1, 39-56 me ha llevado de viaje al pasado y, lo que antes me parecía un horror, se ha transformado en un valor.

“Y un día cualquiera, un poco antes de las primeras luces del amanecer, María cierra tras sí la puerta de su pequeña casa de Nazaret e inicia apresurada el camino hacia ‘la montaña, a un pueblo de Judá’, donde vivía Isabel. No había prisa pero el impulso de su corazón movía velozmente sus pies” (1). Este relato nos muestra lo que es visitar.

Visitar implica moverse, cerca o lejos, salir, ponerse en marcha; abandonar el espacio de confort (que decimos ahora); adentrarse en la realidad del otro, la persona que me abrirá la puerta de su espacio y, posiblemente, de lo que vive.

Visitar exige irremediablemente invertir tiempo… ¿quién tiene tiempo hoy para regalarlo desinteresadamente?

Vamos a dejarnos llevar por María y vayamos con ella de visita a casa de Isabel.

“Aquellas dos mujeres preñadas, creyentes e ilusionadas (…) envueltas en el silencio de la promesa de Dios, se encuentran y en el mismo instante del abrazo, la palabra se hace presente con la intensidad de la comprensión, la alegría y la intimidad compartida” (2).

La visita empieza a dar frutos desde el primer instante si hay una buena predisposición. La actitud de quien va y quien recibe es elemento primordial.

Ellas estaban felices. Isabel gritó de júbilo y “la criatura salto de alegría en su vientre”. Y María proclamó exultante la oración de alabanza y agradecimiento al Dios de la Vida. “El Magníficat recoge la plegaría del orante que se descubre, desde la humildad, fecundado por su Señor dentro de la Historia de Salvación” (3).

María permaneció en casa de Isabel “unos tres meses y volvió a casa”. Se movió, invirtió su tiempo y podemos imaginar qué maravillosos tres meses pasaron juntas, viendo como la vida crecía dentro de ellas, cuidándose, riendo, compartiendo…

En la sociedad que vivimos, cada vez más fragmentada e individualizada, donde las relaciones se va licuando, quedando en manifestaciones muy superficiales; reducidas a un mero contacto tecnológico a través de whatsapp (el correo electrónico dicen los jóvenes que eso es ya cosa de viejos), Twiter, Instagram, etc., me pregunto si tiene un significado el hecho de visitar, más allá de un contacto comercial, de captación de clientes, o del médico cuando el paciente no se puede mover de la cama.

Después de empaparnos del evangelio de este día hay que preguntarse a qué me mueve el “movimiento” de María visitando a Isabel. Y si realmente, el hecho de visitar, tiene un significado en mi vida.

Hay gente ahí fuera esperando una visita, de persona a persona.

Hay mucha necesidad de abrazos y de afecto, que no se solucionan con emoticonos y fotos con preciosos textos de buenas intenciones en el móvil.

Hay sed de escucha, en las alegrías y en las penas; para las primeras habrá un café o una cerveza y, para las segundas, además, un hombro y un pañuelo para enjugar lágrimas.

Hay enfermos crónicos que al inicio de la enfermedad seguro que tuvieron gente que les visitó, pero cuando la postración es larga, la soledad embarga.

Hay demasiados ancianos que viven demasiado solos, que su puerta nunca se abre para recibir porque nadie se acerca a ser recibido.

Hay muchas personas que han llegado traspasando fronteras, huyendo de sus lugares de origen que necesitan ser escuchados, recibidos, alentados, etc.

Recuerdo aquí lo que nos enseñaban en la catequesis sobre las Obras de Misericordia; dos de ellas se refieren al hecho de “visitar”: visitar a los enfermos y visitar a los presos.

El estado tiene una responsabilidad ineludible en la atención a las necesidades de quienes necesitan determinados servicios que ayuden a mejorar las condiciones de vida de quienes lo necesitan, por edad, enfermedad, etc. Eso es incuestionable. También las ONG’s, fundaciones, e instituciones benéficas tienen un papel importante en dicha atención.

Pero visitar… es otra cosa. Es una labor personal, individual. Es un estar atentos a detalles de la vida cercana, del entorno. Visitar no cuenta en las estadísticas. Es una acción muy silenciosa que no requiere estructuras organizativas, ni contractuales.

María fue. Podía no haber ido. Isabel, mayor y preñada, seguramente estaba bien atendida. Pero María fue. A estar. A escuchar. A compartir.

Mari Paz López Santos

  • (2) y (3) Del libro: ¿QUÉ QUIERE DIOS QUE YO QUIERA? Magnificat siglo XXI” Mari Paz López Santos

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Sudar las cosas pequeñas

lunes, 14 de agosto de 2023
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IMG_0217La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Laurel Potter. Laurel enseña teología en la Universidad de St. Thomas en St. Paul, MN. Laurel practica el culto e investiga en colaboración con comunidades eclesiales marginales de El Salvador, donde vivió y trabajó durante varios años.

La lectura litúrgica de hoy del Libro de 1 Reyes contiene una de mis hierofanías bíblicas favoritas, o manifestaciones divinas a los seres humanos: Dios se aparece al profeta Elías, no en un “viento fuerte y pesado”, ni en un terremoto, ni en un fuego. Más bien, un “pequeño sonido de susurro” obliga a Elías a ocultar su rostro en su manto e ir a saludar a Dios a la entrada de la cueva.

Me encanta esta historia porque afirma que lo sagrado puede moverse en los murmullos silenciosos debajo de la superficie. El Espíritu no siempre sopla lenguas de fuego o derriba muros. A veces, son la caricia de una brisa, la calma después de la catástrofe, un silencio que siempre estuvo ahí bajo todo el ruido. Esta manifestación de lo divino propone que hay poder en lo lento y lo pequeño. Me recuerda a las semillas que se abren bajo tierra, al desdoblamiento del pan que crece, al oleaje de un útero preñado. Fuerzas tranquilas que sostienen la vida.

Y, sin embargo, en la lectura del evangelio de hoy, también tenemos una de las expresiones bíblicas más impactantes del poder divino: Pedro y los discípulos están en el mar en una noche oscura y ventosa, temerosos de que su bote pueda volcar. Jesús camina hacia ellos sobre el agua e incluso invita a Pedro a dar unos pasos vacilantes. Aquí vemos el poder divino sobre la tormenta, una gran yuxtaposición a la experiencia de Elías. Casi parece una jactancia, como si Jesús estuviera mostrando lo poco que le afecta la tormenta. Me recuerda otras famosas expresiones bíblicas del poder divino: abrir el Mar Rojo, derribar los muros de Jericó o salvar a Daniel de los leones. Cosas de Dios a lo grande.

En la lucha actual por las vidas queer en nuestras sociedades y nuestra iglesia, necesitamos las grandes cosas de Dios. Me encantaría que un relámpago de otro mundo acabara con las llamadas leyes de «No digas gay» en Florida, o que los baños accesibles, públicos y neutrales al género brotaran del suelo con una ola del bastón de Moses. Necesitamos que Dios esté presente a través de nuestra organización política, nuestras capacitaciones en el lugar de trabajo y nuestras acciones públicas para cambiar mentes y corazones y proteger a nuestra gente queer más vulnerable.

IMG_0216Aún así, las cosas pequeñas también son parte de este mismo movimiento por la vida. Esa línea en el boletín de la iglesia sobre el grupo ministerial LGBTQ+ es importante para alguien que acaba de mudarse a una nueva ciudad y está tratando de entender la iglesia. Poner una calcomanía de Orgullo en su puerta y capacitarse para abrir espacios seguros en su campus, en su lugar de trabajo o en su iglesia es importante para el estudiante, compañero de trabajo o miembro de la congregación que no sabe en quién confiar. Los pronombres en su firma de correo electrónico o presentación personal son importantes para sus contactos que no quieren ser siempre los primeros en compartir los suyos. Es fácil burlarse de estos pequeños pasos como performativos o vacíos, y pueden darse sin un aprendizaje y un cambio continuos. Pero más aún, son pequeños indicios de un futuro extraño divino, signos de otro mundo posible.

Por supuesto, necesitamos mucho más que estas pequeñas señales de nuestro amor y, sin embargo, son afirmaciones necesarias de vida y pertenencia queer. Entonces, esta semana, estoy pensando en la santidad de una calcomanía en la puerta o una línea revisada en un lenguaje repetitivo. Me desafío a mí mismo a apreciar la variedad de formas en que reconocemos y anunciamos la presencia de Dios en nuestro mundo, tanto las grandes cosas de Dios como los pequeños susurros.

—Laurel Potter, 13 de agosto de 2023

Fuente New Ways Ministry

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“Antes de hundirnos”. 13 de agosto de 2023. 19 Tiempo ordinario (A). Mateo 14, 22-33.

domingo, 13 de agosto de 2023
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284110_247490881939361_1333783_nEs sorprendente la actualidad que cobra en estos tiempos de crisis religiosa el relato de la tempestad en el lago de Galilea. Mateo describe con rasgos certeros la situación: los discípulos de Jesús se encuentran solos, «lejos de tierra firme», en medio de la inseguridad del mar; la barca está «sacudida por las olas», desbordada por fuerzas adversas; «el viento es contrario», todo se vuelve en contra; es «noche cerrada», las tinieblas impiden ver el horizonte.

Así viven no pocos creyentes el momento actual. No hay seguridad ni certezas religiosas; todo se ha vuelto oscuro y dudoso. La religión está sometida a toda clase de acusaciones y sospechas. Se habla del cristianismo como una «religión terminal» que pertenece al pasado; se dice que estamos entrando en una «era poscristiana» (E. Poulat). En algunos nace el interrogante: ¿no será la religión un sueño irreal, un mito ingenuo llamado a desaparecer? Este es el grito de los discípulos al atisbar a Jesús en medio de la tempestad: «Es un fantasma».

La reacción de Jesús es inmediata: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo». Animado por estas palabras, Pedro hace a Jesús una petición inaudita: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti andando sobre el agua». No sabe si Jesús es un fantasma o alguien real, pero quiere comprobar que se puede caminar hacia él andando, no sobre tierra firme, sino sobre el agua, no apoyándose en argumentos seguros, sino en la debilidad de la fe.

Así vive el creyente su adhesión a Cristo en momentos de crisis y oscuridad. No sabemos si Cristo es un fantasma o alguien vivo y real, resucitado por el Padre para nuestra salvación. No tenemos argumentos científicos para comprobarlo, pero sabemos por experiencia que se puede caminar por la vida sostenidos por la fe en él y en su palabra.

No es fácil vivir de esta fe desnuda. El relato evangélico nos dice que Pedro «sintió la fuerza del viento», «le entró miedo» y «empezó a hundirse». Es un proceso muy conocido: fijarnos solo en la fuerza del mal, dejarnos paralizar por el miedo y hundirnos en la desesperanza.

Pedro reacciona y, antes de hundirse del todo, grita: «Señor, sálvame». La fe es muchas veces un grito, una invocación, una llamada a Dios: «Señor, sálvame». Sin saber ni cómo ni por qué, es posible entonces percibir a Cristo como una mano tendida que sostiene nuestra fe y nos salva, al tiempo que nos dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudas?».

José Antonio Pagola

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“Mándame ir hacia ti andando sobre el agua”. Domingo 13 de agosto de 2023. 19º domingo de tiempo ordinario.

domingo, 13 de agosto de 2023
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42-OrdinarioA19Leído en Koinonia:

1Reyes 19,9a.11-13a: Ponte de pie en el monte ante el Señor.
Salmo responsorial: 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Romanos 9,1-5: Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos.
Mateo 14,22-33: Mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

Entre los primeros profetas de Israel surgen dos figuras que brillan con luz propia: Samuel y Elías. La tradición bíblica les concedió un lugar destacado no sólo por el momento crítico en el que actuaron, sino, sobre todo, por la radicalidad con la que asumieron la causa de Yavé. La teofanía del monte Horeb constituye el centro de lo que se ha llamado el “ciclo de Elías”, es decir, la colección de relatos que tienen como protagonista a este profeta (1R 17,1 – 2R 2,1-12).

En esa época había gran confusión y la fidelidad a Yavé y a sus leyes estaba en entredicho porque el rey había introducido cultos a dioses extranjeros (1R 16,31-32). Los nuevos dioses legitimaban la violencia, la intolerancia y la expropiación como medios para garantizar el poder. Elías levanta su voz en contra de estos atropellos y ve en la sequía que azota al país las consecuencias del castigo divino. Elías, entonces, en medio de persecuciones y amenazas comienza una campaña de purificación de la religión israelita. Sin embargo, sus iniciativas producen el efecto contrario y se agudiza la opresión, la violencia y la persecución.

Cansado y desanimado Elías se dirige al Horeb donde descubre que Dios no se manifiesta en los elementos telúricos –en la tormenta imponente o en el fuego abrazador–, sino en la brisa fresca y suave que le acaricia el rostro y lo invita a tomar otro camino para hacer realidad la voluntad del Señor.

Después de la masacre del monte Carmelo (1R 18,20-40), Elías, sin abandonar la denuncia de las injusticias (1R 21,1-29) y aberraciones (2R 1,1-18), opta por animar a un grupo de discípulos para que continúen su misión (2R 2,1-12). Elías descubrió así que por la vía de la violencia no se consigue nada, ni siquiera aunque sea a favor de causas justas. La fuerza de la espada puede imponer el parecer de un grupo de personas, pero no puede garantizar la paz, el respeto y la justicia.

El evangelio nos muestra otra tentación en la que pueden caer los seguidores de Jesús cuando no están seguros de los fundamentos de su propia fe. La escena de la «tormenta calmada» nos evoca la imagen de una comunidad cristiana, representada por la barca, que se adentra en medio de la noche en un mar tormentoso. La barca no está en peligro de hundirse, pero los tripulantes se abandonan a los sentimientos de pánico. Tal estado de ánimo los lleva a ver a Jesús que se acerca en medio de la tormenta, como un fantasma salido de la imaginación. Es tan grande el desconcierto que no atinan a reconocer en él al maestro que los ha orientado en el camino a Jerusalén. La voz de Jesús calma los temores, pero Pedro llevado por la temeridad se lanza a desafiar los elementos adversos. Pedro duda y se hunde, porque no cree que Jesús se pueda imponer a los «vientos contrarios», a las fuerzas adversas que se oponen a la misión de la comunidad.

Este episodio del evangelio nos muestra cómo la comunidad puede perder el horizonte cuando permite que sea el temor a los elementos adversos el que los motiva a tomar una decisión y no la fe en Jesús. La temeridad nos puede llevar a desafiar los elementos adversos, pero solamente la fe serena en el Señor nos da las fuerzas para no hundirnos en nuestros temores e inseguridades. Al igual que Elías, la comunidad descubre el auténtico rostro de Jesús en medio de la calma, cuando el impetuoso viento contrario cede y se aparece una brisa suave que empuja las velas hacia la otra orilla.

Nuestras comunidades están expuestas a la permanente acción de vientos contrarios que amenazan con destruirlas; sin embargo, el peligro mayor no está fuera, sino dentro de la comunidad. Las decisiones tomadas por miedo o pánico ante las fuerzas adversas nos pueden llevar a ver amenazadores fantasmas en los que deberíamos reconocer la presencia victoriosa del resucitado. Únicamente la serenidad de una fe puesta completamente en el Señor resucitado nos permite colocar nuestro pie desnudo sobre el mar impetuoso. El evangelio nos invita a enfrentar todas aquellas realidades que amenazan la barca animados por una fe segura y exigente que nos empuja como suave brisa hacia la orilla del Reino. Leer más…

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13.8.23. Dom 19 TO. Tras la JMJ: Echar lastre por la borda o hundirse en el agua (Mt 14, 22-33)

domingo, 13 de agosto de 2023
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IMG_0200Del blog de Xabier Pikaza: 

Este domingo, tras alimentar a los suyos con pan multiplicado y peces de mar, Jesús hace que Pedro y su gente monten en barca, mientras él sube a la montaña para orar.  Se desata la tormenta, brama el mar, Jesús parece un fantasma y Pedro va hundiéndose entre las olas.

Este es el tema, que expongo en secciones. (a) Una exégesis breve del texto, según Comentario Mt. (b) Una lista de lastres para aligerar. Que suba Jesús a la barca.

 (a) EXÉGESIS BREVE:  IGLESIA EMBRAVECIDA, PEDRO SE HUNDE (14, 22-33).

 Acabada la “alimentación” (JMJ, Lisboa) Jesús manda a sus discípulos  que vuelvan en barca al otro lado (cf. texto paralelo de Mc 6, 45-53):

14 22 Y de pronto obligó a sus discípulos para a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 23 Y, después de despedir a la gente, subió a la montaña a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.

24 Mientras tanto, la barca que se había alejado ya muchos estadios de la tierra, se hallaba sacudida (sufriendo mucho) por las olas, porque el viento era contrario. 24 Y a la cuarta vigilia de la noche se les acercó Jesús, andando sobre el agua. 26 Pero los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se aterrorizaron, diciendo que era un fantasma, y gritaron de miedo. 27 Pero Jesús les habló en seguida: ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!

28 Y Pedro, contestándole, le dijo: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.» 29 Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; 30 pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame. 31 En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado? 32 En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. 33 Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios [1].

       Éste es  un signo pascual: Los discípulos navegan por la noche sobre el lago, en medio de un mar movido por vientos contrarios, mientras Jesús ha quedado orando en la montaña (altura de Dios), para venir después tras ellos, caminando como un fantasma sobre el agua:

Una presencia en la noche (14, 22-23).Conforme a una tradición común al Nuevo Testamento (cf. Jn 17; Hebr 10), el Jesús pascual sigue orando (cf. 14, 23), sobre la montaña de su entrega y promesa mesiánica, intercediendo por los que han comido y de un modo especial por los discípulos en la noche. En ese contexto de misión eclesial arriesgada ha desplegado Mateo, partiendo del texto precedente de Mc 6, 45-52, su más alta visión de Jesús y de la Iglesia, pasando del desierto, donde amenazaba el hambre, al mar donde sigue dominando el miedo, con motivos que vienen del Éxodo (paso del Mar Rojo). En ese fondo, Jesús parece un fantasma   o aparición en la noche, sobre los terrores del mar. Así han imaginado a Jesús muchos cristianos, así le han presentado, sin duda, muchos adversarios de la iglesia.

Yo soy, palabra de Dios (14, 24-27).Los discípulos se asustan, como fuera de sí, y en ese contexto se entiende la respuesta de Jesús que dice, Yo Soy, asumiendo la más honda palabra y definición de Yahvé  Dios israelita (Ex 3, 14), a quien él representa. Éste es, sin duda, un “yo soy” pregnante, como en Mc 6, 50 (cf. 22, 32, como palabra de Dios). Este Yo soy da fuerza a sus discípulos para que sigan remando en la barca de la iglesia, en la que destaca la confianza y miedo de Pedro, que quiere caminar sobre las aguas. Esta presencia divina de Jesús, que es asistencia y acción pascual en el camino de la iglesia, hace que podamos llamarle Señor  (kyrie) adorarle con los primeros discípulos, sabiendo que él es Hijo de Dios, como terminará diciendo la escena.

‒ Atrevimiento y miedo de Pedro (14, 28-31).Mateo añade sobre Marcos, este motivo de Pedro que quiere caminar sobre las aguas. Esta «aventura» de Pedro que sale de la barca, para caminar como el Jesús glorioso, pero que se hunde en su miedo y grita, es una escena simbólica, que evoca la fe y terror de Pedro en la primera etapa de la misión cristiana, su deseo de arrojarse como Jesús y con Jesús en el duro mar del mundo (misión universal), y su falta de seguridad en algunos momentos decisivos. Conforme a este relato, Pedro ha pedido a Jesús que le mande caminar sobre las aguas, mostrando así su atrevimiento, y Jesús le ha respondido «ven»; pero Pedro tiene miedo y es incapaz de seguir, y así vacila, y corre el riesgo de perecer, pero Jesús le toma de la mano y le lleva de nuevo a la barca, con el resto de los discípulos.

‒ Una rica tradición. Esta imagen de Pedro caminando con recelo sobre el agua, con miedo de hundirse, pero ayudado por Jesús, forma parte de una intensa experiencia de la Iglesia antigua, que ha reconocido a Pedro, con los otros tres discípulos del principio (Mt 4, 18-22) como pescador de hombres, hombre experto en la tarea misionera vinculada con la “pesca milagrosa”, que tiene sin duda un sentido de apertura a la misión universal de la Iglesia, tal como han puesto de relieve, de formas distintas pero complementarias Lc 5, 1-11 y Jn 22

Realmente eres Hijo de Dios. Jesús les ha dicho “Yo soy”, no tengáis miedo (14, 37), él ha tomado a Pedro por la mano y le ha sostenido en medio de la tormenta del mar, de manera que cuando han subido ambos (Pedro y Jesús, estando ya los dos en la barca) pudo amainar y amainó el viento. Este es el momento de la confesión de los discípulos, que adoran a Jesús y dicen: «En verdad, tú eres Hijo de Dios» (theou huis ei) Éste es el principio de la confesión cristiana, proclamada ahora por todos (no sólo por Pedro, como en 16, 16), en este contexto pascual de epifanía en la gran tormenta del mar. Ésta es la confesión que el mismo Pedro retomará y proclamara en nombre de todos los discípulos en el entorno de Cesarea de Felipe, pasando del plano de una epifanía cósmica al paso del camino eclesial.

       En El mensaje del evangelio ha culminado de algún modo y se condensa en las escenas anteriores, vinculadas entre sí, desde el miedo de Herodes que confunde a Jesús con el Bautista a quien mató, hasta el gesto de los discípulos que le adoran como Señor pascual desde el mar airado.

(B) 13 LASTRES  PARA ALIGERAR LA BARCA, QUE PUEDA SUBIR ENTRAR JESÚS EN ELLA

               Jesús ora sobre la montaña (parece no ocuparse de los suyos) mientras la barca de la Iglesia corre el riesgohundirse  en el temporal del siglo XXI, a pesar de todo lo que Francisco ha dicho en Lisboa, como “calentón” o fervorín de un momento, para que estemos tranquilos, pensando que todo va bien, mientras la barca se hunde.   En ese contexto, Jesús aparece como un fantasma, caminando sobre el abismo de las aguas… y Pedro le dice que él también quiere caminar y así empieza, queriendo sostenerse en el mar, pero no puede, tiene tiene miedo, grita, grita. Jesús le agarra de la mano y le lleva de nuevo a la barca, para que se encuentre allí seguro, con el resto de la Iglesia. Esta «escapada» de Pedro que ha querido salir de la barca, para andar como el Jesús glorioso, pero que se hunde en su miedo y grita… ha sido estudiada con rigor por los exegetas de turno. La mayor parte piensa que se trata de una escena simbólica, que evoca el deseo de mando y el terror de Pedro que quiere andar solo… Pero Jesús le ha tomado de la mano y le ha llevado de nuevo a la barca de la Iglesia, con el resto de los discípulos, para retomar de esa manera la navegación del conjunto de la comunidad.

En las reflexiones que siguen he querido aplicar este pasaje a la situación del Papa, que también parece aventurarse a salir fuera de la barca, para estar a solas con Jesús sobre el mar airado, resolviendo los problemas de la Iglesia (a solas con Jesús), mientras el resto de los discípulos siguen reunidos en la Barca y se mantienen en ella con gran miedo (o la abandonan buscando a nado la orilla).

Ésta es una interpretación quizá un poco sesgada, pero sirve para destacar   los poderes de un Papa que tiene más poder que el que tuvo Jesús, un poder que tiene sus aspectos buenos pero que, en este momento, pueden convertirse en “lastre”, peso muerto que hay que arrojar por la borda, para que suba y entre Jesús, única autoridad de la Iglesia.

   Jesús puede caminar y camina entre el viejo y las olas, porque va sin lastres, ligero de equipaje, sin más autoridad que el amor, en libertad….

            Pedro ve a Jesús caminando sobre el agua  y quiere imitarle pero no puede, pues lleva en sus espaldas y en su tiara todo el peso de una iglesia hecha de pesos y cargas. Mientras no eche todo su lastre, y quede así desnudo, en amor y humanidad, como Jesús, no podrá caminar sobre las olas.  Un dicho castellano  afirma que sólo podemos caminar de verdad desnudos y con las manos en los bolsillos, bailando de amor…

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Jesús reza, los discípulos reman, Pedro se hunde. Domingo 19. Ciclo A.

domingo, 13 de agosto de 2023
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tempestad-calmadaDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj: 

¿Tienes la impresión de que la Iglesia, tu parroquia, tu comunidad religiosa, se va a pique? ¿Te apetece acercarte a Jesús, pero temes perder pie a mitad de camino? Estas experiencias las tuvieron los primeros cristianos. Mateo les dio respuesta en lo que hoy nos cuenta.

La tempestad calmada y el viento en contra

            Hay dos episodios en los evangelios bastante parecidos, aunque muy diferentes. Se parecen en el escenario (una barca en medio del lago de Galilea en circunstancias adversas) y en los protagonistas (Jesús y los discípulos). Se diferencian en que, en el primer caso, la barca está a punto de zozobrar y los discípulos corren peligro de muerte; en el segundo, sólo se enfrentan a un fuerte viento en contra que hace inútiles todos sus esfuerzos.

            Traducido a la experiencia de nuestros días, la tempestad calmada recuerda a numerosas comunidades cristianas, sobre todo de África y Oriente Medio, que se ven amenazadas de muerte y gritan a Jesús: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». El viento en contra hace pensar en tantas otras comunidades, especialmente de occidente, que luchan contra viento y marea, cada vez con menos fuerzas, y sin ver resultados tangibles.

            El primer episodio, la tempestad calmada, tiene un claro paralelo en el Salmo 107 (106), 23-32, donde los navegantes gritan a Dios en el peligro y él los salva; en el evangelio, los discípulos gritan a Jesús y es este quien los salva.

            El segundo episodio, el de la barca con viento en contra y Jesús caminando sobre el agua, no me recuerda ningún episodio del Antiguo Testamento. Sin embargo, está tan anclado en la primitiva tradición cristiana que no sólo lo cuentan Marcos y Mateo, sino incluso Juan, que generalmente va por sus caminos. Es muy curioso que Lucas omita esta escena: probablemente pensó que presentar a Jesús caminando sobre el agua y confundido con un fantasma iba a plantear a sus cristianos más problemas que beneficios.

El relato de Mateo 14,22-33

            Se inspira en el de Marcos, pero introduciendo cambios muy significativos. Podemos dividirlo en cuatro escenas.

Primera escena: Jesús se separa de los discípulos

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.

            Hablando en términos cinematográficos, es un montaje en paralelo. Inmediatamente después de la comida, Jesús obliga a sus discípulos a embarcarse, mientras él despide a la gente. Pero, cuando la despide, no va en busca de sus discípulos, sube «solo» a rezar. Mateo acentúa que Jesús desea verse libre de todos para ponerse en contacto con el Padre. Esa oración será muy larga, desde el anochecer hasta la cuarta vigilia (entre las 3 y las 6 de la noche). Sin embargo, no sabemos qué dice, cómo reza. Lo importante para Mateo no es conocer el misterio sino proponernos un ejemplo que imitar. Mientras, los discípulos navegan con grandes dificultades durante todas esas horas hasta quedar «a muchos estadios de tierra» (Juan dice que a unos 25-30 estadios, 5-6 km, lo que supone en mitad del lago). A nivel simbólico, se contraponen dos mundos: el de la intimidad con Dios (Jesús orando) y el de la dura realidad (los discípulos remando). Ha sido Jesús el que los ha abandonado a su destino.

Segunda escena: Jesús se acerca a los discípulos

De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida:  

― ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!

            Mateo cuenta con asombrosa naturalidad y sencillez algo inaudito: el hecho de que Jesús se acerque caminando sobre el lago. En la cultura del Antiguo Oriente, donde el mar simboliza las fuerzas del caos (como el tsunami), caminar sobre el agua demuestra su poder sorprendente. Pero los discípulos no reaccionan con la misma naturalidad: se asustan, porque piensan que es un fantasma, tienen miedo, gritan. Es la única vez que se usa en el Nuevo Testamento el término “fantasma”, que en griego clásico se aplica a los espíritus que se aparecen, o a «las visiones fantasmagóricas de mis ensueños» (Esquilo, Los siete contra Tebas, 710). Es la única vez que Jesús provoca en sus discípulos un pánico que los hace gritar de miedo. Es la única vez que les dice «¡animaos!». Una escena peculiar sobre la que volveremos más adelante.

Tercera escena: Jesús y Pedro

             Pedro le contestó:

― Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

Él le dijo:

― Ven.

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: 

― Señor, sálvame.

En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:

― ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?

            Quien conoce los relatos de Marcos y Juan advierte aquí una gran diferencia. En esos dos evangelios, Jesús sube a la barca y el viento se calma. En cambio, Mateo introduce una escena exclusivamente suya, que subraya la relación especial entre Jesús y Pedro. Igual que en otros pasajes de su evangelio, Mateo aporta rasgos de la personalidad de Pedro que justifican su importancia posterior dentro del grupo de los Doce. Pero no ofrece una imagen idealizada, sino real, con virtudes y defectos. Su decisión de ir hacia Jesús caminando sobre el agua lo pone por encima de los demás, igual que ocurrirá más adelante en Cesarea de Filipo. Pero Pedro muestra también su falta de fe y su temor. Incluso entonces, es salvado por la intervención de Jesús. Dentro de la sobriedad de Mateo, esta escena llama la atención por la abundancia de detalles expresivos, que adquieren su punto culminante en la imagen de Jesús alargando la mano y agarrando a Pedro.

Cuarta escena: confesión de los discípulos (32-33)

En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres hijo de Dios.»

Marcos termina su relato diciendo que los discípulos «no cabían en sí de estupor, pues no habían entendido lo de los panes, ya que tenían la mente obcecada» (Mc 6,51-52). Mateo introduce un cambio radical: los discípulos no se asombran, sino que se postran ante Jesús y confiesan: «realmente eres hijo de Dios». Esta actitud y estas palabras significan un gran avance. Anteriormente, en el relato de la tempestad calmada (Mt 8,23-27), los discípulos terminan preguntándose: «¿Quién será éste que hasta el viento y el agua le obedecen?». Desde entonces, el conocimiento más profundo de Jesús ha provocado un cambio en ellos. Ya no se preguntan quién es; confiesan abiertamente que es «hijo de Dios», y lo adoran. Este título se lo han aplicado ya el Padre durante el bautismo, el diablo en las tentaciones, y los endemoniados gadarenos (8,29). No podemos interpretarlo con toda la carga teológica que le dio más tarde el Concilio de Calcedonia (año 451). También el centurión que está junto a Jesús en la cruz reconoce que «este hombre era hijo de Dios». Lo que quiere expresar este título es la estrecha vinculación de Jesús con Dios, que lo sitúa a un nivel muy superior al de cualquier otro hombre. De aquí a confesar la filiación divina de Jesús sólo queda un paso.

Anticipando la gloria de Jesús resucitado.

            Este relato, tal como lo cuenta Mateo, ofrece tres datos curiosos: 1) el cuerpo de Jesús desafía las leyes físicas; 2) los discípulos no reconocen a Jesús, lo confunden con un fantasma; 3) Jesús, a pesar del poder que manifiesta, trata a los apóstoles con toda naturalidad.

            Estos tres detalles son típicos de los relatos de apariciones de Jesús resucitado: 1) su cuerpo aparece y desaparece, atraviesa muros, etc.; 2) ni la Magdalena, ni los dos de Emaús, ni los siete a los que se aparece en el lago, reconocen a Jesús; 3) Jesús resucitado nunca hace manifestaciones extraordinarias de poder, habla y actúa con toda naturalidad.

            Por consiguiente, lo que tenemos en Mateo (no en Marcos) es algo muy parecido a un relato de aparición de Jesús resucitado. ¿Qué sentido tiene en este momento del evangelio? Anticipar su gloria. Igual que el relato de la muerte de Juan Bautista, contado poco antes, anticipa su pasión, su maravilloso caminar sobre el agua anticipa su resurrección.

Sentido eclesial y personal

            Desde antiguo, se ha visto en la barca una imagen de la Iglesia, metida por Jesús en una difícil aventura y, aparentemente, abandonada por él en medio de la tormenta. Este sentido, que estaba ya en Marcos, lo completa Mateo con un aspecto más personal, al añadir la escena de Pedro: el discípulo que, confiando en Jesús, se lanza a una aventura humanamente imposible y siente que fracasa, pero es rescatado por el Señor. En la imagen de Pedro podían reconocerse muchos apóstoles y misioneros de la Iglesia primitiva, y podemos vernos también a nosotros mismos en algunos instantes de nuestra vida: cuando parece que todos nuestros esfuerzos son inútiles, cuando nos sentimos empujados y abandonados por Dios, cuando nosotros mismos, con algo de buena voluntad y un mucho de presunción, queremos caminar sobre el agua, emprender tareas que nos superan. Ellos vivenciaron que Jesús los agarraba de la mano y los salvaba. La misma confianza debemos tener nosotros.

La primera lectura

            Ha sido elegida porque en ella Dios se revela en la brisa suave, después del viento huracanado, el fuego y el terremoto. En el evangelio, después de la tormenta, cuando Jesús sube a la barca, el viento amaina. Este paralelismo no impide que la lectura resulte algo traída por los pelos.

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Domingo XIX del Tiempo Ordinario. 13 Agosto, 2023

domingo, 13 de agosto de 2023
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TO-D-XIX


“Jesús les dijo en seguida: -¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!

Pedro le contestó: -Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.”

(Mt 14, 22-33)

Jesús siempre resuelve “marchándose a orar”. Ora ante las adversidades pero ora también después de los éxitos y los aplausos. El evangelio de hoy es la escena que sigue a la multiplicación de los panes y los peces.

Jesús se había marchado a un lugar apartado, pero la gente le había seguido. Al ver a la gente Jesús se conmueve, se olvida de su cansancio y preocupaciones. Se olvida también de su tristeza (se había retirado al enterarse de la muerte de Juan Bautista). Y se pone a curar y cuidar a la gente.

Ve la debilidad de la gente y no se desentiende. Les da de comer. Aquella multitud estaría encantada y agradecida. Pero Jesús no se deja “atrapar” por la euforia de la gente. Ahora que han comido despide a la gente y él se retira a orar.

Ni el cansancio, ni el éxito, ni las preocupaciones le despistan. Después de un día tenso, triste y de afanoso trabajo curando y atendiendo a la gente, pasa buena parte de la noche orando.

Lo bueno y lo malo, todo lo pasa por la oración. El encuentro con Abba es imprescindible. Vital. No hay excusas.

¿Qué sucedería con el cristianismo si los cristianos sintiéramos una necesidad de la oración como la que tenía Jesús? ¿Cómo sería nuestra vida si tuviéramos una relación con Dios como la que tenía Jesús?

Es una pena que hayamos opuesto acción y contemplación, como si fueran dos cosas diferentes. La oración y la acción son los dos pies que nos permiten caminar tras la huellas de Jesús.

Si la oración no te moviliza ante el dolor humano no es encuentro con Dios Trinidad. Y si las actividades sociales no te llevan directamente a los brazos del Dios tampoco harás presente el Reino, el Rostro de Dios.

No podemos andar sobre las aguas tempestuosas de nuestra historia sin haber hecho crecer nuestra confianza en la intimidad de la oración. Y no venceremos nuestros miedos si nuestra oración no se convierte en un lugar ancho y dilatado en el que quepan todos los sufrimientos y las alegrías humanas.

Oración

Trinidad Santa, ¡mándanos ir hacia ti! Desde nuestra oración y desde nuestra acción.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Buscar seguridades externas es arruinar la fe-confianza.

domingo, 13 de agosto de 2023
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walkonwaterDOMINGO 19 (A)

Mt 14, 22-33

Este relato se parece más a los relatos de apariciones pascuales. Algunos exégetas sugieren que puede tratarse de un relato de Jesús resucitado, que han colocado más tarde en el contexto de la vida real. La primera lectura nos empuja a una interpretación espiritual. Tanto Elías como Pedro reciben una lección. Los dos habían hecho un Dios a su imagen y semejanza. La experiencia les dice que Dios no se puede meter en conceptos y que es siempre más de lo que creemos. Nunca se identifica con lo que pensamos de Él.

Además de Mt, lo narra Mc y Jn. Los tres lo sitúan después de la multiplicación de los panes. En Mc y Mt, Jesús manda a los discípulos embarcar y marchar a la otra orilla; pero el verbo griego deja entrever cierta imposición. En Jn, la iniciativa es de los discípulos. Los tres presentan a Jesús subiendo a la montaña para orar. En los tres relatos, Jesús camina sobre el agua. También coinciden en señalar el miedo de los discípulos; Mt y Mc dicen que gritaron. La respuesta de Jesús es la misma: Soy yo, no tengáis miedo.

El monte es el lugar de la divinidad. Como Moisés la segunda vez que sube al Sinaí, va solo. Nadie le sigue a la esfera de lo divino. La multitud solo piensa en comer. Los apóstoles piensan en medrar. Para superar esa tentación, Jesús se pone a orar. Orar es darse cuenta de lo que hay de Dios en él para poder vivirlo. Es muy interesante descubrir que Jesús necesita de la oración, desbaratando así la idea simplista que tenemos de que él era Dios sin más. Jesús tiene necesidad de momentos de auténtica contemplación.

Jesús sube a lo más alto. Los discípulos bajan hasta el nivel más bajo. Esperan encontrar allí las seguridades que Jesús les niega al no aceptar ser rey. En realidad, encuentran la oscuridad, la zozobra, el miedo. Las aguas turbulentas representan las fuerzas del mal. Son el signo del caos, de la destrucción, de la muerte. Jesús camina sobre todo esto. En el AT se dice que solo Dios puede caminar sobre el dorso del océano. Al caminar Jesús sobre las aguas, manifiesta que domina sobre las fuerzas del mal.

En el relato se aprecia la visión que de Jesús tenía aquella primera comunidad. Era verdadero hombre y como tal, tenía necesidad de la oración para descubrir lo que era y superar la tentación de quedarse en lo material. Al caminar sobre el mar, está demostrando que era también verdadero Dios. La confesión final es la confirmación de esta experiencia. Esta confesión apunta también a un relato pascual, porque solo después de la experiencia de resurrección, confesaron los apóstoles la divinidad de Jesús.

La barca es símbolo de la nueva comunidad. Las dificultades que atraviesan los apóstoles son consecuencia del alejamiento de Jesús. Esto se aprecia mejor en el evangelio de Jn, que deja muy claro que fueron ellos los que decidieron marcharse sin esperar a Jesús. Se alejan malhumorados porque Jesús no aceptó las aclamaciones de la gente. Pero Jesús no les abandona y va en su busca. Para ellos Jesús es un “fantasma”; está en las nubes y no pisa tierra. No responde a sus intereses y es incompatible con sus pretensiones. Su cercanía y muestra de cariño les hacen descubrir el verdadero Jesús.

El miedo es el primer efecto de toda teofanía. El ser humano no se encuentra a gusto en presencia de lo divino. Hay algo en esa presencia de Dios que le inquieta. La presencia del Dios auténtico no da seguridades, sino zozobra; seguramente porque el verdadero Dios no se deja manipular, es incontrolable y nos desborda. La respuesta de Jesús a los gritos es una clara alusión al episodio de Moisés ante la zarza. El “ego eimi” (yo soy) en boca de Jesús es una clara alusión a su divinidad. Juan lo utiliza con mucha frecuencia.

El episodio de Pedro merece una mención especial ya que tiene mucha miga. Pedro siente una curiosidad inmensa al descubrir que su amigo Jesús se presenta con poderes divinos, y quiere participar de ese mismo privilegio. “Mándame ir hacia ti, andando sobre el agua”; que es lo mismo que decir: haz que yo participe del poder divino como tú. Pero Pedro quiere lograrlo por arte de magia, no por una transformación personal. Jesús le invita a entrar en la esfera de lo divino y participar de ese verdadero ser: ¡ven!

En todas las épocas ha habido hombres que han descubierto esa presencia de Dios. Pedro representa aquí, a cada uno de los discípulos que no han comprendido las claves del seguimiento. Jesús no revindica para sí esa presencia divina, sino que da a entender que todos estamos invitados a esa participación. Pedro camina sobre el agua mientras está mirando a Jesús; se empieza a hundir cuando mira a las olas. No está preparado para acceder a la esfera de lo divino porque no es capaz de prescindir de las seguridades.

El verdadero Dios no puede llegar a nosotros desde fuera ni a través de los sentidos. No podemos verlo ni oírlo ni tocarlo, ni olerlo ni gustarle. Tampoco llegará a través de la especulación y los razonamientos. Dios no tiene más que un camino para llegar a nosotros: nuestro propio ser. Su acción no se puede “sentir”. Esa presencia de Dios, solo puede ser vivida. El budismo tiene una frase, a primera vista tremenda: “si te encuentras con el Buda, mátalo”. Podíamos decir si te encuentras con dios, mátalo. Ese dios es falso, es una creación tuya. Si lo buscas fuera de ti, estas persiguiendo un fantasma.

También hoy, el viento es contrario, las olas son inmensas, las cosas no salen bien y encima, es de noche y Jesús nos está presente. Todo apunta a la desesperanza. Pero resulta que Dios está donde menos lo esperamos: en medio de las dificultades, en medio del caos y de las olas, aunque nos cueste tanto reconocerlo. La gran tentación ha sido siempre que se manifestará de forma precisa. Seguimos esperando de Dios el milagro. Dios no está en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego. Es apenas un susurro.

Hoy tenemos que afrontar la misma disyuntiva. O mantener a toda costa nuestro ídolo, o atrevernos a buscar el verdadero Dios. La tentación sigue siendo la misma, mantener el ídolo que hemos pulido y alicatado desde la prehistoria. La consecuencia es clara: nunca encontraremos al Dios verdadero. Esta es la causa de que se alejen de las instituciones los que mejor dispuestos están. Los que no aceptan los falsos dioses que nos empeñamos en venderles. Se encuentran muy a gusto con ese “dios” los que no quieren perder las falsas seguridades que les dan los ídolos fabricados a nuestra medida.

El ser humano ha buscado siempre el Dios todopoderoso que hace y deshace a capricho, que empleará esa omnipotencia en favor suyo, si cumplo determinadas condiciones. Si en la religión buscamos seguridades, estamos tergiversando la verdadera fe-confianza. Dios no puede darme ni prometerme nada que no sea Él mismo. Ni como Iglesia ni como individuos debemos poner nuestra meta en las seguridades externas. Las seguridades, que con tanto ahínco busca nuestro yo, son el mayor peligro para llegar a Dios.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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En torno a los milagros.

domingo, 13 de agosto de 2023
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mateo-14-22-33

Mt 14, 22-33

«¡Animo!, que soy yo; no temáis»

A algunos creyentes del siglo XXI, los milagros nos desconciertan e incluso nos contrarían. Nos parece que introducen en los evangelios elementos mágicos que les quitan credibilidad, y en muchas ocasiones preferiríamos que no estuvieran allí. Sin embargo, están ahí, y si los quitamos hacemos otros evangelios y, por tanto, otro Jesús.

El recelo que sentimos está justificado, porque sabemos que los evangelistas no dudan en violentar la historia para comunicar mejor su fe. Sabemos también que en su época los hechos milagrosos eran muy bien admitidos, y que con ellos se vestía la actividad de los personajes extraordinarios. Y nos preguntamos: ¿Habrán inventado los evangelistas estos relatos, o bien su fama de sanador se remonta al Jesús histórico?…

Hasta bien entrada la Ilustración los milagros afianzaban la fe de los creyentes, pues no osaban poner en duda su autenticidad. También contribuía a esta aceptación la cristología “descendente” habitual en esa época, pues si Jesús era “Dios encarnado”, no tenía nada de particular que efectuase hechos milagrosos.

Pero en el siglo XVIII —el siglo de las luces— los milagros fueron rechazados de plano por grandes filósofos de la ilustración como Spinoza, Hume y Voltaire, lo cual es un hecho lógico, porque desde una mentalidad ilustrada, los milagros repugnan a la razón humana; son meros vestigios de una época en que se atribuía lo desconocido a poderes ocultos o a la misma divinidad. En ese ambiente escéptico nació un “dogma” de gran aceptación que ha llegado hasta nosotros: “El hombre moderno no puede creer en los milagros”.

Quizá su formulación más conocida sea la de Rudolf Bultmann: «Es imposible utilizar la luz eléctrica y la radiofonía y servirse de los modernos avances médicos y quirúrgicos, y al mismo tiempo creer las palabras del Nuevo Testamento sobre los milagros» … Pero según una encuesta de opinión publicada en 1989 por el prestigioso instituto Gallup, el 82% de los americanos cree que “incluso hoy, los milagros son realizados por el poder de Dios”, y sólo el 6% rechaza por completo la idea de que todavía hoy Dios realiza milagros. Y claro, esto nos hace sospechar que una cosa es lo que se piensa en ambientes académicos o círculos intelectuales, y otra, lo que piensa la gente (¿los sabios y los sencillos?) …

En cualquier caso, y a la vista de los datos que hoy poseemos, parece lógico admitir que los evangelios narran hechos de Jesús que sus contemporáneos calificaron de milagros. Jesús arrastraba multitudes no sólo por su predicación, sino por sus curaciones, y a ellas debió buena parte de su fama. Parece, también, que esta misma fama creó en torno suyo una leyenda que multiplicó sus hechos milagrosos, y que los evangelistas recogieron por igual las tradiciones de hechos sucedidos y las leyendas que nacieron de estos hechos (como multiplicar los panes, andar sobre las aguas o calmar tempestades).

Pero lo más importante para nosotros es el significado de los milagros, y en este punto nos vamos a remitir una vez más a Ruiz de Galarreta: «Jesús cura ante todo porque es compasivo; porque le importa el sufrimiento de la gente. Sus acciones muestran su corazón, y a través de él vemos “los sentimientos de Dios”. Será un aspecto fundamental de nuestra fe: conocer el amor de Dios en el corazón de Jesús».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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¡Ánimo! soy yo, no temáis.

domingo, 13 de agosto de 2023
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jesus-camina-sobre-las-aguas-4Mt 14, 22-33

Todos compartimos –más allá del tiempo y del espacio en el que nos hallemos- la misma bella y frágil naturaleza humana. Por eso, aunque las circunstancias que  nos rodean son diferentes y ciertamente éstas pueden favorecernos o dificultar nuestro seguimiento a Jesús, a poco que ahondemos en nosotros mismos, reconoceremos que los verdaderos obstáculos para vivir centrados en Dios y comprometidos con su Reino no nos vienen de fuera sino que brotan de nuestro propio interior.

Los miedos acompañan nuestra vida cotidiana. Quien se pregunta honestamente ¿qué temo? reconoce sin duda una pequeña o gran lista de miedos que le habitan. Tenemos miedo al mañana y a veces al hoy. Miedo a lo desconocido. Miedo a lo diferente. Miedo a los otros e incluso miedo a nosotros mismos…

Ahora bien, lo relevante para un creyente no son los miedos. La cuestión es ser capaces de acogerlos, reconocer de dónde vienen y afrontarlos para que no paralicen nuestro seguimiento a Jesús y nuestra pasión por su causa.

En el evangelio de hoy Mateo describe con detalle la escena. Los discípulos acaban de vivir junto a Jesús uno de los acontecimientos más señalados en los evangelios: la multiplicación de los peces y los panes (cf. 14, 13-21). Han descubierto que organizarse desde las claves de Jesús (la compasión ante el sufrimiento de los demás; la acogida y atención a todos, incluidos quienes no cuentan en la sociedad; la solidaridad y el compartir; el trabajo en equipo…) favorece la vida, sacia el hambre y alegra el corazón de todos. Esta experiencia les ha fortalecido y animado después de un momento de duda en el que llegaron a solicitar a Jesús que despidiera a la gente, temerosos de encontrarse con una situación que desbordara sus posibilidades.

Quizás por eso, cuando el Maestro les envía por delante hacia la otra orilla, todos obedecen sin poner objeción. Pero la ausencia de Jesús se les hace insostenible. Mateo muestra con claridad que este tiempo de ausencia es muy significativo. Jesús les insta a “adelantarse” mientras despide a la gente, pero la realidad es que luego sube al monte para orar a solas y que al llegar la noche aún estaba allí. También indica que la barca ya estaba muy lejos de la orilla y que no es hasta el final de la noche cuando regresa junto a ellos.

Seguramente las primeras comunidades cristianas, al igual que nosotros hoy, se identificarían fácilmente con ese grupo de discípulos embarcados en medio de una tormenta que sacude con fuerza su barca. Vivir con Jesús ausente requiere confianza absoluta, esperanza firme y capacidad para descubrirle presente en su ausencia. En el envío que recibimos de Él a ir hacia la otra orilla es fácil que nuestra barca se tambalee por los oleajes de los miedos y que estos nos hagan ver fantasmas que nos impidan reconocerle resucitado y caminando a nuestro lado.

La palabra de Jesús resuena con autoridad en medio de la crisis: ¡Ánimo, soy yo, no temáis!Son sus palabras la que sacan a Pedro de la situación de parálisis en la que se halla. El texto no señala que las aguas se calmen en ningún momento. Lo que nos dice es que Pedro suplica poder ir hacia Él a pesar y en medio del fuerte oleaje y del viento contrario. La fe y el estar encaminado hacia el Señor (el texto nos indica que Pedro iba hacia Jesús) lo sostienen con tanta fuerza que le es posible caminar sobre las aguas. Sobre esas mismas aguas que poco antes habían tambaleado sus certezas y le habían hecho confundir a su Maestro con un fantasma.

Todavía hay algo más. Pedro comienza a hundirse de nuevo cuando vuelve a dudar y a dejarse llevar por los miedos. “Pero al ver la violencia del viento se asustó”…  Mateo indica claramente el por qué: el miedo crece en intensidad cuando Pedro desvía su mirada, cuando deja de tener sus ojos fijos en Jesús y mira al viento contrario.

Hoy la Palabra nos da la oportunidad de reconocer nuestros propios miedos para acogerlos desde la confianza absoluta de que Jesús, el Señor, camina a nuestro lado hasta en las situaciones más límites y dolorosas. En el encuentro sereno con Él podemos experimentar que nos tiende su brazo para que no nos hundamos en nuestros temores y dificultades. Él nos dará la fuerza necesaria para arriesgarnos por aquellos caminos que nos parecen intransitables.

Sigamos adelante con los ojos fijos no en nosotros mismos, ni siquiera en nuestra pequeña o gran barca, sino en el Señor que conduce la Historia y nuestros pasos, en el Hijo de Diosque nos hace estar siempre de travesía con el fin de anunciar su Buena Noticia y sanar a los enfermos (cf. 14, 34-36).

Inma Eibe, ccv

Fuente Fe Adulta

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Del miedo a la confianza.

domingo, 13 de agosto de 2023
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IMG_0176Domingo XIX del Tiempo Ordinario

13 agosto 2023

Mt 14, 22-33

El miedo, en cuanto respuesta adaptativa que aparece en situaciones de peligro y que compartimos con los animales, es un mecanismo de defensa que nos permite afrontar la amenaza y protegernos. En este sentido, es una respuesta normal que facilita la adaptación y, en último término, la supervivencia.

Sin embargo, ese mecanismo instintivo se vuelve patológico cuando es desproporcionado y repetitivo. En tales casos, se activa con demasiada frecuencia. La persona vive instalada en el miedo habitual y lo siente de un modo exagerado, aun en presencia de estímulos carentes de peligrosidad. Aparecen así las diferentes fobias, las crisis de pánico, en definitiva, los miedos fantasmas y el miedo al miedo.

El miedo es una respuesta adaptativa. Sin embargo, cuando es desproporcionado, paraliza y genera sufrimiento incesante y con frecuencia agudo. El salto del miedo normal (positivo) al miedo patológico se produce a partir de experiencias más o menos traumáticas y de la elaboración mental de las mismas. Por decirlo brevemente: el miedo patológico es “creado” por la mente. A raíz de experiencias que se vivieron como amenazantes y no se resolvieron adecuadamente, la mente construye unas lecturas totalmente desajustadas, que ven peligros y amenazas por doquier. Son precisamente estas “creencias irracionales” las que explican los miedos excesivos y habituales, que generan tanto sufrimiento inútil.

Lo opuesto al miedo es la confianza. Cuando un niño crece en un clima de seguridad afectiva, desarrolla una confianza básica en la vida y en sí mismo, en la que puede hacer pie, manteniendo alejados los miedos irracionales. Cuando, por el contrario, careció de aquella seguridad básica, sobre todo en el inicio de su existencia, el miedo sustituye a la confianza, hasta el punto de colorear toda la personalidad. Es lo que expresó el filósofo Thomas Hobbes cuando escribió: “El día que yo nací, mi madre parió gemelos: yo y mi miedo”.

El miedo requiere un tratamiento psicológico específico, dependiendo de diferentes factores. Pero siempre es posible cultivar la confianza, con un doble trabajo: psicológico y espiritual. La comprensión profunda (espiritual) abre a la confianza en el Fondo de lo real (lo único realmente real); el trabajo psicológico potencia la confianza en sí mismo. En la medida en que crecemos en confianza, el miedo irracional disminuirá notablemente, permitiéndonos vivir de una manera más serena, descansada y plena.


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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¿Dónde está Dios hoy? En los 19000 niños ucranianos deportados

domingo, 13 de agosto de 2023
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IMG_0196Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

 Dos cuestiones nos ofrece la Palabra de hoy:

  1. Dios no está en los grandes alardes religiosos, en los huracanes eclesiásticos, ni en la fuerza. Dios está en la vida sencilla, en la suave brisa, a veces en los acotecimientos trágicos
  2. La barca, la Iglesia sufre tempestades y galernas siempre. También hoy. Quien importa que esté presente es Cristo. No tengáis miedo, soy yo…

01.- ¿Dios pasa por nuestra vida?

    El profeta Elías ha huido de la reina Jezabel, porque ésta quería sustituir a Yahvé por Baal (dios pagano). Elías quiere ser fiel a Yahvé, a Dios, por eso marcha al monte Horeb (Sinaí), allí se esconde en una cueva a la espera de que Dios pase por su vida.

Elías esperaba que el Dios fuerte pasara quizás en el viento huracanado, pero allí no estaba Dios, tal vez Dios manifestara su ser en la violencia del terremoto, quizás en la fuerza destructiva del fuego, pero Dios tampoco estaba en la prepotencia.

    Elías pensaba destruir a Jezabel y su poder con un Dios fuerte, un huracán, un terremoto, con el fuego destructor. Son elementos cósmicos y simbólicos de un Dios prepotente, altanero.

    ¿Dónde está Dios?

En el campo de concentración de Auschwitch en un cierto momento diezmaron a los allí prisioneros.

Los judíos del campo de concentración fueron obligados a presenciar la ejecución.

Entre los fusilados estaba un niño.

En voz baja, alguien entre los judíos asistentes preguntaba: Dios, ¿dónde está Dios?

Otro le respondió, ahí, en ese niño fusilado…

Dios está silenciosamente en la vida cotidiana: a veces en la suave brisa, a veces en el silencio, en ocasiones en la noche oscura, en la enfermedad, en los acontecimientos cotidianos y no pocas veces trágicos.

    Muchas veces buscamos a Dios en los ritos hieráticos y solemnes del templo, en las grandes concentraciones de gente o en apariciones espectaculares.

Dios está en la brisa de todos los días.

Dios está en los 19.000 niños ucranianos deportados, en los miles y miles de niños y mayores que viven muriendo de hambre. Dios está en las personas que humildemente ayudan a los demás: comedores sociales, en los bancos de alimentos, en los barcos que tratan de recuperar a los que pasan en pateras, Dios está en la apertura de fronteras a los emigrantes. Dios está en los enfermos, en las depresiones, en los hospitales. Dios está en las tareas humildes de los padres de familia, en el trabajo de los obreros.

Dios está en la creación, en la naturaleza, sacramento de Dios…

02.- Tempestades en la vida.

    Las tres veces que aparece el simbolismo de la barca y la tempestad en el lago (Mt 14,22-36; 16, 5-12; Mc 4,36) son relatos eclesiales, de dificultades en la Iglesia naciente y en todo momento histórico de la Iglesia, incluida la actual.

  • La barca es la Iglesia, el arca de Noé, donde se salva el ser humano de los naufragios de la vida
  • Las tempestades son los problemas, los hundimientos, las rupturas tanto personales como eclesiásticas, las búsquedas de poder, el fanatismo dogmático y moral que generan algunos obispos y cardenales.

Podemos evocar nuestras propias galernas y rupturas eclesiales. (Oriente: Constantinopla y Occidente: Roma en el 1054; la ruptura entre Roma y el naciente protestantismo en el siglo XVI).

No olvidemos la propia división y ausencia de sintonía (comunión) en nuestra propia diócesis

v 22: LES MANDÓ QUE SUBIERAN A LA BARCA.

    Jesús invita a los suyos a “embarcarse” en la Iglesia como “lugar” de salvación. Lo repetía el papa Francisco: cómo me gustaría que la Iglesia fuese un hospital donde se curan las heridas  de la vida.

    Se abren muchas cuestiones que no es momento de tratar. ¿Realmente la Iglesia, nuestra diócesis es un hogar amable, salvífico en el que se cura y no se hurga cada vez más en las heridas?

    ¿Conseguirá la sinodalidad llegar a hacer de la Iglesia un “arca de Noé” salvífica?

    La Iglesia es la barca, el arca de Noé donde se salvó la humanidad y, en cierto sentido, el universo.

v 25. DE NOCHE, JESÚS SE ACERCÓ.

    Estos textos están escritos en el seno de unas comunidades que habían experimentado ya al Señor resucitado. No se trata de una tormenta oceanográfica en el lago, sino que con una cierta majestuosidad, Xto resucitado domina el abismo, la muerte, el caos.

    Cuatro veces aparece la expresión: “caminar sobre las aguas” (vv 25.26.28.29). Con Cristo no somos engullidos por el abismo. La vida es caminar entre muchos vendavales y aguas abismales.

    Si Cristo está en la barca o está con nosotros, no nos hundimos. La Iglesia saldrá a flote si le dejamos sitio a Cristo no a una línea ideológico-eclesiástica de turno. El único imprescindible en la barca es Cristo. Todo y todos los demás somos pobres gentes con más pretensiones de poder que de salvación.

    Nos hará bien en las galernas y en las noches de la Iglesia mirar a Cristo, mirar al Reino de Cristo.

v 25. ANIMO, SOY YO, NO TENGÁIS MIEDO.

    Muchas veces aparece esta expresión que manifiesta la actitud de Jesús: no tengáis miedo, no temas pequeño rebaño, confiad

    Cuando el miedo está tan extendido en la barca de Pedro: sea por amenazas morales, canónicas, sea por totalitarismos eclesiásticos, a lo mejor es que estamos lejos del Señor que nos dice: ánimo, soy yo, no temáis.

    El “soy yo” evoca el Éxodo: Yo soy el que soy y recuerda toda la cristología del Evangelio de Juan: YO SOY el pan, la vid, el camino, la verdad, la vida… Que “el que es” se nos acerque, nos hace bien.

    La confianza en el Señor nos confiere el coraje y la osadía, la audacia para confiar en lo que los temporales parecen destrozar.

v 31 JESÚS LE TENDIÓ LA MANO, LO AGARRÓ.

    Jesús tiende siempre la mano, no deja nunca a nadie en la estacada.

    Tanto en las borrascas personales como en las eclesiásticas no perdamos la fe: ¡hombres de poca fe! Confiemos: ¡Señor sálvame!

vv 32-33 SUBIERON A LA BARCA – ERES HIJO DE DIOS.

    Subieron a la barca, a la Iglesia y allí vivieron con gozo y confesaron su fe: Verdaderamente eres Hijo de Dios.

    Donde Cristo está presente, hay salvación, serenidad y ahí se puede vivir la confianza, la fe en Él.

Soy yo, no tengáis miedo

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Eunucos «en» el reino de Dios: ¿Nacidos en un cuerpo equivocado? Sobre un sermón de Mons. Munilla

sábado, 12 de agosto de 2023
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@face787856Del blog de Xabier Pikaza:

Monseñor afirma que nadie nace en un cuerpo equivocado, porque Dios hace todas las cosas bien. En un sentido, esas palabras me parecen bien, pero en otro me atrevo a matizarlas,  desde la perspectiva de Mt 19, 10 (cf.  Jesús Martínez Gordo).

Está en el fondo el tema de los eunucos clericales,  como pusieron de relieve  U. Heinemann y E. Drewermann. Está el «misterio» y tarea de la diversidad de género y sexo del ser humano

No quiero entrar en disputas teológico-papales (o anti-papales); me limito a   ofrecer una sencilla exégesis sobre Jesús y los eunucos (cf. Mt 19,10). Digo con Mons. Munilla, que Dios no se equivoca,  pero entiendo esa palabra de una forma quizá diiferente,  en la línea de Jesús, a quien llamaron eunuco (de forma maliciosa).

La “sermón” de Munilla

El obispo de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla, afirmó en una catequesis durante la Jornada Mundial de la Juventud que se celebra en Lisboa que «La ecología tiene que comenzar por el respeto hacia nosotros mismos, Dios nos ha creado bien, Dios no se equivoca, nadie nace en un cuerpo equivocado», dijo el prelado.

El obispo de Orihuela-Alicante advirtió que la ecología, si no es integral, «no es cristiana», es «ideología», y alertó de algunas «contradicciones flagrantes» del ecologismo que no es integral.

Por ejemplo, indicó el ecologismo «denuncia los transgénicos, pero «al mismo tiempo» defiende «el transgénero, que uno pueda cambiar de repente de ser hombre a ser mujer». «Es una contradicción que deja patente una ideología» .

 Catequesis Bíblica. Punto de partida

 Varios textos bíblicos afirman Dios lo hace todo bien, desde Sabiduría (Sab 8-9) hasta  la palabra clave de Rom 8, 28: “Todo contribuya para bien de los creyentes”. En esa línea, cuando le preguntan a quién ha pecado para que un hombre nazca ciego, precisamente a la vera del templo, Jesús responde: “No se trata de quién ha pecado, sino de cómo ayudarle” (Jn 9, 2-3).

Jesús ha nacido en un mundo lleno de cojos-mancos-ciegos, posesos y enfermos de diverso tipo, y estoy convencido de que no se atrevería a decir las cosas que su Mons. Munilla afirma, en contra del Papa, en una esquina de Lisboa.

Pero, por equivocación, bien entendidas, las palabras de Munilla son “acertadas”: Cada uno ha de vivir para bien (con la acogida y ayuda de otros, en especial de cristianos, como parece ser Munilla) dentro del espectro de arco-iris donde el Dios de la providencia amorosa (difícil de entender, en clave humana) le ha colocado.

No sé cómo responder teóricamente al tema, aunque algo he leído el evangelio de Mateo, y allí se encuentra este texto famoso, donde “eunucos” de diverso tipo forman parte de la Providencia de Dios, siendo “bien nacidos”, así como siendo…y teniendo que ser bien  acompañados por otros seres humanos.

Jesús dice a sus discípulos varones (duros varones, que se creen dueños de la sexualidad de otros, y en especial de la sexualidad de las mujeres y en general de todos los “distintos” a ellos) que han de ser fieles a la vida…

19 10 Sus discípulos le dijeron: Si ésta es la condición del hombre con la mujer, no conviene casarse. 11 Pero él les dijo: No todos entienden esta palabra, sino aquellos a quienes les ha sido dado. 12 Pues hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que han sido hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que se han hecho eunucos a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender entienda (Mt 19 10)[1].

Primera explicación

Los fariseos (19, 3) le preguntaban si el hombre podía expulsar a su mujer por cualquier causa (aitia). Pues bien, la respuesta de Jesús (insistiendo en la fidelidad), suscita el nuevo comentario/pregunta de los discípulos varones, que dicen: Si la causa es esa (es decir, si el hombre no tiene razones para expulsar a su mujer a no ser por porneia) será mejor no casarse, no asumir ese riesgo de unión matrimonial.

El tema parece referirse varones que quieren mantener la “libertad” de hacer lo que quieran con sus mujeres… A ellos les pide Jesús fidelidad. Pedro responde como buen varón-macho que en caso de exigir fidelidad es mejor no casarse.  

Ciertamente, hay otras formas de entender el texto, que podría referirse a viudos, que, tras la muerte de su mujer, no podrían ya casarse de nuevo, o a otros grupos de personas con dificultades matrimoniales… Pero, en principio, parece preferible la solución tradicional: Los discípulos sienten que la doctrina de Jesús sobre el matrimonio resulta dura para los varones egoístas (quieren mantener su derecho al divorcio), de manera que para ellos sería preferible no casarse. Así lo entiende el Jesús de Mateo, y desde ese fondo responde, aunque cambiando el matiz negativo del comentario de los discípulos, para establecer una doctrina y experiencia universal, introduciendo así una especie de “salto” en la línea del discurso:

Respuesta general, un don divino: “No todos entienden esta palabra de fidelidad   sino aquellos a quienes les ha sido dado (19, 11). Esta cuestión del matrimonio, tal como lo plantea Jesús, con la respuesta de los discípulos (¡mejor no casarse!) no puedan entenderla simplemente todos, sino aquellos  a quienes Dios mismo les ofrece el don de la fidelidad personal, vinculada a la comprensión y experiencia del Reino, entroncada en la fidelidad de Dios.

Según eso, ni el matrimonio en la línea de Jesús (por el Reino) ni el posible celibato del que sigue hablando el texto (eunucos por el Reino) son estados naturales de vida (que se entienden y resuelven por sí mismos), sino que implican (despliegan) un descubrimiento y cultivo de la fidelidad de Dios, en la línea marcada por Gen 1-2. Éste no es por tanto un tema que pueda resolverse por ley o imposición jurídica o social, sino por gracia de Dios y comunión humana. Se trata, pues, de ascender de nivel, entendiendo y desarrollando de esa forma el don del Reino de Dios, como se decía en el contexto de las parábolas (cf. Mt 13, 10-17).

Jesús y los eunucos: “Pues hay eunucos que nacieron así del seno materno, y otros que han sido hechos eunucos por los hombres…” (19, 12). Todo nos permite suponer que Jesús retoma el argumento de los discípulos (¡mejor no casarse!), para situarlo en el plano de la complejidad social y sexual de la vida. No se trata de entender a todos los eunucos de una misma forma, sino de distinguir y precisar los planos, valorando la diversidad de unas situaciones que parecen marcadas por la diversidad de formas de la vida humana.

En esa línea, Jesús se sitúa, y sitúa a sus discípulos, en el contexto de su propia experiencia, en un entorno formado, al menos en parte, por hombres (y mujeres) célibes que han dejado casa y familia, apareciendo así como un grupo ambiguo, criticados o, al menos, marcados por sus adversarios como “eunucos”, pues viven de un modo “anormal”, sin familia establecida, en contra de una tradición de matrimonio para la procreación, que comienza en Gen 1-2. Podemos suponer que Jesús, como Juan Bautista, su maestro, había renunciado a una familia propia (sus discípulos no eran familia, en sentido tradicional).

Jesús no es un mesías de matrimonios ejemplares, de gente bien-casada, dentro de un orden patriarcal, donde los varones regulan y dirigen la vida de sus legítimas mujeres (e hijos), expulsando a los menos convenientes. Al contrario, él es mesías de hombres y mujeres que se sienten llamados a vivir en libertad, como hijos de Dios, en medio de un mundo de niños que parecen abandonados, de pequeños que necesitan compañía y protección, de enfermos, expulsados sociales, marginados afectivos, eunucos…. Sin esta experiencia radical de protesta contra un mundo dominado por fuertes varones que se imponen sobre las mujeres, sin esa apertura a los pobres, pequeños y eunucos de diverso tipo no se entiende el evangelio[2].

Profundización (La familia en la Biblia).

Mt 19, 9-12 es un pasaje claramente añadido dentro del “corpus” de su evangelio, pero recoge una tradición de su comunidad que posiblemente proviene de Jesús. En su contexto actual, este pasaje supone que los discípulos reaccionan como “varones” patriarcales ante el principio de fidelidad humana que Jesús les ha propuesto (¡el varón no puede expulsar a la mujer!), a pesar de la posible atenuación que ese principio ha recibido con la sentencia sobre la “porneia”, es decir, sobre la destrucción del vínculo de comunión entre un hombre y una mujer en el matrimonio: ¡Si el matrimonio se aplica así, sería mejor no casarse!

Ése es un comentario realista y muy actual. Son millones y millones los hombres y mujeres que responderían y responden de la misma forma, evitando de hecho el matrimonio (¡formando algún tipo de pareja sin voluntad radical de permanencia!) o contrayendo un matrimonio “light”, como un contrato temporal, mientras dure, sin alianza personal definitiva  entre dos personas (¡sería mejor no casarse!).

En este contexto ha introducido Mateo este “logion” o sentencia de Jesús sobre los eunucos, que en principio tenía otro contexto, y que así debe entenderse (al parecer) como respuesta de Jesús ante algunos que le/les acusan de “eunucos”, por vivir como viven y formar como forman una comunidad de varones y mujeres que han roto los vínculos matrimoniales del conjunto de la sociedad (cf. tema 8):

 ‒ Posible contexto histórico: acusan a Jesús y a los suyos de eunucos . Jesús ha iniciado un tipo de vida no convencional, un celibato entendido como protesta frente  a unas condiciones familiares y sociales de tipo patriarcalista, en las que unos se imponen sobre otros. Él ha perdido a los suyos que “abandonen a su padre y a su madre”, que rompan con un tipo de vida familiar integrada en el sistema de los privilegiados. Su misma vida, y la vida de discípulos, aparece así como protesta contra el orden tradicional, como sabemos Mc 3, 20-21 donde se dice que sus mismos familiares les han acusado de loco, queriendo llevarle de nuevo a su casa.

En un contexto semejante puede situarse la acusación de aquellos que le tildan Jesús y tildan a sus discípulos de “eunucos” en un sentido extenso, tomándoles como “incapaces sexuales” (o quizá incluso como “desviados”), precisamente a causa del grupo específico que forman, de mujeres y varones, sin guardar el orden matrimonial estricto. En ese contexto se sitúa la gran paradoja de Jesús que, por un lado, ha sostenido la exigencia de fidelidad del matrimonio; pero que, por otro, ha compartido su vida y movimiento con gentes (varones y mujeres) de diversa situación y orientación sexual, corriendo así el riesgo de que sus adversarios le acusen.

 ‒ Jesús ha aceptado la acusación y ha respondido hablando de tipos distintos de eunucos,  para presentarse al fin (probablemente) como “eunuco por el reino de los cielos”. No tiene reparo en aceptar la acusación de aquellos que le comparan (y comparan a sus discípulos) con pretendidos “desviados” sexuales. Este Jesús que así responde es el mismo que acepta la compañía de publicanos y prostitutas y de otro tipos de “pecadores” (cf. Mc 2, 15; Mt 21, 31). En ese sentido, debemos afirmar que él no aparece en el evangelio como un ejemplo de “rectitud patriarcalista”, sino como un hombre que conoce (comprende) los diversos tipos de desviación o, mejor dicho de marginación sexual.

 ‒ Jesús distingue tres tipos de eunucos, y lo hace con naturalidad.

 (a) Hay “eunucos por naturaleza” (desde el vientre de la madre), personas con tendencias o posibilidades sexuales distintas, que algunos pueden tomar como, “desarregladas” o simplemente como pecaminosas, por su misma constitución, que abarca un abanico grande de personas, desde los hermafroditas e impotentes sexuales por alteración fisiológica, hasta los diversos tipos de homosexuales y transexaules  físicos y/o psicológicos.

(b) Hay eunucos sociales, que han de entenderse en sentido literal: Aquellos que han sido castrados, para realizar servicios en templos y palacios, con lo que ello implicaba en un plano personal.

(c) Están, finalmente, aquellos que han asumido una conducta familiar y afectiva distinta, por libertad personal y/opor opción social, al servicio del Reino de Dios, asumiendo de esa forma una conducta que el entorno social y cultural condenaba.

‒ Jesús no proclama ningún juicio o rechazo social sobre los eunucos desde el vientre de la madre.No juzga a la naturaleza por “producir” tipos diversos de personas, con capacidades y conductas sexuales distintas.  Tampoco  ofrece un tipo de legislación socio-religiosa, como la Ley de Israel, considerando a esos eunucos (en general) como impuros, o impidiéndoles realizar servicios sacerdotales, sino que se limita a decir que hay eunucos, añadiendo que ellos forman parte de la sociedad y  suponiendo   ellos han de ser acogidos en el movimiento del Reino, tal como son, cada uno como. A los eunucos de diverso tipo no se les admite en el Reino obligándoles a dejar de ser eunucos, sino siéndolo en verdad, asumiendo el camino del reino cada uno desde su propia realidad, desde su propia identidad, siendo así acogidos por la comunidad.

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Una nube brillante: una historia de transfiguración de la India

lunes, 7 de agosto de 2023
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IMG_0175Dwayne Fernandes

La reflexión para la Fiesta de la Transfiguración está escrita por Dwayne Fernandes, Director de Espiritualidad, New Ways Ministry y colaborador de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas para la Fiesta de la Transfiguración se pueden encontrar haciendo clic aquí.

Si desea compartir algunas de sus reflexiones con otros lectores de Bondings 2.0, no dude en publicar las respuestas que tenga en la sección «Comentarios» de esta publicación.

Mientras leía el evangelio de la Transfiguración de hoy, recordé vívidamente una experiencia que tuve recientemente en un viaje a mi India natal. Mientras estuve allí, tuve la suerte de asistir a una reunión LGBTQ+ en un convento en Mumbai. Cuando la Hna. Neeta, monja canossiana y fundadora del ministerio, dijo que había unas 120 personas en el grupo me despertó la curiosidad, sobre todo cuando añadió que muchos serían de la comunidad kinnar.

El kinnar es un grupo social y cultural distinto que desafía las normas de género binarias tradicionales. La comunidad existe en el sur de Asia, incluidos India, Pakistán, Bangladesh y Nepal. Una vez que se los tuvo en alta estima por su lealtad a los dioses hindúes, con destacadas posiciones de poder bajo los gobernantes hindúes y musulmanes en los primeros siglos, su estatura en la sociedad cayó con la ocupación británica de la India y las políticas y leyes sucesivas. Hoy en día, los kinnars continúan siendo rechazados a pesar de estar legalmente reconocidos como un tercer género en India con un derecho afirmado a la autoidentificación.

IMG_0169La comunidad de Kinnar con una imagen de Santa Magdalena de Canossa al fondo.

Sin mucho acceso al empleo, la atención médica y la educación convencionales, esta comunidad a menudo se ve afectada por la pobreza y se ve obligada a sobrevivir por medios no convencionales, ofreciendo bendiciones, mendicidad y/o trabajo sexual. Las familias indias, históricamente conservadoras en términos de género y sexualidad, apenas quieren ser identificadas con un niño de género fluido, dejando a las personas kinnar abandonadas o forzadas a abandonar sus hogares para preservar la dignidad de la familia.

Son difíciles de perder en las concurridas calles de la India. Vestidos con saris vibrantes y un maquillaje llamativo, los kinnars suelen atravesar intersecciones llenas de gente ofreciendo bendiciones (y maldiciones) mientras suplican. Mientras algunos indios buscan sus bendiciones, otros temen sus maldiciones. Esta paradoja, lamentablemente, solo contribuye a su marginación y miedo en el país. Y en una triste ironía, mientras que sus bendiciones incluyen la fertilidad, la prosperidad y una larga vida, ellos mismos permanecen en la pobreza, no tienen hijos y viven una vida plagada de burlas y violencia.

Siempre he desconfiado de la comunidad kinnar en parte debido al estigma cultural que los rodea. Mi cautela proviene de muchos roces con ellos en la infancia en los trenes y las vías públicas de Mumbai. Verse obligado a entregar dinero por miedo a ser acosado o acosado no es muy agradable, sobre todo ante una asamblea de dos o más personas. Entonces, cuando recibí una invitación para presenciar un ministerio católico con ellos, supe que tendría que confrontar mi pasado.

Llegué a tiempo, solo para darme cuenta de lo fluida que es la hora en la India. Pero mientras esperaba a que se reunieran los participantes, me sorprendieron las conversaciones animadas que surgieron de una “sala verde” improvisada en el salón principal. Vi personas indescriptibles, de apariencia masculina, entrar en la habitación, solo para emerger, completamente transformadas, en relucientes saris y personalidades resplandecientes.

IMG_0172Dwayne Fernandes del New Ways Ministry (izquierda) con líderes del ministerio LGBTQ+ del convento Canossian, incluida la Hna. Neeta, (derecha) la fundadora del ministerio en Mumbai, India

“Les encanta disfrazarse”, explicó la Hna. Neeta. “Es un hombre casado con hijos”, señaló, “pero solo aquí se siente seguro y puede ser él mismo”. A medida que escuché más historias, el dolor, las alegrías y los desafíos que enfrenta esta comunidad, mis malentendidos, como escamas, cayeron de mis ojos y pude presenciar a la persona sin adulterar detrás de la etiqueta.

Mi momento más humillante de la noche fue cuando uno de los participantes me ofreció una mezcla de frutas cortadas en una hoja de plátano. Ellos, entonces, se arrodillaron para tocar mis pies en señal de respeto. Nunca olvidaré este gesto, porque aquí estaba yo, contaminado con juicios hacia la comunidad kinnar, solo para ser recibido, honrado y bendecido por uno de los suyos.

En el Evangelio de hoy de la Fiesta de la Transfiguración, Pedro le dice a Jesús: “Señor, es bueno que estemos aquí”. Salí esa noche del ministerio sintiendo exactamente la misma emoción. Que bueno es que Dios nos lleve a las altas cumbres de los montes. Porque, más allá de la escalada metafórica (malestar, miedo), lo que nos espera no es más que la revelación cruda del Reino de Dios y el consuelo susurrado de las palabras de Jesús: “No tengáis miedo”.

  La transfiguración de Jesús en el Evangelio sugiere un potencial prodigioso para el cambio y la renovación, muy parecido al viaje kinnar: un proceso de despojarse de las expectativas clásicas de hombres y mujeres, para abrazar una comprensión infinitamente más alta de uno mismo. El evento de la transfiguración también ocurre solo después de que Jesús predice su inminente sufrimiento y muerte. Con la discriminación, la exclusión, los desafíos económicos y los prejuicios que plagan a la comunidad kinnar, su camino también está patentado con resiliencia y fortaleza frente a la adversidad acentuada.

Incrustado en el evangelio de hoy hay un oxímoron desconocido: «una nube brillante». Mientras reflexiono sobre mi velada con la comunidad kinnar, siento que “una nube brillante” es precisamente lo que los define: aparentemente opaca, pero sin embargo llena de la presencia y la voz de Dios.

– Dwayne Fernandes, New Ways Ministry, 6 de agosto de 2023

Fuente New Ways Ministry

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“Dadles vosotros de comer”. 6 de agosto de 2023. 18 Tiempo ordinario – A (Mateo 14,13-21).

domingo, 6 de agosto de 2023
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IMG_0141El evangelista Mateo no se preocupa de los detalles del relato. Solo le interesa enmarcar la escena presentando a Jesús en medio de la «gente» en actitud de «compasión». Lo hace también en otras ocasiones. Esta compasión está en el origen de toda su actuación.

Jesús no vive de espaldas a la gente, encerrado en sus ocupaciones religiosas e indiferente al dolor de aquel pueblo. «Ve el gentío, le da lástima y cura a los enfermos». Su experiencia de Dios le hace vivir aliviando el sufrimiento y saciando el hambre de aquellas pobres gentes. Así ha de vivir la Iglesia que quiera hacer presente a Jesús en el mundo de hoy.

El tiempo pasa y Jesús sigue ocupado en curar. Los discípulos le interrumpen con una propuesta: «Es muy tarde; lo mejor es “despedir” a aquella gente y que cada uno se “compre” algo de comer». No han aprendido nada de Jesús. Se desentienden de los hambrientos y los abandonan a su suerte: que se «compren comida». ¿Qué harán quienes no puedan comprar?

Jesús les replica con una orden tajante, que los cristianos satisfechos de los países ricos no queremos ni escuchar: «Dadles vosotros de comer». Frente al «comprar», Jesús propone el «dar de comer». No lo puede decir de manera más clara. Él vive gritando al Padre: «Danos hoy nuestro pan de cada día». Dios quiere que todos sus hijos e hijas tengan pan, también quienes no lo pueden comprar.

Los discípulos siguen escépticos. Entre la gente solo se encuentran cinco panes y dos peces. Para Jesús es suficiente: si compartimos lo poco que tenemos, se puede saciar el hambre de todos; incluso pueden «sobrar» doce cestos de pan. Esta es su alternativa: una sociedad más humana, capaz de compartir su pan con los hambrientos, tendrá recursos suficientes para todos.

En un mundo donde mueren de hambre millones de personas, los cristianos solo podemos vivir avergonzados. Europa no tiene alma cristiana y «despide» como delincuentes a quienes vienen buscando pan. Y, mientras tanto, ¿quiénes son en la Iglesia los que caminan en la dirección marcada por Jesús? Por desgracia, la mayoría vivimos sordos a su llamada, distraídos por nuestros intereses, discusiones, doctrinas y celebraciones. ¿Por qué nos llamamos seguidores de Jesús?

José Antonio Pagola

Fotografía Comunicación Social

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“Su rostro resplandecía como el sol”. Domingo 6 de agosto de 2023. 18º Ordinario. Transfiguración del Señor

domingo, 6 de agosto de 2023
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15-CuaresmaA2De Koinonia:

Daniel 7,9-10.13-14: Su vestido era blanco como nieve.
Salmo responsorial: 96: El Señor reina, altísimo sobre la tierra.
2Pedro 1,16-19: Esta voz del cielo la oímos nosotros.
Mateo 17,1-9: Su rostro resplandecía como el sol.

La primera lectura del libro de Daniel nos recuerda que Israel como el mundo de aquel tiempo y lugar se encontraba en un proceso de helenización. La fuerza de la cultura griega invadía todo y se extendía con rapidez. Toda una nueva forma de entender la vida. Esto trajo una crisis profunda en todos los que vivían con pasión su fe. Con la llegada de Antíoco IV Epífanes, lo que en un primer momento no era más que una mayor promoción de la cultura griega, va a dar paso a una persecución abierta de los judíos que siguen fieles a su fe desde su cultura tradicional. A la irracionalidad de la intolerancia se suma la irracionalidad de la violencia. La «cultura superior» lleva consigo la prepotencia y termina por masacrar a personas sencillas, inocentes, que lo único que pretenden es vivir en paz (¿quiénes son los «bárbaros»?).

En este clima surge el libro de Daniel, retomando acontecimientos del pasado, animando a resistir también ahora. En su segunda parte cambia de género literario y ante la presión y la inestabilidad por lo absurdo de la fuerza… no puede expresarlo en lenguaje convencional y echa mano del género de «la apocalíptica». Todo el capítulo al que pertenece el texto de este día hace de bisagra entre las dos partes del libro.

La segunda lectura, la segunda carta de Pedro es una de las pocas lecturas litúrgicas pertenecientes al último escrito, cronológicamente hablando, del Nuevo Testamento. No sólo por este motivo sino sobre todo por su contenido, es claro que no fue obra del apóstol Pedro, «primer Papa», aunque a él se le haya atribuido desde antiguo. Su intención es animar a los cristianos de las generaciones posteriores a la primera a la permanencia y fidelidad, poniéndolos en guardia frente a posibles desviaciones. La certeza de la victoria total de Cristo se basa, entre otras cosas, en la Transfiguración, una especie de adelanto teológico de lo que Cristo es y representa para todos. Contrapone el autor esta realidad a mitos y leyendas poco de fiar. Y no es que la transfiguración haya de considerase un hecho histórico. Se trata, más bien, de una reflexión espiritual de lo que el Señor Jesús significa para los cristianos. Probablemente no hubo una voz perceptible por los testigos; lo importante es que Jesús es el Hijo de Dios y ha de volver a culminar su obra comenzada. Es importante esta mención de Jesucristo como fundamento de la vida presente del cristiano, de su fe, de su realidad histórica en conjunto y, a la vez, la tensión hacia el futuro, hacia la realización completa.

Los símbolos que utiliza el profeta Daniel se inspiran en la apocalíptica judía del siglo III a. C. La apocalíptica intentaba presentar las grandes opciones de Dios para el presente mediante símbolos litúrgicos, cósmicos y sobrenaturales. El blanco representa la máxima santidad, la presencia divina. Los tronos simbolizan la capacidad para gobernar la historia. El hijo del hombre, un ser humano capaz de hacer realidad la voluntad de Dios.

En el evangelio de Mateo el episodio de la Transfiguración, tiene una relación directa con el episodio del bautismo (Mt 3,13-17). En ambos descubrimos la experiencia filial como forma permanente de relación con Dios: “Éste es mi Hijo preferido; escúchenle”. La presencia de Moisés y Elías en la escena representan el encuentro con «la Ley y los Profetas». La voz que desciende del cielo muestra que nuestra relación filial con Dios determina todo nuestro ser. La escucha de Jesús se convierte de ahora en adelante en el gran imperativo cristiano. La experiencia de Jesús durante su bautismo (Mt 3,17) se convierte en el patrimonio de toda la comunidad cristiana, aunque habrá que esperar a la experiencia pascual para descubrir cómo ese camino de ascenso al Padre pasa por la cruz. La vida cristiana es una vida transfigurada, esto es, una vida que se vive en plenitud desde la conciencia de ser hijos de Dios. Debemos abandonar la iniciativa de Pedro de vivir una vida dividida, desarticulada, simbolizada por su deseo de levantar tres chozas e instalarse allí en la montaña. Leer más…

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6.8.23 (JMJ 4). Juventud, tiempo y tarea de transfiguración (Mt 17, 1-9)

domingo, 6 de agosto de 2023
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IMG_0168-768x394Del blog de Xabier Pikaza:

Culmina la JMJ 23 con la Trans-figuración, fiesta de la juventud como tiempo y tarea de educación personal cristiana:

-Educar (e-ducere) es hacer que surja desde el fondo de la Vida (de nosotros mismos) aquello que somos de raíz, pero sin serlo todavía  ya desarrollado. Somos seres de educación, de naturaleza que nace re-naciendo.

– Juventud es el tiempo (estadio vital) en que el hombre/mujer, que surgido sin “definición de sí mismo” se define, se identifica, fijando así y asumiendo las coordinadas básicas de su vida.

– Conforme a la tradición evangélica (Mc 9, 2-9), la educación cristiana culmina en el encuentro e identificación con Jesús, en la montaña de la trans-figuración. Éste es el evangelio del domingo, el tema clave de la JMJ 23, que hoy culmina en Lisboa-

Mateo 17,1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se trans-figuró (=meta-porphothe) delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.»

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.

Prólogo: Educación humana de Dios, Himno de Pablo (Flp 2, 6-11)

IMG_0166-768x768Jesús pudo haber vivido “como Dios”… en forma de eternidad sin cambio, siempre igual, sin proceso de maduración alguna y, sin embargo, quiso aprender a ser “hombre” (ser humano, varón o mujer), en este mundo concreto… y para eso  se “vació” (ekenôsen) a sí mismo, tomando forma (morphê) de joven (aprendiz de humano, siervo).

Ésta fue su juventud, su proceso de maduración/identificación humana, aprendiendo a vivir y viviendo como “esclavo” (doulos) de los demás, hasta la muerte.  Ésta fue su identidad, éste su proceso humano de maduración divina…Aprendió a ser siervo de los demás, en amor, en entrega de sí.

De esta forma se mostró Jesús como Dios esclavo, Dios siervo de amor hasta la muerte y muerte en Cruz. Aprender a morir por los demás, y morir de hecho, en cruz, regalando su vida, plenamente, en amor, ésta fue la identidad de Jesús, su proceso de vida hasta la muerte…

Por eso Dios le levantó (le elevó-resucitó) por encima de todo lo que existe, de forma que él es Señor de cielo y tierra, siendo y por ser “siervo de todos”. Esta es la identidad de Jesús, su resurrección (glorificación) como proceso de muerte por los otros, por todos.

Comentario textual: Re-surrección del hombre en Cristo (Mt 17, 1-9 par).

          Este pasaje define en forma simbólica la resurrección de Cristo, formulado por Mc 9, 2-8 y recreado en formas convergentes por Mateo y Lucas (9, 28-36). Estos son los elementos básicos del texto:

Jesús lleva a tres discípulos (signo y compendio de todos, varones y mujeres) a la montaña elegida para que descubran su verdad humana como caminantes y se identifiquen con él (con Jesús, presencia de Dios) , conforma al esquema de Flp 2, 5-9, conforme al cual Dios “aprende a ser Dios” haciéndose humano, en amor y servicio a los demáss

Jesús introduce a sus discípulos en la trans-figuración, haciéndoles ver que la identidad (morphe, forma) de Dios se expresa y despliega en su camino de siervo/doulos, dando su vida por todos. Jesús es Dios haciéndose siervo/esclavo, en amor hasta la muerte. No guarda y mantiene su “forma” para sí, no se aprovecha de los demás, para elevarse sobre ellossí mismo, sino que se abaja y entrega en amor a los demás hasta la muerte.

 Jesús inicia así el camino más alto, la Vía Magna de Dios en la tierra, en forma humana, como servidor de todos…Ésta es su identidad, no tener identidad exclusiva, sólo suya (un yo-dominante por encimad e los otrosdemás), sino hacerse principio de existencia para todos, hasta la muerte (y muerte en Cruz): Todos se aprovechan de él, todos le utilizan, todos al fin le matan

Ése camino de Dios en Jesús, siendo el novedoso (nueva alianza), es el más antiguo, el camino de Moisés y Elías, la ley y los profetas, la vía regia de la muerte y resurrección de Jesús en quien sus discípulos descubran al Dios de la Escritura de Israel y de la Plenitud humana. No abandonan a Israel, para encontrar a Jesús, sino que descubren en Jesús la verdadera identidad del Dios de Israel y de todos los pueblos.

La experiencia de la transfiguración (centrada simbólicamente en tres varones) retoma y expresa el sentido de la experiencia pascual de la tumba vacía, tal como ha sido vivida por las tres mujeres de la Cruz y Pascua de Mc 15-16 par (Magdalena, la madre de José y Santiago, Salomé…). La escena de la transfiguración retoma y expresa en forma visionaria de varones el motivo y mensaje originario de la experiencia de la tumba vacía de las tres mujeres.

Introducción. El gen humano (como alambique de alquimia donde se tansfigura la vida).

Hacerse humano en Cristo (varón y mujer) significa aprender a dar la vida y darla. Los seres que se aman existen en la medida en que se relacionan y entregan unos a los otros, en forma gratuita, es decir, en la medida en que salen de sí, se entregan, se dan y se acogen, siendo, de esa forma, los unos en los otros.

La vida/educación humana es, por esencia, movimiento de diferenciación y comunicación en Dios (en él vivimos, nos movemos, somos: Hech 17, 18), en un “la plenitud divina” que se encarna en la historia de los hombres,  de tal forma que no absorbe y anula a los individuos humanos, sino  que se expresa y encarna en ellos, en forma dialogal, como entrega mutua de vida. Donde sólo hay “yo” no hay “yo” (ni siquiera en Dios) donde sólo hay uno no hay ninguno (ni siquiera en Dios); Dios “es” (soy el que soy) siendo comunión de vida, amor que se da, se acoge se comparte en la historia de los hombres.

 Todo existe en movimiento, a modo de palabra de comunicación, que se ofrece, se acoge y se comparte. Así es Dios, dándose a sí mismo y recibiéndose, esto es, compartiéndose, en un camino (proceso) de vida que se expresa y realiza de modo pascual en los hombres.  Así se revela Dios, tal como él es, en la vida de los hombres, en Cristo.

Así podemos afirmar que cada ser humano (persona) es, en una línea un “yo” absoluto (soy el que soy: Ex 3, 14), pero sólo puede serlo y decirse (yo soy), siendo dependiente, recibiendo su ser de otras personas, dialogando y dando aquello que es a los demás, descubriendo y realizando así su esencia su ser en sí) sí, siendo en los otros. Eso significa que que sólo puede decir “yo” (soy el que soy),  haciéndose “tú”  para los otros, dándoles su propia vida y viviendo en ellos.Según eso, una persona sólo existe en sí existiendo desde, para para y en (con) otras personas. (a) Sólo soy porque me han dado mi ser. (b) Sólo soy porque regalo y comparto mi ser con otros.

Según eso, la unidad/identidad (yo soy) existe únicamente en forma de dualidad, alteridad. Sólo haciendo que otros sean soy yo mismo, sólo al darles lo que soy me hago a mí mismo,  por gracia de los otros.

Ratificación. El gen educativo

 IMG_0167En la línea anterior, pudiendo (en teoría) ser Dios separado, por encima de los otros, se ha hecho y es Dios en nosotros, haciéndose siervo y siendo así verdadero “señor” (Dios en el cielo, Dios en la tierra, Dios en los mundos inferiores, todo en comunión y don de vida),conforme al himno de Flp 2, 6-11. Según eso, en su radicalidad el gen humano es gen cristiano.

 En esa línea, amar-dialogar (ser humano) no consiste en buscar la perfección propia en un Todo superior, cerrado en sí, para ser allí absorbidos, sino en dar y recibir la vida, compartiéndola con otros. Inmerso en este Dios que es palabra dialogada, un ser humano sólo puede encontrar su perfección en la perfección del otro. Un hombre/mujer  sólo puedes ser independiente potenciando la independencia del otro, para gozar así de su presencia y disfrutar de su encuentro.

  1. Según eso, amar/dialogar supone existir de forma «extática», saliendo cada uno de sí mismo y encontrándose en el otro. Amar es darse, es difundirse, salir de sí y morir, para encontrarse y ser (resucitar) en otro. «Vivo sin vivir en mí» … Vivir en el amado, eso es resucitar (Teresa de Jesús). Morir al propio yo egoísta, eso es vivir por siempre
  2. Según eso, morir no es perder la vida, sino ganarla. Vivo porque he dado mi vida (la he perdido, he muerto), en la línea de aquello que decía Juan de la Cruz, de forma lapidaria:“El alma más vive donde ama que en el cuerpo donde anima, porque en el cuerpo ella no tiene su vida, antes ella le da (da vida al cuerpo), mientras que ella vive por amor en lo que ama (en el que ama)” (Cantico b. Comentario 8, 3).

Según eso, la naturaleza del hombre consiste en hacerse persona (comunión dialogal de palabra y obra), con otras personas, de manera que la miwmq vida se convierte en don, a modo de tarea y gracia compartida. En ese sentido, la vida del hombre es trans-vida (vida que se da, que pasa a otros), su esencia es prae-esencia, en una línea que podemos llamar de  trans-figuración (como define el himno de Flp 2, 6-11).

Educación, maduración humana como transfiguración

  Cada ser humano es uno siendo otro (es otros), saliendo de de sí para perderse y encontrarse en elloso, siendo así per-sona, esto es, re-sonancia de y en los demás, en sentido etimológico de per-sonare (sonar, resonar en los otros, como voz compartida).  Sólo de esa forma, cuando un hombre (ser humano) se transciende siendo en otro puede hablarse de presencia de amor, se puede hablar de Gracia con mayúsculo, de Dios que es gracia, dualidad de amor (Trinidad).

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