20.8.23 (Dom 30 TO) Mi hija tiene un demonio malo… Una hija/niña enferma vale más que todo el dogma (Mt 15, 21-28)
La niña enferma, de Gabriël Metsu.
Rijksmuseum, Ámsterdam, Países Bajos
Del blog de Xabier Pikaza:
Ésta es la historia de una mujer que refuta el argumento “religioso” del mismo Jesús.
El futuro de las hijas (niñas, adolescentes) depende en gran parte de las madres; pero ellas no pueden resolverlo todo si no les acompaña “Jesús” (la sociedad, un tipo de iglesia).
La salud de la hija enferma de una mujer pagana (niña de barrio” o casa rica) importa más que el dogma de la religión, del estado o de la economía financiera mundial.
| X.Pikaza
Texto
‒ En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
‒ Y he aquí que una mujer cananea, saliendo de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten misericordia de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija está duramente oprimida por un demonio. ‒ Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: Despídela, pues nos sigue gritando.
‒ Él contestó: No he sido enviado, sino las ovejas perdidas de la casa de Israel.
‒ Pero ella, llegando, se postró ante él, diciendo: Señor: ¡Socórreme!
‒ Él le contestó: No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.
‒ Pero ella dijo: Tienes razón, Señor; pero también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de los amos.
‒ Y entonces Jesús respondiendo le dijo: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas, En aquel momento quedó curada su hija (Mt 15, 21‒28) [1]
Temas de fondo.
- El problema de esta mujer es su hija enferma. Da la impresión de que no es capaz de educarla como mujer madura… Éste es el problema principal de la humanidad: La cadena de la vida que pasa de manera no exclusiva, pero muy importante, de madres a hijas.
- Jesús empieza escaqueándose: He sido enviado a las ovejas perdidas del pueblo de Israel, no a los gentiles. Jesús mesías tiene un pueblo al que debe cuidar: Su buena nación, su iglesia, su patria, su raza, su economía… Los demás que se arreglen como puedan o que mueran. Esta cananea refuta y supera ese argumento de Jesús
- Jesús razona su negativa:No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros. Éste es el dogma de casi todos los pueblos del mundo, que ayudan (alimentan, educan) a sus hijos, dejando que mueran los otros
- La mujer pagana insiste; ella sabe más que Jesús… (lo que importa es la hija enferma). Pero ella sola no puede curarla; necesita la ayuda de otros (Jesús, la iglesia, tú mismo. El Jesús de esta curación parabólica no sabe, pero puede aprender
- Este Jesús que aprende y cambia es el prototipo de la Iglesia Precisamente el hecho de cambiar ante la llamada concreta de la madre, indica que es “mesías. Esta mujer cananea de Mt 15 fue buena maestra de Jesús, pero Jesús fue también buen discípulo: Aprendió.
- Mujeres como ésta, que cambian al mismo Jesús, son el futuro de una iglesia donde no hay hijos y perros pues todos son hijos
Comentario (Mt 15, 21-28; cf. Mc 7, 24-30)
Este “milagro” (por mediación de la madre) se vincula con el milagro del padre archisinagogo con su hija ( Mc 5,21-43; Mt 9, 18-26). En el caso del paganismo tenemos padre con hija, en cl caso de la gentilidad madre con hija). Más específico es el milagro del padre y la hija; más genérico y universal es el milagro de la madre con la hija. De ese milagro depende el futuro del ser humano en el mundo.
En ambos casos (en uno un padre judío, en otro una madre pagana) el milagro se concreta en la curación de las hijas, signo de la humanidad que Jesús debe sanar, para que haya familia verdadera, pero se realiza a través de los padres, en un caso a través del padre (cuya esposa está en la sombra), en el otro caso a través de la madre (sin que se hable de padre, quizá porque no actúa como tal).
En el caso anterior Jesús curaba primero al archisinagogo, por su propia iniciativa. En este caso será la madre pagana la que empiece “enseñando su verdad” a Jesús. Éste un milagro de madre sin padre conocido, fuera del ámbito mesiánico de Jesús. Éste “milagro” es como un juego de espejos: La madre “cura” (ilumina), cambia) a Jesús, de manera que Jesús, a través de esta madre, puede curar a la hija enferma.Supongo aquí conocido el texto, y desde ese supuesto ofrezco una explicación más amplia de su contenido.
Entorno, una madre pagana. Este pasaje es más “dramático”, y va en la línea de la apertura social y religiosa de Marcos y de Mateo, de forma que muchos exegetas afirman que ha sido creado por su tradición (o por el mismo evangelista) para comentar y expandir su mensaje radical, centrado en la superación de las leyes alimenticias (y familiares) que separan a los judíos de los no judíos (tema de Mc 7, 1-23 y de Mt 15, 21-29). Del “mal” padre judío (el archisinagogo) pasamos a la madre pagana, que es buena, pero que, por sí misma, es incapaz de curar a su hija (acudiendo por eso a Jesús, a quien ella misma debe iluminar).
Ésta es pues una narración simbólica, pero ella hubiera sido imposible si no tuviera un “fondo” histórico centrado en el recuerdo de Jesús sanador, creador de una familia nueva, abierta a los gentiles (a diferencia de la familia rabínica judía), pues ante la hija enferma no hay distinción radical entre el “buen” padre judío y la madre pagana. Al situarse en un plano radical de “familia”, el evangelio supera los límites del sacralismo sinagogal, centrado en temas menores (de comidas y ritos), y se abre (nos abre), a la fe universal, es decir, a la experiencia de una relación que se extiende hacia el conjunto de la humanidad.
Aquí se desvela la más honda intención de Jesús, que a través de su mensaje de Reino quiere crear una familia en la que puedan crecer y vivir en humanidad todas las niñas (y niños) del mundo, sin diferencia entre judíos y gentiles. El hecho de que en este caso y en el anterior tengamos una hija curada (reintegrada a la familia, de padre judío o madre pagana) expresa la hondura del proyecto de Jesús, empeñado en que las hijas (muchachas jóvenes) puedan curarse y madurar en humanidad. De esa forma, el movimiento de Jesús se expresa como terapia de familia, curación integral, a partir de los eslabones más frágiles de la cadena de la vida, que son las hijas, como indicaré en el comentario que sigue, tomado de mi Evangelio de Marcos. La buena noticia de Jesús (Estella 2012), El evangelio de Mateo (VD, Estella 2017).
De esta forma se expresa la “buena noticia familiar” de Jesús, abierta a la vida de los niños (empezando por las niñas). En el caso anterior era Jesús el que debía “dirigir” el camino del padre judío, para que creyera de verdad en el Dios de la vida, y abriera un camino de futuro para su hija. En este caso es la mujer pagana la que conduce a Jesús y le enseña a descubrir el alcance y poder sanador de la fe, para que luego Jesús diga la “palabra” sanadora, ofreciendo su camino de vida a la niña pagana de madre solitaria (al parecer soltera o sin marido conocido).
El evangelio de Marcos ejemplifica con este relato la superación de un tipo de leyes de pureza y de comensalidad intrajudía, confirmando un veredicto anterior, en el Jesús ha declarado puros todos los alimentos (cf. Mc 7, 19). En esa línea, este milagro confirma y amplía el tema del milagro de la hija del archisinagogo), mostrando ahora que la pagana, una mujer de cultura helenista y raza sirofenicia cuya hija (se supone que es hija única) está enferma (cf. Mc 7, 25-26). Esta mujer tiene fe en la vida, que es donde Dios para todos, empezando por las niñas gentiles (a las queno cura para que se hacen judías, sino para que vivan). Como digo, esta mujer pagana tiene fe en la vida, de manera que es ella la que debe “convertir” a Jesús, mesías de Israel, haciéndole ver que él tiene que ser “mesías para todos”, es decir, que no se trata de educar y curar a las niñas de un grupo social o de una nación, sino a todas las niñas del mundo.
Estamos ante un ejemplo y camino de terapia, es decir, de educación universal, abierta a todos los grupos sociales del mundo (por encima de las diferencias nacionales o religiosas). En principio, la niña a la que Jesús debe “curar” no tiene religión ni raza, es simplemente una necesitada a la que se debe acoger y curar, pero tiene una madre que la quiere, y que acude a Jesús, pidiéndole ayuda (como muchas madres hoy, 2014, piden ayuda a la Iglesia o a la familia mercedaria).
Pues bien, en un sentido más concreto, esta madre y su hija son encarnación y figura visible de un pueblo (siro-fenicio, cananeo) que a lo largo de siglos ha luchado contra los judíos en la misma tierra palestina y/o en su entorno. Ellas son el signo de las razas, religiones y naciones que se han opuesto a Israel desde los tiempos más antiguos, desde el tiempo de la conquista de Palestina por los judíos hasta la restauración de Esdras-Nehemías y las guerras de los macabeos.
En ese contexto aparece Jesús, como profeta y mesías de Israel (que viene a recoger y sanar a las ovejas perdidas de su pueblo, como seguirá diciendo el texto) pero que, al mismo tiempo, tiene que curar también a los paganos del entorno, como indican las historias de Elías y Eliseo (cf. 1Rey 17-21; 2 Rey 2-7), que ayudaron también a diversas familias y a viudas paganas de la misma región de Fenicia, como he puesto de relieve en Las mujeres en la Biblia Judía (Clie, Terrasa 2013). En esa línea, esta pasaje nos sitúa ante la exigencia de acoger y curar a todas las niñas, y de un modo especial a las niñas de aquellos grupos que parecen enemigos del nuestro.
En un primer momento, el texto presenta a la madre simplemente como mujer(gynê), sin referencia a un marido. Es muy posible que un judío hubiera malinterpretado la ausencia de esposo diciendo que ella no es madre legítima, sino un signo de la prostitución constante de los cananeos y gentiles.De todas formas, es madre y madre de un grupo social que parece opuesto al de Israel, un grupo del que Jesús no debería ocuparse.
Pues bien, ella aparece ante el Kyrios (Señor poderoso de Israel: 7, 28) como mujer necesitada. Todo el mundo gentil, la humanidad entera se condensa en su figura de madre con hija enferma. En algún sentido, la muerte de la niña pagana podría significar una noticia buena para Israel: desaparecen los enemigos, el pueblo de Dios puede habitar tranquilo sobre el mundo (en la línea de un salmo donde se pide que Dios mate a los hijos de los enemigos: cf. Sal 137, 9). Pero el evangelio piensa lo contrario. Esta mujer es importante como madre, y la vida de su hija es muy valiosa. Ellas dos, madre e hija, son signo de la humanidad entera a cuyo servicio ha de ponerse el mesías de Israel.
Del blog 
DOMINGO 20 (A)
COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DOMINGO XX TO
Domingo XX del Tiempo Ordinario
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
Del blog Tras las huellas de Sophia:
Julia Erdlen
Rut y Noemí

Santa María del Coro, San Sebastián
De Koinonia:
Del blog de Xabier Pikaza:
En la base de su texto actual hay un texto más antiguo (Lc 1, 68-69. 71-75): Lc 1,70 (cf. Hch 3,21), de forma que la referencia a Juan Bautista (Lc 1,76-77) y la conclusión (Lc 1,78-79), responden a una situación posterior, propia de Lucas [9]. El texto original ofrece la visión privilegiada de una comunidad judeocristiana, vinculada al triunfo mesiánico‒patriarcal del pueblo judío y al culto del templo, en una perspectiva dominante de varones, que divide a los hombres en amigos (israelitas) y gentes que os/nos odian (enemigos). Por eso, más que la liberación de pobres y excluidos, importa la salvación del pueblo santo. Ese himno nacional de los “poderosos” rezaba así:
Desde ese sustrato antiguo del Benedictus, vinculando Lc 1,32-33 con Lc 1, 68-69.71-75, podemos afirmar que en la primera comunidad pascual había “cristianos” que entendieron a Jesús en términos cercanos a un tipo de celotismo, en la línea de Pinjás (cf. Num 25), y en la de aquellos sacerdotes que, tras la guerra de los macabeos, habían defendido la pureza exclusivista, nacional y religiosa, del pueblo israelita. Más que la liberación de los pobres y excluidos (en línea de Jesús) les importaba el triunfo nacional del judaísmo [14].
Del blog 
Lc 1,39-56
Lc 1, 39-56
La imagen de Asunción despierta imágenes de movimiento, de atracción hacia arriba, de impulso ascensional; nuestra mirada es atraída hacia la altura y vemos a María elevada hacia ese ámbito que llamamos “cielo” donde, con palabras de Pablo, están “las cosas de arriba“, por contraposición a “las cosas de abajo” (Col 3,1). Pero además de esta imagen espacial, podemos explorar otras que nos acerquen a María:
Fiesta de la Asunción
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