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Dom 8.VI.14. Ruah de Dios, amor materno. Pentecostés 1.

domingo, 8 de junio de 2014
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Pentecostés,Ciclo A. Hechos de los Apóstoles 2, 1-11. Nos acercamos a la fiesta de Pentecostés, culminación de las fiestas cristianas, tiempo que podemos decir y decimos.

Quiero contar durante tres días algunos rasgos del Espíritu de Dios, presencia creadora, amor materno… volviendo al principio de la Biblia Hebrea, para caminar hacia Jesús para reflexionar después con algunos teólogos rusos, que han insistido en la «maternidad» del Espíritu de Dios.

Ésta será la primera epifanía, el primer pentecostés, en la línea del Antiguo Testamento, que culmina en la venida de Jesús, el Cristo.

De Dios venimos, en Dios nacemos. Formamos parte de la Historia humana de su Espíritu. Felices los que lo sepan (lo sepamos), felices los que podamos vivir para que se exprese y expanda en el mundo el Espíritu de Dios.

Ruah, aliento de Dios o Espíritu

Al decir que Dios es Espíritu, estamos diciendo que Dios no es un «ser cerrado en sí», sino apertura, ser para los otros. A Dios le llamamos Espíritu porque es fuerza creadora, aliento en que las cosas y humanos se sustentan. Siendo reales, las cosas son en Dios. Teniendo autonomía, el humano existe únicamente desde el ámbito de Espíritu divino.

En otras palabras, el Espíritu es el espacio abierto del amor y realidad que Dios suscita en torno suyo, Dios mismo como fuerza expansiva y como trasfondo de vida de los humanos, como seno maternal y fecundante en que podemos llegar a la existencia verdadera.

Por eso, el hombres nunca vive desde sí ni para sí; existe inmerso en el Espíritu divino y caminando hacia el futuro (el nuevo nacimiento) a que el Espíritu le abre.Ciertamente, el ser humano tiene ruah, aliento y vida propios. Pero su aliento es vacilante, su vida siempre corta, amenazada por la muerte, deficiente.

Por eso, el humano sólo es ruah de verdad, sólo existe de manera profunda, esperanzada y creadora si se deja penetrar y transformar por el Espíritu divino. Dios existe en la medida en que se expresa (se actualiza) como fuente de ser y realidad, en el Espíritu. El ser humano existe (tiene realidad) en cuanto está fundamentado (protegido y potenciado) en el Espíritu.

El Espíritu no es esencia cerrada, sino acción y presencia

La Escritura de Israel no se ocupa de la «naturaleza» divina en sí. Para el Antiguo Testamento, el Espíritu es Dios en cuanto actúa de manera eficaz sobre los seres, de manera que ruah es, una noción teológica; la noción del encuentro entre Dios y las criaturas, la dependencia indigente del humano y la omnipotencia bienhechora de Dios, la experiencia y fuerza de la gracia.

La ruah no es una entidad ni divina ni humana, sino un modo de ser y un modo de existir. ¿Se podría definir utilizando el término participación? Ese término nos parece equívoco, pues deja suponer un parentesco de esencia… Por eso preferimos el término dependencia relacional (o, mejor dicho, relación entitativa), … (D. Lys, Rûach: le Souffle dans l´AT, PUG, Paris 1962, 557-358). Esta dependencia relacional que constituye el contenido del Espíritu en el Antiguo Testamento tiene dos vertientes.

(a) Desde Dios, el Espíritu es la abertura libre y creadora por medio de la cual ha hecho surgir al humano con quien puede dialogar en forma personal.

(2) Desde el ser humano, el Espíritu es la acogida, hallarse sostenido en ese campo fecundante del amor divino y abierto hacia el encuentro con Dios y hacia la propia plenitud humana. Precisamos estos rasgos:

– Ruah es la acción (o la presencia) de Dios que vítaliza el ser del mundo y de una forma peculiar la historia de los humanos. No es propiedad ontológica del ser de lo divino a se (existente por sí mismo), sino expansión de amor con que ese Dios que actúa sin cesar haciendo que la vida nazca y que los humanos lleguen a alcanzar la salvación.

– Ruah es la misma hondura de vida de los seres humanos en el mundo. Ella sustenta el cosmos y la historia, pero se explicita en nosotros de forma vacilante, limitada, siempre débil. Ciertamente, la existencia de los humanos tiene en Dios su fundamento. Sin embargo, en las actuales condiciones de la historia es como un soplo que se pierde, una llamita que dejada en soledad viene a apagarse.

– Ruah es fuerza de esperanza, de manera que desborda las actuales condiciones de la vida. Nos hallamos en Dios y abiertos al futuro; nuestra verdadera realidad no se apoya en las propiedades que tenemos (aquello que ahora somos) sino, más bien, en el misterio vitalizante del Espíritu divino.

El Espíritu, un futuro. La esperanza del hombre

El verdadero ser del humano no ha nacido todavía, está escondido en esperanza. El humano es como un germen que se está gestando y puede (debe) nacer en plenitud. Sabemos, ciertamente, que Dios es como padre: dirige el mundo en su palabra y traza leyes de vida para los humanos. Pero, al mismo tiempo, Dios recibe y ofrece aspectos maternales, sobre todo allí donde le vemos como Espíritu de vida y fuente de realidad para los humanos.

Ciertamente, la aportación religiosa fundamental del pueblo israelita no ha estado en aplicar a Dios los símbolos del padre y/o de la madre sino en descubrirle como trascendente. Pero, al mismo tiempo, ese Dios trascendente se hace fuerza y principio de futuro, se hace maternidad a través de la profecía.

Este concepto de Dios traduce la experiencia original de una trascendencia que se expresa para los humanos como fuente de vida. Así lo han puesto de relieve los profetas de Israel, así lo ha recogido la iglesia cristiana al afirmar que el Espíritu habló por los profetas. Hablar significa aquí abrirse, abriendo un campo de futuro. Hablar significa comunicarse, en palabra que se vuelve principio de existencia para los humanos:

El Espíritu profético es aquel poder de Dios que abre a los hombres hacia el futuro de su plena realización, en la justicia y plenitud humana. Por eso, el mismo Dios del Antiguo Testamento recibe rasgos de Espíritu, dentro de esto que llamamos su primera epifanía. Conforme a la visión israelita, el Espíritu actúa en los humanos como fuerza de vida y esperanza, dirigiendo su vida hacia el surgimiento del mesías (hacia la nueva humanidad, el humano pleno).

El surgimiento de esa nueva humanidad (del Cristo) es obra de Dios y humanos. Es la obra del Espíritu de Dios que se ha autoexpresado en Jesús totalmente, expresándose así fuera de sí mismo (sin perderse). Es la obra de la humanidad que alcanza en Jesús aquella plenitud hacia la que estaba dirigida. Por eso afirmamos que esta primera epifanía (todo el AT) culmina allí donde Jesús ha nacido del Espíritu por medio de María.

El Espíritu, una maternidad. No hemos nacido del todo todavía

El Espíritu acaba apareciendo así como signo de la maternidad escatológica de Dios. Conforme a una imagen judía, popularizada en clave cristiana por Ap 12, podemos presentar al Dios de Israel como mujer en dolores de parto; es mujer fecundada por el Espíritu de Dios, llena de la palabra, enriquecida por la profecía. Es mujer de la esperanza que puede dar a luz, haciendo así que nazca el «hijo» de Dios, la nueva humanidad vencedora del mal (de la serpiente), ya reconciliada.

Para muchos cristianos, esta imagen de la mujer profética, llena de la palabra, fecundada por el Espíritu, que alumbra al Hijo de Dios, se ha expresado simbólicamente en ya María; en ella se concreta y visibiliza, se vincula y alcanza su plenitud, la maternidad del Dios del AT y de la humanidad que busca plenitud. De esa común maternidad de Dios y los humanos ha nacido Jesús, el Hijo de Dios Padre. Hasta entonces el Espíritu podía actuar sólo en parte y realizar su acción sin expresar su realidad del todo. Ahora ha actuado de forma definitiva, haciendo surgir la totalidad de Dios en medio de los humanos.

Utilizando un lenguaje dogmático posterior (propia de las iglesias cristianas), podemos decir que este Pentecostés del Antiguo Testamento va del Padre al Hijo (Jesús) por medio del Espíritu y se expresa o culmina de una forma paradigmática en el descenso del Espíritu sobre Israel (María), para el nacimiento del Hijo de Dios. En este contexto y dentro del nivel de simbolismo en el que estamos situados, resulta coherente que algunos textos (que la iglesia ha dejado al margen de su Escritura canónica) afirmen que Jesús es Hijo del Espíritu, como dice el Evangelio a los Hebreos (K. Aland, Synopsis quattuor evangeriorum, Stuttgart 1965, 27. Cf. E. Hennecke, NT Apocrypha I, London 1963, 163-164).

Teólogos rusos. Maternidad hipostática de Dios.

S. Boulgakov (Le Paraclet, Paris 1946, 215-217) decía que las funciones del Espíritu y María (vistas simbólicamente) se unifican: la obra del Espíritu de Dios que suscita al Cristo se realizan en concreto (humanamente), dentro de Israel, por medio de María. Esta María no ya (sólo) una mujer concreta, sino el signo (un signo muy importante) de la maternidad de Dios como Espíritu. Siguiendo en esa línea, podemos añadir que el seno materno de María (Israel, humanidad) constituye sobre la tierra la realización (la concreción) del ámbito materno del Espíritu divino.

Así se ha podido decir que el Espíritu santo es la maternidad hipostática de Dios, como seno fecundante de amor en el que Dios, siendo trascendente, suscita y expresa su vida. «El Espíritu santo no sustituye al Padre, pero crea el estado maternal como poder espiritual de concebir, de acrecentar el ser» (P. Eudokimov, La mujer y la salvacion del mundo, Barcelona 1970, 237; cf. 235-238, 160 s, 206 s, 216 s.).Resumiendo esta experiencia, podemos afirmar:

– Dios no es solamente el Padre original y trascendente que está lejos de los humanos y les manda cumplir sus mandamientos, sino que es (se expresa) como fuente de Espíritu, principio fundante de vida para los humanos. Si Dios fuera simplemente un Padre de ese tipo (alejado, legal) no podría hablarse de salvación. Dios y el ser humano se hallarían separados para siempre. Si, al contrario, no fuera más que el ámbito materno del Espíritu no habría distinción fundamental entre humano y lo divino, habría un panteísmo. Nuestra experiencia nos conduce a precisar los dos momentos: sin dejar de ser el Padre trascendente, Dios es campo maternal en que se hace (surge) nuestra vida.

– Jesús procede de Dios como efecto del Espíritu: nace de la obra, presencia fecundante de la ruah de Yahvé en la historia; al mismo tiempo le llamamos Hijo, la expresión del Padre que, siendo trascendente, se ha expresado (se autoaliena) de manera total en Jesús de Galilea. Así presentaremos al Espíritu como fuente y seno de vida de Dios que se expresa originando al Hijo. En esta misma perspectiva algunos textos cristológicos centrales, como los que pres entan el bautismo de Jesús y su resurrección (cf. Rom 1, 3-4) como obra del Espíritu.

Así culmina la primera epifanía del Espíritu, allí donde pasamos del habló por los profetas el se encarnó por obra del Espíritu santo. El Espíritu de Dios realiza su obra por la encarnación: allí donde el humano se expresa plenamente como humano, en apertura a Dios, en diálogo con todos humanos, descubrimos la presencia del espíritu.

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Domingo de Pentecostés. Ciclo A.

domingo, 8 de junio de 2014
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Pentecostés El Greco0001Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Para el Greco, María Magdalena vale por ciento siete

En el famoso cuadro de Pentecostés pintado por El Greco, que ahora se conserva en el museo del Prado, hay un detalle que puede pasar desapercibido: junto a la Virgen se encuentra María Magdalena. Por consiguiente, el Espíritu Santo no baja solo sobre los Doce (representantes de los obispos) sino también sobre la Virgen (se le permite, por ser la madre de Jesús) e incluso sobre una seglar de pasado dudoso (a finales del siglo XVI María Magdalena no gozaba de tan buena fama como entre las feministas actuales). Ya que el Greco se inspira en el relato de los Hechos, donde se habla de una comunidad de ciento veinte personas, podemos concluir que la Magdalena representa a ciento siete. ¿Cómo se compagina esto con el relato del evangelio de Juan que leemos hoy, donde Jesús aparentemente sólo otorga el Espíritu a los Once? Una vez más nos encontramos con dos relatos distintos, según el mensaje que se quiera comunicar. Pero es preferible comenzar por la segunda lectura, de la carta a los Corintios, que ofrece el texto más antiguo de los tres (fue escrita hacia el año 51).

La importancia del Espíritu (1 Corintios 12, 3b-7.12-13)

En este pasaje Pablo habla de la acción del Espíritu en todos los cristianos. Gracias al Espíritu confesamos a Jesús como Señor (y por confesarlo se jugaban la vida, ya que los romanos consideraban que el Señor era el César). Gracias al Espíritu existen en la comunidad cristiana diversidad de ministerios y funciones (antes de que el clero los monopolizase casi todos). Y, gracias al Espíritu, en la comunidad cristiana no hay diferencias motivadas por la religión (judíos ni griegos) ni las clases sociales (esclavos ni libres). En la carta a los Gálatas dirá Pablo que también desaparecen las diferencias basadas en el género (varones y mujeres). En definitiva, todo lo que somos y tenemos los cristianos es fruto del Espíritu, porque es la forma en que Jesús resucitado sigue presente entre nosotros.

Hermanos: Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Volvemos a las dos versiones del don del Espíritu: Hechos y Juan.

La versión de Lucas (Hechos de los apóstoles 2,1-11)

A nivel individual, el Espíritu se comunica en el bautismo. Pero Lucas, en los Hechos, desea inculcar que la venida del Espíritu no es sólo una experiencia personal y privada, sino de toda la comunidad. Por eso viene sobre todos los presentes, que, como ha dicho poco antes, era unas ciento veinte personas (cantidad simbólica: doce por cien). Al mismo tiempo, vincula estrechamente el don del Espíritu con el apostolado. El Espíritu no viene solo a cohesionar a la comunidad internamente, también la lanza hacia fuera para que proclame «las maravillas de Dios», como reconocen al final los judíos presentes.

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.
Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban:
― ¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.

La versión de Juan 20, 19-23

El evangelio de Juan, en línea parecida a la de Pablo, habla del Espíritu en relación con un ministerio concreto, que originariamente sólo compete a los Doce: admitir o no admitir a alguien en la comunidad cristiana (perdonar los pecados o retenerlos).

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
― Paz a vosotros.
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
― Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
― Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Estas breves ideas dejan clara la importancia esencial del Espíritu en la vida de cada cristiano y de la Iglesia. El lenguaje posterior de la teología, con el deseo de profundizar en el misterio, ha contribuido a alejar al pueblo cristiano de esta experiencia fundamental. En cambio, la preciosa Secuencia de la misa ayuda a rescatarla.

El don de lenguas

«Y empezaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse». El primer problema consiste en saber si se trata de lenguas habladas en otras partes del mundo, o de lenguas extrañas, misteriosas, que nadie conoce. En este relato es claro que se trata de lenguas habladas en otros sitios. Los judíos presentes dicen que «cada uno los oye hablar en su lengua nativa». Pero esta interpretación no es válida para los casos posteriores del centurión Cornelio y de los discípulos de Éfeso. Aunque algunos autores se niegan a distinguir dos fenómenos, parece que nos encontramos ante dos hechos distintos: hablar idiomas extranjeros y hablar «lenguas extrañas» (lo que Pablo llamará «las lenguas de los ángeles»).

El primero es fácil de racionalizar. Los primeros misioneros cristianos debieron enfrentarse al mismo problema que tantos otros misioneros a lo largo de la historia: aprender lenguas desconocidas para transmitir el mensaje de Jesús. Este hecho, siempre difícil, sobre todo cuando no existen gramáticas ni escuelas de idiomas, es algo que parece impresionar a Lucas y que desea recoger como un don especial del Espíritu, presentando como un milagro inicial lo que sería fruto de mucho esfuerzo.

El segundo es más complejo. Lo conocemos a través de la primera carta de Pablo a los Corintios. En aquella comunidad, que era la más exótica de las fundadas por él, algunos tenían este don, que consideraban superior a cualquier otro. En la base de este fenómeno podría estar la conciencia de que cualquier idioma es pobrísimo a la hora de hablar de Dios y de alabarlo. Faltan las palabras. Y se recurre a sonidos extraños, incomprensibles para los demás, que intentan expresar los sentimientos más hondos, en una línea de experiencia mística. Por eso hace falta alguien que traduzca el contenido, como ocurría en Corinto. (Creo que este fenómeno, curiosamente atestiguado en Grecia, podría ponerse en relación con la tradición del oráculo de Delfos, donde la Pitia habla un lenguaje ininteligible que es interpretado por el “profeta”).

Sin embargo, no es claro que esta interpretación tan teológica y profunda sea la única posible. En ciertos grupos carismáticos actuales hay personas que siguen «hablando en lenguas»; un observador imparcial me comunica que lo interpretan como pura emisión de sonidos extraños, sin ningún contenido. Esto se presta a convertirse en un auténtico galimatías, como indica Pablo a los Corintios. No sirve de nada a los presentes, y si viene algún no creyente, pensará que todos están locos.

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4ª etapa del Camino a Pentecostés. El Espíritu Santo consagra, unge a Jesús, para su Misión: Anunciar la Buena Nueva a los Pobres, y la liberación a los oprimidos Arnaldo Zenteno S.J. del equipo Animador CEB. Managua, Nicaragua

domingo, 8 de junio de 2014
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5Leído en la página web de Redes Cristianas

El Espíritu Santo nos unge para seguir fielmente a Jesús en su Misión.

Nota previa: En la etapa anterior, vemos como el Espíritu conduce a Jesús al Desierto y le acompaña para vencer las Tentaciones que deformarían su identidad como Mesías. O sea en negativo vemos en lo que rechaza Jesús, la deformación del Mesías, lo contrario al Proyecto de Dios. En esta etapa vemos en positivo como el Espíritu lo unge para realizar su Misión conforme con el Corazón de Dios. Y nos preguntamos por nuestra Misión.

VER.

1.- Si vemos el ambiente que nos rodea, en la práctica para muchos cristianos a)Digamos en pocas palabras ¿Cuál es la Misión de Jesús?
b) Valoremos y analicemos las afirmaciones siguientes- de lo que suele pensar la gente que nos rodea o con la que tratamos o la que participa en nuestros Proyectos:
– ¿Su Misión es sobre todo hacer Milagros y responder así a nuestra Oraciones?
– ¿Su misión es estar en cada uno de nosotros-as y darnos la salvación individualmente y sin que esto tenga que ver con la situación del mundo que nos rodea ni con el cambio que sería necesario hacer en nuestra sociedad? ¿Lo principal que le interesa a Jesús en nuestra salvación eterna?
-La Misión de Jesús ¿es perdonarnos nuestros pecados?
– La Misión de Jesús ¿es sobre todo consolarnos en nuestras penas?

2.- Pensando ahora en nosotros mismos digamos en pocas palabras ¿Cuál es la Misión de Jesús , su identidad como Mesías? ¿Cómo vemos a Jesús nosotros?

3.- Digamos ahora en pocas palabras ¿Cuál es nuestra Misión como Comunidades y en qué se parece o se diferencia de la Misión de Jesús?

4.- En lo que recogimos de lo que mucha gente piensa sobre la Misión de Jesús ¿dónde aparece o no aparece la acción del Espíritu Santo? Y ¿por qué?

5.-Cuándo formulamos la Misión de las Comunidades ¿aparece allí el Espíritu Santo? Sí o No, y ¿por qué?

JUZGAR:

1.-Jesús ya ha predicado y hecho milagros fuera de Nazaret pequeño poblado-ranchería o comarca donde vivió y trabajó. Sus vecinos y conocidos se dicen ¿no es este el artesano que conocimos? ¿de dónde le viene todo esto? Desean y esperan sobre todo que haga Milagros a favor de ellos. También quieren escuchar su palabra.

Y Jesús en la Sinagoga va a presentarse, va a decirles quién es El y cuál es su Misión.Busca y halla un texto del Profeta Isaías (texto del 3er Isaías escrito al regreso del destierro en Babilonia) y Jesús empieza diciendo claramente: El Espíritu , me ha ungido, me ha consagrado….La palabra Cristo o Mesías quiere decir eso: Ungido y Consagrado, y lo es por el Espíritu Santo.

2.- Nosotros y en general los cristianos hablamos de la Misión de Jesús, pero no solemos hablar del Espíritu Santo en relación con la Misión de Jesús, a no ser ahora lo digamos por estar preparando la celebración de Pentecostés. Para Jesús es fundamental la acción, la consagración o unción del Espíritu Santo, pero para nosotros es algo irrelevante o que simplemente ni aparece. Y ya hemos visto en las etapas anteriores que el Espíritu Santo está presente y actúa desde la Encarnación de Jesús, en su conciencia de ser el hijo muy amado del Padre, y es el Espíritu el que lo conduce, lo empuja y lo acompaña al Desierto para ser tentado y definir su Misión, el sentido verdadero de su Mesianismo. Y ahora dando sentido a todas sus palabras nos dice, proclama: El Espíritu me ha consagrado para…
Pregunta: Podemos preguntarnos a) ¿Por qué nosotros no explicitamos la acción del Espíritu Santo en la Misión de Jesús? b) ¿Por qué probablemente tampoco lo hacemos al explicitar la Misión de nuestras Comunidades, y nuestra propia Misión personal y familiar?
-Si por el Bautismo somos consagrados como discípulas-os de Jesús ¿ no deberíamos vivir esto como fiel respuesta a la acción, al Actuar del Espíritu Santo en nosotras-os?

3.- Jesús nos dice expresamente que está Consagrado, Ungido por el Espíritu para Anunciar la Buena Noticia a los Pobres, la liberación a los Oprimidos y proclamar el Año de Gracia (de Justicia y Reconciliación también social) Si contrastamos esto con la predicación de Juan Bautista, y quizá con nuestra propia predicación, vemos que Juan Bautista habla sobre todo del pecado y de la conversión para ser buenos judíos y recibir al Mesías- y habla también del castigo si no nos convertimos. Jesús empieza a hablar de la Buena Noticia- claro también hablará y denunciará el pecado como lo contrario a la Buena Noticia de Dios, y lo diráen relación con esa Buena Noticia y el Amor Misericordioso de nuestro Buen Padre Dios.

4.-Jesús hizo Milagros conmovido en su corazón ante el dolor y la exclusión humana, pero no fue un curandero, ni médico. Hizo Milagros , pero en relación a la Buena Noticia de Dios

5.- Cuando preguntamos que es el Reino de Dios, se suele responder la Justicia, la Solidaridad etc… y eso es verdad en parte, pero allí ¿dónde aparece la Buena Noticia de Dios- pues se habla del Reino y de la Justicia, sin embargo no se explicita que eso, que esa vida Digna, es el sueño de Jesús, su Misión, el Reino de Dios? y cuándo hablamos del Reino de Dios ¿ aparece allí la Acción el Actuar, el impulso, la Inspiración del Espíritu Santo? Tal vez ahora en Pentecostés es un momento de convertirnos de reconocer, explicitar y abrirnos a la Acción del Espíritu Santo.

6.- Si meditamos o analizamos una de las formulaciones de nuestra Misión podemos sin duda reconocernos y alegrarnos por esta Misión, pero me vuelvo a preguntar y les pregunto:¿dónde se explicita ahí la acción del Espíritu Santo?

7.- Como insisten hoy los teólogos es muy importante no solo ver al Cristo Resucitado o exaltado ya en la Gloria, sino verlo en relación con el Jesús histórico que vivió, caminó y luchó, y fue ejecutado en nuestra historia caminando semejante a nosotros en todo , excepto en el pecado. Pero insisten en que el seguimiento fiel de Jesús histórico, no lo podemos separar, sino ver indisolublemente ligado en Jesús y en nosotros a la Acción del Espíritu Santo.

ACTUAR:

Para nuestro Actuar podemos tomar el texto de Lucas al hablar de la Ascensión de Jesús al cielo: Ustedes serán Bautizados en el Espíritu Santo (Hechos 1,5) Van a recibir la fuerza del Espíritu para ser mis Testigos en Jerusalén, Samaria y hasta los límites de la tierra(Hechos 1,8), y podemos preguntarnos 1.- ¿Qué vamos a hacer en nuestras familias y Comunidades para tener más conciencia y explicitar más y reconocer e invocar la Acción del Espíritu en Jesús y en nosotras-os y nuestras Comunidades?

Leer más…

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«3ª etapa del camino hacia Pentecostés: el Espíritu Santo lleva a Jesús al desierto», por Arnaldo Zenteno, S.J. del equipo animador CEB. Nicaragua

domingo, 8 de junio de 2014
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hombre_rezando_en_el_desiertoLeído en la página web de Redes Cristianas

EL ESPÍRITU SANTO NOS LLEVA TAMBIÉN A NOSOTROS AL DESIERTO ¿Y NUESTRA RESPUESTA?

“Jesús lleno del Espíritu Santo volvió de las orillas del Río Jordán,y se dejó guiar por el Espíritu al Desierto” (Lc 4,1) “ Después el Espíritu Santo condujo a Jesús al Desierto para que fuera tentado por el diablo”( Mt 4,1) “Después del Bautizo, el Espíritu lo empujó al Desierto y allí fue tentado por Satanás”(Mc 1,12-13)

VER

1-Muchas veces hemos meditado el pasaje del Evangelio que nos habla de las Tentaciones de Jesús en el Desierto, pero ¿nos hemos detenido a pensar en lo que repiten los 3 evangelistas: el Espíritu Santo lo condujo, lo empujó, lo guió al Desierto…?.Y Jesús se dejó guiar. Esto que es muy importante y lo subrayan los 3 Evangelistas ¿qué tiene que ver con nuestra vida personal y con la vida de nuestras Comunidades?

2.- En la Biblia ¿Qué significa el Desierto? Y por qué al inicio de su vida Pública y de después de haber sido reconocido como el Hijo muy amado de Dios, Jesús es llevado al Desierto para ser tentado por Satanás.

3.- En nuestra vida personal y como Comunidades ¿Qué sentido tiene entrar al Desierto? ¿Y podemos reconocer que es el Espíritu Santo el que nos lleva y conduce al Desierto?

4.- ¿Podemos pensar que nuestra Iglesia como Institución en los últimos años anteriores estaba en el Desierto y cómo empieza a salir del Desierto?

JUZGAR

1.- a) El Desierto en la Biblia sobre todo si vemos el Éxodo y los Profetas, en particular a Isaías y Jeremías, tiene varios sentidos: a) el Desierto es el lugar inhóspito y lo contrario del sueño de la Tierra Prometida que mana lecha y miel.

b) El Desierto es el lugar de la Tentación para el pueblo en su camino a la Tierra Prometida, y es el lugar donde el pueblo cae en la tentación, adora al becerro de oro y quiere regresar a los ajos y cebollas de Egipto aunque sea esclavo.

c) El Desierto es también un lugar privilegiado del encuentro con Dios; es lugar de una revelación especial de Dios y de una respuesta confiada del pueblo.

d) El Desierto no es el lugar de la morada permanente, si no es el camino que es necesario recorrer para llegar a la Tierra Prometida.

2.- En la vida de Jesús el Desierto con el Ayuno de 40 días es reflejo de los 40 años que el pueblo pasó atravesando el Desierto y de las tentaciones que allí tuvo el Pueblo y El ahora enfrenta.
a) Muchas veces hemos reflexionado sobre esas Tentaciones .Pero ¿Nos hemos preguntado por qué los Evangelios insisten en que Jesús es guiado por el Espíritu Santo al Desierto para ser tentado por el mal espíritu? Y hemos reflexionado ¿por qué esto pasa al inicio de su vida Pública y de su predicación?

nature guys 235PREGUNTA:Y NOSOTROS A NIVEL PERSONAL Y COMO COMUNIDADES ¿RECONOCEMOS QUE ES EL ESPIRITU SANTO EL QUE NOS GUIA AL DESIERTO, A NUESTROS DESIERTOS PARA SER TENTADOS? PODEMOS ANALIZAR ESTO PENSANDO EN ALGUNOS DESIERTOS QUE HEMOS TENIDO, POR EJEMPLO,LA GUERRA DE LOS AÑOS 80, LA INDIFERENCIA,CONFLICTO Y AUN PERSECUCIÓN ECLESIÁSTICA, EL HAMBRE Y MAYOR POBREZA AL TERMINAR ESA GUERRA Y COMENZAR LOS GOBIERNOS NEOLIBERALES.

b) Las Tentaciones que enfrenta Jesús no son cualquiera Tentaciones. Son Tentaciones Mesiánicas sobre su identidad como el Mesías que Dios quiere, así como las Tentaciones del pueblo Judío fueron Tentaciones sobre su fidelidad al Plan de Dios y sobre ser o no ser el pueblo de Dios.

PREGUNTA:EN LA VIDA DE NUESTRAS COMUNIDADES ¿QUÉ TENTACIONES TUVIMOS ANTES SOBRE NUESTRA IDENTIDAD Y CUALES SON LAS TENTACIONES QUE TENEMOS AHORA SOBRE NUESTRA IDENTIDAD COMO CEB , COMO ESTE NUEVO MODO DE SER IGLESIA?
d) Como decía arriba se trata de Tentaciones Mesiánicas o sea sobre la identidad misma de Jesús como Mesías. Jesús era un hombre de su tiempo y escuchaba y conocía distintas expectativas que tenía el pueblo sobre el Mesías. Muchos querían sobre todo al Mesías milagroso, otros muchos y quizás la mayoría esperaba al Mesías como un Rey, un Rey bueno pero poderoso que los librara de todos sus enemigos.

PREGUNTA. A NIVEL IGLESIA, Y A NIVEL DE NUESTRAS FAMILIAS,Y A NIVEL POLÍTICO-DE PARTE DEL GOBIERNO,LA OPOSICIÓN Y SOCIEDA CIVIL ¿ CUALES SON SUS EXPECTATIVAS SOBRE NOSOTRAS COMO COMUNIDADES? Y ¿CÓMO ESTO PUEDE SER UNA TENTACIÓN PARA NUESTRA VERDADERA IDENTIDAD?
e) No es Tentación tener hambre después de 40 días de Ayuno. La Tentación es usar el poder milagroso del Mesías para beneficio propio. Jesús rechaza esa Tentación por su fidelidad a la Palabra y al Plan de Dios. Él multiplicará los panes con el compartir milagroso pero bien del pueblo, no para su propia alimentación.

PREGUNTA: ¿ QUE TENTACIONES TENEMOS COMO COMUNIDADES DE USAR NUESTRO SER COMUNIDADES, NUESTRA HISTORIA, NUESTRO PESO SOCIAL O ECLESIAL PARA NUESTRO PROPIO BENEFICIO O GLORIA Y NO PARA EL BIEN DEL PUEBLO?

f) El Tentador le propone a Jesús que se arroje de la cúpula del templo y que nada le pasará. Es la Tentación de un Mesianismo espectacular en que se reconocería el poder de Dios y nos dejaría con la boca abierta. Pero Jesús rechaza esa Tentación y sigue el camino de un Mesías sencillo, humilde y que va a sufrir en su cuerpo y en su corazón como el Siervo Sufriente anunciado por Isaías. ¡Por ser fiel a su vocación cuántas cosas le pasaron a Jesús toda su vida y especialmente en su Pasión y Muerte!
PREGUNTAS. -Y NOSOTROS COMO COMUNIDADES ¿TENEMOS LA TENTACION DE QUE NO NOS PASE NADA, NI TENGAMOS SUFRIMIENTOS Y CONTRADICCIONES POR ANUNCIAR FIELMENTE EL EVANGELIO?

-¿TENEMOS LA TENTACIÓN DE SER MUY RECONOCIDAS, ALABADAS COMO FIELES DISCÍPULAS-OS DE JESÚS? Y ¿BUSCAMOS NUESTRA PROPIA GLORIA, NO LA QUE VIENE DE DIOS?

– EN EL FONDO ¿ESTAMOS DISPUESTAS-OS A TOMAR LA CRUZ Y SEGUIR FIELMENTE A JESÚS?
g) El tentador le ofrece a Jesús todo el poder, con tal que le adore y le sirva. Jesús rechaza la tentación del poder,y la rechaza por su fidelidad a Dios su Padre al que quiere servir fielmente aunque le cueste la vida. Ya camino de Jerusalén, y al lavar los piés de sus discípulos, Jesús les dice y nos dice: No sea así entre ustedes…. No aspiren a ser servidos, a dominar, sino a servir, como el Hijo del hombre que no vino a ser servido,sino a servir y dar la vida por nuestra salvación. No sean como los gobernantes que oprimen a los Pueblos, y quieren que les llamen Bienhechores.

PREGUNTAS.- ¿CUÁLES SON LAS TENTACIONES DE PODER- PODER QUE DOMINA Y OPRIME- QUE TENEMOS A NIVEL PERSONAL Y A NIVEL COMUNIDADES?- Tentaciones por el cargo, por nuestra antigüedad, por nuestra inteligencia y capacitaciones, por ser el animador o coordinador de la Comunidad, por conocer muy bien la Biblia, por nuestro carisma para hablar, para organizar etc…
– ¿VEMOS CLARO QUE CAER EN LA TENTACIÓN DEL PODER DOMINADOR ES LO MÁS CONTRARIO AL EJEMPLO DE JESÚS Y A LA OPCIÓN POR LOS POBRES- POR LA CAUSA DE LOS POBRES, A LOS QUE EN LA SOCIEDAD Y TAMBIÉN EN LA IGLESIA SE LES NIEGA MUY FRECUENTEME CUALQUIER PODER-PODER DE LA PALABRA, PODER EN LA TOMA DE DECISIONES ETC..?
———-
ACTUAR.
Jesús tuvo estas tentaciones , y tuvo en ese sentido otras muchas tentaciones como nos dice el mismo Evangelio: si eres el Hijo de Dios, bájate de la Cruz. Pedro también fue tentador para Jesús cuando le dice que lejos de él como Mesías el tomar la Cruz. Pero Jesús fiel al impulso del Espíritu Santo y a la voluntad de su Padre querido se mantuvo fiel en su vocación mesiánica, conforme al Plan de Dios

1.- ¿QUÉ VAMOS A HACER NOSOTRAS-OS PARA ANALIZAR Y RECONOCER QUÉ TENTACIONES TENEMOS HOY QUE AMENAZAN NUESTRA IDENTIDAD COMO COMUNIDADES, COMO FIELES DISCÍPULAS-OS DE JESÚS?
2.- ¿QUÉ DESIERTOS TENEMOS HOY EN NUESTRA VIDA COMO COMUNIDADES? Y ¿CÓMO PODEMOS RECONOCER QUE ES EL MISMO ESPÍRITU SANTO EL QUE NOS GUÍA PARA ENTRAR EN EL DESIERTO Y NOS ILUMINA Y FORTALECE PARA VENCER LAS TENTACIONES ? ¿ QUE VAMOS A HACER PARA VENCER ESAS TENTACIONES?

3.- ESTO QUE VENIMOS REFLEXIONANDO ¿ CÓMO PUEDE ESTAR PRESENTE EN NUESTRA CELEBRACIÓN EL DOMINGO DE PENTECOSTÉS? ¿CON QUE SIGNOS PODEMOS EXPRESARLO? ¿EN QUÉ COMPROMISOS PODEMOS CONCRETARLO?

4.- OREMOS CON EL PADRE NUESTRO: NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN, y concretemos esto en las tentaciones que hoy tenemos yque si caemos en ellas debilitarían nuestra propia identidad como Comunidades, como Iglesia de los Pobres, por ejemplo, la indiferencia ante la situación de las y los migrantes, o el silencio profético de cara a tanta violencia o a la destrucción de la Naturaleza, o el no tener conflictos en lo eclesial o en lo político etc…

Arnaldo Zenteno S.J. del equipo animador CEB. Nicaragua 15 de mayo del 2014.

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«2ª etapa del camino hacia Pentecostés», por Arnaldo Zenteno del Equipo Animador CEB. Managua, Nicaragua

domingo, 8 de junio de 2014
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aafa_12Leído en la página web de Redes Cristianas

JESÚS UNGIDO POR EL ESPÍRITU SANTO, ES ANUNCIADO COMO EL HIJO MUY AMADO DE DIOS. POR LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO PODEMOS INVOCAR A DIOS COMO PADRE QUERIDO (Gálatas)

VER :En la vida concreta, en la predicación,en la catequesis etc… ¿Hay o no una clara contraposición entre hablar de Jesús el Hijo muy amado y nosotras-os tambien como hijas e hijos muy amados, y esa visión de temor, del Dios castigador, de tener en el centro obsesivamente el pecado y el castigo? Y como critica el Papa Francisco, esa exagerada conciencia de castigo ¿no nos lleva al ver a la Iglesia como una Aduana, no como la casa de Misericordia?

La primera vez que aparece expresamente la acción del Espíritu Santo en la vida pública de Jesús es en el Bautizo en el río Jordán.

Podríamos preguntarnos qué pensamos de este Bautizo de Jesús. Es frecuente que en la preparación de los bautizo se toma el texto de los Evangelios sobre el bautizo que Jesús recibe de Juan. ¿Nos parece correcto esto y realmente el Bautizo que Jesús recibe de Juan tiene que ver directamente con nuestro bautismo? ¿En qué sentido?

También podemos preguntarnos dónde aparece en ese bautismo la acción del Espíritu Santo y si esto es tomado en cuenta en la predicación y en nuestra propia conciencia.

También podemos preguntarnos si cuando bautizamos a nuestros hijos o hermanos, pensamos de alguna manera en la acción del Espíritu Santo que nos consagra como hijas-os muy amados de Dios, como hermanos y hermanas muy queridas de Jesús y como sus discípulas-os.

El hablar de Jesús como el Hijo muy amado de Dios y de nosotros en El, tambièn como hijas e hijos muy amados ¿no se contrapone al hablar tanto, aun en la Liturgia, del Dios Todopoderoso y Omniponte? Y ¿cómo se contrapone a esa visión de Dios como Castigador y al consecuente y desmedido temor de Dios

JUZGAR

1 Obviamente Jesús no tenía necesidad de ser bautizado por Juan Bautista. Él entró humildemente al río como lo estaba haciendo su pueblo. En cierto sentido podría parecer como una humillación pues Él aparecía como un pecador que necesitaba ese baño de purificación.

2 Dios le habla al corazón al Bautista y siente que no puede bautizar a Jesús. Pero ante las palabras de Jesús que le insiste en que lo hago pues es voluntad de Dios que Él camine así humildemente con el pueblo pecador, Juan lo bautiza.

3 Muchas veces nos quedamos ahí y parece que lo central es el Bautizo que realiza Juan Bautista y que Jesús recibe humildemente. Pero en el Evangelio lo que viene a continuación, es lo principal: se abre el Cielo y el Espíritu de Dios baja como paloma sobre Jesús y se oye una voz Celestial que dice: “Este es mi Hijo muy amado en el que tengo todas mis complacencias.” Lo central que marca toda la vida de Jesús está precisamente en esa revelación: Jesús se siente y toma toda conciencia de que es el Hijo muy amado de Dios Padre y en quien el Padre tiene toda su complacencia.

Esta consciencia clara recibida con todo amor va guiar plenamente la vida de Jesús, y le da una confianza ilimitada en su Abbá. Toda su vida está en relación con su Padre querido, con su Abba. Es una relación filial amorosa y de plena confianza. Como expresa la carta a los Hebreos, Jesús dice: holocaustos y sacrificios no quisiste, he aquí que vengo oh Dios mío para hacer tu voluntad(heb 10,5-7) Y al final del pasaje de la Mujer Samaritana, Jesús le dice a los discípulos que le traían alimento y que no entendían su diálogo con la Mujer samaritana y no entendían por qué no quería comer los alimentos que le traían, Jesús les dice, el cumplir la voluntad de mi Padre y llevar a cabo su obra, ese es mi alimento (Jn 4,34-35).-¿podemos decir lo mismo nosotros que ese es nuestro Alimento?

campanha-de-prevenção-a-aids-usa-imagem-de-santos-na-15ª-parada-do-orgulho-lgbt-de-sao-paulo-ronaldo-gutierrez-rick-hudson-tagide-peres-babado-e-confusao (9)4 Si esto pasó en la vida de Jesús podríamos preguntarnos si con la gracia del Espíritu Santo y con su luz, tenemos plena conciencia de que somos hijas e hijos muy amados de Dios. Y podemos preguntarnos si esa conciencia y ese sentir dentro del corazón que somos hijos e hijas muy amados de Dios guía toda nuestra vida.
Y también podemos preguntarnos si en nuestra acción evangelizadora movidos por el Espíritu, esa conciencia de ser hijas e hijos muy queridos de Dios, está en el centro de nuestro anuncio, de nuestra predicación, de nuestras celebraciones y del testimonio de nuestra vida personal y como Comunidades.

5 Cuando se dan las pláticas pre bautismales y cuando llevamos a bautizar se habla y con razón de la purificación del pecado, etc… Pero se habla poco de la acción del Espíritu Santo por la cual somos consagrados y proclamamos que somos hijas- hijos muy queridos de Dios y que estamos consagrados como hermanos y hermanas de Jesús, el Hijo muy amado de Dios. Y¿ subrayamos que somos consagrados como lo expresa sobre todo Mateo en el capítulo final del Evangelio que somos consagrados como discípulos y discípulas de Jesús (Mateo 28, 19-20)?

ACTUAR

1.- A la luz de esto que venimos meditando y reflexionando juntos, conviene que revisemos a nivel personal y a nivel comunitario, si en el centro de nuestra vida y como luz que ilumina a todo, está la conciencia agradecida de ser hijos e hijas muy queridos de Dios, hermanas y hermanos de Jesús sus queridos discípulos y que todo esto lo somos por la acción del Espíritu Santo. Un santo de la antigüedad decía breve y sabiamente que por la acción del Espíritu, somos hijos en el Hijo, que es Jesús.

2.-Y qué podemos hacer para que esta acción del Espíritu Santo, esta revelación de que somos hijas e hijos muy amados de Dios esté presente y muy viva en nuestras celebraciones y en nuestra predicación. Ojalá se refleje en nuestro caminar lo que Juan Bautista decía a sus contemporáneos: “Mi bautizo es un bautismo de agua, el que viene detrás de mí los bautizará con el soplo del Espíritu Santo” (Mt 3, 11-12). 3.-Ojalá con la acción del Espíritu Santo vivamos con mucha alegría y muchísimo agradecimiento esa conciencia y esa realidad hijos e hijas muy amados de Dios y que eso lo compartamos con toda nuestra vida.

ORACIÓN: Jesús, hermano nuestro tan querido, plenamente humano. Semejante a nosotros en todo, excepto en el pecado. Tú tuviste como nosotros,Alegrías y Tristezas muy profundas. Tuvistes desilusiones y fracasos.Tuviste sueños y esperanzas. Tú te sentiste plenamente Hijo Amado de Dios, tu querido Padre, y como bien nos dijiste,también Padre Nuestro.

Concédenos esta gracia que por la Acción del Espíritu Santo, nos sintamos profundamente hermanas y hermanos tuyos, y contigo hijas e hijos muy amados de Abbá, nuestro querido Padre que Tú nos has revelado. Que esta conciencia, que esta gracia de ser Hijas e Hijos muy amados ilumine nuestra vida con luz que no se apaga. Que esta gracia del Espíritu Santo nos transforme y nos haga vivir con inmensa Alegría para que donde quiera que estemos y en las situaciones diversas, aún las más difíciles, tengamos una Confianza Inquebrantable en nuestro buen Padre Dios, y que con nuestra vida toda- como hermanas y hermanos tuyos, seamos un Evangelio vivo, la Buena Noticia tuya, Revelación de nuestro Padre Misericordioso. Te pedimos la gracia de saber comunicar y compartir a los que nos rodean y especialmente a los más solos, más tristes, y oprimidos, la alegría del Evangelio, la Esperanza que no defrauda, tu sueño del Reino de Dios: una Vida Digna y plena. Amén.

Arnaldo Zenteno del Equipo Animador CEB. Managua, Nicaragua 14 de mayo del 2014

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

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José Antonio Pagola: «El ‘Jesús’ me ha hecho más creyente»

domingo, 8 de junio de 2014
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jose-antonio-pagolaPagola: “Este libro me ha hecho más creyente”

Entrevista con el teólogo y escritor vasco autor de Jesús. Aproximación histórica

Su «Aproximación histórica» (PPC), premio a la excelencia en EE.UU.

«Bergoglio fue uno de los primeros en comprar mi libro en la librería Claret de Buenos Aires»

«No tengo por dentro ninguna herida. Es bueno sufrir alguna vez un poco por Jesús. Te identifica para siempre con Él»

Este libro me ha hecho más creyente. Ya no soy el mismo que empezó a escribir esta obra hace doce años. Jesús ha centrado totalmente mi vida.

 

JOSÉ LUIS CELADA. FOTOS: SERGIO CUESTA | Siete años después de su publicación, y tras sortear no pocas dificultades, Jesús. Aproximación histórica (PPC, 2007) sigue cosechando éxitos, el último de ellos, el Premio a la Excelencia Editorial 2014 que concede anualmente la Association of Catholic Publishers (ACP) de los Estados Unidos.

Aunque si algo conmueve a José Antonio Pagola (Guipúzcoa, 1937) son “los cientos y cientos de correos” de personas que le cuentan cómo, gracias a su libro, el encuentro con Jesús ha transformado sus vidas.

PREGUNTA: ¿Aquí se cumple también aquello de que “nadie es profeta en su tierra”? ¿Qué supone este reconocimiento que acaba de recibir su Jesús por parte de la Asociación de Editores Católicos de los Estados Unidos?

RESPUESTA: Creo que no. En primer lugar, porque yo no soy profeta; y, segundo, porque mi libro ha sido muy bien acogido entre nosotros, sobre todo por la gente sencilla.

Este último reconocimiento me llena de alegría porque contribuirá a que la Buena Noticia de Jesús pueda ser difundida en lugares como Australia, Canadá, India… Al menos, eso me han dicho. Me alegra también por Convivium Press, que, siendo una editorial modesta, ha logrado en poco más de tres años llegar a la quinta edición de mi libro en un mercado tan complejo como el de los Estados Unidos.

P: ¿Cómo asimila el éxito de una obra traducida ya a una decena de idiomas y con más de 120.000 ejemplares vendidos en todo el mundo?

R: Mira, yo soy hijo de mi madre. Sé quién soy. Eso que llamáis “éxito” me da mucha alegría y me estimula a seguir trabajando, pero no pasa de ahí. Lo que me conmueve son los cientos y cientos de correos que sigo recibiendo de todas partes, sobre todo de Latinoamérica, de personas que me dicen cómo se han encontrado con Jesús y cómo Jesús ha trasformado su vida, después de muchos años de indiferencia, agnosticismo e, incluso, de ateísmo militante.

Por ejemplo, me ha llegado el testimonio de alguna persona que había intentado quitarse la vida y ahora vive anunciando el Evangelio; prostitutas que, al terminar su jornada, se lavan y le dicen a Jesús que solo hacen su trabajo para alimentar a sus hijos; enfermos terminales que han muerto abrazados al libro y me dan las gracias por medio de sus viudas…

Anteayer recibí un correo de un ateo que me dice que, seguramente, no abandonará su ateísmo, pero que llora cada vez que lee el capítulo de la crucifixión y se pregunta por el misterio que se encierra en Jesús: me dice que Jesús le está haciendo más humano y más compasivo.

Solo Jesús salvará la fe

Portada de la edición en inglés.

Este libro me ha hecho más creyente. Ya no soy el mismo que empezó a escribir esta obra hace doce años. Jesús ha centrado totalmente mi vida.

P: Más allá del fenómeno editorial en que se ha convertido, ¿a qué achaca esa gran acogida y el impacto que produce entre los lectores?

R: A Jesús. Su poder de atracción es increíble. A veces, los cristianos no sospechamos su fuerza humanizadora y liberadora, cuando es presentado de manera sencilla, con un poco de frescura y autenticidad. Jesús nos libera de imágenes mediocres y poco humanas de Dios, nos atrae a vivir como Él haciendo la vida más humana, llena nuestra vida de alegría y de paz inconfundibles.

Es apasionante seguirlo de cerca. La crisis de las religiones cristianas no arrastrará a Jesús. Liberada de adherencias poco cristianas, la figura de Jesús crecerá. Solo Jesús salvará la fe cristiana. Esto es lo que yo siento por dentro.

P: ¿Todo su atractivo reside en la figura de Jesús de Nazaret que nos descubre? ¿Qué parte de responsabilidad tiene también en ello la aproximación que nos hace el autor?

R: Lo más importante es que el autor no estropee mucho su figura. Al escribir el libro, he pasado muchas horas en silencio “conversando” con Jesús. A veces, como historiador, le he preguntado: “¿Quién eres tú, que has dejado tras de ti tantos interrogantes y conflictos? ¿Qué misterio se encierra en ti para provocar tanto amor y tantos rechazos?”.

Otras veces, como creyente, le he dicho con toda sencillez: “Jesús, y ahora ¿qué puedo contar de ti a la gente de hoy? ¿Qué es lo más importante? Enséñame a encontrar palabras buenas, claras, sencillas, para tocar el corazón de los hombres y mujeres de hoy, tan necesitados de aliento y de esperanza”.

P:Han pasado siete años ya desde que el libro viera la luz. ¿En qué medida estas “buenas noticias” de ahora resarcen de los malos momentos de sospechas y condenas vividos tiempo atrás?

R: Aunque casi nadie me lo cree, ya no recuerdo apenas nada de ese pasado tan sorprendente y curioso. Seguramente, es lo mejor que me podía haber pasado. No tengo por dentro ninguna herida. Es bueno sufrir alguna vez un poco por Jesús. Te identifica para siempre con Él.

P: ¿Qué le ha dado (o le ha quitado) este “hijo” que no lo hayan hecho los demás?

R: Este libro me ha hecho más creyente. Ya no soy el mismo que empezó a escribir esta obra hace doce años. Jesús ha centrado totalmente mi vida. Solo me quiero dedicar a contagiar su Buena Noticia. Estoy convencido de que solo Jesús salvará a su Iglesia.

P: Así que sus futuros proyectos siguen pasando por la figura de Jesús…

R: Quiero contribuir con todas mis fuerzas a que en la Iglesia vivamos un proceso de conversión a Jesús y a su Evangelio. La renovación evangélica de la Iglesia a la que nos llama Francisco dependerá, en buena parte, del desarrollo de pequeños grupos y comunidades que se comprometan a actualizar hoy la experiencia primera que vivió junto a Jesús aquel primer grupo de discípulos y discípulas que escucharon su llamada y le siguieron. Para ello, estoy impulsando ahora los llamados ‘Grupos de Jesús’.

P: ¿Y qué son estos grupos?

R: Su objetivo principal es vivir juntos un proceso de conversión individual y grupal a Jesús, el Cristo, ahondando de manera sencilla en lo esencial del Evangelio. Esto es lo primero y decisivo. Hacer juntos un recorrido que nos lleve a conocer mejor a Jesús, a reavivar nuestra adhesión total a su persona y a seguirlo colaborando con Él en el proyecto humanizador del Reino de Dios.

P: ¿Se imagina por un instante que, como ha sucedido con otros títulos o autores, el papa Francisco sugiera un día en público la lectura de su Jesús?

R: El Papa está haciendo algo mucho más importante. Todos los días, con sus gestos, con sus palabras y con su vida entera, nos está arrastrando hacia Jesús y su Evangelio. Me sé sus palabras de memoria. En octubre del pasado año, decía:

La Iglesia ha de llevar a Jesús: es el centro de la Iglesia. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta.

El Papa no habla de aggiornamento o adaptación de la Iglesia a los tiempos de hoy. No se queda tampoco en recuperar el espíritu y las líneas de fuerza del Vaticano II. Nos dice que hemos de volver a Jesucristo, que “puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo”. Dice también que “hemos de volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio”.

P: Dicen que el Papa ha leído su libro…

R: De Argentina me llegan noticias de que Jorge Bergoglio fue uno de los primeros en comprar mi libro en la librería Claret de Buenos Aires, y sé que se lo regaló a un obispo amigo suyo, mientras aquí estábamos distraídos con la polémica. Si es así, me alegra profundamente.

Para leer la entrevista íntegra, pincha aquí:

Fuente En el nº 2.897 de Vida Nueva

Publicado el 06.06.2014

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No cerrar el horizonte». 1 de junio de 2014. Ascensión del Señor(A). Mateo,28, 16-20.

domingo, 1 de junio de 2014
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29-AscensionA cerezoOcupados solo en el logro inmediato de un mayor bienestar y atraídos por pequeñas aspiraciones y esperanzas, corremos el riesgo de empobrecer el horizonte de nuestra existencia perdiendo el anhelo de eternidad. ¿Es un progreso? ¿Es un error?

Hay dos hechos que no es difícil comprobar en este nuevo milenio en el que vivimos desde hace unos años. Por una parte, está creciendo en la sociedad humana la expectativa y el deseo de un mundo mejor. No nos contentamos con cualquier cosa: necesitamos progresar hacia un mundo más digno, más humano y dichoso.

Por otra parte, está creciendo el desencanto, el escepticismo y la incertidumbre ante el futuro. Hay tanto sufrimiento absurdo en la vida de las personas y de los pueblos, tantos conflictos envenenados, tales abusos contra el Planeta, que no es fácil mantener la fe en el ser humano.

Sin embargo, el desarrollo de la ciencia y la tecnología esta logrando resolver muchos males y sufrimientos. En el futuro se lograrán, sin duda, éxitos todavía más espectaculares. Aún no somos capaces de intuir la capacidad que se encierra en el ser humano para desarrollar un bienestar físico, psíquico y social.

Pero no sería honesto olvidar que este desarrollo prodigioso nos va “salvando” solo de algunos males y de manera limitada. Ahora precisamente que disfrutamos cada vez más del progreso humano, empezamos a percibir mejor que el ser humano no puede darse a sí mismo todo lo que anhela y busca.

¿Quién nos salvará del envejecimiento, de la muerte inevitable o del poder extraño del mal? No nos ha de sorprender que muchos comiencen a sentir la necesidad de algo que no es ni técnica ni ciencia ni doctrina ideológica. El ser humano se resiste a vivir encerrado para siempre en esta condición caduca y mortal.

Sin embargo, no pocos cristianos viven hoy mirando exclusivamente a la tierra, Al parecer, no nos atrevemos a levantar la mirada más allá de lo inmediato de cada día. En esta fiesta cristiana de la Ascensión del Señor quiero recordar unas palabras del aquél gran científico y místico que fue Theilhard de Chardin: “Cristianos, a solo veinte siglos de la Ascensión, ¿qué habéis hecho de la esperanza cristiana?”.

En medio de interrogantes e incertidumbres, los seguidores de Jesús seguimos caminando por la vida, trabajados por una confianza y una convicción. Cuando parece que la vida se cierra o se extingue, Dios permanece. El misterio último de la realidad es un misterio de Bondad y de Amor. Dios es una Puerta abierta a la vida que nadie puede cerrar.

José antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a reavivar la esperanza cristiana. Pásalo.

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Domingo 1 de junio de 2014. Ascensión del Señor

domingo, 1 de junio de 2014
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dompasB07Asc04Leído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles: 1,1-11: Lo vieron levantarse
Salmo responsorial: 46
Efesios 1,17-23:
Lo sentó a su derecha en el cielo
Mateo 28,16-20:
Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra

La primera lectura de la liturgia nos ofrece el relato de la Ascensión del Señor cuyo objetivo fundamental es trazar los rasgos específicos de la esperanza cristiana. Jesús, nuevo Elías, asciende a los cielos y este hecho no significa el fin de la historia deseado por los discípulos según se refleja en su pregunta: «¿Es ahora cuando vas a restaurar el reino para Israel?» (v.6). Se trata por el contrario, del tiempo del testimonio que prepara ese final. En el salmo interleccional se proclama la entronización de Dios como «emperador» y «rey» de toda la tierra y la carta a los cristianos de Éfeso conecta el señorío del Mesías Jesús a la comprensión que deben tener los miembros de la comunidad eclesial sobre la esperanza a la que «abre su llamamiento» (1,18) .

El evangelio, final del relato de Mateo, vuelve a subrayar esa conexión. Comprende las circunstancias del último encuentro entre Jesús y sus discípulos (vv. 16-17) y las palabras finales del Señor a su comunidad (vv. 18-20).

Respecto a las circunstancias, el texto sitúa la escena en una montaña de la Galilea. Se produce en ella la teofanía del Resucitado que debe colocarse en relación con la montaña de la Tentación y con la montaña de la Transfiguración. Se anticipa, así el Señorío de Jesús, tema principal que se desprenden de las palabras que éste pronuncia.

Lejos del centro de la dirigencia religiosa, Jesús se encuentra con los Once. El número es el resultado de la sustracción de Judas de la cifra original de los Doce discípulos y significa la totalidad de los seguidores de Jesús que no defeccionaron. Todos ellos son beneficiarios de la experiencia del Resucitado.

Ante esa experiencia su actitud es una mezcla de adoración y de duda. Como Pedro ante el embate de las olas (cf Mt 14,23-33), la comunidad lleva en su seno estos dos sentimientos contradictorios. Ambos son los dos únicos textos de Mateo que combinan los verbos que se refieren a esos dos sentimientos.

Las palabras de Jesús se dirigen a fortalecer la fe comunitaria desde un encargo en que están implicados tres personajes: Jesús, el círculo de los discípulos y «todos los pueblos». Respecto a sí mismo, Jesús afirma que ha recibido «plena autoridad en el cielo y en la tierra» (v. 18). Para el evangelista, la autoridad ocupa un puesto importante en la presentación de Jesús. Este, al inicio de su actividad, había rechazado la última propuesta del diablo en orden recibir «todos los reinos del mundo» (cf Mt 4,8-10), los discípulos habían visto actuante en Jesús el significado del poder divino pero debían mantenerlo en secreto (cf Mt 16,28-17,9). Ahora es el momento de la proclamación de ese señorío, recibido por Jesús del Padre.

Los elementos que subrayan el universalismo son acumulados en este breve pasaje. Junto a «cielo y tierra» y la mención de los «pueblos» se da una significativa repetición del término «todo», «plena autoridad» (v. 18), «todos los pueblos» (v. 19), «todo lo que les mandé» (v. 19), «cada día» (v. 20). La obediencia al querer divino confiere a Jesús un señorío universal que se ejerce sobre toda realidad creada.

Este «relato de vocación» de la comunidad eclesial describe la transmisión que le hace Jesús de «todo su poder». Gracias a él pueden convocar a nuevos discípulos mediante el bautismo y la enseñanza. Por el bautismo, Jesús había iniciado el cumplimiento definitivo de la justicia del Reino (Mt 3,15), igualmente el bautismo cristiano injerta a cada bautizado en la misma dinámica. Junto al bautismo, el otro rasgo característico de la existencia cristiana es la «enseñanza». No se trata de una teoría que se debe proclamar, sino de la Buena Noticia del Reino frente a la cual todo creyente es un seguidor al que se exige un comportamiento coherente. Se trata de «guardar todo lo que les mandé». De esa forma, toda obra y palabra de Jesús se convierten en punto de referencia que se debe tener presente en la propia vida.

El mandato de Jesús compromete a toda la comunidad eclesial y la responsabiliza frente a todas las naciones. Aunque ya iniciado en el círculo de los discípulos, el señorío de Jesús no puede agotarse al interno de la vida de las comunidades cristianas. Para ello cuenta con la asistencia de su Señor: «Yo estaré con ustedes». Esta asistencia suministra el coraje necesario para superar todos los temores y tempestades y confiere un ámbito ilimitado para la actuación de la salvación.

Pero para ello, se exige de la Iglesia la misma obediencia de Jesús. Sólo en el rechazo del poder de dominio, en la obediencia filial al Padre, podrá realizar su tarea. Este «manifiesto» final del Señor Resucitado liga íntimamente la misión de la Iglesia al camino recorrido históricamente por Jesús de Nazaret, Hombre y Dios. Leer más…

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Ascensión de Jesús 2: Un camino desde Jerusalén

domingo, 1 de junio de 2014
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2662_1Del blog de Xabier Pikaza:

Ayer he comentado el evangelio (Mt 28, 16-20) poniendo de relieve el sentido de la Ascensión como Presencia y Tarea de Jesús y de sus seguidores, desde la Montaña de Galilea. Jesús no se iba se quedaba con los suyos, mandándoles a todo el mundo, para que el mundo entero fuera Galilea.

Hoy comento la lectura del libro de los Hechos (Hech 1, 1-11), paralela a la de Lc 24, 50-53, en la que Lucas ha trazado simbólicamente la imagen más fuerte y hermosa de la Ascensión del Señor, que es, al mismo tiempo, “subida” a la altura de Dios y envío a todo el mundo, desde el monte de Jerusalén, no desde Galilea.

Ambas visiones del temas son distintas, y en un sentido externo se oponen: Jesús no pudo subir al mismo tiempo desde Jerusalén y Galilea… Pero en otro sentido las dos son verdaderas y se complementan,, poneiendo de relieve aspectos distintos del mensaje de Jesús:

Mateo, gran judío, ha escrito el evangelio desde Galilea (como había hecho Marcos). Por eso, Jesús tiene que retomar su mensaje y ofrecer su propuesta desde el Monte de Galilea, donde sigue animando a los suyos. Por eso, los cristianos somos galileos reconvertidos (nosrim, nazarenos). Venimos de la periferia, llevando el evangelio de Jesús, el marginado. Volver a Galilea, ese es el principio del Evangelio según Mateo.

10387215_289693404541192_8335898150447045152_nLucas, que parece de origen gentil, ha escrito el evangelio desde Jerusalén, porque es la ciudad famosa de las profecías y del templo… Por eso, Jesús cumple su tarea «fracasando», para empezar de nuevo, reuniéndose con los suyos de otra manera, para enviarles desde allí les manda al mundo entero. Pero no sube y envía a los suyos desde el Templo, como sería lógico (y como pensarán los musulmanes como Mahoma, imagen 2), ni desde el Muro de las Lamentaciones (como harían los judíos más centrados en su historia), sino desde la Colina o Montaña de los olivos, al Oriente de la Ciudad, lugar que los profetas habían destinado para la llegada del Reino.

Gracias a Dios, esa Colina de la Ascensión (promesa del Reino) es un pequeño recinto «laico», sin culto, propiedad de un musulmán, con un simple templete, rodeado de una tapia… Ése es el mejor símbolo de la Iglesia que nace fuera de la ciudad y el templo, sobre una colina abierta al mundo entero, con un simplísimo templete medieval.

Retomo así, desde el libro de los Hechos, el tema de ayer… deseando a todos una feliz fiesta de Ascensión: Que vuestra vida sea camino y presencia de Cielo. Creer en el Cristo del Cielo es aceptar su tarea en la tierra.

Cristo se ha «ido» para estar presente de manera más intensa, más comprometida. En el «hueco» de Jesús “somos” nosotros. Donde él ha quedado seguimos nosotros (con él, por supuesto). Su cielo es nuestra tierra.

Primera imagen: Capilla de la Ascensión de Jesús, en el Monte de los Olivos; un simple templete en un espacio vacío, rodeado de muros, propiedad musulmana. Dentro del templete está la roca donde según la tradición puso el pie Jesús para «subir» y quedarse con los suyos.

Segunda imagen: Capilla del Ascenso nocturno de Mahoma al cielo, desde Jerusalén, para recibir las grandes revelaciones, según la tradición del Islam… esa tradición islámica ha creado uno de los espacios sagrados más venerables del mundo… En realidad, Mahoma habría subido al cielo desde el mismo templo de la Roca de Jerusalén… Mahoma sería el gran judío, cumplidor de todas las promesas… Jesús queda apartado, en el Monte de los Olivos.

Siga leyendo quien quiera conocer mejor el sentido del ascenso-presencia pascual de Jesús en los suyos. Buen domingo.

La Ascensión. El texto base de Lucas y Hechos

Parece que Lucas-Hechos ha reelaborado tradiciones anteriores que hablaban de una aparición de Jesús en la montaña, en la línea de Mt 28, 16-20. Pero su montaña no se encuentra ya en Galilea sino en el entorno de Jerusalén (Monte de los Olivos).

Esa montaña de Lucas no es lugar de presencia constante sino de despedida, de ascensión del Cristo que, desde la altura del mundo, junto a Jerusalén, va subiendo hacia el misterio de Dios, a la plenitud de la gloria, para sentarse a la derecha de Dios Padre (cf Hech 2, 33).

De esa forma, la aparición en la montaña se convierte en última aparición, la visión pascual se vuelve experiencia de despedida. Lucas necesita mostrar un final, para decir que Jesús se ha ido, que no puede convivir entre nosotros en la forma antigua, no puede aparecerse por doquier, en cualquier tiempo o circunstancia.

Pero la despedida desde el Monte de los Olivos (monte del Reino) es signo de una presencia más honda, de una tarea más fuerte. Se ha ido, y es bueno que esté alejado de nosotros, a la derecha de Dios Padre, porque sólo así nos puede dejar en libertad y ofrecernos su Espíritu. Éstos son los dos textos:

(Evangelio, final de la gran aparición, el mismo día de pascua…)

Jesús les dirigió fuera (de la ciudad, de Jerusalén), hacia Betania
y levantando las manos les bendijo. Y sucedió que al bendecirles
se separó de ellos y se elevaba hacia el cielo (Lc 24, 50-51).

(Libro de los Hechos, tras 40 días de “apariciones”… Después de aparecerse a los discípulos durante cuarenta días, tras haber comido con ello, les dice que no se vayan de Jerusalén hasta que reciban el Espíritu…):

Ellos, reuniéndose, le rogaban:
– ¿Es este el tiempo en que vas a restaurar el reino para Israel?
Pero él les contestó:
No os toca a vosotros conocer los tiempos y momentos
que el Padre ha reservado para su propio poder.
Pero recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros
y seréis mis testigos en Jerusalén
y en toda Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra.
Y diciendo estas cosas, mientras ellos miraban fue arrebatado
y una nube le sustrajo a sus ojos;
y mientras miraban hacia el cielo, para ver cómo ascendía.
he aquí que se les mostraron dos varones vestidos de blanco y les dijeron:
Hombres galileos ¿qué hacéis mirando al cielo?
Este mismo Jesús que os ha sido tomado para ir al cielo
volverá de la misma forma en que le habéis visto subir hacia el cielo.
Entonces, ellos volvieron a Jerusalén del monte que se llama de los Olivos…. (Hech 1, 6-11).

La ascensión así expresada es ante todo elevación.

Hablando de una forma simbólica muy honda, tenemos que decir Jesús ha subido hacia la altura de Dios, desbordando el plano de la historia y geografía de la tierra. Ahora se encuentra en un nivel distinto, en ámbito perfecto de gloria y plenitud pascual. Así lo muestra nuestro texto, en hondo simbolismo. Leer más…

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Dom. 1.6.14. Ascensión, la gran fiesta: Subir a Galilea, bajar a todo el mundo.

domingo, 1 de junio de 2014
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8299138295_0e85f07b41_zDel blog de Xabier Pikaza:

Ascensión del Señor. Mt 28, 16-20. Hoy culmina el tiempo de pascua con la Ascensión de Jesús, que solía celebrarse en jueves, a los cuarenta días de la resurrección, pero que se ha pasado ahora, en casi todas las iglesias, al domingo siguiente.

Aprovecho la ocasión para desear a mis lectores y amigos un feliz final de pascua, y para comentar el sentido de la Ascensión según el evangelio de Mateo (no el de Lucas con el libro de los Hechos, que suele servir de modelo). Éstos son sus rasgos principales:

‒ Según el evangelio de este año (Mt 18, 16-20) no hay ascensión propiamente dicha, sino revelación y presencia del Señor Jesús en la Montaña del recuerdo de Jesús, con su palabra, su presencia y su envío misionero.

Jesús no va a ningún otro lugar, sino que queda con los suyos (estoy con vosotros…) hasta el final de los días. Eso significa que él resucita y actúa en sus amigos, en aquellos que viven y extienden con su vida el Gran Mensaje.

Jesús no resucita ni triunfa en Jerusalén, sino en la “montaña de Galilea”, es decir, en aquellos que han sido los lugares y paisajes de su vida. Jesús ha ido a Jerusalén para dar testimonio y mantener su proyecto, siendo allí asesinado. Por eso, el evangelio no puede comenzar en Jerusalén, con su templo, sacerdotes soldados, sino en Galilea, el lugar de la gente que sufre y que vive, que busca y escucha la Palabra. Todo intento de sacralizar a Jerusalén con su boato religioso carece de sentido según este evangelio.

‒ Más que “subida” y alejamiento espiritual, la Ascensión de Jesús es “bajada y presencia”. Jesús baja con los suyos de la montaña del evangelio para extender entre todos los pueblos su presencia. Está con los suyos, en ellos, con ellos… Ésta es su Ascensión, su gran «descenso». No queda en la Montaña para hacer allí una pirámide o templo, una gran corte pascual, sino para reunir a los suyos y enviarles, y bajar/estar con ellos en todo el mundo.

Estos “once” de la ascensión son (somos) todos, hombres y mujeres en la Montaña del Evangelio, para empezar de nuevo, desde la periferia del mundo, como humanidad nueva, como grupo, unidos en amor, sin un “jefe” superior, “sin pedro y sin obispos”, (Pedro tiene en Mt otra función), todos y todas formando la gran cuadrilla de la nueva montaña de la vida.

Para celebrar la Ascensión y Presencia de Jesús según Mateo tenemos que dejar Jerusalén (con sus ideales de templo), tenemos que dejar Roma (con sus ideales de sacralidad urbi et orbe), para volver a la montaña del evangelio, que está en Galilea, y recomenzar allí la tarea de Jesús, sin él (es decir, con él, pero de otra manera mucho más profunda).

‒ ¿Volvemos a Galilea? ¿Aprendemos allí, nos comprometemos…? Evidentemente, muchos de nosotros “dudaremos”, pensando que Galilea no es el lugar, que hay que empezar en Jerusalén o Roma… Pero Jesús nos dirá que empecemos…. Buen domingo de Ascensión a todos.

Texto: Mateo 28,16-20

Los Once discípulos fueron a Galilea,
a la Montaña que les había mandado Jesús.
Y viéndole le adoraron, aunque algunos dudaban.
Y Jesús, adelantándose a ellos, les habló diciendo:
-Se me ha dado todo poder en el cielo y sobre la tierra;
id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos,
bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado
y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días,
hasta la consumación de los tiempos (28, 16-20).

Ascensión, una Pascua que es presencia de Jesús, en Galilea.

Esta es la aparición única y universal de Jesús según Mateo, una «ascensión» que no es subida a otro cielo, sino presencia en esta tierra, hasta el final de los tiempos. Esta «aparición» (presencia) tiene valor definitivo: no termina, perdura para siempre. Ella sigue, no ha tenido ni tendrá fin, hasta el día en que acabe la historia. Eso significa que el tiempo de los hombres (discípulos del Cristo) está marcado por la permanencia y frutos de esa gran visión que funda toda su existencia.

Sabíamos por Mc 16, 7 y Mt 28, 7.10 que los discípulos del Cristo debían dirigirse a Galilea, para encontrarse en plenitud con el Señor resucitado. Galilea significa la tierra de la historia de Jesús: allí se escucha su palabra, allí se cumple su mensaje. Pero, al mismo tiempo, Galilea aparece en este pasaje como punto de partida de un camino que debe dirigirse ya al conjunto de los pueblos.

El hecho de que Mateo haya centrado la pascua de Jesús en Galilea puede resultar extraña para un buen judío, pues va en contra de las expectativas de la historia oficial israelita, pues según ella el reino ha de irrumpir en la ciudad de las promesas (Jerusalén); allí se expresará triunfante el rey mesías, elevando su trono sobre el mundo.

Lógicamente, para resaltar la continuidad con Israel, el evangelio de Lucas y, en principio el de Juan, han situado las apariciones de Jesús y el comienzo de la iglesia en Jerusalén. De allí deben salir los discípulos del Cristo, llevando su mensaje a las naciones de la tierra. Pues bien, rompiendo esa visión, Mateo ha colocado la experiencia pascual en Galilea, para iniciar desde allí el camino del reino. Leer más…

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Ascensión del Señor. Ciclo A.

domingo, 1 de junio de 2014
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ASCENSIONDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Jesús subiendo al cielo es una imagen bastante representada por los artistas, y la tenemos incorporada desde niños, además de formar parte de nuestra profesión de fe. Alguno podría imaginar que esta escena se encuentra en los cuatro evangelios. Sin embargo, el único que la cuenta es Lucas, y por dos veces: al final de su evangelio y al comienzo del libro de los Hechos. El próximo domingo la primera lectura ofrece la versión de Hechos.

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.
Una vez que comían juntos, les recomendó:
― No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.
Ellos lo rodearon preguntándole:
― Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?
Jesús contestó:
― No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.
Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
― Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.

Curiosamente, esta versión difiere bastante de lo que cuenta Lucas en su evangelio.

ü En el Evangelio, Jesús bendice antes de subir al cielo (en Hch, no).
ü En Hechos, una nube oculta a Jesús (en el evangelio no se menciona la nube).
ü En el evangelio, los discípulos se postran (en Hch se quedan mirando al cielo).
ü En el evangelio vuelven a Jerusalén; en Hch se les aparecen dos personajes vestidos de blanco.

Subir al cielo como imagen del triunfo

Si el mismo autor, Lucas, cuenta el mismo hecho de formas tan distintas, significa que no podemos quedarnos en lo externo, en el detalle, sino que debemos buscar el mensaje profundo.

La idea de la ascensión resulta chocante al lector moderno por dos motivos muy distintos: 1) no es un hecho que hayamos visto; 2) se basa en una concepción espacial puramente psicológica (arriba lo bueno, abajo lo malo), que choca con una idea más perfecta de Dios.

Precisamente por esta línea psicológica podemos buscar la explicación. Desde las primeras páginas de la Biblia encontramos la idea de que una persona de vida intachable no muere, es arrebatada al cielo, donde se supone que Dios habita. Así ocurre en el Génesis con el patriarca Henoc, y lo mismo se cuenta más tarde a propósito del profeta Elías, que es arrebatado al cielo en un carro de fuego. Interpretar esto en sentido histórico (como si un platillo volante hubiese recogido al profeta) significa no conocer la capacidad simbólica de los antiguos.

Sin embargo, existe una diferencia radical entre estos relatos del Antiguo Testamento y el de la ascensión de Jesús. Henoc y Elías no mueren. Jesús sí ha muerto. Por eso, no puede equipararse sin más el relato de la ascensión con el del rapto al cielo.

Es preferible buscar la explicación en la línea de la cultura clásica greco-romana. Aquí sí tenemos casos de personajes que son glorificados de forma parecida tras su muerte. Los ejemplos que suelen citarse son los de Hércules, Augusto, Drusila, Claudio, Alejandro Magno y Apolonio de Tiana. Los incluyo al final para los interesados.

Estos ejemplos confirman que el relato tan escueto de Lucas no debemos interpretarlo al pie de la letra, como han hecho tantos pintores, sino como una forma de expresar la glorificación de Jesús.

La segunda lectura de hoy, tomada de la carta a los Efesios, es muy interesante en este sentido. No habla de la ascensión de Jesús al cielo, pero se explaya hablando de su triunfo con una imagen distinta: está sentado a la derecha de Dios, por encima todo y de todos.

Hermanos: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

Misión

La primera lectura (Hechos) y el evangelio (Mateo) coinciden en ofrecernos unas palabras de despedida de Jesús a sus discípulos. El evangelio las cuenta así:

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
― Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Si comparamos lo que dice Mateo con lo que ha contado Lucas en los Hechos (1ª lectura) encontramos también aquí notables diferencias:

― Lucas sitúa la despedida en Jerusalén, los discípulos muestran una vez más su preocupación política por la restauración del reino de Israel, y Jesús desvía la atención hacia la próxima venida del Espíritu Santo.

― Mateo la sitúa en Galilea, los discípulos no dicen nada, Jesús los envía de inmediato al mundo entero y lo que promete no es la venida del Espíritu sino su compañía continua: “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”.

A pesar de estas grandes diferencias, los dos textos coinciden en la importancia de la misión.

Hechos: Recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.

Mateo: Id y haced discípulos de todos los pueblos.

Por eso, la Ascensión o triunfo de Jesús no es motivo para quedarse mirando al cielo. Hay que mirar a la tierra, al mundo entero, en el que los discípulos de Jesús debemos continuar su misma obra, contando con la fuerza del Espíritu y la compañía continua del Señor.

Los cuarenta días

El evangelio no dice nada de este período de 40 días entre la resurrección y la ascensión. ¿Qué significa, y por qué lo introduce Lucas? El número 40 se usa en la Biblia para indicar plenitud, sobre todo cuando se refiere a un período de tiempo. El diluvio dura 40 días y 40 noches; la marcha de los israelitas por el desierto, 40 años; el ayuno de Jesús, 40 días… Se podrían citar otros muchos ejemplos. En este caso, lo que pretende decir Lucas es que los discípulos necesitaron más de un día para convencerse de la resurrección de Jesús, y que Jesús se les hizo especialmente presente durante el tiempo que consideró necesario.

Textos clásicos sobre la subida al cielo de un gran personaje

A propósito de Hércules escribe Apolodoro en su Biblioteca Mitológica: “Hércules… se fue al monte Eta, que pertenece a los traquinios, y allí, luego de hacer una pira, subió y ordenó que la encendiesen (…) Mientras se consumía la pira cuenta que una nube se puso debajo, y tronando lo llevó al cielo. Desde entonces alcanzó la inmortalidad…” (II, 159-160).

Suetonio cuenta sobre Augusto: “No faltó tampoco en esta ocasión un antiguo pretor que declaró bajo juramento que había visto que la sombra de Augusto, después de la incineración, subía a los cielos” (Vida de los Doce Césares, Augusto, 100).

Drusila, hermana de Calígula, pero tomada por éste como esposa, murió hacia el año 40. Entonces Calígula consagró a su memoria una estatua de oro en el Foro; mandó que la adorasen con el nombre de Pantea y le tributasen los mismos honores que a Venus. El senador Livio Geminio, que afirmó haber presenciado la subida de Drusila al cielo, recibió en premio un millón de sestercios.

De Alejandro Magno escribe el Pseudo Calístenes: “Mientras decía estas y otras muchas cosas Alejandro, se extendió por el aire la tiniebla y apareció una gran estrella descendente del cielo hasta el mar acompañada por un águila, y la estatua de Babilonia, que llaman de Zeus, se movió. La estrella ascendió de nuevo al cielo y la acompañó el águila. Y al ocultarse la estrella en el cielo, en ese momento se durmió Alejandro en un sueño eterno» (Libro III, 33).

Con respecto a Apolonio de Tiana, cuenta Filóstrato que, según una tradición, fue encadenado en un templo por los guardianes. “Pero él, a medianoche se desató y, tras llamar a quienes lo habían atado, para que no quedara sin testigos su acción, echó a correr hacia las puertas del templo y éstas se abrieron y, al entrar él, las puertas volvieron a su sitio, como si las hubiesen cerrado, y que se oyó un griterío de muchachas que cantaban, y su canto era: Marcha de la tierra, marcha al cielo, marcha” (Vida de Apolonio de Tiana VIII, 30).

Sobre la nube véase también Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma I,77,2: “Y después de decirle esto, [el dios] se envolvió en una nube y, elevándose de la tierra, fue transportado hacia arriba por el aire”.

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«El Espíritu de la Verdad». 25 de mayo de 2014. 6 Pascua (A). Juan 14, 15-21.

domingo, 25 de mayo de 2014
Comentarios desactivados en «El Espíritu de la Verdad». 25 de mayo de 2014. 6 Pascua (A). Juan 14, 15-21.

28-PascuaA6 cerezoJesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos. Pronto no lo tendrán con él. ¿Quién podrá llenar su vacío? Hasta ahora ha sido él quien ha cuidado de ellos, los ha defendido de los escribas y fariseos, ha sostenido su fe débil y vacilante, les ha ido descubriendo la verdad de Dios y los ha iniciado en su proyecto humanizador.

Jesús les habla apasionadamente del Espíritu. No los quiere dejar huérfanos. Él mismo pedirá al Padre que no los abandone, que les dé “otro defensor” para que “esté siempre con ellos”. Jesús lo llama “el Espíritu de la verdad”. ¿Qué se esconde en estas palabras de Jesús?

Este “Espíritu de la verdad” no hay que confundirlo con una doctrina. Esta verdad no hay que buscarla en los libros de los teólogos ni en los documentos de la jerarquía. Es algo mucho más profundo. Jesús dice que “vive con nosotros y está en nosotros”. Es aliento, fuerza, luz, amor… que nos llega del misterio último de Dios. Lo hemos de acoger con corazón sencillo y confiado.

Este “Espíritu de la verdad” no nos convierte en “propietarios” de la verdad. No viene para que impongamos a otros nuestra fe ni para que controlemos su ortodoxia. Viene para no dejarnos huérfanos de Jesús, y nos invita a abrirnos a su verdad, escuchando, acogiendo y viviendo su Evangelio.

Este “Espíritu de la verdad” no nos hace tampoco “guardianes” de la verdad, sino testigos. Nuestro quehacer no es disputar, combatir ni derrotar adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio y “amar a Jesús guardando sus mandatos”.

Este “Espíritu de la verdad” está en el interior de cada uno de nosotros defendiéndonos de todo lo que nos puede apartar de Jesús. Nos invita abrirnos con sencillez al misterio de un Dios, Amigo de la vida. Quien busca a este Dios con honradez y verdad no está lejos de él. Jesús dijo en cierta ocasión: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Es cierto.

Este “Espíritu de la verdad” nos invita a vivir en la verdad de Jesús en medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se le llama estrategia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad…

¿Qué sentido puede tener la Iglesia de Jesús si dejamos que se pierda en nuestras comunidades el “Espíritu de la verdad”? ¿Quién podrá salvarla del autoengaño, las desviaciones y la mediocridad generalizada? ¿Quién anunciará la Buena Noticia de Jesús en una sociedad tan necesitada de aliento y esperanza?

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a difundir el “Espíritu de la verdad”. Pásalo.

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«Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor». Domingo 25 de mayo de 2014. 6º Domingo de Pascua.

domingo, 25 de mayo de 2014
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1398445799_315714_1398446224_album_normalLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 8,5-8.14-17: Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo
Salmo responsorial: 65: Aclamad al Señor, tierra entera.
1Pedro 3,15-18: Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida
Juan 14,15-21: Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor

La palabra de Felipe, un misionero que lleva el mensaje de Jesús a nuevas fronteras, es escuchada con atención porque hay coherencia entre lo que dice y lo que hace. La palabra y el poder sanador de Felipe son motivo de alegría para la comunidad samaritana. Para que una comunidad se mantenga firme en el evangelio es necesario tener la fuerza y la gracia del Espíritu Santo, algo que solo se logra con la oración, la imposición de las manos como signo de herencia fraterna y el bautismo comprometido con la misión de Jesús. Los discípulos y discípulas de ayer y de hoy tenemos la gracia de haber recibido el Espíritu Santo a través del Bautismo y la imposición de las manos. El Espíritu Santo es el único que puede garantizar el éxito y la eficacia de la misión. Discipulado, Espíritu y misión son las marcas que identifican al misionero de Jesús.

El pasaje de la carta de Pedro insta a la comunidad a ser santos. Una santidad que está siempre ligada al seguimiento y a las consecuencias que esta opción misionera imponga en nuestras vidas.

El Evangelio de Juan nos da la clave del verdadero seguimiento: AMAR. Este amor es el mandamiento que Jesús da a quienes quieran seguirlo. Ser discípulos o discípulas de Jesús implica tener como norma de vida el amor, un amor activo, liberador y eficaz. Ésta es la esencia del Evangelio, éste es el corazón de la vida y la práctica de Jesús, esto es lo que identifica a todos aquellos y aquellas que han asumido su misión.

Jesús teme por el futuro de sus discípulos. Sabe que las fuerzas del mal son poderosas y no escatiman esfuerzos para eliminar a las fuerzas del bien. Reconoce que sus discípulos no tienen todavía la formación y la convicción necesaria para enfrentar estas fuerzas malignas. Por esto, en un gesto de amor profundo, Jesús le pide al Padre que derrame el Espíritu sobre los discípulos de ayer y de hoy, para no dejarnos huérfanos, para que permanezca siempre con nosotros en la continuidad de la misión. Mientras el mundo permanece ciego, el Espíritu permite a los discípulos de Jesús reconocerlo en los hermanos. En el amor a los demás se reconoce el verdadero rostro de Jesús. Sólo el amor, al que somos llamados, es garantía de la presencia de Dios en nosotros y en nuestras comunidades. Si el amor es la clave del seguimiento de Jesús, tendremos que preguntarnos que estamos haciendo en nuestra vida y en nuestras comunidades para impregnar el mundo de amor, un amor que con la fuerza del Espíritu, permita que la verdad, la justicia y la fraternidad sean las huellas del Reino en el mundo de hoy.


La 1ª lectura, tomada del libro de los Hechos, nos presenta a Felipe predicando a los samaritanos en su capital. Es una noticia inusitada si tenemos en cuenta la enemistad tradicional entre judíos y samaritanos, tan presente en los evangelios, en pasajes como la parábola del buen samaritano (Lc 10,29-37), o la conversación de Jesús con la samaritana (Jn 4,1-42) o en otros pasajes más breves (Mt 10,5; Lc 9,51-56; 17,16; Jn 8,48). Los judíos consideraban a los samaritanos como herejes y extranjeros (cfr. 2Re 17,24-41) pues, aunque adoraban al único Dios y vivían de acuerdo con su ley, no querían rendir culto en Jerusalén, ni aceptaban ninguna revelación ni otras normas que las contenidas en el Pentateuco. Los samaritanos pagaban a los judíos con la misma moneda, pues los habían hostigado en los períodos de su poderío y habían llegado a destruir su templo en el monte Garitzín. Por todo esto nos parece sorprendente encontrar a Felipe predicando entre ellos, en su propia capital, y con tanto éxito como sugiere el pasaje que hemos leído, hasta concluir con un hermoso final: que su ciudad, la de los samaritanos, «se llenó de alegría».

Esta obra evangelizadora que rompe fronteras nacionales, que supera odios y rivalidades ancestrales, provocando en cambio la unidad y la concordia de los creyentes, es obra del Espíritu Santo, como comprueban los apóstoles Pedro y Juan, que con su presencia en Samaria confirman la labor de Felipe. Se trata de una especie de Pentecostés, de venida del Espíritu Santo sobre estos nuevos cristianos procedentes de un grupo tan despreciado por los judíos. Para el Espíritu divino, no hay barreras ni fronteras. Es Espíritu de unidad y de paz.

La 2ª lectura sigue siendo, como en los domingos anteriores, un pasaje de la 1ª carta de Pedro. Escuchamos una exhortación que con frecuencia se nos repite y recuerda: que los cristianos debemos estar dispuestos a «dar razón de nuestra esperanza» a todo el que nos la pida. ¿Por qué creemos, por qué esperamos, por qué nos empeñamos en confiar en la bondad de Dios en medio de los sufrimientos de la existencia, las injusticias y opresiones de la historia? Porque hemos experimentado el amor del Padre, y porque Jesucristo ha padecido por nosotros y por todos, para darnos la posibilidad de llegar a la plenitud de nuestra existencia en Dios. Por esta misma razón el apóstol nos exhorta a mostrarnos pacientes en los sufrimientos, contemplando al que es modelo perfecto para nosotros, a Jesucristo, el justo, el inocente, que en medio del suplicio oraba por sus verdugos y los perdonaba. La breve lectura termina con la mención del Espíritu Santo por cuyo poder Jesucristo fue resucitado de entre los muertos.

A quince días de que termine la cincuentena pascual, la Iglesia comienza a prepararnos para la gran celebración que la concluirá: la de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. La manifestación pública de la Iglesia. Podríamos decir que su inauguración –teológicamente hablando, no históricamente hablando–. En la lectura del evangelio de san Juan, tomada de los discursos de despedida de Jesús que encontramos en los capítulos 13 a 17 de su evangelio, el Señor promete a sus discípulos el envío de un «Paráclito», un Defensor o Consolador, que no es otro que el Espíritu mismo de Dios, su fuerza y su energía, Espíritu de verdad porque procede de Dios que es la verdad en plenitud, no un concepto, ni una fórmula, sino el mismo Ser Divino que ha dado la existencia a todo cuanto existe y que conduce la historia humana a su plenitud.

Los grandes personajes de la historia permanecen en el recuerdo agradecido de quienes les sobreviven, tal vez en las consecuencias benéficas de sus obras a favor de la humanidad. Cristo permanece en su Iglesia de una manera personal y efectiva: por medio del Espíritu divino que envía sobre los apóstoles y que no deja de alentar a los cristianos a lo largo de los siglos. Por eso puede decirles que no los dejará solos, que volverá con ellos, que por el Espíritu establecerá una comunión de amor entre el Padre, los fieles y El mismo.

El «mundo» (en el lenguaje de Juan) no puede recibir el Espíritu divino. El mundo de la injusticia, de la opresión contra los pobres, de la idolatría del dinero y del poder, de las vanidades de las que tanto nos enorgullecemos a veces los humanos. En ese mundo no puede tener parte Dios, porque Dios es amor, solidaridad, justicia, paz y fraternidad. El Espíritu alienta en quienes se comprometen con estos valores, esos son los discípulos de Jesús.

Esta presencia del Señor resucitado en su comunidad ha de manifestarse en un compromiso efectivo, en una alianza firme, en el cumplimiento de sus mandatos por parte de los discípulos, única forma de hacer efectivo y real el amor que se dice profesar al Señor. No es un regreso al legalismo judío, ni mucho menos. En el evangelio de San Juan ya sabemos que los mandamientos de Jesús se reducen a uno solo, el del amor: amor a Dios, amor entre los hermanos. Amor que se ha de mostrar creativo, operativo, salvífico.

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Dom 25.5.14. Rogaré al Padre, y os dará Consuelo, una Defensa.

domingo, 25 de mayo de 2014
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espiritu-santo-02Del blog de Xabier Pikaza:

Domingo 6º de Pascua. Juan 14,15-21. El evangelio de Juan viene ofreciendo diversas imágenes de pascua: pastor y puerta, morada de Dios… Hoy nos sitúa ante la promesa y Esperanza del Espíritu Santo, como Paráclito (Defensor/Consolador) de los creyentes.

Yo rogaré al Padre
y os enviará otro Defensor/Consolador
es decir, el “paráclito de Dios”.

La Pascua de Jesús se convierte así en promesa de una presencia más alta: El Espíritu de Dios, como Defensa y Consuelo, eso es el Paráclito en la visión gnóstico/social del Evangelio de Juan:

Consuelo en la tristeza de la vida, en medio de la ausencia inmensa, perdidos en un mundo que parece sin sentido. Ésta es la gnosis, éste el conocimiento: Podemos vivir consolados.

Defensa en medio de la inmensa injusticia de la tierra, traídos y llevados por poderes de muerte… Nadie ni nada podrá destruirnos, pues el Dios de Cristo está en nosotros, el Paráclito.

Ésta es la certeza que sostiene el camino de la historia tantas veces oscura y angustiosa de los hombres. Buen domingo, buena Pascua.

Texto:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.

Yo rogaré al Padre que os dé otro defensor (=Paráclito), que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad.

El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros.

El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él

(Juan 14,15-21).

Evangelio de Juan: Catequesis del Espíritu

El evangelio de Juan es una catequesis del Espíritu, como el mismo Jesús dijo a Nicodemo, maestro de Israel, al invitarle a que naciera de nuevo (de lo alto), por obra del Espíritu:

«En verdad te digo, si alguien no nace del agua y del Espíritu
no puede entrar en el reino de Dios» (Jn 2, 5).

Éste es el tema, nacer de nuevo. Ésta es la experiencia: Descubrir que somos y ser hijos de Dios, con Jesús, en el Espíritu.

La religión anterior ha pasado, los montes sagrados y templos, los cultos antiguos. Llega en Jesús la novedad de una adoración gratuita, abierta a todos los hombres, llega el tiempo del Espíritu, la Hora de la Gran Libertad:

«Créeme, mujer: viene la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre… Pero llega la hora y es ésta en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; estos son los adoradores que Dios busca: Dios es Espíritu, y quienes le adoran deben adorarle en Espíritu y Verdad» (Jn 4, 21-24).

Los hombres estaban divididos por sacralidades de montes y templos aislados. Ahora han de unirse en el Espíritu y Verdad universal. Eso lo sabían los judíos helenistas (Filón y Sabiduría), pero no habían podido concretarlo. Muchos cristianos posteriores han seguido encerrados en una cultura o ciudad (nación) particular. En contra de eso, Jesús quiere que todos se vinculen por el Espíritu, que brota como río de su seno:

«Esto lo dijo refiriéndose al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él; pues todavía no había Espíritu, porque Jesús no había sido aún glorificado» (Jn 7, 39).

Jesús resucitado es manantial del Espíritu, que mana hacia todos los humanos (como las aguas del paraíso: Gen 2, 10-14; Ap 22, 1-2). Ésta es la promesa de Dios, ésta es nuestra esperanza:

Jesús pascual, la promesa del Espíritu:

Ésta es la palabra clave: Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor (=Paráclito), que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad.

Desde ese fondo debemos recordar y retomar los textos del Espíritu-Paráclito, como abogado, defensor de los fieles en la prueba (cf. Mc 13, 11 par), intérprete y autoridad de Jesús en la iglesia.

Éstos son los principales, los cuatro grandes textos del Paráclito, es decir, del gran Consuelo

(1) Rogaré al Padre y os dará otro Paráclito, que esté con vosotros para siempre (Jn 14, 16). Ésta es la palabra clave del evangelio de hoy, el primer texto del Paráclito.

Jesús mismo había sido el Paráclito, defensor de sus discípulos. Pero ahora que se va y les deja en plano físico, pide al Padre otro, que sea presencia interior y compañía (no os dejaré huérfanos: 14, 18). Los hombres que están cerrados en el “mundo” viven en un plano de carne, es decir, de lucha mutua, de mentira. La misma realidad se les cierra y aparece como círculo de muerte.

Por el contrario, aquellos que viven iluminados por Jesús (desde la presencia de Dios) reciben la promesa del el Espíritu. Están acompañados. Esta experiencia del Dios que es Compañía es la clave de pascua cristiana.

(2) El Paráclito… os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que os dije, como Maestro interior divino (Jn 14, 26). Éste es el segundo texto del Paráclito:

La iglesia ha corrido a veces el riesgo de entender la verdad como algo impuesto por fuera, resuelto y enseñado desde arriba. Pero Jesús promete a los suyos un magisterio interior. Por eso, los cristianos sólo conocen la autoridad del Espíritu-Paráclito, que interpreta y actualiza a Cristo.

Corremos el riesgo del engaño, de la manipulación de diverso tipo, todos nos engañan. Pues bien, si confiamos en el Cristo (en el Dios que vive dentro de nosotros) tendemos la garantía de la verdad. Ésta es la verdad interna, aquella que alumbra nuestra vida, desde el interior de Dios, que es nuestra luz.

(3) Cuando venga el Paráclito… dará testimonio de mí, y vosotros también daréis testimonio, porque habéis estado conmigo desde el principio (15, 26-27). Éste es el tercer texto del Paráclito.

Jesús no ha prometido un magisterio externo de dogmas y enseñanzas. Tampoco ha dejado una estructura de poder. Su verdad se expresa en la enseñanza interior del Espíritu, que actúa a través al testimonio de los fieles.

Cuando están en riesgo las instituciones, queda y crece ese testimonio. La verdad se expresa así como “testimonio” de vida interior. Tenemos a nuestro lado el Gran Testigo de Dios, que es Jesús. Podemos ser y somos testigos de Dios unos para los otros.

(4) Conviene que yo me vaya, porque si no me fuere, el Paráclito no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré (16, 7). Texto final, la gran promesa.

Una presencia material de Jesús estorbaría, pues él quedaría fuera de la vida de sus fieles. Muchos parecen añorarle así, actuando a través de milagros, apariciones, seguridades exteriores.

Por eso es necesario que Jesús se vaya, que cumpla su tarea, para que sus fieles asuman la verdad en el Espíritu, que es presencia y experiencia interior de Jesús. Por encima de todas las restantes instancias eclesiales, Jesús apela a la Confianza del Espíritu, Paráclito (Abogado y Consolador) de los fieles.

Es Consolador, pues lo buscamos allí donde nuestras tradiciones patriarcales, de seguridad externa, van envejeciendo.
Es Abogado, porque necesitamos defensa en este mundo convulso, en crisis de violencia y muerte.
Es el don pascual de Jesús, que se aparece y habla, dándoles poder de perdonar (=vincular en amor) a todos los humanos: «Dicho esto, alentó sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo» (Jn 20, 22).

Este es el momento clave de la nueva creación, reverso y cumplimiento de Gen 2, 7 (cuando Dios soplaba en la boca de Adán, dándole su aliento).

El Espíritu de Dios se identifica ahora con el Aliento de vida que Jesús nos ofrece, en el momento cumbre de la pascua, cuando alienta y nos ofrece su Espíritu, para que así vivan en gesto de gracia y perdón a todo el mundo.

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Alegría, esperanza, amor. Domingo 6º de Pascua.

domingo, 25 de mayo de 2014
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jsalvDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Las lecturas continúan las tres situaciones de la iglesia que comenté el domingo pasado.

Iglesia naciente: modelo de una nueva comunidad (Hechos de los apóstoles)

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Tras la institución de los diáconos, Lucas nos cuenta la actividad de uno de ellos, Felipe, en la fundación de la comunidad de Samaria. Esto le sirve para indicar las características que debería tener cualquier nueva comunidad.

1) No debe excluir a nadie. Felipe se dirige a Samaria, la región más despreciada y odiada por un judío.

2) Felipe predica a Cristo. Los misioneros no proponen una filosofía moral ni una ética; su intención primordial no es reformar las costumbres sino dar a conocer a Jesús.

3) La palabra va acompañada de la acción. Lucas la concreta en signos y prodigios semejantes a los que realizaron Jesús y los apóstoles: curación de todo tipo de enfermos.

4) El fruto de esta actividad es que «la ciudad se llenó de alegría». El evangelio no es un mensaje triste.

5) Sólo falta algo que el diácono Felipe no puede dar: el Espíritu Santo. Eso lo concede la oración de los apóstoles Pedro y Juan, que simbolizan al mismo tiempo con su presencia la unión entre la nueva comunidad y la iglesia madre de Jerusalén.

Iglesia sufriente: calumnias y esperanza (1 de Pedro)

Queridos hermanos: Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. Porque también Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.

La carta de Pedro menciona el tema de las calumnias que sufrían los primeros cristianos. Recuerdo dos de ellas, tomadas de textos de Tertuliano y Minucio Félix.

Se decía que cuando uno iba a incorporarse a la comunidad e iniciarse en los misterios, se tomaba a un niño muy pequeño, se lo recubría por completo de harina y se lo colocaba sobre una mesa. Cuando el neófito entraba en la sala, le ordenaban golpear con fuerza aquella masa. Él lo hacía, pensando que no se trataba de nada grave. Y golpeaba una y otra vez hasta matar al niño. Entonces, todos se lanzaban sobre el niño muerto para lamer su sangre y repartirse sus miembros, sellando de ese modo la alianza con Dios.

Otra acusación era la del incesto. Según ella, los cristianos se reúnen en sus días de fiesta para celebrar un gran banquete. Acuden con sus hijos, hermanas, madres, personas de todo sexo y edad. La sala está iluminada sólo por un candelabro, al que se encuentra atado un perro. Cuando han comido y bebido abundantemente, ya medio borrachos, excitan al perro tirándole trozos de carne a un sitio al que no puede llegar, hasta que el perro tira el candelabro, se apaga la luz, y todos se abrazan al azar y se entregan a la mayor orgía entre hermanos y hermanas.

En este contexto, la carta de Pedro recomienda:

1) Saber dar razón de nuestra esperanza con mansedumbre y respeto. Es decir, saber explicar qué creemos y esperamos, pero sin usar condenas y descalificaciones.

2) Es mejor padecer haciendo el bien que padecer haciendo el mal.

Esta conducta, humanamente tan difícil, sólo se puede conseguir recordando el ejemplo de Jesús que, siendo inocente, murió por los culpables. E igual que él resucitó, también nosotros recibiremos el premio de nuestra paciencia.

Iglesia creyente: «obras son amores» (evangelio de Juan)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.»

El evangelio, en pocas palabras, reúne temas tan distintos que resulta difícil encontrar un elemento común. No se puede pedir un discurso lógico y ordenado a una persona que se despide de sus seres más queridos poco antes de morir. Destaco tres temas.

1) Este breve fragmento comienza y termina con palabras muy parecidas: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.» «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama». Como dice el refrán: «Obras son amores, y no buenas razones».

La relación entre el amor y la observancia de los mandamientos es muy antigua en Israel: se remonta al Deuteronomio, donde amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser, se concreta en la observancia de sus leyes, mandatos y decretos. En el caso de Jesús hay una gran diferencia, sus mandamientos se resumen en uno solo: «Esto os mando: que os améis los unos a los otros como yo os he amado».

2) Teniendo en cuenta la proximidad de la fiesta de Pentecostés, son importantes las palabras: «Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.» Parece una contradicción manifiesta pedir al Padre que nos dé algo que ya vive en nosotros. Son los dos tiempos en los que se mueven a menudo estos discursos: el de Jesús, que mira al futuro y pide al Padre que nos dé un defensor; y el nuestro, que ya hemos recibido el Espíritu y vive en nosotros.

3) La unión plena del cristiano con el Padre y con Jesús. «No os dejaré huérfanos, volveré.» «Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros

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«¿Es Jesús una buena noticia?», por Jon Sobrino.

viernes, 23 de mayo de 2014
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00 jesus_choco_cerezoLeído en Koinonia:

1. Una pregunta chocante, pero necesaria

Que Jesús de Nazaret anuncia el reino de Dios como buena noticia a los pobres y que él mismo, su muerte y resurrección sobre todo, es presentado como eu-aggelion, es evidente en el Nuevo Testamento. A pesar de ello hemos formulado conscientemente el título de este artículo en forma chocante para que la respuesta a tan decisiva pregunta no sea rutinaria, como en nuestra opinión suele ocurrir con frecuencia.

Y es que, por decirlo desde el principio, no es lo mismo aceptar que Jesús es Dios y hombre, Señor y mesías -y nada digamos de quienes se entusiasmaban al pensarlo como rey del mundo a quien deben consagrase las naciones- que aceptar algo tan sencillo como que Jesús es «una buena persona», es alguien que «cae bien», que «da gusto conocerlo». No es lo mismo adorar, rezar, obedecer a Cristo y rendirle culto -y nada digamos de organizar cruzadas para seguir su santa voluntad- que sentir gozo en el Dios que se ha manifestado en él. Pues bien, esto es precisamente a lo que estas breves líneas quisieran ayudar.

Dicho en lenguaje más conceptual, a la doble perspectiva de ortodoxia y de ortopraxis en nuestra relación con Jesucristo, queremos añadir una tercera que, a falta de mejor expresión, pudiéramos llamar ortopathos, es decir, el modo correcto de afectarnos por la realidad de Cristo. Y en ese afectarse debe estar centralmente presente en el gozo que causa el que Cristo es Jesús de Nazaret y no otro. Con esto no queremos caer en modo alguno en sentimentalismos baratos, pero sí queremos recalcar que al Cristo le es esencial -tan esencial, pudiéramos decir, como su ser humano y divino- el ser buena noticia, y que eso se tiene que hacer notar. Así como el creyente ha de aceptar su verdad y proseguir su praxis para corresponder a su realidad, así al Cristo que es buena noticia se le corresponde con gozo.

Lo que está, pues, en juego en estas reflexiones es simplemente si la realidad (ontológica y salvíficamente verdadera) de Jesucristo se muestra existencialmente también como buena noticia, lo cual -desde un punto de vista histórico- no es tan obvio. Y es que, en definitiva, se puede ser Dios, se puede se hombre e incluso se puede ser salvador de distintas maneras. El quid de la cuestión está, entonces, en ver desde Jesús cómo Dios, hombre y el salvador pueden ser un Dios, hombre y salvador buenos para nosotros. Esto es lo que vamos a analizar en estas breves líneas, pero antes hagamos algunas precisiones.

a) La primera es sobre su significado pastoral. Aunque pueda parecer puramente teórico y sólo pertinente a la cristología, el tema lleva por su naturaleza a una cuestión fundamental más amplia: si en el mundo de hoy existe o no la expectativa siquiera de que pueda haber de eu-aggelion en la Iglesia y en la realidad, en lo cual creemos, se puede estar jugando, tal como van las cosas, el futuro de la Iglesia y el aporte de la fe cristiana a la humanidad. Por eso digamos una breve palabra sobre cada una de estas cosas.

Por lo que toca a la vida de la Iglesia, quizás podrán decir algunos en el primer mundo que, después de la secularización, bastante haremos los cristianos con aceptar en oscuridad la verdad de la fe como para que nos pidan ir más allá y acoger con gozo su dimensión de buena noticia. Creemos, sin embargo, que sin ello nuestra fe se hará vana e irrelevante, como ya se constata, ciertamente en el primer mundo: «la razón principal de que nuestras iglesias se vacíen parece residir en que los cristianos estamos perdiendo la capacidad de presentar el evangelio a los hombres de hoy… como una buena nueva» (1). Preguntarnos, pues, por lo que hay de buena noticia en la fe no es empresa puramente teórica, sino que es esencial para otorgar la dirección correcta a la evangelización -redundancia, por cierto, evidente por la tautología que implica relacionar la evangelización con una buena noticia, pero muy descuidada (2).

Pero lo que toca a la realidad de nuestro mundo, hay que estar claros en que éste no está para buenas nuevas, ni en teoría ni en la práctica, y que por ello mejor parecería ahorrarse el esfuerzo del concepto y evitar que lo tilden a uno de ingenuo. Vivimos en un mundo, en efecto, en el que las noticias no son buenas, ciertamente para los pobres y víctimas, y en el que la bondad no suele ser noticia, pues mucho más se habla de política, economía, arte, deporte, ejércitos, religión -y sus protagonistas- que de bondad y de gente buena. Pero -lo que es peor-, si a la modernidad le era constitutivo y esencial la proclamación de una buena noticia: el advenimiento del reino de la libertad, de la sociedad fraterna y sin clases…, la postmodernidad ha limitado o ha hecho desaparecer la expectativa misma de que pueda existir una buena noticia. Se nos inculca, más bien, la inevitabilidad de lo real, con la consecuencia -necesaria cuasi-metafísicamente- de que aprendamos a pactar con lo posible y a aceptar el desencanto. Nada, pues, de utopías ni de buenas noticias.

A pesar de ello, sigue siendo urgente preguntarse por una buena noticia. Lo es para que el mundo del sur, mundo de pobreza infligida injustamente, pueda mantener la esperanza de que la vida es posible -la mejor de las noticias. Y lo es para que el mundo del norte, mundo de insultante abundancia -absoluta y sobre todo comparativamente- pueda lograr esa «calidad de vida» que busca de mil modos, pero a la que mal se encamina (3). Este es, pues, el contexto pastoral y social de nuestra reflexión.

b) La segunda es sobre el significado de una buena noticia. En los sinópticos, sobre todo en Lucas, siguiendo a Isaías, eu-aggelion es la buena noticia del reino de Dios (Lc 4,43), lo bueno que Dios quiere para su creación, y evangelizar es «llevar la buena noticia a los pobres». El contenido de la buena noticia es, entonces, la cercanía del reino de Dios y su destinatario primario son los pobres. En palabras actuales, la buena noticia es la utopía de la vida justa y digna, y su destinatario son las mayorías de este mundo para quienes la vida es su tarea más urgente y la muerte antes de tiempo su destino más probable, es decir, los débiles, pobres y víctimas; e indirectamente destinatario son también aquellos que se solidarizan con ellos.

Desde un punto de vista antropológico, esa buena noticia es algo que se espera en medio de y en contra de malas realidades y por ello es esperada con ansiedad e incertidumbre por lo difícil de su realización, y con desconfianza por la fuerza de los poderes que se le oponen y por la experiencia histórica acumulada. Es anuncio de algo q2ue toca y nos lleva a los más hondo de nuestra existencia, y que -por todo ello- trae consigo luz, ánimo, ganas de vivir y hacer, genera dignidad, generosidad, fraternidad, libertad y comunión. Es anuncio, finalmente, que formalmente produce gozo y mueve a responder con un gracias.

c) La tercera es sobre cómo una persona puede ser buena noticia. Si lo anterior es cierto, hay que preguntarse si y en qué sentido la misma persona de Jesús, no sólo su mensaje, es también buena noticia: y esto desde una doble perspectiva. Por un lado hay que analizar objetivamente y según los relatos evangélicos en qué sentido se puede llamar a la persona de Jesús buena noticia. Y, por otro lado, hay que preguntarse por la posibilidad subjetiva de apropiación personal de Jesús en cuanto es formalmente buena noticia. Lo primero es problema más bien doctrinal, por así decirlo, y exige un esclarecimiento mínimo de lo que significa eu-aggelion en el Nuevo Testamento. Lo segundo es problema más bien existencial y exige una mystagogia, es decir, una vía que nos introduzca en la captación existencial de un Jesús que es eu-aggelion. Esto es lo que queremos analizar en los dos apartados siguientes.

2. Jesús: un mediador «bueno»

2.1. Perspectiva metodológica: se puede ser «mediador» de diversas maneras

En el Nuevo Testamento, ciertamente en Pablo, también de la persona de Jesús, sobre todo de su cruz y resurrección, se dice que es eu-aggelion. Aquí, sin embargo, no vamos a analizar la buena noticia del misterio pascual, sino la buena noticia de la persona de Jesús en relación con el reino de Dios (4). Esto quiere decir, en lenguaje que hemos usado en otra parte (5), que existe la mediación de Dios: el reino de Dios, el mundo renovado en justicia y fraternidad según la voluntad de Dios, y existe el mediador de Dios: la persona de Jesús. Leer más…

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«El Camino». 18 de mayo 2014. 5 Pascua (A). Juan 14, 1-12.

domingo, 18 de mayo de 2014
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27-PascuaA5 cerezoAl final de la última cena, los discípulos comienzan a intuir que Jesús ya no estará mucho tiempo con ellos. La salida precipitada de Judas, el anuncio de que Pedro lo negará muy pronto, las palabras de Jesús hablando de su próxima partida, han dejado a todos desconcertado y abatidos. ¿Qué va ser de ellos?

Jesús capta su tristeza y su turbación. Su corazón se conmueve. Olvidándose de sí mismo y de lo que le espera, Jesús trata de animarlos: ”Que no se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí”. Más tarde, en el curso de la conversación, Jesús les hace esta confesión: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. No lo han de olvidar nunca.

“Yo soy el camino”. El problema de no pocos no es que viven extraviados o descaminados. Sencillamente, viven sin camino, perdidos en una especie de laberinto: andando y desandando los mil caminos que, desde fuera, les van indicando las consignas y modas del momento.

Y, ¿qué puede hacer un hombre o una mujer cuando se encuentra sin camino? ¿A quién se puede dirigir? ¿Adónde puede acudir? Si se acerca a Jesús, lo que encontrará no es una religión, sino un camino. A veces, avanzará con fe; otras veces, encontrará dificultades; incluso podrá retroceder, pero está en el camino acertado que conduce al Padre. Esta es la promesa de Jesús.

“Yo soy la verdad”. Estas palabras encierran una invitación escandalosa a los oídos modernos. No todo se reduce a la razón. La teoría científica no contiene toda la verdad. El misterio último de la realidad no se deja atrapar por los análisis más sofisticados. El ser humano ha de vivir ante el misterio último de la realidad

Jesús se presenta como camino que conduce y acerca a ese Misterio último. Dios no se impone. No fuerza a nadie con pruebas ni evidencias. El Misterio último es silencio y atracción respetuosa. Jesús es el camino que nos puede abrir a su Bondad.

“Yo soy la vida”. Jesús puede ir transformando nuestra vida. No como el maestro lejano que ha dejado un legado de sabiduría admirable a la humanidad, sino como alguien vivo que, desde el mismo fondo de nuestro ser, nos infunde un germen de vida nueva.

Esta acción de Jesús en nosotros se produce casi siempre de forma discreta y callada. El mismo creyente solo intuye una presencia imperceptible. A veces, sin embargo, nos invade la certeza, la alegría incontenible, la confianza total: Dios existe, nos ama, todo es posible, incluso la vida eterna. Nunca entenderemos la fe cristiana si no acogemos a Jesús como el camino, la verdad y la vida.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Jesús es el camino, la verdad y la vida. Pásalo.

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«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida». Domingo 18 de mayo de 2014. 5º Domingo de Pascua.

domingo, 18 de mayo de 2014
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cristo_caminando1Leído en Koinonia:

Hch 6,1-7: Eligieron a siete hombres llenos de espíritu
Salmo responsorial 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
1Pe 2,4-9: Ustedes son una raza elegida, un sacerdocio real
Jn 14,1-12: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida

En la comunidad lucana descrita en la primera lectura, los apóstoles tienen plena conciencia que no lo pueden hacer todo y que necesitan valerse de otros para atender a las necesidades urgentes de la comunidad pero sin desatender el ministerio de la Palabra. Pero ellos no imponen. Invitan a la comunidad a escoger sus propios servidores, animadores. Les presentan a siete personas que son «autorizados» por los apóstoles para satisfacer las necesidades de la comunidad. No son servidores de segunda. Son personas encargadas o enviadas a realizar ministerios diferentes. Pero todos estaban empeñados en la difusión de la Palabra y en el crecimiento numérico y cualificado de la comunidad.

Así mismo, el autor de la carta de Pedro quiere subrayar el papel de todos los miembros de la comunidad creyente en la construcción del templo vivo de Dios. Jesús es la piedra viva, el fundamento, la base para construir la casa de Dios. Sobre esa piedra se instalan las demás piedras, los seguidores de Jesús. De manera pues que no somos sólo espectadores de la construcción. Somos artífices y al mismo tiempo materia fundamental para alcanzar la construcción del gran edificio humano, levantado sobre la roca, Jesucristo, sostenido por la columna del Espíritu Santo y estructurado con la activa cooperación de cada uno de los bautizados. El sacerdocio, más que un honor, un privilegio, una casta… es un dinamismo desatado por el Espíritu para el servicio de la comunidad eclesial. Todos somos ministros, todos sacerdotes, todos servidores en una densa experiencia fraternal al servicio del Reinado de Dios.

El evangelio de Juan revela la situación crítica que vive la comunidad naciente provocada por el ambiente hostil y peligroso en que se va desarrollando. Jesús no sólo es la piedra fundamental, sino que Jesús es también camino, verdad y vida. Los discípulos están confundidos ante las Palabras de Jesús. En los anteriores versículos Jesús ha anunciado la traición de Judas y la negación de Pedro. Este episodio refleja la situación de crisis de los discípulos porque no entienden el camino de Jesús. Las palabras que Jesús pronuncia pretenden alentarles en la esperanza, fortalecerlos en medio de la angustia, devolverles el horizonte de vida.

Jesús es camino, es decir, es proyecto, horizonte de vida para muchos. Su muerte está llena de sentido porque en ella se manifiesta el amor de Dios por la Humanidad y les devuelve la razón de vivir en momentos de confusión y desesperación.

Jesús es verdad: la mentira, el engaño, la corrupción se apodera del corazón de la persona humana. La Palabra anunciada y testimoniada por Jesús, que es la Palabra del Padre, se convierte en criterio de verdad, en transparencia que devuelve la luz.

Es vida: frente a las fuerzas de la muerte que causan terror, Jesús da sentido a la vida, se revela como Señor de la vida y vencedor de la muerte. Y en él todos los que apuestan a favor de un proyecto de vida, de verdad y amor como horizonte que puede salvar a la Humanidad del caos, la injusticia, la corrupción, la exclusión y la maldad.

Quién cree en Jesús cree en el Padre y será transparencia del Resucitado. En el fondo eso es ser cristiano, que es una forma de ser en plenitud hijos/hijas de Dios. Pero la propuesta de Jesús no es un asunto meramente individual, intimista, espiritualista. El proyecto de su seguimiento es exigente y radical. También la persona cristiana, integrada al cuerpo comunitario, debe ser camino, verdad y vida. Estamos llamados a ser una alternativa de vida, junto con otras alternativas de vida -representadas por otras personas y comunidades inspiradas por otras religiones- en medio de un mundo desorientado que con frecuencia no encuentra el sentido de la existencia. Somos servidores de la Vida aún en medio de la muerte que siembra el egoísmo humano cuando desatiende la sabiduría que se manifiesta «por los muchos caminos de Dios». La desatención a esta sabiduría divina manifestada por tantos caminos, repercute en las crecientes injusticias sociales y guerras que pretenden justificarse con apelos a la defensa de la libertad y de la seguridad, o a la imposición de la democracia o de la «libertad de comercio»… pero que en el fondo esconden mezquinos intereses económicos y hegemónicos de las grandes potencias y plagan de hambre y de miseria a los pueblos pobres.

Nuestra misión, pues, como personas cristianas, es juntarnos con muchas otras personas y comunidades creyentes, practicantes de otras religiones, y ser alternativa de vida, de resistencia y esperanza para todos.

En una época como la que vivimos, marcada por la entrada en curso en un nuevo paradigma, el paradigma pluralista, hemos de leer y proclamar con cuidado tanto la expresión de Pedro de un «linaje escogido», como la expresión de Juan, que él pone en labios de Jesús: «Yo soy ‘el’ Camino»… Esta última sobre todo no deja de ser una expresión propia de un lenguaje confesional, un lenguaje de amor y de fe, cultual, y en ese contexto hay que entenderla. No hay que perder de vista que, en otro sentido, son muchos los caminos de Dios, «sus caminos, que no son nuestros caminos», y que nos pueden sorprender siempre con el descubrimiento de «nuevos caminos» de Dios. Recomendamos la lectura de la serie «Por los muchos caminos de Dios», de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo, en la colección «Tiempo axial» (http://latinoamericana.org/tiempoaxial). O el libro de José María VIGIL Teología del pluralismo religioso, disponible en la red (http://cursotpr.adg-n.es/?page_id=3). Leer más…

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Tú eres mi verdad y mi casa, tú eres el camino.

domingo, 18 de mayo de 2014
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10342455_285294378314428_5787848721486897512_nDel blog de Xabier Pikaza:

Presenté ayer una reflexión del evangelio del domingo 5 de Pascua (Juan 14,1-12), y hay dos «amigos» que siguen discutiendo en los comentarios. No voy a terciar, «sabios» son (aunque distintos, y uno tiene a mi juicio más razón que el otro). Pero puedo retomar y exponer algunos matices del pasaje:

Mi verdad es el otro,

es por ejemplo la mujer sudanesa a la que van a condenar por convertirse al evangelio (como condenaron hace un tiempo en Sudán al presidente por decir que se debía humanizar el Islam en la línea de las suras primeras de Medina…).

Pero mi verdad falsa son también los jueces que la acusan y quieren condenarla. Mi verdad torcida, que me obliga a superar mis violencias y a convertirme. Esos jueces se han parado en un Muhammad falso, falsísimo, en un Corán mentiroso (no el verdadero Corán), sin pasar por el Jesús de Jn 8…

En la casa de mi Padre hay muchas moradas

Las hay en el cielo, y espero en su gracia, pues él sabrá, podrá, ser padre de todos, y en sus manos me pongo y pongo a los hombres y mujeres de esta triste historia.

Pero quiero y necesito que haya también una morada y casa digna en esta tierra, para todos, para jueces convertidos y para mujeres que quieren ser cristianas (o musulmanas)…entre el Vaticano y la Meca, entre USA y Afganistán…, una casa-tierra donde todos puedan vivir, comunicarse, compartir, en Ucrania y Rusia…, casa para todos con respeto mutuo, con fuego y pan, con cama y mesa… Una casa para las niñas secuestradas y liberadas en un lugar de África, para obligarlas a ser musulmanas de secta, no del Dios clemente y misericordioso…

Tú eres mi casa, digo… pero debo hacer que mi casa sea para ti, como me dice Jesús: «fue exiliado, emigrante, y me abristes tu casa…». Que bajo la niebla que nos enfrenta y confunde podamos darnos todos la mano.

Vosotros haréis cosas mayores que las que yo hice….

Hizo Jesús cosas grandes, pero en plan chiquito… No arregló el tema del templo, aunque fue con látigo, pero abrió una vía de luz, para que nosotros lo arreglemos; no solucionó el tema de Roma, aunque ofreció unas directrices, para mandar «al diablo» Imperio, viviendo de otra forma, en gesto de acogida cercana, de casa para los sin casa, de respeto para los no respetados (sin gigantomaquias de imperios inmensos…).

Nosotros, ahora, los creyentes, podemos y debemos hacer las cosas grandes que Jesús dejó iniciadas… Cosas mayores que las suyas, si nos decidimos y creemos, y nos dejamos transformar por su Espíritu. Éste es el momento, a comienzos del siglo XXI, momento de empezar a ser cristianos, en fe y confianza abierta a todos, en humanidad…

Podemos hacer, si hay petroleo y dinero, casas grandes y altas… dicen que en China, en Omán o en Arabia pueden hacer casas de un kilómetro de altas, con muchas «moradas»… pero nos cuesta hacer casas sencillas, humanas, donde podamos vivir todos en concordia.

Yo soy el camino, tú eres camino, nosotros somos camino…

Los sabios del mundo han hallado, con dineros del gran capital, un camino que lleva a la luna, muy lejos, caminos de drones con armas

Pero necesitamos hallar el camino que nos lleve a la puerta del vecino, para darnos cada mañana un saludo, y aprender unos de otros… Sí, tutto il mondo è paese, todo el mundo es aldea global. Empecemos por hacer casa en esta tierra de Dios, descubriendo que yo sólo podré tener casa y verdad si abro un espacio para que todos sean verdad, tengan casa.

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Dom 18.5.14. Tú eres mi verdad, una casa de muchas moradas.

domingo, 18 de mayo de 2014
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amigo-tu-eres-realmente-el-mas-ciertoDel blog de Xabier Pikaza:

Dom, 5 de Pascua. Juan 14,1-12. Jesús nos dice este domingo varias cosas fundamentales, entre ellas:

1. En la casa de mi padre hay muchas moradas... Eso significa que la verdad es sinfónica, es múltiple. Caben en ella diversas tendencia, lugares distintos… No se puede imponer en ella la dictadura de la verdad única, la única morada.

2. Yo soy la verdad… Eso significa que también tú eres la verdad. La verdad es de personas no de ideas o sistemas, no de estados ni de capitales… La verdad eres tú, somos nosotros, todos los hombres y mujeres; que podamos vivir en sinfonía, en abundancia, sin excluir a nadie.

3. Yo soy el camino… Jesús ha podido atreverse a decir «yo» porque ha dado la vida, porque no es un «yo» que se impone, sino que se ofrece, acompaña, comparte… un camino que lleva a las múltiples moradas de la concordia, cien caminos, mil caminos de iluminación y de concordia…

4. El que cree en mí hará las cosas que yo hago… y aún mayores. Jesús no dice «yo» y cierra la puerta. Dice yo y añade «hagamos», haced vosotros. Por una parte él parece todo, y sin embargo nos dice que podemos ser más grandes, que debemos hacer cosas más grandes que las suyas. Él no es tope, es principio…Nos dice «haced», hagamos pues, seamos y vivamos, en la vía de las múltiples verdades que se unen en la verdad de dar/regalar y compartir la vida.

Buen domingo a todos.

imagesJesús dice yo soy la verdad…

ocultándose a sí mismo, para que podamos ser nosotros, haciendo camino… y respondiendo tú eres la verdad.

La verdad no soy nunca yo para mí mismo, sino que la verdad es siempre el otro, aquel que me sale al encuentro y me espera y necesita, aquel que me hace amar.

Jesús muerto y resucitado puede decir así «yo soy la verdad», para que cada uno descubramos la verdad en el otro. De aquí brotan y aquí se condensan los temas del evangelio de este domingo.

Temas principales.

Quizá nunca se han dicho las cosas que dice nuestro texto, condensadas, luminosas, palabras como rayos que rasgan la oscuridad e iluminan la noche de la vida. Éstos son algunos de los temas:

Las moradas del Padre. “En la casa de mi Padre hay muchas moradas o estancias…”. Parece que en la tierra no hay sitio para todos…
Por eso luchamos por obtener un lugar. Pero en la casa del Padre hay lugar para todos… hay muchas moradas, de manera que cuanto más tiene uno más pueden tener los otros.

Jesús, el Camino. Caminantes somos (¡navegantes!), y todos los caminos y los mares se centran y condensan para los creyentes en el Cristo. Por eso, quien toma su estela, que es estela de Evangelio, está ya en manos del Padre.

dos maestros que preguntas.
En este evangelio se elevan dos voces que preguntan: uno es Tomás, otro es Felipe. Significativamente, ellos aparecen más tarde como autores de los dos evangelios gnóstico, apócrifos, más significativos de la Iglesia (esos a los que apelan todos los que buscan tradiciones ocultas de Jesús). Pues bien, aquí no aparecen como autores de evangelio, sino como discípulos del único Cristo.

Jesús dice “yo soy”: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida… Éste es el Jesús pascual que se atreve a decir “yo”, como el Dios del Antiguo Testamento (¡Yo soy el que soy!), pero no un yo aislado en sí, sino abierto al Padre (un yo-camino) y dirigido a todos los que quieran acogerle (un yo-ensanchado, que se hace verdad y vida para todos).

El que me ve a mí ve al Padre… Ésta es la experiencia de los cristianos: ver a Jesús resucitado es ver a Dios. Quien ha visto de verdad a un hombre o a una mujer ha visto a Dios, porque se ha revelado en la vida de los hombres.

El que cree en mí hará las “obras que yo hago”. Jesús no está cerrado, como maestro exclusivo, sino como maestro que ofrece y comparte, que enseña y promueve. Por eso, sus seguidores, que somos nosotros, podemos hacer no sólo sus obras, sino aún mayores… La obras del Espíritu de Dios.

Al que le importen esos temas vaya al texto

a. Introducción. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»

b. Pregunta 1, con respuesta. — Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»

c. Pregunta 2, con respuesta.— Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia.

d. Conclusión. — El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.» (Jn 14, 1-12).

a. Introducción, las moradas del Padre.

En la casa de mi Padre hay muchas moradas o estancias; hay lugar para todos, quizá de formas distintas, por caminos diversos, pero hay lugar abundante. La casa de Dios es amplia, hay en ella lugar para altos y bajos, montes y ríos, llanuras. Es la casa de todos los hijos, es decir, de todos los seres humanos, casa de reconciliación y justicia, abierta ante todo para aquellos que han sido y son oprimidos.

Los que no caben en la casa de este mundo (los expulsados de todas las casas del capital) pueden entrar y entran de balde en la casa de la Vida de Jesús. Leer más…

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