Archivo

Archivo para la categoría ‘Biblia’

Dom 27.7.14. Un tesoro, una perla… Nos dan miedo las parábolas

domingo, 27 de julio de 2014
Comentarios desactivados en Dom 27.7.14. Un tesoro, una perla… Nos dan miedo las parábolas

elrescatedelaovejaperdida_teichertDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 17. Tiempo ordinario. Mt 13, 44-52. Este evangelio ha recogido dos parábolas fulgurantes de Jesús: Una del tesoro, otra de la perla (13, 44-46). Ellas nos sitúan ante una experiencia desencadenante de vida, ante la sorpresa de Dios, y así exponen y ponen en marcha el camino del Reino.

Pero el mismo gran Mateo ha tenido miedo de ellas y por eso ha querido “domarlas”, añadiendo una «honesta» alegoría que habla de peces buenos y malos (13, 47-50), en la línea del mejor moralismo sensato, propio de “buenos” rabinos y escribas. No ha sido capaz de “soportar” el brillo de las dos breves parábolas, y así añade este “buen razonamiento”, para gente sensata y moralista, con miedo al evangelio.

Finalmente, un comentarista posterior (quizá el mismo Mateo) ha introducido aquí la enseñanza sobre el “buen escriba”, que junta y matiza lo nuevo con lo antiguo (13, 51-52), en contra de Mc 2, 21-22. Este hombre de iglesia tiene miedo de Jesús y de alguna forma «camufla» su enseñanza (como se ha hecho desde el buen Mateo, hasta el Magisterio de hoy, 2014.)

Tenemos miedo a las parábolas:

— Nos asusta el tesoro, la perla ¿Qué hacemos? Preferimos la vulgar mediocridad.
— Nos da miedo el riesgo: No queremos vender todo para vivir de/con el tesoro.
— No creemos y por eso las camuflamos y las embellecemos para no cumplirlas…

Esta es nuestra situación, éste el sentido del comentario que sigue:

Damos muchas gracias a ese escriba (a esta iglesia)que administra el gran arcón de los recuerdos y riquezas de la Iglesia. Le agradecemos también su alegoría (peces buenos y malos)…, pues sirve de aviso para mareantes. Pero no podemos seguirle sin más, sino que debemos volver a las parábolas originarias de Jesús. Eso deseo a todos mis lectores, si siguen entrando en el texto. Buen fin de semana a todos.

(He desarrollado el tema en La Historia de Jesús, VD, Estalla 2013)

TEXTO ENTERO: MT 13, 44-52

Parábola 1. En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo (Mt 13, 44).

Parábola 2. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra (Mt 13, 45-46).

Alegoría. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes (Mt 13, 47-50).

Aplicación final. ¿Entendéis bien todo esto?» Ellos le contestaron: «Sí.» Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.

JESÚS. DOS PARÁBOLAS

10155547_308544775989388_7426749931800787062_n‒ En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

‒ El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

A los pobres de Galilea les hablaba Jesús de un inmenso tesoro escondido en el campo de su vida, de una perla preciosa, de más valor que todo lo que ellos podían imaginar. Hablaba Jesús a los pobres, que nada tenían, y les ofrece un tesoro una perla más preciosa.

Entendido así, el Reino de Dios no es pobreza, ni es sacrificio, sino la más alta riqueza, mayor que todos los tesoros de los reyes y que todos los diamantes de los comerciantes. Hay algo mayor, es un don, algo que todos pueden encontrar y adquiriri. Ellos que no tienen nada pueden encontrar y encuentran (reciben por Jesús) el Tesoro del Reino, la Perla del Rey

Estas dos parábolas (tesoro, perla) nos sitúan ante la máxima riqueza; pero ellas exigen, el mismo tiempo, el mayor desprendimiento: hay que dejarlo (venderlo), jugárselo todo para alcanzar el tesoro, para obtener la perla. Estas parábolas no pueden entenderse en sentido moralista, pues rompen la lógica del mundo:

‒ ¿Es justo engañar al dueño del campo, no decirlo que tiene un tesoro y comprarla la tierra?
‒ ¿Es razonable venderlo todo para comprar la perla…? ¿De qué vivirá la familia del comerciante en perlas si se arruina al comprar la perla más valiosa.

El evangelio no responde a esas ni a otras preguntas que hagamos, sino que nos invita a romper las redes de un puro pensamiento instrumental, centrado en el negocio… para soñar en lo más alto, para pensar en lo más hondo, para comprometernos a descubrir y cultivar nuestro tesoro, la perla de la vida.

EVANGELISTA, HOMBRE DE IGLESIA (MT 13, 47-50). UNA MORAL DE JUICIO

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

El Reino se parece a una red… No es ya una parábola, es una alegoría, que nos sitúa ante un tipo de moral ordinaria de juicio, según la cual Dios condena a los flacos (los peces pequeños, expulsados de nuevo) y salva a los “gordos y ricos”, en una línea de justicia conmutativa… Dios recibe en su reino a los «peces gordos»…, Dios vuelve a echar al mar a los peces flacos y malos…

Ciertamente, en un sentido, esa moral de la justicia es buena, responde a la división de los hombres (peces buenos, peces malos; obras buenas, obras malas…). Pero, en sí misma, esa alegoría no responde al mensaje de Jesús que viene a salvar precisamente a los pecadores y excluidos, como puso de relieve Pablo. Ésta es una advertencia moral de la Iglesia posterior, no una parábola de Jesús, que ha venido a salvar precisamente a los “peces flacos”.

Ciertamente, esta alegoría tiene cierto valor… pues nos invita a descubrir lo que somos, para transformarnos y así convertirnos en peces buenos… Pero es una alegoría de prudencia “humana”, no de enseñanza salvadora de Jesús, que se expresa en las dos parábolas anteriores paradójicas y sorprendentes (del tesoro y de la perla). Pero esa separación no se puede hacer en este mundo, como sabía la parábola de la cizaña. Además, las redes de Dios son distintas a las redes de este mundo… y Jesús ha muerto para salvar a todos.

APLICACIÓN FINAL, UNA “BUENA TEOLOGÍA”: EL BUEN ESCRIBA

¿Entendéis bien todo esto?» Ellos le contestaron: «Sí.» Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.

Jesús pregunta a sus discípulos si entienden…. y luego se presenta como un «escriba sabio» que mezcla lo antiguo y lo nuevo… El mensaje de Israel y las palabras de Jesús… Ese escriba bueno y sabio que mezcla lo antiguo y lo nuevo está actuando en la elección de los textos anteriores, y en su vinculación.

Mt 13, 44-45 es mensaje nuevo, es parábola de Jesús, es don de Dios que se ofrece a todos, como perla, como tesoro… Ahí está hablando Jesús. Mt 13, 47-50 forma parte del discurso moral y apocalíptico del judaísmo del tiempo de Jesús. En sentido escrito no es evangelio (va en contra del mensaje de Jesús). Pero el buen maestro (el buen escriba) tiene que recuperar también eso e integrarlo en el mensaje de Jesús…

Esta aplicación recoge la función y tarea del buen evangelista (es decir, de Mateo), que recoge las parábolas de Jesús (tesoro, perla) y las vincula con la enseñanza moral judía del juicio (con los peces gordos y los flacos, con los buenos y los malos…). Marcos es un hombre de “arcón”, alguien que saca de su “despensa” pensamientos nuevos de Jesús y pensamientos y alegorías anteriores del judaísmo.

Mateo lo quiere ser infiel a Jesús, pero tiene que vincular el fulgor de sus parábolas con un tipo de ley judía (que se expresa en la alegoría anterior), para que así el “buen judaísmo” (de los peces gordos, religiosos) pueda entrar en la novedad de las parábolas de Jesús.

Desde nuestra perspectiva, podemos dejar a un lado la alegoría (peces grandes y pequeños), lo mismo que la enseñanza final del escriba (que guarda en su arcón cosas nuevas y viejas) para volver a las parábolas de Jesús.

PARÁBOLAS DE JESÚS, MÁS ALLÁ DE LA LÓGICA

Las parábolas son relatos breves, de carácter figurado, que despliegan el sentido de la realidad desde una perspectiva imprevista, rompiendo el orden normal del pensamiento discursivo. Así aparecen en muchos pueblos y culturas, donde se vinculan con los enigmas y los cuentos, los koan y las paradojas, los poemas breves y las adivinanzas, los apólogos y las alegorías y otras composiciones de la literatura oral más que de la escrita. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Parábolas para tiempo de crisis (final). Domingo 17 Ciclo A.

domingo, 27 de julio de 2014
Comentarios desactivados en Parábolas para tiempo de crisis (final). Domingo 17 Ciclo A.

Jesus_Mafa_Hidden_Treasure_Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 En los dos domingos anteriores, el discurso en parábolas ha respondido a tres preguntas que se hace la antigua comunidad cristiana y que nos seguimos planteando nosotros:

1) ¿Por qué no aceptan todos el mensaje de Jesús? (parábola del sembrador).

2) ¿Qué hacer con quienes no lo aceptan? (el trigo y la cizaña).

3) ¿Tiene futuro esta comunidad tan pequeña? (el grano de mostaza y la levadura)

Quedan todavía otras dos preguntas por plantear y responder.

¿VALE LA PENA?

La pregunta que puede seguir rondando en la cabeza de los segui­dores de Jesús es si todo esto vale la pena. A la pregunta responden dos parábolas muy breves, aparentemente idénticas en el desarrollo y con gran parecido en las imágenes. Por eso se las conoce como las parábolas del tesoro y la perla. Lo que ocurre en ambos casos es lo siguiente:

a) El protagonista descubre algo de enorme valor.

b) Con tal de conseguirlo, vende todo lo que tiene.

c) Compra el objeto deseado.

Sin embargo hay curiosas diferencias entre las dos parábolas, empezando por los protagonistas.

El suertudo y el concienzudo

El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El protagonista de la primera es un hombre con suerte. Mientras camina por el campo, encuentra un tesoro. Su primera reacción no es llevarlo a la oficina de objetos perdidos (que entonces no existe) ni poner un anuncio en el periódico (que tampoco existen). Ante todo, lo esconde. Repuesto de la sorpresa, se llena de alegría y decide apropiarse del tesoro, pero legalmente. La única solución es comprar el campo. Es grande y caro. No importa. Vende todo lo que tiene y lo compra.

El protagonista de la segunda parábola es muy distinto. No pierde el tiempo paseando por el campo. Es un comerciante concienzudo que va en busca de perlas de gran valor. Por desgracia, la traducción litúrgica ignora este aspecto: en vez de “El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas”, debería decir “a un comerciante en busca de perlas finas”. No la encuentra por casualidad, va tras ella con ahínco. Como buen comerciante, calculador y frío, no salta de alegría cuando la encuentra, igual que el protagonista de la primera parábola. Pero hace lo mismo: vende todo lo que tiene para comprarla.

La perla y el comerciante

Otra diferencia curiosa es que la primera parábola compara el Reino de los Cielos con un tesoro, pero la segunda no lo compara con una perla preciosa, sino con un comerciante. Este detalle ofrece una pista para interpretar las dos parábolas.

Ni bonos basura ni timo de la estampita

No olvidemos que estas parábolas se dirigen a un comunidad que sufre una crisis profunda y se pregunta si ser cristiano tiene valor. En términos modernos: ¿me han vendido bonos basura o me han dado el timo de la estampita? La respuesta pretende revivir la experiencia primitiva, cuando cada cual decidió seguir a Jesús. Unos entraron en contacto con la comunidad de forma puramente casual, y descubrieron en ella un tesoro por el que merecía la pena renunciar a todo. Otros descubrieron la comunidad no casualmente, sino tras años de inquietud religiosa y búsqueda intensa, como ocurrió a numerosos paganos en contacto previo con el judaísmo; también éstos debieron renunciar y vender para adquirir.

Las parábolas, aparte de infundir ilusión, animan también a un examen de conciencia. ¿Sigue siendo para mí la fe en Jesús y la comunidad cristiana un tesoro inapreciable o se ha convertido en un objeto inútil y polvoriento que conservo sólo por rutina?

Al mismo tiempo, nos enseñan algo muy importan­te: es el cristiano, con su actitud, quien revela a los demás el valor supremo del Reino. Si no se llena de alegría al descubrir­lo, si no renuncia a todo por conseguirlo, no hará perceptible su valor. Estas parábo­las parecen decir: «Cuando te pregunten si ser cristiano vale la pena, no sueltes un discurso; demuestra con tu actitud que vale la pena».

¿QUÉ OCURRIRÁ A QUIENES ACEPTAN EL REINO, PERO NO VIVEN DE ACUERDO CON SUS IDEALES?

A esta última pregunta responde la parábola de la red lanzada al mar.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

No queda claro si se habla de toda la humanidad, donde hay buenos y malos, o de la comunidad cristiana, donde puede ocurrir lo mismo. Ya que el tema del juicio universal se ha tratado a propósito del trigo y la cizaña, parece más probable que se refiera al problema interno de la comunidad cristiana. Interpretada de este modo, empalmaría muy bien con las dos anteriores. Hay gente dentro de la comunidad que no vive de acuerdo con los valores del evangelio, que no mantiene esa experiencia de haber descubierto un tesoro o una perla. ¿Qué ocurrirá con ellos? La respuesta es muy dura («a los malos los echarán al horno encendido») pero convie­ne completarla con la última parábola del evangelio de Mateo, la del Juicio final (Mt 25,31-46), donde queda claro cuáles son los peces buenos y cuáles los malos. Los buenos son quienes, sabiéndolo o no, dan de comer al hambriento, de beber al sediento, visten al desnudo, hospedan al que no tiene techo… Los que ayudan al necesitado, aunque ni siquiera intuyan que dentro de ellos está el mismo Jesús.

CONCLUSIÓN

¿Entendéis bien todo esto?»

Ellos le contestaron:
― Sí.

Él les dijo:

― Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.

Mateo termina las siete parábolas comparando al predicador del evangelio con un un padre de familia. Parece un nuevo enigma, esta vez sin explicación. En sentido inmediato, el escriba que entiende del reinado de Dios es Jesús. Para exponer su mensaje ha usado cosas nuevas y viejas. Del baúl de sus recuerdos ha sacado cosas antiguas: alguna alusión al Antiguo Testamento, la técnica parabólica y el lenguaje imaginati­vo de los profetas. Pero la mayor parte consta de cosas nuevas, fruto de su experiencia y de su capacidad de observación: la vida del campesino, del ama de casa, del pescador, del comerciante, de la gente que lo rodea, le sirven para exponer con interés su mensaje. Por eso, la comparación final es también una invitación a los discípulos y a los predicadores del evangelio a ser creativos, a renovar su lenguaje, a no repetir meramente lo aprendido.

LA PRIMERA LECTURA

La primera lectura nos invita a pedir a Dios esta sabiduría, igual que Salomón se la pidió para gobernar a su pueblo.

En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo:
― Pídeme lo que quieras.
Respondió Salomón:
― Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?
Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo:
― Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

25 7 14. Santiago Zebedeo. De Compostela al Evangelio

viernes, 25 de julio de 2014
Comentarios desactivados en 25 7 14. Santiago Zebedeo. De Compostela al Evangelio

imagesDel blog de Xabier Pikaza:

El Nuevo Testamento recuerda a dos (o tres) santiagos (o jacobos). Ese nombre era común y no es extraño que se llamaran así dos o tres discípulos,amigos, o familiares de Jesús.

Dos aparecen en la lista de los Doce (Mt 10, 2-4 y paralelos): Santiago el Zebedeo (hermano de Juan, el de la fiesta de hoy: 25.7) y Santiago el de Alfeo (a quien muchos identifican con el hermano/primo de Jesús).

El tercero sería el “hermano” de Jesús , que fue “el primer obispo” de Jerusalén, un hombre de gran importancia en la Iglesia, uno de los «tres pilares» del evangelio (con Pedro/Roca y Pablo/Saulo).

La tradición tiende a identificar a estos dos últimos pero el caso no es seguro. De todas formas, los importantes para el NT son Santiago/Jacobo el Zebedeo y Santiago/Jacobo el hermano de Jesús, del que he tratado varias veces en este blog. Hoy me ocupo, un año más, de Santiago el Zebedeo, el Hijo del Trueno, el del lugar de Estella (Compostela), venerado en las peregrinaciones medievales (Camino de Santiago) y en la piedad de millones de cristianos, gallegos, españoles, hispanos… de todo el mundo… Empiezo con este Santiago de Compostela (peregrino, luchador…) para pasar después al Santiago del Evangelio.

Santiago el Zebedeo, cuya fiesta se celebra hoy (25.7.14), suele llamarse el Mayor, para distinguirle del otro, llamado el Pequeño (mejor que el menor), porque era bajo de estatura. La tradición de Pablo y de la Iglesia primitiva pone más de relieve la función de Santiago/Jacobo el Hermano de Jesús. Pero los evangelios insisten más en Santiago/Jacobo el Zebedeo, hijo del trueno, hermano de Juan, tentador de Jesús.

Los evangelios le presentan varias veces, con autoridad, y la tradición le ha convertido en apóstol de Occidente. Él habría llegado hasta el final del mundo entonces conocido (el Finisterre o Fin de la Tierra, de Galicia). Éste es el gran Santiago, James o Jaime: el Compostela en Galicia, el de Santiago de Chile y del Estero de Argentina, el santiago de las mil ciudades y pueblos de América

Ahora quiero evocar la tradición y la figura de esta Santiago de Compostela (apóstol, obispo, alférez del ejército cristiano), para detenerme después (para lectores ya más interesados) en el testimonio del Nuevo Testamento, comentando el texto clave de Mc 10, 35-45. Buen día de Santiago a todos.

A. LOS TRES SANTIAGOS DE COMPOSTELA

Saben todos los devotos del Señor Santiago (Herru Santiagu o Herr Jacobo, como le llamaban los peregrinos medievales) que hay en la Catedral de Santiago de Compostela (su ciudad) tres “imágenes” del Santo, que aparecen en esta postal:

santiago(a) En una imagen (la primera) él aparece como peregrino: Sigue andando por los caminos de la tierra con la vieira de los caminantes de Jesús, dispuesto a llegar a los confines del orbe, llevando el mensaje de su Maestro. Éste es el Santiago “apóstol” (enviado), iniciador de caminos arriesgados, hijo del trueno, a quien mató Herodes Agripa, rey vividor y celoso, amigo del emperador, que no quería en su reino “excesos” de evangelio (hacia el año 44, a los 14 años del martirio de Jesús). Éste es el Santiago creador de Iglesia, aquel a quien yo quiero invocar este día.

(b) En la segunda imagen aparece como obispo, sentado en la cátedra, dispuesto a enseñar con autoridad a todos los que vienen. Es el Santiago que tomó el poder y ha sentado cátedra en la Iglesia de Compostela, desde los años “gloriosos” del obispo Gelmírez († 1139), uno de los prelados de más poder en la cristiandad. En sus buenos tiempos, el obispo de Compostela tenía “cardenales”, antes de que los tuviera Roma (después tuvieron que ser suprimido, pues el Papa se reservó la facultad de crear cardenales).

Clavijo(c) En la tercera imagen aparece montado a caballo, iniciando la Reconquista Hispana contra los musulmanes. Éste es el Santiago Matamoros, enemigo de Mahoma y de todos los pretendidos enemigos de Jesús. Es el Santiago de la historia militante hispana, que comienza el tiempo de Beato de Liébana (con su comentario al Apocalipsis y su pretendido himno jacobeo), a finales del siglo VIII. Éste es el santiago que debe «convertirse» y nosotros con él, realizando la peregrinación de vuelta al evangelio: Desde la Compostela militantes de los Caballeros de Santiago (no la Compostela popular/piadosa de Galicia y de los buenos peregrinos) hacia Jerusalén, con Jesús, como indica el texto que sigue.

DE COMPOSTELA AL EVANGELIO. SANTIAGO EL ZEBEDEO “HIJO DEL TRUENO” ( MC 10, 35-45)

Quiero presentar aquí, con cierta detención, para personas interesadas en el texto del NT, la imagen del Cuarto Santo, la “imagen primitiva” que ofrece el Evangelio de Marcos (y el de Mateo), donde Santiago/Jacobo con Juan, su hermano, quieren dar un golpe de mano y tomar el poder de Jesús (con Jesús) en la Iglesia y el mundo.
Éste el cuarto Santiago, el que debe convertirse, dejando su deseo de poder, para hacerse hermano y servidor de de los demás, es el auténtico Jacobo, aquel que puede enseñarnos a seguir a Jesús y ser cristianos.

Jesús le llamó tres veces.

La primera, junto al mar, con su hermano Juan, en Mc 1, 19-20, donde se dice que eran “zebedeos”, hijos de Zebedeo, y que ante la llamada de Jesús dejaron la barca de su padre con los jornales.

La segunda en el monte, cuando Jesús instituyó a los Doce (Mc 3, 17). Allí se dice que Jesús llamó Jacob, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, y les puso el nombre de Boanerges, es decir, Hijos del trueno. Los zebedeos reciben el nombre de Boanerges (= Truenos, Hijos del Trueno), quizá con ironía, pues serán violentos en provecho propio (cf. Mc 9, 38; 10, 37), aunque están dispuestos a morir por/con Jesús (10, 39). El primero de los zebedeos lleva el nombre de Jacob, el patriarca de Israel, y así prefiero llamarle, pues el nombre común castellano (=Santiago) lleva resonancias cristianas

La tercera llamada, la más importante para conocer a Jacobo/Santiago es la de Mc 10, 35-45. Esta es la llamada en el camino que va a Jerusalén, la llamada de la conversión… Santiago/Jacobo y su hermano Juan tienen que dejan los truenos y el caballo de la conquista, para dar la vida por y con Jesús. Así se traza el camino de vuelta de Compostela a Galilea y Jerusalén:

TEXTO CLAVE. MC 10, 35-45.

(a. Petición) 35 Y se le acercaron Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo, diciéndole:
– Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte.
36 Jesús les preguntó:
— ¿Qué queréis que haga por vosotros? 37 Ellos le contestaron:
— Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu gloria.

(b. Respuesta) 38 Jesús les replicó:
— No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber, o ser bautizados con el bautismo con que seré bautizado? 39 Ellos le respondieron:
— Sí, podemos. Jesús entonces les dijo:
— Beberéis el cáliz que yo he de beber y seréis bautizados con el bautismo con que yo seré bautizado. 40 Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado.

(c. Confirmación) 41 Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Jacobo y Juan. 42 Jesús los llamó y les dijo:
— Sabéis que los que parecen mandar a las naciones las gobiernan tiránicamente y que sus magnates las oprimen. 43 No ha de ser así entre vosotros. El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; 44 y el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea esclavo de todos. 45 Pues tampoco el Hijo del humano ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por mucho

(a) 10, 35-37. Petición. A tu derecha y a tu izquierda

35 Y se le acercaron Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo, diciéndole: Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte. 36 Jesús les preguntó: ¿Qué queréis que haga por vosotros? 37 Ellos le contestaron: Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu gloria.

Como representantes de la lógica del mando ha presentado Marcos a Jacobo y Juan, los primeros conspiradores de la iglesia, que utilizan a Jesús para saciar su sed de jerarquía. No buscan algo nuevo, insisten en la línea anterior de búsqueda de “poder”, de Roca (es decir Pedro) o de los Doce (9, 33-34; cf. 8, 33). Juan es sin duda un reincidente, pues ya quiso controlar el Nombre de Jesús, impidiendo que un exorcista no comunitario pudiera valerse del nombre de Jesús (9, 38-41). Ambos son “hijos del trueno” (3, 17), en línea de fuego y violencia, pues quisieron que el fuego del cielo destruyera a lo samaritanos, un día que no quisieron recibirles (cf. Lc 9, 54). Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , ,

«Importancia de lo pequeño». 20 de julio de 2014. 16 Tiempo ordinario (A). Mateo 13, 24-43.

domingo, 20 de julio de 2014
Comentarios desactivados en «Importancia de lo pequeño». 20 de julio de 2014. 16 Tiempo ordinario (A). Mateo 13, 24-43.

39-OrdinarioA16Al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran un Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera.

Hemos de volver a leer dos pequeñas parábolas en las que Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto humanizador del Padre (el reino de Dios), sembrando pequeñas “semillas” de Evangelio e introduciéndose en la sociedad como pequeño “fermento” de vida humana.

La primera parábola habla de un grano de mostaza que se siembra en la huerta. ¿Qué tiene de especial esta semilla? Que es la más pequeña de todas, pero, cuando crece, se convierte en un arbusto mayor que las hortalizas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos ahora ni imaginar.

La actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia no es nada grandioso y espectacular: ni en Roma ni en el Templo de Jerusalén son conscientes de lo que está sucediendo. El trabajo que realizamos hoy sus seguidores es insignificante: los centros de poder lo ignoran.

Incluso, los mismos cristianos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor: el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos horrores de siempre. No somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.

La segunda parábola habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla enteramente.

Así sucede con el proyecto humanizador de Dios. Una vez que es introducido en el mundo, va transformando calladamente la historia humana. Dios no actúa imponiéndose desde fuera. Humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, justa y fraterna.

Hemos de confiar en Jesús. El reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús.

Una Iglesia menos poderosa, más desprovista de privilegios, más pobre y más cercana a los pobres, siempre será una Iglesia más libre para sembrar semillas de Evangelio, y más humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida más digna y fraterna.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Siembra pequeña semilla de Evangelio. Pásalo.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , , ,

Dom 20.08.14 Trigo y cizaña. ¿A quiénes debo cortar la cabeza?

domingo, 20 de julio de 2014
Comentarios desactivados en Dom 20.08.14 Trigo y cizaña. ¿A quiénes debo cortar la cabeza?

2011051372trigo_porDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 16. Tiempo ordinario. Ciclo A: Mt 13, 24-43. El evangelio del domingo anterior (Mt 13, 1-23) había presentado el reino de Dios como una siembra (partiendo del relato base de Mc 4, 1-20). Pero Mateo no se ha contentado con esa primera elaboración del tema, sino que ha querido desarrollarlo, introduciendo unos elementos nuevos, de tipo apocalíptico, que eran comunes en el judaísmo de su tiempo. De esa forma ha creado este nuevo pasaje (Mt 13, 24-43) que ha sido y sigue siendo esencial en la visión del cristianismo.

En tiempos de Mateo

Esta nueva versión de la parábola proviene de la iglesia de Mateo, que ha elaborado y/o ampliando algunos de los elementos que se hallaban velados en la tradición cristiana. Es un tema exclusivo de su evangelio, pero algunos de sus rasgos han sido esenciales en la historia de la Iglesia:

— la oposición entre los dos sembradores, Jesús y el Diablo;
— la visión de la iglesia (el mundo) como un campo mixto donde crece trigo y cizaña;
— la imposibilidad de discernir en este mundo el trigo y la cizaña, pues están muy mezclados, en contra de todos los inquisidores de derecha o de izquierda;
— la certeza de que llega un juicio final, con la división de buenos y malos, pero con la advertencia de que no se adelante ese juicio, de que nadie tome en su mano la justicia de Dios;
— la identificación de los agentes y signos del juicio (ángeles, fuego)…, pero sabiendo que nos desbordan; nadie en el mundo es un ángel, nadie es el Diablo;
— la certeza de la salvación de los elegidos, la llamada a la paciencia, mientras nos esforzamos por ser buen trigo, queriendo que el trigo venza a la cizaña, con su oferta de pan y de vida…

En nuestros tiempos, Buenos Aires

Estamos en Buenos Aires, una ciudad que ha sido típica por su capacidad de acoger a gentes de todo tipo, gallegos y tanos, vascos y vénetos, rusos y judíos… Casi todas las naciones y razas del mundo vinieron a este puerto a lo largo del siglo XIX, y se quedaron a vivir, porque era buena la tierra y apacible la gente.

Pero también ha habido gente dispuesta a sacar la guillotina… expulsando y matando a los contrarios. En esta tierra (y en otras) se han dado también curas guerrilleros y soldados dispuestos a matar a los suyos, más que a defenderlos… Por aquí ha cabalgado también el demonio, todos los demonios. De eso ha seguido hablado este Coloquio, que quiere ser eso, simplemente Coloquio: Lugar donde se comparte la palabra…

¿Qué habría que arrancar?

Don Quijote es en Buenos Aires tan famoso como en Madrid… Por aquí sigue también cabalgando, y diciendo que es necesario arrancar esta mala semilla de sobre la haz de la tierra. Pero lo dice con humor, él, un soldado caballero que era incapaz de matar a nadie. Además, Pero su cizaña eran unos inocentes los molinos de viento…

Los inquisidores. Detrás de ese pasaje del Quijote está toda la historia de los inquisidores, que han aguzado su mente para descubrir cizaña, echándola al fuego, antes de tiempo… También hoy son muchos los que quieren arrancar, de un lado o de otro, la mala semilla, con criterios distintos:

a. Algunos (han sido numerosos en la historia) arrancarían la semilla del Papa y del Vaticano

b. Otros (también numerosos) arrancarían la semilla de los llamados herejes… para dejar una iglesia de puros, donde al final sólo quedarían ellos

Si les hiciéramos caso, a unos y otros, al final no quedaría nadie para contarlo. Pues bien, en contra de unos y de otros (de inquisidores de derecha y de izquierda), el Jesús de Mateo nos pide paciencia, que seamos capaces de crear y dar fruto en un mundo mezclado, que no empecemos a juzgar antes de tiempo, que no convirtamos la Iglesia en un campo de inquisiciones contrapuestas, cada uno queriendo arrancar a su contrario… En una historia dividida estamos. Ciertamente hay cizaña, pero no es fácil distinguirla violentamente del trigo.

De eso tratan, de un modo inicial, las reflexiones que siguen, que no explican esta parábola/alegoría, que pueden ayudar a situarla. Buen domingo a todos.

Introducción

Más que una parábola (como Mt 13, 3-9), este nuevo texto acaba siendo una “alegoría”, una explicación del texto anterior en clave de conflicto satánico y de juicio escatológico. Esta alegoría parabólica se sitúa en el centro de un proceso que comienza en la tentación (Mt 4) y culmina en el juicio final (Mt 25, 31-46). El texto consta de tres partes, construidas en forma de tríptico:

a (parábola básica): El sembrador y su enemigo (Mt 13, 24-30)
b (parábolas explicativas): ayudar a situar el tema (Mt 13, 31-35)
a’ (interpretación alegórica): resuelve el sentido de la parábola, en línea teológica (Mt 13, 36-43)

A. EL SEMBRADOR Y SU ENEMIGO (Mt 13, 24-30).

Es una nueva versión, en parte más alegorizada, de la parábola anterior (13, 3-9). Las transposiciones y cambios son fáciles de entender desde el mismo contexto mediterráneo en que la imagen se sitúa; ellos nos obligan a entender el tema en un contexto más judío, de división ética y de culminación escatológica.

Texto

Otra parábola les propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Los siervos del amo se acercaron a decirle: “Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?” El les contestó: “Algún enemigo ha hecho esto.” Dícenle los siervos: “¿Quieres, pues, que vayamos a arrancarla?” Díceles: “No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero (Mt 13, 24-30).

Esta parábola vincula el motivo central del mensaje de Jesús (la buena siembra) con algunos motivos centrales de la apocalíptica judía, tal como aparecía reflejada en el mensaje de Juan Bautista, centrado en la siega y en la separación escatológica. Desde ese fondo, en la perspectiva del mensaje de Jesús, los cristianos que están en el fondo del evangelio de Mateo, reinterpretan los motivos apocalípticos de la tradición judía: Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Parábolas para tiempo de crisis (2ª parte). Domingo 16. Ciclo A

domingo, 20 de julio de 2014
Comentarios desactivados en Parábolas para tiempo de crisis (2ª parte). Domingo 16. Ciclo A

el_sembradorDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 Mateo resume la crisis que atravesó su comunidad a finales del siglo I en cinco preguntas a las que responde con siete parábolas. El domingo pasado vimos la primera, ¿por qué no aceptan todos el mensaje de Jesús?, a la que respondía la parábola del sembrador. En este domingo se plantean otras dos preguntas, a las que se responde en tres parábolas. La primera de ellas (el trigo y la cizaña) debió considerarla Mateo difícil de entender, y por eso ofrece su explicación. Sin embargo, no lo hace de inmediato. Cuenta tres parábolas seguidas y más tarde, cuando los discípulos llegan a la casa, interrogan a Jesús y éste aclara su sentido. En cambio, las parábolas tercera (grano de mostaza) y cuarta (levadura) carecen de explicación en el evangelio. Por motivos de claridad expongo primero la parábola del trigo y la cizaña, con su explicación, y luego las otras dos.

¿Qué actitud adoptar con quienes no viven el mensaje?

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente:
― El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:
― Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?
Él les dijo:
― Un enemigo lo ha hecho.
Los criados le preguntaron:
― ¿Quieres que vayamos a recogerla?
Pero él les respondió:
― No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.

La parábola puede leerse desde diversas perspectivas, según pensemos que la finca es el pueblo de Israel, la comunidad cristia­na, o el mundo entero. Ya que esta parábola sólo la cuenta Mateo, vamos a verla primero desde el punto de vista de su comunidad, seriamente enfrentada con los judíos.

1ª hipótesis: La finca es el pueblo de Israel

En ella, el Señor ha plantado buena semilla (los cristianos). Pero el enemigo ha plantado también cizaña (los fariseos y demás enemigos de la comunidad). La tentación de cualquiera de los dos grupos es decidir por su cuenta y riesgo quién es trigo y quién cizaña. Pablo, por ejemplo, antes de convertirse, pidió permiso a las autoridades de Jerusalén para perseguir a los cristianos. Pero también la comunidad cristiana puede correr el riesgo de intentar acabar con los que no forman parte de ella o no los tratan como consideran justo. Así ocurrió cuando una aldea de Samaria no acogió a Jesús y los discípulos: Juan y Santiago le propusieron hacer bajar un rayo del cielo que acabase con todos (Lc 9,51-56). Con esta parábola, Mateo hace una exhortación a la calma, a dejar a Dios la decisión en el momento final.

2ª hipótesis: La finca es la comunidad cristiana

La parábola también podría entenderse dentro de la comunidad cristiana (sola ésta sería la finca), donde hay gente que respon­de al evangelio (trigo) y gente que no parece vivir de acuerdo con él (cizaña). El mensaje es el mismo en este caso. Aunque las cosas parezcan claras, es fácil que al arrancar la cizaña se lleven por delante el trigo. Porque cualquier de nosotros, por muy preparado que se considere teológica y moralmente, puede equivocarse. No son raros los casos de personas condenadas por la Iglesia que terminaron no sólo rehabilitadas sino también canonizadas.

3ª hipótesis: la finca es el mundo

Finalmente, la parábola se puede interpretar en un contexto más general, donde la finca es el mundo, la buena semilla los ciuda­danos del Reino y la cizaña los secuaces del Malo. En esta línea se orienta la explicación de los versículos 36-43.

Los discípulos se le acercaron a decirle:
― Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.
Él les contestó:
― El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

En cualquiera de estas tres hipótesis (todas válidas), Jesús advierte contra el peligro de que paguen justos por pecadores. Es preferible tener paciencia y dejar la justicia a Dios, el único que puede emitir un veredicto exacto, sin temor a equivocarse.

La actitud de Dios, modelo de moderación en indulgencia

La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, se mueve en esta línea de bondad y tolerancia, poniéndonos a Dios como modelo. Un Dios al que el poder impulsa, no a castigar sino a perdonar, que gobierna con moderación e indulgencia, y que siempre da un voto de confianza al pecador, esperando que se convierta.

Fuera de ti, no hay otro Dios al cuidado de todo, ante quien tengas que justificar tu sentencia. Tu poder es el principio de la justicia, y tu soberanía universal te hace perdonar a todos. Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres. Obrando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.

¿Tiene algún futuro esto tan pequeño?

Tras la explicación, volvemos al otro tema tratado por las parábolas de hoy. La comunidad de Mateo es pequeña. Las otras comunidades también. Han pasado ya cincuenta años de la muerte de Jesús, y aunque el cristianismo se va extendiendo por el Imperio Romano, representan una minoría. ¿Qué futuro tiene este grupo tan pequeño? ¿Qué futuro tiene la iglesia actual, que carece del influjo y el poder que tenía hace unos años? Mateo responde con dos parábolas: la del grano de mostaza y la de la levadura. Ambos coinciden en ser algo pequeño, pero más importante de lo que puede parecer a primera vista.

El grano de mostaza

El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.

Esta parábola sólo se comprende a fondo cuando se conoce una parábola del profeta Ezequiel que utiliza Jesús como modelo. A comienzos del siglo VI a.C., cuando el pueblo de Israel se encontraba deportado en Babilonia, para expresar que su suerte cambiaría y sería espléndida, Ezequiel cuenta lo siguiente:

Cogeré una guía del cogollo del cedro alto y encumbra­do;
del vástago cimero arrancaré un esqueje
y lo plantaré en un monte elevado y señero,
lo plantaré en el monte encumbrado de Israel.
Echará ramas, se pondrá frondoso
y llegará a ser un cedro magnífico;
anidarán en él todos los pájaros,
a la sombra de su ramaje anidarán todas las aves. (Ez 17,22-23).

Jesús acepta la imagen del árbol y la idea de que sirve para acoger a todas las aves del cielo. Pero introduce un cambio radical: no elige como modelo el cedro alto y encumbrado, sino el modesto arbusto de mostaza, que, cuando crece, «sale por encima de las hortalizas». Es un ataque lleno de humor e ironía al triunfalismo. Lo importante no es que el árbol sea grandioso, sino que pueda cumplir su función de acoger a los pájaros. Para la comunidad de Mateo era una excelente lección, y también debe serlo para nuestras tentaciones de triunfalismo eclesial.

La levadura

Les dijo otra parábola:
El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.

Algo parecido ocurre con la parábola de la levadura. Se usa en poca cantidad, pero cumple su función, hace que fermente la masa. La tentación de la comunidad cristiana es querer ocupar mucho espacio, ser masa, llamar la atención por su volumen, por el número de miembros. Jesús dice que lo importante es la función de fermentar la masa.

Resumiendo lo leído hasta ahora, Mateo ofrece una explicación de la realidad (sembra­dor) y una llamada a la sereni­dad (trigo y cizaña) y a confiar en algo que tiene unos comienzos tan modestos (mostaza y levadura). El próximo domingo, otras tres parábolas completarán esta enseñanza.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , ,

«Sembrar». 13 de julio de 2014. 15 Tiempo ordinario (A). Mateo 13,1-23.

domingo, 13 de julio de 2014
Comentarios desactivados en «Sembrar». 13 de julio de 2014. 15 Tiempo ordinario (A). Mateo 13,1-23.

38-OrdinarioA15Al terminar el relato de la parábola del sembrador, Jesús hace esta llamada: “El que tenga oídos para oír, que oiga”. Se nos pide que prestemos mucha atención a la parábola. Pero, ¿en qué hemos de reflexionar? ¿En el sembrador? ¿En la semilla? ¿En los diferentes terrenos?

Tradicionalmente, los cristianos nos hemos fijado casi exclusivamente en los terrenos en que cae la semilla, para revisar cuál es nuestra actitud al escuchar el Evangelio. Sin embargo es importante prestar atención al sembrador y a su modo de sembrar.

Es lo primero que dice el relato: “Salió el sembrador a sembrar”. Lo hace con una confianza sorprendente. Siembra de manera abundante. La semilla cae y cae por todas partes, incluso donde parece difícil que la semilla pueda germinar. Así lo hacían los campesinos de Galilea, que sembraban incluso al borde de los caminos y en terrenos pedregosos.

A la gente no le es difícil identificar al sembrador. Así siembra Jesús su mensaje. Lo ven salir todas las mañanas a anunciar la Buena Noticia de Dios. Siembra su Palabra entre la gente sencilla que lo acoge, y también entre los escribas y fariseos que lo rechazan. Nunca se desalienta. Su siembra no será estéril.

Desbordados por una fuerte crisis religiosa, podemos pensar que el Evangelio ha perdido su fuerza original y que el mensaje de Jesús ya no tiene garra para atraer la atención del hombre o la mujer de hoy. Ciertamente, no es el momento de “cosechar” éxitos llamativos, sino de aprender a sembrar sin desalentarnos, con más humildad y verdad.

No es el Evangelio el que ha perdido fuerza humanizadora, somos nosotros los que lo estamos anunciando con una fe débil y vacilante. No es Jesús el que ha perdido poder de atracción. Somos nosotros los que lo desvirtuamos con nuestras incoherencias y contradicciones.

El Papa Francisco dice que, cuando un cristiano no vive una adhesión fuerte a Jesús, “pronto pierde el entusiasmo y deja de estar seguro de lo que transmite, le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie”.

Evangelizar no es propagar una doctrina, sino hacer presente en medio de la sociedad y en el corazón de las personas la fuerza humanizadora y salvadora de Jesús. Y esto no se puede hacer de cualquier manera. Lo más decisivo no es el número de predicadores, catequistas y enseñantes de religión, sino la calidad evangélica que podamos irradiar los cristianos. ¿Qué contagiamos? ¿Indiferencia o fe convencida? ¿Mediocridad o pasión por una vida más humana?

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Siembra con la fe y la confianza de Jesús. Pásalo.

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

«Salió el sembrador a sembrar». Domingo 13 de julio de 2014. 15º domingo de tiempo ordinario.

domingo, 13 de julio de 2014
Comentarios desactivados en «Salió el sembrador a sembrar». Domingo 13 de julio de 2014. 15º domingo de tiempo ordinario.

le-semeurLeído en Koinonia:

Isaías 55,10-11La lluvia hace germinar la tierra
Salmo responsorial: 64La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.
Romanos 8,18-23La creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios
Mateo 13,1-23Salió el sembrador a sembrar

El libro del profeta Isaías se divide en tres parte: la primera la podemos llamar el libro de la denuncia; la segunda el libro del anuncio y la tercera la consolación. El texto que hoy leemos pertenece a esta última sección del libro y nos da ya una pista para la interpretación del pasaje. Isaías III nos presenta una comparación que subraya el papel fundamental de la palabra de Dios para que se verifique la eficacia de su obra o acción. La palabra de Dios es entonces la lluvia que hace fecundos incluso los terrenos más áridos y duros. Se describe todo el ciclo completo del agua, desde su precipitación como gotas en las nubes, pasando por su acción benéfica en el terreno cultivado, hasta su retorno al cielo, lista para reemprender de nuevo su ciclo. De igual forma la palabra de Dios, que parte rauda de la boca de Dios, hace fértil el campo cultivado y realiza el cometido para el que fue enviada.

Esta comparación nos ayuda a comprender que la palabra que Dios nos comunica no gira en el vacío, sino que se dirige a los ‘terrenos cultivados’, o sea , a todas las personas que con devoción y cariño preparan su mente y sus afectos para que sea eficaz la palabra que ellos reciben de Dios por medio de los profetas. De este modo, la comparación resalta dos elementos muy importantes: la palabra se dirige a los ‘terrenos cultivados’ donde la semilla ya reposa y la palabra retorna a su fuente de origen.

El evangelio de Mateo complementa esta imagen tan poderosa y sugestiva con la ‘parábola del sembrador’. En esta parábola los elementos decisivos son la excelente calidad de la semilla y la disposición del terreno. El sembrador lanza una semilla de excelente calidad y lo hace con la generosidad y esperanza de quien ama su campo de cultivo. No ahorra esfuerzo ni semillas; las coloca incluso en lugares en donde no cabría esperar ningún resultado ya que su interés no es conservar sino esperar que esa semilla haga fructificar todos los sectores de su parcela. El otro elemento decisivo, el terreno, responde de diferente manera según la ‘calidad’ de la tierra. La buena disposición de cada pedazo de la parcela constituye el factor desicivo para el éxito de la empresa. La semilla es buena, pero el terreno responde de manera desigual.

La interpretación de la parábola que aparece en la sección siguiente del evangelio, nos da unas claves poderosas de comprensión. La disposición del terreno se refiere a la actitud de las personas. Algunas se dejan cultivar y ofrecen una tierra apta donde la semilla echa raíces profundas. Otras, en cambio, ofrecen terrenos donde la semilla se pierde por exceso de dureza, por descuido, superficialidad o negligencia. Tanto el grupo representado por los buenos terrenos, como el grupo representado por los terrenos no receptivos, forman parte de la misma parcela. Los dos están en la misma geografía, en la misma historia y en el mismo momento. No hay excusa válida para justificar la falta de acogida y de respuesta.

Esta parábola se refiere a una realidad de la comunidad cristiana sobre la que ya se había hecho una profunda recepción. En la comunidad, representada por la parcela, se encuentran terrenos, es decir personas, con diferentes actitudes y proyectos. No se puede saber de antemano qué respuesta va a dar cada quien. Lo único que se sabe es que el sembrador reparte con generosidad su fértil semilla. En el desarrollo del proceso de cultivo se sabe quién es apto y quién no. Pero no basándonos en criterios arbitrarios, sino en el fruto que cada quien muestra. La expresión ‘dar frutos’ tiene un valor muy preciso en la Biblia y se refiere siempre a la respuesta positiva del ser humano al proyecto de Dios. Pero no a cualquier proyecto presentado en nombre de Dios, sino a la propuesta de los profetas que Jesús de Nazaret ha llamado ‘reinado de Dios’. Es decir, una experiencia humana donde sea posible el amor solidario, la libertad para hacer el bien y la justicia responsable.

La parábola del sembrador nos pone en contacto con la profecía consoladora de Isaías. La palabra de Dios actúa en la historia humana en las personas que cultivan el terreno sorprendente del amor solidario, de la escucha atenta del hermano y del servicio generoso y desinteresado a los excluidos. La palabra de Dios se hace fecunda en las comunidades y personas que asumen una actitud responsable ante la historia y no permiten que la ‘buena nueva del Evangelio’ se convierta en consigna barata ni en cliché de espiritualizaciones alienadoras y superfluas, sino que procuran siempre que la palabra del profeta sea eficaz en la historia.

Pablo, en la Carta a los Romanos, nos propone esta misma reflexión: la creación, el terreno fértil que Dios ha dado al ser humano en la historia (Gn 2,4-25), aguarda con impaciencia la realización de la obra de Cristo en toda la humanidad. La propuesta de Jesús nos abre a la esperanza de un futuro en el que la Humanidad se reconoce en la justicia y en el amor solidario, y no en la muerte y la guerra. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Dom 13.07.14. Para que viendo no vean. Las líneas «torcidas» de Dios

domingo, 13 de julio de 2014
Comentarios desactivados en Dom 13.07.14. Para que viendo no vean. Las líneas «torcidas» de Dios

tormenta1Del blog de Xabier Pikaza:

Dom 15 tiempo ordinario A. El evangelio de este domingo es la gran parábola del sembrador, según la versión de Mateo 13,1-23, tomada con pequeños retoques de Mc 4.

No voy a comentar ahora la parábola en sí (Mt 13, 1-9), ni la explicación alegórica posterior (Mt 13, 18-23), sino las palabras centrales del juicio de Jesús sobre aquellos que “viendo no ven” (Mt 13, 10-17), palabras que han sido y siguen siendo una piedra de tropiezo para investigadores y de gran alegría para los auténticos cristianos. ¡Si los «grandes del mundo» comprendieran el evangelio de Jesús y siguieran siendo así «grandes», sin cambiar, el evangelio sería falso!

Por eso es bueno que los grandes como tales no entiendan…, pues no entienden nada de verdad, viven de la pura mentira, son encarnación de un tipo de ideología diabólica

Esas palabras (tomada de un texto enigmático de Is 6) parten de un hecho y quiere dar una explicación doble, que yo ampliaré, primero con un pequeño comentario y luego con otro más extenso:

a. El hecho es que Jesús ha proclamado su mensaje en parábolas que quieren ser accesibles a todos, y ha ofrecido su vida como don o regalo de Dios, también para todos. Pero muchos no lo han acogido y escuchado. Éste es el primer escándalo del evangelio.

jerub. La primera explicación está en la línea del evangelio del domingo anterior (Mt 11, 25-30), donde Jesús distinguía entre los nepioi/pequeños que entienden el misterio y los sabios/prudentes que no lo entienden, pues se ciegan a sí mismos. No quieren ver lo que está claro, prefieren su ceguera. Éste es el escándalo antiguo, es el escándalo moderno: Muchos prefieren no ver.

c. La segunda explicación nos lleva al misterio de Dios: Ha sido y es en el fondo bueno que los “grandes” de este mundo “no entiendan”, porque no quieren entender (no quieran ver, no quieran oír), porque defienden una verdad previa, centrada en ellos mismos (en su poder, en su ventaja personal, en su dinero…). Ellos contribuyen de esa forma al misterio de Dios, que ama y perdona gratuitamente, y que ofrece a los hombres un camino de salvación desde los más pequeños (que los más pequeños acogen y entienden). Evidentemente, los que sólo se buscan a sí mismos no pueden entender el Evangelio.

d. Comentario personal breve. Éste es el problema mayor de nuestro tiempo. Dios habla claramente, pero los “grandes” de este mundo prefieren equivocarse, se ciegan a sí mismos, caminan a la muerte. Hay un tipo de política y de economía que no puede entender el evangelio, porque no quiere escuchar, no quiere convertirse. Hay un tipo de iglesia del poder que tampoco quiere ni puede entender el evangelio.

e. Comentario personal extenso… Será de tipo exegético, vendrá después del texto, que presento según la traducción litúrgica, que podría y debería ser precisada. Pero para nuestro fin ni vale así.

El tema es éste: Es muy doloroso, pero es también muy bueno, que muchos no puedan (no quieran) entender el evangelio, porque sólo se buscan a sí mismos. Saben quizá cosas extrañas y difíciles (de política, de economía, de religión…), pero se buscan a sí mismos, no se dejan transformar por el Dios de Jesús, que es el Dios de la pureza de corazón, del amor a los más pobres.

Texto. Mt 13, 10-17

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?» Él les contestó: «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender.

Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: «Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure.»

¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

Comentario ampliado

Fuera del grupo verdadero de Jesús quedan “los otros”, que no entienden porque no «quieren dejarse transformar». De esa manera la misma parábola (palabra) divide a los hombres:

La palabra de Jesús funda la comunión de los que escuchan bien, de los que se dejan transformar por ella. Jesús ofrece su palabra al ancho mundo (siembra en toda tierra)…

Jesús ofrece su palabra a todos, pero algunos (por razones diversas) no la acogen ni desean vivir conforme a ella, quedando de esa forma fuera de su comunicación (y/o comunidad). La distinción que él acepta es entre aquellos que escuchan/acogen (los que viven según la Palabra) y aquellos que no escuchan ni acogen (sino que viven a nivel de superficie, entre puros signos externos, sin que la parábola se haga palabra verdadera).

A fin de que mirando miren y no vean…

Sólo aquellos que se sitúan dentro (los seguidores de Jesús) son capaces de entender las parábolas, porque en ellas no se trata de aceptar un argumento racionalista, sino de iniciar un estilo de vida, en la línea del ver, del escuchar y del convertirse o transformarse. Desde ese fondo podemos trazar una línea de surgimiento eclesial que va llevando de la palabra como semilla sembrada en toda tierra a la palabra compartida de la comunidad cristiana. En ese contexto se añade que los de fuera «mirando no ven y oyendo no entienden», a diferencia de los discípulos que acogen la palabra y se vinculan, para formar la comunidad del Reino.

Posiblemente, en esa afirmación (al hablar de los que ven y entienden) hay un toque de ironía porque, conforme a todo lo que sigue, tampoco los discípulos (los Doce y los del corro) comprenden a Jesús (a quien abandonan al fin de su vida). Pero es una ironía que nos sitúa ante una experiencia necesaria y enigmática (escandalosa), que recoge e ilumina desde una nueva situación cristiana la palabra profética más honda y más dura de Is 6, 9-10, que tanto ha influido en el comienzo de la Iglesia: «Embota el corazón de ese pueblo, endurece sus oídos, ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni entienda con su corazón, ni se convierta y le cure…» (Is 6, 10; cf. Mt 13, 10-17 par; Hech 28, 26-27).

En la línea de Isaías

Ciertamente, Jesús y todos los judíos saben que Dios ha hablado a los israelitas (y a los hombres y mujeres en general), por medio de Isaías, para que «le oigan», para que entiendan, se conviertan y cambien… Pero ellos se han endurecido, como ha venido aprendiendo el profeta a lo largo de su ministerio: no han querido ver, han embotado su corazón, han rechazado la conversión. Así lo formula Isaías, de manera provocativa, atribuyendo ese endurecimiento al mismo Dios que le dice: «Háblales de forma que tu misma palabra sea convierta para ellos en causa de rechazo…». Lo que debía ser signo y principio de salvación se ha vuelto principio de condena. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Parábolas para tiempo de crisis. Domingo 15. Ciclo A

domingo, 13 de julio de 2014
Comentarios desactivados en Parábolas para tiempo de crisis. Domingo 15. Ciclo A

porta15ordADel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Noticia de los últimos días

El número de matrimonios por la iglesia ha bajado en España al 34%. El de bautismos, no será mucho más elevado. Las Primeras Comuniones son Últimas en la inmensa mayoría de los casos. La España católica ha dejado de serlo hace tiempo. Si alguno se siente desconcertado, le ayudarán las lecturas de este domingo y de los dos siguientes: las parábolas del Reino.

Una crisis con cinco interrogantes y siete parábolas

Al llegar a este momento del evangelio de Mateo (capítulo 13), el horizonte ha comenzado a oscurecerse. Lo que comenzó tan bien, con el seguimiento de cuatro discípulos, el entusiasmo de la gente ante el Sermón del Monte, los diez milagros posteriores, ha cambiado poco a poco de signo. Es cierto que en torno a Jesús se ha formado un pequeño grupo de gente sencilla, agobiada por el peso de la ley, que busca descanso en la persona y el mensaje de Jesús y se convierten en “mis hermanos, mis hermanas y mi madre”. Pero esto no impide que surjan dudas sobre él, incluso por parte de Juan Bautista; que gran parte de la gente no muestre el menor interés, como los habitantes de Corozaín y Betsaida; y, sobre todo, que el grupo religioso de más prestigio, los fariseos, se oponga radicalmente a él y a su doctrina, hasta el punto de pensar en matarlo.

Mateo está reflejando en su evangelio las circunstancias de su época, hacia el año 80, cuando los seguidores de Jesús viven en un ambiente hostil. Los rechazan, parece que no tienen futuro, se sienten desconcertados ante sus oponentes, no comprenden por qué muchos judíos no aceptan el mensaje de Jesús, al que ellos reconocen como Mesías. Las cosas no son tan maravillosas como pensaban al principio. ¿Cómo actuar ante todo esto? ¿Qué pensar? Mateo, basándose en el discurso en parábolas de Marcos, pone en boca de Jesús, a través de siete parábolas, las respuestas a cinco preguntas que siguen siendo válidas para nosotros:

¿Por qué no aceptan todos el mensaje de Jesús? ― Parábola del sembrador.

¿Qué actitud debemos adoptar con los que rechazan ese mensa­je? ― El trigo y la cizaña.

¿Tiene algún futuro este mensaje aceptado por tan pocas personas? ― El grano de mostaza y la levadura.

¿Vale la pena comprometerse con él? ― El tesoro y la piedra preciosa.

¿Qué ocurrirá a los que aceptan el mensaje, pero no viven de acuerdo con los ideales del Reino? ― La pesca.

Este domingo se lee la primera; el 16, las tres siguientes; el 17, las otras tres.

¿Por qué no aceptan todos el mensaje de Jesús?

La primera parábola, la del sembrador, responde al problema de por qué la palabra de Jesús no produce fruto en algunas personas. Parte de una experiencia conocida por un público campesino. Basta recordar dos detalles elementa­les: Galilea es una región muy montañosa, y en tiempos de Jesús no había tractores. El sembrador se veía enfrentado a una difícil tarea, y sabía de antemano que toda la simiente no daría fruto.

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas:

Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.

No recuerdo si esta parábola forma parte de “La vida de Brian”, pero es fácil imaginar la cara de desconcierto de los oyentes y los comentarios irónicos a los que se presta. Ni siquiera los discípulos se enteraron de lo que significaba e inmediatamente le preguntan a Jesús: ¿Por qué les hablas en parábolas?

Explicando lo oscuro con algo más oscuro

La pregunta sirve para introdu­cir el pasaje más difícil de todo el capítulo.

A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: «Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure. ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

La liturgia permite suprimir la lectura de esta parte y aconsejo seguir su sugerencia, pasando directamente a la explicación de la parábola.

El sentido de la parábola

Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado en zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.

¿Por qué la palabra de Jesús no da fruto en todos sus oyentes? Se distinguen cuatro casos.

1) En unos, porque esa palabra no les dice nada, no va de acuerdo con sus necesi­dades o sus deseos. Para ellos no significa nada la formación de una comunidad de hombres libres, iguales, hermanos.

2) Otros lo aceptan con alegría, pero les falta coraje y capacidad de aguante para sopor­tar las persecu­cio­nes.

3) Otros dan más importancia a las necesidades prima­rias que a los objetivos a largo plazo. Dos situaciones extremas y opuestas, el agobio de la vida y la seducción de la riqueza, producen el mismo efecto, ahogar la palabra de Dios.

4) Finalmente, en otros la semilla da fruto. La parábola es optimista y realista. Opti­mis­ta, porque gran parte de la semilla se supone que cae en campo bueno. Realista, porque admite diversos grados de producción y de respuesta en la tierra buena: 100, 60, 30. En esto, como en tantas cosas, Jesús es mucho más comprensivo que nosotros, que sólo admitimos como válida la tierra que da el ciento por uno. Incluso el que da treinta es tierra buena (idea que podría aplicarse a todos los niveles: morales, dogmáticos, de compromiso cristiano…).

La parábola podría leerse también como una llamada a la respon­sabilidad y a estar vigilan­tes: incluso la tierra buena que está dando fruto debe recordar qué cosas dejan estéril la palabra de Dios: el pasotismo, la inconstancia cuando vienen las dificulta­des, el agobio de la vida, la seducción de la riqueza. Pero este sentido no es el fundamental de la parábola. La llamada a la responsabilidad y la vigilancia la trata Jesús con otras parábolas y en otros casos.

Invitación a la fe y al optimismo: 1ª lectura (Is 55,10-11)

La crisis ante la situación actual puede venir en muchos casos de que centramos todo en la acción humana. Cuando nosotros fallamos y, sobre todo, cuando fallan los demás, creemos que todo va mal. Sólo advertimos aspectos negativos. En cambio, la primera lectura, que usa también la metáfora de la semilla y el sembrador, nos anima a tener fe en la acción misteriosa de la palabra de Dios, fecunda como la lluvia, que no dejará de producir fruto.

Así dice el Señor:

«Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.»

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

La iglesia, ¿edificada sobre el Vaticano?», por José María Castillo.

miércoles, 9 de julio de 2014
Comentarios desactivados en La iglesia, ¿edificada sobre el Vaticano?», por José María Castillo.

Vaticano.Basílica de San Pedro.Fachada.Estatua de Jesucristo.20110909Leído en su blog Teología sin Censura:

Pope Godoy, co-autor (con el catedrático de Filología Griega de la Universidad de Córdoba, Jesús Peláez, y su Grupo de Análisis Semántico) del “Diccionario Griego-Español del Nuevo Testamento” (DGENT), ha publicado en “Eclesalia” (27.VI. 14) un excelente comentario al texto evangélico de Mt 16, 19, en el que demuestra que el apóstol Pedro no es, ni puede ser, la “roca” sobre la que presuntamente Jesús edificó su Iglesia.

Pues bien, si es un error semántico (y teológico) afirmar que la Iglesia se fundamenta sobre la “roca”, que sería Pedro, mayor despropósito o equivocación es pretender – por más que esto no se diga explícitamente – que en realidad lo que Jesús instituyó en Pedro y sobre Pedro fue la primacía canónica del obispo de Roma. Y digo esto porque el especialista en eclesiología más reconocido en los últimos tiempos, el profesor Y. Congar, dejó escrito, en su “Diario de un Teólogo” (Madrid, Trotta, 2004, p. 404) lo siguiente:

“Veo cada vez con más claridad que el fondo de todo es una cuestión de eclesiología, y me doy cuenta de cuáles son las posiciones eclesiológicas que están en causa. Mi estudio de la historia de las doctrinas eclesiológicas me ayuda a ver las cosas con toda claridad. Todo parte de esto: en Mt 16, 19 los Padres han visto la institución del sacerdocio y del episcopado. Para ellos, lo que se funda en Pedro es la ecclesía; los poderes conferidos a Pedro pasan de él a la ecclesía. Dicho esto, los Padres, algunos de ellos al menos (¿los occidentales?), admiten, dentro de la ecclesía, la primacía canónica del obispo de Roma. Sin embargo, la propia Roma, y eso a partir, tal vez, del siglo II, monta las cosas de otra forma. Ella ve en Mt 16, 19 su propia institución. Para ella, los poderes no pasan de Pedro a la ecclesía, sino de Pedro a la sede romana. De suerte que la ecclesía no se forma solamente a partir de Cristo, vía Pedro, sino a partir del papa. Para la Iglesia, estar construida sobre Pedro significa, a ojos de los papas, recibir consistencia y vida del papa, en el cual, como en la cabeza, reside la plenitudo potestatis [potestad plena]”.

Esto supuesto, y en la medida en que todo esto es así para no pocos funcionarios del Vaticano, se comprende que el actual obispo de Roma, el papa Francisco, esté viviendo un “auténtico calvario”. Es un secreto a voces que el mismo papa, aclamado con entusiasmo por tantos miles y miles de personas de buena voluntad, al mismo tiempo está soportando la resistencia (incluso, a veces, el rechazo) de no pocos altos cargos de la Curia Vaticana. Son “hombres de Iglesia” que no toleran el nombramiento de ocho cardenales como los consejeros del papa en su proyecto de renovación de la Iglesia. Ocho cardenales que no pertenecen a la Curia y que, sin embargo, en asuntos de suma importancia, pueden tener – y seguramente tienen – más poder de consejo y decisión que la misma Curia. Por primera vez, en muchos siglos, los curiales se encuentran ante la posibilidad real de perder el poder que hasta ahora vienen disfrutando. Como ocurrió en el concilio Vaticano II, lo sola posibilidad de entrar en un proceso de auténtica descentralización de la “sacra potestas”, que, desde el siglo XI, se ha concentrado de forma creciente en la Curia Vaticana, pone demasiado nerviosos a los que ostentan los cargos más determinantes de las decisiones eclesiásticas que vienen de Roma.

Ahora bien, si esto efectivamente es así, la situación que acabo de describir sería la demostración más patente de que en realidad Congar tenía razón en la profunda constatación que he copiado de su diario personal. Es decir, estaríamos ante la prueba más clara de que, afectivamente, la Curia Vaticana se atribuye una historia y un poder que ciertamente no tiene su origen en Cristo, sino que solamente se puede explicar a partir de las lógicas apetencias de mando que son propias de los seres humanos, sobre todo de quienes somos demasiado humanos.

Y conste – para cerrar esta reflexión – que, si digo estas cosas, no es porque yo no quiera lo mejor para la Iglesia. Todo lo contrario. Porque la Iglesia me importa tanto, y la quiero tanto, por eso no me puedo callar ante una situación que tantísimo daño le está haciendo a esta Iglesia, que puede ser fuente y origen de tanto bien o de tanto mal para millones de seres humanos, que la queremos y la necesitamos. Si no consta que Jesús diera un poder tan decisivo a determinados cargos residentes en Roma, ¿con qué autoridad se lo apropian ellos? Mientras esta pregunta no tenga la debida respuesta, esta Iglesia que tenemos no tiene arreglo.

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

«Tres llamadas de Jesús». 6 de julio de 2014. 14 Tiempo ordinario (A). Mateo 11, 25-30.

domingo, 6 de julio de 2014
Comentarios desactivados en «Tres llamadas de Jesús». 6 de julio de 2014. 14 Tiempo ordinario (A). Mateo 11, 25-30.

37-OrdinarioA14El evangelio de Mateo ha recogido tres llamadas de Jesús que hemos de escuchar con atención sus seguidores, pues pueden transformar el clima de desaliento, cansancio y aburrimiento que a veces se respira en alguno sectores de nuestras comunidades.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados. Yo os aliviaré”. Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que viven su religión como una carga pesada. No son pocos los cristianos que viven agobiados por su conciencia. No son grandes pecadores. Sencillamente, han sido educados para tener siempre presente su pecado y no conocen la alegría del perdón contínuo de Dios. Si se encuentran con Jesús, se sentirán aliviados.

Hay también cristianos cansados de vivir su religión como una tradición gastada. Si se encuentran con Jesús, aprenderán a vivir a gusto con Dios. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús, no por obligación sino por atracción.

“Cargad con mi yugo porque es llevadero y mi carga ligera”. Es la segunda llamada. Jesús no agobia a nadie. Al contrario, libera lo mejor que hay en nosotros pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana. No es fácil encontrar un modo más apasionante de vivir.

Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia las leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien.

Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso”. Es la tercera llamada. Hemos de aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica nuestra vida. La hace más clara y más sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso. No propone nunca a sus seguidores algo que él no haya vivido. Nos invita a seguirlo por el mismo camino que él ha recorrido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.

Hemos de centrar nuestros esfuerzos en promover un contacto más vital con Jesús en tantos hombres y mujeres necesitados de aliento, descanso y paz. Me entristece ver que es precisamente su modo de entender y de vivir la religión lo que conduce a no pocos, casi inevitablemente, a no conocer la experiencia de confiar en Jesús. Pienso en tantas personas que, dentro y fuera de la Iglesia, viven “perdidos”, sin saber a qué puerta llamar. Sé que Jesús podría ser para ellos la gran noticia.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a promover un contacto más vital con Jesús. Pásalo.

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

«Soy manso y humilde de corazón». Domingo 6 de julio de 2014. Domingo 14º de tiempo ordinario

domingo, 6 de julio de 2014
Comentarios desactivados en «Soy manso y humilde de corazón». Domingo 6 de julio de 2014. Domingo 14º de tiempo ordinario

5264272224_11d846e3afLeído en Koinonia:

Zacarías 9,9-10: Mira a tu rey que viene a ti modesto
Salmo responsorial: 144: Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Romanos 8,9.11-13: Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis
Mateo 11,25-30: Soy manso y humilde de corazón

La profecía de Zacarías era ‘una piedra en el zapato’ para los fanáticos que en la época de Jesús buscaban un mesías triunfante y nacionalista. Zacarías nos ofrece una reflexión que sintoniza mucho con las grandes aspiraciones de las comunidades que, después del exilio babilónico, intentaron reconstruir la identidad nacional a partir de elementos universales, pluralistas y comunitarios. La esperanza del pueblo de Dios no podía estar en un guerrero triunfador como David ni en un diplomático equilibrista como Salomón. El pueblo quería algo diferente y definitivo. Atrás quedaron los modelos militaristas, administrativos y centralistas de todos los reyes de Israel y Juda. El pueblo quería una persona que fuera capaz de encaminar la nación por los rumbos añorados de la justicia, la paz y la solidaridad. El profeta Zacarías asume esta propuesta y la lanza a todo el pueblo de Dios como una gran utopía.

Para Zacarías, el nuevo gobernante debía distinguirse por la humildad, la justicia y su carácter pacífico. La humildad entendida como la capacidad para andar en la verdad, no como sumisión y conformismo. La justicia como pilar de una organización social en la que se le da a cada persona de acuerdo con sus necesidades y no según sus ambiciones. El pacifismo como la actitud básica para solucionar los inevitables conflictos que se presentan en toda organización humana. Tres cualidades que configuran una nueva forma de ejercer el poder. Sin embargo, Israel se estrelló con la ambición de algunos grupos minoritarios y poderosos que impusieron una teocracia centralista, prepotente y uniformadora. Fueron suprimidas de manera sistemática, todas las disidencias posibles y se le negó así al pueblo de Dios la posibilidad de intentar una utopía universalista, solidaria y transformadora. Se centró todo el poder en unas pocas familias que controlaban el Templo, el gobierno y la tierra. Así, los pobres de Yahvé no tuvieron la posibilidad de dar vida a su proyecto por falta de posibilidades económicas, de apertura política y de libertad religiosa.

El evangelio de Mateo nos presenta a Jesús con las características mesiánicas de la profecía de Zacarías: una persona pacífica y humilde, apasionado por hacer realidad la Utopía de Dios. Por esta razón, Jesús no se identifica con los ideales acerca del Mesías, vigentes en su época. No hay en él el más mínimo asomo del militar aguerrido e irresistible que con un formidable despliegue eliminaría las pretensiones del imperio romano, ni del sacerdote excelso que con sus extraordinarias dotes santificadoras transformaría el Santuario de Jerusalén, ni del gobernante extraordinario que congregaría al pueblo de Israel disperso por el mundo. Jesús no comparte estos proyectos, como tampoco las extravagantes aspiraciones de los nacionalistas furibundos que veían en el imperio romano un peligro que no eran capaces de descubrir al interior de ellos mismos, la violencia incontenible.

Los ideales de Jesús estaban más cerca de las grandes tradiciones proféticas que aspiraban a que el pueblo de Dios fuera capaz de organizarse como modelo alternativo de sociedad. Por esta razón, valores como el pacifismo y la humildad eran urgentes y necesarios. El pacifismo obliga a asumir actitudes dinámicas de transformación social pero, al mismo tiempo, no se rinde a la imparable lógica de la violencia. La humildad, por su parte, exige reconocer en cada momento los propios límites de la existencia y las barreras intrínsecas de la historia. Humildad y pacifismo hacen de un proyecto tan grandioso e imponente como el reino de Dios, algo al alcance de los pobres y excluidos.

Jesús, sin embargo, sabía perfectamente que no bastaba con que el ‘rey’ o líder poseyera atributos excepcionales para que la situación cambiara. Para él, era necesario que una comunidad de hermanos y hermanas se comprometiera a vivir la alternativa, a demostrar al mundo que «otras maneras de organización eran posibles», que la lógica aparentemente inextinguible de la violencia podía ser controlada. Por esto, Jesús insiste en la necesidad de asumir el ‘suave yugo’ de la vida comunitaria y la ‘ligera carga’ de las opciones evangélicas. Pero, atención, esto no es para todo el mundo. Es necesario madurar la fe y crecer como personas antes de meterse en este proyecto. Porque para quien no ha crecido en la dinámica de la comunidad, sino que ve todo desde ‘afuera’, desde los valores sociales vigentes, los ideales de Jesús son una carga abominable y el ideal de la cruz una ideología insufrible. No podemos pedir a cualquiera que asuma la inmensa responsabilidad del pacifismo si toda su vida ha creído que la ‘ley del revólver’ es un destino inexorable. No podemos pedir mansedumbre a una persona a la que siempre le han enseñado que el control de los demás, las ambiciones de ascenso social y el arribismo son las herramientas para ‘progresar’ en la vida.

Jesús quiere una comunidad en la que los lazos de solidaridad, afecto y respeto hagan de un grupo humano una gran familia consagrada a la realización del Reino. Una comunidad en la que los sencillos, los pequeños, hallen un lugar de importancia y sean los gestores de una nueva manera de organizar las relaciones interhumanas. Porque, como dice Pablo, sólo el ser humano espiritual, o sea, el ser humano que se ha abierto a la acción del Espíritu de Dios, es capaz de vivir la vida en plenitud, es decir, en gozosa aceptación y armonía con la humanidad. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , ,

Dom 6.7.17. No saben los sabios, conocen los pequeños

domingo, 6 de julio de 2014
Comentarios desactivados en Dom 6.7.17. No saben los sabios, conocen los pequeños

im251010Del blog de Xabier Pikaza:

Dom 14, tiempo ordinario, ciclo A. El evangelio de hoy ofrece la clave del mensaje cristiano, entendido como “revelación”, es decir, es decir como apertura y despliegue de una experiencia más alta del sentido y tarea de la vida.

a. Quien proclama el texto es Jesús Resucitado, portador de esa Revelación, aquel que puede hablar en nombre de Dios, hombre cercano, nueva humanidad, en gesto de amistad y gracia.

b. Frente a Jesús se elevan los “sabios y entendidos”, que calculan y organizan la vida siguiendo unas normas de prudencia económica, social y religiosa…

Éstos son los sabios del mundo: los representantes del FMI, del BMC, los políticos… Es evidente que no resolverán el problema de la vida.

Éstos son los sabios de la Iglesia, el G8/9, los cardenales…, la comisión del Banco Vaticano (de la que ayer hable). Es evidente que tampoco ellos arreglarán nada, a no ser que aprender a ver las cosas y a vivirlas de un modo distinto, como los pequeños y los niños de los que habla el evangelio, desde abajo, en un nivel más alto.

c. En contra de los sabios se elevan aquí, desde Jesús, los “pequeños” (nepioi), que son los sencillos, los pobres y oprimidos, los niños… aquellos que son capaces de comprender que es posible otro mundo, otra vida, otra familia, otra humanidad… Estos son los que “saben” de verdad, los que obtienen un conocimiento más alto de la vida, a través de Jesús.

imagesd. Este pasaje proclama la gran “inversión” del evangelio, es decir, la revelación del conocimiento supremo que se expresa en el amor mutuo, en la ternura, en la acogida… Así viene a expresarse la verdad del corazón, que es la verdad de la vida, que Dios ofrece a todos, de un modo especial a los pequeños y a los pobres.

e. Ésta es una verdad “cristológica”: Está fundada en la experiencia de Jesús, que ha dialogado con Dios, como un Hijo con su Padre, y que por tanto puede responderle, y revelar su misterio de vida. Ésta es una verdad “social”, abierta a todos los que quieran dialogar con Jesús y aprender su camino.

f. Ésta es una verdad radicalmente revolucionaria… En ella se expresa la condena de un mundo guiado por comités de sabios militares y sociales, económicos y políticos… que van dirigiendo a la ruina la vida de los hombres. Frente a ellos descubrimos aquí que otro mundo es posible, otra vida.

Aquí se plantea y propone la gran revelación/revolución de la vida, desde abajo, desde los pequeños y pobres, en la línea de Jesús. Éste es el más alto manifiesto cristiano de los evangelios sinópticos. Bienaventurados quienes lo asuman y cumplan.

Texto litúrgico:

En aquel tiempo, exclamó Jesús:
a. Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido mejor.
b. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
c. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera (Mateo 11,25-30)

Un texto clave

El texto (que pertenece a la tradición del Q: cf. Lc 10, 21-22) se sitúa entre el rechazo de las ciudades galileas, que optan por seguir la ley tradicional (Mt 11, 20-24) y la acusación de los fariseos, que pretenden matar a Jesús porque no guarda el sábado (cf. 12, 1-14; especialmente 12, 7). Puede interpretarse como centro de Mt (y en algún sentido de todo el NT) y ofrece, de algún modo, su revelación cristológica suprema: aquí culmina lo anterior; desde aquí debe entenderse lo que sigue (especialmente Mt 28, 16-20).

Quien habla en el texto es el Cristo pascual, que se revela como fuente de sabiduría, Hijo de Dios y Salvador ante sus fieles. Quizá puede recoger la palabra de un profeta cristiano, que habla en nombre de Jesús resucitado, revelando su más hondo secreto, en una línea que será desarrollada por el evangelio de Juan. Lo dividimos en tres partes:

a. Revelación del Padre (11, 25-26)

En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo:
a. Yo te confieso, Padre, Señor de cielo y tierra,
b. pues has ocultado esto a sabios y entendidos,
b’. y lo has revelado á los pequeños.
a’. Sí, Padre, pues que esta ha sido tu voluntad.

Frente a los sabios y entendidos, representados por los orgullosos galileos de de 11, 20-24 (b), se sitúan ahora los «pequeños» (nêpiois,oij), que han acogido la palabra de Jesús (b’). La revelación salvadora de la voluntad del Padre (su apocalipsis) se vincula a la acogida y confesión de Jesús; por eso, él da gracias al Padre, en gesto de admiración religiosa (a y a’).

Nos hallamos ante un verdadero misterio: la manifestación de Dios rompe la dinámica religiosa de sabiduría y grandeza que se encarna en las ciudades galileas, presumiblemente orgullosas por su conocimiento de las Escrituras, que están siendo explicadas por los “maestros” fariseos que empiezan a misionar en la zona, oponiéndose a los discípulos de Jesús (entre el 40 y 70 d. C.). Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

«Reemplazar el sacerdocio jerárquico por el sacerdocio de Jesús, que es el de todos», por Benjamín Forcano, teólogo

miércoles, 2 de julio de 2014
Comentarios desactivados en «Reemplazar el sacerdocio jerárquico por el sacerdocio de Jesús, que es el de todos», por Benjamín Forcano, teólogo

lanovedaddejesus_005421_9788496146761Leído en la página web de Redes Cristianas

-Existen en la Iglesia estructuras que pueden condicionar el dinamismo evangelizador-

-La Iglesia vive en permanente reforma de sí por fidelidad a Jesucristo-.

(Papa Francisco, GE)

. Con empeño especial he sintetizado la primera parte del libro de Xabier Pikaza: “La Novedad de Jesús-Todos somos sacerdotes”. Desde siempre se nos ha hablado del sacerdocio común, como algo propio de todos los cristianos. Pero, ha servido de bien poco. Ese sacerdocio, que es el de Jesús, y que representa una mutación sustancial con respecto al sacerdocio del pueblo judío y de otras culturas del Antiguo Oriente, es el único existente en la Iglesia católica, pero ha pasado a ser exclusivo de los hoy llamados clérigos.

El sacerdocio de Jesús no necesita de templos, ritos y sacrificios , ni de especiales intermediarios entre Dios y los hombres; es distinto y se condensa en el amor que rige y mueve toda su vida, no en otro tipo de sacrificio externo, violento, oficiado por intermediarios sagrados.
Hay que volver al origen y retomar el Evangelio, porque nos hemos alejado de él, otorgando el título de sacerdotes, únicamente a una élite,- la clase clerical-, contrapuesta al laicado y erigida sobre él como una categoría superior, con poderes que la elevan sobre el resto de los fieles.

Admitir que la Iglesia se compone de dos categorías: una clerical y otra laical, con desigualdad entre ambas, es introducir algo contrario a la condición y dignidad sacerdotal de todo cristiano, fundada en el sacerdocio de Jesús. En el Vaticano II, aparecen aún dos eclesiologías, no armonizadas. Así, en LG 10 se dice: “El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque su diferencia es esencial, no sólo gradual, sin embargo se ordena el uno para el otro, porque ambos participan, del modo suyo propio, del único sacerdocio de Cristo”.

Es el único texto donde se señala que la diferencia es esencial, pero sin fundamentar en qué y por qué. El sacerdocio de Jesús se comunica y opera en todos según lo que es. Y así se caminó en la primitiva Iglesia. Asignar a un “grupo” -los hoy clérigos- una participación singular y específica de ese sacerdocio hasta el extremo de establecer una diferencia esencial, es un invento posterior. EL Vaticano II recalca en mil partes la posesión y comunión de todos en el sacerdocio de Jesús y en virtud de ella queda descartada toda desigualdad, discriminación o subordinación. El sacerdocio “jerárquico” no responde al sacerdocio de Jesús ni tiene sentido en la primitiva Iglesia. Será, a lo más, una de las tareas o servicios que producirá y designará la comunidad sacerdotal, pero nunca en el sentido de transferirle un valor o dimensión nueva que le de plenitud en el obispo y en menor grado en el presbítero. El sacerdocio de Jesús es laical en él y en consecuencia en todos, y creará en las comunidades cuantas funciones, tareas, carismas o servicios (ministerios) sean necesarios .

INTRODUCCION

La razón del tema es clara. Nos encontramos, tras dos mil años de historia, con que el tema del sacerdocio cristiano ha entrado en gravísima crisis: los llamados a continuar con la figura tradicional del sacerdocio no responden ni llegan y, al mismo tiempo, la escasez de los existentes y el envejecimiento de la mayor parte, ponen al descubierto una brecha que amenaza el modelo eclesiológico bipolar Clérigos / Laicos.

Puede que la ausencia de vocaciones sea un factor importante en este fenómeno. Pero, independientemente de él, se muestra otro aspecto que considero radical para esclarecer lo que está pasando y alumbrar un nuevo futuro: ¿Se trata simplemente de una crisis vocacional o más bien de un retomar el Evangelio y ver si el sacerdocio de Jesús , propio de todo cristiano, se ha mantenido en su recorrido histórico en lo que de verdad es o se lo ha reemplazado por otro, que lo trastueca profundamente?
Dada la preponderancia absoluta que la figura del sacerdote, tal como la conocemos hoy, ha adquirido por siglos en la cristiandad, a muchos les parece más que temerario cuestionar esta figura y suscitará -de ello no tengo duda- asombro, dudas y protestas inacabables.

No es mi tención entrar a describir la peculiar personalidad del clérigo , que le lleva a renunciar a la propia autonomía y libertad para cumplir incondicionalmente la norma del sistema clerical establecido, sino ver si la figura clerical dominante responde al nuevo sacerdocio de Jesús, con las consecuencias que esto conlleva para sus seguidores.
Esto supone, primero de todo , fijar el significado original del sacerdocio jesuánico y comprobar si , a lo largo de la historia, lo hemos sabido mantener o nos hemos apartado de él. Puedo adelantar que el estudio arroja luz en el sentido de que, a partir del siglo III, esa figura primordial fue adquiriendo rasgos y cualidades, que lo sustraían a la comunidad y se la reservaba a una minoría, como categoría superior al margen de la comunidad.

El inicio y el recorrido histórico nos traen hasta el mundo de hoy y entonces podemos confrontar si el retrato actual del sacerdote concuerda o no con el del comienzo.

EL SACERDOCIO DE JESUS

1.El sacerdocio como poder en el tiempo de Jesús

En las diversas culturas del Antiguo Oriente, existían los sacerdotes. Eran intermediarios entre Dios y los hombres (el mismo “patriarca” o rey del clan, que eran sacerdotes, estaban en simbiosis con Dios); suscitaban su poder y lo controlaban en lugares y fiestas determinadas ; eran creadores de santidad ritual y especialistas en sacrificios.

Dentro del pueblo judío, siglos antes de Jesús, aparecen también santuarios y grupos sacerdotales (levitas), especialistas en sacrificios. El Código Sacerdotal ( libros Levítico y Números ) hablan del Sumo Sacerdote como autoridad máxima , representante de Dios y delegado del Rey persa, quien una vez por año tiene que penetrar en el “Sancta Sanctorum” del templo para interceder por el pueblo.

Hasta la conquista romana (64 a. C) se mantiene esta situación y, a partir de ella, las funciones se dividen: un Gobernante romano con poder civil y un Sacerdote con autoridad religiosa.

2. Jesús fue un laico

Metido Jesús en su vida pública, se lo conoce y actúa como un laico, en la línea de los profetas y de los pretendientes mesiánicos, de los sanadores carismáticos y de los sabios populares. En el punto culminante de su vida, Jesús sube a Jerusalén y se enfrenta con los sacerdotes. Sube a Jerusalén, pero no para “legalizar” sus ritos y someterse a la autoridad de los Sumos Sacerdotes, sino para mostrar que el templo ya no tiene valor sagrado para el pueblo.

A muchos sacerdotes actuales, les sorprenderá que se diga de Jesús que fue un laico. Considero de gran utilidad sintetizar lo que el citado Xavier Pikaza desarrolla sobre este punto (Cfr. La novedad de Jesús: todos somos sacerdotes, pp. 13-31).

“ EL sacerdocio de Jesús coexiste en El desde su condición de laico. El Hijo del hombre, humano a cabalidad, no se atribuyó títulos de honor, pues títulos y honores los tenían otros (sacerdotes y rabinos, presbíteros, pontífices y obispos-inspectores), sino que actuó como un simple ser humano , sin tareas oficiales, ordenaciones jurídicas , ni documentaciones acreditativas. No se llamó sacerdote , ni recibió las sagradas órdenes, sino que fue un judío marginal, de origen galileo y de extracción campesina , obrero de la construcción (albañil o carpintero) sin tierras propias.

Leer más…

Biblia, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , , , , ,

«Sólo Jesús edifica la Iglesia». 29 de junio de 2014 S. Pedro y S. Pablo (A) Mateo 16, 13-19

domingo, 29 de junio de 2014
Comentarios desactivados en «Sólo Jesús edifica la Iglesia». 29 de junio de 2014 S. Pedro y S. Pablo (A) Mateo 16, 13-19

36-OrdinarioA13El episodio tiene lugar en la región pagana de Cesarea de Filipo. Jesús se interesa por saber qué se dice entre la gente sobre su persona. Después de conocer las diversas opiniones que hay en el pueblo, se dirige directamente a sus discípulos: “Y vosotros, ¿ quién decís que soy yo?”.

Jesús no les pregunta qué es lo que piensan sobre el sermón de la montaña o sobre su actuación curadora en los pueblos de Galilea. Para seguir a Jesús, lo decisivo es la adhesión a su persona. Por eso, quiere saber qué es lo que captan en él.

Simón toma la palabra en nombre de todos y responde de manera solemne: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús no es un profeta más entre otros. Es el último Enviado de Dios a su pueblo elegido. Más aún, es el Hijo del Dios vivo. Entonces Jesús, después de felicitarle porque esta confesión sólo puede provenir del Padre, le dice: “Ahora yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

Las palabras son muy precisas. La Iglesia no es de Pedro sino de Jesús. Quien edifica la Iglesia no es Pedro, sino Jesús. Pedro es sencillamente “la piedra” sobre la cual se asienta “la casa” que está construyendo Jesús. La imagen sugiere que la tarea de Pedro es dar estabilidad y consistencia a la Iglesia: cuidar que Jesús la pueda construir, sin que sus seguidores introduzcan desviaciones o reduccionismos.

El Papa Francisco sabe muy bien que su tarea no es “hacer las veces de Cristo”, sino cuidar que los cristianos de hoy se encuentren con Cristo. Esta es su mayor preocupación. Ya desde el comienzo de su su servicio de sucesor de Pedro decía así: “ La Iglesia ha de llevar a Jesús. Este es el centro de la Iglesia. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta”.

Por eso, al hacer público su programa de una nueva etapa evangelizadora, Francisco propone dos grandes objetivos. En primer lugar, encontrarnos con Jesús, pues “él puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestras comunidades… Jesucristo puede también romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo”.

En segundo lugar, considera decisivo “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio” pues , siempre que lo intentamos, brotan nuevos caminos, métodos creativos, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual”. Sería lamentable que la invitación del Papa a impulsar la renovación de la Iglesia no llegara hasta los cristianos de nuestras comunidades.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la llamada del Papa a la renovación de la Iglesia. Pásalo.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

«Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos». Domingo 29 de junio de 2014. 13ª semana de tiempo ordinario. Pedro y Pablo, apóstoles

domingo, 29 de junio de 2014
Comentarios desactivados en «Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos». Domingo 29 de junio de 2014. 13ª semana de tiempo ordinario. Pedro y Pablo, apóstoles

ApostolesLeído en Koinonia:

Hechos 12,1-11: Era verdad: el Señor me ha librado de las manos de Herodes
Salmo responsorial: 33:El Señor me libró de todas mis ansias.
2Timoteo 4,6-8.17-18:
Ahora me aguarda la corona merecida
Mateo 16,13-19:
Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos

Hoy la Iglesia celebra en su liturgia la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, columnas y apóstoles de la Iglesia.

En la primera lectura nos encontramos con el relato de la liberación de Pedro de la cárcel por obra de un ángel enviado por Dios. Eran tiempos de una persecución devastadora contra aquéllos que habían decidido seguir a Jesús, el Hijo de Dios; tanto así que este tiempo será recordado como la era de oro de la Iglesia, pues incontables mártires, niños y niñas, jóvenes y adultos, dieron testimonio con su sangre de la verdad de Cristo, al no aceptar la religión del imperio romano ni apostatar de su fe en el Señor Jesús.

En la segunda lectura nos encontramos con un pasaje de la despedida del apóstol Pablo a su discípulo amado Timoteo, en el cual le exhorta a dar un buen combate en la fe tal como lo ha hecho él, sin importarle las consecuencias que traiga consigo semejante actitud. Reconoce el apóstol que su fe está puesta en Cristo, quien lo fortalece en los momentos en que se encuentra prisionero en Roma, a la expectativa de lo que vayan a hacer con su vida. Espera la corona merecida y seguirá confiando hasta el final en el Señor, pues él lo seguirá librando de todo mal.

La fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo ofrece la ocasión para reflexionar, a partir del texto evangélico propuesto, sobre la confesión de fe como forma de construcción de la Iglesia.

El relato consta de una doble pregunta de Jesús a sus discípulos con su correspondiente respuesta (vv. 13-16) y de la bienaventuranza de Simón (vv. 17-19).

Las preguntas y respuestas sirven para la separación de dos categorías de personas, según la evaluación que hagan sobre Jesús. De una parte tenemos a la «gente», de la otra a «los discípulos». La gente o «los seres humanos» no captan el sentido auténtico de la actividad de Jesús. Su opinión lo coloca en continuidad con personajes del pasado: Juan el Bautista, Elías, Jeremías o uno de los profetas. Como Herodes en Mt 14,2 esta valoración puede estar entremezclada de elementos desfavorables.

Por el contrario los discípulos, de quienes Pedro es portavoz, han captado el verdadero significado de la actuación de Jesús. No solamente confiesan que es el Mesías esperado sino también que su mesianismo se origina en su filiación divina, condición que le posibilita transmitir la Vida de Dios, a diferencia de los ídolos muertos. El «Hijo de Dios vivo» se ha hecho presente en la vida de la humanidad, en una comunidad que lo reconoce el «Dios con nosotros» (cf Mt 1,23; 28,20).

Este reconocimiento recibe, a su vez, la proclamación de felicidad y dicha que hace Jesús respecto a sus seguidores de los que Pedro, gracias a su fe, se ha convertido en prototipo e imagen. Frente a la opinión de la gente, Pedro ha aceptado la revelación del Padre a los sencillos y humildes.

La originalidad de su confesión hace de Pedro y de sus compañeros, mensajeros de la fe en medio de un mundo hostil. Más allá de la historicidad sobre el nombre de su padre (aquí, hijo de Jonás, en Juan 21,15 hijo de Juan), en él se pueden detectar los rasgos de Jonás, el profeta que debió llevar la Palabra de Dios a la ciudad hostil y que, en ese intento, corrió el riesgo de ser sumergido en el mar (cf 14,30) y fue liberado de ese peligro mortal (cf 14,31).

En la Asamblea del desierto, Moisés recibió de Dios el don de la Ley (Dt 9,10; 10,4 etc.). Aquí el discípulo recibe el don de la fe en Jesús que lo convierte en elemento apto para la edificación de una nueva Asamblea, el Israel mesiánico, constituida en torno a Jesús como la Asamblea del desierto se constituía en torno a Moisés.

Se realiza entonces para la comunidad lo que se realizaba en el individuo sensato que ha colocado su cimiento sobre la roca de las palabras de Jesús (Mt 7,24-25). Los discípulos que adhieren a Jesús construyen una ciudad inconmovible, a la que no pueden derrotar las fuerzas de la Muerte o del Abismo.

Se crea de esta forma un espacio inexpugnable frente a las potencias del mal, en el que los discípulos no son sólo cimiento sino también administradores: A ellos se les han consignado las llaves y a ellos se les consigna la función judicial de tomar la decisión de aceptar o no la entrada a aquella ciudad: «Atar o desatar». Esta fórmula quiere significar una participación de la comunidad en la autoridad de Jesús.

La proclamación de la fe en Jesús por parte de Pedro, prototipo de los creyentes, es el cimiento inconmovible capaz de superar los embates de las fuerzas del Mal actuantes en la historia humana. Los que la proclaman pueden ofrecer asilo acogedor a quienes están amenazadas por aquellas fuerzas. Pueden también negar ese asilo a los que rechazan el designio salvífico. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

29.VI.14 Un tipo llamado Roca (retrato robot de Pedro)

domingo, 29 de junio de 2014
Comentarios desactivados en 29.VI.14 Un tipo llamado Roca (retrato robot de Pedro)

san_pedro_greco_2[1]Del blog de Xabier Pikaza:

No fue el primer Papa, en el sentido posterior del término, pero su historia recogida desde diversas perspectivas por el Nuevo Testamento, ha marcado la historia de los papas y de toda la Iglesia, hasta el día de hoy.

Por eso es bueno recordar su figura, ofreciendo un retrato-robot,como si hubiera que buscarla, para reiniciar el fuerte camino de la Iglesia. Así lo hare, recogiendo sus rasgos fundamentales.

Ciertamente, no fue Papa, pero nos ayuda a entender y actualizar lo que han sido y deben ser los papas, a la luz del Nuevo Testamento… y lo que podemos ser nosotros los cristianos, pues más que como Papa el NT le presenta como «tipo» y ejemplo de cristiano (con sus valores y defectos).

Estos son veinte de los rasgos de este retrato-robot de Pedro, para el día de su fiesta, el próximo domingo. Felicidades a los Simones, Pedros, Perus, Pietros, Butros, Peters y demás (incluido en especial el Papa Francisco, un «tipo» que casa bien con el viejo Pedro del evangelio). Buen día y buen camino a todos.

1. Un tipo que cambió dos veces de nombre

Se llamaba Simeón, como el segundo hijo de Jacob, un tipo durísimo, autor con Leví (el “sacerdote”) de la gran matanza de Siquém, según el libro de los Jueces; no le gustaba que la gente se mezclara, era un integrista. Sabía utilizar la espada. Pues bien, nuestro Simeón, con nombre de patriarse, se hizo llamar Simón, nombre que suena mejor en griego, quizá para mezclarse mejor con los pescadores del otro lado del lago. Más tarde, Jesús le llamo Kefas, que significa en arameo el Roca, es decir, para nosotros, Pedro.

2. Un tipo que cambió al menos tres veces de oficio…

Era de Betsaida, al otro lado de Galilea, a la vera del gran Lago, una ciudad reedificada por Herodes Felipe, rey de Iturea, en honor de la hija del César de Roma, con el nombre de Julia… Pero vino a vivir a la orilla de Galilea, en una ciudad llamada Cafarnaum. No debía ser rico, pues entró a vivir en casa de su mujer, bajo la autoridad de su suegra. Era pescador, pero andaba inquieto por el futuro de Israel, y así se fue con Juan Bautista, ha hacer de penitente… Allí le encontró Jesús de Nazaret, y le invitó a seguirle, dejando la penitencia para ocuparse del Reino de Dios. Así lo cuenta el evangelio de Juan (Jn 1).

3. No fue un solitario.

Pasó de su cada a la casa de su suegra… Y pasó luego de los discípulos de Juan Bautista, donde estaba con algunos de sus “amigos” de Betsaida, a los discípulos de Jesús… que le llamó de nuevo, al lado de su hermano Andrés (otro tipo que había tomado nombre griego) y de los Zebedeos (como cuenta Mc 1, 16-20). Nunca hay un Pedro sólo, sino un Pedro con la suegra, o con Juan Bautista con los “cuatro de la fama” (los de Mc 1) o con los Doce (todo Israel, Mc 3), y con el conjunto de los creyentes, parientes de Jesús, mujeres, mucha gente (Hch 1, 12-14).

4. Un tipo que estuvo en la escuela de Jesús

No fue letrado, al menos que sepamos… Era hombre de pueblo, de la raya entre Iturea y Galilea, un pescador de orilla (no tenía barca, como los zebedeos, echaba la red desde la esquina de la plaza, con los pies en el agua…). Pero debía tener oficio, sabía manejar el “arte” y Jesús le llamó para que fuera “pescador de hombres”, un oficio que aprendió a trompicones. Supone el evangelio (Mt 10), que Jesús le mandó con sus otros compañeros a proclamar el Reino de Dios en Galilea, pero no debió tener mucho éxito, porque subieron más tarde a Jerusalén, para instaurarlo, sin tener tampoco éxito externo.

5. Pedro, un tipo al que Jesús puede llamar y llama “Satanás”

El recuerdo de Simón, al que Jesús llamó Pedro (Piedra) está ligado a propuestas de poder… El mismo Jesús le tuvo que llamar Satanás y Tentador (Mc 8). Da la impresión de que Pedro estuvo en el movimiento de Jesús y en la Iglesia posterior como una “piedra de tropiezo” (eso dice Jesús en Mc 8): Para hacer tropezar a otros, para hacerles caer, más que para levantarse. Pedro está en la iglesia como signo de fragilidad: Sólo puede ser Papa-Piedra el que vive desde la fragilidad y el miedo, como Pedro

6. Un tipo que acaba negando a Jesús ante el poder

Ciertamente, le abandonan todos los “hombres” en Getsemaní, pero de un modo especial le niega Pedro, ante el juicio de los sacerdotes. No es quizá que tenga miedo, es que no acaba de entender lo que implica el camino de Jesús, por tres veces, una, dos, tres, ante los criados del poder, en Jerusalén (Mc 14 par). Pedro-Piedra-Papa ha sido en la Iglesia signo de negación, y de “retorno” (llorando), un Papa que no sabe llorar no es hombre, no es Papa. Un Papa que no puede equivocarse nunca no es Papa, ni es Hombre…. (lo de la infalibilidad va en otra línea…, pero en una línea donde es necesario en poderse equivocar; sólo los muertos no yerran). Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Fiesta de san Pedro y san Pablo

domingo, 29 de junio de 2014
Comentarios desactivados en Fiesta de san Pedro y san Pablo

SAN PEDRO Y SAN PABLODel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 Una pareja extraña para una fiesta peculiar

¿A quién se le ocurriría un homenaje común a Messi y Cristiano Ronaldo? Salvadas las enormes diferencias, la misma extrañeza produce esta fiesta que une a dos personajes muy distintos, de los que sabemos que, en cierto momento, en Antioquía de Siria, tuvieron un terrible altercado por motivos teológicos y prácticos. Parecería normal una fiesta de Pedro y Andrés, que eran hermanos; o de Pedro y Juan, que aparecen juntos a menudo en los evangelios y al comienzo del libro de los Hechos. Pero, ¿Pedro y Pablo?
La Iglesia, al unirlos en una celebración común, nos indica qué pretende con esta fiesta: no es cantar la gloria de ninguno de los dos santos (cosa que tanto nos gusta a los católicos) sino celebrar la obra común que Dios llevó a cabo a través de ellos.

Pedro, el cabecilla

Entre los discípulos de Jesús, Pedro fue sin duda el más lanzado, con el peligro que eso conlleva. Era el cabecilla del grupo, el primero en hablar en cualquier circunstancia, sin miedo a reprender a Jesús cuando anuncia su pasión, sin miedo a llevarle la contraria cuando quiere lavarle los pies o cuando anuncia que todos los traicionarán. El ser tan lanzado lo sitúa también en el lugar más peligroso, y termina negando a Jesús. Pero, como él mismo termina confesando después de la resurrección: «A pesar de todo, tú sabes que te amo». No es raro que Jesús lo viese como el cabecilla natural del grupo después de su muerte.

Pablo, el hombre universal

Pero la expansión de la Iglesia primitiva es humanamente inconcebible sin la figura de Pablo. Todos hemos leído su conversión. Lo que muchos no conocen es la revelación que Dios le hizo y en la que él tanto insiste en sus cartas: que la buena noticia de Jesús no era sólo para los judíos sino también para todo el mundo; para judíos y paganos. Es cierto que a mediados del siglo I ya hay cristianos en Roma (a ellos les dirige Pablo su famosa carta), pero si el evangelio se extiende por lo que actualmente es Turquía, Grecia, quizá España, es gracias a la labor de Pablo, que recorrió miles de kilómetros y se expuso a toda clase de peligros por llevar la fe en Jesús «hasta los confines de la tierra».

El enfoque de las lecturas

La liturgia concede especial importancia a Pedro, dedicándole las lecturas primera y tercera (evangelio). A Pablo dedica la segunda. En ambos casos se destacan los aspectos de protección divina y misión.

PEDRO: PROTECCIÓN Y MISIÓN

1ª lectura: protección divina

Se expresa a través de un sorprendente milagro: Pedro, a pesar de estar encadenado y vigilado por cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno, es liberado durante la noche por un ángel.

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando de su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenla intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua, Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo:
Date prisa, levántate.
Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió:
Ponte el cinturón y las sandalias.
Obedeció, y el ángel le dijo:
Échate el manto y sígueme.
Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel. Pedro recapacitó y dijo:
Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos.

Resulta imposible no pensar en la liberación de los israelitas de Egipto, cuando el ángel marcha delante de ellos también durante la noche. Esta es la tercera vez que meten a Pedro en la cárcel, y la segunda que lo saca un ángel. Algo que llama la atención, porque otros cristianos no gozan del mismo grado de protección divina: a Esteban lo apedrean, a Santiago lo degüellan, a Pablo lo persiguen a muerte y tienen que descolgarlo en una espuerta… Por otra parte, el mismo Pedro terminará crucificado según la tradición.

Esta primera lectura, que puede provocar una sonrisa escéptica en muchos cristianos actuales, tiene gran valor simbólico. Basta pensar en los últimos Papas, atados con todo tipo de cadenas: geográficas, culturales, económicas (desde el lejano caso Marcinkus hasta los recientes escándalos del IOR), tradiciones que tienen muy poco que ver con el evangelio, y vigilados por multitud de cardenales, obispos y teólogos (más atentos que las cuatro cohortes romanas de Pedro). Buen momento para pedirle a Dios que envíe un ángel a liberar a Francisco.

Evangelio: misión

La misión se cuenta con el famoso episodio de la confesión de Cesarea de Felipe, que parte de la gran pregunta: ¿quién es Jesús? El pasaje se divide en tres partes: 1) lo que piensa la gente; 2) lo que afirma Pedro; 3) la promesa de Jesús a Pedro.

Lo que piensa la gente

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
― ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron:
― Unos que Juan Bautista, otros que Ellas, otros que Jeremías o uno de los profetas.

Jesús realiza una encuesta: quién dice la gente que es él. Un lector moderno con cierta cultura bíblica pensará que el resultado no puede ser más descorazonador. Para la gente, Jesús no es un personaje real, sino un muerto que ha vuelto a la vida, se trate de Juan Bautista, Elías, Jeremías o de otro profeta. De estas opiniones, la más «teológica» y con mayor fundamento sería la de Elías, ya que se esperaba su vuelta, de acuerdo con Malaquías 3,23: «Yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible; reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra».

Al lector moderno le puede resultar interesante que el pueblo vea a Jesús en la línea de los antiguos profetas, en lo que pueden influir muchos aspectos: su poder (como en los casos de Moisés, Elías y Eliseo), su actuación pública, muy crítica con la institución oficial, su lenguaje claro y directo, su lugar de actuación, no limitado al estrecho espacio del culto…

Sin embargo, cuando se conoce la época de Jesús, la visión anterior resulta inadecuada. En la mentalidad popular, el título de «profeta» tiene fuertes connotaciones políticas; significa que la gente ve a Jesús como un libertador. Flavio Josefo nos ha dejado testimonio de varios «profetas» surgidos por entonces. Su visión es muy negativa, pero interesante:

«Hombre engañadores e impostores, que bajo apariencia de inspiración divina realizaban innovaciones y cambios, induciendo a la multitud a actos de fanatismo religioso y la llevaban al desierto, como si allí Dios les hubiese mostrado los signos de la libertad inminente. Félix envió caballería e infantes contra estos, matando a gran cantidad. Mayor desgracia fue la que trajo sobre los judíos el falso profeta egipcio. Efectivamente, llegó al país un hombre charlatán, que, habiéndose ganado reputación de profeta, reunió a casi treinta mil de los seducidos por él; desde el desierto los llevó al monte de los Olivos, desde donde, según decía, podía penetrar a la fuerza en Jerusalén, vencer a la guarnición romana e imponerse como tirano sobre el pueblo» (Guerra de los Judíos II, 258-263).

Este mentalidad popular del profeta como libertador político es la que comparten los discípulos de Emaús; para ellos, Jesús era «un profeta poderoso en obras y en palabras… nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel» (Lc 24,19-21).

Lo que afirma Pedro

Jesús quiere saber si sus discípulos comparten esta mentalidad o tienen una idea distinta:

Él les preguntó:
― Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
― Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Es una pena que Pedro se lance inmediatamente a dar la respuesta, porque habría sido interesantísimo conocer las opiniones de los demás.

Según Mc 8,29, la respuesta de Pedro se limita a las palabras «Tú eres el Mesías». Mt añade «el Hijo de Dios vivo». ¿Aporta algo especial este añadido? Según algunos, Pedro confesaría no sólo la misión salvadora de Jesús (Mesías), sino también su filiación divina (Hijo de Dios). Sin embargo, esta teoría no es tan clara como parece. El rey de Israel -y por tanto el Mesías- era presentado desde antiguo como «Hijo de Dios» o «Hijo del Altísimo». En el fondo, parece que Mateo no añade nada nuevo. En cualquier caso, hay un dato indiscutible: confesar a Jesús como «Hijo de Dios» ya lo habían hecho los discípulos después de verlo caminar sobre las aguas (14,33). Por consiguiente, la novedad no reside aquí, sino en el título de Mesías. En su origen, el Mesías era el rey de Israel, al que se ungía derramando aceite sobre la cabeza. Con el paso del tiempo, especialmente en los siglos II y I a.C., la imagen del Mesías fue adquiriendo rasgos cada vez más sorprendentes, como se advierte en los Salmos 17 y 18 de Salomón (de origen fariseo, no forman parte de la Biblia). De él se esperaba la liberación política de Israel y la instauración de una sociedad de justicia, paz en entrega al Señor.

Por consiguiente, la confesión de Pedro reviste una importancia y novedad enormes. Además, es importante advertir que se sitúa inmediatamente después del episodio de fariseos y saduceos, representantes del judaísmo oficial, que no aceptan a Jesús. Pedro, contra la opinión oficial, ve en Jesús al salvador del pueblo elegido por Dios.

Las promesas de Jesús a Pedro

Jesús le respondió:

― ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

Esta tercera parte es exclusiva de Mateo y es la fundamental para la fiesta de hoy. En los evangelios de Marcos y Lucas, el pasaje de la confesión de Pedro en Cesarea de Felipe termina con las palabras: «Prohibió terminantemente a los discípulos decirle a nadie que él era el Mesías«. Sin embargo, Mateo introduce aquí unas palabras de Jesús a Pedro.

Comienzan con una bendición, que subraya la importancia del título de Mesías que Pedro acaba de conceder a Jesús. Humanamente hablando, Pedro es un hereje o un loco. Para Jesús, sus palabras son fruto de una revelación del Padre. Nos vienen a la memoria lo dicho en 11,25-30: «Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y aquel a quien el Padre se lo quiere revelar».
Basándose en este revelación, no en los méritos de Pedro, Jesús le comunica unas promesas: 1) sobre él edificará su Iglesia; 2) le dará las llaves del Reino de Dios; 3) como consecuencia de lo anterior, lo que él decida en la tierra será refrendado en el cielo.

Las afirmaciones más sorprendentes son la primera y la tercera. En el AT, la «roca» es Dios. En el NT, la imagen se aplica a Jesús. Que el mismo Jesús diga que la roca es Pedro supone algo inimaginable, que difícilmente podrían haber inventado los cristianos posteriores. (La escapatoria de quienes afirman que Jesús, al pronunciar las palabras «y sobre esta piedra edificaré mi iglesia» se refiere a él mismo, no a Pedro, es poco seria).

La segunda afirmación («te daré las llaves del Reino de Dios«) se entiende recordando la promesa de Is 22,22 al mayordomo de palacio Eliaquín: «Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá«. Se concede al personaje una autoridad absoluta en su campo de actividad. Curiosamente, el texto de Mateo cambia de imagen, y no habla luego de abrir y cerrar sino de atar y desatar. Pero la idea de fondo es la misma.

El texto contiene otra afirmación importantísima: la intención de Jesús de formar una nueva comunidad, que se mantendrá eternamente. Todo lo que se dice a Pedro está en función de esta idea.

¿Por qué pone de relieve Mateo este papel de Pedro? ¿Le guía una intención eclesiológica, para indicar cómo concibe Jesús a su comunidad? ¿O tienen una finalidad mucho más práctica? Ambas ideas no se excluyen, y la teología católica ha insistido básicamente en la primera: Jesús, consciente de que su comunidad necesita un responsable último, encomienda esta misión a Pedro y a sus sucesores.

Es posible que haya también de fondo una idea más práctica, relacionada con el papel de Pedro en la iglesia primitiva. Uno de los mayores conflictos que se plantearon desde el primer momento fue el de la aceptación o rechazo de los paganos en la comunidad, y las condiciones requeridas para ello. Los Hechos de los Apóstoles dan testimonio de estos problemas. En su solución desempeñó un papel capital Pedro, enfrentándose a la postura de otros grupos cristianos conservadores (Hechos 10-11; 15). En aquella época, en la que Pedro no era «el Papa«, ni gozaba de la «infalibilidad pontificia», las palabras de Mateo suponen un espaldarazo a su postura en favor de los paganos. «Lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo». Es Pedro el que ha recibido la máxima autoridad y el que tiene la decisión última.

PABLO: PROTECCIÓN Y MISIÓN

De Pablo se podrían haber elegido infinidad de textos, dada la abundancia de sus cartas y lo mucho que cuenta de él el libro de los Hechos. La liturgia ha elegido un breve pasaje, muy autobiográfico, de la segunda carta a Timoteo. A punto de morir, Pablo recuerda su intensa actividad apostólica y espera el premio prometido. Al mismo tiempo, es consciente de que siempre contó con la ayuda y la fuerza del Señor. Igual que a Pedro lo liberó milagrosamente, a él lo ha librado también de la boca del león, no milagrosamente, sino después de naufragios, azotes, apedreamientos, hambre y sed.

Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

«Para ser la Iglesia de Pedro y Pablo», por Faustino Vilabrille

domingo, 29 de junio de 2014
Comentarios desactivados en «Para ser la Iglesia de Pedro y Pablo», por Faustino Vilabrille

112988-83256_pLeído en su blog:

La Iglesia, para ser hoy la Iglesia de Jesucristo, tiene que hacer de la liberación de los empobrecidos la prioridad absoluta de su ministerio.

Comentario a la festividad de los Apóstoles Pedro y Pablo del 29 de junio

1.-Mirada histórica: Un mirada global a la historia de la Iglesia enseguida nos hace caer en la cuenta de la enorme influencia que a lo largo de los siglos tuvo la iglesia jerárquica en la civilización y cultura occidental, sobre todo a lo largo de la edad media, ejerciendo un poder omnímodo en casi todos los campos de la actividad humana y particularmente política, aportando justificación sagrada a toda clase de comportamientos éticos, morales, jurídicos, filosóficos y políticos. Era como una teocracia o gobierno de Dios, cuya representación visible en el mundo es el Papa de Roma que aun hoy es el monarca del Vaticano así como cabeza la iglesia católica.

A medida que la iglesia fue adquiriendo poder político, influencia social y rodeándose de privilegios, fue alejándose del Evangelio e hipotecando su compromiso con la construcción del Reino de Dios. Cada vez era más vista por el pueblo como pegada y plegada al poder, al lado de los poderosos y de la riqueza, influyente socialmente y cada vez más alejada del pueblo y temida, conservadora en los doctrinal y ávida de conservar intactos sus privilegios. Esto la llevó a perder en masa en los siglos XVIII y XIX a la clase obrera. Oponiéndose al avance científico, el progreso, la evolución del pensamiento, y a los movimientos progresistas e innovadores del siglo XIX, perdió a los intelectuales. En el siglo XX y nuestros días, sobre todo en el ámbito de la civilización occidental, está perdiendo a los hombres y a la juventud, pues, por ejemplo, en las celebraciones dominicales de la Eucaristía, casi vemos exclusivamente a mujeres bastante o muy avanzadas en edad y cada vez menos.

2.-El Concilio Vaticano II: El Concilio Vaticano II, providencialmente convocado por Juan XXIII, quiso retornar la Iglesia en su fondo y forma, por un lado a sus orígenes y por otro a responder a los retos e interrogantes de nuestro tiempo, pero sobre todo después de Pablo VI, desde el Vaticano se dio marcha atrás retornando en lo más importante a los tiempos preconciliares, literal y doctrinalmente tapando la boca a muchos teólogos e intelectuales que intentaron ser profetas del Evangelio, al estilo de los Apóstoles y primeros cristianos, para nuestro tiempo, especialmente en América Latina, profetas que no se limitan a enunciar o explicar la doctrina revelada, sino que buscan descubrir y decir cómo se aplica esa revelación en determinada situación y en determinado tiempo y lugar. El profeta posee sensibilidad para percibir lo que está ocurriendo y el sentido de los acontecimientos, donde está el pecado y por donde viene la salvación aquí y ahora.

3.-La profecía y el profeta hoy: La profecía es palabra de Dios a su pueblo aquí y ahora. Es actualización de la palabra de Dios, que fue la misión de Jesús en esta tierra. Por eso ella es 100% religiosa y 100% política, pero política en un sentido bien particular. Esta política no es conquista ni ejercicio de poder. Por el contrario, el profeta no tiene ningún poder y no pretende conquistar un poder, o sea, ninguna capacidad de imponer nada a sus coetáneos. La profecía es política porque es pública, se dirige a la sociedad entera y a sus gobernantes y anuncia un cambio radical de toda la sociedad, denunciando la injusticia y a los injustos y proclamando los grandes valores de Reino de Dios para cada momento histórico, sobre todo la justicia, que es el primer grado de amor. Dios quiere salvar o liberar a la humanidad del estado de injusticia y de dominación en que ella se encuentra.

El profeta se dirige al pueblo. Su acción y sus palabras son actos públicos. El profeta se dirige al mismo tiempo a los jefes del pueblo, a aquellos que detentan el poder justa o injustamente, y también al pueblo en general. Él se siente como la encarnación del mensaje de Dios a la totalidad de su pueblo. Pues Dios quiere recordar en primer lugar que ese pueblo es su pueblo y que los jefes, en lugar de desviar al pueblo de su misión, tienen el deber de promoverla.

El profeta denuncia también la corrupción de los dirigentes del pueblo que abusan de su poder para corromper al propio pueblo. El profeta predica la conversión total de las personas y de la sociedad en sus estructuras. Por esto el profeta es perseguido, denunciado, maltratado, apartado del pueblo y hasta muerto.

Esta misión cumplieron los grandes profetas de Israel, y sobre todo, el Gran Profeta de todos los Profetas, que fue Jesucristo, cuyo compromiso con los oprimidos le llevo a ser condenado y asesinado públicamente por los opresores del pueblo. Así terminaros su compromiso Pedro y Pablo y numerosos cristianos de los primeros siglos en su lucha contra la esclavitud impuesta por el poder romano al pueblo.

El Concilio Vaticano II dice: “El pueblo santo de Dios participa también de la misión profética de Cristo”. Muchos Obispos, sacerdotes y Laicos de América Latina asumieron literalmente esta misión profética.

4.-La justicia: El Concilio Vaticano II tuvo el coraje de pronunciar la palabra “justicia”, palabra prohibida por las elites dominantes en América latina y en el mundo entero. También Medellín pronunció esa palabra prohibida! El centro del mensaje profético en América Latina fue la palabra “justicia”. Muchos murieron por haber pronunciado tal palabra. La palabra justicia es una de las palabras claves de la profecía. Por eso podemos reconocer en Medellín una expresión del Espíritu de profecía, porque lo que los empobrecidos esperan es la justicia. Incluso cuando son humillados por el sistema neoliberal (que los quiere contentar con las limosnas que les concede), ellos no dejan de ser seres humanos con todos los derechos que eso comporta. Tienen derecho a la justicia – y el profeta tiene la misión de recordar que ésta es la voluntad de Dios. A los pobres el profeta les recuerda que son seres humanos con derecho a la justicia y a los privilegiados recuerda que donde hay injusticia es la justicia la que debe existir. Por eso los profetas fueron antes y son ahora perseguidos.

Desde los años 50 la profecía resonaba con fuerza en América Latina, pero sus profetas encontraron en varios documentos del Vaticano II un apoyo firme y una verdadera iluminación. Así, al final del Concilio, 40 obispos de todo los continentes el 16 de noviembre de 1965 se reunieron en la catacumba de santa Domitila y asumieron el compromiso de hacer de la liberación de los pobres la prioridad absoluta de su ministerio. Entre ellos estaban los latinoamericanos que hicieron Medellín. Este fue su gran mensaje:

5.-El gran Pacto de las Catacumbas:
1. Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población en lo que toca a casa, comida, medios de locomoción, y a todo lo que de ahí se desprende. Mt 5, 3; 6, 33s; 8-20.
2. Renunciamos para siempre a la apariencia y la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (ricas vestimentas, colores llamativos) y en símbolos de metales preciosos (esos signos deben ser, ciertamente, evangélicos). Mc 6, 9; Mt 10, 9s; Hech 3, 6. Ni oro ni plata.
3. No poseeremos bienes muebles ni inmuebles, ni tendremos cuentas en el banco, etc, a nombre propio; y, si es necesario poseer algo, pondremos todo a nombre de la diócesis, o de las obras sociales o caritativas. Mt 6, 19-21; Lc 12, 33s.
4. En cuanto sea posible confiaremos la gestión financiera y material de nuestra diócesis a una comisión de laicos competentes y conscientes de su papel apostólico, para ser menos administradores y más pastores y apóstoles. Mt 10, 8; Hech 6, 1-7.
5. Rechazamos que verbalmente o por escrito nos llamen con nombres y títulos que expresen grandeza y poder (Eminencia, Excelencia, Monseñor…). Preferimos que nos llamen con el nombre evangélico de Padre. Mt 20, 25-28; 23, 6-11; Jn 13, 12-15.
6. En nuestro comportamiento y relaciones sociales evitaremos todo lo que pueda parecer concesión de privilegios, primacía o incluso preferencia a los ricos y a los poderosos (por ejemplo en banquetes ofrecidos o aceptados, en servicios religiosos). Lc 13, 12-14; 1 Cor 9, 14-19.
7. Igualmente evitaremos propiciar o adular la vanidad de quien quiera que sea, al recompensar o solicitar ayudas, o por cualquier otra razón. Invitaremos a nuestros fieles a que consideren sus dádivas como una participación normal en el culto, en el apostolado y en la acción social. Mt 6, 2-4; Lc 15, 9-13; 2 Cor 12, 4.
8. Daremos todo lo que sea necesario de nuestro tiempo, reflexión, corazón, medios, etc. al servicio apostólico y pastoral de las personas y de los grupos trabajadores y económicamente débiles y subdesarrollados, sin que eso perjudique a otras personas y grupos de la diócesis.
Apoyaremos a los laicos, religiosos, diáconos o sacerdotes que el Señor llama a evangelizar a los pobres y trabajadores, compartiendo su vida y el trabajo. Lc 4, 18s; Mc 6, 4; Mt 11, 4s; Hech 18, 3s; 20, 33-35; 1 Cor 4, 12 y 9, 1-27.
9. Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad, y de sus mutuas relaciones, procuraremos transformar las obras de beneficencia en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia, que tengan en cuenta a todos y a todas, como un humilde servicio a los organismos públicos competentes. Mt 25, 31-46; Lc 13, 12-14 y 33s.
10. Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro gobierno y de nuestros servicios públicos decidan y pongan en práctica las leyes, estructuras e instituciones sociales que son necesarias para la justicia, la igualdad y el desarrollo armónico y total de todo el hombre y de todos los hombres, y, así, para el advenimiento de un orden social, nuevo, digno de hijos de hombres y de hijos de Dios. Cfr. Hech 2, 44s; 4, 32-35; 5, 4; 2 Cor 8 y 9; 1 Tim 5, 16.
11. Porque la colegialidad de los obispos encuentra su más plena realización evangélica en el servicio en común a las mayorías en miseria física cultural y moral -dos tercios de la humanidad- nos comprometemos:
* a compartir, según nuestras posibilidades, en los proyectos urgentes de los episcopados de las naciones pobres;
* a pedir juntos, al nivel de organismos internacionales, dando siempre testimonio del evangelio, como lo hizo el papa Pablo VI en las Naciones Unidas, la adopción de estructuras económicas y culturales que no fabriquen naciones pobres en un mundo cada vez más rico, sino que permitan que las mayorías pobres salgan de su miseria.
12. Nos comprometemos a compartir nuestra vida, en caridad pastoral, con nuestros hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos y laicos, para que nuestro ministerio constituya un verdadero servicio. Así,
* nos esforzaremos para “revisar nuestra vida” con ellos;
* buscaremos colaboradores para poder ser más animadores según el Espíritu que jefes según el mundo;
* procuraremos hacernos lo más humanamente posible presentes, ser acogedores;
* nos mostraremos abiertos a todos, sea cual fuere su religión. Mc 8, 34s; Hech 6, 1-7; 1 Tim 3, 8-10.
13. Cuando regresemos a nuestras diócesis daremos a conocer estas resoluciones a nuestros diocesanos, pidiéndoles que nos ayuden con su comprensión, su colaboración y sus oraciones.

Que Dios nos ayude a ser fieles.

No había solamente obispos, ya que muchos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos se sintieron empujados por la fuerza del Espíritu y también hablaron y actuaron como profetas. Sobre todo en la época de los regímenes militares en América Latina, muchos profetas fueron muertos por causa de su palabra como Oscar Romero, Gerardi, los jesuitas de la UCA y otros muchos. Se tenía la impresión de que la Iglesia estaba volviendo a los primeros tiempos.

6.-El Documento de Puebla: En el llamado documento de Puebla decían los obispos de entones: “Es de suma importancia que este servicio del hermano siga la línea que nos traza el Concilio Vaticano II: «Cumplir antes que nada las exigencias de la justicia para no quedar dando como ayuda de caridad aquello que ya se debe por razón de justicia; suprimir las causas y no sólo los efectos de los males y organizar los auxilios de tal forma que quienes los reciben se vayan liberando progresivamente de la dependencia externa y se basten a sí mismos»”. Era su mensaje profético.

7.-La Iglesia actual: Pues bien, la iglesia actual, o retorna a este mensaje, es decir, a sus orígenes, que es Jesucristo y su mensaje, a la línea de los primeros papas y los cristianos de los primeros siglos, asumiendo el compromiso con los actuales empobrecidos del mundo, denunciando las injusticias, las desigualdades, los robos y saqueos que los ricos, cada vez más ricos, hacen de los pobres, y proclamando a todos las exigencias del mensaje de Jesús, o de lo contrario la iglesia oficial tiene los días contados, porque de no hacerlo así, es infiel al Dios de Jesucristo y su mensaje.

El actual papa Francisco intenta y lucha por retornar a este camino, que es el único que puede garantizar un futuro digno para toda la humanidad. Su mensaje en la ALEGRIA DEL EVANGELIO lo expresa con claridad. ¿El resto de la iglesia jerárquica lo escuchará, le hará caso, lo secundará? De momento, tristemente parece que no lo está haciendo, pues si quiera difunde ampliamente el contenido de ese importante documento. La Iglesia, para ser hoy la Iglesia de Jesucristo, tiene que hacer de la liberación de los empobrecidos la prioridad absoluta de su ministerio, luchando con ellos contra las causas y los causantes de su empobrecimiento..

Todos podemos y debemos ser profetas con los hechos y palabras de nuestra vida.

Un cordial abrazo a tod@s.-Faustino

NOTA IMPORTANTE.- En la elaboración de este comentario para la festividad de los apóstoles Pedro y Pablo hemos seguido en parte un interesante documento escrito por José Comblin, titulado la Profecía en la Iglesia, que recomendamos encarecidamente.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.