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«Encontraron a María y a José, y al niño. A los ocho días, le pusieron por nombre Jesús». Domingo 1 de enero de 2017. Santa María Madre De Dios, Jornada Mundial de la Paz

domingo, 1 de enero de 2017
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07-navidada3-cerezoDe Koinonia:

Números 6,22-27: Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.
Salmo responsorial: 66: El Señor tenga piedad y nos bendiga.
Gálatas 4,4-7: Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer.
Lucas 2,16-21: Encontraron a María y a José, y al niño. A los ocho días, le pusieron por nombre Jesús.

Litúrgicamente, hoy es la fiesta de «Santa María Madre de Dios»; es también la «octava de Navidad», y por tanto el recuerdo de «la circuncisión de Jesús», celebración judía que se celebraba al octavo día del nacimiento de los niños, y en la que se les imponía el nombre. Para nosotros, hombres y mujeres de hoy, esos tres componentes de la festividad litúrgica de hoy nos aparecen como muy lejanos, extraños, tal vez irrelevantes para nuestra vida… tanto por el lenguaje que en que son expresados, como por el «imaginario religioso» al que pertenecen…

Pero, por otra parte, hoy es también el primer día del año civil, «¡Año Nuevo!», y la Jornada Mundial por la Paz, celebración esta que, aunque originalmente procede una iniciativa eclesiástica católica, ha alcanzado una notable aceptación en la sociedad, gozando ya de un cierto estatuto civil.

Como se puede ver, pues, hay una buena distancia entre la conmemoración litúrgica y los motivos «modernos» de celebración. Esta distancia, que se repite en otras fechas, con bastante frecuencia, habla por sí misma de la necesidad de «actualizar» el calendario litúrgico, y, mientras esa tarea no sea acometida oficialmente por quien corresponde, será preciso que los agentes de pastoral tengan creatividad y audacia para reinterpretar el pasado, abandonar lo que está muerto, y recrear el espíritu y a veces la letra misma y los símbolos de las celebraciones.

Pero veamos en primer lugar los textos bíblicos que la ordenación litúrgica posconciliar nos deparó.

Nm 2,22-27 es la llamada bendición aaronítica (de Aarón), porque se afirma que Dios la reveló a Moisés para que éste a su vez la enseñara a Aarón y a sus hijos, los sacerdotes de Israel, para que con ella bendijeran al pueblo. Seguramente fue usada ampliamente en el antiguo Israel. Incluso se ha encontrado grabada en plaquetas metálicas para llevar al cuello, o atada de algún modo al cuerpo, como una especie de amuleto. Arqueológicamente dichas plaquetas datan de la época del 2º templo, es decir, del año 538 AC en adelante. Bien nos viene una bendición de parte de Dios al comenzar el año: que su rostro amoroso brille sobre todos nosotros como prenda de paz. La paz tan anhelada por la humanidad entera, y lamentablemente tan esquiva. Pero es que no basta con que Dios nos bendiga por medio de sus sacerdotes. No basta que él nos muestre su rostro. Aquí no se trata de bendiciones mágicas sino de un llamado a empeñarnos también nosotros en la consecución y construcción de la paz: con nosotros mismos, en nuestro entorno familiar, con los cercanos y los lejanos, con la naturaleza tan maltratada por nuestras codicias; paz con Dios, Paz de Dios.

Buen comienzo del año éste de la bendición. El refrán popular ha consagrado ese deseo de «volver a comenzar» que sentimos todos al llegar esta fecha: «Año nuevo, vida nueva». Uno quisiera olvidar los errores, limpiarse de las culpas que molestan en la propia conciencia, estrenar una página nueva del libro de su vida, y empezarla con buen pie, dando rienda suelta a los mejores deseos de nuestro corazón… Por eso es bueno comenzar el año con una bendición en los labios, después de escuchar la bendición de Dios en su Palabra.

Bendigamos al Señor por todo lo que hemos vivido hasta ahora, y por el nuevo año que pone ante nuestros ojos: nuevos días por delante, nuevas oportunidades, tiempo a nuestra disposición… Alabemos al Señor por la misericordia que ha tenido con nosotros hasta ahora. Y también porque nos va a permitir ser también nosotros una bendición en este nuevo año que comienza: bendición para los hermanos y bendición para Dios mismo. Año nuevo, vida nueva, bendición de Dios.

Gál 4,4-7 es una apretada síntesis de lo que Pablo nos enseña en tantos otros pasajes de sus cartas. En primer lugar, nos dice que el tiempo que vivimos es de plenitud, porque en él Dios ha enviado a su Hijo, no de cualquier manera, sino «nacido de mujer y nacido bajo la ley», es decir, semejante en todo a nosotros, en nuestra humanidad y en nuestros condicionamientos históricos. Pero este abajamiento del Hijo de Dios, nos ha alcanzado la más grande de las gracias: la de llegar a ser, todos nosotros los seres humanos, sin exclusión alguna, hijos de Dios, capaces de llamarlo «Abba», es decir, Padre. Nuestra condición filial fundamenta una nueva dignidad de seres humanos libres, herederos del amor de Dios. Parecerían hermosas palabras, nada más, frente a tantos sufrimientos y miserias que todavía experimentamos, pero se trata de que pongamos de nuestra parte para que la obra de Jesucristo se haga realidad. Se trata de que nos apropiemos de nuestra dignidad de hijos libres, rechazando los males personales y sociales que nos agobian, luchando juntos contra ellos. Esto implica una tarea y una misión: la de hacernos verdaderos hijos de Dios, a nosotros y a nuestros hermanos que desconocen su dignidad.

Nacido de mujer, nacido bajo la ley, nos recuerda Pablo (Gál 4,4). Nació en la debilidad, en la pobreza, fuera de la ciudad, en la cueva, porque no hubo para ellos lugar en la posada… Nace en la misma situación que el conjunto del pueblo, los sencillos, los humildes, los sin poder.

Este nacimiento real y concreto es asumido por Dios para abrazar en el amor a todos los que la tradición había dejado fuera. Es la visita real de aquel que, por simple misericordia, nos da la gracia de poder llamar a Dios con la familiaridad de Abba -«papito»- y la posibilidad de considerar a todos los hombres y mujeres hermanos muy amados.

En Jesús, nacido de María -la mujer que aceptó ser instrumento en las manos de Dios para iniciar la nueva historia- todos los seres humanos hemos sido declarados hijos y no esclavos, hemos sido declarados coherederos, por voluntad del Padre. La bendición o benevolencia de Dios para los seres humanos da un gran paso: Dios ya no bendice con palabras, ahora bendice a todos los seres humanos y aun a toda la creación, con la misma persona de su Hijo, que se hace hermano de todos. Y nadie queda marginado de su amor.

«Ha aparecido la bondad de Dios» en Jesús, y es hora de alegría estremecida, para hacer saber al mundo -y a la creación misma- que Dios ha florecido en nuestra tierra y todos somos depositarios de esa herencia de felicidad.

Lc 2,16-21, en el lenguaje «intencionado» que por ser un género literario (“evangelio de la infancia”) utiliza con sus signos, Jesús no nace entre los grandes y poderosos del mundo sino, muy en la línea de Lucas, entre los pequeños y los humildes; como los pastores de Belén, que no son meras figuras decorativas de nuestros «belenes», pesebres o nacimientos, sino que eran, en los tiempos de Jesús, personas mal vistas, con fama de ladrones, de ignorantes y de incapaces de cumplir la ley religiosa judía. A ellos en primer lugar llaman los «ángeles» a saludar y a adorar al Salvador recién nacido. Ellos se convierten en pregoneros de las maravillas de Dios que habían podido ver y oír por sí mismos. Algo similar pasa con María y José: no eran una pareja de nobles ni de potentados, eran apenas un humilde matrimonio de artesanos, sin poder ni prestigio alguno. Pero María, la madre, «guardaba y meditaba estos acontecimientos en su corazón», y seguramente se alegraba y daba gracias a Dios por ellos, y estaba dispuesta a testimoniarlo delante de los demás, como lo hizo delante de Isabel, entonando el Magníficat.

Todo ello dentro de una composición teológica más elaborada de lo que su aparente ingenuidad pudiera insinuar. En todo caso, la simplicidad, la pobreza, la llaneza del relato y de lo relatado casan perfectamente con el espíritu de la Navidad.

La «maternidad divina de María», motivo oficial de la celebración litúrgica de hoy, y uno de los tres «dogmas» marianos -si se puede hablar así-, es una formulación que hace tiempo «chirría» en los oídos de quien la escucha desde una imagen de Dios adulta y crítica. Como ocurre con tantos otros «dogmas» y tradiciones tenidas como tales, el pueblo cristiano las ha amalgamado fantásticamente con los evangelios, llegando a pensar que provienen directamente del evangelio.

Pablo no conoció a Jesús, ni tampoco se encontró con María. El versículo Gál 4,4 que hoy leemos, es «todo lo que Pablo dice de María». Ni siquiera cita su nombre. En el cristianismo, la maternidad divina de María es, claramente, una construcción eclesial: ni los evangelios ni Pablo saben nada de ella, y no será formulada ni «declarada» hasta el siglo V.

En este contexto, es importante desempolvar y recordar la historia de tal «dogma», con la conocida «manipulación» del concilio de Éfeso, en el año 431, cuando Cirilo de Alejandría forzó y consiguió la votación antes de que llegaran los padres antioqueños, que representaban en el Concilio la opinión contraria. Se dice que el Pueblo cristiano acogió con entusiasmo esta declaración mariana, pero hay que añadir que se trata de los habitantes de Éfeso, la ciudad de la antigua «Gran Diosa Madre», la originaria diosa-virgen Artemisa, Diana… La fórmula de Éfeso, en cualquier caso, ha sido siempre tenida como sospechosa de concebir la filiación divina y la encarnación en términos «monofisitas», que hasta cosifican a Dios, como si se pudiera procrear a Dios y no más bien a un hombre en el que, en cuanto Hijo de Dios, Dios mismo se nos hace patente a la fe… (Nos estamos refiriendo a lo que dice Hans Küng, en Ser cristiano, Cristiandad, Madrid 1977, pág. 584ss).

El título «madre de Dios» no es bíblico, como es sabido. Para el evangelio María es siempre, nada más y nada menos que «la madre de Jesús», un título tan entrañable, real e histórico, que acabará sepultado y abandonado en la historia bajo un montón de otros títulos y advocaciones construidos eclesiásticamente. San Agustín (siglos IV y V) todavía no conoce himnos ni oraciones ni festividades marianas. El primer ejemplo de una invocación directa a María lo encontramos en el siglo V, en el himno latino Salve Sancta Parens.

La Edad Media europea dará rienda suelta a su imaginario teológico y devocional respecto de María. Mientras los primitivos Padres de la Iglesia todavía hablan de las posibles imperfecciones morales de María, en el siglo XII aparece la opinión de su exención del pecado, tanto del personal como del «original». En el mismo siglo XII aparece el Avemaría. El ángelus en el XIII. El rosario en el XIII-XIV. El mes de María y el mes del rosario en el XIX-XX. Los puntos culminantes de esta evolución serán la definición de la «inmaculada concepción de María» (1854, por Pío IX) y la definición de la «asunción de María en cuerpo y alma al cielo» (1950, por Pío XII). Momentos finales de este apogeo mariano son la «consagración del mundo al Corazón de María» en 1942 y 1954, por Pío XII.

Pero todo este marianismo remitió con sorprendente rapidez con el Concilio Vaticano II, que renunció a nuevos «dogmas» y desechó la anterior mariología «cristotípica» (característica de la escuela mariológica española preconciliar), dando paso a una comprensión mariológica mucho más sobria, bíblica e histórica, en la línea «eclesiotípica» (de la escuela alemana principalmente). Aunque la veneración a María (hyper-dulía), superior a la tributada a los santos (dulía), siempre fue distinguida teóricamente de la dada a Dios (latría), lo cierto es que en la religiosidad popular muchas veces María fungió como un verdadero «correlato femenino de la divinidad», y su condición de criatura, de discípula de Jesús y miembro de la Iglesia casi fueron olvidadas (en forma paralela a lo que ocurrió con Jesús respecto de su humanidad).

Hoy, la imagen conciliar de María que la Iglesia tiene es la de «la madre de Jesús», desmitificada, despojada de tantas adherencias fantásticas como se le habían puesto encima a lo largo de la historia: María es una cristiana, muy cercana a Jesús, una «discípula» suya, un destacado miembro de la Iglesia: la «madre de Jesús», en un título insustituible que le da el mismo evangelio, y a cuyo uso muchos creyentes vuelven en la actualidad, prefiriéndolo al creado en el siglo V. La Constitución dogmática Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, en su capítulo octavo (nn. 52-69) ofrece todavía la mejor síntesis de la mariología para nuestros tiempos. El Concilio Vaticano II nos sigue marcando el camino, también en mariología. A la hora de predicar sobre María, debemos remitirnos, necesariamente, a ese capítulo octavo de la Lumen Gentium.

Concluimos. Seguimos estando en tiempo de Navidad, tiempo en el que la ternura, el amor, la fraternidad, el cariño familiar… se nos hacen más palpables que nunca. La ternura de Dios hacia nosotros, que se expresó en el niño de Belén, inunda nuestra vida, en las luces de colores, los adornos navideños, los villancicos y las reuniones familiares. Todo ayuda a ello en este tiempo todavía de Navidad. Dejemos recalar estos sentimientos en nuestro corazón, para que perduren a lo largo de todo el año.

Al comenzar el año, al poner el pie por primera vez en este nuevo regalo que el Señor nos hace en nuestra vida, vamos a agradecerle con todo el corazón la alegría de vivir, la oportunidad maravillosa que nos da de seguir amando y siendo amados, y la capacidad que nos ha dado para cambiar y rectificar.

Otro enfoque válido y provechoso de la homilía podría orientarse hacia el tema de la Jornada Mundial de la Paz… así como hacia el hecho del Año Nuevo, que si bien es algo simplemente convencional, astronómicamente insignificante, tiene el valor simbólico inevitable y profundo de recordarnos el inexorable paso del tiempo… Leer más…

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Tres actitudes para el nuevo año Fiesta de Santa María, Madre de Dios

domingo, 1 de enero de 2017
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maria-y-jesusDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Un extraño cambio en 1970

Cualquier judío sabe que a un niño hay que circuncidarlo a los ocho días de nacer. Así lo ordenó Dios a Abrahán: “A los ocho días de nacer, todos vuestros varones de cada generación serán circuncidados” (Génesis 17,12). Por consiguiente, cuando la iglesia adoptó el 25 de diciembre como fecha del nacimiento, el 1 de enero pasó a celebrarse la fiesta de la circuncisión e imposición del nombre de Jesús.

            Existía también una fiesta de Santa María, Madre de Dios, solemnidad que se había introducido en las iglesias orientales hacia el año 500 y que la iglesia católica romana terminó celebrando el 11 de octubre. Parecía lógico relacionar más estrechamente esta fiesta de la maternidad de María con el nacimiento de Jesús. Por eso, a partir de 1970 se trasladó la fiesta al 1 de enero.

            Esto implicó unir dos celebraciones importantes el mismo día: nombre de Jesús y Maternidad divina de María. Por si fuera poco, a Pablo VI se le ocurrió celebrar también el 1 de enero la Jornada Mundial por la Paz.

            Dado que incluso los cristianos más piadosos celebran el Fin de Año y no están al día siguiente con la cabeza demasiado despejada, se ha decidido aligerar un poco de celebraciones el 1 de enero.

            Y lo ha pagado quien menos se podía imaginar. La fiesta del Nombre de Jesús ha perdido la categoría de fiesta y pasa este año 2016 a celebrarse el día 3 de enero, aunque se mantiene en la misa del día 1 la referencia a la circuncisión e imposición del nombre.

El libro bíblico de los Números no lo escribió san Francisco de Asís

            La primera lectura de hoy dice:

El Señor habló a Moisés: Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz.» Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.»

            Muchas personas piensan que esta bendición es de san Francisco de Asís. La escribió muchos siglos antes un autor bíblico para que la pronunciaran los sacerdotes sobre los israelitas. Es tan breve, clara y profunda que cualquier comentario sólo sirve para estropearla.

Tres actitudes para el nuevo año (Lucas 2,16-21)

            En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.

            Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores.

            María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

            Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

            Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

            El texto relaciona dos acontecimientos muy distintos, separados por ocho días de distancia. El primero, la visita de los pastores, es lo mismo que leímos el 25 de diciembre en la segunda misa, la del alba. En la escena se distinguen diversos personajes:

  • ü Empieza y termina con los pastores, que corren a Belén y vuelven alabando y dando gloria a Dios. Los pastores simbolizan la “política incorrecta” de Dios. El gran anuncio del nacimiento del Mesías no se comunica al Sumo Sacerdote de Jerusalén, ni a los sacerdotes y levitas, ni a los estudiosos escribas, ni a los piadosos fariseos. Se comunica a unos pastores que, en la escala social de aquel tiempo, ocupan el penúltimo lugar, el de las clases impuras, porque su oficio se equipara al de los ladrones. Sin embargo, esta gente tan poco digna socialmente, corre hacia Jesús, cree que un niño envuelto en pañales y en un pesebre puede ser el futuro salvador, aunque ellos no se beneficiarán de nada, porque, cuando ese niño crezca, ellos ya habrán muerto. La visita de los pastores simboliza lo que dirá Jesús más tarde: “Te alabo Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla.”
  • ü Está también presente un grupo anónimo, que podría entenderse como referencia a la demás gente de la posada, pero que probablemente nos representa a todos los cristianos, que se admiran de lo que cuentan los pastores.
  • ü Finalmente, el personaje más importante, María, que conserva lo escuchado y medita sobre ello. En los relatos de la infancia, Lucas ofrece dos imágenes muy distintas de María. En la anunciación, Gabriel le comunica que será la madre del Mesías, y ella termina alabando en el Magnificat las maravillas que Dios ha hecho en ella. Pero, cuando Jesús nace, Lucas habla de María de forma muy distinta. A partir de ese momento, todo lo relacionado con Jesús le resulta nuevo y desconcertante: lo que dicen los pastores, lo que dirá Simeón, lo que le dirá Jesús a los doce años cuando se quede en Jerusalén. En esas circunstancias, María no repite “proclama mi alma la grandeza del Señor”. Se limita a callar y meditar, igual que hará a lo largo de toda la vida pública de Jesús.

            Estas tres actitudes se complementan: la admiración lleva a la meditación y termina en la alabanza de Dios. Tres actitudes muy recomendables para el próximo año.

            La segunda escena tiene lugar ocho días más tarde. Algo tan importante y querido para nosotros como el nombre de Jesús lo cuenta Lucas en poquísimas palabras. Su sobriedad nos invita a reflexionar y dar gracias por todo lo que ha supuesto Jesús en nuestra vida.

En vez de propósitos y buenos deseos, una buena compañía

            El comienzo de año es un momento ideal para hacer promesas que casi nunca se cumplen. También se formulan deseos de felicidad, generalmente centrados en la clásica fórmula: salud, dinero y amor. La liturgia nos traslada a un mundo muy distinto. Abre el año ofreciéndonos la compañía de Dios Padre, que nos bendice y protege, de Jesús, que nos salva, de María, que medita en todo lo ocurrido.

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Dios es la madre de quien dependemos

domingo, 1 de enero de 2017
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vladimirskayaLc 2, 16-21

Es una fecha cargada de connotaciones profundamente humanas: La circuncisión e imposición del nombre a Jesús. La maternidad de María. El comienzo del año. El día de la paz. No me gusta tratar más de un tema en cada homilía, pero hoy tenemos que hacer una excepción. La fiesta quedaría incompleta si omitiéramos alguno de los aspectos. De todas formas, desde el punto de vista litúrgico, la más importante es la de María madre.

1º.- María madre de Dios. Es la fiesta más antigua de María en occidente. Pablo VI la recuperó y la colocó en este día de la octava de Navidad y primero del año. La maternidad de María es un dogma. Esto no nos tiene que asustar, porque lo que de verdad importa es la manera de entender hoy esa verdad. Fue definido en Éfeso en el 431. Pero no se trata de un dogma mariológico, sino cristológico. ¡Ya me hubiese gustado que en aquella época se hubieran interesado por la figura de una mujer como madre! La verdad es que, ni en los evangelios ni en los primeros escritos cristianos se preocuparon de María.

La mejor prueba de que en la definición de Éfeso no querían decir lo que después se entendió, es que tuvo que ser aclarada veinte años después por el concilio de Calcedonia (451). En este concilio se afirmó, que María era madre de Dios, pero «en cuanto a su humanidad». ¿Qué queremos decir cuando hablamos de la humanidad de Dios? Efectivamente, llamar a María “madre de Dios” porque fue la madre de Jesús, es violentar los conceptos. Jesús fue un ser humano que comenzó a existir en un momento determinado de la historia. El niño que lloraba y que mamaba, se meaba y se cagaba, no puede ser identificado sin más con Dios; está fuera del tiempo, no tiene ni principio ni fin.

Para entender el dogma de la «Theotokos» (la que pare a Dios), debemos tener en cuenta el contexto en que fue formulado. Era un intento de confirmar, que el fruto del parto de María fue una única persona: Jesús. Contra Nestóreo que afirmaba dos personas en Jesús, una humana que era Jesús, y una divina, la segunda de la trinidad. No debemos olvidar que el concilio de Éfeso lo promovió el mismo Nestóreo para condenar como hereje a Cirilo, que proclamaba una sola persona en Cristo. Faltó el canto de un duro, para que se saliera con la suya y condenaran como herejía lo que se definió como dogma.

Aunque no es lo que se definió, lo que se ha entendiendo del dogma, no deja de tener su importancia a la hora de pensar la realidad insondable de Dios. Que nos hayamos atrevido a dar una madre a Dios tiene unas connotaciones psicológicas incalculables. Manifiesta una necesidad de comprender a Dios desde nuestra realidad humana. Somos hijos de Dios y Él es a la vez Hijo de una mujer… Dios entrando en la dinámica humana y el hombre entrando en la dinámica divina. Llamar a María Madre es manifestar que es origen de algo tan importante como es la presencia de Dios en Jesús.

2º.-La circuncisión se hacía a los ocho días y era el rito religioso fundamental para el pueblo judío. Mucho más que el bautismo para nosotros. Implicaba ponerle un nombre, que en aquella época era muy importante y que en este caso, según el relato, no lo eligen ellos, sino que viene impuesto. Lo que significa el nombre “Jesús” (Dios salva) resume todo lo que fue su vida. La circuncisión suponía, además, la adhesión legal de la criatura al pueblo de Israel. Si era primogénito, como en el caso de Jesús, había que rescatarlo de la obligación de ofrecer al Señor todo primogénito, hombre o animal.

3º.-El comienzo del año supone traspasar una frontera. En el NT griego, encontramos dos palabras que traducimos por “tiempo”, pero que tienen un significado muy diferenciado. Chronos es el tiempo astronómico. Se refiere al paso de las horas, días y años… En principio, es lo que estamos celebrando hoy. Kairos sería el tiempo humano. Es el tiempo oportuno para hacer algo importante que atañe a la condición humana de cada uno. Éste es mucho más importante desde el punto de vista religioso. Se trata del tiempo que se me da a mí como oportunidad de crecer en el ser. Nadie debía traspasar la frontera de un nuevo año sin hacer una reflexión sobre sí mismo, y valorar como está haciendo uso de algo tan importante y tan efímero como el tiempo cronológico.

Sabemos que Dios es amor y que el don de sí mismo es total, absoluto y eterno. Nunca se podrá “arrepentir” de ser lo que es para nosotros. Pero ese don no es una imposición desde fuera. Si el hombre no lo descubre y lo acepta, no significará absolutamente nada para él. La aceptación de ese don que es Dios, tenemos que hacerla desde la más profunda humanidad. No es suficiente una vida animal y racional plena. Es necesaria una perspectiva humana que sólo se da más allá de lo biológico y lo racional. Para que Dios llegue a nosotros, tenemos que concebirlo y tenemos que darle a luz.

4º.-El día mundial de la paz. Tal vez sea una de las carencias que más afecta al ser humano de hoy, porque la ausencia de paz es la prueba palpable de una falta de humanidad a todos los niveles. Ahora bien, la reflexión que hacemos no puede quedarse en aspavientos y quejas sobre lo mal que está el mundo. No podemos descubrir lo que significa la paz, hablando de guerras y conflictos.

No son las contiendas internacionales, por muy dañinas que sean, las que impiden a los seres humanos alcanzar su plenitud. Los grandes conflictos internacionales los originamos nosotros con nuestras riñas y pendencias individuales. Si no hay paz a escala mundial, la culpa la tengo yo, que lucho a brazo partido por imponerme a los que están a mi alrededor. El egoísmo que impide la armonía en nuestras relaciones personales es el causante de las más feroces guerras a todos los niveles.

La paz no es una realidad que podamos buscar con un candil. La paz será siempre la consecuencia de unas relaciones verdaderamente humanas entre nosotros. Es muy deprimente que nos sigamos rigiendo por el proverbio latino: “si vis pacem parat vellum”. Si te preparas para la guerra, es que estás pensando en quedar por encima del otro para esclavizarlo. Si no existe una auténtica calidad humana no puede haber una verdadera paz, ni entre las personas ni entre las naciones.

El primer paso en la búsqueda de la paz, tengo que darlo yo caminando hacia mi interior. Si no he conseguido una armonía interior; si no descubro mi verdadero ser y lo asumo como la realidad fundamental en mí, ni tendré paz ni la puedo llevar a los demás. Este proceso de maduración personal es el fundamento de toda verdadera paz. Pero es también lo más difícil. Una auténtica paz interior se reflejaría en todas nuestras relaciones humanas, comenzando por las familiares y terminando por las internacionales.

¡Si recuperásemos el shalom judío! En esa palabra se encuentra resumido todo lo que intento deciros en estas líneas. Nuestra palabra “paz” tiene connotaciones exclusivamente negativas: ausencia de guerra, ausencia de conflictos, etc. Pero el shalom se refiere a realidades positivas. Decir shalom significaría un deseo de que Dios te conceda todo lo que necesitas para ser auténticamente tú, incluida la misma presencia de Dios en ti.

El ser humano auténtico es el que ha superado el egoísmo, es decir, ha dejado de pretender que todo, personas y cosas, giren en torno a él. Aprender a amar, preocuparse de los demás, entrar en armonía, no sólo con los demás sino con toda la creación es la auténtica preparación para la paz. El que ama no pelea por nada ni pretende nada de los demás, sino que está encantado de que todos saquen provecho de él.

Meditación-contemplación

¡Convierte el Chronos en Kairos!
Esta es mi principal tarea como ser humano.
Tengo que aprovechar el “tiempo” que se me da.
Mi tiempo no puede ser sólo geológico o biológico.
Mi tiempo tiene que ser siempre “humano
……………

El tiempo que dedico a mí mismo,
Puede ser el más humano y el más inhumano.
Conocerme mejor y crecer interiormente,
es el mejor camino para llegar a los demás.
………………

Sin interiorización no puede haber verdadera entrega a los demás.
Si descubro que todo lo que soy se debe a Otro,
será fácil que entre en la dinámica de unidad con los demás.
El Otro nos une a todos hasta identificarnos en el Uno.
……………………

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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A nuestra imagen y semejanza

domingo, 1 de enero de 2017
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cristo-en-casa-de-sus-padres-millais-1¿Un Dios nacido en las cadenas de producción y montaje de la Factoría Humanidad?  (Klaas Hendrikse)

1 de enero Octava de la Navidad

Gál 4, 4-7 Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer

Lc 2, 16-21

Al verlo, les contaron lo que les habían dicho del niño. Y todos los que lo oyeron se asombraban de lo que contaban los pastores

Los Reyes Magos saben de Jesús, según el relato evangélico de Lucas, lo que los demás les habían dicho. Y cuantos lo oyeron se asombraban de lo que contaban los pastores. Las Biblias de todas las religiones son escritos de pluma y pensamiento humano. En su libro Croire en un Dieu qui n’existe pas, Klaas Hendrikse (1947) afirma que Todo lo que se dice de Dios procede del hombre. De ahí términos como todopoderoso, eterno, omnipresente, creador. Un camino que no parece adecuado: partir de Dios para llegar al hombre. Lo idóneo es lo contrario: partir del hombre para llegar  a Dios. De nosotros, de la vida, de las experiencias de la gente. De la necesidad de la mente humana batallando por configurarle a nuestra imagen y semejanza y no al contrario, como se afirma en el Génesis 1, 26.

Este pastor protestante de la parroquia holandesa de Middelburg y que subtitula su obra Manifeste d’un pasteur athée, añade en su obra esta frase: ¿Un Dios nacido en las cadenas de producción y montaje de la Factoría Humanidad? La Reverenda Kirsten Slattennar, líder de la misma iglesia (la Iglesia del Éxodo) piensa igual que Klass cuando, refiriéndose a Jesús, rechaza la idea central para el Cristianismo de que era divino y humano a la vez. Y manifiesta: “Creo que ‘Hijo de Dios’ es una especie de título. No creo que fuera un dios o mitad dios. Yo creo que era un hombre, pero era un hombre especial”. Posición doctrinal defendida ya por el arrianismo en el siglo IV.

Conocido es el texto del poeta y filósofo griego Jenófanes (570-475 a.C.) sobre cuestiones teológicas: “Chatos, negros: así ven los etíopes a sus dioses. De ojos azules y rubios: así ven a sus dioses los tracios. Pero si los bueyes, caballos y leones tuvieran manos, manos como las personas para dibujar, para pintar, para crear una obra de arte, entonces los caballos pintarían a los dioses semejantes a los caballos, los bueyes semejantes a los bueyes, y a partir de sus figuras crearían las formas de los cuerpos divinos según su propia imagen: cada uno según la suya”.

¿Cuándo se cambiará el rimbombante “Palabra de Dios” del final de la lectura del evangelio dominical, por un sencillo y respetuoso silencio?

Pedro Casaldáliga (1928), pensador, poeta y obispo de Sao Félix de Araguala, Brasil,  nos señala en sus versos que lo importante es vivir en esta tierra nuestra.

POEMAS (Fragmentos)

“¿Por dónde iréis hasta el cielo
si por la tierra no vais?
¿Para quién vais al Carmelo
si subís y no bajáis?”

(Salmos de vigilia)

“Esta es la tierra nuestra
…la tierra de los hombres
que caminan por ella
a pie desnudo y pobre.
Que en ella crecen, de ella,
para crecer con ella,
como troncos de espíritu y de carne.”

(Tierra nuestra, libertad)

Vicente Martínez

Funte Fe Adulta

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Nacer entre pastores: Un escándalo

domingo, 1 de enero de 2017
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b3ae2b1ff554a163cc0a9a4d283094e6Lc 2, 16-21

El texto del evangelio de este domingo no es la crónica de un suceso. Si fuera así, nos quedaríamos indiferentes, porque se trataría de un hecho que ocurrió hace dos mil años. Ha pasado mucho tiempo.

San Lucas ofrece una catequesis, una interpretación teológica, que fue una Buena Noticia en su tiempo. ¿La percibimos hoy como Buena Noticia?

Empezamos por recrear el texto para acercarnos a la realidad social de los pastores en tiempos de Jesús.

Una noche más, los pastores de Belén pasan la noche al raso, reunidos junto al fuego. El cielo está repleto de estrellas. Ellos charlan, mientras aguardan con paciencia a que Tomás acabe de hacer las sopas, para tomar un tazón bien lleno y entrar en calor.

– ¡Qué vida tan dura la nuestra! Cuidamos los rebaños ajenos y a cambio solo recibimos la comida de cada día. ¿Cuándo cambiará nuestra suerte?

– Hace falta que llegue el Mesías para liberarnos de los romanos.

– Es verdad, pero ¿quién nos libra de los avaros que nos oprimen? Si las tierras y la riqueza estuvieran mejor repartidas podríamos tener nuestros propios rebaños.

– El Mesías se ha olvidado de nosotros. Hace siglos que lo esperamos y no llega.

– ¿Creéis que si viniera se iba a acordar de un grupo de pastores? No os hagáis ilusiones.

– Claro que se acordará. Los profetas anunciaron que llegaría un buen pastor para Israel.  

– Eso fue hace siglos. Ahora los pastores somos considerados gentuza. Todo el mundo nos desprecia y nos llama ladrones.

– No entienden que a veces nos llevamos un cordero a casa porque tenemos que alimentar a nuestra familia. Si los dueños lo comprendieran no tendríamos que robarlos del rebaño, nos lo darían, que nuestro trabajo lo merece.

– Y si un día viene  el Mesías ¿en qué lugar creéis que nacerá?

– Yo creo que en Jerusalén. Es la ciudad santa y ahora lo romanos la han llenado de basura. Que empiece a liberar a su pueblo en Jerusalén.  

– Allí no durará mucho, los romanos se encargarán pronto de hacerlo desaparecer, como han hecho con tantos jóvenes de nuestros pueblos, a los que han crucificado por protestar. ¿Qué hemos hecho para estar dominados desde hace siglos por pueblos extranjeros?

– Yo creo que debería nacer en Belén, porque es la ciudad del rey David y el Mesías es su descendiente; así lo dice la Escritura.

De repente, el anciano Melquisedec dio un grito, mientras señalaba con la mano en dirección a Belén:

– Mirad, mirad, ha habido un resplandor. Como si una estrella fugaz hubiera pasado sobre el pueblo, iluminándolo todo.

– Yo no he visto nada. Creo que tienes mucha hambre y ves visiones. En cuanto estén las sopas,  tomate un buen cuenco.

 – Os he dicho que he visto algo. No me voy a quedar aquí sentado. ¿Y si es una señal del cielo?

 El anciano se levantó y se puso a caminar en dirección al pueblo. Poco a poco se fueron levantando otros pastores y le siguieron, hasta que el grupo se perdió de vista en la oscuridad de la noche.

Al día siguiente, la expresión de sus rostros daba fe de que algo había ocurrido esa noche en Belén.

——————

San Lucas intercala en su evangelio multitud de señales. Aparentemente son signos sin importancia. Ni siquiera hace falta que sean datos históricos, esas señales son catequesis, interpretaciones teológicas muy sugerentes.

Una señal es Belén. Los otros tres evangelistas no se detienen en este dato. Para Lucas es el único lugar apropiado para situar el nacimiento, porque era la ciudad del rey David y Jesús era de su linaje.

La segunda señal consiste en situar el nacimiento de Jesús junto a los pastores, uno de los colectivos más empobrecidos y marginados de su tiempo. No sólo es una señal, sino un escándalo. Las  condiciones laborales de los pastores eran tan duras que tenían que recurrir a la picaresca para sobrevivir.

Los “sabios de este mundo” estaban en Jerusalén, leyendo e interpretando las Escrituras, sin percatarse del profundo cambio que ocurría en la humanidad.

Un colectivo marginado ve una señal, se levanta para ir a buscar, corre, mira, escucha, interpreta, responde, alaba a Dios y da testimonio de “todo lo que ha visto y oído”. Los pastores, marginados, se convierten en testigos. Estupenda lección de teología y de catequesis que debería interrogarnos hoy.

A los ocho días había que circuncidar a Jesús. No deja de ser curioso que una pequeña intervención, que facilitaba la higiene y la salud de los varones, se había convertido en la señal por excelencia de pertenencia a un pueblo. Y esa señal, que no podían tener las mujeres, conlleva desde hace siglos privilegios y poder en el ámbito judío.

Vamos a dar un paso más: quitamos  el envoltorio “inocente” del texto, para buscar la Buena Noticia que se anunció;  y traducimos hoy esa novedad para nuestro mundo.

Me atrevo a traducirla así: Jesús apostó de tal modo por los colectivos marginados de su tiempo que al narrar su nacimiento lo sitúan ya en esa perspectiva. Al ser circuncidado se convirtió en un hijo de la ley, en un varón judío con las prerrogativas de su tiempo. Pero con sus palabras y sus hechos se fue desmarcando de los privilegios que le otorgaba la circuncisión para vivir con plenitud como hijo del Abbá, despertarnos la filiación y acompañarnos en el proceso de crecer como hijos e hijas de Dios.

Marifé Ramos González

Fuente Fe Adulta

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Aquel refugiado

sábado, 31 de diciembre de 2016
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be4a656830cfee0e64ca02708ff18941En su precario refugio nadie estampó las siglas de UNHCR (Acnur), pero debieron igualmente ir de puerta en puerta pidiendo acogida. No tomaron cayuco, no se apiñaron en ninguna barcaza destartalada, no se vendieron a ninguna mafia sin escrúpulos, pero huían de la violencia de los poderosos. No soñaron con una Europa, entonces aún salvaje y desintegrada, pero eran también refugiados.

La disyuntiva de las puertas abiertas o cerradas, de la acogida o el blindaje no es de nuestros días. La violencia siempre ha empujado al humano a hacer atillo o maletas y escaparse apenas con lo puesto. El desierto es ancho y Belén no dista mucho de Alepo. ¿Qué es la Navidad sino la fiesta del pequeño Refugiado que nacía a un mundo convulso para inundarlo de amor?

Son ya siglos celebrando la llegada de ese universal Perseguido, sin embargo llegamos a pensar que nos habían arrebatado la Navidad entre celofán estampado de «Felices precios», secuestrada a la carrera en un carro de compra con destino a una noche sobrecargada de champán; que la habían fulminado por anuncios de comprar y más comprar; que nosotros mismos la habíamos asfixiado bajo la gabardina del «progre» que llevamos dentro.

Llegamos a pensar que nos la habían sepultado bajo camiones que arrasan sus casetas y mercadillos; que no podríamos agitar de nuevo la pandereta tras las ciudades reducidas a esqueletos, tras el bombardeo durante tantos días de tantos hermanos indefensos en Siria. Llegamos a pensar que no tendríamos valor para buscar el Belén, de levantarlo a la vera de un Mediterráneo que se ha tragado a lo largo de este año 3.800 hermanos. ¿Quién buscará la zambomba al final de este 2016 especialmente duro y complicado? Cuando corren los heladores vientos del racismo y la xenofobia, ¿quién le cantará a ese Niño que tomó carne para invitarnos a vivir como hermanos?

En el año en que las fronteras se cierran todavía un poco más, en la hora de los Trumps,  los Brexit, de las pretendidas derrotas de los procesos de paz como el de Colombia…, toca cantar si no más alto, sí más sentido. Cobra si cabe más razón la eterna fiesta del amor fraterno. En el tiempo de los coches, de los niños, de los hombres y mujeres bomba, en los días  en que la supina ignorancia explota en tantos lugares, apagando tantos alientos…, habrá que revolver el trastero para dar con ese Nacimiento, habrá que sacarle especial lustro. ¿Buscar musgo para las prados, arena para los caminos, plata para los ríos, adornar el Belén…, no será al fin y al cabo rotular un “Refugees welcome”? Icemos la estrella que alumbre a quienes hoy, al igual que hace dos mil años, dejan todo atrás. Los reales cortejos de socorro no necesitan sangre azul en sus venas. Nuestro mundo urge ahora más que nunca de esa historia de amor que reponemos cada año, relato mil y un veces contado y cantado, mil y un veces necesitado.

Aún sigue ahí la entrañable Navidad, algo asustada entre tanto deslumbre de neón, algo descolorida de olvido. Aún llama a nuestra puerta, aún podemos insuflarle ternura, magia, inocencia, solidaridad. Nuestras tardes reclaman un fondo de «Adeste fidelis» que ralentice el paso en el asfalto. Nuestras plazas reivindican una tregua ganada en favor de la cordialidad, la sonrisa y los buenos deseos. Entre el laberinto de fiestas pasajeras, la Navidad no caduca porque es una permanente llamada a vivificar lo más noble que mora dentro de nosotros mismos. Por más que se la agobie con incesante invitación al consumo, por más que se intente empequeñecerla al tamaño de simple negocio…, las Navidades nunca dejaran de ser la más firme apelación a la fraternidad humana.

Estamos hechos para dar, acoger, honrar con plena libertad, con gozo. He ahí el secreto de nuestro paso por la Tierra. La posibilidad de dar es el mayor regalo con el que hemos venido al mundo. ¿Qué son por lo tanto las Navidades sino el recuerdo de la llegada de ese Refugiado que lo dio absolutamente todo?

Las tabletas de turrón se van apilando en ese rincón de la cocina que sólo ella conoce. Hombres cargados de luces, encaramados en largas escaleras arrebatan, con excusa de adorno, a los cielos retazos de oscuridad. En los jardines de nuestras ciudades se organiza el campamento de refugiados al que retorna una Familia singular. En el calor del hogar alguien desempolva las figuras ya asfixiadas de un Belén anhelante de su lugar presidencial… Una vez más viene sin avisar, se toma la confianza de sorprendernos en pleno ajetreo invernal, pero algo nos llama a adherirnos a esta Fiesta universal. ¡Sea bienvenida una vez más!

Koldo Aldai

Fuente Fe Adulta

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30.12.16. Sagrada Familia. Tres amores alientan mi vida

viernes, 30 de diciembre de 2016
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

La iglesia celebra este Viernes final del 2016, 30 de Diciembre, el día de la Sagrada Familia,

Ya no vibra en la jerarquía española el alboroto militante de hace unos años, cuando algunos grupos juntaban en Madrid a cientos de miles de personas, dispuestas a luchar al menos en la calle por un tipo de familia.

Ha pasado también el vendaval del Papa Francisco con su «año de la familia», con su siembra de invierno, esperando primavera, que yo mismo quise expresar en mi libro La Familia en la Biblia.

Pero queda el tema radical de la familia, que es la pequeña familia, que es la «patria» de cada uno (nadie desterrado, nadie extranjero…), que es la humanidad entero, un gozo y tarea de amor, una inmensa responsabilidad, una herida sangrante en este mundo enfermo de familia, de las tres familias que voy a presentar (dejando en el fondo de ellas a la Iglesia, familia de Dios, familia de familias, promesa de nueva humanidad reconciliada).

Empiezo recordando este día los versos de un canto gallego de S.G. Varela (1850-1909), dedicado a las dos familia, dos patrias, que le hacen vivir, un texto clásico hispano: Dos amores custodia (encienden) mi vida, la casa-hogar, la patria-tierra (con la tierra humanidad, los sin casa y familia, como verá quien siga leyendo). Pero empiezo con Varela, y en gallego, que espero se entienda:

Dous amores a vida /gardar me fan (dos amores la vida me hacer guardar)
a Patria e o que adouro / no meu fogar (la patria y aquello que adoro en mi hogar)
A familia e a terra / dond’eu nacín (la familia y la tierra donde nací)
sin eses dous amores /non sei vivir. (sin esos dos amores no sé vivir)

imagesz–Un amor es la patria gallega que él adora…: Patria, tierra… las cosas que despide el emigrante que tiene que salir para otras tierras..

–Otro amor/patria es la pequeña familia, con su fogar, su fuego en en el centro de la gran cocina… Sin estos dos amores «no sei vivir», no puedo vivir.

Quiero pues con G. Varela que todos los hombres tengan una patria/tierra, que nadie sea extranjero en ella… Que todos tengan un hogar, un fuego de pequeña familia. Pero en este día quiero añadir un tercer amor, una tercera familia…, como verá quien siga leyendo, en este día de las tres sagradas familia.

Es un buen día de familia. Tres amores

Es un buen día, día de tarea, abierto a las antiguas y nuevas formas de familia dentro de la Iglesia, en el conjunto de la humanidad, día de gracia y faena intensa, pues somos lo que somos gracias al don de la familia, en su doble (triple) sentido:

(a) Familia, espacio de intimidad, comunicación afectiva, nacimiento humano (hogar, fuego de la casa…). Una casa para todos en el mundo

(b)y Familia, espacio-camino de apertura universal: El mundo entero, una casa,, toda la tierra mi familia (con los grupos intermedios).

(c) Y en tercer lugar la patria o pueblo, que para Varela era Galicia, … La patria de mi tribu, de mi nación humana, mi cultura… que cada uno pueda vivir y viva en su entorno humano, de tradiciones y lazos de historia y comunión humana.
la-familia-en-la-biblia

(d) ¿Una cuarta familia, la Iglesia? En este contexto quiero citar a la Iglesia «Católica», universal, familia de familias… (al servicio de las tres anteriores: Cada casa una familia, iglesia de iglesias, en el mundo entero…).

Acabo de venid de Dueñas, Palencia, donde he pasado dos días con hermanos y hermanas de la Congregación del Verbo Divino (y de las Siervas del Espíritu Santo). Éramos en torno a cincuenta de unos 15 países… Los países de España con Brasil y Polonia, Togo, Angola y Corea, Indonesia etc etc. Una familia cien familias.

(Pero de ese tema, de la Iglesia familia, de lo que hemos hablado y vivido en Dueñas, tema al que dedique mi libro, imagen de arriba) hablaré otro día. Hoy voy a detenerme en la Familia de Jesús).

Pequeño desarrollo

1. La familia de intimidad la forma normalmente un hombre, una mujer, unos niños, o unos hombres y/o mujeres con niños, en el sentido más intenso de apertura y acogida de la vida. Sin ese espacio de atracción y de pasión humana, de apertura y gratuidad, en la distancia corta o existe humanidad. De esa familia nos habla la fiesta de hoy, con José, María, Jesús y sus hermanos.

2. Por otro lado está la familia de apertura universal, la fraternidad de todos los hombres y mujeres, de todos los pueblos y clases sociales… que son «uno» en el Cristo de Dios nacido, como ha puesto de relieve San Pablo en Gal 3-4. Ya no hay oposición y lucha de unos contra otros, sino familia universal, fraternidad de todo los hombres y mujeres en la tierra.

3. Tierra y patria… Tres amores, tres familias alientan mi vida… La tercera familia es la tierra (para Varela Galicia, su mar y sus montes, su gente, su lengua…su nación. Esta tercer tierra hasta hecha de mil relaciones, de grupos intermedios, de comunidades, lenguas e idiomas, de paisajes, de tradiciones.

— (1) Mi casa y mi amor es la familia pequeña, un hogar .

Pero este pequeña familia está en crisis de nacimiento y crecimiento… Quizá nunca como hoy se había visto una crisis semejante, llena de problemas, pero también de posibilidades…

Ésta es la familia «bonita» de papa-mamá y dos o tres niños, al modo clásico… Pero hay otras familias de mamá con niño…, de dos mamás o dos papás, familias distintas, territorios poco explorados de humanidad quizá minoritaria pero muy importante. Sin el respeto y amor de esas familia la humanidad se quiebra… Hay millones y millones de pequeñas familias que no pueden vivir por falta de medios, por pobreza, persecución, exilio…

— (2) El mundo entero en mi familia, la humanidad entera ,

ésta es la familia humana, hecha de todos los pueblos, como sabe Jesús en el Monte de Galilea, cuando mando a los suyos diciendo: «id al mundo entero haced que todos los pueblo sean hermanos/discípulos/amigos (Mt 28, 16-20), todos los pueblos, siendo lo que son, distintos entre sí, mil patrias… pero formando una humanidad.

Antes, los de lejos estaban lejos…, era como si no me concernieran Cuando los mayores éramos niños los chinos eran los de la huchas del Domund y los indios los de las primeras películas… Hoy, en cambio, tenemos en la misma casa a los chinos y a los indios.

Todo depende de todos, tose el yen lejano, nos enfriamos todos… Se trata de abrir espacios para todos, sin echar al patio trasero la «basura» que sobra… Crear una familia real para todos, en dignidad y gratuidad, hecha de justicia, es la tarea más urgente de nuestro tiempo, hoy cuando están sin familia humana real millones de personas…

— (3) La humanidad, familia de familia….Finalmente, están las terceras familias, los grupos intermedios…, que van desde la cuadrilla de amigos, hasta la oficina y el barrio, pasando por la sociedad del entorno, la pequeña nación o la nación más grande (como pueden ser USA, CHINA y RUSIA…). Esas familias intermedio están al servicio de las dos anteriores, de la pequeña amorosa familia de intimidad, y de la gran familia de humanidad.
sagrada_familia
Se trata de crear familia sin guetos, sin campos de concentración, sin cárceles… Familias abiertas a la pequeña familia de la casas y barrio, y a la gran familia de la humanidad…

Todas esas familias caben en la fiesta de este día, de todas quiero hacer mención, recordando hoy de un modo especial a la pequeña familia de Jesús según la tradición más «oficial» de los evangelios (Jesús, María y José)… recordando, al mismo tiempo, que este es el día de la Familia universal de Dios, por medio de Jesús, que está formada por todos los hombres y, de un modo especial, por los más necesitados (los hambrientos, desnudos, extranjeros, enfermos, encarcelados), a quienes Mt 25, 31-46 presenta como hermanos de Jesús.

Éste es el día de la familia humana de Jesús, del niño que crece, que se independiza de algún modo de sus padres, que tiene hermanos. Aquí no vamos a presentar el tema entero, sino que nos limitamos a comentar el evangelio de este día, que nos habla del Niño perdido en el templo. Desde ese fondo compararemos esta escena de la infancia de Jesús según san Lucas con otro da la autobiografía de Flavio Josefo. A modo de conclusión presentaremos algunas reflexiones sobre Santiago, el hermano de Jesús, su familiar más conocido.

El niño Perdido en el templo

rosair1La tradición que está al fondo de Lc 1–2 ha situado a Jesús en un contexto de piedad sagrada israelita. Así aparece no sólo en los relatos de la “purificación y presentación” del niño en el templo (Lc 2, 21-40), sino, de un modo especial, en la historia edificante del “niño perdido y hallado en el templo” (Lc 2, 42-50; cf. 1 Sam 2-3). En ella se supone que Jesús conocía las tradiciones de Israel y era capaz de dialogar con los sabios:

El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él. Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.» Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos (Lc 2, 40-51).

La escena, construida de forma simbólica, destaca la piedad de los padres y la sabiduría de Jesús, muchacho sabio, dialogando con los maestros de Jerusalén. Esa historia parece indicar que sabía cosas que no se aprenden, sin más, por tradición de escuela, sino que las conocía por tradición familiar y meditación interior (cf. Lc 2, 40). Jesús aparece así como “niño prodigio” o, quizá mejor, como adolescente sabio que, a los doce años, en el momento en que un judío se vuelve responsable de sí mismo, obligado a cumplir los preceptos de la Ley, dialoga con los sabios del templo de Jerusalén. Así aparece como un “bar” o “ben” “mitzvah”, un “hijo de los mandamientos”.

Los niños judíos actuales celebran esa fiesta de mayoría de edad a los trece años. No se sabe cómo y cuándo se celebraba exactamente en tiempos de Jesús, pero es claro que Lucas quiere evocar un tipo de celebración donde Jesús aparece, en su mayoría de edad, como alguien que puede responder y responde de sí mismo, como un “niño sabio” que permanece por unos días en Jerusalén (en la casa de su Padre Dios), para volver, sin embargo, con sus padres a Nazaret, creciendo así en sabiduría de las cosas de Dios. Sobr el trasfondo del tema: N. Krückemeier, Der zwölfjährige Jesus im Tempel (Lk 2.40-52) und die biografische Literatur der hellenistischen Antike, NTS 50 (2004) 307-319.

Comparación con F. Josefo.

Una anécdota como la anterior, donde Jesús adolescente dialoga con los maestros del templo, aparece en la autobiografía de F. Josefo, historiador judío algo más joven, que se describe a sí mismo como un auténtico niño prodigio:

Yo fui educado con un hermano mío, llamado Matías, hijos los dos del mismo padre y de la misma madre; progresaba mucho en la instrucción, destacaba por mi memoria e inteligencia; y cuando apenas había salido de la infancia, hacia los catorce años, todos me valoraban por mi afición a las letras, pues continuamente acudían los sumos sacerdotes y las autoridades de la ciudad para conocer mi opinión sobre algún punto de nuestras leyes que requiriera mayor precisión (Autobiografía II, 8-9).

Josefo aparece de manera mucho más pretenciosa que Jesús, pues no sólo dialoga (pregunta y responde), sino que enseña, de manera que a los catorce años actúa como “maestro de los maestros de la ley”. Hay además una diferencia esencial: Josefo pertenece a una de las familias sacerdotales ricas de Jerusalén, de manera que no tiene más obligación ni tarea que estudiar. Jesús, en cambio, como pondremos de relieve, pertenece a una familia de “campesinos obreros”, de manera que su ocupación directa es el trabajo, no el estudio. Por otra parte, Josefo pudo seguir su etapa de “formación teórica” hasta los dieciséis años, para completarla con una educación práctica, pero no en el trabajo material, como Jesús, sino en la forma de vida de cada una de las tres “sectas” o filosofías (tendencias vitales) del judaísmo de su tiempo (fariseos, saduceos y esenios), para hacerse finalmente discípulo de Bano, un bautista anacoreta, culminando su formación a los diecinueve años (Aut II, 10-12).
Josefo era un “buscador curioso”; hoy diríamos un “burgués del pensamiento”. Tenía la vida asegurada, en plano económico y social. Por eso podía dedicarse al lujo de estudiar y experimentar en los diversos caminos de la educación judía, sin implicarse totalmente en nada de aquello que hacía. Jesús, en cambio, será un “buscador vital”, alguien que explora en la vida de trabaja y sufrimiento de la gente de su entorno. No ha podido dedicarse a recorrer las diversas “sectas” o filosofía, pues no tiene tiempo ni medios para ellos; no puede estudiar en con medios caros, ni dedicarse a la administración pública, ni viajar a Roma como “embajador” de unos sacerdotes, para ser recibido por la gran Popea, mujer del César (de Nerón) (Ibid III, 13-16). Él tendrá que estudiar y aprender en la escuela más realista y exigente: la escuela de la vida y del trabajo, que le pone en contacto con la vida real, como seguiremos viendo. Leer más…

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«Navidad, nacer de nuevo», por Enrique Martínez Lozano

viernes, 30 de diciembre de 2016
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nacerLeído en su blog Vivir lo que somos. Psicología y espiritualidad:

El autor del cuarto evangelio pone en boca de Jesús estas palabras: “El que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios” (Jn 3,3). En un lenguaje más comprensible para nosotros –universal, no religioso- podría traducirse de este modo: “Si no desaprendes todo lo aprendido no podrás conocer quién eres”.

         “Desaprender” significa soltar lo aprendido: ideas, creencias o hábitos. Porque mientras permanezcamos aferrados a todo ello, seguiremos anclados en el pasado y reducidos a la mente. Dicho con otras palabras: la adhesión a las creencias nos mantiene enjaulados en la mente –a la que hemos absolutizado- y reducidos a ella. Y dado que la mente es pasado, porque pensar es volver al pasado –guardado en la memoria- para, desde ahí, leer el presente, si nos quedamos en ella, estaremos cerrados a la vida, ignorantes de quienes realmente somos.

         En síntesis, no es posible reducirse a la mente y abrirse a la verdad. Porque la mente –preciosa herramienta para manejarnos en el mundo de los objetos e incluso para desarrollar la razón crítica- es incapaz de acceder a la verdad, así como a todo aquello que no es objeto. La mente no nos dice cómo es la realidad; lo que nos ofrece es únicamente la interpretación que ella hace de lo real. No solo eso: lo único que la mente percibe es el nivel aparente o manifiesto. Por todo ello, reducirse a la mente –a las creencias, de cualquier tipo que sean- es el modo más eficaz de quedarse encerrados en el error. No hay duda: desde la mente es imposible “nacer de nuevo”.

         Por su parte, la polisémica expresión “Reino de Dios” apunta a aquello que constituye nuestra verdadera identidad. De ahí que el propio Jesús afirmara que “el reino de Dios está dentro de vosotros” (Lc 17,21). En contra de lo que la mente percibe, lo que somos no es nada que podamos nombrar ni pensar. Somos Eso que observa y no puede ser observado, el Fondo único de todo lo real, la consciencia (el ser, la vida) que se despliega en variadísimas formas. Por el contrario, lo que llamamos “yo” es solo una forma en que se expresa lo que realmente somos.

         Cada tradición se ha referido a Eso que somos con expresiones diferentes: para el taoísmo, es el Tao; el hinduismo lo nombra Atman, que es uno con Brahman; el budismo habla de la “naturaleza búdica” que constituye el núcleo de todos los seres; para la filosofía griega es el Logos y, más en concreto, los estoicos se referirán a Eso como el “principio rector” (hegemonikón) (Epicteto) o como la “divinidad interior” (Marco Aurelio)… En esa misma línea, la expresión “Reino de Dios” a veces se ha traducido como “realidad crística” o, simplemente, el “Cristo” que vive en todo ser humano. Esta expresión, como todas las anteriores, son términos inadecuados que buscan apuntar a Eso –inefable- que constituye nuestra verdadera identidad.

         Ahora bien, Eso que somos no puede ser alcanzado por la mente, porque no es un objeto. Por lo tanto, si queremos captarlo –“nacer de nuevo”-, tendremos que ir “más allá” de la mente, atreviéndonos a salir de la “jaula” en la que nuestros pensamientos nos habían encerrados. A esto es a lo que se refiere otro de los términos centrales del evangelio: la “conversión” o “metanoia”.

         La conversión no tiene que ver, en primer lugar, con el comportamiento moral, sino con la comprensión auténtica, aquella que nos permite “ver” más allá de la razón. Ese es precisamente el significado etimológico del término metanoia: meta-noia (de nous: mente) significa, en su sentido literal, “más allá de la mente”. “Convertirse”, por tanto, equivale a ver “de otro modo”, y esto requiere soltar todas las creencias –desaprender lo aprendido- si queremos conocer y vivir lo que realmente somos –“nacer de nuevo” o nacer a nuestra verdad-.

        Con todo este trasfondo es fácil comprender el rico contenido simbólico que encierra la celebración de la Navidad. Tanto si se vive solo como un “recuerdo” del pasado, como si se centra exclusivamente en la figura de Jesús, no se ha salido de la consciencia mítica. La Navidad –como, por otra parte, todo lo que sucede a cualquier persona, puesto que no hay nada separado de nada- habla de todos nosotros. Y en este caso, en concreto, de nuestro anhelo por “nacer” a lo que somos.

         Y ahí descubrimos admirados y agradecidos que todo encaja, como un puzle armonioso: lo que es Jesús lo somos todos; en la tradición cristiana, lo reconocemos como un “espejo” nítido en el que todos nos vemos reflejados. No somos seres separados –el propio Maestro de Nazaret recordaba que “el Padre y yo somos uno” y que “lo que hicisteis a cada uno de estos me lo hacéis a mí”-, sino la misma Vida que, temporalmente, adopta “formas” o “disfraces” diferentes.

         “Navidad” es celebrar lo que ya somos, quitando los “velos” que nos despistan o incluso hipnotizan. De ahí que podamos verla también como una invitación que conecta con nuestro Anhelo más profundo a “nacer de nuevo” o nacer conscientemente a lo que, paradójicamente, siempre hemos sido.

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La estrella

jueves, 29 de diciembre de 2016
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375_0_estrella-belen-portada1Del blog de José Arregui:

Amiga, amigo: ¡Feliz Navidad! O, si prefieres, feliz solsticio de invierno: la noche empieza a acortarse en nuestro hemisferio Norte, aunque sucede justo lo contrario en el hemisferio Sur. El Sol que muere nace y muere y renace. Cuando unos lo vemos ascender en el cielo, otros lo ven descender, pero a todos los vivientes nos regala su energía, aliento vital, de día y de noche, de solsticio en solsticio y de equinoccio en equinoccio. Loado seas, hermano padre Sol con nuestra hermana madre Tierra.

Es imagen de la Vida que no nace ni muere, que ES “en el principio”, mucho antes que el Sol y todas las estrellas, “antes” de todo antes y después, en lo más profundo del presente. Lo llamamos “Dios” y no sabemos decir qué es, sino que ES, y solo lo podemos decir con imágenes torpes. Es Espíritu o Aliento, Impulso, Eros o Amor infinito, Presente o Presencia absoluta. No es nadie ni nada que tenga forma, pero es Todo en todas las formas. Es Yo/Tú, Él/Ella, Nosotros/Nosotras. Es Palabra, Relación, Comunión universal. Es creatividad infinita. Es infinita bondad creadora, que se manifiesta en todo lo que es bueno o para bien, en todos los seres, en todos los vivientes, en todos los humanos. Es el Sol que renace cada día en el fondo de tus sombras, como en el solsticio de invierno.

Míralo, agradécelo, déjate alumbrar. Y, en tu pobreza, encárnalo, sé lo que eres: compadece, acompaña, consuela, subvierte. Así lo encarnó Jesús de Nazaret, hijo de María y de José, o hijo del Espíritu de la Vida, como todo viviente. Fue un profeta bueno y subversivo de una aldea oscura en un rincón de Palestina hace 2000 años. Llegó a ser lo que era. Creyó en la bondad, activó la esperanza, anunció la liberación a todos los oprimidos, curó enfermos de alma y de cuerpo, hizo frente a la autoridad religiosa y al poder imperial. Fue libre y bueno. Fue feliz, porque tuvo entrañas. No fue perfecto (¿qué es eso?), sino humano, hecho de arcilla frágil e inacabada, como tú y como yo. En la bondad de su humanidad inacabada, encarnó a Dios, el Misterio de la Vida, en forma a la vez parcial y plena, pues en la parte se halla el Todo. Algunos hombres y mujeres, al verlo, como los magos de Oriente perdidos en el camino, se dijeron: “Hemos encontrado la estrella que nos guía”. Y lo siguieron.

Nos lo cuentan los evangelios, sean canónicos o apócrifos. Pero todo eso no es historia, dirán muchos, sino leyendas de fe. Tienen razón en buena parte. El Jesús de los evangelios es una figura profundamente recreada por la fe de sus discípulas y discípulos. No sabemos, por supuesto, en qué día nació. Solo en el siglo IV se estableció en la mayoría de las iglesias la celebración de su natividad el 25 de diciembre, al final de las fiestas del solsticio.

Y es lógico, pues ese día celebraban los romanos el nacimiento del sol y de Apolo, los mitraicos el nacimiento de Mitra, los germanos el de Frey (y luego los aztecas el de Huitzilopochtli, los incas el de Inti…). Los nombres son distintos, pero la luz es la misma. La luz que brota del fondo de todo, que nos infunde el calor de la vida, y que nosotros hemos de encender. No hay nada más verdadero.

No importa el día en que nació Jesús, sino la figura luminosa que los evangelios presentan, la del hombre libre y hermano. Diré más: ni siquiera importaría que nada de lo que nos cuentan dichos evangelios, de manera por cierto tan distinta y a veces contradictoria, sea propiamente histórico. Lo que importa, al final, es que se abran los ojos para verlo todo de manera nueva, para ser lo que fue Jesús, lo que somos de verdad.

Lo más real de Jesús no son los dichos y hechos que pudieran probarse como históricos, sino la hondura de la Vida que le hizo y nos hace más libres y humanos. Solo puede decirse en parábolas, poemas y evangelios. El anuncio de un ángel a María y a José y a los pastores de Belén, el nacimiento virginal, el viaje de los magos guiados por la estrella que aparece y desaparece… nunca sucedieron como hechos históricos, como no sucedieron la multiplicación de los panes o la resurrección física con la tumba vacía y tantas cosas más. Pero ¿hay algo más real que “eso indecible” que nos quieren narrar?

¿Qué es eso? Es lo que narra el mito, sugiere el poema, sueña el niño, anuncia el profeta, emprende el rebelde. La bondad creadora: he ahí la estrella.

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¡¡Llenaos de su Luz!!

miércoles, 28 de diciembre de 2016
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navidad-2016Viviendo la Octava de Navidad…

“La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a toda persona. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijas de Dios, si creen en su nombre.”

(Jn 1, 1-8)

Este evangelio es como abrir la ventana una mañana soleada y dejar que la habitación se llene de luz y de frescura. Ese instante en el que el día está por estrenar “todo nuevito”.

Así empieza el cuarto evangelio: lleno de luz y de novedad. Como una brisa fresca que se lleva el aire viciado. Y así puede ser también este tiempo de Navidad que acabamos de estrenar. Puede ser una brisa fresca que renueve el aire de nuestros corazones.

Aquí está la Luz, la Palabra, Dios mismo con el deseo renovado de entrar en nuestra historia, en nuestra vida cotidiana.

Nos conoce, él ha tejido cada centímetro de nuestro ser… y nos quiere, por eso vuelve. Pero nos respeta y por eso espera a que le recibamos, no entra por la fuerza sino que llama y espera.

Esta puede ser una Navidad más, llena de turrones, regalos y villancicos o puede ser una Navidad nueva llena de LUZ. Y así los turrones y todo lo demás será todavía mejor y más bonito.

Que esta Navidad podamos contarnos entre quienes reciben la luz y así, bien iluminadas nos reconozcamos como lo que somos Hijas e Hijos de Dios.

Porque si hoy vuelve a ser Navidad es porque creemos que Dios se encarna en cada una de nosotras.

Oración

Que tu Palabra, hecha de Verdad y de Luz germine y crezca en esta Navidad en nuestra humanidad. Amén

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Dios en el pesebre, allí lloraba y gemía (el villancico de San Juan de la Cruz)

miércoles, 28 de diciembre de 2016
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navidad-nacimiento-del-nino-dios-en-la-gruta-de-la-montanaDel blog de Xabier Pikaza:

Éste es quizá el más hermoso y profundo de los villancicos o cantos al Dios recién nacido:

— Es el villancico del Dios que ha querido aprender a llorar, para saber así lo que es ser hombre, para saber de verdad lo que es ser Dios…

— Éste es el Dios que llora, para compartir la suerte de los hombres que lloran, pero no para quedarse en eso, sino para que ellos puedan reir y gozar.

— Es el villancico del Dios en el pesebre vacío de la historia, un pesebre de animales, en forma de cuna/sepulcro (comos sabe la tradición oriental). Llora donde unos hombres hacen llorar a otros hombres…

Este villancico forma la conclusión del Romance de la Trinidad y de la Encarnación, un gran poema en el que San Juan de la Cruz (SJC) canta la historia de amor de Dios en sí, de Dios con los hombres.

Con su estilo habitual, SJC expone en este Romance (RomTrin) el amor de Dios como matrimonio (es decir, como intimidad de amor) de sí mismo y de los hombres… Es como un canto de ciego en la noche que ilumina la vida de la humanidad, en la que Dios mismo llora y gime entre animales.

Este romance consta de nueve canciones, la última es la del Nacimiento, que hoy quiero presentar y recordar. Viene al final de un largo recorrido, que empieza en Dios como principio de amor, sigue con la creación y la historia de los hombres, para desembocar en el nacimiento del mismo Hijo de Dios, entendido como matrimonio eterno de Dios con los hombres, dice así (versos 289-310)

Ya que era llegado el tiempo /en que de nacer había,
así como desposado / de su tálamo salía
abrazado con su esposa,/ que en sus brazos la traía,
al cual la graciosa Madre / en un pesebre ponía,
entre unos animales / que a la sazón allí había.
Los hombres decían cantares, / los ángeles melodía,
festejando el desposorio / que entre tales dos había.

Pero Dios en el pesebre / allí lloraba y gemía,
que eran joyas que la esposa / al desposorio traía.
Y la Madre estaba en pasmo / de que tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios, /y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro / tan ajeno ser solía

Éste es el tema, éstos son algunos de sus rasgos:

— El Esposo es Jesús, que nace desposándose con la humanidad, es decir, haciéndose humanidad sufriente, en amor a todos.

La Madre es evidentemente María, que le acoge en pasmo, en experienia mística suprema. Vivir es nacer en Dios, nacer Dios con los hombres…

— Jesús nace entre animales, rechazado por la Gran Humanidad de los poderoso… Ésta es la ecología suprema, la encarnación de Dios en todos los seres…

— Éste es el «trueque» de Dios…que allí lloraba y gemía, este es el gran «comercio», que consiste en ponerse en el lugar del otro, Dios en el hombre, el hombre en Dios.

Sería bueno comentar todo el Romance, sus 310 versos, quizá la obra de teología más excelsa de los nuevos tiempos. Yo me limito aquí a presentar los romances finales de la encarnación, con los últimos versos que acabo de citar, presentando la Encarnación y el Nacimiento como una historia de amor.

Éste es el misterio del llanto de Dios en los hombres, que ha puesto de relieve, de un modo especial, la iconografía y liturgia orienntal. Buen tiempo de Navidad a todos.

Encarnación, una historia de amor (Romance de la Trinidad 221-310)

Ésta es la última parte Romance, y se divide en dos partes. En la primera trata del abajamiento de Dios (es decir, de su kénosis profunda, para comunicarse de esa forma con los hombres) y en la segunda de su “matrimonio” con ellos. La Trinidad de Dios se expande y expresa de esta forma en la historia de la humanidad a través de la encarnación del Hijo Jesucristo.

La lógica de fondo es la misma que hemos venido evocando en las partes anteriores: El amor como entrega de sí, para que surja el otro (estableciendo así con él la comunión). Pero esa lógica, que es siempre la misma, se expresa ahora un modo distinto, en otro plano: Dios como Trinidad sale de sí y se realiza plenamente, como ser divino, en la historia de los hombres.

a. Abajamiento de Dios

Hemos hablado hasta aquí de la bajeza de la esposa humanidad, viniendo a inter¬pretarla no como pecado, sino como signo de su mayor perfección, de esperanza más honda y de su abandono más perfecto en brazos del esposo. Conforme a una visión también paulina (Gal 3-4), distinta de la que aparece en el texto del pecado “original” de Adán, los hombres fueron al principio como niños, pero Dios los fue «educando» poco a poco con su Ley (el yugo de Moisés, RTrin 225-226), para que así fueran madurando hasta el tiempo del «rescate» de la esposa (RTrin 223), un rescate que se expresa y define no como sacrificio para satisfacer a Dios por algún pecado, sino como expresión de amor intenso, de plena encarnación.

Jesús no viene para rescatar a la esposa de algún tipo de pecado y la condena, como en las teologías del pecado original y de la muerte redentora de Jesús, sino para cumplir su esperanza, según la promesa de Dios, como él mismo se lo comunica al Hijo:

Ya ves, Hijo, que a tu esposa / a tu imagen hecho había,
y en lo que a ti se parece / contigo bien convenía;
pero difiere en la carne, / que en su simple ser no había.
En los amores perfectos / esta ley se requería,
que se haga semejante / el amante a quien quería
(RTrin 229-238).

Estos versos nos sitúan ante el tema radical cristiano, que ahora interpretamos como “abajamiento”, es decir, como “encarnación” de Dios. El hombre es imagen de Dios y por eso está empeñado en encontrarle, para vincularse a él en plenitud. Pero la imagen debe hacerse semejanza, es decir, identidad natural para que ambos puedan mirarse y darse vida, cara a cara, en pleno matrimonio, y para eso es necesario que Dios “baja”, se haga carne. De esa forma, Dios mismo se introduce en nuestro mundo, asumiendo nuestra bajeza, nuestra nada. Sólo así la nada (ser del hombre) puede convertirse en todo: ser abierto plenamente a lo divino, porque Dios mismo se ha hecho carne, se ha hecho nada.

Recordemos que el misterio (Dios, creación…) tiene en Juan de la Cruz una forma esponsal. Había creado Dios una esposa para el Hijo; pero el Hijo no aca¬baba de tomarla: no ha venido a su vera, no se ha hecho asemejado a ella. Pues bien, ahora ha llegado el tiempo: el Hijo asume la voluntad del Padre y se encarna por María («de cuyo consentimiento / el misterio se hacia»,RTrin 271-272). Así viene a contarse:

Ya que era llegado el tiempo /en que de nacer había,
así como desposado, / de su tálamo salía,
abrazado con su esposa, /que en sus brazos la traía
(RTrin 287-291).

El Hijo de Dios sale del tálamo nupcial, del secreto de Dios, que se realiza en el seno de María. Sale como esposo eterno e infinito, abrazado ya a su esposa tan pequeña, reflejada y condensada en la propia humanidad de Cristo. Esta es la escena triunfal que el romance había preparado largamente en su relato: el Hijo de Dios tomaría en sus brazos a la esposa humani¬dad, para abrazarla y elevarla con él hacia la altura de los cielos, para introducirla ya en su propio misterio trinitario. Así lo prometían varios tex¬tos primordiales:

Reclinarla he yo en mi brazo, /y en tu amor se abrasaría (RTrin 95-96).
A la cual (esposa) él tomaría / en sus brazos tiernamente
y allí su amor la daría; / que así juntos en uno
al Padre la llevaría (RTrin 174-158).

Éste es el misterio de la fe, es la confesión fundante del credo que SJC ha ido trazando en su Romance. La unión de las dos naturalezas de Cristo (Dios y hombre) se interpreta en categorías de unidad nupcial.

El Nacimiento aparece ya en el fondo como Pascua y pleni¬tud final de bodas, como aquel encuentro victorioso de Dios y de los hom¬bres que el Apocalipsis de Juan ha prometido como meta de los tiempos. Estamos ante una condensación genial y nueva del misterio cristiano. El Padre ha creado una esposa para su Hijo, pero ella se encontraba alejada, separada, sumida en su bajeza y desconsuelo. Para superar esa distancia y realizar el matrimonio, el Hijo se ha encarnado, entrando así en el propio espacio de la esposa.

Dios se hace hombre en Cristo… para desposarse de esa forma con los hombres, con todos los hombres, en amor de matrimonio. El mismo nacimiento humano de Cristo se entiende por tanto como Bodas de Dios con los hombres. Al presentar el misterio de la encarnación como desposorio de Dios con (en) los hombres, SJC ha superado el riesgo de los docetas y de los nestorianos (tal como normalmente suelen ser entendidos…).

Cristo es totalmente Dios haciéndose un hombre, en gesto de kénosis radical, entendida como salida y entrega de sí mismo, en gesto que amplía y despliega el misterio trinitario. Hemos visto ya que el Hijo sólo existe sí saliendo de sí mismo y viviendo así en el Padre. Pues bien, de un modo semejante, Jesús, Hijo encarnado, tiene que salir también de sí mismo, dando a los hombres todo lo que es y lo que tiene, para compartir la vida y el amor con ellos, en gesto de amor total, de matrimonio originario. Leer más…

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«Huyendo de José», por Carlos Osma

martes, 27 de diciembre de 2016
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ending-violence-against-women-featureDe su blog Homoprotestantes:

Un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:-Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo-. José se levantó, tomó al niño y a su madre y salió de noche con ellos camino a Egipto1”.

El evangelio de Mateo describe como el temor de un hombre a perder su poder desencadenó la muerte de todos los niños menores de dos años que había en Belén. Una dura historia narrada justo en el lugar en el que el evangelio nos habla de la llegada de la salvación. No es difícil encontrar similitudes con otro pasaje bíblico escrito cientos de años antes; me refiero al enfrentamiento entre dos masculinidades poderosas, la de Yahvé y el Faraón de Egipto, que acabó con la victoria del primero cuando éste asesinó a todos los primogénitos egipcios para que los esclavos israelitas pudieran liberarse de la opresión a la que estaban sometidos.

A diferencia del evangelio de Lucas, el de Mateo sitúa a José como protagonista principal de la historia del nacimiento de Jesús, relegando a María a simple receptáculo que traerá al Hijo de Dios al mundo. Una mujer que no habla, que no da su conformidad para que su cuerpo sea puesto al servicio de Dios, sino que simplemente es un objeto pasivo movido de aquí para allá por los deseos masculinos de Dios, Herodes, pero también de José. Aunque esta historia sea una leyenda, creo que narra con verdadera precisión el mundo en el que se movían y se han movido las mujeres a lo largo de la historia.

Un ángel trae un mensaje divino para José: que coja lo que es suyo y huya a un lugar seguro si quiere conservarlo. Y José sigue el consejo y se marcha con su mujer y su bebé a Egipto. No hay ninguna pregunta para saber que quiere María, ella no cuenta en esta relación, su voluntad y su deseo están supeditados completamente a los de su marido. Algo muy distinto a como actuó Jonathan para salvar a David cuando su padre Saúl planeaba matarlo: “Ven conmigo. Salgamos al campo2, le pidió, y allí tramaron un plan y “Jonathan hizo un pacto con David3.” O a cuando Noemí decidida a volver sola a Judá, para librar su vida y la de sus nueras de la pobreza y la mendicidad, le pidió a Rut que no la siguiera. Rut sí tuvo voz en su relación: “¡No me pidas que te deje y me separe de ti! Iré a donde tú vayas y viviré donde tú vivas4”.

El pasado sábado por la noche, cuando estaba a punto de subir al coche para volver a casa, se me acercó una chica bastante joven con un bebé en brazos. Llevaba un pañuelo de colores sobre la cabeza pero la cara descubierta, así que enseguida me pude dar cuenta de que alguien la había golpeado. No hablaba muy bien castellano, y estaba llorando, sin embargo entendí que me decía que su marido quería matar a su hija. Intenté llamar por teléfono a la policía pero los nervios no me permitieron recordar el número, así que le dije que me acompañara hasta una comisaria próxima. En ese momento se tiró al suelo detrás del coche para esconderse y me dijo que su marido estaba por allí cerca, estaba completamente aterrorizada. Como pude conseguí que se levantara con su bebé y entramos en un bar cercano donde llamé a la policía que vino en cinco minutos. Allí le explicó a uno de los agentes que su marido le había dado puñetazos en la cara y que quería matar a su hija. Rápidamente la policía, después de tomarme declaración, subió a esta joven y a su bebé en el coche y se las llevaron.

Hay veces que María no tiene que huir sólo de Herodes, sino también de José. En ocasiones Israel no es un lugar seguro, ni la Iglesia, ni la familia, ni tu pareja. Y por eso hay que huir a un lugar como Egipto, a un lugar extraño, que siempre hemos interpretado como opresivo, pero que hoy puede ser nuestra única salvación. La Organización Mundial de la Salud estima que una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual por parte de un hombre. Y que la mitad de las que han sido asesinadas, lo fueron a manos de sus maridos o compañeros sentimentales. En muchos países un tercio de las de adolescentes reconoce que su primera relación sexual fue forzada. Pueden parecer datos que no se corresponden con nuestra realidad, pero no es así, en la Unión Europea la mitad de las mujeres dicen haber sufrido acoso sexual en algún momento de su vida. Y gran parte de ese acoso, en un entorno familiar.

En Navidad cristianas y cristianos celebramos que Dios no utiliza el poder ni la fuerza para salvar al mundo, sino que se sitúa a nuestro lado y se hace una de nosotras, uno de nosotros. No es el poder masculino tradicional, sino el que muchas mujeres han ejercido durante siglos para sobrevivir. Ese que es interactivo, horizontal, incluyente, compartido… Ese que es más humano.

Quizás el ángel del Señor quiera aparecerse esta Navidad a todas aquellas mujeres que están en peligro para decirles que salgan huyendo. Que cojan a su hijo en brazos y corran, que no esperen a que quien debería amarlas y respetarlas acabe con su vida. Eso es lo que hizo la chica con la que me encontré el sábado pasado, decir basta a la opresión, a la violencia y al terror. No creo que para ella fuese fácil pedir ayuda a alguien que no había visto nunca, estar delante de varios policías a los que no entendía bien, o subir a un coche que le llevaría a un lugar desconocido. Pero quizás por amor a su hija tuvo la valentía suficiente para hacerlo, y eso puede haberles hecho salvar la vida.

Supongo que este año no celebrará la Navidad sentada en una mesa junto a su familia, pero es en actitudes como la suya donde la salvación se hace presente, donde se encarna la voluntad de un Dios que ama la vida, y que nos pide que huyamos cuando nosotros y nuestros seres más queridos estamos en peligro.

Carlos Osma

Notas:
1Mt 2,13-14
21 Sm 20,11
31 Sm 20,16.
4Rt 1,16

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Cuento de Navidad

martes, 27 de diciembre de 2016
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belen_piel_con_pielGabriel Mª Otalora
Bilbao (Vizcaya).

ECLESALIA, 26/12/16.- El nacimiento de Jesús de Nazaret supone el culmen histórico de la gran Alianza del Dios Amor con la humanidad. Aquella manera de nacer, absolutamente marginal en cualquier sociedad contemporánea de su tiempo -y del nuestro-, indica bien a las claras el deseo de despojarse de su rango para vivir entre nosotros de una manera muy determinada: sin poder, sin privilegios, sin seguridades humanas, volcado a transformar la existencia humana en una vida plena. Marcó un ejemplo de vida, aunque nosotros hemos forzado en su nombre y demasiadas veces el Misterio de la Navidad.

La ironía popular estremece cuando habla de lo bien que nos ha ido a los cristianos a pesar de que todo empezó en un establo,  con el nacimiento del Maestro, hasta que, con el correr de los tiempos, llegamos a disponer de un Estado religioso Vaticano con inmunidad diplomática y todo. O cuando sin bajar un ápice el nivel de ironía, la sabiduría popular se refiere a la historia de la Iglesia católica como institución, y se admira de que después de tantas corruptelas, sobre todo en torno al Papado y la Curia romana, siguen floreciendo cristianos ejemplares, por lo que, concluye, debe existir el Espíritu Santo; porque con semejante carrera, sin Él sería imposible que la Iglesia haya sobrevivido tantos siglos.

No es un comentario nuevo y, en el fondo, es verdad porque todos estamos hechos de barro. Pero Dios se sirve incluso de lo malo para construir el Reino. Giovanni Boccaccio, afirma una idea similar en el relato segundo de la primera jornada de su Decamerón, obra nada pía a tenor de las condenas que tuvo por parte de  la Iglesia de su tiempo: un buen cristiano pretende convertir a un amigo judío al cristianismo, y a fuerza de insistir, el judío se interesa por el asunto hasta el punto de que decide ir a Roma para ver cómo actúa “el vicario de Dios en la tierra, y ponderar sus modos y costumbres, y los de sus hermanos los cardenales”. Y le añade a su amigo, que si le convencen sus prácticas y ve que su religión es mejor que el judaísmo, se hará cristiano. La respuesta del amigo cristiano en el relato no tiene desperdicio: “Se entristeció sobremanera, diciendo para sí: Se han perdido mis esfuerzos, que creía excelentes, para convertirlo”, y que si su amigo hubiese ido cristiano a Roma, “tornaría sin falta hacerse judío”.

No logra disuadirle del viaje. El cuento sigue a la vuelta de Roma constatando el judío que no había visto “ninguna santidad, ninguna devoción, ninguna buena obra o ejemplo de vida en nadie que fuese clérigo; solo lujuria, avaricia y gula, fraude, envidia y soberbia y cosas semejante so peores (si puede haberlas)”, y concluyendo que aquello tenía más que ver con prácticas diabólicas que divinas. Pero el relato del judío acaba de manera sorprendente en boca del viajero: “Y como veo que no ocurre lo que ellos procuran, sino que vuestra religión aumenta de continuo y se hace más brillante y clara, me parece discernir que el Espíritu Santo es su fundamento y sostén, como más verdadera y santa que cualquier otra. Por lo cual, aunque rígido y duro me mostraba a tus consejos, y  no quería hacerme cristiano, te declaro ahora francamente que por nada dejaré de hacerlo.” Y de seguido, se va con su amigo cristiano a una iglesia a bautizarse.

Recemos abiertos en acogida al Misterio de todo un Dios hecho criatura humana, sin ninguna ventaja para sí pero enteramente dispuesto a la voluntad del Padre. Demos gracias por su venida a nuestra pobre condición elevada al rango de hijos de Dios y pidamos perdón por nuestra falta de acogida, entonces en Belén y ahora en nuestros corazones con nuestros hermanos.

Es cierto que todo comenzó en un pesebre y que ahora tenemos el poder humano que desaconseja el evangelio. Por eso entonces se revolucionó la existencia humana en apenas tres años y ahora no podemos caminar siendo luz del mundo en Navidad como testigos de Cristo porque el armatoste que hemos creado en su nombre nos pesa demasiado, eclipsando la raíz del Mensaje. Menos mal que el Espíritu acaba por mostrarnos siempre la Estrella, el camino, la Verdad, a nada que abramos un poco los ojos del alma. Feliz Pascua de Navidad, ¡y que dure!

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Madura en la Fe sin dejar de ser niño

lunes, 26 de diciembre de 2016
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im26714bdc8f28f6804fbf4e9496f9270b6d831Lc 2, 1-14

Una vez más, mandan las Escrituras al decir que el Mesías nacería en Belén. Tanto Lc como Mt dan por supuesto el hecho, aunque lo explican de distinta manera. En Lc se dan razones para justificar que Jesús nació en Belén. Mt trata de justificar por qué terminó viviendo en Nazaret, dando por supuesto que nació en Belén. Ambos resaltan la importancia de que el Mesías perteneciera al pueblo de Israel, y además, fuese descendiente de David, para ellos el rey por excelencia que había nacido allí.

Recordamos el nacimiento de Jesús, que sucedió en un lugar y en un momento determinado. Pero lo que celebramos está más allá del tiempo y del espacio. Dios está fuera del tiempo y del espacio. Dando un paso más, en Dios no se distingue el ser del actuar. Dios todo lo que hace, lo es eternamente. Estamos celebrando que en Jesús, Dios se manifestó. Si se manifestó a través de él, quiere decir que estaba en él, se encarnó en él. Pues bien, podemos estar seguros de que Dios es encarnación y nunca podrá dejar de encarnarse. La realidad divina ni empieza ni termina, ni está aquí ni está allá, ni se crea ni se destruye. Para mí, Dios es exactamente lo mismo que fue para Jesús. Si no se manifiesta en mí como se manifestó en Jesús, la culpa es solo mía.

En Jesús ha nacido un liberador. Pero en mí sigue habiendo un opresor, porque el salvador que hay en mí, aún no ha nacido. Repito, lo que Dios ha hecho en el hombre Jesús, lo está haciendo hoy en mí. El nacimiento de Cristo en Jesús fue tarea de toda su vida. Nada se le dio como cómoda posesión automática. También él tuvo que nacer de nuevo. El nacimiento del Espíritu tiene que ser consciente. Nunca puede ser un presupuesto, ni para Jesús ni para nadie. Se nos da gratis, pero hay que desenvolver el regalo, y la envoltura tiene muchas capas que nos fascinan y nos invitan (tientan) a quedarnos ahí.

Miremos hacia dentro. Cuando Pablo nos dice que somos otro Cristo, quiere decir algo muy real. Dios está en mí; “yo y el Padre somos uno”, no es símbolo, sino realidad más real que el Belén, los pastores, los magos y los ángeles juntos. El portal de Belén no es más que un símbolo sensible, pero dentro de mí, está la realidad de un Dios identificado conmigo. Tengo que descubrir el Niño en mí. Toda la magia y la luz que puedo percibir en esa escena externa, está dentro de mí. No permitáis que la Navidad quede fuera de vosotros, descubridla y vividla dentro. Entonces la llevaréis con vosotros a todas partes y os permitirá caminar, y los que os vean, podrán caminar también a esa luz.

La buena noticia no es que “en la ciudad de David os ha nacido un Salvador”, sino que dentro de ti está ese salvador y puedes darle a luz en cualquier instante. Para eso estás aquí. Está dentro de ti, pero tan envuelto en trapos, que puedes no verlo. Como los pastores, puede que no lo creamos, pero por si acaso, debíamos acercarnos sigilosos. Celebrar la navidad es dar a luz en nosotros a ese Niño, para que todos puedan ver que Dios sigue naciendo aquí y ahora. No celebramos un recuerdo. Atrevámonos a vivir una realidad presente y actual. Dios será siempre un Niño que yo tengo que darle a luz.

Si miro demasiado hacia fuera, puedo quedar deslumbrado por las lucecitas de las estrellas o por los cantos de los ángeles, pero me perderé el verdadero tesoro que está escondido en mí y en cada uno de los seres humanos. Para Dios, los pastores, despreciados por la sociedad de entonces, son lo preferidos. Dios ve su verdadero valor y los llama a su salvación. Otros en cambio le cierran las puertas. Un pesebre es comedero. Este evangelio se escribió cuando la eucaristía era ya práctica litúrgica significativa para el cristiano. Sin duda quiere hacernos pensar en Cristo pan de vida.

Os ha nacido un salvador. Está reflejando las expectativas que lo judíos tenían con relación al Mesías. Los cristianos cambiaron sustancialmente el significado de la salvación, pero siguieron manteniendo el lenguaje aplicando conceptos distintos a palabras idénticas. Aquí se precisa que la salvación es para los marginados, para los que no contaban nada en aquella sociedad, ni desde el punto de vista social ni del religioso.

Y en la tierra paz. ¡Ojalá descubriéramos el profundo significado de esta palabra! No se trata solo de ausencia de guerras, de conflictos, de refriegas. La paz es la consecuencia de una armonía, primero interna, luego hacia los demás. Desde lo divino que hay en nosotros, sería impensable cualquier guerra. La paz no es ausencia de problemas. Dios está siempre en paz, y ¡mira que le hacemos la puñeta! Si Dios me acepta como soy, ¿por qué no puedo aceptar a los demás? Descubre que al rechazarlos, rechazamos a Dios.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Natividad del Señor

domingo, 25 de diciembre de 2016
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Leído en Koinonia:

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Misa del día

Isaías 52,7-10

Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: “Tu Dios es rey”! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Salmo responsorial: 97

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Tañed la cítara para el Señor
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R.

Hebreos 1,1-6

Dios nos ha hablado por el HijoEn distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado que los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: “Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado”, o: “Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo”? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: “Adórenlo todos los ángeles de Dios.”

Juan 1,1-18

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotrosEn principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [Juan da testimonio de él y grita diciendo: “Éste es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”” Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy
(25 de diciembre de 1977)

Hoy llega a nosotros la noticia del nacimiento de Cristo a través de su Iglesia. Cómo María, como nos cuenta el evangelio, al irse los pastorcitos que vinieron invitados por los ángeles a adorar al Niño Jesús, María se quedó reflexionando todo esto en su corazón. Para una comunidad cristiana la Navidad no tiene sentido si no es a base de una profunda reflexión, por eso para muchos cristianos la Navidad no es más que una fiesta que se espera y que luego pasa efímera, como la pólvora que se quema, y no deja más que basura en las calles. Para el cristiano es algo más que un cohetillo, es la gran noticia que debe reflexionarse y comprometer al hombre con este episodio en que Dios se hace hombre, no en una forma transitoria, sino para siempre, y el hombre debe también reflexionar ante el Señor.

Ese Cristo en Belén lo podemos representar hoy en esta homilía con este título: Cristo manifestación de Dios, Cristo manifestación del hombre y en tercer lugar, la Iglesia manifestación de Cristo.

PROLONGAR LA ENCARNACIÓN

Por eso la Iglesia, que prolonga la encarnación, o sea el Dios hecho hombre, no puede prescindir de la historia. Desde aquel momento Dios ha asumido la humanidad y ha dejado ese encargo de seguir asumiendo hacia Dios a todos los hombres, a la Iglesia, la cual, por tanto, peregrina en la historia, va recogiendo, no puede dejar de vivir las circunstancias en las cuales ella va prolongando esa encarnación. Por eso hermanos, estas noticias en las cuales yo reflejo lo más sobresaliente de la semana, no es con el afán de hacer aquí un noticiero. Lo hace mucho mejor cualquier instrumento de comunicación social, sino que es simplemente decirles a todos mis queridos hermanos, que vivimos en esta semana, en esta hora, que esta Navidad de 1977, siendo la eterna Navidad de Cristo, se ha vivido aquí en El Salvador en estas circunstancias de las cuales no podemos prescindir.

NAVIDADES TRISTES

Así es como tienen un sentido profundo, en medio de tarjetas y telegramas de Navidad, me hayan llegado cartas que son lamentos profundos, por ejemplo de aquellas madres y esposas que “en esta celebración de Navidad que con júbilo espera todo el pueblo cristiano, nosotras expresemos no una Navidad sino el profundo dolor de un calvario al albergar en nuestro corazón esa separación insuperable de nuestros hijos y esposos”. En otra carta parecida dice: “Estamos angustiadas y tristes por el llanto de nuestros hijitos que a cada momento que se despiertan en la noche están llamando a sus padres y de ellos no nos dan ninguna razón en los cuerpos de seguridad”. Y cartas de expresión así dolorosa, pues, son muchas las que llegan. Por nuestra parte hemos tratado de hacer todo lo que está a nuestro alcance recurriendo a recursos jurídicos y estamos dispuestos siempre, pues, a ayudar el dolor de la humanidad. Leer más…

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«Un Dios cercano». Natividad del Señor – A (Lucas 2,1-14)

domingo, 25 de diciembre de 2016
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05-navidad-a-600x1022La Navidad es mucho más que todo ese ambiente superficial y manipulado que se respira estos días en nuestras calles. Una fiesta mucho más honda y gozosa que todos los artilugios de nuestra sociedad de consumo.

Los creyentes tenemos que recuperar de nuevo el corazón de esta fiesta y descubrir detrás de tanta superficialidad y aturdimiento el misterio que da origen a nuestra alegría. Tenemos que aprender a «celebrar» la Navidad. No todos saben lo que es celebrar. No todos saben lo que es abrir el corazón a la alegría.

Y, sin embargo, no entenderemos la Navidad si no sabemos hacer silencio en nuestro corazón, abrir nuestra alma al misterio de un Dios que se nos acerca, alegrarnos con la vida que se nos ofrece y saborear la fiesta de la llegada de un Dios Amigo.

En medio de nuestro vivir diario, a veces tan aburrido, apagado y triste, se nos invita a la alegría. «No puede haber tristeza cuando nace la vida» (León Magno). No se trata de una alegría insulsa y superficial. La alegría de quienes están alegres sin saber por qué. «Tenemos motivos para el júbilo radiante, para la alegría plena y para la fiesta solemne: Dios se ha hecho hombre y ha venido a habitar entre nosotros» (Leonardo Boff). Hay una alegría que solo la pueden disfrutar quienes se abren a la cercanía de Dios y se dejan atraer por su ternura.

Una alegría que nos libera de miedos, desconfianzas e inhibiciones ante Dios. ¿Cómo temer a un Dios que se nos acerca como niño? ¿Cómo rehuir a quien se nos ofrece como un pequeño frágil e indefenso? Dios no ha venido armado de poder para imponerse a los hombres. Se nos ha acercado en la ternura de un niño a quien podemos acoger o rechazar.

Dios no puede ser ya el Ser «omnipotente» y «poderoso» que nosotros sospechamos, encerrado en la seriedad y el misterio de un mundo inaccesible. Dios es este niño entregado cariñosamente a la humanidad, este pequeño que busca nuestra mirada para alegrarnos con su sonrisa.

El hecho de que Dios se haya hecho niño dice mucho más de cómo es Dios que todas nuestras cavilaciones y especulaciones sobre su misterio. Si supiéramos detenernos en silencio ante este niño y acoger desde el fondo de nuestro ser toda la cercanía y la ternura de Dios, quizá entenderíamos por qué el corazón de un creyente debe estar transido de una alegría diferente estos días de Navidad.

José Antonio Pagola

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«La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.» Domingo 25 de diciembre de 2016. Natividad del Señor

domingo, 25 de diciembre de 2016
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08-navidada4-cerezoLeído en Koinonia:

Misa del día

Isaías 52,7-10: Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.
Salmo responsorial: 97: Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
Hebreos 1,1-6: Dios nos ha hablado por el Hijo.
Juan 1,1-18: La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

Hoy celebramos la fiesta del nacimiento de Jesús de Nazaret, pero en realidad en esta fiesta hay muchos componentes, de muy diverso género, y no sería bueno tratarlos todos como dimensiones teológicas racionalmente interpretables. Hay también elementos culturales, sociales, históricos, afectivos… Esta mezcla hace desaconsejable echar mano sólo de la lupa teológica racional. Quizá es ésta una fiesta en la que hay que dejar a un lado esa perspectiva racional, y hacernos niños, y celebrar con la ingenuidad del niño/a que todos/as llevamos dentro.

Pero digamos en todo caso una palabra sobre cada lectura.

La lectura de Isaías es un canto de alabanza de la próxima liberación de Jerusalén. Dos imágenes enmarcan la lectura, por una parte la de los mensajeros que sobre los montes de Judá traen la noticia de la próxima liberación, y gritan: ¡Yahvé reina! La segunda imagen es la de los centinelas que prorrumpen en júbilo porque ven el retorno de Yahvé a Sión y exclaman alborozados cómo el Señor ha consolado a su pueblo y ha rescatado a Jerusalén. Y es que en el contexto en que se escribe el libro de Isaías, la mayoría del pueblo de Israel se encuentra exiliado en Babilonia, son esclavos de los asirios. Sin embargo, ven como muy positivo que Darío asuma el poder, y ponen sus esperanzas en que el será el «rescatador», que les permitirá retornar a su tierra. Esta realidad es inminente, por lo que el escritor canta ya la alegría del retorno a la tierra. Para nosotros hoy, esos pies del mensajero anuncian el nacimiento del Señor, y nosotros, como los centinelas, proclamamos alegres la presencia del Salvador que se hace vida en medio de nosotros.

El salmo responsorial corresponde a un himno de alabanza dirigido a Yahvé porque ha obrado maravillas y porque ha revelado la justicia a las naciones acordándose de la lealtad de Dios a Israel. El salmista invita a toda la creación (mar, ríos y montes) a aclamar a Yahvé que llega a juzgar el mundo con justicia y los pueblos con equidad. Esa felicidad la compartimos nosotros con el salmista cuando recibimos a Jesús que llega, que nace. Él es Dios mismo que se convierte en Buena Noticia, anuncio de salvación para todos los pueblos, que asume nuestra condición humana y por ello estamos alegres y cantamos llenos de júbilo y esperanza.

La carta a los hebreos refuerza aún más la alegría de esta celebración de la Natividad del Señor Jesús. Expresa que «muchas veces y de múltiples maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas, pero en estos últimos tiempos nos habló por medio de su Hijo a quien instituyó heredero de todo». Hermanos, estamos en los últimos tiempos pues la revelación a llegado a su plenitud en Jesucristo. Él es imagen de Dios invisible, quien le ve a él ve al Padre; pues al asumir la condición humana y al nacer en un establo, como un hombre pobre; Dios se ha manifestado como solidario con todos los hombres de la tierra y por medio de Jesús ha mostrado el camino de la salvación.

La liturgia de hoy, la de la misa del día, como la más solemne –porque otra es la de la media noche–, proclama el prólogo del evangelio de Juan. Un texto bien solemne, y muy especial. Haríamos mal en leerlo como cualquier otro de los relatos evangélicos de la Navidad, en torno al nacimiento de Jesús, como los evangelios de la infancia. El texto de Juan pudo ser escrito treinta años más tarde, el último de entre los textos evangélicos hoy canónicos, en torno al año 100 d.C. Entenderlo como un relato «descriptivo» que nos trasmite información sobre «cómo sucedieron las cosas», información transmitida a Juan evangelista como por revelación directa, sería un error. Hoy la ciencia bíblica enfoca este texto con otra luz, conoce mejor su naturaleza y sabe que se trata de otra cosa.

En todo caso, es un texto clave, uno de los pocos textos de los que se puede decir que han sido sencillamente decisivos para la configuración concreta del desarrollo del cristianismo. Muchos opinan que fue Pablo el creador del cristianismo, más que los evangelios sinópticos por ejemplo. Otra opinión también común es la de que quien fundó el cristianismo fue en realidad Juan, al fundamentarlo con esta visión fantástica genial que nos entrega este texto, que catapultó la reflexión sobre Jesús a su máxima dimensión.

Más allá de lo que de este texto hubiera de ser retenido o no, la dimensión de encarnación que daría al cristianismo lo ha marcado, realmente. Encarnación, y su complemento, la divinización, son como una columna vertebral del cristianismo, y una de las marcas registradas de su espiritualidad y su compromiso histórico.

En la dimensión concreta de la historicidad, ya sabemos: no tenemos ninguna noticia histórica de la fecha del nacimiento de Jesús. El 25 de diciembre fue tomado de la fiesta romana del nacimiento del Sol, pues a partir de ese día –hoy sabemos que no exactamente– comienza a aumentar el tiempo de insolación (en el hemisferio norte, obviamente, y locontrario en el sur); el Sol en estos días superaba su período anterior invernal, de muerte y disminución. Si a Jesús se le llamaba «el Sol de Justicia», qué mejor fecha para datar su nacimiento que el día del re-nacimiento del Sol astronómico, que en el mundo romano era considerado divino. Leer más…

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La Puerta de Navidad. Un pequeño pregón, un compromiso

domingo, 25 de diciembre de 2016
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Han querido cerrarla algunos (citaré a continuación tres casos), borrando así la memoria de aquellos que promueven el Misterio de la Vida. Pues bien, en defensa de esa vida, Mabel y yo queremos abrir un año más la Puerta de la Navidad.

Por eso evocamos esta la Puerta de la Esperanza, horadada en la peña, como Portal de Belén (por ahora vacío, no han llegado María y Jose), para que todos los hombres y mujeres, y en especial los niños pueden tener casa, familia y pan, como la casa de la imagen infantil… un espacio de calor, con algunos juguetes, pero, sobre todo, con amor y paz profunda, en esperanza.

Han querido cerrar la Navidad muchas veces, pero no lo consiguieron, ni tampoco lo conseguirán ahora. Algunos se llaman cristianos, pero quizá no lo son, pues son servidores del poder y del dinero, de su propio deseo egoísta, y no les interesen de verdad los niños, todos los niños del mundo (con familia, casa, escuela y perspectiva de futuro, en Belén o Siria, en Kinshasa o Nueva Delhi).

15622462_706554146188447_479075734474032222_nNació una vez Jesús, y para siempre, hace más de dos mil años, y seguirá naciendo en nosotros, en todos, el Niño de Dios, que es el hombre/mujer verdadero, el Príncipe de la Paz, aquel que nos llevara por esa Puerta en la Roca (Atxular Atea), al gran valle de la Vida que es valle lado del Amor y de la Libertad.

No nos quitarán la Navidad, a pesar de los faraones y los reyes del poder militar y económico como Acaz o como Herodes, o como los que hoy quieren resolver sus problemas con bombas y metralla, matando ante todo a los niños (los que más sufren las guerras).

— No nos robarán la Navidad, a pesar de que un tipo de sociedad de injusticia hace que mueran cada día miles de niños, a pesar de otros muchos no puedan pasar por la puerta de la roca al valle del amor, a la casa infantil, de la segunda imagen, con calor de vida, con familia, con amigos.

— No la robarán, si nos comprometemos a mantenerla y celebrarla, una vez más, este año 2016/2017y si vivimos para que vivan los niños, abriendo para ellos y con ellos una puerta de esperanza, como esa Puerta de Esperanza de Atxular (Atxular Atea) en la dura roca de mi pueblo, Orozko.

Con este deseo, Mabel y yo queremos felicitaros a todos vosotros, lectores de este blog, y en especial a los hermanos, parientes y amigos de siempre, que nos acompañéis para mantener abierto (con oración y compromiso de vida), entre todos, este camino de la esperanza de Jesús, que es la Navidad.

1. Intentó suprimir la Navidad el Faraón, hacia el siglo XII a. C.

No quería que nacieran más hebreos, hombres de una raza y tradición de esclavos, emigrantes sin derechos insumisos a su imperio. Por eso mandó que los mataran antes de nacer o los echaran después a las corrientes del Nilo. Pero hubo una mujer que se enfrentó y que conservó a su niño mientras pudo, dejándolo después en un arca flotante sobre el agua para que lo viera algún egipcio y tuviera compasión.

Pero lo vio la hija del Rey Faraón y lo cuidó en su casa. Ésta fue la Primera Navidad de la historia israelita, la Navidad de una extranjera, una egipcia, junto al duro Nilo, río de promesas y de muertes. Por eso, cuando los cristianos celebramos el Nacimiento de Jesús, recordamos a Moisés, liberador de los hebreos. Aquel Faraón no pudo matar la Navidad, pero su hija se opuso al Faraón, su madre, y acogió al niño hebreo, como si fuera propio, el niño de la «patera» del niño, el hebreo odiado… para cuidarlo en su casa de mujer, de amiga, de Madre…

Por eso, ella, la Noble Egipcia… que obedecer a la voz de la vida, no a la ley faraón, con Moisés, el liberado de la patera, siguen celebrando con nosotros la Navidad.

2. Quiso suprimirla también el rey Acab, el año 733 a. C.

El rey fuerte de Jerusalén, conocido por su astucia de político, no quería nacimientos de niños como aquel en la ciudad sitiada. Por eso rechazó el signo del profeta, no deseaba que nacieran con los niños más problemas, hasta que el mundo cambiara… Sólo quería y buscaba soldados capaces de empuñar las armas y matar a los contrarios, matando así la Navidad.

Pero Isaías se elevó sobre la gran muralla y dijo: «¿No te cansas de oponerte a Dios? A pesar de que tú eres sólo un rey muerte, Dios te ofrece una señal de Vida: La muchacha está encinta y dará a luz en medio de la guerra y llamara a su Hijo Emmanuel, Dios con nosotros, y lo educará para que sea Dios de libertad».

Ésta fue la Segunda Navidad en el centro de la historia israelita, porque un profeta se opuso al rey oficial… porque una mujer no obedeció el mandato de los opresores. Nació el Emmanuel de Jerusalén, siervo de Dios y profeta de su pueblo, y los judíos conservaron y conservan su esperanza de Navidad, a pesar de la violencia de muchos sus reyes, como dice el libro de Isaías.

3. Quiso matar la Navidad el rey Herodes, el año 6. a. C.

Nació aquel año Jesús, Yoshua el Nazareo, y el rey Herodes, a quien visitaron los magos de oriente para informarse de suceso, intentó matarle. No quería Navidad, sino reinar él sólo y para siempre sobre un reino de muerte. Para asegurar ese reinado y tener la certeza de que había aniquilado al Mesías, mató a los inocentes de Belén y de su entorno, viniendo a convertirse así en rey sin niños, sobre un mundo de poder, carente de esperanza.

Por eso, el mismo historiador Josefo, un judío fino, trata a ese Herodes casi como un cerdo… alguien que sólo quiere comer y mandar a costa de los otros, matando a todos los niños que pudiera constituir un día un peligro (mató a casi todos sus hijos y descendientes…, destruyó a su pueblo, por reinar el mismo, pactando siempre a su favor con los romanos).

Pero el Dios de los niños de la Navidad protegió al Niño, y con él protegió a José y María para que pudieran sacarle escondido de la tierra baldía de Herodes. Aquel rey violento, lo mismo que el Cesar de Roma, sólo querían celebrar su nacimiento. Pero Dios mantuvo su promesa, de manera que la Navidad de Hijo pudo y puede celebrarse todavía como fuente de esperanza en todo el mundo.

4. Quieren suprimir la Navidad los poderes de muerte, este cambio de año 2016/2017 d. C.

Quieren suprimirla aquellos que convierten la tierra en territorio de puro consumo y violencia, al servicio de unos privilegiados, mientras cada día mueren más de 30.000 niños, unos sin haber nacido (por aborto), otros muchos por violencia, por hambre o por guerra. Esos niños sin Navidad, como los hebreos de Egipto, los israelitas del tiempo de Acaz o los betlemitas del tiempo de Herodes, están en el corazón de Dios; por eso los debemos recordar en estas fiestas.

Quieren destruir la Navidad los que envenenan el corazón de los mayores… convirtiendo las fiesta de Dios en puro consumo de algunos, mientras otras (muchos, muchos…) siguen estando sin nada en un mundo lleno de luces de comercio de la Navidad del Consumo, mientras crece o se mantiene la navidad de negro oscuro de la guerra la pobreza de las mayorías.

Pero, a pesar de eso, Dios ha querido y quiere que nazcan y sean acogidos muchos más niños. Con ellos y por ellos celebramos un año más el Nacimiento del Niño Dios, manteniendo con él la esperanza de Dios sobre la tierra. Quieren impedir la Navidad, pero ha nacido Yoshua el Emmanuel y con él queremos que nazcan y viva todos los niños del mundo. A favor de esos niños que mueren queremos celebrar la Navidad, para que un día todos puedan vivir, cuidados como fue cuidado Yoshua Nazareo, el Betlemita, al servicio del amor, que es la vida de Dios entre los hombres.

Mabel y Xabier
23 del XII del 2016
San Morales, junto al Tormes

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«Ignorar, rechazar o acoger». 25 de diciembre

domingo, 25 de diciembre de 2016
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juan-1-1-18-4Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Tres misas el mismo día

            No sé cuándo comenzó la tradición de celebrar tres misas el día de Navidad, pero imagino que debe de ser muy antigua. Se comienza con la famosa misa del Gallo, por la noche, sigue la misa del alba y se termina con la del día. Cada una de ellas tiene sus lecturas propias, las mismas en los tres ciclos (A, B, C). Dada la abundancia de lecturas (¡nueve!), me limitaré a comentar un texto que asusta a todos los lectores: el Prólogo del evangelio de Juan, que se lee en la misa del día.

Presupuesto para entender el Prólogo

            Las conquistas de Alejandro Magno, a finales del siglo IV a.C., supusieron una gran difusión de la cultura griega. En Judea, como en todas partes, los griegos ejercían un influjo enorme: cada vez se hablaba más su lengua, se imitaban sus costumbres, se construían edificios siguiendo su estilo, se abrían gimnasios, se enseñaba la doctrina de sus filósofos. Los judíos, al menos la clase alta, estaban encandilados con la sabiduría de Grecia. Sin embargo, algunos autores no compartían ese entusiasmo. Para ellos, la sabiduría griega era un producto reciente, obra del ingenio humano, y tenía su templo en un lugar pagano: Atenas. La verdadera sabiduría es eterna, procede de Dios, y reside en Jerusalén. Esto puede decirse con palabras vulgares, o poéticamente, presentando a la sabiduría como una mujer y contando su historia. Basándonos en diversos textos bíblicos podemos reconstruir esa historia de la Sabiduría.

La historia de la Sabiduría de Dios

1ª etapa: la Sabiduría junto a Dios desde el comienzo (Proverbios 8,22-36).

El Señor me estableció al principio de sus tareas,

al comienzo de sus obras antiquísimas.

En un tiempo remotísimo fui formada,

antes de comenzar la tierra.

Antes de los océanos fui engendrada,

antes de los manantiales de las aguas.

Todavía no estaban encajados los montes,

antes de las montañas fui engendrada.

No había hecho aún la tierra y la hierba

ni los primeros terrones del orbe.

2ª etapa: la Sabiduría y la creación

Cuando colocaba el cielo, allí estaba yo;

cuando trazaba la bóveda sobre la faz del océano;

cuando sujetaba las nubes en la altura

y fijaba las fuentes abismales.

Cuando ponía un límite al mar,

y las aguas no traspasaban su mandato;

cuando asentaba los cimientos de la tierra,

yo estaba junto a Él, como aprendiz, yo era su encanto cotidiano,

todo el tiempo jugaba en su presencia;

jugaba con la bola de la tierra

disfrutaba con los hombres.

Tercera etapa: la Sabiduría se instala en Jerusalén (Eclesiástico, 24).

Por todas partes busqué descanso

y una heredad donde habitar.

Entonces el creador del universo me ordenó,

el creador estableció mi morada:

Habita en Jacob, sea Israel tu heredad.

En la santa morada, en su presencia ofrecí culto

y en Sión me establecí;

en la ciudad escogida me hizo descansar,

en Jerusalén reside mi poder.

Eché raíces entre un pueblo glorioso,

en la porción del Señor, en su heredad.

Sin embargo, cabe la posibilidad de que algunos rechacen los consejos de la sabiduría. De hecho, muchos judíos no aceptaban este mensaje. Otro autor presenta a la Sabiduría como una mujer que se queja de no ser escuchada (Proverbios 1,22-25).

Os llamé, y rehusasteis;

extendí mi mano, y no hicisteis caso;

rechazasteis mis consejos,

no aceptasteis mi reprensión.

            En resumen: la sabiduría de Dios está junto a él desde el principio, lo acompaña en el momento de la creación, disfruta con los hombres, se establece en Israel. Pero muchos no disfrutan con ella. Prefieren seguir otro camino, no le hacen caso.

La historia de la Palabra

El autor del Prólogo aplicó las ideas anteriores a Jesús, introduciendo algunos cambios. Ante todo, en vez de llamarlo sabiduría de Dios, prefirió llamarlo la Palabra.

Primera etapa: la Palabra junto a Dios

Al principio existía la Palabra,

y la Palabra estaba junto a Dios,

y la Palabra era Dios;

ella estaba al principio junto a Dios.

Hay una diferencia notable con el texto sobre la Sabiduría. La sabiduría es creada por Dios. La Palabra, no; existe con él desde el principio. Además, el autor del himno es muy sobrio, no se le ocurre decir que la Palabra jugaba en presencia de Dios.

Segunda etapa: la Palabra y la creación

Todo fue hecho mediante ella,

y sin ella no se hizo nada de lo hecho.

Lo que surgió en ella fue la vida,

y la vida era la luz de los hombres;

y la luz brilla en la tiniebla,

y la tiniebla no consiguió derrotarla.

Parece un trabalenguas, pero es muy sencillo: todo fue creado por la Palabra de Dios. El sol, la luna, las estrellas, las montañas, el mar…, el mármol, la madera, el cristal… Todo ha sido creado por la Palabra de Dios. Y ella, además de haber creado a los hombres, es también nuestra luz. La única novedad, muy importante, es que desde el principio se entabla una lucha entre la luz y la tiniebla; pero la tiniebla no logra imponerse, no puede derrotarla.

Tercera etapa: el mundo, creado por la Palabra, la ignora.

Hasta ahora todo ha ido bien. Dios y la Palabra pueden estar contentos. De pronto, advierten que la Palabra es ignorada por el mundo.

En el mundo estaba,

y aunque el mundo se hizo mediante ella,

el mundo no la conoció.

            El mundo no se refiere aquí a los seres inanimados sino a las personas que ignoran a Dios, no lo adoran, o prescinden de él. En autor del Prólogo piensa en todos los pueblos paganos, que podrían haber conocido al Dios verdadero, pero que habían caído en diversas formas de idolatría.

            Cuarta etapa: la Palabra decide instalarse en Israel; su pueblo la rechaza

            ¿Qué hará la Palabra cuando se vea ignorada por el mundo? Para un judío, la respuesta es clara: refugiarse en Israel, el pueblo elegido, igual que hacía la sabiduría: “Eché raíces entre un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad”. Eso mismo hace la Palabra, pero se encuentra con una desagradable sorpresa:

Vino a su casa,

y los suyos no la recibieron.

Quinta etapa: la Palabra decide hacerse carne y habitar entre nosotros. 

La Palabra ha sufrido dos derrotas: el mundo la ignora, su pueblo la rechaza. ¿Qué haría cualquiera de nosotros en su lugar? Quedarse junto a Dios y olvidarse de todos. Afortunadamente, Dios no es así. La Palabra toma la decisión más asombrosa que se puede imaginar.

Y la Palabra se hizo carne

y puso su tienda entre nosotros

y contemplamos su gloria,

gloria de Hijo único del Padre,

pleno de gracia y de lealtad.

Pues de su plenitud todos hemos recibido

gracia tras gracia.

Del optimismo ingenuo al realismo mágico

La historia de la Sabiduría resulta demasiado optimista. El himno puede parecer muy pesimista. Sin embargo, no lo es. Aunque no sea todo el mundo ni todo Israel, hay un grupo, formado por judíos y paganos, dispuestos a acoger a Jesús, a creer en él. Y ésos, todos nosotros, reciben una enorme recompensa.

Pero a los que la recibieron

los hizo capaces de ser hijos de Dios.

            Y este grupo contempla su gloria, y de su plenitud recibe gracia tras gracia.

            Motivos de sobra para estar alegres y desearos a todos FELIZ NAVIDAD.

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Feliz Navidad 2016. 25 diciembre, 2016

domingo, 25 de diciembre de 2016
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La promesa fue cumplida, inevitable no creer y celebrarlo, y tender la mano. Siempre.

Os deseamos una Feliz Navidad.

Aquí os dejamos nuestra felicitación 😉

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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