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Pareja de lesbianas dona el árbol navideño de Rockefeller Center

lunes, 3 de diciembre de 2018
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45800850_2130047027016285_8480395767557652480_o-650x433Shirley Figueroa y Lissette Gutiérrez, de origen portorriqueño, son una pareja de lesbianas residentes al norte de Nueva York. Hace un año se mudaron a una casa nueva con un precioso jardín y, en él, había un enorme abeto noruego de más de 20 metros. Es tan impresionante que han querido compartirlo con el mundo donándolo para ser el árbol del Rockefeller Center.

Por primera vez en la historia, una pareja de lesbianas ha sido la donante del impresionante árbol. A modo de anécdota, os contamos que el jardinero jefe del Rockefeller Center, Erik Pauze, ya le había echado el ojo hace cinco años.

Erik Pauze es el encargado de recoger el árbol del Rockefeller Center, que se dona cada año de una parte diferente del país, una vez, incluso llegó desde Canadá.

La pareja viajó el día 10 de noviembre a Manhattan, hasta el mismísimo Rockefeller Center, para acompañar a su precioso árbol. Ambas se sienten muy orgullosas de haber podido contribuir a hacer más bellas las navideñas de la ciudad.

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Para Shirley, la ocasión era aún más especial, ya que creció en el Bronx, en una manzana en la que no había ni un solo árbol.

“Ahora no es mi árbol, es el árbol del mundo. Estoy muy feliz de poder compartirlo con todos. Solo el hecho de que tenga un árbol que puedo donar cuando vengo de un lugar que no tenía árboles es tan surrealista”

Shelby (que así han apodado al árbol sus donantes) está decorada con 50.000 luces LED de varios colores y fue coronada con una estrella Swarovski con cristales incrustados diseñada por el arquitecto Daniel Libeskind.

“Ella va a obtener las joyas que se merece”

Seguro que todas las familias con dos papás o con dos mamás o mamás o papás LGTB en solitario estarán muy felices de contarles a sus peques esta Navidad que el árbol ha sido donado por una familia arcoíris.

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Podremos visitar el árbol del Rockefeller Center hasta el 7 de enero, cuando será desmantelado y donado a Habitat for Humanity.

Fuente Oveja Rosa

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El poder secreto de María. La Navidad Musulmana

domingo, 7 de enero de 2018
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26196468_911320762378450_4020299795589639385_nDel blog de Xabier Pikaza:

Presenté hace dos días «la navidad judía«, de la mano de H. Arendt, hoy me ocupo de la navidad musulmana, con la ayuda de Y. Monturial, que viene trabajando desde hace tiempo sobre el tema de María, la Madre de Jesús, en el Corán, recuperando así su figura y mensaje para la piedad universal (y más en concreto para la cristiana y musulmana).

En ese sentido, este libro sirve para para conocer y celebrar en sentido muy profundo la Navidad Musulmana, centrada en María, la mujer creyente, que acoge la «palabra de Dios» y cree en ella, de un modo «virginal», para así dar a luz, con la ayuda de Dios, a Jesús, profeta y mesías judío.

Cuando Y. Monturiol me pidió el prólogo, como experto en mariología cristiana, el libro se titulaba como en el título de esta postal: El poder secreto de María, y así escribí mi texto (que ofreceré a continuación a mis lectores). Después, como sucede en estos casos, y dado que algunas editoriales cristianas y musulmanas ponían dificultad para editar el libro, pareció conveniente cambiar él título, que es más apropiado para una editorial como Mandala.

Por eso, el libro se ha títulado al fin: Fuentes heterodoxas sobre la madre de Jesús. Es un título resoetable, que puede servir para algunos lectores, y así lo recibo con gozo, pero indicando que la palabra fuentes heterodoxas no responde en realidad al contenido del libro:

Ni el proto-evangelio de Santiago es heterodoxo para los cristianos, sino un apócrifo muy bien conocido y utilizado por la iglesia en su piedad y en su liturgia desde el siglo III al XX.

Ni es heterodoxo el Corán en sus suras marianas, estudiadas por Y. Monturiol . El Corán no es heterodoxia critiana, sino una inmensa y benemérita tradición religión, con elementos muy cercanos al cristianismo, sobre todo en referencia a María.

Ni son finalmente heterodoxas las fuentes y textos de V. Haya, T. Forcades y D. Pacheco, de los que hablará a continuación…ni las reflexiones y comentarios de Y. Munturiol, que recuperan y presentan con fidelidad las mejores tradiciones marianas del Corán, que no son «cristianas» en sentido estricto, pero mucho menos heterodoxas.

En esa línea, Yaratullah/María Monturiol y sus colaboradores han (hemos) asumido el reto de desvelar aspectos esenciales del «secreto» de María, la Madre de Jesús, desde una perspectiva universal y musulmana.

El cuerpo del libro, con la conclusión (págs. 17-84, 143-158) ha sido escrito por Y. Monturiel, ofreciendo la visión espiritual y teológica más precisa de la Madre de Jesús en los apócrifos marianos (en especial del proto-evangelio de Santiago) y en el Corán. En esa línea, la autora elabora una tesis que armoniza episodios coránicos con las mencionadas fuentes apócrifas. así, por ejemplo, destaca su ubicación desde niña en el Templo de Jerusalem, su honda formación en la sabiduría judaica, y el pacto de alianza que se establece entre cuatro figuras clave: Zakarías, Juan Bautista, María y Jesús.

— Siguen cinco apéndices (págs 85-142).

(1) D. Pacheco SJ (misionero critiano en Japón), María la Sabia en las fuentes japonesas, traduce por primera vez al castellano y sitúa uno de los textos marianos más significativos de la piedad y recreación mariana de los cristianos ocultos del Japón (del siglo XVII al XIX).

(2) Tres apéndices de V. Haya (columnista de RD), traduciendo y comentando en arameo y desde el arameo el Magníficat y el texto de la Anunciación en Lc 1, para ofrecer así una lectura antes inédita de la tradición y piedad mariana en la lengua de Jesús y de María (con los primeros cristianos palestinos y sirios).

(3) Revisión de los dogmas marianos, por Teresa Forcades, teóloga y pensadora política catalana, del Monasterio de San Benet de Montserrat. Su visión ofrece la mejor relectura antropológica (más que feminista) del dogma y de la tradición mariana de la Iglesia.

(4) Finalmente, he tenido el honor de escribir el prólogo del libro, que a continuación presento a los lectores de este blog.

Quiero felicitar a Y. Monturial por haber escrito el grueso de este libro, y por habernos invitado a los colaboradores a ofrecer nuestra visión del tema. Felicito también a (Mandala Ediciones (c/ Treviño, 28003.Madrid) por haberlo publicado de forma tan bella.

Desvelar a María, velarla de nuevo
Islam y Cristianismo (Xabier Pikaza)

Yaratullah (=María) Monturiol ha escrito un libro precioso sobre María, la Madre de Jesús, conforme a la tradición del Corán. Con esta ocasión, respondiendo a su invitación, he querido escribir un prólogo en el que expongo cuatro retos de la mariología (estudio del sentido de la Madre de Jesús) y ofrezco una comparación entre María y Muhammad.

Cuatro retos

Ciertamente, debemos desvelar el rostro de María, para verla en su interior, en su verdad, como mujer y madre privilegiada del profeta mesiánico. Pero, al mismo tiempo, cuanto más la desvelamos más debemos velarla para descubrir su misterio de mujer y de creyente, en la línea que ha puesto de relieve Muhammad. Él no repite lo que dice la Biblia, sino que acentúa rasgos que la tradición cristiana ha dejado después en un segundo plano. Pero su aportación es muy significativa para la historia de la teología y de la vida cristiana, en la línea de los cuatro retos que empezaré señalando.

1. El reto de la Biblia.

Ciertamente, María, la Madre de Jesús, no forma parte del argumento central del Nuevo Testamento, como bien saben las iglesias, pero ella es un tema importante, que ha de ser estudiado con rigor y asumido con honestidad, si queremos conocer la raíz del cristianismo, pues forma parte de la revelación de la Iglesia primitiva, desde Pablo (que la mantiene en gran parte velada, desde Gal 4, 4) y Marcos (que la sitúa en un plano discutid, desde Mc 3, 31-35), hasta Lucas y Juan que recuperan su figura para el conjunto de la vida cristiana.

En esa línea podríamos afirmar que Nuevo Testamento ofrece un testimonio de recuperación de María entendida en sentido personal (ella ha debido descubrir y aceptar el mensaje de su hijo) y eclesial (la iglesia ha debido comprender lo que ella significa en el plano de Dios). En sentido estricto, la forma de entender a María define de algún modo nuestro acceso histórico y teológico al Nuevo Testamento (partiendo, por ejemplo, de Lc 1-2).

2. El reto de la iglesia.

Las diversas iglesias, y en especial la católica, están corriendo el riesgo de perder su herencia mariana y/o de encerrarse en una restauración arqueológica de su origen histórico, sin tener en cuenta su hondura evangélica. No todo se resuelve en la Iglesia con María, pero muchas cosas se pueden plantear mejor si se sitúan rectamente, a la luz de lo que ella significa, volviendo al evangelio, en una labor de conjunto en la que son importantes las diversas perspectivas (voces tradicionales y renovadores, de protestantes y católicos…).

María fue un reto para la primera Iglesia (como he destacado al hablar de la Biblia), y ella sigue siendo un reto para nuestras iglesias en este momento en que es necesario un ecumenismo humano, social y religioso. En esa línea resulta necesaria una recuperación (=recreación) de las figuras femeninas del entorno del Jesús y del principio del cristianismo, entre las que destaca, sin duda, María de Magdala, como muchos están destacando en nuestro tiempo. Pero, a su lado, resulta absolutamente necesaria la recuperación de María de Nazaret, la Madre de Jesús, por lo que ha significado y significa en la tradición cristiana.

3. Reto social.

Muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo están poniendo de relieve la importancia del Magníficat o Canto de María (Lc 1, 51-53), por lo que significa e implica de conversión y transformación social, en una línea que viene de los grandes profetas antiguos de Israel (desde Amós e Isaías), hasta el mismo Muhammad, defensor de los pobres. Resulta sorprendente el hecho de que Lucas haya situado en boca de María el canto más intenso de liberación (de inversión) del Nuevo Testamento, vinculando en ella la herencia profética de Israel y la experiencia pascual de los cristianos. Leer más…

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¿La Navidad es una buena noticia?

viernes, 5 de enero de 2018
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1322758554_madre_adolescente__crop_629x356_thMiguel Esquirol Vives
Cochabamba (Bolivia).

ECLESALIA, 22/12/17.- Navidad ya no es para los cristianos creyentes una buena noticia, es una fiesta con mucho consumo. Es la gran fiesta del dios mercado y aunque se llenan todavía los templos para este día, más se llenan los supermercados.

Y si no es buena noticia para los creyentes menos lo es para los que no lo son y menos para los no cristianos. Sin embargo quisiera hablar de la novedad de la Navidad, aunque sea más allá de la fe religiosa.

Jesús de Nazaret fue más allá de la fe religiosa de su tiempo y los religiosos de entonces, los sacerdotes, el sumo sacerdote y los grupos piadosos como eran los saduceos y los fariseos lo condenaron a muerte

Y su novedad, su mensaje liberador, como buena noticia para los pobres, se lo fue dejando en el olvido, preocupados los poderes políticos y religiosos en la definición de dogmas y de otros intereses menos dignos.

De la Navidad no nos pudo hablar Jesús, la que si nos habla es su madre. Es sólo por la fe católica que creemos en su virginidad, lo que se ha convertido en muro de separación entre cristianos y en una exaltación hasta divinizar a María, como una diosa, como madre de Dios y Virgen, con el fin de pedirle favores, pero no para conocer su vida y su buena noticia.

Sin embargo nuestra María de la Navidad es buena noticia, pues ella  se pone del lado las mujeres humilladas, como ella lo fue por sus contemporáneos, para quienes no fue más que una madre soltera y para algunos violada por algún soldado romano desconocido, como ocurría frecuentemente. José su prometido después de serias dudas la recibió con amor como esposa, cuando supo de su sufrimiento y de su verdad.

María, esperando a Jesús en su visita a su prima también embarazada, le dice que está muy alegre, porque Dios ha mirado su humillación, y que su misericordia llegará a todas las generaciones (sobre todo a las generaciones de mujeres, violadas, prostituidas, abandonadas, maltratadas y postergadas, aun por los que se dicen guardianes de la religión). Y añade además que Dios derriba a los soberbios y a los poderosos de sus tronos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. (Lucas 1,50-51)

Esta es su buena noticia, para los pobres y sobre todo para todas las mujeres.

 (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Navidad

jueves, 4 de enero de 2018
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Navidad1El Ángel dijo a los pastores que velaban en medio de la noche: “Hoy en Belén de Judá os ha nacido un salvador”… Un salvador que no había nacido en un palacio rodeado de señales –como se supone que debería ser–, sino en la cuadra de una posada acompañado de sus padres pobres y de unos cuantos pastores marginales. Un salvador que murió en la cruz abandonado de los suyos y solo acompañado de un pequeño grupo de mujeres leales.

Hoy la palabra “salvador” nos suena raro, sobre todo cuando nos empeñamos en juzgar las expresiones del pasado con criterios actuales. Muchos entienden la salvación como el hecho individual de alcanzar la vida eterna a base de méritos, pero como decía un amigo jesuita: El sueño de Dios no puede ser la raquítica salvación de media docena de perfectos, sino toda la Humanidad realizada y perfecta que alcanza su plenitud”. Una humanidad formada por personas que no viven esclavas del dinero ni de las cosas que se pueden comprar con dinero. A las que se les remueven las entrañas ante la desgracia ajena. Que son tolerantes y conciliadoras. Que trabajan por la paz y la justicia. Una humanidad en la que los más importantes son los más necesitados; en la que los primeros son aquellos que se hacen servidores de todos y esclavos de todos…

La expresión “Jesús nos salva, nos libra del pecado”, no tiene nada que ver con ningún acto jurídico por el cual alcanzamos el perdón de unas supuestas ofensas a Dios ­–miremos lo ofendido que se sentía el padre del hijo pródigo–, sino con el hecho de que nos ayuda a liberarnos de la fascinación que nos producen muchas cosas que no merecen la pena y que acaban arruinando nuestra vida… ¿Y cómo lo hace?… Pues con una propuesta fascinante que da todo el sentido a nuestra vida; que nos empuja a vender nuestros pequeños ídolos, banales e irrelevantes, para comprar, llenos de alegría, el tesoro que hemos encontrado escondido en un campo.

Las primeras comunidades cristianas participaban de este espíritu, eran fértiles y no dejaban de crecer. En ellas no había necesitados “porque nadie consideraba sus bienes como propios”. Les ocurría igual que a su maestro; que causaban fascinación entre la gente e irritaban sobre manera a los dirigentes –que los perseguían y los mataban–. Luego aquello se contaminó con filosofías ajenas a la Buena Noticia, vino Constantino, el poder, la influencia, la jerarquía de corte monárquico… y aquel espíritu inicial comenzó a decaer. Hoy, tras muchos siglos, hay motivos para la esperanza y no podemos desaprovecharla.

Pensamos que un cristiano es el que trata de parecerse a Jesús de Nazaret, “que pasó por el mundo haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal” –según palabras de su íntimo amigo Pedro–, y punto final. Todas las demás manifestaciones de cristianidad probablemente estén muy bien, pero no constituyen la esencia del cristiano. En nuestra sociedad, a los cristianos se nos identifica con gente acomodada que ha sido capaz de hacer pasar al camello por el ojo de una aguja, es decir, de compaginar sin ningún rubor, su condición de cristiano con la plena participación en la sociedad de consumo.

Volvamos a la Navidad. Una celebración es importante en la medida en que lo es el acontecimiento que se celebra, y lo que estos días celebramos es de la máxima importancia. Porque celebramos que en aquel niño, hemos descubierto que podemos vivir, que esto tiene sentido, que está pensado por una Madre. Quizás importe poco que la hayamos convertido en una orgía de consumo –antítesis de lo que en principio se celebra–, porque seguirá mereciendo la pena si hay personas que se reencuentran con aquel espíritu capaz de transformar el mundo… y destinado a ello.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Fuente Fe Adulta

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Navidad: Vida y Luz

miércoles, 3 de enero de 2018
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

 

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“Cristo, luz del mundo, ha nacido hoy, y puesto que ha nacido para nosotros, ha nacido en nosotros como luz. Por tanto, los que creemos, hemos nacido hoy a una nueva luz. Eso es decir que nuestras almas han nacido a nueva vida y nueva gracia al recibirle a Él, que es la Verdad (…..)

Quiere ser visible en nosotros, vivir en nosotros, y salvarnos mediante su acción secreta en nuestros corazones y en los corazones de nuestros hermanos. Así, hemos de recibir, por la fe, la luz de nuestro Salvador recién nacido, para manifestarlo por nuestro testimonio en alabanza común y por las obras de nuestra caridad mutua”.

«Oh, Palabra perfecta
cuyo nombre es Salvador
y a quien deseamos poseer:
arde en nuestros corazones, en nuestra médula
y en todo nuestro ser;
ocúltanos y sánanos en el abrazo de tu deleite
cuyo admirable poder
canta en el horno abrasador de la triple gloria

*

Thomas Merton

***

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«Lecturas de la Navidad», por Enrique Martínez Lozano.

miércoles, 3 de enero de 2018
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nativity-storyParece innegable que, en nuestro entorno sociocultural, y más allá de creencias religiosas, la fiesta de “Navidad” ha ocupado durante siglos (y aún sigue ocupando) un lugar privilegiado. Diferentes factores la convirtieron en una fecha popular e incluso entrañable, aunque no faltaran nunca sus detractores. Resortes psicológicos básicos, religiosidad sentida, escenas de la infancia cargadas de emoción, reuniones familiares, e incluso, cada vez más, intereses comerciales, lograron que esas fechas aparecieran revestidas de un atractivo especial, a tenor de las experiencias e incluso de las creencias de cada cual.

Sin embargo, acerca de la Navidad caben diferentes lecturas:

Lectura histórica:

La fiesta de Navidad se institucionalizó a partir del siglo IV; su reconocimiento oficial se produjo el año 354, por parte del papa Liberio. En su origen, en esa fecha se celebraba en Roma el “Dies Natalis Solis invicti”, el nacimiento del sol, siempre invicto, que acontecía cada año en el solsticio de invierno, justo cuando los días empiezan a alargar.

El cristianismo asumió la festividad pagana, datando en esa fecha el nacimiento de Jesús, considerado como el verdadero “Sol” por el que había llegado la luz a este mundo.

Sin embargo, este no fue un caso aislado, sino que algo similar había ocurrido en muchas mitologías: en Persia, Mitra, dios de la Luz; en Roma, Apolo; en Egipto, Horus; en las culturas germánicas y escandinavas, Frey, dios del sol naciente; entre los mexicas, antiguo pueblo precolombino, Huitzilopochtli, dios del sol… Tomando al sol como símbolo de lo divino, las diferentes culturas fijaron como fecha del nacimiento de sus respectivas divinidades el solsticio de invierno, cuando los días empiezan a alargarse, cuando el sol “vuelve a nacer”.

Lectura religiosa:

La lectura religiosa se basa en la creencia, es decir, en el dogma. Para el credo cristiano, en Navidad acontece el hecho central de la historia: Dios se hace hombre en la persona de Jesús de Nazaret.

Dicha lectura se apoya en los textos legendarios que aparecen en los evangelios de Mateo y de Lucas -no así en los de Marcos y Juan- y presenta el acontecimiento como la “buena noticia” por excelencia, que será presentada con estas palabras puestas en la boca del ángel: “No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador; el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.

Según esta lectura, Dios se hace hombre. No es difícil imaginar las “resonancias” que tal creencia habría de encontrar en los seres humanos, despertando o avivando sensaciones de seguridad, sentido, confianza…, acompañadas todas ellas de la imagen tierna e indefensa de un bebé recién nacido.

Ahora bien, junto con ello, la creencia religiosa ofrecía la base para su propia absolutización: si Dios se hace hombre en Jesús, esto significa que nos hallamos ante la única religión verdadera, aquella en la que Dios, no solo ha hablado, sino que ha sancionado de manera indubitable.

Lectura espiritual:

Más allá de la creencia y de los relatos legendarios que la sostienen, es muy fácil acceder a la verdad profunda -a veces inconsciente, incluso para los autores de esos mismos relatos- que late en ese “mapa” concreto.

Tal lectura es simple: lo humano es divino. Aquello a lo que los humanos se han referido con el término “Dios” -en sánscrito dev, cuyo significado es sencillamente “luz” o “luminosidad”– está “naciendo” constantemente en todo lo que percibimos a través de los sentidos.

Todo, empezando por lo más pequeño -un bebé en pañales acostado en un pesebre-, es manifestación de lo divino. Todo es Dios manifestado.

Más allá incluso de los términos que han vehiculado contenidos religiosos, la lectura espiritual de lo que se celebra en Navidad podría tal vez expresarse de este modo: La Realidad última, el Fondo único, Lo que es -inalcanzable para nuestros sentidos y nuestra mente- se está manifestando en todas las formas que aparecen ante nosotros. Y ese mismo Fondo constituye nuestra verdadera identidad.

Místicos sufíes gustaban decir que “lo único real es Dios; todo lo demás son “disfraces” en los que Dios se oculta”. Todo es Eso inefable -lo Real solo puede ser uno-; las formas no son sino “despliegues”, en una admirable no-dualidad. No existe Eso inefable más las formas que advertimos: todo es uno. Y nosotros mismos somos, al mismo tiempo, una forma vulnerable -nuestra personalidad tan frágil- y Eso que es plenitud. Comprenderlo es sabiduría, vivirlo es liberación.

Enrique Martínez Lozano

Boletín Semanal

Fuente Fe Adulta

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La escucha en la Navidad

martes, 2 de enero de 2018
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Del blog del Monasterio de las Monjas Trinitarias de Suesa:

La escucha en el tiempo de Navidad tiene quizás mayor potencia que en cualquier época del año. La Palabra se impone, la Palabra de Dios hecha espacio y sonido acapara nuestro presente.

La promesa de Dios se ha realizado, ha descendido a nuestro lado, se ha hecho uno de nosotros y requiere nuestra atención.

La Palabra pide nuestra escucha. Si en el Adviento se precisa una dosis mayor de vela, en la Navidad se nos pide que nuestras entrañas escuchen como si por vez primera disfrutáramos de ese sentido.

Escuchar con los oídos, con las entrañas y con el corazón.

Escuchar a quien queremos, a quien tenemos al lado, a quien no nos gusta y al de lejos.

Escuchar con la mirada, y también con las manos, con toda la piel, acariciando lo que vemos y percibimos.

Escucha fiel, atenta, simpática, empeñada en hacerse uno con lo que escuchamos.

Escucharla realidad de la vida, lo hermoso y lo feo, lo que produce luz y lo que la mitiga.

Y la Palabra de Dios, la que está escrita, la que se hace sacramento eucarístico al ser proclamada, pronunciada, orada, compartida. La que exige compromiso y respuesta, la que no deja indiferente a quien la escucha, quien la “ausculta”.

Escuchemos, escuchemos más, miremos con ojos de escucha, de querer entender.

Miremos y callemos.

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«¿Sabes cuándo se montó el primer belén o por qué se llaman ‘villancicos’?», por Saturnino Rodríguez

lunes, 1 de enero de 2018
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opus-dei-d1c66d11a21e8a08a0532e32821c86a8Comenzamos con una curiosidad sobre el Adviento que prepara la Navidad. El Adviento, como tal, se ‘inventó’ en España, en pleno siglo IV.

En el año 380, todos los obispos de Hispania se reunieron en Zaragoza y hablaron de una preparación para el nacimiento de Jesús, que en los primeros siglos se celebraba el 6 de enero, nuestros actuales «Reyes». En ese momento, se decidió animar a los cristianos a juntarse en las iglesias a partir del 17 de diciembre, para preparar la «venida del Mesías». Cuando la Navidad pasó al 25 de diciembre, se crearon los cuatro domingos previos, cada uno con su lectura, su significado y sus propósitos.

El día de Navidad fue oficialmente reconocido en el año 345, cuando por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianceno se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad de Cristo. Pero algunas de las costumbres tradicionales de la Navidad llegaron más tarde, como la de cantar villancicos que no se agregó hasta la Edad Media.

El solsticio de invierno en el origen de la Navidad

En realidad todos sabemos que ni el 25 de diciembre es la fecha del nacimiento de Jesús ni el 6 de enero la fecha de Epifanía (Reyes Magos), aunque el acontecimiento como tal está perfectamente relatado en el Nuevo Testamento.

Los angloparlantes utilizan el término Christmas, cuyo significado es ‘misa (mass) de Cristo’. En algunas lenguas germánicas, como el alemán, la fiesta se denomina Weihnachten, que significa ‘noche de bendición’. Para los latinos las fiestas de la Navidad, como su nombre indica la Natividad es el Nacimiento de Jesús de Nazaret.

El 25 de diciembre los pueblos de la antigüedad celebraban el solsticio de invierno en el hemisferio norte (desde el 21 de diciembre). La adopción a esa fecha se realizó siglos después, empezando por el testimonio del historiador afro-cristiano Sexto Julio Africano en el año 221 acerca de la fecha de nacimiento en Judea y la Cronología litúrgica Filocaliana del año 336 en Roma, fiesta del nuevo sol, o sea la Natalis Invicti, como se decía entonces. San Cipriano de Cartago (s.III) se inclinaba por el nacimiento de Jesús y el sol del solsticio cuando escribía: «¡Oh, qué maravillosamente actuó la Providencia, que en el día en el que nació el Sol, Cristo debía nacer!».

lgunas festividades que coinciden con ese periodo del solsticio de invierno (diciembre) de culturas paganas mencionan en sus rituales astrológicos a algún dios sol; tales como Apolo y Helios (en Roma y Grecia), Mitra (en Persia), Huitzilopochtli (en Tenochtitlán), entre otros. Los romanos celebraban el 25 de diciembre la fiesta del Natalis Solis Invicti o Nacimiento del Sol invicto, asociada al nacimiento de Apolo. Algunas culturas creían que el dios del sol nació el 21 de diciembre, el día más corto del año.

En la actualidad, prácticamente todas las Iglesias cristianas históricas (Iglesia católica, Iglesia ortodoxa, Comunión anglicana, diversas Iglesias protestantes, etc.) otorgan a la solemnidad de la Natividad o Navidad una importancia tal que se la antecede de un tiempo de preparación, el Adviento, de la misma forma que la Cuaresma constituye el tiempo de preparación para la Pascua.

La «Misa del gallo», la noche del 24 diciembre

Fue el Papa Sixto III (siglo V d.C.) quien introdujo en Roma la costumbre de celebrar en Navidad una vigilia nocturna, a medianoche, «en seguida de cantar el gallo» (como decían los romanos) en un pequeño oratorio, llamado «ad praesepium», (ante pesebre), situado tras el altar mayor de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma. La palabra pesebre se deriva del latín praesepem que significaba «cajón para la comida de los animales». Queda pues claro que lo del «gallo» no tiene nada que ver con la costumbre de algunos lugares de comer gallo al horno en la cena de «Nochebuena«.

Por Navidad, los cristianos africanos se reúnen y leen pasajes de la Biblia. Posteriormente realizan bailes y cantos al aire libre. En Etiopía realizan una ceremonia bañándose en los ríos. Y tas esta curiosidad vamos con otras más sobre costumbres navideñas muy arraigadas popularmente.

El «Nacimiento», «Portal de Belén» o «Pesebre»

La tradición de instalar el Belén en el mundo se remonta al año 1223, en una Navidad de la villa italiana de Greccio. En esta localidad, San Francisco de Asís reunió a los vecinos de Greccio para celebrar la misa de medianoche.

Al rededor de un pesebre, con la figura del Niño Jesús, moldeado por las manos de San Francisco, se cantaron alabanzas al «misterio del Nacimiento»; en el momento más solemne de la misa, según la tradición, aquella figura inmóvil adquirió vida, sonrió y extendió sus brazos hacia el Santo de Asís.

El milagro se había producido ante la vista de todos, y desde entonces la fama de los «Nacimientos» y su costumbre se extendió por todo el mundo. El Papa Juan Pablo II, en 1986, a petición de las asociaciones belenistas de todo el mundo, proclamó a San Francisco de Asís Patrón Universal del «belenismo«.

La tradición italiana fue pasando al resto de Europa, al principio como práctica eclesiástica, después aristocrática y finalmente popular. Así ocurrió en España cuando en el s.XVIII el rey Carlos VII de Nápoles pasó a ser rey de España y promovió la difusión de los nacimientos entre la aristocracia española, llegando posteriormente a la práctica popular en la toda España y en América, en iglesias, comercios y casas. Las «Asociaciones de «belenistas» en bastantes países son toda una escuela de arte, ornamentación y diseño.

Es frecuente instalar solamente el «Misterio», que es la escena fundamental de El Niño, María, José y el buey, símbolo del evangelista Lucas que simboliza la paciencia y el trabajo y el asno, que acompaña símbolo de humildad. ¡Ah!… y los pastores y Reyes.

Es interesante destacar, que en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna en la isla de Tenerife en España, que es Patrimonio de la Humanidad, es el primer lugar del que se tiene constancia en este país, de que se expuso de forma pública en una casa particular y fuera de lo que es un templo, un «Portal de Belén» para disfrute de todos los vecinos.

Ocurrió en el siglo XVII en el domicilio de la familia Lercaro que hoy alberga el Museo de Historia de Tenerife en el que se conserva este precioso Belén procedente de Génova en Italia. Y fue el santo tinerfeño Pedro de San José Betancur, franciscano y fundador de la Orden Betlemita y también en el siglo XVII, uno de los principales precursores del belenismo en las tierras americanas descubiertas por los españoles.

Los «villancicos»

Los villancicos son una forma musical y poética, tradicional de España y Portugal y América latina, muy popular entre los siglos XV y finales del siglo XVII para celebrar el nacimiento del Niño Jesús. La costumbre quiere recordar a los muchos profetas que anunciaban el nacimiento del Salvador.

Se llaman villancicos por ser la gente de la villa, los villanos, quienes adaptaron los antiguos himnos y cantos en latín con los que la Iglesia recordaba la llegada de Jesús, transformándolos en canciones muy dulces. Los primeros se originaron, según se cree, en Inglaterra, en la época de Enrique I en que los cantos en latín amenizaban las fiestas de la Corte. «El Canto del Jabalí», era llamado canto del villano, y una especie de diminutivo se transformó en villancico para designar estos coros o estribillos.

El villancico «Noche de paz, noche de amor»

Cada 24 de diciembre, miles de turistas se trasladan a Oberndorf, cerca de Salzburgo (Austria), donde hace casi 200 años fue compuesta la canción «Noche de Paz«, quizá el villancico más conocido del mundo.

Fue traducida a 330 idiomas y fue creada casi por casualidad, porque en 1818- dos días antes de Navidad -se había estropeado el órgano de la iglesia de san Nicolás la parroquia del padre Joseph Mohr. Para no decepcionar a sus feligreses, el sacerdote pidió a su amigo Franz Xaver Gruber, maestro y organista del vecino pueblo de Arnsdorf, que compusiera una melodía para un texto de Navidad.

En la «Misa del gallo» de ese 24 de diciembre, Joseph Mohr, cura con voz de tenor y que tocaba la guitarra, y Gruber, que poseía una bella voz de bajo, interpretaron por vez primera en alemán «Noche de Paz». Hecho inhabitual en la época, cuando los textos religiosos se redactaban sólo en latín. Pero Mohr consideraba que una letra simple y comprensiva era lo más adecuado para sus feligreses.

En 1831, un coro que se dedicaba a cantar aires populares del Tirol incorporó el villancico del padre Mohr a su repertorio durante una gira por Prusia. De allí, la canción viajó a Nueva York, donde fue interpretada por un coro tirolés en 1839 pero donde sus autores y su origen permanecieron desconocidos.

Treinta y seis años más tarde, la corte real de Prusia, que buscaba el original de la partitura, consultó al párroco de San Pedro de Salzburgo, quien para sorpresa general respondió que Mohr y Gruber, muertos en el anonimato respectivamente en 1848 y 1863, eran los autores del villancico que se había atribuido al compositor austríaco Michael Haydn.

La Novena de Aguinaldos y las Posadas

La Novena de Aguinaldos» es una costumbre católica, arraigada en Colombia, Venezuela y Ecuador, análoga a las Posadas que se celebran en México y Centroamérica (Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá). Las Posadas las crearon los primeros evangelizadores con el fraile agustino Diego Soria (1587), que obtuvo del papa Sixto V indulgencias para la realización de las nueve misas de aguinaldo en los días anteriores a la Navidad.

La «Novena de Aguinaldos» fue creada por el franciscano ecuatoriano Fernando de Jesús Larrea que en 1725 fue predicador en Ecuador y Colombia. Se trata de una oración rezada durante nueve días (novena) en la época previa a la Navidad (época de aguinaldos).

Con el tiempo y más ampliamente se ha convertido en un evento social, en el que en torno a la «novena» se reúnen los miembros de la familia en los hogares, los trabajadores en sus compañías y las comunidades en los parques o en los centros comerciales con fiestas varias.

El árbol de Navidad

El árbol de Navidad decorado, se cree que apareció a principios del siglo XVII, en Alemania. En 1605, un árbol fue decorado para ambientar el frío de la Navidad, costumbre que se difundió rápidamente por todo el mundo.

El primer árbol de Navidad iluminado con lámparas eléctricas se instaló en casa de Edward Johnson. Debió de ser una mañana invernal de 1882 cuando Edward Johnson, asistente de Edison, iluminó por primera vez el árbol de Navidad. Medio siglo después el Rockefeller Center de Nueva York hacía lo propio con su descomunal abeto, y antes del nuevo milenio los arbolitos de todo el mundo lucían las guirnaldas luminosas de Johnson. La comida típica de Navidad es cordero, pato, pescado, salchichas o ensalada de papas o de fideos.

Desde 1931, cuando los contratistas de este legendario edificio levantaron un abeto en los terrenos aledaños, una personalidad estadounidense rinde su particular tributo a Johnson encendiendo las cinco mil luces del árbol navideño más famoso de América. Barack Obama fue el encargado de ‘encender’ Nueva York en 2012, un privilegio que recaerá este año sobre Lady Gaga y Tony Bennett.

El árbol de Navidad llegó a Finlandia en el año de 1800, que lo acogió rápidamente por la cantidad de bosques que tiene. Finlandia además tiene algo que los demás no tienen: Papá Noel vive allí. También se le puede ir a visitar en muchas de sus atracciones y hay algunos arreglos de decoracióon navideña que son muy finlandeses. De allí se extendió por el resto de países nórdicos. Llegó a Inglaterra en 1829, y fue el príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria, quien ordenó adornar el castillo de Windsor con un árbol navideño en 1841. En Suecia, mantienen el árbol adornado y con sus luces hasta 20 días después de la Navidad.

Colocan estrellas y manzanas por todo el árbol, que simbolizan a Adán y Eva (ya que es el santo que se celebra ese día: todos los Adán y Eva de Finlandia celebran también su santo el 24 de diciembre). Por supuesto, las bolas de colores también están allí.

En Suecia se mantiene el arbolito adornado y con luces hasta 20 días después de la celebración de Navidad.

Finalmente, los finlandeses decoran sus puertas y estancias en muchas ocasiones con ramilletes de flores y ramas navideñas, normalmente con un ribete rojo. Si quieren hacer que la entrada a sus casas sea más hogareña estos días, probablemente se hagan ellos mismos linternas de hielo.

El acebo y el muérdago

El muérdago (o acebo) representa en Navidad una demanda a la divinidad de prosperidad. Fue objeto de gran veneración por parte de los galos que se reunían en torno de las encinas cargadas de muérdago para hacer sus oraciones bajo el sacerdocio de los druidas.

La estrella de Navidad es originaria de Filipinas: allí se hacen antorchas en forma de estrellas de 5 puntas, que iluminan la entrada de las casas. Suele colocarse en la parte superior del árbol de Navidad.

Papá Noel, Santa Claus o San Nicolás

Papá Noel, Santa Claus y San Nicolás (o Sanctus Nicolaus, nombre del que Claus es una contracción) son los nombres con los cuales se conoce universalmente al personaje legendario que según la cultura occidental trae regalos a los niños por Navidad (la noche del 24 al 25 de diciembre).

Todo deriva del mismo personaje mítico del solsticio de invierno que el cristianismo sincretízó en el misionero de origen griego llamado Nicolás, que vivió en el siglo II en los valles de Licia, Anatolia (actual Turquía) llegando a ser obispos de Myra. Murió un 6 de diciembre y fue proclamado santo e inspiró la figura de Papá Noel en los Estados Unidos.

Era una de las personas más veneradas por los cristianos de la Edad Media por su gran bondad y protección de pobres y niños. Tal fue la admiración que sintieron por él que se convirtió en santo patrón de Grecia, Turquía, Rusia y Lorena (Francia). Sus reliquias se conservan en la basílica de San Nicolás de Bari en Italia a donde las trasladaron los cristianos -antes griegos- las llevaron en secreto en 1087 cuando los musulmanes invadieron el territorio que hoy es Turquía, los cristianos lograron sacar en secreto sus reliquias (1087).

La transformación: De «San Nicolás» a Santa Claus y Papá Noel se cree que sucedió alrededor del año 1624 cuando los inmigrantes holandeses fundaron la ciudad de Nueva Ámsterdam, más tarde llamada Nueva York. Obviamente llevaron sus costumbres y mitos, entre ellos el de Sinterklaas (San Nicolás en neerlandés), su patrono (cuya festividad en Holanda es entre el 5 y el 6 de diciembre). En 1809 el escritor Washington Irving en Estados Unidos escribió la sátira Historia de Nueva York, en la que deformó al santo holandés, Sinterklaas, en la burda pronunciación angloparlante Santa Claus.

Saturnino Rodríguez

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La familia de Jesús, esa gran desconocida

domingo, 31 de diciembre de 2017
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familia-jesus_560x280De sus abuelos no sabemos nada y de su padre, José, casi nada

¿Tuvo Jesús hermanos y la virginidad de María hay que entenderla simbólicamente?

(José M. Vidal).- ¿Qué sabemos hoy, a ciencia cierta, de José, María y Jesús? ¿Qué opinan los exegetas católicos más serios sobre los hermanos y hermanas de Jesús? ¿Es creíble que en la cultura judaica de su tiempo no hubiese formado una familia propia? ¿Cómo vivió su sexualidad? ¿Sintió tentaciones? ¿Pudo enamorarse? ¿Qué relación mantuvo con María Magdalena?

A pesar de ser el personaje más estudiado y analizado por la cultura occidental, Jesús sigue siendo uno de los más desconocidos. Poco se sabe con exactitud del hombre al que 1.000 millones de personas veneran como el «Hijo de Dios». Siglos de manipulaciones borraron las escasas pistas sobre su realidad. ¿Y los Evangelios?

Tradicionalmente se nos han presentado como textos históricos. Hoy, todos los teólogos reconocen que no se puede escribir con ellos una biografía de Jesús. «El Evangelio es un testimonio de los creyentes. Lo que los evangelistas cuentan no es historia, sino expresión de su fe en Jesucristo», explica en sus obras el prestigioso teólogo holandés Edward Schillebeck.

Y si de su vida sabemos poco, de su infancia casi nada. Y de su familia, menos. Los abuelos maternos de Jesús no aparecen para nada en los Evangelios. Pero la tradición cristiana no podía dejar al Gran Niño sin abuelos maternos. Sería un pecado contra la ternura. Ese hueco se reconstruye piadosamente a través del «Protoevangelio de Santiago», un apócrifo escrito en el siglo II, en el que aparecen Joaquín y Ana como padres de María. De la abuela paterna, ni rastro. El abuelo paterno, en cambio, sí figura en los Evangelios de Mateo y Lucas, pero con distinto nombre: Jacob y Helí.

De José, el padre de Jesús, también sabemos muy poco. Era un «tekton» (obrero de la construcción) y los propios Evangelios lo presentan poco más que como una sombra. El teólogo y periodista Juan Arias sostiene en su reciente obra «María, esa desconocida» (Maeva) que José era «un joven de unos 16 a 18 años, que se casó con María cuando ésta tenía entre los 12 y los 16, y no un anciano viudo con seis hijos de un matrimonio anterior, como sostienen los apócrifos».

«¿No es éste el carpintero, el hijo de María y el hermano de Jacobo, José, Simeón y Judas? ¿No están sus hermanas entre nosotros?» (Marcos 6, 2-5), se preguntan extrañados los vecinos de Nazaret al ver a Jesús convertido en un predicador de campanillas. Referencias como ésta a los hermanos de Jesús hay varias en los Evangelios canónicos. Por ejemplo, Lucas (2,7) le llama «el primogénito«. ¿Tuvo Jesús hermanos carnales y, por consiguiente, la virginidad de María hay que entenderla en sentido simbólico?.

Durante siglos se discutió el asunto. Para los ortodoxos, se trata de hermanastros, hijos de un anterior matrimonio de José. Para la mayoría de los protestantes son hermanos de carne y sangre y, en cambio, para los católicos son primos. La interpretación católica pretende salvaguardar la creencia eclesial de que María fue virgen «antes, durante y después del parto».

Hoy, la mayoría de los exegetas, incluso católicos, sostiene que Jesús fue el hijo primogénito de María, que tuvo más hijos y que su virginidad hay que entenderla de forma simbólica y, por supuesto, no perpetua. En contra del viejo aforismo de que fue virgen «antes, durante y después del parto».

Porque es sería tanto como obligar a José a una castidad perpetua, que atentaba contra las leyes judías, donde los hijos eran el mayor bien y la actividad sexual algo noble. Para María, como para toda mujer judía, lo más importante era ser madre y no virgen.

En su voluminosa obra «Un judío marginal» (Verbo Divino), el teólogo jesuita John P. Meier sostiene que Jesús tuvo hermanos de sangre. «La mayoría de los exegetas e historiadores ya no creen (no creemos) en milagros de tipo material, que antes solían emplearse para fundar ‘mejor’ la fe: no creemos que Jesús naciera biológicamente de una virgen, rompiendo las leyes del proceso de la vida. Me parece que lo más probable es que Jesús naciese de la relación carnal de María y José, porque virginidad significa que Jesús nace del misterio de Dios», explica el teólogo Xavier Pikaza.

Y es que, como sostiene Antonio Piñero, catedrático de Filología del Nuevo Testamento de la Complutense, «en la iglesia primitiva nadie defendía la virginidad absoluta de María. Sólo a partir de San Jerónimo, en el siglo IV, se postula la virginidad física y total de María». Y de hecho, la virginidad de María no es un dogma. Pertenece a la fe de la Iglesia, pero no alcanza el valor del dogma de la Inmaculada, por ejemplo.

¿Y Jesús se enamoró, estuvo casado? De acuerdo con la más estricta ortodoxia católica, Jesús era un hombre completo, de cuerpo entero y, consiguientemente, sexuado. Dios se hizo hombre, y dentro de esa condición está la sexualidad. ¿Cómo la ejerció? ¿Qué relación mantuvo con las mujeres?

Los grandes exegetas coinciden en negar que Jesús se hubiese casado. Y eso que el celibato contravenía las leyes religiosas de su época. «Quien no tiene mujer es un ser sin alegría, sin bendición, sin felicidad, sin defensas contra la concupiscencia, sin paz; un hombre sin mujer no es un hombre«, dice el Talmud. Y menos, si ése hombre era un rabbí, un intérprete de la Ley que, por lo tanto, no podía oponerse al Talmud.

Y sin embargo, a los teólogos les parece un «disparate» la tesis del Código Da Vinci de que Jesús estuviese casado con María Magdalena. «No hay ningún dato para afirmarlo. Si hubiera estado casado, los Evangelios lo mencionarían. Además, es plausible que Cristo optase por ser célibe, como los esenios de su época», explica el teólogo Rafael Aguirre. O como dice Meier, «Jesús nunca se casó, lo cual lo convierte en un ser atípico y, por extensión, marginal en la sociedad judía convencional».

Eso sí, todos los exegetas coinciden también en señalar el papel «especial» de la Magdalena en la vida de Jesús. No fue su mujer, pero estuvo muy cerca de él. En el grupo de mujeres que acompañaban a Jesús y a sus discípulos, ella nunca falla. Es la primera receptora de los acontecimientos pascuales. Por eso se la llama «la apóstol de los apóstoles». «Pero casarla con Cristo es un disparate», asegura el teólogo jesuita Juan Antonio Estrada.

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«Belén: parada sin fonda», por Dolores Aleixandre

sábado, 30 de diciembre de 2017
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39300434082_2ded065f96_zDe su blog Un grano de Mostaza:

Belén fue solo un lugar de tránsito, una parada imprevista en el itinerario de los dos forasteros que buscaron refugio en una de sus cuevas. No lo habían elegido: se lo impusieron unas circunstancias inesperadas y no sabían que aquel lugar de estancia breve sellaría para siempre al que venía a estar entre nosotros como uno de tantos.

Y es que si iba a vivir sin tener donde reclinar la cabeza, más valía que se fuera acostumbrando. Si iba a moverse entre los que no tenían nada seguro, mejor que se hiciera pronto aprendiz de intemperies. Si iba a caminar expuesto y sin defensas, una cuadra era un buen lugar para ensayar esa extraña manera de vivir sin abrigo.

Si venía a buscar a los más olvidados, mejor que estuviera al alcance de los que se parecían tanto a la gente de los que se iba a rodear después. Si iba a poner del revés el lenguaje de la ganancia y de la pérdida, convenía que supiera por experiencia lo que decía. Si iba a confiar perdidamente en Dios, que supiera pronto que eso no le eximía de probar el desamparo.

Si iba a morir desnudo en una cruz, estaba bien que tiritara antes como recién nacido en una noche con frío. Si cuando muriera iban a envolver su cuerpo en un lienzo, mejor que probara antes el roce de unos pañales. Si iba a hacerse él mismo banquete, Belén anticipaba el sabor del pan en la alegría de la mesa compartida.

Recién llegado a nuestra humanidad y portador ya para siempre de las marcas que deja un nacimiento intempestivo. Si de adulto un quiromante le hubiera leído la palma de la mano, le habría augurado: “La línea de la vida, corta; la de la suerte, aventurada y peligrosa; la del corazón, desmesurada”.

A la larga, fue una buena ventura no encontrar sitio en la posada. Qué feliz culpa la de aquel posadero: les cerró la entrada para impedir que entraran y no sabía que estaba abriendo para nosotros las puertas de tanta dicha.

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¡Ah pastores que veláis!

lunes, 25 de diciembre de 2017
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¡Ah, pastores que veláis,
por guardar vuestro rebaño,
mirad que os nace un Cordero,
Hijo de Dios Soberano!

Viene pobre y despreciado,
comenzadle ya a guardar,
que el lobo os le ha de llevar,
sin que le hayamos gozado.
Gil, dame acá aquel cayado
que no me saldrá de mano,
no nos lleven al Cordero:
¿no ves que es Dios Soberano?

Hoy nos viene a redimir
un Zagal, nuestro pariente,
Gil, que es Dios omnipotente.

Mi fe, yo lo vi nacido
de una muy linda Zagala.
Pues si es Dios ¿cómo ha querido
estar con tan pobre gente?
¿No ves, que es omnipotente?

Pues el amor
nos ha dado Dios,
ya no hay que temer,
muramos los dos.

Danos el Padre
a su único Hijo:
hoy viene al mundo
en pobre cortijo.
¡Oh gran regocijo,
que ya el hombre es Dios!
no hay que temer,
muramos los dos.

Mira, Llorente
qué fuerte amorío,
viene el inocente
a padecer frío;
deja un señorío
en fin, como Dios,
ya no hay que temer,
muramos los dos.

*

Santa Teresa de Jesús

***

  El sentido de la fiesta navideña es la Palabra, de la que el himno de Juan (cf. Jn 1) dice que al principio estaba junto a Dios. De esta Palabra se dice también que se hizo carne y habitó entre nosotros.

Este es el acontecimiento que celebramos cada año en Navidad: Dios ha venido a nosotros. El nos quita la falta de sentido y las monótonas repeticiones de nuestra vida cotidiana. El mismo es el sentido que da contenido a nuestra vida.

Estamos acostumbrados a traducir así la primera frase del evangelio de Juan: «En el principio ya existía la Palabra». Pero el término griego logos que se encuentra en nuestro texto, es mucho más amplio. Logos no connota tanto a la pura palabra sino más bien el sentido que viene expresado mediante la palabra. En logos, sentido y palabra son inseparables: el sentido, pues, que captamos en cualquier acontecimiento, supera siempre el episodio concreto que puede ser expresado solamente con palabras. Si uno dice: «Te deseo muchas felicidades» o «Feliz Navidad», no se dirige cordialmente a otro solamente en este momento, sino que con estas palabras expresa algo que trasciende el momento. Así cada sentido supera el momento y el concreto evento en que se produce el encuentro.

Cuando en Navidad oímos decir: «Nos ha nacido un niño», pensamos en el Niño del pesebre y en todos los demás niños, si bien diferenciándolo de toaos, porque él no ha nacido sólo para sus padres, sino también para todos nosotros. También así el sentido del acontecimiento supera siempre el episodio particular, a través del cual ha entrado en nuestra vida. Quien ve sólo lo que tiene ante los ojos no capta el sentido, ni el de la Navidad ni el de la vida en general. El sentido, es decir, la profundidad de la realidad que constituye su contenido. Y porque el sentido de cada acontecimiento trasciende lo que está ante los ojos, para captarlo tenemos necesidad de la palabra.

Si ahora decimos que: «En el principio era el Sentido», queremos expresar que en el principio era lo que da contenido y significado a toda vida. Ésta es la profundidad de la realidad, de la que se habla cuando se usa la Palabra de Dios. Este sentido último, que confiere contenido y significado a cualquier otro evento, ha sido participado al mundo en el acontecimiento de Navidad

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Wolfhart Pannenberg,
Presenza di Dio, Brescia 1974, 119-120).

*

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Bodas de Dios, el romance de la Navidad

lunes, 25 de diciembre de 2017
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25594237_906708629506330_8710464119261867115_nDel blog de Xabier Pikaza:

Ésta es la fiesta de Dios, que se canta y se cuenta con música y letra de amor admirado y de pasmo, como dice San Juan de la Cruz (=SJC) en su Romance de la Trinidad (=RomTrin), que hoy quiero presentar y comentar como Villancico de Navidad, un texto de poesía popular para confesar cantando el contenido de la fe, porque la fe se narra, no se prueba; la fe se atestigua, no se impone.

Para confesar su fe en romance ha compuesto SJC este conjunto de poemas (310 versos) que los editores han llamado Romance… sobre la Santísima Trinidad, pero que estrictamente hablando no trata sólo de la Trinidad que es el amor de Dios en sí (RomTrin 1-76), sino también de la Creación, que es el amor de Dios expandido y regalado (RomTrin 77-220) y de la Navidad, que es el amor de Dios encarnado (RomTrin 221-310).

Como seguirá viendo el lector, la Navidad no es para es para SJC sólo una Fiesta de Nacimiento, sino al mismo tiempo una Fiesta de las Bodas, el desposorio (Alianza-Matrimonio) de Dios con los hombres en Cristo. Por eso, este romance de la Navidad podría titularse Canto de las Bodas de Dios. Desde aquí se entienden los temas que SJC desarrolla en el Romance, los artículos o dogmas de su credo, en un fuerte y bellísimo relato de evangelio, que hoy quiero presentar con cierta longitud, como ampliación de mi Ejercicio de Amor, con el que quiero (Mabel y yo queremos) felicitar la Navidad a todos nuestos amigos.

Esta postal es algo larga, una extensa felicitación de la Navidad Cantada, como solía cantarla San Juan de la Cruz por los caminos de la ancha Castilla, de la abrupta Andalucía, por las sierras de Jaén y de Granada. Quien tenga menos tiempo o ganas de romance entero lea sólo la parte final que trata del pasmo de la Madre y del llanto de Dios que ha querido aprender a llorar con los hombres, para así caminar con ellos por el hondo sendero de la vida:

Los hombres decían cantares, / los ángeles melodía,
festejando el desposorio /que entre tales dos había.
Pero Dios en el pesebre / allí lloraba y gemía,
que eran joyas que la esposa / al desposorio traía.
Y la Madre estaba en pasmo / de que tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios, /y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro / tan ajeno ser solía (RomTrin 297-310)

Caminos XL_ejercicio de amor_PORTADA_5239-4.inddBuenos días de Navidad a todos, en esta fiesta del Niño que nace, fiesta de las Bodas de Dios, que se compromete para siempre con los hombres, en la salud y enfermedad, hasta que muerte y consumación nos (nos) una en amor para siempre.

Con este Romance de la Navidad queremos Mabel y yo felicitar a nuestros amigos, deseándole que vivan y sientan en esta Navidad del Amor de Dios que se encarna en la pobreza y camino de este mundo. Hay una Navidad del derroche que deja en llanto al hijo de Dios (mientras lloran con él millones y millones en el mundo). Queremos que este Romance de Navidad sea testimonio de amor encarnado entre todos (para todos) los hombres y mujeres de la tierra.


1. TRINIDAD, DIOS EN SÍ. LAS BODAS DEL PADRE (ROMTRIN 1, 76)

a. Ser como donación y encuentro

SJC comienza retomando el motivo fundacional de Jn 1,1, recreando desde esa perspectiva la frase originaria de la Biblia (Gen 1,1): en el principio, antes de la creación, se encuentra el Verbo (RomTrin 1-2). Conforme a la experiencia de la iglesia, que recoge y despliega la revelación de la Biblia (y de la historia de Jesús), SJC presenta al Verbo como Palabra personal, es decir como Persona, en comunión radical con Dios Padre:

En el principio moraba / el Verbo y en Dios vivía
en quien su felicidad / infinita poseía.
El mismo Verbo Dios era / que el principio se decía.
Él moraba en el principio y principio no tenía.
Él era el mismo principio / por eso de él carecía (RomTrin 1-10)

El texto dice que el Verbo vivía (moraba) en Dios «en quien su felicidad infinita poseía» (Rom 1-4). Para SJC este Verbo es evidente¬mente el Hijo de la tradición dogmática cristiana, ratificada en e1 Concilio de Nicea (año 325), es el Hijo entendido como “palabra activa” de Dios, no como idea que puede existir en sí misma, es el Hijo es Verbo, acción comunicadora, es el mismo Dios que existe así al comunicarse, dándose a sí mismo.

Son significativas las primeras notas de este Verbo. Se dice que mora en Dios, indicando así que Dios no es un ser solitario, alguien que existe cerrado en sí mismo. De un modo consecuente, según eso, la nota primordial de la realidad no es la indepen¬dencia del ser que vive en sí (sustancia) y según eso se aísla de los otros, sino el gesto creador de aquel que sale de sí y puede (quiere) hacer que el otro sea (de tal manera que la realidad es según eso Padre, que se da y se entrega, dándose al Hijo, en quien vive, siendo de esa forma en sí al ser en el otro).

En esa línea se añade que el Verbo es feliz en palabra paradójica: posee infi¬nita felicidad no «poseyéndose» a sí mismo, sino siendo en (por) el otro, pues la felicidad resulta inseparable del amor, es decir, de la comunión con otro. Y se dice también que Dios es principio total no teniendo principio, y dando todo su ser al Hijo (en quien tiene su ser y su gloria). Por su parte el Verbo es plenitud y es principio, pero siendo en el otro y desde el otro, es decir, en el Padre (RomTrin 7-9).
En ese contexto se añade que ni el Padre es en sí (de manera que no puede decir “yo soy”, sino que dice que “sea el Hijo”), y el Hijo tampoco es en sí (sino en el Padre). De esa forma, el “ser” de Dios no se define como autonomía egoísta (dominio de sí mismo), sino como donación, de forma que en el principio de Dios se encuentra el Hijo, que es el mismo Dios “entregado”, saliendo de sí mismo y existiendo en el otro. Este misterio toma forma de paternidad y filiación:

El Verbo se llama Hijo, / que de el Principio nacía.
Hale siempre concebido, / y siempre le concebía.
Dale siempre su sustancia / y siempre se la tenía (RomTrin 11-16).

En ese principio que siempre perdura encontramos ahora al Padre que concibe sin cesar al Hijo, en generosidad-fecundidad originaria, de manera que sólo tiene aquello que da o regala, dándose a sí mismo, plenamente (¡dale siempre su substancia y siempre se la tenía!). Lógicamente, según la tradición cristiana, el Dios primigenio se llama Padre, aunque presenta ras¬gos que recuerdan quizá más la imagen de la Madre (¡hale siempre concebido!). Pero más que el puro nombre importa la función del Padre (Madre) que solo puede tener su sustancia (poseerse) en la medida en que entrega (la “da”, dándose al Hijo).

b. Ser en sí, siendo en el otro

En este principio trinitario (¡el Padre sólo tiene aquello que “da” y pierde, y el Hijo sólo tiene aquello que recibe y que nueva “da”, dándose al Padre) aparece ya en resumen (como en germen) todo el pensamiento y experiencia de SJC. El punto de partida de su pensamiento no es un tipo de “ontología cósmica” (como la de Aristóteles), ni es tampoco un pensamiento conceptual o discursivo. El principio y sentido de la realidad ha de entenderse, según eso, de forma trinitaria, desde el fondo de este símbolo de fe, que SJC presenta de forma narrativa en su romance. En el principio está el “don personal”, de manera que el “ser” de cada uno (empezando por el Padre) está en el otro (empezando por el Hijo), y así podemos hablar de una gloria (o esencia) compartida, pues cada uno la tiene sólo en la medida en que la pierde, es decir, en la medida en que se entrega, dándose a sí mismo, para quedar así en manos del otro (y ser el otro).

La gloria Padre es el Hijo y la del Hijo el Padre (RomTrin 17-20), de manera que cada uno existe y es glorioso precisamente teniendo su gloria fuera de sí mismo (en el otro a quien la entrega, ofreciéndose a sí mismo). Ambos, Padre e Hijo, se vinculan, por lo tanto, al entregarse y ser uno en el otro, en una especie de unidad paterno-filial, que paradójicamente recibe y tiene rasgos nupciales, de manera que la realidad sólo existe (se despliega) allí donde cada uno la pierde, se pierde a sí mismo (dando lo que tiene), para ser y encontrarse a sí mismo en el otro. Leer más…

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«María, José y Jesús en el umbral de la Vida», por Juan Masiá sj

lunes, 25 de diciembre de 2017
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nacimiento-mesias_mdsvid20130328_0051_3De su blog Vivir y pensar en la Frontera:

Navidad: Jesús, al nacer, sale del seno de su madre por la “puerta de la vida”.

No sale como un rayo de sol a través de un cristal. Sale, vulnerando el cuerpo materno (como hicimos al alumbrarnos nuestras madres). Por esa misma puerta entró el germen paterno para unirse con el materno y desencadenar el proceso de la concepción. Es la puerta por donde se entra a la unión de las personas para engendrar nueva vida y por donde sale la nueva vida a ver la luz del mundo.

A la entrada, a la salida y a lo largo del proceso, la presencia energetizante de la dynamis del Espíritu de Vida actuó para que la unión se convirtiese en procreación. El misterio de la concepción es la presencia del Espíritu de Vida a lo largo del proceso que comienza y culmina con el cruce de “la puerta de la vida”.

José, en medio de un sueño, despierta a la incógnita y el deseo de acoger la nueva vida con la consiguiente ansiedad. El mensajero angélico le tranquiliza: “No tengas reparo, José, en llevarte contigo a María y unirte a ella como esposo, porque la criatura que llevará en su seno vendrá del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, el Liberador” (Mt 1, 20-21). El nombre lo escoge Dios, pero lo imponen la madre y el padre. Contra la costumbre patriarcal de que el padre imponga el nombre, el mensajero celeste encarga tanto a María, la madre (en el caso del evangelio de Lucas) como a José, el padre (en el caso del evangelio de Mateo), la imposición del nombre (aceptación de la nueva vida, en vez de rechazarla).

Toda criatura nace por obra de Espíritu Santo. Todo padre y madre pueden llamarse con propiedad co-creadores de la nueva vida, nacida de varón y mujer con la bendición del Espíritu de Vida y acogida por quienes le ponen nombre (como promesa de creación continua durante la crianza).

Mateo y Lucas sugieren que María y José conciben y dan a luz a Jesús gracias a la fuerza del Espíritu Santo. Al mismo tiempo están proclamando, de parte del Dios Vivo hecho Dios-con-nosotros, la maravilla de creatividad de toda concepción y alumbramiento.

La concepción es un sustantivo, pero concebir es un verbo. La concepción no es un momento, sino un proceso constituyente de una nueva vida individual y personal, biológicamente aceptada al consumarse la implantación-anidación, y humanamente acogida al asumir el alumbramiento e imponerle el nombre propio.

Concebir es acoger una palabra y una promesa, acogerse estrechamente dos cuerpos y acogerse íntimamente dos personas, acoger biológicamente un pre-embrión para que anide y se haga feto, acoger humanamente a una criatura,y un largo etcétera de acogidas (receptivas,virginales…)

Los progenitores hacen la criatura que Dios les da. Dios les da la criatura que ellos hacen. Y todo esto ocurrre en todo nacimiento. Concebir vida y alumbrar criatura nueva es el enigma y maravilla de creatividad de todo nacimiento, de lo cuál el nacimiento de Jesús es símbolo y epifanía. “La Navidad pone de manifiesto el sentido profundo de todo nacimiento humano” (Juan Pablo II, Evangelium vitae, n.1)

Concebir y dar a luz son actos de virginidad consumada. No solo no es incompatible la virginidad con la concepción y el nacimiento, sino que estos la consuman. El Espíritu actúa desde dentro: desde dentro de la evolución; desde dentro del óvulo y desde dentro del esperma; desde dentro del seno materno que acoge al pre-embrión al realizarse y comsumarse la concepción al final de la implantación en su seno; desde dentro del corazón de los progenitores que desearon esa nueva vida y la esperaron ya desde antes que se cerciorasen del embarazo; desde dentro de la decisión de cuidar esa gestación hacia el nacimiento, en vez de rechazarla; desde dentro de la aceptación biológica y materno-paterna, al consumarse la concepción; desde dentro de la puesta de acuerdo en darle nombre a la criatura, como gratitud por su vida, como promesa de criarla y educarla…

Al meditar esto en Navidad nos brota una gratitud inmensa hacia nuestros progenitores que nos engendraron con amor y gracias al Espíritu de Vida que nos hizo nacer por obra y gracia suya. También sentimos la responsabilidad de proteger y cuidar toda vida y de vivir todos y todas (hombres y mujeres, célibes o casados, fértiles o estériles, de sexualidad mayoritaria o minoritaria, sin ninguna discriminación ni exclusión) para darnos vida mutuamente y dar vida al mundo.

Ver más, en: El Que Vive,Relecturas de Evangelio, Bilbao: Desclée, 2017, p.57: Sueños de alumbramiento virginal, p.63-84: Entrevista a Mateo y Lucas sobre María, José y Jesús en el umbral de la vida.

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La Vida que había en la palabra es la misma que hay en mí.

lunes, 25 de diciembre de 2017
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index_clip_image002_0000Jn 1, 1-18

En el evangelio de Lc que leíamos anoche encontramos un relato mítico-simbólico del nacimiento de Jesús. En el de Jn que acabamos de leer, afrontamos un relato metafísico. Es casi imposible descubrir que hacen referencia al mismo ser. En ambos se quiere comunicar el misterio de la encarnación. En ambos, con lenguaje muy diverso, se nos quiere decir lo que es Dios. Pero lo que Dios es, solo podemos conocerlo si descubrimos lo que es Jesús. Por eso es tan importante esta fiesta. Mientras más nos acerquemos al Jesús de Nazaret, mejor viviremos lo que él vivió.

El misterio de la encarnación no es cosa de niños sino algo muy serio. Tan serio que en él nos va la Vida. Retomamos la idea central de la Navidad: La encarnación es la verdad fundamental del cristianismo, pero no siempre la hemos entendido bien. Estamos sin duda ante la página más sublime de toda la literatura universal que yo conozco. Se trata de himno cristológico anterior a la redacción del evangelio, fruto de la experiencia de una comunidad eminentemente mística. Es una condensación de todo el evangelio. Es prólogo pero podía ser epílogo.

En la encarnación estamos celebrando que Dios se identifica con la creación entera. Los primeros cristianos vivieron la implicación de Dios en Jesús y en cada uno de los seres humanos. Algo incomprensible a la razón pero simple para el corazón. Cuando en el s. II se encontró el evangelio con la Razón griega, los Santos Padres trataron de explicarlo racionalmente y lo complicaron hasta hacerlo irreconocible. Esa complicación se plasmó definitivamente en los s. IV y V, hasta hacerlo inútil para la vivencia espiritual. Nuestra tarea es superar la racionalidad y volver a la vivencia.

El primer versículo nos dice ya tres cosas sobre Dios y el Logos: Que el Logos está en el origen (En el principio ya existía la Palabra). Que los dos estaban volcados el uno sobre el otro. (La Palabra estaba junto a Dios). Que aunque distintos, uno y otro eran lo mismo (La Palabra era Dios). No se trata de conceptos trinitarios posniceanos. Al comenzar con la misma palabra que el Génesis, nos está diciendo que la encarnación no es el comienzo de algo nuevo, sino la culminación de la creación. El Logos no comenzó, porque es el origen de todo. Luego se hace carne (comienza a ser en el tiempo) para terminar la creación del hombre.

La traducción de ‘Logos’ por Palabra, no creo que sea la más adecuada, porque se pierde la originalidad del concepto que quiere trasmitir el texto. La palaba ‘Logos’ ya existía, pero el concepto que Jn transmite es nuevo. Esta palabra se encuentra por primera vez en Heráclito. s. VI a C, (precisamente en Éfeso, donde parece que se escribió este evangelio) y significaba la realidad permanente dentro del devenir de la realidad material. La utilizan los estoicos, Platón, y Filón de Alejandría que la emplea 1.200 veces; los evangelios solo 330. En NT tiene un amplísimo significado; desde palabra engañosa hasta el sentido cristológico del prólogo que estamos comentando.

Repito que aquí el concepto es original; no deducible de las distintas tradiciones. No se repite más, ni siquiera en Jn. El concepto es incomprensible sin la experiencia pascual. Sin una profunda experiencia mística no se puede acceder al significado que se quiere expresar. Podíamos decir que es el Proyecto eterno que esa comunidad descubrió realizado en Jesús. Es muy interesante la expresión: «junto a Dios», en griego: vuelto hacia, volcado sobre. Expresa proximidad pero también distinción. Está en íntima unión por relación pero no se confunda con Dios. Se deja un margen para el misterio. Este dato no siempre lo hemos tenido en cuenta.

“Por medio de la Palabra se hizo todo. En el AT Dios crea siempre por su Palabra. No se trata de un sonido que emite Dios. Otra vez tenemos que ir más allá del concepto primero. Nos está diciendo que el Logos es origen de todo. Con una redundancia, intenta llevarnos más allá de la misma palabra. Al margen de Dios y del Logos, no existe nada. No se trata solamente de lo que existe en el tiempo, sino de todo lo que existe en absoluto material y espiritual.

“Y la tiniebla no la recibió. El mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron”. Esta insistencia tiene que hacernos reflexionar. En Jn se percibe esa lucha incesante entre la luz y la tiniebla. Era una idea que flotaba en el ambiente de la época. En un escrito de Qunrám se dice: Que la luz no sea vencida por las tinieblas. Ni siquiera los suyos fueron capaces de descubrirla. Tenemos aquí el primer reproche al pueblo judío que no fue capaz de ver en Jesús la Vida que podía llevarle a la comprensión de la ley.

“Pero a cuantos la recibieron…” Vemos que lo anterior era una exageración. Unos no la recibieron pero otros sí la recibieron. Se habla aquí de creer en sentido bíblico. No se trata de la aceptación de verdades sino de la aceptación de su persona. Sería: a los que confían en lo que significa Jesús y lo viven, …les da poder para ser hijos de Dios”. Tenemos aquí la buna noticia. El que cree es engendrado como hijo de Dios. En Jn, se advierte una diferencia clara en el concepto de hijo cuando se dice de Jesús y cuando se dice de otros. Se descubre que Jesús es Hijo porque actúa como Dios, no porque conozcamos su naturaleza.

“Y la Palabra si hizo carne”. Meta de toda lo anterior. Se trata de una nueva presencia de Dios. Dios no está ya en el templo, ni en la tienda del encuentro. Ahora está en Jesús. No se identifica Palabra y Jesús. Se deja una margen para el misterio. Para la antropología semita hombre-carne, hombre-cuerpo, hombre-alma, hombre-espíritu, son aspectos de una solo realidad, el hombre. Se hizo hombre-carne; limitado pero susceptible de Espíritu. Se hizo carne, sin dejar de ser Logos, sin dejar de estar volcado sobre Dios, se identifica con lo más bajo del hombre.

Los cristianos no hemos sido aún capaces de armonizar la trascendencia con la inmanencia en Dios y en nosotros. En nuestra estructura mental cartesiana, no cabe que una realidad sea a la vez inmanente y trascendente. Por eso nuestro lenguaje sobre Dios es siempre ambiguo. Dios está más allá que toda realidad, pero a la vez es el fundamento de todo porque está siempre encarnándose. En Jesús esa encarnación se manifestó absolutamente. De esa manera nos abrió el camino para vivirla nosotros. “Les da poder para ser hijos de Dios”.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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«La Virgen de la barcaza», por Jesús Bastante

lunes, 25 de diciembre de 2017
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38379959495_7f69be7702_cDe su blog El Barón Rampante:

¿Ves esa estrella de cinco puntas? Ella nos marcará el camino. No dejará que nos perdamos no temas, nos llevará a un puerto seguro. Ten esperanza. Sí, es cierto, llevamos semanas navegando, y ninguna ciudad nos ha abierto sus muelles. Nadie quiere acogernos. Somos muchos, y extranjeros, no tenemos nada que ofrecer. Pero es Navidad, hoy tendremos suerte. Ten fe.

Antes de acurrucarte, has imaginado un pequeño pesebre con esas botellas rotas. Se hace de noche, y las olas te mecen, ojalá duermas, ojalá sueñes.

Se ha abierto una vía de agua, la gente empieza a inquietarse. Hace días que los móviles dejaron de funcionar, que el motor se paró, que el patrón huyó en otra lancha. Ya no nos queda comida. Pero tú, mi niño, no pierdas la esperanza. Confía. Todo saldrá bien.

Esta noche, ¿te acuerdas? No, cómo vas a hacerlo, si eres aún un bebé. Venían los tíos desde Kirkuk, los abuelos repartían caramelos, los vecinos abrían sus cocinas, tu padre… antes del terror y de la huída, antes de llegar a esta barcaza. Todos nos juntábamos en la plaza, reíamos y cantábamos. Encendíamos velas y compartíamos el fuego.

Nos contaban la historia de aquella familia de Belén, de su borrico, de la noche en que nadie les quiso dar posada. Ella, María, estaba embarazada. Él, José, no quiso abandonarla a merced del frío. Y su hijo nació en un pesebre, al abrigo de los animales.

Algún día te contarán esta historia, y dirán que tú naciste aquel día. Se hace de noche, mi vida. Calor no te faltará, aquí somos muchos. Duerme y espera… Tú busca la estrella, que el cielo está oscuro y cubierto de niebla, pero es la noche. Seguro. Tú duerme, que es Navidad. Que todo saldrá bien. Mira la estrella, mírala. Mira la estrella…

No habrá Navidad si Jesús no nace de verdad, cada día, en en el corazón de aquellos que todavía tienen sueños que cumplir, y realidades que cambiar. Y barcas que salir a buscar al mar oscuro. Para eso, también, nace el Niño. ¡Feliz Navidad!

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El verdadero regalo de la Navidad

lunes, 25 de diciembre de 2017
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belen_volverajesus_01-600x448La carta que José Antonio Pagola ha enviado a los Grupos de Jesús que me ha gustado mucho … y se la he «robado».

Queridos amigos y amigas:

Hoy son muchos los que ignoran la verdadera raíz de las fiestas de Navidad. La sociedad de consumo las ha convertido en las fiestas de invierno o del nuevo año. Unas fiestas en las que lo importante es comprar, gastar y disfrutar. Sin embargo, estas fiestas son diferentes. En muchos se observa todavía la nostalgia de un mundo imposible de paz, fraternidad y felicidad que los humanos somos incapaces de construir.

En los Grupos de Jesús sabéis bien el origen de estas fiestas. Nosotros celebramos la inmensa alegría de que Dios ha querido hacerse uno de nosotros. Ya no estamos solos, perdidos en medio de nuestros problemas, sufrimientos y conflictos. Dios está con nosotros.

No un dios frío, lejano y distante, sino un Dios hecho carne, hermano, amigo de todos. Ese Dios es infinitamente mejor de lo que pensamos. Un Dios más cercano, más tierno, más acogedor y comprensivo de lo que nosotros podemos imaginar.

Hoy necesitamos más que nunca detenernos a meditar lo que significa un Dios que se nos ofrece encarnado en un niño débil, vulnerable e indefenso, irradiando solo paz, ternura y cercanía. Se despertaría en nosotros una confianza nueva, nos inundaría una alegría diferente.

Queridos amigos y amigas, este Dios nacido en Belén es más grande que todas nuestras imágenes tristes y raquíticas de la divinidad. Este Dios es el mejor regalo que se nos puede ofrecer a todos. Nuestro error es creer que nos basta con un poco más de bienestar, un poco más de dinero, salud, suerte y seguridad.

Por eso celebrar la Navidad no es despertar una euforia pasajera tomando unas copas de champán, sino alimentar nuestra alegría interior y nuestra confianza en la cercanía de un Dios que está presente en lo más íntimo de nuestro ser.

Este Dios cercano y tierno es el mejor regalo que podemos hacernos unos a otros. El mejor regalo que podéis hacer a vuestros seres queridos. Los Grupos de Jesús estamos llamados a ser testigos de ese Dios nacido en Belén. Grupos que viven alentados por la alegría interior y la paz que infunde en nosotros ese Dios. Grupos que contagian una fe gozosa y atractiva en ese “Dios-con nosotros”.

Os deseo a todos los Grupos, y a cada uno de vosotros, una Navidad Feliz.

José Antonio Pagola

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Navidad 2017

lunes, 25 de diciembre de 2017
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Los hermanos de la Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas (CAFA) nos envían su Felicitación:

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El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros
(Jn 1, 1-18)

La Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas te desea una muy feliz Navidad. Hoy es un día para asombrarse ante el Misterio de la Encarnación.

Jesús, Tú eres la Palabra. Gracias por hacerte uno de nosotros.

***

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Cristianos Gays os desea una Feliz Navidad

domingo, 24 de diciembre de 2017
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“Como nos ama
hacese a nuestra medida”

Santa Teresa de Jesús

Los Administradores y Moderadores de Cristianos Gays queremos desearos a todos una muy feliz Navidad.

Deseamos que el Niño Dios se encarne no solo en nuestros corazones, sino también en nuestras obras.

Que sepamos reconocer a este Dios que se hace carne en una madre soltera, criado por un padre que no es el suyo en lo humano. Al margen de lo establecido. Por eso felicitamos la Navidad con el Niño que nace en el hogar con dos madres. El hogar con dos padres. El hogar con una sola madre o con un solo padre. Porque hogar es donde hay amor, no un numero y tipo de personas. Y si hay amor, ahí nace Jesús.

Hoy contemplamos en el relato del Evangelio cómo la Palabra se hizo carne (Jn 1, 1-18). Nos suele resultar complicado pensar en Jesús tal y como nos lo presenta hoy Juan: preexistente, divino, revelador del Padre… Es un misterio que desborda pero que llena de gozo desmesurado. Dios se nos muestra de una forma inauditamente cercana porque el amor tiende a abajarse y a hacerse próximo. También mi amor debe tender a encarnarse en gestos hacia los demás que muestren cómo es Dios.

Gracias por los que entráis, leéis, compartís y nos regaláis vuestra amistad y oraciones.

Que el Niño Dios colme de bendiciones todos vuestros nobles deseos y esperanzas.

¡Feliz Navidad!

*

***

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¡Señor de la noche, Dios de luz, Visita mi establo oscuro!

domingo, 24 de diciembre de 2017
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Del blog de la Communion Béthanie:

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Para decir juntos nuestra fe.

¡Señor de la noche, Dios de luz,
Visita mi establo oscuro!
Prepara en mí una cuna
Para que la Navidad tenga lugar esta noche (…)

En tus tierna manos
deposito mi miedo de no ser …
Esta noche naceremos
de un mismo aliento;
Nacerás en mí
Para venir al mundo que me rodea,
Y yo naceré de ti,
Acogida como una reina
Acogido como un rey
Hasta en mis más sombríos rincones.

¡ Señor de la noche, Dios de luz,
Visita mi establo oscuro!
Prepara en mí una cuna
Para que Navidad se efectue esta noche (…)
Entonces, por fin, en mi desierto
habrá sitio para los otros,
Aquellos que te nombro ahora
En un silencio
Que implora tu compasión.

*

Lytta Basset

***

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Navidad del Señor: Misa de medianoche

domingo, 24 de diciembre de 2017
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LECTIO

 Isaías 9,1-3.5-6

El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en tierra de sombras una luz les ha brillado.

Acreciste la alegría, aumentaste el gozo: se alegran ante ti con la alegría de la siega, como se regocijan al repartirse un botín.

Porque, como hiciste el día de Madián, has roto el yugo que pesaba sobre ellos, la vara que castigaba sus espaldas, el bastón opresor que los hería.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Sobre sus hombros descansa el poder, Y es su nombre: «Consejero prudente, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz».

Dilatará su soberanía n medio de una paz sin límites, asentará y afianzará el trono y el reino de David sobre el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará.

*•• Todas las lecturas bíblicas de las misas de Navidad, si bien con perspectivas diversas, intentan responder a una pregunta: ¿cuál es el sentido de la Navidad? Iniciamos el recorrido desde los antiguos profetas. El oráculo de Isaías presupone una situación dramática para el país de Israel, porque el estrépito de las armas resuena por doquier. La invasión asiría (siglo VIII a.C.) comenzada en Galilea amenaza ya la misma Judea y Jerusalén, y el pueblo, bajo el terror enemigo, camina en la oscuridad y no sabe adonde dirigirse. A esta gente sin esperanza anuncia el profeta: «El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz». Luego, dirigiéndose a Dios, exclama: «Acreciste la alegría, aumentaste el gozo» (v. 2).

¿Qué es lo que permite a los hombres pasar de las tinieblas a la luz, de la tristeza a la alegría? La alusión de Isaías se refiere a la huida de los Asirios, pero el profeta de Dios habla también de fuga de todo enemigo.

Anuncia la alegría por el que será: «Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz» (v. 5), el que, verdadero héroe de Israel, cumplirá todo esto. Pero ¿cómo será posible todo esto? Isaías responde: «El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará» (v. 6). He aquí, pues, el sentido y el mensaje más antiguo de la Navidad: el fin del miedo, la liberación de la dominación enemiga y todo ello gracias a que: «un niño nos ha nacido» (v. 5: cf. Is 7,14; Miq 5,1- 3; 2 Sm 7,12-16), un descendiente de David que dará vida a una sociedad en la que habrá justicia, paz, alegría y que dará a todos el coraje de vivir.

 Tito 2,11-14

Porque se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres.

Ella nos enseña a renunciar a la vida sin religión y a los deseos del mundo, para que vivamos en el tiempo presente con moderación, justicia y religiosidad, aguardando la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, el cual se entregó a sí mismo por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de que seamos su pueblo escogido, siempre deseoso de practicar el bien.

*» Pablo escribe a Tito, su discípulo convertido del paganismo y ahora obispo de Creta, explicándole el sentido de la venida de Jesús a nosotros con palabras llenas de esperanza: «Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres» (v. 11). La universalidad de la salvación es una dimensión esencial de la Navidad, y su verdadero mensaje es el anuncio de salvación y de vida nueva para toda la humanidad sin distinciones de razas ni colores, de clases sociales, ni de dotes intelectuales ni ninguna otra cosa. El Salvador que nos ha sido dado no es sólo un niño que ha elegido nacer en un pobre establo, entre incomodidades y queridos silencios, es sobre todo la sonrisa de Dios que se ha hecho visible, porque no ha perdido su esperanza en los hombres. Ha venido para enseñarnos el camino del bien, de la sobriedad y de la justicia, el desprecio de los atractivos malos e ilusorios del mundo, a la espera del retorno glorioso del Señor (v. 13). Libremente, dirá Pablo, «se entregó a sí mismo por nosotros» (v. 14), primero habiéndonos del Padre y llamándonos amigos, y después, al final, muriendo en la cruz por amor, nos ha liberado de toda esclavitud para reconducir al Padre, de una vez para siempre, a la humanidad reconciliada con él. Sólo la fe ayuda a descubrir el poder de Dios en la vivencia de un pobre. Desde que el Hijo de Dios se ha hecho hombre, quiere ser acogido y reconocido como hombre: aquí es posible la búsqueda de Dios, porque él se ha quedado entre nosotros.

 Lucas 2,1-14

En aquellos días apareció un decreto del emperador Augusto ordenando que se empadronasen los habitantes del imperio. Este censo fue el primero que se hizo durante el mandato de Quirino, gobernador de Siria.

 Todos iban a inscribirse a su ciudad. También José, por ser de la estirpe y familia de David, subió desde Galilea, desde la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta.

Mientras estaban en Belén le llegó a María el tiempo del parto, y dio a luz a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

Había en aquellos campos unos pastores que pasaban la noche al raso velando sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció, y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Entonces les entró un gran miedo, pero el ángel les dijo:

«No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será también para todo el pueblo: Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre».

Y de repente se juntó al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!».

*» Sobre el fondo de los anuncios proféticos (cf. Miq 5,1-4; 1 Sm 16,1-3), Lucas en el evangelio nos habla del nacimiento histórico de Jesús. El relato es simple, pero sugestivo, lleno de matices teológicos y construido sobre el modelo del anuncio misionero, que comprende tres momentos. Primero la narración del acontecimiento: el edicto de César Augusto en tiempos de Quirino, gobernador de Siria, y el nacimiento de Jesús en Belén, en la pobreza, en un país sometido a una potencia extranjera (w. 1-7); después el anuncio hecho por los ángeles a los pastores, primeros testigos del evento de la salvación (w. 8-14); y, por último, la acogida del anuncio, con los pastores que van a la gruta, encuentran a Jesús, y sucesivamente el relato de su experiencia a otros (w. 15-20).

El punto central del relato, sin embargo, son las palabras de los ángeles a los pastores, que consideran con respeto el sentido gozoso del acontecimiento y la fe en Jesús Salvador en la figura de un niño pobre, «envuelto en pañales, acostado en un pesebre» (v. 12). Dos motivos, pues, se iluminan uno a otro en el texto: la visible pobreza en la vivencia humana de Jesús y la gloria de Dios escondida en su presencia entre los hombres. Sólo unos cuantos pastores, representantes de gente pobre y humilde, reconocen al Mesías esperado: éste es el signo divino extraordinario del inicio de una época nueva en la historia de los hombres.

MEDITATIO

Para contemplar el misterio de Navidad necesitamos, sobre todo, simplicidad para asombrarnos ante su mensaje. Capacidad de asombro y mirada de niño son los medios necesarios para gustar el anuncio lleno de alegría de esta noche santa. Y esta alegría tiene una motivación clara: el nacimiento de un niño, Salvador universal, que trae motivos de esperanza para todos, que son paz, justicia y salvación. Y ¿qué signos cualifican a este niño? La debilidad, la pobreza, la impotencia y la humildad, cosas que el mundo ha rechazado siempre y que, por el contrario, ha hecho propias el Hijo de Dios.

Con la venida de Jesús las falsas seguridades de los hombres han zozobrado, porque Dios ha elegido no a los fuertes ni a los sabios, ni a los poderosos de este mundo, sino a los débiles, a los pequeños, a los necios, a los últimos: ha elegido «un niño acostado en un pesebre » (Le 2,7.12.16; cf. 1 Cor 1,27; Mt 11,26), pobre, marginado y desestimado. Precisamente sobre esta pobreza se despliega el esplendor del mundo del Espíritu, mientras nosotros estamos complicados en dramas de conciencia, porque nos tienta seguir principios de fuerza, de poder, de violencia. El niño de Belén nos dice que el milagro de la paz de la Navidad es posible para aquellos que acogen sus dones.

A esta luz el acontecimiento de esta noche no es sólo una fecha para conmemorar, sino evento capaz, también hoy, de contagio y de transformación. Cuatro son las noches históricas de la humanidad, según una antigua tradición rabínica: la noche de la creación (Gn 1,3), la de Abraham (Gn 15,1-6), la del Éxodo (Ex 12,1-13) y la de Belén, es decir, esta noche, que es la más importante, porque el Hijo de Dios ha traído su paz, distinta de la pax augusta, y es el fundamento de la «civilización del amor» (Pablo VI). ¿Somos capaces de vivir el misterio?

ORATIO

Te damos gracias, Señor del universo y de los hombres, porque en Jesús niño, que vino a la tierra portador de tus dones -la paz, la alegría, la justicia y la salvación-, se ha manifestado tu amor a todos. Queremos comprender, si bien con la pequeñez de nuestra mente, algo del misterio del Verbo encarnado, porque con ello se iluminará nuestro misterio humano.

Para los judíos era absurdo pensar que la Palabra definitiva de Dios apareciese en la debilidad del hombre Jesús. Para los paganos era escándalo aceptar la plena humanidad del Hijo de Dios, lugar indigno de la divinidad.

Nosotros, por el contrario, creemos que la Palabra, en un momento histórico muy preciso, «se hizo carne» en la fragilidad e impotencia como toda criatura, naciendo de una mujer, María (cf. 1 Jn 4,2-3), y creemos que en Cristo Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, reside la revelación definitiva del Padre y el anuncio de la fe que nos salva.

El hombre del tercer milenio tiene necesidad de Jesús, revelador de tu amor de Padre, para escapar de su individualismo y de su superficialidad, que lo privan de los verdaderos valores en que se puede encontrar la esperanza de vivir. Señor, el nacimiento de tu Hijo nos revela que también nosotros en Jesús hemos sido hechos hijos tuyos y te podemos conocer.

Haz que toda nuestra vida, sobre el modelo de la de Cristo, se vuelva en actitud de docilidad filial hacia ti y, para ello, en la noche de Navidad nos ponemos de rodillas, en adoración ante el rostro humano del Jesús-Niño, tu Hijo unigénito, en el que resplandece e irradia tu rostro invisible de Padre, para ver nuestro rostro divino.

CONTEMPLATIO

Pero ¿quién soy yo? ¿Podré decir algo digno de lo que se ve? Me faltan las palabras: la lengua y la boca no son capaces de describir las maravillas de esta solemnidad divina. Por eso yo con los coros angélicos grito y gritaré siempre: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!».

Dios está en la tierra; ¿quién no será celeste? Dios viene a nosotros, nacido de una Virgen; ¿quién no se hará divino hoy y anhelará la santidad de la Virgen, y no buscará con celo la sabiduría, para hacerse más cercano a Dios? Dios está envuelto en pobres pañales; ¿quién no se hará rico de la divinidad de Dios si acoge algo humilde?

Exulto como los pastores y me sobresalto escuchando estas voces divinas: ansío ir al pesebre que acoge a Dios y deseo llegar a la celestial gruta: anhelo ver el misterio manifestado en ella y allí, en presencia del Engendrado, levantar la voz cantando: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!» (Sofronio de Jerusalén, Le Omelie, Roma 1991, 55-57).

ACTIO

Repite a menudo y vive hoy la Palabra: «Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado» (Is 9,5).

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

En aquella noche de Navidad una multitud del ejército celeste se apareció en Belén a los pastores, diciendo: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor!»; en este mismo momento nosotros celebramos ¡untos el nacimiento de nuestro Señor y su pasión y muerte. Según el mundo, este modo de comportarse es extraño. Porque ¿quién en el mundo puede llorar y alegrarse al mismo tiempo y por el mismo motivo? En efecto, o la alegría será dominada por la aflicción, o la aflicción será aniquilada por la alegría; solamente en nuestros misterios cristianos podemos alegrarnos y llorar al mismo tiempo y por la misma razón. Pero pensad un poco en el significado de la palabra «paz». ¿No os parece extraño que los ángeles hayan anunciado la paz mientras el mundo está incesantemente azotado por la guerra o por el miedo de la guerra? ¿No os parece que las voces angélicas se hayan equivocado y que la promesa fue una desilusión y un engaño?

Reflexionad ahora sobre cómo habló de la paz nuestro Señor mismo. Dijo a sus discípulos: «Mi paz os dejo, mi paz os doy». ¿Entendía Él la paz como nosotros la entendemos: el reino de Inglaterra está en paz con sus vecinos, los barones están en paz con el rey, el jefe de familia que cuenta sus pacíficas ganancias, la casa bien limpia, su mejor vino sobre la mesa para el amigo, su mujer que canta a sus hijos? Aquellos hombres que eran sus discípulos no conocían nada de esto: ellos salieron a hacer un largo viaje, a sufrir por tierra y por mar, a encontrar la tortura, la desilusión, a sufrir la muerte con el martirio. ¿Qué cosa quería, pues, decir Él? Si queréis saberlo, recordad que dijo también: «No os la doy como la da el mundo». Así pues, Él dio la paz a sus discípulos, pero no como la da el mundo

*

T. S. Eliot,
Asesinato en la catedral, Madrid 1996.

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