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“Aquí seréis felices”: refugiados LGTB chechenos empiezan una nueva vida en Canadá

Lunes, 5 de febrero de 2018

refugiado-checheno-canada-300x159canadian-flag-700Acude nervioso a la entrevista de CBC, la radiotelevisión pública canadiense. Mientras se cubre la cabeza con la capucha de su sudadera, insiste en que su identidad no sea revelada. “Tengo miedo por mi vida y por mi familia”, asegura nada más empezar.

Se trata de un superviviente de la brutal persecución homófoba iniciada en Chechenia el pasado año 2017. La pasada primavera nos llegaban noticias estremecedoras de esta república rusa: al menos 100 personas habrían sido detenidas, torturadas y encarceladas , “sospechosas” de ser homosexuales. Algunas fuentes hablaban incluso de la existencia de verdaderos campos de exterminio. Elena Milashina, periodista del diario que reportó los hechos el pasado abril, ya anunciaba que les constaba la existencia de cuatro cárceles secretas donde se mantenían detenidas a personas LGTB y donde estas eran golpeadas, torturadas y asesinadas.

A pesar del miedo, uno de los testigos de este horror accedió a ser entrevistado el pasado septiembre en Canadá, país donde se encontraba refugiado desde hacía dos meses. Según declaró, aceptó a responder a las preguntas de los periodistas ya que “le dolía el alma”. Le dolía por todos aquellos que han tenido que pasar por esta odisea, por todos aquellos que aún están sufriendo esta atroz persecución. Según decía, explicar su historia era también una manera de decir ‘gracias’ a todos aquellos que le habían ayudado a escapar.

Su particular calvario empezó cuando varios militares irrumpieron en su puesto de trabajo para arrestarlo, intoducirlo por la fuerza en el maletero de un coche y llevarlo a una comisaría secreta, donde fue golpeado y torturado. En la entrevista, explica que fue víctima de todo tipo de golpes y patadas, e incluso de electroshocks. “Con tan solo experimentar los electroshocks una vez es suficiente para darte cuenta de que no quieres soportarlo ni una vez más. Eso fue lo más difícil de todo”, aseguró. El objetivo de estas torturas: que revelara información sobre otros hombres homosexuales. Aún así, en un arrebato de valentía, les dio nombres falsos para que nadie más tuviera que pasar por semejante tortura.

Después de tres semanas, fue liberado juntamente con otros detenidos. Sus familias fueron informadas. En la entrevista, prefirió no hablar de la reacción de su familia cuando conocieron lo ocurrido. Finalmente, consiguió ponerse en contacto con una organización de derechos humanos, quienes le ayudaron a huir a Moscú primero, para desde allí empezar su viaje hacia Canadá.

El ‘plan secreto’ del gobierno canadiense

Poco después de que los medios internacionales sacaran a la luz las primeras noticias sobre la persecución homófoba en Chechenia, el gobierno de Canadá condenó los hechos pero lamentaba no poder hacer nada para ayudar a las víctimas puesto que estas aún se encontraban en territorio ruso. No obstante, el ejecutivo presidido por Justin Trudeau ya había puesto en marcha un plan oculto, del que ya informamos hace unos meses.

Todo empezó gracias a la organización Rainbow Railroad, una ONG canadiense que ayuda a personas que han sido víctimas de persecución por su orientación sexoafectiva o su identidad de género en todo el mundo. Rainbow Railroad consiguió alertar al gobierno canadiense sobre la gravedad de la situación en Chechenia, y presionó para que se tomaran medidas. Después de recibir presiones por parte de esta y otras organizaciones como Human Rights Watch, el gobierno de Justin Trudeau se comprometió a actuar, pese al riesgo en que ello ponía las ya deterioradas relaciones entre Rusia y Canadá.

Una vía secreta para escapar

El Gobierno de Canadá y Rainbow Railroad iniciaron una colaboración con Russian LGBT Network, organización LGTB rusa que ha ayudado a decenas de homosexuales chechenos a huir a otras partes de Rusia y al extranjero. Países europeos como Francia, Alemania y Lituania habrían otorgado el asilo a algunas personas que huían de la purga homófoba.

No obstante, tanto el ejecutivo canadiense como las organizaciones colaboradoras eran conscientes de que Europa no era el lugar más seguro para las víctimas de la persecución homófoba en Chechenia, a causa del elevado número de migrantes chechenos presentes en distintos países europeos. De hecho algunos refugiados LGTB provinentes de Chechenia habrían sufrido ya amenazas y ataques por parte de sus compatriotas emigrados a diversos países de Europa. Además, Canadá ha sido el único país que ha adoptado un programa organizado y metódico para ayudar a las víctimas a huir de la persecución.

El secreto se mantuvo durante meses para evitar poner en peligro a las personas a las que se trataba de ayudar. En el trascurso del programa, el Gobierno canadiense ha tenido que afrontar los problemas que supone tramitar peticiones de asilo a distancia –puesto que la mayoría de los solicitantes se encontraban aún en Rusia– y ha tenido que realizar investigaciones para poder demostrar que las personas homosexuales chechenas no podían obtener protección en otras partes de la Federación Rusa. El hecho de no poder pedir esa protección en ningún otro lugar del propio país de origen es uno de los requisitos legales para tramitar la protección internacional. Por otra parte, además de cooperar con la Russian LGBT Network para procesar las peticiones de asilo y ayudar a estas personas a viajar de una forma segura hacia Canadá, el gobierno proporcionó un programa de ayuda de un año para cuando dichos refugiados llegaran al territorio nacional.

Cuando por fin se consiguió que esas personas llegaran al Canadá, llegó la hora de desvelar la existencia del plan secreto de evacuación. Hasta el mes de septiembre había permitido reconocer el asilo a 31 homosexuales chechenos, de los cuales 22 se encontraban ya en esa fecha en territorio canadiense. Según afirmó Kimahli Powell, director ejecutivo de la organización Rainbow Railroad, era necesario que la población canadiense conociera de la llegada de refugiados chechenos para poder ayudarles en la inserción laboral, el aprendizaje de la lengua y proporcionarles el asesoramiento necesario. “Aún se encuentran desconcertados”, afirmaba Powell. “Necesitarán ayuda, aún temen por sus vidas. Todavía se están acostumbrando a entender que están fuera de peligro, que pueden empezar una nueva vida”, añadía.

La concesión del estatus de refugiado ha permitido a todas esas personas obtener el permiso de residencia permanente y la plena nacionalidad canadiense. Muchos de estos refugiados homosexuales están siendo ayudados por organizaciones LGTB locales. Puesto que han sufrido en su propia piel una brutal persecución homófoba, se sienten mucho más cómodos y seguros siendo ayudados por la comunidad LGTB.

La persona que fue entrevistada sonríe cuando es preguntado por su nueva vida en Canadá. Aún no ha superado las secuelas de la persecución sufrida en Chechenia, pero ahora se siente seguro y quiere centrarse en rehacer su vida. Antes de finalizar la entrevista, lanza un mensaje a otras personas que están pasado por su misma situación y que están tratando de huir a Canadá: “Estamos aquí, estamos seguros y todo está bien. No tengo duda de que aquí seréis felices”.

Fuente Dosmanzanas

General, Historia LGTB, Homofobia/ Transfobia. , , , , , , , , , , , , ,

Arrestan a un grupo de doce mujeres por ser lesbianas en una redada en Indonesia

Sábado, 9 de septiembre de 2017

780x580-noticias-indonesiaLa policía de Indonesia arresta a una docena de mujeres sospechosas de ser seis parejas de lesbianas, después de que sus vecinos las denunciaran por realizar «actividades inmorales» en un domicilio de Cigombong.

Lamentablemente, la homofobia no da tregua. En Indonesia, uno de los países más poblados del mundo, la policía detuvo a principios del mes de septiembre a doce mujeres tras ser acusadas por jóvenes islámicos y líderes religiosos del terrible crimen de ser lesbianas, expulsándolas de su aldea.

La policía de Indonesia arresta por ser lesbianas a doce mujeres que se encontraban en un domicilio de la ciudad de Cigombong, en la región de Bogor, la noche del sábado, 2 de septiembre, tras ser denunciadas por sus propios vecinos al realizar a menudo «actividades inmorales». En la redada no sólo participan las fuerzas policiales, sino que también intervienen residentes de la zona y líderes locales.

Seis de las detenidas trabajan en una fábrica local de prendas de vestir, quienes despiertan las sospechas de sus vecinos al tener el pelo corto, «como los hombres», lo que les lleva a interpretar que se trata de seis parejas en las que la mitad asume el rol masculino, mientras que la otra mitad asumen el femenino. «Todas son mujeres. Pero algunas hacen el papel de hombres y otras el de mujeres en la relación», declara Sumantrai, jefe de la Agencia de de orden Público de Cigombong, asegurando que «les hemos dado la oportunidad de ‘adaptarse a las normas’ y han dicho que se iban a mudar». Algunas de las detenidas están empadronadas en las ciudades de Garut y Tangerang, por lo que han acordado que se van a mudar de Cigombong. Al parecer, no es la primera vez que son desalojadas de esta manera. Anteriormente habían residido en la aldea de Kutajaya, recibiendo un tratamiento similar.

La organización Human Rights Watch ya se ha hecho eco de estas detenciones, y le ha preguntado al gobierno indonesio por las mismas. Para esta organización, lo más preocupante de la detención es que la policía y el gobierno hayan atacado el derecho a la privacidad y los derechos civiles más elementales de estas mujeres para acallar las protestas de unos cuantos vecinos.

Las detenciones se producen en el marco de una espiral homófoba que está sufriendo Indonesia, un país en el que la homosexualidad no está perseguida en la mayor parte de sus provincias, aunque la persecución contra los gays aumenta año a año, tanto a nivel gubernamental como a nivel social.

Indonesia, un infierno para la diversidad LGTB

No se puede negar la belleza natural de Indonesia, un país de postal que oculta en su interior un infierno para la comunidad LGTB. Sin ir más lejos, el pasado mes de febrero  publicábamos un post recogiendo cómo la oleada de virulenta homofobia y transfobia se abre paso a un ritmo preocupante en Indonesia. Publicábamos entonces que políticos y líderes religiosos se turnan con declaraciones incendiarias que estigmatizan cada ver más a la población LGTB.

Recordemos que la provincia autónoma de Aceh (en la zona norte de Sumatra) aprobó en septiembre de 2014 una penosa ley que castiga las relaciones homosexuales con la pena de recibir cien azotes en público con una vara de ratán. La legislación entraba en vigor en octubre de 2015. Ese mismo mes nos hacíamos eco de la detención de dos jóvenes lesbianas (de 18 y 19 años) por abrazarse públicamente y confesar que eran pareja. Según el jefe de la policía islámica las chicas serían “sometidas a rehabilitación con la participación de psicólogos en dependencias sociales”.

Indonesia presenta una realidad muy diferente para su comunidad LGTB dependiendo de la región. Formalmente, la homosexualidad no es delito en el país con mayor número de fieles musulmanes del mundo, que mantiene un código penal heredado de la época colonial neerlandesa. La excepción es Aceh, donde desde 2005 rige la sharia o ley islámica gracias a la autonomía que le fue concedida al firmar la paz con los separatistas, poco después del tsunami que asoló la región. Pero la influencia islamista se deja sentir también en otros lugares de Indonesia. La de Aceh es desde luego la peor situación, puesto que como decíamos arriba la homosexualidad no es formalmente delito en el resto del país. Ello no significa que en otras partes sea buena. En 2004, las autoridades municipales de Palembang, en Sumatra Meridional, dictaron por ejemplo una regulación en la que aglutinaban la actividad de las personas LGTB como “prostitución”. En virtud de ese reglamento, todas las personas acusadas de cometer cualquiera de esas actividades se enfrentan a la perspectiva de un máximo de seis meses de prisión o 5.000.000 de rupias (360 euros, 380 dólares) de multa.

En otras zonas existe una actitud algo más tolerante, especialmente en zonas urbanas como Yakarta. Con todo, la influencia de los islamistas más radicales se hace sentir cada vez más. En la propia Yakarta, la capital, las autoridades prohibieron en 2012 un concierto de Lady Gaga,  abanderada de los derechos LGTB, por considerarla un personaje diabólico y antirreligioso.

Los fundamentalistas también han obligado a cancelar una reunión de la división asiática de la ILGA (International Lesbian and Gay Association) en Surabaya y han amenazado a los organizadores del Q! Film Festival, un festival de cine LGTB, por mencionar otros dos ejemplos. En marzo de 2015, el Consejo de Ulemas de Indonesia dictó una fetua en la que se exigía que los actos homosexuales sean castigados con la pena de muerte. Aunque el Consejo de Ulemas no tiene ningún poder legislativo o ejecutivo en Indonesia, su influencia social es elevada.

En el mes de octubre de 2016, informábamos de la detención de una pareja gay por subir a su cuenta de Facebook unas fotos besándose, junto con un mensaje de amor, que fue considerada por las autoridades como “pornografía”. A estos hechos se suman el veto de aspirantes LGTB a plazas públicas, el cierre de la única escuela para personas trans de Indonesia o la persecución de webs LGTB y apps de contactos gais.

Indonesia también votó el pasado 2014 en contra de la resolución del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas contra la homofobia y la transfobia y ha sido calificado, por su propia población, como un mal lugar para vivir si eres gay o lesbiana (solo un 2% opina lo contrario) en una encuesta de Gallup.

 Deterioro preocupante de los derechos LGTB

Como decíamos antes, Indonesia presenta una realidad muy diferente para su comunidad LGTB dependiendo de la región. Formalmente, la homosexualidad no es delito en el país con mayor número de fieles musulmanes del mundo, que mantiene un código penal heredado de la época colonial neerlandesa. La excepción son las provincias autónomas de Aceh y Sumatra Meridional. Y así lo reconocía el presidente Joko Widodo, quien lejos de atajarla ha llegado a aprobar medidas discriminatorias, como confiscar preservativos, bloquear aplicaciones de citas entre personas del mismo sexo o autorizar formas de discriminación laboral, aparte de permitir las irresponsables declaraciones homofóbicas de políticos y alcaldes demonizando al colectivo LGBT y la radicalización de líderes religiosos que han llegado a fomentar el boicot a empresas internacionales que apoyan al colectivo LGBT.

Pero también en el resto del país la situación se está deteriorando. Ya lo recogíamos en febrero de 2016, cuando hacíamos alusión a la ola de LGTBfobia protagonizada por políticos y líderes religiosos. Hace pocas semanas, por ejemplo, la policía detenía en Yakarta, la capital, a 141 hombres por asistir a lo que las autoridades calificaron como “fiesta de sexo gay”, pese a que la homosexualidad no es allí ilegal. El portavoz de la policía aseveraba que los detenidos podrían ser acusados bajo las duras leyes contra la pornografía. Semanas antes, otros ocho hombres eran detenidos, igualmente acusados de celebrar una “fiesta gay” en Surabaya, la segunda ciudad del país. Y en Java Occidental, la provincia más poblada del país, el jefe de policía ha hecho público el plan de constituir un grupo de trabajo policial para investigar la actividad de personas LGTB.

Y a finales de mayo se ejecutaba la condena a 85 bastonazos a una pareja descubierta manteniendo relaciones sexuales consentidas en la provincia de Aceh, donde sí se aplica la ley Sharia desde 2005. El Parlamento Europeo condenaba en febrero la discriminación de personas homosexuales, bisexuales y transexuales en Indonesia, cuya situación era comparada con Chechenia por Kimahli Powell, director ejecutivo de Rainbow Railroad, que ha contribuido, en colaboración del gobierno de Canadá, a la evacuación de muchos perseguidos por la purga de homosexuales liderada por Razam Kadyrov.

Fuente CBS News, vía AmbienteG/Universogay/Cristianos Gays

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Canadá se convierte en refugio de la mayoría de los que escapan de la purga de homosexuales en Chechenia

Miércoles, 6 de septiembre de 2017

canada-rainbow-flagEl gobierno de Justin Trudeau lleva varios meses aceptando refugiados homosexuales chechenos aunque no lo ha hecho público hasta ahora.

Se trata de un plan secreto llevado a cabo en colaboración con una ONG rusa y otra canadiense que puede poner en peligro las relaciones diplomáticas entre Canadá y Rusia.

Gracias a la organización Rainbow Railroad y la acción directo del gobierno de Justin Trudeau, Canadá se convierte en el refugio de la gran mayoría de personas que escapan de la purga de homosexuales en Chechenia.

Cuando saltan las alarmas sobre la purga de homosexuales en Chechenia, en el mes de abril, Rainbow Railroad, una organización sin ánimo de lucro que lucha por los derechos humanos desde 2005, ha contribuido a que 35 personas pudieran escapar de Chechenia, 31 de las cuales ya han llegado a Canadá. Lo que ahora solicitan al gobierno de Justin Trudeau es que proporcione los recursos de asentamiento adecuados para los refugiados, así como remodelar este tipo de políticas para beneficiar a otros solicitantes de asilo del colectivo LGBT de otros países, dado que de las más de 140 personas a las que han ayudado este año, salvo los chechenos, muy pocos consiguieron ser admitidos en Canadá.

Chechenia es una república autónoma dentro de la Federación Rusa que se ha hecho tristemente famosa desde que el periódico Novaya Gazeta denunció que sus autoridades estaban realizando una purga de homosexuales en su territorio. Desde entonces la reacción internacional ha sido más bien tibia, y se han quedado en poco más de algunas declaraciones puntuales de políticos como Emmanuel Macron o Angela Merkel, que han pedido una respuesta de las autoridades rusas,  aparte del anuncio de que Francia había empezado a acoger refugiados chechenos perseguidos por su orientación sexual, al igual que Alemania.

Mientras tanto en Rusia han  negado la credibilidad de los informes que hablaban del asesinato de decenas de personas, amenazando con deportar al periodista que había empezado a informar de la “purga gay” diciendo que, en general, en Chechenia no pasa nada y que nos lo estamos inventando todo.

Esta semana el gobierno de Canadá ha hecho público que lleva tres meses admitiendo en el país a refugiados  homosexuales que están huyendo de la persecución a manos de las autoridades chechenas, mediante un programa secreto liderado por la ministra de asuntos exteriores, Chrystia Freeland.

Para ello, el gobierno de Canadá ha colaborado con dos ONG, Russian LGTB Network (que ha abierto una línea telefónica de emergencia y que ayuda a instalarse en otras partes de Rusia a las personas que logran salir de Chechenia) y la canadiense Rainbow Railroad, que ayuda a personas LGTB en todo el mundo a escapar de la violencia y la persecución a la que son sometidas. Tanto las agencias gubernamentales como las ONG han mantenido el programa en secreto para evitar que cualquier filtración pudiera poner en peligro a las personas a las que pretendían ayudar.

Sin embargo, Kimalhi Powell, de la Rainbow Railroad, considera que ha llegado el momento de hacerlo público porque ahora que los primeros refugiados están empezando a entrar en el país necesitan la ayuda de los servicios sociales para encontrar un empleo o para recibir clases de idiomas y es muy complicado dársela si se trata de personas de las que oficialmente no se sabe nada.

«Muchos temen hablar de su calvario, incluso ahora que están aquí (…). En cualquier caso, algunos están dispuestos a hablar porque quieren que el mundo entienda mejor lo terrible y horrorosa que es la situación en Chechenia», declara Kimahli Powell, director ejecutivo de Rainbow Railroad, quien asegura que «es muy excitante percibir el optimismo en sus ojos». La organización canadiense ha estado trabajando de la mano de la Red LGBT rusa, estableciendo casas seguras en Rusia para después proceder a la evacuación de aquellos que lo solicitaran. El propio Powell ha viajado a la zona para reunirse directamente con los supervivientes, al tiempo que ha establecido una línea de comunicación con el gobierno canadiense. Hasta el momento, casi 70 personas han escapado de Chechenia a casas rusas seguras, siendo más de 40 los que ya han abandonado Rusia.

«Pudimos intervenir rápidamente y recibir una respuesta del gobierno canadiense porque somos una de los pocas grades organizaciones internacionales —si no la única— que se centra en poner fuera de peligro a las personas LGBT (…). Buscar asilo no es una forma de saltar a la cola. Se trata de responder cuando el derecho de una persona a la protección es eliminado por el estado o cualquier otra persona, como es el caso en Chechenia para la gente LGBTQ en este momento», asegura Powell, explicando que no tratan de priorizar a un grupo de solicitantes de asilo sobre otro. «La situación en Chechenia es parte de un patrón global de violencia de estado, estados que sanciona a las personas LGBTQ (…). Es por eso que el número de personas que llegan a cada año está creciendo y deberíamos hacer más por asegurar que perseguidos LGBTQ puedan entrar en países seguros como Canadá», declara Powell, citando como ejemplos recientes las situaciones del colectivo en Kenia —donde se practican las torturas anales— o Indonesia —donde se castigan los actos homosexuales con latigazos.

Canadá ha desarrollado este programa secreto, único en el mundo, que queda además fuera de las convenciones de derecho internacional, a través del que proporciona asilo a los homosexuales chechenos. Las evacuaciones están lideradas por la propia ministra de Asuntos Exteriores, Christya Freeland, en una delicada línea de actuación que el gobierno liberal de Trudeau ha decido asumir sin ningún miramiento, pero de manera no oficial, a pesar del riesgo para sus relaciones con el gobierno de Vladimir Putin. Se trata de algo muy inusual y poco convencional, totalmente ajeno a las convenciones del derecho internacional y que podría dañar las relaciones diplomáticas entre Rusia y Canadá, que no están en su mejor momento. Ahora mismo ya han llegado a Toronto y otras ciudades canadienses 22 refugiados, y se espera que lleguen más en las próximas semanas.

El gobierno de Justin Trudeau, que tiene como la defensa de los derechos LGTB en el mundo una de sus prioridades, fue uno de los que criticó duramente al gobierno ruso por no hacer nada para impedir la persecución de homosexuales en Chechenia, aunque  también reconoció que era poco o prácticamente nada lo que podían hacer usando mecanismos oficiales y que tratar a los gais chechenos como un caso diferente de los de otros países podría establecer un precedente injusto.

Sin embargo, mientras decían estas cosas en público, ya estaban empezando a trabajar con la Rainbow Railroad (que era una de las ONG canadienses que estaban presionando a su gobierno) y con la implicación personal del propio Trudeau, la ministra de asuntos exteriores y con el ministro de inmigración Ahmed Hussen para rescatar al mayor número de personas que estaban alojadas en casas seguras de la ONG.

Desde el gobierno tampoco quieren dar muchas explicaciones de cómo ha sido el procedimiento exactamente, pero señalan que han tenido que esquivar algunas de sus propias reglas, como la que impide aceptar refugiados que hacen una solicitud de asilo desde sus propios países. Tampoco descartan que se pudiera hacer algo similar en el futuro con situaciones parecidas si fuera necesario.

 

Oficialmente, las autoridades rusas y chechenas no saben nada de esta iniciativa canadiense, aunque ya nos podemos imaginar que no estarán especialmente contentas. Hace poco Kadyrov, el presidente de la región autónoma chechena, que ha insistido varias veces en que no había ninguna purga gay porque en su país no hay homosexuales, volvió a afirmar en una entrevista para la HBO que en Chechenia no hay gais y también dijo que de haber alguno, si por él fuera podrían llevárselos a Canadá. Esperemos que  sea una casualidad y que no signifique que ya estaban al corriente del programa del gobierno de Trudeau.

No a todo el mundo le parece tan bien como a nosotros esta medida, y Canadá está además viviendo su propia crisis de refugiados con la llegada de un gran número de inmigrantes haitianos. También hay críticos que dicen que Chechenia no es el único lugar del mundo en el que la homosexualidad es castigada y perseguida, a lo que las autoridades canadienses han respondido que este es un caso excepcional, en el que los homosexuales de la región están siendo acosados por las fuerzas de seguridad, lo que hacía que estuvieran en necesidad de ser rescatados inmediatamente.

Según el Consejo de Refugiados de Australia, el reasentamiento se ofrece sólo desde unos pocos países, siendo menos del 1% los refugiados del mundo que lo consiguen cada año, considerando que la mejor solución es que el refugiado pueda volver a su país de origen una vez mejoren las condiciones. Pero, lamentablemente, no es una opción para muchos refugiados del colectivo LGBT. Según el informe Homofobia Patrocinada por el Estado, presentado en 2017 por ILGA, la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales, hasta 72 países continúan criminalizando la homosexualidad en la actualidad, aplicándose la pena de muerte en ocho estados miembros de la ONU, entre ellos Irán, Yemen, Somalia, Mauritania y Arabia Saudita.

Fuente The Globe and Mail, vía Universogay/EstoyBailando

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